Juárez, El Impasable

El problema no es aquel Juárez, sino el Juárez que nos vienen vendiendo desde hace más de un siglo. Ese Juárez es un milagro de la medicina: siendo sólo un busto, vive y es dañino como la peste. Pobre, huérfano, tiranizado por su tío, víctima de Eolo que aleja el carrizal de la orilla del estanque (lo cual provoca que sus ovejas se desbalaguen), competidor del rubio Maximiliano de Habsburgo, ese Juárez es un triunfador. ¡Y con esa facha!, ¡qué honor!

México no cambia, nunca cambia, sólo se actualiza. A ello se debe que México siga siendo, como decía Humboldt, “el país de la desigualdad”. Por eso Juárez arruina las ventas de los historiadores, porque es casi perfecto, pero en el casi está toda la diferencia: un indio alzado nunca será modelo de nada, un naco entre los nacos, oaxaqueño como un tamal: por cierto, no olvidamos la voz popular:

Benito Juárez

vendía tamales

en los portales

de la Merced.

Pero en la desolemnización de nuestro Benny Goodman quien se lleva orejas, rabo y pata es Manuel “El Loco” Valdés. En un programa de la tele, en los lejanos tiempos de la alta investidura de Echeverría, se echó la puntada de referirse a “Bomberito Juárez” y en consecuencia fue multado. Al día siguiente, enojado como un torero, se refirió a doña “Manguerita” Maza: múltenlo y sáquenlo del aire, dijo el “Tigre”.

Ese Juárez nunca pasa de moda. En la Bolsa corre el rumor, que yo atrapo, de que el nuevo banco se va a llamar “Juárez City Group”, pues ese Juárez le da color local y porque ahora el gobierno le hace los mandados al capital gringo, como el viento al bienamado. Y aquí viene al pelo el tratado McLane-Ocampo que firmó otro Juárez con objeto de darles las nylon a los yanquis en el Tehuantepec. Y luego el Juárez de Veracruz fue salvado por los norteamericanos que ahuyentaron a dos navíos conservadores que se proponían atacar a Benito por atrás, por donde no se vale.

Y más tarde fueron sus guardaespaldas en Paso del Norte, ¿no es cierto?

Hubo otro Juárez que amó el poder y sólo permaneció catorce años en la presidencia porque murió en esa alta investidura (del alemán altten, antigua). Pero no hemos sabido explotar al personaje. Se filmó el bodrio de “El carruaje”; ahora los tiempos exigen a un Juárez de levita negra, en el calor estival del desierto, sudando como negro, y luego se oye la voz de Guillermo Prieto quien dice;

“Su alta investidura ” no padece

porque la gente ya no rece.

pues a diario su axila humedece

con desodorante Krese.

En seguida una voz en off recomienda: “Orale ése. usa Krese”.

Y no se debe confundir al Juárez del conflicto religioso y las leyes de Reforma con el que seria actualmente. Si hoy viviera Benito sería mozo de Mariclaire Acosta, pero mozo ilustrado se entiende, y formaría parte de una ONG consagrada a reunir fondos para la capa, perfectamente bien cortada, del señor arzobispo.

Eso si Juárez no hubiera muerto, como dice el danzón, porque si nunca hubiera nacido Musolini no se llamara Benito y todo cambiara, Hitler de cabo no pasara, ni a los judíos masacrara, ni Berlín se dividiera. Salinas la alta investidura no alcanzara y todo una chulada fuera.

En suma, ese Juárez se parece a los noticiarios de la tele, porque no hay quien se los trague, en tanto que el busto, la gigante cabeza de Juárez es impasable.  n

Noticias de pornointernetlandia

NOTICIAS DE PORNOINTERNETLANDIA

En su edición anterior Nexos dedicó buena parte del número al tema del sexo. Uno de los artículos, escrito por Salomón Derreza, hablaba de Cibersexo y pornocracia, para ocuparse de una zona de Internet, activa en Internet, y dirigida a la pornografía infantil. El asunto es central: el uso de la pornografía, uno de los derechos de los adultos para hacer con su vida privada lo que se les pegue la gana, es en efecto, en una zona terrible, un disparador de criminalidad en la red. Y en el caso del desmantelamiento de una red de pornografía por Internet, una red dedicada a la explotación de la pornografía infantil (The New York Times, agosto 9, 2001), vuelve a sorprender no tanto el hecho de que existan proveedores sino, en efecto, que la oferta sea tan bien recibida, al grado de ratificar que la pornografía es el único negocio redondo en la red.

Luego de una investigación de dos años, la procuraduría general de justicia de Estados Unidos ordenó el arresto de 100 personas involucradas en este comercio. La red de pornografía infantil involucraba a comerciantes de Estados Unidos, Rusia e Indonesia. Sus dueños eran un matrimonio: Thomas y Janice Reedy. La compañía, Landslide Productions Inc., que operaba desde Texas, dejaba muchas ganancias: en un buen mes, obtenía hasta 1 millón 400 mil dólares

Su sitio en la red contaba hasta con 250,000 suscriptores, muchos de ellos fuera de Estados Unidos. n

Carranza: Los dos extremos

CARRANZA: LOS DOS EXTREMOS

POR LUIS BARRÓN

Alto, robusto, tenaz, paciente para escuchar, nacionalista hasta el extremo y obsesionado con el cumplimiento de la ley… O lento, necio, obcecado, autoritario, conservador y capaz de todo con tal de retener el poder. Es entre estos dos extremos que fluctúa nuestra imagen de Venustiano Carranza. Un extremo creado por sus partidarios y por la propaganda del Estado. El otro, inventado por sus opositores políticos y sus enemigos militares, quienes siempre vieron en él al vencedor de Villa y al asesino de Zapata.

Colaborador en el régimen de Díaz como presidente municipal, diputado local, senador y gobernador interino de Coahuila, Carranza sólo se unió a la Revolución cuando le quedó completamente claro que el gran elector no lo apoyaría para ocupar la gubernatura constitucional de su estado natal, y que Bernardo Reyes no volvería para liderar un movimiento reformista dentro del régimen de Porfirio Díaz. Pero convencido de que México tenía que cambiar, Carranza fue quizás el más reformista de los gobernadores maderistas junto con Abraham González, gobernador del vecino estado de Chihuahua.

Ante el golpe y la dictadura huertistas, Carranza se erigió a sí mismo como la única bandera de la legitimidad, y dirigió la lucha en contra de Huerta y del ejército federal para restaurar el régimen constitucional. Pero aun destruyendo al ejército y al poder financiero porfiristas, y regresando a México al orden constitucional, su presidencia (1917-1920) no es considerada, más que por la historia oficial, parte del periodo fundacional del Estado moderno mexicano.

Bajo su liderazgo, un congreso constitucional electo popularmente escribió y promulgó la Constitución de 1917. Durante su presidencia, el poder judicial se reconstituyó y la mayoría de los gobiernos estatales fueron electos, regresando al orden constitucional. Carranza quizás haya sido el presidente más nacionalista que México haya tenido. Jamás cedió ante las presiones de las grandes potencias ni permitió que se inmiscuyeran en los asuntos internos de México. Pero no se pueden negar sus ligas con el antiguo régimen, su simpatía por el gradualismo y su afinidad ideológica —política y social— con el reformismo conservador de Bernardo Reyes —el general más popular dentro del ejército porfirista— alrededor de quien se iniciaría el primer movimiento opositor importante del porfiriato.

Carranza fue una proyección del antiguo régimen a la revolución. Siempre estuvo seguro de que controlar al ejército era esencial para controlar al país, por lo que había que someterlo al poder civil. Estaba convencido de que había que movilizar a los sectores populares que el régimen porfirista había excluido de la política (trabajadores, campesinos, estudiantes, mujeres y jóvenes profesionales), pero sin darles ningún poder real para iniciar el cambio político y social de México. Y quería una presidencia fuerte para lograr estos cambios. De ahí su renuencia a permitir la formación de partidos políticos nacionales, sindicatos independientes, organizaciones campesinas, elecciones libres o una prensa democrática. Se podría decir que Carranza quería un Estado completamente nuevo, un Estado capaz de conservar el orden social que la revolución estaba a punto de destruir.

Carranza, como él mismo lo dijo, no quiso ser un revolucionario. Fue más bien un reformador nacionalista cuyo proyecto, aunque incluiría a sectores que antes habían sido completamente excluidos, fue conservar el orden social como él lo entendía: un país de grandes capitalistas y gente educada que lo guiaría hacia el desarrollo, dejando al Estado la responsabilidad de proteger la soberanía de México, moralizar a la sociedad y proveer la educación de las clases más necesitadas.

Por eso, Carranza organizó un nuevo ejército, un ejército al que nunca dudó en utilizar hasta que sus recursos se acabaron. Venció a la reacción conservadora de Huerta, igual que al radicalismo revolucionario de Villa y Zapata. Y cuando tuvo que enfrentar la escisión de Alvaro Obregón, su general más prestigioso y listo para hacer concesiones al ala más radical de la revolución, no tuvo ni los recursos económicos necesarios, ni el apoyo de Estados Unidos, ni el compromiso ideológico con la revolución para evitar la caída de su régimen. Cuando el ejército se rebeló, cuando la burocracia y el congreso se decidieron a apoyar a Obregón, cuando los campesinos, los trabajadores y las organizaciones civiles permanecieron inmóviles, Carranza finalmente fue derribado, pero dejó sentadas las bases de lo que sería el Estado posrevolucionario mexicano.    n

Vida pública. Hechos y tendecias de México

PALOMAR.

VIDA PÚBLICA

HECHOS Y TENDENCIAS DE MÉXICO

SEPTIEMBRE

Septiembre es mes de rituales cívicos. Empieza con el informe presidencial de cada año y sigue con las fiestas de la Independencia nacional. El ritual informativo del presidente ha perdido teatralidad y peso. El cambio democrático ha desacralizado la figura presidencial y sus actos. El Informe Presidencial sigue siendo, no obstante, buena ocasión para sacar cuentas de la marcha del gobierno y el país. (Primer informe: Cero catástrofes. Ver p. 6). Respecto de los rituales patrios, el cambio ha puesto en marcha una revisión profunda de tradiciones y personajes históricos. El presente democrático del país mira con otros ojos el pasado y saca nuevos balances. A esa cavilación incipiente dedicamos el centro de nuestra revista. (Los cuentos de hadas y la historia patria. Ver p. 31.)

INDEFENSIÓN O LEGALIDAD

El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). órgano de inteligencia del Estado mexicano, hizo pública la evaluación que prometió el nuevo gobierno. Según el diagnóstico, la ausencia de un marco jurídico pone a los servicios de inteligencia entre la “indefensión y la ilegalidad”. (Cisen: Indefenso o ilegal. Ver p. 7.)

PRI UNA VICTORIA

El PRI ganó a principios de agosto la gubernatura de Tabasco, su victoria mayor desde la derrota histórica del 2 de julio de 2000. El triunfo refrendó lo que habíamos apuntado en estas páginas: la era de la caída en picada del PRI ha tocado fondo. La picada ha sido costosa. En elecciones posteriores al 2 de julio de 2000, el PRI perdió el dominio sobre tres estados, una legislatura local y 28 municipios. La victoria de Tabasco cortó esa racha pero no resuelve los problemas mayores de ese partido: cómo elegir su dirigencia y qué proponerle al México del siglo XXI.

UN PUESTO IMPOSIBLE

“¿Qué pasó con las habilidades administrativas de Fox?”, se preguntaba la revista Business Week en una edición de mediados de julio. Las habilidades de Fox son las mismas, respondemos nosotros, pero el puesto que tiene ahora está más complicado. Fox se propuso simplificarlo rediseñándolo. No ha dado en el blanco. El fallido rediseño explica en parte la confusión visible en los altos niveles del nuevo gobierno. (Presidencia: Nuevos cables cruzados, Ver p. 7.)

LA LEY INDIGENA

El martes 15 de agosto fue publicada en el Diario Oficial la reforma constitucional sobre derechos indígenas, que adquirió así vigencia plena. El proceso político de la reforma ha sido uno de los más transparentes de la historia constitucional del país. Nunca tantos actores participaron en un cambio legal de ese tamaño. No obstante, la controversia sigue. Se llama a la reforma contrareforma y a su contenido, traición. Las leyes vigentes no son todavía argumento suficiente para aplazar diferencias políticas. Tampoco son la letra muerta de antes. Empiezan a ser letra viva, que incumbe a todos y a todos hace pronunciarse, aunque no todos quieran acatarlas ni todos recuerden el texto de las leyes que los dividen. (Ley indígena: ¿.Alguien recuerda qué se discute? Ver p. 11.)

LA DIFICULTAD DE COBRAR

Quien pierda de vista el debate sobre la reforma fiscal, que aparece y desaparece de los medios, está perdiendo el hilo que guía los pasos del gobierno en el laberinto de sus decisiones. Todos los actores políticos están prendidos de ese cable guía, invisible a ratos, estentóreo en otros, electrificado siempre.

LA DIFICULTAD DE GASTAR

Un ritornelo de la opinión pública es que la desaceleración económica podría ser menos grave si el gobierno hubiera gastado lo que podía gastar. La ineficiencia gubernamental en el ejercicio del gasto ha recortado sin quererlo la inversión pública. Para desmentir ese rumor, algunas secretarías de Estado han empezado a gastar en desplegados de prensa porcentajes mínimos de lo que debían gastarse en la realidad.

En protesta por la venta de Banamex a City Group, reaparecieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), poniendo tres bombas junto a sucursales del banco vendido. Días después fueron detenidos miembros de las FARP. reforzando la creencia, común entre observadores, de que el gobierno podría detener a la mayoría de los grupos armados del país y que no lo hace por un extraño cálculo de tolerancia. En el fondo, esos grupos le parecen inofensivos o, al menos, cree tenerlos bajo control.

Las bombas no asustaron a nadie, lo cual no deja de asustar.

EL GRITO DEL CAMPO

Una oleada de protestas campesinas y fraudes empresariales sacudió al campo mexicano en las primeras semanas de agosto. La sacudida mostró un horizonte desolado, con nulas posibilidades de solución en el corto plazo. Es el viejo llano en llamas del mundo rural que inmortalizó Juan Rulfo. arrasado por la modernidad y la acumulación de no soluciones. (El llano de siempre, las llamas de ahora. Ver p. 8.)

TUMBA SIN SOSIEGO

Murió Carlos Hank González, el político que encarnó como ningún otro la mezcla de los negocios públicos con los negocios privados. “El Gran Corruptor” lo llamaron unos el día de su muerte. “Guía formador de nuevas generaciones”, le llamó la esquela del gobierno de su estado. La dirigencia priista brilló por su ausencia en el sepelio. La presidenta de ese partido declaró: “Con su muerte se cierra una etapa del PRI”. Es posible, pero a juzgar por la resonancia de la muerte de Hank, la parte más visible del PRI sigue siendo su pasado.

MIGRANTES

Se anticipa para septiembre, durante la visita del presidente Fox a Los Estados Unidos, una definición estadunidense en materia de migración mexicana. El ambiente de la discusión ha cambiado y para bien, según algunos observadores. Pero el paquete a negociar es el más ambicioso que se haya planteado entre los dos países y la ambición, ya se sabe, suele tropezar con la realidad. (Migrantes: Qué quiere México. Ver p. 12.)

CISEN: Indefenso o ilegal

CISEN:

INDEFENSO O ILEGAL

Por primera vez en la historia del país el director de los servicios de inteligencia del gobierno federal. Eduardo Medina Mora, director del Centro de Investigación y Seguridad (CISEN), presentó a los medios la evaluación de ese organismo, anunciada por el presidente Fox el día de su toma de posesión.

El CISEN es un órgano de la Secretaría de Gobernación dedicado a “establecer y operar un sistema de investigación e información que contribuya a preservar la estabilidad y permanencia del estado mexicano”. No tiene facultades operativas ni policiales. Su labor se limita a analizar y sistematizar información sobre una Agenda Institucional de Riesgos. La Agenda incluye: crimen organizado, subversión y terrorismo, dinámica demográfica, fenómenos fronterizos y migratorios, riesgos ecológicos, globalización de la economía, combate a la corrupción, fortalecimiento institucional. gobernabilidad democrática.

La debilidad mayor del Cisen, según el diagnóstico, es “la ausencia de un marco jurídico apropiado”, lo cual le impidió negarse al espionaje político y “evitar que (esa) información fuese puesta a disposición de instancias o personas a las que no correspondía conocer de los trabajos del Centro”. Peor: gente del CISEN filtró esa información para “satisfacer sus intereses … y dio pauta a que otras informaciones fuesen falsamente atribuidas al Centro”.

Entre las fortalezas del Cisen. Medina Mora destacó la profesionalización. el rigor metodológico y analítico y un servicio civil de carrera. Sobre todo, dijo, “el CISEN es un organismo no penetrado por el narcotráfico o el crimen organizado”.

El compromiso del CISEN para el futuro es volverse “un auténtico órgano de Estado… no un instrumento del régimen y menos aún al servicio de un grupo político”.

La evaluación terminó con tres anuncios. Primero, el refrendo de que desde el primer día del gobierno de Fox, el CISEN no hace espionaje político. Segundo, que dará acceso a la información de sus archivos sobre perseguidos y desaparecidos políticos. Tercero, prepara una Ley de Seguridad Nacional que norme las actividades de inteligencia del Estado.

El documento concluye: “Sin una Ley de esta naturaleza, el Estado deberá debatirse permanentemente entre una situación de indefensión y otra de ilegalidad”.

Es difícil describir mejor el lugar de indefensión de la sociedad y o ilegalidad del gobierno en que se han movido hasta hoy los servicios de inteligencia en México. n

lA Independencia

II. VISIONES Y REVISIONES DE HISTORIA PATRIA.

Ofrecemos las versiones editadas de cuatro de los programas televisivos de Zona abierta, conducidos por Héctor Aguilar Camín dedicados a explorar algunas zonas de nuestra historia patria. De la guerra de Independencia a las conquistas sociales de la mano del general Cárdenas, las visiones de la historia oficial exigen revisiones a conciencia que tomen en cuenta la complejidad de los hechos humanos cuando entran en movimiento. La reflexión y la enseñanza de la historia patria, como se ve, deben alejarse ya de los cuentos de hadas.

LA INDEPENDENCIA

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: El 15, el 16 de septiembre se da una ceremonia digamos canónica del nacionalismo mexicano, de la afirmación de cada año de la patria, de la nacionalidad, de la independencia, del orgullo y de la borrachera. ¿Cuándo empieza este rito que para nosotros es eterno, que no empezó nunca, que no tiene edad, de celebrar la noche del 15 de septiembre?

JEAN MEYER: Parece que lo inició un rubio de barba partida: el emperador Maximiliano, austriaco, a quien se le ocurrió incluso hacer el viaje a Dolores, Hidalgo, para dar el grito. Lo cierto es que Maximiliano hizo mucho para, si no inventar, por lo menos consolidar el festejo de ese aniversario, que en los primeros treinta años de la república independiente no se festejaba de esa manera y, para empezar, probablemente no debió haber sido el 15 de septiembre: aunque los padres de la patria debieron estar muy nerviosos, esa noche no creo que hayan dormido muy bien, y en realidad el grito se hace el 16. Luego, es probable que el 15 sea la fecha escogida por don Porfirio Díaz porque es el día de su cumpleaños, y él en su tiempo hizo coincidir las dos cosas.

ENRIQUE FLORESCANO: La primera polémica sobre el grito se da inmediatamente después de la Independencia. Un cronista como Carlos María de Bustamante. ya en la época en que han muerto Hidalgo y Morelos, decide que hay que festejar al iniciador del movimiento. Entonces Bustamante crea el primer panteón de héroes de la Independencia. Luego viene Iturbide y entonces hay la primera colisión entre las interpretaciones del grito y de quién fue realmente el héroe que inició la liberación del país, quién es el padre de la patria. Ahí viene la disputa que se da inmediatamente en el momento iturbidista. El primer Congreso, el que instituye la república federal, tiene una primera resolución: se inclina por Hidalgo y deturpa a Iturbide, y a la independencia de Iturbide del 21 de septiembre de 1821. Edmundo O’Gorman hizo esa historia de manera magnífica: recorre todas las distintas interpretaciones que se dieron y las primeras mistificaciones. Ahí viene el otro problema: el gobierno que toma las funciones del Estado es el que empieza a declarar oficialmente a los héroes, y luego vienen las reacciones de los distintos movimientos; Santa Anna, desde luego, se levanta en contra de esto y ahí viene una serie de nuevas interpretaciones.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN:

Pero ¿quién es el padre de la patria?

LORENZO MEYER: Junto con Hidalgo, viene un personaje que a mi juicio quizás es más interesante: Morelos. El ya no es criollo, es mestizo, y es el primero que dice: “Nosotros queremos y debemos ser independientes”. En estricto sentido debíamos celebrar a Morelos como el padre de la patria. Es una proposición.

ENRIQUE FLORESCANO: Esta discusión tiene que ver con la disputa entre los liberales y el grupo conservador. Los liberales, que son los triunfadores en la disputa por la nación que se da en la primera mitad del siglo XIX, entran en pugna con el grupo nacionalista indigenista abanderado por Servando Teresa de Mier y también se oponen al grupo pro-hispanista, encabezado por Lucas Alamán. Se trata de una discusión muy intensa sobre el legado que debe sustentar la nación independiente. Los liberales rechazan las propuestas indigenistas e hispanistas y se pronuncia por Morelos, la Constitución de Apatzingán e Hidalgo, a quien atribuyen la liberación de España. Es un pensamiento liberal influido por el liberalismo europeo el que declara: este país desciende de Hidalgo, no del mundo indígena ni del hispánico: venimos, dicen, de Hidalgo, del movimiento de liberación nacional y de la república federal.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Eso ocurre cuántos años después de los acontecimientos?

ENRIQUE FLORESCANO: Cincuenta años después, con Juárez, con el triunfo de Juárez sobre el imperalismo francés. Entonces se reivindica la idea de la nación como proyecto republicano y como Estado nacional autónomo.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: En 1840, no había tal cosa como ir el 15 de septiembre a dar el grito.

LORENZO MEYER: No, pero sí había una ceremonia, cuando viene la tristísima derrota de 1847. En 1848 hay reuniones en septiembre en donde más de una gente lanza discursos lamentando la inminente destrucción de la patria. Ese mes de septiembre, ya con un país derrotado y sin mucha confianza en sí mismo, lanza la pregunta: ¿qué hacer?, ¿vamos a seguir siendo país o nos vamos a perder?

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Hay un problema que sigue pegado al grito de Independencia, y es el tema de la relación con España. Los liberales dicen: “no queremos el pasado español, queremos el pasado más nacional, más mestizo, más indígena”. Hay a lo largo de todos esos años procesos históricos que convierten a España en una especie de bestia negra para los mexicanos cuando España es realmente su cultura matriz, o por lo menos una de sus culturas matrices. Entonces se da el problema de que durante muchos años en el grito se dice: “Mexicanos, viva México; mueran los gachupines”.

LORENZO MEYER: En los documentos españoles del siglo XX, y de fines del siglo pasado, hay muchas quejas de españoles de a pie y de la delegación española (todavía no era embajada) respecto a que cada 15 de septiembre tienen que resguardarse en sus casas porque están en peligro, porque los apedrean, porque algunas veces los han dejado mal heridos y es un momento terrible para todos ellos. Un poco más de alcohol y en una mina matan al encargado español. Es hasta el porfiriato en que, según la delegación, ya no hay ninguna actitud oficial en contra de los españoles. Pero ¿quién mantiene viva la tradición contraria? Las bases, los mexicanos de abajo siguen apedreando, insultando. Mi madre, que era hija de español, todavía recordaba que allá en San Pedro de las Colonias el 15 de septiembre tenía que refugiarse en la casa porque no era posible salir. Y eso ocurría aún en 1930.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Midamos esta distorsión viendo el plan que funda la Independencia de México, que es el Plan de Iguala. El artículo primero del Plan de Iguala dice que son parte de la nación primero los europeos, es decir, los españoles; luego los criollos, luego los mestizos, y va incluyendo a todos en un plan político fantástico porque, en efecto, reparte para las expectativas de todo mundo. Por eso es que Iturbide puede tomar el poder. Según Lucas Alamán. Iturbide sólo tuvo 56 bajas en campaña. ¿Cómo es que se pasa de este momento de reconocimiento de la diversidad real de la Nueva España que se quiere independizar, al otro momento de la querella contra España? Ha sido una querella costosa en todos sentidos: cultural y sicológicamente. Y desde luego es una de las grandes distorsiones de nuestra historia porque odiamos a los españoles y hablamos español. Algo por lo menos extravagante.

ENRIQUE FLORESCANO: Creo que es la intensidad de las luchas políticas entre liberales y conservadores lo que explica el ataque a España. Entonces los liberales identificaron a los conservadores con España. La lucha interna volvió a revivir la conquista española, los tres siglos de dominación española, y esa pugna convirtió a España y al gobierno virreinal en la página negra de la historia mexicana.

LORENZO MEYER: No niego lo que dice Enrique Florescano pero hay también una alternativa: que en los años mil ochocientos veintes, cuando dos veces se expulsa por decreto a los españoles y se los manda a su tierra, generalmente se trataba de los menos protegidos. Los ricos se quedaron porque compraron. ¿Por qué se expulsa a los otros? Porque el rey Fernando VII tenía esta idea un tanto absurda, pero que mantuvo hasta el día de su muerte, de reconquistar México, y como San Juan de Ulúa estaba en poder de los españoles, y Cuba estaba en poder de los españoles, la idea de que ellos pudieran regresar no le parecía una idea estúpida. El Estado mexicano apenas estaba formándose y tenía un enemigo militar enfrente; por eso se expulsa a los españoles, por ser la quinta columna. Eso no ocurrió en otras partes de América Latina.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Expulsan también a los españoles por la crisis fiscal, para quitarles sus caudales. Hay también ahí un asunto de estabilización económica.

JEAN MEYER: Lorenzo Meyer tiene toda la razón de complementar la dimensión política interna con la responsabilidad, en este caso, del Estado español, que tardó muchísimo en aceptar regularizar las relaciones. Casi podemos decir que creó artificialmente una crisis, que fue después muy difícil de remontar y se hizo recurrente. Todavía cuando ocurrió la intervención francesa, al principio de ella estuvieron los españoles acariciando la idea de una eventual reconquista. El general Prim, si finalmente se portó muy bien, al principio soñaba con ser un nuevo virrey en México.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: A eso venía, y de pronto se da cuenta de que no tiene sentido.

JEAN MEYER: Y de manera inteligente se transforma en amigo de México. Ahora, Prim es muy representativo de esas ambigüedades, porque su esposa era mexicana. Tenía información de primera mano; hubiera podido ser un nuevo conquistador pero, al mismo tiempo, en el sentido biológico era familiar de los mexicanos. Esto se ha mantenido constantemente. Incluso en los años de expulsiones que a veces eran aberrantes, ¿como se iba a expulsar al padre de familia cuyo hijo era diputado mexicano? ¿Expulsar al papá, gachupín, casado con una mujer de León o de Aguascalientes? Son problemas de familia.

LORENZO MEYER: Pero los españoles tienen una culpa fantástica en esto. ¿Cuántas veces el ministro español no se siente ofendido? Y entonces ordena que los buques salgan de Cuba a bombardear Veracruz por haber sido humillado. El problema era que ya no había buques en La Habana, a él se le olvidaba que ya no tenían barcos. Pero si por él hubiera sido, habrían arrasado Veracruz cuando mataron a los españoles en Morelos. Así que cuando Héctor Aguilar Camín dice que los mexicanos tienen esa relación tan mala con España, los españoles también la tienen con México. Pero hay otros casos como el de Francisco Javier Mina, español, que viene a liberar a México. Luego están los curas carlistas —que no son, digamos, santos de mi devoción— que vienen a México a pelear contra los norteamericanos. El padre Jara arma una guerrilla que causó dolores de cabeza al ejército norteamericano por las emboscadas que les ponía. Y a la hora de la intervención francesa hubo militares españoles, liberales, que se alistaron en las tropas mexicanas de Juárez, y hay también guerrilleros españoles luchando contra los franceses.

ENRIQUE FLORESCANO: El asunto que está detrás de todo esto es el trauma de la conquista; ahí comienza a acumularse ese odio, a veces irracional, contra todo lo español, que se centra en la figura de Hernán Cortés.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: El trauma de la conquista es también una cosa construida después de la Independencia. Hubo una pléyade de historiadores que empezaron a decir: “Cortés no, Cuauhtémoc sí; la raíz española no, la raíz indígena sí”. Finalmente acabamos en el “trauma de la conquista”, aunque esas generaciones ya no lo recordaban.

ENRIQUE FLORESCANO: Esa interpretación fue tan fuerte que acabó por contaminar las otras interpretaciones de la historia mexicana. Desde entonces, en lugar de tratar de explicar los acontecimientos por sus propias causas y condiciones internas, era común explicar los males que padecía la nación achacándolos a la herencia española, al pasado colonial.

LORENZO MEYER: Romana Falcón señala que el hecho de tener tal odio a los españoles en Guerrero y en Morelos tiene una relación muy clara con que los encargados de las haciendas azucareras eran españoles que venían de Cuba, y como estaban, digamos, socializados en la relación esclavo-amo, en la mitad del siglo XIX, en el México ya independiente trataban a los mexicanos como esclavos sin que lo fueran. De vez en vez se extralimitaban y terminaban sus días de una manera no esperada. Hubo algo real, verdadero, una actitud de discriminación y brutalidad de los españoles en la vida diaria. De ahí que el trauma de la conquista fuera una verdad cotidiana.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Si tuvieran que escoger una distorsión de esta historia que ustedes conocen, no la de los historiadores profesionales sino la que se enseña en las escuelas y que la gente tiene en la cabeza, ¿cual sería la distorsión mayor?

ENRIQUE FLORESCANO: Quizá la distorsión mayor de la historia mexicana sea la fabricación de héroes y de mitos elaborados por la historiografía oficial. Antes que a los historiadores o a los propios movimientos sociales, debemos nuestros mitos de identidad, los héroes y los símbolos patrios, al gobierno en turno o a sus ideólogos. Desde los tiempos más remotos, pero especialmente bajo el régimen de la Revolución mexicana, el Estado y los órganos del gobierno definieron el panteón de héroes, las fiestas y ceremonias físicas y los mitos de la identidad posrevolucionaria. Se trata de un fenómeno universal pero en nuestro país atraviesa todas la épocas de su historia, desde la antigüedad prehispánica hasta nuestros días. Es un tema que ha suscitado una polémica intensa.

LORENZO MEYER: Yo destacaría una distorsión: la revolución mexicana como un esfuerzo democrático, la revolución como el verdadero momento en que los mexicanos entran a la democracia. Así empezó, y terminó muy pronto. Rápidamente se quitaron los ardores democráticos —como diría Luis González y González—; esos ardores pasaron a mejor vida con Carranza. Luego los presidentes han recurrido a la historia en busca de elementos para reivindicarse. Dijeron un montón de veces que la revolución había sido una revolución popular, democrática, que cumplía los anhelos mexicanos por la libertad. Y al examinar cada uno de los momentos de la revolución y de los resultados políticos hechos ya poder, encontramos que la democracia no anduvo por ahí para nada.

JEAN MEYER: La historia patria, en realidad, no es conocimiento; la historia patria es celebración y me parece correcto. No se puede criticar eso. El problema es que si se trata de una celebración, debería ser una celebración positiva y resulta que hemos levantado, hemos construido una dicotomía: es lo que Luis González llama la historia de bronce, donde a mi derecha están los buenos que van al paraíso de la historia patria y a mi izquierda están las ovejas negras, los malos que van al infierno. Y no hay grises con la idea de que los niños —porque supuestamente se está pensando en los niños— se aburren si les enseñan la historia de otra manera. Los niños son más finos y más inteligentes de lo que pensamos los profesores de historia. En la historia de bronce hay el peligro de tomar la historia y cambiarle la cabecita; se le quita la cabecita al busto, se le pone la otra, y listo. Ni siquiera cambiar la cabeza hace falta, porque ya nadie reconoce al héroe; basta con cambiarle el nombre a la placa que está debajo.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Los historiadores profesionales perciben muy rápidamente la diferencia entre la versión oficial y la versión piadosa de la historia. La realidad histórica siempre es más complicada y un poco más dura en general que las versiones para consumo de los ciudadanos, pero yo creo que los ciudadanos —y los niños— también perciben las contradicciones muy fuertes en la historia. Estos cuentos de hadas de la historia patria, ¿qué consecuencias tienen a la hora de formar una cultura cívica desde niños?

JEAN MEYER: Tienen tres consecuencias graves. Una es que los niños rápidamente se dan cuenta de que es más complicado y tienen la sospecha de que la historia es mentira, que lo que les están enseñando en la escuela no vale. Dos: tuvimos la tendencia quizá romántica, quizás infantil, de la celebración de los vencidos, de los derrotados. Cuando estábamos hablando del trauma de la conquista, ¿cuál fue el trauma de la conquista, por ejemplo, para los tlaxcaltecas? Si ellos fueron los beneficiarios: sin ellos Hernán Cortés se habría hundido después de la noche triste. Y la tercera y quizá más grave consecuencia: el cultivo o la exaltación irresponsable de la violencia revolucionaria. Al escuchar la alabanza del levantamiento, “el grito”, el joven no sabe la realidad trágica que está escondida detrás de todo eso.

ENRIQUE FLORESCANO: Para reafirmar lo que dice Jean, podría decirse que ni los profesores, ni los historiadores le dan el lugar debido al otro aspecto de la revolución, que es la construcción continua, a largo plazo, de un proyecto histórico. El mito de la violencia revolucionaria empieza con los movimientos de la Independencia y la Reforma. Los ideólogos de la Reforma dijeron: venimos de una revolución, de la revolución de Independencia. Más tarde los impulsores de la Reforma y los revolucionarios de 1910 afirmaron: venimos de la revolución de Independencia, de la revolución de la Reforma y de la Revolución mexicana. Así se fue construyendo la idea de que México fue forjado principalmente por la violencia, por la disrupción. La consecuencia de esta interpretación es que carecemos de una historia de la construcción cotidiana de la nación, la familia, los partidos o las clases sociales. Es decir, ignoramos la formación de las estructuras más importantes de la sociedad. Hemos privilegiado la ruptura violenta y le hemos asignado el papel de partera de la realidad que llamamos México, sin recordar que detrás de esas erupciones, violentas, ocurre el movimiento silencioso de construcción de la realidad cotidiana.

LORENZO MEYER: Yo difiero un poco en relación a lo negro y lo blanco de la historia. Cuando yo era niño, esa historia patria me dio una enorme confianza en México; me dio mucho optimismo la visión simple y sencilla. Había algo bueno en la esencia de la vida, y la historia te podía decir que en el largo plazo las cosas iban a estar bien. El desencanto brutal vino al término de la adolescencia, al darme cuenta no sólo de que la historia patria estaba asentada en unas simplificaciones terribles, cuando no en mentiras, si no la vida en su conjunto, cuando también en la familia ocultaron ciertas cosas de las abejitas y las florecitas y los papas y los santos reyes. Te enfrentas a la corrupción, a que el ejército no es necesariamente glorioso, a que la policía no necesariamente te protege. Pero para un niño de seis, siete, ocho años, meterle todas las complicaciones históricas desde ese momento, ¿no seria también una manera de meterle una inseguridad terrible?

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Edmundo O’Gorman decía, me recordaba Jean Meyer, que a los niños había que enseñarles una historia a los ocho años y otra a los diecisiete. Lo que pasa es que a los diecisiete se sigue enseñando la misma que a los ocho años. Ahora: si el presente va indicando nuevas maneras de ver la historia, y lo que sucede en el presente le añade significados al pasado, el 2 de julio del 2000 terminó una historia no democrática del país. ¿Cuál puede ser el cambio más importante, de nuestra mirada hacia atrás, debido a este hecho decisivo de nuestro presente más reciente?

JEAN MEYER: Volverá un personaje como Madero. De él nos decían que su único mérito era haber sido el niño que dijo “el rey anda desnudo”; qué bueno que haya muerto como mártir porque en el fondo era un tonto e ingenuo, quien cavó finalmente su propia tumba. Ahora que terminó la transición democrática vamos a ver cómo se retoma un hilo cortado en febrero de 1913. La historia de los veinte últimos años permite recuperar esa continuidad histórica, totalmente borrada por la enormidad del acontecimiento militar violento que fue efectivamente la revolución mexicana. Para el siglo veintiuno. Madero volverá, indiscutiblemente.

LORENZO MEYER: Yo destacaría el hecho de la no violencia. El 2 de julio mostró que existe la posibilidad de transformar a fondo, transformar un régimen sin que tenga que haber una solución catastrófica, sin que termine por venirse abajo el Estado, sin que la sociedad tenga que pagar con miles de muertos. Hasta el 2 de julio nos habíamos quedado con el idea de que si había posibilidades de cambio en el régimen tenía que ser pagado a un precio altísimo y pasar por el bautizo de sangre para que pudiera redimirse una situación política negativa. La violencia ya no queda como la única alternativa.

ENRIQUE FLORESCANO: En los últimos años se ha acentuado la posibilidad de construir una nación plural, acorde con la diversidad social. El nacionalismo revolucionario creó la idea de que el país debería tener un solo sistema político y educativo, una sola identidad y un solo proyecto histórico. Todo esto implicaba una negación de los intereses regionales, locales, étnicos y de grupo. En el proyecto que ahora tenemos por delante se trata de construir una nación que admita su diversidad política, social y cultural. Esto abre la perspectiva de aceptar la nación real; que el Estado se ajuste a la nación, no que la nación diversa se ajuste al Estado monolítico.    n

Inversión requerida

INVERSIÓN REQUERIDA

Según el Consejo Coordinador Empresarial, las inversiones de infraestructura requeridas para los próximos diez años son: electricidad. 4,000 millones de dólares; petróleo, 13,000 millones de dólares; gas natural. 400 millones de dólares; agua. 1,800 millones de dólares; carreteras, 2,200 millones dólares; telecomunicaciones, 2,200 millones de dólares; protección ambiental. 500 millones de dólares, y otros 6.100 millones de dólares en varios rubros más. En total, hablamos de 30,000 millones de dólares. Según un documento preparado para el World Economic Forum, en los próximos seis años deberán hacerse inversiones productivas en la industria, el campo y los servicios por 180,000 millones de dólares, si se quieren registrar crecimientos sostenidos cercanos al 7%

Obregón: La pasión del caudillo

OBREGON: LA PASIÓN DEL CAUDILLO

POR CARMEN COLLADO

La pasión por el poder dio impulso a la existencia misma de Alvaro Obregón. En la vida pública del caudillo sonorense sobresalen dos récords: fue general invicto durante la Revolución y el primer presidente que logró terminar su periodo después de la caída de Porfirio Díaz. No obstante, esa misma pasión que lo sacó de Huatabampo, Sonora, y lo llevó al escenario nacional, lo condujo a la muerte cuando ya era presidente electo y se preparaba para llegar por segunda vez a Palacio Nacional, dejando de lado el antirreeleccionismo que dio bandera a los revolucionarios de 1910. Fue asesinado por el joven católico José León Toral quien, poseído de mesianismo, cambió su vida por la del caudillo, en una inmolación que paradójicamente buscaba poner fin a la persecución religiosa, ignorante de que Obregón había estado negociando calladamente un pacto con el clero que terminaría con la guerra cristera.

