La hora del euro

LA HORA DEL EURO

POR CIRO MURAYAMA

La atención en el ámbito de la Unión Europea (UE) a lo largo del último semestre ha estado centrada, fundamentalmente, en dos asuntos. El primero se refiere a los efectos que sobre las economías de los países socios tendrá la recesión global, precipitada por los desplomes de las economías asiáticas y la crisis rusa, que ya contagió y desplomó mercados financieros y los indicadores más relevantes en algunas zonas del mundo. Y el segundo tema, de carácter más interno, aunque no en exclusiva, consiste en la renovación del ejecutivo en Alemania —al que se suma el cambio de gobierno en Italia—, así como las consecuencias que de ello podrían desprenderse para definir, así sea con matices, el futuro perfil de la Unión.

Al tiempo que las convulsiones económicas y los cambios políticos recién enunciados tenían lugar, el proceso hacia la obtención definitiva de la moneda única, el euro, en once países de la UE, siguió su curso generando certidumbre de estabilidad en el campo monetario europeo y, así, ratificando que la apuesta política, de Estados y más allá de decisiones coyunturales, hacia la Unión Monetaria Europea (UME) está resultando acertada.

En la actualidad, el calendario para la puesta en marcha del euro se encuentra en la culminación de la segunda fase de la Unión Económica y Monetaria, que dará paso a una tercera fase, y con ello a la UME, donde se fijarán, a partir del inicio de 1999, los tipos de conversión fijos e irrevocables de las once monedas concurrentes, se comenzarán a denominar en la nueva moneda las operaciones financieras y mercantiles, además de que se dará paso a la adopción de una política monetaria común al entrar en pleno funcionamiento el Banco Central Europeo y el Sistema Europeo de Bancos Centrales.

La existencia de la moneda única, dada por hecho por los mercados desde la última primavera, ha permitido que las economías con menores niveles de desarrollo de la UME estén libres de la amarga experiencia que las tormentas financieras les propinaron al inicio de los años noventa. En su último año de vida, las monedas nacionales de estos países —Italia, España y Portugal— se han revaluado frente al dólar y el yen, manteniendo, a la vez, inalterada la competitividad por el tipo de cambio con sus principales socios europeos.

Frente a la estabilidad de las monedas y de los precios (la inflación anual se estima en 2% en la UE), donde sí han sonado las alarmas es en los mercados bursátiles del viejo continente. Si bien la sensibilidad respecto a las alteraciones internacionales es mayor en este tipo de actividades, hay también elementos internos como el acelerado crecimiento de los índices bursátiles en la primera mitad del año que explican las recientes caídas. En España, la Bolsa de Madrid había dado ganancias acumuladas superiores al 50% hacia el 17 de julio, en buena medida por la canalización de ahorro familiar en busca de una rentabilidad que la banca no proporcionaba. Después de los más próximos acontecimientos, quienes invirtieron sus ingresos en la bolsa no tienen la expectativa de cerrar el 98 con tan jugosos resultados, y éstos aun así superarán con creces, en términos reales, los rendimientos obtenidos en renta fija. En todo caso se trata, y no es una diferencia menor respecto a otras economías, de un capital que no va a huir en desbandada.

En lo que hace al comportamiento general de las economías europeas, los niveles de ahorro propio y el crecimiento del consumo y la inversión internos han logrado amortiguar, pero no anular, los efectos de la caída de la demanda externa que la depresión asiática ha generado. La composición del gasto a lo largo del año tiende a modificarse a favor de una mayor participación de la demanda interna (cabe resaltar que sólo el 15% de la actividad económica europea está relacionada con el sector exterior), sobre todo en Francia, Bélgica y Holanda. Ello hace factible que para la UE se espere un ritmo medio de producción industrial de un 3-4%. De nuevo, en un contexto de globalización, sobre todo financiera, no hay mejor resguardo que una economía doméstica coherentemente articulada que garantice niveles prudentes de la demanda agregada. Y el respaldo del marco alemán, antes de la moneda única, hace de la zona euro un territorio de estabilidad.

Sin embargo, las previsiones de crecimiento del producto en la UE. generadas tanto por agencias oficiales como por grupos de analistas privados, conforme transcurre el otoño, van a la baja, disminuyendo en promedio una o dos décimas. Esta reducción del ritmo de crecimiento se deja sentir también en los cálculos referidos al empleo, que crecerá en este y los próximos años, pero a una velocidad menor que la del producto y por debajo también de las estimaciones hechas a inicio del 98. Para 1999, se tenía en mira un incremento del 3% del PIB de la UE. y la más reciente proyección de la Comisión Europea ya introduce una corrección que lo sitúa en 2.4%.

Por eso, y por el esfuerzo de convergencia en los tipos de interés que suponen el euro y el pacto de estabilidad firmado por los gobiernos concurrentes en esta nueva divisa, es que las tasas de interés han seguido una tendencia a la baja, llegando en algunos casos, como España, a los niveles mínimos alcanzados en su historia.

Los límites que las economías, moderadas o realmente avanzadas, de la UE tienen para generar empleo incluso en perspectivas alcistas del ciclo, hace que en el tema se concentren buena parte de los debates y las apuestas políticas. En Alemania, el empleo vertebró las confrontaciones entre Kohl y Schröder y las expectativas que ambos lograron despertar. El antiguo canciller avanzó que su gobierno sería capaz, antes de las elecciones, de reducir la cifra absoluta de desempleados por debajo de los cuatro millones de personas. El último reporte de la oficina del trabajo alemán previo a la votación lo desmintió; semanas más tarde el dato se hizo efectivo, pero el anuncio de ese aumento del empleo llegó a destiempo, cuando Kohl ya había perdido el suyo.

La renovación gubernamental en Alemania prácticamente acaba por modificar a todo el elenco de mandatarios que signó el Tratado de Maastricht y que hizo posible la ruta hacia la convergencia en la moneda única.

El recién instituido canciller, Schröder, ya hizo patente su orientación política e ideológica al acordar la reducción de los obstáculos para que los inmigrantes y sus hijos adquieran la nacionalidad alemana y los derechos que ello conlleva. En el plano europeo ha hecho explícita su convicción por dar continuidad al proceso de integración —a la que tanto contribuyó su antecesor Kohl—, sobre todo de la mano de Francia. La llegada de los socialdemócratas al poder alemán también ha permitido que se abra cauce para que se dé una flexibilización en las propuestas que circulan en la actualidad sobre el financiamiento de la Unión Europea, ya que la postura de los países más pujantes del área incluye mecanismos regresivos en la contribución y distribución de los recursos. lo cual afectaría a las metas de cohesión social y. evidentemente. a los países con menor grado de desarrollo.

Una vez teniendo la certidumbre del euro, al que acompaña el diseño de instituciones que garantizan el férreo control de la estabilidad monetaria, hoy el desplazamiento a la izquierda del electorado alemán da plausibilidad a la idea de generar contrapesos políticos, institucionales, para que el énfasis en los objetivos de crecimiento y generación de empleo sea tan relevante como el de mantener bien sujetos los agregados macro. En esta misma dirección se ha pronunciado el nuevo primer ministro italiano Massimo D’Alema, quien se esmera en fortalecer las iniciativas con contenido social de su coalición gobernante, que sustituyó al Olivo hacia la tercera semana de octubre.

Ese nuevo orden de prioridades en materia de política económica podría ser condición, incluso, para que Europa siga siendo tierra firme en medio del temporal económico mundial que cada vez acorta más sus treguas.   n

Ciro Murayama. Economista por la UNAM. Realiza estudios de postgrado en España como becario del CONACYT.

Michoacán: El repunte del PRI

MICHOACÁN: EL REPUNTE DEL PRI

POR TERESA GURZA

Entre el júbilo del PRI que ganó los 18 distritos electorales y 74 de los 113 municipios en disputa y las quejas del PRD y del PAN que además de los distritos perdieron la mayor parte de los municipios que gobernaban —entre ellos Morelia. Lázaro Cárdenas, Pátzcuaro. La Piedad y Zitácuaro—, transcurrieron los días posteriores a las elecciones del 8 de noviembre.

Los tres partidos trajeron a sus campañas a gobernadores de otros estados y a aspirantes a la Presidencia, que se criticaron unos a otros y compitieron en declaraciones sobre sus procesos internos y el Fobaproa. PRD y PAN lograron la cancelación de la visita del presidente Zedillo para inaugurar la carretera Pátzcuaro-Uruapan.

Las características de estos comicios podrían resumirse en tres puntos: abstención de más del 50%. repunte del PRI. y acusaciones de perredistas y panistas al gobierno “porque buscando aplastarnos faltó a la equidad y violó el pacto político firmado en mayo”. Si los partidos cumplen sus amenazas de movilizar a sus simpatizantes, podría haber conflictos postelectorales y con ellos finalizaría la tranquilidad que por más de ocho años ha habido en Michoacán.

Luego de dos días de azoro, el PRD emitió un comunicado advirtiendo que al intento del gobierno por excluirlo responderá “en la misma forma”: no reconocerá resultados, exigirá nulidad de elecciones, demandará juicio político al gobernador Víctor Manuel Tinoco Rubí, y realizará actos que demuestren que sigue siendo la primera fuerza en el estado. Es dudoso que lo logre, tomando en cuenta las divisiones internas que se agudizaron con los comicios y que llegan al extremo de que perredistas de municipios perdidos han expresado su contento por las derrotas de candidatos que no eran de su simpatía. En elecciones pasadas las plazas llenas de inconformes sucedían a las pocas horas de los resultados, mientras que ahora la situación en todo el estado es tranquila, con excepción de Nahuatzen, en donde un puñado de indígenas tomó las instalaciones electorales y dos patrullas, pidiendo anulación del 30% de las casillas; y de Susupuato y Charo, con priistas en plantón por lo que llamaron “trampas” del PAN y el PRD.

El PAN llamó a la resistencia civil “pacífica y legal”. Su presidente estatal José González Morfín declaró el domingo de elecciones que estaban superadas las épocas de fraudes electorales. Al día siguiente advirtió que estaba equivocado porque “la falta de equidad llevó a una situación planeada y ejecutada desde el gobierno y este proceso pasará a la historia como otro de los grandes oprobios porque fue viciado y maquinado bajo una óptica autoritaria y de control absoluto que se operó a través de las dependencias estatales y federales que canalizaron recursos al PRI”. Demandó “limpiar la elección” y presentó, entre otras inconformidades, impugnaciones a los resultados de 338 de las 600 casillas del municipio de Morelia, principalmente porque los funcionarios de casilla no fueron los designados por las autoridades y 60 no traían sobre exterior con las cifras de la elección.

También sorprendieron al PRI los resultados. Su presidente, Fernando Orihuela. una semana antes sostenía que habría “triunfos seguros” en 9 distritos y “buenas posibilidades en 14″; pudo recuperar posiciones perdidas desde el surgimiento del PRD hace nueve años, “partido que como no supo ser humilde en sus triunfos, con su altivez y maltrato a nuestros militantes nos ayudó a ganarle”. El PRI sigue sin entender que la ley electoral prohibe el reparto de máquinas de coser, materiales de construcción, despensas, pepsilindros, bolsas para mandado y otros artículos, y los distribuyó con profusión en las colonias y comunidades más pobres del estado con las siglas, escudo, nombre de los candidatos, junto al slogan “Cuento contigo”, que es el mismo con el que se promueve el gobierno estatal.

Como en cada elección, los partidos estuvieron pendientes para “agarrar delincuentes electorales”. En esta ocasión fueron veinte jóvenes panistas contratados para recorrer durante las votaciones las casas de simpatizantes para checar si ya habían votado; PRD y PRI los llevaron al Ministerio Público en donde, luego de declarar que trabajaban para el candidato Rafael Castelazo, fueron liberados.

Quedan para la anécdota hechos y situaciones de este proceso. Juan Iriarte. candidato perredista a la alcaldía de Morelia dada por perdida por su partido al grado de que no realizó siquiera acto de cierre de campaña, proclamó a diestra y siniestra que era ateo, pero luego utilizó la figura del Papa para su propaganda, lo que motivó que el arzobispo de Morelia. Alberto Suárez Inda, escribiera en su columna semanal de La Voz de Michoacán que así como las leyes exigen a las iglesias y sus ministros no intervenir en política partidista, la iglesia católica les pide a partidos y candidatos no utilizar la religión para ganar adeptos.

Los candidatos del PAN, PT y PVEM a la misma alcaldía tienen también sus méritos en las ocurrencias de campaña. Rafael Castelazo de AN mandó hacer máscaras con su rostro, de manera que en algunos lugares aparecían al mismo tiempo varios castelazos de diferentes estaturas; Horacio Ireta, del PT cerró campaña a caballo, todo vestido de negro y cantando Lindo Michoacán. “porque los ciudadanos están cansados de rollos”; y Roberto Herrera Ortiz del Verde Ecologista, anexó a su publicidad un bono “para recortar y conservar” para que de resultar electo se le pudiera exigir el cumplimiento de lo ofrecido.

Candidatos perdedores fueron, entre muchos, el del PRI a la alcaldía de Hidalgo, el güero Quintana le dicen, y él dice que le gusta la política “porque tiene mucho de fútbol”; y Bertha Alicia Rodríguez, del PRD por Morelia Norte, que se autocalificó como “la mujer del cambio que busca dignificar el papel del diputado”.

Entre los ganadores con historia están los candidatos del PRI a la diputación y la alcaldía de Pátzcuaro. que se hicieron famosos porque una empresa que hace playeras publicó días antes de los comicios un desplegado exigiendo a Marco Antonio Paz Ornelas, coordinador del gobierno estatal para la región lacustre, pasar a recoger mil camisetas y tres mil calcomanías que había mandado hacer con sus nombres; ante la posible ilegalidad del asunto porque implicaba empleo de recursos de la coordinación en asuntos partidistas, salió al quite el dirigente estatal del PRI sosteniendo que Paz “no pretendió violentar la ley porque las iba a pagar con su dinero; solamente quiso congraciarse con los candidatos porque no son de su grupo, pero como no lo quieren ni se las aceptaron”.

También tuvieron lo suyo los priistas que ganaron en los dos distritos de Morelia, y que con espantoso oportunismo publicaron enormes esquelas exigiendo justicia a la Procuraduría del estado por el asesinato y la violación de la pequeña Maura Aydé Almazán Bolio de diez años de edad, y en medio de las siglas y consignas de su partido dieron el pésame a la familia.

Críticas de la oposición “por su falta de independencia”, y de todos por su desorganización, ya que le falló el sistema de Internet, a muchos lugares no llegaron los funcionarios de casillas y en otros faltaron hasta sillas y mesas para poder desempeñar su función, le han llovido al Instituto Electoral de Michoacán, cuyos consejeros ciudadanos pueden ser removidos para el siguiente proceso porque debido a la suspicacia de los partidos los eligieron por “apartidistas y apolíticos” y resultaron serlo tanto que ni idea tienen de leyes electorales ni de procesos.

Al momento de cerrar esta nota el 13 de noviembre, el IEM había ya informado los datos computados de casi el 96% de las casillas: 457,072 votos, 18 distritos y 74 municipios para el PRI; 372,281 votos y 30 municipios para el PRD; 219,510 y 8 ayuntamientos para el PAN; 32.565 y una alcaldía para el PT; y alrededor de 15,000 votos para el Partido Verde Ecologista.

Los michoacanos están listos para la madre de todas las elecciones en el 2000, y su hijita local, la gubernatura en el dos mil uno. en la que puede ser candidato perredista Lázaro Cárdenas Batel. Por el PAN, el moreliano Felipe Calderón ya dijo que le entrará nuevamente. Por el PRI no han surgido prospectos, pero después de estos triunfos serán muchos los que se agolpen, entre los que pueden estar Salvador Galván, próximo alcalde de Morelia y Orihuela, aunque en fotos y notas se promueve el actual secretario de gobierno Antonio García Torres,  n

Teresa Gurza. Reportera. Articulista de La Crónica de Hoy. La Voz de Michoacán y Notimex.

Libros Digitales

¿Se aproxima la muerte del libro? En el futuro toda biblioteca se reducirá al espacio de un monitor? ¿Ha comenzado la era del mouse? ¿Abandonaremos el placer de hojear las páginas y construir libreros?¿Cómo será la lectura?

Algunos nos resistimos todavía a sustituir la lectura en papel, para cambiar a la del monitor. No sólo es incómodo leer en la pantalla. El libro es un objeto atesorable, y nos gusta poseerlo. Se puede llevar a cualquier parte, hacer notas en él. o simplemente, conservarlo en el librero. Necesitamos sentir su presencia aunque de momento no lo necesitemos. Tal vez por eso un texto archivado en la memoria de una computadora, que no se puede tocar y que no podemos ver hasta que la computadora traduce y despliega, no puede definirse como un libro. No pertenecemos aún a la edad del mouse.

Para que un libro electrónico tenga éxito debe proporcionarnos un sustituto eficaz del libro-objeto al que nos hemos acostumbrado. Y en eso están trabajando los productores de nuevos dispositivos para contener sólo libros. El nuevo aparato se llama eBook o Libro e. un dispositivo portátil (pesa 22 onzas y mide 5x7x1 pulgadas) que tiene la forma de un libro, con una pantalla de 4.5 x 3 pulgadas de alta resolución y contraste donde se ve el texto claramente, bajo cualquier condición de luz, y desde diferentes ángulos. Es sensible al tacto y se puede manipular con el dedo o con una pluma especial que se guarda en la parte trasera del libro.

El eBook está diseñado para llevarse a todas partes y leer cómodamente textos largos deplegados en la pantalla. Permite subrayar, cambiar de tamaño y tipo de letra, modificar la orientación del texto de vertical a horizontal, agregar notas escritas a mano, localizar un texto específico, marcar páginas, buscar palabras en el diccionario incluido y referencias de otros textos relacionados con el tema que se lee. En la pantalla aparecen, en forma de iconos, los volúmenes que se tienen almacenados, y con sólo tocar alguno se obtiene información sobre su contenido o abrirlo.

Por el momento la cantidad de información que un eBook puede almacenar es de cuatro mil páginas entre palabras e imágenes, equivalente a diez novelas. Sin embargo, los creadores de este sistema esperan crear en el futuro próximo nuevos aparatos capaces de almacenar desde diez mil ejemplares hasta doscientos mil ejemplares, lo cual significaría tener una biblioteca entera en la palma de la mano.

Un eBook tiene integrado un sistema de acceso directo a Internet, lo cual hace fácil comprar libros, revistas o periódicos conectándolo a una entrada telefónica o a una PC con un puerto serial, que sea 486 o mayor, con 16 MB en RAM, con sistema operativo Windows 95 o Windows NT 4.0 y 10 MB libres en el disco duro. En la red se encuentran varias librerías electrónicas. Algunas pertenecen a grandes editoriales de libros impresos y otras son únicamente editoriales para la venta de los nuevos libros digitales.

Dos compañías son pioneras del comercio de libros sin papel: NuvoMedia, cuyo sistema se llama The Rocket eBook. y SoftBook Press. En este proyecto colaboran algunas editoriales y librerías importantes como Penguin-Putnam, Barnes&Noble, Bertelsman, Simon and Schuster, entre otras, y empresas como Hitachi y Scharp. SoftBook (http:/ /www.softbook.com) ha creado su propia editorial y su propia tienda en Internet donde se pueden adquirir tanto el dispositivo como el libro por 299.95 dólares hasta diciembre de este año. En cambio, las ediciones The Rocket eBooks (http://www.rocket-ebook.com) se encuentran en la página de Bames & Noble, (www.bamesandnoble.com) donde se venden los libros para ese sistema: y los dispositivos se consiguen en la página de Levenger (http://levenger.com/ Shop/Computing), que vende toda clase de artículos para lectores.

Una de las grandes tareas de esta nueva industria consiste en establecer un estándar de formato para los libros digitales, para unificar las diferentes publicaciones y lograr que sea posible la lectura en cualquier dispositivo que salga a la venta y evitar que el mercado se fragmente y desaparezca. La compañía Microsoft, aunque no tiene todavía ningún sistema de este tipo en el mercado, está muy interesada en el naciente negocio. Ha empezado a intervenir en la creación del estándar de lenguaje, transmisión de la información y certificación de derechos de los libros. Y ha propuesto crear el Open eBook Standard. Sin embargo, para lograrlo requiere de la colaboración de todos los involucrados en esta industria. Otra de las preocupaciones de escritores. editores y vendedores de libros es la reproducción ilegal y el manejo de los “derechos electrónicos” de publicación de los eBooks. Las compañías creadoras del sistema del libro electrónico ofrecen además asesoría legal y técnica para los editores que quieran incursionar en la publicación de estos nuevos libros e.

La industria de los eBooks pretende transformar la manera en que se lee, se distribuye y se adquiere ese antiguo material de lectura conocido como libro. Los editores esperan una baja importante en sus costos de producción y distribución, los autores podrán hacer cambios al texto sin necesidad de esperar una nueva reimpresión, el lector tendrá la posibilidad de conseguir títulos publicados en cualquier parte del mundo, sin pagar un costo extra por el envío, y olvidarse de las ediciones agotadas.          n

Mónica Prieto. Pintora.

Barometro

BARÓMETRO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

Al terminar noviembre y empezar a circular Nexos de diciembre, puede preverse que no habrá paz política y que la Cámara de Diputa­dos estará en estado de alerta máxima. Los barómetros registrarán ba­jas presiones y los diarios y radios, títeres y demás medios de comuni­cación de la modernidad, se solazarán con las altas pasiones de políti­cos, funcionarios, gobernantes.

