Tormentas sobre Juárez

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TORMENTAS SOBRE JUÁREZ

POR JULIÁN ANDRADE JARDÍ

Desde los años ochenta Ciudad Juárez, línea limítrofe y lugar de paso en las rutas de la droga, vire sometida a los caprichos de las bandas criminales y a la ineptitud o complicidad de las autoridades judiciales. Al parecer, no hay nada que refiera la existencia de la ley. Como demuestran estas tormentas, en Ciudad Juárez el miedo no es simulacro sino garantía de sobrevivencia.

El territorio del Towi

 Fue  en esa época, de un calor infernal, cuando se planeó todo para detener al Towi. un narco de la sierra de Chihuahua, en la Tarahumara Sur, dueño de una extensión de tierra impresionante y vivo ejemplo de los cacicazgos criminales. Su negocio: ocuparse de los plantíos y ver que llegara la droga, en buen estado, a las rutas que la llevarían a Juárez y posteriormente a Estados Unidos. Su banda se inició alrededor de los años ochenta, cuando eran gavilleros que asolaban la región.

Mi amigo, Anselmo Orozco, participó en la operación y aún hoy la recuerda entre temblores de desesperación. Un convoy de seis camionetas de la PJF y otro tanto de las policías estatales se encaminaron a Guadalupe y Calvo para detener al sujeto. Dos helicópteros de la PGR (de esos de la guerra del Golfo Pérsico) serían la avanzada. Anselmo Orozco y el comandante de la plaza iban en uno, acompañados de varios elementos policiacos.

Bajaron en un claro, Anselmo tomó un rifle AK-47 y se colocó detrás de una piedra. Minutos después conocería el infierno. La balacera duró poco, pero el tiempo no cuenta en esos casos. Su extensión es eterna, tremenda.

—¿Qué hiciste cuando escuchaste las balas? —le pregunté días después.

—Lloré. Te quieres morir, aunque en realidad sea lo contrario. No sabes quién gana o quién pierde. Junto a mí estaba uno de los chavos del instituto, pálido, pero tenía explosiones de adrenalina y disparaba para todos lados. Cuando las cosas se pusieron peor nos metimos en el resquicio de una cueva. Desde ahí oíamos el tronadero de las armas. Nos abrazamos hasta que terminó todo.

El operativo fracasó y el Towi logró huir. Alguien le había dado el pitazo. En una casa de adobe, con camionetas cuatro por cuatro, a un costado los recibió la hermana del narco, una mujer corpulenta como de uno ochenta de estatura.

—Llévenme si son tan hombres.

Ahí la dejaron.

Semanas después, dos campesinos merodeaban la subdelegación de la PGR en Chihuahua. Se les veía nerviosos y se intentó contactarlos. Prefirieron marcharse sin decir nada. Días después, los encontraron muertos en una de las colonias periféricas. Se supo, aunque nunca se aclaró de modo oficial, que eran desertores de la banda de El Towi. Quizá tenían los nombres de los traidores.

En sus bolsas tenían dólares y credenciales policiacas falsas, trabajadas de modo burdo pero que podían sacar de un apuro en un momento desesperado. Aquella vez ya no les sirvieron.

Los segundos y la vida

“Vives  para un instante”, me dijo alguna vez quien era jefe de mi escolta. El comandante Toledo tenía los reflejos en forma y una mirada de águila que lo mantenía alerta. “El tedio es la vida del policía, pero merece la pena no descuidarse, ya que en cuestión de segundos se puede definir todo”.

Eso lo supo, y de qué modo, El Nazi, un judicial que recibió un balazo en plena cara y sobrevivió para contarlo. Afuera de una discoteca en Ciudad Juárez lo sorprendieron dos matones a él y a un informante. Esa mañana se encontró una bodega de mariguana que rápidamente fue asegurada y los cuidadores detenidos. El Nazi tenía pensado pagar lo convenido al informante, un muchacho de quince años.

Los primeros balazos apenas se escucharon y el agente tuvo tiempo de vaciar su pistola .9mm, aunque ya no le dio tiempo de recargarla. El balazo lo dejó inconsciente y sus agresores lo creyeron muerto. El informante, en cambio, recibió un tiro en la espalda, pero fue muerto a batazos, por fracturas en el cráneo, ante la mirada atónita, pero inmóvil, de decenas de clientes de la disco.

En el hospital la familia del agente de la PGR sólo quería saber si su hijo sería detenido. “Cuando disparas, te chingas” es más que un refrán, una ley en el ámbito policial. Cualquier detonación significa un papeleo impresionante y la intervención de la contraloría.

Las fiestas

Y. es que los narcos no juegan. Se celebró la fiesta de una familiar de Amado Carrillo en el hotel Victoria de Chihuahua, que estaba embargado por uno de los grandes bancos. Ahí, en su salón de fiestas, se reunieron gentes de Jalisco, Sonora, Michoacán y Sinaloa. La delegación de la PGR montó un operativo para verificar placas de los autos. No se podía hacer más. Una agencia de seguridad privada custodiaba el inmueble. Ni eso fue posible; los judiciales se negaron a mover un dedo y se escondieron en un hotel. Ni un dato tomaron. La mayoría fueron concentrados en la ciudad de México. Me encontré a uno en el aeropuerto Roberto Fierro de Chihuahua: “hay que entender, hoy estaríamos muertos y de todas formas nadie iría por ellos”.

De los siete subdelegados que trabajaron en Juárez entre 1993 y 1994 tres están muertos. Al primero, Isaac Sánchez, lo mataron a la entrada de su casa cerca del Instituto de Combate a las Drogas; a otro, el comandante Sánchez Naves, un sujeto oscuro ligado a grupos criminales, lo balacearon en las afueras de la policía judicial federal, en pleno paseo de la Reforma. Sánchez Naves se había salvado de un atentado en Acapulco, cuando desde un hotel le dispararon en plena cara. El comandante Varela, en cambio, murió en la frontera, a la entrada de un restaurante. Ni tiempo tuvo de reaccionar cuando cinco sujetos lo emboscaron. posteriormente, cuando se le encontró protegiendo a otro de los involucrados en la balacera, el gatillero José Luis Ochoa Lares.

Pero en la frontera las cosas se arreglan de forma menos romántica y muchos terminan sus días en la cajuela de un auto, incluso abandonados en pleno puente internacional para que el escándalo sea mayúsculo.

Cuando mataron a Rafael Aguilar Guajardo en Cancún, las cosas se tuvieron que definir, no sin muertos, en Ciudad Juárez. Aguilar Guajardo, un exagente de la Dirección Federal de Seguridad, había escalado los peldaños hasta convertirse en jefe del cártel fronterizo. Su muerte fue atribuida a quien sería su sucesor: Amado Carrillo Fuentes.

Por aquellos días desapareció Manolito Venegas. Dicen los que saben que se lo buscó por su actividad, por las personas a las que extorsionaba y por los amos a los que servía. Manolito empezó su carrera —por decirle de algún modo— como madrina de la judicial. Lavaba coches, realizaba encargos, se ocupaba de la limpieza y utilizaba su oído para memorizar nombres y retener historias. Conoció las entradas de la institución y un buen día decidió trabajar por su cuenta. Entró en la policía y de inmediato lo comisionaron en la división de asuntos internos, la policía de la policía. No tardó mucho en averiguar cuáles eran las cadenas de corrupción y decidió vender lo que sabía. Lo encontraron, muerto, en Juárez. Encobijado, el cadáver tenía un tiro de gracia y huellas de tortura.

El correo y las manos

Pero no todas las ejecuciones tienen que ver con el negocio, aunque terminen en eso. Hay asuntos que inician por problemas pasionales, como la disputa entre el Güero Palma y los Arellano Félix. Al Güero le mandaron en una caja, desde California, las manos de su esposa y después mataron a sus hijos en Venezuela, porque él antes ya se había metido con la esposa de un capo colombiano, lo que dio pie para que éste se vengara protagonizando uno de los episodios más tétricos entre las bandas de narcos: los homicidios de Iguala.

En Iguala, el 3 de septiembre de 1992, fueron asesinados los abogados de Félix Gallardo, Federico Livas Vera y Teodoro Ramírez Juárez, además de José Luis Félix López, Marco Antonio Solórzano Félix, Alberto Félix Uribe, Alfredo Carrillo Solís, Angel Gil Gamboa, José Manuel León López y Rosendo López Romero. Todos los cuerpos tenían tiro de gracia y huellas de tortura.

Los abogados fueron secuestrados en la puerta de la casa de la madre de Félix Gallardo, en pleno Pedregal de la ciudad de México. Un comando de quince individuos los hizo subir en una Suburban con vidrios polarizados y sin placas. Ya nadie los volvió a ver hasta que aparecieron en Iguala. Pero ahí no quedó la cosa y las bandas se volvieron a encontrar el 8 de noviembre de 1992 en Puerto Vallarta. El Güero Palma organizó un operativo con cuarenta hombres armados para matar a los hermanos Arellano en la discotheque Christine. Llegaron en un camión torton, charolearon con credenciales de policía en la puerta y rociaron de plomo a quien estaba visible. Seis muertos y tres heridos fue el saldo de la operación. Los detenidos tenían credenciales de la policía judicial de Baja California. El comandante de la Judicial Federal Adolfo Mondragón fue detenido por su complicidad con los Arellano. Se amparó y quedó libre.

Las muertas

EI calor en Juárez es infernal, por eso los cadáveres se descomponen rápido y es más fácil dejarlos tirados que preocuparse por enterrarlos.

El 12 de mayo de 1993 se localizó el cuerpo de una mujer de veinticuatro años. Murió estrangulada. Los únicos datos que podían dar luces sobre su identidad o su pasado eran un anillo matrimonial y un broche para cabello, que se encontró en la bolsa trasera del pantalón de mezclilla. Así están esas historias, partidas a pedazos como sus propios muertos.

Un año después, también en mayo, las autoridades localizaron el cuerpo de una niña de diez años en un tubo de concreto. El asesino: el hermano del padrastro. En el lugar del crimen había rastros de sangre tipo A y O; el segundo pertenecía a la niña, el primero a quien la mató.

Hace un tiempo tuve una plática con el entonces procurador del estado de Chihuahua. Arturo Chávez Chavez. Para él, el problema de la violencia es que existía la percepción de que todo los delitos podían quedar impunes y contó una anécdota.

Una jovencita y un tipo algo mayor que ella conversan en un parque de Ciudad Juárez. Un pretendiente los observa desde los arbustos. Le molesta el tono de la plática y decide ajustar cuentas. La golpea de modo salvaje hasta que la deja inconsciente. El otro individuo no interviene, sólo observa. Cuando se retira el pretendiente celoso, decide llevarla a un hospital y para esto la sube a su camioneta. En el camino se percata de que no presenta signos vitales, por lo que decide abandonarla en el camino y en plena marcha la arroja a una de las cunetas de la avenida. El examen forense es inquietante: la mujer murió cuando su cabeza se estrelló en el asfalto.

Al ser interrogado el novio celoso dice que la mató —aún no sabe la verdad— por “perra y por puta”; el otro, en cambio, sostiene que se le hizo más fácil dejarla en la carretera que meterse en problemas; a fin de cuentas “siempre aparecen cadáveres”.

Las fiebres del viernes

Los viernes, afuera de las maquilas, las trabajadoras se visten de gala y se preparan, desde horas antes, para la explosión de la noche. Es, sin duda, el momento del ligue, la posibilidad de salir del anonimato y de tener un rostro, un nombre. La mayoría ya no tiene quién las recuerde, provienen de familias desmembradas, producto de la inmigración al otro lado del río o de la creciente violencia intrafamiliar.

La zona en que ocurren los crímenes es precisa. Los lugares donde las mujeres son enganchadas también. Es el mundo de los centros nocturnos y de los bares convertidos en picaderos de droga. Algunos nombres ya forman parte del mito y del miedo: la Tuna, Joes Place, El Fiesta, El Deportivo, Alive. La prostitución da la coartada y hace posible el asesinato.

En la mira, desde hace unos años, se encuentran mujeres jóvenes, de entre quince y veinte años, delgadas, de pelo largo, lo que alimenta las historias alrededor de un criminal serial, al estilo del descuartizador de Arkansas o del Goyo Cárdenas.

La historia de las muertas de Juárez fue creciendo con la tranquilidad que sólo existe en el principio de las grandes avalanchas. Desde 1993 aparecieron cadáveres de mujeres estranguladas, pero la pesadilla inicia, en realidad, en octubre de 1995, cuando el egipcio Abdal Latif Sharif Shari es detenido por el delito de violación y secuestro y por el asesinato de Silvia Helena Rivera Morales, estrangulada el 2 de septiembre y encontrada en Lote Bravo, una colonia que se encuentra por el libramiento al aeropuerto internacional de Juárez. Los interrogatorios hacen del egipcio un personaje. Se dice inocente y aclara, a quien quiera escucharlo, que su dinero proviene de patentes de inventos que realizó, con el conocimiento que le daba su carrera de químico, mientras vivió en Estados Unidos.

Ante reporteros y policías señala:

—A mí me gustan las mujeres, ¿para qué matarlas?

Abdal Latif Sharif es un químico egipcio de cincuenta años de edad que pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos, donde estuvo preso por violación. A decir de la policía, es un tipo inteligente, capaz de confundir a sus interlocutores y manipularlos.

Robert Ressler, experto cazador de asesinos seriales, ahora jubilado del FBI, le dijo a la revista Milenio: “Es muy inteligente; posee una mente creativa. Se asemeja a Gerald Schaefer, un tipo que después de ahorcar a sus víctimas, las violaba; luego, las cortaba con una sierra eléctrica y las arrojaba a un pantano. Sharif y Schaefer tienen similitudes: dan conferencias de prensa, se burlan de las autoridades ante los medios, afirman tener en casa un instructivo de cómo asesinar personas; se dicen inocentes”.

Una de sus víctimas, Silvia Helena Rivera, de dieciséis años, desapareció desde julio de 1995 y su cuerpo no fue encontrado sino hasta septiembre. ¿Qué sucedió en ese lapso? Es difícil saberlo, pero se sospecha que estuvo en manos del egipcio durante varias semanas.

El 15 de abril fueron detenidos Los Rebeldes, una banda criminal acusada de los crímenes de Lote Bravo y Lomas de Poleo. Días antes la procuraduría había informado: “las evidencias y testimonios de 320 personas señalan al egipcio como presunto responsable de los asesinatos de Silvia Helena Rivera de 17 años; Olga Carrillo Pérez de 20; Elizabeth Castro de 17 y Adriana Torres de 15″. Cada crimen fue realizado con un intervalo de 12 días. El 10 de abril, sin embrago, el escándalo se volvió irreversible. El Heraldo de Chihuahua señalaba, en una nota firmada en Ciudad Juárez: “Desde agosto (1995) a la fecha, los cadáveres de 17 jovencitas han sido encontrados en esta ciudad, con evidentes huellas de violencia; no existen antecedentes en todo el país de crímenes como los ocurridos en Lomas de Poleo y Lote Bravo de esta frontera. Todos los cadáveres presentan características similares. ¿Quién o quiénes serán los psicópatas autores de las nueve muertes de Lote Bravo y de las ocho de Lomas de Poleo?”.

La respuesta llegaría con la detención de Los Rebeldes. La banda estaba encabezada por Sergio Armedáriz, El Diablo. Los Rebeldes podrían formar parte de un nuevo capítulo del western o de una novela negra. Sergio Armendáriz era el encargado de la seguridad del Joes Place, lugar donde enganchaban a las jovencitas; además fungía como “tramitador” de documentos e identificaciones; Juan José Contreras, El Grande, de 23 años, trabajaba como obrero; Gerardo Fernández, El Flaco, de 20 años, también laboraba como obrero, al igual que Carlos Hernández Mendoza. El Sinaloa; Carlos Barrientos, El Charly, de 21 años, era vendedor de tacos; Héctor Raymundo, El Mocho, estaba desempleado a sus 18 años; y El Joe, Luis Reyes, de 22 años, que no tenía empleo, formaban la banda junto con la única mujer: Erika Fierro, una bailarina de 22 años que sería la perdición de Los Rebeldes y la clave para la investigación de la procuraduría del estado.

Desde el momento de su detención apareció el vínculo con Abdel Latif Sharif. En las primeras declaraciones Erika Fierro dijo que conocía al egipcio y lo había visto en varias ocasiones junto a Sergio Armendáriz, quien decidía el momento del secuestro y quién terminaría con la vida de la mujer elegida. Sharif pagaba después por el trabajo.

Los datos eran estremecedores: las diecisiete mujeres presentaban huellas de tortura y tres estaba mutiladas. Erika las contactaba en las maquilas, en centros comerciales o en plena calle. En general tenían que ser gente pobre, de pocos recursos, “para no meterse en líos peores”. Las víctimas se trasladaban a La Casa Roja, un hotel maloliente de veinte pesos el cuarto, un lugar ajeno a cualquier tipo de supervisión o de ley, un territorio vedado para la policía. En sus cuartos varias mujeres fueron asesinadas. Pero no sólo ahí.

Una de las camionetas de Los Rebeldes mostraba manchas de sangre en uno de los asientos, que después cotejaron los encargados de la investigación, con uno de los cuerpos encontrados en el desierto, por medio del Luminol. un gas que detecta la sangre por la grasa que ésta deja de modo permanente.

En enero de este año, se encontró el cadáver de otra mujer. Murió por estrangulamiento pero su cuerpo fue desmembrado con una sierra eléctrica y su cabeza enterrada en un tronco. Es la pesadilla que no termina.

Pero el escándalo en Juárez no se explica por el número de muertes, que ya son 130, ni por la impunidad, ya que muchos de los casos están resueltos o en proceso de serlo. Ahí los ingredientes que se mezclaron son las declaraciones impertinentes de algunos funcionarios, con la oportunidad de golpear a un gobierno opositor, el de Francisco Barrio. Las declaraciones de que “no se podría afirmar si comerciaban o no con su cuerpo, lo que sí es seguro es que las conocían muy bien en los centros nocturnos”, y aquella de que “como no les alcanza para vivir, de lunes a viernes trabajan en maquiladoras y los fines de semana se dedican a la prostitución”, no ayudaron en nada al clima de la investigación. La autoridad se enfrentó a la evidencia de que la prostitución era un factor de riesgo, pero el pensamiento políticamente correcto montó en cólera.

Le pregunté a uno de los subprocuradores si buena parte de las ejecutadas eran prostitutas.

—Sí, pero que les llamen como quieran, yo lo que quiero es que me dejen trabajar. Si quieren que sean monjas, son monjas, pero que asisten a centros nocturnos.

No había ironía en sus frases sino desesperación. Una comedia de enredos en medio de cientos de desapariciones y muertes.

El grueso de la investigación es abundante. El problema es que la sociedad ya había tomado partido y los culpables no eran los asesinos, sino el PAN con su moral retrógrada y su incomprensión de los fenómenos sociales. La propia CNDH, en su recomendación 44/98, señaló: “resulta lamentable para este organismo nacional que algunos servidores públicos del gobierno estatal hayan expresado calificativos hirientes y que desprestigian a las víctimas de los reprobables hechos, emitiendo juicios de valor que, además de no haber sido suficientemente acreditados, pretenden justificar las deficiencias en la labor de investigación, como si el menosprecio a su condición de vida social o económica fuera un elemento que los relevara de actuar de manera pronta”. La recomendación fue enviada en mayo de 1998, en plena contienda electoral, y el gobierno del estado logró que fuera suspendida, al menos en lo que se definía quién ocuparía la gobernatura.

Algo parecido es lo que ocurre ahora con las desapariciones. La irrupción del FBI en territorio nacional y la información falsa que recorrió el mundo entero, hablando de cementerios clandestinos, sin duda dará pie a nuevas leyendas. No importa que sólo sean nueve cadáveres y que éstos se hayan encontrado en lugares distintos; el asunto es que ahora la frontera es un territorio en el que la muerte tiene, también, el rostro de la barbarie.  n

Julián Andrade. Subdirector de información del periódico La Crónica de Hoy.

El villano favorito

DIVAGARIO

EL VILLANO FAVORITO

Su alteza serenísima, el general Antonio López de Santa Anna, es el villano favorito de la historia patria de bronce escrita con la pluma del melodrama, donde los paladines del bien se esmeran en cumplir con su destino de héroes, mientras los villanos continúan sus arduas tareas maquiavélicas. Nadie acumula una carrera tan larga de desprestigio en la genealogía mexicana de la política. Su nombre evoca toda la malevolencia que es posible atribuir a un político. Su ejemplo como gobernante es una muestra pura de pragmatismo ególatra, libre de escrúpulos morales o ideológicos. No fue liberal ni conservador, de hecho, no podía tomar ningún partido público que lo alejara de sus intereses personales. El pecado mayor de Santa Anna fue perder casi medio territorio nacional. Al menos, ese es el espectro que conserva nuestro imaginario popular, aprendido en los libros de texto. Pero en realidad su alteza serenísima fue ¿un gran traidor?, ¿un vendepatrias?, ¿un caudillo voluble y corrupto? A veces hace falta que la literatura arrebate sus personajes a la historia para volver a contar cómo sucedió nuestro pasado y cómo recuerda nuestra memoria.

En El seductor de la patria, Enrique Serna recuperó la leyenda negra de este héroe efímero que acabó sus días como enemigo de la patria que soñaba forjar. La novela está escrita como un cuaderno de memorias. Antes de morir, el dictador despreciado por todos quiere contar su verdadera vida, cómo vivió “el malo”, sin retoques ni engaños, incluso con giros de cinismo y confesiones Secretas. El retrato de Santa Anna es una mezcla de estilo literario, investigación histórica y un tono de ironía que desarma las vidas imaginarias de los villanos y revela el comportamiento humano en su condición ambigua. El seductor de la patria recibió el Premio Mazatlán y una de las razones para festejarlo es que, bajo la mirada sarcástica de Serna, el juicio moral de la historia se suspende y sus protagonistas pierden el peso de una rectitud idealizada para compartir un material más inestable, la conciencia humana.

El uso de la costumbre

De vez en cuando, el redactor de este “divagario” se ocupa de sí mismo y se va por ahí a echar un trago. Acude a su bar de costumbre y ordena lo de costumbre: cerveza, o whisky, o cerveza y whisky. Es raro verlo procurar bebidas y lugares distintos. No lo olviden: pertenece a un mundo de costumbres. Incluso intercambia miradas de complicidad cuando en la barra descubre gente a su modo. Lo malo es que esos momentos se han vuelto extraordinarios. La otra noche, por ejemplo, una dama de negro que cortaba el aire con su andar de vampiro y sus ropas que competían con la mejor corsetería, una dama somnolienta, se sentó a la barra y ordenó, con un dominio pleno de sus gustos, ¡vino tinto con coca cola… y dos hielos! Se tomó tres y tan campante; la incredulidad seguiría protegiendo a los vampiros. Noches después, a la misma barra llegó un joven que sin pudor extendió la orden de tequila conjugo de mango. Debe ser la influenza, se dijo el redactor. Y luego, con su whisky en la mano, hizo como si la barra de ese bar fuera la mesa de novedades de su librería de costumbre. Vio poemas escritos a la manera de ron con V8, novelas al modo de champagne con té de manzanilla, ensayos a la manera de cognac con leche clavel y cuentos al modo de alcohol del 96 con pato de uva. Pidió, de plano, una botella de whisky. El lector debe imaginarlo feliz.

Diatriba contra el chat

De entre los verbos más novedosos con que cuenta la lengua española ninguno implica tanto desperdicio como chatear. Saben lo que es un chat. ¿no? Es un lugar en Internet en donde dos o más personas chatean. vaya, intercambian señales escritas del tipo “¿estudias o trabajas?”, “¿has experimentado el tantra?”. El anonimato es regla de oro y ningún intercambio prospera sin la obligación de pasar por interesante. Alguien dotado con una mínima capacidad lingüística emite un mensaje que discurre con torpeza, entre faltas de ortografía y un desprecio antediluviano por los signos de puntuación. Casi se diría, si no fuera porque las palabras no se escuchan, que ahí sólo impera el balbuceo. Se entra a un chat para conocer gente, no para chatear, se entra, en pocas palabras, a ligar. El problema es que nadie declara abiertamente sus intenciones. Y aún más: nadie sabe quién está en realidad del otro lado. Y, ah. horror, qué hace mientras tanto, mientras se toma una pausa en lo que va su mensaje y viene la respuesta. ¿Se corta las uñas de los pies? ¿Pone a remojar su dentadura postiza? Ahora ven lo que podría significar un chat de encuentros: la muerte del ligue, la muerte de la regla de los tres metros: es decir, si la tienes a una distancia menor a tres metros, bueno, ya sabes, sonríe, muestra tu soberbia dentadura… o tu soberbia calvicie… o tu soberbia cabellera. No importa qué aditivos muestres, sólo muéstralos. Y no como ocurre en el mundo del chat, donde una sonrisa se traduce como :-). un guiño como ;-) y “estás borracho” como :*).

Un héroe de nuestro tiempo

Zeljko Rasnatovic, alias Arcán. fue asesinado la mañana del 15 de enero en la entrada del Hotel Intercontinental de Belgrado. El periódico Die Zeit, uno de los más prestigiados de Alemania, publicó este raro obituario.

Un héroe de nuestro tiempo Asesino al servicio de la policía política yugoslava, asaltante de bancos europeos, uno de los más buscados por la Interpol, traficante de drogas, fugitivo de las cárceles de Croacia, diputado del parlamento de Yugoslavia, contrabandista de armas, héroe serbio, rey del bajo mundo de Belgrado, jefe de los hooligans del equipo Estrella Roja, dueño del club de fútbol Obilic, campeón de liga, espléndido cocinero, políglota, padre de nueve niños, dueño de casinos de juego en Serbia, esposo de la cantante popular Svletana Velikovic. llamada Ceca, comandante en jefe del grupo de paramilitares terroristas “Tiger”, señor de la guerra en Croacia y Bosnia, habitante de un castillo al sur de Kosovo, saqueador, pirómano, condecorado con la cruz al mérito nacional, dueño de un monopolio de importaciones y exportaciones, verdugo sanguinario de los albanos, brazo armado del déspota serbio Slodoban Milosevic, padrino del presidente reformista de Montenegro Milo Djukanovic, luminaria de la televisión, entrevistado por la CNN y la BBC durante la guerra de la OTAN, ídolo de la juventud y adalid de la prensa yugoslava, autor de matanzas colectivas en Kosovo. Zeljko Rastanovic, alias Arcán. fue asesinado la mañana del 15 de enero de dos tiros nueve milímetros en la entrada del Hotel Intercontinental de Belgrado. Un héroe de nuestro tiempo, una obra del arte balcánico.   n

Traducción de José María Pérez Gay

Historias primigenias

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HISTORIAS PRIMIGENIAS

POR RICARDO PÉREZ MONTFORT

Las historias que Ricardo Pérez Montfort nos cuenta se ubican en un pasado en apariencia lejano: entre la década de los veinte y la de los treinta. Son historias consolidadas por un intenso trabajo de investigación. ¿Qué refieren? La añeja complicidad entre policías y narcotraficantes, las dificultades para distinguir entre toxicómano y delincuente y Ia ineficacia del Estado mexicano para encarar el asunto de las drogas con toda racionalidad.

Si  bien ya existían desde principios de siglo, las prohibiciones y limitaciones estatales hacia las sustancias capaces de alterar los sentidos empezaron a adquirir forma plena hasta 1916, cuando el gobierno de Venustiano Carranza decretó de manera tácita la ilegalidad de su producción, comercio y consumo en todo el territorio mexicano. Las disposiciones carrancistas otorgaban exclusivamente al Departamento de Salubridad la facultad de importar y distribuir drogas como la morfina, la heroína y la cocaína, lo mismo que regular la producción, la distribución y el consumo de otras sustancias que sí se producían en México como la marihuana y el opio. Esta instancia administrativa debía ser quien otorgara las concesiones y los registros de todas las sustancias sometidas a control estatal.1 Pero el decreto carrancista estuvo muy lejos de aplicarse siquiera medianamente: en parte por la situación general del país y en parte porque los importadores, principalmente los boticarios y los mismos comerciantes —entonces todavía no identificados genéricamente como “traficantes”—, encontrarían invariablemente y desde un principio la manera de asociarse con las autoridades.

Desde los debates del Congreso Constituyente de 1917 la preocupación por imponer un control estatal sobre el consumo de drogas interesó a quienes se encontraban diseñando aquel modelo de país renovado. El doctor y diputado coahuilense, José M. Rodríguez, propuso a la hora de discutir las características de un Consejo de Salubridad General que se establecieran disposiciones “dictadas para corregir esta enfermedad de la raza provenida principalmente del alcoholismo y del envenenamiento por sustancias medicinales como el opio, la morfina, el éter, la cocaína y la mariguana”. El Consejo de Salubridad dependería directamente del presidente de la República, aunque la legislación debía ser parte de las facultades del Congreso de la Unión.

Si bien la preocupación del constituyente se encontraba más cerca del alcoholismo, el asunto de las drogas ya formaba parte de la necesaria ruptura entre el viejo y el nuevo orden político. Aunque el argumento para la prohibición de las drogas apelaba sobre todo a cuestiones morales, no cabe duda que también existía una preocupación por la “higiene social” que a juicio del doctor Rodríguez había disminuido enormemente durante el porfiriato. Decía:

El abuso del comercio de estas sustancias tan nocivas a la salud, que en la actualidad ha ocasionado desastres de tal naturaleza que han multiplicado la mortalidad al grado de que ésta sea en la actualidad una de las mayores del mundo. Por consiguiente, creemos que la autoridad sanitaria sea la única encargada de… dictar las disposiciones que juzgue más convenientes para evitar perjuicios hasta donde sea posible a los grandes capitales que se ocupan en la explotación de esta desgracia nacional y para dictar medidas después contra el uso inmoderado o no médico de todas aquellas sustancias nocivas o peligrosas que envenenan al individuo y degeneran la raza.

La vehemencia con que el doctor Rodríguez defendió su posición hizo decir al diputado por Michoacán, José Alvarez, en tono de broma, que los delegados votarían por ella porque estaban convencidos “de que si las leyes de Moisés se escribieron en dos piedras, la Constitición mexicana debe estar escrita en dos tablas de jabón”.

En marzo de 1920, mientras el gobierno carrancista agonizaba, el secretario general del Departamento de Salubridad Pública, Edmundo G. Aragón, dispuso una serie de limitaciones “sobre el comercio de productos que pueden ser utilizados para fomentar los vicios que degeneren la raza y sobre el cultivo de plantas que pueden ser empleadas con el mismo fin”.

Estas disposiciones se publicaron en el Diario Oficial correspondiente al 15 de marzo de 1920 y establecieron la necesidad de contar con un permiso del Departamento de Salubridad para quien quisiera importar opio, morfina, heroína y cocaína. El comercio de dichos productos sólo podría hacerse en expendios de medicinas, que debían llevar un registro riguroso de sus movimientos. En dichas disposiciones también se incluía la estricta prohibición del cultivo y el comercio de la marihuana y de la adormidera.2

Si bien el intento de control estatal de estas sustancias se había establecido cuando el régimen carrancista se enfrentaba a una cada vez mayor incertidumbre, las autoridades que surgieron después de su caída parecieron adoptar las mismas medidas, ampliándolas con otros elementos extraídos de proyectos anteriores. El gobierno provisional de Adolfo de la Huerta, por ejemplo, fue un tanto más radical. A fines de 1920 se estableció que a partir del 1 de enero de 1921 ninguna botica podía seguir despachando si no contaba con un farmacéutico titulado. La medida resultó contraproducente puesto que. según los diarios, existían menos de 200 titulados para más de 1,500 establecimientos tan sólo en la Ciudad de México y sus alrededores. Los dueños de las boticas se ampararon y pudieron volver a abrir sus negocios en los primeros días de febrero.3 El Consejo de Salubridad declaró el 2 de febrero: “Quisimos salvar a la sociedad pero la justicia la ha hundido”.4

Sin embargo, la campaña en contra de las drogas ya contaba con una fuerza mediana. La policía asediaba no sólo a los vendedores sino también a los consumidores. La rebeldía de las farmacias hizo que el Departamento de Salubridad Pública volviera al ataque con un nuevo reglamento para expendios de medicinas, mucho más puntual que el anterior. A partir de marzo de 1922 se intentó ponerlo en marcha; sin embargo, el régimen postrevolucionario parecía tener otras prioridades, por lo que no se empeñó demasiado en su seguimiento.

En su afán por limitar las actividades de los productores y comerciantes de estas “sustancias peligrosas”, en junio de 1923 el Departamento de Salubridad, a través del Poder Ejecutivo Federal, planteó un acuerdo que estimulaba la delación ante las autoridades de quienes se dedicaban al eventualmente llamado narcotráfico. Dicho acuerdo establecía que los denunciantes obtendrían el 50% del dinero obtenido por multas al traficante o por el remate de las sustancias decomisadas. Sin embargo, este acuerdo resultaba un tanto obsoleto puesto que aún no se aprobaba el reglamento de marzo de 1922 y no estaba clara la tipificación del delito de tráfico de drogas.

Pero para julio de 1923 el presidente Alvaro Obregón emitiría un decreto terminante que prohibía la importación de “las llamadas drogas heroicas, opio y extracto de opio; cocaína, sus sales y derivados; heroína, sus sales y derivados; morfina, sus sales y derivados”. La disposición insistía en que sólo el Departamento de Salubridad podía importar dichas sustancias y estipulaba que “la infracción de lo dispuesto… se considerará como contrabando”.5 De esta manera la contravención a dicho decreto se tipificaba claramente como delito en contra de las disposiciones de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Detrás del decreto obregonista parecían existir varias implicaciones. Una de ellas era la necesidad que tenía el régimen de congraciarse con el gobierno de Estados Unidos, que por esos años ampliaba su campaña antinarcótica a través de un intenso control de importaciones y exportaciones. Pero por otra parte, la terminante disposición del general Obregón parecía responder a un fuerte rumor que surgió en ambientes diplomáticos alrededor de su propia persona. Con el fin de presionar al gobierno mexicano justo al inicio de las pláticas que darían lugar a los Tratados de Bucareli, el cónsul general de los Estados Unidos en la capital mexicana, Mr. Dawson, y el representante británico tuvieron a bien afirmar que el general Obregón encontraba ya muy poco tiempo para dedicarse a los asuntos públicos debido a los intensos dolores que sufría por su brazo amputado. Esto le hacía consumir fuertes dosis de morfina, decían los rumores.6 Al prohibir la circulación de “drogas enervantes” Obregón parecía querer cortar de tajo con las “maledicencias”.

El decreto de julio de 1923, sin embargo, causó nuevamente discusiones y objeciones internas. Esta vez por parte del doctor Alfonso Pruneda, encargado del Departamento de Salubridad Pública, quien mostró su desacuerdo esgrimiendo varios argumentos. En primer lugar competía al Poder Legislativo dictar disposiciones de ese tipo. En segundo, como no se consultó al Consejo Superior de Salubridad, no se incluyeron en la prohibición otras sustancias como la adormidera y la marihuana. Y en tercero, el establecer que sólo el Departamento de Salubridad podría importar las famosas “drogas heroicas” implicaba que el mismo tuviera una presupuesto especial y personal dedicado específicamente al control de tal tarea, cosa que estaba completamente fuera de su alcance en ese momento.

Además, el decreto obregonista no consideraba que el contrabando era difícil de detectar, sobre todo si se hacía fuera de los puntos en donde México tenía establecidas sus aduanas. El decreto de julio de 1923 parecía así del todo inoperante. Además de las objeciones técnicas de Pruneda, su argumentación destilaba una clara disposición en contra del excesivo poder del Ejecutivo, que si bien seguía los lineamientos del constituyente de 1917, en manos del general Obregón adquiría un matiz particularmente intolerable para algunos.7

El asunto continuó igual hasta 1925, año que fue particularmente prolífico en acuerdos y decretos en contra de la importación y circulación de “drogas enervantes”. En enero de ese año el presidente Plutarco Elias Calles derogó el decreto de julio de 1923 para sustituirlo por otro que seguía con mucho lo estipulado por el doctor Pruneda en su crítica al decreto obregonista. En él se establecía que el Departamento de Salubridad Pública sería la institución indicada para dar los permisos de importación de opio, morfina, cocaína y adormideras en sus múltiples formas a quien los solicitase, quedando “estrictamente prohibida la importación de opio preparado para fumar, de marihuana en cualquiera de sus formas y de heroína, sus sales y derivados”.

Por otra parte, se proporcionaba un límite de porcentajes de dichas sustancias en diversos preparados que no requerían de permiso para su importación, pero sí de registro aduanal. El mismo decreto callista sólo permitía el ingreso al país de estas sustancias con previo permiso de las autoridades a través de seis aduanas: Nogales, Laredo, Veracruz, Progreso, La Paz y Mazatlán. Además se otorgaba al Departamento de Salubridad Pública y a la Secretaría de Hacienda una amplia capacidad para ampliar los preceptos y reglamentar en materia de drogas. Y así lo hicieron en repetidas ocasiones ambas instancias durante aquel año, destacando sobre todo los acuerdos sobre el remate de narcóticos ingresados al país ilícitamente, pero sobre todo el de la creación de una policía sanitaria “para impedir legalmente el comercio ilícito de drogas”.

Desde 1912 la Convención Internacional del Opio de La Haya había iniciado la guerra mundial contra las drogas. El gobierno del México postrevolucionario se fue sumando poco a poco a dicha intención prohibicionista comandada por el gobierno de Estados Unidos. Pero fue hasta octubre de 1924 en que el Senado de la República decidió aprobar que México se sumara a las disposiciones de la Convención de la Haya. Sin embargo, a principios de 1926 se celebró un tratado específico entre Estados Unidos y México sobre el contrabando de drogas enervantes en el que se establecían los procedimientos administrativos que se debían seguir en ambos países para su control.” En 1927 apareció en el Diario Oficial la primera publicación del tratado internacional sobre drogas firmado por México adhiriéndose a la Convención Internacional de la Haya de 1912.

Así, poco más de dos años después de que el presidente de la República, el general Plutarco Elías Calles, decretara la limitación de su importación, se dio a conocer oficialmente la disposición del gobierno mexicano de asumir las prohibiciones internacionales relacionadas con la producción, el tráfico y el consumo de drogas. Pero como suele suceder con muchas de las disposiciones gubernamentales, éstas tuvieron poca repercusión en las actividades cotidianas de las instancias afectadas por las mismas. El rápido aumento del precio de las sustancias paulatinamente convertidas en ilegales permitió que los procesos de corrupción internos en las oficinas gubernamentales relacionadas con dichas sustancias aumentara de manera palpable.

A mediados de los años veinte la cruzada internacional contra las “drogas enervantes” se intensificaba y el gobierno mexicano parecía querer formar parte del contingente multinacional que mostraba su intolerancia hacia la libre circulación de las mismas. El reverendo Charles Henry Brent fue, junto con Hamilton Wright y F. C. Harrison, uno de los principales impulsores del principio prohibicionista estadunidense que establecía que “cualquier uso no médico de drogas era inmoral”. Este principio —junto con una clara identificación racista de los consumidores de drogas y sus aficiones— determinó el inicio de la campaña norteamericana contra las drogas a partir de 1912. Brent asociaba el consumo de drogas con la inferioridad de algunas “minorías” que poco a poco iban ocupando espacios mayores en la sociedad norteamericana. Así planteaba que el opio hacía inútiles a los orientales, la mariguana a los latinos y la cocaína a los negros, por lo que su prohibición era particularmente relevante entre estas “minorías”.

La campaña prohibicionista se intensificó entre los años de 1914 y 1916, mostrando un ligero descenso por la guerra mundial. Pero a partir de 1918 recobró fuerza cuando el Departamento del Tesoro nombró un comité especial para la lucha contra los narcóticos. Años más tarde el afán prohibicionista de Brent encontró entre los gobiernos postrevolucionarios mexicanos un eco particular, que se iría formalizando en decretos y posiciones, sumándose al rechazo generalizado hacia las drogas, tal como lo demostraban disposiciones gubernamentales de principios y mediados de los años veinte.

El afán prohibicionista, por otra parte, justificaba la necesidad de un control estatal hacia las drogas respondiendo más bien a los intentos de reordenar las estructuras básicas del país y a la reorientación de los patrones culturales existentes. Dicho afán apelaba sobre todo al paulatino, pero necesario, distanciamiento de aquellos usos culturales que habían determinado la implantación de los intrincados códigos de conducta porfirianos. Se trataba pues de una justificación más de los gobiernos revolucionarios en contraste con la “decadencia” del porfiriatotario tardío.

El problema de las drogas se asociaba con “la degeneración de la raza”. Por ello no pocas disposiciones “antinarcóticas” mexicanas postrevolucionarias se emparentaron con las norteamericanas en su dimensión racista. Entre las medidas tomadas por los gobiernos postrevolucionarios contra algunas drogas destacaron aquellas que también denotaban una clara inspiración xenófoba. En este sentido es difícil negar que la limitación estatal impuesta al consumo más o menos indiscriminado del opio estuviera encadenada a las políticas antichinas del momento. En diversas ocasiones, más que por los daños que el opio pudiera causar al organismo de quien fuera un adicto, dicha sustancia parecía ingresar a la ilegalidad porque era el hábito de un grupo étnico considerado inferior e indeseable.9

No parece casual que fuera en 1925 cuando la fobia nacional contra los chinos coincidiera con la intensificación de los reglamentos prohibicionistas. Así, mientras el gobierno callista se preocupaba por la limitación de las drogas enervantes, algunos periódicos como El Universal y Excélsior emprendieran una campaña antichina que incluía argumentos como éste:

Lo peor es que esa chusma (los chinos) viene a ejercer artes tales como el cultivo de la adormidera y la explotación y propagación del opio y el alcoholismo en los poblados limítrofes con los Estados Unidos… Lo peor es que esos inmigrantes vienen al país para fomentar la delincuencia.

Uno de los casos más sonados de fines de los años veinte fue el del ex-jefe de la Policía de Narcóticos de la ciudad de México, Raúl Camargo, quien fue acusado de “sostenedor del vicio en México” por el jefe de servicios confidenciales del mismo Departamento de Salud. Julián Meza Terán. Camargo se había convertido en testaferro de una sociedad china llamada Lung Sing, que al parecer fue atacada por otra sociedad oriental establecida en México de nombre Chee Quun Towon. Mientras esta última estaba formada por comerciantes “establecidos en los ramos de abarrotes, cafés, panaderías, y algunos otros negocios, todos de absoluta seriedad… que abrazando la masonería, no admiten en su seno y persiguen tenazmente a los vendedores de drogas y vicios”: la primera —la Lung Sing— “ha venido estableciéndose en el comercio de drogas, instalando casinos, casas de juegos y otros centros de reunión”. La Lung Sing actuaba como verdadera organización criminal al responder a la acusación de que “se tienen noticias que entre Enrique Chao. Ramón Cuén y otros han formado una mafia de matoides, los que se encargan de quitar de enmedio a las personas que obstruyen las labores de los miembros prominentes de la Lung Sing que tiene establecida una primera sucursal en la calles de Tres Guerras No. 3 en esta capital”. El informe sobre el ex-policía Raúl Camargo y su relación con la sociedad Lung Sing decía textualmente:

Los chinos, hombres astutos y conocedores de la gente que ellos tratan, entablaron desde luego relaciones con Camargo, pues encontraron en él magnífico elemento para utilizarlo en sus maniobras, comprendiendo perfectamente su fondo moral y forma en que podría serles útil. En esta forma el primer servicio que Camargo les prestó fue hacer la persecusión de los miembros de la Chee Quun Towon, que estando haciendo ritos de masonería, Camargo entró ya prevenido, tirándoles en el salón una caja de cerillos conteniendo drogas, hizo la aprehensión de todos ellos y movió el asunto en tal forma… hasta lograr el referido Camargo la expulsión de los principales miembros de la Chee Quun Towon… quedando establecido que desde entonces todos los asuntos relacionados con los chinos de la calle de Tres Guerras los trataría únicamente el referido Camargo.10

Al ex-jefe de la Policía de Narcóticos se le imputaban además vínculos con conocidos dealers como el Chato Rosas, Purnecio Rosales, Alfonso Monroy, Natalia Frías, Julio Biota alias El Cubano, Félix Sánchez, el Picho Prieto, y varios más que no sólo trabajaban para él, sino de quienes recibía toda clase de regalos. Tras su detención después de celebrar rumbosamente su cumpleaños en el Café de París, el 13 de julio de 1929, poco se pudo hacer para consignar a Camargo dadas sus relaciones en las altas esferas políticas del momento. Tan sólo quedó destituido de todas las policías “por su conducta inmoral”.

Pero la moralidad de la conducta de los policías sanitarios no parecía ser un elemento de mucha consideración en aquel tiempo. Lo mismo podían apelar al patriotismo que a la efectividad de sus métodos para acabar con lo que poco a poco ya se quería identificar como “un enemigo público semejante a una epidemia social”, sin tomar en cuenta que se trataba de una actividad que transformaba a las autoridades y a los traficantes en cómplices endémicos. Entre 1927 y 1930, ante las Delegaciones Sanitarias Federales comparecieron una gran cantidad de hombres y mujeres que fueron engañados por policías sanitarios haciéndose pasar por consumidores. Se trató sobre todo de vendedores de hierbas que caían en manos de las autoridades, tal como le sucedió a la señora María Brígida Mendoza y al señor Francisco en Toluca el 17 de junio de 1927. Según el expediente de su captura los agentes sanitarios federales Fernando Maigre. Jorge San Román. Florencio Arellano y Ernesto Castro, presentaron a estos dos sujetos ante el ministerio público con tres paquetes de marihuana.

A lo largo de su declaración quedó claro que los agentes “habían encontrado sospechosa a la señora María Brígida Mendoza, por vender hierbas, creyendo prudente encargarle la marihuana, pretextando necesitarla para un remedio”. Al poco rato, en el Mercado del Carmen, “lugar donde quedaron de verse para la compra de la marihuana, una vez entregada ésta, procedieron a la aprehensión de la referida señora, así como de su esposo”. Se les aplicó una multa de cien pesos a cada uno y como no pudieron pagarla se les permutó la pena por un arresto de quince días. De los tres paquetes de marihuana “nunca más se supo nada”.

La complicidad entre autoridades políticas y militares con traficantes se intensificó en los estados de la costa del Pacífico Norte, también a partir de la segunda mitad de los años veinte. El delegado sanitario de Mazatlán. doctor Luis Cervantes, informó a sus superiores a mediados de 1931 que a través de miembros de la policía del puerto se había enterado de “cómo se hace el comercio en los barcos que llegan a este Puerto para introducir cocaína y morfina en cantidades ilimitadas… y cómo están organizados los famosos Casinos Chinos y quiénes son aquí los que en mayor escala hacen ese comercio ilícito”. El volumen de las operaciones le hacía decir al delegado que muy probablemente era Sinaloa “uno de los principales centros mundiales donde impunemente se trafica con toda clase de drogas heroicas, desde Culiacán y Mazatlán. hasta los pueblos de mucho menor importancia”.

Pero lo que más preocupaba al informante era la imagen que esta situación podía dar de México ante los norteamericanos. Decía que:

Efectivamente, este simpático puerto, digno de mejor suerte, lo han convertido los perversos en el foco principal de la vergüenza nacional, que si alguna vez por desgracia algún miembro de la policía americana llegara a ser nombrado por su gobierno para venir a hacer investigaciones, estoy seguro de que se lograría poner a nuestra patria fuera del concurso de las naciones y no podrían exhibir como un pueblo falto de escrúpulos para conservar nuestra dignidad. 12

Y todo ello porque el tráfico y consumo de drogas se toleraba “a ciencia y paciencia de nuestras autoridades políticas y militares”.

A partir de los primeros años treinta las denuncias de complicidad entre autoridades y traficantes se convirtieron en lugar común, sobre todo en ciudades como Tijuana, Mexicali, Nogales, Ciudad Juárez, Laredo y Matamoros. Tal vez las más comprometedoras fueron las relativas al Territorio de Baja California, cuyo gobernador Carlos Trejo y Lerdo de Tejada se vio involucrado en el nombramiento del Inspector de Salubridad, que a su vez resultó un célebre narcotraficante tijuanense: el señor Domingo Pérez Vázquez. Según la denuncia, tras su detención Pérez Vázquez, junto con el secretario particular del gobernador, “se dedicaba, auxiliado por los elementos que pusieron a su disposición, a perseguir a los individuos que le hacían competencia en su negocio… Su auxiliar, aprehendida junto con él, es Berta Rubio cuyo verdadero nombre es Aída Ruiz, la que efectivamente estuvo asilada en el Cabaret Mexicali de esta población”. La forma de operar de Pérez Vázquez también resultó muy común y corriente. Una vez aprehendidos sus enemigos, se les decomisaba la droga, misma que desaparecía, tras negociar la libertad de los involucrados. Así lo consignaba su expediente:

Amparado por su nombramiento persiguió y aprehendió a un individuo denominado Francisco Fierro, al cual según su propia declaración le recogió 32 onzas de morfina, 8 onzas de cocaína; total: 40 onzas de narcóticos… Pérez Vázquez entregó solamente 20 frascos de drogas que se dedicaron a vender las personas confabuladas con él; se quedó con el resto de la droga y esto disgustó profundamente a sus compinches… (A Fierro) simplemente se le quitó la droga, se le tuvo encerrado por ocho días amenazándosele de muerte y se le soltó ordenándole discreción… Se le puede interrogar en la cantina de la Calle Segunda y Calle “Z” de Tijuana.13

A pesar de que la denuncia implicaba directamente a un protegido del gobernador y la tensión entre los Estados Unidos y México no era para nada desdeñable en aquel momento, el caso de Pérez Vázquez y sus colaboradores fue turnado a las autoridades norteamericanas, que para entonces ya se habían inmiscuido en los quehaceres de traficantes y miembros del gobierno mexicano. Aun cuando el supervisor en el Pacífico de tráfico ilícito de drogas y narcóticos del gobierno norteamericano, Harvey D. Smith, le había confesado al delegado sanitario de Baja California que “los grandes traficantes radican en territorio norteamericano y reexportan en pequeñas cantidades, por medio de agentes, para le venta en territorio mexicano”,14 las solicitudes de información por parte de los vecinos del norte por lo general fueron mucho más atendidas que las que se hacían de este lado de la frontera.

Hacia fines de 1925 y principios de 1926 el Departamento de Salubridad Pública de México empezó a recibir una amplia documentación sobre las actividades y los organismos antinarcóticos norteamericanos. Entre los materiales recabados destacaban las publicaciones de la International Narcotic Education Association dirigida por uno de los prohibicionistas más insistentes de los Estados Unidos, el capitán Richard P. Hobson. Este personaje —que por cierto había tenido mucho qué ver en la implantación de la ley seca en los Estados Unidos de los años veinte— se había convertido en un activo propagandista de las ideas que asociaban las drogas con actitudes criminales, aduciendo que las mismas eran la mayor amenaza para la salud pública, la moral y la seguridad de los Estados Unidos. Por ello era necesario alertar a la mayor cantidad de ciudadanos e iniciar una magna tarea en contra de las drogas.15 La “cruzada” de Hobson pretendía traspasar fronteras y en el caso mexicano lo logró.

A principios de 1927 las autoridades mexicanas se sumaron a la llamada “Conferencia Mundial de Educación Antinarcótica”, celebrando una semana de campaña contra las drogas heroicas. La Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, el Departamento de Salubridad, el Gobierno del Distrito Federal, la Beneficencia Pública y la Secretaría de Educación se coordinaron para dar una serie de pláticas “antinarcóticas” en hospitales, escuelas, centros de trabajo y recintos públicos.16 Estos eventos se llevaron a cabo la última semana de febrero, pero al parecer no tuvieron mayor efecto en la población. En marzo de 1927 el Universal Ilustrado hacía un balance general de las pláticas antinarcóticas diciendo:

Se le instruyó al pueblo sobre los efectos espantosos de los narcóticos: de la mariguana, de la cocaína, de la morfina, del opio, de la heroína, etc. Es de lamentarse que entre los soporíferos peligrosos no se citaran el Código Sanitario y las (mismas) conferencias.17

Entre 1927 y 1931 los intentos estatales de controlar la producción, circulación y consumo de drogas produjeron otras proposiciones importantes que quedaron incluidas tanto en el Código Penal de 1929 como en el Reglamento Federal de Toxicomanía de 1931. El Servicio Jurídico del Departamento de Salubridad Pública participó activamente con la Secretaría de Gobernación a partir de 1927, sobre todo en la definición y penalización de los llamados “Delitos contra la Salud”. En esta colaboración ya se empezaba a delinear la diferencia de criterios imperantes sobre el control estatal y las drogas. Mientras que los proyectos provenientes de la Secretaría de Gobernación destilaban un afán coercitivo, las observaciones del Departamento de Salubridad tendían más a un entendimiento del fenómeno, aunque no dejaban atrás su espíritu prohibicionista. Por ejemplo, el texto de Gobernación era contundente a la hora de castigar a quienes tuvieran algo qué ver con la amapola o la marihuana. En cambio, la sugerencia de Salubridad consistía en lo siguiente:

La planta conocida comúnmente con el nombre de amapola, o sea la adormidera, de cuya flor se extrae la savia que contiene el opio, se cultiva en jardines como ornato y por los floristas, en el campo sin ningún propósito malo; en otras partes la marihuana crece espontáneamente y puede haber personas que la tengan en sus terrenos sin darse cuenta que sea tal hierba, por tal razón, debería aclararse… en el sentido de que, cuando sea para explotar un vicio o para fines criminales, cae dentro de la sanción respectiva.18

La diferencia de criterios también aparecía a la hora de catalogar a los consumidores. Mientras el proyecto de Gobernación identificaba bajo un sólo rubro el estado de “embriaguez” y la “toxicomanía”, el proyecto de Salubridad identificaba al primero como un estado momentáneo, mientras que al segundo lo catalogaba ya como una verdadera enfermedad. Esta diferencia intervino seguramente en que la “toxicomanía” no se considerara en el Código Penal de 1929 como una una ofensa y que las mismas instancias se decidieran a trabajar en la elaboración del Reglamento Federal de Toxicomanías que promulgó el presidente Pascual Ortiz Rubio el 22 de septiembre de 1931.

Para entonces los convenios internacionales tendían, cada vez con mayor ahínco, a limitar no sólo la circulación de los opiáceos y demás drogas, sino la misma producción. En la Sociedad de las Naciones, hacia febrero de 1930, se había creado la llamada Comisión del Opio que hacía lo posible por lograr un convenio multinacional para controlar la producción mundial de estupefacientes. Para ello era necesario que cada uno de los países participantes informara sobre su situación particular con respecto al cultivo, distribución y consumo de dichas sustancias. Como era de esperarse, Estados Unidos —que por cierto era el país que estaba al frente de esta iniciativa— pretendía convertirse, en este proyecto, en el eje central de la distribución mundial de estos productos. Si bien algunos países no se sumaron al espíritu prohibicionista norteamericano, el gobierno mexicano —por lo menos de dientes para afuera— tuvo a bien alinearse con la iniciativa de la Sociedad de las Naciones enviando su informe en junio de 1930. Dicho informe debió causar cierta sorpresa, si no es que risa, en la Comisión del Opio, ya que reportaba una importación de sólo 20 gramos de cocaína y no más de un kilogramo de opio en diversas preparaciones en toda la República Mexicana entre enero y marzo de aquel año.”

Pero el tío Sam no se quedó con los brazos cruzados. En ese mismo año de 1930 suscribió un convenio de cooperación con el gobierno mexicano “con el fin de lograr una estricta vigilancia del tráfico ilícito de drogas narcóticas”. Este convenio implicaba fundamentalmente el intercambio de información sobre “movimientos sospechosos de drogas narcóticas o de los individuos complicados en el contrabando de drogas”. De esta manera y a partir de entonces la persecución del llamado narcotráfico pretendió comprometer tanto a autoridades mexicanas como norteamericanas.20

En materia de reglamentación interna, sin embargo, las autoridades mexicanas todavía tenían algunos asuntos pendientes. En primera instancia el Departamento de Salubridad Pública consideró que el Reglamento de Narcóticos del Código Sanitario tenía algunos puntos débiles, por lo que se nombró una comisión para revisarlo. Dicha comisión se reunió durante los meses de mayo y junio de 1930 y se concentró en la definición de las “sustancias enervantes”. Después de recorrer la composición química, los nombres en latín y los principales derivados del opio, las hojas de coca y la marihuana, la comisión incorporó a la lista de sustancias prohibidas otros tres productos naturales: la amanita, el peyote y el mate ilex.21 Era la primera vez que estas “plantas de los dioses” aparecían en las consideraciones prohibicionistas del Departamento de Salubridad. Tanto la amanita como el mate abandonarían la lista en los años venideros. Sin embargo, el peyote se mantendría entre lo lícito y lo ilícito según quién lo consumiera y quién decidiera aplicar la ley.

Y mientras esto sucedía un imprevisto aceleró la promulgación del Reglamento Federal de Toxicomanía. Dado que el delito de toxicomanía no estaba contemplado en el Código Penal de 1929, el Consejo de Defensa y Previsión Social del Distrito Federal ordenó al director de la Penitenciaría que liberara a todos los individuos que se encontraran purgando condenas por toxicómanos. Y así parece haberse hecho. Sin embargo, una buena cantidad de reos “dragos” no fueron puestos en libertad sino trasladados a la crujía B que estaba “destinada en una mitad a ‘reos de gobierno’, o sea los pendientes de remitir a confinamiento en las Islas Marías”, situación considerada “peligrosísima dada la reunión de estos elementos con toxicómanos”.22 Todo parece indicar que los reos adictos se asociaron en la llamada “cuerda de las islas” con algunos de los “presos políticos” y otros considerados entre los más peligrosos del momento. La situación no pareció llegar a mayores. El asunto, sin embargo, cayó en manos del Departamento de Salubridad Pública, quien presionó al presidente Ortiz Rubio para que se llenara el vacío jurídico y de paso “resolver el problema de los toxicómanos”.

El presidente expidió el Reglamento Federal de Toxicómanos el 22 de septiembre de 1931. El documento iniciaba con el anuncio de una campaña permanente “para el tratamiento de las personas que hubieren adquirido el vicio de usar drogas enervantes” a cargo del Departamento de Salubridad Pública. El texto era bastante ambiguo en su trato a los toxicómanos. Los consideraba como una combinación de enfermo y delincuente, aunque la toxicomanía como tal sí era claramente contemplada como una enfermedad, incluso como una epidemia. Por ejemplo: en sus artículos sexto y séptimo establecía la obligación de los médicos y, “en general, de toda persona”, de dar aviso a las autoridades sanitarias sobre “los casos confirmados o sospechosos de toxicomanía”. El Reglamento también se refería a la organización de los hospitales para toxicómanos y a las condiciones con que debían ser tratados estos enfermos. Finalmente establecía una serie de multas —principalmente dirigida a los médicos— por cualquier infracción a sus 34 artículos.

Si bien este reglamento no era muy distinto a los anteriores, la diferencia fundamental era que la imagen del toxicómano como enfermo estaba ambiguamente por encima de su caracterización como delincuente. Esto le permitía salvar un tanto la contradicción con la estructura legal que ya se había comprometido con “el sistema prohibicionista para combatir el vicio de las toxicomanías”. Gracias a ello dicho reglamento logró salvar a unos cuantos narcómanos de los maltratos penitenciarios durante los años treinta. La toxicomanía como delito, sin embargo, fue ganando terreno en el ámbito de lo criminal y vista expresamente como “delito contra la salud”. Como tal merecía consideraciones tan radicales como las del Juez de Distrito en Materia Penal, Jorge Salazar Hurtado, que en 1937 proponía su tratamiento con medidas como:

a) Los que cometan por primera vez el delito de toxicomanía deberán ser internados, para su tratamiento de deshabituación, en un Hospital de Toxicómanos.

b) Los reincidentes en el delito deberán ser relegados perpetuamente en islas deshabitadas.

c) Los toxicómanos declarados incurables, serán condenados a esterilización de sus órganos genitales…. Etc.

Sin embargo, existían posiciones radicalmente distintas como la del Jefe de la Campaña contra el Alcoholismo y otras Toxicomanías del Departamento de Salubridad, el doctor Leopoldo Salazar Viniegra. En marzo de 1939, muy a contracorriente el doctor Salazar Viniegra declaraba, por ejemplo, a la prensa:

Los toxicómanos son enfermos y no delincuentes de tal suerte que debe tratárseles con la humanidad aconsejada por la ciencia médica, no sólo proporcionándoles el tóxico que usan, sino dándoles facilidades para que lo adquieran sin caer en las garras de los traficantes, quienes sí incurren en muy grave delito explotando las enfermedades de los demás.23

El doctor Salazar tocaba el punto medular de la conversión de la toxicomanía en un problema social: el narcotráfico y su secuela de corrupción estatal. “El peligro para la sociedad no es el vicioso, sino el traficante que prácticamente está al margen de cualquier peligro porque cuenta con autoridades inmorales que lo toleran y hasta lo convierten en su cómplice: pues al vicioso, cuando se le remite al hospital para toxicómanos no es porque haya sido sorprendido inyectándose o inhalando, sino porque no dio la ‘mordida’ solicitada por el agente policiaco”.

La tesis de este médico, que hoy podría calificarse como “tolerante” o “a favor de la legalización”, perdió la batalla a la larga. Sin embargo su posición quedó registrada no sólo en la lista negra de la Policía Judicial Federal y en los anales del mismo Departamento de Salud, sino también en las Conferencias del Comité del Opio realizadas en Ginebra bajo el auspicio de la Sociedad de las Naciones a mediados de 1939. A estas conferencias asistió el doctor Salazar Viniegra sólo para darse cuenta que el espíritu de la intolerancia y el prohibicionismo ya llevaba un largo trecho recorrido bajo el impulso de los delegados norteamericanos y sus aliados, y que muy poco podía hacerse por atenuar la gigantesca oleada de hipocresía que por un lado condenaba al narcotráfico y por otro lo fomentaba desde los principales centros de comercialización y capitalización.

El doctor Salazar Viniegra insistiría en su tolerancia hasta bien entrada la década de los cuarenta, cuando los criterios prohibicionistas internacionales y nacionales arrasaron con toda posibilidad de tratar el asunto de las drogas con cierta racionalidad. Esos criterios terminarían también por imponerse entre las autoridades mexicanas, entre las cuales hasta hoy todo parece indicar que la racionalidad nada tiene qué ver con la manera de tratar el asunto de las drogas.        n

Ricardo Pérez Montfort. Historiador. Es autor de Yerba, goma y polvo. Drogas, ambientes y policías en México 1900-1940. (ERA. CONACULTA-INAH-México. 1999.) Este trabajo contieni materiales y reflexiones producidos a lo largo del proyecto de investigación Drogas y sociedad en México 1870-1940 auspiciado por el CIESAS / México.

1.Olga Cárdenas de Ojeda: Toxicomanía y narcotráfico. FCE. México. 1976. pp. 35-36: y Archivo SSA. Sección Servicio Jurídico. Caja 2. exp. 3.

2. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicio Jurídico. Caja 2, exp. 3.

3. Excelsior: 1, 4, 7, 12, 22 de enero de 1921; y El Universal: 1. 2, 5. 8, 11,21 de enero de 1921.

4. El Universal: 2 de febrero de 1921.

5.Archivo SS A. Fondo Salubridad Pública, Fondo Servicio Jurídico. Caja 2, exp 2.

6. Ewell James Hindman: “¿Confusión o conspiración? Estados Unidos frente a Obregón”. en Historia Mexicana V. XXV, No. 2, octubre- diciembre 1975, p. 294.

7. Archivo SS A. Fondo Salubridad Pública. Fondo Servicio Jurídico. Caja 2. exp 2.

8.Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Congresos y Convenciones. Leg. 14, exp. 11.

9. Llaman la atención las pocas referencias sobre el uso del opio y la intolerancia hacia los chinos que existen en la hemerografía de fines del siglo pasado y principios de éste. En cambio, durante los años veinte de este siglo son bastante frecuentes las alusiones a los chinos como “viciosos que corrompen nuestras tradiciones” o como ” un pueblo que se ha degenerado con el embrutecimiento que produce el opio”. Ver José Jorge Gómez Izquierdo: El movimiento antichino en México (1971-1934).Problemas de racismo y nacionalismo durante la Revolución Mexicana. INAH, México. 1992; y la tesis inédita de Axayácatl Gutiérrez: Trafico y consumo de opio en México 1920-1940. CIESAS, 1992-1993.

10. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública. Sección Servicios Jurídicos. Caja 17. exp. 14.

11. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicios Jurídicos. Caja 7, exp. 15.

12.Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública. Sección Servicios Jurídicos. Caja 28. exp. 11.

13. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicios Jurídicos. Caja 28, exp. 28.

14.Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicios Jurídicos. Caja 26, exp. 16.

15. Apoyado por otra organización, Women’s Christian Temperance Union (la Unión de Mujeres Cristianas por la Moderación), la campaña antinarcótica de Hobson se extendió por todo Estados Unidos hasta entrados los años treinta con bastante éxito.

16. Archivo SSA. Fondo Beneficencia Pública, Sección Dirección. Leg. 41, exp. 14.

17.Universal Ilustrado, 17 de marzo de 1927, p. 37.

18. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública. Sección Servicios Jurídicos. Caja 8, exp. 3.

19.Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicios Jurídicos, Caja 21, exp. 2.

20. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública. Sección Servicios Jurídicos. Caja 30, exp. 20.

21. Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública. Sección Servicios Jurídicos. Caja 3. exp. 5.

22.Archivo SSA. Fondo Salubridad Pública, Sección Servicios Jurídicos. Caja 29, exp. 7.

23.La Prensa, 14 de marzo de 1939.

Miradas para el año 2000 y el siglo XXI

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PARABÓLICA

MIRADAS PARA EL AÑO 2000 Y EL SIGLO XXI

POR CARLOS CASTILLO PERAZA

Sartre, para comenzar

A penas terminados los festejos del adiós a 1999 y de bienvenida al mítico año 2000, Bernard-Henry Lévy abrió fuego gracias a los auspicios de la editorial Grasset. El libro lleva por título Le siècle de Sartre (El siglo de Sartre) y su aparición hizo regresar a las portadas de al menos un par de los más difundidos semanarios franceses —Le Point y Le Nouvel Observateur— el nombre y la imagen del filósofo fallecido hace un poco menos de dos decenios y que, según Jean Daniel, “a pesar de la incertidumbre de sus compromisos políticos, merece su leyenda”. Ya se anuncian dos volúmenes más para el primer trimestre: Littérature et engagement. De Pascal a Sartre (Literatura y compromiso. De Pascal a Sartre), de Benoît Denis (Le Seuil), y Sartre, de Denis Bertholet (Plon).

En Le Point. Claude Imbert anota, afilado como una hoja de rasurar: “Sartre, ciego precoz, viejo Edipo de un siglo de Atridas, acabará incensando a Mao y adorando a Castro. Para terminar, caerá en la Biblia como quien regresa a la infancia. ¡Qué vida! Una antorcha de la libertad ahogada en el gran error del siglo”.

Razones y proporciones

Circula en Inglaterra un informe que critica severamente la inflación de asesores o consejeros especiales auspiciada por el simpático Tony Blair. primer ministro británico de obediencia laborista y padre putativo de la comentadísima “tercera vía”. El documento indica que cuenta con veinte de aquellos que no son funcionarios públicos, es decir, que son externos. Además, hace notar que su predecesor, el conservador John Mayor, tenía sólo ocho del mismo género. Una de dos, o Blair oye más que Mayor, o la izquierda civilizada genera más empleos con cargo al erario público que la derecha neoliberal.

No sólo los súbditos de Su Majestad andan metidos en razones y proporciones al inicio del 2000, también los chinos, pero con cifras congruentes con sus números demográficos. Resulta que El cotidiano del pueblo, órgano oficial del Partido Comunista, perdió 7% de suscriptores durante 1999. Hay preocupación en los altos mandos. Habrá una campaña encaminada a recuperar clientela. Al diario ya sólo le quedan 22,857,000 abonados. Una auténtica tragedia.

Dos eclipses norteamericanos

La revista italiana Panorama califica de “perdedores del año”, en los Estados Unidos, a un par de personajes cuyos destinos, si se piensa en las horas de exhibición “mediática” de que dispusieron, habrían debido ser rutilantes: el exprocurador especial Kenneth Starr y la ultrafilmada Monica Lewinsky.

El primero soñaba con una toga de la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos, pero acabó como rector de una universidad tan minúscula como desconocida: la de Hillsday, en Michigan. La segunda seguramente nunca imaginó que terminaría sus días de gloria televisada como vendedora insignia de bolsas de mano en un rinconcito de Internet (www.therealmonicainc.com). La famosa becaria de la Casa Blanca, empero, ha recibido algunas ofertas adicionales de trabajo. Menciona Mauro Anselmo, en Panorama, dos: la de representar a un restaurante indio de Nueva York, y la de posar desnuda para Penthouse. La dama ha respondido negativamente a la una y a la otra aduciendo: “Tengo mi dignidad”.

Una hojeada al calendario

En marzo habrá elecciones parlamentarias tanto en España cuanto en Japón y en Grecia, de las que surgirán jefes de gobierno, y presidenciales en Taiwán; también terminarán los cortes de producción petrolera acordados por los países de la OPEP y habrá una reunión especial del Consejo Europeo en Lisboa (Portugal) para abordar el tema del empleo. En abril serán los comicios presidenciales de Turquía, así como los legislativos y presidenciales de Perú; los norteamericanos efectuarán su censo general y los líderes de la Unión Europea se reunirán, en El Cairo, Egipto, con sus colegas de los países africanos más importantes.

En mayo, los londinenses elegirán alcalde y se reunirá el Consejo de la OTAN en Florencia, Italia. Junio traerá el nombramiento del presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, la apertura de la Expo 2000 en Hannover, Alemania, las elecciones presidenciales de Rusia y las parlamentarias de Malasia. En julio serán los comicios legislativos federales y presidenciales —además de algunos locales— en México, y la presidencia de la Unión Europea pasará a manos de Francia; también durante este mes tendrá verificativo, en Okinawa, Japón, la reunión cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G-8 (los siete grandes más Rusia), se efectuará (quizá) el referéndum sobre la independencia del Sahara Occidental y, el último día del mes, comenzará en Filadelfia (EU) la Convención Nacional Republicana.

De agosto a diciembre

Los ingleses festejarán (si Dios no dispone otra cosa) el centésimo aniversario del nacimiento de la Reina Madre —Elizabeth Angela Margareth— el 4 de agosto; del 14 al 17 del mismo mes, tendrá lugar en Los Angeles la Convención Nacional del Partido Demócrata de los Estados Unidos; asimismo, habrá elecciones presidenciales en Líbano. En septiembre, los ciudadanos de Hong Kong elegirán Consejo Legislativo; el día 15, además del mexicanísimo “grito”, serán inaugurados en Sidney, Australia, los Juegos de la XXVII Olimpiada de la era moderna; el Fondo Monetario Internacional sesionará en Praga (República Checa), los rumanos elegirán diputados y, en un acontecimiento llamado New York Millenium, se reunirán en la ONU todos los jefes de Estado y de gobierno del planeta.

En octubre habrá elecciones presidenciales en Polonia y parlamentarias en Suiza, y tendrá lugar en Seúl (Corea del Sur) un encuentro de líderes políticos europeos y asiáticos; además, Alemania festejará el décimo aniversario de su reunificación. Los norteamericanos elegirán presidente en noviembre, lo mismo que los rumanos; los egipcios renovarán parlamento este mismo mes. En diciembre, además de los festejos de la Navidad y el Año Nuevo —ahora sí empezará un milenio y seguramente los comerciantes reconocerán su error del año pasado para volver a hacer su agosto decembrino—, habrá reunión del Consejo Europeo en Niza (Francia).

Primera conclusión

Visto el calendario electoral del mundo entero, los que hasta hoy pensaron que las elecciones mexicanas de julio son el suceso más importante del mundo y del año seguramente habrán de concluir que están equivocados.

Y ¿para el siglo XXI?

Según Panorama, un equipo internacional de periodistas opina que las preguntas relevantes para los cien años que empezarán el 1 de enero de 2001 son las siguientes. ¿Viviremos hasta 125 años? ¿Se logrará curar el mal de Alzheimer, el sida, el cáncer y el catarro? ¿Seremos dominados por la “internetcracia”? ¿Seguiremos usando gasolina? ¿Habrá agua para todos? ¿Seguirá habiendo sexo? ¿Podremos hacer inteligentes a los hijos? ¿Derrotaremos al desempleo? ¿Cómo será el dinero? ¿Habrá una guerra Estados Unidos-Europa? ¿Qué partes del cuerpo humano podremos reemplazar? ¿Modificaremos el destino del hombre por medio de la manipulación genética? ¿Fabricaremos medicamentos a la medida, personalizados? ¿Encontraremos el método para no engordar? ¿Seguiremos comiendo carne? ¿A qué nuevos virus nos enfrentaremos? ¿Cómo rezaremos? Para empezar, no está mal.       n

Carlos Castillo Pera/a. Periodista. Autor de Disiento.

Vivienda: Aumento y calidad

VIVIENDA: AUMENTO Y CALIDAD

CIDAC

Es claro que la solución estructural al problema de vivienda en México se dará en el futuro si se logra incrementar y sostener el ritmo de crecimiento económico, pues esto permitiría no sólo el aumento significativo del ingreso sino ante todo la mejora sustancial de su distribución. Las implicaciones  políticas y sociales del problema de vivienda exigen, sin embargo, respuestas eficaces e inmediatas para evitar que termine por convertirse en un obstáculo al desarrollo político y social.

Un gran número de mexicanos habita en viviendas que no satisfacen las condiciones mínimas para una existencia humana sana y digna. Para estimar el déficit existente en materia de vivienda es indispensable adoptar una definición operativa de lo que constituye una “vivienda digna”. El concepto se refiere a aquella habitación capaz de satisfacer las necesidades básicas de protección, higiene, privacía, comodidad, funcionalidad, ubicación y seguridad en la tenencia. La protección se refiere a la capacidad de la vivienda para aislar a sus ocupantes en forma suficiente y permanente de agentes exteriores potencialmente amenazadores. La higiene de la habitación permite disminuir el riesgo de que sus ocupantes contraigan enfermedades contagiosas. La privacía permite que los moradores de la vivienda puedan aislarse a voluntad del medio social y físico. En este sentido, es importante destacar la necesidad de privacía frente al entorno externo y la posibilidad de aislamiento voluntario a través de la subdivisión del espacio interno de la vivienda, evitando el hacinamiento. La comodidad y la funcionalidad se refieren a la distribución que adopta la vivienda respetando las pautas culturales y los hábitos familiares, lo que incluye también el disfrute de servicios diversos como la energía eléctrica. La ubicación se refiere a la proximidad y/o facilidad de transporte en relación con centros de trabajo, comercio y esparcimiento.

La definición de COPLAMAR señala seis requisitos que deben satisfacerse simultáneamente: a) que la vivienda esté ocupada sólo por una familia; b) que no tenga más de dos ocupantes por habitación en el medio urbano y no más de 2.5 en el rural; c) que no esté deteriorada; d) que cuente con agua entubada en su interior; e) que cuente con drenaje, y f) que cuente con energía eléctrica. De acuerdo a estos criterios y según datos del conteo realizado por INEGI en 1995, una proporción importante de la vivienda en México no cumple con alguno de esos estándares mínimos: 14.2% del total de viviendas ocupadas no dispone de agua entubada. 25% carece de drenaje y 6.6% no tiene energía eléctrica.

El factor demográfico es un determinante natural de la demanda de vivienda. El CONAPO estima que para el año 2006 la población nacional será de 107.550.376 habitantes. Este crecimiento, sin duda, incidirá en la demanda, pues en la medida que la población crece, o se mueve de un lado a otro, las necesidades de vivienda cambian. Los flujos migratorios influyen también en el número de viviendas necesarias y en la distribución regional de la demanda. Por ejemplo, de 33 ciudades que había  en 1900, ahora hay casi 300 que alojan a poco más de 67 millones de habitantes.’ Así, la migración rural-urbana ha creado una fuerte presión sobre el espacio en las ciudades. Se estima que la migración hacia las grandes ciudades del país ha aumentado en 600% en las últimas tres generaciones, y el crecimiento poblacional de los principales centros urbanos se sitúa entre 3.5% y 4.5% al año. Con todo, el factor central del problema de vivienda es el ingreso.

Para hacer una estimación de la capacidad con que cuentan las familias para demandar vivienda de manera efectiva es necesario conocer la distribución del ingreso en la sociedad y evaluar los mecanismos de financiamiento disponibles. De acuerdo a los datos de la Encuesta Nacional de Ingreso-Gasto de los Hogares, en los últimos años la población que se ubica en los cuatro deciles de ingreso más bajos disminuyó su participación en el ingreso total de 14.9% en 1989 a 12.7% en 1994. Las familias de ingreso intermedio (deciles 5 a 7) también disminuyeron su participación, de 24.4 a 21.8%. Sólo los tres deciles de mayor ingreso registran un aumento en su participación dado que, en el mismo periodo, pasaron de constituir 61.3% del ingreso nacional total a 65.6%.2

El mercado habitacional se reparte en tres segmentos poblacionales. En el primero se encuentran los hogares de ingresos altos (más de 8 salarios mínimos), que perciben 56.3% del ingreso nacional total y pueden acceder a la vivienda de mejor calidad en el mercado y a los créditos destinados a obtenerla. El segundo segmento comprende al sector de ingresos familiares medios (más de 3 y hasta 8 salarios mínimos), y ha sido el destinatario por excelencia de los programas públicos de crédito. Es decir, ha sido el grupo beneficiario, si no siempre real al menos en potencia, de los mecanismos de crédito que resultan de la política habitacional del gobierno. No obstante, el alto costo promedio de la vivienda en México reduce drásticamente la capacidad que esta población tiene de demandar habitación digna.

El tercer segmento del mercado de vivienda comprende al sector más pobre, formado por unidades familiares cuyos ingresos van hasta los tres salarios mínimos. Se trata del sector mayoritario de la población y el de más rápido crecimiento. Su composición laboral es muy diversa e incluye a extensos grupos del sector informal, autoempleados y subempleados, que no cuentan con una fuente fija de ingresos ni disfrutan de los medios establecidos de seguridad social, lo cual reduce aún más sus oportunidades de acceder a los mecanismos institucionales de crédito. La insuficiencia e inaceptabilidad de las condiciones de vivienda de este sector constituyen la expresión más álgida del problema habitacional, y adquiere expresiones políticas cada vez más intensas.

La oferta de vivienda está constituida por el acervo existente de habitación de calidad y la construcción de vivienda nueva que incrementa dicho acervo cada año. La estimación de este dato es particularmente difícil ya que del acervo original deben restarse las viviendas que se deterioran con el tiempo. Puesto que el deterioro depende de qué tanto se invierta en reparación y mantenimiento, y esto a su vez depende de los comportamientos cíclicos de la economía, este factor puede reducir o incrementar dramáticamente la oferta de vivienda en lapsos muy cortos.

En cuanto a la construcción de vivienda nueva los principales componentes son el suelo y los costos de construcción. El rápido crecimiento de la población urbana ha transformado la tierra en un recurso muy escaso; de ahí que el acceso al suelo se encuentre marcado por la especulación, el aumento del precio y los mecanismos irregulares para su obtención. Con una frecuencia cada vez mayor, la población de más bajos ingresos ha ido adquiriendo tierras mediante la invasión o la compra ilegal de terrenos comunales y ejidales, o terrenos del gobierno o en litigio. En gran medida éste ha sido el origen del anárquico crecimiento de las ciudades que presentan mayor concentración de actividad económica. La tierra incorporada a ciudades mediante invasiones y adquisiciones ilegales ha dado lugar a la mayor parte de los procesos de autoconstrucción, pero también explica el surgimiento, alrededor de los años setenta, de diversos movimientos sociales que tenían como objetivo la regularización de la tierra y el acceso a la infraestructura urbana básica (energía eléctrica, agua, drenaje, educación y salud).

La intermediación política involucrada en estos proyectos ha terminado por convertirse en un medio de control y manipulación política, y en uno de los ejes principales del movimiento urbano popular. En distintas ocasiones, la tolerancia de las autoridades ante la formación de fraccionamientos ilegales se ha dado a cambio del voto de estas poblaciones o de su participación en distintos actos políticos. Ahora bien, la participación de agentes políticos en la formación de fraccionamientos clandestinos no ha sido privativo de los dirigentes o miembros de las organizaciones de masas del PRI, de sus presidentes municipales o sus diputados locales y federales; en el último decenio y medio otros partidos han aumentado su participación en este fenómeno.

En cuanto a los costos de construcción es posible afirmar que, de los elementos utilizados en la industria, el cemento, el acero y la mano de obra son los que determinan el precio de la vivienda, ya que en su conjunto representan 40% en promedio de los costos de producción, mientras que el costo de la tierra constituye únicamente 3% del costo total. Otro aspecto que repercute en forma importante en el precio de la vivienda son los costos que impone el gobierno: el pago de derechos constituye 10.5% del costo total, y el pago de impuestos representa 21.2%. Este último incluye los impuestos sobre la renta, sobre remuneraciones al personal, al valor agregado, sobre adquisición de inmuebles, el predial, la autorización de fraccionamiento y los derechos requeridos por la misma, y los costos que representan los permisos y licencias que requiere la actividad constructora.

Es claro que hay muy poco por hacer para reducir el costo de los insumos para la construcción; el precio de la mano de obra mexicana es bastante bajo en términos de los estándares internacionales, y los precios del cemento y el acero están determinados por el mercado global. En contraste, reducir los costos fiscales y de transacción permitiría disminuir de modo significativo el precio general de la vivienda en México en un plazo relativamente breve. Para esto sería necesario hacer modificaciones a la legislación vigente y profundizar la desregulación de este mercado.

En  1950 la vivienda para renta representaba 60% del mercado total de vivienda; para 1995 constituía sólo 12.8%. Esta considerable reducción se debe en parte a que el financiamiento favoreció durante varias décadas la adquisición de vivienda de interés social, y a que los asentamientos irregulares se han propagado, pero también es cierto que la legislación inquilinaria y el rezago de las rentas con respecto a las tasas de inflación han hecho que la inversión en vivienda para arrendamiento resulte cada vez menos atractiva.

Durante muchos años la inversión en vivienda para arrendamiento constituyó una forma de ahorro/inversión muy atractiva frente a otros instrumentos, puesto que a pesar de su baja liquidez implicaba una inversión poco riesgosa, de bajos costos administrativos y de elevados rendimientos reales. Entre los factores que han transformado al sector en una forma de inversión riesgosa y poco competitiva están: 1) la desfavorable situación jurídica para el arrendatario, originada en el conjunto de leyes que regulan los contratos de arrendamiento, los aumentos a las rentas y, en general, la relación entre propietario e inquilino: y 2) la excesiva carga fiscal y la complicación para llevar una adecuada administración (impuesto sobre la renta, impuesto predial, consumo de agua, pago de alcantarillado, cuotas del IMSS, INFONAVIT y el impuesto predial).

Las disposiciones legales que inhiben directamente las transacciones de arrendamiento, y las procesales que alargan el tiempo necesario para concluir un juicio por término de arrendamiento contribuyen a la precariedad de este mercado. Pese a intentos aislados por reformar la legislación inquilinaria, cada vez existe menos vivienda para arrendamiento disponible en el mercado legal, y en consecuencia ha proliferado un mercado ilegal en el que los más afectados resultan ser los inquilinos de menores ingresos. Eliminar las trabas regulatorias que inhiben la inversión privada en vivienda para arrendamiento puede incrementar los acervos de vivienda para los grupos de ingresos medios, y “filtrar” las viviendas de menor precio a los grupos más pobres, ejerciendo un efecto redistributivo en el mercado habitacional.

Durante la mayor parte de este siglo, el sector habitacional ha mantenido un rezago relativamente consistente, cuyo peso político se ha incrementado en momentos específicos debido a coyunturas como la de los últimos críticos años de vigencia del modelo de crecimiento por sustitución de importaciones, el movimiento estudiantil de finales de los años sesenta, el terremoto de 1985, las crisis económicas que se han repetido sexenalmente desde 1982 y otros movimientos urbanos y estudiantiles de las últimas dos décadas.

A partir de los años setenta proliferaron instituciones, políticas y programas destinados a ampliar la función distributiva del gobierno, en un intento por recuperar la resquebrajada legitimidad gubernamental. Los principales instrumentos de política habitacional fueron el Instituto del Fondo Nacional de Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT); el Fondo de Vivienda del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (FOVISSSTE); el Fondo de Vivienda para los Miembros de las Fuerzas Armadas (FOVIMI; que posteriormente se transformó en ISSFAM); y el Programa FOVI- Banca para los sectores de ingresos medios. Adicionalmente se crearon otras instituciones, destinadas a atender a los sectores de más bajos ingresos, entre las que destacan la Dirección General de Habitaciones Populares del DDF (DGHP-DDF); el Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad Rural (INDECO); el Fideicomiso para el Desarrollo Urbano de la Ciudad de México (FIDEURBE); el Instituto de Acción Urbana e Integración Social (AURIS) y el Fideicomiso Fondo Nacional de Habitaciones Populares (FONHAPO).

Desde su origen, los programas de subsidios de la mayor parte de estas instituciones se han destinado siempre a los sectores de ingresos medios y a los obreros organizados, que pueden ejercer mayor presión política. En menor proporción se ha atendido a la población de ingresos más bajos pero estables, es decir a los asalariados; y sólo unos cuantos programas se han ocupado temporalmente de los grupos con ingresos menores al salario mínimo o inestables, con el objeto de regularizar la propiedad de terrenos, apoyar programas de autoconstrucción o dotación de servicios básicos. En general es posible afirmar que las acciones gubernamentales encaminadas a la dotación de vivienda han resultado insuficientes para abatir el rezago y, tanto o más serio, que las instituciones encargadas de esta tarea han mostrado un desempeño más guiado por criterios políticos que de bienestar social o/y eficiencia económica. Y en ello, el costo de esos subsidios sesgados ni siquiera ha sido absorbido por el gobierno sino por otros agentes, como los obreros que recibían la devolución de su fondo de ahorro en el caso de INFONAVIT o por el sistema financiero en su conjunto en el de FOVI.

La existencia consistente de un amplio margen de rezago dio lugar, a lo largo del siglo que cerramos, a distintos movimientos reivindicadores del derecho social a la vivienda digna. Las llamadas huelgas inquilinarias que se produjeron entre 1915 y 1930 en la ciudad de México y varias otras en los estados de Puebla, Veracruz, Jalisco y Yucatán, dieron paso a las distintas manifestaciones de presión de los grupos organizados dentro del PRI.  y a los movimientos de invasores ilegales de terrenos en distintos puntos de todo el país. Más recientemente, la ciudad de México fue testigo —en el contexto de la movilización que siguió al terremoto de 1985— del surgimiento de frentes como el Movimiento Urbano Popular, independiente desde su origen del PR1. y de grupos como la Asamblea de Barrios y Organizaciones Vecinales o el Movimiento Pro Vivienda Digna. La atención del gobierno a esta demanda básica de la sociedad en general y de los grupos de menores ingresos en particular ha sido generalmente tardía e insuficiente. Ello ha permitido que en los últimos años estos sectores hayan incrementado su capacidad para organizarse y presionar al gobierno.

Para cuantificar la magnitud del problema de vivienda en México es imprescindible determinar el número de unidades que se requieren como producto del incremento demográfico y del deterioro natural del inventario existente. El último Plan Nacional de Desarrollo calculaba el rezago agregado para el periodo 1996-2000 en 3.687,573 unidades de vivienda. De éstas, 1.825,737 correspondían al rezago de vivienda nueva, y 1.852.836 a unidades existentes que requerían mejoramiento. Las últimas estimaciones de la SEDESOL respecto a las necesidades habitacionales esperadas para el año 2000 se refieren a 340,805 mejoramientos y 361.806 viviendas nuevas.

Es  claro que la solución estructural al problema de vivienda en México se dará en el futuro si se logra incrementar y sostener el ritmo de crecimiento económico, puesto que ello permitiría no sólo el aumento significativo del ingreso sino ante todo la mejora sustancial de su distribución. Las implicaciones políticas y sociales del problema de vivienda exigen, sin embargo, respuestas eficaces e inmediatas para evitar que termine por convertirse en un obstáculo al desarrollo político y social. Hasta hoy la ineficacia del gobierno en sus intentos por abatir el déficit habitacional se ha debido a factores de orden político, administrativo, jurídico y financiero. Para remontarlos y conseguir la formación de un verdadero mercado habitacional, capaz de generar equilibrios entre oferta y demanda, es indispensable volver más competitivos y eficientes a los segmentos que lo integran.

Un proyecto como el anterior dependerá en gran parte de que las acciones del gobierno en materia de vivienda garanticen el hacer más eficientes a las instituciones públicas destinadas a proporcionar vivienda así como optimizar el uso de sus recursos mediante la reducción de los costos en el financiamiento y producción habitacionales; la redistribución del subsidio y el financiamiento con criterios de necesidad; el estímulo a la participación de la inversión privada en vivienda, sobre todo de arrendamiento; y la identificación de fuentes alternativas de financiamiento.

Los costos de construcción podrían ser disminuidos en un plazo relativamente breve mediante una mayor eficiencia administrativa, prácticas desregulatorias y combate a la corrupción. En los últimos años se ha logrado reducir considerablemente el monto de los impuestos y derechos asociados a la producción y titulación de vivienda de interés social, pero es indispensable avanzar en los programas generales de desgravación y desregulación. Adicionalmente, para atenuar el problema es indispensable disminuir los costos de administración y gestión dentro de las instituciones gubernamentales, y redistribuir el financiamiento subsidiado para orientarlo, en una proporción significativamente mayor a la actual, hacia el tercer segmento del mercado habitacional y al establecimiento de sistemas de pago con capitalización inflacionaria de los intereses.

Finalmente, también será necesario estimular la inversión privada en la construcción de vivienda, lo cual puede lograrse mediante el fortalecimiento de líneas de crédito en la banca comercial; la simplificación administrativa; la promulgación de una legislación que, a diferencia de la vigente, estimule la construcción de vivienda para arrendamiento; el establecimiento de estímulos fiscales, y la apertura para las empresas de la opción de construcción de vivienda para sus empleados o del establecimiento y desarrollo de fideicomisos orientados a ese propósito, como alternativas al pago de cuotas para el INFONAVIT.

Sin duda, la importancia de atacar el problema de vivienda desde todos los niveles no debe ser minimizada. La atención al sector, además de aliviar el problema habitacional de México, contribuirá a incrementar la productividad de los trabajadores, factor clave en la competitividad frente a la creciente internacio- nalización de la economía, y será alimento de mayor estabilidad política y paz social.    n

1. La cifra exacta de población urbana reportada por el conteo INEGI de 1995 es de 67,003,515 habitantes.

2. Estos datos de ingreso los contabilizó GEA a partir de las ENIGH realizadas por el INEGI entre 1989  y 1994. Ver el texto de M. González Gómez (1999): “Crisis y cambio económico en México”, en S. Kaufman Purcell y L. Rubio (coords.): México en el umbral del nuevo siglo: Entre la crisis y el cambio, Miguel Angel Porrúa, p. 73.

Este artículo fue elaborado a partir de extractos del siguiente trabajo: Centro de Investigación para el Desarrollo A. C.: Vivienda y estabilidad política, Diana. 1999, en la serie Alternativas para el Futuro.

¿Democracias o Rey Filósofo?

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ACERTIJOS DE LA TRANSICIÓN

¿DEMOCRACIAS O REY FILÓSOFO?

POR GUILLERMO TREJO

El dilema sobre la efectividad del gobierno de los expertos o el de las mayorías es un debate con larga vida. El argumento en favor de la democracia está en que, a largo plazo, ella es menos proclive a los grandes errores del rey filósofo.

En la mayoría de los países de transición reciente a la democracia, el cambio político ha ido acompañado de auténticas revoluciones económicas: el tránsito de economías cerradas a economías abiertas y de mercado. Desde el inicio de la transición, una de las grandes interrogantes en estos países ha sido si la adopción del capitalismo sería posible por la ruta democrática. Quienes desde un principio dudaron de la capacidad de la democracia para llevar a cabo esta “gran transformación” voltearon la mirada hacia los expertos: académicos profesionales en la ciencia económica. Ellos serían los pilotos de la transformación económica. Comprometidos con el libro de texto y con la eficiencia económica, en sus manos estaría la monumental y difícil tarea de estabilizar economías desbocadas, adelgazar gobiernos obesos y corruptos y transformar mercados sobrerregulados. Ante el supuesto analfabetismo económico de los nuevos políticos que poblaron las legislaturas nacientes y ante la supuesta porosidad de la democracia para albergar intereses particulares, se pensó que un grupo de técnicos aislados del juego político serían capaces de generar la mayor eficiencia y bienestar social. Hoy este argumento sigue rondando entre nosotros: el experto es, pareciera ingenuo chistar, más inteligente que la democracia.

¿Es posible que una asamblea de hombres y mujeres comunes y corrientes, representantes de diversos sectores sociales, genere mejores políticas que un puñado de expertos? ¿Podrían surgir políticas económicas racionales y eficientes del seno de un régimen político caracterizado por la pluralidad de intereses y por sistemas institucionales de pesos y contrapesos? ¿O es acaso necesario dotar con poderes extraordinarios a expertos para que tomen las difíciles decisiones económicas que una asamblea de políticos no podría adoptar?

El dilema sobre la efectividad del gobierno de los expertos o el gobierno de las mayorías es un debate de viejo cuño. Platón es el primero de los pensadores del canon clásico en defender el gobierno de los expertos: el gobierno del rey filósofo. La pregunta central en la teoría política de Platón es quién debe gobernar en el Estado o la Ciudad Ideal. La respuesta es organicista. Así como en el cuerpo la cabeza es la morada de la razón, el pecho de la voluntad y el vientre del deseo, en el Estado Ideal al frente del gobierno debe estar la clase que posee la sabiduría, al mando del ejército quien posee el valor y en las trincheras laborales deberán estar las masas, presa fácil de los apetitos carnales. El poder del filósofo deriva del conocimiento: es él quien, a través de la razón, es capaz de acceder al Mundo de las Ideas —el mundo de lo eterno y lo inmutable, lo auténticamente bello y justo—. Es él quien ha escapado al mundo de las sombras y ha visto la luz; es él quien puede guiar a los demás miembros de la comunidad fuera de la caverna, quien puede liberar al alma de la cárcel del cuerpo. Y es ésta precisamente la tarea del rey filósofo: guiar las acciones diarias de la comunidad política a partir de los valores objetivos que ha visto en el Mundo de las Ideas. Aunque con una vida austera, sin lujos ni propiedades, en la Ciudad Ideal el rey filósofo no está sujeto a ley ni persona alguna. Como los miembros de la comunidad no pueden por sí mismos saber lo que es bueno o justo, le deben obediencia absoluta a quien sí lo sabe: el rey filósofo. ¡Levantad monumentos!, nos dice Platón, a esos semidioses que iluminan y dan sentido a la vida.

Karl Popper dedicó el primero de los dos volúmenes de La sociedad abierta y sus enemigos a elaborar una de las críticas más agudas a Platón. Su crítica es metodológica. Para Popper, Platón es uno de los primeros filósofos en abrazar la doctrina de la predestinación de los grandes hombres y de las grandes naciones. Es el mundo de los grandes destinos: necesidades históricas. Platón es, también, uno de los primeros y más grandes expositores del historicismo: la doctrina filosófica que asegura que ciertos individuos son capaces de inteligir las leyes del desarrollo de la historia y de predecir el destino de los pueblos. Popper dedica buena parte de su carrera filosófica a refutar la existencia de leyes y por tanto la posibilidad de la predicción en las ciencias sociales. Para él, como para buena parte de los teóricos sociales contemporáneos, las leyes son terreno exclusivo de la física. La crítica es letal. Si no existe una sola concepción de lo bueno y lo justo y si es imposible conocer las leyes del desarrollo de la sociedad, entonces la principal fuente de legimitidad del poder absoluto del rey filósofo —la sabiduría— se torna irrelevante. El problema de fondo en la utopía social de Platón, nos dice Popper, es que su teoría de gobierno se erige a partir de la pregunta equivocada. Preguntarse por el sujeto que deberá de gobernar llevó a Platón por la senda del gobierno autoritario. La pregunta generadora de la sociedad abierta, según Popper, no se refiere a individuos sino a instituciones: ¿cómo diseñar instituciones que eviten que un gobernante incompetente le haga daño a la sociedad?

Una de las versiones contemporáneas más poderosas del rey filósofo la formula George Stigler, padre de la escuela de la regulación de Chicago. Se trata de una de las escuelas de pensamiento más influyentes entre los arquitectos de las reformas económicas en países de reciente transición. Stigler y sus colegas combinan una crítica conservadora de la democracia con una visión económica ultraliberal. En The Citizen and the State Stigler critica a los economistas que desde Adam Smith han visto al Estado como el actor capaz de corregir las fallas del mercado. Para Stigler, si el mercado falla, no existe garantía de que el Estado sea capaz de enmendar al mercado. La razón es sencilla: incluso en una dictadura, los políticos siempre requieren de apoyo popular y para obtenerlo echan mano de instrumentos de política pública: compran el apoyo de los titanes de la industria a cambio de subsidios y regulación que los favorezca frente a sus competidores. Los grupos de interés, a su vez, compran con dinero las conciencias de los votantes. Y como las elecciones permiten que todos los ciudadanos expresen sus preferencias sobre los recursos que poseen y los que no, las democracias generan asignaciones ineficientes de recursos. Es por ello que para la escuela de la regulación de Chicago toda intervención del Estado en la economía es socialmente contraproducente. El Estado ideal debe abocarse a garantizar la ley y el orden. Y al frente de los quehaceres gubernamentales habrá de estar un experto en la ciencia económica. Para Stigler, en la economía existen consensos básicos sobre principios y supuestos para guiar la política pública: un cuerpo de conocimiento analítico y empírico que podría hacer de los economistas “el ornamento de las sociedades democráticas, cuyas opiniones en materia de política económica deben prevalecer”.

El argumento a favor del gobierno de los expertos enfrenta tres problemas fundamentales. El primero tiene que ver con las motivaciones del experto. Es difícil analítica y empíricamente sostener que el filósofo o el técnico están más comprometidos con la verdad o la eficiencia antes que con sus intereses individuales. Cualquier filósofo o economista en el poder, como cualquier político, suele maximizar el poder. Y el poder no siempre va de la mano de la eficiencia económica o de la justicia. Cuando la racionalidad económica es un canal apropiado para maximizar el poder, la eficiencia prevalece; cuando no. entramos al mundo de Stigler. El segundo problema apunta a la incertidumbre sobre la efectividad de los instrumentos de política pública. Contrario a lo que afirman Platón v Stigler, existen pocos consensos en materia de políticas públicas que cuenten con un respaldo empírico robusto. Incluso en la economía, la más “avanzada” de las ciencias sociales, prevalecen enormes dudas sobre cómo mantener la estabilidad macro- económica y cómo generar el crecimiento sostenido de largo plazo. En materia de tipo de cambio, por ejemplo, hace algunos años el consenso apuntaba a utilizar un tipo de cambio fijo como ancla de la estabilización. Quienes hace unos años argumentaban a favor del tipo de cambio fijo, hoy favorecen un tipo de cambio flexible. Seguramente en unos años abogarán por la dolarización. Y no es sólo porque las circunstancias cambian: el problema de fondo es que no hay certezas en materia de tipo de cambio. Tampoco existen verdades absolutas sobre los determinantes del crecimiento económico. Además del efecto positivo del capital humano sobre el crecimiento de largo plazo, es poco lo que en realidad los economistas nos pueden decir con verdadero sustento empírico. El tercer problema tiene que ver con la información disponible para la toma de decisiones. Un gobierno centralizado de expertos nunca contará con la suficiente información para la toma de decisiones efectiva. El experto sin información es experto a medias. No hay que olvidar: la carencia de información veraz fue el verdugo de la planificación central.

Si el gobierno de los expertos no es ninguna garantía de racionalidad y eficiencia económica, ¿por qué la democracia sería más inteligente que el rey filósofo? Tres razones. 1) La democracia es un sistema de votos múltiples. Se trata de sistemas institucionales diseñados para permitir la expresión de la pluralidad de intereses sociales y su contraposición. No es el interés del experto o del más rico el que priva sobre los demás. Mientras que el rey filósofo piensa primero en su interés particular, la pluralidad de actores con intereses diversos y contrapuestos sirven a un mayor número de voluntades. 2) La democracia es un sistema de ensayo y error. Cuando existe incertidumbre sobre los efectos de una política. la deliberación, el debate y la contraposición de intereses, generan mejor conocimiento que los intereses y las certezas de libro de texto. La incertidumbre en las ciencias sociales hace que muchas cabezas piensen más que una —aunque sea la del experto—. Más vale el incrementalismo democrático que el maximalismo del experto. 3) La democracia es un sistema descentralizado de toma de decisiones públicas. La competencia electoral y entre ramas  y niveles de gobierno genera muchísima información; ¡mucha más de la que un planeador central de mercado podría acaudalar, incluso con los mejores sistemas de cómputo! Y entre mayor sea la información a disposición de los tomadores de decisiones, mayor será, ceteris paribus, la probabilidad del éxito de la política.

