La rebelión de la intimidad

LA REBELIÓN DE LA INTIMIDAD

Esta edición de Nexos está dedicada a la rebelión de la intimidad entendida como un proceso en marcha que ha transformado a la civilización occidental. El punto culminante en el ritmo interno de esa rebelión es el cambio rotundo de las mujeres en la sociedad, el amor y la familia. De esto tratan las páginas que siguen, de la esfera de lo privado y de cómo desatan sus poderes hacia la luz de lo público y sus transformaciones.

En un ensayo de notable intensidad reflexiva, Anthony Giddens investiga las posibilidades de la democratización de la vida personal, un proceso menos espectacular en la historia precisamente porque no ocurre en la vida pública, pero cuyas consecuencias son igualmente profundas: “la intimidad como algo posible significa la promesa de la democracia. La fuente estructural de esta promesa es el surgimiento de la relación pura, no sólo en el área de la sexualidad sino también en las relaciones entre padres e hijos, y en otras formas de cercanía y amistad”.

La intimidad es aquello que nos impide ser idénticos y nos mantiene diferentes, observó Fernando Savater. Durante muchos años, el feminismo evadió el tema de la diferencia adoptando la perspectiva de género. En su contribución “Volver a la diferencia sexual”, Marta Lamas esclarece este asunto: “al cuestionar la ‘explicación’ tradicional de que las diferencias biológicas entre los sexos originan a su vez todas las demás disparidades, el feminismo plantea en cambio que la simbolización de la diferencia sexual es lo determinante”.

El relato de Alexander Linklater que presentamos a los lectores es una fina parábola del sexo, de la intimidad y de la confianza. En el Winter’s Tale de Shakespeare, el rey Leontes ve cosas inexistentes. Ve a su esposa hacer cosas que no están ahí. Leontes vive torturado por los celos. Alexander Linklater evoca el gran tema shakespeareano de los celos a propósito de la nueva aventura cinematográfica de su pareja, la actriz Kerry Fox, en la película Intimacy, basada en una novela de Hanif Kureishi y dirigida por el director francés Patrice Chéreaux. Una línea del guión llamó la atención de la pareja: “Ella se lo chupa por un largo tiempo”. En Intimacy, ella tendría sexo real con el actor Mark Rylance.

La violencia contra las mujeres pone de manifiesto una de las grandes paradojas mexicanas: las libertades de la vida pública parecen ausentes de la vida íntima. Tal tema recibe la atención de Héctor Aguilar Camín, Gustavo Carvajal, Margarita Guillé, Cecilia Loria y Silvia Pinal. El resultado es un panorama desolador, marcado por la incomprensión y la ley del más fuerte.

Los últimos veinticinco años se desprenden en buena medida de una novedad en las relaciones sociales: el reconocimiento del trabajo femenino, la irrupción masiva de las mujeres en el mercado de trabajo. El estudio y la encuesta de María de la Paz López que ofrecemos al lector se adentran en las percepciones sobre la vida familiar y de pareja, en los indicadores sobre la condición femenina, la vida en el hogar y de cómo se ven las mujeres y los hombres entre sí.

Cinco grandes momentos literarios envuelven estas miradas a la intimidad: un hermoso texto autobiográfico de Angeles Mastretta, un ensayo magnífico de la escritora brasileña Nélida Piñón sobre la memoria femenina, un estudio de Susan Sontag acerca de la obra de Adam Sagajewski. una entrevista en donde la escritora canadiense Margaret Atwood desvela sus obsesiones, y un acercamiento de Alberto Fuguet a los libros de la escritora Isabel Allende. La intimidad está a la vuelta de la página. n

Partos partidarios

PARTOS PARTIDARIOS

PRI

Es difícil decir la diferencia de proyecto entre los contendientes priistas a dirigir el PRI: la diputada Beatriz Paredes y el ex candidato presidencial Roberto Madrazo. El debate se resume en quién ganará.

Las encuestas de los priistas dan gran ventaja a Roberto Madrazo en la preferencia de los militantes sobre Beatriz Paredes. Pero los priistas conocedores juzgan empatada la contienda porque la “estructura del partido” —la dirigencia, la burocracia, los dineros, los recursos institucionales— están a favor de Beatriz Paredes.

No obstante, una parte de la “estructura” que cuenta no parece  contenta con la victoria de Beatriz. La “estructura” del gobierno foxista probó en la negociación de la reforma fiscal que los dirigentes de la “estructura” priistas —los líderes de las cámaras, los dirigentes del partido, los antiguos partidarios del candidato presidencial derrotado Francisco Labastida Ochoa— no son negociadores confiables.

La “estructura” del gobierno foxista está molesta con el desempeño de lo que representa Beatriz Paredes. Peor aún: empezará a cobrarles su falta de compromiso con instrumentos de la vieja usanza. Circula ya la acusación, hecha por la Contraloría Oficial, de que Pemex transfirió mil millones de pesos a la campaña de Labastida. lo cual abre la puerta para un gran escándalo.

A la “estructura” foxista le preocupa también que el triunfo de Beatriz Paredes pudiera dar paso a una alianza en la oposición entre el PRI y el PRI). la que sería inmanejable para el gobierno. ¿Razón de la posible alianza? El jefe de gobierno perredista de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene una larga e irreductible rivalidad tabasqueña con Roberto Madrazo. el adversario de Paredes.

PAN

La “estructura” del gobierno foxista parece tener también su carta escogida en la contienda interna de su propio partido, el PAN. entre el senador Carlos Medina Plascencia, gobernador panista de Guanajuato antes que Fox, y el actual presidente del partido, Luis Felipe Bravo Mena.

A principios del año se reunieron a cenar públicamente con Medina Plascencia en un lujoso hotel de la Ciudad de México algunos de los hombres y mujeres más importantes del foxismo. Brindaron por esa candidatura Rodolfo Elizondo, hoy coordinador de Comunicación Social de la Presidencia y. junto con Ernesto Ruffo, uno de los consejeros panistas que dio su firma para registrar la candidatura de Medina. Estuvieron también en el brindis el subsecretario de Gobernación, también ex gobernador de Guanajuato, Ramón Martín Huerta; el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, coordinador de la campaña panista de Fox, que no ha podido ingresar al partido; el secretario de Agricultura, Javier Usabiaga; la secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota; el secretario de Economía. Luis Ernesto Derbez, y el titular de la Contraloría y ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio.

Bajo la candidatura de Medina parece latir la idea de un PAN más cercano a la labor del gobierno de cara a las elecciones de 2003. Si en esos comicios no se logra cambiar el balance de poder actual, lo único que podrá hacer el foxismo en el resto del sexenio será administrar el gobierno, sin establecer una lógica de cambio que le permita avanzar en su proyecto de país. Los números electorales del partido son preocupantes: si se suman los comicios posteriores al 2 de julio de 2000, el PAN se encuentra 10 puntos abajo del PRI.

Con Luis Felipe Bravo Mena se alinean muchos de los líderes de mayor alcurnia en el panismo, como Diego Fernández de Cevallos, don Luis H. Alvarez y Felipe Calderón Hinojosa. Para ellos la colaboración con el gobierno no debe diluir la autonomía política del PAN, sobre todo cuando el gobierno está integrado por muchos políticos ajenos al partido.

PRD

La contienda del PRD entre Rosario Robles y Jesús Ortega parece esconder en su fondo una idea de modernidad ideológica y una pugna de definición dinástica. Robles representa la vigencia del cardenismo como corriente central del partido, encarnada en Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y en su hijo Lázaro Cárdenas Batel, flamante gobernador de Michoacán, así como la vigencia de la ideología perredista conocida: todas las causas y todas las tribus de la izquierda, nacionalismo revolucionario, antineoliberalismo, globalifobia y populismo.

Jesús Ortega representa la alianza de las tribus anticardenistas del PRD y una idea vaga de modernidad ideológica y resistencia a las tentaciones y las realidades dinásticas del partido. La elección interna dependerá en gran parte de la actitud que asuma en la contienda el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, que parece inclinado ya por la candidatura de Rosario Robles. El reto histórico para los tres partidos sigue siendo el mismo que un día después de las elecciones del 2 de julio. El PAN debe aprender a ser partido en el gobierno, el PRI debe aprender a ser partido de la oposición y el PRD debe ser la olla de cocción de un movimiento moderno de izquierda capaz de plantearse para México lo que la social democracia se planteó en los países europeos: desarrollo capitalista y equidad social. n

Los buenos, los malos, los Feos

LOS BUENOS, LOS MALOS, LOS FEOS

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

En su mensaje de año nuevo, el presidente Fox dijo que el gran desafío es convertir la marcha de la economía en ingreso aceptable para los mexicanos; es decir, que lo que falta es traducir la tan celebrada solidez macroeconómica en un mejoramiento general y sostenido del país. que debería empezar a medirse ya en montos de empleo y salario, así como en números claros y consistentes en materia de seguridad social, incluido aquí un real acceso a la salud. No ha sido de esta manera como hasta la fecha hemos medido el desempeño de la economía, y no hay indicios claros, salvo los buenos propósitos del presidente, de que el gobierno busque reorganizar sus acciones en esa dirección. Tampoco se sabe qué piensa hacer Fox para convencer a la población de que en verdad el desafío se enfrenta y de que, también de verdad, está en vías de superación. La mercadotecnia, por lo pronto, encontró sus obligados límites en las palabras del propio presidente, recogidas en la entrevista televisada con Héctor Aguilar Camín de inicios del año.

Venimos de décadas de posposición continuada de ese reto. Por una u otra razón (la deuda externa o el déficit, la inflación desbocada o los equilibrios fundamentales, o las grandes promesas de la apertura comercial y el TLC), la cuestión social inmensa que define al México de fin de siglo ha sido puesta de lado una y otra vez, dejando para después no se diga su superación sino tan sólo su abordaje. Reconocimientos ha habido muchos, pero políticas congruentes y sostenidas no, mucho menos resultados significativos.

Con la aceleración del cambio democrático de los últimos seis años ocurrió lo mismo: mantener el ritmo de la democracia en ascenso supuso, en los hechos pero también en el discurso político de grupos dominantes y no, otra posposición. Implícitamente, pero a veces también de modo expreso, se prefirió poner entre paréntesis el estado de la existencia colectiva, a sabiendas de que éste no podía salir automáticamente del deterioro a que lo sometieron el ajuste, las crisis, el cambio estructural y la propia caída de este último en 1995. (Un recordatorio reciente de la gravedad de la situación nos lo ofrecen Miguel Székely y Rodolfo de la Torre en sus informes sobre desigualdad y pobreza en el número de enero de Nexos).

Esta larga cadena de olvidos y simulaciones, esta “dependencia de la senda” como ha escrito el filósofo argentino Garzón respecto de su sufrido país, nos trajo hasta aquí, a una circunstancia en la que ya nadie sabe bien a bien cuáles son las coordenadas básicas de la economía política de la sociedad del presente. Es por esta razón que las buenas ofertas del presidente tienen que chocar con el hecho terrible, y hostil a toda credibilidad política, de que “el bolsillo” de muchos mexicanos se ha vuelto una cruel metáfora, cuando no un brutal escarnio.

Puede afirmarse que la reforma o la super miscelánea de fin de año no se recarga en los más pobres. Pero esta afirmación significa poco social y políticamente si no se considera que los más pobres  vienen de lejos. Los más pobres, que suman millones y no se restan, simplemente no cuentan con los recursos monetarios mínimos que les permitan siquiera aspirar a ser sujetos fiscales. Este es, o debería ser, el punto de partida de una deliberación de fondo sobre la reforma fiscal necesaria y posible para México. Al soslayarlo, como se ha hecho repetidamente, se reduce el campo de la reflexión política y es por eso que, por encima de toda discusión técnica y, si se quiere, analítica, la propuesta original de aplicar el IVA en alimentos y medicinas no era digerible.

No era, ni es, sólo un litigio contable o económico. Este litigio, que sin duda existe y es importante y complejo, tendría que darse después, una vez que el Estado y en general el “espíritu público” que organizan a la democracia mexicana, asumieran la necesidad de tener un mínimo realismo social, y de ser posible también una mínima perspicacia política, de los que parecen carecer.

Los buenos propósitos para 2002 pueden todavía superar los malos modos de la política de fines de 2001 y hasta derrotar los feos augurios que la economía política genera apenas le dan espacio, pero el trecho sigue sin recorrerse. La idea de “globalizar” los ingresos para fines del impuesto sobre la renta, de prosperar en serio, sin demasiadas triquiñuelas y asegunes inventados sobre la marcha por los abogados de Hacienda o la empresa, puede poner la reforma en una ruta promisoria, pero el ruido y la furia desatados por los lamentables impuestos especiales “al lujo”, junto con el espectáculo grotesco de la votación de fin de año, han puesto de nuevo al Congreso contra la pared. Los legisladores tendrán que hacer trabajo fino para quitarse de encima el sambenito de irresponsables que alegremente les han asestado medios masivos y voceros empresariales.

No es verdad que se perdió la “oportunidad histórica”, pero bien le haría a la democracia mexicana tomar por los cuernos al toro fiscal en el que se resumen siempre las grandes contradicciones de la sociedad, el poder y el Estado. Trabajar en lo oscuro, sin una comunicación abierta y sistemática con la sociedad y hasta con el resto de los legisladores, sustraer del debate las implicaciones de cada opción o medida, dejar en manos de “expertos” en nada la cocina de las propuestas, casarse con dogmas o principios absolutos, como parece haber ocurrido a partir de abril de 2001, fue una pésima estrategia. Tendrán los partidos y sus diputados que retomar el camino, porque la cuestión no se resolvió y eso lo han empezado a aprender hasta los que creen que “nos salvaron” del IVA.

No es ni era el IVA el coco de la reforma, sino la inequidad, los hoyos negros de la evasión. la enorme maraña de posibilidades de elusión impositiva, lo que está entre este fisco tropical y el que necesita con urgencia la economía que se quiere como la mayor del mundo.

Qué bueno que el tema del nivel y de la calidad de la vida aparezca con claridad en el mensaje presidencial de año nuevo. Lo que tendría que dirimirse es la manera de volver los pesos ganados en flujos constantes de satis factores y seguridad. Pero para entrar en materia, habrá que volver sobre el también soslayado asunto de la estrategia o el modelo. No hay por qué llorar con Argentina para insistir en que la senda seguida y adoptada por tantos desde hace veinte años se puede volver otra vez un laberinto interminable.

Economía política de la impertinencia

Todavía está por verse qué se entiende en el discurso presidencial por una solidez económica susceptible de desplegarse en mejoramiento social, pero el compromiso está dicho, aunque no se haya visto acompañado por medidas tomadas o por tomar. De cualquier forma, lo que habría que hacer en el Congreso, la prensa, la empresa y la academia, es empezar a evaluar lo que ahora se tiene, en presupuesto y finanzas, ¡hasta en impuestos!, en producción y ocupación, con criterios que no por bíblicos y clásicos dejan de ser nuevos en nuestro medio: lo que importa de la economía es su reflejo en la vida de la gente, que no puede vivir indefinidamente en un sacrificio sin premios tangibles a la vista, en medio de posposiciones reiteradas con el pretexto de lograr una solidez que nunca aterriza en la existencia colectiva e individual de los más. Esta, repitamos, ha sido hasta la fecha la experiencia práctica y retórica de los últimos veinte años: fuga hacia adelante en política económica, fuga presente pero continua de los capitales, para acabar por reconocer que lo que se puso real y masivamente en tránsito hacia afuera del país ha sido lo mejor, más joven y más valiente de la población.

Quizá, sólo quizás, este compromiso de nuevo año nos permita llegar a la médula de la cuestión que parece irresoluble: no habrá reforma fiscal admisible y compartida, ni se entenderá como válida y legítima la solidez macroeconómica como meta central del Estado, mientras no se encare la inicua desigualdad social y económica que afecta al país y que ahora se combina y se expresa en pobreza masiva y profunda, de esa que no deja pensar, ni actuar, ni soñar. La pobreza que somete hoy a la ignominia a millones de mexicanos y nos impide, si hablamos en serio, decir que México es país habitable, no digamos importante en el mundo.

Reconocer la cuestión social como escenario y credo colectivo, como compromiso de Estado y de gobierno, tal vez nos permitiera identificar mejor las enormes tareas que tenemos enfrente y que, por desgracia, siguen bajo la alfombra, ni siquiera en la alacena de los buenos propósitos.

Ayuda de memoria

La economía política internacional ha requerido siempre de instituciones y relaciones que le ofrezcan orden y alguna certeza. Así ocurrió con el patrón oro y a partir de la segunda postguerra con las reglas y organismos de Bretton Woods y las Naciones Unidas. Las instituciones y las organizaciones recogen visiones y ambiciones, son operadas y dirigidas por técnicos, políticos, expertos, y dominadas por gobiernos y Estados con distinto poder y capacidad. Estos truísmos vienen a cuento porque, a la luz de la debacle argentina, en varios ámbitos se ha vuelto ha insistir en lo innecesario que es aludir al papel del FMI o de la caja de conversión con que se renunció a la política monetaria, para entender lo que ha ocurrido en el sufrido país sureño. La economía moderna no requiere de ángeles ni de demonios para ser entendida en sus convulsiones, pero las instituciones que le dan sentido o buscan dárselo no son almas puras. Ahora que está de moda el “rendir cuentas” habría que recordar que esos organismos y sus funcionarios no parecen sentirse obligados a darle cuentas a nadie.

los libros sobre la mesa

David Ibarra nos ofreció esta navidad un nuevo recuento editorial de sus agudas y sesudas intervenciones en el debate político y económico nacional e internacional. Testimonios críticos (Cántaro Editores, diciembre 2001) constituye otra vuelta a la tuerca dura de los paradigmas y sus cambios, los dogmas y las obsesiones, los intereses y la miopía histórica, que ha dominado la economía política nacional en estos tiempos de mudanza democrática y conmoción estructural. Como con sus textos anteriores, se trata de lectura obligada. n

El proyecto de la sabiduría

Leyendo al poeta polaco Adam Zagajewski, y en especial Otra belleza, un libro que convoca varios géneros, Susan Sontag obtiene una verdad que nos ilumina y conmueve: todavía es posible aspirar a lo noble y sublime en el arte.

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Este libro sabio e iridiscente del escritor polaco Adam Zagajewski (Otra belleza. Traducción de Clare Cavanagh. Farrar, Straus & Giroux) incursiona en muchos géneros y los alterna: una memoria de la mayoría de edad, un libro de lugares comunes, meditaciones aforísticas, viñetas y retratos, una defensa de la poesía es decir, una defensa de la idea de la grandeza literaria. Con seguridad hay algo equívoco en llamar a Zagajewski un escritor: un poeta que además escribe una prosa indispensable no abandona, por lo mismo, su distintivo principal.

Siendo la prosa esa abundancia de palabras que es, en Zagajewski ha llenado bastantes más páginas que sus poemas. Pero en el canon bipartidista del sistema literario la poesía siempre vence a la prosa. En literatura, la poesía se mantiene como lo más serio, lo más perfecto, lo más intenso, lo más deseado. “El autor y el lector sueñan siempre con un gran poema, escribirlo, leerlo, vivirlo”. Vivir el poema: ser elevado por él, profundizado y, por un momento, salvado.

De un gran escritor polaco esperamos intensidades eslavas. (El matiz polaco en particular puede requerir algo de aplicación.) La literatura como alimento del alma ha sido una especialidad eslava durante los últimos 150 años. Resulta apenas sorprendente que Zagajewski, con toda la serenidad y delicadeza de su voz poética, sostenga una idea de la poesía más afín a la de Shelley que a la de Ashbery. Sucede que la realidad de la trascendencia personal tiene aun menos credibilidad para los poetas polacos más jóvenes (como atestigua la edición actual de Chicago Revieu, dedicada a la nueva escritura polaca) que para aquellos que escriben en inglés. Y en Zagajewski, el traslado de los anhelos religiosos, vivir, mediante la poesía, en un “plano más elevado” nunca se expresa sin la gracia de una nota de suave humildad.

Su más reciente colección de poemas se tituló, con sobriedad encantadora, Mysticism for Beginners (Misticismo para principiantes). El mundo (de sentimiento lírico, de introspección extática) que la poesía vuelve accesible a los poetas y sus lectores, es aquel que la defectuosa naturaleza humana nos impide habitar, salvo de modo efímero. Los poemas “no perduran”, señala Zagajewski con un sesgo, “en especial los poemas líricos breves que prevalecen hoy en día”. Todo lo que son capaces de ofrecer es “un momento de experiencia intensa”. La prosa es más robusta, así sea sólo porque leerla requiere más tiempo.

Otra belleza es su tercer libro en prosa publicado en inglés. Los primeros dos constan de artículos, algunos ensayísticos, otros memoriosos, todos ellos con títulos. En contraste, el nuevo libro es un flujo sin títulos (y sin numeración) de tomas breves y no tan breves, tan breves como un enunciado, tan largas como varias páginas. Su mezcla de relatos, observaciones, retratos, meditaciones y reminiscencias confiere a Otra belleza una variación muy veloz de estados de ánimo y puntos de partida que asociamos más con un volumen de poemas, poemas líricos, en todo caso, que es una sucesión de intensidades discontinuas, en diferentes grados de interés.

¿Qué tipo de intensidades? (O sea, ¿qué tipo de prosa?) Reflexiva, precisa, rapsódica, desconsolada, amable, proclive al asombro. Entonces y ahora, aquí y allá: el libro entero oscila y vibra en los contrastes. (Esto es como esto, pero aquello es como aquello. O bien: esperábamos esto, pero obtuvimos aquello.) Y todo emana diferencia, gusto, mensaje, metáfora. Hasta el clima:

Las depresiones meteorológicas de París tienen un sentimiento oceánico; el Atlántico las envía con dirección al continente. El viento sopla, las nubes oscuras huyen a través de la ciudad como autos de carreras. La lluvia cae en un declive maligno. En ocasiones el rostro del cielo aparece; un pedazo de azul. Y luego otra vez la oscuridad, el Sena se convierte en un pavimento negro. Las tierras bajas de París hierven con energía oceánica, los rayos revientan como corchos de champaña. Mientras tanto, una depresión centroeuropea típica —situada en algún lugar sobre los Cárpatos sigue una conducta distinta por completo: sumisa y melancólica, uno podría decir que filosófica. Las nubes se mueven apenas. Sus formas son diferentes; como un enorme dirigible que se inclina sobre el antiguo mercado de Cracovia. La luz cambia de modo gradual, el resplandor violeta se desvanece y abre paso a luces amarillas. El sol se disimula en algún lugar más allá de las nubes sedosas, iluminando las más variadas capas de tierra y cielo. Algunas nubes semejan peces del mar profundo que han ascendido hasta la superficie y nadan con toda la boca abierta, como asombrados por el sabor del aire. Este tipo de clima puede durar varios días, el clima dócil de Europa Central. Y si al cabo de prolongadas deliberaciones cae una tormenta de rayos, se comporta como un tartamudeo. En vez de un golpe contundente y decisivo, emite una serie de sonidos dilatados, pa, pa, pa, pa, un eco en vez de un estallido. Rayos en abonos.

En la visión de Zagajewski, la naturaleza se descubre impregnada imaginativamente por el sentimentalismo de las historias nacionales, con el clima tonificante y pendenciero de París desdeñando la buena fortuna inagotable de Francia, y el fatigado, melancólico clima de Cracovia como la síntesis de innumerables derrotas y otras calamidades polacas. El poeta no puede escapar de la historia y sólo puede algunas veces, por motivos de descripción y desafío, transmutarla en una geografía mágica.

Ojalá vivas tiempos interesantes, dicta la antigua (o al menos proverbial) sentencia china. Actualizada para nuestra época hiper-interesante podría decir: ojalá vivas en un lugar interesante.

Lo que Czeslaw Milosz llama con mordacidad “el privilegio de venir de tierras extrañas, donde es difícil escapar de la historia”, pensemos en Polonia, Irlanda, Israel, Bosnia, punza y aguijonea, exalta y agota a un escritor como Zagajewski, cuyos modelos corresponden a la literatura mundial. La historia significa lucha. La historia significa un atolladero trágico y tus amigos en la cárcel o asesinados. La historia significa desafíos perpetuos al derecho mismo a existir de la nación. Por supuesto, Polonia resistió dos siglos de asfixia histórica, desde la Primera División en 1772 que en unos cuantos años liquidó un estado autónomo (sólo se restauró después de la Primera Guerra Mundial), hasta el colapso,en 1989, del régimen al estilo soviético.

Esos países, esas historias, hicieron difícil que alguna vez sus escritores se apartaran del todo de la angustia colectiva. He aquí el testimonio de otro gran escritor que vive en un país más incipiente y condenado a un horror interminable, A. B. Yehoshua (citado por Saúl Bellow en una entrevista):

Uno es convocado con insistencia a la solidaridad, convocado desde el interior de uno mismo, más que por una compulsión externa, porque uno vive de un nuevo episodio a otro y la convierte en una solidaridad que es técnica, automática desde el punto de vista de su reacción emocional, pues para entonces uno se ha desarrollado en plenitud para reaccionar de esa manera y vivir en tensión. Sus reacciones emocionales ante cualquier noticia sobre una desgracia en Israel, o un avión derribado, están determinadas de antemano. De ahí la falta de soledad, la incapacidad de estar solos en el sentido espiritual y de alcanzar una vida de creatividad intelectual.

Los términos de Yehoshua son idénticos a los de Zagajewski, cuyo primer libro en prosa traducido al inglés, una colección de seis artículos publicada a principios de los ochentas, se titula Solidaridad, soledad. La soledad erosiona la solidaridad; la solidaridad corrompe a la soledad.

La soledad de un escritor polaco se halla siempre modulada por una idea de comunidad constituida por la literatura misma. Milosz, en su propia y grandiosa defensa de la poesía, el discurso que pronunció en la Universidad Jagelonia en 1989, titulado “Con la poesía polaca contra el mundo”, rinde homenaje a la poesía polaca por haberlo protegido “de la desesperación estéril de la emigración”, recuerda que “en una soledad demasiado difícil y penosa para recomendarla a quien sea” siempre se mantuvo “la idea del deber hacia mis predecesores y sucesores”. Según Milosz, nacido en 1911, es posible que un escritor polaco no escape nunca de su responsabilidad hacia los otros. Con esta regla, el ejemplo contrario y superlativo de Witold Gombrowicz en su ficción, en la leyenda de su egocéntrico y truculento Diario, en su polémica afrentosa “Contra la poesía”, ofrece evidencia, evidencia convulsiva, de la autoridad del idealismo en la literatura polaca. La historia se halla presente aun si es por ausencia, señala Milosz en El ABC de Milosz, su más reciente libro en prosa; y el culto del altruismo y la nobleza florecen con perversidad en el rechazo de Gombrowicz a cualquier responsabilidad más allá del clamor anárquico individual, sus ingeniosos alegatos en favor de lo mezquino, lo inmaduro, lo ruin.

Bien condensada, cada vida puede concebirse como una encarnación de experiencias ejemplares y sucesos de trascendencia histórica. Ni siquiera Gombrowicz logró evadir la visión de su vida como ejemplar al convertir en algo didáctico, un reproche a sus orígenes, su infancia acomodada, su precoz notoriedad literaria, su ominosa, irrevocable emigración. Y un escritor cuyo amor por la literatura aún entrañaba, sin resentimientos, tal devoción hacia los viejos maestros, tal ansiedad por nutrirse de las magníficas tradiciones disponibles del pasado, apenas podía evitar la visión de su vida, o por lo menos de sus circunstancias originarias, como una especie de destino manifiesto.

Poco después del nacimiento de Zagajewski en octubre de 1945, en la ciudad medieval polaca de Lwów (hoy Lviv), su familia fue desterrada por los vastos desplazamientos (y rectificación de mapas) que sucedieron a los acuerdos de los Tres Ancianos en Yalta que pusieron a Lwow en manos de la Unión Soviética. El poeta creció en el pueblo de Gliwice, antes alemán, ahora polaco, a treinta millas de Auschwitz. En Dos ciudades, su segundo libro en prosa traducido al inglés, Zagajewski escribe: “Pasé mi infancia en una fea ciudad industrial; me llevaron ahí cuando apenas tenía cuatro meses de edad y luego, durante muchos años posteriores, me contaron sobre la ciudad de extraordinaria belleza que mi familia debió abandonar”. La mitología familiar de una expulsión del paraíso, afirma, pudo hacerlo sentir desamparado para siempre.

También parece, ante la evidencia de su escritura, haber convertido a Zagajewski en un amante experto de las ciudades, “hermosa, cautivadora Cracovia" antes que ninguna, por las cuales él abandonó la irremediable Gliwice para asistir a la universidad, y en las que permaneció hasta cumplir 37 años. En Otra belleza los datos son escasos y el acomodo de relatos de una vida no es cronológico. Pero siempre está, aun de manera implícita, un dónde con el cual dialogan el corazón y los sentidos del poeta. No es el viajero ni tampoco el emigrado, la mayoría de los grandes poetas polacos partieron hacia Occidente y Zagajewski no es una de las excepciones, quien se perfila aquí, sino el habitante citadino estimulado sin cesar.

En el libro de Zagajewski hay pocas salas, ninguna recámara y más que unas cuantas plazas públicas, bibliotecas y trenes. Una vez transcurridos sus años de estudiante, desaparece el ocasional “nosotros” y sólo queda un “yo”. En ocasiones él mencionará dónde está escribiendo: Zagajewski vive en París y es profesor durante un periodo de cada año en la Universidad de Houston. “Estoy vagando por París”, comienza uno de los pasajes. “Y en este preciso momento estoy escuchando la Séptima Sinfonía en Houston”, apunta en otro. Hay siempre dos ciudades: Lwów y Gliwice, Gliwice y Cracovia, París y Houston.

Este libro se halla instilado por oposiciones más punzantes: el ser y los otros, la juventud y la edad. Hay evocaciones vibrantes de familiares difíciles en edad avanzada y profesores excéntricos: este retrato del poeta como un hombre joven asombra por su ternura hacia los viejos. Y el recuento de los ardores pertinentes, literarios y políticos de sus años estudiantiles, hace a este libro muy disonante con los propósitos narcisistas y los contenidos de obvia indiscreción en la mayor parte de la escritura autobiográfica actual. Para Zagajewski la autobiografía es una oportunidad de purgarse a sí mismo de vanidad mientras avanza el proyecto de comprensión personal, digamos el proyecto de la sabiduría que jamás termina, por larga que sea la vida.

Describirse a sí mismo como joven es aceptar que uno ha dejado de ser joven. Y el reconocimiento medular de que las debilidades de la edad se acercan, con la muerte en su curso, es una de las muchas observaciones que acaban de improviso con un relato del pasado de Zagajewski. Narrar las historias en forma discontinua, como vislumbramientos, asegura varios resultados buenos. Mantiene a la prosa densa y ágil. Invita a narrar sólo aquellas historias que conducen a alguna especie de inteligencia o a la epifanía. Hay una lección más vasta en el estilo en sí de narrar, una lección de tinte moral: cómo hablar acerca de uno mismo sin complacencia. La vida, si no una escuela del descorazonamiento, es una enseñanza de la compasión. El conjunto de relatos nos recuerda que en una vida de cierta amplitud y seriedad espiritual, cambiar, no para empeorar, algunas veces es tan real en sí como la muerte.

Toda escritura es una especie de remembranza. Si hay algo triunfalista en Otra belleza es que en sus remembranzas no se advierte el esfuerzo. Imaginar, es decir, traer el pasado a la vida de la mente, está ahí, como es necesario; jamás flaquea; es, por definición, un éxito. Recuperar la memoria, desde luego, es una exigencia ética: la exigencia de persistir en el esfuerzo de comprender la verdad. Esto parece menos notorio en Estados Unidos, donde la función de la memoria se ha identificado de modo exuberante con la creación de ficciones útiles o terapéuticas, más que con un escritor procedente del rincón lacerado del mundo de Zagajewski.

Recuperar una memoria, asegurar una verdad, es una piedra de toque de valor supremo en este libro. “No fui testigo del exterminio de los judíos”, escribe Zagajewski,

Nací demasiado tarde. Fui testigo, sin embargo, del proceso gradual mediante el que Europa recobró su memoria. Esta memoria se movió con lentitud, más como un río perezoso de las tierras bajas que como un caudal de la montaña, pero en último término condenó sin ambigüedades el mal del Holocausto y los nazis. así como el mal de la civilización soviética (aunque en esto fue menos exitosa, como renuente a admitir que ambas monstruosidades pudieran existir al mismo tiempo).

El hecho de que las memorias sean recobradas, que las verdades ocultas vuelvan a surgir, es la base para cualquier esperanza que uno pueda tener en la justicia y una módica ración de sensatez en la vida diaria de las comunidades.

No obstante. una vez recobrada, incluso la verdad puede volverse complaciente y presuntuosa. Así, más que ofrecernos otra denuncia de la iniquidad y la opresión del régimen cancelado en 1989, Zagajewski opta por enfatizar los beneficios de la lucha contra el mal que influyó a los jóvenes idealistas. en el retrato de los comienzos fisurados de su vocación de “poeta político”, y sus actividades en círculos estudiantiles y literarios disidentes en la Cracovia de finales de los sesenta y los setenta. (En 1968, Zagajewski tenía 23 años de edad.) En aquellos días impetuosos, poesía y activismo rimaban. Una y otro se elevaban y aumentaban; el compromiso por una causa justa, como el servicio a la poesía, hacía que uno se sintiera más grande.

Que cada generación tema, comprenda mal a su sucesora y condescienda con ella, esto también es una función de la equivalencia entre historia y memoria (siendo la historia aquello sobre lo que hay un acuerdo colectivo para recordarlo). Cada generación tiene memorias singulares y el decurso del tiempo, que trae consigo una acumulación de pérdidas constante, confiere a esas memorias una calidad normativa que no puede ser venerada por los jóvenes, quienes están ocupados en reunir sus propias memorias, sus propios hitos. Uno de los retratos más conmovedores de gente de edad avanzada en Zagajewski es el de Stefan Szuman, elemento ilustre de la inteligencia polaca de la entreguerra (conoció a Stanislaw Witkiewicz y Bruno Schulz) y ahora un profesor retirado de la universidad que vive en el aislamiento y la penuria. El punto radica en la ejecución de Zagajewski, al recordar que él y sus amigos literarios pudieron parecer sólo como unos tontos y salvajes, “formados por una educación de posguerra, por escuelas nuevas, periódicos nuevos, radio nueva, televisión nueva”, frente a los derrotados, hogareños, amargados Szuman y su esposa. La regla parece ser que cada generación considera a la generación sucesora como bárbara.

Zagajewski, quien ha dejado de ser joven y es ahora un profesor de alumnos estadunidenses, se halla comprometido, a su vez, con no reproducir esa especie de desesperanza e incomprensión. Tampoco le satisface dar por perdida a una generación completa de intelectuales y artistas polacos que lo antecedieron, los “enemigos” de su generación —los creyentes verdaderos y aquellos que sólo se vendieron— por vileza y cobardía: no eran demonios, así como él y sus amigos tampoco eran ángeles. En cuanto a “los que comenzaron sirviendo a la civilización de Stalin” y después cambiaron, Zagajewski escribe: “No los condeno por su intoxicación temprana, juvenil. Me inclino más a maravillarme ante la generosidad de la naturaleza humana que ofrece una segunda oportunidad a la gente joven y talentosa, la oportunidad de un regreso moral”.

En la esencia de su valoración está la sabiduría del novelista, un profesional de la empatía, más que la de un poeta lírico. (Zagajewski ha escrito cuatro novelas, ninguna de ellas traducida aún al inglés.) En Dos ciudades, el monólogo dramático “Traición” comienza:

¿Por qué lo hice? ¿Por qué hice qué? ¿Por qué era yo quien era? ¿Y quién era yo? Ya comienzo a lamentar que acepté concederte esta entrevista. Durante años me negué; debiste habérmela pedido en un momento de debilidad o en un momento de ansiedad… ¿A qué se parecía ese mundo? Al que llegaste demasiado tarde para conocerlo. El mismo que éste. Completamente distinto.

Que todo es siempre distinto y lo mismo: una sabiduría de poeta. De hecho, una sabiduría tout court.

Por supuesto que la historia nunca debería pensarse con H mayúscula. La idea dominante de la función de la memoria en Zagajewski es su conciencia de haber vivido a través de diversos periodos históricos, en cuyo devenir las cosas, en última instancia, mejoraron. De manera modesta, imperfecta, no utópica, mejoraron. El joven Zagajewski y sus camaradas de disidencia asumieron que el comunismo perduraría otros cien o doscientos años, cuando de hecho le quedaban menos de dos décadas de permanencia. Lección: el mal no es inamovible. Lo cierto es que cada quien sobrevive a un ser anterior, con frecuencia más de uno, en el curso de una vida lo bastante larga.

El libro de Zagajewski es en pane una meditación para aliviar las tenazas de la historia: liberar al ser de “los caprichos y muecas de la historia”. Eso no debería ser tan difícil en la maligna y menos patente vida pública que se ha desarrollado en Polonia desde 1989. Pero las instituciones pueden ser liquidadas con más facilidad que un temperamento. El temperamento de Zagajewski (es decir, el diálogo que mantiene consigo mismo) se arraiga en una época en que el heroísmo era por lo menos una opción, y el rigor ético era todavía algo admirado y consagrado por el genio de varias literaturas nacionales. Cómo negociar un aterrizaje suave en la nueva tierra baja de expectativas morales disminuidas y modelos artísticos en harapos es el problema de todos los escritores centroeuropeos que forjaron su tenacidad en los viejos malos tiempos. La madurez que narra Zagajewski puede ser descrita como la relajación de su temperamento: el hallazgo de la sinceridad exacta, la calma exacta, la introspección exacta. (El afirma que sólo puede escribir cuando se siente feliz, tranquilo).

La exaltación, ¿y quién puede contradecir este juicio de un integrante de la generación de 1968?, es vista con ojo escéptico. La intensidad hiperenfática no sostiene su encanto. El final del espectro religioso en Zagajewski no incluye ninguna idea de lo sagrado, que figura de manera central en la obra tardía de Jerzy Grotowski y en el centro teatral de Gardzienice, conducido por Wlodzimierz Staniewski.

Mientras la tradición sagrada-extática sigue viva en el teatro polaco, aunque el teatro, y en especial esta clase de teatro, es obligadamente colectiva, en la literatura polaca contemporánea no ocupa ningún lugar. En Otra belleza, la humildad de un anhelo espiritual que cancela el frenesí se halla diseminada y no contempla grandes actos de sacrificio. Como Zagajewski anota: “La semana no se hace sólo con domingos”.

Algunas de sus páginas más sutiles son descripciones de la felicidad, la felicidad cotidiana de un conocedor de los deleites solitarios: pasear, leer, escuchar a Beethoven o Schumann. El “yo” de Otra belleza es escrupuloso, vulnerable, serio, sin pizca alguna de ironía o defensa propia. Y ni Zagajewski ni su lector lo desearían de otra forma. La ironía tendría como precio todo ese placer. “En el mundo del arte, es raro que el éxtasis y la ironía se encuentren”, observa Zagajewski. “Por lo común, cuando lo hacen es por motivos de sabotaje mutuo; luchan por disminuir su poder respectivo”. Y él se inclina de modo inconfundible del lado del éxtasis.

Estas descripciones son tributos a lo que produce felicidad, en vez de las celebraciones de un ser receptivo. Zagajewski puede describir con simpleza algo que ama o citar un poema favorito: el libro es un muestrario de valoraciones y compasiones. Hay bocetos penetrantes de amigos admirados como Adam Michnik, un faro de la resistencia a la dictadura (quien durante su estancia en la cárcel escribió sobre el poeta Zbigniew Herbert, entre otros, en un libro que tituló De la historia del honor en Polonia); hay un saludo reverente al antiguo decano de los emigrados polacos en París, el pintor, escritor y ex interno heroico de los campos de concentración soviéticos, Jozef Czapski. L` enfer, c`est les autres. (El infierno son los otros). No, los otros son quienes nos salvan, declara Zagajewski en el poema que da título al libro y sirve como su epitafio.

He aquí “Otra belleza”, en la nueva versión de la traductora del libro, Clare Cavanagh:

Sólo encontramos el alivio en otra belleza, en la música de otros, en la poesía de otros. La salvación se halla en los otros, aunque la soledad puede saber a opio. Los otros no son el infierno, si los vislumbras al amanecer, cuando tienen sus frentes limpias, lavadas por los sueños. Es por esto que me detengo: qué palabra usar, tú o él. Cada él traiciona a un cierto tú, aunque una conversación serena aguarda su oportunidad en los poemas de otros.

Y he aquí el poema tal como apareció en 1985 en Tremor. Poemas selectos, el primer poemario de Zagajewski en inglés, traducido por Renata Gorczynski, donde fue titulado “En la belleza creada por otros”:

Sólo en la belleza creada por otros hay consuelo, en la música y los poemas de otros. Sólo nos salvan los otros, aun si la soledad tiene el sabor del opio. Los otros no son el infierno si los ves temprano, con sus frentes puras, lavadas por los sueños. Es por eso que me pregunto cuál palabra debería ser usada, “él” o “tú”. Cada “él” es la traición a un cierto “tú”. pero en cambio, el poema de alguien más ofrece la fidelidad de un diálogo sensato.

Una defensa de la poesía y una defensa de la virtud o, con más precisión, de la bondad.

Nada podría llevar al lector en un sentido más opuesto al culto actual de los arrebatos individuales que seguir a Zagajewski cuando despliega su seductor elogio de la serenidad, la compasión, la paciencia en “la calma y el coraje de una vida ordinaria”. Declarar “¡Creo en la verdad!” y, en otro pasaje, “¡La bondad existe!” (¡esos signos de admiración!) parece, si no panglossiano, un reseñista en Estados Unidos detectó un toque de elevamiento panglossiano en el libro, al menos quijotesco. Esta cultura ofrece pocos modelos contemporáneos de la ternura masculina y aquellos con los que ya contamos en la literatura del pasado se asocian con la ingenuidad, la inocencia social de la infancia: Joe Gargery en Grandes esperanzas, Aliosha en Los hermanos Karamazov. La persona de Zagajewski en Otra belleza es todo menos inocente en ese sentido. Y él tiene un talento especial para conjurar estados de inocencia compleja, la inocencia del genio, como en su desolador poema-retrato “Franz Schubert, una conferencia de prensa”.

El título del libro puede prestarse a confusión. Otra belleza hace evidente en cada rasgo que, como adorador que es de la grandeza en la poesía y otras artes, Zagajewski no es un esteta. La poesía debe ser juzgada con modelos todavía más exigentes: “Desdichado el escritor que valora a la belleza por encima de la verdad”. La poesía debe estar protegida ante las tentaciones de arrogancia inherentes a sus propios estados de exaltación.

Desde luego, tanto la belleza como la verdad parecen señales frágiles que dejó un pasado más inocente. En la delicada negociación con el presente que Zagajewski conduce en favor de las verdades en peligro, la nostalgia sería como una deficiencia argumental. Pese a ello, aun en ausencia de las viejas certidumbres y licencia para perorar, él se empeña en defender la idea del logro “sublime” o “noble” en literatura asumiendo, como lo hace, que todavía necesitamos las cualidades artísticas celebradas por esas palabras que hoy son de hecho impronunciables. De ahí su conferencia, publicada en las páginas de The New Republic hace casi dos años, sobre “Lo harapiento y lo sublime”, donde Zagajewski planteaba la pregunta, al parecer ingenua: ¿es todavía posible la grandeza literaria?

Creer en la grandeza literaria implica que la capacidad de admiración aún sigue intacta. Cuando la admiración se corrompe, es decir, cuando se vuelve cínica, la pregunta sobre la posibilidad de la grandeza literaria sencillamente se desvanece. El nihilismo y la admiración compiten entre sí, se sabotean, luchan por disminuir su poder respectivo. (Como la ironía y el éxtasis.)

Descorazonado como puede estarlo por “la mutación en declive de la literatura europea”, Zagajewski se niega a especular sobre lo que ha dado la ventaja al subjetivismo y la revuelta contra la “grandeza”. Tal vez quienes crecieron con la feroz mediocridad bajo administración estatal encuentran difícil sentirse tan indignados como pueden estarlo respecto a la magnitud con que los valores mercantilistas (haciendo alarde, con frecuencia, de la máscara de los valores “democráticos” o populistas) han debilitado los cimientos de lo sublime. La civilización soviética, conocida también como el comunismo, fue una gran fuerza conservadora. Las políticas culturales de los regímenes comunistas embalsamaron las antiguas nociones jerárquicas de realización. buscando asignar un pedigrí de nobleza a banalidades propagandísticas. Por contraste, el capitalismo mantiene una relación genuina y radical con la cultura al desmantelar la idea misma de la grandeza en las artes, que se halla desdeñada en la actualidad, con todo éxito, por el filis- teísmo ecuménico, lo mismo por parte de los progresistas que de los reaccionarios culturales, como una insolencia “elitista”.

La protesta de Zagajewski contra el colapso de los modelos no contiene en sí nada analítico. No obstante, sin duda él entiende la insignificancia (y la indignidad) de una simple denuncia del colapso. Hay ocasiones en que las piedades huérfanas se calientan demasiado: “Sin poesía, apenas seríamos mejores que los mamíferos”. Y muchos pasajes establecen un desencanto familiar, en especial cuando él sucumbe a la tentación de ver en nuestra época una degradación sin par. ¿Qué, se pregunta con sentido retórico, habrían hecho “los grandes, inocentes artistas del pasado, Giotto o Van Eyck, Proust o Apollinaire, si algún demonio resentido los hubiera situado en nuestro mundo fisurado y vulgar”? No sé respecto a Giotto o Van Eyck, pero Proust (muerto en 1922) y Apollinaire (muerto en 1918), ¿inocentes? Yo habría pensado que la Europa en donde tuvo lugar esa matanza colosal e insensata llamada Primera Guerra mundial era, si alguna cosa, mucho peor que “fisurada y vulgar”.

La idea del arte como el vehículo de los valores espirituales acosados por una era secular no debería quedar sin examen. Aun así, la ausencia total de rencor y ánimo vindicativo en Zagajewski, su generosidad de espíritu. su conciencia de la vulgaridad de la queja incesante y la aceptación farisaica de la superioridad cultural propia, aparta su actitud de la tribu usual de deudos profesionales de la Muerte de la Alta Cultura, desde la banda del New Criterion hasta el siempre portentoso George Steiner. (De vez en cuando, Zagajewski cede a piedades simples en torno a la superioridad del pasado sobre el presente, pero inclusive así nunca es pomposo ni se exalta a sí mismo: digamos que un steinerismo de rostro humano).

Con una preceptiva incorregible, a veces sentenciosa, Zagajewski es demasiado sagaz, demasiado respetuoso ante la sabiduría común u ordinaria para no ver los límites de cada una de las posiciones que rodean y dan sentido a sus pasiones permanentes. Uno puede ser elevado, profundizado, mejorado por las obras de arte. Aunque la imaginación, advierte Zagajewski, puede convertirse en uno de sus propios enemigos “si pierde de vista el mundo sólido que no puede disolverse en el arte”.

Ya que este libro consta de apuntes yuxtapuestos, es posible para Zagajewski sostener valoraciones contradictorias por completo. Lo estimable es cuán dividido se encuentra Zagajewski, como él mismo lo reconoce. Los reflejos y relatos de Otra belleza nos muestran una mente sutil, valiosa, dividida entre el mundo público y los reclamos del arte; entre solidaridad y soledad; entre las “dos ciudades” originales, la Ciudad Humana y la Ciudad de Dios.