Además del innato talento militar que lo llevó a convertirse en el caudillo indiscutido de la Revolución, después de la derrota del poderoso ejército villista el sonorense hizo gala de un pragmatismo político que le permitió hacer pactos con los militares malquistados con Carranza y aliarse con los obreros y los campesinos, al vislumbrar que este era un camino seguro para hacerse de una base de poder político propio, en una periodo en el que la legitimidad no nacía del sufragio sino del binomio conformado por el apoyo de las masas y las armas.

Alvaro Obregón llegó a la presidencia a los 39 años y pese a su aparente juventud su cuerpo mostraba ya las huellas de la guerra; había perdido el brazo derecho durante una de las batallas del Bajío y tenía una salud precaria que, de cuando en cuando, lo obligaba a retirarse de sus funciones. Con todo, conservaba su gran carisma, el gusto por hacer bromas, la prodigiosa memoria, la brillante mirada verde y su gran afición por la comida. Alvaro, el menor de dieciocho hermanos, provenía de una familia de agricultores en decadencia, pero gracias a su tesón, olfato para las oportunidades y a sus relaciones políticas devino próspero empresario agrícola durante su retiro de la vida política entre 1917 y 1919.

En su gobierno inició la reconstrucción del país, regresaron la mayor parte de los exiliados de la Revolución y, gracias a la colaboración de José Vasconcelos al frente de la recién creada Secretaría de Educación Pública, dio impulso a uno de los proyectos educativos y culturales más generosos del siglo XX. Bajo el mecenazgo de Vasconcelos, Diego Rivera y José Clemente Orozco pintaron murales en la Escuela Nacional Preparatoria y el edificio de la SEP, en los que floreció un nacionalismo romántico que presentaba a la Revolución como una gesta popular, creadora de una nueva sociedad mestiza más igualitaria. Era una pintura vanguardista de contenido político radical, inspirada formalmente en el nuevo clasicismo.

Durante los dos y medio primeros años de su gobierno se respiraba optimismo, la mayor parte de los intelectuales del Ateneo y de la Generación de 1915 confiaba en que al fin se harían realidad las promesas de la Revolución. El Estado apenas estaba por consolidarse y los proyectos reformistas caminaban lento. El caudillo tenía que negociar con los poderes locales, con un congreso independiente, aceitando con dádivas la centrífuga maquinaria política del México posrevolucionario. También tenía que buscar acuerdos con los empresarios nacionales, con el clero católico y con los poderosos petroleros extranjeros para consolidar su poder. El reconocimiento de los Estados Unidos, en el verano de 1923. dejó un sabor agridulce, pues se consiguió después de un largo jaloneo, mediante la firma de los acuerdos de Bucareli. El régimen había logrado someter a las empresas petroleras a la soberanía impositiva, pero a cambio reconoció su derecho a continuar explotando los yacimientos mexicanos, dejando en suspenso la aplicación del artículo 27 constitucional.

La sucesión presidencial ocasionó la ruptura del triángulo sonorense. pues Obregón dio su apoyo a la candidatura de Plutarco Elias Calles, ocasionando el levantamiento de Adolfo de la Huerta. Este movimiento fue aplastado sin grandes dificultades, pero seguramente dejó un amargo sabor de boca en el caudillo, sacrificó a su amigo para garantizar sus ambiciones personales. Al tiempo que realizaba jugosos negocios agrícolas y envejecía prematuramente desde Sonora, el ex presidente preparaba su retorno al poder. La pasión que lo acompañaría a lo largo de su vida dejó una oleada de sangre entre sus viejos compañeros de armas y lo llevó a encontrar la muerte el 17 de julio de 1928.    n

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

50,000 millones de dólares

Gasto en publicidad en EU durante 1979.1 200.000 millones de dólares Gasto en publicidad en EU

durante 1998.2

53 millones de dólares Ventas de la empresa de ropa Tommy Hilfiger durante 1991.3

847 millones de dólares Ventas de la empresa de ropa Tommy Hilfiger durante 1998.4

2,750

Tiendas Wal Mart en el mundo hasta 1998.5

42 Grupos armados en México.6

20 Porcentaje de niños en EU que usan Internet y han recibido propuestas sexuales.7

10Porcentaje de esos casos que son reportados a la policía.8

12,000.000 Mujeres que cada año son víctimas de ataques sexuales en el mundo.9 32.000 Mujeres que cada año resultan embarazadas en EU luego de sufrir un ataque sexual.10

26.1 Capacidad actual de almacenamiento de las presas de México.11

12 Porcentaje de la población mexicana que ha tenido alguna aventura amorosa con un compañero de trabajo.12

85 Porcentaje de mexicanos con depresión que acuden a servicios privados.13

83 Capacidad de almacenamiento de las presas de México en 1993.14

141,246 Habitantes del Centro Histórico del DF en 1970.15

71,615 Habitantes del Centro Histórico del DF en la actualidad.16

1,200.000 Personas que transitan diariamente por el Centro Histórico del DF.17

Empresas encuestadoras en México en 1988.18

5,400 dólares Precio de una muñeca de tamaño natural de silicón.19

300 Empresas encuestadoras en México en la actualidad.20

2,400.000

Parejas estadunidenses que sufren de infertilidad.21

15 Porcentaje de la población mundial con problemas de infertilidad.22

138 Variantes en el mundo de las parafilias.23

Roberto Pliego. Escritor. Es subdirector editorial de la revista nexos.

Fuentes: 1-5. Naomi Klein: NoLogo (Paidós. 2001); 6. Unomásuno: 13 de agosto de 2001: 7-8. Agencia AP: 9-10. La Jornada: 13 de agosto de 2001; 11. El Financiero: 14de agosto de 200l;12. Quo: agosto de 2001:13. Reforma: 2 de agosto de 2001; 14. El Financiero: 13 de agosto de 2001: 15-17. La Jornada 13 de agosto de 2001: 18. El Financiero: 17 de agosto de 2001:19. Quo: agosto de 2001; 20. El Financiero: 17 de agosto de 2001; 21-23: Quo: agosto de 2001.

Primer Informe: Cero catástrofes

PRIMER INFORME:

CERO CATÁSTROFES

Puede hacerse con rapidez un balance de los primeros siete meses del gobierno de Vicente Fox, diciendo que no se ha producido ninguna catástrofe. El ciclo de la catástrofe sexenal se ha interrumpido justamente en el momento del mayor cambio político.

La alternancia en el poder llegó a México sin las turbulencias a que nos tenía acostumbrada la continuidad. Ha sido una transición tersa y un cambio de gobierno sin agitación. México no ha tenido desastres políticos o económicos.

La recesión por la que cruza el país es hija directa de la desaceleración estadunidense y se curará (o no) con ella. En medio de la recesión, los indicadores macroeconómicos del país son sólidos: baja inflación, bajas tasas de interés, moneda fuerte, altas reservas.

Los nubarrones de crisis políticas se han disipado en horizontes de negociación larga, a veces errática, pero de aterrizajes suaves.

Los errores del nuevo gobierno han sido de prioridad política y equivocación de interlocutores. Luego de un arranque prometedor en sus relaciones con el Congreso, que le aprobó por unanimidad el presupuesto, el presidente se olvidó de él y se fue a buscar un diálogo privilegiado con los alzados de Chiapas.

Ganó el desafío mediático en toda la línea, diluyó la credibilidad del EZLN y aumentó la suya. Pero perdió la relación con el Congreso y el momento para impulsar ahí las reformas de fondo sin las cuales su gobierno y el desempeño futuro del país serán mediocres, para usar la expresión del propio presidente.

Las dos reformas diferidas por este error de estrategia son: 1) La reforma fiscal, que puede empezar a corregir el bajo financiamiento crónico de los gobiernos de México. Esa reforma es condición para obtener el reconocimiento internacional como país en el que puede invertirse sin riesgo, lo cual haría crecer el flujo de capitales hacia México. 2) La reforma energética, en particular la apertura del gas y la industria eléctrica a la inversión privada, sin la cual el país entrará inexorablemente en una crisis de abasto.

México está frente a un horizonte de extraordinarias oportunidades de crecimiento. Para aprovechar esas oportunidades debe romper cuellos de botella en infraestructura (servicios, energía, transportes, modernización, tecnológica) y capital humano (educación y salud).

Sin una infraestructura moderna no puede expandirse en forma sostenida la economía. Sin capital humano de calidad no pueden aprovecharse las oportunidades de empleo que crea el crecimiento.

En ambas direcciones se requiere dar un salto en los niveles de financiamiento para el desarrollo. (Ver recuadro). Necesitamos un gobierno capaz de hacer y provocar grandes inversiones en educación, salud e infraestructura. Y un régimen legal que no sólo no prohíba sino que atraiga grandes volúmenes de inversión a todo lo que el gobierno no puede ni debe financiar.

La llave de esas dos puertas hacia el futuro la tiene el Congreso, que debe legislar constructiva y ambiciosamente en ambas direcciones. Fox perdió un tiempo de oro al posponer sus negociaciones con el Congreso para subirse en la fiesta del diálogo con el EZLN. Otro tanto perdió caminando en la dirección equivocada de suponer que su popularidad con el público sería suficiente para presionar al Congreso a legislar en el sentido que él lo pedía.

Ahora va corrigiendo la estrategia y lo vemos buscar la cercanía de su partido, el diálogo con los gobernadores, la relación concentrada con el Congreso. Pero está como al principio. Lleva empatado un juego que podría ir ganando. n

Hidalgo: Sin botas de campaña

HIDALGO: SIN BOTAS DE CAMPAÑA

POR ANDRÉS LIRA GONZÁLEZ

Miguel Hidalgo tenía 58 años cuando lo fusilaron en Chihuahua el 29 de julio de 1811. Lo que más se cuenta de él corresponde a cuatro meses de su vida, que van de la madrugada del 16 de septiembre de 1810 al 15 de enero del año siguiente, en que derrotados los insurgentes en el Puente de Calderón emprende la huida al norte. Se habla algo de sus actividades como conspirador, de 1808 a 1810, haciéndole aparecer más influido por el pensamiento de la Ilustración y la Revolución francesa de lo que en realidad parece haber sido; también, de la huida, del juicio y la ejecución, pero lo central ha sido la campaña insurgente en la que la historiografía se ha empeñado en mantenerlo después de muerto, descubriéndolo como iniciador y campeón de causas impuestas por la historia política nacional hasta llegar a consagrarlo precursor de la revolución de 1910 y reivindicándolo frente a las acusaciones que historiadores del siglo XIX hicieron para condenarlo a él y a la insurgencia. De esa suerte, Edmundo O’Gorman se preguntaba en 1964: “¿No será ya tiempo de rescatarlo de sus estatuas y quitarle las botas de campaña?”.

Frente al héroe revolucionario urge saber algo más del pre-insurgente. Se han apuntado la agudeza que lo distinguió como estudiante y sus méritos como teólogo en Valladolid de Michoacán. donde llegó a ser rector del Colegio de San Nicolás. Se dice que luego fue separado del cargo y que se le castigó obligándolo a asumir un curato en Colima, del que pasó a San Felipe y que fue del de Dolores de donde salió encabezando el movimiento que habría de convertirlo en numen tutelar de nuestra historia.

Carlos Herrejón, buen historiador de la cultura y de la sociedad del gran obispado de Michoacán, donde transcurrió la vida de Hidalgo, nos acerca a su familia en la que hallamos un buen número de parientes dedicados a las labores del campo en diversas jerarquías y maneras (su padre como administrador de la hacienda de Corralejo) y a las eclesiásticas que. como en el caso de Miguel, pudieron compartirse con las intelectuales, y adviniendo que hubo además algunos abogados, como el hermano menor, que hizo alguna fortuna y compró una hacienda en Taximaroa. que anualmente visitaba Miguel, cura de Dolores, para tomar cuenta al administrador. Nos revela además una carrera en ascenso, pues la rectoría de El Colegio de San Nicolás era un cargo de poca remuneración (500 pesos anuales), que Miguel, urgido por las necesidades del padre viejo y los hermanos más jóvenes, tuvo que complementar buscando ingresos en clases y actividades pobremente pagadas para llegar con mucho esfuerzo a los 1.400 pesos anuales. De esa suerte, los curatos representan un ascenso; el de Colima, que ejerció por medio año, significaba 3,000 pesos anuales, lo mismo que el de San Felipe, al que pasó luego y que ofrecía la ventaja de acercarlo a su familia, ventaja acrecentada en Dolores pues a la cercanía familiar se sumaron 8,000 pesos anuales. Esto le permitió darse el gusto de deliberar tiempo para aficiones tan gratas como la lectura y la música, encomendando parte de las pesadas tareas del ministerio a otro sacerdote, a cambio de la mitad de sueldo, dejando para sí la misa dominical, la prédica y el ejercicio de la caridad, entendida en buena parte como festiva generosidad y acompañada del teatro y la música, así como a empeños ilustrados en empresas como la industria de la seda, de la alfarería y otras actividades que desempeñó como instrucción práctica a sus feligreses.

Aquel ejercicio placentero tuvo sus contrariedades. Acusaciones ante la Inquisición, de las que salió bien librado, y contrariedades judiciales por el cobro de ciertas deudas en Colima y San Felipe, aclaraciones de cuentas de su rectorado en San Nicolás y, lo más grave, el embargo de la propiedad de su hermano en Taximaroa como consecuencia de la consolidación de vales reales, verdadera confiscación dispuesta a fines de 1804, en virtud de la cual se obligó a la iglesia a exigir a los deudores el pago de capitales cuyo importe se debía entregar al real erario a cambio de títulos de la deuda pública, para auxiliar a un gobierno ahogado por las guerras en Europa, por la mala administración y corrupción. Si bien la operación fue suspendida al final, para 1809 había causado males irreversibles a la sociedad novohispana, particularmente a la familia de Hidalgo, cuyo hermano menor enloqueció ante el amago de la subasta.

Tal es la cañera y tales algunos datos del ambiente en que se movía Miguel Hidalgo, personaje condenado por Lucas Alamán en la Historia de México, pero pintado ahí con los mejores colores del recuerdo que nos hacen ver al cura de Dolores como un ilustrado, divertido y querido personaje que en enero de 1810 departe amigablemente “sentado en el mismo canapé” con Manuel Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, y con el intendente de Guanajuato. José Antonio Riaño (el primero moriría en los primeros enfrentamientos y el segundo excomulgó a Hidalgo). Después vendrá el levantamiento, el desastre y la matanza de españoles en Guanajuato, luego de la cual aparece el cura de Dolores convertido ya en cabeza de una chusma a la que no domina, y al que Alamán recuerda vestido con improvisado atuendo militar en el que el resto de la estola servía de tahalí para aportar la espada de aquel eclesiástico llevado del frenesí de la revolución —como aceptaría el propio Hidalgo en el juicio, al confesar que consintió el asesinato de españoles inocentes en Valladolid y en Guadalajara.

Esa transformación fascinante como espectáculo no se explica según lo han querido hacer ver los constructores de los héroes, por un dictado ideológico. Hay indudablemente cuestiones ideológicas, pero éstas afloraron en el conjunto de malestares que se manifestaron violentamente al conjuro de la crisis de la monarquía española. La figura del sacerdote transformado resulta inexplicable fuera de una sociedad llena de desigualdades en la que el cura, por su lugar preeminente, ejerce un liderazgo impotente frente a la violencia popular, sin orden posible, pues se articulaba por el señalamiento de enemigos: los gachupines que querían aquí, como en España, entregar la tierra al invasor francés, según se los figuró el cura y otros jefes insurgentes. Así, el único camino era la guerra de la que tendrían que hacerse cargo combatientes bisoños y militares profesionales. Después de las primeras derrotas había pasado el tiempo propicio para el improvisado general que fue el cura de Dolores, personaje trágico al que hay que acercarse y liberarlo de las botas de campaña, suavizando el rigor de testimonios y de la crítica que atan a muchos historiadores y recreándolo con la imaginación bien informada y gustosa, como lo hizo Jorge Ibargüengoitia con el cura Periñón en Los pasos de López.

(Transcribo aquí los datos de tres trabajos breves que pueden acercarnos a un Hidalgo de carne y hueso: Edmundo OGorman: “Hidalgo en la Historia”, discurso de ingreso, en Memorias de la Academia Mexicana de la Historia, correspondiente a la Real Academia de Madrid. Tomo XXIII, No. 3, pp. 221-239. Carlos Herrejón: “Hidalgo, razones personales”, en Jean Meyer (coordinador): Tres levantamientos populares: Pugacbov, TúpacAmaru, Hidalgo. CEMCA-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, México, 1992, pp. 161-172. Luis González: “El Gran Seductor”, Idem, pp. 151-160).    n

Lázaro Cárdenas

LÁZARO CÁRDENAS

MIRAR HACIA LA GENTE Desde su juventud, desde sus cuadernos a los 16 años, Lázaro Cárdenas pensaba y soñaba con la historia mexicana, vivía en la historia mexicana y ya escribía: cuando sea grande, algo grande voy a hacer. Mucho de lo que fue Cárdenas o el pueblo mexicano en los años treinta, en los años fulgurantes y oscuros de este siglo, mucho de eso ha moldeado lo que sigue siendo hoy el pueblo mexicano. El gobierno de Lázaro Cárdenas no fue una dictadura, fue un gobierno que repartió la tierra, que hizo ejidos y escuelas, que miró hacia la gente, como dijo Don Daniel Cosío Villegas Fue una época en la que se condensó el gran desorden de la revolución y una época extremadamente creadora, no digo del alma mexicana, el alma mexicana viene de muy lejos, condensadora de grandes constantes del alma de los mexicanos.

Cárdenas fue uno de los grandes hombres del siglo XX y lo digo como puedo decir quién fue De Gaulle en la Francia de su tiempo. Los mexicanos y las mexicanas que cambiaron al México de los años treinta fueron heroicos, todos estaban allí, en el corazón de una efervescencia increíble. Lo que me duele es que eso que pasó y se organizó quedara subordinado al Estado convertido en corporativismo.

—Adolfo Gilly

CÁRDENAS Y LAS DECISIONES

El presidente Cárdenas fue un presidente de rupturas, un presidente que no buscó reconciliarse con los callistas, por ejemplo. Algunas de sus decisiones fueron muy divisorias. Tengo la visión de un presidente Cárdenas con una idea muy clara de hacia dónde va y a partir de esa idea clara toma ciertas decisiones, a pesar de que sabe que esas decisiones pueden dividir las opiniones. Además. Cárdenas sabía jugar con el silencio. No era un presidente muy platicador, era un hombre de gestos que sopesaba las implicaciones de cada uno de ellos con mucho cuidado.

Lo importante del presidente Cárdenas son las decisiones que tomó. Fueron decisiones difíciles pero que tuvieron consecuencias de muy largo alcance. Cárdenas es uno de los grandes constructores del México moderno. La expropiación petrolera fue una decisión histórica con consecuencias de largo plazo muy importantes, que contribuyó a la industrialización del país y a entender el futuro de México.

Lo único que quisiera subrayar es que lo que me parece un error, y lo que ha sido un error de varios políticos, es querer emular al presidente Cárdenas. Cada vez que lo han intentado han provocado un desastre espantoso, lo cual quiere decir que Cárdenas era un hombre de su tiempo, un hombre que medía el contexto, que hacía un diagnóstico y tomaba decisiones adecuadas.

Quizá lo extraordinario, que no es exclusivo de Cárdenas, porque ocurre con otros líderes, es que las figuras de ruptura se vuelven figuras de unidad nacional. ¿Cómo ocurre este proceso de conversión? Estoy convencida de que no es únicamente un proceso de oficialización de la historia. Creo que tiene que ver con el efecto de las decisiones.

—Soledad Loaeza

UN HOMBRE DE IDEAS

Cárdenas no tenía ideología pero era un hombre de ideas, un hombre de convicciones. Su preocupación era humanista, y sin cierto respeto por las ideas era imposible haber pensado en la reforma agraria y el ejido como lo pensó, contrario a otro hombre de ideas como Calles. Haber pensado la expropiación petrolera desde mucho antes está en sus apuntes. Y qué dicen de haberla conducido del modo en que no hubiera choque y en dividir a los ingleses de los americanos, en saberse entender con un hombre muy parecido a él: el embajador americano que también venía del campo, de Carolina del Norte. Y qué dicen de la tenacidad en las escuelas, en la tenacidad en la enseñanza, en la tenacidad en que la gente se organizara. Hay un diseño en lo que hace, en apurar, en darse cuenta de que la expropiación debía ocurrir el 18 de marzo del 38 o no se hacía más, porque se pasaba la ocasión. Era el momento de la división de sus oponentes, y a Cárdenas se le había acabado la fuerza interna, una fuerza que le dio la gran reforma agraria. Sin ideas nadie expropia la tierra como lo hizo. Lo dijo: expropio la tierra no sólo porque es justo, sino porque de otro modo habrá guerra, y no queremos otra guerra, no queremos otra revolución.

Cárdenas apoyo a la España republicana y no ganaba nada con eso. Mandó armas, recibió refugiados, y el hecho totalmente gratuito de recibir a Troski, por lo cual se echó encima a los comunistas, a la Unión Soviética, ¿qué es sino respeto a ciertas ideas? Algunos les llamarán creencias, el caso es que se mantuvo fiel hasta el final de sus días y por eso se puso a escribir un testamento que era un programa político, correcto o no. Lo último que hizo Cárdenas fue escribir sus ideas.

—Adolfo Gilly

CARDENAS Y LA DEMOCRACIA

Cárdenas y la democracia pluralista, electoral, como la entendemos ahora, no hacían una buena pareja, y ahí están las elecciones de 194tO. Esa si es una zona de oscuridad en la trayectoria del presidente Cárdenas. En la historiografía panista la famosa casilla de Juan Escutia era en donde debía votar el presidente Cárdenas. Cuando llegó a votar, los instaladores y quienes estaban en la mesa (portaban el moño verde de los almazanistas) le dijeron: señor presidente, no puede usted votar porque no nos entregaron la papelería. No respondió. En sus memorias, Gonzalo N. Santos cuenta cómo fue a limpiar de almazanistas las casillas y le avisó al presidente Cárdenas que podía ir a votar. El fraude de 1940, o por lo menos la violencia en las elecciones de 1940, arroja una sombra de fraude que siempre está presente en la conciencia panista. Quizá los rancheros de La Laguna también hablaron del autoritarismo de Cárdenas: fueron expropiados para que La Laguna fuera distribuida, a pesar de que no había grandes propietarios.

Me gustaría que recuperáramos el sentido de dirección que entonces era mucho mas claro y que en cierta forma impulsaba la creatividad. Fueron años de una extraordinaria creatividad y de mucho entusiasmo aun entre aquellos que estaban enojados con el presidente Cárdenas y con sus políticas.

—Soledad Loaeza n

UN HOMBRE PRAGMÁTICO

Dentro de la historia de bronce, el general Cárdenas es un hombre que tiene, se supone, una ideología de izquierda. Dentro de la historia de bronce, el general Cárdenas es un hombre muy preocupado por los pobres, por los indígenas y por otra parte, muy nacionalista. No creo que haya sido esto lo que más lo caracterizara. En primer lugar, el general Cárdenas no tenía ideología, no era ni de derecha ni de izquierda, fue un hombre pragmático a más no poder. En segundo lugar, el general Cárdenas tenía la misma facilidad de solidaridad, no sólo con los pobres, los indios, etcétera, sino un verdadero afecto por todos los seres humanos, era humanista nato. Por otra parte, si ustedes preguntan por él en los pueblos de México, sobre todo en los que visitó muy seguido, dirán: sí, era un gran amigo, y un hombre muy platicador. En público rara vez hablaba, pero con sus amigos hablaba a más no poder de caballos, de muchas cosas de la vida cotidiana.

En una ocasión el general Cárdenas le jaló las orejas a los industriales de Monterrey, pues se consideraba un hombre que iba contra la política de que el país se industrializara. Poco después se presenta la Segunda Guerra mundial y entonces propone a los industriales que es el momento oportuno para que México se industrialice.

Yo no le reprocho nada al general Cárdenas, lo conocí bastante bien y llegué a estimarlo.

—Luis González y González n

Los futuros de Internet

CYBERNEXOS

LOS FUTUROS DE INTERNET

POR GABRIEL GRINBERG

Un experto asegura que Internet no es una ventaja competitiva

El guru sueco Kjell Nordstrom, coautor del libro sobre nueva economía Fanky Business, dice que Internet “nunca, jamás, en ninguna circunstancia, será para ninguna empresa una ventaja competitiva”, compara el acceso a la Red con una infraestructura similar a un lavabo, y asegura que Marx ha vuelto.

Rapado como una bola de billar, vestido de negro y con unas gafas de patillas cortas que se acaban en las sienes, Kjell Nordstrom habló en el II Encuentro España-Suecia celebrado el mes pasado en Barcelona.

Las nuevas tecnologías nos están llevando a una sociedad tan individualizada que, a su juicio, jugaremos boliche solos Nordstrom dice que en Estocolmo, su ciudad, el 50% de las personas no están casadas ni tienen pareja. “Esta nueva sociedad está destruyendo el capital social”. Pero el profesor de la Escuela Superior de Ciencias

Económicas de Estocolmo no lo dice con connotaciones negativas, al contrario: “Internet es un proceso irreversible, es el marco que tenemos y dentro de este marco vamos a hacer negocios”.

El gurú sueco relega Internet al papel de una infraestructura equiparable al agua corriente, la electricidad o incluso a un lavabo. “Por eso me hace mucha gracia ver que en informes empresariales aparezca la inversión destinada a Internet un año determinado, porque nadie hablaría de lo que ha invertido en lavabos o agua”.

Kjell Nordstrom es coautor junto a Jonas Ridderstrale del libro Funky Business, que trata del cambio de valores y las nuevas reglas del juego que trajo consigo la nueva economía. La segunda de las sorpresas que Nordstrom reserva para los oyentes es que Marx ha vuelto. “Sí, Karl Marx, el autor de El capital”, aclara. “¿Quién decía que la propiedad de los medios de producción debía estar en manos de los trabajadores?”

Para el profesor sueco el máximo exponente actual de esta situación es la cantante estadunidense Madonna, que controla desde principio a fin todo su negocio. “En este mundo de las nuevas tecnologías hay muchas Madonnas, que quieren tener una parte del pastel y que cambiarán de compañía si no se les da”.

A pesar de la crisis por la que atraviesa todo lo relacionado con el mundo de Internet, Nordstrom asegura que continuará el proceso de devaluación del capital financiero y revalorización del capital humano. “En un periodo de diez años el 20% o 30% de las acciones de las empresas de este tipo estará en manos de sus trabajadores”.

Por su parte, Joan Tugores, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, explicó que juzgar “la llamada nueva economía” por la marcha de sus empresas en la Bolsa es tan absurdo como evaluar el impacto del automóvil por la marcha de cualquiera de las empresas del sector en la Bolsa. “Nadie dudaría de la importancia de la electricidad por muy mal que fuera la cotización de una eléctrica”.

La nueva generación de computadoras

Desde Boston hasta Tokio, en el Silicon Valley y en Berlín, todo el mundo está trabajando en la nueva generación de computadoras. Tal como reveló una investigación en la revista Newsweek, Sony tiene prácticamente terminado el desarrollo de la “mesa digital”, una computadora que no tiene teclado ni mouse y que se opera deslizando los dedos sobre la superficie de su display.

Los especialistas en tecnología dicen que este es sólo el primer paso de la próxima revolución tecnológica y que, muy pronto, las computadoras estarán por todas partes, en las paredes, los pizarrones y, tal vez, también en los muebles. Incluso, en el papel: desde hace años, el prestigioso Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), de Boston, Estados Unidos, está estudiando la llamada “tinta electrónica”, que permitirá utilizar la celulosa como soporte para guardar y transferir datos. Pero la verdadera gran novedad del futuro son las computadoras “amigas del hombre”, capaces de interpretar comandos vocales, emitir sonidos y hasta percibir los movimientos de los usuarios. Entre ellas, se destaca la InfoPortal, un prototipo de IBM que tiene un monitor inteligente que se mueve según la posición de quien la está usando, y que puede ser operada mediante un teclado, o bien moviendo el dedo sobre la pantalla.

Dicen que el e-mail es demasiado lento para negocios

Por su increíble velocidad y poder de comunicación los mensajes instantáneos están reemplazando al e-mail en las oficinas. ¿Tiene que hacerle una pregunta a un supervisor mientras está hablando por teléfono con un cliente? Envíele un mensaje de texto a su computadora y tendrá la respuesta en pocos segundos. Según David Ferris, de Ferris Research, una consultora de mercado de San Francisco que estudia el uso del e-mail y otros software de comunicación, “aproximadamente el 5% de los usuarios comerciales reciben y/o envían mensajes instantáneos a diario en su trabajo. Y para el año 2005, es probable que su uso alcance al 60% de los trabajadores”. Charles Tremblay, gerente de ventas de Rawkus Records, un sello disco- gráfico de música hip-hop con sede en Manhattan, Nueva York, usa el Instant Messenger de AOL y el ICQ a diario y sostiene que esta clase de programas revolucionó su forma de hacer negocios. “Lo uso para comunicarme con los distribuidores a los que les vendo discos. Y nos permite estar en comunicación permanente sin tener que tocar el teléfono”.

Cisco se alía con sindicatos para ofrecer formación

Cisco Systems Inc. no tiene trabajadores sindicalizados. Su tecnología basada en Internet está desplazando empleos sindicalizados a rivales como Lucent Technologies Inc. Y John Chambers, presidente ejecutivo de Cisco, apoya generosamente al presidente estadunidense George Bush, que no es exactamente un aliado de los organismos laborales.

Entonces ¿por qué uno de los sindicatos más grandes de Estados Unidos, el Sindicato de Comunicadores de Estados Unidos (CWA. por sus siglas en inglés), recurrió a Cisco para formar a sus miembros? Sólo para sobrevivir, según dicen los representantes de CWA.

De la manera en que Larry Cohen, vicepresidente ejecutivo de CWA, ve las cosas, el campo de Internet de Cisco “es el futuro de las redes de comunicaciones”. Para la CWA, se trata del pan de cada día.

Cerca de la mitad de sus 740,000 trabajadores son empleados en telefónicas como AT&T Corp. y las Baby Bells. (El sindicato también representa a muchos empleados de The Wall Street Journal). Pero los sistemas tradicionales de teléfonos están siendo remplazados gradualmente por redes que utilizan tecnología basada en Internet que venden Cisco y otras empresas.

Por el costo de unas cuantas docenas de encaminadores e interruptores donados, Cisco puede expandir su palabra y ampliar el cuadro de trabajadores técnicos entrenados en su equipo.

Una vez graduados, los participantes pueden ayudar a Cisco a ampliar su posición establecida dentro de las compañías telefónicas. Otros graduados esperan obtener trabajos diseñando y manejando redes de computadoras en corporaciones, donde pueden decidir utilizar a Cisco en sus productos.

Esta asociación inverosímil surgió de una reunión que en 1998 tuvieron Steve Hill, el responsable de formación de empleados en el sindicato, y Scott Knell, director del programa de academia de la red de Cisco, que ofrece cursos acerca de lo básico de Internet a estudiantes de preparatoria y universidad. En el marco de un panel de asesoría de Job Corps. Hill y Knell discutieron las posibles maneras de que Cisco y la CWA trabajen juntos.

En 1999 la compañía y el sindicato obtuvieron una subvención de 143,000 dólares para ofrecer entrenamiento de la academia de redes a miembros del ejército.   n

El ranking de los Héroes Patrios

EL RANKING DE LOS HÉROES PATRIOS

POR ULISES BELTRÁN

¿Quienes encabezan el santoral cívico de México? Esta encuesta que además mide qué tan liberales o conservadores se sienten los mexicanos, responde con amplitud a esa pregunta.

Se trata de saber si las categorías liberal y conservador, con una rancia prosapia en México, son términos que utilizan los mexicanos para autodefinirse y si delimitan conjuntos de v alores y actitudes comunes que corresponden a lo que suponemos que especifican. También se trata de examinar si estas categorías están relacionadas con el santoral cívico que supuestamente les corresponde y, finalmente, si el público asocia estas categorías y lo que significan con los partidos políticos.

El estudio está basado en una muestra nacional de personas que viven en un hogar con teléfono. Para clasificar a las personas con base en una escala de actitudes y valores se construyó un índice de “liberalidad” con base en once preguntas. A mayor valor del índice, mayor liberalidad del entrevistado. Las preguntas utilizadas para construir el índice miden actitudes en dos dimensiones: una “moral” (aceptación de relaciones sexuales antes del matrimonio, del aborto, de personas de diferente religión, preferencia sexual o grupo étnico) y de importancia de la figura paterna en la familia, de la práctica religiosa como medida de la religiosidad, del providencialismo como actitud en la vida.

Tres de cada cuatro personas utilizan las categorías liberal o conservador para autodefinirse, 39% como liberal. 37% como conservador y 17% no admite ninguno de los dos términos como definición de cómo se considera. Esta autodefinición corresponde a la escala de actitudes y valores esperada: 61% de quienes muestran un valor bajo en la escala de liberalidad se definen como conservadores y 69% de quienes tienen un valor alto en el índice se definen como liberales. En general, las dimensiones “morales” del índice clasifican mejor a las personas que las relacionadas con la religiosidad.

En la Gráfica 1 se aprecian las jerarquías del santoral cívico. El siglo XIX, Independencia y Reforma encabezan la lista y los héroes populares. Villa y Zapata, representan a la Revolución. Este santoral cívico no cambia con respecto al continuo liberal-conservador.

Otra dimensión de la conciencia histórica está dada por la importancia atribuida a las efemérides. Suponiendo que una línea básica del binomio liberal-conservador está definida por las actitudes relacionadas con la secularidad. se pidió a los entrevistados indicar cuál de dos fechas le parecía más importante para los mexicanos: el día de la independencia o el de la Virgen de Guadalupe, y el natalicio de Juárez o el viernes santo. Aprovechando el viaje se les pidió escoger entre el aniversario de la Revolución y el del triunfo de Fox. Sólo el 20% prefirió el 2 de julio.

La mayoría de la población (52%) consideró más importante para los mexicanos la celebración de la independencia que el 12 de diciembre, pero la población se reparte en partes casi iguales entre el natalicio de Juárez y el viernes santo. Aunque no de manera contundente, las efemérides sí se asocian con la definición liberal-conservador en el sentido esperado. Los conservadores prefieren las efemérides religiosas sobre las civiles en proporciones mayores que los liberales.

Si bien el 70% de la población manifiesta una opinión sobre la ubicación que atribuyen a los partidos, en realidad las respuestas revelan que los partidos no tienen una identidad definida frente al electorado, por lo menos en el continuo liberal-conservador: 35% considera al PAN liberal y 35% conservador y lo mismo ocurre con respecto al PRI. Del mismo modo, ni la preferencia electoral, ni la identificación partidista de los entrevistados parecen asociarse con el índice de “liberalidad”; es decir, preferir al PAN o al PRI o considerarse panista o priista no está asociado al continuo liberal-conservador.

Sin embargo, la valoración histórica sí se asocia en cierta medida con las actitudes. Juárez y Cárdenas se asocian ligeramente con la identidad partidista en el sentido esperado. Más personas consideran que los panistas piensan que Juárez fue un mal presidente porque expropió los bienes del clero y que Cárdenas fue un mal presidente porque despojó a pequeños propietarios de sus tierras y lo contrario ocurre con las percepciones sobre los priistas.       n

 1La encuesta es parte del Sistema de Recolección Continua de Opinión Publica de BGC, Ulises Beltrán y Asociados, S. C. La muestra corresponde a una muestra aleatoria de números telefónicos seleccionados por un método de marcado aleatorio (RDD por sus siglas en ingles) estratificado, que asegura una probabilidad igual y conocida a todas las líneas telefónicas en servicio. La persona encuestada en la vivienda con teléfono se selecciona siguiendo cuotas de edad y sexo. La muestra levantada tiene sesgos importantes hacia los estratos medios y altos de ingreso y no incluye prácticamente a nadie del estrato rural.

La ambigüedad de Zapata

La gente observa; a veces, no observa. Si la evaden, se retrae; cuando la amenazan se repliega. La mirada es también refugio del alma. En la fotografía del 20 de junio de 1911, en la Ciudad de México, Emiliano Zapata otea el espacio con la mirada y se le nota nervioso, aunque sus rasgos siguen siendo suaves, hasta amables. No es el mismo que aparece meses antes, en otra imagen, riguroso y elocuente, al frente de sus tropas y montando el alazán que le regaló el cura de Axochiapan.

La revolución apenas ha comenzado, pero la fama ya le ha tendido la mano. Es el artífice del sitio de Cuautla, batalla que acaba por disuadir a Porfirio Díaz de que abandone el poder. Su ejército, hecho de gente común, es disciplinado y ha dominado a las guarniciones federales de Morelos con una facilidad y una elegancia asombrosas. Es cauto con los hacendados y con los reclamos de tierras. Aún no cuenta con un “programa” —como el Plan de Avala— pero viene en búsqueda de trato y diálogo político. Es inútil. La ciudad lo recrimina. La prensa lo denosta. (“Atila del sur”, “indio intromiso”, “bandido”…. son titulares comunes.). Los políticos le cierran las puertas. Madero, que ha fallado en el intento de incorporarlo al ejército para que deponga las armas, le pide que se vaya, no a Morelos sino del ¡país! El caudillo campesino, que ha intentado infructuosamente ingresar en las élites políticas (primero locales, y ahora nacionales) desde 1909, no quiere creerlo. “No esperaba confeti” —le dice a Palafox antes de entrar a conferenciar con Madero—. “¿pero esto?”. Para la ciudad Zapata representa la comunidad de los iracundos. Para los suyos, los pueblos de la sierra de Morelos, representa acaso lo mismo. Sólo que ellos se lo agradecen.

Zapata regresa a sus serranías, a sus pueblos. El es la ambigüedad de ese otro mundo que apenas asoma: el subsuelo indígena que toca a las puertas del laberinto público con el rostro de una “comunidad de campesinos”. Sólo Antonio Díaz Soto y Gama, un intelectual magonista, repara en este hecho. El zapatismo fue, en rigor, un movimiento de pueblos indígenas que se desplegó frente a la obsesión de la des-indigenización provocada por los espejismos del Progreso. Ser indígena en 1910, en pleno apogeo del darwinismo social, significa pertenecer a una historia en hipotética descomposición. Aunque traducido y leído en náhuatl, el Plan de Ayala sólo alude a derechos campesinos. El Plan, esa suerte de “texto sagrado” del zapatismo, reescribe el imaginario de quienes lo invocan. Frente a una moral, como la positivista, fundada en los paradigmas del trabajo y las categorías sociales, la noción de “campesino” es legítima y legitimadora. Todo el siglo XIX podría ser reescrito como una furiosa obsesión por sacralizar las éticas de la vocación y del trabajo, dos credos esenciales del mundo moderno El enigma del zapatismo no es el de su “ancestral” identidad, sino el de su ductilidad para reelaborar la fractura de una identidad y actualizar la posibilidad de esta ambigüedad. Los historiadores del siglo XX fueron presas evidentes de esta invención. No se preguntan ¿cómo es y cómo se despliega y sobrevive una comunidad indígena bajo la seducción de las fantasías sociales del Progreso? La evidencia, claro, es siempre una construcción ideológica.