El tránsito a la democracia y al mercado está caracterizado por la incertidumbre. No existen modelos dinámicos a calcarse sobre la democratización ni sobre le implantación de economías competitivas. No existen leyes ni certezas, tan sólo sospechas, algunas bien fundadas. Se hace camino al andar. Es por ello que el gobierno de los expertos no es garantía de ninguna política racional de largo plazo. Ingenuo sería pensar, sin embargo, que las democracias siempre generarán políticas óptimas. El argumento en favor de la democracia es vis-á-vis el gobierno de los expertos. Y no se trata de exaltar románticamente las virtudes de la mayoría frente a las minorías. No es un argumento en favor de la sabiduría del pueblo. Se trata, más bien, de señalar las virtudes de la pluralidad. la competencia y la contraposición de intereses en la generación de las políticas públicas. Las democracias son lentas y con frecuencia se equivocan. Pero en el largo plazo son menos proclives a los grandes errores del rey filósofo. Huelga aclarar, por último, que no todas las democracias son eficientes en el quehacer gubernamental. Aunque los vetos múltiples y los contrapesos son efectivos, existe un número óptimo de vetos. Si el gobierno del rey filósofo es la puerta al autoritarismo, un sistema de vetos ad infinitum es la entrada a la anarquía. Los estudiosos de las democracias hoy intentan encontrar empíricamente el número de vetos óptimos que permite el más eficiente quehacer de los gobiernos en países en transición. Incluso con un número óptimo de vetos mutuos, las democracias quizá no generen la mejor política pública. Frente al gobierno de los expertos, sin embargo, la democracia introduce la pluralidad, la contraposición, la moderación y el incrementalismo que nos permite minimizar los costos de la equivocación y evita la tiranía de los intereses de unos cuantos sobre el resto de la población.     n

Guillermo Trejo. Profesor-investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE.

El evangelio digital

Hans Magnus Enzensberger no sólo es uno de los mayores poetas contemporáneos de Alemania, sino también el más lúcido y polémico de sus ensayistas. Su recorrido por el país de Montaigne ha tocado todas las comarcas, los ríos más profundos y sus orillas. Desde Política y delito (1964) nunca eludió la elegancia de una demostración jurídica, los enigmas policiales o la economía, delicada y peligrosa de la destrucción ecológica (Para una crítica de la ecología política, 1973 ). El dossier histórico se convirtió en otra de sus perspectivas (Kronstadt: la revolución en la revolución, 1972, y Conversaciones con Marx y Engels, 1973). Los ensayos de Enzensberger se vincularon también con la novela (El corto verano de una anarquía: vida y muerte de Durruti, 1977). La memoria de Alemania y la lucha contra la amnesia social definieron también buena parte de su compromiso político (Alemania, Alemania entre otros, 1967. Migajas políticas, 1982). La tomografía del “analfabeto secundario”, la descripción de la locura y la mediocridad en el Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional están en Mediocridad y delirio (1988). Muy pocos ensayistas han dedicado su crítica a los medios masivos de comunicación del modo tan obsesivo y recurrente como Hans Magnus Enzensberger. Desde un principio sus ensayos cubrieron este expediente: nunca intentó ocultar las contradicciones, sino más bien abrir la controversia. Su ensayo sobre la Industria de la Conciencia (Detalles, 1964) pasó revista a las cartas programáticas de los canales culturales, así como también a los editoriales del periódico Frankfurter Allgemeine. El estudio sobre la revista Der Spiegel se convirtió en un clásico del análisis de los medios: la crítica aparente, las ediciones, montajes y, sobre todo, la no-inexactitud de las afirmaciones políticas de la revista. En marzo de 1970, Enzensberger publicó Elementos para una teoría de los medios de comunicación. El proyecto de una crítica marxista se centraba en la creencia de que los medios electrónicos no eran contemplativos, sino pertenecían al espacio de la acción; su riqueza consistía en transformar las condiciones de la producción inmaterial, la expansión de las fuerzas productivas era el centro de la esperanza. Pero la dialéctica entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción no tomó el rumbo esperado. La teoría tendía a difundir la conciencia de una injusticia fundamental; pero allí donde las reivindicaciones inmediatas fueron satisfechas, como en Alemania Federal, la acusación al régimen se transformó en un radicalismo estéril. Ahora, treinta años después, Enzensberger vuelve a su antiguo texto, reconoce los errores y discute las nuevas técnicas como el mundo de las computadoras, la industria del software y la red de redes, Internet.

——José María Pérez Gay


Ha pasado mucho tiempo antes de que el género humano comenzara a pensar sobre los medios que le fueron concedidos. En primer lugar, el lenguaje —luego apareció la gramática, la retórica, la lingüística, la filosofía del lenguaje: en primer lugar, la escritura—, luego apareció la reflexión sobre la escritura; en primer lugar, las monedas —luego la numismática—. La teoría se mantiene a la zaga de sus objetos. Así han permanecido las cosas un par de siglos.

Se ha comenzado a pensar sobre los nuevos medios también con un obediente retraso, sobre todo porque han crecido a espaldas de la sociedad, como si fueran un brote natural. Ningún filósofo acompañó en sus aventuras a los minuciosos albañiles y destiladores, a los matemáticos ajenos al mundo, a los discretos ingenieros y a los genios desconocidos. Durante el siglo XX, en el ocaso del arte de los impresos, se analizaron por primera vez las implicaciones del invento de Gutenberg.

Cuando apareció el telégrafo no fueron los académicos, sino los militares y los especuladores los que entendieron su significado. De igual manera pasaron desapercibidos la fotografía y el cine. Daguerre y Talbot, los hermanos Lumiere, Etienne-Jules Marey y Georges Meliés no trabajaron en las aulas de una universidad, sino en estudios y laboratorios, en graneros y mercados públicos que ellos mismos habían construido. Mucho antes de que Sigfried Kracauer publicara sus trabajos sobre la teoría del cine, el Estado Mayor del Ejército Alemán impulsó la fundación de la “Ufa”, porque había reconocido las posibilidades de este nuevo medio, el cine, en el campo de la propaganda. Cuando publicaron el texto previsor de Bertold Brecht sobre La radio como aparato de comunicación, los alaridos de Hitler se escuchaban ya por toda Europa.

Las facultades de filosofía abandonaron estos trabajos, así como los de Walter Benjamín, con un silencio obcecado. En los años cincuenta, el interés de las facultades de filosofía se limitaba todavía a ese apéndice de la germanística llamado periodismo, que se ocupaba de un medio con trescientos años de antigüedad. Y cuando Marshall McLuhan, en 1962, entró en la escena con su teoría de la televisión, los aparatos televisores estaban ya en una de cada dos casas.

Aquí, en este contexto, nunca han faltado ni el admonitor ni el amonestador. La crítica de la cultura es más antigua que su nombre; se puede seguir su huella hasta la antigüedad, el mito de la caverna platónica es su arquetipo insuperable. Todo medio sigue como una sombra a la sospecha de la pérdida de sentido y de la inautenticidad; además, uno reconoce en seguida los intereses políticos que se esconden detrás del dedo admonitorio. La alfabetización ha amenazado siempre el privilegio de la información de los eruditos y los cultos y, desde la perspectiva de las autoridades, cada nuevo medio ponía la moral en peligro. En el siglo XVIII, se advertía del peligro que encerraba la lectura de las novelas con los mismos argumentos con los que hoy se advierte el peligro de los programas de televisión.

Desde entonces, el rigor no ha sido el fuerte de esta crítica. Los gestos con los cuales pondera cualquier grupo de “valores” recuerdan mucho los gestos del policía de tránsito que le enseña la tarjeta roja al infractor. Es poco probable que el tránsito de los medios pueda contenerse, porque la teoría no muestra un especial interés por los hechos. Quien, por ejemplo, sostenga que nos divertimos mortalmente ante el televisor, pasa por alto el terror de la publicidad, la compulsión a la repetición de los programas, que en efecto no ofrecen ningún entretenimiento, sino altas dosis de aburrimiento concentrado. Quien sostenga todo esto olvida que son pocos los accidentes mortales frente al aparato televisor, si los comparamos con las víctimas que pierden la vida por los “cuernos de chivo”, el automóvil y otras armas. Aquí se trata de formas de la crítica de los medios que están más cerca de la literatura trivial que de la ciencia.

No obstante, en la últimas décadas la teoría dio un salto hacia adelante. Desde que comenzó a hablarse de la Industria de la Conciencia como una empresa clave del siglo que llega a su fin, las ciencias de la comunicación y de los medios se han convertido en un campo de crecimiento académico y publicitario. Ahora bien, su marco de referencia es tan poco claro como sus conceptos. El discurso sobre la industria cultural se escucha ahora como se escucha un antiguo dialecto. Se puede también poner el acento sobre la dimensión técnica y hablar de los medios electrónicos. Quien, como Peter Glotz, no ha olvidado la economía política prefiere hablar de “capitalismo digital”. Las grandes transformaciones reciben, al parecer, su bautizo definitivo siempre post festum.

La lucha de la teoría por recuperar el terreno perdido ha llevado a resultados notables. Las primeras etapas — muy lejanas— de la historia de los medios han sido recuperadas últimamente en análisis e investigaciones y, gracias a este trabajo, comprendidas a fondo. En Alemania, las investigaciones de Friedrich Kittler y Jochen Hörisch nos han demostrado lo que se puede hacer. No debe sorprendemos que un rebaño policromo de adeptos vaya sumándose a la nueva disciplina. Germanistas decepcionados, sociólogos fugitivos, periodistas ambiciosos, filósofos más o menos serios, escritores más o menos competentes, uno que otro científico aquí y allá, todos buscan el acceso directo a esas técnicas que se les adelantaron tanto tiempo.

La velocidad de los medios ha contagiado mientras tanto a sus teóricos. El empeño que muestran los lleva a menudo a dar saltos al vacío, como si quisieran reparar las lamentables faltas del pasado. No les basta dar alcance a la praxis, quieren adelantarse a ella. Por eso su reflexión tiende a convertirse en diagnóstico. La vida castiga siempre a los que llegan demasiado temprano; la mayoría de los futurólogos lo saben muy bien, cuando no prefieren callar sus fracasos.

Los profetas de los medios aparecen —no es sorprendente— en una doble formación. Ambas fracciones siguen el modelo conocido en las religiones universales. Por un lado encontramos a los apocalípticos; por el otro, a los evangelistas. El progreso técnico ha ocupado en más de un aspecto el lugar que antes tenían las religiones reveladas. Desde la época de la ilustración, los adivinos ya no leen la salvación o la condena, las bendiciones o las maldiciones en los textos sagrados, sino en las entrañas mismas de la civilización técnica. Ambas anunciaciones tienen un tono bajo, por no decir satisfecho y triunfante.

Los evangelistas digitales no se contentan ya con el antiguo evangelio de la perfección del hombre. Sólo los más ingenuos ven en la aldea global la solución de nuestros problemas. He aquí algunas de sus promesas: comunicación y redes de alcance mundial, democracia directa y electrónica, acceso igualitario y directo a toda clase de información, destrucción de jerarquías, aprovechamiento persistente de recursos. En resumen: homeóstasis y armonía. En su amnesia, los evangelistas recuerdan a la euforia nuclear de la posguerra, que veía en el aprovechamiento pacífico de la fisión nuclear la solución de todos los problemas energéticos. Como ayer con los nucleares, estos expertos gozan hoy de la benevolencia de los consorcios financieros más poderosos y los resultados de sus investigaciones apenas pueden distinguirse de la tarea de una agencia de relaciones públicas.

Pero los evangelistas más recientes no se conforman con estas visiones filantrópicas. Su perspectiva va más allá del horizonte de la especie humana. Ante la precariedad del ser humano se les acaba la paciencia. Después de todo la esperanza de vida de un destornillador común y corriente es superior a la nuestra, y cualquier computadora acumula una cantidad de datos inimaginable de modo más vertiginoso y confiable que nuestra decrépita memoria.

Los evangelistas freaks esperan ávidos los próximos pasos de la evolución humana. Se trata en primer lugar de la emancipación del hombre de su experiencia inmediata y condicionada orgánicamente. En lugar del mundo sucio de la vida diaria debe aparecer el ciberespacio higiénico e impecable —una primera etapa de la liberación—. En 1969, Oswald Wiener llamó al “mejoramiento de Europa Central” —una obra a la que los nuevos profetas podrían añadir muy poco—. El ciborg, una quimera hecha de hombre y máquina, es el siguiente paso lógico en la autoafirmación del género humano.

Al final, autómatas progresistas —que no llevan impresa la mancha de la mortalidad— deben sustituir por completo al decrépito género humano; estas máquinas ponen también punto final al desorden de la sexualidad; se encuentran en la situación de reproducirse de la manera más impecable y aséptica. Los pioneros más militantes de la inteligencia artificial anunciaron desde hace décadas esta meta sin sentido. Nada ha perturbado la satisfacción de los diseñadores de proyectos, ni el dinero de las investigaciones, muchas veces tirado en la arena, ni la obstinación del problema mente-cuerpo, ni los muchos fracasos de sus profecías. Los profetas son inmunes a los hechos, eso los vuelve atractivos. Por el contrario, la fracción apocalíptica está lejos de confraternizar con la gran industria. Es independiente de terceros, renuncia a cualquier subvención y anuncia sus mensajes de terror por su propia cuenta y peligro. Nos asegura que. aunque no nos hayamos dado cuenta, el fin ha comenzado. Paul Virilio, el filósofo de los medios, nos informa que hace mucho tiempo nos convertimos en mutantes, y que vivimos en un estado de “quietud vertiginosa”. Hemos extraviado el espacio y el tiempo. Baudrillard, que rebasa las conclusiones de Virilio, sostiene que todo lo que suponemos real desapareció hace mucho tiempo. Nuestros medios han anulado cualquier posibilidad de distinguir entre el ser y la apariencia. El mundo es sólo una simulación. Y de este modo la pregunta por el sentido de las cosas se cancela.

Las afirmaciones de los apocalípticos se caracterizan por un tono de triunfo, tienen el encanto de lo definitivo. Su radicalismo detenta la autocomplacencia de quien se encuentra más allá de todas las ilusiones, de quien se ha dado cuenta del estado de ofuscación universal. Cuando, como en estos casos, los filósofos de los medios se elevan a gran altura, también es una ventaja no atenerse a los hechos.

El valor de uso como freno

Por lo general los medios técnicos se adelantan no sólo a la teoría, sino también a la práctica. Si muchos de sus inventores históricos —seguidos de sus creyentes— terminaron sus días en el asilo de pobres fue. en gran parte, porque desconocieron el valor de uso de sus mercancías. Más todavía, nunca les interesó especialmente. Cuando Gutenberg inventó las letras móviles no pensaba en los envíos por correo, ni en los periódicos. Quería imprimir una hermosa Biblia. Bell pensó primero, al parecer, en los sordos cuando se le ocurrió la idea del teléfono, y Etienne-Jules Marey desarrolló su cámara para investigar el ritmo de los movimientos de los animales: Hollywood se encontraba entonces muy lejos.

Los nuevos medios están siempre a la búsqueda de necesidades desconocidas. Sus pioneros padecen de una curiosa autonomía. Cuando los albañiles, los ingenieros y los programadores imaginan algo lo hacen exclusivamente interesados en las cualidades de sus juguetes. El posible usuario es un ignorante molesto. Los hermanos de la Logia de la Técnica hablan un lenguaje secreto como el de los médicos: una jerga que asegura su dominio sobre el conocimiento. Así era entre los impresores que conocían los ritos de iniciación. Asimismo los especialistas en la high fidelity se mostraban orgullosos ante el carácter incomprensible de sus productos. Los fabricantes de computadoras y los ingenieros del software han llevado esta suerte de autorreferencia hasta la exacerbación.

Mientras los medios antiguos eran más o menos accesibles —quien domina el alfabeto puede manejar sin problemas cualquier libro—, el grado de abstracción de los últimos inventos ha crecido tanto que su aplicación ya no puede transmitirse por nuestros sentidos. Los sistemas de fabricación de las computadoras actuales son inaccesibles para el usuario normal, y al mismo técnico de servicio le faltan los conocimientos matemáticos necesarios para entender lo que hace. El técnico recurre a una pragmática caja de trucos y, en el mejor de los casos, puede intercambiar un modelo por otro.

Pero no sólo los cambios existentes son una suerte de Hécuba para el usuario. Se enfrenta además con un mundo complejo que no toma en consideración lo que necesita, y con capacidades que sólo puede usar en una mínima parte. Por lo que respecta a su claridad, los manuales que puede consultar parecen escritos por marcianos.

La búsqueda de metas para los medios técnicos existentes —que crecen de modo exponencial— ha tomado entre tanto formas grotescas. El menú electrónico debe sustituir al mesero, el refrigerador multimedia debe comprar automáticamente, la supuesta casa inteligente debe protegernos del ruido, y así en adelante.

Una industria que se somete a las fantasías de sus ingenieros obedece, por un lado, a la ley del aceleramiento vertiginoso; por el otro, esa industria asume uno de los bloqueos más extraños. Las huellas de esta inercia estructural pueden verse en la sala de cualquier casa. Quien quiera escuchar música debe levantar una torre construida con el tocadiscos, el amplificador, las bocinas, el aparato de CD y las grabadoras de diferentes formatos.

El televisor incluye también nuevos elementos. Necesita grabadoras de video, decodificador, receptores de satélite. Los teléfonos, las contestadoras automáticas, los aparatos de fax llenan el escritorio, y la computadora exige otra caja familiar llena de impresoras, modems, aparatos de red, scanners y brennern; cada uno de esto elementos exige la lectura de un manual de aplicación de cien páginas. La situación en que se encuentra el ramo multimedia se puede ver en la maraña de cables con los que se tropieza la señora que limpia la casa. Hasta ahora nadie puede hablar de la posible fusión técnica de los medios electrónicos.

Si los fabricantes de automóviles les hubiesen exigido a sus clientes tomar un curso de colisiones en jerga tecnológica antes de sentarse al volante, nunca habríamos llegado a los permanentes embotellamientos en nuestras calles. Los medios digitales excluyen de su uso a dos tercios de la población por la hostilidad que despierta su empleo. Uno se pregunta inútilmente por el sentido económico de este sabotaje.

Estas objeciones no ponen en cuestión el potencial futuro de los medios. Nos enseñan sólo que el proceso de su apropiación es largo y lleno de obstáculos; como en las otras etapas de la historia de los medios, tardaremos mucho en saber para qué sirve o no sirve lo nuevo. Desde esta perspectiva, los jóvenes de doce años tienen razón: muchos de ellos desprecian la jerga de la industria, ni siquiera miran los complicados manuales de operación y, por iniciativa propia, prueban para qué sirve esa flamante chatarra que les ofrecen.

La ciudad de las redes
Por eso déjenos fundar aquí una ciudad,
y llamarla Mahagonny,
es decir, la ciudad de las redes.
Debe ser como una red
para los pájaros comestibles.
En todas partes hay trabajo y fatiga,
pero aquí hay también placer,
la sensualidad de los varones,
no sufrir y permitirse todo,
es el secreto del oro.

La ambigua promesa de Brecht —escrita en 1929— ha tomado mientras tanto un significado que su autor nunca sospechó. Los militares y los servicios secretos fueron, como en el caso de la telegrafía, los primeros que se dieron cuenta para qué podían usar el invento de algunos pacientes experimentadores. Luego llegaron los científicos del CERN de Ginebra y crearon, primero para sus propias necesidades, la página World Wide Web. Desde entonces la red se ha desarrollado de un modo explosivo.

Aquí los teóricos también quedaron a la zaga de la práctica, y no han faltado los intentos de superarla. Pero el verdadero evangelista de la red es el capital. Nunca antes se había invertido de manera tan vertiginosa tanto dinero en un medio. Las empresas de la red tecnológica, que año con año registraban grandes pérdidas, alcanzan cifras astronómicas en la bolsa de valores. Su valor de mercado supera el de muchos consorcios industriales y multinacionales. Internet es la Meca de los inversionistas.

Sin embargo, no sólo han sido las futuras ganancias increíbles las que le dan alas a la fantasía. Mucho se ha escrito su potencia emancipadora no estaba en duda. En el sentido de la teoría marxista, el autor tenía una confianza ilimitada en el célebre “despliegue de las fuerzas de productivas”, una variante materialista de la tríada cristiana: fe, amor y esperanza. Hoy sólo los evangelistas del capitalismo digital afirmarían bajo juramento estas promesas. Acaso treinta años después se recomiende cierta sobriedad.

De cualquier modo no era incorrecta la distinción entre los medios centralizados y los medios descentralizados. también sobre los efectos sociales de los nuevos medios. En un ensayo escrito en 1970 —muy citado en aquellos años, pues llamaba la atención por su tono cortante— se decía: “En su forma actual, el cine y la televisión no sirven a la comunicación, sino a su imposibilidad. No permiten la interacción entre el emisor y el receptor. Este hecho no puede fundamentarse técnicamente. Por el contrario, la técnica electrónica no conoce una contradicción principal entre el emisor y el receptor. La imagen terrorífica de una industria de la conciencia monolítica —como la diseña George Orwell— revela una idea de los medios que es, a un tiempo, sin dialéctica y obsoleta. El posible control absoluto de estos sistemas por un poder central no pertenece al futuro, sino al pasado. Las cuarentenas de información, como se acostumbraban en el fascismo y el estalinismo, sólo son posibles al precio de una consciente regresión industrial”. Y finalmente: “De acuerdo a su estructura, los nuevos medios son igualitarios. Por un sencillo cambio de canales cualquier persona puede participar en ellos; los programas son en sí mismos inmateriales y pueden reproducirse a su antojo”.

Estaba bien escrito para una época en que no existía Internet. No obstante, el proyecto del autor de dominar la praxis de los medios llevó a un conjunto de expectativas que hoy parecen demasiado ingenuas. Se le adjudicaron entonces posibilidades utópicas a la red imaginaria del futuro, contradiciendo a los antiguos medios. Para el poeta.

Uno necesita sólo considerar los casos extremos para entender el significado político de esta distinción. Por un lado, el edicto real que presupone el nexo entre la orden fulminante y su acatamiento; por el otro, “el discurso libre de cualquier dominio” entre miembros iguales. En este sentido, la red es un invento utópico. Ha cancelado la diferencia entre emisor y receptor. No existe ya la instancia central capaz de controlar todo.

Sin embargo, los medios descentralizados no han sido ni son algo nuevo en la historia, y la división entre la comunicación recíproca y la unilateral es siempre relativa. Sin retroalimentación no hay instancia suprema que imparta las órdenes. Un buen ejemplo de esta falta de precisión lo ofrece un medio muy antiguo, es decir, el dinero. La moneda se somete en un primer momento, como lo demuestra el signo de soberanía y la efigie del soberano, al poder de una instancia central que la acuña. Pero después circula más allá de los controles y de quienes participan en el mercado. El correo sirvió también desde un principio exclusivamente al intercambio entre monarcas privilegiados, sólo después de un largo regateo se impuso su uso público. El correo universal y accesible existe en Europa desde hace cuatro siglos, y su globalización tuvo lugar hace cien años, cuando fundaron, en 1874, la Unión Postal Mundial. Y más tarde, con la colocación del primer cable transatlántico para la telefonía, se instaló también la primera red mundial.

Todas estas expansiones amenazaron el monopolio informativo de los gobiernos y, además, pusieron en el centro de la mesa las implacables discusiones sobre el control de los medios. La censura del correo es el ejemplo clásico. Más tarde las autoridades, y otros usuarios, entraron en el nudo de las telecomunicaciones. Las técnicas de codificación de todo género fue la respuesta a los intentos de escuchar los secretos. Los banqueros y los miembros del Estado Mayor cifraron sus mensajes, la contraparte buscó siempre descifrarlos. Hoy en día los hacker, las empresas de software y los servicios secretos pugnan con los métodos más avanzados de la teoría de los números por hacerse del dominio de los bancos de datos. Lo que hace imposible el control son menos las técnicas de codificación cada día más matizadas que el simple volumen de la información. Ningún filtro puede impedir que las instancias de censura se derrumben bajo los overkill de la información. No experimentan muy poco, sino demasiado.

Cualquier espía llegará a asfixiarse por la principal cualidad de los bancos de datos: por su insuperable trivialidad. En el mejor de los casos, el 99.999% de todos los mensajes interesan sólo a sus receptores, y aun esta cifra parece una exageración. Desde este plano, la profecía de la fuerza emancipadora de los nuevos medios parece un espejismo. No a cualquiera se le ocurre algo, no cualquiera tiene algo qué decir de interés a su prójimo. Aquí la multicitada interactividad tiene un límite.

Todo esto se reveló mucho antes con el ejemplo de los radioaficionados de onda corta, quienes representan a los pioneros de la interactividad radiofónica. Durante un tiempo intercambiaron diligentes sus posiciones geográficas, y hablaron de las maravillas técnicas de sus aparatos. Más allá de estos aspectos apenas tenían algo qué decirse, como los numerosos pintores de bardas cuyos graffiti se limitan a escribir: “Kilroy estuvo aquí” o “Yo soy yo”.

Los canales de televisión abierta, con los que se experiementó en Alemania desde los años ochenta, tampoco enseñaron algo más que una aburrida manía de formar asociaciones o un inerme exhibicionismo —una historia que encontró su coronación en los talkshows interactivos o en los llamados chat-rooms.

Mientras los pioneros de la página Web en su idealismo electrónico imaginaban un medio gratis para el discurso libre de todo dominio, el capital vio muy pronto con una indiferencia digna de los dioses la oportunidad para el aprovechamiento que la red le ofrecía. Por un lado se trataba del control económico del flujo de datos; por el otro, de la comercialización de los contenidos. Desde entonces, los anuncios publicitarios han crecido y ensuciado cada vez mas la red.

Por parte de los usuarios, la globalización nos revela su lado oscuro. Sin duda, han triunfado miles de home pages, el ascetismo y la disidencia. No hay nicho, microclima. minoría que no haya encontrado su hogar en la red. La publicación, que en tiempos de Gutenberg significó un privilegio menos, se convierte ahora en un derecho humano electrónico, de acuerdo al lema “Samizdat para todos”. Esto explica la angustia de los políticos ante la red en sociedades dictatoriales como China o Irán.

No obstante, Internet es el Dorado para criminales, intrigantes, farsantes, terroristas, asesinos compulsivos, neonazis y locos. Aquí encuentran un cómodo equilibrio todas las sectas y cultos; aquí pueden conectarse juntos todos los redentores y los maestros satánicos. No debe sorprender que en estos grupos repartidos en todo el planeta se anide la paranoia, y que las teorías de la conjura florezcan entre sus numerosas direcciones. Si el centro no existe, cualquiera puede imaginarse que se encuentra, como la araña en su red, en el centro del mundo. En resumen: este medio interactivo no es ni una bendición, ni una maldición; refleja simple y llanamente el estado mental de sus miembros.

Pérdidas y ganancias

La evaluación de las promesas del capitalismo digital es difícil, y quien pretenda responder corre el riesgo de hacer el ridículo, no importa cuál sea su respuesta. La inseguridad comienza con la crítica económica pura. Desde hace algunos meses se ha desatado en los Estados Unidos una viva disputa sobre si las transformaciones en la tecnología de la información, en efecto, significan las altas ganancias en la productividad que sus profetas celebran. Es un hecho que las tasas de crecimiento de algunos ramos de esta actividad han crecido enormemente.

Menos claros son los resultados para la economía de los Estados Unidos: a las enormes inversiones no corresponden hasta ahora las ganancias eficientes y los rendimientos netos. En muchos casos se trata de un cambio que se relaciona con el futuro. El problema no puede solucionarse sin cálculos tan complicados y equívocos que uno los podría leer también en la taza del café.

La experiencia de todos los días justifica en todo caso un cierto escepticismo. Cualquiera conoce el discurso de la oficina aséptica y sin papeles y, por el contrario, cualquiera sabe que las nuevas técnicas han llevado a un insólito despilfarro de este precioso material. El simple registro contable que las computadoras resuelven con rapidez puede retrasarse semanas, y tan pronto como la computadora central declara la huelga en los bancos, las compañías de seguros o de viaje, el personal de servicio se encuentra inerme ante las pantallas oscuras de los monitores. Quien intenta comunicarse entonces con una de las llamadas hotline puede pasarse horas escuchando las voces penetrantes de la computadora y una pestilente basura musical. Por lo que respecta al carácter vulnerable de la técnica digital, el problema del año 2000 ofreció a título de ensayo una prueba notable. Miles de millones de dólares costó enfrentar la estupidez de los programadores incapaces de pensar y adelantarse unas décadas más.

Muchas dudas existen también respecto a la reducción de las jerarquías. Desde esta perspectiva, se trata sólo de sermones dominicales. No se puede culpar a la técnica, sino más bien a la fuerza de la inercia de los caciques digitales, que siempre nos asestan sus puntos de vista económicos, cuando en realidad se trata de desarrollar otros.

La potencia intelectual de los medios digitales sólo permite evaluaciones provisorias, y aquí también el juicio es muy ambiguo. Cada una de las maravillas que ofrecen los nuevos medios corresponde a una pérdida. Todo esto comienza con las usuales autodescripciones.”La comunicación es todo”, se dice, y en todas partes tropieza uno con explicaciones como “la sociedad de la información” o “la sociedad del conocimiento”, que por buenas razones dejan abierta la incógnita: ¿de qué se trata? ¿De conocimiento?, ¿de publicidad?, ¿de simples datos?, ¿de bla bla? Todos estos conceptos son muy débiles. Desde luego se puede afirmar que. de acuerdo a la teoría de Shannon, la información se puede definir como la entropía de una cantidad, que se realiza en sucesos con las probabilidades de P1 y Pn; pero esta definición. Dios sabe, no tiene nada que ver con aquello que buscamos.

La confusión de los datos más simples con la información racional produce extrañas quimeras. Un ejemplo inofensivo es el diccionario. Uno puede afirmar con buenas razones que los diccionarios mientras más nuevos son más ricos y menos manejables. Aquí, los conocimientos que ofrecen se reducen cada vez más a pequeñas columnas, hasta reducirlos a pequeños bits. En lugar del contexto aparece el link, que con un clik del ratón nos invita a una búsqueda interminable. Por el contrario, los antiguos diccionarios como, por ejemplo, la Encyclopedia Britannica de 1911, aparecen como obras milagrosas de una increíble fuerza explicativa. Uno encuentra en esa edición bajo las palabras electricity, song o anarchism ensayos largos y concisos, escritos por brillantes especialistas que están al día, pues responden a todas las preguntas. Los nuevos medios sólo ofrecen ruinas de datos y astillas.

Asimismo, la simple cantidad del material que aparece en la red es problemática, porque presupone que se trata de informaciones útiles (una intrépida afirmación ante el cúmulo increíble de chatarra electrónica). En efecto, es conocido el muy lamentable flujo de información; la mayoría de nosotros tenemos a disposición no muy pocos sino demasiados registros. La única defensa posible la ofrece una ecología del rechazo que debería aprenderse en la escuela primaria.

Los expertos de la red localizaron ya el problema y han desarrollado “buscadores” cada vez más complicados; existen ya tantos que se necesitan metabuscadores para encontrar el filtro adecuado. Sin embargo, nada cambia el hecho de que la evolución biológica nos armó con un aparato difícil de superar: el cerebro es como siempre el mejor de los buscadores.

El otro punto cardinal es el acceso ilimitado y universal a la red, sin duda una de sus grandes ventajas. Sin embargo, aquí mismo aparecen las graves desventajas. Internet ha liquidado para siempre la idea del “original”, que los antiguos medios habían dañado severamente. Ahora es difícil saber quien es el autor de un e-mail o de un mensaje web; pero con el autor desaparece también la autoridad. No sólo cualquiera puede publicar, cualquiera puede meterse teóricamente en el texto del otro, copiarlo, continuarlo, parafrasearlo, plagiarlo o falsificarlo. Los códigos y las limitaciones de acceso pueden superarse con los mismos métodos que les dieron vida.

La ilimitada capacidad de almacenamiento, otra de las ventajas de la red de computadoras, tiene también su lado sombrío. El tiempo vertiginoso de la renovación tiene como consecuencia que descienda el periodo de vida media de las máquinas de almacenamiento. Los archivos nacionales de Washington no pueden leer más las grabaciones electrónicas de los años sesenta y setenta. Los aparatos necesarios para esa tarea son una especie en extinción. Los especialistas —que podrían convertir esos datos a formatos actuales— son extravagantes y caros. Así, gran parte de ese material puede considerarse perdido. Los nuevos medios, al parecer, disponen sólo de una memoria de corto tiempo limitada técnicamente. Las implicaciones culturales de este hecho todavía no se han reconocido. Es probable que nosotros podamos cada vez más retenernos en la memoria cada vez menos.

Un poco de economía política

La lucha de clases ha visto mejores días. El capitalismo —digital o no— ha triunfado por un tiempo previsible. Los antiguos conflictos no se han paralizado, pero están mejor repartidos, como si precisamente los asalariados hubiesen hecho suyo el mandamiento neoliberal de privatizarse. Se puede hablar de una lucha de clases molecular, que ocurre en todos los lugares laterales y de poca importancia.

A esto se suma otra complicación. De un tiempo a esta parte los conflictos de distribución económica se han recubierto con nuevos mecanismos de exclusión cultural. Hasta ahora el capital de la cultura estaba repartido de modo análogo a la división económica de las clases. La burguesía dispuso de la alta cultura y de la educación y el conocimiento que aseguraba su dominio; la pequeña burguesía invirtió en la educación de sus hijos para mejorar su expectativa de ascenso; los trabajadores calificados se especializaron más para asegurar sus puestos de trabajo, y los no calificados debieron darse por satisfechos con el mínimo existencial en materia de cultura.

Esta distribución de acuerdo al fraccionamiento clasista pasó a mejor vida. Todo el mundo conoce al empresario analfabeta y al taxista con un doctorado. La formación educativa —o lo que uno pueda imaginarse bajo esta palabra— no se deriva de la estructura de los salarios o del nivel de vida. Se podría decir que en medio de la estratificación económica se han formado “las clases sociales de la información”, cuyas expectativas futuras no pueden reducirse a un denominador común. Además, el régimen dominante opera con un nuevo catálogo de virtudes, que pone fuera de combate a todos los códigos éticos anteriores. Ahora se premian cualidades y formas de conducta que antes eran considerados como sospechosos. La más importante de las virtudes cardinales es la flexibilidad, luego la capacidad de imponerse, la movilidad y la disposición de aprender de modo rápido y durante toda la vida. Quien no pueda pertenecer a este equipo, quedará fuera del juego.

La relación con las tecnologías mediáticas salta a la vista. De estas sugerencias se deduce —en forma hipotética— una nueva estructura sociológica. Uno no se atreve a hablar de análisis de clases, porque las fracciones que la componen son muy poco homogéneas. Asimismo, no se puede hablar tampoco de conciencia de clase en el antiguo sentido de la palabra. Se trata más bien de diferencias funcionales. Me ayudo con “tipificaciones” muy cercanas a las fábulas.

En este contexto, la situación es más o menos así. En la cúpula de las sociedades digitales se encuentran los camaleones. Se parecen a ese “tipo” de personas que David Riesmann describió hace décadas como “dirigidas desde afuera”, pero no se trata de personas adaptadas y pasivas, sino de dinámicos workaholics. Una de las condiciones de su éxito es la siguiente: no participan para nada en la producción material. Son agentes, corredores de bolsa, intermediarios, abogados, consultores, gente de los medios, animadores, managers de la ciencia, el dinero y la información. Su negocio no es el hard, sino el software.

Estas existencias encuentran su expresión más abstracta en los consorcios financieros, porque allí su producto es sólo virtual. Pero también en la industria de las computadoras, en la telecomunicación y en todos los ramos cercanos hace mucho que no cuentan los aparatos, sino el know-how. Científicos brillantes abandonan las universidades, se convierten en fundadores de empresas o transforman su conocimiento en patentes.

Todas estas actividades tienen algo en común: pertenecen a ese espacio que antes se llamó superestructura. Mientras tanto aquí se producen ganancias como nunca las soñó la industria tradicional. La clase ascendente de los camaleones ha desarrollado ya sus propios mecanismos de reclutamiento. Las personas más talentosas, las que reúnen las cualidades que se necesitan, no trabajan hoy en la política, ni en la docencia, sino se convierten en empresarios del software.

Los erizos son la segunda clase con excelentes posibilidades de sobrevivir. Lo que caracteriza a los erizos es su falta de flexibilidad: su patria es la casa de las instituciones que, hoy como ayer, ofrece refugio a los sedentarios. Me refiero a los funcionarios en los organismos locales, nacionales e internacionales, en las administraciones, los partidos, las asociaciones y sindicatos de todo género. Vale decir: la muy censurada burocracia ha demostrado hasta ahora ser resistente a todos los cambios de la sociedad del trabajo, porque la demanda de reglamentaciones asciende inevitable y con una creciente complejidad. No nos debemos preocupar por el futuro de este ejército de millones que se dedica a estas tareas.

Por el contrario, los puestos de trabajo de los otros individuos tienden a desaparecer. Uno los puede definir bajo el emblema del castor. Los sectores clásicos de la productividad se reducen ante la automatización, la racionalización y la emergencia de los territorios con salarios muy bajos. En la agricultura este proceso ha avanzado tanto, que el sector sólo puede sobrevivir gracias a las subvenciones.

La cuarta clase se puede definir como una infraclase, si el concepto no fuera demasiado global. No se le puede dar el nombre de ningún animal-tótem, por la sencilla razón de que la naturaleza no conoce géneros prescindibles. Se trata de individuos que no entran en el catálogo de las virtudes del capitalismo digital, y que desde esa perspectiva resultan prescindibles. En los países ricos constituyen una creciente parte de la población. A la escala mundial son, sin duda, la mayoría abrumadora.

Seguramente existe ese ejército de millones voluntarios que han tomado la decisión consciente de abandonar la presión del éxito de la sociedad de las ganancias. Sin embargo, ésta es una opción que sólo les resta a muy pocos. Presupone un estado de bienestar intocado y una sana conciencia de uno mismo. Seguramente existen los virtuosos entre los trepadores que encuentran su lugar entre las costuras y uniones del régimen capitalista, y sería ridículo medirlos con la vara de la moral del trabajo, que ya no sirve por la falta de puestos de trabajo.

Seguramente nadie envidia la suerte de los individuos prescindibles. La mayoría desempleados, habitantes de asilos, gente sin preparación profesional, mujeres que se educan a sí mismas —la lista sería inagotable—, que a veces se ganan la vida con trabajos de medio tiempo, clandestinos, mal pagados, o se lanzan a la prostitución y comienzan carreras criminales.

El capitalismo digital —para quedarnos con el término— sólo puede agudizar esas tendencias. Una gran parte de la población nunca puede cumplir sus demandas. No sólo por la barreras de acceso —no cualquiera llega a la Harvard Businnes School o al MIT—, sino por la distribución normal de curva de Gauss. En los países del llamado Tercer Mundo (¿dónde quedó el segundo?) no es posible la integración de las mayorías en la economía global.

Más acá de los medios

Ceci n’est pas une pipe. Rene Magritte, el teórico del conocimiento entre los pintores, se burló con su célebre cuadro de aquellos que confundían la imagen de una pipa con la pipa. No sirvió de mucho. Los evangelistas digitales no se cansan de afirmar que los nuevos medios abatieron la diferencia entre la realidad y la simulación: pero un grado tal de divorcio de la realidad sólo es posible en el seminario, en el laboratorio o en una película de ciencia ficción.

Si estas teorías de la simulación negativa gozan de gran aceptación es porque tienen razones sólidas y triviales. Los trabajadores de los medios sufren de una ceguera experta como en las otras profesiones. Aquí, en su caso, se expresa en una constante autorreferencia y en la incapacidad de ver el mundo exterior. La estima exagerada de su propio rol los lleva a confundir al mundo de los medios con la realidad. El autoengaño los disculpa por el carácter efímero de su producción y, al mismo tiempo, es inevitable para su propia autoestima.

Todo esto se puede ver en el periodismo clásico. Si el mejor de los periódicos se convierte a las veinticuatro horas en papel viejo, este cambio significa una herida narcisista que debe compensarse con la sensación de gran importancia. Las juntas de redacción se parecen a las juntas del gabinete, donde se discute sobre el futuro con solemnidad, como si de ellas dependiera el destino de la nación. Uno tiene muchas veces la impresión de que los periodistas en su trabajo no se preocupan para nada de los lectores. Se trata del juicio de la competencia, un grupo muy pequeño, del que depende su carrera.

El negocio publicitario padece también estas pérdidas de la realidad. Los llamados “creativos” quieren pasar por artistas, los escenógrafos ambicionan los premios de diseño.

Sin tener en cuenta la realidad, la gente de las agencias publicitarias fabrica un culto a la juventud que es absurdo, porque la pirámide de la edad y la fuerza de compra hablan idiomas distintos. De igual modo sucede en los otros medios. La consigna del l‘art pour l‘art encuentra aquí un eco tardío: le médium pour le médium.

Todos los trabajadores de los medios alimentan una ilusión: la creencia de que la gente les cree. Este error fatal los lleva también a una estimación exagerada de ellos mismos. Es cierto que alguna vez existió un público que creía lo que publicaban, pero esos tiempos pasaron. En este sentido, los espectadores, los lectores y los consumidores están conscientes sin remedio: ante los medios hay que poner entre parentésis la cuestión de la verdad.

Un escepticismo insuperable se desprende de todo esto. Así como cada lector del periódico Bild sabe que es un medio no de información, sino de diversión, y que si algo se informa esa noticia es inventada o irrelevante, sucede lo mismo con la mayoría de los programas televisivos. A primera vista, la publicidad es sinónimo de mentira.

A pesar de esta resistencia de los consumidores, la oferta de los medios se sigue aprovechando con insistencia y esto confunde la investigación de su historia. La oferta trabaja por lo general con métodos cuantitativos, y sus efectos no pueden captarse estadísticamente, ni se puede decir algo congruente.¿El consumo de pornografía lleva a más violaciones o sirve de válvula de escape a las pulsiones? ¿Las escenas de violencia en la televisión son responsables de la criminalidad juvenil o no? No debe sorprendernos que las respuestas de los investigadores sean tan contradictorias. Si la tesis de la simulación fuera verdadera nos podríamos ahorrar todas estas preguntas. El asesinato en la película policiaca o en en el video sería el mismo que el asesinato ante la puerta de la casa.

Aun si las iglesias se llegaran a vaciar y las casas de los campesinos se convirtieran en apartamentos de vacaciones, el mejor consejo sería dejar la iglesia en el pueblo. Los medios juegan un papel central en la existencia humana, su desarrollo vertiginoso lleva a transformaciones que nadie puede calcular. A los profetas de los medios —que nos venden el apocalipsis o la redención de todos los males— deberían desenmascararlos como los seres ridículos que son en verdad. La capacidad de distinguir entre la pipa del cuadro y la pipa está muy difundida. Quien confunde el cibersexo con el amor debe ir al manicomio. Hay que confiar en la inercia de nuestro cuerpo. El dolor de muelas no es virtual. Quien tiene hambre no se satisface con simulaciones. La propia muerte no es un suceso mediático. Sí, sí, hay una vida más acá de los medios: la única que tenemos.

 

Hans Magnus Enzesberger (Baviera, 1929).

Nota y traducción del alemán de José María Pérez Gay.

El alma del ombudsman

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PUERTO LIBRE

EL ALMA DEL OMBUDSMAN

POR ANGELES MASTRETTA

Llego a la última página del libro que Luis de la Barreda nos entregó con su alma, y siento, sin recato, que me alegra y enorgullece querer a este hombre, saberme cerca de sus ojos y sus estrellas. Contar con él es un privilegio y una fortuna de esas que la vida nos regala porque sí, cuando quiere bendecirnos.

Para agradecer semejante privilegio, no he podido sino unirme a la —de ninguna manera anónima— sociedad de elogios mutuos, misma que fundamos el día de nuestro primer encuentro, en la primera sede de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Empiezo aclarando el tamaño de mi proclividad por Luis, para que no se diga que me faltó advertírselas, y no haya quien se llame a engaño, ni quien opine, como mi abuela, que estoy invocando al diablo, porque según ella, el diablo con todo y trinche está presente siempre que uno enerva su vanidad o la de otros.

No es para engrandecer su vanidad, que está a prueba todos los días, como está a prueba la de cualquiera que con frecuencia recibe elogios por el modo en que hace su trabajo, pero tampoco para afianzar un afecto entrañable ya que quiero reconocer en el libro El alma del ombudsman un libro precioso. Un libro que a pesar de que me imaginaba que estaría bien escrito, con el cuidado, la corrección y las buenas maneras con que Luis escribe siempre, me deslumhró al mostrarme que en este hombre cuya pasión por la justicia, y la vida, cuyo gusto por las virtudes de otros seres humanos, cuya calidez y generosidad conocía yo plenamente, hay además no sólo un gran lector, sino un minucioso espectador y un escritor cabal. Un escritor, cuyos ojos, cuya voz, gozan de la perspicacia y la entrega que le son imprescindibles a todo escritor.

No sólo no abundan, sino que son muy pocos quienes resultan capaces de trabajar trasformando la realidad, lidiando con sus goznes y sus desfalcos, y al mismo tiempo son aptos para transmitir la luz y las sombras, que semejante experiencia deja en su índole. Luis de la Barreda, para nuestro gozo, es de esos.

No hay en México el hábito de las memorias. Quienes han hecho el país trabajando en la política, o en los negocios, las mujeres y los hombres públicos, casi nunca nos cuentan su experiencia, mucho menos lo hacen con la soltura, la sencillez, el aire claro, el don de ojos y lengua con que Luis lo hace en este libro. En este libro cuya cualidad principal, creo, es cualidad de los muy buenos libros: tras leerlo a uno le queda en el ánimo esa sensación de estar frente a algo irremediable: qué ardua puede ser la vida, se dice uno, y al mismo tiempo qué audaz, qué prodigiosa, que llena de sorpresas y alegría.

En este libro, el ombudsman, convertido en escritor, resulta tan bravío y prudente, tan apto para ver las cosas desde muchos lados, y para contarse y contar las cosas desde varios puntos de vista, como tiene que serlo al tomar decisiones y escuchar quejas en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Pero no sólo eso; en este libro, Luis de la Barreda tiene el valor de hablar de sí mismo, tantas veces como es necesario, sin temerse, ni temernos. Además, habla de los otros, como un escritor, según los ven sus afectos o sus fobias, siempre mucho más abundantes unos que otros.

Luis es un hombre que conoce y exhibe una cualidad vieja que a los políticos, por ejemplo, les gusta ocultar a veces y fingir otras, pero casi nunca ejercer. Se llama misericordia, y es una virtud que, no por antigua, abundó nunca y no por escasa resulta menos valiosa.

Semejante virtud se ejerce a diario en la Comisión y es como un deber de siete suelas en quienes ahí trabajan. Lo sé de cierto, porque he tenido la suerte de mirarlo. A lo largo de su libro, De la Barreda se enorgullece y elogia a sus colaboradores, y sé que lo hace con razón. Quienes gozamos de la alegría de pertenecer al Consejo de la Comisión, comprobamos cada mes al escuchar los informes, al discutir y conversar sobre los trabajos más importantes y las quejas o situaciones más cruciales, que hay en la Comisión un ejemplo de paciencia y generosidad con que nos sorprenden a diario quienes ahí trabajan.

He dicho alguna vez que hace tiempo llegué a la edad en que uno pasa de desconfiar de todas las instituciones, sin más, al afán imprescindible de dar con algunas en las que poner toda nuestra confianza. Porque no se puede vivir soñando con la devastación de un mundo horrible, sobre cuyos escombros sembraremos un futuro luminoso, sino asumiendo que es en este mundo que a veces nos agobia y a veces detestamos, donde hemos de construir a diario el presente audaz que alegre y enorgullezca nuestra vida.

Mientras leía en el libro de Luis la descripción minuciosa y al mismo tiempo ligera, inteligente, rápida, elaborada con rigor pero atractiva, de cada uno de los casos claves que ha tenido en sus manos la Comisión, y digo claves para nombrar de algún modo a los más memorables, no porque sean menos importantes los pequeños, los de diario, me alegró saber que sumados, cada uno de estos problemas resueltos le va cambiando la vida a la gente y va, poco a poco, pero sin tregua, luchando para hacer mejor nuestro mundo.

Sé que cuando nuestros nietos lean estas memorias sentirán deseos de atesorarlas, para reconocer en cada esfuerzo de antes, la sencillez y la naturalidad que habrán de tener ciertas cosas en su presente. Ahora mismo, ya me parece inaudito que algún día, aún cercano, la tortura fuera común entre nosotros, ya me parece raro que se haya pedido a las mujeres un comprobante de no gravidez para darles trabajo, o una prueba de sida a los trabajadores del transporte eléctrico en el Distrito Federal. Por eso no puedo sino rendirme a la evidencia, y hacer que aparezca el diablo. Cita el mismo Luis a nuestro querido y nunca demasiado citado Fernando Savater, cuando dice: “La verdadera hazaña de los héroes es despertar en quienes los admiran lo mejor de sí mismos (pues admiramos con lo que en nosotros mismos dormita de admirable)”. Así las cosas, es imposible callarse el elogio y no admirar a Luis y a quienes con él trabajan. Sé que a todos ellos les resulta natural el tamaño del esfuerzo con que han convertido a la Comisión en el recodo confiable al que tantos acuden como al agua. Consideran su deber el trabajo sin ambición de notoriedad, sin vanidades, eficaz, sencillo, arduo y muchas veces anónimo, que hacen cada mañana y hasta cada noche altísima, acompañando con sus desvelos las aflicciones de otros; el trabajo que dedican a buscar el respeto para la dignidad de todos los que habitamos esta ciudad desolada y loca, que tanto nos disgusta y tantísimo nos apasiona.

Como Luis, junto a Luis, he visto a quienes trabajan en la Comisión ir muchas veces más allá de lo justo y necesario, más allá de lo que sus funciones les reclaman o su ley les obliga. Por eso los admiro, los respeto, y le pido a la vida que sea buena con ellos. Buscar la justicia, la salud pública, la comprensión y la tolerancia, no es un trabajo fácil. Nunca lo ha sido. De eso también da fe este libro. Buscarlos sin empeño protagónico, sin pretensiones de liderazgo, sin más afán de reconocimiento que el imprescindible para su eficacia, no sólo no es fácil sino que resulta extraordinario.

En el libro de Luis hay un reconocimiento grande y generoso a quienes con él trabajan, a sus amigos; contagia la alegría de saber que existen, nos lleva a verlos vivir y a tener el privilegio de conocer y acompañar sus esfuerzos.

Sólo esto bastaría para hacer entrañable el testimonio de este libro. Sin embargo el largo ensayo de Luis, el vuelo que hace sobre su vida, tiene otras de las mejores virtudes de un buen libro.

Una vez más, corriendo el riesgo de convocar al trinche del diablo, hay que decir que el texto es inteligente y lleno de elocuencia. Desde esa elocuencia, el narrador nos invita a ser parte de lo que cuenta. Nos pide que lo acompañemos en su vuelo y consigue hacernos no sólo testigos, sino cómplices de un viaje a lo que ha sido su actuación pública como ombudsman y más aún, y aquí es donde aparece el escritor, con todo lo que de impúdicos y desaforados tenemos los escritores, nos lleva a la intensidad, los dilemas y las emociones de su experiencia privada.

No es verdad que las novelas están para contar cosas increíbles, parece decirnos este libro a cada tanto, las cosas increíbles nos las cuenta la vida. Y recontarlas, ponerlas juntas, es darles a otros un regalo inexorable y hermoso, como pocos.

De esos regalos es este libro fascinante, poblado de personajes valerosos, que nos convoca a devorarlo con entusiasmo y curiosidad. Este libro audaz en varios sentidos. Audaz, porque quien lo escribe se arriesga a escribir en primera persona, exponiéndose como testigo primordial de su historia. Audaz porque quien lo escribe busca con avidez, dentro de sí mismo, y nos regala las claves imprescindibles para entender quién es y qué lo mueve a actuar como actúa. El narrador, sin titubeos ni grandilocuencias, porque el libro hace uso constante del humor y la ironía, busca en su vida las cosas que le duelen, las que no comprende, las que no consigue inmutar, y nos las revela. Se las revela, en un intento, no vano, de resolverlas con nosotros.

Yo creo y me parece necesario repetirlo, que no hay buen libro sin sentido del humor, entendiendo por sentido del humor no la habilidad para hacer chistes, eso es fácil, sino la destreza para encontrar el modo de reírse con la vida y de la vida, tantas veces como nos sea posible, que ya con que sea corta tenemos suficiente desgracia.

El libro de Luis tiene varios momentos de implacable y generosa ironía. Tal vez sea gracias a eso, que a pesar de ser un libro que muchas veces cuenta cosas tristes no es un libro para satisfacer plañideras, ni para apoyar a quienes viven convocando el apocalipsis.

Por desgracia no todos los deberes, menos aún todos los derechos, llegan igual que la felicidad, como algo inevitable y cuando menos se les espera. A muchos es necesario buscarlos. Saber que en el mundo hay infamia y desdicha, no nos releva de la obligación cotidiana de intentar que las cosas cambien. Esta certeza, tal vez antes que ninguna otra, nos la transmite el libro del que les hablo. Este libro cuyo autor se alegra de compartir con nosotros su seguridad de que la vida es un tesoro y que sus horrores y errores tienen remedio.

Este libro que es una muestra afortunada de que hay en nuestro país personas que no sólo afirman que el mundo tiene remedio, sino que están decididas a buscárselo. El mundo, por más lleno de afrentas y pesares que lo encontremos, merece el diario afán de quienes creen que tiene remedio, de quienes imaginan, sueñan, afirman que tal remedio está en nosotros.

Ya se sabe que nacemos en un mundo injusto, en un mundo signado por la desigualdad y el abuso, en un mundo que a veces parece no tener remedio, sin embargo hay que entregarse al dichoso deber de actuar, a diario, con la certeza de que vale la pena y hay júbilo en el privilegio de estar vivos. Estas verdades y otras fantasías nos propone en cada página el libro que hoy nos reúne, un libro que es como su autor, valiente, ingenioso, sutil, solidario, tenaz, honrado.

Por todo esto, y a pesar de que pende sobre nuestras cabezas el trinche y la amenaza de que los elogios pervierten, me alegra y me conmueve estar hoy aquí, con ustedes, con Luis de la Barreda y hasta con el pendenciero y encaminador demonio que me ha conducido a elogiarlo sin rubor y como se lo merece.  n

Angeles Mastretta. Escritora. Su último libro es Ninguna eternidad como la mía. Este texto fue leído en la presentación del libro El alma del ombudsman de Luis de la Barreda (Editorial Aguilar. 1999).

Barba contra cabellera

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CARACOL

BARBA CONTRA CABELLERA

POR CINNA LOMNITZ

El conflicto en la UNAM ha demostrado que el hambre es mala consejera. Desde que un conocido dirigente estudiantil adquirió la costumbre de cenar en uno de los restaurantes más refinados de la Ciudad de México se le empezó a notar mucho más sosegado…

Ocurrió lo que tenía que ocurrir. La huelga perdió su rumbo y la universidad fue intervenida por la fuerza pública. No fue tanto por el desgaste del movimiento estudiantil: no se desgasta lo que avanza sino lo que permanece inmóvil. La huelga de la UNAM se paralizó desde dentro y se transformó en una caricatura del movimiento. Ya no había inspiración.

Sun Tsé, a quien los huelguistas debían conocer por ser el clásico de cabecera de Mao, advierte que “el buen estratega cultiva una actitud justa y observa la ley, por eso es invencible”. Los estudiantes se habían apartado de un camino de justicia y comenzaron a tratar con brutalidad a sus compañeros más sensatos, que dudaban de una visión excesivamente rígida del conflicto. A través de un plebiscito, el rector logró arrebatarles la ventaja moral que tanto trabajo les había costado establecer.

La pérdida más sensible fue la del sentido del humor. Yo no compartí las lamentaciones de muchos colegas acerca de las irrecuperables consecuencias de la huelga, quizá porque estaba convencido de que a la UNAM le hacía falta un buen remezón. Lástima que los reclamos de los huelguistas estuvieran tan fuera de foco. La gratuidad de la educación pública era un falso dilema, indigno de un estudiantado bien informado. La universidad es un servicio caro en México, en Cuba o en China. Nuestros ultras ingenuos le hacían el juego a la clase adinerada de nuestro país, lo cual era divertido porque jamás los empresarios habían tenido grandes deseos de compartir el costo de la educación pública. Que paguen los pobres con sus impuestos, parecían decir con su actitud y el CGH estuvo de acuerdo.

El pueblo mexicano, que conoce por instinto a quienes están de su lado, se abstuvo de apoyar a los huelguistas. ¡Qué diferencia con el movimiento de 1968! Ahora se dice que la UNAM tiene que restañar sus heridas. Tiene que renacer. Pero las universidades no renacen ni mueren. Son instituciones longevas y refractarias al cambio. Sus controversias y diferencias de opinión contribuyen a su vitalidad. Cambridge y Oxford persisten como reliquias de la Inglaterra de la Carta Magna, y la Universidad de México es hija predilecta de Felipe II, quien le concediera “los privilegios e franquezas e libertades que así tiene el estudio e universidad de la ciudad de Salamanca, con las limitaciones de que fuésemos servidos”. Gómez Farías la clausuró, Comonfort  y Maximiliano la suprimieron, Justo Sierra la refundo, Vasconcelos transformó su lema, Calles le concedió la autonomía pero nunca la universidad ha cambiado en lo esencial.

La huelga de la UNAM sirvió para demostrar que en México no existe el potencial para crear y sostener una universidad de masas sobre el modelo de Salamanca, o ningún otro. ¿De dónde sacaríamos los recursos humanos o la voluntad política para educar decentemente a 250,000 estudiantes? Se necesita ser más radical que los ultras para analizar a profundidad los problemas de la educación superior en México, y ningún Congreso Universitario lo puede hacer.

Ahora, pensándolo bien, creo que una buena universidad pública de investigación, que ahora no tenemos, podría ser factible y realizable. Estoy pensando en una institución de unos mil estudiantes de licenciatura y otros tantos de posgrado, como en mi alma máter, el Caltech, hoy considerado como la mejor universidad de Estados Unidos. Por cierto, nunca pagué colegiatura en esa universidad, y eso que no era ciudadano de aquel país. Yo sé que alguien la pagó: el disfrutar de una beca no formaba parte de mis derechos humanos. Tampoco voy a pretender que me la gané a pulso, pero sí concursé y fui seleccionado, como un futbolista cualquiera. Nadie me preguntó con qué recursos económicos contaba. Hoy, para que otros puedan disfrutar de las excelentes facilidades educativas que yo aproveché en su momento, envío mi contribución anual voluntaria a la Sociedad de Egresados de esa universidad.

¿Por qué no hacer lo mismo? ¿Acaso el nuestro es menos país que el de los demás? En México también podemos contar con una educación superior pública de alta calidad, accesible a todos los jóvenes de talento. ¿Será mucho pedir?

La giganta

La doctora Martha Krebs, directora de investigación de la Secretaría de Energía en Washington desde julio de 1993, se despidió de su cargo para aspirar a una carrera académica. Esta estupenda investigadora se había doctorado en física teórica en la Universidad Católica de Washington en 1966, e ingresó al subcomité de energéticos del Congreso ese mismo año en calidad de jefa de asesores. Luego fue directora de planeación y desarrollo, durante diez años, en el laboratorio nuclear nacional de Lawrence en Berkeley. Uno de sus logros fue conseguir el apoyo del Congreso para la Fuente Luminosa Avanzada en Berkeley.

Su jefe, el doctor David Shirley, describió su talento como “espectacular” cuando la Casa Blanca andaba buscando una mujer que pudiera dirigir las investigaciones en la Secretaría de Energía. El veterano Glenn Seaborg. quien dirigiera la comisión de Energía Atómica durante muchos años, escribió al vicepresidente Gore afirmando que “Martha conoce el contexto cambiante de los programas científicos y la importancia que posee su contribución a la sociedad”.

La secretaría de Energía de Estados Unidos maneja importantes facilidades de investigación nuclear básica, con un presupuesto anual de tres mil millones de dólares. Martha Krebs la transformó en el principal apoyo económico para las ciencias físicas en el mundo. Grandes laboratorios nacionales, tales como Brookhaven, Oak Ridge y Los Alamos, pertenecen a la Secretaría. (¿Hace cuánto tiempo que no se inaugura un laboratorio nacional o una universidad pública en nuestro país?). La doctora Krebs logró entregar a tiempo el Inyector Principal del Fermilab, la “B-Factory” en el Acelerador Lineal de Stanford, el Colisionador Relativista de Iones Pesados en Brookhaven (cuyo costo fue de setecientos millones de dólares) y el Laboratorio de Ciencias Moleculares Ambientales en el Laboratorio Internacional del Noroeste, y participó de forma prominente en la construcción del Colisionador Hadrónico para los laboratorios internacionales CERN en Suiza, además de otros proyectos importantes.

La doctora Krebs batió todos los records de permanencia en el cargo. Sirvió a tres secretarios: Hazel O’Leary, Federico Peña y Bill Richardson; pero dijo que la enorgullecía más haber financiado las investigaciones de una docena de premios Nobel. Tiene un carácter de acero y una persistencia que le mereció el respeto de los 16,000 científicos que laboran en las instituciones dependientes de la Secretaría. Cuando el Congreso rechazó su proyecto para una fuente avanzada de neutrones, por considerarlo excesivamente caro, regresó con otro proyecto más avanzado aún (la Spallation Neutrón Source, para el Laboratorio Nacional de Oak Ridge) que finalmente convenció y fue aprobado pese a su costo de mil trescientos millones de dólares. Dicho proyecto está siendo diseñado y construido como una colaboración entre científicos de los laboratorios nacionales de Argonne, Brookhaven, Lawrence Berkeley, Los Alamos y Oak Ridge.

Hasta esta fecha, la doctora aún no ha aceptado ningún nuevo cargo. Sugiero encarecidamente a las autoridades competentes mexicanas iniciar conversaciones con esta extraordinaria mujer para proponerle hacerse cargo del sistema de ciencia y tecnología de nuestro país.

James Bond y la ciencia

El director de la CIA, George J. Tenet, a quien yo suponía plenamente ocupado en apoyar la huelga de la UNAM, apareció en público para anunciar que están colaborando en la formación de una empresa tecnológica privada en Silicon Valley. La “compañía”, como los entendidos llaman a esa egregia organización, participará en financiar a dicha empresa con 28.5 millones de dólares de capital inicial. El objetivo es crear nuevas tecnologías similares a las que se han visto en las películas de James Bond.

Según la CIA, se han quedado lastimosamente rezagados en comparación a lo que ha logrado la imaginación de los cineastas. El problema es similar al que enfrenta México: escasez de cerebros creativos. “No podemos competir en el mercado de cerebros con empresas tales como Intel y Microsoft”, se quejó el director adjunto de ciencia y tecnología, Gary Smith.

Es interesante observar que la nueva empresa no tendrá nada de secreto. No habrá seudónimos como “Mister Q” para los técnicos que inventen las ametralladoras-paraguas o las cámaras estilográficas del futuro. Todo será del dominio público, y además el gerente de la nueva empresa, Gilman Louie, espera comercializar sus productos en el mercado. Dice que a la CIA no le importará, ya que de todas maneras no tendrá control sobre las operaciones de la empresa. Según él, “todo lo que se inventa cae en otras manos tarde o temprano”, de modo que es ilusorio pensar en una exclusividad para manejar los productos de la inteligencia.

Gilman Louie es el conocido inventor de un simulador de vuelo de juguete, que ha tenido un éxito comercial importante. Su puesto anterior fue como “director de creatividad” de la empresa de juguetes Hasbro Inc. Pero no está jugando.  n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

El camaleón eterno

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DAVID BOWIE THE BEST OF DAVID BOWIE EMI

Justo ahora que se habla de los nuevos tiempos que corren, aparece esta destacable compilación de una de las figuras básicas de la escena musical contemporánea, como para poner las cosas en su lugar. Con más de 53 años a cuestas precedidos, entre otros momentos extraordinarios, por una infancia con saxofón, un accidente automovilístico y hasta breves incursiones en la magia negra, David Bowie sigue siendo una piedra angular del rock. Una curiosa estadística del mundillo artístico establece que, junto con John Lennon, el camaleón inglés es de los autores más fotografiados en la historia y, musicalmente hablando, de los pocos capaces de reinventarse producción tras producción. Justo es eso lo que capta este volumen (segundo de una serie lanzada a nivel mundial): el transitar de Bowie del Ziggy Stardust al clásico Young Americans, el paso del maquillaje excesivo a la andrógina neutralidad, el cambio del heatnik inglés al músico sin edad al que, justo ahora que circula ya su más reciente trabajo Hours, conviene revisitar para ubicar el momento justo en el que surgió la música del siglo XXI.

—Eduardo Limón

Heavy England

CIUDAD DE LIBROS

HEAVY ENGLAND

MARTIN AMIS: MAR GRUESA ANAGRAMA. BARCELONA, 1999 232 PP.

Pocos escritores viven el mundo contemporáneo con tanta irreverencia como Martin Amis. No hay producto literario, sexual o ideológico que esté a salvo de su talento para ironizar, discutir y, en el mejor de los casos, activar nuestro sabio desdén por los lugares comunes. Un lector maniatado por lo políticamente correcto puede encontrarlo demasiado procaz e incluso mandarlo a otra parte. El gusto por sus libros nace cuando aceptamos que un buen escritor no está obligado a tener buenos modales.

Los nueve relatos de Mar gruesa, escritos y publicados en suplementos y revistas entre 1976 y 1997, dan cuenta de un mundo Amis. patas arriba, un mundo en donde los heterosexuales exhiben su maltrecha singularidad, donde los amantes felices llevan la cuenta de las mujeres que pueblan sus fantasías onanistas, y en donde “gente que va a la ópera”, la civilización misma, se las arregla muy bien para romperle la cara a dos gorilones de historieta. Los deseos y las conductas obedecen a leyes tan alrevesadas que en Londres el idioma inglés se habla y se escucha de milagro. Es más, la existencia misma de Inglaterra parece un milagro.

Quién sabe por qué, pero cada nuevo libro de Martin Amis supera al anterior. No importa el asunto, ni siquiera el género. A fin de cuentas, siempre responde con mayor presteza. Y lo que resulta mejor: no se parece en nada a lo que otros ya nos acostumbraron a leer todos los días.

—Isaac Martínez

Educación: A la mitad del camino

EDUCACIÓN: A LA MITAD DEL CAMINO

CIDAC

La modernización económica y la reforma de las instituciones políticas y sociales son impensables de manera total sin un proyecto educativo concebido como factor central de una mayor igualdad de oportunidades entre los individuos y de un mayor bienestar social. Este artículo elabora un balance de las relaciones entre educación impartida por el Estado y desarrollo económico en México, casi siempre sometidas a los caprichos de la inefectividad e ineficiencia.

La educación universal suele considerarse como un derecho humano fundamental. Sólo mediante ella puede el individuo desarrollarse plenamente y acceder a las vertientes de la cultura, a Este texto está elaborado a partir de dos trabajos realizados por C. Jones y G. Trejo, ambos investigadores del Centro de Investigación para el Desarrollo A. C. Los trabajos son G. Trejo y C. Jones: “La política social bajo el nuevo modelo económico” en S. Kaufman Purcell y L. Rubio (coords.): México en el umbral del nuevo siglo: Entre la crisis y el cambio. Miguel Angel Porrúa, 1999, pp. 103-151; y CIDAC: Educación para una economía competitiva: Hacia una estrategia de reforma, Diana, 1992. la activa participación social y ciudadana, y a la inserción remunerada en el aparato productivo. En ese sentido, la educación constituye el factor central de una mayor igualdad de oportunidades entre los individuos y de un mayor bienestar para las sociedades. De ahí que la educación sea uno de los grandes proyectos de las sociedades modernas y que los gobiernos del mundo entero hayan terminado por plantearse la función educativa como uno de sus compromisos fundamentales. En México, sin embargo, el cumplimiento de ese compromiso arroja un balance crítico e insatisfactorio.

Como parte de un todo social, la educación y la economía son procesos interdependientes, que se complementan y nutren el uno del otro. En la literatura sobre economía de la educación, la relación teórica entre educación y crecimiento económico se dibuja a partir de las causas del crecimiento mismo. Según las primeras teorías del crecimiento económico, éste se encuentra sustentado en los aumentos de capital y del factor trabajo en los procesos productivos, pero sobre todo en los incrementos en la productividad de estos insumos. Ahora bien, para que cada uno de estos factores aumente su rendimiento productivo —sin que el factor mismo tenga, necesariamente, que incrementarse en términos absolutos— es necesario introducir el cambio tecnológico. Es decir que el progreso tecnológico constituye el factor fundamental para incrementar la productividad y sostener el crecimiento económico.

El cambio tecnológico que aumenta la productividad de los insumos no sólo está constituido por las innovaciones, sino que suele conformarse en gran medida por aumentos en la calidad de la mano de obra. Este punto contribuye con dos explicaciones complementarias del crecimiento económico: por un lado, una mayor calidad de la mano de obra constituye un elemento que eleva directamente la productividad del factor trabajo; por otro, constituye una condición necesaria para aprovechar las innovaciones tecnológicas, y aumenta así, de manera indirecta, la productividad del factor capital. Es justamente en estos términos que la educación —junto con otros elementos del bienestar individual como la salud, la nutrición, las condiciones de vivienda, etc.— constituye un factor explicativo del crecimiento económico.

Diversos estudios realizados a partir de los años sesenta sobre la base del argumento hasta aquí delineado permitieron concluir que la rentabilidad del dinero invertido en recursos humanos es tan o más alta que la rentabilidad del capital físico. De donde se deriva que la educación no debe, esencialmente, ser considerada una actividad de consumo sino una inversión con tasas potenciales de retorno al menos tan altas como las del capital físico.1 Trabajos empíricos posteriores muestran que, salvo en el caso de Estados Unidos, parece existir una relación inversa entre producto per cápita y educación, es decir que entre menor sea el nivel de desarrollo económico del país, mayor será la contribución de la educación al crecimiento económico. Esto indica que no todas las economías se benefician de la misma manera de la educación, fenómeno que obedece principalmente a factores de escasez relativa. Pero, en adición, es un hecho que no todos los niveles de estudio contribuyen a incrementar la productividad de la misma forma. Como puede observarse en el siguiente cuadro, elaborado a partir de los trabajos sobre rentabilidad educativa de G. Psacharopolous y T. Schultz, la educación primaria contribuye al crecimiento económico más que ningún otro nivel educativo.

Las cifras sobre rentabilidad social muestran que la educación es una externalidad positiva, aun cuando es innegable que la rentabilidad individual de todos los grados educativos, y especialmente del superior, es mayor que la rentabilidad social. En todo caso, esto deja claro que la educación no sólo tiene un impacto sobre el crecimiento sino también sobre la distribución del ingreso en una economía y, en consecuencia, sobre los niveles de pobreza. Ello en la medida en que la educación del individuo aumenta su productividad y, en ausencia de distorsiones en el mercado laboral, le permite acceder a trabajos mejor remunerados.

Los siguientes son algunos resultados de estudios empíricos sobre la relación del factor educación con diversos aspectos del crecimiento y el desarrollo. En cuanto a la determinación del nivel de ingresos, en un estudio de diez países —desarrollados y subdesarrollados— Fields encontró que la educación resultó ser el factor más significativo para explicar el nivel de ingresos de la población. En referencia a la distribución del ingreso, Leipziger y Lewis encontraron, en una muestra de 19 países en desarrollo, una correlación negativa y significativa entre el coeficiente de Gini y la alfabetización, lo mismo que entre el Gini y la educación primaria. En otro estudio similar, con datos de países desarrollados y en desarrollo, Psacharopoulos demostró que la distribución educativa explica 23% del coeficiente de Gini. es decir que explica casi una cuarta parte de la desigualdad en una economía. Sobre pobreza, finalmente, pese a que son menos los estudios que se han hecho, todos son concluyentes en cuanto a la correlación negativa y significativa que existe entre educación y pobreza, es decir que conforme aumenta la educación disminuye el índice de pobreza.2

El caso mexicano

En el estudio anteriormente citado de Psacharopoulos sobre la contribución de la educación al crecimiento económico se concluye que en México la educación explica tan sólo 0.8% del crecimiento económico del país entre los años cincuenta y los sesenta. El dato es alarmante dado que se refiere a la etapa de mayor expansión de la matrícula de educación básica que ha experimentado el país, y dado que coincide con el periodo conocido como el “milagro mexicano” en el cual la economía promedió tasas de crecimiento de 6% al año. Adicionalmente, la revisión del coeficiente de Gini para esos años indica que la distribución del ingreso no cambió, e incluso empeoró en años subsecuentes, pese a que la educación alcanzó una mayor cobertura. Hacia 1984, con una cobertura ya cercana a 98% de la demanda por educación primaria, el coeficiente de desigualdad se mantenía a un nivel similar al de 1950, cuando sólo se atendía a la mitad de los demandantes de educación.

¿Qué es lo que ha hecho que la enorme cobertura en educación básica no haya tenido el menor impacto en las variables económicas en México? Fundamentalmente, la educación impartida por el Estado ha carecido de relevancia, efectividad y eficiencia. Relevancia en términos de la correspondencia entre los resultados del proceso educativo y sus objetivos. Efectividad en cuanto a la capacidad del sistema educativo para cumplir con los objetivos de la educación según los objetivos que cada grado escolar se propone. Y eficiencia en el sentido de la capacidad del sistema educativo en general, y de las escuelas en particular, para elevar el rendimiento académico de los alumnos con un mínimo de recursos físicos y humanos. La evaluación histórica del sistema educativo mexicano en los tres rubros es insatisfactoria. Algunas de las razones se refieren a la limitación original de recursos del Estado mexicano para atender esta tarea, pero quizás incluso más determinantes han resultado los intereses creados en torno a la estructura de la política educativa.

El desarrollo del sistema educativo mexicano se fincó en torno a dos instituciones: la Secretaría de Educación Pública (SEP), fundada en 1921, y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), creado a principios de los años cuarenta como una organización nacional que unificaría al magisterio entonces ideológicamente dividido y regionalmente fragmentado. Con el propósito de facilitar el diseño y la instrumentación de la política educativa, el SNTE se construyó en buena medida a imagen y semejanza de la SEP. El sindicato pronto ganó posiciones de poder dentro de la Secretaría y con el tiempo se fue apoderando de la operación de las escuelas. Ya para los años sesenta todas las decisiones de carácter educativo —desde el diseño y la planeación de los servicios educativos hasta la enseñanza y la evaluación— eran responsabilidad conjunta de la SEP y del SNTE. Dos décadas más tarde, en los años ochenta, la SEP se había convertido ya en la burocracia federal más numerosa en el país, y el SNTE en el sindicato más grande de América Latina.

Para los años noventa y a pesar de las reformas introducidas en 1992 el sistema educativo mexicano enfrenta aún enormes problemas: la cobertura de necesidades educativas varía de manera significativa entre regiones pobres y ricas; el aprovechamiento escolar promedio de los estudiantes es muy bajo; los maestros están mal capacitados; las escuelas se encuentran bajo el control corporativo y clientelar del SNTE; y tanto la Ley General de Educación como el sindicato de maestros tienden a desalentar la participación de los padres en el proceso educativo. Con un presupuesto cercano a 5% del PIB en 1994, el sistema educativo mexicano logró cubrir 68% de la demanda de educación preescolar, 92% de las necesidades de educación primaria, y 82% de la secundaria. Sin embargo, una de cada cinco escuelas cuenta tan sólo con un maestro y una de cada cinco escuelas no ofrece los seis grados de educación primaria. El acceso a la educación básica en el país es muy desigual: si bien la demanda de educación primaria se satisface por completo en la ciudad de México y en los estados de Baja California y Nuevo León, en las zonas rurales e indígenas del sur y el sureste las necesidades educativas sólo se cubren parcialmente.

Peor aún, el aprovechamiento escolar promedio de los estudiantes mexicanos es muy bajo. De acuerdo con datos oficiales, en el año académico de 1990-1991 la eficiencia terminal en el ciclo escolar básico fue de 50% y, conforme a pruebas estandarizadas, sólo 16% de los egresados de primaria lograron satisfacer los requisitos académicos mínimos del programa de estudios. El rendimiento escolar también varía entre regiones: mientras que la ciudad de México, Baja California y Nuevo Léon presentan los niveles más altos de eficiencia terminal y las calificaciones más altas en el país, los estados rurales del sur y sureste se encuentran muy por debajo del promedio nacional.

El bajo rendimiento educativo se debe principalmente a tres factores: la desnutrición de un número significativo de los estudiantes; una preparación deficiente de padres y maestros; y la estructura autoritaria de las escuelas. En lo que respecta al alumnado, conforme a cálculos del sector privado, 30% de los niños mexicanos de menos de cinco años están desnutridos. Los estados con los niveles más altos de desnutrición infantil son Chiapas, Guerrero y Oaxaca. En las zonas rurales de esos estados, la mitad de los padres de familia con niños menores de cinco años es analfabeta. En lo que concierne a la formación de los maestros, una prueba muestral estandarizada aplicada a maestros egresados de las normales del país en 1989 reveló un magisterio con una calificación promedio de 4.6 sobre 10. Un magisterio con una preparación deficiente y con salarios raquíticos difícilmente podrá ayudar a niños desnutridos y a padres con poca preparación.

Estos problemas del cuerpo docente y estudiantil se magnifican por la estructura autoritaria de las escuelas primarias mexicanas. Por decenios, la escuela ha sido el coto de poder del SNTE: el sindicato controla los nombramientos de inspectores, directores y maestros. La evaluación y promoción de los maestros depende de los directores y el destino de éstos, a su vez, está en manos de los inspectores. La cadena de relaciones clientelares que va del sindicato hasta la escuela, pasando por inspectores y directores ha tenido efectos perversos sobre el proceso de ense- ñanza-aprendizaje: en respuesta a demandas sindicales, por ejemplo, los maestros de primaria invierten casi la mitad del día escolar en tareas administrativas.

Apenas sorprende, pues, que la reforma del sistema educativo haya sido una prioridad para sucesivas administraciones a partir de los años setenta. Los primeros intentos por descentralizar la educación básica se gestaron en el sexenio de Echeverría y desde entonces el SNTE había dado la lucha por obstaculizar la descentralización del sistema. No fue sino hasta 1992 cuando Carlos Salinas logró finalmente impulsar la descentralización de la educación básica. La reforma educativa de 1992 fue una respuesta ante la creciente incapacidad del SNTE para controlar a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE),que en 1991 amenazaba con reavivar las movilizaciones populares que Salinas había cooptado mediante el Programa Nacional de Solidaridad. La reforma interna del SNTE facilitó la negociación de una amplia reforma educativa que incluyó los siguientes cambios:

1.   El gobierno federal transfirió la administración de la educación básica y de las normales a los gobiernos estatales.

2. La SEP experimentó una enorme transformación organizativa y sus funciones se limitaron a actividades de coordinación y compensación.

3. El programa de estudios de primaria se modificó sustancialmente.

4.   Se propuso la creación de un nuevo sistema de evaluación y capacitación de maestros, además de mecanismos merito- cráticos de promoción.

5.   Se propuso la creación de comités de participación social a nivel nacional, estatal y municipal, con el fin de que los padres de familia y la sociedad en su conjunto supervisaran el proceso de la reforma educativa.

Durante el gobierno de Salinas se cumplieron cabalmente los dos primeros objetivos y el tercero se satisfizo parcialmente, pero los dos últimos nunca se tocaron. El objetivo central de la política educativa de Ernesto Zedillo ha sido la continuación del proceso de descentralización y fortalecimiento del sector educativo. En septiembre de 1996, a cuatro años de haberse iniciado la reforma, el gobierno de Zedillo estableció un nuevo sistema de evaluación y capacitación. El carácter meritocrático del nuevo sistema, sin embargo, ha tenido alcances limitados debido a varios factores: el SNTE conserva un papel sustantivo en el proceso de evaluación; los comités de participación social contemplados en la reforma de 1992 parecen no haber trascendido todavía el papel; y, además del SNTE, el gobierno federal y la mayor parte de los gobiernos estatales parecen estar decididos a mantener cerradas las aulas a la participación de los padres de familia.

La aplicación lenta y parcial de la reforma educativa de 1992 pone de relieve los límites que enfrenta una reforma comprensiva del sector social en México. Para dotar de eficiencia y eficacia al sistema educativo mexicano es indispensable fomentar que los ámbitos estatales y locales se ocupen más directamente de la educación de sus poblaciones y que se responsabilicen del uso eficiente de los recursos. A las instancias federales les corresponde vigilar y evaluar el predominio de criterios académicos en la administración y organización de los servicios escolares. No todos los estados ni todos los municipios están igualmente capacitados para tomar en sus manos la administración educativa (no sólo por falta de capacidades técnicas sino también por las distintas estructuras de intereses locales); de ahí la necesidad de que la reforma continúe avanzando de manera incrementa! y con una lógica selectiva.

El resultado de largo plazo de la reforma educativa dependerá, en buena medida, de las dinámicas políticas locales en los estados: del grado de competitividad electoral; del compromiso que los gobernadores tengan con la educación básica; del poder relativo de negociación de las secciones del SNTE y de los sindicatos locales que han surgido en algunos estados; y, finalmente, de la capacidad de los padres de familia para organizarse y vigilar el proceso educativo de sus hijos. Aquí y ahora, sin embargo, el éxito de la reforma dependerá de la capacidad del gobierno federal para instrumentar la reforma educativa en su totalidad. Las cadenas clientelares de control laboral que condicionan el proceso de enseñanza-aprendizaje no se romperán a menos que se establezcan mecanismos meritocráticos de promoción vinculados a mecanismos transparentes para la evaluación y capacitación del magisterio. De igual manera, en la medida que la participación de los padres de familia en el proceso educativo formalmente prohibida, el sistema educativo mexicano estará privado de uno de los insumos más valiosos en el proceso educativo

Ciertamente, la cuestión educativa presenta la dificultad de un sector con varios niveles, cada uno con problemas y disyuntivas propias. Sin embargo, es evidente que el primer eslabón a resolver en términos de la responsabilidad del Estado con la sociedad está en la educación básica: no sólo porque se trata del nivel educativo de mayor rentabilidad social, sino porque constituye la base para las perspectivas del progreso autónomo de cada individuo. En términos generales, debe mantenerse la noción clara de que el proyecto de modernización económica y su complemento indispensable —la reforma de las instituciones políticas y sociales— hacen de la educación un objetivo de interés estratégico para la transformación estructural que México enfrenta hoy. Sólo una educación que fomente las habilidades analíticas y creativas servirá de base para una participación crítica y reflexiva de la ciudadanía en los asuntos públicos, en la política en general, y en la esfera económica. La reforma educativa está aún a mitad de camino.  n

1. Estas conclusiones provienen de los siguientes dos estudios pioneros: E.F. Denison: “Sources of Economic Growth in the United States and the Alternatives Before Us”, en Supplementary Paper número 13. Committee for Economic Development, Nueva York, 1962; y T. Schultz: Economic Value of Education. Columbia University Press, Nueva York, 1963.

2. Los trabajos citados son G.S. Fields: “Poverty. Inequality and Development”, citado en Jandhyala B.G. Tilak: Education and Its Relation to Economic Growth. Poverty, and Income Distribution, The World Bank, (World Bank Discussion Paper, num. 46),Washington D.C.. 1990; D.M. Leipziger y M. Lewis: “Social Indicators, Growth and Distribution”, citado en Jandhyala B.G. Tilak: Op. cit., 1990: y G. Psacharopoulos: “Unequal Access to Education and Income Distribution”, Ibidem.

Más allá de Gloria Trevi

LOS EDITORES

JUSTICIA, MEDIOS Y MORAL

MÁS ALLÁ DE GLORIA TREVI

Pronto, muy pronto, la detención de Gloria Trevi, Mary Boquitas y Sergio Andrade abandonó el ambiente frivolo de la página de espectáculos y se instaló sin coartadas en un más allá que nada tiene que ver con el chisme de “artistas” y las planas adictas a la farándula. El caso del llamado Clan Trevi abrió otros expedientes, que no pertenecen al mundo del espectáculo: la justicia, los medios de comunicación y la moral.

Para empezar, ¿qué estado guardan los delitos en nuestra legislación y cómo deben juzgarse? Un asunto pendiente de nuestra transición política es la reforma de la ley y los institutos de procuración de la justicia. Mientras no se reformen las prácticas legales y, desde un espectro más amplio, la misma legislación penal, cada caso judicial.

“escandaloso” suscitará una oleada de sospechas, especulaciones y ambigüedades que opaquen la información y confundan el sentido legal de la justicia. ¿Nuestro Código Penal vive al día? ¿Las penas que impone corresponden en realidad a la magnitud de los delitos? ¿Hace falta revisarlo, discutirlo y, en su caso, modificarlo?

Los medios de comunicación son responsables del segundo expediente. Ya no suena a novedad que pretendan ocupar el lugar y hacerse cargo de las atribuciones de los tribunales. Su cobertura en el caso Trevi, como en muchos otros, ha hecho evidente una de sus proclividades más desmedidas: el ánimo de moralizar y predicar normas de comportamiento. Los medios tienen y han tenido tantas ganas de juzgar y condenar a sus presuntos culpables que se han olvidado de su tarea principal: informar, informar, informar. Los hechos quedan en segundo plano, la noticia por sí misma cede su lugar al linchamiento. Que las instancias de procuración de justicia hagan su trabajo: procurar justicia. Que los medios hagan su trabajo: informar. Los delitos deben perseguirse y juzgarse. En los hechos noticiosos falta atenerse a la objetividad.

A la moral le corresponde el tercer expediente. A propósito de los puritanos que deploran a cada momento la decadencia moral de sus contemporáneos y responden con estruendo a lo que consideran un relajamiento de las costumbres, Fernando Savater, el ensayista y filósofo español, escribió: “El auténtico imperativo ético, es decir, la opción libre por la virtud y la excelencia, no sirve nunca para juzgar a nadie ni tiene nada que ver con el comportamiento externo del vecino (…). La moral es una aventura personal, individual e irrepetible, no un instrumento teórico ni penal para interpretar lo que los hombres hacen en este mundo”.

La sociedad mexicana es un mosaico plural de valores morales y no es deseable que los medios, a falta de una justicia clara y eficiente, quieran erigirse como criterio y modelo de una supuesta moral pública para dirimir conflictos de valores, menos aún expedientes judiciales. La sociedad mexicana ya aprendió a valorar la diversidad política. ¿No es tiempo de reivindicar también la diversidad ética, tomando en cuenta que la ley es la instancia que debe normar las relaciones individuales, sociales y políticas?

Otro pendiente en nuestra agenda de reformas democráticas consiste en reconocer que en ese nuevo escenario de pluralismo moral no hay ni puede haber una moral social que ordene la vida privada. Falta discutir las fronteras entre vida pública y vida privada. El orden social no se rige con profetas de la virtud ni discursos puritanos. Más allá del caso Trevi está el debate sobre la moral y la ley, un tema imprescindible para la democratización mexicana y el nuevo pluralismo político.            n

Rudos contra técnicos

CARACOL

RUDOS CONTRA TÉCNICOS

POR CINNA LOMNITZ

La revista Time, tan predecible como los comerciales de Coca- Cola, designó a Albert Einstein como “el hombre del siglo”. Como científico, mi elección tal vez hubiera sido diferente. Con las disculpas del caso al espíritu de don Alberto, quisiera explicar el porqué.

Ante todo, considero que el nuevo milenio no comenzó ahora. Comenzó en 1968, cuando un estudiante anónimo garabateó sobre el muro de la Sorbonne “La inteligencia al poder”. Este fue el hombre del siglo o la mujer del siglo, no sabemos cuál. En la historia han existido muchos hombres de ciencia geniales como Einstein, comenzando con Euclides y terminando con Ajmed Zewail, Premio Nobel de Química en 1999, el primer hombre que observó cómo dos átomos reaccionaban químicamente en un lapso de un milésimo de millonésimo de millonésimo de segundo.

Lo nuevo en este milenio es la inteligencia en el poder. Antes, científicos brillantes como Carlos Marx y demagogos geniales como Hitler y Stalin basaban sus cálculos en la expectativa de que el poder político y económico estaría siempre en manos de estúpidos. La consigna de 1968 francés cambió todo eso. A partir de ese momento la inteligencia empezó a ocuparse del problema del poder económico, político y social, y las cosas se sucedieron con gran rapidez. Caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín —acontecimientos apenas mencionados por Time—. imperios informáticos modernos, surgimiento de la genética y la biotecnología, empleo sistemático de los sondeos de opinión. auge del mercado, control de los ciclos económicos, de las elecciones y de los mercados son algunas de las innovaciones que ya se encuentran en marcha.

¿Y Einstein? Su inteligencia era gigantesca pero era del tipo clásico. Logró completar el desarrollo científico que se había iniciado antes de Aristóteles y que tuvo muchas luminarias impresionantes, pero que ya había dado todo lo que podía dar. En cambio, la ciencia moderna nació en los años veinte con la mecánica cuántica de Heisenberg, Schródingery Dirac. Einstein la rechazó. Su descubrimiento de la relatividad había sido una intuición genial: nadie se explica cómo lo hizo. Pero posteriormente se opuso a las principales ideas de la física moderna.

Por eso Einstein da la impresión de ingenuo. Le cae bien a todo el mundo y por eso es el hombre del siglo de Time. Sus peinados, sus suéteres, su acento, sus ideas y opiniones sobre Dios, sobre política, sobre la paz, sobre el judaísmo y hasta sobre la ciencia eran anticuadas: no resistieron el paso de los años. Hoy la inteligencia es el poder. Entre todas las opciones de Time, yo hubiera votado por Gandhi.

El científico como cerebro del mal

El novelista Jorge Volpi, promocionado el año pasado por el presidente Zedillo ante un público de científicos mexicanos, sugirió en su controvertido libro que el físico Werner Heisenberg pudo haber desempeñado el papel de genio del mal tras el régimen de Hitler. sugerencia que ha sido enérgicamente desmentida por mi colega Shahen Hacyan en Reforma. El affaire Volpi ha vuelto a poner sobre el tapete la añeja discusión acerca del papel supuestamente nefasto desempeñado por los científicos en las guerras del pasado.

La cuestión tiene varias facetas. Por una parte. Heisenberg nunca se interesó gran cosa por la política. No fue miembro del Partido Nacionalsocialista y se abstuvo de participar en la euforia nazi y en la absurda “física alemana racialmente pura” fabricada especialmente en oposición a Einstein.

Por otra parte. Heisenberg exagera al afirmar que no quiso fabricar la bomba nuclear alemana para no ayudar a Hitler. Lo dijo para quedar bien después de la guerra, y para justificar su famoso error de cálculo de la masa crítica de la bomba de uranio. No fue el único: su error fue compartido por los científicos aliados y fue solamente gracias a la astucia de los físicos Szilard y Peierls que se rectificó, haciendo factible la bomba americana.

Por cierto, fue Leo Szilard y no Albert Einstein quien redactó la famosa carta de 1939 al presidente Roosevelt recomendando la construcción de la bomba. Einstein era pacifista y la firmó con gran repugnancia, cediendo a la insistencia de Szilard. Roosevelt la leyó y dijo: “Caramba, hay que hacer algo”.

Volviendo a Heisenberg, creo que su papel en la guerra fue el de todos o casi todos los científicos de ambos bandos. Los científicos somos ciudadanos leales de nuestros respectivos países. Heisenberg colaboró en la construcción del primer reactor alemán y los fondos para este proyecto provinieron del instituto armado. Wernher von Braun, un ingeniero genial, dirigió el proyecto de cohetes balísticos que Hitler empleó contra Gran Bretaña en la batalla de Londres, y Estados Unidos no tuvo empacho en contratarlo después de la guerra para sus propios fines militares.

El de Hitler era un régimen totalitario, terrorista, voraz y asesino, no cabe duda. Hitler y Stalin fueron los rudos del siglo, pero el fascismo y el comunismo eran además grandes negocios basados en el procesamiento industrial de seres humanos. En Auschwitz se aprovechaba hasta el cabello y los dientes, ni se diga el dinero, las propiedades y las pertenencias de las víctimas. Stalin hacía lo propio en Vorkuta. Después de la guerra, los militares alemanes recibieron trato de nazis, ya que Alemania era un Estado totalitario y no se admitían diferencias de opinión. De la misma manera, los científicos que trabajaron para la guerra fueron clasificados como nazis; pero la situación real era más compleja.

Debido a las tradiciones orgullosamente profesionales de las fuerzas armadas alemanas, los nazis se vieron obligados a crear sus propios regimientos incondicionales del partido, como las fuerzas especiales SS. Estas unidades eran las encargadas de controlar a las poblaciones en los territorios ocupados, de implementar las ejecuciones masivas de rehenes y de manejar los transportes de prisioneros y los campos de concentración. En 1943, al cumplirse una década del régimen, comenzaron a filtrarse las noticias acerca de las atrocidades cometidas por estos destacamentos nazis en Polonia y detrás de las líneas del frente ruso. Los generales dieron la guerra por perdida pero los jerarcas nazis, que sabían que serían ejecutados por sus crímenes, jamás iban a consentir a una paz honorable. A los militares no les quedó otra opción que organizar un complot contra la vida del Führer, que culminó en el fracasado atentado de junio de 1944.

Heisenberg y otros científicos alemanes lealmente dieron lo mejor de sí para el esfuerzo de guerra, como lo hicieron los científicos aliados, pero no fueron figuras siniestras y maléficas como podría suponer la imaginación del novelista. No se enriquecieron con el negocio sucio de la guerra y las matanzas, y al terminar las hostilidades se reintegraron a sus labores académicas.

Juan Diego y la ciencia

Según un reciente sondeo de opinión, el público sigue sin entender cuatro noticias: la muerte de Paco Stanley, las visitas de Carlos Salinas, la victoria del PRI en las elecciones internas y la negación de la existencia de Juan Diego. Con las primeras no me meto, pero pienso que la ciencia tiene algo que decir acerca de la última.

Entre 1970 y 1995 se publicaron varios importantes estudios sobre la Virgen de Guadalupe; los más conocidos son los de Jacques Lafaye, Stafford Poole y Richard Nebel. No soy teólogo pero he leído estos tres importantes trabajos. Su punto de vista es el de un escepticismo respetuoso, como podría esperarse de eruditos estudiosos extranjeros, dos de ellos teólogos católicos. Su principal duda se refiere a la ausencia de documentos que comprueben que el arzobispo Zumárraga y otros importantes franciscanos de la época, como Sahagún y Motolinía, hubieran tenido conocimiento de Juan Diego y de las apariciones. Traduzco extractos de las conclusiones del padre Poole, por ser el menos conocido de México:

En historia, un razonamiento basado en el silencio no suele ser convincente pero síes muy fuerte cuando las fuentes lógicamente debieron haber dicho algo… Es posible que un indio llamado Juan Diego hubiera existido… ¿Porqué no intentaron canonizarlo? Obviamente porque era indígena… Ello podía haber destruido el mito de la inferioridad indígena, y toda la base económica de la vida en Nueva España.

Como científico, debo hacer notar en este punto que el arzobispo Zumárraga y los demás franciscanos tuvieron razones de peso para acallar la historia de las apariciones. Según las actas de la investigación ordenada en 1556 por el sucesor de Zumárraga, arzobispo Montúfar, contra el provincial de la orden franciscana que lo había atacado públicamente por defender el culto de la Virgen de Guadalupe, los franciscanos consideraban que los milagros atribuidos a la Virgen del Tepeyac representaban un peligro para la salud espiritual de los indígenas. Pero esta preocupación paternalista revela que tanto la imagen como el culto existen desde antes de 1556, y que habían suscitado una oposición fuerte dentro del clero. Lo dice el propio Poole (p. 39)

Como veremos más adelante, este silencio por parte de los franciscanos no se debía a indiferencia sino que representaba una definitiva hostilidad al santuario y a la devoción de Guadalupe, tal como existió en la primera mitad de siglo XVI.

En tal caso, la lógica de la objeción de Poole se desvanece, ya que hubo motivos poderosos para el silencio de Zumárraga y de los curas. Pero lo más importante: debido a su escasa vivencia personal en México, a estos eruditos se les hace fácil atribuir el “mito” de la Virgen de Guadalupe a una combinación de sincretismo religioso, oportunismo político y algunas posibles falsificaciones piadosas.

Resulta que el acontecimiento guadalupano tiene un núcleo irreductible. El texto del Nincan Mopohua, un relato náhuatl que según me confirma Miguel León Portilla data de los inicios de la colonización española, representa una obra literaria universal de primera magnitud. Juan Diego aparece en este texto como una personalidad real indeleble, con defectos y debilidades evidentes, y no como algún símbolo ideal como pudiera pensarse al leer las obras de Lafaye, Nebel y Poole.

La última palabra podría tenerla Franz Kafka, a quién nadie parece haber recordado en las pasadas fiestas de milenio: “El mito intenta explicar lo inexplicable. Como proviene de un fondo de verdad, tiene que regresar a lo inexplicable” (Prometeo).   n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

Un consejo de Sharon Stone

UN CONSEJO DE SHARON STONE

En su número de diciembre de 1999 la revista Esquire enlistó las 175 cosas que un hombre debe hacer antes de morir. La número 13 fue obra de Sharon Stone: depilarle las piernas a una mujer.

Tienes que preguntarte a ti mismo por qué. ¿Por qué iba a querer rasurarle las piernas a una mujer? ¿Por qué iba a querer saber cómo se hace? ¿Por qué no había tenido esta fantasía antes? ¿Acaso otros hombres saben cómo rasurarle las piernas a una mujer? Algunos sí. Por supuesto, algunos saben recordarle a las mujeres que somos el sexo más bello. Saben cómo frotar los pies bonitos y bien arreglados de una chica, cómo quitarle un pelo de los ojos, cómo levantarle la cara y mirarla —no, examinarla— sin respirar por un breve momento antes de besarla. Saben esperar hasta que ella esté casi dormida en sus brazos para voltearla con suavidad hacia ellos y… ah, no importa, regresemos al asunto de rasurarle las piernas. Muy bien.

Llévala a tu casa, ve a la de ella, cítala en un hotel o vete a acampar cerca de un hermoso arroyo. Sólo tienes que encontrar un lugar en el que puedan estar a solas y en el que tengas tiempo para hacer realidad tu fantasía. Pídele que descubra sólo sus piernas y pies. Olvídate de los deseos lujuriosos, si puedes. No te alborotes. Observa esas atractivas extremidades desde un punto de vista estético. Acuéstala en un lugar increíblemente cómodo. (Ya me estas entendiendo). Prosigue con paciencia y alegría.

Para aplicar la crema, sugiero una brocha para rasurar. O si prefieres un placer más táctil, mete las manos en el recipiente; siente el cambio de textura, toma la cantidad deseada y aplica la espuma de tu imaginación a sus piernas. No tengas miedo de probar los frutos de tu labor. ¿A qué saben? Empieza por los tobillos. Fíjate en la geometría, enjuagando la navaja después de cada pasada. No presiones demasiado; hazlo presionando firmemente, al parejo y hacia arriba. Detente antes de la rodilla. No olvides adorar la sutil luna de la pantorrilla; insiste en que ella ponga su tobillo en tu hombro y entonces mírala a la cara durante un momento. Y luego las rodillas, esas redondas y anudadas articulaciones tan particulares como las huellas digitales. Aquí debes tener más cuidado, amigo, que las pasadas sean cortas y circulares. Este es el momento perfecto para demostrar tu aprecio.

Y bien, ¿en dónde terminas? Algunas mujeres se rasuran sólo hasta las rodillas, otras hasta el infinito. Piensa en la clase de mujer sobre la que tienes las manos y continúa de acuerdo a eso. La parte superior es más suave y sabe a pollo, según me han dicho. Respira profundo, lo vas a necesitar. Limpia la crema con agua, empezando por la parte superior de las piernas. Pasa tus manos de arriba hacia abajo mientras las piernas se enjuagan, dejando que la presión de tus manos quite el exceso.

Piensa que eres el equipo olímpico de secado y suavizado. Golpea suavemente, luego sana cualquier pequeño error, cortadita o quemadura con un aceite de fragancia o una loción. Hazle saber lo especial que es y lo mucho que te estás divirtiendo. Apénate, emociónate, excítate, diviértete, embóbate: sé tu mismo. Porque esta aventura, querido lector, es sólo el comienzo. Si de verdad te estas divirtiendo, tal vez te deje lavarle el pelo.