Dividido, no destruido. Hay angustia, pero enseguida la serenidad continúa su avance. Hay desolación y asimismo están los muchos placeres enriquecedores provistos por el genio de los otros. Hay menosprecio, hasta que la caritas interviene. Hay desesperanza pero está, también inexorable, el consuelo. n

Susan Sontag

Traducción de Roberto Diego Ortega

Guia de perplejos: La riqueza de los pobres

GUÍA DE PERPLEJOS: LA RIQUEZA DE LOS POBRES

¿Por qué los pobres no pueden hacerse ricos? ¿Por qué no pueden tener ni siquiera lo que tienen? ¿Por qué pagan más caro y deben hacer más trámites que los ricos?

Hernando de Soto, autor peruano de El otro sendero (1984) y El misterio del capital (2001), ha tratado de responder estas y otras preguntas fundamentales para una visión no asistencia lista, ni filantrópica, ni populista de la pobreza.

Su veredicto es: los pobres no son tan pobres como se piensa. De hecho, hay en la pobreza y en la economía informal asociada a ella una riqueza enorme, tanto en activos como en imaginación y energía económica.

El problema es que esa riqueza no puede utilizarse como capital que dispare el desarrollo de sus dueños. ¿Por qué? Porque lo que los pobres tienen son capitales muertos que no están debidamente acreditados como propiedad. No pueden servir como palanca del proceso económico: no tienen valor en los bancos, ni en las transacciones con otros agentes económicos, no pueden ser comerciados en su valor real porque están disminuidos por la sombra de la ilegalidad, la imperfección del título, o la falta de propiedad plena.

No sólo es un problema de los pobres, de hecho es un problema de todos los países donde el capitalismo no funciona como debería. El “misterio del capital”, dice Hernando de Soto, la razón por la que el capitalismo ha funcionado sólo en unos países de Occidente y en ninguna otra parte, es que sólo esos países han resuelto el problema de tener un sistema de propiedad único (válido para todos los tipos de propiedad) y universal (vigente en todas las propiedades).

La diferencia entre tener algo bien titulado y reconocido por todos y no tenerlo, es la diferencia entre tener o no capital, entre poder hacer valer lo que las cosas valen o tenerlas subvaloradas en las manos, como capital muerto.

Ejemplo al calce: la empresa telefónica peruana tenía un valor en bolsa de 53 millones de dólares. Al privatizarse, se limpiaron todas las irregularidades, confusiones, inexactitudes y traslapes legales que se habían acumulado en sus distintas áreas de propiedad y concesiones. Cuando la trama legal de la empresa quedó debidamente limpiada, de acuerdo con exigencias de propiedad internacional, la empresa pudo venderse en 2,000 millones de dólares.

¿Cuál es el diagnóstico de México según la metodología de de Soto? El capital muerto de México incluye 11 millones de viviendas urbanas, 137 millones de hectáreas rurales, más de 6 millones de negocios con un valor total de 315,000 millones de dólares.

Un resumen panorámico del problema puede verse en el cuadro adjunto: “La capitalización de los pobres y de las clases medias de México”. n

GUÍA DE PERPLEJOS

La capitalización de los pobres y de las clases medias de México

1. ¿Cuántos son los mexicanos cuyos activos son “capital muerto”? Es decir que sólo sirven como refugio o herramienta de trabajo pero no para garantizar préstamos, generar inversión y cumplir funciones adicionales que generen plusvalía.

El capital muerto incluye:

Propiedad Urbana: 11 millones de viviendas.

Inmueble Rural: 137 millones de hectáreas.

Propiedad Incluye más de 6 millones

Empresarial de micro negocios y negocios pequeños y medianos no registrados que:

•Producen alrededor de 35% del PIB

•Ocupan a 47% de la PEA

2. ¿Cuál es el valor del capital muerto de los pobres y de las clases medias? 315 mil millones de dólares equivalentes a:

•   62 veces el valor de las ventas anuales de PEMEX

•   31 veces la inversión directa extranjera

•   26 veces la inversión pública federal

•   10 veces el monto anual de operaciones del mercado de capitales

•   7 veces el valor de los activos de PEMEX

3. ¿Por qué la mayoría de mexicanos no puede convertir sus activos en capital vivo?

Muchos activos no están titulados. Además, donde hay títulos, certificados o autorizaciones, éstos sirven en el mejor de los casos para identificar al propietario pero no pueden ser convertidos en capital vivo Los mecanismos le gales y administrativos para crear capital vivo o no existen o sus costos exceden largamente la remuneración mensual del mexicano promedio.

La Violencia en Casa

LA VIOLENCIA EN CASA

POR HÉCTOR AGUILAR CAMÍN, GUSTAVO CARVAJAL, MARGARITA GUILLÉ, CECILIA LORIA, SILVIA PIÑAL

La violencia contra la mujer adopta casi siempre la forma de un crimen oculto. Las mujeres son golpeadas o maltratadas en el sitio donde deberían sentirse más seguras: el hogar, la recámara, el espacio familiar. Ofrecemos la versión editada de una sesión que el programa televisivo Zona abierta, conducido por Héctor Aguilar Camín, dedicó al tema. Lo que resalta es la disparidad fatal entre las libertades públicas que la democracia concede a todos y la opresión que muchas mujeres padecen entre cuatro paredes.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Margarita Guillé me informó que el 70% de las mujeres en México han sufrido algún tipo de violencia familiar, y yo me hice una reflexión personal: esto quiere decir que si yo tuviera 10 hijas, 7 estarían destinadas a que alguna vez fueran golpeadas por sus hermanos o maridos, pero si tuviera 10 hijos, 7 serían golpeadores de mujeres.

MARGARITA GUILLE: Las mujeres han asumido el papel de que deben soportar y tolerar ese tipo de violencia que tiene diversas manifestaciones: sexual, psicológica, física y hasta económica, pero los hombres han aprendido una forma equivocada de demostrar amor y de ser tolerantes ante las frustraciones de la vida. El problema es que no sabemos expresar nuestra frustración. Si a esto agregamos que muchas de las mujeres maltratadas son absolutamente dependientes y con poca ilustración, entonces tal cosa provoca que se reproduzca el patrón y que el hombre sea el agresor y la mujer una víctima perfecta.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Casi la mitad de los homicidios registrados de mujeres son consecuencia de una violencia doméstica progresiva.

CECILIA LORIA: Gran parte del problema es que las mujeres son asesinadas porque no tuvieron un lugar a donde ir. Tiene que ver con una cultura en la que las mujeres deben cumplir el papel de amas de casa, dependientes económicas, sin una opción ni proyecto de vida propios. En ese sentido están sujetas a una relación de pareja en la que son objetos para ser lastimados, objetos para ser deseados, objetos para vivir en una vida totalmente decidida por lo masculino. Es necesario dejar de asociar lo masculino con la violencia.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: La pelea es entre varones y en igualdad de condiciones, eso es lo masculino. En el código tradicional masculino pegarle a una mujer es un acto de cobardía. Doctor Gustavo Carvajal, ¿cuál es el rasgo que más le impresiona de su experiencia frente a estas mujeres?

GUSTAVO CARVAJAL: En el área operativa de atención, casi siempre en los servicios de urgencias, recibimos las consecuencias de la violencia contra las mujeres, casi siempre asociada al uso de bebidas embriagantes o de enervantes. Hay un problema de machismo y de sumisión derivado fundamentalmente de la educación.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Cómo pueden dar las mujeres ese salto de identidad y afirmación?

SILVIA PINAL: Tomando una decisión. Un día, una mujer se da cuenta de que no es necesario que la golpeen, que debe salir de eso, y agarra a sus hijos y una bolsita con sus cosas y se va a otro lado. Seguro saldrá adelante, porque las mujeres son muy trabajadoras y bien organizadas.

CECILIA LORIA: No en todas las mujeres ocurre el mismo proceso. El tiempo que cada mujer se lleva en tomar la decisión es muy diverso. Hay cuestiones psicológicas, económicas. El tema de los hijos cuenta mucho y algunas tienen la certeza de que serán asesinadas si se quedan. Lo demostrado es que las mujeres deben tener un lugar a donde ir para salvar la vida. Lo interesante es cómo algunas pueden hacerlo más rápidamente que otras.

MARGARITA GUILLE: Cada mujer tiene su momento. Siempre hay una razón distinta: la infidelidad, la agresión que llega hasta los hijos, el miedo a perder la vida. Toma la decisión cuando la violencia rebasa los límites. Es una decisión muy arriesgada, pues se trata de una mujer que ha sido co-dependiente en muchos sentidos. Es insegura de sí misma, no toma decisiones, y cuando las toma no son acertadas.

SILVIA PINAL: Es difícil que el hombre deje de hacer eso que le gusta y disfruta. Además es el rey, no hay quien le prohíba nada, no hay quien le diga no.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: En 1970, como el 8% de la población económicamente activa estaba formada por mujeres; en el año 2000 era el 51%. Ese es un cambio radical que se refleja en las relaciones de pareja y en el cambio de las actitudes amorosas, en muchas cosas. Pero la violencia sigue exactamente igual, a pesar de que las mujeres tienen oportunidades de trabajo.

SILVIA PINAL: El trabajo existe, lo que pasa es que ellas tienen que salir a buscarlo. Yo sé que es muy difícil teniendo hijos, pero siempre hay manera de hacerlo. En Aguascalientes se creó un programa de apoyo para promover el trabajo casero de los hombres. Les daban cierta cantidad pero se iban a tomar con los amigos. Retiraron el apoyo a los hombres y se lo dieron a las mujeres, y fue un éxito rotundo, porque las mujeres trabajaban en su casa, vendían lo que fabricaban y el dinero se iba a la familia.

CECILIA LORIA: Ha cambiado la vida estructuralmente de todos nosotros y la incorporación de las mujeres al mercado laboral ha aumentado en un 400%.

MARGARITA GUILLE: Lo primero es darle poder a la mujer porque es una mujer deshecha. No tiene su identidad integrada, está confundida con sus emociones, con su forma de dar amor. Le tiene miedo al mundo y a los propios hombres. Se aisla incluso de su familia y de sus amigos como víctima del maltrato. Debemos recordar que el maltrato hace que la mujer no sólo pierda la salud sino también el trabajo, pues una mujer golpeada no asiste a su trabajo con un moretón; es muy vergonzoso reconocer que quien te debe amar y respetar es la persona que te agrede.

GUSTAVO CARVAJAL: La etapa inicial es muy difícil porque la mujer pasa por un periodo de depresión muy importante. En lo único que ella piensa no es en las agresiones recibidas sino en el suicidio.

MARGARITA GUILLE: Se siente culpable y dice: “tengo la culpa porque no tuve la leche caliente, no callé al niño”. Acepta que ella se equivoca e intenta cambiar su actitud. Cuando lo ha hecho diez mil veces, se da cuenta de que la siguen golpeando y humillando. Entonces dice: “él es el culpable”, y comprende que debe salir de su casa, pero ya para entonces su identidad está hecha pedazos.

SILVIA PINAL: Recuerdo una anécdota de Arturo Ripstein. Estábamos juntos y le preguntaron: “tu mujer es católica y tú eres judío, ¿cómo te llevas?”. Y dijo: “en la casa yo cometo el pecado y ella carga con la culpa”. Pasa algo similar con la violencia hacia las mujeres: el hombre pega; sin embargo, ella carga con el pecado y la culpa.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Qué dice una mujer cuando llega con una lesión?

GUSTAVO CARVAJAL: Cuando llega a curación nunca dice la verdad; lo hace hasta que se investiga a través de segundas o terceras personas, familiares o no. De acuerdo con la ley, los médicos tenemos la obligación de avisar al ministerio público y seguir el caso.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Ustedes deben reportar todas las lesiones, aunque no estén tipificadas como delito. Muchas lesiones no han sido tipificadas porque tardan en sanar menos de quince días. Entonces de nada sirve informar al ministerio público pues éste no tiene materia que perseguir.

SILVIA PINAL: Cuando fui diputada se crearon muchos albergues para mujeres.

MARGARITA GUILLE: Se crearon unidades de atención a la violencia, pero en el Distrito Federal sólo hay un albergue.

CECILIA LORIA: Lo conozco, está en la delegación Alvaro Obregón. Las mujeres pueden quedarse meses con todo y familia. Cargan con los hijos porque de lo contrario los ponen en una situación de riesgo.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Y quién sostiene los albergues?

CECILIA LORIA: En algunos estados operan con presupuesto del gobierno estatal, en otros los hacen con presupuesto federal. Trabajan mucho como organizaciones no gubernamentales, buscando el apoyo y la cooperación internacional, o la cooperación nacional filantrópica. Lo importante es que tal práctica se sistematice, pues hay mucha experiencia en México: hay metodología, herramientas, formas de diagnóstico.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Son esfuerzos aislados. ¿Cuántas mujeres han salido realmente del albergue con la decisión de liberarse?

MARGARITA GUILLE: Sólo un 30%. Las demás, después de estar hasta tres meses en un refugio para mujeres maltratadas, regresan con el agresor, pero con otra visión. Tienen más fortaleza psicológica, conocen sus derechos y entonces tratan de dimensionar de otra forma la agresión de su pareja. El problema es que algunas veces son económicamente dependientes o realmente aman a su pareja. Hay una codependencia sexual muy fuerte, son mujeres con una necesidad sexual. Las codependencias, el desafío al agresor y el juego de me callo y ahora me pide perdón y ahora me pide una oportunidad y me ruega, todo eso engancha a la mujer. No es fácil que salga sola, por eso son importantes los albergues, porque ahí te ayudan psicológicamente, ves a otras mujeres que también fueron maltratadas, ves que no eres la única, ves a otros hijos que fueron maltratados, y comienzas a tener claro que nada de lo anterior está bien.

CECILIA LORIA: Hay una definición que empieza en la infancia, relacionada con el género, que se impone a las mujeres como una cruz. Por eso a veces no se van. Existe la idea de que padecen un destino que les tocó vivir, algo asociado con la culpa. Creen que pueden cambiar al marido golpeador, sobre todo porque a él le viene una caída moral.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Este es un mensaje para las mujeres golpeadas: su golpeador no cambiará.

CECILIA LORIA: Hay un hábito que raramente cambia si no se ingresa a círculos que trabajan con hombres golpeadores. Esos círculos ayudan a elaborar la agresión y todo el lío interno. Si no es así, se cae en un círculo vicioso: él empieza, ella trata de defenderse, el otro responde; cuando todo pasa, él llora, ella llora también, se quieren mucho…

GUSTAVO CARVAJAL: Inicialmente vemos una lesión simple de la pirámide nasal, pero continúan los eventos y procesos de violencia contra la mujer y más adelante nos encontramos con lesiones de una magnitud muy importante: lesiones en el cráneo, lesiones que van a dejar secuelas funcionales en la mujer.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Muchas mujeres deberían abandonar su condición de mujeres golpeadas. Este año entró en vigor uno de los elementos que pueden ayudar a esto, necesita aún volverse un establecimiento institucional de gran espectro para que el problema pueda enfrentarse en la dimensión y en la amplitud que tiene. Este año, decía, entró en vigor una norma de salud que obliga a los doctores a reportar ante las autoridades de salud, y ante el ministerio público, todo lo que juzguen lesiones que son o pueden ser producto de la violencia intrafamiliar.

GUSTAVO CARVAJAL: A partir de marzo estamos obligados a denunciar al ministerio público todas las lesiones que encontremos en alguna o algún paciente que nosotros pensemos que fueron infringidas por agresión, y sobre todo cuando tienen una relación intrínseca con el hogar.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Cuando la lesión es muy fuerte, se tipifica como un delito en el Código Penal; entonces el ministerio público persigue el delito

GUSTAVO CARVAJAL: Así es, por ley.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Pero la gran mayoría de las lesiones que usted atiende no están tipificadas como delito en el Código Penal.

CECILIA LORIA: Hay estados que todavía no legislan. Recordemos que los códigos en México son estatales, no hay un código federal en esta cuestión, sino que cada estado tiene que legislar. Tenemos la norma, un gran avance, pero en el momento en que hay que bajarla a los procesos tenemos dificultades

A mi consultorio llegó una paciente que tuvo una crisis sicótica. Se sometió a varios años de tratamiento permanente porque ella era una mujer golpeada, varias veces fue golpeada brutalmente y una día se cansó y tomó valor y decidió que no quería seguir siendo golpeada, y después de una golpiza brutal que le puso el marido tomó el valor y fue al ministerio público a denunciarlo, y el agente del ministerio público, que estaba ahí, le dijo: “no señora, usted a lo mejor algo le dijo, algo le hizo, traigan al marido”. Entonces los judiciales trajeron al señor y el ministerio público dijo: “enciérrenlos en ese cuarto, que platiquen para que se contenten y así salgan muy contentos”. Ella se sicotizó después de eso.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Ahí la autoridad judicial actúa discrecionalmente.

GUSTAVO CARVAJAL: No está legislado cómo deben de manejarse estos casos.

SILVIA PINAL: Desde hace 16 años recibo cartas donde me hablan de lo que pasa en el país, y yo me desespero porque los casos de violación, los casos de maltrato en la familia son los mismos… 16 años, estoy hablando de 16 años a la fecha.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿En 16 años usted no ha percibido algún cambio básico en el patrón femenino?

SILVIA PINAL: Las mayores cartas son de mujeres violadas, agredidas, o de niños violados. Las madres mandan esas cartas, los niños son incapaces de decirlo porque les dicen que van a matarlos, qué sé yo lo que les dicen pero los amenazan. ¿Cómo se puede prevenir algo así? Es cuestión de incluirlo en las escuelas, dentro de alguna materia, enseñar que a la mujer hay que protegerla, defenderla, ayudarla, y que al niño hay que quererlo y respetarlo. Hay que buscar formas alternas aparte de la ley; la ley es muy importante, pero muy pocas mujeres llegan hasta ella.

MARGARITA GUILLE: Hay una falta de aplicación de los códigos penales, de la capacitación de los propios ministerios públicos, de la propia seguridad pública. Los policías que ven huyendo a una mujer golpeada, a veces la revictimizan. No la atienden adecuadamente. Este problema debe atenderse desde el lado de la salud, desde el lado de la procuración de justicia, de la seguridad pública y de la educación.

CECILIA LORIA: Es un problema al que tiene que entrarle el Estado; debe convertirse en política pública. Pero es un tema tan oculto que ni siquiera aparece en los medios. Las mujeres necesitan tener confianza para denunciar; hay mecanismos distintos que las protegen ante la denuncia: los albergues, las organizaciones de mujeres.

GUSTAVO CARVAJAL: Hace falta cultura, educación, tener abiertos los canales de comunicación hacia la mujer, enfocados al apoyo, a que cuenta con gente, con servicio, con la orientación necesaria para que tenga el valor de denunciar a su agresor y que éste sea castigado.

SILVIA PINAL: Es muy complejo pero hay que apoyar a la mujer en todos los ámbitos, tiene que recibir apoyo: que ella salga golpeada con sus hijos, sin tener un pan que llevarles a la boca y que diga: toco esta puerta, y que le enseñen algo mejor, buscar un trabajo, meter a los niños en una guardería. Es demasiado grande pero puede lograrse. n

TLS: Un siglo de crítica

TLS: UN SIGLO DE CRÍTICA

La publicación de un libro, Critical Times, y una exposición de fotografías de algunos de los más destacados colaboradores en la National Portrait Gallery celebran los 100 años del Times Literary Supplement, cumplidos en enero de 2002. Durante los últimos diez años, Ferdinand Mount, actual director del TLS, ha ampliado las ambiciones editoriales incorporando a sus páginas las humanidades, las ciencias y los espectáculos. La idea de Mount ha sido convertir el TLS en “un foro de debate de los grandes temas de nuestro tiempo” (El País, 17 de enero, 2002). La influencia y el prestigio internacionales del TLS ha resonado en el mundo con un tiro de 36,000 ejemplares y un equipo de veinte redactores. El TLS nació en el año de 1902 como resultado del azar y de un accidente editorial. Una sección de libros del periódico The Times no se publicó y su lugar fue ocupado por una larga crónica parlamentaria; la sección apareció en un suplemento separado del cuerpo del diario.

En 1919, Valery Larbaud escribió en la Nouvelle Revue Frangaise sobre la fórmula del éxito del TLS: un extenso ensayo de un escritor. A este ensayo le seguían ensayos-reseñas sobre libros ingleses recientes y de otras lenguas; más adelante, notas críticas, amplia correspondencia sobre temas culturales y una bibliografía sobre los libros publicados esa semana. Durante setenta y cinco años, los escritores del suplemento aceptaron y defendieron el anonimato de sus reseñas. En esas páginas escribieron, entre muchos otros, T. S. Eliot, E. M. Forster, Virginia Woolf, George Orwell, Patricia Highsmith. Esta característica se mantuvo durante la dirección de Bruce Richmond, responsable de la publicación de 1903 a 1937, y de Stantley Morison, que resucitó y dirigió la publicación después de la guerra, de 1945 a 1948. Entre 1948 y 1959, Alan Pryce-Jones dirigió el TLS.

Según cuenta Hugo Estenssoro en su crónica de El País, en el año de 1972 el TLS, bajo la dirección de John Gross, anunció que terminaba el anonimato de los artículos. En la actualidad, sólo The Economist publica reseñas anónimas. En 1992, Ferdinand Mount se hizo cargo de la dirección del TLS. Mount ha escrito novela y ensayo, es historiador, fue asesor de Margaret Thatcher y se considera un conservador liberal. n

Empate democrático, ¿inmovilidad nacional?

EMPATE DEMOCRÁTICO, ¿INMOVILIDAD NACIONAL?

El sistema presidencial mexicano opera en una lógica de régimen semiparlamentario y no tiene mayorías suficientes para gobernar. El veredicto del 2 de julio del 2000 fue no darle a nadie la capacidad de gobernar solo. Es lo que estamos viendo.

Aquel veredicto es inobjetable desde el punto de vista de poner un freno a gobiernos que por demasiadas décadas padecieron el mal contrario: la omnipotencia gubernativa.

Es también un veredicto moderno, acorde con las mejores tradiciones de las democracias de países desarrollados: el gobierno puede poco, por lo tanto se equivoca poco, no hay sorpresas ni virajes inconsultos, no hay grandes cambios, no hay tampoco grandes equivocaciones: los gobiernos son muy buenos o muy malos en el margen, no pueden destruir nada verdaderamente importante con sus equivocaciones.

El problema de este equilibrio para México es que tanto la economía como la política del país requieren todavía reformas de fondo, reformas indispensables aunque puedan no ser populares.

La idea de que haya inversión privada en el sector energético —petróleo, gas, electricidad— sigue sonando a sacrilegio en muchos oídos nacionalistas y en la mayor parte de los partidos político en activo. La indispensable reforma eléctrica tendrá potentes enemigos en el proceso legislativo. Es difícil imaginarla triunfando con la claridad de miras y la seriedad de apertura que se requiere. La reforma energética que busca el gobierno será quizás una nueva denota política.

Lo mismo puede anticiparse de su reforma laboral. La idea de que pueda contratarse y despedirse libremente a un trabajador suena también sacrílega. Es inaceptable para la cordillera de pirámides sindicales que viven de los privilegios de la ley vigente. Es inaceptable también para la sensibilidad pública común, educada por décadas en una cultura paternalista y tutelar respecto al trabajo.

Los contingentes políticos de resistencia a las reformas que le faltan al país son suficientemente fuertes para impedirlas. El equilibrio democrático establecido por los votantes en el Congreso hará más difícil no sólo el triunfo sino incluso la discusión racional de esas reformas.

Con las elecciones federales de 2003 a la vista, políticos y congresistas de todos los partidos, particularmente de la oposición, se cuidarán de acompañar al gobierno en estas iniciativas impopulares.

El equilibrio democrático impedirá al gobierno cometer grandes equivocaciones, pero le impedirá también al país emprender las reformas necesarias para volverse la nación moderna, próspera y equitativa que quiere ser.

El empate democrático puede desembocar en una forma de inmovilidad pública, cuando lo que México necesita es moverse con claridad hacia adelante. n

Reingeniería presidencial

REINGENIERÍA PRESIDENCIAL

El antiguo comisionado de Orden y Respeto de la Presidencia de la República, Adolfo Angular Zinser, fue nombrado embajador en la ONU. El antiguo comisionado de Alianzas Ciudadanas, Rodolfo Elizondo, fue nombrado Coordinador de Comunicación Social de la Presidencia de la República. Estos cambios de personas incluyen un cambio de ingeniería en la oficina presidencial.

Al iniciar el nuevo gobierno, la presidencia aseguró que sólo tres secretarios de Estado y siete coordinadores tendrían acceso directo y cotidiano a Fox. Este esquema de un gabinete de secretarías y coordinaciones sobrepuestos estuvo inspirado en la forma en que algunas empresas se organizan y en la estructura de la presidencia norteamericana. La idea era que las secretarías actuaran como la parte operativa del esquema, en tanto que los comisionados o coordinadores —sin burocracias y con un reducido grupo de empleados de “alta calidad”—, serían la parte “pensante y generadora de ideas” del sistema.

La innovación tuvo pobres resultados por la inevitable confrontación entre quienes encabezan las secretarías tradicionales y los encargados de los puestos creados por la ingeniería foxista.

Otra decisión inicial del nuevo gobierno tuvo también malos resultados. Se puso el peso de los nombramientos del gabinete en la selección de los “mejores hombres” y no en el criterio partidista. Los miembros del PAN que llegaron al gabinete no fueron muchos (Santiago Creel, secretario de Gobernación, Francisco Barrio, secretario de la Contralorea, Rodolfo Elizondo, comisionado de Alianza Ciudadana). El grueso de los funcionarios de alto rango fueron, y son, personajes sin partido o provenientes de otros, sobre todo el PRI. El supuesto criterio de “excelencia” no funcionó, salvo para tejer nudos entre el presidente y su partido, el PAN, y dificultar la identidad de propósitos entre ambos.

Los cambios de Aguilar Zinser y Elizondo abren un periodo de transición en el cual el gabinete foxista comienza a retomar un mecanismo mucho más tradicional de ingeniería política. Todo parece indicar que las innovadoras coordinaciones se convertirán en gabinetes sectoriales bajo la responsabilidad del propio presidente o de los secretarios de Estado.

Es el caso del área de seguridad que abandonó Aguilar Zinser. La coordinación de ese gabinete estará a cargo del propio Fox y, en su ausencia, del secretario de Gobernación. n

La intimidad expuesta

LA INTIMIDAD EXPUESTA

POR ANGELES MASTRETTA

La exposición de la intimidad nos ha dado derechos y libertades que hace apenas tres décadas se antojaban inalcanzables. Pero, como aquí escribe Angeles Mastretta, esa exposición nos arrasa, dejándonos inermes.

Tal vez de todos los ires y venires que el vértigo del siglo XX dejó correr sobre la intimidad, exponerla, sacarla de la poesía y las novelas a las revistas y al cine, de los confesionarios a las plazas, haya sido el más drástico. Y la expuso no sólo por el indeleble placer de mostrarla sino por el generoso afán de generalizar algunos privilegios. El placer y las audacias, entre otros.

Desde siempre hubo seres cuya privilegiada lucidez les permitió hurgar en lo más interesante de nuestros recovecos. Quizá nada muy nuevo nos haya tocado descubrir sobre la intimidad. Sin embargo, nos ha tocado nombrarla, enseñarla, y al hacerlo, trastocarla sin retorno ni remedio. No se descubrió el orgasmo femenino en los últimos tiempos, pero sí dejó de pensarse que quienes se perdían en él eran unas pérdidas. Nombre que se daba a las putas, que eran algunas de las mujeres más encontradas con las que hombre alguno pudiera dar. Sí que debió ser arduo andar por la vida de mujer cuando hacerlo era no mostrar, callarse, aceptar. Pero también debió resultar una calamidad ser de los hombres que convivían con tales mujeres.

Pero quién diría que ahora mismo puede ser fácil ir por la vida de hombre, o de mujer, creyendo que la intimidad y sus glorias privilegian a quienes la consiguen y animan. Quienes le conceden importancia a la intimidad y no sólo la consienten, sino la procuran como lo mejor de sí mismos, no siempre la pasan bien. Sin embargo, evitar la intimidad, prohibirla, castigarla, inhibirla, monogamizarla, debe ser mucho más arduo. Si un libro me gustaría saber contar es uno que sólo eso contara. ¡Cuántas cosas en una! La intimidad permisiva, como afán y descubrimiento, como lujo, derrota y júbilo.

Mi familia materna tenía el buen hábito de hablarlo todo. Hasta el desafuero y la necedad, las cosas que le pasaban a uno le pasaban a todos. Así que, cuando por ahí de los años setenta, algunos dimos con la intangible palabra orgasmo, la llevamos a la mesa de las conversaciones como quien lleva un chocolate.

Mientras transcurría la conversación de los nietos, nuestra abuela paralítica, y aún dueña de un entusiasmo pueril, dibujaba flores en un cartoncito, como si no escuchara. Al cabo de un rato, levantó la cabeza que era como un milagro de facciones pequeñas señoreadas por el lujo de unos ojos turquesa, y le preguntó a nuestro abuelo:

—Sergio, ¿qué es un orgasmo?

—Un orgasmo, mi querida María Luisa —dijo el abuelo—, es un órgano alemán que tocaban los protestantes.

A la fecha nos reímos al recordarlo. Sin embargo, ¿supo la abuela lo que era un orgasmo? Yo creo que sí. Aunque no supiera nombrarlo, ni le importara, la oí muchas veces hablar de su enamoramiento primero, del modo en que mi abuelo se había puesto los guantes al despedirse una tarde, de cómo recorrieron en motocicleta el norte y cómo pasaron por debajo de las cataratas del Niágara. Los oí muchas veces, y algunas los miré mirarse como si aún recordaran su piel entre las sábanas.

Dirán ustedes que desde entonces yo guarecía en mi ánimo a una niña fantasiosa, no voy a negarlo, ahora sigo cargando con una mujer fantasiosa que para su desventura ha perdido la contundencia y ya no sabe ni qué decir en torno a uno de los temas que más han ocupado y ocupan su cabeza. La impredecible, devastadora, efímera, eterna, iluminada, magnífica, generosa, hostil, imprudente, recatada, ruin, milagrosa, atroz y llena de prodigios intimidad.

Yo no encuentro mejor razón para estar viva, mejor impulso para  seguir estándolo, más interés para la propia literatura que el de recrearnos con las dichas y desdichas, sean lo que sean con tal que sean intensas, de la intimidad.

Nada tan contradictorio como las emociones, crestas y desfalcos que nos haya traído la intimidad, nada tan codiciado, nada tan por las tardes compartido durante memorables horas de recuento.

Esa magnífica serie de libros que nos relata la Historia de la vida privada va dándonos muestras de cómo ha cambiado la intimidad a lo largo de los siglos. Y en los últimos tiempos, para decirlo rápido, de la época en que yo era niña a mediados del siglo pasado a, ya no digamos este ambicioso y global principio del siglo XXI, sino a los desatados años setenta del siglo XX, la intimidad cambió como cambian las estrellas según las estaciones.

Quiero recordar cien vuelcos, pero diré uno. Me dijeron que la virginidad era un tesoro. Igual se lo habían dicho a mis bisabuelas, mis abuelas y mi madre, sin que nadie contradijera el dicho. Pero cuando llegué a la Facultad de Ciencias Políticas a los veinte años, cargada con semejante tesoro, fui vista con tal conmiseración que aún me doy pena al recordarme. ¿Y ni siquiera te masturbas?, me preguntaron.

¡Qué escándalo! Dormí entre sobresaltos preguntándome cómo había podido vivir hasta entonces. Y sin demasiados besos. ¿A quién pudo ocurrírsele que aquel era un mérito? Consideré de un día para otro que sería mi deber ponerle remedio a semejante desatino. Y se lo puse. Pasé entonces de la feria de la abstinencia a la del derroche. Y de cualquier manera ¿qué? No quise quedarme sin explorar lo posible, pero seguí ambicionando lo inaudito.

Exponer la intimidad, soltarla, nos ha dado libertades y derechos de búsqueda que no existían, hasta los muebles de nuestras casas tienen un movimiento y una naturalidad que no tuvieron (las recámaras de los niños de mi infancia eran para dormir y estar enfermo, no para ver la televisión, cenar, jugar Nintendo, recibir a los amigos, brincar en las camas y firmar las paredes, como han sido las recámaras de mis hijos), sin embargo, aún estamos inermes frente a la intimidad. Sepamos cuanto creamos saber, hayamos caminado con el clítoris al derecho y al revés, conozcamos los más drásticos secretos del gozo, hayamos visto en la vida y el cine todos los cuerpos desnudos y brillantes que no vieron nuestros abuelos, la intimidad, de cualquier modo, nos arrasa. Al enfrentarla, nuestros hijos, por más que nos digamos que les hemos dado elementos, soltura, naturalidad, tal vez estén tan inermes como nosotros. La intimidad, ese monstruo mezclado de hadas, pasa por el amor y, por lo mismo, por el desasosiego, pasa por la memoria y sus acantilados, pasa por la rutina, las pieles incendiadas, el olvido.

Hemos exhibido la intimidad, vamos teniendo por eso el mismo derecho a más gozos, pero también a más derrotas. Sabemos más de nuestras alegrías. Ya que hemos aprendido a decirlas, quizá consigamos aprender de nuestras derrotas. Pero no por eso somos menos vulnerables, menos propensos al amor y sus desfalcos, menos ávidos de lo inaudito. La intimidad, por más que la expongamos, siempre será un abismo conmovedor y asombroso capaz de ponernos frente a lo impredecible. No importa cuánto la nombremos, siempre será necesaria una clave mágica para abrir ese sésamo y entender sus tesoros. n

Una noche “Hablanera”

UNA NOCHE “HABLANERA”

POR RAFAEL ROJAS

En cuanto a hablar se refiere, los cubanos son inagotables. Hablan mucho, a todo volumen y durante horas infinitas. En La noche del Aguafiestas, Antón Arrufat retine a cinco amigos que, a semejanza de un simposio o banquete platónico, discurren sobre diversos temas: una noche “hablanera” que es, en realidad, un homenaje al talento discursivo.

Alguna vez el poeta León Felipe se preguntó por qué los españoles hablaban tan alto. La respuesta del autor de los Versos y oraciones del caminante rezumaba el aliento de sus propias elegías. Los españoles hablaban demasiado alto, según Felipe, porque la historia los había vuelto enfáticos, obligándolos a proferir tres grandes exclamaciones al mundo: la de Rodrigo de Triana cuando gritó ¡Tierra! en 1492; la del Quijote de Cervantes, en los primeros años del siglo XVII, cuando reclamó ¡Justicia! y la de millones de españoles en 1936, cuando, al borde del franquismo, advirtieron ¡Ahí viene el Coco! y casi nadie les creyó.

Los cubanos, hijos de españoles, también hablamos muy alto. Pero lo que caracteriza nuestra habla no es tanto el volumen como el tiempo, la velocidad y la prolongación del discurso. El cubano habla rápido y habla mucho. Si nos trasladáramos a las disputas morales del siglo XVIII francés, los habitantes de Cuba seríamos discípulos del padre Lamy, a quien se debe un popular manual titulado Arte de hablar, y enemigos de los pocos seguidores del abate Dinouart, autor del Arte de callar, donde se lee que “antes de aprender a hablar, el hombre debe aprender a callar, ya que en silencio arriesga menos y es más dueño de sí”.

La lectura de La noche del Aguafiestas (Alfaguara, México, 2001, 275 pp ), espléndida novela de Antón Arrufat, me llevó a este merodeo por una razón muy sencilla, que, seguramente, se debe a mi ignorancia: es la única novela, entre las que conozco, que transcurre dentro de una misma conversación, desde la primera hasta la última página. Cuando leemos a los grandes maestros del diálogo, Balzac y Tolstoi, Conrad y Hemingway, saltamos de una plática a otra, guiados por un narrador omnisciente que, a veces, habla más que sus propios personajes. En La noche del Aguafiestas ese narrador, es decir, Antón Arrufat, apenas interviene y cuando lo hace es para insinuar borrosas pinceladas de quienes hablan y escuchan. Como en algunas pinturas de Brueghel, el Joven, aquí los personajes no tienen rostro; sus caras son sus propios parlamentos.

La trama de la novela de Arrufat no es más que el coloquio de cinco amigos, Aristarco Valdés (El Aguafiestas), Jenofonte, Filonús, Licino y Actité. en una noche habanera —o, más bien, “hablanera”, como diría Guillermo Cabrera Infante. Y he ahí la primera sorpresa: los modelos retóricos de esta ficción no parecen provenir de la narrativa, sino de otros géneros occidentales, como el diálogo antiguo y el drama moderno. Sin mucho pudor, podría afirmarse que La noche del Aguafiestas es una novela neo- platónica. Sus personajes, al igual que los de Fedro o del amor y Critón o del deber, son contertulios que discurren sobre diversos temas: el arte de la relectura, la cocina y las frutas cubanas, las posturas del reposo (sentado, acostado y recostado), la cábala, el amor, la sexualidad, el cosmos, la noche… Siendo quisquillosos, diríamos que esta novela corresponde a lo que Platón llamara simposio o banquete, es decir, una plática que recorre varios diálogos.

Pero más allá de la retórica, hay un platonismo intelectual, metafísico, en La noche del Aguafiestas, que se proyecta en la reflexión sobre la palabra y el lenguaje, sobre el deseo y el placer. Los cinco personajes de esta novela son criaturas entregadas al acto del decir, como si sólo en la articulación de un discurso encontraran las pruebas ontológicas de sus existencias. Aristarco, el Aguafiestas —personaje que equivale al Sócrates de Platón, maestro perverso— lo formula de un modo rotundo: “callarse significa atentar contra la persona, correr el riesgo de la desaparición”. Y más adelante remata con un juicio cercano al último Heidegger, el de la Carta sobre el humanismo, texto clave del neoplatonismo moderno: “hablamos para poseer lo que pensamos, y hasta lo que hemos realizado. Poseemos la acción cuando la contamos, y hasta los sueños, si no se pierden y se apagan. La lengua nos redime del silencio de las tinieblas”.

La idea heideggeriana del “lenguaje como casa del ser” se plasma en La noche del Aguafiestas desde el sentido mismo de la “doctrina platónica de la verdad”, es decir, desde la certeza de que la palabra invoca el recuerdo y que la memoria consuma el saber. Platón entendía el conocimiento como la anamnesis o reminiscencia de grandes nociones universales (el Bien, la Belleza, el Orden, la Justicia…) que el hombre, a tientas en la penumbra de su caverna, había olvidado. Pues bien. Aristarco Valdés (el Aguafiestas) piensa, como el Sócrates de la República, que “descubrir algo nuevo no es más que recordar algo perdido” y sueña con levantarle a Mnemósine, Diosa del Recuerdo y madre de las nueve musas, una estatua en el Parque de la Fraternidad de la Habana, ya que “sin memoria no habría fraternidad ni tampoco gratitud”.

Pero La noche del Aguafiestas no sólo nos remite a Platón en su metafísica, sino también en su erótica, que es indisociable de aquella. Según el Fedro, el saber es amor porque se funda en la posesión de las eidolas o nociones universales que habitan el alma. Los cinco personajes de esta novela también aman por medio de la posesión del otro en el lenguaje. Aristarco desea a Actité, Actité desea a Jenofonte, Licino desea a Aristarco… Sin embargo, la instancia del placer, en los tres casos, se posterga indefinidamente por medio del goce de la pulsión y de su narrativa verbal. No creo, pues, que estos personajes sean onanistas, sino, más bien, practicantes de una erótica de la distancia, de la “evasión corporal”, parecida a la que postula el filósofo francés Emmanuel Lévinas, esto es, el hedonismo intelectual de quienes conocen la finitud del placer y la intensidad del dolor.

Esta erótica resistente se expresa a cabalidad en los dos monólogos que interrumpen el coloquio de la novela: el de Jenofonte y el de Filonús. Jenofonte, discípulo de Aristarco/Sócrates, cuenta la historia de su amor con Madame Recamier, la hermosa dama de la Restauración francesa, que reunió en su salón a la intelectualidad selecta de los reinados de Luis XVIII, Carlos X y Luis Felipe de Orleans. Los desvelos de Jenofonte, mulato habanero de fines del siglo XX, no son provocados, naturalmente, por la misma Julie Bernard que amaron Constant y Chateaubriand, sino por una imagen suya: el retrato que le hiciera, siendo ella muy joven, el pintor neoclásico del Imperio, Jacques Louis David.

La historia de amor de Filonús, momento en que la prosa de Arrufat exhibe su consabida elegancia, es aún más reveladora de esta erótica. El personaje es un hijo que adora a su madre fallecida, a través de los retratos que la tía, la hermana fea, le muestra obsesivamente, en vano intento de liberar su complejo físico. Otro romance entre una persona y un espectro, que se cruza, esta vez, con el idilio entre el padre ebanista y la madre muerta, a cuyo luto, de muchos años, consagra un enorme baúl en el que preservará, intacto, el vestido nupcial de la amada. En ambos amores, el de Jenofonte y el de Filonús, predomina la contención del tacto, el dominio de los intercambios físicos, como recursos de una sensualidad tentativa, misteriosa, intangible.

La entrega a la palabra de los personajes de La noche del Aguafiestas hace de esta novela un remanso en la literatura cubana de hoy, tan dada al uso instrumental del lenguaje, al abuso del estilo con fines públicos. No en balde este libro de sutil ficción ignora las aprensiones del campo intelectual y nos ofrece una narrativa bibliófila, que reparte sus tributos entre raros autores franceses, como Emile Faguet y Benjamín Constant, y clásicos cubanos, como José Lezama Lima y Virgilio Piñera. Me gustaría decir, a propósito de estos dos genios tutelares de la literatura de Antón Arrufat, que en La noche del Aguafiestas los homenajes están bien repartidos. Piñera merece varias alusiones al paso y una parada en el envenenamiento, por papaya, de Clitemnestra Plá, la madre de Electra Garrigó. Lezama, por su lado, recibe ofrendas implícitas como la del discurso erótico sobre las frutas, tomado de Oppiano Licario, o la cita del poema “Una oscura pradera me convida”.

Conozco el gusto de Antón Arrufat por la alegoría erudita, puesto a prueba en su temprana pieza Los siete contra Tebas y, más tarde, en un libro de prosa decisivo para mi generación: Las pequeñas cosas. Por eso, al terminar la primera lectura de La noche del Aguafiestas, fui a diccionarios y enciclopedias, ansioso por descifrar la clave de los nombres de cada personaje. Debo confesar que luego de un forcejeo con Jenofonte, sólo atiné a comprender la parábola de Aristarco Valdés (el Aguafiestas), personaje inspirado en Aristarco de Samotracia, gramático alejandrino de los siglos III y II antes de Cristo, editor de Hesiodo y Homero, y famoso por sus críticas severas e inflexibles.

Como su homónimo alejandrino, el Aristarco habanero goza atentando contra las fiestas del bobo consentimiento, ensombreciendo los falsos paraísos de la coincidencia. Eso, justamente, es lo que representa un “aguafiestas” en medio del carnaval hablanero: alguien que quiebra la armonía con el rayo de un sofisma, que amarga un momento de vacua felicidad con las sutilezas del irónico. Entre el cubano hablador y el cubano fiestero se instala esta resistencia erótica, este impulso de saborear el misterio de la palabra. Demos gracias, pues, a Antón Arrufat por aguarnos la fiesta del frívolo entendimiento con una novela tan honda y delicada, ofrecida como la mejor prueba de que la alta literatura todavía es posible entre cubanos. n

El hombre en serie

EL HOMBRE EN SERIE

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

La mezcla de mecanicismo y reduccionismo, encarnada en algunas teorías genéticas, amenaza con echar a perder la gran riqueza de la vida humana. Alfredo Bryce Echenique hace aquí un elogio de la libertad y de la lucidez para adentrarse en lo desconocido.

Somos, al fin y al cabo, nada más que marionetas movidas por el capricho o la astucia de una larga “molécula egoísta” que nos utiliza para construirse su propia inmortalidad? Aquello que llamamos inteligencia, espiritualidad, sensibilidad, creatividad, belleza física o moral, personalidad, individualidad, bondad o maldad, todo aquello que nos caracteriza y de lo cual nos sentimos orgullosos, por efímera que sea nuestra vida, sería tan solo el instrumento creado por el DNA (el ácido desoxirribonucleico, que constituye la materia prima de los genes conservados en el núcleo de nuestras células) para garantizarse mediante nuestra existencia individual la propia continuidad: seríamos, por consiguiente —o somos—, tan sólo “segmentos de un animal inmortal”, tal como nos definió hace algunos años el famoso genetista británico Sidney Brenner.

Y la visión de la sociobiología, que le atribuye a los genes una suerte de preeminencia —si no la exclusividad— en la determinación no sólo de nuestros rasgos físicos sino también de nuestros rasgos morales e intelectuales, nos despoja en cierto sentido de toda responsabilidad y autonomía, en el marco de una vida brutalmente determinista y mecanicista. Un terreno muy propicio para una grotesca caza mayor, en la cual sería posible hacer que aparezcan (y, por consiguiente, descubrir, despertando de inmediato el ingenuo interés de la prensa y del público, y obteniendo para ello recursos y todo tipo de consideraciones) los genes de la homosexualidad, de la tendencia a convertirse en borracho, barbudo, creyente o ateo, agradable o brutal, creativo o insensible, y así hasta el infinito. Que en la caja fuerte del núcleo de nuestras células se encuentre encerrada la determinación de nuestros rasgos físicos, es un hecho acerca del cual nadie discute, pero no todos los biólogos moleculares y genetistas están de acuerdo en extender con tanta desenvoltura este aspecto “mágico” a un asunto tan intrigante y de tan difícil resolución como es la personalidad humana. Por el contrario, los hay que consideran esta posibilidad anticientífica, confusa y puerilmente metafísica.

Entre éstos, el notable neurobiólogo y genetista británico Steven Rose, famoso por sus investigaciones sobre la memoria, quien le ha dedicado a esta polémica todo un libro, Líneas de vida. Más allá del deterninismo, en él discrepa abiertamente con las posiciones reduccionistas de Richard Lewontin, una de las mayores figuras de la biología molecular. Para Steven Rose, el reduccionismo es una forma de ideología. “La ciencia que hacemos —escribe—, las teorías que preferimos y las tecnologías que creamos y utilizamos están necesariamente vinculadas al contexto social dentro del cual son creadas; la sociobiología, y un determinismo ciertamente torpe, le resultan funcionales a nuestra sociedad y a su tendencia a reducirlo todo, incluso las situaciones más complejas y delicadas, a la calidad  de objetos’ fácilmente manipulables y  comerciables, pero el resultado de todo esto es, a su vez, producto de nuestras propias hipótesis sobre el mundo”.

Naturalmente, reducir un fenómeno tan complejo como la vida a sus elementos constitutivos más simples puede producir mucho impacto. Por ello mismo, es preciso evitar el callejón sin salida de aquel mecanicismo que triunfara en el siglo XIX, aquella metodología que nos impedía apreciar los fenómenos emergentes en toda su inmensa complejidad.