El zapatismo corrobora y amplia el sueño más pertinaz del siglo XIX: el sueño del ciudadano-propietario. Ser propietario en el siglo XIX significa, más que una promesa de bienestar, un sitio esencial en los grandes relatos históricos y morales de la sociedad. Significa ser ciudadano. Incluso Marx, un crítico obsesivo de las formas de propiedad, no tiene más remedio que definir a sus obreros —ya que quiere acorazarlos con los beneficios de la historia— como ¡propietarios!… de su fuerza de trabajo, propietarios al fin y al cabo. A diferencia de Villa. Madero y Carranza, el zapatismo distribuye las tierras entre las comunidades locales. Pero las distribuye en calidad de pequeñas propiedades individuales. Las comunidades rurales zapatistas son comunidades de pequeños propietarios, la forma más liberal de la propiedad agraria. La idea de que Zapata es el líder de una rebelión que pretende retornar a la “comunidad ancestral” es una ficción que surge, curiosamente, no de sus prácticas económicas sino del innegable carácter indiferente del movimiento frente a la edificación de un nuevo Estado. Una indiferencia que le costará la vida. A los ojos del siglo XX, la refutación del Estado se lee paradójicamente como un ejercicio de regresión.

Vocación por la tierra y por el trabajo y propiedad (individual) no son categorías que pertenezcan necesariamente al mundo tradicional, como sí lo fueron, por ejemplo, el peonaje y el pago en especie que caracterizaban a las grandes haciendas. Y, sin embargo, Zapata nunca renunciará al silencioso llamado de esa identidad que le hizo posible reconstruir su mundo como un mundo de la ambigüedad. n

Cortés y cómo explicarlo

CORTÉS Y CÓMO EXPLICARLO

POR JOSÉ LUIS MARTÍNEZ

Cuándo vamos a tener estatuas con su figura y calles y plazas con su nombre y reconocimiento a su obra en los libros? No sé cuándo y creo que no lo necesitamos.

Cortés nos interesa siempre de manera extremosa, para exaltarlo o para detestarlo.

Concentramos en su persona el conflicto de nuestro origen y, frente al choque que aquel anudamiento ocasionó, unos toman el partido de considerar injusta, brutal y rapaz la acción de los conquistadores del siglo XVI, y como víctimas a los indígenas cuya cultura se exalta como un noble pasado; y otros, comenzando por justificar el derecho a la conquista, la imaginan como una sucesión de hechos heroicos, cuyo protagonista es Hernán Cortés, y piensan que, gracias a su victoria sobre pueblos bárbaros y sanguinarios, recibimos los bienes de la cultura española y occidental.

Con señaladas excepciones, estas actitudes frente a Cortés y la conquista han dominado también a sus historiadores, desde Francisco López de Gomara y Bartolomé de las Casas, en tiempos del conquistador, hasta Eulalia Guzmán y Salvador de Madariaga, en los nuestros, incluyendo en el transcurso a los de lenguas extranjeras.

Quisiera añadir entre estos historiadores cortesianos el libro de Juan Miralles, que acaba de aparecer, y lleva un subtitulo comprometedor: Hernán Cortés, inventor de México. Pero aún lo estoy leyendo y no quiero adelantar un juicio. Por ahora digo que está escrito con una atrayente prosa narrativa y que su documentación es exhaustiva.

Volvamos a don Hernán. Las apologías o las condenaciones pueden reforzar las convicciones previas de cada uno pero no logran cambiar el pasado y nos ayudan escasamente a conocerlo mejor. Mas, evitando este predominio de las actitudes, ha sido posible también un tercer camino. En el caso de Cortés, se cuenta con un enorme acervo de documentos publicados a lo largo de muchos años o inéditos en parte. Además, los cronistas e historiadores antiguos y los investigadores modernos han acumulado informaciones, análisis e interpretaciones que hacen posible un conocimiento histórico de los hechos y tan objetivo cuanto es posible.

Sin embargo, a pesar de la abundancia documental e informativa, quedan aún en la vida de Cortés lagunas considerables y etapas en la sombra. Además de sufrir las deformaciones dogmáticas, el estudio de Cortés ha sido, pues, insuficiente y ha dejado vacíos. Puesto que él fue uno de los actores principales del drama de nuestros orígenes, en la personalidad y en las acciones de Cortés, y en las de su tiempo. tienen su principio muchos rasgos de nuestra vida política, social y cultural, y algunos de nuestros vicios y virtudes. Por todo ello, sigue siendo importante conocer a Cortés.

Termino esta transcripción de pasajes en la Introducción que puse a mi Hernán Cortés (FCE, 1990), reproduciendo cuatro epígrafes que concentran mi pensamiento cortesiano: Nuestra admiración para el héroe; nunca nuestro cariño para el conquistador. Atribuido a Manuel Orozco y Berra.

A Hernán Cortés, como a toda personalidad histórica, no hay que elogiarlo sin más ni más, ni insultarlo sin menos ni menos. Hay que explicarlo.

Francisco de la Maza

La herencia de México está en pie. Aquí no ha muerto nadie, a pesar de los asesinatos y los fusilamientos. Están vivos Cuauhtémoc, Cortés. Maximiliano, don Porfirio, y todos los conquistadores y todos los conquistados. Esto es lo original de México. Todo el pasado suyo es actualidad palpitante. No ha muerto el pasado.

No ha pasado lo pasado, se ha parado.

José Moreno Villa

Apenas Cortés deje de ser un mito histórico y se convierta en lo que es realmente —un personaje histórico—, los mexicanos podrán verse a sí mismos con una mirada más clara, generosa y serena.

Octavio Paz.          n

Calles: En primera persona

CALLES: EN PRIMERA PERSONA

POR IGNACIO ALMADA BAY

Mi periodo presidencial de cuatro años creó un régimen de cien, fundado en escuelas de irresponsabilidad: la burocracia, la empresa paraestatal, el sindicato oficial, el ejido, la aduana, la notaría, la prensa del gobierno, el monopolio, el magnate subsidiado con recursos públicos, ámbitos donde todos se tiran la bolita, donde nadie tiene obligaciones; régimen fundado en la economía política del favor, hasta integrar una pirámide de favores: los mexicanos somos dóciles en la medida en que creemos que el gobierno nos hace favores; régimen fundado en la fuerza vinculante de la corrupción y de la extorsión, fincado en leyes espesas que hacen a todos infractores, donde todos resultan chantajeabas, donde todos busquen quedar exentos: régimen fundado en un marco legal defectuoso, que obliga a buscar padrinos políticos, a tener palancas para que no te traigan en vueltas. Hay que gobernar basados en hacer excepciones, en el excepcionalismo político.

Nada hay más revolucionario que el monopolio. La competencia es traidora. Necesitamos conservar un país de aduaneros y notarios, de fayuqueros y papeleo, cimentado en la desconfianza y en la inseguridad. Hay que conservar una sociedad civil sin seguridad en la propiedad, que dependa del gobierno, que ni siquiera tenga el domicilio seguro.

Por eso es tan peligrosa la monetización de los intercambios. las cajas registradoras son subversivas porque desaparecen los favores personales, las propinas, las mochadas. La tecnología amenaza al régimen porque viene de fuera, porque cada vez es más barata y no hay aduana que la detenga. Y porque puso en vergüenza al General Jara cuando se hundió su barco de cemento, la única patente tecnológica registrada por la Revolución.

Necesitamos predicadores que remachen que la ganancia de una persona es la pérdida de otra, que condenen el deseo de mejorar la propia situación con la obtención de ingresos superiores a los gastos, que desconozcan que la moneda estable es el puente entre el presente y el futuro, que denuncien a las fuerzas del mercado como antagonistas de la justicia, que desprecien la comodidad y que elogien vivir peligrosamente.

El verdadero enemigo del régimen es que los mexicanos aprendan a trabajar, que hay vida fuera del presupuesto, que se den cuenta que pueden independizarse trabajando y ahorrando. El fin del régimen ocurrirá cuando los mexicanos descubran que lo que compran aquí es más barato y accesible fuera del país. Es importante que los mexicanos que aprendieron a trabajar al otro lado se regresen, hacen daño porque demuestran que es posible ahorrar, que las unidades monetarias son unidades de libertad. Con sus ahorros se vuelven independientes: se preparan más o abren negocitos. También es importante periódicamente desaparecer los ahorros y arruinar a la sociedad civil independiente del gobierno. El que no esté en simbiosis con el gobierno que fracase. En mi gabinete, Morones fue el verdadero Secretario de Educación: hizo que la sociedad civil aprendiera a buscar puestos en el gobierno para sobrevivir. Fue una empleomanía civilizadora.

Mandé fusilar a Anacleto González Flores porque me llamó “Cloaca Máxima”, pero mi venganza fue que las dos lumbreras de su célula cristera fueran cooptadas por el régimen: Agustín Yáñez en la Secretaría de Educación y Antonio Gómez Robledo en la de Relaciones, uno escribiendo novelas, otro versos en latín.

Mi fórmula se condensa en autoritarismo político sin prosperidad económica. Por eso este régimen durará más que el de Franco en España.          n

Hora y veinte. Cultura y vida cotidiana

EL CIERRE CICLÓNICO

HORA Y VEINTE

CULTURA Y VIDA COTIDIANA

En este número de Nexos contamos, a orgullo, con un texto de José Luis Martínez sobre Hernán Cortés. Tenía que ser él, por ser también el autor del Libro sobre el conquistador (Hernán Cortés, FCF., 1990). Esto trae otra asociación: ¿cómo habría sonado la suave patria de López Velarde si el poeta hubiera retomado su borrador en el famoso “Intermedio” del poema dedicado a Cuauhtémoc? (“Cortés y López Velarde”.

El 13 de agosto se dio a conocer un borrador del Programa de Cultura 2001, elaborado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. El 22 de agosto lo daría a conocer la presidenta del Conaculta, Sari Bermúdez. Una de las buenas noticias del Programa es el énfasis en el libro como eje rector del proyecto; una de las malas noticias es que el Estado se pone en tal eje como editor de libros. Otra de las buenas noticias del Programa es que el Estado se propone conseguir financiamientos de instituciones privadas; otra de las malas noticias es que el Estado ejercerá entonces el monopolio de los Mecenas. (“¿Competente o competidor? El Estado y los Mecenas”.

La encuesta que CONACULTA encargó a Alduncin y Asociados sobre Cultura Nacional deja resultados alarmantes -es decir, previsibles—. Tres de cada diez mexicanos no acostumbran leer (por no leer entiéndase aquí: no leer ni la caja de Corn Flakes). El 36% lee una o dos horas por semana: el 22% lee de 3 a 6 horas: el 9% de 7 a 15 horas: el 2.1% de 16 a 20 horas; sólo el 0.5% lee más de 20 horas a la semana. Un 47% de entrevistados ranqueó así los libros más populares del año 2000: Juventud en éxtasis (7.3), El Principito (3.2), Volar sobre el pantano (2.7), El Caballo de Troya (2%), Un grito desesperado (1.8%), Cien años de soledad (1.6), El Capital de Marx (1.4%), La Biblia (1.4%), El diario de Ana Frank (1.2%) y El llano en llamas (1.1%). So the winner is Cuauhtémoc Sánchez, que logró colar tres de sus libros en los hábitos de lectura de los mexicanos. ¿Mejor no leer nada? (Ver en este mismo número “Los libros derrotados”, por Fernando Escalante.)

El escritor de novelas policiacas Elmore Leonard dio a conocer sus diez reglas para narrar. Aquí están: 1. Nunca abrir un libro con un reporte climatológico. 2. Evitar los prólogos. 3. Nunca usar un verbo que no sea “dijo” para los diálogos. 4. Nunca usar un adverbio para modificar el verbo “dijo”. 5. Tener bajo control férreo a los signos de exclamación. 6. Nunca usar la palabra “repentinamente”. 7. Usar sólo aquí y allá el patois, el dialecto regional. 8. Evitar las descripciones detalladas de personajes. 9. Lo mismo para lugares y cosas. 10. Tratar de dejar fuera la parte que los lectores tienden a saltarse.

El lunes 6 de agosto murió el novelista brasileño, bahiano, Jorge Amado. Su amiga de toda la vida, Lygia Fagundes Telles, dice que era un revolucionario conservador. ¿Una bella alma, de las que ya no se hacen más en Bahía?

(“Un revolucionario conservador: Jorge Amado”.

En la edición anterior no alcanzamos a consignar la muerte de John Lee Hooker (1917-2001), el amo del blues. Alguien que lo conoció, Charles Shaar Murray, recuerda en la revista Prospect (agosto-septiembre 2001): “En cierta ocasión le pregunté si alguna vez tomaba alguna de sus muchas guitarras para tocar el blues por puro gusto. Me miró, incrédulo. ‘¿Estás loco?’ Entonces recordé su celebrado intercambio verbal en el show de David Letterman en 1989, cuando apenas empezaba el último revival de su carrera. En la entrevista, Letterman hizo un comentario sobre los dos broches que John Lee llevaba prendidos en el sombrero y en la solapa: una estrella y un signo de dólar. John Lee dio esta explicación: ‘Soy una estrella. Y toco por dinero’

Poetas: ya lo peor no es suicidarse sino exhibirse, sin quererlo, como suicidas en los propios poemas. La publicación inglesa Psychosomatic Medicine cree haber descubierto una constante, referida al uso de palabras, en poetas que se suicidan. (“Poetas: cuidado con el yo”. Ver pág. 101.)

Murió a los 96 años de edad Pierre Klossowski (n. París, 1905), escritor, ensayista, pintor y erotómano. Perdurará por Roberte esta noche y sus grabados.

 La revista Forbes (julio 9, 2001) da cuenta: la edad promedio de los 538 milmillonarios del mundo es de 62 años. Su riqueza combinada es de 1.73 billones de dólares, más que el Producto Interno Bruto de Francia.

En su edición anterior Nexos dedicó buena parte de su número al tema del sexo. Uno de los artículos, escrito por Salomón Derreza, hablaba de Cibersexo y pornocracia, para ocuparse de una zona de la criminalidad, activa en Internet, y dirigida a la pornografía infantil. El desmantelamiento de una red de pornografía infantil vuelve a alertar sobre este asunto. (“Noticias de Pornointernetlandia”. Ver pág. 101.)

Los libros derrotados

Quizá nunca ha sido de otro modo: si juntamos la tendencia oligopólica de la industria editorial la inclinación hacia los títulos de mayor venta y la práctica inexistencia de una crítica de libros medianamente seria, honesta, el resultado es una producción editorial adocenada, monótona, reducida a una veintena de autores de venta segura, asequibles para el gusto de la mayoría, dice Fernando Escalante en este artículo que pugna por un mundo donde los buenos libros tengan sentido.

La concentración de la industria editorial española no parece ser, de entrada, una buena noticia; supongo que tendrá todo tipo de consecuencias, pero no se me ocurre ninguna muy buena. Lo más probable, según lo que puede verse, es que haya más libros, en ediciones más vistosas, cada vez más parecidos unos a otros en todo, fuera del color de las portadas; y no sería raro que dentro de poco a casi todos los lectores les diese igual leer a Benedetti o a Alejandro Rossi: que no fuesen capaces de encontrar la diferencia.

Es cierto que siempre se han publicado libros buenos y malos, y es cierto que la mayoría han sido bastante malos en cualquier tiempo; por eso también se olvidan y llega a parecemos, por los títulos que sobreviven, que cualquier tiempo pasado fue mejor. En realidad, lo único que ha cambiado, con los nuevos recursos técnicos, es que pueden publicarse muchísimos más; y eso significa, como es natural, que aumenta en esa proporción el número de libros mediocres, malos y pésimos. Pero hay otra cosa: aunque no tengo clara la razón, es verdad que los libros malos se venden más y, por la lógica del mercado, tienden a desplazar, en el espacio de las librerías, a los buenos.

La distinción es muy burda pero creo que es útil y no hace falta mucho para justificarla: no es lo mismo un libro de Stephen King que uno de Faulkner, no es lo mismo Pérez-Reverte que Valle-Inclán. Eso es todo. Ahora bien: siendo así de obvia la diferencia, no es tan fácil saber de antemano si un libro es bueno o malo. Si no se tiene otra noticia, hay que leerlo para enterarse. Esa utilidad tenían en otro tiempo las revistas y los suplementos literarios, ayudaban a descubrir los autores y los títulos que valía la pena leer: no se preocupaban tanto por cuidar la imagen de los famosos, podían gastar papel en hacer un elogio detenido y severo de autores desconocidos. Así eran, al menos, las revistas que recuerdo, o así quiero recordarlas. Hoy en día, en casi todas panes, la crítica de libros es algo secundario e improvisado, si no tiene una función directamente publicitaria, a cuenta de alguno de los consorcios editoriales; es un aditamento de la estrategia comercial, un recurso para promover a los amigos, a la familia, para pagar favores políticos, de modo que si sobrevive, es inútil.

Es cosa de risa ver que cada mes se descubre a un nuevo Rimbaud, a un nuevo Tolstoi, una novela que resulta ser la más importante de los últimos cien años. Todo lo que hay en las mesas de novedades es por lo menos inolvidable, excepcional, grandioso, de extraordinaria lucidez e inteligencia. Lo malo es que ese tipo de crítica, llamémosle así, es peor que nada: hace verdaderamente imposible saber si un libro es bueno o malo. Hay tantísimos genios comparables a Flaubert o a Thomas Mann, que uno opta por leer otra vez Madame Bovary o La montaña mágica. Eso en el mejor de los casos; en el peor, quienes apenas comienzan a leer, terminarán acaso siendo incapaces de distinguir una cosa de otra. Y creo que ésa es la intención. En esa feria de la impostura, de la confusión y de las vanidades, como la llama Vargas Llosa, es mucho más fácil dar gato por liebre y son legión los editores, los libreros y los escritores que ganan con ello.

Vender libros es un negocio, y es una suerte que sea así. Vender muchos libros es un muy buen negocio, pero no es nada sencillo. La afición a la lectura es algo tan caprichoso que resulta casi imposible localizar a los dos o tres mil lectores que podrían aficionarse a Castelao, a Flannery O’Connor o a Clement Rosset. Parece más factible, más simple y hacedero, uniformar el gusto de la gente, acostumbrar a la mayoría de los posibles lectores a una misma papilla, más o menos insípida; lo único que hace falta es un buen aparato de publicidad y una posición monopólica o casi monopólica, para que a nadie se le antoje otra cosa. Con eso. una empresa bien organizada puede dedicarse a los libros que ofrecen un buen negocio, dejando de lado los otros, de dudosa rentabilidad, que con trabajo venderían dos mil ejemplares.

Me imagino lo que puede decirse: no es necesariamente mejor un libro que se vende poco (ahí están las memorias de cualquier político mexicano), ni son siempre malos los que se venden mucho (por supuesto, Pedro Páramo). Es verdad. Pero también es verdad que muchos de los mejores libros que pueden leerse tienen, casi por fuerza, muy escasos lectores: nadie tiene por qué disfrutar con la lectura de Paradiso, La muerte de Virgilio o Finnegan’s wake. y nunca serán muchos quienes sientan la urgencia de leer La vida de Henri Bridará. Es lo más probable, por otra parte, que casi todos esos libros que venden cincuenta mil o doscientos mil ejemplares sean más bien intrascendentes; como prueba me remito, a ciegas, a cualquiera de las listas en que se anuncian los más vendidos.

Dicho de otro modo, al final sí podría haber alguna correlación entre el éxito de las ventas y la calidad de los libros. Pero lo malo es que se junten las varias circunstancias de las que hablamos. Si juntamos la tendencia oligopólica de la industria editorial, la inclinación hacia los títulos de mayor venta y la práctica inexistencia de una crítica de libros medianamente seria, honesta, el resultado es una producción editorial adocenada, monótona, reducida a una veintena de autores de venta segura, asequibles para el gusto de la mayoría.

Acaso nunca haya sido de otro modo; lo que sucede hoy, con el vigor del nuevo mercado de organización oligopólica, es que esa veintena de autores mediocres y repetidos está en todas partes, ocupando todo el espacio disponible: ocupando materialmente el espacio físico disponible en los anaqueles de las librerías. Habrá, sin duda alguna, unos cuantos títulos originales, importantes, que valdría la pena leer, como los ha habido siempre: pero lo más probable es que estén en algún rincón de una remota librería española, publicados por una inimaginable editorial casi familiar. Y no hay manera de toparse con ellos ni de saber que existen.

Conste que no pienso que lo preferible fuese que se leyeran sólo libros buenos; creo que eso no puede ser y que no tiene sentido ni planteárselo. Yo, por mi parte, no perdería el tiempo tratando de que se leyese masivamente la obra de Georges Perec, de Philip Larkin o de Gombrowicz, por mucho que me gusten. Sí me temo que con el tiempo, los jóvenes lectores de hoy, que se han educado a base de Isabel Allende y Vázquez-Montalván, Saramago y el Premio Planeta, serán los adultos que tendrán que orientar a otros jóvenes lectores, cuyos clásicos me resulta imposible imaginar.

Y conste también que me parece ridículo culpar al mercado o a la avidez, indispensable, de los empresarios del libro. Si sucede esa modesta y esperable catástrofe será, en buena medida, culpa nuestra. Estoy de acuerdo con Tomás Segovia en que lo más probable es que una obra literaria se frustre, no por falta de subsidios o por la existencia del mercado, sino por la falta de lectores apreciativos y preparados. por la falta de un mundo donde tenga sentido un gran libro: si el caso nos importa, ese mundo y esos lectores tendríamos que contribuir a crearlos nosotros. No lo hemos hecho.   n

Cortés y López Velarde

CORTÉS Y LÓPEZ VELARDE

En este número de Nexos contamos, a orgullo, con un texto de José Luis Martínez sobre Hernán Cortés. Tenía que ser él, por ser también el autor del Libro sobre el conquistador (José Luis Martínez: Hernán Cortés, FCE, 1990). Esto trae otra asociación: entre las múltiples cosas que las letras mexicanas le deben a José Luis Martínez, está sin duda su edición a las Obras de Ramón López Velarde (Primera edición, FCE, 1971). La edición aumentada de 1990 incluye una pequeña maravilla: el borrador rescatado de La suave patria del mismo López Velarde. Asistimos ahí al nacimiento y desarrollo de la magia de López Velarde para hacer un poema. Como sabemos, La suave patria de López Velarde se ha vuelto el poema “oficial” de México, a la hora de las declamaciones escolares. Ahora bien: la única referencia histórica del poema ocurre en su “Intermedio”, dedicado a Cuauhtémoc con el famoso inicio: “Joven abuelo: escúchame loarte,/único héroe a la altura del arte”. La misma magia poética de López Velarde ha puesto su “Intermedio” más allá de la “historia patria”, pero, igual, ha atraído respiros y palomeos de la “historia de bronce” por consistir, diríamos hoy, en algo “políticamente correcto”. Sin embargo, en el borrador de La suave patria queda el vestigio de un camino olvidado, un camino que López Velarde pudo tomar y esquivó al fin. Ese camino dice en dos versos: “aunque escribo Méjico con jota/la estatua no pedí para Cortés”. ¿Por qué López Velarde abandonó ese camino? ¿Por ver que sería “poéticamente insuficiente”? ¿Por “corrección política”? ¿Por sentir que se metía en camisa de once varas? Aventuremos una hipótesis. En poesía se sabe que para hacer un poema o algún verso no basta con la emoción; debe saberse qué actitud se tiene frente a esa emoción. Quizá López Velarde abandonó ese camino por no estar muy seguro de que no habría pedido una estatua para Cortés. n

Porfirio Díaz al natural

PORFIRIO DÍAZ AL NATURAL

POR CARLOS TELLO DÍAZ

Luis Miguel Aguilar me comentó que Nexos quiere publicar en el mes de la Patria breves retratos de los héroes y los villanos de la historia de México, con el objeto de desacralizar a los primeros y desatanizar a los segundos, entre los cuales está, me dijo, el general Porfirio Díaz.

¿Es en verdad un villano? Yo creo que ya no lo es, le respondí.

Porfirio Díaz es uno de los personajes más biografiados en la historia del país. Luis González, en su presentación de la biografía de Carleton Beals, una de las mejores, evoca los libros que a lo largo de cien años, han tenido como tema central al general Díaz.

La lista es larga. Durante su gobierno. Díaz inspiró alrededor de cincuenta y seis biografías, todas ellas laudatorias, escritas a veces por extranjeros (algunos famosos, como Hubert Bancroft), aunque la mayoría por mexicanos (entre los que destacan, junto con los poetas que lo alabaron hasta la cursilería, personajes como Ireneo Paz y Bernardo Reyes). Don Porfirio era, en todas esas obras, lo que también era en el discurso oficial: el Héroe de la Guerra, el Príncipe de la Paz y del Progreso.

Porfirio Díaz, cuando cayó al fondo, cayó desde muy alto. En tiempos de los generales de la Revolución fue el objeto de alrededor de veintiocho libros, además de muchísimos más frescos —unos buenos, otros malos— que lo colocaban todos, de acuerdo con el discurso oficial, muy cerquita del infierno. Entre los autores que lo condenaron había algunos extranjeros (como John K. Turner. que después escribió por encargo un libro contra Pancho Villa), aunque los más, de nuevo, eran mexicanos (pienso ahora en Luis Cabrera, Francisco Bulnes y José López Portillo y Rojas). A pesar de que tuvo también a sus partidarios, entre ellos Alfonso Reyes, que lo defendió con elegancia en Pasado inmediato, Porfirio Díaz dejó de ser en esos años el Príncipe de la Paz para pasar a ser nada más, el Dictador.

Cuando los licenciados llegaron al poder en 1946, bajo las siglas del PRI, cambió de nuevo la relación del régimen con don Porfirio. A partir de entonces, y hasta principios de los ochenta, vieron la luz alrededor de dieciséis biografías sobre su persona. Todas ellas tenían un común denominador: estaban escritas por historiadores profesionales, a partir de documentos, y tenían un carácter generalmente imparcial. Entre los autores que trabajaron en estos años es necesario destacar a dos: José Valadés y Daniel Cosío Villegas.

¿Qué pasó después? A partir de los ochenta, me parece, cambió de nuevo la opinión pública y el discurso oficial con respecto de Porfirio Díaz. Una señal del cambio fue la publicación en 1987, de la biografía de Díaz que escribió el historiador Enrique Krauze. Ella no disimula lo que debemos condenar en el Porfiriato —la desigualdad, la represión— pero tampoco esconde aquello que debemos elogiar: el progreso material, la política exterior, la integración nacional. Lo que me parece necesario destacar aquí es que la biografía recibió el aval del gobierno de México: fue publicada por el Fondo de Cultura Económica bajo el patrocinio de la Secretaría de Recursos Hidráulicos. Así también, durante los noventa, hubo de nuevo un intento del gobierno para descaricaturizar la historia nacional de los libros de texto, plasmado en el trabajo que encabezaron los historiadores Héctor Aguilar Camín y Enrique Florescano.

Creo que no ha cambiado mucho desde entonces nuestra relación con el Porfiriato y creo que Díaz, que no es un héroe, ya tampoco es un villano. n

Mundo y cultura

MUNDO Y CULTURA

POR JORGE G. CASTAÑEDA

Ofrecemos las palabras —pronunciadas el 23 de julio de 2001, en París— del Secretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge G. Castañeda, ante los agregados culturales y de cooperación de Francia. Su objetivo es de primera necesidad: alentar la difusión de la cultura mexicana e invitar a sus diferentes voces a participar en el concierto del mundo.

Me dio mucho gusto aceptar la invitación del Ministro Védrine para sostener un intercambio de puntos de vista sobre la cooperación cultural y para hablar un poco sobre los nuevos principios de la diplomacia cultural que el gobierno del presidente Vicente Fox ha emprendido desde hace ocho meses. Estoy seguro de que podremos desprender líneas de acción comunes en materia de cooperación cultural, toda vez que compartimos numerosas preocupaciones acerca del lugar que corresponde a las culturas en el mundo y la necesidad de preservar la diversidad cultural.

Francia, cuyo prestigio internacional se formó en gran medida gracias a las creaciones del espíritu, siempre ha tenido el cuidado de dotarse con instituciones capaces de hacer realidad sus ambiciones en este terreno y constituye un modelo para todas las naciones que se proponen dar a conocer su cultura. Desde hace largo tiempo, México también ha hecho de la política cultural uno de los instrumentos de su diplomacia, al mismo rango que la promoción comercial. Francia, no obstante, está mucho más presente en el mundo, al haber estructurado sus acciones desde hace mayor tiempo, en especial a partir del fin de la Segunda Guerra mundial. La fortaleza de la presencia cultural francesa estriba en su red planetaria, alimentada por recursos humanos y financieros considerables. El embajador Delaye cuenta con la fortuna de tener a su disposición un presupuesto en materia de cooperación cultural, científica y técnica muy superior al presupuesto total de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

No obstante, estamos convencidos de que la cultura ha sido —y sin duda seguirá siendo— la mejor carta de presentación de nuestro país en el mundo, por lo que nos hemos propuesto dedicar mayores esfuerzos a esta tarea. Lo haremos, asimismo, convencidos de que la nueva situación de México como una nación plenamente democrática nos exige difundir en todo el mundo una imagen de nuestro país que corresponda tanto al carácter dinámico, plural y democrático de nuestra sociedad como a la rica herencia de la cultura mexicana.

El nuevo esfuerzo de difusión cultural se deriva de dos valores fundamentales del quehacer internacional de México que no son ajenos, lejos de ello, a Francia: la solidaridad y la cooperación.

Solidaridad, expresada en nuestra voluntad de vivir más cerca de los otros y compartir sus valores, del mismo modo que buscamos que conozcan los nuestros. Queremos ser con los otros, queremos respetar, reconocer, comprender a los otros. Queremos, cuando sea necesario, brindar apoyo a los otros cuando estén en desgracia. Así, recientemente, México fue el primero en acudir en auxilio del pueblo de El Salvador, afectado gravemente por un terremoto.

La cooperación, particularmente en materia cultural, porque la penetración mutua de nuestras ideas, de nuestras obras, de nuestras creaciones es un medio privilegiado para que nuestras naciones profundicen no sólo su conocimiento respectivo, sino que incrementen el intercambio en todos los ámbitos. Queremos acompañar otros esfuerzos, coactuar, participar con los otros.

Solidaridad y cooperación son elementos esenciales de la cultura. Si se examina de cerca, resulta claro que la cultura ha significado siempre cooperación entre generaciones y, con frecuencia, solidaridad entre pueblos. Sin cooperación no hay cultura; sin cultura no hay solidaridad.

Conscientes del valor de la cultura para definir su identidad y para alentar la cooperación y la solidaridad con el resto del mundo, México se propone desplegar una nueva política de difusión cultural sustentada en principios que respondan a los nuevos tiempos que vivimos tanto en el ámbito interno como en la escena internacional.

Es indispensable reconocer que sólo la democracia permite que todas las voces sean oídas al interior de una nación y, asimismo, para que su eco se escuche con claridad en el extranjero. El México de los últimos años está descubriendo que gran parte de su fortaleza reside precisamente en su diversidad. La tolerancia y la pluralidad reemplazan a la censura y la uniformidad. Y, por ello, la consolidación de la democracia resulta tan importante para la política cultural de México: sólo en una democracia genuina se puede asegurar que el Estado esté al servicio de la cultura, y no a la inversa.

Esta nueva política cultural debe partir de la realidad mexicana, y no maquillarla como sucedía anteriormente; debe no sólo reconocer las críticas y la diversidad de opiniones, sino darles espacios para que puedan expresarse y fortalezcan así la imagen del México de hoy. Pero debemos proceder con cautela, la democracia es una condición de posibilidad de la creatividad, pero no una condición suficiente; ella no nos libera del deber de pensar por nosotros mismos. Quiero hacer mía una frase del ministro Hubert Védrine que aparece en su más reciente obra, Las cartas de Francia:, “Para tener influencia, se requiere primero ser capaz de tener ideas propias. ¿Qué influencia tendríamos si nos contentásemos con repetir el lenguaje convencional de lo que es “políticamente correcto” en el momento y el lenguaje del consenso? Ejercer una mayor influencia quiere decir aportar al debate un valor agregado. La independencia de espíritu y de proyecto no es solamente posible, sino indispensable”.

Debemos hacer frente a los riesgos que entraña la globalización para la diversidad cultural. Aunque no debe exagerarse el impacto de este proceso mundial en las diversas culturas nacionales, particularmente en aquellas, como la francesa o la mexicana, cuya vitalidad y fortaleza les facilita conservar sus identidades, sí resulta necesario emprender acciones para impedir el gradual desarrollo de una creciente uniformidad cultural que ponga en riesgo la diversidad de tradiciones y culturas. Ello exige la adopción por parte del Estado de estrategias que aseguren la continua vitalidad de la cultura nacional mediante el apoyo, en colaboración con el sector privado, de las expresiones culturales: de las artes, las artesanías y en general las industrias de la cultura.

Pero la preservación de una identidad o una cultura propia no implica el aislamiento. Por el contrario, debemos abrirnos al mundo sin temores, tanto para conocerlo como para que nos conozca tal como somos. La historia de nuestros pueblos nos ha enseñado que los contactos interculturales lejos de empobrecernos, nos enriquecen. Y así parecen intuirlo las jóvenes generaciones de mexicanos y franceses, quienes demuestran su capacidad de mantener el corazón y la mente abierta hacia otras culturas. Nuestros jóvenes se han apropiado de símbolos, iconos y costumbres que podrían, hace apenas unos años, habernos parecido ajenos, pero que ahora pasan por el filtro de nuestra identidad y nos permiten adaptarnos mejor al imparable y cada vez más dinámico flujo de cambios que experimenta el mundo globalizado.

La globalización plantea grandes oportunidades, siempre y cuando la integración a esta poderosa corriente se conciba como un medio, y no como un fin en sí mismo. El mundo actual facilita los contactos, multiplica y amplifica los intercambios y, al abrir puertas y ventanas, permite que muchas voces puedan ser escuchadas. No debemos dejar pasar la oportunidad que esto representa. El mundo quiere oírnos y es nuestro deber hablar con una voz clara en la escena internacional.

Para cumplir este anhelo, Francia nos ofrece un ejemplo digno de emulación. Este país ha sabido hacer frente a los desafíos de la globalización sin minar su propia identidad. La cultura francesa, con su extraordinaria herencia histórica y su no menor vitalidad contemporánea, se mantiene como un punto de referencia indispensable en la escena cultural mundial. El equilibrio que Francia ha promovido entre la defensa de su identidad y su apertura a las corrientes globales de cultura es, por ello, un ejemplo a seguir para otras naciones con una vigorosa tradición cultural, como la mexicana, que sin embargo buscan abrirse al diálogo y al intercambio en estos tiempos de acelerada integración.

Debemos, de igual modo, procurar un mayor equilibrio entre la actividad gubernamental y la iniciativa privada, entre Behemoth y Mammon. No buscamos reducir al silencio a los otros ni tampoco encerrar a quien fuere dentro de definiciones restrictivas, sino difundir la cultura de México e invitar a sus diferentes voces a participar en el concierto del mundo. Para ello, queremos establecer nuevos vínculos entre gobierno, empresas, asociaciones privadas, grupos artísticos o escuelas con el fin de coordinar esfuerzos para formar ciudadanos abiertos al mundo, pero con profundas raíces en su cultura local.

Por lograrlo, deseamos que la cultura mexicana se convierta en una piedra angular de nuestra política exterior. La difusión cultural no sólo debe estructurar de manera más decidida las acciones del gobierno de México en materia de imagen, sino que en torno a ella deben articularse más estrechamente las actividades de promoción turística, educativa e, inclusive, comercial y financiera. Los dividendos de la cultura no pueden ignorarse, como bien lo sabe Francia, que es potencia exportadora de cultura.

Quizás el mejor ejemplo del potencial que existe en este ámbito lo ofrece Estados Unidos, país en el que los productos culturales ocupan el segundo lugar de sus exportaciones. Para aprovechar las oportunidades que existen en este sector, es necesario desarrollar industrias culturales y redes internacionales para el comercio cultural. Las exportaciones culturales de México han tenido éxitos esporádicos que no son desdeñables en los géneros de producción cinematográfica, televisiva y editorial. No obstante, se requiere un esfuerzo más sistemático y coordinado para multiplicar y extender esos éxitos a otros géneros de la creación cultural.

Cinco acciones concretas del Ministerio que yo encabezo se articulan alrededor de los principios que acabo de mencionar:

1)  Refuerzo de la estructura administrativa en materia de política cultural. A partir del presente gobierno, la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural ha pasado a depender directamente de mi oficina. Las decisiones son más rápidas, puedo tener una idea más clara de los proyectos, puedo negociar personalmente con otros miembros del gabinete.

2)  Reforma y refuerzo de la red de institutos culturales de México en el mundo. Nuestra presencia institucional es todavía modesta, 38 centros e institutos culturales en el extranjero. En Estados Unidos, sin embargo, se encuentran 22 de ellos; se trata de la red extranjera más amplia en ese país.

Estamos creando un “Instituto México” inspirado en parte en instituciones como el Instituto Goethe o el Instituto Cervantes. A través de esta nueva figura se podrán unificar los regímenes jurídicos de los centros que hoy existen, habrá mayor coordinación operativa y sobre todo podremos repartir los recursos de manera más equilibrada.

El Instituto México tendrá un papel central como entidad de promoción y difusión de la cultura, las artes, la educación, la ciencia, la tecnología, el turismo, las artesanías y, fundamentalmente, la promoción de la industria y los productos culturales de México.

Esta última es una tarea de enorme trascendencia. Estamos convencidos de que el nuevo posicionamiento de México mediante la difusión cultural dependerá en gran medida de la penetración y presencia que alcancen nuestros productos culturales. Me refiero a la poesía y la novela mexicanas, a las exposiciones de pintura o de escultura, al erotismo de la pintura de Toledo y a las instalaciones de Gabriel Orozco; pero también a la arqueología, lo mismo que al cine, las telenovelas o la popularidad de Salma Hayek; al tequila y los mariachis. Sólo mediante una amplia difusión internacional del patrimonio artístico y artesanal de nuestro país lograremos consolidar la imagen real de un México dotado de un pujante dinamismo creativo y dueño de una de las mayores riquezas culturales en el mundo. Ello no sólo nos permitirá desarrollar ese potencial exportador al que he hecho referencia, sino revertir estereotipos o visiones obsoletas sobre México.