No hay manera fácil de salir del hoyo abierto por la crisis finan­ciera de 1994-1995. Sus reflejos se han vuelto fardos gigantescos del desempeño real de la economía a grados imprevistos. Lo peor es que se han vuelto lastres que en lo inmediato obstruyen el entendimiento mí­nimo indispensable para imaginar y poner en práctica medidas de polí­tica que abran camino a soluciones más duraderas y promisorias.

La crisis bancaria no ha sido resuelta y no lo será en el corto plazo, porque con la explosión de los intereses, la carga de la cartera vencida rebasa ya con toda evidencia la que ha sido documentada en el Fobaproa. Sin salida real para los bancos con problemas de capital y liquidez, la quiebra técnica y abierta no parece ser sino su única perspectiva, al menos mientras lo demás se esclarece y puede abrirse en serio la banca al capital externo. Y esto no se ha puesto a debate todavía en la nación.

En cualquier caso, es indudable que la internacionalización ban­caria tardará, no sólo porque no generamos suficiente confianza, sino porque el mundo está hoy al revés y todos hablan y prevén sequía de capitales financieros, en especial para los llamados mercados emer­gentes.

En cualquier hipótesis, incluso en las de las descabelladas jacula­torias de quienes exigen que no haya más deuda pública para el rescate de los bancos, deuda pública habrá y la brecha fiscal tendrá que abrirse.

Salvo que junto con las tijeras de Hacienda se quiera usar metralle­tas. De la quiebra bancaria saltamos así, sin remedio, a otear el hori­zonte de un laberinto fiscal del que bien a bien nunca hemos salido.

La del fisco mexicano es una auténtica tragedia del subdesarrollo. En los primeros años sesenta, en aras de la armonía corporativa que se había puesto en entredicho por los empresarios después de las declara­ciones izquierdizantes de López Mateos, el gobierno renunció a llevar a la práctica las reformas recomendadas por Nicholas Kaldor y otros expertos, algunos de ellos economistas y abogados mexicanos. Así empezó, en buena medida, la triste saga de la penuria financiera del Estado mexicano que desembocó años después en la gran crisis inter­nacional de la deuda externa.

Echeverría también pospuso sin fecha una reforma igualmente anunciada y prometida, y López Portillo de plano no quiso volver a oír de ella, alucinado como estaba con las colas que formaban en Los Pi­nos compradores de crudo y banqueros ávidos de prestar y participar en la gran fiesta petrolera. Luego todo cambió y se vino abajo, y hasta los más progresistas y justicieros de nuestros intelectuales rechazaron los impuestos.

“No taxation without representation”, recitó algún bobo en aquel momento y ahora que hay representación en la Cámara se la usa para seguir igual, con cargo a la renta petrolera y la creciente penuria en el gasto, que por más que se diga afecta más a los previamente afectados. No hay justicia fiscal en México, mucho menos una ética ciudadana en la que pudiera hacerse descansar una mínima reforma que nos pusiera, digamos, en el nivel impositivo de Centroamérica.

La propuesta de este año, anunciada como el presupuesto más pe­queño de la época moderna de México, da cuenta de nuestra inmodernidad. No hay magia ni ciencia que esgrimir; se trata de una cultura egoísta del atraso que se ha vuelto radicalmente antisolidaria, e históricamente miope.

Sin una pronta reforma bancaria y una firme revolución fiscal, no hay salida que valga, mucho menos la de la dolarización, la unión mo­netaria o el consejo monetario que tanto entusiasma hoy a muchos. Sin lo primero, que significa solidez y capital en los bancos, y capacidad de recaudar y de gastar mucho y bien en el Estado, no habría dólares que alcanzaran para enfrentar las “corridas” contra depósitos, bancos, pesos, gobiernos. Así ha sido en la historia y con nosotros, a pesar de nuestro excepcionalísimo guadalupano, no será diferente.

Ayuda de memoria

Lo propuso Rudi Dutschke. y sigue tan vigente como si se tratara de una tarde de invierno en el viejo Berlín, luego de pasar revista a las dificultades mil de la tolerancia represiva: hay que hacer el viaje a tra­vés de las instituciones, de las que hay o nos quedan y desde ellas imaginar, inventar, las que necesitamos para volver a imaginar todo. Nos disgusten mucho o poco, las que hoy de todas formas prometen un mañana son la democracia y los partidos y en su centro el Congreso. Pero también, indispensable, lo que queda o ha asomado del sistema jurídico: la Suprema Corte y las comisiones de derechos humanos. ¿Cómo potenciarlas y ponerlas al servicio de ese acuerdo que no puede sino ser en lo fundamental, como el que ansiaba Otero después de tanto desorden y tanta derrota?

Los libros sobre la mesa

Leo en Proceso un capítulo de un próximo libro de Ariel Dorfman. y su referencia a mi querido amigo Claudio Gimeno. muerto en La Mo­neda el 11 de septiembre de 1973. me aleja de toda consideración pseudotáctica y me planta de frente al asesinato calculado y la traición fría, arrogante de Pinochet. siempre dictador y nunca, a pesar de sus lores, jefe de Estado. Si de mantener memoria se trata, sin caer en bue­na y falsa conciencia alguna, el reciente libro de Gonzalo Martínez Corbalá es de lectura obligada.

Por otra parte, en Instantes Je decisión (Grijalbo. México. 1998). quien fuera nuestro embajador en Chile entre 1972 y 1973 cuenta y recuenta unos momentos que marcaron la historia contemporánea del continente y del mundo, nos recuerda el heroísmo pero también la luci­dez comprometida de Allende y nos remite a una gesta de la política exterior mexicana de la que él fue destacado y digno protagonista. La transición bien puede valer una misa, pero no requiere para aguantar de tanta amnesia. Libros como los de Martínez Corbalá y de Dorfman así nos lo enseñan.   n

San Pedro Mártir. DF. II de noviembre de 1998.

Rolando Cordera Campos. Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Es director de Nexos TV

¿Qué es una relacion sexual?

GRATIS

¿QUÉ ES UNA RELACIÓN SEXUAL?

Precisar qué se entiende por relación sexual se convirtió en un asunto de Estado cuando el fiscal Kenneth W. Starr consideró que Clinton podría estar mintiendo al negar haber tenido “relaciones sexuales” con Monica Lewinsky. Los abogados de Paula Jones, sin embargo, ya habían elaborado una definición de qué se debe entender por relación sexual, la cual pusieron a consideración de la juez Susan Weber Wright:

1. Contacto con los genitales, ano, ingles, senos, la parte interior de los muslos o nalgas de cualquier persona con la intención de excitarse o satisfacer el deseo sexual de cualquier persona.

2. Contacto entre cualquier parte del cuerpo de la persona o un objeto y los genitales o el ano de otra persona; o

3. Contacto entre los genitales o el ano de la persona y cualquier parte del cuerpo de otra persona. “Contacto” significa tocar intencionalmente, ya sea directamente o a través de la ropa.

El abogado de Clinton objetó que la definición resultaba tan general que podría incluir estrecharse las manos como un acto sexual. La juez aceptó restringir la definición al primer parágrafo.

El último de los placeres Diana Kennedy

EL ÚLTIMO DE LOS PLACERES

— GASTRONOMÍA—

DIANA KENNEDY

Diana Kennedy llegó desde Inglaterra a México por primera vez a fines de los años cincuenta. Inglesa, diminuta, tal vez desde entonces temible, venía en busca de Paul Kennedy, el corresponsal del New York Times con el que se casaría al poco tiempo. Un buen día agradeció una revelación: entendió que lo que valía la pena comer en México no era la comida de los restaurantes elegantes y las fiestas de postín, sino la que se servía en las fondas que rodeaban a los abigarrados mercados de la capital, la que se preparaba para las fiestas de los más apartados y miserables pueblos de la República, la que hacían las criadas para consentirla cuando ellas se ponían querendonas y sentían a Diana urgida del cariño amamantador que sólo da la comida. Tamales dulces de elote; huevos en rabo de mestiza; chilaquiles picositos para curar la cruda y el dolor del alma: albóndigas en chipotle: mole de huesitos: atole de limón. Comida del diario, comida mexicana.

Algunos años después, recién enviudada, aceptó la sugerencia del gran Craig Claiborne (gourmet y gourmand y promotor de la cocina y de las cocineras de todo el mundo desde las páginas del New York Times), y comenzó a escribir un libro de recetas mexicanas.

Tal vez sólo una inglesa de las de antes, como ella, a las que criaban con disciplina militar y les extirpaban desde chiquitas el hueso de la autocomplacencia, estuviera capacitada para entender la amarga alquimia que transformó el trabajo esclavizante de las mujeres mexicanas en la maravilla florida que es la comida mexicana en su más pura expresión. Levantarse antes del amanecer, prender el fuego con un haz de ocotes, acarrear agua, tostar el café, molerlo, sacar el maíz del hervor, molerlo empinadas sobre el metate, palmear las tortillas. tostar el chile, matar el guajolote alimentado con el grano que uno no se comió durante meses para que el animal engordara, desplumarlo, acarrear leña para cocinarlo, acarrear más agua, moler la pepita empinada sobre el metate…

Tal vez sólo la esposa de un reportero pudo entender que lo que había que hacer para rescatar el tesoro de la comida del pueblo mexicano era ponerse a reportear: salir de madrugada por serranías y hondonadas hasta algún pueblo perdido en donde alguien le había comentado que se hacía un buen mole: preguntarle a las empleadas de las amigas por su sopa favorita; insistir hasta que, entre risas, la dejaran ponerse al lado del fogón y moler también ella la pepita. Así se fue buscando a las cocineras, entrevistándolas, apuntando los más mínimos detalles de guisos tan caseros que sus informantes ni siquiera sabían que merecieran tal nombre.

—¿Cómo le llama usted a este guisado?

—Ay señora, pues ejotitos con huevo ha de ser.

No es que haya sido la primera en darse cuenta de que la comida mexicana era maravillosa. Ni han faltado en México grandes escritores que se ocupen de la gloria de la cocina nacional, ni tampoco grandes cocineras y cocineros —amas de casa con vocación de anfitrionas. en su mayoría— que hayan reunido sus recetas predilectas en un libro, algunos de ellos excelentes.

Pero quien hoy en día quiera saber cómo se hacen (cómo se hacían, en realidad) las corundas michoacanas —cómo se debe preparar la masa, cómo hay que cortar y ablandar la larga hoja de la milpa, cómo se tiene que envolver el tamal con esa hoja para darle su prehispánica forma de cinco puntos—. o cuál es la mezcla de carnero y ternera que conviene para preparar la birria, o cómo se hace el tepache, tendrá que recurrir a uno de los cinco libros de Diana Kennedy. En su conjunto forman la antología más confiable, meticulosa y representativa de la cocina mexicana popular de este siglo: allí están todas las recetas —probadas y vueltas a poner a prueba en su cocina, anotadas con claridad, precedidas de una breve y aguda presentación, y siempre con la debida atribución a las cocineras autoras del guiso.

Pero tocará leerlas en inglés, porque hasta ahora la homónima Editorial Diana ha publicado uno solo de sus libros. El arte de la cocina mexicana, en traducción al español. (También se consigue, en una traducción enredada. Las cocinas de México, de Editorial Haría.) Algún presidente, en un arranque de sensibilidad y responsabilidad, se acordó de Diana y de su gran obra y le otorgó el Aguila Azteca. Fuera de eso. falta todavía reconocer lo mucho que este país le debe.

Fuimos con unos amigos a comer en su casa ecológica en las afueras de Zitácuaro hace algún tiempo. Diana se la pasó regañando. Regañó a la perra, que ladraba porque quería compartir con nosotros la comida. Nos regañó a nosotros, que habíamos atravesado mil cumbres y enfrentado varias peripecias con el automóvil, porque tuvimos el atrevimiento de llegar tarde a una comida preparada por Diana Kennedy. Regañó en ausencia a los vecinos pueblerinos que tocaban su radio, como suelen hacerlo en los pueblos, a un volumen infernal. Regañó a los hombres y mujeres descuidados que tiran el agua, incendian los bosques, llenan de basura las carreteras, contaminan nuestra comida con insecticidas tóxicos, y se roban nuestros impuestos, piden mordida para los trámites, comen cualquier porquería pudiendo comer chipotlitos rellenos de queso y frijoles perfumados con hoja de aguacate y que, en fin, no aman este país como se merece.

Y luego del regaño nos sentó a su mesa en su herniosa cocina de barro y azulejos y nos sirvió con sus propias manos mezcal curado de mandarina, tortillitas azules (de maíz cultivado sin insecticidas) con hongos de lluvia recogidos el día anterior en su huerto, y caldo de camarón chilosito para reponemos del frío, y rajas con crema hechas con unos chiles multicolores (chilhuacles) que alguien le había traído en ofrenda desde Oaxaca, y un mole prodigioso hecho principalmente con ajonjolí y pasas. Yo trataba de entonar alguna oración capaz de elevar a los cielos mi agradecimiento por tanta maravilla, pero ya Diana estaba sirviendo un helado de maracuyá que era en sí un himno. Y luego, con el café, presentó una bandeja de dulces mexicanos del cual recuerdo, como quien ya no podrá entrar jamás al Paraíso, unos lacitos de mango verde.

Por alguna razón, le dio por invitamos a comer de nuevo unos meses después, y esa noche la invitamos nosotros a cenar en el comedor de un hotelito francés, modesto y perfecto, que queda cerca de su casa. Contó chismes deliciosos y se rio de buena gana de los nuestros, y agradecimos la oportunidad de poderla agasajar un rato luego de la prodigalidad con que ella nos había recibido. Y después la vimos alejarse, frágil y terca, en una camioneta equipada en la parte de atrás con una cocinita que usa para impartir sus talleres de comida mexicana. Tenía que acostarse temprano, nos dijo, porque le tocaba salir a primera hora del día siguiente para irse manejando, con su cocina a cuestas, hasta un curso que iba a dar en Yucatán. Viéndola alejarse, pensé que tal vez no sea un genio. A lo mejor es sólo terca y valiente.             n

—Alma Guillermoprieto

Cine Mexicano: Permanencia Voluntaria

CINE MEXICANO: PERMANENCIA VOLUNTARIA

POR JAVIER GONZÁLEZ RUBIO I.

El cine mexicano se encuentra nuevamente luchando por su sobrevivencia, una lucha intermitente que abarca ya más de treinta años y que ha tenido dos periodos de respiro, una especie de treguas: de 1971 a 1977, gracias al impulso que le dio la administración de Luis Echeverría, y de 1989 a 1993, etapa esta última en la que produjo con continuidad aunque no en abundancia.

Actualmente, a partir de que en diciembre de 1997 el Presidente de la República anunció la creación de un fondo especial de 135 millones de pesos para reactivar la producción, el cine mexicano intenta sobrevivir.

Si analizamos estos tres momentos podemos apreciar que, con matices, se trata de esfuerzos aislados no institucionalizados, de ahí el permanente acecho de la espada de Damocles sobre el cine mexicano.

En el periodo de Echeverría el impulso se debió a la voluntad de su hermano Rodolfo y al encuentro de esquemas novedosos de producción, para su momento, en los que sumaron esfuerzos trabajadores técnicos y creativos. Así, el peso de la producción nueva, diferente, con aspiraciones, cayó sobre el Estado. Empezó entonces lo que habría de ser una paulatina marginación a los productores privados, los de la industria propiamente dicha, que al agotarse plenamente sus temáticas tradicionales renegaron de las emergentes y evitaron correr riesgos ante un cine para ellos desconcertante. Si bien se propició el surgimiento de algunos de los directores mexicanos más importantes hoy en día, como Cazals, Fons y Ripstein en primer término, la no institucionalización y reglamentación jurídica del esfuerzo impidió darle continuidad a un trabajo industrial. El sexenio siguiente, también sujeto a voluntades personales, pero ahora sostenidas en caprichos sin inteligencia, interrumpió drásticamente el esfuerzo anterior. Margarita López Portillo fue, desde la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía, un desastre para el cine nacional. Y las dos grandes películas promovidas por ella, Campanas rojas y Antonieta, además de vergüenza para sus directores. Bondarchuk y Saura, exprimieron lo que había en las arcas para producción. Si bien la iniciativa privada participó en la producción lo hizo de una forma totalmente ausente de creatividad y de imaginación al grado de que dio prácticamente por concluida su participación una vez agotada la temática abordada con cierta moda, el cine neocabaretero y de narcos y policías. Pero hay que decir también que los productores privados fueron regañados y vilipendiados sin que se les concediera estímulo alguno.

El sexenio siguiente, el de Miguel de la Madrid, se caracterizó por el debilitamiento total. La llegada de Alberto Isaac a lo que sería el IMCINE llenó de esperanzas a la comunidad cinematográfica. Sin embargo, la falta de recursos, la ausencia de un apoyo que no fuera el moral por parte de su amigo el presidente, con una industria casi desmantelada. y la complejidad burocrática, llevaron a Isaac a la renuncia. El cine mexicano no tuvo rumbo ni concierto y lo filmado se debió sobre todo a la fuerza de voluntades y pasiones individuales de miembros de la comunidad cinematográfica, con gran tenacidad: los productores privados del cine más comercial hicieron, al parecer, sus últimas y muy escasas incursiones en el cine industrial para acabar refugiándose en la producción de videohomes de consumo fronterizo. En este sexenio empezaron los intentos tímidos de la productora Televicine. pero más apegados a su clientela televisiva.

El sexenio de Carlos Salinas manifestó un interés serio en el impulso cultural que forzosamente se reflejó también en el cine. No con muchos recursos, pero sí con interés, se lograron producir más de 30 películas que propiciaron, con gran fortuna, el surgimiento, sobre todo, de nuevos directores. Sin embargo, ya el último año del sexenio. 1994. se caracterizó por el inmovilismo en espera del cambio de gobierno y la necesidad de entregar cuentas y no dejar pendientes. Sin embargo, ese sexenio cinematográfico, con Ignacio Durán al frente de IMCINE, estableció mecanismos de asignación de recursos y de coinversión vigentes en la actualidad y en los que radica, hasta el momento, el impulso al cine mexicano. Hay que destacar también en este periodo la producción en Televicine de varias películas más audaces y con el ánimo de incrustarse en los nuevos estilos.

El nuevo sexenio recibe al cine mexicano sin dinero y con el país en crisis, al grado de que ante el clamor de un puñado de gente de cine, el presidente, como dije antes, otorga un apoyo extraordinario para la producción cinematográfica.

A todo este panorama hay que agregar el deterioro en el que cayeron los cines, lo que se debió en gran medida al congelamiento de los precios de entrada: esto, a su vez. hizo más difícil la recuperación de las inversiones en una época en la que, sin tener todavía una explicación clara de la razón, disminuyó sensiblemente en el mundo entero la asistencia a las salas cinematográficas y muchas de ellas fueron cerradas.

En este breve recorrido he mencionado nombres precisamente por esa falta de institucionalidad del apoyo a la producción de películas. Las voluntades, creativas o destructivas, han marcado el rumbo del cine mexicano ante la ausencia de una sólida política de Estado en la materia.

La producción cinematográfica es una maquinaria sumamente compleja. A diferencia de otras expresiones artísticas, requiere muchos más elementos durante un periodo muy largo. Es también una apuesta permanente contra la incertidumbre. lo imponderable. Una película que en el papel augura una obra maestra se convierte con frecuencia en una cinta fallida: un guión regular se transforma en una película de concurso. El director olvidable puede volverse una sensación en su siguiente película. Es un arte azaroso y fascinante, un arte que en nuestro país no ha alcanzado, a mi juicio, su nueva libertad y su nueva madurez creativa, que corre el riesgo de volverse sectario, y esto en mucho debido a la dificultad enorme que significa levantar un proyecto, pero que en cambio tiene una enorme voluntad de ser, de existir.

Hablar del cine de Hollywood para con ello reflexionar sobre las realidades de nuestro cine resulta ya un tanto aburrido y estéril. Pareciera que en México estuviéramos permanentemente volviendo a empezar, lo que no es cierto, y pretendiéramos excusar nuestras deficiencias ante la maquinaria fílmica más poderosa del mundo. No somos Hollywood, no sé si queramos serlo y aunque quisiéramos no lo seremos nunca. Hollywood es la industria que más dinero ingresa a Estados Unidos después de la automotriz, y a pesar de algunas obras maestras europeas o latinoamericanas, es también, aunque muchos no lo quieran reconocer, el que mejores películas hace. Somos cine mexicano, nada más, y eso no es poco.

Igualmente, hay una discusión que ya debiéramos dar por concluida, la que permanentemente habla de un “nuevo cine mexicano” y la que no deja de comparar todo, pero mal, con la “época de oro”. Nadie puede hablar con sensatez de “nuevo cinc mexicano” a lo largo de treinta años.

Por otra parte, la producción habida en México entre 1935 y 1955 fue importante por su abundancia, porque ante todo había una industria y, desde luego, la cantidad con un talento evidente que, probado está, servía para lo bueno y lo malo, propició forzosamente la creación de buenas películas que, tengámoslo claro de una vez por todas, fueron las menos.

