Viejo lujo del siglo XX

VIEJO LUJO DEL SIGLO XX

POR ANGELES MASTRETTA

Explosivo, radical, intenso es este ensayo que al mismo tiempo es una alabanza del amor libre, esa vieja costumbre del siglo XX.

Mi corazón lo diga que, en padrones eternos, inextinguibles guarda testimonios del fuego. Santa Juana de Azbaje

Ya desde antes de que apareciera en nuestro aire la desafiante, inevitable y triste información en torno al Sida. Desde antes de que la enfermedad se atreviera a llevarse a algunos de nuestros amigos, y a varios de los más entrañables amantes que algún amigo tuvo en

su cama y tendrá siempre en su memoria, el tema del amor libre y su defensa se había vuelto un asunto pasado de moda. Por más que muchos de quienes lo abrazamos con ardor en los setentas nos hayamos mantenido fieles a la promesa de disfrutarlo que nunca hicimos frente a juez alguno y que sin embargo llevamos aún marcada no sólo en las palabras, la poesía predilecta, o el lujo de gozarla, sino incluso en el inconsciente tardío pero imborrable que nos hicimos a los veinte años.

Entonces creí que muchas mujeres, pero ahora sé que las menos, aunque tal vez sí las más tercas, habíamos saltado de la prohibición que hacía con dulzura, pero autoridad, la respetable y anticuadísima señora Rivero que cada una tuvo a cargo de su clase de moral: “de un hombre ni una flor antes del matrimonio”, a la certidumbre de que los hombres eran un regalo de la vida como ningún otro podía habernos hecho la naturaleza y de que había que probarlos con la avidez y el desafuero con que se prueban los duraznos en agosto.

Íbamos de una boca a la otra primero con temor y después con euforia, como si el mundo apenas hubiera nacido. Y en nuestra actitud no sólo había emoción, sino incluso fervor y reverencia ante lo inaudito. Como no estábamos educadas sino en la idea del sexo por amor, tendíamos a enamorarnos en segundos del hombre con el que lo hacíamos, y de ahí que padeciéramos con frecuencia la mirada indiferente y el olvido de hombres que aprendieron desde casi niños a dividir sexo de amor y a sólo juntarlos ocasionalmente, cuando pensaban en casarse o los partía el rayo inevitable del inevitable enamoramiento.

Éramos inciertas y febriles como el mes de marzo. Y no teníamos miedo. ¿A qué íbamos a temerle? Todo estaba perdido. O mejor aún, todo podía ganarse: la libertad, la justicia, el amor, la inteligencia. Teníamos veinte años, que era como tener el mundo y abrazarlo. Casi todas estábamos enamoradas de un imposible. Sin embargo, entre encuentro y encuentro con sus ojos escasos, hacíamos el amor o lo intentábamos en busca de sosiego, con quien más rápido y menos mal nos lo pidiera.

Habíamos dado con el amor libre como quien da con un río. Y parecía cosa de navegarlo con quien fuera, porque lo otro hubiera sido dejarlo ir, y dejarlo ir era morirse antes de tiempo.

¿ Y quién quería morirse en esos años? Yo no, ni muchos de nosotros, pero no faltó quien. En nombre de la patria y el futuro, de la justicia y la igualdad, del socialismo y el mundo nuevo murieron miles de jóvenes en sus años más vivos, durante ese tiempo tan promisorio como perplejo.

México entonces era distinto del país que hoy vivimos. De seguro menos peligroso para el ciudadano común, pero también menos ferviente, menos audaz de lo que hoy es. Sin embargo, quienes tuvimos la primera juventud en ese México y gozamos la fortuna de no enfrentar ni la muerte ni el tedio, ni la venganza ni la derrota, vivimos unos años al borde de un acantilado, y fuimos desatados como dioses, porque sólo desatados queríamos ser.

No buscamos la muerte, pero la vimos de cerca en el espanto con que nos miraban los compañeros de universidad a quienes encerraban en cárceles de paso y tortura, para cercarlos con la sospecha de que eran guerrilleros, porque andaban en pantalones viejos, con el cabello largo y desordenado o porque esgrimían un gesto desafiante o porque sí.

  Sórdido y cruel era el mundo de la política entonces. A la orilla de ese mundo hubo quien se empeñó en amores y desfalcos que no había imaginado, en guerras menos públicas, pero no siempre menos intensas. El asunto era correr un riesgo. Aunque sólo fuera el riesgo de perder los pudores y los miedos en que nos crecieron. Eran días de tardes ardientes y largas noches como espejos. Andábamos buscando el cielo en la tierra y a ratos lo encontrábamos. Cada día era el principio y cada atardecer una cosecha. Aprendíamos del aire, soñábamos con tener recuerdos y todo nuestro empeñó era ser cabalmente felices o desventurados, lo que fuera pidiéndonos la vida, cualquier cosa menos perderse el mundo, menos no estar del todo en cada hora.

Había huelgas y marchas, se iban a la guerrilla nuestros compañeros de banca, acompañábamos de cerca cuanta causa perdida o fantástica apareciera en un volante de colores, y leíamos voraces libros desencantados y poesía.

El futuro era entonces la próxima semana y el pasado era ayer en la noche. Para algunos de aquellos, el mundo quiere aún tener algo de ese perfume, mejorado por el tamiz de otras certezas, idéntico en su empeño por conservar el respeto al amor en libertad.

Aún sigue siendo difícil de explicar y más aún de hacer cierta en la vida cotidiana semejante voluntad de respeto a lo que cada quien quiere, necesita y considera oportuno hacer con su cuerpo y su destino en amores. Todavía se escandaliza el país y aún goza el mundo con el espectáculo que puede ser una conversación telefónica entre dos personas que teniendo su vida ligada por jueces e hijos a otras personas, tuvieron el desatino de declarar en una bocina el éxtasis que a uno le provocó la entrepierna del otro. Como si los deseos fueran cosa de juramento y larguísimo plazo.

Y esta mi certidumbre es todo menos un descubrimiento reciente, se ha hablado de ella tanto que podría reunirse una biblioteca en torno al tema para usarla como metáfora de una reiteración. No es novedoso ya ni en Guanajuato ni en Puebla ni en Monterrey, el permiso para enamorarse de quien mejor o peor les venga en gana a hombres y a mujeres, aún contra sí mismos y quienes deberían ser, ya no se diga contra la opinión de su mundo, o la idea que de él tengan quienes los rodean quienes los quieren o los detestan, quienes se portan como si los odiaran mientras pregonan el pretexto de que los aman, quienes no tienen nada mejor que hacer y se ocupan del cuerpo del vecino en vez de ocupar su cuerpo en ir buscando los caminos que el deseo les proponga.

La literatura está poblada con las historias de amores prohibidos que triunfan o pierden frente a este desafío, pero que de cualquier modo lo enfrentan como se enfrenta lo invencible: el mar, los terremotos, la lluvia, el arcoíris, la lepra, la poesía.

Es tan trivial el tema que debía avergonzarnos anclar por él en este 2001 que tantas novedades celebra. Pero supongo que por muy modernos y democráticos y renovados que presumamos ser, habrá que ir a él como al agua de todos los días, mientras haya necios empeñados en llamarse a escándalo por el modo, el permiso, la falta de permiso, la legalidad, la religión, la estirpe que permite o impide una sencillez de la nobleza que es el amor entre una piel y la otra, una memoria y otra, una lujuria y otra, unas manos y otras, la tela que arropa un cuerpo y el cuerpo que se arropa en otra tela, el aroma guardado en un delirio y el delirio que nos hace incapaces de un olvido. ¿Tonterías? Valores imprescindibles que no hay prensa, ni democracia, ni autoridad, ni opinión, ni voz que tenga derecho a perturbar.

Me detengo frente al tema con la humildad que me produce saber que ha sido tocado con maestría, en nuestro medio, para hablar de tiempos recientes, de frases con las que me acompaño a diario, por voces como las de Neruda o Sabines, pero si he de ponerme aún más democrática y segura de que a unos poetas no arredrará la cercanía con otros, si han sabido estar cerca en la memoria de los encarcelados por la idiotez de que en amores hay tal cosa como lo debido y lo indebido, también por voces como la de José Alfredo y Manzanero. Para citar sólo cuatro: “¿Por qué los árboles esconden el esplendor de sus raíces?”. ¿”Qué haríamos sin el amarillo? ¿Con qué amasaríamos el pan?”, se pregunta Neruda. “Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado”, nos lastima Sabines. “Si nos dejan”, deplora José Alfredo. “Mía, aunque tú vayas por otro camino”, inicia Manzanero otra canción desesperada. Carajo, quiere decir uno, por más que sepa que todas estas prohibiciones son muchas veces un ingrediente noble que enfatiza y sofistica la textura del amor. Sin embargo, no siempre, no cuando las hacen quienes estorban con la moralina de lo conveniente más que con la siempre implacable razón del si me entero, me atormentas.

Creo tras tanto palabrear, contradiciendo la sabia sentencia que me ata a quien aconsejó, “Los amorosos callan”, que ya no debería decir nada más en torno al reiterado, pero necesario tema. Sin embargo, no quiero dejar de ayudarme en este alegato citando a Jesús, según sé todavía un clásico de la Iglesia Católica, que tanto ha batallado para que sus rebeldes creyentes, declarados el noventa por ciento de los mexicanos, pasen sus sábanas por la licitación eclesiástica: “El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. O parafraseándolo con objeto de acercarlo al caso: “El que esté libre de cama libre, que tire la primera almohada”. n

Angeles Mastretta. Escritora. Su más reciente libro es Ninguna eternidad como la mía.

Problemas de voto en el extranjero

PROBLEMAS DEL VOTO EN EL EXTRANJERO

POR DIEGO VALADÉS

Tiene razón José Woldenberg cuando señala (Nexos, julio 2001) que el tema del voto de los mexicanos en el extranjero merece una nueva reflexión. Este es un asunto que me ha interesado desde hace algunos años, y acerca del cual Jorge Carpizo y yo publicamos un estudio (El voto de los mexicanos en el extranjero, cuya primera edición correspondió a la UNAM en 1998, y la segunda a Editorial Porrúa, en 1999). No repetiré aquí los argumentos que sostenemos en ese trabajo, sino sólo algunas cuestiones a propósito del ejercicio del sufragio en el extranjero que hasta ahora no he visto aclaradas.

1. Cuando se habla de que voten los mexicanos en el extranjero no se suele precisar si se refiere a todos los mexicanos o solamente a quienes se encuentren temporalmente ausentes del territorio nacional. Yo estoy totalmente a favor de que voten los ciudadanos que se encuentren transitoriamente fuera del país, y estoy dispuesto a escuchar las razones de quienes favorezcan el voto de ciudadanos mexicanos nacidos en el extranjero y que nunca hayan vivido, ni piensen hacerlo, en México. Me interesa mucho saber por qué podrían elegir a las autoridades cuyas decisiones no les afectarán.

2. En virtud de la reforma constitucional de 1998 los mexicanos pueden tener doble nacionalidad y, por lo mismo, doble ciudadanía. En el caso de los que decidan libremente adoptar la ciudadanía norteamericana, las leyes de Estados Unidos prevén que juren lealtad a las instituciones de ese país y que expresamente abjuren de la lealtad que hubieran tenido con relación a cualquier otro país. También en este caso me interesa conocer los argumentos conforme a los cuales tenga derecho a participar en las elecciones mexicanas un ciudadano que expresamente abjuró de su lealtad a México y que está imposibilitado para cumplir con algunos deberes cívicos (la defensa de la nación, por ejemplo).

3. Votar requiere un mínimo de información; de otra manera el sufragio deja de ser una expresión democrática y se convierte en un acto mecánico. Con ese motivo el artículo 41 constitucional establece como prerrogativas de los partidos el acceso a los medios de comunicación y la franquicia postal. Me interesa igualmente conocer qué podremos hacer para mantener informados a los millones de mexicanos que residen de manera permanente fuera de nuestras fronteras. ¿Acaso tendremos que pagar a las cadenas de radio, televisión y prensa la transmisión y publicación de los mensajes de todos los partidos mexicanos?

 ¿O preferiremos que nuestros conciudadanos de allá voten a ciegas? Además, como es natural que los medios de Estados Unidos traten de influir en la decisión de quienes viven en ese país, también me gustaría saber qué haremos para convencerlos de lo que es mejor para los mexicanos, aunque pueda no serlo para los norteamericanos.

4. La admisión de extranjeros en cualquier país es un acto de soberanía. En este caso la presencia de los candidatos mexicanos estaría sujeta a la autorización de los funcionarios migratorios norteamericanos. Yo no dispongo de argumentos convincentes para demostrar que esté entre los mejores intereses de México que las autoridades norteamericanas decidan quién sí y quién no puede hacer campaña política en su territorio; pero supongo que habrá quienes sí tengan esos argumentos a la mano, y los estudiaré con enorme interés.

5. Sé que los aspectos técnicos de la votación se pueden resolver, aunque resulten un poco caros. Esto en realidad no me parece lo más preocupante; lo que sí considero digno de atención es la forma de regular las aportaciones a los partidos entregadas y erogadas en el extranjero. Vale la pena escuchar las soluciones que se planteen para este asunto.

Tenemos una gran deuda con los mexicanos en el extranjero, y darles el derecho a votar me parece sólo una forma de quererles compensar por el desinterés que hemos mostrado hacia ellos. Pero eso no es lo mejor que podemos hacer por nuestros conciudadanos; lo que realmente tendría relevancia sería que adoptáramos una política migratoria clara y eficaz. Para los centenares de millares que han tenido que abandonar el país por causas económicas no tenemos programas adecuados de repatriación, de cultura, de educación, de asistencia jurídica, de seguridad social. Sabemos que con sus muy importantes remesas contribuyen al sostenimiento de más de un millón de familias mexicanas y al desarrollo económico del país; a cambio de esto hacemos bastante poco para apoyarlos frente a los problemas que padecen. Sólo las encomiables tareas de protección que llevan a cabo nuestros consulados mitigan en algo esos problemas; pero incluso nuestros agentes consulares tienen que soportar los efectos de la parsimonia hacendaria.

Tengo la convicción (pero cambiaré si se me dan buenos argumentos) de que el voto no les ofrece mejores condiciones de vida a ellos ni mayor independencia a nosotros, y me parece que todos acabaremos perdiendo. También estoy seguro de que podemos y debemos hacer muchas cosas para compensar su esfuerzo y atenuar su exclusión, pero no las estamos intentando.

Por de pronto la reflexión a la que inteligentemente nos ha convocado José Woldenberg puede ofrecernos la oportunidad de discutir, con seriedad y serenidad, acerca de la responsabilidad que tenemos con millones de mexicanos que han perdido nuestro sol.  n

Diego Valadés Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La gota

CALEIDOSCOPIO

LA GOTA

POR JOSÉ WOLDENBERG

La gota es:

•  enfermedad crónica,

•  ácido úrico concentrado,

•  dolor quemante,

•  supremacía de la genética,

•  almacén de cristales,

•  aullido animal.

•  tortura que no puede combatir la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

•  fuego concentrado,

•  juramento de no reincidencia,

•  brasa en el dedo,

•  alfires en las articulaciones,

•  la venganza de la vida,

•  horno de alta combustión,

•  envidia por los peatones,

•  recordatorio del alma,

•  herencia maldita.

•  por desgracia, no es “pequeña cantidad de líquido que se desprende en

forma de glóbulo”, según el Larousse,

•  bola purpúrea,

•  sol abrasador anaranjado,

•  lámina acanalada ardiente,

•   antónimo de vino, carne, cerveza, mariscos; la vida, pues, o parte de ella.

•  despedida del zapato,

•  plegaria por una cama,

•  mi reino por un Dolac,

•  mal de ricos, dicen.

•  la hora del Voltarén Retard,

•  esperanza en la colchicina y el famoso alopurinol,

•  tintineo de aceite hirviendo,

•  llamarada,

•  amargura,

•  una de las formas del mal en la tierra,

•  ¿castigo?,

•  la auténtica hoguera de las vanidades (no la de Tom Wolf),

•  momento para la promesa de una vida frugal (imposible),

•  Enrique VIII, Rey de Inglaterra, y sus múltiples mujeres, a las que despachaba, según mi hipótesis, cuando sufría un ataque de…,

•  parálisis física y del alma,

•  páramo vital,

•  pena por la vulgaridad del achaque,

•  dictadura del cuerpo,

•  ruina momentánea,

•  “ni con el pétalo de una sábana”,

•  análisis sanguíneos en búsqueda del rango 3.5- 8.5 MG/DL de A.U.,

•  rastreo adicional de perfil de lípidos,

•  disparador de la misantropía.

•  la otra acepción de estirar la pata,

•  penitencia laica,

•  reclusión, aislamiento,

•  añoranza de la movilidad,

•  pasajera (uff).                    n

José Woldenberg Consejero. Presidente del IFE. Entre sus libros, La mecánica del cambio político en México.

De la sociedad victoriana a la era de la hiperinformación

TECNOEROTISMO

DE LA SOCIEDAD VICTORIANA A LA ERA DE LA HIPERINFORMACIÓN

 POR NAIEF YEHYA

La utopía de que el sexo puede volverse más placentero, más intenso y abundante le debe mucho a los avances tecnológicos. Como Naief Yehya muestra en este recorrido por los últimos dos siglos de historia, las relaciones entre sexualidad y tecnología son una constante que alienta toda clase de fantasías, delirios y prohibiciones.

En el ocaso del siglo XVIII las excolonias británicas de Norteamérica adoptaron un sistema de gobierno revolucionario para su época y crearon entre sus principales instituciones a la Oficina de Patentes, una dependencia que tenía el objetivo de alentar a los inventores y proteger los derechos de sus creaciones. Mediante este sistema el inventor ya no tenía que tener un mecenas ni ser altruista, sino que podía hacer públicos sus inventos y obtener beneficios económicos de ellos. Esta oficina, un producto de la revolución industrial, fue fundamental en la obsesión del pueblo estadunidense con las máquinas. Inicialmente los inventos registrados por esta sociedad agrícola y estoica tenían que ver con el trabajo en el campo, las armas, el transporte y la conservación de alimentos, pero una sociedad tan reprimida en lo sexual no tardó demasiado en recurrir a la tecnología para crear máquinas para controlar sus deseos, complementar sus necesidades y administrar sus tentaciones. Los dispositivos relacionados con las funciones sexuales tienen una larga historia, desde los falos de hueso de ballena japoneses hasta los condones franceses, pasando por una enorme gama de cinturones de castidad, brasieres, arpones vaginales antiviolaciones, anticonceptivos y productos abortivos. Muchos de estos artículos existían desde hace siglos, los falos de madera y cuero tenían mucha demanda en Grecia desde antes del año 500 A. C. Durante la Edad Media los penes artificiales, conocidos como passatempos, dilettos y godemiches, eran comunes en Europa. Como estos artefactos eran muy exitosos entre las mujeres burguesas, en el siglo XVIII fueron perfeccionados (algunos tenían cámaras internas para agua caliente y otros contaban con funciones mecánicas, con péndulos, contrapesos y esferas para crear un movimiento oscilatorio o vibratorio) y embellecidos (tenían inserciones de plata, marfil y otros metales). La revolución industrial trajo consigo una revolución del sexo mediatizado e introdujo de manera amplia el uso cotidiano de una variedad de dispositivos sexuales como la esponja anticonceptiva, patentada en 1867, o el primer vibrador vaginal eléctrico, el cual se anunciaba en las revistas femeninas desde 1906 (es decir que fue inventado después de la máquina de coser, pero antes de la aspiradora y la plancha eléctrica). Resulta interesante que la electrificación del placer femenino tuviera lugar antes que la mecanización de la limpieza y de otras tareas domésticas. No es que la sociedad victoriana de principios del siglo XX fuera un territorio hospitalario para el orgasmo femenino, sino que el vibrador se vendía supuestamente como una herramienta para que los médicos combatieran la histeria, una terrible enfermedad, cuyos síntomas clásicos eran ansiedad, insomnio, nerviosismo, irritabilidad, pesadez en el abdomen, lubricación vaginal y fantasías eróticas. Las terapias empleadas para aliviar esta terrible aflicción hasta el siglo XVI iban desde mecerse suavemente hasta galopar con violencia a caballo. En 1653, un tratado médico explicaba que convenía que el médico diera vigoroso masaje a los genitales, teniendo en mente que las mejores curas debían producir placer y dolor. La función del vibrador era simplificar una tarea que podía ser agotadora para el galeno y no provocar orgasmos a la mujer, la existencia de los cuales ni siquiera era reconocida por la ciencia médica. No obstante, los fabricantes de estos vibradores sabían a qué público querían alcanzar al anunciar sus productos en revistas femeninas.

Las patentes de inventos relacionados con las funciones sexuales comienzan a aparecer en el registro a partir del 28 de agosto de 1846, cuando John Beers, un dentista de Rochester, patentó su wife’s protector, un ingenioso pero rudimentario diafragma hecho de alambre de oro y seda lubricada. El invento de Beers, al margen de su funcionalidad o eficiencia, es importante ya que constituye el primer artículo registrado cuya intención era que la pareja pudiera tener relaciones sexuales sin riesgos, además de que ofrecía a la mujer el control de su sexualidad. Pero como apunta Hoag Levins en su libro American Sex Machines, después de Beers muchos otros inventores con espíritu Victoriano pusieron a trabajar su ingenio para encontrar nuevos y mejores aparatos que tenían una finalidad diametralmente opuesta: reprimir, controlar y eliminar los deseos sexuales, como calzoncillos con bolsas genitales, anillos para el pene con puntas afiladas, arneses antimastubatorios eléctricos y mecánicos destinados a controlar la lascivia.

Durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar en Estados Unidos una guerra sin cuartel en contra de la masturbación, la cual, según algunas autoridades médicas de la época como el doctor Simon-André Tissot, provocaba impotencia, ceguera, sordera e incluso la locura, debido a un aumento de presión en el interior del cráneo que dañaba de manera irreparable el sistema nervioso. Ellen Perkins, la inventora de la armadura sexual (un calzoncillo con un compartimiento metálico que podía cerrarse con candado para proteger el área genital del hombre o la mujer y que contaba con una rejilla para permitir el paso de materia líquida), declaró a la Oficina de Patentes: “Es un hecho deplorable pero bien sabido que una de las causas más comunes de la locura, la imbecilidad y la debilidad mental, especialmente entre los jóvenes, es la masturbación o el autoabuso”. En ese tiempo se organizaban movimientos nacionales que exigían a los familiares a espiarse mutuamente para desenmascarar a los masturbadores, los cuales podían ser humillados públicamente, encerrados en manicomios o bien castrados. Esta epidemia histérica generó una carrera tecnológica para producir más y mejores dispositivos para detectar y eliminar erecciones así como para mantener alejadas las manos de las áreas genitales. A pesar de que esta ofensiva pretendía tener fundamentos científicos, la realidad es que se trataba de una cruzada moralista que utilizaba a la tecnología como una herramienta purificadora.    Paradójicamente muchas de las herramientas de tortura y sometimiento creadas para extinguir el deseo fueron rápidamente recicladas como parafernalia sadomasoquista e incorporadas a complicados rituales eróticos, a intrincados juegos de roles, bondage y dominio. No es demasiado arriesgado afirmar que esta cruzada derivó en la obsesión fetichista del pueblo estadunidense y en un delirio sadomasoquista con la tecnología.

La utopía de que el sexo podría volverse más placentero, más intenso y más abundante difícilmente podría cumplirse al introducir en las relaciones un arsenal de estimuladores ginecológicos, anillos constrictores del pene o muñecas y muñecos inflables. En cambio, la aparición de la pastilla anticonceptiva en 1959 diluyó los temores y reservas de muchas mujeres al darles la capacidad de normar su cuerpo y transformar su sexualidad en algo recreativo, controlable y relativamente seguro al separar eficientemente el acto sexual de la reproducción. La pildora anticonceptiva sistematizó la protección que antes las mujeres debían confiar a métodos falibles y en ocasiones peligrosos. Si bien la militancia y el activismo político fueron clave en los movimientos femeninos de los años sesenta, en cierta forma no podríamos hablar de liberación femenina de no ser por la introducción y popularización de la pastilla anticonceptiva. Una revolución de proporciones semejantes tuvo lugar más recientemente con la introducción de las sustancias vasodilatantes que hacían posible alcanzar la erección a muchos hombres que padecían de algún grado de impotencia. Tras dos décadas de experimentar con métodos inseguros y dolorosos para suministrar la sustancia al pene (mediante inyecciones que se aplicaban directamente al cuerpo cavernoso) en abril de 1998 apareció en el mercado una pastilla azul en forma de diamante de sildenafil llamada Viagra. Esta poderosa droga estaba originalmente destinada para personas de edad avanzada o para quienes sufrían de problemas para alcanzar la erección, pero pronto fue adoptada por otro tipo de usuaríos sexualmente saludables que la hicieron el eje de una nueva obsesión fálica. La pequeña pastilla se transformó en la poción mágica de la hipervirilidad.

Ahora bien, hay fantasías eróticas que requieren más que un empujón químico, como es la transexualidad, sin duda uno de los casos más extremos de la relación entre tecnología y sexualidad. Otros procedimientos de cirugía tienen la intención de mejorar la eficiencia o atractivo sexual del paciente, como la extensión del pene, la liposucción, los implantes de senos artificiales o la reconstrucción del himen, pero la transexualidad implica que el cuerpo entero es transformado en una réplica del sexo opuesto mediante elementos meramente simbólicos como los cosméticos o la ropa, pero también a través del uso de hormonas y cirugía. La transexualidad se puede dar a diferentes niveles desde el simple trasvestismo hasta el cambio de sexo total pasando por diversos grados de androginismo. Difícilmente podemos imaginar un uso más radical de la tecnología sexual que para franquear la frontera entre los géneros.

La manipulación de la carne como plastilina para las fantasías eróticas es una práctica tan vieja como las herramientas de piedra que eran usadas para castrar ritualmente a algunos jóvenes en diversas sociedades neolíticas. El código babilónico de Hammurabi, escrito en el año 2000 A. C., ofrece el primer recuento escrito de una castración. Otras referencias a esta práctica aparecen en Egipto alrededor del año 1200 A. C. y en China unos doscientos años más tarde. No obstante, los avances tecnológicos de la actualidad han hecho de este procedimiento brutal una práctica quirúrgica común y, más importante aún, han modificado nuestra percepción del ser, que en cierta forma vemos ahora como el software que controla un hardware intercambiable, actualizable y eventualmente desechable.

La tecnología no aparece en el territorio de lo sexual únicamente en forma de objetos físicos o productos químicos para estimular o suprimir las sensaciones, sino que aparece desde muy temprano en la cultura en forma de discurso, como texto o imágenes, destinados para servir como intermediarios entre la imaginación y la carne. La tecnología de la escritura, las técnicas de impresión y de reproducción de imágenes han canalizado una infinidad de fantasías eróticas, por lo menos desde el tiempo de los sumerios, quienes hace más de 4000 años plasmaron en escritura cuneiforme poesía cargada de sensualidad en tablillas de barro. A partir de entonces se estableció una relación de dependencia entre las tecnologías de la comunicación y el erotismo. El deseo sexual se transformó en un infatigable motor de la invención y del desarrollo de nuevas y mejores tecnologías. A la vez de que los medios de comunicación comenzaron a volverse indispensables en la vida sexual de las masas. Así, la imprenta, el cine, el video, el CD-ROM e Internet se han desarrollado y perfeccionado en buena medida debido a la fascinación voyeurista que ofrecen y a la demanda de que son objeto. Todos estos medios han florecido en su momento en medio de una intensa especulación respecto a su potencial para ofrecer gratificación sexual, a través de ese oscuro objeto del deseo que se denomina pornografía.

  La pornografía es un producto de la tecnología y la modernidad. El término pornografía es relativamente reciente ya que entra en uso a fines del siglo XVIII para referirse a los escritos acerca de prostitutas. El erotismo en imágenes y textos existe prácticamente desde hace 27,000 años, un tiempo en el que los hombres que no sabían hacer platos ni vasijas útiles, sin embargo, esculpían voluptuosas figurillas femeninas en barro cocido, como la célebre Venus de Willendorf. Con la aparición del concepto de pornografía, lo erótico fue separado, con criterios arbitrarios de contenido, entre lo que era aceptable y lo inaceptable. Esta diferenciación fue introducida por las clases poderosas y la elite cultural, que hasta entonces habían tenido el monopolio del consumo del material sexualmente explícito, para sancionar a las masas e impedir que éstas tuvieran acceso a materiales que ellos consideraban peligrosos y que podrían conducir a su degeneración moral. Esta actitud paternalista ocurre debido a un fenómeno tecnológico: el impacto de la imprenta en la cultura, el abaratamiento y distribución amplia de libros e imágenes. No hay que olvidar que poco después de imprimir las primeras biblias y textos religiosos, los impresores se aventuraron por el terreno del deseo. Por lo menos desde 1523 comienzan a publicarse y a circular libros con contenido sexual.

  Lo que se busca en la tecnología y en la imagen pornográfica es la novedad y la capacidad de sorprendernos. La tecnología es la continua búsqueda e irrefrenable obsesión con lo nuevo y con mejores maneras de hacer las cosas. Como apunta Lynn Hunt en The Invention of Pornography, el hombre tiende a ver la tecnología en términos sexuales y la sexualidad en términos tecnológicos.

Más que un simple catálogo de actos sexuales, posiciones, genitales y rostros de éxtasis, la pornografía capara detalles, gestos y símbolos que de alguna manera entran en resonancia con las fantasías del espectador. Para un observador casual la pornografía puede parecer un género monótono y repetitivo; no obstante, los pornógrafos saben que en su negocio la forma es fondo y por lo tanto siempre están buscando nuevos medios, experimentando con discursos, adaptando todo tipo de formatos y probando prototipos para mantener cautivo a un público siempre curioso y ansioso de novedades. El mismo Marqués de Sade sabía que las posibilidades sexuales del cuerpo eran limitadas, que el número de variantes al coito no era infinito y que la repetición de los mismos actos conducía al aburrimiento; por eso su obra es una prolongada exploración de los límites corporales y de las herramientas para alcanzar los extremos de la sexualidad, los cuales a menudo concluían en lesiones y, en ocasiones, en el desmembramiento del cuerpo.

Así como la revolución industrial introdujo cientos de dispositivos mecánicos destinados a modificar (“mejorar”) nuestra relación con el sexo, la revolución digital ha venido a transformar el panorama del erotismo. Después de dos décadas de impresionante expansión del mercado pornográfico gracias a la videocasetera casera, los pioneros de la pornografía vieron en lo digital una nueva tierra prometida. Así, en poco tiempo expusieron las posibilidades del CD-ROM y de la tecnología interactiva y de ahí se lanzaron a la conquista de internet, un espacio que parece hecho a la medida de este género y que ofrece una enorme cantidad de posibilidades para el erotismo: foros de chat donde varias personas pueden entablar relaciones eróticas a distancia, MUDs (Dominios Multiusuarios), sitios porno del web que ofrecen imágenes, video y audio porno en todas las especialidades posibles, newsgroups en los que los participantes pueden compartir opiniones, fotos, video, audio y cualquier cosa digitalizables, show eróticos en los que un cliente puede pedir a una o varias modelos que actúen para él como en un peepshow. y webcams que ofrecen imágenes voyeuristas en tiempo real con cámaras que espían gente a veces con su consentimiento y otras de manera clandestina. Si algo puede ser muy revelador es que muchas empresas dot com o empresas de internet involucradas en la cyberporno están entre las que han sobrevivido al colapso de la “Nueva Economía Digital” y son de las pocas que producen utilidades.

Se espera que en un futuro cercano se desarrolle la tecnología de los teledildonics. un término acuñado por Howard Rheingold en su Virtual Reality, que consiste en actos sexuales simulados en un entorno de realidad virtual en donde el o los participantes pueden tener sensaciones físicas (presión, vibración, humedad, olor) producidas quizá mediante trajes o accesorios con sensores y estimuladores que respondan a lo que suceda en las imágenes, a la manera en que en algunos videojuegos extremadamente realistas los aceleradores de los coches vibran, se sienten los choques en el volante o las armas parecen “dar una patada” al disparar.

La pornografía en línea ha transformado el consumo de este género de manera impactante. Si bien el video hizo muy fácil y simple para cualquiera el poder ver una película porno en la seguridad e intimidad del hogar, la red ofrece un espacio privado para interactuar con todo tipo de fantasía erótica, una mina inagotable de sorpresas y secretos, un flujo enloquecedor de estímulos sexuales y una demencial gama de posibilidades en el terreno donde entran en colisión el sexo y la tecnología. Antes de la red era muy difícil saber siquiera de la existencia de fetiches y prácticas sexuales tan especializadas como la coprofagia, la hierofilia (excitación sexual producida por los objetos sagrados), los deportes de sangre (la serie de prácticas sexuales que involucran perforar la piel, labios, testículos y penes) o el Bukkake (una práctica cada vez más popular, cuyo nombre quiere decir chorrear o salpicar en japonés, y que consiste en que una mujer recibe en el rostro chorros de semen de decenas de hombres). Hoy basta con un poco de paciencia para encontrar comunidades y sitios dedicados a toda clase de actos inusuales y extraños.

Este paraíso erótico digital en el que aparentemente podemos sentirnos seguros de expresar nuestros deseos más inconfesables y en el que podemos descubrir los rincones inimaginables de nuestros propios deseos, presenta un pequeño problema al cibernauta: en la red todos nuestros movimientos dejan huellas que pueden ser seguidas por curiosos, criminales y, peor aún, por la policía del pensamiento. La misma legión de censores que tomó la inspiración del “protector para la esposa” de John Beers para engendrar docenas de máquinas atroces destinadas a extinguir toda tentación se dedica hoy a perseguir el deseo enarbolando su nueva causa célebre: la lucha contra la pornografía infantil y la pedofilia. Si bien éstos son crímenes reales que deben ser perseguidos, la nueva cruzada de los cyberpolicías del eros está llevando a la red a una nueva era victoriana de represión, paranoia y humillaciones públicas. n

Naief Yehya. Escritor. Su más reciente libro es El cuerpo transformado, que explora las relaciones entre humanidad y tecnología.

Hora y veinte. Cultura y vida cotidiana

EL CIERRE CICLÓNICO.

HORA Y VEINTE

CULTURA Y VIDA COTIDIANA

En el mes de septiembre abrirá sus puertas la Universidad de la Ciudad de México. El costo del proyecto de las preparatorias y de la universidad asciende a 453 millones de pesos. Muy probablemente, por primera vez en la historia de la educación, una universidad inicia sus actividades públicas bajo la sombra de una idea que, más que educativa, parece lema publicitario de una organización de banca múltiple: “atención personal, humanizada”. (Universidad de la suerte. Ver p. 104).

El Semanario Cultural, suplemento del periódico Novedades, cumplió veinte años de presencia en la vida cultural mexicana. Entrevistado por el periódico Milenio, José de la Colina, director del suplemento, declaró enfático: “Te digo que detesto los suplementos. Para mí es un trabajo que yo encuentro digno, que me produce algunas satisfacciones y que me da para vivir”. Y si Pepe detesta los suplementos, ¿por qué lleva tantos años al frente de uno de ellos? Entonces, pese a sí mismo, De la Colina ha dirigido con fortuna esas páginas cuyo único defecto es que son muy pocas para la amplia lasitud de los domingos.

Los canales 11 y 22 estrenaron su nueva programación. Entre sus novedades destacan El tal Chou, conducido por Iván Martínez y Fernanda Tapia, en el caso del 11, y El Gimnasio. Spa de Letras, llevado a empellones por Pablo Boullosa. Los esfuerzos por atraer diversos públicos no han demostrado, en ningún medio cultural, su eficacia; más bien al contrario: pierden audiencia y seriedad, es decir, pierden dos veces. Como si la cultura vergonzante, “no vayan a creer que esto es aburrido”, multiplicara televidentes. ¿Le robarán espectadores a don Francisco, a Coque Muñiz, o se robarán a sí mismos?

Tres edades del cine ocurren al tiempo en la misma cartelera cinematográfica: Su Alteza Serenísima, de Felipe Casals, Y tú mamá también, de Alfonso Cuarón, y Perfume de violetas, de Marisa Sistach. La diversidad sin duda enriquece, pero ¿cuál es la edad más deseable o posible del cine nacional? Quien haya visto Y tu mamá también conoce ya la respuesta.

El difamador Carlos Ramírez abandonó el periódico El Universal. Uno más en su larga lista de pleitos interesados. No es una noticia importante, pero nunca está de más seguirle las huellas a la injuria.

Durante las Jornadas

Metropolitanas de Estudios Culturales realizadas en Casa Lamm, Gustavo Sáinz, escritor invitado, analizó las tendencias del mercado editorial en México y el mundo. Dijo Sáinz: “Se ha sacrificado la literatura por el mercado. Ya no se habla del mejor escritor contemporáneo sino del que más vende, es exportable y genera ganancias importantes a determinada casa de publicaciones. Sólo algunos sellos mexicanos, Siglo XXI, ERA, Cal y Arena, han logrado sobrevivir al embate del neoliberalismo y la globalización”.

La industria editorial mexicana no prosperará mientras no se revise, como ocurrió en otras partes del mundo, la ruta editorial y el proceso de producción del libro de texto gratuito. El Estado mexicano secuestró el libro de texto. El gobierno es al mismo tiempo su proveedor y su cliente mientras la industria mexicana de las artes gráficas agoniza .(Literatura, industria y mercado. Ver p. 106).

En materia de IVA,

¿se debe distinguir entre libros “serios” y libros “chatarra”? El director del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, piensa que sí. (Más sobre los libros y la noche. Ver p. 107).

La buena noticia es que la tienda Liverpool ha montado una gran feria editorial. La mala noticia es que los diseñadores de tal feria creen que los libros de autoayuda, y aledaños, son letras. (Feria de letras. Ver p. 107).

En las últimas semanas, la editorial Alfaguara ha reeditado, y relanzado. El resplandor de la madera. la quinta novela de Héctor Aguilar Camín, a la cual precedieron Morir en el golfo, La guerra de Galio, El error de la luna y Un soplo en el río. El pasado 15 de junio, en la ciudad de Santiago, el Estado chileno premió la madurez narrativa y el talento ensayístico de Aguilar Camín con la medalla Gabriela Mistral. (En este mismo número publicamos el discurso de Aguilar Camín al recibir la Medalla: Un chileno adoptivo. Ver p. 88)

El escritor español Enrique Vila-Matas obtuvo el Premio Rómulo Gallegos 2001 por su libro El viaje vertical: “Mi literatura es excéntrica y está lejos del centro, o de lo ortodoxo. A veces pone en evidencia a los críticos, lo cual en el fondo es divertido. Hay muy pocos críticos con un criterio propio, independiente, la mayoría necesita que alguien les diga qué y cómo leer. Sin embargo, el premio es una gran satisfacción, acepto el elogio, porque quien lo rechaza está pidiendo ser reconocido dos veces”. (Crónica Dominical, julio 15, 2001).

El 27 de junio murió el actor Jack Lemmon, quien filmó cerca de 70 películas, varias de ellas dirigidas por Billy Wilder, además un gran recolector y surtidor de anécdotas de Lemmon. (Jack Lemmon: Cómo actuar en una sola lección. Ver p. 108).

 ¿Quién quiere los derechos de autor de Mi lucha de Adolf Hitler? Resulta que Hitler no sólo fue un

pintor de brocha gorda sino un autor que sigue vendiendo. (El Longseller de Hitler. Ver p. 107).

El médico Harold Shipman era un padre apasible, amante del arte, generoso con sus vecinos. Asesinaba a sus pacientes mediante dosis planeadas de morfina. Mató a 466 de sus pacientes en Hyde, una pequeña ciudad inglesa cercana a Manchester. n

Universidadde la suerte

En el mes de septiembre abrirá sus puertas la Universidad de la Ciudad de México. Su flamante rector, Manuel Pérez Rocha, declaró lo siguiente en una conferencia de prensa: “nos proponemos un proceso educativo muy humanizado, con una atención personal. Por supuesto que si en algún caso concreto encontramos una situación intolerable, pues la universidad puede decirle al estudiante que ya no tiene más espacio ahí!” (La Jornada, 16 de julio, 2001). Muy probablemente por primera vez en la historia de la educación, una universidad se inicia con el lema publicitario de una organización de banca múltiple: “atención personal, humanizada”. El mecanismo de selección de la matrícula será por sorteo, como un Melate o un Progol educativo. Se trata efectivamente de una forma un tanto rara de entender la democracia.

      No es una novedad que la Universidad de la Ciudad de México surge como desprendimiento de una política proclive al populismo y con fuertes vientos en contra. La UCM no tendrá reconocimiento académico de la Secretaría de Educación Pública, tampoco de la Universidad Nacional Autónoma de México. Bien a bien, ni siquiera tiene instalaciones seguras. La Asamblea Legislativa aún no aprueba el uso del edificio de Gante número 15, en el Centro de la ciudad. La universidad iniciará sus clases en dos sedes, en Fray Servando Teresa de Mier 99 y en un sector de la ex cárcel de mujeres, a un lado de la preparatoria Iztapalapa; éstos serán por ahora los dos campus de la UCM. Manuel Pérez Rocha explicó de esta forma su propuesta educativa: “en gran medida, los fenómenos de deserción y reprobación constante de la educación superior obedecen a que los sistemas realmente se han vuelto muy despersonalizados, muy deshumanizados, los estudiantes se han convertido en un número que no tiene ninguna relación personal con los profesores” (Milenio, 13 de julio, 2001). Es decir, para el rector de la Universidad de la Ciudad de México, el índice de reprobados se debe al hecho de que son un número más en la matrícula. Este análisis al vapor de los problemas educativos mexicanos no es la simplificación menor en que ha incurrido Pérez Rocha; sus omisiones son notables: ni una palabra de los planes de estudio, de los métodos de evaluación y, sobre todo, del futuro profesional de sus egresados. El costo del proyecto de las preparatorias y la universidad asciende a 453 millones de pesos, que se han distribuido de la siguiente manera: 323 millones para la construcción o compra de los inmuebles de las instalaciones y 130 para el programa integrado de la operación del programa de educación media superior y universitaria. El costo del proyecto representa el 2.7% de acuerdo con el gasto autorizado para el desarrollo sustentable, que es 16 mil 913 millones mil 655 pesos.

Entrevistado por la revista Educación 2001 (número 69, febrero, 2001), Javier Mendoza, investigador del Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU), se detuvo en un punto central de la UCM: “En el momento actual, en materia educativa, tienen que combinarse la equidad en el ingreso con la justicia social, que ingresen quienes tienen las condiciones académicas y se apoye a quienes no tienen las condiciones económicas y sí académicas. Es un error plantear un proyecto populista de evaluación flexible, sin un proceso riguroso de conocimiento”. Por su parte, Marcos Moshinsky dijo: “Yo creo que López Obrador no sabe lo que cuestan la universidad y las preparatorias. El presupuesto asignado para la creación de la universidad es ridículo. No se puede sostener una universidad, ni a sus profesores, con ese presupuesto”.

            Según el periódico Reforma (17 de julio, 2001), un alto porcentaje de quienes solicitan ingreso a la UCM han presentado antes exámenes en la UNAM, el IPN y la UAM. Esos aspirantes ven en la nueva universidad una posibilidad de que la suerte y no la evaluación académica los favorezca. Si los alumnos de la universidad de la Ciudad de México dependen de la suerte para estudiar, lo mismo ocurrirá con la institución y con la gestión de su rector Pérez Rocha. El azar decidirá por ellos. n

Literatura, industria y mercado

Durante las Jornadas Metropolitanas de Estudios Culturales realizadas en Casa Lamm, Gustavo Sáinz, escritor invitado, analizó las tendencias del mercado editorial en México y el mundo: “Se ha sacrificado la literatura por el mercado. Ya no se habla del mejor escritor contemporáneo sino del que más vende, es exportable y genera ganancias importantes a determinada casa de publicaciones.

Sólo algunos sellos mexicanos, Siglo XXI, ERA, Cal y Arena, han logrado sobrevivir al embate del neoliberalismo y la globalización” (Crónica, 7 de julio, 2001).

      Vayamos por partes. Primero, la industria del libro en su viaje interminable hacia la noche. El mercado editorial mexicano no prosperará mientras no se revise, como ocurrió en otras partes del mundo, la ruta editorial y el proceso de producción del libro de texto gratuito. El Estado es el proveedor y cliente del mayor tiraje de libros que hay en México. (Datos conalitec). Así, el gobierno decide que los editores privados vivan al margen del gran momento de esa industria. Mientras no se libere al menos la producción del libro de texto gratuito, con todas las prevenciones que se quieran, la industria editorial mexicana no saldrá de la agonía. Sin ese impulso industrial, la edición y comercialización del libro en México apenas sobrevivirá.

      Este tema conduce a otro, fundamental e igualmente grave: la literatura y el mercado, asuntos a los que aludió Sáinz en su conferencia. Los premios internacionales, las grandes empresas editoras, han impuesto un gusto literario. Existe ahora, efectivamente, una literatura sometida a las leyes de los consorcios. En enero de este año, el escritor Juan Goytisolo publicó en el diario El País un artículo sobre esta tendencia. Goytisolo escribió: “La amenaza más grave que hoy pesa sobre el escritor y el futuro mismo de la literatura es su rendición sin combate a los halagos del poder mediático y a las crudas leyes de la compra-venta: el tanto vendes tanto vales que levanta hasta los cuernos de la luna a los fabricantes de best-sellers y margina a quienes escriben sin anhelo de recompensa y permanecen fieles a la ética del lenguaje”. (“Vamos a menos”, El País, enero, 2001). n

Ciclo escolar

2001-2002

•     Para este año lectivo la SEP distribuirá 200 millones de libros de texto gratuitos y materiales educativos en todo el territorio nacional.

•     En preescolar la SEP entregará 3 millones 900 mil ejemplares para los niños de este nivel, así como guías de apoyo para sus padres de familia.

•     En el caso de primaria, que es el sector donde se concentra la mayor parte de la matrícula, se repartirán 118 millones 500 mil libros de texto.

•  Para este ciclo escolar la SEP entregará nuevamente libros de texto para los alumnos de secundaria. A este programa se han sumado los gobiernos de los estados, por lo que en esta ocasión se distribuyen 20 millones de ejemplares en todo el país.

•  Además de los materiales educativos para telesecundaria con 11.5 millones de ejemplares y en sistema Braille con 30 mil tomos para los alumnos invidentes, este año se entregarán más de un millón de libros en 52 lenguas indígenas y sus variantes.

•  También se repartirán 13 millones de libros para los maestros de educación básica, así como 38 millones

de ejemplares de otras ediciones.

•  Para hacer posible la distribución nacional oportuna de libros de este ciclo escolar, se utilizan 712 almacenes regionales y 2 mil 800 almacenes temporales.

•  En esta distribución también se hará uso de 3 mil 600 vehículos de carga, 8 mil 200 camionetas, 12 helicópteros y avionetas, así como 25 embarcaciones.

Fuente:

Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos, SEP.

Más sobre los libros y la noche

En la ciudad de Guadalajara. según cable de Notimex (25 de junio, 2001), el director general del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, advirtió sobre la necesidad de impulsar estrategias para promover la lectura entre los mexicanos ante las cifras “alarmantemente bajas” que existen.

      “Puedo decir con mucha tristeza y sin querer ser demasiado dramático que en una lista de 108 países en lo que se refiere a índices de lectura, México ocupa el lugar 107″, dijo en el acto de la firma de un convenio con la Secretaría de Educación de Jalisco.

      Indicó que las autoridades educativas y culturales tienen la enorme responsabilidad de promover la lectura “porque la lectura nos hará libres, nos dará soberanía cultural y me parece que esto es realmente muy importante”.

      Celorio precisó sin embargo que es necesario hacer una diferencia entre la “buena lectura” y una lectura “equivalente a la comida chatarra”. Dijo que efectivamente hay una buena parte de títulos publicados que son libros de mala calidad, que no ayudan ni fortalecen la cultura del lector, e incluso pueden ir en detrimento del desarrollo cultural.

Sobre la propuesta de reforma fiscal para gravar la compra de libros, Celorio mencionó que afortunadamente la comunidad intelectual y cultural de México se ha pronunciado en contra del gravamen del libro que se plantea imponer. “A mí me parece que es un asunto realmente delicado, es un asunto peligroso”, consideró Celorio. “Habría que medir y espero que nuestro Congreso lo mida con toda la sensibilidad del caso, si realmente el beneficio obtenido por la tributación fiscal al libro va a salir más barata que lo que puede tener de costo la desestimulación quizás a la lectura”.

Celorio insistió en que habría que distinguir libros de libros, “porque hay algunos libros que a lo mejor sí tendrían que estar gravados con un impuesto muy superior al que se plantea”.

      Es bueno que Celorio, director de la más importante editorial del Estado, se haga el planteamiento sobre la baja lectura nacional. Ahora bien: no gravar libros sería ya una excepción. ¿Cuál sería la excepción de la excepción que propone Celorio? Es decir, ¿en qué libros piensa al hablar de chatarra?

¿Se podría, racionalmente, pensar como algo posible y funcional, una especie de comisión hacendaría de notables que diga qué libros son chatarra, es decir, grava- bles, y qué libros no? ¿Se mediría por las ventas?

      Llevamos tantos años hablando de la bajísima cantidad de lectores en México, que quizás habría que plantearlo más allá de las palabras de Celorio: si hay libros chatarra gravables, ¿luego la gente sí compra libros y hay más lectores de los supuestos? ¿En la compra de libros chatarra sí ocupa México un lugar “destacado” como para hacer antojable una medida de gravamen a esos libros? De otro modo, ¿qué caso tiene?

      ¿Y no debiéramos decidir, de una vez por todas, que el problema de ausencia de lectores ante “libros serios” es, simplemente, falta absoluta de interés?. n

Feria de letras

Acto seguido, sin embargo, apareció otra nota periodística que le da la razón a Celorio o que, mejor dicho, habla por el visible desfondamiento cultural mexicano. Una nota del periódico Reforma, en la sección de cultura, del 27 de junio del 2001, anunciaba una “Feria de las letras” en la tienda Liverpool. La nota desemboca en una posible lista de los gravables de que hablaba Celorio, pero antes, qué maravilla: se anunciaban 36 casas editoriales en un espacio alfombrado de 3,000 metros cuadrados. El organizador  Faustino Puente, le da el crédito a “nuestro comprador de libros”, el señor Miguel Díaz, quien toma la palabra: “Lo que pasa es que somos un país que no lee. Yo soy un apasionado de la lectura y me tocó por gracia estar en el Departamento de Libros (mayúsculas sic) como comprador”. Y la reportera de Reforma, Carmen Alvarez, añadía: “(en la Feria de las letras) estarán presentes asesores de imagen y personalidad como Gaby Vargas; conferencistas como Rosario Galindo, con el tema de Como te ven te tratan; Ileana Ramírez, con El poder del pensamiento positivo; Guadalupe Loaeza, con la conferencia Debo, luego sufro; Mega Albarrán, con Despensa emocional, o Héctor Hernández, con Destreza para el aprendizaje, Ante lo cual sólo se puede añadir: ya tienen la Feria, ahora faltan las letras. n

El Longsellerde Hitler

El Times Literary Supplement (junio 22, 2001), plantea la siguiente cuestión:

      “¿Quién obtiene las regalías por Mi Lucha de Adolph Hitler? Las regalías del consistente bestseller de Hitler (publicado en Gran Bretaña por Random House) pertenecen, por derecho, al gobierno alemán, que ha declinado aceptarlos. De hecho, las regalías del Reino Unido se pagaban a una obra de caridad, pero la agencia literaria que administraba los fondos se rehusaba a decir cuál era el destinatario. “Si el nombre se hiciera público”, señalaba Curtis Brown en 1998, “la obra de caridad habría tenido que anunciar que ya no podía aceptar ese dinero”.

      “Tal cosa ocurrió ya. El Consejo Alemán de Asistencia Social, con base en Londres, y que trabajaba con refugiados judíos de Alemania, cuando tales refugiados eran numerosos, ha recibido unas 500,000 libras esterlinas de las ventas de Mein Kampff Sin embargo, ahora ha congelado la cuenta a la que se pagaban las regalías, y sus síndicos intentan decidir qué sigue. Y queda el problema para Random House (de la que es propietaria la compañía alemana Bertelsman) sobre qué hacer con el dinero que genera Mein Kampff. que vende unos 3,000 ejemplares al año. n

Las utilidades de la posteridad

•   Cantidad que pagó la Biblioteca Nacional de Francia por el manuscrito reencontrado de Viaje al fondo de la noche de Louis-Ferdinand Celine de 876 cuartillas: 11 millones de francos.

•   Cantidad que pagó la Biblioteca Nacional de Francia por una carta de Honoré de Balzac en la que aspira a la candidatura de la Academia Francesa: 130 mil francos.

•   Una carta de Baudelaire a su madre: 55 mil francos.

•   Cantidad en que se vendió el manuscrito de El Proceso de Kafka en Sotheby’s, en el año de 1988: 10 millones de francos.

•  Cantidad en que se vendió el manuscrito del primer tomo de En busca del tiempo perdido en Cristhie’s en el año 2000: 7 millones de francos.

•   Cantidad en que saldrá a la venta un borrador de un capítulo de El Ulises de James Joyce: 1.7 millones de dólares.

•  Producto esperado de la venta On the Road, de Kerouac, en Cristhie’s, Nueva York: 1 millón y medio de dólares.

•  Cantidad definitiva en que fue vendido On the Road (120 pies de largo en papel enrollado): 2 millones 400 mil dólares.

•   Precio de salida en una subasta de Barcelona de las pruebas de imprenta de Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez en las cuales se pueden ver correciones de la mano del propio Nobel con una dedicatoria a Luis Alcoriza y Janet Reinsenfeld: 500 mil dólares.

Fuentes:

Liberation, Le Monde, La Jornada. n

Jack Lemmon: Cómo actuar en una sola lección

Murió el actor Jack Lemmon, de cáncer, a los 76 años. El director de cine Billy Wilder —quien lo dirigió en películas como Una Eva y dos Adanes, El departamento e Irma la dulce— contaba de él cómo otro director de cine, George Cukor, le enseñó a actuar en una lección. Hemos recogido la anécdota tanto del libro Nadie es perfecto. Billy Wilder en conversación con Hellmuth Karasek (Grijalbo, 1993), como de Conversations with Wilder de Cameron Crowe (Knopf, 2000).

      “Su primer día de grabación en It ShouldHappen to You (1954), en una escena el director George Cukor grita “¡Corte!”. Cukor avanza hacia Lemmon y le dice: “Estuvo maravilloso, vas a ser una gran, gran estrella. Pero para la próxima vez actúa un poco, sólo un poco, menos”. Ruedan la escena por segunda vez y Cukor le dice: “Maravilloso, absolutamente maravilloso. Ahora vamos a hacerlo otra vez, con un poco menos de actuación”. Ruedan otra vez y Cukor vuelve a decirle: “Fantástico. Realmente extraordinario. Tienes una gran carrera por delante, sobre todo si actúas otro poco menos”. Después de unas 11 veces de repetir la escena, cuando Cukor volvió a pedirle que por favor actuara un poco menos, Lemmon le dijo: “Mister Cukor, por Dios, si seguimos así acabaré por no actuar”. Cukor respondió: “Ya vas entendiendo de qué se trata” . n

Onetti: Subrayados

En una librería de la colonia Condesa, Ciudad de México, encontramos una triste mesa de saldos, con libros que tenían hasta un 40% de descuento. Ahí encontramos un libro que tuvimos, y leímos en su momento, y perdimos para reencontrarlo ahora. De las Confesiones de un lector, de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 1995), ofrecemos los siguientes subrayados:

•   Fui durante años director de las bibliotecas municipales de Montevideo. Como todas las tareas culturales en los países de Hispanoamérica, la mía fue frenada en parte por el universal e invencible argumento: falta de rubros. Comprendo que la misión principal de un Municipio o Ayuntamiento es mantener limpia la ciudad. Pero si dentro del organismo se presupuesta una Dirección de Bibliotecas es lógico que todo ciudadano de buena fe piense que las bibliotecas se fundan para atender con dignidad las necesidades del público. Se requieren locales adecuados —he visitado con asombro y amargura las bibliotecas populares de Washington—, personal especializado y, oh Perogrullo, libros.

•  A excepción de dos o tres viejos, toda la literatura actual se me figura que no es literatura, sino algo así como una industria artesana sin otro fin que el de que la estimulen, pero sin que nadie muestre gran afición hacia los artículos que produce. Las mejores obras arte- sanas no pueden ser calificadas de excelentes y jamás las podemos alabar sinceramente sin ponerles algún pero. Lo mismo hay que decir de las novedades literarias que yo he leído en los últimos diez o quince años: no hay una extraordinaria y que carezca de peros. Denotan inteligencia y nobleza de espíritu, pero están escritas sin talento: o bien denotan talento y nobleza espiritual, pero no inteligencia; o, por último, encontramos talento e inteligencia pero no nobleza de espíritu.

      Digo sin rubor que todo este primer párrafo, aunque haya olvidado entre-comillarlo, pertenece a un querido amigo llamado Anton Chéjov.

• (Sobre el productor de cine Samuel Goldwyn). Tuvo frases inmortales. Algunos ejemplares divertidos: cuando decidió separarse de la oficina Hays, ordenó: “Inclúyanme afuera”. Además hay otras: “Esta mañana tuve una idea genial, pero no me gustó”. “Un momento: nuestras comedias no son cosa de reírse de ellas” / “Hay que agarrar el toro por los dientes” / “Ese es nuestro punto débil más fuerte”. Al descubrir en jardín ajeno un reloj de sol, y luego de que le explicaron qué era: “Caramba, quién sabe lo que llegarán a inventar un día”. Cuando le señalaron que su esposa Francés tenía manos muy hermosas: “Sí, ya sé. Algún día mandaré hacer un busto de ellas”. Tras una pelea con el director Howard Hawks, que terminó en que Hawks dio la espalda a Goldwyn y se fue a hacer una película a otra empresa: “Eso es lo malo con los directores. Siempre están mordiendo la mano que pone los huevos de oro”.

• Este ruido de calles no demasiado lejanas me impone rememorar un cuento de Andreiev. No recuerdo el título con que lo bautizó la editorial traductora y no tengo a la mano el libro. Es que. como en general la gente va perdiendo ilusiones a medida que avanza en la vida, yo he ido perdiendo bibliotecas. Pero el título no importa. Se trata de un personaje que en una de esas poco sufribles reuniones de compañeros de oficina toma unas copas y. queriendo salir del anonimato, declara que le gustan las negras. Asombro, incredulidad. Pero el hombre se mantiene firme: a él le gustan las negras aunque tengan el cuerpo protegido con sebo, como los esquimales para resistir el frío de Rusia. Y como el cuento tiene que seguir, aparece en la ciudad un circo o music hall integrado por tres negras. En la necesidad de mantener el prestigio que le dio mentida preferencia, el personaje se deja impulsar hasta el casamiento con la más fea, retinta y engrasada de las tres que le eran ofrecidas. Se casó con dolor, vivió también así y murió inconsolado.

• Recuerdo que Dios no es racista; tal vez nos desconcierte a veces, pero tengo pruebas de que es imparcial cuando reparte la tilinguería entre los mortales. Un blanco y un negro declaran sus convicciones ante la prensa, la radio, la televisión, es decir, ante todo el mundo. Se trata de un cantor con voce perduta y de un hombre que supo jugar al fútbol. Y uno, el blanco o el negro, afirma: “me considero más intelectual que todos los intelectuales de mi país”. El otro dice: “no me interesa ser diputado o senador. Me preparo para la presidencia de mi país”.

• Y para terminar por ahora, recuerdo que en la traducción firmada por Borges de Palmeras salvajes de William Faulkner, en la parte llamada El viejo, se dice al final que el penado alto, luego de escuchar las peripecias que el Mississippi le impuso a su compañero de prisión, resumió su opinión en una sola palabra: mujeres.

      Muchas veces, cuando me cuentan alguno de esos pequeños disturbios aldeanos provocados por una dulce señora o señorita, me he limitado a comentar la anécdota o chisme repitiendo: “Mujeres, dijo el alto penado”.

      Pero hoy, al documentarme muy severamente para escribir este artículo, descubro que la totalidad del comentario del penado alto fue:

—Women shit.

Con perdón de Borges. n

Angélica

Angélica

Ofrecemos un pasaje de una entrevista realizada por Miguel González Compéan, y que forma parte de un proyecto más amplio, a una mujer anónima que ha tenido que enfrentar su propia sexualidad dentro del complejo entramado de prejuicios, machismo y tabúes que rige a la sociedad mexicana. Angélica es una mujer de treinta y dos años que se ha desempeñado como secretaria y asistente de tres funcionarios públicos y dos ejecutivos privados. Hija de un expolicía auxiliar y ama de casa, es la hija menor de una familia de ocho y actualmente madre soltera de una niña.

¿Qué puedes decirnos de tus padres?

Creo que mi mamá se casó porque tenía mucho miedo a la soledad, porque era su boleto para venirse a México. No quería ser una solterona, me imagino, pero creo que nunca quiso a mi padre y eso no sólo los dañó a ellos, sino que todos pagamos su falta de amor. Con mi padre me llevaba bien porque siempre estaba alcoholizado. Me contaba historias de sus amigos y eso me gustaba. Mi padre fue alcohólico durante más de treinta años.

¿Y crees que esto te afectó de alguna forma, cómo fue tu primer matrimonio?

Conocí a un personaje que para mí era así como la alternativa de salir de casa. Porque no estaba enamorada de él. Sentía que lo quería mucho y que a lo mejor podía hacer una vida con él, y como los dos íbamos a continuar con nuestros estudios, me pareció buena idea. Me entusiasmaba, primero, por estar fuera de casa, porque no era buena la relación ahí con mi madre. Además, como todas mis hermanas se empezaron a casar muy jóvenes, la casa empezó a quedarse sola, y la situación se volvía más insoportable para mí. Casarme era una buena opción, a pesar de que no creía mucho en el casamiento, y que me gustaba mucho la idea de ser independiente, de estar sola. Pero, bueno, era un requisito que se tenía que cumplir y dije: “pues me caso”.

¿Cuántos años tenían?¿Resultó el matrimonio?

El tenía 22 y yo 21. Pero luego resultó que él tenía fuertes problemas sexuales. Tenía eyaculación precoz. Y, como yo no había tenido relaciones con nadie más, empezaron los problemas.

¿Nunca tuviste relaciones antes de casarte?

No, sólo besos y abrazos. Nunca supe lo que era un orgasmo; ni de novia, ni cuando me casé.

¿Cuánto duró tu matrimonio?, ¿porqué terminó?

Duré casada un año siete meses. Lo que pasa es que él enloqueció porque habíamos hecho un trato de que no íbamos a tener hijos, y él rompió el trato. Compré unos preservativos… pero me embaracé y yo no quería un hijo. Entonces una de sus tías me dijo: “tú decides si lo quieres tener o no”, y me dio un té mágico que terminó con mi problema. Nos separamos. Era lo mejor.

¿Te separaste y qué hiciste?

Después conocí a otro muchacho. Lo más inmediato era encontrar a alguien que me quisiera; me sentía una mujer desechada, que no había servido, que no la había hecho en el matrimonio, de la que sus padres no querían saber nada.

¿Y cómo fue tu nueva relación?

Con él descubrí mi sexualidad, y finalmente supe lo que era un orgasmo. Yo estaba contenta con él, pero había un problema: era casado.

¿Qué opinas sobre ser amante?