Otra importante tarea que será encomendada al Instituto México es la enseñanza del español. Siendo México el país hispanohablante más poblado del mundo, tenemos una particular responsabilidad en lo que se refiere a la difusión de nuestra lengua y de la cultura latinoamericana en general. Por ello, el Instituto fortalecerá el conocimiento del español mediante la impartición de cursos y la expedición de certificados a nivel internacional.

3) Mayor participación del sector privado en la promoción cultural en el extranjero. Algunos consorcios privados ya han utilizado la red de institutos culturales para presentar sus colecciones de arte mexicano. Queremos que las empresas mexicanas participen de manera más directa, ya sea a través del Instituto México o de otras fundaciones. El Estado solo no puede sufragar el costo del fortalecimiento de la presencia mexicana en el exterior. Queremos establecer una colaboración eficaz con el sector privado para que la difusión cultural de México se beneficie de la sinergia posible entre Estado y Mercado, sin quedar subordinada a ninguno de los dos.

4) Renovación de los agregados culturales y directores de institutos. Para proyectar una imagen del México plural y moderno, nos valdremos de una nueva generación de artistas, intelectuales y promotores culturales, quienes reflejan con fidelidad el dinamismo del México nuevo. Por ello, he nombrado ya a 22 artistas e intelectuales como representantes culturales de México. Sus orígenes son tan diversos como sus creaciones. En París, por ejemplo, el agregado cultural y director del centro cultural es un joven escritor de gran talento. Jorge Volpi, que ha conquistado a miles de lectores en el mundo y ha merecido un reconocimiento internacional. Los nuevos representantes culturales podrán ejercer libremente la crítica, seleccionar los vehículos y mensajes que consideren más apropiados y proyectar a su manera no sólo lo que somos, sino lo que queremos ser.

Esta política no resultará extraña a Francia. Abundan los ejemplos de destacados intelectuales franceses que en algún momento de su vida trabajaron en el extranjero, como Ravmond Aron en Colonia, Lévy-Strauss en Nueva York, Michel Foucault en Uppsala, o Jean- Franfois Revel, quien fue profesor de filosofía en el Liceo Francés de México, donde, por cierto, yo mismo cursé mis estudios de enseñanza media y obtuve mi certificado de bachillerato. A ellos se suman los numerosos diplomáticos franceses emanados del ámbito intelectual o literario. Por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia pasaron, entre otros, Paul Claudel, Saint John Perse, Alain Peyrefitte y Romain Gary.

La diplomacia mexicana también se benefició mucho de los intelectuales que representaron a su país en el extranjero. Sólo mencionaré a dos de los más eminentes que representaron a México en este país: fue aquí en París, en 1949, que Octavio Paz, entonces segundo secretario de la Embajada de México, concluyó El Laberinto de la soledad, una obra que lo hizo célebre. Carlos Fuentes, cuya fama no es menor, fue un brillante embajador de México en Francia en los años setenta.

5) Flexibilidad y diferenciación de la acción cultural. Una mayor centralización en materia de recursos y estructura es necesaria, pero las acciones culturales deben responder a especificidades locales. Se trata, por supuesto, de uno de los problemas centrales de toda política cultural. México atiende cuatro universos distintos en materia cultural, y para cada uno requiere de productos y acciones diferenciadas.

América del Norte tiene rasgos únicos por la presencia de millones de mexicanos y de hispanohablantes. Esta comunidad requiere bienes y servicios culturales que le permitan mantenerse cerca de sus raíces. América Latina y la península ibérica, por su afinidad, constituyen también un foco de irradiación cultural específico, donde México cuenta con un espacio de difusión privilegiado. En el resto de Europa y el Extremo Oriente, nos interesa incrementar nuestra presencia, aunque estamos conscientes de que tenemos un gran reto por delante para dar a conocer nuestra cultura en naciones con las que no hemos mantenido contactos tan estrechos en el pasado, y en las cuales la competencia cultural es enorme. Finalmente, en el resto del mundo intentaremos hacer avances graduales en la promoción de nuestra cultura, de acuerdo con nuestras posibilidades, a partir de las embajadas y consulados de México.

Quisiera concluir con unas palabras sobre la cooperación cultural entre México y Francia. He señalado ya algunas coincidencias importantes entre las políticas culturales de nuestros países. En foros como la UNESCO, expresamos de manera continua la necesidad de garantizar la diversidad y las identidades culturales en el mundo. Un ejemplo relevante fue la celebración en 1982 de la Conferencia Mundial sobre Políticas Culturales, que tuvo lugar en México, de la cual emanó una declaración trascendental que incluye un conjunto de compromisos para garantizar la diversidad cultural y fomentar la cooperación en esta materia. En aquella ocasión Jack Lang, entonces Ministro de Cultura de Francia, tuvo una destacada participación.

No necesito decir que México siempre ha acogido con beneplácito la presencia cultural francesa, primero a través del IFAL y, posteriormente, a través de la Casa de Francia. De la misma manera, Francia, al acoger al Centro Cultural de México, coopera en la difusión cultural y contribuye al prestigio de México. Creo que el momento actual es propicio para estrechar aún más la colaboración entre nuestros institutos culturales. Por ello propongo que el Centro Cultural de México en Francia y el IFAL emprendan nuevos proyectos de trabajo en forma conjunta que enriquezcan su labor de difusión en nuestros respectivos países.

México y Francia compartimos una larga historia de intercambios culturales. La historia de nuestra relación es, en gran medida, una historia de cultura. Desde los albores de la Independencia de México hasta nuestros días, Francia ha sido una fuente inagotable de inspiración y de ideas para sucesivas generaciones de mexicanos. La cultura de México, por otra parte, y en particular a partir de la posguerra, ha generado cada vez mayor interés en Francia, tanto por la riqueza de nuestra herencia histórica como por la vitalidad de nuestra cultura contemporánea. La explosión creativa que está acompañando al cambio político en México seguramente va a encontrar un eco en un país como Francia, siempre sensible a las nuevas corrientes creadoras, en todas sus manifestaciones. Profundicemos nuestra misión cultural, en beneficio de nuestras sociedades.

Cada país tiene su diferencia. La nuestra es la extraordinaria vitalidad de la cultura mexicana, entendida en su más amplia acepción. Internamente, es tal vez el único instrumento del cual disponemos para seguir consolidando una identidad dentro de la diversidad de los pueblos de México que nos permita unirnos y reconocernos como mexicanos. Hacia fuera, la cultura mexicana seguirá siendo el aspecto de nuestra nación que mayor interés despierte. Las artes y las letras, al igual que las artesanías y el rico legado histórico de México constituyen quizá nuestra mayor ventaja comparativa. También constituyen nuestro mejor vínculo con los demás.

En esa intensa reflexión sobre la conciencia que es Piedra del sol, Octavio Paz escribió: “para que pueda ser he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros”. México también tiene que salir de sí para encontrar su existencia plena entre las otras naciones. La herencia cultural mexicana, al igual que la vitalidad de nuestra sociedad, sólo alcanzarán su cabal realización si logran ser no sólo nuestras, sino de todos.  n

La hora temprana del nuevo régimen

BARÓMETRO

LA HORA TEMPRANA DEL NUEVO RÉGIMEN

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

Volvamos a preguntarnos por la agenda y, de nuevo, por la “agencia” que podría ponerla en práctica y tratar de resolverla. De eso, en parte al menos, debería ocuparse la política, en especial la que se dice hacer en la izquierda. No ocurre así, pero siempre se puede llamar en favor de uno a la “actualidad” de la necesidad.

1. No hay duda ya de que estamos inmersos en eso que los antiguos llamaron la globalización. Tampoco puede dudarse mucho hoy que esa inmersión, en gran medida impuesta desde el Estado, nos colocó en desventaja para lidiar con la economía internacional y aprovechar sus promesas. Más que globalizados, empezamos el siglo como economía refleja de la norteamericana, pero de un modo demasiado directo e inmediato como para que podamos fácilmente volver sobre nuestros recursos y usarlos como red de protección o dique de contención ante unas contingencias previsibles pero incontrolables desde nuestra economía política doméstica, tal y como ésta aparece hoy ante nuestros ojos y análisis. Ineluctable puede ser la globalización, pero la forma en que decidimos entrar en ella no era fatal ni única. Este es el primer rubro de la agenda. Dejémoslo como pregunta abierta y renuente a respuestas simples, pero hagámosla ya, hoy, abandonando esta lamentable cadena de posposiciones sin fecha en que se ha convertido nuestra estrategia de desarrollo y. en especial, la política económica. ¿Podemos llegar a nuevos acuerdos con Estados Unidos y Canadá? ¿Es viable pedir y reclamar relaciones cooperativas que no se queden en los simplismos nunca realizados ni realizables del comercio súper libre? De no ser ese el caso, ¿no debería la actual recesión llevarnos a revisar los pocos instrumentos con que aún contamos para proteger la planta productiva y, sobre todo, proteger nuestra “planta” humana? Partamos de una constatación: no es verdad que las economías abiertas estén reñidas con Estados protectores o benefactores. La existencia de éstos depende más de la política interna, de la acción social y los proyectos de partidos y gobiernos, que de las “exigencias” de la globalización. Mucho se cedió y entregó ante el altar de estas supuestas demandas de la modernización, hasta volverlas mito implacable y nocivo Llegó, tal vez la hora de volver sobre el binomio Estado-economía para ponerlo sobre sus pies, o devolverle la cabeza.

2. El fantasma de la desigualdad se vistió para nosotros de pobreza masiva y extrema. Por más que le hagamos, las cifras se han vuelto millonarias pero no así la conciencia que tenemos del tema. De pobreza hablamos todos, todos los días, pero los compromisos en el foro del Congreso o su documentación crítica en la academia o la prensa brillan por su ausencia, cuando no se quiere sólo epatar conciencias débiles. Se puede, como algunos lo hacen, hacer de la carencia y la penuria una variable dependiente de lo que ocurre u ocurra con la economía. Para no pocos, esto es más que nada una suerte de maldición azteca para la que no tenemos remedios caseros. Seguimos la suerte del principal y éste se ha mostrado inclemente y sin piedad. Y si no que lo digan los transportistas, o los aguacateros y otra vez los atuneros. Para otros, sólo en el respeto de las “reglas” del mercado podemos aspirar a soluciones de equidad que saquen al país de la pobreza. Bastaría con esperar y portarse bien y, siempre, “tener la casa en orden”, como gustaba decir y quizá pensar el presidente Zedillo, hasta que la casa se le salió por la ventana. Se trata, en ambos extremos, de determinismos simplistas que no se compadecen con la experiencia internacional a la mano, ni con las enseñanzas de la historia y del pensamiento social y político sofisticado. ¿Por qué no abordar ya la cuestión social contemporánea, con las ideas, recursos y voluntades con los que todavía contamos? ¿Tenemos que esperar a que alguna versión de save the children venga en nuestro auxilio? ¿No es esto pensamiento utópico del peor?

3. Más de diez años lleva el país embarcado en una empresa formal para defender los derechos humanos. Sus derechos. Son pocos años, pero algunos hasta se han cansado y empiezan a buscar en la figura misma del ombudsman la explicación de su fastidio o de las fallas evidentes de la justicia que afloran por todos lados. En realidad, más vale admitir que sin un régimen claro de defensa y avance de los derechos humanos, sin una incorporación activa y comprometida del país a la “era de los derechos” que diría Bobbio, no hay democracia moderna ni creativa. Reforzar las Comisiones en vez de amputarlas, respetarlas como forma de exigencia cívica, más que calumniarlas como forma de minarlas, es lo que debería estar en la orden del día del Estado, los partidos, los medios de información, pero no está, y eso sí que es grave en esta hora temprana del nuevo régimen que no acaba de definir perfil y camino. Una definición estricta del nuevo gobierno, de los partidos y de la prensa, sobre el estatuto de los derechos humanos no sería redundante sino que es obligado. De ahí en adelante se puede revisar leyes y reglamentos, volver sobre el tema de la procuración judicial y sus relaciones siempre tensas con la defensa de los derechos de las gentes, etcétera, pero no al revés, como lo quieren hacer estultos vengadores de agravios inventados, que sus respectivos héroes dicen haber sufrido a manos de los crueles ombudsman que no pueden hacer otra cosa que investigar y, en su caso, recomendar. Por cierto, ombudsman viene del sueco y nada tiene que ver con el género.

4. La (in)seguridad se ha vuelto fuente de todos los males, así como de casi todos los pretextos. Requerimos de un Estado comprometido con la seguridad de sus mandantes, digamos, y el tema lleva muy lejos. Hay quienes por analogía y extensión vuelven a inventar un “Estado de la seguridad nacional” donde todo cabe, de la ecología al agua, de los desastres naturales al terrorismo o el crimen internacional organizado. Si no hay guerra a la vista, ni invasión de la que valga la pena ocuparse, lo que habría que hacer, casi para empezar, es repensar el papel de las fuerzas armadas y darle a los civiles los mandos efectivos para el encargo de la seguridad interior del Estado, que es de lo que en verdad hablamos. Pero eso, a su vez, nos refiere al tema de quién vigila al vigilante y quién cuida al cuidador. Y ahí sí que ¡cuidado! Pero ni modo, llegó también la hora de que conversemos y decidamos, aun a riesgo de equivocarnos. Inventar nuevos cenáculos de notables, émulos de los good old boys de Oxbridge, o de los eggheads de la “comunidad de inteligencia” gringa, puede probarse el peor de los métodos. Arriesguemos con el Congreso, así como está, y pronto. Antes de que todos acabemos disfrazados de James Bond o, peor, de J. Edgar Hoover.

5. No hay agenda sin ecología, ni ecología que no nos ponga de frente a la modernidad y sus embates contra la naturaleza. De no perder esta última, lo que nos queda de ella, como la Lacandona, sin renunciar a estar en el mundo que es irremediablemente moderno, es de lo que se trata. El desarrollo sustentable es meta movible, inspiración a volver entraña, pero no hay espera posible que no sea cada día más costosa. Hoy, sin embargo, estamos en una encrucijada que no se va a saltar inventando nuevos chivos expiatorios.

Agenda tenemos y puede abrumarnos de sólo recitarla. Lo que no aparece por ningún lado en esta madrugada de la pluralidad es el actor, la agencia, que pueda desentrañarla y volverla política y políticas. Este es, en realidad, el atorón en el que estamos. Lo otro es contingente, hasta la recesión que llegó sin pedir permiso.

Los libros sobre la mesa

Anthony Giddens montó una extensa y en ocasiones intensa conversación con su colega Christopher Pierson. Con- versations with Anthony Giddens, Making Sense ofModernity (Polity Press, GB, 1998) da cuenta de las preocupaciones y prioridades del incansable autor de la Tercera Vía, que ahora se ha metido de cabeza en la política internacional y de su país, como director de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, y como pensador activo en pro de una difícil renovación de la social democracia. Aparte de una útil introducción a la sociología de Giddens, de Martin O’Brien, el libro tiene siete entrevistas, donde se da la vuelta a la modernidad y a la política “más allá de la izquierda y la derecha”, los clásicos y las teorías de la estructuración que

llevaron al pensador inglés a la fama y el reconocimiento de sus pares, no siempre de buena gana. El libro termina con tres artículos breves de Giddens y una jugosa plática del sociólogo con George Soros (“Más allá del caos… y del dogma”).

Arturo Warman nos obsequia un volumen decisivo, que no definitivo, sobre el gran olvidado de este jubileo: el campo mexicano y sus personajes, que hace unas semanas volvieron a decir que siempre sí existen, aunque bien cambiados en atuendo y perspectivas. El campo mexicano en el siglo XX (Fondo de Cultura Económica, México, 2001) será referencia obligada para un debate que se ha mantenido bajo la alfombra por demasiado tiempo. Esta es apenas una noticia. Seguiremos informando.

Raúl Trejo no da tregua a sus lectores ni al objeto vital de su reflexión y crítica, los medios y sus esquivos, equívocos, pero determinantes fines. Fruto de largos meses de dedicación y con un doctorado de por medio, Cal y Arena pone a circular ahora Mediocracia sin mediaciones. Prensa, televisión, elecciones. Este libro de Raúl Trejo deberá coadyuvar a un debate que, un día sí y otro también, la democracia mexicana ha preferido rehuir. De vez en vez se montan tribunales sumarios o ceremonias sacras, para condenar o adorar, en cada caso, a la “bestia negra” o al “becerro sagrado” en que se ha querido convertir a la mundana actividad de la información y la comunicación. Lo que no se puede soslayar es la necesidad ingente de una deliberación con propósitos legislativos e institucionales que requiere de puntos de partida y plataformas de rigor y detalle como la que ahora nos ofrece Raúl Trejo. Habrá que volver al texto y a su autor. N

Manzanillo, Colima, San Pedro Mártir, DF.

8 de agosto de 2001.

Madero: El optimismo y la tragedia

MADERO: EL OPTIMISMO Y LA TRAGEDIA

POR RICARDO PÉREZ MONTFORT

Si vieras chiquita y ay cuánto te quiero nomás porque dices: ¡Que viva Madero! Si tu me quisieras como yo te quiero iríamos los dos a pelear por Madero.

Chinita Maderista.

En 1982, Eduardo Blanquel, conocedor profundo de la vida y quehaceres de Francisco I. Madero, escribía en un editorial imaginario del suplemento histórico periodístico Tiempo de México el siguiente párrafo: “Vivimos este otoño de 1910 iluminados por el resplandor de un sol poniente. Algo en el aire frío de octubre indica que el otoño lo es también de una época. El cielo nocturno nos deja ver al cometa Haley. Sin duda no señala, como creen los supersticiosos, el fin del mundo. Pero sí se diría que su paso por el firmamento corresponde en efecto al fin de un mundo”.

Personaje capital en el finiquito del universo porfiriano y la emergencia del mundo vertiginoso y confuso de la revolución mexicana, Francisco 1. Madero, como la mayoría de los hombres que impulsan y protagonizan cambios trascendentales, fue visto desde muy diversos ángulos. Múltiples páginas contradictorias se escribieron sobre el personaje, sus ideas y sus proyectos, desde tiempo antes de la aparición de su libro La Sucesión Presidencial de 1910 a finales de 1908. Pero este texto fue, como es muy sabido, la flecha que él lanzara para dar en el blanco de los anales dorados de la historia nacional. A partir de entonces quienes se han ocupado de su persona e ideales suman cientos de miles, y oscilan desde los panegíricos más descabellados hasta las deturpaciones más malévolas.

Según la versión clásica de la historia patria, Madero fue el hombre que impulsó la caída del antiguo régimen porfiriano y encauzó la transformación revolucionaria de un México que terminaría por arrasarlo a él también, sin darle mayor oportunidad de conocer los frutos de su propia lucha, Una vez asesinado, en febrero de 1913, Madero se convertiría en símbolo nacional y bandera revolucionaria de una fuerza por demás avasalladora, con la que quizás él mismo no hubiera estado tan de acuerdo.

Sin embargo, mucho de lo que pasó después de 1913 fue justificado con razones que lo involucraron directamente, aunque poco tuvieran qué ver con sus ideales y su concepción de la democracia. La idealización de su figura iría separando al hombre de su tiempo, para convertirlo en santo y razón de la lucha revolucionaria, y nombre de una de las calles principales del centro histórico de la ciudad de México y el mismísimo país. Más adelante se le elevaría a héroe máximo del panteón oficialista, figura imprescindible de discursos y manoseos demagógicos, llegando hasta nuestros días como modelo de pulcritud democrática. La dimensión beatífica que caracteriza su imagen, sin embargo, lo aleja de su dimensión vital y de su propia experiencia, cargada de muchos logros, pero también de innumerables sinsabores. Su época lo vio elevarse a extremos delirantes de popularidad pero también alinearse en los espacios de la decepción y la falta de entendimiento de los problemas más agudos de un amplio sector de la población mexicana. Si en un principio —1908 al910— gozó de un amplio apoyo popular ganado a pulso, una vez en el poder sus propios correligionarios lo fueron abandonando para dar soporte a sus viejos enemigos. Zapatistas y orozquistas primero, y felicistas y reyistas después, todos contribuyeron a la caída de ese Madero que llegó al poder con un refrendo popular de 19,996 votos el 6 de noviembre de 1911.

Pero recuperando una imagen un tanto menos ideal y más vital, este hombre de gran iniciativa y habilidad política inicial, incluyendo sus aparentemente extraños usos del esoterismo y los juegos sucios de su hermano Gustavo, aparece como personaje ligado sobre todo a la tolerancia y al principio optimista en la interpretación de sus tiempos. Una fe particular en la voluntad popular y democrática así parece confirmarlo. Tanto así que en dichos principios se fincan sus seguridades hasta el momento mismo en que es llevado a la muerte en Lecumberri el 22 de febrero de 1913.

Ese optimismo produce la idea de que quizá la mayor tragedia de Madero fue haber llegado al poder. Una vez ahí sus enemigos arreciaron sus ataques sin tregua alguna y con métodos cada vez más violentos lograron su derrocamiento. Según el general Porfirio Díaz, Madero fue el principal responsable de desencadenar al tigre de la violencia mexicana a partir de 1910. Sin embargo, otros personajes mucho más ligados al régimen porfiriano fueron los que se empeñaron en azuzar a la bestia y terminaron ofreciéndole la cabeza de Madero como presa de caza en 1913.

Así durante los años que van desde 1908 a 1913 don Francisco no sólo protagonizó el fin del universo porfiriano sino que también participó en el despertar de otro mundo que no le dio mucha oportunidad a la hora de compartir sus optimismos. Más bien este mundo renaciente le fue consumiendo su vida, destrozándosela de zarpazo en zarpazo, hasta construir una de las manifestaciones más crueles del pesimismo: el abandono de sus partidarios y su inefable camino a la muerte. La traición de ese fatídico febrero de 1913 parecía rememorar los versos de aquel clásico corrido maderista recopilado por Vicente T. Mendoza que se ha vuelto lugar común en la citas maderistas y que iniciaba sus versos también con una referencia al cometa Haley:

Cometa, si hubieras sabido lo que venías anunciando nunca hubieras salido por el cielo relumbrando.   n

Dinero y comunicación social

DINERO Y COMUNICACIÓN SOCIAL

POR MARIO GUILLERMO HUACUJA

Concebidas para difundir las tareas de gobierno, atender a los periodistas y satisfacer las necesidades de información, las oficinas estatales y federales de prensa se han convertido, gracias a su obsesión por la imagen y el rating, en promotoras distinguidas del culto a la personalidad.

Las acusaciones más graves de los últimos meses se han hecho contra dos ex jefes del gobierno capitalino, ambas por supuesta malversación de fondos. Al margen de los intereses políticos que se pusieron en juego —el Procurador Samuel del Villar contra Oscar Espinosa Villarreal y la diputación opositora de la Asamblea Legislativa del DF contra Rosario Robles—, llama la atención el hecho de que los montos de las acusaciones sean elevadísimos, y que ambos se refieran a gastos de comunicación social.

¿Por qué el Gobierno del Distrito Federal tiene un presupuesto tan abultado en la partida 3600 del presupuesto, que se refiere a servicios de impresión, publicación, difusión e información? En los tiempos de Espinosa Villarreal esa partida superaba los 450 millones de pesos; con Rosario Robles bajó a 275, y en la actualidad tiene 213. Es una tendencia decreciente, sin duda, pero sigue siendo muy elevada si la comparamos con el presupuesto de comunicación social de otras dependencias, y sobre todo si la medimos con el presupuesto de programas y unidades administrativas que resultan prioritarios para el país. La Dirección General de Protección Civil de la Secretaría de Gobernación, por ejemplo, que se dedica a organizar la ayuda a los damnificados por desastres naturales, tiene un presupuesto un poco mayor a los 137 millones. La Dirección General de Prevención y Tratamiento de Menores de la Secretaría de Seguridad Pública cuenta con algo más de 141 millones. El Programa de Becas e Intercambio Educativo del propio Gobierno del Distrito Federal tiene 123 millones. Y una clínica de la Secretaría de Salud, con cuatro consultorios para la atención de primer nivel, cuesta un promedio de 700 mil pesos actualmente. Eso significa que con el dinero que invierte el Gobierno del Distrito Federal en comunicación social, se podrían construir más de 300 clínicas para la población abierta.

Las oficinas de prensa de las dependencias gubernamentales se establecieron para difundir las obras del gobierno, atender a los periodistas y satisfacer las necesidades de información de la población. Además, tanto la prensa escrita como los medios electrónicos se utilizaron para promover la participación ciudadana, como en las campañas de vacunación y alfabetización. Esta función se fue desvirtuando: el pago de notas y los sobres a los periodistas se multiplicaron, las ventas de los espacios para desplegados se convirtieron en otra forma de intercambiar servicios, y los medios empezaron a operar como los voceros semioficiales del Estado.

Aunque todo esto ha cambiado radicalmente en los últimos años, y hoy tenemos unos medios con un poder muy superior al de muchos jueces, legisladores y secretarios de Estado, nuevas formas adulteran lo que debe ser la comunicación social del gobierno. Gracias a la desafortunada convergencia de líderes políticos, intereses partidarios, publicistas, empresarios de los medios electrónicos y creadores de imágenes, hoy la difusión de obras gubernamentales sirve como el telón de fondo para lanzar campañas políticas de funcionarios públicos cuyas metas resultan sumamente distantes. Así. el culto a la personalidad ha pasado de la exposición de las figuras de los líderes en grandes mantas callejeras a la repetición de sus imágenes en los spots televisivos.

En esta metamorfosis, donde ciertos medios compiten para ganar los favores del gobierno, la televisión lleva una delantera impresionante. Con un poder de penetración infinitamente superior al de cualquier medio impreso, la televisión se ha convertido en la obsesión central de los encargados de la difusión de las actividades gubernamentales. Por eso hay que instalar un monitoreo permanente de las pantallas, acercarse a los empresarios del ramo, mimar a los conductores, multiplicar vínculos afectivos y, por supuesto, pagar tiempos en horarios triple A. No importa que los 20 segundos cuesten medio millón de pesos. El triunfo de mi candidato en las próximas elecciones o el índice de popularidad de mi funcionario es un dividendo que justifica plenamente mi inversión en la clásica relación costo/beneficio.

Con esta lógica, y ante la evidencia de que el gobierno tiene ciertos recursos pero carece de creatividad e imaginación, las dependencias contratan empresas de publicidad que tradicionalmente promocionan artículos de consumo doméstico. Bienvenidos los Publicorp, Creatum, Leo Burnett y Alazraki. Necesitamos imágenes corporativas, mensajes simplificados, uso de personajes reconocidos, testimonios de la sociedad en lugar de rollos burocráticos. Que vengan los cómicos y cantantes. Urgen nuevos jingles, lemas pegajosos.

Las firmas que realizan encuestas han florecido también al calor de la política que privilegia el sentir de la opinión pública. Lo que antes hacían empresas reconocidas y especializadas como Gallup o Mitovsky, es una nueva divisa de las oficinas gubernamentales. Para medir el pulso de la opinión pública, se contratan encuestas de casa en casa, sondeos telefónicos, grupos de enfoque, que entran en acción trimestralmente, mensualmente, remanal-mente, a veces a diario.

Con el fin de someter al criterio de la ciudadanía todo tipo de decisiones, y evaluar las acciones del gobierno, la demoscopía —ciencia de los sondeos—se ha convertido en la nueva religión de los funcionarios públicos, y la popularidad su máximo valor. Si hay una crisis en puerta, que Dios nos agarre encuestados.

El presupuesto de las unidades de comunicación social de las diferentes dependencias gubernamentales se utiliza básicamente para pagar inserciones en los periódicos y revistas, elaborar publicaciones propias y folletería, realizar spots para radio y televisión, comprar insumos para las carpetas informativas y material fotográfico, cubrir los viáticos de las giras de los funcionarios. El propósito es mantener informada a la población de los programas y las actividades del gobierno, así como informar a los funcionarios de las noticias que les competen.

Sin embargo, tal y como sucede con una gran cantidad de conceptos presupuestales, el presupuesto de comunicación social no se ciñe a los lineamientos del Plan Nacional de Desarrollo, ni a un programa gubernamental de comunicación social, ni a nada que se le parezca. Simplemente, la distribución de sus montos obedece más a las inercias presupuestales que a las necesidades de información de la sociedad.

Un repaso al resumen programático económico-financiero del presupuesto del año en curso indica que los servicios generales del gasto corriente de las unidades de comunicación social de las dependencias gubernamentales se concentra básicamente en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (155,281,800) y en la Presidencia de la República (146,189,772). Luego, aunque a gran distancia en cuanto a montos, aparecen las dependencias del área de desarrollo social como Salud (44,552,598), Desarrollo Social (22,177,327) y Educación (21,889,652). Más abajo están Economía (16,617,500), Agricultura (14,595,250), Trabajo y Previsión Social (10,118,408), Energía (8,665,587), Turismo (8,043,100), Relaciones Exteriores (7,000,000) y la Contraloría (6,800,800). Al final, con menos de 5 millones de pesos cada una, aparecen las Secretarías de Medio Ambiente, Reforma Agraria, Defensa Nacional y Comunicaciones y Transportes. La Subsecretaría de Comunicación Social de la Secretaría de Gobernación, que siempre ha duplicado las funciones de diseñar la política gubernamental con la Dirección de Comunicación Social de la Presidencia, cuenta con un presupuesto de 33,835,078.

En este panorama, lo primero que se descubre es la desigualdad en el reparto de recursos. Vistos los presupuestos globalmente, incluyendo los sueldos del personal y los materiales utilizados, resulta que tres dependencias —la Presidencia de la República, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y el Gobierno del Distrito Federal— concentran el 55% del presupuesto, mientras que hay 9 dependencias que no rebasan, cada una, el 2% de los recursos financieros.

La desigualdad en el presupuesto plantea varios problemas. Primero, que no existe un plan de comunicación social a nivel federal que explique las diferencias de recursos entre las distintas dependencias. ¿Por qué, si sabemos que México podría vivir casi exclusivamente del turismo, la difusión de sus posibilidades tiene poco más del 1% del presupuesto global? ¿Por qué el presupuesto de la unidad de comunicación social de Hacienda es siete veces superior al que tiene la Sedesol para los mismos fines? ¿Por qué necesita tantos millones de pesos el Gobierno del Distrito Federal para la difusión de sus obras?

En segundo lugar, vale la pena reflexionar sobre el destino de los mayores presupuestos. ¿Cómo gastar partidas presupuestales superiores a los cien millones de pesos, cuando las publicaciones gubernamentales son reducidas y las inserciones en los diarios se limitan a las épocas de campaña? Muy fácil: contratando empresas que cobran su creatividad como si fuese el producto más escaso en un país de cretinos, y pagando a las televisoras los mensajes que se transmiten en los mejores horarios. El minuto al aire está costando arriba de un millón de pesos.

Según el informe del gasto público correspondiente al primer trimestre del año en curso, se ejercieron 297,603,000 pesos en el concepto 3600, de los cuales los gastos de difusión y campañas de información ascendieron a 254,505,000, y corrieron por cuenta de Pronósticos Deportivos, el IMSS, la Lotería Nacional, Pemex y la Presidencia de la República, entre otros. Esto confirma que los gastos más importantes se realizan en la producción y distribución de spots publicitarios, básicamente en la televisión y, a un costo menor, en la radio.

Por otra parte, la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía realizó la difusión de mensajes gubernamentales mediante el uso del tiempo que le corresponde al Estado a través de 518 canales de televisión, por un total cercano a las 20,000 horas de transmisión. Las campañas que se difundieron fueron Educación Cívica, Presupuesto 2001, Plan Nacional de Desarrollo, 100 Días de Acciones, Cenizas Volcánicas, Bienvenido Paisano, Fomento a la Lectura, Reforma Fiscal, Primera Semana Nacional de Salud, Conasida, Fox Contigo. Las dependencias y organismos que utilizaron este recurso fueron, entre otras, la Presidencia de la República, el Instituto Federal Electoral, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, los Gobiernos de los estados, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Salud. Hay dependencias que no están utilizando los tiempos oficiales, y hay otras que utilizan exclusivamente los tiempos comerciales.

En las oficinas de comunicación social hay recursos desperdiciados. Existe una cierta infraestructura instalada y, aunque nadie lo crea, también hay la suficiente creatividad como para elaborar productos propios. Además, el Centro de Producción de Programas Informativos Especiales de la Presidencia (Cepropie) tiene equipos que puede proporcionar a las dependencias que no cuentan con infraestructura, con lo cual la contratación de las empresas productoras puede reducirse a su mínima expresión.

Por lo demás, los tiempos oficiales son suficientes para tener una presencia importante en todos los horarios, y pueden utilizarse de acuerdo a políticas y programas que resulten prioritarios. Los mensajes deben responder más a las necesidades de la población y a los calendarios civiles y naturales, y menos a las necesidades coyunturales del gobierno. Eso significa privilegiar a las campañas de vacunación, la prevención de desastres, las inscripciones del ciclo escolar y el combate a la inseguridad pública, en lugar de la difusión de logros a los 100, 200 o 300 días de gobierno. Por eso es necesaria una definición de prioridades, una reasignación del presupuesto de comunicación social, un uso mucho más eficiente de los recursos disponibles y, sobre todo, una separación de la política y la propaganda. Si lo que queremos es un gobierno honesto, eficiente, transparente y capaz de entregar buenos resultados, es preciso dejar atrás el culto a la personalidad, el privilegio de la imagen, la obsesión por la popularidad y la idolatría al rating. Que me perdone Marshall McLuhan pero, en este caso, el medio no es el mensaje.  n

Un revolucionario conservador

UN REVOLUCIONARIO CONSERVADOR

Jorge Amado

El lunes 6 de agosto murió el novelista brasileño Jorge Amado. Incluso quienes no lo han leído, han leído algunas de las películas basadas en sus libros, como Doña Flor y sus dos maridos y Tieta do Agreste. Fue traducido a 40 idiomas, vendió 20 millones de libros y dejó sin terminar el número 34 de ellos. Fue comunista y pasó muchos años en el exilio; Bahía de Todos los Santos, en Brasil, fue su Itaca y su Macondo. De él ha dicho su amiga de toda la vida, la escritora Lygia Fagundes Telles, que era un revolucionario conservador (Time, agosto 20-27, 2001). Y define: “Un consenador es alguien que preserva, defiende y acoge cualquier cosa que esté en peligro de extinción”. Lygia Fagundes quiso despedirlo con unos versos del poeta romántico brasileño, del siglo XIX, Castro Alves, como un lema para Amado: “La libertad pertenece al pueblo, igual que el cielo pertenece al cóndor”. Fue querido como escritor y como persona. Quizá podría decirse de él, con una frase adaptada de otro poeta del XIX, el francés Jules Laforgue: “Un alma bella, de las que ya no se hacen más en Bahía”. n

Los mitos, los hechos

LOS MITOS, LOS HECHOS

POR LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

MITO 1

Que las culturas americanas fueron tan grandes como las de Asia, Noráfrica y Europa del sur (la del norte fue salvaje más tiempo).

HECHO 2

Medimos el avance de una cultura por el desarrollo de a) agricultura y ganadería, b) minería, c) pensamiento y arte. En agricultura. los pueblos del Viejo Mundo descubrieron la domesticación de plantas y animales cuatro mil años antes que los americanos, en buena medida porque partieron de mejores plantas y animales silvestres. En minería medimos las culturas por “edades”: la edad de piedra, cuando los instrumentos principales eran de piedra; la de bronce cuando se descubrió y empleó esa aleación; de hierro cuando las armas de ese metal vencieron a las de bronce. Bien: todos los pueblos americanos permanecieron en la edad de piedra, ninguno descubrió el bronce ni mucho menos el hierro; eso contribuyó, en mucho, a su derrota cuando se encontraron frente a las tropas europeas. Para la expresión del pensamiento resulta indispensable la escritura: los pueblos americanos no desarrollaron nada comparable a la escritura china, caldea o fenicia. En arte algunos pueblos americanos presentan obras maravillosas en pintura y escultura: pero su arquitectura es pobre porque no inventaron la manera de espaciar las columnas y cuando las emplearon fueron de lo más rudimentarias. En cambio, la arquitectura panorámica de Teotihuacán y Monte Albán está a la altura de cualquiera como diseño de paisaje. Hubo en mayas, incas y aztecas observación acuciosa de los astros, cálculo matemático, pero eso no se convirtió en astronomía porque no buscaron las explicaciones en los astros mismos, sino en los dioses. Por eso no pasaron de la observación y la predicción a la ciencia, ni siquiera ciencia equivocada. Con sus observaciones del cielo, los mayas hicieron más religión.

MITO 2

Que los españoles destruyeron el imperio maya.

HECHO 2

El imperio maya tuvo su último esplendor hacia el año 700 de nuestra era y su agonía se prolongó hasta casi el 900. Cuando los españoles llegaron a esa región hacía, pues, 600 años que sólo quedaban tribus dispersas con lenguas que ya no se comprendían entre sí. Las grandes ciudades mayas no las conocieron ni los conquistadores ni los conquistados porque estaban cubiertas por la selva desde siglos atrás. Fueron comenzadas a descubrir en el siglo XIX, mil años después de abandonadas. La caída del imperio pudo deberse, entre diversos motivos, a la peor sequía en siete mil años, según se ha comprobado con sedimentos de lagos en Yucatán. Además, por supuesto, hubo motivos políticos: una jerarquía que no supo resistir los años sin lluvia, y sociales, como el deterioro de las tierras causado por los métodos de tumbar y quemar selva, método que lava la tierra.

MITO 3

Que los españoles conquistaron a los aztecas.

HECHO 3

La gran ciudad de Tenochtitlan y sus alrededores sumaban algo así como medio millón de habitantes. Era quizás el conjunto urbano más grande del mundo en el siglo XVI; Los españoles llegados con Hernán Cortés no pasaban de 300. Pero los aztecas eran de tal manera odiados por los pueblos vecinos subyugados, que no fue difícil sumar a decenas de millares contra el temido y aborrecible imperio. La gran masacre de agosto de 1521. con la que comenzó a formarse México, tuvo lugar entre indios comandados por españoles e indios aztecas que aún tenían armas de la edad de piedra: garrotes incrustados de piedras filosas. Armas que. en lo que fue luego España, habían sido superadas por las de bronce 4,000 años antes.

MITO 4

Que durante 300 años de gobierno español el pueblo mexicano estuvo oprimido por un poder extranjero.

HECHO 4

El “pueblo mexicano”, al momento de la Conquista, no existía tía. En lo que sería México había una multitud de culturas diversas, unas se consideraban a sí mismas civilizadas y otras eran tenidas por los civilizados, por ejemplo los aztecas, como salvajes y las llamaban chichimecas. En efecto: los aztecas ya eran un pueblo sedentario cuando las tribus del norte seguían formadas por cazadores-recolectores. Así pues, unos y otros se veían con desprecio y no tenían ningún sentimiento de nación como conjunto. El sentimiento de pertenencia a un pueblo tuvo su nacimiento precisamente con la Conquista y la asimilación de todas las naciones indias en la unidad política llamada primero Nueva España y luego México. Con los siglos, mestizos y criollos crearon por primera vez lo que podríamos llamar “identidad mexicana”.