En México tenemos que revitalizar una industria y, más que eso, darle cabida y salida a una verdadera ebullición creativa en el cine, pero sobre todo tenemos que entender, como parte de un compromiso de nación, que el cine es el gran arte del siglo XX con una vigencia envidiable ante otras manifestaciones artísticas; que a pesar de la televisión continúa siendo el medio culturizador por excelencia con el gran público y que es un instrumento de propaganda, de difusión de ideas y valores que cuando está hecho con calidad hace por la idea de un país más que cien discursos.

Indiscutiblemente es entretenimiento, pero también logra ser mucho más cuando tiene calidad, y algo no deja de ser interesante: las películas que se hacen en México o se han hecho en los últimos años han pretendido ante todo ser buenas, tener ese “algo más” inexplicable, películas que han tenido mejor aceptación en el extranjero que en nuestro propio país. Por supuesto que alguien dirá que nadie pretende hacer malas películas, no. pero no todos pretendieron hacer buenas sino simplemente entrar a un negocio que podría dar dinero.

También es cierto que para que haya buenas películas se tienen que hacer muchas en las mejores condiciones posibles.

Evidentemente, se debe buscar que las películas generen ingresos, recuperen su inversión e incluso tengan ganancias, pero en las condiciones actuales de nuestra industria lo más importante es entender el sentido cultural del cine como auténtica expresión creativa de nuestro país, como expresión de nuestras esencias y realidades más hermosas o complicadas, y de presencia en el extranjero, para ocupar un espacio en las manifestaciones artísticas más legítimas. Y entender que no se le pueden pedir ganancias a una industria que ha vivido en permanente agonía y sometida, periódicamente, a terapias más o menos intensivas.

España, Francia, Argentina, Brasil, Alemania, Canadá así lo han entendido. Para ellos no hay la menor duda de que cada película que se produce es una nueva expresión cultural propia que requiere ser difundida, apoyada, estimulada y exportada. Cada película habla de ellos. Y por supuesto las hay buenas y malas, ninguna película es buena por decreto, sólo que en la medida en que más producen tienen más probabilidades de lograr mejores películas; la apuesta se torna menos arriesgada.

Para que la producción cinematográfica se mantenga y progrese, para que se enriquezca, es necesaria una institucionalización de las políticas que la estimulan, tal y como ha sucedido en esos países donde, además, con reglas absolutamente claras y estímulos bien establecidos, la iniciativa privada se ha sumado a la producción y por los resultados no creemos que estén arrepentidos de haberlo hecho.

El proyecto de nueva ley de la industria cinematográfica que se impulsa actualmente en la LVII legislatura tiene la enorme virtud de hablar del cine con gran respeto como actividad cultural, como patrimonio artístico y además establece reglas claras para darle continuidad a la producción cinematográfica más allá de dádivas, coyunturas o voluntades personales. Quizá sea importante una aclaración: cuando se habla de actividad cultural no se tiene que pensar forzosamente en obras de arte, se piensa en una expresión creativa legítima de un país, emanada de su idiosincrasia, de su tradición, de su forma de ver el mundo y de interpretarlo.

Imaginemos por un momento que el próximo año, sin una ley clara, el gobierno federal o concretamente el Presidente de la República no pueda dar una cantidad adicional para la producción cinematográfica; ésta, irremediablemente, empezará de nuevo a caer en el vacío. El dinero que actualmente asigna el Fondo para la Producción Cinematográfica está en un fideicomiso; con las seis o siete películas cuya producción ha sido autorizada, más el apoyo adicional que se otorgó a tres postproducciones, y la devaluación reciente —que para la producción cinematográfica significa mucho—, los recursos de ese fideicomiso están hoy al menos del 50% real de lo que era en enero de este año. Quizá se puedan producir otras seis o siete películas, ¿y después, qué? Hasta el momento no se ha podido contar con la participación de bancos en la producción con capital de riesgo, no se han obtenido créditos blandos y no han surgido nuevos individuos o grupos empresariales interesados en invertir dinero en la producción cinematográfica mexicana. Seguramente eso habrá de suceder, a eso tenemos que aspirar, pero es también una tarea que lleva tiempo para generar resultados y confianza.

El Estado tiene, por lo tanto, la ya irrenunciable tarea de apoyar y estimular la producción cinematográfica, y eso no basta con enunciarlo, como en las anteriores leyes, sino en señalar claramente el cómo, el por qué y el con qué. Creo que será necesario abrir las puertas de nueva cuenta a los productores privados, quedan pocos de los de antes, pero no dudo que los haya nuevos, interesados en la aventura, quizá más conservadores temáticamente, pero con la conciencia de que ya no se pueden hacer películas como las de Fernando Soler y Sara García o de Marga López como mamá de jóvenes a go-gó, o como las de judiciales y policías de caminos de los hermanos Almada. dicho todo esto sin ningún afán peyorativo. El impulso al cine mexicano requiere abrir puertas y no salones VIP. Cualquier productora existente o emergente deberá beneficiarse de los apoyos y estímulos que se generen para el cine mexicano, bajo un mínimo de estándares de calidad en la producción.

Por otra parte, una industria que requiere renacer y consolidarse no puede propiciar una competencia desleal aun mayor a la que ya tiene con el cine estadunidense. De ahí la importancia de que se mantenga la prohibición de doblaje al cine de estreno, excepto las salvedades que la propia ley establece. Esto además de que, como queda claro en el marco jurídico, la obra de arte es única y merece un respeto; cada actor habla como es, por esa forma de hablar y de expresarse ha sido escogido para un papel, con esa actriz en particular ha trabajado el director para lograr un resultado que debe conocerse y apreciarse en su exacta dimensión. Una película es un todo, no un conjunto de partes; la integridad de la expresión artística debe respetarse y difundirse.

Asimismo, es necesario un acceso de la producción cinematográfica a los instrumentos financieros formales o tradicionales. Pero que nos baste saber, por ahora, que las propuestas de apoyo, que no son pocas, que contiene el proyecto de la nueva ley seguramente causarán todavía una mayor polémica; será necesario que entren en juego las voluntades políticas y la determinación de diputados y senadores a favor de un proyecto cultural y de una industria prioritaria para nuestro país y de trascendencia internacional, y a la larga habrá de beneficiar también a quienes hoy se le oponen.

En lo referente a distribución, el artículo 26 habla de estímulos en beneficio de la comercialización de películas mexicanas, pero no establece cuáles, lo que debería señalarse desde el principio. El artículo 27 es paradójico, pues señala que “las empresas distribuidoras que promuevan la comercialización de películas extranjeras con valor educativo, artístico y cultural también contarán con estímulos e incentivos por parte del Estado cuando su exhibición se realice dentro de cine clubes y circuitos no comerciales”. No. Eso es precisamente lo que sucede ahora, y lo que se requiere es meter esas películas a los circuitos comerciales para que tengan la oportunidad de llegar al gran público y no sólo a grupos de cinéfilos empedernidos.

En paralelo a esa nueva tarea de producción está también una que debe retomarse y que está íntimamente ligada: la formación de nuevos cuadros profesionales especialmente en lo que a producción y guionismo se refiere. Una industria debilitada requiere que emerjan nuevos productores con conocimiento financiero y de mercadotecnia, nuevos productores ejecutivos para hacerse cargo de los requerimientos de los proyectos y, desde luego, más y mejores guionistas en un país lleno de directores, fotógrafos, técnicos y actores y actrices de gran calidad cuya vocación, llena de fortaleza, ha sobrevivido a todos los embates y a todas las desesperanzas.  n

Javier González Rubio I. Escritor. Crítico de cine. Miembro del consejo consultivo del Fondo para la Producción Cinematográfica.

Simbolismo e identidad nacional

LA RESEÑA DE NEXOS

SIMBOLISMO E IDENTIDAD NACIONAL

POR RODRIGO MARTÍNEZ BARACS

Enrique Florescano acaba de publicar un estudio que rastrea los orígenes del símbolo del águila devorando a la serpiente y los motivos históricos

por los cuales se incorporó a la bandera nacional. Ofrecemos dos lecturas de este libro clave para penetrar en uno de los componentes de la identidad nacional.

La importancia del libro de Enrique Florescano se deriva en buena medida del profundo significado afectivo y aun religioso que la bandera nacional tiene para la gran mayoría de los mexicanos. El propio Florescano comienza recordando que “Los países suelen tener una bandera que representa la unidad, la independencia o los valores nacionales más estimados”. El hecho es que Enrique Florescano consigue en La bandera mexicana no sólo una descripción histórica de lo que se sabe sobre el símbolo del águila y el nopal antes de incorporarse a la bandera nacional, sino una explicación de por qué fue adoptado este símbolo y no otro para nuestra bandera, lo cual dice mucho sobre los dilemas de nuestra nación.

Enrique Florescano se dio a conocer en la década de 1960 en el campo novedoso de la historia económica mexicana, centrándose en el periodo colonial. Con todo, debe destacarse que sus estudios jamás fueron “economicistas” y abarcaron siempre una totalidad compleja de realidades humanas. Además, los estudios bibliográficos e historiográficos que acompañaron sus investigaciones lo condujeron a una visión cada vez más amplia de las condiciones de la producción historiográfica y del saber histórico, que culminó con la publicación en 1987 de Memoria mexicana. Ensayo sobre la reconstrucción del pasado: época prehispánica-1821, gran fresco sobre las representaciones del pasado y usos políticos de la memoria histórica.

Memoria mexicana abrió el campo para el estudio riguroso de la autoconciencia de las diferentes sociedades que han poblado el territorio de lo que hoy es México. A partir de su publicación, Florescano siguió un impulso incontenible publicando una serie de estudios y libros que amplían y continúan la aproximación inicial a la diversidad y confrontación étnica en México, y las concepciones del pasado resultantes, desde el periodo prehispánico y hasta el XIX. Menciono, entre otros estudios, Tiempo, espacio y memoria histórica entre los mayas (1992); El mito de Quetzalcóatl (1993); la segunda edición muy ampliada de Memoria mexicana (1994); la segunda edición también muy ampliada de El mito de Quetzalcóatl (1995); y el reciente Etnia, Estado y nación. Ensayo sobre las identidades colectivas en México (1997).

En estos trabajos, espléndida y económicamente ilustrados, Florescano asimila y resume una cantidad impresionante de estudios históricos, arqueológicos y epigráficos, sobre todo extranjeros, y al mismo tiempo les imprime una clara intención argumentativa, que lo condujo a varias aportaciones notables, como su descripción histórica de larga duración de Quetzalcóatl como deidad de la vegetación.

Como se ve, la trayectoria como investigador de Enrique Florescano lo hace particularmente idóneo para tratar el tema de los orígenes y el simbolismo de nuestra bandera. Y realiza la labor de manera particularmente afortunada en La bandera mexicana, libro breve, legible, contundente y sin embargo abierto a nuevos desarrollos e interpretaciones. Acaso pueda reprochársele ser demasiado breve, pero el lector interesado puede continuar con la lectura de los libros de Florescano que acabo de mencionar, particularmente Memoria mexicana y Etnia, Estado y nación, y empezar la navegación en la amplia bibliografía citada. Además, no dudo de que el propio Florescano nos enriquecerá pronto con ediciones ampliadas de La bandera mexicana.

Desde el inicio de la “Introducción”, Enrique Florescano va a lo esencial y escribe: “Lo distintivo de la bandera mexicana es que en su hechura participaron tres tradiciones diferentes: la indígena, la herencia religiosa hispánica y colonial, y la tradición liberal que propuso fundar Estados autónomos y soberanos”. Esta visión global ordena todo el libro en capítulos sobre el periodo prehispánico, el periodo colonial y la Independencia.

En el primero, “El nopal, el águila y la serpiente”, Florescano retoma las investigaciones de Alfonso Caso, Doris Heyden, Christian Duverger, Michel Graulich y las suyas propias de Memoria mexicana, sobre el origen y el simbolismo del escudo mexica del águila devorando una serpiente sobre un tunal que brota de una piedra. Florescano recoge el mito según el cual Huitzilopochtli, dios tribal de los mexicas, les ordenó abandonar Aztlán, tierra de origen, y buscar una tierra mejor donde asentarse, que reconocerían por el símbolo de un águila sobre un tunal, que finalmente encuentran en 1325. Florescano da los elementos que dotan de sentido al mito: la piedra de la que brota el nopal es el corazón de Cópil, el hijo de la despechada Malinalxóchitl, hermana de Huitzilopochtli, que intentó traicionar a los mexicas y fue sacrificada. Del corazón de Cópil, que representa los sacrificados enemigos de los mexicas, brota el tunal, árbol emblemático de los mexicas, que evoca al árbol cósmico. Lo muestra Florescano reproduciendo el más antiguo escudo de Tenochtitlan que se conoce, y no sé si el único indudablemente prehispánico, labrado en piedra en el Teocalli de la Guerra Sagrada, expuesto en el Museo Nacional de Antropología. El tunal da tunas, o nochtli, cuya pulpa jugosa alimentaba y calmaba la sed de los mexicas chichimecas, y que representan a los corazones humanos ofrendados al águila, animal solar por excelencia, que representa al Sol en su ascenso, el Sol que había que alimentar con sacrificios humanos. El águila, animal depredador, representa a los cazadores y guerreros que someten y dominan a los pueblos agrícolas representados por la serpiente, que muere en boca del águila real.

Florescano menciona que este mito fue “seguramente inventado cuando los mexicas se hicieron poderosos en la cuenca de México”, y no retoma más este punto, que por lo demás trata extensamente en Memoria mexicana. Habría que insistir en el hecho de que el mito de la peregrinación de los mexicas, que culmina en 1325 con la fundación de Tenochtitlan en donde se encontró el águila y la serpiente, forma parte del gran proceso de reescritura de la historia mexica y de la cuenca de México operada por el hueytlatoani mexica Itzcóatl y su eminencia gris y cihuacóatl Tlacaélel, a partir de la derrota de Azcapotzalco en 1428 y la formación de la Triple Alianza en 1431. Itzcóatl y Tlacaélel destruyeron los códices antiguos y remplazaron la historia de los orígenes de su pueblo por una nueva versión legitimadora de su asentamiento en Tenochtitlan y de su expansión guerrera imperialista. Al mismo tiempo impusieron una religiosidad sacrificial y terrorista, según la cual el destino de los mexicas era hacer la guerra para expandirse y alimentar con abundantes corazones al Sol. Al tener presente que esta visión fue impuesta por Itzcóatl y Tlacaélel. se abre la posibilidad de que la religiosidad sacrificial y militarista que expresa nuestro escudo no sea la única herencia religiosa del México antiguo.

Además, la cuestión histórica sigue oscura y es difícil de resolver. No se sabe si realmente los mexicas eran chichimecas que se civilizaron en la cuenca de México gracias al contacto con los toltecas de Culhuacan. como lo piensan Florescano y los autores que sigue, o si los mexicas ya eran mesoamericanos antes de regresar a la cuenca, como lo piensan otros autores (Carlos Martínez Marín. Brigitte Boehm). Y habría que ver en qué medida esto puede alterar la interpretación del simbolismo original del escudo mexica. De cualquier manera. Florescano es cauto y en La bandera mexicana no recoge el problema del tipo de desarrollo de los mexicas. y trata el simbolismo del águila y la serpiente en términos que no afecten la interpretación general, pues chichi- mecas o no. sólo disponemos de la visión que los mexicas quisieron dejar de sí mismos.

Es difícil saber qué elementos previos retomó la reforma historiográfica de Itzcóatl y Tlacaélel. y cuándo comenzó a usarse el nombre de Tenochtitlan. En un pasaje de Memoria mexicana. Florescano retoma la hipótesis de Christian Duverger según el cual los pobladores originales de la isla de México eran otomíes. que la llamaban Amadetzaná. “en medio de la Luna” o “en medio del agua”. Los aztecas habrían traducido este nombre al náhuatl e “inventaron el artificio” de llamarse mexitin, y México la ciudad. Más adelante, en el afán de borrar la memoria de la ocupación otomí previa de la isla, los mexicas habrían buscado un nombre específicamente nahua para su ciudad, y que sirviera de símbolo y glifo. Así se inventó el nombre de Tenochtitlan. representado por el glifo fonético de una piedra, tetl, y un tunal. nochtli. De México no se conoce glifo, y prevaleció el de Tenochtitlan.

Los elementos del emblema de Tenochtitlan son representados de varias maneras. Muchas veces aparece solamente la piedra y el tunal, y se trata entonces del glifo fonético escueto. Otras veces aparece el águila sola sobre el tunal en la piedra; otras veces aparece con el glifo de atl tlachinolli, agua quemada, símbolo de la guerra, como en el Teocalli de la Guerra Sagrada; otras veces con una serpiente, pero otras también aparece comiéndose un pájaro, y en otras agarrando una tuna, nochtli. Florescano menciona sin ahondar estas diferentes representaciones. y espero que su trabajo estimule un estudio que busque dar cuenta de estas diferencias, y cómo se vino a imponer la imagen canónica del águila matando a una serpiente. Acaso fue porque, en el contexto cristiano, la serpiente representaba al diablo y a la idolatría, derrotada por el águila. De este modo, el águila queda implícitamente asociada a la Virgen María, vencedora del dragón y la serpiente.

Es de particular interés el capítulo, más largo, sobre el periodo colonial, que trata de “La fusión del emblema mexica con los símbolos políticos y religiosos de la época colonial”. Enrique Florescano retoma las reflexiones de Jorge González Angulo acerca de que. al establecer Hernán Cortés la ciudad capital de la Nueva España sobre las minas de la antigua México Tenochtitlan. de modo inevitable la historia antigua transminó en la nueva, y algunos de los símbolos antiguos pervivieron. Es el caso del escudo del águila y la serpiente, que se apropiaron los españoles novohispanos desde el siglo XVI, como lo documenta Florescano.

Lamentablemente no sé en qué fecha los miembros del cabildo de la Ciudad de México incorporaron al escudo mexica como timbre (insignia) colocado encima del escudo de amias español de la Ciudad de México. Tampoco es muy precisa la cronología, pero es muy notable la presencia, hacia fines del siglo XVI, de esculturas en bajorrelieve con el escudo mexica en varias iglesias franciscanas y agustinas. no sólo en el arzobispado de México, sino también en los obispados de Puebla y Michoacán.

A las imágenes que da Florescano habría que agregar la portada de las Constituciones del Primer Concilio Eclesiástico Mexicano, de 1555. que el arzobispo de México fray Alonso de Montúfar hizo imprimir en la Ciudad de México a comienzos de 1556. que incluyen en la parte inferior de su portada las piedras y el tunal, esto es. el glifo nahua de Tenochtitlan. que se agrega al escudo del arzobispo. De este modo, se ve que la incorporación de signos indígenas a la emblemática española de la Ciudad de México, antes de ser una reivindicación criolla o protomexicana, comenzó siendo parte de la voluntad deliberada del arzobispo Montúfar de fundir la religión cristiana con la sensibilidad y los valores de la cultura indígena. Lo mismo hizo el arzobispo Montúfar al fundar, en ese mismo año de 1555, el culto guadalupano del Tepeyac. Desde entonces debió asociar el glifo de México con la Virgen de Guadalupe, al adscribir la ermita a la jurisdicción del arzobispado.

El hecho es que el símbolo mexica del águila y la serpiente estaba en todas partes, y Florescano refiere que el riguroso obispo y virrey Juan de Palafox y Mendoza ordenó en 1642 retirar el escudo mexicano que se había superpuesto al castellano y quitar la escultura de un águila que adornaba la fuente de la plaza mayor de la Ciudad de México. El obispo Palafox ordenó poner a cambio una imagen más propia. cristiana, como la Virgen María.

Florescano sigue la investigación abierta por Francisco de la Maza sobre El guadalupanismo mexicano (1953). que encontró que el sacerdote y bachiller criollo Miguel Sánchez asoció de manera indisoluble el águila mexicana con la Virgen de Guadalupe, en su libro Imagen de la Virgen María Madre de Dios de Guadalupe, que publicó en la Ciudad de México en 1648. en el que narra por vez primera la historia de las apariciones de la Virgen de Guadalupe a Juan Diego en el Tepeyac en 1531.

Como es sabido, el bachiller Sánchez realizó la fusión del águila y la Virgen a nivel iconográfico y textual. La portada del libro reproduce un grabado, probablemente basado en un original encargado por Montúfar en 1555, que representa a la Virgen coronada, sobre una luna invertida, frente a un águila bicéfala y ante un tunal. Y en el texto, el bachiller Sánchez desarrolló una interpretación teológica y patriótica de la historia de las apariciones guadalupanas a la luz del capítulo XII del Apocalipsis de Juan, que se refiere a una mujer vestida de luz. con alas de águila, sobre una luna, que derrota al dragón, auxiliado por el arcángel San Miguel. Esta asociación condujo a Miguel Sánchez a considerar la aparición en 1325 del águila comiéndose a una serpiente, como una premonición o un signo de la aparición en 1531 de la Virgen de Guadalupe en Tepeyac. En esta interpretación patriótica y mística, la aparición en México de la Virgen María es una muestra del favor especial de Dios para los mexicanos, pueblo privilegiado y predestinado. De esta manera los criollos fueron apropiándose de los símbolos que les dieron legitimidad y autonomía.