—Traducción de Ariadna Correa

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

1. Dólares que Gloria Trevi pagaba por el alquiler del departamento donde vivía en Río de Janeiro: 828

2. Metros cuadrados que poseía ese departamento: 60

3. Jóvenes mexicanos con capacidad adquisitiva para sufragar holgadamente los gastos de una plena vida adulta: 217,256

4. Porcentaje de jóvenes mexicanos entre 15 y 19 años que trabajan en establecimientos familiares: 20

5. Millones de dólares que se invirtieron en el mundo para evitar el Y2K: 250,000

6. Virus de computadora descubiertos en las primeras horas del año 2,000: 14

7. Automóviles vendidos en México durante el año anterior: 416,449

8. Infracciones que los microbuseros del DF cometen al día: 100.000

9. Días en 1999 en los que la calidad del aire en el DF se consideró aceptable: 65

10. Plantas maquiladoras en México: 3,430

11. Industrias del vestido: 12,858

12. Lugar que México ocupa como productor y exportador de vainilla: 1

13. Año en que surgieron los cigarros con filtro: 1936

14. Canciones que son propiedad de la compañía Warner Music: 1,000,000

15. Hijos de extranjeros que nacen anualmente en Alemania: 100,000

16. Habitantes del DF que son bebedores consuetudinarios: 400,000

17. Lugar que ocupa el español como el idioma más usado en Internet: 4

18. Porcentaje del corazón de Diego Armando Maradona que aún se encuentra sano: 35

19. Planetas cercanos a nuestro sistema solar que fueron descubiertos el año anterior: 30

20. Libras esterlinas que la esposa del ministro británico Tony Blair debió pagar de multa por viajar en tren sin boleto: 10

Fuentes: 1. La Afición: 14 de enero de 2000; 2. La Jornada: 16 de enero de 2000: 3-4. Reforma: 17 de enero de 2000; 5. La Jornada: 3 de enero de 2000; 6. La Crónica: 4 de enero de 2000; 7. La Jornada: 12 de enero de 2000; 8. La Crónica: 10 de enero de 2000; 9. La Jornada: 17 de enero de 2000: 10-11. La Jornada: 11 de enero de 2000; 12-13. La Jornada: 23 de enero de 2000; 14. Reforma: 11 de enero de 2000; 15. Etcétera: 13 de enero de 2000; 16. La Crónica: 16 de enero de 2000; 17. El País Semanal: 9 de enero de 2000; 18. La Jornada: 13 de enero de 2000; 19. La Crónica: 10 de enero de 2000; 20. El País: 11 de enero de 2000.

Barómetro

BARÓMETRO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

En invierno no hay ciclones por estas latitudes, pero el cambio climático ha empezado con sus jugarretas. En la política al menos tuvimos ya la primera tormenta invernal y no salimos bien librados de ella.

El lenguaje fue el que sufrió primero. La reacción de Vicente Fox y de algunos de sus partidarios fue directamente contra las formas de expresión y de comunicarse y puso al verbo político en entredicho. Con todo y la gravedad de este hecho, porque pega en el centro de las siempre débiles capacidades básicas instaladas con que contamos para montar una verdadera conversación, lo que reviste hoy una gravedad inmediata es el trato de que se hizo objeto a las instituciones electorales, por parte de quienes al final de cuentas las crearon en las apresuradas jornadas de 1976.

El abanderado panista cargó como toro en contra del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación y algunos consejeros lo hicieron, a su vez, contra el sistema institucional del que forman parte y que no se agota en el IFE. El resultado inmediato es la erosión de los órganos del Estado en los cuales depositamos el encargo de diluir nuestras desconfianzas, pero no sólo eso. Al poner contra la pared al sistema electoral. Fox y asociados, amigos o no, se ponen también en la mira de una ciudadanía cuya fe en las elecciones puede probarse frágil y veleidosa en cualquier momento. Que en el arranque de la justa presidencial los partidos principales dediquen su tiempo a un concurso de ingenios achatados por la falta de imaginación y de respeto a la lengua, no puede sino redundar en la ampliación de las dudas del electorado respecto del sentido de unas elecciones que se anuncian como la fuente de la buena vida, pero que no producen más que vulgaridades y ocurrencias de mal gusto.

Poco tiempo se necesitó para que topáramos con las varias fallas y carencias del sistema político y jurídico en el que se quiere fincar y dar normalidad a la democracia mexicana para el siglo y el milenio que vienen. Y no se trata sólo de lo que los analistas puedan detectar en el Cofipe y los virus que nos hayan dejado algunos de sus ingeniosos artesanos. Lo principal está en la falta de disposición y reflejos de los actores principales del sistema político que emerge, para realizar acciones mínimas que tomen en serio y de modo expreso los intereses de mediano y largo plazo de dicho sistema y de ellos mismos.

Pasó el tiempo de los acuerdos y llegó el de la lucha, dirá algún aguerrido demócrata que no ve más allá de los votos. Sin embargo, sin un mínimo reconocimiento de la validez, vigencia e importancia crucial de los organismos responsables de organizar, vigilar y dictaminar sobre los resultados de la elección, iremos a una contienda plagada de incertidumbres no sólo no democráticas sino antidemocráticas. Y hacer esto depende sobre todo de la responsabilidad de los jugadores y de quienes sin serlo de modo principal mantienen un interés y un compromiso genuino con la construcción de la democracia mexicana.

Si algo de positivo tiene el sainete de la foto y las siluetas, es que tuvo lugar ahora, en el principio de la campaña. Es tiempo de sentarse, de cenar y de acordar.

El sitio de la UNAM

Con su iniciativa del plebiscito, que debió realizarse el 20 de enero, el rector De la Fuente busca romper el cerco de la huelga y abrir paso a una reflexión de fondo de los universitarios sobre la institución y la universidad pública misma. Es eso lo que la huelga puso con brutalidad sobre la mesa, del modo menos universitario pero tal vez el más descarnado y cercano a parte de las realidades profundas que determinan la vida del país y sus ambiciones mayores, de las cuales la UNAM forma parte.

Una crisis institucional largamente guardada bajo la alfombra; una falta casi absoluta de visión de Estado sobre la importancia creciente que la educación superior pública y de masas tiene para México; consecuentemente, una presión desusada sobre la UNAM por parte del gobierno para que sin más diera pasos prontos para actualizar sus finanzas, bajo la presión adicional de las otras universidades públicas que sí lo han hecho; un ambiente social interno cruzado por miles de jóvenes pobres y empobrecidos, universitarios de primera generación que recogen sin alivio y pocas expectativas claras, la esperanza y la exigencia de sus familias que en efecto se sacrifican a diario para medio sostener su estancia y estudios en la UNAM; por último, pero por desgracia no al último, unos grupos de estudiantes y no con visiones y estrategias demenciales, antisistémicas dicen los optimistas, que juegan y fintan con la violencia y que han hecho de la UNAM zona liberada: éstos y otros son los factores del infernal cerco que ha puesto a la universidad en el borde de un colapso irreparable. Esperemos que en febrero podamos hablar del Congreso y no del naufragio. El plebiscito fue, sin más, la última carta de la UNAM conocida; lo que sigue son aguas profundas y térra ignota.

Ayuda de memoria

La formación de un nuevo gobierno no será el resultado unívoco de la elección presidencial del 2 de julio. Nuevo gobierno querrá decir estilo y forma de gobernar, lo que todavía no está en la agenda de nadie. Se trata, para decirlo pronto, de la reforma del Estado que quedó arrumbada por ahí, en triste homenaje a la democracia entendida por todos como mercado o, lo peor, como estrategia de ventas. Pero su necesidad sigue vigente y su central idad se volverá a hacer presente a golpe de sobresaltos.

Los libros sobre la mesa

David Ibarra tuvo la magnífica idea de recoger en un volumen varios de sus valiosos escritos de los últimos tiempos. Política y economía. Semblanzas y ensayos es el título del volumen, publicado bajo el sello de Miguel Angel Porrúa, librero-editor. Las semblanzas con que el libro arranca se dedican a Jesús Reyes Heroles, Antonio Sacristán, Josué Sáenz y Pedro Buscovic. De punta a cabo, economía política de la buena, la que no le teme a buscar, desde el rigor y la racionalidad, la acción y el compromiso políticos con la equidad, la democracia, el desarrollo. Ibarra no busca el tiempo que se fue, porque a medida que pasan los años queda claro que el tiempo lo perdieron otros.  n

Rolando Cordera Campos.

Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Acaba de aparecer su libro Crónicas de la adversidad.

Un Ombudsman

SERVICIO EXTERIOR MEXICANO

UN OMBUDSMAN

POR FRANCISCO GONZÁLEZ DE COSSÍO

Son muchas las ventajas que traería la creación ele un ombudsman para el servicio exterior mexicano. Este artículo da cuenta suficiente de ellas.

Es impostergable la creación de un ombudsman1 para el Servicio Exterior Mexicano (SEM). Esta figura consistiría en un avance sustancial en materia de democracia, justicia social y atención a los derechos humanos de los servidores públicos encargados de instrumentar la política exterior diseñada por el poder ejecutivo y sancionada por el legislativo. Su creación estaría acorde con los tiempos actuales de fortalecimiento de los procesos democráticos en México, con los pronunciamientos oficiales sobre la materia y se armonizaría con el éxito obtenido en otros países y en otras áreas del quehacer público.

El oficio de ombudsman se originó en Suecia en 1809, y ha sido adoptado por muchos países y en varios estados y dependencias federales.2 Algunas corporaciones,3 universidades y otras organizaciones privadas también emplean ombudsmen para investigar quejas y agravios. Existe también la figura del ombudsman europeo, instituido dentro de la organización y jerarquía de la Unión Europea.4

La institución del ombudsman fue inmediatamente adoptada en otros países escandinavos y después —especialmente a partir de la década de los sesentas—en muchos otros países alrededor del mundo, incluyendo Nueva Zelanda (1962), el Reino Unido (1967), Israel (1971), Portugal (1976), Países Bajos y España (1981). Australia, los Estados Unidos y Canadá tienen ombudsmen en el ámbito estatal o provincial, y en los Estados Unidos varias ciudades tienen ombudsmen municipales. En Gran Bretaña hay un ombudsman para investigar quejas contra gobiernos locales y para la administración en Irlanda del Norte, además del ombudsman que opera a escala nacional. Algunos ombudsmen especializados han sido designados en los Estados Unidos para salvaguardar los derechos de los prisioneros a tratamiento médico. En Israel la policía tiene una oficina de quejas públicas y hay ombudsman militar.

En la definición escandinava el ombudsman es un oficial independiente del ejecutivo y del judicial, generalmente creado por el legislativo, designado para recibir e investigar quejas de los ciudadanos contra abusos cometidos por funcionarios y agencias gubernamentales y sugerir remedios para cualquier desviación o actos de mala administración. El ombudsman hace recomendaciones y en algunos casos tiene el poder para tomar decisiones que tengan efectos obligatorios.

En Suecia, este oficial es independiente del ejecutivo y del judicial y tiene plenos poderes para investigar los detalles de un acto administrativo o ejecutivo, y ciertas actividades judiciales son reportadas a él por individuos cuando se trata de abusos a sus derechos. Tiene autoridad efectiva para perseguir y llevar ante la justicia a servidores civiles y otros funcionarios oficiales, incluyendo, en ocasiones, a los propios ministros.

Este oficio ha sido copiado también para asuntos departamentales o sectoriales en Nueva Zelanda. Gran Bretaña, Alemania, Israel, y en algunos estados de Australia, Canadá y Estados Unidos.5 En el estado de Texas, por ejemplo, el Departamento del Trabajo y la Comisión de Oportunidades Equitativas6 cuentan con un ombudsman que investiga violaciones a las prácticas de contratación y empleo, y por ley las empresas deben poner anuncios en lugares visibles de las oficinas con el nombre y el teléfono del ombudsman para que los empleados le reporten prácticas discriminatorias de los patrones, sobre todo aquellas relacionadas con raza, credo, sexo o color de piel.

Ante todo, el ombudsman debe reunir cuatro características para que sea considerado como tal: independencia, rectitud, eficacia y responsabilidad para rendir cuentas al público. El ombudsman debe detectar y reportar actos de “mala administración”. En términos generales, se entiende por “mala administración” la que denotan las medidas deficientes o infructuosas que se derivan de la aplicación inadecuada o abusiva de una norma como, por ejemplo, irregularidades u omisiones administrativas, abusos de autoridad, negligencias, procedimientos ilícitos, agravios, ausencia de instancia para que el agraviado exponga su punto de vista, casos de incompetencia, discriminaciones, demoras injustificadas, falta de información o negativa a proporcionar información.

Si un error es encontrado o las acciones de la empresa o dependencia en cuestión son consideradas como no razonables, el ombudsman puede recomendar un remedio, incluyendo que la entidad o dependencia emita una disculpa, corrija lo que se hizo mal, reconsidere o cambie su decisión, cambie sus reglas o procedimientos o, en circunstancias especiales, pague una compensación por las pérdidas causadas por la acción o decisión de la agencia.

Diremos también que la figura del ombudsman es un gran avance en materia de derechos humanos y continúa su desarrollo y aplicación en el mundo libre y civilizado; es, como decía el danés Niels Eilschou Holm, “un regalo de Escandinavia al mundo”.8 En el mundo en desarrollo su avance ha sido más limitado, aunque puede afirmarse que es sólo cuestión de tiempo para que esta figura se incorpore paulatinamente en las relaciones laborales y en los estatutos de las organizaciones y dependencias públicas y privadas de los países en vías de desarrollo. En México, por ejemplo, la creación en 1990 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH),9como ombudsman público, y los subsecuentes establecimientos de las comisiones estatales de derechos humanos,”1 han significado un avance en esta materia y su funcionamiento, aunque aún imperfecto, ha sido reconocido por organismos multilaterales de derechos humanos tales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la propia Comisión de Naciones Unidas, así como por algunos organismos no gubernamentales internacionales de derechos humanos tales como Amnistía Internacional y Human Rights Watch-Americas.

El servicio exterior mexicano, como único servicio civil de carrera en México,” no debe ni puede quedarse atrás. Su crecimiento e importancia para el país, y su creciente influencia en el mundo, ameritan que se incorpore a este desarrollo del mundo civilizado a fin de perfeccionar su funcionamiento y mejorar sus procedimientos internos, tales como los traslados al exterior, ascensos y asignación de puestos diplomáticos, que tanto afectan, positiva o negativamente, al funcionario de carrera y a su familia. Un traslado inoportuno o injusto hacia o del exterior, por ejemplo, puede afectar profundamente al diplomático y a su cónyuge e hijos; puede interrumpir la escuela de los niños originando perturbaciones tales que podrían causar quebrantos familiares provocando frustraciones, depresiones, desánimo y hasta problemas de salud mental.

Por otro lado, el funcionario de carrera mexicano no cuenta en la actualidad con un foro, panel, comisión de honor y justicia, tribunal o corte en la cual dirimir sus querellas o inconformidades. No puede defenderse contra el autoritarismo e intolerancia que en ocasiones suelen ejercer las altas autoridades de la cancillería. La Secretaría de Relaciones Exteriores cuenta con una comisión de personal, presidida por un subsecretario e integrada por funcionarios de diversas áreas de la dependencia, pero funciona como una “caja negra” de una sola vía y su proceso decisorio no es transparente al grueso del personal de carrera. Los resultados de las deliberaciones de la comisión de personal constituyen recomendaciones que son elevadas a la atención y decisión del secretario de Relaciones Exteriores. En los casos de jefes de misión, embajadores y cónsules generales, las recomendaciones son elevadas al jefe del ejecutivo quien, de acuerdo a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, es el único que puede nombrarlos, sin perjuicio, por supuesto, de que pueda designarlos por su propia iniciativa, como sucede con frecuencia.

Los traslados al exterior son casi siempre hechos públicos durante el verano y la mayoría de los funcionarios se enteran de su traslado por este medio sin que se les haya consultado o sin que hayan tenido la oportunidad de expresar su conformidad. Es cierto, también hay que decirlo, que el funcionario puede enviar por escrito sus preferencias de traslado, de acuerdo a sus intereses vocacionales y circunstancias familiares, pero no se entera de la forma en la que se decidió su destino sino hasta que es publicada e irreversible. Es cierto también que la comisión de personal no puede atender todas las preferencias de los funcionarios. ni siquiera la mayoría, pues se toman en cuenta las necesidades del servicio y del país y de un equilibrio en las distintas áreas geográficas.

En los últimos años se han hecho avances importantes en materia de administración del servicio exterior. En la mayoría de los casos éstos han sido propugnados por los propios miembros del servicio exterior. La última versión de la Ley Orgánica del Servicio Exterior Mexicano (LOSEM)l3y su Reglamento contiene disposiciones que representan ya un progreso en el tratamiento de los ascensos y de los traslados. Por ejemplo, los ascensos en ciertos niveles ya se hacen por medio de exámenes de oposición14 y los traslados se realizan, no en todos, pero en la mayoría de los casos, durante el verano para no afectar la escolaridad de los hijos; y en algunos casos, como decíamos antes, se atienden preferencias personales.

Sin embargo, estos avances no han culminado en la creación por el poder legislativo de una instancia, independiente del ejecutivo y judicial, que atienda las quejas, agravios y querellas de los miembros del servicio exterior. Muchas veces por timidez y otras por temor a violentar la relación con las autoridades de la Secretaría de Relaciones Exteriores y provocar con ello represalias y acciones administrativas en su contra, el diplomático de carrera no externa sus inconformidades con actos o decisiones que afectan profundamente su carrera, su vida y aun su felicidad personal y familiar. No tiene un canal para exteriorizar, por ejemplo, su inconformidad con la designación de una persona ajena al servicio exterior a un puesto en una embajada, misión o consulado que piensa que le correspondía por competencia, antigüedad o conocimientos, y que percibe que haya sido designado simplemente por ser amigo del alto funcionario que tomó la decisión de la designación. Hay casos en que un funcionario es “congelado” sin siquiera enterarse de la causa por la que se le afecta su progreso. No hay una mecánica para la audiencia por parte del secretario y los subsecretarios; ésta se da ad libitum según las relaciones personales y de influencia que pueda tener el interesado.

Existe además la necesidad urgente de aprovechar mejor el capital humano en el que ha invertido el país a costa de los contribuyentes, y que consiste en el entrenamiento, preparación y experiencia de los miembros de carrera del servicio exterior mexicano. Frecuentemente este capital es desaprovechado, subutilizado en favor de gente que carece de los conocimientos y experiencia acumulada ardua y penosamente por los diplomáticos de carrera. Ningún país, y mucho menos un país pobre como México, se puede permitir el lujo de no aprovechar óptimamente este enorme capital humano. Un ombudsman coadyuvaría a no incurrir en esta irresponsabilidad y “mala administración”.

Múltiples ejemplos se pueden dar de instancias en las cuales un ombudsman en el servicio exterior resulta más necesario que en otras dependencias del ejecutivo federal (podría pensarse inclusive en un ombudsman del servicio público de carrera), siendo quizá la más importante el hecho de que con frecuencia el agravio se origina fuera del país, a veces del otro lado del planeta, y que las quejas e inconformidades, si se canalizan, se pierden en las comunicaciones electrónicas a la Secretaría de Relaciones Exteriores en la ciudad de México. Ofreceré algunos ejemplos que resultarán familiares a muchos miembros del servicio exterior, en los que un ombudsman sería particularmente útil y justificado en la diplomacia de carrera.

• Cuando un miembro del servicio exterior ha pugnado por un puesto al que se siente capacitado por conocimientos y experiencia y es otorgado a otra persona que percibe fue nombrada por favoritismo de las autoridades y que no tiene la capacidad o experiencia equivalente.

•    Cuando un miembro del servicio exterior es ignorado sistemáticamente en la designación de puestos en el exterior y frecuentemente desconoce la razón para ello. Muchas veces la razón consiste en que ha sido acusado de faltas contra las cuales no se le ha dado la oportunidad de defenderse y de presentar su punto de vista.

•    Cuando un miembro del servicio exterior siente que ha sido tratado injustamente por las autoridades de la cancillería y que no se le ha dado la oportunidad de expresar su querella o inconformidad.

• Cuando las autoridades actúan con prepotencia y arbitrariedad en la designación de funcionarios dentro de la cancillería en clara discriminación hacia miembros del servicio exterior con mayor experiencia y competencia.

• Cuando un funcionario de menor jerarquía es calificado injustamente, según su percepción, por el jefe de misión en los informes escritos periódicos de personal.

• Cuando un jefe de misión abusa de su poder y asigna cargas no razonables de trabajo a unos y practica favoritismos con otros.

• Cuando un jefe de misión es acusado falsamente por un subordinado en represalia por no haber sido recomendado para un ascenso, o por cualquier otra causa cuya comprobación requiera de una investigación in situ.

• Cuando un miembro del servicio exterior, ya sea jefe de misión o de menor jerarquía, es removido prematuramente para acomodar en ese puesto a una amistad de la cancillería o por recomendación de altos funcionarios de otras dependencias y con influencia en el centro decisorio del personal.

• Cuando el jefe de misión trae consigo personal de su confianza y que ubica jerárquica o administrativamente por arriba del funcionario de carrera sólo por el hecho de ser su amistad o de su confianza, sin mediar por ello razones de experiencia o competencia.

•    Cuando un miembro de la embajada, misión o consulado, padre de familia, es removido por la cancillería bruscamente sin esperar al término del año escolar, provocando ruptura en la educación de los menores en edad escolar, en la situación económica de la familia y en su armonía y felicidad.

• Cuando miembros del servicio exterior son mayoritariamente enviados a misiones de difícil adscripción (hardship posts15), mientras que personas de designación política son generalmente enviadas a misiones en países avanzados o de vida agradable.

• Cuando a miembros del servicio exterior se les deja periodos injustificadamente largos en adscripciones difíciles o, inversamente, cuando enviados cuya designación es de origen político permanecen en puestos agradables con estadías desusadamente prolongadas.

• Cuando, en suma, las decisiones de traslados, ascensos y designaciones son tomadas a la ligera, basándose en percepciones personales muy subjetivas, simpatías o antipatías, y aun sobre la base de percepciones de terceros que son llevadas de manera extraoficial a los centros de decisión, afectando profundamente a los miembros del servicio exterior y causando a veces estragos en sus vidas y carreras.

En todos estos casos, y en muchos más que podrían ofrecerse, un ombudsman entraría en escena e investigaría si hubo actos de mala administración, o si hubo abuso de poder, autoritarismo e intolerancia, o si se trata de tráfico de influencia o “amiguismo”, o si de plano se ha violado la ley. El quejoso solicitaría la intervención del ombudsman y se procedería a una investigación con todas las partes interesadas, el agraviado y el agraviante. El resultado de la investigación, junto con las recomendaciones del ombudsman, se elevaría a un panel en la Secretaría de Relaciones Exteriores que para este fin se crearía, si se trata de abusos de poder o mala administración, o a las autoridades competentes, o ministerio público, en los casos en que se haya violado la ley. Obviamente el acusado tendría la oportunidad de defenderse.16 El panel deberá estar conformado de manera tripartita: por miembros del servicio exterior, por las autoridades de la cancillería y por una parte ajena a éstos, como podría serlo un académico del Colegio de México o de ONG’s en materia de derechos humanos, para asegurar la imparcialidad y eventualmente romper algún impasse.

Estas iniciativas requerirían enmiendas y adiciones a la LOSEM y su reglamento y la creación del ombudsman quizá requeriría una iniciativa del poder legislativo. En este último caso, la misma Secretaría de Relaciones Exteriores, con la participación activa de una representación de los miembros de carrera del servicio exterior,17 podría elaborar la iniciativa y enviarla al Congreso de la Unión para su revisión y eventual aprobación.

El propósito del ombudsman consiste en poner un coto a la autoridad y establecer contrapesos y equilibrios al poder, condición sine qua non de una auténtica democracia funcional, y evitaría el autoritarismo y la intolerancia, frecuentemente manifiestos en nuestras instituciones públicas. Además, introduciría un elemento de justicia al interior del cuerpo diplomático, acorde con los tiempos actuales de creciente normalidad democrática que vive el país. Contamos con una Comisión Nacional de Derechos Humanos, con comisiones estatales, con un tribunal electoral independiente, con procesos electorales confiables y “ciudadanizados”, con un mucho mayor equilibrio entre los tres poderes de la unión, con un poder legislativo plural y con menor dependencia del ejecutivo, con un poder judicial fortalecido y también independiente, con numerosas organizaciones no gubernamentales dedicadas a la observancia de los derechos humanos, con una sociedad civil más consciente de su papel en la política; en fin, contamos con las instituciones de una democracia viva y en pleno proceso de perfeccionamiento. Entonces, ¿por qué no ombudsmen para el servicio exterior y otras dependencias gubernamentales?18 Y también, ¿por qué no para importantes instituciones del sector privado? Aceptemos el regalo de Escandinavia al mundo.

Una ventaja adicional, y quizá suficiente para el establecimiento del ombudsman, consiste en que el país saldría ganando, pues ello necesariamente conllevaría a una mayor eficacia en el quehacer diplomático, ya que introduciría un elemento de auto-confianza en los miembros de carrera del servicio exterior: propiciaría que la gente más capacitada para un puesto en particular sea la que lo ocupe —elevando con ello su desempeño—, se establecería un mejor equilibrio entre el personal de carrera y el de no-carrera, se mejoraría la relación entre el personal en cancillería y el personal en el exterior, se corregirían distorsiones en los tiempos y en las calidades de las representaciones en el exterior, se reducirían los abusos y las discriminaciones y, finalmente, habría más justicia pues, como decían los romanos, el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente.           n

Francisco González de Cossío. Embajador, diplomático mexicano desde 1973 y miembro de carrera del Servicio Exterior Mexicano desde 1976. Actualmente en licencia.

1. La palabra ombudsman proviene del sueco, un lenguaje norgermánico de la misma familia del inglés, y está constituida de los elementos man, del sueco, del mismo origen que man en inglés, y que significa hombre, y ombuds, que significa “comisionado, agente”, proveniente de la antigua raíz escandinava (oíd norse. o relativo a Escandinavia o Noruega) umbodh. “cargo, comisión, administración por un delegado”: a su vez umbodh está formado por um, “relacionado a” y bodh, “comando u orden”. En antiguo noruego (old norse) un umbodhsmadhr era un “confiable administrador o comisario”.

2. En el gobierno federal de Estados Unidos el Departamento de Comercio tiene un ombudsman para negocios, cuyo trabajo es tratar con las quejas, sugerencias y requerimientos de empresarios y hombres de negocios que tienen tratos con la dependencia.

3. Algunas corporaciones de negocios tienen ombudsmen, incluyendo a Xerox y General Electric.

4. El ombudsman europeo quedó instituido por el Tratado de la Unión Europea, firmado en Maastricht el 7 de febrero de 1992.

5. Destacadamente Hawaii y Nebraska, y otros estados, han designado a oficiales para funciones específicas. Condados y ciudades también han establecido ombudsmen, entre otros Nassau County en Nueva York y Harris County en Texas para asuntos laborales.

6. Equal Opportunity Commission”.

7. Bibliografia: Carden, Gerald E., ed., International Handbook of the Ombudsman, 2 vols. (1983); Gellhorn. Walter, Ombudsmen and Others (1966); Gregory. Roy, and Hutchesson, Peter, The Parliamentary Ombudsmen (1976); Rowat, Donald C., The Ombudsman Plan. rev. 2d ed. (1986); Sawer, Geoffrey, Ombudsmen, 2d ed. (1968); Stacey, Frank, Ombudsmen Compared (1978); Weeks, Kent M.. Ombudsmen around the World (1973); The Ombudsman. Encyclopaedia Britannica, CD 98; Wyner, Alan J., ed., Executive Ombudsmen in the United States (1973); Zagoria, Sam, The Ombudsman: How Good Governments Handle Citizens’ Grievances (1988).

8. Niels Eilschou Holm: The Ombudsman: A Gift from Scandinavia to the World.

9. Creada por el ejecutivo y reporta al ejecutivo. Originalmente el nombramiento de su presidencia fue hecho por el ejecutivo y la ratificación por el legislativo federal, así como la asignación y control de su presupuesto operativo. Recientemente, en noviembre de 1999, el legislativo modificó la ley para que fuera ese poder el que nombrara a su presidente y. de hecho, removió al anterior y nombró uno nuevo.

10. E1 argumento de la nota de pie anterior aplica también a estas comisiones estatales, excepto que se trataría de los legislativos locales.

11.Existe otro servicio no civil de carrera en México: el militar. Hay quien afirma que se empieza a desarrollar otro servicio civil de carrera y es el electoral, o sea, los ciudadanos que se dedican de manera independiente del gobierno a administrar el proceso electoral.

12. Artículo 89. fracción 111. FELIPE Y LA LIBELULA

13. Promulgada el 23 de diciembre de 1993 por el presidente Salinas de Gortari y publicada en el Diario Oficial el 4 de enero de 1994. El Reglamento se publicó el 11. de octubre de 1994.

l4. No aplica, por supuesto, a los jefes de misión. Generalmente son para secretarios y consejeros. Los exámenes son comprensivos y los paneles calificadores incluyen personas de fuera y dentro de la cancillería. Se puede afirmar que son objetivos. El autor de este artículo ha participado como jurado en estos exámenes.

l5. Hay una definición de Naciones Unidas de los hardship posts; inclusive hay una tabla que describe y clasifica las razones por las que se definen puestos de particular dificultad y peligrosidad. Hay países que consignan estos factores en su “Post Report” (Informe de Sede).

16. Habrá necesidad de reformar la Ley Orgánica del Servicio Exterior y su Reglamento para incorporar estas muy avanzadas disposiciones.

l7. Esta representación podría provenir de la Asociación del Servicio Exterior Mexicano (ASEM), una especie de unión o sindicato de los miembros de carrera del servicio.

18. Magníficos candidatos serían las secretarías del Trabajo y de la Defensa Nacional.

Brecht, el más moderno de los clásicos

Este retrato con paisaje se lanza a reivindicar la figura polémica y omnipresente de Bertolt Brecht, el militante y, sobre todo, el poeta alemán que mejor entendió las voces de su barrio.

Al parecer, Bertolt Brecht (1898- 1956) ha prevalecido sobre el infierno que “el final de la Historia”, o la caída mundial del comunismo, quiso arrojar sobre su figura y su obra. Es curioso que, especialmente a la caída del Muro de Berlín, las academias, las instituciones y los medios de comunicación hayan perdonado tan fácilmente la “culpa comunista” a los escritores y artistas rojos que no lo parecían demasiado (Picasso), que no se tomaban tan en serio esa ideología en su obra; e intentado condenar metódicamente, sin excepciones, a los comunistas que la asumieron beligerantemente en sus creaciones (Diego Rivera, Brecht, Neruda, Sholojov).

Se llegó a decir que Brecht era simplemente un propagandista, un dramaturgo didáctico del comunismo; y que sus obras de teatro ni siquiera resultaban propiamente “obras”, sino pastiches o parodias de textos anteriores (La ópera de tres centavos como “hurto” a John Gay y a Christopher Marlowe); parodias o pastiches de mano ajenal, escritas a trasmano por sus cultísimas y geniales amantes o sus inspirados discípulos (como afirmaron algunos detractores universitarios, con el peregrino argumento de que Brecht no sabía tanto inglés o chino como para manejar por sí mismo el material original en sus “collages”.)

Sin embargo, cualquier verdadero amante del teatro en el mundo, de los espectadores y estudiantes a los propios dramaturgos y artistas, siguió sintiendo que nadie como Bertolt Brecht ha sido tan natural y atrevidamente un hombre de teatro, un “animal teatral”, un creador incesante de juegos y episodios escénicos. Nadie ha tenido tan profunda y exuberantemente el teatro dentro de sí como el autor de La ópera de tres centavos (1928), El ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (1930). Madre Coraje (1941), Vida de Galileo (1943), La buena mujer de Ze-Chuan (1943), El círculo de tiza caucasiano (1948), El evitable ascenso de Arturo Ui (1957), etcétera.

Las obras de Brecht siguen editándose, traduciéndose, representándose, grabándose en compact disks (música de Kurt Weil). No se reducen a la mera ideología, del mismo modo que las obras de Calderon rebasan su espacio y mensajes teológicos. Son teatro, y el mejor del siglo. Por lo demás, la denuncia civil de la injusticia y de la opresión existe desde los poemas antiguos de Egipto. Que nadie diga que sólo en tiempos modernos la poesía se cargó de misiones ideológicas “espurias”: nunca ha estado desprovista de ellas.

Aun en sus poemas más políticos, la realidad pesa más que la ideología: sus contemporáneos leyeron en ellos una concentrada y ardiente historia de sus “tiempos sombríos”, más que una versificación de la doctrina.

Escribió en 1956 Peter Suhrkamp: Como poeta, en verso y en su teatro, Brecht escribe la historia de nuestro pueblo desde 1918… quien ha vivido con intensidad esas épocas lo advierte con vehemente claridad en una lectura coherente de poemas y obras de teatro. Sus poemas y canciones no sólo conservan la atmósfera de la época; están impregnados de la lengua y los gestos de determinadas figuras y acontecimientos de esos años. Incluso lo lírico lo expresa Brecht no sólo en su persona y lengua, hasta cuando escribe en primera persona. En los poemas y canciones de Brecht se emplean muchas actitudes de muchas personas de múltiples maneras, eso las hace en todo momento y cada vez más actuales.

Canta Brecht en “A los que vendrán”

(traducción de Pura López Colomé, edición de la UNAM):

Llegué a las ciudades en tiempos

de desorden

Cuando el hambre reinaba en ellas.

Llegué con los hombres,

en tiempos agitados,

Y me rebelé junto con ellos.

Así pasó el tiempo

Que me fue concedido sobre la tierra.

Comí entre batallas,

A la hora de dormir me acosté

entre asesinos,

Hice el amor sin gran cuidado,

Y contemplé a la naturaleza.

Sin paciencia.

Así pasó el tiempo

Que me fue concedido sobre la tierra.

Anota su editor, Siegfried Unseld: Brecht sometió estos poemas a un “lavado de lengua”; son objetivos, secos, como escritos casuales; se muestran, sin embargo, con extraordinarios significados múltiples y llenos de realidad. Obligan a sus lectores a confrontarlos con la propia realidad y a verificar su “verdad”. Así se crea un tipo completamente nuevo de lírica: desafiante y de un laconismo brutal. Son más abismales que los poemas de autores a los que Brecht acusaba en los años veinte de haber cedido a la magia y ebriedad de la palabra.

Brecht consiguió un buen maridaje de arte y pensamiento, vanguardias y tradición artística en sus obras. Y un teatro dentro del teatro (“distanciamiento brechtiano”), un teatro que acentúa sus características de representación para que no se le confunda con la vida ni con la realidad. Farsa, cabaret, fábula, guiñol, crónica, visión, parábola. Nada más opuesto al arte soviético que el kafkiano, dadaísta, expresionista o cirquero de Brecht.

En él florece la tradición europea de los juglares y de los trovadores antiguos, como su amado François Villon. Añádase a esto que en Brecht apareció un poeta caudaloso (dos mil trescientos poemas) especialmente dotado para el lenguaje como pocos en cualquier cultura moderna. Mientras otros se hundían en la poesía en blanco, en el mero proliferar de imágenes sonámbulas, en la dificultad de la expresión, él podía inventar canciones emocionales o burlescas con una frescura traviesa de niño. Tres frases llanas con algún contrapunto y ahí estaba, prodigiosa, la canción memorable.

Hay siempre un poeta en el teatro de Brecht, y un hombre de teatro en sus poemas, que invariablemente le resultan tanto poesía personal como canciones, monólogos, fábulas, escenas esperpénticas o laberínticas. El comunismo se va reduciendo a una (inevitable) peripecia biográfica y a una perspectiva de su crítica social, no a un lastre, mucho menos a un pecado capital en su obra. Y no lo arrastró consigo la caída del Muro de Berlín, como tampoco la ruina de Atenas derrumbó a Esquilo ni a Aristófanes. Persevera su juego, su farsa, su condena (y exaltación) del mundo en obras de teatro y poemas.

Han aparecido recientemente en castellano Más de cien poemas (varios traductores, Hiperión, Madrid, 1999), edición que se suma a las que no han dejado de circular en Madrid (Alianza Editorial), Buenos Aires, México (Alberto Blanco y Pura López Colomé han traducido Las visiones y los tiempos oscuros, UNAM, 1989), La Habana, desde los años treinta.

Como sucedería con López Velarde o García Lorca en otras lenguas, se pierde mucho en las traducciones castellanas de Brecht (la música, los juegos de palabras, la inspirada concisión epigramática), pero resisten el dibujo, la fábula teatral y buena parte de su mensaje. Podemos leerlo como magnífica prosa, pero sin olvidar —y hay muchas grabaciones de sus canciones— que esa prosa traducida siempre canta, recita y se contorsiona sobre un escenario.

Como en los años veinte, cuando pasmó y arrebató a W. H. Auden y a Walter Benjamín, y abrió en Thomas Mann la sorda llaga de los celos literarios y la ¡ra personal. Bertolt Brecht asombra por su vasta y siempre exacta capacidad de hacer poesía sobre cualquier cosa, lo que sea: todas las estaciones del amor y del paisaje, pero también la guerra, los “tiempos sombríos”, el pánico ante la propia nación como una fatal “madre pálida”; la enfermedad, la nota roja, el dinero, la mezquindad y la explotación, la vulgaridad, un aborto, un parto sobre una taza de WC. una niña ahogada, los soldados muertos, las andanzas de mendigos y criados, los episodios duros de la vida diaria, arisca y banal.

Tal vez sólo Pablo Neruda se acerque en ello a Brecht. aunque con la diferencia de que éste recurre menos a las metáforas y casi nunca a las metáforas complicadas. Sabe cantar magníficamente sobre lo que sea sin extrapolar la imaginación ni el lenguaje. Casi siempre es llano, legible, racional.

Pero este poeta que desconoce asuntos antipoéticos (y cuya temeraria y constante mezcla de la crudeza y el refinamiento, la ternura y la brutalidad, la belleza y la fealdad del mundo, se atreve a cualquier cosa) casi desprecia las vanguardias y la novedad en el arte. No hay laboratorios ni laberintos ostensibles en su poesía. Se atiene a la tradición, tanto en las formas métricas y en las rimas, como en los versos libres: aprendió de las canciones y baladas europeas y orientales, de las leyendas, rezos, danzas de todos los tiempos, un sólido oficio de cantor.

No abreva tanto de fuentes folklóricas.

Por lo demás sabemos que, en poesía, con frecuencia lo que llamamos folklore no es sino la exitosa difusión entre el pueblo de formas cultas, como los soneros veracruzanos que, sin saberlo, cantan literalmente a Lope y a Góngora. Pero aspira para sus poemas a los ritmos, los contrastes, la apuesta radical por un tono definitivo que gana o pierde el poema sin mayores discusiones. Escribió George Steiner:

Es evidente que Brecht fue un fenómeno muy raro, uno de esos grandes poetas para quienes la poesía es una visita cotidiana, un modo de respirar. Y como los mejores poemas de Brecht son, con frecuencia, tan misteriosamente “naturales” y tan discretos en el uso del ritmo del habla de todos los días, resultan difíciles de traducir. Pero no hay duda, los dos grandes poetas alemanes de este siglo son Rilke y Brecht.

Hable de China o de Alemania, de la India o de Nueva York, hay en Brecht un trovador tradicional que canta cosas probablemente eternas, pero antes pocas veces expresadas con tal franqueza, con tales mezclas de crudeza y edificación, de entusiasmo y desesperanza, de amor y horror. Con tal atrevimiento humorístico de juglar en music hall.

Canta bajo el signo de Villon, pero también de los salmos o de la Antología griega, de milenarios sacerdotes hindúes, de los poetas romanos y los patriarcas chinos, de los Lieder de su patria. Quizá fue por ello el primer poeta culto que sonó a blues. a jazz: El tiburón tiene dientes y en el hocico los lleva; Macheath tiene una navaja pero nadie se da cuenta. Del tiburón las aletas enrojecen con la sangre; Mackie Messer lleva guantes y del crimen no hay señales.Al agua verde del Támesis arrojan de pronto gente: no hay peste, tampoco cólera, sólo Mackie está presente. Un lindo domingo azul yace un muerto en la ribera y alguien, tal vez Mackie Messer, a la esquina da la vuelta… (Asombrosamente, Rubén Blades logró canciones que sonaran más a Brecht que cualquier traducción, en su saga de “Pedro Navaja”).

Toda la tradición y todo el modernísimo, caótico presente. Pero el escandaloso cantor de la revolución y de los mendigos y criminales en una pesadilla de music hall, desde muy joven se alarmó y tuvo que admitir con cierto humor esta paradoja: “Observo que empiezo a ser un clásico”.

Esta actitud clásica la impidió idealizar a los oprimidos. Los canta tal cual son, sucios y vulgares, como víctimas de la injusticia y de los crímenes gubernamentales; no hay en su obra “héroes de abajo”, “hombres nuevos”, estampas ejemplares del comunista dorado.

Siempre resultó incómodo sobre todo para sus camaradas comunistas. Se burló de ellos. Les recomendó que desaparecieran al pueblo, de plano, para evitarse problemas con él en la aplicación del orden comunista. Denunció injusticias; jamás predicó paraísos políticos virtuales o demagógicos al gusto de las nomenklaturas soviéticas ni del Partido Comunista Alemán. Buscó las terribles verdades reales, no los mitos de la doctrina.

De ahí también su estilo, tan imitado e inimitable, de absoluta pureza lírica (en el sentido musical: las frases que siempre suenan a canto, que siempre cantan), pero obsesionado por la impureza de temas y expresiones. Ni el horror, ni las miserias humanas, ni la banalidad, ni el asco se hacen a un lado para que surja la belleza o la emoción. Toda la basura humana y de la realidad han de estar presentes en los mayores sueños y exaltaciones del hombre.

Como en Browing. su poesía es generalmente dramática, con un personaje diferenciado del autor, incluso con una historia.

Pero no se limita a monólogos, a personajes que digan su historia. Deben cantarla, plenamente, sin ocultar ni olvidar las contradicciones.

La belleza reside en su totalidad cantante, en su historia sin embellecimientos o censuras premeditados. De ahí que su forma privilegiada sea la balada (Lied): un canto no del momento esencial y quintaesenciado, sino del movimiento de una vida, de su historia, entremezclando la risa y la seriedad, la obscenidad y la limpidez, el horror o el asco y la contemplación.

Sólo pudo lograr esto un maestro de la forma del verso. Suenan en él con gran armonía los acordes menos compatibles. Parecen (no lo son, claro) surgidos espontáneamente, de un sólo trazo, de un solo movimiento. Y que así deben ser, como una planta o un animal. Que no se miden contra un canon externo. Que ellos mismos implantan su propio canon.

Otro tanto ocurre con las baladas, leyendas, cánticos, oraciones, crónicas o epigramas espigados de la literatura tradicional, especialmente de la muy antigua, de la que construyó sus formas misteriosas a través de siglos o milenios, como las chinas o hindúes que tanto admiró, la grecorromana, y las europeas de la Edad Media y del Renacimiento.

Este poeta revolucionario, acaso el más revolucionario de los poetas de nuestro siglo (en el sentido ideológico y de la misión que exigía a su poesía, como subversión radical de la naturaleza humana; pero sobre todo por sus atrevimientos estéticos y verbales), no es sino el más tradiciona- lista, el mayor trovador.

De ahí tal vez su fuerza, su belleza, su capacidad de asombro y de impacto, a pesar de las vicisitudes y de los cambios tan poderosos de nuestro siglo. El I ching y los brahamanes entonan la balada del pobre (ah, tan moderno) hombre occidental en sus poemas.

Y escuchamos en ellos la poesía fundamental, más allá de épocas, de teorías estéticas o políticas, de países o bandos. En lo más antiguo, lo más moderno.

En una “Visita a los poetas desterrados”, Brecht acentúa sus semejanzas con grandes poetas del pasado en cuanto al destino del poeta: también nos narra, subrepticiamente, un encuentro con la banda de sus cómplices imaginarios:

Cuando en sueños entró en la cabaña

de los poetas

desterrados, que está al lado de la cabaña

donde viven los maestros desterrados

(escuchó desde allí

discusión y risas), en la entrada

se le acercó

Ovidio y en voz baja la dijo:

“Mejor que todavía no te sientes.

Aún no has muerto. ¿Quién sabe

si no habrás de volver?”. Pero, con consuelo

en los ojos, se acercó Po Chu-yi

y sonriendo dijo: “El rigor se lo gana cada uno sólo con que una vez

nombre la injusticia”. Y su amigo

Tu-Fu dijo tranquilo:

“¿Comprendes?, el destierro no es el sitio

donde se desaprende el orgullo”.

Pero más terrenal se les unió

el andrajoso Villon

y preguntó: “¿Cuántas puertas tiene

la casa donde vives?”.

Y lo llevó a un lado Dante,

y cogiéndole del brazo

le susurró: “¡Tus versos están plagados

de defectos,

amigo, así que piensa cuánto hay

contra ti!”. Y Voltaire

añadió desde el fondo: “¡Presta

atención al céntimo,

si no te matarán de hambre!”.

“¡Y métele chistes!”,

gritó Heine. “Eso no ayuda”,

rezongó Shakespeare,

“cuando llegó Jacobo ni a mí me

permitieron ya escribir”.

“De llegar a juicio, ¡coge a un granuja

de abogado!”,

recomendó Eurípides, “pues él se sabrá

los agujeros en ¡a red de la ley”. La carcajada

duraba aún, cuando

del más oscuro rincón llegó un grito:

“Oye tú, ¿se saben

ellos también tus versos de memoria?

Y los que los saben,

escaparán a la persecución?”.

“Esos son los olvidados”,

dijo Dante en voz baja, “a ellos

no sólo les destruyeron los cuerpos, sino también las obras”.

Las risas

se quebraron. Nadie se atrevió

a mirar hacia allí.

El recién llegado

se había puesto pálido.            n

José Joaquín Blanco. Escritor. Su más reciente libro es Pastor y ninfa.

¿Por qué la competencia y el conflicto generan mejores políticas que el consenso?

FUNCIONAMIENTO DEMOCRÁTICO

¿POR QUÉ LA COMPETENCIA Y EL CONFLICTO GENERAN MEJORES POLÍTICAS QUE EL CONSENSO?

POR GUILLERMO TREJO

La pregunta que le da título a este artículo se basa en la certidumbre de que una economía y una sociedad sólo florecen cuando existen consensos sobre las formas para poder disentir y no consensos sobre resultados.

Una paradoja inquietante ha surgido en el país en los últimos años: en la medida en que la competencia electoral gana terreno y los partidos políticos hacen efectivo el sistema de pesos y contrapesos han empezado a surgir voces escépticas y temerosas sobre la capacidad gubernamental de la democracia. Representantes de distintos sectores económicos y políticos han expresado reiteradamente su insatisfacción con un gobierno dividido, en donde el presidente no cuenta con una mayoría en el congreso. En el imaginario nacional la ingobernabilidad se ha convertido en el enemigo a vencer. Hay un dejo de añoranza por la política pública unificada del presidencialismo de antaño. Una manifestación muy concreta de estos miedos y nostalgias es la discusión en años recientes sobre la necesidad de instituir políticas de Estado. La idea es sencilla: acuerdos entre las cúpulas gubernamentales y partidistas en torno a los grandes temas nacionales. Se trata, en el fondo, de la despolitización de la política pública. O, dicho de otra forma, de privilegiar el consenso entre élites por encima de la competencia electoral y el conflicto de intereses.

¿Es a través de pactos entre élites como las democracias mejor resuelven los grandes problemas nacionales? ¿Sería ingenuo aspirar a una política económica eficiente y a una política social justa a través de la competencia y el conflicto de intereses? ¿O es en realidad imperante el llegar a consensos cupulares sobre política macro-eco- nómica, comercial y de combate a la pobreza? ¿Es posible que la gobernabilidad democrática surja de la competencia y del conflicto?

El consenso, la competencia y el conflicto son quizá los tres mecanismos más influyentes en las ciencias sociales para explicar el cambio social y político. Son, también, tres mecanismos centrales en el origen y funcionamiento de los regímenes políticos. De las diferentes combinaciones de estos tres mecanismos, sin embargo, pueden surgir regímenes políticos tan distantes como la democracia o el totalitarismo. La esencia de la democracia es, como lo ha expuesto Adam Przeworski, la certidumbre sobre las reglas de la competencia política y la incertidumbre sobre los resultados. Y el principio aplica no sólo a las elecciones sino también al funcionamiento mismo de las democracias. La democracia supone la aceptación de parte de todos los actores políticos de las reglas de competencia y funcionamiento del régimen. El consenso sobre las reglas del juego es una condición necesaria para el funcionamiento de una democracia. Pero la democracia no supone el consenso sobre los resultados ni de la competencia electoral ni de la política pública. El consenso sobre las reglas posibilita la expresión pacífica e institucional de la pluralidad de intereses en conflicto que existen en cualquier sociedad, tradicional o moderna. Se trata de acordar medios para disentir sobre los fines sin llegar a las armas. No hay que pasar por alto una de las más dolorosas lecciones del siglo XX: el consenso sobre los fines, llevado al extremo, es el principio rector de la planificación central y del totalitarismo.

¿Por qué las democracias generan mejores políticas públicas a partir de la competencia y el conflicto? Para responder a esta pregunta valdría la pena recordar cuáles son los principios y los mecanismos básicos de funcionamiento de una democracia.

En un sentido minimalista, la democracia es un sistema representativo en el cual los ciudadanos seleccionan a sus gobernantes a partir de elecciones competitivas. En términos de la generación de políticas, las elecciones sirven a tres propósitos: 1) ofrecen a los ciudadanos diferentes menús de políticas públicas, 2) posibilitan la expresión de las preferencias ciudadanas y 3) permiten que los ciudadanos le exijan cuentas a los gobernantes. Las elecciones generan información invaluable sobre las preferencias ciudadanas, el desempeño gubernamental y los distintos instrumentos de política. Para Robert Dahl, un elemento esencial de la democracia representativa es que todo ciudadano sea capaz de expresar sus preferencias y que los gobernantes ponderen por igual los intereses de cada ciudadano. Para que esto último sea posible, las democracias representativas hacen uso del sistema de pesos y contrapesos, el cual sirve a dos propósitos generales: 1) permite la expresión de la pluralidad de intereses ciudadanos en diferentes facetas del quehacer gubernamental y 2) contrapone y complementa los intereses de una rama de gobierno frente a otra y los intereses de los ciudadanos entre sí. Por ejemplo, cuando el legislativo ejerce sus funciones ejecutivas o el ejecutivo sus funciones legislativas se genera un acervo riquísimo de información y se posibilita, a la vez, el mejor conocimiento de los instrumentos de política pública—especialmente cuando intereses en conflicto están al frente de las diferentes ramas de gobierno.

¿En qué medida la competencia y el conflicto superan al consenso como mecanismos que incentivan la expresión, inclusión y contraposición de los intereses de los políticos y de los ciudadanos para el mejor quehacer gubernamental?

La política pública basada en el consenso entorpece la expresión, inclusión y contraposición de intereses en una sociedad plural. Existen tres tipos de consensos: societales, entre expertos y entre cúpulas. El mayor exponente del consenso societal es Rousseau. En El contrato social, Rousseau sugiere que en sociedades pequeñas y homogéneas una asamblea de ciudadanos puede gobernar a través de la voluntad general. Analítica y empíricamente se ha comprobado que la búsqueda rousseauniana de la voluntad general es tan estéril como la búsqueda del Santo Grial. Quienes han buscado la voluntad general sólo han encontrado la voluntad del general: Hitler. Stalin o Pinochet. Desde Platón existe una larga tradición que es profundamente escéptica de la democracia y favorece el gobierno de los expertos. La experiencia de la planificación central en los países comunistas es la refutación más contundente al gobierno de los sabios. Tres razones. Primero, los planeadores centrales tienen sus propios intereses; y éstos no siempre coinciden con los intereses ciudadanos. Segundo, los planeadores centrales siempre carecen de la información suficiente para gobernar. Y, tercero, hay un problema de conocimiento tecnológico: en las ciencias sociales, incluso en la economía, existen pocos consensos sobre políticas óptimas sustentados en evidencia empírica robusta. Finalmente, los consensos entre cúpulas pueden ser un arma de dos filos. Quizás el efecto más nocivo de los pactos es que son, en esencia, socialmente excluyentes. Por cada España hay una Colombia o una Venezuela.

La política pública generada a partir de la competencia permite la expresión y contraposición de intereses, aunque no siempre de manera incluyente. Adam Smith es el mayor exponente de la competencia como mecanismo de toma de decisiones. Smith llevó al campo económico una de las ideas centrales de la ilustración escocesa, agudamente abreviada en el título de un texto de Mandeville: Vicios privados, virtudes públicas. Así nació la metáfora de la mano invisible: ¡persigue tus intereses individuales de manera egoísta y rapaz, y si todos hacen lo mismo, en el agregado la sociedad obtendrá los mayores beneficios posibles! Siglos después de la ilustración escocesa sabemos que los vicios individuales pueden, en el agregado, rendir grandes beneficios pero también enormes fracasos sociales. La historia nos ha enseñado que la mano invisible a veces falla y con frecuencia excluye. Pero más allá de sus deficiencias en lo económico, la competencia en el terreno político tiene virtudes valiosas. Frente al asambleismo rousseauniano, la competencia es un mecanismo más efectivo para la expresión y la identificación de preferencias ciudadanas. A diferencia de la planeación central, la competencia genera un flujo continuo de información sobre la efectividad de las políticas públicas, a través de la crítica entre competidores. Y, a diferencia de los acuerdos de cúpulas donde los ciudadanos no saben quién hizo qué y por qué, la competencia le permite a los ciudadanos adjudicar responsabilidades, castigar y premiar. Esto incentiva a los políticos a satisfacer de manera más efectiva las preferencias de los ciudadanos.

El conflicto, como mecanismo de toma de decisiones públicas, incentiva a la expresión, inclusión y contraposición de intereses entre políticos y ciudadanos. Marx hizo del conflicto social el motor epistemológico e histórico de su análisis sobre la evolución de las sociedades de un modo de producción a otro. Como Hobbes, Marx entendió que el conflicto es consustancial a la vida en sociedad. Existe, sin embargo, un error fundamental en su concepción del conflicto. Marx vivió convencido de que los intereses entre clases antagónicas eran irreconciliables. La burguesía y el proletariado inexorablemente acabarían tomando el camino de la violencia. Hoy sabemos que analítica y empíricamente Marx erró. Analíticamente se pueden distinguir dos tipos de conflicto: el puro y el impuro. Las situaciones de conflicto puro son aquellas en las que lo que un individuo gana el otro lo pierde. Las situaciones de conflicto impuro son aquellas en las que no obstante las diferencias entre intereses los individuos encuentran formas de coordinación y cooperación. La mayor parte de las interacciones sociales están caracterizadas por el conflicto impuro, no por el conflicto puro. La coexistencia pacífica entre la burguesía y el proletariado bajo la égida de la social- democracia europea son prueba de ello. En el terreno político, el conflicto de intereses tiene efectos positivos para la formulación de políticas: 1) es el principio rector de toda negociación; 2) incentiva la vigilancia implícita en un sistema de pesos y contrapesos; 3) permite la contraposición de intereses y los vetos mutuos: evita la imposición de una concepción particular del mundo; y 4) genera información sobre los instrumentos de política.

En la ciencia política existen diversos estudios que demuestran que las políticas más efectivas y eficientes surgen de contextos políticos caracterizados por la pluralidad, la competencia y el conflicto. En Politician’s Dilemma, Barbara Geddes ofrece un estudio extraordinario en el que explica la construcción de un servicio civil de carrera en algunas democracias latinoamericanas. Geddes encuentra que los políticos renuncian al uso discrecional y patrimonialista de la burocracia cuando, en virtud de la competencia política, existe un empate de fuerzas políticas entre los partidos representados en el poder legislativo y cuando los políticos en el poder no saben si ellos o sus contrincantes tendrán a la burocracia bajo su control. La incertidumbre de no saber quién estará en el poder en el futuro cercano incentiva a los políticos a darle autonomía a las burocracias: renuncian al uso discrecional de las agencias públicas de manera preventiva para evitar que otros hagan un uso discrecional en el futuro. No es por voluntad. Tampoco es por convicción. La reforma es producto del interés individual de los políticos: se amarran las manos para amarrarles las manos a sus enemigos cuando éstos lleguen al poder.

Hoy en día en el lenguaje público del país se han satanizado conceptos como el interés individual, la competencia y el conflicto. n

Un viejo y eficaz método

PARABÓLICA

UN VIEJO Y EFICAZ MÉTODO

POR CARLOS CASTILLO PERAZA

Hace ya más de un decenio que prolifera en nuestro país un supuesto método de análisis político, inquilino bien pagado de ciertas “columnas” periodísticas cuyos autores tratan de hacerle creer al consumidor, a veces con buen éxito, que ellos están enterados de lo que acaece “detrás” de los hechos y de los dichos que, respectivamente, se ven y se oyen o se leen. Con base en la hipotética información privilegiada de fuentes nunca precisadas, los escritores de marras formulan pronósticos que, en la mayor parte de los casos, no se cumplen, como yo mismo lo he demostrado en repetidas ocasiones.

Este procedimiento predictorio tiene la ventaja, para quien lo practica, de que, como sus fundamentos están “detrás”, en un ámbito al que sólo él tiene acceso, nadie puede comprobar si son ciertos. Si el pronóstico resulta acertado, se confirma que el columnista tiene acceso a misterios que el lector no puede conocer. Si acaba siendo falso, siempre puede aducirse que algo había todavía más atrás. El hambre patológica de información “secreta” y “confidencial” que pueda explicar cualquier cosa, hace el resto. Así, independientemente del número elevadísimo de veces en que las predicciones no se verifican, se vuelve a la “columna” y hasta se invita al “columnista” a dar conferencias en las que introduzca al auditorio a los “misterios” de la política. También tiene que ver en esta enfermiza recurrencia el ambiente de oscuridad en que ha solido desenvolverse la vida pública nacional.

El falso y el falsario

Cualquiera diría que este morbo es típico y exclusivo de nuestro país y nuestro tiempo. Nada más inexacto. El método es viejo y eficaz, como acaba de demostrarlo un historiador de la literatura rusa llamado Mikhail Lepekhine, quien acaba de dar a conocer un estudio recientemente concluido —gracias a la apertura de los archivos soviéticos— en torno de la identidad del autor de un libro llamado Los Protocolos de los sabios de Sión, impostura que causó furor en la Europa del tiempo de los zares y que aún circula con éxito en algunos países.1

Lepekhine descubrió que el falsario fue un tal Mathieu Golovinski, quien redactó el texto —que ha solido llevar como subtítulo “Programa judío para la conquista del mundo”— en París, por cuenta de la policía política del zarismo, y que después de la revolución rusa de 1917 se convirtió en un notable bolchevique. Un bien reputado investigador francés —Pierre- André Taguieff— había iniciado la tarea desmitificadora. Lepekhine encontró el eslabón que faltaba para completarla. Aquél había demostrado que el libro de marras era un falso. Este descubrió quién fue el falsificador.

Las “reuniones secretas”

Los Protocolos fueron editados por primera vez en Rusia en 1903. El libro da cuenta detallada de unas veinte “reuniones secretas” sostenidas por “judíos y masones”, en la que un “sabio de Sión” comunica a los dirigentes de aquellos dos grupos un “plan secreto” para imponer su dominio sobre toda la humanidad. La finalidad del plan es hacer de tal pareja “los amos del mundo”, una vez destruidas las monarquías y la civilización cristiana. Ningún medio habría de escatimarse: violencia, maña, astucia, guerras, revoluciones, modernización industrial, sistema capitalista serían otras tantas herramientas para demoler el orden existente y, sobre sus ruinas, instalar el “poder judío”. Obviamente, el libro aseguraba que los documentos que divulgaba eran “secretos”.

En 1920, hasta el reposado Times de Londres le dio crédito al panfleto. En 1921, empero, como lo muestra Eric Conan, el mismo diario ya había cambiado de opinión y probado fehacientemente que se trataba de una calca levemente modificada del Diálogo en los infiernos entre Maquiavelo y Montesquieu publicado en 1864 en Bruselas por Maurice Joly, como parte de una campaña contra Napoleón III. En la copia confeccionada por Golovinski para el aparato represivo zarista, se cambiaron los términos “Francia” y “Napoleón III” por, respectivamente, “el mundo” y “los judíos”.

Sin embargo, como al falsario antisemita pasó con armas y bagajes al servicio del régimen comunista, hubo que esperar a 1992 para descubrir, en los archivos de la diplomacia rusa y soviética conservados en Moscú, todo el tinglado. Golovinski, en su juventud, había sido “evangelizador” de algunas comunidades paganas de las orillas del Volga, junto con Ilya Ulianov, quien luego sería padre de Vladimir, el famoso Lenin. Uno de los primeros puestos burocráticos de Golovinski, bajo el zar, lo puso a cargo “de influir a la prensa por medio de artículos completos que entregaba a los directores, así como de colocar periodistas-agentes en las redacciones para censurarlas desde adentro y cuidar la línea” gubernamental. Gorki denunciaría a Golovinski llamándolo “soplón” o “delator”. El siniestro personaje fue a dar a París. Moscú, la del zarismo, le encargó infiltrar y manipular periódicos franceses. Su jefe, Ratchovski, le ordenó producir un falso documento capaz de influir directamente al zar Nicolás II y así inducirlo a reprimir a sus adversarios políticos. El amanuense hizo la tarea: redactó los Protocolos del modo ya descrito.

Cambio de bando

La revolución de octubre de 1917 no afectó a Golovinski quien, ese mismo año, apareció en San Petesburgo como diputado a un consejo o “soviet”, investido falsamente del título de “médico”. Su ascensión es fulgurante: en poquísimo tiempo accede al círculo más cercano de Trotski como consejero en materia de enseñanza militar.

En 1918 funda y dirige el Instituto de Cultura Física que, con el tiempo, llegó a ser el vivero de los campeones soviéticos.

Los Protocolos no se hunden con el nuevo régimen. Es más, son editados en 1921 por la muy seria y francesa casa Grasset. Henry Ford, magnate del automóvil y del antisemitismo, promueve su impresión y difusión en inglés. El aparato progandístico nazi lo disemina en alemán. Hitler lo menciona en Mi lucha. La Alemania de la cruz gamada defiende a troche y moche la autenticidad de la falsificación, y promueve su distribución tanto dentro cuanto fuera de Europa y hasta el final de la Segunda Guerra mundial. El arabismo militante lo emplea desde 1951, a partir de una edición lanzada en El Cairo, como prueba del “complot sionista” que hizo posible el nacimiento del Estado de Israel. Se multiplican luego las traducciones y ediciones. Buenos Aires y México tienen las suyas en el marco de la guerra fría, para alentar a los guerreros materiales e intelectuales que luchan contra el “judeobolchevismo”. Hoy, el radicalismo argelino y el palestino siguen usando el libro, citado por los arengadores del Frente Islámico de Salvación y del Hamas. También circula profusamente en los países del antiguo bloque socialista, Rusia incluida. Ninguna de las demostraciones de la falsificación detiene la proliferación, ni merma el crédito de que goza la tenebrosa y falaz producción de Golovinski.

Razones del buen éxito

Eric Conan, en L’Express, transcribe las razones que de tan buen éxito da en su estudio sobre los Protocolos el investigador Taguieff: Por su estructura —la revelación del pretendido secreto de los judíos por medio de un texto confidencial que se les atribuye—, los Protocolos satisfacen una necesidad de explicación al dar un sentido al movimiento indescifrable de la historia, cuya marcha simplifican designando a un enemigo único. Este permite legitimar, presentándolas como medidas preventivas de autodefensa, todas las acciones contra un enemigo absoluto, diabólico y mortal que se esconde tras múltiples disfraces: democracia, liberalismo, comunismo, capitalismo, república, etc. El buen éxito y la longevidad de los Protocolos, fabricados originalmente con propósitos limitados a la corte rusa, se deben paradójicamente a la falta de precisión de un texto que puede fácilmente adaptarse a todos los contextos de crisis, en los que el sentido de los acontecimientos es flotante, indeterminable. De aquí sus permanentes reutilizaciones.

Algunos de nuestros columnistas mexicanos de hoy, tan afectos a revelamos conjuras en la sombra que sólo ellos conocen, no han inventado nada. Son nietos espirituales e imitadores de Mathieu Golovinski, esbirro de zares un día, y de los vencedores de los zares al día diguiente; intrigante profesional —como escribe Conan— al servicio de los poderosos de turno.         n

Carlos Castillo Peraza. Periodista. Autor de Disiento.

1. Una versión en español de este libro circuló en México desde los años cincuenta, junto con otras como El judío internacional de Henry Ford. Las fuentes de esta Parabólica son un extenso artículo de Eric Conan publicado en el No. 2524 de L’Express, pp. 100-110. y la obra en dos volúmenes de Pierre-André Taguieff, que el propio Conan cita. Les Protocoles des Sages de Sion. editada por Berg International en 1992.

¿Imaginar la constitución?

LAS PALABRAS DE LA LEY

¿IMAGINAR LA CONSTITUCIÓN?

POR MIGUEL CARBONELL

Ya no es hora de imaginar la Constitución sino de comenzar a verla como una verdadera norma jurídica, obligatoria para todos los poderes públicos y para todos los ciudadanos, perfectible en su redacción, y siempre aplicable a una realidad histórica concreta.

Cuando se cumplen 83 años de haberse promulgado la Constitución de 1917 todavía no sabemos para qué sirve exactamente el texto constitucional ni cuál puede ser su función dentro de un contexto democrático. Tenemos, eso sí, una Constitución que ha sido objeto de toda clase de adjetivaciones y que, al correr de los sexenios, ha servido para cubrir casi cualquier ángulo del espectro político. Igual pudo decir en la década de los treinta que la educación pública debía ser socialista, que permitir ya en los noventa la realización de un proyecto neoliberal que pone énfasis en algunos postulados constitucionales al tiempo que olvida otros que le imponen obligaciones muy claras al Estado en materia de rectoría económica del desarrollo nacional.1 En palabras de Jesús Silva-Herzog Márquez, en México ha existido y sigue existiendo un “constitucionalismo oficial que ha dominado los tratados académicos, los discursos políticos y, más allá de ello, las actitudes sociales. Este modo de acercarse a la Constitución consiste en llenarla de elogios y despojarla, al mismo tiempo, de su sentido esencial”.2

Pero ¿cuál es el sentido esencial de la Constitución?, ¿qué es lo que tendría que cambiar para que tuviéramos un régimen constitucional realmente actuante? En primer lugar, la esencia de la Constitución, su aspiración más importante, como el de toda norma jurídica, es regular de modo efectivo los supuestos hipotéticos que contiene en su texto. Y dicha regulación solamente se puede llevar a cabo si se considera que la Constitución —aunque suene obvio— en verdad obliga a los destinatarios de sus normas, es decir, si deja de concebirse al texto constitucional como un apoyo retórico que ha servido para legitimar el discurso de un régimen que lleva varios años cayéndose en pedazos.

En segundo lugar, es necesario emprender una revisión profunda —y quizá urgente del texto constitucional—. Dicha necesidad deriva del escenario de parálisis y enfrentamiento que puede producirse al momento en que la Constitución empiece a ser tomada en serio. Para nadie es un secreto el hecho de que la Carta Magna fue concebida para operar bajo un esquema político y partidista de carácter hegemónico; pero al romperse la hegemonía del partido oficial y sobrevenir un pluralismo creciente —no sólo político sino sobre todo social y cultural— la Constitución empieza a mostrar sus flancos débiles.

Un primer punto de esa revisión profunda debe pasar por diseñar un nuevo equilibrio de poderes. Por fortuna ya van quedando atrás las posturas teóricas que a principios de los noventa postulaban la necesidad de acotar los poderes públicos, los del poder ejecutivo principalmente, para depositarlos en una difusa y para ellos incontaminada sociedad civil. Hoy parece ser que las teorías predominantes subrayan la necesidad de contar con poderes públicos fuertes, dotados de los medios necesarios para poder llevar a cabo sus funciones de una forma eficiente,3 pero controlados por la acción de los otros poderes. En este sentido, en México es necesario dotar al poder legislativo de los instrumentos necesarios para controlar de modo efectivo al Ejecutivo. Dichos instrumentos de control deben estar, en buena medida, en poder de las minorías parlamentarias porque de otro modo el juego entre la mayoría parlamentaria y el titular del Ejecutivo, que normalmente suelen ser del mismo partido, impide cualquier acción controladora a fondo.

Otra pieza fundamental en el proceso de nivelación entre los poderes es el poder judicial. Los jueces tienen un poder que Montesquieu describía como “en cierto modo nulo”, puesto que se limitaban a ser la “boca muda” que pronunciaba las palabras de la ley. Actualmente la situación ha cambiado mucho, de forma tal que los tribunales constitucionales europeos o la Corte Suprema de los Estados Unidos declaran sin ningún empacho la nulidad de leyes aprobadas por los parlamentos de sus Estados y rectifican políticas públicas que pudieran vulnerar sus cartas constitucionales. En México se han dado importantes reformas —y alguna contrarreforma4— al poder judicial, pero su imagen sigue estando muy deteriorada. Como apunta Héctor Fix Fierro, “la imagen de la justicia en la prensa, la opinión pública o incluso en el medio de la profesión jurídica, es y ha sido, en general, desfavorable y pareciera reflejar una crisis persistente y difundida”.5 En los próximos años habrá que ir pensando en la posibilidad de crear un tribunal constitucional separado del poder judicial ordinario, compuesto por expertos en temas constitucionales y con facultades amplias para controlar la conformidad de los actos de los demás poderes con el texto de la Constitución.

Otro sector en el que queda mucho por hacer para convertir a la Constitución en una verdadera norma jurídica y no en un mero catálogo de buenos deseos es hacer exigibles los postulados que contiene y, en particular, los derechos fundamentales de los ciudadanos. De nada sirve que la Constitución prevea un “derecho a la información”

si no se determina después, en una ley ordinaria por ejemplo, quiénes son los sujetos que integran las relaciones jurídicas surgidas de ese derecho, a quién se le pueden exigir responsabilidades y cuáles son las obligaciones que, en virtud de ese derecho, tienen los medios de comunicación frente al público; de nada sirve tampoco que se consagre constitucionalmente un derecho a la vivienda digna o un derecho al medio ambiente si los ciudadanos no cuentan con medio alguno de tutela para defender esos derechos. En el campo estrictamente procesal todavía es mucho lo que falta por hacer para acercar al texto de 1917 a una carta constitucional moderna.

Las reformas y revisiones que se hagan, sin embargo, deben procurar mantener la unidad de la Constitución, de tal forma que se eviten las técnicas actuales que han llenado de parches y remedos su texto, combinando posturas teóricas e ideológicas distintas y hasta contradictorias. Quizás un buen inicio sea sencillamente mejorar el lenguaje en que está redactada la Constitución, de modo que se haga inteligible para todos. No es mucho pedir, pero sería un paso enorme.

En cualquier caso, debemos dejar de imaginar la Constitución y empezar a verla como una verdadera norma jurídica, obligatoria para todos los poderes públicos y para todos los ciudadanos, perfectible en su redacción, en sus decisiones políticas básicas, pero siempre aplicable a una realidad histórica concreta. Sólo así la Constitución dejará de formar parte del ideario incumplido de la nación y empezará a abrirse camino dentro del conglomerado complejo y difícil del México del siglo XXI.    n

Miguel Carbonell. Investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y autor del libro Constitución, reforma constitucional y fuentes del derecho en México (UNAM-Porrúa, México, 1999).

1.Ver Isaac Katz: La Constitución y el desarrollo económico de México. Cal y Arena-CIDAC- ITAM, México, 1999.

2.El antiguo régimen y la transición en México. Planeta-Joaquín Mortiz, México, 1999, p. 35.

3.En este sentido, Adam Przeworski y otros: Democracia sustentable. Paidos. Buenos Aires, 1998.

4.Ver Pedro Salazar Ugarte:”Poder judicial, ¿hacia atrás o hacia adelante?”, en Nexos 259, julio de 1999.

5.La eficiencia de la justicia, IIJ-UNAM. México. 1995, pp. 11-12

Crítica de la sociedad en red

VIDA PÚBLICA

UNA ENTREVISTA CON MANUEL CASTELLS

CRÍTICA DE LA SOCIEDAD EN RED

POR CARLOS F. CHAMORRO

Manuel Castells, sociólogo, autor de El poder de las identidades, V uno de los críticos más agudos de la nueva era de la informática, caracteriza aquí a esta nueva sociedad constituida en torno a redes electrónicas de información en las que circula casi tocio lo que es importante.

En el debate actual sobre la demanda de regulación de los flujos de capitales a nivel mundial, mucho se mencionan los efectos indeseables de la globalización, pero no parecen haber pautas claras de regulación. ¿Por qué hay tanta resistencia?

En primer lugar, existe el reconocimiento de los efectos nocivos de una circulación totalmente libre de capitales en la economía mundial; pero, por otro lado, las propuestas realistas hechas por países, gobiernos y empresas que podrían aplicarlas se limitan en realidad a aumentar la transparencia de la información, a incrementar la aplicabilidad de las leyes de bancarrota en distintos países, y a aumentar también la publicidad de los sistemas de contabilidad de empresas y de mercados financieros. En el fondo se trata más bien de facilitar la circulación de capitales y de una mayor transparencia de los mecanismos públicos de regulación. Por tanto, más que tratar de regular, hay que ir más allá en la desregulación.

Lo que se propone entonces es una desregulación más transparente…

Exacto. Una desregulación más informada y con menos riesgos para los inversionistas. Se insiste mucho en la responsabilidad de bancos y gobiernos de otros países para que los inversionistas puedan recuperar su dinero en casos de crisis. También se plantea la idea de una mayor capacidad de intervención del Fondo Monetario Internacional con acciones preventivas y paquetes de préstamos ligados a políticas de ajuste y en el fondo ligados a una menor regulación por los gobiernos.

Ese tipo de no regulación, o de transparencia informativa, permite una integración de los mercados emergentes mucho más selectiva y limitada de lo que hasta ahora conocemos. Además de que no abordan el problema de la regulación, no habrá regulación por una razón muy sencilla: sólo puede haber regulación de flujos internacionalessi hay un acuerdo global. Es impensable que unos países regulen y otros no, porque la movilidad de capitales en estos momentos hace que los capitales puedan circular electrónicamente entre distintas economías. Por tanto, sólo bajo una condición, que los principales economías del mundo se pusieran de acuerdo en, por ejemplo, poner un depósito o una tasa de impuesto Tobin a las transacciones financieras por la acción especulativa, sólo en ese caso podría aplicarse. Y hay formas de aplicarlo.

No es tecnológicamente imposible regular. Es complicado por la velocidad de los circuitos financieros pero hay fórmulas electrónicas para tasar realmente cierto tipo de transacciones si todo mundo las acepta. Aquí el problema fundamental es que de todas maneras Estados Unidos, y por tanto el Fondo Monetario Internacional. que está controlado por Estados Unidos, no acepta la regulación y no está dispuesto a basarse en esta vía.

Bajo esta lógica, ¿cuáles son las prescripciones para enfrentar las crisis regionales, como las que han estallado en los países asiáticos, Rusia o Brasil?

Intentar prevenirlas con acciones del Fondo Monetario Internacional, una especie de sistema de vigilancia financiera y monetaria global: cuando un país esté a punto de entrar en un proceso que le parece peligroso al FMI, darle una advertencia y llamarlo a la disciplina económica. Si acepta la disciplina económica, entonces facilitarle un crédito de ajuste; si no acepta la disciplina económica, declararlo país peligroso, algo que por tanto generaría una huida de capital. En este sentido las tendencias que se Manifiestan no son tendencias hacia la regulación por los gobiernos nacionales sino tendencias de los mecanismos globales como el Fondo Monetario Internacional a controlar las políticas de regulación de los Estados nacionales. Es decir, se va en un sentido inverso al del control por los gobiernos nacionales sobre los flujos globales.

En los últimos años se sostiene que hay una crisis del paradigma neoliberal e incluso algunos afirman que ya estamos en una etapa de postneoliberalismo. ¿En qué medida lo que se ha producido es un ajuste dentro del paradigma neoliberal, o acaso hay un cambio real?

Si hablamos en términos sociales y políticos, sí hay una crisis del neoliberalismo, por los efectos perniciosos de una globalización incontrolada y de un desarrollo tecnológico que está sesgado en términos sociales hacia los grupos más educados en los países más avanzados.

En lo que no estoy de acuerdo es que haya una crisis económica. Desde el punto del crecimiento de los capitales, que es el nuevo tipo de medida en estos momentos, no tanto la tasa de ganancia como el aumento del valor del capital, la situación es distinta. Las empresas de Internet cuyas acciones suben cada día, tienen pocas ganancias pero su capital se incrementa enormemente, sólo por la revalorización en los mercados financieros y la expectativa de futuras ganancias. Lo que está ocurriendo es que hay un nuevo tipo de economía con altísima productividad. No es simplemente economía especulativa, con una gran movilidad de capital y asignación de recursos muy articulada a nivel mundial y que aumenta o encoge sus flujos de inversión según las oportunidades o los peligros de la economía mundial. Los grandes inversionistas globales no han perdido grandes capitales en la crisis asiática y han sido ampliamente compensados. Cierto, las empresas coreanas o indonesias y los trabajadores de esos países han sufrido considerablemente, Brasil también, pero el sistema de circulación de capital a escala global y, dentro de la economía mundial, Estados Unidos, son absolutamente dinámicos y tienen fuerza para continuar con ese dinamismo.

La economía de Estados Unidos es la más brillante y más boyante que ha habido en muchos años. Es cierto que las acciones de Internet pueden bajar. Pueden bajar porque están a niveles estratosféricos. No pueden seguir duplicando o triplicando el valor cada año. Pero de todas maneras la economía estadunidense está en una época dorada y no habrá crisis global o catastrófica aunque en algunos momentos haya un ajuste en el mercado. En ese sentido, no hay crisis del capitalismo global; al contrario, hay un desarrollo cada vez más dinámico del capitalismo global y al mismo tiempo cada vez más excluyente de muchas zonas del mundo y con crisis cada vez más violentas, pero crisis que no afectan la economia y el sistema en su centro, sino que afectan a las sociedades y a las políticas.

La otra cara de la moneda usted la ha definido en su libro como el “cuarto mundo” , como una de las consecuencias de la exclusión social, que no sólo abarca regiones sino también a las grandes urbes norteamericanas. ¿Qué salida existe, si hay alguna, de esos “agujeros negros”, como los llama usted, del capitalismo “informacional” ?

Desde el punto de vista estrictamente económico y tecnológico no la hay. La capacidad del sistema actual de funcionar en redes, que conectan todo lo que vale y desconectan lo que no vale o deja de tener valor desde el punto de vista del sistema, hace que se pueda prescindir de grandes segmentos de la sociedad y de grandes áreas del planeta. A nadie le interesa en este momento la mayor parte de lo que ocurre en Africa, en la medida en que la gente no tiene valor ni como productores ni como consumidores y más bien son un problema, y si desaparecieran, desde el punto de vista del sistema, sería más positivo. Ahora bien, lo que considero una utopía neoliberal es pensar que un planeta puede funcionar con un sistema altamente dinámico pero altamente segmentado excluyendo como mínimo a un 40% de la población del planeta. Recuerde que un 40% de personas malviven con menos de dos dólares por día en estos momentos. En los últimos diez años ha habido un aumento extraordinario de la desigualdad social, la pobreza, la exclusión social, a nivel del planeta en su conjunto, y en la mayor parte de países incluido Estados Unidos.

¿Dónde reside el vínculo entre esa exacerbación de la polarización y de la pobreza y el desarrollo tecnológico?

En la medida en que la creación de valor depende cada vez más de la capacidad de procesamiento de información y de la capacidad de la infraestructura tecnológica para ese procesamiento de información, entonces la desigualdad en educación, en recursos tecnológicos y en recursos culturales educativos, que es la mayor desigualdad que hay en el planeta, amplifica las desigualdades sociales. En cierto modo, lo que ocurrió tradicionalmente en el intercambio desigual entre las materias primas y los productos manufacturados ahora se ha extendido al intercambio entre cualquier tipo de productos agrícolas, manufacturados, etcétera, y los productos “informacionales”.

¿Existe un espacio para que los Estados puedan desarrollar políticas públicas significativas, o el Estado está en una etapa completamente defensiva sin capacidad de influencia real?

Los Estados han dejado de ser soberanos, por muchas declaraciones que hagan. Los Estados no tienen por sí mismos, ni los grandes ni los pequeños, capacidad para controlar los flujos globales de capital, de tecnología, los medios de comunicación o Internet. Eso no quiere decir que desaparezcan. Los Estados nacionales son constituciones históricas que representan identidades, coaliciones de intereses, proyectos nacionales y que van a seguir. Los futurólogos que predicen la desaparición del Estado simplemente reflejan una ideología neoliberal. Lo que ocurre es que el papel de los Estados en este momento es navegar en ese mundo de flujos más que gobernar, y tratar de combinar los distintos grupos de intereses que representan, cómo se adecúan a ese mundo cambiante de flujos de información y riqueza que construyen y constituyen el planeta.

La manera en que muchos Estados se adaptan es a través de dos procedimientos: la organización de redes interestatales y la construcción de instituciones supranaciona- les que, a través de alianzas de Estados, puedan conseguir un mayor poder de negociación y de influencia en este mundo de flujos globales. Y, por otro lado, la descentralización regional y local que permite a entidades públicas tener mayor flexibilidad para adaptarse a estos continuos cambios de flujos de comercio, capital e información.

Hemos pasado de un Estado-nación a lo que yo llamo un Estado-red que está constituido por una serie de relaciones, una red de relaciones entre los Estados naciones, las instituciones supranacionales, las instituciones internacionales, que son distintas (hechas de alianzas de Estados y no por encima de éstos), y, por otro lado, los entes locales y regionales que también tienen su capacidad creciente de gestión. El ejercicio de la política cada vez más pasa por una continua interacción, a veces negociada a veces conflictiva entre esos distintos niveles de instituciones estatales que forman el Estado-red.

¿Qué tan determinante es la capacidad fiscal del Estado? ¿De qué fuentes extraerá el Estado los recursos para hacer políticas públicas?

Es decisiva y es uno de los grandes desafíos que tiene el Estado en el momento de la globalización de la economía. En la medida en que existe la posibilidad de desplazar capitales y establecer sedes de empresas en paraísos fiscales, la contabilidad interna de muchas empresas multinacionales y de muchos bancos es prácticamente imposible de controlar para muchos Estados. Sobre todo por Estados de menor capacidad técnica o económica como lo son muchos Estados latinoamericanos. Entonces, sin contar la enorme cantidad de economía informal y economía criminal que por definición escapa al Estado, y sin contar los fraudes fiscales masivos que se producen en todo el mundo, hay también una incapacidad creciente de los Estados para controlar la contabilidad de las empresas. Si a esto añadimos la estrategia neoliberal de reducir la base fiscal del Estado, estamos en una situación en la que a los Estados se les pide cada vez más pero tienen cada vez menos con qué cubrir esas necesidades. Y, por consiguiente, los Estados están en una situación más de incitar y negociar que de decidir y ordenar.

Cuando habla de economía global criminal entiendo que no se refiere únicamente al narcotráfico sino a actividades ilícitas mucho más extensas y complejas. ¿Por qué algunos expertos le restan importancia, argumentando que los datos de la economía global del crimen no son confiables? ¿Es un problema de falta de voluntad política, de aplicación de la ley, o el mundo estaría impotente ante la intervención de la economía global criminal en la sociedad red?

Este es uno de los problemas más importantes en el mundo en general, no sólo en América Latina. En primer lugar, la economía global criminal es mucho más que el narcotráfico. Para dar una idea, el narcotráfico representaría entre el 50 y el 60% del volumen global de esta economía que las Naciones Unidas consideran con un flujo anual de al menos un trillón de dolares (con doce ceros), más que el producto bruto del Reino Unido. Eso sería lo mínimo que estaría circulando en los circuitos de lavado de dinero y en los circuitos financieros. Cierto que estos datos y otros son poco fiables.

Segundo, es una economía que no sólo se refiere a la droga sino al tráfico ilegal de armas, al tráfico ilegal de seres humanos, hombres, mujeres y niños, de órganos humanos, al tráfico ilegal de dinero, que es el principal tráfico ilegal porque sin él ninguna de las otras actividades criminales tendría sentido.

¿Cuáles son las políticas que se siguen? Políticas de represión y de negación de la evidencia, condenadas al fracaso porque no consiguen parar el fenómeno, y además generan gastos absolutamente disparatados.

En Estados Unidos hay cinco millones y medio de personas en el sistema de justicia criminal y dos millones en la cárcel. Se calcula que 60% del volumen de personas en la cárcel está ligado a la droga, la menor parte al consumo y la mayor parte al tráfico. En Estados Unidos se construye una prisión por semana y se calcula que este ritmo seguirá durante los diez próximos años. California gasta tanto en prisiones como en educación.

Situaciones como la de Máxico, Colombia, Bolivia o Paraguay, indican que el narcotráfico y la economía criminal han penetrado en lo más profundo y lo más alto de las instituciones del Estado, desde los policías de aduana y los jueces, hasta ministros. parlamentarios y aparatos de partidos políticos mayoritarios. En esas condiciones, seguir pensando que la simple represión de las actividades marginales de traficantes puede bastar como política contra la economía criminal, es o bien un sueño o algo mucho más grave, una irresponsabilidad.

Es incomprensible que haya una acción de grandes gobiernos para ocuparse de los derechos humanos en Kosovo con enormes recursos políticos y militares y no haya una acción concertada de gobiernos para un programa global contra la economía criminal que vaya desde medidas represivas, que debe haber, hasta medidas de limpieza de las instituciones del Estado y programas preventivos, e incluso plantear en serio el tema de la legalización de las drogas como elemento fundamental.

En El poder de las identidades usted señala la obsolescencia de los partidos políticos como mecanismos de representación y excluye la posibilidad de que éstos actúen como innovadores y agentes de cambio social, y apuesta al rol de los nuevos movimientos sociales. Pero en casi todas partes la política sigue siendo administrada pollos partidos políticos. ¿Esta nueva tendencia está planteada como de largo plazo o tiene una expresión inmediata?

Los partidos políticos no sólo son importantes sino indispensables en la democracia. Ahora que en América Latina mucha gente lamenta que la lucha por la democracia no haya dado todos los frutos que se esperaban, yo siempre recuerdo la definición de democracia de Robert Escarpit. el filósofo y ensayista francés, que decía: “democracia es cuando llaman a la puerta a las cinco de la madrugada y piensas que es el lechero”. Y la democracia política incluye como mecanismo insustituible la pluralidad de partidos políticos.

En mi libro afirmo que, basado en una investigación empírica, no es tanto que los partidos estén superados, sino que no son agentes de innovación política social y cultural. En la medida en que tienen que gestionar el día a día, y son prisioneros de toda una serie de normas institucionales y de situaciones de equilibrio, no es de los partidos de donde puede venir la innovación, la afirmación de nuevos valores. Por otro lado, si movimientos sociales que son los generadores de nuevos valores fueran los únicos exponentes de la organización de la sociedad civil, entonces correríamos un alto riesgo, incluso de fundamentalismo e intolerancia, porque una vez que se proponen nuevos valores hay que gestionar los intereses de la gente que no tiene esos mismos valores o que no acepta esos valores. Por consiguiente, estamos ante una necesidad de establecer un equilibrio y una interacción entre movimientos sociales como generadores de valores y partidos políticos como gestores de instituciones. En ese sentido, no son excluyentes. Ahora bien, su fusión, la absorción de los movimientos sociales por los partidos políticos lleva a la burocratización de la sociedad. La absorción de los partidos políticos por los movimientos sociales lleva en el fondo al fundamentalismo, a la no capacidad de gestión de los múltiples intereses de una sociedad plural.

Sin embargo, el problema no es que los partidos estén obsoletos por definición, es que han entrado en una crisis de legitimidad profunda, no tanto por ser partidos políticos sino por lo que hacen como partidos políticos. Por un lado, han quedado prisioneros de los medios de comunicación. La política de la sociedad de la información es una política a través de la comunicación y de los medios de comunicación. No es que los medios de comunicación tengan el poder, sino que son el espacio en el que se hace la política. Y los partidos políticos se han convertido fundamentalmente en productores de imágenes y de efectos comunicativos, porque a través de estos efectos se impacta la opinión pública.

Al convertirse en máquinas mediáticas los partidos políticos han perdido sus conexiones profundas con la sociedad. Y en muchos casos se han convertido en máquinas burocráticas. Quienes militan en los partidos son en el fondo personas bastante poco representativas de la realidad en su conjunto y se han convertido en aparatchiks. Es una extraña combinación de aparatchiks como cuadros de partido y de máquinas mediáticas como formas de llegar al poder para fundamentalmente situar en posiciones de privilegio a aquellos que están ya en el partido.

Estamos ante una pérdida de eficacia y legitimidad del tipo de organización política de partido en el que estaba basada la democracia representativa, en un momento en que las fórmulas de hacer política han cambiado y los partidos no.

Hablemos un poco de las potencialidades de lo que usted llama la sociedad red que ha transformado las pautas de organización de la economía, la sociedad, la cultura y la política.

La sociedad red ya existe, no es el futuro. Es una sociedad constituida en torno a redes electrónicas de información en las que casi todo lo que es importante circula. El capital, el comercio internacional, la tecnología, las nuevas tácticas militares, los medios de comunicación, la educación, todo está constituido en torno a estas redes electrónicas. Estas redes son muy flexibles y permiten circular valores e intereses en distintos sentidos. En concreto, la misma capacidad que tienen los mercados financieros para circular constantemente a nivel global y unificar todo el capital, la tiene también la información. Y la información a través de Internet puede ser de una ayuda extraordinaria para el desarrollo de la educación en muchos países con infraestructura educativa muy limitada. No sólo a través de la llamada educación a distancia sino a través del reforzamiento de la capacidad de las escuelas de acceder a la información y hacia fuentes de comunicación impensables hace diez años; con muy poco entrenamiento maestros de escuela pueden ser los intermediarios entre niños o adolescentes y el conocimiento de la información universal a través de Internet. También los movimientos sociales que antes eran locales, y por tanto localistas, pueden, y lo están haciendo en estos momentos, conectarse a través de Internet, vía interactiva, intercambiar no sólo información y experiencias sino también coordinar acciones y coordinar reivindicaciones. De la misma forma, a nivel político están las consecuencias posibles de una mayor intervención de la sociedad civil a través de redes de información. Me refiero, por ejemplo, a que el control de la opinión por parte de lo que se publica en los medios de información puede ser no sustituido sino complementado por redes de comunicación horizontales entre ciudadanos que no tengan que pasar necesariamente por las industrias de medios de comunicación.  n

Carlos F. Chamorro. Periodista nicaragüense.

El dinero y los medios

ELECCIONES DEL 2000

EL DINERO Y LOS MEDIOS

POR CIRO MURAYAMA Y FABRICE SALAMANCA

¿Con cuántos recursos contarán los partidos para financiar sus campañas electorales ? Y, aún más, ¿a qué disciplina deberán someterse sus gastos?

En las recién inauguradas campañas políticas de los partidos en pos del voto ciudadano el próximo 2 de julio, por vez primera un abanderado de la oposición a la presidencia contará con más recursos públicos para financiar su propaganda que el candidato del PRI. La constitución de la Alianza por México dio como su primer fruto la suma de los recursos para campaña de los cinco partidos que confluyeron en esa coalición, lo que da un monto de $501,658,911.02, que supera al del PRI ($445,719,873.05) y al de la coalición verdiazul Alianza por el Cambio ($443,363,747.7). Este es un dato duro que arroja el diseño electoral mexicano: el partido en el gobierno federal cuenta con tan sólo el 30.3% del dinero público destinado a las campañas electorales.

Los partidos, por distintas vías reglamentadas (aportaciones de militantes, aportaciones de simpatizantes que no pueden exceder del 10% del financiamiento público ordinario ni de los topes de aportación individual, autofinanciamiento y rendimientos financieros), pueden hacerse de ingresos privados, con la limitación general de que ese financiamiento no exceda al público. Por lo mismo, si los partidos hicieran uso de sus fuentes de financiamiento privado hasta el límite que la ley permite, se llegaría a las sumas que están reflejadas en la sexta columna del cuadro 1.

Eso por lo que se refiere al ingreso de los recursos, pero también están reglamentados los flujos de salida de dinero, es decir, los egresos de las campañas. El IFE estableció topes a los gastos de campaña para las elecciones de senadores, diputados y de presidente (cuadro 2). En un escenario donde los partidos destinaran prácticamente todos sus recursos a la propaganda electoral este año, sólo las dos coaliciones y el PRI estarían en condiciones de superar los topes (cuadro 3), lo cual al parecer no resulta factible si se considera que los partidos con mayor presencia realizan erogaciones considerables en gastos ordinarios (vgr. para el sostenimiento de las estructuras partidistas).Por ello, el sentido de los topes a los gastos de campaña radica en limitar que una sola de las campañas, por ejemplo la presidencial, concentre los recursos de algún partido o coalición, lo que sí es posible con los recursos que hoy tienen las principales alternativas políticas. La tarea de fiscalización, por tanto, ha de centrarse en dos aspectos básicos: el origen de los recursos (y el monto de ingresos que alcancen todos los contendientes), así como el gasto en cada una de las campañas en lo individual que realicen, sobre todo, los actores de más arraigo.

Otro capítulo donde el desarrollo de las campañas será definitivo es el de los medios de comunicación. Los partidos, por un lado, podrán adquirir, con los recursos que se han mencionado, tiempo y espacio en radio y televisión libremente. Pero, además, el IFE compra una bolsa de tiempo que se suma a las prerrogativas permanentes, y que se reparte entre los partidos o coaliciones con el siguiente criterio: el 4% para cada partido sin representación en el Congreso; para los partidos con representación en el Congreso el 30% del tiempo es igualitario y el 70% restante se distribuye según la votación alcanzada por el partido en la elección previa (en el caso de las coaliciones, los votos no son acumulables y se considera el porcentaje del partido con más sufragios entre los coaligados). Con esta fórmula a lo largo de las campañas, a través de programas permanentes, programas especiales, tiempos complementarios y spots de 20 segundos tanto en radio como en televisión, los partidos tendrán un canal adicional para que, sin realizar erogaciones propias, sus mensajes de campaña lleguen al electorado (cuadro 4).

Tales son los recursos y medios que el IFE, atendiendo a la norma, ha puesto en manos de los partidos y coaliciones para la contienda electoral. La calidad de los mensajes, de las propuestas, depende ahora de los contendientes. Veremos hasta dónde, en busca del aval ciudadano, son capaces de hacer un uso inteligente de esos, por demás significativos, apoyos del erario público.   n

Ciro Murayama. Economista. Fabrice Salamanca. Abogado. Han colaborado en nexos anteriores.

Biografía y Novela

SERPIENTES Y ESCALERAS

BIOGRAFÍA Y NOVELA

POR CLAUDIO MAGRIS

Claudi  Magris, el prototipo del viajero moderno, fatigador incansable de libros y de Europa Central, dirige este ensayo a las relaciones entre biografía y novela, es decir, hacia el autor como personaje de la obra y hacia la obra como anulación del personaje-autor.

En el tercer capítulo de su Gato Murr (1820-1822) Hoffmann imagina que la biografía fragmentaria del protagonista, el director de orquesta Johannes Kreisler, está escrita en el reverso de las hojas en que el burgués y socarrón gato Murr ha escrito la suya. Al comienzo de este capítulo Hoffmann escribe que le hubiera gustado poder relatar la vida de su infeliz héroe siguiendo “un bonito orden cronológico” desde su nacimiento en adelante, pero que le resulta imposible hacerlo, puesto que no dispone de toda la vida de su personaje completa y bien ordenada, sino únicamente de fragmentos, que conoce a trozos. Tiene noticia fragmentaria de numerosos hechos, pero éstos no siguen la secuencia que en la realidad formaron, aunque fuese de modo confuso, embarulladamente; conoce primero un episodio de la madurez de Kreisler, e inmediatamente después otro de su infancia, de modo que los hilos de la vida y del tiempo se confunden, se entrelazan, y al final el conocimiento de la biografía de Kreisler no parece desde luego mayor que al principio, sino menor y más confuso. Todo ello no facilita, sino que perturba e impide la escritura de la biografía del personaje.

El escritor debe pues contentarse con relatar la vida de Kreisler tal como la ha conocido, siguiendo un ritmo y sobre todo un orden totalmente distintos de los de la realidad: un orden en que lo ocurrido después precede a lo ocurrido antes, y por tanto modifica y trastoca su significado. A medida que el relato avanza, la familiaridad con el personaje y la comprensión de sus actos y sus motivos no son cada vez mayores, como ocurre en una auténtica biografía, sino que por el contrario disminuyen y desaparecen, cayendo en una completa desconexión y abriéndose a abismos de oscuridad y de nada, de los que únicamente surgen dolorosos retazos. Sólo del gato Murr puede escribirse una historia bien ordenada y acabada —una historia capaz de trazar un perfil completo del personaje, como un busto ilustre en un Panteón—. Todo ello ocurre, porque, según Hoffmann, en su época ya no es posible un proceso acabado y armonioso de maduración de la personalidad: aquella Bildung, aquella “formación” que Goethe y todo el clasicismo alemán mostraban como un ideal que era posible y necesario alcanzar —en la vida o en el arte que la representa y reproduce— es visto en su época como imposible.

El Bildungsroman, la novela de formación, favorita del clasicismo alemán, plantea un gran interrogante: si será posible que un hombre desarrolle toda la riqueza de su personalidad —la complejidad de su alma, de sus inclinaciones y potencialidades— en armonía con la sociedad (con una sociedad cada vez más compleja, anónima e impenetrable) y en armonía con un papel activo suyo, con una función suya en esta sociedad. Este interrogante constituye un problema humano, moral y político de fundamental importancia para la modernidad. Con su Wilhelm Meinster, la novela de formación por excelencia —y no sólo con ella—, Goethe ofrece una respuesta problemática, pero positiva, a esa pregunta. Hoffmann —y con él los románticos y después de él la mejor literatura moderna— puede por el contrario responder con pasión, pero sólo en un sentido negativo. Los grandes románticos son revolucionarios desilusionados: a su entusiasmo ante las esperanzas más radicales y utópicas de la Revolución francesa —esperanzas de una redención absoluta de la vida y de la historia— sigue una radical desilusión, que les lleva a renunciar a esas esperanzas históricas. a toda imagen positiva del hombre y de la sociedad, a toda positividad. Frente a la historia, la literatura se presenta como su reverso, como la cara en sombras de la luna, la expresión de todo lo que el conjunto de la historia y del progreso olvida, aparta, humilla; la literatura aparece como una herida o cicatriz de la historia y remite de nuevo a una necesaria pero imposible revolución política. La literatura se ofrece como nostálgica negación de la vida falsa, negación que surge de la nostalgia de la vida verdadera.

Si la vida verdadera—la vida completa y armoniosa— parece imposible, tanto más lo parece la biografía. Quien pretende tener una biografía completa y sin lagunas, mostrar una personalidad totalmente desarrollada, se convierte, sin saberlo, en una caricatura de estos ideales, del mismo modo que el filisteo gato Murr es una caricatura de Wilhelm Meister, el héroe goethiano que encarnaba la formación completa del individuo y la totalidad orgánica de la novela misma, entendida como el relato de ese progresivo proceso de maduración. La armonía entre el individuo y el contexto social en el que vive —una armonía necesaria no sólo para el desarrollo de su personalidad, sino también para alcanzar su representación completa, o sea su biografía completa— le parece a Hoffmann, pero también a otros muchos escritores europeos posteriores, definitivamente perdida en la época moderna, en una época en la que la relación entre el individuo y la sociedad parece esencialmente caracterizada por la escisión, el desgarramiento, la culpabilización recíproca y la incomunicación.

La relación del individuo consigo mismo también resulta rota; y por tanto su auténtica historia —una historia que busque narrar realmente su vida sin falsificarla limando sus asperezas— no puede ser a su vez sino fragmentaria, incompleta e inconexa. La conciencia de ello se va haciendo más intensa con el paso de las décadas, radicalizándose en muchos escritores contemporáneos especialmente en lo que se refiere a la relación entre vida y obra, entre vida y escritura.

El yo se constituye mediante reducción y sustracción, introduce una renuncia a la vida y a uno mismo, una renuncia que afecta sobre todo a la construcción positiva de su personalidad y su papel social. El yo empieza a experimentarse como un inútil vacío, como le ocurre a Antón Reiser en la novela de Moritz; se niega a cualquier función social —”I prefer not, Sir”, responde a cualquier petición el escribiente Bartleby en el relato de Melville—, y se niega sobre todo a su propia evolución orgánica: “yo no tengo ninguna historia”, dice el Pobre Músico de Grillparzer al narrador, que quisiera contar la historia de su vida.

Todo esto se hace cada vez más evidente y dramático en la literatura contemporánea, que —especialmente, pero no sólo, en Mitteleuropa— ha sometido a una crítica radical el concepto mismo de yo, como demuestra la obra de Musil, de Canetti y de tantos otros autores. Ha entrado en crisis aquel yo del que Musil en El hombre sin atributos dice que ha perdido la capacidad, que antes tenía, de comportarse como un soberano en sus actos de gobierno. Esta literatura ha descubierto la multiplicidad, la pluralidad de todo yo individual, su capacidad de metamorfosis respecto a sí mismo. Todo ello hace extremadamente problemático el género de la biografía en su sentido tradicional.

Las reacciones a este descubrimiento, que la literatura contemporánea hace continuamente, al menos desde la época del hombre del subsuelo de Dostoievski y la revolución conceptual de Nietzsche, son diversas y opuestas. En El hombre sin atributos Moosbruger o Clarisse no pueden tener ninguna biografía porque no tienen ningún yo; la locura parece ser una modalidad del sujeto, que ya no se deja atrapar en la camisa de fuerza de una identidad compacta y unitaria.