MITO 5

Que la Independencia fue la recuperación, por parte de los mexicanos, de su nación, perdida 300 años atrás con la Conquista española.

HECHO 5

No se puede recuperar lo que no existía, y no existía ni la nación mexicana ni la identidad de “pueblo mexicano”. La Colonia fue más bien el largo periodo de gestación que terminó en un doloroso parto una vez que la criatura, ahora sí nombrada “pueblo mexicano”, pudo vivir como individuo distinto. Para que existiera México fue necesario un cambio de población humana, animal y vegetal. Llegaron de fuera no solamente barbas y bigotes, sino pan, trigo, arroz, cebada, avena, los caballos de nuestros charros, los burros de nuestros indios, las vacas con su leche y sus quesos, los cerdos para las carnitas, borregos, naranjas, limones, zanahorias, las sandías de Tamayo, los fresnos de nuestras calles, jacarandas, mangos… casi todo lo que muestran nuestros coloridos mercados.

MITO 6

Que la Independencia la debemos al cura Miguel Hidalgo.

HECHO 6

La rebelión del cura Hidalgo, iniciada en septiembre de 1810, no cumplió ni el año. A mediados de 1811 ya habían sido detenidos, fusilados y decapitados él y los insurgentes que nos darían calles, avenidas y monumentos, pero no independencia. México no alcanzó su independencia hasta diez años después, en 1821, sin guerra ni sangre: por un pacto, por una negociación entre el Ejército con sus criollos y mestizos de una parte, y el nuevo y sensato virrey.

MITO 7

Que el presidente Antonio López de Santa Anna vendió Texas, California, etcétera.

HECHO 7

Los texanos se declararon independientes de México porque no soportaron más la tiranía de Santa Anna ni las leyes para el control de la inversión ni la exigencia de ser católicos. Eran inmigrantes europeos que venían a América huyendo de las excesivas regulaciones para la producción y para el capital en sus países de origen y se encontraban con lo mismo en la Texas mexicana. Una vez independizados, los texanos pidieron su anexión a los Estados Unidos, entonces una nación pequeña que sólo tenía costas al Atlántico, pero con libertades para el trabajo y el capital que no existían en Europa ni aquí. El enorme y poderoso México había dicho que consideraría casus belli (motivo de guerra) esa unión. Los Estados Unidos, que ambicionaban muchos años antes extenderse hasta el Pacífico, declararon la guerra que México no deseaba, aunque hubiera ocurrido el casus belli, y la ganaron porque ya entonces la libertad de comercio, la libertad de religión y las facilidades para la industria, que no existían en el siempre proteccionista gigante del sur, los habían convertido en una potencia media.

MITO 8

Que la Revolución de 1910 fue para derrocar a Porfirio Díaz.

HECHO 8

Francisco I. Madero, sin derrotar al Ejército, consiguió la dimisión y huida del dictador, llamó a elecciones, las ganó y tomó posesión de la Presidencia. Todo en un año. Pero la revuelta comenzó cuando Emiliano Zapata, a los 20 días (sí: a los 20 días) del nuevo gobierno democráticamente elegido, se levantó en armas contra el presidente Madero.

MITO 9

Que Zapata se levantó en armas por “Tierra y Libertad”.

HECHO 9

El motivo central que da el propio Zapata en su Plan de Avala es que no le gustó que para la vicepresidencia hubiera ganado las elecciones José María Pino Suárez. La tierra la menciona en segundo término y no pide expropiaciones

sino reparto agrario con pago de las tierras repartidas. Cada jefe militar o político, empezando por Zapata, siguiendo con Victoriano Huerta, tuvo sus razones para alzarse en armas y pelearon todos contra todos. No hicieron las paces sino hasta tiempos de Calles y la fundación de un partido que los puso a hacer cola disciplinadamente en vez de dispararse. El mismo que duró en el poder el doble que Porfirio Díaz y que vimos caer apenas el 2 de julio del año pasado.

MITO 10

Que somos un país pobre porque Estados Unidos nos tiene las venas abiertas.

HECHO 10

Pudimos ser nosotros los que abriéramos las venas de los pequeños y dispersos Estados l nidos. Pero no supimos atraer la mano de obra europea, calificada y barata, que emigraba de sus países con cada crisis, en busca de mayores libertades.

Aquí, desde Morelos con sus Sentimientos de la Nación, remachamos lo que los europeos ya no soportaban: la religión única, los fueros, las regulaciones estatales para toda transacción entre ciudadanos. Huir de Inglaterra. Alemania o Polonia para ir a México, donde el catolicismo era obligatorio, la industria bloqueada como ahora con todo tipo de regulaciones y firmas y sellos y permisos, era saltar del comal al fuego. No tuvimos obreros de la siderurgia, de los textiles, de las minas porque les pusimos todas las trabas imaginables y porque existía, y todavía en muchos sectores existe, la certeza autocomplaciente de que con las artesanías de nuestros pueblos indios nos basta y sobra. Como los artesanos ingleses y franceses de la porcelana prefirieron la libertad que ofrecían las recién independizadas colonias inglesas, seguimos produciendo platos de baño, rechazados en todo el mundo por su alto contenido en plomo y porque todos salen chuecos.

MITO PILÓN

Que la guerrilla y la delincuencia son producto de la pobreza.

HECHO PILÓN

A la guerrilla se van los universitarios, rara vez los pobres. A la delincuencia se van los ex policías, ya con callo en golpear y matar. n

Los cuentos de hadas y la historia patria

LOS CUENTOS DE HADAS Y LA HISTORIA PATRIA

Toda historia es historia contemporánea. El presente reescribe constantemente el pasado. Las obsesiones de hoy tiñen de intenciones y significados nuevos los hechos de ayer. En México ha terminado una época pública y con ella una lectura de la historia. El fin de la hegemonía del PRI es el fin de la hegemonía de los valores históricos del México posrevolucionario.

Los héroes históricos de la estabilidad y la unidad nacional ceden el paso a los héroes de la diversidad y el cambio democrático. Los valores de la fundación del Estado nacional mexicano del siglo XX, un Estado incluyente y autoritario a la vez, parecen insuficientes y hasta inadecuados para la pedagogía pública del Estado plural y democrático con el que México inicia el siglo XXI Hay en el país una disputa sorda y radical, aunque civilizada y sin encono, por el nuevo significado de la historia. A la exploración de algunos rasgos de esa disputa hemos dedicado el centro de nuestra revista.

El proceso de revisión histórica colectiva que está en marcha tiene también la tarea pendiente de equilibrar los cuentos de nuestra historia patria. La historia oficial de México es particularmente fantasiosa y desequilibrada. Toda historia patria es un cuento de hadas, pero los cuentos de hadas de la de México incluyen flagrantes mentiras y aberrantes exclusiones. Es un cuento de hadas que debe equilibrarse porque apenas se la ve de cerca con cierto rigor profesional, resulta no sólo insostenible, sino contraria a las urgencias de una cultura democrática, plural, incluyente y optimista.

Nuestra historia patria glorifica la derrota y la violencia, recela de los triunfadores y de sus logros, está cruzada de rencor social y victimismo nacionalista. Sus mentiras y exclusiones introducen desde muy temprano en la conciencia infantil ambigüedades y mentiras que preparan al futuro ciudadano para la simulación cívica. El país padece una moral pública de doble vara, que empieza probablemente con la enseñanza de su historia. Por ejemplo: hay que venerar nuestras constituciones al tiempo que sabemos que no se cumple la ley.

Ofrecemos en este número unos cuantos ejercicios de búsqueda del equilibrio con textos breves que intentan desacralizar un poco a los héroes consagrados y desatanizar otro poco a los villanos favoritos.

Los Niños Héroes o el olvido

LOS NIÑOS HÉROES O EL OLVIDO

POR ERNESTO FRITSCHE ACEVES

Eran las seis de la mañana del 13 de septiembre de 1847 cuando un centenar de vigorosos jóvenes, atentos a cuanto ocurría a su alrededor, recibieron una orden apremiante: “abandonen el castillo”. La confusión fue general, unos se miraban consternados y otros más reflejaron en su rostro una alegría disfrazada de obediencia. Acatando la orden, casi la mitad de ellos se marchó en silencio.

Chapultepec lucía en ruinas: su majestuoso castillo destrozado por los bombardeos se preparaba para resistir el asalto del ejército invasor estadunidense mientras que el general Winfield Scott observaba los movimientos de sus tropas desde Tacubaya, sabiendo que una vez tomada la fortaleza quedaría abierto el camino hacia el centro de la Ciudad de México.

Por un momento la artillería estadunidense suspendió el fuego y a las ocho de la mañana inició el avance cuesta arriba. Unos siete mil soldados atacaron ventajosamente al general Nicolás Bravo, quien sólo disponía de 832 hombres repartidos en el cerro. El general Mariano Monterde, director del Colegio Militar, coordinó al medio centenar de alumnos que desafiaron la orden de evacuar el castillo. El general- presidente Antonio López de Santa Anna envió como único apoyo al Batallón Activo de San Blas, después de haber ignorado todas las peticiones de auxilio de Nicolás Bravo. Tanto el Batallón como su comandante, el coronel Santiago Felipe Xicoténcatl, fueron destrozados por el enemigo.

En las alturas la batalla duró apenas dos horas. A las diez de la mañana las tropas de los generales Pillow, Quitman y Worth se hicieron del castillo, no sin antes advertir que muchos soldados mexicanos de la Guardia Nacional desertaban acobardados de sus puestos, mientras que los cadetes del Colegio Militar se mantuvieron firmes hasta el final. El arreo de la bandera del castillo por parte de los norteamericanos marcó el desenlace de aquella jornada.

A 154 años de este hecho de armas recordamos algunos de los nombres de quienes arriesgaron sus vidas para defender su país, desobedeciendo una orden que bien los ponía a resguardo: Andrés Mellado, Hilario Pérez de León, Agustín Romero, Lorenzo Pérez Castro y Agustín Camarena resultaron heridos en el combate. Varios más sobrevivieron sólo para ver con tristeza cómo su patria era desmembrada con los tratados de Guadalupe-Hidalgo. Algunos otros llegarían a descollar en la cultura y la política de su tiempo e incluso hubo un futuro presidente del país entre los cadetes defensores del castillo, Miguel Miramón.

Pero la historia es un juez rigorista: sólo concede el oro a quienes dan su vida a cambio. Los que sobreviven, aunque su conducta sea encomiable, son relegados a un segundo plano. Chapultepec ha quedado sólidamente unido a seis nombres. Nuestros Niños Héroes son el símbolo por excelencia de aquella gesta histórica, hundiendo en el olvido al resto de sus compañeros. Extensa es la historiografía que ha exaltado la actuación exclusiva de ellos: se nos dice que Juan de la Barrera era el mayor de los cadetes y murió valerosamente combatiendo al pie del cerro. Fernando Montes de Oca fue acribillado al saltar por una ventana. Agustín Melgar murió por las heridas recibidas intercambiando disparos parapetado detrás de unos colchones. Vicente Suárez logró matar a dos norteamericanos antes de ser acribillado. Francisco Márquez era el más pequeño —tenía trece años— y su cuerpo fue encontrado al pie del cerro. Juan Escutia es indudablemente el más glorioso héroe de la gesta al haberse envuelto en la bandera y morir saltando al vacío para salvarla. Esto es, de manera específica, la información que hoy circula en la conciencia colectiva.

Edmundo O’Gorman afirma que la historia es hija de la invención y esto se puede constatar fielmente con los cadetes de Chapultepec. Imaginación y épica se mezclan en este mito histórico-patriótico. Nuestro castillo es un “santuario” como lo es El Alamo para los texanos. Pero más allá del mito está el rigor de los archivos, de los documentos que sustentan o desmienten las creencias en los héroes nacionales.

Conocerlos, interpretarlos y difundirlos es tarea fundamental, no tanto para destruir la imaginación cívica sino para mostrar el lado humano de quienes han sido considerados estatuas sagradas e intocables.

Aquel 13 de septiembre pelearon algo más de seis cadetes: las listas de combatientes, heridos y prisioneros lo demuestran. Sin embargo, en los archivos militares sólo se destaca el celo con que se custodian los expedientes de los Niños Héroes, que poco o nada nos revelan sobre la actuación de ellos en combate.

Tampoco en los partes militares rendidos días después de la batalla, oficiales mexicanos o norteamericanos dan fe de algún hecho específico atribuible a los seis famosos personajes. No obstante, la imaginación nos arroja al vacío junto a Escutia con su bandera desgarrada. Irónicamente, no hay en los archivos militares un sólo documento que compruebe siquiera la estancia de este joven como alumno del Colegio Militar antes de la toma del castillo. Lo que sí existe, para dolor de quienes tienen fe ciega en el mito, es el informe del general Pillow en donde nos afirma que el mayor Seymour del 9° regimiento arrió la bandera mexicana de su asta.

¿En dónde surge entonces el mito? En el tiempo, en el discurso conmemorativo, en el homenaje…, en el olvido de los sobrevivientes, que pelearon con igual valor y entrega que esos seis afortunados que murieron. Afortunados no tanto por haber asegurado su lugar ilustre en la historia, sino porque no sufrieron el dolor y la vergüenza de ver su patria derrotada. Los sobrevivientes, además del olvido, tuvieron que afrontar en vida el trauma de ver a su país mutilado. José Tomás de Cuéllar, escritor y combatiente en Chapultepec, expresó esa desilusión que provoca la injusticia de la memoria histórica (“A los Mártires sin nombre”, en El Correo de México del 17 de septiembre de 1867).

….¡Ay! Ni la Patria no sólo ha encontrado

 En ese campo, insignias, una espada Del jefe graduado:

Entre soldados, nada… La fama eligió a los generales;

y los demás fusiles son iguales… n

Presidencia: Nuevos cables cruzados

PRESIDENCIA:

NUEVOS CABLES CRUZADOS

El presidente Fox planteó un cambio radical en el estilo de trabajo del gobierno federal. Usó conceptos nunca oídos a ese propósito: filosofía de innovación. calidad total, gobierno competitivo. Se hicieron cambios en el gabinete y se creó la Oficina Ejecutiva de la Presidencia de la República con tres nuevas unidades estratégicas: la Comisión para el Desarrollo Social y Humano, la Comisión para el Crecimiento con Calidad y la Comisión de Orden y Respeto.

Los adjetivos que las definen pueden sonar cursis, las Comisiones son serias. Cubren amplios terrenos burocráticos y sustituyen a los antiguos “gabinetes especializados” (Agropecuario. Desarrollo Social. Económico, Política Interior. Política Exterior, Salud. Seguridad Nacional. Turismo).

La Comisión de Desarrollo Social y Humano coordina a las secretarías de Educación, Salud, Cultura y Desarrollo Social. La Comisión de Crecimiento con Calidad agrupa a las de Hacienda. Economía. Relaciones Exteriores. Comunicaciones. Medio Ambiente. Turismo, Agricultura. Trabajo y Reforma Agraria. La Comisión de Orden y Respeto coordina a los secretarios de la Defensa. Marina. Contraloría, Seguridad Pública y Procuraduría General de la República.

Primera diferencia fundamental con el pasado: antes el presidente presidía las juntas de los antiguos gabinetes. El presidente Fox sólo asiste ocasionalmente a las juntas de las Comisiones.

Segunda diferencia fundamental: antes, además de las reuniones de “gabinetes especializados”, los secretarios de Estado tenían acuerdo regular con el presidente. Hoy sólo tres secretarios conservan esa prerrogativa: Relaciones, Gobernación y Hacienda. Los demás han de desahogar sus asuntos y solicitar su acceso al jefe de gobierno a través del titular o en las reuniones de la Comisión donde quedaron sectorizados. Resultado: el contacto del presidente con sus secretarios se ha reducido drásticamente.

Problema de fondo y forma: se han creado de hecho tres superministerios (las Comisiones) que no tienen existencia legal. Carecen de atribuciones y responsabilidad tanto en la Constitución como en la ley de la administración pública federal. Las atribuciones y la responsabilidad política siguen siendo de los secretarios de Estado.

Consecuencia: los secretarios ven disminuida su relación con el presidente y su visibilidad pública. Los Comisionados tienden a ser los voceros de las buenas nuevas. Los errores tienden a quedar en la cuenta de los secretarios.

La nueva estructura de Comisiones busca que los programas de gobierno tengan coherencia, eviten duplicidades, usen mejor los recursos y den más resultados. Lo que está sucediendo es que los secretarios operan por su cuenta, los Comisionados no pueden coordinarlos y el presidente está desvinculado de los operadores reales de su gobierno.

Paralelamente a las Comisiones, funciona de manera informal el llamado “Grupo Pinos”, al que pertenecen los jefes de la oficina presidencial, los coordinadores de comunicación social e imagen, la secretaría particular y los Comisionados. En el grupo participan también los Secretarios de Gobernación, Hacienda y Relaciones Exteriores, supersecretarios de facto.

Los columnistas políticos se ocupan con frecuencia del Grupo Pinos porque es el círculo más cercano al presidente y el que más influye en sus decisiones. Ahí se discuten con libertad los temas del gobierno. Se plantea como un foro para orientar al Presidente, pero en los hechos es la instancia clave en la toma de decisiones.

Ahí se expresan y combaten las personalidades, los estilos y la capacidad argumentativa de los colaboradores más cercanos. En algún sentido se disputan la determinación del rumbo del gobierno. Dado su carácter informal, es frecuente que las discusiones no partan de estudios previamente valorados en los niveles técnicos de la administración federal. Tienden a tomarse informalmente en ese círculo decisiones que deberían tener formalidad absoluta.

Lo que se pierde en la doble informalidad de los Comisionados y el Grupo Pinos es una función del gobierno que no puede asumir sino el presidente mismo. Esa función es el arbitraje de las decisiones, la ruptura de los empates y las pugnas no sólo frecuentes sino indispensables de la administración pública.

Las secretarías pelean por recursos escasos, en dineros, atribuciones y atención del presidente. Ahí donde no hay conflicto de intereses burocráticos, algún secretario está haciendo mal su tarea: representa mal sus intereses o ejerce con poco celo sus competencias. La tarea de los secretarios es defender los intereses de su parcela. La tarea del presidente es decidir una y otra vez qué va primero, disolver las pugnas de cada día, arbitrar el juego conflictivo de sus colaboradores. Si la instancia mayor del arbitraje falta, la lógica del conflicto devora la organización, no se resuelve con decisiones sino se propaga en espiral.

Especialistas y políticos han señalado de tiempo atrás el mal diseño burocrático de la presidencia de México: línea de mando demasiado larga, excesiva concentración de decisiones, pobres controles de resultados, descoordinación crónica, fugas sin fin de recursos. Un puesto hecho, se dice, para que fracase el más pintado. El nuevo diseño del puesto busca ganar coordinación y reducir la línea de mando del Presidente —que en cualquier análisis organizacional es aberrante—, de modo que éste pueda dedicar menos tiempo a las tareas burocráticas y más a lo que juzgue fundamental, que en el caso de Fox es estar cerca de la gente.

El cambio introducido no funciona bien por una razón obvia: los Comisionados y el Grupo Pinos no pueden sustituir al Presidente en sus funciones de decidir y arbitrar. Tampoco pueden asumir las atribuciones y las responsabilidades de los secretarios, por la sencilla razón de que no las tienen.

Viejos cables cruzados en la presidencia han sido sustituidos por nuevos cruces. Y el presidente Fox parece haber perdido las habilidades administrativas que tenía. n

El regreso de Ishiguro

EL REGRESO DE ISHIGURO

La más reciente novela de Kazio Ishiguro acaba de ver la luz en España. Se trata de Cuando fuimos huérfanos (¿no suena mejor Cuando éramos huérfanos?). Con esta quinta novela de Ishiguro volvemos a sentir los poderes de un encantador de serpientes. La serpiente, en este caso, tiene la forma de la indagación detectivesca. El caso es que Cuando fuimos huérfanos persigue uno de los fines más queridos por la literatura: interrogar al pasado, convertirlo en materia infaltable del presente. Vale decir que en Ishiguro confluyen Oriente y Occidente, la memoria y el olvido, el arraigo y el desarraigo. Gracias a él sabemos que la infancia es tierra extranjera. Y comprobamos también que nada sustituye la imagen del primer hogar. De entre las muchas incertidumbres que nos deja Ishiguro nos quedamos con aquella que se resuelve en la oscuridad: es frecuente que la indagación del pasado no conduzca nunca a la verdad. n

¿Competente o competidor? El Estado y los mecenas

¿COMPETENTE O COMPETIDOR? EL ESTADO Y LOS MECENAS

El 12 de agosto se dio a conocer un borrador del Programa de Cultura 2001, elaborado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. El 22 de agosto daría a conocer la versión definitiva Sari Bermúdez, su presidenta. Entre líneas se asoman algunas buenas y algunas malas noticias. Una de las buenas noticias del programa es el énfasis en el libro como eje rector del proyecto de cultura; una de las malas noticias es que el Estado se sigue poniendo en tal eje como editor de libros. Otra de las buenas noticias del programa es que el Estado se propone lograr, como nunca antes, financiamientos de instituciones privadas; otra de las malas noticias es que el Estado, si logra a fondo su plan de financiamiento, acabará por ejercer el monopolio de los Mecenas.

Sobre lo primero: debe insistirse, como se ha hecho en Nexos anteriores, en que no hay en el mundo industria editorial importante allí donde el Estado no libera el libro de texto, el único mercado realmente cautivo del libro. Mientras esto no ocurra en México, hay que alarmarse por otra proclividad del Estado: imprimir libros, y muchos, y muy baratos. Esto va contra las pequeñas empresas editoriales, sabedoras de lo que cuesta cada libro. Poca la demanda, y dilapidarla en libros subsidiados. ¿Quiere decir que el Estado no debe invertir en libros? No; quiere decir que debe invertir en bibliotecas y en las editoriales privadas serias que puedan y deban surtir a esas bibliotecas.

Sobre lo segundo: las pequeñas empresas culturales saben que no son viables sin el patrocinio de empresas privadas. Mejor dicho: estas pequeñas empresas culturales saben que pueden vivir de la venta estricta de sus productos, pero no sobrevivir sin anunciantes ni patrocinadores privados. ¿Quiere decir que el Estado no debe acudir a las Mecenas? No: quiere decir que no debe usar su fuerza para allegarse todos los recursos de los patrocinios privados, de modo que cuando una pequeña empresa cultural toque a las puertas del patrocinador éste sienta y dé por sentado que ya contribuyó, y en grande, al financiamiento de la cultura. En este aspecto el Estado debe ser no la puerta, sino la bisagra, entre los Mecenas y las pequeñas empresas culturales. Un Estado-Puerta o un Estado-Ventanilla de recepción de los patrocinios privados no haría, otra vez, sino mutilar la diversidad cultural al concentrar —en lo que prácticamente resultaría un monopolio por la posición de fuerza del Estado para pedir y convocar— la atención de los Mecenas.

Las pequeñas empresas culturales requieren un Estado competente, no competidor, n

Guía de perplejos

GUÍA DE PERPLEJOS

a) UNIVERSIDADES

 La evaluación del periódico Reforma sobre la calidad de las 56 universidades que hay en la Ciudad de México dio resultados impactantes. Las cuatro mejores universidades de la capital y su zona metropolitana son privadas. La antigua casa máxima de Estudios, la UNAM. ocupó el lugar 5. La UAM Azcapotzalco tuvo el 8 y la UAM Xochimilco el 9.

La evaluación fue hecha por profesores, administrativos y alumnos. Incluyó las carreras de Administración de empresas. Derecho, Arquitectura, Economía, Comunicación y periodismo, Informática, Contaduría pública. Ingeniería industrial, Medicina y Psicología.

El promedio de evaluación dio el siguiente hit parade.

1. ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México) 8.6

2. ITESM (Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey): 8.6

3. Universidad Panamericana: 8.4

4. Universidad la Salle: 8.2

5. UNAM en CU: 8.1

6. UIA (Universidad Iberoamericana): 8.1

7. Universidad Anáhuac del Norte: 7.9

8. UAM Azcapotzalco: 7.9

9. UAM Xochimilco: 7.8

10.UAEM (Universidad Autónoma del Estado de México, Atizapán): 7.6

Según esta evaluación, en la Ciudad de México el mejor lugar para estudiar administración de empresas es el ITAM; el mejor para derecho, la Escuela Libre de Derecho; el mejor para arquitectura, la UNAM en Ciudad Universitaria; el mejor para economía, el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económica); el mejor para comunicación y periodismo, la ENEP Acatlán. de la UNAM; el mejor para informática, el ITESM; el mejor para contabilidad, el ITESM; el mejor para ingeniería industrial, el ITESM; el mejor para medicina, la Universidad Anáhuac del Norte; el mejor para psicología, la Universidad de las Américas. (Fuente: Reforma. 29/7/01)

¿Cuándo publicará la SEP la evaluación sobre universidades públicas que realiza desde hace años? ¿Cuándo se harán evaluaciones públicas sobre la calidad de las escuelas públicas y privadas del país? ¿Cuándo podrán saber los padres si sus hijos van a la mejor o a la peor de las escuelas disponibles? ¿Cuándo se hará pública la calidad del bien público por excelencia que es la educación?

b) EMPRESAS

Como de las universidades, así de las empresas. Las empresas estatales aparecen apenas, aunque en lugares prominentes, junto a las 20 mayores corporaciones de México. Pemex ocupa el primer lugar como la empresa más grande de México, seguida de Carso Global Telecom y Teléfonos de México. La Comisión Federal de Electricidad ocupa el cuarto sitio y en el quinto aparece la primera empresa extranjera de la lista, General Motors. Entre las primeras veinte empresas 12 son mexicanas, públicas y privadas y ocho transnacionales, fundamentalmente del ramo automotriz (General Motors, Volkswagen, Ford, Nissan) y de la computación (IBM, Hewlett Packard).

Según Expansión, las 500 empresas mayores de México producen la mitad del producto interno bruto, unos 300,000 millones de dólares. La economía del país creció el año pasado al 5%. Las 500 empresas lo hicieron al 22%. La lista de las primeras 20 gran- dotas es como se ve en el cuadro de la página 15.

c) VIEJOS

Mientras México expulsa hacia el norte cada año 700,000 jóvenes en busca de los empleos que no encuentran aquí, su pirámide demográfica proyecta un país de viejos.

Para el año 2020 habrá en México 28 millones de personas mayores de 60 años, de los cuales 20 millones vivirán en condiciones de pobreza. La esperanza de vida habrá aumentado de 75.3 a 80.4 años.

¿Quién sostendrá a esa población crecientemente vieja, desprotegida, en un sistema de pensiones donde ocho de cada diez adultos no tienen cobertura y dos tercios de los pensionados reciben pensiones insuficientes para cubrir las necesidades básicas? (Fuente: Unomásuno, jueves 9 de agosto 2001, La Jornada 11 de julio, 2001).

d) JÓVENES

Cinco de cada 10 jóvenes entre 12 y 24 años no acuden a la escuela.

Entre 12 y 14 años asiste a la escuela el 89%.

Entre 15 y 19 años, el 57%.

Entre 20 y 24 años sólo acuden a clases el 28%.

Las razones de la deserción no son sólo económicas.

El 23% deserta porque tiene desdén por el estudio.

El 22% deserta por falta de recursos y el 18% por necesidad de trabajar.

Un 12% deserta por compromisos matrimoniales.

Sólo el 0.4% de los jóvenes que quieren estudiar planean obtener una maestría o un doctorado. (Fuente: Encuesta Nacional de la Juventud, citada en La Jornada, viernes 27 de julio de 2001.)

e) GORDOS

México ha logrado la hazaña paradójica de comer poco y tener una de las mayores poblaciones de gordos del mundo. Es uno de los tres países con mayor población de gente con sobrepeso. La Encuesta Nacional de

Nutrición 1999 reveló que 30 millones de mexicanos padecen sobrepeso, más que en Estados Unidos.

Uno de cada cuatro mexicanos padece sobrepeso según la Encuesta. Las mujeres le han pegado duro a la estadística pues el número de gordas se ha duplicado en once años. Según la misma Encuesta de once años atrás, sólo el 35.5% de las mujeres mostraban sobrepeso. En 1999 lo padecía más del 52%. ¿Será el desamor? (Fuente: Crónica. jueves 9 de agosto de 2001).

f) PAÍSES

El Informe de Desarrollo Humano 2001 muestra que los países capitalistas desarrollados son los más equitativos y los que padecen menos desigualdades sociales.

En Estados Unidos, el 20% más rico de la población tiene ingresos 9 veces mayores que el 20% más pobre.

La comparación con nuestros países da qué pensar:

En Honduras. Colombia y Bolivia. el 20% más rico tiene 38 veces más que el 20% más pobre.

En Nicaragua. 28 veces más.

En Brasil, 24 veces más.

En Chile, 18 veces más.

En México, 14 veces más. n

 

Migrantes: ¿Qué quiere México?

MIGRANTES:

¿Qué quiere México?

La llegada del presidente Fox a Washington el 5 de septiembre está llena de augurios y simbolismos. Es la primera visita de Estado que recibe el presidente Bush. Es la primera vez en doce años que coincide el cambio de presidente en los dos países. Los dos presidentes fueron gobernadores de estados con larga tradición en expulsar y en recibir migrantes. Por distintas razones, tanto para Fox como para Bush es crucial lograr un entendimiento, que fortalezca la relación bilateral y muestre su capacidad de lograr cosas concretas en su política exterior.

La agenda bilateral es amplia, pero el tema de la migración de mexicanos a Estados Unidos ocupará un lugar destacado. México ha planteado una ambiciosa agenda de cinco líneas conectadas. 1. Regularizar a los mexicanos establecidos en ese país que se encuentran indocumentados. 2. Establecer un programa de trabajadores temporales para canalizar los flujos futuros de manera legal, segura y ordenada. 3. Otorgar a México un mayor número de visas. 4. Combatir la violencia fronteriza y aumentar la seguridad los migrantes. 5. Vincular la migración con el desarrollo regional de México.

Se trata de un planteamiento sin precedente. Ha producido fuertes reacciones a favor y en contra en la prensa y en el Congreso estadunidense, autoridad máxima en la política migratoria de ese país. No puede esperarse un arreglo fácil ni rápido, pero el mensaje de septiembre marcará la pauta. El desenlace impactará de manera profunda la vida cotidiana de millones de mexicanos, más que ningún otro asunto en la relación bilateral.

Los números hablan por sí mismos:

• De acuerdo con cifras del Consejo Nacional de Población (CONAPO), más de 300,000 mexicanos establecen anualmente su residencia en Estados Unidos, cifra diez veces mayor a la registrada en los años sesenta.

• Como consecuencia de ello, cerca de 8.5 millones de mexicanos nacidos en México viven hoy en Estados Unidos, es decir, por cada 12 mexicanos que residen en México hay uno que vive en Estados Unidos.

•  Si se suman a ello los 13. 5 millones de mexicano-americanos reportados en el último Censo de población estadunidense, se tiene que cerca de 22 millones de mexicanos con vínculos familiares propios o de primera línea, habitan permanentemente en el vecino del norte.

• Entre 3 y 3.5 millones de mexicanos que viven en Estados Unidos son indocumentados, lo cual los hace vulnerables a la explotación y el abuso.

• De los 2,443 municipios que existen en el país, sólo 93 no cuentan con experiencia migratoria a Estados Unidos.

•  Más de un millón de hogares en México depende total o parcialmente de las remesas de dinero enviadas desde Estados Unidos por los migrantes mexicanos. En el año 2000 ingresaron al país 6,200 millones de dólares. Se esperan alrededor de 8,000 millones para el año 2001.

Setecientos mil mexicanos tratan de cruzar cada año ¡legalmente a Estados Unidos. Más de 400 mueren al intentarlo, deshidratados, ahogados o de otras formas dramáticas, incluidas la cacería humana.

Este es el tamaño humano del problema, el problema mayor de nuestra relación con Estados Unidos. n

Ley indígena

LEY INDÍGENA

¿Alguien recuerda qué se discute?

Podrían ganarse apuestas jugosas preguntando a supuestos enterados las diferencias entre la ley indígena que aprobó el Congreso y la que siguen reclamando los inconformes. la llamada “Ley Cocopa”, es decir, el proyecto de ley escrito por la Comisión de Concordia y Pacificación durante las conversaciones con el EZLN en San Andrés Larrainzar, en 1995 y 1996.

La ley aprobada recupera aspectos fundamentales de la “Ley Cocopa” pero rechaza abiertamente otros. Una modificación clave se refiere a la propiedad de la tierra. Según la “Ley Cocopa” las comunidades indígenas podrían acceder de manera colectiva al uso y disfrute de los recursos naturales de sus tierras y territorios, entendidos éstos como la totalidad del hábitat que los pueblos indígenas usan y ocupan, salvo aquellos cuyo dominio directo corresponda a la Nación.

La ley aprobada señala que las comunidades pueden Acceder, con respeto a las formas y modalidades de propiedad y tenencia de la tierra establecidas en esta Constitución y a las leyes en la materia, así como a los derechos adquiridos por terceros o por integrantes de la comunidad, al uso y disfrute preferente de los recursos naturales.

Diferencia fundamental: la “Ley Cocopa” sólo reconoce el uso y disfrute colectivo de la tierra. La ley aprobada establece que los indígenas pueden ser propietarios en todas las modalidades que establece la Constitución: social, comunal. ejidal y privada.

En relación a la autonomía la Ley Cocopa” propone que los pueblos indígenas tengan el derecho a la libre determinación y, como expresión de ésta, a la autonomía como parte del Estado mexicano. [...] Se respetará el ejercicio de la libre determinación de los pueblos indígenas en cada uno de los ámbitos y niveles en que hagan valer su autonomía, pudiendo abarcar uno o más pueblos indígenas. de acuerdo con las circunstancias particulares y específicas de cada entidad federativa.

La ley aprobada señala:

El derecho a la libre determinación se ejercerá en un marco constitucional de autonomía que asegure la unidad nacional. Las constituciones y leyes de las entidades federativas establecerán las características de libre determinación y autonomía que mejor expresen las situaciones y aspiraciones de los pueblos indígenas en cada entidad.

Diferencia fundamental: la “Ley Cocopa” plantea que la autonomía indígena debe encarnar en la posesión de un hábitat originario regulado por normas distintas a las que prevé el texto constitucional. La ley aprobada rechaza esa posibilidad y pone en manos de los estados la legislación respectiva según las características particulares de su población indígena.

Estos son dos cambios centrales que la ley aprobada hizo a la “Ley Cocopa”. Suficientes para que. en opinión del subcomandante Marcos, la reforma constitucional pueda calificarse como una “ley de los latifundistas y (los) racistas”.

Más allá de las diferencias en el texto de la ley pesan los desencuentros políticos. El más interesante e inesperado fue que ocho legislaturas estatales votaron en contra de la reforma.

Cinco de ellas son de los estados que concentran el porcentaje más alto de población indígena del país (Oaxaca 56.4% de indígenas. Chiapas 35.09%, Hidalgo 27%, Guerrero 17%, San Luis Potosí 14.6%).

Los gobernadores de Chiapas, Pablo Salazar Mendiguchía, y de Oaxaca, José Murat, hicieron un llamado a los otros estados de la República para que no aprobaran la ley, señalando que su promulgación sería sólo un “acuerdo de papel” correcto en las formas, pero inútil políticamente.

Las críticas contra la reforma son tanto de fondo como de forma. Incluso hay quienes comienzan a llamarla la contrarreforma indígena, debido a que, sostienen, la nueva ley, en lugar de ampliar o profundizar la esfera de derechos y garantías de los pueblos indígenas que ya contemplan algunas constituciones y leyes estatales —como Oaxaca—, los limita e incluso los niega.

Según esta postura, defendida con particular énfasis por el gobernador de Oaxaca, José Murat, con la nueva legislación los pueblos indígenas pierden el derecho a elegir, por usos y costumbres, a sus autoridades municipales y sólo conservan el derecho de elegir algún representante en los cabildos. Es decir, que la ley indígena impone a 10 millones de mexicanos un concepto democrático ajeno a su idiosincrasia y cultura, no conserva un equilibrio entre los derechos individuales y los derechos comunitarios con el que se rigen cotidianamente muchas comunidades.

Los defensores de la reforma sostienen que ésta otorga a los indígenas mayores espacios de acción, los protege de vicios y abusos antiguos y garantiza que el derecho a la diferencia no genere regímenes especiales inaceptables para cualquier régimen democrático.

Según esta opinión, la Ley Cocopa era una pesadilla legal que despojaba a los indios del país de derechos fundamentales, comunes a todos los mexicanos, al permitir que se pusieran en práctica, con respaldo legal, usos y costumbres indígenas que se fundan en la discriminación y violan derechos humanos. Por ejemplo: expulsión de ciudadanos de las comunidades por profesar determinadas religiones, prohibición del voto femenino, expulsión de quien se casa fuera de la comunidad.

Los usos y costumbres deben legalizarse, dicen, siempre y cuando se sujeten al marco más amplio de los derechos individuales. En otras palabras: se niega a los pueblos indios el derecho a ser diferentes si su diferencia atenta contra los derechos universales del hombre o no es compatible con los derechos constitucionales de todos los mexicanos.

Esta última es nuestra posición. Dadas las particularidades de la historia indígena y sus condiciones de marginación, debe construirse un marco legal realista que posibilite el desarrollo y defienda los derechos de los pueblos indígenas. Pero esa legalidad pragmática no puede suspender o limitar derechos más amplios, irrenunciables para los indígenas por el hecho de ser seres humanos y por el hecho de ser mexicanos.

Universalizar los derechos de los pueblos indígenas es una solución de más profundidad que particularizarlos. Los pueblos indígenas han encontrado más soluciones verdaderas a sus problemas en el contacto y la mezcla, que en el aislamiento y la particularidad. Lo mismo ha sucedido en todos los tiempos, con todas las sociedades. Nuestros pueblos indígenas no han sido ni pueden ser la excepción. n

De historias oficiales y leyendas negras

DE HISTORIAS OFICIALES Y LEYENDAS NEGRAS

POR SOLEDAD LOAEZA

Como ocurre con frecuencia cuando un partido llega por primera vez al poder, en México el triunfo de Acción Nacional en la elección presidencial del año 2000 también ha impulsado la revisión de la historia. El presidente François Mitterrand cedió a este reflejo después de su elección en 1981. Una de las primeras ceremonias de su gobierno fue el traslado de los restos de Jean Jaurés, el padre del socialismo francés, al Panthéon a lo alto de la Montagne Sainte Genevié en el Barrio Latino en París, para enterrarlo al lado de Mirabeau, Voltaire, Rousseau Victor Hugo y Jean Moulin. Su propósito era sacar a Jaurés del santoral partidista y elevarlo a la categoría de héroe nacional. También se trataba de proyectar una nueva luz sobre el socialismo, el partido socialista, y el propio Mitterrand para que las generaciones futuras vieran en ellos fuerzas constructivas del destino de Francia. En las cercanías de Guadalajara ahora se construye una inmensa iglesia en memoria de cristeros muertos durante el conflicto de 1926-1929.