Pues una sabe que él se va a acostar con su mujer y que tiene tiene una vida familiar hecha. Las mujeres lo aceptan, mientras que los hombres no. Ellos no pueden admitir hacer de segundo papel. Quieren ser el primer papel entre esposa y amante, pero cuando saben que la amante ya empieza a salir con alguien, ya no les gusta el segundo papel. Además, pienso que normalmente los hombres se acuestan con otra mujer porque son inestables, porque así son, es su naturaleza. Las mujeres, en cambio, se acuestan con otro hombre por darle en la cabeza a otro hombre. n

Todo se podría en el Reino del Perú

TODO SE PODRÍA EN EL REINO DEL PERÚ

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

La degradación estética y moral que impuso la dupla Montesinos-Fujimori es la materia de este artículo que reclama un Perú mejor.

Todo se podría en el reino del Perú

Desde mi llegada al Perú, en febrero de 1999, sentí el tufo atroz de la corrupción fujimorista. Pero la total falta de ética que se adivinaba, se intuía, se sufría, por doquier, venía siempre acompañada por una agresión más: la estética. Era ésta una sensación que tal vez sólo un peruano que regresaba de lejos, que había vivido fuera muchos años, podía vislumbrar. Todo se había vuelto feo y sucio de cuerpo y alma, como si en el país de la criminal dupla Montesinos-Fujimori la ética y la estética se hubiesen fundido en un indisociable punto canalla. La gente que me rodeaba, la gente que me quería, no apreciaba los comentarios que yo hacía, basados en estas sensaciones de rechazo y desasosiego, de indignación e impotencia. Y pensaba que yo estaba totalmente loco cuando le decía que el aparato siniestro montado por la dictadura no tardaba en venirse abajo por su propio peso. Un video fue la primera carta de una interminable baraja de inmundicias, pero yo sigo pensando que, con o sin videos, la dictadura hacía rato que venía jugando con la tentación del hara-kiri, provocando su propia caída, edificando día a día su sórdido poderío, sí, pero también apoyándolo minuto a minuto en unos cimientos de lodo y heces. Hoy me atrevo a decir que, un largo año antes de sus caídas y fugas, Montesinos y Fujimori ya estaban completamente locos de fealdad y fango, pero, insaciables de mal, aún querían más embrutecimiento y degradación a su alrededor.

Fujimori, el hombre que “no admiraba a nadie”, presumía de incultura, se regodeaba en su ignorancia de la historia y la literatura peruanas, por ejemplo. La televisión que capturó le rindió siempre culto a la estupidez y le inculcó a los peruanos que pretendió encanallar, para mejor someter, un goce perverso en la burla y el rebajamiento del otro. Actores y conductores de programas entendieron perfectamente en qué consistían los profundos deseos de la dupla criminal, cómo, tanto Fujimori como Montesinos, desinformaban sistemáticamente para mejor desconcertar, para llegar al alma del peruano masa y convertirlo en peruano mendigo y en peruano plebe y en peruano asqueroso. Y gozar con el espectáculo. Nunca en una dictadura latinoamericana el pan y el circo, gracias a la tecnología, llegaron tan lejos, hicieron tanto daño, fueron tan criminales.

Nadie parecía recordar lo que era la cultura en el Perú de Fujimori. Lo que, con otros gobiernos, había sido sistemático y lamentable descuido, era, para “el chino” que le hablaba al pueblo sin palabras y con sólo torpes pasos-sonsonete de tecnocumbia, calculado, sistematizado trabajo de destrucción y rebajamiento, parte importante de un pavoroso agravio contra la inteligencia, la memoria y la moral de una nación. Añádasele gastos mínimos en educación real, hambre creciente y millones de horas de televisión y prensa escrita “chicha”, en su variante rebajada e inmunda, repugnantes operativos psicosociales y limosna palaciega y publicidad Miami Vice y atroz gusto imperante en todas las clases sociales y racismo y clasismo y prédica de la estupidez diaria y la estolidez como cotidianidad. Y añádasele crímenes y robos y culto —no por la vida, claro que no, si sólo sobrevive el que agrede y rebaja más, sino por un inexistente becerro de oro— y tendremos el retrato robot de los fugitivos y del país ético y estético que dejaron. Repito: que dejaron. Y añado: y que queda. Porque el horror que dejó el fujimontesinismo ha calado tan horrorosamente en el alma de muchos peruanos que, incluso entre quienes lo enfrentaron y lo volverían a enfrentar, doquiera que sea. ha dejado más de una huella de suciedad, de esa atroz fealdad con que, en el Perú de los noventa, se fundieron en el fango la ética y la estética. n

Alfredo Bryce Echenique Escritor. Su más reciente libro es Guía triste de París.

Aclaración de José Woldenberg

ACLARACIÓN DE JOSÉ WOLDENBERG

Señor director:

En la columna Palomar del mes de julio de 2001 se hacen distintos comentarios sobre el texto “Doce cambios deseables” que publiqué en esa misma edición. Dicen los redactores de Palomar que en la lista de cambios que propuse a la legislación electoral hay “una idea que nos lija el cerebelo: el voto de los mexicanos en el extranjero suena a una causa noble, pero es una locura práctica y una aventura política. La última cifra del costo de la operación andaba en los 800 millones de dólares sólo para efecto de empadronamiento y registro. Sigue el problema de cómo organizar la elección mexicana en Estados Unidos (ni modo que en Turquía). Sigue el problema de candidatos mexicanos haciendo campaña en Estados Unidos y hablando pestes de la migra, la DEA. la discriminación y los gringos (después de todo se trata de ganar votos)”.

      Permítame las siguientes aclaraciones:

    1. Palomar no tomó en cuenta el primer párrafo de mi argumentación sobre el tema, que a la letra dice: “Merece también una revisión detallada el tema recurrente del voto de los mexicanos en el extranjero”. Esto es, propuse una revisión porque a mi juicio “este asunto, si bien motiva un aparente consenso entre los partidos políticos, no ha estado hasta la fecha precedido por una discusión conceptual suficiente. No contamos con una elaboración que defina si el derecho a votar lo genera la nacionalidad o la residencia o, eventualmente, ambos, ni en qué modalidades, e incluso con qué restricciones se puede ejercer el derecho”. Es decir, creo que estamos obligados a desahogar un debate conceptual serio como prerrequisito para abordar los aspectos legales y operativos del tema. Sigo en lo dicho.

   2. Sobre si la idea “lija el cerebelo” y si es una “locura práctica y una aventura política”, quiero decir que existe un estudio elaborado por la Comisión de Especialistas integrada por el IFE en 1998, que aborda las condiciones y modalidades del eventual voto de los ciudadanos mexicanos residentes fuera del territorio nacional. Ese informe, por cierto, se entregó a la Cámara de Diputados para que en su momento tomara una definición sobre el asunto fundada en datos ciertos y en estimaciones precisas.

A partir de ese estudio, afirmé que se trata “de un proyecto de grandes implicaciones sociales y políticas que no admite soluciones simplistas”. Por eso, la cordura de la medida la finco en el estudio de los especialistas, que dictaminaron que el voto en el extranjero para las elecciones presidenciales es técnicamente viable pero requiere salvar un número de obstáculos legales, políticos y operativos.

 3.  No sé de dónde salen los 800 millones de dólares “para efecto de empadronamiento y registro”. Las estimaciones del costo del voto de los mexicanos en el extranjero hechas por la Comisión de expertos que promovió el IFE van de los 76 millones de dólares (en una modalidad donde se excluye la elaboración de una lista nominal de electores, la emisión de credenciales y la instalación de casillas ordinarias) a los 356 millones de dólares (en una modalidad con voto a distancia utilizando lista nominal y una tarjeta de identificación para emitir el voto por teléfono).

4. Señalé también que de aprobarse el voto de los mexicanos en el extranjero sería deseable y exigible que se contara con una legislación positiva omniabarcante, con un nuevo libro del COFIPE, de forma tal que el voto en el extranjero contara con las mismas garantías que hoy tiene el sufragio en el territorio nacional.

5.  A mi entender, no resulta un problema que los candidatos mexicanos viajen a Estados Unidos, de hecho lo vienen haciendo con frecuencia durante las últimas campañas federales y aun locales. Y tampoco debería ser un problema que hablen de la migra, la DEA y la discriminación; al contrario, lo malo sería que los partidos y sus candidatos no hablaran y se definieran sobre esos asuntos. Siempre será mejor ofrecer conductos para que los temas que tienen que ver con la vida de las personas logren visibilidad pública que pudorosamente tratar de no nombrarlos.

6. Palomar acaba preguntándose qué pasaría si candidatos de otros países vinieran a hacer campaña a México. No tengo respuesta, pero desde México se emiten votos para elecciones de otros países desde hace años.

conforme a la normatividad que definen las naciones que permiten el voto de sus ciudadanos fuera de sus fronteras, como es el caso de los miembros de la Unión Europea y de varios países de América Latina. Y ello nunca ha significado problema alguno.

Aprovecho la ocasión para hacerle llegar un cordial saludo.

Atentamente,

José Woldenberg. n

Cómo lo hacen los jóvenes

HABLEMOS DE SEXO

CÓMO LO HACEN LOS JÓVENES

Cinco jóvenes entre veinte y veinticinco años, tres mujeres y dos hombres, habitantes de la Ciudad de México, se reunieron para hablar de sexo: de sus fantasías, de sus afectos y contrariedades. Los nombres, por supuesto, son falsos. Lo demás, sus palabras, habla en nombre de una generación que nació después de Los Beatle

 CLAUDIA: ¿Cuando estás con una persona, cómo sabes si se trata de buen o mal sexo?

ALICIA: Comparas, ¿no?

TERESA: Definitivamente, comparas.

CLAUDIA: ¿Cuántas veces han tenido que fingir un orgasmo?

TERESA: Jamás.

Juan: ¡¿Nunca?!

TERESA: Nunca he fingido. Y si no tengo un orgasmo, se joden, mala suerte.

ALICIA: Pues yo sí he fingido.

CLAUDIA: Yo también.

TERESA: ¿Y ustedes?

JUAN: Varias veces. En esos momentos en que apenas se te para, aguantas unos minutos y luego haces como que el asunto termina.

CLAUDIA: Para dormirte y pasar a otra cosa. Es horrible porque ya estás fastidiada y todavía tienes al tipo encima. Tú ya estás pensando en otras cosas, en lo que tienes que hacer mañana, lo que en ese momento quisieras estar haciendo.

ADOLFO: A mí me pasa que me pregunto: “¿qué carajos estás haciendo aquí?, si se puede, mejor ponte los pantalones y vete”.

JUAN: Lo peor es cuando estás con una persona y de pronto te das cuenta que no tienes nada que ver con ella.

CLAUDIA: A mí nunca me ha pasado eso de despertarme al otro día y pensar que no tengo nada que ver con el hombre que está a mi lado. Yo creo que es un defecto de las mujeres, que siempre crees, como si se tratara de un deber, que debes relacionarte sentimentalmente con quien haces el amor. TERESA: Yo creo que las mujeres siempre tienen la ilusión de que la cosa perdure.

CLAUDIA: Las mujeres siempre se involucran sentimentalmente.

JUAN: ¿Las mujeres se involucran sentimentalmente en cualquier tipo de sexo?

CLAUDIA: A mí siempre me pasa.

ALICIA: A mí también.

teresa: Igual que Claudia.

CLAUDIA: Enseguida me entran las culpas. Por algún sentimiento masoquista, aunque sepas que no va a funcionar te quedas y te empeñas en que funcione.

ADOLFO: Yo conozco hombres que no tienen una vida sexual muy activa porque se enamoran de una sola pareja que aparte no les corresponde.

TERESA: Pero lo niegan, ¿no?, por el hecho de ser machos.

JUAN: ¡De ser hombres!

ADOLFO: Se cree que ser hombre y aceptar ese tipo de cosas es un punto de debilidad.

CLAUDIA: ¿Y alguna vez te ha pasado que no se te pare?

ADOLFO: Sí, claro.

CLAUDIA: ¿Y qué haces?

ADOLFO: Eso es un asunto muy normal, y les pasa también a las mujeres que no pueden coger. No se me hace un asunto tan grave.

¿Por qué me tengo que excitar a fuerzas? Ya no estamos en la adolescencia cuando, si no se te para, pierdes una oportunidad que no regresará en mucho tiempo. Aquí si no quieres… no quieres, y ya vendrá otra ocasión. Yo ya estoy un poco cansado, ya viví una orgía, ya viví un trío. Y ya me dan un poco de hueva, no digo que estén mal, pero ya me cansan un poco. Me llama más la atención el sexo con sentimientos de por medio. Tener una relación construida en donde al final saben dónde tocarte.

JUAN: El problema de meterte en una orgía o en un trío es que después te queda un vacío.

TERESA: Eso nos lleva a pensar que el buen sexo también tiene que ver con el tiempo que lleves con una persona, que la conozcas y que te conozca.

CLAUDIA: Sí, se trata más o menos de eso. Pero si estás en una fiesta y una mujer se te lanza, aunque no la conozcas, no le vas a decir que no.

adolfo: Pues depende, si estoy en una fiesta, y ando cachondón, no le digo que no.

TERESA: Y no les da miedo el sida. Porque yo creo que el sida es determinante en la vida sexual de los jóvenes de los noventa para acá.

CLAUDIA: A mí no me da miedo.

JUAN: A mí tampoco.

ADOLFO: A mí al contrario, yo digo que el hecho de cuidarte lo resuelve todo. Si te estás protegiendo, todo está tranquilo.

CLAUDIA: Yo no pienso en el sida, menos en una noche de pasión. ¿Qué posición te gusta más.

ADOLFO? Dime la que te encanta a ti, y luego en la que te gusta ver a una mujer.

ADOLFO: A mí me gusta mucho el 69.

CLAUDIA: ¿Por qué a los hombres les encanta el 69?

TERESA: Sí, les fascina.

JUAN: A mí también es lo que más me gusta.

ADOLFO: Es algo bastante compartido. Y para ver a una mujer… Yo creo que de perrito.

TERESA: Es que visualmente es muy atractivo.

JUAN: Oye, Alicia, casi no participas, te estás perdiendo la plática.

ALICIA: Ya voy. A mí también me gusta el 69.

TERESA: No, a mí me distrae. O me concentro en lo que estoy haciendo… o en lo que me están haciendo.

JUAN: Yo he notado eso con las mujeres. Si ves que lo estás haciendo muy bien, y te empeñas, la mujer ya no puede seguir con lo suyo.

ADOLFO: Algunas.

CLAUDIA: A mí me gusta sentada en una mesa y luego que me carguen.

JUAN: ¡Mierda!, ese es un trabajo infame. Es decir, ¿tú estás sentada en una mesa y el tipo enfrente y a darle duro?

claudia: Exacto, y luego ya se van para arriba, parados.

TERESA: A mí me gusta estar arriba. Por una cuestión de control. A mí me gusta mucho llevar el control. Si estás arriba y la otra persona está abajo, tú puedes hacer lo que quieras.

adolfo: A mí me gusta que las mujeres estén arriba, ¡que te metan una cogidota! Es fenomenal.

JUAN: SÍ, a mí también.

TERESA: Y a mí me sucede que cuando estoy arriba es más fácil llegar al orgasmo.

CLAUDIA: ¿No te pasa que te penetran, te gusta, pero que al mismo tiempo necesitas una presión arriba?

TERESA: Sí, por supuesto.

JUAN: ¿En el clítoris?

TERESA: No, más arriba del clítoris.

JUAN: ¿Qué? ¿En la frente? ¿Ahora hay que dar palmaditas en la frente?

CLAUDIA: Por eso me gusta estar arriba, porque te estás presionando a ti misma.

ADOLFO: Eso es nuevo para mí.

teresa: Una cosa que muchos hombres no entienden es la cuestión del ritmo. Yo encuentro increíble cuando empiezan muy suave y luego van más fuerte. Suave, fuerte, suave, fuerte. Diez suaves, cinco fuertes. Eso es fundamental: los contrastes.

CLAUDIA: O que de pronto se detengan.

TERESA: Y que tú digas: “más, más más”.

JUAN: Las mujeres no entienden la angustia que pasan los hombres para no venirse antes de tiempo. Estás cogiendo y sucede que la única solución que encuentras es ponerte a pensar en el trabajo de mañana para no excitarte demasiado.

TERESA: Es que la primera cogida es para los hombres y la segunda para las mujeres. La primera vez el hombre se viene mucho más rápido: en la segunda el asunto es más largo, esa es para las mujeres. Los hombres son como los calentadores de agua con gas: el agua caliente sale rápido. Las mujeres son más bien como calentadores solares: todo es más lento. Es terrible cuando el hombre se queda dormido después de la primera vez.

ADOLFO: Por eso el mañanero siempre es el mejor, yo aguanto mucho más.

JUAN: Es el mejor.

adolfo: A mí me gusta que me aprieten.

JUAN: ¿Que tenga “perrito”?

ADOLFO: Que te aprieten con los músculos vaginales.

TERESA: Pero eso es básico, incluso para la mujer es imprescindible para llegar al orgasmo. Hay que hacer malabares y ejercicios previos.

ADOLFO: Lo mejor para eso es cuando la mujer está encima del hombre, pero el hombre abre las piernas y la mujer las cierra. Te agarran fuertísimo. Es lo mejor.

JUAN: ¿Cuál es la fantasía más cabrona que se te haya ocurrido?

TERESA: Yo una vez soñé hacerlo con dos tipos, pero sin sexo anal porque por más que he intentado nunca me ha funcionado.

CLAUDIA: Yo tampoco. Es dolorosísimo.

TERESA: A mí me ha ocurrido que cuando voy a orinar tengo orgasmos mucho más rápidos y fuertes.

JUAN: Cuando hablo de fantasías con mujeres siento que son un poco más ordinarias que las de los hombres.

TERESA: ¿Más comunes?

JUAN: Son lineales. En cambio, creo que los hombres elaboran toda una fantasía mucho más complicada, más armada, con juegos de rol y condiciones, sentimientos y situaciones.

TERESA: No sabía eso. Yo nunca he hecho eso.

juan: (Señalando las revistas porno en la mesa) Estas revistas se dedican a eso. A construir toda un historia complicada sobre cómo coger.

TERESA: Lo que sí he hecho es estar haciendo el amor y pensar en un tipo que vi en algún sitio.

CLAUDIA: ¿Pero en tus fantasías hay hombres muy guapos o no te los imaginas de manera específica?

TERESA: La verdad es que en mis fantasías son muy masculinos. Pero en la práctica eso no funciona mucho, porque un hombre que me agarre violentamente no me excita.

JUAN: En mis fantasías me gusta la agresión psicológica. Una mujer agresiva.

teresa: a mí me excitan los contrastes.

CLAUDIA: Mi fantasía también es coger con dos hombres.

ALICIA: Yo también con dos personas, pero no dos hombres: una mujer y un hombre.

ADOLFO: Esa me gustó más.

ALICIA: Pero una de las mujeres debe de ser mayor.

CLAUDIA: ¿Tu harías eso con tu pareja?

ALICIA: Si lo acepta, ¿por qué no?

TERESA: ¿Qué tan mayor debe ser la mujer de tu fantasía?

ALICIA: Como de cincuenta años.

CLAUDIA: ¡Nooo!, ¿tanto?

JUAN: Oye. yo me metí con una mujer de cincuenta años y no estuvo nada mal. No tenía el cuerpo de una niñita, pero la experiencia…

TERESA: Eso, la experiencia es lo que cuenta.

CLAUDIA: Bueno, yo también lo hice con una mujer.

JUAN: ¿Y te gustó?

CLAUDIA: Sí.

JUAN: ¿Podrías ser lesbiana?

claudia: No. no creo que lesbiana. Creo que coger con una mujer no es algo tan grave como cuando dos hombres se besan. Con dos mujeres es un asunto más de amiguitas: “Ay sí, amiguita, nos agarramos la mano, ay sí, amiguita, un besito, ay sí, amiguita, vámonos a coger”.

TERESA: Lo que pasa es que un hombre y una mujer van a ritmos distintos, buscan dos cosas distintas. Dos mujeres buscan más o menos lo mismo.

CLAUDIA: Te conocen más, saben dónde tocarte. Es más tierno el asunto. Yo voy en la calle y me fijo más en las mujeres. No porque me gusten, sino porque tienen cuerpos bonitos.

JUAN: Pero eso es un asunto cultural. El cuerpo femenino es el objeto del deseo.

CLAUDIA: Yo veo cómo se visten, como caminan.

TERESA: Cómo tienen las nalgas.

adolfo: Puedo reconocer a un hombre atractivo, pero nunca me han dado ganas de besarlo. Sigo prefiriendo el cuerpo de una mujer. Me gustarían dos mujeres, pero una muy joven, como de unos dieciséis años, y otra de cuarenta.

JUAN: ¿Mamá e hija?

ADOLFO: Eso estaría muy bien.

TERESA: Yo también tuve una época en la que soñaba con alguien mucho más joven, pero luego me puse a pensar que enseñarle todo lo relativo al sexo estaría de hueva.

CLAUDIA: Mejor hacerlo con un maestro, alguien más grande.

ADOLFO: En mi fantasía la mujer joven sabe mucho de sexo. Es una joven sin miedo, que de hecho me quiere coger.

TERESA: No hay nada mejor que cuando vas a hacer algo que nunca has hecho y sientes la emoción de la primera vez. Cagarse de susto, eso es lo mejor.

ADOLFO: Yo lo hice una vez en el metro.

CLAUDIA, TERESA, ALICIA, JUAN: ¿En el metro?

ADOLFO: Un domingo, en el vagón, a las once de la noche, en la línea de Barranca del Muerto. Con mi novia, veníamos en el penúltimo vagón. Habíamos hablado de lo que nos gustaría hacer cuando cogemos y todo eso, y cuando se bajó la última persona ella dijo: “ahora es cuando”. Me empezó a hacer sexo oral. Y cada vez que llegábamos a la siguiente estación, los huevos se me subían hasta la garganta, luego veía que nadie entraba y seguíamos. Cogimos a intervalos, entre estación y estación. Yo sentado, ella se bajó los pantalones y se sentó sobre mí.

JUAN: Lo más cabrón que he hecho es coger en un baño de Sanborn’s a las doce del día de un sábado.

alicia: ¿y el sexo oral? ¿Les ha tocado alguien que no sepa hacerlo?

JUAN: Es horrible cuando las mujeres piensan que entre más rápido… mejor.

adolfo:  o cuando te muerden.

TERESA: No es por nada pero yo lo sé hacer muy bien. La idea es que no sientan que lo están metiendo en cualquier parte. Que sientan los labios, un poco los dientes, la lengua, todo.

ALICIA: ¿Y los hombres que no lo saben hacer?

CLAUDIA: Se acaba todo el encanto.

TERESA: Pero cuando tienes un orgasmo con sexo oral es riquísimo.

CLAUDIA: A mí me cuesta mucho trabajo de esa manera.

TERESA: Siempre es mejor el orgasmo del pene. Y lo mejor es cuando el hombre se viene e inmediatamente después se le vuelve a parar.

ADOLFO: Pero eso es muy difícil. La relación sexual tiene que ser muy buena.

JUAN: Yo sólo lo he hecho dos o tres veces en mi vida.

ADOLFO: Cuando termina el orgasmo en los hombres, te da un bajón, pero que está lleno de lucidez. Te puedes poner a escribir y estás muy inspirado.

CLAUDIA: Después de coger me dan ganas de dar cariñitos, de estar ahí tirada, feliz.

JUAN: Si tuvieras que elegir sólo una actitud en las relaciones sexuales, ¿cuál serías: sumiso o amo?

Teresa: Sin dudarlo: amo.

CLAUDIA: Yo fui amo demasiado tiempo. Y si tuviera que elegir sólo una actitud, sería amo otra vez.

ALICIA: Sumisa.

ADOLFO: Sumiso.

JUAN: Sumiso. Y fíjate que yo nunca he tenido una mujer que sea realmente ama. Nunca. Lo peor que me ocurrió al respecto, fue un día que le pedí a una mujer que realmente fuera una cabrona conmigo, y ¡pobre!, lo hizo tan mal. Era más el intento que lo que realmente llegaba a provocar.

TERESA: En mi caso es tanta la necesidad de ser amo, que tomo al hombre de las muñecas.

CLAUDIA: ¿Nunca has amarrado a un hombre? Lo tomas, lo amarras de arriba, lo amarras de abajo. No dejas que se mueva. Y tú le haces todo. Eso es genial.

TERESA: O taparle los ojos con una venda.

JUAN: Eso es medio inocente.

TERESA: No, porque cuando eres amo puedes hacer lo que quieras.

CLAUDIA: Imagínate con los ojos tapados y las manos y pies amarrados, esperando treinta segundos sin que pase nada, sin que puedas oír nada, no te toca, no sabes ni siquiera dónde está.

ADOLFO: ¡Perversa!

TERESA: Por ejemplo, tu pareja tiene la venda en los ojos, lo tomas de las manos, y antes de darle un beso escuchas su respiración y prolongas el momento. Lo prolongas, lo prolongas, lo prolongas mucho tiempo. Es excelente cuando la mujer, que se supone que es la más delicada, toma el control y hace todo muy fuerte, luego se detiene un instante y sigue.

CLAUDIA: En un periodo de un mes, ¿cuánto ha sido lo más que han cogido, y lo menos?

TERESA: Yo he tenido épocas en las que no he hecho el amor durante dos meses. Y con tu novio al lado y todo, de esos momentos en los que simplemente no te dan ganas. Y por el contrario, he tenido meses enteros en los que lo hice dos veces por día.

ALICIA: En un mes, lo máximo fue un día sí, un día no.

CLAUDIA: Yo dos o tres veces al día.

ADOLFO: Yo cinco veces al día, pero sólo de lunes a viernes.

TERESA: Qué aguante, parecen caballos.

ADOLFO: Podía hacerlo porque era un adolescente lleno de hormonas. Y el fin de semana nos reprimíamos porque era cuando veíamos a la familia.

JUAN: Lo más que he cogido fue durante un verano de mi adolescencia, fue tres veces al día, sin fallar un solo día.

ADOLFO: Es que cuando eres adolescente estás sensible a todo: se mueve una planta y de inmediato se te para.

Alicia: Y lo menos que he cogido en un mes fue una vez por semana.

ADOLFO: Lo máximo que he durado sin tener sexo han sido tres semanas.

JUAN: Yo una vez al mes.

CLAUDIA: ¿Quién ha estado en tríos sexuales? (Todos menos Teresa lo han estado).

TERESA: ¡Carajo! Soy una nefasta.

Claudia: ¿Y sexo con cuatro personas? (Una vez más, todos menos Teresa).

ADOLFO: Tengo una pregunta clásica: ¿les importa el tamaño del pito?

ALICIA: A mí no me importa, es más importante la fuerza y la intensidad.

CLAUDIA: Lo imprescindible es que se sepa. De nada sirve que tenga un gran miembro si no se sabe mover.

CLAUDIA: Que se sepa mover y que esté duro.

JUAN: Respecto a las diferencias entre sexos, leí en El País Semanal que los hombres siempre tienen dos tipos de relaciones sexuales a lo largo de su vida: la que llevan a cabo con su pareja y la que llevan consigo mismos, masturbándose:  O sea, el hombre se masturbará hasta que se muera. Todo esto relacionado con las fantasías masculinas y su complejidad… Yo me masturbo siete veces al día.

CLAUDIA: ¿Te masturbas pensando en tu pareja o en otras cosas?

JUAN: Casi siempre en otras cosas. A veces creo que tengo una fantasía sexual desbocada, una fantasía que, de sentarme a describirla, llenaría hasta cincuenta cuartillas.

ADOLFO: Los chats en Internet suelen ser bastante buenos para eso. Juan y yo nos hemos metido a varios en los que sí se cuentan historias que valen la pena.

JUAN: Como el Kinky Chat, dedicado sólo a adultos y en donde una vez me encontré a una mujer. Igual era un hombre pero no importa, se hacía pasar por mujer y llegó un momento en que me dijo: “No te vayas, sígueme contando porque todavía no me he venido”. Hay cierto tipo de jóvenes a los que les satisface más el sexo “cibernético” que el sexo real.

ADOLFO: Todos los hombres se masturban, o casi todos. ¿Y las mujeres?

TERESA: Eso es muy importante para todas las mujeres.

CLAUDIA: Sin duda.

ALICIA: Sí.

TERESA: Es más, cuando no he podido llegar al orgasmo con mi pareja al lado me he masturbado.

JUAN: Lo que a mí no me gusta es que mucha gente piensa que una relación sexual siempre debe terminar con el coito, cuando a veces es mejor o más divertido terminar en el sexo oral o masturbándose mutuamente.

CLAUDIA: Eso es lo divertido: que hay diferentes maneras de venirse.

ADOLFO: El sexo debe tener siempre un poco de morbo. Tal vez por eso somos una generación con desventaja. Ahora que ya todo está claro, y que nada es tabú, el sexo también se vuelve un poco más aburrido. Yo me acuerdo que cogía más cuando me tenía que esconder de mis padres.

JUAN: De todas esas fantasías que te venden por Internet o en las revistas pomos, ¿cuales harían? Existe la gerontofilia, la necrofilia, la zoofilia, el sadomasoquismo.

CLAUDIA: Yo creo que ninguna.

TERESA: Yo creo que el sadomasoquismo.

ALICIA: Yo también aunque no me atrae mucho.

JUAN: ¿Por qué esa?

TERESA: Porque tener el control, saber que tu pareja está al servicio de tus necesidades, es muy excitante. No es que yo quiera ser una ama, sino que a mí me gusta tener el control.  Es decir, me gusta aunque yo nunca he utilizado nada de esto (Teresa señala de forma desdeñosa el vestuario fetichista de una revista española de BDSM). Sin embargo, me gustaría utilizar un corsé, un corsé muy apretado para hacer el amor.

ALICIA: ¿Por qué?

TERESA: Porque una vez que estaba haciendo el amor, mi pareja me apretó muy fuerte y me vine muy bien.

ADOLFO: ¿Les excita que un hombre les baile desnudo?

CLAUDIA, TERESA, Y ALICIA: No.

CLAUDIA: A mí lo que me pasa es que necesito que sean muy, muy hombres. Muy masculinos. Prefiero que me toquen o incluso que me vean bailar.

TERESA: ¿Que me bailen? No. qué hueva. Yo necesito sentir el olor y el sabor.

JUAN: Y los hombres de las revistas porno, ¿les gustan?

ALICIA: No, a mí no me excitan.

TERESA: A mí lo que me ocurre con las revistas eróticas, o con los canales pornográficos de TV, es que la falsedad me corta toda inspiración.

CLAUDIA: Incluso me excita más fajar con la ropa puesta. O sea, yo no llevaría una pinche cadena de perro.

ALICIA ¿Y a ustedes que les atrae más en una mujer?

JUAN: Voy a sonar muy metafísico, pero yo creo que es la actitud.

ADOLFO: Eso, y que esté bien arreglada. Lista para matar.

TERESA : A mí me puede calentar muchísimo la conversación de un hombre. Las conversaciones de sexo.

JUAN: ¿Como ésta que estamos teniendo?

TERESA: Pero a los rolleros pendejos no los soporto.

ALICIA: Te das cuenta muy rápido, se vuelve algo aburrido.

ADOLFO: Cuenten la mejor fantasía que hayan tenido, aunque sea mezcla de fantasía y de realidad. El ideal sexual. Pero narrado, como en forma de cuento.

CLAUDIA: Te levantas una mañana, más querendona de lo normal. Necesitas que te toquen, pero te tienes que ir a trabajar, entonces te das unos besos con tu pareja antes de salir y sin duda te quedas medio picada, y sientes el bulto de tu pareja, pero sabes que hay que ir al trabajo. Y entonces te quedas todo el día pensando en ese bulto, pensando en lo que se siente. Cuando se vuelven a ver por la tarde, por el placer mismo deciden ir alargando el momento, pero no deja de haber miradas, caricias, besos, que son fundamentales. Aunque puedas coger, te esperas. Y cuando llega el momento, el hombre se acerca por atrás sin que tú te des cuenta, y te empieza a acariciar, te acuesta y te empieza a fajar. De pronto se detiene, y te dice: “desnúdate despacito enfrente de mí”. Y mientras te quitas la ropa, abajo traes unas medias negras, unas tanguitas, algo así. Y el hombre te pide que no te las quites. Cuando empiezan a coger, lo hacen violentamente y él te arranca el resto de la ropa. Haces todas las posiciones, hasta que te vienes al menos cinco veces. Y eso sí, que pare de vez en cuando, para que puedas decir: “¡Ay, maldito infeliz, te odio! ¡Dame más!”.

TERESA: Mi fantasía es con un amigo que tengo. Yo sé que es imposible y eso lo hace todavía más agradable. Porque suelo ser fiel. Entonces nos vemos en un bar y conversamos largas horas. Hay mucho conflicto porque el ligue se hace demasiado evidente, pero al mismo tiempo es algo que llevas demasiado tiempo prohibiéndote y ya lo quieres hacer. Es algo que ya no soportas, hay roces evidentes. Y finalmente te decides a darle un beso, pero es un beso explosivo, un beso contenido desde hace mucho tiempo. Terminas en su casa, te quita la ropa en medio de un pudor que te incomoda, pero que es placentero. Pero una vez que las inhibiciones acaban, haces el amor mucho tiempo, demasiado tiempo, hasta que es de día. Esas cosas que sólo ocurren en la adolescencia. Y también me excita mucho el hecho de saber que la cosa no continúa, que finalmente termina ahí. Es más, que si la relación fuera realmente en serio, no funcionaría.

ADOLFO: Mi fantasía involucra a una persona desconocida, pero que sabes que te atrae mucho. Tal vez, igual que Sofía, una amiga con la que tienes mucha atracción. Yo me imagino en un café con ella, y luego del café vamos a un bar a tomar unas cervezas, digamos en Coyoacán. Vamos al Café La Selva y comenzamos a hablar de nuestras vidas. Desde la plática misma inicia la excitación. Entonces llega un momento en que el reloj presiona demasiado, tal vez van a cerrar el lugar, pero ambos ya están muy excitados, salen, se empiezan a abrazar, un leve forcejeo en el que no saben si van a ceder o no. Un beso, una mordida, y finalmente deciden que no importa lo que vayan a hacer. Se van a algún lugar, a un hotel, con espejos en el techo. Todo iría entonces muy lento: besar una oreja, bajar por el cuello, ella te mete las manos debajo de la camisa y te rasguña pero muy suave, te mete la mano y te agarra la nalga que siempre te quiso agarrar. Mientras tanto tú le agarras las nalgas con tus manos, metes la mano, la sacas. Empiezan a salir aromas y sabores. Luego nos metemos a bañar, y al salir, con el vapor saliendo del cuerpo, comenzamos a coger parados, apoyados en alguna pared del cuarto. Luego la cargas hasta la cama y ahí le besas el vientre, las caderas…

TERESA: ¡Yes, yes, yes!

ADOLFO: Le haces sexo oral, primero en los labios, luego sobre el clítoris con golpes de lengua, hasta que la sientes mojada y tú mismo sientes tu erección completa. Al momento de penetrarla, mantienes la cabeza del pene en la entrada y juegas un rato, hasta que despacito la penetras poco a poco, lentamente.

ALICIA: Para mí, el lugar ideal sería en el mar, de noche. A las doce de la noche estoy nadando, desnuda. De pronto siento una mano que está acariciando una pierna, un poco más y ya son dos manos, luego otro par de manos me acarician la otra pierna. Las manos se multiplican y ya son varias en distintas partes del cuerpo. Al final descubro que sólo son tres personas, que te dan caricias bajo el mar. No veo las caras, pero sé que son tres. Incluso no sé si son hombres o mujeres. Luego empiezo a sentir bocas por todas partes: en las piernas, en el ombligo, en las tetas. Luego, alguien me saca del mar a la playa. Se trata de personas sin rostros. Son sólo cuerpos. Entonces una persona se sienta sobre mí, huele a bronceador de coco. Me acaricia la parte superior del cuerpo, y de pronto me doy cuenta: la persona que me acaricia es una mujer. Mientras tanto, hay dos hombres a los costados que se dedican a las piernas y a la parte baja del cuerpo. Uno de los hombres se detiene y empieza a besar la espalda de la mujer que se ocupa de mí. El hombre la penetra por atrás, mientras la mujer sigue conmigo, tocándome, besándome. El otro hombre, al mismo tiempo me hace sexo oral, muy lento y suave. Me mete un dedo, el medio, y me acaricia la vagina, dando vueltas, moviéndolo en forma de círculos. Entonces los cuatro nos ponemos a coger, todos al mismo ritmo. Los hombres se retiran y ella y yo seguimos. Los hombres se dedican a mirar. Finalmente. se juntan todos de nuevo en un 69 a cuatro: hombre, mujer, hombre, mujer… n

El tiempo pasa pero no perdona

EL TIEMPO PASA PERO NO PERDONA

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

En política, como en economía, no hay años cero. Si algo nos sugiere la concelebración de las victorias electorales de 1997 y del 2000 es que la historia política no empezó ni el 2 ni el 6 de julio, sino mucho antes. Del 68 y la promesa de apertura hecha y frustrada casi al mismo tiempo unos años después de la tragedia, pasando por el célebre discurso de Iguala de don Jesús Reyes Heroles contra el “México bronco”, para aterrizar en las cansinas jornadas de reforma electoral de los últimos lustros del siglo, hay todo un trayecto de más de treinta años, vidas ganadas y perdidas, esfuerzos exitosos y tedio procesal, alzamientos indios y persistencia de la opción armada, que no pueden subsumirse en el Día de la Democracia en la Ciudad de México o en la festividad interminable de la Alternancia que “todo inauguró”.

Ya lo dirán los historiadores cuando llegue el momento, pero contra las supercherías de la transición, como esa del “partido de Estado” que compraron sin chistar izquierdas y derechas, se puede desde ya decir que el cambio político mexicano viene de lejos, reclamado por muchos e instrumentado por menos, pero prácticamente sin interrupción desde 1977. En medio quedaron grandes proyectos arrumbados de inventar rodeos al cambio económico, aunque éste no rinda sus frutos prometidos tras más de quince años de cambio estructural.

A un año de la victoria todavía quedan ganas para celebrarla, pero el país real no admite que se festine ningún arribo al mundo feliz. Los problemas que enfrenta el mexicano común todos los días no se han vuelto fáciles con la llegada de la democracia; persiste una inequidad social que nos hace impresentables ante el mundo y expulsa a diario a los mexicanos más valientes y audaces, que prefieren jugársela en la frontera porque, como me lo dijo hace quince años un obrero de la construcción en la tierra de nadie del Cañón Zapata entre Tijuana y San Diego, “a uno lo amargan todo en su país”.

Las expectativas despertadas por la democracia pueden más bien generar unas inclinaciones a la frustración diferentes, pero más graves a aquella especie de aceptación resignada que impuso el largo y pesado pasado de las crisis, los ajustes y los cambios estructurales apresurados que llevaron a México al borde del colapso. La convocatoria al pacto, hecha el 2 de julio por el presidente Fox, tiene en esta perspectiva algo más que un antecedente estadístico o los hallazgos de la encuesta más reciente. A pesar de la validez que pueda concederse a la suspicacia y el rechazo de algunos de los más conspicuos personeros de la oposición, es una lástima que no se ponga ese llamado del presidente y su partido en la tesitura de una democracia que es de todos y que para volverse realidad productiva y durable requiere de algo más, mucho más, que del juego normal de las urnas, los votos o las coaliciones ocasionales para avanzar una u otra iniciativa de ley. Los pactos deben despojarse de toda grandilocuencia engañosa, pero para ello no es necesario ajustarse a las medidas liliputienses que algunos nuevos liberales han decidido que son las únicas a que puede aspirar México.

Desplome económico no parece haber a la vista, pero la solidez productiva o la estabilidad social de que presume el gobierno ante el exterior no se asoman por ningún lado. Es cierto que hoy hay, como no había hace un par de lustros, nuevas circunstancias propicias para intentar un avance significativo en la economía y los niveles de vida, pero también lo es que las condiciones para aprovecharlas se han vuelto esquivas, huidizas, y no hay quien acierte a descifrar las claves que permitan ponerlas a trabajar en positivo y de modo simultáneo. Este es, cada vez está más claro, el reto mayor que la democracia obtenida tiene enfrente. Y que sus políticos no acaban de asumir con claridad y responsabilidad.

Por dónde ir, todos presumen saber. Cada formación política y grupo de aspirantes al poder tiene su brújula e insinúa que en el escritorio tiene el mapa secreto de la Isla del Tesoro.

Al menor descuido, partidos y expertos a la orden le asestan a la ciudadanía programas y discursos, convocatorias a la concertación y el pacto, nuevas y novísimas teorías sobre las transiciones que en el mundo ha habido. Cómo echar a andar, cómo llegar a esos convenios tan socorridos, es algo que nadie se atreve a siquiera insinuar. Eso, parecen decirnos, que lo resuelva la fortuna… o, como antaño, el presidente.

No hay recetas universales para poner en sintonía a las fuerzas políticas de un país que no logra reconocer con precisión la magnitud de sus mutaciones. Pero lo que se requiere no es esta suerte de ciencia misteriosa que sólo unos cuantos elegidos dicen poder practicar. Lo que urge es que los partidos, junto con los organismos económicos y sociales que quedan, tomen la iniciativa y arriesguen fortuna en busca de los premios mayores que trae consigo la destreza en la conducción, y en la invención, del Estado. Un gobierno que busca instrucciones de la sociedad civil y las formaciones políticas, como ha dicho que es el suyo el presidente Fox, constituye la gran oportunidad para darle a la pluralidad un verdadero sentido de construcción democrática, al que irónicamente parecen negarse nada menos que las dirigencias partidistas. Ni modo.

México no puede estar a la espera de llamados milagrosos o de conductas providenciales. Si el país se decidió por la democracia, y puede decirse ya que eso es lo que hizo en los últimos años, entonces lo que resta es exigir a sus actores por excelencia que actúen en consonancia con los desafíos pero también conforme a los criterios que esta nueva política apenas en formación requiere. Toca a estos actores políticos constituidos y definidos por la Constitución como entidades de interés público desplegar una capacidad de persuasión enorme, para poner en acto programas y estrategias que involucren a las fuerzas sociales, induzcan a la voluntad individual a perder el miedo a la acción colectiva, y le den al resto de los agentes de la economía y las finanzas, nuevas fuentes de certidumbre y seguridad en el futuro.

Esta es responsabilidad de los partidos. Pero no sólo de ellos. En su estado actual, las organizaciones políticas formales carecen del ímpetu requerido, pero más que nada es la sociedad en su avasalladora marcha la que impide que esos actores clásicos lleven a cabo su tarea de agregación y liderazgo como la situación lo exige. Y esta es, para decirlo pronto, la gran paradoja del cambio democrático de México: haber llegado cuando los mecanismos por excelencia de su conducción y concreción, los partidos, pierden eficacia histórica y el vuelco mundial pone a los Estados nacionales si no de cabeza, sí contra la pared de unos cambios dramáticos en el gusto y las costumbres, el carácter de sus súbditos que, según el credo democrático, son los mandantes.

Cómo salir al paso de este acertijo que se vuelve círculos viciosos y laberintos desesperantes es la gran empresa nacional del momento. Cómo apretar el paso, sin perder el perfil de una democracia representativa que es impensable sin partidos y órganos colegiados, es la incógnita que espera a los demócratas a la vuelta de cada esquina. Cómo darle a la sociedad civil la dignidad y la densidad que se necesitan para que deje de ser campo preferido de los oportunistas y aventureros de toda laya, es tal vez el reto mayor que tiene el país en esta hora extraña de cambios sin rumbo, de discursos dependientes de las veleidades de la opinión de unos cuantos.

Es muy temprano para celebrar victorias que no se consolidan ni decantan. Puede hacerse tarde para emprender la reflexión que no hemos hecho, perdidos en tanta ilusión de óptica que ha acompañado a las primeras horas del fin del régimen. No hay hora 25 tampoco. El tiempo pasa, pero no perdona. Y de eso no se dan cuenta muchos de los que hoy cantan las glorias de una democracia que todavía no da muestras de poder volverse nueva manera de gobernar y de gobernarnos.

Ayuda de memoria

Las organizaciones sociales de los trabajadores siguen su larga marcha en pos de un perfil que les dé vida y presencia en el México democrático y de mercado libre que trajo consigo la caída del país de nunca jamás. El esfuerzo conceptual y de programa lo encabeza la UNT, que ahora explora horizontes y posibilidades de una “alianza social” de altos vuelos. El trabajo formal e informal sigue siendo la fuente principal de ingresos y vida de los mexicanos. Mientras todos nos volvemos empresarios, el litigio laboral reclama una centralidad que todos le niegan pero que sigue ahí, irritada y a la espera de su hora para el reclamo social. Vale la pena no olvidarlo.

Los libros sobre la mesa

Está por concluir mi lectura de In America (Picador, USA, 2000), de la gran Susan Sontag. Unos inmigrantes polacos guiados por una gran actriz, el arte y las ansias de libertad y creación, el amor y la decepción, mexicanos, alemanes e indios en Anaheim. forman la pantalla de un extraordinario relato histórico sobre ese viejo, nuevo, interminable país.

  Richard Sennet nos ofrece en La corrosión del carácter (Anagrama, 2000) una formidable muestra de sociología creativa, de imaginación sociológica que diría C.Wright Mills. Su objeto de estudio es el nuevo capitalismo, el capitalismo flexible y sus implicaciones sobre el carácter, palabra que “abarca más cosas que la más moderna de ‘personalidad’ … El carácter se centra en particular en el aspecto duradero, a largo plazo, de nuestra experiencia emocional… se expresa por la lealtad y el compromiso mutuo… se relaciona con los rasgos personales que valoramos y por los que queremos ser valorados”. Ahora bien, “¿cómo perseguir metas a largo plazo en una economía entregada al corto plazo? ¿Cómo sostener la lealtad y el compromiso recíproco en instituciones que están en continua desintegración y reorganización? Estas son las cuestiones relativas al carácter que plantea el nuevo capitalismo flexible”

Algunos subrayados de muestra: “En la rebelión contra la rutina, la aparición de una nueva libertad es engañosa. En las instituciones, y para los individuos, el tiempo ha sido liberado de la jaula de hierro del pasado, pero está sujeto a nuevos controles y a una nueva vigilancia vertical. El tiempo de la flexibilidad es el tiempo de un nuevo poder. La flexibilidad engendra desorden, pero no libera de las restricciones” En Davos: “Thomas Mann ambientó… La montaña mágica en un gran hotel que una vez fue sanatorio para tuberculosos. Durante la semana del Foro Económico Mundial, Davos da alojamiento al poder, más que a la salud… El centro de conferencias está a rebosar de excomunistas que ensalzan las virtudes del libre comercio y del consumo indiscriminado… El Foro… funciona más como una corte que como un congreso. Sus monarcas son los gobernadores de los grandes bancos o los directores de empresas internacionales, todos ellos buenos oyentes. Los cortesanos hablan con fluidez y en un tono bajo, siempre a punto de solicitar un préstamo o concretar una buena venta… esa atmósfera cortesana está contaminada por un cierto temor, el temor a quedar fuera de combate, a ser excluido de este nevado Versalles.   n

San Pedro Mártir, 7 de julio de 2001

Rolando Cordera Campos Economista. Su más reciente libro es Crónicas de Ia adversidad.

El nuevo orden sexual

EL NUEVO ORDEN SEXUAL

POR RICARDO DE LA PEÑA

Esta Encuesta Metropolitana sobre Actitudes y Prácticas Sexuales fue realizada por Investigaciones Sociales Aplicadas, S. C. bajo el patrocinio de Nexos. El estudio se orientó a las opiniones y experiencias sexuales de la población de 16 y más años de edad en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, y revela que los mexicanos miran el sexo con tolerancia y permisividad y como una práctica para el goce físico.

Como vía para explorar las opiniones en materia de sexualidad de los mexicanos, del 12 al 15 de julio de 2001 ISA llevó a cabo para Nexos una Encuesta Metropolitana sobre Actitudes y Prácticas Sexuales, que replica en lo fundamental un estudio realizado a principios de 1995.

Los resultados de este estudio permiten observar que en los últimos seis años se han presentando cambios importantes en la actitud de la población de 16 y más años de edad hacia la sexualidad: mayor aceptación del sexo como una actividad para el disfrute físico, mayor tolerancia a la permisividad hacia prácticas diversas y mayor experimentación de variedades de prácticas sexuales.

      Esto se constata no sólo al comparar los datos obtenidos en este estudio con los correspondientes a seis años antes, sino también en el hecho de que los jóvenes presentan una actitud en general más abierta hacia la diversificación de opiniones y experiencias en el ámbito sexual.

Actitudes hacia la sexualidad

Si 32% de los consultados en 1995 opinaban que el sexo servía para gozar, en 2001 esta proporción se elevó a 37%, siendo los varones quienes más ven en el sexo una opción para el disfrute.

Es menor la proporción de personas que rechazan la educación sexual de los infantes respecto a 1995, dejando la mayoría en manos de la familia el cumplimiento de esta tarea.

Y aunque es mayor ahora que hace seis años la proporción de quienes ven las prohibiciones familiares en lo sexual como una acción protectora, la percepción sobre a quién debe orientarse más una labor de vigilancia tiende a abandonar una posición sexista en aras de la igualdad hacia los jóvenes sin distinción de su sexo.

La tolerancia hacia la diversidad sexual es hoy mayor que un sexenio atrás: más de la mitad de los consultados consideran que deben permitirse las relaciones premaritales y se eleva el acuerdo con que se acepten experiencias extramaritales, relaciones orales, anales y en grupo, la prostitución femenina y la homosexualidad masculina. Si en promedio en 1995 se aceptaba 1.7 prácticas de esta batería, en 2001 el promedio se eleva a 2.1 prácticas toleradas en promedio.

Los hombres son más tolerantes en general que las mujeres hacia la diversidad sexual: en promedio admiten 2.9 prácticas, frente a 1.4 que aceptan las mujeres. Es mayor la distancia en la aceptación según género en las relaciones premaritales. extramaritales, orales, anales y grupales y hacia la prostitución femenina, tendiendo a ser más próxima la tolerancia hacia la homosexualidad.

Los jóvenes resultan significativamente más tolerantes que quienes tienen 50 o más años de edad en materia de sexualidad. Para los menores de 30 años, es admisible 2.4 prácticas listadas en promedio, contra 1.2 promedio en el grupo de mayor edad.

A mayor escolaridad, mayor permisividad: mientras la población con baja escolaridad (hasta secundaria) admite en promedio 1.8 prácticas, entre quienes cuentan con estudios mayores se aceptan 2.25 prácticas como media.

Inicio sexual. Lo anterior resulta ser un cambio de actitud no fundado en cambios en los patrones de inicio sexual: aún una quinta parte de las personas comienzan su vida sexual antes de los 16 años y poco más de la cuarta parte lo hace hasta llegar a los 20 años o después, siendo el inicio sexual varonil anterior al de las mujeres, en promedio. La primera relación sexual se da ahora menos que hace seis años en el seno del hogar familiar y, como se verá adelante, es menos frecuente que sea con un cónyuge con el que formalmente se está enlazado.

Experiencia sexual. Más de la mitad de los consultados sexualmente activos han tenido experiencias sexuales con más de una persona, aunque hay claras diferencias según género: las mujeres son más proclives que los varones a tener una única pareja sexual en la vida y la promiscuidad es mayor entre los hombres.

De igual suerte, se mantiene estable la frecuencia en la actividad sexual de la población y los lugares en que acostumbran practicar el coito. El orgasmo sigue siendo una experiencia frecuente para alrededor de la mitad de los consultados, siendo más regular entre los varones que en las mujeres, donde 30% reportan no alcanzarlo nunca o casi nunca.

¿Dónde acostumbra usted tener relaciones sexuales? (de los entrevistados sexualmente activos que responden)

Estímulos sexuales. Mientras que el consumo de alcohol tiende a dejar de ser un motivante previo al acto sexual, en los últimos seis años se ha incrementado el recurso a revistas y videos eróticos como forma de excitación previa, al que recurren más los hombres que las mujeres.

Para excitarse, ¿usted acostumbra o no…? (respuestas afirmativas de los entrevistados sexualmente activos)

En la cama, las prácticas del beso, la caricia y la desnudez siguen siendo igualmente frecuentes, aunque ha aumentado la propensión al beso en los genitales del acompañante. En todos los casos, los varones se muestran más proclives a estas acciones colaterales al acto sexual.

Parejas sexuales. De 1995 a la fecha existe una ligera tendencia a disminuir el número de compañías sexuales en un mes (referido al anterior a la encuesta), aunque permanece la mayor diversidad de parejas en el caso de los hombres que entre las mujeres.

Prácticas sexuales. La mayor liberalidad manifiesta de la población pareciera propiciar aumentos en la experiencia del sexo previo al matrimonio y el recurso a prácticas de tipo oral, aunque en contraparte tienda a disminuir ligeramente la actividad extramarital y la sexualidad por vía anal.

El promedio de prácticas reportadas por entrevistado apenas ha variado, al pasar de 1.8 experimentadas a 1.9 en seis años. Así, los cambios en la actitud hacia la sexualidad no devienen diversificación de experiencias, sino que expresan posiciones más tolerantes en la sociedad mexicana.

Los varones continúan siendo más variados en su experiencia sexual, con 2.4 experiencias reportadas, contra un promedio de 1.4 en el caso de las mujeres. Ello, al recurrir los hombres en mayor medida a experiencias premaritales, extramaritales, de sexo oral y anal, en grupo, relaciones homosexuales e incestuosas. El único terreno en el que es mayor la proporción de mujeres que han debido incursionar es en el del sexo forzado.

Los entrevistados con escolaridad superior a secundaria muestran mayor diversidad en sus prácticas que quienes alcanzaron a lo sumo un nivel medio básico: 2.2 prácticas reportadas en promedio entre la población con alta escolaridad y 1.7 entre los de baja escolaridad. Las diferencias más amplias se dan en el terreno de las relaciones orales, anales y grupales y en la experiencia homosexual.

Al observar los datos sobre las experiencias sexuales a la luz de las opiniones sustentadas, se reitera que en materia de sexualidad pareciéramos caminar hacia una creciente tolerancia, el reflejo de una diversidad no exacerbada en las experiencias individuales que abarca no sólo a los más jóvenes, sino al grupo de edad media. Los cambios de concepción sobre lo permisible y lo prohibido, lo accesible y lo evitado pueden ser consecuencia del aumento paulatino en los niveles educativos de la población que llevan a una actitud más abierta a la diversidad y respetuosa de los derechos individuales a decidir sobre la vida sexual de cada persona. Esta Encuesta Metropolitana sobre Actitudes y Prácticas Sexuales fue llevada a cabo por Investigaciones Sociales Aplicadas, S.C. bajo el patrocinio de la revista Nexos. El estudio se orientó a la recuperación de indicadores respecto a las opiniones y experiencias sexuales de la población de 16 y más años de edad residente en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. En el diseño se tomó como base la experiencia de ejercicios previos, como la primera encuesta metropolitana en la materia, realizada por GEO para la revista Etcétera en enero de 1995, cuyos principales resultados se retoman para fines de estimación de cambios en el tiempo. El tamaño de la muestra requerida se estableció a partir de la definición de un margen de error tolerado, que se fijó en +/- 4%, que a un nivel de confianza de 95% corresponde a 600 casos. Se partió del supuesto de un nivel máximo de rechazos a la entrevista de 25%, por lo que se asumió que se efectuarían 800 intentos de entrevista. Para evitar una excesiva concentración de las entrevistas en la Ciudad de México y disponer de un volumen adecuado de consultas en Guadalajara y Monterrey, se adoptó un esquema de muestreo no proporcional, efectuando 400 intentos de entrevista en la Ciudad de México, 200 en Guadalajara e igual cantidad en Monterrey. Por ende, los resultados fueron ponderados para equilibrar la proporción de observaciones logradas con la participación en la población radicada en cada metrópoli bajo estudio. El nivel de respuesta fue superior a lo supuesto, por lo que se recuperaron 712 cuestionarios útiles: 364 en la Ciudad de México, 172 en Guadalajara y 176 en Monterrey. El método de muestreo fue por conglomerados. En una primera etapa, se eligió con probabilidad proporcional a tamaño 80 unidades primarias de muestreo, áreas geoestadísticas básicas, una por cada decena de intentos de entrevista. En cada una de las unidades primarias elegida se efectuó un recorrido para la selección de viviendas, con arranque aleatorio e intervalo constante. En cada vivienda elegida se entregó un cuestionario a una persona sorteada entre aquellas que, siendo mexicanas mayores de 15 años, se encontraban en la vivienda al momento de la entrevista. Considerando la naturaleza de la temática, un requisito central para operar la encuesta con éxito fue la preservación del anonimato y la estricta confidencialidad de las respuestas. n

Ricardo de la Peña. Presidente Ejecutivo de Investigaciones Sociales Aplicadas. S. C. (ISA).

     

Noche de Viagra

NOCHE DE VIAGRA

POR JORGE JAVIER ROMERO

En abril de 1998 el mundo celebró la aparición en el mercado de una pastilla destinada a resolver los problemas de erección. Desde entonces, el Viagra es el pasaporte mágico a la hipervirilidad. Esta crónica da cuenta de sus efectos benéficos durante una noche de gran desempeño.

No es que lo necesite, pero decidí probarlo”, me decía Rick, un gringo cincuentón que rejuvenecía al lado de Carla, su novia de 27 años, amiga desde la preparatoria de la chica con quien yo salía entonces. La tarde había sido regada por los martinis consumidos en el restaurante de mi nuevo amigo americano en San Miguel Allende. Pasábamos el fin de semana con la dispar pareja y ya por la noche, en casa del anfitrión, la conversación había llegado a linderos escabrosos.

Rick parecía salido de alguna road picture, grande, fibroso y de pelo cano, alardeaba de su masculinidad sin tapujos, ante la mirada complaciente de su novia; nos había contado de sus hazañas en Vietnam, de los muchos restaurantes que había dirigido en Estados Unidos, de cómo se había electrocutado en una ocasión y de su pasión por volar, así que había llegado el momento de que alardeara de su virilidad indestructible, suficiente para satisfacer sin quejas a una mujer 24 años menor.

Yo escuchaba con una atención fingida hasta que tocó el tema del Viagra: en un viaje reciente a San Antonio le habían regalado un paquete del medicamento y había decidido experimentar, a pesar de que nunca tuvo problemas de erección. Como un juego erótico más, tomó una pastilla; los resultados lo habían sorprendido. Carla, quien hasta entonces se había limitado a mirarlo con admiración incondicional, intervino para decir que había sido un exceso. “A la mañana siguiente estaba agotada, pero él seguía activo; casi no pude caminar aquel día”.

Mi interés iba en aumento y pedí detalles. No es que haya llegado al punto de apuntar los teléfonos para pedir la bomba de vacío anunciada por las madrugadas en la televisión (además de que mi imaginación no alcanza para encontrar la manera de incorporar al juego erótico el momento de utilización de la publicitada bomba, que según sus anunciantes es un gran avance científico, al grado de que muestran electrogramas aplicados a los penes de quienes la usan), pero tampoco puedo presumir de una potencia a toda prueba. Soy, por el contrario, un cuarentón que recuerda con nostalgia aquellas noches de gran desempeño, cuando me era posible repetir dos o tres veces. Ahora me conformo con un par de coitos a la semana y sin demasiada fortaleza, de modo que eso del Viagra me llamaba la atención.

Rick se levantó y fue a su cuarto; volvió unos minutos después y puso en la mesa una tira de pastillas azules. Yo, recatado, saqué una de su envase de plástico y estaño y la guardé en mi cartera. Esa noche no me atreví a tomarla, aunque mi pareja parecía ansiosa por experimentar.

Al llegar a México puse el rombo azul en una cajita en mi buró. Ahí estuvo durante días. Mi relación atravesaba por un bache y el hastío hacía estragos en nuestra sexualidad, pero no me atrevía a recurrir a la pastillita. Una noche, después de una tarde de tragos en el Centenario, cantina de prosapia en la colonia Condesa, acabamos en mi departamento mi novia y yo con dos amigos a los que acabábamos de presentar con la intención de que ligaran. Serví los martinis y puse música para bailar. Parecía que nuestro celestinazgo estaba surtiendo efecto y nuestros amigos no se veían con intenciones de acabar cada uno en casa de sus respectivos padres, así que preparé la cama de huéspedes por si acaso. En una de mis vueltas, pasé al lado de la cajita donde estaba el Viagra y me lo tomé.

Seguimos bailando. Se me ocurrió poner una vieja canción de Bonnie Tyler, “Total eclipse of the heart”, que me trasladó a los primeros años ochenta, cuando me bastaba con ver a una mujer atractiva para despertar todo mi deseo. Comencé a bailar con mi novia y de pronto sentí algo que no experimentaba desde los bailes de mi adolescencia, en el Casino de Campeche; en aquel entonces bailar pegado, sentir el roce del cuerpo de una mujer, era suficiente para provocarme una terrible erección difícil de disimular. Eso me estaba ocurriendo: era como recuperar una sensación perdida en un rincón oscuro de la memoria.

No es que no tenga a veces erecciones repentinas, pero son efímeras; en cambio, la que me había sobrevenido mientras bailaba la canción de Bonnie Tyler parecía sostenerse. Mientras tanto, nuestros amigos se veían cada vez más compenetrados, así que les di las indicaciones pertinentes para que pernoctaran e invité a mi chica al cuarto.

Para ese entonces la relación estaba en un punto muerto.

Cada vez que estábamos en la cama ella tenía que esforzarse para despertar en mí algún entusiasmo sexual, aunque yo me cuidaba de disimular mi aburrimiento. Sin embargo, aquella noche me sentí como si se tratara de una nueva conquista, con la excitación que provoca la posibilidad de explorar un cuerpo desconocido. Sentía la ansiedad sexual de la adolescencia, pero con la capacidad de contención de la madurez.

La noche fue larga. Una posición sucedió a la otra e incluso incursioné por caminos abandonados desde hacía tiempo debido a que mi falta de fortaleza me los hacía difíciles de penetrar. La erección continuó por horas, a pesar de haber eyaculado, e incluso a la mañana siguiente desperté con intenciones de seguir. Era el regreso a la juventud perdida.

Nuestros amigos, en cambio, habían pasado una noche infernal. A ella le había entrado culpa por estar en la cama con alguien a quien acababa de conocer y se había echado a llorar. El intentó consolarla, pero ella acabó durmiendo en el sofá de la sala. Cuando mi chica y yo salimos del cuarto en un excelente estado de ánimo nos encontramos con la desilusión. Intentamos mejorar las cosas con un buen desayuno, pero no había nada que hacer: el romance incipiente había naufragado. Cuando todos se marcharon, me quedé solo, ese mediodía de domingo, pensando en las maravillas de la ciencia. n

Jorge Javier Romero. Politólogo. Profesor de la UAM-Xochimilco.

El enigma de la soledad

EL ENIGMA DE LA SOLEDAD

 POR JOSÉ MIGUEL OVIEDO

Bajo la arena (2000). el filme de Francoise Ozon, es el análisis cabal de una pérdida que deja sin respuestas a quien la sobrevive.

Para S. Coulthard

En Bajo la arena (Sous le sable, Francia, 2000), la directora y guionista Francoise Ozon ha hecho uno de los más delicados y conmovedores estudios de la soledad matrimonial que haya producido recientemente el cine francés. Esa soledad está observada con hondura y objetividad no sólo cuando uno de los cónyuges misteriosamente desaparece, sino cuando los dos están juntos pero al mismo tiempo separados por invisibles barreras. Hay que agregar, de antemano, que si las sutiles imágenes del relato de la director-escritora alcanzan una notable persuasión es también por la excepcional actuación de la inglesa Charlotte Rampling, quien alcanzó fama en el cine de los años setenta y fue una de las modelos del fotógrafo Helmut Newton, el maestro del desnudo decadente hasta la perversidad.