Hermann Broch decía que el escritor contemporáneo no tenía biografía propiamente dicha, sino que era sencillamente alguien que había vivido y había escrito. Justamente este acto de la escritura, que por una parte proporciona orden a la vida —en el sentido de que confiere una forma a su fluir, que sería de otro modo informe y caótico—, parece tener, examinado desde otro ángulo, un aspecto opuesto. El escribir resulta ser un viaje por los meandros y los infiernos de la multiplicidad. Esta multiplicidad no caracteriza sólo a la realidad, irreductible a cualquier unidad cerrada, sino también a la misma identidad individual. La escritura se asemeja pues más a la actividad nocturna de Penélope que a la diurna; en vez de fabricar el tejido de la vida, lo deshace; saca a la luz la disarmonía como rasgo esencial de la época, volviendo por tanto extremadamente problemática cualquier representación acabada del individuo y de su relación con el mundo.

El escritor siente obviamente con especial fuerza esta problemática relación entre vivir y escribir. La vida crea la escritura, pero esta última influye y transforma con su canto la vida, que la ha creado. En uno de los últimos relatos de Svevo, el viejo —que es Zeno Cosini, aún vivo después de haber escrito La conciencia de Zeno, su irónica autobiografía— piensa que él no es ya quien ha vivido su vida sino quien la ha escrito, y que ciertas cosas de su existencia han llegado a ser importantes no porque él las ha vivido o cuando él las ha vivido, sino porque él las ha llevado al papel o cuando él las ha llevado al papel.

La escritura se refleja en la vida que la ha creado y crea a su vez esa vida, en un proceso ambiguo, unas veces positivo y otras negativo. En un ensayo, Daniele Del Giudice observa que no fue Italo Svevo quien creó a Zeno Cosini, sino Zeno quien creó a Italo Svevo. En efecto, después de haber escrito La conciencia de Zeno y de haber asistido con irónico e incrédulo estupor al inesperado éxito de su libro, el escritor, más o menos conscientemente, construyó el personaje del autor, el comerciante triestino Italo Svevo, escindido entre vida y literatura —un personaje que él construyó adoptando el modelo interpretativo que los críticos crearon tras leer la novela, y que les sirvió para hacerse su imagen del novelista—. De este modo inducían al escritor de carne y hueso a transformarse y a adaptar su imagen a la que ellos habían creado.

A veces este proceso termina siendo destructivo. Un gran escritor puede sentirse de algún modo prisionero del personaje que él mismo ha creado; se ve forzado a entrar en un camino obligado y voluntario. Es el itinerario de muchos autores reaccionarios, que, dominados por una inmutable coherencia con su propia dolorosa radicalidad, se ven forzados a seguir una dirección existencial y políticamente destructora; movidos por un impulso inicial humanísimo y noble, son sin embargo arrastrados, por la fuerza de la escritura, a un callejón sin salida, que les puede conducir a la destrucción o a la autodestrucción, como en el caso de Hamsun o de Céline.

La furia dolorosa de Céline, que animó su extraordinaria representación de la miseria y el sufrimiento humanos, acabó por convertirle en un cómplice de los verdugos, por hacerle desempeñar un papel subjetivamente inocente, pero objetivamente pavoroso. La relación entre vida y escritura está marcada por la ambigüedad, como bien sabía Kafka, que la vivió y la objetivó con una intensidad inigualable. Por un lado, la escritura busca el sentido de la vida, que sin aquélla sería una insensatez. Pero por otro lado la escritura a veces acaba por consumir la vida en esta búsqueda, absorbiéndola totalmente y destruyéndola. Kafka dijo una vez que su nombre hebreo era Amshel. un nombre que para él designaba una vida cálida, plena de significado, basada en sentimientos espontáneos, cotidianos —una vida que debido a su actividad de escritor era para él imposible e inaccesible—. El escritor Franz Kafka se prohibió a sí mismo convertirse en aquel padre de familia judío que le hubiera gustado ser, y a cambio fue el escritor Kafka, que expresó la verdad y el amor simbolizados en el nombre de Amshel.

En París, durante la presentación de la traducción francesa de El Danubio, Mau- rice Nadeau me preguntó si, para mi viajero danubiano, la escritura era un medio de alcanzar la vida verdadera, el presente pleno de significado, o si era un obstáculo en ese camino, una obsesión impuesta, que termina destruyendo el presente, la vida concreta, que la hace arder, que la sacrifica por algo a lo que siempre se aspira, pero que nunca se consigue. Dudé un buen rato antes de responder, pues la pregunta encerraba la esencia de todo el libro, y al fin contesté que ambas cosas eran ciertas, pero que si debía dar sólo una respuesta, ésta era que escribir supone la salvación para el 50.001 %, y la ruina para el resto. Pero añadí que la escritura podía ser la salvación sólo cuando uno se daba cuenta del peligro latente en ella.

Existe toda una corriente literaria que se embriaga con la disolución del yo, celebrándola como una liberación, y tratando de acelerarla e intensificarla directamente. Hay también otra literatura, plenamente consciente de la verdad existencial y epocal de esta fragmentación del yo, que no obstante trata pacientemente de recomponerlo, convencida de que su tarea consiste en atravesar el desierto rumbo a la Tierra Prometida, aun sabiendo que nunca la alcanzará. Esta literatura se ve a sí misma aventurándose entre los dispersos islotes del yo, para tratar de descubrir elementos que lo relacionen y lo unifiquen, que permitan recomponerlo contra todas las disoluciones, contra todos los terremotos y maremotos que lo conmocionan. Ya desde la Antigüedad, a partir de Homero, se tiene plena conciencia de la naturaleza estratificada y problemática del yo individual.

Aunque la literatura que no se rinde a la disolución tampoco la ignora del todo, si es literatura auténtica no desistirá de atravesar continuamente este archipiélago del yo, en vez de negar patéticamente su existencia y de abandonarse a la fácil fe en una unidad compacta y normalizada. En lo que a mí respecta, me reconozco totalmente en esta literatura uliseica, que —al menos eso creo— es tanto más consciente de la crisis de la época cuanto menos se rinde a ella y cuanto más la combate en dos frentes distintos: contra la tentación de remedarla en sus aspectos más llamativos.

La literatura en la que me reconozco es una literatura que se plantea la búsqueda de una imposible biografía, dándose claramente cuenta de que no es posible imaginar ninguna reconstrucción completa de un personaje o de un destino, pero intentando arrebatarle a esta existencia fragmentaria, cuya historia pretende trazar, la mayor cantidad posible de fragmentos, de briznas que dejen entrever, que evoquen una vida y su significado.

Muchas de mis historias nacen de estos fragmentos, de estas briznas, de estas virutas de una biografía que se muestra imposible en su totalidad y en su completitud.

Mi obra teatral Stadelmann, por ejemplo, surgió de un episodio en sí mismo poco relevante de la biografía de Goethe, episodio en el que un suceso secundario en su vida —un detalle de su relación con la curiosa figura de su sirviente— pasa a convertirse de golpe en una rendija que permite mirar dentro de la vida de Stadelmann, un mundo oscuro y vacío que debía llenar con mis conjeturas y mis inferencias, pero que sin esa fisura real, objetiva, habría sido inaccesible para mí.

No es necesario ser un biógrafo para narrar historias de personas reales y tratar de reconstruir sus huellas; mi Danubio bulle de personajes, sobre todo de personajes marginales, que vivieron realmente y que yo repesqué del pasado, que repesqué casi literalmente en las orillas del río, donde habían quedado enredadas. La novela Otro mar relata la historia de una persona real, que ha intentado desaparecer, no existir o existir menos, reducirse, no tener ninguna biografía. Asimismo hay relatos breves que surgen a menudo, para mí, de hechos y sobre todo de personas reales, que de pronto se ofrecen a la mirada desde una perspectiva por decirlo así oblicua, a través de un gesto o un suceso inesperado, a través de un fragmento en el que relampaguea el posible significado de su existencia —un fragmento pues que, de algún modo, contiene el sentido de su vida.

Soy muy sensible a la fisicidad, a la concreción del detalle, a la fidelidad del detalle, que deja entrever el sentido de una existencia —así me sucedió, por ejemplo, con la historia de Paolo di Canidole, pescador de una pequeña isla del Alto Adriático—. La fidelidad al detalle está estrechamente relacionada con la incertidumbre que rodea toda la vida de un hombre. Pero esta conciencia de lo incierto no debilita los encarnizados esfuerzos por aproximarse todo lo posible a la realidad en la búsqueda de esa realidad específica. Si una biografía aparece rota en pedazos, cada uno de estos pedazos posee, en mayor medida aún, una realidad propia, indeleble. Una realidad que seguramente se perdería si el fragmento fuese simplemente integrado, como un ladrillo,en el armonioso edificio de una biografía tradicional.

Desde este punto de vista, la biografía clásica, tradicional de un personaje más o menos famoso no pierde desde luego su interés, sino que se revela como una cantera fundamental de materiales, que no dejan entrever ninguna imagen completa, constituyendo más bien un conjunto de pequeños fragmentos, casi reflejos, relámpagos que evocan posibilidades distintas del mismo personaje, aspectos de su figura hasta ese momento ocultos y lejanos; otros elementos que inesperadamente pueden arrojar nueva luz sobre su vida.

Las posibilidades, en sentido musilia- no, interesan desde luego a un escritor no menos que la realidad y eso que llamamos los hechos. Me refiero a las posibilidades reales, no a las fantasías abstrusas; a las cosas que, muy concretamente, podrían, y quizás hasta deberían, existir en la vida de un hombre, reemplazando a las cosas tal como son. Me refiero a la virtualidad del futuro, que nos previene y nos acucia detrás de toda momentánea cristalización del presente, que con demasiada frecuencia se transforma en la única realidad posible y sobre todo en una realidad inmutable.

Muchos que se definen como realistas lo son muy poco, ya que consideran erróneamente la fachada de lo real como la única realidad imaginable y sobre todo como una realidad inmutable. Así. por ejemplo, hace pocos años muchos políticos habrían considerado impensable que Dubcek, excluido durante años de la escena política checoslovaca como un elemento indeseable, pudiese regresar y dirigirse, como un triunfador, a las masas en Praga. Se habrían reído ante semejante idea, considerándola una ingenua utopía, cuando lo cierto es que se trataba de una posibilidad real, latente, de una potencialidad inmanente en el curso de la historia. La literatura es la historia total de un hombre, una historia que representa también —a veces sobre todo— sus posibilidades, las potencialidades que en él existían y que habrían podido desarrollarse, sus “futuros abortados”, para decirlo con una sugerente expresión de Ernestina Pellegrini: algo que ya existía concretamente y cuya evolución no pudo completarse.

En este sentido, personas que realmente han existido se convierten con frecuencia en protagonistas de una novela; personas de las que un biógrafo también podría escribir una biografía, que sería sin embargo más pobre que la novela. Siempre me han fascinado las historias realmente ocurridas, las novelas escritas por la vida antes de que alguien las trasladase al papel. La vida es original, como decía Svevo, y en toda existencia vivida hay, si somos capaces de narrarla, material para una novela, quizá más que en muchas historias inventadas. El general Kutuzov, Lotte en Weimar, el emperador Adriano, Wallenstein interesan a un escritor en no menor medida que aquellos personajes que nunca existieron. La historia, dejó escrito Manzoni, relata los acontecimientos y el poeta narra el modo en que los hombres los vivieron. Un relato de este tipo ha de compatibilizar fidelidad al detalle con hipótesis fantásticas, indisolublemente entretejidas con aquélla.

La biografía tiene siempre algo de ambiguo; de esta ambigüedad nació mi relato breve Conjeturas sobre un sable. El relato surgió en primer lugar del interés por la grotesca y trágica aventura de los cosacos, traidores y traicionados, que se aliaron con el Tercer Reich y que, en los últimos meses de la Segunda Guerra mundial, trataron de trasplantar su patria cosaca (que les habían prometido los alemanes y que según los planes originales tendría que haber estado situada en la Unión Soviética) al Friuli, una tierra de cuya existencia ni siquiera habían tenido noticia hasta muy poco antes. De niño, durante el último invierno de la guerra, los veía en Udine y en sus alrededores. Pero la que más me fascinaba era la figura de su jefe, el atamán Krasnov, y especialmente la incertidumbre que durante muchos años rodeó su muerte. En efecto, se pensó mucho tiempo que Krasnov

había muerto durante la retirada, en el momento de la derrota de los nazis y sus aliados cosacos, mientras trataba de escapar a Austria; se creía que, vestido con el uniforme de un soldado raso, había muerto junto al pequeño río San Michele —en Carnia, Friuli—, a manos de un partisano.

Desde hace tiempo se sabe con seguridad que no fue así; Krasnov logró escapar al cerco de los partisanos y rendirse a los ingleses, quienes a su vez lo entregaron, junto con su gente, a los soviéticos, que lo ahorcaron en Moscú en 1947. Pero en cierto momento me di cuenta de que aun cuando la verdad histórica sobre la muerte de Krasnov estaba ya establecida sin sombra de duda desde hacía tiempo, de algún modo se quería seguir creyendo que había muerto, de acuerdo con la falsa y hoy insostenible versión, mientras intentaba huir disfrazado de soldado raso, durante la retirada, junto al pequeño río. Yo mismo, cuando en una ocasión escribí un artículo histórico-político para el Corriere della Sera, conté naturalmente los hechos como realmente habían sucedido y así escribí, ateniéndome a la realidad biográfica, que a Krasnov lo habían ahorcado en Moscú en 1947. Pero releyendo el artículo he notado, para mi sorpresa, como si hubiese querido sugerir al lector —con algunos adjetivos y adverbios, con algunas perífrasis y con algunos incisos ambiguos— que no creyese mi versión al cien por cien. Como si hubiera querido insinuar la idea de que Krasnov podía estar muerto cerca del río San Michele.

Me pregunté entonces qué verdad existencial, humana, se ocultaba tras esta desesperada necesidad de creer en una versión histórica y biográficamente falsa. Mi relato nació precisamente de esta búsqueda de la verdad que se oculta tras el deseo de creer en lo falso. Tampoco en este caso puede hablarse desde luego de una biografía cumplida, sino mas bien de un ambivalente intento de corregir una biografía y, con ella, las carencias e imprecisiones de la realidad. En el fondo eso es lo que hace casi siempre el arte; cualquier relato —incluso el que más se aproxima a la verdad, incluso el que hacemos al volver a casa de un viaje o hablando con los amigos— supone dar un nuevo orden a los hechos. Hasta cuando se ajusta a los hechos, el relato lo articula de un modo nuevo, lo corrige o al menos lo retoca. El relato de una vida es en lo fundamental una biografía retocada.

También El Danubio es un mosaico de muchas biografías y minibiografías, de existencias descubiertas por casualidad y reconstruidas —al menos en aquel momento clave de su verdad de que hablaba— en una lucha contra la violencia de la historia que tiende a destruirlas, contra la indolencia anuladora del olvido, del río que las arrastra. El viajero danubiano —un yo lábil y provisional, que duda de su propia identidad— dedica la misma pedante precisión, la misma atención filológica a los momentos y monumentos más importantes de la historia que a las mínimas existencias desconocidas. Pone su atención en los calzones vendidos, en el siglo pasado, por un molinero, un tal señor Wammes, con el fin de recaudar fondos para los trabajos de restauración de la catedral de Ulm. La precisión con que indaga sobre el dinero que el señor Wammes recibió por sus calzones (seis chelines y cinco céntimos para ser exactos), demuestra que cada desconocido señor Wammes tiene el mismo derecho al respeto, a la atención, a la precisión, a la filología (palabra que contiene etimológicamente el sentimiento del amor) que los personajes célebres de la historia universal.

El Danubio está lleno de estas pequeñas biografías, o mejor de estos fragmentos biográficos, teselas de posibles biografías, que al fin se ordenarán para componer un mosaico que evoque la imagen de la Mitteleuropa danubiana. Esta imagen se le aparece a su vez al viajero como un espejo, como la imagen de su propio rostro —tal vez la imagen más verídica, pues su personalidad consiste sobre todo en la capacidad de enfrentarse a los otros, de detenerse en la proximidad de su existencia y de integrarla en la existencia propia—. En una de sus parábolas, Borges habla de un pintor que pinta paisajes —montes, árboles, ríos— y que finalmente se da cuenta de que lo que pinta es su autorretrato, ya que su rostro, su personalidad consisten en el modo en que percibe y vive la realidad.

Otro mar es, a su manera, una biografía imposible, la novela de un hombre que no ha querido tenerla y cuya peripecia ha sido una nota a pie de página en otra vida o en otra novela. El protagonista, Enrico Mreule, era uno de aquellos prófugos que tratan de desaparecer, de huir —en su caso, a la Patagonia, pero también de la realidad próxima y cotidiana—, no para escapar a la prosaica grisura de la cotidianidad burguesa, como quiere un banal estereotipo, y para llevar una vida más plena y más intensa, sino, al contrario, para librarse de empeños, para empequeñecerse, para existir menos.

Esos personajes viven en la realidad como si la realidad —incluso la más normal y civil— se asemejase siempre a la de un régimen totalitario; si la Gestapo ha salido de caza, cada uno de ellos preferiría no figurar en ningún fichero, no existir, o por lo menos pasar desapercibido, y quisiera hacerse más pequeño, invisible. Estos fugitivos viven toda comunidad social como una pavorosa tiranía y, para no ser capturados, tratan de borrar sus huellas y los rasgos de su rostro. Son figuras que se construyen por sustracción, por reducción.

De Enrico sabía que, en su búsqueda de vida verdadera, esencial, había terminado por agostar su existencia, consumiéndola del todo en esta persecución; sabía que hablaba el griego antiguo como nosotros el dialecto, que casi siempre andaba por ahí descalzo, que deseaba librarse de todo y de todos y que un buen día había salido para la Patagonia, donde durante años vivió solo, con sus rebaños, en las grandes llanuras, disfrutando todo lo más, de vez en cuando, de la breve compañía de alguna mujer encontrada en una caravana de paso, y de sus clásicos griegos. Sabía además que muchos años después había regresado a Europa y vivido treinta años en la pequeña aldea de Salvore, en la costa adriática, en Istria (hoy Croacia), sin moverse ya de aquel lugar.

Durante años había pensado en esta existencia solitaria, que se había cruzado con los sucesos más tumultuosos de la historia universal —dos guerras mundiales, la caída del Imperio de los Habsburgo, fascismo y comunismo, la anexión de Istria por Yugoslavia y el éxodo de los italianos, el régimen de Tito y sus choques con Stalin—. Un día, en una nota a pie de página en las obras de Michelstaedter, leí por casualidad la fecha de su muerte y me di cuenta de que, en aquella nota, aparecía adelantada treinta años respecto al momento real de su desaparición. Para mí este descubrimiento fue decisivo: el descubrimiento de cómo había tenido éxito en extinguir cualquier interés que pudiera haber respecto a él, en borrar su rastro, que desde luego no era nada difícil de seguir, puesto que no se había ocultado, sino que se había limitado a vivir en Salvore. un lugar que no era desde luego desconocido y al que se podía llegar con facilidad. Y sin embargo había conseguido convertirse en un muerto para los otros. Este produjo en mí uno de esos “clics” que inducen a escribir.

He intentado reunir los escasos datos que se podían hallar sobre la existencia de Enrico; quería descubrir el secreto de una persona que había elegido la negación como modo de ser, casi como si hubiese atravesado un límite más allá del cual no se pudiese decir nada ni construir nada. Como ocurre a menudo en El Danubio, inicié mi búsqueda en un cementerio, un buen punto de partida para una novela; del cementerio de Salvore, aquel lugar en el extremo de Istria donde el joven Enrico había pasado los tres días más importantes y felices de su vida y después, mucho después, sus últimos treinta años, en los que ya nunca abandonaría aquel lugar encantador, aquel bosque de pinos que se asomaba al mar, en medio del viento y del rumor del viento y de las olas.

En el cementerio de Salvore, con Marisa, mi mujer, encontré fácilmente la lápida sepulcral con la fecha exacta de la muerte de Enrico y de Lini, la compañera que durante treinta años había compartido su existencia, o su no existencia. Nos pusimos a esperar que viniese alguien, tal vez una persona de cierta edad, que pudiese haberle conocido y que hablase italiano, ya que Salvore, hasta el gran éxodo de los istrianos al término de la Segunda Guerra mundial, había sido tierra italiana. Al cabo de poco tiempo llegó una anciana; la dejamos que depositara en paz unas flores en la tumba de sus muertos y luego le preguntamos si había conocido a Enrico Mreule. “¡Ah, el profesor!”, respondió en dialecto véneto, y empezó a hablar y a señalarnos la casa en la que él había vivido tantos años.

Así es como vi aquella casa, que nunca había tenido agua, luz u otras comodidades, y que había permanecido cerrada tanto tiempo en aquel bosque sobre el mar: así conocí a algunas personas, ex campesinos o vecinos de Enrico. No me interesaban los hechos ni las noticias, por otra parte escasas, sino los pequeños detalles que con frecuencia pueden desvelar, como una revelación, el significado, el estilo, la melodía de una vida, del mismo modo que una mirada o un gesto pueden desvelarnos la actitud ante la vida de una persona, pueden hacernos captar en un destello el significado de su existencia e inducirnos a trazar un bosquejo de ésta a partir de ese relámpago —en ciertos casos, se trataría de la única biografía posible.

El momento más intenso de estas averiguaciones —si se las puede llamar así— tuvo lugar una noche de octubre en la que, en compañía de un estudiante emparentado con la familia de Lini, volvimos a aquella casa, envuelta en la oscuridad y en el rumor del viento y del mar. Iluminándonos con una linterna de bolsillo, abrimos un viejo baúl que había permanecido cerrado durante decenios, en una escena que evocaba la que el capitán Billy Bones protagoniza en La isla del tesoro. De ese baúl salieron una cítara, dos o tres metros de cuerda para lazo, algunos clásicos griegos enmohecidos y llenos de notas, una silla de montar, algunas páginas con anotaciones dispersas, un cuchillo sin mango y otros objetos; cosas en sí mismas insignificantes, pero que para mí eran importantes para entender quién podía haber sido Enrico. De algún modo, sentía la necesidad de tener en mis manos aquellos libros y aquel cuchillo, que él había tenido en las suyas, de ver a mi alrededor las cosas que él había mirado, igual que oía el rumor de la resaca, que él había oído tantos años.

Estos “hechos” son, en sí mismos, irrelevantes para una biografía en el sentido clásico del término, pero esenciales para alumbrar con su destello la epifanía de una vida. Referidos fielmente, son las escasas piedras con las que construí la novela de este hombre, que no había querido tener historia alguna, que había vaciado su existencia hasta convertirla en un puro vacío. Cuando Enrico, de joven, busca la vida verdadera junto a sus amigos, encuentra casualmente, en mi relato, aquella grande y terrible frase de Ibsen que afirma que la pretensión de vivir, de vivir la vida verdadera, es, en la era moderna, una pretensión megalómana. No sé si Enrico es más megalómano cuando busca tal vida verdadera que cuando renuncia amargamente a encontrarla y concluye su biografía con la anulación de sí mismo. De un hombre como él, que vivió hasta el fondo los grandes problemas y cuestiones esenciales de la época y de la vida, no se puede desde luego escribir una biografía, puesto que no quiso tenerla: sólo se puede contar, como escribiera Marina Jarre, la historia de su repudio.        n

Claudio Magris: Un mapa cultural

DIVAGARIO

Claudio Magris: Un mapa cultural

En su obra, Claudio Magris ha trazado una ruta que parte en Alemania y desemboca en el Mar Negro, cuyo epicentro es Viena. Su destino es Europa central y su itinerario un mapa personal de las contradicciones que escindieron al siglo XX. Sus libros son una iniciación al viaje. Ninguno perfila con tanta claridad este proyecto y esa ruta como El Danubio, un ensayo-novela que en su recorrido a través de las aguas del río contempla el retrato y la lectura de una zona cultural, mezcla de retazos biográficos, bocetos filosóficos y relatos breves. Su labor es semejante a las tareas de una expedición de salvamento; documenta y recupera algo que se había perdido: el canon de la cultura de la Mitteleuropa.

Bajo su mirada, el viajero y el escritor comparten una sospecha contra la vida y la escritura: reconocen el desajuste entre la existencia y el sentido. Mientras el viajero se empeña en perseguir la vida incluso en los lugares más remotos y agrestes, anhelando la libertad de las posibilidades todavía por elegir, el escritor transfiere al papel la fugacidad de la vida, tratando de atrapar su sentido en la página en blanco pero sin poder explicarse aún la molestia de vivir, perdiendo el significado del presente en la nostalgia de haber inventado el pasado. La escritura y el viaje nos enseñan que no vivimos en la Tierra prometida y que nunca llegaremos ahí. En librerías mexicanas circulan ya tres títulos recientes de Claudio Magris: Microcosmos (Anagrama), ¡taca y más allá (Huerga y Fierro), y El mito habs- búrgico en la literatura austríaca moderna (UNAM). En Italia acaba de publicarse su libro de ensayos Utopía y desencanto (Garzanti).

Sartre: Tercera llamada

A veinte años de su muerte, la figura intelectual de Jean-Paul Sartre comparece de nuevo ante el escenario cultural francés. ¿Quién se anima todavía a leer La crítica de la razón dialéctica o El Ser y la Nadal Según su nuevo biógrafo, Bernard Henry- Lévy, Sartre es una suerte de hombre-siglo, donde convergen todas las fuerzas, todas las intensidades de su época. Fue un imán cultural o el eje secreto de los dilemas de su tiempo.

Como protagonista, Sartre encamó el perfil ideal del intelectual comprometido. Mantuvo fresca su convicción de participar en la política activamente. Comunista, estalinista, o maoísta, incluso defensor de Pol Pot, no lo olvidemos, quiso abanderar el movimiento político en boga. Creyó en la revolución y en la posibilidad de cambiar el socialismo realmente existente. Alguna vez, en un diario francés, se dijo que fue uno de los hombres más insultados de su época. Su adversario y amigo-ex-amigo, Albert Camus, reivindicó la postura antagónica, el ideal de escritor independiente, ajeno a las redes del poder y crítico de los espectros de la ideología.

En estos días comenzó a circular en librerías francesas El siglo de Sartre de Bernard Henry-Lévy, conocido en la década de los setenta como uno de los nuevos filósofos. Esta otra tentativa de retratar a Sartre reabre el expediente del compromiso político de los intelectuales. ¿Hasta dónde deben participar en política?, ¿cuál es el sentido de su independencia?

Los intelectuales deben alejarse de la vocación demoniaca del poder o, al contrario, deben aprender que la política no pertenece al reino de los principios inclaudicables o de las utopías infalibles sino a la condición imperfecta y terrenal de una ética de la responsabilidad y una voluntad de autocrítica?

Retrato de Milosevic

En su entrega del 20 de enero de 2000. The New York Review of Books ofrece un comentario del poeta yugoslavo Charles Simic a la más reciente biografía de Slobodan Milosevic (Dusko Doder and Louise Branson: Milosevic: Portrait ofa Tyrant. Free Press). Simic polemiza con sus autores, interroga a la historia reciente y exonera a serbios y monte- negrinos de toda responsabilidad en la guerra del Kosovo. Describiendo un arco amplio, demorando al acercarse, Simic se detiene ante el hijo de una maestra y de un sacerdote ortodoxo, suicidas a la hora en que la utopía compuso sus mejores canciones. ¿Frente a quién está? Frente a quien, en los setentas y ochentas, fue calificado por la prensa estadunidense como un político pragmático, razonable y liberal en asuntos económicos; frente al oportunista; frente al líder de la élite comunista que sobrevivió a Tito y hoy intenta conservar sus privilegios; y, sobre todo, frente al creador de enemigos extranjeros y domésticos, el jefe de la gran industria comunista que trabaja día y noche para producir víctimas y culpables en masa. Además de los horrores cometidos en nombre de la pureza nacional, lo malo de Milosevic es que su guerra contra la minoría albanesa ha dejado en la penumbra a la minoría serbia asentada en Croacia y en Bosnia. Lo malo, reitera Charles Simic, es que además de Milosevic, los serbios, a pesar de él. no reciben la comprensión de nadie.

Falsa canción de Sabina

Joaquín Sabina visita México en febrero. Sólo por eso este “divagario” quiere rendirle un homenaje. Van. pues, algunas líneas a su estilo:

No diré que estaba ahí: tequila y cerveza No diré que en la noche aquella tu tumba

fue mi lavadero… No diré: “cuando llegue el otoño

los teléfonos servirán cerveza” No diré que otoño rima debajo de tu falda.

No diré que el café de la mañana

sabe mejor sin ti No diré que sabes a ropa interior No diré que llevas a tus novios

bajo el brazo No diré nada, te lo juro, lo tuyo es un mal vino.

No diré que tu cintura es impecable

a plena luz del día No diré que tu risa y tu esqueleto

son perfectos No diré que siempre blandes

la palabra correcta no diré que te desbarrancas en cualquier barra.

No diré que tus sueños se cumplen

sólo en sueños yo diré que te sobran pantalones yo diré que sólo recibes noticias tuyas yo diré “la última y nos vamos”.

No diré feliz cumpleaños, volvamos

a empezar Vo diré tres rosas amarillas Vo diré que has puesto de remate

al super yo No diré: “¿lo tuyo es de verdad?”.        n

¿Fin de época y nueva era?

¿FIN DE ÉPOCA Y NUEVA ERA?

POR JOSÉ MARÍA SBERT

Las últimas cuatro décadas del siglo XX parecen llenas de novedades culturales, sociales y tecnológicas. La contracultura, la postmodernidad, la globalización y el triunfo de la informática surgen y se afianzan en esos años como emblemas llenos de sentido orientador. Pero, como se pregunta este artículo, hasta qué grado esas últimas cuatro décadas han hecho época. ¿Los cambios percibidos son en realidad el preludio de una renovación de ciertos principios y símbolos fundamentales?

I. Las divisiones del siglo XX si bien fue el inicio de siglo más festejado hasta entonces, el principio del siglo XX no hizo época. La vigorosa continuación de los procesos que caracterizaron al siglo anterior, tales como el crecimiento demográfico, la economización del mundo y de la vida y el progreso científico y técnico, reviste una importancia mucho mayor que las desviaciones.

El auge

En Europa, que por aquel entonces tuvo mayor influencia en el mundo, la belle époque de principios del siglo XX fue más bien la culminación del largo periodo de ascenso triunfal de la modernidad, sólo interrumpido hasta entonces por las guerras napoleónicas.

El siglo de la barbarie

La Primera Guerra mundial sí fue una verdadera ruptura para la civilización europea del siglo XIX y el inicio de lo que Eric Hobsbawm llama la “era de la catástrofe y la barbarie” (1914- 1945) que culmina en el inicio de la era atómica. Hugh Thomas afirma que el siglo XX será recordado sobre todo por grandes calamidades: las guerras mundiales, “el sistema comunista ruso, fundado en el Gulag; el intento nazi de exterminar a los judíos; y el arma nuclear lanzada dos veces sobre Japón en 1945, que desde entonces siempre infundió terror”.

No obstante, el resto del siglo, si bien nunca dejó de estar ensombrecido por la guerra, la opresión y la destrucción cultural, por lo general ha sido descrito más bien en términos de sus esperanzas, sus asombrosas creaciones y sus ilusiones utópicas.

El crecimiento explosivo

En Francia se suele hablar del periodo 1945-1975 como los “treinta gloriosos” años, debido a la inmensa prosperidad que trajeron. Hobsbawm los llama la “época de oro” a la cual seguirá, entre 1973 y 1991, “el derrumbe” de la economía mixta y las “décadas de la crisis”, que culminarán con la implosión del socialismo.

II. Cuatro décadas, cuatro épocas (1960-2000)

Es difícil que una década coincida con un periodo histórico con rasgos muy marcados. Sin embargo, nuestro modo de hacer cuentas ha llevado a muchos editores de libros sobre el siglo XX a organizarlo por décadas. Durante la segunda mitad de este siglo, sólo la década de los sesenta, que se desborda al menos hasta 1973, tiene suficiente carácter como época. No obstante, tratando de ajustamos al patrón podríamos decir que a los setenta corresponde el espíritu de la postmodernidad, aunque se origine en los sesenta y culmine en las décadas siguientes. En los ochenta, con la proliferación de las computadoras, se perfila y se difunde claramente la importancia del fenómeno que marca la era de la información. Finalmente, con la disolución del bloque soviético, durante los noventa el proceso de la globalización se extiende y se potencia.

1. Los sesenta, “años dorados”

Lo más destacado de los años sesenta, junto con la prosperidad cada vez mayor, fue la presencia de los jóvenes nacidos poco después de la guerra, que dieron la tónica revolucionaria del ambiente de la época, si bien no representaron la tendencia más fuerte, que fue conservadora.

La cultura juvenil

Los miembros de esa generación eran tantos que parte de ellos formó una verdadera cultura aparte. Quizás el desahogo económico contribuyó a una especial disposición a la generosidad, así como permitió también una mayor libertad. La prosperidad sin precedente llevó a muchos a dedicarse a la vida intelectual y artística y a la acción política radical, o simplemente a vivir, sin tener por ello que estar asustados ni ansiosos.

La enajenación

Conforme la cuestión de la pobreza deja de opacar a las demás, la reflexión crítica se vuelve hacia el “problema de la enajenación” y al del aprovechamiento del ocio. Con la abundancia se pensó que vendría la posibilidad de liberarse del trabajo enajenado que representaba el dominio del “principio de realidad” freudiano (el sacrificio del momento en favor de la satisfacción futura de la necesidad). Se creyó que existía ya la posibilidad de un “desarrollo instintivo no-represivo” para el pleno desahogo de las energías de Eros y del reprimido “principio del placer”. De ese modo, todas las actividades humanas podían “erotizarse”.

Esto no quiere decir que el espíritu de la época se abandonara a ingenuas fantasías. Por el contrario, se tomó conciencia de que la vida de la sociedad próspera podía llevar a un mundo deplorable de pasividad, conformismo masivo y manipulación consumista que absorbería todas las protestas sin inmutarse. Se advirtió que la sociedad industrial se había convertido en la sociedad tecnológica, un sistema que fundía la cultura, la política y la economía de un modo totalitario, que asimilaba o aniquilaba cualquier verdadera alternativa (cf. Marcuse, 1964).

La revolución perdida

La lucha por los derechos civiles de los negros de los Estados Unidos estableció la pauta y el ejemplo más exitoso de los movimientos políticos de los sesenta. El movimiento por los derechos civiles triunfó, pero Martin Luther King fue asesinado pocos años después. La retórica marxista aportó la fórmula de transgresión de la sacralidad que entonces tenían el Estado y la Nación: la palabra Revolución se convirtió en la respuesta mágica a todo. De tanto invocarla, en 1968 parecía que la revolución estaba sucediendo. Un alborozo esperanzado recorría el mundo. Se creía estar en la víspera del alumbramiento de una nueva sociedad. Parecía que el delirio tecnológico de la civilización occidental había encontrado su némesis en cada lejana nación campesina donde, como en Vietnam, surgía un movimiento de liberación. La triste alternativa entre un mundo occidental democrático que había vendido su alma al capitalismo y una esfera soviética que había vendido su alma a la burocracia parecía llegar finalmente a ser cosa del pasado. Y la nueva alternativa era una sociedad con democracia directa, ya fuese al estilo tercermun- dista, checoeslovaco, francés o hippie, pero llena de alma y de superioridad moral.

El “Comité de Acción Freud-Che Guevara”, el de “Creación Permanente” y el “Comité Revolucionario de Agitación

Sobresexual” —nombres desde luego más poéticos que el de una de las seciones de Students for a Democratic Society: “The Motherfuckers”— reinaron en París y sus graffiti llenaron las paredes pidiendo “Todo el poder para la imaginación” y declarando que “Es el sueño lo que es real”. Muchos intelectuales franceses estallaron de entusiasmo cuando saludaban al movimiento de mayo del 68 como a la “juventud que no desea un futuro como el de nosotros, que hemos probado que éramos unos cobardes” (Sartre); “un éxtasis de la historia” (Edgar Morin); “el primer movimiento social antitecnocrático” (Alain Touraine); “la respuesta a una crisis de civilización” (André Malraux), etc. Sólo Raymond Aron se atrevió a describir los heroicos acontecimientos como un “carnaval,” “psicodrama,” “maratón de palabras” y “demencia colectiva”. No obstante, la mayoría de los universitarios prefería, como Jean Daniel dijese, “equivocarse con Sartre a tener la razón con Aron”.

El camino a las grandes ambiciones íntimas, comunitarias y políticas de esa generación resultó estar sembrado de tristes fracasos. Drásticamente el principio de realidad restableció su imperio, tanto más feo cuando se había creído que era posible cambiar la vida. A lo largo de todos esos años había venido reapareciendo la dureza de esas realidades alegremente olvidadas a las que hacían volver los magnicidios, las fuerzas evidentemente superiores de la represión, los precios más altos y la falta de empleo. Que hoy día aquellas ambiciones se nos puedan antojar delirantes dice mucho, aunque no podamos determinar si lo dice sobre la ingenuidad de entonces o sobre la pobreza de las esperanzas de ahora.

La cultura del encuentro

La refundación de lo sagrado en lo erótico iba acompañada por la búsqueda de una comunidad que fuese realmente una colectividad afectiva ampliada. Prevalecía además la esperanza de regenerar una esfera pública al margen del poder, al que se despreciaba, y de reanimar la conciencia, de hacer en ella la revolución. Y cierta revolución en la conciencia sin duda se dio: “Almas aventureras juntaban fragmentos de budismo, poesía heat, transcendentalismo, magia oaxaqueña y yaqui, expansiones psicodélicas de la mente, y Dios sabrá cuántas otras cosas, y concentraban todas esas rarezas a las que habían llegado por azar en una nueva sensibilidad, con un resultado que distaba mucho de llegar a una religión, ya que era provisional y no enteramente creído. Sin embargo, esa creencia a medias estaba preñada de expectación y, por tanto, era contagiosa” (P. Berman).

La música fue el modo de expresión de la cultura juvenil, y logró una vitalidad y una riqueza verdaderamente fantásticas. Junto con el resurgimiento del folk, el rock cantó los goces, sueños y dolores de esa generación en todos sus aspectos, además de dotarla, quizá, de su sentido de identidad más compartido. Si bien parecería que los Beatles nunca hicieron un mal viaje, o al menos en su música no pasaron de cierta dulce melancolía, las muertes de ídolos del rock como Janis Joplin, Jim Morrison y Jimi Hendrix, a causa de sobredosis de drogas, mostraron que la fragilidad de esos jóvenes, capaces de dar tales “gritos titánicos, conmovedores y estremecedores, podía llevarlos a suicidarse ante el vértigo que les producía el abismo de su anomía” (J. Márquez Muñoz).

La esperanza que se volvió utopía

El que se conoce como “espíritu de los sesentas” fue complejo y contradictorio: individualista y libertario al mismo tiempo que solidario, igualitario, comunitario. Tendía hacia las reivindicaciones hedonistas frente a la moral tradicional y al rechazo a la soledad engendrada por la generalización de las relaciones comerciales y la tecnificación. La gran fuerza con que se presentaron sus anhelos y búsquedas producía la mezcla que hace que con tanta frecuencia se cifre a esos años con el signo de la esperanza. Llevadas por ella, las controversias de esos años profundizaron en las cuestiones fundamentales con un vigor y una profundidad raras veces alcanzados antes y nunca vistos desde entonces. De aquellas controversias surgió la agenda más ambiciosa para la reconsideración de la cultura moderna de la que tengamos recuerdo.

La contra-cultura se atrevió a concebir un mundo mejor, parecido a la tradicional Arcadia, pero con una tecnología avanzada de escala humana que aliviase el peso del trabajo. “Allí se convertirían en las prioridades del día el libre florecimiento de la personalidad, el ideal de la comunidad orgánica, la aventura de la diversidad étnica, la exploración de todos los aspectos de la naturaleza humana, una economía de permanencia, un nuevo contrato biocéntrico entre nuestra especie y el mundo más que humano del que derivamos nuestro sustento” (T. Roszak).

Sobre todo, los sesenta parecen haber adquirido el muy especial poder mítico de conmovernos cuando miramos hacia atrás. Hasta François Mitterrand se vuelve poético cuando habla de la juventud de entonces: “Y amaron la esperanza que los visitó… sintieron que vivir era algo más que los gestos, las fatigas y la renuncia del alma, otra cosa que la agitación de conejillos de indias en su jaula”. Por su parte. G. Deleuze y F. Guattari incluso se dejan entender cuando dicen: “Se dieron momentos en los que parecía poderse ver de repente todo lo que una sociedad tenía de intolerable, al mismo tiempo que las posibilidades de otra realidad social”.

The sky is the limit

Finalmente, aunque la juventud cometiese muchos excesos, era en otros terrenos en donde de veras se perdía la noción de límite. La década vio los primeros paseos por el espacio y el único por la luna. Por aquel entonces apareció el slogan del Whole Earth Catalog: “Ya que somos como dioses más vale que aprendamos a desempeñar bien el papel”.

2. La postmodernidad

La crítica acerba al orden establecido, ya desprovista de las grandes esperanzas de los sesenta, derivó en un clima en el que han proliferado los entierros de la modernidad y las condenas de sus rasgos fundamentales, de la civilización que le dio origen y del planeta mismo como resultado de sus rasgos depredadores. Son los tiempos de la “postmodernidad”, esa condición reflexiva sobre la experiencia de la época moderna que toma su nombre del ecléctico estilo arquitectónico de las últimas décadas del siglo XX.

La ideología del Occidente, con todo y su enorme fuerza, no ha bastado para que todos ignoren u olviden los pecados de sus élites, fundamentalmente la larga historia de explotación del planeta y de las otras culturas, así como la de sus propias sociedades. Como Adorno dijo, “después de Auschwitz” no es posible seguir simplemente escribiendo himnos a la grandeza del hombre.

El escepticismo radical

De esa conciencia deriva una visión que tiende a desinflar abultadas pretensiones, a debilitar ciegas convicciones y a arrancar máscaras. Conduce a la “hermenéutica de la sospecha” que, siguiendo a Marx, Nietzsche y Freud, caracteriza a muchas de las corrientes intelectuales más importantes del siglo, tales como el pragmatismo, el existencialismo, el estructuralismo y el post-estructuralismo, el deconstruccionismo y la Filosofía de la ciencia post-empiricista. El análisis del lenguaje, como lo han realizado autores tan disímbolos como Nietzsche, Saussure, Wittgenstein y Heidegger, ha propiciado las corrientes epistemológicas más radicalmente escépticas.

De hecho, la postmodernidad no hace más que continuar el rasgo intelectual más característico de la modernidad: la razón crítica que, desde Descartes, duda de todo y que, con Kant, plantea que al hacer cualquier observación aportamos a ella nuestras categorías. Pero ese espíritu crítico se aplicaba principalmente, como lo hicieron Hume y Hegel, a desmantelar el pensamiento del pasado, e iba acompañado de una nueva y grande confianza en los poderes intelectuales y espirituales del hombre.

El modernismo

De modo similar la postmodernidad continúa la esencia del “modernismo,” que empezó a darse desde 1880 y domina hasta mediados del siglo XX. Las élites occidentales crearon esa corriente conforme abandonaban las convenciones del comportamiento social, la representación estética y la verificación científica que se habían desarrollado desde el Renacimiento. La perspectiva en la pintura, la tonalidad en la música, la narrativa lineal y neutral en la literatura y las referencias fijas espaciales y temporales en la ciencia parecían haber dejado de ofrecer una plataforma para superar las cumbres ya alcanzadas. Las nuevas conquistas del modernismo están representadas por la obra de muchos de los más destacados escritores desde Flaubert hasta Beckett, y por el nuevo sesgo que se presenta en todo el mundo cultural con la fenomenología, el psicoanálisis, la teoría de la relatividad y la pintura cubista, entre muchas otras manifestaciones. El postmodernismo llevará aún más allá el carácter autorreflexivo de ese movimiento. Asume la difícil transición realizada por el modernismo del examen de la realidad al examen de la observación de la realidad y toma como premisa que, al percibirla, la “construimos”.

El trauma epistemológico

En efecto, el perspectivismo radical de hoy continúa esa concepción de la mente como siempre activa y creativa desde el proceso de percepción mismo. Para él, la realidad no sólo es en cierto sentido construida por la mente que la conoce, sino que, además, muchos modos de construir la realidad son posibles y ninguno necesariamente superior a los demás. No hay “hecho” empírico que no esté cargado de teoría, y no hay argumento lógico o principio formal que sea cierto a priori. Toda comprensión humana es una interpretación y no hay interpretación que sea definitiva. Todo objeto de conocimiento es ya parte de un contexto preinterpretado, y más allá de ese contexto sólo hay otros contextos preinterpretados. Todo conocimiento humano es mediado por signos y símbolos de proveniencia incierta, constituidos por predisposiciones histórica y culturalmente variables. No hay visión que no esté fuertemente influida por intereses personales, de grupo o de clase que, encima, son con frecuencia inconscientes. Así, la naturaleza de la verdad y la realidad, tanto en la ciencia como en la filosofía, la religión y el arte, es radicalmente ambigua, negociable.

El horizonte multicultural

Sin fundación divina que certifique la palabra el lenguaje no posee un nexo privilegiado con la verdad. El destino de la conciencia humana es inevitablemente nómada, una exploración constante a través del error. La conciencia crítica postmoderna se ve llevada a “decontruirse” a sí misma, al igual que lo hace con todo. Esta es la inestable paradoja que permea al espíritu de la postmodernidad. Por lo demás, gracias en parte a esa situación es posible encontrar hoy actitudes muy dispuestas a entender y aprender de visiones y culturas diversas, tanto actuales como del pasado.

Los entierros de la modernidad

Pero la dureza crítica frente a los ideales de la modernidad es implacable. La Ilustración es enteramente trastocada: su universalismo es llamado eurocentrismo y su racionalismo lo opuesto, el irracionalismo inevitable en un mundo enteramente dominado por una razón puramente instrumental o técnica. Se hace tabularasa con la herencia de las luces, declarando difunto al humanismo. Foucault sentencia la “muerte del hombre”; Derrida la del “sujeto”; Barthes, la del autor. Para ellos el sujeto individual fue una construcción temporal que duró los pocos siglos del periodo moderno. “El hombre” —ya que se trataba de un concepto casi puramente masculino— era el héroe faústico o prometeico de las “narrativas” de la modernidad de Descartes y Francis Bacon. Con el objeto al que se refieren las imágenes y los signos se ha disuelto el sujeto humano, el ego individual que la modernidad consideró como el pensador y actor autónomo en el mundo. Ahora ni siquiera se conserva la fe modernista en el gran artista o intelectual, que logra la transcendencia en medio de un mundo sin sentido.

Metanarrativa, la tuya

Otro de los principios básicos de la postmodernidad es lo que Lyotard llama la “incredulidad hacia las metanarrativas”, los grandes esquemas histórico-filosóficos de progreso y perfectibilidad que construyó la modernidad. A fin de cuentas, esta incredulidad acabó siendo particularmente grande frente a la gran narrativa del marxismo, mientras que la del liberalismo quedó fortalecida. No obstante, el propio Fukuyama, cuando habla del “fin de la historia” con la hegemonía universal del liberalismo democrático, hace algo más que meramente celebrarlo. También participa del postmodernismo al referirse con melancolía a que, detrás de esa metanarrativa, amenaza el reino del consumismo pasivo y de la existencia privatizada, carente de propósitos y esfuerzos dotados de sentido. Recientemente ha añadido que la dinámica de la historia continuará impulsada por la ciencia y la técnica, que pueden dar también una salida a la atonía espiritual.

3. La era de la información

En  paralelo con estas últimas tendencias y estableciéndose con cada vez más fuerza, aunque también eche raíces firmes desde los sesenta, se ha desarrollado la era de la información. En contraste con la visión postmoderna, se ha proclamado en los tonos más convencidos y jubilosos la culminación de la civilización occidental y de la modernidad con los recientes triunfos de la ciencia y la técnica, sobre todos aquellos que conforman el nuevo mundo de la informática.

La revolución de Taylory el complejo militar industrial En cierto sentido el desarrollo de la informática es una extensión de la “revolución del control”, de las técnicas elaboradas por un grupo de científicos y tecnólogos especialistas en programación del trabajo, administración y mercadeo que crearon un rico e inmenso campo entre 1880 y 1930. La informática se nutre en ese campo y. entre otras cosas, desarrolla, continúa y supera las estrategias de fragmentación, racionalización, control, rutinización y mecanización del fordismo y el taylorismo.

El nacimiento de “La Información”, no sólo como concepto sino también como ideología, está inextricablemente ligado al desarrollo de la computadora, la máquina suprema, que fue desarrollada a partir de la Segunda Guerra. El complejo militar- industrial denunciado por Eisenhower desempeñó el papel protagónico en el génesis de la era de la información. En un sentido más amplio, una “revolución de la información” se venía gestando por más de un siglo con el telégrafo, el teléfono, el gramófono, el cine, la radio y la televisión. Pero es sin duda la computadora la que ha marcado su culminación.

Cuando lo que hacía ENIAC, la primera computadora digital, de 12 metros de largo y seis de alto, pudo lograrse con un microprocesador del tamaño de un sello de correo, el hablar de una tercera revolución industrial se volvió un lugar común. Como resultado de ella, la combinación de los satélites, la televisión, el teléfono, el cable de fibra óptica y los microprocesadores conecta al mundo en una red unificada. Las computadoras reúnen y hacen trabajar a los microprocesadores en arquitecturas complejas, con rendimientos exponencialmente crecientes. Robots programados por microprocesadores, armoniosamente articulados con una reforma de la organización del trabajo, comienzan a reducir los costos de producción. Los servicios que exigen una manipulación masiva de información —banca, correos, seguros, comercio— liberan un valor añadido creciente. En todo eso reside, se arguye, el principal motor del gran crecimiento de la productividad en los años noventa. Por otra parte, según Galbraith, la convicción generalizada de que se vive una nueva era, en la que los viejos principios se dejan de aplicar, siempre ha sido una condición previa para la creación de las grandes burbujas que culminan en las grandes depresiones.

Otra Nueva Atlántida

Para muchos la “sociedad informacional” adquiere dimensiones utópicas. Desde los sesenta la computadora fue vista por Marshall McLuhan como el vehículo de “una condición de entendimiento y unidad universales” en la que la “traducción de nuestras vidas enteras a la forma espiritual de la información parece hacer de todo el planeta, y de la familia humana, una sola conciencia”. Más tarde Alvin Toffler añadiría que de la computadora podemos esperar que “piense lo impensable” y lo previamente impensado, que “haga posible una inundación de nuevas teorías, ideas, ideologías, visiones artísticas, avances técnicos, innovaciones económicas y políticas que eran, en el sentido más literal, inpensables e inimaginables antes”. Toffler considera que el modo en que se realizan todas las tareas, la economía entera, está sufriendo una transformación tan profunda como la revolución industrial, pero comprimida en un espacio mucho menor de tiempo.

Otros añaden que las jerarquías centralizadas serán sustituidas por el modelo de la red, más natural e igualitario, formado por grupos surgidos de manera espontánea que harán posible una “democracia del consenso”, en la que todos serán aristocráticos filósofos constantemente conectados a un exponencialmente expandido sistema educativo que enseñará no sólo cómo ganarse la vida sino también cómo vivirla.

4. La globalización

Conforme la estrella de la revolución descendía hasta la caída misma del “socialismo real”, la fortaleza del triunfante régimen opuesto exaltó aún más un utopismo de nuevo cuño que coronaba las conquistas de la informática con la globalización de la economía y del liberalismo democrático.

La revolución de 1989 fue milagrosamente pacífica. Sin correr de sangre Rusia perdió dos imperios: las 14 repúblicas que habían integrado a la Unión Soviética y sus más recientes satélites de Europa. Alemania volvió a ser un solo país. El peligro de guerra nuclear entre superpoderes disminuyó, junto con las amenazas globales que se derivan de las tensiones regionales. El sistema democrático de gobierno avanzó por todos los continentes.

La utopía centrada en la idea de la propiedad colectiva, la utopía por antonomasia del siglo XIX, fue abandonada y, con ella, 75 años de tiranía de la fraternidad forzosa. Con ella se disipó el terror institucionalizado que había sido tradicional en Rusia y la embrutecedora y perversa coerción a través del espionaje ciudadano que el comunismo impuso en la Europa del Pacto de Varsovia.

Periodos de la historia económica del siglo Se dice que la vida económica del capitalismo del siglo XX ha pasado por cuatro fases distintas. La primera (1900-1914), en la que predomina el mercado liberal, se acaba con la Primera Guerra mundial, que divide al mundo en bloques autárquicos. El aislacionismo (1914-1945) prevalecerá hasta pasadas la gran depresión y la Segunda Guerra, cuando los mercados se empezarán a reabrir. Vendrá después una etapa de “economía mixta”, de un “mercado dirigido” (1945-1975) por las instituciones y lincamientos derivados de los acuerdos de Bretton Woods, que desde 1973 hará crisis y empezará a transformarse en una economía de mercado neo-liberal. En esa nueva etapa de mercado liberal vivimos actualmente.

Las crisis

La nueva economía global está sin duda más integrada que en ningún otro momento en la historia. Pero también es más anárquica, a falta principalmente de un sistema de tasas de cambio estable. Nuestro mundo globalizado se sacudió fuertemente con la libra inglesa en 1992 y el peso mexicano en 1994; vinieron después la crisis asiática de 1997, la rusa de 1998 y la brasileña de 1999. Estos eventos, junto a los de España y Suecia en el mismo periodo, han mostrado cómo ya no hay banco central que pueda sostener una moneda cuando los especuladores hacen una toma de ganancias. También han revelado que países de características y tamaños muy diversos pueden ver arruinado su sistema bancario de un golpe y reducido a la mitad su ingreso nacional (en dólares) en cuestión de semanas.

Los gobiernos carecen de suficiente poder de regulación, al igual que las entidades supranacionales que tendrían que cumplir ese fin y que han quedado también empequeñecidas ante la inmensidad de los flujos del mundo globalizado. Con la apertura generalizada la economía se organiza cada vez más en función de factores externos sobre los cuales nadie tiene control. En consecuencia las fuerzas del mercado golpean con fuerza a los individuos y comunidades, forzados a vivir en un mundo más arriesgado y volátil, donde las oportunidades para los más fuertes y para los emprendedores son mayores. No obstante, reacae sobre los estados del sur el hacer frente a las consecuencias sociales de la globalización y a las demandas de desarrollo, cosas ambas sobre las que pueden hacer muy poco. La única cohesión sistèmica que existe y que domina la vida económica es la de las compañías transnacionales y la de la red mundial computarizada de bancos y casas de bolsa que manejan diariamente cantidades ingentes de dinero. El capital mismo está sufriendo una transformación histórica, basándose cada vez más en factores intangibles.

La promesa

A lo largo de todo el siglo XX sólo unos pocos países, todos a excepción de Japón muy pequeños, han alcanzado a aquellos que ya eran ricos al principio. La mayor parte del “segundo mundo,” el antes socialista, se parece cada vez más al tercero. Sin una nueva moral pública la mayor parte de ese mundo parece encaminado a convertirse en la caricatura del capitalismo que la propaganda comunista le presentaba constantemente. Al justificar la corrupción en términos del avance del libre mercado, los exponentes del capitalismo utópico han contribuido a generar en muchos países situaciones que son ya de extrema gravedad. Como sucedió a los comunistas, creen dogmáticamente que la aplicación universal de unas cuantas fórmulas económicas y políticas llevará ineluctablemente a un círculo virtuoso de estabilidad y prosperidad. Esto, por lo general, a lo que lleva es a ignorar las realidades particulares de cada país, así como la pauta de frecuentes fracasos del capitalismo liberal durante 200 años. De hecho, hoy día las enormes fuerzas de la inercia no parecen conducir espontáneamente hacia una próspera economía de mercado, sino hacia el estancamiento, la corrupción y la extrema injusticia y polarización sociales (cf. Anatol Lieven).

A raíz de la globalización los países del tercer mundo también se han apartado más que nunca del norte, aunque hayan quedado todos imbricados por la ubicuidad del mercado y de los sistemas de información. Las sociedades del norte tienen su sur interior, compuesto de inmigrados, y las del sur sus enclaves de norte. Hasta ahora, las nuevas tecnologías mantienen e incluso agrandan las distancias.

Ante ciertos signos de aflojamiento de las presiones, después de varios lustros de crisis y cuarenta y cinco de guerra fría, muchos llegan a la conclusión de que todo marcha mejor en el menos malo de los mundos posibles, que es suficiente con vivir este crecimiento desigual y precario, con dejarlo extenderse sobre el planeta sin preocuparse de organizado. La gran apuesta es que las fuerzas liberadas del mercado generarán en todas partes la riqueza económica necesaria para compensar los males que acarrean y corregir otros ancestrales, como lo han hecho en los países hoy ricos.

III. ¿Una nueva era?

Sin duda, la tendencia que más se manifiesta en libros y artículos es la de considerar que las cosas han cambiado de manera fundamental. ¿Hasta qué grado las últimas cuatro décadas han hecho época?

Respecto a la influencia de la contracultura de los sesenta es difícil no estar de acuerdo con la aseveración tan reiterada, tanto para condenarla como para consagrarla, de que las costumbres cambiaron radicalmente a partir de entonces. Sin duda, algunos aspectos de la contracultura se volvieron cultura, en el buen sentido de la palabra, y otros simplemente se comercializaron. No obstante, sí cabe dudar muy seriamente de que haya amanecido la era de Acuario, el milenio de amor y de luz de la liberación espiritual que anunciaba en 1967 la comedia musical Hair.

La postmodernidad tiene también una cierta realidad indudable. Estamos más cerca de la ciudad de Los Angeles del filme Blade Runner que de la Europa de principios de siglo. Por lo demás, la diferencia con la modernidad no es accesible más que en planteamientos muy elaborados, que con frecuencia son descripciones excelentes y teorizaciones brillantes de nuestros tiempos, pero que no llegan a establecer una diferencia suficientemente clara como para poder hablar de otra época.

La globalización marca claramente un nuevo periodo frente a los años de mercados autárquicos y a los que siguieron durante la guerra fría. Pero comparte su cualidad esencial con los tiempos del liberalismo moderno que culminan en los primeros catorce años del siglo XX. No existen, como entonces, poderes coloniales, pero el poder está quizás aún más polarizado que a principios de siglo. Lo nuevo, más que el esquema y su cobertura, es la intensidad, la velocidad y una diferencia cuantitativa que sin duda modificará cualitativamente nuestro mundo.

El que en realidad es el único verdadero cambio de época que se ha producido en esta última mitad del último siglo del segundo milenio es el que corresponde a la era de la información. Y esto sólo en el sentido en que podemos hablar de que, hasta hace poco, hemos vivido en la época del texto, iniciada en el siglo XII y firmemente establecida con la imprenta del XV, y en la era del alfabeto, que comenzó en Grecia ocho siglos antes de Cristo. Así como el alfabeto y luego el texto moderno crearon todo un modo de percibir y transformar el yo y el mundo, la tecnología digital puede significar una ruptura epistemológica que nos haga irreconocibles para los que éramos antes de la computadora.

La informática tiene también una gran importancia religiosa. En ella se manifiestan maravillosamente los poderes numinosos de la técnica. La técnica como la potencia, a la vez utilizable e incomprensible, terrorífica y salvífica, liberadora y dominadora, que desacraliza todo lo sagrado anterior y usurpa su función. Sólo la técnica puede ahora ofrecer un nuevo orden irrecusable en el desorden del mundo, un sentido y una garantía de futuro a una historia contemporánea de otro modo incongruente o, al menos, extremadamente ambigua.

El triunfo de una gran narrativa

La sociedad acuariana, postmoderna, informacional y globalizada parece haber cumplido de un modo cada vez más eficaz y completo con los mandatos de la modernidad. En un mundo entregado a la gran narrativa del liberalismo occidental, esos mandatos se muestran más fuertes y más aceptados que nunca.

El hecho es que un estilo de conocimiento, básicamente caracterizado como la racionalidad ilustrada, aunque originario de una cultura muy especial, está siendo adoptado por todas con una enorme velocidad y voracidad, introduciendo en ellas serias rupturas y transformando totalmente el medio en el que los hombres viven y la condición humana misma.

Cuanto más se celebra la diversidad, más la acompaña en el fondo la uniformidad. La racionalidad económica se extiende a cada vez mayores áreas de la vida personal y social y a cada vez más regiones del mundo. El mercado se adueña de todas las cosas y es erigido en árbitro de toda cultura. A diferencia de los órdenes precedentes, donde formas sociales múltiples podían coexistir yuxtapuestas en imperios rivales, el orden mercantil se organiza cada vez más en torno de una forma única de vocación que se torna universal y en la que el dinero determina las leyes (cf. Attali).

El predominio de las fuerzas modernizadoras en la sociedad contemporánea no significa que esté libre de tensiones. Como nos lo ha hecho ver Castells, éstas se manifiestan entre, por un lado, la globalización reticular de la economía, la tecnología y la comunicación y, por el otro, en la búsqueda de la identidad.

Desubicada, atemporalizada, presa en una realidad inseparable de la ficción, mucha gente busca en las tradiciones locales o regionales, o en las culturas emergentes del cuerpo o la naturaleza, un ser que el poder de los flujos globales es incapaz de proporcionarles. Surge así un mundo de enajenación esquizofrénica, en el que muchos son lo que no hacen y hacen lo que no son.

No menos relevantes son las crisis de los partidos políticos, de las organizaciones obreras y de la democracia liberal, sometida al fuego cruzado de la política mediática, el escándalo y la corrupción; y la crisis, sobre todo, del Estado-nación que, siendo demasiado pequeño para lidiar con lo global y demasiado grande para administrar lo local, se ve a la vez desmochado por arriba y socavado por abajo. El desarrollo de una economía de mercado exige que el Estado no sea más que un vigilante, pero no puede vivir si no es ni siquiera eso; aún más difícil es que prospere si, como sucede en algunos países, el Estado es una feroz bestia rapaz que se ceba en la sociedad y la agota.

Pero el velo más sombrío que hoy cae sobre la modernidad es el que arroja la ecología: la omnipresente y persistente convicción de que el modo de vida industrial en su conjunto está fatalmente viciado y de continuar extendiéndose así destruirá al planeta mismo. Otras voces, mucho más aisladas pero mejor sustentadas por grandes poderes, afirman que no es la industrialización, sino la falta de ella y de la riqueza que genera, la peor amenaza sobre la tierra. Pero, con todo y que anuncia el fin de todas las épocas, la ecología no ha hecho época.

La modernidad salvífica

Ante este abrumador peligro total que se forma con las amenazas de la industrialización, la pobreza y las armas nucleares, encontramos a quienes buscan la salvación en el verdadero espíritu de la modernidad y a quienes piensan que sólo una reorientación radical de la civilización puede rescatar el futuro de la tierra.

Los primeros consideran que la actual crisis no lo es de la razón sino de los motivos irracionales que han venido guiando a la racionalización; que liberando el pleno potencial de reflexión racional de la modernidad se podrá alcanzar su promesa de “autoconciencia, autodeterminación y autorrealización” (cf. Habermas).

La espera del kairos

Para quienes ven en la modernización el preludio entrópico en el camino a una catástrofe definitiva, sólo una transición a una era con principios activos totalmente diferentes a los que han impulsado la trágica trayectoria del mundo moderno, que traigan una nueva forma de civilización, podrá evitar que la humanidad se destruya con los poderes de su propia ciencia y tecnología. Se requeriría nada menos que el kairos del que hablaban Jung y Tillich, el momento en que la eternidad se manifiesta y se produce la “metamorfosis de los dioses”, la renovación de los principios y símbolos fundamentales.         n

José María Sbert. Ha publicado el capítulo “Progress” en el Development Dictionary editado por Wolfgang Sachs (Zed Books, London, 1997) y está por aparecer su ensayo “Epimetheus” en un libro sobre Iván Illich que pronto publicarán Lee Hoinacki y Cari Mitcham. Actualmente prepara un libro sobre el poder de la técnica como tema en la narrativa.

Historia de una derrota católica

HISTORIA DE UNA DERROTA CATÓLICA

UN VIEJO LITIGIO

POR LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

Este ensayo traza la ruta que ha seguido el culto a la virgen de Guadalupe, desde el primer relato aparicionista fechado en I64S hasta nuestros días, aún a la espera de milagros. Luis González de Alba consulta y refuta, discute con los testimonios y con algunos imaginarios mexicanos para entregarnos al final un texto apasionado en virtud de su celo crítico e histórico.

Antecedentes indios: El primer culto de Tepeyac

En el mismo lugar donde se levantó la primera capilla a la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac hubo un adoratorio indio a la diosa Tonantzin. cuyo nombre significa precisamente “nuestra madre”. El dato está abundantemente certificado por todos los primeros cronistas de lo que luego sería México. Citemos al más acucioso de todos, fray Bernardino de Sahagún, cuya monumental Historia General de las Cosas de la Nueva España menciona asiese culto:

Cerca de los montes hay tres o cuatro lugares donde solían hacer muy solemnes sacrificios y que venían a ellos de muy lejanas tierras. El uno de éstos es aquí en México, donde está un monte- cilio que se llama Tepeyac, y los españoles llaman Tepeaquilla, y ahora se llama Nuestra Señora de Guadalupe. En este lugar tenían un templo dedicado a la madre de los dioses, que llaman Tonantzin, que quiere decir nuestra madre: allí hacían sacrificios a honra de esta diosa y venían a ellos de muy lejanas tierras, hasta más de veinte leguas, de todas estas comarcas de México, y traían muchas ofrendas; venían hombres, mujeres, mozas y mozos a estas fiestas: era grande el concurso de gente en esos días y todos decían ; vamos a la fiesta de Tonantzin!; ahora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin, tomada ocasión de los predicadores que a Nuestra Señora la Madre de Dios la llaman Tonantzin.

Antecedentes españoles: La primera Virgen de Guadalupe

“El l tiempo en que aquí este rey don Alonso reinaba en España, apareció Nuestra Señora la Virgen Santa María a un pastor en las montañas de Guadalupe en aquesta manera”. Así comienza el relato de las apariciones guadalupanas, relato escrito más de un siglo después del momento que trata. En resumen:

Hacia el año 1322, la Virgen se apareció a un humilde pastor en Extremadura, España. Ocurrió el milagro entre unas peñas de la Sierra de Guadalupe. La Virgen le pidió al pastor que allí le edificaran una iglesia. El pastor llevó el mensaje a los clérigos y éstos no le creyeron. La aparición se repitió con la misma solicitud. Un hijo del pastorcillo resucita tras de ser dado por muerto. Los clérigos acompañan al pastor hacia el lugar de las apariciones y encuentran allí, oculta entre peñascos, una escultura de la Virgen. Levantan el santuario pedido en ese lugar de la Sierra de Guadalupe y llaman por lo mismo Virgen de Guadalupe a la escultura encontrada misteriosamente y sin que se le conozca autor humano. Pasa más de un siglo antes de que se tenga el primer manuscrito con el relato de la aparición milagrosa.

La similitud es completa en ambas apariciones de la Virgen: 1) en el Tepeyac y en Extremadura se aparece a un a) hombre, b) humilde; 2) la aparición ocurre, en México y en España, en un monte y entre peñascos, cerca de una fuente aquí y de un río allá; 3) en ambas Españas, la vieja y la Nueva, la Virgen pide que le hagan una iglesia en el lugar de su aparición; 4) las autoridades eclesiásticas no le creen al enviado, ni aquí ni allá; 5) la aparición se repite con la misma demanda; 6) un pariente del testigo de la aparición sana milagrosamente, tanto en España como en la Nueva España; 7) el obispo pide una prueba aquí y allá hacen otro tanto los clérigos; 8) en la Sierra de Guadalupe, España, la prueba consiste en el hallazgo de una escultura de una imagen de la Virgen milagrosamente esculpida, sin intervención humana; 9) es una imagen morena y la llaman “la Morenita de las Villuercas”, por el pueblo cercano así nombrado; 10) en el cerro del Tepeyac, Nueva España, la prueba consiste en una imagen milagrosamente pintada, sin intervención humana; 11) es una imagen morena y la llaman “la Morenita del Tepeyac” por el cerro de su aparición; 12) en España no aparece el primer relato escrito sino hasta 1440, 118 años después del milagro: 13) en la Nueva España no aparece el primer relato escrito sino hasta 1648, 117 años después del milagro.

En ambas Españas, la vieja y la Nueva, la devoción popular es inmediata, pero las reservas de la Iglesia muchas. Aquí y allá, las reservas van cayendo con el paso de los años y las dos Morenitas suben de categoría hasta alcanzar culto nacional. Siendo Hernán Cortés y otros conquistadores originarios de Extremadura, tenían gran devoción por la Virgen de Guadalupe y no la perdieron al fundar la Nueva España, que luego sería México.

Siendo los conquistadores mexicanos que partieron a colonizar otras tierras originarios del centro del país, tenían gran devoción por la Virgen de Guadalupe (la suya, la del Tepeyac) y no la perdieron al fundar California y las Filipinas.

La dudas de la Iglesia mexicana: 450 años

Las dudas sobre la existencia de Juan Diego —y por tanto sobre la veracidad de las apariciones y del milagroso estampado de la imagen venerada en el Tepeyac— expuestas desde hace al menos diez años por el entonces abad de la mismísima Basílica de Guadalupe, no son nuevas en la Iglesia católica. Durante siglos se han levantado voces en contra del culto a la Morenita del Tepeyac y han empleado contra la imagen palabras tan duras que las del ahora ya ex abad suenan a himno.

El testimonio de fray Juan de Zumárraga

Refiere  la tradición guadalupana que se apareció la Virgen Santa María, madre de Dios, al indio Juan Diego, cuando pasaba por el cerro del Tepeyac. Pidió que le construyeran allí una iglesia, mandato que Juan Diego llevó al obispo. Este, el primer obispo de México, el franciscano fray Juan de Zumárraga, no lo tomó en serio durante tres ocasiones. En la tercera pide una prueba. Entonces la Virgen le manda a Juan Diego cortar algunas flores y resulta que son rosas de Castilla (flor traída a América por los conquistadores y por tanto inexistente en estado silvestre por muchos decenios) y llevarlas al obispo. El indio obedece, corta las rosas, las envuelve en su manto y las lleva al obispo Zumárraga. Desenvolvió luego su blanca manta y “se dibujó en ella y apareció de repente la preciosa imagen de la manera que está y se guarda hoy en su templo del Tepeyácac”.

Así pues, el testigo principal del milagro, esto es del estampado de la imagen en la tilma de Juan Diego, no es éste, sino quien estaba frente a él, recibiendo las rosas enviadas por la señora, como dice la tradición: el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga. El fue quien vio ocurrir el milagro. Tuvo que ver fray Juan el momento mismo en que la imagen comenzaba a formarse milagrosamente, quizás entre luces y coros angélicos, pues de otra manera, si Juan Diego entrega las rosas enviadas por la señora al obispo como prueba y con eso descubre una imagen pintada en su capa, Zumárraga se habría limitado a comentar: “Qué bella imagen traes pintada allí, hijo mío”. Y punto.

Pero apenas quince años después de este portentoso milagro, más grande que cualquiera relatado en las Sagradas Escrituras, en 1547, fray Juan publicó un catecismo llamado Regla Cristiana, donde se pregunta al lector por qué razón ya no ocurren milagros, y se le responde: “Ya no quiere el Redentor del Mundo que se hagan milagros, porque no son menester, pues está nuestra Santa Fe tan fundada por millares de milagros como tenemos en el Testamento Viejo y Nuevo”.

El piadoso Joaquín García Icazbalceta, historiador del siglo XIX, se preguntó: “¿Cómo decía eso el que había presenciado tan gran milagro?”.

Y se le quedaron a Icazbalceta en el tintero las palabras siguientes, comenta De la Maza:1 “No queráis, como Herodes, ver milagros y novedades por que no quedéis sin respuesta: lo que Dios pide y quiere es vidas milagrosas, cristianas, humildes, pacientes y caritativas”. De esta manera, fray Juan de Zumárraga niega haber visto él mismo alguna vez milagro alguno.

Por si hiciera falta, hay otro flagrante silencio respecto del milagro por parte de su principal testigo: los archivos de la Mitra, primero obispado y luego arzobispado todavía bajo fray Juan de Zumárraga, no contienen informe alguno sobre las apariciones del Tepeyac ni menos sobre tan gran milagro como sería el de haberse estampado por acción divina la verdadera efigie de la Madre de Dios. Más portentoso que abrir el Mar Rojo en dos partes para permitir el paso de las doce tribus de Israel, más que detener el sol para abatir las murallas de Jericó, más que multiplicar panes y convertir agua en vino es el hecho de ver a los ángeles pintar el verdadero rostro de María, la Virgen Madre de Dios.

Y a fray Juan de Zumárraga se le olvidó apuntarlo en donde aparecen hasta las cuentas sobre los diezmos. Tampoco menciona el enorme milagro en ninguna parte de su correspondencia, toda ella bien conocida y revisada con afán de encontrar algún indicio, una sombra, una mención velada ya que no un himno entusiasta. Nada. Las cartas del testigo principal del portento no dicen absolutamente nada.

El provincial de los franciscanos

En domingo 6 de septiembre de 1556, el segundo arzobispo de México, fray Alonso de Montúfar. sucesor de Zumárraga, predicó en la Catedral un sermón en honor a la Virgen de Guadalupe.

Afirmando primero que los indios “no eran devotos de Nuestra Señora”, “y para atraerlos a la veneración de la imagen del Tepeyac y ganarles la voluntad”— que la de los españoles ya no hacía falta— “su ilustrísima tuvo la temeridad de sumarse al rumor de los milagros que se decía obraba la imagen, predicándolos y afirmando su verdad” —comenta O’Gorman.

Es muy digno de notarse que el arzobispo en ningún momento de su sermón indica que la imagen sea de origen sobrenatural, aunque nada lo habría ayudado más en sus afanes. Se limita a decir que hace milagros.

Al arzobispo le preocupaba en extremo la opinión que de su sermón guadalupano se hicieran los franciscanos, enemigos del culto a las imágenes, así que envió un par de sirvientes a sondear los comentarios en el convento de San Francisco. El primero en picar el anzuelo fue fray Alonso de Santiago, quien fue por una Biblia y leyó una parte del Deuteronomio contra la veneración que no esté dirigida exclusivamente a Dios. Luego fray Antonio de Huete expresó su disgusto por el nombre dado a la imagen del Tepeyac: “Ya que el ilustrísimo señor arzobispo quisiere que por devoción se fuese a aquella ermita, había de mandar que no se nombrase de Nuestra Señora de Guadalupe, sino de Tepeaca o de Tepeaquilla, porque si en España tenía aquel nombre era porque el mismo pueblo se decía (se llamaba) de Guadalupe”. Luego censuró al arzobispo por predicar milagros no comprobados.

El criado se precipitó a llevarle el chisme al arzobispo Montúfar: los franciscanos estaban enfurecidos y lo comparaban con figuras condenadas por las Sagradas Escrituras.

El arzobispo de México no debió esperar mucho la respuesta directa de los franciscanos, entonces imbuidos por espíritu erasmiano y un ardiente deseo de limpiar la doctrina cristiana y volverla a la pureza del cristianismo primitivo. Dos días después del sermón del arzobispo Montúfar, el martes 8 de septiembre de 1556, fiesta de la natividad de la Virgen, se celebró misa en la capilla de San José de los Naturales del convento de San Francisco, en la capital de la Nueva España (convento derribado para abrir la calle hoy llamada Madero). Asistieron el virrey don Luis de Velasco y la Real Audiencia. El sermón estuvo a cargo del provincial de la orden franciscana, fray Francisco de Bustamante, y tuvo dos partes bien diferenciadas. En la segunda parte de su sermón el provincial se refirió al culto popular que tenía por centro la ermita del Tepeyac.

“Durante la pausa que hizo fray Francisco para subrayar el cambio se observó que le mudó el color del semblante y que estaba muy alterado”, dice uno de los testigos. Manifestó la cabeza de los franciscanos que estaba obligado a denunciar como perniciosa la devoción “que la gente de la ciudad ha tomado en una ermita y casa de Nuestra Señora que han titulado de Guadalupe”, porque era en gran perjuicio de los naturales de la tierra. Añadió el provincial de los franciscanos que el arzobispo se equivocaba al suponer que los indios no tenían devoción por Nuestra Señora, que. por lo contrario, eran tan devotos de ella que la tenían por Dios. Fray Francisco se refirió a los muchos trabajos pasados por los evangelizadores para dar a entender a los indios que no creyesen en imágenes, pues eran de piedra y palo, “y venir ahora a decirles a los naturales que una imagen pintada ayer por un indio llamado Marcos hacía milagros, era sembrar gran confusión y deshacer lo bueno que se había plantado”. Concluyó la cabeza de los franciscanos de México añadiendo que “suplicaba al señor virrey y a los oidores examinasen mucho este asunto y lo remediasen”.

Una vez más resulta asombroso que fray Francisco no se refiera a las apariciones ni al milagroso estampado de la imagen por obra divina, así fuera para condenar, aún más, tales excesos. En cambio sí pide a las autoridades del virreinato que averigüen el uso dado a las limosnas recogidas en la ermita. Ya desde entonces, el destino de las limosnas era parte importante del conflicto con el arzobispado de México.

La “defensa” del arzobispo Montúfar

Para defenderse de la tormenta que veía relampaguear y negar que hubiera dicho que la Guadalupana hacía milagros, el segundo obispo de México, fray Alonso de Montúfar, se preparó rápidamente testigos favorables y mandó recoger declaraciones entre los que habían escuchado al superior de los franciscanos. La última diligencia se verificó el 24 de septiembre de 1556. El expediente de ese informe estuvo perdido durante casi tres siglos. La primera noticia de su existencia se tuvo en 1846. Al conocer su contenido, el expediente fue ocultado, ahora intencionalmente, por otras décadas. En 1871 lo leyó Joaquín García Icazbalceta, quien lo obtuvo en préstamo. Sólo él y un selecto grupo de historiadores y eruditos conocieron la Información de 1556.

En 1883 el arzobispo de México pide a García Icazbalceta, historiador católico, una opinión sobre las apariciones. Ante una primera negativa, el arzobispo Labastida insiste en que “se lo ruega como amigo y se lo manda como prelado”.

Al enviar al arzobispo sus conclusiones, el piadoso don Joaquín dice al arzobispo que los apologistas de la tradición sólo le sirvieron para convertir en certeza las dudas que tenía al respecto y que sólo ha investigado el tema “por obedecer el precepto repetido de vuestra señoría ilustrísima”. Le ruega que el manuscrito no se presente a otros ojos ni pase a otras manos. Pero el mismo don Joaquín lo dio a conocer a sus amigos, todos ellos nombres de calles hoy día en la ciudad de México: Francisco Sosa, Francisco del Paso y Troncoso, José María Vigil, Luis González Obregón. La información estalló. ¿Por qué era tan explosiva?

Volvamos tres siglos atrás, donde dejamos al enojado arzobispo Montúfar, en el momento de ordenar la redacción de los testimonios que dieron cuerpo a la Información de 1556.2 Primero hizo una intempestiva visita a la ermita del Tepeyac en cuanto conoció el contenido del sermón del provincial franciscano, acusándolo de promover la creencia en milagros no certificados. En la ermita encontró ya reunidos a algunos de los presentes en el sermón del franciscano, mismos que serían citados al día siguiente para defender al arzobispo. Cuando estos testigos del sermón antiguadalupano de fray Francisco refirieron su encuentro con el arzobispo, declaró uno, Francisco Salazar, que su ilustrísima había pedido a un intérprete que explicara a los indios presentes en la ermita “cómo habían de adorar, en aquella devoción, la imagen de nuestra Señora que allí estaba en el altar, porque representaba la del cielo, madre de Dios verdadero, y que no se hacía reverencia al lienzo ni pintura ni palos de las imágenes, sino a las imágenes por lo que representaban”.3

Otro testigo, Juan Salazar, fue interrogado así al dar su testimonio: “Si sabe que su señoría reverendísima [el arzobispo Montúfar] ha mandado predicar y en su presencia [la del testigo] se ha predicado a los indios cómo han de entender la devoción de la imagen de Nuestra Señora; cómo no se hace reverencia a la tabla ni a la pintura, sino a la imagen de Nuestra Señora por razón de que lo representa, que es la Virgen María, Nuestra Señora…”. Por supuesto, a Juan le bastó con dar un “sí” a la pregunta que era así de larga para inducir la respuesta deseada.

En resumen, lo que encontraron explosivo los historiadores católicos del siglo pasado, fue la defensa misma preparada por el arzobispo. Llegó al Tepeyac, apenas supo del sermón del franciscano, a instruir a quienes serían sus testigos de descargo y les informó lo que debían decir que él decía, y esto era ¡que no veneraban la pintura ni la tabla!

Pero ¿no era la imagen de la Guadalupana obra divina? ¿No había sido testigo del portento Zumárraga, el primer obispo y arzobispo de México? No había sido un milagro ocurrido al indio Juan Diego entre las breñas del Tepeyac y sin testigos, sino a fray Juan de Zumárraga, franciscano, teólogo, arzobispo, hombre renacentista ilustrado. Y sólo veinticinco años después, el sucesor de Zumárraga en el arzobispado se defendía de las acusaciones del superior provincial franciscano poniendo apresuradamente de acuerdo a sus paniaguados acerca de cómo él los había enseñado, correctamente, a no reverenciar la tabla ni la pintura. ¿Llamaba el señor arzobispo proguadalupano “tabla” y “pintura” a la obra del mayor milagro ocurrido desde la resurrección de Lázaro?

Sí, lo escandaloso del Informe de 1556 fue descubrir que, apenas 25 años después del portento, nadie evocaba apariciones milagrosas a un indio ni plasmado sobrenatural de la imagen guadalupana. Por ninguna parte aparece el nombre “Juan Diego” entre los muchos informantes favorables al arzobispo, ni se menciona parte alguna de la tradición aparicionista. El significado de ese silencio de los testigos es uno solo: en 1556 todavía nadie afirmaba que la imagen tuviera origen milagroso. Era demasiado pronto. Para eso debían transcurrir otros noventa años.

Fray Bernardino: Invención satánica

Que el conflicto guadalupano está presente en la historia de México desde que este país existe lo observamos también en la Historia General de las Cosas de la Nueva España, la magna obra de fray Bernardino de Sahagún, otro sacerdote opuesto terminantemente al culto en el cerro del Tepeyac.

La primera sospecha le viene a fray Bernardino por el sitio del culto: el mismo lugar, en el cerro del Tepeyac, donde se había adorado a la diosa Tonantzin. “nuestra madre” para los indios del valle de México. Que sobre el mismo sitio donde había estado el altar de la diosa Tonantzin, súbitamente prendiera una tan gran devoción por otra “nuestra madre” —ahora la Virgen madre de Cristo— fue señalado con enorme suspicacia por fray Bernardino, nuestro primer gran historiador. Escribió en su Historia General de las Cosas de la Nueva España, de 1570:

Y ahora que está allí edificada la iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, también la llaman Tonantzin. tomada ocasión de los predicadores que a la Madre de Dios la llaman Tonantzin (…) y es cosa que se debía remediar, porque el propio nombre de la Madre de Dios Señora Nuestra no es Tonantzin (…); parece ésta invención satánica, para paliar (ocultar) la idolatría bajo la equivocación de este nombre Tonantzin. y los indios vienen de muy lejos, tan lejos como de antes, la cual devoción también es sospechosa, porque en todas partes hay muchas iglesias de Nuestra Señora, y no van a ellas, y vienen de lejanas tierras a esta Tonantzin. como antiguamente.

Satanás había encontrado el remedio contra la evangelización cristiana a la que los franciscanos se habían dado con ardor y fe. Para ocultar la idolatría, la habilidad del diablo se superaba y conseguía confundir a los indios al renovarles su viejo ídolo bajo nombre cristiano y manto de la Virgen. La lucidez de fray Bernardino descubre la acechanza del maligno en el curioso comportamiento de los indios, que teniendo tantas iglesias dedicadas a Nuestra Señora no van a ellas y sí, en cambio, al antiguo adoratorio de Tonantzin.

El nombre y el conflicto por las limosnas

En 1574 le cayó a la ermita una inspección: del monasterio jerónimo de Guadalupe, en Extremadura, enviaron a fray Diego de Santa María para averiguar el asunto del culto y el de las limosnas, pues toda iglesia con una imagen guadalupana debía entregar las limosnas a la casa matriz. Y la ermita de México sin duda empleaba ese nombre y por tanto debía pagar.

Es natural preguntarse de dónde le vino el nombre a la imagen del Tepeyac. Si la Virgen de Lourdes lleva ese nombre porque se apareció en Lourdes y la de Fátima en Fátima y la de Guadalupe en la Sierra de Guadalupe, ¿por qué la aparecida en el Tepeyac y tan distinta a la Guadalupe española se llama “de Guadalupe”? Todos los que hablan de la imagen del Tepeyac la llaman “Guadalupe”, así sea, como en el caso visto antes, para comentar que no debería llamarse así, como es el caso de fray Antonio de Huete, quien propone llamarla de Tepeaca o de Tepeaquilla. Puede uno dudar que la imagen fuera la extremeña; pero una carta del virrey Martín Enríquez al rey, fechada el 25 de septiembre de 1575, no deja duda alguna. Dice: “Pusieron nombre a la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe por decir que se parecía a la de Guadalupe de España”.

Pero es un hecho que la Guadalupe mexicana que conocemos no se parece a la originalmente aparecida en España. Por tanto, en tiempos del virrey Enríquez todavía era la misma. ¿Por qué cambiarla? La clave, propone Jacques Lafaye,4 se encuentra en la cédula real por la que se ordenó enviar al monasterio de Guadalupe, en España, las limosnas recogidas donde hubiera copias de esa imagen. En síntesis, había que pagar regalías. Así que el cambio de la Guadalupe española, vista todavía en 1575 por el virrey Martín Enríquez, bien pudo ser consecuencia “del deseo de conservar las limosnas en la Nueva España”. De ahí también el traslado de la fiesta, celebrada el 8 de septiembre, al 12 de diciembre, “y la elaboración de una tradición aparicionista en la cual un neófito indio desempeña el primer papel”.

También es un hecho que la Guadalupe del Tepeyac sí presenta un extraordinario parecido con la española si no atendemos a la imagen principal de la basílica de Extremadura, sino a la del coro. Son idénticas, salvo en un detalle: la española trae al Niño en brazos, no así la del Tepeyac que es una Inmaculada.

Emplear una imagen guadalupana secundaria, la del coro, y eliminar un importante detalle, como es el Niño, aunque conservando el nombre tan venerado por los conquistadores, se parece en todo a los intentos modernos por evadir una exitosa marca registrada efectuando cambios que la clientela no distinga mucho, pero ante un juez puedan ser valederos. “Observemos todavía que uno de los antifonarios del coro de Guadalupe de Extremadura, fechado en el siglo XV, está ilustrado con estampas entre las cuales aparece una Inmaculada que habría podido servir de modelo a la del Tepeyac”, concluye el citado autor.

A fin de cuentas, puede ser que ni siquiera haya sido necesario el cambio, sino que el virrey Enríquez haya visto una Guadalupana como la del coro de Guadalupe en Extremadura y no haya entrado en detalles en su carta.

La “aparición” de la Noche Triste

En 1576 se bendijo un suntuoso templo a la Virgen de los Remedios en la capital de la Nueva España. La Gaceta de septiembre de 1728 describe así lo ocurrido: “Esta soberana imagen se presume ser la misma que (…) es la propia que Juan Rodríguez de Villafuerte, uno de los primeros conquistadores de este reino, trajo de España, y la Noche Triste, por hallarse imposibilitado, por las muchas heridas, de poderla cargar, la dejó en un maguey, hasta que andando a caza, en el mismo cerro, el venturoso indio Juan Diego Cequantizin, encontró con el tesoro y muy contento se lo llevó a casa”. Prosigue la narración hasta el punto culminante en que la imagen le pide a ese Juan Diego, ¿otro o el mismo?, que le construya una iglesia.

1648: Miguel Sánchez

Algunos documentos comienzan a mencionar el milagro. Algunos existen, otros sólo “fueron vistos” por alguno de los primeros escritores que dan forma a las voces del pueblo. Entre tales documentos sólo alguno menciona para la aparición la fecha ahora establecida de 1531. Los Anales de Tlaxcala dan una fecha absurda: 1510. Totalmente sin sentido porque según tales Anales la Virgen se apareció antes de la Conquista y de la prédica franciscana del cristianismo. El Diario del alguacil de Tlatelolco, Juan Bautista, asienta: “En el año de 1555 se apareció Santa María de Guadalupe en el Tepeyac”. Los Anales de Chimalpain dan la misma fecha: 1555. Los Anales de México la corren un año: “Año 1556, descendió la señora del Tepeyac”. También son las fechas que menciona el virrey Enríquez, no como de aparición alguna, pero sí de que por “1555 ó 1556 estaba allí una ermitilla”. Y éste último es el año del furioso sermón antiguadalupano de fray Francisco de Bustamante, provincial de los franciscanos.

No es hasta 1648 en que el predicador Miguel Sánchez publica su libro Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, milagrosamente aparecida en México, cuando quedan fijados los detalles que dan forma a lo que fray Servando Teresa de Mier llamaría, un siglo y medio después de esa publicación, y en otro sermón famoso, “leyenda piadosa”.

Y no puede uno dejar de sorprenderse ante los nombres de algunos de los sorprendidos. Uno de ellos es nada menos que el vicario de la santa capilla de Guadalupe, Luis Lasso de la Vega, quien después de leer el libro de Miguel Sánchez escribió:

Yo y todos mis predecesores (vicarios de la capilla) hemos sido Adanes dormidos poseyendo a esta Eva segunda en el Paraíso de su Guadalupe mexicano. Mas agora me ha cabido ser el Adán que ha despertado para que la vea en estampa y relación de su Historia: formada, compuesta y compartida, en lo prodigioso del milagro, en el suceso de su aparición; en los misterios que su pintura significa.

O sea que este sacerdote a cuyo cargo está, según sus palabras, “la soberana reliquia de la imagen milagrosa de la Virgen María”, no supo, sino con la lectura del “evangelio guadalupano” del bachiller Sánchez, que tenía a su cuidado algo más que una imagen milagrosa, como lo son las de la Virgen de Zapopan, de San Juan de los Lagos y de Charcas, todas ellas milagrosísimas si atendemos a los informes de los peregrinos que las visitan. Pero el vicario de Guadalupe ignoraba todo sobre el portentoso estampado de la Virgen del Tepeyac, el milagro más grande de todos los tiempos ya que sanados y hasta resucitados los hay a montones en cada siglo, pero la imagen verdadera de la Madre de Cristo, tal y como ella es en el Cielo, únicamente se ha plasmado una vez en dos mil años: “Non fecit taliter omni nationi”: “No hizo igual entre todas las naciones”. Y el vicario de la capilla de Guadalupe, guardián de semejante prodigio… ¿no lo sabía antes de leer a Sánchez?

El entusiasmo del vicario lo llevó a subsanar su falta adaptando el difícil texto del bachiller a lenguaje sencillo y traduciéndolo al náhuatl. El largo título comienza por las palabras “Huei tlamahuizolyica”, por el que se le menciona en ocasiones; pero de las dos primeras palabras con que da inicio esta versión piadosa para uso de indios, “Nican mopohua…”, tomó su nombre más popular, como las encíclicas papales. Retraducido al español, se le sigue conociendo por ese nombre.

Dice Lasso acerca de su traducción al náhuatl: “Esto me ha animado a escribir en idioma náhuatl tu maravillosa aparición, para que vean los naturales y sepan en su lengua cuánto por amor a ellos hiciste y de qué manera aconteció lo que mucho se había borrado por las circunstancias del tiempo”.

Quien De la Maza llama “el tercer evangelista”, luego de Miguel Sánchez y Luis Lasso, es Luis Becerra Tanco. Siendo físico, químico, lingüista y profesor de matemáticas, intenta dar explicación “científica” al estampado de la imagen y la atribuye a los rayos del sol. Su obra, publicada en 1675, y conocida por el título recortado de Felicidad de México, comienza lamentando la falta de documentos “por no haberse hallado en los archivos del Juzgado y Gobierno Eclesiástico escritos auténticos que prueben la tradición que tenemos de tan insigne prodigio, el cual había de sepultar la incuria y omisión en el túmulo del olvido, juzgué me corría la obligación poner por escrito lo que sabía de memoria y que había leído y registrado”.

Así es como Becerra, que nació en el siglo siguiente a los hechos que relata, compone su libro, cuando tenía setenta años, y no había encontrado nada en los archivos eclesiásticos para justificar esa Felicidad de México.

Pero es un científico, así que no puede menos de observar que los viajes tradicionales de Juan Diego desde Cuautitlán a Tlatelolco, pasando por el Tepeyac, no tienen sentido alguno, pues no se pasa por allí y “de una plumada, el realista y lógico Becerra Tanco enmienda la tradición”, comenta De la Maza. Sencillamente pone a Juan Diego a vivir en Tulpetlac para que, camino a la iglesia de Tlatelolco, pase por el Tepeyac y le ocurra lo que debe ocurrir allí.

Es también uno de los primeros en observar las numerosas deficiencias técnicas de la imagen milagrosamente estampada y busca con angustia darles una explicación. La encuentra en los pliegues que debió tener el manto o tilma de Juan Diego en el momento en que los rayos del sol imprimieron la imagen celestial. Y nos dice: “Por eso lo claro de la rodilla izquierda de la imagen parece más corto de lo que pide la buena proporción de un cuerpo delineado”. Así prosigue, pero al final se da por vencido y atribuye a la omnipotencia divina lo que las normas de pintura no justifican.

Francisco de Florencia es un sacerdote jesuíta que escribe otra apología guadalupana de título tan largo que lleva media cuartilla y se le conoce por La Estrella del Norte de México. Es el “cuarto evangelista” y también vivió y publicó más de un siglo después de 1531. Al padre Florencia se debe la adopción de la famosa cita bíblica “atribuida falsamente a Benedicto XIV del Non fecit taliter omni nationi”, cita que ordenó reproducir en las estampas que grabó de la guadalupana, asegura De la Maza, quien se funda en un sermón del predicador de Ita y Parra donde el empleo de ese versículo de los Salmos se atribuye al padre Florencia.

Primer intento de coronación

Cien años después de estos cuatro autores en los que se funda la tradición guadalupana, hacia mediados del siglo XVIII, un caballero milanés, Lorenzo Boturini, se hizo el propósito de conseguir de la Santa Sede autorización para coronar a la Virgen de Guadalupe. Al parecer la obtuvo, pero cuando organizaba las colectas para llevar a término su devoto proyecto, el virrey recién llegado lo hizo encarcelar. Se le acusó, en resumen, de no tener autorización para residir en la Nueva España, de haber  organizado una colecta de fondos sin autorización y de mezclarse en un asunto nacional. Fue desterrado a España y su biblioteca quedó incautada.

Pasaron otros 150 años y, hacia finales del siglo XIX, todo parecía indicar que la imagen tendría su corona. Cuando surgió el más imprevisto obstáculo.

El obispo de Tamaulipas

Para coronar a la Virgen de Guadalupe había un problema a fines del siglo pasado, cuando el proyecto parecía correr con más suerte que en tiempos de Lorenzo Boturini, un siglo antes: y es que la Virgen ya tenía corona. La imagen, como la muestran todas las copias realizadas por centenares de pintores a lo largo de trescientos años, tenía sobre la cabeza una corona de picos agudos. La respuesta de las autoridades era predecible: no podía ser coronada porque ya lo había hecho el mismo Cielo.

Así que la corona pintada desapareció milagrosamente. Una carta del padre Antonio Plancarte y Labastida (abad de la Basílica de Guadalupe) al obispo de Yucatán, Carrillo y Ancona, relata así el momento del nuevo milagro: “El día que publicaron en El Nacional (23 de enero de 1887) que no debía ser coronada la imagen porque Dios ya la había coronado, estaba yo meditando en esta singular teoría, cuando llegó el fotógrafo con las pruebas de las fotografías que había sacado tres días antes (20 de enero) ante el cabildo, abierto el cristal”. Fue entonces cuando el padre Planearte advirtió, en las fotografías, que faltaba la corona y corrió a decírselo al arzobispo. Al día siguiente (24 de enero) fueron los dos a la colegiata (la Basílica) “y vimos que ni rastros de la corona”. Luego comenta que “el inimicus homo” (alude al padre Vicente de Paul Andrade) y compañeros circularon la especie de que Pina (un pintor) y yo la habíamos borrado”.5

El presbítero Faustino Cervantes, en nota a su traducción del estudio con luz infrarroja, que veremos enseguida, hace ver algo todavía más sospechoso: “Testificada ésta (la corona) en la Imagen por el Nican Mopohua, por historiadores y pintores, la corona desapareció en las proximidades de la coronación en 1895. Por ello es inverosímil el acta notarial levantada el 30 de septiembre de 1895, certificada por los pintores padre Gonzalo Carrasco S. J. y Barlomé Pina de que jamás existió la corona en la Imagen”.

Continúa luego: “Sin embargo, diversos testimonios atribuyen al pintor Salomé Pina lo que por aquellos tiempos se consideró un ‘atentado’. Dicho pintor gozaba de la plena confianza del abad don Antonio Planearte y Labastida, pues fue el encargado de la decoración de toda la Colegiata en 1887″. Hubo al menos un eclesiástico digno que no se tragó aquella rueda de molino. En 1895, a raíz de las fiestas por la coronación de la Virgen de Guadalupe, monseñor Eduardo Sánchez Camacho, obispo de Tamaulipas, renunció a su diócesis por considerar que el culto guadalupano “constituye un abuso en perjuicio de un pueblo crédulo y en su mayoría ignorante”.

Un siglo después

Un siglo después de aquella renuncia, el propio abad de la Basílica de Guadalupe, monseñor Guillermo Schulenburg, negó la existencia real de Juan Diego. Le costó el cargo.

Ahora insiste en nueva carta al Vaticano y afirma tener una carta de sacerdotes católicos desconociendo el milagro guadalupano.

Si la corriente eclesiástica sensata que desde fray Bernardino ha visto con sospecha la leyenda popular pierde el caso y el papa que más santos ha hecho en toda la historia se sale con la suya, se estará arriesgando un dogma: el de la infalibilidad papal. Y si un dogma resulta falso pueden serlo todos.

¿No es mucha terquedad de los promotores de la canonización? A la gente creyente le basta con sus propias convicciones.

Iconografía

El estudio estilístico de la imagen guadalupana comenzó desde los primeros años del culto: si se parecía o no a la extremeña, si la rodilla la tenía muy abajo, si el dibujo del brocado no sigue los pliegues y por tanto es un añadido posterior, como sostiene el padre Cuevas, autor del Album Histórico Guadalupano del IV Centenario. Diego Angulo dice en su Historia del arte hispanoamericano: “De una gran belleza y con ese recogimiento que suele distinguir a las imágenes todavía medievales, la Virgen de Guadalupe tiene no poco de gótica y en los rastros de ese estilo hacen pensar también el dibujo del brocado de la túnica y los plegados, tanto de ésta como del manto”.6

No es, ni remotamente, una imagen única. Dice de la Maza:

Es posible citar, como un ejemplo entre cien, la virgen de un tapiz de la Catedral de Reims, que es un antecedente directo, en su parecido plástico, con la Virgen de Guadalupe mexicana. Junta sus manos en idéntica actitud; vuelve ligeramente el rostro hacia su derecha, pliega el manto y la túnica en parecida forma y lleva estrellas, luna y los haces solares irradiantes de su cuerpo, la circundan nubes y ángeles. Es del siglo XV y, como ella, hay muchas. Más parecida es la Virgen de Berlín, grabado de 1468, de origen flamenco, la cual, salvo el Niño, es idéntica a la guadalupana, hasta el ángel que le toca el manto bajo sus pies.

Ya ha quedado mencionada, también, la imagen del monasterio guadalupano español, escultura ubicada en el coro, así como la ilustración de un antifonario en todo similar a la imagen del Tepeyac.

Recomendación de la Basílica

En 1981 apareció un libro con la recomendación entusiasta de la Basílica de Santa María de Guadalupe en la contraportada. Allí se expresa el “deseo de que su lectura enriquezca los conocimientos de los estudiosos y crezca de día en día la veneración a Santa María de Guadalupe”. Se trata de un análisis publicado en inglés bajo el título The Virgin of Guadalupe. An Infrarred Study, y traducido por el presbítero Faustino Cervantes, ferviente aparicionista, como La tilma de Juan Diego, ¿técnica o milagro? Sostiene uno de los autores, Philip Serna Callahan, católico y creyente en las apariciones, que “Las borlas, las mangas forradas de piel o armiño, los bordes dorados y las túnicas bordadas eran elementos usuales del gótico español, así como la introducción de decoraciones de influencia morisca, tales como la media luna”

La conservación milagrosa

Entre los detalles que nunca olvidan los creyentes en el milagro del Tepeyac se menciona una cierta “conservación milagrosa” de la imagen. Al parecer no han visto la imagen de cerca, pues señala el libro recomendado por la Basílica que: “Un examen superficial de la pintura manifiesta que el oro del resplandor en torno a la Imagen, de las estrellas y de la orla del manto azul, se ha ido desprendiendo con el tiempo. Los rayos solares dorados que rodean la Imagen se encuentran en muy malas condiciones, con grandes áreas en las que el oro se ha desprendido (Fig. 2). El resquebrajamiento del oro de la fimbria del manto y de las estrellas es mucho más difícil de observar, pero se nota bastante bien en la figura 2. (…) La flecha B (Fig. 2) señala una grieta en la fimbria dorada, y la flecha C una fina línea negra, puesta sobre el borde del manto azul para servir de guía al dorado de la fimbria”. Señala que esa línea negra debería haber quedado cubierta por el dorado de la orla, “y servir únicamente de guía a la pintura dorada, sólo que en algunos lugares el artista falló, dejando sin cubrir partes de la guía negra”.