Era previsible que la victoria del PAN lanzara de nuevo la vieja disputa por la historia. Una de las diferencias profundas que desde 1939 separaba a los panistas del cardenismo era de interpretación histórica. Mientras que para los revolucionarios en el poder el triunfo del liberalismo en el siglo XIX había sido un gran paso hacia el progreso, y un antecedente de su propia victoria, para los seguidores de Manuel Gómez Morín el liberalismo había sido una fuerza destructora, causante de los peores desastres nacionales. De esta primera diferencia fundamental se derivaban otras: los héroes de unos eran los villanos de los otros y viceversa. Como es obvio, este antagonismo no era sólo un asunto historiográfico sino que desde el principio estuvo cargado de ideología y se traducía en propuestas políticas más o menos precisas. Mientras para unos el intervencionismo estatal era una condición civilizatoria. para otros había promovido la barbarie aniquiladora. Y así podríamos seguir citando ejemplos de imágenes y versiones encontradas, que eran imágenes en el espejo de leyendas igualmente negras.

El presidente Fox abrió el fuego en la disputa partidista por la historia cuando hizo pública su decisión de descolgar el retrato de Benito Juárez que presidía el despacho que ocupa desde el 1° de diciembre pasado. Los siguientes episodios se han producido en torno a los símbolos religiosos que han expuesto, ufanos y desafiantes, en oficinas públicas, funcionarios panistas que piensan que su triunfo electoral fue también la reivindicación de una comunidad religiosa políticamente ninguneada, que se había visto obligada —piensan ellos— a vivir en la clandestinidad. Es probable que pronto reciban amplia difusión las obras de historiadores conservadores que en el pasado encontraban acogida en la editorial Jus, una empresa modestísima y casi familiar, cuyo catálogo ofrece un recorrido por la historiografía mexicana que estuvo en la oscuridad por décadas: porque contenía la visión de los vencidos, porque era demasiado provinciana para un México que se industrializaba, porque era demasiado católica para un país que se secularizaba, porque era como el pájaro de Borges, que miraba siempre hacia atrás porque le preocupaba más saber de dónde venía que ver hacia dónde iba.

Nos encontramos así ante el riesgo de sacudirnos una historia oficial para sufrir la imposición —sutil y no tanto— de otra. Además del triunfo del PAN nos enfilan en esa dirección los historiadores que se han empeñado en enseñar una historia del siglo XX que reduce todo lo que ocurrió en México entre 1920 y 2000 a las acciones de los presidentes, o que miran este largo periodo a partir de la estrechísima lente del PRI. Esta visión del pasado inmediato es, en primer lugar, empobrecedora: el país era y es mucho más grande que la simpatía de Alvaro Obregón o la fealdad de Gustavo Díaz Ordaz; ni la una explica la fragmentación posrevolucionaria, ni la otra por qué ocurrió la tragedia de Tlatelolco en 1968. En segundo lugar, aun cuando el partido oficial en sus diferentes versiones —Partido Nacional Revolucionario, PNR, Partido de la Revolución Mexicana, PRM, y Partido Revolucionario Institucional, PRI— fuera una pieza central en el control político del autoritarismo, éste era sólo un aspecto de la compleja tarea de gobernar, pero en términos de políticas de gobierno el partido jugó un papel secundario. El simple hecho de que su derrota en las elecciones presidenciales no haya conducido a un colapso general del Estado nos obliga a reconocer que en México hay muchas más instituciones que el PRI, y que éste no es sino una más, entre otras. Cada día que pasa es mayor el azoro del presidente Fox y de su gabinete ante la constatación de este hecho.

Uno de los pilares de la historia oficial del siglo XX fue la creencia de que todo lo que ocurría en el país era obra de los presidentes y del PRI. Curiosamente ese presupuesto, priista si los hay, ha servido para escribir también lo que podríamos llamar la contra en la historiografía del siglo XX mexicano, porque mientras para unos una historia concentrada en los personajes y en el partido daba cuenta de todo lo bueno, para los otros esa mismísima historia, pero leída con anteojos negros, da cuenta de todo lo malo. Tan insatisfactoria una interpretación como la otra, tan interesada una lectura como la otra. Ambas imprecisas, plagadas de silencios y de convenciones inexplicables, maniqueas y simplificadoras. Si queremos escapar a las leyendas negras tenemos que empezar a revisar esta visión paradigmática de la historia política del siglo XX para recuperar sus complejidades, su riqueza y, sobre todo, su capacidad explicativa del presente. La verdad es que buena parte de lo que tenemos ahora son lugares comunes que venimos repitiendo desde 1968, cuando se inició una prometedora historia crítica. Sin embargo, y desafortunadamente, muchas de las revisiones que se hicieron tomando como punto de partida premisas historiográficas distintas al individualismo metodológico de las historias presidencialistas, han sucumbido a la politización del entorno y a la seducción de la prosa ágil y de las explicaciones simplificadoras.

El socialismo real cuyo sentido de la historiografía quedó consagrado en la práctica stalinista de alterar las fotografías para eliminar del pasado a los adversarios indeseables, se empeñó de manera tan terca en apoderarse de la memoria colectiva que uno de los ejercicios centrales de la reconstrucción política en Checoslovaquia, Hungría y Polonia en los últimos veinte años ha sido la recuperación de la memoria, la revaluación de los individuos y la reconsideración del pasado. De aquí han aparecido relecturas y nuevas interpretaciones. También ha habido sorpresas desagradables, pues los archivos han revelado complicidades antes impensables y victimarios que durante años habían posado como víctimas.

En México los proponentes de una “Comisión de la verdad” buscan replicar estas experiencias. No obstante, su causa es distinta de la disputa por la historia. El objetivo de los profesionales de la historia no es encontrar razones para la venganza y tampoco bases para la reconciliación política. Para ellos se trata de rescatar el conocimiento del pasado de las manipulaciones de que hubiera podido ser objeto; en el último de los casos se busca subsanar olvidos o silencios que sustentaban historias mutiladas. A finales del siglo XX recordar se convirtió en una forma de liberación, aunque evidentemente no siempre lo es, porque puede convertirse en la primera cadena de una nueva captura. El ejercicio de recuperación del pasado, con todo y su efecto redentor, no asegura un mejor conocimiento de la historia. Solamente lo promete. n

Morelos, en confianza

Dicen que sufría espantosas migrañas y que por eso se anudaba la cabeza con un paliacate o se ponía chiqueadores en las sienes. No se sabe más. Quizá se le había formado un tumor en el cerebro, que iba creciendo y creciendo, pero no llegó a lo peor porque lo fusilaron cuando acababa de cumplir cincuenta años y a nadie se le ocurrió hurgar en sus adentros. Para qué. No necesitaban hurgar en sus adentros para descubrir que era un tipo fuera de serie; estratega genial, dicen que dijo Napoleón cuando oyó de las hazañas guerreras de don José María Morelos y Pavón. Con cincuenta como ése, dicen que dijo Napoleón en francés, me hubiera quedado chiquito el mundo.

Lo que sí dijo y escribió Jesús Reyes Heroles, en cambio, fue que Morelos había sido el primero en entender el concepto de nación. Ni siquiera lo entendía bien el cura Hidalgo cuando mandó al párroco de Carácuaro, antiguo discípulo suyo en sus clases de teología de la liberación, a combatir en el sur. Hidalgo y sus alzados luchaban por el Fernando VII que pintó Goya para el Museo del Prado y no clachaban que México podía ser, iba a ser, estaba siendo, lo que se dice una Nación. Morelos sí, aunque luego, en su proceso penal, se retractó y firmó muchas tonterías porque tuvo un miedo espantoso a morir excomulgado por los jerarcas de la Iglesia virreinal, aliados como siempre a los poderosos. Se la tenían sentenciada: el canijo cura se había metido en política, se había pasado por el arco del triunfo el celibato sacerdotal —engendró hijos por dondequiera— y no se había tentado el corazón para degollar prisioneros como si fueran gallinas. El caso es que Morelos sintió un miedo pavoroso y abjuró, y hasta delató a sus compañeros. Al menos eso testimonian las relaciones de los juicios militar y religioso, aunque bien pudieron ser amañadas por sus captores —como sostiene el doctor Ernesto Lemoine— para dejar asentado en la historia escrita y deformada desde el poder que José María Morelos y Pavón, el Rayo del Sur, se retractó, cobarde, en el momento final.

Morelos

De nada le sirvió. De todos modos se lo llevaron de la Escuela de Medicina de Donceles —frente a la plaza de los evangelistas de Santo Domingo—, primero a la Ciudadela —donde está la Biblioteca México y donde su envejecido director, José Vasconcelos, también se retractó y expurgó sus memorias para la editorial Jus de Salvador Abascal—, y después al Ecatepec de Onésimo Cepeda. Ahí, cerquita del Canal del Desagüe, lo fusilaron. Desde luego el edificio de Donceles no era entonces, ni es ahora, la Escuela de Medicina —era la cárcel de la Inquisición—, ni existía la biblioteca de la Ciudadela, ni por Ecatepec cruzaba todavía el apestoso canal. Era un paraje tranquilo que a Morelos le pareció “demasiado árido”, donde lo único que se conserva es la iglesita

—con tamaño monumento de Boutier a Morelos— en la que el insurgente se preparó para el viaje. Lo atendió el padre Salazar, no el funesto Onésimo: le sirvió un caldito de pollo, le dio a fumar un habano, y lo invitó a arrodillarse frente a los cuatro sardos realistas. Murió de dos descargas: la primera lo dejó retorciéndose y la segunda lo envió al paraíso del Dante, supongo.

Carlos Pellicer escribió en un poema:

Imaginad:
una espada
en medio de un jardín.
Eso es Morelos.

Tu fuiste una espada de Cristo
que alguna vez, tal vez, tocó el demonio.

Antes de ser monumento nacional, José María Teclo, huérfano de padre y una carga económica para su madrecita viuda, Juana Pavón, decidió emular al Benito Juárez pastor de borreguitos en Oaxaca y se puso a trabajar con su tío: de arriero, como los de Pedro Páramo. Su madre lo mandó a estudiar al seminario, y luego de que se ordenó sacerdote lo nombraron párroco de Carácuaro. Ahí le llegaron los vientos de la Revolución de la Independencia, como la llamó Luis Villoro, y ni tardo ni perezoso corrió a buscar al cura Hidalgo. Lo encontró en Indaparapeo, o en Charo. Como el cura Hidalgo andaba a las carreras y tenía poco tiempo para discutir estrategias con su acelerado discípulo, resolvió la entrevista con un apurado cortón: si quieres combatir, vete al sur.

Desde Guanajuato, todo el sur era el sur, y Morelos se lanzó a la lucha con una facilidad sorprendente para conseguir adeptos y seguidores. Salió bueno para mandar y combatir, ya lo dijo Napoleón. Lo hemos visto de sobra organizando batallas, soportando y rompiendo los setenta y dos días del sitio de Cuautla, en películas exaltadas como la de Miguel Contreras Torres, El Rayo del Sur, donde Morelos tiene el rostro, el cuerpo y el coraje de don Domingo Soler. Igual lo hemos visto en las telenovelas históricas de Ernesto Alonso, remedado unas veces por Narciso Busquets y otras por Sergio Bustamante, si mal no recuerdo. También Juan José Gurrola hizo un Morelos para el teatro, pero sólo dio tres funciones y salió huyendo, vencido por la inmensa personalidad del caudillo.

José María Morelos y Pavón no batallaba ni triunfaba solo. Tengo dos brazos, decía. El brazo derecho era el intelectual cura Matamoros, y el izquierdo el analfabeta Hermenegildo Galeana. Cuando se los mataron se angustió. Me quedé manco, dijo. Y se soltó a degollar prisioneros. Para su desgracia, de los hijos que fue regando por el país, entre batalla y batalla, uno le salió reaccionario, Juan Almonte, que se confabuló con sus colegas conservadores para traer a gobernar a Maximiliano, hágame usted el favor. De saberlo, a Morelos le hubiera dado el patatús con la noticia. Un hijo rata a él: al Morelos de los Sentimientos de la Nación y del Congreso de Apatzingán, al gran estadista que México sigue necesitando para salir del bache.

Se han escrito libros y más libros de Morelos: historias oficiales y extraoficiales, pero el maestro Pellicer sólo necesitó de cuatro versos para decir todo lo que cabe decir de José María Morelos y Pavón:

Gloria a ti por la tierra repartida.
Piedad por tu crueldad de mármol negro.
Gloria a ti porque hablaste tu voz diciendo América.
Piedad por tu flaqueza en el martirio.

Hoy, en México, todo es Morelos. No hay pueblo en el país, por rascuache que sea, que no tenga tres calles con los nombres de Hidalgo, de Juárez, ¡y de Morelos! Hay tiendas, talleres mecánicos, misceláneas, escuelas oficiales o de paga, hoteles, supermercados, cines, teatros, neverías, restoranes, tendajones, peluquerías, boutiques, estacionamientos, edificios, salones de baile, cantinas, centros sociales, compañías, células subversivas, centrales camioneras, hospitales, dispensarios, lo que usted guste y mande, que se llaman Morelos. Un satélite se llama o se llamó Morelos. Y hay timbres postales de todos los tiempos con la efigie de Morelos. Y escudos. Y monedas. Y billetes. El peso mexicano fue muchas veces Morelos y hoy es Morelos el billete recortado de cincuenta varos.

Todos los pintores y escultores han reproducido a Morelos. Diego Rivera pintó a cada rato, en sus murales, a un Morelos que precisamente se parece a Diego. José Chávez Morado hizo un Morelos de mosaico en la Secretaría de Obras Públicas que derribó el temblor del 85. Los del Taller de la Gráfica Popular reprodujeron a pasto grabados de Morelos. Lo pintó Luis Arenal en Chilpancingo y Arturo García Bustos en el Palacio de Gobierno de Oaxaca y Alfredo Zalee en el Museo de Morelia y Vlady en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada y O’Gorman por dondequiera, lo mismo que Jorge González Camarena. Siqueiros por supuesto.

De estatuas, ni se diga. Hay un Morelos en la Columna de la Independencia y en la Ciudadela y en el bosque de Chapultepec y en la Calzada de Tlalpan. Janitzio es todo un monumento a Morelos, y en el estado que lleva su nombre, ni hablar: el Morelos de Olaguíbel, cerquita del Palacio de Cortés; el Morelos que mira a la autopista de Cuernavaca-México… Oaxaca, Morelia, Cuautla, Chilpancingo, se atestan de monumentos para el héroe indiscutible.

Seguro que sí: Morelos está a la vuelta de cada calle y de cada pueblo y de cada vida mexicana. Nacemos y vivimos viendo y sabiendo de Morelos. Lo que falta es la independencia. n

(Núm. 285, septiembre de 2001)

El voto de los mexicanos en el extranjero

CALEIDOSCOPIO

EL VOTO DE LOS MEXICANOS EN EL EXTRANJERO

POR JOSÉ WOLDENBERG

El voto de los mexicanos en el extranjero es:

•  posibilidad abierta,

•  fruto de la reforma constitucional de 96, que removió el obstáculo,

•  reto conceptual, político y operativo,

•  definición de los derechos de ciudadanía a partir de la nacionalidad o la residencia, o de ambas,

•  modalidades diversas a discusión,

•  ¿con restricciones?,

•  10.8 millones a julio del año 2000 y creciendo,

•  98.7% en Estados Unidos,

•  nexo con México,

•  norteamericanización de la política mexicana,

•  reto logístico,

•  nueva agenda para la política de acá y de allá,

•  imprescindible control del financiamiento,

•  los medios (algunos) de EU jugando con lo que sucede al sur del Bravo,

•  experimento de nuevas formas de sufragio (¿correo, teléfono?),

•  inversión considerable,

•  para el 2006,

•  sin control judicial en algunos de sus tramos,

•  puente entre partidos políticos y migrantes,

•  multiplicación de sucursales de las matrices mexicanas,

•  necesidad de legislación omniabarcante,

•  requerimientos de certeza y transparencia (como acá),

•  ¿catapulta para la asimilación, la integración o la segregación?,

•  asepsia: “¿ausencia de gérmenes patógenos?”,

•  balada al amor chicano,

•  invitación al debate,

•  novedad impuesta por la geografía y la demografía,

•  sólo una de las manifestaciones del flujo migratorio expulsado,

•  irradiación de política,

•  nación transestatal,

•  el corrido de los pochos,

•  parte del reencuentro,

•  reivindicación,

•  historia inédita,

•  singularidad por el número,

•  materia que no soporta tratamientos simplistas,

•  riesgo de que los que ya no gozan ni sufren a las autoridades, manden,

•  ofrecer luz a lo semioculto,

•  puente sobre la zanja,

•  el futuro nos alcanza,

•  mitote transnacional,

• campañas en español, inglés y spanglish,

•  inventario de necesidades,

• reconocimiento de una realidad oceánica,

•  fruto de la asimetría entre Estados Unidos y México,

•  ¿reconquista?, nel, pastel,

•  mirar irremediablemente al norte,

•  desencadenante de incógnitas,

•  ¿por etapas?, ¿de golpe?,

•  fórmula de repatriación parcial,

•  promesa presidencial,

•  “Chulas fronteras”, (película documental).  n

Poetas: Cuidado con el yo

POETAS: CUIDADO CON EL YO

La revista inglesa Psychosomatic Medicine publicó el resultado de un estudio por computadora sobre la obra de nueve poetas suicidas, comparándola con la obra de otros poetas muertos por causas “naturales”. El autor del estudio, James Pennebaker, cree haber descubierto esto: un patrón constante en los poetas suicidas es el uso de las palabras “yo”, “mi” y “mío” un mayor número de veces que otros poetas muertos de modo involuntario. Más aún: los poetas autodestructivos como Sylvia Plath y John Berrvman rara vez usan palabras como “compartir” y “escuchar”. Tened entonces, cuidado, poetas, con vuestros usos y abusos de la primera persona del singular o “el más odioso de los pronombres” que decía Edward Gibbon. Pensad que un verso puede ser un predictor lingüístico de suicidio. O recordad la pregunta del poeta español Jorge Guillén: “¿Hasta dónde se llega con un yo?”. n

La revolución

LA REVOLUCIÓN

SALDOS DE LA REVOLUCIÓN

De la revolución mexicana quedan, a principios del siglo XXI, las utopías no realizadas. Toda revolución tiene dentro de si utopías como la igualdad y la fraternidad; esas utopías, aunque no son realizadas por la revolución, siguen vivas. La revolución mexicana tuvo una profunda utopía de igualdad social, de la liberación del campesino mexicano, de las condiciones del peón: tuvo una utopía nacionalista, de definirse frente a las grandes potencias, y tuvo una utopía de la creación de la nación que se plasma en el mito, verdaderamente el gran mito, no del indio, ni del español, sino del mestizo: todos los mexicanos somos mestizos, todos somos iguales, no hay en realidad indios, no hay en realidad españoles. Parte de esas utopías se han realizado; por ejemplo: la revolución mexicana fue una tremenda redistribución de la riqueza y del ingreso. La fuente fundamental de la riqueza, que era la tierra en un país agrario, fue redistribuida. Entre 1915 y 194O se redistribuyó la propiedad de la tierra en una forma notable. Hubo, hasta cierto punto, una consolidación de la independencia de México frente al capital extranjero que al final del porfiriato era prácticamente dueña del país. Hubo, también, un desarrollo de la nacionalidad en el sentido de que la cultura popular, que antes no formaba parte de la cultura nacional, y hablo del porfiriato se hizo el centro de un cine y de una literatura, de un folcklor que marcó todos nuestros años treintas y cuarentas y por delante, y que han contribuido a una homogenización utópica de la nación mexicana. Pero no somos más mestizos de lo que éramos en 1910. esto es un mito. Culturalmente sí somos más mestizos. Técnicamente no porque ,;de dónde mestizos? A México llegaron unos 200,000 españoles durante la colonia. En el momento en que había más españoles la relación era de 1 millón 700 mil a 60 mil.

Pero en los objetivos concretos de la revolución mexicana todo es ya cosa pasada. Por ejemplo; la idea de que podemos resolver el problema de los ricos y los pobres en México a través de la redistribución de la tierra, que fue el elemento central de la revolución mexicana, no tiene para hoy ningún sentido: la idea de que la democracia es sólo una democracia social, que la igualdad social resuelve todo lo demás, eso creó monstruos al final. El PRI era verdaderamente un partido autoritario. De la revolución mexicana algunas cosas ya se realizaron, y otras cosas son totalmente obsoletas. Los mexicanos tenemos que entender que miramos desnudos al siglo XXI

—Enrique Semo

Hay todavía uno de los valores planteados por la revolución mexicana que tiene vigencia: el de la justicia social. Sabemos que es inalcanzable, porque la justicia social absoluta y perfecta no existe sobre la tierra, pero es algo que siempre debemos tener en mente. Si perdemos esa esperanza, perdemos toda posibilidad de mejorar en ese camino, en el camino de la justicia social, siempre y cuando tengamos algo claro: que es un mundo feliz que si acaso alcanzáramos vamos a encontrarlo espeluznante. En la humanidad hay una especie de vaivén entre la tiranía y la democracia; cuando se viven democracias muy amplias y abiertas suspiras un poco por la tiranía, por el orden, por el buen gobierno, y cuando estás en ese mundo feliz de orden y buen gobierno suspiras por la democracia y viene la revuelta. Así una y otra vez.

—Luis González de Alba

EL CRIMEN DE ZAPATA

Yo aprendí de la escuela que la revolución mexicana había sido el levantamiento popular contra un dictador. Porfirio Díaz, que se había eternizado en el poder durante 33 años, cometiendo fraudes electorales de vez en cuando y que harto de él, el pueblo se había levantado en armas. Un tiempo después me enteré de que la renuncia de Porfirio Díaz se dio en mayo de 1911; pero se dice que el 20 de noviembre realmente comenzó la revolución. El veintitantos de mayo Porfirio Díaz, sin que éste todavía fuera derrotado ni cosa por el estilo, decide renunciar, y el 31 de mayo toma el vapor Ipiranga y se va a Europa, de donde jamás vuelve. Ese es un lapso de seis meses. Y entonces, ¿cómo se explican todos los enfrentamientos que se dieron durante los siguientes diez años? Ese relato es el que tenemos que armar y no seguir cargando todo el asunto sobre el levantamiento popular contra un dictador, porque ahí lo que tenemos es que Madero en 1911 llama de nuevo a elecciones, gana abrumadoramente y toma posesión el 6 de noviembre de 1911. Ha pasado apenas un año. ¿Qué nos dice de nuevo la historia oficial? Que un traidor y además usurpador. Victoriano Huerta, lo mató. Eso tampoco es cierto: mejor dicho: es cierto que lo mató, pero fue en 1913. El que se levantó en armas contra el presidente recién elegido con el Plan de Avala es nuestro héroe Emiliano Zapata, y habían pasado veinte días. La figura de Zapata es de las que yo pediría revisar. Me parece verdaderamente criminal. repito, criminal que una persona se levante en armas a los veinte días de que ha terminado una dictadura de 33 años.

—Luis González de Alba

Hubo muchas revoluciones. La revolución que hizo Emiliano Zapata no fue la misma que la que hizo Madero, y la que hizo Pancho Villa fue muy diferente a la que pensaba, por ejemplo, la gente de Carranza. Lo que necesitamos saber es si se rompió la estabilidad de una sociedad y se rompió la paz social, y los conflictos tomaron un carácter frontal y violento, y se desencadenaron mil fuerzas que había en la nación mexicana, la nación mexicana extraordinariamente heterogénea, pese al mito de la unidad, con un sur y un norte que tienen enormes diferencias, con una Ciudad de México que pertenece a un mundo extra. Cada uno tomó un camino diferente para satisfacer sus demandas. Ahora: definitivamente, nuestros niños y jóvenes tienen que aprender sobre la revolución mexicana cada vez más la verdad y no la ideología de la revolución mexicana que produjo una revolución mexicana totalmente inexistente y que servía a un partido determinado.

—Enrique Semo

EN GLORIFICACIÓN DE LA DERROTA

Hay una glorificación de los derrotados en toda la historia de México. No sólo en la revolución, también los derrotados de la independencia son nuestros principales héroes: Hidalgo, Morelos. Los que no alcanzaron a hacer la independencia son los héroes principales; los que hicieron la independencia no son nuestros héroes. En la revolución pasa exactamente lo mismo, hay una especie de afán mexicano por sospechar del triunfo, por sospechar del que gana. Ese es un asunto del alma que habría que revisar desde el punto de vista de la sicología social.

—Luis González de Alba

Han existido dos posiciones sobre la revolución mexicana: los que debido a ella se encumbraron en el poder gozaron de los buenos momentos de la revolución mexicana, cosecharon sus frutos y por eso siempre la vieron como una revolución triunfante; los que se quedaron al margen de los frutos y desarrollaron una posición crítica hacia ella. Pero no es sólo un problema de vencedores o vencidos. Hay que preguntarse qué representaban los vencidos, qué defendían, qué proyecto tenían para México y qué representaban los vencedores. Fueron derrotados los anarquistas, los grandes ejércitos campesinos, los rancheros del norte. Salieron ganando las clases medias urbanas, los terratenientes. Lo impresionante de la revolución mexicana es que si bien puso en marcha a millones de campesinos, las haciendas no desaparecieron. No hay paralelo en la historia de las revoluciones. Por ejemplo: la revolución francesa deshizo las grandes propiedades territoriales al segundo año de acción. Y al segundo año de la revolución rusa ya no había grandes propiedades, los campesinos las tomaron de una u otra manera y a los nuevos gobiernos sólo les quedó legalizar la nueva situación. En cambio aquí todas las haciendas sobrevivieron hasta los años treinta por lo menos.

—Enrique Semo

LAS DEMANDAS BURGUESAS DEL PLAN DE AYALA

En el Plan de Ayala, lo primero que pide Zapata es la destitución de Madero, porque le parece que traicionó los ideales y no explica cuáles. Lo que dice el Plan de Ayala es: queremos que la tierra vuelva a sus legítimos propietarios previa demostración, con títulos de propiedad, de quién es el dueño. Ese es el punto uno sobre la tierra, es decir, ellos se sienten robados de sus tierras y las van a regresar a los propietarios de esas tierras que van a mostrar los títulos. La segunda parte sobre cuestiones de tierra es: se va a expropiar, pagado, o sea que no es expropiación, se va a expropiar, pagado, un tercio de las haciendas, y con eso se va a dotar a los que no tienen tierra. Esas me parecen demandas absolutamente, como decían antes los revolucionarios, burguesas.

—Luis González de Alba

DIGNIDAD O BIENESTAR

El pueblo mexicano tiene un sentido de la dignidad más fuerte que el del bienestar, y lo que nos demostró en la revolución mexicana es que la opresión llevada a un extremo produce esa rebelión, por parte del pueblo, fincada en su signo de dignidad. Esto tiene sentido para el futuro. Una de las razones para tener optimismo en el siglo XXI es ese gran sentido de dignidad del pueblo mexicano que en muchos momentos de su historia ha dicho: basta; y aunque esté seguro de que va a perder, o no sepa qué pasara, no acepta más y se rebela. Este es un aspecto fundamental.

—Luis González de Alba

UNA SOBERANÍA PROVINCIANA

Hemos heredado de la revolución mexicana una concepción de la soberanía mexicana que es totalmente municipal: pensamos que se es soberano en la medida en que no permitimos la acción de los extranjeros que siempre son nefastos: en la medida en que cerramos la industria a las fronteras y la intervención de capital extranjero. Esa concepción de soberanía viene precisamente del nacionalismo revolucionario y es insostenible en la actualidad. No hay un país que se pueda cerrar, no porque lo desee o no lo desee sino porque lo impone la fuerza general del mundo. De nada nos sirve oponernos a esa apertura de fronteras y de mercados. Las computadoras están aquí y con eso podemos transferir dinero en una milésima de segundo, y colocarlo en Corea. Eso es un hecho.

—Luis González de Alba

El concepto de soberanía que nos rigió entre los años veinte y ochenta, digamos, está agotado; necesitamos replantear nuestra idea de soberanía. Como se sabe, el concepto de soberanía tiene sus historias, y cambia con el tiempo. Ahora vivimos una época de mundialización del capital, del movimiento de la fuerza de trabajo; tenemos unos quince millones de mexicanos del otro lado de la frontera con Estados Unidos. Ya no hay posibilidad de que un Estado determine de qué se entera su población y de qué no se entera porque las fronteras están rotas; el problema de la defensa y los daños al medio ambiente no siguen las fronteras nacionales. Pero existe tal cosa como la nación mexicana en la realidad. Habemos cien millones de habitantes que tenemos un pasado histórico común, un destino actual común, que ocupamos un territorio y por lo tanto sí hay derecho a decir: queremos un lugar determinado para todos nosotros en el nuevo mundo que se está forjando. En eso está la nacionalidad… hoy.

—Enrique Semo  n

El rastro de sangre de Pancho Villa

EL RASTRO DE SANGRE DE PANCHO VILLA

POR HÉCTOR AGUILAR CAMÍN

Como los templos aztecas, la memoria de Pancho Villa exuda un olor a sangre que apenas puede tolerarse. El historiador Friedrich Katz ha escrito la historia universal del villismo. En su libro está todo lo que puede saberse de Francisco Villa, y algunas cosas más. Ahí están el bandido y el guerrillero, el valiente y el paranoico, el gran guerrero y el estratega torpe, el genio carismático de la organización militar y el idiota comandante que destruye su ejército lanzándolo una y otra vez sobre las trincheras de Obregón en los llanos del Bajío (Pancho Villa. Era. 2 vols, 1998).

Katz incluye las partes oscuras del héroe, sus brotes de ira y venganza, las múltiples ignorancias que habrían de llevarlo a la denota y que gravitaban sobre él como un lastre de plomo en las espaldas de un nadador portentoso. Están aquí el hombre, el niño y la fiera. El reformador social, el justiciero instintivo, el genio militar y el matón de furias homicidas, a la vez refugio protector y verdugo impredecible de sus compañeros.

La violencia cruza la historia de Villa de cabo a rabo. Como el de ningún otro revolucionario, su trayecto deja claro que la guerra no es al fin y al cabo sino el negocio de asesinar (the bussines of killing. dice Katz en un pasaje), y Villa un héroe poseído por aquella equivalente “monomanía de matar” que Felipe Angeles reconoció como uno de sus rasgos intolerables. En ningún otro gran personaje de la historia de México la capacidad de violencia personal ha tenido una expresión más alta que en Villa. En ningún caudillo militar de la revolución aparece tan nítido el vínculo entre el arrebato homicida personal y el homicidio colectivo que es la guerra. Ni en Carranza, ni en Zapata ni en Obregón, hay un paso tan directo entre la inclinación a matar por propia mano y la tarea de matar por las manos interpósitas de un ejército. Villa es a un tiempo el matón y el guerrero por excelencia de nuestra historia.

Véase el ajuste de cuentas con Claro Reza, antiguo compañero de banda que se había vuelto espía del gobierno porfiriano y delator de las correrías de Villa, antes de la Revolución:

Villa entró a Chihuahua con paso lento para encontrar a Reza. Se compró un gran cono de helado y lo iba lamiendo y mordiendo cuando Reza salió de su cantina preferida, Las Quince Leguas, para enfrentarlo. Villa disparó sobre su antiguo compinche, lo mató y luego, con el mismo paso lento, salió en su caballo del pueblo sin que nadie se atreviera a perseguirlo.

Desde luego hay que poner en su contexto la parte violenta y criminal del jefe de la División del Norte. Los otros caudillos revolucionarios, menos sangrientos en persona que Villa, lo fueron tanto o más que él en sus decisiones militares. Por ejemplo: la orden de Carranza de matar a todos los prisioneros que hicieran armas contra la revolución, amparándose en la vieja ley juarista de 1862, según la cual debía morir todo el que hiciera armas contra la república a favor del imperio.

Y sin embargo son los villistas y Villa quienes han sellado nuestra memoria histórica con los mayores actos de matonería pura y dura, separados de toda justificación política, histórica o militar. Recuérdese el pasaje de Martín Luis Guzmán. “La fiesta de las balas”, en el que Rodolfo Fierro, lugarteniente de Villa, cumple la orden de ejecutar a trescientos prisioneros haciéndolos correr uno a uno para cruzar un patio y disparándoles uno a uno, con revólveres que un ayudante le pone en la mano, antes de que puedan saltar la barda del patio que asegura su libertad.

Katz ha hecho la arqueología de otro ejecutor villista.

Manuel Banda, quizás el más impresionante de todos por su perfil de hombre mediocre convertido por la guerra en una máquina de matar… villistas. A diferencia de los otros matones de Villa, Manuel Banda no había dado muestras de ser un hombre violento en su vida prerrevolucionaria. Había sido un burócrata de segunda en Torreón y era ahora oficial de la División del Norte a cargo de vigilar y disciplinar a los soldados bisoños. Un antiguo amigo de la escuela lo recordaba como un estudiante callado y tranquilo que se llevaba bien con todos y nunca provocaba un pleito. Cuando lo encontró convertido en oficial villista, no podía creer la transformación de Banda.

—¿Tú qué haces? —le preguntó —Obligo a la gente a pelear a punta de pistola —contestó Banda.

—¿Has herido a alguno?

—¿Herido? No. Matado. Yo no hiero, yo mato. Un hombre herido se puede curar y puede matarme en cualquier momento. Disparo a matar y si no sale a la primera sigo disparando hasta que muere. —¿Has matado muchos?

—Muchos. He matado muchos. En algunas batallas he matado tantos como los federales.

En 1915, al entrar a la ciudad de Camargo, recobrada de manos carrancistas. Villa encaró las quejas y los insultos de una mujer cuyo marido, pagador de la guarnición carrancista de la plaza, había sido fusilado. La mujer, escribe Katz, lo llamó asesino y preguntó por qué no la mataba a ella también. En uno de sus raptos de ira incontrolables. Villa sacó ahí mismo la pistola y la mató. Pero eso no fue suficiente para aplacar su furia. Algunos villistas de la plaza, temerosos de que las soldaderas presas pudieran denunciarlos cuando las tropas de Carranza volvieran a Camargo, pidieron a Villa que las matara a todas. Villa ordenó la ejecución de las 90 prisioneras. Hasta su leal secretario resintió la escena terrible que vino a continuación. Con una profunda revulsión moral vio los cuerpos de las 90 mujeres, apilados uno sobre otro, privadas de la vida por balas villistas. Terminó de sacudirlo la visión absurda de un niño de dos años riendo y jugando alegremente, sentado sobre el cuerpo de su madre muerta con las manos llenas de su sangre.

La violencia y el crimen tienen su propio nido de prestigio dentro de la memoria histórica. Sólo esa fascinación instintiva por la sangre vertida puede explicar que la mayoría de los héroes consagrados por la historia universal sean guerreros, de modo que lo que se enseña a los niños en las escuelas como actos fundadores o memorables de la especie humana es, como dice Sigmund Freud, una colección de matanzas y genocidios. Algo de eso hay en la posteridad popular y legendaria de Villa: la conversión de su violencia en una especie de fiesta del humor, la venganza plebeya y la justicia popular que se explican o se legitiman por sí mismas. Ninguna de las dos cosas. La leyenda del guerrillero que encarna la ira ancestral del pueblo no alcanza a disculpar al matón puro y duro, extraño héroe popular de nuestra historia al que nadie quisiera encontrarse en la calle.            n

Cuauhtémoc: El martirio de la historia

III. HÉROES Y VILLANOS

CUAUHTÉMOC: EL MARTIRIO DE LA HISTORIA

POR JOSÉ ANTONIO AGUILAR RIVERA

Las tramas de la historia mexicana parecen diseñadas en términos de blanco y negro. No hay tonalidades, se imponen los extremos, no hay modo de escapar de la fórmula rudos vs técnicos, héroes y villanos. Las tramas de la historia mexicana no conocen el equilibrio, van por todo o nada. Buscando la desacralización de los héroes y la desatanización de los villanos, Nexos ofrece quince retratos en carne y hueso de otros tantos personajes consagrados por la historia patria. De Cuauhtémoc a Calles, el lector encontrará aquí lo opuesto a los cuentos de ogros y de hadas. Por ejemplo: a Hidalgo preocupado por asuntos de dinero, a Morelos dejando hijos por todos lados, a Juárez eternizándose en el poder, a Villa sediento de sangre y a Carranza levantando los cimientos del México postrevolucionario. Estos quince retratos dejan constancia de un hecho ineludible: México tiene la tarea de cambiar el cuento por la historia con rigor profesional.

El culto a Cuauhtémoc se inició en el siglo XIX. Y aunque hoy su lugar en el panteón de héroes nacionales sea indisputable, no siempre ocupó un sitio tan distinguido. Para algunos su predecesor, Cuitláhuac, había sido tan valiente como el desafortunado rey azteca que sufrió martirio a manos de Cortés. Cuitláhuac fue el primer gobernante azteca que de manera decidida enfrentó a los españoles, hasta entonces indebidamente consecuentados por el débil Moctezuma. Su estratagema de acorralar a los conquistadores en Tenochtitlan para combatirlos dentro de la ciudad le ganó rápidamente una reputación militar. Cuitláhuac, sin embargo, no tenía el atractivo de ser mártir. Cayó, al poco tiempo de su hazaña, víctima de la viruela que los europeos trajeron al Nuevo Mundo. Cuauhtémoc, en cambio, había resistido heroicamente el sitio de Tenochtitlan y en más de una ocasión puso a Cortés en aprietos. Sin embargo, como el pueblo azteca en su conjunto, fue derrotado finalmente por los españoles. Por eso Cuauhtémoc sería la imagen en espejo de Cortés, el pérfido, audaz y victorioso capitán invasor, el “gran forajido” en palabras de Guillermo Prieto. En contraste, el rey azteca era valiente, noble y perdedor. La épica del héroe derrotado —a la que pertenecen Hidalgo, Villa y Zapata entre otros— tiene su inicio en Cuauhtémoc. Para un país cuyo fantasma histórico es la invasión y la conquista a manos de potencias extranjeras, Cuauhtémoc simboliza la lucha heroica del alma nacional amenazada por el invasor, usualmente superior en número, tecnología, astucia o decisión. Así, la derrota de Cuauhtémoc es canónica, pues ensalza la resistencia como virtud moral.

No es extraño en absoluto que haya sido el siglo XIX, ese siglo traumático, marcado por la derrota, ante los norteamericanos primero y los franceses después, el que entronizara a Cuauhtémoc. Los liberales mexicanos eran, paradójicamente. los triunfadores de un país derrotado. Hombres como Prieto encontraron en el rey azteca un ejemplo edificante para la imaginación nacional. En efecto, como afirma Josefina Vázquez, “el primer triunfo de los liberales con la revolución de Ayutla significó la consagración ‘oficial’ de los insurgentes y la apertura del camino hacia la glorificación del pasado indígena y la negación de la conquista”.1 El liberalismo “triunfante” avanzaría en ese proceso. Hidalgo, Morelos y Juárez eran ya parte del panteón. Ante la disyuntiva de elegir un héroe azteca, los liberales de la penúltima década del siglo XIX optaron entre Cuauhtémoc y Cuitláhuac por el más derrotado de ambos. Como se ha dicho, Cuitláhuac, en estricto sentido, no había sido vencido por el acero español, sino por un arma biológica involuntaria. Así, el monumento a Cuauhtémoc se erigió en 1887.