La actriz interpreta a Marie, mujer de edad mediana y de elegante y fría belleza, casada con Jean (Bruno Cremer), hombre corpulento, de movimientos lentos y respiración acezante. Los encontramos por primera vez en la casa que han alquilado para pasar vacaciones junto al mar. Casi de inmediato nos damos cuenta de que esa relación está hecha de silencios, de gestos consabidos y rutinarios, y que hay un gran vacío implícito entre ellos: posiblemente todavía se aman (o al menos se respetan), pero el fuego de la pasión ha desaparecido. Aunque lo saben, no se lo confiesan y siguen juntos, como tantas parejas. Una mañana salen a la playa y, mientras ella decide tomar una siesta bajo el sol, Jean entra al mar. Al rato, ella lo busca y no lo encuentra. Angustiada, pide ayuda, va a la policía, presencia fallidas operaciones de rescate. Finalmente, sola, regresa a su hogar y a su trabajo de profesora de literatura inglesa en París. Múltiples hipótesis pueblan su imaginación. ¿Se ha ahogado Jean? ¿Se ha suicidado? ¿Ha huido de ella para rehacer su vida en otro lugar? A la soledad en compañía que era su matrimonio, sucede una soledad llena de inquietudes, sospechas y visiones que dan a su vida una ambigua calidad entre real e imaginaria. En verdad, las únicas escenas en las que vemos algún gesto de intimidad entre ambos es cuando él ya no está a su lado. Paradójicamente, Marie vive más intensamente con él ahora que no lo tiene. Descubre así que durante mucho tiempo vivió con un desconocido, que tenía buenas razones para sentirse insatisfecho: problemas financieros, depresión. La madre de Jean llega a decir que él lamentaba profunda mente no tener hijos y culpa de eso a Marie. La constante presencia imaginaria de Jean hace difícil que ella pueda iniciar una relación amorosa con otro hombre. Y cuando al fin encuentra —sin buscarlo— a Vicent (Jacques Nolot) y se convierte en su amante, sentimos que Marie realmente no cree que Jean haya muerto. Hay una escena reveladora la primera vez que hace el amor con Vincent: ella empieza a reirse como si lo que está ocurriendo fuese algo cómico o reminiscente —por contraste— de otras situaciones; quizá recordando el cuerpo de Jean sobre ella, le dice a Vincent entre risas: “Eres tan ligero”. Cuando la policía le informa que han encontrado los restos de un ahogado que corresponden con la descripción física dada por ella, tenemos la impresión de que Marie finalmente enfrentará la dura realidad y la necesidad de seguir adelante con su vida. Valientemente, decide ver ella misma el cadáver descompuesto y reconocerlo en la morgue; cubierta con una mascarilla, sólo vemos sus ojos y oímos su respiración: eso nos basta para entender que se trata de Jean. Pero cuando un policía le entrega el reloj que él llevaba, Marie vuelve a reírse, aliviada, y dice: “Este no es su reloj. Se trata de otra persona”. ¿Está mintiéndose a sí misma y tratando de engañar a las autoridades? La directora se niega a darnos claves y la información necesaria para juzgar el caso: lo que hace es introducirnos en la mente de Marie, traumatizada por los hechos e incapaz de vivir con o sin Jean. La inquietante ambigüedad de la obra queda subrayada en la escena final —cuyo misterio no revelaremos—, en la que volvemos a ia misma playa donde comenzó el drama y vemos a Marie enfrentar algo que no sabemos si es realidad, trance o espejismo.

Bajo la arena es el análisis cabal de una pérdida que deja sin respuestas a quien la sobrevive. Con gran sobriedad expresiva, tanto para mostrar los acontecimientos objetivos como los procesos interiores, la obra mantiene un ritmo perfectamente calibrado que nos convence de la íntima verdad de lo que está ocurriendo, aunque a veces sea fruto de la fantasía de Mane. La parquedad del diálogo deja mucho sobreentendido y librado a nuestra interpretación. Y, por cierto, la casi extática belleza ya otoñal de Charlotte Rampling le otorga a este examen del enigma de la soledad una apacible fuerza que nos conmueve y resuena en nosotros con el tañido quedo de las cosas profundas. n

José Miguel Oviedo. Escritor.

Envidia del cerdo

Envidia del cerdo

•      Si gritaras durante 8 años. 7 meses y 6 días, habrías producido suficiente energía como para calentar una taza de café. (No parece valer la pena.)

•     El orgasmo de un cerdo dura 30 minutos. (¡30 minutos!)

•     Golpear tu cabeza contra un muro consume 150 calorías por hora. (Me quedé pensando en lo del cerdo y me di un golpe en la cabeza…)

•     Una cucaracha vivirá 9 días sin su cabeza, antes de morir de hambre. (¡Qué envidia lo del cerdo!)

•     Algunos leones se aparean más de 50 veces al día. (Igual prefiero ser cerdo, calidad sobre cantidad.)

•      Las mariposas saborean sus propias patas. (Algo que siempre quise hacer pero me falta elongación. Sigo pendiente con lo del cerdo, caramba…)

•      El elefante es el único animal que no puede saltar. (¡30 minutos, qué loco el cerdo!)

•     La orina de un gato brilla bajo una luz fosforescente.

(¿Se dan cuenta? ¡30 minutos! ¿Qué más quieren?)

•  El ojo de un avestruz es más grande que su cerebro. (Conozco gente así… ese cerdo…)

•  Las estrellas de mar no tienen cerebro. (También conozco gente así, pero el cerdo…)

•  Los osos polares son zurdos. (Los perros pastor alemán son nacionalistas, la ballena franca es franquista, y el cerdo, ¡el cerdo es un maestro!)

•  Los humanos y delfines son las únicas especies que tienen sexo por placer. (¿Y qué pasó con el cerdo? ¿Y si un delfín tiene sexo con un cerdo?)

•  ¡30 minutos! ¡Qué fenómeno! Al fin entendí por qué mi mujer me dice: ¡eres un cerdo!

Fuente:

Ricardo Bada, escritor & e-mailita

Un chileno ddoptivo

UN CHILENO ADOPTIVO

POR HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

“Me gusta Chile porque es  país esbelto, ceñido de mar y montañas “, dice Héctor Aguilar Camín en este texto, su discurso pronunciado el 15 de jumo de 2001, en Santiago de Chile, al recibir la Medalla Gabriela Mistral.

Señora ministra Mariana Aylwin. Señor ministro José Miguel Insulza. Amigos chilenos:

Hace muchos años que quiero a este país y que me siento en él como en mi propia casa. Antes de conocerlo en persona lo quise por escrito, a través de sus novelistas y poetas. Lo quise después por delegación, a través de sus exiliados políticos, tan entrañables como inteligentes. Odié a sus opresores y festejé como mío su regreso a la vida democrática. Ya adulto grande, vacunado en muchas cosas contra las ilusiones, aunque no en las esenciales, visité Chile por primera vez en 1991. Fue desde el principio como volver a un país natal. No me hagan caso si hablo bien de Chile, es mi debilidad. Me gusta Chile, me gusta hasta la exageración. Con motivo de la visita reciente del presidente Ricardo Lagos a México traté de resumir este gusto en unas líneas. Las repito aquí porque dicen exactamente lo que siento y creo de este país.

Me gusta Chile porque es un país esbelto, ceñido de mar y montañas. En mi memoria sabe a congrio frito y a los vinos tempranos de su tierra. Como México. Chile tiene las maneras suaves y el corazón caliente, rescoldado. Sus heridas tardan en cerrar, lo mismo que sus amores. Un extremo de Chile tiene la índole salobre de sus desiertos norteños, el otro extremo resplandece con la claridad de sus lagos del sur.

Me gusta Chile porque habla con voz delgada y democrática más que con gesto gutural de pretensiones legendarias. Su sonido es el de la conversación, no el de la epopeya. Me gusta porque tiene el alma republicana, sencilla como una excepción cultivada a contracorriente, al pie de una cordillera imperial y a la orilla de un mar sin adversario.

Me gusta Chile porque sus presidentes no tienen mansiones presidenciales, ni sus casas bardas que las escondan, porque sus plantas crecen sin tentaciones amazónicas y sus ricos son tan invisibles a primera vista como sus pobres. Me gusta este país porque tiene inteligencia aristocrática y sabiduría de pueblo viejo, arterias cosmopolitas y venas plebeyas. Lo lleva en andas el demonio de la modernidad y lo mantiene en tierra el contrapeso de la costumbre. Chile reza y cree, peca y ríe. Lleva la fe en el alma y el contento en la piel. Juega al fútbol con alegría vanidosa de muchacho. Piensa con densidad de adulto bien leído. Su cocina es transparente y esencial, sabe a marisco y yodo de mar frío en el verano, a caldillo y frituras de estufa popular en el invierno. Si Chile fuera un animal, sería probablemente una garza. Si fuera un pez, un salmón. Si una ley, un código civil. Si un arma, una ballesta. Si un árbol, un fresno de tronco terso y copas de abundantes pájaros.

Chile sabe del terror y el exilio, de la dictadura y la impunidad. Pero esa ha sido la excepción, no la ley de su historia, y por eso no puede, ni quiere, ni debe olvidar. Enclavado en el sur, Chile mira a todas partes, por sobre sus montañas y sus mares: grande isla continental, tiene vocación de puerto y ningún miedo de volar.

Pocas cosas, señora ministra Aylwin, señor ministro Insulza, amigos chilenos, pueden haberme hecho tan feliz, darme tanto orgullo, religarme tanto a este país, como la entrega de esta distinción extraordinaria, inmerecida en todo salvo en el tamaño de mi recíproca debilidad por esta tierra. Permítanme abusar del significado de esta ceremonia de afecto mutuo y asumirme en adelante, sin reservas, como un chileno adoptivo. n

Héctor Aguilar Camín Escritor. Su más reciente libro es La ceniza y la semilla.

Identidad nacional y laicidad estatal

IDENTIDAD NACIONAL Y LAICIDAD ESTATAL

POR RODRIGO GUERRA LÓPEZ

Ofrecemos aquí tres textos que responden a dos textos publicados en nuestros números de junio y julio. Son textos que polemizan y alientan el intercambio de ideas. El primero es de Rodrigo Guerra y debate con Roberto Blancarte y su ensayo “Iglesia y Estado: Las dos espadas” (Nexos 282). El segundo es una aclaración de José Woldenberg a las opiniones sobre el voto mexicano en extranjero (“Doce reformas, tres comentarios”) que aparecieron en nuestro número anterior. El tercero, a cargo de Diego Valadés, abunda en ese tema.

Debate en Nexos

 Roberto Blancarte ha tenido la paciencia de escribir en el número 282 de Nexos (junio de 2001) un artículo dedicado al análisis crítico de la Carta Pastoral de los obispos mexicanos: Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos.1 A continuación exponemos algunas de las principales deficiencias de la crítica realizada por Roberto Blancarte e intentamos recuperar la intuición fundamental que subyace en este importante documento eclesiástico. Renunciamos a una respuesta puntual de cada uno de los aspectos que contiene el texto de Blancarte y sólo comentamos los aspectos más centrales que sostienen su argumentación.

Una lectura parcial y fragmentaria

La lectura realizada por Roberto Blancarte de la Carta Pastoral privilegia algunos aspectos de la primera y de la tercera partes. Si bien muchos de sus comentarios son sumamente interesantes, no percibimos que Blancarte descubra el eje vertebrador de toda la argumentación que provee la Carta Pastoral: que el cristianismo tiene derecho a existir como acontecimiento, es decir, como presencia continua de una Persona viva, que más allá de teorías y debates, interpela y cuestiona a todos al ofrecer perdón y reconciliación.

El perder este criterio hermenéutico fundamental —por otro lado sumamente evidente desde el título del documento— hace que Blancarte interprete de manera parcial y reductiva las pretensiones de la Carta Pastoral. Por la importancia que posee este aspecto nos atrevemos a insistir: un análisis científico riguroso debe metodológicamente identificar con precisión la clave de interpretación que el propio texto autopropone. Cuando este elemento es hecho a un lado el investigador pierde el elemento fundamental que lo puede llegar a vincular hermenéuticamente con el texto, la distancia entre el intérprete y lo interpretado se vuelve insalvable y la pretensión de verdad se desfonda.

Sobre los defectos de la “corriente” en la que se inscribe la Carta Pastoral

La “corriente” sociológica en la que Blancarte ubica a la Carta Pastoral difícilmente puede ser acusada de no ser sensible al carácter dinámico de la identidad latinoamericana. El aspecto que Blancarte (siguiendo a Jorge Larraín) parece no comprender es que la identidad puede desplegarse y enriquecerse a lo largo del tiempo a partir de un sustrato que constituye la subjetividad cultural fundamental, o como gustan decir algunos un tanto impropiamente, a partir del “pacto fundacional”. El disolver la identidad en un proceso sin referente, sin sustrato, implica una antropología en la que la praxis crea proprie et absolute toda realidad. La alienación social que produce el negar la subjetividad como referente, lamentablemente ha tenido no sólo consecuencias teóricas sino prácticas sumamente cruentas, como lo ha demostrado la dramática historia del siglo XX.

La modernidad barroca de la que México en muchas de sus expresiones forma parte, no puede ser calificada de anti-moderna, como lo hace Blancarte, pero sí de anti-ilustrada. Existen muchas maneras de mostrar esto de manera empírica a través del arte, la religiosidad popular, etcétera. Sin embargo, por la brevedad a la que nos obliga este texto, optamos por señalar que la modernidad ilustrada posee una fuerte tendencia a la univocidad. El barroco, por el contrario, es la expresión cultural de la analogía, es decir, de esa manera de afirmar la realidad y de comprender el mundo que admite la pluralidad, la diversidad, la diferencia y hasta la disidencia a la luz del despliegue gradual del ser. Basta introducirse a un templo barroco en México para encontrar que lo múltiple y diverso no suprimen su diferencia al encontrarse en el marco de una unidad superior que abraza y muestra el esplendor del ser y del Ser. Constatar esto no sólo muestra que la apreciación de Larraín y de Blancarte es equivocada, sino que en el Barroco se encuentra una matriz cultural mucho más propicia para la pluralidad, la tolerancia y la democracia que en el proyecto moderno-ilustrado que al ser univocista provoca que el Estado adquiera pretensiones de autofundamentación y autolegitimación absolutas más pronto que tarde. Por el contrario, el ethos barroco será congruente con el Derecho de gentes que limitará las tentaciones del poder de imponerse a toda costa sobre los más débiles.

La falta de apertura de la Iglesia en México y en América Latina a los valores civiles de la modernidad que Blancarte denuncia se debe más a la contaminación— muchas veces inconsciente— de la mentalidad ilustrada dentro de la propia comunidad eclesial que hizo olvidar la identidad barroca y el poder cultural y emancipador que poseen la fe y la metafísica del ser (entendido como acto-de-ser), que a una cerrazón de principio fruto de sus convicciones religiosas. No es difícil identificar que estos problemas estuvieron presentes con más fuerza entre las elites criollas que entre el pueblo mestizo e indígena. La aparente paradoja que existe al afirmar el pensamiento ilustrado como causa del rechazo a ciertos valores modernos por parte de la Iglesia no la podemos ampliar en este espacio. Baste mencionar que varios de estos valores históricamente no nacieron en la ilustración y que la modernidad ilustrada no siempre asumió un rostro “liberal”.2

Sobre los defectos de la Carta Pastoral considerada en sí misma Nos alegra que Roberto Blancarte sea uno de los autores que mejor describe la importancia y trascendencia de la Carta Pastoral en el momento actual.

4 Blancarte afirma que “las posibles implicaciones sociales que un documento de esta naturaleza podrían tener sobre el futuro del país, sobre todo en las circunstancias actuales, son enormes”; comenta que de la aceptación o crítica del proyecto de nación que se encuentra en la Carta Pastoral, “podría depender en gran medida el futuro de la nación, así como de las instituciones sociales y políticas que hemos conformado”; es “quizás el texto con más ambiciones redactado por el episcopado” desde 1968; es “un documento bien escrito y estructurado”, “de amplia envergadura”, etcétera.

Después de este reconocimiento Blancarte procede a señalar los que considera problemas y contradicciones de la Carta Pastoral que resume en tres puntos: una ausencia de autocrítica por parte de la jerarquía católica, una visión parcial de la historia y una argumentación basada en supuestos erróneos. Los obispos, según Blancarte, no reconocen sus responsabilidades en el pasado y en el presente de México, no son conscientes del proceso de secularización de la sociedad y caen en el error de afirmar que la esencia de la identidad nacional es católica, que existe primacía de la Nación sobre el Estado y por ende que el Estado debe servir a la Nación. De ahí Blancarte afirmará que “para la mayoría de los estudiosos” (sic) el Estado es anterior a la Nación, el Estado laico mexicano es “producto directo” de la subjetividad de la nación mexicana (sic), y además sostendrá que “la soberanía de la nación está depositada en los órganos representativos del pueblo de México y no en una supuesta subjetividad soberana católica”.

Al primer grupo de críticas es preciso responder que los obispos no pretendieron escribir un tratado De Omnibus a través de su Carta Pastoral. Evidentemente el recuento histórico que se realiza en la primera parte de este documento eclesiástico no es exhaustivo. Blancarte sostiene que no fueron señalados explícitamente los excesos cometidos por la Iglesia en la Conquista o a través de la actividad de la Inquisición. Asimismo, sostiene que no se reconoce la oposición de la Santa Sede a la Independencia o el “triste papel” que desempeñó la Iglesia en la Guerra de los Tres Años, la Intervención francesa y la Revolución. Sin embargo, Blancarte omite mencionar el texto completo en el que los obispos, tras realizar su reflexión (parcial) de la historia de México, piden perdón:

El año Jubilar es año de gracia, de perdón de las deudas y de reconciliación. Por lo tanto, en nombre de todos los miembros de la Iglesia de Cristo en México, pedimos perdón a Dios y a nuestros hermanos por todo aquello que a lo largo de nuestra historia lo ha ofendido a El y a cualquier persona; por los daños que han causado nuestros pecados personales y sociales; por todas aquellas acciones, omisiones o retrasos que no han contribuido a la evangelización, a la dignificación de las personas y al bien de la comunidad nacional.

Si se comprende la naturaleza y el estatuto epistemológico de una Carta Pastoral es evidente que hubiera sido del todo impropio introducirse al debate historiográfico a nivel de detalle. Lo que sí responde a la pretensión de la Iglesia al releer la historia nacional en la Carta Pastoral es reconocer que en muchas ocasiones los creyentes en Cristo hemos provocado (y provocamos) heridas a la dignidad de las personas a través de acciones, omisiones y retrasos. Esta petición de perdón se vuelve todavía más específica páginas adelante cuando los obispos le piden perdón a los jóvenes, a las mujeres y a los más pobres por no haber respondido en muchas ocasiones de una manera evangélica y adecuada a los problemas en los que se encuentran inmersos hasta el día de hoy.3

Por ello, acusar a la Conferencia del Episcopado Mexicano de “ausencia de espíritu de autocrítica” o de pedir un perdón de modo “más bien vago y ambiguo” y “poco sincero” nos parece cuando menos equivocado. Este error de Blancarte es todavía más patente cuando se revisa la segunda parte de la Carta Pastoral (¡53 páginas!), y que él omite por completo en su análisis.4 Al segundo grupo de críticas hay que decir que los obispos mexicanos no ignoran el proceso social de la secularización.5 Lo que sí hay que reconocer es que los obispos mexicanos, a diferencia de Blancarte, no parten del paradigma ilustrado al momento de interpretar el papel de lo religioso en la sociedad. El colapso de la religiosidad a la vida privada es un elemento constitutivo de la modernidad ilustrada. Sin embargo, para muy pocos resulta extraño reconocer en la actualidad que la crisis de esta modernidad es profunda y requiere de una reformulación completa. Autores tan diversos como Max Hork- heimer, Daniel Innerarity, Alain Tourain, Alasdair Maclntyre, Alejandro Llano, o Samuel Huntington no nos dejan mentir a este respecto. Por otro lado, el lugar más elocuente para advertir el derrumbe del paradigma ilustrado (en sus versiones colectivistas, individualistas o liberal-revolucionarias) no es la especulación sino el hecho empírico de la nueva religiosidad emergente en el que, más allá de teorías, existe cada vez mayor conciencia respecto de que la libertad de conciencia y la libertad religiosa deben poder ejercerse en lo público y en lo privado sin cortapisas, con el único límite del respeto al derecho de terceros. Restringir la libertad de conciencia y la libertad religiosa a lo privado, al mero culto (como en el artículo 24 de nuestra Constitución), o a ciertos espacios dadivosamente administrados desde el poder es formalmente contrario a la dignidad humana, al Derecho Internacional sobre los derechos humanos, y a las exigencias de la realidad empírica.

El “liberalismo mexicano”, y el Estado laico surgido de él, no brotaron del ethos popular de nuestra nación. Ambos son expresiones de las teorías políticas de grupos que, aprovechando reclamos sociales profundos e innegables, construyeron un proyecto, un partido y un Estado autoritario por todos conocido y por muchos deplorado. Como en tantos otros momentos de nuestra historia, un movimiento político se montó sobre una realidad social, la asumió parcialmente y la instrumentalizó con singular liberalidad.

Esto no significa estar en contra del Estado laico per se. Esto significa lamentarse de que en nombre del Estado laico se hayan impulsado explícitamente políticas públicas que negaron material o formalmente el derecho humano a la libertad religiosa. No puedo dejar de pensar en el P Miguel Agustín Pro, fusilado sin juicio y defensa, en los dos jesuítas torturados en el Estado de Chiapas al ser encarcelados injustamente durante el gobierno de Julio César Ruiz Ferro, y en tantos otros casos no por menos conocidos, menos importantes. Alguien podría argumentar que estas no son sino “disfunciones” de un sistema de suyo bueno. Sin embargo, estas disfunciones brotan de la convicción de que el Estado se autofundamenta y se autolegitima. Dicho de otro modo: surgen de la idea de que el Estado es fuente y dador de derechos. A este respecto baste recordar que nuestras autoridades civiles encargadas de los “asuntos religiosos” hasta hace no mucho sin mayor empacho respondían en una entrevista realizada por Marcela Turati que “Las iglesias como comunidades de individuos o de grupos de individuos tienen como tales los derechos y obligaciones que la Constitución y las leyes les otorgan en el marco y de acuerdo a los fines para las que fueron constituidas como asociaciones religiosas”.6 Esta declaración bastaría para hacernos al menos sospechar que la matriz filosófico- política que abraza la teoría liberal del Estado laico en México merece alguna revisión y puesta al día.

En nuestra opinión, la posición de los obispos mexicanos es curiosamente mucho más “liberal” y “laicista” que la defendida por Roberto Blancarte. Lo importante es salvaguardar un amplio régimen de libertades. Lo importante es entender que el Estado es laico cuando promueve la más amplia de las libertades en materia religiosa que cuando controla, limita y constriñe la religiosidad al culto y a la vida privada. Los obispos dicen en su Carta Pastoral:

La “laicidad del Estado” no significa de ningún modo la promoción de ideologías anti-religiosas o a-religiosas, que violan el derecho a la libertad religiosa bajo el pretexto de una supuesta “neutralidad” estatal (…) Entendemos y aceptamos la “laicidad del Estado” como la a-confesionalidad basada en el respeto Y promoción de la dignidad humana y por lo tanto en el reconocimiento explícito de los derechos humanos, particularmente del derecho a la libertad religiosa. Esto por un lado trae como consecuencia que el Estado debe respetar a todas las iglesias y a los creyentes que participan en ellas, con el único límite que establecen las exigencias de la justicia y del bien común. Asimismo, el reconocimiento auténtico del derecho a la libertad religiosa implica necesariamente que los habitantes del país puedan ejercerlo en sus actividades privadas y públicas. Por ello, es contrario a la dignidad humana restringirlo al culto o impedir su ejercicio en campos como la educación pública y la participación cívico-política. El respeto que el Estado debe a las iglesias, a las asociaciones religiosas y a cada uno de sus miembros excluye la promoción tácita o explícita de la irreligiosidad o de la indiferencia como si al pueblo le fuera totalmente ajena la dimensión religiosa de la existencia.

Al tercer grupo de críticas formuladas por Blancarte conviene decir que dentro de una comprensión ilustrada el univocismo de los términos les confiere a éstos una cierta dureza e inflexibilidad. Afirmar que la esencia de la identidad nacional es católica desde este paradigma aparece como una expresión sumamente ruda y difícilmente aceptable para cualquiera que constate la pluriculturalidad y la pluri-religiosidad de nuestra Nación. Por ello, de entrada es importante recuperar la conciencia de la analogicidad de los términos.

Este enfoque nos permite entender que si bien la pluri-religiosidad de México no es un fenómeno de hoy, sino que proviene desde antes de la Conquista, este hecho fue reformulado al momento en que la nación se constituye como tal. Dicho de otro modo, la hybris mexicana logró una estabilización básica al momento en que indígenas y españoles reconocieron que sus múltiples diferencias y desavenencias podían reinterpretarse, y eventualmente reconciliarse, a la luz de una maternidad más grande que ellas.

Las condiciones humanas, sociales y culturales de los pueblos que se encuentran y chocan en la Conquista no facilitaban ni predisponían al perdón y a la paz. Por ello, podemos decir que aun para el no-creyente es un fenómeno sociológica e históricamente identificable, que a partir de 1531 un fenómeno de mestizaje y reconciliación nacional comenzó—con dificultades— a producirse en nuestras tierras. Este tipo de reflexión impulsa a los obispos a afirmar que:   Una realidad que nos ha marcado como Nación mexicana y que pertenece a los rasgos fundamentales que nos definen y nos dan identidad, ha sido el hecho del encuentro con Jesucristo, por la mediación de Santa María y de la Iglesia católica a través de sus miembros.

Sólo cuando se interpreta a la propuesta católica como una visión hegemónica, supresora de la diferencia y anuladora de la dignidad, puede entenderse que una nación nacida con un ingrediente católico derive en una realidad social y política peligrosa. Cuando este peligro ha aparecido en los últimos trescientos años en la historia de la Iglesia ha estado asociado con el iluminismo contrarevolucionario católico, es decir, con los autores, grupos y tendencias que asumieron la lectura ilustrada de la modernidad pero en un sentido negativo. Al optimismo ilustrado opusieron un pesimismo histórico que declaraba que todo el mundo moderno devenía subversión y despotismo, sin darse cuenta que la filosofía de la historia con la cual afirmaban esto procedía precisamente del enemigo que pretendían combatir.

Los obispos mexicanos se encuentran muy lejos de este tipo de tendencias. La Carta Pastoral da testimonio explícito de ello. Para los obispos ser católico hoy implica afirmar el derecho a la libertad de conciencia y a la libertad religiosa en los términos del documento Dignitatis humanae del Concilio Vaticano II. Si hubo alguna época en que algún segmento de la Iglesia al afirmar su presencia cultural implícitamente aspirara a la constitución de un Estado confesional hegemónico, esta época ha pasado del todo. La Carta Pastoral sostendrá que el Estado, en fidelidad a la nación, tiene que proteger los derechos de todos por igual. La Iglesia católica en su Carta Pastoral no busca privilegios, busca libertad.

Cuando Blancarte insiste en que es un error concebir la primacía de la soberanía cultural de la nación sobre la soberanía política del Estado, en nuestra opinión se enrola en la concepción hegeliana que afirma que la vida social tiene su ápice en las instituciones de poder. En efecto, en esta posición hay una diferencia insalvable entre la filosofía social católica, la Doctrina social de la Iglesia del Papa Juan Pablo II y la comprensión sobre la relación entre Estado y nación de Roberto Blancarte. La filosofía social católica —prácticamente en todas sus versiones y tendencias— coincide en afirmar que el Estado no es fin de sí mismo, y por lo tanto no posee una soberanía absoluta sino relativa. El fundamento y fin del Estado es la persona humana y todo lo humano que de ella se deriva. La soberanía originaria radica en la persona y en la familia. De ahí, de manera participada y analógica, se afirma la soberanía cultural de la nación y por último la soberanía política del Estado. El sujeto propio de la soberanía no son los “órganos representativos del pueblo”, como desea Blancarte y cierta tradición jurídica, sino el pueblo, las personas y sus culturas.7

Los laicos en la Iglesia

Blancarte señala otras críticas derivadas de las que antes hemos comentado y en las que no podemos extendernos. Hacia el final de su texto Roberto Blancarte afirma: “La incapacidad del episcopado católico mexicano para entender al mundo moderno se hace muy evidente en la forma en que concibe al mundo secular y al Estado laico. Su visión es reducida y decimonónica”.

En nuestra opinión, no es posible inscribir la Carta Pastoral en el pensamiento católico del siglo XIX. Un mínimo conocimiento del mismo excluye esta posibilidad.8 Por el contrario, un párrafo que nos parece revelador de su inserción sociohistórica es el siguiente: Como Iglesia misionera estamos llamados a comprender los desafíos que la crisis de la modernidad y la propuesta cultural de la postmodernidad, con su redespertar religioso, presentan a la nueva evangelización de América en un complejo proceso de globalización. El trabajo realizado por el CELAM acerca de las megatendencias que se presentan actualmente en nuestros pueblos es un auténtico aporte para nuestra reflexión y compromiso.

Desde nuestro punto de vista los obispos mexicanos se sitúan en medio del debate modernidad-postmodernidad. Este debate no es posible circunscribirlo a una fecha exacta. Sin embargo, la actitud que revelan en su texto es precisamente la de buscar reconocer desde la fe en Cristo que una nueva cultura esta adviniendo.

Una nueva cultura que ha roto en buena medida con la ilustración y que busca definirse, aun en medio de la ambigüedad y de la crisis que produce un cambio epocal. Esta posición les ayuda a los obispos a tratar de encontrar nuevos métodos, nuevas expresiones y un nuevo ardor para predicar el Evangelio de siempre.

En esta pretensión es fácil que se presenten involuciones, caídas y desviaciones. La Carta Pastoral es una invitación a la reforma, y la reforma en cualquier institución siempre genera resistencias. La reforma parte del interior de las personas, pasa por las actitudes comunitarias —por la “conversión eclesial”, como dicen los obispos—, y necesita alcanzar el espacio público y las estructuras. Por este último nivel, en la tercera parte de la Carta se repropone el papel de os fieles laicos, es decir, de los cristianos simples y llanos que sin participar en la Jerarquía de la Iglesia están llamados a ordenar el mundo de acuerdo al evangelio sin violentar la legítima autonomía de las realidades temporales.

Este punto es importante ya que en él radica la viabilidad histórica de la propuesta de fondo de la Carta Pastoral. La Iglesia necesita asumir verdadera, práctica y operativamente un rostro laical. Este proceso no es fácil ni sencillo. La secularidad de los laicos posee exigencias de difícil comprensión tanto para los clérigos como para los propios fieles laicos.

Los fieles laicos tenemos que ser presencia efectiva en el ambiente en el que nos desenvolvemos sin perder jamás nuestra identidad secular. Aun al participar en actividades al interior de la propia Iglesia, esta participación debe darse desde nuestra secularidad constitutiva, aportando la capacidad para ser y para hacer como miembros de la Iglesia bien adaptados a la cultura y a las exigencias de nuestro tiempo.

Es simple formular estas palabras y volverlas lugar común. Es complejo y requiere paciencia y esfuerzo hacerlas realidad. Muchas de las críticas que formula Roberto Blancarte pueden ser respondidas en la práctica precisamente si los fieles laicos buscamos una y otra vez afirmar el cristianismo como acontecimiento histórico que cuestiona e interpela a todos, que renueva a la Iglesia y que humaniza a la sociedad desde dentro.

La visibilidad de la fe en cierta medida ha quedado oscurecida cuando los fieles laicos no actuamos como tales. La sociedad se ha empobrecido cuando sólo ha recibido por parte de la Iglesia el aporte clerical. La propia Iglesia no alcanza una autocomprensión adecuada de sí misma cuando ha preferido caminar sin contar con el aporte de la identidad laical o cuando este aporte sólo ha sido tolerado en la medida en que corresponde a la ”inercia” que viene de atrás.

Muy por el contrario, el acontecimiento cristiano se verifica cuando se constata en la experiencia que algo está pasando, que algo sucede porque una Persona viva se ha hecho encuentro. Esta es la razón por la que la Carta Pastoral no tiene sentido si no se vuelve movimiento. El Magisterio ordinario de los obispos expresado en la Carta Pastoral es un camino educativo para reaprender a vivir y a construir subjetividad, movimiento y presencia cristiana en medio de la historia.    n

1 Conferencia del Episcopado Mexicano. 25 de marzo de 2000, 170 pp.

2 Para una visión analítica y diferenciada de la modernidad (ilustrada y católica) que permita comprender estas singulares paradojas, véase A. del Noce: Riforma cattolica efilosofía moderna, I. Cartesio, Bologna, 1965.

3 Blancarte no examina estas otras peticiones de perdón en Del encuentro de Jesucristo a la solidaridad con todos, pp.

3 98-401, 411-414, 415-426.

4 Ibidem, pp. 104-109. 136-166, 188- 191.

5 Cf., Ibidem, n.n. 28-67. Estos parágrafos son en buena medida una meditación sobre el significado que posee no sólo el proceso de secularización sino la reformulación de lo religioso en el contexto nacional a partir de la Independencia.

6 Reforma. 17 de abril de 2000.

7 Juan Pablo II: Los derechos de las naciones, mensaje dirigido a la ONU el 5 de octubre de 1995 con motivo del L Aniversario de su fundación.

8 Para un amplio recorrido histórico de la filosofía social católica en el siglo XIX, véase la gran obra de R. Spiazzi: Enciclopedia delpensiero sociale cristiano, Edizioni Studio Domenicano, Bologna 1992.

Estilo de vida de vaginas ricas y famosas

ESTILOS DE VIDA DE VAGINAS RICAS Y FAMOSAS

POR DOROTHY GALLAGHER

Esta es la crónica, desde el Madison Square Garden y en una función de gala con fines de beneficencia, del éxito teatral Los monólogos de la vagina. Es una noche de celebración en la que, como sugiere la autora, nadie le teme al ridículo.

Una sensación de hundimiento me golpeó alrededor de las 7:45 pm el 10 de febrero. Estaba yo en una butaca de 250 dólares en el Madison Square Garden. La función de gala con fines benéficos de los Monólogos de la vagina acababa de empezar, y yo ya estaba buscando la puerta de salida más cercana.

Si, como yo antes, no le has puesto atención recientemente al espíritu de los tiempos, es posible que no sepas que a los Monólogos de la vagina, que hace varios años empezó como una pequeña producción teatral, le han crecido tentáculos planetarios y cuenta con legiones de fanáticos. Las representaciones levantan grandes sumas de dinero para ayudar a mujeres a merced de ideologías religiosas, limpieza étnica, capitalismo global desenfrenado, atroces costumbres culturales y. pura y llanamente, violaciones. Causas excelentes. ¿Quién podría objetar? Entonces ¿por qué quería yo salir corriendo a gritos hacia las calles oscuras y heladas? Para empezar, estaba Eve Ensler. creadora de los Monólogos de la vagina. Dios mío, qué irritante. “A mí me preocupaban las vaginas”, canta ella de modo claro y estridente, vestida en una túnica deslumbrante y (simbólicamente) roja, dando pisadas por el escenario del Garden, su cara proyectada sobre pantallas gigantes de televisión, su voz amplificada para llegar al punto más lejano.

El interés de Ensler por las vaginas le fue inspirado, como dice con frecuencia, por entidades espirituales a las que ella llama “las reinas vagina”: lo dice de este modo: “Siento como si las reinas vagina hubieran descendido y me hubieran escogido para cumplir un deber”. Al cumplir el mandato de las reinas vagina, Ensler entrevistó a mujeres a todo lo largo del espectro social. En respuesta a sus preguntas escudriñadoras, al parecer estas mujeres soltaron la sopa sobre sus vaginas y luego Ensler les dio a sus palabras la forma de recitaciones, usando el material como mejor se ajustara a su propósito; o al propósito de las reinas vagina, propósito que, francamente, sigue oculto para mí. Por esto Ensler ha ganado un Premio Obie y el apoyo de los ricos y famosos.1 Por lo menos, ella ha monopolizado el mercado sobre el tema, mercado que ha crecido a proporciones industriales. Los Monólogos de la vagina se representa ante auditorios repletos; si Ensler no puede ocuparse ella misma de esos públicos, los monólogos se dan en franquicia a campus de universidades, entre otros muchos y amplios sitios escénicos.

En esta noche celebratoria Ensler. apoyada por el Coro de la Vulva, representa su obra junto con un inmeaso reparto de 70 mujeres famosas, y unas cuantas mujeres victimizadas. La representación viene a culminar el Día V, un día para “Unirse Sólidamente y Levantarse para Exigir el Fin de la Violencia contra las Mujeres”.

La mayoría de los 18,000 espectadores que esta noche repletan el auditorio son vaginales ya persuadidos. La marca Tampax está entre los patrocinadores corporativos —¿qué podría ser más apropiado?— y después de recoger mi regalo, un llamativo estuche de tampax, doy con mi butaca; una butaca que, incidentalmente, está cubierta por una banda que me asegura estar en una “Zona Libre de Violación”. Y eso, me da mucho gusto decirlo, resultó ser cierto.

Permítanme admitir cierta inclinación: aborrezco la política de identidad del “sentirse del lado de los buenos”; odio la participación del público; no quiero mencionar, ya no digamos poner a discusión, mi vagina, y menos con extraños. Entonces, cuando desde el mero principio Ensler exhorta al público a que diga con ella la palabra: ¡Vagiiinaa!y luego exige saber: “¿Cuántas vaginas están en la casa?”; y cuando miles de miembros de lo que sólo puede llamarse el culto de la vagina se identifican dando alegres gritos respuesta, ese es el momento en que mis ojos empiezan a lanzarse con desesperación en busca de los letreros de salida.

A partir de ese momento las cosas se van dando rápidamente. Mujeres hermosas y famosas —70 entre todas: entre ellas Oprah, Jane Fonda, Glenn Close, Amy Irving, Brooke Shields, Gloria Steinem— toman el escenario, vestidas en todas las formas imaginables de atavíos en (simbólico) rojo, para leer las piezas de la Ensler. Recitan varios apodos para las vaginas —pepa, panocha, chocho, bizcocho, mono—. Nos dicen lo que las vaginas dirían si pudieran hablar: despacito, lléname, yomi-yomi, chúpame… Nos informan sobre los Hechos Felices de la Vagina: por ejemplo, que el clítoris tiene 8,000 fibras nerviosas, ¡el doble de las que tiene el pene! “¿Quién necesita un cañón de mano cuando tienes una semi-automática?”.

¡Sssíííí!, gritan mis hermanas. (Al parecer Ensler y su público asumen compartidamente que el placer sexual era algo desconocido para las mujeres hasta que Ensler señaló la exacta localización de la vagina, sus avíos, y los mejores usos que darle a sus instalaciones).

La encantadora Glenn Close hace estremecer cuando incita al público a que grite ¡Coño!

¡Coño! Jane Fonda, que ha sido objeto de sospecha feminista debido a sus frecuentes matrimonios con hombres ricos y poderosos, y, no menos, debido a que alguna vez lució su espectacular figura en videos para hacer ejercicio, redime sus credenciales feministas al llevarnos paso tras paso por el canal vaginal a la hora de dar a luz. Calista Flockhart. una muy delgada, por no decir anoréxica, actriz de televisión, vistiendo una microfalda roja que apenas le cubre su adivinen — qué, recita una pieza titulada “Mi falda corta”: ésta es una oda que celebra la libertad de la mujer para vestir como le plazca y para regañar a aquellos hombres que dan por hecho que hay una invitación de viso sexual detrás de una vestimenta que apenas cubre la adivinen — qué de una mujer. Ahora: para mí. y es probable que yo fuera la única que en el Garden tomara esta posición, lo anterior es un ejemplo en flor de cómo la ideología vuelve tontas a las personas.

No estoy dispuesta a negarle todo crédito al proyecto de Easler. Su intención no es sólo darle a la vagina un ventilamiento público (la vagina personal de Ensler mantenía al parecer un secreto hasta que ella comenzó a ventilarlo en entrevistas2), sino de proveer auxilio y fondos a mujeres con problemas que no son relativos al estado emocional de sus vaginas: las mujeres victimizadas que mencioné brevemente en las líneas anteriores. Para ese fin Oprah Winfrey aparece en el escenario, vestida de satín rojo, con lentejuelas rojas que centellean, y para un gran aplauso recita una pieza titulada “Bajo la burca”, referida a una mujer de Afganistán obligada a usar esa prenda de vestir. Cuando termina baja por las escaleras del escenario para regresar a él llevando de la mano a una pequeña figura vestida con este atuendo espantoso. Esta es Zoya, una representante de la Asociación Revolucionaria de las Mujeres de Afganistán quien no habla del órgano sexual sino de los horrores de la vida para las mujeres bajo el gobierno de los talibanes. Y tres mujeres africanas también toman el escenario para hablar con rigidez mortal sobre la costumbre de la circuncisión femenina en sus países y a la que, con fondos obtenidos de quienes apoyan los Monólogos de la vagina, están trabajando para erradicar. La aparición de estas cuantas mujeres cristalizó un problema que me ha perturbado durante algún tiempo.

Durante muchos años en Estados Unidos se ha dado la moda de usar el término “estilo de vida”, en vez de lo que simplemente solíamos llamar “vida”. Nunca pude explicar por qué “estilo de vida” me ponía contra la pared. En fin, intentemos esto como respuesta: ¿podría ser que resulta de mal gusto hablar del “estilo de vida” de mujeres demolidas? ¿Hablar del “estilo de vida” bajo los talibanes? ¿Del “estilo de vida de las clitorectomizadas”? Por otra parte, veo en efecto que Eve Ensler ha documentado el estilo de vida de ciertas vaginas, y a eso no puedo sino llamarlo cháchara. n

1 Noté con cierto interés que entre la lista de benefactores de los Monólogos de la vagina estaban Beth Dozoretz y Denise Rich Ambas mujeres han sido noticia en tiempos recientes: Dozoretz por solicitar donativos de Rich, y Rich por donar cientos de miles de dólares (y, según algunos tabloides, su vagina) al anterior presidente de los Estados  Unidos en intercambio por la actuación del ex presidente para que al anterior marido de Rich le fueran perdonadas actividades criminales.

2 Ensler reclama que padeció abuso sexual por parte de su padre, que ya murió. Cuando se le insiste al respecto, sin embargo, ella reconoce que recordó estos incidentes tan sólo al final de los años treintas de su edad, y lo hizo, a no dudar, con la ayuda de un especialista que tenía la dudosa profesión del síndrome de memoria recobrada.

Dorothy Gallagher. Escritora. Su último libro es How I Came into My Inheritance and Other True Stories (Random House, Nueva York). Este artículo apareció originalmente en la revista inglesa Areté.

Traducción de Gabriel Jiménez

Bellos dientes y buen corazón

Una pareja de adúlteros, un detective privado: basta eso para que explote la pericia narrativa de Rubem Fonseca en este cuento incluido en su libro más reciente.

Oí decir que hay personas que se ríen para mostrar sus bellos dientes y otras que lloran para mostrar que tienen un buen corazón. En todas mis fotos, M. se está riendo, pero no como ciertas ricachonas en las columnas de sociales. Esas viejas siempre aparecen mostrando los dientes, pero nunca están realmente riéndose, están mirando hacia la lente de la cámara, pensando en lo que las amigas dirán cuando vean su foto publicada, fingiendo que se ríen, y cuando el fotógrafo se aleja, muestran un rostro atormentado, a veces afligido. Ya estuve en algunas fiestas y sé lo que digo. Los que se ríen de verdad, como los que están enamorados, no tienen la menor noción de lo que sucede a su lado, no ven nada a su alrededor. A un fotógrafo sacando fotografías, por ejemplo. Reírse es bueno, pero puede joderle la vida a una persona.

Cuando lloró, M. se sonó la nariz, tal vez porque así es como las señoritas lloran en las películas: empiezan a llorar y el galán, o algún otro hombre cualquiera, nunca una mujer saca un pañuelo del bolsillo (los hombres siempre cargan un pañuelo limpio en el bolsillo), se lo da y la señorita se limpia la nariz. Claro que hay una justificación fisiológica; la lágrima, además de humedecer la conjuntiva, puede penetrar en las fosas nasales. El día que M. lloró, el tipo que estaba con ella no traía pañuelo en el bolsillo, o tal vez su pañuelo no estaba limpio: por cierto, si el tipo carga un pañuelo en el bolsillo de los pantalones es para ensuciarlo, a menos que esté actuando en una película. Le dio su corbata y ella se sonó la nariz en la corbata. Pero me estoy adelantando. Vamos paso por paso.

Alguien me avisaba cuando M. salía de casa. Yo hacía mi trabajo sin prisas, de manera discreta, como dice el manual. Mi misión era descubrir si andaba saliendo con algún hombre.

Hacía cuatro días que vigilaba a M., cuando los vi a los dos juntos por primera vez, en el centro de la ciudad, en el mostrador de uno de estos lugares que sólo sirven café exprés. Estaban tranquilos, tomarse un café es algo inocente, principalmente si se toma de pie en el mostrador. Se reían mucho, ella todavía más, una risa alegre pero casi silenciosa, sin quitar los ojos del hombre que estaba con ella. M. estaba enamorada.

El segundo encuentro fue en un restaurante japonés en una casona del centro. M. comió con palitos, eso me irrita, quienes deben de comer con palitos son los japoneses. El tipo usó cuchillo y tenedor. Hubo un momento en que él la tomó de la mano y los dos se quedaron callados durante algún tiempo. Se despidieron en la puerta del restaurante.

El tercer encuentro fue nuevamente en el lugar que sólo servía café exprés. Estaban serios y tensos, el tipo se tomó dos tazas de exprés; M. tres, antes de que se decidieran.

Los dos no eran muy listos, salieron casi al mismo tiempo del café, andando en la misma dirección, el hombre adelante, a unos cinco metros de distancia. El centro de la ciudad es el mejor lugar para encuentros furtivos, abundan los edificios mixtos, con oficinas, consultorios y residencias, a veces en el mismo piso. Y las calles están siempre llenas de personas de todo tipo, moviéndose de un lado a otro.

Cuando el hombre entró en un edificio, me apresuré, pasé al lado de M. y todavía me dio tiempo de entrar con el tipo en el elevador. Un novato elegiría a la mujer, pero en esos casos es mejor pegársele al hombre; la mujer, en esas situaciones, siempre es más cautelosa, desconfía de todos. Los tipos maduros no pelan a los extraños que están en el elevador con ellos, principalmente aquellos que usan saco y corbata como el tipo que yo seguía, que probablemente trabajaba en un edificio de la ciudad y andaba en un elevador repleto todos los días. Me quedé a su lado y el sujeto ni siquiera me miró, incluso ni cuando bajamos juntos.

Caminó por el pasillo y abrió la puerta del 1618. No esperé a que M. llegara, tomé un elevador que bajaba, me fui a mi casa, tomé una pastilla de vitamina C y me acosté. Tenía un virus que causaba dolores en todo el cuerpo. Sonó el teléfono, pero dejé que la contestadora respondiera. Más tarde averigüé quién era. Oí el corto recado del cliente diciendo que quería hablar conmigo. Llamé al número del celular que me había dado.

¿Alguna novedad?, preguntó.

Nada, respondí.

¿Nada, nada, cómo nada? Pasó la tarde fuera.

Estaba en el centro comercial.

¿Pero no compró nada? Llegó con las manos vacías.

A las mujeres les gusta mirar los aparadores, dije.

Me garantizaron que eres el mejor, que puedo confiar en ti.

Soy el mejor, puedes confiar.

No la dejes sola ni un minuto.

No te preocupes, pero voy a necesitar una lana para hacer unas instalaciones.

¿Qué instalaciones?

Cosas del trabajo.

Ya te dije que por dinero no hay problema. Habla con el licenciado Gilberto.

El licenciado Gilberto era un tipo gordo, como lo son esos abogados que ganan mucho dinero. Su despacho estaba en la avenida Rio Branco. Tardó media hora para recibirme. Le dije la cantidad y me dio un cheque, sin discutir. Firmé el recibo y me fui. Compré el material con Serginho, que hacía contrabando de chucherías electrónicas. Era un aparatejo de alta tecnología, todo cupo en la bolsa que yo cargaba al hombro.

Abrir la puerta del 1618 fue pan comido. Examiné cuidadosamente la sala, la recámara y el baño. En la sala había un aparato de sonido, un refrigerador pequeño, un sofá y dos sillones. Dentro del refrigerador, varias botellas de agua mineral. En la recámara, una cama, una mesita de noche. En la pared estaba colgada la pintura de una mujer encuerada encima de una concha. Las sábanas de la cama eran de lino y estaban limpias, como si no las hubieran usado. Una sirvienta debía hacer el aseo, el baño olía a productos de limpieza, me lo debía haber imaginado, una falla estúpida. Prendí el aparato de sonido, vi cómo funcionaba, después lo apagué, abrí la caja del amplificador y quité un transistor. Aquella mierda podía causarme problemas, a los novios les encanta oír música juntos, eso estropearía mi grabación. Después puse la pequeña grabadora dentro de la bocina. Según Serginho, cualquier ruido, por menor que fuera, activaría el aparatejo. Probé la grabadora. Era una maravilla, esos tipos ya no hayan qué inventar.

Me seguía doliendo el cuerpo, la vitamina C no estaba sirviendo de mucho.

Al día siguiente me quedé de guardia en el piso del edificio donde los dos palomitos se encontraban. Si la sirvienta venía, yo iba a tener que entrar tan pronto como ella saliera y checar que la cinta no se hubiera desperdiciado con ruidos que ella hubiera hecho limpiando las cosas. Según Serginho, la capacidad del aparato era de cuatro horas, pero la sirvienta podría ser floja.

Pero quien llegó fue el tipo. Me largué antes de que M. apareciera. Fui a buscar un lugar para tomar un jugo de caju, dicen que el cajú tiene mucha vitamina C. Después me quedé frente al edificio esperando a que se fueran. Se quedaron ahí como tres horas. Salieron juntos. Fue ese día cuando ella lloró y se sonó la nariz en la corbata de él. Se separaron y siguieron rumbos diferentes.

Regresé al edificio, entré al 1618, abrí la bocina, saqué la grabadora y me fui a casa para oír la cinta.

No voy a contar todo lo que oí; las palabras y los gemidos de las personas que hacen el amor no son ninguna novedad y nadie debe meter la nariz en ello. Se estaban vistiendo, los sonidos así lo sugerían, cuando M. dijo:

Ya no te voy a ver, me siento culpable, no duermo, no puedo vivir así, con esta doble vida.

Eso tampoco es novedad, toda mujer casada que tiene una aventura tarde o temprano acaba por decir esa frase.

Vamos a vivir juntos, la voz del hombre.

El me necesita, voz de M.

Yo también te necesito.

Eres un hombre saludable, él tiene aquel problema. Es mejor que ya no nos veamos.

Los dos amantes conversaron mucho, pero no voy a contar nada más.

Llamé al celular del cliente.

Ella no sale con ningún hombre, le dije, creo que podemos cerrar el caso.

Quince días más, dijo el cliente.

Está bien, respondí.

Esos quince días me quedé en casa descansando y me curé de la virosis.

Volví a llamar al cliente.

Usted no me necesita, la señora M. no se encuentra con ningún hombre.

¿Podemos cerrar el caso? Usted me garantiza que podemos cerrarlo?

Sí.

Tuve la impresión de haber escuchado un suspiro apagado.

Pase por el resto del pago con el licenciado Gilberto. Ya no me llame. Colgué el teléfono y me quedé pensando en M., en la foto que no le había sacado, sonándose la nariz en la corbata del novio, llorando porque se estaban diciendo adiós y porque, además de bellos dientes, M. también tenía un buen corazón. n

Traducción de Rodolfo Mata y Regina Crespo

Rubem Fonseca. Escritor. Su más reciente libro es Secreciones, excreciones y desatinos (Companhia das Letras, Sao Paulo, 2001).

Un Edén mexicano

UN EDÉN MEXICANO

POR CINNA LOMNITZ

¿Por qué la Ciudad de México padece tanto con las lluvias? Cinna Lomnitz tiene la clave.

El infierno tiene muchas mansiones y una de ellas, acaso la más placentera, es la sección mexicana. Ahí siempre huele a café recién preparado; la máquina de rostizar cristianos está descompuesta por falta de refacciones; el aceite hirviente se surte muy de vez en cuando; los diablitos son alegres y buena onda; y el Diablo llega a las cinco, firma el libro y se va. También en el Paraíso hay mansiones, y una de las más interesantes es el Edén científico mexicano. La Serpiente, que era un poco alburera, un día les dijo a Adán y a Eva: Eritis sicut Deus, scientes bonum et malum (Gen. 3:5). Calló la pérfida, y se produjo un profundo süencio en el Edén. Finalmente Adán habló: “Perdón, ¿qué dijiste?”.

La Serpiente ceceó: “Hijos míos, os digo nada más que si queréis, seréis como Dios, sabiendo distinguir entre el bien y el mal. Para que logréis tal fin, basta que probéis del fruto de este arbolito apetitoso. Aplican restricciones”.

Eva respondió: “Mire, parienta. su mercadeo equivoca la clientela. Muchísimos jueces, políticos, abogados y hasta obispos se pondrían felices si supieran distinguir el bien del mal. Adancito y yo somos científicos y muy institucionales. Si el Jefe sabe que comimos de este árbol nos corre. Hay muchos otros árboles que investigar en este parque, y el respeto a la chamba ajena es la paz”.

Adán: “En otras palabras, idos a tentar a vuestra abuelita”.

La Serpiente se fue con el rabo entre las patitas, que en esa época aún poseía ya que no había aparecido el Darwin, digo, el demonio. En cuanto a Adán y Eva, vivieron felices en este paraíso que se llama México, y hasta el día de hoy siguen cobrando en la UNAM.

En suma, los científicos mexicanos nos abstenemos de opinar en materia moral y religiosa. No es que nos falten valores. Al contrario: en materia de religión yo me atengo a lo que diga nuestro buen cardenal Norberto, a quien respeto mucho. Tuve el honor de conocerlo en un reciente vuelo a Sudamérica.

El dilema moral que padecemos es de otro orden. ¿Qué hacer para que la ciencia cunda en México, y que la Serpiente no siga tentando a nuestros pobres estudiantes con cargos en los consejos de administración de las grandes empresas?

Otro Norberto escribió hace poco en estas páginas, afirmando su fe laica. Pienso que es un malentendido. Dice Bobbio: “El proceso de secularización —la llamada era del desencanto— no nació con la rebelión de Lutero sino con los descubrimientos de Galileo”. Sépase que Galileo era un excelente católico. Su error consistió en haber nacido antes que León XIII, quien reconoció que no puede haber discordancia entre la ciencia y la fe cristiana.

Nuestro problema no es el supuesto conflicto entre la fe y la razón, sino la escasez de razón. No nos abruman los excesos sino las carencias.

 

La ciencia en México hacia 1600

La Ciudad de México, como su antecesora la Gran Tenochtitlan. está en medio de un valle volcánico cerrado. Es un caso único en el mundo, porque la ciudad ocupa el fondo de una cazuela sin salida. “Está fundada en medio de una laguna grande y de agua salobre, en sitio llano, cercado por todas partes de aguas de otras muchas lagunas, que como en inferior lugar vienen todas a correr a ésta de México, en cuyo ínfimo está la ciudad, cercada de altísimos montes que la coronan así del norte y sur como del oriente y occidente” (Diego de Cisneros, 1618). Cada partícula PM10, cada gota de agua que cae en este valle fluye hacia su punto más bajo, que se encuentra actualmente cerca del Zócalo de la ciudad. Y ahí se quedaría si no fuera por la evaporación y los proyectos de drenaje que el hombre ha construido a partir del siglo XVII.

El problema científico no parece tan difícil. Es cuestión de restar el consumo de agua en el DF y zona conurbada de la cantidad de lluvia que cae en el transcurso del año, para encontrar la cantidad de agua que se pierde. El siguiente paso será decidir, en una de esas reuniones maratónicas que se celebran a las seis de la mañana en el palacio de gobierno del Distrito Federal, qué conviene hacer: ¿Construir presas en Tlalpan o Cuajimalpa? ¿Regular el sistema de drenaje profundo? ¿Guardar el excedente de agua en el subsuelo? ¿Reciclar el agua desde una presa fuera de la cuenca?

A cualquier problema sencillo de la ciudad, el gobierno, desde siempre y no importa a qué partido pertenezca, le encuentra soluciones complicadas e inoperantes, trátese del problema del agua o de la seguridad pública o del riesgo de los temblores. El resultado es el mismo: no pasa nada. Al que mejor le fue es al rey Nezahualcóyotl, quien construyó un albarradán desde el Tepeyac hasta el Cerro de la Estrella. Con eso se logró separar las aguas salobres de aquellas alimentadas por las fuentes cristalinas que entonces brotaban de Chapultepec, allá por 1450. Ya llovió, y el albarradán. que era de tierra pero servía de módica protección contra las inundaciones, no les pareció a los españoles. Lo usaron como fuente de materiales de construcción y lo demolieron.

Luego vinieron las inundaciones.

Un ingeniero audaz

Acto primero: se sabe cuánta agua entra y cuánta agua sale. Sin ríos que atraviesen la cuenca, como sucede en otras capitales mundiales, o se distribuye el agua por la red de agua potable, o se va por el Drenaje Profundo, o se pierde.

Acto segundo: aparece en escena Enrico Martínez (1557-1632). Este hombre tenía excelentes credenciales: era paisano de Carlos V y llegó a México con el título de Cosmógrafo Real. Ingeniero autodidacta, se aventó una de las obras más grandes y más difíciles jamás emprendidas hasta entonces por el ser humano: el desagüe de Nochistongo.

Nació en Hamburgo y su nombre original era Heinz Martin. Llegó a Sevilla a los ocho años de edad en circunstancias poco claras: hubo quienes dijeron que era de familia protestante. Al fin. Lutero también era alemán y había muerto en 1546. Enrico Martínez llegó a México en 1580, con la flota del virrey Luis de Velasco. Su amistad con Velasco iba a tener consecuencias imprevisibles y en parte nefastas. Heinz fue pequeño empresario: montó un microchangarro, una imprenta. Para mayor seguridad personal, solicitó y obtuvo un nombramiento como intérprete y traductor del Santo Oficio. Este nombramiento pudo haberlo protegido contra sus numerosos rivales, pues parece que el hombre era un poco necio y no tenía pelos en la lengua.

Su interés principal eran las matemáticas y la cosmografía. Hablaba varios idiomas, principalmente el alemán, el latín, el flamenco y probablemente el náhuatl. Dominaba el español a la perfección. En los documentos oficiales siempre aparece como “alemán”, y sus detractores no perdían oportunidad de recordar que se trataba de un extranjero, no importa cuántas décadas ya residía en México.

Las grandes inundaciones de los siglos XVI y XVII no han sido explicadas satisfactoriamente. Fueron enormemente catastróficas, tanto que en varias oportunidades se estuvo a punto de abandonar la ciudad. Podrían relacionarse con un cambio climático de alcance mundial; en Europa se habla del “Pequeño Periodo Glacial”. En esa época, hacia fines del reinado de Isabel I, el Támesis se helaba en invierno y la corte inglesa organizaba festejos sobre el hielo. Me parece probable que las inundaciones de la Ciudad de México pudieron haber sido causadas por una fluctuación global del clima.

La primera gran inundación que padeció la colonia fue la de 1553- Luego vino la de 1579-1580; en seguida la de 1604, y finalmente la de 1629. Desde la primera gran inundación se propuso la construcción de un canal de desagüe en dirección hacia el río Tula, con el objeto de desviar las aguas del río Cuautitlán cuyo caudal venía a sumarse a la laguna en tiempo de lluvias. Pero la obra se concretó hasta 1607, durante el segundo periodo del virrey Luis de Velasco. El trabajo fue encargado a Enrico Martínez, el antiguo conocido del virrey. Desde Huehuetoca hasta Nochistongo, Enrico dispuso la excavación de un túnel muy largo, seguido de un canal a cielo abierto, pero no pudieron completarse las obras por falta de dinero. Entonces acusaron a Enrico Martínez de incompetencia, y en 1621 un nuevo virrey, el marqués de Gelves, mandó tapar el túnel para ver si afectaba en algo el nivel del agua en la laguna. La decisión fue fatal. En septiembre de 1629 vino la desastrosa inundación que casi acaba con la ciudad.

Para entonces Enrico Martínez ya tenía 72 años. Se sentía enfermo y no se aventuraba a entrar al túnel que había construido. De todos modos, continuó empecinado en la controversia del drenaje, y lo tomaron preso por negarse a pagar una fianza muy subida por la obra que había defendido. Cuando fue puesto en libertad, dicen que mandó tapiar el túnel, acaso por despecho o por demostrar que él tenía razón. Falleció en 1632, en medio de su ciudad anegada.

Poco antes se habían redactado dos informes sobre el desagüe, ambos contrarios a don Enrico. Uno era del oidor Villabono de la Real Audiencia, y el otro de Fray Andrés de San Miguel. Este último comentó con cierta malevolencia que la culpa del fracaso del desagüe no era tanto de Martínez como de quienes lo hicieron compadre. El error, según él, fue “sacar a Enrico de su imprenta y de sus lunarios, que era el oficio en que Dios quería servirse de él, y hacerlo maestro de obras”.

Designios del cielo

Mas los designios de Dios son insondables. Hoy Enrico Martínez es reconocido como el primer gran ingeniero mexicano y la única estatua que existe en el Zócalo de nuestra ciudad es la de él. Las sucesivas obras de drenaje del Valle de México, no importa cuán ineptas desde el punto de vista de la ingeniería moderna, reconocen su paternidad. Fueron fatales a la ecología: transformaron el paraje del Valle de México, único por su fauna y su flora, en un llano desierto que acumula smog. Hacia 1970, se iniciaron finalmente las gigantescas obras del Drenaje Profundo, que acabaron con las inundaciones y dieron la puntilla al Distrito Federal.

Esta obra grandiosa se compone de dos túneles interceptores que se juntan en un enorme emisor central bajo la Sierra de Guadalupe, a la altura de Tepotzotlán. El portal de salida del sistema se encuentra en el río El Salto, un pequeño afluente del Tula a 2,100 metros sobre el nivel del mar, no muy lejos de donde descargaba originalmente el desagüe de Enrico Martínez.

Los túneles, con un diámetro de hasta 6.5 metros y una capacidad total de más de 100 metros cúbicos por segundo, surcan el subsuelo del Valle de México a una profundidad de hasta 237 metros. Con tan enorme presión de agua no hay túnel que resista las filtraciones. Son inevitables, y contribuyen a extraer más agua subterránea de la cuenca agravando el problema del déficit hidrológico. En la descarga del sistema no se separan las aguas negras de las pluviales o del caudal de los ríos Remedios, Tlalnepantla, Consulado, Churubusco y otros. Toda el agua se va por el subsuelo al Estado de Hidalgo. Acaso hubiera sido conveniente instalar plantas de tratamiento para reciclar el agua y así poder aprovecharla en la industria y la agricultura; pero ello hubiera encarecido el proyecto aún más.

En la “Lumbrera Cero” del emisor central, donde se encuentran las obras de captación del río Tlalnepantla, hay una pesada compuerta de cinco metros de alto que permite interrumpir el flujo del sistema en casos de emergencia. Es la única forma de regular la sangría de agua subterránea que padece el Valle de México. En ciertas épocas del año, la compuerta se cierra un día sí y otro no. En cambio, durante las lluvias torrenciales, el drenaje trabaja a plena capacidad y las capas de agua subterránea, que abastecen el consumo de agua potable, se hinchan de agua a más no poder. Pero la recarga no es uniforme ya que gran parte de la superficie está pavimentada. Afortunadamente aún quedan grandes áreas sin pavimentar, sobre todo en la Delegación Tlalpan, de donde procede actualmente gran parte del agua que bebemos.