Pero más que en la abundante producción de libros y sermones exaltados, la asociación del águila mexicana con la Virgen de Guadalupe proliferó en la pintura y la escultura religiosa, como lo muestra Florescano siguiendo a Jaime Cuadriello y Marta Terán. Y de esta manera, el antiguo símbolo indígena y pagano, sacrificial y guerrero del águila devorando una serpiente, entró al espacio sagrado de las iglesias y santuarios cristianos. Florescano destaca la importancia de la asociación del escudo mexica con la Virgen de Guadalupe para su legitimación y aceptación absoluta en México. No cabe dudar de su importancia, aunque habría que documentar más la parte hostil de esta “guerra de las imágenes”, aparte de la prohibición palafoxiana.

De cualquier manera, ya en el siglo XVIII el escudo mexica fue crecientemente utilizado como símbolo de la Ciudad de México, aceptado y promovido por los criollos, no sé en qué medida realmente defendido por la voluntad de resistencia de los indios y mestizos, que menciona Florescano. Pero lo importante es que la ciudad capital representaba todo el reino, México era la ciudad y cada vez más también el país.

El tercer capítulo se refiere a “La creación de la bandera y el escudo nacionales”. En la madrugada del 16 de septiembre de 1810, al dar el Grito, el padre Miguel Hidalgo y Costilla “ostentaba en su pecho un águila mexicana peleando contra un león español”. El cura Hidalgo recogió en Atotonilco el estandarte guadalupano. y no sé si gracias a éste, como lo piensa Florescano, juntó un ejército popular, indígena y mestizo impresionante. Y la Suprema Junta Nacional Americana de Zitácuaro, de 1811 escogió como escudo para actas, proclamas y documentos oficiales el águila sobre un nopal. En 1815. José María Morelos y Pavón expidió un decreto en Puruarán mandando que la bandera nacional tenga “un tablero de cuadros blanco y azul celeste” y “en el centro las armas del gran sello de la nación”. El azul y el blanco son los colores de la virgen María, por lo que ésta se vio nuevamente asociada con el águila mexicana.

En la promulgación del Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821, Agustín de Iturbide adoptó como bandera la de las tres garantías, representadas por el blanco, el verde y el rojo, en ese orden, en franjas diagonales: “el blanco que simbolizaba la pureza de la religión católica; el verde que representaba el movimiento insurgente, o sea la Independencia; y el rojo, que figuraba al grupo español adherido al impulso libertador”. Esta bandera no incluía al águila mexicana, pero cuando el Ejército Trigarante entró a la Ciudad de México y se promulgó la Independencia, Iturbide decretó el 2 de noviembre de 1821 que la bandera de México tuviese los mismos colores, pero en el orden actual, verde, blanco y rojo, en franjas verticales, y en el centro blanco el águila de perfil, con corona imperial, sobre el tunal mexica. Y de esta manera, el escudo del águila devorando una serpiente sobre un tunal que brota de unas piedras, el antiguo escudo sacrificial mexica, acabó incorporado después de la Independencia en 1821 al centro de la bandera de la naciente nación mexicana.

Florescano menciona rápidamente que “no falta quien diga que esos tres colores estaban ya presentes en la iconografía guadalupana”. Me parece que habría que ahondar más en esta posibilidad, pues la explicación de los colores de la Bandera de las Tres Garantías bien podría ser una explicación aposteriori. Los colores de la bandera aparecen en la túnica y la capa de la Virgen de Guadalupe, y de manera aún clara en las alas del ángel que la sostiene. De esta manera, también en la bandera mexicana se dio la unión de la Virgen de Guadalupe con el águila mexicana.

Florescano analiza de manera certera el simbolismo asociado a la incorporación del escudo mexica como escudo de la nueva nación. Siguiendo a Octavio Paz. Florescano critica la concepción, que afirmó José María Morelos en el Congreso de Chilpancingo de 1813, basada en las creencias de los criollos del siglo XVIII acerca de un reino mexicano prehispánico, según la cual con la independencia no nacía una nueva nación, sino que se reanudaba la vida de la nación mexicana que la conquista española interrumpió. El Acta de Independencia, firmada en 1821, asentó que la nación había “recobrado el ejercicio de la soberanía usurpado”. Absurdamente, los criollos españoles se sentían herederos del antiguo reino mexicano.

Pero en el sentido más profundo, la presencia del antiguo escudo mexica en nuestra bandera representa el compromiso indeclinable de la nación con los indios, no sólo los del pasado, como los criollos de la colonia, sino también los del presente. La valerosa y masiva participación popular en la revolución de Independencia selló esta alianza definitiva de la nación con los indios y todos los desposeídos, que expresa la bandera mexicana.     n

Enrique Florescano La bandera mexicana. Breve historia de su formación y simbolismo

FCE México, 1998 173 pp.

Rodrigo Martínez Baracs. Profesor e investigador de la Dirección de Estudios Históricos.

El FMI: Las finanzas de un mundo insostenible

EL FMI: LAS FINANZAS DE UN MUNDO INSOSTENIBLE

POR RICARDO BECERRA

Según todas las crónicas, el tono de la discusión de la asamblea anual del Fondo Monetario Internacional fue este: “Hablemos claro: no se trata sólo de países que han entrado en crisis, sino de un sistema global en crisis que no está adaptado a los riesgos y oportunidades de la globalización” (Michel Camdessus. director del FMI). “En las condiciones actuales es inviable e insostenible el mercado global” (Bill Clinton). “La inestabilidad global se profundiza, la arquitectura financiera no responde, el bienestar de millones de personas pende de un hilo …tenemos que ir más allá de la estabilización financiera” (J. Wolfensohn. presidente del Banco Mundial). “Después de lo vivido en Asia y Rusia ocurrió un dramático cambio en el perfil de riesgo de todo el mundo” (Alan Greenspan, presidente de la Reserva federal de E.U.”). Jiang Zemin y Tony Blair. desde China y Gran Bretaña, llamaron a la comunidad internacional a “evitar que la crisis financiera se convierta en una recesión mundial”.

Las sentencias se lanzaron alrededor de la asamblea anual del FMI, enorme cuerpo deliberante que reúne a los gobernadores de Bancos Centrales y Ministros económicos de 182 países. Gravitando en torno suyo ocurrieron otros encuentros: el del Grupo de los Siete (los países más desarrollados), el de Clinton con el Grupo de los 22 (11 países industrializados y 15 “emergentes” a falta de un epíteto mejor); la reunión de Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, con Robert Rubin, del Tesoro norteamericano, etcétera. Así, la primera semana de octubre se convirtió en un amplio ejercicio de balance de la economía mundial. Resultado: un claro consenso en torno a la gravedad de la situación y un reconocimiento explícito de que el mundo no está seguro de la solución, está haciendo poco y, lo peor, está recetando viejas medicinas para enfermedades nuevas.

La tarea es monumental: ¿cómo controlar la anarquía de los mercados financieros? Y más al fondo: ¿cómo asegurar que las economías del mundo dispongan de recursos constantes para financiar su desarrollo? Durante mucho tiempo, los economistas de los organismos multinacionales nos hicieron creer que había una fórmula para que los recursos internacionales fluyeran sin sobresaltos a un país: bastaba con seguir políticas prudentes, austeras y eficientes para que el dinero de los inversionistas globales llegara. Pero la realidad ha desmentido este supuesto. Los países que eran señalados como el indiscutible modelo —los tigres de Asia— fueron devastados en cuestión de semanas precisamente por una fuga de capitales. Y la medicina ensayada es la misma: un plan de rescate comandado y financiado por el FMI.

El enorme problema de ese organismo internacional entraña un doble fracaso: que esos planes de rescate no han sido suficientes para resarcir a las economías enfermas y, lo peor, no ha evitado que la enfermedad se propague por el mundo, a Rusia, a América Latina, Japón y de regreso. Incluso Estados Unidos ha resentido la descarga eléctrica de esta situación: hace unas semanas, 16 bancos formaron un fondo de rescate a una empresa financiera que se colapso cuando Rusia se declaró insolvente (gran parte de su capital estaba en rublos).

A pesar de la asistencia del FMI, los capitales están abandonando a los países inseguros (casi un tercio del planeta). Si las cosas siguen como hasta hoy, esos países pueden quedarse sin divisas para crecer y para afrontar sus compromisos. Los pronósticos de J. P. Morgan advierten que el flujo de capitales a los mercados emergentes será 128 mil millones de dólares menos en este año; y lo que es peor, significa que en los últimos dos años el flujo de capital a esos países ha descendido en más de 150%. Todo lo cual provoca serias dificultades a naciones que como Argentina o Brasil, China o Polonia, necesitan de recursos para financiar los peligrosos déficits que a duras penas mantienen. Este es el riesgo, el delgado hilo sobre el cual avanza hoy la economía internacional: escasez aguda de dinero, posibilidades de contagio, multiplicación de incumplimientos; todo lo cual provocaría que el sistema de pagos se rompiera, que fuese imposible pagar pero también prestar.

Para colmo, luego del incendio en Asia, el FMI se quedó sin dinero, sin recursos para aplicar su consabida medicina. Clinton tuvo que jugársela de nuevo para que su Congreso autorizara una partida de 18 mil millones de dólares para que el FMI siguiera asistiendo a todo el mundo con sus trabajos de fontanería financiera.

La reunión anual alcanzó rápidamente ese diagnóstico común, pero lo más importante es que intentó ir un poco más allá: ¿podría el FMI ensayar otras recetas?, ¿existen otras formas de prevenir y afrontar las crisis financieras? La relatoría final del evento nos informa, al menos, de dos posturas que fueron analizadas por ciertos ministros y funcionarios del organismo internacional: por un lado incrementar los recursos de que dispone el FMI y mejorar sus capacidades de monitoreo de la evolución de las economías; y por otro, la imposición de controles a los movimientos de capital.

En el primer caso, el FMI estaría en condiciones de intervenir en los momentos críticos asegurando a las monedas, otorgando préstamos suficientes y perentorios, instrumentando planes de estabilización y austeridad. El problema de este reforzamiento del papel del FMI es que ante tal seguridad los inversionistas y los gobiernos pueden verse estimulados a embarcarse gozosamente en francachelas financieras muy riesgosas, a sabiendas de que el FMI, finalmente, tendrá los recursos para responder por el problema. Así que esta medida no cancelaría las posibilidades de una crisis financiera global, sino al contrario, acabaría incubando riesgos de una crisis de mayor magnitud.

El segundo caso parece más difuso y menos viable. Se trata de evitar la llegada y la salida masiva e instantánea de capitales en las economías nacionales, aplicando un impuesto, es decir, haciendo que el movimiento repentino cueste caro. Pero los mandos del FMI se mostraron muy escépticos: el control de capitales puede ser sólo una medida complementaria a la mejora de la estructura financiera de los países; pero la evidencia práctica de los impuestos al capital de corto plazo no es conclusiva, antes bien, sabemos que su eficacia disminuye con el tiempo entre mayor sea el periodo en el que se mantengan vigentes.

No hubo más, no pudo profundizar en este debate y no pudo imaginar otras propuestas; en el discurso de clausura, Camdessus pudo presentar tres conclusiones a cuál más elemental: la solución de la crisis actual requiere de un mayor grado de cooperación internacional; se requiere de un sistema monetario más duradero y el organismo que preside debe seguir fungiendo como centro del sistema.

Mientras tanto, el FMI se vuelve cada vez más débil: apaga el fuego dejado por una crisis, surge otro, que contagia a un tercero y alimenta al anterior, y cada vez con menos recursos a su disposición. Hay plena conciencia de que el sistema financiero debe ser rediseñado, de que el mundo necesita una nueva arquitectura económica, pero como lo demostró esta reunión de octubre en Washington, nadie sabe bien a bien cuál, cuándo ni cómo.

La gran prioridad mundial es evitar la recesión, que el mundo no deje de crecer. En los próximos cincuenta años la población mundial se duplicará; en tales condiciones resulta casi suicida perder un lustro o una década de crecimiento, mucho menos en los países emergentes, pues son ellos los que protagonizan el estallido demográfico del mundo. Y evitar la depresión, propiciar el crecimiento, quiere decir antes que nada estabilidad financiera internacional. Esa es la responsabilidad radical del FMI, de los gobiernos, banqueros centrales y demás autoridades multinacionales.

Sin embargo, es difícil imaginar que los economistas del FMI puedan asumir con todas sus consecuencias un reto de ese tamaño; han sido representantes y portadores de lastres ideológicos que por décadas apostaron por una libertad incontrolada del mercado mundial, su deidad, que a la vuelta de la esquina volvió ingobernable y explosiva a la economía, y está siendo inviable e inútil su propia función como centro del sistema.

Sólo dos buenas noticias aparecen en el ominoso cuadro: primero, ninguna nación puede ya beneficiarse plenamente de la crisis de otra. La globalización ha encadenado intereses y obliga a la cooperación. Y segundo: a pesar de todo, los gobiernos y los economistas han aprendido a cometer menos errores. Estas ventajas han costado caro, pero como escribió Paul Krugman: “en el siglo han pasado muchas cosas, la historia no cursó en balde y es posible que ésta sea la única ventaja segura que los economistas de hoy tienen sobre los economistas muertos, saber aproximadamente mejor, qué no debe hacerse”.

La inestabilidad financiera de los últimos meses ha demostrado que la decisión de un gobierno afecta al conjunto del sistema, de tal suerte que su mirada debe ampliarse, que las decisiones económicas deben observar condiciones más allá de la nación. Ha demostrado en suma que la economía nacional no podrá sobrevivir sin política económica mundial. He ahí el nuevo espacio de la reforma y de la economía política, la urgencia de una hábil ingeniería de intervenciones económicas para contener las fuerzas y los intereses financieros a cambio de garantías de estabilidad y crecimiento, ¿es posible imaginar un foro mundial para lograr que esos intereses se presenten con franqueza y logren diseñar la nueva arquitectura del mundo?   n

Ricardo Becerra. Analista político.

Pre-supuestos

PRE-SUPUESTOS

POR RICARDO RAPHAEL DE LA MADRID

Este mes arranca la vertiginosa carrera para aprobar la ley de ingresos y el presupuesto de egresos de la Federación. Contando sólo con treinta días naturales, nuestros representantes tendrán que echarse un clavado para escudriñar, proponer modificaciones y aprobar las dos piezas más importantes para la vida del Estado mexicano. Mientras tanto, con franca alevosía, los hombres del presidente defenderán la propuesta con uñas y dientes —como lo hicieran el año pasado —después de haber contado con largos meses de preparación.

No se puede perder de vista que ambas piezas son los instrumentos fundamentales del Estado mexicano, quizá los últimos que le restan para orientar el comportamiento de nuestra economía. Este proceso legislativo estará anclado en una realidad y una serie de supuestos básicos. Tres son los ejes que dominan la discusión: 1) las obligaciones que la Constitución impone a la Federación; 2) el proceso de integración económica en el que nuestro país se encuentra y 3) la concentradísima distribución del ingreso que impera en México. Estos ejes están muy relacionados y las reglas de su interacción constituyen la base para definir el curso de las negociaciones entre ambos poderes.

Ya Jorge Ortega, en nexos 250, escribió sobre los llamados gastos fijos de la Federación que se derivan del mandato constitucional, erogaciones que, entre otras, incluyen los pagos al servicio de la deuda, la nómina federal, los gastos de funcionamiento de las instituciones y las aportaciones que el Estado hace a la seguridad social.

Lo alarmante de este tema es que los ingresos con los que actualmente cuenta la Federación —en palabras del propio subsecretario Santiago Levy— no alcanzan siquiera para cubrir estos gastos fijos. El problema se centra en las erogaciones que serían necesarias para que las instituciones federales funcionaran eficientemente. En una conferencia reciente, Levy mencionó, por ejemplo, que de las 146 embarcaciones con las que cuenta la Armada mexicana, ninguna está en posibilidades de navegar en caso de que se pique el mar. Sobre todo porque, con el presupuesto actual, la Secretaría de Marina no cuenta con los recursos suficientes para pagar el combustible. Mientras tanto, en las aguas del Golfo de México navegan embarcaciones de altísima velocidad transportando drogas. De igual manera, la Defensa Nacional y nuestro sistema de seguridad pública requieren de una urgente modernización. No podemos perder de vista que en nuestro país, mientras el crimen actúa ya bajo la lógica y con la tecnología del siglo XXI, las instituciones mexicanas se quedaron ancladas en la década de los setenta.

Por desgracia, la ruta para sanear las finanzas en nuestro país desde los años ochenta se parece más a la de un abarrotero con problemas de liquidez, que a la de un elaborado alumno del neoliberalismo friedmaniano. En la realidad, los tan vituperados tecnócratas mexicanos no han hecho más que poner en orden la casa reduciendo los gastos sin aumentar los ingresos. Como resultado de esta tarea hemos alcanzado una forzada estabilidad macroeconómica que no logra esconder el desorden microeconómico al que estamos expuestos los mexicanos.

En el pasado, cuando los ingresos no alcanzaban y la economía mundial tenía menos peso sobre las decisiones domésticas, optar por el endeudamiento externo o sobrecargar la máquina para imprimir billetes eran estrategias factibles para cubrir el déficit en las finanzas públicas. México, además, contaba con los ingresos petroleros que, poco a poco, se fueron convirtiendo en la tercera parte de los recursos de la Federación, recursos que dada la baja de los precios internacionales de este producto hoy tienden a ser más bien escasos.

En el presente los mercados financieros están más que al pendiente de las variables que regulan una economía nacional. Si éstas no les satisfacen, sin mayor preámbulo los dineros se desplazan de un continente al otro. De ahí la importancia de evitar que la inflación se dispare, el déficit en las finanzas públicas se agrave o el endeudamiento externo se vuelva una carga imposible de llevar. De ahí la importancia de generar un cuadro macroeconómico que dé certidumbre a la inversión.

Ahora bien, si la mayoría de las fuentes de financiamiento público están cerradas, al Estado mexicano sólo le queda una solución, la más vieja de todas: incrementar sus recursos fiscales. Sin una gran reforma al sistema impositivo, nuestras autoridades permanecerán en la lógica del abarrotero y las instituciones del Estado mexicano irán perdiendo, cada día más, su capacidad de gobierno.

Esta es una antigua batalla en México. Desde los años setenta, en que las presiones sociales se hicieron intolerables para la élite en el poder, la administración de Luis Echeverría propuso la necesidad de modificar nuestro sistema impositivo. Por un lado, se hacía indispensable responder a la enorme concentración de la riqueza que el México de la postguerra había mantenido. Por el otro, y estrechamente vinculado con este primer punto, el Estado necesitaba incrementar sus recursos para intervenir en una economía de mercado plagada de deficiencias: un mercado infestado por lo que los economistas llaman externalidades y que impedían su buen funcionamiento.

La reacción del sector privado a esta propuesta es hoy más que conocida. Los capitales concentrados en poquísimas manos le hicieron la guerra a aquella reforma y el supuestamente omnipotente presidente de la República tuvo que doblar las manos recurriendo a políticas financieras poco ortodoxas que empeoraron aún más la situación económica del país. López Portillo hubiera tenido que avanzar la propuesta fiscal de no haberse topado con el petróleo y con los bajísimos costos que el crédito externo ofrecía en aquel entonces. Ambas soluciones temporales permitieron evadir la responsabilidad de dar paso a una reforma fiscal integral. Una reforma que de forma certera, incrementara la base de contribuyentes y estableciera tasas impositivas diferenciadas de acuerdo a las enormes variaciones que. en materia de ingresos, enfrentaban y siguen experimentando los mexicanos.

La verdadera crisis que ha vivido México en las últimas dos décadas ha sido provocada por la salida del mundo ficción que. desde aquel entonces, nos inventaron las autoridades. Sin embargo, el error más grande que los funcionarios de Hacienda han cometido desde que empezara la reforma estructural y el ajuste macroeconómico ha sido, precisamente, centrar su atención en la columna de los egresos dejando de lado la de los ingresos. Es cierto que se han vuelto más eficientes, llegando a la persecución, los sistemas de recaudación. Sin embargo, siguen siendo muy pocos los mexicanos que pagan impuestos —menos de una cuarta parte de los contribuyentes potenciales— y las reglas que regulan la recaudación se han vuelto particularmente complejas.

Según los cálculos ofrecidos por el mismo subsecretario, a la Federación le hacen falta 126 mil millones de dólares para poder responder con sus obligaciones constitucionales. Sin embargo, poco se resolvería si las autoridades de Hacienda encontraran las fuentes de ingreso suficientes para hacer que el Estado gendarme funcionara. En un país como el nuestro, donde el mercado es altamente disfuncional y la integración económica avanza, galopante, incorporando a algunos pocos y dejando de lado a la mayoría, sólo un Estado ágil y fuerte —que no obeso— sería capaz de corregir las externalidades de la economía.

Si algo no ha cambiado desde los tiempos de Hamilton es la teoría sobre la división internacional del trabajo. Siguiendo a Hirschman, podríamos decir que, en el complejo mundo del comercio internacional, una clave fundamental para el desarrollo radica en encontrar el “nicho” o los nichos de mercado que les permitan a las regiones integrarse flujos de capitales y de inversión. En este contexto, el desarrollo depende fundamentalmente de la dinámica sectorial que se genere entre quienes detentan los instrumentos de producción y el marco de recompensas que ofrezca el tejido económico del territorio en cuestión.

La construcción de ese tejido al que se hace referencia es, en cualquier parte del mundo, una función esencial del Estado en sus distintos ámbitos de gobierno. La idea central es poder manipular las ventajas comparativas de una economía a través del fortalecimiento de las cadenas productivas, la inversión en educación, la creación de un marco impositivo atractivo y la consolidación de una infraestructura en comunicaciones capaz de insertar a las regiones menos favorecidas en esta economía mundial.