Cuauhtémoc también cumplió en la imaginación nacional una peculiar función terapéutica. Su momento de apogeo simbólico ocurrió durante los años treinta, en el cardenismo, cuando se desarrolló en México un indigenismo político estridente. (No es, por supuesto, una casualidad que el hijo del presidente Lázaro Cárdenas fuera bautizado con el nombre Cuauhtémoc.) Sin embargo, esta visión indigenista no era original; provenía de los liberales decimonónicos como Prieto. Los afanes conciliadores en el campo de la historia patria, como los de Justo Sierra, no habían logrado erradicarlo por completo. Uno pensaría que el culto a Cuauhtémoc implicaba una exaltación simbólica de los indígenas vivos, de carne y hueso, así como de sus culturas. No era así. Muchos intelectuales indigenistas todavía creían que los indígenas debían ser hispanizados y asimilados al grupo dominante, el mestizo. Otros creían que la hispanización había sido superficial y que el indio debía desarrollar su personalidad e integrarse desde su propia cultura. Sin embargo, como señala Vázquez, “en lo que todos estaban de acuerdo es que los indios se encontraban en la abyección y que había que rescatarlos. Las misiones culturales, en pláticas semanarias, tenían que despertar su sentimiento patriótico, mediante relatos biográficos de personajes históricos, en especial indígenas, que pudieran darle motivos de orgullo racial y confianza en el porvenir”. El héroe ideal para desempeñar esta función era Cuauhtémoc. A los indios, que habían “degenerado” con el paso del tiempo, había que mostrarles lo que “podían ser” a través de ejemplos edificantes del pasado. Los esplendores de sus antiguas culturas podían resurgir de las cenizas de la Conquista. Para que los indios se emanciparan económicamente había que insistir en el patriotismo de Cuauhtémoc, Cuitláhuac y Xiconténcatl.

La Secretaría de Educación pensaba que “cuando el indio vea y comprenda todo esto que ignora en lo absoluto, desaparecerán su preconcebida insignificancia y su característica autohumillación”.2 De esta forma se continuaba el patrón en el cual se ensalzaba a Cuauhtémoc, pero se despreciaba a sus descendientes vivos. En los años veinte se pensaba que no se debía enseñar a los indios la explotación de la Colonia, para no despertar su odio: “cuando ya hayamos redimido económicamente y políticamente al indio, éste podrá perdonar los mayores pecados de que nos acusa la historia”.3 Mientras tanto, y como afirmaba un autor del periodo, Cuauhtémoc podía ser considerado como “el último gran azteca que borraba las crueldades y errores de su raza y la dignificaba para siempre”. Dos sentimientos inspiraban esta visión: paternalismo y culpa. Ninguno dio muchos frutos.

Cuauhtémoc se convirtió en una pieza central de un nacionalismo oficial, revolucionario, xenófobo, indigenista, optimista y populista. Por su parte, los autores católicos, hispanizantes y conservadores no aceptaban el panteón de héroes consagrados por la Revolución. Para Vasconcelos, Cuauhtémoc era sólo un mito inventado por los historiadores extranjeros y protestantes. A tal grado se centró el conflicto ideológico en los héroes que el supuesto descubrimiento de los restos del último emperador azteca causó un enorme revuelo. En efecto, el 26 de septiembre de 1949 Eulalia Guzmán adujo haber hecho tal descubrimiento en Ichcateopan, Guerrero. Una comisión de expertos nombrada para examinar el hallazgo concluyó, después de haber examinado los restos y artefactos encontrados, que no se trataba de Cuauhtémoc. El fallo despertó tal encono que tuvo que nombrarse a otra comisión. Para que no quedara duda de que los integrantes eran todos fervientes patriotas, el primer acto de la nueva comisión fue rendir homenaje a la memoria de Cuauhtémoc ante el monumento del Paseo de la Reforma. Los integrantes debían, en un acto de malabarismo simbólico, reconciliar el mito y la verdad. En el homenaje declararon: “Consideramos que la personalidad histórica de Cuauhtémoc es uno de los temas que aquí no están a discusión. Estamos convencidos de que para un héroe de la magnitud de Cuauhtémoc, y para una veneración como la que el pueblo de México tiene hacia su figura, sólo la verdad será digno tributo”.”4 Tal vez, pero muchos no quedaron satisfechos con el dictamen de la comisión que era idéntico al de la primera. Algunos periódicos pidieron que los integrantes fueran fusilados por la espalda como traidores. Por su parte, y aunque se trataba de un fraude monumental la comisión intentó apaciguar a sus críticos haciendo algunas pequeñas concesiones simbólicas. “No queremos”, declararon. “que pase inadvertido el hecho de que el hallazgo de Ichcateopan y el fervor patriótico de los habitantes de aquel lugar ha tenido la virtud de avivar la veneración del héroe; por tal razón. Ichcateopan merece que se levante dentro de sus límites un monumento al último Emperador Mexica”.5 Ese sería, sin lugar a dudas, un monumento al Mito.

1 Josefina Vázquez: Nacionalismo y educación en México. El Colegio de México. México, 1975.

2 Secretaría de Educación: El libro y el pueblo IV (1925, p. 16), citado por Josefina Vázquez.

3 Ibid.

4 Reproducido en Josefina Vázquez: Nacionalismo y educación, 247.

5 Ibid., p. 248.   n

¿Qué tanto es tantito? Espionaje telefónico

¿QUÉ TANTO ES TANTITO? ESPIONAJE TELEFÓNICO

POR LETICIA JUÁREZ G.

Lo que esta encuesta revela es en verdad motivo de alarma: para una gran parte de los mexicanos el espionaje telefónico está plenamente justificado Se aduce la ilegalidad para combatir la ilegalidad

Las posiciones públicas sobre escuchar y grabar conversaciones telefónicas ajenas y no autorizadas son sorprendentes. El nivel de atención mediática que recibió la noticia sobre un grupo dedicado al espionaje telefónico en el Estado de México y la controversia que suscitó, contrasta con el poco asombro de la población con teléfono en su vivienda al respecto.

Mientras los medios se rasgaron las vestiduras, los políticos se arroparon en el mal de muchos y clamaron indignados por los responsables, la población no se sorprendió y enmarcó su juicio al respecto en frases como: “es común”, “¡ay!, señito, de qué se espanta, todos sabemos que siempre hay quien escucha”. De hecho, tres de cada cuatro entrevistados afirman que se trata de una práctica común en el país.1

Si bien la población da por supuesto que todo mundo espía, no le queda claro para qué se hace. No saben si el espionaje telefónico es una labor de inteligencia

Con lo que usted sabe, ¿qué tan común es que en México se escuchen y graben conversaciones telefónicas ajenas y sin permiso, es muy común, común, poco común o nada común? para garantizar la seguridad nacional, para garantizar la gobernabilidad o si simplemente es un acto que transgrede un derecho ciudadano. La población con teléfono en su vivienda tiene al respecto dos percepciones que parecieran contradictorias: por un lado, reconoce el espionaje como una práctica frecuente que le preocupa (71%), considera ilegal y, en términos generales, no justifica. Por el otro, lo percibe como una práctica inevitable que en determinadas situaciones se justifica.

Al solicitar a los entrevistados que expresen los casos en los que espiar se justifica, aparece un panorama muy claro y preocupante: se justifica espiar para combatir la delincuencia y para tener bajo control a los funcionarios públicos. Sorprende y preocupa que la función pública conviva para poco menos de la mitad de la población con actividades claramente ilegales. Es decir, se vale hacer algo ilegal, espiar, si se hace para combatir o para prevenir algo ilegal.

También sorprende y preocupa que aunque se reconoce que espiar puede violar derechos ciudadanos, en todos los casos queda por lo menos un tercio de la población que justifica esta práctica.

Que haya quienes consideran que grabar y escuchar conversaciones telefónicas privadas no afecta los derechos ciudadanos, o quienes piensan que sí los viola, pero es necesario, está muy relacionado con justificar el espionaje telefónico para combatir la delincuencia, en la que se incluye la posible corrupción de funcionarios públicos.

Un elemento adicional tiene que ver con la atracción que los medios han despertado en la población al difundir las conversaciones telefónicas grabadas sin autorización. Algo que por lo demás, se considera incorrecto (52%) e ilegal (62%).

Más de la mitad de los entrevistados confiesa que le gusta enterarse por los medios de este tipo de conversaciones; incluso, le resulta más importante que se dé a conocer cierta información aunque se afecte la privacidad de algunas personas, a que se respete la privacidad aunque se oculte información importante.

Hay falta de apego a la cultura de la legalidad. Resulta preocupante que uno de cada tres entrevistados justifique la escucha y grabación gubernamental de conversaciones telefónicas, sin autorización, de líderes estudiantiles, dirigentes de movimientos sociales, líderes de partidos políticos e. incluso, de empresarios. n

1 Los resultados que se muestran provienen de una encuesta nacional realizada el 11 de julio de 2001 en población con teléfono en su vivienda que forma parte del Sistema de Recolección Continua de Información de Opinión pública diseñado y desarrollado por BGC Ulises Beltrán y Asocs. SC. Los datos históricos anteriores a diciembre de 2000 se encuentran en el archivo del CIDE Estudios de opinión pública de la Presidencia de la República. 1988-1994 y 1904 2000

Leticia Juárez G. Profesora Investigadora en la UAM-Azcapotzalco. Socia Fundadora de BGC, Ulises Beltrán y Asociados, S.C.

Viejo lujo del siglo XX

VIEJO LUJO DEL SIGLO XX

POR ANGELES MASTRETTA

Explosivo, radical, intenso es este ensayo que al mismo tiempo es una alabanza del amor libre, esa vieja costumbre del siglo XX.

Mi corazón lo diga que, en padrones eternos, inextinguibles guarda testimonios del fuego. Santa Juana de Azbaje

Ya desde antes de que apareciera en nuestro aire la desafiante, inevitable y triste información en torno al Sida. Desde antes de que la enfermedad se atreviera a llevarse a algunos de nuestros amigos, y a varios de los más entrañables amantes que algún amigo tuvo en

su cama y tendrá siempre en su memoria, el tema del amor libre y su defensa se había vuelto un asunto pasado de moda. Por más que muchos de quienes lo abrazamos con ardor en los setentas nos hayamos mantenido fieles a la promesa de disfrutarlo que nunca hicimos frente a juez alguno y que sin embargo llevamos aún marcada no sólo en las palabras, la poesía predilecta, o el lujo de gozarla, sino incluso en el inconsciente tardío pero imborrable que nos hicimos a los veinte años.

Entonces creí que muchas mujeres, pero ahora sé que las menos, aunque tal vez sí las más tercas, habíamos saltado de la prohibición que hacía con dulzura, pero autoridad, la respetable y anticuadísima señora Rivero que cada una tuvo a cargo de su clase de moral: “de un hombre ni una flor antes del matrimonio”, a la certidumbre de que los hombres eran un regalo de la vida como ningún otro podía habernos hecho la naturaleza y de que había que probarlos con la avidez y el desafuero con que se prueban los duraznos en agosto.

Íbamos de una boca a la otra primero con temor y después con euforia, como si el mundo apenas hubiera nacido. Y en nuestra actitud no sólo había emoción, sino incluso fervor y reverencia ante lo inaudito. Como no estábamos educadas sino en la idea del sexo por amor, tendíamos a enamorarnos en segundos del hombre con el que lo hacíamos, y de ahí que padeciéramos con frecuencia la mirada indiferente y el olvido de hombres que aprendieron desde casi niños a dividir sexo de amor y a sólo juntarlos ocasionalmente, cuando pensaban en casarse o los partía el rayo inevitable del inevitable enamoramiento.

Éramos inciertas y febriles como el mes de marzo. Y no teníamos miedo. ¿A qué íbamos a temerle? Todo estaba perdido. O mejor aún, todo podía ganarse: la libertad, la justicia, el amor, la inteligencia. Teníamos veinte años, que era como tener el mundo y abrazarlo. Casi todas estábamos enamoradas de un imposible. Sin embargo, entre encuentro y encuentro con sus ojos escasos, hacíamos el amor o lo intentábamos en busca de sosiego, con quien más rápido y menos mal nos lo pidiera.

Habíamos dado con el amor libre como quien da con un río. Y parecía cosa de navegarlo con quien fuera, porque lo otro hubiera sido dejarlo ir, y dejarlo ir era morirse antes de tiempo.

¿ Y quién quería morirse en esos años? Yo no, ni muchos de nosotros, pero no faltó quien. En nombre de la patria y el futuro, de la justicia y la igualdad, del socialismo y el mundo nuevo murieron miles de jóvenes en sus años más vivos, durante ese tiempo tan promisorio como perplejo.

México entonces era distinto del país que hoy vivimos. De seguro menos peligroso para el ciudadano común, pero también menos ferviente, menos audaz de lo que hoy es. Sin embargo, quienes tuvimos la primera juventud en ese México y gozamos la fortuna de no enfrentar ni la muerte ni el tedio, ni la venganza ni la derrota, vivimos unos años al borde de un acantilado, y fuimos desatados como dioses, porque sólo desatados queríamos ser.

No buscamos la muerte, pero la vimos de cerca en el espanto con que nos miraban los compañeros de universidad a quienes encerraban en cárceles de paso y tortura, para cercarlos con la sospecha de que eran guerrilleros, porque andaban en pantalones viejos, con el cabello largo y desordenado o porque esgrimían un gesto desafiante o porque sí.

  Sórdido y cruel era el mundo de la política entonces. A la orilla de ese mundo hubo quien se empeñó en amores y desfalcos que no había imaginado, en guerras menos públicas, pero no siempre menos intensas. El asunto era correr un riesgo. Aunque sólo fuera el riesgo de perder los pudores y los miedos en que nos crecieron. Eran días de tardes ardientes y largas noches como espejos. Andábamos buscando el cielo en la tierra y a ratos lo encontrábamos. Cada día era el principio y cada atardecer una cosecha. Aprendíamos del aire, soñábamos con tener recuerdos y todo nuestro empeñó era ser cabalmente felices o desventurados, lo que fuera pidiéndonos la vida, cualquier cosa menos perderse el mundo, menos no estar del todo en cada hora.

Había huelgas y marchas, se iban a la guerrilla nuestros compañeros de banca, acompañábamos de cerca cuanta causa perdida o fantástica apareciera en un volante de colores, y leíamos voraces libros desencantados y poesía.

El futuro era entonces la próxima semana y el pasado era ayer en la noche. Para algunos de aquellos, el mundo quiere aún tener algo de ese perfume, mejorado por el tamiz de otras certezas, idéntico en su empeño por conservar el respeto al amor en libertad.

Aún sigue siendo difícil de explicar y más aún de hacer cierta en la vida cotidiana semejante voluntad de respeto a lo que cada quien quiere, necesita y considera oportuno hacer con su cuerpo y su destino en amores. Todavía se escandaliza el país y aún goza el mundo con el espectáculo que puede ser una conversación telefónica entre dos personas que teniendo su vida ligada por jueces e hijos a otras personas, tuvieron el desatino de declarar en una bocina el éxtasis que a uno le provocó la entrepierna del otro. Como si los deseos fueran cosa de juramento y larguísimo plazo.

Y esta mi certidumbre es todo menos un descubrimiento reciente, se ha hablado de ella tanto que podría reunirse una biblioteca en torno al tema para usarla como metáfora de una reiteración. No es novedoso ya ni en Guanajuato ni en Puebla ni en Monterrey, el permiso para enamorarse de quien mejor o peor les venga en gana a hombres y a mujeres, aún contra sí mismos y quienes deberían ser, ya no se diga contra la opinión de su mundo, o la idea que de él tengan quienes los rodean quienes los quieren o los detestan, quienes se portan como si los odiaran mientras pregonan el pretexto de que los aman, quienes no tienen nada mejor que hacer y se ocupan del cuerpo del vecino en vez de ocupar su cuerpo en ir buscando los caminos que el deseo les proponga.

La literatura está poblada con las historias de amores prohibidos que triunfan o pierden frente a este desafío, pero que de cualquier modo lo enfrentan como se enfrenta lo invencible: el mar, los terremotos, la lluvia, el arcoíris, la lepra, la poesía.

Es tan trivial el tema que debía avergonzarnos anclar por él en este 2001 que tantas novedades celebra. Pero supongo que por muy modernos y democráticos y renovados que presumamos ser, habrá que ir a él como al agua de todos los días, mientras haya necios empeñados en llamarse a escándalo por el modo, el permiso, la falta de permiso, la legalidad, la religión, la estirpe que permite o impide una sencillez de la nobleza que es el amor entre una piel y la otra, una memoria y otra, una lujuria y otra, unas manos y otras, la tela que arropa un cuerpo y el cuerpo que se arropa en otra tela, el aroma guardado en un delirio y el delirio que nos hace incapaces de un olvido. ¿Tonterías? Valores imprescindibles que no hay prensa, ni democracia, ni autoridad, ni opinión, ni voz que tenga derecho a perturbar.

Me detengo frente al tema con la humildad que me produce saber que ha sido tocado con maestría, en nuestro medio, para hablar de tiempos recientes, de frases con las que me acompaño a diario, por voces como las de Neruda o Sabines, pero si he de ponerme aún más democrática y segura de que a unos poetas no arredrará la cercanía con otros, si han sabido estar cerca en la memoria de los encarcelados por la idiotez de que en amores hay tal cosa como lo debido y lo indebido, también por voces como la de José Alfredo y Manzanero. Para citar sólo cuatro: “¿Por qué los árboles esconden el esplendor de sus raíces?”. ¿”Qué haríamos sin el amarillo? ¿Con qué amasaríamos el pan?”, se pregunta Neruda. “Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado”, nos lastima Sabines. “Si nos dejan”, deplora José Alfredo. “Mía, aunque tú vayas por otro camino”, inicia Manzanero otra canción desesperada. Carajo, quiere decir uno, por más que sepa que todas estas prohibiciones son muchas veces un ingrediente noble que enfatiza y sofistica la textura del amor. Sin embargo, no siempre, no cuando las hacen quienes estorban con la moralina de lo conveniente más que con la siempre implacable razón del si me entero, me atormentas.

Creo tras tanto palabrear, contradiciendo la sabia sentencia que me ata a quien aconsejó, “Los amorosos callan”, que ya no debería decir nada más en torno al reiterado, pero necesario tema. Sin embargo, no quiero dejar de ayudarme en este alegato citando a Jesús, según sé todavía un clásico de la Iglesia Católica, que tanto ha batallado para que sus rebeldes creyentes, declarados el noventa por ciento de los mexicanos, pasen sus sábanas por la licitación eclesiástica: “El que esté libre de culpa, que tire la primera piedra”. O parafraseándolo con objeto de acercarlo al caso: “El que esté libre de cama libre, que tire la primera almohada”. n

Angeles Mastretta. Escritora. Su más reciente libro es Ninguna eternidad como la mía.

Problemas de voto en el extranjero

PROBLEMAS DEL VOTO EN EL EXTRANJERO

POR DIEGO VALADÉS

Tiene razón José Woldenberg cuando señala (Nexos, julio 2001) que el tema del voto de los mexicanos en el extranjero merece una nueva reflexión. Este es un asunto que me ha interesado desde hace algunos años, y acerca del cual Jorge Carpizo y yo publicamos un estudio (El voto de los mexicanos en el extranjero, cuya primera edición correspondió a la UNAM en 1998, y la segunda a Editorial Porrúa, en 1999). No repetiré aquí los argumentos que sostenemos en ese trabajo, sino sólo algunas cuestiones a propósito del ejercicio del sufragio en el extranjero que hasta ahora no he visto aclaradas.

1. Cuando se habla de que voten los mexicanos en el extranjero no se suele precisar si se refiere a todos los mexicanos o solamente a quienes se encuentren temporalmente ausentes del territorio nacional. Yo estoy totalmente a favor de que voten los ciudadanos que se encuentren transitoriamente fuera del país, y estoy dispuesto a escuchar las razones de quienes favorezcan el voto de ciudadanos mexicanos nacidos en el extranjero y que nunca hayan vivido, ni piensen hacerlo, en México. Me interesa mucho saber por qué podrían elegir a las autoridades cuyas decisiones no les afectarán.

2. En virtud de la reforma constitucional de 1998 los mexicanos pueden tener doble nacionalidad y, por lo mismo, doble ciudadanía. En el caso de los que decidan libremente adoptar la ciudadanía norteamericana, las leyes de Estados Unidos prevén que juren lealtad a las instituciones de ese país y que expresamente abjuren de la lealtad que hubieran tenido con relación a cualquier otro país. También en este caso me interesa conocer los argumentos conforme a los cuales tenga derecho a participar en las elecciones mexicanas un ciudadano que expresamente abjuró de su lealtad a México y que está imposibilitado para cumplir con algunos deberes cívicos (la defensa de la nación, por ejemplo).

3. Votar requiere un mínimo de información; de otra manera el sufragio deja de ser una expresión democrática y se convierte en un acto mecánico. Con ese motivo el artículo 41 constitucional establece como prerrogativas de los partidos el acceso a los medios de comunicación y la franquicia postal. Me interesa igualmente conocer qué podremos hacer para mantener informados a los millones de mexicanos que residen de manera permanente fuera de nuestras fronteras. ¿Acaso tendremos que pagar a las cadenas de radio, televisión y prensa la transmisión y publicación de los mensajes de todos los partidos mexicanos?

 ¿O preferiremos que nuestros conciudadanos de allá voten a ciegas? Además, como es natural que los medios de Estados Unidos traten de influir en la decisión de quienes viven en ese país, también me gustaría saber qué haremos para convencerlos de lo que es mejor para los mexicanos, aunque pueda no serlo para los norteamericanos.

4. La admisión de extranjeros en cualquier país es un acto de soberanía. En este caso la presencia de los candidatos mexicanos estaría sujeta a la autorización de los funcionarios migratorios norteamericanos. Yo no dispongo de argumentos convincentes para demostrar que esté entre los mejores intereses de México que las autoridades norteamericanas decidan quién sí y quién no puede hacer campaña política en su territorio; pero supongo que habrá quienes sí tengan esos argumentos a la mano, y los estudiaré con enorme interés.

5. Sé que los aspectos técnicos de la votación se pueden resolver, aunque resulten un poco caros. Esto en realidad no me parece lo más preocupante; lo que sí considero digno de atención es la forma de regular las aportaciones a los partidos entregadas y erogadas en el extranjero. Vale la pena escuchar las soluciones que se planteen para este asunto.

Tenemos una gran deuda con los mexicanos en el extranjero, y darles el derecho a votar me parece sólo una forma de quererles compensar por el desinterés que hemos mostrado hacia ellos. Pero eso no es lo mejor que podemos hacer por nuestros conciudadanos; lo que realmente tendría relevancia sería que adoptáramos una política migratoria clara y eficaz. Para los centenares de millares que han tenido que abandonar el país por causas económicas no tenemos programas adecuados de repatriación, de cultura, de educación, de asistencia jurídica, de seguridad social. Sabemos que con sus muy importantes remesas contribuyen al sostenimiento de más de un millón de familias mexicanas y al desarrollo económico del país; a cambio de esto hacemos bastante poco para apoyarlos frente a los problemas que padecen. Sólo las encomiables tareas de protección que llevan a cabo nuestros consulados mitigan en algo esos problemas; pero incluso nuestros agentes consulares tienen que soportar los efectos de la parsimonia hacendaria.

Tengo la convicción (pero cambiaré si se me dan buenos argumentos) de que el voto no les ofrece mejores condiciones de vida a ellos ni mayor independencia a nosotros, y me parece que todos acabaremos perdiendo. También estoy seguro de que podemos y debemos hacer muchas cosas para compensar su esfuerzo y atenuar su exclusión, pero no las estamos intentando.

Por de pronto la reflexión a la que inteligentemente nos ha convocado José Woldenberg puede ofrecernos la oportunidad de discutir, con seriedad y serenidad, acerca de la responsabilidad que tenemos con millones de mexicanos que han perdido nuestro sol.  n

Diego Valadés Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La gota

CALEIDOSCOPIO

LA GOTA

POR JOSÉ WOLDENBERG

La gota es:

•  enfermedad crónica,

•  ácido úrico concentrado,

•  dolor quemante,

•  supremacía de la genética,

•  almacén de cristales,

•  aullido animal.

•  tortura que no puede combatir la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

•  fuego concentrado,

•  juramento de no reincidencia,

•  brasa en el dedo,

•  alfires en las articulaciones,

•  la venganza de la vida,

•  horno de alta combustión,

•  envidia por los peatones,

•  recordatorio del alma,

•  herencia maldita.

•  por desgracia, no es “pequeña cantidad de líquido que se desprende en

forma de glóbulo”, según el Larousse,

•  bola purpúrea,

•  sol abrasador anaranjado,

•  lámina acanalada ardiente,

•   antónimo de vino, carne, cerveza, mariscos; la vida, pues, o parte de ella.

•  despedida del zapato,

•  plegaria por una cama,

•  mi reino por un Dolac,

•  mal de ricos, dicen.

•  la hora del Voltarén Retard,

•  esperanza en la colchicina y el famoso alopurinol,

•  tintineo de aceite hirviendo,

•  llamarada,

•  amargura,

•  una de las formas del mal en la tierra,

•  ¿castigo?,

•  la auténtica hoguera de las vanidades (no la de Tom Wolf),

•  momento para la promesa de una vida frugal (imposible),

•  Enrique VIII, Rey de Inglaterra, y sus múltiples mujeres, a las que despachaba, según mi hipótesis, cuando sufría un ataque de…,

•  parálisis física y del alma,

•  páramo vital,

•  pena por la vulgaridad del achaque,

•  dictadura del cuerpo,

•  ruina momentánea,

•  “ni con el pétalo de una sábana”,

•  análisis sanguíneos en búsqueda del rango 3.5- 8.5 MG/DL de A.U.,

•  rastreo adicional de perfil de lípidos,

•  disparador de la misantropía.

•  la otra acepción de estirar la pata,

•  penitencia laica,

•  reclusión, aislamiento,

•  añoranza de la movilidad,

•  pasajera (uff).                    n

José Woldenberg Consejero. Presidente del IFE. Entre sus libros, La mecánica del cambio político en México.

De la sociedad victoriana a la era de la hiperinformación

TECNOEROTISMO

DE LA SOCIEDAD VICTORIANA A LA ERA DE LA HIPERINFORMACIÓN

 POR NAIEF YEHYA

La utopía de que el sexo puede volverse más placentero, más intenso y abundante le debe mucho a los avances tecnológicos. Como Naief Yehya muestra en este recorrido por los últimos dos siglos de historia, las relaciones entre sexualidad y tecnología son una constante que alienta toda clase de fantasías, delirios y prohibiciones.

En el ocaso del siglo XVIII las excolonias británicas de Norteamérica adoptaron un sistema de gobierno revolucionario para su época y crearon entre sus principales instituciones a la Oficina de Patentes, una dependencia que tenía el objetivo de alentar a los inventores y proteger los derechos de sus creaciones. Mediante este sistema el inventor ya no tenía que tener un mecenas ni ser altruista, sino que podía hacer públicos sus inventos y obtener beneficios económicos de ellos. Esta oficina, un producto de la revolución industrial, fue fundamental en la obsesión del pueblo estadunidense con las máquinas. Inicialmente los inventos registrados por esta sociedad agrícola y estoica tenían que ver con el trabajo en el campo, las armas, el transporte y la conservación de alimentos, pero una sociedad tan reprimida en lo sexual no tardó demasiado en recurrir a la tecnología para crear máquinas para controlar sus deseos, complementar sus necesidades y administrar sus tentaciones. Los dispositivos relacionados con las funciones sexuales tienen una larga historia, desde los falos de hueso de ballena japoneses hasta los condones franceses, pasando por una enorme gama de cinturones de castidad, brasieres, arpones vaginales antiviolaciones, anticonceptivos y productos abortivos. Muchos de estos artículos existían desde hace siglos, los falos de madera y cuero tenían mucha demanda en Grecia desde antes del año 500 A. C. Durante la Edad Media los penes artificiales, conocidos como passatempos, dilettos y godemiches, eran comunes en Europa. Como estos artefactos eran muy exitosos entre las mujeres burguesas, en el siglo XVIII fueron perfeccionados (algunos tenían cámaras internas para agua caliente y otros contaban con funciones mecánicas, con péndulos, contrapesos y esferas para crear un movimiento oscilatorio o vibratorio) y embellecidos (tenían inserciones de plata, marfil y otros metales). La revolución industrial trajo consigo una revolución del sexo mediatizado e introdujo de manera amplia el uso cotidiano de una variedad de dispositivos sexuales como la esponja anticonceptiva, patentada en 1867, o el primer vibrador vaginal eléctrico, el cual se anunciaba en las revistas femeninas desde 1906 (es decir que fue inventado después de la máquina de coser, pero antes de la aspiradora y la plancha eléctrica). Resulta interesante que la electrificación del placer femenino tuviera lugar antes que la mecanización de la limpieza y de otras tareas domésticas. No es que la sociedad victoriana de principios del siglo XX fuera un territorio hospitalario para el orgasmo femenino, sino que el vibrador se vendía supuestamente como una herramienta para que los médicos combatieran la histeria, una terrible enfermedad, cuyos síntomas clásicos eran ansiedad, insomnio, nerviosismo, irritabilidad, pesadez en el abdomen, lubricación vaginal y fantasías eróticas. Las terapias empleadas para aliviar esta terrible aflicción hasta el siglo XVI iban desde mecerse suavemente hasta galopar con violencia a caballo. En 1653, un tratado médico explicaba que convenía que el médico diera vigoroso masaje a los genitales, teniendo en mente que las mejores curas debían producir placer y dolor. La función del vibrador era simplificar una tarea que podía ser agotadora para el galeno y no provocar orgasmos a la mujer, la existencia de los cuales ni siquiera era reconocida por la ciencia médica. No obstante, los fabricantes de estos vibradores sabían a qué público querían alcanzar al anunciar sus productos en revistas femeninas.

Las patentes de inventos relacionados con las funciones sexuales comienzan a aparecer en el registro a partir del 28 de agosto de 1846, cuando John Beers, un dentista de Rochester, patentó su wife’s protector, un ingenioso pero rudimentario diafragma hecho de alambre de oro y seda lubricada. El invento de Beers, al margen de su funcionalidad o eficiencia, es importante ya que constituye el primer artículo registrado cuya intención era que la pareja pudiera tener relaciones sexuales sin riesgos, además de que ofrecía a la mujer el control de su sexualidad. Pero como apunta Hoag Levins en su libro American Sex Machines, después de Beers muchos otros inventores con espíritu Victoriano pusieron a trabajar su ingenio para encontrar nuevos y mejores aparatos que tenían una finalidad diametralmente opuesta: reprimir, controlar y eliminar los deseos sexuales, como calzoncillos con bolsas genitales, anillos para el pene con puntas afiladas, arneses antimastubatorios eléctricos y mecánicos destinados a controlar la lascivia.

Durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar en Estados Unidos una guerra sin cuartel en contra de la masturbación, la cual, según algunas autoridades médicas de la época como el doctor Simon-André Tissot, provocaba impotencia, ceguera, sordera e incluso la locura, debido a un aumento de presión en el interior del cráneo que dañaba de manera irreparable el sistema nervioso. Ellen Perkins, la inventora de la armadura sexual (un calzoncillo con un compartimiento metálico que podía cerrarse con candado para proteger el área genital del hombre o la mujer y que contaba con una rejilla para permitir el paso de materia líquida), declaró a la Oficina de Patentes: “Es un hecho deplorable pero bien sabido que una de las causas más comunes de la locura, la imbecilidad y la debilidad mental, especialmente entre los jóvenes, es la masturbación o el autoabuso”. En ese tiempo se organizaban movimientos nacionales que exigían a los familiares a espiarse mutuamente para desenmascarar a los masturbadores, los cuales podían ser humillados públicamente, encerrados en manicomios o bien castrados. Esta epidemia histérica generó una carrera tecnológica para producir más y mejores dispositivos para detectar y eliminar erecciones así como para mantener alejadas las manos de las áreas genitales. A pesar de que esta ofensiva pretendía tener fundamentos científicos, la realidad es que se trataba de una cruzada moralista que utilizaba a la tecnología como una herramienta purificadora.    Paradójicamente muchas de las herramientas de tortura y sometimiento creadas para extinguir el deseo fueron rápidamente recicladas como parafernalia sadomasoquista e incorporadas a complicados rituales eróticos, a intrincados juegos de roles, bondage y dominio. No es demasiado arriesgado afirmar que esta cruzada derivó en la obsesión fetichista del pueblo estadunidense y en un delirio sadomasoquista con la tecnología.

La utopía de que el sexo podría volverse más placentero, más intenso y más abundante difícilmente podría cumplirse al introducir en las relaciones un arsenal de estimuladores ginecológicos, anillos constrictores del pene o muñecas y muñecos inflables. En cambio, la aparición de la pastilla anticonceptiva en 1959 diluyó los temores y reservas de muchas mujeres al darles la capacidad de normar su cuerpo y transformar su sexualidad en algo recreativo, controlable y relativamente seguro al separar eficientemente el acto sexual de la reproducción. La pildora anticonceptiva sistematizó la protección que antes las mujeres debían confiar a métodos falibles y en ocasiones peligrosos. Si bien la militancia y el activismo político fueron clave en los movimientos femeninos de los años sesenta, en cierta forma no podríamos hablar de liberación femenina de no ser por la introducción y popularización de la pastilla anticonceptiva. Una revolución de proporciones semejantes tuvo lugar más recientemente con la introducción de las sustancias vasodilatantes que hacían posible alcanzar la erección a muchos hombres que padecían de algún grado de impotencia. Tras dos décadas de experimentar con métodos inseguros y dolorosos para suministrar la sustancia al pene (mediante inyecciones que se aplicaban directamente al cuerpo cavernoso) en abril de 1998 apareció en el mercado una pastilla azul en forma de diamante de sildenafil llamada Viagra. Esta poderosa droga estaba originalmente destinada para personas de edad avanzada o para quienes sufrían de problemas para alcanzar la erección, pero pronto fue adoptada por otro tipo de usuaríos sexualmente saludables que la hicieron el eje de una nueva obsesión fálica. La pequeña pastilla se transformó en la poción mágica de la hipervirilidad.

Ahora bien, hay fantasías eróticas que requieren más que un empujón químico, como es la transexualidad, sin duda uno de los casos más extremos de la relación entre tecnología y sexualidad. Otros procedimientos de cirugía tienen la intención de mejorar la eficiencia o atractivo sexual del paciente, como la extensión del pene, la liposucción, los implantes de senos artificiales o la reconstrucción del himen, pero la transexualidad implica que el cuerpo entero es transformado en una réplica del sexo opuesto mediante elementos meramente simbólicos como los cosméticos o la ropa, pero también a través del uso de hormonas y cirugía. La transexualidad se puede dar a diferentes niveles desde el simple trasvestismo hasta el cambio de sexo total pasando por diversos grados de androginismo. Difícilmente podemos imaginar un uso más radical de la tecnología sexual que para franquear la frontera entre los géneros.

La manipulación de la carne como plastilina para las fantasías eróticas es una práctica tan vieja como las herramientas de piedra que eran usadas para castrar ritualmente a algunos jóvenes en diversas sociedades neolíticas. El código babilónico de Hammurabi, escrito en el año 2000 A. C., ofrece el primer recuento escrito de una castración. Otras referencias a esta práctica aparecen en Egipto alrededor del año 1200 A. C. y en China unos doscientos años más tarde. No obstante, los avances tecnológicos de la actualidad han hecho de este procedimiento brutal una práctica quirúrgica común y, más importante aún, han modificado nuestra percepción del ser, que en cierta forma vemos ahora como el software que controla un hardware intercambiable, actualizable y eventualmente desechable.

La tecnología no aparece en el territorio de lo sexual únicamente en forma de objetos físicos o productos químicos para estimular o suprimir las sensaciones, sino que aparece desde muy temprano en la cultura en forma de discurso, como texto o imágenes, destinados para servir como intermediarios entre la imaginación y la carne. La tecnología de la escritura, las técnicas de impresión y de reproducción de imágenes han canalizado una infinidad de fantasías eróticas, por lo menos desde el tiempo de los sumerios, quienes hace más de 4000 años plasmaron en escritura cuneiforme poesía cargada de sensualidad en tablillas de barro. A partir de entonces se estableció una relación de dependencia entre las tecnologías de la comunicación y el erotismo. El deseo sexual se transformó en un infatigable motor de la invención y del desarrollo de nuevas y mejores tecnologías. A la vez de que los medios de comunicación comenzaron a volverse indispensables en la vida sexual de las masas. Así, la imprenta, el cine, el video, el CD-ROM e Internet se han desarrollado y perfeccionado en buena medida debido a la fascinación voyeurista que ofrecen y a la demanda de que son objeto. Todos estos medios han florecido en su momento en medio de una intensa especulación respecto a su potencial para ofrecer gratificación sexual, a través de ese oscuro objeto del deseo que se denomina pornografía.

  La pornografía es un producto de la tecnología y la modernidad. El término pornografía es relativamente reciente ya que entra en uso a fines del siglo XVIII para referirse a los escritos acerca de prostitutas. El erotismo en imágenes y textos existe prácticamente desde hace 27,000 años, un tiempo en el que los hombres que no sabían hacer platos ni vasijas útiles, sin embargo, esculpían voluptuosas figurillas femeninas en barro cocido, como la célebre Venus de Willendorf. Con la aparición del concepto de pornografía, lo erótico fue separado, con criterios arbitrarios de contenido, entre lo que era aceptable y lo inaceptable. Esta diferenciación fue introducida por las clases poderosas y la elite cultural, que hasta entonces habían tenido el monopolio del consumo del material sexualmente explícito, para sancionar a las masas e impedir que éstas tuvieran acceso a materiales que ellos consideraban peligrosos y que podrían conducir a su degeneración moral. Esta actitud paternalista ocurre debido a un fenómeno tecnológico: el impacto de la imprenta en la cultura, el abaratamiento y distribución amplia de libros e imágenes. No hay que olvidar que poco después de imprimir las primeras biblias y textos religiosos, los impresores se aventuraron por el terreno del deseo. Por lo menos desde 1523 comienzan a publicarse y a circular libros con contenido sexual.

  Lo que se busca en la tecnología y en la imagen pornográfica es la novedad y la capacidad de sorprendernos. La tecnología es la continua búsqueda e irrefrenable obsesión con lo nuevo y con mejores maneras de hacer las cosas. Como apunta Lynn Hunt en The Invention of Pornography, el hombre tiende a ver la tecnología en términos sexuales y la sexualidad en términos tecnológicos.