¿Por qué se ha tolerado un sistema hidráulico tan irracional? La misma pregunta se hacía Enrico Martínez. Posiblemente fue un mediocre maestro de obras, pero actuó de acuerdo a sus luces. El Drenaje Profundo del Distrito Federal es un proyecto mucho más audaz, incluso para su época; pero también es caro en términos de la cantidad de agua que se pierde.

Cualquier solución racional requiere una paciente y acuciosa política de obras hidráulicas y de alcantarillado sobre varios sexenios. Es precisamente lo que ha sido tan difícil en México. n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

El día, la noche y el pecado

EL DÍA, LA NOCHE Y EL PECADO

POR LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

Las calles de las ciudades de México son páramos por donde sólo se pasea el aburrimiento. ¿Dónde están, pregunta Luis González de Alba, los cafés de la esquina en los que la conversación y la solidaridad ocurren frente a una copa de vino? No están en ninguna parte, responde, la mojigatería se los ha bebido.

Las ciudades de México son áridas para el peatón y el turista, un yermo para el habitante que desea tomarse un café o una copa. De día o de noche son poco habitables, poco amables porque ofrecen únicamente alternativas extremas: la cantina para emborracharse al son de uno o varios mariachis o los expendios de helados y paletas, el puesto de tacos callejeros o el gran restorán. Las autoridades priistas durante 71 años, y las panistas y perredistas que las han sucedido, consideran que quien pide una licencia para vender vinos y licores al copeo es lo más cercano a un narcotraficante, un lenón o un capo mafioso. Esta herencia le llegó al PRI por la vía de sus antiguos coqueteos marxistas. Un común denominador en los países del comunismo real fue la sospecha contra toda reunión no convocada por el Partido. ¿Para qué habrían de reunirse los ciudadanos, sino para fines aviesos? Y tenían razón: el café es lugar de murmuración. La izquierda repite, feliz, el catecismo castrista según el cual Cuba era un burdel. Lo sigue siendo, sólo que ahora sin plumas ni lentejuelas; es un burdel desharrapado y barato donde se paga, en cualquier callejuela oscura, con una camiseta usada los servicios que antes fueron caros y en establecimientos lujosos. En efecto, la revolución hizo de Cuba un burdel más popular al tiempo que extinguió la vida nocturna, que tampoco existe en China ni la hubo en Moscú. Algo tiene de peligrosa para las autoridades malqueridas. Lo dijo, creo, Guillermo Cabrera Infante: “donde no hay putas no hay libertad”.

La inversión de los términos puede no necesariamente llevar a la conclusión opuesta: La Habana de Batista, con formidable vida nocturna, no era democrática. Pero, al menos, nadie prefería enfrentar tiburones a seguir allí, como ahora ocurre.

La eterna sospecha del PRI: “Quien me pide un permiso lo que realmente desea es enriquecerse, y eso está muy mal”, lo llevó al control de la alacena y a colgar las llaves al cinto de doña Autoridad: así es como, todavía, sólo las grandes cadenas de bares y restoranes plásticos consiguen abrir centenares de sucursales, todas ellas idénticas. Las delegaciones políticas en la ciudad de México y los municipios en los estados, guardan celosamente un buen número de “concesiones” y las entregan a discreción, no únicamente las ya mencionadas, sino los permisos más anodinos: convertir un auto en taxi, tomar pasaje con ese taxi en terminales aéreas y de autobuses, inscribirse en el Padrón de Exportadores, asociarse con un extranjero: todo está restringido, resguardado por una muralla de trámites que se abate sólo ante el amigo, el posible aliado político o el que compartirá la ganancia. Nada es gratis.

 ¿Quién se cree el desconocido que solicita, en ventanilla común, licencia para abrir un café y allí vender sándwiches, cerveza, tequila, una copa de vino?

Nadie sale, como en Buenos Aires, a tomar un café al café de la esquina porque tal cosa no existe. Aquí se pregunta dónde queda un Sanborn’s, antonomasia de café, como lo es “kótex” para toalla femenina o “klínex” para pañuelo desechable. Un “sanborn’s” es un café en mexicano.

El resultado no es únicamente que nuestras calles sean inhóspitas, sino que un solo señor se embolsa la utilidad de todas y cada una de las tazas de café que nos bebamos. El problema no es tan serio si uno desea poner un expendio de café y exclusivamente café. El pantano se abre cuando uno dice que en su café de la esquina desearía también complacer al cliente que pida un coñaquito, un tequilita, una copita de vino. Entonces el dios tronante tras del escritorio deja saber que tal solicitud es de un atrevimiento inefable, pero que si el grosero insiste, deberá pasar a la oficina de junto, que acaba de cerrar, y solicitar la forma por la que se solicita la verificación de la alineación o trámite 1. El fresco y atrevido supone que deberá ir a un expendio de neumáticos. Pero no es alineación y balanceo de lo que habla La Autoridad, sino de la solicitud para solicitar la revisión de la alineación. Si algún alma compasiva, quizás una empleada a la que le resulte simpático el pobre tipo, se atreve a descubrirle el secreto, sabrá don Audaz que se trata de la verificación de que el local, rentado o adquirido, esté alineado conforme a las demás fincas. Dicho de manera simple: ni salido ni metido. En caso de que así resultare (salido o metido), deberá explicar a satisfacción de La Autoridad, con planos y permisos de construcción, el motivo de tal desacato a la línea recta que manda el urbanismo.

Ahora don Insolente ya sabe cuál es el paso 1. Cuando va, un día después, por la solicitud para solicitar revisión de alineación, las formas se acabaron. Puesto que siempre hay otra caterva de pillos que pretenden llenar la ciudad de antros y giros negros, y todos ellos resultan igualmente echados con cajas destempladas, don Insolente es ilustrado, por boca de estos bellacos, de que el paso 1 viene seguido, una vez finiquitado, del paso 2 y así sucesivamente hasta el 1,821.

Entonces don Insolente decide abandonar los trámites y comprarse un triciclo, de esos con plataforma al frente, donde puede vender tacos que ningún inspector revisará y refrescos que el cliente beberá a pico de botella; al llegar la noche, colgará su “diablito” para robarse la luz del farol más cercano y rodear su triciclo con una docena de megafocos. Feliz, se enterará de que tampoco Hacienda ni Seguro Social ni Tesorería ni nadie, nadie, nadie disturbará su tranquilidad, salvo la patrulla ocasional para la que ya tiene el billete de a 50 preparado.

Por eso en México o en Guadalajara, en Querétaro o en Acapulco, ya puede uno caminar y sudar la gota gorda, o semicongelarse en Chihuahua o en San Luis durante un anochecer de enero, y no encontrará el amigable cafecito bonaerense de la esquina, las tapas madrileñas, el bistró parisino, en fin, la institución civilizada que se llama “café” en Berlín, Roma, Argelia o Túnez. Un lugarcito que no esté amenizado por un mariachi ni por un cantante, apenas con su terraza de pocas mesas sobre la acera y su particular aroma a civilización. Por eso los mexicanos no hacemos vida colectiva, excepto la gran parranda de viernes y sábado. Pero en esa odisea semanal tampoco se habla mucho. Y por eso resultan de tal manera conocidos y añorados los pocos nombres que nos traen esa vivencia: La Parroquia en Veracruz, el Madoka en Guadalajara. Son oasis del cemento, pero sabemos los nombres porque no hay más. Preguntemos a un argentino, a un español y nos mencionará el más cercano a su casa; pero no podrá ofrecer algo que se parezca tanto a una institución como es La Parroquia. Ellos viven ciudades llenas de pequeñas parroquias y madokas que por lo mismo no adquieren relevancia, sino para los vecinos. Nadie va al café en auto ni toma autobús puesto que el atractivo del lugar no es la asombrosa decoración ni la asistencia de luminarias, sino su cercanía, su cálida presencia a la vuelta, donde cualquiera puede hacer un breve alto para comerse un sandwich con una cerveza o disfrutar un café con un brandy sin tener que, para salir de nuevo a la calle, tomar las precauciones del político que abandona un burdel, asomando primero la nariz para verificar que no haya moros en la costa.

Cuando el PAN tapatío tuvo la magnífica idea de revivir el abandonado centro de Guadalajara con el sencillo método de entregarlo a la sociedad civil, como ahora se dice, el PRI puso el grito en el cielo y llamó a guardar la moral y las buenas costumbres (sí, tal cual, no tergiversé las siglas), como ahora hace el PRD en el Distrito Federal. Argumenté favorablemente a ese proyecto en Público, de Guadalajara y, ni tarda ni perezosa, una regidora del PRI me contestó a la sección de cartas que si deseaba un reventón ya sabía yo entre qué calles lo encontraría. Es exactamente no entender. Lo que algunos añoramos es el cafecito en donde no quieran vendernos una botella, ni nos digan cuán barata está la de Presidente con cinco tehuacanes y otras tantas cocas, ni esperen que consumamos una comida de cuatro tiempos, acompañados, al menos, por otros tres tragaldabas. Lo que no tenemos en las ciudades mexicanas es el café de la esquina donde ni por pienso se pueda encontrar uno con la corneta de un mariachi o las presiones de un mesero o la borrachera de quince festejantes cantando “pero sigo siendo el rey”.

Esto es, añoramos el changarro, el negocio familiar atendido por el dueño, en donde encontremos al vecino que se operó, a la vecina con tres hijos, al cura de la iglesia de junto, a la dentista del barrio, a la vendedora de flores, al médico de todos. Al parecer nuestras autoridades, de cualquier color y sabor, tienen la convicción de que si una contrabarra muestra botellas de diversos destilados, se trata de la antesala de Sodoma, la proliferación de los antros, la invasión de los giros negros. Y así tratan a quien abre su café con venta de licores, su bar, su cervecería: “A ver, a ver, los que vienen a regularizar giros negros, por este lado”. Las personas decentes son atendidas en otra fila.

Así es como nos hemos convertido en Pedro Páramo habitando un llano donde sólo existe la opción de las llamas o la vida ermitaña en casa. Los mexicanos hemos dejado de tratarnos, de hablar entre vecinos, de discutir para componer el país y el mundo, lo cual, aunque se emplea como imagen de tiempo perdido, es lo que construye la solidaridad y la identidad. Y se construye en el cafecito de la esquina, bebiendo una copa o agua mineral, pero a dos cuadras y entre vecinos. Eso es lo que nos arrebató el PRI con su mojigatería y es lo que ni el PAN ni el PRD logran devolvernos.   n

Luis González de Alba. Escritor. Su más reciente libro es El burro de Sancho y el gato de Schródinger.

Debajo de la cama

DEBAJO DE LA CAMA

POR SOLEDAD PUERTOLAS

¿Cuál es el comportamiento sexual de España en estos días? Lleno de contrastes, dice Soledad Puértolas; se ve mucho, se oculta aún más.

Se publican de vez en cuando datos estadísticos sobre los usos y comportamientos sexuales de los jóvenes españoles, dejando de lado, no sé si por obsoletas (en todos los sentidos), a las personas de edad. Pero estos datos, que yo recuerde, no suelen ser muy precisos y las conclusiones no resultan coherentes. No tengo sobre la mesa ninguna de esas estadísticas, pero sí puedo recordar que había un gran porcentaje de jóvenes que contestaba a las preguntas que les dirigía el entrevistador de forma desconcertante, como si la pregunta no acabara de ser comprendida del todo o no se pudiera responder o, en fin, no se ajustara a lo que el joven hubiera esperado que le preguntaran.

  Los comentarios que he leído sobre los hábitos e inclinaciones sexuales de los jóvenes son de lo más diversos. Unos apuntan a una gran libertad de costumbres, otros indican, casi por el contrario, que la relación sexual completa es muy poco frecuente. Si comparamos, grosso modo, las condiciones en las que vive la actual juventud española con las que vivimos en su día las personas de mi generación está claro que los jóvenes cuentan hoy con una libertad sexual que era impensable en la nuestra, por lo que sería lógico suponer que dentro de esa libertad su comportamiento fuera mucho más espontáneo y natural de lo que fue el nuestro. Y lo es, estoy segura. Lo es, porque, además, lo veo o, si no lo veo, lo intuyo, lo deduzco a partir de lo que veo.

Pero, ¿qué es lo que veo? Pues, en realidad, no mucho. Veo a los jóvenes, que se abrazan y besan por la calle, las chicas muy desenvueltas, vestidas, en verano, sin pudor y sin complejos. Vienen chicas a casa, llaman por teléfono a mis hijos. Hablan con desparpajo, estudian y sacan notas estupendas, trabajan, se buscan la vida. Sí, indudablemente, se ha avanzado mucho en la consideración igualitaria entre hombres y mujeres. A nadie se le ocurre hoy que una mujer, por el hecho de ser mujer, no pueda desempeñar un puesto en casi cualquier tipo de trabajo (a excepción de los que requieran una especial fuerza física). Esto supone un cambio importante. Sobre esta consideración igualitaria social se erige una nueva valoración personal de las mujeres y una nueva autovaloración. Y eso, se colige, conllevaría un comportamiento mucho más libre en todos los sentidos, nacido de una seguridad y de una confianza personales recién adquiridas o conquistadas. ¿Es esto cierto?, ¿el acceso de la mujer a nuevos (para ella) e importantes puestos de trabajo ha dado a las mujeres una mayor seguridad en sí mismas y, a partir de ahí, se ha generado un comportamiento sexual mucho más libre?, ¿ha traído, en suma, la autonomía económica de la mujer la liberación sexual? Eso era lo que se pronosticaba y lo que, hasta cierto punto, sucedió, según los analistas sociales.

  Pero la zona de ignorancia es aún muy grande. ¿Hasta qué punto han cambiado los hábitos y comportamientos sexuales de los españoles?, ¿qué tabúes han desaparecido?, ¿qué novedades se han introducido en nuestras costumbres?

  Desde un punto de vista muy general, han surgido, por fortuna, nuevas categorías sociales que ya no condenan, como ha sucedido en nuestra historia, la homosexualidad, la convivencia extramatrimonial, la infidelidad conyugal, los hijos nacidos fuera del matrimonio… Ha habido, sin duda, una liberalización de las costumbres y de las normas y lo que antes se consideraba escandaloso —la mera separación matrimonial— ha pasado a ser moneda frecuente que es aceptada sin problemas por personas que pertenecen a grupos y clases sociales diversas. Este paso, absolutamente necesario para configurar una sociedad democrática, ha abierto caminos nuevos que nos están ayudando a componer una visión más completa y profunda de la sociedad y del individuo.

  Pero quedan muchas incógnitas. Queda todo lo que no vemos. Cómo se comportan las parejas a solas. Ahí sigue prevaleciendo la oscuridad, la penumbra. En ese sentido, nosotros, supuestos observadores y comentaristas, estamos debajo de la cama.

  Prevalece el silencio. Ante preguntas sobre el comportamiento sexual, las personas se retraen. ¿Quién contesta con tal sinceridad?, ¿no se tenderá a responder, como en realidad sucede con toda pregunta, con toda encuesta, aquello que se supone quiere escuchar el interlocutor? La pregunta da el sentido y la dirección de la respuesta. Más aún, cuando el asunto en cuestión es algo inquietante o directamente perturbador. Y la sexualidad, no nos engañemos, resulta perturbadora. Escapa a nuestra razón. El animal racional que dicen es el ser humano tiene un componente sexual que no es tan fácil de admitir o controlar. El instinto y la razón conviven como pueden dentro del complejo organismo humano. La historia de la humanidad puede verse como la historia, también de la lucha que llevan a cabo dos ingredientes tan opuestos. Guerras y tratados, robos y reposiciones, castigos y honores… El estallido del instinto y la imposición de la razón.

  ¿Es que el instinto puede llegar a expresarse de forma razonable y razonada?, ¿no temerá siempre ser expuesto con claridad, ya que ha experimentado la represión una y otra vez?, ¿no se refugiará en el rincón más oscuro?, ¿no es ése su refugio natural? El instinto mora en lo oscuro. La razón en la luz. El instinto, el deseo, la sexualidad: todo se desarrolla en la zona de ignorancia, debajo de la cama.

  Vistas así las cosas, lo poco que sabemos del comportamiento y hábito sexual de los nuevos españoles es aún más poco, más escaso. Y menos fiable. Lo oscuro no se muestra con facilidad.

  Ciertamente, los valores sociales, las categorías morales, cambian. Cada época, cada periodo histórico, desarrolla su propia ética, su propia moralidad. Pero el ser humano convive con una lucha esencial en su interior, y esa lucha no parece que haya sido resuelta. ¿Podemos concebir al ser humano libre de esa lucha? Por el contrario, ésta es su definición.

Interrogadas las personas, con toda seriedad y racionalidad (toda gravedad), sobre sus hábitos y comportamientos sexuales, sus respuestas podrían contener, más un deseo de ocultación y encubrimiento, que un impulso de veracidad y un sincero espíritu de cooperación. Creo que en este oscuro territorio tanto los hombres como las mujeres prefieren mantener a salvo de miradas ajenas sus fantasías personales. Es un terreno de inseguridad y de silencio. Siempre podemos tratar de escuchar el rumor de la voz del deseo bajo la cama. n

Soledad Puértolas. Escritora. Su más reciente libro es Con mi madre.

Paraísos en venta

PARAÍSOS EN VENTA

POR RAFAEL PÉREZ GAY

Este texto de Rafael Pérez Gay abre nuestro tema central de este mes: sexo, nación y lágrimas. Del comercio sexual a una encuesta única de valores, pasando por el cibersexo y el tecnoerotismo, el lector emprenderá aquí un viaje ciertamente revelador e inquietante.

Modelo edecán. Rallis Marlboro. Sinaloense. Elegante, personalidad, seducción más excitante. Erótica, lencería, ligueros. Parejas, lesbianas. Soy independiente. 56-03-22-89. Pregunta por Coni”.

Pregunté.

—Vi tu anuncio en el periódico…

Me interrumpió:

—Tengo los ojos aceitunados y 26 años. Mis medidas son 95-58-90; mi altura, uno setenta y dos. Pelo largo y castaño, a media espalda. Mil doscientos pesos, dos horas, todos los contactos que quieras.

—Se trata de otra cosa, de una entrevista.

—No doy entrevistas.

—Para una revista cultural. Te pago el servicio y te invito a comer a donde tú elijas.

—¿Sin cámaras?

—Nada de cámaras. Una grabadora.

—¿Conoces Las Trancas?

—Insurgentes y Diagonal de San Antonio.

—El viernes a las tres.

En la novela de las vidas y los destinos cruzados de quienes se dedican al comercio sexual y han salido a perderse en el mundo sin otro bien que su propio cuerpo, un capítulo largo lo ocupa El Aviso Oportuno de El Universal. El anuncio de Coni es una de las trescientas veintidós ofertas que anuncia todos los días el periódico. Cada una de las inserciones de entre tres y cinco líneas de apretada tipografía cuesta un promedio de doscientos pesos y se publica en la sección de Masajes, entre ofrecimientos menos sensuales, como el de Maquinaria y Herramienta, y contiguo a la ceremonia de los adioses: Traspasos. Según mis cuentas, la facturación de este paraíso en venta, en la zona de ofertas sexuales, asciende a 64,400 pesos diarios; un millón novecientos treinta y dos mil pesos al mes; veintitrés millones ciento ochenta y cuatro mil pesos anuales. Todo esto antes, mucho antes, de que ocurra una sola caricia en el territorio de la vasta promesa de la vida sexual mexicana.

En ese laberinto de sueños aún de papel, me encuentro con esto: “Un Gusto con Clase. 150 pesos. Cacahuamilpa No. 4. Colonia Condesa. 55-11-92-33″.

Me parece una cantidad estrafalaria. Empujo los botones del número telefónico:

—Sí. Una chica por ciento cincuenta —me responde una voz de mujer—. Dos por doscientos. Puedes penetrarlas a las dos y terminar con una. Te damos gratis una copa de bienvenida. Es una casa, no tiene anuncios afuera. Hay un tapete verde en la entrada. Te esperamos, amor. ¿Tu nombre?

Yo no tenía una razón de peso para pensar que aún no se ha inventado la proeza física de “terminar” en dos sitios diferentes a la vez, pero lo pensé. Todo, hasta el sexo, tiene sus límites. Una copa de recepción. Me sorprendo recordando un aforismo de gerente de ventas: lo barato sale caro. La diversidad de las columnas de El Aviso Oportuno recorre todos los servicios, un raro edén de sueños sexuales: mujeres de agencia, extranjeras o mexicanas, rubias o morenas, universitarias o amas de casa (dos mil pesos). Mujeres independientes que atienden su celular y su propia empresa (mil o mil quinientos pesos). Travestís, “femenina. Fogoza, interactiva. Hotel o domicilio” (mil pesos dos horas). Hombres jóvenes, “Lampiño. 26 años. Caballeros, parejas, señoras. Pídeme lo que quieras, (19 cms.). Sólo hotel”. Table-dance. “reventadísimas bailarinas (800 pesos cada una)”. Swinger, “damas. caballeros, parejas. Concepto innovador. Convivencia previa (dos mil ochocientos pesos)”. Bondage, “América. Rubia, ardiente. Mujeres, parejas, bondage (mil quinientos pesos)”. Videos caseros, “vendemos y compramos. Llámanos”. Dominatrices. “No tengo piedad. Llámame”.

Una mujer con sombrero

Media hora después de la hora convenida no había entrado en el restorán Las Trancas ningún sueño de 95-58-90. Durante cuarenta minutos calculé en otras mujeres una altura de 1.72 y busqué en la espalda una ondulación de pelo castaño. Todo lo llenaba una ausencia desoladora de miradas verde aceituna. Estuve a punto de presentarme dos veces con mujeres desconocidas. Llamé desde el celular.

—Vengo de un servicio. Mi teléfono está enrutado. Llego en quince minutos.

En efecto, quince minutos después se sentó a la mesa una mujer joven, en el tramo final de sus años veinte, de pelo corto, uno setenta de estatura y, ella no había mentido, una mirada casi vegetal en distintos tonos de verde. Usaba un abrigo negro, ligero, un sombrero oscuro de fieltro, muy cerca del flapper; una blusa fucsia entallada, un pantalón negro y zapatos altos. Se quitó los lentes para el sol y repasó el lugar con la mirada:

—Sin cámaras. Vodka tonic, por favor —le pidió al mesero—. ¿Anonimato, verdad?

—Cómo te quieres llamar.

—Coni.

Coni se enamoró perdidamente de un músico de rock a los veintiún años. Dos años después de amores intensos y atrabancados como sólo pueden tenerse a los veinte, Coni recuerda el día en que descubrió que su músico tenía otro amor por el que estaba dispuesto a sacrificarlo todo, incluyéndola a ella. Arrasada por los secretos de ese amor a sus espaldas, a los veintitrés, en el año de la mayor crisis económica del México moderno, en 1995, Coni salió de la casa de su músico con cinco pesos en la bolsa y una soledad del tamaño de la ciudad en la que había decidido quedarse cuando su familia emigró al interior de la República Mexicana. Perdida en la ciudad, Coni se juró a sí misma que nunca más volverían a ocurrirle las mentiras del amor, la incertidumbre de la falta de dinero y los engaños de la pasión. En cierto sentido lo cumplió.

Dos años después. Coni puso su vida en la penumbra del secreto. A excepción de una amiga íntima, nadie sabe que ella ejerce la prostitución. Su familia vive en Sinaloa. Para ellos, una hermana y sus padres, la vida profesional de Coni transcurre entre la venta de publicidad y su desempeño como edecán para eventos de poderosas marcas del mundo de la moda. Cuando su familia emigró a Sinaloa, Coni se quedó en la Ciudad de México estudiando administración en el colegio Holandés de la colonia del Valle. Esa decisión le cambió la vida.

“No tenía dinero. Una amiga me invitó a trabajar en una agencia. Yo sabía que se dedicaba a la prostitución. Me dio el teléfono y un día hablé. Así empecé trabajar en la agencia hace como cuatro años. Trabajé ahí un año y medio, hasta que me hice independiente. Era un horario de catorce o quince horas diarias. Además, la agencia te quita el sesenta por ciento, más otro pequeño porcentaje para la compostura de los coches, porque te llevan a cada visita y te recogen. O bien el pago de los taxis que le dan servicio a la agencia cuando hay mucha demanda.

“En cambio, ahora hago dos o tres servicios diarios, de lunes a viernes. Gano un promedio de tres mil pesos diarios, a veces un poco más. Unos sesenta mil al mes. No los gana ni un buen profesionista. Voy a hoteles o a casas y principalmente me buscan hombres de entre treinta y cincuenta años. Aunque hay de todo. También me llaman parejas. Novios o esposos que andan de fiesta y quieren realizar la fantasía de hacerlo con otra mujer. Entonces hay que darle servicio a los dos. Unas copas de vino en el cuarto de un hotel. Si me caen bien, platicamos un rato. En los tríos normalmente empiezan las mujeres. Nos acariciamos y nos quitamos la ropa. Nos tocamos los pechos, nos buscamos el clítoris antes de que él entre en acción. Aunque no me desagrada hacerlo con mujeres, no soy bisexual. Es mi trabajo. Si me lo piden, puedo invitar a una amiga y hacemos un lesbi show frente a uno o dos hombres, no más de dos porque puede ser peligroso. Si te dedicas a la prostitución, te tienes que cuidar más que en cualquier otro trabajo. Si te gastas lo que ganas en mantener a tu marido o a tu novia, o si te metes en la droga, entonces nunca puedes retirarte, o te retiras, pero sin un peso”.

La aritmética del amor

Un día del año de 1997, la agencia en la que trabajaba Coni la envío al Hotel Presidente Chapultepec. Coni debutaba en el mundo de la prostitución. En el cuarto la recibió un hindú amable que hablaba mal el español. Era la primera vez que cobraba por hacer el amor con un desconocido. Coni descubrió entonces una técnica que repetiría innumerables veces en su nueva vida: entre las primeras Caricias desliza un condón y le practica el sexo oral a su cliente; más tarde, otro condón, antes del amor que la mayoría de las veces ocurre con ella arriba de su hombre. “Me siento más segura si estoy arriba, siento que controlo la situación”.

Mientras Coni habla, intento una operación aritmética. Lleva cuatro años dedicada a la prostitución. Tiene dos citas diarias, de lunes a viernes, es decir, diez a la semana. Quinientos contactos al año. Coni ha hecho el amor en dos mil ocasiones; ha cobrado más o menos dos millones de pesos y nunca la ha tocado la duda del amor.

“Tengo una lista de amigos que siempre me buscan, unos quince. Los demás son nuevos. Si un hombre me gusta, o si sé que puede buscarme otra vez, me quedo más tiempo con él, pero jamás me he enamorado y nunca he dejado de cobrar. En este negocio eso puede ser tu perdición. El año pasado conocí a un chavo que me buscó tres o cuatro veces. No me gustaba, pero era buena onda. La cuarta vez que estuvimos juntos me pidió que me casara con él. He conocido a muchos hombres que después de unas copas te piden que te cases con ellos. Este iba en serio. Necesitaba una esposa. Me parece que es bisexual y que tiene una relación con un hombre. Un matrimonio de conveniencia. Eso fue cuando me salí de la agencia porque el asunto estaba casi cerrado. Yo me casaba con él por quinientos mil pesos. A mí también me convenía pues mi familia me pregunta que por qué no tengo novio. No puedo tener una vida amorosa. Imagínate que salgo con un chavo y le digo: ‘Oye, soy puta, espero que no te incomode’. Por eso vivo sola. En las mañanas voy al gimnasio. Después de hacer ejercicio, me encargo de las cosas de la casa. A eso de la una de la tarde prendo el celular. Trabajo hasta las once o doce, no más. Mi idea es retirarme en dos años para poner un negocio. Me gustaría atender una boutique propia, entonces a lo mejor me vuelvo a enamorar”.

A las seis y media de la tarde de ese día, los diarios publicaban los últimos ecos de la boda civil del presidente de la República, los primeros sonidos del escándalo por los espionajes telefónicos en México y Coni se había tomado tres vodkas tonic. La vida pública, la vida privada y la secreta no siempre pueden diferenciarse con absoluta claridad. Al final de la plática sonó su celular. Esa noche, ella y dos amigas tenían una cita en el Hotel Sheraton.

—Voy a recogerlas en Tlalpan y Xola.

Le ofrezco llevarla a cambio de que me cuente de qué se trata la visita al Sheraton.

—Una cena con ejecutivos. Luego en una suite viene lo bueno.

—¿Todos juntos o cada quien por su lado? —le pregunto.

—Como venga la noche.

Más que su propia noche, me intriga la idea que Coni tiene de lo que significa la palabra ejecutivo.

Dos historias de amor y una ley rechazada

Ese día en la Ciudad de México las autoridades de la delegación Cuauhtémoc clausuraron 4 de los 189 establecimientos mercantiles que la delegada Dolores Padierna ha cerrado en su cruzada contra la noche mexicana. Días atrás, los antros habían irrumpido en la Asamblea Legislativa. El Partido Acción Nacional promovía una Ley para los Establecimientos Mercantiles. El gobierno capitalino y el Partido de la Revolución Democrática rechazaron la iniciativa con rotundidad. El PAN intentaba reconocer la vida nocturna de la capital del país, para regularla y evitar la corrupción y los accidentes. No hay mecanismo más efectivo para detonar la corrupción y la discrecionalidad de las autoridades que la ausencia de una legislatura clara.

En el Clóset, en la calle Saltillo, de la colonia Condesa, cuarenta mujeres en traje de baño se pasean entre las mesas, como si fueran a tomar el sol. Faltan la alberca, los camastros y el bronceador. Otro cálculo: trescientos setenta hombres y tres mujeres sin bikini abarrotan el salón del primer piso del edificio cuya fachada, remodelada por un moderno ingenio arquitectónico, imita los trazos de un bastimento romano. A eso se le llama ahora concepto moderno.

La definición que el escritor brasileño Rubem Fonseca hizo del table-dance sigue siendo la más precisa: uno se sienta echado hacia atrás en una silla, como si estuviera en un sillón de barbero, y una mujer a horcajadas se columpia en las piernas de un hombre que al mismo tiempo la acaricia el tiempo que dure una canción. Si ocurre una oferta química y comercial, rara combinación de aminoácidos y dinero, entonces la sexualidad busca un límite, en público o en privado. Según Fonseca la composición del table-dance recuerda a un batracio. Vista con esos ojos, la noche imita una rara tela de Von Gunten, aunque en colores sepias y más desordenada. Un boleto de ciento cincuenta pesos por cada baile. Ciertamente es la más estrambótica definición que se haya hecho en la historia del idioma español del verbo bailar. Adquiero cinco boletos.

En México se han registrados 47,617 casos de sida; 40,800 son hombres, 6,800 son mujeres (Reforma, junio 26, 2001). En el Distrito Federal vive el 27 por ciento de la población con VIH a nivel nacional. El éxito del table-dance se desprende de estas cifras; el baile erótico está fuera de esa estadística, su esencia fricativa lo convirtió muy pronto en el paraíso del sexo seguro, aunque un espíritu aventurero y ambicioso puede abrazar a la noche y perderse en los camerinos. Una complejidad y una ironía: los camerinos, esos lugares en donde los actores y las actrices se maquillan, se disfrazan, se transforman en otros. Un camerino cuesta mil quinientos pesos, promedio, más doscientos de costos invisibles, más los condones. Total: mil ochocientos pesos. Los boletos son más modestos, pero más públicos. En una larga línea de sillas de barbero, siete mujeres bailan sobre las piernas de siete hombres con la camisa desabrochada. Más allá, dos mujeres bailan con un hombre. En la pasarela, una mujer con sombrero se desliza por uno de los dos tubos plateados de la pista. (¿Están de moda los sombreros?)

Una mujer negra ha hecho una escala técnica en mi mesa. El amor la trajo desde Kingston. Jamaica. Tiene acento francés y cuerpo de pantera, las piernas largas, las nalgas sostenidas por un milagro del Espíritu Santo y unos pechos logrados por los avances imparables de la ciencia y la tecnología. La envuelve una extraña belleza ancestral. Estoy ante una de las bailarinas más solicitadas de la noche. Forma parte de un grupo danzante que ameniza las pausas de un programa de cómicos de la televisión. El hombre del que se enamoró en Jamaica desapareció de su vida, como si se lo hubiera tragado la tierra. Pero Ciel, ese es su nombre de batalla, encontró la pasión en México. Fue amor a primera vista. El día que Ciel llegó al Clóset se enamoró de Arlet, una sinaloense alta, de pelo negro y anatomía del norte del país. Ciel está orgullosa de Arlet, la trae a la mesa. “Me enamoré de ella desde que la vi. La seguí meses hasta que me aceptó. Vivimos juntas desde hace un año. Estamos ahorrando para poner juntas una boutique. Una tienda de ropa en la Zona Rosa”. (¿Está de moda poner boutiques?)

La pequeña historia costó dos boletos y dos Congas. Mientras tanto Aline se había acercado a la mesa. También tiene su propia trama celeste. “Trabajé un tiempo en un téibol de Guadalajara. Una noche llegó un grupo de parejas. Entre ellos venía una doctora, una gastroenteróloga, casada con un médico. bailé varias veces esa noche. Cambiamos teléfonos. Me llamó tres días después. Me invitó a comer y terminamos en un hotel. Cuando volví a la Ciudad de México, la doctora me acompañó. Aquí me puso un departamento en la colonia Del Valle. Durante tres años vino cada dos semanas a pasar tres días en la Ciudad. Decía que tenía congresos y cursos. La doctora compró una cámara de video, le gustaba que nos grabáramos y luego ver las cintas. Teníamos una colección. Entonces se empezó a poner celosa de que yo bailara y tuviera amigos. Un día llegó al departamento y yo estaba con un amigo. Me dijo que no pagaba la renta para que yo metiera tipos a la casa. Se acabó el amor, rompimos las cintas y adiós. Nunca más”.

Tres días después de esa noche, la delegada Padierna clausuró El Clóset. Legalizar la noche mexicana pondría fin a la corrupción sin límite, producto de los desequilibrios entre las realidades nocturnas, al final incontrolables, y los reglamentos obsoletos de una vieja ley diseñada para ser transgredida mediante las corruptelas de las sucesivas administraciones priistas y, ahora, de los funcionarios del gobierno del DF.

En esos días me enteré por la prensa de que a partir del próximo año Uruguay tendrá entre sus jubilados a prostitutas y travestís. En un proyecto de ley aprobado por el Congreso, el gobierno reconocerá la prostitución como actividad lícita que permitirá a los trabajadores sexuales aportar al sistema de pensiones y por tanto jubilarse. Como suele pasar, algunos sectores de trabajadores se han negado porque, aducen, los obliga a pagar impuestos en una profesión en la que el ingreso mensual no es fijo. En cierto sentido tienen razón, los dueños de los prostíbulos y sus trabajadores saben que se gana mucho más dinero en la ilegalidad que en un sistema claro de contribuciones. En Uruguay todos los trabajadores aportan el 26 por ciento de sus ingresos. El proyecto de ley uruguayo contempla, además, la creación del Registro Nacional de Trabajo Sexual, con zonas específicas donde ejercer la prostitución y se propone legalizar como prostíbulos las casas de masaje, que abundan en Montevideo (La Jornada, 5 de julio, 2001). A Dolores Padierna y otros funcionarios del gobierno del Distrito Federal, este proyecto de ley debe parecerles una catástrofe moral y un peligro inminente, como cuando la quiebra amenaza las utilidades de un gran negocio.

El Club del Hedonismo

En la ciudad de Río de Janeiro se abrieron en julio las puertas del Club del Hedonismo. Esta geografía del deseo tiene 44,000 metros cuadrados situados en la zona oeste de la ciudad, cerca del mar y de la selva tropical. El Club del Hedonismo incluye entre sus instalaciones un hotel, sex shops, restaurantes, bar, discoteca, un parque acuático y estacionamiento para 600 automóviles. Mantener la infraestructura costará un millón de dólares mensuales. El club ofrecerá sus servicios de martes a domingo sin interrupción, los asistentes a la discoteca pueden, si así lo quieren, desnudarse y hacer el amor en público. “Elegimos Río de Janeiro porque es la capital sexual de Brasil”, explicó Eduardo Leal, uno de los socios del club. “El club recibirá a un público principalmente de solteros, de entre 25 y 45 años, que quieran divertirse en un lugar excitante y conocer personas con libertad de acción y elección sin que estén obligados a nada. El establecimiento será inaugurado con una fiesta temática, ‘En los tiempos del César’, treinta y seis horas de placer y lujuria. Miles de brasileños viajan todos los años a Jamaica para visitar el Club del Hedonismo que funciona en ese país”. (Milenio, 25 de junio, 2001).

Profundamente preocupado por las fiestas temáticas, no tuve mejor idea que buscar en la Red algo parecido en México al club brasileño. No hay nada análogo. Lo más cercano a esa forma de la felicidad brasileña son las esperanzas swinger, de intercambio de parejas, que ocurren en Cancún, o los solitarios aventureros que ofrecen una permuta amorosa desde Guadalajara, Monterrey o el Distrito Federal. El que navegue por www.clubs.com.mx encontrará la lujuria indomable de Zulema y Raúl, un matrimonio que ofrece canjearse a sí mismo abriendo con otra pareja una puerta a la lascivia. Con un método científico que envidiaría un laboratorista, Zulema y su esposo invitan a la reciprocidad con una batería de imágenes. En esas impresiones digitales, lo único que no se ve es el rostro de Zulema. En compensación, ellos piden fotografías, datos generales y entusiasma por los amores desbocados y compartidos. Sin venir a cuento imagino un encuentro planeado durante semanas entre una pareja de Zacatecas y ésta, de Nuevo León. Venimos desde muy lejos para conocerlos,  ¿alguien quiere una copa de vino?

La dirección electrónica de los clubes swinger proviene de otra fuente de paraísos en venta, esta vez impresos en la revista Tiempo Libre, en su sección “Amigos”: “Gea Swinger. Excitante fiesta sin límite. 5788-0981. Solamente parejas”.

Me dejé arrastrar por la tentación:

—Vi tu anuncio en el periódico.

—¿Vienes solo o con pareja?

—Solo.

—Se trata de una fiesta en una casa particular. Necesito tu nombre y tu teléfono. Después te damos la dirección. Tienes que pagar trescientos pesos. Nosotros ponemos la bebida y la música. Como a las once empiezan los tríos —no se refiere a los tríos musicales— y los intercambios.

—¿Puedo saber en qué rumbo de la ciudad es la fiesta?

—Una casa en la colonia Aragón.

Como el sexo, el periodismo también tiene un límite. Respondo como se les contesta a los vendedores de mercancía robada:

—Te llamo más tarde. Gracias.

Probé de nuevo mi suerte: “Abadía Club. Rompamos lo único rompible en estos días, la soledad. Damas aburridas, parejas rutinarias, caballeros nostálgicos. 5286-8346″.

Me sorprendo incluyéndome en el tercer género. Presioné el número telefónico con idéntico resultado que la ocasión anterior. Una fiesta en una casa particular en la avenida Politécnico Nacional número 5130. De nuevo, me ajusté a los límites.

Insistí. La última era la vencida. “Club SW” de Pedro López. Próximo octavo aniversario. Abierto de miércoles a sábado. Más cómodo que nunca. Reserve. 5614-0666″.

—Vi su anuncio en el periódico.

—Solo o con pareja.

—Solo.

—No se aceptan caballeros sin compañía. No estamos contra los gays. pero nuestro club es diferente.

Después de una larga negociación en la que conté mi vida, mis ambiciones, mis fracasos, como si estuviera en el diván de un analista, conseguí una reservación para el viernes a las once de la noche en el Club SW de Pedro López.

Swinging’ in the rain

El sueño swinger de Pedro López consiste en un edificio situado en la calle General Prim número 9, casi esquina con Bucareli. Nada en el exterior del edificio devela los interiores, no hay marquesina, pero sí un sistema de seguridad que envidiarían en La Cumbre de los Ocho para rechazar los embates globalifóbicos. Vista de frente, la fachada del SW evoca imágenes de antiguas accesorias en el viejo centro histórico de la Ciudad de México. A la luz del día, la puerta metálica del Club SW podría ser el umbral de un expendio de fanales, salpicaderas, espejos retrovisores. Me niegan la entrada aunque explico que tengo una reservación. Repito entonces la historia de mi vida. Al final, el portero de noche explica: “Adentro puede usted recibir una propuesta de alguna pareja para formar un trío. No tiene que hacerlo si no quiere. Por favor, no grite ni chifle durante el show”.

No chiflé, tampoco grité. Las escaleras que conducen al primer piso desembocan, al final, en un amplio salón. El techo de bóveda, de unos cuatro metros de alto, cruzado por curvas de vigas metálicas, le da al lugar un aire de intemperie, a la mitad del camino entre lo público y lo privado, como una atmósfera de estación de tren, de escala técnica, de viaje. En penumbras y bajo un estruendo de discoteca alcanzo a distinguir que no hay grupos de amigos: en cada mesa hay dos personas: ochenta y nueve parejas a punto de la ebullición.

Una reunión de ex alumnos del colegio Alemán no sería mucho más alegre, aunque sí menos activa. Veo entre las tinieblas la fantástica realidad de la escena. A mi lado, una mujer le realiza a su compañero una felación a toda orquesta. Dos mesas más allá, dos mujeres se acarician. Más acá, dos parejas se anudan y hacen un amor extraño en la intimidad de su mesa. De pronto decido que son actores que el dueño ha colocado en sitios estratégicos para estimular al público. Me equivoco: no son actores, son verídicos swingers de la noche. En el salón, el secreto se vuelve público y, a su vez, lo público se vuelve secreto. Esta es la persuasiva ilusión del Club SW.

Un golpe de luces ilumina la pista de baile. Tres hombres arrebatados a la disciplina de la halterofilia aparecen en compañía de una mujer. Por los altoparlantes una voz le recomienda al público el uso del condón y un poco de reserva: “no le dé a cualquiera su dirección o su número de teléfono”. No deja de ser una ironía encomendarle discreción a los asistentes. Días atrás leí en la prensa que el gobierno de Brasil firmó un convenio con la empresa de videos pornográficos Sexxxy para que en sus películas los protagonistas utilicen el condón (Crónica, 26 de junio, 2001). En la pista del Club SW, los hombres del gimnasio se ponen sus respectivos condones y luego, como si los grabara una cámara, efectúan un trío no del todo ágil en su expansiva verosimilitud. Una mujer del público se transporta al escenario ante la instigación de uno de los actores. Los aplausos la impulsan, lo mismo que a otras y otros asistentes. Ya sobre el escenario, se intercambian con, en parejas fugitivas. Más tarde me daría cuenta de que en ese momento terminaba la primera mitad de la noche.

La puerta negra

El progreso swinger ocurrió rápido, entrecortado, en muchas etapas breves y en tinieblas. Bailando en la oscuridad, los nuevos dúos se acarician, algunos forman tríos o binomios cuadrados perfectos. Hay algo de algebra en las incógnitas que se despejan en la pista. Los swingers construyen, poco a poco, un muégano lascivo, paradójicamente impenetrable: una masa de hasta 50 swingers en acción. En un extremo de la pista dos parejas se quitan la ropa. Una de las mujeres se arrodilla para incidir, con un eficiente cunilingus, en la otra. En poses hieráticas, ubicados atrás de ellas, los varones respectivos avalan la escena. Estas parejas implantan en su vida una secuencia que yo sólo había visto en una película de título inolvidable: Debbie Does Peggw La trama de esa película la perdí en mi memoria, pero sé que, solamente, a lo genuino Dionisio glorifica. ¿Por qué pensé esto? Misterio.

Entre las dudas que despertaba la penumbra y el humo teatral que todo lo abrumaba, no reparé en que el salón estaba casi vacío. Muy pocas mesas conservaban a sus protagonistas. Me sofocó la idea de un éxodo secreto, como el misterio de una civilización que desaparece sin explicación, unos mayas de la vida sexual mexicana.

Entonces descubrí la puerta negra. Al fondo del salón, una breve escalera conducía a otro espacio. Una pareja tomada de la mano caminó hacia el fondo oscuro. Los seguí. En un sala acondicionada con sillones de consultorio odontológico, mucho más pequeña que el salón de abajo, estaban los desaparecidos. Me senté en un sillón; percibí un atisbo de desconfianza ante la presencia de alguien —yo mismo— que había roto cierta eurritmia swinger. Ahí descubrí otra puerta negra. En la antesala las parejas se ponían de acuerdo, se acariciaban, formaban tríos, en fin: más ecuaciones de segundo grado, más cuerpos en operaciones algebraicas. Borges anotó que no había más de cuatro o cinco grandes metáforas; lo mismo ocurre con el sexo. Un deja vu desata las imágenes. En una mesa de centro adaptada como estrado, un hombre imputaba un largo cunilingus a una mujer mientras ésta besaba a otra que la sostenía cerca del pecho como en la imagen de un óleo florentino. Hay un rumor de sociedad secreta, de iniciación ritual. Recordé la novela de Arthur Schnitzler, Relato soñado y, en especial, el momento en que el médico vienés se filtra con engaños en una orgía ritual. En el cine, Stanley Kubrick mandó a Tom Cruise a una secuencia cinematográfica que vale toda la película Ojos bien cerrados. Pero aquí es General Prim número 9 y no hay médicos vieneses en la antesala del momento culminante de la noche. Más allá de la última puerta negra espera un dark room en donde ocurre la cúspide de un intercambio masivo. La unánime orgía final.  Las parejas desaparecen por la puerta negra y otras emergen de la oscuridad.

De regreso a la intimidad de la mesa, se me ocurre que los escritores modernistas mexicanos que fundaron la noche de la Ciudad de México en el año de 1901 no se sentirían incómodos en el Club SW. Imaginé a José Juan Tablada en la penumbra del año 2001, exactamente un siglo después, escribiendo un poema titulado “Dark Room”.

Ordeno un whisky cuando la música vuelve con más fuerza y la luz aumenta su intensidad. Han vuelto los swingers, pero según mis cuentas están más cerca de la lasitud que del entusiasmo. No pude averiguar por qué. Mi cuarto de hora de vida secreta había terminado. n

Rafael Pérez Gay. Escritor. Entre sus libros, Llamadas nocturnas y Cargos de conciencia.

Nuevos sombreros para Alicia

ESCRITURAS

NUEVOS SOMBREROS PARA ALICIA

POR JULIÁN RÍOS

En clave narrativa, y sin escatimar recursos estilísticos, Julián Ríos nos ofrece aquí dos nuevas peripecias de la Alicia de Lewis Carroll, una Alicia capaz de adoptar personalidades distintas.

1

 SOMBRERO DE VENUS

Este sombrero suntuoso con borlas como planetas alrededor del sol. que es tu cara radiante, le dijo el Sombrerero Loco a Alicia, te lo añade para realzar tu figura desnuda el hombre calvo de negro sentado allá en la pradera, a unos quince metros de la orilla, que no te quita ojo porque reconoce tu línea de liana, larga y elástica, con el brazo izquierdo alzado, asida a una rama del manzano al borde del agua, la pierna izquierda doblada con el pie en vilo. Mueves varias veces los dedos del pie, sin bajarlo, y el hombre de negro sigue pendiente de que con el dedo gordo y el contiguo hagas la inveterada uve invertida.

La uve de la victoria, o de la víctima, según se mire, ay de las convencidas, cuando tumbada en la paja revuelta del desván de la posada del Ciervo Blanco, en la plaza del mercado de la ciudad sajona de Wittenberg, alzabas tu blanca zanca y hacías con dos dedos del pie en alto la uve de Venus, para regocijo de tu Adonis, que se llamaba Valentín y sabía latines, la uve de Venus Victrix, te repetía, a menos que no fuera la inicial de su propio nombre, Valentín unas veces y otras Valten, envalentonado, y te pedía el bis bisbiseando en latín bajo y en bajo alemán, divertido con tus juegos de pies, de villana, tan largos como hábiles, de los que podía contar todos tus huesos con sus músculos y tendones de Aquiles, pues era dibujante auxiliar en las clases de disección de la Universidad, aunque le inspiraban mucho más los desnudos vivitos y culeando en el taller del Maestro Lucas, a donde ha prometido llevarte, pero entre tanto te catequizaba con sus letanías, mea Venus, tendrás que ser su Venus Naturalis, del natural y en carnes vivas, dicho y hecho, te volvía a empujar empajar desnuda contra su cuerpo liso de mancebo lampiño.

Te había visto sin verte venir e ir muchas veces con la cubeta del agua sobre la cabeza, de la fuente de la plaza a la posada, tan escurrida como flexible, y de nuevo la mocita de cántaro a la fuente, hasta que por la primavera de tus catorce años despuntaron las teticas y tu barriguita de ánfora.

El ojo avisado del pintor Valentín Valten, ayudante del maestro Lucas, no se fijó sólo en tu buen palmito de doncella en flor, sino sobre todo en tu parecido con la princesa Sidonia, de tu misma edad, hija tercera del duque Enrique el Piadoso de Sajonia y de la duquesa Catalina de Macklenburgo.

Tu enamorado Valentín el Hermoso te llama ya Sidonia, olvida tu nombre plebeyo, te dice, Sidonia huele a membrillo de Creta recién cortado, tiñe de púrpura ocasos del desierto, y será tu Adonis para que se cumpla el ciclo de Venus. Omitió decirte, con las prisas, que él es el principal proveedor de Venus vulgares, sirvientas como tú y doncellitas de la corte, del industrioso taller de su Maestro Lucas.

El Maestro ronda la sesentena y últimamente su pintura, tan solicitada en la corte de Sajonia, se ha rejuvenecido con Venus, Evas y Lucrecias apenas núbiles, ingeniosamente ingenuas, que se dejan desvestir por las miradas que se deslizan lascivas por sus cuerpos esbeltos, aunque guardan, como prenda de amor o seducción inminente, un sombrero señuelo que señala lo que salta a la vista, o un velo de gasa añagaza que revela aún mejor lo que no oculta.

Entras al fin en el amplio taller de la calle del Castillo, o —para el ojo del mirón— de la Cerradura, Schloss Strasse, en el que se afanan y a veces ufanan una docena de ayudantes, el ombligo de Venus es mío, dice Hans, y Franz señala con el pincel una rodilla huesuda. La imperfección exige perfección.

Sin más preámbulos, Valentín te conduce desde el primer patio al aposento retirado que llaman la Capilla, por su estrado o altarcillo contra la pared del fondo, a donde has de elevarte.

  Hecha una estatua, desnuda, te imponía el Maestro, con sus ojos desconfiados y la barba blanca de chivo. Mientras Valentín mide con el compás de punta a punta tus senos y la distancia entre el esternón y el ombligo, oirás su respiración ruidosa y que ataja, impaciente: mide con los ojos del corazón.

De pie en tu peana ensayas la pose, esos dedos del pie izquierdo has de abrirlos de nuevo, como los del pie derecho de la mujer desnuda con alas, tan robusta como tu madre, también ya en el cielo. que levanta una copa y sobrevuela de pie los bosques y un río y un pueblo con su puente e iglesia que se parece al de tu infancia en un recodo del Elba.

El Maestro volvía a impacientarse con Valentín y le arrancó de la mano el papelote con la mujer alada. Lo que ha de volar es el pincel, no en balde su slogan era —en latín— pintor rapidísimo. Celeridad es ya celebridad. La culebrilla alada o dragoncillo, marca registrada del Maestro, vendrá a posarse pronto en el pedrusco dorado, cerca de tu pie en vilo, para rematar la obra maestra.

En esta vida los placeres, cuando los hay, se mezclan con las penas y no tardarás en comprobar la severa veracidad del aserto.

Poco después de inmortalizarte en Venus, tu Adonis murió traspasado por la flecha errada de una ballesta, en una gran cacería de venados a orillas del Elba, al sur de Wittenberg.

El Maestro Lucas, que era pintor de la corte, asistió a la cacería con algunos ayudantes, que le ayudarían a fijar para siempre la desesperada huida río a través de los ciervos perseguidos por perros y flechas. Valentín, si hubiera podido colaborar en ese cuadro, habría dejado asomar por el follaje el afilado hocico del jabalí que lo despertó, en tus brazos, la última noche de su vida.

Valentín iba con frecuencia a la botica y a la librería que el emprendedor Maestro Lucas tenía en Wittenberg. Creía en remedios y cambios prodigiosos. Tú no podías entender todas sus palabras. Ni en latín ni en alemán. Pero recordarás que te dijo —y te lo explicó con un dibujo— que el mundo era como un alambique por el que debemos pasar varias veces, en sucesivas vidas, para purificarnos. Su garabato era parecido a la marca sinuosa del Maestro Lucas, esa culebrilla con el anillo en la cabeza, pero sin alas.

Valentín se fue para seguir su vía alambicada pero te dejó, para perpetuación de los de su especie, la semilla que ha de ser el fruto de tu vientre de luna llena.

El sol de esta tarde apacible de comienzos de setiembre dora las piñas como manzanas contra el azul del cielo, transforma el pinar en vergel, al borde de la espesura del bosque, sube los tonos del follaje lujuriante, contra el que se destaca tu clara silueta esbelta, levanta del agua sombras de árboles como peñascos con torreones y reflejos de agujas y tejados góticos a lo lejos.

Tú sigues agarrada a la rama baja, desnuda al borde de la espesura y del agua, mirando de soslayo con tus ojos rasgados, de un azul de Sajonia. tan provocativos como esquivos. ¿Un punto maliciosos?

El hombre de negro, que destaca vestido entre los desnudos que se solean y solazan en la hierba, asiente vivamente con la cabeza cuando un niño desnudo de unos dos años se dirige hacia ti berreando con un bollo en la mano que parece un avispero.

Una matrona desnuda, de pliegues mantecosos, vino corriendo con una toalla. Pudo al fin aventar las avispas y se llevó al niño a rastras.

¿Te decidirás a entrar en el agua? Mueves de nuevo los dedos del pie izquierdo como si ya la estuvieras probando.

Este lago para bañistas del bosque de Grunewald en Berlín se llama Teufelssee, el lago del Diablo, y te asalta la ocurrencia de que el hombre calvo del chandal negro que no te quita ojo. al fin te das cuenta, tiene algo diabólico. Quizá por sus cejas altas y picudas como circunflejos que se juntan formando una gran M negra. ¿De Mefistófeles?

En realidad la tentadora eres tú. desnuda al borde del agua, ahora y desde que te vio en pintura, hace años, en la National Gallery de Londres. Acudía a contemplarte diariamente al museo, reconocerá, y se le pasaba el tiempo mirándote, remirándote y tratando de verte una vez más, porque en tus ojos había algo turbador y turbio que se le escapaba. Miraba la imagen pintada, con la mente en blanco, para grabarse las facciones, las imperfecciones, tan atractivas, tu mirada oblicua. Intentaba desesperadamente introducirse en su Venus, por la rendija de sus ojos, hundirse en ella.

Y salía del museo, a la hora de comer. para instalarse en el pub de enfrente. Lord Chanclos, a tomarse un sandwich con cervezas y hacer croquis, dibujitos de detalles aislados en su bloc, la oreja demasiado grande, la uve del labio superior, el ojal rasgado de un ojo los dos dedos largos del pie izquierdo, la línea sinuosa e insinuante que baja desde el seno derecho por el estómago hasta la intersección de los muslos, la uve del monte de Venus, apenas sombreada de vello, y el vasto sombrero con sus planetas que giraban para hacerle perder la cabeza.

El sombrero de Venus, una réplica perfecta, lo encontrará pocos meses después en el escaparate de una sombrerería y tienda de extravagancias con plumas al final de King’s Road que anunciaba sombreros flamencos y de grandes maestros. Old Masters Hats.

Posaron tocadas con el imponente sombrero una serie de modelos, un verdadero desfile, cada vez más jóvenes, incluso las dos hijas adolescentes de la mujer divorciada con la que vivía entonces en Londres.

El resultado era siempre tan pobre que acabó desistiendo de la intentona artística, la Fábrica de Venus, la llamaba; pero conservó el sombrero como fetiche.

Años más tarde, en su estudio berlinés de Kreuzberg, le serviría, con todas esas borlas, para limpiar el polvo y las migas de la mesa en la que comía y dibujaba.

Y de pronto, un domingo de principios de abril, tras cenar con unos amigos en un restaurante cerca de Savignyplatz, cuando caminaba hacia la Ku’damm en busca de un taxi, volvió a verla, a la jovencísima Venus de la pintura de Londres, aunque mínimamente vestida y sin el sombrero apoteótico, en carne y huesos, azulada de frío, pateando la acera a saltitos de gorrión, y apretándose los antebrazos, en esa esquina de la Ku’damm y Uhlandstrasse.

Parecía también desnuda, en su minivestido claro, y le llamó la atención (en vez de los dos collares dorados de la Venus) la ancha cinta de cuero negro, tachonada, que resaltaba la blancura de su garganta. Carlanca, dijo como si la llamara, y siguió de largo Ku’damm abajo con la imagen persistente de sus ancas blancas. La cierva blanca.

Al cabo de unos metros se encendió la idea, la vieja obsesión, y volvió sobre sus pasos. Ella hablaba poco alemán y él entendía un poco su serbio.

Tras dudar, y consultas con una amiga que tiritaba unos metros más lejos, aceptó irse con él al estudio de Kreuzberg.

Se reía como una niña, en una fiesta de disfraces, cuando él le encasquetó el sombrero descomunal, y giraba con él o bajo él, divertida, completamente desnuda. O casi. No aceptó de ningún modo quitarse del cuello la cinta de cuero negro. La cicatriz es más fea que el collar. Y contó que hacía unos años, trabajando en el campo, la picadura de una abeja le inflamó de tal modo la garganta que estuvo en un tris de morir asfixiada. Si no llega a ser por un jornalero que. sin dudarlo, le hizo con su hoz una herida en el cuello para que pudiera respirar.

La Venus de la cicatriz, de la media luna, insistió, obseso, poniéndole una mano en el cuello, para que se dejara quitar la carlanca de perra, pero ella empezó a debatirse y a gritar tan fuerte. que él se despertó, confuso y solo.

La impresión de la Venus que hacía la Ku’damm era demasiado fuerte y decidió volverla a ver, unas noches más tarde, para que viniese a posar realmente a su estudio.

En su esquina estaba otra chica, tan joven y eslava como ella. Y desconfiada. Al principio creyó que era un policía, otro policía. Sí, claro que la conocía, la del collar de cuero negro, pero no vendrá más. La mataron a puñaladas el domingo pasado, de madrugada, y su cuerpo apareció entre unos setos cerca de Rathenauplatz, donde acaba la Ku’damm. Los periódicos señalarían luego que ella ya debió de sufrir otra agresión con mayor fortuna, en otra época, porque tenía una cicatriz de degolladura.

Después de esta crónica de sucesos, el diablo del lago, o el artista de todos los diablos, no tendría muchas posibilidades de convencerte de que posaras para ser al fin su Venus irrealizable.

Una Venus que atrae a venusinos muy especiales, por no decir venáticos, pues te contó que cuando acudía a contemplar el cuadro de la mocita del sombrero en la National Gallery tuvo la ocasión de conocer a otro adorador de la diosa.

Muy joven, rubicundo y con manchas rojas en la cara. Fue él el que le contó la historia de Valentín, el ayudante del Maestro Lucas. Y le detalló que la casita de tejado rojo que se refleja en el agua, a la derecha, fue en la que la mocita de la posada de Wittenberg murió al dar a luz al hijo muerto de Valentín.   Y lo sabía porque él fue en Wittenberg Valentín o Valten, o Valentín Valten, de eso no estaba seguro, aunque en este avatar sólo fuera un peluquero de Hammersmith.

Ah. no, protestas, Valentín ahora tiene que ser un elegante anciano vestido de negro que conocí en Nueva York. Y antes de que el calvo del chandal negro tenga tiempo de reaccionar, te lanzas por fin al agua y te alejas nadando hacia la balsa que ha de ser ya, con sus parejas al sol, la isla de Venus que también llaman Citeres.

  2

PIERROT O EL ULTIMO CUENTO DE NUNCA ACABAR

Agudo como el pico de tu montaña mágica de África y de la inicial que acaba de abrir tu última aventura, le dijo el Sombrerero Loco a Alicia, este blanco sombrero cónico te hará rever al cómico enharinado de las pantomimas en el parque de Tivoli, del Copenhague maravilloso de tu niñez, y al lacónico enamorado de Colombina, tan escaso de medios como de principios, que has de representar adolescente en tus comedias del arte de birlibirloque con tus hermanas y amigos. Eras el maitre de plaisir, la creadora de los recreos, la autora, directora y empresaria de las farsas en una pieza.

Fue hace tanto, que ya no quedan testigos, y con un suspiro dejas caer el cucurucho de Pierrot en el baúl de los disfraces. Pero tu garra apresa ya el sedoso casquete negro con su gran pluma negra de avestruz de tu disfraz predilecto de los años jóvenes. El traje de las grandes ocasiones. Que revestías, sobre todo, para seducir. Incluso en tu ocaso, porque el carnaval es fiesta de invierno, cuando los años empezaban a pesarte como una losa.

Flotas dentro de los amplios pantalones y casaca de raso blanco, de mangas anchas como alas, el casquete ciñe tu cabecita con la pluma negra enhiesta, y tu cara apergaminada y empolvada asoma traviesa entre las ondas de tul de la gran gola blanca.

Te contemplas en el viejo espejo arrinconado, picado de viruelas, que reflejó en mejores tiempos las imágenes severas de tus ancestros, en ropajes oscuros, y ahora te devuelve un espectro irreverente, sombra de ti misma, momia de Pierrot en la que aún arden vivos sus ojos negros, subrayados con cohol.

Estás en el desván de la casa varias veces centenaria en la que naciste y te parece que ya tienes su misma edad.

Has adelgazado tanto últimamente que un soplo de viento podría llevarte por los aires. Fina como una elfina. ¿Llegarán a los 32 kilos las sílfides? ¿Sí? ¿Y Ariel, tu espíritu favorito?

Bajas peldaño a peldaño, que crujen como tus huesos durante una eternidad, la empinada escalera que te lleva a la cocina, reconoces sin mirar los rincones predilectos de tu niñez, reconstruidos de memoria, hasta la veranda del norte que mira al mar que también miró Hamlet con ojos dubitativos desde el vecino castillo de Elsinor.

El mar de historias que vienen y van, siempre recomenzado, para hacerte su juguete.

Meciéndote, con la mirada ida, llegas a distinguir en el horizonte nuboso tres palos. ¿La Charlotte?

Te hundes aún más en el sillón, aspirando el aire marino de la tarde, y te concentras adentrándote hasta lo más profundo de ti misma, entras en trance, te estremeces, te sacudes tu propio peso, tan leve, dejas que el viento te arrastre planeando, ya halcón peregrino sobre las olas grises y espumas blancas que salpican las plumas blancas bajo tus alas gris pizarra, y con un brusco batir de alas te remontas a la alta arboladura, para enredarte en los cordajes, aleteando con desesperación, hasta que el grumete Simón trepe al mástil para liberarte. Sigues luego tu largo viaje de ave peregrina, por mares y tierras verdes, azules y rojos, de África, hasta que vuelvas a tu ser de vieja lapona en un puerto del norte de Noruega, donde saldarás la deuda, al salvar al pequeño grumete de un grave peligro.