En tal estado del milagro no es de extrañar que la Basílica deseara adelantarse a explicar este manifiesto deterioro. Así que permitió el estudio de la imagen con fotografía infrarroja.

“La fotografía infrarroja es una técnica que se emplea en los estudios críticos de pinturas antiguas. Es de gran valor para obtener información sobre derivaciones históricas, métodos de interpretación y validez de documentos y pinturas”, explica el libro citado.

A lo largo de sus páginas se conoce cuál es la intención de las máximas autoridades guadalupanas: salvar lo salvable. Así pues admiten, como veremos, que la imagen sufrió con los siglos una serie de alteraciones, siempre hechas con afán de mejorar el milagro. Pero que, bajo esas alteraciones, subsiste una imagen “inexplicable” por el estudio infrarrojo. Esa imagen es la original (Fig. 1): el bello rostro de la Virgen, la túnica rosa sin el bordado, el manto azul sin las estrellas y quizás un primitivo resplandor. Eso fue lo que se plasmó ante los ojos atónitos de fray Juan de Zumárraga. Luego le fueron añadidos el ángel, la luna, el bordado, las estrellas, los rayos dorados, el broche del cuello, el armiño de las mangas y las nubes anaranjadas que rodean toda la imagen y llenan el cuadro.

Así pues, lo que está agrietado y cayéndose es obra humana, si bien piadosa.

En cuanto a conservaciones “milagrosas” no está de más recordar que la Guadalupana no tiene más que 450 años. Muchos menos que pinturas más antiguas y que. antes de estar a buen resguardo de museos, padecieron no sólo humedades, sino maltrato, guerras, incendios, viajes sin empaque protector, bombardeos y cuantos males se ha propinado la humanidad a sí misma. Sin contar las catástrofes naturales. Recordemos que los frescos de Pompeya sobrevivieron a la erupción del Vesubio, a los gases venenosos que mataron a los habitantes, a las cenizas ardientes que todo quemaron y a dos mil años, no sólo 450. de olvido y lluvia. Y allí están, con esos rojos brillantísimos que la ciencia actual no ha logrado reproducir, con esos azules cerúleos “inexplicables” y esos tonos de pieles tan eróticos como recién pintados. Y, lo más curioso de todo: en buena parte son pinturas pornográficas.

El análisis infrarrojo

Dice el abad de Guadalupe en la contraportada del libro ya citado:

El autor de la presente traducción, con sus muy útiles notas críticas e históricas, el Pbro. Dr. Faustino Cervantes Ibarrola, nos da a los lectores de habla castellana la oportunidad de conocer un interesante estudio de los señores Philip Sema Callahan y Jody Brant Smith. escrito en inglés y basado fundamentalmente en las fotografías de rayos infrarrojos tomadas en forma directa del Sagrado Original de Nuestra Señora.

A continuación los resultados del estudio tan recomendado por la Basílica de Guadalupe:

Pienso que la luna y el moño fueron añadidos a la pintura antes que el resplandor del fondo, pero después de haberse formado el original fueron añadidos por manos humanas puesto que están descascarándose y porque, además desde el punto de vista artístico no están bien ejecutados ni acordes con la evidente belleza del resto del cuerpo y de las vestiduras. Debido a la tonalidad parduzca (sic) y al agrietamiento podemos suponer que el pigmento empleado en ellos es óxido negro de hierro. El moño negro, la luna y el cabello del ángel continuarán deteriorándose con el tiempo.

El manto azul:

Juzgo que el oro y el borde negro del manto azul, así como las estrellas doradas, fueron añadidos por manos humanas hacia fines del siglo XVI o principios del XVII. Tales decoraciones son típicas del estilo gótico español que caracteriza a este periodo. El azul del manto aparece como original, y de un pigmento azul semitransparente desconocido.

Se advierte también que una de las estrellas que se están desvaneciendo cae sobre el borde negro (Fig. 3). El orden en el que fueron pintadas las añadiduras humanas de este período es el siguiente: primero el resplandor, luego la franja negra y sobre ésta la fimbria dorada, y finalmente las estrellas (…) en ocasiones las estrellas sobrepasan el perfil negro de la fimbria (Fig. 4), lo cual prueba que fueron ellas la última decoración añadida a las vestiduras originales.

La túnica rosa:

El acercamiento de la cruz negra del broche en el cuello (Figs. 5 y 6) muestra que éste está agrietándose en el borde, y que fue pintado con el mismo pigmento que la franja negra (…) Es muy interesante notar que la más antigua y decorada Virgen de la Merced que se encuentra en el Museo de Arte de Cataluña, en Barcelona, lleva al cuello un broche semejante. Esta pintura, con excepción del primitivo rostro europeo, tiene exactamente la misma forma que la Virgen de Guadalupe. La Virgen de la Merced del siglo XV es mucho más elaborada, pero el manto ribeteado en oro, la túnica bordada, las mangas rematadas en armiño, las manos plegadas y el rostro inclinado en meditación imitan sorprendentemente a la Virgen de Guadalupe.

Lo más sorprendente es que una imagen un siglo más antigua “imite” a la Virgen de Guadalupe. Ignoro si el resbalón es de los autores o del entusiasta traductor pues no tengo el original inglés a la mano.

“El origen del pigmento rosa (de la túnica) parece ser inexplicable”, comenta Sema Callahan, inexplicable a la luz infrarroja. Pero luego es demoledor con el bordado de la túnica: “Ningún artista competente hubiera trazado las líneas doradas planas del bordado encima de los pliegues de la túnica, como puede verse claramente en las figuras 8 y 9″ (que en estas páginas aparecen como 3 y 7). Se refiere a que el bordado de la tela no sigue los pliegues, sino que los pasa por encima. El ángel y el pliegue inferior:

Toda la porción inferior del cuadro es una añadidura gótica del siglo XVII y constituye un verdadero enigma. Es un mediocre diseño. Los brazos del ángel son burdos, desproporcionados y evidentemente añadidos para sostener a la Virgen María.

Y sobre el pliegue inferior:

El hecho es que algún artista poco capaz copió con grandes trabajos el “pliegue de tilma” (un jeroglífico azteca que indicaba en los códices las tilmas de un tributo) en la parte inferior de la túnica de la Virgen. La mitad de la luna fue cubierta por el pliegue inferior de la túnica, y se transparentó a través de ésta en la zona que baja de la línea BC hasta la parte visible de la luna (Fig. 8). El “pliegue de tilma azteca” está además acentuado por la desafortunada línea negra (D), que hace ángulo en la parte interior de la túnica. Esa misma línea fue pintada sobre el pie, pero ya se desprendió (E).

Las manos:

Las manos son la parte más alterada de la pintura. Por alguna extraña razón fueron modificadas en el original. Un examen a corta distancia permite descubrir rasgos de los dedos originales de la mano izquierda, cuyas puntas se prolongaban más allá de las actuales (Figs. 5 y 6). Los dedos originales de la mano izquierda deben haber sido por lo menos unos doce milímetros más largos (…) La parte superior de la mano izquierda y la inferior de la derecha han sido perfiladas en negro para acentuar la nueva forma, más corta.

Dice la conclusión:

Las manos fueron retocadas para acortar los dedos y convertir las manos de esbeltos dedos formados originalmente, en dedos indígenas más cortos. Los brazaletes dorados y los puños de armiño fueron añadidos para acomodar la Imagen al modelo gótico. Las manos originales están hechas con un pigmento desconocido y son inexplicables.

El fondo:

Quizás el fondo blanco-naranja-nebuloso sea fresco (pintura embebida en yeso fresco, como los murales de la Capilla Sixtina). Se está deteriorando, desvaneciendo y agrietando de manera muy parecida a la que ocurre con los antiguos murales indígenas. La verdad es que dicho fondo no habrá de durar más que el moño, la luna, los rayos dorados y el ángel (…) Considero que el fondo está pintado con una técnica al fresco, y el ángel al temple.

Como puede verse, las autoridades guadalupanas se preparan a afrontar un hecho inevitable: la Virgen de Guadalupe muestra un avanzado deterioro, cada vez más difícil de ocultar. Así que se admite que es la obra humana, añadida por manos devotas, la que sufre por la acción del tiempo. Bajo esta obra terrenal, a veces tosca, permanece el original inexplicable para la ciencia… cuando por “ciencia” se considera una cámara Nikon F, una Pentax MX y película Kodak sensible al infrarrojo y nada más.

El mito laico

Y con todo, los historiadores están de acuerdo al menos en un punto: sí hubo un milagro realizado por la Virgen de Guadalupe y éste es la construcción de la nación mexicana. Es una frase hueca que expresa el inmenso centralismo de este país, incluido el que se da entre nuestros mejores pensadores, es un mito chilango.

En Guadalajara no hay fiesta religiosa más importante que la de la Virgen de Zapopan si hemos de medirla por la asistencia. Los peregrinos que llevan a la Virgen de regreso a su basílica rebasan el millón. La Virgen de San Juan de los Lagos convoca todavía mayores multitudes que llegan desde Chicago y California.

Pero es cierto que en los últimos 25 años la popularidad de la Guadalupana ha crecido. Ello se debe a dos grandes promotores de ese culto: Televisa y el actual Papa. En el Santuario de Guadalupe, la iglesia levantada en Guadalajara a esa advocación de María apenas a fines del siglo XVIII, ha habido siempre una fiesta importante, pero no mucho más que la de cada santo patrón en cada una de las iglesias, al menos así fue hasta mediados de los años sesenta. Ahora ha cobrado vigor, pero sigue siendo incomparable con la gran celebración del 12 de octubre, cuando la Virgen de Zapopan, que peregrina de iglesia en iglesia de Guadalajara por todo el verano, regresa a su casa. La diferencia se explica porque Televisa, antes que el Papa, se dio a la tarea de convocar a las estrellas más populares de la canción para llevarle las “mañanitas” a la Virgen del Tepeyac. Y Televisa tiene una cobertura nacional que apenas en años recientes viene siendo igualada por Televisión Azteca, otra televisora de la ciudad de México que se desboca de año en año desde días antes del 12 de diciembre y en esta fecha entra en decidida competencia con Televisa por arrebatarse el milagro “nacional”.

¿Cuáles son los datos duros que permiten a nuestros historiadores sostener que la nación mexicana se formó en torno del culto a Guadalupe? Que el cura Hidalgo la haya tomado como su primer bandera no es sino una anécdota. El levantamiento de Hidalgo fracasó rotundamente antes de un año a pesar de la Morena del Tepeyac, lo cual no habla muy bien de ella como patrocinadora de la nación. ¿Cuál otro? El imperio chilango, que llama “zócalo” a todas las plazas centrales del país entero, quiere hacer de su virgen el núcleo en torno al cual se condensó la nación. Nadie ha escuchado elementos para fundamentar esa sonora afirmación que no es sino un coqueteo con los aparicionistas: si no se apareció a Juan Diego ni existió este personaje, al menos sí hay un milagro de la virgencita patrona de la capital: México mismo. Suena poético, pero es, una vez más, poner al país literalmente de rodillas ante la capital de la república.

Con ganas de creer

Es difícil pensar que la imagen del Tepeyac sea una simplona impostura española tramada para cristianizar indios. El cambio de una imagen pagana por la de la Virgen no habría tenido el pasmoso resultado que, como vimos, sigue creciendo como las ondas en el agua, ondas guadalupanas ahora impulsadas por horas de televisión, la gran vendedora, la gran mitificadora, la gran creadora de cultos laicos a figuras de estrellitas y cantantes que nadie serían sin el pedestal de la televisión. El proceso tuvo que ser más complejo y éstos pudieron ser los pasos.

Apariciones actuales

Antecedente contemporáneo: se ha observado la gran facilidad con la que fenómenos naturales producen “guadalupanas” por doquier: una en el piso de una estación del Metro en la ciudad de México, otra en un tinaco de Tlalneplanta, otra en las formas iridiscentes de una fachada recubierta de vidrios polarizados en Houston, otras en árboles caídos, la más reciente en Tabasco. Tales imágenes se llenan inmediatamente de veladoras y comienzan a hacer milagros si le cree uno a las personas que las veneran. En la mayor parte de estos casos se trata de humedad, como quedó bien establecido en la “Guadalupana” formada en un lugar tan poco propicio a la devoción como fue el suelo de mármol en el pasillo de una transitada estación del Metro. La imagen, pisada por todos mientras no fue circundada de veladoras por algunas almas piadosas, está hecha de carbonatos y agua trasminada por el grano poroso del mármol. Los creyentes consiguieron que fuera levantado el segmento de suelo bendecido por una nueva aparición y que se le construyera una pequeña capilla. ¿Se apareció la Virgen? Sí, indudablemente se apareció y ya tiene su lugar de culto. La Virgen de Guadalupe del Metro es a todas luces inexplicable a la luz de la ciencia, pues aunque se diga que son carbonatos, ¿cómo fue que esos carbonatos formaron la sagrada imagen? Para quien elimine la intervención del azar queda la voluntad divina o el amor de la Virgen por su pueblo o cuantas ideas se le puedan ocurrir a un buen predicador, como lo fue Miguel Sánchez. Pero… es una mancha de humedad en el mármol de una estación del Metro.

Algo muy similar pudo ocurrir con la imagen del Tepeyac, salvo que, a diferencia del milagro contemporáneo, no hubo televisión ni diarios que dejaran memoria del origen profano del icono: reacción de la cal del mármol con el agua de un derrame subterráneo en el caso de la Guadalupana del Metro. Así que numerando, los pasos que produjeron la imagen podrían ser:

1. La primera imagen en la ermita del Tepeyac, sobre el antiguo altar de Tonantzin, bien pudo ser, como sostiene De la Maza, una imagen hecha de flores y colocada allí con el evidente propósito de cristianizar la imparable peregrinación india al antiguo santuario pagano. Eran frecuentes las imágenes de flores, dice el mismo autor, por la escasez de pintores formados en la escuela europea de pintura. Las flores pudieron estar sobre un tejido burdo: la “tilma de Juan Diego”, para sostenerse. La imagen pudo ser la Guadalupana española por la sencilla razón de que hasta Hernán Cortés era su devoto por ser extremeño, región donde se encuentra la Sierra de Guadalupe y se apareció la Virgen a un pastorcillo a principios de los años 1300. Pero no la imagen principal del monasterio, que es una de esas figuras triangulares como la Virgen de Zapopan o la Virgen de San Juan de los Lagos, y en nada se parece a la Guadalupana del Tepeyac, sino la escultura colocada en 1499 en el coro del Monasterio de Guadalupe, que presenta todos los rasgos de la Virgen mexicana: el ángel a sus pies, la luna morisca en cuarto creciente, los rayos rodeándola, el manto con estrellas. Salvo que esta escultura tiene al Niño en brazos y la mexicana no. Se eliminó al Niño para no pagar derechos al Monasterio de Guadalupe.

Así pues, la imagen de flores tiene la figura de la Guadalupana española, pero la colocada en el coro de aquel monasterio extremeño.

2. Al secarse las flores, su humedad y quizá la del muro atrás de la tela, formaron ese contorno que, hemos visto, resulta fácil de crear por el azar de fenómenos tan poco dignos como un tinaco chorreante o el suelo inmundo de un pasillo. La Virgen se apareció tanto en ese oscuro momento de inicios de nuestra historia, como se apareció hace un par de meses en Tabasco.

3. El sermón fulminante del padre Bustamante habla de “la imagen pintada por el indio Marcos”, quien, como vimos, debió ser Marcos Cipac de Aquino, buen pintor citado por Bernal Díaz del Castillo. Quizá Marcos retocó la imagen “milagrosa”, apenas una silueta como lo es la del Metro o la del tinaco o la de Tabasco, con pocas y diestras pinceladas en el rostro, coloreó la túnica de rosa y el manto de azul. Esta fue la imagen primitiva hoy reconocida por la Iglesia como la única “inexplicable”.

4. Los nombres “Tonantzin” y “Guadalupe” adquirieron visos de sinónimos y podían ser intercambiados sin perjuicio de las nuevas creencias cristianas de los indios porque los propios misioneros, cuando comenzaron a hacer su prédica cristiana en náhuatl, debían traducir, cada que en castellano la idea era “Nuestra Madre”, o sea la Virgen madre de Cristo, al náhuatl de su predicación, donde esa misma idea se expresa con “Tonantzin”. Así que, al mostrar cualquier estampa de una advocación europea de la Virgen: la del Pilar, la de la Merced, cualquiera, era religiosamente correcto, para quien hablara náhuatl, llamarla Tonantzin. Es como ocurre con el nombre de Dios, que en inglés es God, en francés Dieu, en griego Theós y en árabe Alá. Quien sea cristiano y desee referirse a Dios en árabe deberá decir Alá, como dirá God si habla inglés. “Nuestra madre” se dice “Tonantzin”.

Pero “Tonantzin” no era sólo la expresión que significa “nuestra madre”, sino el nombre propio de una diosa particular, la diosa venerada en el Tepeyac. Así que los buenos frailes franciscanos debían responder afirmativamente cuando un indio preguntaba en náhuatl si la imagen que veía era Tonantzin. Sí, lo era. Pero el fraile pensaba en la Madre de Dios y el indio en el antiguo ídolo de sus tiempos paganos.

Todavía ahora, los indios de algunas regiones cercanas al santuario de Chalma, llaman Tonantzin a la Virgen de Guadalupe.

5. Se acogieron a ella con un fervor que explica bellamente Octavio Paz en el Prefacio a Quetzalcóatl y Guadalupe, de Jacques Lafaye:

Madre de dioses y de hombres, de astros y hormigas, del maíz y del maguey, Tonantzin / Guadalupe fue la respuesta de la imaginación a la situación de orfandad en que dejó a los indios la conquista. Exterminados sus sacerdotes y destruidos sus ídolos, cortados sus lazos con el pasado y con el mundo sobrenatural, los indios se refugiaron en las faldas de Tonantzin / Guadalupe: faldas de madre- montaña, faldas de madre-agua.

6. Posteriormente, y a lo largo de los siglos, manos apresuradas y sobre todo poco diestras quisieron mejorar la imagen y fueron añadiendo las partes más desafortunadas de la Guadalupana: un ángel con brazos desproporcionados, una luna plateada que pronto se volvió negra por haberse empleado nitrato de plata, un extraño pliegue que parece un trozo de cartón duro sobre la luna, una raya negra sin ningún sentido y que sale de la mano izquierda del ángel, las estrellas, el ribete dorado, los rayos de hoja de oro y el fondo de nubes. El peor daño contra la bella imagen original fue el atroz recorte de las manos con un pincel burdo y trazos negros.

La más reciente modificación de la Virgen de Guadalupe fue la desaparición de la corona de picos a fines del siglo pasado y para facilitar su coronación. A la luz infrarroja del estudio mencionado, reapareció parcialmente la antigua corona. n

Luis González de Alba Escritor. Su más reciente libro es Cielo de invierno.

No queráis, como Herodes, ver milagros y novedades por qué no quedéis sin respuesta: lo que Dios pide y quiere son vidas milagrosas, cristianas, humildes, pacientes y caritativas, porque la vida perfecta de un cristiano es continuado milagro en la tierra. Fray Juan de Zumárraga. primer obispo de México. Regla Cristiana.

1. Francisco de la Maza: El guadalupanismo mexicano. Fondo de Cultura Económica, México, 1986.

2. Fray Fidel de Jesús Chauvet: El culto guadalupano del Tepeyac. Sus orígenes y sus críticos en el siglo XVI. Centro de Estudios Bernardino de Sahagún, A.C., México, 1978.

3. Frav Fidel de Jesús Chauvet: Op. cit.

4. jacques Lafaye: Quetzalcóatl y Guadalupe. Traducción de Ia Vitale y Fulgencia López Vidarte. Prefacio de Octavio Paz. Fondo de Cultura Económica. México, 1985.

5. Francisco de la Maza: Op. cit.

6. Ibidem.

7. Philip Serna Callahan y Jody Brand Smith: La tilma de Juan Diego, ¿técnica o milagro? Traducción y notas Pbro. Faustino Cervantes I., Alambra mexicana, México, 1982.

Preguntas a los candidatos

TAREAS DE GOBIERNO

PREGUNTAS A LOS CANDIDATOS

LUIS SALAZAR C.

¿Los aspirantes a la Presidencia de México tienen algo más que promesas mesiánicas para abordar la fortaleza y autonomía del Estado, la debilidad deI sistema tributario y los problemas de educación, inseguridad e injusticia social?

Si los aspirantes a la presidencia de la República pudieran suspender aunque fuera temporalmente su guerra de lodo y sus obsesivas preocupaciones por los emblemas de sus campañas, quizá tuvieran tiempo para siquiera sugerir cómo piensan enfrentar las tareas gubernamentales, en caso de ser favorecidos por el voto ciudadano. Valdría la pena, a riesgo de parecer ingenuos, plantearles entonces algunas preguntas ya no relacionadas con su temperamento, su honestidad o su voluntad “de servir”, sino sobre la forma en que consideran pertinente afrontar los grandes desafíos y problemas que padece el país a finales del siglo XX. No parece exagerado decir, a este respecto, que una de las causas que han hecho de nuestra transición un proceso tan prolongado, accidentado y desgastante, es la ausencia de verdaderos estadistas, capaces de ir más allá de los intereses inmediatos y de proponer horizontes de mediano y largo plazo para el Estado y la sociedad mexicanas. En cambio hemos tenido políticos y negociaciones miopes, mezquinos, carentes de toda visión amplia y generosa del futuro, aferrados vorazmente a sus pequeños o grandes privilegios inmediatos y promovidos por medios escandalosos y amarillistas. En gran parte, por eso tenemos los conflictos interminables de Chiapas y de la UNAM: porque sin horizonte de mediano plazo todo conflicto se vuelve interminable fuente de ganancias potenciales para actores inmediatistas e irresponsables.

En esta perspectiva la primera cuestión que habría que plantearles a los candidatos concierne a la manera en que según ellos sería posible reconstituir la fortaleza y la autonomía del Estado, como condiciones para tomar decisiones difíciles pero urgentes. Debiera ser evidente que la vieja forma de gobernar, sustentada en un presidencialismo sin contrapesos, se agotó y ya no tiene ningún futuro. Debiera ser claro, igualmente, que el pluralismo polarizado actualmente existente dificulta enormemente la elaboración y aplicación de políticas públicas coherentes y eficaces, en la medida en que ningún partido cuenta por sí solo con la fuerza y la legitimidad para asumir los inevitables costos de esa aplicación. Por ende, cabe preguntar a los aspirantes cómo consideran viable y deseable forjar una nueva gobernabilidad, al mismo tiempo eficaz y legítima. En otros países, ello se ha logrado mediante la formación de coaliciones de gobierno (no meramente electoreras), pero hasta ahora nuestro sistema de partidos y nuestro presidencialismo no parecen favorecer este tipo de coaliciones. De modo que, cualquiera que sea el ganador, tendrá que enfrentar esta dificultad, so pena de prolongar indefinidamente la situación actual, esto es, la de gobiernos débiles e impotentes que se ven cada vez más deslegitimados precisamente por su debilidad y su impotencia.

Más allá de la polarización política que sufrimos, la flagrante debilidad de las instituciones públicas encuentra su causa en una estructura fiscal francamente ridícula y precaria. Uno de los rasgos más conspicuos de nuestro autoritarismo hegemónico fue precisamente el basarse en un intercambio de irresponsabilidades con las fuerzas sociales: yo no les exijo para que ustedes no me exijan: o bien, a cambio de su consenso pasivo, facilidades múltiples para evadir cualquier responsabilidad fiscal. Mientras el viejo modelo de desarrollo posibilitó al Estado fuentes de ingresos alternativas, esta lógica pudo funcionar sin demasiados problemas; pero hoy es cada día más evidente que sin una reforma fiscal de fondo, que incremente esencialmente los recursos públicos, el Estado, bajo cualquier gobierno, será cada vez menos capaz de producir los bienes públicos básicos que la sociedad requiere para no descomponerse todavía más: desde seguridad y justicia, hasta educación, salud y justicia social. Ahora bien, esa reforma fiscal requiere no sólo del consenso mínimo de los partidos, sino de un amplio proyecto de desarrollo socialmente compartido. ¿Cómo creen nuestros candidatos que sería posible lograr todo esto?

La situación de impotencia, incompetencia y corrupción abrumadora en que se encuentra la mayor parte de los cuerpos policiacos del país, aunada al desarrollo incontenible del crimen organizado y de las consecuencias delictivas de la inequidad y descomposición sociales, ha generado problemas de seguridad y de criminalidad de enorme magnitud. Ningún gobierno de ningún partido puede pretender resolver en el corto plazo y con facilidad estos problemas que tienen profundas raíces en las instituciones y en las tradiciones de la sociedad mexicana. Pero ningún gobierno de ningún partido puede desentenderse de una cuestión que anula en los hechos una de las bases indispensables de cualquier democracia normal y de cualquier convivencia civilizada, esto es, el imperio de la legalidad. Perimida la vieja lógica autoritaria y extralegal que mal que bien contenía la criminalidad y la delincuencia en límites aceptables, el tránsito a un verdadero Estado de derecho se convierte en condición de vida o muerte no sólo para nuestra precaria democracia sino para nuestro futuro como nación. Pero la reforma y fortalecimiento de los sistemas de procuración e impartición de justicia, como la reforma fiscal, parecen requerir algo más que “voluntad política”, esto es, un pacto político y social, así como proyectos y programas de trabajo de largo plazo. ¿Tienen nuestros aspirantes algo más que promesas mesiánicas para abordar estos problemas?

La cuarta cuestión que sería deseable formular concierne a nuestro sistema educativo. Nadie puede negar el enorme esfuerzo cuantitativo realizado hasta ahora para incorporar a la educación básica a millones de niños y jóvenes. Pero es difícil no reconocer las enormes deficiencias cualitativas de un sistema escolar abrumado por la escasez de recursos y por la rampante corrupción moral y económica generada por una burocracia y un sindicalismo dignos de la historia de la infamia. Romper y superar las tradiciones nefastas que convierte a la educación pública en una catástrofe silenciosa, devolver centralidad a los valores académicos y cívicos, y promover una cultura laica que reconozca y asuma la relevancia del aprendizaje y del rigor, son problemas para los que no basta “inyectar recursos” (lo que no niega la necesidad de hacerlo) sino que exigen igualmente acuerdos y compromisos de largo plazo. ¿Cuáles son, si existen, las ideas que los candidatos tienen al respecto?

Las reformas y políticas económicas de los últimos sexenios han modificado radicalmente la estructura social del país, y han generado un modelo de desarrollo basado en la competencia y en la apertura hacia el mercado mundial. No parece haber, hoy por hoy, alternativas viables y deseables para este modelo, impuesto por los imperativos de una globalización implacable. Pero debiera ser obvio que las supuestas bondades de dicho modelo hasta hoy sólo han favorecido a grupos minoritarios, generando en cambio enormes deterioros en los niveles de vida de la mayoría de la población, de millones y millones de mexicanos. La debilidad y la corrupción de las instituciones estatales encargadas de regular y orientar el crecimiento y la distribución de la riqueza, parece haber abonado el dogma neoliberal de la privatización a toda costa, y de los mercados como mecanismos autorregulados. Pero hoy ya ni el Banco Mundial asume ese dogma y nuestros candidatos tendrían que decirnos cómo consideran pertinente y posible lograr que el dinamismo económico tan costosamente logrado se traduzca en bienestar social. Cómo, en otras palabras, pasar del Estado despilfarrador y corrupto, ineficiente y prepotente, a un verdadero Estado promotor, capaz de aprovechar las oportunidades del nuevo modelo y de paliar (al menos) sus costos sociales.

Finalmente, aunque está lejos de ser el último de los problemas, algo tendrían que decirnos seriamente los candidatos a propósito de la manera de afrontar la cuestión decisiva para el destino de México de la desigualdad social, de la injusticia social indecente que campea en el país. Mucha retórica, muchas promesas y pocos resultados defendibles es el saldo que en este renglón representa el celebrado y deforme Ogro Filantrópico de la Revolución Mexicana. Si queremos tener un futuro deseable, si queremos poder sentir algún orgullo patriótico razonable, no podemos seguir aceptando esa desigualdad como una fatalidad insuperable. Ojalá nuestros candidatos tuvieran algo nuevo que decir al respecto.       n

Luis Salazar C. Filósofo. Profesor e investigador de la UAM.

Valientes y desaforadas

PUERTO LIBRE

VALIENTES Y DESAFORADAS

POR ANGELES MASTRETTA

Ella aún recuerda con ahínco la tarde en que bajó de un paraíso contando la inaudita historia de amor que dos pájaros tenían en el alero de una casa. Bajó por una larga escalera que fue acortándose mientras oía sus palabras. Iba abrazada de alguien como van abrazados quienes saben que el mar podría abrirse a su paso. No le temía a la nada en ese instante, ni buscaba el futuro como se busca el pan. Sólo venía de un cielo que ella había conquistado y hablaba de dos pájaros, como quien teje sueños al escucharse hablar. La escalera que recogió sus pasos de entonces terminaba en el quicio de una puerta cerrada, que ella tuvo que abrir con las únicas armas que tenía entre las manos. Las puertas que bajan del cielo se abren sólo por dentro. Para cruzarlas, es necesario haber ido antes al otro lado, con la imaginación y los deseos.

Así lo hizo aquella tarde la mujer que hoy recuerdo y así tendremos que seguir haciéndolo, cada día nuestro, todas las mujeres. Después uno va y viene por el umbral como si fuera un pájaro, sin dejarse pensar ni cuándo ni hasta cuándo volverá hasta el alero que ha cobijado las migas de su eternidad. Sin miedo, o mejor dicho, aptas para desafiar a diario los miedos que les cierren el camino.

Se necesita valentía para cruzar cualquiera de los umbrales con que tropezamos las mujeres en el momento de decidir a quién amamos o a quiénes amamos, y cómo, rompiendo con qué enseñanzas atávicas, qué hacemos con nuestros embarazos, qué trabajo nos damos, qué opción de vida preferimos, o incluso en qué tono hablamos con los otros, de qué modo crecemos a nuestros hijos, si tenemos o no tenemos hijos, qué conversamos, qué no nos callamos, qué defendemos. Yo creo que una buena dosis de la esencia de este valor imprescindible tiene que ver, aunque no lo sepa o no quiera aceptarlo un grupo grande de mujeres, con las teorías y la práctica de una corriente del pensamiento y de la acción política que se llama feminismo.

Saber estar a solas con la parte de nosotros que nos conoce, voces que nunca imaginamos, sueños que nunca aceptamos, paz que nunca llega, es un privilegio de la estirpe de los milagros. Yo creo que ese privilegio, a mí y a otras mujeres, nos lo dio el feminismo que corría por el aire en los primeros años setentas. Al igual que nos dio la posibilidad y las fuerzas para saber estar con otros sin perder la índole de nuestras convicciones. Entonces, como ahora, yo quería ir al paraíso del amor y sus desfalcos, pero también quería volver de ahí dueña de mí, de mis pies y mis brazos, mi desafuero y mi cabeza. Y poco de esos deseos hubiera sido posible sin la voz, terca y generosa, del feminismo. No sólo de su existencia, sino de su complicidad y de su apoyo. La política y el muchas veces inhóspito mundo de los hombres, me resultaron aceptables y hasta me sentí capaz de entenderlos gracias a las tesis del feminismo, a la presencia clave de mujeres que dedicaron y dedican su vida e explicar y defender las diferencias y audacias que se valen en el mundo de las mujeres.

¿Quién es la mujer que perdió el miedo a cruzar las puertas de los más arduos paraísos, sabiendo que para volver de ellos, a la inevitable tierra de todos, hay que ser valiente? Es, lo sé ahora, una mujer feminista. Aunque ni entonces ni ahora se considerara una militante, aunque no pregonara su filiación, era y es una feminista.

Aprender a mirar el mundo con generosidad y alegría es un sueño que vale la pena ambicionar. Un sueño y un privilegio que yo asocio mil veces en mi vida diaria a la benéfica aparición de las propuestas, los sueños y desafueros del feminismo. Vivimos en un mundo casi siempre más dispuesto a fomentar la desesperanza y el tedio que la paz interior, la serenidad y la precisa pasión por aquello que nos deslumbra. De ahí que me parezca un prodigio haber dado con una teoría dispuesta a cultivar en las mujeres el impulso de abrir los ojos y las manos, a la maravilla diaria que puede ser la vida. La vida que se sabe riesgosa y ardua, pero propia.

Darle al espíritu el lujo de crecer no sólo sin temor sino con audacia, es un aprendizaje y no el más común, pero sí el más crucial. Un aprendizaje que también es necesario fomentar en los hombres, pero que según mis ojos, en las mujeres ha sido fomentado de modo excepcional por el feminismo, en cualquiera de sus manifestaciones. Incluso, me atrevo a decir, el de las abuelas o las madres que sin ninguna teoría compleja quisieron libertad y valor para sus cuerpos y sus vidas y se empeñaron en conseguirlos.

Educar seres humanos valientes, dueños de su destino, tendría que ser la búsqueda y el propósito primero de nuestra sociedad. Pero no siempre lo es. Empeñarse en la formación de mujeres cuyo privilegio, al parejo del de los hombres, sea no temerle a la vida y por lo mismo estar siempre dispuestas a comprenderla y aceptarla con entereza, es un anhelo esencial. Creo que este anhelo estuvo y sigue estando en el corazón del feminismo. No sólo como una teoría que busca mujeres con valor, sino como una práctica que pretende de los hombres el fundamental acto de valor que hay en aceptar a las mujeres como seres humanos libres, dueñas de su destino, aptas para ganarse la vida y para gozarla sin que su condición sexual se los impida.

De la historia de este largo esfuerzo en nuestro país, da cuenta un libro que Ana Lau, Eli Bartra y Anna María Fernández nos ponen este mes en las manos (Feminismo en México. Hoy y mañana. UAM. Colección Molinos de Viento, 1999). Hay que ofrecer la bienvenida a este libro, alegrarnos de que exista con su dosis crítica, su pasión, y la fiebre de quienes lo han escrito no sólo para recuperar una historia que se nos olvida, sino para contarnos esta historia, al tiempo en que sueñan con que se cumplan los sueños de quienes se atrevieron a forjarla. n

Angeles Mastretta. Escritora. Su último libro es Ninguna eternidad como la mía.

Brasil: Candil de la calle

BRASIL: CANDIL DE LA CALLE

Quienes vieron por televisión la final del Mundial de Clubes entre el Vasco de Gama y el Corinthians (o el Corintios, como debía ser en español y portugués) se preguntaron lo mismo: cómo era posible que, estando en la cancha jugadores del mejor fútbol per cápita del mundo, lo presenciable fuera un juego tan aburrido. Esto no es nuevo: quien haya visto partidos de la liga brasileña —una, por cierto, de las menos requeridas o codiciadas por las cadenas televisivas que transmiten al mundo por cable y satélite— habrá simplemente comprobado el sopor del juego cuando están en la cancha cariocas y paulistas o, incluso, como era el caso en la final de clubes, cariocas contra paulistas. Y sucedió lo mismo: lo mejor de los partidos brasileños de fútbol es el colorido del público.

La explicación es una: se trata de un fútbol que se anula a sí mismo puesto que todos, con alto nivel, juegan igual. No hay picos, no hay desequilibrios; hay mera mediocridad, aunque dorada. Y entre las muchas explicaciones que pueden explicar la primera explicación, está una en la que ha insistido Pelé, al grado de ser el autor de una iniciativa de ley en Brasil, conocida precisamente como la “Ley Pelé”, que fue rechazada. Según Pelé, la baja espectacularidad del fútbol brasileño en sus torneos internos se debe al conformismo y a la comodidad a que tienen acceso todos los clubes en Brasil. Ningún club necesita hacer más allá de lo que hace: siendo Brasil Brasil, todo club sabe que en sus fuerzas básicas nunca faltará un jugador que llegado el momento, cosa que ocurre año con año, será fácilmente vendible al extranjero en varios millones de dólares, lo cual garantiza la operación financiera del mismo club temporada tras temporada. Y sobre todo: en Brasil los clubes no pagan impuestos porque son asociaciones civiles. De modo que, según la no aprobada Ley Pelé, los clubes de fútbol en Brasil deberían pasar al régimen de sociedades anónimas para que sus presidentes se preocuparan más por el espectáculo interno y menos por vender cuanto antes, a futboles foráneos, a sus estrellas emergentes. Esto es: obligar a los clubes de fútbol a preocuparse por el negocio dentro de Brasil, bajo riesgo de ser inviables, y evitar que el manejo de ese fútbol sea tan comodino. Mientras tanto, Brasil seguirá siendo candil de calles europeas, americanas e incluso japonesas, y aburrida oscuridad de su casa.

-Johannes  Burgos

Tu nombre en el silencio

TU NOMBRE EN EL SILENCIO

POR JOSÉ MARÍA PÉREZ GAY

‘Este año la ‘Editorial Cal y Arena publicará La nueva novela cíe losé ‘Mana (Pérez (jai/. ‘En sus páginas ocurre una de Las historias mas apasionantes del siglo XX: la ilusión fugitiva de la utopía que pobló los años sesenta y que se desvaneció al cerrar el siglo. Ofrecemos un adelanto a nuestros lectores, un relato de Alemania a las puertas del holocausto. José María ‘Pérez Gay es autor de La difícil costumbre de estar lejos y El imperio perdido.

A partir del 21 marzo de 1933, Oranienburg fue uno de los primeros campos de concentración ^ construidos por los nazis para “la rehabilitación de los adversarios políticos”, como lo anunciaba Hermann Góring. El  campo 208 alojaba a más de setecientos enemigos del régimen nacionalsocialista: diputados de la oposición anarquista, comunista, liberal y socialdemócrata, periodistas críticos y comentaristas de radio, editores de revistas de izquierda, miembros de asociaciones civiles y políticas, defensores de los derechos Humanos.

En octubre de 1933, el comandante ordenó construir doce celdas individuales, verdaderos ataúdes de piedra con una superficie de cuarenta centímetros de ancho. Nadie podía resistir más de una hora de pie en ese féretro vertical de cemento.

Erich Mühsam fue con Kurt Tucholsky y Carl von Ossietzky uno de los escritores más Honestos y radicales de la Republica de ‘Weimar. Emisario de la moral y la libertad, enemigo del militarismo alemán, de la justicia clasista y la violación de los derechos humanos, Mühsam luchaba contra el antisemitismo no sólo porque él era judío, sino también porque el proletariado más miserable era en parte una comunidad judía.

Hacia octubre de 1933, Mühsam fue trasladado al presidio de Brandenburg, donde lo esperaban sus nuevos verdugos. Los nazis acusaron entonces a Mühsam de asesinato, afirmaban que el poeta anarquista, durante los últimos días de la República de Baviera, había ordenado la ejecución de veinticuatro contrarrevolucionarios. En efecto, el crimen había sido incuestionable: los miembros del Ejército Rojo fusilaron, el 2 de mayo de 1919, sin juicio previo a los soldados antisocialistas:

Kreszentia Mühsam visitó a su esposo el mismo día que Ida llegó a Oranienburg, las dos mujeres se saludaron en el camino rumbo al área de visitas, pero no cruzaron una palabra. ‘Kreszentia le conto a ‘Erich que el diario francés Matin había publicado un manifiesto a su favor firmado por cuatrocientos periodistas, profesores e intelectuales checos y polacos, que provoco reacciones de solidaridad en la opinión pública francesa, y una furia incontenible en el gobierno de Berlín.

León Halevy llegó al presidio de la ciudad de Dessau, a unos ciento veinte kilómetros de Berlín. Allí se encontró con el grupo de los linotipistas y tipógrafos del periódico Bandera Roja y compartió la celda con uno de ellos. Un juez de distrito, cuatro días más tarde, le ratificó la condena de veinticuatro años de prisión y le comunicó que sería recluido en el campo de concentración de Oranienburg. León pasó la noche de ese día en vela, torturado por la certeza de su fracaso político, de su lucha sin sentido contra el gobierno nacionalsocialista y preocupado por su padre enfermo en una clínica de Berlín. No podía saber que Isaac Halevy había muerto unas semanas antes en su casa de Hannover, porque el director de la clínica se rehusó a darle atención médica por ser judío y, como si fuese poco, padre de un enemigo del Reich.

A principios de 1934 comenzaron las deportaciones masivas de los enemigos del régimen nacionalsocialista.

En la madrugada del martes doce de abril, León cruzó el patio de la cárcel y se presentó en las oficinas de la dirección. Al amanecer le ordenaron subir a un vehículo y, por mandato del juez de distrito, se le trasladó al campo de concentración de Oranienburg. El transporte llevaba a quince linotipistas, cuatro tipógrafos y dos miembros del Partido Comunista. A las nueve de la mañana, los veintidós convictos llegaron a la estación central.

León se estremeció al ver a Ida Winkler en el andén. Allí estaba con sus ojos claros más abiertos y sobresaltados que nunca, llevaba un traje sastre gris oscuro y blusa amarilla, el pelo recogido hacia atrás y un sombrero de ala ancha. No pudieron hablar en ese momento, un policía apartó a Ida cuando quiso acercarse. León le hizo con discreción una señal de silencio, pero ella siguió insistiendo. Por fin convenció al policía, se adelantó hacia la fila de los convictos, pero no pudo decirle nada y abandonó la estación. Dos calles más adelante cuatro agentes vestidos de civil le salieron al paso.

La llevaron a la estación de policía más cercana y la sometieron a un interrogatorio sobre su relación con el convicto León Halevy. Ida se defendió con toda la fuerza de su honestidad, argumentando que se trataba de su compañero de estudios, les dijo que nada sabía de sus actividades políticas, ni le interesaba.

—No tengo nada que ocultar. Estudio medicina en Berlín, no me interesa la política —les dijo Ida.

Uno de los agentes llamó por teléfono a Berlín, discutió un momento sobre la identificación de la detenida, repitió dos veces su nombre y dirección, acató órdenes y, dos horas después, la dejaron en libertad.

El tren partió al mediodía. El único percance lo ocasionó un linotipista que quiso saltar del convoy en marcha. Su reacción de pánico puso en peligro a los demás convictos, porque a partir de ese incidente los encadenaron a sus asientos. León se sentó en la parte trasera del vagón, no podía olvidar la cara de Ida discutiendo con el policía. ¿La habrían detenido? ¿Estaría en la misma celda de aislamiento? ¿La interrogarían los agentes de la Gestapo?

Los veintidós convictos formaron una columna y marcharon, escoltados por nueve policías, a paso veloz rumbo al campo de concentración. Cuando pasaron por las calles del centro de Oranienburg, la gente los miraba con espanto y temor, como si fuesen un grupo de almas en pena. Al atardecer cruzaron un puente sobre el río Havel y siguieron caminando por la avenida central. Oranienburg, una pequeña ciudad de treinta mil habitantes, estaba a unos cuarenta kilómetros de Berlín, entre los bosques de pinos de la región baja de Brandenburgo.

Serían las seis de la tarde cuando una avanzada de la SA les salió al paso. Los policías hicieron la entrega oficial de los veintidós convictos y se retiraron. La columna siguió su camino y, unos minutos después, entró marchando en los terrenos de una fábrica. En la entrada principal colgaba un letrero: “Campo de concentración de las SA, regimiento 208″.

A partir del 21 marzo de 1933, Oranienburg fue uno de los primeros campos de concentración construidos por los nazis para “la rehabilitación de los adversarios políticos”, como lo anunciaba Hermann Góring. El campo 208 alojaba a más de setecientos enemigos del régimen nacionalsocialista: diputados de la oposición anarquista, comunista, liberal y socialdemócrata, periodistas críticos y comentaristas de radio, editores de revistas de izquierda, miembros de asociaciones civiles y políticas, defensores de los derechos humanos. Se encontraba en los terrenos de un taller de fundición y, más tarde, de una fábrica de cerveza. Las instalaciones y la vigilancia de los convictos estaban bajo el control estricto de las SA de Berlín, la Sección de Asalto del Partido Nacionalsocialista Alemán, una organización paramilitar dirigida por nazis fanáticos, grupo de choque durante las luchas urbanas.

Al anochecer, los veintidós convictos se reunieron en el patio central y el comandante Hornig —un hombre gordo con uniforme color pardo, botas negras hasta las rodillas y un brazalete con la suástica en rojo y negro— les advirtió que debían cumplir estrictamente las reglas diarias, pues los castigos por desobediencia eran severos.

El primer día en Oranienburg se sometieron a una prueba de “calentamiento”, más de dos horas hicieron toda clase de ejercicios extenuantes en el campo abierto de Oranienburg. Vigilados por treinta guardias de las SA, los convictos escalaron una pared de seis metros de altura, sin ayuda alguna. Más tarde atravesaron un corredor de diez metros de largo y ochenta centímetros de ancho, esquivando las tablas con clavos que encontraban a su paso, por último caminaron guardando el equilibrio por un delgado travesaño sobre un pozo lleno de excremento. Cuando León Halevy cayó dos veces al suelo tratando de escalar la pared, un guardia de la SA lo tundió a golpes y puntapiés tan violentamente que perdió dos premolares y un canino. Ese día desaparecieron seis compañeros del grupo.

—Se los llevaron a los ataúdes —les dijo un guardia—. Los ineptos no tienen lugar en Oranienburg.

Los ataúdes eran las celdas de arresto en la oscuridad. Al comienzo se usaron la cámaras secadoras del taller de fundición, cuyas puertas de acero apenas dejaban pasar el aire y la luz. La celdas podían albergar a tres o cuatro convictos, pero el comandante encerró en ellas a nueve personas. Hornig se dio cuenta de que si las celdas no estaban a reventar, los reclusos podían sobrevivir. En octubre de 1933, el comandante ordenó construir doce celdas individuales, verdaderos ataúdes de piedra con una superficie de cuarenta centímetros de ancho. Nadie podía resistir más de una hora de pie en ese féretro vertical de cemento.

Improvisados en los sótanos de la antigua cervecería, los dormitorios no eran sino bloques de paja a lo largo de un galerón de muros gruesos y helados, como si fuese un establo para cientos de caballos. En el fondo había cuatro regaderas de agua fría, un pozo con agua turbia y tres cuartos de madera. Al tercer día, dos custodios separaron a León de los demás convictos, lo llevaron a un dormitorio en la zona de las letrinas, le colocaron un brazalete blanco y le dijeron que aguardara indicaciones precisas.

León se tendió entonces sobre la paja y quiso dormir un momento, pero el hedor de las letrinas era insoportable. Lo único grato que le quedó de aquellos meses fue el placer de recordar a Ida Winkler en el hotel a orillas del lago Muggel, imaginar al tío Karl en el puerto de Veracruz y la mentida esperanza de que el gobierno nacionalsocialista tenía los días contados.

—Mañana vendrán por ti. Luego tocarás el piano y conocerás el cuarto dieciséis. En esta sección todos somos judíos, por eso llevas el brazalete blanco —le dijo un convicto tendido en el otro extremo del bloque de paja.

—¿El piano? —preguntó Halevy.

—Tus huellas dactilares.

El convicto hizo esfuerzos por incorporarse, pero le resultó imposible, temblaba sin poder controlar su cuerpo; la luz dentro del sótano era tan escasa que León no pudo reconocerlo. Se acercó y vio que en el hombre habitaba la desgracia: tenía la cabeza rapada, la cara tumefacta, el ojo izquierdo desfigurado por una contusión, el cuello marcado por una profunda línea rosada, el oído derecho le supuraba y el otro estaba cubierto de costras.

—¿Me estás examinando? —preguntó.         

León lo ayudó a incorporarse y lo acompañó a la ducha. El convicto se inclinó para lavarse la sangre de la cara, León revisó con cuidado las contusiones, tenía el cuerpo lacerado y las heridas seguían abiertas. El convicto, de unos cincuenta y tantos años, era un profeta destruido: alto y de rostro afilado, los ojos claros, grandes, la barba oscura y sucia, el traje negro en jirones.

—¿Eres un médico comunista?

—No soy comunista. Pertenezco a la Asociación de Librepensadores Proletarios.

—No te escuché bien. ¿Eres médico?

—Soy miembro de la Asociación de Librepensadores Proletarios. No soy médico, me faltó el examen final —dijo Halevy levantando la voz.

León se dio cuenta de que el profeta estaba casi sordo, tenía que acercarse a su interlocutor para escucharle, casi leerle los labios. Halevy pensó que los oídos supurados eran la causa de su sordera.

León reconoció a Erich Miihsam, el judío más odiado por los nazis del campo de Oranienburg, su vida se había convertido en una leyenda entre los reclusos y en un símbolo de la resistencia antinazi. A los veinte años abandonó su profesión de boticario y se lanzó a vivir como escritor en la bohemia berlinesa de principios de siglo. Mühsam frecuentó la amistad de Gustav Landauer, un filósofo anarquista y uno de los críticos más severos de la cultura alemana. A principios de 1911, Mühsam fundó “Caín, una revista para la humanidad”, como decía el subtítulo, una publicación que combatía la moral pública del Reich. Le declaró la guerra al Estado alemán, los subditos le parecían la especie más degradada y, por si fuese poco, el nacionalismo era, para él, una forma moderna de esclavitud. El joven alto y robusto, los ojos verdes, la melena oscura y rebelde, vestido de levita y con lentes oscuros, encarnó la crítica y la parodia del pequeño burgués alemán. Mientras la socialdemocracia predicaba el carácter científico de la teoría marxista, Mühsam defendía el individualismo más radical. “Obedecer es mentir”, escribió en uno de sus poemas. Muchos años antes de que  el cabaret político se impusiera como una moda en el Berlín de los veinte, Mühsam se presentaba en locales de la oposición política donde leía sus poemas satíricos, improvisaba sus rimas contra el emperador Guillermo II y se burlaba de la moral social del Reich.

Erich Mühsam era, ante todo, el intelectual judío progresista, sagaz, paradójico y proclive al aforismo. A mediados de 1914, cuando la Primera Guerra mundial incendiaba Europa, Mühsam fue uno de los representantes más radicales del pacifismo. Más tarde se sumó a la revuelta socialista de Baviera, organizó la huelga de los obreros de las fábricas de municiones y creó la asociación de revolucionarios internacionalistas. Ernst Toller, Gustav Landauer y Erich Mühsam, los escritores anarquistas, llamaron entonces a la revolución. Durante la breve existencia de la república socialista de Baviera. Mühsam fue el responsable de las relaciones diplomáticas con Hungría y la Unión Soviética. En esos días escribió:

No tiene sentido morir joven, mi muerte sería una traición, Me debo a la libertad y marcho entre sus filas.

Después de la derrota de la República socialista de Baviera, las autoridades lo condenaron a quince años de prisión. A partir de esa época su vida transcurrió en diferentes cárceles, sobre todo en la fortaleza de Nieder- schónenfeld. En 1924, gracias a la amnistía general, Mühsam quedó en libertad, reunió dinero entre sus amigos y publicó Fanal, otra revista que defendía a los anarquistas prisioneros en la Unión Soviética. Antes de que asumieran el control político de Alemania, los nacionalsocialistas declararon a Mühsam uno de los enemigos ¡g públicos de la nación.

Erich Mühsam fue con Kurt Tucholsky y Cari von Ossietzky uno de los escritores más honestos y radicales ^ de la República de Weimar. Emisario de la moral y la  libertad, enemigo del militarismo alemán, de la justicia clasista  y la violación de los derechos humanos, Mühsam luchaba contra el antisemitismo no sólo porque él era judio, sino también porque el proletariado más miserable era en parte una comunidad judía. Siempre sostuvo que los nazis mentían cuando afirmaban que, a principios de los años treinta, el ochenta por ciento de la propiedad nacional pertenecía a intereses judíos. Los grandes terratenientes alemanes nunca fueron judíos; por el contrario, el capital financiero estaba gran parte en manos de casas judías, pero los banqueros arios no eran menos implacables.

El lunes 27 de febrero, mientras las llamas del incendio del Reichstag iluminaban la noche de Berlín, un grupo de agentes de la Gestapo detuvo en la calle a Erich Mühsam y, al día siguiente, Josef Goebbels, el ministro de Propaganda del Tercer Reich, declaró que el poeta encamaba todo lo que los nazis combatían.

—Esa carroña judía apestará nuestras cárceles, pero no saldrá vivo de ellas —dijo Goebbels.

Mühsam purgó condenas en la cárcel de la calle Lehrt, la de Plótzensee, los presidios de Brandenburg y de Sonnenburg y, por último, el campo de Oranienburg. El lunes 8 de abril, Kreszentia Mühsam, su mujer, logró entrevistarse con él; unas semanas después, le escribió a su amiga Milly Rocker: “Me encontré a Erich sentado en una silla sangrando, sin anteojos, le faltaban casi todos los dientes y, para humillarlo, le habían cortado la barba a hachazos, al estilo de una caricatura judía”. “Por qué has venido a este infierno?”, me dijo, “no te dejarán salir viva, porque ya viste cómo nos tratan”. Le dije que me encontraba con tres mujeres, entonces me sonrió y me pidió que nunca viajara sola a Sonnenburg. “Acuérdate, Kreszentia, yo nunca fui un cobarde” —me dijo.

“Ahora, hace cuatro días, visité a Erich en el sanatorio de Sonnenburg, no creo que pueda sobrevivir. Nadie nos quiere ayudar, además no encuentro un médico que lo atienda. Los nazis lo van matando poco a poco, el corazón comienza a darle problemas, perdió un oído por los golpes, el otro se le ha hinchado, los ojos también. Me llevé su ropa a casa, estaba llena de sangre, tiene heridas en todo el cuerpo. No puedo llorar, Milly, si me quiebro Erich se quedará solo, soy lo único que tiene”.

Muchas veces le hicieron cavar su tumba ante un pelotón de fusilamiento, pero cuando ordenaban abrir fuego los miembros de las SS bajaban los fusiles y comenzaban a reírse. A pesar de las torturas más salvajes, nadie había logrado vencer a Mühsam. En esos días escribió una carta a la Federación de Escritores alemanes pidiendo la libertad de Cari von Ossietzky y las autoridades del presidio decidieron aumentar los castigos. A finales de mayo los oficiales de las SS trajeron un chimpancé a la prisión, torturaron al mono ahogándolo tres veces diarias en una tina y luego se lo soltaban a Mühsam con la esperanza de que

más ni menos. Si he de ser sincero, no entiendo por qué Mühsam no se ha suicidado. Ayer, mientras limpiaba las escaleras, llegó corriendo un oficial de las SS, una bestia de nombre Zackig, y lo golpeó varias veces en la cabeza con una macana, luego llegaron Dimitrev, un ruso nazi —a quien trajeron al campo para torturar judíos— y Rubach.  un carnicero de las SA, y lo patearon cuántas veces les dio la gana hasta dejarlo sin sentido.

“La semana pasada tuve acceso por primera vez. En lo atacara, pero el chimpancé se aferraba al poeta buscando protección.

—No sabía que los monos fuesen tan cariñosos —le dijo Mühsam a su esposa.

Unos días después, cuando vieron que el chimpancé no obedecía sus órdenes, le cortaron los brazos y lo dejaron desangrarse en el patio central.

Hacia octubre de 1933, Mühsam fue trasladado al presidio de Brandenburg, donde lo esperaban sus nuevos verdugos. Los nazis acusaron entonces a Mühsam de asesinato, afirmaban que el poeta anarquista, durante los últimos días de la República de Baviera, había ordenado la ejecución de veinticuatro contrarrevolucionarios. En efecto, el crimen había sido incuestionable: los miembros del Ejército Rojo fusilaron, el 2 de mayo de 1919, sin juicio previo a los soldados antisocialistas: pero esta denuncia no tenía sentido, porque las autoridades habían detenido a Mühsam veinte días antes del fusilamiento. Fritz Schubert. un antiguo militante anarcosindicalista condenado en Brandenburgo a quince años de prisión, le escribió una carta a Kreszentia que, con la ayuda de unos amigos, logró pasar los controles de seguridad.

“Krezenstia:

“Debes apresurarte a conseguir ayuda, Erich puede morir en este infierno. Mis peores pesadillas sobre la brutalidad de los nazis eran fantasías de niños, si las comparo con la vida en este pudridero. Aquí vivimos la muerte, ni mi condición de afanador, a la sección especial del presidio, donde están internados miembros importantes del Partido Comunista y de los otros partidos de oposición. Me horrorice, créeme, cuando vi a Erich. Desde muy temprano, por la mañana, empezó la tortura. Un oficial de las SS, de nombre Schwarz, le ordenó mantenerse en posición de firmes durante horas; al primer movimiento de Erich, el oficial lo golpeó con una macana en los oídos. Al atardecer recibió la comida arrodillado, pero los oficiales patearon su plato y después lo obligaron a lamer el suelo.

“En la noche empezó la ‘variedad’: Mühsam y otro convicto judío se pusieron en cuatro patas, se colocaron unas pieles viejas sobre la espalda y jugaron al perro y al gato. Erich debía ladrar con toda su alma, mientras el otro convicto ronroneaba. Los oficiales, muertos de la risa, los insultaban y los apaleaban. Al final de la función, les ordenaron que se dieran de puñetazos en la cara y si. por consideración al otro, no lo hacían con toda su furia un grupo de oficiales los remataba con las macanas.

“No puedo describirte la valentía y la dignidad con las que Mühsam enfrentó a sus verdugos: permaneció de pie ladrando cada vez más fuerte, como si no sintiera nada, luego comenzó a decir poemas en voz alta, se sabe de memoria las obras de Schiller, versos completos perfectamente bien dichos; como si fuese un actor en el escenario de un gran teatro, se acercó a los oficiales y les dijo:

¿Dónde, nobles amigos, está el refugio de la la paz y la libertad?

Nuestro siglo se despide en la tormenta, y el nuevo se abre con el crimen.

“Esa actitud volvió locos de ira a sus verdugos, se le fueron encima y le dieron de macanazos. Y de nuevo: le arrojaron un balde de agua en la cabeza y lo llevaron a su celda. Me dicen que esta historia se repite varias veces a la semana”.

Erich Mühsam fue trasladado al campo de concentración de Oranienburg en febrero de 1934. Kreszentia creyó por necesidad la propaganda de los nazis, pues presentaban a Oranienburg como la menos violenta y la más civilizada de las instituciones carcelarias.

EI cuarto día en el campo de concentración de Oranienburg empezó con la rutina más temida, León tocó “el piano”, imprimió sus huellas dactilares en las hojas de muchos documentos, recibió el número de identificación 587 y se le designó un lugar en las “cuadrillas forestales”, uno de los grupos de trabajo que derribaba árboles y limpiaba bosques. El joven judío se cuidó de no hablar de su actividad subversiva, se consolaba con la certeza de que su amigo, Walter Flimm, seguía libre en algún lugar de Berlín. Por la tarde, sin preámbulos, lo llevaron al cuarto dieciséis. El comandante Hórnig ordenó a tres custodios que le desnudaran el torso y lo colocaran de cara a la pared.

—Quiero los nombres de tus cómplices en Berlín. Los nombres de los jefes de la Asociación de Librepensadores Proletarios. ¡Eres una mierda judía —gritó Hórnig—, si no me los das te mueres!

—No conozco sus nombres verdaderos —dijo León.

El oficial de la SA no vaciló un segundo para descargar dos golpes con una estaca de acero en el riñon derecho de Halevy. Hórnig repitió una vez más la pregunta, pero León ya no la escuchó. Cuando recobró la conciencia, Hórnig lo golpeó de nuevo en el otro riñón. León se desmayó dos veces durante el interrogatorio. Esa noche se dio cuenta de que tenía un edema en la región lumbar, de que no saldría vivo si lo llevaban otra vez al cuarto dieciséis. Se dijo a sí mismo que en el próximo interrogatorio se le desprenderían las cápsulas suprarrenales, le  estallarían las vísceras o la urea le envenenaría la sangre.

Una noche de lluvias, al despertar de un sueño in- quieto, sintió una opresión en la cadera. Se puso de pie y caminó rumbo a la salida del dormitorio, le costaba un gran esfuerzo respirar. Se diagnosticó a sí mismo un severo padecimiento renal y se hundió en un estado de miedo y desconsuelo. A la semana siguiente, después de una jornada de trabajos forzados, Erich Mühsam evadió la vigilancia, buscó a León en el comedor y lo invitó a jugar una partida de ajedrez al aire libre.

—No sabía que eras tan respetado por los nazis, ni que fuiste un dolor de cabeza para los agentes de la Gestapo —dijo Mühsam en tono burlón—. Me dijeron que Hórnig quiere eliminarte, en cualquier momento puede ordenar tu ejecución.

—Nos va a ejecutar cuando quiera. Tú lo sabes: no tenemos salida —comentó resignado León.

—Los camaradas nos pueden ayudar, no mucho pero nos pueden ayudar. Mira, Halevy, nunca te quedes solo, procura que te acompañen siempre —dijo Mühsam.

—Ahora todo me da igual, Erich, nos van a cortar el cogote solos o acompañados.

A partir de ese momento los convictos protegieron a León tanto como protegían a Mühsam. Nunca lo dejaban solo y procuraban siempre hacer sus tareas. A León le ayudaban en los trabajos forzados, los compañeros cortaban la madera en el bosque de Brandenburgo; pero todos sabían que era una batalla perdida, nadie podía protegerlo de los exabruptos de Hórnig. Le aconsejaron que nunca recurriera al médico del campo, el doctor Cari Lazar, porque trataba a los torturados en el cuarto dieciséis como si fuesen traidores. Los reportaba en seguida a la dirección, pues los oficiales de la SA odiaban a los soplones y se ensañaban con ellos.

Mühsam y Halevy se hicieron buenos amigos. Las mañanas, antes de que León partiera a trabajar en los bosques, se dedicaban a la fajina de los dormitorios y los excusados, porque era el momento en que conversaban sin vigilancia. Les había entrado mucha prisa de conversar sobre todas las cosas, Mühsam aborrecía al Estado y sus instituciones. Además le contaba de la república socialista de Baviera como si contara la aventura de un amor apasionado.

—Mi historia ha sido siempre resultado de mi necedad, de mi rechazo. Soy un anarquista visceral. El sectarismo de los comunistas liquidó nuestras esperanzas en el socialismo, los historiadores del Partido Comunista se propusieron, y lograron, descalificar a la república de Baviera. La idea de la dictadura del proletariado no es muy distinta a la del Estado fascista: dos formas de tiranía extrema. No les voy a permitir a los nazis que acaben con Alemania —dijo Mühsam.

—Esa batalla ya la perdimos, mejor piensa en otra —respondió León gritando para que lo escuchara.

Al salir del dormitorio, Mühsam no ocultó su disgusto por la falta de solidaridad de Halevy. Lo único que le indignó de su burla fue que depusiera las armas ante el horror diario. En ese momento sintió que ya no le quedaba tiempo para escribir sobre la revolución de la vida, no podría terminar el libro sobre la igualdad de los sexos, denunciar la monogamia como la causa de muchos descalabros, luchar contra la autoridad de la familia y proclamar la abolición del matrimonio. Se dijo que sólo así cambiarían las personas. No le perdonaba a los comunistas el engaño, la ambición de poder: nada se lograría cambiando el sistema de producción capitalista, se trataba de transformar la vida misma.

Esa mañana Mühsam se dijo otra vez que existía una morbosa, turbia, dulce entidad que se llamaba familia; sitio de todos los fantasmas ciegos, de todos los crímenes y los reposos, de todas las satisfacciones hechas de antemano y las suaves fatigas previas. La familia era, según él, la causa de todas las desdichas, su historia se convertía en la prehistoria, el rastro instintivo de una dominación, la vieja derrota del rayo y el incendio, la voz de la madre, la caricia de la hermana, la llaga sin cauterizar del miedo puro, el abismo no salvado de la necesidad, las pertenencias de la sangre y la respiración, del deseo y la cárcel, el eczema rosado de una crucifixión eterna y minuciosa. Mühsam estaba convencido de que la familia debería desaparecer, porque era el sitio donde nacía la servidumbre voluntaria, la uniformidad y el individualismo agresivo, el origen de la lucha de los unos contra los otros.

Pero esa nublada mañana de junio, mientras el dolor de oídos se hacía cada vez más insoportable y él se limpiaba la supuración con trapos sucios, Erich Mühsam no pudo reconquistar el ánimo y, cuando llegó a la pista de obstáculos del campo, cada vez más consciente, más verdadero, más en el corazón de sus recuerdos, llegó a decirse que después de todo tan fantasmal era su presencia en Oranienburg como la de los mismos comandantes de las SS.

El martes veintiocho de junio de 1934, Ida llegó al campo de concentración de Oranienburg. Le había llevado tres meses obtener el permiso para entrevistarse con León Halevy. A principios del verano los días empezaban a ser demorados y transparentes; la emoción de aquel encuentro se le quedó asociada desde entonces a la larga fila de mujeres que aguardaban la entrada al campo. Poco después del mediodía, cuando León regresó de una jornada de trabajo agotadora, le anunciaron que una mujer lo esperaba en el área de visitas. Ida estaba vestida con el mismo traje sastre de la última vez, y llevaba el mismo sombrero gris de ala ancha. Sin decir una palabra, ella lo abrazó durante unos minutos. Por la ternura y la compasión de su abrazo, León se dio cuenta de que era el último combatiente de una insurrección liquidada. Ida lo miró directo a los ojos con curiosidad y luego con un miedo indomable, pero no perdió la serenidad ni la lucidez. León Halevy estaba rapado y rasurado, había perdido la mayoría de los dientes y tenía una cicatriz en el pómulo izquierdo. Sin poder dominar el temblor de sus manos, León le acarició la cara unos segundos.

—Te voy a sacar de aquí —le dijo Ida.

—No te pongas en peligro.

—Te juro, por Dios, que te pondrán en libertad.

—Dios es todo aquello que no hemos sido —dijo León.

—Te voy a sacar de aquí —repitió Ida—, no te dejaré morir.

Ida había de evocarlo siempre como lo vio al despedirse en la salida del campo de concentración de Oranienburg, lánguido y serio, poseído por la rabia y una extenuante impotencia, bajo la lluvia de un día de verano, sonriendo a distancia y levantando el puño.

El treinta de junio de 1934, dos días después de la visita de Ida en Oranienburg, Hitler decidió asesinar en el pueblo de Bad Wiesee a Ernst Rohm, uno de sus más antiguos compañeros, y a todos los jefes de la SA: la “Noche de los Cuchillos Largos”, como los historiadores llamaron más tarde a la matanza de las camisas pardas, le dio el poder a la SS, la guardia pretoriana del Führer. bajo el mandato de Heinrich Himmler. A los siete días, la policía de Berlín rodeó el campo de Oranienburg, los guardias de la SA abandonaron las instalaciones y los hombres de uniforme negro, botas federicas y los quepis con una extraña insignia, un cráneo cruzado por unos huesos, tomaron la dirección del campo. Setenta y nueve miembros de élite de la SS de Baviera se apoderaron de Oranienburg en unas horas y establecieron un régimen militar de terror.

Kreszentia Mühsam visitó a su esposo el mismo día que Ida llegó a Oranienburg, las dos mujeres se saludaron en el camino rumbo al área de visitas, pero no cruzaron una palabra. Kreszentia le contó a Erich que el diario francés Matin había publicado un manifiesto a su favor firmado por cuatrocientos periodistas, profesores e intelectuales checos y polacos, que provocó reacciones de solidaridad en la opinión pública francesa, y una furia incontenible en el gobierno de Berlín.

—Esos manifiestos no nos sirven para nada, porque despiertan aún más la ira de los nazis —dijo Mühsam.

La mañana del 9 de julio, Friedrich Ehardt, el comandante de las SS en Oranienburg, mandó llamar a Erich Mühsam, le gritó varias veces que era un cerdo judío y le repitió cuatro veces su exigencia colérica.

—¿Cuánto tiempo más piensa usted estar en el mundo?

—Espero que todavía unos años —respondió Mühsam.

—Si en tres días no se ahorca usted mismo, nosotros lo vamos a ayudar.

Al anochecer. Mühsam se reunió con un grupo de convictos detrás de la “pista de obstáculos”. León vio al poeta más dueño de sí mismo, más sereno y contundente cuando le dijo:

—Si les cuentan que me suicidé, no les crean. No les voy a hacer el favor, no pienso convertirme en mi propio verdugo.

Unos días antes, dos oficiales habían cortado un pedazo de la cuerda que marcaba el sendero de los convictos rumbo al comedor y, sin muchos problemas, prepararon una soga para la ejecución. Cuando, al anochecer del 9 de julio, Rolf Maier, un obrero de Hannover, el más antiguo camarada del dormitorio, reportó la ausencia de Mühsam, el oficial Stahlkopf le respondió:

—El cerdo judío se durmió en el excusado.

A la mañana siguiente Gehard Petscher, el cabo de guardia llamado “Himmelstoss”, preguntó por Mühsam. Los convictos le contestaron que no había regresado y  entonces ordenó la búsqueda de inmediato. “Himmelstoss”  supo dónde buscarlo, se hizo acompañar por dos convictos judíos, registraron las letrinas una por una y, sin que nadie se sorprendiera, en la última encontraron a Erich  Mühsam colgado de un travesaño. El nudo de la soga mostraba el trabajo de un especialista; la distancia entre el travesaño y la soga era tan pequeña, que nadie hubiera metido la cabeza en ese espacio, no tenía la lengua fuera de la boca, pero sus puños estaban crispados. Los convictos sabían que oficiales de la SS habían estrangulado a Mühsam en la comandancia y que, para aparentar un suicidio, colgaron el cadáver en las letrinas. Después se supo que Sthalkopf, un verdugo de las SA, al servicio del jefe de las brigadas, Theodor Eicke, ahogó al poeta en uno de los excusados.

Al atardecer los convictos prepararon en el comedor colectivo una ceremonia en memoria de Mühsam, cantaron la Internacional, los compañeros judíos leyeron el kaddisch y guardaron un minuto de silencio. Al terminar Halevy subió a una mesa y pronunció una suerte de oración fúnebre. Habló del poeta, mencionó su energía para combatir y sobrevivir a las dictaduras, su esperanza en una Alemania libre de tiranos y su convicción en la fuerza indestructible de los sueños.

—La vida de Erich Mühsam fue una protesta contra el sufrimiento insensato y sin medida de los civiles, es decir del pueblo, durante las guerras; así como un elogio de la capacidad humana para sobrevivir a todos los desastres y a todas las penurias —dijo Halevy esa tarde—. Aquí, en Oranienburg, queda su memoria y ningún asesino nos la podrá arrebatar.

El comandante Ehardt mandó llamar a León, le dijo que estaba al tanto de su discurso en la ceremonia luctuosa y que el castigo sería ejemplar. Al amanecer, tres oficiales de las SS lo llevaron a la sección de los ataúdes verticales, lo desnudaron y le anunciaron que lo enterrarían vivo ciento noventa y dos horas. León se paralizó del terror y Ies dijo.

—Me pueden quitar todo, menos el miedo.

A principios de agosto, Ida recibió la noticia de la muerte de León por el tío de un convicto, que le contó los últimos días de Mühsam y Halevy en el campo de Oranienburg. Debió sentir su muerte en carne viva, pues se lanzó a recorrer al día siguiente las oficinas de la Gestapo, de la comandancia de las SS y del Servicio de Seguridad del Reich, pero nadie le informó sobre el sitio donde se encontraba el cadáver.

El consejero de Estado Franz Voss, padre de su amiga Loremarie, un político de fuste nacionalsocialista y director de área en el Ministerio del Interior, atendió sus ruegos y dispuso la entrega de los restos. Fritz Müller, el párroco del barrio de Dahlem en Berlín, aceptó los doscientos marcos de Ida Winkler y, a pesar de que el difunto era judío, le dio sepultura en el cementerio de St. Annen. Ida compró la tumba y mandó a grabar una lápida con su nombre, la fecha de su nacimiento y de su muerte, y una línea del poeta Rainer Maria Rilke: “¿Cómo has podido dejar tu nombre en el silencio?”. n

Puerto libre

Entre lo inverosímil y catedral

apostamos

Era hermana de mi abuela, tía de mi madre y una feria para mí. Hace unos días la recordé sin saber cómo, en mitad de la tarde, a propósito de las películas tristes. Era la hermana menor de mi abuela materna. Se llamaba Elena, tenía los ojos inquietos y pequeños, verdes o azules según la intensidad de sus mañanas. No sabía estarse quieta. Andaba siempre moviendo de un lado para otro su cuerpo bajito, de grandes pechos blancos y ninguna cintura. Sonreía como una diosa complaciente y lloraba con la misma naturalidad con que otros respiran. Su piel era tan blanca que cualquiera habría podido creerla una escandinava nacida en México, para ventura de su índole friolenta. Por lo mismo las partes de su piel alcanzadas sin más por nuestro sol, eran de un rojo ardiente como la voz con que ella podía hablar del amor o sus pesares. Siempre supe que ella no le tenía miedo a la vida y tal vez por eso me alegraba caminar a su lado cuando era posible. Ninguna maravilla mejor encontrada que su persona yendo a toda prisa por el centro de la ciudad. Yo salía a las compras con mi madre esperando al azar descubrir su pequeña estampa al torcer una esquina. Nos besaba rápido para no interrumpir la conversación que había iniciado apenas al vernos. Hablaba a una velocidad imposible sin encimar las palabras ni confundirse, acudiendo cada tres frases al Sagrado Corazón de Jesús y los milagros que esperaba de su radiante y divina prodigalidad. Ni sus penurias económicas, ni el lejano destino laboral de su esposo, podrían resolverse sino viniendo de él. Le había encomendado nada menos que la solución de sus problemas. Pero, tampoco era tanto, bastaba con que por fin saliera premiado en la lotería, el número que ella compraba todas las semanas, con los únicos pesos que podía ahorrar.

—¿Quieres venir al cine y a dormir en mi casa? —era la pregunta que yo esperaba entre las muchas que hacía y las tantas respuestas que por sí misma les encontraba—. Claro que quieres, ¿verdad? Están dando una película buenísima. Se llora desde el principio hasta el final.

Y claro que yo quería. Seguirla era ir tras la promesa de una feria íntima, en la que mis once años eran tomados en cuenta como si fueran veintinueve, y mi talento para escuchar historias desafiado como si en novelista debiera convertirme al día siguiente. En su casa yo no era una entre cinco hijos, o entre veinte primos o entre doscientas condiscípulas. Yo era la otra de una pareja capaz de encaramarse a las nubes de cuanto imposible cruzaba por su rubia cabeza. Yo era la importante mitad de los mil sueños que ella tejía mientras preparaba la merienda o se iba poniendo el delgado camisón de encaje que la hacía pasar de ser una mujer vestida sin ningunas pretensiones, a ser la reina incandescente de su recámara. Medio cuerpo de fuera, toda el alma enardecida como la de una adolescente.

En la familia era tan querida como indescifrable, justo por la calidad intensa y compleja de sus emociones. Nadie a su alrededor parecía capaz de permitirse una gama tan ardua de sentimientos desconocidos. Nadie sino ella. Por eso la quise yo como quien quiere lo inaudito y la quisieron todos como quien cree en lo increíble.

En cuanto yo escuchaba su invitación, abandonaba la vera de mi madre y me ponía a su lado dispuesta a irme de viaje a la Tres Poniente, a una casa de apartamentos cuya puerta de hierro negro entreverada de cristales cruzábamos sin aliento tras haber ido de la iglesia a la panadería, pasando por un cine en el que siempre dábamos con una película “de llorar”. Junto a ella vi más de cinco veces An affair to remember, Ben Hur y Violetas imperiales. Todas las de Sarita Montiel y la serie de tres sobre Elizabeth de Baviera, “Sissi” para nosotros y Romy Schneider para los entendidos. Cualquier película en que pudiese llorar desde casi el principio hasta después del final. Cualquiera sobre grandes amores imposibles o certeras jugadas del destino inclemente. Cualquiera que le diese pretexto para soltar su llanto por la temprana muerte de sus padres, la pérdida de su casa en la colonia Roma, la despiadada juventud que no la condujo al matrimonio sino hasta los cuarenta años, la variable y aún intensa calidad de sus deseos, la nostalgia infinita por su marido que vivía en el norte y hasta la dicha diaria de haber crecido bien a su hijo Alejandro, un hermoso y delgado muchacho de ojos grandes que estudiaba el segundo año de contaduría.

Era siempre una emoción nueva hacer con ella el recorrido al cine. Una vez a su lado, me despedía de mi madre y de la realidad y la emprendíamos por las calles del centro como por el patio de su casa. Usaba unos zapatos con agujerito en la punta y plataforma corrida que habían estado de moda tres años antes de que yo naciera, pero que hacían un perfecto juego con sus vestidos a media pierna y sus faldas amplias. Ir de su mano por la ciudad antigua era como meterse a una zarzuela, como viajar al pasado sin haberse movido de 1960 y las mismas diez calles alrededor de Catedral. Quién sabe cómo se las arreglaría para ser amiga de todos los tenderos, para coincidir con varias comadres y detenerse a comprar golosinas y pan dulce en unas cantidades seguramente emparentadas con mi actual vocación por el derroche, siempre que de comprar comida se trata.

Dinero tenía poco en su pequeña faltriquera negra, pero lo iba dejando todo en el camino. Cuando volvíamos a su casa con la leche y la bolsa de pan, el envoltorio con almendras y chocolate, los cigarros, una revista de cuentos y el billete de vigésimo para la lotería de esa noche, nadie hubiera podido sentirse más rico que nosotros.

En cuanto entrábamos a su casa por la puerta de la cocina, ponía a cocer unas salchichas con las que preparaba los más deliciosos hot dogs que niño alguno haya probado. A mí me fascinaban desde la época en que ella había tenido una pequeña tienda llamada “El caracolito”, donde vendía comida y billetes de lotería, que yo nunca supe por qué ni cómo dejó de tener. Tras la merienda, que recuerdo como una celebración religiosa porque para ella guisar y comer eran como decir una plegaria, iba con sus pasos cortos y rápidos hasta la imagen del Sagrado Corazón que tenía en el corredor. Bajaba una veladora ya lánguida de la repisa sobre la que imperaba la figura del único Dios en que creían sus ojos, y la cambiaba por una nueva que encendía con los mismos cerillos con que más tarde iba encendiendo los cigarros que fumaba antes de irnos a la cama. Decía La Magnífica con una fe cuyo sonido aún me estremece y se ponía en manos de la Divina Providencia como quien se entrega a una pasión sin límites.

Luego nos metíamos en su cama y yo quedaba junto a ella, contagiada por su falta de orden y su gozo infantil, como dentro de una fiesta. La suya había sido una larguísima y ardua jornada. Trabajaba como mecanógrafa en el noveno piso de una oficina de gobierno que no tenía elevadores. Y dada su perenne inquietud, su urgencia de conversación, aire libre y cigarros, no sólo copiaba cuartillas con una rapidez de vértigo sino que descendía y remontaba varias veces, durante las ocho horas de trabajo, los nueve pisos de aquellas oficinas.

—Estoy muerta —decía encendiendo el último cigarro de la noche, recargada la espalda en la cabecera.

—¿Cómo llegaron tus abuelos a Campeche? O ¿cuál era tu lugar preferido en los alrededores de Teziutlán? O ¿por qué vendiste el entero de la lotería? —le preguntaba yo para desatar con algo cualquier recuerdo suyo. Porque cualquiera venía ensartado con otros y cualquie-

ra tenía una colección de anécdotas en torno a las cuales desvelarse. Entonces ella se iba por el mar Caribe en el barco que trajo a los Lanz a México, o me llevaba hasta la cumbre de un cerrito nublado, en la sierra de Puebla, que a ella le gustaba escalar mientras comía pepitas de calabaza recién doradas en el horno de su madre. Con frecuencia se echaba a llorar, como una liebre corre, tras la memoria del ingrato atardecer en que habiéndose ganado en una rifa de lotería el entero más caro de la historia, no fue capaz de venderlo confiada en que la mano de la Divina Providencia estaba dándole desde ya el premio mayor.

apostamos

—Nadie sabe nunca lo que pretende la Divina Providencia —decía—. Me dio el verbo, pero no el sustantivo. Confiando en su mano, guardé el billete completo a pesar de que tus tíos me pedían que lo vendiera y me quedara con los mil pesos de su precio. Pero creyendo yo que el Sagrado Corazón me había mandado el entero para mandarme luego el premio, lo guardé. Lo guardé para ganarme los millones con los que hubiéramos ido de viaje a Europa, y hubiéramos comprado la casita en la avenida de la Paz, y le hubiera yo puesto un negocito a tu tío Rafael para que pudiera venirse a vivir a Puebla y a dormir aquí en su cama junto a la pobre de tu tía Nena que esto te cuenta para contentarse y que, por andar imaginándose que eran más amplios los designios de la Providencia, se quedó un mes enferma del hígado. Porque un mes estuve grave, pero grave, mijita. Del coraje y de la pena que no se van sino con tiempo. Con tiempo y lágrimas —decía llorando luego sin alarde y sin ruido como quien sonríe—. ¿Quién entiende a la Divina Providencia? Nadie. Nadie.

Yo la acompañaba en su relato acariciando la mano en que ella no tenía cigarro. No era piedad, ni lástima, ni pesadumbre lo que daban sus lágrimas. Era una sensación de entereza, de invulnerable lucidez, de sabiduría sin alardes, la que ella toda contagiaba al ir viviendo así, tan a la intemperie y tan a buen resguardo. Luego de oírla me quedaba dormida en su regazo tibio y amplio, dueña de una paz que sólo podía venir de tan buen cobijo. Abría los ojos hasta la mañana siguiente cuando ella estiraba la mano para prender su lámpara y me anunciaba que desde hacía un buen rato la luz se había filtrado entre los oscuros de madera. Iba a ser hora de levantarse. A tientas buscaba el botón que encendía su lámpara y la cajetilla con cigarros. Cogía uno y se incorporaba a encenderlo, mientras el camisón se le torcía dejando buena parte de sus pechos al aire como una provocación.

—¿Quién entiende a la Divina Providencia? —preguntaba—. ¿Habrá quién la entienda?

Después le daba cinco largas fumadas a su cigarro y saltaba de la cama con sus sesenta años anhelantes como debieron serlo sus diecinueve, esgrimiendo en su persona las dos mitades de humanidad en que según un personaje de Oscar Wilde se divide el mundo: “los que creen lo increíble y los que hacen lo inverosímil”.

—¿Un chocolate con panqué? —decía caminando descalza hacia la cocina.

Yo me quedaba otro momento en la cama y la oía detenerse en el corredor frente a la imagen, revisar la veladora y decir:

—Buenos días, Sagrado Corazón. ¿Hoy me vas a hacer el milagro? ¿O piensas seguir sin hacerme ningún caso? Como tú quieras. Siempre es como tú quieres. ¿Qué remedio? Yo por eso me voy a trabajar ahorita mismo, porque con algo hay que pagar el llanto. El cine cuesta, Sagrado Corazón. Aunque tú no lo creas, el cine cuesta. Llorar bien cuesta. Todo cuesta, Sagrado Corazón. Me lo quieras creer o no. Todo cuesta. Hasta rezar el Credo cuesta, Sagrado Corazón. Buenos días. n

(Núm. 273, septiembre de 2000)

La conspiración para conspirar

PARABÓLICA

LA CONSPIRACIÓN PARA CONSPIRAR

POR CARLOS CASTILLO PERAZA

Agradezco a Alejandro Carrillo Castro y a Ediciones Cal y Arena la invitación a participar en la presentación del libro El dragón y el unicornio, escrito por aquél y publicado por éstas.

Comenzaré reconociendo que poco puede añadirse, a guisa de presentación, al ensayo con el que Carlos Fuentes prologa la obra, analiza y despliega el contenido de ésta, la ubica en los complejos vericuetos de la historia cultural de nuestro país y hace avanzar así en extensión, profundidad y comprensibilidad las perspicaces pesquisas y las tesis de Alejandro Carrillo Castro.

Estimo, en consecuencia, que sería una desmesura de mi parte agregar algo a estos respectos en los que el autor muestra un gran dominio, hijo de la reflexión larga y documentada, y el prologuista una asimilación y una explicación —en el sentido en que “explicar” es sacar de la explicación— con los que un lector apresurado no puede ni debe siquiera intentar competir.

Así que trataré de limitar mis reflexiones a la actitud y al método que Carrillo Castro, a mi parecer, puso en juego y en riesgo para elaborar este trabajo tan amplio cuanto ambicioso y fundamentado, con cuyas inferencias y conclusiones puede uno estar de acuerdo o no estarlo, pero cuya miga más jugosa está, en mi opinión, en lo que nos muestra del autor mismo, de sus preocupaciones, sus angustias y sus esperanzas.

No podría precisar en cuál de sus Diálogos puso Platón en boca de Sócrates la afirmación —que es también una convocatoria— de que “a la verdad hay que ir con toda el alma”. Si tomamos en cuenta que para el escritor griego el alma está en y mueve a todas y cada una de las partes del cuerpo, y por eso es tanto irascible como concupiscible y racional, lo que el viejo maestro ateniense parece querer sugerirnos es, por una parte, que en la búsqueda de la verdad hay que empeñar todo el ser y que, siendo alma lo mismo que ánima, y ésta madre del ánimo, tal persecución o, si se quiere, prosecución —independientemente de que consiga dar “a la caza alcance”— debe ser animosa, animada, esto es, en el triple sentido platónico de lo que es el alma, apasionada, valiente e inteligente.

El dragón y el unicornio nos da a conocer a un autor con tales características y capaz de construir una obra que sin duda puede calificarse de “vital”. En efecto. Carrillo Castro muestra y demuestra con qué ímpetu, con qué entusiasmo, con qué valor, con qué prudente osadía, con qué constancia a lo largo de tanto tiempo, con qué erudición y discernimiento un hombre —él— se arrojó al océano complejo y agitado que forman los 140 autores y los 166 libros escritos por éstos que constituyen la bibliografía que Alejandro consultó, cribó, anotó, juzgó, entendió y empleó. Y esto, sin hablar de la multitud de ramas del saber que, entre las zonas planctónicas y las venctónicas de esas aguas, flotan, nadan o se asientan.

Y todo esto, para llegar a los orígenes de una tensión que marca a nuestro tiempo: la que se da entre dos modos de concebir y organizar al mundo, esto es, en palabras de Carrillo Castro, el natural que tiene que ver con las relaciones de sangre que da prioridad a la mujer como principio de un modelo matrilineal, y el racional que —como en un movimiento de péndulo— suprime el anterior a partir del varón padre y ciudadano como supuesto o cimiento de un modelo político—patrilineal.

Fuentes interpreta esta tensión, creo que acertadamente, como la que se da entre natura y cultura, deformadas ambas por una pretensión excluyente fundamentada respectivamente en la ignorancia primitiva y en la soberbia cognoscitiva. La primera sacó de la naturaleza al varón. La segunda expulsó de la razón a la mujer.

Es claro que Carrillo Castro quiere ayudar a resolver esa tensión, por las injusticias que conlleva. El tema de Alejandro es el que, según Jaeger, privilegian permanentemente “los guías pacifistas”, “los educadores políticos”, “los poetas”, “los sofistas” y “los estadistas de la época clásica de la polis griega”: el de la concordia u homonoia que los romanos elevaron a rango de divinidad1 y San Agustín a virtud social humana por excelencia. Y es para poder trazar la ruta hacia el futuro que el autor rastrea las raíces de la tensión presente en el pasado remoto, consciente de que sólo puede ver muy lejos hacia adelante quien mira muy lejos hacia atrás. De allí ese esfuerzo de buceo de profundidades que lo lleva al pretérito distante miles de años, en busca de las sociedades matrilineales-consanguíneas, del cambio que se operó en dirección de las político—patrilineales, del modo en que se produjo tal mutación, de los mitos diversos que sostuvieron aquéllas y consolidaron éstas, de las trampas de las diversas razones, imaginaciones, ignorancias y creencias que sustentaron la una y hermetizan la otra.

El autor se nos presenta, a través de su obra, como alguien con una enorme voluntad de comprender esa tensión tan real, tan tangible y tan actual que lo inquieta, explorando los orígenes y fundamentos de cada uno de sus polos, el del unicornio y el del dragón. Armado de tal comprensión, postula como necesidad la concordia, la complementariedad, la síntesis, la nueva cultura sin excluidos ni excluidas.

Michel Tournier,2 en una entrevista concedida a Jacquemine Guilloux, traza una interesante distinción entre civilizaciones y culturas. Los seres humanos, dice, son civilizados en su lugar de nacimiento o infancia, en su civis. Allí aprenden a convivir civilizadamente. La civilización, de un modo u otro, les es impuesta y poco pueden hacer para salvarse de ella. No la escogen libremente. ¿Cómo pasan de civilizados a cultos, de lo natural originario y obligatorio a lo cultural edificado libremente?

Tournier responde que ese tránsito comienza a darse cuando una persona civilizada se encuentra con otra persona civilizada en una civis distinta. El yucateco que recibió el béisbol, la cochinita pibil. la guayabera, la jarana, el bambuco y el lenguaje doméstico hispano-maya, pero que un día va a la ciudad de Guadalajara y se topa con el tapatío que recibió el fútbol, la canción ranchera, los tacos de carnitas, el traje de charro, el jarabe y el hablar casero jalisciense, mezcla lo civilizado ajeno con lo civilizado propio y accede así a una cultura que puede comenzar a llamarse mexicana. Esta, a su vez, será civilización al toparse con la civilización argentina (que es cultura para sí, pero civilización para las otras) y podrá ascender a cultura latinoamericana. Esta será civilización frente a la estadunidense y podrá elevarse a cultura americana. La civilización americana se encontrará con la europea y subirá a cultura occidental. La civilización occidental entrará en contacto con la oriental y podrá ser cultura mundial.

Este proceso de discernimiento magnánimo, de aprecio por lo propio, de apertura a lo ajeno, de impregnación y enriquecimiento ya no es forzado, es libre. La cultura es obra de libertad. Ambitos como la Universidad Nacional Autónoma de México han sido —y ojalá sigan siendo— generadores de cultura nacional, en la medida que han sido crisoles en que las civilizaciones locales se relacionan, complementan y articulan. Allí se fraguan los himnos nacionales como coros polifónicos que, en el caso de México, se tejen con corridos, boleros, bambucos, sones, jarabes, rancheras, romanzas, barcarolas, bambas, cielitos lindos, valses, canciones mixtecas y redobas.

La cultura es un proceso de contacto entre civilizaciones que se reconocen, respetan y aceptan, que se articulan inclusivamente. No son síntesis, creo yo. Me parece que la noción misma de síntesis —como “unidad de los opuestos”— es pobre y es fruto de la civilización excluyente del unicornio. Trataré de explicar por qué, sobre la traza de las preocupaciones y fatigas de Alejandro Carrillo Castro y las reflexiones históricas de Werner Jaeger.

“Síntesis” —nos enseña el sabio alemán— es palabra que nos refiere a la acción de “poner juntos”. Pero “tesis”, que nombra a lo que se pone al lado de, es término que nos envía a la civilización del unicornio, en la medida que expresa asunciones racionales propias y proposiciones racionales que se toman por principios propios —según Aristóteles—, o enunciados racionales —según Kant— o momentos racionales de un proceso dialéctico, de acuerdo con los idealistas poskantianos.

“Síntesis” es, en consecuencia, unicornio puro, civilización unicórnica que se toma por única cultura frente y contra la natura, puesto que lo reunido, lo yuxtapuesto o contrapuesto, no es ésta, sino lo que de ella se piensa. Natura está afuera.

Hay otro término que, si bien nace en el nido de la civilización del unicornio, expresa un gran respeto y ofrece un camino a la cultura para abrirse a y articularse con la natura, para lograr la concordia, la homonoia, la mezcla adecuada entre rinocerontes y endriagos tan respectivamente civilizados como excluyentemente incultos.

Jaeger, en su cuidadosa exploración de los tiempos-bisagra y los modos-gozne entre la paideia griega y el protocristianismo, encontró la palabra sinkrasis. Esta, nos dice, tiene que ver con una clase especial de mezcla que no es sólo yuxtaposición de elementos sin penetración o impregnación mutua. “Era usada en el pensamiento médico primitivo de Grecia —dice— para referirse a algo que, aunque compuesto de dos o más elementos, se ha incorporado en una unidad indisoluble y equilibrada. Los pensadores políticos y sociales —añade— llegaron a usar la palabra para describir su ideal de unidad política como una sana fusión de distintos elementos sociales de la polis”.3 Es, agrega Jaeger, el término que en el primer siglo de la era cristiana emplea San Clemente Romano —quien lo toma de la tradición clásica griega, parece que precisamente del médico Hipócrates— para invitar a la armonía y a la concordia, a la inclusión que permite a las partes de un conjunto integrarse y ordenarse “de consuno a la conservación de todo el cuerpo”, a respirar en común o, dicho estrictamente, a conspirar para vivir.

En este sentido, me parece que Alejandro Carrillo Castro, yendo a la verdad con toda el alma, se muestra en su obra como un profeta, como un heraldo, como un pregonero de la sinkrasis, de la interpenetración de las civilizaciones del dragón y del unicornio en tanto que realidades tan naturales como racionales, en la medida que para los seres humanos no hay naturaleza humana sin razón ni razón humana sin naturaleza. La presencia en el mundo del varón y la mujer, del hombre, es presencia de la razón en la naturaleza y vinculación de la naturaleza con la razón que, históricamente, va haciendo cultura a partir de civilizaciones, siempre y cuando cada una de éstas no pretenda ser la cultura única, y todas y cada una estén abiertas a las otras y dispuestas a construir la cultura universal en la armonía, más dialógica que dialécticamente, más incluyente que excluyentemente, con animoso ánimo de enriquecimiento recíproco más que de aniquilación mutua. Por eso, “todo reduccionismo —nos alecciona y alerta Alejandro en su conclusión— conduce fatalmente a una muy parcial y, por lo mismo, muy empobrecedora concepción del mundo”.

El dragón y el unicornio es una erudita convocatoria a la más universal, más armónica y más enriquecedora de las conspiraciones: la conspiración de los dragones y los unicornios que no quieren utilizar sus narices para vomitar fuego ni para llevar en ristre una lanza, sino para respirar, para vivir juntos, para inspirar y aspirar en común, para conspirar.        n

Carlos Castillo Peraza. Periodista. Autor de Disiento. Este texto fue leído el 19 de octubre de 1999. en La Planta de Luz de la ciudad de México.

1. Cristianismo primitivo y paideia griega. Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965.

2. En Revue Politique et Parlamentaire, No. 975. París, enero-febrero de 1995.

3. Op. cit., pp. 35-37.

Año nuevo, ciencia nueva

CARACOL

AÑO NUEVO, CIENCIA NUEVA

POR CINNA LOMNITZ

De cara al nuevo milenio, también esta columna científica se declara resueltamente milenarista y con el objeto de contribuir a iluminar este evento único en la historia de la humanidad, desea a sus selectos lectores un feliz año 2000 y un próspero y saludable tercer milenio.

La ciencia no es esa cosa tristona que se elabora tras las puertas cerradas de los laboratorios, ni en la atmósfera enrarecida de los ciclotrones. No somos todos seres ojerosos de pestañas quemadas y voces impostadas. En cambio, es lo único que ha salido victorioso de un milenio repleto de barbaridades. Es probable que el primer milenio haya sido mejor que el segundo; es por eso que deseamos fervientemente que el tercero sea el mejor de todos. La ciencia —ciencia alegre y nueva— tendrá que contribuir en no poca medida a que este deseo se realice.

Los medios compitieron en hacer predicciones, a cual más extravagante, acerca de cómo la ciencia va a cambiar nuestras vidas. No hay tal; o mejor dicho, los cambios más dramáticos son los que ya han ocurrido. A continuación, vamos a intentar una reseña muy personal acerca de las principales novedades que pueden impactarnos en el futuro cercano.

El fin de los desastres

Un misterio que sin duda será materia de acalorada discusión entre los especialistas del futuro es por qué el hombre del siglo XX ha aguantado tanto tiempo las catástrofes naturales. Un sismo es una babosada: una vibración del suelo que no llega al doble de la gravedad, y que no rebasa un par de minutos. Cualquier conejo, qué digo, cualquier hormiga, construye su madriguera o nido a prueba de tales eventos. En cambio, el hombre del siglo XX con sus torpes edificios hechos de materiales frágiles y pesados aceptaba que sus pequeños hijos quedaran apachurrados y sepultados entre muertos y vivos bajo toneladas de escombros, sin deberla ni temerla, cuando la tecnología ya estaba produciendo estructuras llamadas carros, baratos y perfectamente invulnerables a tales temblores. ¿Quién entiende a los humanos?

Lo que les faltaba a los edificios del siglo XX era un amortiguamiento adecuado. La resonancia acaba con cualquier estructura cuando su frecuencia propia es la misma que la frecuencia de vibración del suelo. Esto ya se sabía a principios del siglo XIX, y sin embargo hubo que esperar hasta el XXI para que a los constructores se les ocurriera emplear amortiguadores en los edificios para incrementar su amortiguamiento de menos de 5% del crítico a 15% o más. Con eso, todas las estructuras estarán a salvo de los sismos en cualquier parte del mundo.

En el nuevo milenio, la sensibilidad pública ya no tolerará la inseguridad. México al inicio de este siglo padece de más de veinte desastres naturales anuales entre sequías, inundaciones, huracanes, temblores, huelgas universitarias, pésimos políticos, secuestradores y el subcomandante. El nuevo público mexicano se rebelará contra una situación que ya se prolongaba demasiado tiempo. Sabemos perfectamente cómo combatir cada una de estas calamidades. El público exigirá que de una vez lo hagamos.

La cuarta edad

El misterio de la genética ya se maneja al nivel de una tecnología. En este nuevo siglo, el médico enviará a sus pacientes periódicamente a que se hagan una revisión genética, como si se tratara de un carro: ¿balanceo de ruedas?, ¿engrase?, ¿afinación?

Hasta los vehículos nuevos necesitan un servicio cada diez mil kilómetros, cuánto más el ser humano. El segundo milenio será el milenio de la medicina preventiva.

Pero el desafío más importante que habrá de enfrentar la medicina será el de la tercera edad, y ahí se presenta la oportunidad para que la ciencia mexicana haga una contribución crucial. Ya lo dice el refrán popular: cuando el indio encanece, el gachupín ya ni parece. Es decir, el envejecimiento tiene que ver con los genes. México, por su diversidad genética, es la sociedad ideal para servir de laboratorio de investigación para estudios comparativos sobre el envejecimiento. Se describirá que no se trata de hacer que la tercera edad sea lo más llevadera posible sino que todos lleguemos a lo que podría llamarse la cuarta edad, la de las personas de “edad indefinida”.

Hay muchas personas de la cuarta edad en China y Japón, países que también poseen el mayor número de longevos. Definitivamente, la longevidad es parte de la cultura, como lo era en la cultura prehispánica. “En China”, escribe Lin Yutang, “lo primero que se pregunta a un forastero es: ¿cuál es su honorable edad? Si contesta, como disculpándose, que tiene como veintitrés o veinticuatro años, se le suele consolar diciéndole que tiene un porvenir glorioso por delante y que sin duda llegará a viejo. Si son treinta y cinco o treinta y ocho años se le responde con algo más de respeto y se le desea buena suerte. El entusiasmo crece a medida en que se anuncia una edad mayor, y en caso de rebasar los cincuenta años los presentes bajan la voz. El cumpleaños número 51 es un gran festejo, y el 61 o el 71 mucho más. Los jóvenes trataban de hacerse pasar por mayores de lo que eran, imitando el porte, la dignidad y el punto de vista de los ancianos, y escribiendo sesudos artículos con consejos paternales para los infortunados jóvenes”.

En Japón, cada palacio municipal ostenta una placa con los nombres de las personas de más de noventa años y se producen verdaderas competencias entre municipios vecinos por ver cuál logra tener el mayor número de ancianos. Para quienes figuran en estas nóminas, el no morirse se ha vuelto una cuestión de honor y los familiares y vecinos hacen todo lo posible para preservar su salud y felicidad.

En el futuro, el desgaste de los cromosomas y en especial de los telómeros podrá controlarse en base a chequeos regulares y a una combinación de tratamientos genéticos y de manejo del estrés. La cuarta edad significará entonces mantenerse indefinidamente en una condición física estable y saludable. Será la etapa más feliz de la vida, y la más productiva.

La conquista de la sabiduría

Un fantasma recorre el mundo del nuevo milenio: es la revolución de la sabiduría. Más que al hambre y a la peste, las masas temerán carecer de quién las gobierne. Los nuevos políticos ofrecerán al mundo una prosperidad planificada, y una expansión económica infinita aunque sembrada de “pequeñas” guerras o guerrillas tecnológicas y de recesiones de impacto limitado.

Este resultado, que parecía inalcanzable hasta hace pocos años, será una realidad en gran parte del mundo desarrollado. ¿Cómo se logrará? A partir del fin de la Guerra Fría (1989) se comenzó a operar un cambio profundo en la forma de manejar los conflictos. El modelo de la competitividad sustituyó al esquema obsoleto de las enconadas rivalidades. Se comprendió que las fuerzas opositoras ya no debían suprimirse por la fuerza: al contrario, había que protegerlas cuidadosamente mediante un sistema cada vez más complejo de derechos humanos. Tales derechos se volverán extensivos a los homosexuales, a los comerciantes ambulantes, a los delincuentes, a los ultras, a las aves de rapiña, a los insectos nocivos, a las plantas, a los fenómenos atmosféricos y hasta a los graffiti en las paredes.