Más que un simple catálogo de actos sexuales, posiciones, genitales y rostros de éxtasis, la pornografía capara detalles, gestos y símbolos que de alguna manera entran en resonancia con las fantasías del espectador. Para un observador casual la pornografía puede parecer un género monótono y repetitivo; no obstante, los pornógrafos saben que en su negocio la forma es fondo y por lo tanto siempre están buscando nuevos medios, experimentando con discursos, adaptando todo tipo de formatos y probando prototipos para mantener cautivo a un público siempre curioso y ansioso de novedades. El mismo Marqués de Sade sabía que las posibilidades sexuales del cuerpo eran limitadas, que el número de variantes al coito no era infinito y que la repetición de los mismos actos conducía al aburrimiento; por eso su obra es una prolongada exploración de los límites corporales y de las herramientas para alcanzar los extremos de la sexualidad, los cuales a menudo concluían en lesiones y, en ocasiones, en el desmembramiento del cuerpo.

Así como la revolución industrial introdujo cientos de dispositivos mecánicos destinados a modificar (“mejorar”) nuestra relación con el sexo, la revolución digital ha venido a transformar el panorama del erotismo. Después de dos décadas de impresionante expansión del mercado pornográfico gracias a la videocasetera casera, los pioneros de la pornografía vieron en lo digital una nueva tierra prometida. Así, en poco tiempo expusieron las posibilidades del CD-ROM y de la tecnología interactiva y de ahí se lanzaron a la conquista de internet, un espacio que parece hecho a la medida de este género y que ofrece una enorme cantidad de posibilidades para el erotismo: foros de chat donde varias personas pueden entablar relaciones eróticas a distancia, MUDs (Dominios Multiusuarios), sitios porno del web que ofrecen imágenes, video y audio porno en todas las especialidades posibles, newsgroups en los que los participantes pueden compartir opiniones, fotos, video, audio y cualquier cosa digitalizables, show eróticos en los que un cliente puede pedir a una o varias modelos que actúen para él como en un peepshow. y webcams que ofrecen imágenes voyeuristas en tiempo real con cámaras que espían gente a veces con su consentimiento y otras de manera clandestina. Si algo puede ser muy revelador es que muchas empresas dot com o empresas de internet involucradas en la cyberporno están entre las que han sobrevivido al colapso de la “Nueva Economía Digital” y son de las pocas que producen utilidades.

Se espera que en un futuro cercano se desarrolle la tecnología de los teledildonics. un término acuñado por Howard Rheingold en su Virtual Reality, que consiste en actos sexuales simulados en un entorno de realidad virtual en donde el o los participantes pueden tener sensaciones físicas (presión, vibración, humedad, olor) producidas quizá mediante trajes o accesorios con sensores y estimuladores que respondan a lo que suceda en las imágenes, a la manera en que en algunos videojuegos extremadamente realistas los aceleradores de los coches vibran, se sienten los choques en el volante o las armas parecen “dar una patada” al disparar.

La pornografía en línea ha transformado el consumo de este género de manera impactante. Si bien el video hizo muy fácil y simple para cualquiera el poder ver una película porno en la seguridad e intimidad del hogar, la red ofrece un espacio privado para interactuar con todo tipo de fantasía erótica, una mina inagotable de sorpresas y secretos, un flujo enloquecedor de estímulos sexuales y una demencial gama de posibilidades en el terreno donde entran en colisión el sexo y la tecnología. Antes de la red era muy difícil saber siquiera de la existencia de fetiches y prácticas sexuales tan especializadas como la coprofagia, la hierofilia (excitación sexual producida por los objetos sagrados), los deportes de sangre (la serie de prácticas sexuales que involucran perforar la piel, labios, testículos y penes) o el Bukkake (una práctica cada vez más popular, cuyo nombre quiere decir chorrear o salpicar en japonés, y que consiste en que una mujer recibe en el rostro chorros de semen de decenas de hombres). Hoy basta con un poco de paciencia para encontrar comunidades y sitios dedicados a toda clase de actos inusuales y extraños.

Este paraíso erótico digital en el que aparentemente podemos sentirnos seguros de expresar nuestros deseos más inconfesables y en el que podemos descubrir los rincones inimaginables de nuestros propios deseos, presenta un pequeño problema al cibernauta: en la red todos nuestros movimientos dejan huellas que pueden ser seguidas por curiosos, criminales y, peor aún, por la policía del pensamiento. La misma legión de censores que tomó la inspiración del “protector para la esposa” de John Beers para engendrar docenas de máquinas atroces destinadas a extinguir toda tentación se dedica hoy a perseguir el deseo enarbolando su nueva causa célebre: la lucha contra la pornografía infantil y la pedofilia. Si bien éstos son crímenes reales que deben ser perseguidos, la nueva cruzada de los cyberpolicías del eros está llevando a la red a una nueva era victoriana de represión, paranoia y humillaciones públicas. n

Naief Yehya. Escritor. Su más reciente libro es El cuerpo transformado, que explora las relaciones entre humanidad y tecnología.

Hora y veinte. Cultura y vida cotidiana

EL CIERRE CICLÓNICO.

HORA Y VEINTE

CULTURA Y VIDA COTIDIANA

En el mes de septiembre abrirá sus puertas la Universidad de la Ciudad de México. El costo del proyecto de las preparatorias y de la universidad asciende a 453 millones de pesos. Muy probablemente, por primera vez en la historia de la educación, una universidad inicia sus actividades públicas bajo la sombra de una idea que, más que educativa, parece lema publicitario de una organización de banca múltiple: “atención personal, humanizada”. (Universidad de la suerte. Ver p. 104).

El Semanario Cultural, suplemento del periódico Novedades, cumplió veinte años de presencia en la vida cultural mexicana. Entrevistado por el periódico Milenio, José de la Colina, director del suplemento, declaró enfático: “Te digo que detesto los suplementos. Para mí es un trabajo que yo encuentro digno, que me produce algunas satisfacciones y que me da para vivir”. Y si Pepe detesta los suplementos, ¿por qué lleva tantos años al frente de uno de ellos? Entonces, pese a sí mismo, De la Colina ha dirigido con fortuna esas páginas cuyo único defecto es que son muy pocas para la amplia lasitud de los domingos.

Los canales 11 y 22 estrenaron su nueva programación. Entre sus novedades destacan El tal Chou, conducido por Iván Martínez y Fernanda Tapia, en el caso del 11, y El Gimnasio. Spa de Letras, llevado a empellones por Pablo Boullosa. Los esfuerzos por atraer diversos públicos no han demostrado, en ningún medio cultural, su eficacia; más bien al contrario: pierden audiencia y seriedad, es decir, pierden dos veces. Como si la cultura vergonzante, “no vayan a creer que esto es aburrido”, multiplicara televidentes. ¿Le robarán espectadores a don Francisco, a Coque Muñiz, o se robarán a sí mismos?

Tres edades del cine ocurren al tiempo en la misma cartelera cinematográfica: Su Alteza Serenísima, de Felipe Casals, Y tú mamá también, de Alfonso Cuarón, y Perfume de violetas, de Marisa Sistach. La diversidad sin duda enriquece, pero ¿cuál es la edad más deseable o posible del cine nacional? Quien haya visto Y tu mamá también conoce ya la respuesta.

El difamador Carlos Ramírez abandonó el periódico El Universal. Uno más en su larga lista de pleitos interesados. No es una noticia importante, pero nunca está de más seguirle las huellas a la injuria.

Durante las Jornadas

Metropolitanas de Estudios Culturales realizadas en Casa Lamm, Gustavo Sáinz, escritor invitado, analizó las tendencias del mercado editorial en México y el mundo. Dijo Sáinz: “Se ha sacrificado la literatura por el mercado. Ya no se habla del mejor escritor contemporáneo sino del que más vende, es exportable y genera ganancias importantes a determinada casa de publicaciones. Sólo algunos sellos mexicanos, Siglo XXI, ERA, Cal y Arena, han logrado sobrevivir al embate del neoliberalismo y la globalización”.

La industria editorial mexicana no prosperará mientras no se revise, como ocurrió en otras partes del mundo, la ruta editorial y el proceso de producción del libro de texto gratuito. El Estado mexicano secuestró el libro de texto. El gobierno es al mismo tiempo su proveedor y su cliente mientras la industria mexicana de las artes gráficas agoniza .(Literatura, industria y mercado. Ver p. 106).

En materia de IVA,

¿se debe distinguir entre libros “serios” y libros “chatarra”? El director del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, piensa que sí. (Más sobre los libros y la noche. Ver p. 107).

La buena noticia es que la tienda Liverpool ha montado una gran feria editorial. La mala noticia es que los diseñadores de tal feria creen que los libros de autoayuda, y aledaños, son letras. (Feria de letras. Ver p. 107).

En las últimas semanas, la editorial Alfaguara ha reeditado, y relanzado. El resplandor de la madera. la quinta novela de Héctor Aguilar Camín, a la cual precedieron Morir en el golfo, La guerra de Galio, El error de la luna y Un soplo en el río. El pasado 15 de junio, en la ciudad de Santiago, el Estado chileno premió la madurez narrativa y el talento ensayístico de Aguilar Camín con la medalla Gabriela Mistral. (En este mismo número publicamos el discurso de Aguilar Camín al recibir la Medalla: Un chileno adoptivo. Ver p. 88)

El escritor español Enrique Vila-Matas obtuvo el Premio Rómulo Gallegos 2001 por su libro El viaje vertical: “Mi literatura es excéntrica y está lejos del centro, o de lo ortodoxo. A veces pone en evidencia a los críticos, lo cual en el fondo es divertido. Hay muy pocos críticos con un criterio propio, independiente, la mayoría necesita que alguien les diga qué y cómo leer. Sin embargo, el premio es una gran satisfacción, acepto el elogio, porque quien lo rechaza está pidiendo ser reconocido dos veces”. (Crónica Dominical, julio 15, 2001).

El 27 de junio murió el actor Jack Lemmon, quien filmó cerca de 70 películas, varias de ellas dirigidas por Billy Wilder, además un gran recolector y surtidor de anécdotas de Lemmon. (Jack Lemmon: Cómo actuar en una sola lección. Ver p. 108).

 ¿Quién quiere los derechos de autor de Mi lucha de Adolf Hitler? Resulta que Hitler no sólo fue un

pintor de brocha gorda sino un autor que sigue vendiendo. (El Longseller de Hitler. Ver p. 107).

El médico Harold Shipman era un padre apasible, amante del arte, generoso con sus vecinos. Asesinaba a sus pacientes mediante dosis planeadas de morfina. Mató a 466 de sus pacientes en Hyde, una pequeña ciudad inglesa cercana a Manchester. n

Universidadde la suerte

En el mes de septiembre abrirá sus puertas la Universidad de la Ciudad de México. Su flamante rector, Manuel Pérez Rocha, declaró lo siguiente en una conferencia de prensa: “nos proponemos un proceso educativo muy humanizado, con una atención personal. Por supuesto que si en algún caso concreto encontramos una situación intolerable, pues la universidad puede decirle al estudiante que ya no tiene más espacio ahí!” (La Jornada, 16 de julio, 2001). Muy probablemente por primera vez en la historia de la educación, una universidad se inicia con el lema publicitario de una organización de banca múltiple: “atención personal, humanizada”. El mecanismo de selección de la matrícula será por sorteo, como un Melate o un Progol educativo. Se trata efectivamente de una forma un tanto rara de entender la democracia.

      No es una novedad que la Universidad de la Ciudad de México surge como desprendimiento de una política proclive al populismo y con fuertes vientos en contra. La UCM no tendrá reconocimiento académico de la Secretaría de Educación Pública, tampoco de la Universidad Nacional Autónoma de México. Bien a bien, ni siquiera tiene instalaciones seguras. La Asamblea Legislativa aún no aprueba el uso del edificio de Gante número 15, en el Centro de la ciudad. La universidad iniciará sus clases en dos sedes, en Fray Servando Teresa de Mier 99 y en un sector de la ex cárcel de mujeres, a un lado de la preparatoria Iztapalapa; éstos serán por ahora los dos campus de la UCM. Manuel Pérez Rocha explicó de esta forma su propuesta educativa: “en gran medida, los fenómenos de deserción y reprobación constante de la educación superior obedecen a que los sistemas realmente se han vuelto muy despersonalizados, muy deshumanizados, los estudiantes se han convertido en un número que no tiene ninguna relación personal con los profesores” (Milenio, 13 de julio, 2001). Es decir, para el rector de la Universidad de la Ciudad de México, el índice de reprobados se debe al hecho de que son un número más en la matrícula. Este análisis al vapor de los problemas educativos mexicanos no es la simplificación menor en que ha incurrido Pérez Rocha; sus omisiones son notables: ni una palabra de los planes de estudio, de los métodos de evaluación y, sobre todo, del futuro profesional de sus egresados. El costo del proyecto de las preparatorias y la universidad asciende a 453 millones de pesos, que se han distribuido de la siguiente manera: 323 millones para la construcción o compra de los inmuebles de las instalaciones y 130 para el programa integrado de la operación del programa de educación media superior y universitaria. El costo del proyecto representa el 2.7% de acuerdo con el gasto autorizado para el desarrollo sustentable, que es 16 mil 913 millones mil 655 pesos.

Entrevistado por la revista Educación 2001 (número 69, febrero, 2001), Javier Mendoza, investigador del Centro de Estudios sobre la Universidad (CESU), se detuvo en un punto central de la UCM: “En el momento actual, en materia educativa, tienen que combinarse la equidad en el ingreso con la justicia social, que ingresen quienes tienen las condiciones académicas y se apoye a quienes no tienen las condiciones económicas y sí académicas. Es un error plantear un proyecto populista de evaluación flexible, sin un proceso riguroso de conocimiento”. Por su parte, Marcos Moshinsky dijo: “Yo creo que López Obrador no sabe lo que cuestan la universidad y las preparatorias. El presupuesto asignado para la creación de la universidad es ridículo. No se puede sostener una universidad, ni a sus profesores, con ese presupuesto”.

            Según el periódico Reforma (17 de julio, 2001), un alto porcentaje de quienes solicitan ingreso a la UCM han presentado antes exámenes en la UNAM, el IPN y la UAM. Esos aspirantes ven en la nueva universidad una posibilidad de que la suerte y no la evaluación académica los favorezca. Si los alumnos de la universidad de la Ciudad de México dependen de la suerte para estudiar, lo mismo ocurrirá con la institución y con la gestión de su rector Pérez Rocha. El azar decidirá por ellos. n

Literatura, industria y mercado

Durante las Jornadas Metropolitanas de Estudios Culturales realizadas en Casa Lamm, Gustavo Sáinz, escritor invitado, analizó las tendencias del mercado editorial en México y el mundo: “Se ha sacrificado la literatura por el mercado. Ya no se habla del mejor escritor contemporáneo sino del que más vende, es exportable y genera ganancias importantes a determinada casa de publicaciones.

Sólo algunos sellos mexicanos, Siglo XXI, ERA, Cal y Arena, han logrado sobrevivir al embate del neoliberalismo y la globalización” (Crónica, 7 de julio, 2001).

      Vayamos por partes. Primero, la industria del libro en su viaje interminable hacia la noche. El mercado editorial mexicano no prosperará mientras no se revise, como ocurrió en otras partes del mundo, la ruta editorial y el proceso de producción del libro de texto gratuito. El Estado es el proveedor y cliente del mayor tiraje de libros que hay en México. (Datos conalitec). Así, el gobierno decide que los editores privados vivan al margen del gran momento de esa industria. Mientras no se libere al menos la producción del libro de texto gratuito, con todas las prevenciones que se quieran, la industria editorial mexicana no saldrá de la agonía. Sin ese impulso industrial, la edición y comercialización del libro en México apenas sobrevivirá.

      Este tema conduce a otro, fundamental e igualmente grave: la literatura y el mercado, asuntos a los que aludió Sáinz en su conferencia. Los premios internacionales, las grandes empresas editoras, han impuesto un gusto literario. Existe ahora, efectivamente, una literatura sometida a las leyes de los consorcios. En enero de este año, el escritor Juan Goytisolo publicó en el diario El País un artículo sobre esta tendencia. Goytisolo escribió: “La amenaza más grave que hoy pesa sobre el escritor y el futuro mismo de la literatura es su rendición sin combate a los halagos del poder mediático y a las crudas leyes de la compra-venta: el tanto vendes tanto vales que levanta hasta los cuernos de la luna a los fabricantes de best-sellers y margina a quienes escriben sin anhelo de recompensa y permanecen fieles a la ética del lenguaje”. (“Vamos a menos”, El País, enero, 2001). n

Ciclo escolar

2001-2002

•     Para este año lectivo la SEP distribuirá 200 millones de libros de texto gratuitos y materiales educativos en todo el territorio nacional.

•     En preescolar la SEP entregará 3 millones 900 mil ejemplares para los niños de este nivel, así como guías de apoyo para sus padres de familia.

•     En el caso de primaria, que es el sector donde se concentra la mayor parte de la matrícula, se repartirán 118 millones 500 mil libros de texto.

•  Para este ciclo escolar la SEP entregará nuevamente libros de texto para los alumnos de secundaria. A este programa se han sumado los gobiernos de los estados, por lo que en esta ocasión se distribuyen 20 millones de ejemplares en todo el país.

•  Además de los materiales educativos para telesecundaria con 11.5 millones de ejemplares y en sistema Braille con 30 mil tomos para los alumnos invidentes, este año se entregarán más de un millón de libros en 52 lenguas indígenas y sus variantes.

•  También se repartirán 13 millones de libros para los maestros de educación básica, así como 38 millones

de ejemplares de otras ediciones.

•  Para hacer posible la distribución nacional oportuna de libros de este ciclo escolar, se utilizan 712 almacenes regionales y 2 mil 800 almacenes temporales.

•  En esta distribución también se hará uso de 3 mil 600 vehículos de carga, 8 mil 200 camionetas, 12 helicópteros y avionetas, así como 25 embarcaciones.

Fuente:

Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos, SEP.

Más sobre los libros y la noche

En la ciudad de Guadalajara. según cable de Notimex (25 de junio, 2001), el director general del Fondo de Cultura Económica, Gonzalo Celorio, advirtió sobre la necesidad de impulsar estrategias para promover la lectura entre los mexicanos ante las cifras “alarmantemente bajas” que existen.

      “Puedo decir con mucha tristeza y sin querer ser demasiado dramático que en una lista de 108 países en lo que se refiere a índices de lectura, México ocupa el lugar 107″, dijo en el acto de la firma de un convenio con la Secretaría de Educación de Jalisco.

      Indicó que las autoridades educativas y culturales tienen la enorme responsabilidad de promover la lectura “porque la lectura nos hará libres, nos dará soberanía cultural y me parece que esto es realmente muy importante”.

      Celorio precisó sin embargo que es necesario hacer una diferencia entre la “buena lectura” y una lectura “equivalente a la comida chatarra”. Dijo que efectivamente hay una buena parte de títulos publicados que son libros de mala calidad, que no ayudan ni fortalecen la cultura del lector, e incluso pueden ir en detrimento del desarrollo cultural.

Sobre la propuesta de reforma fiscal para gravar la compra de libros, Celorio mencionó que afortunadamente la comunidad intelectual y cultural de México se ha pronunciado en contra del gravamen del libro que se plantea imponer. “A mí me parece que es un asunto realmente delicado, es un asunto peligroso”, consideró Celorio. “Habría que medir y espero que nuestro Congreso lo mida con toda la sensibilidad del caso, si realmente el beneficio obtenido por la tributación fiscal al libro va a salir más barata que lo que puede tener de costo la desestimulación quizás a la lectura”.

Celorio insistió en que habría que distinguir libros de libros, “porque hay algunos libros que a lo mejor sí tendrían que estar gravados con un impuesto muy superior al que se plantea”.

      Es bueno que Celorio, director de la más importante editorial del Estado, se haga el planteamiento sobre la baja lectura nacional. Ahora bien: no gravar libros sería ya una excepción. ¿Cuál sería la excepción de la excepción que propone Celorio? Es decir, ¿en qué libros piensa al hablar de chatarra?

¿Se podría, racionalmente, pensar como algo posible y funcional, una especie de comisión hacendaría de notables que diga qué libros son chatarra, es decir, grava- bles, y qué libros no? ¿Se mediría por las ventas?

      Llevamos tantos años hablando de la bajísima cantidad de lectores en México, que quizás habría que plantearlo más allá de las palabras de Celorio: si hay libros chatarra gravables, ¿luego la gente sí compra libros y hay más lectores de los supuestos? ¿En la compra de libros chatarra sí ocupa México un lugar “destacado” como para hacer antojable una medida de gravamen a esos libros? De otro modo, ¿qué caso tiene?

      ¿Y no debiéramos decidir, de una vez por todas, que el problema de ausencia de lectores ante “libros serios” es, simplemente, falta absoluta de interés?. n

Feria de letras

Acto seguido, sin embargo, apareció otra nota periodística que le da la razón a Celorio o que, mejor dicho, habla por el visible desfondamiento cultural mexicano. Una nota del periódico Reforma, en la sección de cultura, del 27 de junio del 2001, anunciaba una “Feria de las letras” en la tienda Liverpool. La nota desemboca en una posible lista de los gravables de que hablaba Celorio, pero antes, qué maravilla: se anunciaban 36 casas editoriales en un espacio alfombrado de 3,000 metros cuadrados. El organizador  Faustino Puente, le da el crédito a “nuestro comprador de libros”, el señor Miguel Díaz, quien toma la palabra: “Lo que pasa es que somos un país que no lee. Yo soy un apasionado de la lectura y me tocó por gracia estar en el Departamento de Libros (mayúsculas sic) como comprador”. Y la reportera de Reforma, Carmen Alvarez, añadía: “(en la Feria de las letras) estarán presentes asesores de imagen y personalidad como Gaby Vargas; conferencistas como Rosario Galindo, con el tema de Como te ven te tratan; Ileana Ramírez, con El poder del pensamiento positivo; Guadalupe Loaeza, con la conferencia Debo, luego sufro; Mega Albarrán, con Despensa emocional, o Héctor Hernández, con Destreza para el aprendizaje, Ante lo cual sólo se puede añadir: ya tienen la Feria, ahora faltan las letras. n

El Longsellerde Hitler

El Times Literary Supplement (junio 22, 2001), plantea la siguiente cuestión:

      “¿Quién obtiene las regalías por Mi Lucha de Adolph Hitler? Las regalías del consistente bestseller de Hitler (publicado en Gran Bretaña por Random House) pertenecen, por derecho, al gobierno alemán, que ha declinado aceptarlos. De hecho, las regalías del Reino Unido se pagaban a una obra de caridad, pero la agencia literaria que administraba los fondos se rehusaba a decir cuál era el destinatario. “Si el nombre se hiciera público”, señalaba Curtis Brown en 1998, “la obra de caridad habría tenido que anunciar que ya no podía aceptar ese dinero”.

      “Tal cosa ocurrió ya. El Consejo Alemán de Asistencia Social, con base en Londres, y que trabajaba con refugiados judíos de Alemania, cuando tales refugiados eran numerosos, ha recibido unas 500,000 libras esterlinas de las ventas de Mein Kampff Sin embargo, ahora ha congelado la cuenta a la que se pagaban las regalías, y sus síndicos intentan decidir qué sigue. Y queda el problema para Random House (de la que es propietaria la compañía alemana Bertelsman) sobre qué hacer con el dinero que genera Mein Kampff. que vende unos 3,000 ejemplares al año. n

Las utilidades de la posteridad

•   Cantidad que pagó la Biblioteca Nacional de Francia por el manuscrito reencontrado de Viaje al fondo de la noche de Louis-Ferdinand Celine de 876 cuartillas: 11 millones de francos.

•   Cantidad que pagó la Biblioteca Nacional de Francia por una carta de Honoré de Balzac en la que aspira a la candidatura de la Academia Francesa: 130 mil francos.

•   Una carta de Baudelaire a su madre: 55 mil francos.

•   Cantidad en que se vendió el manuscrito de El Proceso de Kafka en Sotheby’s, en el año de 1988: 10 millones de francos.

•  Cantidad en que se vendió el manuscrito del primer tomo de En busca del tiempo perdido en Cristhie’s en el año 2000: 7 millones de francos.

•   Cantidad en que saldrá a la venta un borrador de un capítulo de El Ulises de James Joyce: 1.7 millones de dólares.

•  Producto esperado de la venta On the Road, de Kerouac, en Cristhie’s, Nueva York: 1 millón y medio de dólares.

•  Cantidad definitiva en que fue vendido On the Road (120 pies de largo en papel enrollado): 2 millones 400 mil dólares.

•   Precio de salida en una subasta de Barcelona de las pruebas de imprenta de Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez en las cuales se pueden ver correciones de la mano del propio Nobel con una dedicatoria a Luis Alcoriza y Janet Reinsenfeld: 500 mil dólares.

Fuentes:

Liberation, Le Monde, La Jornada. n

Jack Lemmon: Cómo actuar en una sola lección

Murió el actor Jack Lemmon, de cáncer, a los 76 años. El director de cine Billy Wilder —quien lo dirigió en películas como Una Eva y dos Adanes, El departamento e Irma la dulce— contaba de él cómo otro director de cine, George Cukor, le enseñó a actuar en una lección. Hemos recogido la anécdota tanto del libro Nadie es perfecto. Billy Wilder en conversación con Hellmuth Karasek (Grijalbo, 1993), como de Conversations with Wilder de Cameron Crowe (Knopf, 2000).

      “Su primer día de grabación en It ShouldHappen to You (1954), en una escena el director George Cukor grita “¡Corte!”. Cukor avanza hacia Lemmon y le dice: “Estuvo maravilloso, vas a ser una gran, gran estrella. Pero para la próxima vez actúa un poco, sólo un poco, menos”. Ruedan la escena por segunda vez y Cukor le dice: “Maravilloso, absolutamente maravilloso. Ahora vamos a hacerlo otra vez, con un poco menos de actuación”. Ruedan otra vez y Cukor vuelve a decirle: “Fantástico. Realmente extraordinario. Tienes una gran carrera por delante, sobre todo si actúas otro poco menos”. Después de unas 11 veces de repetir la escena, cuando Cukor volvió a pedirle que por favor actuara un poco menos, Lemmon le dijo: “Mister Cukor, por Dios, si seguimos así acabaré por no actuar”. Cukor respondió: “Ya vas entendiendo de qué se trata” . n

Onetti: Subrayados

En una librería de la colonia Condesa, Ciudad de México, encontramos una triste mesa de saldos, con libros que tenían hasta un 40% de descuento. Ahí encontramos un libro que tuvimos, y leímos en su momento, y perdimos para reencontrarlo ahora. De las Confesiones de un lector, de Juan Carlos Onetti (Alfaguara, 1995), ofrecemos los siguientes subrayados:

•   Fui durante años director de las bibliotecas municipales de Montevideo. Como todas las tareas culturales en los países de Hispanoamérica, la mía fue frenada en parte por el universal e invencible argumento: falta de rubros. Comprendo que la misión principal de un Municipio o Ayuntamiento es mantener limpia la ciudad. Pero si dentro del organismo se presupuesta una Dirección de Bibliotecas es lógico que todo ciudadano de buena fe piense que las bibliotecas se fundan para atender con dignidad las necesidades del público. Se requieren locales adecuados —he visitado con asombro y amargura las bibliotecas populares de Washington—, personal especializado y, oh Perogrullo, libros.

•  A excepción de dos o tres viejos, toda la literatura actual se me figura que no es literatura, sino algo así como una industria artesana sin otro fin que el de que la estimulen, pero sin que nadie muestre gran afición hacia los artículos que produce. Las mejores obras arte- sanas no pueden ser calificadas de excelentes y jamás las podemos alabar sinceramente sin ponerles algún pero. Lo mismo hay que decir de las novedades literarias que yo he leído en los últimos diez o quince años: no hay una extraordinaria y que carezca de peros. Denotan inteligencia y nobleza de espíritu, pero están escritas sin talento: o bien denotan talento y nobleza espiritual, pero no inteligencia; o, por último, encontramos talento e inteligencia pero no nobleza de espíritu.

      Digo sin rubor que todo este primer párrafo, aunque haya olvidado entre-comillarlo, pertenece a un querido amigo llamado Anton Chéjov.

• (Sobre el productor de cine Samuel Goldwyn). Tuvo frases inmortales. Algunos ejemplares divertidos: cuando decidió separarse de la oficina Hays, ordenó: “Inclúyanme afuera”. Además hay otras: “Esta mañana tuve una idea genial, pero no me gustó”. “Un momento: nuestras comedias no son cosa de reírse de ellas” / “Hay que agarrar el toro por los dientes” / “Ese es nuestro punto débil más fuerte”. Al descubrir en jardín ajeno un reloj de sol, y luego de que le explicaron qué era: “Caramba, quién sabe lo que llegarán a inventar un día”. Cuando le señalaron que su esposa Francés tenía manos muy hermosas: “Sí, ya sé. Algún día mandaré hacer un busto de ellas”. Tras una pelea con el director Howard Hawks, que terminó en que Hawks dio la espalda a Goldwyn y se fue a hacer una película a otra empresa: “Eso es lo malo con los directores. Siempre están mordiendo la mano que pone los huevos de oro”.

• Este ruido de calles no demasiado lejanas me impone rememorar un cuento de Andreiev. No recuerdo el título con que lo bautizó la editorial traductora y no tengo a la mano el libro. Es que. como en general la gente va perdiendo ilusiones a medida que avanza en la vida, yo he ido perdiendo bibliotecas. Pero el título no importa. Se trata de un personaje que en una de esas poco sufribles reuniones de compañeros de oficina toma unas copas y. queriendo salir del anonimato, declara que le gustan las negras. Asombro, incredulidad. Pero el hombre se mantiene firme: a él le gustan las negras aunque tengan el cuerpo protegido con sebo, como los esquimales para resistir el frío de Rusia. Y como el cuento tiene que seguir, aparece en la ciudad un circo o music hall integrado por tres negras. En la necesidad de mantener el prestigio que le dio mentida preferencia, el personaje se deja impulsar hasta el casamiento con la más fea, retinta y engrasada de las tres que le eran ofrecidas. Se casó con dolor, vivió también así y murió inconsolado.

• Recuerdo que Dios no es racista; tal vez nos desconcierte a veces, pero tengo pruebas de que es imparcial cuando reparte la tilinguería entre los mortales. Un blanco y un negro declaran sus convicciones ante la prensa, la radio, la televisión, es decir, ante todo el mundo. Se trata de un cantor con voce perduta y de un hombre que supo jugar al fútbol. Y uno, el blanco o el negro, afirma: “me considero más intelectual que todos los intelectuales de mi país”. El otro dice: “no me interesa ser diputado o senador. Me preparo para la presidencia de mi país”.

• Y para terminar por ahora, recuerdo que en la traducción firmada por Borges de Palmeras salvajes de William Faulkner, en la parte llamada El viejo, se dice al final que el penado alto, luego de escuchar las peripecias que el Mississippi le impuso a su compañero de prisión, resumió su opinión en una sola palabra: mujeres.

      Muchas veces, cuando me cuentan alguno de esos pequeños disturbios aldeanos provocados por una dulce señora o señorita, me he limitado a comentar la anécdota o chisme repitiendo: “Mujeres, dijo el alto penado”.

      Pero hoy, al documentarme muy severamente para escribir este artículo, descubro que la totalidad del comentario del penado alto fue:

—Women shit.

Con perdón de Borges. n

Angélica

Angélica

Ofrecemos un pasaje de una entrevista realizada por Miguel González Compéan, y que forma parte de un proyecto más amplio, a una mujer anónima que ha tenido que enfrentar su propia sexualidad dentro del complejo entramado de prejuicios, machismo y tabúes que rige a la sociedad mexicana. Angélica es una mujer de treinta y dos años que se ha desempeñado como secretaria y asistente de tres funcionarios públicos y dos ejecutivos privados. Hija de un expolicía auxiliar y ama de casa, es la hija menor de una familia de ocho y actualmente madre soltera de una niña.

¿Qué puedes decirnos de tus padres?

Creo que mi mamá se casó porque tenía mucho miedo a la soledad, porque era su boleto para venirse a México. No quería ser una solterona, me imagino, pero creo que nunca quiso a mi padre y eso no sólo los dañó a ellos, sino que todos pagamos su falta de amor. Con mi padre me llevaba bien porque siempre estaba alcoholizado. Me contaba historias de sus amigos y eso me gustaba. Mi padre fue alcohólico durante más de treinta años.

¿Y crees que esto te afectó de alguna forma, cómo fue tu primer matrimonio?

Conocí a un personaje que para mí era así como la alternativa de salir de casa. Porque no estaba enamorada de él. Sentía que lo quería mucho y que a lo mejor podía hacer una vida con él, y como los dos íbamos a continuar con nuestros estudios, me pareció buena idea. Me entusiasmaba, primero, por estar fuera de casa, porque no era buena la relación ahí con mi madre. Además, como todas mis hermanas se empezaron a casar muy jóvenes, la casa empezó a quedarse sola, y la situación se volvía más insoportable para mí. Casarme era una buena opción, a pesar de que no creía mucho en el casamiento, y que me gustaba mucho la idea de ser independiente, de estar sola. Pero, bueno, era un requisito que se tenía que cumplir y dije: “pues me caso”.

¿Cuántos años tenían?¿Resultó el matrimonio?

El tenía 22 y yo 21. Pero luego resultó que él tenía fuertes problemas sexuales. Tenía eyaculación precoz. Y, como yo no había tenido relaciones con nadie más, empezaron los problemas.

¿Nunca tuviste relaciones antes de casarte?

No, sólo besos y abrazos. Nunca supe lo que era un orgasmo; ni de novia, ni cuando me casé.

¿Cuánto duró tu matrimonio?, ¿porqué terminó?

Duré casada un año siete meses. Lo que pasa es que él enloqueció porque habíamos hecho un trato de que no íbamos a tener hijos, y él rompió el trato. Compré unos preservativos… pero me embaracé y yo no quería un hijo. Entonces una de sus tías me dijo: “tú decides si lo quieres tener o no”, y me dio un té mágico que terminó con mi problema. Nos separamos. Era lo mejor.

¿Te separaste y qué hiciste?

Después conocí a otro muchacho. Lo más inmediato era encontrar a alguien que me quisiera; me sentía una mujer desechada, que no había servido, que no la había hecho en el matrimonio, de la que sus padres no querían saber nada.

¿Y cómo fue tu nueva relación?

Con él descubrí mi sexualidad, y finalmente supe lo que era un orgasmo. Yo estaba contenta con él, pero había un problema: era casado.

¿Qué opinas sobre ser amante?

Pues una sabe que él se va a acostar con su mujer y que tiene tiene una vida familiar hecha. Las mujeres lo aceptan, mientras que los hombres no. Ellos no pueden admitir hacer de segundo papel. Quieren ser el primer papel entre esposa y amante, pero cuando saben que la amante ya empieza a salir con alguien, ya no les gusta el segundo papel. Además, pienso que normalmente los hombres se acuestan con otra mujer porque son inestables, porque así son, es su naturaleza. Las mujeres, en cambio, se acuestan con otro hombre por darle en la cabeza a otro hombre. n

Todo se podría en el Reino del Perú

TODO SE PODRÍA EN EL REINO DEL PERÚ

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

La degradación estética y moral que impuso la dupla Montesinos-Fujimori es la materia de este artículo que reclama un Perú mejor.

Todo se podría en el reino del Perú

Desde mi llegada al Perú, en febrero de 1999, sentí el tufo atroz de la corrupción fujimorista. Pero la total falta de ética que se adivinaba, se intuía, se sufría, por doquier, venía siempre acompañada por una agresión más: la estética. Era ésta una sensación que tal vez sólo un peruano que regresaba de lejos, que había vivido fuera muchos años, podía vislumbrar. Todo se había vuelto feo y sucio de cuerpo y alma, como si en el país de la criminal dupla Montesinos-Fujimori la ética y la estética se hubiesen fundido en un indisociable punto canalla. La gente que me rodeaba, la gente que me quería, no apreciaba los comentarios que yo hacía, basados en estas sensaciones de rechazo y desasosiego, de indignación e impotencia. Y pensaba que yo estaba totalmente loco cuando le decía que el aparato siniestro montado por la dictadura no tardaba en venirse abajo por su propio peso. Un video fue la primera carta de una interminable baraja de inmundicias, pero yo sigo pensando que, con o sin videos, la dictadura hacía rato que venía jugando con la tentación del hara-kiri, provocando su propia caída, edificando día a día su sórdido poderío, sí, pero también apoyándolo minuto a minuto en unos cimientos de lodo y heces. Hoy me atrevo a decir que, un largo año antes de sus caídas y fugas, Montesinos y Fujimori ya estaban completamente locos de fealdad y fango, pero, insaciables de mal, aún querían más embrutecimiento y degradación a su alrededor.

Fujimori, el hombre que “no admiraba a nadie”, presumía de incultura, se regodeaba en su ignorancia de la historia y la literatura peruanas, por ejemplo. La televisión que capturó le rindió siempre culto a la estupidez y le inculcó a los peruanos que pretendió encanallar, para mejor someter, un goce perverso en la burla y el rebajamiento del otro. Actores y conductores de programas entendieron perfectamente en qué consistían los profundos deseos de la dupla criminal, cómo, tanto Fujimori como Montesinos, desinformaban sistemáticamente para mejor desconcertar, para llegar al alma del peruano masa y convertirlo en peruano mendigo y en peruano plebe y en peruano asqueroso. Y gozar con el espectáculo. Nunca en una dictadura latinoamericana el pan y el circo, gracias a la tecnología, llegaron tan lejos, hicieron tanto daño, fueron tan criminales.

Nadie parecía recordar lo que era la cultura en el Perú de Fujimori. Lo que, con otros gobiernos, había sido sistemático y lamentable descuido, era, para “el chino” que le hablaba al pueblo sin palabras y con sólo torpes pasos-sonsonete de tecnocumbia, calculado, sistematizado trabajo de destrucción y rebajamiento, parte importante de un pavoroso agravio contra la inteligencia, la memoria y la moral de una nación. Añádasele gastos mínimos en educación real, hambre creciente y millones de horas de televisión y prensa escrita “chicha”, en su variante rebajada e inmunda, repugnantes operativos psicosociales y limosna palaciega y publicidad Miami Vice y atroz gusto imperante en todas las clases sociales y racismo y clasismo y prédica de la estupidez diaria y la estolidez como cotidianidad. Y añádasele crímenes y robos y culto —no por la vida, claro que no, si sólo sobrevive el que agrede y rebaja más, sino por un inexistente becerro de oro— y tendremos el retrato robot de los fugitivos y del país ético y estético que dejaron. Repito: que dejaron. Y añado: y que queda. Porque el horror que dejó el fujimontesinismo ha calado tan horrorosamente en el alma de muchos peruanos que, incluso entre quienes lo enfrentaron y lo volverían a enfrentar, doquiera que sea. ha dejado más de una huella de suciedad, de esa atroz fealdad con que, en el Perú de los noventa, se fundieron en el fango la ética y la estética. n

Alfredo Bryce Echenique Escritor. Su más reciente libro es Guía triste de París.