Chamán es el que conoce y, aguzando la vista, te das cuenta de que la difuminada mancha en la boca de la bahía no es La Charlotte, sino otra goleta más ligera, Paul y Virginie, de cinco toneladas, en la que su capitán danés, Paul Velling, repasa para él solo su eterna historia de amor, el cuento chino de nunca acabar, que para mayor recochineo y reconcomio le repiten con variantes espurias en cada puerto, cómo el marinero Paul conoció a Virginie una noche perfumada de abril en Cantón, la muchacha más bella del mundo, su única noche de amor, y el triste final del hombre animal triste después del gozo, en un pozo, perdido, porque se hizo de nuevo a la vela y se desvela evocando su historia increíble, que en la lengua estropajosa de los borrachínes de puerto en puerto se alargará con nuevos enlaces y desenlaces, y se le hizo un nudo en la garganta cuando le refirieron en el puerto de Marsella que Virginie acabó realizando su sueño de ser actriz, gracias a los buenos oficios de un tenedor de libros polaco, Mr. Levinsky, que se convirtió en su apoderado y la llevó de gira por todo el mundo interpretando su propio drama, Paul y Virginie, la historia inverosímil del marinero virgen de diecisiete años recién desembarcado en Cantón al que un viejo comerciante inmensamente rico le ofrece cinco guineas de oro por pasar la noche con su esposa, de pega y de pago, mera actriz en una farsa urdida por el viejo comerciante y su experto contable para que la inmemorial leyenda se haga realidad de una vez por todas. Pero la nada virginal Virginie comprenderá demasiado tarde, tras la partida del marinero, que ha perdido el amor de su vida para ganarlo a través del arte y, con el oído pegado a la caracola, que él le dejó como regalo de despedida, escucha el incesante rumor del mar que trae los rumores de una eterna historia remota contada y decantada de cantina en cantinela que ella repite hablando sola por el escenario.

Empiezas a sentir escalofríos, quizá de fiebre, y decides pasar al salón verde, en donde ya está puesta la mesa, y arde en el centro una vela puramente festiva, porque la luz pasa a través de la cortina blanca, demasiado larga con su cola a rastras de traje de novia, difundiendo un agradable resplandor lechoso, cuando aún no han dado las cinco en esta tarde de comienzos de setiembre.

Esperas una visita muy especial, a una vieja dama tan original, sagaz e imprevisible como tú, de la que has oído hablar tanto, y estuviste a punto de encontrar en más de una ocasión. Al fin podrás saciar tu curiosidad.

Pasos, amortiguados, que se acercan. Oyes la voz grave. Conozco el camino, los corredores son mi especialidad, sin duda despidiendo a la doncella, que ya debería haberse ido, tras preparar la mesa, porque es su tarde libre.

Carraspeas, para denotar tu presencia, antes de salir al encuentro de la visitante y te sorprendes de tu propia aparición, como en un espejo, en el vano de la puerta. También ella hizo un gesto de sorpresa, o de extrañeza. Su homenaje es venir a verte en tu disfraz de Pierrot, de las grandes ocasiones, como apareciste en alguna revista de modas. No tienes por qué sorprenderte, deberías sentirte halagada.

No consigues distinguir con nitidez sus facciones, en el contraluz, pero os parecéis como dos Pierrots decrépitos.

Ella había hecho el gesto de extrañeza al entrar, reconoció, porque pensaba que tomaríais el té de las cinco.

Esa es tu sorpresa, para celebrar el encuentro: ostras y champán…

Et pourquoi pas?, dijo con tu mismo acento anticuado, y ambas os echasteis a reír chocando las copas.

Ostras y champán es tu régimen favorito. Y setiembre es un mes con erre. También ella paladeaba en el recuerdo las ostras del restaurante Fiskehuset, de Copenhague, y las de Maxim’s, según la haute tradition, aunque en Drouant, por la misma bella época, había presenciado el fallecimiento in situ de un glotón que englutía ostras por docenas. Parece ser que el espectáculo le quitó las ganas de suicidarse a un joven pianista, impresionable, que acababa la que creía su última cena.

¿Y qué pasó luego?

A ella le gustan las historias tanto como a ti, pero sólo recuerda los finales. Era como el lector impaciente que se salta las descripciones.

El champán, el gran civilizador, dijo alguien que tampoco ella consiguió recordar, propicia las efusiones y luego se pondría a contarte animadamente una historia que sucedió hace casi sesenta años en Badenweiler, una estación balnearia de la Selva Negra, a unos cuarenta kilómetros de Basilea, a donde había acudido un doctor ruso, llamado Chejov, a reposar y tratar de frenar su tisis galopante. Durante tres semanas la pelea con la enfermedad tuvo altibajos y cuando se reveló inútil, pues el fin era ineluctable, el médico alemán que le trataba, el doctor Schwöhrer, mandó subir a la habitación del paciente, en el mejor hotel del pueblo, el Sommer, una botella de champán.

Eran las dos de la mañana. El doctor Chejov se incorporó en la cama, tomó la copa que le tendía su colega y le dijo a Olga, su esposa: hace mucho que no bebía champán. Saboreó la copa lentamente, se echó cuidadosamente sobre el costado izquierdo y se murió.

Al poco entró por la ventana una falena negra, se golpeó contra las paredes y la lámpara, hasta que logró volver a la noche, en el instante en que saltaba con un alegre estampido el corcho con que habían vuelto a tapar la botella medio llena.

Y, en cierto modo, tampoco faltaron las ostras porque el cadáver del doctor Chejov fue llevado a Moscú en un vagón verde en el que rezaba en grandes letras negras: TRANSPORTE DE OSTRAS.

Esa sería la perla de la historia, a la que sucederían otras en cascada, porque habías de recordar otra comida con ostras y champán, en Nueva York, en compañía de una divertida actriz rubia despampanante que se durmió para siempre hace apenas un mes, de una sobredosis brutal de barbitúricos.

Y se amontonan en la fosa común todos los muertos anónimos, que no pueden contarse, los 20,000 que dejó hace una semana el terremoto en Irán, donde los príncipes ya no se disfrazan de mendigos.

La conversación prosigue animada y la vela, en el centro de la mesa, está a punto de consumirse. El tiempo vuela, pero aún hay luz de día, y tú quisieras una luna llena plantada en el cielo para embellecer la ocasión.

A falta de Pierrot lunar te llega un aria de Haëndel, que viene de muy lejos, de una noche clara de Africa, y ha de seguirte, estás convencida, a donde quiera que vayas.

No pidas la luna, te oyes decir gravemente, confórmate con recibir su luz.

No, te corrige la invitada, con tu misma voz grave, confórmate con recordar su luz.

La miras y te parece que te reflejas, brindando sola, en el espejo del aparador. Una cara borrosa, en el contraluz, entre los tules de la gola.

El disfraz se deshilacha en un flash, que te arrebuja como un chai lechoso.

No hay luz de vela, ni mesa en la que apoyarte.

Se levanta cuando tú te levantas, tambaleante, te ayuda a sostenerte, se funde contigo al empujarte, te infunde seguridad, ahora ya sabes, puedes cerrar los ojos, vieja lapona, y abrir las alas de aire, aventúrate, porque otros ojos van a seguir el vuelo del halcón libre que peregrina por el mar de historias y tempestades que te agitan en el trance del que vas a salir al fin con este  pase.  n

Julián Ríos. Escritor. Su más reciente libro es Monstruario.

Nuevas maravillas

CYBERNEXOS

NUEVAS MARAVILLAS

POR GABRIEL GRINBERG

Boeing conecta a Lufthansa a su sistema de satélites para Internet

La estadunidense Boeing consiguió un cuarto cliente para su Connexion Internet y su servicio de comunicaciones, al anunciar un acuerdo para instalar conexiones de satélite en 80 aviones de la alemana Lufthansa.

“El acuerdo pide un avance en el servicio de comunicación de banda ancha para que sea instalado en la flota intercontinental de Lufthansa”, indicó Boeing en una nota emitida durante una exhibición aérea en París.

Boeing anunció la semana pasada que las tres principales compañías de Estados Unidos habían solicitado el servicio que pretende proveer una conexión vía satélite de comunicación de banda ancha a los aviones en vuelo, lo que permitiría a los viajeros usar Internet y otras opciones de entretenimiento.

American Airlines, United y Delta dijeron que instalarían Connexion en 500 aviones cada una.

La rival europea de Boeing, Airbus, también lanzó un servicio que usa una conexión de banda estrecha, pero que ya está disponible, mientras que el sistema Connexion no se instalará hasta el año que viene.

Bolígrafo para escribir y enviar mensajes de correo electrónico

La compañía Ericsson producirá 10 millones de bolígrafos Anoto, que están basados en la tecnología Bluetooth, y que llegarán al mercado el año que viene. Anoto es el nombre de un nuevo bolígrafo que guarda en la memoria todo lo que escribe y que lo puede enviar como un mensaje de correo electrónico, un mensaje corto, o un fax. La limitación de este artefacto es que requiere un papel especial que se vende conjuntamente con el bolígrafo. Este bolígrafo es uno de esos nuevos productos equipados con la tecnología de transmisión por radio Anoto, que permite transmisiones en baja frecuencia. Si desea mayor información consulte su página web: http://www.anoto.com

Internet Explorer 6 con normas para resguardar la privacidad

El navegador Internet Explorer 6, que será lanzado en el mes de agosto, será el primer navegador en apoyar una nueva norma de privacidad llamada P3P (Platform Privacy Preferences).

Con el P3P, los usuarios pueden configurar sus propios navegadores para determinar automáticamente si un sitio de Internet está recopilando datos personales, si utiliza tales datos para crear perfiles de los usuarios, o si permite al usuario excusarse de la recopilación de datos.

  Las redes publicitarias también deben mostrar sus políticas de privacidad, de tal manera que el navegador las pueda leer. Aquellos sitios y anuncios que no cumplan con la nueva norma de IE 6, no podrán colocar sus “cookies” en los discos duros de los equipos de los usuarios. “Para que las redes publicitarias sigan colocando sus “cookies” en las computadoras de los usuarios, tendrán que cumplir con las políticas de privacidad P3P —aunque muchas aún no lo han hecho”, afirma Richard Smith, principal funcionario de tecnología de la Fundación de Privacidad, un grupo de vigilancia y fundación de investigación, con sede en Denver—. Smith calcula que entre 50 y 100 comercializadoras y redes de publicidad se valen de los “cookies” de otras empresas, las cuales podrían ser bloqueadas por IE 6.

Llegan los nuevos CD-ROM que se pueden doblar A partir del próximo año se producirá una revolución en el mercado del almacenamiento con la fabricación de cd-roms flexibles de pequeño grosor.

Thin Disc Media ha desarrollado la tecnología capaz de fabricar CD’s cinco veces más delgados que los actuales, lo que permitirá su flexibilidad y significará un cambio notable en el modo de distribuir software, música y otros datos. Los Thin Disc, como así se denominarán, tendrán la misma capacidad de almacenamiento a pesar de su grosor con unos costos de producción del 50% de los actuales, lo que se transformará en un precio inferior de venta.

Esta nueva cualidad que permite que se puedan doblar y arquear será aplicada al mundo del marketing, pues se podrán incluir en botellas, cajas de productos y serán más fáciles de distribuir junto a revistas, sin olvidar las ventajas de su apilación.

La empresa productora ha cifrado en 20 millones de dólares su necesidad de financiamiento para empezar la fabricación, de los que ya han conseguido la cuarta parte a los pocos días del anuncio del descubrimiento.

Batalla entre bytes y papel

La definición de “libro” está en el centro de una demanda legal interpuesta en febrero por la editorial Random House, la mayor editorial de libros en inglés del mundo, contra Rosetta Books, una pequeña editorial en línea que se inició hace un año.

Rosetta está ofreciendo a la venta ocho versiones electrónicas de obras previamente publicadas de tres escritores de Random House: Kurt Vonnegut,

William Styron y Robert B. Parker. Random House sostiene que esto es una violación de los contratos existentes, incluyendo las claúsulas de no competencia.

Este caso es el primero en atacar directamente el tema de la propiedad de derechos electrónicos en el negocio editorial, está siendo analizado como un hito para la industria y es muy probable que sentará un precedente. Se espera que en los próximos meses se inicie el juicio.

Los contratos originales de los escritores, redactados antes de la masificación de las computadoras personales, le otorgan a Random House el derecho de publicar las obras “en formato de libro” sin especificar nada sobre derechos electrónicos.

Bajo la definición de la casa Rosetta, esto se refiere únicamente a los libros impresos, en papel, dejándolo en libertad de buscar los derechos electrónicos individualmente con cada escritor, como lo hizo con Vonnegut, Styron y Parker.

Pero Random House alega que “formato de libro” incluye “cualquier tipo de presentación que fielmente reproduzca el texto completo del autor de una forma que permita que el texto sea leído”, lo cual cubriría los llamados libros electrónicos, o e-libros.

Rosetta, por su parte, argumenta que los editores solamente tienen los derechos de formatos específicos otorgados a ellos por los escritores, como libros de bolsillo o audio-libros. La frase “en formato de libro” se refiere únicamente a los productos impresos, asegura.

También, los e-libros no son estrictamente copias lineales de los libros impresos, porque contienen nuevas características especiales como diccionarios o enlaces a la Web que modifican la experiencia del lector.

Las editoriales estadunidenses

Penguin Putnam, Simón & Schuster y Perseus Books se han puesto del lado de Random House, una división del gigante alemán de medios Bertelsmann.

Por otra parte, el sindicato de escritores y un grupo de agentes literarios se han manifestado en favor de Rosetta. Y en declaraciones separadas expresadas en la corte, representantes de los tres escritores han expresado argumentos similares a los de Rosetta.

Pero incluso los pronósticos más optimistas dicen que los e-libros representarán apenas un 10% de las ventas de la industria durante los próximos años.

Random House indica que las ventas de 300 títulos que ofrece como e- libros se ubican en las “decenas de miles” de dólares. Pero los libros en disputa son títulos ya publicados con anterioridad, que siguen a la venta porque son obras clásicas.

Random House dice que más del 40% de sus ingresos y la mayoría de sus ganancias provienen de sus 20,000 títulos de esta categoría, y la firma quiere ahora vender versiones electrónicas de éstos cuando el mercado haya madurado.

A mediados de los noventa, los editores empezaron a agregar cláusulas específicas a los contratos con sus escritores, asegurándose los derechos electrónicos en la mayoría de las obras contemporáneas. Pero un fallo a favor de Rosetta desataría una batalla por miles de títulos más antiguos; una pesadilla logística para una industria anticuada que tiende a guardar sus contratos en polvorientas bodegas. Si Rosetta gana, “será un verdadero festín en torno a la recuperación de derechos y un enorme impulso a mi negocio”, dice Richard Curtís, un agente literario que recién inició un programa de publicación electrónica. n

Gabriel Grinberg Periodista.

Cibersexo y pornocracia

CIBERSEXO Y PORNOCRACIA

POR SALOMÓN DERREZA

Todo es accesible en el mundo de la pornocracia, no hay contenido sexual que no sea fácil de adquirir. Según Salomón Derreza, lo que define a la pornocracia es su tendencia al exceso, su afán de querer ir cada vez más allá, más allá incluso de los límites de la anatomía. La pornocracia se mueve a gran velocidad y con la Red ya no tiene fronteras.

En su memorable novela Partículas elementales, Michel Houellebecq imagina un personaje, llamado Daniel McMillan, obsesionado por la decadencia moral de la sociedad moderna, y lo hace autor de una hipótesis destinada a esclarecer la importancia creciente que las perversiones sexuales han ido cobrando en el mundo actual. De acuerdo a esa hipótesis (la “hipótesis McMillan”), “la voluntad dionisiaca de liberación de la bestialidad y del mal” que caracteriza la vida sexual contemporánea se habría desencadenado a partir de los años cincuenta, a consecuencia del derrumbamiento de los diques morales tradicionales. En ese sentido, el serial killer de los noventa sería el sucesor lógico del hippie de los sesenta (de donde Charles Masón, más que una desviación abominable del movimiento hippie, sería su resultado lógico). Desde esa perspectiva, el desarrollo de la vida sexual puede entenderse como un proceso de degradación progresiva en el cual la liberación sexual muestra su verdadero rostro: no la búsqueda sin cortapisas del goce corporal sino el ansia inagotable de placeres malignos. Así, del mismo modo en que el resquebrajamiento de las grandes ideologías dio lugar a la condición posmoderna del saber, la desaparición paulatina de los tabús ha conducido a la instauración de la pornocracia.

Hoy es el pornófilo, y no el asesino en serie, como quisiera Houellebecq, quien encarna las fuerzas liberadas por la disolución moral. Ya no se trata de esa figura siniestra que, en la clandestinidad, se entrega a un placer voyeurístico vergonzoso: el pornófilo moderno ya no necesita ocultarse para acudir a los sex shops ni embozarse para visitar los peep shows, pues la pornografía ha salido del armario y el consumo de pornografía se ha vuelto algo tan natural como el de tabaco o alcohol. Paradigmático en este sentido resulta el hecho de que uno de los personajes más populares de la televisión. Fox Mulder de la serie Expedientes secretos, ídolo de millones de jóvenes en todo el mundo, sea un pornófilo confeso —lo cual le amerita una sonrisa cómplice por parte de su compañera Scully.

En efecto, no importa en qué dirección se dirija la mirada —en todas partes se encuentra con un cuerpo desnudo—. Y la pornografía, esa escenificación de las pulsiones sexuales destinada al consumo visual, se cuela por todos los intersticios del cuerpo social, es el cuerpo social. El sexo no es sólo el éxito de ventas más grande de la historia, la explotación mercantil de las imágenes relativas al cuerpo lo han convertido en la envoltura más atractiva que pueda imaginarse para cualquier mercancía: la pornografía vende y se vende bien. En Estados Unidos, por tomar un ejemplo paradigmático, se gastaron 8,000 millones de dólares en 1997 en productos porno (videos, peep-shows, live acts. películas por cable, ciberporno y revistas). Con un crecimiento del 500% en la última década, la producción de videos hardcore representa una de las mayores ramas económicas, ajena a las crisis cíclicas que atormentan a todos los demás sectores de la producción. Esto ha conducido a una fusión entre la economía tradicional y la economía porno. Ejemplo de ello es la participación de las grandes cadenas hoteleras (Holiday Inn o Marriott) y de televisión por cable (como Time Warner), que se llevan una jugosa tajada transmitiendo películas porno. El resultado es la integración de la pornografía en la vida cotidiana. El pornófilo no tiene más que encender el televisor para poder entregarse a sus placeres imaginarios. En algunos países, como Francia y España, es incluso posible adquirir películas porno en los puestos de revistas. Ahí, al lado de revistas de moda y hogar, El País o Le Monde, y las revistas para niños (por ejemplo el Playboy), el pornófilo (que en los países industrializados son 3 de cada 5 hombres, aunque el número de mujeres va en aumento) puede llevarse a casa el material para ser consumido con una sola mano. La facilidad de acceso es, pues, una de las características distintivas del imperio de la pornocracia. Volvamos la mirada al cine.

El cine ha sido siempre un indicador de las tendencias sociales, de las revoluciones éticas y estéticas, un espejo poblado de figuras discursivas que, si bien de un modo caricaturesco, nos dan una imagen clara de nuestro presente real. Parece haber pasado una eternidad desde que Paul Verhoeven anunció su intención de mostrar el primer pene erecto en la historia de Hollywood. Se trataba de la película Basic Instinct. Pero si bien no llegó a cumplir su promesa (o, si lo hizo, la constitución anatómica de Michael Douglas no nos permitió verlo) fue, por lo menos, el primero en mostrar un close-up de unas piernas abiertas de mujer. En esa escena culminaba una evolución de la desnudez en el cine. Primero se mostraron las pantorrillas, lo cual le valió al cine su fama de lugar de perdición y pecado y le significó innumerables noches de insomnio a nuestros bisabuelos. La primera mujer en traje de baño fue un escándalo sin precedentes y ni qué decir de los primeros pechos al aire (o en el agua, como fue el caso de Maureen O’Sullivan). El último velo, el que cubría el vello púbico, tardó en caer pero, al fin, cayó, hasta llegar a la vulva visible de Sharon Stone. Del lado masculino las cosas empezaron mucho más tarde. El primer trasero desnudo, el de Mel Gibson en Arma Mortal 1, apareció en la pantalla a fines de la década de los ochenta, y el cine europeo mostró uno que otro pene, fláccido naturalmente, en los noventa. Pero no fue sino a finales de esa década que una película de la serie Dogma. Les Idiots de Lars von Triers. mostró la primera cópula real (ya en algunas películas de Hollywood, como la mencionada Basic Instinct y el remake de Getaway con Kim Basinger y su esposo en la vida real. Alee Baldwin, había habido cópulas verdaderas pero la cámara se había abstenido de mostrar la penetración en toda su profundidad). Ciertamente, ya en 1976. en El imperio de los sentidos de Nagisa Oshima, o diez años más tarde, en Con el diablo en el cuerpo de Bellocchio, se habían mostrado parejas copulando y hasta eyaculaciones, pero se trataba de casos aislados, lejos aún de poder establecer una tendencia. El cambio de milenio produjo un salto cualitativo con una serie de películas, casi todas francesas, en las que, sin que se tratara de una intención meramente pornográfica, escenas de felación, bondage y penetración, y con la participación de actores y actrices conocidos del cine porno, encontraron su lugar dentro de un nuevo orden narrativo cinematográfico (Una chica realmente joven de Michael Haneke, Romance de Catherine Breillant, Baise-moi de Virginie Despentes y la multipremiada Intimacy de Patrice Chéreau). La naturalidad con que esas escenas se desarrollan han llevado a algunos observadores a hablar de una “mirada postpornográfica” (Georg Seeblen). Sin embargo, es justamente esa naturalidad lo característico de la instauración de la pornocracia, a saber: el borramiento de la diferencia entre pornografía y cinematografía. Se puede apostar a que en un futuro cercano el cine comercial empezará a mostrar escenas hardcore, primero, ciertamente, con actores profesionales del mundo porno y luego con actores conocidos del mundo de Hollywood. El antecedente inmediato lo constituye el video de Pamela Anderson inicialmente robado pero después comercializado por ella misma, y en el cual, filmada por una cámara amateur, por primera vez en la historia una figura pública se muestra en actos de felación y coito (existen rumores de que un video similar, también robado, empezará a circular este verano con Jennifer López en el papel estelar).

Estamos ante la normalización de la pornografía, su fusión cada vez más completa con el imaginario social, su aceptación creciente. Esto traerá consecuencias para el desarrollo del orden porno. Si bien la pornocracia se incorpora cada vez más a la vida cotidiana, su peor característica es su tendencia al exceso, su afán de querer ir cada vez más allá, más allá incluso de los límites de la anatomía.

Una rápida mirada al desarrollo del cine porno nos permite advertir un recrudecimiento, donde la secuencia estándar tradicional (felación-penetración vaginal/anal-eyaculación en la boca de la mujer) se ha ido volviendo cada vez más brutal. La felación es cada vez más profunda y está destinada a producir la secreción de los jugos interiores; la penetración se ha plurificado y ya no es uno sino que son dos. y hasta tres, los falos que están en juego; el semen ya no sólo es recibido por la boca exhausta de la actriz sino que debe ser tragado, junto con otros líquidos corporales. En De la seducción, Baudrillard afirmaba que lo característico del cine porno  era la glorificación del falo, él y sólo él era el verdadero protagonista de la película, mientras que el cuerpo de la mujer se reducía a un papel de comparsa. En la actualidad las cosas son diferentes. El cuerpo de la mujer se ha convertido en el campo de batalla de una guerra perdida. No se trata más de un objeto de placer sino de un objeto de tortura. “El objetivo de la pornografía” —escribe Dorothy Müller— “es causarle daño a la mujer”. No se trata más de un usufructo del cuerpo sino de su denigración y el goce pornográfico es un goce eminentemente sádico. El falo, como efecto de la lucha de los sexos, ha sido destituido de su altar y se limita a ser un instrumento de tortura, uno más entre otros.

Pero con la normalización de la pornografía, el mundo porno se ve ante la urgencia de tener que ir más allá todavía y quizás el mejor espacio para analizar sus desarrollos ulteriores sea la Red.

El Internet, se ha repetido en múltiples ocasiones, no es sólo el lugar donde encontrar mujeres desnudas —eso es sólo uno más de sus mitos—. El término “Sex” sigue siendo el más frecuente en las máquinas de búsqueda (cf. www.searchterms.com) seguido de “Travel” y “MP3″. Entre los más buscados se encuentran, además, “Freeporn” (10), “Porn” (16) y “Free sex” (19). En términos económicos, los sitios porno son los únicos que trabajan con un margen de ganancias creciente. El porcentaje de sitios con contenido pornográfico es del 13% de la totalidad de la Red (eso sin contar las páginas de contenido ilegal que no aparecen en las estadísticas) y se estima que cada día surgen 200 más. Para la industria pornográfica americana, la oferta en Internet constituye el 15% de sus ganancias y tiene casi tanta importancia como su principal fuente de ingresos, la venta de videos. La crisis sufrida por la New Economy, a la cual han ido sucumbiendo, una a una, las esperanzas de las empresas, tradicionales e innovadoras, terminará por hacer que sólo los más aptos sobrevivan, aquellos que sean capaces de obtener ganancias en el Internet. Y la industria del cibersexo es, sin lugar a dudas, la que mayor futuro tiene.

En un estudio realizado en 1996 por la Universidad Carnegie Mellon, titulado Marketing Pornograpby on the Information Superhighway: A Survey of 917,410 Images. Descriptions, Short Stories and Animations Downloaded 8.5 Million Times by Consumers in Over 2000 Cities in Forty Countries, Prol inces and Territories, pudo corroborarse, entre otras cosas, que la ciberpornografía se caracteriza por el predominio de las llamadas parafilias, es decir, de acuerdo a la definición del DSM-IV de la Asociación Americana de Psiquiatría, actos sexuales distintos de la sexualidad genital madura (sexualidad oral, genital o anal entre adultos de diferente o el mismo sexo). Al catálogo de perversiones tradicionales que encontramos, por ejemplo, ya en la obra de Sade, como juegos con orina y heces, bestialidad, introducción de objetos extraños, diversos fetichismos, escenas de sadomasoquismo, incesto, etc., se han sumado una serie de nuevas formas bizarras de escenificación sexual. Así encontramos páginas especializadas en fisting (introducción de la mano o el pie en la vagina o el ano), shemales (hombres dotados de pechos), falos descomunales, violación multitudinaria, sexo con personas extremadamente obesas o con piercings, sexo con mutilados, con niños, etc. Todas esas imágenes constituyen la oferta de las páginas para adultos, por las cuales cada vez más pornófilos están dispuestos a pagar una cuota mensual (que oscila entre 15 y 35 dólares, de acuerdo a la ley de la oferta y la demanda), lo cual ocurre de forma anónima con tarjeta de crédito. Pero también sin pagar es posible tener acceso a la pornografía digital ya que existen sitios especializados en permitir el acceso gratuito a galerías selectas de las pay-sites con el fin de atraer clientes. Así, cualquier cibernauta, incluso un niño, puede llegar a presenciar todas esas imágenes (con excepción de las ilegales, que se encuentran bien resguardadas) con sólo teclear sitios tales como easypic.com. thumbzilla.com o weboutlaws.com. Y aun los portales serios, como yahoo, terra.es o freenet, cuentan con secciones para adultos que, si bien pueden clasificarse como softporno, contienen enlaces a sitios de contenido más explícito. Lejos están, pues, los tiempos en los que era necesario tener conocimientos de programación para poder ver una imagen, con el triunfo de los formatos Graphics Interchange Format (GIF) y Joint Photographic Experts Group (JEPG), para fotografías, y Media Player o Real Player, para videos, un clic de ratón es suficiente para que la pantalla se inunde de carnes. Pero para quienes deseen ahorrarse el penoso camino de búsqueda por ensayo y error, la San Francisco State University cuenta en su programa con un seminario en cibersexo, lo cual corrobora una vez más la institucionalización de la pornografía.

Pero es la pornografía infantil la que, quizá, constituye el paradigma de la actual fase de desarrollo de la pornocracia. Una vez que lo porno se haya integrado completamente a la vida pública y que el acceso a sus expresiones más perversas en la Red se generalice más radicalmente, el ansia por sobrepasar todo límite de esa “voluntad dionisiaca” liberada deberá orientarse hacia el campo de la ilegalidad. De hecho ya está ocurriendo. No sólo el términoo “Lolita” se encuentra en el lugar 39 de los más buscados, la reciente captura de 13 de los miembros del Wonderland Club, la red de productores de pornografía infantil más grande del mundo, permitió a la policía inglesa decomisar 750,000 fotos y 1,800 videos de 1,263 niños de todo el mundo (de los cuales sólo han podido ser identificados 17), la mayor parte de las cuales era distribuida a través de la Red, lo cual permite vislumbrar las colosales dimensiones de esa tendencia. Tan sólo el FBI registró un aumento del 1,264% de casos abiertos por pornografía infantil entre 1996 y 2000. Y Eric Franklin Rosser, el mayor pornógrafo infantil del mundo, es una de las 10 personas más buscadas por el FBI (www.fbi.gov/mostwant/topten/ fugitives/rosser.htm). Pero de lo que aquí se trata no es únicamente de la tragedia personal de esos niños (de la cual puede hacerse una idea visitando el sitio copsweb.net/faces.htm, donde se encuentran fotos de los rostros de esos niños, de entre 1 y 12 años, en el momento de su profanación —algunos lloran, otros tienen un rictus de dolor, otros más se cubren la cara y muchos tienen la mirada perdida), sino de lo que significa el hecho de que exista un número descomunal de pornófilos dispuestos a consumir ese tipo de imágenes, aun a sabiendas de que los avances tecnológicos por parte de la justicia para rastrear esa actividad ilegal se han incrementado notablemente en los últimos años y la posesión de esa clase de material puede ser condenado con hasta quince años de prisión. Pero en la Red también es posible entrar en contacto visual con imágenes de paidofilia sin pagar, sin arriesgar y, lo que resulta mucho peor, muchas veces sin querer. De acuerdo a Cyberangels, una de las múltiples organizaciones que se dedican a combatir la pornografía infantil en Internet, existen sitios publicitarios con enlaces a pay-sites poblados de banners que muestran auténticas escenas de pornografía infantil, los cuales, si bien no conducen realmente a sitios ilegales, sí permiten el libre acceso a esas imágenes.

Con ello queda demostrado lo que el trabajo pionero del doctor Victor Cline, de la Universidad de Utah, a finales de los ochenta, había afirmado respecto a las fases del consumo de pornografía. En su estudio Pornography Effects: Empiral and Clinical Evidence. Cline señala que existen cuatro estadios de la pornofilia: 1) la adicción, que es la necesidad de continuar viendo imágenes. 2) la escalación, o sea, la necesidad de imágenes cada vez más explícitas, crudas y bizarras, 3) la desensibilización, es decir, que el material que al principio tenía un efecto impactante y era visto como tabú se vuelve común y aceptado, y 4) el pasaje a la acción, donde se presenta la tendencia a poner en acto lo visto, en forma de exhibicionismo, sadomasoquismo, sexo grupal, violación o sexo con menores.

Sobre este último aspecto existen ciertamente indicios. En Europa, por ejemplo, asistimos a un incremento sin precedente de violación (y, en muchas ocasiones, asesinato) de menores y la vida sexual en general se encuentra cada vez más influida por lo visto en las películas porno y se convierte en la copia de una mala copia. Pero también existe la posibilidad de que la imagen llegue a sustituir por completo a lo real, que el cibersexo se convierta en la sexualidad del futuro, de un futuro postsexual. Ray Kurzweil. El gurú del movimiento posthumanista (que, por cierto, cada día gana más adeptos), predice que, en la próxima década, los actos sexuales tendrán lugar a distancia, a través de la Red. Considera que el desarrollo de la tecnología pronto permitirá contar con un sistema holográfico con el cual, merced a un interface con la red neuronal, estaremos en condiciones de dar rienda suelta a nuestras pasiones sin necesidad del molesto rodeo por la carne. Desde esa perspectiva, y de acuerdo a Lisa Palac, ex directora de la célebre publicación posthumanista Enture Sex, la pornografía representa un paso fecundo en esa dirección (cf. The Edge of the Bed: Huw Dirty Pictures Changed my Life). Así, mientras, por un lado, los avances en la medicina de la reproducción terminarán por volver obsoleto el copular con fines de procreación, por el otro lado el triunfo de los placeres sintéticos desembocará en un mundo en el que un beso sea visto como acto repugnante de barbarie.    n

Salomón Derreza Escritor. Ha colaborado en Nexos anteriores.

Vida pública. Hechos y tendencias

PALOMAR

VIDA PÚBLICA

HECHOS Y TENDENCIAS DE MÉXICO

La reforma constitucional indígena fue aprobada por los 17 estados que requería. La rechazaron sin embargo casi todos los estados con fuerte población indígena, empezando por Chiapas, Oaxaca y el Estado de México.

El veredicto de la nación parece contrario a la sensibilidad de sus “estados indígenas” y a la de su izquierda. El director del Instituto Nacional Indigenista dijo que era un “crepúsculo” y no el “amanecer” que prometió para Chiapas el presidente Fox. En todos los estados, el PRD votó en contra. El diario La Jornada llamó a la ley “engendro”, “expresión de una actitud criolla e intolerante” y a todo el proceso constitucional, un “error trágico”. Queda claro que la nueva ley no arreglará el viejo problema de Chiapas.

Luego de buscar por mucho tiempo la anulación de su matrimonio religioso y el de su ahora esposa, Martha Sahagún, el presidente de México Vicente Fox olvidó las leyes del Vaticano y se acogió a las del país que gobierna. En México el divorcio existe desde el siglo XIX. La boda civil se celebró el 2 de julio, día del cumpleaños de Fox y aniversario de su triunfo. Fue un alivio para la vida pública de México. También, suponemos, para los contrayentes. Aunque según las leyes vaticanas, los cónyuges, ambos católicos practicantes, viven en una “situación  irregular” y no podrán comulgar (mientras no se divorcien).

El mismo día de su boda. el presidente Fox se acercó a su partido, Acción Nacional, buscando apoyo. Acudió a la celebración de la victoria del 2 de julio en la sede panista. En ese foro propuso un pacto a las otras fuerzas políticas para impulsar los cambios que el país requiere. Ante la virtual parálisis de sus propuestas mayores de gobierno (la reforma fiscal y la reforma eléctrica), Fox empieza a entender que no se gobierna con los medios, a los que dedica su mayor esfuerzo, sino con el Congreso y los partidos, a los que ha tratado hasta ahora con distancia y desdén.

La publicación de conversaciones grabadas a la delegada capitalina Dolores Padierna y la captura de una banda que se dedicaba a intervenir teléfonos, reabrieron un viejo tema de la política del país: el espionaje telefónico. (Los espiadores y  los medios. Ver p 6.) La impunidad con la que se delinque en este rubro es un verdadero escándalo nacional; sin embargo, para un sector importante de la opinión pública, el escándalo no lo es tanto. (El espionaje telefónico. ¿Qué tanto es tantito?Ver p 23.)

El debate sobre la conveniencia de un ajuste de cuentas con el pasado dio un primer fruto con la decisión de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de informar sobre los 482 casos de desaparecidos que hay en sus expedientes, todos referidos al periodo de la “guerra sucia” contra las guerrillas de los años setenta. La Secretaría de la Defensa, según la CNDH, ha empezado a abrir sus archivos para facilitar las investigaciones.

La CNDH pidió al Centro de Investigaciones de Seguridad Nacional (Cisen) que abra también sus archivos.

Recibió una respuesta afirmativa. “Comenzamos a trabajar al respecto”, dijo el presidente de la CNDH. José Luis Soberanes, “porque las condiciones políticas del país se han abierto, particularmente de un año para acá”. La lista de desaparecidos es una de las herencias más oscuras de la democracia mexicana. (Guía de perplejos / Desaparecidos: Una ventana. Ver p. 12.)

El Congreso juzgó invadidas sus funciones por un decreto del ejecutivo en materia eléctrica y presentó ante la Suprema Corte un juicio de controversia constitucional. Según los legisladores, el decreto, que permite la venta de excedentes eléctricos a quienes se autoabastecen del fluido, va más allá de lo que permite la ley en la materia y abre una puerta de facto a la inversión privada en el sector.

Similar apertura de hecho detectó The Wall Street Journal en el sector petrolero mexicano al informar que Royal Dutch/Shell Group y El Paso Corp. invertirán 300 millones de dólares en una planta en el Golfo para reconvertir a gas el gas natural licuado. El acuerdo, dice el wsj “se percibe como una señal importante del reconocimiento de México de que no puede resolver sus necesidades energéticas por sí mismo”.

El decreto eléctrico y la inversión extranjera en gas, buscan agotar los límites de la legislación vigente para hacer lo que ella no permite. Se trata de abrir el sector energético a la inversión privada por la vía administrativa mientras no se pueda hacerlo con todas las de la ley.

La Comisión del Agua alertó sobre la amenaza física mayor que pende sobre el futuro del país: la escasez de agua. Treinta y ocho ciudades padecen una situación crítica de abasto, entre ellas Monterrey, Guadalajara, Puebla, Cancún, Acapulco y prácticamente toda la frontera norte. La razón: ineficiencia operativa y rezago en las tarifas de los organismos municipales encargados del agua. De cada 1,000 litros de agua que se producen sólo se cobran 300. La recaudación de 17,000 millones al año debiera ser de 30,000 millones. Consecuencia: nadie invierte lo necesario y el agua escasea.

 Las autoridades dieron su visto bueno a la compra de Banamex por Citigroup. El Congreso no termina de convocar a la plena inspección de una asignatura pendiente nacional: las irregularidades del rescate bancario latentes en el archivo de Fobaproa.

Luego de varias derrotas, el PRI mostró una recuperación en las elecciones municipales y legislativas de Chihuahua y Durango. El PRD refrendó su triunfo en Zacatecas. En las elecciones  para gobernador de Baja California, el PAN confirmó su dominio sobre un estado que gobierna desde 1989, año en el que Ernesto Ruffo ganó la primera gubernatura de oposición a la hegemonía del PRI. Cuando Eugenio Elorduy, actual gobernador electo, termine su periodo en el 2007, el PAN habrá cumplido dieciocho años en el poder en Baja California. ¿Inicio de otra larga hegemonía?

La noticia de mayor peso humano para América del Norte en el primer semestre de 2001 fue el censo de población de Estados Unidos. Según las cifras del censo, por primera vez en su historia la población blanca wasp (white anglo saxon protestant) fue minoría en las cien ciudades mayores de ese país.

¿Cuál población creció más? La hispánica / latina.

¿Y dentro de ésta? La mexicana. (La hora latina. Ver p. 7.)

Las revistas Time y The Economist dedicaron reportajes especiales a la frontera de México y Estados Unidos, espacio de una “mezcla cultural vibrante” (The Economist) que desafía la imaginación de todos y a los gobiernos de los dos países. (Frontera hirviente, países en fuga. Ver p. 9.)

Nueva previsión de baja en el crecimiento económico mexicano. La casa JP Morgan prevé un aumento del 0.9% en el producto interno bruto del 2001. Nada personal: no es sólo México, sino toda la economía del mundo la que parece ir a la baja. Que vaya o no depende de la más impredecible de las variables económicas: el ánimo de los consumidores. (Freud y la ciencia económica. Ver p. 10.)

Distintas encuestas sobre el nuevo gobierno indican lo que Nexos señaló en su número anterior: la luna de miel del presidente Fox con los mexicanos ha terminado. México mejoró en sus índices internacionales de corrupción, según Transparency International. Mejoró también la posición relativa de los billonarios mexicanos (dueños de fortunas mayores a los 1,000 millones de dólares). (Guía de perplejos. Verp. 11.)

Los espiadores y los medios

El espionaje telefónico es un delito preferido de los bajos fondos de la política nacional. Esos bajos fondos han estado siempre en la cima del gobierno, que durante décadas espió sistemáticamente a sus adversarios y a sus aliados. La novedad es que esos materiales, usados antes para controlar, chantajear, extorsionar y anticiparse a las acciones de los espiados, no son hoy monopolio de la autoridad sino que proliferan por fuera del control de ésta. La otra novedad es que tales grabaciones se han vuelto material cotidiano de los medios de comunicación, que las difunden alegremente.

Realizar esas grabaciones es un delito si no se hace con previa autorización de un juez. En el Distrito Federal es también un delito grave difundirlas, tal como establece el artículo 211 bis de su código penal: “A quien revele, divulgue o utilice indebidamente o en perjuicio de otro información o imágenes obtenidas en una intervención de comunicación privada, se le aplicarán sanciones de 10 a 12 años de prisión y de 300 a 600 días de multa”.

De modo que en materia de espionaje telefónico unos delinquen desde el submundo de las sombras clandestinas, en servicio de intereses inconfesables, y otros a la luz del día, al amparo de la libertad de expresión. A unos es difícil ubicarlos y castigarlos, mientras que a los otros, que se identifican por sí mismos, nadie los toca.

Desde luego el aspecto más preocupante es el descontrol que tienen las autoridades sobre esa actividad que debiera estar reservada, bajo una estricta reglamentación que tampoco existe, a las tareas de seguridad del Estado.

El nuevo gobierno no ha podido controlar la acción de sus competidores ni la diáspora de sus propios servicios hacia la constitución de un “mercado libre” del espionaje telefónico. Tampoco ha reglamentado su propia actividad en la materia, asunto de la mayor importancia entre otras cosas para que el Estado pueda hacer uso legal de esos instrumentos, extraordinariamente útiles en el combate al crimen organizado y la vigilancia de los grupos que atentan contra la seguridad de todos.

Este es uno de los pocos asuntos donde el monopolio estatal no sólo es saludable sino indispensable para la seguridad de los ciudadanos. Otro es el de la fuerza pública. Lo que debe repudiar la sociedad es el uso faccioso, discrecional y chantajista de tales instrumentos, no su utilización profesional y reglamentada para el mejor servicio de la seguridad pública.

Los medios de comunicación se muestran ávidos por obtener grabaciones ilegales y, al difundirlas, violan la ley. Recibir estos regalos de fuentes anónimas o que no pueden revelar, se valora en los medios como un triunfo periodístico, y su divulgación como un servicio a los lectores o un acto gallardo de libertad de expresión, más allá de la ley.

Espiadores y medios asumen que no habrá investigación y mucho menos castigo por sus infracciones. Tienen razón. En esta materia, los encargados de velar por el cumplimiento de las leyes no ven, ni oyen, ni actúan. Si lo hicieran, podrían avanzar rápidamente en suprimir de la vida pública uno de los más oprobiosos legados del antiguo régimen: la sistemática violación de la privacía de los ciudadanos mediante el espionaje telefónico.

Si la ley se aplicara con rigor en esta materia, podría inhibirse con rapidez este delito. Los medios se verían forzados a revelar la identidad de sus fuentes o bien impedidos de publicar lo que éstas les hacen llegar, con lo cual las cintas ilegalmente grabadas perderían todo su valor como arma de combate público.

Nada perderían con esta limitación los buenos periodistas, que saben buscar sus propias noticias sin ayuda de fuentes inconfesables, y nada pierde el público tampoco pues nada fundamental ha salido hasta hoy en materia informativa de esas difusiones ilegales, sólo chismorreo, insidia, sospechas, ataques personales y mala fe, ingredientes que pueden mejorar el tiraje de los periódicos pero abaratan el ambiente público.

Lo bueno de todo esto es lo mal que se está poniendo. El espionaje telefónico se ha convertido en un verdadero dolor de cabeza tanto para las autoridades como para los ciudadanos víctimas de este delito violatorio de su elemental derecho a la privacidad. Del hartazgo y de la vergüenza, acaso venga la solución.

De hecho, el director del Cisen hizo su primera conferencia de prensa para reconocer que ese centro “funcionaba en atención a los intereses de grupos políticos y no del Estado en su conjunto”. Peor aún: “en algunos casos personal de la institución o usuarios del Cisen filtraron información a los medios de comunicación en búsqueda de satisfacer sus intereses”.

Entre las fortalezas del Cisen, su director, Eduardo Medina Mora, señaló una fundamental: “es un organismo no penetrado por el narcotráfico o el crimen organizado”. Dio finalmente garantías de que “los métodos que se han utilizado desde el inicio de la presente administración” han sido “siempre legítimos y siempre lícitos”, para comprometerse finalmente en que el Cisen “no recurrirá a ningún instrumento ni método fuera de la ley”.

Se anunció entonces una ley que inaugurará una tendencia inédita en estos menesteres, una ley que defina los límites del Estado en esa materia, lo sujete a controles adecuados y garantice la rendición de cuentas. En efecto, tal como lo dijo el propio titular del Cisen, “sin una ley de esta naturaleza el Estado deberá debatirse, permanentemente, entre una situación de indefensión y una de ilegalidad”. n

La hora latina

Por primera vez en su historia, la población de las cien mayores ciudades de Estados Unidos no es mayoritariamente blanca, sino un coctel de minorías crecientes: negros, hispánicos, asiáticos y otros. Los blancos no hispánicos, lo que el cliché mexicano llama gringos, son minoría en sus mayores ciudades.

En 1990 los gringos eran mayoría en 70 de sus 100 ciudades grandes. Ahora lo son nada más en 52. Las grandes ciudades perdieron más de 2 millones de blancos entre 1990 y 2000, y el porcentaje de esa población en el total cayó de 52% a 44%. (La población total de Estados Unidos es de 275 millones de habitantes.)

La población hispánica creció más que ninguna en las 100 ciudades: 3,800,000 personas, 43% más respecto de la cifra de 1990.

En opinión de algunos expertos, la inmigración remodelará Estados Unidos más profundamente que la tecnología y el comercio. Las cifras del censo prueban que esa remodelación ya está en marcha.

Escribe Eric Schmitt en The New York Times:

La salida de la población blanca de las grandes ciudades y el flujo de los hispánicos, en particular, subraya hasta qué punto la inmigración y las mayores tasas de nacimiento entre la población de origen extranjero está cambiando la forma de las ciudades, detonando el renacimiento en algunos centros urbanos y obligando a los líderes cívicos a enfrentar urgentes decisiones sobre cómo lidiar con una nueva ciudadanía en rápido cambio.

El director del censo, Kenneth Prewitt, dice que las cifras sobre lo que Estados Unidos era y lo que es le llenan los ojos de lágrimas.”El siglo XXI será el siglo que nos redefinirá como el primer país de la historia del mundo hecho literalmente de las distintas partes del mundo”.

El cambio es impresionante. En el censo de 1950, Estados Unidos era 89% blanco y 10% negro. Las demás categorías étnicas no pintaban.

Los latinos o hispánicos son hoy el 12% de la población estadunidense y en los siguientes cinco años desplazarán a los negros como primera minoría de la nación.

Si las tendencias actuales se mantienen, dentro de diez años los latinos serán la mayoría en el condado de Los Angeles. En veinte años serán mayoritarios en Texas y California. En cincuenta años, 100 de los 400 millones de habitantes de Estados Unidos serán latinos: 1 de cada 4 estadunidenses, el 25% de la población.

Increíble despliegue histórico y humano para una minoría que en 1950 rascaba apenas el 1%.

El paisaje urbano estadunidense ha cambiado tanto como sus cifras de población.

En Sillicon Valley, los blancos son una minoría reconocida. Bosnios y sudaneses renuevan la población de Iowa. En Levitton, Pennsylvania, típico suburbio americano, hay una mezquita turca y Detroit se proclama la capital árabe de Estados Unidos. El alcalde de Miami Dade, Alex Penela, dice que en su región, que tiende a pensarse de exclusividad cubana, hay 156 nacionalidades.

La ciudad de Chicago ganó 208,000 hispánicos en la década de los noventas, su primer crecimiento general de población desde 1950. El hecho detonó una activa política de recuperación urbana, mejoría de los barrios, renovación de edificios y jardinería de lugares públicos.

En la ciudad de Los Angeles, un político latino, Antonio Villarraigosa, líder de la legislatura local, estuvo a punto de convertirse en alcalde con el apoyo del voto latino de la ciudad.

El flujo de miles de inmigrantes mexicanos a Sile City, North Carolina, atraídos por la oferta de trabajo en fábricas de vajilla, provocó la reacción del líder del Klu Klux Klan pidiendo contener la migración.

En Dalton, GA, la población latina y mexicana ha crecido tanto que se contratan en México maestros para dar clases en escuelas bilingües.

Cada año llega a Estados Unidos un millón de personas: 700,000 en forma legal, 300,000 en forma ilegal. Según las cifras del Consejo Nacional de Población de México, cada año se radican permanentemente en los Estados Unidos 350,000 mexicanos.

Una vez establecidos, reporta The Economist, los inmigrantes tienen por lo general más hijos que sus vecinos (un promedio de tres por mujer, comparado con 1.8 % de mujeres blancas no hispánicas). Desde 1990, el número de residentes americanos nacidos en el extranjero ha crecido en 6 millones hasta alcanzar los 25 millones, la ola migratoria más grande desde los días en que los recién venidos de Europa atestaban Ellis Island a principios del siglo XX.

Los patrones culturales y los gustos amorosos reflejan la profundidad de estos cambios. (Ver recuadro: “Latino Fiesta”). En 1970, ocho de cada diez estudiantes de primaria y bachillerato en Estados Unidos era blanco; en el año 2000, sólo 6 de cada diez.

Entre más joven la población, más diversa étnicamente, y más abierta a la mezcla interracial. En una encuesta nacional entre adolescentes, el 57% dijo haber tenido alguna cita con miembros de una comunidad étnica distinta a la suya y un 30% dijo que no tendría reparos a una cita interracial.

Sabes que estás de veras en un cumpleaños latino cuando:

1. Algunos invitados no traen regalo sino más niños invitados.

2. El pastel dice “Felicidades mijo”, en vez del nombre del niño.

3. La fiesta es en Mc Donalds pero ellos traen su propia comida.

4. Es una fiesta para niños pero hay más adultos que niños.

5. Mijo cumple un año pero la comida de la fiesta es carne asada, arroz con frijoles y 10 barriles de cerveza.

6. En vez de un programa infantil, en la televisión están viendo un partido de béisbol, fútbol, basquetbol o una pelea de box.

7. No cantan el hapiberday, sino que están bailando salsa.

8. La fiesta iba a terminar a las cinco. Son las diez y apenas está empezando.

9. El anfitrión llama a un invitado que viene en camino y le pide que pase a comprar hielo y más tortillas.

10. Los invitados empiezan a llegar y los anfitriones desaparecen para arreglarse.

11. La fiesta es el sábado, pero recibes un telefonazo de los anfitriones el viernes: “La fiesta para Mijo es mañana a las 3″.

12. Algunos invitados traen regalos todavía en la bolsa de la tienda, sin envolver.

13. El pastel no se compró en una pastelería, lo hizo la comadre de la hermana de tu amigo que hace muy buenos pasteles.

14. Alguien llama y dice que no pudo llegar pero que le guardes un poco de pastel.

15. Los invitados se llevan pedazos de pastel para Mamá, el Tío, la Abuela, la Chata y el Júnior.

16. Es el cumpleaños de Mijo pero como su prima Brittany está presente y su cumpleaños es en unos días, la fiesta termina siendo de Mijo y de Brittany.

Ricardo Bada, escritor & e-mailer.

Bienaventurados los mestizos, ellos heredarán la tierra.

Fuentes:

•  Erich Schmitt: “Whites in Minority in Largest Cities, the Census Shows”, www. nytimes. com/2001/04/30/ National/ 30CENS

•  Lizette Alvarez: “Public Lives: Census Director Marvels at the New Portrait of America”, www.nytimes.eom/2001/01/01/ politics/OlLIVE)

•   The Economist: “Oh, say, can you see?” www.economist.com.surveys. Corey Takahashi: “Selling to Gen Y: A Far Cry From Betty Crocker”, Ideas and Trends, The New York Times, n

Frontera hirviente, países en fuga

Un país de 24 millones de habitantes, llamó la revista Time a la franja fronteriza de 3,000 kilómetros que comparten México y Estados Unidos. En la última década la población de esa franja creció 30% y su economía conjunta a un promedio de 5-7% anual, muy superior al de sus respectivos países.

Trescientos mil mexicanos cruzan ilegalmente cada año la línea fronteriza, 700,000 emigran hacia el norte cada año, en busca de empleo y oportunidades. (Cuatrocientos murieron el año pasado en la aventura de cruzar). Si la tendencia de irse al norte continúa, dentro de veinte años, 4 de cada 6 mexicanos vivirán en la frontera. La población de las ciudades del lado mexicano ha crecido casi la mitad en una década. La población del otro lado aumentó una quinta parte. La mayor tajada de ese incremento se debe a mexicanos que cruzaron.

San Diego y Tijuana combinan una población de más de 4 millones. Es el más nutrido punto de cruce fronterizo. Calexico y Mexicali casi duplicaron su población en la década bajo el imán del auge de las maquiladoras en Mexicali. El Paso y Ciudad Juárez tienen una población conjunta de 2 millones de personas y forman la comunidad fronteriza más grande. Laredo y Nuevo Laredo ven cruzar cada año 3 millones de camiones. Es el punto de más intenso flujo comercial de la frontera. McAllen, al otro lado de Reynosa, es la cuarta región urbana de mayor crecimiento que registra Estados Unidos.

Todos los días cruzan la frontera, que Carlos Fuentes llamó de cristal, 1 millón de barriles de petróleo, 230,000 focos, 166 nuevos coches Beetles de la Volkswagen, 16,250 tostadores, 51 millones de dólares de autopartes, 130,000 dólares de sobornos pagados por narcotrafícantes (sólo en Baja California), 800,000 personas que cruzan legalmente y 4,600 que saltan la cerca o nadan el rio y son detenidos al otro lado pocas horas después.

¿Qué dicen estos números? Dicen una realidad de integración galopante, una avalancha humana de mexicanos en fuga colonizando por progresiva ocupación física las ciudades, las escuelas, los hospitales de su vecino más desarrollado y mucho más permeable, tolerante y necesitado de esa migración salvaje de lo que está dispuesto a aceptar en público.

Toda la frontera del otro lado, Texas, California, Arizona, Nuevo México y buena parte del medio oeste y del este, como Chicago y Nueva York, dependen de los servicios personales de cocineras, niñeras, jardineros, meseros, lavaplatos, afanadoras, pintores, cosechadores, mozos, albañiles y mil usos mexicanos (y mexicanas).

Un día sin mexicanos es el título de una película en preparación que se propone mostrar, en clave de comedia, la catástrofe que se abatiría sobre la vida diaria de millones de estadunidenses si los mexicanos legales e ilegales no estuvieran ahí, haciendo lo que los otros ciudadanos no quieren hacer, cobrando salarios bajos, viviendo en condiciones de privación y ahorrando suficiente, sin embargo, para enviar a su país, a sus familias, a sus pueblos, lo que enviaron durante el primer trimestre del año: 2,000 millones de dólares.

En medio de la mezcla galopante, las diferencias entre un lado y otro siguen siendo abismales. Haciendo el mismo trabajo del lado norte de la frontera se gana un salario tres o cuatro veces superior al del lado sur. En Ciudad Juárez hubo 183 homicidios en el año 2000, de los cuales sólo se han investigado la mitad. En El Paso hubo 9 homicidios el año pasado; todos fueron resueltos. Un tercio de los casos de tuberculosis de Estados Unidos se concentra en California, Arizona, Nuevo México y Texas.

No obstante, el impacto demográfico es incontenible y la mezcla cultural desbordante. Dice Times.

Tratar de contener esta migración es como tratar de detener una ola con una copa. [...] La salsa es más popular que el catsup, Salma Hayek es más grande que Madonna, la frontera está en todas partes. [...] Un día no lejano parecerá signo de atraso no hablar algo de español en Estados Unidos.

Un airado escritor del este, un bostoniano, comentó con irritación y alarma los reportajes de Time sugiriendo que en ese juego migratorio Estados Unidos podría perder gradualmente parte de su identidad nacional. El México no fronterizo, qué duda cabe, la pierde también en esa nueva tierra de promisión que algunos llaman Mexamérica y en cuyo espejo, a veces, para un mexicano de acá, un mexicano no fronterizo, es tan difícil reconocerse como debe serlo para un estadunidense de allá, ajeno a la demesurada fundación de esta nueva frontera.

Fuentes:

•  Time Magazine, 11 de junio, 2001.

•  The Economist, 7 de julio, 2001.

•  “Mexican Tide Imperils U. S. Identity”, Boston Herald, 11 de junio, 2001. n

 Freud y la ciencia económica

Por primera vez desde la crisis del petróleo de los setenta, las tres mayores economías del mundo —Estados Unidos, Japón y Alemania— se encuentran al mismo tiempo en desaceleración. La crisis se presenta sin grandes signos recesivos —salvo en Japón, que sufre una franca contracción económica—. La pregunta es si el mundo todo puede seguir la misma suerte que Japón.

 El mundo crecerá poco

Después de casi dos décadas de crecer a un ritmo de 3%, el mundo crecerá este año apenas por encima del 2% según el FMI y el Banco Mundial. La Organización Mundial de Comercio estima que los flujos comerciales apenas crecerán entre un 3% y un 5%, frente al 13% del año 2000. Las exportaciones mundiales representan el 25% del PIB del planeta.

 Materias primas, en rojo

Los precios de las materias primas, gran fuente de ingresos para la mayoría de los países en desarrollo, han caído más de un 10% desde finales de enero. El petróleo, en cambio, vale hoy un 30% más de lo que ha costado, en promedio, el último cuarto de siglo y su escalada sigue siendo un fuerte escollo para el crecimiento de la mayor parte del mundo.

 Pobres flujos de capital

Por si esto fuera poco, el Instituto de Finanzas Internacionales prevé que los flujos de capital hacia los países en vías de desarrollo disminuirán un 30% este año. Cuando el apoyo financiero del exterior se reduce, los gobiernos de los países en vías de desarrollo suelen adoptar políticas de ajuste que socavan el crecimiento.

Nuevos culpables

A diferencia de lo que sucedió entre mediados de 1997 y principios de 1999, la crisis actual no nace de las economías emergentes, sino de las desarrolladas. No son el sureste asiático, Rusia o América Latina los focos de la crisis, sino Japón, Estados Unidos y la Unión Europea. Entre 1991 y 1993. cuando los países ricos de la OCDE crecían a un ritmo del 1.4% anual, los países emergentes lo hacían al 4.5%. En 1997-1998, los emergentes se hundieron, pero la OCDE avanzaba a un 2.4% anual, y Estados Unidos al 4.4%. Ambos contrastes mantuvieron en equilibrio la economía mundial.

Los shocks de la oferta

La crisis de hoy tiene otras dos características. Una es la aparición de shocks de oferta: subida del petróleo, desplomes energéticos como los de California y Brasil, la crisis europea de las vacas locas y la fiebre afosa. Esto provoca que la desaceleración venga con aumento de precios, cosa que no pasaba en el mundo desde principios de los ochenta. Es excesivo hablar de estanflación (estancamiento con inflación), pero el aumento de precios afectará negativamente al crecimiento, al reducir el ingreso familiar.

Finanzas y familias

La segunda característica es la importancia de los mercados financieros en el ingreso de las familias, sobre todo en Estados Unidos, donde el valor de bonos y acciones de la bolsa equivalen a un 300% del PIB del país. Si la gente deja de ganar con estas inversiones, puede ocurrir que las familias corten drásticamente el consumo. Este comportamiento es el mayor peligro latente para Estados Unidos y es la razón fundamental por la que la reserva federal de ese país ha recortado seis veces las tasas de interés en lo que va del año, hasta situarlas en el 3.75%. El plan de devolución de impuestos puesto en marcha por el gobierno de Bush va en el mismo camino. Si la economía estadunidense no se ha hundido es porque la demanda de los particulares la mantiene a flote. Si este comportamiento cambia, el mundo enfrentará un serio problema.

      La recesión japonesa

Los primeros síntomas de la caída de la economía estadunidense hundieron el ánimo de los japoneses. Japón, cuya economía se viene deteriorando desde principios de los noventa, había diseñado un plan de rescate cuyos dos pilares eran la inversión pública interna y el fortalecimiento de las exportaciones. El primer pilar demostró ser hueco. El segundo se entorpeció con la desaceleración de Estados Unidos, que dejó de importar bienes al ritmo que lo hacía.

   Caída de las exportaciones

En el primer semestre de este año las exportaciones japonesas cayeron un 3.6%, su primer declive en dos años. El dato, sumado a otros tan o más negros, resultó en el decrecimiento del 0.2% del PIB japonés entre enero y marzo pasado respecto al trimestre anterior, y un 0.8% en términos anuales.

       Caída de los ingresos

Los japoneses no consumen, las empresas dejan de producir y los empleados son despedidos. El desempleo en Japón es de 4.9%, un récord en cincuenta años. Tener empleo no es, como en el pasado, una garantía para los japoneses. Pueden perderlo de un día para otro. Además, como en Estados Unidos, parte del ingreso de las familias es porque tienen acciones en la bolsa. Si éstas caen, como ha estado sucediendo, el poder adquisitivo merma. En lo que va del año, la Bolsa de Tokio ha retrocedido casi un 11%. La crisis de Japón, además, ya afecta negativamente al resto de las economías asiáticas.

      El panorama europeo

En Europa, el panorama es algo mejor, pero no como para estar tranquilos. Europa ha fracasado en su pretensión de sustituir a Estados Unidos como motor del crecimiento mundial.

  Bajo crecimiento

La UE será incapaz de crecer este año por encima del 2%, sobre todo si se confirma lo que ya han adelantado los principales centros de análisis económico: Alemania crecerá sólo entre el 1.2% y el 1.7% para el 2001. La crisis de la economía alemana comenzó a observarse a mediados del año pasado.

      La industria y el consumo

La producción industrial en la zona euro ya está en recesión. Este índice retrocedió en abril por segundo mes, hasta situarse en el 0.5% negativo, y la tasa este año avanzó a un ritmo del 1.6%, mientras que en diciembre pasado lo hacía al 8%. También la confianza de los empresarios de la zona sigue deteriorándose, especialmente la alemana, que ya se encuentra en su nivel más bajo de los últimos dos años.

Para lo que resta del año, los analistas privados y los gobiernos europeos estarán muy pendientes de cómo evoluciona el consumo privado. Al igual que en Estados Unidos, la conducta de los consumidores será clave para determinar la duración y la profundidad de la crisis en Europa. Las perspectivas no son buenas. Aparecen datos negativos en el mercado de trabajo, crece el desempleo y la renta disponible se ve mermada por aumentos en los precios.

     ¿Recesión en puerta?

Estos son los grandes trazos de una posible crisis de la economía mundial. Por ahora es sólo una desaceleración, vale decir que el mundo crecerá menos este año, pero crecerá algo. No obstante, hay probabilidades de que no avance y hasta decrezca.

      La predicción científica de lo que sucederá pende del ánimo de los consumidores y toca los terrenos de la ciencia económica del doctor Freud, quien descubrió hace décadas el carácter cíclico que tienen en los seres humanos la manía y la depresión, el optimismo y la melancolía. La misma lucha cíclica parece gobernar las economías, con el agravante de que los ciclos de euforia son cada vez más globales y la depresión de uno puede contagiar a todos. Un ánimo crepuscular en las masas anónimas de compradores puede inducirlos a no consumir, previendo malos tiempos futuros. Sería una conducta racional, dados los malos augurios que pueblan el horizonte, pero provocaría los malos tiempos que se quieren evitar. Por el contrario, un ánimo locuaz, imprevisor y consumista podría contener la amenaza recesiva. Sería una conducta irracional cuyos frutos racionales serían estabilidad y crecimiento.

      Empiezan a escucharse voces de que la desaceleración tocó fondo ya en Estados Unidos y la ola de desempleo tocó fondo en México. La devolución de impuestos que se inicia este mes en Estados Unidos avivará los bolsillos. Los consumidores saldrán de la tentación del marasmo. Para el cuarto trimestre del año empezará a sentirse la reactivación.

      Eso dicen los economistas. ¿Qué dirá el doctor Freud? n

El peso del peso

En lo que va de 2001 el peso se ha revaluado significativamente. La crisis argentina lo hizo perder terreno, pero no desplomarse. ¿Por qué esa fortaleza inusitada? Porque la oferta de divisas tiende a ser mayor que la demanda en el mercado cambiario. ¿Por qué la abundancia de divisas? Hay una diversidad de motivos: el flujo de capitales creciente que llega a México del exterior, las altas tasas de interés internas y caída de las externas, las buenas expectativas de largo plazo sobre la economía mexicana, la pérdida de atractivo de otros mercados emergentes, las altas reservas internacionales de México.