Un país que le dedica menos inversión a la educación que varios estados africanos, cuyas cadenas productivas siguen rotas y que, además. cuenta con una infraestructura de comunicaciones insuficiente y un marco fiscal muy complejo y altamente centralizado, está condenado a permanecer fuera del mundo globalizado con todas las implicaciones que en materia de pobreza esto implica.

A grandes rasgos estos son los pre-supuestos de la discusión que tanto los legisladores como los funcionarios de Hacienda tendrán que considerar durante los próximos días. No les queda más que asumir que la columna de nuestra contabilidad encargada de dar cuenta de los ingresos es raquítica, mientras que el apartado de los egresos contiene una larga lista de demandas. Quizá sea ya tiempo de realizar la verdadera reforma estructural de las finanzas públicas y dar paso a una profunda reforma fiscal. n

Ricardo Raphael de la Madrid. Politologo.

U2 Caminos celtas

U2:

Caminos celtas primera recopilación de éxitos del cuarteto irlandés U2 era esperada por los fans desde hace varios años, y parecía que no iba a llegar nunca, en medio del boom de la parafernalia cibernética-irónica a la que el grupo se ha unido en su segunda etapa, la de los noventa. Sin embargo, U2: The Best of 1980- 1990 (Island / Polygram) resulta ser una buena cápsula del tiempo que nos remonta a los años en que la banda mostró estructuras musicales atrevidas y desafiantes, con temas de compromiso social y político en relación a los conflictos entre Belfast y Dublín: los temores y angustias en sus letras, que partieron desde el estandarte religioso protestante-católico en el álbum October para después tomar como sello distintivo la tensión sonora en la guitarra infinita de The Edge en War, las feroces atmósferas melódicas de The Unforgettable Fire. y la obviedad política en los textos de The Joshua Tree. La visión de las dos Américas de Rattle and Hum mostró auditivamente las pomposas indulgencias verbales del cantante Paul Hewson (alias Bono) en el escenario, que lo convirtieron en el comunicador más persuasivo, directo y efectivo del rock de los ochenta.

Con las reminiscencias del punk inglés como principal influencia, U2 obtuvo la capacidad de combinar la fuerza del rock con un bagaje de denuncias y tributos hacia sus propias raíces. en un estilo único. Los productores Steve Lillywhite. Daniel Lanois y Brian Eno contribuyeron al éxito de este cuarteto que hasta la fecha ha recibido tanto reverencias como críticas. Todo ello ha quedado en el pasado, pero como los buenos clásicos, siempre será esta etapa la que marcó su dominio en la escena mundial. Este Best of marca la etapa en la que U2 fue un grupo más reverenciado que criticado.         n

—Julio Cortés

Para Subir Al Nopal

PARA SUBIR AL NOPAL

POR HUGO HIRIART

¿Qué es México?, ¿dónde está? México es un país, se dirá. Sí. claro, pero ¿qué es eso?, ¿cuál es la realidad de ese ente social, político y otras cosas, y cómo puedo vi vendarlo? A poco que la consideramos, la entidad extendida, multitudinaria y enigmática se evapora y huye a nuestra comprensión. Por eso José Emilio Pacheco dice en unos versos: “no amo mi patria, su fulgor abstracto es inasible”. Aquí es donde hacen su entrada solemne los símbolos patrios, en la bandera y su escudo la vemos, y en el himno nacional, la oímos. Ellos sitúan la entidad abstracta al nivel de los sentidos y así la concretan. Y aquí es donde hay que empezar a tener cuidado.

Magritte tiene un cuadro en el que se ve una pipa con un letrero debajo que dice “esto no es una pipa”. El espectador sorprendido la mira y se pregunta: “si no es una pipa ¿qué es?”. ¿Un pequeño cañón? No. por más vueltas que le demos ahí hay una pipa. Y sin embargo, el letrero tiene razón: eso no es una pipa. Porque, a ver. si es una pipa, fuma con ella. No. no puedes. porque no es una pipa, sino la representación de una pipa, que no es lo mismo.

El caso es ejemplar: tendemos a confundir la representación con la cosa representada. Y más si nos es muy familiar, porque entonces nos parece “normal” o “natural”. Pero las representaciones no son nunca normales o naturales. Un ejemplo: en la China antigua había sacrificios humanos, pero las víctimas propiciatorias eran ahorcadas. A los mexicanos este tipo de sacrificio nos parece anómalo, y hasta criminal. Lo natural para nosotros en materia de sacrificios humanos es algo tan barroco y anormal como tajar el pecho de la víctima con un cuchillo de piedra y extraer el corazón palpitante con la mano.

El libro de Florescano explora el laberinto de nuestras más ortodoxas y pseudo-natura- les representaciones. Su propósito no es sólo repristinarlas, es decir, volver a darles su precisión, claridad y pureza originales, sino narramos los avatares de sus sucesivas transmigraciones históricas.

El terreno es grave, resbaloso y muy emotivo. Por ejemplo, si me atreviera a proponer aquí que se sustituyera en el escudo nacional el águila engullendo a la serpiente, por algo menos cruento, digamos por una foca jugando con una pelota, parecería, no sólo una insensatez, sino un crimen que debería ser castigado. Porque se siente que hay un honor que proteger, el honor patrio, y todas las cosas de honor son puntillosas y emotivas.

Además, se dirá, ¿qué tienen que ver la foca y la pelota con nuestro país? La foca no es emblemática de la nación mexicana, la pelota, menos, la representación recuerda demasiado al circo y no conviene. Digo esto para mostrar a contrapelo que así como la foca y la pelota no son emblemáticas de México, el nopal, el águila y hasta la serpiente, sí lo son. ¿Por qué son emblemáticos? Esta es la turbulenta historia que nos cuenta el doctor Florescano en su libro: por qué estos símbolos son nuestros, por qué nos identificamos con ellos y por qué representan a nuestra nación.

Estos símbolos tienen una exactitud muy curiosa. No puedo describir el escudo nacional diciendo que “representa un águila comiéndose una víbora”, sino tengo que decir a fuerza que es “un águila devorando una serpiente”. El gran libro de Martín Luis Guzmán El águila y la serpiente, no podría llamarse El águila y la víbora aunque “víbora” y “serpiente” refieran al mismo reptil.

Lo peculiar de la heráldica es su obsesiva precisión. Por ejemplo, ¿se habían fijado ustedes en que el escudo nacional incluye unas hojas de laurel y de encino dispuestas alrededor de la imagen principal? ¿No? Pues las tiene, y Florescano cuenta en la página 66 de su libro que esas hojas le fueron añadidas en la Academia de San Carlos, recién creada por los monarcas Borbones para imponer el estilo neoclásico en Nueva España. Si no se las ponen al dibujarlo, pues no es el escudo nacional y ya, así de simple.

Ya voy a terminar. John Locke dilucidó que la identidad personal reside en la memoria. Eso que hace que tú seas tú y no Perico de los Palotes, está en tu memoria. Pero la respuesta a ¿quién eres? incluye el linaje o grupo al que perteneces. Esta identidad es colectiva y se establece también por la memoria, colectiva en este caso, es decir, la historia del grupo.

El inquieto e infatigable Enrique Flores- cano lleva mucho tiempo ayudándonos a entender nuestra identidad como mexicanos, y así nuestra identidad como personas. Lo ha hecho con lucidez, puntería y elegancia, por lo tanto, séame permitido que a nombre de los que formamos ese grupo, le dé las gracias por la empresa y le desee éxito en todos sus empeños.         n

Hugo Hiriart. Escritor y dramaturgo. Entre sus libros. La naturaleza de los sueños y La destrucción de todas las cosas.

Derechos humanos y procuración de justicia

DERECHOS HUMANOS Y PROCURACIÓN DE JUSTICIA

POR JORGE CARPIZO

1. En cualquier país, una espléndida defensa de los derechos humanos es cien por ciento compatible con una espléndida procuración y administración de justicia y con una espléndida seguridad pública. Es más, estas tres últimas cuestiones constituyen realmente aspectos diversos de un mismo tema toral de la dignidad humana: los derechos humanos.

Llegar a una conclusión diferente de la anterior conduce, en la realidad, en la vida cotidiana, en diversos grados, a sistemas autoritarios, dictatoriales, antidemocráticos y totalitarios.

2.   En México, todos lo sabemos y lo sufrimos, en los últimos años ha aumentado la criminalidad en forma espantosa. Casi no hay familia en la cual un miembro de ella o un amigo cercano no haya sufrido la afrenta y el dolor de esta tormenta de criminalidad.

Es obvio que muchas de las políticas referentes a la justicia y contra la criminalidad han fracasado en nuestro país porque de otro modo no existiría este aumento de la criminalidad. Lo muy importante en este momento es tomar las decisiones adecuadas y ellas no lo serán si conducen a una política criminal antidemocrática y que vulnere los derechos humanos; no se resolverían los problemas que se quieren superar. sino que crearíamos otros: incremento de la arbitrariedad y de los actos injustos.

3. ¿Por qué muchas de las procuradurías generales de justicia han fracasado en nuestro país? Porque no ha existido continuidad en las políticas acertadas que varias procuradurías se esforzaron en implantar sino, al contrario, se han dado pasos que a veces han sido zancadas de gigante pero hacia atrás: por el cambio constante de procuradores y porque en muchas ocasiones ellos y sus colaboradores no eran las personas indicadas para esos cargos. Jamás es acertado generalizar, pero una gran parte del problema se encuentra en la corrupción y en la impunidad de policías. agentes del ministerio público y jueces, y de sus jefes que los protegen y se benefician, a su vez. de sus vicios.

4. ¿Cómo mejorar una Procuraduría de Justicia? No hay que descubrir el Mediterráneo para encontrar la respuesta, muchas de ellas son de sentido común si se reflexiona con seriedad.

Citemos algunos aspectos importantes al respecto:

a) La imperiosa necesidad de que los agentes del ministerio público y los policías sepan investigar, por ello hay que dotarlos de una preparación técnica tanto teórica como práctica. Este último aspecto no puede descuidarse. A los aspirantes a esos cargos deben hacérseles exámenes cuidadosos y sólo admitir a los mejores en las escuelas de especialización.

Asimismo, la impartición de cursos constantes de actualización son otra parte indispensable de esas escuelas, en cuyo curriculum los aspectos morales no deben ni pueden descuidarse.

b) La creación de la carrera civil de agente del ministerio público y de la policía para establecer, a través de normas jurídicas, los procedimientos de selección e ingreso, así como las reglas para la permanencia, promoción, reconocimientos, prestaciones y. en su caso, sanciones. En estos aspectos deben existir criterios objetivos.

Es urgente que se defina con claridad la relación jurídica de los cuerpos de seguridad pública con el Estado porque de lo contrario se imposibilita la depuración de los cuadros internos de las procuradurías y se lesiona gravemente el servicio civil de carrera.

c) El pago de salarios y prestaciones dignos que permitan sostener decorosamente a la familia.

d) La aplicación de un viejo principio: el de la zanahoria y el garrote.

La zanahoria: estimular social y económicamente a los servidores públicos de esta área que se distingan por la calidad de su trabajo y su honestidad, expidiéndose reglamentos de estímulos con órganos calificadores imparciales y con criterios muy claros y objetivos. Si no se reconoce ni se promueve la participación, la productividad, la honestidad, la iniciativa, el valor y la entrega de ese personal en el desempeño de sus funciones, poco se podrá alcanzar.

El garrote: a los incumplidos, a los que cometan faltas o delitos, aplicarles la sanción legal que corresponda sin complacencia alguna.

e) La lucha frontal contra la impunidad y la corrupción. Estos cánceres que se encuentran en varias partes del país hay que extirparlos, pero ¿cómo se podrá lograr cuando los jefes de esos agentes y los propios funcionarios son parte de la corrupción?

Un problema serio es cuando resulta difícil precisar si el agente del ministerio público intencionalmente integró una averiguación previa deficiente para favorecer al consignado o si el juez dictó una resolución absolutoria con ese pretexto para trasladar su responsabilidad al ministerio público, o si es una combinación de ambas situaciones.

f) La utilización de todas las técnicas y tecnologías para la investigación. En este punto reviste especial importancia el aspecto de los servicios periciales, en donde se debe contar con verdaderos peritos en las diversas especialidades que se necesitan en la investigación, con maquinaria y equipos modernos, con material científico suficiente. Sin servicios periciales adecuados no puede haber investigaciones serias y científicas.

g) El otorgamiento de material y recursos a los agentes para que cumplan sus misiones. ¿Es adecuado exigirle al policía que él mismo costee sus armas de fuego o que para sus traslados él cubra sus viáticos? Cuando así acontece lo que se propicia es la corrupción.

h) La coordinación entre las diversas procuradurías del país y los sectores públicos responsables de la seguridad pública. Hasta hace unos cuantos años su incomunicación y falta de coordinación resultaban increíbles. Son necesarios, entre otros, la existencia de bancos de datos nacionales como el registro nacional de datos de agentes de las policías judiciales y celadores, un registro nacional de todos los servidores públicos de estas áreas, archivos fotográficos, un sistema nacional de estadística criminal y un registro nacional de mandamientos judiciales.

Conozco al menos en los últimos treinta años cuatro grandes esfuerzos para actuar en las procuradurías de justicia de acuerdo con dichas políticas. Del esfuerzo que mejor conozco existe un testimonio fiel, el libro Un año en la procuración de justicia: 1993 publicado por la Editorial Porrúa. ¿Y por qué dichos esfuerzos no dieron frutos y hoy estamos como estamos? Porque no se prosiguieron y las huestes de Atila borraron lo que se había logrado en beneficio de la sociedad mexicana.

Desgraciadamente qué fácil es perder el control de una corporación policiaca y qué difícil resulta retomarlo para que sus agentes actúen con legalidad, eficacia, honestidad, responsabilidad y sentido de servicio a la comunidad.

5. Todos hablamos de la Ley. La Ley. La Ley: sin embargo, existe entre nosotros un desprecio al valor de la ley. Todos queremos que se aplique la ley. pero al vecino y no a uno.

El siglo XX mexicano se parece mucho al XIX: queremos resolver nuestros problemas únicamente con la reforma de la ley a la cual le imputamos ser la causa de nuestras dificultades: luego, la reforma legal milagrosamente, resolvería el problema. La experiencia histórica nos demuestra que estamos equivocados.

6. Actualmente, el Congreso de la Unión está examinando una serie de reformas constitucionales y legales para fortalecer la procuración de justicia. Está bien que se reforme lo que deba de reformarse pero hay que hacerlo con todo cuidado. Nada en contra de los derechos humanos, nada en contra de la protección al ciudadano, nada en contra de un sistema penal propio de un Estado democrático de derecho nada que propicie la discrecionalidad y la arbitrariedad de las policías, de los agentes del ministerio público y de los jueces.

Hay que resolver los problemas, no agravarlos. O como bien dice la sabiduría popular: que no resulte peor la medicina que la enfermedad.   n

Jorge Carpizo, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Un país para ser humanos

UN PAÍS PARA SERES HUMANOS

POR CINNA LOMNITZ

“Hay dos maneras de enfrentar los desastres”, escribe Cinna Lomnitz, “la deshumanizada y la humana Esta última no es necesariamente más costosa: no significa que tengamos que renunciar a la ciencia y a la tecnología” .

Con las catástrofes no se bromea. Una cosa es que al mexicano le llueva en su milpita y otra es que se ahogue. Cabe preguntarse, sin embargo, si los sismos y las inundaciones son parte del destino que Dios nos ha deparado, o si son flagelos causados en gran parte por nosotros mismos.

México, al igual que la mayoría de los países, padece de frecuentes catástrofes: diez o doce en promedio cada año. Cada vez reaccionamos en forma puntual, como si nunca hubiera temblado o llovido en estas tierras. En 1998 nos tocaron los desastres climáticos: tormentas tropicales. huracanes, inundaciones. Los políticos afirman que México está cada vez más preparado para afrontarlos. ¿Cuál es la realidad?

Hay mentes privilegiadas que rebosan de grandes ideas acerca de todas las cosas. Ernst Jünger escribió un diario de guerra, de 1939 a 1945. donde las bombas y la metralla forman el telón de fondo para unas reflexiones sobre flores, escarabajos, paisajes, libros, mujeres, colores, religión, ensoñaciones nocturnas y prácticamente todo lo que constituye la experiencia humana. Abrir este libro al azar es maravillarse con la certidumbre de encontrar en cada página una profusión de ideas originales que otros autores se tardarían toda una vida en reunir. Veamos el siguiente comentario escrito el 6 de junio de 1942:

En la Primera Guerra mundial tuvimos que resolver la cuestión de cuál era más fuerte, el hombre o la máquina. Desde entonces las cosas han ido más lejos. Hoy se trata de saber quiénes habrán de ser los dueños de la tierra, los hombres o los autómatas.

Piensa Jünger que cualquier vicio, cualquier debilidad humana como la avaricia o la cobardía, contribuyen a lo que Octavio Paz llamaba la deshumanización de la cultura. Por eso la tecnología avanza sobre todo en las guerras. Claramente, se trata de un problema moral. Desde la perspectiva de un país humano y demasiado humano como lo es México, sería no sólo un error sino un falla ética aspirar a compartir esa deshumanización que muchos confunden con el progreso y el desarrollo.

Seguridad total

No sé gran cosa de inundaciones pero algo sé de sismos. Creo en efecto que estamos mucho mejor preparados para enfrentar el sismo… de 1985. Lo malo es que ya no estamos en 1985. Todo ha cambiado en México: la ciudad. la gente, la vulnerabilidad y hasta la forma de gobierno en el Distrito Federal. México es otro país y nosotros también somos otros. Me temo que estamos más expuestos que nunca a una posible catástrofe.

En el sismo de 1985 murieron de 10,000 a 20,000 personas, entre ellos muchos niños. En teoría las muertes por sismo se deben a las viviendas tradicionales construidas por los propios pobladores, ya que las normas de ingeniería adoptadas en nuestro país desde antes de 1957 tienen la función de impedir que un edificio construido según dichas normas pueda derrumbarse ocasionando pérdidas de vida. Sin embargo, la mayoría de las víctimas se produjeron por el derrumbe de edificios de 7 a 18 pisos de alto. Esa no es autoconstrucción.

Lo mismo ocurrió posteriormente en las ciudades ribereñas de la Bahía de San Francisco y en la ciudad de Kobe. Mal podemos echar la culpa a los constructores mexicanos, ya que esas catástrofes sucedieron en California y en Japón. Lo que tuvieron en común no fue la nacionalidad de los ingenieros sino el tipo de subsuelo: lodo blando recubierto con relleno artificial. En la Ciudad de México se cayeron los edificios en la Zona III que es precisamente la que posee este tipo de subsuelo. Es la zona ocupada originalmente por la antigua laguna de México-Tenochtitlan.

Todo esto se conocía antes del sismo de 1985. Soy ingeniero primero y sismólogo después. El Lago de Texcoco fue estudiado por el doctor Nabor Carrillo y desde entonces los límites de los suelos lagunares han estado perfectamente señalados en las Normas Sísmicas del Distrito Federal. Los daños se producen siempre en la misma zona. Sin embargo, después de cada sismo se reajustan las Normas y se nos asegura que ahora sí los edificios no se van a caer.

Curiosamente, antes de la llegada de los españoles los sismos —llamados tlalollin en mexicano— no eran especialmente temidos. Las viviendas eran ligeras en su mayor parte, hechas de caña y muy apropiadas al clima. Las pirámides no se caían con los temblores. Podemos designar esta situación como seguridad total. Objetivamente, desde el punto de vista de la seguridad sísmica, la Conquista significó un retroceso.

Eso no es todo. Después del terremoto de 1906 que destruyó San Francisco nace una nueva disciplina, la ingeniería sísmica, con un éxito tal que las cifras de los muertos por temblores empezaron a reducirse en todo el mundo. En nuestro país, por ejemplo, ya no se construye con adobes. La manufactura del adobe es una artesanía perdida. El pueblo mexicano construye con tabique y concreto. Pero algo sucedió después de 1955 y las estadísticas de las víctimas empezaron a subir otra vez. Cada década ha sido peor que la anterior, y eso a nivel nacional y mundial. Cierto, ya no se caen las viviendas tradicionales de adobe, sino las orgullosas y modernas construcciones de hierro y de concreto. El quedarse atrapado bajo las ruinas de una vivienda ya no es un flagelo del subdesarrollo sino que amenaza principalmente a las naciones industrializadas como Estados Unidos y Japón. El sismo ya no ataca exclusivamente al campo sino también a las grandes ciudades.

No es difícil entender por qué sucede esto. Con la explosión demográfica y la migración del campo a las ciudades, que es un fenómeno a escala mundial, el espacio urbano se hizo chico. En ciudades como México, San Francisco o Kobe, se tiró cascajo a la bahía o a la laguna para poder crecer. Algo similar sucedió en muchas ciudades. En zonas de subsuelo blando, que antes se usaban para la agricultura, los terrenos se llenaron con edificios, puentes, carreteras elevadas y estructuras delicadas de ingeniería. Los sismos no han cambiado. Lo que sí cambió fue el uso del suelo.

Las normas de construcción también cambiaron, pero no lo suficiente. Los efectos sísmicos en suelos blandos son muy específicos y cualitativos, pero esto no suele tomarse en cuenta. No basta rigidizar el edificio, hay que amortiguarlo. No es tan complicado entender esto: un automóvil sin amortiguadores se cimbra excesivamente, sobre todo al pasar sobre un pavimento empedrado.