Es la “línea de vida” de cada uno, la historia individual y su interacción con el mundo y con el propio organismo, la que determina no sólo nuestras variantes Sociales y psicológicas, sino también las físicas. Y esta “línea de vida” es nuestra historia, en tanto que individuo. Para Rose, el reduccionismo, tal como se le entiende y se le practica, pretende reducir fenómenos de extrema complejidad, como la vida misma, a sus partes constitutivas. Y si al reduccionismo le agregamos mecanicismo, echaremos para siempre por la borda la inmensa riqueza de la vida, sus luces y sus sombras, sus infinitos pliegues y matices sus grandezas y miserias.

Y tendremos millones de hombres Dolly, como la oveja, o, mejor aún, millones de seres humanos prét á porter, o al por mayor, o wash and wear. Física y psíquicamente. Despiertos y dormidos. Hablando y cantando. Y riendo, llorando o soñando. Y el hombre habrá dejado de ser, para siempre jamás, ese loco lúcido que camina siempre hacia lo desconocido. n

Los tatuajes de Sergio Hernández

LOS TATUAJES DE SERGIO HERNÁNDEZ

POR GERMAINE GÓMEZ HARO

Casa Lamm, Gráfica Actual Latinoamericana y el Taller de Grabado “Siempre Habana” presentan una colección de grabados del artista oaxaqueño Sergio Hernández, reunidos bajo el título “Tatuajes”. Germaine Gómez Haro nos da en mano el mundo voluptuoso de Sergio Hernández, un ejercicio pleno de destreza formal.

La obra dibujística de un artista es la máxima revelación de sus deseos secretos, la exteriorización de sus más vehementes obsesiones. Cuando el creador se somete a la llana expresión de la línea, que no admite trampas ni trucos, su arte alcanza los más altos vuelos. Sergio Hernández, artífice de monumentales pinturas profusas en gruesas texturas y una policromía desbordada, emprende nuevos derroteros y se lanza a la creación de obras gráficas en pequeño formato, en blanco y negro, en las que el dibujo, vigoroso y dinámico, despliega su exuberante repertorio iconográfico.

La gráfica de Sergio Hernández ha recorrido camino desde su primera incursión en 1987 a instancias de Francisco Toledo, quien lo llevó al prestigiado taller de Peter Bramsen en París. Con ese incansable espíritu explorador que lo caracteriza, Sergio se interna en los vericuetos de la gráfica, investiga, indaga, se apasiona y alcanza la máxima expresión utilizando el mínimo de recursos formales. Las doce obras que integran esta carpeta son muestra de la mano privilegiada de un artista que sintetiza su universo en trazos ágiles y sueltos, magistralmente bosquejados en pequeñas escenas pobladas por sus inquietantes seres híbridos.

“La pintura y la poesía se hacen como hacemos el amor”, decía Miró. Con delicadeza y voluptuosidad, Sergio Hernández imprime en su trabajo la fogosidad de un amante apasionado, al mezclar ingenuidad y erotismo en sus atmósferas lúdicas y espontáneas, pero a la vez sugerentes, ajenas a cualquier interpretación racional que limite la chispa de su instinto creador. La fantasía anda suelta provocando metamorfosis incesantes en un universo en perpetuo estado de mutación, transición y fusión. Las líneas de Hernández son tan sólo una invitación para que el alma onírica del espectador se encienda. El mundo pictórico de Sergio Hernández es, a un tiempo, choque y confluencia de estados de ánimo que el artista manipula y trastoca en imágenes evocadoras y misteriosas.

Amor y desamor, goce y dolor, deseos y temores, sueños y pesadillas… La libre asociación de las emociones del creador conforma la materia con la que están elaboradas estas obras. Los tatuajes de Sergio Hernández son las huellas de sus vivencias impresas en la piel de la memoria, grabados en la memoria de la fusión de las tintas y el infinito. n

El paisaje es el hombre

EL PAISAJE ES EL HOMBRE

POR CARLOS TELLO DÍAZ

“Un autor que fascina porque el mundo lo fascina”, escribe Carlos Tello Díaz a propósito de Ryszard Kapuscinski, cuyo libro más reciente, Ébano, trae basta nosotros ese mundo cada vez más cercano que es África. Ébano atrapa a las personas comunes, y las atrapa en el trance de su vida diaria, en la lucha por la sobrevivencia, en la pobreza material y en la riqueza de espíritu.

Amo el desierto”, confesó hace unos años Ryszard Kapuscinski a la revista Letra Internacional. “En el desierto, el cosmos se reduce a unos pocos elementos. Se trata de la reducción absoluta del universo: la arena, el sol, por la noche las estrellas, el silencio, el calor del día. Ahí vistes una camisa, careces de zapatos, comes alimentos muy básicos, tomas un poco de agua: la simplicidad absoluta. Esto te transmite la sensación de la maravilla del cosmos. No hay nada más entre tú y Dios, entre tú y el universo”. Estas reflexiones, hechas a propósito del Sahara, ayudan también a esclarecer su amor por África. En ese continente, como en el desierto, todo ha sido despojado de lo accesorio: queda nada más lo elemental: la tierra, el agua, la arena, aquello de lo que nosotros, los modernos, jamás habíamos estado tan alejados.

Kapuscinski llegó a África por primera vez en 1957, como corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca (PAP). Era entonces un muchacho de veinticinco años que de niño había perseguido vacas en las llanuras de Pinsk y de joven había estudiado historia en la Universidad de Varsovia. Nunca antes había tenido su país un corresponsal en África, al sur del Sahara. Su talento le mereció ese privilegio. Ahí vivió muchos años y regresó después muchas otras veces y ahí también conoció las historias que habría de narrar en uno de sus libros más bellos: Ébano.

Ébano es un libro que nos dice poco sobre el África que atrae a los viajeros: el de la reserva de los masai, el cráter de Okavango, el delta del Draa o la pradera de Serengueti. Su personaje es el hombre, no el paisaje (como ocurre en un libro también maravilloso: Out of Africa) o los animales (como sucede en un relato que huele a pólvora en cada una de sus páginas: Creen Hills of Africa). Hay un pasaje, sin embargo, escrito en un tono similar al de Dinesen o Heming- way, en el que Kapuscinski, excepcionalmente, nos habla del paisaje y de los animales de Africa. Ocurre en el otoño de 1962, cuando el joven reportero tuvo que salir en un land rover de Dar es Salam hacia Kampala. Un viaje de tres días por veredas que cruzaban la sabana del este de África. Viajaba nada más con un amigo, un periodista griego. De pronto, en la llanura de Serengueti, descubrió manadas de cebras y de búfalos y grupos de antílopes y de jirafas y, más allá, leones amarillos y elefantes gigantescos. Le pareció contemplar la creación del mundo. “Ese momento particular en que ya existen el cielo y la tierra, cuando ya hay agua, vegetación y animales salvajes pero aún no han aparecido Adán y Eva. Y precisamente ahí contemplé ese mundo recién nacido, un mundo sin el hombre y por lo tanto sin el pecado”.

Decía que el hombre es el personaje central de Ébano. Puntualizo: no los grandes hombres: los presidentes, los mandatarios, los generales; tampoco los raros hombres de las tribus que sobreviven en el interior, estudiados por los antropólogos (en este sentido la fotografía de Sergio Caminata, que ilustra la portada y que es maravillosa, es también inadecuada). Ébano es un libro sobre las personas comunes y corrientes de ese mundo extraño que es África: los tuareg que viven en el Sahara; los bayaye que vagan sin rumbo por las calles de las ciudades; los niños que combaten por un trozo de pan en las milicias de los warlords; los habitantes de los barrios de chabolas que construyen sus viviendas con pedazos de hojalata, trozos de cartón y bolsas de plástico; los refugiados que luchan por sobrevivir en los frágiles campamentos de la ONU; los miles de aldeanos del Sahel que todas las mañanas, al despertar, se hacen la misma pregunta: ¿qué voy a comer hoy?

Las vidas de todos estos personajes están marcadas por la geografía, muy presente en el libro de Kapuscinski. (Hago aquí una distinción: la geografía se vive: el paisaje nada más se ve.) Un árbol en la llanura determina el lugar donde surgen las aldeas: ahí, los niños asisten a clases, los adultos se protegen del sol, los animales descansan y los ancianos deliberan. Un bache en el camino del pueblo marca el sitio donde prosperan las economías: ahí, en el atascadero de camiones, surgen mujeres que venden tortas de cassava, puestos de cerveza de plátano, talleres mecánicos improvisados, un letrero que dice “Hotel” para los que ya no pueden continuar el viaje. El bache como símbolo de la oportunidad. Hay otras paradojas más en Ébano. Una memorable tiene lugar en Lagos, donde vivía —en un barrio sin ley, donde lo robaban todo el tiempo— el joven corresponsal de la PAP. Ahí. su amigo Suleimán le dijo que estaba muy bien que lo robaran sus vecinos, que no tuviera cuidado, que era incluso un gesto de amistad de parte suya. De esa manera le daban a entender, escribió Kapuscinski, “que les resultaba útil y que me aceptaban”.

Kapuscinski escribió Ébano desde una óptica similar a la de El Emperador o El Sha de Shas. Quiero decir, al margen de las ideologías. En su libro, el mundo no está dividido en progresistas y reaccionarios, ni siquiera en buenos y malos: sólo hay listos y tontos, gordos y flacos, alegres y tristes, poderosos y débiles. Los africanos, que son víctimas, también son verdugos, como lo muestran los capítulos sobre Liberia e Idi Amín. Kapuscinski, así, no es de “izquierda” ni de “derecha”, salvo en un sentido moral. Bobbio decía que el hombre de izquierda privilegia aquello que lo une con los demás, el de derecha aquello que lo distingue. Kapuscinski es en este sentido un hombre de izquierda. Su empatía nos permite entender a personajes que son en principio muy distintos de nosotros, y que son maravillosos porque son distintos. Aunque tiene clara la conciencia de su diferencia —él era blanco, o sea privilegiado, o sea culpable—, Kapuscinski escribe más como compañero que como viajero, y por eso está más cerca de Orwell que de Chatwin o Theroux, autores con los que a menudo se le compara.

Quiero destacar, antes de terminar, la austeridad del estilo de Ryszard Kapuscinski. Su capacidad de indignación, que es enorme, no es nunca dramática ni retórica. Sus palabras son poderosas y sencillas, como la realidad que describe. La clave está tal vez en su propia biografía, como nos lo recuerda el autor con un dejo de ironía. En la década de los sesenta, en efecto, cuando trabajaba como corresponsal en África, un télex costaba 50 centavos de dólar por palabra, de modo que disponía de sólo doscientas palabras (100 dólares) para describir situaciones tan complejas como un golpe de Estado. La pobreza de su agencia lo obligaba a usar una prosa sencilla, clara y exacta.

John Le Carré llamó a Kapuscinski, me entero en la contraportada de Ébano, “el enviado de Dios”. Entiendo esta frase de la siguiente manera: Dostoyevski decía que Dios, al crear a las personas, las creó con el ánimo de que fueran vistas, cada una, como son vistas por las personas que las aman. Así las ve Kapuscinski. Es un autor que me fascina porque el mundo lo fascina., n

Cultura y vida cotidiana

CULTA Y VIDA COTIDIANA

  Impuestos a los creadores

El tema de la vida cultural mexicana en el mes de enero fue la carga fiscal que enfrentarán los creadores con el paquete de impuestos que aprobaron los legisladores la madrugada del primero de enero de 2002. La Sociedad General de Escritores Mexicanos (Sogem) organizó a sus agremiados para protestar por el impuesto del 35% correspondiente a la ley del ISR. Esta medida termina con la exención fiscal de que gozaban los creadores. El rechazo casi unánime ha puesto en el horizonte público al menos dos temas: ¿es un privilegio no pagar impuestos, o se trata de una excepción necesaria, incluso urgente? (Impuesto, privilegio y excepción.

   La excepción cultural francesa

Un intenso debate ocurre en Francia. El motivo, la Ley de Excepción Cultural para el cine francés que logró Jacques Lang durante la presidencia de François Miterrand. Algunos de los puntos centrales de la discusión podrían escucharse como un sugerente eco para pensar en el caso mexicano. (La Ley de Excepción Francesa)

 The Times Literary Supplement

 cumple cien años

Un suplemento cultural dedicado a la crítica literaria ha cumplido un siglo. Los más notables escritores del siglo XX colaboraron en sus páginas aceptando, incluso defendiendo, el tradicional anonimato de sus reseñas (El País, 17 de enero, 2002). (Un siglo de crítica.

Inventos para escritores

Y hablando del Times Literary Supplement, en su edición de diciembre 28 de 2001 incluye una lista de innovaciones e inventos de los que han dependido —antes de los procesadores de palabras y lo que siguió— todos los lectores y escritores. Por ejemplo, la invención del papel se atribuye al chino Ts’ai Lun, alrededor del año 105 d. C. Johann Gutenberg (1397-1468) inventó los tipos móviles. La primera novela es El asno de oro (siglo II) de Apuleyo. El primer libro que vendió un millón de ejemplares es La cabana del tío Tom de Harriet Beecher Stowe. Debemos el lápiz a Nicolás Jacques Conté (1795), la pluma fuente a Lewis Waterman (1884), y el bolígrafo a Lazlo y Georg Biro (1935). Su oponente, la goma de borrar, fue desarrollada por Joseph Priestley en 1770. Muchos se adjudicaron la invención de la máquina de escribir, pero debemos darle el crédito a Christopher Latham Sholes (1819-90). En 1806, Ralph Wedgwood produjo un útil compañero de la máquina de escribir: el papel carbón (o “papel carbonatado”). Alguien llevó más allá el papel carbón, pero muchos años después: en 1938 Chester Carlson inventó la fotocopia o, como él la bautizó, “xerografía”.

Julián Barnés

“Cuando era más joven había cantidad de cosas que fingía querer, o suponía que quería, sencillamente porque otras personas deseaban lo mismo. No pretendo ser más viejo y más sabio —bueno, sólo un poco—, pero actualmente sé lo que quiero y no pierdo el tiempo con lo que no quiero”. (Subrayados a Amor, etcétera de Julián Barnes.

Una crítica del olvido

Si existe un arte de la memoria, ¿no debería existir un arte del olvido? Este es el tema de Leteo. Arte y crítica del olvido, de Harald Weinrich (1927). El libro de Weinrich rastrea la relación entre la memoria y el olvido en la cultura occidental. El resultado es un ensayo histórico, filosófico y literario sobre la forma en que la cultura de Occidente ha bebido de las aguas de Leteo, el río del olvido.

  El futuro de la lectura

El historiador de la lectura Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) ha publicado un libro de ensayos, En el bosque del espejo (Norma, 2001). Entrevistado en el suplemento Babelia del diario El País, Manguel reflexiona sobre el futuro de la lectura y del libro electrónico. También sobre el futuro del libro y de la lectura, la revista española Letra Internacional ha publicado una reseña de George Steiner acerca de, precisamente, Una historia de la lectura de Alberto Manguel: “Carta de amor a la lectura”. (El futuro de la lectura.

Arrufat y un aguafiesta

El mundo editorial hispanoamericano por fin le ha hecho justicia al gran escritor cubano Antón Arrufat. Sudamericana ha reeditado su novela La caja está cerrada y Alfaguara publicó su última novela, un delicioso juguete platónico (La noche del Aguafiestas por Rafael Rojas. Ver p. 97.)

Bares y miedo

Después del 11 de septiembre, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre (informa la revista Time, diciembre 17, 2001), el número de pasajeros en las aerolíneas de Estados Unidos cayó hasta un 28%. Pero en el mismo periodo, los bares de los aeropuertos aumentaron sus ventas en un 8%.

Hacia la Copa del Mundo

Y hablando de bares, el globo ya se plantea a qué horas, dónde y cuándo se van a ver los partidos de la copa del mundo en Corea y Japón. Por ejemplo, en Inglaterra el gobierno y las empresas están aterradas porque el horario de transmisión de los juegos será a las 6 a.m. hora de Inglaterra; los pubs abrirán a esa hora y los empleados saldrán de ahí borrachos hacia sus trabajos. ¿Y en México? (La Copa y las copas, por Johannes Burgos.

Kapuscinski en ÁFRICA

El primer libro que le dio popularidad a Ryszard Kapuscinski fue precisamente La guerra del futbol, desatada en las eliminatorias previas al Mundial México 70 entre dos países que por cierto no estarán en el Mundial de Corea y Japón: Honduras y El Salvador. El último libro de Kapuscinski, Ebano, es, literalmente un viaje magistral por África. (Carlos Tello Díaz. Ver p. 99.)

Archivo de Niels Bohr

La revista Prospect (enero, 2001) se pregunta y comenta: “¿Fue tan sólo el silencio de un científico lo que se interpuso entre Hitler y las armas nucleares? Este enigma no fue resuelto por la obra de teatro de Michael Frayn, Copenhagen (1998), basada en la misteriosa conversación que Werner Heisenberg tuvo con Niels Bohr en 1941. ¿Acordaron en que dejarían a oscuras a Hitler?”. En enero, como parte del centenario del nacimiento de Heisenberg, la familia de Bohr anunció que haría públicos algunos detalles de aquel encuentro. Los interesados deben estar pendientes del website con el Archivo de Niels Bohr: www.nbi.dk/nba.

Un becario

El poeta Robert Creeley, asociado con la generación beat, ha tenido en Estados Unidos la beca Guggenheim (más de una vez), la Fullbright (lo mismo), la beca Rockefeller, la Levinson, la Reader ‘s Digest, la del National Endowment for the Arts y varias otras. Y ahora la Fundación Lannan acaba de darle un reconocimiento por la obra de toda una vida. Creeley obtuvo, nada más, 200,000 dólares.

Grabados de Sergio Hernández

La probada calidad y versatilidad de los artistas oaxaqueños vuelve a aparecer en una colección de grabados de Sergio Hernández, en una colección reunida bajo el título Tatuajes. (Los tatuajes de Sergio Hernández, por Germaine Gómez Haro. Ver p. 103).

Volver a la diferencia sexual

VOLVER A LA DIFERENCIA SEXUAL

POR MARTA LAMAS

Por muchos años, la abrumadora mayoría de las feministas ha evadido el tema del determinismo biológico, adoptando con entusiasmo la perspectiva de género. El reto de hoy, dice Marta Lamas en este ensayo infaltable para comprender las relaciones entre mujeres y hombres, es hacer una lectura distinta de lo biológico. El género debe ser un punto de partida y no de llega. Por paradójico que suene: para que la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad económica, social y política, es necesario volver a la diferencia sexual.

Jean Starobinski decía que la cuestión de la igualdad tiene dos dimensiones: se trata de una interrogación filosófica relacionada con la representación que nosotros nos hacemos de la naturaleza humana y al mismo tiempo implica una reflexión sobre el modelo de sociedad justa que nos proponemos. En esas dos dimensiones, la filosófica y la socio política, radica justamente la posibilidad de enmarcar la cuestión de la igualdad entre los sexos, puesto que la diferencia sexual cancela totalmente la posibilidad de equiparar a mujeres y hombres como idénticos.

Precisamente sobre esta pequeña gran diferencia —la sexual— se han construido las argumentaciones sobre la inferioridad de las mujeres y se han tejido las prácticas y creencias que constituyen nuestro entramado cultural. Interpretada como “fundamento cósmico” (Maurice Godelier) de la subordinación femenina, la diferencia sexual se ha usado como el ejemplo de que las mujeres y los hombres tenemos, “por naturaleza”, destinos diferenciados, habilidades distintas, necesidades dispares, aspiraciones diferentes. Como parece que los seres humanos no podemos aceptar la diferencia sin jerarquizarla, el cuerpo de hombre y el cuerpo de mujer se han convertido en un dato de la valencia del poder. Así, la desigualdad social, política y económica de las mujeres en relación con los hombres se ha justificado como resultado inevitable de la asimetría sexual.

Al cuestionar la “explicación” tradicional de que las diferencias biológicas entre los sexos originan a su vez todas las demás disparidades, el feminismo plantea en cambio que la simbolización de la diferencia sexual es lo determinante. La forma en que la sociedad simboliza a los sexos es lo que la lleva a formular cierto ordenamiento, supuestamente en correspondencia con el papel reproductivo de cada uno, aunque en cuestiones donde lo reproductivo no cuenta. Con la “perspectiva de género” el feminismo instaura un cambio en el encuadre de las ciencias sociales e introduce una nueva forma de ver la tradición intelectual occidental.

Pero la exigencia feminista es contradictoria: obliga a reconocer la diferencia sexual en lo abstracto al mismo tiempo que se aleja de la investigación sobre la diferencia sexual concreta. Así, en el campo discursivo muestra las fisuras de la idea de un sujeto supuestamente neutro, pero lingüísticamente masculino —el Hombre— y señala que esa abstracción de un sujeto universal, base de las epistemologías occidentales, además de generar un conocimiento claramente endocéntrico, legitima ciertos mecanismos de dominio y exclusión. Simultáneamente, rehuye las discusiones de las neurociencias sobre varias diferencias entre mujeres y hombres, y denuncia como deterninismo biológico cualquier intento de explorar peculiaridades hormonales en cada sexo.

La fuerza moral del imperativo igualitario feminista ha hecho que, en pocos años, la explicación hegemónica sobre el origen de las desigualdades entre mujeres y hombres se traslade del sexo al género. Ahora bien, este tránsito no ha sido fácil. Ha costado que se valore la magnitud del entramado del género, pues en la forma de pensarnos, en la construcción de nuestro conocimiento, utilizamos categorías y conceptos teñidos por el género. Nuestra conciencia está habitada por el discurso social sobre el género, que estructura “la percepción y la organización concreta y simbólica de toda la vida social” (Pierre Bourdieu).

Inexorablemente entretejido con una forma de ser, constitutiva del proceso simbólico de cada cultura, el género opera como el habitus que postula Bourdieu: un conjunto de relaciones históricas “depositadas” en las personas en forma de esquemas mentales y corporales de percepción, apreciación y acción resultantes de la institución de lo social en los cuerpos. Por ello adquiere su plena significación al ser pensado como matriz cultural.

A lo largo de treinta años el concepto de género—sin duda alguna la contribución teórica más significativa del feminismo contemporáneo— se ha convertido en un recurso estratégico para des naturalizar las concepciones ideológicas sobre las mujeres y los hombres y, por ende, sobre sus roles laborales y políticos, eróticos y afectivos. Además, esta categoría ha adquirido un valor extra-académico y se utiliza en política para de construir los mandatos culturales que reproducen y proponen papeles estereotipados para las mujeres y los hombres.

Pero, al menos en América Latina, el género se ha ido conceptual izando a la vez como “las mujeres”, como una identidad y como un conjunto de prácticas, creencias, representaciones y prescripciones sociales. Además de tal ambigüedad, el término género está siendo reificado y la poderosa movilización crítica que despertó ha quedado frenada por una “explicación” tautológicamente reiterativa: todo lo que ocurre entre mujeres y hombres es producto del género. La paulatina transformación del concepto género de una categoría analítica en una fuerza causal (Mari Hawkesworth), con la cual se intenta explicar todo, se perfila como un obstáculo sustantivo para la comprensión no sólo de las complejas relaciones entre las mujeres y los hombres, sino del proceso mismo de constitución del sujeto. Esta rectificación ha obturado el pensamiento crítico en muchos centros de investigación feminista donde, encima de todo, la “perspectiva de género” se ha vuelto un fetiche.

Toda rectificación es un olvido, dijeron hace tiempo Adorno y Horkheimer. ¿Qué se olvida con la codificación del género? La diferencia sexual, diferencia excepcional cuyo contenido psíquico excede a la definición anatómica literal: es al mismo tiempo sexo/sustancia y sexo/significación. En dicho olvido se aposentan errores reduccionistas, como el de sostener que todo es construcción cultural, y se esquivan las referencias tanto a la biología como al inconsciente. De esta rectificación del género deriva una peligrosa simplificación de los varios conflictos que traspasan a los seres humanos.

Hoy, arriesgarse a pensar qué implica esa diferencia insondable conduce a cruzar un umbral: incorporar al paradigma del género —para el cual el sujeto no está dado, sino que es construido en sistemas de significados y representaciones culturales— el hecho incontrovertible de que también el sujeto está encarnado en un cuerpo sexuado: en un cuerpo que es carne, mente e inconsciente.

En la tradición occidental, la diferencia sexual es un límite más allá del cual el pensamiento no ha podido ir (Robert Connell); también ha sido definida como el “tope último del pensamiento, en el que se fundamenta una oposición conceptual esencial” (Françoise Héritier). Estas prevenciones expresan, además, la gran resistencia a reconocer determinaciones percibidas como inmodificables, ligada al devastador recuerdo de las prácticas fascistas. De ahí el miedo a aceptar la existencia de una diferencia inmutable entre mujeres y hombres: como los seres humanos tenemos dificultades enormes para pensar la diferencia sin interpretarla como un principio de jerarquizaciones, la asociamos con la persistente discriminación. Una tarea del pensamiento crítico feminista es la de forjar una nueva noción de igualdad a partir de la aceptación de la diferencia.

Reconstruir el mundo y las relaciones de poder entre los sexos introduciendo la diferencia sexual en el discurso y en la ley no significa entender la diferencia como una afirmación “ontológica”, como si existiera una verdad absoluta de la mujer, opuesta a la del hombre (María Luisa Boccia); sólo significa aceptar su peso y su especificidad. Claro que asumir la duplicidad del sujeto desde este punto de vista es una perspectiva que puede resbalar a equívocos inquietantes, como el de afirmar, por ejemplo, que el pensamiento de hombres y mujeres es diferente porque es sexuado. La apuesta es, por lo tanto, doble: hay que reconocer que los comportamientos sociales masculinos y femeninos no dependen en forma esencialista de los hechos biológicos pero también hay que otorgar el peso debido a la compleja estructura de la especie humana: el cuerpo, en su condición de carne, mente e inconsciente.1

La incapacidad (¿resistencia?) para aceptar que existe un sustrato biológico y para comprender que hay una realidad psíquica lleva a pensar que las diferencias entre masculinidad y feminidad son sólo el resultado de factores sociales. Y aunque esto empieza a ser criticado por un sector lúcido del feminismo, sus estragos reduccionistas reverberan en las propuestas políticas del movimiento feminista. Para la mayoría de las especialistas en género, la diferencia sexual se reduce a las diferencias anatómicas del sexo, y no se contemplan ni otros datos biomédicos ni los conceptos psicoanalíticos de pulsión, deseo e inconsciente. Aunque las disparidades más aceptadas son las más obvias, las del sistema reproductivo, es un hecho que hay diferencias entre los sexos en tejidos no reproductivos. En los últimos años, ha habido un crecimiento exponencial de las neurociencias, que ha develado que muchas funciones fisiológicas están influidas directa o indirectamente por el sexo.

Centrarse sólo en lo cultural, y no explorar las diferencias determinantes en el nivel biológico como tampoco tomar en cuenta los nexos de los registros lacanianos de lo real, lo simbólico y lo imaginario, tiene el inconveniente de que se acaba por considerar las relaciones sociales de un modo muy simplista. ¡Qué lejos se está de comprender la subjetividad socializada, esa formulación de Bourdieu que quiere decir que las estructuras psíquicas de las personas toman forma en la actividad de la sociedad!

La diferencia sexual es —todavía hoy— algo ininteligible, cercana a eso que el psicoanálisis llama lo real. Entendido lacanianamente, lo real es aquello que no se puede describir, lo que escapa a la simbolización, eso para lo cual no hay palabras. Para acercarnos a comprender qué es lo real de un cuerpo sexuado es necesaria la información proveniente de la investigación de las neurociencias y también la del psicoanálisis.

El voluntarismo inherente a las posturas constructivistas ha llevado a creer que el principio de igualdad social puede modificar el estatuto de lo psíquico. Esto es de una ingenuidad irritante. El ámbito psíquico y el ámbito social operan bajo premisas distintas, aunque los seres humanos sean la bisagra entre los dos. El inconsciente es un proceso mental encarnado en el cuerpo, y que escapa a la voluntad de las personas, como el sueño. Estructurado como un lenguaje, es biología y cultura, o sea, sexo y simbolización. Reconocer que no se puede hacer de lo social un factor determinante de lo psíquico, no induce a renunciar a transformar lo social. La posibilidad de incidir políticamente se reafirma justamente cuando se subraya la diferencia entre lo psíquico (con su raigambre biológica) y lo social.

La aspiración igualitaria del feminismo se fundamenta en una intuición: un horizonte de relación entre mujeres y hombres de una fecundidad desconocida (Luce Irigaray); fecundidad entendida como creación de un nuevo pensamiento, de otro lenguaje, de otra forma de vida, de arte y de política, que entierre, de una vez y para siempre, discriminaciones absurdas. Esta utopía, donde resplandece la riqueza de la diferencia sexual, requiere como paso previo imprescindible una reflexión más fina sobre la diferencia sexual. Pensar las consecuencias de la división de los sujetos básicamente en dos sexos,2 sin reafirmar modelos esencialistas o deterministas, supone no sólo alejarse del cómo do camino trazado por ciertas certezas ideológicas, donde el concepto género ocupa un lugar políticamente correcto, sino incursionar en un sendero muy rájffcizado por el feminismo: el del sexo (como biología).

Considerar “la naturaleza”, o sea, la biología, como la razón de la subordinación de las mujeres parece enfrentarnos con algo arcaico e inmodificable. Evelyne Sullerot| señala que “la profunda reticencia —la mayor parte de las veces cabe hablar sin exageración de rechazo vehemente— ante la idea de hablar de genética sexual y, por lo tanto, de anclaje del sexo en lo ‘dado’, lo ‘innato’ más profundo, procede de un miedo comprensible a que tal conocimiento tenga como frutos sociales la detención del proceso de igualación de los sexos”. Por eso la abrumadora mayoría de las feministas, cobijándose en su rechazo al determinismo biológico, ha preferido evadir el tema y ha adoptado entusiastamente la perspectiva de género. Tal parece que pensaran: si biología es destino, no hay posibilidad de igualdad. Hoy el reto es hacer una lectura distinta de lo biológico, sin que la aceptación de la diferencia sexual impida la igualdad social.

Hay quienes profetizan que las diferencias bioquímicas básicas en las células guardan el “secreto” de la diferencia sexual. Si bien dudo de una explicación exclusivamente biologista, que no incorpore a su vez elementos de lo psíquico y lo social, lo que sí creo es que el sexo importa y que la investigación biomédica, en especial el campo de la neurofisiología, está ofreciendo informaciones que presagian develar misterios de la diferencia sexual.

Indiscutiblemente la investigación, la reflexión y el debate alrededor del género han conducido a poner en jaque ideas esencialistas sobre lo que es ser mujer o ser hombre. Sin embargo, la diferencia sexual constituye algo más que la potente referencia sobre la cual simbolizamos y construimos cultura. ¿Por qué no examinar cuestiones que ya no pueden ser soslayadas y que marcan la conducta diferenciada de los hombres y las mujeres? El rechazo al criminal determinismo biológico del siglo pasado no debería cerrarnos la posibilidad de revisar la nueva información biomédica desde una perspectiva libertaria. Nada que sea realmente esclarecedor puede ser amenazante. Como señala Heritier, el desciframiento de las cosas “oscuras” puede ser el desciframiento de nuestro porvenir.

En la difícil aventura de buscar explicaciones cada vez más certeras no podemos olvidar que el objetivo de introducir el concepto de género tuvo un claro aliento político: acabar con los códigos patriarcales heredados de la ética y la política. Para reivindicar el postulado de que la obtención de igualdad no implica la eliminación de la diferencia de la misma manera que la aceptación de la diferencia no supone excluir la igualdad, hay que quebrar el pensamiento dicotómico. Así como no se trata de oponer igualdad y diferencia (Joan W. Scott), tampoco hay que contraponer cuerpo y mente, ni hombre y mujer. Más bien habría que tratar de encontrar los invisibles puentes que vinculan complejas interacciones humanas, donde lo biológico, lo psíquico y lo social se entrelazan.

La diferencia sexual es, y seguirá siendo por algún tiempo, un abismo perturbador entre las mujeres y los hombres. Pero la aparente irresolubilidad de ciertas cuestiones no debe ser la causa de que la razón se apegue a suposiciones dogmáticas o se abandone a un escepticismo sin esperanzas (Jean Copjec). Al contrario, lo incomprensible y lo desconocido son acicates intelectuales que nos impulsan a responder por nuestros sueños. El feminismo ha soñado que la diferencia sexual no se traduzca en desigualdad social, económica, política. Para sustentar ese sueño hay que redefinir nuestra búsqueda intelectual. Y esto requiere no sólo ejercer el irrenunciable vaivén dialéctico que Marx recomendaba (probar, contrastar, redefinir), sino tomar al género como un punto de partida, y no de llegada. Ahora bien, no se puede aclarar lo que se decide ignorar. Por eso, hay que insistir, de vuelta, en la diferencia sexual.

Bibliografía citada:

Theodor W. Adorno y Max Horkheimer: Sociológica. Taurus, Madrid, 1978.

María Luisa Boccia: “Equívocos y diferencias de importancia”, en debate feminista, núm. 2. México, septiembre, 1990. Pierre Bourdieu y Loíc J. D. Wacquant: Respuestas. Por una antropología reflexiva. Grijalbo. México, 1995.

Pierre Bourdieu: Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción. Anagrama, Barcelona, 1997.

Pierre Bourdieu: La dominación masculina. Anagrama, Barcelona, 2000.

Robert W. Connell: Gender and Power. Stanford University Press, Stanford, 1987.

Jean Copjec: “Sex and the Euthanasia of Reason”, Joan Copjec comp., Supposing the Subject. Verso, Londres, 1994. Anne Fausto Sterling: “The Five Sexes. Why Male and Female are ñor e^nough”. en The Sciences, marzo-abril, 1993 Sigmund Freud: “El aparato psíquico y el mundo exterior”, en Esquema del psicoanálisis (1940[1938]), volumen XXIII de las Obras Completas. Amorrortu editores, Buenos Aires, 1980. Maurice Godelier: La producción de grandes hombres. Poder y dominación masculina entre los baruya de Nueva Guinea. Editorial Akal, Madrid, 1986.

Mary Hawkesworth: “Confounding Gender”, SIGNS: Journal of Women in Culture and Society, vol. 22, núm. 3, 1997 (hay traducción al español en debate feminista, núm. 20, octubre 1999). Frangoise Héritier: Masculino/Femenino. El pensamiento de la diferencia. Ariel, Madrid, 1996.

Luce Irigaray: Ethique de la différence sexuelle. Les éditions de minuit. París. 1984.

Joan W. Scott: “Igualdad versus diferencia: los usos de la teoría post-estructuralista”. en debate feminista, núm. 5. marzo 1992. Evelyne Sullerot: El hecho femenino. ¿Qué es ser mujer?. Editorial Argos Vergara, Barcelona, 1976. n

1 Obviamente el inconsciente es parte de la mente, pero insisto en distinguirlo para resaltar su condición de fuera de la voluntad humana. Freud mismo decía: “Los fenómenos que nosotros elaboramos no pertenecen sólo a la psicología: tienen también un lado orgánico-biológico, y. en consonancia con ello, en nuestros empeños en torno de la edificación del psicoanálisis hemos hecho también sustantivos hallazgos biológicos y no pudimos evitar nuevos supuestos en esa materia”. Ver bibliografía.

2 Aunque no debemos  olvidar, como bien señala  Fausto Sterling, la existencia de intersexos y hermafroditas, en términos estadísticos los dos sexos básicos son cuantitativa y cualitativamente relevantes

3 Does sex matter? es el subtítulo de la publicación del Committee on Understanding the Biology of Sex and Gender Differences, del Instituto de Medicina de Estados Unidos, dependiente de la Academia de Ciencias. Integrado por 16 personalidades científicas (entre ellas la feminista Anne Fausto-Sterling), tuvo el objetivo de evaluar las comprensiones científicas vigentes a la interrogante de si el sexo importaba. Ver bibliografía final.

La memoria femenina

LA MEMORIA FEMENINA

POR NÉLIDA PIÑÓN

A lo largo de los años, la escritora brasileña Nélida Piñón se ha enfrentado al desafío, como muchas otras, de crear un lenguaje autónomo, y a la vez de ajustarse a un lenguaje común a todos, rescatado del universo masculino, para conferirle su pensamiento múltiple de mujer. Esa tarea es hija directa de una memoria presente en todas las épocas.

Me gusta servir a la literatura con memoria y cuerpo de mujer. Custodiada por tiempos inmemoriales, me esfuerzo por buscar, entre tantas memorias, precisamente la memoria femenina. Trato de saber con qué material, con qué tejido se fabricó esa memoria que, finalmente, ha estado en todas partes y en todas las épocas, desde la creación del mundo; esa memoria que, habiendo participado intensamente en la invención del lenguaje, lo enriqueció con el misterio peculiar de su emoción, de una emoción marcada por el perenne mutismo histórico y que, muda y prácticamente afásica, acumulaba la realidad sin tregua.

Esa memoria femenina también estuvo presente en la Biblia. Se resintió con aquel Dios hebreo que, al rechazar a la mujer como interlocutora activa, le infligió una intensa aflicción histórica. Se trata de una tristeza cuyo origen, contrario al que le atribuye la tesis freudiana de la nostalgia fálica que padece la mujer, reside en el hecho de haber sido marginada tantas veces de los sucesos bíblicos, como cuando Sara, cómplice esencial de Abraham, se ve apartada por Dios y por su marido de la Sagrada Alianza.

Esa memoria de mujer estuvo en Troya, donde conoció al sagaz Ulises y presintió que el regreso del héroe a Itaca y a los brazos de Penélope se consumada en medio de la adversidad y al cabo de azarosas aventuras. Esa memoria, bajo el pretexto del amor, se albergó en la tienda de Julio César y junto a ella el soldado romano se despojó del manto del poder y de la ambigüedad, para disfrutar por algunos momentos de su mortalidad.

Esa memoria arcaica lloró junto a Casandra, cuyas profecías, condenadas al descrédito por un Apolo enamorado y rechazado, jamás fueron acatadas; profecías que, por su carácter trágico, aún hoy en día marcan percances en la travesía femenina. ¿Cómo olvidar a una Casandra que, tras sucesivos fracasos, se resigna finalmente a entrar al palacio de Micenas acompañada por Agamenón, a quien fuera dada como botín de guerra, sabiendo que ambos serían ejecutados por la vengativa Clitemnestra y por su amante, Egisto?

Esa memoria, cercana a los dioses y a los oráculos de una Grecia mítica, archivó los testimonios de un mundo milenario y desordenado que, a la vera del caos, osaba transgredir constantemente, y que observó, perpleja, la marcha inexorable de aquellas heterodoxias incipientes. Se inquietó ante las puertas del oráculo de Delfos. ¿Cómo aceptar la consigna ”conócete a ti mismo”, inscrita a la entrada del famoso templo, si por su condición de mujer le estaba vedada cualquier manifestación pública de duda y de interrogación? Allí, en el centro de irradiación de los enigmas, se enfrentaría con Pitón, a quien Apolo, ansioso de hablar con los hombres, encomienda la revelación del futuro; es la voz femenina que acarreará para la humanidad el peso de sus enigmas y que, tentada a competir con el dios, quizá le alterase las palabras, engendrando otras en lugar de las que él dictaba.

Aun en esta época oscura y fascinante, esa memoria conoció a la contradictoria Artemisa y sorprendió a la ambigua diosa, educadora, bárbara y cazadora al mismo tiempo, en su santuario. En este recinto recóndito educaba a las niñas que le eran entregadas y las devolvía, años después, a la urbe, al gineceo, al mundo de los hombres, ya domesticadas y dispuestas a renunciar a la rebeldía y a la insubordinación. Era una Artemisa quien, con autoridad avasalladora, ordenaba que las doncellas fueran rapadas en la noche de bodas para que, merced a este acto de sumisión civilizadora, las jóvenes parecieran feas y despreciables ante los ojos de sus cónyuges. Estos, por su parte, ostentaban esa noche espléndidas cabelleras como símbolo de poder y belleza.

Esa memoria femenina también holló el suelo sagrado, frecuentó templos, se apoderó del discurso con el que se reverenciaba a los innumerables dioses y, vestida de blanco, encabezó el cortejo de los misterios de Eleusis hasta que un día fue expulsada de las ceremonias religiosas. Humillada, recorrió sucesivamente todas las latitudes y fue nómada cuando la humanidad aún descubría la tierra. Conoció, especialmente, los espacios de la casa y, confinada entre las paredes de la sala, la cocina y la alcoba, recogió diariamente, gracias a su empeño individual, las sobras de la historia que hasta ella llegaban.

Sometida a este largo destierro social, fue convirtiéndose en una matriz generadora de intriga narrativa, en un depositario poderoso de la metáfora y del discurso oral, y cuanto más se encerraba esa memoria entre los confines de lo privado, más echaba mano de los recursos de lo simbólico. Es como si la mujer hubiera sido concebida expresamente para tener naturaleza simbólica, para ser alguien que, al no poder participar activamente de una vida cotidiana vasta y compleja, se convertiría a lo largo de la historia en una especie con identidad poética y difícil de descifrar.

En el lenguaje propio del entorno doméstico, único lugar donde se desplegaba su crisis existencial, se atribuía al sexo femenino un uso abusivo de alusiones, insinuaciones, sugerencias y palabras incompletas, así como una incapacidad para pronunciar un discurso directo y contundente. Por esta razón fue acusada de evasiva, astuta y siempre dispuesta a la tergiversación, perfil que los griegos clásicos consagraron al asociar la astucia metis con una figura femenina. De esta astucia, por su carácter político, dependía la mujer para hacer frente al opresivo predominio masculino. No le sobraban en aquellos tiempos, por lo menos, los recursos del arte de memorizar, de atesorar los conocimientos existentes. La mujer no aprendería a la manera de los aedos homéricos, poetas de la memoria, a conservar con riqueza de detalles la narrativa de Homero, ni tampoco obraría como los incas que en la distante América, celosos cultores de una memoria que no debía desvanecerse, crearon la casta de los amautas con la finalidad de conservar, por medio de la memoria, la realidad y la historia de su imperio.

Así pues, sin poder escribir y tener acceso a la cultura normativa, sólo le quedó a la mujer inventar la realidad que le faltaba y engendrar lo que desconocía o lo que a medias le llegaba. ¡Con qué placer secreto agregó a las aventuras que a su morada llegaban y de las que fuera excluida, otras de las que deseaba ser protagonista!

Era. Por  cierto, un ejercicio fecundo pero frustrante, merced al cual fue componiendo paulatinamente la urdimbre básica de su memoria interior. Lentamente fue acogiendo en su psique, individual y colectiva, su versión de lo cotidiano y familiar, de una vida cotidiana íntima y modesta que trascendía la de índole social reservada al estamento masculino. Entretanto, al inclinarnos ante la génesis de esta memoria o de todas las otras, fatalmente nos proyectamos hacia los tiempos inaugurales, hacia un periodo en el que la agonía y la incertidumbre humanas engendraron dioses, leyendas y mitos como forma de sobrellevar el tupido misterio en el que todos estaban inmersos.

En este marco mitológico aparece Mnemosina, ilustre diosa del panteón griego a quien se le concedió el don de la memoria, el poder de sembrar entre los mortales la memoria predestinada a no olvidar nada. A pesar de ser diosa, su condición de mujer vinculaba la memoria con el universo femenino y le permitía a la mujer, privada de tantos derechos, tener la convicción de que disfrutaba plenamente de las prerrogativas inherentes de la memoria. a despecho del exilio social que sufría.

Mnemosina encarna esta era en que se fundó la imaginería humana y, además de retener los sucesos humanos, heredó de su hermano Cronos el sentido del tiempo. Es él quien le enseña los beneficios y los estragos del tránsito imperceptible del tiempo por la vida de los mortales y es a quien cabe, entre tantas funciones, consignar nacimientos, muertes y el paso de las estaciones y, especialmente, marcar el avance de la edad, que se convierte así en la antecámara donde se aguardan las señales de la muerte.

Con estas instrucciones, la diosa viaja por los intersticios del tiempo y de la historia y nos muestra los acontecimientos que inauguraron el mundo. Engendra nueve hijas, llamadas musas, dotadas de la notable virtud de inspirar la senda del arte. En medio de esta constelación de coincidencias, de una simetría casi insustentable, convierte a su nieto Orfeo en el poeta de los cantos órficos y quizá le enseña el trato poético con una dialéctica libre, dialéctica que, trivial por nacimiento, reluce cuando adquiere brillo y vestimentas diáfanas y se torna aderezo poético aplicado a los hechos humanos.

Junto con Orfeo, Mnemosina crea el oficio de traspasar la línea del horizonte y fuerza el enlace de la memoria con la invención, con lo cual se acredita la mentira del arte. Impulsa la epopeya de la aventura humana que dio origen a la versión deductiva y poética de un mundo cotidiano donde cobran relieve el caos humano, la lógica de lo imposible y la farsa del heroísmo y el ridículo, para que, aún cautivos todos de este mundo en desorden, aspiremos a perpetuar la veta inextinguible de la narrativa.

Empero, con la derrota de ciertos mitos y la aparición de otros símbolos, Mnemosina se hunde en la memoria ancestral y se pierde en las tinieblas de la historia. Arrastra consigo a la mujer y entierra su memoria en la clandestinidad, como si, refugiada dentro de los límites del domicilio, pudiese sencillamente borrar su pasado ancestral. Esta memoria, a pesar de su aparente pasividad, ironizó en algún lugar de su ser las sucesivas civilizaciones que osaron dispensar a lo largo de su formación sus valiosos atributos.

Por otra parte, cabe reconocer que en la propia cultura literaria donde la mujer ha sido relegada a la condición de personaje, de sujeto de una historia concebida por la imaginación masculina, esta misma memoria femenina se encuentra implantada en la médula de las obras escritas. Ello obedece a que narradores y rapsodas siempre dependieron de la diligencia narrativa, del auxilio y de la perseverancia descriptiva de la mujer para internarse en el alma ajena y traducir su misterio literario. Esto ha determinado que, pese a tantos obstáculos, en los libros que la mujer nunca escribió también se encuentre esta memoria que los narradores masculinos usurparon, al mismo tiempo que impedían a la mujer dejar constancia poética de su existencia.

Los hombres, al ungirse intérpretes únicos de la memoria colectiva, necesitaron nutrirse de la red de intrigas, diálogos amorosos y confesiones en el lecho de muerte que sólo podía brindarles la mujer plañidera, madre y amante. Necesitaron, sí, apropiarse del material precioso guardado en el corazón femenino, corazón cómplice de todas las alegrías universales, de todos los dolores, de todas las emociones, de todo lo que configura la galería de los sentimientos humanos, porque sabían que estaban alojados en la mujer como adheridos a la vida y que sin ellos no se escribe una obra de arte.

Es una memoria que, incidentemente, ayudó a Homero, Dante, Shakespeare, Cervantes y Camoes a escribir sus obras. Con ello la mujer adquiere el derecho de reclamar, ante la comunidad civilizadora, la coautoría de sus obras y a proclamar, en nombre del legado ofrecido a la humanidad, que ella es también la otra cara de Homero, de Dante, de Shakespeare, de Cervantes y de Camoes.

Con todo, la memoria contemporánea rehabilita a la mujer y la obliga a conjurar el silencio y la fatalidad histórica. Sola, ante el texto, ahora se apoya en la propia psique engendrada por su trayectoria particular y se ve obligada a armonizar su biografía con su geografía corporal. En mi caso, soy una narradora que se proclama hija del lenguaje con el que habla, piensa, escribe, calla y describe, y de la imaginación que articula un mundo suplementario para acondicionarlo a la realidad heredada.