La apreciación del peso no es un fenómeno nuevo. Si se observa su trayectoria de 1996 a la fecha, salvo en contadas excepciones, la tendencia ha sido una apreciación real. El factor principal ha sido el de los flujos de capital del exterior. En el primer trimestre del 2001 entraron casi 10,000 millones de dólares, a los que se suman los 12,500 millones anunciados de la compra de Banamex, de los cuales la mitad va en efectivo.

Las altas tasas de interés han sido un factor relativo. Las cifras muestran que los flujos de capital al mercado de dinero, los más sensibles a la tasa de interés, han sido realmente menores cada año desde 1996. En el 2000 fueron apenas 0.28% del total. Por lo mismo, no se puede afirmar que entre 1996 y 2000 la apreciación de la moneda obedeciera a los flujos de capital sensibles a la tasa de interés. Es el reflejo de flujos crecientes de inversión extranjera directa, colocación de bonos en el exterior y préstamos directos a empresas exportadoras. Todos estos capitales han llegado porque se percibe oportunidad de negocio, lo que quiere decir una baja percepción de riesgo, un nivel creciente de confianza en el país y un ambiente propicio para llevar a cabo inversiones productivas.

      La única excepción relevante se desarrolló en el primer trimestre del 2001, en el que ingresaron al mercado de dinero casi 1,000 millones de dólares, el 18.3% del total de la inversión extranjera en ese periodo. Y eso fue porque la tasa de interés de principios de año era atractiva. La tendencia varió desde entonces. La de los Cetes a 28 días disminuyó 8.88 puntos porcentuales, hasta llegar a 9.51%. La tasa real se encuentra por debajo de 4%, que para México es una tasa sustancialmente baja. Así las cosas, difícilmente puede afirmarse que sean tasas atractivas para la inversión extranjera.

      Las reservas superan los 40,000 millones de dólares. Se espera que el Banco de México continúe con su política restrictiva y adquiriendo divisas en el mercado. Como nuestro régimen cambiario es de flotación, no se requieren divisas para intervenir en el mercado cambiario y sostener un nivel determinado en el tipo de cambio. En los niveles actuales Banxico cuenta con un poco más de 2 dólares de reserva por cada peso que circula. Esto refleja la solidez del Banco de México y de nuestro sistema de pagos.

      En suma, el peso tiene peso por buenas razones: flujos de capital externo, altas reserva, altas expectativas. Nada de lo cual pone al país a salvo de los efectos de la desaceleración que afecta a todo el mundo. n

Guía de perplejos

Fox (again): De la luna de miel al matrimonio

Diversas encuestas públicas registraron el descenso de la euforia ciudadana por el nuevo gobierno de Vicente Fox, el paso de la luna de miel al matrimonio al que Nexos dedicó su edición anterior.

Según el Centro de Estudios de Opinión Pública, la aprobación al presidente cayó del 63% en diciembre del 2000 al 54% en junio del 2001.

      La encuesta de Consulta Mitofsky reportó que el acuerdo con la manera de gobernar de Fox bajó de 70 a 63% entre marzo y junio del año 2001, mientras el desacuerdo creció de 23 a 30%. La calificación promedio del presidente bajó ligeramente en esos meses de 7.3 a 7.1. Una encuesta del diario Unomásuno otorgó al presidente una calificación de 6.2.

      El diario Reforma registró un descenso marcado en la opinión favorable a la buena marcha del país. En diciembre del 2000 un 77% de sus encuestados creía que el país iba por buen camino; en junio del 2001 lo creía sólo el 38%. Los que pensaban que el país iba mal pasaron del 7% al 31% en el mismo lapso.

La tendencia declinante está lejos de indicar un desencanto generalizado y muchísimo menos una beligerancia contra el gobierno.

      El diario Unomásuno registró a un alto 42% de entrevistados diciendo percibir un cambio general en México al cumplirse un año de la elección del 2 de julio. El diario Reforma reportó a un 43% de sus encuestados diciendo que el cambio del 2 de julio había sido para bien, mientras que el 72% no creía que las cosas hubieran sido mejores cuando gobernaba el PRI.

Si hoy fueran las elecciones, según el diario Unomásuno, el 49% de sus encuestados votaría por Fox para presidente, casi tres puntos más de los que Fox obtuvo en la elección del 2 de julio de 2000. La luna de miel terminó, pero los recién casados están contentos todavía.

Fuentes:

•  Este País, num. 124, julio 2001.

•  Reforma, 2 de julio, 2001.

•  Unomásuno, 2 de julio, 2001. Consulta Mitofsky. Boletín electrónico, núm. 14, mayo 2001. n

Desaparecidos:

Una ventana

De los 482 casos de desaparecidos que han llegado a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, 308 corresponden al campo y 174 a ciudades, pero el mayor número de desaparecidos corresponde al Distrito Federal (45), al que le siguen los estados de Sinaloa (40), Jalisco (19), Chiapas (11), Chihuahua (10), Michoacán y Estado de México (9), Sonora (8), Baja California y Nuevo León

(5), Oaxaca (3), Puebla, Morelos y Tamaulipas (2), Hidalgo, Nayarit, Querétaro y San Luis Potosí (1). El corazón de la guerrilla rural, Guerrero, no tiene casos en la CNDH. Una ausencia visible. La CNDH investiga también los casos de otros 160 desaparecidos correspondientes a la década de los noventas.

Fuente:

• La Jornada, 28 de junio, 2001. n

Menos corruptos pero igual de reprobados

En el informe anual de Transparencia Internacional sobre lo que piensan los ciudadanos del grado de corrupción en su país, México mejoró ocho lugares en comparación con el que ocupaba hace un año, pero sigue en el lugar 51 entre 91 países registrados. En una escala de calificaciones de 1 a 10, México sale reprobado con 3.7.

      Mal de muchos: casi dos terceras partes de los países reprobaron también. La corrupción empeora en el mundo o los ciudadanos son más sensibles a su presencia. “Nunca antes los niveles de corrupción percibida habían sido tan altos, tanto en los países desarrollados como en los que se encuentran en vías de desarrollo”, dijo Peter Eigen, presidente de Transparencia Internacional.

      Los países menos corruptos o más honestos del mundo son, en ese orden: 1. Finlandia, 2. Dinamarca, 3. Nueva Zelanda, 4. Islandia, 5. Singapur, 6. Suecia, 7. Canadá, 8. Holanda, 9. Luxemburgo, 10. Noruega.

      Los países más corruptos entre los 91 registrados son de peor a menos peor: 91. Bangladesh (0.4 de calificación), 90. Nigeria, 89. Uganda, 88. Indonesia, 87. Kenia, 86. Camerún, 85. Bolivia, 84. Azerbaiyán, 83. Ucrania, 92. Tanzania (2.2 de calificación).

Entre los países latinoamericanos, Chile es el mejor calificado, en el lugar 16. México está abajo de Colombia pero arriba de Argentina.

Fuentes:

•  La Jornada, 28 de junio, 2001.

•  Reforma, 28 de junio, 2001. n

Ricos y muy ricos

Según la revista Forbes, los hombres más ricos de México van en este orden y con estas cifras: 1. Carlos Slim, Telmex-Carso (10,800 millones de dólares), el más rico de América Latina. 2. Emilio Azcárraga Jean, Televisa (3,000 millones). 3- Ricardo Salinas Pliego, Televisión Azteca-Electra (3,000 millones). 4 Lorenzo Zambrano, Cemex (2,900 millones) 5. Eugenio Garza Lagüera, Femsa (2,500 millones). 6. Alberto Bailleres, Peñoles (1,900 millones) 7. María Asunción Aramburuzabala, Grupo Modelo (1,900 millones). 8 Gerónimo Arango, Cifra (1,800 millones). 9 y 10. Alfredo Harp Helú y Roberto Hernández, Citigroup-Banamex (1,300 millones). 11. Isaac Saba (1,300 millones), 12. Germán Larrea, Grupo México (1,000 millones). Estos doce mexicanos forman parte de un exclusivo club mundial, el de los billonarios, dueños de más de 1,000 millones de dólares. Según The Economist hay 425 billonarios en el mundo contra 7,200,000 de sólo millonarios (en dólares). De los 425 billonarios, 274 son estadunidenses.

      Consolaos mortales, simples millonarios, riquillos de barrio, asalariados todos. “¿Quién es rico?”, preguntó Benjamín Franklin. “El que está contento.    ¿Y quién está contento? Nadie”. Los chinos agregan: “Ninguna riqueza sobrevive tres generaciones”.

Fuentes

•  Crónica, 22 de junio, 2001.

•  The Economist, 16 de junio, 2001. n

Los caminos torcidos de la historia

LOS CAMINOS TORCIDOS DE LA HISTORIA

POR CLAUDIO MAGRIS

En Venecia, Magrís se encontró por primera vez con Borges y a manera de ofrenda le entregó una parte de su vida, la trama de este alucinado episodio de su infancia. Borges quedó tan conmovido que no aceptó el regalo. Años después, en 1974, Magrís publicó el ensayo que aquí presentamos y que atrapa aquellas impresiones de la infancia.

En La guardia blanca de Bulgarov, la novela de la revolución rusa vista a través de las acciones de los vencidos, el atamán Skoropadski recibe su investidura —que lo pone a la cabeza de toda Ucrania— bajo la carpa de un circo abarrotado de gente que lo festeja de manera escandalosa. Es la Pascua de 1918 y Rusia vive todavía un futuro incierto entre las ruinas del viejo régimen, la furibunda gestación de la sociedad soviética, la decreciente presencia del ejército de ocupación alemán y la caótica proliferación de prepotencias locales y revueltas centrífugas. Aun con su poética nostalgia de perspectiva sentimental, desde el bando de los blancos, Bulgarov retrata la aventura contrarrevolucionaria y también los extraviados separatismos que andan a la deriva en sayas de farsa y de parodia: la resistencia a la historia, conmovedora porque inevitablemente está consagrada a la derrota y heroica en su fidelidad a una tradición vivida y amada, que se desvían en el énfasis de un anacronismo ostentado y complaciente. El pathos grandilocuente y desesperado de la reacción también reside en esta íntima vocación a lo postizo, máscaras clownescas de un trágico y sufrido malestar.

El reaccionario es grande porque le dice que no al cambio, pero su alta estatura se entumece en una malformación patituerta y en una mímica estridente; sintiendo amenazada su autonomía personal, él reacciona exasperando con movimientos egocéntricos su ansiosa subjetividad, la cual se reduce, a través de esta presunción, a caricatura de una individualidad libre y consciente.

El reaccionario se ilusiona defendiendo las razones de la aventura: como el atamán Skoropadski, quiere oponer las carpas y los caballos cosacos a la que le parece la agresión niveladora de la revolución, es decir, de la modernidad y de lo colectivo. Su tragedia es la de encarnar inconscientemente la pantomima de la aventura y de decretar su fin; sus elecciones políticas lo colocan, paradójicamente, como Céline y Proust, al lado de las fuerzas ocupadas en destruir ferozmente ese mundo de la tradición que él cree custodiar. Es el camino recorrido, con ejemplo de apólogo, por otro atamán cosaco, que las guerras mundiales llevaron dos veces al proscenio de una Historia demasiado compleja para su inteligencia exaltada y cuyas vicisitudes tal parece que salieron de un obsesivo cuento circular de Borges. Pjötr Nicolaievich Krasnov —cuyo cuerpo nunca fue plenamente identificado y quizá se encuentra en un pequeño cementerio de Carnia— fue un general de la armada blanca durante la guerra civil rusa. Después de haber combatido y perdido seriamente una real batalla histórica contra la revolución, se trasladó a París en donde llevó la existencia irreal del sobreviviente, entre el fastuoso acartonamiento del príncipe destronado, los melancólicos laureles del general jubilado y la tenaz verdad de la nostalgia.

  En los años treinta alcanza cierta fama con algunas novelas de facilona y poderosa gana aventurera, entre las que destacan Del águila imperial a la bandera roja, fresco melodramático y no muy partisano de la revolución rusa; y Todo pasa, elegiaca epopeya cosaca de siglos pasados. Con el éxito de estos libros, favoritos de la propaganda antisoviética, Krasnov cumplía, sin darse cuenta de ello, un futuro paso hacia el mito, es más, hacia el technicolor de sí mismo y de su drama; su figura de novelista con uniforme zarista descendió al nivel de los coloridos personajes inventados por su ágil pluma, y él mismo casi entraba a formar parte de su feuilleton, compuesto en su escritorio con la desenvoltura de la arrogancia y con el punzante remordimiento del recuerdo. Todo pasa, canto de gloria y de adiós del principado cosaco, celebra la rápida y fugaz conquista del caballero, las efímeras y violentas construcciones de los nómadas sin raíces; celebra un ímpetu que se desvanece como el del gaucho de Borges, exalta el separatismo cosaco rebelde al orden moscovita, incluso al zarista.

Todo pasa contiene el posterior destino de Krasnov, trágico y grotesco. Durante la invasión a Rusia, el ejército nazi, que busca azuzar los particularismos locales contra el centralismo soviético, rescata de la sombra del olvido y de la vejez al octagenario general y lo planta a la cabeza de una deshilachada armada de cosacos que se adhieren y colaboran con el Tercer Reich. Krasnov vuelve a ser general para comandar una chusma valerosa y dispersa de soldados traidores y traicionados, bandoleros y fugitivos; regresa para comandar una ilusión y una retirada. El ejército alemán, que se va replegando cada vez más hacia el centro de Europa, arrastra detrás de él a miles de exiliados a los que les promete una nueva patria, iniciándose así una anabasis épica y absurda a través de Polonia. Hungría, Austria. A los cosacos de Krasnov les prometen Carnia, la falda montañosa y pobre del Friuli, en la que ellos se instalan rebautizando los villorrios con los nombres de sus pueblos del Don. Es una migración de pueblos que repite la marcha de las antiguas invasiones bárbaras, y que recalca con la estéril esclavitud de toda repetición, copia deforme y forzada de una vida ya vivida y pasada. Los testigos de la ocupación cosaca recuerdan de ella el lacerante y rutilante desorden, los uniformes deformados y en extrañas combinaciones, las cimitarras pesadas y los sucios gorros, las carretas con sus familias y sus trebejos, los caballos y los camellos, algunos destartalados laudan, los extravagantes decorados, el prolongado resoplar de los cuernos.

Krasnov se instala en un hotelito de Villa di Verzegnis, en donde restaura un fastuoso ceremonial ancien régime, secundado por su anciana consorte la princesa Lidia, y sueña la gran campaña militar. Divide sus tropas en hipotéticos destacamentos y con comandantes destacados en diferentes puntos: el general Michele Salamakin en Verzegnis, el coronel príncipe Zulikize como comandante en jefe de los georgianos que luego pasarán a los partisanos, los circasianos en Paluzza. Pero no se da cuenta que algunos de estos cuerpos apenas y reúnen una pocas decenas, ni que los mariscales son más numerosos que los soldados rasos; romántico condotiero de la libertad cosaca, acepta con orgullo que los alemanes le hayan dado el permiso de adornar con el águila hitleriana las zonas militares elegidas. Es incapaz de entender la ironía de la historia, porque él mismo es un aspecto de esa ironía. En el mapa geográfico de ese país extranjero que debería transformarse en las tierras del Don, él traza líneas de fulmíneos movimientos estratégicos, mientras sus hombres son empleados por los nazis en pequeñas operaciones auxiliares y en odiosas violencias: escaramuzas, represalias, razzias, incendios, estupros, secuestros. Es viejo, y ve entonces que algunos de sus soldados musulmanes desenrollan el tapete de oración y deja que sus hombres se manchen de crueldad y devasten los pastizales con sus caballos. Es viejo, y es muy diferente a su rival Wlasov, el comandante de la Ruskaja Osvobodetelnaja Armaja que flanquea a los nazis: Wlasov defendió Moscú contra los alemanes, es un patriota ruso que se decidió por el colaboracionismo porque era antiestalinista y decidió no portar sus condecoraciones hasta que su país no volviera a ser libre e independiente; después de la guerra. acabaría ahorcado en Moscú. Krasnov. que lo odia, es, en cambio, un cosaco que sueña una autonomía feudal y tribal; entre los tapices de su residencia principesca en la pequeña pensión de Carnia quizá tiene algunos mapas del siglo XVIII de la nación cosaca y quizá piensa en Mazepa, el atamán que hablaba latín y traicionó a Pedro el Grande con el invasor sueco. Resulta difícil imaginar cual habría sido el fin de su gente si el nazismo hubiese salido victorioso; no entiende que guio una migración —al revés— de un pueblo, que fue el líder de una esclavitud. Combatió por segunda ocasión una batalla que ya había perdido un cuarto de siglo antes, y esta repetición lo condena a ser el histrión de su propia derrota. Engañó a hombres valientes y desesperados, que él, buscando la aventura desde el bando equivocado, entregó a un poder extranjero que no les dejó ningún margen de elección, de libertad y de aventura.

La reacción paraliza la historia en el eterno retorno de los fantasmas; la trágica odisea cosaca es degradada a folklore. Es posible, pero no verídico, que haya sido Krasnov ese anciano de alta estatura que fue asesinado el 2 de mayo de 1945 en Villa cuando trataba de escapar disfrazado de soldado raso y cuyo cuerpo fue exhumado en 1957 por una comisión militar; según otros (Carnier, por ejemplo), en realidad fue colgado en Moscú en 1947. Algunos de sus cosacos cayeron en combate, otros que se rindieron cuando llegaron los ingleses acabaron ahogados en el Inn, para que no fuesen entregados a los soviéticos, algunos otros pudieron escapar.

Si los restos de ese desconocido que encontraron en Villa, sin que llevara consigo las barras y las estrellas de oficial, corresponden a los de Krasnov, solamente la desnudez y lo absoluto de la muerte lo liberaron de su imposibilidad de vivir la aventura. n

Traducción de María Teresa Meneses

Claudio Magrís Escritor. Entre sus libros, El Danubio y Conjeturas sobre un sable.

Genética al alcance

EL CIERRE CICLÓNICO.

GENÉTICA AL ALCANCE

La difusión científica ha tocado las puertas de la creación con el libro de Matt Ridley sobre los misterios revelados del genoma humano (Genoma. La autobiografía de una especie en 23 capítulos. Taurus. México. 2001). Sus informes dan para tanto, y se ofrecen son tanta sabiduría sintética, que incluso pasan la prueba del aforismo. El lector debe juzgar:

•  Cierto masoquista matemático ha calculado que cada cien mil años se añadían al cerebro ciento cincuenta millones de neuronas, el tipo de estadística inútil que le gustaba al guía de turistas soviético.

•  Definir los genes por las enfermedades que causan es casi tan absurdo como definir los órganos del cuerpo por las enfermedades que tienen.

•  La selección sexual es una expresión del antagonismo sexual entre los genes de la seducción y los genes de la resistencia.

•  Si piensas que descender de los monos es malo para tu amor propio, entonces acostúmbrate a la idea de que también desciendes de los virus.

•  La gran belleza del desarrollo embrionario, la minucia que los seres humanos encuentran difícil de comprender es que se trata de un proceso totalmente descentralizado.

•  Los genes, como el desventurado estudiante de medicina de Mary Shelley. deben perder el control de su propia creación.

•  Debemos cargar con el mecanismo del suicidio celular que heredamos.

•  Sabemos que hará más frío en invierno que en verano, pero no podemos decir si nevará la próxima Navidad.        n

Los cambios del cambio

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LOS CAMBIOS DEL CAMBIO

POR ALEJANDRO CRUZ

Aun antes de asumir el poder, Vicente Fox enfrentaba ya el compromiso de cumplir con altas expectativas de cambio en todos los órdenes. A medio año de nuevo gobierno el Presidente goza de un amplio capital de credibilidad, a pesar de algunos desencantos ya expresados por la población mexicana.

En México nadie ignora que ha habido un cambio histórico, un cambio político, con mayúscula, que llevó a un candidato opositor al gobierno nacional y que, por lo mismo, modificó la distribución del poder político en el país. Sin embargo, ¿qué ha pasado con los cambios que se supone traería el Cambio? En vísperas de su llegada al poder, ya se vislumbraba que uno de los principales retos que Vicente Fox enfrentaría era el de cumplir con las altas expectativas de cambio —como se entendiera— que había generado durante su campaña y, especialmente, con su triunfo electoral. A medio año de iniciado el nuevo gobierno, la población no espera ver súbitas transformaciones, pero sí que los primeros pasos hacia ese cambio prometido estén en consonancia con lo que se esperaba. Según se desprende de encuestas nacionales en vivienda (salvo que se indiquen encuestas telefónicas)1, el juicio de la población al transcurrir los primeros meses del sexenio expone ya algunas de las limitantes de un cambio que fue ofrecido y que muchos captaron bajo el simple mensaje de más. mejor y distinto. Por el momento, no se ve tan profundo ni tan propicio como al principio se creía.

En noviembre pasado, la naturaleza del cambio que habría de generarse con Vicente Fox presentaba facetas poco definidas en términos de su significado. Ese cambio en realidad estaba definido para la población básicamente en términos de “mejoría”, sin que existiera una clara visión o un acuerdo sobre las reformas de las reglas y de los procedimientos que podían llevar a cabo esa gran transformación propuesta. Se trataba, en suma, más de la esperanza de un cambio que de la seguridad de que se iba a dar.

De acuerdo con una encuesta telefónica en mayo, la mayoría cree que Fox ha cumplido “poco” con el cambio que prometió (53%). Sin embargo, el Presidente cuenta con dos ventajas que juegan a su favor: el tiempo transcurrido y la percepción de intención de cambio. La gente acostumbra dar un periodo de gracia en los primeros meses a las nuevas autoridades para empezar a cumplir, pues se conciben de manera realista las necesidades de adaptación y organización del naciente gobierno. En efecto, los mexicanos no eran ilusos esperando que los cambios ofrecidos por Fox llegaran inmediatamente. En noviembre sólo una minoría, el 28%, le otorgaba al todavía presidente electo un plazo de hasta seis meses para empezar a ver las transformaciones prometidas. La mayoría le daba el beneficio de un mayor periodo para cumplir. Así, como no se esperaba que Fox reformara y diera resultados relevantes tan pronto, lo exiguo del cambio efectuado hasta el momento resulta explicable para la mayoría, pues va empezando.

A Fox también le beneficia que se le perciba una auténtica intención de cambio (71% así lo siente), al margen de lo logrado hasta ahora. En otras palabras, si no se ha hecho más no ha sido por falta de voluntad presidencial. Sin embargo, esta percepción acostumbra tener rendimientos decrecientes en la conformación de la evaluación positiva de un gobierno.

El poco tiempo transcurrido del sexenio y los buenos propósitos presidenciales no implican que los mexicanos desatiendan o aprueben automáticamente los pasos iniciales que ya ha dado el nuevo gobierno. Aunque se vea algo normal que todavía no se haya hecho mucho, las dudas empiezan a surgir sobre el futuro de las reformas ofrecidas. Las inquietudes por la propuesta de cambio de Fox provienen principalmente de dos lados. Primero, la tolerancia temporal para ver cambios se acorta cuando se trata del bolsillo, circunstancia que resulta particularmente importante en un año de desaceleración económica. Segundo, la inevitable revelación de los métodos para el cambio en algunos casos ha resultado en una desagradable sorpresa para la opinión pública.

Medido el cambio sólo bajo la óptica de mejoría —como muchos lo tasan— y no de métodos para lograrlo, lo realizado por Fox hasta ahora deja resultados mixtos. Citemos el ámbito más sensible para los mexicanos: la economía. En los primeros meses de la nueva administración, la opinión pública observa la situación económica distinta respecto al pasado inmediato, aunque no necesariamente como el Presidente desea. En efecto, aunque un sector comparte en mayo todavía el optimismo foxista y ve un cambio positivo (“mejoría”) respecto a diciembre (30%), otro segmento más amplio, en paulatino crecimiento, percibe deterioro (36%). La desaceleración económica provoca una sensación de cambio para mal o más del mismo pasado que se quiere dejar atrás, y constituye una de las principales razones de la caída en la popularidad que Fox experimentó recientemente.

En ámbitos no económicos, como el combate a la corrupción y el conflicto en Chiapas. las cosas no se ven tan mal en comparación con los últimos tiempos del mandato zedillista. Las ampliamente publicitadas campañas de moralización administrativa en aduanas o la febril iniciativa pacificadora frente al EZLN, ahora trunca en su objetivo, han tenido su efecto para mostrar que las cosas ya no se deterioran en varios frentes. Por ejemplo, a fines del sexenio anterior, el 71% creía que la corrupción había aumentado en el último año, en tanto que ahora sólo el 37% piensa así de lo ocurrido en el último medio año. Por el momento, esto alcanza a mitigar la inquietud económica.

Medido por los medios y métodos, el cambio foxista generó el primer desencanto significativo en un amplio sector de la población cuando anunció la iniciativa de aplicar el IVA en alimentos y medicinas. La magnitud del “chasco”, por usar un término coloquial, se puede apreciar si se considera que en febrero la mitad de la población ignoraba la verdadera intención del gobierno respecto del IVA: 22% no sabía cuál era la posición oficial y, peor aún, 29% creía que la postura de la administración Fox era la de no cobrarlo.

Como consecuencia, el cambio empieza a verse menos profundo en su naturaleza y algunos ya ajustan sus expectativas al percibirlo como una cuestión más superficial. Aunque todavía no es mayoritaria, respecto a noviembre se extendió la impresión de que ocurre un cambio sólo de personas (idea ahora compartida por casi el 40%) más que un cambio de sistema para gobernar (sostenida por el 53%, 7 puntos menos que en las expectativas de noviembre).

Quizá lo más delicado es que, para muchos, la dirección que lleva el país no es promisoria, sino preocupante o incierta. Si en febrero el 45% pensaba que el rumbo era correcto, este porcentaje baja a 37% a fines de mayo. Por el contrario, sube de 35% a 40% el porcentaje de quienes creen que es equivocado, a lo que se suma un 23% que no sabe qué opinar. La razón más frecuente para pensar que la nave no va hacia buen puerto consiste en los problemas de la economía, a lo que se añade la cuestión del IVA.

Menos relevantes para el interés inmediato del común de la población, pero más reconocibles para la opinión pública y fundamentales para evaluar la realidad del cambio son las modificaciones en el ámbito de lo político que, por el momento, son consecuencia más de la redistribución del poder derivada del 2 de julio que de acciones del nuevo gobierno. Para muchos de los votantes de Fox o Cárdenas, el desplazamiento del PRI del poder es el cambio trascendente, el evidente y consumado, el que satisface por un tiempo, independientemente de que gusten o no las acciones del nuevo gobierno.

La sola derrota del PRI y la transmisión pacífica del poder constituyeron un proceso positivo en términos de opinión pública, pues vinieron a modificar algunas de las visiones arraigadas que la sociedad tenía sobre la política en el país. Por primera vez parecía consolidarse la confianza popular en que las elecciones mexicanas eran limpias, hecho fundamental porque dotaba de plena legitimidad de origen a los nuevos gobernantes.

La credibilidad en la transparencia electoral se ha sostenido en su mayor parte, aunque las controversias en los comicios locales celebrados desde agosto no han pasado sin dejar su huella para revivir las suspicacias. Si a mediados de julio de 2000 el 79% de la población con teléfono pensaba que en México las elecciones eran limpias, ahora piensa así el 54% tras las elecciones yucatecas. todavía por encima de lo observado en el sexenio anterior en periodos en que no había elecciones federales.

La incapacidad mostrada por la administración foxista para lograr consensos legislativos empieza a modificar el acuerdo con uno de los cambios políticos que han ocurrido en el país: la existencia de un gobierno dividido (presidente surgido del PAN y Congreso opositor). No escogido por los actuales gobernantes. pero vendido como virtud de la nueva era. este esquema de división del poder es un giro en la política que ya no resulta tan apetecible para la opinión pública. El entusiasmo por esta distribución del poder se ha caído para dar paso a la preocupación, pues el gusto por la pluralidad empieza a verse sustituido por el temor a la ingobernabilidad. Entre población con teléfono, en mayo por primera vez empezó a verse preocupante que ningún partido tenga mayoría en las cámaras legislativas (50%, 6 puntos más que en marzo).

En el mismo tenor, retrocede la creencia en que la coexistencia de un Presidente del PAN con un Congreso sin mayoría de ningún partido es benéfica (pasa de 74% en julio de 2000 a 57% en mayo entre la población con teléfono) y crece notoriamente el porcentaje de quienes la consideran negativa (pasa de 14% en julio pasado a 36% en mayo). La falta de acuerdos observada entre los actores políticos es la causa principal de este menor agrado con el gobierno dividido.

Otro cambio, que tampoco preferiría la administración foxista, es la percepción de mayor independencia de su partido respecto de las iniciativas gubernamentales. Según encuestas telefónicas, la gente observa que los diputados y senadores del PAN no apoyan incondicionalmente las propuestas presidenciales: desciende la percepción de que los legisladores blanquiazules apoyan las iniciativas de ley de Fox (baja de 49% en febrero a 42% en mayo) y crece la idea de que las respaldan sólo parcialmente (pasa de 22% a 30%).

Las expectativas de cambio continúan, alimentadas por el discurso presidencial, pero la certidumbre sobre la conveniencia de algunas acciones puestas en práctica está lejos de ser universal. Si no lo desborda la coyuntura económica actual. el gobierno de Fox todavía puede difundir la confianza en que el cambio de partido traerá cambios positivos en términos de políticas públicas y en la relación del gobierno con la sociedad: el Presidente todavía goza de la credibilidad que los nuevos gobernantes tienden a generar cuando llegan al poder sin cuestionamientos y, además, en muchos subsiste la urgencia de creer en algo o alguien tras el descrédito de administraciones anteriores. Incluso, no es rara la confianza en Fox forzada por el sentimiento de responsabilidad de haber votado por él. El reto presidencial es ajustar inteligentemente las excesivas esperanzas de la población sin minar más su credibilidad: la controversia por el IVA ha sido sólo un aviso. Por el momento, es más evidente el cambio político propiciado por la jornada del 2 de julio de 2000 que los cambios impulsados en los últimos meses por el novel gobierno surgido de esa elección.            n

(Encuesta telefónica) En estos momentos, ¿qué tanto cree usted que el presidente Fox ha cumplido con el cambio que prometió que habría en su gobierno? ¿Ha cumplido totalmente, bastante, poco o no ha cumplido?

Vicente Fox lleva casi seis meses como presidente de México. Con lo que usted ha oído o ha visto, ¿cree usted que hubo un cambio de sistema para gobernar o que sólo hubo un cambio de personas en el gobierno?

¿Usted cree que el rumbo que lleva el país es el correcto o cree que lleva un rumbo equivocado?

Como resultado de la elección del 2 de julio pasado, ningún partido tiene la mayoría en la Cámara de Diputados ni en la de Senadores. ¿A usted esta nueva situación en el Congreso le preocupa o le tiene sin cuidado?

(Encuesta telefónica) ¿Cómo calificaría usted las elecciones en México: limpias o sucias?

Alejandro Cruz. Maestro en Políticas Públicas, investigador asociado de BGC. Ulises Beltrán y Asociados, S. C. Los datos sobre las percepciones de la población en que se basa este texto provienen del Sistema de Recolección Continua de Información de Opinión Pública diseñado y desarrollado por BGC, Ulises Beltrán y Asocs., S.C. Los datos históricos anteriores a diciembre de 2000 se encuentran en el archivo del CIDE: Estudios de opinión pública de la Presidencia de la República, 1988-1994 y 1994-2000.

1 Las encuestas en vivienda durante el año 2001 se basan generalmente en muestras de 1200 entrevistas en hogares distribuidas en 120 secciones electorales. El esquema de selección corresponde a un muestreo sistemático de municipios con probabilidad proporcional al listado nominal. Dentro de cada municipio se eligen 3 secciones también con probabilidad proporcional a su número de electores. En cada sección se seleccionan aleatoriamente 10 viviendas y finalmente en cada vivienda se elige al informante mediante el cumplimiento de cuotas. Las encuestas telefónicas se levantan con muestras nacionales a población mayor de 18 años con un método basado en arranque aleatorio y selección sistemática de los números telefónicos residenciales mediante el sistema CATI (Computer Assisted Tetephone Interview).

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El nuevo paradigma

 EL NUEVO PARADIGMA

POR LUIS RUBIO

Que prevalecerá —pregunta Luis Rubio— en el México que goza ya de un conjunto de formas democráticas? ¿Qué prevalecerá: la fuerza o la institucionalización legal de los conflictos? Se trata de una duda de lo más trascendente, o sea de elegir la mejor manera de enfrentar las dificultades que llaman a la puerta.

Dos paradigmas se disputan el futuro de México: el de la fuerza y el de la institucionalización del conflicto. No es la primera vez que el país confronta una disyuntiva de esta naturaleza, pero sí es la primera vez que lo hace en el contexto de un sistema político que ya goza de un conjunto de formas democráticas. Lo que está de por medio no sólo es la forma en que el país mantendrá su estabilidad y avanzará en el terreno del desarrollo económico —como ocurrió en repetidas ocasiones desde el fin de la Revolución hasta el colapso de la economía al inicio de los ochentas— sino la posibilidad de dar un gran paso adelante, de saltar etapas en el desarrollo económico y, como han logrado países tan distintos como Corea y España, de arribar a buen puerto en un periodo muy breve.

La disputa política que enfrentamos no es pequeña ni intrascendente. A lo largo de los últimos meses hemos podido atestiguar conflictos en Tabasco, Chiapas y Yucatán cuya naturaleza habla por sí misma: se trata, en buena medida, de los rezagos de un sistema político que no acaba de desaparecer y que, quizá, no desaparecerá mientras uno nuevo no se consolide de manera definitiva. En este contexto aparece la disputa entre dos paradigmas sobre la manera en que el país puede y debe encarar sus problemas, la forma en que puede enfrentar sus dificultades. Cada uno de estos paradigmas refleja una visión contrapuesta del mundo. El que finalmente triunfe definirá el futuro del país en los próximos años.

El primer paradigma tiene su origen en la disputa política que caracterizó al sistema priista a lo largo de buena parte del siglo XX: la lucha entre el centro político y los cacicazgos regionales. Hoy, como al final de la Revolución, las tendencias descentralizantes de nuestra realidad política comienzan a tomar vuelo. Aquí nos encontramos con el dilema que perennemente caracterizó la era de los gobiernos priistas: cómo mantener el orden sin que se disgregue el país. El orden era una condición necesaria para el desarrollo social y económico, en tanto que la descentralización, usualmente asociada a cacicazgos regionales, impedía el progreso. Sucesivos gobiernos priistas se abocaron a imponer su propia manera de entender al mundo, de controlar a todos y cada uno de los movimientos que tenían lugar a lo largo y ancho del país y, por ese medio, avanzar en sus modestos programas de desarrollo económico.

El paradigma del orden y control respondía directamente a la realidad postrevolucionaria. El PRI mismo se forjó como una estructura centralista orientada a fortalecer el reinado de un presidente —de una monarquía sexenal no hereditaria, como dijera Cosío Villegas— mediante el sometimiento de toda oposición, en un principio sobre todo la de naturaleza caciquil. En el curso del tiempo, el ánimo centralista y controlador se extendió hacia los candidatos y partidos de oposición, factor que acabó por minar el reino priista toda vez que sofocó las naturales e inevitables necesidades y manifestaciones de diversidad que toda sociedad va generando en el curso de su desarrollo, a la vez que limitó el potencial de desarrollo económico del país en su conjunto. Es decir, el centralismo a ultranza que tanto sirvió al proceso de pacificación luego de la lucha revolucionaria acabó por revertirse en contra del sistema.

El dilema hoy se refiere a cómo acelerar el paso hacia la federalización del país sin que la nación se divida, a la vez que se sientan las bases para un desarrollo económico de altos vuelos.

El “nuevo” paradigma político no puede ser otro que el de la institucionalización democrática y legal del conflicto. Hoy, como hace setenta años, el problema es el mismo: cómo crear condiciones para que los conflictos que inevitablemente surgen, se puedan resolver de una manera institucional. La solución que Plutarco Elias Calles generó fue genial para su época. El conflicto se institucionalizaría a fuerzas, pero sin mayor dolor. Las partes en conflicto se incorporarían al nuevo partido (el PNR y luego sus dos sucesores, el PRM y el PRI) y, mientras se disciplinaran al jefe máximo, gozarían de enormes beneficios en términos económicos (acceso a la corrupción) y políticos (acceso al poder). La solución fue tan brillante que le dio décadas de paz y estabilidad al país. El nuevo gobierno no puede volver a ese sistema, porque éste ya hizo implosión (eso explica su acceso al poder), y porque esa manera de resolver —o posponer— los conflictos no funciona en un mundo caracterizado por la competencia, la ubicuidad de la información y el deseo de cada ciudadano de decidir por sí mismo.

La única vertiente que puede adoptar el nuevo gobierno es la de la creación de un sistema político basado en reglas escritas, precisas y conocidas por todos. Esas reglas, emanadas del marco legal, tienen que convertirse en la razón de ser del sistema político y en la guía de acción del gobierno federal. Lo importante en ese esquema no reside en el resultado sino en el proceso: el gobierno federal se aboca a hacer posible que las partes acuerden la manera de resolver sus diferencias, como incipientemente ocurrió en Tabasco hace algunos meses. El gobierno no decide por las partes ni se dedica a imponer su visión del mundo o a tratar de controlar a cada uno de los actores para garantizar el resultado que más le gusta. Su función reside, única y exclusivamente, en crear condiciones para la resolución del conflicto, basadas en la ley. Todos los instrumentos son válidos para lograr su cometido: desde la negociación hasta el uso legítimo de la fuerza pública: hacer cumplir las órdenes de los tribunales y proteger a las poblaciones más vulnerables. El punto es que el gobierno federal encauza y contribuye a resolver los conflictos, no a garantizar el resultado.

Los incentivos y estructuras institucionales del y viejo sistema político no cuadran con la nueva realidad del país o con las expectativas de la población. La pregunta es si parece posible transformar el sistema, abrir nuevos cauces de participación y favorecer el desarrollo de una verdadera ciudadanía. todo ello en el contexto de una economía fuerte y pujante. Corea y España lo lograron en las últimas dos décadas. Por qué no habríamos de lograrlo nosotros.

Las nuevas realidades, económicas y políticas, son muy claras. La economía del país se ha transformado. pero no todos los mexicanos se encuentran incorporados a la parte moderna de esa economía, circunstancia que les impide beneficiarse del boom exportador de los últimos años y del que sin duda vendrá en el futuro mediato. Por su parte, la realidad política del país dista mucho de ser la que añoran los priistas o el paraíso democrático por el que juran quienes apoyaron la elección del hoy presidente Fox. La verdad es que el país se encuentra frente a una difícil tesitura, tanto en lo económico como en lo político, que debe superar si ha de alcanzar el objetivo de elevar el nivel de vida del mexicano promedio.

Ni la política económica ni la democracia tienen sentido si no se reflejan en el nivel de vida de la población. Ese es, en esencia, el desafío que enfrenta el primer gobierno emanado de un partido distinto al PRI. El problema está en que es mucho más fácil entender el pasado, o criticarlo, que sentarlas bases para un desarrollo cualitativamente distinto. Ese es. en resumen, el reto para el nuevo gobierno.

Hay dos maneras de operar en un sistema político. Una es obedeciendo lo que dice el jefe, por conveniencia o por coerción, y la otra es ciñéndose a un conjunto de leyes y reglamentos que establecen las normas de comportamiento de todos y cada uno de los actores políticos, funcionarios públicos y autoridades gubernamentales. El sistema priista era, en este sentido, muy sencillo: toda la estructura reflejaba una pirámide: en ella cada nivel seguía las pautas establecidas por los de arriba. Los de arriba, en cada nivel establecían los criterios, objetivos y lineamientos a los que tenían que ceñirse los de abajo. En la práctica, el responsable de la política nacional, normalmente el Secretario de Gobernación, definía las reglas del juego y convocaba a los gobernadores para que las instrumentaran en forma cabal. A su vez, los gobernadores empleaban cualquier recurso a su alcance para hacer valer las reglas que les imponía su jefe político y de esta manera se hacía cumplir el orden establecido y se alcanzaba la estabilidad. Se cerraba un círculo perfecto: nadie retaba a la autoridad presidencial, lo que hacía que el control político se mantuviera incólume y que la estabilidad fuera una resultante natural de la interacción cotidiana.

Nuestra realidad política actual nada tiene que ver con aquella era que ahora parece fantasiosa. Aunque sin duda sigue habiendo un grupo de gobernadores que jamás dudaría en ceñirse a la autoridad presidencial, muchos otros ni siquiera le contestan el teléfono y, eventualmente, ninguno lo considerará materia de preocupación o atención. En esta nueva realidad, la vieja estructura de control no existe. Quienes se formaron bajo esa lógica no tienen capacidad de comprender lo profundo del cambio que ha ocurrido en el país. Lo paradójico, sin embargo, es que ese cambio tiene que acelerarse y profundizarse para conformar una nueva manera de proceder en lo político, pues la de antes ya no opera.

Lo que hoy vemos es el final de un sistema que ya no funciona. El gobierno federal no cuenta con un partido político fundamentado en lealtades inconfesables y frente al cual puede exigir y hacer valer un conjunto de reglas del juego no escritas como antaño. Al mismo tiempo, los gobernadores y alcaldes de las principales ciudades del país ya no necesariamente provienen del mismo partido que el presidente, por lo que ni siquiera existen relaciones informales que pudieran hacerse valer para poner a funcionar el sistema político o para resolver crisis cuando éstas se presentan. Las viejas instituciones —desde los partidos hasta el poder legislativo, pasando por el ejecutivo y los tribunales— están totalmente desalineadas. Nos urge encontrar una nueva manera de interactuar, una nueva lógica para la interacción política y, por lo tanto, para la preservación de la estabilidad.

En la actualidad, el poder legislativo no tiene el menor incentivo para colaborar con el ejecutivo o para responderle a la ciudadanía. Aunque en teoría responsable ante los votantes, la realidad es que ni unos ni otros perciben mayor vinculación. Los diputados y senadores, aunque en lo general se apegan a los lineamientos que establecen sus líderes partidistas, realmente no le responden a nadie, excepto a su conciencia, si alguna tienen. La aparente libertad de que gozan los legisladores acaba siendo un motivo natural de extorsión por parte de intereses creados que se benefician de la ausencia de representación, así como de las ideologías de antaño que no tienen ni la menor relevancia en la realidad cotidiana, aun cuando éstas, como la creencia en los déficit fiscales como una fuente de crecimiento económico, pueden causar un enorme daño a la economía popular. Los miembros del Congreso tienen que llegar a la conclusión de que su “chamba” depende de qué tan bien logren representar a la población de su localidad y de su capacidad para hacer posible el éxito de la labor gubernamental. O sea, es imperativo que existan incentivos para que los legisladores y el ejecutivo compartan el objetivo de la gobernabilidad como natural a su actividad. No cabe duda de que el primer gran cambio político que el país tiene que adoptar es el de la reelección a nivel legislativo, pues sin ello no existirá la menor urgencia de nuestros supuestos representantes para rendir cuentas o para responder ante el electorado.

Pero la falta de alineamiento trasciende el problema de la reelección. Ahora que la vieja lógica del sistema ha dejado de funcionar, el país debe comenzar a adoptar un sistema de reglas que le permita saber a todos los actores a qué atenerse. Si bien en el pasado esas reglas eran implícitas (o “no escritas”), la nueva realidad ya no permite que ese esquema funcione. El gobierno federal no tiene instrumentos para funcionar bajo la vieja lógica. Su única opción es cambiar la lógica del funcionamiento gubernamental de una manera radical y definitiva. La pregunta es por dónde comenzar.

El nuevo paradigma de la política mexicana tiene que partir de tres nuevas realidades: a) el gobierno federal ya no puede hacer valer la lógica del control y la disciplina (por el contrario, tiene que hacer todo lo posible para erradicarla); b) los gobiernos locales y estatales sólo pueden funcionar y sobrevivir en la medida en que respondan a sus propias bases políticas, lo que por fuerza tiene que incluir un cambio radical en la estructura de recaudación fiscal en el país, privilegiando la recaudación a nivel estatal y local; y c) la única manera de interactuar en un entorno político multipartidista en el que ningún actor tiene capacidad de control absoluto y en el que cada actor tendrá que responder, incrementalmente, a sus propias bases electorales, es mediante la existencia de reglas generales de interacción que son aceptadas por todos y que se hacen cumplir, sin misericordia, por la autoridad a cada nivel. En este nuevo entorno, el papel del gobierno federal es, simple y llanamente, el de hacer cumplir la ley, con frecuencia mediante el recurso a la violencia institucional, es decir, el recurso a las policías para contener cualquier desviación.

La tarea esencial que le queda al gobierno federal en esta nueva era es la de concertar el acuerdo político que haga posible la adopción de un conjunto de reglas del juego que sean aceptadas por todos. Es decir, si el futuro del país depende de la existencia de un conjunto de reglas que todo mundo acepta como válidas, la tarea del gobierno es la de elaborar esas reglas y consensarlas con todos los actores políticos. Eso sólo será posible mediante una acción sistemática que primero, le confiera credibilidad a su actuar neutral y. segundo, le permita avanzar hacia la conformación de los cimientos que eventualmente, permitan lograr un acuerdo político nacional. Por supuesto, un acuerdo nacional puede ser precedido de una sucesión de entendidos más limitados, pero lo fundamental reside en la gradual adopción de valores y procedimientos que, por la fuerza de la costumbre, se conviertan en prácticas aceptadas por todos.

En nuestra realidad es más que evidente que el primer gran entendido tiene que alcanzarse entre el gobierno y el PRI. El PRI es el factótum del sistema político actual, toda vez que su representación en el Congreso le confiere una capacidad virtual de veto en prácticamente cualquier legislación. Si bien muchos analistas y políticos calculan que el PRI podría retroceder todavía más en la próxima elección federal, la realidad es que, en un momento tan cambiante, nadie tiene capacidad de anticipar el ánimo de los votantes a treinta meses de distancia. El PRI o, más bien, los priistas, son un factor de poder tanto en algunos de los estados más conflictivos como en el poder legislativo. El primer cimiento de un acuerdo político nacional necesariamente tiene que pasar por el PRI. Es ahí donde el nuevo gobierno debe sentar las bases de cooperación política en general y legislativa en lo particular.

El sistema político del futuro tendrá que ser muy distinto al del pasado. El futuro demandará de los políticos una atención cotidiana hacia sus representados, así como el desarrollo de la industria del cabildeo, o de lobbying donde todos los ciudadanos, cada uno a su nivel, tendrá la posibilidad de hacer sentir sus preferencias y deseos. Los legisladores tendrán claridad de mira, toda vez que enfrentarán las demandas del ejecutivo, las presiones de sus propios votantes y las exigencias de sus patrocinadores. Por su parte, el ejecutivo se verá limitado por la capacidad de los legisladores para comprender la complejidad de su propia visión. Será un sistema mucho más complejo que el de antaño, pero más estable. La pregunta importante es si habrá la sabiduría para articularlo y, sobre todo, la conciencia para no desarrollar un nuevo ente paralítico, sino un sistema dinámico que incentiva la participación de todos, en un entorno de gobernabilidad. Queríamos la democracia; ahora hagámosla funcionar.                    n

Luis Rubio. Politólogo. Director de CIDAC. Su último libro es Tres Ensayos: Eubaproa. Privatización y 7ZC(Cal y Arena).

Infortunios de la virtud cívica

INFORTUNIOS DE LA VIRTUD CÍVICA

POR FERNANDO ESCALANTE GONZALBO

Dice Fernando Escalante que el arribo a la democracia no incluye un paquete de virtudes que idealmente constituyen a un ciudadano en regla. El ciudadano ideal necesita de largos procesos de añejamiento y no de buenas intenciones, regaños o campañas publicitarias.

Es prácticamente un lugar común la idea de que tenemos en México una democracia sin ciudadanos, o bien con una ciudadanía defectuosa, incipiente, que no está a la altura de su tarea. Puede que sea verdad, pero no tiene nada de raro, es decir: no hay ninguna razón para esperar otra cosa. Sin embargo, se dice como si fuese algo notable, inesperado y peligroso; como si hubiese un contraste inverosímil entre el “heroísmo cívico” de la elección del año 2000 y los comportamientos de hoy, a pocos meses de distancia.

Veamos lo que hay. Resulta que desde hace algún tiempo la gente acude a votar y no vota automáticamente por el PRI; más bien parece que duda y se deja cortejar, atiende a la propaganda, ve a los candidatos en la televisión, y después decide por razones bastante oscuras. Tal como se supone que debe hacerse en un régimen democrático. Pero a continuación, en todo lo demás, se comporta casi igual que antes, siguiendo la lógica de la extorsión clientelista, negociando el incumplimiento de la ley: organiza motines y bloqueos pidiendo cosas imposibles, no quiere pagar impuestos, no confía ni un poco en las fuerzas del orden público ni en los jueces, recela de las formas de representación, se busca la vida más o menos al margen de la ley. Como lo ha hecho siempre.

Insisto: no hay ninguna razón sensata para esperar algo distinto. Pero lo cierto es que se dice con amargura: parece decepcionante: como si el ejercicio de la democracia debiera llevar consigo el conjunto de virtudes que constituyen, idealmente, a un ciudadano en regla: moderación, responsabilidad, autocontrol, conciencia del interés público, voluntad de cumplir la ley, respeto hacia el orden institucional. Como si el origen del gobierno debiera garantizar la obediencia y la buena disposición de todos. La verdad es que no es así. La relación entre la democracia y las virtudes cívicas es remota, tortuosa, incierta. Y lo que sucede hoy en México no es. en absoluto, algo extraño. De hecho, el ciudadano ideal de ia tradición republicana no ha existido seguramente en ninguna parte. Hay sociedades en que predominan actitudes más civiles, sociedades —digamos— más obedientes y respetuosas, sociedades más fáciles de gobernar. Pero eso no es una condición para la práctica democrática ni es consecuencia de ella.

En su sentido más llano, democracia viene a significar gobierno del pueblo, y quiere decir que la masa de quienes componen la comunidad política interviene de alguna manera cuando se toman las decisiones. Ahora bien: eso no requiere casi ningún atributo particular, ninguna virtud especial, ninguna forma de civilización. Según parece, las primitivas tribus germánicas, por ejemplo, se gobernaban de un modo que habría que llamar democrático: todos en masa, reunidos en asamblea y armados, decidían los asuntos de importancia. De acuerdo con cualquier definición verosímil, no eran gente civilizada; se parecían muy poco a los ciudadanos que podemos imaginarnos hoy: razonables, reflexivos, moderados. Pero sí eran bastante demócratas.

Por supuesto, modernamente es necesaria una organización mucho más complicada para el gobierno democrático; hace falta contar, por lo menos, con la definición explícita de un conjunto de derechos políticos: el derecho de votar y ser votado, para empezar, o el derecho de asociación. Y eso implica la existencia del Estado y de dosis mínimas de obediencia y seguridad. Sin embargo, por más ilusiones que se hayan hecho siempre los liberales, no hay nada en la idea democrática ni en el orden práctico de la democracia que haga obligatorio el respeto de los derechos civiles, que son indispensables en nuestro ciudadano ideal; no hay garantía alguna de que una organización democrática del poder político respete incondicionalmente la libertad de conciencia o la privacidad. De hecho, no sólo pueden ir juntas sino que, a principios del siglo XXI. suelen ir juntas con frecuencia la democracia y la incivilidad; cuando tiene ocasión, la gente se inclina muchas veces a favor de partidos intolerantes, racistas, xenófobos, autoritarios, clericales, incluso teocráticos.

Por otra parte, a pesar de todo el entusiasmo de los ilustrados, la educación no ha servido de gran cosa para procurar conductas cívicas; y la democracia, además, no lo necesita. El funcionamiento de un orden democrático no requiere de modo indispensable que la gente tenga mayores conocimientos, ni una clara conciencia del interés público ni nada parecido. Sólo hace falta saber cruzar una papeleta de voto, distinguir el azul del amarillo. La democracia permite que las decisiones, algunas decisiones al menos, correspondan a los deseos de la mayoría, pero no garantiza que sean buenas decisiones: ni correctas, ni justas, ni razonables, ni siquiera benéficas para la mayoría. Por eso son tan frecuentes, tan amargas e irremediables las quejas por la “manipulación” del electorado o por los efectos de la industria publicitaria sobre el comportamiento electoral.

Pero volvamos a nuestro lugar común: tenemos una democracia sin ciudadanos (sin esos ciudadanos que son modelo de virtud, se entiende). Quienes se sorprenden, o se dicen sorprendidos o defraudados, están generalmente en la creencia de que la elección del año 2000 significó verdaderamente una transición a la Democracia, un cambio de régimen producto de la conciencia cívica de la mayoría de la población. Por eso se extrañan hoy. en vista de lo que hay: porque interpretan el pasado reciente en clave épica.

Lo mismo, o algo muy parecido, ha sucedido en otras partes. En las décadas finales del siglo XX la idea de la Democracia inspiró toda clase de ilusiones y fantasías: en México como en Filipinas. Paraguay o Argentina; como es natural, la realidad democrática ha producido sentimientos de frustración igualmente graves. Por eso los que eran teóricos de las “transiciones” se han convertido en expertos en los problemas de “consolidación” de la democracia; han descubierto. por ejemplo, que en casi todas las sociedades subdesarrolladas falta una cultura ciudadana sólida y que. sin ella, el orden democrático deja bastante que desear. Es decir: no produce decisiones sabias y prudentes, sino que favorece liderazgos disparatados, demagógicos y corruptos, que las instituciones no funcionan mejor ni está la gente mejor dispuesta para cumplir con la ley. No desaparecen los caciques ni se transfigura la clase política.

No es que no haya razones para el desencanto, sino que nunca las hubo para estar encantados. En eso consiste todo el problema. Había mucho de ingenuidad en la ilusión democrática y había también su parte de engaño deliberado, pero sobre todo había la necesidad de creer en algo; por eso se omitía de modo sistemático, se excluía de la conciencia cualquier dato que amenazara con desfondar las esperanzas: era indispensable creer y empujar la historia a base de fe. Por supuesto, cualquiera podía saber que la cultura política mexicana no permitía hacerse grandes ilusiones y que no cambiaría de la noche a la mañana. pero resultaba muy desagradable hablar de ello; se entendía que eso era equivalente a decir que “no estábamos preparados” para la democracia.

Lo malo está en haber supuesto, a fuerza de buena fe y ganas de creer, que la alternancia transformaría al país de arriba abajo o, peor, que era un signo de que todo había ya cambiado. Porque lo que viene a continuación es la frustración, el desconcierto, el reprocharle a la sociedad su falta de civismo; y de ahí no resulta nada útil.

El ciudadano ideal es una quimera: en cualquier sociedad por civilizada que sea, las conductas políticas suelen obedecer a impulsos considerablemente más mezquinos e inmediatos, y no a una desapasionada contemplación del interés público. Pero es cierto que algunos hábitos y costumbres se acercan más a la idea cívica: el respeto del orden institucional, el cumplimiento regular de las leyes, la tolerancia, la capacidad para el diálogo razonable. Ahora bien, la formación de esos hábitos cívicos resulta de procesos históricos muy largos y también violentos: la concentración del poder en el Estado, la supresión de los cuerpos intermedios, la extensión de las relaciones de mercado y. en general, una mínima igualación de las condiciones de vida, que hace imaginable, creíble un “interés público”. La historia mexicana ha ido en otra dirección. Tenemos un Estado precario: ineficiente y mal financiado, y una enorme, inmanejable desigualdad (económica, cultural, política); por ambas razones ha sido necesaria una extensa red de intermediarios políticos, cuya función ha consistido precisamente en negociar el incumplimiento selectivo de la legalidad. Eso quiere decir que nuestro arreglo político produjo otros hábitos y otras virtudes.

Es un arreglo que ha tenido toda clase de defectos, y dos particularmente graves. Uno: funcionaba bien, con relativo buen éxito, a costa de entorpecer, deformar o suspender la lógica rigurosa del Estado. Casi todo lo que cabe en ese cajón de sastre que es, entre nosotros, la “corrupción”. El segundo defecto, el peor, es que ya no funciona, que no puede ofrecer soluciones: el sistema de intermediación priista ha sido rebasado, desarticulado, quebrantado, se ha vuelto ineficaz y a veces puramente parasitario. Pero eso no significa la madurez cívica de la sociedad, no significa que la lógica jurídica del Estado pueda imponerse de modo automático. Sería una gran cosa vivir en una sociedad donde estuviese claro en qué consiste el interés público, donde se pudiera imponer a todos el cumplimiento de la ley, sin excusas ni salvedades; sería una gran cosa que se pagaran los impuestos como cosa de rutina, que se pudiera confiar en los jueces y en la policía. De momento, no puede ser.

Cuando se dice que no hay ciudadanos, se dice eso: que persisten muchos de los hábitos de siempre, los de la extorsión particularista y las formas parasitarias de inter mediación. Pero eso no se remedia a base de buenas intenciones, regaños y publicidad. Muchas de las prácticas habituales resultan injustificables, es cierto; a cambio, muchas de las leyes, con toda su justicia, son impracticables. En esas circunstancias, la democracia producirá a veces resultados extraños y en general no será cómoda ni fácil de gobernar; a lo mejor tiene una ventaja: ponernos delante de los problemas, tal como son, y curarnos de ese idealismo patológico cuya consecuencia es que terminemos por cohonestar cualquier desvergüenza, visto que en nuestra noche de inmoralidad todos los gatos son pardos.                   n

Fernando Escalante Gonzalbo Investigador de El Colegio de México. Es autor, entre otros libros, de Ciudadanos imaginarios y El principito o Al político del porvenir.

Vida pública: Hechos y tendencias

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PALOMAR

VIDA PÚBLICA

HECHOS Y TENENCIAS

Se cumple un año de la elección del 2 de julio que echó al PRI del poder y siete meses de gobierno de Vicente Fox. Nexos dedica este número a revisar el año de la alternancia según la percepción de la ciudadanía, y algunos logros, estilos, errores y pendientes del nuevo gobierno.

El año ha sido exitoso, sin las catástrofes sexenales al uso, lo cual no es poco decir. El tiempo, sin embargo, ejerce su desgaste. El 1°de mayo Fox recibió chillidos de agrupaciones obreras de todo el país. Días después admitió que el crecimiento económico sería mediocre. Luego anunció un recorte presupuestal. Más tarde, su Plan Nacional de Desarrollo fue recibido con silbatinas en la izquierda y críticas en el mundo empresarial. Su popularidad bajó en las encuestas. La crítica periodística creció. El presidente comparó a sus críticos con la metáfora quijotesca de los perros que ladran a quien cabalga. La luna de miel sigue alta pero empieza el matrimonio de todos los días (De la luna de miel al matrimonio. Ver p. 6).

Quedó estancada la reforma fiscal de la que depende la imagen del gobierno ante los mercados extranjeros. Es un bocado que no cabe por la garganta dividida del Congreso: antes de la primera mordida, produce agruras en todos los frentes.

Malas noticias: el gobierno mexicano ha seguido gastando como millonario con ingresos de mendigo. El Banco de México reveló que el déficit gubernamental es el triple de lo reconocido hasta ahora; la deuda pública, el doble (Deudas invisibles, pagos obligados. Ver p. 7).

Buenas noticias: se cumplirá la meta de 6.5 de inflación para el 2001. El primer trimestre del año entró dinero externo por el doble del déficit comercial (déficit: 4,388 millones de dólares; dinero externo: 8,064 millones). Las remesas de mexicanos que trabajan en Estados Unidos alcanzaron niveles inéditos: 2,010 millones de dólares, dos tercios del valor de las exportaciones de petróleo crudo en el mismo periodo.

El canciller Jorge Castañeda reabrió en España la discusión sobre la necesidad de un ajuste de cuentas mexicano con su pasado. La revisión y castigo de las impunidades acumuladas del régimen priista es, según el canciller, el problema más difícil de la transición mexicana. El secretario de Gobernación, Santiago Creel, dijo que no habrá Comisión de la Verdad. El mismo día, el presidente Fox dijo que el asunto está en el aire (Ajuste con el pasado. ¿ruptura con el presente? Ver p. 7).

fj^ Los votantes, por su cuenta, siguen ajustándole las cuentas al PRI. Por primera vez en la historia, las elecciones de Yucatán dieron el triunfo al PAN. poniendo fin al dominio del PRI y de Víctor Cervera Pacheco, el político priista que se las ingenió para gobernar ese estado doce años. Cervera fue un gobernador de medios turbios y logros claros, encarnación acabada de los claroscuros del PRI.

Los Congresos locales de Querétaro, Campeche y Guanajuato aprobaron las reformas constitucionales en materia indígena. Antes lo hicieron Veracruz, Colima, Puebla y Aguascalientes. Las rechazaron luego los estados de Oaxaca y Zacatecas. Faltan diez estados más para que la reforma alcance rango constitucional. La votación sigue. Quedan claras varias cosas. La unanimidad es cosa del pasado en México. La anuencia del EZLN dista de ser lo que se necesita para aprobar la ley. La aprobación de la reforma dista de ser lo necesario para arreglar Chiapas.

Citigroup, el mayor banco del mundo, compró 100% del Grupo Financiero Banamex-Accival (Banacci). la institución número dos de México, en una transacción con valor de 12,500 millones de dólares. Esta transacción equivale a un año de inversión extranjera directa. Es la mayor de su tipo realizada nunca en un mercado emergente. Los mercados reaccionaron con euforia, la opinión pública con rabia.

Como el fantasma de la ópera, el del rescate bancario regresa una y otra vez al escenario. La venta de Banacci recordó a todos que entre los activos vendidos por el banco hay un pagaré por 3,500 millones de dólares del tesoro público. La Comisión Permanente del Congreso convocó a los funcionarios involucrados en la autorización de la compra para que expliquen en qué consistirá el negocio (Fiesta del mercado, duelo de los contribuyentes. Ver p. 8).

La percepción del “Riesgo / País” de México tiende a mejorar, pero otras mediciones internacionales, como la de competitividad global, revelan el largo camino por recorrer en esta materia (México Global Inc. Los riesgos de la compañía. Ver p. 9).

El ex obispo de San Cristóbal de las Casas. Samuel Ruiz. dijo que era una afrenta a los indígenas suponer que sólo podían pensar y manifestarse a través de un “testarudo enmascarado fumador de pipa”, el subcomandante Marcos. Es lo que hemos dicho en esta revista hace años, y otras cosas que don Samuel todavía no se atreve a decir aunque son tan obvias como su reciente declaración.

El aumento salarial a maestros, telefonistas, electricistas y líneas aéreas fue muy por encima de la inflación esperada. También fue superior a la productividad de la mano de obra manufacturera, que se ha derrumbado. Los expertos prenden un foco rojo: si los salarios crecen en términos reales y la productividad no, tarde o temprano los salarios se desploman y la productividad también (Mala mezcla: Peso al cielo, salario al alza, productividad al suelo. Ver p. 10).

El presidente del Instituto Federal Electoral, José Woldenberg, recordó a los mexicanos que su sistema electoral no es perfecto y que requiere varios cambios, entre ellos premiar menos la proliferación de partidos que sólo significan más gastos para el erario.

En este mismo número, la propuesta completa de Woldenberg: Doce reformas deseables: ver pp. 44-49 (Doce reformas, tres comentarios. Ver p. 11).

The New York Times le contó a México lo que México sabía: la historia privada de interés público que liga al presidente Fox con la vocera de la Presidencia. Martha Sahagún. La siguiente intimidad revelada de los asuntos internos de Los Pinos fue que eran demasiado caras las toallas y los sillones comprados para reamueblar la residencia presidencial. Como parte de su política de transparencia, la Secretaría de la Contraloría puso en su página de internet los precios de esas adquisiciones. Las toallas costaron 4,000 pesos cada una. n

De la luna de miel al matrimonio

Creemos que el presidente Fox cometió un error estratégico poniendo en el primer lugar de su agenda el conflicto de Chiapas. Triunfó en toda la línea, no hay duda, pero ese triunfo significa poco para su proyecto gubernativo. Más decisivas son la reforma fiscal, la reforma eléctrica y una buena relación con el Congreso. El triunfo en el asunto chiapaneco pospuso esas reformas y distanció al presidente del Congreso y de su partido. Finalmente. el EZLN rechazó la reforma.