En la nueva política, un buen rival será preferible a un socio que da lata. Lo que solía llamarse marginalidad y que no tenía otro nombre, se volcará a las calles de las grandes ciudades en busca de su cuarto de hora de legitimidad. A ningún ciudadano se le obligará a bañarse o ganar dinero. En el futuro, nadie podrá ser forzado a vivir como el jeque Alhualid Bintalal de 43 años de edad, quien maneja sus acciones desde una camioneta Suburban equipada con computadoras conectadas a la red, cruzando el desierto de Arabia con un séquito de treinta ayudantes. Bintalal parece ser el hambre más rico del mundo después del otro fanático del internet, el señor Bill Gates, que tampoco es ejemplo para nuestra juventud.

¿Y qué? Todos podremos elegir entre ser inversionistas y participar en movimientos de protesta. Ambas actividades serán protegidas por la ley. Las universidades deberán dedicarse a difundir esta nueva doctrina, gratuitamente, se entiende, ya que la sabiduría no tiene precio.

Las universidades del futuro serán corporaciones del saber, administradas por asambleas de académicos —accionistas afiliados a unidades semi-autónomas de docencia y de investigación—. Los estudiantes disfrutarán de plenos derechos, es decir. podrán cambiar de asignaturas cuantas veces quieran. Habrá incentivos para aquellos que prefieran dedicarse a ser “fósiles” y continuar estudiando y haciendo deporte o lo que sea, con tal de no salir a ganar dinero. Con este sistema, se evitará recargar excesivamente el mercado de trabajo.

La ciencia en México será orgullosamente autónoma y estará al servicio de la sociedad, es decir, del dinero. Los institutos y centros de la UNAM compartirán con empresas consultoras y otros usuarios un fraccionamiento suburbano especial llamado Ciudad de la Investigación. En cuanto a la docencia, las facultades se reorganizarán en seis o siete campus con diferentes disciplinas. Las actuales facultades de filosofía, ciencia, política y humanidades se fundirán en una única Facultad de Ciencias y Artes, al estilo americano. Y se creará una Facultad de Educación, para dar finalmente legitimidad, honorabilidad y valor a la maltrecha profesión del maestro.

¡Feliz milenio!   n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

Legislatura sin mayoría: cómo va el score

LEGISLATURA SIN MAYORÍA: CÓMO VA EL SCORE

POR MARÍA AMPARO CASAR

La composición de la actual legislatura hizo pensar a muchos que México viviría un severo enfrentamiento entre el Congreso y el Ejecutivo. ¿4 partir de una investigación rigurosa, este artículo demuestra lo contrario. Sus baterías apuntan a tres blancos: la llamada tasa de eficiencia legislativa, las coaliciones y la disciplina interna de las bancadas parlamentarias.

La  LVII Legislatura (1997-2000), primera sin mayoría, levantó grandes expectativas por dos motivos. Primero, porque rompió con el monopolio que había mantenido el PRI por muchas décadas.

1 Segundo, porque abrió la posibilidad de que la Cámara de Diputados cumpliera con dos de las tareas que por años permanecieron como asignaturas pendientes: legislar y controlar los actos del Ejecutivo.

Pero el advenimiento del primer gobierno sin mayoría también provocó temor y desconfianza. Se pensó que la oposición unificada —con la mayoría en sus manos— impediría el ejercicio de gobierno, obstaculizaría la agenda presidencial y llevaría al desgobierno. En consonancia con la literatura reciente sobre las deficiencias de los sistemas presidenciales, se auguró la ineficiencia legislativa e incluso la parálisis como producto del enfrentamiento entre el Congreso y el Ejecutivo. Estas expectativas fueron alentadas aún más por las difíciles condiciones en que se instaló la LVII Legislatura y por la coalición procedimental que logró conformar la oposición unificada para abrir el 1° de septiembre de 1997 el periodo de sesiones del Congreso.

A dos años de trabajos de la actual Legislatura, ¿el análisis del comportamiento de los legisladores y de las bancadas parlamentarias permiten confirmar los temores expresados? Y ¿pueden sostenerse las versiones catastrofistas del enfrentamiento irremediable entre las ramas legislativa y ejecutiva del poder? La información recabada apunta en otras direcciones.

Hasta hace apenas un año, los estudiosos del Congreso teníamos que conformarnos con el análisis agregado de las iniciativas o proyectos de ley: su número, origen, modificaciones y votaciones agregadas. La pluralidad que hoy se expresa en el Congreso y la decisión de comenzar su modernización, han abierto, por primera vez, la posibilidad de analizar de manera desagregada el comportamiento individual de los legisladores y abordar dos temas de gran importancia política: las coaliciones que se forman y la disciplina partidista. Desgraciadamente, el lapso de tiempo que puede examinarse es todavía muy corto. No fue sino hasta el segundo año de ejercicio de esta Legislatura que se tomó la decisión de instalar los tableros electrónicos que permitieron contar con las votaciones nominales de los legisladores. Los datos disponibles (septiembre de 1998-agostode 1999) permiten incursionar en tres temas sobre el trabajo legislativo: la llamada tasa de eficiencia legislativa, las coaliciones y la disciplina de las bancadas parlamentarias. Aunque limitado, el análisis que puede hacerse con los datos disponibles es revelador y arroja una imagen distinta a la que se ha difundido en la mayoría de los medios.

Más sustanciales. En términos meramente cuantitativos está claro que la aprobación de iniciativas ha disminuido, aunque hay que tomar en cuenta que falta un año de ejercicio. La legislatura actual ha tenido una tasa de aprobación menor que las anteriores. Mientras que en lo que va de la LVII Legislatura se han aprobado 80 de las 391 iniciativas presentadas, en la anterior (LVI Legislatura), de las 250 iniciativas presentadas se votaron en el pleno 116 y se aprobaron 108. Esto significa que mientras la tasa de aprobación de la LVI Legislatura fue de 43.2%, en los dos primeros años de la actual Legislatura la tasa de aprobación ha sido tan sólo de 20.4%. Las tasas de aprobación para las LII, LIII, LIV y LV Legislaturas son de 53.8%, 39.8%, 44.5% y 60.7%, respectivamente.

Seguramente la menor tasa de aprobación tiene que ver con el aumento sustancial en el número de iniciativas presentadas tanto por el PRI como por los partidos de oposición. El número de iniciativas presentadas por el PRI creció en 115% respecto a la Legislatura anterior. En el caso de la oposición, el incremento fue de 53.5%. En términos absolutos, seguramente la actual Legislatura quedará apenas por debajo del promedio de iniciativas aprobadas (132) en las últimas tres legislaturas que son las que han tenido un grupo nutrido de diputados de oposición.

En repetidas ocasiones se ha afirmado que el trabajo legislativo, en particular el ritmo con el que se han presentado y votado las iniciativas, ha sufrido como producto de la ausencia de una mayoría por parte del partido del Presidente. ¿Ha sido éste el caso?

Si nos basamos en cifras muy crudas, esto es, cifras que no toman en cuenta el tipo de iniciativas, ni los ámbitos que impactan, ni tampoco sus consecuencias para la vida nacional, no parece haber gran validez en la percepción generalizada de que la LVII Legislatura ha “legislado menos” que sus antecesoras.

Considerando que la actual Legislatura tiene todavía un año de labores por delante, el número de iniciativas presentadas se encuentra por encima del promedio de iniciativas presentadas en las cinco legislaturas anteriores (promedio=334).

En lo que toca a las iniciativas aprobadas, los cambios son.

La necesidad de construir coaliciones en la Cámara de Diputados no es un fenómeno nuevo. Surgió en 1988 cuando el PRI perdió la mayoría calificada (2/3) para aprobar las reformas constitucionales. Posteriormente (1993) se aprobó una reforma constitucional que impide a cualquier partido reunir la mayoría necesaria para alterar la Constitución. La novedad de esta Legislatura es que ningún partido tiene la mayoría para aprobar leyes secundarias.

El tema de la necesidad de construir coaliciones y sus efectos puede abordarse, al menos, desde tres perspectivas: sus consecuencias sobre la agenda presidencial; el tipo y frecuencia de coaliciones que se forman, y el grado de participación / exclusión de las diferentes bancadas parlamentarias en la formación de coaliciones.

Uno de los grandes temas que suscitaron polémica a raíz del surgimiento del primer gobierno sin mayoría fue el de la alianza de los partidos de oposición en contra del bloque PRI-Ejecutivo. Una forma indirecta de probar esta percepción es a través de la tasa de aprobación de las iniciativas que tuvieron como origen el Ejecutivo. Si comparamos el promedio de aprobación de las cinco legislaturas anteriores (1982 a 1994) con la de la presente Legislatura se puede observar que la tasa varía de 97% (en promedio) a 89%. Una disminución importante (8 puntos porcentuales) pero no suficiente para afirmar que el programa de gobierno se obstaculiza sistemáticamente. De hecho, en esta Legislatura, de las 36 iniciativas presentadas por el Ejecutivo quedaron pendientes 3 y fue rechazada una.2

El análisis de las votaciones en el pleno está muy lejos de sustentar tanto la idea de coaliciones permanentes entre la oposición como la de alianzas en contra de la bancada priista.

La configuración actual de la Cámara de Diputados3 permite las coaliciones mínimas ganadoras4 (representadas en el cuadro 3) para las modalidades de iniciativas bajo estudio: reformas constitucionales y leyes secundarias.

Del cuadro 3 se desprende la conclusión de que el PR1 mantiene el poder de veto sobre cualquier iniciativa de reforma constitucional. A este hecho, habría que añadir que, con su mayoría en el Senado, el PRI encuentra una segunda instancia con poder de veto dado que en el sistema bicameral de México, todas las reformas constitucionales y la mayor parte de las iniciativas de ley secundaria deben pasar por la Cámara Alta.

Durante los cuatro periodos del segundo año de ejercicio de la LVIl Legislatura se llevaron a cabo 1185 votaciones. Sorprendentemente, la coalición más frecuente fue la de todos los partidos (incluidos los diputados independientes), equivalente a 35.6% del total de coaliciones; le sigue en segundo lugar la coalición PRI-PAN con 29.7% de las alianzas formadas. Estas dos abarcan el 65.3% del total de las coaliciones formadas. El otro 34.7% de las coaliciones se reparten entre diversas (11) combinaciones.

Es interesante resaltar que la coalición de toda la oposición frente al PRI se dio sólo en 7 ocasiones (5.9% de los casos): 5 en materia política y 2 en materia económica.6

Si se desglosa esta información por tipo de iniciativa (económicas, de seguridad y justicia, políticas y varias), la frecuencia de las coaliciones varía. En los ámbitos económico y político, la coalición más frecuente es la de PRI-PAN (47.4% y 48.6% respectivamente); en las áreas de seguridad y justicia e iniciativas varias, la coalición más frecuente es, en cambio, la de todos los partidos (33.3% y 83.3% respectivamente).

El tipo y frecuencia de las coaliciones que se han construido, permite someter a discusión algunas conclusiones preliminares. Primero, es precisamente en el rubro de iniciativas varias en el que se concentran las iniciativas que podemos llamar menos controvertidas. Dado este carácter, no es de sorprender que sea justamente en ellas en las que con mayor facilidad se logre el consenso entre las diferentes bancadas y, por tanto, donde se construyan las coaliciones más incluyentes.

Segundo, en materia económica, la cercanía entre PRI y PAN es evidente. Si se toman los cuatro periodos (ordinarios y extraordinarios) del segundo año de ejercicio de la presente Legislatura, se observa que la coalición más frecuente en este rubro es la de PRI-PAN. Si diferenciamos entre el primer periodo ordinario y extraordinario por un lado y el segundo periodo ordinario y extraordinario puede probarse, aún con mas fuerza, el punto. Es precisamente en los dos primeros periodos (l°de septiembre a 31 de diciembre de 1998) en los que se concentraron las medidas económicas de mayor trascendencia.

7 En total, en estos dos periodos, se votaron 25 iniciativas, 18 de ellas (72%) con la acción conjunta y exclusiva de PRI y PAN.

Tercero, las cifras en materia política deben tomarse con mayor cuidado. Es cierto que de las 35 votaciones que se efectuaron en esta materia, la mayoría correspondieron a la alianza PRI-PAN (48.6%). Sin embargo, la mayor parte de las votaciones correspondieron a una sola iniciativa: la Ley Orgánica del Congreso (21 votaciones). Por su parte, es importante resaltar que con respecto a la reforma electoral, la oposición unificada (PAN, PRD. PVEM, PT e independientes) logró unificarse contra el PRI en dos iniciativas: otorgar a la SCJN la facultad de iniciar leyes en su ámbito de competencia y reformar el COFIPE.8

Finalmente, los datos a partir de los que se elaboraron las gráficas anteriores pueden analizarse desde una tercera perspectiva: la del grado de participación y exclusión de las bancadas parlamentarias en la formación de coaliciones.

El partido político con menor inclinación a formar coaliciones en cualquier materia, esto es, el partido más “oposicionista”, resultó ser el de la Revolución Democrática. Este partido dejó de participar en 49% del total de las coaliciones formadas en el pleno. En contraste, el PAN sólo dejó de participar en 2.5% y el PRI en 6% de las coaliciones formadas. La gráfica 5 da cuenta de lo anterior en cada uno de los ámbitos analizados en esta investigación.

El análisis del conjunto de datos presentados hasta aquí no da sustento a la tan temida y predicada ingobernabilidad. La disposición a construir consensos y la posibilidad de construir alianzas para llevar adelante la aprobación o modificación de políticas públicas pareciera estar presente en está primera Legislatura en la que no existe mayoría de ningún partido.

Es necesario insistir que el conjunto de apreciaciones vertidas aquí no tiene más que un carácter preliminar por dos motivos. Primero porque se refiere tan sólo a una tercera parte de los trabajos de la presente Legislatura. Segundo porque el análisis de estos datos debe ir acompañado de un análisis cualitativo de las iniciativas aprobadas, rechazadas y pendientes.

En los estudios sobre el comportamiento de los legisladores muchas veces se usan de manera indistinta los términos de cohesión y disciplina. En rigor, el término disciplina se refiere al acatamiento de los legisladores de la línea dictada por el líder del partido o de la fracción parlamentaria. Se considera que hay indisciplina siempre que algún miembro de la fracción vote en sentido contrario o se abstenga de votar de acuerdo a la línea del partido. Por su parte, cohesión partidaria hace referencia al  sentido mayoritario del voto de una fracción parlamentaria y al porcentaje de legisladores que se apartan de él. En este trabajo nos restringimos a analizar la cohesión partidaria dado que, por el momento, no contamos con la información detallada de las iniciativas en las que se dictó línea partidista y de aquellas en las que el líder “permite” a los diputados “votar a conciencia”.

La cohesión de las fracciones parlamentarias puede abordarse desde distintas perspectivas: a) el número de votaciones en el pleno en las que el total de los integrantes de las fracciones no votaron en el mismo sentido, b) el porcentaje promedio de los diputados que no votaron en el mismo sentido que la mayoría de su fracción y c) el rango de diputados disidentes en aquellas votaciones en las que el fenómeno de la disidencia se presentó.

La primera aproximación es, entonces, la de evaluar qué tan extendido está el fenómeno de la disidencia en la Cámara de Diputados. Para ello puede tomarse el total de votaciones y calcular para cada partido el porcentaje de ellas en las que se presentó el fenómeno.

Los datos del cuadro 5 parecerían llevar a la conclusión de que las fracciones parlamentarias, en especial el PAN y el PRD, son poco cohesivas. Sin embargo, los datos anteriores pueden ser engañosos dado que no toman en cuenta el número de diputados que se apartan de la votación de la mayoría de la fracción en cada iniciativa votada. Esto es, los datos no permiten discriminar entre una iniciativa en que hubo disidencia de un solo diputado y otra en la que, por ejemplo, los disidentes alcanzaron el 40%.

Si se desagregan los datos, la perspectiva cambia radicalmente. El promedio de disidencia por iniciativa es una medición más precisa y puede evaluarse con respecto al total de iniciativas votadas en las que la disidencia se presentó.

Los datos desagregados muestran una imagen de bancadas parlamentarias altamente cohesivas, con el PRI como el partido con mayor grado de cohesión (1.2%) y el PRD con el menor (12.7%).

Pero más interesante aún es observar el comportamiento diferencial de las bancadas con respecto al tipo de iniciativa. El grado de cohesión se acentúa y atenúa dependiendo de la materia de que se trate. Tanto en el caso del PRI como del PAN, la mayor disidencia se registra en las iniciativas de tipo económico que se presentan como las más controvertidas. Aunque finalmente ambos partidos lograron que la mayor parte de sus diputados votaran de acuerdo a la línea partidaria, en el caso del PAN el mayor promedio de disidencia puede explicarse por la gran polémica acerca de que ese partido sea identificado como el aliado del partido gobernante en materia financiera-presupuestal. Por su parte, el PRD aparece como el partido con el menor grado de cohesión independientemente de la materia de que se trate.

Finalmente, una tercera medición que nos acerca a una visión más precisa de la cohesión de las bancadas parlamentarias es la del rango en el que se mueve el porcentaje de diputados disidentes, esto es, los porcentajes máximo y mínimo de diputados que no votaron en el sentido mayoritario de su fracción.

Los datos del cuadro 7 vuelven a confirmar que el partido con menor grado de cohesión es el PRD. partido en el que se presenta un mayor porcentaje de disidentes. Las iniciativas en materia económica y política son las que mayor controversia provocan. Para cada uno de los partidos es precisamente en este tipo de iniciativas en el que mayor número de diputados se distancian de la línea marcada por el partido.

A pesar de que los datos anteriores se refieren sólo a una tercera parte del trabajo legislativo de la presente Legislatura, constituyen un punto de partida para evaluar el desempeño y comportamiento de la Cámara de Diputados en este primer gobierno en el que ningún partido tiene la mayoría absoluta.

La percepción generalizada de que los gobiernos divididos o sin mayoría desembocan en parálisis e ingobenabilidad o. cuando menos, en ineficiencia legislativa, ha sido desmentida para otros países con sistemas presidenciales.9

En el caso de México, los datos analizados en el presente avance de investigación apuntan en la misma dirección. En esta Legislatura, la construcción de consensos, la conformación de alianzas congresionales y la cooperación entre partidos han estado presentes.10 A ello ha contribuido sin duda tanto el tamaño de las bancadas parlamentarias como el alto grado de disciplina mostrado por el PRI y el PAN cuyos votos suman la cantidad necesaria para aprobar tanto leyes secundarias como reformas constitucionales. Por otra parte, es inevitable concluir que, al menos en el trabajo legislativo, los partidos con mayor disposición a colaborar son el PRI y el PAN. Esto no es de sorprender dado que ambos partidos muestran una mayor proximidad programática- ideológica entre ellos, sobre todo en materia económica. Por su parte, el PRD aparece como el partido con menor inclinación a pactar acuerdos y formar coaliciones independientemente del área de política de que se trate.

Por otra parte, el hecho de que el Ejecutivo no esté ya en posibilidad de impulsar cualquier reforma con el sólo apoyo de su partido, ha alterado sus relaciones con el Legislativo y el balance entre estas dos ramas de gobierno. El poder de veto que ha adquirido la oposición ha forzado al Ejecutivo a mover sus preferencias de política, tanto las iniciales (cuando el presidente envía un proyecto de ley) como las que se derivan del proceso de reunir apoyos y consumar acuerdos.

Finalmente, es necesario reconocer que la mayor pluralidad en la Cámara de Diputados y la pérdida de la mayoría por parte del PRI no se han traducido en grandes transformaciones en la orientación de política económica o de reforma del Estado por el doble motivo de que la coalición de todos los partidos de oposición no es suficiente para aprobar reformas constitucionales y porque el PRI mantiene la capacidad para frenar cualquier iniciativa gracias a su mayoría en el Senado.     n

María Amparo Casar. Directora de la División de Estudios Políticos del CIDE. Una versión ampliada de este artículo aparecerá en el Vol. VII, num. 1 de la revista Política y Gobierno CIDE, Primer Semestre del 2000. La autora agradece la colaboración de Karla López de Nava en la recopilación y análisis de esta investigación.

1. La distribución del voto en las elecciones federales del 6 de julio de 1997 produjo una Cámara de Diputados con 47.8% de los asientos para el PRI, 25% para el PRD. 24.2% para el PAN, 1.6% para el PVEM y 1.4% para el PT.

2. Las tres iniciativas pendientes fueron: decreto que reforma la Ley del Banco de México, Ley Federal de Garantías de Crédito y Proyecto que modifica el Código Fiscal de la Federación y la Ley de Impuestos sobre la Renta y al Valor Agregado. La iniciativa de ley que establece y modifica diversas leyes fiscales (miscelánea fiscal de 1997) fue rechazada.

3. Después de haberse conformado la LVII Legislatura se produjeron algunos cambios en su composición. Actualmente el PRI tiene 238 diputados, el PAN 117, el PRD 125. el PT 11 y el PVEM 6. Tres diputados —2 del PVEM y 1 del PAN— abandonaron sus fracciones y se definen como independientes.

4 .Por coalición mínima ganadora se entiende aquella coalición que se constituye con el número mínimo indispensable de partidos para obtener la mayoría requerida para aprobar o rechazar una iniciativa de ley (Riker, 1962).

5. En realidad se llevaron a cabo 119 votaciones pero de una no pudo conseguirse la votación nominal.

6. Las 5 votaciones en materia política fueron las siguientes: a) creación de una comisión de vigilancia para el proceso electoral en el Estado de Nayarit. b) facultad de la SCJN para iniciar leyes, c) dos iniciativas para reformar el COFIPE y d) comisión de vigilancia para el proceso electoral del Estado de México. Las iniciativas en materia económica fueron una referida a la Ley de Presupuesto, Contabilidad y Gasto Público y, la otra, referente a la reglamentación del sector social de la economía. La coalición formada por toda la oposición para facultar a la SCJN a presentar iniciativas fue rechazada pues la oposición, sin el PRI. no reúne las dos terceras partes de los votos requeridos para la reforma constitucional. Las reformas al COFIPE fueron frenadas en el Senado.

7. El paquete presupuestario, la Ley de Protección al Ahorro Bancario, la Ley de Protección al Usuario de Servicios Financieros y el Organismo Superior de Fiscalización.

8. Las iniciativas, sin embargo, no fueron aprobadas. En el primer caso porque no se alcanzó la mayoría de 2 /3 para modificar la Constitución y en el segundo porque la mayoría priista en el Senado la rechazó.

9 .Al respecto ver. para Estados Unidos, David Mayhew: Divided We

Govern. Party Control. Law Making and Investigations. 1946-1990, Yale University Press. New-Haven. London, 1991; y para América La- tina, Scott Morgenstern y Pilar Domingo: The Success of Presidentialism. Breaking Gridlock in Presidential Regimes. Documento de Trabajo Núm. 73. CIDE, 1997.

10. No obstante, es necesario reconocer que en la actual Legislatura han quedado todavía sin dictamen iniciativas importantes tanto de los partidos de oposición como del Ejecutivo. Entre ellas cabe mencionar las referentes a la reforma del Estado, la ley reglamentaria del Organo Superior de Fiscalización, la reforma electoral, la reforma del sector eléctrico, la Ley de Quiebras, la Ley Federal de Garantías de Crédito y la reforma a los mecanismos de aprobación presupuestal. Algunas de éstas no han sido votadas o incluso discutidas en el Congreso dado que se sabe, de antemano, que no se logrará el consenso en torno a ellas

 

Repensar la UNAM

¿OTRA O LA MISMA?

REPENSAR LA UNAM

LUIS SALAZAR C.

EL propósito mayor de una reforma de la UNAM debería guiarse no por el derecho abstracto y gratuito a la educación, sino por el mejoramiento palpable de la docencia, la investigación y la difusión de la cultura.

Quizá la mayor lección que puede extraerse del malhadado conflicto que paraliza a la UNAM es que esta institución, con todo lo que ha significado y significa para la cultura nacional, ya no puede ni debe seguir siendo la misma. El reiterado fracaso de los esfuerzos por reformarla, el que se haya convertido en víctima permanente de lógicas radicalmente ajenas a sus funciones propiamente académicas, el que su prestigio ante la opinión pública esté por los suelos, son cosas que obligan a reflexionar seriamente sobre las causas y condiciones que la han conducido a este desolador estado de postración. Ciertamente esta situación vuelve difícil ser optimista en lo que respecta a la viabilidad de reformas de fondo, capaces de devolver centralidad a los valores y a las funciones académicas. Los intereses partidistas, grupusculares, gremiales, burocráticos, las tradiciones antiacadémicas que comparten demasiados estudiantes, profesores e investigadores, junto con la inexistencia de verdaderos liderazgos académicos, todo parece conspirar en contra de una transformación orientada por ideales propiamente universitarios. El tamaño desorbitado de esta institución y las desigualdades abismales que cobija, también son factores que dificultan los cambios deseables.

Con todo, es de esperarse que la amarga experiencia padecida durante este año despierte el interés y motive la participación razonada de todos aquellos profesores, investigadores y estudiantes que a pesar de todo asumen que una universidad debe ser sobre todo un centro de educación. de investigación y de difusión de la cultura, y no una arena para dirimir conflictos políticos o un espacio para conquistar y mantener privilegios que atentan contra las funciones académicas. En este sentido, los problemas de la UNAM poco o nada tienen que ver con las demandas levantadas como pretexto por los ultras del CGH para mantener secuestradas las instalaciones universitarias. Cobrar o no cuotas simbólicas, mantener o no el pase automático o exigir o no un examen general de conocimientos, son cuestiones totalmente secundarias, si lo que se busca es devolver sentido académico al futuro de la UNAM. El escepticismo y la resistencia internos suscitados por los diversos intentos de reformarla, en buena medida tienen que ver con la ausencia de un verdadero horizonte académico creíble para encuadrar esas medidas. Alejadas infinitamente de las preocupaciones y dificultades de profesores, investigadores y estudiantes, las autoridades universitarias seguramente han tenido buenas razones para proponerlas, pero nunca han logrado hacer sentir a la mayor parte de la comunidad (si es que se le puede dar este nombre) que esas medidas realmente van encaminadas a mejorar la docencia, la investigación y la difusión de la cultura. De ahí que fueran consideradas por muchos como ucases, como amenazas a su futuro, como maneras de agudizar su exclusión.

Lo primero que tendría que reconocerse, por ende, es que el método de designar a las autoridades universitarias, esto es, la Junta de Gobierno y sus auscultaciones, no genera sino autoridades sin la menor autoridad real y legítimamente académica. Acaso en algún momento este procedimiento fue relativamente funcional, pero dejó de serlo ya hace muchos años, y tendría que asumirse su absoluta obsolescencia. No, ciertamente, para implantar en su lugar desastrosas elecciones universales y directas, pero sí mecanismos capaces de acercar académicamente a autoridades y comunidades. De lograr entonces que aquellas fueran reconocidas no como burócratas en feroz lucha por privilegios y recursos, sino como líderes académicos dispuestos a coordinar y promover esfuerzos académicos. Inútil es ignorar que incluso en las universidades más reconocidas la pequeña grilla cumple un papel significativo, pero su experiencia muestra también que es posible que ello no sea incompatible con el compromiso real con los valores académicos.

Lo que seguramente tiene que ver con el hecho de que existan verdaderas comunidades de profesores e investigadores, organizadas de muchas maneras. El desastre que hoy vive la UNAM es en buena medida el resultado de que, por un anacrónico principio de autoridad, los responsables de la gestión universitaria siempre han visto con malos ojos, y hasta perseguido inmisericordemente, todos los intentos de organización autónoma gremial o académica de profesores e investigadores. En su lugar han impulsado y protegido monstruos de simulación como el llamado APAUNAM. o como otras tantas agrupaciones fantasmas que sólo existen como bases de poder caciquiles y repugnantes. ¿Cómo extrañarse entonces del fracaso de los llamados a una comunidad invertebrada, atomizada y más que escéptica? ¿Cómo sorprenderse de que un personal académico que ha sido maltratado sistemáticamente como si se tratara de mercenarios a sueldo tanto por la burocracia como por las autoridades, se sienta comprometido a defender lo que nadie parece tomar realmente en serio?

Y lo mismo ocurre con los estudiantes. Fuera de los grupúsculos delirantes, la gran mayoría transcurre su vida universitaria en el mayor aislamiento, intentando simplemente cumplir los requisitos para obtener un título que, para colmo, en muchos casos no servirá de nada. Las sociedades de alumnos, cuando existen, son el instrumento político de intereses que nada tienen que ver ni con la enseñanza ni con la promoción de los estudiantes en tanto estudiantes. Contadas son las actividades dirigidas a promover vocaciones, modelos, aptitudes ligadas a la tan celebrada como ignorada excelencia académica. Al parecer, sólo profesores delirantes, producto máximo de la ausencia de contextos de exigencia realmente académicos, se dedican denodadamente a adoctrinar y reclutar jóvenes para sus proyectos “revolucionarios”. Lo que se traduce en ese fenómeno aberrante de la pasividad de la gran mayoría y el activismo ciego de minorías lumpenizadas y violentas.

El primer paso para una reforma universitaria de la UNAM tendría que ser la promoción de verdaderas comunidades participativas en facultades, escuelas, preparatorias y colegios de ciencias y humanidades. Comunidades voluntarias, regidas por reglas y principios académicos, que efectivamente se sintieran representadas y dirigidas por sus autoridades, en la medida en que éstas surgieran de su seno como líderes académicos y no como imposiciones de un Olimpo desconocido y ajeno. El propósito guía de este esfuerzo tendría que ser, indefectiblemente, no el derecho abstracto y gratuito a la educación, no la superación de las ingentes desigualdades que desgarran el país, sino el mejoramiento real de la docencia, de la investigación, de la difusión de la cultura.

Seguramente este esfuerzo dará lugar a excesos y a abusos. Pero después de lo que ha padecido la UNAM apenas puede dudarse de la necesidad de superar la cultura de la simulación burocrática que abruma a nuestras universidades y de crear los espacios para que el rigor, el saber, la capacidad y la exigencia académicas puedan recuperar el lugar decisivo que les corresponde.       n  

Luis Salazar C. Filósofo. Profesor e investigador de la UAM.

Los primeros eslabones

ELECCIONES DEL 2000

LOS PRIMEROS ESLABONES

POR CIRO MURAYAMA Y FABRICE SALAMANCA

La autoridad electoral ha debatido y acordado un buen número de resoluciones que inyectan confianza y credibilidad en los resultados de la elección del próximo 2 de julio.

El evento que centra las expectativas y las energías políticas de México en este año 2000 es el proceso electoral que inició el pasado 7 de octubre y cuyo momento clave es la jornada del próximo 2 de julio. Con el registro de candidatos y el despliegue de las campañas por parte de los partidos políticos y coaliciones contendientes, en las semanas y meses venideros irán en aumento las expectativas y, seguramente, las tensiones. Se tratará de un proceso sumamente competido, en el marco de una exhaustiva e incluso abigarrada legislación electoral que es fruto de los conflictos postelectorales de antaño pero, sobre todo, del acuerdo entre los partidos con representación en el Congreso que tuvo como su principal y más acabado producto la reforma electoral de 1996. Con este marco legal, creemos, la elección del 2000 será una ruta pavimentada de certezas, salvo una consustancial a cualquier régimen democrático moderno: quién ganara la adhesión mayoritaria de los electores.

En las líneas siguientes daremos cuenta de los pasos que, a la fecha y por ley, ha debatido y acordado la autoridad electoral. Todas estas actividades intentan dotar a los próximos comicios de mayor transparencia y credibilidad a los ojos de una ciudadanía y una clase política aún desconfiadas.

El nombramiento de la autoridad electoral a nivel local y distrital. En cada una de las 32 entidades federativas opera un Consejo Local compuesto por un consejero presidente, seis consejeros electorales y los representantes de los partidos políticos; en cada uno de los 300 distritos hay un Consejo Distrital con una composición idéntica. Los consejeros presidentes de ambos órganos, además, actúan todo el tiempo como vocales ejecutivos de las juntas ejecutivas respectivas, es decir, como las cabezas de las instancias operativas de la elección. En los consejos distritales, primero, y luego en los locales, se realizarán los cómputos y declaraciones de validez de cada elección, y su tarea primordial es la de organizar y vigilar que el proceso electoral transcurra de manera clara, transparente y con estricto apego a la ley. De ahí su importancia.

El Consejo General del IFE aprobó en su sesión del 7 de octubre anterior la designación de los 32 consejeros presidentes y de los 192 consejeros electorales de los consejos locales. En el primer caso, en cumplimiento del Estatuto del Servicio Profesional Electoral, se incorporaron por concurso de oposición abierto 12 consejeros presidentes locales, 6 fueron readscritos y se ratificó a 14 consejeros presidentes locales en funciones.

Los consejeros electorales locales fueron designados tras un proceso que implicó, entre otros pasos, la conformación de una lista inicial de 5,783 personas tomando en cuenta a aquellos ciudadanos que ya se habían desempeñado en esa función en 1997, así como las propuestas de organizaciones sociales e instituciones académicas, que fueron turnadas a los representantes de los partidos ante el Consejo General del IFE y en cada entidad federativa, para conformar el listado definitivo que en un 96.4% fue avalado por todos los partidos.

Los consejos locales comenzaron sus sesiones antes del 31 de octubre y una de sus tareas iniciales fue el nombramiento de los consejeros distritales. Por su parte, el Consejo General, en su sesión del 30 de noviembre, designó a los consejeros presidentes distritales, de forma tal que fueron conformadas, antes del fin de 1999, las instancias directivas de las 332 unidades territoriales desconcentradas del IFE en el país.

Observadores nacionales y visitantes extranjeros. El IFE aprobó los lineamientos para la observación electoral y las bases y criterios para que visitantes extranjeros acudan a conocer las elecciones. Tal acuerdo se celebró en septiembre, con la antelación necesaria para que esta vez la observación se dé a lo largo de todo el proceso, en cada uno de sus eslabones.

Desde octubre y hasta el 31 de mayo, los ciudadanos de manera individual o en grupo pueden acreditarse como observadores cubriendo requisitos mínimos —ser mexicanos en pleno goce de sus derechos, estar inscritos en el padrón electoral, no ser o haber sido miembro de las dirigencias o candidato de algún partido en los últimos 3 años, etc.— y habrán de recibir un curso de capacitación atendiendo a los lincamientos y supervisión de las autoridades electorales.

Los visitantes extranjeros, por su parte, podrán conocer el desarrollo del proceso electoral federal en cualquiera de sus etapas y en cualquier parte del territorio nacional: pueden pedir al IFE entrevistas con sus funcionarios y solicitarle, así como a los partidos políticos, la información que requieran para el adecuado cumplimiento de sus objetivos.

Si la observación electoral es un instrumento para inhibir intentos por enturbiar la elección y permite una evaluación exhaustiva del trabajo de la autoridad electoral, debe desplegarse sin prejuicios, contando con todos los elementos necesarios para basar sus informes en hechos, datos y cifras ciertos y mensurables, es decir, la observación ha de ser rigurosa con sus propios métodos y conclusiones.

Topes a gastos de campañas. La autoridad electoral debe determinar los límites a las erogaciones de los partidos políticos en las campañas electorales, y éstos deben presentar informes sobre el origen y monto de sus recursos, así como su empleo y aplicación. En la última sesión de noviembre, el Consejo General del IFE fijó, atendiendo al costo mínimo de campaña (que es el multiplicador utilizado para fijar los montos de financiamiento a los partidos) y a la inflación reportada por el Banco de México, los siguientes topes de gasto de campaña en el proceso del 2000: para presidente, $491,816,870.75; para senadores, en promedio por cada fórmula, $12,646,260.90 (los topes varían por cada entidad según el número de distritos y van desde $2,986,570.84 —Baja California Sur, Campeche, Colima y Quintana Roo, con dos distritos— hasta $29,865,708.40 —Distrito Federal, Estado de México y Veracruz, con más de veinte distritos—); y, para cada fórmula de diputados de mayoría relativa, $738,737.27.

Monitoreo de medios para fiscalización del gasto. Los gastos en las campañas se han ido destinando crecientemente a la compra de espacios en radio y televisión (en 1994 se canalizó el 25% al pago a medios masivos y en 1997 el 55%). Por ello el IFE determinó que se realizarán labores de monitoreo, a través de una empresa especializada, de los promocionales que realicen los partidos en medios electrónicos con la finalidad explícita de garantizar la legalidad y la equidad en la aplicación de sus recursos. Se trata, en suma, de un nuevo instrumento para fiscalizar con profundidad y a detalle los gastos de los partidos, precisamente en el rubro al que destinan más dinero.

A nuestro juicio, estas resoluciones contribuyen de manera significativa a inyectar confianza y credibilidad en los resultados, y también a garantizar la equidad en el proceso electoral. Las elecciones de este año jugarán un papel crucial en la estabilidad política de nuestro país y en ellas descansa la ratificación de la vía democrática de México para los próximos años. Veremos más adelante hasta dónde los actores políticos se sujetan a la legalidad y, así, se comprometen con el proceso de consolidación democrática.    n

Ciro Murayama. Economista. Fabrice Salamanca. Abogado.

Sílabas enamoradas. El pensamiento político de Octavio Paz

SERPIENTES Y ESCALERAS

EL PENSAMIENTO POLÍTICO DE OCTAVIO PAZ

SÍLABAS ENAMORADAS

POR JESÚS SILVA-HERZOG MÁRQUEZ

Este ensayo busca definir tas potencias imaginativas de la poesía de Octavio Paz. Escribir, defender la poesía, le e xigía confrontar la política es decir, defender la libertad.

El cuchillo de Parménides y el mantel de Mixcoac

Pensamiento se fundamenta en un desarraigo. Cercar las palabras, dice Octavio Paz, es “arrancar al ser del caos primordial”.1 En el cuchillo de un poeta nacido en Elea hace más de veinticinco siglos encontramos el origen de esta cisura de Occidente. Parménides narra su viaje hacia la luz montado en una carroza fantástica y escoltado por doncellas solares. Después de abrir con suaves palabras las puertas de la noche y el día encontró a una diosa sin nombre. La divinidad acogió benévola al poeta y le reveló la entraña “bellamente circular” de la verdad.

Atención, pues:

Que Yo seré quien hable;

Pon atención tú, por tu parte, en escuchar el mito:

Cuáles serán las únicas sendas investigables del Pensar

Esta:

Del Ente es ser; del Ente no es no ser.

Es senda de confianza, pues la Verdad la sigue.

Ahí está el filoso cuchillo de Parménides, la navaja de la disyunción que sigue partiéndonos. El hombre no es un polvo; el agua no arde; lo ligero no es pesado. La realidad es una, imperturbable e infinita “ni fue ni será que de vez es ahora todo, uno y continuo”. Muchos de los contemporáneos de Parménides pensaron que era un cretino: quien abre los ojos observa la exuberancia de las cosas, la incesante mudanza de los cuerpos. La realidad, responde Parménides, no se ve con la retina sino con los párpados cerrados de la inteligencia. La imaginación queda proscrita: lo que es nada tiene de la nada.

Si para Rousseau la caída de nuestra civilización fue la propiedad, para Octavio Paz nuestro desamparo nace con la definición. Nuestras desdichas no nacieron en el momento en que alguien dijo “esto es mío” sino en el momento en que alguien dijo “esto es esto y no puede ser aquello”. Dos pecados humanos: adueñarse de la naturaleza que es de todos; aprisionar el significado variable de las cosas. Esa cerca del ser, esa muralla que divide al mundo en dos mitades, esa prisión lógica que nuestro pensamiento no puede perforar es la casa de Occidente. De ahí viene el desarraigo: la palabra quedó hecha pedazos.

Todo era de todos

Todos eran todo Sólo había una palabra inmensa y sin revés Palabra como un sol Un día se rompió en fragmentos diminutos

Son las palabras del lenguaje que hablamos Fragmentos que nunca se unirán Espejos rotos donde el mundo se mira destrozado

Las palabras rasgan pero también enlazan. El trabajo del poeta es recrear la originaria fraternidad de los significados. La imagen poética traspasa la muralla y dice lo indecible: las plumas son piedras. “El universo deja de ser un vasto almacén de cosas heterogéneas. Astros, zapatos, lágrimas, locomotoras, sauces, mujeres, diccionarios, todo es una inmensa familia, todo se comunica y se transforma sin cesar, una misma sangre corre por todas las formas y el hombre puede ser al fin su deseo: él mismo”.2 La raíz de la poesía es la comunión del hombre y el mundo, las plantas y los volcanes. En Estocolmo, al recibir el Premio Nobel, recordaba una noche en el campo cuando percibió la correspondencia de los astros y los insectos:

Es grande el cielo Y arriba siembran mundos. Imperturbable, Prosigue en tanta noche El grillo berbiquí.

El poema es el campo de las conciliaciones. Pacto instantáneo de enemigos, el poema encuentra la afinidad oculta entre realidades distantes: el grillo y el cosmos. Escribir es recrear esa fraternidad cósmica que la lógica mutila. La conciencia de la contradicción y el anhelo de reconciliación nace en Paz desde muy temprano, desde su infancia en Mixcoac. A Julio Scherer le cuenta que su casa era “el teatro de la lucha entre las generaciones”. “Mi abuelo —periodista y escritor liberal— había peleado contra la intervención francesa y después había creído en Porfirio Díaz. Una creencia de la que, al final de sus días, se arrepintió. Mi padre decía que mi abuelo no entendía la Revolución mexicana y mi abuelo replicaba que la Revolución había sustituido la dictadura de uno, el caudillo Díaz, por la dictadura anárquica de muchos: los jefes y jefecillos que en esos años se mataban por el poder”.

Mi abuelo, al tomar el café,

Me hablaba de Juárez y de Porfirio,

Los zuavos y los plateados.

Y   el mantel olía a pólvora

Mi padre, al tomar la copa.

Me hablaba de Zapata y de Villa

Soto y Gama y los Flores Magón.

Y   el mantel olía a pólvora.

Yo me quedo callado:

¿de quién podría hablar?

El café del abuelo se enfrentaba con el alcohol del padre. Los líquidos se enfrentan: chocan, se envuelven, se estrangulan. Después son uno en el paladar de Octavio Paz Lozano. El liberalismo no tenía que matar a la comunidad ancestral; el apego a la tierra no exigía aniquilar la legalidad. Desde entonces, Paz rechaza la opción: no es esto o lo otro sino esto con lo otro. “Mi abuelo tenía razón pero también era cierto lo que decía mi padre”.3 Desde esas quemantes discusiones podemos ver la marca de la literatura paciana: la conciliación de los contrarios. Paz supo que aún en las voces más distantes había un hondo parentesco. Su obra extiende esas conversaciones del desayuno: diálogo con John Donne y Apollinaire, diálogo con las serpientes de la diosa Coatlicoe, y los colores danzantes de Miró; diálogo con Pessoa y sus heterónimos; diálogo desde las tres puntas del surrealismo; diálogo con Quevedo, Machado y Ortega, diálogo con Sor Juana, Jorge Cuesta, Alfonso Reyes; diálogo con los olores y los sabores de la India, sus mitos y formas; diálogo con la poesía china; diálogo con los disidentes del fin de siglo y los inquisidores coloniales; diálogo sobre el erotismo y la democracia. Diálogos que alumbran una civilización. La civilización Octavio Paz.

Conversaciones que trascienden la contradicción. El mantel de Mixcoac raja el cuchillo de Parménides. El mantel es el puente que ahuyenta las clasificaciones y las disyunciones. Como lo ha analizado con todo rigor Manuel Ulacia, en la poesía y en el ensayo de Octavio Paz se escenifican una y otra vez estas nupcias de contrarios.4 El goteo rítmico que sostiene su pensamiento son columnas fraternalmente enemigas: soledad y comunión; unión y separación: la flecha y el blanco; la ruptura y la conciliación: modernidad y tradición; confluencias y divergencias; inmovilidad y danza. Fuera de Occidente estaba la clave. El filósofo taoísta Chuang-Tse decía, por ejemplo: “Si no hay otro, que no sea yo, no hay tampoco yo. (…) La verdad es a través del otro: se comprende a partir de uno mismo. (…) El otro sabe del sí mismo pero el sí mismo depende también del otro…

Adoptar la afirmación es adoptar la negación”.5 En Blanco, poema de voces múltiples que recorre los territorios del amor, la palabra, el conocimiento, el poema que Paz considera uno de sus trabajos más complejos y ambiciosos, encontramos estas líneas que sintetizan el esfuerzo por reencontrar la mitad perdida, la mitad negada del hombre.

No y Sí juntos

Dos sílabas enamoradas

Un personaje invisible hechiza a los enamorados: la imaginación. La imaginación no es en Paz la “loca de la casa”, como la apodó santa Teresa; es el supremo ejercicio de la inteligencia. La capacidad de asociar entidades aparentemente distantes es penetrar en la verdad. “La poesía es entrar en el ser”, escribió en El arco y la lira. No el ser de la apariencia ni el de la lógica: el ser de lo más humano, la palabra.

El modo de operación del pensamiento poético es la imaginación y ésta consiste, esencialmente, en la facultad de poner en relación realidades contrarias o disímbolas. Todas las formas poéticas y todas las figuras del lenguaje poseen un rasgo común: buscan, y con frecuencia descubren. semejanzas ocultas entre objetos diferentes. En los casos más extremos, unen a los opuestos. Comparaciones, analogías, metáforas, metonimias y los demás recursos de la poesía: todos tienden a producir imágenes en las que pactan el esto y el aquello, lo uno y lo otro, los muchos y el uno.

Escribir es buscar. Perseguir el centro del instante, sustraer el mundo de su río, salvar, petrificar lo que el tiempo disuelve. “Escribir es la incesante interrogación que los signos hacen a un signo: el hombre; y a la que ese signo hace a los signos: el lenguaje”.

 La pasión del lenguaje no es otra cosa que pasión por el conocimiento, pasión por el conocimiento que no es otra cosa que amor por las palabras. Pere Gimferrer lo llama “poeta del pensamiento”.6 Gimferrer conoce de los rigores de la imaginación poética de Paz. Una carta que el poeta mexicano dirigió al catalán escrita un día cualquiera de 1967 vale como muestra de su exigencia.

Querido Gimferrer: ponga en duda a las palabras o confíe en ellas —pero no trate de guiarlas ni de someterlas—. Luche con el lenguaje. Siga adelante la exploración y la explosión comenzada en Arde el mar. Hoy al leer en un periódico una noticia sobre no sé qué película, tropecé con esta frase: el hombre no es un pájaro. Y pensé: decir que el hombre no es un pájaro es decir algo que por sabido debe callarse. Pero decir que un hombre es un pájaro es un lugar común. Entonces… entonces el poeta debe encontrar la otra palabra, la palabra no dicha y que los puntos suspensivos de “entonces” designan como silencio. Así, luche con el silencio.

En otra carta sigue la lectura de su amigo:

Yo creo que usted debe seguir por el camino que ahora ha emprendido y llevar a su término la experiencia. Lo que me atrevería a aconsejarle es que la lleve a cabo con todo rigor, pues de otra manera no sería una experiencia sino un desliz. Los nuevos poemas que me ha enviado me gustan más que los anteriores pero no modifican sustancialmente mi impresión primera. Repito: no es un problema de tema sino de rigor. En primer término: el vocabulario. Yo suprimiría muchos adjetivos que son obvios o previsibles. Un ejemplo: el sutil paso del duende, el susurro floral de los sargazos, etc. También suprimiría frases explicativas: la voz de las sirenas que parece salir de nuestro propio pecho. ¿No habría una manera más “económica” de decir esto? Usted desea, me imagino, más mostrar, que evocar, pero muchas veces sus poemas no son instantáneas sino evocaciones: no deja usted hablar a las cosas e interviene.7

Los rigores de la imaginación. La naranja prohibida y el pan compartido

La obra de Paz es un prolongado, convincente alegato a favor de los derechos de la poesía.8 Como dice Enrico Mario Santí, la poesía es el marco de toda su obra: no solamente hacer poesía y pensarla sino también pensar desde la poesía.

Entre el hacer y el ver. acción o contemplación, escogí el acto de palabras: hacerlas, habitarlas, dar ojos al lenguaje.

Nítida declaración de una vocación: hacer, habitar las palabras. El habitante del lenguaje escucha al mundo poéticamente; así lo nombra. La poesía en Paz no es fantasía: es contemplación que navega entre la filosofía y la historia. Sin ser una ni otra, es, como la filosofía, contemplación, y como la historia, concreta. El decir poético sale al encuentro del hombre, el arte, las letras, los hábitos y el poder. La pasión crítica de Paz abraza la pasión política. En el discurso de Paz al recibir el Premio Alexis de Tocqueville en 1989 dijo:

Desde mi adolescencia he escrito poemas y no he cesado de escribirlos. Quise ser poeta y nada más. En mis libros de prosa me propuse servir a la poesía, justificarla y defenderla, explicarla ante los otros y ante mí mismo. Pronto descubrí que la defensa de la poesía, menospreciada en nuestro siglo era inseparable de la defensa de la libertad. De ahí mi interés apasionado por los asuntos políticos y sociales que han agitado a nuestro tiempo.

La poesía inmiscuyéndose en asuntos de soberanía. No ha habido condena más enérgica a esa intromisión que la de Platón, un poeta. Platón expulsa a la poesía de la perfecta ciudad congelada por la razón. La poesía como rival de la razón y del orden. Inventar mundos a la palabra, recordar lo que ha perdido nombre, designar lo inexistente es despedazar la impenetrable escultura de Utopía. Herética, ebria, subversiva, melancólica, la poesía no puede reclamar jurisdicción sobre las graves cosas del Estado. El poeta podrá animar el banquete pero nunca enjuiciar al parlamento. La lucha entre las dos formas de la palabra—filosófica y poética— se resuelve en Platón con la condena de la poesía. Entonces se inaugura. dice María Zambrano, la vida azarosa, ilegal de la poesía: su maldición.9

Paz no quiso disfrazarse con el vocabulario del especialista para hablar de la historia o de la política. “Prefiero hablar de Marcel Duchamp o de Juan Ramón Jiménez que de Locke o de Montesquieu. La filosofía política me ha interesado siempre pero nunca he intentado ni intentaré escribir un libro sobre la justicia, la libertad o el arte de gobernar”.10 Sin pretensiones teóricas, sus reflexiones políticas son reflejos, escritos lúcidos y profundos de un testigo frente a los acontecimientos. La fuerza de sus palabras viene de su impotencia. “La palabra del escritor tiene fuerza porque brota de una situación de no-fuer- za. No habla desde el Palacio Nacional, la tribuna popular o las oficinas del Comité Central: habla desde su cuarto”.11 En este siglo intoxicado por las ideologías —creencias tapiadas, satisfechas —Octavio Paz empuña la aguja de la crítica. La crítica, escribe, “es nuestra única defensa contra el monólogo del Caudillo y la gritería de la Banda, esas dos deformaciones gemelas que extirpan al otro”.

Escribir, defender la poesía exigía confrontar la política, es decir, defender la libertad. Pero, ¿qué es la libertad para Octavio Paz? Una y otra vez se resiste a la cápsula de la definición en sus ensayos. Precisar el significado de la palabra libertad sería esclavizarla. Por eso dice Paz que no se trata de una idea sino de un acto, más bien, de una apuesta. Es libre el hombre que dice no. el que se niega a seguir el camino y da la vuelta. La libertad se inventa al ejercerse. Como Camus. Paz dice: ser es rebelarse. Por eso el poeta no sigue el trazo de los técnicos que quieren reducir la libertad al escudo que nos resguarda del Estado. La libertad negativa de Benjamín Constant o de Isaiah Berlin es un refugio que nos encierra en nosotros mismos. Por eso quiere, a diferencia de los ingenieros, una libertad de muros despiertos. Peligrosa una libertad ensimismada, presa en su soledad; miserable el hombre que no logra desprenderse de sí: “un ídolo podrido”. La libertad es la proeza de la imaginación.

La libertad es alas, es el viento entre hojas, detenido por una simple flor; y el sueño en el que somos nuestro sueño; es morder la naranja prohibida, abrir la vieja puerta condenada y desatar al prisionero: esa piedra ya es pan. esos papeles blancos son gaviotas, son pájaros las hojas y pájaros tus dedos: todo vuela

A los veintiún años. Octavio Paz escribe que “ser es limitarse, adquirir un contorno”.12 La libertad, la existencia misma del hombre reclama al otro. El otro es el corazón de uno mismo. Esa es la llave de El laberinto de la soledad, y la conclusión de Posdata: la otredad nos constituye. “Nos buscábamos a nosotros mismos y encontramos a los otros”. Lo dice muy claramente al hablar de los versos de Luis Cernuda: ser es desear lo otro. “Cada vez que amamos, nos perdemos: somos otros. El amor no realiza al yo mismo: abre una posibilidad al yo para que cambie y se convierta. En el amor no se cumple el yo sino la persona: el deseo de ser otro. El deseo de ser”.13 Ser es derramarse.

El liberalismo puede ser la visión más hospitalaria del mundo social pero deja sin respuesta todas las preguntas sobre el origen y el sentido de la vida. En Paz encontramos un moderado, es decir, tocque- villiano, amor por la democracia liberal.

Ama en ella la civilidad de su convivencia, su atmósfera hospitalaria, la presencia de la crítica. Pero sabe también que a las democracias les falta el otro y tienden al conformismo, a las “sonrisas de satisfacción idiota”. El liberalismo “fundó la libertad sobre la única base que puede sustentarla: la autonomía de la conciencia y el reconocimiento de la autonomía de las conciencias ajenas. Fue admirable y también terrible: nos encerró en un solipsismo, rompió el puente que unía el yo al tú y ambos a la tercera persona: el otro, los otros. Entre libertad y fraternidad no hay contradicción sino distancia —una distancia que el liberalismo no ha podido anular”. No ha podido liquidar la distancia porque no ha completado su inmersión en el otro—. El suyo es un liberalismo que se desliga de sí mismo.

En “Piedra de sol”. Octavio Paz escribe: para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros, los otros que no son si yo no existo, los otros que me dan plena existencia, no soy, no hay yo, siempre somos nosotros, la vida es otra, siempre allá, más lejos, fuera de ti, de mí, siempre horizonte, vida que nos desvive y enajena. Que nos inventa un rostro y lo desgasta

Más que el liberalismo, a Paz mueve una idea todavía sin nombre. Frater- nismo podría llamarse en algún futuro. Una política que tenga en el centro la fraternidad, la palabra olvidada del triángulo francés que encarna el proyecto poético de Octavio Paz. Un poema, recordemos, captura la fraternidad cósmica: la hermandad del grillo y las estrellas. Esa es la otra voz que necesita escuchar la nueva filosofía política. “La palabra fraternidad no es menos preciosa que la palabra libertad: es el pan de los hombres, el pan compartido”.

A mi modo de ver. la palabra central de la tríada (libertad, igualdad, fraternidad) es  fraternidad. En ella se enlazan las otras dos. La libertad puede existir sin igualdad y la igualdad sin libertad. La primera, aislada, ahonda las desigualdades y provoca las tiranías; la segunda, oprime a la libertad y termina por aniquilarla. La fraternidad es el nexo que las comunica, la virtud que las humaniza y las armoniza. Su otro nombre es solidaridad, herencia viva del cristianismo, versión moderna de la antigua caridad. Una virtud que no conocieron ni los griegos ni los romanos, enamorados de la libertad pero ignorantes de la verdadera compasión. Dadas las diferencias naturales entre los hombres, la igualdad es una aspiración ética que no puede realizarse sin recurrir al despotismo o a la acción de la fraternidad. Asimismo, mi libertad se enfrenta fatalmente a la libertad del otro y procura anularla. El único puente que puede reconciliar a estas dos hermanas enemigas —un puente hecho de brazos enlazados—es la fraternidad. Sobre esta humilde y simple evidencia podría fundarse, en los días que vienen, una nueva filosofía política. Sólo la fraternidad puede disipar la pesadilla circular del mercado. Advierto que no hago sino imaginar o, más exactamente, entrever, ese pensamiento. Lo veo como el heredero de la doble tradición de la modernidad: la liberal y la socialista. No creo que deba repetirlas sino trascenderlas. Sería una verdadera renovación.14

La suya es, pues, una política de libertad, una política de comunión. Si la imaginación poética es capaz de enamorar las sílabas de la afirmación y la negación, la misma potencia ha de conciliar las doctrinas enemigas. No es extraño, pues, que encontrara en Cornelius Castoriadis la pista de una profunda renovación filosófica puesto que ahí la imaginación tiene carácter constituyente. “El alma —recuerda a Aristóteles— nunca piensa sin fantasmas”. Será entonces que la crisis de nuestra civilización es el agotamiento de nuestros fantasmas, el vacío de sentido, la imaginación seca. Al poeta toca reanimarla para encontrar un nuevo mundo de significaciones en donde las ideas pierdan su envase dentellado. Imaginar el futuro es trenzar las cuerdas enemigas como lo ha hecho Leszek Kolakowski al escribir una guía para con- servadores-liberales-socialistas que combate precisamente esa vieja filosofía de filosofías excluyentes.15

Corresponde a la imaginación encontrar el puente de las conciliaciones, el lazo de la convergencia de las dos grandes tradiciones modernas: liberalismo y socialismo. Es cierto: de la tabla para llegar a ese pacto Octavio Paz dice muy poco. El poeta nombra, vislumbra, muestra. No marca la ruta. Busca el agua otra.   n

Jesús Silva-Herzog Márquez. Ensayista. Maestro del Departamento de Derecho del ITAM.

1. Octavio Paz: El arco y la lira: cito de Obras completas. FCE, México. 1995, pp. 1-116.

2. Op. cit., pp. 1-126.

3.  ” Suma y sigue” (Conversación con Julio Scherer), en Obras Completas, pp. 8-366.

4. Ver “La conciliación de los contrarios”, en Adolfo Castañón. Ramón Xirau y otros: Octavio Paz en sus “Obras completas “. CNCA y FCE. México, 1994: y El árbol milenario Un recorrido por la obra de Octavio Paz, Barcelona, Círculo de Lectores, 1999.

5. Nosotros los otros”, en Obras Completas, pp. 10-33.

6. Poesía del pensamiento”, en Vuelta, mayo de 1998.

7. Octavio Paz: Memoria y palabras. Cartas a Pere Gimferrer. 1966-1977, Seix Barral, Barcelona, 1999.

8. “Los derechos de la poesía”, en Adolfo Castañón. Ramón Xirau y otros: Octavio Paz en sus “Obras completas”. CNCA y FCE, México, 1994.

9. María Zambrano: Filosofía y poesía. FCE. Madrid, 1993, pp. 13 y 14.

10. “La democracia: lo absoluto y lo relativo”, en Obras Completas, pp. 9-473.

11. “El escritor y el poder”, en Obras Completas, pp. 8-549. “¿Desde dónde escribe usted, desde el centro, desde la izquierda, desde dónde?”, le pregunta Braulio Peralta. Paz responde: “Desde mi cuarto, desde mi soledad, desde mi mismo. Nunca desde los otros”. Braulio Peralta: El poeta en su tierra. Diálogos con Octavio Pa: Raya en el agua, México, 1999.

12″. Vigilias: diario de un soñador”, en Obras Completas, pp. 13-147.

13. “Luis Cernuda”, en Obras Completas, pp. 3- 253.

l4. “La otra voz”, en Obras Completas, pp. 1- 586.

15 .Leszek Kolakowski: Modernity on Endless Trial. The University of Chicago Press, Chicago, 1990. Hay una traducción publicada por Editorial Vuelta.

¿Gobierno vs oposición?

LOS EDITORES

LAS EXPRESIONES DE LA PLURALIDAD

¿GOBIERNO VS. OPOSICIÓN?

Durante mucho tiempo, el orden político mexicano se solía definir mediante una fórmula simplista que declaraba un antagonismo radical entre grupos opositores y gobierno de partido hegemónico casi único. Los tiempos han cambiado. Ya no podemos hablar de oposición en el sentido de un sector excluido del poder político que entabla una lucha antiautoritaria. Los llamados partidos de oposición forman parte del gobierno en diferentes niveles y son corresponsables de los cambios y las reformas que requiere el sistema político para democratizarse. La disyuntiva maniquea entre opositores y gobierno no describe nuestra vida pública plural. Seguir pensando a partir de este dilema maniqueista se ha convertido en un obstáculo para gobernar y entender a una sociedad diversa, formada por una amplia gama de partidos y organizaciones ciudadanas.

Ha quedado atrás el tiempo de la unanimidad de las opiniones, y la diversidad no es un inconveniente sino una condición que favorece la normalidad democrática.

Sin embargo, existe la amenaza de una pluralidad que exprese más la fragmentación que el nuevo orden público. Es preciso insistir en que la vía constructiva para resolver los conflictos sociales y políticos se da través de la participación en los partidos Para fortalecer nuestra incipiente vida democrática hace falta que la protesta encuentre salidas en los espacios institucionales. Sin la confianza en las instituciones electorales y políticas, el pluralismo podría disolverse en la descomposición y se abriría la puerta a la violencia y el autoritarismo.

El ejercicio efectivo de la democracia muestra que no hay vencedores absolutos, ni derrotas permanentes, tampoco enemigos definitivos. La vida democrática requiere competencia y convivencia. Su modo de operar es la negociación y la búsqueda de acuerdos, no sólo la confrontación y el desacuerdo. Falta una política entendida como búsqueda de la conciliación y no sólo como expresión de la protesta y el encono. Sin la negociación será imposible dirimir las diferencias de opinión y de proyectos. El camino del diálogo conduce a la negociación, que es el espacio político propicio para construir la nueva estabilidad democrática.

La primera noticia de la democracia mexicana es la pluralidad política. Con las elecciones del año próximo, la transición mexicana cierra un ciclo. El largo proceso de reforma política cumplirá su reto mayor; ha sido un camino zigzagueante, accidentado. lento; hasta ahora ha predominado la disputa y el pleito antes que la negociación y el acuerdo. La vida pública sólo se fortalecerá en la medida en que sus instituciones se consoliden en los cambios y la etapa de transición quede atrás.

Las expresiones de la diversidad son una prueba de madurez social, cultural y política y permiten reconocer la diferencia de opciones, opiniones, gustos y voluntades. La pluralidad no es una confusión de criterios. Isaiah Berlin decía: “el pluralismo implica que, dada la imposibilidad de dar respuestas finales a las preguntas morales y políticas —en definitiva, a toda pregunta sobre valores—, y aún más, que ciertas respuestas que da la gente, e inevitablemente, dará, son incompatibles entre sí, el único modo de evitar los conflictos destructivos es llegar a compromisos y aplicar un mínimo de tolerancia”.

El término oposición ya no explica cómo está compuesto este nuevo escenario democrático. Hoy existen partidos que son minoría en una zona del país y mayoría en otra. Excepto el poder Ejecutivo, ningún otro está fuera del nuevo registro plural e incluso la presidencia de la República se encuentra en las próximas elecciones bajo la perspectiva de una incerti- dumbre pluralista; cualquiera de los partidos puede legítimamente triunfar en una competencia equitativa y democrática. n

Retratos con paisajes. Donald Windham: las amistades perdidas

RETRATOS CON PAISAJE

DONALD WINDHAM: LAS AMISTADES PERDIDAS

POR JOSÉ JOAQUÍN BLANCO

Las memorias del escritor Donald Windham son una ventana perfecta para mirar el mundo cultural y literario de ¡a postguerra en Estados Unidos. Se va con todo y no toma prisioneros.

Pocas generaciones de escritores en la historia del mundo han tenido la suerte y el empuje de las dos norteamericanas (autores nacidos entre 1910 y 1930) que se dieron a conocer a finales de la Segunda Guerra Mundial y durante los años cincuenta: Tennessee Williams, Arthur Miller, Carson McCullers, Paul y Jane Bowles, William Burroughs, Jack Kerouac, Alien Ginsberg, Gore Vidal. Truman Capote, Norman Mailer, Joseph Heller, James Baldwin, William Styron, John Updike, John Cheever, etcétera.

Los Estados Unidos emergieron de esa guerra no sólo como triunfadores, sino como los triunfadores enriquecidos, y el modelo cultural del mundo entero. Muchos de aquellos autores conocieron de buenas a primeras una precoz celebridad universal de artistas de cine o de profetas culturales, y abundantes regalías: solían vivir como sultanes, con los poderosos dólares de sus ediciones de millones de ejemplares en treinta idiomas y sus derechos cinematográficos, en la Europa empobrecida o en ciertos resorts turísticos del Tercer Mundo (Tánger, Acapulco, el Caribe).

A la larga, tanto éxito tan temprano no siempre les fue favorable. Resultaba enloquecedor. Primero, los obligó desde sus primeros escritos a correr desaforadamente tras el éxito mundial, con la lengua de fuera, en una competencia salvaje entre ellos mismos. Luego, los desvirtuó con un delirio de grandeza autodestructor, pues asumieron como realidad el boom publicitario que los proclamaba gigantes. Debían año tras año escribir obras colosales que lograran ventas (o al menos escándalos) colosales. Y sobre todo “sonar fuerte”, con entrevistas estrepitosas en las grandes revistas o en los talk-shows de la televisión. Todo ello, sin dejar de aspirar a una ambiciosa calidad artística.

Buena parte de ellos se desesperaron, se desengañaron, sencillamente se derrumbaron en tal carrerismo literario demente. No se perdonaban que un cuarto o quinto libro quedase por detrás de los anteriores en ventas y aclamación: debían siempre brillar como astros y producir dólares como las Minas del Rey Salomón.

Casi todos esos autores, los mimados por la mundanidad literaria como pocos en la historia, sufrieron una presión terrible que los condujo a tragedias o al menos a una madurez dolorosa y dolida. Ahora contamos con biografías sobre casi todos ellos. Los biógrafos suelen atribuir el despeñadero de muchos de esos escritores, de cualquier modo muy brillantes, a extraños fantasmas freudianos, al alcohol, a las drogas, a dramas particulares. ¿Pero tanto desastre en esas dos generaciones de “muchachos de oro”?

Su loca fortuna debió haber cooperado. Ahora suena increíble, casi estúpido, por ejemplo, que un Tennessee Williams o un Truman Capote se amargaran tanto sus décadas finales con un sentimiento de fracaso, de injusticia artística por parte del público, de los periódicos, del cine y la televisión, de la crítica, de la academia, del voluble mundo que, después de haberlos premiado con una abundancia de terremoto, no los olvidó ni marginó, sino simplemente, ya en los años sesenta, los trató como escritores importantes a secas. (En cierto sentido, Europa les cobró su temprana arrogancia: no concedió el Nobel a Williams, a Mailer, a Heller, a Updike, a Baldwin, a Styron ni a Capote, sino a la bastante mediana Toni Morrison.)

Resulta casi imbécil ver a un Capote deprimido porque sus ventas eran inferiores a las de El valle de las muñecas, de Jacqueline Susan; a un Tennessee Williams envidioso de Peyton Place; a un Gore Vidal empeñado en competir con telenovelas como Dallas o Dinastía…

Escritores de cualquier parte del mundo, con igual o mayor valor que ellos, se asombraron de que Capote (Otras voces, otros ámbitos; Desayuno en Tiffany’s, A sangre fría, Música para camaleones) o Williams (Un tranvía llamado Deseo, La noche de la iguana. El zoológico de cristal, De repente en el verano, El dulce pájaro de la juventud, El gato sobre el caliente techo de lámina), leídos y representados en todo el universo, se consideraran unos ¡fracasados e incomprendidos!. ¡unas víctimas de su tiempo y de la industria norteamericana cultural y de espectáculos!

Qué modestos y hasta provincianos (y qué saludables) se ven el viejo André Gide, ya Nobel, o W. H. Auden, cuando opacamente se cruzan en Italia con el desaforado principiante “de oro” Truman Capote…

Tal asoma, en el fondo, el tema del curioso libro de Donald Windham: Lost Friendships. A Memoir of Truman Capote, Tennessee Williams and Others (Nueva York, William Morrow and Company, 1986). Los “others” son Gide, Isak Dinesen, Vidal y Montgomery Clift.

Windham era uno de esos muchachos de oro, pero con un temperamento especial, más tradicional y conservador, “preciosista”, que no interesó a la industria literaria y de espectáculos de su momento: no contaba historias atrevidas (sexuales, góticas, criminales, crudas, patológicas) ni usaba un lenguaje brand-new. Escribía relatos y novelas más tranquilos y cuidados, con mayor respeto a la literatura del pasado. con cierta modestia y pudor culturales… y mucho menores brillo y bravura. Conoció de cualquier modo un exagerado succès d’estime: a diferencia de sus compañeros (fue muy amigo especialmente de Williams y de Capote), se le regatearon la fama y el dinero, pero no los elogios prestigiosos. André Gide. Thomas Mann. E. M. Forster. Cyril Connolly, Paul Bowles y los propios Williams (con quien escribió al alimón una obra de teatro: You Touched Me) y Capote, entre otras celebridades, alabaron desde el principio sus novelas y relatos ( The Dog Star, The Heroe Continues, The Warm Country, Emblems ofConduct).

Windham vivió como fracaso y marginamiento una situación que habría sido natural en cualquier otra parte del mundo, y en los propios Estados Unidos en otras épocas: escribir libros apreciables, con variable fortuna de crítica y dinero, desde la posición de un autor que no es una estrella del cine ni de la publicidad.

Su libro rezuma tristeza, pero narra la historia de un autor que llegó a la vejez con menos estropicios que sus relumbrantes compañeros, cuya juventud y decadencia rememora con una mezcla de envidia y compasión. Eran, en opinión de Harper Lee, “bombas de tiempo que debían explotar inevitablemente”. Bowles calificó de

exacta “la etiología de la mente queratoide [supongo que en el sentido de la vista deformada por una hinchazón de los ojos] de Williams”. James Merrill encuentra “piedad y terror anudados en cada página” de esa historia sobre los dos viejos amigos, ricos y famosos, de Windham.

El libro abunda en chismes de primera mano, útiles como picaresca literaria (aparece incluso una foto del joven Tennessee desnudo y sorpresivamente esbelto, posando como efebo en sus “salad days”), y como desmentido a las célebres anécdotas falsas, tomadas muchas veces como verdad absoluta por periodistas, biógrafos y críticos, con que tanto Capote como Williams, en remontado vuelo de mitomanía, dotaron a sus propios informes autobiográficos (Vgr. el falso romance entre Capote y Camus).

A veces recuerda las vidas locas de los astros de cine (Montgmomery Clift), quienes se asumen como deidades olímpicas en sus amores y episodios privados, y todo lo quisieran volver hazañas de Apolo y de Afrodita, hasta el fin terrible de un ídolo derribado, estelarizado por una ebria y decrépita Bette Davis, quien se aferra. tumbada en el fango, a su precoz y ya antiguo Óscar.

Todo ello conmueve y divierte. Su mayor lección, sin embargo, es el dibujo de un panorama literario y cultural totalmente falseados, artificiales, que inevitablemente habría de destruir a sus campeones.

Muy pronto la búsqueda frenética del éxito y del poder literarios, tal como los ofrecían los Estados Unidos de la postguerra, los envolvió en una realidad virtual a la que llamaríamos estúpida, si no hubiese arrojado resultados tan trágicos. A partir de mediados de los años sesenta, tanto Capote como Williams, los supertriun- fadores, se convirtieron en víctimas de sus propios mitos, atropellados por esa realidad deformada.

Algún recuerdo les quedaba, sin embargo, de sus tempranos, mejores años, antes de la Babel de mitomanías. paranoias, delirios de grandeza, vanidades desorbitadas, majaderías o vilezas extravagantes. autoculto del genio para el que todo daño contra sí mismo y contra los demás estaba permitido, incluso convalidado por la personalidad y el Personaje fabricados y celebérrimos; pero ese recuerdo apenas parpadeaba, como un atroz remordimiento. No se atrevían a mirarlo de frente. Y odiaban y declaraban la guerra, señala Donald Windham, a cualquier cosa o persona que pudiera recordárselos. Incluso familiares y viejos amigos, examantes y compañeros modestos: técnicos de utilería, acomodadores del teatro, colegas “dejados muy atrás” en la estampida del éxito.

Plástic monsters

Las amistades tempranas se caen pronto, como los dientes de leche”, dijo Graham Greene. “No sólo las tempranas”, añade Donald Windham. Su relato parte de la perspectiva de un encendido amigo de toda la vida que ve, impotente, cómo sus afortunados compañeros enloquecen y se pierden, llevándose en su caída hasta los filamentos más íntimos del respeto a sí mismos y de su vida emocional y afectiva.

Cuando el mundo en cinemascope de la literatura, tal como la pretendían, dejó de sonreírles con tan enormes gestos, ambos se volvieron no sólo contra esas fantasías, ya sólo compatibles con pesadillas o exaltaciones de alcohol y droga; sino contra sí mismos, sus amores y sus amigos, con cierto encarnizamiento gratuito y perverso. Casi irreal de tan arbitrario. Sencillamente porque éstos negaban los delirios cada vez más grotescos que se habían apoderado de sus mentes privilegiadas.

No poco talento invirtió Donald Windham al escribir un relato que no fuera uno más de “los aspectos oscuros de los héroes brillantes”, a la manera de Mammie Dearest, el desacralizador informe sobre Jean Crawford por parte de su hija, sino una dolida ceremonia fúnebre a los amigos perdidos en esa aventura de la cultura de plástico, una denuncia del infierno en que se puede transformar la cultura cuando abandona sus modestos y sensatos límites y raíces tradicionales.

No sólo la vida padeció con ello; también la obra: Windham muestra cómo algunos títulos de Williams sacrificaron arte y honradez en su ambición de conquistar a los productores de Hollywood (Vgr. El gato sobre el caliente techo de lámina); cómo, conforme crecía su éxito, Williams perdía libertad y vuelos; y quedaba preso en redes de angustia, presión y ambición dispares y entreveradas, sin satisfacer ni la vocación artística ni la codicia creciente —a la vez que las ganancias disminuían—, de poder, dinero y fama mundiales.

Cómo, durante sus últimos veinte años, Truman Capote llegó a odiar tanto su propia escritura que le fue imposible escribir más. Anunciaba una novela, Answered Prayers, que ni estaba escribiendo, ni pensaba, ni quería escribir (se publicó finalmente un puñado de chismes). Pero la anunciaba todo el tiempo; vivía de no escribirla… Si asombró al mundo con su invención de la non-fiction novel en A sangre fría, lo escandalizó también con la creación de un género terrible: la non-written novel, dice Windham. Y en efecto, durante quince o más años esa novela nunca escrita fue más célebre que todas las publicadas en su país.

La creación personal, el genio, el talento artísticos, con todo su poder para fascinar y hasta para transformar las vidas de los lectores o espectadores, no es sino un bello oficio. Cruzar el límite, suponer que el Parnaso o el Monte Olimpo existen; que un cuento o una novela de veras son la vida, y que una obra de teatro resulta de veras algo más que una obra de teatro, deviene fantasía sumamente peligrosa para quien la vive de bulto. Lo mismo suponer que un autor es un semidiós de la gran vida, las grandes marquesinas y los titulares de The New York Times, y no un simple señor que escribe con mayor o menor fortuna.

Ahora bien, si nos seguimos acordando de los Capote y de los Williams, y no de los Windham (a pesar de la muy apreciable labor literaria de éste), principalmente se debe a su arrojo suicida, a su decisión de romper límites y lanzarse a saltos mortales en su obra; pero también a una sed de locura, morbo snob o suprahumanidad espectaculares, también por parte del público, el cual querría que la ficción fuera la vida y el arte una realidad extravagante y mágica, así como sus creadores… que nunca lo son. Lo parecen. El juego está en mantenerse dentro de los límites de esa frágil semblanza, “sobre el viento armada”, que a Williams y a Capote no les resultó suficiente. Antes que desengañarse, prefirieron la autodestrucción (y la simultánea destrucción de aquello o de aquellos que se lo permitieran).

Todos esos muchachos de oro fueron social climbers y cazadores de celebridades desde su juventud (incluso aquellos que presumen de aristocracia, como Gore Vidal). Las biografías de esas dos generaciones se parecen a las páginas de sociales de los periódicos: ahí andan los escritores famosos con otros más famosos aún, con millonarios, presidentes y esposas de presidentes, estrellas de cine, condesas o célebres mafiosos. Siempre la foto con “alguien”, siempre el ñame dropping. Puros Olimpos de cocktail-party.

Curiosamente, por lo menos tres de ellos conocieron sus peores momentos como escritores en este género: el relato de las celebridades, transformadas en monstruos de plástico, cada vez más truculentos.

Primero Tennessee Williams, cuyas Memorias, según Windham, no fueron sino una maniobra financiera: su agente le señaló que con tantas entrevistas maledi- centes y difamatorias como concedía, Williams estaba enriqueciendo a los periodistas y a los periódicos y revistas, y que más le valía llevarse personalmente todo el dinero. De tal modo, Williams retomó y exageró esas maledicencias y difamaciones, desautorizadas por él mismo cuando aparecieron originalmente en la prensa, y rápidamente las cosió en un collage perverso. Un ¡Hola! o un Interview culturales.

Enseguida Truman Capote denunció, exageró o inventó los horrores privados de algunas figuras públicas en Answered Prayers [Plegarias atendidas]. Luego Gore Vidal echó mano de sus entrevistas igualmente escandalosas en su muy desagradable autobiografía A Palimpsest.

Pocos grupos de amigos en la historia de la literatura se han empeñado en denigrarse recíprocamente —Capote, Williams y Vidal incluso llegaron varias veces a litigar en tribunales, exigiéndose millones de dólares en compensación, por tales insultos o difamaciones recíprocos—, y a los colegas y vecinos, de tal forma, con el pretexto de que alguna vez habían leído los retratos satíricos de En busca del tiempo perdido. ¡Ah. Proust, cuántos pecados se cometen en tu nombre!

Donald Windham rompió su habitual pudor y contó, a su vez, algunas maldades privadas que conoció de primera mano de esos maledicentes profesionales. ¿Por qué reprochárselo? Y a diferencia de los libelos de éstos, en Lost Friendships asoma una fibra dramática: “Nosotros, los de entonces, no somos ya los mismos”, diría Neruda, sino unos monstruos de plástico:

Cuando Sandy leyó las Memorias [de Williams], que él subtituló como “adulaciones y golpes bajos”, decidió que el Tennessee que yo había conocido y disfrutado había sido un mero producto de mi imaginación. Seguramente Tennessee había sido tan desagradable desde el principio como aparecía en sus Memorias.

Demasiado han perjudicado a las obras indiscutiblemente valiosas de todos esos autores, sin embargo, tales excesos de chisme, autobiografía y regodeo en el culto a la personalidad. Se diría que es preciso olvidar todo lo que han dicho o se ha dicho sobre ellos, para recapturar los buenos libros de Williams, Vidal, Capote…

Por cierto, una de las anécdotas legendarias más famosas (entre literatos) de Truman Capote, su desplante: “¡Nunca te rebajes a contestarle a un crítico!”, resultó falsa. Capote estaba obsesionado por los críticos; los temía y deseaba, adulaba o atacaba apasionadamente. Dijo otra cosa: “No soy una persona que escriba Cartas a la Redacción. Nunca escribas una Carta a la Redacción”. [I’m not a letters-to-the-edi- tor person. Never write a letter to the editor.} La frase apareció en Interview (abril de 1979). Y no se trató de una frase noble, pues la dijo para explicar por qué no se retractaba, probaba o rectificaba acusaciones, con valor de cargos judiciales, atribuidas a él en el London Magazine y en perjuicio de terceros, amigos suyos. Ocurría por entonces una lamentable disputa periodística entre los examigos Tennessee Williams y Donald Windham, y él, amigo-enemigo de ambos, había quedado entrampado en sus declaraciones de plástic monster contra los dos. El lío llegó a los tribunales británicos, y finalmente Capote tuvo que escribir tal Carta a la Redacción, desmintiendo formalmente y por completo los chismes-cargos que se le atribuían (y muy probablemente había expresado), para el London Magazine. Capote fue, ahí está la prueba, a letters- to-the-editor person. n

José Joaquín Blanco. Escritor. Su más reciente libro es Pastor y ninfa.

¿Son inevitables las crisis financieras?

VIDA  PÚBLICA

¿SON INEVITABLES LAS CRISIS FINANCIERAS?

POR CARLOS SOLCHAGA

La pregunta que da título a este artículo se halla en la base de ¡a arquitectura financiera internacional. Se trata, dice el autor, de aceptar lo inevitable de las crisis, pero a la vez de crear un modelo capaz de reducirlas al mínimo.

Dos  ideas  me sirven de apoyo para hacer esta introducción al debate de la segunda sesión de esta reunión de la Comisión Progreso Global. Primera idea, la globalización no es el resultado de un proyecto ideológico, sino que es parte de un enorme proceso de cambio que puede ser ideológicamente capitalizado por unos o por otros. Pero no es, como a veces se tiende a creer desde posiciones socialdemócratas, el resultado de un proyecto ideológico. Segunda idea, la globalización va a seguir adelante, y no estamos sino en sus primeras fases. Es evidente que las economías de los países más desarrollados son economías muy abiertas, donde el porcentaje que representan las exportaciones e importaciones de bienes y servicios sobre el Producto Interno Bruto (PIB) no es el 20% que representa hoy el conjunto del comercio internacional de bienes y servicios sobre el PIB planetario, sino el 50, 60 ó 70%.

Estas dos ideas deberían aplicarse también a la cuestión de la globalización y la crisis financiera. No tiene mucho sentido pensar si la globalización financiera, con la interpenetración de los mercados financieros y de cambios y con la generación de masivos y vertiginosos movimientos de capitales, es el resultado de una prioridad de carácter ideológico-doctrinario o de una voluntad política. Es un hecho que está ahí.

En segundo lugar, más vale que nos hagamos a la idea de que va a estar ahí con nosotros y no va a ser objeto de reducción inmediata. Al contrario, es bastante probable que los ciudadanos de la mayor parte de los países de este planeta que han alcanzado una libertad más —la libertad de disponer de su dinero en la moneda que quieran y en los mercados que quieran—, no van a renunciar de manera democrática y voluntaria a esa libertad, aun a pesar de las dificultades que a veces ha planteado la liberalización de los movimientos de capital y la desregulación de los mercados financieros y bancarios, y aun a pesar de los disgustos que se han llevado muchos países como consecuencia de estos procesos que más de una vez han sido mal calculados. Es seguro, por otro lado, que el crecimiento gigantesco de los ahorros de las clases medias, inimaginable tan sólo hace cincuenta años, los cuales generalmente acaban incorporándose a participaciones en procedimientos de inversión colectiva, llevará necesariamente a un incremento en los movimientos de capitales.

Conviene no olvidar que en los momentos en que existieron controles de capitales en nuestro mundo —me estoy refiriendo al viejo mundo de Bretton Woods—, los tipos de interés que tuvieron que pagar las economías nacionales y los prestatarios de países como España, México y muchos otros, estuvieron muy por encima de los que hubieran podido pagar dichos prestatarios si hubieran tenido acceso al mercado libre de capitales, al mercado financiero internacional, y ello como consecuencia en gran medida de la ausencia de libertad de movimientos de capitales.

Sobre la base de estas ideas partiría para plantearnos de manera positiva, según sugiere Felipe González, cómo garantizar la sostenibilidad de esta economía que está condenada, si se puede decir así, a que una parte dependa cada vez más de todo el resto, a tener los flujos financieros interpenetrados.

En esta situación de libertad de movimientos de capital, aunque a veces no se quiera reconocer, no es posible un sistema de tipos de cambio fijos de manera generalizada, como en el sistema de Bretton Woods. Ambas cosas son compatibles. Los sistemas que tienden a ser alternativas razonables para la gente son —y éste es un gran tema a discutir en este momento en México y en otros países de la región— o la libertad total en la fluctuación de los tipos de cambio y hacer como si los tipos de cambio nos son indiferentes (lo cual sabemos que no es verdad porque nuestros exportadores, nuestros importadores y los inversionistas internacionales están enormemente interesados en la estabilidad del cambio de nuestra moneda), o, alternativamente. ir a una determinación del tipo de cambio irrevocable de nuestra moneda con otra.

¿Cuándo tenemos un tipo de cambio irrevocable? Cuando se crea, a través de una unión monetaria, una nueva moneda que sustituye a todas las anteriores, y cuando éstas se transforman en la nueva moneda en una proporción que ya no puede cambiar y, por tanto, las proporciones entre ellas tampoco cambiarán. ¿Cuándo  tenemos una situación como ésta? Cuando un país forma parte de un acuerdo monetario con otro país más fuerte cuya moneda, también más fuerte, se supone que sustituye a la que existe en ese país. Este no es el mecanismo vigente en Argentina, donde existe un compromiso muy fuerte de sostener la relación un peso / un dólar, que las autoridades han tenido el valor de mantener hasta el final en condiciones extremadamente difíciles. No obstante, los mercados no tienen por qué creer indefinidamente que este compromiso se va a mantener. Y la prueba de que no lo creen es que cuando hay dificultades —como en Brasil, como con el efecto tequila o con la crisis de la deuda rusa—, puede haber salidas de capitales importantes desde Argentina porque hay quien puede poner todavía en tela de juicio el mantenimiento del compromiso de cambio a pesar del enorme esfuerzo de las autoridades y del pueblo argentino.

En suma, o aceptamos que no nos  importa en absoluto el tipo de cambio y. por tanto, dejamos a las monedas fluctuar libremente, o vamos a los otros sistemas que son compatibles con el cambio. La primera opción es un escenario imposible para un país pequeño y mediano, ni. dicho de otro modo, para ningún país de este continente con la excepción de Estados Unidos (y estoy incluyendo en la primera afirmación a Canadá).

De otra manera, tendremos que buscar procedimientos imperfectos que tendrán que conseguir dos cosas para funcionar adecuadamente: la credibilidad de los compromisos ya sean de cambio, ya sean de política monetaria y fiscal de los países que los sostienen, y la cooperación entre todos los países para resolver esta cuestión.

El caso es que hasta ahora no lo hemos conseguido, y por ello hemos venido asistiendo en los últimos treinta años, pero de manera absolutamente acelerada y particularmente inquietante en los últimos nueve o diez años, a una sucesión continua de crisis financieras, ya fueran de liquidez o de solvencia, que han causado mucho daño, y no sólo económico. Esas crisis han hecho un daño en materia de reducción de la producción, del empleo, de las posibilidades de vida de muchos sectores de la población. Las crisis han obligado a que las clases medias que se estaban formando en este continente, desaparecieran bajo las crisis y las políticas de ajuste impuestas por las propias crisis. Las crisis han hecho que, con frecuencia, capas de la población que acababan de salir de una situación de pobreza, volvieran a ella, y que hoy los porcentajes de población por debajo de la línea de pobreza sean quizá superiores a los que había hace diez o quince anos. Muchos niños, que antes podían ir a la escuela debido a que su familia había recién emergido de la pobreza y la precariedad, tienen que dejar otra vez de ir a la escuela, hecho que constituye un lastre con consecuencias de muy largo plazo para las posibilidades de desarrollo de América Latina.

Evitar las crisis es algo que nos preocupa a muchos, y que es el objeto de atención de las reuniones de Progreso Global. ¿Cómo podríamos evitar las crisis? ¿Cuáles son los problemas importantes en torno a las crisis, a sus sistemas de propagación y al papel que los organismos internacionales pudieran jugar en relación con esta cuestión?

Por mi parte, pienso que las crisis son inevitables, lo cual no es lo mismo que decir que son gratuitas, bienvenidas, o que da igual que haya dos crisis o que haya doscientas. Si nosotros, como gran familia socialdemócrata, fuéramos realistas, convendríamos en que no existe ningún arreglo institucional, ningún tipo de convención o consenso que evite las crisis. Las crisis van a seguir existiendo. El error de los prestamistas en volver a prestar a gente que generalmente no tiene las características propias de un deudor sensato, y naturalmente el error de todos nosotros de tender a gastar por encima de lo que podemos, ya seamos sector privado o sector público, tiende a generar una situación en la cual esta ocurrencia de crisis es relativamente probable.

Pero aceptando que no van a poder evitarse del todo, sería bueno que descubriéramos una arquitectura financiera internacional capaz, primero, de reducirlas al mínimo; segundo, de garantizar un sistema en el que los costos de las crisis, cuando éstas fueran inevitables, pudieran ser compartidos de modo relativamente solidario; y tercero, de garantizar que, a través de mecanismos de préstamos en última instancia y de procedimientos de discusión sobre los arreglos y la disminución de las deudas, se pudiera al menos evitar lo más grave de las crisis que es no tanto su impacto financiero, sino su impacto sobre la economía real  y, dentro de ella —por aquello de que la distribución de los efectos económicos nunca es neutral—, el impacto sobre aquellos a quien más daño puede hacer, es decir, la gente con menores medios para hacer frente a los problemas de la vida.

No existirá en el mundo en el que vivimos una autoridad supranacional que mediante un mandato divino, o mediante una concepción mesiánica de su función, ordene el sistema financiero y resuelva para siempre sus crisis. Así pues, en primer lugar, lo que hayamos de hacer lo habremos de llevar a cabo en el ámbito de la cooperación internacional entre todos los países.

En segundo lugar, tendremos que buscar sistemas de gobernabilidad que sean respetuosos con la soberanía de cada país, es decir, con la capacidad de cada país para equivocarse. Además, esos sistemas deberían contar con los instrumentos para reaccionar contra los posibles abusos de un país respecto de los demás, haciendo caso omiso de las reglas que los demás cumplen. Por tanto, debería haber también un sistema de sanciones para el caso en que un país se comporte de tal manera que sea razonablemente previsible concluir que su comportamiento le conducirá a una crisis de la moneda nacional, la cual puede conducir inmediatamente, por contagio, a la crisis de otras monedas.

En tercer lugar, debemos procurar evitar que las crisis llamadas de liquidez se conviertan en graves crisis reales. A veces se critica mucho al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a otras autoridades internacionales, pero es muy difícil decir a priori si una crisis es de liquidez o de solvencia. En términos de una empresa las cosas son muy claras. Una empresa puede tener un activo mayor que el pasivo, y, por tanto, tiene un valor positivo, es una empresa solvente. Pero si en un momento determinado no está cobrando dinero y tiene que seguir pagando, tiene un problema de liquidez. Si alguien le presta ese dinero durante un tiempo, no hay problema, porque, como es solvente, lo devolverá. Ahora bien, ¿cómo sabemos, cuando alguien nos dice que no tiene dinero para defender su tipo de cambio, si su problema es de liquidez o de solvencia? En ese sentido, tenemos que mejorar muchísimo las facultades de supervisión del Fondo Monetario Internacional, y tenemos que asegurar en todo lo posible un conjunto de mecanismos preventivos para evitar este tipo de crisis.

Si hacemos esto, habría que tratar de asegurar que las crisis de liquidez se puedan resolver mediante créditos suficientes. El viejo esquema que ideó Keynes nos sugería que estos créditos deberían proporcionarse, si era necesario, a través de la creación de liquidez internacional por parte del FMI. Hoy no es muy realista plantearse este mecanismo. Podemos aumentar las cuotas del FMI y la emisión de derechos especiales de giro, pero, dado el carácter masivo de los movimientos de capitales —en unas horas se pueden perder decenas de millones de dólares de las reservas de divisas por pánico en una carrera contra una moneda—, no es previsible que podamos disponer de fondos públicos internacionales en la cantidad necesaria para hacer frente no ya a una crisis, sino a varias crisis de liquidez cuando éstas se concatenen como tiende a ocurrir en nuestro tiempo por el proceso de contagio.

En consecuencia, parece más realista tratar de complementar estos medios con otros instrumentos y otros medios privados. Esta opción merece una reflexión. He aquí algunas cuestiones: cómo debemos reformar al FMI, cómo debemos crear líneas contingentes de crédito para hacer frente a situaciones de esta naturaleza; cómo los bancos regionales y los bancos de desarrollo —el Banco Mundial— deben hacer frente durante el proceso de ajuste a los aspectos sociales más difíciles derivados. primero de la crisis, y luego del ajuste; cómo podemos conseguir que los acreedores privados —que han estado quizá prestando de manera indebida y sin medir suficientemente el riesgo, a las empresas públicas y privadas, o a las autoridades de un país, o aquellos ciudadanos que detentan las emisiones de deuda pública en forma titulada— no salgan de rositas si de verdad se han equivocado en sus inversiones y, por tanto, contribuyan, igual que el dinero público, a repartirse la carga de hacer frente a la inestabilidad cambiaría y al proceso de ajuste ulterior, de manera complementaria y una vez que se produzcan las reformas de carácter jurídico.

Estos, entre otros muchos, son los problemas que nos ocupan. Convendría plantear su solución sobre la base del realismo. Ello implica constatar que el proceso de globalización financiera seguirá adelante con más fuerza, y que tendremos que hacer frente a los problemas que se derivan de la volatilidad que transmite a los mercados y de la vulnerabilidad con que afecta a nuestras economías, con los mimbres del cesto que hoy poseemos, es decir, con los organismos internacionales, que deberían ser objeto de una propuesta razonada y bien pensada de reforma, con sistemas que hicieran frente a la posibilidad de riesgos nacidos de las insuficiencias del sistema financiero, con la armonización de la legislación financiera en materia de supervisión bancaria, y con la mejora del papel del FMI como prestamista de última instancia.

En estas condiciones, es posible, en un espacio de tiempo relativamente reducido, controlar algunos de los aspectos más inquietantes de la incertidumbre que caracteriza al mundo en el que vivimos y en el que sin duda nuestros hijos han de vivir. Pero tendremos que hacerlo con armas políticas. Estas situaciones no se resuelven sólo mediante la apelación a las interpretaciones académicas, que suelen estar llenas de ingenio y de capacidad, sino mediante la apelación a la cooperación política y a la negociación en los foros correspondientes.

A mi juicio, es crucial que se vayan formando unidades de discusión que puedan estar en el debate a un nivel parejo. Que no estemos hablando exclusivamente, como va a ocurrir si no nos movemos rápido, de un mundo arreglado —así como el de Bretton Woods lo fue entre los Estados Unidos y Gran Bretaña— entre la Unión

Europea y los Estados Unidos, sino que estemos hablando de un mundo donde la integración regional creciente y la aproximación política de las diversas partes permitan una discusión a un nivel parejo de cuál debería ser la resolución de los problemas financieros internacionales entre todas las partes involucradas.   n

El voto del PRI: Quiénes y de dónde

EL VOTO DEL PRI: QUIÉNES Y DE DÓNDE

POR JORGE BUENDÍA LAREDO

Las elecciones primarias del PRI fueron una novedad que contradijo la práctica del llamado dedazo. Esa novedad ha provocado muchas interrogantes sobre el voto priista y no priista en favor de Francisco Labastida. En este ensayo, Jorge Buendía nos da un diagnóstico detallado que muestra las razones y traza el perfil de quienes votaron el 7 de noviembre de 1999.

Apenas las urnas habían cerrado y ya políticos, analistas, e incluso la ciudadanía, empezaron a discutir y debatir el proceso electoral del PRI. Por primera vez en su historia este partido eligió su candidato a la presidencia a través de una elección abierta.

Eso significó una profunda ruptura con la práctica del llamado “dedazo” que quizás era la expresión más clara del poder presidencial. Para muchos, y a falta de alternancia en el poder, la democratización del PRI se ha convertido en la manifestación más evidente de los nuevos tiempos políticos que vive el país. De ahí que la elección del 7 de noviembre despertara tanto interés y atención.

Las explicaciones del triunfo de Francisco Labastida sin duda ya ascienden a varias decenas y, no obstante ello, se carece de información sobre lo que realmente pasó el 7 de noviembre. En modo alguno, la novedad de las elecciones primarias ha contribuido a esta incertidumbre: no existen elementos de referencia, salvo a nivel estatal, para analizar el comportamiento electoral

Tres de cada cuatro votantes en la elección del PRI son simpatizantes de este partido1 y poco más de la mitad se define como muy priista (cuadro 2). Sólo 11% se define como simpatizante en esta primaria. ¿Cómo explicar el voto de los priistas y no priistas que ungieron a Francisco Labastida como candidato presidencial?

Una primera respuesta puede derivarse de la información contenida en el cuadro 1 y que se elaboró con base en los resultados de la encuesta de salida de Consulta-Mitofsky International. En todas las categorías sociodemográficas Francisco Labastida aventajó a Roberto Madrazo; tuvo un mayor apoyo entre mujeres, las personas con menor educación y menor ingreso, y entre las personas de mayor edad. Madrazo, por el contrario, encontró mayor respaldo entre los hombres, individuos con educación preparatoria y jóvenes. Para la mala fortuna del gobernador de Tabasco los jóvenes tienden a votar menos que las personas de mayor edad; además, no es un sector tradicionalmente priista, por lo que su participación en los comicios del PRI no corresponde con su tamaño demográfico. Labastida, por el contrario, tuvo mayor fuerza entre las personas de edad madura y avanzada que son las que más votan. Dicho de otra manera, la campaña de Labastida tuvo eco en los sectores que mayor probabilidad tenían de asistir a votar. de otro partido. Por lo anterior, la estrategia de posicionar a Roberto Madrazo como un candidato “antisistema dentro del sistema”2 disminuyó sensiblemente cualquier posibilidad de triunfo que este pudiera tener.

Los priistas, prácticamente por definición, no son antisistema. No es de sorprender, entonces, que Madrazo tuviera sus mayores niveles de apoyo, por encima de cualquier otro precandidato del PRI, entre los sectores “duros” del PAN y el PRD, y entre los votantes independientes (estos grupos constituyen alrededor de 21% del electorado). La ventaja de Madrazo, sin embargo, fue amplia únicamente en el caso del perredismo duro. Labastida. por el contrario, arrasó entre el grueso del electorado priista. Los priistas duros se inclinaron por Labastida en una proporción de más de 2 a 1 en relación a Madrazo. Esto le dio una cómoda victoria a Francisco Labastida.3

El fuerte predominio de los simpatizantes priistas en las elecciones del pasado 7 de noviembre se refleja en el alto nivel de aprobación de la gestión del presidente Zedillo. El 70% de los entrevistados manifestó estar de acuerdo, total o parcialmente, con su gobierno (cuadro 3). Dicho porcentaje es muy parecido al que se observa en la población general. En este contexto, la idea de sustentar una candidatura sobre la base de la oposición al gobierno de Zedillo sólo tendría eco en un grupo minoritario. Como se observa en el cuadro 3, la mayor fuerza electoral de Madrazo estuvo entre las personas que desaprueban la gestión presidencial: le otorgan el 41% de sus preferencias. Sin embargo, incluso en este sector, la fuerza de Labastida es sustantiva (40%). El cuadro 2 muestra otro dato relevante: el apoyo para Labastida es más alto entre las personas que aprueban la gestión presidencial. El electorado lo percibió como el candidato más cercano al gobierno y lo recompensó o castigó por ello. Queda por determinar si esta percepción de cercanía se debe a que se le considerara el candidato “oficial” o al hecho de que fue el único de los precandidatos que salió del gabinete presidencial.

Por otra parte, la crítica al estado de la economía fue un tema que potencialmente podía redituar muchos votos: más de la mitad del electorado priista tiene una evaluación negativa de ella (cuadro 4). Sin embargo, el tema económico no parece haber influido sustantivamente en esta elección. Si bien la preferencia por Labastida aumenta en la medida que mejora la percepción de la economía, el incremento es relativamente pequeño. Dos explicaciones son posibles: 1) el potencial electoral de este tema propició que todos los candidatos, con diferentes matices, enfatizaran la necesidad de mejorar el bienestar económico de las personas. Al convertirse en un tema compartido, nadie pudo apropiarse de él; 2) quizá más importante es que, al tratarse de una elección primaria, el electorado percibe correctamente que la elección no puede generar un cambio de política económica y, por ende, no incluye este factor en sus consideraciones. Más aún, los argumentos de los precandidatos de que propondrían cambios sustantivos en la política económica quizá no fueron convincentes. Después de todo, eran precandidatos del partido en el gobierno.

¿Qué tan probable es que los simpatizantes de los precandidatos derrotados voten por otro partido en la elección presidencial de este año? Uno de los costos que con mayor frecuencia se le atribuyen a una elección primaria es que divide al partido, lo cual disminuye sus posibilidades de triunfo en la elección constitucional. En el caso de esta contienda particular, también se habló mucho de los costos para el PRI si Madrazo abandonaba el partido: ¿qué tan confiable es la base electoral de Madrazo?

En el cuadro 5 se observa que, de haber perdido Francisco Labastida la candidatura, el apoyo electoral para el PRI disminuiría 13 puntos porcentuales (entre los votantes de la elección primaria). La estrategia de Roberto Madrazo de constituirse en “candidato anti-sistema” no sólo redujo sus posibilidades de triunfo sino que también disminuyó su capacidad de negociación futura: su discurso le allegó votos de simpatizantes opositores e independientes en la elección interna pero, por su naturaleza misma de simpatizantes de oposición, difícilmente votarían por Madrazo en una elección constitucional; son votos que no lo siguen. El 28% del electorado de Madrazo lo constituye simpatizantes de oposición e independientes; en el caso de Labastida el porcentaje es de 14% (cuadro 6). La diferencia no es sólo cuantitativa sino cualitativa ya que Labastida cuenta con 15% más de priistas duros en su electorado que Madrazo (65 a 50).