A lo largo de los años me enfrenté al desafío, siempre renovado, de crear un lenguaje autónomo, esencial e irrenunciable, que debía brotar de mi visión fantasiosa, y de ajustarme a otro lenguaje, común a todos, rescatado del universo masculino, para conferirle, después de un silencio milenario, una versión en armonía con la intimidad de mi corazón y de mi pensamiento múltiple de mujer. Debía crear un lenguaje amplificador de una semántica privada, mi propia representación teatral, sin por ello desechar la arqueología de la memoria, aquella superficie arcaica a ella adherida.

Siempre tuve conciencia de haber heredado los trazos de civilizaciones dispersas que trato de comprender aunque sean distantes de mi origen. Al visitarlas, valiéndome de tantos subterfugios, siento que me abro a un tiempo que abarca más de cinco mil años en la simple búsqueda de un placer arraigado en el hecho de que existo y narro. Siempre que relato emprendo un viaje a mi centro, sin saber en qué mapa se encuentra, quién me guia para llegar allí con el espíritu inventivo y la imaginación intactos. Es una peregrinación solitaria que me tienta a liberar la memoria y la imaginación, quizás a entrelazarme con Mnemosina.

Dueña, entonces, de un cuerpo y de una memoria, emprendo la aventura de la creación y me autorizo a concebir, en 1982, La República de los sueños, en especial a Eulalia, que representa una noción particular de la memoria. Gallega de origen, nace en un país minoritario que resistió las presiones del imperialismo español, que le imponía la derogación de la lengua gallega y la adopción del castellano como idioma cotidiano. En aquel pequeño feudo, donde siempre se rindió culto a la memoria, los gallegos conservaron a lo largo de esos siglos adversos leyendas, lengua e identidad.

Al casarse en 1923 con Madruga, inmigrante ambicioso que había llegado a Brasil a la edad de trece años, le acompaña a este país y, a partir de la frase “Eulalia comenzó a morir el martes”, con la cual empieza la novela, la acción narrativa cobra fuerza gracias a un intenso filón evocador.

Cuando Eulalia se decide a morir en aquel febrero de 1980, inaugura de forma emblemática en el libro el ciclo de recuerdos, definiendo una agenda narrativa que se irradia por los desvanes de la obra y por conducto de la cual se relatará un Brasil de la imaginación. Ese cometido, compartido por los demás personajes, determina la creación de un país singular y todos asumen, quizá, la obligación moral de inventar un país colectivo, abarcador, difícil, polifacético, hecho a la imagen del delirio individual.

Esta galería de seres novelescos crea este país hipotético al servicio del arte, de un arte que excava en sus recursos para hacer inventario de este caudal existencial de la memoria, para que se establezca, en la novela, la fusión entre invención y memoria. Es un acuerdo estético que somete esta alianza a las prerrogativas inexorables del tiempo. En el transcurso de este proceso, Eulalia, orientada desde la infancia a ponerse al servicio de esta memoria ética, cívica, religiosa y familiar, gira sin rigor simétrico en torno a ese epicentro evocador. En el eje de su repertorio se destaca el legado de Don Miguel, su padre, a quien Eulalia debió dejar en esa Galicia remota.

Ese padre, miembro de la pequeña nobleza rural que reverencia la historia de la élite gallega, le inculca a su hija una noción de dignidad arraigada en la conservación de las leyendas y los mitos de Galicia, donde lo sobrenatural, fruto de la imaginación gallega, se manifiesta en favor de los intereses humanos. A modo de ejemplo se presenta la figura simbólica de las brujas, que en aquella tierra casi feudal se conocen como “cariñosas”.

Eulalia desembarca en América con su maleta cargada de mitos y retratos familiares que habrán de acompañarla siempre y se consagra de inmediato a la tarea de recordar a Dios, con quien había establecido desde la infancia una relación apasionada, inextinguible y constante. Bajo la perspectiva del pasado, Eulalia sospecha que su Dios es ajeno a las reglas de la memoria humana, que, fragmentada, caótica e infiel, está indistintamente al servicio del bien y del mal. Está convencida de que para Dios la sustancia humana, mezcla de sueño y de amarga realidad, no es esencial. En su obra, lo divino no obedece a las leyes de la narrativa porque mientras los hombres, en su afán de sobrevivir, construyen historias que legitiman su existencia, Dios, despreciando las normas que ordenan la narración, prevé con cierta anticipación el futuro de los personajes. A medida que la memoria de Dios abarca el universo con su sapiencia, aumenta el descreimiento de Eulalia en los recursos del hombre. En una rara confidencia dice a su nieta Breta, futura escritora de la familia, que sólo Dios sabe narrar y asume el compromiso estético de afirmar que las narraciones de los hombres nacen bajo el estigma del fracaso.

Si acaso Dios se interesara más por las peripecias humanas y menos por la salvación moral del hombre, ¿cómo se aventuraría éste, cuya memoria reverbera ante la mentira y el olvido, a practicar un acto que imita a Dios? ¿O a demostrar, a cada paso, que es incapaz de reproducir el pensamiento de Dios en su imaginación? Y si ese mismo hombre no supiera registrar, en el arte y en su vida, su historia personal conflictiva, inarmónica, heterogénea, ambigua y cruel, ¿qué valor tendría la conservación de semejante embrollo? Ese principio, de por sí devastador, se contradice a lo largo de la narración. De ahí que, mientras Madruga entrega a su nieta Breta su legado gallego en forma de historias, Eulalia, a las puertas de la muerte y sin recurrir a la elocuencia de su marido, acostumbrado a dramatizar lo cotidiano, reparte sus escasos bienes entre Odete, la empleada, y los hijos.

Regala a Odete la pulsera que recibió de Madruga en Vigo, en su noche de bodas, como símbolo de la relación profunda y conmovedora que ha existido entre las dos mujeres a lo largo de cuarenta años. Ese adorno que la acompañó desde Galicia debía anclar en el corazón secreto de Odete, con quien viviera una extraña simbiosis civilizadora, al punto de haber asimilado el tono de Odete y de haber adquirido ésta el acento gallego de su patrona.

También al servicio de una historia nacida de la memoria, a la que aparentemente repudia, Eulalia inventa para sí y para sus hijos el sistema de las cajas de recuerdos que están guardadas en el armario y que el marido le obsequiaba a medida que nacían los hijos. Madruga jamás, a lo largo de los años, quiso averiguar para qué servían las cajas; nunca trató de abrirlas o de enterarse de su contenido. Se mantuvo a distancia de Eulalia, quien, durante las décadas siguientes, las llenaba con criterio aleatorio y arbitrario. Como guardiana de la memoria de los hijos, elige los objetos que han de almacenarse en esas cajas. Se introduce en la memoria de cada hijo, infiltrándose en la vida elegida por cada uno, y así le destina a uno un billete, a otro una flor, un retrato, invadiendo sus psiques lentamente.

Mientras que Madruga entregará a sus hijos una fortuna, las cajas constituyen el patrimonio de Eulalia. La memoria es la única herencia que aviva el espíritu. ¿De qué otra cosa carecen sus hijos, sino de la religión de la memoria? Ese martes, sabiendo plenamente que se va a morir, Eulalia se viste de seda y cumple los solemnes ritos de introducción de la muerte. Pero como ésta demora casi diez días en visitarla, la novela va en busca de su dimensión real, que es una dimensión de la memoria. Cuando llega el momento decisivo, convoca a los hijos. Estos se sienten asustados y amenazados por aquellas cajas, pero Eulalia siente alivio al entregarles su destino junto con ellas, porque ya no tendrá que dirigir la vida de sus vástagos.

Después del velorio sobreviene la sorpresa cuando se abre la caja de Eulalia, que sólo contiene una página en blanco, como si con ella Eulalia quisiera criticar disimuladamente a quienes registran la desfachatez humana sin desfallecer, predicando a la vez el olvido, la pérdida de fe en los despojos humanos y la infinita incapacidad humana para narrar. Su fe ha sido absorbida del Eclesiastés, cuyas páginas atribuladas invitan al hombre a borrar su propia historia con el fin de suprimir su vanidad, pues el propio acto de recordar conlleva la arrogancia de competir con un Dios calificado para narrar y que, como guardián de la memoria de Eulalia, inscribiera su rúbrica invisible en esa página en blanco.

Después de su muerte, el legado de Eulalia es un debate interminable sobre la memoria, una memoria femenina presente en todas las circunstancias humanas y cuya voz, silenciosa durante tantos años, ahora desafía al arte, proyecta luz sobre nuevos misterios y enigmas y, al final, hace que resplandezca la realidad. Es una memoria que ha ocupado durante milenios la psique femenina y que constituye un tesoro ansioso de ser, finalmente, revisitado y revelado. n

El presupuesto

EL PRESUPUESTO

POR JOSÉ WOLDENBERG

El presupuesto es:

•  Obligación constitucional,

•  Definición del ejercicio, el control y la evaluación del gasto público.

•  modelado en principio por la ley de ingresos,

•  Espacio para definir prioridades,

•  Palanca que condiciona y potencia la gestión gubernamental,

•  Momento estelar de la política,

•  Expresión de una nueva correlación de fuerzas,

•  Tarea prioritaria de la Cámara de Diputados,

•  Película dramática de fin de año,

•  Faja,

•  Pastel de una fiesta sobre poblada,

•  Tela que reclama de un sastre con visión,

•  Fruto auténtico de la negociación,

•  Lágrimas y risas,

•  Condición de orden,

•  Asignación y reasignación de recursos,

•  Posibilidad de crecer o de achicarse,

•  Pleito con sentido,

•  Viejo adagio, “con dinero baila el perro”,

•  Oportunidad de racionalidad,

•  Imprescindible para el desarrollo de programas,

•  Eslabón de transparencia,

•  Bueno para parafrasear. “nunca tantos dependieron tanto de tan poco”,

•  Generador de enconos,

•  Digno de auténtico estudio,

•  Estepa,

•  Guiso de diversos cocineros,

•  Ceremonia compleja y sin vetos,

•  Intento de armonizar lo distinto y aun lo contradictorio,

•  Cerdo que se convierte en jabalí, caballo en camello,

•  Expresión del fin de una época,

•  Marchas forzadas en San Lázaro,

•  Armadura defensiva,

•  sujeto de recortes, si las previsiones no se cumplen,

•  Vitamina para algunos,

•  Laxante para otros,

•  Látigo y freno,

•  Intento de abuso por más de uno,

•  Reglamentación de adquisiciones y obras,

•  Normas para la inversión pública,

•  Subsidios y transferencias,

•  Sólido, líquido. gaseoso y espumoso,

•  $1,463,334,300,000.00,

•  Matrícula de quehaceres,

•  Oponible y opinable, por definición,

•  Canasta navideña,

•  Producto de filtros de todo tipo,

•  Pieza reina cada diciembre,

•  Quebranto y júbilo,

•  Recetario ineludible,

•  Apócope de Presupuesto de Egresos de la Federación. n

¿De qué hablamos cuando hablamos de Isabel Allende?

¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE ISABEL ALLENDE?

POR ALBERTO FUGUET

Isabel Allende, como todos sabemos, vende sus libros y los vende muy bien. Además, le escribe a las mujeres y las mujeres la leen. Sin embargo, pocos la consideran una escritora. ¿Qué tan justificada es la descalificación de su obra?

Frente a mí, al lado de mi edición de bolsillo de Afrodita, hay una pequeña nota de prensa que recorté de la última edición dominical del diario El Mercurio de Santiago. En tres párrafos, la nota despacha, con la fuerza de un combo, a Isabel Allende, sin duda la escritora más exitosa (en términos de ventas y traducciones) que Chile ha producido a lo largo de su historia. La nota crucifica a Isabel Allende. Esto es raro. Que la autora de Eva Luna sea destripada en el suplemento político y de reportajes del diario más importante del país es curioso y, diría, francamente anómalo. Esto porque, sumando y restando, en Chile no se ataca a Isabel Allende, simplemente se le omite.

Literariamente, Isabel Allende no existe. No aparece en el mapa de los conquistadores de las letras ni tiene una silla afelpada en el panteón académico. Allende es, a lo más, un tema de espectáculos (“Cecilia Roth protagonizará nuevo filme basado en libro de Allende”, “Oprah Winfrey bendice Hija de la Fortuna”) o, con suerte, un ítem que más parece digno de la sección de negocios (“Las razones del éxito comercial de Isabel Allende en Estados Unidos”).

La nota de El Mercurio, por ejemplo, se titula “Marketing y precisiones”, y sostiene que “más allá de sus méritos como novelista”, la novelista ha recurrido “al marketing para promover sus obras”. Esto es indisputable, sin duda, y se puede aplicar, por cierto, cuán más, cuán menos, a todo autor de mediados del siglo XX que ha publicado algún libro. Los únicos literatos libres de este supuesto pecado son aquellos que, por razones de mercado, y no propias, permanecen rigurosamente inéditos.

Sigo leyendo la insidiosa nota. El Mercurio argumenta que la prolífica autora se inició presentándose “como hija de Salvador Allende”. Esto no es tan así, aunque la confusión sí ocurrió, más que nada en la prensa europea. Lo que pasa es que, insólitamente, Salvador Allende tuvo una hija, hoy diputada del gobierno de la Concertación, de nombre Isabel Allende Bussi. Mientras que, para otra persona, esta confusión podría ser francamente desagradable, en su caso rinde beneficios. Pero si de Salvador Allende se trata, donde sí hubo un manejo deliberado fue en las contratapas de sus primeras novelas que la señalaban como su sobrina.

Esto es y no es cierto. El lazo entre su padre y Salvador Allende era de cercanía sanguínea, eso es innegable, aunque poco más que eso. Para ser más preciso: su padre fue primo del presidente. Isabel Allende es, por lo tanto, sobrina en algún grado de Allende. Una sobrina, digamos, lejana. Algunos dirán que ese lazo no es lo suficientemente cercano para andar ventilándolo por ahí, por mucho que el presidente la hubiera querido mucho. Eso, dicen sus críticos, es marketing. Sin duda lo es. Y del mejor tipo.

Como ven, con este tipo de cosas, cuando uno habla de Isabel Allende uno habla de cualquier cosa menos del contenido de sus libros. Regreso, en todo caso, a la nota que gatillo este artículo. Lo que termina de revolverle el estómago al anónimo escriba de El Mercurio es un aviso de la Agencia para los Refugiados de la ONU que apareció en los diarios y revistas más importantes del mundo con ocasión de sus cincuenta años apoyando a refugiados del mundo entero. Isabel Allende posa y da la cara como una refugiada que salió adelante y que alcanzó el éxito. El éxito, sin duda, lo alcanzó (y hay que sacarle el sombrero que no se la tragó). Lo que está menos claro es si fue refugiada. En términos legales, no lo fue. “Una refugiada es una persona que a consecuencia de guerras, revoluciones o persecuciones políticas, se ve obligada a buscar refugio fuera de su país”, afirma la nota mercurial. “Isabel Allende no vive ninguna de esas situaciones, salvo que habita en Estados Unidos por estar casada con un estadunidense”. Esta frase final está de más, por cierto, pero es innegable que sentirse refugiada es una cosa y otra, muy distinta, es serlo.

Es justamente este tipo de cosas lo que molesta a la derecha chilena. Todos leyeron La casa de los espíritus cuando apareció y a todos les fascinó excepto por “la parte final que estaba llena de política”, como opinó, años atrás, mi propia abuela que, dicho sea de paso, nunca ha volado ni se ha contactado con espíritus. Al otro lado del espectro político, curiosamente, la Allende tampoco logra gran adhesión. No figura en los medios ni en el ambiente de la intelligentsia. Isabel Allende, a pesar de ser de izquierda, no siempre es políticamente correcta, lo suyo es considerado baja-baja cultura y, por cierto, vende. Vende como pan caliente. Como si eso no bastara, está el detalle de que es mujer y, para peor, le gusta serlo. Para rematarla: le escribe a la mujer y las mujeres la leen.

Dos

Desde la perspectiva cultural hispanoamericana, entonces, Isabel Allende no es considerada una escritora. Al menos, no una escritora “seria”. Me acuerdo, por ejemplo, de un número especial de un suplemento literario que nombraba los cincuenta escritores chilenos más importantes del siglo XX. Isabel Allende no figuró entre ellos. Yo creo que sí merece estarlo. Por ser ella quien es. primero que nada. Isabel Allende merece estar en los anales por haber logrado lo que logró: esas cifras, esa cantidad de lectores y todo aquello que es, entre comillas, “extra- literario”. Literariamente, su aporte es, quizá, más discutible pero no por eso menos ineludible. Allende narra bien, sospechosamente bien, apresuradamente bien. Es prácticamente imposible comenzar un libro suyo y no terminarlo. Lo difícil es recordarlo. Tienden a evanecerse. Al final de La hija de la fortuna, por ejemplo, uno termina sintiéndose levemente estafado o, para ser sincero, un tanto culposo. Me lo devoré y, sin embargo, nunca me lo creí. Todo en Isabel Allende es ficción, todo es relato, todo es fantasía. No intenta transformar sus mentiras en verdad; su meta es sacarnos de la desidia y subyugarnos con sus historias. Here we are now, entertain us, cantó Kurt Cobain. Isabel Allende, en efecto, nos entretiene. Su manera de contar es, sin duda, allendiano. Es, a estas alturas, una marca registrada y, más que un mundo, ha perfeccionado un estilo que funciona incluso cuando nada más se sostiene.

Pero lo más importante de Isabel Allende es haber escrito La casa de los espíritus, su primera novela. No me atrevo a tildarlo de clásico, pero casi. Es una novela clave de los ochentas que surgió dentro del alicaído panorama literario latinoamericano de post- boom. Más allá de los reparos que uno puede hacerle (desde luego está el factor casi-plagio a García Márquez), la verdad es que ese libro fue, para mí al menos, vital. No me cambió la vida pero, mientras lo leía, me la hizo más gozosa. Sentí que la historia de Chile se había transformado en una película. En una película de Hollywood. Y quizás eso sea Isabel Allende: la gran guionista hollywoodense latinoamericana, criada en el back-lot de la Universal por un par de inmigrantes ilegales. Su fórmula siempre tiene una, la heroína fuerte y arriesgada, la idea de la vida como una aventura y una acción descontrolada. En las novelas de la Allende pasan y pasan cosas. Demasiadas, quizá. Tantas que se anulan y se olvidan.

Isabel Allende, en ese sentido, es la heredera nata del melodramático Pedro Camacho, el hombre de los radioteatros de La tía Julia y el escribidor, de Vargas Llosa. Y si bien es femenina. no es feminista. No hay frases militantes que lleven a una secretaria abandonada a subrayar la novela como si el texto fuera de auto-ayuda. Sus mujeres buscan hombres y desean ser salvadas por un príncipe azul, más allá de que, al final, opten por otra cosa o se conformen con su destino.

No hay duda de que el género que Isabel Allende ha literarizado, e hispanizado, es el del best-seller histórico. Para Roben Castillo, profesor de literatura de Haverherst College, Isabel Allende cuenta con algunos talentos claves como eligir muy bien los temas.

Liga relatos de amor con temas de la memoria y los efectos de la violencia política, con lo que todo el mundo se puede identificar. El realismo mágico de ella está muy ligada a la historia, a diferencia de García Márquez que es más abstracto. Enmarca la gran narrativa histórica en un microcosmos familiar, que es otra forma de acercarse al público. Su óptica feminista es profunda, donde las mujeres son protagonistas y pararrayos de todo lo que pasa. Con todos esos aciertos no es difícil entender su éxito. Lo que ocurre es que en América Latina no la estudian con seriedad.

Tres

A fines de los ochentas Isabel Allende comenzó a internacionalizarse. No me refiero a nivel de traducciones sino a nivel mental. Primero optó por zafarse temáticamente de su país natal, algo que pocos autores han intentado y, aun menos, han conseguido. Eva Luna fue, en ese sentido, una novela decisiva escrita desde y hacia el Caribe. El escritor Luis Sepúlveda destacó en su compatriota algo que él mismo ha conseguido: “Cuando Isabel puso el punto final de Eva Luna, logró tatuarse un símbolo que honra su epidermis: dejó de ser chilena, peruana o venezolana, y pasó a ser intensamente latinoamericana”.

Yo agregaría que pasó a ser intensamente norteamericana. En efecto, lo que la ha alejado definitivamente de toda posibilidad de ingresar al panorama literario hispanoamericano es que, rápidamente, pasó de ser una autora chilena a una latinoamericana. Antes que alguien pudiera entender el cambio, Allende dio otra vuelta de carnero y se transformó lisa y llanamente en la primera autora norteamericana que escribe en español.

El hecho de que Isabel Allende no exista dentro del círculo del mundo cultural hispanoamericano se puede explicar recurriendo a mil motivos (snobismo, machismo, envidia, conservadurismo literario, etc.) pero, sobre todo, se debe a que no es, y acaso nunca fue, local. El plan infinito, una novela sobre un norteamericano que crece rodeado de inmigrantes latinos durante los sesentas, fue un experimento, algo así como su novela cross-over, pero la novela (¿novela?) que lo cambió todo fue Paula, sin duda su mejor texto, y, sin lugar a dudas, su primera creación made in USA.

Paula, una memoria de no-ficción, escrita a raíz de la enfermedad y posterior muerte de su hija, no sólo se adelantó al fenómeno del memoir confesional y la literary non-fiction en Estados Unidos, sino que se alejó años luz de cualquier tipo de memoria escrita por un autor latinoamericano en vida. Sólo los llamados diarios (Antes que anochezca de Reinaldo Arenas, por ejemplo) han tenido tal concentración de confesiones personales y cúmulo de detalles. Uno puede alabar libros como el extraordinario El pez en el agua, de Vargas Llosa, o Persona non grata, de Jorge Edwards, pero a la hora de la emoción pura, y de la desnudez más feroz, Paula los supera lejos. Allende abre sus heridas y lo hace en público, algo que, en América Latina, no se acostumbra. Ni en la vida privada, ni en la pública, ni menos aún en la literaria. Para eso, mal que mal, existe la ficción: para disfrazar la realidad.

Es probable que, de estar en Chile, Isabel Allende hubiera escrito con otro tono, hubiera omitido detalles y, a lo más, hubiera puesto a Paula de protagonista y no a ella misma. Paula es la autobiografía de Isabel Allende hasta ese instante (1993) y la persona que surge de esas páginas es irresistiblemente literaria. Se vuelve un personaje de tomo y lomo. Uno se entera, por ejemplo, de sus amores e infidelidades, del abuso sexual de que fue víctima, de sus gustos y mañas. Pero, más que nada, aparece como exótica, algo que, en rigor, quizá lo sea. Paula sentó la base del mito y, así, a través de entrevistas, su página web, su libro de conversaciones con la argentina Celia Correas Zapata y libros como Afrodita, uno se entera que inicia un nuevo libro cada 8 de enero, que los hijos de su marido son drogadictos, que tiene algo de sexto sentido, que ciertos platos calientan la sangre, que le escribe todos los días una carta a su madre y que Willy, su marido, es un amante legendario.

Antes que Willie cerrara la puerta y quedáramos solos y nos abrazáramos, primero con cautela y luego con una pasión extraña que nos sacudió como un relámpago, yo ya intuía que ésa no era una aventura intrascendente. Esa noche nos amamos con serenidad y lentitud, aprendiendo los mapas y los caminos como si dispusiéramos de todo el tiempo del mundo para ese viaje, hablando bajito en esa mescolanza de inglés y español que desde siempre fue nuestro propio esperanto… no pensé en mi propio deseo, mi cuerpo se movía sin ansiedad, sin buscar el orgasmo, con la tranquila confianza de que todo iba bien. Me sorprendí con los ojos llenos de lágrimas, ablandada por ese afecto súbito, acariciándolo agradecida y en calma.

Dudo que en las próximas memorias de García Márquez, Gabo escriba cosas semejantes. Sería poco probable porque si bien el éxito del Premio Nobel en Estados Unidos es notable, García Márquez tiene poco de cosmopolita (basta leer sus Doce cuentos peregrinos) y es, sobre todo, un autor latinoamericano. Isabel Allende traspasó, para bien o mal, esa barrera.

La portada original de Paula, en España, por ejemplo, fue una gran foto de Paula. El editor de Isabel Allende en Chile consideró que esa portada era muy fuerte, de poco gusto. Se sentía lucrando con una tragedia. Inventó una nueva portada: Isabel Allende, de espalda, escribiendo a mano, en un escritorio, mirando un retrato, pequeñito, de Paula. Eso le pareció de mejor gusto, más chileno. Me acuerdo que, cuando me contaron esa anécdota, pensé que, en ese momento, Isabel Allende dejó de ser local. Había sido capaz de escribir un libro que ningún autor consagrado se hubiera atrevido a escribir. El tiempo me dio la razón. Hija de la fortuna puede ser muchas cosas, pero una cosa no es: una novela latinoamericana. O, al menos, el tipo de novela latinoamericana a la que estábamos acostumbrados. Quizás ese sea, entre otros factores, la raíz de su inconmensurable éxito, n

Impuestos: Oportunidad perdida

IMPUESTOS: OPORTUNIDAD PERDIDA

Entrada ya la noche del 31 de diciembre del año 2001 los legisladores aprobaron por consenso —la democracia mexicana es repelente a las mayorías simples, esa es una de sus debilidades mentales— el debatido proyecto de reforma fiscal. La negociación fue ardua, el resultado controvertido y confuso.

La reforma fiscal aprobada implica la derrota total de la iniciativa foxista cuyo eje rector se basaba en la homologación del IVA en medicinas y alimentos y que perseguía simplificar y aumentar el cobro de impuestos gravando al consumo en general. A cambio, los legisladores decidieron sustentar sus enmiendas en el Impuesto Sobre la Renta, que baja su tope máximo de 40 a 35% y se reducirá gradualmente hasta llegar a 32% en el 2005. Sobre las rodillas, en los últimos momentos, los legisladores añadieron una serie de impuestos especiales: 10% a la telefonía celular —excepto la modalidad de prepago hasta 200 pesos—, a los radio-localizadores ya la TV de paga; 20% a la fructosa con la que se producen casi todos los refrescos y bebidas endulzadas para apoyar a la debilitada industria azucarera nacional; 5% adicional a los cigarros, con lo que la tasa queda en 105%, mayores impuestos a bebidas alcohólicas de mayor precio y 5% de aumento en el IVA a una serie de artículos suntuarios entre los que destacan el salmón, el caviar, las angulas, los equipos de cómputo con valor mayor a 25,000 pesos, los monitores de pantalla plana, las cuotas de membresía para restaurantes, centros nocturnos y bares de acceso restringido.

El paquete fiscal modificó también el sistema del “crédito al salario”: una reducción en las retenciones al salario que era absorbida por el fisco. Ahora los patrones deberán pagarla. Suprimió la exención al pago de impuestos para autores literarios, periodistas y creadores. Finalmente se legisló que los estados de la federación podrán establecer dos impuestos: 1) sobre los ingresos de las personas físicas con actividad empresarial o profesional independiente: hasta el 2% sobre ventas para pequeños contribuyentes y hasta el 5% sobre utilidades para los demás; 2) un impuesto máximo de 3% a las ventas y los servicios al público en general.

El proceso alumbró una inesperada alianza del partido en el gobierno, el PAN, con el partido de la izquierda, el PRD, que logró imponer sus criterios en el espíritu final de la reforma final: quitarle a los ricos, no gravar el consumo general con el IVA, sólo el consumo suntuario, y poner el acento de la reforma en los ingresos personales con el Impuesto Sobre la Renta.

El PRI no cedió a los cabildeos panistas. El gobierno se dijo, sotto voce, traicionado por ese partido que habría comprometido su palabra en la reforma. Transcurrido el proceso, el PRI apoyó el camello resultante.

Al apartar de la reforma el tema del IVA para todos, acabando sobre todo la exención en medicinas y alimentos, se perdió una oportunidad mayor de modernizar el sistema de tributación mexicano cerrándole las grietas de evasión y elución fiscal que propicia la existencia de cadenas de exención legal. Cuadro final: un gobierno derrotado, un Congreso celoso de sus atribuciones, una reforma que no satisfizo a nadie, aunque trajo a las arcas públicas algo del dinero buscado, una oportunidad perdida en la modernización del sistema tributario mexicano. n

El futuro de la lectura

EL FUTURO DE LA LECTURA

Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948), autor de una incitante y erudita Una historia de la lectura (Norma, 1999), acaba de publicar un nuevo libro: En el bosque del espejo (Norma, 2001). Entrevistado por Babelia, suplemento cultural de El País (enero, 2002), Manguel expresó lo siguiente sobre el futuro de la lectura: “Cuando leíamos en una tablilla de arcilla, lo primero que teníamos que hacer era retener de memoria una cara para leer la otra. Al leer en rollo tuvimos que aprender a leer en secuencia. En el códex, aprendimos la libertad de pasar de la página catorce a la cincuenta. La electrónica nos ha dado una forma de lectura casi contraria a la lectura misma. La lectura como acto consiste en ir hacia lo profundo, y en ir lentamente, tomando tiempo para que las memorias de la lectura se sucedan unas a otras. La electrónica propone una lectura de superficie y una lectura casi instantánea. La publicidad del e-mail decía: “La comunicación es más rápida que el pensamiento”. Como si quisiéramos una comunicación más rápida que el pensamiento. Ahora tenemos esa posibilidad de lectura, pero una forma no reemplaza a la otra. Ciertos libros serán publicados electrónicamente —enciclopedias, libros científicos—. pero otros se seguirán leyendo en papel porque, incluso cuando existen electrónicamente, la gente los imprime para leerlos. Las distintas formas de lectura convivirán, simplemente”.

Si las opiniones se sucedieran como se pasan las páginas de un libro, la opinión de Manguel se encontraría con la del crítico cultural George Steiner en una reseña de, precisamente, Una historia de la lectura de Manguel aparecida originalmente en el TLS y republicada en la revista Letra Internacional (otoño, 2001). Del libro de Manguel afirma Steiner, con la suficiencia de un gran crítico, lo siguiente: “Sigue siendo en el sentido etimológico, y en el mejor sentido de la palabra, un aficionado: un amante más que un especialista o un técnico experto”. Y de la lectura, después de leer la historia de Manguel, dice Steiner: “¿Tiene futuro la lectura tal y como la conocemos? La revolución de Gutenberg aceleró la producción de textos escritos, los volvió más baratos y los multiplicó hasta el infinito. Pero no transformó, esencialmente, la naturaleza de las relaciones entre escritor, lector y libro. De otra parte, la revolución electrónica actualmente en marcha va a generar mutaciones en todos y cada uno de los aspectos de la escritura y de la literatura —en la propia estructura del significado (…) Las niñas y los niños que desde los teclados de sus computadoras descubren o hacen por accidente hallazgos en lógica, en fractales, quizá no provienen de la lectura ni de la escritura en un ‘sentido libresco’. ¿Son iletrados esos niños?”. n

Impuesto, privilegio y excepción

IMPUESTO, PRIVILEGIO Y EXCEPCIÓN

Durante todo el mes de enero, la vida cultural mexicana concentró su atención en la miscelánea fiscal aprobada por los legisladores a todo vapor la madrugada del primero de enero de 2002. El asunto: el fin de la exención del pago de impuesto a los creadores. Si las gestiones de la Sociedad General de Escritores Mexicanos frente al Congreso no prosperan en su intento para evitar el pago del Impuesto sobre la Renta, a partir de este año los creadores tendrán que cumplir con las mismas obligaciones fiscales que los médicos, los abogados, los dentistas. Las compañías de ballet o de teatro recibirán el mismo trato fiscal que cualquier empresa. Los autores tendrán que pagar mensualmente el 35% de ISR y cubrir el IVA por las actividades empresariales que realicen. Estarán obligados a cumplir con los nuevos gravámenes fiscales que la Ley del ISR impone a cualquier empresa, y también pagarán la retención del 10% del ISR y el 10% de IVA cuando presten servicios profesionales.

El asunto ha develado varios temas de los cuales suele hablarse poco en la vida cultural mexicana. Ventilarlos y debatir sobre ellos es un acto de salud pública y de vocación reflexiva, no muy frecuentes, por cierto, en nuestro medio: ¿es un privilegio que los creadores no paguen impuestos mientras que el resto de los ciudadanos cumplen con sus obligaciones fiscales? ¿Se deben aplicar a la creación artística e intelectual las mismas leyes mercantiles? ¿Debe existir en México un diseño jurídico que, como el francés para su industria cinematográfica, constituya una ley de excepción cultural? ¿Significa la nueva legislación un golpe de muerte a las pequeñas editoriales mexicanas?

En su contribución al foro de protesta organizado por la Sogem el 8 de enero, Carlos Monsiváis escribió lo siguiente: “Aclaro mi posición: no considero admisibles los privilegios fiscales y creo en las obligaciones ciudadanas al respecto. Sobre esto no tengo dudas. Añado: nunca he dejado de pagar impuestos, y eso mismo han hecho todos los escritores, académicos, artistas plásticos, músicos, bailarines y teatristas de que tengo noticia y que, previsiblemente, multiplican sus trabajos (…) El rechazo al apresuramiento y la incomprensión de los legisladores no es, por tanto, reclamo de superioridad alguna. No somos superiores a ningún gremio, simplemente distintos (…) Pero el constituir un gremio más y no demandar privilegios, no significa admitir que la exención de impuestos del trabajo literario e intelectual haya sido un privilegio; es más bien un estímulo, algo distinto porque el privilegio indica el reconocimiento de una aristocracia (y sin revista Hola de por medio), la excelencia reconocida o promovida de unos cuantos, y el estímulo señala una obligación del Estado: promover un quehacer indispensable en la República. Considero inexacto o francamente falso que, como se ha dicho, el impuesto dinamite la identidad nacional o atente contra la creación artística y desanime a los escritores (…) A partir de determinados ingresos (monto a fijarse responsablemente por los legisladores, previa consulta con los organismos gremiales) se deben pagar impuestos y muy seriamente”. (Reforma, 9 de enero, 2002.)

La posición de Monsiváis resulta ser la más clara y equilibrada entre la gritería de la protesta. Entre los argumentos en contra del pago del ISR se ha mencionado en los medios uno más contundente: 75 años después de la muerte del autor, su obra pasará a formar parte del dominio público. Esta patriótica forma del despojo debió, al menos, ser considerada como un elemento más para respaldar la exención del pago de impuestos a los creadores. Si el Estado impulsara ese estímulo, como lo llama Monsiváis, enseñaría algo que no ha querido ni podido mostrar el gobierno de Vicente Fox: el compromiso, como un valor especial, con la creación y el conocimiento, con la Ilustración a través de algo que no está necesariamente sujeto a las leyes del mercado, aunque lo esté. Un análisis más serio y riguroso por parte de los legisladores habría demostrado que conocen mínimamente el entramado del conocimiento, al final creación intelectual, que ha hecho posible que ellos ocupen un asiento en el Congreso. Las cámaras fueron una creación intelectual, no las inventó un recaudador de impuestos. n

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

10,000 Actores y actrices empleados en la industria porno en Estados Unidos.12,000

Actores y actrices empleados en la industria porno en el resto del mundo.2 13,000 Películas porno que se filman al año en Estados Unidos.3 1,500

Películas porno que se filman al año en Europa.4 200

Sex shops en España.5

9,000,000

Personas en todo el mundo que cumplen años el mismo día.12

17

Porcentaje de los principales acuíferos de México que están sobreexplotados. 14 1,700 Metros cúbicos de agua de los que un habitante del norte de México dispone al año.15

4,233

Metros cúbicos de agua de los que un habitante de Europa dispone al año 16 850

Operaciones diarias de vuelo en el aeropuerto de la ciudad de México 17

100

Kilos de caviar que se venden anualmente en México 18

190,000,000

Entradas al cine vendidas en Francia durante 2001.19 160

Películas francesas que se estrenaron durante 2001.20 250

Librerías argentinas que cerraron entre 2000 y 2001 21 50

Porcentaje del consumo mexicano de tequila que ocurre en bares.22 21.7

Porcentaje de la tierra rural en México que pertenece a mujeres.25

36,000

Pares de botas fabricados por la empresa Botas Fox durante 2001.13

338

Jets privados en México.” 130

Jets privados en Gran Bretaña.8 2

Lugar que México ocupa como el país con la flota aérea ejecutiva más grande del mundo.9 537

Compañías de internet en Estados Unidos que desaparecieron en 2001.10

100,925

Especialistas en internet que están desempleados en Estados Unidos.”

5,000

Estudiantes de árabe en Estados Unidos.6

Fuentes: 1-5 .El País: 20 de enero de 2002; 6. Milenio semanal: 21 de enero de 2002; 7-9. Loft: enero-febrero de 2002; 10 11 Reforma: 21 de enero de 2002, 12 Lofl. enero febrero de 2002; 13. La Crónica: 22 de enero de 2002: 14-16. Milenio semanal: 14 de enero de 2002; 17. Reforma: 21 de enero de 2002; 18 La Jornada: 17 de enero de 2002: 19-20. El País: 14 de enero de 2002; 21. La Jornada: 14 de enero de 2002; 22. Reforma: 9 de enero de 2002; 23. La Jornada: 22 de enero de 2002.

Dios como personaje

“Si dices algo de Dios, y entiendes lo que estás diciendo, entonces lo que dices debe ser falso”, aseguraba, siempre apasionado, mi amigo Arturo Fregoso.

Y, bueno, es exagerado: se abre, tradicionalmente, la vía negativa (o vía de la remoción) para hablar de Dios entendiendo lo que se dice. “Dios no tiene seis años”, por ejemplo, es proposición verdadera. Es decir, puedes afirmar lo que Dios no es, y, por inferencia algo obtienes, pero nebuloso, difícil de asir mentalmente.

Dios

A Dios se lo puede amar, pero no entender, la mente humana no da para tanto. Nosotros los cristianos lo que sabemos de Dios lo sabemos vía Jesucristo, en él está la versión representable de Dios. Sin él estaríamos en completa oscuridad.

Así pues, el libro de Jack Miles que se llama God A Biography (Biografía de Dios), arranca con una imposibilidad: biografía es narración de sucesos desarrollados en el tiempo, y Dios, según la vía negativa, no está en el tiempo, es eterno. En Dios no hay cambios ni desarrollos ni secuencias. Luego no hay nada que narrar y, ergo, no puede haber ninguna biografía.

El libro tiene, sin embargo, 431 páginas (notas incluidas). ¿Qué hace entonces su autor? Que Jack Miles, un ex jesuita que vive, casado y con una hija, en California sabe cosas, no puede dudarse: estudió en el Colegio Pontificio Gregoriano de Roma, en la Universidad Hebrea de Jerusalén y tiene un doctorado en Lenguas del Cercano Oriente de Harvard. Pero ¿cómo aplica lo que sabe a una imposible biografía de Dios?

De esta manera: no hace la biografía de Dios considerado persona divina, de la que, la verdad, directamente no sabemos ni podemos saber nada, sino de cierto personaje literario famoso que cobra vida en un libro, el Antiguo Testamento.

Pero, ¿se puede hacer eso? ¿Qué clase de personaje literario es Dios? Hablemos de personajes. ¿Cuántos hijos tuvo Lady Macbeth? Algunos críticos han sostenido que, puesto que el dato no figura en la pieza de Shakespeare, esta pregunta es vana especulación y no tiene ningún sentido. Esto es, del personaje Macbeth tendríamos que restringirnos a la letra de lo dicho por Shakespeare. Pero otros críticos estiman que para entender y disfrutar una obra de Shakespeare tenemos que sentir que sus personajes están, de algún modo, dotados de vida propia, que su existencia late, por decirlo así, también fuera de escena, y que, entonces, toda especulación acerca de ellos puede ofrecer resultados. Por ejemplo, ¿qué tan gordo estaba Hamlet, o era Don Quijote, como asegura Unamuno, calvo?

Esta segunda posibilidad, ciertamente más cálida y atractiva, es la que explora Jack Miles en su muy erudita indagación. No es, pues, un libro teológico, sino literario. Su asunto es exponer la naturaleza del personaje tal como se desenvuelve cronológicamente en los libros del Antiguo Testamento. En Dios no hay desarrollo, pero en el personaje literario hay algunas mutaciones y de ellas habla Miles.

Ilustremos sólo un punto.

“¿Dónde estás?”, pregunta Dios a Adán. Estamos entrando, a la mitad del asunto, a uno de los pasajes insuperables, magistrales de la Biblia, fundamental en la antropología judeocristiana, la narración de la Tentación y Caída de los primeros humanos.

Cuando formula esta pregunta el personaje, Dios, “se paseaba por el jardín al fresco del día”. “¿Dónde estás?”. Y al fin Adán da la cara y responde: “te he oído en el jardín, y temeroso porque estaba desnudo, me escondí”. “¿Y quién te ha hecho saber que estabas desnudo?”, vuelve a preguntar Yavé Dios.

Ahora, ¿por qué Dios, considerado personaje, interroga a Adán?, ¿no sabe lo que sucedió? Lo sabe, pero de inmediato de nuevo pregunta: “¿es que has comido del árbol que te prohibí comer?”. Si ya sabe, ¿por qué Yavé interroga?

Esta es cuestión literaria: es la manera como se presenta con fuerza en la narración que Adán ha sido dotado de libertad de elección. Adán hace lo que quiere, y Yavé observa desde lejos.

De todas las cosas creadas Adán es la única hecha “a imagen y semejanza” de Dios. Tradicionalmente se entenderá esto como que Adán, igual que Yavé, está dotado de razón, que puede pensar, entender. Es, pues, una especie de espejo de Dios.

He aquí, pues, al personaje Dios: crea al humano libre y dotado de razón y lo primero que hace el humano es una desobediencia. ¿Sabía Dios que eso iba a suceder? ¿Se enojó Yavé con Adán? ¿Se dolió de su falta? No sabemos. ¿Cómo penetrar en el personaje Dios?

El asunto es complicado. Observemos, sin embargo, que sin esa culpa no habría habido historia humana y, entre otras cosas, no estaría ahora formulando estas preguntas ni escribiendo estas líneas que ahora lees. Muy en especial, dice la doctrina, Cristo, nuevo Adán, no habría Encarnado. Y por eso se dice que la desobediencia de Adán es felix culpa (culpa feliz).

Cuando Adán explica culposo al Señor lo de Eva y la serpiente, tan elegante desde el punto de vista literario e iconográfico, tan misterioso desde el lado de la antropología, Yavé Dios en respuesta habla en verso y compone el primer poema que aparece en la Biblia. Un poema poderoso que termina con estos conocidos versos:

Con el sudor de tu rostro comerás el pan
Hasta que vuelvas a la tierra,
Pues de ella has sido tomado;
Ya que eres polvo, al polvo volverás.

La sentencia ha sido dictada. Viene luego un pasaje impenetrable de la Biblia: “Díjose Yavé Dios: he aquí al hombre hecho como uno de nosotros, conocedor del bien y del mal; que no vaya ahora a tender su mano al árbol de la vida y comiendo de él, viva para siempre. Y le arrojó Yavé Dios del jardín de Edén, a labrar la tierra de que había sido tomado”.

Y bien, ¿qué es ese plural, “uno de nosotros”, qué árbol es ése, y por qué habla Dios como temeroso de que se pueda hacer algo que ni él mismo puede deshacer? No intentemos ya contestar estas preguntas.

Todo está, a fin de cuentas, en cómo se lee un escrito. Mircea Eliade, experto en mitos, leyó en unas vacaciones Viaje al centro de la Tierra de Julio Verne y dice de ella entusiasmado: “cómo han podido psicólogos y críticos literarios haber ignorado por tanto tiempo este excepcional documento, este inexhaustible tesoro de imágenes y arquetipos”, porque ve en la novela un prototipo ortodoxo de viaje de iniciación al inframundo. Cuando yo la leí, de niño, no advertí nada de esto, y, sin embargo, a mi modo, la disfruté.

En ese caso la profundidad está en Eliade, el lector, pero hay otros libros, como el “Génesis”, primero de los libros del Antiguo Testamento, que, por decirlo así, ponen por delante las dificultades de interpretación, y no se precisa la malicia y el olfato de un Mircea Eliade para captar que ahí hay aguas profundas y complejidad de significados. Para aficionados a este tipo de escritos la trabajosa biografía que ha intentado Jack Miles será, sin duda, no sólo lección y compañía, sino fuente de regocijo. n

(Núm. 300, diciembre de 2002)

Educación

EDUCACIÓN

POR GUSTAVO MERINO JUÁREZ

El sistema educativo mexicano ha logrado grandes avances en las últimas décadas. Ha garantizado el acceso casi universal a la educación primaria, aumentado la cobertura de secundaria y mejorado los indicadores de desempeño educativo. Sin embargo, enfrenta desafíos considerables que requieren atención urgente. En este ensayo se esbozan tres grandes retos: combatir la desigualdad educativa, profundizar en la descentralización y promover un gasto más eficaz.

Combatir la desigualdad educativa

Si bien hay un avance muy importante en el acceso a la escuela, México enfrenta un grave problema de desigualdad en la calidad y oportunidades educativas. Esto se observa muy claramente entre la población rural y urbana, lo cual también refleja diferencias en el ingreso de la población. En ambas zonas hay amplio acceso a la escuela primaria, pero sólo el 67% de los que habitan en zonas aírales logran terminar la primaria mientras que lo hace el 90% de los habitantes de zonas urbanas. Entre los jóvenes de veinte años de edad la proporción de aquellos en el decil más alto de ingreso que concluyó la educación media es casi siete veces mayor que entre aquellos en los cuatro deciles de menor ingreso. La desigualdad educativa en México excede la de algunos países latinoamericanos. Mientras que en nuestro país el coeficiente de Gini educativo es 0.46, en Argentina es 0.23, en Chile 0.26 y en Colombia 0.38.¹

El entorno socioeconómico explica parte de la deserción y el bajo aprovechamiento escolar. Pero la calidad de la escuela y la docencia también inciden en el desarrollo escolar de los niños; las escuelas a las que tienen acceso los pobres tienden a ser de menor calidad. No es extraño, sobre todo en zonas rurales, que los maestros se ausenten por periodos prolongados, tengan menor escolaridad y carezcan de capacitación especializada para educar alumnos que enfrentan condiciones adversas. Además, muchas escuelas carecen de material docente o incluso de infraestructura básica: sanitarios y bibliotecas.

Una escuela de buena calidad y un docente con la preparación adecuada pueden subsanar muchas de las deficiencias derivadas de un entorno socioeconómico adverso. Los programas compensatorios como PROGRESA representan un paso en la dirección correcta al condicionar la ayuda financiera a la asistencia escolar y al ofrecer servicios complementarios de salud y nutrición. Sin embargo, se requiere elevar la calidad de la escuela para que los educandos en zonas marginadas puedan alcanzar un desempeño escolar similar al de sus pares que enfrentan condiciones más propicias.

Profundizar la descentralización

Con la “federalización” o descentralización de la educación básica, iniciada en 1992, se transfirió a los estados la operación del sistema federal de educación básica, incluyendo los docentes, las escuelas y demás activos, bajo el principio de que los estados conocen mejor las necesidades educativas de sus habitantes y pueden responder de manera más eficaz a éstas que el gobierno federal. Se esperaba también un incremento en el financiamiento estatal para la educación.