Entonces, ¿existen amortiguadores para edificios? En efecto. El primer edificio amortiguado está en construcción sobre la Avenida Paseo de la Reforma; será una torre de 57 pisos de alto. Al demostrar que esta solución es económicamente factible, espero que sea adoptada por otros. El resultado es que los edificios ya no se cimbran en exceso y no se caen.

Una ciudad para gente

Algo similar sucede con las inundaciones o con cualquier otro desastre. Las soluciones existen pero la avaricia nos deshumaniza, nos convierte en autómatas. Hablamos de lo mucho que costaría proteger a la Ciudad de México contra las amenazas naturales y humanas, y no calculamos el costo humano de vivir en una ciudad donde podemos perder la cartera, la vivienda o la vida en cualquier instante.

Hay dos maneras de enfrentar los desastres, la deshumanizada y la humana. Esta última no es necesariamente más costosa: no significa que tengamos que renunciar a la ciencia y a la tecnología. Al contrario, no se trata de regresar a la época prehispánica. Hay que pensar en los avances tecnológicos que han tenido éxito. Por ejemplo, un automóvil es una máquina con un costo accesible y absolutamente a prueba de sismos. Puede resistir el temblor más fuerte que hay en el mundo sin necesidad de apagar el motor. ¿Por qué eso es posible en un vehículo y no en un edificio? He aquí el tipo de preguntas que tendremos que formularnos con toda seriedad si queremos llegar a la seguridad total.

No pensemos ya en alarmas que no funcionan. Acaso sería peor que funcionaran. ¿Qué hace la gente más amenazada, la que vive en un noveno piso de un edificio viejo en el centro, si le dan una advertencia de un minuto? No hablemos de fomentar una “conciencia de los desastres”. Ese no es el camino. En cambio, propongo que nos cansemos de una vez de aceptar que siempre tiene que haber víctimas cada vez que tiemble o que llueva. Seamos más humanos. Digamos: “lo que sea necesario para evitar esto, que se haga de una vez”. Nuestra meta declarada debe ser una ciudad segura para gente que pueda pensar en un mañana, y que no se sienta permanentemente amenazada en el lugar donde viven o trabajan.

Esa inseguridad es la causa de nuestra desidia, de nuestro fatalismo, de nuestra irresponsabilidad, de nuestra deshumanización. Es un costo demasiado alto, que no debemos seguir pagando.

Cuando el próximo sismo nos sorprenda en la calle, busquemos refugio en el edificio más cercano y no al revés, como sucede ahora. Disponemos de unos pocos años, y de los conocimientos científicos y soluciones tecnológicas para lograr este objetivo. ¿Cuándo nos sentamos a discutir acerca de lo mucho que hay que hacer?

Una anécdota filosófica

En su diario de guerra, Ernst Júnger nos cuenta que al hojear un libro viejo en una librería de París encontró la siguiente anécdota:

Un joven acude a la cueva de un ilustre ermitaño a rogarle que le diera un consejo para la vida. El ermitaño responde: Busca alcanzar lo posible. El joven agradece al ermitaño y se dispone a abandonar la cueva, cuando se le ocurre volverse para preguntar si acaso no tenía otro consejo que darle. El ermitaño responde: Busca alcanzar lo imposible.

Jünger comenta que este cuento nos enseña lo que pasa cuando uno porfía en querer ahondar en su propio destino. Yo pienso por el contrario que ambas respuestas del ermitaño, lejos de ser contradictorias, son congruentes. Lo que pretenden decirnos es que en la vida siempre hay que buscar y perseverar. No importa lo alcanzable de la meta: lo que hay que hacer es luchar.   n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

1.   Televisores, videocaseteras, equipos de sonido y videograbadoras que México habrá importado a fines de este año: 4,100,000

2.   Niños recluidos en prisiones para adultos en EU: 3.500

3.   Pares de calcetines que un mexicano consume al año: 3

4.    Pares de calcetines que un estadunidense consume al año: 20

5.   Millones de paletas chupa chups que se fabrican al año en el mundo: 7.000

6.   Porcentaje de familias latinoamericanas que tienen una consola de videojuegos en casa: 10%

7.   Porcentaje de familias japonesas que tienen una consola de videojuegos en casa: 60%

8.   Organizaciones terroristas en Canadá: 50

9.   Precio en dólares de un rifle Kalashnikov en Kosovo: 150

10. Valor, en dólares, del arsenal de Afganistán: 8,000,000.000

11. Sacerdotes y miembros activos de la secta Haré Krishna: 100,000

12. Dentistas que la OMS recomienda por cada 3,500 habitantes: 1

13. Precio de compra, en dólares, por una porción de esperma en Moscú: 11

14. Millones de personas en el mundo que padecen Alzheimer: 30

15. Museos públicos en Japón: 318

16. Porcentaje de mexicanos que espera tener sexo en la primera cita: 4

17. Porcentaje de franceses que espera tener sexo en la primera cita: 12

18. Porcentaje de mexicanos que sólo esperan tener sexo después del matrimonio: 30

19. Porcentaje de franceses que sólo esperan tener sexo después del matrimonio: 2

20. Estadunidenses de cada cien que sufren “dependencia sexual”: 10

21. Instituciones de asistencia privada en el DF: 430

22. Porcentaje de mexicanos que no saben qué se conmemora el 2 de octubre: 74

Fuentes: 1 -2. Milenio: 12 de octubre de 1998; 3-4. La Crónica: 16 de octubre de 1998; 5-7. Expansión: 1 de octubre de 1998: 8. Unomásuno: 15 de octubre de 1998; 9-10. Time: 12 de octubre de 1998; 11-12. El País: 10 de octubre de 1998; 13. Novedades: 11 de octubre de 1998; 14. La Crónica: 4 de octubre de 1998; 15. El País: 10 de octubre de 1998: 16-19. Etcétera: 8 de octubre de 1998: 20-21. Novedades: 11 de octubre de 1998: 22. Educación 2001: octubre de 1998;

200 Las obras de Shakespeare que se representan al año en Alemania.

2 Los litros de aguardiente que un alemán consume al año.

55 Tribus brasileñas que jamás han tenido contacto con el hombre blanco.

4 Muñecas Barbie que tienen las niñas mexicanas entre tres y diez años.

2,000 El precio de un bolso de piel de cocodrilo.

150 Los homicidios que un niño español de ocho años ha visto en la televisión.

Roberto Pliego. Escritor. Es Jefe de edición de la revista nexos.

¿Hay vida despues del neoliberalismo?

¿HAY VIDA DESPUÉS DEL NEOLIBERALISMO?

POR ROBERTO BOUZAS

Veinte años atrás Margaret Thatcher ganaba las elecciones generales en Gran Bretaña por un margen sin precedentes desde la Segunda Guerra mundial. Su victoria se apoyó en una plataforma de reforma radical del estado de bienestar, restablecimiento de un papel más activo para el mercado y rechazo explícito a la filosofía del igualitarismo que había dominado a la sociedad británica desde que el laborismo creó el sistema de salud gratuito.

Menos de dos años más tarde un exactor californiano. Ronald Reagan, reemplazaba en la Casa Blanca a James Carter, enarbolando un programa que traía reminiscencias de lo que la señora Thatcher proponía del otro lado del Atlántico. El nuevo presidente republicano ofrecía “un nuevo comienzo para Estados Unidos”, basado en las recomendaciones del supply-side economics y en los críticos del Estado de bienestar.

Milton Friedman —entonces de moda— caracterizó estos cambios políticos —y el ambiente intelectual de la época—como un “cambio de marea”. Su influencia se extendió rápidamente a Europa continental y a los países en desarrollo. Los socialistas franceses y españoles se enfrentaron muy pronto con las disciplinas del mercado, reforzadas convenientemente por el nuevo pensamiento. La pérdida de dinamismo de la industrialización sustitutiva y la crisis de la deuda, por su parte, facilitaron la adopción de la nueva agenda en los países en desarrollo, especialmente de América Latina. La caída del muro de Berlín y el derrumbe del socialismo, por fin, abonaron las tesis que presentaban a la “globalización” como un proceso no sólo deseable sino, también, inevitable. El “fin de la historia” se convertía en el sentido común dominante. En la época de las certezas no parecía haber dudas acerca de cuales eran las “políticas correctas”.

Durante este periodo de alrededor de dos décadas las economías nacionales y la economía mundial experimentaron cambios significativos. En los países desarrollados se recuperó el control de la inflación y se revirtió la tendencia al crecimiento del Estado de bienestar que había caracterizado al periodo de postguerra. En algunos países se estancaron los salarios reales (como en Estados Unidos), mientras que en otros aumentó notablemente el desempleo (como en Europa o Japón).

En los países en desarrollo, por su parte, se generalizaron políticas de liberalización privatización y desregulación que cambiaron radicalmente la estructura económica y el rol del sector público. Como un fenómeno volcánico, donde antes había “economías en desarrollo”, “potencias medias” o “países de industrialización reciente” surgieron “mercados emergentes”. El proceso de internacionalización financiera también continuó avanzando rápidamente: cambiaron las dimensiones del mercado, los instrumentos utilizados y el tipo de actores, pero no la tendencia que venía manifestándose con claridad desde principios de la década de los sesenta.

Has quien se pregunta si esta onda de casi dos décadas no está llegando a su fin. La pregunta fue originalmente alentada por la elección de Bill Clinton en Estados Unidos. Alain Juppé en Francia. Tony Blair en Gran Bretaña y Massimo D’Alema en Italia. La victoria socialdemócrata en Alemania ha dado nuevo fundamento al interrogante. Pero el cambio más significativo parece estar reflejándose en la emergencia de un nuevo sentido común dominante o. al menos, en el debilitamiento de las certidumbres. Existe más de un indicio de un “cambio de corriente”, acelerado por las turbulencias financieras del último año.

Así es como economistas de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz se pronuncian en cada ocasión que encuentran, por ejemplo, a favor de lo que hasta hace poco era anatema: los controles de capital (aunque por cierto 110 se olvidan de hacer la previsión de “bajo ciertas circunstancias”). Los efectos reales o presuntos de la “globalización” en los países desarrollados han dado paso a nuevas preocupaciones sobre comercio y sociedad civil o mercados financieros y gobernabilidad. Hasta Lawrence Summers se pregunta sin ruborizarse algo que. si desconociéramos la fuente, difícilmente atribuiríamos a un funcionario de la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos: “Debemos preguntarnos qué clase de capitalismo global queremos. No queremos un capitalismo global que ponga el capital por encima de cualquier otro interés”. Incluso el financista húngaro George Soros (famoso por sus acciones especulativas contra la libra esterlina y otras monedas) se manifiesta públicamente partidario de la economía de mercado que permite cosechar ganancias pero en contra de una sociedad de mercado que las pone en riesgo en el largo plazo.

Sin embargo, me parece que no es bueno exagerar las implicaciones del cambio de clima intelectual y ambiente político. La idea de un movimiento pendular tal vez no ayude mucho a interpretar adecuadamente el momento actual y a orientarse respecto de las perspectivas futuras. Constituye un notable progreso que las reformas de mercado dejen de verse como un pasaporte automático a la prosperidad y que, en su lugar, comience a cobrar más peso una noción que ve al mercado como una construcción que opera en un ambiente institucional particular. Es también positivo, y para muchos desconcertante, que las recomendaciones de política económica pierdan el carácter universal (aplicable a todo tiempo y lugar) que con frecuencia tuvieron en la década pasada. Esto complica la vida de las instituciones que deben condicionar sus préstamos a determinados compromisos (como los organismos financieros multilaterales), pero también de los líderes políticos que deben conducir sus gobiernos basándose en recomendaciones más ambiguas.

Sin embargo, todos estos cambios tienen un rasgo común: reconocen la existencia de una nueva realidad caracterizada por economías nacionales más interconectadas entre sí y con un espacio económico “global”, con importantes beneficios potenciales y 110 menos importantes consecuencias negativas. Tanto Clinton (con su frustrado programa de salud o su exitosa política fiscal) como Blair, Juppé y D’Amato están preocupados por la gobernabilidad de sus sociedades, pero han decidido construir sobre el mundo existente. Y mejorarlo.

Por cierto, el desafío es mucho mayor en nuestros países, donde existen más demandas acumuladas y los recursos disponibles son más escasos. Un problema especial es que el nuevo tipo de políticas requiere de instituciones públicas de una calidad muy superior a las que tenemos en la mayor parte de la región. La reducción del tamaño del Estado probablemente ha disminuido la ineficiencia agregada (aunque no necesariamente ha distribuido los beneficios entre todos los ciudadanos). Pero ha hecho poco para mejorar la eficiencia del Estado remanente, ahora más importante. Y las instituciones sólo mejoran, si lo hacen, con el tiempo.

La construcción de mejores y más eficientes instituciones públicas es por ello, el desafío más importante que enfrentarán nuestras sociedades en los próximos años. Cuando las turbulencias financieras actuales hayan agotado su energía, continuaremos enfrentados al dilema fundamental de cómo mejorar la calidad de las instituciones públicas para hacer frente a una economía crecientemente global que plantea muchas ventajas y no menos desafíos.    n

Roberto Bouzas. Investigador de FLACSO-Argentina.

Genetica y adicción

GENÉTICA Y ADICCIÓN

POR LOUIS LEVINE

Gurdos y jugadores, protagonistas de esos apetitos sin remedio que llaman compulsión, tienen en sus neuronas una configuración genética más que característica.

La adicción es la dependencia total de un individuo de una sustancia o actividad para obtener una sensación de bienestar. El ansia de un adicto por la sensación que acompaña a un hecho específico tiene por resultado la canalización de todos sus esfuerzos hacia el logro del resultado deseado. Cualquier adicción afecta al individuo total e irracionalmente, al margen de si es una situación claramente reconocida que implica una droga, como el alcohol. la heroína, etc.. o un estado no tan divulgado como la compulsión a comer en exceso que le lleva a la obesidad o la de asumir riesgos que le llevan al juego de una manera patológica.

Comer en exceso es un problema mundial cada vez mayor, sobre todo entre los ciudadanos más opulentos de los países ricos. Está demostrado que las personas con exceso de peso corren un riesgo mucho mayor de padecer diabetes, hipertensión, dolencias cardiacas y cáncer que las personas no obesas. Estos problemas médicos provocan que las personas con sobrepeso mueran más jóvenes que el resto de la población.

Aunque la tendencia a comer en exceso y volverse obeso está asociada en general con una dieta alta en grasas y un modo de vida sedentario, hay pruebas de que la compulsión a comer está determinada en buena medida por los propios genes. Hay una serie de estudios que comparan la incidencia simultánea de la obesidad en grupos de gemelos idénticos, en grupos de gemelos del mismo sexo no idénticos y en hermanos del mismo sexo. Los resultados obtenidos llevaron a la conclusión de que hay una serie de factores genéticos implicados en la compulsión a comer en exceso y de que juntos dan razón de aproximadamente el 40% de la obesidad que se observa en los diversos grupos de hermanos. Este hallazgo lo reforzaron investigaciones que comparaban el peso de niños adoptados con el de sus padres biológicos y adoptivos. El peso de los hijos adoptados se parecía al de sus padres biológicos más que al de sus padres adoptivos.

El cerebro está muy implicado en el proceso mediante el cual un individuo se convierte en un adicto. Dentro del cerebro hay una serie de estructuras que, cuando se estimulan, nos dan una sensación de placer. Están conectadas unas a otras por células nerviosas especializadas que producen y distribuyen diversos compuestos químicos que sirven para estimular estos centros de placer del cerebro. Uno de los compuestos químicos, llamado dopamina, lo liberan poco a poco las células nerviosas especializadas siempre que una persona come o bebe, produciendo con ello una sensación de bienestar cuando la persona ha consumido una cantidad suficiente de comida. Para que la dopamina tenga el efecto de suprimir el apetito, tiene que entrar en las células del cerebro a través de lugares específicos de enlace llamados receptores, que están presentes en las membranas de las células cerebrales. Estos receptores los produce un gene llamado D2. Hay una copia del gene en cada uno de dos de nuestros cromosomas. El gene D2 puede tener una de dos formas, Al o A2. Por lo tanto, cada uno de nosotros tiene una constitución genética A1A1. A1A2 o A2A2.

Cuando se estudia la asociación de un gene determinado con un rasgo físico o de comportamiento, se tiene la costumbre de calcular cuántas personas en una población tienen el gene determinado. A esto se alude como la frecuencia del gene y, en el caso del gene Al, sería la suma de todos los que son A1A1 y todos los que son A1A2 en su composición genética. En la población general, sólo 26% de la gente porta o uno o dos genes A1. No obstante, si se observa a los miembros obesos de la población, se descubre que la frecuencia del gene Al en este grupo es de 45%. Por último, si se examina sólo a los miembros del grupo de obesos cuyos padres también eran obesos, se encuentra que la frecuencia del gene A1 sube a 85%. Está claro que ser portador de uno o dos genes A1 sitúa a la persona en un riesgo considerable de convertirse en alguien con compulsión a comer en exceso y de llegar a ser un individuo obeso.

Hay estudios de laboratorio que han descubierto que el gene Al produce 30% menos receptores de dopamina en las membranas de las células cerebrales que el gene A2. En estas condiciones, una cantidad considerable de la dopamina producida por las células nerviosas especializadas en respuesta a la ingestión de una comida normal no puede entrar en las células cerebrales de una persona portadora del gene A1 y darle una sensación de bienestar. El individuo responde a esta falta de satisfacción comiendo compulsivamente más y más para alcanzar la sensación deseada.

A través de la investigación se ha producido una medicina llamada bromocriptina que parece aumentar la transmisión de dopamina a través de receptores del gene D2. No obstante, aun si el uso de este compuesto químico se puede llegar a convertir en un tratamiento para la obesidad, no curará todos los casos de comer en exceso porque hay otros genes que también pueden contribuir al ansia por la comida que tiene una persona. Los que sufren de la compulsión de comer en exceso se han de volver conscientes de su difícil situación y emprender la difícil tarea de aprender a restringir sus hábitos de comida.

Hay un grupo diferente de adicciones que se caracteriza por el ansia por un tipo particular de experiencia. Un ejemplo es la sensación de excitación que proviene de asumir riesgos. Esto se ve claramente en el patológico juego por dinero. A pesar de que jugar por dinero se considera en general un comportamiento social- mente aceptable, el impulso compulsivo a jugar puede ser tan devastador para el jugador y su familia como una adicción a una droga. Los jugadores patológicos sienten la abrumadora necesidad de jugar, un patrón de comportamiento muy conocido llamado “síndrome del juego compulsivo”. Empieza casualmente cuando el individuo gana una o más apuestas y siente el “piquete” que acompaña a esta experiencia. Después sigue un periodo en el que cuando pierde, tiende a apostar más para salir sin ganar ni perder. A medida que aumentan las pérdidas, el jugador patológico tiene una sensación de desesperación que le lleva a apostar aun más temerariamente. Por último, está la etapa de lo irremediable, cuando ya no tiene más dinero para apostar.

Las encuestas de jugadores patológicos revelan que la edad cuando se empieza a jugar por dinero varía de los 8 a los 57 años, con una edad promedio de 27. También se ha determinado que la cantidad de tiempo empleado en jugar varía de 2 a 120 horas a la semana, con un tiempo promedio de 39 horas.

La investigación sobre la base genética del juego patológico se ha concentrado en los centros de placer del cerebro y en el gene receptor de la dopamina D2. También en este caso, la forma A1 del gene parece desempeñar un papel importante. Como se mencionó previamente. la frecuencia del gene A1 en la población es de 26%. No obstante, en los grupos de jugadores compulsivos es de 51%. Además, si se divide a los jugadores patológicos en dos grupos basados en la gravedad de su compulsión al juego, se descubre que en el grupo adicto menos grave, la frecuencia del gene Al es 41%. En el grupo de adictos más graves es 64%. Como en el caso de los que tienen compulsión a comer en exceso, los jugadores patológicos deben reconocer por qué tienen ese comportamiento irracional y buscar ayuda profesional para superar esta adicción.

Otra investigación ha descubierto que el gene Al también está implicado en la adicción al alcohol, la cocaína y la nicotina. Por lo tanto, no es inusual que los jugadores patológicos puedan ser también adictos al alcohol, las drogas o ambos. Lo que se desconoce son los factores que determinan qué tipo o tipos de adicción se desarrollarán en un individuo determinado. Otra pregunta sin respuesta es por qué muchas personas A1A1 y A1A2 siguen sin tener ninguna adicción. Por último, a través de la investigación se han de descubrir los otros genes que sin duda están involucrados en que algunas personas A2A2 sean susceptibles a esos diversos tipos de comportamiento compulsivo.         n

Louis Levine es profesor de genética en el City College de Nueva York. Ha publicado en Nexos anteriores.

Sobre Un Embrujo de Carlos Carrera

SOBRE UN EMBRUJO DE CARLOS CARRERA

POR JOSÉ CARLOS CASTAÑEDA

La nueva película de Carlos Carrera.

Un embrujo, participó hace poco en el Festival de San Sebastián, donde ganó el premio a la mejor fotografía.