La diferente composición del electorado madracista y  Labastidista se refleja en lo siguiente: 90% de los  Labastidistas votaría por éste en una contienda en la que los candidatos fueran Labastida, Fox y Cárdenas; pero sólo 77% de los madracistas seguiría al gobernador de Tabasco en una contienda en la que Madrazo fuera candidato del PRI. Labastida logra conservar casi intacta su fuerza electoral mientras que la de Madrazo disminuye 23% (cuadro 5).

Si bien Labastida es el candidato que mayor votación le puede dar al PRI en la elección presidencial, es evidente que la elección primaria puede generar una pérdida, pequeña si se quiere, de votos para el partido en su conjunto. Los simpatizantes de los candidatos perdedores no se suman en su totalidad a la candidatura del ganador. Aproximadamente la mitad de los simpatizantes madracistas respaldarán a Labastida (quizá los priistas duros) pero el resto se repartirá entre Fox e independientes. Lo mismo sucedería con los votantes Labastidistas en el caso de una hipotética victoria de Madrazo (aunque con una mayor proporción de independientes). Si se quiere poner lo anterior en términos absolutos, la derrota de Madrazo le puede costar al PRI casi 640,000 votos;4 éstos se compensan con relativa facilidad por el incrementó en la preferencia electoral por el PRI a raíz de la celebración de la elección primaria misma. Hay que recalcar que estos votos perdidos por el PRI se convierten tanto en votos opositores como en votos “flotantes” (independientes) en proporciones similares.

Otro de los temas recurrentes en esta elección primaria es la importancia de la “cargada” en el resultado de la elección.5 Si bien la clase política está atenta a las señales de los principales actores y actúa en consecuencia, no es claro que el electorado tenga esa información. Para que la “cargada” tenga influencia en la decisión electoral del votante mexicano se requieren dos cosas: 1) que el ciudadano conozca hacia quién se dirige la “cargada” y 2) que dicha información influya en el sentido del voto. En cuanto a la primera condición, sólo uno de cada cuatro votantes (24%) señaló que el presidente Zedillo prefería a algún candidato por encima de los otros. El 59% señaló que el trato había sido igual para todos los candidatos (cuadro 7). Un porcentaje abrumador de los que mencionaron favoritismo señaló que Francisco Labastida había sido el beneficiario (82% ó 21% del total de entrevistados). En el mejor de los casos el efecto de la “cargada” sobre el voto ciudadano se circunscribe a este sector.

¿Benefició a Labastida el que se le percibiera como el “candidato oficial” del presidente Zedillo? Al parecer no. La probabilidad de votar por Labastida fue de 62% entre los que creen que la contienda fue equitativa y disminuye a 41 % si se cree que fue el favorito (cuadro 7). En esta pregunta no hay evidencia de que el conocimiento de quién cuenta con el apoyo presidencial influya positivamente en el sentido del voto. En todo caso, actúa en dirección contraria a la esperada.

Otros datos de la encuesta ofrecen información un tanto distinta. En el cuadro 8 se observa que casi la mitad de los entrevistados considera que, de los cuatro precandidatos, Labastida fue el que recibió más apoyo del presidente de la República y de las autoridades del PRI.6 La probabilidad de votar por Madrazo aumenta significativamente si se percibe que tuvo el apoyo presidencial (aunque sólo 11 % del electorado tenía esa opinión) mientras que ese no es el caso de Labastida: su fuerza electoral es mayor entre quienes percibieron un trato equitativo que entre los que lo vieron como el beneficiario de los favores presidenciales (cuadro 9). Esta tendencia se repite, a grandes rasgos, entre los votantes que consideran que las autoridades priistas tenían sus favoritos. Por todo lo anterior, no hay evidencia para respaldar que la “cargada” influyó en el voto a favor de Labastida. Ello no quiere decir que la “cargada” no pueda tener un efecto indirecto; en la medida que los actores políticos están atentos a las señales emanadas de la presidencia de la República, o de los gobernadores, canalizan su apoyo a quien resulte beneficiario. Este apoyo se puede traducir en recursos políticos, materiales o humanos que naturalmente inciden en el resultado de la elección. A nivel del votante promedio, sin embargo, la “cargada” no parece haber tenido efectos directos.7

La contienda interna del PRI reitera una verdad de Perogrullo de la mercadotecnia política: la oferta electoral debe sustentarse en las demandas y preferencias de los segmentos que constituyen la mayoría del electorado probable. Una campaña electoral diseñada alrededor de las posiciones de un sector minoritario simplemente no funciona. Quizá más relevante, la campaña de Madrazo enseña lo difícil que puede ser moldear la opinión pública. A pesar de la intensa campaña de medios desarrollada por el gobernador de Tabasco, el electorado priista no “compró” su mensaje. Para ser exitosos, los mensajes de campaña no deben ir a contracorriente de las opiniones del electorado.

La campaña contestaria de Roberto Madrazo no sólo minimizó sus posibilidades de triunfo sino que también disminuyó su capacidad de negociación. Su clientela electoral tiene una proporción importante de votantes no priistas. Estos electores difícilmente votarían por el PRI en una elección presidencial, incluso si Madrazo hubiera sido el ganador de la elección primaria. En estas circunstancias, el costo para el PRI de un eventual conflicto con Madrazo. medido en votos, es menor de lo que sería si éste fuera el candidato del priismo.  n

Jorge Buendía Laredo. Investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas

(CIDE). El autor agradece la amabilidad de Roy Campos quien proporcionó los datos de la encuesta de salida realizada por Consulta- Mitofsky International para Televisa.

1 Este porcentaje es ligeramente menor al reportado el día de la elección por Consulta-Mitofsky International en Análisis Preliminar del Exit Poll(Noche Electoral). México, 7 de noviembre de 1999. En ese análisis preliminar se reporta 79% de priistas y 3% de panistas.

2 Según la descripción de Carlos Alazraki en Enfoque, 21 de noviembre de 1999, p. 15.

3 Un dato curioso del cuadro 2 es que Humberto Roque tuvo su mayor nivel de apoyo en los sectores duros del panismo y el perredismo. Esto confirma hasta cierto punto las versiones de que la oposición buscaba que ganara el candidato priista más débil.

4 Esta cifra se obtiene de multiplicar el número de votos recibidos por Madrazo (NVM) en la elección primaria (2,766.866) por 0.77 (el porcentaje de los que votaron por Madrazo y que votarían por él en la elección constitucional), lo cual da un total de 2,130,487. A esta cifra se le resta el NVM multiplicado por 0.44 (el porcentaje de madracistas que votaría por Labastida al ser éste el candidato del PRI) para un total de 1,494,108. La diferencia son 636,379 votos.

5 Muchos analistas sostienen que el fenómeno de la “cargada” es propio de la cultura priista; esta descripción es falsa no sólo porque puede observarse en otros partidos sino porque también está presente en infinidad de circunstancias. Como han señalado Hedstrom y Swedberg, en situaciones de incertidumbre el número de individuos que realiza un acto particular indica a otros el valor probable o la necesidad del acto mismo. La probabilidad de que alguien apoye a un candidato está en función del número de gentes que la apoyan. Para dar un ejemplo en otro contexto, la probabilidad de que alguien coma en un restaurante que desconoce está en función del número de comensales que observa en el restaurante. La “cargada” es un fenómeno racional. Véase, P. Hedstrom y R. Swedberg: “Social Mechanisms: An Introductory Essay”, en Social Mechanisms. An Analytical Approch to Social Theory. Cambridge University Press, Nueva York, 1998, pp. 17-21.

6  La comparación de las preguntas de los cuadros 7 y 8 son un claro ejemplo de cómo el fraseo de una pregunta afecta su resultado. En las preguntas del cuadro 8 el entrevistado se ve forzado a escoger algún precandidato mientras que en la pregunta del cuadro 7 al entrevistado se le ofrecen dos alternativas de respuesta y posteriormente se le pregunta el nombre del precandidato favorecido. Esta última forma es la más adecuada.

7 Quizás el votante no fija su atención en las señales emanadas del presidente de la República o de la dirigencia priista, sino más bien considera la opinión de los líderes locales con los cuales tiene mayor familiaridad. No hay preguntas en la encuesta para explorar esta posibilidad.

 

Los retos de la cultura

LOS RETOS DE LA CULTURA

POR JAVIER GUTIÉRREZ VICÉN

¿Cómo racionalizar el mercado de los derechos de propiedad intelectual? ¿Cómo orientar los esfuerzos públicos y privados para que la cultura no pierda piso en una economía de mercado? Este artículo responde a esas interrogantes.

 1.La conexión entre sociedad y cultura la describe Kroeber con estas palabras: “La cultura es un producto especial y exclusivo del hombre y es la cualidad que lo distingue del cosmos. La cultura es a la vez la totalidad de los productos del hombre social y una fuerza enorme que afecta a todos los seres humanos, social e individualmente”.

La cultura da sentido a la realidad, siendo lo simbólico el eje central de la cultura. Pero, también, la cultura constituye una fuerza de enormes proporciones en lo social. Tanto como elemento integrador influyendo decisivamente en los aspectos relativos a la cohesión social, cuanto como Javier Gutiérrez Vicén. Abogado. Director General de VEGAP, la entidad que gestiona los derechos de autor de los creadores visuales en España y de la Fundación Arte y Derecho de España que colabora con la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) en el desarrollo de un proyecto para la promoción de entidades de gestión colectiva de los creadores visuales en América Latina. gran motor impulsor de los movimientos transformadores de la realidad social.

En lo social, la importancia de lo político y de lo económico ha marcado las pautas, a la hora de determinar las grandes transformaciones sociales.

Así, la gran revolución político-económica que supuso la aparición de la agricultura ejerció una enorme transformación en la sociedad en todos los aspectos y, naturalmente, en lo cultural.

Este ha sido, también, el caso de la denominada Revolución Industrial que, movida por los vectores económicos y políticos que conlleva la industrialización, ha supuesto una enorme transformación social, generándose un flujo, de doble dirección, de influencias recíprocas con lo cultural.

Pero desde hace apenas dos décadas sólo estamos asistiendo a un proceso de cambio social que presenta, al menos, las mismas proporciones transformadoras que supusieron la revolución agraria y la revolución industrial. Se trata de la gestación de la sociedad post-industrial, movida desde la fusión de la informática y de la telemática.

Este fenómeno, analizado por diversos autores, como Alain Touraine o Daniel Bell, se ha dado en llamar el informacionismo y, entre otras grandes modificaciones, presenta la aparición de un nuevo sistema de codificación y de comunicación: el lenguaje digital.

Se trata de un proceso socio-económico que gira sobre un núcleo, formado por el conocimiento, la cultura y la información. Todos ellos bienes inmateriales, en los que los derechos exclusivos, sobre los productos que se generan en el seno de este núcleo, son la herramienta jurídica que permite este desarrollo económico.

Quisiera resaltar dos cuestiones. Por una parte, la acelerada velocidad en que se está produciendo este proceso de transformación social.

La economía agraria mantuvo su influencia social durante varios miles de años, siendo el motor de la economía e influyendo en aspectos culturales y científicos. tan relevantes como las matemáticas, la geografía, la geometría o, incluso, la astronomía.

La economía industrial ha sido un proceso que ha durado un siglo y medio. Ello ha permitido adaptaciones sociales, al producirse a través de varias generaciones.

Sin embargo, la existencia del informacionismo se está produciendo dentro de una misma generación, lo que dificulta el nivel de adaptación, pero sobre todo no permite disfrutar de la distancia necesaria para analizar y valorar esta evolución.

2 . La segunda cuestión es la relativa al papel que la cultura tiene en este proceso socio-económico.

Hemos dicho ya que el informacionismo (esta nueva economía del conocimiento o sociedad de la información) tiene su epicentro en la utilización del conocimiento, la creación y la información, bienes inmateriales que constituyen el motor del crecimiento económico actual.

En este sentido, la cultura ya no es un receptor pasivo de los efectos transformadores de los cambios socio-económicos, sino más bien motor en sí mismo de dichos cambios.

Es por ello que es conveniente revisar el planteamiento “apriorístico” que tanto éxito ha tenido en la década de los setenta y de los ochenta, según el cual la cultura era “un valor añadido” en los procesos económicos, que mejoraba los resultados económicos de las inversiones realizadas en el campo cultural o que enriquecía y dotaba de sentido determinadas iniciativas económicas y las sobre-dimensionaba.

En este momento no es ninguna exageración, sino más bien un modo preciso de analizar los movimientos socio-económicos actuales, declarar que la cultura es un valor en sí mismo, de enorme fuerza transformadora en los desarrollos socioeconómicos.

También es cierto que el proceso de influencia es recíproco y la cultura, hoy más que nunca, se ve afectada por los desarrollos económicos y por las exigencias consustanciales a estos desarrollos.

Es interesante, al llegar a este punto, reflejar que el informe sobre el desarrollo mundial elaborado por el Banco Mundial para el periodo 1998-1999, lleva el subtítulo “El conocimiento al servicio del desarrollo”.

En él, tras examinarse las recomendaciones para reducir las diferencias de conocimientos entre los países y abordar los problemas de la información, a la hora de establecer las prioridades, el informe hace la pregunta general: “¿qué debe hacer el Estado?”, y entre las seis recetas que incluye. la tercera es la siguiente: “Tratar de acceder a los nuevos conocimientos amparados por derechos exclusivos mediante la obtención de licencias para el uso de la tecnología”.

Hoy es una realidad conocida que el peso de la cultura en el PIB de los países desarrollados es cada vez mayor.

La Comisión de las Comunidades Europeas. en el Libro Verde sobre el Derecho de Autor y los Derechos Afines en la Sociedad de la Información, al abordar la dimensión económica que presentan los derechos de autor y los derechos afines en el mercado interior europeo, explica que, globalmente, estas industrias generan entre un 3 y un 5% del PIB de la Unión Europea.

Este peso importante de la cultura en la economía está creciendo. Así, en el citado documento de la Comisión Europea, al examinar, por ejemplo, la evolución del crecimiento del sector audiovisual en la Unión Europea, explica que en 1994 este sector generó 40,000 millones de euros, lo que suponía un aumento del 10.2% con respecto a los resultados del sector en 1993.

Así, el sector de la industria cultural en Europa ya ha alcanzado en puestos de trabajo a los de la industria agraria, que se encuentra por otra parte en proceso decreciente.

La situación descrita en Europa es trasladable a Estados Unidos. The International Intelectual Property Alliance, en su estudio “Copyrights Industries in the USA Economy: The 1998 Report”, refleja que 3,500,000 de norteamericanos trabajan para industrias reguladas por el copyright, lo que representa el 2.8% de la población laboral americana.

Esta pequeña proporción laboral está generando la mayor fuerza económica del país, por encima de cualquier otro sector, lo que representa una proporción en el PIB del 4.6%.

Para valorar el crecimiento que está teniendo el sector, desde 1977 hasta 1996 el crecimiento de la industria del copyright se está incrementando a una velocidad tres veces más acelerada que el total de la economía norteamericana.

La situación de crecimiento económico del sector industrial que trabaja en la cultura acabo de describirla con unos pocos datos económicos, es decir, de forma simplificada y un poco en abstracta, que de acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española significa “con separación o exclusión del sujeto en quien se halla cualquier cualidad”; es por ello que quisiera añadir dos consideraciones más.

La primera sería que la actual economía del conocimiento está modificando la evolución de la cultura, de forma que la fuerte presión económica que se está ejerciendo por y desde los agentes de las industrias culturales ha modificado la consideración económica tradicional de los proyectos culturales. De acuerdo con todo ello, estos proyectos han de tener en consideración la necesidad de ser autosuficientes económicamente. Es decir, que han de ordenarse de forma que se eviten pérdidas económicas a quienes asumen su financiación.

Sin embargo, actualmente la presión económica obliga a que los proyectos económicos sean rentables. Rentables desde una visión de la rentabilidad, ligada a la obtención de beneficios, a la generación de excedentes económicos.

Este planteamiento nuevo, en la medida en que es ajeno a la naturaleza del propósito cultural, está marcando la orientación de muchas iniciativas, tanto públicas como privadas.

Así han de valorarse algunos fenómenos recientes, que carecen de precedentes, como la propuesta de algunos museos públicos o fundaciones privadas de condicionar la compra de las obras de arte para sus colecciones, a cambio de que los artistas les cedan gratuitamente y sin ninguna limitación los derechos exclusivos que les corresponden sobre las obras que venden y de las que son autores, con el fin de que sea el museo quien explote los derechos de los autores.

La segunda consideración que quería hacer está íntimamente conectada con la primera.

La pulsión para la obtención de beneficios en los desarrollos culturales está reordenando a la cultura dentro de un terreno ambiguo en el que se entremezcla con la industria del entretenimiento y la industria turística.

Por ello aparecen nuevos agentes y corporaciones que, provenientes de otros campos, están interesados en actuar en “lo cultural”, descubriendo la interrelación con otras inversiones colaterales (infraestructuras digitales, telecomunicaciones o informática, por ejemplo) y movidos por la rentabilidad a corto o medio plazo que por primera vez se apunta en el terreno cultural.

Como ejemplo de lo que estoy diciendo, el 11 de junio de 1998 la prensa anunciaba que la sociedad Corbis del conocido empresario norteamericano Bill Gates había comprado el 100% de Sygma, una de las más conocidas agencias mundiales de fotos.

Esta adquisición por Corbis se une a otras que viene haciendo desde hace años esta empresa perteneciente a Microsoft, como es el caso del Archivo Beckman o el archivo de imágenes del Museo de San Petersburgo.

Este proceso de adquisición de archivos de imágenes no sería en sí mismo algo notable si no se dieran dos circunstancias especiales. La primera, la enorme cantidad de imágenes cuyos derechos de explotación están siendo adquiridos por el señor Gates a través de su empresa Corbis. En el mes de noviembre del año pasado, la revista Newsweek informaba que Corbis poseía entonces derechos de autor sobre 8,000,000 de imágenes digitalizadas de las cuales había introducido ya 1,400,000 en Internet. La segunda circunstancia, la más grave, es la forma ilegal en la que se están haciendo las adquisiciones de los derechos de autor en los contratos que se presentan a los archivos y a los fotógrafos por parte de Corbis.

Esta empresa está especializada en la digitalización, almacenamiento y administración de derechos de reproducción de documentos artísticos y visuales en general. En sus contratos, Corbis sostiene lo siguiente: “Cuando hacemos una imagen digital de una obra preexistente, estamos creando una obra derivada que registramos y administramos bajo nuestro copyright”.

Esta pretensión de Corbis persigue adquirir todos los derechos, tanto morales como económicos, de las obras una vez que han sido digitalizadas.

Para Corbis son indiferentes las disposiciones que, sobre esta materia, adoptó la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) el 20 de diciembre de 1996; para ellos, digitalizar una obra no es reproducirla, sino recrearla. Esta pretensión es tan absurda como pensar, por ejemplo, que al digitalizar la imagen del mural “Historia de México: de la Conquista al Futuro”, realizado en 1929 por Diego Rivera en las paredes de la escalinata del Palacio Nacional en la ciudad de México, se considere que la obra, una vez digitalizada, es una obra nueva de la que es autor una corporación: Corbis y no Diego Rivera, atribuyéndose de esta forma Corbis derechos económicos y derechos morales sobre la obra digitalizada.

3. La nueva sociedad de la información presenta no solamente cambios en la economía, sino también muchas e importantes transformaciones sociales. Aquí me interesa mencionar dos de ellas. La primera. las nuevas relaciones que se establecen entre lo público y lo privado; y la segunda, las nuevas formas de relacionarse lo local y lo mundial.

Si respecto de la primera cuestión, lo destacable es la nueva interrelación entre la acción pública y la acción privada, respecto a la segunda cuestión lo más relevante es el abandono del modelo de relación de poder inspirado en la idea de sistema (un todo estructurado y jerarquizado con funciones definidas y separadas para cada una de las partes) para abrazar la metáfora de la red digital de sistemas integrados, según la cual lo local serían nodulos ordenados conjuntamente en red, sin que existiera una articulación jerárquica y que se desarrollan a partir de las diversas formas de conexión.

Las posibilidades que presentan estas nuevas configuraciones de lo público y lo privado, de lo local y lo mundial, son amplísimas.

Al propio tiempo, quizá precisamente porque esta posibilidades están abiertas y muchos de los procesos sociales están aún en gestación, asistimos a una situación de mutua invasión de territorios, en que lo público tiene la tentación de actuar como si fuera iniciativa privada, y viceversa, al igual que en el plano de lo local aparece, a veces, un afán globalizador y la metáfora de la aldea global precipita, en ocasiones, comportamientos forzados.

Por ello, es necesario un esfuerzo para precisar líneas de actuación y para aclarar conceptos.

Es necesario recoger y reflejar con exactitud todos los intereses enjuego, pero también es necesario abrir los cauces para el establecimiento de un nuevo contrato social, que regule los comportamientos de quienes intervienen y quienes están llamados a intervenir en esta economía del conocimiento.

No es aceptable que Corbis ignore, con su comportamiento, el derecho estadunidense (Copyrights Act on Visual Artists de 1991), por ser éste su marco legal de referencia. Menos aceptable aún lo es, por las dimensiones del desorden que introduce, que sus contratos se establezcan con autores y entidades de terceros países, al margen del Tratado de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) sobre Derecho de Autor del 20 de diciembre de 1996, suscrito por muchos países, entre ellos, también. Estados Unidos.

Pues bien, si los comportamientos desviados en el plano de la iniciativa privada causan desorden, cuando esta desviación del comportamiento nace de la acción pública el daño es aún mayor, pues han de añadirse lesiones provenientes de la naturaleza ejemplarizante de la actuación pública, así como del abandono del principio de legalidad, exigencia esta última que ha de regir todos los actos de la administración pública.

La orientación pública en esta materia, al igual que la iniciativa privada, ha de encauzarse por el marco negocial en donde se establezcan pactos inspirados por la máxima epicúrea de “no agredir ni ser agredido”.

Un ejemplo en mi país, España, de esta valoración sería el Plan Estratégico del Sector Cultural de Barcelona, denominado “La Cultura, motor de la ciudad del conocimiento”. En el mismo puede leerse un apartado titulado: “Un nuevo modelo de gestión para la cultura. Tres conceptos clave: contrato, autonomía y evaluación.

La necesidad actual de una cultura negocial, tanto en lo público como en lo privado, ante el fenómeno de la economía del conocimiento, se enfatiza en el documento del Instituto de Cultura del Ayuntamiento de Barcelona, con las siguientes palabras: “La gruesa red de agentes que interactúan exige una cultura del pacto que se debe articular en forma de contratos en un sentido amplio. De hecho, el mismo plan debe entenderse como un contrato marco entre el conjunto de agentes culturales de la ciudad para trabajar con lógicas comunes”.

En definitiva, lo novedoso y complejo de la nueva situación, así como la importancia social que presenta la economía del conocimiento, y. dentro de ella, los instrumentos jurídicos de su aplicación: los derechos de propiedad intelectual, exige una reflexión rica en conceptos y amplia en sus miradas. De forma que desde la esfera pública y desde la iniciativa privada se tracen políticas y se desarrollen estrategias que consideren las consecuencias a medio y largo plazo y una negociación que, inspirada por esta reflexión y estas miradas, busque el objetivo común de racionalizar el mercado de los derechos de propiedad intelectual.

¿Cuál sería la propuesta que, desde esta perspectiva, pudiera hacerse a quienes son responsables de las políticas culturales en el sector público y en el sector privado?

Ante una situación abierta, no hay recetas.

 Sin embargo, sugiero que se haga un esfuerzo de forma que los proyectos culturales contribuyan, en primer lugar, a la transformación del sistema educativo actual, pues la velocidad en la transmisión del conocimiento está generando la sociedad de la información y está haciendo obsoleto el sistema educativo tradicional, ya que el ciclo de formación tradicional está pensado para ser útil durante toda la vida del educando y, hoy en día, y cada vez más, observamos que las puertas de los grandes interrogantes se presentan abiertas anticipadamente en una cultura cada vez más audiovisual y transfronteriza que entrevera al sistema científico de interpretación de la realidad con el conocimiento emocional.

En segundo lugar, deberían orientarse las inversiones en proyectos culturales dirigidos a la obtención de la mayor repercusión social posible y no marcados por la regla general del marketing de que se vende mejor lo ya conocido, lo que tiene como consecuencia inevitable fomentar el permanente remake en una situación constante de déjà vu en la que nos parece estar viendo la misma exposición, la misma película, leyendo la misma novela o escuchando la misma canción.

Por último, es fundamental que todos los proyectos culturales partan del respeto escrupuloso de la legalidad. Pues si etimológicamente la palabra “cultura” proviene del latín en una doble acepción en la que, por una parte, significaba “cultivo”, con todo lo que ello conlleva de esfuerzo germinal y de generación de riqueza, por otra parte proviene también de “culto, ritual religioso”, con la importancia que tiene el mantenimiento de determinados ritos preestablecidos que, como el Derecho, buscan elevar la dignidad humana desde el respeto mutuo.

Para orientar este esfuerzo, me parece adecuado finalizar con la siguiente reflexión de Octavio Paz en su libro Poesía y fin de siglo:

La acción del mercado tiene un efecto igualmente corrosivo en el otro eje de la tradición poética: el temporal. La preeminencia del ahora lima las lozas que nos unen al pasado. La prensa, la televisión y la publicidad nos ofrecen diariamente imágenes de lo que está pasando ahora mismo aquí y allá, en Patagonia. en Siberia y en el barrio vecino; la gente vive inmersa en una hora que parpadea sin cesar y que nos da la sensación de un movimiento continuo y sin cesar acelerado. ¿Nos movemos realmente o sólo giramos y giramos en el mismo sitio? Ilusión o realidad, el pasado se aleja vertiginosamente y desaparece. A su vez, la pérdida del pasado provoca fatalmente la pérdida del futuro. Su guía en esa peregrinación ha sido la idea del progreso, nuestra estrella polar. Desde hace algunos años esa estrella se ha empañado, el presente ha heredado su lustre. Pero es un presente sin peso: flota y no asciende, se mueve y no avanza. Cree que va a todas partes y no va a ninguna. La evaporación de los fines es la contrapartida del crecimiento de los medios.      Madrid, Junio de 1999   n

El bacalao

EL ÚLTIMO DE LOS PLACERES

GASTRONOMÍA

EL BACALAO

POR ALMA GUILLERMOPRIETO

La mayoría de los alimentos transformistas son de sabor más bien discreto, como la papa o el pollo, digamos, que se acomodan a las exigencias de un souffle o un caldillo con igual facilidad. En cambio el inconfundible bacalao padece, si algo, de un exceso casi impúdico de personalidad, como si fuera la señora del camión que habla a gritos y hace rato que no se asea. Cuando está sin sus tres baños rituales de agua purificadora, nadie quiere sentarse al lado del bacalao, y sin embargo le ha sido dada la magia de las más impensables transformaciones.

Del bacalao navideño que prepara Araceli Hernández ya canté alguna vez las glorias, y resulta difícil creer que pueda existir algo mejor que esa sabia y salaz combinación de pescado, papa, aceituna, jitomate y chiles güeros. Pero quienes tenemos la suerte de conocer Río de Janeiro sabemos también del raro placer de entrar a un bar esquinero cualquiera, en el calor alucinante de un mediodía decembrino, para buscar una mesa vacía entre las repletas, y un espacio en el que conversar en medio de la gritería jubilosa y ensordecedora de los cariocas para allí pedir, junto con la cerveza de barril heladísima, una vasta porción de bolinhos de bacalhau. Invento portugués, grasoso, pesado, salado, áspero y a temperatura del aceite hirviendo en el que se acaba de freir, un bolinho, o buñuelo, hecho con cebolla, papas y bacalao es lo peor que se le puede ocurrir comer a cualquier víctima del aplastante sol de Río. Y sin embargo, como el chilpachole de jaiba que se come en el lugar donde menos se tendría que comer, que es en el ardiente golfo veracruzano, es lo que se debe comer sin falta en ese preciso lugar, y es perfecto.

Pero a pesar del extravagante contrasentido que son las albóndigas fritas de pez salado que se comen en Río, el bacalao es un pez que en general sabe a invierno. En Nueva York existe un bistro maravillosamente afrancesado —Balthazar, en Soho— en donde, en uno de esos días en que el frío cala sabroso, entré, encontré una mesa esperándome al lado de la vitrina que da a la calle y a su interminable desfile humano, pedí un vaso de sancerre a la temperatura del clima y un plato de brandade de monte. Se trata de bacalao seco —debidamente lavado y enjuagado las veces que haga falta para quitarle la sal— hervido en leche, y molido en licuadora con ajo y las papas que parecen acompañar siempre a este pescado como la playa al mar. Un chorro de aceite de oliva le da textura y unos cuantos clavos de olor misterio. El puré que resulta es tan suave y reconfortante que lo puede merendar un niño. Entre las nostalgias de París y las de la merienda acabé volviendo a Balthazar tres días seguidos —mañana tarde y noche— a repetir el platillo.

El más mutable de los alimentos transformistas —ostiones, papas, pollo, fideos— tiene que ser capaz en algún momento de resistir una presentación al desnudo. En el húmedo invierno gallego de Santiago de Compostela, en un restorancito que nos ofrecía refugio al lado de una chimenea, descubrí que la manifestación más exquisita del bacalao es la que no se transforma ni viste ropajes tropicales de carnaval. Sin salar, asada a la parrilla al lado de unas papas harinositas, asadas también, una jugosa loncha de bacalao fresco me pareció divina. Todos los pescados son, en mi criterio, un manjar, y no hay casi nada que prefiera comer, pero tengo que reconocer que entre sus mil virtudes no está la textura. Por eso su cocimiento exige tantísimo cuidado; una desmesura a la hora de calibrar el fuego, un minuto de cocción más del indicado, y adquiere elasticidad de hule o pierde su poca consistencia. No es éste el caso del bacalao. Asado como lo comí aquella vez, resultó jugoso, aceitosito, rebotón al diente pero no demasiado, sápido e inolvidablemente delicioso.

Duré con el recuerdo años, hasta que un buen día, de vuelta en Santiago, un mesero me informó que el bacalao fresco no existe allende las orillas del Báltico, que sólo en aquellas aguas nórdicas nace y crece, y que todo el que se come en España. Francia e Italia es por fuerza congelado o preservado en sal. Yo trato de guardar mi esnobismo para las ocasiones que lo ameritan, pero la pretensión con frecuencia me gana y hace que caiga en terribles desatinos. Sabiendo cuánto me había gustado el pescado supuestamente fresco de mis recuerdos, no fui capaz de pedirlo esta segunda vez, so pena de tener que aceptar que años antes mi paladar había sufrido un engaño. Me fui de España y seguí extrañando el guiso que me había hecho soñar. Lectores, no hagan lo mismo. Cuando vayan en peregrinación a Santiago, busquen ese restaurant escondido en una callejuela medieval, en donde encontrarán mesas puestas con manteles albeantes y cristal del mejor, y una chimenea encendida, y pidan el mejor de los bacalaos, asado al natural.        n

Alma Guillermoprieto. Escritora. Acaba de aparecer la edición en español de su libro Los años en que no fuimos felices (Plaza y Janés).

EZLN: Los años clandestinos

EZLN: LOS AÑOS CLANDESTINOS

POR CARLOS TELLO DÍAZ

Entre junio de 1992 y enero de 1993 las FLN se sometieron al recurso de la fuerza que representaban los fusiles del EZLN. Fueron meses de preparación y de convencimiento, de rectificaciones y virajes bruscos. La opción armada tocó a la puerta. Este texto, que forma parte de la edición definitiva de La rebelión de Las Cañadas, describe ese momento y ofrece un retrato de sus protagonistas, con el subcomandante Marcos a la cabeza.

La decisión de comenzar en Chiapas la guerra de liberación fue precipitada por una crisis de deserciones en el EZLN. Esa crisis no tuvo consecuencias tan graves como la provocada —a finales de los ochenta por el rompimiento con el grupo Slop. No llegó a comprometer a las comunidades; involucró más bien a los insurgentes que vivían en los campamentos que formaban.

Este texto forma parte de la edición definitiva de La rebelión de las Cañadas, que será dada a conocer en los próximos meses polla editorial Cal y Arena. Es un texto que describe la historia clandestina del EZLN en un momento que fue determinante en su vida: de junio de 1992 a enero de 1993. En las notas de pie de página discuto las fuentes que lo sustentan. Son muchas y muy variadas —testimoniales y documentales, hemerográficas y  bibliográficas— aunque quiero destacar aquí, por su importancia, las entrevistas que tuve en el curso de 1999 con Salvador Morales (subcomandante Daniel en el EZLN). C.T. D. la retaguardia del Frente Sur-Oriental, en la cañada de Amador. Entre quienes desertaron esos días estaba Cristina, una militante muy antigua, originaria de Sabanilla, que tenía grado de capitán en el EZLN. Marcos tuvo que visitar todos los ejidos de la zona para prevenir una desbandada. Estaba sumamente preocupado. Sabía que la guerrilla no podía continuar más tiempo sin actuar, sumergida en la clandestinidad. Era necesario tomar una decisión con respecto de la guerra. Para ello, sin embargo, tenía que convencer al conjunto de la Dirección Nacional de las FLN. La relación que mantenía con la mayoría de sus miembros era ya bastante tensa. Los comandantes de la ciudad, en efecto, subordinaban el trabajo de los zapatistas al desarrollo de sus fuerzas en el resto del país. Peor aún: empezaban a discutir la posibilidad de transformar las estructuras de las FLN en perjuicio del EZLN. El comandante Rodrigo, en particular, planteaba la necesidad de abandonar las armas —aunque no, en un inicio, la clandestinidad— con el objeto de poder hacer trabajo más abierto con las masas. Su propuesta resultaba comprensible, hasta natural, en el ámbito de las FLN. Los dirigentes de la organización fueron siempre más políticos que militares, como lo habrían de demostrar en los años por venir, al estallar la rebelión en Chiapas. “Nuestra organización no es una organización foquista, o de cualquier otro corte militar”, explicaban sus fundadores, “sino fundamentalmente una organización político-militar en la que lo político siempre es superior a lo militar y las acciones militares están supeditadas a las necesidades políticas”.1 En la coyuntura de 1992, pensaba Rodrigo, la prioridad de las FLN —hacer trabajo de masas— implicaba renunciar al recurso de la fuerza que representaban los fusiles del EZLN.

En Chiapas, los zapatistas reaccionaron con hostilidad a los planteamientos hechos por el comandante Rodrigo. La propuesta de renunciar a las armas, en efecto, amenazaba con echar a pique todo su trabajo. Los oficiales del EZLN pensaban, en este respecto, lo mismo que los pueblos que los apoyaban en aquel estado del Sureste. Todos ellos habían apostado sus vidas —sus bienes, su trabajo, sus esperanzas— a la guerra de liberación: no podían dar marcha atrás. Los propios subcomandantes estaban ya muy alejados de la ciudad; su vida, hacía tiempo, era parte de la montaña. Ese distanciamiento con relación a la capital, primero físico, después logístico, era ya, en 1992, un distanciamiento de carácter político. Marcos, en lo personal, controlaba todas las actividades de la guerrilla, incluso las más delicadas (manejaba por ejemplo las finanzas del EZLN sin rendir cuentas a Rodrigo, quien tenía de hecho esa responsabilidad en el ámbito de las FLN). Su poder preocupaba, claro está, a los comandantes de la ciudad, quienes trataban en vano de mantener un mínimo de control en Chiapas. La tensión entre los dos no reventó por una razón muy sencilla: a nadie le convenía. Los comandantes entendieron que no podían hacer nada sin él al frente de sus fuerzas en Chiapas, las únicas que de verdad tenían en México. El subcomandante, a su vez, entendió que los necesitaba para mantener el flujo de las armas que llegaban a su territorio; para conservar el puente con el exterior que significaban las células de la organización. Marcos sabía que tenía que convencer para vencer. Con ese fin promovió la votación a favor de la guerra de liberación entre las comunidades de Chiapas. Los actas a su favor eran fundamentales para reforzar su posición en el encuentro que los comandantes planeaban realizar, ese verano, en la ciudad de México.

El EZLN tenía sus bases de apoyo más importantes en una zona donde la gerontocracia —fuerte en los Altos— estaba debilitada por la cultura de la asamblea fomentada por los mayorístas que, durante los setenta, trabajaron en la Selva. Marcos supo muy bien utilizar a su favor dicha cultura. Por esas fechas, en una junta con sus oficiales, explicó que Germán le pedía demostrar el apoyo que tenían los zapatistas entre las comunidades de Chiapas. Era indispensable, pues, hablar con los responsables de los pueblos con el objeto de preparar el terreno para la votación. Había llegado, por fin, el momento de la guerra. Durante los sufragios, celebrados en el mes de junio, participaron todos aquellos que mantenían vínculos con la guerrilla, a partir de los doce años de edad. Alrededor de quince mil indígenas votaron en favor de las hostilidades, según el cálculo del subcomandante Daniel. Muy pocos, en cambio, tuvieron la posibilidad de votar en contra. Los encargados de preparar esos comicios fueron los propios oficiales del EZLN. Al llegar a las comunidades, luego de convocar a la gente, daban una plática sobre la necesidad de comenzar la guerra. Muchos iban más lejos: decían con franqueza que, independientemente del voto, las hostilidades iban a estallar, y que más valía sumar fuerzas ahora para poder enfrentar juntos el Wokolil (el Gran Dolor). En la imaginación de los indígenas, el Wokolil era una prueba, algo similar al diluvio que describían las Sagradas Escrituras. Para sobrevivir al remolino de las aguas, que sería devastador, había que participar en la construcción del arca que representaba la guerrilla —y subir a ella, antes de que fuera demasiado tarde.

Los oficiales del EZLN permanecieron en sus campamentos el día de la votación, para no ser acusados de presionar a las comunidades que los respaldaban en Chiapas. Estaban presentes nada más los responsables de los pueblos, encargados de leer el papel con el que daban comienzo las asambleas. Aquel papel estaba precedido por un texto, escrito a mano, que justificaba la decisión de recurrir a las armas para liberar a México. El texto culminaba con una pregunta, formulada en español: ¿Estás de acuerdo en que se inicie la guerra revolucionaria? Luego de la discusión, los responsables de los pueblos contaban los votos a favor y, si los había, los votos en contra. Todos pasaban después a firmar aquel papel —el acta— con su nombre de combate, y a veces también con su nombre de verdad. “Unas actas las sellaban con el sello del ejido, para dar más fuerza”, recuerdan los indígenas de las Cañadas.2 Las asambleas, en general, contaban sólo con la participación de los Zapatistas, aunque también, en ocasiones, con la de toda la comunidad. Llegaban a durar hasta tres días. Estaban desde luego concebidas para que las preguntas relativas a la necesidad de comenzar la guerra fueran respondidas con un Sí—método que sena después común en las consultas del EZLN—. Pero eso no quería decir que su resultado fuera nada más un producto de la manipulación, como lo habría de sugerir el comandante Rodrigo. En junio de 1992, las comunidades estaban ya comprometidas con la guerra: habían emitido su voto, en los hechos, al vender todo lo que tenían para sostener —y armar— a las tropas del EZLN.

En los días que siguieron a la votación, los subcomandantes del EZLN prepararon en San Cristóbal una reunión que sería fundamental para definir su postura con respecto del comienzo de la guerra en México. Daniel y Pedro, junto con Marcos, tenían bajo su responsabilidad el Frente de Combate Sur-Oriental. Pedro, el más antiguo de los tres, militaba desde fines de los setenta con las Fuerzas de Liberación Nacional. Era güero, alto, flaco, jorobadón, con los ojos muy rasgados. Sus compañeros no sabían, por supuesto, su nombre de verdad. No sabían casi nada de su vida. Héctor Ochoa, el subcomandante Pedro, era nativo del Distrito Federal. Tenía más o menos treinta y un años. Había sido reclutado por las FLN cuando realizaba sus estudios en la ciudad de México. Vivió después por un tiempo en el municipio de Macuspana, Tabasco, donde trabajó como chofer en las instalaciones de Pemex. Fue con los años uno de los primeros guerrilleros que llegaron a los campamentos de la Selva. A partir de entonces no salió ya más de la montaña, salvo por unos meses, muy al principio, cuando tuvo que viajar a la ciudad para curar un mal en la piel ocasionado por la larva de un insecto —el mal que nombraban por esos rumbos úlcera del chiclero—. Al comenzar la década de los noventa, ya con el grado de subcomandante, centró su labor en las cañadas de Las Margaritas, donde más tarde tuvo bajo su mando el campamento de La Loma, allá por las cumbres de la sierra de la Colmena. Era la zona de influencia de los maristas de la Castalia, como todos llamaban a la Misión de Guadalupe en Comitán. Pedro trabajaba muy a menudo con los catequistas —Tacho, por ejemplo— aunque no con los sacerdotes, quienes eran contrarios a las actividades del EZLN. Muchos de ellos lo conocían de nombre. Sabían que tenía fama de ser bromista, irresponsable y atolondrado. Los pocos que lo trataron, indígenas en su mayoría, lo recuerdan a su vez con sentimientos encontrados. Pedrín era, según unos, “muy amoroso”.3 O más bien, según otros, “muy bravo”.4 Contaba siempre, coinciden todos, con la simpatía de Marcos, uno de los muy pocos compañeros de la ciudad con los que convivió durante los años de la Selva.

El subcomandante Daniel tenía más o menos la misma edad que Pedro. Era natural de Michoacán, aunque su familia radicaba en la ciudad de México. Había sido reclutado por las FLN al comienzo de los ochenta, en la UAM de Xochimilco. Salvador Morales trabajaba por aquel entonces en los talleres de la carrera de diseño de la comunicación. Sus tareas, allí, estaban limitadas a preparar el aula, sacar las fotocopias, ordenar el material que necesitaban los maestros. Con el paso de los años, a mediados de los ochenta, llegó con otros guerrilleros a la Selva, donde trabajó por unos meses en la región de Avellanal. Regresó tres años más tarde, en vísperas de las operaciones Votán, ya con el grado de subcomandante del EZLN. A principios de los noventa concentró sus esfuerzos en los ejidos de las cañadas de Altamirano. Tenía bajo sus órdenes el campamento de Las Calabazas, en la sierra Corralchén. Allí vivía, rodeado de su gente. “Era de pelo chino negro”, recuerdan los zapatistas, “y traía un cuerpo muy moreno.

“5 En contraste con Pedrin, más amiguero, Daniel nunca congenió con Marcos. Los separaban sus orígenes (uno proletario, otro burgués) y su temperamento (uno reservado, otro chacotero). Los roces entre los dos aumentaron en la Selva. Muchos estaban relacionados con el tema del dinero. Daniel tenía bajo su cargo las finanzas del EZLN, pero Marcos administraba sus fondos sin dar explicaciones a nadie. Su relación hizo crisis en el verano de 1992, durante unas maniobras en el campamento que los zapatistas llamaban La Cama de Nubes, en la parte más escarpada de la sierra Livingstone. Durante las maniobras, Daniel defendió su posición con estacas clavadas en hoyos (trampas cazabobos) para frenar el avance de la gente de Marcos. Ante las críticas que provocó su gesto —eso no se hacía entre compañeros, le dijeron— contestó que, por el contrario, tenía que actuar como si sus compañeros fueran enemigos: todos iban a pelear en una guerra de verdad, ¿o no? Unos días más tarde salió de la Selva. En julio de 1992, de hecho, acababa de llegar a San Cristóbal. Allí participó, con otros oficiales, en una reunión que habría de ser definitiva para el futuro del EZLN.

La reunión de San Cristóbal comenzó en el mes de julio, en una casa de seguridad que los zapatistas tenían en el número 63 de la carretera a Tenejapa, en el barrio de Guadalupe. Aquella casa, pintada de verde, con techo de tejas, estaba por lo general a cargo de la mayor Yolanda, la mujer de Marcos. Era bastante grande. Tenía incluso un taller de costura para confeccionar los uniformes de los milicianos. La reunión que tuvo lugar allí, tan importante para la guerrilla, prolongó sus trabajos hasta los comienzos del otoño. En ella participaron todos los oficiales del EZLN, así como también algunos representantes de las organizaciones de la ciudad que pertenecían a las FLN. Estaban ausentes, en cambio, los miembros de la Dirección Nacional, con excepción de Marcos. Era él, sin duda, la figura más conspicua de la reunión. Además de sus actividades, muy cargadas en aquellos días, escribía sin parar —lleno de cifras y de sueños— un texto para discutir entre sus compañeros, en el que definía su postura con respecto de la guerra, Chiapas: el sureste en dos vientos. Ese texto, que resumía con agudeza la situación de los indígenas en el estado, terminaba con un pasaje que, por la fuerza de su desmesura, evocaba las alegorías del Antiguo Testamento. “Reina ahora el viento de arriba, ya viene el viento de abajo, ya la tormenta viene”, profetizaba el subcomandante. “Cuando amaine la tormenta, cuando lluvia y fuego dejen en paz otra vez la tierra, el mundo ya no será el mundo, sino algo mejor”.6 Las semanas, a su lado, pasaron sin problemas en aquella casa de seguridad, equipada con un radio que permitía mantener el contacto con el exterior. En ese tiempo, además de tomar clases y realizar ejercicios, los zapatistas ordenaron las actas de la votación que, para comenzar la guerra, acababan de promover entre las comunidades que los apoyaban en Chiapas. Discutieron también las Leyes Revolucionarias que habrían de regir la vida del país luego del triunfo de la Revolución.

Las Leyes Revolucionarias fueron aprobadas por los oficiales del EZLN en unas sesiones de trabajo que coordinaron Marcos, Daniel y Pedro. Los principios que las sustentaban, congruentes con la ideología de las FLN, eran similares a los de todos los movimientos de liberación nacional en América Latina. Estaban inspirados también, claro está, en el ejemplo de la Revolución en Cuba. Las leyes de los zapatistas rechazaban, en lo general, la economía de mercado. Todo, a su juicio, tenía que responder a un plan —un plan que no quedaba muy bien definido—. “Las empresas nacionales deberán incrementar mensual- mente los salarios en el porcentaje que determine una comisión local de precios y salarios”, afirmaba la Ley del Trabajo.7 “Los precios de los productos básicos serán regulados por una comisión local de precios y salarios”, añadía la Ley de Industria y Comercio.8 Sus leyes restringían, asimismo, las prerrogativas de la propiedad privada, en la ciudad y en el campo. La Ley de Reforma Urbana, por ejemplo, señalaba que “las grandes mansiones podrán habitarse en forma provisional por varias familias haciendo divisiones interiores”.” La Ley Agraria Revolucionaria. por su lado, tras anunciar que serían afectadas “todas las extensiones de tierra que excedan las 50 hectáreas en condiciones de mala calidad y de 25 hectáreas en condiciones de buena calidad”, agregaba que “las tierras afectadas deberán trabajarse en colectivo”.10 Aquellas leyes—”las bases para empezar a construir una patria nueva”, decían los zapatistas— serían dadas a conocer al resto de los mexicanos, junto con la Declaración de la Selva Lacandona, en el órgano de difusión del movimiento: El Despertador Mexicano.11

A principios de agosto, Marcos y Yolanda partieron en un Volkswagen hacia la ciudad de México. Ambos iban a participar en una junta convocada por sus mandos en el contexto del aniversario de las FLN. La junta tuvo lugar en una de las casas de seguridad que los rebeldes tenían en la capital. Al terminar las sesiones del Buró Político, que duraron tres o cuatro días, dieron comienzo las de la Dirección Nacional, en las que participaron nada más sus integrantes: Germán, Rodrigo, Elisa, Gabriela, Marcos y Lucía. El debate recayó muy pronto sobre dos personas, el comandante Rodrigo y el subcomandante Marcos. Rodrigo vivía por lo general en la ciudad de México, donde tenía bajo su responsabilidad el trabajo con los obreros, así como también la formación de los cuadros de las FLN. Por esos días concentraba sus esfuerzos en definir las estructuras de lo que sería, meses después, el Partido Fuerzas de Liberación Nacional. Su relación con Marcos era mala, en parte sin duda porque disputaba con él —no obstante su rango, su antigüedad, su posición en el Buró Político— el liderazgo intelectual de la organización. Resentía la contundencia con la que le planteaba sus argumentos; su talento para convencer, su capacidad para expresar por escrito sus ideas, su sentido del humor, tan distinto a la solemnidad del resto de los compañeros. Sus diferencias con él, al principio sólo personales, eran ya. por esos tiempos, estratégicas. Durante la reunión de agosto, al discutir el tema de la guerra, Rodrigo comentó que las actas que traía Marcos eran un invento suyo para comprometer a la Dirección Nacional. La acusación sacó de sus casillas al subcomandante, que respondió con furor. Los zapatistas, dijo, estaban cansados de esperar; muchos abandonaban la causa; la guerrilla no podía continuar más en la clandestinidad. La posición de Rodrigo —contra la guerra, por la conversión de las FLN en un movimiento de masas— contó desde luego con el apoyo de su mujer, Gabriela. Elisa y Lucía, por su lado, permanecieron indecisas, al igual que Germán. El comandante en jefe, en efecto, manifestó que le daría su apoyo a quien lo convenciera. “Me voy con el que gane”, fueron sus palabras.12 Su intención era, claro, ser el fiel de la balanza de las FLN. Aunque al final, sin un proyecto propio, aceptó de hecho subordinar su autoridad al vencedor.

Marcos no perdió la comunicación con el resto de sus oficiales durante el tiempo que duró la junta de las FLN en la ciudad de México. Más bien al contrario: hablaba por teléfono todos los días a la casa de San Cristóbal. Era una medida de seguridad que juzgaba necesaria, ya que, según parece, envenenadas las relaciones de la montaña con la ciudad, temía la posibilidad de que sus compañeros de la capital lo fueran a desaparecer. En septiembre, al regresar a Chiapas, estaba convencido de que había que hacer a un lado al comandante Rodrigo. Entonces discutió con sus oficiales el tema más delicado de la reunión de San Cristóbal: la reestructuración de las FLN. Marcos argumentó que la jefatura de la organización tenía que recaer en alguien que pudiera representar a los zapatistas, a los campesinos que los respaldaban en Chiapas. Entre los oficiales más cercanos a él hubo dos, Yolanda y Josué, que se manifestaron en favor de su candidatura para ocupar el mando de las FLN. Marcos declinó: no quería pasar por encima de Germán, pero aceptó, en cambio, sustituir a Rodrigo, muy alejado ya de los quehaceres del EZLN. El resto de los oficiales estuvo de acuerdo en formalizar el cambio de mandos en el curso del encuentro que los guerrilleros planeaban realizar para fundar el Partido de las FLN. Hacia fines de septiembre, al término de la reunión de San Cristóbal, los insurgentes, ya resuelto todo lo demás, discutieron por último los detalles de su participación en la marcha que tenía por objeto conmemorar el descubrimiento de América. Acordaron participar en ella bajo las siglas de la organización que los cubría, la ANCIEZ. Su propósito era doble: hacer explícita su protesta contra el quinto centenario del descubrimiento y, al mismo tiempo, ensayar la toma de la ciudad que realizarían un año después, armados con el fuego de sus rifles.

El 12 de octubre de 1992 fueron conmemorados los quinientos años del descubrimiento de América. Más de nueve mil indígenas participaron en la manifestación de San Cristóbal de Las Casas. Estaban allí la ARIC, la OCEZ, la ANCIEZ, la UNORCA, todas aglutinadas en el Frente de Organizaciones Sociales de Chiapas, el FOSCH. fundado la víspera con el concurso de Chiltak. La ANCIEZ sobresalía por su disciplina, por la cantidad de mujeres que llevaba. Algunos de sus miembros ostentaban arcos y flechas, y tenían los rostros pintados de colores. Parecían un ejército. Todos ellos, movilizados durante la noche, llegaron a la ciudad durante la madrugada del 12. un lunes. La manifestación partió, muy ordenada, de la gasolinería de Huitepec, al lado de la estatua de fray Bartolomé de Las Casas. Entró por la Diagonal del Centenario, cruzó por el Puente Blanco, siguió de frente por Mazariegos, dio vuelta después en General Utrilla. Sus columnas pasaron de largo la Plaza de Armas para llegar al mercado, en donde torcieron a la izquierda por Honduras y luego, de nuevo, por 20 de Noviembre. Marcos, entre la gente, filmaba la manifestación. Era muy aficionado, desde joven, a las cámaras de cine. Durante sus años en el colegio, con una Súper 8 que le regaló su padre, había rodado varias películas caseras, entre ellas una llamada Bubble-gum, sobre el robo de la fórmula secreta del chicle bomba, hecha con uno de sus hermanos en Tampico. Ahora registraba para la historia la manifestación del 12 de octubre. Había comandos de guerrilleros destacados en toda la ciudad, listos para responder en caso de provocación, coordinados por el mayor César y por el mayor Mario. Entre los indígenas que marchaban por las calles de la ciudad, la mayoría, sin duda, era parte del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. Muchos lo sabían. Al pasar frente a la iglesia de Santo Domingo, unos militantes de la ANCIEZ dejaron atrás el grueso de la manifestación, que siguió de frente por 20 de Noviembre. Entonces, con palos y marros, empezaron a demoler la estatua de bronce del conquistador Diego de Mazariegos. Un grupo de policías trató de contenerlos, pero no pudo: fue recibido por una lluvia de pedradas.

La marcha culminó por fin en la Plaza de Armas —es decir, la Plaza 31 de Marzo, así llamada por ser ésa la fecha de la fundación. en 1528, de la ciudad de San Cristóbal—. Allí, los campesinos desplegaron sus pancartas. Hoy cumple quinientos años de robo, muerte y destrucción el pueblo indígena, decían unas. 12 de octubre, día de la desgracia, clamaban otras. Pinche Tratado, nos tiene maltratados, ironizaban las demás. Los oradores tomaron entonces la palabra. Unos hablaron en tzeltal a nombre de la ANCIEZ; otros en tojolobal a nombre de la CIOAC; unos más, en tzotzil, a nombre de la OCEZ. El maestro de ceremonias era Frank. Pronunciaba las palabras con soltura. Estaba convencido de la necesidad de vincular, en un movimiento, los reclamos de maestros, estudiantes, colonos, obreros y campesinos. Era necesario propulsar alianzas. “Romper con los regionalismos”, afirmaba. “Ir más allá de la lucha concreta”.13

Había que juntar a los petroleros de Pemex, en Tabasco; a los trabajadores de la Volkswagen, en Puebla; a los estudiantes de la Universidad de Sonora, entonces congregados en el Zócalo de la ciudad de México. Todos en aquel momento luchaban, con el recurso de la huelga, para defender sus derechos en el trabajo. Los campesinos tenían que brindarles solidaridad, decía Frank. Aquel 12 de octubre terminó, por la tarde, con una misa en Catedral. Don Samuel, ante más de cuatrocientos fieles, habló sobre la situación en el estado, donde, subrayó, “crece y se fortifica una violencia estructural que niega el legítimo derecho a desarrollar todas las potencialidades del ser humano”.14 Al caer la noche, la tensión era muy grande. Jorge Lescieur, el alcalde de la ciudad, llegó a culpar al obispo por la destrucción de la estatua de Mazariegos. Estaba mal informado, por decir lo menos. Ignoraba la magnitud de la confrontación que oponía a la diócesis con los organizadores de la marcha, quienes habían querido derrumbar también, al entrar a la ciudad, la estatua de piedra de fray Bartolomé.

El resto del año transcurrió sin mayores sobresaltos. Los oficiales del EZLN, luego de la marcha de San Cristóbal, que tanto ruido provocó, entendieron que tenían que actuar con discreción en Chiapas. Hacia diciembre participaron en una serie de juntas a las que convocaron sus mandos en vísperas del Primer Congreso del Partido Fuerzas de Liberación Nacional. En ellas acordaron el lugar del encuentro: el ejido Prado, al que conocían entonces con el nombre de Babilonia. Definieron también, junto con la fecha, las cuestiones relativas al transporte, la seguridad, la alimentación y el hospedaje de los delegados. Estaban ya decididos los nombres de las personas que habrían de representar a los pueblos en lucha de Chiapas. Todo estaba listo, pues, para la reunión de Prado. Los insurgentes planeaban discutir allí, una vez más, el tema de la guerra de liberación en México. Unos años atrás, con el auge del cardenismo, sus dirigentes habían optado por aplazar la decisión. No tenían entonces armas suficientes, ni querían supeditar sus fuerzas a la figura del momento, la del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas. Pensaban, además, que podían —y debían— crecer también en otras partes del país. Ahora, a fines de 1992, las cosas eran distintas. Resultaba para todos evidente la necesidad de tomar una decisión. Así lo plantearon quienes convocaron al encuentro para formar el Partido de las FLN, un encuentro que, por sus implicaciones, marcaría para siempre la vida de las comunidades de Chiapas.

El 23 de enero de 1993 los delegados al Primer Congreso del PFLN llegaron al ejido Prado. Era uno de los más zapatistas de la Selva, localizado al sur de la cañada de Patihuitz, apenas a unas horas a pie del campamento que Marcos llamaba La Cama de Nubes. Todos fueron recibidos con ayuda de las bases de apoyo que tenían los insurgentes en la comunidad. Allí durmieron. El 24 de enero, temprano por la mañana, comenzaron los trabajos en la escuela del ejido. Un grupo de milicianos despejó los muebles del recinto para dar lugar a todos los asistentes. Había cerca de cuatrocientos, entre militantes de las FLN, oficiales del EZLN y representantes de los pueblos de Chiapas. Juntos entonaron el Himno Nacional y la Internacional. Después pasaron a sus asientos, unos bancos hechos con madera de pino. En lo alto de la mesa, vestidos con el uniforme del EZLN. destacaban Germán. Marcos y Rodrigo. A sus lados estaban las mujeres, Elisa, Gabriela y Lucía, que pertenecían, como ellos, a la jefatura de las FLN. Estaban también los subcomandantes del EZLN, Daniel y Pedro, flanqueados por todos los mayores, entre los que resaltaban Alfredo, Yolanda y Josué, por ser ellos los que más gente coordinaban en la reunión de Prado. Entre los militantes de la organización era posible ver también a Frank, el dirigente de la ANCIEZ, y a Vicente, el editor de la revista Nepantla. Abajo, sobre sus bancos, aguardaban los representantes de los pueblos, indígenas todos ellos, vestidos con sus trajes de campesinos. Eran por mucho la presencia más contundente —y la más importante, también— en la escuela del ejido Prado.

La reunión transcurrió sin problemas aquella mañana. Los temas menos polémicos estaban situados al principio del orden del día. Así, los zapatistas discutieron, para comenzar, los documentos del Partido Fuerzas de Liberación Nacional. Esos documentos, redactados por Rodrigo, detallaban con nitidez las metas de las FLN. Eran más o menos las mismas que las proclamadas al inicio de los ochenta por sus Estatutos. Estaban ahora plasmadas en una Declaración de principios. Parecía que los años no pasaban para la organización: sus líderes empleaban todavía, en 1993, las ideas y las consignas que tenían desde los tiempos de la Guerra Fría. “Los objetivos del Partido”, afirmaban, “son organizar, dirigir y encabezar la lucha revolucionaria del pueblo trabajador para arrancarle el poder a la burguesía, liberar a nuestra patria del dominio extranjero e instaurar la dictadura del proletariado. entendida como un gobierno de trabajadores que impida la contrarrevolución y comience la construcción del socialismo en México”.15 El PFLN, añadían, “recurre como forma principal de lucha a la político-militar y la combina con otras formas de acción política, ante la imposibilidad de lograr cambios de fondo por métodos pacíficos”.16 Contaba para ello con el EZLN que, a decir de sus dirigentes, jamás habría de claudicar en México. “No depondrá las armas ni aun después de haber conquistado el triunfo, pues entonces se transformará en el núcleo de las fuerzas armadas de la patria socialista”.17 Los delegados de Prado, indígenas en su mayoría, estaban todos identificados, desde hacía tiempo, con el lenguaje de la Revolución. Así, en el momento de votar, aprobaron sin titubeos, con sus brazos en alto, la Declaración de principios del Partido de las FLN.

El primer día del encuentro concluyó sin que surgieran controversias en el seno de las FLN. Todos sus militantes estaban de acuerdo con la Declaración de principios, como lo habían estado, meses antes, con las Leyes Revolucionarias, que no fue necesario discutir en la reunión de Prado. Las diferencias que separaban a sus dirigentes no eran ideológicas, sino estratégicas: tenían que ver con el camino, no con la meta. Ellas salieron a relucir al día siguiente. El 25 de enero, en efecto, los insurgentes discutieron el tema de la guerra de liberación. Fue. sin duda, el momento más dramático de la reunión de Prado. Marcos pidió la palabra. Estaba vestido de negro, con sus botas de campaña: tenía sobre la frente sus tres estrellas de subcomandante. Era cierto. concedió de entrada, que no todas las condiciones estaban dadas para la Revolución, pero también era cierto que, al estallar la guerra, ella misma las podía crear. Para eso, agregó, existía el EZLN. Había también otras razones que tenían que ser consideradas. Sus hombres, dijo, estaban listos para comenzar la lucha. No podían esperar más tiempo. Muchos habitaban en comunidades identificadas ya por el Ejército. Era necesario, pues, tomar la iniciativa. Ello les permitiría, además, utilizar a su favor la coyuntura del país, el año de las elecciones que venían. El subcomandante. antes de terminar su discurso, recordó los resultados de las actas firmadas meses antes por las comunidades: todas estaban, subrayó, en favor de la guerra. Sus palabras fueron saludadas con una ovación por los representantes de los pueblos.

Rodrigo comprendió que tenía perdida la partida, aunque, incluso así, ofreció sus razones a los compañeros que participaban en el encuentro. Era imposible plantear allí, en ese momento. la necesidad de renunciar a las armas para poder hacer trabajo de masas con el pueblo, como lo había sugerido meses antes en la reunión de las FLN. Nadie lo entendería, ni lo toleraría. Así pues, forzado por las circunstancias, tuvo que limitar el alcance de su propuesta: habló nada más sobre la necesidad de posponer el comienzo de la guerra. El comandante Rodrigo conocía mejor que nadie la debilidad de los rebeldes en las otras regiones del país: en las que formaban el Frente Norte, en las que conformaban el Frente Para-Central. Sin su concurso, inevitablemente, los zapatistas serían cercados en el Frente Sur-Oriental. Sabía también, sin embargo, que no podía mencionar esa debilidad (la cual era. además, en parte su responsabilidad) a los delegados reunidos en la escuela de Prado: los dirigentes del EZLN, en efecto, estaban obligados a mantener entre sus bases de Chiapas la ficción de que la fuerza que tenían allí —evidente para todos— era similar a la que tenían en el resto de México. Tuvo pues que restringir su discurso para señalar lo obvio: los zapatistas no tenían armas ni medicinas, estaban aún mal equipados, iban a ser forzados a combatir en un contexto nacional muy adverso, opuesto a la lucha armada, que terminaría por aislarlos de sus aliados en el país. Sus argumentos pusieron a temblar a los partidarios de la guerra. El comandante, era claro, hablaba con la verdad, aunque también, al parecer, sin el ánimo de convencer: sabía que la decisión estaba ya tomada. Así, luego de dar sus argumentos, aclaró que no tenía la intención de votar contra la guerra. Marcos, entonces, pudo respirar tranquilo. Con el propósito de cerrar filas, seguro de ganar, pidió que los delegados, sin excepción, votaran a favor de las hostilidades. Todos alzaron la mano, inclusive Rodrigo. Los zapatistas sellaron así su pacto con el destino.

En la reunión de Prado, según indican los testimonios, había un voto por cada compañía del EZLN, un voto por cada pueblo en lucha y, por último, un voto por cada militante de las FLN (eran a lo sumo cuarenta los que llegaron a Chiapas procedentes del resto de la República). Marcos controlaba, por supuesto, el voto de sus compañías, así como también el de los representantes de los pueblos en lucha, alrededor de trescientos, que sólo levantaban la mano —como lo veía Rodrigo, alarmado— cuando recibían una señal del oficial que les correspondía, un mayor del EZLN. En esas circunstancias empezó la votación para reformar las estructuras de las FLN. Era el 26 de enero, día de la clausura del Primer Congreso del Partido. Marcos se puso de pie. Tenía con él la lista de los nombres que. dijo, habían sido propuestos por la gente para ocupar los cargos de la dirección. Su lista, redactada la víspera con ayuda de los mayores, era de hecho desconocida por el resto de los delegados, incluso por el comandante Germán. En ella no aparecía el nombre de Rodrigo, salvo para dirigir uno de los cargos menos importantes del Partido: la Comisión de Relaciones Internacionales. Un silencio muy denso se hizo en el ambiente. El segundo responsable nacional, en efecto, acababa de ser víctima de un golpe que lo marginaba por completo de la organización en la que militaba desde princpios de los setentas.

Estaba sumamente pálido, agotado por el desgaste que había significado, para él, luchar en esos días contra todos los dirigentes de los zapatistas en Chiapas. Entonces, a decir de los testigos, abandonó la reunión de Prado.

—A mí ya no me necesitan —comentó—. Por qué no me lo dicen de una vez. Nomás me quieren ver la cara.18

Caminó hacia su coche, encendió el motor y partió del ejido sin escolta, acompañado por Gabriela. Nadie supo lo que sucedió después.

Los zapatistas reformaron las estructuras de las FLN con el fin de presentar un frente más unido, necesario para comenzar la guerra de liberación en México. Formaron para ello el Partido de las FLN. La dirección del Partido, en ausencia del Congreso, recaía sobre los miembros del Comité Central. El Comité Central estaba presidido por un secretario general, que conducía los trabajos de la Secretaría Militar, la Secretaría del Interior y la Secretaría de Masas. Sus tareas eran secundadas, además, por la Comisión de Ideología y Formación Política, la Comisión de Honor y Justicia y, en fin, la Comisión de Relaciones Internacionales. El comandante Germán ocupó, por unanimidad de votos, el cargo de secretario general, así como también el de secretario del Interior. Marcos, a su vez, encabezó la Secretaría Militar y Lucha, apoyada por él, la Secretaría de Masas, donde coordinaba los trabajos de tres dependencias: la Subsecretaría Campesina, la Subsecretaría Obrera y la Subsecretaría Popular. La compañera Lucha militaba con las FLN desde los tiempos de su fundación, al igual que Germán, con quien vivió casada durante la gestación del EZLN en Chiapas. Estaba por cumplir sesenta años. Había presenciado, según contaba, la matanza de los estudiantes en Tlatelolco. Ese recuerdo de sangre la llevó con los años a militar en la guerrilla, donde tuvo la desgracia de ver morir a la mayoría de sus compañeros. Al regresar a Chiapas, luego de sobrevivir a la represión de los setenta, dirigió la casa de seguridad que tenían las FLN en Tuxtla. Los indígenas —a quienes llamaba mis hijitos— la recuerdan con bastante parquedad. Era baja y flaca, dicen, y tenía el pelo pintado de amarillo. La votación de Prado la colocó, aquel 26 de enero, al lado de Marcos y de Germán. Todos ellos formaban el Comité Central del Partido Fuerzas de Liberación Nacional.

El comandante Germán era, formalmente, el dirigente más encumbrado del Partido. Llevaba veinticuatro años en el movimiento: la mitad de su vida. En un principio, al comienzo de los setenta, había sido responsable de redactar los folletos, elaborar los mapas y reparar las armas destinadas a las FLN. Más tarde, luego de los reveses sufridos por la guerrilla, trabajó por unos años bajo las órdenes de Mario Sáenz, el compañero Alfredo. Hacia fines de los setenta, al morir Alfredo, no obstante de que fue desconocido por varios de sus camaradas, asumió el cargo de primer responsable de las Fuerzas de Liberación Nacional. Con él al frente llegaron todos al estado de Chiapas. A principios de los ochenta, junto con Elisa, encabezó la fundación del EZLN en la Selva Lacandona. Unos años después fue capturado, en Nuevo León, por la Policía Federal de Caminos. Al menos así lo platicaba con los zapatistas de las Cañadas. Traía con él unos rifles .22 que venía de comprar en Estados Unidos. Los policías —según sus palabras— lo torturaron, pero sin poder averiguar absolutamente nada. Pasados unos días salió por fin en libertad. Lo propulsaban sus convicciones, sin duda, aunque también, quizás, el deseo de vengar a todos los compañeros que murieron en la penumbra de la clandestinidad. “Es un hombre violento”, habría de confesar Elisa.19 Los zapatistas coincidían con ella. “Era la línea dura”, dicen. “Ahí sí que no los perdonaba a nadie”.20 Lo miraban con temor cuando llegaba con ellos a la Selva. Les impresionaba su corpulencia, su rigidez, su ferocidad, las tres estrellas de comandante que le brillaban en el pecho. Sus responsabilidades en la organización eran muy diversas. Tenía que presidir, con voto de calidad, las reuniones del Comité Central del Partido; coordinar a las células que trabajaban en las ciudades para la Secretaría del Interior; organizar las tareas del Comité de Finanzas; cuidar los archivos de las FLN; comprar, en fin, las armas que sostenían las actividades del EZLN.

Abajo de Germán estaba ya, después de la reunión de Prado, el subcomandante insurgente Marcos. Sus funciones eran, según los documentos, “elaborar y ejecutar todos los planes relativos a la guerra de liberación”.21 Con ese fin propuso, en Prado, la formación del Comité Clandestino Revolucionario Indígena. El CCRI estaba compuesto por los representantes de las comunidades que secundaban a los zapatistas en las montañas del Sureste. Las comunidades eran, sin duda, el sostén del movimiento. No sólo cubrían los gastos del EZLN en Chiapas; por esas fechas financiaban también la mayoría de las actividades de las FLN en México. Las casas de seguridad que tenían en las ciudades, por ejemplo, eran sostenidas, no con el dinero de sus militantes urbanos, sino con los recursos de los pueblos de Chiapas. Asimismo, las personas que trabajaban en ellas —armeros, impresores, enfermeros— eran, en su mayoría, indígenas originarios de los Altos y de las Cañadas. Marcos representaba sus intereses ante la dirigencia de las FLN, al menos en la medida en que también él apostaba todo, como ellos, a la guerra de liberación en México. Por eso —porque los tenía de su lado— ganó la votación contra los que pugnaban por el aplazamiento de las hostilidades, encabezados por Rodrigo. Su victoria fue también, así, el triunfo de la montaña sobre la ciudad. No fue, sin embargo, el triunfo de los indígenas sobre los mestizos, como exclamarían más tarde, alborozados, los admiradores del EZLN. Los indígenas, en efecto, eran la base de la guerrilla, no su dirigencia. Estaban, como siempre, supeditados a la autoridad del jefe del Frente Sur-Oriental. El subcomandante Marcos tenía bajo su mando, según los documentos del PFLN, “las tropas regulares de armas y servicios, los comandos, las unidades especiales, así como los milicianos y las bases de apoyo del EZLN”.22 Los documentos no mentían: Marcos era de verdad el jefe. Lo era, realmente, desde hacía ya varios años; lo sería, formalmente, a partir de la reunión de Prado. Con él al mando, esa primavera, los zapatistas empezaron los preparativos para la guerra de liberación en México. n

Carlos Tello Díaz. Escritor. Su más reciente libro es Historias del olvido. A los interesados en las fuentes de este texto, el autor dará respuesta en la dirección electrónica nexos@spin.com.mx

1. Ruth, “Memoria de las Terceras Jornadas de Superación Ideológica”, 1982. Este texto, publicado por la revista Nepantla, me fue facilitado (junto con otros más, encontrados todos en casa de Gloria Benavides, comandante Elisa del EZLN) por un funcionario de la Secretaría de Gobernación. Los datos sobre la crisis de deserciones en el EZLN, a su vez, así como los relativos a la relación del comandante Rodrigo con el subcomandante Marcos, me fueron proporcionados por Salvador Morales (subcomandante Daniel del EZLN) en una serie de entrevistas realizadas en la ciudad de México. Su testimonio coincide con la impresión que los indígenas de las Cañadas (entre ellos Lázaro Hernández, dirigente de la ARIC) tenían sobre las pugnas que existían en el seno de la dirección de la guerrilla.

2. Entrevista a un ex responsable del EZLN en la cañada de Estrella (México. octubre de 1999). Todos los datos relacionados con la votación de los Zapatistas en favor de la guerra me fueron proporcionados por compañeros indígenas de la Selva, muchos de ellos ex guerrilleros, cuyos nombres están protegidos en La rebelión de las Cañadas. Su testimonio subraya las diferencias que distinguieron las reuniones preparativas para la votación, organizadas por los oficiales del EZLN. Así, por ejemplo, la reunión de San Miguel, que tuvo lugar de noche, en la iglesia y con toda la comunidad, fue presidida por el teniente Filiberto y la subteniente Azucena. La reunión de San Antonio, en cambio, que tuvo lugar de día, en una casa de seguridad y sólo con Zapatistas, fue presidida por el subcomandante Marcos y el mayor César. La información sobre el Wokolil me fue primero comentada por René Gómez, asesor de la ARIC, y después confirmada por otros campesinos de las Cañadas.

3. Citado por El Nacional, 14 de mayo de 1994. El diario cita el testimonio de Ramiro Rodríguez, miliciano del EZLN en La Realidad, que

describe, entre otras cosas, su vida con los zapatistas y su impresión del subcomandante Pedro.

4. Entrevista a un ex insurgente del EZLN de la cañada de Patihuitz (Ocosingo, agosto de 1994). Todos los datos relativos al subcomandante Pedro los obtuve gracias a las entrevistas con indígenas que lo conocieron cuando militaban con él en el EZLN. salvo su nombre y su enfermedad (úlcera del chiclero), que me fueron proporcionados por el subcomandante Daniel

5. Entrevista a un ex insurgente del EZLN de la cañada de Patihuitz (Ocosingo, agosto de 1994). Los datos relativos al subcomandante Daniel están basados en el testimonio de los indígenas que convivieron con él, así como en su declaración ministerial, dada a conocer a los medios de comunicación en febrero de 1995. El propio Daniel me habló sobre las finanzas del EZLN y me contó la anécdota de las maniobras que tuvieron lugar en La Cama de Nubes.

6.  Marcos, “Chiapas: el sureste en dos vientos, una tormenta y una profecía”, 1992. El texto de Marcos, fechado en agosto de 1992. fue dado a conocer por La Jornada el 27 de enero de 1994. El resto de la información sobre esta etapa de la reunión de San Cristóbal se la debo a Marcos, la genial impostura, de Maite Rico y Bertrand de la Grange (pp. 212-213) y a una serie de entrevistas que tuve con el subcomandante Daniel.

7.  El Despertador Mexicano, diciembre de 1993. El órgano informativo del EZLN fue distribuido por los zapatistas a los medios de comunicación durante la movilización de enero de 1994. Circuló después en fotocopias entre un público más amplio. Estas leyes —que, según los zapatistas. “se impondrán, con el apoyo de los pueblos en lucha, en los territorios liberados para garantizar su control revolucionario”— constituyen uno de los pocos documentos que describen con detalle el tipo de país por el que luchaba el EZLN. Es también uno de los pocos que fueron hechos públicos luego de haber sido clandestinos.

8.   El Despertador Mexicano, ibid.

9.   El Despertador Mexicano, ibid.

10. El Despertador Mexicano, ibid.

11. El Despertador Mexicano, ibid.

12. Fuente: Salvador Morales (México, abril de 1999). Toda la información relativa al encuentro de la dirigencia de las FLN en la ciudad de  México se la debo a Daniel, quien conoció los detalles de esa reunión de boca de quienes participaron en ella. Su relación coincide con el testimonio de los zapatistas recogido por Maite Rico y Bertrand de la Grange en Marcos, la genial impostura (pp. 205-206). La información sobre el desenlace de la reunión de San Cristóbal, por último, se lo debo de nuevo a Daniel.

13. Citado por Gaspar Morquecho, “La ANCIEZ en el movimiento campesino”, Tiempo, 24 de octubre de 1992. La descripción de la marcha de San Cristóbal está basada, fundamentalmente, en la información publicada por el periódico Tiempo. Algunos detalles más concretos (que Marcos filmó la marcha, que César y Mario estaban apostados, que Frank era el maestro de ceremonias) me fueron proporcionados por activistas de Chiltak en la ciudad de San Cristóbal.

l4 . Citado por Tiempo, 13 de octubre de 1992. Todos los números del periódico Tiempo fueron consultados en el archivo del periódico en San Cristóbal de Las Casas.

15.  PFLN, Declaración de principios. México, 1993. La Declaración de principios del Partido de las FLN. junto con otros documentos clandestinos de la organización, fue dada a conocer por el gobierno de México a los medios de comunicación en el curso de febrero de 1995. Los documentos fueron encontrados en casa de Gloria Benavides (comandante Elisa en el EZLN). cuyo marido era entonces responsable de la Comisión de Ideología y Formación Política del PFLN. Las ideas expresadas en la Declaración de principios coinciden con el discurso de los oficiales del EZLN en las comunidades que los apoyaban en la Selva.

16. PFLN, ibid.

17. PFLN. ibid.

18. Fuente: un ex insurgente del EZLN en la cañada de Avellanal (Ocosingo. febrero de 1995). La relación de los hechos ocurridos durante la reunión de Prado está basada, fundamentalmente, en el testimonio de los indígenas que participaron en ella. Con el propósito de protegerlos, sus nombres no aparecen en las notas. Elisa y Daniel mencionan la reunión en sus declaraciones ministeriales de febrero de 1995, así como también Marcos en sus entrevistas con Yvon Ie Bot. en las que hace, además, una breve alusión a la reunión de diciembre (El sueño zapatista, p. 194). Daniel aceptó hacer una lectura crítica de mi texto, y sus comentarios enriquecieron la descripción que aquí aparece de la reunión de Prado. Durante la reunión, según Daniel, los subcomandantes y los mayores del EZLN rechazaron la posibilidad de crear una Secretaría de Ideología a cargo del comandante Rodrigo, pues ello le daría poder de veto en el Comité Central del Partido de las FLN. Sugirieron por ello transformar esa Secretaría en una simple Comisión, que finalmente le dieron a  vÍcente, lo que provocó una reacción de cólera y de desprecio por parte de Rodrigo.

19.  PGR, Declaración ministerial de María Gloria Benarides Guevara, México, 9 de febrero de 1995. La declaración ministerial de Elisa, junto con la de Daniel, fue dada a conocer por el gobierno a los medios de comunicación en febrero de 1995. Las afirmaciones hechas en ambas declaraciones coinciden con el testimonio de los indígenas que militaron en el EZLN. Los datos sobre Lucha, a su vez, están basados en el testimonio de los indígenas de la Selva, que la conocieron cuando acudían a la casa de seguridad que tenían las FLN en la ciudad de Tuxtla.

20.  Entrevista a un ex insurgente del EZLN en la cañada de Avellanal (Ocosingo, febrero de 1995). La información sobre Germán está basada, fundamentalmente, en el testimonio de los ex zapatistas de la Selva, cuyos nombres están protegidos por el anonimato en La rebelión de las Cañadas. Los zapatistas que convivieron con él conocieron de sus labios muchos datos de su vida (entre ellos, por ejemplo, el relativo a su detención por la Policía Federal de Caminos a finales de los ochenta).

Entre las demás fuentes cabe destacar la información publicada en los diarios del país durante febrero de 1995 (destacadamente el artículo de Jesús Belmont, “Origen y desarrollo de un movimiento armado”. Epoca, 27 de febrero de 1995), así como las declaraciones ministeriales de Elisa y Daniel y los datos revelados en la Declaración de principios del PFLN

21.  PFLN, ibid. Los datos sobre la creación del CCRI me fueron revelados por los indígenas que participaron en la reunión de Prado. Ellos fueron confirmados más tarde por Marcos en sus entrevistas con Yvon Le Bot (El sueño zapatista, p. 195), donde también habla de las diversas posturas que se enfrentaron en la reunión de Prado.

22.  PFLN, ibid. Los datos sobre la debilidad del movimiento fuera de Chiapas me fueron proporcionados por Daniel, quien tocó también el tema en la entrevista que le hicieron Maite Rico y Bertrand de la Grange para la revista Letras Libres (febrero de 1999).

Hernán Cortés

HERNÁN CORTÉS

POR CARLOS FUENTES

Hernán Cortés, hijo de un molinero y alumno de Salamanca, extremeño y figura que anunció al príncipe maquiavélico, continúa siendo un personaje vivo en la historia de México. Si nos horrorizamos por las violentas consecuencias de sus actos, “nos cuesta mucho” —escribe Carlos Fuentes—, así sea a regañadientes, no admirar la épica encarnada por un hombre” que logró someter a un imperio.

Los mexicanos no hemos escatimado homenajes a nuestra cultura colonial. Los misioneros Gante, Motolinia y Bartolomé de las Casas, los escritores Bernardo de Balbuena y Sor Juana Inés de la Cruz, incluso los virreyes de la Nueva España, que cuentan con barrio propio y toda la cosa en las Lomas de Chapultepec, certifican que México es consciente del proceso histórico y cultural que, entre 1519 y 1810. forjó eso que podemos llamar “la nacionalidad” mexicana.

El gran ausente de estas nomenclaturas es el conquistador Hernán Cortés. Un palacio en Cuernavaca, un busto y una calle secretos, marcan un paso que se diría invisible si no estuviese estigmatizado por las huellas de la sangre, el crimen y la destrucción. Hernán Cortés, en México, ha sido tradicionalmente olvidado o execrado, aunque a veces, también, elogiado. La tradición liberal abjura de él. la conservadora lo exalta, pero el justo medio historiográfico es obra de un eminente escritor contemporáneo, José Luis Martínez, quien en 1990 publicó la más equilibrada biografía del conquistador.

A pesar de todo ello, Hernán Cortés sigue siendo un personaje vivo; la censura no logra matarlo y, acaso, el odio lo vivifica. Cortés es parte de nuestro trauma nacional. Lo execramos porque venció a los indios, destruyó una cultura y demostró, sobradamente, la violenta crueldad de su carácter. Pero, en el fondo, nos identificamos —criollos y mestizos— con la sociedad indohispana fundada por el extremeño. Voy más allá; los mexicanos modernos veneramos a los indios en los museos, donde no nos pueden hacer daño. Pero al indio de carne y hueso lo despreciamos con crueldad más severa, por engañosa, que la batalla abierta librada por Cortés contra el imperio de Moctezuma Xocoyotzin.

Sin embargo, nos cuesta mucho, así sea a regañadientes, no admirar la épica encarnada por un hombre que, al frente de once navios, quinientos soldados, dieciséis caballos y varias piezas de artillería, logró someter un imperio indígena que se extendía del centro de México a la América Central. La quema de las naves, la decisión de marchar hasta  Tenochtitlan. la inteligencia política para advertir las fisuras del imperio azteca y sumar descontentos en contra del autócrata Moctezuma, todo ello identifica a Hernán Cortés con su tiempo, el Renacimiento europeo, y su sicología, la del Príncipe maquiavélico. Realmente, la gesta mexicana de Cortés puede leerse como si el extremeño hubiese leído al florentino. Claro que El Príncipe no es publicado hasta 1531, después de consumada la conquista de México. Pero que la figura del político maquiavélico ya estaba presente en el aire del tiempo, lo prueba, como nadie. Hernán Cortés.

Virtud, Fortuna y Necesidad; los tres términos capitales de la política maquiavélica encarnan soberanamente en Cortés. La fortuna de Cortés es que su desembarco en Veracruz coincide con la profecía del regreso del dios blanco, barbado y bienhechor, Quetzalcóatl. El asombro y el temor paralizan, por principio de cuentas, al adversario indígena. La necesidad, dice Maquiavelo.  puede limitar la capacidad política, pero también acicatearla. En el caso de Cortés, la necesidad de vencer a Moctezuma lo estimula como a un jugador de ajedrez. El extremeño supera constantemente los azares de la fortuna haciendo -literalmente— de tripas corazón. Si no persuade, traiciona. Si no traiciona, combate. Si no combate, asesina. Las matanzas de Cholula son la más negra página de la biografía de Cortés. La virtud, en fin, lo mueve a asumir la paradoja de amar lo que ha combatido, de destruir una civilización pero de fundar una nueva. La necesaria alianza con la traductora indígena, doña Marina, “la Malinche”, se traduce, a su vez, en el símbolo del mestizaje, base de la comunidad mexicana y augurio, hoy mismo, de lo que será el siglo XXI.

La conquista de México fue una catástrofe. Pero una catástrofe sólo es catastrófica, advierte María Zambrano, si de ella no nace nada que la redima. De la conquista de México nacimos todos nosotros, ya no aztecas, ya no españoles, sino indo-hispa- no-americanos, mestizos. Hablamos castellano. Adaptamos, sincréticamente, la religión católica a nuestro universo sagrado. Nos apropiamos, a través de España, de las culturas helénicas, latinas, musulmanas y hebreas de la cuenca del Mediterráneo. Somos lo que somos porque Hernán Cortés, para bien y para mal. hizo lo que hizo.

Hay un tema final que quisiera tocar. Hernán Cortés era un “hombre nuevo”, un producto de la naciente civilización urbana post-feudal de España. Ignoro si era portador de ese impulso democratizador que fue brutalmente arrestado en Villalar en 1521. No deja de ser llamativo que ese mismo año, 1521. Cortés conquista la capital del imperio azteca y Carlos V derrota a las comunidades de Castilla. ¿Perdieron las burguesías post-medievales españolas en Villalar y ganaron en México? Si así fue, si el hijo de molinero de Medellín y pasajero alumno de Salamanca, venció con su genio político y militar al imperio del Gran Tlatoani Moctezuma, no cabe duda de que, también. Cortés fue derrotado por la corona española. Cualquier veleidad democrática o independentista en estos hombres de Andalucía y Extremadura que le dieron al Habsburgo el dominio del mundo sin necesidad de que se desplazara de Flandes y de Castilla fue rápidamente aplastada por el poder real. Cortés mismo no puede consolidar poder alguno en México. Los emisarios del Rey lo acusan, lo humillan, lo desplazan y lo condenan a un melancólico ocaso.

Pero los dos hijos de Cortés, los dos Martines, el Martín criollo hijo de Juana de Zúñiga y el Martín mestizo hijo de la Malinche, serán los protagonistas, en 1566, de la primera intentona independentista de México. Es como si los hijos hubiesen querido cumplir el imposible destino del padre. Hernán Cortés, el Príncipe que no fue, el buen burgués condenado a esperar su hora histórica. Pero si ésta tardó en llegarle a Cortés y a los “hombres nuevos” de España, el momento épico sí les perteneció; la virtud, la necesidad y la fortuna sí les sonrieron y si al cabo las tres les dieron la espalda, ¿quién, como escribió Bernal Díaz del Castillo, podría quitarles la memoria de aquellas jornadas de gloria?  n

Carlos Fuentes. Escritor. Su última novela es Los años con Laura Díaz.

¿Por qué las democracias florecen sin demócratas?

PESOS Y CONTRAPESOS

¿POR QUÉ LAS DEMOCRACIAS FLORECEN SIN DEMÓCRATAS?

GUILLERMO TREJO

El funcionamiento de las democracias no depende, como asienta el autor de este artículo, de las virtudes ciudadanas sino de la efectividad de las instituciones políticas.

Se ha vuelto moneda de uso corriente entre intelectuales y analistas el afirmar que México es una “democracia sin demócratas”. La gran patología de la democracia mexicana pareciera ser la ausencia de virtudes cívicas entre gobernantes y gobernados: no tenemos élites políticas con talla de estadistas ni ciudadanos con credenciales auténticamente tocquevillianas. No existe el Estado de derecho porque no hay voluntad democrática para ejercerlo ni aptitudes ciudadanas para obedecer. La representación y la rendición de cuentas no dejan de ser una quimera porque tenemos políticos egoístas que sólo persiguen su interés particular y ciudadanos perezosos, despreocupados del quehacer de sus representantes. No existe un verdadero equilibrio entre poderes porque hemos tenido presidentes autoritarios que privilegian el agandalle sobre la cooperación y ciudadanos irresponsables que celebran la imposición.

Si todo esto fuera cierto, ¿podría surgir y prosperar la democracia en tierra de egoístas y rufianes? ¿O es acaso necesario que gobernantes y gobernados cambien, se transformen en hombres y mujeres nuevos, para que germine la democracia en México?

El buen funcionamiento de los gobiernos democráticos no depende de la psicología ni de las convicciones de los gobernantes. El viejo debate sobre las personalidades democráticas o autoritarias de los líderes tiene un sustento lógico y empírico muy pobre. En principio, está el problema de la definición: ¿qué es una personalidad democrática o una autoritaria? Si algún psicoanalista fuera capaz de explicar la diferencia, el siguiente problema sería de lógica causal. El suponer que un individuo que es tolerante en su esfera privada lo será en la esfera pública es un ejemplo clásico de una falacia de composición. Pasar de lo privado a lo público con tanta ligereza es una empresa riesgosa. Por último, la historia política de las democracias proporciona innumerables ejemplos de “grandes hombres” que presiden gobiernos catastróficos y de gobernantes mediocres al frente de gobiernos justos y efectivos.

El funcionamiento de las democracias es un problema de instituciones efectivas. La cooperación y la eficiencia gubernamental no son producto de virtudes individuales, sino de sistemas de pesos y contrapesos que incentiven el buen funcionamiento de las instituciones estatales. El problema no es encontrar al Roosevelt, al Churchill, al Mandela, al Adolfo Suárez mexicano. Madison lo sabía: “Si los ángeles gobernaran a los hombres, ningún tipo de control gubernamental, ni interno ni externo, sería necesario”. Pero como ninguna sociedad está gobernada por ángeles, sino por hombres y mujeres con intereses y pasiones, los federalistas idearon una fórmula eficaz: arreglos institucionales para contraponer las ambiciones humanas. La fórmula es sencilla: más que esperar el advenimiento de grandes estadistas, se trata de incentivar a los gobernantes, incluso al peor de los rufianes, a garantizar el Estado de derecho y a rendir cuentas, en aras de su propio interés. No es, pues, problema de voluntades, como solemos decir, sino de incentivos. No es Freud. es Madison.

Si las personalidades y las convicciones de los gobernantes son irrelevantes para el funcionamiento de las democracias, ¿lo son también los valores y las actitudes de los ciudadanos? Una vieja tradición en la ciencia política que se origina con Platón sugiere que la existencia misma y el buen funcionamiento de los regímenes políticos está fuertemente influida por la cultura cívica de los ciudadanos. Se trata de una supuesta afinidad entre cultura e instituciones políticas. Si las instituciones políticas funcionan deficientemente se debe a las patologías del cuerpo social: a la ausencia de ciudadanos virtuosos, participativos, cooperativos y tolerantes. El principal problema con este tipo de argumento es que su naturaleza determinista no permite dar cuenta de variaciones temporales y espaciales. La Alemania de la entreguerra proporciona un ejemplo dramático. En los años veintes y treintas Alemania experimentó una explosión de asociacionismo ciudadano comparable sólo con lo visto por Tocqueville en su paso por los Estados Unidos. Esa sociedad participativa y cívica vio nacer a la muy celebrada República de Weimar. Años más tarde, sin embargo, esta misma sociedad tocquevilliana subió a Hitler al poder. Si encontráramos elementos. autoritarios en algunas de estas redes sociales que sustentaron al nazismo, ¿cómo se explica entonces la estabilidad democrática en la Alemania de la postguerra? Mayorías “democráticas” pueden intencional o involuntariamente generar efectos sociales tan perversos como el nazismo.

El funcionamiento de las democracias no depende de las virtudes ciudadanas sino, nuevamente, de la efectividad de las instituciones políticas. El gran fracaso de Weimar no fue su sociedad, sino su arquitectura institucional. Las democracias no necesitan poblarse de ciudadanos rousseau- nianos para funcionar. Madison, quien rompe decididamente con la influencia filosófica de la Antigüedad, lo apunta de manera correcta: “si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario”. En la tradición contractualista de Hobbes, Madison prefiere suponer que el egoísmo es parte constitutiva del género humano. Y ante la pluralidad de ambiciones, la fórmula del federalista sigue en pie: controles y reglas institucionales para que la pluralidad social de intereses, al contraponerse, incentive a los políticos a evitar los gobiernos tiránicos y responder ante las necesidades de sus representados. No es, pues, un problema de virtudes ciudadanas, sino de reglas e incentivos. No es Platón ni Rousseau, es Madison.

En los últimos años los viejos argumentos de la cultura cívica han sido rescatados por Robert Putnam, profesor de Harvard. A partir de arduos estudios empíricos en Italia y en Estados Unidos, Putnam ha encontrado que el buen funcionamiento de los gobiernos democráticos se explica por la existencia de una sociedad civil fuerte, vigorosa, participativa. Los gobiernos ejemplares del norte de Italia se deben a las enormes reservas de capital social que han existido ahí por siglos. Los gobiernos timoratos y corruptos del sur, en cambio, se deben a una sociedad poco participativa y mal organizada. La destrucción del tejido social en las ciudades norteamericanas de los últimos años se debe, según Putnam, a la erosión del capital social: los norteamericanos ya no asisten a las ligas de boliche como lo hacían los jóvenes del baby boom de la postguerra. Putnam desató una industria de estudios sobre los efectos positivos de la cultura cívica. Francis Fuku- yama mordió el anzuelo y hoy intenta persuadir a la iniciativa privada sobre las bondades empresariales de las redes sociales y la confianza intra-organizacional. ¿Realmente el capital social genera tanto bienestar?

La evidencia empírica detrás de los ecos celebratorios de las virtudes cívicas es todavía muy parcial. La moneda sigue en el aire. La Italia del Norte celebrada con tanto ahínco por Putnam fue la cuna del fascismo italiano. Y como lo señaló un audaz crítico de Putnam, detrás de Timothy Mc Veigh, el terrorista de Oklahoma, hay una comunidad fuerte y participativa, donde la gente sabatinamente asiste al boliche. La lista se podría extender: la mafia italiana funciona a partir de un rico acervo de capital social y las guerrillas rurales en el mundo se nutren de densas redes comunitarias de participación social. Las guerras étnicas y religiosas están montadas sobre islotes de participación social. Detrás del crimen organizado también hay fuertes redes comunitarias. Una sociedad civil participativa, de hecho, tiene rostros múltiples. Puede, según las circunstancias, parir gobiernos fascistas o democráticos, movimientos guerrilleros o movimientos no violentos de protesta social. ¿Qué explica las diferencias? Muchos autores sospechan que la respuesta podría estar en las instituciones políticas. Hay sistemas institucionales que encauzan a los grupos participativos por vías democráticas mientras que otros los incentivan hacia la violencia.

Las democracias florecen con o sin demócratas, con ellos o a pesar de ellos. En la ciencia política se albergan sospechas de que las democracias funcionan mejor con ciudadanos participativos. Pero esto no pasa de ser una atractiva sospecha. Los actores proto-democráticos no existen. Diferentes estudiosos del surgimiento histórico de las democracias han querido ver en la burguesía, la clase media o en el proletariado al actor que abandera el nacimiento y la consolidación de las democracias. Marx vivió convencido de que el proletariado era el actor proto-libertario en contra del yugo capitalista. Por casi un siglo diversos regímenes socialistas y movimientos de liberación nacional buscaron inútilmente forjar al hombre nuevo. Fueron búsquedas estériles. Son las buenas reglas las que hacen políticos y ciudadanos virtuosos y no viceversa. Y las buenas reglas no son el diseño maestro de notables “ingenieros” constitucionales, hombres listos y honestos. Los controles, los premios y los castigos que incentivan el buen gobierno son producto de la pluralidad, la competencia, el conflicto y la negociación.

Nunca está de más tener un piloto visionario y honesto al frente de una buena maquinaria democrática. Tampoco está de más que las democracias se nutran de una ciudadanía virtuosa. Pero como la existencia de unos y otros es un evento azaroso, las democracias más efectivas son aquellas. que son capaces de incentivar, incluso al peor de los rufianes, a respetar los principios democráticos en pos de su propio beneficio.           n

Guillermo Trejo. Profesor-Investigador de la División de Estudios Políticos del CIDE

Mejor que la liguilla

MEJOR QUE LA LIGUILLA

Al momento de redactar estas línea se ha definido la final de la liguilla por el torneo mexicano: Pachuca eliminó al mejor equipo del torneo, el Atlas, y Cruz Azul eliminó a ese puchero, a esa gavilla sin identidad llamada el América (¿y ahora irán por Saturnino Cardozo? ¿No entienden que comprar así no funciona? ¿Dónde estás, Panchito Hernández?). Los pro-liguilla apelan a la emoción que trae este tipo de desenlace. Muy bien. Lo que este redactor se pregunta, en cambio, es por qué no empezar, en estos torneos cortos, la liguilla desde el principio, es decir, desde el primer partido del torneo donde la obligación de ganar puntos lleve a los equipos, y perdón por mi francés, a romperse el hocico en cada uno de los partidos. Un torneo por puntos y sin grupos (grupos donde hay equipos que alcanzan la calificación con una cantidad ridicula de puntos, o equipos que de modo absurdo, en algún momento del torneo no saben si se irán a segunda división o serán campeones gracias al repechaje); un torneo donde, como los goles, el punto que se va no vuelve, y donde los puntos ganados no bastan “para calificar” con anticipación sino hay que obtenerlos hasta el fin. ¿Por qué esperar hasta la liguilla y no tener en cambio emociones continuas? Los pro-liguilleros plantean esto: ¿no pierde emoción el saber que no habrá finales? Au contraire: a lo largo del corto torneo por puntos veríamos varias semifinales y finales y partidos decisivos, tanto para la cabeza de la tabla como para evitar el descenso. (Ahora mismo en la liga argentina, de donde los federativos mexicanos sacaron la idea de los torneos cortos no sin embutirles la liguilla, a una fecha del término no hay nada decidido: River Píate debe ganar su último partido y lo siguen tres equipos que pueden alcanzarlo ganando ellos también.) Incluso el argumento económico tendría su mejora: habría estadios llenos desde el principio. Por lo pronto, gane Cruz Azul o Pachuca, en este torneo se verá la injusticia de que no ganará (como al menos ocurrió en el torneo pasado, cuando ganó el Toluca) el que mejor hizo las cosas en el torneo, puesto que Cruz Azul y Pachuca quedaron en sexto y en séptimo lugar general. ¿No valdría la pena, nomás por ver o por variar, intentar dos torneos por puntos para la próxima temporada? Y un plus, para recobrar una tradición emotiva y ahora descontinuada: que el campeón de “invierno” y el campeón de “verano” jugaran —revivieran— el Campeón de Campeones en el verano sin comillas.

—Johannes Burgos

¿Qué política social?

¿QUÉ POLÍTICA SOCIAL?

POR NYDIA IGLESIAS / CIDAC

Ante un sistema político y económico profundamente transformado por la creciente pluralidad de actores y por la fuerza descentralizadora de los mercados, los nuevos gobiernos están obligados a encarar y resolver los dilemas de la política social. Un sistema democrático depende de manera crucial de la existencia de una población educada, saludable y capaz de contribuir a la marcha del país.

 La política social constituye un fenómeno moderno. Preguntarse sobre las políticas públicas —su origen, su finalidad— es casi tanto como preguntar por qué existen los gobiernos, para qué nacieron en el seno de la sociedad humana. Preguntarse sobre la política social mueve a reflexionar sobre las responsabilidades que un gobierno puede tener.1 Más allá de las funciones gubernamentales tradicionales e indisputables (seguridad, justicia y orden público), la realidad política y económica de las sociedades y los gobiernos representativos de este siglo ha hecho de las políticas públicas instrumentos complejos y dedicados a la atención de múltiples problemas. Ahora bien, si alguna política pública rebasa los límites de ese gobierno mínimo esencial es la política social.

La política social es uno de los instrumentos con que cuenta la autoridad para ofrecer respuesta a la aspiración y los reclamos de la sociedad por una mejor calidad de vida; pero en la procuración de esa tarea, la política social puede también ser el mecanismo que consolide, o cuya ausencia revierta, los procesos de transformación y progreso social en los que persevera toda sociedad. Ello debido a que el objetivo de la política social debe ser el compensar las desigualdades aleatorias (sociales y naturales) mediante la igualación de capacidades básicas (nutrición, salud, educación y vivienda) entre la población.2 Esto supone. necesariamente, atender sobre todo a los individuos más desfavorecidos para situarlos en condiciones de libre autodeterminación y elección, es decir, de participación en el intercambio económico, social y político.

No se trata únicamente —aunque sí en esencia— de combatir las condiciones de desigualdad e injusticia social, que por siglos han caracterizado a la estructura social mexicana, sino también de dar viabilidad al proyecto económico, que no tiene ningún futuro si cerca de la mitad de los mexicanos son incapaces de contribuir a realizarlo. El combate a la pobreza es precondición para el crecimiento y desarrollo económicos equilibrados, pero también el mecanismo más robusto y seguro de progreso social.

Un pobre no es el individuo que carece de ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades sino el que no posee la base social para insertarse en la sociedad a través del ejercicio de su voluntad, y para generar ingreso; no es aquel que “no tiene” sino el que es “incapaz de obtener”. Ahora bien, esa base social mínima que todo ser humano requiere para autodeterminarse, generar un ingreso y participar en la dinámica social y política general está constituida por una nutrición adecuada, salud, educación básica, y vivienda.3 Diversos estudios han documentado que la nutrición guarda una estrecha correlación con los niveles de aprovechamiento escolar de los niños, la productividad de los trabajadores y, en general, con la calidad de vida de cualquier individuo; que la salud depende del acceso que el individuo tenga a los medios para prevenir enfermedades y a un sistema médico que pueda reducir al mínimo inevitable la pérdida de productividad relacionada con enfermedades; que la educación —la básica en particular— es factor crucial de la efectiva participación del individuo en las distintas esferas sociales, y que entre más educado es el individuo más alta es su productividad y su capacidad de generar ingresos; y, finalmente, que cuando la vivienda del individuo no cumple con características de solidez, espacio y salubridad mínimas, la calidad de vida del individuo y su capacidad para desempeñarse disminuyen.