Pero el análisis de la respuesta estatal a la descentralización revela que ésta ha sido mixta y por lo general débil.²

No es que los estados carezcan de interés en promover cambios. La mayoría cuenta ya con una ley de educación; muchos han llevado a cabo reformas administrativas y han desarrollado programas de capacitación y becas o han promovido el uso de la informática. Aunque dicho esfuerzo sea loable, no se trata de reformas significativas a la provisión de la educación pública estatal, que redunden en mejoras sustanciales en la calidad y cobertura de la educación básica. Para ello hubiera sido necesario profundizar en tres áreas: el financiamiento, la integración de los sistemas federal y estatal y las relaciones laborales con el SNTE.

La transferencia de funciones educativas no fue acompañada por una nueva distribución de fondos federales entre estados, que redujera la gran desigualdad en el financiamiento federal por alumno y en el esfuerzo educativo con recursos propios entre las entidades. El incremento en los recursos públicos destinados para la educación proviene de la federación y de unos cuantos estados, y se utiliza principalmente para cubrir los costos corrientes derivados de la descentralización más que en inversión en programas e infraestructura educativa. Asimismo, la dependencia fiscal que enfrentan los estados respecto de la federación, y la estructura del financiamiento educativo basado principalmente en transferencias federales del ramo 33, desincentivan o hacen imposible un incremento sostenido de los recursos educativos estatales y perpetúan la desigualdad en el financiamiento público por alumno. Debe hacerse una revisión del federalismo fiscal más allá de las cuestiones educativas.

Se ha avanzado muy lentamente en una verdadera integración entre el ex sistema federal y el estatal en los estados que contaban con este último. En casi una tercera parte de los estados persiste la separación administrativa entre el sistema estatal y el organismo encargado del sistema federal, y aun en aquellos en que ambos sistemas quedan bajo una Secretaría de Educación se dan casos en que se mantiene una separación administrativa de facto o de jure. La dificultad para lograr la integración refleja problemas laborales derivados de la estructura seccional del sindicato de maestros y genera obstáculos para llevar a cabo acciones de política sencillas como reubicar maestros entre escuelas y regiones. La persistente centralización de las negociaciones laborales obstaculiza que se consideren las condiciones educativas y fiscales de los estados, que son los patrones de los maestros.

Promover un gasto educativo más eficaz Se dice que los problemas del sector educativo se solucionarían incrementando el gasto y se cita el objetivo casi místico de alcanzar el 8% del PIB. Con más recursos podrían mejorarse los programas y la infraestructura y aumentar los salarios de los docentes. Cabe preguntar, entonces, si las mejoras en el servicio serían conmensurables al incremento de los recursos. La respuesta es probablemente negativa.

Antes que gastar más habría que gastar mejor. Cerca del 90% del gasto educativo, al menos en educación básica, se destina a pago de salarios de docentes y administradores, dejando poco para la inversión, la investigación y la innovación. No es que los docentes ganen demasiado, sería deseable que las percepciones fueran mayores para estimular un mejor desempeño y atraer a personas cada vez con mejor preparación. El problema radica en que bajo las reglas actuales se premia más el servicio al sindicato y la antigüedad que el desempeño frente al grupo y la preparación académica, y se crean barreras a la movilidad de los docentes.

Se requiere una revisión curricular y de técnicas pedagógicas. Frecuentemente se pone énfasis en medidas muy costosas cuya contribución al desempeño escolar es pequeña, como lo indica la experiencia internacional. Ejemplo de ello es el uso de las tecnologías de información y la política de mantener una baja relación de alumnos por maestro. En cambio, hay medidas de bajo costo que han contribuido de manera significativa a la educación de los alumnos, como la disponibilidad y uso constante de libros de texto en clase y en casa.3

La asignación relativa del gasto entre niveles debe también ser materia de revisión, ya que la rentabilidad social de la educación tiende a ser mayor en la educación básica y media superior que en la educación superior, en donde los beneficios los captura principalmente el educando a través de mayores salarios. Por ello se requiere una revisión detallada del gasto y buscar mecanismos que incrementen la inversión privada y el uso de créditos, sin que ello deje fuera a ningún joven calificado y dispuesto a estudiar por falta de recursos.

1 El Índice de Gini va de 0 a 1; entre más se acerque a 0, mayor es la equidad. Se usa comúnmente para medir la equidad en la distribución del ingreso y el coeficiente respectivo para México es de 0.55. Las cifras aquí presentadas se tomaron de Fernando Reimers.

2 Para una discusión más profunda ver Gustavo Merino: Federalism and the Policy Process: Using Basic Education as a Taste Case of Public Sector Descentralization in México. Ph. D. Thesis.

Harvard University, 1999.

3 Ver Erik Hanushek: Making Schools Work Improving Performance and Controlling Costs. Brookings, Washington D. C., 1994. n

Numeralia

Porcentaje de la población de 15 años        

o más con educación primaria incompleta: 18.3%                  

Porcentaje de la población de 15 años        

o más con educación primaria completa: 19.4%

Porcentaje de la población de 15 años

o más con educación secundaria completa: 19.2%

Porcentaje de la población de 15 años        

o más con escolaridad mayor a secundaria: 27.4%                

Eficiencia terminal primaria:_______ 84.5%

Eficiencia terminal secundaria:_____ 75.7%

Deserción primaria:________________ 2.3%

Deserción secundaria:____________     8.5%

Gasto público en educación (federal+estatal)

como porcentaje del PIB: 4.64%

Gasto público federal como porcentaje del PIB:           3.89%

Gasto público estatal como porcentaje del PIB:           0.74%

Brecha educativa (primaria):a  1.5

Brecha educativa (secundaria):a               6.8

2 La brecha educativa se mide como el porcentaje de personas de veinte años del decil más alto que completó el ciclo educativo en cuestión como proporción del porcentaje de personas de los 4 deciles de menor ingreso que concluyeron el mismo ciclo. Reimers (2000).

FUENTES:

Vicente Fox: Primer Informe de Gobierno. SEP: Informe de labores 1999-2000.

Fernando Reimers: “Educational Opportunity and Policy in Latin America”, en Fernando Reimers (ed.): Unequal

Schools, Unequal Chances. Harvard University Press, Cambridge, Massachusetts, 2000.

Subrayados

SUBRAYADOS

Descanso de caminantes de Adolfo Bioy Casares (Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2001).

•  …el diagonal maltrato que recibe.

•  Un resfrío de vez en cuando es una blessing in disguise, que nos permite acercarnos a la literatura y pensar de cerca lo que tenemos entre manos. Las ventajas de un lumbago, si las hay, parecen más misteriosas.

•  Para no cometer dos veces el mismo error. Tardé quince años, del 28 al 43, en aprender a escribir. Ahora me piden que hable. Les pediré por favor que me esperen quince años.

•  Opinión de un estudiante: “La literatura es muy larga”.

•  …Hernández realmente se encolumna junto a los más deleznables cachafaces de nuestra literatura política.

•  En un film de Woody Alien una poetisa recita, ante un amigo, su último poema. El hombre la felicita, le asegura que el poema es maravilloso, pero que se le ha deslizado en él un pequeño error: la mariposa no se convierte en gusano, sino al revés. La poetisa se pregunta con tristeza por qué ella no podrá escribir sin errores… Realmente esa mujer me parece la encarnación de todos los que escribimos. Sin ir más lejos, en “Un viaje inesperado”, dije: “Un viejo coronel de la Nación”. No pasó una semana (después de la publicación) sin descubrir que los coroneles (de caballería, infantería, artillería, etcétera) dejan el arma para convertirse en generales. Es decir, no hay coroneles de la Nación, sino generales de la Nación.

•  Parece que un señor conocido como el Negro Elía dijo:

—Cuando una mujer me gusta, invariablemente me dicen que se acostó con medio Buenos Aires e invariablemente yo me quedo en la otra mitad.

•  (En este país) Todo mundo es patriota y si alguien duda del resultado de la patriada es un traidor.

•  Pobres perros, para el amor tan dispuestos y tan resignadamente frustrados.

•   “Contraditio in adjecto. Contradicción entre un término y lo que se le agrega (por ej., entre un sustantivo y su adjetivo)”. El probo peronista, el lúcido radical.

•  Yo prefiero la sociedad de las mujeres; son más filosóficas (“tal libro, tal film me gustó por…”); los hombres son más históricos (“gané en tres sets”; “vendí tantos pesos”).

•  Una noche difícil, como las de Buzzati, seguida de malestares y mareos que me acompañaron una semana, hasta que me resfrié… Una amiga me dijo: “Dios existe únicamente para no dejar que nadie levante cabeza”.

•  En este país, un hombre lúcido declaró que ganan las elecciones sus adversarios porque en el gobierno, después de dos o tres años, nadie se salva del descrédito. Justificadamente, lo que es peor.

•  No lo negaré: tiene sus inconvenientes la bigamia. El mayor, sin duda, es que lleva tiempo. Por eso el famoso chiste del viejito encierra una irrebatible verdad. Cuando le preguntaron cómo hacía para dejar satisfechas a tantas mujeres, contestó: “Me compré una bicicleta”.

• A un indio americano, condenado a muerte por los españoles, un fraile le preguntó si no quería aceptar la verdadera religión e ir al cielo. El indio preguntó: “¿Los cristianos van al cielo?”. Cuando el fraile le contestó afirmativamente, el indio dijo: “Entonces no quiero ir”.

•  Chesterton dijo: “De neuróticos y de locos se ocupa ahora la psiquiatría; antes, la hagiografía. Creo que en eso hay decadencia”.

•  Wilde dijo que la Historia del mundo es una sucesión de noticias de policía.

•  (Cortázar) sus convicciones políticas corresponden a confusos impulsos comunicados por un patético tango intelectual.

•  El presidente de la Sociedad de Escritores, un poeta, dijo: “El escritor trata de capturar su identidad”. Seguramente para no caer en un estilo prosaico no dijo que trata de saber quién es.

•  Esa entrevista que te piden insistentemente, que perturbará el ritmo de tu trabajo, no es tan preciosa para quien la pide; te digo más, no lograrás una gratitud ni te reconocerán un mérito que te libre de futuras entrevistas; al contrario, establecerás un precedente que las volverá inevitables.

•  Agosto de 1984. En una pared de la peluquería hay fotografías de algunos clientes. La mía está al lado de la de Fernando de la Rúa. El peluquero me dice: “Es un gran muchacho De la Rúa. Para presidente yo lo voto sin vacilar. Para presidente de un club mediocre, no grande como Boca o River; un club de barrio”.

•  Historia de Eleuterio. Eleuterio B. vivía en Córdoba, con su mujer. Una vez fue al almacén, a comprar algo; no volvió a la casa, sino después de diez años (que pasó en el Paraguay, con una china). Cuando volvió no dio explicaciones ni se las pidieron. Al poco tiempo compró una enorme jaula de alambre tejido, como las de pájaros, de algunos zoológicos y la llevó a la casa. Introdujo en ella una cama, un ropero, un escritorio, una silla y pasó la vida en la jaula. Los criados la llamaban “el cuarto del señor”.

•  Apuntes del hospital

—No se aceptan visitas, para que las conversaciones no molesten. Las conversaciones de médicos, enfermeras, personal de limpieza, no molestan. Los portazos, tampoco. La luz eléctrica encendida de pronto, menos aún. —El humo del cigarrillo de los médicos no perjudica la salud de nadie.

•  Lo único seguro es haber escrito. Para el que sigue escribiendo, el día llega en el que deja ver que es un idiota.

•  29 enero 1987. Tortícolis, que ojalá sea tortícolis.

•  Para alguna gente, la cultura es una superstición del siglo XLX.

•   Comprobación. Desde hace cincuenta y siete años soy escritor y esta es la primera vez que escribo la palabra inmanente. Algún político de ésos, que está en los primeros palotes, la empleó en innumerables ocasiones.

•  No andaba tan mal Xul (del Solar) cuando dijo que habría que inventar un signo ortográfico para sugerir el carácter irónico de un párrafo. Propuso la diéresis, para sugerir que algo no era auténtico: escritor, pensador, filósofo.

•  En este país vivimos al servicio de los servicios públicos.

•  En el jockey. Me señala a un individuo muy horrible y me dice: “Nunca trabajó ni pudo entender por qué la gente se afana trabajando. Ahora la realidad le da la razón. Los otros días me dijo: ‘Todos éstos, que van corriendo a la City, ¿sabés a qué van? Van a quebrar’ “.

•  No pierde inoportunidad. n

El Héroe es un Hobbit

EL HÉROE ES UN HOBBIT

POR W. H. AUDEN

Hace diecisiete años (1937) apareció, sin ninguna fanfarria, un libro titulado The Hobbit, el cual, en mi opinión, es una de las mejores historias para niños de este siglo. En The Fellowship of the Ring, que es el primer volumen de una trilogía, J. R. R. Tolkien continúa la imaginativa historia del mundo imaginario al que nos introdujo en su libro previo, pero de una manera adecuada para adultos, para aquellos, es decir, entre las edades de 12 y 70. Para cualquiera al que le guste el género al que pertenece, la Búsqueda Heroica, no puedo imaginarme un regalo de Navidad más maravilloso. Todas las Búsquedas tienen que ver con algún Objeto de luminosidad, las Aguas de la Vida, el Grial, el Tesoro enterrado, etc.; normalmente se trata de un buen Objeto y la tarea del Héroe es encontrarlo o rescatarlo del Enemigo, pero el Anillo de la historia de Mr. Tolkien fue hecho por el Enemigo y es tan peligroso que incluso los buenos no pueden usarlo sin corromperse.

El Enemigo creía que el anillo se había perdido para siempre, pero acaba de descubrir que de modo providencial ha ido a dar a las manos del Héroe y dedica todos sus poderes demoniacos a recuperarlo, puesto que le dará el dominio del mundo. La única manera de asegurar la derrota del Enemigo es destruir el Anillo, pero esto sólo puede hacerse de una manera y en un lugar que yace en el corazón de un mundo agreste. La tarea del Héroe es por tanto llevar el Anillo al lugar donde debe ser destruido sin que el Enemigo lo atrape.

El héroe, Frodo Baggins, pertenece a una raza de seres llamados hobbits, que sólo llegan a medir tres pies de altura; tienen pies peludos y prefieren vivir en casas subterráneas, pero en su pensamiento y en su sensibilidad se parecen mucho a aquellos rústicos arcádicos que habitan tantas historias británicas de detectives. Creo que a algunos lectores el capítulo que abre puede parecerles un poco esquivo, pero no deben dejarse hacer a un lado porque, una vez que la historia se echa a andar, esta reticencia inicial desaparece.

Por más de mil años los hobbit han tenido una existencia feliz en una fértil comarca llamada el Shire, indiferente al mundo externo. En realidad este mundo externo es más bien siniestro; los pueblos están en ruinas, los caminos rotos, los campos fértiles se han vuelto desérticos, merodean bestias salvajes y seres malignos, y viajar es difícil y peligroso. Sumados a los Hobbits, están los Elfos que son sabios y buenos, los Duendes que son habilidosos y buenos del todo, y los Hombres, algunos guerreros, algunos magos, que son buenos o malos. La encarnación presente del Enemigo es Sauron, Señor de Barad-Dur, la Torre Oscura en la Tierra de Mordor. Lo ayudan los Orcos, los lobos y otras hórridas creaturas y, claro, los Hombres a los que su poder atrae o domina. El paisaje, el clima y la atmósfera son del norte, reminiscentes de las sagas de Islandia.

La primera cosa que uno pide es que la aventura sea variada e incitante; al respecto la inventiva de Mr. Tolkien no decae y, en el nivel primitivo de querer saber qué sigue, The Fellowship of the Ring es por lo menos tan bueno como Los treinta y nueve escalones. De cualquier mundo imaginario el lector exige que parezca real, y el estándar de realismo que hoy se exige es mucho más estricto que en el tiempo, digamos, de Malory. Mr. Tolkien tiene la fortuna de poseer un don sorprendente para nombrar y un ojo exacto hasta la maravilla para la descripción; para cuando uno ha acabado su libro uno conoce las historias de los Hobbits, los Elfos, los Duendes y el paisaje que habitan tan bien como uno conoce su propia infancia.

Por último, si uno va a tomar con seriedad un relato de este tipo, uno debe sentir que, sin importar qué tan superficialmente distinto pueda ser el mundo en que vivimos en lo que respecta a sus personajes y eventos, el relato sin embargo sostiene un espejo ante la única naturaleza que conocemos: la nuestra; en esto, también, Mr. Tolkien ha acertado de un modo soberbio, y lo que ocurrió en el año 1418 en el Shire, en la Tercera Edad de la Tierra Media, no sólo es fascinante en el año 1954 d. C. sino que es también una advertencia y una inspiración. Ninguna obra de ficción que yo haya leído en los últimos cinco años me ha dado más alegría que The Fellowship of the Ring. n

La política

LA POLÍTICA

POR JOSÉ WOLDENBERG

La política es, según Bernard Crick (En defensa de la política. Tusquets. IFE. 2001. Primera edición, 1962):

•  La actividad mediante la cual se concilian intereses divergentes,

•  Aceptación de limitaciones,

•  Instrumento para garantizar una estabilidad y un orden razonables,

•  Algo de mucho mayor alcance que una doctrina en particular,

•  “ciencia de las ciencias”, según Aristóteles,

•  La que establece unas prioridades y un orden en las demandas antagónicas sobre los recursos siempre escasos de la comunidad,

•  Antípoda de los aglutinantes espirituales, intangibles y externos,

•  Lo que mantiene unida y preserva a una comunidad,

•  Creadora de civilización,

•  Palanca para lograr objetivos específicos,

•  Fórmula capaz de mantener cohesionada una comunidad compleja,

•  Lo que no puede mantenerse por la sola tradición o por un poder arbitrario,

• Reformar para preservar, según Burke,

•  Una actividad —no una cosa—, que necesita vida,

•  Una actividad compleja, puesto que no se reduce a la aspiración de un ideal, ya que entonces los ideales de los demás podrían verse amenazados,

•  Relacionarse con otros,

•  ofrecer cauce y forma a la resolución de los conflictos de intereses, personalidad o de circunstancia,

•  Como la sexualidad, una actividad impredecible,

•  Como en la sexualidad, productora de éxito y fracaso, tragedia y gozo, pasión y prudencia,

•  Irrenunciable, salvo con un alto prejuicio para nosotros mismos,

•  Lo que pone en orden el pluralismo y la variedad,

•  Salvación contra la anarquía, como el sexo lo es contra la misoginia y el celibato,

•  Como el amor, las únicas formas posibles de contención entre personas libres,

•  Ancla para la supervivencia (si uno no sobrevive nunca podrá saber si hizo una elección acertada, Hobbes),

•  Posible sólo con tolerancia y diversidad y a querer o no requiere de un cierto orden establecido,

•  Como la diplomacia, la necesidad de actuar con prudencia, para conciliar.

•  Imposible, donde el gobierno no es viable,

•  Lo que hace posible la gobernación,

•  Solución al problema del orden que prefiere la conciliación a la violencia,

•  Actividad que permite que los distintos tipos de poderes dentro de una comunidad establezcan un nivel razonable de tolerancia y apoyos mutuos,

•  Auto justificante, con la única condición de ser eficaz,

•   Única opción legítima, cuando su cauce se encuentra abierto,

•  Condición de libertad,

•  Rechazo de los medios coercitivos, como preeminentes para resolver conflictos,

•  una simple cuestión de prudencia,

•  Lo que posibilita la existencia de los principios políticos diferentes,

•  Imposible en Estados totalitarios,

•  Enemiga de las ideologías cerradas,

•  Llave para resolver conflictos,

•  El intento más consistente por atajar la violencia. n

Sociedad civil

SOCIEDAD CIVIL

POR EDUARDO GUERRERO GUTIÉRREZ

Antes que nada, una definición que quizá podría gozar de aceptación general. Con la frase “sociedad civil” me refiero a un conjunto de asociaciones voluntarias relativamente autónomas del gobierno. Como participantes de la sociedad civil, los individuos pueden perseguir una amplísima gama de objetivos, entre los que no se cuentan la obtención de cargos públicos (políticos o administrativos) ni el establecimiento de actividades lucrativas. Otro rasgo medular: entre los medios para alcanzar sus propósitos las organizaciones civiles no contemplan las acciones violentas. Por último, las asociaciones que conforman la sociedad civil no reciben fondos del erario público para financiar sus actividades.

Aunque quizás esta sobria definición de sociedad civil podría disfrutar del acuerdo de un gran número de analistas, en la literatura académica sobre el tema se sostienen tres grandes debates. El primer debate tiene lugar entre quienes consideran que la sociedad civil es una arena para la salvaguarda de los derechos individuales y la defensa de las libertades frente a las acciones arbitrarias de las autoridades públicas, y entre quienes consideran que la sociedad civil debe suplir las deficiencias del Estado en el desempeño de algunas de sus tareas y, en ocasiones, apoyarlo en el cumplimiento de sus responsabilidades constitucionales. El segundo debate lo sostienen aquellos que alegan, por un lado, que alianzas coyunturales con partidos políticos pueden permitir a las asociaciones civiles cumplir más eficazmente con sus propósitos, y los que consideran, por otro lado, que tales alianzas implicarían la “desmovilización” de la sociedad civil.

Finalmente, en un tercer debate encontramos a quienes consideran que la existencia de una sociedad civil “responsable” implica también la presencia de un gran número de ciudadanos con “virtudes cívicas” (es decir, iniciativa para participar, tolerancia, espíritu comunitario y autocontrol) y a quienes piensan, en contraste, que una sociedad civil que persiga el bien común no requiere de individuos con tales virtudes, sino de un tejido plural que suponga controles recíprocos entre las asociaciones e impida, con ello, la acumulación de influencia en unas cuantas.

Utilizaré la definición de sociedad civil que propuse inicialmente para enumerar las asociaciones u organizaciones civiles que componen la sociedad civil mexicana. Según los criterios que establece tal definición, nuestra sociedad civil incluye todas aquellas asociaciones reconocidas legalmente como Organizaciones No Gubernamentales (ONG). También comprende a los sindicatos llamados independientes (es decir, aquellos que como el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social están agrupados en la Unión Nacional de Trabajadores) y las asociaciones, cámaras y confederaciones empresariales en las que la membrecía sea voluntaria (por ejemplo, la Confederación Patronal de la República Mexicana o la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros). Por último, nuestra sociedad civil también abarca las organizaciones civiles de inspiración religiosa (por ejemplo, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez o las Comunidades Eclesiásticas de Base).

No forman parte de la sociedad civil mexicana todos aquellos sindicatos que formaron o forman parte todavía de la estructura corporativa del PRI —agrupados casi todos ellos en el Congreso del Trabajo, como es el caso de la Confederación de Trabajadores de México—. Ni forman parte de nuestra sociedad civil los partidos políticos o las llamadas Agrupaciones Políticas Nacionales pues ambas instancias reciben financiamiento público. Tampoco puede considerarse parte de la sociedad civil a ningún grupo armado que utilice o amenace utilizar la violencia para alcanzar sus fines. De aquí que las acciones de las guerrillas de los sesentas o setentas no puedan considerarse “expresiones de la sociedad civil”, ni formen parte de la sociedad civil el Ejército Zapatista de Liberación Nacional o las organizaciones que lo financian y protegen. Por último, no forman parte de la sociedad civil todas aquellas “organizaciones sociales” creadas a iniciativa de agencias gubernamentales (como, por ejemplo, la Secretaría de Desarrollo Social) que están financiadas total o parcialmente por estas mismas agencias para que participen en la implementación de algunos programas públicos.

Conviene abundar brevemente sobre el comportamiento que ha registrado en los últimos años uno de sus sectores más dinámicos: aquel compuesto por las ONG.1 Estas organizaciones realizan sobre todo actividades de asistencia y promoción social, de defensa de los derechos humanos y de protección a la ecología. Según datos del Diario Oficial en 1999, el mayor número de ONG’s registradas ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público se localiza en el Distrito Federal con 1,352 organizaciones. Le siguen, muy de lejos, Jalisco con 322, Nuevo León con 268 y el Estado de México con 222.

Las entidades federativas que en 1999 tenían el menor número de ONG’s registradas eran Campeche, Nayarit, Zacatecas, Tlaxcala y Durango —en estas cinco entidades sumaban apenas 78 las ONG’s con registro—. Por último, según el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), las entidades que registraron las más altas tasas promedio de crecimiento anual de ONG entre 1995 y 2000 fueron Nuevo León, Campeche y Quintana Roo; las tasas más bajas pertenecen a Colima, Hidalgo y Michoacán —cabe destacar que en ninguna entidad federativa el número de ONG’s decreció de 1995 a 2000.

¿Existe alguna relación entre esta nueva presencia que han adquirido las ONG en algunos estados de la República y el avance de la democracia en el ámbito local? Uno de los pocos análisis empíricos sistemáticos que se han realizado recientemente indica que las asociaciones civiles no han tenido un impacto favorable en la democracia local y que incluso podrían haberla llegado a obstruir.2 ¿Por qué el aumento de las ONG no parece haber robustecido la democracia local?

Las ONG no sólo aparecen y tienden a multiplicarse como consecuencia del fortalecimiento de un régimen de libertades y del afianzamiento de la competencia política; las ONG también son proclives a brotar a gran escala en contextos sociales de gran atraso donde las denuncias de violaciones a los derechos civiles son pan de cada día y las demandas de asistencia social son muchas y apremiantes. Este amplio segmento de ONG’s que trabajan en entidades atrasadas participa frecuentemente en sistemas clientelares. En estos sistemas las ONG intercambian con el gobierno, los partidos o los ciudadanos, bienes y servicios con criterios particularistas. En tales casos, lejos de desatar dinámicas de cambio político o social, las ONG contribuyen a perpetuar el statu quo. Un segundo punto a mencionar. es que el intenso activismo que despliegan las ONG en contra de algunas decisiones gubernamentales impide frecuentemente la entrada en vigor de políticas públicas de corte reformista, lo que termina por minar la vigencia y eficacia de las instituciones democráticas. n

1 Los datos que presento a continuación provienen de El almanaque mexicano, editado por Sergio Aguayo. Hechos Confiables/Grijalbo. México, 2000, pp. 310-311. Los datos que suministra El almanaque provienen del Diario Oficial (1999), la Secretaría de Gobernación (1994) y el Centro Mexicano para la Filantropía (1995-1996, 2000).

2 Alfonso Hernández Valdez: “Las causas estructurales de la democracia en México, 1989-1998″, en Política y gobierno, vol. VII. núm. 1. primer semestre de 2000. pp. 101-144. Hernández Valdez creó un índice para medir el grado de democracia local, que incluye variables relativas al número de partidos representado en el electorado estatal, el número de partidos representado en las legislaturas estatales, la alternancia de los partidos en los ejecutivos estatales y la extensión de las libertades y otros derechos civiles en los estados. Como indicador del concepto “asociación civíca” Hernández escogió el número de ONG’s por cada 100.000 habitantes.

Numeralia

ONG’s en el Distrito Federal (2000): 1,930 ONG’s en Nayarit (2000): 21

Crecimiento de ONG’s en Nuevo León entre 1995 y 2000: 1,893%.

Crecimiento de ONG’s en Campeche entre 1995 y 2000: 1,600%.

Crecimiento de ONG’s en Colima entre 1995 y 2000: 104%.

Crecimiento de ONG’s en Jalisco entre 1995 y 2000: 114%.

Fuente: Centro Mexicano de Filantropía (1995-1996, 2000); El almanaque mexicano, editado por Sergio Aguayo. Hechos Confiables/Grijalbo. México, 2000, pp. 310-311.

Desigualdad

INSOMNIOS MEXICANOS

DESIGUALDAD

POR MIGUEL SZÉKELY

México ya no es sólo un país de profundas desigualdades sociales, como se ha afirmado incontables veces. México es más bien un país de grandes abismos.1 Basta con salir a la calle cualquier día y parar en un semáforo para palparlo. Niños de la calle que jamás podrán soñar ni siquiera con la mitad de las oportunidades que tendrán aquellos que sí pueden ir a la escuela; jóvenes cuya única esperanza es contar, en algún momento de su vida, con un empleo que les permita vivir dignamente y sin la incertidumbre de saber dónde van a despertar mañana; adultos que en el transcurso de décadas no verán el dinero que pasa por las manos de un profesionista en un mes.

Muchos mexicanos ni siquiera esperan ver algún progreso durante su generación. Su sueño es que alguno de sus hijos o nietos tengan en el futuro alguna oportunidad de estudiar y puedan dejar de pasarse la vida cuidando y limpiando la propiedad ajena.

Lo grave de esta situación es que las diferencias sociales en nuestro país no se deben, en la gran mayoría de los casos, a que algunos prefieran trabajar menos o a que sean menos capaces o hábiles. Se debe, simplemente, a que el entorno económico en el que vivimos privilegia en oportunidades y opciones a aquellos que nacieron en una situación social más favorable. Es un problema histórico de raíz que se reproduce generación con generación.

Según las encuestas de hogares —la fuente de información más completa en materia de ingresos de la población—, prácticamente no ha habido progreso distributivo en México durante el último cuarto de siglo.2 Por ejemplo, en 1977 el 10% más pobre a nivel nacional concentraba un 0.97% del ingreso total, mientras que en el año 2000 la proporción fue de 1.2%. En cambio, las personas ubicadas en el 10% más rico a nivel nacional concentraba el 42.9% del total en 1977, y el 42.41% en el 2000.

Las tendencias indican que entre 1977 y 1984 hubo un progreso considerable en materia distributiva (en 1984 el 10% más pobre concentró el 1.6% del ingreso total), pero la desigualdad aumentó durante el resto de la década de los ochentas.3 Si bien durante los noventas no hay evidencia de que la situación haya empeorado, ciertamente tampoco se notó mejoría. De acuerdo al índice de Gini, que mide la concentración de los ingresos tomando el valor de 1 cuando una sola persona concentra todos los recursos, y de 0 cuando la distribución es perfectamente equitativa, la desigualdad entre 1992 y el año 2000 pasó de 53.4 a 53.7 puntos; es decir, se mantuvo prácticamente constante.

Con estas tendencias se llega al año 2000 a un grado de polarización en el que la persona promedio ubicada en el 10% más rico de la población recibía un ingreso 34 veces mayor al que recibía una persona en el 10% más pobre. Más aún, el 10% más rico concentra el 42% del ingreso total, cifra equivalente al ingreso total del 80% de la población de menores ingresos. Por otro lado, mientras que la mitad de los perceptores de ingreso recibe menos de dos salarios mínimos, sólo el 3.68% recibe más de 10.

A nivel regional también se presentan grandes abismos. Cálculos en base a información sobre PIB estatal del INEGI de 1999 (el año más reciente) revelan que aun con tasas de crecimiento como las de 1999, una de las mayores registradas en dos décadas, al estado de Chiapas le tomaría cincuenta años alcanzar los niveles de PIB per cápita del Distrito Federal.

Pero las grandes desigualdades no se reducen solamente a la dimensión de los ingresos. Por ejemplo, en materia de educación, mientras que la población económicamente activa (PEA) promedio ubicada en el 10% más pobre de la población tiene apenas cuatro años de educación formal, la PEA en el 10% más rico a nivel nacional tiene más de 13 años de educación. Las desigualdades educativas entre los estados de la república son también enormes. En promedio, la población económicamente activa del estado de Oaxaca tiene 5.3 años de educación, dato similar al promedio nacional de Nicaragua, el país con menor escolaridad de América Latina; en contraste, en el Distrito Federal el promedio es de 10.5 años, prácticamente el promedio registrado en el país latinoamericano con mayor educación en la región (Argentina).

Los indicadores de salud son igualmente alarmantes. Mientras que la tasa de mortalidad en menores de un año en el estado de Guerrero se ubicó en 52 por cada 1,000 nacidos vivos en el 2000, en Nuevo León se ubicó en 14. Las brechas regionales expresadas en un desigual desarrollo y una desigual probabilidad de morir también se observan en la población de 15 a 59 años. En algunos estados como Nuevo León, Baja California Sur y Quintana Roo este grupo poblacional presenta una probabilidad de morir semejante a la de algunos países europeos o a la de Estados Unidos; por otro lado, en las zonas rurales de Guerrero, Puebla y Oaxaca la probabilidad de morir es similar a la de El Salvador, Nicaragua y Honduras. Más aún: mientras que sólo 2.6% de todos los hogares que se ubican en el 10% más pobre de la población tienen acceso al IMSS, ISSSTE, servicios de salud privados u otros servicios médicos, el 93-8% de los hogares en el 10% más rico tiene acceso a algunos de estos servicios.

En cuanto a servicios básicos para la vivienda, en el estado de Guerrero más de una tercera parte de la población carece de drenaje o servicio sanitario, en tanto que en el Distrito Federal y en Nuevo León la proporción es menor a 2%. El 12% de las viviendas en Oaxaca y Chiapas carece de energía eléctrica, mientras que en el Distrito Federal y en Nuevo León existe prácticamente cobertura total. En Guerrero, Veracruz y Oaxaca, una cuarta parte de la población carece de agua entubada, contrario a Aguascalientes, en donde el 98.7% de las viviendas tiene acceso a ella. En Chiapas, Guerrero y Oaxaca, alrededor de 60% de las viviendas presentan indicios de hacinamiento. En Chihuahua y en el Distrito Federal la proporción es de alrededor de 36%. Las disparidades a lo largo de la distribución del ingreso son también preocupantes. Entre los hogares que se ubican en el 10% más pobre de la población a nivel nacional, una tercera parte tiene piso de tierra, 25.7% carece de agua entubada, la mitad no tiene drenaje y el 15.22% carece de energía eléctrica. En contraste, las proporciones para los hogares ubicados en el 10% más rico de la población son 1.87, 2.45, 3.18 y 0.82%, respectivamente.

Podríamos continuar con la lista, y la conclusión sería la misma. México es un país de grandes abismos sociales.

 ¿Persistirán estos abismos? ¿Hay algo qué hacer? Afortunadamente sí. Pero la solución implica cambios importantes en el funcionamiento del sistema económico para atacar el problema de raíz. Y esto no puede hacerse de la noche a la mañana. n

1 El autor agradece a Mabel Andalón y Andrés Montes por su ayuda en el procesamiento de la información utilizada en este artículo. Las opiniones expresadas son atribuibles únicamente al autor, y no reflejan necesariamente el punto de vista de la Presidencia de la República.

2 Realizamos aquí una comparación entre la encuesta de 1977 y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del 2000 del INEGI. Tomamos la encuesta de 1977 como punto de referencia debido a que es la encuesta que se considera más confiable para la década de los setenta, mientras que la de 2000 es la más reciente. Cabe recalcar que aunque las encuestas de hogares son la mejor fuente de información sobre los ingresos totales de la población, tienen sus limitaciones. Quizá la más relevante desde el punto de vista de la desigualdad, es que este tipo de encuestas generalmente excluyen a los individuos de mayores ingresos. Por ejemplo, en la encuesta del 2000 el preceptor con el máximo ingreso a nivel nacional reportó un ingreso de 275,469 pesos mensuales. Según un artículo del periódico Reforma (en base a una encuesta de Intergamma) del 1 de octubre del 2001, la compensación total promedio de los directores de 100 empresas instaladas en la zona metropolitana del DF asciende a 355,000 pesos mensuales netos. Esto da una idea del grado de subestimación de los ingresos altos en las encuestas de hogares.

3 Véase M. Székely: “The Economics of Poverty, Inequality and Wealth Accumulation in México”, Macmillan, 1998.

2002 En tiempo de blues

2002 EN TIEMPO DE BLUES

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

VERÓNICA RASCÓN, IN MEMORIAM

El año habrá terminado cuando este Nexos aparezca, y es probable que el país cuente entonces con un presupuesto de egresos, raquítico sin duda, pero presupuesto al fin. Lo que no tendrá México al iniciar el segundo año del gobierno del cambio son certezas sobre la posibilidad de saltar de una vez la cerca ignominiosa del crecimiento a ras del suelo y del desarrollo social bajo el piso. La posposición material sigue al mando y los años de penuria a que alguna vez convocó el presidente De la Madrid, “para evitar que el país se nos vaya de las manos”, se volvieron ya casi dos décadas.

La recesión seguirá su curso, hasta que los motores externos vuelvan a encenderse, pero sus daños principales en la subsistencia y el empleo, así como en el ánimo de la gente de a pie, irán más allá del inicio de la esperada recuperación que vendrá del norte. Aceptar esta situación como destino es lo peor que le puede pasar a una sociedad cuya demografía básica reclama como nunca de un dinamismo económico y social sostenido y veloz… como el que no hemos tenido en los últimos tres lustros del siglo que se fue.

La recuperación vendrá, pero sólo en lo económico y quién sabe cuándo y cómo. En la política se habrá impuesto el cálculo ramplón del “no hagan olas”, que emana del retraso de ideas y falta de compromiso con la política moderna en que viven los partidos y amplían y celebran los medios informativos sin la mayor consideración. Lo dominante de este inicio del año 2 del cambio serán las campañas internas en los tres grandes, donde lo único que parece estar en disputa hasta el momento son las prerrogativas que distribuye el IFE, más que proyectos alternativos para el país que los reclama. A la pobreza social que se afianza como cultura nacional habrá que añadir la pobreza mental que se apodera de una política que ha confundido democracia con juego de salón entre unas élites autoproclamadas y, lo peor, cada día más autocomplacientes.

Hay que esperar, sin embargo, que al calor de estas contiendas dentro de los partidos se haga un poco de luz para el final del túnel. En el PAN, el desafío de Carlos Medina puede servir para iluminar lo que hasta hoy es pura penumbra y especulación: el carácter y los alcances de la coalición que llevó a Vicente Fox a la presidencia de la República el 2 de julio de 2000. Quiénes son y qué quieren, dónde están, si es que es el caso, en los poco conocidos territorios del partido de Gómez Morín; si, en efecto, el PAN mantiene como eje esa tradición y pensamiento o pasó sin avisar a ser otra entidad, son, entre otros, temas y enigmas que la confrontación planteada por Medina, dentro de su partido y, desde luego, en su fracción legislativa en el Senado, podrán ser dirimidos a la luz pública.

Los “amigos” de Fox no se han reconvertido para ser los “amigos” del presidente. O, al menos, eso se deduce de las mil y una evidencias de que en Los Pinos no se práctica el boxeo político de sombra que solía llevarse a cabo en el reposo y la discreción de la Casa Presidencial fuera de horarios. La campaña por la presidencia del partido algo nos dirá sobre unas coordenadas políticas y un mapa de ambiciones futuras que los liderazgos de las figuras aparentemente tradicionales de Fernández de Cevallos y Calderón en el Congreso, junto con la opaca presidencia de Bravo Mena, han mantenido en la sombra. Para no traer a cuento lo que amenaza volverse un clásico mexicano: la insana distancia entre el presidente Fox y el partido que lo llevó al poder y que, renuente a ser un partido del poder, no ha podido volverse partido en el poder y de poder.

En el PRI parece estarse ante la carrera avasalladora de un solo hombre, pero aquí puede ocurrir que las apariencias engañen. Si la forma es fondo, como decía el clásico, la presidencia “montonera” de Madrazo podría ser la última de la formación política que acompañó al presidencialismo postrevolucionario. Madrazo tiene cuadros, dinero (mucho, al parecer), energía y ganas, pero no ha mostrado reservas ni recursos para darle a su partido perfil moderno y mirada histórica. La rebelión de los cuadros medios, que algunos llaman “las bases”, permitió comprobar que hay priismo para rato, pero esto no asegura que vaya a haber un PRI capaz de contenerlo y darle cauce, ideología, programa en vivo.

El liderazgo y la vocación de Estado más bien parecen estar en otros foros que, por increíble que parezca, son los foros de donde, por estatuto, no podrían salir los dirigentes del partido, salvo en esta ocasión, debido a un transitorio de la generosidad fraguado en la madrugada por el ex-gobernador tabasqueño. Quizá, sólo quizá, una puja por esta presidencia que hoy se imagina resuelta, traería también luz sobre la coalición que encabeza Madrazo, así como sobre las posibilidades reales del PRI de dejar de ser tumulto en busca de cabeza, para volverse simplemente partido de la democracia azteca.

Del PRD habrá que ocuparse luego. El regodeo de sus dirigentes con el mote de “partido de tribus” que les ha impuesto la prensa pero con su concurso entusiasta, apunta hacia un partido en perpetua adolescencia, siempre a la espera de que su fundador y líder moral disponga o sugiera oblicuamente. El partido de la izquierda política organizada tendrá que lidiar con esa ecuación que puede darle empuje y fe, pero que le impide ser moderno y democrático, no digamos social-demócrata.

La economía política de la depresión

Este es el cuadro que espera a México al despuntar 2002. En economía, lo sabemos y sufrimos, la golondrina de Zedillo no hizo verano y en política económica lo que sobresale es un empeñoso conservadurismo y una búsqueda frenética de lo que no existe en este mundo: una gobernabilidad estática y una evolución económica sin riesgos.

De lo social dan ganas de decir que es mejor no hacer caso. No habrá reposo para los que salen en busca de empleo cuando apenas se asoman a la edad adulta, porque nuestro sistema educativo no está pensado, mucho menos diseñado, para formar adultos en la cultura o la ciencia. Son sólo unos cuantos, en términos relativos aunque ya sean millones, los que tienen acceso a la educación superior y muchos menos son los que estando en ella pueden disfrutar de acervos, capacidades, ofertas culturales. En su mayoría, los estudiantes que entran y se mantienen en el sistema público superior no hacen otra cosa que arreglárselas para sobrevivir, a la espera de mejores tiempos, para ellos o sus padres que viven en la incertidumbre laboral y la certeza del salario magro.

La insatisfacción como modo de vida, junto con la incertidumbre respecto del porvenir, se han arraigado en las mentalidades proletarias y clasemedieras del México de la alternancia y la apertura al mundo, mientras otras élites, también autoproclamadas pero más bien afirmadas en su posición por la fortuna, el privilegio o la herencia, siguen su ruta de fuga, que es la forma más segura de vivir su propia revuelta contra una circunstancia indeseable cuyas imágenes a muchos repugna. Pero no los llevan a la vergüenza o la reflexión.

Este es el horizonte que en 2002 se afirmará para los mexicanos que se ilusionaron con el inicio del círculo virtuoso entre desarrollo, estabilidad y democracia, de que presumió el presidente Zedillo al fin de su mandato y que el presidente Fox prometió llevar hasta la luna. Poco duró el gusto y lo más probable, por lamentable que pueda parecer, es que no se nos ofrezca pronto otra probadita. Antes, inevitablemente, el país real que no es sólo el del crimen o el abuso, tendrá que afrontar pruebas a título de suficiencia, porque prefirió hacerlas a un lado en el periodo ordinario, víctima de un ensueño recurrente que ya terminó y que, en verdad, no debería retornar.

Dejar atrás el tiempo de las ilusiones, es condición obligada para entrar en el momento de la maduración y el aprendizaje, después de tanta y tan desperdiciada experiencia. Como alguna vez propuso algún clásico de la economía del desarrollo, una medida del atraso es la vocación para no aprender a tiempo y para repetir, hasta con entusiasmo, los errores pasados.

El mayor de estos errores en nuestra historia reciente, fue imaginar que el petróleo nos daría la posibilidad de un rodeo, o de inventar sobre la marcha una “nueva” economía sin tomarse la molestia de superar y corregir las fallas de la vieja que nos había introducido a la crisis. La providencia se mostró pronto como maldición, en patético homenaje al poeta que hizo del diablo un notario.

Luego vino más, sólo en apariencia de signo contrario. La invención del mercado como todo poderoso y generoso demiurgo de, otra vez, una “nueva” economía, nos dejó en medio del camino, no sin antes pasar su elevada tarifa de pobreza y desigualdad, que con el desempleo de 1995 consolidó el bizarro dualismo laboral en que se debaten los mexicanos postmodernos de la democracia y la globalización a la americana. Al final se pecó por el mismo lado: el de la esperanza y la ilusión en fuerzas y bondades metanacionales, también meta constitucionales, hasta extraterrestres, que nos evitarían caer en una revisión a fondo, sin concesiones, de nuestras incapacidades y fallas, para poner a punto y en alto contraste lo que hubiere sobrevivido de las destrezas y energías forjadas al calor del siglo y el ciclo de la Revolución.

Del Estado providencial al mercado milagroso, nos tomó veinte años, que sí son algo y hasta demasiado. Los saldos no son alentadores y si bien tenemos hoy la posibilidad de soñar con el autogobierno y el orden construido por los ciudadanos comunes, gracias a la democracia, la verdad es que el inventario de lo no hecho o hecho mal es abrumador y acalambra al más pintado.

El desencanto puede marcar el principio de la sobriedad y del uso de un ingenio maduro, reacio a la política de la ocurrencia y refractario al montón que se pretende política popular o de masas. Sin pasar por esa prueba, no habrá democracia que produzca y dé cohesión, ni tendrá México una evolución social y política que le permita presentarse seriamente ante el mundo como nación habitable.

Pero no hay que olvidarlo: más que el primer año del gobierno del cambio, estamos hablando del año 16 de la “gran transformación” que se volvió ingeniería social utópica y destructiva. Arbol con pocos frutos y muchos de ellos amargos. Tomemos nota del tiempo.

Este blues termina aquí, recordando a Harrison y sus muchas noches de días difíciles. Quizás, sólo quizás, “a touch of poetry” es lo que haga más falta. Auguri para todos.

San Pedro Mártir, 6 de diciembre 2001. n

Financiamiento

FINANCIAMIENTO

POR FAUSTO HERNÁNDEZ TRILLO

Durante la última década del siglo pasado México reformó su economía para generar las condiciones de un crecimiento sostenido; condiciones que, se argumentaba, con el paso del tiempo repercutirían positivamente en el bienestar general de la población. Esto es aún motivo de debate por los resultados mixtos no sólo en el país sino en el resto de América Latina. Los organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, en su reporte de 1997, reconocen que si bien el camino es el correcto, existieron ciertas fallas, siendo la principal un diseño institucional y un marco legal inadecuados a las circunstancias. Una parte fundamental de dicha reforma fue la liberalización financiera. Esto permitiría el desarrollo financiero, elemento identificado como fuente de crecimiento económico.

Se llevaron a cabo una serie de medidas, entre las que destacan la remoción de límites sobre la tasa de interés, que serían determinadas por el mercado; la eliminación de las reservas requeridas, sustituidas con un coeficiente de liquidez que se removió posteriormente; la reprivatización de la banca y la promoción del mercado bursátil.

La visión positiva sobre la liberalización financiera y su impacto sobre el crecimiento económico fue empañada considerablemente hacia finales de 1994, cuando el país enfrentó una severa crisis, cuya explicación está fuertemente asociada a la forma en que se llevó el proceso de liberalización financiera. Los indicadores sugieren que la banca falló en su misión de financiar el desarrollo económico debido a una gama de factores, que están más allá del alcance del presente comentario.1 Una famosa frase, acuñada por el economista Díaz-Alejandro mucho antes de la crisis financiera, describe nuestro proceso de liberalización financiera: “Adiós represión financiera, buenos días crisis financiera”.

 En ese artículo de 1983 (publicado hasta 1985) se argumenta que los hacedores de política deben tener cautela y diferenciar un mercado de “carne” (sic) de uno financiero, pues existen diferencias importantes entre ambos, y advertía que. de no hacerlo, a la larga se tendría que rescatar a la banca. Años más tarde así sucedió en México.

