LEY INDÍGENA

¿Alguien recuerda qué se discute?

Podrían ganarse apuestas jugosas preguntando a supuestos enterados las diferencias entre la ley indígena que aprobó el Congreso y la que siguen reclamando los inconformes. la llamada “Ley Cocopa”, es decir, el proyecto de ley escrito por la Comisión de Concordia y Pacificación durante las conversaciones con el EZLN en San Andrés Larrainzar, en 1995 y 1996.

La ley aprobada recupera aspectos fundamentales de la “Ley Cocopa” pero rechaza abiertamente otros. Una modificación clave se refiere a la propiedad de la tierra. Según la “Ley Cocopa” las comunidades indígenas podrían acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales de sus tierras y territorios, entendidos éstos como la totalidad del hábitat que los pueblos indígenas usan y ocupan, salvo aquellos cuyo dominio directo corresponda a la Nación.

La ley aprobada señala que las comunidades pueden Acceder, con respeto a las formas y modalidades de propiedad y tenencia de la tierra establecidas en esta Constitución y a las leyes en la materia, así como a los derechos adquiridos por terceros o por integrantes de la comunidad, al uso y disfrute preferente de los recursos naturales.

Diferencia fundamental: la “Ley Cocopa” sólo reconoce el uso y disfrute colectivo de la tierra. La ley aprobada establece que los indígenas pueden ser propietarios en todas las modalidades que establece la Constitución: social, comunal. ejidal y privada.

En relación a la autonomía la Ley Cocopa” propone que los pueblos indígenas tengan el derecho a la libre determinación y, como expresión de ésta, a la autonomía como parte del Estado mexicano. […] Se respetará el ejercicio de la libre determinación de los pueblos indígenas en cada uno de los ámbitos y niveles en que hagan valer su autonomía, pudiendo abarcar uno o más pueblos indígenas. de acuerdo con las circunstancias particulares y específicas de cada entidad federativa.

La ley aprobada señala:

El derecho a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional. Las constituciones y leyes de las entidades federativas establecerán las características de libre determinación y autonomía que mejor expresen las situaciones y aspiraciones de los pueblos indígenas en cada entidad.

Diferencia fundamental: la “Ley Cocopa” plantea que la autonomía indígena debe encarnar en la posesión de un hábitat originario regulado por normas distintas a las que prevé el texto constitucional. La ley aprobada rechaza esa posibilidad y pone en manos de los estados la legislación respectiva según las características particulares de su población indígena.

Estos son dos cambios centrales que la ley aprobada hizo a la “Ley Cocopa”. Suficientes para que. en opinión del subcomandante Marcos, la reforma constitucional pueda calificarse como una “ley de los latifundistas y (los) racistas”.

Más allá de las diferencias en el texto de la ley pesan los desencuentros políticos. El más interesante e inesperado fue que ocho legislaturas estatales votaron en contra de la reforma.

Cinco de ellas son de los estados que concentran el porcentaje más alto de población indígena del país (Oaxaca 56.4% de indígenas. Chiapas 35.09%, Hidalgo 27%, Guerrero 17%, San Luis Potosí 14.6%).

Los gobernadores de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía, y de Oaxaca, José Murat, hicieron un llamado a los otros estados de la República para que no aprobaran la ley, señalando que su promulgación sería sólo un “acuerdo de papel” correcto en las formas, pero inútil políticamente.

Las críticas contra la reforma son tanto de fondo como de forma. Incluso hay quienes comienzan a llamarla la contrarreforma indígena, debido a que, sostienen, la nueva ley, en lugar de ampliar o profundizar la esfera de derechos y garantías de los pueblos indígenas que ya contemplan algunas constituciones y leyes estatales —como Oaxaca—, los limita e incluso los niega.

Según esta postura, defendida con particular énfasis por el gobernador de Oaxaca, José Murat, con la nueva legislación los pueblos indígenas pierden el derecho a elegir, por usos y costumbres, a sus autoridades municipales y sólo conservan el derecho de elegir algún representante en los cabildos. Es decir, que la ley indígena impone a 10 millones de mexicanos un concepto democrático ajeno a su idiosincrasia y cultura, no conserva un equilibrio entre los derechos individuales y los derechos comunitarios con el que se rigen cotidianamente muchas comunidades.

Los defensores de la reforma sostienen que ésta otorga a los indígenas mayores espacios de acción, los protege de vicios y abusos antiguos y garantiza que el derecho a la diferencia no genere regímenes especiales inaceptables para cualquier régimen democrático.

Según esta opinión, la Ley Cocopa era una pesadilla legal que despojaba a los indios del país de derechos fundamentales, comunes a todos los mexicanos, al permitir que se pusieran en práctica, con respaldo legal, usos y costumbres indígenas que se fundan en la discriminación y violan derechos humanos. Por ejemplo: expulsión de ciudadanos de las comunidades por profesar determinadas religiones, prohibición del voto femenino, expulsión de quien se casa fuera de la comunidad.

Los usos y costumbres deben legalizarse, dicen, siempre y cuando se sujeten al marco más amplio de los derechos individuales. En otras palabras: se niega a los pueblos indios el derecho a ser diferentes si su diferencia atenta contra los derechos universales del hombre o no es compatible con los derechos constitucionales de todos los mexicanos.

Esta última es nuestra posición. Dadas las particularidades de la historia indígena y sus condiciones de marginación, debe construirse un marco legal realista que posibilite el desarrollo y defienda los derechos de los pueblos indígenas. Pero esa legalidad pragmática no puede suspender o limitar derechos más amplios, irrenunciables para los indígenas por el hecho de ser seres humanos y por el hecho de ser mexicanos.

Universalizar los derechos de los pueblos indígenas es una solución de más profundidad que particularizarlos. Los pueblos indígenas han encontrado más soluciones verdaderas a sus problemas en el contacto y la mezcla, que en el aislamiento y la particularidad. Lo mismo ha sucedido en todos los tiempos, con todas las sociedades. Nuestros pueblos indígenas no han sido ni pueden ser la excepción. n