Existen dos métodos para medir la pobreza: el directo y el indirecto. El primer método busca determinar el grado de satisfacción de necesidades básicas que los individuos efectivamente logran. El otro, indirecto o del ingreso, supone un ingreso mínimo que potencialmente satisface las necesidades básicas y considera pobre a aquel que no cuente con esos medios para enfrentar el costo de satisfacer las necesidades básicas. El método indirecto tiende a ser empleado con mayor frecuencia debido a que su parámetro de medición, el ingreso, constituye un dato relativamente más fácil de determinar.

El método directo resulta más certero para medir el fenómeno debido a que su objetivo no es estimar la posibilidad monetaria de satisfacer necesidades básicas, sino la satisfacción concretamente realizada de éstas. Boltvinik señala que los estudios que emplean el método directo hacen un mapeo de indicadores que involucran la alimentación, la vivienda y el grado de hacinamiento, servicios sanitarios, escuelas primarias y el nivel educativo del jefe de familia; luego se fija el nivel mínimo de satisfacción para cada indicador y se define como pobres a aquellos individuos que no cumplen con el conjunto de estos mínimos. En cuanto a los pobres extremos, este método considera que son aquellos que no consiguen satisfacer en lo mínimo al menos dos de estas necesidades.4

La medición directa de la pobreza no está exenta de problemas, como la dependencia de este método respecto a la información censal, que en el peor de los casos es escasa o poco confiable, y en el mejor, inconsistente en la desagregación de los datos o poco relevante en el tipo de variables registradas. Una abrumadora mayoría de los estudios refiere resultados cuantitativos que no necesariamente dan cuenta del estado verdadero de la situación. Por ejemplo, es común que la educación sea evaluada de acuerdo al nivel de escolaridad de la población, en lugar de emplear resultados cualitativos de rendimiento académico; o que la salud se evalúe según el número de camas de hospital o médicos por habitante. No obstante, este punto débil del método directo se corrige en la medida que se consigue sustituir los parámetros cuantitativos por otros cualitativos. Y, finalmente, las implicaciones de política que se derivan de medir la pobreza por medio de un método u otro son crucialmente distintas. El medir la insuficiencia de ingreso tiende a desembocar en políticas generadoras de empleo o de incremento salarial. En contraste, al medir la pobreza a partir del método directo, las acciones imperativas resultan otras como programas de alimentación complementaria para población-objetivo, créditos para vivienda, dotación de infraestructura de servicios básicos para zonas marginadas, expansión y mejora de la educación pública elemental.

Hasta hace muy pocos años, la mayoría de las investigaciones sobre el caso mexicano, como lo documentan Trejo y Jones, se había basado en el método indirecto;5 y no parece inexacto argumentar que, antes de PROGRESA, los programas de política social de los últimos dos decenios se originaron en cálculos y conclusiones derivados de una medición indirecta e incompleta.

En 1990, El Consejo Consultivo de PRONASOL presentó un estudio que daba cuenta de la evolución de la pobreza en México entre 1960 y 1987; los resultados aparecen en el cuadro de la página anterior, al que se agregó el dato de 1996 para presentar la última cifra oficialmente reportada.

Con algunas variaciones (atribuibles a consideraciones metodológicas) respecto de otros estudios contemporáneos, estos datos ofrecen la oportunidad de evaluar la dinámica del fenómeno a lo largo de la segunda mitad de este siglo. Es claro que de 1960 a 1981, la pobreza total en México disminuyó en términos relativos (31%). Sin embargo, la caída es fundamentalmente un descenso en la proporción de indigentes; y este resultado fue consecuencia de la migración del campo a las ciudades, de los subsidios urbanos generalizados y del crecimiento sostenido que experimentó la economía mexicana durante el desarrollo estabilizador y el auge petrolero. Las caídas relativas de la pobreza total y extrema cambian su tendencia a partir de la crisis de 1982 y, a excepción de las regiones norte y oeste, a partir de entonces mantienen un deterioro constante. De hecho, si se atiende a cifras absolutas, la pobreza total no dejó de aumentar en todo el periodo registrado en el cuadro, excepto durante el breve boom petrolero (1977-1981). Ello se debe a que, si bien la pobreza moderada aumentó a tasas decrecientes, el incremento total entre 1960 y 1981 fue de 159.7%, cifra mucho mayor que el 98.3% de la población nacional. Peor aún, si se hubiese ajustado la línea de pobreza según los cambios en el grado de desarrollo del país durante el periodo, resultaría evidente que tanto la pobreza extrema como la moderada crecieron a tasas que doblaban el crecimiento de la población. En realidad es durante estos últimos decenios que la pobreza en México experimenta el crecimiento real más grande de la era moderna.

La estabilización y la liberalización económicas en México han tenido lo mismo efectos positivos que negativos sobre la pobreza y la distribución del ingreso. Sin embargo, los últimos datos disponibles (1996) arrojan un balance negativo en términos del efecto social neto. Desde 1984, la distribución del ingreso registra una notoria polarización, y la desigualdad entre regiones se ha incrementado. La mayor parte de los estudios realizados sobre el tema concluye que los niveles de pobreza aumentaron ligeramente entre 1982 y 1992; y, de modo concluyente, todos los indicadores de bienestar social sufrieron un deterioro a partir de la crisis que estalló en diciembre de 1994. Para 1996 las estimaciones gubernamentales contabilizaban 15 millones de mexicanos bajo la línea de indigencia (aproximadamente 16% de la población total del país), y 30 millones más dentro de la categoría de pobreza moderada.6 La conclusión evidente es que la política social no ha sido un instrumento eficaz para compensar las desigualdades entre la población, menos aún para atacar la pobreza. Y ello se debe a que su propósito original fue otro.

EI desmoronamiento del poder político a partir de la crisis de 1994 quedó, desde el inicio, marcado por el desdibujamiento de la presidencia como el punto focal de la clase y el sistema políticos priistas. En su lugar, la dinámica de las élites políticas regionales ha vuelto a cobrar vida. En ese marco de fragmentación y dispersión del poder político, la descentralización de la política social y de combate a la pobreza han encontrado nuevamente un cauce abierto. En 1996. Zedillo transfirió, vía ramo 26, dos tercios de los recursos del PRONASOL a los gobiernos estatales y municipales.7 Sin embargo, no se abandonó el renglón de política federal de combate a la pobreza, y pese al bajo perfil público que éste ha mantenido en los últimos años, los programas actualmente en operación parten de la experiencia e información acumuladas por las administraciones anteriores.

En términos operativos, bajo este último gobierno la política de combate a la pobreza conducida por el poder ejecutivo federal se ha caracterizado por estar concentrada en la pobreza extrema. El llamado Programa Integral para Superar la Pobreza Extrema se dio a conocer hasta 1998, pero en realidad formaliza las acciones emprendidas desde principios de 1995, cuyo objetivo se refiere, por primera vez de manera específica, al enfoque de fortalecimiento de capacidades básicas. El propósito central del programa es “contribuir a una reducción significativa de la pobreza extrema en el mediano plazo, a partir de acciones integrales que apoyen a las personas y familias durante los ciclos esencialmente formativos de su vida, y les permitan romper el círculo de la transmisión generacional de la pobreza”.8 La estrategia seguida desde 1995 considera tres ejes de acción: a) el desarrollo de capacidades básicas en los individuos (concentrado en el Programa de Educación. Salud y Alimentación, PROGRESA, y que consiste en transferencias directas a las personas); b) la ampliación de la infraestructura básica municipal (que en mucho constituye la continuación de anteriores políticas de desarrollo regional, y que responde crucialmente a presiones políticas locales); y c) la creación de oportunidades de empleo e ingreso (cuyos programas están insertos en la misma lógica del punto anterior).

Los últimos dos ejes se insertan en las agendas de diversos programas en marcha desde hace años, o coordinadas por agencias en distintos órdenes de gobierno. En contraste, el punto que se refiere a la creación y desarrollo de capacidades básicas abre un nuevo capítulo en la concepción de la política social de combate a la pobreza.

El objetivo central del PROGRESA es eliminar el subsidio a los alimentos tradicionales (leche y tortillas) y transformar estos recursos (0.5% del PIB) en transferencias de ingreso a poblaciones específicas para mejorar sus condiciones de nutrición, salud y educación; las acciones del programa contemplan, al día de hoy, 2,300,000 familias de once regiones que viven en condiciones de pobreza extrema. Los recursos se entregan de la manera más directa posible ya como apoyos monetarios para el hogar, becas y útiles escolares, o como suplementos alimenticios para niños menores de cinco años y mujeres embarazadas o en lactancia, y atención médica periódica. Esto constituye un drástico rompimiento con la visión que hasta hoy tuvo la política social de combate a la pobreza, que se fundaba en una estrategia de subsidios universales.

PROGRESA, sin embargo, no está exento de problemas; técnicamente, se le critica su umbral de aplicación (hogares con ingresos menores de un salario mínimo) porque se dice que subestima la magnitud de la pobreza extrema y deja fuera de su cobertura a una proporción importante de esa población, pues con la actual infraestructura de servicios médicos y educativos públicos resulta muy difícil que el programa llegue a la población más necesitada; también se dice que su énfasis individualista choca con la organización tradicional comunitaria de muchos pueblos indígenas que, casi por definición, constituyen la enorme mayoría de la población en extrema pobreza; y, además, la viabilidad financiera del programa depende, en gran parte, de la gradual eliminación de los subsidios alimentarios en las ciudades, la cual genera enormes resistencias por parte de poderosos grupos de interés. No obstante todo ello, el programa parece tener el fundamento más sólido que hasta hoy haya presentado ninguno otro, los recursos se dedican de modo preciso a objetivos cualitativos y su apuesta es a mediano y largo plazo. Representa la opción por el criterio de focalización.

Sobre la importancia crucial de este último punto, Alberto Díaz Cayeros cita varios estudios recientes que demuestran primero que la desigualdad disminuye el crecimiento económico y, luego, que las políticas públicas que pueden disminuir la desigualdad se relacionan con el gasto social, sobre todo en educación, en el mejoramiento de las condiciones de las mujeres y de quienes viven en el medio rural. En función de ese objetivo, Díaz Cayeros sostiene que la política social puede cometer dos tipos de errores. El primero consiste en atender a personas, familias o grupos que no necesitan el apoyo del Estado, lo cual constituye un desperdicio de recursos fiscales. El segundo tipo de error es dejar de atender a los más necesitados. Este último tiene un costo humano, más que fiscal. La experiencia internacional en esta materia sugiere que resulta imposible eliminar totalmente ambos errores, de modo que para optar por el diseño de política social más adecuado a las circunstancias de una población específica, debe tenerse claridad sobre las ventajas y desventajas de las herramientas empleadas, y tratar de minimizar sus errores. Para reducir el error del primer mecanismo citado es necesario conocer quiénes no necesitan de la política social, y excluirlos en lo posible: para reducir los errores de la segunda estrategia es indispensable conocer la distribución de la pobreza, contar con mecanismos administrativos y técnicos que permitan llegar hasta ellos y, de manera crucial, tener un entorno político que permita excluir a las mayorías de los beneficios de algunos programas públicos.

Habiendo argumentado hasta aquí a favor de la focalización, es indispensable reconocer las enormes consecuencias políticas de este esquema. Consecuencias ineludibles, porque la política social funciona como una suerte de bien público: a todos los ciudadanos les conviene que el gobierno nacional establezca programas a favor de los más pobres para mejorar la productividad y las perspectivas de crecimiento económico, pero si se les consultase en referéndum sobre la mejor alternativa de política social, la mayoría votaría racionalmente por la política universalista, de la que posiblemente se podrían beneficiar incluso aquellos que no lo necesitasen.” Esta paradoja política de la democracia y la política social sólo se resuelve en la medida que quienes pagan impuestos estén dispuestos a financiar la política social como bien público, y que el gobierno federal —crucialmente este orden de gobierno y no los estatales o municipales— tenga la capacidad administrativa e institucional para conducir programas de combate focalizado a la pobreza sin que los administradores los conviertan en formas de patronazgo. Ese es el reto de PROGRESA y del esquema más amplio de política social en el que éste se inscribe.

Pese al esfuerzo por fundamentar la estrategia de superación de la pobreza en una evaluación más objetiva, integral y responsable del fenómeno y de las alternativas para combatirlo, lo cierto es que la asignación presupuestal de los últimos años refleja la escasa prioridad que conserva la atención a la pobreza. Entre 1994 y 1998, los recursos del ramo 26 se redujeron 42.6% en términos reales, pero en el lapso del último año el conjunto de las tres vertientes de combate a la pobreza registró un incremento de 11.9% y, actualmente, el gasto federal correspondiente a ese rubro constituye 6.5% del gasto programable autorizado y 10.7% del gasto social autorizado.10 Aun así, los cuatro ámbitos referentes a la existencia o ausencia de capacidades básicas en los individuos, y sobre los que opera el programa, aún están plagados de rezagos y fragilidades.”

Conforme se acerca el cambio sexenal de administración federal, el tema de la política social y el combate a la pobreza vuelve a caer rehén de la contienda política por el poder. Antes que permitir la cancelación de los programas en marcha, que son producto de la experiencia y el costo acumulado durante decenios de políticas tentativas o manipuladas, es indispensable hacer una evaluación, transparente y comprometida, de los resultados obtenidos, buscar el seguimiento de los aciertos y fortalecer o corregir los problemas. Indudablemente, muchos de ellos serán técnicos y logísticos (el levantamiento de datos en censos y encuestas, la evaluación del desarrollo en los individuos, la distribución de los recursos), pero quizá los más arduos serán los de pulcritud y abasto administrativos, y el de compromiso político. Parte de este último tendrá que reflejarse, justamente, en la perspectiva de largo plazo que el próximo conceda o niegue a la política social, que no debe seguir sacrificándose con cada fuego nuevo del periodo sexenal.

La disminución significativa de la pobreza requerirá de un esfuerzo sostenido en distintos frentes y niveles, y éste sólo puede resultar de un consenso entre las principales fuerzas políticas del país respecto a la importancia crucial del objetivo, y de una depurada estructura coordinada y monitoreada por el gobierno federal aunque ejercida en colaboración con actores locales. La adecuación de la política social en México seguirá siendo un proceso incremental, pero es vital que parta de la experiencia y el conocimiento acumulados, y observe un propósito definido y consensado, al que no alteren los cambios de administración o de partido en el poder. Los errores cometidos en el pasado no pueden sostenerse, entre otras cosas debido a que el entorno de la globalización impone una férrea disciplina fiscal y somete a los pobres a riesgos mayores que los que enfrentaron en el pasado. No hay cura milagrosa para la pobreza pero el compromiso de los gobiernos nacionales con el propósito de combatirla es indiscutible; los programas dirigidos a ese propósito tendrán mayor o menor éxito en la medida que logren acercarse a la mezcla óptima de viabilidad política, factibilidad fiscal y apego a objetivos sociales auténticos. n

Este texto fue preparado por Nydia Iglesias a partir de trabajos elaborados por otros tres investigadores del Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. sobre temas de pobreza y política social.

Los textos originales son G. Trejo y C. Jones (coords.): Contra la pobreza: Por una estrategia de política-social. Cal y Arena. México, 1993; G. Trejo y C. Jones: “La política social bajo el nuevo modelo económico”, en S. Kaufman Purcell y L. Rubio (coords.): México en el umbral del nuevo siglo: Entre ta crisis y el cambio. Miguel Angel Porrúa, México, 1999; Alberto Díaz Cayeras: “Viabilidad política de la focalización de las políticas sociales: Una perspectiva comparada”, ponencia preparada para el seminario “Las políticas sociales de México al fin del milenio: Descentralización. Diseño y Gestión”, 1998.

1 G. Trejo y C. Jones: Op. cit.. p. 154.

2 G. Trejo y C. Jones: Op. cit.. p. 67.

3 El primero en emplear el concepto de “capacidades básicas” para de finir el conjunto de funciones que todo individuo debe poseer para poder participar mínima y justamente en el intercambio social fue Amarty Sen: “Equality of What”, en Choice, Welfare and Measuremen Blackwell & MIT Press, 1982, pp. 367-369. Pero Sen sólo consider entre esas capacidades básicas a la nutrición, la salud y la educación

4 Boltvinik es citado por G. Trejo y C. Jones. Op. cit., p. 76.

5 Entre los primeros estudios exhaustivos de pobreza en México destacan los siguientes: Coplamar: Macroeconomía de las necesidades esenciales en México: Situación actual y prespectivas al año 2000. Siglo [XI. México, 1983: CEPAL: Magnitud de la pobreza en América Lana en los años ochenta, Doc. LC / L.533, 1989; J. Boltvinik y E. Hernández Laos: La pobreza y las necesidades esenciales en América atina: El caso de México. Proyecto Regional para la Superación de la obreza (PNUD). UAM, México, 1991; S. Levy: Poverty AUeviation i México, The World Bank. Working Paper. WPS 679, Washington. 991; y Consejo Consultivo del Programa Nacional de Solidaridad: El combate a la pobrez: Lineamientos programticos, México, 1990.

6 Secretaría de Desarrollo Social: “Aspectos relevantes de la política social”, documento preliminar. México. 1996. Citado por G. Trejo y C. Jones Op.cit., p. 109.

7 Zedillo transfirió, en 1997. todo el presupuesto dedicado a la construcción de infraestructura física y social a los gobiernos estatales y municipales.

8 E. Del Val: Los programas contra la pobreza en México. Fundación Rafael Preciado Hernández. A.C. Documento de Trabajo núm. 8. México, 1998, p. 28.

9 Alberto Díaz Cayeros: “Viabilidad política de la focalización de las políticas sociales: Una perspectiva comparada”. Ponencia preparada para el seminario Las políticas sociales de México al fin del milenio: Descentralización, diseño y gestión. México, 1998.

10 Poder Ejecutivo Federal: Quinto informe de gobierno. Presidencia de la República, Anexo estadístico, México, 1999, p. 265.

11Para revisar un diagnóstico detallado del estado en que se encuentran los indicadores de nutrición, salud, educación y vivienda actualmente en México, referirse al texto de G. Trejo y C. Jones. Op. cit.

Barómetro

BARÓMETRO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

El año 2000 será recibido por la flamante política democrática en medio del desconcierto en que la dejó el transformismo del PRI. Uno o dos pasos adelante pero de inmediato uno, dos o tres para atrás. Con todo el poder que da la presidencia, sin necesidad de esconderlo tras los símbolos que permitieron hablar de facultades “meta” constitucionales, el presidente Zedillo culminó su tarea de actualización del partido que lo llevó al poder decidiendo en público su destino inmediato, el que le marca la campaña y después la sucesión presidencial.

Más allá de la anécdota, la caída del presidente del CEN priista y su instantánea recuperación burocrática, esta vez en la Secretaría de Salud, confirma si es que esto fuese necesario, la inconclusión de la reforma del partido del gobierno. En lo fundamental, sigue siendo eso y poco más: un organismo político al servicio del gobierno en turno, sin capacidades reales, efectivas, para decidir sobre su futuro, dirimir en buena lid litigios y conflictos internos, al amparo, en fin, de las tormentas o calmas chichas de la cosa pública tal y como éstas se entienden y sienten desde Los Pinos.

Y sin embargo se mueve. Nada de lo hecho, desde las fulminantes defenestraciones o las aperturas sin orden ni concierto, son ocurrencias sin consecuencia. En cada caso, se acumulan experiencias pero sobre todo malestares y enconos y, por su parte, la conciencia de que aún con carro completo las cosas del poder y la política no volverán a ser lo que eran, alimenta la incertidumbre y las angustias del priismo realmente existente. Sin agenda pero lleno de agendas posibles, el PRI de las grandes y las pequeñas coaliciones locales y regionales espera, ya no agazapado aunque de nuevo sigiloso, las oportunidades que le ofrecen las convenciones del futuro inmediato y, después pero no muy lejos, su próxima asamblea nacional. De las diputaciones o las senadurías, de los ayuntamientos o las candidaturas a gobernar los estados, se pasará fatalmente al ajuste de cuentas de una distribución de los poderes que no puede descansar más en el primado solitario de la regla de oro del sistema político presidencialista heredado de Calles, Cárdenas y Alemán.

Por lo pronto, sin embargo, el resto de los actores principales de la disputa presidencial ha preferido clamar en el desierto, tal vez en espera de la llegada de algún mesías que no haga caso del cálculo aritmético del calendario gregoriano que nos habla de un milenio que tardará todavía un año en llegar. Alertas un tanto histéricas contra el “más de lo mismo”, o chascarrillos sin ingenio, o renuncia sin más a elaborar sobre la realidad compleja del país y gestar programas y propuestas, son las salidas más visitadas por la oposición en los días casi finales del año.

No hay tormentas a la vista, pero es claro que los agentes de la democracia.mediática que también pueblan los territorios opositores, buscarán una reposición a costa del gobierno que se va. El peso de las encuestas en estos días de arranque formal de la carrera por la presidencia tendrá que ser contrarrestado pronto, en los inicios de enero, si es que en efecto va a haber carrera.

Los dineros públicos y sus usos serán las municiones preferidas, entre otras cosas porque la inexistencia de una nueva institucionalidad en la materia las ha abaratado. Es cuestión de tener tribuna y audiencia en los medios, para poner a circular cualquier especie, pertinente o no, sobre los privilegios, prebendas o latrocinios que se dan en la vida del Estado. Así seguirá, mientras no se cuente con la autoridad legítima de fiscalización cuya consagración legislativa sigue en espera, y en tanto no haya en los medios y los partidos una clara estrategia de saneamiento del quehacer público, que no se quede en la miope utilización del asunto para fines de pequeñas venganzas, ansias de novillero electrónico o justiciero de ocasión.

En invierno no hay ciclones y los barómetros no registran bajas presiones. Las que no harán mutis son las bajas pasiones, que pueden hacer las veces del Niño o la Niña para una política cuyos personajes se han acomodado demasiado pronto a unos usos y costumbres que ni siquiera se han instalado bien en los reflejos de la ciudadanía. Vivir la “tranquilidad democrática” en medio de un país herido a todo lo largo y lo ancho de su geografía mental por la pobreza y la violencia, no puede ofrecer sino panoramas de sobresalto y angustia que en un descuido pueden, de nuevo, como en el terrible 1994, llevarnos más allá de una incertidumbre rutinaria que nadie debería festinar por ahora.

Ayuda de memoria

“Lo que está en peligro y cuestionado de arriba a abajo es el modelo conocido de universidad pública”. Así lo ha dicho y repetido el nuevo rector de la UNAM, el doctor Juan Ramón de la Fuente. A quienes no les cae el veinte todavía es a muchos universitarios, para quienes lo único que importa es la “solución del conflicto”, la cual debería pasar o bien por la rendición casi incondicional ante el CGH, o bien por la intervención de la fuerza pública. Mientras se siga privilegiando un conflicto que ya se volvió un hoyo negro y amenaza la calidad misma de la institución, la advertencia rectoril se mantendrá como una amenaza nada remota: la UNAM se presentará como una comunidad sin fuerza ni rumbo y la tentación de cerrarla, aunque sea disimuladamente, como una invitación a sus enemigos de ayer y hoy.

Insistir en que la única interlocución es la del CGH, allana el camino a más ofuscación y frustración de los universitarios, en especial de aquellos que, como los maestros, fueron dejados de lado a todo lo largo del ventarrón que cubrió el año y el daño educativo mayor que México ha sufrido.

El país no puede darse el lujo de renunciar a una educación pública superior de calidad a la vez que de grandes números. La dicotomía reaccionaria que so pretexto de la equidad pide acabar con la universidad pública, que no puede ni debe ser una empresa lucrativa sino un canal de formación y distribución de capacidades y oportunidades, debería ser abordada con rigor y honestidad en sus términos e implicaciones no sólo por los universitarios que quieren una universidad pública a la altura de los tiempos, sino también por la empresa y los partidos progresistas. Poner en positivo y con visión estratégica las consideraciones preocupadas del rector De la Fuente debería ser un paso inicial más que la eventual consecuencia de una todavía incierta vuelta a las clases.

Los libros sobre la mesa

Amartya Sen ofrece al público una espléndida suma de su sabiduría comprometida con el desarrollo y la igualdad. La libertad, o mejor dicho las libertades, nos propone el premio Nobel, es el rasero de todo proceso de desarrollo, que se mide y califica por su capacidad para expander y afirmar las libertades fundamentales de los hombres y las mujeres. Pero a la vez, estas libertades son condición para poner en marcha la gran empresa del progreso económico y social. (Development as Freedom, Nueva York. Knopf. 1999).

El filósofo Carlos Pereda puso en circulación un pequeño y delicioso libro sobre uno de los males más engorrosos de nuestro tiempo: la arrogancia. Su Crítica de la razón arrogante (México. Taurus. 1999) se volverá de obligada consulta para todos aquellos interesados en salir al paso racionalmente a la dictadura del “más de lo mismo” que los arrogantes nos quieren imponer en la academia, la política, la economía y a la vuelta de cualquier esquina.

Esta es por la casa: Héctor Aguilar Camín nos regala una novela grande bajo el sello de Alfaguara. Entre los sótanos de Galio y la saga de sueños inconclusos de los Casares, hay un gran puente, de madera torcida pero también de madera recia con la que se hace la literatura dura y pura, como la que Héctor realiza en El resplandor de la madera.   n

Rolando Cordera Campos.

Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Acaba de aparecer su libro Crónicas de la adversidad.

Amuletos para convocar la fortuna

PUERTO LIBRE

AMULETOS PARA CONVOCAR LA FORTUNA

POR ANGELES MASTRETTA

Hay en nuestro país unos muñecos tejidos sobre el cuerpo de un alfiler, que se llaman quitapesares. Quienes los tejen y los idearon creen que si al irse a dormir ponen bajo su almohada uno de estos muñecos, durante la noche él se encargará de llevarse las penas a otra parte, para dejar en libertad el corazón de quien las padece.

Imagino que tal cosa es posible, pero prefiero creer que uno puede encontrar quitapesares en otras maravillas, incluso más certeras, aun cuando parezcan más inasibles que un muñeco trabajando bajo la almohada en que descansamos.

A lo largo de la siempre corta vida, uno va tejiendo sus propios amuletos, sus privadísimos quitapesares, luego los guarda en su cabeza y su corazón como quien los deja bajo la almohada y acude al sortilegio que cada uno de ellos rescata, cuando lo va necesitando. Saber que ahí están siempre y recordarlos al azar, puede salvarnos una tarde del peligroso tedio, de la tristeza como un enigma insalvable o en la más inmediata de las posibilidades, de la encrespada cuesta de enero.

A pesar de que un lector entrañable, en cuya objetividad confío, empieza a preocuparse por mi estado de salud mental, dadas las contumaces muestras de optimismo en que convierto con frecuencia este espacio, yo quiero empezar este año pensando en que es útil acudir al recuento de nuestros quitapesares para asegurarnos de que están ahí, por si las dudas, por si de repente, cuando no nos salga el trabajo o vuelvan los desvelos o demos con un pesar que no sólo nos quite el sueño, sino quiera quitarnos la certeza de que la vida vale el esfuerzo de vivirse.

Cada quien puede tener su personal lista de quitapesares, de ensalmos para atraer la buenaventura. Este principio de año, yo quiero elegir al azar una parte de la mía, para invocarla aquí, en el ánimo de invitarlos a recordar la de ustedes.

Así que nombro en desorden:

• El ruido de una campana diminuta llamando a comprarle barquillos a un vendedor, cuya caja redonda tenía por tapa una ruleta que giraba para darle a la suerte el derecho a decidir cuántos nos tocarían por cada diez centavos.

• La risa de mi hermana con el cuerpo colgando de un árbol, al tiempo en que columpiaba las piernas delgadas y rápidas.

•  El preciso color naranja con que el sol tiñó el cielo un amanecer que me encontró despierta, frente a la playa altiva y transparente, dándole el pecho a mi primer hijo.

•  La tarde en que salí del hospital con mi hija de dos semanas en los brazos, a salvo de la muerte que pretendió detenerse en su sonrisa, cuando apenas empezaba a abrir los ojos. Ella que tiene bajo las pestañas una fuerza cuyo lujo regala a cada tanto sin siquiera darse cuenta.

• El televidente al que más temo leyendo uno de mis manuscritos con la sonrisa de su benevolencia.

• Mi padre abrazándome mientras extiende la mano para enseñarme un velero en el horizonte. Debo tener dos años. Guardo este amuleto como nuevo en una foto sobre mi escritorio y en el centro preciso de mis emociones.

• Mi abuela cortando un pastel de chocolate con el ceremonial de una sacerdotisa. Frente a ella estábamos mi prima Isabel y yo, con el gesto de quien espera un tesoro.

• Las nueve de la mañana de un día que empezó a ser brillante después de media noche y que nos tiene el cuerpo tomado con el brío del amor y sus desacatos.

• Una tarde y todas las tardes que he visto perderse tras la luz implacable que rodea los volcanes frente a los que nací. Ellos están impávidos, voraces, bellísimos, vigilando esta tierra desde hace diez millones de años. Cada invierno, llegando a las laderas de estos volcanes, es una alegoría de la eternidad. Y toda nuestra vida bajo ellos parece una promesa.

• Una noche insaciable en Cozumel. Todas las noches que me ha cobijado el Caribe. Y todas las mañanas. Apenas el mes pasado la confianza y el valor con que un amigo generoso me llevó al fondo del mar, otra vez, al encuentro de las luces y la gloria que ahí reina.

• La edición en chino de un libro que escribió una mujer con la que a veces congenio y que a veces me resulta insoportable.

• Una mañana en que estoy trabajando en la computadora.

Pongo una palabra tras otra, las escucho, las rumio, las releo. Creo, por un instante, que acierto. Guardo ese instante como quien guarda un río. Luego vuelven, como siempre, las dudas y yo las acojo con reverencia.

• Bajo una escalera larga. Voy abrazada de alguien como van abrazados quienes saben que el mar podría abrise a su paso. No le temo a la nada en ese instante, ni busco el futuro como se busca el pan. Sólo vengo del cielo, hablando como quien teje sueños al escucharse hablar.

• Estoy durmiendo, me doy cuenta de que estoy durmiendo. Sueño. Me doy cuenta de que estoy soñando. Vuelo. Sé que estoy volando en sueños, no me importa, sé que estoy volando con demora y devoción por entre las nubes. A lo lejos, mi perro me lame un pie exigiendo que despierte y lo saque a correr. “Déjame en paz” —le digo—. “¿No ves que estoy volando? ¿No ves que voy montada en el brillo de mis quitapesares?”.    n

Angeles Mastretta. Escritora. Su último libro es Ninguna eternidad como la mía.

Cosas de partidos

BUENOS Y MALOS HÁBITOS DE GRUPO

COSAS DE PARTIDOS

POR JEAN-FRANCOIS PRUD’ HOMME

¿Cuáles son las prácticas y las identidades de los tres partidos más influyentes de México? El balance da por resultado perfiles y rasgos propios que aseguran la cohesión interna de cada uno de ellos.

Hace  poco, en uno de esos eventos que se parecen más a tianguis de opiniones que a foro de reflexión, escuchaba a uno de los participantes discurrir sobre la crisis de los partidos políticos en México. Además de trillada, puesto que venía incluida en un paquete de opiniones que figuraron en el hit parade intelectual europeo a mediados de la década pasada, la afirmación me pareció injusta. Después de haber sido calificados, por razones distintas, de inexistentes durante la mayor parte de este siglo, ahora los partidos nacionales eran presentados como entes en decadencia. No podía dejar de pensar: en crisis ¿con respecto a qué? Si antes se decía que el PRI no existía, en el mejor de los casos era una mera maquinaria electoral que, como ave fénix, renacía de sus cenizas cada seis años; el PAN, que tenía más aires de partido clásico, era sólo un grupo de presión funcional a la reproducción del régimen; y el PRD, bueno, qué era el PRD…

Al contrario, los tres grandes partidos se ven bastante saludables. La larga serie de reformas electorales de los años noventa terminó dejándolos en una posición envidiable. Muchos de los aspectos del sistema de partidos que habían sido ideados para establecer un dominio unilateral sobre la competencia electoral sobrevivieron a las rondas de la negociación reformadora para beneficiar esta vez al conjunto de las organizaciones partidistas ya establecidas. Así se mantuvo un control oligopólico sobre la representación. Basta ver cómo las pequeñas (nuevas y no tan nuevas) formaciones políticas se precipitan a buscar alianzas con las grandes con miras a garantizar el paso de la prueba comicial y la supervivencia para apreciar el alcance del oligo- polio. Además, la reforma de 1996 aseguró a todos un generoso financiamiento público. En el fondo, el sistema partidista sigue pensado para permitir la existencia de tres grandes opciones que se acercan a las nociones de derecha, centro e izquierda como en la época del pluralismo cosmético. Claro, la diferencia está en que ahora la oposición tiene más posibilidades de influir en el desenlace de la competencia.

No obstante, gozar de condiciones favorables a la consolidación no exime automáticamente a los grandes partidos de buscar la institucionalización de su vida organizativa. Es allí donde se han observado al mismo tiempo los esfuerzos más meritorios y los comportamientos más erráticos. Los tres partidos están experimentando cambios al respecto. Por un lado, hay una necesidad de estabilidad en su vida interna que requiere de reglas y procedimientos claros y explícitos para arbitrar el juego de las ambiciones. Por otro lado, hay una precipitación hacia el mercado electoral que lleva a confundir procesos de selección interna y proselitismo dirigido al electorado en general. El fervor reciente por la realización de primarias abiertas o semiabiertas apunta hacia una norteamericanización  sui generis de la vida partidista que no es necesariamente más democrática ni más redituable en términos de apoyo popular.

Es cierto que el proceso de selección de su candidato presidencial le salió muy bien al PRI. Supo sacar provecho de algunas de sus debilidades constitutivas. Pero si creemos los resultados de algunas encuestas, la ganancia consistió más en sortear obstáculos o deficiencias internas en una situación difícil de innovación que en un avance real del candidato elegido en las preferencias del gran electorado; al parecer, la progresión se dio mucho antes del 7 de noviembre. En cuanto al PAN y al PRD. lo que hubo fueron no primarias. El acto plebiscitario que consagró a Vicente Fox candidato presidencial del PAN fue un acto de boxeo de sombra que enfrentó el partido a sí mismo: el método de las convenciones del pasado era más elegante y eficiente. La obsesión perredista por la unanimidad se encargó de que no hubiera primaria en ese partido a pesar de que, siguiendo en eso al extinguido PMS, el PRD fue pionero en la introducción del procedimiento. Parece que allí la democracia interna funciona sólo cuando hay mayoría aplastante y muchos acuerdos tras bambalinas.

Lo que todavía se percibe en los esfuerzos partidistas por encontrar procedimientos estables y explícitos de arbitraje de su vida interna son las vacilaciones e incertidumbres propias a las empresas de exploración. Así lo muestran las inconsistencias. experimentadas por el PRI y el PRD en los métodos de elección de sus respectivas dirigencias en el transcurso de este año. La sana búsqueda de métodos idóneos no deja de poner en evidencia el carácter ad hoc de las reglas. Es una situación que puede causar malestar en los amantes de la certidumbre.

No obstante, la etapa preliminar del actual proceso electoral mostró que algo está compensando por la aparente fragilidad institucional de los partidos. Es algo que probablemente siempre estuvo presente en grados distintos en cada una de las formaciones establecidas y que no había sido valorado como tal. Ese algo en que se apoya la cohesión y la fuerza respectivas del PRI, del PAN y del PRD es una cultura de organización que consiste en códigos y valores compartidos por sus miembros. En cada uno de los partidos existe un apreciable grado de consenso acerca de la manera en que debe funcionar la organización, lo que permite el entendimiento entre correligionarios. A su vez, esos valores compartidos contribuyen a fijar el perfil distintivo de cada agrupación política.

Más allá de la visibilidad durable del proceso, del inesperado nivel de participación, de la comprobación de una gran capacidad de organización, del cambio en la liturgia, lo que llama la atención de la primaria abierta llevada por el PRI a principios de noviembre es la manera en que contribuyó a disminuir el estigma de la coacción que pesa sobre ese partido. Existe en efecto una larga tradición de interpretación del comportamiento priista que reduce la explicación a la existencia de fuertes condicionamientos externos. Sin embargo, parece que las presiones externas no pesan tanto como algunos creían en la inducción del comportamiento. Hay más bien valores y códigos compartidos que sustituyen a las indicaciones explícitas. La oficialidad del candidato “oficial” se apoyó más en la manera en que se interpretaron señales tácitas que en el acatamiento a pronunciamientos superiores, claro, exceptuando algunas torpezas regionales. Es el mismo acervo de valores compartidos que permitió, después de la batalla, reconstruir, en apariencia por lo menos, una imagen de cohesión interna. Sin juzgar el contenido intrínseco de esa cultura partidista, hay que reconocer que constituye un elemento de fuerza en cualquier organización.

Tradicionalmente, a Acción Nacional se le solía atribuir algo parecido a una cultura propia. El tamaño reducido de su organización, la selectividad del proceso de acceso al estatus de miembro, los mecanismos de delegación y democracia indirecta en la toma de decisiones así como la concentración de la deliberación en una élite poco numerosa marcaban los rasgos de esa cultura. Es de sospechar que la referencia permanente a la doctrina en los debates internos tenía menos que ver con principios filosóficos tenues que con una referencia a una manera aceptada de llevar los asuntos del partido. Esa cultura parece tener dificultades para abrirse y hacerse popular. Sin embargo, la forma en que, como ya sucedió antes. Acción Nacional aceptó unirse durante el tiempo de una campaña detrás de una candidatura que no deja de ser un tanto fuereña para muchos de sus militantes, muestra que todavía se pueden combinar persistencia y adaptación.

El PRD ha sido torpe en su camino hacia la institucionalización. Aparenta ser el reino de la regla ad hoc. Cuando actúa de forma descoordinada dice que es reflejo de su naturaleza democrática. Cuando se enfrenta a situaciones de pluralismo real se refugia en el mayoriteo y el unanimismo. Difícilmente logra procesar la competencia interna. Prefiere las mayorías abrumadoras o los acuerdos que anulan virtual- mente el libre juego de las ambiciones. No es de sorprender que en sus distintas instancias tienda a la personalización del poder. No obstante, hay que reconocer que hacia el interior de la organización son prácticas que funcionan y garantizan la cohesión. Allí también, prácticas e identidad partidista convergen y contribuyen a dibujar un perfil propio.

La existencia de culturas partidistas bien formadas —cualquiera que sea la opinión que se tenga de su contenido— constituye una base sólida para el afianzamiento de los sistemas de partidos. Sin embargo, tener buenos hábitos de grupo no es suficiente para garantizar la calidad del contenido de la agenda pública, tarea que corresponde también a los partidos en las democracias. La llegada al escenario político de seis nuevas pequeñas agrupaciones que se agregan a las dos ya existentes hubiera contribuido normalmente a la expectativa de inyectar ideas nuevas en el debate nacional. La precipitación con la cual varias de ellas buscaron protección electoral en manos de las grandes formaciones establecidas va en contra de esa expectativa. De hecho, la manera en que se negociaron tanto la Alianza por México como el maridaje PAN-PVEM ilustra claramente las concepciones imperantes en muchos actores acerca de la estrategia de las coaliciones

Estamos lejos de la retórica del verano pasado. O más cerca de lo que se escondía detrás.

En este contexto, hay mucho valor en la actitud, no desprovista de una dosis de cálculo estratégico, de las pequeñas formaciones políticas que decidieron competir solas (por lo menos hasta febrero). De mantener su discurso actual y lograr ser escuchadas, aportarían un contenido más sustancial a la próxima campaña electoral. Los partidos establecidos deberían de aprovechar la oportunidad creada por los outsiders para elevar el nivel de su propia oferta electoral. Ayudaría a su propia salud y a la del sistema de partidos en su conjunto.    n

Jean Francois Prud’homme. Politólogo. Profesor e investigador de El Colegio de México.

Los adultos primero

CIUDAD DE LIBROS

LOS ADULTOS PRIMERO

En 1935, el periodista inglés Peter Fleming, acompañado por  la incansable políglota Kini Maillart, emprendido una larga travesía de Pekín hasta cachemira:5,600 kilómetros devorados a lomo de caballo La aventura de Fleming cobra importancia a lomo de caballo, mula y camello en siete meses. Cualquiera que cultive la pasión por los libros  de viajes, aunque solo sea discreta y reservada, sabrá apreciar las maravillas descripciones y la prosa distinguida  de noticias de Tartaria. por si misma, Pekín basta para confirmar la naturaleza casi descabellada del viaje de Fleming.  Lo que también debemos tener en cuenta, lo que debe llamarnos a la sorpresa, es que en 1935 el Turquestán chino estaba en plena guerra civil. Los tambores comunistas llamaban a la lucha.”El problema de los viajes hoy en día es que son fáciles de emprender pero difíciles de justificar. La tierra, que antes bailaba y giraba ante nuestros ojos tentadora como una pelota de celuloide sobre un chorro de agua en una barranca de tiro al blanco, es actualmente un objetivo fácil y sin atractivo”, escribe Peter Fleming en las páginas iniciales. Sí, en efecto, la tierra y todos los rincones habían sido prácticamente explorados y narrados por hombres y mujeres de enorme valía, la aventura de Fleming cobra importancia a nuestros ojos cuando descubrimos que nunca antes, un viajero habia ensayado esa ruta. La china describe no es apta para antropólogos o turistas con tarjeta de crédito. Nada de eso. Es una China que nace del amor por las empresas difíciles y hasta improbables.

—Isaac Martínez

La cruda milenaria

GRATIS

LA CRUDA MILENARIA

¿Una cruda milenaria? Guau. Qué prestigiosa. Pero apuntamos aquí algunos de los motivos por los que esta cruda será peor que la de años anteriores.

• Porque nos daremos cuenta de que el 2000 nos engañó, y que sólo llegará hasta el 2001.

•Porque resultará que el efecto Y2K no era lo esperado, no ocurrió la catástrofe, y no podremos culparlo por nuestras inexperiencias computacionales.

•Porque por todo crucero y vuelo aéreo para vivir varios cambios de siglo en diferentes países y latitudes, sólo habremos tenido el control remoto de la tele.

• Porque pasar de los tres 999 a los tres 000 puede causar una baja en la autoestima.

•Porque en toda la República habrá un denso vaho de agave por los dos millones de botellas de tequila que los mexicanos se beberán esa noche.

•Porque para un crudo no habrá cosa más lejana de sus apremios y expectativas de vida que las entrevistas en televisión con los papás del Primer Bebé del Milenio.

•Porque no podremos hablar ya, despectivamente, de los decimonónicos. Seremos atrasados vigesimonónicos. (¿O qué diablos seremos?)

• Porque no bien habremos estrenado el milenio cuando habrá ya pasado de moda.

Todo se negocia

TAREAS DE LA REPÚBLICA

TODO SE NEGOCIA

JESÚS RODRÍGUEZ ZEPEDA

¿Por que se insiste tanto en la necesidad de avanzar hacia una democracia basada en la negociación y los consensos de largo plazo?

En  el México moderno, las cuestiones políticas cruciales siempre se han negociado. El origen mismo del partido en el poder federal es el resultado de un proceso negociador extraordinariamente eficaz en su dimensión histórica y bajo algunos de cuyos resultados distributivos todavía vivimos. Los cambios institucionales que han marcado la liberalización de la competencia política provienen de complejos procesos de negociación y son inexplicables sin la referencia a ese proceso que Gian Enrico Rusconi llamó intercambio político, es decir, esa transacción de bienes específicamente políticos como el consenso, las adhesiones a proyectos, las declinaciones, los acuerdos parlamentarios y las cuotas de poder que caracterizan a los sistemas políticos contemporáneos.1

Si se negocia tanto, si siempre se ha negociado y aun así estamos tan mal, ¿por qué, entonces, los actores democráticos más avanzados y lúcidos del país insisten en la necesidad de avanzar hacia una democracia basada en la negociación y en los consensos de largo plazo? Muy probablemente la respuesta a esta pregunta resida en la aclaración, así sea esquemática, de la semántica política que ha caracterizado a la negociación en México. Cuando, por ejemplo, algunos miembros del Instituto de Estudios para la Transición Democrática califican la transición mexicana de votada pero no pactada, tendríamos que preguntarnos si no están olvidando las evidencias empíricas de la negociación de las reformas político- electorales de 1994 y 1996 o si, como parece más lógico, consideran que estas evidencias palidecen frente a una idea normativa de negociación política que exige sin ambages, entre otras cosas, pactos de estatura estatal y consensos amplios para el fortalecimiento institucional de la débil democracia mexicana.2

El caso es que cuando nos referimos a la negociación política hablamos, a veces sin aclararlo, de distintas cosas. En primer lugar, la negociación en México ha consistido en un patrón de intercambio asimétrico en el que el peso de la figura presidencial eliminaba la posibilidad de generar pactos entre iguales. El marco de referencia de este patrón no fue nunca ni la lealtad constitucional en general ni la legalidad positiva en particular, sino la necesidad pragmática de procesar los desafíos políticos al régimen sin poner en riesgo la funcionalidad del sistema. Pero esta asimetría, consecuencia natural del autoritarismo presidencialista. no dio lugar, como el maximalismo pretende con frecuencia, a reformas o transformaciones ficticias. Todo lo contrario, incluso las reformas de la llamada democracia concedida, es decir, el modelo de transacciones políticas bajo condiciones de fuerte hegemonía priista como las que dieron lugar a la legalización del Partido Comunista Mexicano en 1978, pueden leerse como avances reales, aunque insuficientes, en una transición democrática más acumulativa que rup- turista.3

El modelo tradicional de negociación política en México ha sido vertical, asimétrico, corporativo, clientelar, gubernamental (aunque pocas veces estatal) y muchas veces corrupto. Es del todo comprensible que frente a este modelo la conducta de las fuerzas opositoras sea el rechazo y la satanización. No obstante, el que este patrón negociador sea políticamente perverso y éticamente impresentable no elimina la necesidad de que las principales fuerzas políticas avancen hacia un esquema de acuerdos y cesiones mutuas que pueda generar la reforma institucional que tanto requiere el país. Así que necesitamos negociar una y otra vez, pero el dilema reside en que el patrón inercialmente dominante ya no es útil para tales menesteres y un nuevo patrón exige la reforma de las identidades partidistas.

En un texto de hace años, propuse una imagen para describir las tareas urgentes de la negociación política en México.4 La negociación debería imitar lo que llamé el “efecto Munchausen”, en referencia a una de las aventuras del famoso Barón en la que lograba salir de un abismo tirando de sus propios cabellos. Se trataría, bajo esta metáfora, de contemplar la negociación política como un proceso en el que, a la vez que se negocia sobre bienes políticos en juego en cada coyuntura particular, los actores negociantes justifican frente a los ciudadanos el proceso negociador mismo a partir de su limpieza legal y su sentido republicano. Se trata, pues, sin querer jugar con las palabras, de reformar las instituciones públicas mediante la negociación y de convertir la negociación democrática en una institución pública.

No es necesario revisar demasiada bibliografía sobre los avances institucionales en los sistemas democráticos maduros para percatarnos de que tales avances provienen en general de acuerdos de Estado entre las principales fuerzas políticas. No se trata sólo de los ejemplos de democracia consociativa en los que la competencia electoral (nunca coartada, por cierto) respeta una serie de acuerdos políticos y logros sociales que están blindados frente a los equilibrios coyunturales del poder, sino incluso de la difusión de las estrategias neocorporativas o corporatistas que permiten procesar conflictos en relaciones fundamentales como la del capital y el trabajo. La nota distintiva de este patrón de negociación democrática es, precisamente, su carácter público.

La publicidad de la negociación política tiene un sentido muy preciso. No se trata del asambleísmo ni de la estrategia de la horda tártara que se han revitalizado con el dramático conflicto de la UNAM. sino de un concepto de origen kantiano que postula que un acuerdo político es público en tanto que sus razones y conclusiones puedan ser exhibidas de manera abierta ante cualquier espectador razonable. Los acuerdos no públicos, en consecuencia, son aquellos que no se pueden presentar sin la ayuda de medias verdades o engaños. Lo que separa a la negociación pública de la no pública no es la cantidad de concurrentes, sino su vinculación al Estado de derecho y a un consenso constitucional que, en el caso mexicano, estarían todavía en construcción.

Un intercambio político democrático requiere que los grupos negociantes estén dispuestos a permitir que la negociación desafíe sus identidades y les coloque en la tesitura de ponerlas en riesgo y quizá reformarlas.5 Por ello, en una democracia nadie debería salir indemne de los procesos de negociación, porque las identidades fijas e impermeables son patrimonio del autoritarismo. Así que aceptemos que, en principió,todo se puede negociar, siempre y cuando tengamos claro el punto donde alcanzan su límite los intereses particulares para abrir el paso a la construcción colectiva de las metas y tareas de la república.       n

Jesús Rodríguez Zepeda. Doctor en Filosofía Política. Profesor Investigador de la UAM-Iztapalapa. Investigador Nacional.

1. Cfr. Gian Enrico Rusconi: Problemas actuales de teoría política. IIS-UNAM. México, 1985, pp. 67-93.

2.Luis Salazar (coordinador): 1997: Elecciones y transición a la democracia en México. Cal y Arena. México, 1999, pp. 13-41.

3. Para la noción de democracia concedida, véase Jorge Alcocer: “El ciclo de las reformas electorales: 1978-1996″, en la revista Diálogo y Debate, 1, Centro de Estudios para la Reforma del Estado, México, abril-junio de 1997.

4. Jesús Rodríguez Zepeda: “México: crisis política y negociación”, en Etcétera, 161, México. 29 de febrero de 1996.

5. Cfr. Rusconi. Op. cit., p. 69.

Suenen guitarras

MUDDY WATERS: FOLK SINGER MCA RECORDS

Cuenta la leyenda que Muddy Waters, harto de las risas y el chocar de los vasos en el bar en el que trabajaba, se aventuró a comprar un nuevo instrumento de reciente aparición en el mercado: la guitarra eléctrica, con la que transformó la concepción sonora del blues. Pero antes de que esto ocurriera, el joven, aficionado en su niñez a jugar con la tierra húmeda del Mississippi, fue un estupendo bluesero con hondas raíces  folk. De su transitar por esos terrenos da cuenta este estupendo disco conformado por la obra original de los años 63 y 64, un agradable recorrido por algo que un recién llegado difícilmente comprendería: un rasgueo que se desliza por entre las cuerdas gracias a una técnica depurada por los años, una entonación gloriosa y una exquisitez difícil de conseguir.

—Eduardo Limón

Catch-22

DIVAGARIO

Catch-22

Murió Joseph Heller. Perdurará por haber creado el concepto de la Trampa-22, en su novela del mismo título, sobre una base de pilotos aéreos norteamericanos durante la Segunda Guerra mundial. Recordemos el pasaje. El personaje central, John Yossarian, con neurosis de guerra, quiere salir de combate, pero está en la Trampa-22. Dos personajes comentan y el narrador define:

“—¿Quieres decir que hay una trampa?

—Claro que hay una trampa —contestó Doc Daneeka—. Es la Trampa- 22. Cualquiera que deseé retirarse de la labor de combate no está loco en verdad.

“Sólo había una Trampa y esa era la Trampa-22, que especificaba: preocuparse por la salvación propia frente a los peligros reales e inmediatos era el proceso de una mente racional. Orr estaba loco y podía evitarse el vuelo de combate. Sólo tenía que pedirlo; pero una vez hecha la petición, ya no estaría loco y tendría que participar en otras misiones de vuelo. Orr estaría loco por participar en más misiones de vuelo y estaría en su sano juicio si no lo hiciera, pero si estaba en su sano juicio, entonces tenía que volar. Si volaba estaba loco y no tendría que hacerlo más; pero si no quería volar esto indicaba que estaba en su sano juicio y por tanto estaba capacitado para volar”. Esto se completa en la parte de la novela en que el personaje central, Yossarian, conversa con Doc Daneeka:

“—Estoy loco. Estoy chiflado. ¿No entiendes? —dijo Yossarian—. Por un error, ellos enviaron a su casa a otro en vez de mí. Pero en el hospital me examinó un psiquiatra autorizado, y este fue su veredicto: que estoy en verdad loco.

-¿Y?

—¿Cómo que “y”? —Yossarian estaba confundido por la incapacidad de Doc Daneeka para entender—. ¿No ves lo que esto significa? Ahora me pueden retirar del deber de combate y mandarme a mi casa. No van a enviar a combatir a un loco como yo, para que lo maten, ¿o sí?

“—¿Qué otro, sino un loco, iría?”.

Señales apocalípticas

Stephen Jay Gould, quizás el más fiel y a la vez el más heterodoxo de todos los seguidores de Charles Darwin, ha establecido la frontera que divide a las dos clases de apocalípticos. De un lado de esa línea divisoria se encuentran aquellos que esperan lo peor a la hora señalada por el año 2000: los laicos encarnados en el ecologismo, el Y2K, el fin de las ideologías y los cantos al primitivismo social y económico. Al otro lado se encuentran los religiosos, los verdaderos creyentes, que esperan el apocalipsis como preludio de un mundo mejor. Para los primeros, que siempre desean lo peor, este divagario destina las siguientes señales, obviamente en marcha con los primeros pataleos del año 2000:

• Las calles no tendrán espacio para la ciudadanía: las calles pertenecerán a los valet parking.

•  Habrá liguiilas. No importa lo que Johannes Burgos proclame en el desierto: habrá liguillas y todas serán ganadas por el Pachuca… o por sus clones.

• El tequila subirá tanto de precio que sus caballitos pastarán en tierras de jeques y reyes árabes.

• Cuando caliente el sol, allá en la playa, tendrás una cerveza tibia muy cerca de ti.

• En busca de Roma, los lectores sólo tendrán versiones de Roma de literatura crack.

•  Cada mañana, las computadoras rejurgitarán poemas épicos.

• Claro…, y los brindis navideños se prolongarán hasta el fin del milenio.

Un anarquista en Seattle

Tras las manifestaciones de protesta contra la globalización y la violencia en Seattle durante la reunión de la OMC quedan algunas preguntas sin respuesta. Se trató de la última revuelta del siglo XX o de la primera expresión del malestar del próximo siglo. En su edición del 19 de diciembre de 1999, El País da cuenta del nuevo ideólogo de la contracultura en este tiempo carente de ideologías. John Zerzan. un antiguo militante de las revueltas juveniles del 68. recupera aire y lanza un nuevo alegato en contra de la sociedad capitalista moderna. Sus ideas se conocen como anarco-primitivismo y pueden buscarse en su libro Fature primitive, donde plantea una apología de la era paleolítica antes de la invención de la agricultura. Zerzan asegura que no tiene coche y se desplaza en bicicleta; tampoco usa tarjetas de crédito ni computadora. The Wall Street Journal lo describió como un hombre que quiere retrasar el reloj de la civilización 12,000 años y volver a la era de los cazadores y los recolectores. Sin embargo, para ser un enemigo radical de la tecnología moderna, pasa demasiado tiempo en las bibliotecas y su obra se puede consultar sin mayores obstáculos en la ultrapost- moderna Internet. Aunque el neo- anarquista se opone al uso de las armas de fuego y los explosivos, y defiende que lo que se necesita es un movimiento social de protesta y no tiroteos, se ha entrevistado en prisión con Theodore Kaczynski, el Unabomber, el conocido terrorista que enviaba paquetes de explosivos caseros a científicos universitarios, como forma de protesta contra la civilización tecnológica.

El silencio del suicida

El mito de Sisífo abre una interrogación que cuestiona el valor de la existencia. Albert Camus pensaba que el suicidio era el problema filosófico más importante. Antes que reflexionar sobre otra cosa era preciso preguntar si la vida tiene o no sentido. Ante la muerte, el suicidio es una zona de silencio irrefutable. Nadie logra saber por qué alguien eligió esa salida. ¿Es un acto de libertad o es el resultado de una larga y devastadora enfermedad, la depresión? Después de todas las teorías y explicaciones el suicidio persiste como una decisión inasible, una cámara de vacío, donde toda búsqueda de comprensión se enfrenta contra un deseo al parecer ingobernable e inefable, una suerte de pulsión que se rebela contra todas nuestras convenciones, esperanzas y certezas. “En cuanto alguien decide matarse”, escribió A. Alvarez en El Dios Salvaje, “entra en un mundo hermético, impermeable pero totalmente convincente donde todos los detalles encajan y cualquier incidente refuerza la decisión… El mundo del suicidio es supersticioso, está grávido de augurios”. Circula en librerías mexicanas la edición en español del estudio sobre el suicidio de A. Alvarez, El Dios Salvaje (Norma)  n

El intelectual en campaña

UNA RELACIÓN AMBIGUA

EL INTELECTUAL EN CAMPAÑA

POR JAIME RAMÍREZ GARRIDO

Siguiendo los pasos de Albert Camus, Jaime Ramírez Garrido traza un perfil del intelectual en la medida de su vocación crítica y de su participación en la política activa.

“Los poetas están contra mí; puedo decir que éste es el fin”. El Calígula de Albert Camus se entretiene con los poetas del imperio. El emperador se burla de ellos, los humilla y se lamenta de su inutilidad para complacerlo, cuando él pensaba que estarían entre sus mejores y más leales defensores. Antes de hacerlos salir de la cámara imperial lamiendo sus tablillas para borrar sus poemas, el emperador le dice a Quereas: “Los otros crean por falta de poder. Yo no necesito una obra: yo vivo”. Esta relación del gobernante con el poder se reproduce en la novela Samarcanda de Amin Maalouf en la que el Khan pide a los poetas que lo elogien y recompensa la pieza de oratoria llenando con monedas la boca de donde provenían los elogios.

Con la modernidad de por medio, donde parecería quedar claro que la relación entre el intelectual y el poder está fundada en la crítica y en la aceptación de esa crítica, el fenómeno se mantuvo y quizá tuvo su mejor representación en lo que Albert Camus llamó la era de la vergüenza.

Camus sentenciaba en un encuentro internacional de escritores, en 1948: “Vivimos en una época en que los hombres, por ideologías mediocres y feroces, se acostumbran a tener vergüenza de todo. Vergüenza de sí mismos, vergüenza de ser felices, de amar o de crear. Una época en que Racine se ruborizaría de Berenice, y Rembrant, para hacerse perdonar el haber pintado La ronda nocturna, correría a hacer penitencia. Los escritores y los artistas de hoy tienen sentido de culpa y está de moda entre nosotros hacernos perdonar nuestra profesión”. Al reconocer, desde 1937, en el artista y en el político a dos especies distintas de hombres, establecía la moral como una frontera, a veces una muralla infranqueable, pues, a diferencia de los políticos, “los verdaderos artistas no son buenos vencedores políticos, pues son incapaces de aceptar despreocupadamente —¡ah! yo lo sé muy bien— la muerte del adversario. Están de parte de la vida, no de la muerte. Son testigos de la carne, no de la ley. Por su vocación, están condenados a la comprensión de lo que consideran su enemigo”. Y desde esa vocación, esa forma de vida, Camus juzgó a la política. Una lista de autores de todo el mundo, donde podemos incluir a Arthur Koestler y a José Revueltas, se enfrentaron a las direcciones de los partidos comunistas pro- soviéticos a los que pertenecían. Camus rompió con el partido cuando la Internacional Comunista determinó que los militantes argelinos debían ceñirse al programa de la metrópoli, aplazando los afanes independentistas y hasta la integración de los árabes. Fue excluido del partido en 1937. Entonces escribió el epitafio de su carrera política, la señal del fin de un camino que hasta entonces había corrido parejo con su vocación literaria: “La política y la suerte de los hombres están hechas por hombres sin ideal y sin grandeza. Los que tienen alguna grandeza dentro no hacen política”.

De acuerdo con su Calígula, Camus establece la separación total entre la política y el arte. La crítica, la fidelidad a los ideales, ¿pueden sostenerse en organizaciones verticales, donde domina el uso del voto sobre las razones? No, pero esto no implica inmediatamente que los intelectuales no tengan un lugar en la participación política activa. El ejercicio de la crítica estaría acotado, de cualquier forma, por el servicio hacia un gobierno o por la toma colectiva de decisiones de una organización política. Pero en la medida en que se crea un espacio donde los argumentos y las opiniones valen y se sostienen por su razón y no por la autoridad de quien las enuncia, el intelectual enriquecerá ese espacio, quizás hasta llegar a extender su condena de la comprensión de quien consideran su enemigo, al triunfo de la razonabilidad.   n

Jaime Ramírez Garrido. Escritor.

Menos tiempo que lugar

MENOS TIEMPO QUE LUGAR

(DE EL OLVIDO ESTÁ LLENO DE MEMORIA)

MARIO BENEDETTI

Lo propone el laúd / lo dice el péndulo lo arrincona la noche / lo usa el río el tiempo es una calma artesanal.

Hay montones de cielo en la ventana luces que pasan como golondrinas voces de padrenuestros y de réquiem.

Hay menos tiempo que lugar / no obstante hay lugares que duran un minuto y para cierto tiempo no ha lugar.

Lo propone el ritual / lo dice el faro lo repite el viajero / lo aprende el nigromante el tiempo es una calma artesanal. n

Hace ya tanto tiempo (fragmento)

Saneamiento bancario: El tiempo y el costo

Seis propuestas

Saneamiento bancario: El tiempo y el costo

por Enrique de la Madrid

EL el artículo Saneamiento bancario: El tiempo y el costo, publicado en esta revista el mes de noviembre pasado, comenté que el sistema bancario mexicano se encuentra todavía en una situación débil y vulnerable, dados los problemas de margen, rentabilidad y solvencia que aún enfrenta. Señalé que de persistir esta situación, nuestro sistema bancario seguiría enfrentando importantes riesgos y debilidades dentro de los cuales destacan el escaso financiamiento al sector privado, el aumento del costo fiscal del saneamiento de las instituciones de crédito, y la posibilidad de que se detone una nueva crisis bancaria. Propuse las acciones que ahora detallo.

1) Pleno saneamiento. Es necesario sanear a los bancos a la mayor brevedad, ya que sólo así se logrará un crecimiento económico alto y duradero. Para no pocas personas, la única posibilidad de capitalizar adecuadamente a la banca mexicana es permitiendo una participación mayoritaria de los extranjeros en su estructura accionaria, ya que sólo ellos cuentan con recursos suficientes para hacer frente a las inversiones requeridas. En este sentido se han llevado a cabo una serie de reformas a la legislación financiera mexicana para permitir una mayor participación extranjera, incluso en los tres bancos más grandes del sistema. Los bancos con propiedad extranjera mayoritaria (definida como superior al 50% del capital) pasaron de un 4% de los activos totales del sistema en 1994, a un 20% en junio de 1998. Adicionalmente, los bancos extranjeros adquirieron posiciones minoritarias (definidas como las participaciones que van de un 15% a un 49% del capital total), en un número importante de bancos, incluyendo a tres de los cuatro más grandes. Esto significa una presencia adicional del 43.4% en los activos totales del sistema.

A pesar de que jurídicamente es posible la participación extranjera mayoritaria en la banca mexicana, existen factores que pudieran limitar dicha participación, como las inadecuadas condiciones que aún imperan en México para operar el negocio bancario y la oposición de ciertos sectores a la inversión extranjera mayoritaria en la banca mexicana. Considero que los bancos extranjeros únicamente efectuarán inversiones en aquellas instituciones cuyos activos hayan sido debidamente saneados con anterioridad, como ha sido el caso de las ventas previas a bancos extranjeros. Estos se han mostrado dispuestos a responsabilizarse de sus propios riesgos, pero no de los riesgos en que incurrieron las administraciones pasadas. Por otra parte, la banca extranjera está sujeta a la misma incertidumbre jurídica y macroeconómica que enfrentan las empresas mexicanas; mientras estos riesgos no disminuyan, el interés de invertir en los bancos mexicanos se verá limitado. Para quienes apoyan una inversión extranjera mayoritaria en la banca mexicana, ésta no constituye en sí una preocupación: más importante que la nacionalidad de los accionistas, es el hecho de que se canalice el crédito de manera oportuna y en condiciones competitivas. Otra corriente de opinión señala que poner a la banca en manos mayoritariamente extranjeras implica diversos riesgos para el país y una pérdida muy importante de soberanía. Dicha corriente afirma que la banca debe estar en manos principalmente mexicanas, ya que ante una banca controlada por los extranjeros, la capacidad del gobierno de influir en su orientación hacia los sectores estratégicos del país se vería significativamente mermada.

Los inversionistas mexicanos, al igual que los extranjeros, no están dispuestos a “ponerle dinero bueno al malo”, por lo que sólo harán nuevas inversiones cuando crean viable la obtención de un cierto nivel de rendimiento, que sólo se podrá obtener cuando se cubra el tamaño del quebranto.

La conclusión es irremediable: si bien es cierto que la capitalización del sistema bancario pudiera realizarse por inversionistas mexicanos y extranjeros, el saneamiento (provisionar adecuadamente la cartera de los bancos y llevar el capital a números positivos) tiene que llevarse a cabo con recursos principalmente fiscales. En México se había seguido un sistema mixto, en el que el saneamiento mezcló recursos fiscales y privados. Sin embargo, dicho saneamiento resultó insuficiente.

Para una plena capitalización del sistema bancario debe hacerse previamente una verdadera estimación del nivel de cartera vencida de las instituciones crediticias y por ende del valor de sus activos. Sólo así podrían determinarse el tamaño del quebranto y los recursos necesarios para hacerle frente. Se requiere que el gobierno apoye únicamente a aquellas instituciones que tienen viabilidad como negocio en marcha y que cierre de manera definitiva aquéllas que no la tienen, ya sea por el tamaño del quebranto o por su propia naturaleza. La aplicación de recursos fiscales para estos fines no debe ser vista como un gasto, sino más bien como una inversión necesaria para restituir la salud del sistema financiero y ponerlo al servicio de los intereses del país. Tales inversiones permitirán detonar el otorgamiento de nuevo crédito, apoyando así el crecimiento de la economía. Esta situación, además de generar empleos, aumentará la recaudación y con ello permitirá recuperar una parte de la inversión realizada. Una vez conocido el tamaño de los recursos necesarios para el saneamiento definitivo, el Gobierno Federal y el Congreso de la Unión deberán generar los espacios fiscales e instrumentar las reformas necesarias para estar en capacidad de hacer frente a tales requerimientos.

2) Modificación al régimen de quiebras y suspensión de pagos, y al procedimiento de ejecución de garantías. Los regímenes legales de las quiebras han surgido en el mundo persiguiendo dos objetivos principales: proveer los medios legales para obligar a los deudores incumplidos al pago de sus obligaciones, y crear un mecanismo de rehabilitación o de salida para aquellas empresas que enfrentan problemas financieros. Todos los regímenes concúrsales en el mundo procuran alcanzar una combinación de estos objetivos. Lamentablemente, en el caso mexicano, la Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos ha probado ser un mecanismo ineficaz, tanto para el cobro de las deudas incumplidas como para la rehabilitación de las empresas, propiciando la utilización de mecanismos extrajudiciales para dirimir las controversias entre deudores y acreedores. Los mecanismos de ejecución de garantías en nuestro país resultan inciertos, lentos y costosos, condiciones todas adversas para el otorgamiento de crédito. Este se basa tanto en la voluntad de pago del deudor como en la capacidad de exigir por medios legales el cumplimiento forzoso de los compromisos de pago. Cuando dicho cumplimiento no tiene un proceso ágil de ejecución de las garantías, como es el caso mexicano, el crédito fluye de manera escasa y cara. Asimismo, cuando los bancos anticipan que el proceso de ejecución de las garantías será largo y costoso, tienden a otorgar el nuevo crédito a tasas más altas, precisamente para compensar el tiempo que transcurrirá en lograr la adjudicación y toma de posesión de los bienes, buscando además favorecer a los créditos con garantía inmobiliaria sobre aquéllos con garantía prendaria, toda vez que la primera tenderá a conservar más su valor durante la vida de la recuperación.

En tanto no se modifique el régimen concursal en nuestro país y no se facilite el proceso de ejecución de garantías, no fluirá el crédito a la economía en el tiempo y al costo en que lo necesitan las empresas.

Es por ello urgente hacer reformas a nuestro régimen concursal, ya sea a través de modificaciones a la actual Ley de Quiebras y Suspensión de Pagos o mediante una nueva iniciativa de ley. La propuesta debe incluir no sólo modificaciones a la legislación, sino que debe muy especialmente fortalecer la capacidad institucional y técnica de los jueces encargados de estas materias.1 Asimismo resulta urgente aprobar la iniciativa de ley en materia de ejecución de garantías.

3) Agilización de los Procesos de Venta de Activos por parte del IPAB. Como parte de las medidas de saneamiento de los bancos, el Fobaproa adquirió una serie de activos consistentes mayoritariamente en la cartera crediticia de los bancos intervenidos y los derechos de cobro derivados de los programas de compra de cartera. Son estos activos la principal fuente de pago de los pasivos que a su vez contrajo el Fobaproa, conformados principalmente por los depósitos a favor de los ahorradores en los bancos intervenidos, y los pagarés dados como contraprestación en los programas de compra de cartera arriba mencionados.

Como puede observarse, el valor nominal de los activos era ya significativamente menor al de los pasivos en junio de 1998. En la medida en que pasa el tiempo, los activos tienden a deteriorarse, mientras que los pasivos se incrementan, principalmente como consecuencia del devengamiento de intereses, aumentando así el costo fiscal del rescate financiero. Es por ello fundamental que se diseñe e instrumente una estrategia viable y efectiva para la recuperación y realización de los activos a favor del IPAB. Para ello, no deberán escatimarse esfuerzos o recursos. Existen experiencias internacionales relevantes en esta materia, así como el interés del mercado nacional e internacional para que se inicie ya la venta de activos. Se requiere ahora de la voluntad y la capacidad de los funcionarios encargados de estas materias, y de un apoyo decidido del Congreso de la Unión.

4) Modificación del marco regulatorio y de supervisión. Una de las explicaciones de la crisis bancaria en nuestro país ha sido la debilidad del régimen de supervisión y regulación, especialmente en el momento de la liberación financiera y la privatización bancaria. Cuando el crédito creció a tasas muy importantes, la regulación y la supervisión eran demasiado débiles para exigir controles de calidad en el otorgamiento de dicho crédito. Los resultados están a la vista. Durante el proceso de saneamiento financiero, las tareas de supervisión y las de saneamiento recayeron principalmente en la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). A pesar de que la supervisión y la regulación se han modernizado en estos años de crisis bancaria, se requiere continuar con dicho proceso. Para ello son necesarias a mi juicio tres medidas fundamentales: abocar a la CNBV principalmente a las tareas de supervisión y regulación, limitando su participación en las decisiones de saneamiento a su intervención en el IPAB; fortalecer la autonomía de gestión y técnica de dicha Comisión, y redefinir con claridad el ámbito de responsabilidad en materia de supervisión y regulación de las distintas autoridades financieras.

5) Reorientar al sistema bancario y financiero hacia la promoción del desarrollo nacional. Los bancos son la base del sistema de pagos del país, así como los mayores receptores del ahorro de los mexicanos; constituyen además la intermediación más eficiente entre el ahorro y la inversión. Existe una relación directa entre la penetración del sistema financiero y el nivel de desarrollo de una economía. Es por ello necesario reorientar el papel del sistema bancario, para que se convierta en una verdadera palanca del desarrollo nacional. Esto no quiere decir que la banca no deba ser vista como un negocio, o que se esté planteando la propiedad estatal de los bancos, sino que se establezcan los incentivos adecuados para que la banca financie y apoye los sectores estratégicos del país, ya sea por los empleos que generan, la riqueza que producen, o el papel que juegan en la economía.

6) Consolidación de la estabilidad macroeconómica. Aun cuando a últimas fechas han disminuido las tasas de interés, y el tipo de cambio se ha mantenido relativamente estable, México no ha logrado la plena consolidación de la estabilidad macroeconómica. Mientras subsista la volatilidad en las tasas de interés, y la in certidumbre en el tipo de cambio y en el crecimiento de la economía, no existen las condiciones propicias para fortalecer el ahorro y el otorgamiento de crédito, mucho menos para generar nuevas inversiones en el sector. La estabilidad macroeconómica es un ingrediente indispensable para el desarrollo de un sistema financiero sano, bien capitalizado y con una amplia penetración. Una economía estable y en crecimiento es la mejor condición para garantizar un sistema financiero eficiente. n

Enrique de la Madrid Licenciado en Derecho por la UNAM. Socio-Director de Financiamiento Corporativo Integral.

1Al momento de elaborar este artículo, se tiene conocimiento de la intención del Ejecutivo de enviar al Congreso de la Unión una iniciativa de ley en materia concursal.

El dinero y los partidos

EL DINERO Y LOS PARTIDOS

POR LUIS EMILIO GIMÉNEZ CACHO

Cada año, el IFE realiza un procedimiento de revisión de los gastos de los partidos y las agrupaciones políticas. Este artículo analiza el informe correspondiente a 1998. Lo que resulta es un balance de las prioridades reales de las instituciones políticas y de la forma en que gastan o malgastan sus recursos.

La reforma política de 1977 introdujo por primera vez en la Constitución el reconocimiento de los partidos políticos como entidades de interés público. Estableció asimismo su derecho a acceder permanentemente a los medios de comunicación y a contar en forma equitativa con un mínimo de elementos para llevar a cabo sus actividades. Se necesitaron sin embargo varios años y largos debates y aproximaciones para precisar la manera en que los partidos harían efectivo el ejercicio de esos derechos. En materia de financiamiento la reforma de 1986 fue decisiva, ya que se reglamentó por primera vez el financiamiento a los partidos. Posteriormente las modificaciones legales de 1990, 1993,1994y 1996 fueron precisando las fórmulas de asignación de recursos. Su efecto fue. por una parte, lograr una razonable equidad en la distribución del financiamiento público y, por la otra, establecer reglas y mecanismos institucionales que perfeccionaran los alcances de la fiscalización. Ambas vertientes conformaron simultáneamente el andamiaje del sistema actual de financiamiento público y fiscalización de los gastos de los partidos políticos.

Como fruto de ese dilatado proceso y de la atención pública creciente hacia el tema de los dineros partidistas, el IFE realiza un procedimiento anual de revisión de los gastos de los partidos y agrupaciones. El escrutinio que lleva a cabo la Comisión de Fiscalización de los Recursos de los Partidos y Agrupaciones Políticas es cada año más riguroso y genera información impensable hasta hace pocos años. Igualmente novedoso es el hecho de que los datos sean accesibles libremente al público a través del Diario Oficial de la Federación y puedan ser discutidos con toda apertura en las sesiones del Consejo General del Instituto. Sin duda, en el futuro próximo el estudio a detalle de las finanzas anuales de los partidos dará claves importantes para interpretar su realidad institucional. Este examen será, en última instancia, un componente necesario del sistema de financiamiento de partidos y de la sana y todavía infrecuente práctica de la rendición de cuentas.

La información que surge de la fiscalización todavía parcial del IFE proporciona visiones incompletas. No sólo porque se presenta con un criterio puramente contable sino porque los partidos reciben y gastan además recursos públicos y privados en los estados que no son objeto del control del Instituto y cuyos montos no resultan fácilmente conocibles por la Comisión. Además, algunas de las nuevas reglas de presentación de los informes, que buscan resolver algunos de estos problemas, entrarán en vigor sólo a partir del ejercicio de 1999.

Pero por lo pronto el Diario Oficial del 6 de septiembre de 1999 que publica el informe de la Comisión de Fiscalización sobre los ingresos y gastos en 1998 arroja datos importantes. Considerando las limitaciones mencionadas más arriba veamos lo que aportan las cifras de ese informe al conocimiento de nuestros partidos.

Los ingresos

En años no electorales, los fondos partidistas disponibles resultan de la combinación del financiamiento público para actividades ordinarias y específicas, apoyos del IFE para la producción de programas de medios electrónicos y para actividades de vigilancia del padrón electoral, las aportaciones de sus militantes y simpatizantes, el autofinanciamiento por rifas y eventos, los rendimientos financieros de sus inversiones y fideicomisos y, finalmente, los saldos positivos o negativos del año anterior. En los años de elecciones federales, la ley dispone además un financiamiento adicional para gastos de campaña equivalente al de actividades ordinarias.

El informe de 1998, un año no electoral, revela que más allá de la indudable nivelación de ingresos que se desprende de las fórmulas legales de financiamiento ordinario, la mezcla peculiar de ingresos y administración de cada partido político puede llegar a modificar la “correlación de fuerzas” financieras que resulta mecánicamente de aquéllas. El Cuadro 1 muestra las fuentes de las que cada partido conformó sus ingresos.

Destaca el hecho de que el PAN —merced a cierto talento administrativo y de finanzas— haya contado en 1998 con un monto disponible superior al del PRI, a pesar de que por su peso electoral obtuvo un financiamiento público ordinario sensiblemente inferior. Esto fue posible gracias al superávit de casi 100 millones de pesos que logró en 1997, a que aprovechó mejor el financiamiento por actividades específicas y a que generó recursos propios. (Cuadro 1)

En el otro extremo se halla el PRD, cuyos ingresos adicionales apenas alcanzaron a compensar el déficit del año anterior. Sus recursos resultaron prácticamente iguales al financiamiento público.

La dependencia de los fondos públicos

El espíritu de las reformas en materia de financiamiento es declaradamente el de lograr un predominio del dinero público sobre el privado en el sostenimiento de los partidos políticos. Puede decirse que el objetivo se ha logrado con creces y tal vez en exceso. De las cifras anteriores puede desprenderse el grado de dependencia que cada partido tiene con respecto a los fondos del Estado. Si sumamos los recursos por financiamiento ordinario a los de las aportaciones para actividades específicas y otros apoyos que otorga el IFE e ignoramos los saldos del año anterior, se observa que durante 1998 más del 90% de los ingresos de los partidos provino de fondos federales. La dependencia resulta inferior en los casos del PAN y el PRI y más alta en el PT y el PRD. (Cuadro 2)

No todos los dineros se obtienen con la misma facilidad. El financiamiento para actividades ordinarias llega, por decirlo así, automáticamente y se distribuye con la regla de 30% en cantidades iguales y 70 en proporción a los resultados electorales. Los recursos que el IFE otorga por actividades específicas son un reembolso equivalente al 75 % de las cantidades que los partidos hayan erogado el año anterior para la realización de eventos de educación y capacitación política, investigación socioeconómica y política y proyectos editoriales. Para obtenerlos, cada agrupación tiene que educar, investigar y publicar. La interpretación de qué gastos corresponden realmente a esos conceptos ha sido objeto a veces de debates intensos entre los partidos y el IFE. Así. por ejemplo, al solicitar el reembolso de actividades específicas realizadas en 1997, la Comisión le rechazó al PRD casi el 90% de lo que pretendía y al PRI cerca del 70%. Pero si dejamos al margen por ahora los detalles de esa disputa habrá que destacar el esfuerzo del PAN que, después de la revisión. obtuvo 20 millones de pesos por ese concepto. Más del doble que el PRI, su más cercano seguidor. El PRD. pese a su tamaño, se quedó rezagado en este renglón con apenas 2.5 millones. Mientras los partidos más pequeños PT y PVEM obtuvieron proporcionalmente más.1

Los otros apoyos tienen un origen similar. Se componen de dos partes. Una cantidad de 250,000 pesos la otorga el IFE por igual a cada partido para la producción de programas de radio y televisión. La otra es una suma variable que recibe cada uno para cubrir los gastos de sus representantes en las tareas de vigilancia y los trabajos de campo del padrón electoral. Los que más participan en la fiscalización del Registro Federal de Electores reciben más y a la inversa. Es notable la limitada participación del PRI en este rubro en 1998. El PAN, el PRD y el PVEM fueron a la cabeza.

La indefinición de las cuotas

De los datos que revela el informe los más difíciles de interpretar son quizá los de las cuotas de militantes y simpatizantes. El hecho es que una parte de las cuotas y aportaciones que reciben los partidos se colecta y se gasta en los organismos locales y no aparece en la contabilidad que entregan al IFE. Sin embargo, es significativo que los militantes del PVEM no aporten recursos a su partido y que en el otro extremo el PRI reporte más de 20 millones por este concepto. (Cuadro 1)

El simple fenómeno de que en materia de cuotas de militantes ningún partido tenga reglas claras puede ser indicativo al menos de un cambio en los cánones tradicionales de la militancia partidista. Al respecto, los partidos dieron a la Comisión de Fiscalización distintas explicaciones que se consignan en el informe Sería demasiado prolijo abordarlas aquí. Sin embargo, hay que consignar la queja de la Comisión. En las conclusiones del informe se reprocha a todos los partidos no contar con reglas estatutarias precisas para el pago de cuotas pese a que las exige la ley. Advierte además que para el año próximo no se dejará pasar esa anomalía.

Las rifas y los eventos

Bajo la denominación de autofinanciamiento se agrupan las actividades que organizan los partidos para obtener fondos del público. Como muestra el Cuadro 1 sólo el PAN y el PRI logran con ellas resultados significativos.

El PAN tiene experiencia y una vieja tradición de organización de sorteos. Las cifras de ese dispositivo permanente eran poco conocidas. El informe da cuenta de 50 sorteos realizados durante 1998. En ellos el partido invirtió 14.5 millones de pesos y recaudó casi 17 para lograr un saldo favorable de 2.4 millones. La organización de los sorteos parece ser un sistema bien establecido y profesional. Además de algunos comités locales, 35 comisionistas recibieron por su trabajo de venta de boletos casi siete millones de pesos.

No le fue tan bien a Acción Nacional con otros eventos. La recaudación en dos reuniones de Promoción Política de la Mujer, la Quinta Asamblea Juvenil, la cena de Navidad y cuatro conciertos que resultaron infortunados en términos financieros, ocasionaron un déficit global de 1.2 millones.2

El PRI, por el contrario, por el método de recibir un porcentaje de la venta de boletos de conciertos organizados por terceros, obtuvo casi 640 mil pesos.3 Pero la cifra total del autofinanciamiento de este partido puede resultar engañosa. En ella se incluyen casi un millón de pesos por cobro de siniestros de autos que no debieran acreditarse a esfuerzo alguno del partido.

El manejo de tesorería

Otro renglón que permite obtener ingresos adicionales a los partidos es el diestro manejo financiero. Habrá, sin duda, juicios encontrados sobre las justificaciones de un partido para comportarse como inversionista. Pero por lo pronto registremos el hecho de que en la obtención de intereses la tesorería del PAN se lleva las palmas. Obtuvo en 1998 casi 19 millones, muy lejos del segundo sitio que corresponde al PVEM con 4 —un desempeño que sin embargo es proporcionalmente más importante— y del PRI que ganó 3.5 millones. El PRD y el PT, probablemente a causa de sus déficit, no alcanzaron logros significativos en la tesorería.

Los gastos

Cada agrupamiento tiene una estructura de gasto y un modo peculiar de asignar y administrar los recursos de que dispone. En cierto modo, como sucede con las personas, en la manera de gastar se muestra la personalidad. El informe de la Comisión proporciona gran cantidad de datos que permitirían procesar diversos análisis y comentarios sobre la dinámica institucional de cada partido. Examinaremos aquí sólo algunas cifras y proporciones generales que pueden ser de interés. Hay que insistir en lo dicho al principio: los criterios de contabilidad de cada organización no son aún totalmente homogéneos y la información publicada en algunos casos sólo nos da pistas.

Más déficit que en 1997

A partir de los datos del Cuadro 3 salta a la vista que las presiones de la actividad política generaron en tres de los cinco partidos gastos superiores a sus ingresos. En 1997 el PRD y el PVEM habían terminado con ligeros déficit de 9 y 2 millones respectivamente. Para 1998 éste último logró revertir su situación. No así el PRD, cuyo faltante se elevó a 31 millones y el PRI y el PT, que se incorporaron a grupo con finanzas deficitarias. La comisión señala en su informe que algunos partidos arrastran aún imperfecciones en el registro de sus saldos anteriores y les dará una oportunidad de hacer correcciones en 1999. El dato que aparece indica simplemente el acumulado en el historial que hasta ahora lleva el IFE.

Los centralistas y los descentralizados

Un indicador importante del funcionamiento de los partidos políticos es el grado de descentralización de sus gastos. Puede señalar, entre otras cosas, la importancia que se otorga al desarrollo y operación de los comités y organismos distintos de la autoridad central del partido. El informe (Cuadro 4) nos dice que el PVEM ejerce la mayor parte de sus gastos (85%) centralmente, lo siguen el PRI con 59% y el PRD con el 39%. El PAN y el PT resultan los más descentralizados. Ambos gastan en el centro sólo el 22%.

Más allá de proporciones, es interesante destacar que los organismos estatales del PAN recibieron 216 millones, cifra muy superior a las de sus homólogos de los demás partidos. El PRD y el PRI. por su parte, asignan a los estados montos similares. En el caso del PRI, sin embargo, el informe aclara que de la cifra total que distribuye el CEN, 64 millones se destinan a los comités estatales y 98 a las llamadas organizaciones adherentes. Estas no operan en su totalidad fuera de la capital del país por lo que la centralización del gasto priista es probablemente mayor que lo que indica nuestro cuadro.4 El informe proporciona además una relación pormenorizada de las cantidades que los partidos asignan a cada estado que puede dar bases a los interesados en un estudio más detallado.

Los aparatos profesionales

Quien recuerde la relevancia que daba Robert Michels a los cuadros de tiempo completo para explicar la dinámica de los partidos, deseará conocer con cuántos profesionales cuenta cada organización. Por desgracia este dato no aparece en los informes.

No obstante, por las cifras del Cuadro 4 podemos saber que el PRI destinó casi la mitad de sus gastos al pago de remuneraciones, el PRD el 35%, el PAN y el PVEM el 29% y el PT el 21. Con estos datos puede aventurarse una estimación.5 Con lo gastado en nóminas, suponiendo un costo por empleado equivalente al del IFE en 1998, el PRI pudo emplear a 2,398 personas, el PRD a 1,162, el PAN a 993, el PT a 264 y el PVEM a 148.

Es interesante notar también que, excepto en el caso del PVEM, la proporción del gasto de los comités ejecutivos nacionales en nóminas es superior a la de los gastos generales. Esto indica que en materia de salarios la centralización es mayor.

Educación, investigación…y confusiones

Como se comentó más arriba, la Comisión sujeta a escrutinio separado y con una reglamentación especialmente estricta el gasto que los partidos destinan a las llamadas actividades específicas: educación, investigación y ediciones. El 75% de esos recursos puede ser reembolsado y contribuir a las finanzas del año siguiente. Por esta revisión más acuciosa las cifras que aparecen por esos conceptos en el reporte anual de 1998 —y que nosotros consignamos en los cuadros 3 y 4— no coinciden con las que la Comisión considera efectivas para efectos del reintegro. En la revisión de ese año se hace notorio, de nueva cuenta, que el IFE tiene una apreciación más rigurosa que los partidos sobre lo que son propiamente “actividades específicas”. Así, al PVEM la Comisión le rechazó el 55% de los gastos presentados para reembolso, al PRD el 42%, al PRI el 39, al PAN el 14 y al PT casi el 4%. El PAN y el PRD no pudieron convencer de que se aceptaran los recursos que invirtieron en las campañas y consulta en torno al Fobaproa. Al PRI le fue objetado el gasto en un “plan estratégico de comunicaciones” y al PVEM una costosa campaña publicitaria que la comisión consideró propaganda partidista.6

Por los motivos anteriores conviene comparar las cifras definitivas de la Comisión sobre los gastos en las actividades específicas con el gasto total reportado en 1998. De ese cotejo resulta que los partidos destinaron el 6.7% de sus egresos a educación, investigación y ediciones. El PVEM asignó el 18%, el PAN el 11 %, el PT el 7 y el PRI y el PRD sólo 4 y 3% respectivamente.

De viajes

Otra revelación interesante —al menos para algunos— es el grado de movilidad de los cuadros partidistas. Las cifras de gasto en viáticos y pasajes, por alguna razón, son escrupulosamente revisadas por la Comisión a juzgar por los detalles que contiene el Informe. Los datos del Cuadro 4 nos aproximan quizás a la importancia que tiene para cada partido el trato directo entre sus dirigentes y las bases u otros organismos. A este rubro el PT destinó el 8% de sus gastos, el PRI el 7%, el PVEM el 4%, el PRD el 3% y el PAN el 2%.

Buenas y regulares administraciones

Al final de su reporte la Comisión de Fiscalización hace una serie de consideraciones y recomendaciones sobre la administración de los partidos. Entre ellas destaca el reconocimiento de que el PAN y el PRI cuentan con los sistemas administrativos más desarrollados y la apreciación de los avances logrados en la materia por el PRD, PT y PVEM. A todos les sugiere, elegantemente, mantener y desarrollar sus sistemas de control en la distribución y ejercicio del gasto en los diversos órganos partidistas. Asimismo recomienda por igual que en adelante establezcan reglas claras en relación con los montos y periodicidad de las cuotas de sus militantes. Por lo demás, a diferencia de años anteriores las irregularidades contables reportadas resultaron poco significativas. Las sanciones económicas aplicadas por la Comisión fueron también de escasa relevancia.

Invitación al análisis

Las notas que anteceden son apenas una visión general de lo que puede derivarse de la información pública sobre la economía de los partidos. Los informes anuales de la Comisión de Fiscalización son un componente novedoso y a fin de cuentas imprescindible para un sistema de partidos en desarrollo. Con esta información y la que surgirá de manera más precisa a partir del año próximo. un investigador dedicado o los propios militantes partidistas, trabajando minuciosamente podrían obtener conocimientos más amplios. Podrían, por ejemplo, determinar a detalle la distribución de los recursos a cada organización estatal, el perfil de los partidos como generadores de empleo y consumidores de bienes y servicios, su evolución en el tiempo, etcétera. Estarían en condiciones, en fin. de establecer un diagnóstico de las prioridades reales de las instituciones partidistas, más allá de la retórica. Porque, como dicen, no hay prioridad sin presupuesto. n

Luis Emilio Giménez Cacho. Sociólogo. Coordinador Administrativo de la Presidencia del IFE.

1 IFE: “Acuerdo del Consejo general por el que se determina el financiamiento para 1998, por actividades específicas de los partidos políticos como entidades de interés público”. Diario Oficial de la Federación, 15 de mayo de 1998.

2 Los fanáticos del TRI al parecer no fueron suficientes para evitar que el PAN perdiera casi 860.000 pesos en cuatro concienos de ese grupo musical en Yucatán. Aguascalientes, Zacatecas y Veracruz.

3 Les Luthiers. Armando Manzanero, Pedro Fernández, entre otros, fueron el atractivo de los principales eventos del PRI.

4 Entre las aportaciones a las organizaciones adherentes destacan la asignación de 27 millones a la CNOP. 25 a la CNC, 23 al Movimiento Territorial y cerca de 7 a la Fundación Colosio.

5 Aquí aplicamos a los egresos anuales de cada partido por remuneraciones el costo anual promedio de 80,919 que tuvo el IFE por empleado en 1998, según la Cuenta de la Hacienda Pública Federal. Es claro que la prodigalidad de cada partido en materia salarial reduce estas cifras y una política de remuneración más austera las incrementaría. El lector podría, es obvio, hacer su propia aproximación.

6IFE: “Acuerdo que presenta la Comisión de Prerrogativas, Partidos Políticos y Radiodifusión del Consejo General del Instituto Federal Electoral por el que se determina el financiamiento para 1999 por actividades específicas de los partidos políticos como entidades de interés público”. Diario OficiaI de la Federación. 31 de marzo de 1999.

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Cuatro momentos, cinco palabras

CUATRO MOMENTOS, CINCO PALABRAS

MARCELA SERRANO

El tiempo fue para mí una obsesión temprana, incluyendo en él todo lo que se expandiese en su noción y la dificultad para gobernar sus acontecimientos. Recuerdo que era muy niña cuando mi madre me leyó esos párraros iniciales del Eclesiastés —que han resultado los más perdurables en mi memoria, de entre las múltiples lecturas que un poco forzada hice de la Biblia—. Sin embargo, algunas de sus frases —las del tiempo— casi puedo recitarlas de memoria: “todo tiene su tiempo y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer y tiempo de morir: tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar y tiempo de curar; tiempo de destruir y tiempo de edificar; tiempo de llorar y tiempo de reir”. Esto marcó en mí el concepto indeleble del tiempo fraccionado.

Con el correr de los años, aprendí que soñar y tener utopías —algo que aún considero esencial— era enfrentar el vacío temporal al empapar de sentido las vidas, precisamente porque los sueños exceden el tiempo que éstas duran. Sólo de ese modo una se hace parte solidaria de lo otro y desborda las miserias y limitaciones de una existencia individual. Una se incluye así en el tiempo colectivo.

La madurez me ha permitido una tercera faceta del tiempo, complementaria de las anteriores. Esta consiste en la riqueza de poder percibir que, en el curso de los ciclos ya vividos, han ocurrido cosas importantes —importancia otorgada al arbitrio de cada uno, por supuesto— que han ido cambiando la vida para humanizarla. Lo que apropiadamente se ha dado en llamar la revolución de las mujeres, resultado de una inmensa y múltiple batalla decisiva para que la historia avance en el difícil terreno de la igualdad, me ha regalado esa dimensión. En este sentido, cuando comparo el tiempo de hoy con el de apenas treinta años atrás, palpo la sensación inocultable de cómo, con la energía de tantas, éste no ha sido un transcurso en vano. Y la vivo personalmente como mi inclusión en el tiempo histórico.

Por último, me taladra la siguiente obsesión: la búsqueda desesperada de la coincidencia entre el tiempo externo y el tiempo interno. Entre el real y ese que pertenece al alma. Y cuando la balanza me inclina peligrosamente hacia la derrota, me pregunto si existirá alguna salvación en lo que podría llamarse el tiempo literario. Mientras no alumbre en mí la respuesta, me apego a las palabras de Giovanni Papini: “Tendré que deciros otra vez más, con angustia, que tenemos muy poco tiempo que desmadejar, leve aire para respirar, pocas bocas para besar, pocos instantes para crear”.

Como inevitablemente, al entrar en este terreno, sólo sumaremos tristes demandas incontestadas, quizá sea más sano imitar a Onetti y colgar en el dormitorio un letrero que diga aquellas cinco palabras exactas: “Escribe, idiota, no hay tiempo”.  n

Viva la competencia

POLÍTICA SOCIAL

VIVA LA COMPETENCIA

POR ALDO FLORES QUIROGA

No se trata de moderar la competencia. Se trata, en realidad, de que todos compitan, siempre y cuando dispongan de las mejores herramientas.

Cuando Andre Agassi levantó la copa de campeón del Torneo Abierto de los Estados Unidos nadie dudó que ganó el mejor, dadas las reglas del torneo. Un sistema de reglas transparentes y conocidas por todos los involucrados, de jueces que supervisan a otros jueces y que a su vez son vigilados por el público y la prensa, impidió que el que levantara la copa fuera el “mejor” de acuerdo a algún otro criterio —por ejemplo: el vestido con ropa de algún diseñador particular, el favorito del juez de la línea de saque, el más simpático para los organizadores del torneo, el que golpeó mas passing shots por el lado derecho, el más fotografiado en la revista Hola, o cualquier otra variante.

El criterio para seleccionar al ganador del torneo discrimina entre personas: sólo hay un primer lugar, pero hay muchos aspirantes, de modo que hay que buscar una manera de escoger entre ellos. Esto convierte a los aspirantes a ganar la copa en jugadores “de primera” y jugadores “de segunda”. El que satisface el criterio de ganar más sets que todos sus oponentes poniendo la pelota dentro del rectángulo verde obtiene el privilegio de alzar la copa. La competencia entre jugadores, por lo tanto, ayuda a descubrir quién es el “mejor” de acuerdo a los criterios establecidos.

¿Es injusta esta discriminación entre entusiastas del tenis? Prácticamente nadie se plantea esta pregunta, no porque sea ociosa, sino porque existe un acuerdo amplio a favor de reglas que separen a los jugadores “buenos” de los “malos”. Si los organizadores decidieran que otro tipo de jugador “debe” ganar la copa, podrían pedirle —o requerirle— a Agassi y a otros compañeros de su nivel que en el próximo torneo jueguen sin raqueta; o bien declarar, sin una competencia, quién es el triunfador. Pero el costo sería elevado. El Abierto de los Estados Unidos ya no sería un torneo de tenis, ganarían jugadores menos aptos, el público perdería interés y los organizadores tendrían que dedicarse a escoger quién debe ganar de acuerdo a criterios menos transparentes.

Es más fácil que quienes no tienen aptitudes para jugar al tenis no dediquen su tiempo a tratar de ganar la copa. Así no pierden su dinero y esfuerzo tratando de convencer a los organizadores de Wimbledon que cambien las reglas del torneo. El tiempo y recursos que ahorran pueden entonces utilizarlos en otras actividades en donde sí pueden aspirar a ser ganadores. El mundo esté lleno de deportes y profesiones distintas en donde probar suerte.

Lo anterior tiene la intención de servir como analogía para evaluar un lugar común del debate actual sobre el futuro de la economía del país. Dada la lamentable pobreza extrema en la que se encuentran muchos mexicanos —los perdedores del sistema de competencia (discriminación) adoptado en esta década— hay candidatos a la presidencia que proponen dar marcha atrás, o moderar, al “neoliberalismo”. A falta de pronunciamientos específicos, parece que la propuesta es cambiar el método de selección de “ganadores” y “perdedores” en la economía mexicana, discriminando en contra de quienes pueden ganar dentro del marco de las reglas del mercado.

De entrada se antoja un mecanismo de discriminación sumamente oneroso para todos los mexicanos. No tengo claro por qué la ayuda a los mexicanos de menor ingreso deba consistir en eliminar la competencia, que forma parte de la libertad individual de escoger qué, cuándo, cómo, dónde y a quién comprar, intercambiar, o vender. Con la competencia discriminamos entre malos y buenos oferentes, malos y buenos compradores, malos y buenos productos, malos y buenos gobernantes, malas y buenas políticas públicas.

¿Es mejor reemplazar este tipo de discriminación por otro que otorga a una sola persona el derecho exclusivo de determinar quién “debe” recibir ayuda? ¿Cuándo sirve y cuándo no sirve la competencia en la asignación de asistencia a los mexicanos de menor ingreso? ¿Si no se adopta la competencia para distribuir asistencia gubernamental, qué criterios deben determinar “quién gana”? ¿Serán más capaces de lograr su objetivo los criterios alternativos?

¿Serán sostenibles?

Debemos hacernos este tipo de preguntas antes de decidir que la fuente de los males es la competencia internacional o la interna. A fin de cuentas la ayuda a los mexicanos de menor ingreso también requiere de discriminar de algún modo, puesto que los recursos para ayudarlos también son desafortunadamente limitados. Hasta ahora hemos adoptado criterios regionales, localistas o políticos para determinar a quién se ayuda: a la entidad que corre por una etapa electoral, al simpatizante de algún partido político, al miembro de algún sindicato, al amigo de algún funcionario. Pero podríamos igual descansar en la competencia basada en otros criterios: de todos los individuos con ingreso anual menor al nivel “X”, quienes presenten proyectos capaces de generar el mayor nivel de rendimiento por inversión en capital humano, social, o físico, serán los que reciban la ayuda; o de todos los estudiantes con necesidad de apoyo económico quienes tengan calificaciones arriba del promedio “Y” recibirán becas; o algún criterio parecido. Así discriminamos a favor de la productividad y la excelencia, y no a favor del compadrazgo o el amiguismo o el chantaje político.

Más allá de moderar la competencia debemos trabajar para darles a los mexicanos de menores recursos las herramientas con las cuales competir. Siguiendo la analogía del tenis, debemos darles raquetas adecuadas, ropa adecuada, entrenamiento, educación sobre las reglas del juego y el valor de respetarlas. Es decir, debemos ampliar sus oportunidades de competir, mediante una mejor distribución del ingreso, de la educación, de la salud, de las libertades políticas, de la información.

¿Cómo lograrlo? Dada la situación fiscal, se antoja una tarea titánica. Pero un buen comienzo es reformar las leyes tributarias, complementado con esfuerzos claros y contundentes para proteger las libertades individuales (económicas, políticas, sociales, culturales). La gestión pública virtuosa cuesta —no hay almuerzo gratuito—, pero la promoción de la libertad individual, incluyendo la libertad (el derecho) a competir, no es tan cara, mientras los beneficios en calidad de vida que éstas generan son inmensos. Que la búsqueda por ayudar a los mexicanos de menor ingreso no derive en limitar las libertades de todos los mexicanos.                n

Aldo Flores Quiroga. Analista político.

De El Evangelio segun Jesucristo

DE EL EVANGELIO SEGÚN JESUCRISTO

JOSÉ SARAMAGO

Jesús y los suyos iban por los caminos y los poblados, y Dios hablaba por boca de Jesús, y he aquí lo que decía: se ha completado el tiempo y está cerca el reino de Dios, arrepentíos y creed en la buena nueva. Al oír esto, el vulgo de las aldeas pensaba que entre completarse el tiempo y acabarse el tiempo no podía haber diferencia, y que en consecuencia estaba próximo el fin del mundo, que es donde el tiempo se mide y gasta.     n