Las lecciones generales de nuestra crisis son básicamente dos. Primero, antes de liberalizar el sector financiero es importante fortalecer el marco institucional y legal bajo el que opera el sistema; y, segundo, que la regulación prudencial y la supervisión bancada son importantes ya que los procesos de liberalización financiera, por naturaleza, incrementan la fragilidad bancaria.

Durante la administración zedillista la política del sector se dirigió hacia la corrección de estos dos puntos, no sin antes llevar a cabo un controvertido rescate financiero de la banca. Entre otras cosas, se modificaron algunas leyes entre las que destacan la Ley de Garantías y de Quiebras; se emitieron disposiciones prudenciales acordes a los estándares internacionales, y la banca central inició un proceso de construcción de credibilidad antiinflacionaria, cuyas mejores batallas todavían están por librarse. Si bien la banca comienza a mostrar signos de recuperación, todavía se requiere de una mayor fortaleza y de una muestra sostenida de estabilidad de precios en niveles bajos —de aquí la importancia de la reputación del Banco de México.

El motor del crecimiento durante los últimos cuatro años de la administración zedillista fue el sector exportador, financiado principalmente por la banca internacional. Para ese sector específico tal forma de financiamiento fue y es barata ya que, al vender en dólares, no enfrenta riesgo cambiario. Por su parte, la reducida actividad económica de los otros sectores fue financiada, nos dice la Encuesta de Micronegocios de 1998, con créditos de proveedores y, sorprendentemente, crédito familiar (es decir, proveniente de amigos o parientes). Por último, el gobierno federal pospuso la creación de la infraestructura necesaria para el desarrollo del país, debido principalmente a un rescate bancario, que nos guste o no pesará sobre las finanzas públicas durante al menos los siguientes diez años, y la incapacidad de elevar la recaudación fiscal.

La agenda para el financiamiento del desarrollo debe incluir, entre otras cosas, el fortalecimiento de la banca para reactivar el crédito (con estabilidad sostenida de precios como condición necesaria); el diseño de programas alternativos de financiamiento para incluir a los sectores tradicionalmente olvidados por la banca, y el fortalecimiento de los ingresos públicos.

Conviene resaltar los últimos dos puntos. Los programas de financiamiento popular deben diseñarse con sumo cuidado para que realmente alcancen a la población a la que se quiere llegar y que no generen en el largo plazo problemas de daño moral. Este tipo de programas suele politizarse y generar conductas irresponsables. Es necesario evitarlo.

Si bien estos programas han sido exitosos en otras regiones del mundo como Bangladesh, Indonesia y Bolivia, incluso ahí su impacto es significativo cuando se les evalúa de manera global, debido a numerosos factores como la dependencia de recursos externos y la profundidad misma de los programas; además, estos programas no han sido parte de una estrategia integral de combate a la pobreza. Es importante profesionalizarlos, especialmente en México.

Por otro lado, el desarrollo del país requiere de una infraestructura sólida en vías de comunicación y energía. Se ha mostrado que existe una relación alta entre tal solidez y el abatimiento de la pobreza. Las zonas con una infraestructura adecuada, en general, son menos pobres que las que carecen de ella. El gasto social es un concepto más amplio que el que se le ha asignado tradicionalmente en México. Amartya Sen, Premio Nobel de Economía, ha mostrado que el gasto social juega un papel fundamental en la reducción de la pobreza; sin éste, es difícil ganarle la batalla. El desarrollo requiere de inversión pública en capital físico y humano, acorde a las necesidades regionales del país. Los niveles de gasto en estos rubros deben incrementarse y reubicarse geográficamente para satisfacer las necesidades del país. Sin embargo, los ingresos tributarios del país se encuentran dentro de los más bajos del mundo, incluso comparados con países de Centroamérica. De aquí que la reforma fiscal integral sea una necesidad imperiosa para el desarrollo de México. No obstante, el país hereda una serie de pasivos contingentes (Fobaproa, seguridad social privada y pública, federal y estatal, Pidiregas, etc.) que ascienden, en promedio, a 2% anual del PIB durante los siguientes diez años, y que obstacularizarán el financiamiento de necesidades claves para el país. Sin duda esto le ha reducido grados de negociación al ejecutivo para aprobar la reforma fiscal. A pesar de ello, es importante que el país incremente la recaudación tributaria. Por desgracia, la actual administración no ha sido capaz de transmitirle esta necesidad a la población. En “la transición” también se desperdició un momentum político que no volverá a presentarse, de acuerdo a la hipótesis de gobierno débil (weak government hypothesis). La reforma debe, entre otras cosas, eliminar los privilegios fiscales de que gozan ciertos sectores e incluir mecanismos para hacer más eficiente y equitativo el gasto público, características que no se han alcanzado en México.

El financiamiento del desarrollo mexicano requiere, por un lado, de un sistema financiero sólido que actúe bajo la cobija de una economía estable; y, por otro, una reforma fiscal integral que garantice los recursos para satisfacer las necesidades del país, entre las que más destaca el combate la pobreza. n

1Ver Fausto Hernández Trillo y Alejandro Villagómez Amezcua: “El TLC y el sector financiero: Una evaluación preliminar”. en Arturo Borja y Judith Mariscal: Para evaluar el TLCAN. Porrúa Editores. México, 200

Numeralia

1. Cual es el porcentaje del PIB al que asciende finalmente el Fobaproa?

Deuda del IPAB como % del PIB: 14.72% en 1999 14.26% en el 2000 13.58% en el 2001

Fuente: IPAB.

2. Tamaño del mercado accionario como porcentaje del PIB de México y Estados Unidos:

Diciembre 2000, valor de capitalización

(no incluye sociedades de inversión ni mutual funds):

México: 22.15%

(valor de capitalización = 1,203,021 millones pesos) Estados Unidos: 114.1%

(Market capitalization =11,442,400 millones dólares)

3.  Tamaño del sector bancario total como porcentaje del PIB en México y Estados Unidos?

México: Captación 19.1% del PIB Estados Unidos: 53-1% del PIB

Fuente: INEGI, finanzas públicas e indicadores monetarios y bursátiles.

4.  Monto del programa de micro-changarros, en total y como porcentaje del PIB:

2001: 234.42 millones de pesos (0.0042% del PIB)

Fuente: Secretaría de Economía, “Acuerdo por el que se determinan las reglas de operación e indicadores de evaluación y de gestión para la asignación del subsidio destinado a la operación del fondo de apoyo a la micro, pequeña y mediana empresa para el ejercicio fiscal del año 2001″.

5. Recaudación tributaria

México: 10.2% del PIB Estados Unidos: 22.02% del PIB Suecia: 52.2% del PIB El Salvador: 16.8% del PIB

Fuente: SHCP.

Federalismo

FEDERALISMO

POR ALBERTO DÍAZ CAYEROS

El principal problema del federalismo mexicano radica en el déficit de representación y rendimiento de cuentas generado por la centralización fiscal. Los gobiernos estatales y municipales en México realizan sus funciones sin que sus ciudadanos aporten necesariamente los recursos que hacen posible dicho gasto. No existe una correspondencia entre los gastos en las comunidades, municipios y estados, y lo que sus ciudadanos están dispuestos a pagar por los servicios del gobierno. Las contribuciones fiscales son percibidas como un tributo al lejano poder del centro. El gasto compensatorio, destinado a las regiones más pobres y marginadas, es entendido como una generosa dádiva federal, no como una decisión cohesionadora de un pacto social firmado por todos los mexicanos.

El federalismo mexicano es quizás el más centralizado del mundo. Aunque en la última década hubo un acelerado proceso de descentralización del gasto, en el cual la responsabilidad por la provisión de servicios de educación, salud, infraestructura básica, y otros, han sido devueltos a los estados y municipios, la autoridad tributaria —entendida como la capacidad de cobrar impuestos a los ciudadanos— se encuentra más concentrada en México que en cualquier otro país federal, con la excepción de Venezuela. Según datos del Banco Mundial, los gobiernos subnacionales de México recaudan el 21% de los ingresos públicos. En Brasil, Alemania y Estados Unidos los gobiernos subnacionales controlan cerca de un tercio de la recaudación; en India y Suiza alrededor del 36%; en Rusia, Canadá y Argentina más del 40%; y en China (que nominalmente no es federal, aunque sí lo es en la práctica) el 50%.

La concentración tributaria del gobierno federal en México es todavía mayor de lo que estos datos sugieren, pues las participaciones fiscales (los ingresos que el gobierno federal recauda y transfiere a estados y municipios dentro del Sistema Nacional de Coordinación Fiscal) se contabilizan como recaudación de estados y municipios, cuando estrictamente dichos fondos son transferencias federales. Así, los gobiernos estatales y municipales en México recaudan, por sí solos, menos del 5% de los ingresos gubernamentales, lo cual los coloca por debajo de casi todas las federaciones en el mundo, y de un gran número de países unitarios (incluyendo Bolivia, Chile y Nicaragua).

La centralización fiscal resultó de la abdicación de la potestad tributaria por parte de estados y municipios, que bajo el argumento de evitar la doble tributación permitió al gobierno federal eliminar gradualmente la concurrencia fiscal en múltiples impuestos desde los años treinta, culminando con la creación del Sistema Nacional de Coordinación Fiscal y la introducción del Impuesto al Valor Agregado en 1980. El sistema vigente no fue impuesto por el centro, sino que fue aceptado voluntariamente por los gobiernos estatales en un intercambio: la autoridad fiscal fue cedida a cambio de transferencias financieras (las participaciones fiscales). Sin ningún esfuerzo fiscal de su parte, el gobierno federal aseguró a los gobiernos subnacionales que contarían con recursos mayores que los que antes recaudaban.

Recaudar impuestos es siempre impopular. Cualquier gobierno desearía poder gastar sin tener que recaudar los fondos para financiar ese gasto. En un sistema autoritario los impuestos son extraídos de los súbditos sin otra opción. El “terrorismo fiscal” o la extracción de recursos de fuentes “naturales” como el petróleo son típicas maneras de recaudar cuando no hay democracia. En un sistema democrático el reto del gobierno es encontrar un balance entre el gasto que los ciudadanos demandan y el que los ciudadanos aporten en forma transparente, los dineros que pagan de manera cuasi-voluntaria —porque perciben que los impuestos son justos y se utilizan correctamente.

El principal problema del federalismo mexicano es que los gobiernos estatales y municipales gastan como si fueran gobiernos autoritarios: destinando los recursos a quienes más capacidad de presión tienen, sin tomar en cuenta qué desean los ciudadanos que pagan, pues éstos seguramente viven en otro estado o municipio. Todo sistema federal está caracterizado por transferencias entre regiones: ninguna jurisdicción política se financia al 100% con fondos propios. Sin embargo, los beneficios del federalismo sólo se hacen posibles cuando, en el margen, las nuevas decisiones de gasto se pagan con impuestos que son financiadas con nuevos impuestos o ampliaciones de la base fiscal logradas localmente. Sólo entonces se cumple (en el margen) lo que se conoce como el principio de beneficio. En México el Sistema de Coordinación Fiscal actualmente vigente rompe la conexión entre ingresos tributarios y gastos realizados localmente.

Los incentivos políticos son tales que pocos actores están dispuestos a cambiar el status quo. La creación de un sistema con tan elevada concentración tributaria sólo fue posible gracias a la dependencia política de los gobernadores, presidentes municipales, diputados locales y federales y los senadores en un sistema jerárquico creado por la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El PRI controlaba centralmente las posibilidades de avance en las carreras políticas, y al mismo tiempo protegía a los miembros del partido de los retos de la competencia democrática. El presidente, como líder del partido, utilizó todo el poder y los recursos de la esfera federal para subyugar a las fuerzas locales. Esas fuerzas no desaparecieron del todo, y con la democratización una de las demandas más inmediatas ha sido la descentralización.

Con la pluralidad política, no sólo en las asambleas representativas como el Senado y la Cámara de Diputados, sino en cada uno de los estados y municipios, uno esperaría que se revirtiera el proceso de centralización tributaria. Sin embargo, los gobiernos locales se han acostumbrado a un esquema fiscal en el que no se premia su esfuerzo, y la culpa por los elevados impuestos, o la falta de recursos financieros, siempre se puede desplazar a otro nivel de gobierno. Como gobernantes, esta es una posición muy cómoda.

Esto sólo podrá cambiar cuando los beneficios del federalismo se vuelvan más patentes no sólo para los gobiernos sino para los ciudadanos. Primero, los gobiernos locales necesitan libertad para experimentar y ejercer su gasto como ellos lo consideren más adecuado y pertinente. Segundo, se debe avanzar en propuestas de descentralización de la autoridad tributaria que aseguren una cantidad considerable de recursos, no simplemente mejorías marginales. Tercero, los foros de representación del federalismo —en particular el Senado— deben convertirse en espacios de decisión del futuro del pacto federal. Por último, se debe consensar un nuevo pacto social federal sobre la base de la ciudadanía: el significado último del federalismo no debe ser la protección de esferas de acción exclusivas para cada ámbito de gobierno, sino la garantía de que cada ciudadano mexicano tendrá las mismas oportunidades y libertades, no importa en qué lugar del territorio nacional se encuentre.

Numeralia

1.  Pesos ejercidos por el gobierno federal de cada peso del gasto gubernamental en 1980: 9 de cada 10. En 2000: 5 de cada 10.

2.  Pesos recaudados por el gobierno federal de cada peso de recaudación gubernamental en 1980: 2 de cada 10. En 2000: 2 de cada 10. En 1900: 4 de cada 10.

3.  Porcentaje de los ingresos públicos estatales que provienen de impuestos recaudados localmente en el estado de Oaxaca: 3. En Nuevo León: 22.

4.   Participaciones federales netas por habitante recibidas por el gobierno del estado de Tabasco en 1999: 2,836 pesos; por el gobierno del estado de Oaxaca: 692 pesos.

5.  Fondo de Aportaciones para la Educación Básica (Ramo 33) por habitante recibido por el estado de Baja California Sur: 1,963 pesos; por el Estado de México: 649 pesos.

6.    Ingresos propios (principalmente predial y derechos de agua) recaudados por los municipios de Chiapas por habitante: 18 pesos; en Quintana Roo: 301 pesos.

Fuentes:

1.  Banco Mundial: World Development Report 1999- 2000. Entering the 21st Century. Oxford University Press, 1999, y VI Informe de Gobierno.

2.  Banco Mundial y Alberto Díaz-Cayeros: Political Responses to Regional Inequality: Taxation and Distribution in Mexico. Ph D., dissertation. Duke University, 1997. 3-6: Díaz Cayeros: “Federalismo Fiscal”, en Luis Rubio [et al.]: La disputa por los recursos. Reforma fiscal, federalismo y política social. Miguel Angel Porrúa, Centro de Investigación para el Desarrollo, A. C., México, 2001.

Auden: Tolkien y el Señor de los Anillos

AUDEN: TOLKIEN Y EL SEÑOR DE LOS ANILLOS

John Ronald Reuel Tolkien (1892-1973) vuelve a ponerse de moda. Su primer revival ocurrió en los años sesentas, cuando el movimiento hippie y en general la juventud estadunidense pegaban en las paredes de sus cuartos mapas de Middle Earth, el lugar imaginario donde ocurre la obra de Tolkien. Y al respecto, en diciembre de 2001 asistimos al estreno mundial de la película The Fellowship of the Ring (La comunidad del anillo en español), primera parte de la trilogía The Lord of the Rings de Tolkien. Acaba de aparecer una biografía de Tolkien (Tolkien de Michael White, Little Brown, Londres, 2001) por la cual sabemos que este autor, también lingüista y académico de Oxford, desechó el único automóvil que tuvo, detestaba la televisión y le fruncía el ceño a todo lo que fuera arte moderno. Quién sabe qué habría dicho Tolkien de saber que las tres películas basadas en su trilogía (500,000 palabras de extensión) costaron 300 millones de dólares.

Ofrecemos al lector la mejor reseña escrita en su momento —y quizás en todo momento posterior, hasta hoy— del primer libro de la trilogía de Tolkien. Se publicó el 31 de octubre de 1954 en The New York Times y fue escrita por el poeta W. H. Auden. n

Pobreza

POBREZA

POR RODOLFO DE LA TORRE

La magnitud de la pobreza en México es un asunto a debate. Ninguna afirmación tajante sobre ella es posible. Sin embargo, a partir de la información calculada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que considera como pobre a quien percibe menos de 120 dólares por mes en las zonas urbanas y menos de 78 en las rurales, alrededor del 40% de los hogares en México es pobre. En las zonas rurales la pobreza tiene una mayor extensión y es de mayor profundidad que en las zonas urbanas; sin embargo, es en estas últimas donde las situaciones de crisis económica tienen un mayor impacto sobre el fenómeno. Mientras que en el campo cerca de 30% de las personas ni siquiera pueden alcanzar sus requerimientos alimenticios, en las ciudades sólo un 12% se encuentra en tal situación. Pero tras la crisis de 1995 la pobreza extrema y la moderada aumentaron en mayor medida en las zonas urbanas.

Geográficamente, la pobreza se concentra en la región centro-sur del país. Cerca del 30% de ella se encuentra en los estados de Veracruz, México y Puebla, pero la de mayor intensidad se localiza en Oaxaca, Guerrero y Chiapas. En las zonas rurales, el mayor número de pobres corresponde a jornaleros sin tierra, mientras que los más pobres están dentro de los grupos indígenas. En las urbanas, el mayor número de personas pobres corresponde a hogares con jefes de familia varones, alfabetizados, autoempleados, en el sector formal y en actividades manufactureras, mientras que los más pobres se encuentran entre hogares con jefes de familia varones, con primaria incompleta, autoempleados, pertenecientes al sector informal y al de la construcción.

Debido a que la pobreza se reduce aproximadamente en un punto porcentual por cada punto de incremento del ingreso promedio, es factible que para el año 2001 la pobreza se haya reducido a niveles similares a los de 1994, revirtiéndose los efectos de la crisis de 1995, si bien queda aún por establecer el efecto final del estancamiento del 2001.

Aunque la pobreza no es un fenómeno nuevo en México, durante los últimos 15 años, en el periodo de reformas económicas que acercaron la economía a un sistema de mercado, ésta se ha mantenido en niveles elevados. Una de las razones ha sido el funcionamiento del mercado de trabajo. Se estima que cerca de un 30% de la pobreza se debe a los bajos niveles educativos y las desigualdades que genera. Mientras que el 10% de la población de menores ingresos apenas alcanza los dos años de escolaridad, el 10% más rico supera los doce años. Bajos niveles educativos se asocian a menores oportunidades de obtener un empleo productivo. Adicionalmente, la baja escolaridad genera una menor participación en el mercado de trabajo, particularmente para las mujeres. Así, la tasa de participación de las mujeres con primaria incompleta apenas alcanza el 39%, mientras que la correspondiente a aquellas con educación superior rebasa el 77%. A lo anterior se agrega la reducción en la demanda de trabajo no calificado respecto al trabajo calificado. Durante el periodo de reformas, mientras que el trabajo no calificado prácticamente no aumentó su productividad, los rendimientos derivados de la educación aumentaron casi en un 66%. El aumento en los rendimientos educativos se dio fundamentalmente para aquellos que ya poseían educación superior. De esta forma, la baja escolaridad, la menor participación en el mercado laboral y la reducción en los rendimientos por el trabajo han contribuido a acentuar el problema de la pobreza.

La reducción en la demanda por trabajo de baja calificación ha provenido fundamentalmente del cambio tecnológico incorporado a raíz de la apertura comercial. Las nuevas formas de organización productiva y los conocimientos incorporados en el capital físico introducido al país han desplazado la contratación de trabajo no calificado en favor del trabajo calificado. Adicionalmente, los sectores más dinámicos de la economía son ahora intensivos en el uso de capital físico y humano.

 Bajos niveles de escolaridad inciden en la pobreza no sólo a través de los ingresos laborales. Padres con bajos niveles de educación suelen tener un mayor número de hijos e invertir poco en su preparación. Además, los incorporan a actividades laborales a edades tempranas, con lo que se genera una elevada deserción escolar. Finalmente, los menores niveles de escolaridad también se asocian a inapropiados hábitos de salud e higiene, lo que incide en la persistencia de enfermedades, sobre todo gastrointestinales. La falta de capital humano genera pobreza, que impide a su vez mantener y acumular capital humano.

La pobreza no es sólo atribuible a las carencias educativas. La falta de capital físico, particularmente de infraestructura para la provisión de servicios básicos, también la explica. Cerca del 20% de la población pobre no cuenta con agua potable. 33% no tiene drenaje y 6% no tiene electricidad. A la carencia de capital físico se agrega la falta de disponibilidad de crédito y servicios financieros en general. Mientras que el ahorro se concentra en el 30% de la población más rica, el acceso al crédito y los servicios financieros corresponde a una población todavía más reducida.

Ante este panorama, es de destacar que el gasto público dedicado al combate a la pobreza ha representado cerca de un punto porcentual del PIB, cifra insuficiente para las dimensiones del problema. Sin embargo, este nivel se explica parcialmente por las restricciones que enfrenta el gasto social. Mientras que el gasto social se encuentra alrededor del 10% del PIB, también cercana a esta cifra es la recaudación fiscal. De esta forma, un mayor gasto social basado en recursos relativamente ciertos y estables requeriría la revisión del sistema impositivo. Pero la explicación fundamental del bajo nivel del gasto contra la pobreza corresponde a la decisión de asignar sólo 10% del gasto social específicamente a los grupos más pobres.

Más importante que el nivel del gasto social ha sido su asignación entre diversos grupos. Por ejemplo, menos del 38% del gasto educativo es dedicado al 40% de la población más pobre. El problema es particularmente grave en la asignación del gasto en educación superior, pues menos del 1% se dedica al 20% más pobre, mientras que el 20% más rico se beneficia del 58%.

En lo que corresponde al gasto contra la pobreza, cerca del 47% se dedica a inversión en infraestructura, 43% a capital humano y 10% a la creación de oportunidades de ingresos. Pese a que el gasto en creación de infraestructura se encuentra descentralizado y su asignación sujeta a fórmulas que se supone lo dirigen a las zonas más pobres, aún se encuentra inadecuadamente focalizado, pues los criterios de distribución geográfica no incorporan de manera apropiada la carencia de servicios públicos en la identificación de la pobreza y los municipios no necesariamente realizan acciones consistentes con las de otros órdenes de gobierno. Por su parte, la creación de oportunidades de ingresos, representada fundamentalmente por el Programa de Empleo Temporal, aún no demuestra su efectividad en la canalización de los recursos. Un problema general a estas políticas es que no se ha realizado una evaluación apropiada de ellas y es imposible determinar sus verdaderos resultados.

La situación es distinta para la inversión en capital humano. Dentro de este rubro se encuentra el Programa de Educación Salud y Educación. PROGRESA, que proporciona una transferencia monetaria a los hogares condicionada a que los padres mantengan a sus hijos en el sistema escolar y acudan a recibir servicios de salud. Dentro de este esquema se ha llevado a cabo una detallada evaluación de su impacto: la presencia del programa ha significado hasta un 42% de menor pobreza en las comunidades atendidas.

La política futura de combate a la pobreza debe retomar las lecciones aportadas por PROGRESA y mantener, corregir y extraer dicho programa. Pero no puede detenerse ahí. Los recursos dedicados al combate a la pobreza son insuficientes y deben ser ajustados; es necesario mejorar los mecanismos de asignación del gasto para infraestructura, reconociendo el impacto que las crisis económicas han tenido en la pobreza urbana. Finalmente, deben establecerse mecanismos para aprovechar las redes de cooperación comunitarias existentes en los grupos más pobres para mejorar las políticas que los atienden. El capital social entre los pobres tendría, entre otras cosas, usos productivos para la provisión de servicios financieros de escaso interés para la banca tradicional.

Si bien la presente administración ha dado indicios de querer avanzar por nuevas vías en el diseño de la política de combate a la pobreza, las restricciones presupuéstales y operativas le han impedido realizar innovaciones sustanciales. El Programa de las 250 Microrregiones tan sólo ha sido una agrupación de programas previos sin mayores recursos. La nueva política social está por definirse. n

Numeralia

•  De acuerdo a la CEPAL, 38% de los hogares mexicanos eran pobres en 1998.

•  30% de la pobreza se encuentra en los estados de México, Veracruz y Puebla.

•  La pobreza se reduce en poco más de un punto porcentual por cada aumento de 1% del ingreso medio.

•  30% de la pobreza es atribuible a los bajos y desiguales niveles educativos.

•La presencia de PROGRESA ha reducido hasta en un 42% la pobreza en las localidades en que opera respecto al resto

 

El territorio

México cuenta con un acervo de recursos naturales de una enorme importancia regional y global, además de ser reconocido como uno de los pocos países “mega-biodiversos” en el mundo. Sin embargo, la senda de nuestro desarrollo se basa en un doble proceso de deterioro que contribuye a la degradación de sus recursos. A pesar de logros sustanciales en la esfera económica a lo largo del siglo XX, un grupo considerable de mexicanos ha vivido atrapado y en un estado de extrema pobreza, por el cual el disfrute del desarrollo ha sido la rara excepción mientras que la brecha que lo separa de sus compatriotas (y por tanto el deterioro de su calidad de vida en relación a éstos) ha sido la indignante y dolorosa regla. El proceso de deterioro se ha manifestado como degradación y agotamiento de los recursos naturales, lo que no sólo afecta al medio ambiente físico sino también a la viabilidad del desarrollo. La deforestación, la erosión de los suelos, la pérdida de la biodiversidad, la vulnerabilidad ante los cada vez más frecuentes desastres naturales y la contaminación y sus secuelas en la salud humana y económica dan cuenta de los costos de nuestro modelo de desarrollo, influido por la idea implícita de que los bienes y servicios ambientales son ilimitados, gratuitos y permanentes.

Sin duda el deterioro ambiental en México es grave. El incremento de emisiones y las consecuentes concentraciones de contaminantes es particularmente ostensible en las zonas metropolitanas de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey, catalogadas dentro de las quince ciudades más contaminadas del mundo. Las concentraciones impactan considerablemente al medio ambiente y producen trastornos como la exacerbación del efecto invernadero (México se clasifica entre los quince países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero) y el consiguiente cambio climático (se estima que para finales del siglo la temperatura de la Tierra podría incrementarse hasta en 3.5°C, desencadenando graves efectos, como la desaparición de algunas zonas costeras bajas en algunos países).

Por otra parte, las principales fuentes de abastecimiento de agua potable (alrededor de 94 de nuestros acuíferos) están sobreexplotadas y al menos 40 núcleos urbanos enfrentan hoy serios problemas para asegurar el suministro de agua potable. Sorprende que. por ejemplo, en la ciudad de México se consuman 74m de agua por segundo, lo que equivale a llenar seis veces por día el Estadio Azteca.1 Sin embargo, no sólo preocupa la aguda escasez actual, sino la posibilidad real de un colapso en su suministro en un plazo no muy lejano. Esta amenaza real ha otorgado a la "Cruzada por el agua y los bosques" su status de asunto de seguridad nacional.

En las últimas tres décadas México ha perdido más del 30% de sus áreas verdes (equivalentes al territorio de Tlaxcala y el DF), mientras que cerca del 75% del territorio sufre de erosión2 y la tasa de deforestación nacional de 1.2% anual duplica el promedio mundial.3 Cada año se pierden cerca de 600,000 hectáreas de bosques y selvas, lo que ha derivado en la desaparición de miles de especies, algunas de ellas endémicas.4 Por otra parte, se estima que año con año la contaminación del agua, aire y suelo ocasiona daños a la salud de los mexicanos por un monto equivalente a 2,000 millones de dólares.5

Una parte del deterioro ambiental se explica por errores de acción u omisión por parte del Estado. La omisión puede tener su origen, entre otras cosas, en la incapacidad de reconocer explícitamente los costos económicos de la degradación y el agotamiento de los recursos naturales. Ante esta incapacidad, el peso que el tema ocupa en la agenda de políticas públicas es pequeño frente a su magnitud real. En gran medida, dicha incapacidad obedece al hecho de que los servicios ambientales raramente están incorporados al sistema común de valoración: el económico. Desde siempre, estos bienes y servicios se han considerado productos de acceso libre e ilimitado, lo que fomenta conductas individuales depredadoras: lo que no cuesta, ni se valora ni se cuida.

El acercamiento económico a la situación ambiental puede proporcionar una forma más tangible de comprender la magnitud y el alcance de sus problemas. Desde siempre, el pago de intereses de la deuda externa ha sido señalado no sólo como el gran obstáculo al desarrollo sino como una enorme sangría al país. Si tan sólo comparáramos el monto del servicio de ésta con lo que incurrimos por concepto de costos totales ambientales (incluyendo costos de agotamiento y costos de degradación), ubicaríamos el problema ambiental en su justa magnitud. Como puede observarse, los costos ambientales por agotamiento y degradación superan por mucho (en más de cuatro veces) el escandaloso pago de intereses por concepto de la deuda externa. Así, entre 1985 y 1999 la economía del país experimentó una pérdida promedio del PIB del orden de 2.03% por costos de agotamiento y del 9.15% por costos de degradación. Esto da un total de 11.18% del producto, lo que proyectado a precios de 1999 resulta en un monto equivalente a 47,850 millones de dólares anuales.6 Es urgente frenar la tendencia actual y, en la medida de lo posible, revertir el proceso.

A menudo no sólo es la inacción del Estado lo que perpetúa el problema, sino las políticas que éste lleva a cabo. En particular, las señales que distorsionan algunos precios clave. Piénsese en los subsidios a la energía que, al alentar su consumo, exacerban el problema de las emisiones contaminantes. Piénsese también en las bajas tarifas del agua y en la relación que ello tiene con el agotamiento de sus fuentes.

Otro motivo de la degradación del ambiente y el agotamiento de los recursos es el desinterés de la gente, causado por la insuficiente definición de los derechos de propiedad que permite una situación de acceso abierto y su consecuente sobreexplotación. En ocasiones tanto los derechos de propiedad como las obligaciones de los ciudadanos están establecidos para no dañar el ambiente. El problema en estos casos sería la incapacidad del Estado para hacer respetar los derechos y las obligaciones de manera efectiva.

Otro aspecto del deterioro es que los daños son a menudo regresivos en términos del ingreso; es decir, por estar más expuestos a dichos daños, los grupos de menores ingresos reciben un impacto económico y en salud desproporcionado. Otra cara de la moneda es que con frecuencia los beneficios globales que las comunidades con acervos naturales producen (por lo general comunidades marginadas o comunidades indígenas) no se reconocen ni se premian. Tal es el caso de la cobertura forestal que actúa como productor de oxígeno, receptáculo de C02 y que cumple su función de detener la erosión y recargar los mantos freáticos. Esta situación va ligada con la ausencia de asignación de valor económico a los recursos; si no hay estímulos monetarios para la conservación, la gente no encuentra ningún beneficio en cuidar el medio ambiente, pero sí en las actividades alternas que compiten con éste, como quemar los bosques para sembrar maíz.

En este contexto, un desarrollo sostenible significa una adecuación entre los objetivos del desarrollo económico, los de bienestar social y la defensa de la naturaleza. El gobierno debe jugar un papel activo en la defensa del medio ambiente, a través de políticas públicas sólidas y costo efectivas. La política ambiental mexicana debe partir de la correlación entre los distintos problemas ambientales y aspirar al planteamiento de una política ambiental integrada, logrando una unión sectorial. También debe atacarse la ausencia de cultura ecológica en la sociedad mexicana, producto de décadas de un aprendizaje para el que los recursos naturales eran inagotables y que sólo en la medida en que fueran explotados generarían valor.

A pesar de todo no podemos ignorar los avances en la materia. La participación de la sociedad mexicana se ha vuelto cada vez más comprometida y consciente. Se han logrado consensos importantes como la aprobación de reformas constitucionales que incluyen la garantía de un medio ambiente adecuado para su desarrollo y bienestar, y el reconocimiento de la rectoría del Estado en el desarrollo nacional para garantizar que éste sea integral y sostenible. Las empresas y los ciudadanos han comenzado a asumir una actitud más responsable con respecto al impacto de sus actividades, de manera que el principio “el que contamina, paga” finalmente está dejando de ser teoría para convertirse en incipiente praxis, gracias a los programas instrumentados. Asimismo se han puesto en marcha proyectos para determinar el inventario de los recursos naturales cuantificables, y del estado de deterioro en el que se encuentran. La Contabilidad Económico-Ambiental (CEA), en la que México es vanguardia mundial, es hasta ahora la propuesta más avanzada para vincular, en un esquema cuantitativo coherente y de manera explícita, los hechos económicos con el medio ambiente y los recursos naturales, contribuyendo a hacer operativos los conceptos de crecimiento y desarrollo sostenible.7

Entre otras, la ignorancia, la falta de voluntad política, las omisiones, la voracidad del desarrollo cortoplacista y la resistencia de grupos de interés han sido las grandes causas depredadoras de la naturaleza. El reto más importante estará en ganar las conciencias de los ciudadanos y establecer reglas y políticas de sentido común para mantener la naturaleza de forma sustentable. No sólo es un imperativo moral sino económico, puesto que representa la base de nuestros recursos para el desarrollo. Está en nuestras manos cambiar el rumbo del deterioro, y lograr que esta vez tal cambio sí sea para siempre.

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Alejandro Guevara.


1 Leal, 1996.

2 SARH, 1988

3 FAO, 1991.

4 INEGI, SEMARNAP, 1999.

5 Margulis, 1991.

6 Cifra estimada con base en el Informe sobre el Desarrollo Mundial, Banco Mundial.

7 SCEEM, 1993-1997.

Democracia

DEMOCRACIA

POR JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ

Vivíamos mejor contra el PRI. O, por lo menos, vivíamos con mayores certezas. Había un mapa mucho más claro del país que teníamos y del país que queríamos. Quién sabe qué tan confiable era ese plano de la realidad, pero era una guía que ofrecía sólidas seguridades a los actores del poder. Adam Michnik, el admirable periodista polaco, ha encontrado una especie de nube melancólica que envuelve el postparto de la democracia. El comunismo era como una congeladora. Muchas tensiones ideológicas, valores en conflicto, emociones candentes quedaron cubiertas por un grueso ladrillo de hielo. El comunismo cayó y empezó el deshielo de los conflictos suspendidos. Terminó de súbito ese absolutismo moral que marcó a los grupos que lucharon contra la dictadura. “El absolutismo moral es una gran fortaleza para los individuos y los grupos que luchan contra la dictadura; pero es una debilidad para los individuos y los grupos que actúan en un mundo en el que los procedimientos democráticos se están construyendo entre las ruinas de la dictadura totalitaria. Ya no hay espacio para utopías de un mundo justo, armónico y perfecto o para el absolutismo moral. Ambos se tornan anacrónicos o hipócritas; ambos amenazan el orden democrático. Porque el mundo democrático es un mundo crónicamente imperfecto”.1 De ahí que, como dice Michnik, instalarse en la tierra de la democracia es habituarse a su coloratura grisácea. Gray is beautiful.

En los viejos tiempos de la transición mexicana hubo desde luego quienes tropezaron con ese absolutismo moral del que habla Michnik: los cruzados contra el imperio del mal que entendían que la historia verdadera nacería en el momento de su victoria. Pero más que de absolutismo moral, deberíamos hablar en México del simplismo político que presidió la lucha contra el autoritarismo. Lo que describe el fundador de la Gazeta Wyborcza pensando en Polonia es válido para México en el sentido de que estamos saliendo de un brutal proceso de simplificación y apenas descubrimos lo que hervía debajo de la hielera. Simple era el régimen, clara era la ruta, sencillo y hermoso el destino. Es posible que ese reduccionismo fuera útil durante algún tiempo. Es cierto que no hay política sin simplificaciones. Pero aquellas ya no empujan sino atascan. Cuando se ha llegado a la otra ribera el equipaje del puente estorba.

Que todavía no hemos llegado a la ribera de la democracia es la bandera de quienes quieren aferrarse a sus simplismos. Trivializan el cambio recuperando las polvosas adjetivaciones de antaño. Que estamos en una simple democracia electoral; que apenas se ha dado la alternancia entre partidos; que no han cambiado las políticas y por lo tanto no se ha modificado el régimen; que todo en el fondo sigue igual. Si hay alguna evidencia de que hemos llegado al sitio de la democracia es la ruptura definitiva del cuerpo del poder. Claude Lefort ha detectado que esa es la tijera fundacional de la democracia: la que corta en pedazos el cuerpo de la soberanía. El lazo que unía la palabra de Uno a la ley se ha roto; el espejo que hacía de la representación popular el reflejo de la voluntad presidencial se ha hecho pedazos, el embudo que concentraba los poderes y las demandas ya no existe; el saber se separa de los intereses del soberano; el poder ha perdido dueño. En ese orden simbólico radica la vigencia de la democracia mexicana. Ahí nace la exigencia de pensar después de la transición.

Seguramente el primer estorbo de la democracia mexicana es la nostalgia del cuerpo. Precisamente ese ha sido el objetivo explícito del comunitarismo: re-ligar la comunidad. Ha pretendido revivir el cuerpo cercenado con el ojo puesto en la identidad indígena. Más allá de los fríos procedimientos institucionales, hay que abrirle espacio a la decisión comunitaria que ha sobrevivido al embate de los siglos. Que la generosidad del nosotros supere las codicias del cada quien. La pena por el cuerpo perdido tiene aires religiosos; se envuelve en mitos de origen, sueños de fraternidad y antiquísimos resentimientos. Ofrece en realidad un proyecto de opresión colectiva que muy poco tiene que ver con las pinturas de los románticos. Pero esta nostalgia del cuerpo va más allá del discurso indigenista. La ilusión frentista es el modo moderno de reincorporación del poder en un organismo vivo, coherente y predecible. Dentro del gobierno y fuera de él se sueña con un poder que supere las parcialidades y se asuma como instancia que trascienda la mezquina parcialidad. Gobierno de transición, gobierno de Unidad Nacional, Acuerdo Nacional son los nombres con los que se ha bautizado esta nostalgia. Es la nostalgia del Uno, la melancolía del cuerpo.

Es que los actores políticos no han asumido la dignidad de su parcialidad. Siguen cultivando el antiguo discurso de la perversión de los fragmentos. Como un curioso relevo de la reciente fiebre de los antagonismos, hoy encontramos el predominio de la política hiperconsensual. Antes se satanizaba el acuerdo; hoy es diablo el disenso. Izquierda y derecha repiten la antidemocrática idea de que la legitimidad de las leyes proviene del consenso que logran. Sólo será válida entonces una decisión si es que ésta es suscrita por todos los interesados. Así, este afán consensualista, este temor de ofender a la minoría, hace de la democracia un régimen taponado por sus propias exigencias. El Magno Pacto Opositor ha engendrado al Magno Gobierno Patriótico. Sería bueno haber aprendido algo: la inoperancia de la primera ilusión adelantaba el desatino de la segunda. Pero pocos están dispuestos a asumirse como trozos. Por alguna severa distorsión intelectual, por alguna aflicción integrista, se ha pensado que la democracia conllevaría a la superación de las parcialidades. Todo lo contrario: el pluralismo es la primacía de la parcialidad.

Asumir la disolución del cuerpo político es valorar la centralidad de los procedimientos. Para cuidar a la democracia el ensayista italiano Roberto Esposito ha pedido que la salvemos de la mitificación. Entendámosla simplemente como técnica: como forma, procedimiento, método.2 No la sacralicemos. Entendamos que es, apenas, un mecanismo para tomar decisiones. De ahí que debamos tomar en serio las instituciones: cauces estables para resolver conflictos. Mucho se ha hablado de la reforma institucional pero poco se ha dicho. Buena parte de lo discutido no es más que ensayo para un ballet de vanidades. ¿Quién será el padre de la Nueva República? Hay que colocar la discusión en otra mesa: en el bastidor del reformismo, no en el lienzo de las refundaciones. Por eso, más allá de las pretensiones escénicas de la Reforma del Estado, hay que pensar en las estructuras de la maquinaria democrática en clave de gobernabilidad. Esto es, también en clave de gobernabilidad. Es que la inercia nos engaña sugiriendo que el deficiente institucional de México tiene una simple raíz autoritaria. Empezamos así a revisar el tejido de las reglas desde el reflejo antipresidencialista. Tratamos de someter a controles al poder que antes fue centro del abuso pero que hoy no es más que un poder entre poderes. Muchos siguen hablando del presidencialismo como si su defecto en México fuera la omnipotencia. Habrá que considerar el peligro opuesto que ya se perfila como insinuación: su debilidad. Vale recordar a Benjamin Constant: ningún diseño constitucional prudente puede partir de las antipatías: una constitución no es un acto hostil, dijo con buena razón. Habría que agregar, por supuesto, que no es tampoco un acto de mansedumbre: es equilibrio entre poderes y restricciones. Por eso hay que pensar la reforma institucional lejos del primitivo antipresidencialismo de los tiempos transicionales. Es que, si pensábamos que habíamos institucionalizado el autoritarismo, en realidad lo que se institucionalizó fue la torpeza. Desempolvar las instituciones mexicanas pide desempolvar nuestras ideas.

Pero las máquinas, por bien diseñadas que estén, no se mueven solas. No sólo de ingeniería vive la democracia. Luego del diseño viene la operación del vehículo. Pensar que todo está resuelto con la reconstrucción de las instituciones es caer en una ingenuidad tan grande como la de aquellos mexicanos que, a principios de nuestra vida independiente, pensaban que la felicidad del país dependía exclusivamente del descubrimiento de la feliz constitución. Las reglas cuentan, claro. Pero no es lo único que cuenta. Por eso una reflexión sobre el futuro democrático de México requiere detenerse en el problema de los actores y sus acciones. Pensemos tan sólo en los partidos. Ninguno de los tres relevantes puede seguir siendo lo que era. Cada uno tendrá que sumergirse en una profunda reflexión sobre sus correas de identidad, sus reglas internas, sus ideas, sus estrategias. Resulta claro que la calidad de la democracia mexicana será, en muy buena medida, la calidad de sus partidos.

Frente a lo que Tocqueville llamaba la naturaleza de la democracia, se cultivaba el arte de la democracia: las prácticas de la imaginación que lograban extraer frutos de la democracia al tiempo que conseguían moderar sus pasiones.3 No puede olvidarse, pues, el arte de una democracia necesitada de demócratas. Cuando hablo de esta necesidad, no me refiero a la exigencia de angelización de los actores. Si por algo existe la democracia es justamente por la ausencia de los ángeles en la historia. En efecto, como se escribió en alguna página de Los federalistas, no hay mayor denuncia de la naturaleza humana que la fatalidad del gobierno. Los demócratas que hacen falta no son, pues, los demócratas de la virtud sino los de los resultados. Políticos capaces de acuerdo y disenso; abiertos a la negociación y dispuestos, en consecuencia, a ser incoherentes; políticos capacitados para el tanteo y la experimentación y cerrados definitivamente al fanatismo de la consistencia ideológica; políticos con el talento de volver productivo el régimen de los vetos y la capacidad para administrar las frustraciones que genera el pluralismo. Políticos que logren pasar de la democracia de la convicción a la democracia de la responsabilidad. Demócratas que sean auténticos partidarios del gris. n

1 Lettersfrom Freedom. Post-Cold War Realities and Perspectives. University of California Press, 1998.

2 Confines de lo político. Editorial Trotta. Madrid, 1997.

3 Sigo aquí la lectura que Pierre Mannet hace de la noción de democracia de Alexis de Tocqueville.

México en el mundo

MÉXICO EN EL MUNDO

POR ANTONIO ORTIZ MENA L. N.

 México ha sufrido cambios notables durante las ultimas décadas. Estos cambios comenzaron por lo económico, con las medidas tomadas durante los ochentas para buscar la estabilidad macroeconómica y poner en marcha la reforma estructural. Una economía cerrada y con alta participación del sector público dio lugar a otra relativamente abierta.

En lo político, los cambios han sido más recientes y graduales, pero no por ello menos significativos. En su conjunto, estos cambios han representado avances y retrocesos y, sobre todo, han derivado en grandes retos.

Quizás el contextualizar estos retos nos ayude a comprenderlos de mejor manera. Por eso nos preguntamos cómo se encuentra México comparado con otras naciones en lo político, económico y social a inicios del siglo XXI. Al tener un panorama de la situación que México guarda en relación con otros países, podremos comenzar a responder a preguntas sobre los efectos de la situación en un ámbito en torno a otros ámbitos.

Ofrezco algunas cifras que dan cuenta de ello. Se han seleccionado nueve países con los cuales comparar a México. Ellos incluyen países desarrollados y en vías de desarrollo, pequeños y grandes (por su economía, territorio y población) de varios continentes. He aquí lo que se encontró, comenzando por asuntos económicos.

México es grande. Por lo menos en cuanto a su territorio, ocupa el lugar número catorce a escala mundial. Por lo que se refiere al tamaño de su economía y su participación en los flujos de comercio mundial ocupa lugares similares (15 y 12, respectivamente). De los otros países en la lista, hay cierta correspondencia entre el tamaño geográfico de los países y el tamaño de su economía (en particular, existe una correlación de aproximadamente un 62%).

En otros rubros, México está muy por arriba de lo que pudiera esperarse, sin que esto tenga connotaciones positivas. Tiene la 3a mayor deuda externa (pública y privada), rebasada sólo por la de Brasil, de entre los países de la lista. Afortunadamente el servicio de la misma, en términos de exportaciones de bienes y servicios, no es tan oneroso como para otros países que tienen una deuda mucho menor en términos absolutos. El importante papel que México desempeña en la economía internacional a través de su actividad comercial tiene su contraparte en el peso relativamente reducido del servicio de la deuda externa.

Otro rubro que merece destacarse es el ingreso de inversión extranjera directa. Si bien Estados Unidos es el país que, por mucho, recibe mayor inversión extranjera, vemos que en el caso de México la cantidad no es desdeñable. Pero también se puede apreciar que Brasil, un país que no tiene una red de acuerdos comerciales tan importante como la de México, en 1999 recibió casi el triple que México. ¿Acaso otros factores, como el tamaño del mercado interno, pesan más que los acuerdos internacionales para determinar estos flujos? Esto no pareciera ser el caso, pues Chile, país con mercado pequeño y también con una importante red de tratados comerciales internacionales, recibió casi el mismo monto de inversión extranjera directa (IED) que México. En todo caso, pudiéramos aventurar la opinión de que en este rubro el desempeño de México no ha estado a la altura de su potencial.

Un indicador no estrictamente económico, pero resultado de la actividad económica, es el referente a la deforestación. En este rubro, México ocupa un altísimo lugar (número 4) en el ámbito mundial, lo cual debe levantar señales de alarma si se trata de una tendencia a largo plazo y no de un hecho aislado.

Finalmente, quisiera detenerme en el indicador que pudiera parecer el más controvertido, y acaso también el más interesante. Se trata del Índice de Globalización. Mucho se ha debatido sobre la globalización, acerca de su naturaleza, causas y supuestos efectos. Sin embargo, pocos se han tomado la molestia de conceptualizarla claramente, y medirla. El índice del Cuadro 1 comprende elementos económicos (la interacción comercial y financiera con el exterior), sociales (como el número de viajeros al extranjero y llamadas telefónicas internacionales), y tecnológicos (como el acceso al Internet). Sin duda, se trata de elementos hasta cierta medida arbitrarios, y de un índice perfectible. No obstante, resulta notorio (y quizás inesperado) que de la selección de cincuenta países que se utilizaron para medir el grado de globalización, México ocupa el lugar número 41. Es decir, de conformidad con el índice, México es uno de los países menos globalizados. De los países de la lista para los cuales hay información, sólo China se considera menos globalizado que México. Pareciera que quienes arguyen que la globalización ha tenido efectos devastadores (o muy positivos) para México, tendrán que buscar a otro responsable como causante de esos supuestos efectos. Pero dejemos a la globalización de lado, por sólo un momento, y veamos cómo se encuentra México en algunos rubros sociales.