El 1° de mayo un auditorio obrero le chifló al presidente. Una encuesta del periódico Reforma constató una baja en la popularidad de Fox. Entre febrero y mayo su calificación promedio pasó de 7.5 a 6.8 y la aprobación de su trabajo cayó de 70% a 65%. La desaprobación aumentó del 11 al 24%.

El panorama económico se complicó también. México tiene presente la promesa de Fox de que hará crecer la economía un 7% anual. En el primer trimestre. el gobierno corrigió señalando que crecería al 4.5%. El Banco de México dijo que al 3%. La previsión anda ahora en el 2%.

Para hacer frente a la emergencia, el gobierno anunció con gran aparato un recorte mínimo al gasto público, del 0.03%, que el analista Raúl Trejo Delarbre ilustró así: “En una familia cuyos ingresos fuesen de 10,000 pesos al mes, una reducción equivalente a la que anuncia el gobierno sería de 25 pesos”. El verdadero mensaje no fue el recorte sino el nerviosismo del gobierno, cuya sobre-actuación en los medios a este respecto creó la impresión de que el país llegaba a una nueva crisis.

La economía mexicana no está en crisis. Las expectativas de un menor crecimiento son reflejo puntual del desempeño

de la economía estadunidense que enfrenta su primera desaceleración después de diez años de expandirse. Es la primera vez que México vive un ciclo económico a la baja desde su entrada al TLCAN. Pero no está frente a una crisis.

Los comunicadores gubernamentales tomaron otra vez la iniciativa con un doble informe encimado: el de los primeros seis años de gobierno y el anuncio del Plan Nacional de Desarrollo 2000-2006. Paralelamente, llegó la noticia de que el Congreso no abriría un periodo extraordinario para aprobar la reforma fiscal. clave para el proyecto de Fox y para los inversionistas extranjeros que han condicionado a esa reforma su reconocimiento de México como un país sin riesgo para la inversión.

Los logros listados en el informe de los seis meses de gobierno y el anuncio del Plan Nacional de Desarrollo cayeron en tierra escéptica. El éxito del país en este año ha sido tener una transición política suave con alternancia en el poder y una economía sin crisis sexenal. Pero esas cosas ya no son novedad ni conmueven a nadie. El respetable quiere orejas y rabo o nada.

El Plan Nacional de Desarrollo de Fox responde a una docena de “principios rectores” y anuncia también la formación de un Sistema Nacional de Indicadores para evaluar el desempeño del gobierno. El documento hace recordar el consejo atribuido al cardenal Cassaroli. eterno secretario del Vaticano: “Nunca exponga en más de tres puntos lo que tenga que decir”.

No falta quien recuerda al presidente que ya acabó la campaña y comenzó su gobierno. Hay. en general, mucha media y pocas nueces. Chiapas fue un buen show sin consecuencias prácticas, la reforma fiscal está en vilo y la eléctrica no tiene para cuándo en el Congreso. El crecimiento económico del año pasado se evaporó. El problema de la inseguridad pública sigue igual.

La luna de miel de Fox con su sociedad tiende a volverse poco a poco un matrimonio normal.                 n

Deudas invisibles, pagos obligados

El reporte anual del Banco Central sobre el año 2000 saca algunos esqueletos del armario.

El primer asunto grave se refiere al tamaño de la deuda del sector público: 2 billones 66.000 millones de pesos, una cifra superior a la reconocida hasta hoy. La razón es que los criterios del Banco de México han cambiado para hacer más reales nuestras cuentas públicas. El Banco de México incluye ahora la deuda neta de los rescates bancario y carretero que suman 72,000 millones de dólares. Esa deuda no es pública en sentido estricto, pero está garantizada por el gobierno y debe contabilizarse como tal. En términos nominales, la deuda pública está en los niveles más altos de la historia.

El segundo asunto grave es el tamaño del déficit público del año 2000 que se había fijado en 0.93% del PIB. Pero si se suman a ese cálculo los llamados “programas de deuda contingente”. la cifra del déficit crece incluso a 3.4% del PIB. Al déficit de operación del gobierno hay que agregarle el pago que deberá hacer por sus compromisos de compra de plantas eléctricas e infraestructura hechas con dinero privado, el rescate bancario y el carretero.

Las malas noticias no paran ahí. Los nuevos montos de deuda y déficit contabilizados hasta ahora no incluyen otras deudas inminentes, en particular las de los sistemas públicos de pensiones.

Ni el ISSSTE. ni el IMSS. ni los sistemas de seguridad y pensiones de los estados tienen reservas suficientes para pagar las pensiones que sus derecho- habientes han “ahorrado” a lo largo de los años. Esas instituciones se han gastado los ahorros en otras cosas. No se sabe cuánto es. pero estamos hablando de las pensiones de dos y media generaciones de trabajadores.

Queda así en entredicho una cuestión central para el desarrollo económico estable del país: el equilibrio fiscal del gobierno. Una vez más. en estos últimos años el gobierno ha gastado mucho más de lo que podía. Vuelve a mostrar la mayor de sus enfermedades económicas: una penuria fiscal crónica que le impide cumplir con sus abrumadoras obligaciones de inversión en todos los órdenes: educación, salud, infraestructura. desarrollo social, seguridad. Es un gobierno obligado a gastar como millonario que colecta impuestos como mendigo (México recoge impuestos por el 11% del producto interno bruto. España, el 40%).     n

Ajuste con el pasado, ¿ruptura con el presente?

¿Es posible para el nuevo gobierno llegar a acuerdos con el PRI cerrando los ojos al pasado o debe “ajustar cuentas con el pasado” para generar el nuevo balance de fuerzas que prometió y requiere su gobierno?

Durante la campaña foxista el rechazo al pasado fue un eje articulador de la idea de cambio. Una vez en el gobierno la meta es ante todo la búsqueda de eficacia gubernativa. El gobierno goza de apoyo popular, pero tiene una debilidad por la ausencia de acuerdos sustantivos con las fuerzas políticas nacionales. La popularidad presidencial es un gran capital político, pero sólo será útil si sirve para facilitar las decisiones clave de su gobierno. La negociación política es la única utilidad de largo plazo de la estrategia mediática.

Creemos que los ejes de esa negociación son: 1. Consolidar la alianza con el PAN. en particular con las bancadas en el Congreso, para impulsar un provecto armónico de gobierno. 2. Construir alianzas con el PRI para las reformas centrales del proyecto foxista. 3. Aprovechar las oportunidades de acercamiento que permita el PRD.

El arreglo que permitirá construir gobernabilidad es el del PAN con el PRI. El PRI es el partido que abre un mayor espacio de negociación con el gobierno en asuntos fundamentales: la reforma fiscal, la energética, la laboral y la reforma del Estado. Por tanto, el apoyo ‘e este partido es indispensable para la consecución del proyecto de gobierno.

El dilema es claro: de un lado, optar por un “ajuste de cuentas con el pasado” echará tuercas en ese engranaje, porque toda estrategia al respecto iría dirigida, necesariamente, hacia los altos cuadros priistas que gobernaron el país.

De otro lado, los delitos de corrupción y las impunidades del viejo régimen están ahí. Hay una lista intolerable de desaparecidos. Hay sospechas públicas sobre la transparencia del rescate bancario, las privatizaciones, el rescate carretero o los responsables de matanzas como Aguas Blancas o Acteal. Y el compromiso con la legalidad es también un eje de la propuesta foxista.

No es extraño que el gobierno se encuentre dividido. Parte del gabinete de Fox sostiene que el ajuste de cuentas con el pasado debe hacerse persiguiendo por las vías institucionales todos los delitos que puedan documentarse. Otra parte del gabinete piensa que debe emprenderse una acción especial, mediante comisiones de la verdad o tribunales ciudadanos para investigar.

Por una vía o por otra la pregunta sigue viva: ¿puede alcanzarse la negociación para el futuro sin otorgar impunidad al pasado? ¿Hace falta la amenaza de un castigo para “obligar” a negociar a los priistas? Es uno de los grandes dilemas prácticos y morales de la transición. Creemos que ninguna impunidad del pasado debe quedar sin castigo, pero estamos en contra de todo proceso que suponga cacería de brujas, linchamientos en los medios y manipulaciones judiciales tan grotescas como se han visto hasta ahora en todos los intentos mexicanos de ajustar cuentas con el pasado.

La impunidad de los gobiernos de hoy no puede ser instrumento para castigar la impunidad de los gobiernos de ayer.   n

Fiesta de los mercados, duelo de los contribuyentes

Si alguna duda quedaba de que en México la sensibilidad del mercado va a con- trapelo de la sensibilidad política, basta para confirmarlo la absorción de Banamex por Citigroup.

A fines de mayo se supo que Citigroup, el mayor banco del mundo, había comprado 100% de Banamex- Accival (Banacci), la institución bancaria número dos de México, en una transacción con valor de 12,500 millones de dólares. Es la mayor operación realizada por un gigante financiero en un mercado emergente, y equivale a un año de inversión extranjera directa en México.

La operación fue dividida en dos partes: un pago en efectivo a los accionistas de Banamex por 6,250 millones de dólares y otro tanto en acciones de Citigroup. El optimismo desbordó los mercados. Se fortaleció el peso, bajaron las tasas de interés, hubo un récord de operación en la Bolsa Mexicana de Valores que alcanzó su nivel más alto desde abril de 2000. Las acciones de Banacci ganaron 30%. La noticia compensó lo que en semanas pasadas se había perdido: el optimismo sobre el futuro económico del país.

De modo que, en los mercados, hubo fiesta. En los medios políticos hubo, por el contrario, irritación. De inmediato reapareció el fantasma del Fobaproa: Banamex vendía un banco saneado gracias a un rescate de 3,500 millones de dólares que será deuda pública pagada por los contribuyentes. Si hay utilidades, fue el argumento, que Banamex pague con sus utilidades lo que ha de pagar el erario público.

Diputados del PRD señalaron que el grupo financiero debe saldar su “deuda” con los contribuyentes del país para poder efectuar una transacción de ese tipo. El PRI señaló que está dispuesto a una revisión profunda de todo el proceso de saneamiento bancario. El caso de Banamex. dijeron los priistas, puede servir para revisar la cartera recuperable, y para que el 30% a que quedaron obligados a pagar los bancos saneados se doble a un 60%. El PAN se mostró dispuesto a que el asunto se discuta en el Congreso y a que el Secretario de Hacienda se presente a explicar la transacción.

Por unanimidad el Congreso citó a comparecer al subsecretario de Hacienda, Agustín Casterns, y a los titulares del IPAB, Julio César Méndez, de la CNBV, Jonathan Davis, y de la Comisión Federal de Competencia, Fernando Sánchez ligarte, para que expliquen el proceso de venta de los activos de Banamex al corporativo Citigroup.

Así, la gran noticia de los mercados fue el gran escándalo de la política.

Al asentarse las aguas, quedaron flotando dos críticas de consideración. La primera, el pagaré por 3,500 millones de dólares que permitió el saneamiento de Banamex y sigue siendo deuda pública. El contribuyente, que cargó con el 70% de los costos para evitar la quiebra del banco, no se verá compensado con las ganancias de la transacción. La segunda crítica se refiere a que la compra de Banamex colocará la mayor parte de la banca mexicana en manos de extranjeros, lo cual debilitará la soberanía financiera del país.

Respecto de lo primero hay que decir que es efectivamente un escándalo la realización de un negocio privado de esa envergadura amarrado a un pagaré de deuda pública que vale casi la tercera parte de la operación. Pero hay que decir también que esas son las reglas que las autoridades definieron para el rescate bancario. Bajo esas mismas condiciones, con fondos públicos que pasan como capital privado de los bancos, se han vendido a bancos extranjeros los antiguos bancos mexicanos Inverlat, Bancomer y Serfín.

¿Debe desautorizarse la venta de Banamex porque su posición financiera es más sólida? ¿Hay que castigar a los accionistas de ese banco por haber administrado bien su institución? Si se revisa la compra de Banamex, ¿no deberían revisarse también las otras, aunque hayan sido menos negocio?

A la hora de diseñar el rescate bancario, las autoridades defendieron muy mal los intereses de los contribuyentes. No establecieron cláusulas de reparto de utilidades en el futuro si alguno de los bancos rescatados llegaba a ser buen negocio. Tampoco establecieron una propiedad de acciones para el tesoro público, proporcional al monto del dinero invertido en el rescate. Sólo hubo previsiones para compartir pérdidas. Y es natural la irritación a la hora en que se hacen evidentes las ganancias.

Respecto de la entrega de los bancos a manos extranjeras, habría que recordar que apenas el año pasado Banamex hizo un intento de comprar Bancomer y que las autoridades y los accionistas de Bancomer prefirieron vender a un banco español. En ese momento quedó sellada la globalización definitiva de la banca mexicana pues ningún banco nacional podrá competir en México con la mayor calidad y los mayores recursos de bancos asociados a grandes instituciones extranjeras, sean españolas como BBV que compró Bancomer, o Santander que compró Serfín. sea canadiense como Scotiabank que compró Inverlat, sea estadunidense como Citigroup.

Las autoridades no podrán detener la compra de Banamex sino cambiando retrospectivamente las reglas del juego, lo cual provocaría incertidumbre y rechazo en los mercados internacionales. La venta de Banamex es tan legal como la de Bancomer, Inverlat y Serfin. La compra de Citigroup es también legal, pues la legislación mexicana permite la propiedad extranjera total de un banco mexicano.

La única reparación pública que puede y debe hacerse en esta materia es abrir completo el sarcófago computarizado de Fobaproa, revisar sus irregularidades y sancionar los abusos.

Por una parte, hay que transparentar lo ocurrido y dar respuesta convincente a la percepción, bastante generalizada, de que los contribuyentes pagan el pato y los empresarios florecen al amparo del gobierno. Por otra parte hay que cumplir las reglas que el propio país estableció. No asumir los compromisos destruye la credibilidad internacional y cobra en otros frentes. El cambio arbitrario y retrospectivo de reglas no es una buena idea para ningún país que quiera, como México, captar inversión y tener buenos clientes en el mundo.                     n

México Global Inc.

Los riesgos de la compañía

Si México fuera una compañía aeronáutica, quizá nadie volaría en sus aviones. Pero México es un país y los mexicanos no sólo no pueden abandonar la nave sino que están fatal, cultural, neurótica, geográfica y patrióticamente enamorados de la compañía.

Los extranjeros proceden de otro modo. Algunos toman los riesgos a cambio de buenas ganancias: saben que al final no pasa gran cosa y que las oportunidades son altas. Pero la mayoría no acude a la aerolínea mientras no hay garantía internacional sobre la calidad de sus servicios.

Sergio Nicolau publicó en Nexos 281 (“Qué tan viable es México. Riesgo-país”, mayo de 2001) su mapa de factores riesgo, país de México, es decir, lo que lo hace atractivo y seguro para inversionistas extranjeros con la opcicV , de poner sus dineros en otra parte.

Un complemento de aquel diagnóstico es la evaluación que hace el World Economic Fonim cada año sobre la competitividad global de los países, es decir, sobre lo fácil o difícil que es hacer negocios v producir riqueza en ellos. La medición incluye 59 países. Se basa en estadísticas comparativas y encuestas con más de 4.000 empresarios y ejecutivos de todo el mundo. El diagnóstico toca diez órdenes de análisis:

1.   Resultados del gobierno y del país.

2. Calidad de las instituciones.

3. Calidad de la infraestructura.

4. Recursos humanos: educación, salud, valores.

5. Modernidad tecnológica.

6. Calidad de las finanzas públicas y privadas.

7. Apertura comercial.

8. Reglas de competencia interna.

9. Operación empresarial.

10.            Política ambiental.

En una curiosa escala de +3 a -3 para calificar el mayor y el menor nivel de competitividad. el Yearbook 2000 del Forum ubicó a México en el lugar 31, con una calificación negativa de -0.20. Respecto de América Latina, el lugar mexicano sólo es inferior a Chile, que tiene el lugar 21. Es superior a Costa Rica (lugar 34), Perú (36), Argentina (42), El Salvador (46), Venezuela (50). Brasil (51). Ecuador (52), Colombia (54), Bolivia (55).

Según el Fórum, los cinco países más competitivos del mundo son Singapur. Estados Unidos. Hong Kong. Taiwán y Canadá. Es decir, nuestros dos socios comerciales en el TLC y tres economías que en los años sesenta tenían menores rendimientos que México.

En el año 2000 México tuvo el lugar 31. En 1999 había obtenido el lugar 32. En el año 2001 quizá baje va que el año se anticipa mediocre para la zarandeada, desacelerada, inacabada, democratizada. criminalizada, desencantada modernidad económica de México.               n

Mala mezcla: peso al cielo, salario al alza, productividad al suelo

Tres tendencias económicas merecen atención: la fuerza del peso, los aumentos salariales por encima de la inflación esperada y la pérdida de productividad de la mano de obra.

El peso ha recibido inyecciones monumentales para aumentar su fortaleza. En los primeros tres meses del año ingresaron al país recursos financieros externos que casi duplican el déficit de la balanza comercial. (El déficit fue de 4,338 millones de dólares, el ingreso de 8,064.)

Los mexicanos que envían dólares de Estados Unidos mandaron como nunca: 2.010 millones en el primer trimestre, equivalente a dos terceras partes de las exportaciones de petróleo en ese mismo lapso. De realizarse la adquisición de Banacci por Citigroup, traerá tanto como se esperaría recaudar de la reforma fiscal.

La fortaleza del peso encarece las exportaciones mexicanas y reduce la ganancia de los exportadores, que son el motor moderno de la economía mexicana. Los exportadores piden una devaluación del peso para mejorar la competitividad de sus productos. Han recibido del Banco de México la respuesta correcta: el tipo de cambio no está al servicio de las exportaciones, la devaluación del peso no es ni puede ser una palanca para fomentar las exportaciones. La respuesta es aumentar la productividad.

Las devaluaciones traen inflación, machacan el poder adquisitivo del salario, comprimen el consumo popular, disparan las tasas de interés, favorecen a los ahorradores ricos, generan una rentabilidad ficticia para muchas empresas y soslayan la necesidad de atacar el problema verdadero: la falta de productividad.

Aunque el peso está fuerte, las exportaciones crecieron al 7.5% en el primer trimestre. Su productividad sigue alta.

La fortaleza del peso mejora el valor del salario, que vale más en dólares. A esa mejoría se añade que las revisiones salariales de primavera, claves del año, han otorgado aumentos por encima del 6.5% de la inflación esperada para el 2001. Los maestros recibieron un 14% de aumento, los telefonistas un 10.5%, los electricistas un 10%. los trabajadores de las líneas aéreas un 8.5%.

Buenas noticias: luego de una larga historia de rezago, los salarios irán este año considerablemente por encima de la inflación. Malas noticias: la productividad de la mano de obra mexicana en las manufacturas fue de cero en marzo pasado, luego de crecer sin interrupciones desde 1986 (ver gráfica). Un peso fuerte y aumentos de salarios reales por encima de la productividad del trabajo, no son un coctel prometedor.

El problema de fondo: en una economía abierta como la mexicana, una moneda fuerte exige aumentos en la productividad para mantener precios competitivos con el resto del mundo. Si los salarios crecen a mayor ritmo que la productividad de la mano de obra, la productividad de las empresas disminuirá y los salarios perderán tarde o temprano lo que han ganado.

¿Qué hacer para aumentar la productividad de la economía mexicana. Lo que no se ha hecho en estos años: terminar de modernizarla (Las reformas pendientes. Ver p. 10).         n

Doce reformas, tres comentarios

José Woldenberg, presidente del IFE, ha propuesto doce cambios al sistema electoral (ver artículo en la página 44).

Merecen un comentario aparte por lo menos tres de estas propuestas:

1. La reelección continua de diputados y senadores será la única forma de hacer responsable al Congreso frente a sus votantes, únicos que podrían refrendar o quitar curules con su voto.

2.   Es también urgente terminar con el espacio de abuso, simulación y corrupción a que ha dado lugar el sistema de coaliciones gracias a cuya lamentable reglamentación una sigla que no representa nada puede levantarse con varios puestos de eleción popular y un presupuesto enorme, con sólo sumarse a una candidatura fuerte pero competida, que necesita de todos los apoyos que pueda ganar.

La legislación electoral mexicana tiene que suprimir los incentivos perversos.

Hoy pueden buscar y obtener el registro, con subsidio oficial, lo mismo una corriente política genuina que un grupo de aventureros. Basta con que obtengan 70,000 formas de afiliados o hagan 10 convenciones estatales (con 3,000 asistentes cada una) o 100 locales (con 300 cada una). Si logran hacer eso, reciben 50 millones de pesos. Algunos han podido obtener ambas cosas organizando rifas, cuyos asistentes tienen un boleto gratis por asistir y firmar su afiliación.

En el IFE hay más de 20 agrupaciones registradas como aspirantes a formar un partido político. ¿Van en busca de la pluralidad política? No, la mayor parte de ellas van en busca del dinero que pueden obtener gracias a una legislación equivocada.

3. En la lista de Woldenberg hay una idea que nos lija el cerebelo: el voto de los mexicanos en el extranjero suena a una causa noble, pero es una locura práctica y una aventura política. La última cifra del costo de tal operación andaba en los 800 millones de dólares sólo para efecto de empadronamiento y registro. Sigue el problema de cómo organizar la elección mexicana en Estados Unidos (ni modo que en Turquía). Sigue el problema de candidatos mexicanos haciendo campaña en Estados Unidos y hablando pestes de la migra. la DEA, la discriminación y los gringos (después de todo, se trata de ganar votos).

Pensémoslo por un momento al revés: que en busca del voto hispano vinieran los candidatos estadunidenses a hacer campaña en México y a hablar de la grandeza y la generosidad de la nación americana, de la droga mexica que inunda sus calles, de la miseria de nuestros pueblos que expulsa migrantes, de las garantías que ofrecerán sus gobiernos allá y que no existen acá… ¿Oyen el rumor de nuestras protestas a lo lejos? ¿No? Nosotros creemos ver una pancarta que dice: “Pinches gringos, todo quieren. No aguantan nada”.        n

Las reformas pendientes:

Un apunte

La principal causa de la baja en la productividad de la mano de obra es el estancamiento de las reformas estructurales. Se quedaron en buenas intenciones durante el gobierno de Ernesto Zedillo, y no son proyectos prioritarios del nuevo gobierno o se encuentran atorados en el Congreso (reforma fiscal, reforma eléctrica). Grandes obstáculos a la productividad son:

1. El monopolio energético del país en manos de empresas burocráticas. Las fallas del sistema eléctrico son manifiestas, no sólo en interrupciones frecuentes del fluido sino en bajas del voltaje y falta de inversión a largo plazo. El caso del petróleo es comparable: un monopolio sin real inspección pública, que determina sus precios por consideraciones fiscales

Fuente: INEGI y no de mercado, con graves consecuencias para muchas industrias como la de fertilizantes.

2.       Baja calidad de la infraestnuctura física —carreteras, ferrocarriles, puertos y servicios urbanas— que eleva los costas de operación de toda la economía.

3.      Pobre definición de los derechos de propiedad y de la infraestructura jurídica, judicial y de solución de conflictos, lo cual genera costos exorbitantes en corrupción y una economía del delito a veces más rentable que la legal.

4. Falta de personal capacitado en oficios y especialidades de las empresas modernas, resultado de la ineficiencia del sector educativo básico, otro monopolio burocrático.

De no atacarse estos problemas, las tendencias negativas de la productividad seguirán ahondándose y vedando la recuperación duradera de los salarios. (Próximamente en Nexos: Las reformas pendientes: Un informe.)              n

Guía de perplejos.

México para principiantes

Mexicanos a los que el inicio del nuevo siglo les produjo un sentimiento de gusto, alegría o esperanza: 41%; miedo, incertidumbre, preocupación o tristeza: 29%; escepticismo e indiferencia: 16 %

Cinco de veinte instituciones que dan más confianza a los mexicanos, de mayor a menor: (1) la escuela, (2) la iglesia, (3) el ejército, (4) Comisión Nacional de Derechas Humanos, (5) las elecciones.

Seis de veinte instituciones que dan menos confianza: (20) la policía, (19) el PRD, (18) el PRI, (17) los sindicatos, (16) el PAN, (15) el gobierno.

Mexicanas de acuerdo en que el aborto sea legal: 17% (hombres: 19%). Mexicanas de acuerdo en que el aborto no sea legal bajo ninguna circunstancia: 32% (hombres: 29). Mexicanas de acuerdo en que el aborto sea legal bajo circunstancias excepcionales: 47% (hombres: 49%).

Mexicanos que prefieren tener un gobierno que resuelva los problemas aunque sea corrupto: 52%. Mexicanos que prefieren tener un gobierno honesto aunque no resuelva los problemas: 41%.

Mexicanos de acuerdo en la legalización de las drogas: 82%.

Mexicanos que no creen que los hombres casados deben tener relaciones con otras mujeres para mantener su matrimonio: Hombres: 91%. Mujeres: 98%. Mexicanos que no creen que las mujeres deben tener relaciones con otros hombres para mantener estable su matrimonio: Hombres: 98%. Mujeres: 96%.

Mexicanos a favor de legalizar la pena de muerte en México: 63%. Mexicanos que consideran que el sistema judicial no está preparado para aplicar la pena de muerte: 87%.

Palabras asociadas a la palabra “política” en orden descendiente: 1. Corrupción. 2. Gobierno. 3- Presidente. 4. Dinero. 5. Diputados. 6. Mentiras. 7. Robo. 8. Voto. 9.

Democracia. 10. Justicia.

Mexicanos en contra de la privatización de la energía eléctrica: 55%.

Mexicanos que al oír la palabra “revolución” piensan en Guerra, Conflicto, Muerte. Amias. Desastre, Sangre: 54%.

Mexicanos que al oír la palabra “revolución” piensan en Cambio: 7%. Mexicanos que al oír la palabra “revolución” piensan en Revolución Mexicana: 3%.

Mexicanos (y mexicanas) que tuvieron su primera relación sexual: Entre los 12 y los 13 años: 5% Entre los 14 y los 15 años: 20% Entre los 16 y los 30% Entre los 18 y los 19: 20 % Entre los 20 y los 24: 20% Después de los 25: 5%

Mexicanos que han tenido relaciones sexuales:

Con una sola persona: 38% Con 2 o 3 personas: 24t % Con i o 5 personas: 11% Con 6 a 10 personas 12% Con 11 o más personas: 15%

Mexicanos que están de acuerdo en que las personas tengan: Relaciones premaritales: 60% Relaciones orales 40% Relaciones anales 27%Relaciones homosexuales 18% Relaciones pagadas: 16% Relaciones sexuales en grupo 8%

Relaciones zoofílicas: 6%

Mexicanos que creen en la existencia del diablo: 41%. Que extraterrestres han visitado la tierra: 42%.

Que existen los duendes: 25%. Que existen los fantasmas: 24% Que es posible comunicarse con lcxs muertos: 14%.   n

Todas las cifras provienen de México. Diccionario de Opinión Pública, coordinado por Mina Piekarewicz Sigal, prolongado por Federico Reyes Heroles, ilustrado por José Palomo y coeditado por la UNAM, Este País, Grijalvo y Raya en el Agua. México, 2000.

Nabokov en el cine

EL CIERRE CICLÓNICO.

NABOKOV EN EL CINE

En las últimas semanas de junio los cines de la capital mexicana echaron a correr “La estrategia de Luzhin”. Los espectadores deben tener en cuenta que se trata de una adaptación de La defensa de Luzhin. una novela en clave de ajedrez publicada por Vladimir Nabokov en 1930. Los espectadores también deben tener en cuenta que Nabokov diseñó cada golpe de efecto como si fuera un movimiento en una partida de ajedrez (un encuentro en un jardín corresponde a cierta incursión del caballo para amenazar a la reina). De modo que si el director de la película permaneció fiel al espíritu de Nabokov debió concebir cada escena como si se jugara en un lugar determinado del tablero.

Los lectores de Nabokov saben de la degradación comercial de Nabokov a manos de torpes cineastas. La última adaptación de Lolita basta para pedir asilo en cualquier canal de televisión (Lolita no es una rebanada de sandía, es el hueso gentil de un durazno). El cine ocurre lejos del calor que Nabokov le exigió a la novela, lejos de eso que llamó “el análisis retrospectivo”, con lo cual se requiere que el lector demuestre por qué las cosas ocurrieron de tal manera y no de otra. Cuando llega la hora de adaptar lo menos familiar a Stephen King, al cine apenas le alcanza el aire para jugar una partida de damas.  n

El verano pasado

A MEDIA CALLE

EL VERANO PASADO

POR SOLEDAD PUÉRTOLAS

Llega el verano, presentido en algunos días de la primavera, y la mente se abandona al abandono del cuerpo. Aquí, en Madrid, el verano irrumpe de forma fiera, abrasadora. Irrumpe y nos derrumba, pero ¡qué derrumbe tan dulce! Nos invade una poderosa desgana general y dentro de ella se guarda el regalo, para quien lo sepa descubrir y saborear, de la pereza esencial, el saber que no hay fuerzas para hacer nada y aceptarlo, declinar todo esfuerzo, darle la bienvenida a este inquilino que se ha apoderado de todo nuestro espacio. El calor, el sopor, el bochorno.

El pasado fin de semana las piscinas de Madrid, recién abiertas, se llenaron. La gente se lanzó a la calle en busca del agua y del césped que rodea las piscinas, se despojó de ropa, se tiró al agua, se tumbó luego en las toallas de colores tendidas sobre el césped. El aire expande el olor a cloro y a hierba mojada, a baldosa mojada, a cemento mojado. El aire, sediento de humedad, absorbe, cuidadoso, el vapor de cada gota de agua.

Llega el verano y, sumidos en su sopor y en sus olores húmedos, nos preguntamos qué hicimos el verano pasado, porque el verano, que nos derrumba, nos trae recuerdos. El verano nos paraliza y nos remite al pasado, a la misma sensación de abandono que se apoderó de nosotros el verano pasado y que, si seguimos desplazando hacia atrás, nos lleva a los días más felices de la infancia, cuando no teníamos por qué ser responsables de nada, no existían los deberes ni las hondas ambiciones. Todo era sencillo e ilimitado. ¿Es que este inquilino que ha entrado en casa de forma tan arrasadora sale de allí, del paraíso perdido de la infancia?, ¿es el deseo de regresar lo que hace que lo recibamos con placer?

¿Qué hicimos el verano pasado con este inquilino? Rememoramos, evocamos. ¡Tenemos ahora, que apenas nos podemos mover, laminados por el calor, tanto tiempo para pensar! Hemos sobrevivido a un remoto otoño taciturno, a un invierno de acción, a una primavera tumultuosa, pero al fin podemos cerrar los ojos y pensar y soñar, o pensar y soñar con los ojos abiertos. Todos los procesos se han cumplido, se ha llegado a una clase de meta, ya no importa cuál. Eso es lo bueno, en eso consiste el regalo: no importa ya de qué forma se ha llegado a la meta ni cómo es la meta. Nada importa mucho. Nos hemos liberado de la sensación de declive o esfuerzo, del impulso que nos arroja a la calle en busca de trabajo o de amor. Ahora queremos que todo venga solo, por su cuenta. Ya no queremos hacer nada. Sólo recibir, agradecer, saborear. Recordamos. Hubo viajes largos el verano pasado. Entraron en mi vida territorios nuevos, personas nuevas, canciones nuevas que luego me acompañaron durante el resto de las estaciones, canciones que escucho ahora, de nuevo en verano, desde quietud. Me asombran ahora, esos viajes. Las maletas que tuve que hacer, los aeropuertos por los que fui arrastrando mi equipaje y mi inquietud. ¿Cómo pude viajar tanto?, ¿cómo pude abandonar tantas veces mi casa y lanzarme a la aventura, a lo desconocido? Evoco ahora a esa persona activa y no la reconozco del todo. Es curioso, pero veo con más nitidez a los otros, a las personas que viajaron conmigo o a las que conocí en los viajes, que a la persona activa que en aquellos momentos debía de ser yo. Esa persona viajera me produce estupor, sensación de lejanía. En cambio, veo ciudades, veo paisajes, veo a otras personas, y todo eso me resulta familiar y cercano. ¿Qué contrasentido es éste? Por lo visto, yo he sido una especie de filtro por donde han accedido hasta mí personas y cosas. Yo he sido mi propio filtro. El verano pasado yo era una persona y ahora soy otra, y en algún momento del otoño o del invierno o de la primavera que fui, también, el filtro que ha permitido que todos los recuerdos de los viajes se hayan instalado dentro de mí y me hayan convertido en otra persona.

Estos procesos me fascinan. Quizá sea una fascinación que nazca del estado de abandono que me traen los primeros días del verano, los primeros calores que abrasan. Desde aquí, me asombro de todo y todo me fascina. Lo que fui. lo que hice, lo que conocí. Hasta las cosas que perdí, hasta cada cosa perdida, el mismo concepto de la cosa perdida, me asombran y me conquistan. ¡Qué bendición! ¿Cómo no voy a agradecer el verano, este calor que ha caído de golpe sobre Madrid, sobre mí, sobre mis recuerdos y mis sueños? Si no hiciera este calor, quizá yo me encontraría en la calle haciendo recados cansadísimos. Si no hiciera este calor, no me encontraría tan a gusto aquí, a salvo, cobijada en esta habitación levemente iluminada, dejando que la mente deambule por donde quiera, sin quererlo sin ninguna premeditación, que deambule guiada tan sólo por el olor a cloro que todas las piscinas recién abiertas han dejado en el aire. Si no hiciera este calor, no estaría ahora escuchando esta música que, aun habiendo sido escuchada a lo largo del año, ahora suena distinta, más lenta y perezosa, más envolvente. Si no hiciera este calor, estas canciones que están conmigo desde el verano pasado no podrían cobrar la vida que ahora tienen.

No me perdería esto por nada del mundo, este regalo que nos pertenece a todos, que todos podemos descubrir. ¿A quién se lo tengo que agradecer? Miro a mi alrededor. ¿Qué señal espero, qué signo? Pero sé que veré lo que mis ojos quieran ver. lo que puedan o deseen ver. Sin embargo, ¡sería tan bueno tener la certeza de la armonía!, ¡sería tan bueno saber que hay alguien que nos hace estos regalos y que se queda luego, discreto junto a nosotros, a la espera de unas palabras! ¿No habrá aquí, a mi lado, alguien invisible y silencioso, vigilando mi estupor, mi admiración?

Sea como fuere, es así. Hay momentos en que no nos sentimos solos, y quizás eso baste. Momentos en que abdicamos de nuestra naturaleza esforzada, en que nos entregamos a nuestra naturaleza pasiva y confiada. Sólo momentos, ráfagas de verano que guardan en su seno los veranos de toda nuestra vida, momentos de abandono en los que regresamos a un mundo sin límites y sin control.

Este momento pasará, como pasará este día y este verano, pero quizá pueda ser rememorado en el futuro. Quizá, a una hora imprecisa de un día impreciso del próximo verano piense en lo que ha sucedido hoy. Nada importante. Me dejé abatir por el calor y evoqué los viajes del pasado verano. Me extrañe de mí misma y reconocí a los otros. Quizá, ese día impreciso del próximo verano tenga yo también una sensación de extrañeza hacia la persona que ahora soy y me diga que finalmente yo no sea sino un filtro para mí misma. Y puede que eso me guste, que eso me consuele. Ser mi propio filtro. Extrañarme continuamente de lo que he sido, de lo que he hecho. Pero reconocerme en los otros, en las canciones que escuché y que sigo escuchando. En el olor a cloro y a yerba mojada de los veranos madrileños, en el que el chapoteo de las piscinas recién abiertas, en el dulce sopor en que me sumerge este calor repentino y salvaje.                   n

 Soledad Puértolas Escritora. Su más reciente libro es Con mi madre.

Chiapas: La apuesta fallida

CHIAPAS: LA APUESTA FALLIDA

POR JOSÉ ANTONIO AGUILAR RIVERA

La aprobación de la ley indígena no representó ningún triunfo para el gobierno de Vicente Fox. Al contrario: la solución al conflicto en Chiapas está más lejos en el mismo punto que al final de la era priista. Por si fuera poco, los legisladores de todo bando no están mu y dispuestos a darle su apoyo a un presidente que parece desestimar sus responsabilidades.

El ex presidente Zedillo y Vicente Fox cometieron un mismo error: no comprendieron la dimensión estratégica del conflicto armado en Chiapas. El escaso entendimiento del actual presidente era evidente durante su campaña, cuando prometió resolverlo en quince minutos. Ya como presidente electo. Fox vio un negocio político muy redituable en Chiapas. Un negocio que prometía ganancias políticas rápidas y fáciles pero, sobre todo, baratas. En efecto. Fox sabía que muchas de sus promesas de campaña. como la inversión en educación, el apoyo a la micro empresa, etcétera, no podrían cumplirse en el corto plazo. Para que eso ocurriera se requerían fondos públicos adicionales. La obtención de más dinero estaba condicionada a una profunda reforma fiscal que aumentaría los ingresos fiscales del gobierno. ¿Qué medida o acción podía ganarle algo de tiempo, mientras se llenaban las arcas públicas? Se requería de algo espectacular, pero no costoso. Una señal de la ruptura con el pasado y el advenimiento de un tiempo nuevo. Fox por supuesto, no es el primer presidente en descubrir el atractivo de los juegos pirotécnicos inaugurales. Sus predecesores priistas los favorecieron mucho. En el pasado, los ajustes de cuentas con políticos del sexenio anterior —Díaz Serrano, la Quina, Raúl Salinas de Gortari— cumplieron esa función. Su encarcelamiento divertía y distraía a la opinión pública. Por su parte, los nuevos presidentes se vestían de paladines de la renovación moral de la sociedad.

Sin embargo, el cambio de gobierno en el 2000 terminó con el largo dominio del PRI. El expediente de encarcelar a prominentes figuras del régimen anterior no era atractivo para Fox. El cambio de régimen provocaba ya demasiada incertidumbre en los círculos políticos y económicos. Una forma de ofrecer una imagen de estabilidad y continuidad institucional era evitar la cacería de brujas y el ajuste de cuentas selectivo, tan socorrido por los presidentes de la era del PRI. En esas circunstancias, un presidente pragmático encontró en el empantanado conflicto de Chiapas una solución mediática. Afortunadamente, creyó Fox. los rebeldes del EZLX no quieren fondos públicos, sino la “simple” aprobación de una reforma constitucional: la iniciativa en materia de derechos y cultura indígenas de la Cocopa. Hacer suya la ley Cocopa le permitía al primer presidente panista presentarse como progresista frente a la izquierda nacional e internacional. El sí le cumpliría a los. y a las. indígenas. Como López Portillo, con su célebre “¡ya nos saquearon, no nos volverán a saquear!” al nacionalizar la banca en 1982. Fox clamó emocionado en su discurso de toma de posesión: “¡nunca más un México sin ustedes!”. Que el nuevo presidente adoptara un programa económico de derecha era un detalle sin importancia. ¿Quién decía que no se podía estar bien con Dios y con el diablo? Para Fox Chiapas era un negocio redondo por donde se le viera: si la iniciativa pasaba se convertiría en el primer presidente democrático y multicultural de México. Y en el hacedor de la paz en Chiapas. Si, por el contrario, el Congreso la modificaba y no era del agrado del EZLN, entonces el gobierno podría aducir que había hecho todo lo que estaba en su poder para impulsarla. A los actores políticos no les quedaría otro remedio que reconocer la buena voluntad de Fox. Vaya, hasta Marcos, su “amigo de las Cañadas”, tendría que admitirlo. Todo era ganancia política. Y esa ganancia podría ser reinvertida inmediatamente en el negocio de la reforma fiscal, que sería un poco más complicado. La franqueza de Fox allanaría el camino y su estilo desparpajado convencería a la clase media y a los pobres de que ganarían pagando más impuestos en alimentos y medicinas. El PRD agradecido por su progresista política indigenista, le obsequiaría algunos votos, como un gesto de buena voluntad. El PAN, por su parte, entendería que su futuro político estaba ligado al del presidente y acabaría por apoyarlo. A tal grado creyó Fox en sus alegres cuentas que envió al Congreso, en un mismo periodo ordinario, la iniciativa sobre cultura indígena y la propuesta de reforma fiscal. Era el uno-dos.

El fiasco del gobierno difícilmente puede ser exagerado. Todo le salió mal. La estrategia del gobierno le abrió al EZ una extraordinaria ventana de oportunidad que Marcos aprovechó al máximo. La marcha zapatista de marzo fue un éxito propagandístico indiscutible. Desde un inicio los rebeldes impusieron una condición que el presidente simplemente no podía cumplir: la aprobación, en los términos en los que estaba redactada, de la ley Cocopa. Fox ilusamente celebró el éxito mediático del EZ como propio; nunca comprendió la complejidad del problema indígena ni la lógica estratégica del conflicto con el EZ. Para él, Chiapas era un jugoso negocio de bajo costo. De ahí su apresurado espaldarazo a la reforma que finalmente aprobó el Congreso. Más tarde, cuando se percató de que las cosas no habían tenido el efecto esperado, retrocedería sobre sus pasos para criticar a los legisladores y calificar a la reforma como “insuficiente”. Los términos de la ley eran lo de menos, lo que importaba era la ganancia. La izquierda, lejos de reconocer la “buena fe” del gobierno, lo acusó de seguir una doble política: Maquiavelo con botas.

No sólo fue torpe el manejo del conflicto en Chiapas. la estrategia gubernamental también contaminó otros temas que eran igual o más importantes para el presidente. Como era previsible, el asunto indígena tensó al máximo la relación entre el presidente y su partido. El resultado fue que los senadores y diputados del PAN no aprobaron la reforma indígena de la Cocopa, que aparentemente quería Fox, y tampoco se disciplinaron en el tema crítico para el gobierno de la reforma fiscal. El presidente habría necesitado de todo su capital político, que era muy grande, para cabildear, presionar y persuadir. El resultado de la apuesta fallida de Fox es que hoy los actores se encuentran de regreso en el punto de inicio. “Esta película ya la vimos”, afirmó Marcos. Y algo hay de cierto en ello. Sin embargo, en balance el EZ tiene ganancias sustantivas que reportar: obtuvo que el ejército se retirara de algunas posiciones militares y consiguió la liberación de varios simpatizantes y militantes. Además, después de la marcha logró amasar un importante capital político. Si los zapatistas podían sentarse en sus reductos de la Selva Lacandona y esperar con tranquilidad, ahora su posición de poder ha mejorado significativamente. No tuvieron que ceder nada: para ellos todo fue ganancia. Y si Zedillo creyó de manera equivocada al comienzo de su gobierno que podía intentar una salida de fuerza, ahora Fox sabe que esa sencillamente no es una opción. En resumen: la solución al conflicto se encuentra hoy igual o más lejos que al final de la era del PRI. Fox le apostó a su bonhomía. Y perdió. El gobierno podrá aducir que hizo todo lo que estuvo a su alcance para satisfacer las tres condiciones del EZLN. Que el Congreso es soberano, etcétera. ¿Para qué, exactamente, le sirve ese argumento ahora? Culpar al Congreso del descalabro no desaparece el hecho de que es el Ejecutivo federal, no los legisladores, quien debe lidiar con el problema de Chiapas. Fox no puede “turnarle” al Congreso la responsabilidad. Esto no es una sorpresa: era previsible. Los cálculos de Fox no fueron meramente equivocados; se basaban en una economía política de la ilusión. Y mientras la ilusión dure no habrá un gobierno responsable.                   n

José Antonio Aguilar Rivera. Profesor-investigador del CIDE. Su último libro es Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville.

Por qué Antonio y Cleopatra

EL CIERRE CICLÓNICO.

POR QUÉ ANTONIO Y CLEOPATRA

El 27 de septiembre de 1946, The New York Times incluyó este aviso: “W. H. Auden. poeta y crítico, dará un curso sobre Shakespeare en la New School for Social Research. El curso empieza el miércoles. Mr. Auden ha anunciado que en su curso se propone leer todas las obras de Shakespeare en orden cronológico”.

Algunos asistentes tomaron aplicadas notas, prácticamente transcripciones, del curso de Auden. Se pudo hacer una reconstmcción de cada una de las sesiones

y el resultado es Lectures on Shakespeare de W. H. Auden. publicado por la Princeton University Press.

Auden repasa, en efecto, todas las obras de Shakespeare, pero llama la atención especialmente sobre Antonio y Cleopatra, su preferida. “Si tuviéramos que quemar”, dice Auden. “todas las obras de Shakespeare menos una —afortunadamente no tenemos por qué hacerlo— yo escogería Antonio y Cleopatra” .

Es tan divertida como brillante la manera en que Auden explica tal elección, entre las grandes obras de Shakespeare. “Vemos la malicia y la ambición en Ricardo III, la ignorancia en Romeo y Julieta, la melancolía en Hamlet, el paternalismo y la exigencia de amor en Lear, el orgullo en Coriolano. el deseo de ser amado en Timón, y los celos en Otelo. Estos son estados del ser puros que tienen cierta carga de caso policial o de clínicas psiquiátricas, pero no es muy probable que vayamos a imitarlos. Podemos sentirnos así en alguna ocasión, pero en realidad todas estas personas son más bien simples. Nosotros no mataríamos a un invitado en una fiesta. ni es probable que salgamos corriendo de la casa en mitad de una tormenta. Pensamos que quienes se comportan así están locos. Leemos sobre tales comportamientos en los periódicos. La falla o la falta central de Antonio y Cleopatra, sin embargo, es general y común para todos nosotros y todo el tiempo: la mundanidad, es decir, el amor al placer, al éxito, al arte, a nosotros mismos, y. en sentido opuesto, el miedo al aburrimiento. al fracaso, al ridículo, a estar del lado equivocado, a la muerte. Si Antonio y Cleopatra tienen un destino más trágico que el nuestro, es porque ellos son mucho más exitosos que nosotros, no porque sean esencialmente distintos… La tragedia en Antonio y Cleopatra es el rechazo al sufrimiento”.                   n

Numeralia

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NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

150

Empresas mexicanas que concentran el 54% de las exportaciones totales.1

47.5

Porcentaje de la población mexicana que vive en condiciones de hacinamiento.2

55

Porcentaje de la población mexicana que mensualmente recibe un sueldo inferior a dos salarios mínimos.3

2,200,000 Mexicanos con discapacidad física.4

27.6

Horas que las mexicanas dedican semanalmente al trabajo doméstico.5

250

Equipos electrónicos para rastrear tesoros que se venden al año en México.

10.5

Horas que los mexicanos dedican semanalmente al trabajo doméstico.6

 47

Porcentaje de campesinos mexicanos que mensualmente reciben menos de un salario mínimo.7

2,000,000 Parejas estadunidenses que se casan al año.8

19,000 dólares Costo/promedio de una boda en Estados Unidos9.

 6.100

Sitios de pornografía infantil en Internet.10

3,500,000

Productores de maíz en México.

Homosexuales en EU que son asesinados diariamente por motivos discriminatorios.11 537

Grupos en EU que declaran públicamente su odio a negros, judíos, homosexuales, latinos y asiáticos.12

500,000 Bicicletas que ingresan cada año a México por la vía del contrabando.13

3,500,000 Bicicletas que se vendieron en México en el año 2000.14

100

Bandas de traficantes de indocumentados que operan en México.15

33.2

Porcentaje de alumnos universitarios de escuelas públicas que trabajan.

1,509.300

Videos que se rentan al año en México.16

9,798,000 Videos que se venden al año en México.17

15

Porcentaje de las rentas de videos en México que corresponden al formato DVD.18

50

Porcentaje de las rentas de videos en EU que corresponden al formato DVD.19

50Porcentaje del mercado de venta de videos en México en manos de la piratería.20

Porcentaje de alumnos universitarios de escuelas privadas que trabajan.

Roberto Pliego Escritor. Es subdirector editorial de la revista nexos.

Fuentes: 1-7. Plan Nacional de Desarrollo 2001 -2006: 8-9. Milenio: 12 de junio de 2001: 10. La Crónica: 5 de junio de 2001; 11-12. La Crónica: 11 de junio de 2001; 13-14. Reforma: 15 de junio de 2001; 15 .Reforma: 25 de mayo de 2001. 16-20.Reforma: 29 de mayo de 2001.

La nueva utopía

LA NUEVA UTOPÍA

POR HANS MAGNUS ENZENSBERGER

Traducción de Salomón Derreza

Los paraísos utópicos han dejado de ser una promesa de las ideologías políticas y ahora son propiedad de algunas ciencias. De pronto, la genética y la biotecnología anuncian el triunfo del hombre sobre sus límites. Hans Magnus Enzensberger sanciona esta aspiración, confiando en el resurgimiento de una ciencia sin delirios de grandeza.

Sobre la más reciente revolución científica

Hasta hace poco tiempo muchos lamentaban la pérdida de esas utopías que, desde su invención, eran como maná celestial para la parte pensante de la humanidad. Tales concepciones se diferenciaban de los meros deseos, más propios de los cuentos de hadas, por su forma racional tendiente a mejorar radicalmente nuestro destino. Las utopías eran en su totalidad, y muy especialmente las europeas, fotocalcas en azul para la construcción de sociedades ideales, en las cuales no el viejo Adán sino el Hombre Nuevo tuviera la palabra. Todos los intentos por volverlas realidad terminaron, tarde o temprano, en la resaca después de la borrachera: la última vez, el anuo mirabili 1989.

La psiquiatría nos ha enseñado qué fácil es pasar de un estado depresivo a una fase maniaca —y viceversa—. Hay indicios que permiten albergar la sospecha de que tales cambios bruscos no sólo se presentan en pacientes individuales sino, también. en grandes colectividades. En las décadas de los setenta y los ochenta del siglo pasado pareció dominar la depresión. Por todas partes se ensayaban escenarios de ruina y decadencia. La Guerra Fría, con sus bloqueos y conflictos de representantes, había conducido a la paralización de la política mundial. Catástrofes ecológicas de todo tipo se anunciaban por doquier. El Club de Roma profetizaba un agotamiento a corto plazo de todos los recursos no renovables. Se hablaba del invierno nuclear. Un tono apocalíptico se extendía no sólo sobre la pantalla de las películas de Hollywood y la televisión. Al parecer las sociedades occidentales habían celebrado el fin del mundo antes de tiempo. Pero ya mucho antes del fin de siglo se anunciaba la fase maniaca, no encabezada esta vez por la filosofía de la historia y sus promesas de redención; ningún partido, ninguna ideología política se presentaba con un nuevo proyecto de humanidad. Por el contrario, el colapso del comunismo había dejado tras de sí un vacío ideológico imposible de llenar por ninguna izquierda, fuera nueva o vieja.

Las nuevas promesas utópicas provenían esta vez de los institutos de investigación y los laboratorios científicos y no tardó mucho en que un optimismo fantástico dominara la escena. De la noche a la mañana retornaron todos los temas del pensamiento utópico: el triunfo sobre todas las carencias y necesidades de la especie, sobre la estupidez, el dolor y la muerte.

De pronto, para muchos, era sólo cuestión de tiempo alcanzar el perfeccionamiento genético del hombre, o superar la anticuada forma de procrear, nacer y morir. Sólo cuestión de tiempo hasta que los robots erradicaran del mundo la bíblica maldición del trabajo y hasta que la inteligencia artificial (AI) pusiera fin al sufrimiento del ser incompleto. Las antiguas fantasías de omnipotencia encontraron un nuevo refugio en el sistema de las ciencias.

De ningún modo se trataba de la totalidad de la producción científica. De modo cada vez más claro se iba perfilando la hegemonía de unas pocas disciplinas, aquellas que contaban con los recursos decisivos, como medios económicos y la atención pública, mientras que otras —como la teología, las letras, la arqueología y. desgraciadamente, también la filosofía— tan sólo jugaban un papel marginal, por no decir decorativo. A estas últimas se les tolera y. a veces, hasta se les aprecia, sólo por el carácter inofensivo que se les adjudica desde el punto de vista político y económico. Es por eso que nadie espera de ellas promesas utópicas.

También algunas ciencias naturales, como la geofísica o la metereología. viven bajo la sombra de las así llamadas ciencias directivas. En el siglo XX le tocó a la física teórica adoptar ese papel: actualmente la biología ha tomado su lugar. acompañada por las ciencias computacionales y cognitivas. La biología “no solamente ha superado el divorcio entre investigación de fundamentos e investigación aplicada, sino que también es la ciencia capitalista por excelencia y. al mismo tiempo, la más revolucionaria. La biotecnología es la tecnología fundamental del próximo gran ciclo económico” (Claus Koch).

Es evidente que una transformación tan profunda del sistema científico no puede ocurrir sin un transfondo ideológico. Así como otrora los chamanes y curanderos milagrosos, hoy son los biólogos moleculares y los genetistas los responsables de erradicar todos los males. Y ya no son los sacerdotes los que hablan de la inmortalidad, sino los investigadores.

Las nuevas utopías son presentadas al público mediante campañas publicitarias sin precedente. No es casual que sean los investigadores norteamericanos los que con frecuencia lleven la voz cantante. La razón de ello radica en su optimismo endémico, su conciencia misionera y su posición hegemonía de superpotencia. La vieja fe en el progreso, quién lo dijera, de la que hasta hace poco nadie quería saber nada, experimenta así una triunfal resurrección.

No todos los científicos pueden, ni quieren, aceptar su nuevo papel de redentores. Ello va en contra de todas las tradiciones del “escepticismo organizado” (Robert Merton), la prueba de la refutabilidad y la sobria precaución. Sólo que la situación objetiva de las instituciones científicas se ha transformado radicalmente en un lapso muy breve. La distancia entre la investigación y su explotación comercial se ha acortado en tal medida que no queda mucho de la independencia de la que se ufanaba la ciencia.

Las enormes inversiones en el sector de la investigación deben arrojar beneficios lo más rápido posible. Los eruditos autónomos se convierten en socios y empresarios del complejo científico-industrial que crece vertiginosamente y el cual emplea a abogados de patentes. bancos de emisiones, gurús bursátiles y agencias de relaciones públicas. Los flujos de dinero, sean en forma de capital accionario o subvenciones, sólo recrudecen la lucha competitiva y la presión por parte de los medios. Quien no quiere quedarse atrás, debe prometer más de lo que puede cumplir.

Síntoma conocido de una fase maniaca es la pérdida sistemática de realidad. Así, no sorprende que se repriman las experiencias históricas que se han tenido con la utopía y que se prefiera ignorar los fracasos. ¿Acaso el “materialismo dialéctico” no era visto como un fundamento científico inamovible en la Unión Soviética? ¿Y qué decir de las fantasías eugenéticas del premio Nobel Hermann J. Müller? ¿Quién recuerda aún las promesas de felicidad de la industria atómica de los años cincuenta y sesenta? La energía nuclear era vista como el camino para llegar al Jauja energético. Nadie preveía ningún tipo de consecuencia problemática. ¿Y qué ha pasado con la inteligencia artificial, cuyos profetas, hace ya 30 años, prometieron la creación de máquinas que superarían con mucho todas las capacidades de nuestro cerebro antes de que acabara el siglo? Nadie compara esas predicciones con los pobres resultados de inversiones millonarias, como esas tortugas electrónicas que, con gran esfuerzo, apenas si pueden remontar una escalera. Y mientras en los medios se saluda con titulares de primera plana todo progreso, especialmente en la medicina, el lugar de los riesgos y efectos secundarios, tan perjudiciales para el negocio, se reduce a una noticia marginal de la sección científica de los periódicos (siempre y cuando éstos no adquieran dimensiones de catástrofe).

La credulidad del público y la terquedad de los deseos parecen, en vista de lo anterior, indomeñables. Cada vez es más difícil distinguir entre Big Science y ciencia-ficción. Ciertamente no es ninguna casualidad que una pane de la actual generación de investigadores, especialmente en Estados Unidos, defina su horizonte cultural mediante series televisivas del tipo Star Trek. Sería injusto con ese género suscribirle el optimismo infame de la fracción Frankenstein; y es que en las historias de ciencia-ficción predominan, desde hace tiempo, las utopías negativas que pintan un cuadro del futuro poblado de todas las atrocidades posibles. A nadie debe sorprender que los evangelistas de la inteligencia artificial, de la nanotecnología y la tecnología genética, prefieren hacer una lectura con un solo ojo de tales visiones.

Pues bien, en una fase maniaca, la cual precisamente se caracteriza por su insensatez, ningún tipo de protesta u objeción puede surtir un efecto duradero. También la política se muestra perpleja e impotente frente al complejo científico-industrial. Su estrategia es simple: apuntar de forma rutinaria al fait accompli a la cual debe, en últimas. resignarse la sociedad, sin importar cuáles son las consecuencias finales. Del mismo modo rutinario, toda objeción es tachada de ataque a la libertad de investigación, de hostilidad oscurantista a la ciencia y la técnica, y de miedo supersticioso al futuro. Se trata de las mismas afirmaciones defensivas y mentiras utilitarias típicas de los políticos y no tienen nada que ver con una discusión racional, tan sólo están hechas para desacreditar al contricante.

De ninguna manera son sólo los ignorantes, o los que desprecian la ciencia, los que desconfían de las sensacionales promesas de la utopía. Quien quiera convencerse de ello, no tiene más que pasar una tarde hablando con científicos competentes de diferentes disciplinas y se dará cuenta de que tanto el cristalógrafo como el astrofísico y el topólogo se asquean de la arrogancia presuntuosa de sus colegas. También en las ciencias biológicas existe una mayoría silenciosa que ve cómo su autocomprensión y sus estándares corren peligro, pero presenta sus objeciones de forma tan decente que apenas resulta audible en los medios.

En este raudo desarrollo nunca falta la referencia a las intenciones humanitarias, de las que se ha vanagloriado todo proyecto utópico, de Campanella a Stalin. El cultivo de piezas de recambio humanas es visto como un imperativo terapéutico. el disco duro garantiza la inmortalidad de la conciencia, el deseo de tener un hijo se presenta como un derecho humano absoluto, etcétera. El comprensible interés de los padres en tener hijos perfectos es el motor de la evolución de la especie; incluso la abolición de la humanidad con la que sueñan los exponentes de la IA está puesta al servicio de un fin evolutivo superior —una versión del darwinismo que a Darwin no le habría parecido nada graciosa—. Las fantasías, en todo caso, no tienen fronteras.

La hora de enseñar oreja llegará cuando la preocupación por los sagrados puestos de trabajo y la competitividad del país se acerquen a tales justificaciones.

En síntesis, se trata de una serie de fríos intentos de golpes de Estado con la finalidad de abolir todos los procesos de decisión democrática. La ciencia, fusionada con la industria, se presenta como causa de fuerza mayor que dispone del futuro de la sociedad. Esa ciencia está en vías de crear una tercera naturaleza, un procedimiento que se desarrolla esencialmente como un proceso natural, con la diferencia de que el monto de energía necesario no proviene del medio ambiente sino del capital desatado. Sus protagonistas más osados le explican a todo aquel que lo quiera oír que de ningún modo están dispuestos a aceptar limitaciones legales y anuncian abiertamente su intención de continuar con sus actividades. de ser necesario de acuerdo al modelo del lavado de dinero o los traficantes de armas, en lugares donde se desconozcan los escrúpulos y no haya peligro de sanción.

Tal ofensiva va acompañada de la queja ritual por la falta de aceptación por parte de esa opinión pública a la que nunca se le pregunta cuando se trata de decisiones relevantes, y por la sed sensacionalista de los medios —como si no fueran, justamente al revés, los pregoneros de las tecnologías del futuro los que han aprendido a instrumentalizar esos medios de acuerdo a sus fines.

Así, cada vez que el Parlamento se ocupa de cuestiones biopolíticas. en la televisión son presentados pacientes dignos de compasión que sufren alguna enfermedad incurable. ¿Acaso hay alguien que se oponga a que se les dé la ayuda que necesitan? ¿Quién quiere socavar la admiración por una industria que está dispuesta a invertir millones a fin de librarlos de su destino, aunque no sea sino en un futuro lejano? Por cierto que el imperativo terapéutico sería más verosímil si se tratara de enfermedades como la malaria o la tuberculosis, que año con año cobran millones de muertes y cuyo combate apenas si progresa. La ponderación de bienes no parece jugar aquí ningún papel. Eso hace despertar la sospecha de que aquello de lo que en realidad se trata poco tiene que ver con el juramento hipocrático y sí mucho con un proyecto con más futuro: la recreación de la especie.

El concepto de responsabilidad, tan malgastado por la discusión política, se ha convertido en un mero boxeo de sombra. Eso no vale solamente para los charlatanes e impostores del ramo; a ellos de todos modos ni se les ocurre que tengan algo qué fundamentar o algo de qué responder. El problema no puede reducirse a la tan cacareada oveja negra. Tampoco los científicos que trabajan dentro de los más estrictos estándares de su profesión están en posición de responder por las consecuencias de sus actos. Se debe a que esas consecuencias son imprevisibles.

Aun cuando nadie pueda reclamar para sí la inocencia histórica del monje agustino Gregor Mendel, cualquier matemático moderno rechazaría, con derecho, la exigencia exagerada de tener que considerar todo uso posible de los resultados de su investigación que. en el futuro, podrían hacer los servicios de inteligencia, el ejército u organizaciones criminales, antes de publicarlos.

Aun el menor descubrimiento científico, en tanto siga existiendo la civilización actual, es irrevocable y desencadena una serie incontrolable de desarrollos ulteriores. Del lado contrario, y con el mismo derecho, los defensores del complejo científico-industrial remiten a la dependencia total de la civilización respecto a los frutos de la investigación pasada y presente. El hecho de que nadie, con excepción de los miembros de algunas sectas, esté dispuesto a renunciar al helicóptero de salvación, la tomografía y los antibióticos cuando se trate de su vida, es la otra cara de esa ineluctabilidad.

Tan sólo por ese motivo, las largas discusiones sobre biopolítica y tecnopolítica, dejando de lado su carácter escolástico, parecen curiosamente ingenuas y desvalidas. Todos los gremios que disparan al aire, las comisiones y juntas de expertos, se dan cuenta de que a la fuerza de lo fáctico, que diariamente establece sus propias normas, apenas si pueden oponerle otra cosa que su propia opinión. Mientras que unos defienden los intereses de su grupo, los otros, con argumentos cambiantes, tratan de salvar lo que pueda salvarse. También el poder constitucional, desgarrado entre sus reservas profundas y los imperativos de la competencia global, es sólo capaz de decisiones ad-hoc que basta con que las anuncien para verlas inmediatamente avasalladas por nuevos ataques por parte de la ciencia.

Lo cierto es que definitivamente ya no existe un consenso ético en lo que respecta a las cuestiones fundamentales de la existencia humana. Los debates sobre la eutanasia activa y las posibilidades de la selección genética deberían convencer de ello a los que profesan la más buena fe. Así, el individuo se ve arrojado a una posición carente del más mínimo confort moral. El, el individuo, ya no puede delegar ninguna decisión existencial más a alguna instancia confiable. No puede confiar en ningún sistema político ni en religión alguna cuando de lo que se trata es de sus más elementales intereses vitales. Eso representa una sobredemanda a la que muy pocos están en condiciones de responder.

Pero mientras el individuo siga teniendo la libertad de no hacer uso de las adquisiciones prometidas por el complejo científico-industrial, en una fase de transición, tiene aún la opción de decir: conmigo no. Hasta el momento, por lo menos, aún está permitido vivir sin úteros anfitriones, xenotransplantes, clones y selección prenatal. Pero todo aquel que elija ese camino de la defensa propia debe ser consciente del precio de su negativa y, también aquí, entre el dicho y el hecho, hay un gran trecho.