Los hechizos no existen, pero pareciera que irremediablemente se cumplen. A menudo, la vida se encuentra en ese dilema: elegir entre las razones que debieran gobernar las acciones, y las creencias de la imaginación que animan a las pasiones. La más reciente película de Carlos Carrera narra las desventuras de un embrujo, pero como todo sortilegio tiene muchas caras. Puede ser el relato de la iniciación sexual de un niño, embrujado por la mirada desesperanzada de su maestra o quizás un cuento sobre la manera en que un pueblo concibe sus fantasías y sus brujas. Pero también es un acercamiento a las formas en que la revolución mexicana chocó con la cultura popular, sus tradiciones y sus supersticiones. Incluso describe la vida política de un sindicato en la época del cardenismo, una suerte de fábula acerca de la derrota de los valores morales de los revolucionarios. Acaso la mayor virtud de la película radica en ese entrecruzamiento de historias.

Carlos Carrera recurre a un tema clásico para abordar el conflicto cultural que opone dos concepciones antagónicas: el pensamiento racionalista y el imaginario popular de la magia. Un embrujo es una película sobre la pérdida de la inocencia y la imposible reconciliación con el reino onírico de la magia.

La trama se divide en dos tiempos. Abre con las tribulaciones eróticas de un joven, que descubre, en el sexo y el amor, la presencia secreta de un hechizo. Dos personajes enfrentan esa disyuntiva trágica entre razón e imaginación. Un profesor encarna la figura del positivista que muestra el camino de la vida racional, mientras la maestra se convierte lentamente en la protagonista de una fantasía popular. Es identificada como la bruja. En la segunda parte, la visión revolucionaria aparece representada por un grupo sindical de estibadores, quienes repiten en el ámbtio social ese íntimo dilema de la derrota de la inocencia y el fracaso de los ideales revolucionarios en un puerto que en el nombre, Puerto Progreso, expresa la contradicción en que se debate la comunidad, cuando las creencias mágicas han comenzado a disolverse en el aire.

Sus tres largometrajes anteriores. La mujer de Benjamín, Vida Conyugal —una adaptación de la novela homónima de Sergio Pitol—. Sin remitente son una prueba de talento. Ahora Un embrujo es la confirmación del estilo y la mirada cinematográfica de Carlos Carrera. Hace poco participó con Un embrujo en el Festival de San Sebastián, donde su director de fotografía Rodrigo Prieto recibió el premio a la mejor fotografía.  n

—José Carlos Castañeda

Caos financiero y la respuesta insuficiente

EL CAOS FINANCIERO Y LA RESPUESTA INSUFICIENTE

POR ANIBAL GUTIÉRREZ

En las últimas semanas, la discusión en torno al futuro de la economía internacional ha estado presente. La magnitud de la crisis financiera, la decisión de la Reserva Federal estadunidense de reducir un cuarto de punto la tasa de interés, las discusiones del Grupo de los 7, así como la reunión del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, sirvieron como el marco para analizar los acontecimientos en Asia, Rusia y la situación de los mercados en América Latina. Sin embargo, las respuestas fueron insuficientes.

De la reunión de las más altas autoridades en materia de finanzas internacionales, el consenso fue que es necesario revisar y modificar el actual sistema monetario, lo que sin duda llevará algún tiempo y quién sabe si derivará en medidas concretas. Lo que no hubo fue un programa de acción inmediato para enfrentar las contingencias financieras que hoy recorren al mundo.

En términos generales, de la reunión conjunta FMI-BM se desprende que hay una preocupación del Grupo de los Siete, (Estados Unidos, Canadá. Japón. Alemania, Gran Bretaña, Francia e Italia) por mantener el ritmo de crecimiento, en tanto que los bancos centrales europeos reconocen la necesidad de reducir las tasas de interés; asimismo, se hizo explícito el compromiso por apoyar a economías que pueden ser consideradas como factores de riesgo, como el caso de Brasil. Finalmente, hubo un llamado a consolidar al FMI como el eje del sistema financiero, por lo que se buscará dotarlo de mayores recursos.

Sin embargo, ante las crisis vividas en los últimos veinte años hoy se pone en duda la efectividad de las instituciones de Bretton Woods para sortear la inestabilidad financiera presente. Por un lado, ha sido complicado para el gobierno de Bill Clinton obtener la autorización para destinar mayores recursos al Fondo, por otra parte, los demás países no se muestran muy activos a la hora de aportar los recursos que requeriría la institución para apoyar, por ejemplo, a países como Brasil. Venezuela o a alguna de las economías asiáticas. En el mismo sentido hay que ver que aun con nuevos recursos éstos no alcanzarían para atender necesidades de 30 mil millones de dólares para Brasil, otro tanto igual para las economías de Asia y otros 25 mil millones de dólares más para Rusia, más las necesidades que se acumulen a lo largo de la crisis.

La necesidad de una nueva institucionalidad

El tema sigue siendo así, el de cómo ordenar al sistema financiero y cómo regular los flujos de capital. Hay que recordar que las instituciones que hoy rigen al sistema financiero surgieron poco antes del fin de la Segunda Guerra mundial en una situación en que el dólar se erigía como la divisa internacional por excelencia, respaldada por el oro acumulado por Estados Unidos, con régimen de tipo de cambio fijo y una relación estable del dólar con el oro (alrededor de 24 dólares por onza troy de oro).

Hoy ninguna de esas características prevalece. Lo común son los tipos de cambio flotantes, el dólar ya no es convertible en oro y además existe una gran movilidad de los capitales, prácticamente sin control o supervisión de autoridad alguna.

Luego de la crisis de la libra a finales de los sesenta, la crisis del dólar de 1971 marcó el fin de una época y el inicio de una etapa que se traduciría en una gran inestabilidad monetaria y financiera internacional. La salida de las instituciones financieras de sus países de origen tuvo por objeto evitar reglas y requisitos de protección, coberturas o encajes. Ello propició que hubiera una expansión de instituciones financieras privadas de corte internacional y un crecimiento inusitado del crédito internacional, sólo que ahora provenía de instituciones financieras privadas, a menores plazos y elevados costos. El resultado: la crisis de la deuda de la pasada década.

Ahora, la movilidad del capital se origina en las inversiones que mueven los fondos de inversión con alcance internacional, los cuales deciden cuándo salir o entrar a los mercados de acuerdo a sus percepciones y valuaciones de riesgo y utilidad. De nueva cuenta no hay autoridad que regule o supervise estos movimientos. Ese vacío es el que no se ha podido contrarrestar y será muy difícil que con decisiones o iniciativas locales, aisladas, se pueda enfrentar un fenómeno global. Lo que se requiere es el consenso internacional y la voluntad política para que los gobiernos actúen conjuntamente para definir una nueva institucionalidad con reglas que permitan modular de manera coordinada la especulación de los flujos de capital.

Por eso, aun con el llamado a construir una nueva “arquitectura financiera”, el resultado de la reunión del Fondo y el Banco es calificado como magro. El llamado de Clinton, las preocupaciones del G7, las posturas del FMI y del BM no logran ir más allá de reconocer la necesidad de crear un fondo que permita amortiguar la crisis financiera en determinadas economías emergentes. Mientras tanto, debido a la magnitud del problema bancario en Japón, que distraerá la atención y los recursos del gobierno japonés, la debilidad del presidente Clinton, la incertidumbre sobre el rumbo que tomará la economía de Brasil y el caos de la economía y la política rusas, es factible que una gran crisis de larga duración esté por iniciar, y que no bastarán los esfuerzos internos para amortiguar sus impactos.

Ante el “sálvese quien pueda”, los mercados y los grandes fondos y personalidades dedicados a la especulación son implacables. Para no perder o para reponerse, los movimientos del capital pueden ser más rápidos, cada vez menos los refugios y mayor la aversión al riesgo. Todo ello afectará ante todo a las economías llamadas emergentes entre ellas a México. Actualmente, se menciona que los 1.025 fondos del mercado de dinero estadunidense acaparan activos por 1.307 millones de dólares, mientras que economías de América Latina no encuentran el acceso a los recursos necesarios para paliar la crisis.

Cuidado con los optimismos

La dirección del Fondo incluso ha señalado que, aunque a menor ritmo, la economía sigue creciendo, por lo que no se puede hablar de una crisis generalizada. No obstante, hay que tomar en cuenta que si esto es de larga duración las consecuencias pueden ser graves.

Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadunidense, en un discurso ante el Congreso describió sus preocupaciones sobre el estado de los mercados financieros e instó a los inversionistas a ser cautelosos. La cautela se justificaba luego del alza de los precios de las acciones durante los últimos años, lo que generó serias dudas sobre la permanencia del nivel de precios alcanzado. Esta fue una nota de finales de febrero de 1997. en la cual una vez más se planteaba la necesidad de ver con cuidado el comportamiento de los mercados financieros y no apostar por un crecimiento interminable de las ganancias y de las economías.

En esas mismas fechas, el periódico El Economista reprodujo un artículo de Hernán Cortés Douglas, economista del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, en el que tomando como referencia la crisis del 29 encontraba similitudes con la situación de esos momentos. Los problemas financieros y de crecimiento de Japón, la gravedad del endeudamiento y los problemas de crecimiento daban cuenta de que había algo que no concordaba con la euforia de los mercados. Así. el artículo referido mencionaba que la historia … nos enseña que todos los colapsos de la bolsa son imprevistos para la gran mayoría, especialmente para los economistas. “En unos pocos meses espero ver la bolsa mucho más alta que hoy”. Estas palabras fueron pronunciadas por Irving Fisher 14 días antes de que el martes negro del 29 de octubre de 1929 Wall Street se colapsara.

El símil actual es el Long Term Capital Management, un fondo de inversión que quebró a pesar de ser asesorado por los premios Nobel de economía que hace un año fueron galardonados por sus desarrollos en materia de estrategias de inversión. Más adelante, el autor señaló:

Wall Street se sitúa en la última fase del gran mercado a la alza y. una vez que el punto máximo se alcance, se iniciará un devastador colapso… el crack que viene será mundial puesto que muchas bolsas se encuentran sincronizadas con Wall Street… Este colapso bursátil mundial anticipará, como lo hizo el crash de 1929. una severa contracción y depresión en la economía mundial.

Estas referencias dan una idea de los problemas detectados hace poco más de un año que fueron incubando el momento de crisis por el que hoy se atraviesa. Lo interesante es su impacto prolongado en el tiempo, la ineficacia o desinterés de las instituciones por atender esta situación y la incapacidad de los gobiernos para evitar la crisis financiera.

Euforia y sobreendeudamiento son los rasgos distintivos del momento previo a la crisis, ambos pueden ser detectados y desde aquí los gobiernos y las instituciones financieras internacionales podrían hacer algo. Ello no sucedió y ahora, con el inicio de la crisis, tampoco se ve que las autoridades financieras de las principales economías estén en condiciones de evitar un colapso financiero mayor.

Mientras tanto economías como la mexicana ven afectadas sus metas de crecimiento a pesar de haber pagado el costo del ajuste estructural. En el marco de la incertidumbre internacional, con el agregado de la discusión económica interna, las expectativas de crecimiento para 1999 ya se ubican en 3.1%, con una inflación del 15%. Si las cosas no empeoran es factible que el 2000 sea similar. Sin olvidar los problemas internos, y la propia revisión de nuestro sistema financiero, tal vez con la desaceleración se comience a pagar el costo de la globalización. n

Aníbal Gutiérrez. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. director de la revista Economía Informa y columnista del periódico La Crónica de Hoy.

Medios, mentiras y mordazas

MEDIOS, MENTIRAS Y MORDAZAS

POR RAÚL TREJO DELARBRE

El primer día de octubre pasado la profesora Beatriz Solís, asesora de la Comisión de Radio, Televisión y Cinematografía de la Cámara de Diputados, comentaba: “Esa película ya la vi”. Acababa de iniciarse una campaña de varias de las principales empresas de comunicación en México, para impedir que se discutiera una ley sobre el derecho a la información.

En efecto, era una película repetida, pero a pesar de ello exitosa cada vez que se presenta. Igual que en enero y octubre de 1979 cuando, en dos ocasiones, el gobierno propuso la reglamentación del artículo 6o. constitucional, e igual que en 1983, cuando se pretendió que los resultados de un extenso Foro de Consulta Popular de Comunicación Social sirviesen para algo más que una nutrida memoria documental, editores y radiodifusores se aliaron en contra de cualquier actualización a las leyes para los medios. Lo mismo ha ocurrido en otras ocasiones. Tantas, que a algunos nos sucede algo parecido a cuando olvidamos cada una de las veces que hemos visto la misma, rayada y cada vez más inaceptable película.

La diferencia ahora fue el empeño para decir mentiras y, con ello, impedir la discusión de un asunto de interés público. Quizá nunca antes, tantos y tan relevantes medios se habían coligado no en contra de un proyecto específico sino para obstaculizar, falseando noticias y argumentos, un debate en la Cámara de Diputados.

Tan celosos como son de la exclusividad y la originalidad (valores periodísticos por excelencia, pero que son poco sin calidad y escrupulosidad ética), el miércoles 30 de septiembre media docena de diarios de la Ciudad de México amanecieron con el mismo asunto. “Proponen diputados órgano que controle a los medios”, decía El Universal. “Pretenden los diputados controlar a los medios”, advertía El Heraldo. “Quieren diputados censurar y quitar concesiones a medios de comunicación”. aseguraba La Prensa. Al día siguiente se sumaron unomásuno: “Rechazo total a mordazas” y Novedades: “Amplio rechazo al control de la prensa” y con notable énfasis acaso para no quedar como expresión clandestina. Diario de México: “Repulsa a la fascista ‘ley mordaza’ “.

Estaban encarrerados. Desde la noche del martes 29. los noticiarios de Televisa anticiparon y luego multiplicaron la animosidad de esos titulares. A simple vista, parecía una reacción desmedida ante una propuesta que se ventilaba en San Lázaro. En realidad, se trataba de una concertada campaña de desinformación.

El proyecto de ley que causó tan molestos encabezados, no era nuevo. Desde el 22 de abril de 1997 la diputada del PAN María Teresa Gómez Mont lo había presentado, con el respaldo de los miembros de su partido y los del PRD y el PT que participaban en una Comisión Especial de Comunicación Social creada con el expreso encargo de revisar y proponer actualizaciones a las viejas leyes que en México hay para los medios. Ese proyecto, con el deseo de garantizar el derecho de los ciudadanos a la información y al respeto de la vida privada, sugería el establecimiento de una comisión con atribuciones para evaluar el desempeño de los medios, así como sugerir recomendaciones y amonestaciones.

Algunos de los apartados más toscos de esa iniciativa fueron aprovechados para la campaña que se desató casi 18 meses después de haber sido entregada a la Cámara de Diputados. No es que los empresarios de los medios, inquietos con la posibilidad de que se coartara la libertad de expresión, apenas se estuviesen enterando. También en la primavera del 97. la entonces diputada Gómez Mont les entregó ejemplares de esa iniciativa a varios de esos industriales cuyos medios, ahora en octubre del 98. se dijeron sorprendidos, como si de un día para otro se sintieran amagados.

Esa iniciativa de la legislatura anterior era ampliamente conocida entre los interesados en tales asuntos. También, desde meses atrás, se sabía que la actual Comisión de Radio. TV y Cine de la Cámara de Diputados, estaba revisándola para hacer una nueva propuesta. Lo que buscaron y por lo pronto lograron esos dueños de los medios fue. precisamente, detener ese proceso de revisión que tendría que desembocar en una nueva iniciativa para reglamentar la comunicación social.

El presidente de esa Comisión, el diputado del PAN Javier Corral, se entrevistó y discutió con varios de los empresarios que ya conocían el proyecto anterior. Algunos de ellos organizaron contra ese legislador una campaña de descalificaciones personales y además dijeron que jamás los había consultado. “Exigen destituir al promotor de la ‘ley mordaza’ ” sentenciaba el viernes 2 de octubre, convirtiéndose en tribunal constitucional. El Heraldo de México. Ese día. varios diarios publicaron una carta de Corral y otros miembros de la Comisión que estudiaba la reglamentación para los medios. Allí se hacían puntualizaciones muy elementales y aunque se refería a informaciones publicadas como encabezados principales en primera plana, varios periódicos la relejaron a las secciones de correspondencia, en páginas interiores El sol de México. El Heraldo y Excélsior publicaron la carta en primera plana.

Día tras día durante una semana, numerosos medios exageraron y mintieron sobre el proyecto de ley algunos de ellos insultaron a los legisladores que promovían su revisión. En la radio y la televisión, prácticamente todas la empresas privadas se sumaron a esa campaña aunque el Monitor de Radio Red le ofreció un espacio de media hora al diputado Corral y el canal 40 tuvo una actitud más flexible. En la prensa escrita se fue abriendo paso algo de mesura. Hubo diarios que permanecieron al margen de la campaña contra la legislación para los medios: El Día. El Economista, El Financiero. La Crónica de Hoy, La Jornada. Reforma, Escritores como Miguel Angel Granados Chapa, Federico Reyes Heroles. Raymundo Rivapalacio y a la manera de carta al director di El Universal en donde es colaborador, el diputado Porfirio Muñoz Ledo, abobaron por una reglamentación actual y moderna para los medios.

Sin embargo, el problema no era de calidad, ni de razones. Los partidos políticos no quisieron enfrentarse con los medios y el jueves 8 de octubre decidieron postergar el dictamen de la Ley Federal de Comunicación Social.

Al día siguiente, el presidente Ernesto Zedillo acudió a la comida anual de los radiodifusores. No se manifestó contra la reforma de las leyes para los medios, como había dicho en ocasiones anteriores. Al contrario, reivindicó la investidura de los diputados al recordar que son

“representantes populares democráticamente electos” y reprendió a los medios por el sensacionalismo que con tanta frecuencia explotan.

En todo el mundo hay legislaciones que circunscriben y reglamentan el enorme poder de los medios de comunicación. Aquí seguimos conformándonos con viejas películas. No por demasiado tiempo.                    n

Raúl Trejo Delarbre. Investigador en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Director del semanario etcétera.

Las fuentes antiguas

LAS FUENTES ANTIGUAS

POR MARÍA TARRIBA UNGER

David Olguín estrenará este mes de noviembre una obra del dramaturgo inglés Larry Tremblay. Se trata de Lección de anatomía, una puesta en escena donde el director se propone “llevar a cabo un experimento en torno a las posibilidades de hacer poesía en escena, sin renunciar a la materia prima del drama: las emociones y el conflicto”.

David Olguín (1963) es director y dramaturgo. Pertenece a la llamada “joven dramaturgia mexicana”. Aunque su labor como escritor ha sido consistente y brillante, no le ha impedido conformar una sólida trayectoria de dirección escénica. Recordamos sus primeras puestas en escena centradas en su mayoría en temas históricos o psicológicos. Ahora las preocupaciones del director parecen desplazarse claramente a los terrenos escabrosos del cuestionamiento existencialista y la búsqueda de un lenguaje escénico cada vez más alejado del realismo, enfocado a la creación de un juego teatral eminentemente simbólico. Como el mismo director declara en una entrevista, “el lenguaje realista se acomoda mejor al cine, mientras que el teatro debe ir a sus fuentes antiguas, para recurrir a la metáfora, a la imagen poética”.

En una de sus recientes puestas en escena. Dolores o la felicidad. David Olguín recorre el laberinto absurdo en que se pierde el deseo obsesivo de “ser felices” y nos deja consternados ante la perspectiva de pasar nuestras vidas como conejos detrás de la zanahoria, para finalmente preguntamos en qué consiste y si existe la posibilidad de algo así como la felicidad en nuestra vida terrenal. Ante este amargo cuestionamiento. Olguín no se detiene, prosigue con no menos agrias preguntas sobre la naturaleza del amor, el sentido de la vida y la inevitable presencia de la muerte y su fastidioso reloj en mano.

Por estas fechas, Olguín estrenará la obra Lección de anatomía de Larry Tremblay (1954). De este autor canadiense sabemos que durante sus estancias en la India estudió kathakali durante diez años y que fundó posteriormente el taller escénico Laboratorio Gestual. Con su Lección de anatomía, Tremblay presenta el monólogo de una mujer cuarentona (Martha) quien, de ser una joven aficionada a disectar ranas y tortugas, pasa a la más interesante labor de disectar a su marido (Pierre). No podemos menos que simpatizar con este último personaje, quien acepta alegremente el juego de la vida en su papel de político exitoso, ajeno a las morbosas y crueles exploraciones de su mujer. Desde una altura intelectual autoproclamada, Martha extrae una a una las “visceras morales” de su esposo: sólo ella sabe los detalles grotescos de su vida diaria, la profunda estupidez y superficialidad de este hombre que fascina a las multitudes con sus discursos políticos y su look de John F. Kennedy. Para colmo. Martha descubre que su marido desea matarla. No queda menos que una actitud comprensiva ante el posible asesino de la cruel cirujana, mientras ella, al realizar sus minuciosos estudios sobre la naturaleza de su pareja, logra efectivamente destruirla y. de paso, destruirse a sí misma. Una vez que la escena se encuentra repleta de los pedazos del infortunado matrimonio y con la imagen de la muerte cada vez más cercana, la mujer se pregunta por qué razón se encuentra trágicamente unida a su marido. por qué su vida no tiene sentido y por qué, a pesar de todos sus brillantes análisis, sigue sin tener idea de quién es.

A partir de un vistazo al pre-libreto de dirección escénica —engañoso por definición— esta vez Olguín busca “llevar a cabo un experimento en torno a las posibilidades de hacer poesía en escena, sin renunciar a la materia prima del drama: las emociones y el conflicto”.