Por lo que se refiere a población, México ocupa el lugar número 11 en el ámbito mundial, ligeramente por arriba del lugar que ocupa en cuanto a su dimensión física y el relativo al tamaño de su economía. Sin embargo, el ingreso per cápita es magro, y el país ocupa un bajísimo lugar número 60 en el ámbito mundial. Esta cifra nos revela que en términos per cápita hay muy poca riqueza en México.

En lo referente a la distribución de esta riqueza, la situación es aún menos alentadora. La medida que se tomó se refiere al número de veces que el decil (10%) de población con mayores ingresos rebasa al ingreso que detenta el decil de la población con menores ingresos. Una distribución perfectamente equitativa arrojaría una relación de 1:1; esto quiere decir que cada decil de la población tiene el mismo ingreso que cada uno de los demás deciles. Pero resulta que el 10% más rico de la población tiene un ingreso unas 26 veces mayor que el del 10% de la población más pobre. Brasil y, en segundo término, Chile, tienen también una distribución del ingreso sumamente desigual, con lo cual esto pareciera ser un fenómeno latinoamericano. Como parámetro podemos ver el caso español, en donde la relación es de sólo 9:1.

Una tercera medida nos muestra no la cantidad de riqueza que hay para repartir o cómo está repartida, sino la calidad de vida de los mexicanos. Se trata del Índice de Desarrollo Humano (IDH) que calcula y divulga el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y comprende el nivel de ingreso, pero también la esperanza de vida y los índices de alfabetismo, pues estos rubros están a su vez relacionados con diversos aspectos de la calidad de vida. En el cuadro 2 se reporta el lugar que ocupan los países de la lista según la clasificación del índice, y podemos ver que México ocupa el lugar 51, superado por los países desarrollados de la lista, pero también por Argentina y Chile.

Si bien en varios rubros puramente económicos México destaca positivamente, esto no sucede en los aspectos sociales y, de hecho, quizá sorprenda más bien el pésimo desempeño de México en este sentido.

El Cuadro 3 contiene información correspondiente a aspectos políticos. Las primeras dos columnas reportan la calificación de los países (no así su clasificación ordinal, como en la mayoría de los casos anteriores) en torno a derechos políticos y civiles, de conformidad con un índice desarrollado por Freedom House, que tiene una escala del 1 al 7, en donde las cifras menores representan mayores niveles de libertad. Así, México tiene una calificación promedio de 2.5, lo que significa que es un país “libre”, pero se encuentra en el límite inferior de la categoría. De los países de la lista, sólo se consideran “libres”, además de México, a Argentina, Chile, España y Estados Unidos, por lo cual puede decirse que México se encuentra en una situación favorable, aunque con mucho espacio para mejoría.

Esto no es así en cuanto a corrupción y libertad económica, pues en ambos casos los indicadores no son favorables para México (desde el supuesto, claro está, de que se considere a un alto índice de corrupción y pocas libertades económicas como algo negativo). Por lo que se refiere a corrupción, se utilizó el Índice de Percepción de Corrupción (IPC) desarrollado por Transparency International. Las cifras que aparecen se refieren a la clasificación ordinal de los países, en orden de menor a mayor corrupción. Tenemos que México está en el lugar 51 (de 91 países que se clasificaron), y por ello se considera más corrupto que Brasil, Chile, España, y Estados Unidos. Hay serios problemas de corrupción en México.

Para medir la libertad económica se utilizó un índice desarrollado por la Fundación Heritage, con un rango del 1 al 5, en donde las cifras menores representan mayores niveles de libertad económica. Las cifras que se reportan en el Cuadro 3 se refieren a la clasificación ordinal de los 161 países en el estudio de la Heritage. México ocupa un lugar relativamente bajo en la lista, y se encuentra en el límite inferior de los que se consideran países “parcialmente libres”. Tenemos, entonces, a un país en el que hay libertades políticas y cívicas, pero también altísimos niveles de corrupción y poca libertad económica.

¿Cómo resumir la situación en la que, desde una perspectiva comparada, se encuentra México en lo económico, social y político? La situación dependerá de las medidas que se utilicen y de la interpretación que se haga de ellas, pero a partir de la lista de países e indicadores que se seleccionaron para esta nota podemos decir que México es un país grande por su tamaño geográfico, población, economía y participación en el comercio internacional; sumamente depredador en cuanto a sus recursos forestales; y con una deuda externa muy considerable pero con peso relativamente bajo en cuanto a su servicio se refiere. Recibe cantidades importantes de IED. pero no la esperada de acuerdo con el tamaño de su mercado interno y la importancia de su red de acuerdos comerciales. A pesar de esa red de tratados y de su importante papel como potencia comercial, es un país muy poco “globalizado”.

En lo social, es un país pobre, sumamente desigual, y con muy baja calidad de vida. En lo político, es un país libre desde la perspectiva de derechos políticos y civiles, pero no así en cuanto a lo económico, y padece serios problemas de corrupción.

Los datos arrojan una serie de claroscuros y la tarea por delante es establecer la índole de la interrelación entre las variables. ¿La libertad económica y civil derivará, en el mediano y largo plazo, en una distribución más equitativa del ingreso y en un uso más cuidadoso de los recursos naturales? ¿El bajo nivel de globalización es responsable de que haya una distribución desigual del ingreso o, por el contrario, pudiéramos esperar que en la medida en que aumente la globalización lo hará también la desigualdad del ingreso? Estas son tan sólo algunas de las preguntas, y tareas, pendientes.

Cuadro 1

Tamaño, se refiere a la dimensión geográfica. Fuente: The Economist, The Pocket World in Figures. Profile Books Ltd, Londres, 2001, p. 12. Los datos que se presentan en The Pocket World in Figures se refieren a 1998, a menos que se indique otra cosa. La clasificación derivada de esta fuente comprende una muestra de 171 países. El signo “+” que sigue a algunas de las cifras presentadas indica que la clasificación del país está en un lugar por debajo de la muestra que se reporta. Por ejemplo, el “60+” que tiene Uganda en cuanto a tamaño, significa que dicho país no aparece dentro de la lista de 60 países que reporta The Economist, y el “46″ que obtiene China en lo referente a su deuda externa significa que China no está entre los 46 países más endeudados. Se sigue este esquema de clasificación para los rubros de tamaño, deuda total, servicio de deuda, comercio de bienes, deforestación, población y PIB per cápita.

PIB (producto interno bruto). Fuente: Op cit., p. 22.

Deuda: incluye la deuda externa pública y privada. Fuente: Ibidem, p. 36.

Servicio de Deuda: se refiere al costo del servicio de la deuda externa (pública y privada) en términos de las exportaciones de bienes y servicios. Fuente: Ibid., p. 37.

Comercio. Se refiere a las exportaciones de bienes y no incluye las de servicios. Fuente: Ibid., p. 30.

IED. Se refiere al ingreso de inversión extranjera directa para el año de 1999. No se refiere a la IED acumulada y no comprende el rubro de inversión en cartera. Fuente: UNCTAD, World Investment Report. Organización de las Naciones Unidas, Nueva York, 2000. Deforestación: la clasificación se refiere a la tasa promedio anual de deforestación, medida en kilómetros cuadrados, para el periodo 1990-1995. Fuente: The Economist, The Pocket World in Figures.

Globalización. se presenta el promedio del Indice de Globalización desarrollado por A. T. Kearney. La clasificación se desprende de una muestra de 50 países que representan al 80% de la población y 95% del PIB mundiales. Fuente: “Measuring Globalization”, en Foreign Policy, enero-febrero 2001, p. 56-65 (el artículo se encuentra disponible en Internet: http://www.foreignpolicy.com/issue_janfeb_2001/atkearney.html).

Cuadro 2

Población. Fuente: The Economist, The Pocket World in Figures. Profile Books Ltd, Londres, 2001, p. 14. PIB per cápita. Fuente: Op., cit.

Distribución del ingreso. Fuente: The World Bank, World Develpoment Report 2000/2001. Oxford University Press, Nueva York, 2000.

Indice de desarrollo humano: presenta una visión más completa acerca del bienestar que las cifras acerca del PIB per cápita. Comprende no sólo la variable sobre niveles de ingreso, sino también las referentes a esperanza de vida y alfabetismo. Cabe destacar que es un índice promedio, por lo cual no captura diferencias en el bienestar de los países, y sólo permite hacer comparaciones entre países. El índice tiene un rango de 0 a 1, en donde el 1 indica el más alto grado de desarrollo humano. Los valores de 0 a 0.5 indican un bajo nivel de desarrollo humano, los que se ubican entre 0.51 y 0.8 indican un nivel de desarrollo humano medio, y aquellos mayores a 0.81 indican un alto nivel de desarrollo humano. En el reporte de 2001, los parteaguas en cuanto a clasificación ordinal de los países son: 162-127, desarrollo humano bajo, 126-49 desarrollo humano de nivel medio, y 48-1 desarrollo humano alto. El índice lo calcula y publica el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Las cifras que se presentan se tomaron del Informe Sobre Desarrollo Humano 2001 del PNUD, disponible vía Internet en: http://www.undp.org/hdr2001/spanish/.

 Cuadro 3

Derechos políticos y derechos civiles. La encuesta anual de libertad por país realizada por Freedom House revela la condición de libertad a partir de una escala de siete valores en cuanto a derechos políticos y derechos civiles, donde 1 representa el mayor grado de libertad y 7 el menor. Del promedio de ambas calificaciones se obtiene la condición de libertad del país, en donde: “L”=libre (1.0 a 2.5); “PL”=parcialmente libre (3.0 a 5.5); y “NL”=no libre (5.5 a 7.0). La información metodológica completa está disponible en: http://www.freedomhouse.org/research/freeworld/2001/methodOiOgy.htm. Corrupción. Se trata del Índice de Percepciones de Corrupción (IPC) desarrollado por Transparency International, que recaba información de encuestas sobre corrupción en 91 países, en las que participan empresarios, académicos y analistas de riesgo. La escala del IPC tiene un rango del 1 (otorgado al mayor grado de corrupción) al 10 (otorgado al menor grado de corrupción). La información metodológica detallada está disponible en: http://www.transparency.org/documents/cpi/2001/c- pi2001.es.html.

Libertad económica. Se refiere al Indice de Libertad Económica desarrollado por la Fundación Heritage. El índice es el promedio no ponderado de 50 variables divididas en diez grandes rubros (política de comercio exterior, política fiscal, intervención del gobierno en la economía, política monetaria, inversión extranjera y flujos de capital, regulación bancaria y financiera, precios y salarios, derechos de propiedad, regulación económica y actividades de mercado negro). El índice tiene un rango de 1 a 5, en donde una calificación de 1 representa el mayor grado de libertad económica y 5 el menor. Heritage divide a las calificaciones en cuatro rubros: los países que obtienen una calificación de 2.5 o menor se consideran “libres”, los que tienen de 2 a 2.95 son “parcialmente libres”, los que tienen de 3 a 3.95 son “parcialmente reprimidos”, y aquellos con calificaciones entre 4 y 5 son países “reprimidos”. La lista completa de resultados por rubro aparece en: hnp://database.townhall.com/heritage/index/indexoffreedom.cfm. La metodología se explica de manera detallada en: http://www.heritage.org/index/2001/chapters/chap4.html. n

 

 

Elecciones

ELECCIONES

POR ALEJANDRO POIRÉ

A primera vista, las raíces del mandato electoral del presidente Fox parecerían simples y contundentes. El actual gobierno se interpreta a sí mismo como principal artífice y encargado de llevar adelante el cambio político en México. Sin duda, la sabiduría convencional le atribuye ese sentido a los millones de votos que de un silencioso vuelco cambiaron la historia política en nuestro fin de siglo. Tanto el propio nombre de la alianza electoral foxista como la campaña insurgente que orquestó, y la respuesta de un priismo abrumado, basaban sus argumentos en la necesidad del cambio. Las ofertas políticas diferían sobre todo en la profundidad necesaria del mismo y en las habilidades con que se contaba para lograrlo. En esta lectura, ya casi tradicional, el triunfo se lo llevó quien mejor pudo cristalizar ese deseo de cambio generalizado, y lo que presenciamos ahora es un Ejecutivo atribulado por la dificultad para llevarlo a cabo en un ambiente institucional y partidista poco propenso a los grandes golpes de timón. Bajo este escenario el ímpetu gubernamental por la concreción de un amplio pacto político fundado en una ambiciosa reforma del Estado se calcula como elemento indispensable de un gobierno de transición que carece de los elementos constitucionales para lograrla por sí solo. Sin dicho acuerdo político nacional ni las indispensables mayorías disciplinadas en el Congreso —que le permitan cristalizar la reforma— Vicente Fox habrá incumplido la encomienda central de su presidencia.

La premisa central del argumento anterior reside en una de varias posibles interpretaciones del mandato electoral. Por fortuna, la ciencia política contemporánea ofrece instrumentos para indagar con suficiente rigor sobre el sentido de dicho mandato, alejándonos de un estéril debate fundado en interpretaciones casuísticas y, muchas veces, de fundamento normativo. La evidencia que se desprende de las opiniones y el comportamiento de los electores mexicanos durante la campaña electoral del año 2000 es elocuente en varios sentidos.1 El mandato de 2000, por histórico, poderoso y quijotesco que a muchos parezca, resulta más bien conservador y ambiguo. Es la desapasionada y anticlimática exigencia de un gobierno mejor. Mejor en su combate a la corrupción. Mejor en su protección de las personas y sus bienes. Mejor en su manejo de la economía. No es, en otras palabras, un mandato de amplia transformación.

Detrás de las decisiones electorales de 2000 se encuentra el aprendizaje de un electorado que ha sufrido la reciente historia económica de México. A pesar de que Ernesto Zedillo logró la conquista del objetivo más preciado de su presidencia, rompiendo el ciclo de crisis sexenales, para el electorado mexicano tal hazaña llegó muy tarde y valió muy poco. El carácter pírrico de esta victoria está subrayado por el hecho de que tres de cada cuatro electores estaban convencidos de que habría una crisis de fin de sexenio. Más aún, la mitad de los electores que aprobaban la gestión de Zedillo y consideraban que la economía nacional había mejorado, esperaba dicha crisis y desoía los alegatos de estabilidad. El electorado perdonó a Zedillo el error de diciembre, pero nunca olvidó sus costos. El efecto electoral de este proceso fue devastador: Fox ganaría alrededor de 43 votos por 39 de Labastida entre cada 100 electores que se mostraban satisfechos con Zedillo y con la economía, pero escépticos ante la oferta de estabilidad.

Sin duda, la mercadotecnia jugó su parte y los atributos de los distintos candidatos tuvieron un peso importante en la decisión electoral. Pero por encima de una noción omnipotente y superficial de la magia de la imagen, las cualidades relacionadas con su posible desempeño público fueron las que en verdad importaron. Así, la máxima novedad del 2000 residió en que los votantes percibieron al candidato del PRI y al del PAN como casi igualmente competentes en materia económica, borrando la histórica ventaja del priismo que en 1994 resultó incluso objeto central de su estrategia electoral.

El único tema con respecto al cual el electorado envió un mensaje específico y claro —contrario a la postura percibida del candidato triunfador— fue el de la privatización de la industria eléctrica. El compromiso foxista de no priva- tizar la Comisión Federal de Electricidad y la Compañía de Luz y Fuerza a unos días del triunfo apaciguó el disgusto de los electores con la aparente preferencia del presidente electo, y dejó intacta la herencia de la empresa pública en el sector energético.

Los partidos políticos jugaron un papel central como promotores y orientadores de la intención electoral. En efecto, la identificación con alguno de los partidos mayoritarios se significa como el más confiable elemento de predicción de la conducta electoral de un ciudadano; el PRD y el PAN gozan de la mayor lealtad de sus simpatizantes; el PRI sufre mucho por la herida que la primaria presidencial generó en su base.2 Sin embargo, no puede decirse que la del 2000 fue la elección que consolidó un nuevo sistema de partidos en el electorado. A pesar de que sólo el 29% de los electores se considera independiente de lazos de identificación con alguno de los tres grandes partidos, el tejido de dichos lazos aparece sumamente poroso. A pesar de las relaciones de los partidos con grupos organizados de todos los estratos y sectores de la sociedad, en el momento electoral éstas pesan poco y las coaliciones que se forman atraviesan casi todas las categorías sociales.

Nada más alejado había de las intenciones del electorado mexicano del 2000 que la profundización de la reforma política. Cierto es que el electorado del PRI resulta más conservador en este tema que el del PAN y mucho más que el del PRD, pero esta relativa congruencia no debe oscurecer el hecho de que la demanda por una reforma política no tuvo influencia alguna en la decisión electoral del 2000.3 Por ello es imposible argumentar que el contenido del mandato del cambio es de carácter político. Desde el punto de vista del votante, la transición democrática había ya dado sus frutos institucionales más importantes desde antes de la elección. Mandato del cambio si; pero simplemente del cambio de gobierno, no de régimen político.

El juicio electoral del 2000 trajo consigo el mandato vago y minimalista de un electorado que exige un gobierno mejor, al tiempo que se desentiende de los medios para lograrlo. Es el mandato de una ciudadanía cuya identificación partidista no se basa en la pertenencia a grupos sociales determinados ni en preferencias específicas de política pública. La combinación de estos ingredientes ofrece amplias oportunidades de irresponsabilidad política, de parte del gobierno y de los partidos de oposición. Sin mandato claro el primero, y sin intereses identificables que los presionen los segundos, la élite política emprende el camino de la vida democrática en un marco de ausencia casi total de vinculación con la sociedad.

Y no debemos suponer que ello cambie en el corto plazo, a menos que los miembros de los partidos se vean obligados a rendir cuentas de sus actos ante el mismo electorado que los llevó en un principio a su cargo público. De esta forma, y poco a poco, aflorará la especialización de los representantes en los temas de mayor importancia para su demarcación, inaugurando la retroalimentación política que anuncia debates más concretos y mandatos más claros.

La voz de los votos ya es audible, pero no ha dejado de ser un grito poco articulado. Lo que urge ahora es darle más contenido a nuestro debate político, y un sentido más claro al mandato electoral. Para el sufragio efectivo, sí reelección. n

1 Todos los hallazgos reportados en este texto provienen del texto “The Issues. the Vote and the Mandate for Change”. de Beatriz Magaloni y Alejandro Poiré, capítulo por aparecer en un libro editado por Jorge I. Domínguez y Chapell Lawson.

2Federico Estévez y Alejandro Poiré: “Early Campaign Dynamics in the 2000 Mexican Presidential Election”, en Documentos de Investigación en Ciencia Política, ITAM, 2001-01, reportan que electores priistas que no votaron por Labastida en la elección primaria mostraban la misma probabilidad de votar por él en la presidencial que un elector independiente.

3Magaloni y Poiré: Op. cit., tabla 9.

Numeralia

1)  Porcentaje del electorado que en febrero de 2000 consideraba a la política como el problema más importante del país: 10.1%

2)  Porcentaje de la población que en febrero de 2000 consideraba a la economía como el problema más importante del país: 51.5%

3)  Porcentaje del electorado que en junio de 2000 esperaba una crisis económica de fin de sexenio: 76.4%

4)  Porcentaje del electorado, entre aquellos que se mostraban satisfechos con el desempeño de Ernesto Zedillo, que en junio de 2000 esperaba una crisis económica de fin de sexenio: 69.1%

Fuentes:

Estudio de Panel México 2000, realizado bajo los auspicios de la National Science Foundation (SES-9905703) y el periódico Reforma.

México y Estados Unidos: Socios contra el terrorismo

MÉXICO Y ESTADOS UNIDOS: SOCIOS CONTRA EL TERRORISMO

POR COLIN POWELL

Como un eco a nuestro número anterior (El socio americano. Nexos 288) ofrecemos este texto en exclusiva para Nexos, donde Colín Powell abunda en el compromiso mutuo de México y Estados Unidos para hacer un frente común contra el terrorismo.

Cuando los presidentes Vicente Fox y George W. Bush se reunieron en Washington en septiembre pasado, destacaron un nuevo dina mismo en la relación entre nuestros dos países. F.1 tipo de dinamismo que genera nuevos conceptos, abre nuevas posibilidades y avanza dejando tras de sí los antagonismos del pasado al dirigirse a nuevas sendas de cooperación. Las conversaciones entre ambos mandatarios tuvieron lugar tan sólo una semana antes de los ataques terroristas que mataron a alrededor de 3,300 personas inocentes, oriundas de 80 países, incluyendo 17 dudada nos mexicanos.

Desde la perspectiva tanto del presidente Bush como la mía, nuestra relación con México es ahora aún más importante de lo que era antes del 11 de septiembre. Antes de los ataques terroristas, los Estados Unidos valoraban a México como su vecino y socio a la luz del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y veíamos a México como una fuerza renovada hacia la democracia en el continente. Ahora vemos también a México como un aliado en la lucha global contra el terrorismo.

De hecho, cada contribución mexicana a la campaña mundial contra el terrorismo demuestra la seriedad de México en cuanto a desempeñar un papel más prominente en el escenario internacional, así como su disposición de hacer frente a los retos globales de nuestro tiempo.

En la primeras décadas del siglo XXI.  las libertades democráticas y económicas pueden combinarse con los avances tecnológicos para sacar a decenas de millones de personas de la pobreza y llevarlos a la senda del desarrollo. Sin embargo, para realizar el gran potencial de esta era. las naciones del mundo deben unirse contra los muchos peligros a que hacen frente —el terrorismo no es ciertamente el menor de ellos.

No hay duda de que cuando los terroristas atacaron el 11 de septiembre, su blanco no era sólo los Estados Unidos, sino también la visión del futuro que compartimos con las personas que habitan este continente y en todo el mundo, quienes sostienen y promueven las libertades democráticas y económicas. Se trata de un futuro de mayor respeto por los derechos humanos, de tolerancia étnica, del imperio de la ley y de gobiernos que rindan cuentas, de mercados abiertos y del comercio que promueve el desarrollo, de estabilidad y paz. En resumen, un futuro en el que los terroristas no puedan prosperar.

La amenaza del terrorismo es global, multifacética y decidida. Ia respuesta de la comunidad internacional debe ser, por consiguiente, de igual forma amplia, multidimensional y con determinación plena. Así que la coalición global que el presidente Bush ha conjuntado debe estar presta a llevar a cabo una larga y ardua campaña medida en años de lucha y conducida con todos los mecanismos al alcance de los Estados: políticas, diplomáticas, legales, económicas, financieras, de inteligencia y, cuando sea apropiado, también militares.

La presión internacional contra las redes del terrorismo en todo el mundo debe sostenerse mucho después de que la justicia se haya ocupado de Osama Bin Laden y de que el régimen talibán haya sido expulsado del poder en Afganistán. Los países deben seguir compartiendo datos e informes de inteligencia y cooperando en acciones contra la criminalidad con el fin de cortar las líneas financieras que mantienen a los terroristas y de impedir su movilidad a través de las fronteras internacionales.

En esta campaña global contra el terrorismo, ningún país puede darse el lujo de mantenerse al margen. No hay márgenes en este tipo de guerra. Los terroristas no respetan límite alguno, ni geográfico ni moral. Las líneas de combate están en todas partes. El presidente Fox y los demás líderes de nuestro continente comprenden esto perfectamente. También reconocen que el terrorismo no sólo asesina a personas inocentes, sino que también amenaza las instituciones democráticas y socava las economías de los países.

Los ataques terroristas del 11 de septiembre han tenido un efecto importante en el comercio bilateral entre México y los Estados Unidos, al igual que en nuestras economías estrechamente entrelazadas. Los ataques detuvieron el lento crecimiento económico que nuestras dos naciones habían experimentado el año pasado. No obstante, mi gobierno tiene la determinación de trabajar junto con México para asegurar que las salvaguardas que ambos países adopten contra el terrorismo no impidan el flujo vital de personas, bienes y servicios a través de nuestra frontera común. Estamos más decididos que nunca a trabajar con México y encontrar soluciones a cuestiones difíciles como las de migración, aduanas y de visas —soluciones que van a proteger y a beneficiar a los ciudadanos de ambas naciones.

Los Estados Unidos acoge las medidas importantes que México ha tomado a nivel nacional para congelar los activos financieros de los terroristas, para fortalecer la seguridad en sus fronteras norte y sur, para destacar la cooperación en la lucha contra la criminalidad y para compartir datos de inteligencia.

A nivel regional, México se sumó al consenso cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) hizo el compromiso de solidarizarse y determinó que se tomaran medidas concretas contra el terrorismo. El haber invocado el Tratado de Río fue un paso clave inmediatamente después del 11 de septiembre, pues señaló que nuestro continente se mantiene hombro con hombro contra el terrorismo. Dentro de la OEA.  la Comisión Interamericana contra el Terrorismo está desarrollando medidas adicionales que deben tomar los Estados miembros de la organización. La delegación mexicana desempeña un papel de liderazgo en la elaboración de una Convención Interamericana Contra el Terrorismo que sea tanto visionaria como práctica.

En el entorno mundial. México pronto formará parte del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en un momento en que será crucial un fuerte liderazgo con respecto a una amplia gama de asuntos importantes, que van desde erradicar el terrorismo hasta evitar conflictos armados, manejando diversas crisis y contrarrestando la proliferación de armas de destrucción masiva. Teniendo en cuenta su mayor perfil internacional, lo que México haga tendrá mayores consecuencias que nunca antes.

El periodo posterior a la Guerra Fría comenzó con la caída de la Unión Soviética. Los ataques terroristas del 11 de septiembre impulsaron al mundo a una era posterior a la que se tuvo después de la Guerra Fría —una era que aún está por definirse—. Sin embargo, una cosa es cierta: no debemos permitir que el terrorismo y otras amenazas internacionales la definan. Esta era debe estar conformada, por el contrario, por las oportunidades que juntos aprovechemos para construir un continente y un mundo de democracia, prosperidad y seguridad. n

Población

POBLACIÓN

POR MANUEL ORDORICA MELLADO

El 12 de octubre de 1999 el planeta llegó a 6,000 millones de personas. Los primeros 1,000 millones de habitantes se alcanzaron en 1850, los siguientes 1,000 millones llegaron menos de un siglo más tarde, en 1930. Los siguientes 1,000 millones se registraron en 1960. El ritmo de crecimiento demográfico se mantuvo acelerado y los siguientes 1,000 millones se alcanzaron en 1974. En 1987 la población del mundo se estimó en 5,000 millones de personas. En el 2001 somos 6,100 millones de habitantes en el planeta. En menos de un siglo, en el año 2075, de seguir las tendencias demográficas, tendremos que construir otro mundo similar al de 1987, para albergar una población de 10,000 millones de habitantes. Todo lo que se ha construido a lo largo de la historia de la humanidad tendrá que volver a realizarse en menos de una centuria.

En este contexto, ¿cuál ha sido la evolución de la población de México? Según datos del XII Censo General de Población y Vivienda, En el año 2000 México contaba con una población de 97.4 millones de personas. Este hecho coloca a México como el undécimo país más poblado del mundo. La tasa de crecimiento demográfico pasó de 3.4% anual en 1970 a 1.5% en el año 2000. No obstante esta importante disminución, la tasa de crecimiento demográfico actual es aún elevada; significa que, de mantener ese ritmo, la población se duplicaría en periodos de 46 años. Se terminaron los tiempos en que México duplicaba su población cada veinte años. La disminución del crecimiento demográfico se ha presentado, en mayor medida, en las zonas urbanas y en los estratos de población medios y altos.

Entre 1960 y el año 2000 se observaron importantes cambios en la tasa global de fecundidad. Hacia finales del decenio de los sesenta el número promedio de hijos por mujer, al terminar su vida fértil, era de siete. Para el año 2000 se estimó que la fecundidad total había caído a 2.4 hijos por mujer. El descenso de la fecundidad no es homogéneo en todos los grupos. La fecundidad es diferencial según la escolaridad y el lugar de residencia. Las encuestas nacionales sobre fecundidad muestran que las mujeres en las áreas metropolitanas tienen menos hijos que las de localidades menores a 20,000 habitantes. A mayor escolaridad menor fecundidad: la educación es el mejor método anticonceptivo.

Por lo que respecta a la mortalidad, se ha producido un descenso importante. La esperanza de vida al nacer aumentó de 59 años en 1960 a 75 años en la actualidad. No obstante, todavía nos encontramos lejos de niveles de mortalidad como Japón, donde al nacer se cuenta con una esperanza de vida de 80 años. Las cifras nacionales esconden las diferencias que hay en los estados. Las entidades federativas con un mayor grado de marginalidad tienen al nacer una esperanza de vida menor que aquellas que cuentan con una marginalidad menor La mortalidad infantil, considerada como un indicador del desarrollo, ha presentado una disminución continua: pasó de 132 defunciones de niños menores de un año por cada 1,000 nacidos vivos en 1950 a 25 por 1,000 en el año 2000. Las encuestas de fecundidad muestran también que en las localidades de menos de 2,500 habitantes la mortalidad infantil es varias veces mayor a la de las principales áreas metropolitanas.

La migración ha jugado un papel importante en el crecimiento de la población. Los habitantes se han concentrado principalmente en el centro del país, integrado por trece entidades federativas: Aguascalientes, Colima, Distrito Federal, Estado de México, Guanajuato, Hidalgo, Jalisco, Michoacán. Morelos, Puebla. Querétaro, Tlaxcala y Vera- cruz; seis de cada diez personas radican en ellas, ocupando casi el 20% del territorio.

La población se ha concentrado en cuatro zonas metropolitanas. En la zona metropolitana de la ciudad de México, la mayor concentración del país, se registraron 17.8 millones de habitantes para el año 2000, casi la quinta parte de la población total. Por lo que se refiere a la migración internacional a Estados Unidos, ésta se ha intensificado en los últimos años. En el vecino país del norte viven alrededor de 8 millones de mexicanos, que se dirigen allá con la expectativa de tener mejores condiciones de vida para ellos y sus familiares. No obstante, este complejo fenómeno implica la pérdida de un importante capital humano. Se estima que para el periodo 1990-1995 el flujo neto anual fue de aproximadamente 300,000 personas.

En el inicio del siglo XX la natalidad y la mortalidad eran elevadas. La esperanza de vida al nacer era de alrededor de 30 años. Un elevado porcentaje de niños que nacían en esta época no conocían a sus padres y abuelos, como resultado de la reducida esperanza de vida. Debido a que la fecundidad y la mortalidad infantiles eran elevadas, los niños no llegaban a conocer a muchos de sus hermanos. Las personas se casaban a edades jóvenes y por la elevada mortalidad las uniones conyugales terminaban pronto.

¿Qué efectos se presentarán en la composición por edades de la población mexicana? La disminución de la fecundidad traerá importantes efectos en la estructura por edades. Se presentará una disminución en términos relativos y absolutos de la población en edad escolar y preescolar y un aumento porcentual en la población en edad activa y avanzada. Mientras dicho descenso tiene un efecto directo sobre la población —que demandará escuelas y atención a la salud materno-infantil—, ese impacto es más lento y tarda más tiempo en afectar la estructura y el número de la población en edades activas, ya que esa población está presente en el momento actual, porque ya ha nacido.

Son previsibles los escenarios demográficos del futuro y las demandas y presiones de orden social que van a generarse. La observación de las tendencias que sigue la población y sus posibles modificaciones brinda los elementos necesarios para apreciar la magnitud de los esfuerzos que se requieren en educación, salud, empleo, vivienda y nutrición. El análisis comprende el periodo 2000-2050. Según estimaciones y proyecciones del Consejo Nacional de Población, en el supuesto de que el ritmo de crecimiento demográfico descendiera de 1.5% en el año 2000 a 0.5% anual en el 2025 y a -0.2% en el 2050, la población total para el año 2025 ascendería a 125.5 millones de personas y a 131.6 millones de mexicanos en el 2050. Los efectos de la disminución serían los siguientes: la población en edad preescolar y escolar (0-14) pasará de 33 millones en el 2000 a 25.4 millones en el 2025, y a 19.2 millones en el 2050. Por lo que se refiere a la población en edades activas (15 a 64 años), el volumen de población pasará de 61.8 millones en el 2000 a 86.2 en el 2025, y a 79.9 millones en el 2050. La población en edad de jubilación (65 y más) pasará de 4.8 millones en el 2000 a 13.9 millones en el 2025, y a 32.4 millones en el 2050. ¿Qué significado tienen estas cifras? Significan que muchos de los que demanden empleo en el 2025 ya han nacido o están por nacer. La población en las edades avanzadas del 2025 se habrá multiplicado por tres con respecto a la población de estas edades en el 2000. Este hecho, en cambio, no se presentará en el grupo de edades de 0 a 14 años, ya que este grupo se reducirá entre el 2000 y el 2025. La disminución en el ritmo de crecimiento de la población dará como resultado que las políticas de bienestar social en determinados sectores, como los de la educación y la salud, al disminuir la presión tendrán la posibilidad de trascender de una política de prestación de servicios, atada por el problema cuantitativo, a una política en donde lo cualitativo sea el eje central que conduzca la planeación del desarrollo. Es importante destacar, por ejemplo, que el ritmo de formación de profesores en los primeros niveles de educación deberá reducirse, en virtud de que podría ocurrir lo siguiente: tener maestros que no tengan alumnos.

Si bien es necesaria, la regulación de la tasa de crecimiento no es suficiente para adecuar los procesos demográficos con los del desarrollo. Es urgente, además, regular los movimientos migratorios, estimulando la permanencia de la población en sus lugares de origen o la reorientación de las migraciones hacia ciudades de tamaño intermedio, hacia zonas con recursos naturales y productivos, a través de la creación de fuentes de empleo. La regulación de los movimientos migratorios y la disminución del crecimiento demográfico harán posible que se reduzca la población de las zonas metropolitanas.

Tendrán que hacerse todavía importantes esfuerzos para intensificar la salud reproductiva en el marco de los programas sociales, sobre todo en las zonas marginales y áreas rurales que muestran un lento descenso de la natalidad y una mortalidad elevada. Es imperativo que los servicios de salud y planificación familiar sean extendidos y fortalecidos, de manera que se ejercite un principio humano fundamental: el derecho de las personas para decidir sobre su procreación. Estos esfuerzos deben enmarcarse en los programas de orden económico y social tendientes a mejorar las condiciones de vida. Al mismo tiempo, deberán crearse las condiciones que eleven la calidad de vida en aquellas zonas que expulsan población.

Las acciones tendrán mejor aceptación y mejores posibilidades de éxito si se sustentan en la participación ciudadana. Esta sólo podrá lograrse mediante la consolidación de los programas de educación y comunicación en la ciudadanía. La educación es fundamental en el cambio demográfico del futuro y es el mejor anticonceptivo. Estos programas pueden ser la base de otros orientados a reducir la mortalidad y la morbilidad infantiles, a regular la fecundidad a través de programas de salud reproductiva y a racionalizar la distribución espacial de la población.

¿Cómo será la fecundidad y la mortalidad al finalizar el primer cuarto del siglo XXI? El número promedio de hijos por mujer al final de su vida fértil será de 1.7 en el 2025: la población se encontrará por debajo del reemplazo. El aumento en la esperanza de vida hasta los 80 años en el 2025 permitirá que la mayoría de los niños que nazcan en esa época tengan vivos a sus padres, abuelos y aun a sus bisabuelos. Un niño podrá convivir con su padre por cinco a seis décadas, cuando a principios del siglo XX sólo convivía una o dos. Será común observar a tres o hasta cuatro generaciones vivas al mismo tiempo.

México deberá enfrentar dos problemas demográficos fundamentales en el tercer milenio que iniciamos: el del envejecimiento de la población y el del rápido incremento de la población en edades de trabajar. Al mismo tiempo, habrá que reducir las diferencias en los indicadores poblacionales. De no ser así continuaremos teniendo dos Méxicos con patrones demográficos diferentes: uno con niveles de fecundidad y mortalidad como los observados en los países desarrollados y recibiendo migrantes de áreas pobres, y otro con niveles de mortalidad y fecundidad elevados, como los observados en los países más atrasados del planeta, y expulsando a un gran número de personas, muchas de ellas con elevada calificación. n

W. G. Sebald. 1994-2001

W. G. SEBALD. 1944-2001

Sebald nació en el año de 1944, en una “familia posfascista alemana”, en Wertach, un pueblo en la región alpina de Baviera. En Alemania su obra es todavía poco conocida, pero en el Reino Unido, Francia y España se había convertido ya en un autor de culto. Los emigrados, Los anillos de Saturno, Vértigo y su más reciente obra, Austerlitz, mostraron a un autor de gran intensidad narrativa en parte desprendida de un género anfibio que oscila entre el relato, la evocación autobiográfica, la crónica interior y el ensayo personal. En México, Nexos presentó a Sebald en el mes de junio del año 2000, cuando aún era un desconocido en el medio cultural, a través de un ensayo de Susan Sontag, “Sebald: el viajero y su lamento”. Recordemos a Sontag: “¿Es todavía posible la grandeza literaria? Ante la decadencia implacable de la ambición literaria, la convergente ascensión del desgano, la verborrea y la crueldad insensible como asuntos normativos de la ficción, ¿qué sería en la actualidad un programa literario centrado en la nobleza? La obra de W. G. Sebald es una de las pocas respuestas disponibles a los lectores (…), ahí estaba un escritor magistral, maduro, inclusive otoñal en su persona y en sus temas. Su lenguaje era maravilloso: delicado, denso, inmerso en la materia de las cosas; y aunque de esto hubiera amplios antecedentes en lengua inglesa, lo que resultaba ajeno y a la vez más persuasivo era la autoridad extraordinaria de la voz de Sebald: su gravedad, sinuosidad, precisión, su libertad frente a toda cohibición debilitadora o toda ironía gratuita”. n

Impuestos

IMPUESTOS

POR CARLOS ELIZONDO MAYER-SERRA

Es ya casi un lugar común que el Estado mexicano es un pésimo recaudador. A pesar de innumerables cambios en las leyes tributarias en los últimos veinte años, en el año 2000 el gobierno federal recaudó, a través de impuestos, sólo el 10.7% del PIB, mientras que sus ingresos totales llegaron a sólo 16% (ver cuadro 1). Las finanzas públicas, además, continúan siendo altamente dependientes del petróleo (ver cuadro 2). Comparados con los países de la OECD, ocupamos el último lugar y frente a América Latina somos uno de los peores cobradores de impuestos (ver gráfica 1). Esta poca capacidad de recaudación, aunada a severos compromisos financieros del pasado, lleva a un gasto público federal disponible muy bajo (ver gráfica 2), salvo para un neoliberal furioso, para quien tan pocos impuestos cobrados debieran llevar a un gran crecimiento de la economía dado que la sociedad, desde esta perspectiva, siempre gasta mejor que el gobierno. Esta baja provisión de bienes públicos, de calidad además muy deficiente, puede llevar a cuellos de botella importantes en el crecimiento futuro y a poner en riesgo la estabilidad política.

Es un Estado que, al no obtener mayores recursos de la sociedad, provee pocos bienes públicos, y ni siquiera de la calidad adecuada. Asimismo, permite que la desigualdad se reproduzca ad eternum, más aún en mercados globales como los que enfrentamos. Un ejemplo: los mercados abiertos premian con mayores ingresos a los sectores más educados. En México la educación superior, de calidad muy desigual, sólo llega a 19.7% de la población objetivo.1 Incluso la educación básica no es de la calidad adecuada. Ante los problemas que presenta la mayoría de las escuelas primarias públicas, una alternativa para los padres de familia con recursos suficientes ha sido comprar educación primaria, aunque esto tampoco garantiza una buena calidad.2

Desde infraestructura a seguridad pública, las carencias en el país son severas y minan las posibilidades de un crecimiento sostenido y mejor repartido. En un contexto de aguda desigualdad y carencias lacerantes, fortalecer la democracia es casi heroico. El diagnóstico no es complicado. Encontrar los impuestos ideales para un país como el nuestro, abierto y con una frontera amplia con Estados Unidos, tampoco es tan complejo. Sin embargo, ponernos de acuerdo en una reforma fiscal capaz de recaudar más y desarrollar un mejor aparato burocrático recaudatorio resulta un problema mayúsculo en la actual distribución del poder. De no resolverse este desequilibrio entre lo que el Estado puede recaudar de la sociedad y lo que ésta demanda y requiere de bienes públicos, comprometeremos seriamente las posibilidades de crecimiento y de estabilidad política.

Otro lugar común, compartido por esa sabiduría colectiva impregnada de corrección política, es que vivimos un sofocante centralismo fiscal. La Federación monopoliza las facultades recaudatorias y regresa migajas a las empobrecidas entidades federativas y a los municipios. Aunque cierto hace unos años, este lugar común es, a principios del siglo XXI, falso y peligroso. Falso, porque en los últimos años la descentralización del gasto ha sido importante (ver cuadro 3), aunque una parte del mismo aún esté atado a lineamientos federales, como es el caso del destinado a educación. Falso, también, porque las entidades federativas y los municipios cuentan con facultades tributarias que usan poco, acostumbrados a pedirle a la Federación. Basta como ejemplo de facultades subutilizadas la baja recaudación por impuesto predial (ver gráfica 3).

Antes, durante los años del presidencialismo todopoderoso, un gobernador hábil podía encontrar un alto funcionario federal dispuesto a ayudarlo con los muchos fondos discrecionales concentrados en el ejecutivo, sin tener que meterse en la engorrosa tarea de cobrarles impuestos a sus ciudadanos. Ahora, el espacio de presión es el Congreso. En las semanas finales del debate en torno al Presupuesto de Egresos en la Cámara, el partido de oposición en turno (antes el PAN, ahora el PRI, siempre el PRD aunque poco dispuesto a negociar) da su voto a cambio de más gasto a los niveles de gobierno que favorezca a los suyos, por definición no el gobierno federal, espacio en el que gobierna su enemigo. Antes, esto llevó a orientar un mayor gasto a los municipios, los más poblados gobernados por el PAN (ver cuadro 4), ahora, seguramente, a los gobiernos de los estados, sobre todo los más pobres, en general aquellos que gobierna el PRI.

 Este lugar común es peligroso porque de continuar esta tendencia la Federación se quedará con muy poco margen de maniobra para pagar las innumerables contingencias pendientes; para enfrentar las tareas que requieren de una visión de conjunto; para salvaguardar la integridad nacional; y para poder impulsar la necesaria compensación regional en un país tan desequilibrado. La historia de México es tristemente rica en amplios periodos de caos donde la federación era de una gran pobreza frente a las entidades federativas. Marcello Carmagnani ha analizado cómo durante el siglo XIX las entidades federativas tenían la mayoría de las facultades tributarias. Por ley tenían que participar (con el llamado contingente) a la Federación. Casi nunca lo hacían y la Federación quedaba dependiente de los ingresos por comercio exterior, recaudados en aduanas fáciles de controlar por extranjeros con deudas o con ambiciones sobre el país.3 En palabras de Carmagnani: “La distinción constitucional entre ingresos federales y estatales condujo a definir implícitamente a la federación como un estado tendencialmente sin territorio”.4

 El actual desequilibrio entre Federación y entidades federativas genera un desbalance adicional. En general, el gasto público en México es poco transparente y la rendición de cuentas incompleta. Esto en parte explica la poca disposición del ciudadano para aceptar mayores impuestos. Sin embargo, en la medida de que quien cobra —la Federación— no ejerce un porcentaje importante y creciente del gasto, se genera una tensión todavía mayor. El causante no ve dónde se van sus impuestos, asume se roban o se desperdician, y lo que recibe, a través de gasto estatal o municipal, no parece provenir de sus impuestos y no exige, por tanto, una mejor rendición de cuentas.

Es de esperar que en la negociación presupuestal de cada año veremos las protestas de las entidades federativas por una mayor tajada de los impuestos y nuevas facultades tributarias. Lo primero parece difícil de aumentar. Lo segundo es más que deseable, aunque no a costa de debilitar a la Federación. Cabe señalar, sin embargo, que ya en el pasado se buscó dotarles de la posibilidad de ampliar sus facultades tributarias, con un impuesto al consumo de hasta 2 puntos adicional al IVA, pero el Congreso, con el apoyo de la mayoría de los gobernadores, lo rechazó. Siempre es mejor sólo tomar el dinero y no dedicarse a cobrarlo.

Cómo se resuelva el desequilibrio resultante de un Estado débil, en términos impositivos, frente a la sociedad permitirá tener o no un país más justo, más capaz de proveer los bienes públicos necesarios para crecer sostenidamente; más estable y democrático. Cómo se resuelva el desequilibrio entre Federación y entidades federativas y municipios permitirá o no seguir teniendo un país con cierta unidad nacional. n

1 Datos para el ciclo escolar 2000-20001. La población objetivo se refiere a la población entre 20 y 24 años. La educación superior incluye normal y licenciatura universitaria y tecnológica. Véase Conapo: Pronósticos de población, 1995-2050. Presidencia de la República, “Anexo estadístico” del Primer Informe de Gobierno de Vicente Fox Quesada. México, 2001.

2 Para el ciclo 2000-2001 sólo el 8% de los estudiantes de primaria van a escuelas privadas, de las cuales un porcentaje difícil de calcular es de calidad adecuada. Ver Presidencia de la República: Op. cit.

3 Ver Marcelo Carmagnani: “Finanzas y Estado en México, 1820-1880″, en Luis Jaúregui y José Antonio Serrano (coords.): Las finanzas públicas en los siglos XVIII- XIX. Instituto Mora-Colegio de Michoacán-Colegio de México-UNAM. México, 1998.

4Ibid.

 

 

 

Juan José Arreola (1918-2001)

JUAN JOSÉ ARREOLA (1918-2001)

No deja de ser curioso que una obra tan completa y autosuficiente como la de Arreola sea en realidad una reunión de momentos que, como diría Borges, el tiempo y no el autor recogió. Los libros de Arreola, Varia invención (1949), Confabulario (1952), Bestiario (1959), Confabulario total (1962) y Palindroma (1971), se hicieron solos, por así decirlo. Sin una obsesión unitaria, más allá del mismo texto que tenía en las manos, Arrepoa fue escribiendo sus prosas como quien hace cuadros aislados que luego formarán un conjunto autónomo. Hay algo que le confiere a la obra de Arreola su secreta unidad: la destreza verbal. Incluso el único libro de Arreola concebido como tal, La feria, de 1963, es una falsa novela en el mejor de los sentidos: una sucesión de fragmentos, logrados en sí mismos, quedan al cabo la vida cotidiana en un pueblo mexicano. Arreola escribió cada texto como si fuera el último; así, cuando recogió el último de sus textos en Palindroma, a la obra de Arreola no le sobró ni le faltó más.