Quien crea que tales decisiones individuales cuentan con una tolerancia recíproca y se imagine que las fantasías utópicas de muchos científicos y sus aliados económicos pueden salir triunfantes sin conflictos ni violencia, quien así piense, es víctima de una ilusión. Toda la experiencia histórica muestra lo contrario.

No solamente las decepciones irremediables que, como sombras, acompañan cada fase maniaca pondrán límites al fatalismo progresista. También ahí, donde la investigación industrial cosecha éxitos indudables, debe contarse con la presencia de conflictos. A más tardar cuando los primeros daños colaterales del proceso científico empiecen a mostrarse y los grandes riesgos imprevistos salgan a la luz la mayoría silenciosa se defenderá. Es curioso que los protagonista de este proceso no estén de ningún modo preparados para ello. No hace falta tener mucha fantasía para predecir que las primeras derrotas conducirán a una movilización militante, de la que Wackersdorf y Wendland sólo son una pálida sombra. Si incluso los ganaderos son capaces de reacciones terroristas, qué formas habrá de adoptar la resistencia cuando ya no se trate de riesgos abstractos o combates entre representantes sino de la propia piel, la procreación. el nacimiento y la muerte. Es muy posible que ciertas investigaciones sólo puedan llevarse a cabo en instalaciones de alta seguridad y que haya un número considerable de científicos que, refugiados en fortalezas armadas, teman por su vida.

Con eso no se quiere decir que una minoría dispuesta a todo pueda detener el proceso o, incluso, hacerlo volver en el tiempo. En última instancia, la utopía del dominio total sobre la naturaleza y el hombre no habrá de fracasar debido a sus enemigos sino a causa de sus propias contradicciones internas y su delirio de grandeza. Nunca, hasta ahora, la humanidad ha renunciado de forma voluntaria a sus fantasías de omnipotencia. Sólo cuando la hibridez haya logrado abrirse camino, la aceptación de sus límites, forzada quizá por alguna catástrofe, habrá de tomar el timón. Y sólo entonces la ciencia, una que podamos respetar y con la que podamos convivir, habrá de tener otra oportunidad.           n

Hans Magnus Enzensberger Escritor. Entre sus libros. Las máscaras de la razón. Zigzag y El diablo de los números.

Friederich Hayek: El profeta en construcción

EL CIERRE CICLÓNICO.

FRIEDRICH HAYEK: EL PROFETA EN CONSTRUCCIÓN

El presente escribe el pasado. Al empezar el siglo XXI pocos pensadores parecen tan decisivos en la adivinación de la historia del XX como Friedrich Hayek, implacable profeta del liberalismo.

Hayek fue una “personalidad compleja”, según Milton Friedman. Rechazado por su prima, se casó con una mujer idéntica a ella y veinte años después, aceptado por la prima, se apartó de su mujer y fue a divorciarse en Arkansas para casarse con su primer amor.

Tenía fases depresivas y pensamientos suicidas, que no habían faltado en su familia. (The Economist, marzo 31, 2001). Fue ciego a las trampas de la política diaria. Incurrió en todos los disparates posibles de un intelectual conservador. Sugirió que Francia, Alemania e Inglaterra se sumarían como estados a los Estados Unidos. Celebró a Pinochet. pidió el bombardeo de Irán en 1979 y de Argentina en 1982. durante la crisis de las Malvinas.

No fue un economista de altos vuelos técnicos, ni un filósofo innovador. Fue sin embargo el pensador que puso el mercado y la libertad en el centro de una poderosa reflexión sobre las condiciones de eficiencia de la sociedad moderna.

Precisa The Economist:,

El gran tema de sus notables exploraciones en la historia intelectual es el peligro de todo dirigismo. la creencia de que podemos diseñar acuerdos sociales mejores que los que se construyen sin intención. Paradójicamente, lo característico de la obra de Hayek es su construcción racionalista. Admiraba a Hume y detestaba a Comte, pero su genio fue sujetar las intuiciones escépticas del primero a los toques de rigor compulsivo del segundo.

Los profetas son impopulares cuando dicen lo que va a suceder y también

cuando sucede lo que anticiparon. La historia del siglo XX le dio la razón a Hayek aunque no haya podido darle el afecto, el reconocimiento y el glamour que otros pensadores de su corte recibieron, como John Maynard Keynes.

El profeta Hayek empieza apenas su posteridad. Parte de ese mundo en construcción es el libro de Alan Ebenstein: Friedrich Hayek: A Biography (Palgrave, 29.95 dls.) (www.thetimes.co.uk/article/ 0,70-122897).   n

Ecología de la desilusión

ECOLOGÍA DE LA DESILUSIÓN

POR JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ

Al ensayista francés Edgar Morin le debemos la intuición de que cada movimiento político es una apuesta. Vicente Fox apostó a la ilusión, y lo sigue haciendo. Pero la política no es sólo gestión de esperanzas; la política es también la administración de realidades, de todo hecho decepcionante.

Lo sabía muy bien Manuel Gómez Morín: a cada ilusión le sigue una desilusión de la misma magnitud en sentido contrario. Por eso advertía: que no haya ilusos para que no aparezcan los desilusionados. Con denso espíritu conservador, avisaba a los panistas que la lucha de Acción Nacional no tendría satisfacciones inmediatas, que se estaba iniciando un esfuerzo para la eternidad. Hoy que se propaga cierto aire de desilusión, vale la pena recordar al fundador del PAN: la decepción es consecuencia directa e irremediable de una esperanza desmesurada. Y si algo generó la elección de julio fue precisamente eso: una borrachera de ilusiones. Reforma llegó a registrar poco antes de la toma de posesión de Vicente Fox que, de acuerdo a la mayoría de los mexicanos, el nuevo gobierno sería capaz de resolver todos los problemas. No la mayoría de los problemas, ni los más graves: todos. Para el 2006, la pobreza y el narcotráfico serían recuerdos lejanos de la prehistoria priista. Algunos problemas se resolverían de inmediato, otros en un plazo moderado. La alternancia lo curaba todo.

La ilusión será anticipo de desengaño, pero es también principio forzoso de la acción colectiva. El presidente Fox tiene que hacerse cargo de las esperanzas que cultivó, pero no habría sido presidente de no haber sido capaz de sembrar ese aliento nacional. Lo entienden mejor que nadie los teóricos del realismo político: la política descansa en lo que no existe, en aquello que se imagina como deseable o temible. Tanto impona la realidad como lo que se cree real. Los deseos tienen una realidad material. Así como Edgar Morin formuló una ecuación de la ecología de la acción política que hace de todo movimiento una apuesta, podríamos formular una tesis sobre la ecología de la desilusión que vuelve todo movimiento decepcionante. En el momento en que un hombre emprende una acción política se lanza con otros al territorio de lo inexistente. Por ello se impulsa de la ilusión para hacer deseable el movimiento colectivo. Pero en el mismo momento que surge, la acción escapa de su diseño y de su voluntad, la realidad la trastoca, la altera, la frena, la desvía. Eso obliga al político a redibujar el perfil de la ilusión con el cuerpo de los logros y los reveses. El político queda atrapado, pues, por una pinza terrible. Su trabajo es, simultáneamente. vender sueños y empuñar realidades. La política es el ir y venir de esperanzas y frustraciones.

Un gobierno requerirá entonces de dos estructuras. Por una parte necesita mecanismos para producir ilusiones y, por la otra, de aparatos para amortiguar la frustración. Necesita, como veía Walter Bagehot en su brillante ensayo The English Constitution, de dispositivos simbólicos y de eficiencia. Se trata de funciones muy distintas y, como he dicho, complementarias. El artefacto de las ilusiones tiene engranaje retórico, se detiene en imágenes e impresiones, amasa generalidades y tolera una buena dosis de contradicción y demagogia. El artefacto de la eficacia se valora exclusivamente por el criterio de los resultados. Lo que se logra es lo único que cuenta; la coherencia, la coordinación, el rigor técnico son cruciales, la clave está siempre en los detalles.

Ahí está justamente el desbalance del nuevo gobierno: una hinchazón anímica y una escasez práctica. El poder presidencial continúa soplando el globo de la esperanza y olvida las tuercas y los tornillos de la efectividad. Que el Presidente se dedique a ser el Supremo Porrista de la Nación no es necesariamente malo. Lo grave es que no hay ningún profesional de la eficacia a su servicio. El gran operador de la esperanza del 2000, no ha logrado convertirse en el eficaz gestor de las realidades del 2001. De ahí que no haya logrado dar un nuevo sentido al anhelo. La seducción de la alternancia se diluye y no es reemplazada por una nueva imagen de lo deseable. Se desvanece el recuerdo de la hazaña y no aparece registro de los resultados.

La desilusión política es una fuerza tan poderosa como su contrario. Es grito de hartazgo, chillido de cacerola, manotazo de ya basta, sumisión al cinismo. Si no se detiene a tiempo, la plaga de la frustración puede tener efectos devastadores. n

Jesús Silva-Herzog Márquez. Analista político.

Funeral de corto plazo

FUNERAL DE CORTO PLAZO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

Juan José Hinojosa, inmemoriam

En apariencia, la economía mexicana vive un tiempo de éxito. Como sabemos, las apariencias engañan. Cada día es más claro que el nuevo gobierno ostenta un confuso perfil político y administrativo, y que los vientos anuncian un descenso en la actividad económica y tormentas provocadas por un presupuesto muy apretado.

Funeral del corlo plazo

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El año pasado empezamos a imaginar que por fin se había iniciado una nueva trayectoria de nuestra evolución política y económica. Se podía proponer que la transición política había desembocado en una democracia propiamente dicha, y que la economía dejaba atrás los escenarios de lento crecimiento y turbulencias destructivas en sus finanzas domésticas y foráneas que caracterizaron los últimos lustros, para arribar a nuevas plataformas de desarrollo económico y social.

El vuelco electoral fue respetado por todos y festejado por muchos, y el cambio de mandos y manos en el gobierno federal tuvo lugar sin grandes conmociones. A la vez, la producción y el empleo registraron altas tasas de crecimiento y se mantuvieron los equilibrios macroeconómicos fundamentales, lo que permitió hablar de que se había superado la “maldición sexenal”, como la llamara Jonathan Heath, que marcó los relevos presidenciales a partir de 1976. Hoy, a poco más de seis meses de inaugurado el nuevo gobierno, es difícil mantener aquel optimismo, aunque deba admitirse que los cambios enunciados arriba fueron importantes y, en efecto, nos pusieron si no en esa tan ansiada nueva trayectoria sí en una encrucijada política y económica distinta a la del pasado más o menos inmediato.

Al calor del ajuste fiscal anunciado, mientras se concluye o no que se trata de una nueva crisis, vale la pena revisitar la economía política que resultó del cambio estructural intentado a todo lo largo de los años ochenta y noventa, a la vista de los desafíos que esa dinámica le plantea hoy a la mutación política.

Primero, una ayuda de memoria. En 1982 se dio por terminada una fórmula político-económica que por varias décadas le permitió a México crecer con rapidez, de forma sostenida y con notables índices de estabilidad monetaria y política. Cuando el presidente López Portillo decretó la nacionalización de la banca el 1 de septiembre de ese año, precipitó esa ruptura histórica: con ese acto de poder estatal, el presidente rompió en un sólo día con la “regla de oro” que otorgaba a la Presidencia de la República el papel de árbitro y decididor de última instancia tanto en la política como en la economía.

La vigencia de esa regla no dependía sólo del poder presidencial heredado de la Revolución mexicana, sino más que nada de la capacidad de su portador para articular los otros poderes y las voluntades que concurrían a su ejercicio. Años antes de esa fecha, durante la década de los años sesenta, el éxito de esta fórmula llevó a muchos a hablar de un “milagro mexicano”.

A todo lo largo de la década del setenta el Estado trató de mantener esa pauta de crecimiento, pero no con reformas de fondo sino mediante el uso excesivo del poder político y la voluntad presidencial. Esta “politización” de la economía trajo consigo un costo creciente y a la postre insoportable para las finanzas del país.

En todo el decenio se vivió la decadencia de esta forma de desarrollo, que sufrió una explosión financiera catastrófica en 1982. En ese año se ampliaron las grietas en los lazos de solidaridad y cooperación entre el Estado y el sector privado y. como se dijo, la “regla de oro” del sistema político económico empezó a ser abiertamente cuestionada. En vez de estabilidad y crecimiento, sobrevino una fase de aguda inestabilidad en la actividad económica general, una inflación cada vez mayor y un tipo de cambio insostenible.

Al convertirse en un país “indigno” de crédito, como consecuencia de la caída de los precios petroleros y de que incurría en más deuda sólo para pagar la contratada, el Estado puso en práctica un ajuste externo traumático, así como una revisión draconiana de su política de gasto. México entró así. a partir de 1983. en una fase larga de relativo estancamiento global, al calor de la cual, sin embargo, los grupos dirigentes del Estado y de la economía se propusieron realizar un drástico cambio estructural que debería asegurar, una vez superado el ajuste, retomar el crecimiento y la estabilidad, así como el lugar que el país había ocupado en los mercados internacionales de financiamiento.

Cambios en la estructura de la economía, así como en las relaciones del Estado con la sociedad, sin duda hubo en estos años. El entorno internacional de la economía política mexicana cambió de manera espectacular y México se volvió un exportador industrial de primer orden. Sin embargo. los efectos sociales del largo estancamiento siguen con nosotros. condensados en la pobreza de masas, una concentración aguda del ingreso, y en un mercado laboral completamente hostil a los trabajadores y en favor de los empleadores.

Los signos alentadores de recuperación en 1999 y 2000 no deberían llevar a olvidar la profundidad de la depresión v ivida. Según cálculos de Víctor L. Urquidi, entre 1981 y

1990   el producto por habitante decreció a una tasa media anual de -0.54%; en 1981-1995 lo hizo al -1.12%, y algo similar ocurrió entre 1991 y 1995 (-0.58%). Según Urquidi, entre 1991   y el año 2000, el producto por persona habría crecido a una tasa de sólo 0.17%; si tomamos en cuenta la magnitud de la recuperación de los últimos dos años, esa tasa fue algo mayor pero no al grado de contrarrestar los efectos del largo receso anotado. Así. el nivel del producto por persona al final del siglo habría sido apenas superior al registrado en 1981 (Víctor L. Urquidi; “El gran desafío del siglo XXI: el desarrollo sustentable. Alcances y riesgos para México”, en El mercado de valores, México, 12/99).

Las noticias del fin del milenio

Al término del siglo y del ciclo se hablaba de buenas nuevas. Los logros presentados en el Sexto Informe de Gobierno del presidente Zedillo eran resumidos por la recuperación de los dos vocablos perdidos: estabilización de las variables básicas que condensan la macroeconomía, y crecimiento alto del producto bruto interno. Esta gran suma dio lugar a la proposición de que México generaba nuevos círculos virtuosos de su economía política, los que ahora, además, combinarían desarrollo sostenido con democracia.

En medio habrían estado los cambios en las instituciones que daban forma a la economía política anterior, lo que permitió a México convertirse en menos de quince años en una potencia exportadora de grandes proporciones, en el segundo socio comercial de Estados Unidos y en una de las economías más abiertas del planeta. Desde otra perspectiva, debería añadirse que en el camino quedaron un sector público administrador directo de empresas de todo tipo, así como importantes capacidades de intervención del Estado en la economía y las relaciones sociales, en las que se cifraba la esperanza de volver realidad los llamados “derechos sociales del pueblo mexicano”, consagrados en diversos artículos constitucionales.

Historia inmediata

Según las firmas consultoras privadas que mes a mes consulta el Banco de México, a partir de julio de 2000 la incertidumbre política dejó de ser un factor de alto riesgo para la recuperación económica, mientras que las expectativas de un cierre espectacular al fin de ese año en materia de crecimiento e inflación y tipo de cambio se afirmaban en el panorama. En su entrega de octubre de 2000. la encuesta del Banco Central reportaba que el consenso de los analistas preveía un crecimiento económico cercano al 7%, una inflación menor de 10% y un tipo de cambio por debajo de los 10 pesos por dólar. La tasa de interés interna sería de alrededor del 15%, y las preocupaciones principales de los actores económicos se orientaban por el lado del financiamiento, sus costos y acceso al crédito, así como por los costos salariales, mientras que la incertidumbre política había perdido significación dentro del conjunto de variables adversas a la recuperación y la estabilidad que considera la encuesta.

Como contraste, tómese nota de que a todo lo largo de 1999 y hasta junio del año siguiente, este valioso ejercicio de sondeo que realiza el Banco de México había otorgado un alto peso a la política como elemento de riesgo, mientras se mantenía con cierta cautela en sus previsiones económicas. Para ilustrar: en la encuesta de diciembre de 1999, los expertos consultados estimaban que la incertidumbre política tendría un peso de 21% entre los factores que podrían limitar el ritmo de la actividad económica; en febrero del año 2000, la incertidumbre política significaba el 23% del riesgo, y en mayo y junio 26% y 28% respectivamente. En julio bajó a 6% y en octubre mantenía ese peso mínimo.

Así, la celebración que tuvo lugar en el último tercio del final del siglo no fue virtual ni inventada, y no sólo porque se apoyaba en resultados tangibles, en el mayor empleo y el considerable aumento del consumo privado, sino porque el país venía de duros años de lento o nulo crecimiento, de mutaciones regresivas en el mercado de trabajo en favor de una abrumadora informalidad y de abismales caídas en el tipo de cambio en medio de alzas de precios que parecían galopar hacia la temida hiperinflación. Recuérdense los escenarios de la anterior crisis sexenal: en 1995, el PIB cayó más de 6%, la inflación rebasó el 50% y el peso se devaluó en prácticamente 100%. Y fue esta memoria la que el presidente Zedillo usó para presentar, satisfecho, los resultados de su gestión económica.

No obstante, desde entonces podía adelantarse que no habría calma ni rutina en la escena económica a que entraba el país después de la toma de posesión del presidente Fox. Con todo y la euforia despertada por el cambio democrático, no era la tersura lo que parecía ofrecérsele al nuevo gobierno, no desde luego en el flanco de la economía.

El presente como repetición.

La suerte pues en lo inmediato.

El éxito económico registrado, en efecto, no es suficiente para subsanar las bajas que quedaron en la cuneta del camino trazado para superar la crisis del ’95. Estas bajas siguen entre nosotros como pertinaces embotellamientos productivos y como deuda social viviente. A la vez, cada día es más claro que el nuevo gobierno carece del mapa de alianzas necesario para sustentar una eficaz coalición de gobierno, aparte de que su perfil político-administrativo es confuso, y de que sus planteamientos de política económica para el corto plazo no permiten siquiera imaginar la posibilidad de que vaya a buscar un nuevo curso.

De hecho, como lo podemos constatar hoy, la economía mexicana no tenía las condiciones para mantener el ritmo alcanzado en la producción y el empleo. Las tendencias de los últimos meses de 2000 llevaban a esperar un descenso en la actividad económica y un presupuesto muy ajustado.

De esta manera, los esperados círculos virtuosos entre la economía y la política que empezaron a asomarse a lo largo del año electoral, pronto mostraron fisuras y precariedades que no pueden atribuirse al cambio político pero que tampoco pueden subsanarse con base en el ímpetu o la voluntad despertada por dicho cambio. Menos aún puede esperarse que esas fallas vayan a ser dejadas atrás con el simple paso del tiempo, o de modo natural y automático. La superación de estas brechas, en realidad, supone decisiones políticas y tiempos de espera que pueden afectar de nuevo la sintonía lograda entre la dolida economía y la vibrante política democrática que se estrenó en estos años.

Muy pronto, apenas entrado 2001, las expectativas empezaron a flaquear y los analistas financieros se dieron a recomendar cautela y a revisar sus proyecciones.

Veamos algunas de éstas. Según la encuesta mensual del Banco de México, en abril los especialistas en economía del sector privado esperaban que la inflación siguiera a la baja y que el tipo de cambio se redujera aún más, pero al mismo tiempo advertían un descenso agudo en el comportamiento de la producción que llevaría a tener un crecimiento económico inferior al proyectado en diciembre y menor al anunciado hace unos cuantos días por el gobierno y por el propio Banco de México. Según este ejercicio, mientras que en diciembre pasado los analistas estimaban un crecimiento económico en 2001 cercano al 5%, en enero habían modificado sus previsiones a menos del 4% y en abril las redujeron más, por debajo del 3%. Los anuncios y advertencias ominosas sobre el empleo y el bienestar, que han acompañado a los anuncios oficiales sobre el recorte fiscal, no hacen sino reforzar este triste espectáculo de expectativas a la baja.

Han pesado más, por ahora, las insuficiencias e inconclusiones del cambio estructural, junto con las inercias viejas y nuevas de una economía política organizada en torno a la concentración del poder y la riqueza, que las esperanzas y ánimos levantados por la mudanza política. Recordemos algunas de estas fallas que se empeñan en imponer al pasado como presente interminable.

Los retos del eterno retorno

Los espectaculares avances en el flanco exportador (exportaciones cercanas o superiores a los 140.000 millones de dólares anuales), por ejemplo, no tienen una correspondencia dinámica en la integración productiva nacional, lo que, en el momento de despegar el crecimiento, determina importaciones y déficit comerciales a la alza cuya dinámica no puede sostenerse. Las ventas externas dominadas por las exportaciones industriales son formidables, por su composición y dinámica, sobre todo si se toma en cuenta que apenas hace quince años más de la mitad de los ingresos foráneos venían del petróleo, pero estuvieron en gran medida colgadas del extraordinario boom de la economía norteamericana y, de nuevo, también de los ingresos petroleros externos, provenientes de los altos precios del crudo. En ambos casos se trata de variables sobre las que México tiene poco o ningún control; lo peor, como lo experimentaremos pronto, es que el país tampoco cuenta con mecanismos sustitutos o de compensación eficientes cuando dichas variables empiezan su ciclo contrario.

En esta perspectiva, la estabilidad y apreciación del peso observadas no conforman una señal unívoca de futuros promisorios. Gracias a la política de flotación del tipo de cambio adoptada a partir del descalabro de 1995, la economía parece haberse alejado de los terribles panoramas devaluatorios del pasado, con caídas verticales y sin previo aviso en el valor de la moneda, pero es difícil sostener que es bueno para México hoy, o en el mañana cercano, que el peso aumente su valor o mantenga el observado en estos tiempos. El peso estable no debe confrontarse con el nivel inmediato de consumo que propicia, sino con las condiciones de vulnerabilidad productiva y comercial externa que definen la estructura y la dinámica de la economía nacional.

Por su parte, la brecha fiscal no se ha vuelto abismo gracias al petróleo, que una vez más ha servido de soporte para las dos grietas tradicionales de nuestro desarrollo: la fiscal y la del financiamiento externo del crecimiento. Pero, hoy está claro, el petróleo sirve más como placebo que como palanca de desarrollo y ahora ha mostrado de nuevo su precariedad. El petróleo sube y baja sin piedad, pero nuestras ventas externas y los impuestos no tienen una dinámica que asegure su autonomía respecto del ciclo económico internacional y de las inclemencias del crudo.

Los dados cargados del  balance de la economía se juega en el largo plazo se imponen restricciones insuperables.

Los saldos económicos del gobierno anterior representaban una ficha dura en que apoyar los planes del nuevo. Después de tantos y crueles descalabros financieros que devastaron la planta productiva y el empleo, ofrecer una estabilidad en las finanzas públicas y la Balanza de Pagos con alto crecimiento económico era de gran importancia. Dieciocho años, desde que en 1982 se reconoció la insolvencia financiera de México, no pasaron en balde, ni pueden dejar de verse como la experiencia traumática y depredadora que fue. y que nadie quiere repetir.

A partir de este reconocimiento, sin embargo, la coyuntura obliga a volver al examen de la composición del balance ofrecido, porque lo que se busca para el futuro en materia económica y social no está asegurado, ni con mucho, por lo alcanzado.

Sea cual sea la contabilidad que se use, por ejemplo, pronto se llega a una evidencia prácticamente indiscutible; la salud fiscal de que se llegó a presumir dentro y fuera de México se debe en lo fundamental al petróleo y a una contención preventiva siempre presente del gasto público, sobre todo si se le compara con los requerimientos de un crecimiento que dure y sea capaz de incluir a la sociedad y el territorio nacionales en su conjunto.

Sabemos y hoy todos reconocemos que el país encara una cuestión social acumulada en pobreza de masas y desigualdad extrema, y puede mostrarse que la atención que se le presta desde el Estado es, por lo menos, insuficiente. Los aumentos en el gasto social, para citar un logro importante de los últimos años, no han pasado aún la prueba de una evaluación sistemática en cuanto a su distribución, mucho menos en lo que toca a la calidad de su ejercicio. Sin embargo, tanto o más grave es lo no hecho en infraestructura física y humana, en comunicaciones, puertos, educación, ciencia y tecnología, de cuya expansión depende en gran medida la expansión del conjunto de la economía a las tasas que se requieren y a que se ha comprometido el nuevo presidente.

Los mencionados son faltantes mayores y nada contingentes. que pesan más que los equilibrios obtenidos, porque de no cubrirse ponen en riesgo la calidad y la dinámica del desarrollo futuro; a la vez. es claro que no pueden llenarse en el corto plazo ni mediante la importación acelerada de bienes, servicios y destrezas del exterior. Estos huecos dañan el tejido social y vulneran la capacidad productiva y no pueden soslayarse más de lo que se ha hecho en estos años de crisis y ajuste recurrente. De esto nos hemos ocupado poco, afligidos por la angustia y la inseguridad económica y las emergencias financieras. Más grave es que en su balance el gobierno pasado le haya prestado poca atención y que tampoco haya ocupado el lugar que merece en el discurso de la transición.

Termina el siglo y puede decirse que también el ciclo de evolución social y política que abrió la Revolución Mexicana. Pero los trabajos que hay que hacer para abrir paso a otro ciclo largo y generoso están ya frente a los días febriles de la democracia que se estrena y de la sociedad que la celebra.

La suerte de la economía se juega en el largo plazo, porque en lo inmediato se imponen restricciones que parecen insuperables. Para contraparafrasear a Keynes, en países como México es en el corto plazo donde estamos muertos, o casi. Para perfilar este largo camino propongamos una lista sumaria de cinco empeños que hay que abordar de inmediato, para volverlos realidad tangible en el largo plazo: la conservación del medio ambiente y el arranque de un desarrollo sustentable y compartido; el aprovechamiento nacional de la globalización de la que, a un costo enorme, ya formamos parte; el desarrollo de una efectiva seguridad energética que no dependa de la depredación ni de la penuria permanente; la superación pronta de la pobreza extrema y abatir los índices de desigualdad; construir, más que “aplicar”, como dicen los impacientes, el Estado de derecho. Todos estos propósitos pueden ser realidad sólo al cabo de un lapso largo, pero se tiene que empezar ya, para que el plazo se cumpla.

Los largos pasos hacia la democracia y los esfuerzos empeñados en la modernización económica no impiden insistir en lo que se mantiene como la gran empresa inconclusa de la transformación mexicana: sin un Estado sano por el dinamismo y la calidad de sus ingresos y por su eficacia al gastarlos; y sin un Estado fuerte por su legitimidad democrática y su vocación y compromiso con la equidad y la justicia, esos empeños serán, como hasta la fecha han sido, misiones imposibles.  n

San Pedro Mártir, DF, 10 de mayo de 2001

Rolando Cordera Campos Economista. Su más reciente libro es Crónicas de la adversidad. Estas notas fueron presentadas en la Semana del Economista 2001, “Transición y nueva política económica”, en el Centro Universitario de Ciencias Económico-Administrativas, División de Economía y Sociedad, de la Universidad de Guadalajara.

Hora y veinte. Cultura y vida cotidiana

EL CIERRE CICLÓNICO.

HORA Y VEINTE

CULTURA Y VIDA COTIDIANA

No es una novedad. Al presidente Fox y al primer círculo de sus asesores y secretarios de Estado no les interesan ni los libros ni la cultura. ¿Y la política educativa? Bien, gracias. Reyes Taméz Guerra medita. Por lo demás, en el gobierno no saben con qué se come la universidad pública, ni para qué demonios sirve. En Madrid, Juan Ramón de la Fuente criticó las omisiones presidenciales sobre el tema de la educación superior. No hay para dónde hacerse. (No les interesa: Ni libros ni cultura. Ver p. 80).

En México hay 304 librerías activas y 5039 bibliotecas de la red de Conaculta. En el año 2000 se publicaron 104 nuevas revistas, la inmensa mayoría de ellas de contenidos editoriales chatarra y, quizá por lo mismo, favorecidas por las agencias de publicidad. El problema de la lectura ha rebasado desde hace tiempo las dificultades propias de la industria editorial para convertirse en un problema nacional de consecuencias incalculables. (Numeralia. Ver p. 82).

Dos nuevas revistas se incorporan a la vida pública mexicana: Arcana y Cambio. Dirigida por Alberto Begné y asociada a Multivisión. Arcana se publica mensualmente y se propone un nuevo ejercicio periodístico acorde a los nuevos tiempos. Cambio, revista semanal, es producto de una sociedad entre Editorial Televisa, que preside Ramón Alberto Garza, y Cambio de Colombia. La revista aparece impulsada por un clásico: Gabriel García Márquez. (Nuevas relistas. Ver p. 82).

 El Times de Londres saluda la aparición en inglés de Los años con Laura Díaz con estas palabras: “En una cultura que premia a menudo la pereza y celebra el conformismo, la hipocresía y el cinismo, la integridad de Carlos Fuentes es impresionante”.

El escritor Juan José Arreóla volvió de su ausencia por unos instantes. Una visita decía un soneto de Quevedo. Arreóla despertó, siguió de memoria parte del soneto, y extravió los ojos de nuevo en el vacío.

En el año de 1967 Borges viajó a Harvard para pronunciar las Norton Lectures. Durante más de treinta años, las cintas grabadas de las seis conferencias que ofreció Borges permanecieron en el cajón del archivo de una biblioteca. La editorial Planeta ha publicado esas conferencias bajo el título de Arte poética. Seis conferencias (Crítica. Letras de humanidad. Barcelona. 2001). (Borges: Subrayados. Ver p. 82).

El crítico de arte del Financial Times. Jackie Wullschlager, ha escrito una biografía de Christian Andersen. el gran escritor de cuentos para niños: The Life of a Storyteller (Knopf. 2001). Feo hasta lo grotesco, gigantesco, afeminado, bisexual, servil y obsecuente con sus anfitriones. Andersen pensaba, tal y como lo propuso en su famoso cuento “La Sirenita”. que la inmortalidad podía ser un sustituto imperfecto del amor. (Hans Christian Andersen: Una vida para adultos. Ver p. 84).

La editorial Cambridge University Press ha publicado una nueva biografía. Kant. A Biography. de Manfred Kuehn. Entre sus hallazgos está el de dos personajes que conversan: el joven Immanuel Kant y Joseph Green. vecino de Kónigsberg. que introdujo en Kant la afición a Hume, la admiración por Rousseau y el arte de vivir según principios estrictos: “Actúa siempre como si tus principios fueran ley universal”. (Herr Kant y Mr. Green. Ver p. 84).

 La figura de André Malraux (1901-1976) aún despierta polémicas en la vida francesa. Acaba de publicarse Malraux. una biografía. (NRF-Gallimard. 2001). Apoyada en documentos y testimonios inéditos, la biografía de Oliver Todd regresa de las sombras al escritor cuya vida se disputaban la acción y la literatura, la política y la moral.

El presente escribe el pasado. Al empezar el siglo XXI pocos pensadores parecen tan decisivos en la adivinación de la historia del XX como Friedrich Hayek, el implacable profeta del liberalismo (La construcción de un profeta. Ver p. 85)

 La muerte de Paul Bénichou (1909-2001) casi no se ha mencionado en la prensa cultural mexicana. Con la muerte de Bénichou desaparece uno de los más notables historiadores de las letras francesas. (Paul Bénichou y los nopales. Ver p. 85).

Según una encuesta de Gallup y Pfizer. 53% de los mexicanos padecen disfunción eréctil. Nadie sabe si Mario Cruz tuvo un arranque de eternidad o si fue tocado por el tiempo repentino, pero en octubre del año 2000 tomó una decisión trascendental (El paraíso infernal de El Negro Cruz. Ver p. 86).

En el año de 1946, el poeta W. H. Auden (1907-1973) dio un curso en el que se proponía leer cronológicamente todas las obras de Shakespeare. La Princeton University Press ha publicado Lectures on Shakespeare. (¿Por qué Antonio y Cleopatra? Ver p. 86).

La difusión científica ha tocado las puertas de la creación con el libro de Matt Ridley sobre los misterios revelados del genoma humano (Genoma. Taurus, México, 2001). Sus informes dan para tanto, y se ofrecen con tanta sabiduría sintética, que incluso pasan la prueba del aforismo. (Genética al alcance.

Ver p. 86).   n

A dosis indispensable de mentiras

ESCRITOR EN SU TINTA

A DOSIS INDISPENSABLE DE MENTIRAS

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Thomas Pynchon es un escritor casi único en la literatura norteamericana contemporánea. Nacido en 1937, en Long Island, en el estado de Nueva York, no suele publicar más de un libro por década y cada vez es menos lo que se sabe de él: sólo existe una foto suya, probablemente de 1957, y no se sabe dónde vive ni de qué. Hace mucho tiempo que nadie lo ha visto y los hechos que se conocen de su vida se limitan a un diploma de ingeniero obtenido en la universidad de Cornell, dos años de servicios en la marina, algunos cursos de letras, asistencia a las clases de literatura que dictaba Nabokov y algunos meses de trabajo para la compañía Boeing, en Seattle. Lo último que se ha sabido de él es que vivió un tiempo en California y luego se marchó a México.

Tras la aparición de Rainbow, en 1973. verdadero Moby Dick posmoderno, que comienza durante el bombardeo de Londres en la Segunda Guerra Mundial, publicó la novela Vineland. en 1990, y luego sólo unos cuantos artículos, hasta que en 1997 llegó el gran acontecimiento: la novela Mason E Dixon. descomunal obra maestra que lo situó en las cumbres de la llamada “narración enciclopédica”, en la línea de Cervantes. Dante. Rabelais, Sterne, Joyce, Borges…

El libro se abre con el nacimiento de los Estados Unidos, a finales de 1786, y mientras el pastor nómade, Reverendo Wicks Cherrycoke, relata las peregrinaciones de sus compañeros de ruta, Masón y Dixon. para felicidad de dos jóvenes oyentes, sus sobrinos Pitt y Pline. De entrada nos encontramos con la historia dentro de la historia y la novela de la novela, con la interminable puesta en marcha de todo tipo de ramificaciones narrativas y las infinitas “mil y una noches” que caracterizan toda la obra de este escritor excepcional. Los jóvenes oyentes, los tintilantes Pitt y Pline, le restituyen al relato toda la frescura de su entusiasmo infantil y, a la vez, van creando la distancia imprescindible de la lectura real.

Masón y Dixon. los personajes que dan título al libro, son dos astrónomos ingleses encargados por la Royal Society de Londres de asistir al paso de Venus por la isla de Sumatra. Se trata de un viudo melancólico y de un cuáquero amante de la buena vida, compadres en las buenas y en las malas, y viva encarnación de las dos facetas de nuestra humanidad ciclotímica. Ambos personajes se embarcan en un velero de pacotilla y en su extravagante periplo llegan al Nuevo Mundo, tras haber doblado el cabo de Buena Esperanza, donde, además de las estrellas, observan los horrores de la esclavitud, el racismo de la comunidad blanca, y las atroces prácticas de la VOC, la compañía holandesa que prefigura el mercantilismo universal. En los Estados Unidos se toparán, entre otros, con un tal Washington, fumador empedernido de una muy fuerte “hierba aromática”, y con un tal doctor Franklin, inventor loco y virtuoso de la flauta de vidrio. En fin, todo un compendio de erudición y fantasía, muy dentro de la gran tradición de Tristam Shandy y Henry Fielding.

Pero, a pesar de su maravilloso sentido del arcaísmo, Pynchon no se detiene en la caricatura del habla del siglo XVIII. Su pluma no cesa de inventar, y su erudición, siempre llena del mejor humor, posee la vitalidad del sin sentido y la parodia. a lo Lewis Carroll. y. por qué no. a lo Monty Python. La doble formación científica y literaria de Thomas Pynchon y su ascendencia puritana (su antepasado William Pynchon escribió un tratado de teología anticalvinista que fue quemado en las calles de Boston) han dejado una profunda huella en toda su obra. Pynchon se interesa por todo lo que es lógico, pero también por todo lo absurdo, y encuentra un incesante vaso comunicante entre ambos extremos, aunque, como suele recordarnos en esta inmensa novela, “nuestra época es muy poco clemente con todo aquello que la inquieta”.

La fantasía es el arma de la gran resistencia ante el hiperracionalismo que nos rodea. Y Thomas Pynchon recurre a ella incesantemente, desde la primera hasta la última página de una novela que bordea las ochocientas. La fantasía de este autor casi único en la literatura norteamericana contemporánea encarna la titánica lucha contra aquel escepticismo sistemático que encuentra increíble que una buena dosis de mentiras sea a veces indispensable para el descubrimiento de la verdad.    n

Alfredo Bryce Echenique Escritor. Su más reciente libro es Guía triste de París.

Qué decir si eliminan a México

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QUÉ DECIR SI ELIMINAN A MÉXICO

Esta es una serie de cosas para decir, sin melancolía ni ardor algunos, en caso de que México quede eliminado del Mundial 2002.

•  A México nunca le ha ido bien en los años pares; por eso, no le convendría haber ido al Mundial del 2002. Lástima, por lo demás, que todos los mundiales hayan caído, caigan y sigan cayendo en años pares.

•   Los japoneses sólo querían apantallarnos con sus estadios modulares. Uno de ellos tiene, incluso, una cancha móvil que puede sacarse del estadio. ¿Ah sí? A ver, güeyes: saquen aquí su canchita y van a ver cómo le damos baje en quince minutos. Arriba el Azteca, uleros.

•  ¿Para qué calificar? ¿Para hacerles el caldo gordo a los de la FIFA? ¿No ven las broncas que tiene Blatter? ¿No ven que la FIFA verá un histórico fracaso legal y financiero por andarse metiendo con socios fraudulentos? Es hora de no contribuir a la turbiedad y la corrupción.

•  Pues miren: tampoco irán al Mundial ni Inglaterra, ni Yugoslavia, ni Portugal, y, en un descuido, ni Holanda. ¿O qué: les daba mucha ilusión jugar contra cosas como Sulfuristán?

•  ¿Goles y democracia? ¿Calificación y transición? No se puede todo, señores.

•  Pinche rubia, qué. Ni que estuviera tan buena. Al fin que en mí casa tengo a mi gorda: el Cruz Azul.

•  Di no a la mediocridad: si no calificamos ni para la Olimpiada de Sidney, ni para los mundiales infantiles, juveniles y sub-23, ¿por qué ir al Mundial de los mayores y conformarse con eso?

•  Al fin que ni me iba a levantar a las 3 de la mañana a ver los partidos. (O bien: para entonces la delegada Padierna, Dolores —Paddy Pains, su nombre de artista— habrá cerrado El Cío, templo del table-dance, donde yo había reservado palco y regazo para ver los juegos de México).

—Johannes Burgos

No les interesa: Ni libros ni cultura

EL CIERRE CICLÓNICO.

NO LES INTERESA:

NI LIBROS NI CULTURA

En un mercado inexistente de bienes culturales, como el mexicano, gravar un producto en crisis, añadirle impuestos a una mercancía encarecida, es desalentar su desarrollo, marginar su difusión. Parece mentira que haya que repetir que los libros no sólo son artefactos de papel y tinta sino, además y sobre todo, un asiento en el teatro, en el cine, en un concierto de música clásica. Un libro no sólo es una extensión de la memoria, como quiso Borges, sino un vínculo, una red para conectar diversos mundos. La propuesta contenida en la Reforma Fiscal para agregarle el Impuesto al Valor Agregado al precio de los libros es, ante todo, una prueba de la insensibilidad y el desconocimiento que el gobierno de Fox y sus asesores tienen por asuntos como la creación y promoción de un mercado de bienes culturales. Otro problema, muy distinto, es el hecho de que la oposición al IVA en los libros haya sido encabezada por Paco Ignacio Taibo II, emblema perfecto del escritor cavernario, del hombre de izquierdas salido de una pintura rupestre. Este asunto habla de otra cosa, del modo en que se ha lumpenizado la oposición en México. Pero ese es otro cuento.

Al promover el IVA a los libros y a las colegiaturas, así sea para sacrificarlos a la hora de las negociaciones en el Congreso, el gobierno de Vicente Fox demuestra que no vincula el consumo de bienes culturales con al menos dos zonas críticas de su gobierno: la educación y, muy principalmente, el debate de la universidad pública. En el primer caso, el secretario de Educación no parece ocupado ni siquiera en esbozar los primeros trazos de una política educativa. De momento, Taméz Guerra libra otras batallas que, por lo demás, sólo él conoce. En el segundo asunto, Fox ha recibido ya una respuesta enérgica del rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente, durante una conferencia de prensa en Madrid: “La política educativa de un gobierno es la piedra angular de su concepción del Estado. No puede subordinarse la educación superior a las leyes del mercado, esto es algo muy grave para las universidades públicas en un país como México, donde todavía la cobertura de la educación superior no llega al 20% de la población. También países como México necesitan filósofos, poetas, astrónomos, matemáticos, y toda una gama de disciplinas que han sido siempre vocación de la universidad pública y que no por el hecho de que no exista para ellos una demanda en los mercados laborales debemos decidir que no recibirán apoyo”. (La Jornada, 14 de junio de 2001). En materia de educación y cultura, Vicente Fox ha refrendado el viejo aforismo: en política, la insensibilidad es una forma del desprecio. Cuentan que durante los días de la preparación del Plan Nacional de Desarrollo 2001-2006, el equipo de Sari Bermúdez trabajó intensamente en un documento que contuviera, en unas apretadas diez cuartillas, la propuesta del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. En la versión definitiva del Plan, el documento de la presidenta del CNCA quedó reducido a unas cuantas líneas. Por ahora, Fox y el primer círculo de sus asesores y secretarios han dado señales muy claras: los libros y los bienes culturales no les interesan.  n

Fiel pero importuna

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PUERTO LIBRE

FIEL PERO IMPORTUNA

POR ANGELES MASTRETTA

Esa es una enfermedad de genios”, me dijo hace mucho uno de los escasos pero intensos amores imposibles y al mismo tiempo entrañables, con los que he dado en la vida. Tenía casi sesenta años más que yo. Podía haber sido mi abuelo, o un padre tardío, si yo hubiera salido de él. Pero fue mi amigo-amigo, como pocos he tenido, y aún lo lloro de sólo recordarlo. Desde sus ochenta y siete, aquel hombre siempre guapo, me dijo eso de los genios para consolar la zozobra que me daba ir, cuando joven, con un mal que a la fecha, es a mí, como sugiere un poeta excepcional al que tengo el privilegio de haber vuelto mi hermano, lo mismo que es a Miguel Hernández la pena: “Siempre a su dueño fiel, pero importuna”.

—¿De qué color tendría los ojos tu epilepsia? —quiso saber este poeta.

—Grises —dije.

—¿Como los de quién?

—Como los de un diablo perdiéndose entre el paraíso y el olvido.

—¿La muerte tendría sus ojos?

—Ojalá, porque sería una muerte casi sorpresiva, pero me daría tiempo suficiente para dejarle dicho al mundo y a quienes amo en él, cuánto los echaré de menos cuando mi cuerpo se haya mezclado con las raíces de un árbol casi azul de tan verde y amarillo, o las de una bugambilia acariciada por aires que no conoceré jamás.

—¿Da tiempo de decir algo?

—Muchas cosas. Sobre todo si uno supiera que en vez de ir a perderse en un abismo del cual hay un retorno extenuante y una especie de vergüenza triste por haber asustado a los otros con la electricidad que no pudimos contener en nuestro cuerpo o sacar de un modo menos abrupto y perturbador, uno pensara como cuando la muerte avisa, que se está diciendo adiós en esa despedida sin más regreso que las marcas que hayamos podido dejar en la memoria de los demás.

—¿Da tiempo de ver algo, de oír algo?

—Hay quien ve luces o fantasmas o sueños. Yo no. Yo escucho ruidos como luciérnagas, oigo fantasmas que acarician, siento una música que parece un sueño, que podría ser el envío excepcional de un clarinete imaginado por Mozart o tres acordes de Schubert o un trozo de la voz inaudita de María Callas. Sería un júbilo ese eco si no supiera yo el destino al que me guía. Nunca he conseguido escucharlo y volver a tenerme sin antes haber perdido la conciencia por un tiempo que no sé ni siquiera cuánto puede durar. De ahí que le tema tanto como me agrada. Por eso siempre preferiré escuchar a Mozart con la Filarmónica de Budapest o cualquier otra, a Schubert cantado por María Callas y a María Callas cantando lo que haya querido. Pero esa música viene de adentro y es como es y no como uno quiere. Sin embargo, es hermosa. Te aseguro que si otros pudieran oírla, dirían que es hermosa y hasta algo de compositor se creería que hay en un vericueto de mi cerebro, en las ligas que hacen y dejan de hacer las neuronas encargadas de probarme que nadie manda sobre su cabeza. Menos aún. sobre su corazón.

—Escríbele un poema.

—No sabría cómo. Mirarla puede ser un poema atroz. Para decirla habría que ser Sabines. Yo la siento. Y sólo sé que llegaría a gustarme si un poema de Sabines fuera. Pero no fue un poema. Puede ser un temor, pero también un desafío. Yo he querido verla como un desafío. Así supieron verla quienes me crecieron y quienes han ido viéndola conmigo. Así me ayudaron a buscarme la vida en lugar de temer sus desvaríos.

Cuando murió mi padre, en el naufragio de su escritorio encontré unos papeles que por primera vez le pusieron un nombre a lo que siempre se llamó vagamente “desmayo”. Tal nombre aprendí a decirlo con la certeza que en las noches oscuras nos dice despacio: habrá de amanecer. Haría entonces unos cinco años que habían empezado los “desmayos” y yo no les temía, porque simplemente no sabía lo que eran. Sí me daban tristeza, pero luego aprendí que tristeza dan aunque uno sepa que otros los llaman epilepsia. Y eso es parte del juego todo. Del extraño juego que es vivirla como una dádiva inevitable.

Cuando encontré los papeles, me había mudado a vivir a la ciudad de México. Esta ciudad aún no era el monstruo en que muchos dicen que se ha convertido, pero ya se veía como un monstruo. A mí me apasionaba por eso. Porque uno podía perderse en sus entrañas, recuperarse en sus escondrijos, cantar por sus travesías inhóspitas, dejarse ir entre la gente que caminaba de prisa por calles con nombres tan magníficos como “Niño Perdido”.

No se me ocurrió mejor cosa que irme a buscar a los epilépticos al Hospital General. Los encontré. Me asustaron. Muchos eran ya enfermos terminales y tenían crisis cada cinco minutos; eran, de seguro, personas que fueron abandonadas desde la infancia a su mal como a una cosa del demonio. Se hacía por ellos lo que era posible, que era poco. Cuando le vi la cara al nombre, tuve más reticencias que terror. De cualquier modo en muchos meses no volví a subirme a un Insurgentes-Bellas Artes sin un tubo de “Salvavidas”, esos caramelos de colores que no sé si aún existan pero que me ayudaban a iniciar conversación con mis vecinos de banca o de manos asidas a un tubo, para decirles que podría pasarme algo raro que luego describía tan de espantar como lo vi, pidiéndoles después que no se asustaran, que yo vivía donde vivía y me llamaba como me habían nombrado. Lo único que conseguí entonces fue asustarlos sin que pasara nada nunca.

Luego corrió el tiempo generoso y lleno de un caudal distinto, de amores nobles, delirantes o devastadores, de pasiones nuevas como la vida misma y en menos de un año volví a perder hasta la precaución, ya no se diga los temores. Más tarde encontré para mi paz un médico que no sólo conoce los devaneos del demonio con ojos grises, sino que me ha enseñado a olvidarlos de tal modo que no acostumbro hablar de ellos, que duermo menos de lo que debería y a veces hasta gozo el desorden de unas burbujas como si pudiera ser siempre mío.

¿Qué otros nombres le pondría, que tipo de conocimientos, de intimidad, de frustración, de dicha incluso, me ha dado? Eso, poeta, te lo digo otra tarde. Cuando tengamos tiempo y silencio para oírlo. Tiempo para saber de este ángel siempre fiel, pero importuno.   n

Angeles Mastretta. Escritora. Su más reciente libro es Ninguna eternidad cuino la mía.

Pavo al whisky

GRATIS

PAVO AL WHISKY

Ingredientes: 1 pavo de unos 3 kg., 1 botella de whisky. 250 g. de zanahorias. 1/2 kg. de papas, 1 kg. de carne molida, aceite de oliva, sal y pimienta.

1. Limpiar el pavo, rellenarlo con la carne molida, atarlo, salpimentar y ponerle un buen chorrito de aceite de oliva.

2. Pelar y trocear las papas y las zanahorias, y alfombrar con ellas la bandeja del horno.

3. Precalentar el horno a 180 grados durante 15 minutos.

4. Servirse un vaso de whisky para hacer tiempo.

5. Meter el pavo al horno.

6.  Servirse otro vaso de whisky, bebérselo y mirar el horno con ojos ligeramente extraviados.

7.  Boner el terbostato a 150 gramos… grabdos y esberar trenta binutos.

8. Servirse odro paso, odros pasos.

9. Al cabo dum drato, hornir el abro bara condrolar y echar un chodreton de pavo al guisqui y odro de guisqui a uno bisbo.

Baso

10. Darle la vuelta al babo y quebrarse la baño al cerrar elorno, bierda…!

Passso

11. Insertarr, sentarrse en una silla y sebirrse unossss ques- sitosss bientras pasan los binutosss. Parso

12. Retirar el babo del horrrno y luego regogerrrlo del suelo con un brapo embujandolo a un blato, bandeja o ssssimiliarrr. Faso

13 Romberssse la baaabesa al refalar en la graasssa. Paaaso

14. Indendar lebandarse sin soltarr la vodella y dras bariosss indendoss decidir que en el suelo sesta a tooohhda madddre. Aso

15. Appburar la potella agompanada de as papas y zanahorias del rededor, adrastrarse asta la gama, y dormir… seeessszzzzzzz. Paso

16. A la mañana siguiente, tomar abundante café para el inexplicable dolor de cabeza, comerse el pavo frío con un poco de mayonesa y el resto del día dedicarlo a limpiar el estropicio organizado en la cocina, n

Perú: ¿Y después de la elección…?

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PERÚ: ¿Y DESPUÉS DE LA ELECCIÓN…?

POR LUIS PASARA

La segunda vuelta en las elecciones peruanas le dio un triunfo raquítico al candidato Alejandro Toledo sobre Alan García. Su triunfo, manchado por una abstención mayor, no parece destinado a resolver los grandes problemas de Perú: la crisis institucional, el descrédito de las fuerzas armadas, la miseria y el avance del narcotráfico.

El triunfo de Alejandro Toledo en la segunda vuelta de la elección presidencial peruana abre inevitablemente un capítulo nuevo pero no despierta muchas esperanzas de recuperación del país. Su elección, respaldada por menos de la mitad de los votantes efectivos, corresponde a un contexto en el que muchos electores se vieron forzados a escoger entre dos candidatos poco convincentes. Lo ilustró así una votante anónima, entrevistada entre primera y segunda vueltas, en la cadena radial de mayor audiencia: “Sólo Dios nos podrá ayudar para elegir entre estos dos miserables. El Perú ha demostrado ser un país de ignorantes, porque sólo la ignorancia nos ha llevado a tener que elegir entre García y Toledo” (El País. 10 de abril de 2001).

Tras una depresión económica que lleva cuatro años y, ahora, con 52% de la población en condiciones de pobreza, muchos peruanos, aunque finalmente se pronunciaron por uno u otro, no se dejaron convencer por el discurso de los candidatos. Hasta un mes antes de la elección, un tercio de los encuestados mostraba rechazo a ambos y una decisión de votar en blanco o viciar el voto.

Los resultados de la primera vuelta, realizada en abril, trajeron algunas sorpresas. La principal, sin duda, fue el voto por Alan García. La segunda vuelta, llevada a cabo en junio, fue menos sorprendente. Toledo ganó porque, puesto en una difícil disyuntiva, el electorado lo consideró el mal menor, conforme revelan múltiples sondeos de opinión.

Pero los resultados obtenidos por Alan García (25.7% en la primera vuelta y 41.2% en la segunda) hacen de él cabeza de la oposición al gobierno de Toledo, que no cuenta con mayoría parlamentaria propia. Si se recuerda que. en enero de 2001, recién vuelto al país, García contaba con la intención de voto de apenas uno entre diez encuestados en cierto modo él es un gran triunfador de esta campaña electoral, que lo vuelve un candidato de peso para la siguiente elección, en 2006.

Al expresidente lo ha beneficiado el hecho de que dos de cada nueve electores de ahora no tenían aún 14 años cuando dejó el gobierno en 1990. Además, García es un gran comunicador, ofrece redistribución y convence o seduce con ella. Pero, de momento, contra él pesó la memoria, que durante toda la campaña electoral llevó a casi la mitad de los encuestados a asegurar que “nunca” votarían por García.

El recuerdo no era desdibujado. A partir de 1985, Alan García dio inicio a la destrucción de las instituciones mediante nombramientos partidizados, que desembocaron en corrupción. En 1986 ordenó exterminar a los detenidos por actividades subversivas, y proporcionó información falsa después. Aun así, el terrorismo creció durante esos cinco años. Demagógicamente expropió la banca y se negó a pagar la deuda externa; dejó al país en la ruina económica, devorado por la inflación. Por último, su gobierno apoyó decidida e ¡legalmente a Fujimori en la segunda vuelta electoral de 1990, frente al candidato de los partidos tradicionales, Mario Vargas Llosa.

Toledo centró su recta final de campaña en recordar el estado del país en los dos últimos años del gobierno de García. Ganó pero no logró obtener la mitad más uno de los votos emitidos en ninguna de ambas vueltas en 2001. Un año antes, en la elección en la que Alberto Fujimori se impuso fraudulentamente, Toledo —como candidato principal de la oposición— obtuvo cuando menos 45% de las preferencias. Este año, en la primera vuelta recibió 36.5% de los votos; en la segunda sólo congregó al mismo 45% que lo votó en 2000.

A lo largo de los últimos meses Toledo perdió credibilidad. Denuncias de diverso tipo —desde una hija no reconocida legalmente hasta una farra que el candidato intentó disimular como secuestro, pasando por un manejo oscuro de los fondos de campaña— fueron minando la confianza en él. Pero, de cara a su tarea de gobierno, lo que acaso resulte más grave sea una clara duplicidad de lenguaje: lo que aseguró a los líderes sindicales fue contrario a lo que prometió a los empresarios.

El triunfo de Toledo —autoproclamado líder de la protesta popular que contribuyó a la caída de Fujimori— resulta deslucido por haber vencido con dificultad y por un margen estrecho a un adversario de tan mal recuerdo para el ciudadano. Su ajustado triunfo quizá se explica porque el candidato evocaba a los peruanos aquello que se aprendió con Fujimori como sucesor de García: siempre puede haber alguien peor que el malo conocido. El entorno de Toledo, que incluye una gama variada de posturas contradictorias, también recuerda a Fujimori entre primera y segunda vuelta. Como entonces, allí se hallan quienes, desde muy diferentes posiciones ideológicas, intentan llenar los vacíos o resolver las inconsistencias del candidato. A partir de ahora, unos u otros deberán enfrentar el manejo de un país cuyos principales indicadores económicos y sociales de las últimas décadas resultan lamentables, incluso para estándares latinoamericanos.

Por lo demás, a lo largo de los últimos veinticinco años, en el Perú han fracasado ya muy diversos tipos de políticas gubernamentales. El último gobernante militar. Francisco Morales Bermúdez (1975-1980), dio inicio a las llamadas políticas de ajuste y lanzó una agresiva estrategia antisindical, en la que los despidos masivos se apoyaron en declaraciones de estados de emergencia y toques de queda. Fernando Belaunde (1980-1985) mantuvo una política aprobada por el Fondo Monetario Internacional, aunque no llegó al neoliberalismo. García, con un enfoque populista, se aventuró a una reactivación económica que incrementó el empleo y las remuneraciones, pero se hallaba irresponsablemente basada en un gasto público desbordado. Al final de su gobierno rectificó, mediante ajustes neoliberales, con desastrosos efectos sociales. Fujimori combinó la obediencia a los acreedores externos con el saqueo de los fondos públicos, con fines electorales y de beneficio personal para los integrantes de la mafia gobernante. En cada uno de estos periodos de gobierno la economía apenas creció pero la pobreza también lo hizo.

En una vía paralela, había sido derrotada la izquierda de todos los matices; la representada por Sendero Luminoso, militarmente, y el resto, electoralmente. En ese marco, el país no ha encontrado proyecto social de recambio y las simpatías electorales sólo vienen a ser apuestas ciudadanas al azar. Sería bueno preguntarse si el Perú es un caso aparte en América Latina o sólo muestra una tendencia en la que se inscriben ya Venezuela y Ecuador.

Desde hace veinte años, la oferta de contenidos democráticos en el Perú es débil o ausente. De ahí, en parte, surgió un elector en cuya cultura política votar es un rechazo al pasado inmediato y una apuesta a que, esta vez, “a mí puede tocarme algo”. Es claro que la debilidad de la democracia política no es exclusiva del Perú. En toda América Latina se comprueba que el solo hecho de votar periódicamente no expande la institucionalidad democrática, ni contribuye a la democratización social. Ahí están, para demostrarlo, Argentina. Colombia o Ecuador.

En el caso peruano, el panorama institucional confirma que no se está saliendo de un pozo, ni cerrando un paréntesis. La elección de Alejandro Toledo no parece destinada a resolver las preguntas más complejas: ¿cómo curar una judicatura donde la gran mayoría de sus integrantes no se atrevieron a decir que no cuando correspondía hacerlo?, ¿cómo sanear unas fuerzas armadas en cuya alta oficialidad no hubo quien tuviera el coraje de renunciar cuando se les pidió complicidad con graves e innumerable delitos?, ¿en nombre de qué moral pública luchar contra el tráfico de drogas?, ¿cómo responder y combatir un posible rebrote subversivo?

El paisaje de podredumbre institucionalizada —hecha comportamiento regular— es el que de cara a un futuro mejor, resta carácter decisivo al proceso electoral de este año en el Perú, que así no ve acercarse las posibilidades de salir del hoyo. n

Luis Pasara. Investigador visitante de la Universidad de Notre Dame.

Fox: De la Luna de Miel al Matrimonio

FOX: DE LA LUNA DE MIEL AL MATRIMONIO

Lo saben quienes ya lo probaron: a la luna de miel siguen los efectos de la vida en matrimonio, a la fiesta sigue el momento de recoger vasos y platos y de administrar la realidad. Como escribe Jesús Silva-Herzog Márquez en uno de los artículos que publicamos en este número: la elección del 2 de julio generó una borrachera de ilusiones alentadas por la sospecha de que la alternancia era una suerte de ábrete-sésamo capaz de resolver todos los problemas.

Es cierto, los primeros meses del gobierno de Vicente Fox no han sido ensombrecidos por una catástrofe sexenal; sin embargo, tienen a la vista señales desalentadoras. La mala noticia es que México enfrenta una caída del empleo, la productividad y el consumo, y que el prometido crecimiento anual del 7% se ha encogido de tal manera que la prevención alcanza ya el 2%. La mala noticia es que gastamos más de lo que tenemos y que la desaceleración en Estados Unidos empieza a reflejarse en México. La buena noticia es que Vicente Fox sigue gozando de altos niveles de popularidad y que los reclamos de cambio instantáneo se han ajustado a las dificultades de los tiempos.

Los artículos que presentamos a continuación dan cuenta de los estilos, errores, logros y pendientes del nuevo gobierno, y de cómo la ciudadanía ha percibido este año de la alternancia política. El lector notará que lo mismo se perfilan las características del nuevo sistema, que se analizan el presente económico, la necesidad de incluir cambios en la ley electoral, el papel de los ciudadanos, la estrategia seguida para resolver el conflicto en Chiapas y los desatinos del nuevo régimen. A esto debemos agregar una rica zona de encuestas que mide las proporciones del cambio. Como lo dejamos claro en las páginas iniciales de este número de Nexos, al país le urge tomar en serio las reformas pendientes —la fiscal y la eléctrica— y atacar el problema de la inseguridad pública. Por lo demás, conviene tener en cuenta que, con frecuencia, la democracia produce resultados extraños y difíciles de gobernar

El paraíso infernal de El Negro Cruz

EL CIERRE CICLÓNICO.

EL PARAÍSO INFERNAL DE EL NEGRO CRUZ

Según una encuesta realizada para la Sociedad Mexicana de Urología y Pfizer, el 53 % de los mexicanos padecen disfunción eréctil. La noticia apareció publicada en un dossier de la revista Proceso en la última semana de mayo. Mario Cruz era parte de la estadística. Nadie sabe si Cruz tuvo un arranque de eternidad o si fue tocado por el tiempo repentino, pero en octubre del año 2000 Mario Cruz tomó una decisión trascendental, se hizo cargo de sus 59 años y asistió a la clínica Boston, una empresa transnacional dedicada al tratamiento de la impotencia. Años atrás, un médico le diagnosticó diabetes y, al mismo tiempo, su destierro de las batallas del amor. Cruz atravesó el umbral del cuarto piso de un edificio de avenida Reforma.

El gerente de Boston, José Muñoz Struck, había prometido un paraíso recobrado: “Nosotros garantizamos erecciones de una hora de duración, con o sin eyaculación. Boston posee una fórmula secreta, un vasodilatador, que se inyecta en el pene en cantidades que varían según las necesidades de cada persona”.

Después de los análisis, Mario, el Negro Cruz, recibió su dosis en varias ampolletas y salió de la clínica con los ojos brillantes de novedad. Cuando llegó a su casa, el Negro se inyectó. Logró un amor largo y juvenil con su esposa, pero el Negro seguía listo para atender él sólo a un regimiento de mujeres impacientes. Hay misterios insondables. Mario Cruz nunca había deseado con tanta vehemencia los amores potentes de su juventud. Cuando se le cumplió el anhelo vio en él una señal ominosa. Cuenta Cruz: “Mi pene seguía erecto. Para este caso, los médicos de la clínica me habían recomendado usar hielo. Abrí el refrigerador y saqué unas mojarras congeladas que me puse en el pene. Nada pasó”. Una plegaria atendida y un enigma. Nadie sabrá jamás por qué el Negro Cruz recurrió a las mojarras para escapar de su paraíso infernal y no es dable pensar que el tratamiento de las clínicas Boston perjudique o aliente, según se vea, vastas zonas cerebrales desatando fantasías marítimas de agua dulce. Prosigue el Negro Cruz: “Nada pasó. Luego me puse a correr. Tampoco funcionó. Después fui a Sanborns y me compré un Afrinex. Sólo así se me bajó, después de tres horas de erección”. Aunque hay un salto narrativo incomprensible, cuánto pasó entre el episodio de las mojarras y su decisión desesperada de salir a una tienda de reconocido prestigio, persiste un enigma irresoluble en la historia de este deseo cumplido. ¿Por qué razón Cruz pensó que corriendo sin nimbo podría desactivar su anhelo cumplido? Mario Cruz explica: “Las secuelas vinieron días después. Ya no sentía las piernas, las tenía entumidas. Eso me asustó muchísimo, por lo que jamás usé las otras ampolletas. Ahora recurro a la medicina naturista. Las cápsulas de ajo de alta potencia me han dado buen resultado”. Mario Cruz no explicó qué hizo con las ampolletas restantes ni las nuevas formas marinas que han adquirido sus ardidas.  n