Arreola es en efecto un maestro del cuento corto, si cuento podemos llamar a esos textos que mezclan el apunte aforístico con la revelación poética, el ejercicio del ensayo en un mosaico y el clímax súbito de la narración la cita erudita y la llaneza, ciertamente artesanal, de una prosa que pide su continua frecuentación, más allá de la primera y asombrosa lectura. Julio Torri sería el único antecedente de esta prosa en México; pero la obra de Arreola supo apropiarse de varios maestros universales, expertos también en la mezcla de géneros literarios, del relato, el ensayo y la poesía: Marcel Schwob y Franz Kafka, Jorge Luis Borges y De Bertrand, Giovanni Papini y Charles Baudelaire. Hay también el Arreola que encuentra la lengua española como una creación colectiva del uso popular; el Arreola que aprendió a gustar de las palabras de esta lengua desde su infancia en Jalisco. Hay un Arreola del simbolismo y un Arreola del refranero; el Arreola que escribe “Esa te conviene: la dama de pensamientos”, y el Arreola que escribe: “Los dos eran buenos y los dos se dieron en la madre”.

La literatura mexicana le debe a Arreola varios de los textos más imprescindibles de su narrativa, o de sus poemas, o de sus ensayos. Una zona de la obra de Arreola tiene que ver con la literatura fantástica, pero sobre todo con la ironía final de toda vida cargada de tintes melancólicos. Arreola se describió a sí mismo como un romántico, pero incluso en esa misma descripción había la naturaleza del escéptico. Vale decir, Arreola fue también un humorista. Quedan para las antologías sus cuentos “El guardagujas”, “El prodigioso miligramo”, “Baby horse power”, “El parto de los montes”, “Corrido”, “De balística”, y “Una mujer amaestrada”. Arreola no incurrió en la repetición, no escribió una línea que no necesitara escribir; estas son ahora las dos certezas que hacen de su obra algo necesario e irrepetible. n

Crecimiento

CRECIMIENTO

POR GERARDO ESQUIVEL

Entre 1940 y 1981 el producto interno bruto per cápita en México creció a una tasa anual de 3-2%. De 1981 a la fecha ese mismo indicador registró un crecimiento de poco menos de 0.5% al año. Es evidente que el crecimiento económico en México durante las últimas dos décadas se ha reducido en forma significativa. Sin embargo, para poder apreciar mejor lo que esto representa considere la siguiente implicación de este resultado: si la economía mexicana creciera en forma constante a la tasa del primer periodo, un mexicano promedio podría duplicar su nivel de vida en tan sólo 22 años; por otra parte, si la economía creciera a la tasa promedio de los últimos veinte años, un mexicano promedio podría duplicar su nivel de vida en ¡146 años!

El ejemplo anterior ilustra no sólo la dramática reducción en el crecimiento económico de México en los últimos años, sino que también muestra las repercusiones de un cambio en unos cuantos puntos porcentuales en la tasa de crecimiento de un país. Por eso, al hablar de crecimiento económico se debe tener presente que una diferencia de 1 o 2 puntos porcentuales de crecimiento sostenido no es trivial y que, por el contrario, esto puede representar una diferencia muy significativa en el nivel de vida de los habitantes de un país.

El principal desafío económico al que se enfrentará México en los próximos años será el de ofrecer perspectivas de mejoramiento económico a todos los mexicanos y, en particular, al gran número de mexicanos jóvenes que han pasado la mayor parte de su vida bajo situaciones de crisis recurrentes y de bajo crecimiento económico. El problema, sin embargo, es que el crecimiento económico no es algo que se logre fácilmente. Como ahora lo sabemos, no basta con anunciar enfáticamente que el crecimiento económico es un objetivo prioritario del gobierno. El presidente Fox ganó las elecciones prometiendo no sólo un cambio de régimen político; ofreció también que la economía crecería a tasas anuales de 7%. Esta promesa implicaba un crecimiento anual del ingreso per cápita superior al 5% y una duplicación en el nivel de vida promedio de los mexicanos en poco menos de trece años. Los resultados difícilmente podrían ser más desalentadores: la tasa de crecimiento del PIB en este año será apenas positiva, por lo que el ingreso per cápita de los mexicanos disminuirá en términos reales.

El problema de las múltiples promesas de crecimiento económico que se han hecho en el pasado (y que se seguirán haciendo en el futuro), es que quienes las hacen quizá no tienen una idea muy clara de qué factores contribuyen a lograr un crecimiento económico sostenido. Afortunadamente, en años recientes ha habido un auge en el estudio teórico y empírico de este tema y los economistas han aprendido bastante sobre cuáles son los factores que propician o impiden el crecimiento económico de un país. Los resultados de estos estudios son muy robustos y en ellos se han identificado una serie de factores económicos (como la inversión en capital físico y humano) e institucionales (por ejemplo, el respeto a los derechos de propiedad) como los principales determinantes del crecimiento económico de un país.1 Por tanto, es natural pensar que las perspectivas de crecimiento en México dependen en buena medida de lo que ocurra con estas variables. En ese sentido, las perspectivas de crecimiento son mixtas. Varios factores señalan que se ha avanzado en reformas estructurales que garantizan un entorno favorable para el ahorro y la inversión. Este es el caso, por ejemplo, de la reducción y el control de la inflación, y del establecimiento de acuerdos comerciales con varios países; esto garantiza que las políticas de apertura y liberalización económica se mantendrán en el futuro.

Sin embargo, a pesar de los avances en la macroeconomía, en algunas áreas estructurales la situación es menos prometedora. El aspecto más preocupante para México es quizás el relativo a la formación de capital humano. Hay dos temas a considerar: la composición y orientación de la formación de la fuerza laboral y el bajo nivel educativo de la fuerza laboral en México. Con respecto al primer punto, se ha vuelto un lugar común decir que en el país hay demasiados licenciados y muy pocos técnicos. Esto ha llevado incluso a retirar los apoyos económicos a carreras que se consideran saturadas y a promover la inscripción en áreas científicas o técnicas. Sin embargo, si bien es cierto que la proporción de estudiantes que se dedican a áreas científicas o técnicas en México es relativamente baja, el verdadero problema no consiste en la composición u orientación de la fuerza laboral. El problema de México reside en que una proporción muy baja de su población joven realiza estudios a nivel superior. La tasa de matriculación en este nivel ilustra la magnitud del rezago en México en la formación de capital humano. En 1980 el 14% de la población joven en México estaba inscrita en alguna institución de educación superior. En ese año, dicho indicador era exactamente igual al promedio de toda América Latina y era ligeramente inferior al de países como Tailandia y Corea (15% en ambos casos). Para 1997 (último año con información comparable), el porcentaje de matriculación en educación superior en México era de apenas 16%, mientras que en América Latina ya era de 20%, en Tailandia era de 21% y en Corea alcanzaba ya un sorprendente 68%. No es casual que países como Tailandia y Corea, con una fuerza laboral más capacitada, hayan crecido a tasas muy superiores a las que ha logrado México en los últimos años.

Recuperar la senda de crecimiento económico en México es imperativo para mejorar los indicadores de bienestar de la población mexicana. Es indispensable mantener y profundizar aquellas reformas estructurales que propician un entorno favorable para el ahorro y la inversión. Es importante identificar los verdaderos cuellos de botella que podrían impedir la recuperación económica de largo plazo. Uno de esos aspectos es el relativo a la formación de capital humano. Sin una fuerza laboral calificada, difícilmente lograremos que los beneficios del comercio o la inversión se materialicen en bienestar para la mayoría de la población. Desafortunadamente, las políticas actuales no siempre han identificado correctamente estos aspectos y se han concentrado en temas secundarios. Sin una adecuada y oportuna identificación de los factores que podrían limitar el crecimiento económico sostenido, difícilmente podremos crecer, ya no digamos al 7% anual, ni siquiera a tasas de 4% o 5% al año. Aunque, claro, siempre es posible pensar que el futuro económico de México es realmente promisorio y que yo simplemente estoy apanicado porque soy un timorato y pesimista. Ojalá que así sea. n

1 Véase, por ejemplo, Robert J. Barro: Determinants of Economic Growth: A Cross-country Perspective. MIT Press, 1997.

Numeralia

1)  Tasa de crecimiento promedio anual del PIB per cápita en México entre 1940 y 1981: 3.2%

2)  Tasa de crecimiento promedio anual del PIB per cápita en México entre 1981 y 2000: 0.5%

3)  Años que se requerirían para duplicar el ingreso per cápita en México si la economía crece al 7% anual: 13

4)  Años que se requerirían para duplicar el ingreso per cápita en México si la economía crece al 3-5% anual: 35

5)  PIB per cápita en México en 1980 (como porcentaje del PIB per cápita de Corea): 152%

6)  PIB per cápita en México en 1999 (como porcentaje del PIB per cápita de Corea): 53%

Fuentes: 1-2: INEGI.

3-4: Cálculos propios. Suponiendo que la población crece al 1.5% anual.

5-6: Banco Mundial: World Development Indicators. Datos en dólares.

Indígenas

INDÍGENAS

POR GUILLERMO TREJO

Aunque a los indígenas en México se les suele asociar con formas de vida y organización social congeladas en el tiempo, el hecho es que en la segunda mitad del siglo XX el México indígena experimentó uno de los procesos de cambio social más vertiginosos desde la Colonia. Para entender este proceso de cambio y su impacto en la conformación de la naciente democracia mexicana es fundamental analizar el surgimiento de los indígenas como actor político organizado y las diversas formas de participación política que han seguido en los últimos años. Diversos estudios han dado cuenta de la participación de los indígenas en la transición electoral del país. Sin embargo, es poco lo que sabemos sobre la estrategia más recurrente de participación política de los indígenas mexicanos: la protesta social. Este ensayo presenta un retrato dinámico de la ola de protesta indígena que inicia en el país a mediados de los años setentas y que continúa hasta nuestros días. El propósito es analizar las formas indígenas de disidencia social y las sorprendentes transformaciones de las demandas públicas y de las identidades colectivas de los indígenas organizados en años recientes.

La gráfica 1 ilustra 3,365 actos de protesta social registrados por la prensa nacional en 887 municipios del país con al menos 10% de población indígena, entre 1975 y el 2000. Esta información incluye actos de protesta pacíficos y violentos. La ola de protesta indígena inicia en los años setenta, se consolida en los ochenta y explota en los noventa. En promedio, en los setentas se verificaba un acto de disidencia indígena en algún municipio del país cada once días, en los ochentas cada tres y en los noventas cada dos. Salvo el levantamiento del EZLN en 1994, se trata en su mayoría de actos pacíficos de protesta social: denuncias, marchas, mítines, plantones, huelgas de hambre, invasiones de tierras y tomas de palacios municipales y oficinas gubernamentales. La disidencia indígena se ha concentrado regionalmente con mayor intensidad en un puñado de municipios en Los Altos, Norte y Selva de Chiapas; en el Istmo de Tehuantepec y en las regiones mazateca, mixteca y triqui de Oaxaca; en la región Nahua y en La Montaña de Guerrero; en la Huasteca hidalguense y veracruzana; en la Sierra de Zongolica de Veracruz; y en la Meseta Tarasca de Michoacán. Luego la rebelión zapatista la protesta indígena se ha reconcentrado dramáticamente en Chiapas, Oaxaca y Guerrero.

A diferencia de olas anteriores de disidencia indígena en los siglos XVI, XVIII y XIX, detrás de esta ola que inicia en el último cuarto del siglo XX se encuentran vehículos organizativos y estructuras formales de acción colectiva: cientos de organizaciones indio- campesinas, en su mayoría organizaciones regionales y locales. Entre las organizaciones con más presencia disidente se encuentran la OCEZ, CIOAC, CNPI, ARIC, Xi-Nich, ORCAO, CRIACH y el EZLN en Chiapas; la COCEI, MULT, UCIZONI, UCIRI, UGOCP y UCD en Oaxaca; diversas organizaciones que conforman el CG-500 Años de Resistencia Indígena, Negra y Popular en Guerrero; la OIPUH y el FDOMEZ en Hidalgo y Veracruz; TINAM, CNPI y el CROISZ en Veracruz; y la UCEZ en Michoacán. Tras una larga historia de escisiones y fracturas, varias de estas organizaciones forman parte de la élite organizativa del Congreso Nacional Indígena.

Muchas de estas organizaciones surgieron de intensos procesos de competencia política y religiosa por el control de las comunidades indígenas entre el Estado, la Iglesia Católica y las iglesias protestantes. Por ejemplo, la exitosa penetración de la Iglesia Presbiteriana en Chiapas entre los años treinta y sesenta del siglo pasado desataría una feroz competencia religiosa entre los misioneros protestantes y la Diócesis de San Cristóbal en los años setenta y ochenta. El éxito de los presbiterianos se fincó en traducir el Evangelio a las lenguas autóctonas y organizar grupos de alfabetización y cooperativas campesinas. Primero los jesuítas y luego la Diócesis reaccionaron imitando y profundizando la estrategia sociocultural de conversión de los protestantes. De este proceso de competencia religiosa surgiría una nueva élite en las comunidades indígenas, densas redes de organización comunitaria y, contrario a las intenciones iniciales de las iglesias, la revaloración de las lenguas y las culturas autóctonas, hasta entonces estigmatizadas. En los años setenta, el Estado reaccionó fuertemente ante la exitosa expansión social de las iglesias y, a través de políticas indigenistas de educación, intentó recrear sus propias élites indígenas y redes comunitarias. De las instituciones y las organizaciones del corporativismo indígena surgirían poderosos caciques locales leales al PRI. pero también líderes que rompieron con el Estado y se unieron al movimiento indígena independiente. Numerosas organizaciones indígenas y campesinas de otras regiones del país fueron producto de dinámicas similares de competencia entre el Estado y las iglesias.

Una de las características más sorprendentes de esta ola de protesta indígena tiene que ver con las transformaciones experimentadas en los últimos 25 años en las demandas y las identidades que las organizaciones han expresado en las plazas públicas. Contrario a la imagen de los indígenas como un actor social con demandas e identidades primordiales, congeladas desde tiempos inmemoriales, la gráfica 2 muestra un menú de demandas fluido y mutante. Muestra, también, un liderazgo indígena estratégico, capaz de transformar la identidad de sus movimientos conforme varían las circunstancias y las oportunidades económicas y políticas.

Como se ilustra en la gráfica 2, la ola de protesta indígena inició con movimientos locales que en las plazas públicas expresaban demandas preferentemente económicas: tierras y apoyos productivos. En aquellos estados donde las élites locales reaccionaron de manera represiva frente a las demandas económicas de los indígenas, se iniciarían espirales de movilización y violencia estatal. No es por ello extraño que entre 1976 y 1993 la demanda mayoritaria de los indígenas organizados fue de naturaleza política: cese a la represión de caciques, terratenientes y de autoridades públicas (policías estatales y municipales); libertad a presos políticos; y la destitución de autoridades municipales.

A principios de los años noventa empezó a cocinarse una de las transformaciones más complejas y trascendentes para las organizaciones indígenas del país: el despertar de la conciencia indígena como demanda e identidad pública. Ante la incapacidad de las élites y las instituciones políticas locales de mediar ante las demandas indígenas y frente al desmantelamiento de la vieja estructura de apoyo agropecuario que culminó con la reforma del artículo 27 constitucional, entre 1987 y 1992 un número creciente de líderes y organizaciones fueron revalorando las demandas y las identidades étnicas frente a las identidades campesinas ya para entonces en quiebra. Se trata de grupos y organizaciones indígenas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz y Puebla, asociados a lo que eventualmente sería el PIPI y la ANIPA, que empezaron a adherirse al movimiento internacional en defensa de los derechos indígenas surgido a partir de la promulgación del artículo 169 de la OIT.

Como se observa en la gráfica 2, no es, sin embargo, sino hasta la negociación de los Acuerdos de San Andrés en 1996 y 1997 cuando las demandas étnicas en general y la autonomía indígena en particular se convierten en una de las principales banderas de un movimiento indígena nacional en ciernes. El EZLN es el catalizador de la proyección nacional del discurso etnicista. Si bien la guerrilla zapatista irrumpió en la escena pública con un discurso clasista, propio de las guerrillas marxistas-leninistas, a finales de 1994 inició la principal mutación ideológica que el EZLN ha experimentado hasta ahora. A raíz de la explosiva y exitosa campaña de invasiones de tierras en 1994 en Chiapas y tras la derrota electoral de Amado Avendaño, los zapatistas iniciaron la fundación de municipios autónomos en rebeldía y, entre 1995 y 1996, abrazaron sagazmente el discurso etnicista y autonómico que sus asesores y los miembros del FI- PI y la ANIPA ya habían madurado para entonces. Hay que subrayar, sin embargo, que en ausencia de un proceso previo de revaloración comunitaria de las identidades indígenas —producto involuntario de la competencia entre el Estado y las iglesias—, hubiera sido prácticamente imposible para la comandancia zapatista llevar a cabo este giro identitario.

La caída secular de las demandas económicas en el repertorio disidente indígena no significa que sus grandes rezagos materiales se hayan resuelto. De hecho, las encuestas de opinión realizadas a indígenas en lo individual reportan que las principales demandas siguen siendo económicas. Lo que demuestra la gráfica 2, sin embargo, es que desde la negociación de San Andrés los indígenas organizados empiezan a converger en torno a un mismo objetivo: la redefinición de los canales político-institucionales de asignación de recursos económicos a partir de referentes étnicos. Es decir, para bien o para mal, el objetivo del movimiento indígena organizado ya no es la tierra sino el territorio; ya no exigen recursos para los indígenas sino disputan las reglas para decidir y repartir los recursos que les tocarían como indígenas; ya no exigen la destitución de las autoridades públicas sino que ahora demandan la capacidad de elegir a sus autoridades públicas bajo sus propias reglas.

La experiencia internacional demuestra que cuando un grupo social abraza la bandera étnica la protesta pacífica puede traducirse en violencia colectiva cuando los gobiernos no tienen la flexibilidad para encauzar las nuevas demandas por vías institucionales. Prácticamente todos los regímenes políticos, incluso las democracias, enfrentan enormes dificultades para acomodar las demandas de las minorías étnicas organizadas. Una de las lecciones más importantes que dejan los estudios sobre conflictos étnicos es que cuando los Estados contemporáneos han intentado suprimir las identidades étnicas a cualquier precio, ya sea por métodos pacíficos o violentos, paradójicamente suelen terminar por acelerar la etnificación o incentivar la violencia social. Uno de los grandes retos para la naciente democracia mexicana será encontrar los mecanismos institucionales que ofrezcan verdaderos incentivos a las comunidades y a las organizaciones indígenas para canalizar políticamente sus viejas y nuevas demandas. Veinticinco años de protesta indígena en México no encontrarán un puerto pacífico de llegada hasta que la nueva y compleja configuración identitaria de los indígenas organizados no sea efectivamente canalizada a través de una profunda reforma de las instituciones políticas de la naciente democracia mexicana.  

 

 

 

Campo

CAMPO

POR ALBERTO J. OLVERA

Una de las particularidades de la transición política mexicana ha sido la notable pérdida de visibilidad y la escasa influencia política de los actores sociales populares a lo largo del proceso. Con la excepción del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y la atención pública a la causa de los derechos indígenas, no se observó a lo largo de la década de los noventas un protagonismo eficaz de otros movimientos populares. Por el contrario, se atestigua su pérdida de poder, la desaparición o cooptación de líderes y su incapacidad para modificar las políticas públicas. El caso de las organizaciones y movimientos campesinos es el más grave dada la profundidad de la crisis del mundo rural.

La explicación de la actual debilidad política de los sectores populares se remonta a la década de los ochentas, cuando el régimen decidió asumir en todas sus consecuencias el costo del giro hacia una política económica neoliberal. Ello determinó una caída del poder adquisitivo de los salarios de magnitudes históricas, el incremento del desempleo y la rápida disminución de la inversión pública en el campo.

En la década de los noventas esta derrota estratégica coincidió con la emergencia de la arena electoral como espacio central de la lucha política popular, haciendo aún menos visibles las luchas sociales de obreros y campesinos. Las movilizaciones contra el fraude electoral consumieron las energías de buena parte de la élite política y de las organizaciones sociales que antes habían librado grandes batallas en la arena social.

La gran derrota política del movimiento campesino independiente en México se produjo durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, quien llevó a cabo una doble operación política. De un lado, cooptó en las agencias gubernamentales y en la mismísima CNC a un importante sector de los dirigentes de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas Autónomas (UNORCA) y a algunos líderes regionales de la izquierda social. De otra parte, decidió modificar el artículo 27 constitucional, poner fin al reparto agrario, disminuir aún más la inversión pública en el campo y negociar desventajosamente la inserción de la agricultura mexicana en el contexto del Tratado de Libre Comercio (TLC).

La mayor parte de la antigua dirigencia negociadora de izquierda quedó atrapada en la jugada. Al aceptar en los hechos la política salinista, una generación de líderes campesinos profesionales quedó deslegitimada.

La crisis de 1994-1995 significó un severo golpe al sector de los medianos y pequeños empresarios agrícolas, así como al grupo por lo demás escaso de empresas campesinas colectivas. Su respuesta fue la creación de un movimiento social novedoso: El Barzón. Se trataba en realidad de varias organizaciones regionales independientes que tenían como objetivo común negociar sus impagables deudas con los bancos y evitar la pérdida de su patrimonio. El movimiento tuvo un éxito relativo al obtener la renegociación de una parte de la cartera vencida, pero sus principales dirigentes afectaron la credibilidad del movimiento al incorporarse sin mucha transparencia a los partidos políticos, y los conflictos internos por las áreas de influencia y por las bases sociales condujo a la pérdida progresiva de poder y representatividad de los distintos grupos regionales.

Ernesto Zedillo continuó sistemáticamente con la política neoliberal, cuyos efectos disruptivos se agudizaron en el último tramo de su gobierno por la creciente apreciación del peso. La sobrevaluación volvió imposible que una agricultura subcapitalizada y débilmente integrada compitiera en condiciones razonables contra la creciente competencia externa.

El proceso no causó una crisis social mayúscula porque la respuesta de los campesinos fue la emigración masiva hacia la frontera norte y a Estados Unidos. La gran válvula de escape para la crisis rural ha sido la emigración.

Paradójicamente, en las elecciones del 2000 el voto verde todavía favoreció al PRI a nivel nacional (y lo siguió favoreciendo en las elecciones locales del 2001). La capacidad de manipulación clientelar de la miseria fue el gran activo político del régimen autoritario.

En el 2001 la profundización de la crisis agrícola, expresada esta vez como el colapso de la agricultura comercial en las ramas de frutas tropicales, café, cereales, arroz y caña de azúcar, ha creado las condiciones sociales necesarias para una reanimación de los movimientos sociales en el campo. Las protestas en el país se han multiplicado de norte a sur y de este a oeste. Esta nueva onda expansiva campesina coincide con las protestas a raíz de la aprobación de las insuficientes reformas constitucionales en materia de derechos indígenas.

El nuevo gobierno carece de una estrategia política para el campo y de una política económica sectorial. Para empezar, suspendió el financiamiento oficial que recibían casi todas las organizaciones campesinas del país, oficiales e independientes. El problema político con las viejas estructuras se acentuó aún más con el veto del presidente Fox a la Ley de Desarrollo Rural aprobada por la legislatura federal pasada, que buscaba institucionalizar la intervención estatal en el campo y dejarle un espacio político a las organizaciones corporativas. Pero ningún proyecto propio sustituyó a los del pasado.

En este contexto hay que ubicar las varias iniciativas y los diversos conflictos que hoy se viven en el agro. Del lado del viejo régimen hay que contar la Declaración del Sur, iniciativa de organizaciones campesinas de Oaxaca, que han llamado a crear una articulación nacional campesina e indígena. Dada la magnitud de los recursos invertidos en desplegados y en la creación y activación de redes, debe asumirse un fuerte apoyo económico del gobierno estatal de Oaxaca.

Desde el campo social surge una iniciativa diferente: el Frente Nacional de Defensa de los Productores Agropecuarios. Se trata de campesinos medios y pobres de Sinaloa, Sonora y Chihuahua, que buscan ampliar sus bases sociales al resto del país. Estos campesinos ya hicieron una gran protesta social en su región ante la poca disposición del gobierno para comprar sus cosechas y así contribuir a regular los precios agrícolas. Han bloqueado dos veces los accesos a la aduana del puerto de Veracruz como acto simbólico para protestar contra la importación indiscriminada de productos agrícolas chatarra. El potencial de este movimiento aún está por verse.

La lucha campesina más visible ha sido la de los productores de caña de azúcar, quienes, cansados de no recibir pagos por meses, tomaron durante semanas la sede de la Secretaría de Agricultura y se manifestaron en diversas ciudades del país. El movimiento rebasó rápidamente el control de los viejos líderes corporativos, si bien no condujo a una rebelión abierta contra su organización. La expropiación de 27 ingenios por parte del gobierno, decretada el 3 de septiembre del 2001, es la señal de que por fin el gobierno comprendió la magnitud del problema social que hay en el sector, y que los problemas del campo no pueden entenderse, como pretendía el secretario de Agricultura, como meros conflictos entre particulares.

El gobierno de Fox ha pasado del pasmo a una especie de pavor ante la posibilidad de la generalización de la movilización campesina. Incluso la decisión de dejar sin subsidios a las organizaciones corporativas ha sido revisada de una manera vergonzante. Los grupos clientelares, varios de ellos casi ficticios, que componen el Consejo Agrario Permanente (ante todo la dividida CNC, UNTA, CCC, CAM, CIOAC, CODUC), presionaron al gobierno con una gran manifestación el 9 de agosto del 2001, que fue suficiente para obtener un reconocimiento como “interlocutores únicos de las demandas campesinas” de parte de la Secretaría de la Reforma Agraria, así como nada despreciables 100 millones de pesos para “proyectos productivos”. Se restablece así la vieja relación privilegiada entre grupos corporativos y Estado, que el nuevo gobierno prometió romper. Lo peor de esto es que la medida en nada ayudará al gobierno a contener el vendaval campesino, pues el CAP sólo representa a una burocracia deslegitimada y socialmente aislada.

El reto de los movimientos campesinos es mantener su autonomía, acercarse al movimiento indígena, y crear un polo social capaz de impulsar una consolidación democrática no elitista, es decir, un régimen político en el que los intereses populares se expresen en leyes, compromisos sociales y políticas públicas que permitan resolver los gigantescos déficits en materia de justicia social y de participación ciudadana en la vida pública. Pronto veremos si los nuevos líderes campesinos pueden hacer valer su voz por encima de la de los políticos tradicionales.  n

Estado de derecho

ESTADO DE DERECHO

POR JOSÉ RAMÓN COSSÍO D.

A finales de los años ochenta comenzó a hablarse con cierta insistencia del Estado de derecho. El término no vino, como sería previsible, de los juristas o los politólogos. Los primeros seguían entretenidos en los ejercicios justificatorios que tan buenos dividendos les rindieron; los segundos, o mantenían las viejas explicaciones de la historia política o se adentraban en los —en ese entonces inciertos— caminos de la cuantificación. Quienes en esos años recuperaron la expresión Estado de derecho y comenzaron a insistir en la necesidad de su establecimiento fueron los economistas. Dentro del modelo económico que en ese entonces se estaba construyendo, estimaron necesario contar con un régimen jurídico en el que los derechos de propiedad (en su sentido económico) quedaran completamente garantizados. A su juicio, y probablemente con razón dentro de la lógica de su modelo, la falta de leyes claras y construidas a partir de criterios de eficiencia, tribunales expeditos y autónomos, amplios sistemas de registro, claras posibilidades de ejecución de las resoluciones judiciales, primordialmente, impedirían cualquier posibilidad de desarrollo. Sólo si los derechos estaban claramente asignados y eran fácil y rápidamente ejecutables se podría construir la base que hiciera previsible el funcionamiento del derecho y, con ello, el de la economía. Si, por el contrario, no podía saberse quién era el titular de un derecho, cuál sería la duración de un juicio, cuáles serían los costos de éstos, o cuál sería la posibilidad de llegar a ejecutar un fallo, el propio derecho terminaría distorsionando las transacciones económicas y el funcionamiento mismo de la economía.

El derecho tenía que ser visto en términos instrumentales respecto de la economía. Esta tarea no resultaba del todo sencilla, pues el derecho contaba con una tradición propia en términos de la familia jurídica romanista, o había sido el sustento del régimen desde el que, todavía en ese momento, se ejercía el poder público. La única forma de superar ese obstáculo era mediante el apoderamiento del lenguaje y, todavía con más precisión, de una porción simbólica del lenguaje jurídico. La expresión conveniente fue la de Estado de derecho. La elección no fue trivial o neutra. Por un lado, pretendió traducir una expresión anglosajona de gran importancia (rule of law); por otro, se presentó como una forma jurídica lo suficientemente amplia como para cubrir una gama variada de cuestiones y no reducirse tan sólo a las necesidades económicas. A partir de esa introducción, comenzó a hablarse de la necesidad de establecer en nuestro país “un auténtico Estado de derecho”. Curiosamente, las tareas y los objetivos del mismo se dirigían ante todo a satisfacer las necesidades económicas y, por lo mismo, a reducir el derecho a la posición instrumental aludida. En esa vertiente el derecho perdió su autonomía, por lo que su sentido general y fundamento fueron definidos por los economistas y para la economía.

A partir de esa identificación de nuevo objetivos y nuevos actores “jurídicos” hemos asistido a una serie de modificaciones que han cambiado el sentido y la forma de comprensión de nuestro derecho. Algunas de ellas son adecuadas y han producido, en efecto, una mayor eficacia en el orden jurídico; otras, sin embargo, tomaron en cuenta exclusivamente la racionalidad económica y dejaron de lado la jurídica. Esta última desavenencia ha producido conflictos importantes que se traducen en problemas de regulación y falta de control sobre los agentes económicos o las autoridades públicas. El balance está por hacerse, aunque desde ahora son apreciables algunos efectos virtuosos y otros resultan inadecuados.

En donde sí vale la pena hacer una consideración independiente de los resultados es en lo relativo al apoderamiento del concepto Estado de derecho como mero instrumento en favor del modelo económico. Es cierto que el derecho debe funcionar y funcionar bien para que el desarrollo económico sea viable y se logren más altos índices de crecimiento y una mejor distribución de la riqueza. Pero no puede reducirse el papel del propio concepto. La única posibilidad de comprensión y, posteriormente, de realización, de un concepto tan complejo como el de Estado de derecho pasa por la aceptación de sus múltiples funciones. No es posible suponer que sea reducible a garantizar sólo los derechos de propiedad: debe garantizar cualquier tipo de derecho establecido en el orden jurídico; su función no puede reducirse a buscar el establecimiento de tribunales que sólo garanticen la operación adecuada de las transacciones económicas, sino también el de todos los derechos otorgados; los cambios a las leyes y a los órganos de impartición de justicia no pueden darse sólo para lograr mayor velocidad y eficiencia en las transacciones comerciales o financieras, sino respecto de cualquier tipo de derecho o acción ejercida.

Ante la necesidad de ampliar la óptica del Estado de derecho se dirá que precisamente para lograr todos esos objetivos es que primeramente deben llevarse a cabo las transformaciones en materia económica. Que sólo una vez que haya aumentado el tamaño del pastel, se nos dice, habrá algo que repartir. Aceptar esta solución es, precisamente, el tipo de argumentos que han permitido reducir el Estado de derecho a su mínima y economicista expresión. La única posibilidad de salir de ese empobrecido horizonte es entendiendo que el Estado de derecho significa la eficacia de las normas jurídicas en todas las actividades y respecto de todos los sujetos incluyendo, por supuesto, las relacionadas con la economía.

Abordar de un modo más serio el tema del Estado de derecho significa atender a su complejidad, que pasa por la identificación de sus variados niveles. En primer término, reconociendo la dimensión simbólica de una categoría en la cual se sustenta una forma histórica de ejercicio del poder. No es válido apelar sólo a ejercicios que determinen los costos y los beneficios, sino entender cuáles son los procesos de aceptación y elaboración de una categoría que, prácticamente, nunca ha estado presente en nuestra historia nacional. En segundo término, y a partir de lo anterior, identificar los variados objetivos sociales que quieren cumplirse a través del uso del mismo Estado de derecho para, a partir de ahí, encontrar de qué forma la técnica jurídica puede contribuir a su realización. Es importante destacar que en lo relativo a su diseño y conceptualización, las posibilidades de la técnica jurídica son limitadas y que, por lo mismo, se requiere de un trabajo interdisciplinario. Ante todo, el establecimiento de un Estado de derecho entre nosotros requiere de un enorme esfuerzo de diversos sectores sociales para no quedar reducido, una vez más, a mera ideología. Esa acción colectiva sólo puede tener éxito si comienza con la identificación y exploración de sus elementos, la complejidad de su entorno y los innumerables obstáculos que habrán de librarse para establecerlo. n

Salud

SALUD

POR FELICIA KNAUL Y GUILLERMO SOBERÓN

La salud refleja y promueve las grandes transiciones que vive el país. En términos de esas transiciones podemos identificar los retos y las oportunidades para la salud de la población y para el sistema de salud en el México de hoy.1 La transición demográfica ha sido profunda y rápida. El descenso en la fecundidad es impresionante: de un promedio de seis niños por mujer en edad reproductiva en 1976 a un promedio de 2.4 a principios del siglo actual. La mortalidad descendió de 35 muertes anuales por 1,000 habitantes a principios del siglo pasado, a 4.5 en la actualidad. Esta transición es determinante del envejecimiento de la población, uno de los grandes retos de la salud. Si hoy en día 1 de cada 20 mexicanos tiene 65 años o más, en el año 2050 será 1 de cada 5. Los desafíos se relacionan con el aumento en los costos de la atención a la salud y con el aumento en la demanda de cuidados a largo plazo. Un aspecto adicional es la urbanización y la distribución espacial de la población. La mayor parte de la demanda para atención a la salud se da en los centros urbanos con un aumento en la demanda asociada a enfermedades crónicas y lesiones, a la vez que la atención de la salud de la población rural dispersa es compleja y costosa.

Otra transición es la epidemiológica. La proporción de muertes entre los menores de cinco años ha disminuido mientras la proporción entre los mayores de cincuenta años ha aumentado. Las principales causas de muerte también se han modificado. En 1960, 60% de las muertes se atribuían a enfermedades infecciosas y hoy más de 60% de las muertes se atribuyen a enfermedades no transmisibles y 15% a lesiones.

A esto se suman la desigualdad y la polarización a pesar del gran progreso en materia de salud ejemplificado por el descenso en la mortalidad. En la población marginada, y especialmente en ciertos grupos como la población indígena, se concentran más la enfermedad y la frecuencia de enfermedades del rezago, en gran parte prevenibles y atribuibles a las enfermedades infecciosas, la desnutrición y los problemas de salud reproductiva. Es una relación dual y negativa: hay enfermedades de la pobreza, a la vez que existe pobreza que resulta de la enfermedad. Enfermedad y marginación confluyen en un círculo vicioso y se refuerzan mutuamente. Un reto es cerrar las brechas y reducir la desigualdad en las condiciones de salud. Sin embargo, la distribución actual de los servicios de salud tiende a reforzar el rezago.

Los nacimientos que ocurren en los hospitales generales de los estados más ricos superan el 90%, mientras que en los estados más marginados se encuentran por debajo del 50%. Por eso los programas actuales se enfocan a combatir las enfermedades del rezago con una cobertura universal.

En la esfera política, México está en un proceso en el que la democratización de la salud constituye un elemento fundamental y uno de los ejes del Programa Nacional de Salud 2001-2006. La salud constituye un motor para la transición política. La enfermedad impide la educación y el desarrollo de las personas y, por lo tanto, su capacidad de reconocer y ejercer sus derechos. A su vez, la falta de educación expone a los individuos a la enfermedad creando así un círculo vicioso. Por el contrario, la salud potencia y cataliza una mayor y mejor participación de todo individuo a nivel familiar, comunitario y nacional.

Otra transición con un gran impacto sobre la salud es la condición de la mujer. Si bien la responsabilidad sobre el cuidado de la salud familiar ha recaído tradicionalmente en las mujeres, esto ha empezado a experimentar cambios. La participación laboral de la mujer se ha incrementado en más de 250% desde 1970, y hoy la tasa rebasa el 35%. Simultáneamente, se ha visto un aumento considerable en el nivel de estudios de las mujeres mexicanas, de manera notoria en el nivel universitario y en carreras antes dominadas por los hombres. Es crucial que el cuidado de la salud familiar se vuelva una responsabilidad familiar compartida. Para promover la equidad de género en el cuidado de la salud familiar será importante desarrollar los derechos de hombres y mujeres para obtener licencias de trabajo con el fin de cuidar a familiares enfermos y a recién nacidos. También se requieren políticas que fortalezcan la participación laboral de la mujer; por ejemplo, los horarios ampliados para el servicio médico en instituciones públicas.

Los cambios en el mercado laboral se reflejan muy claramente en la medicina. Más del 50% de los estudiantes de medicina en México son mujeres. No obstante, en el ejercicio de la profesión se siguen reflejando las diferencias de género. Una de las grandes paradojas de la medicina en México es que aproximadamente 25% de las personas que han estudiado medicina no ejercen su profesión, a pesar de que muchos mexicanos carecen de atención médica. El subejercicio es casi seis veces más común entre las médicas. Los desajustes tienen que ver, entre otras cosas, con la incompatibilidad entre los horarios de los médicos y las responsabilidades familiares.

La transición económica conlleva presiones y oportunidades adicionales para el sector salud. La inversión en la salud, como inversión en capital humano, constituye una de las bases fundamentales para lograr una fuerza laboral con las capacidades para enfrentar las demandas del mercado en el contexto de la globalización. A su vez, la transición económica implica cada vez menos oportunidades laborales para las personas sin educación al tiempo que las enfermedades impiden adquirir una educación adecuada. Hoy en día muchas decisiones que se consideraban puramente económicas tienen que ver con la salud. En la industria del turismo, por ejemplo, la erradicación de enfermedades transmisibles es esencial. A su vez, los insumos para la salud constituyen un gran mercado internacional y nacional. El sector salud representa una inversión que equivale en México a 5.6% del PIB, siendo así un importante sector en la economía. Si bien es una inversión inferior a lo requerido para satisfacer las necesidades de la población, y a la vez inferior a lo invertido por otros países similares, sigue siendo una inversión considerable que requiere más equidad y eficiencia. Quienes toman las decisiones económicas tienen que dialogar con el sector salud en ámbitos nunca vistos y eso requiere del desarrollo de nuevas capacidades.

Uno de los grandes retos del sistema de salud en México es la inseguridad financiera. En el Marco para la Evaluación del Desempeño de los Sistemas de Salud de la Organización Mundial para la Salud del 2000, México se encuentra en la posición 144, de entre 191 países, en lo que toca a la protección financiera. No obstante, en otros aspectos del desempeño se encuentra en posiciones sustancialmente mejores. Hay que convertir el sistema nacional de salud en uno que ofrezca aseguramiento público; no sólo al sector formal sino a toda la población. El gasto de bolsillo2 en salud constituye casi 50% del gasto total anual en salud en México, aunque el prepago solidario es la mejor forma de financiar la salud. El gasto de bolsillo rompe con la solidaridad y la eficiencia del financiamiento de la salud. Por otro lado, los patrones del aseguramiento y gasto público en salud tienden a reforzar las inequidades y el rezago epidemiológico. Los estados con alto rezago y alta marginación tienen menores tasas de aseguramiento y menor gasto en salud. En vez de generar una agregación de los riesgos de enfermar y de la capacidad de financiarse, el sistema de salud actual fragmenta ambos.

Los cambios tecnológicos, los logros en la informática y en la comunicación y los avances científicos ofrecen un panorama similar en términos de retos y oportunidades. Por ejemplo, el mundo se encuentra ante la nueva tecnología del genoma humano. Su aplicación podría cerrar o abrir brechas entre países y poblaciones. Es una tecnología costosa que podría ser aplicada, principalmente, a las enfermedades de los países, y de las personas, de mayores ingresos. Para aprovechar la medicina genómica, en beneficio de pobres y ricos, será clave el desarrollo de una base mexicana de conocimiento. A su vez, se requieren subsidios públicos para desarrollar tecnologías adecuadas a las enfermedades del rezago así como para ponerlas al alcance de las poblaciones marginadas.

Las grandes transiciones ofrecen oportunidades para aprovechar los bienes públicos del conocimiento y para superar muchos de los retos en materia de salud que México enfrenta. Sin embargo, para aprovechar las oportunidades de las transiciones y para enfrentar la complejidad de los retos en salud, se requieren cambios fundamentales en el sistema de salud. El sistema actual tiende a fragmentar a la población en asegurados y no asegurados, en pobres y ricos, en sanos y enfermos. Se requiere un sistema nacional de salud verdaderamente nacional y a la vez sistémico, que responda en forma equitativa y eficiente a las necesidades de toda la población. n

1. Las cifras reportadas y parte del análisis de este ensayo provienen del Informe sobre la salud en el mundo 2000 de la Organización Mundial de la Salud, del Programa Nacional de Salud 2001-2006 de la Secretaría de Salud de México, de Economía y salud: propuestas para el avance del sistema de salud en México publicado por la Fundación Mexicana para la Salud y de “The Gender Composition of the Medical Profession in Mexico: Implications for Employment Patterns and Physician Labor Supply” por Felicia Knaul, J. Frenk, A. M. Aguilar: Journal of the American Medical Women’s soc, winter, vol. 55, 2000

2 El término “gasto de bolsillo” hace referencia a los gastos realizados en el momento de recibir los servicios de salud y que no son reembolsables por ningún seguro.

 

 

Valores

VALORES

POR JORGE BUENDÍA LAREDO

A lo largo de nuestra historia hemos cedido, con excesiva frecuencia, a la tentación de imaginarnos como una colectividad homogénea, en detrimento de lo que nos distingue, e incluso, separa. Más aún, en nuestro imaginario, el consenso y no la pluralidad ocupa el podio de honor.

La herencia del consenso tiene rasgos autoritarios ya que, por definición, niega las diferencias, la pluralidad. Los gobiernos post-revolucionarios enfatizaron por ello el nacionalismo mexicano: era el instrumento ideal para inhibir toda oposición, particularmente cuando se concebía al Estado, la Nación y al gobierno como lo mismo.

Es ocioso negar la pluralidad. Las diferencias socioeconómicas, regionales, étnicas y/o políticas, nos asedian por doquier. Estas diferencias a menudo se convierten en valores, opiniones y comportamientos. Hay un sinnúmero de elementos que nos unen, pero también una buena cauda de factores que nos distingue y, a veces, aparta.

Conocer estos acuerdos y desacuerdos es útil para en tendernos mejor como Nación. Los estudios de opinión pública son una valiosa herramienta para identificar consensos y disensos nacionales. Gracias a ellos sabemos que coincidimos en una gran cantidad de temas como la importancia de la familia, el trabajo, el vínculo matrimonial y la religión.1

Si hace medio siglo Octavio Paz sostenía que en México “las ideas y el trabajo cuentan poco” (El laberinto de la soledad, p. 87), hoy una encuesta de Reforma encuentra que para 86% de los entrevistados el trabajo es muy importante en su vida. El país melancólico y triste retratado por Paz tampoco se refleja en los resultados de esta encuesta: nueve de cada diez mexicanos dice ser feliz (56% muy feliz) y ocho de cada diez dice estar satisfecho con su vida (57% muy satisfecho).

Sin embargo, esta uniformidad nacional no se entiende sin su inseparable compañera, la pluralidad. Ellas constituyen los dos ejes que articulan nuestra identidad como Nación.

Nuestra pluralidad se manifiesta, por lo menos, en dos vertientes. Primero, los mexicanos podemos dividirnos en torno a un valor o tema. La encuesta muestra que asuntos como la influencia de la religión en la vida política, o el papel de la mujer en el trabajo y el hogar generan opiniones variadas entre la ciudadanía.

Las ideologías, como es de esperarse, son en buena medida responsables de la pluralidad de valores y opiniones. El papel del Estado en la economía es quizás el tema

1 Encuesta Mundial de Valores, patrocinada por el periódico Reforma y publicada del 9 al 13 de mayo del 2000.que separa, por doquier, a liberales y social-demócratas de conservadores. Los mexicanos tampoco somos ajenos a esta división. El cuadro 1 muestra claramente una población fragmentada en torno a quién es responsable del bienestar ciudadano: el Estado o los individuos mismos. Si bien todos podemos coincidir en elevar el bienestar de los ciudadanos, lo cierto es que diferimos en los medios para lograrlo.

El cuadro 1 ilustra también la segunda vertiente de nuestra pluralidad, y sus orígenes: cómo la desigualdad conduce a diversos grupos o individuos a manifestar posturas distintas o contrapuestas. Las diferencias educativas y de ingreso, principalmente, son los factores que impiden la convergencia. En la medida que educación e ingreso están altamente correlacionados, la desigualdad en ámbitos diversos no sólo se traslapa sino que se refuerza. En el cuadro 1 se aprecia claramente cómo los grupos acomodados y desfavorecidos expresan ideas antagónicas en torno al papel del Estado: aquéllos quieren menos Estado, mientras que éstos demandan una mayor responsabilidad estatal.

Valores centrales al ethos democrático tampoco son ajenos a esta tendencia centrífuga. Tomemos el caso de la tolerancia. La tolerancia es un concepto relativo ya que requiere la aceptación de ideas y valores distintos a los propios, pero, en particular, de ideas y valores contrarios. Uno puede ser tolerante de ciertos grupos e intolerante de otros. La Encuesta Mundial de Valores, por ejemplo, revela que hay mayor tolerancia a personas de una raza distinta que a homosexuales o enfermos de SIDA.

En nuestro país la desigualdad condiciona la tolerancia ante diferentes grupos. Las personas con mayor educación, y en ello nos asemejamos a otros países, tienden a ser más tolerantes. En el cuadro 2 se observa un patrón preocupante:2 las personas con niveles elementales de educación, o sin ella, muestran un alto grado de intolerancia hacia las personas con religión e ideas distintas. Los universitarios, por el contrario, expresan tolerancia. Pareciera que estamos ante la presencia de mundos radicalmente opuestos.

Las rivalidades generadas por la desigualdad son claras, pero hay factores que mitigan sus efectos. Como se señaló anteriormente, hay elementos de unión que contrarrestan el impulso centrífugo de la desigualdad. Pero, además, la relación entre valores y comportamiento no es automática. O, como decimos coloquialmente, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. Y, en muchos casos, lo que importa es el hecho. La tolerancia, por ejemplo, no se pregona, se practica. Más aún, la tolerancia y la protección a las minorías no se sustentan únicamente en la internalización de valores democráticos sino, sobre todo, en las salvaguardas legales y constitucionales. De ahí la centralidad de los arreglos institucionales para promover las prácticas democráticas y enterrar modos y métodos autoritarios.     n

2 Agradezco a Julia Flores su amabilidad al facilitarme los resultados de la investigación que realizó conjuntamente con Yolanda Meyenberg.

Numeralia

1.  Porcentaje de mexicanos que dice que la familia es muy importante en su vida: 97%.

2.  Porcentaje de mexicanos que dice que el trabajo es muy importante en su vida: 86%.

3. Porcentaje de mexicanos felices: 91% (56% muy feliz y 35% bastante feliz).

4. Porcentaje de mexicanos que dice que el gobierno es el responsable del bienestar de cada ciudadano: 40%.

5. Porcentaje de mexicanos que dice que los ciudadanos son los responsables de su propio bienestar: 46%

Fuente:

1, 2 y 3: “Encuesta Mundial de Valores”, Reforma.

4 y 5: J. Buendía y María Amparo Casar: “Opinión pública y política fiscal”.