David Olguín ha sabido depurar notablemente su lenguaje escénico, en el sentido antes mencionado, a través de sus más recientes puestas en escena. La riqueza de imágenes o “paisajes mentales” que apunta su propuesta estética, será puesta en dura prueba con un texto dramático que alude a dos aspectos esenciales y oscuros de la vida, como son, ni más ni menos, la muerte y el amor.     n

María Tarriba Unger. Directora de teatro.

Baja California: La sucesión anticipada

BAJA CALIFORNIA: LA SUCESIÓN ANTICIPADA

POR  VÍCTOR ALEJANDRO ESPINOZA VALLE

El domingo 4 de octubre terminó anticipadamente el segundo gobierno panista en Baja California. Un infarto al miocardio segó la vida del gobernador Héctor Terán Terán: las presiones hicieron mella en su debilitado corazón, acabaron con su gobierno y evidenciaron una profunda fractura al interior del Partido Acción Nacional.

Apenas el 1 de octubre pasado Terán Terán había presentado su III Informe de Gobierno. Murió justo a la mitad del sexenio, cuando las evaluaciones ciudadanas a su gestión mostraban una caída pronunciada en los niveles de aceptación. Sin duda, la creciente violencia que se abate sobre la entidad pesaba negativamente en el ánimo ciudadano, fenómeno ante el cual los dos gobiernos panistas poco han podido hacer. amparándose en el argumento de que se trata preferentemente de violencia asociada al narcotráfico y, como tal, de jurisdicción federal. Para Terán Terán la promesa incumplida de brindar seguridad —”Seguridad y confianza para ti”, fue su lema de campaña— se convirtió en una creciente fuente de tensión, cuyo momento culminante tuvo lugar la madrugada del 17 de septiembre pasado cuando fueron asesinados 19 miembros de tres familias en el municipio de Ensenada, un hecho que sacudió a la opinión pública nacional e internacional.

Al parecer. Héctor Terán Terán llegó tarde a la gubematura. Nacido en la ciudad de Moctezuma. Sonora, en 1931 fincó su residencia en Mexicali la capital de la entidad, desde donde participó activamente en la vida política local y nacional. En 1980 se convirtió en el primer diputado local panista y en 1991 en el primer senador en la historia de Acción Nacional. Antes de obtener la gubernatura en las elecciones del 6 de agosto de 1995, participó como candidato a tal posición en 1977 y 1983. El 1 de noviembre de 1995. a la edad de 64 años. Terán Terán juraba como el  segundo gobernador panista de Baja California. Desde la campaña los rumores acerca de su quebrantada salud eran frecuentes. Debido a dichos problemas, el gabinete asumiría un papel protagónu . de manera destacada el secretario general de gobierno. Rodolfo Valdés Gutiérrez, así como Carlos Fernández Ruiz, coordinador general del gabinete.

El 28 de junio de este año se celebraron elecciones para renovar el Congreso local y las cinco alcaldías. En ellas se ratificó la tendencia decreciente de los votos recibidos por los candidatos de Acción Nacional, que había iniciado en las elecciones federales de 1997, En esta ocasión se trató del porcentaje más bajo obtenido por el PAN respecto a las dos últimas elecciones municipales y la más baja votación en comicios para diputados locales desde su gran triunfo en 1989. Aunado a ello, reapareció el fenómeno del abstencionismo pues el 53.4% de los ciudadanos inscritos en el lisiado nominal no acudieron a las urnas. Se trata del porcentaje más alto de “votos en casa” que registra una elección municipal en la historia de la entidad. Con todo, también hubo una declinación significativa en las preferencias priistas —la mayor en la historia del PRI -, lo que permitió el triunfo del PAN en tres de los cinco municipios en disputa —Tijuana. Mexicali y Playas de Rosarito—, mientras que al PRI le correspondieron Tecate1 y Ensenada. Sin embargo, tal vez el dalo mas significativo fue el empate en la conformación del Congreso local. Efectivamente, tanto el PRI como el PAN obtuvieron 11 curules, mientras que al PRD correspondieron 3, convirtiéndose en el fiel de la balanza. Con esta nueva conformación el PAN perdió la mayoría relativa que tuvo en la XV Legislatura (1995- 1998): así. el empate entre las fuerzas políticas principales obligó a una intensa negociación para designar al sucesor de Héctor Terán Terán.

La XVI Legislatura tomó posesión el 30 de septiembre pasado. En tan sólo una semana los diputados recibieron el III Informe y tuvieron que nombrar gobernador sustituto. Fue la tercera ocasión en la historia local que un gobernador no concluía su periodo: en diciembre de 1964 murió Eligió Esquivel Méndez, víctima también de un infarto al miocardio; y en enero de 1989 renunció Xicoléncatl Leyva Mortera. Sin embargo, ahora no había un partido hegemónico en el Congreso, lo que complicaba la designación. Apenas el 23 de julio, la XV Legislatura aprobó una reforma al artículo 46 de la Constitución local donde se indicaba el procedimiento y la forma de votación requerida para nombrar a un gobernador sustituto. Al respecto se precisó que la designación debería ser por mayoría absoluta y no por mayoría simple como estaba establecido; pero la nueva normatividad no pudo ser utilizada ya que a la fecha no ha sido promulgada. Sin embargo, ésta no fue requerida: con 24 votos a favor y 1 abstención, el 7 de octubre el Congreso designó a Alejandro González Alcocer como el gobernador sustituto para el periodo 1998-2001.

Alejandro González Alcocer, de 47 años de edad, es originario de la Ciudad de México, donde estudió la carrera de derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Es hijo de Manuel González Hinojosa, quien fuera presidente nacional del PAN en los periodos 1969- 1972 y 1975-1978. Entre otros cargos, fue diputado federal en la LVI Legislatura (1994-1997) y apenas el pasado 3 de octubre había sido electo como presidente estatal del PAN, a cuya toma de posesión acudió Héctor Terán Terán, en la que sería su última actividad oficial. La designación de González Alcocer evidenció una grave fractura al interior del PAN estatal.

El mismo 7 de octubre el presidente Zedillo viajó a la ciudad de Mexicali para presentar sus condolencias a la familia Terán, encabezada por Alma Corella de Terán, y al pueblo de Baja California. En el avión presidencial lo acompañaba el dirigente nacional del PAN, Felipe Calderón Hinojosa. La posición del presidente fue clara: la sustitución debería ser un asunto exclusivo del PAN. Así, para la bancada priista en el Congreso era difícil sustraerse a la posición presidencial; se trataba además de la opción más saludable para la entidad. Sin embargo, el PRI estaba en condiciones de establecer condiciones para la negociación: tomando como bandera el artículo 42 de la Constitución en donde se establece la imposibilidad de ser “electo” como gobernador quien ocupe cargos públicos, a menos de que se separe 90 días antes de la “elección”. Con ello quedaba fuera Eugenio Elorduy Walter, alcalde de Mexicali, e identificado como líder de la “línea dura” del PAN; además, funcionarios como Rodolfo Valdés Gutiérrez, secretario general de gobierno, José Guadalupe Osuna Millán, alcalde de Tijuana, y Fortunato Alvarez, diputado federal, quedaban al margen. Los grupos encabezados por el exgobernador Ernesto Ruffo Appel, el exalcalde de Tijuana, Héctor Osuna Jaime, y Rodolfo Valdés Gutiérrez, presionaron infructuosamente a los 11 diputados panistas para que propusieran a Fortunato Alvarez y a la vez a Alejandro González Alcocer para que no aceptara la designación. Finalmente, de los primeros tres nombres de la lista que el PAN confeccionó para negociar con los diputados del PRI y del PRD (Eugenio Elorduy, Fortunato Alvarez y Alejandro González Alcocer, en ese orden) se escogió a este último. Al mismo tiempo que el Congreso tomaba la protesta al nuevo gobernador, tres secretarios del gabinete anunciaban su renuncia: la más estruendosa fue sin duda la del secretario de gobierno Valdés Gutiérrez, quien entre otras razones externó: “González Alcocer no representa siquiera los amplios y legítimos intereses de la base activista de Acción Nacional, por la forma en que fue designado y las actitudes de quienes lo apoyan. En cambio involucra posiciones fundamentalistas que rompen la posibilidad de reunificación de las fuerzas políticas del Estado”. En efecto, habían sido desplazados los grupos hegemónicos al interior del partido y triunfaba la corriente conocida como los “magallones”, que habían crecido bajo el liderazgo de Salvador Rosas Magallón, figura indiscutible del panismo doctrinario. La primera dama del estado es Rosalba Magallón, hija menor de don Salvador.

El reto para el nuevo gobernador es enorme: su partido se encuentra fracturado, tiene poco tiempo para constituir su equipo de colaboradores y tendrá que enfrentar graves problemas sociales, destacadamente el de la inseguridad. A ello se agrega que tendrá que responder coherentemente a la simpatía que demostró a los grupos civiles que se han opuesto a la construcción de la tercera etapa de la Zona del Río en Tijuana, proyecto fundamental que fue apoyado por Terán Terán. Para el PAN como partido gobernante no es menor el reto: salir de la crisis o pagar la factura en los próximos comicios. Sumar a la crisis del PRI la del partido gobernante parece tener como resultado inevitable el aumento de la abstención, lo cual va en contra de la construcción democrática.

La dirigencia nacional del PAN ganó la primera partida en la sucesión; sin embargo, el panismo local ha quedado sumido en una grave crisis. Habrá que observar con detenimiento el trayecto de los acontecimientos estatales ya que será fundamental para la candidatura panista a la elección del 2000. n

Víctor Alejandro Espinoza Valle. Director General Académico de El Colegio de la Frontera Norte.

1 Como prueba de la caída en los votos panistas hay que señalar que en este municipio triunfó el candidato priísta, pero el PRD desplazó al PAN en el segundo lugar de las preferencias ciudadanas.

Pancho Villa después de Columbus

PANCHO VILLA DESPUÉS DE COLUMBUS

POR FRIEDRICH KATZ

El lector tiene en sus manos un fragmento de la exhaustiva y esperada biografía de Pancho Villa que Friedrich Katz ha elaborado a lo largo de varias décadas y que será publicada en los próximos días por Ediciones Era. Se ocupa de los días posteriores al ataque a Columbas. Ya para entonces Villa estaba acorralado por las tropas carrancistas y estadunidenses y sus mandos más cercanos comenzaban a dejarlo solo, abatidos por sus enemigos.

Cuando Villa se retiraba hacia las montañas de Chihuahua, con los menos de cuatrocientos hombres que habían sobrevivido al ataque a Columbus, tuvo que afrontar las mayores dificultades de su historia desde que eligió el destino de revolucionario. Más de cinco mil estadunidenses habían entrado en México con el fin de capturarlo; estaban equipados con una tecnología moderna a la que no tenían acceso ni él ni sus enemigos mexicanos. Un escuadrón de aviones volaba sobre las laderas de las montañas y sobre los desiertos, tratando de localizarlo. Además, miles de soldados carrancistas habían penetrado en Chihuahua para eliminarlo lo más rápido posible y prepararse para una posible guerra con Estados Unidos.

La moral de los atacantes de Columbus tocó sus cotas más bajas durante esa retirada, entorpecida por los muchos heridos que tenían que llevar consigo. Habían sufrido enormes pérdidas y no habían obtenido nada a cambio. El propio Villa estaba profundamente decepcionado. En la primera parada después del ataque, Villa, Cervantes y Nicolás Fernández se reunieron junto al lecho de Cruz Chávez, uno de los oficiales heridos y que pronto moriría.

Villa se dirigió primero a Cervantes y. señalando a Chávez con gesto abyecto, dijo: “Mira lo que conseguimos. Cervantes: cedí para complacerlos a todos ustedes”

Cervantes se volvió a Fernández y lo culpó por haber insistido en que el ataque a Columbus sería un éxito. Se supo que el coronel Martín López opinaba que el ataque había sido un esfuerzo inútil por unos pocos dólares.1

Sin embargo, a pesar de la decepción y desmoralización de muchos de sus hombres. Villa los mantuvo unidos y no hubo deserciones a gran escala gracias a su carisma, y a la lealtad y el terror que inspiraba. No cedió a la desesperación: hizo por el contrario cuanto estaba en su mano para capitalizar la oleada de nacionalismo que esperaba como reacción a la invasión estadunidense. Les propuso a los generales carrancistas un alto al fuego mientras las tropas estadunidenses se hallaran en territorio mexicano,2 y al pasar por los pueblos arengaba a los habitantes y los convocaba a luchar contra los invasores y apoyarlo. En el zócalo de Galeana, varios miles de personas se reunieron el 14 de marzo para escucharlo. Desde una ventana sobre la plaza, Villa se dirigió a la multitud: no dio ninguna explicación del ataque a Columbus; dijo solamente que había estallado la guerra entre Estados Unidos y México, y que la gente debía estar lista para defender a su país.

Hermanos, los he convocado para informarles que al tratar de entrar a Estados Unidos de inmediato me salieron los “gringos” al paso, y me vi forzado a pelear contra gran número de ellos. Les repito, no desperdiciaré uno solo cartucho más en nuestros hermanos mexicanos, sino que guardaré mis municiones para los “güeros”: prepárense para la lucha que vendrá. Quiero pedirles que me ayuden a cuidar de los heridos que traigo conmigo, y que sufren por el bien de nuestra amada patria.

La reacción de los habitantes de Galeana al llamado fue abrumadora. “Los habitantes de Galeana respondieron a las palabras de Villa ofreciendo a los heridos toda la asistencia que podían y cuando nuestra columna dejó la población”, informaba un villista, “a las nueve de la mañana de ese día, habían juntado un vagón exprés lleno de ropa y comida e incluso habían recolectado dinero para dárnoslo”.3 La respuesta fue menos cálida cuando Villa pidió voluntarios para pelear contra los estadunidenses. Sólo cinco hombres se incorporaron y al parecer lo hicieron obligados.4

En el pueblo de El Valle. Villa fue mucho más explícito en cuanto a lo que realmente deseaba.

He querido que todos ustedes estén presentes para informarles que los estadunidenses están por venir a México a combatirnos. Ya se ha declarado la guerra y quiero ver cuántos de ustedes se van a unir a mí, cuántos de ustedes están dispuestos a tomar las armas. Tengo conmigo soldados de todos los pueblos excepto del de ustedes y es esencial que su pueblo quede libre de críticas. No teman nada, les prometo no disparar un solo cartucho contra mexicanos y si algún día lo hago podrán decir que soy un bárbaro.5

Los hombres de El Valle tampoco mostraron entusiasmo, y ellos tuvieron que ser reclutados a la fuerza.6

Los llamados de Villa al parecer obtuvieron mejor respuesta entre los soldados de Carranza. El 16 de marzo, sus hombres se encontraron repentinamente a sólo tres kilómetros de un gran contingente de carrancistas, pero éstos simplemente pasaron de largo y no dispararon un solo tiro contra ellos.7 En el pueblo de Matachic hubo un breve motín de la guarnición carrancista, que exigía ser enviada a luchar contra los estadunidenses y no contra los villistas.8 En algunos momentos las tropas de Carranza incluso prestaron ayuda a los que huían de la fuerza expedicionaria. Se dio el caso de un villista que, perseguido de cerca por los estadunidenses, cayó en manos de un destacamento carrancista. “¿Eres villista?”. le preguntó el comandante. “En estos momentos todos deberíamos ser villistas”. respondió el soldado. El comandante no contestó pero le dio un caballo y le permitió continuar su huida.9

Una tregua con Villa era la última cosa que querían Carranza o sus más altos generales. Matarlo o capturarlo y acabar con su ejército se había convertido en su prioridad más urgente. Esa era, pensaban, la forma más rápida de librarse de los estadunidenses. El 17 de marzo, un contingente carrancista atacó a Villa. Este consideró que ya no había motivo para mantener su promesa de no verter sangre mexicana: atacar a los carrancistas era en ese momento su única posibilidad de conseguir armas y municiones y, como pronto descubrió, la mejor manera de obtener reclutas. El 27 de marzo, sus tropas cayeron sobre Ciudad Guerrero y los pueblos de Miñana y San Ysidro, antigua zona orozquista. Los villistas sorprendieron y derrotaron fácilmente a las guarniciones de las dos primeras poblaciones, pero fueron rechazados en San Ysidro, donde el general carrancista Cavazos tenía su cuartel general. Sin embargo, éste fracasó en su intento por recuperar Ciudad Guerrero, donde los villistas obtuvieron un triunfo importante, se apoderaron de gran número de armas y persuadieron a ochenta prisioneros de incorporarse a sus filas.

Fue no obstante, una victoria pírrica porque durante el combate Villa resultó herido en la rodilla. Tenía mucho dolor, no podía cabalgar y sólo era posible trasladarlo con gran lentitud y dificultad. Decidió que no tenía más alternativa que ocultarse. La única forma de escapar a sus perseguidores había sido moverse constantemente aprovechando su conocimiento de cada rincón y agujero de Chihuahua. Pero ya no tenía movilidad y si permanecía en un solo lugar con sus tropas, su posición pronto sería descubierta ya fuera por los estadunidenses o por los carrancistas, y sus fuerzas numéricamente inferiores serían batidas.

Dividió a sus hombres en varios destacamentos que debían dispersarse por diferentes partes de Chihuahua y Durango. El propio Villa, con una escolta comandada por Nicolás Fernández, salió con destino a un lugar que tuvo cuidado de no revelar a nadie. Fue un trayecto lento. Lo transportaron alternativamente en carruaje o litera, en medio de espantosos dolores. No había ningún médico en el destacamento ni medicinas para aliviar el dolor. Por momentos lloraba o caía en el delirio. La expedición avanzó hasta llegar al rancho del padre de José Rodríguez, general villista recientemente ejecutado por los carrancistas, quien ofreció ayudarles cuanto pudiera. Para asegurarse su lealtad, no le informaron que su hijo había muerto tres meses antes, sino que estaba bien y cumpliendo una misión confidencial.10

Villa se recuperó por un tiempo en el rancho, pero no tenía intención de quedarse: tarde o temprano los carrancistas irían a buscarlo adonde tenían propiedades sus simpatizantes o las familias de éstos. Además una escolta tan grande tenía que llamar la atención. Le dijo a Fernández que partiera a Durango, mucho más lejos de la frontera, y se ocultara allí hasta recibir noticias suyas. Sólo dos hombres, primos hermanos suyos, se quedaron con Villa. Con grandes apuros, lo subieron a un burro y lo trasladaron a una gruta conocida como Cueva de Coscomate, donde permaneció escondido, y durante dos meses le proporcionaron agua y alimentos. La entrada de la cueva estaba disimulada con ramas y hojas, y desde allí pudo un día ver pasar a las columnas de Pershing. Se recuperó lentamente, aunque no lo atendió ningún médico y, según la mayoría de los datos, sólo recibió como “tratamiento” un rudimentario vendaje que le puso Beltrán, el único de sus comandantes que tenía ciertos conocimientos de medicina.

Durante los casi dos meses que estuvo en la cueva, perdió todo contacto con sus hombres, lo que probablemente contribuyó a mejorar su moral. Ciertamente no habría sanado más rápido de haber sabido que una parte importante del pequeño grupo que le seguía siendo fiel había sido arrasada. Sólo dos destacamentos que se habían retirado a Durango, el del general sonorense Beltrán y el de Nicolás Fernández, seguían relativamente intactos. Los que decidieron permanecer en Chihuahua —no está claro si por órdenes de Villa o desobedeciéndolas— pronto se vieron diezmados por conflictos internos, deserciones y ataques de carrancistas y estadunidenses. Así ocurrió especialmente con las unidades villistas que se aventuraron cerca o dentro de las regiones donde los estadunidenses habían concentrado considerables fuerzas de ocupación.

El golpe más grave fue el que sufrió el destacamento de Candelario Cervantes, que al principio contaba con más de doscientos hombres. Se peleó con algunos de sus comandantes, que lo abandonaron junto con sus tropas. Se negó a pagar a los soldados, y entonces muchos de los desertores carrancistas que se le habían incorporado después de la batalla de Ciudad Guerrero lo abandonaron también. Pronto no le quedaron más que treinta hombres, casi todos de su propio pueblo de Namiquipa o del vecino Cruces. Muchos de ellos también lo dejaron cuando regresó a su pueblo sólo para descubrir que gran parte de la población se había vuelto contra él y no respondía a sus ardorosos llamados a levantarse contra los estadunidenses.”

Como su fuerza prácticamente se había desintegrado, Cervantes echó mano a un recurso desesperado: decidió meterse en la boca del lobo. Aunque los estadunidenses tenían una de sus bases más fuertes en Namiquipa. Cervantes resolvió concentrar allí sus operaciones. Era su pueblo y los hombres que aún lo acompañaban venían de allí. En 1911 se habían levantado contra Porfirio Díaz, y él los había comandado en 1913 contra Huerta y los había movilizado en 1916 para marchar sobre Columbus. Se empeñó en convencerlos nuevamente de ir a luchar contra los invasores estadunidenses. Al mismo tiempo, confiaba en que los carrancistas no le impedirían lograr su propósito. En una proclama dirigida a “los Jefes Civiles del Ejército de Carranza”, Cervantes sostenía: “Esperamos que si no se unen ustedes a nosotros como una gran familia, ya que por fuerza podemos triunfar, por lo menos nos dejarán libres de pelear contra los miserables invasores norteamericanos, única causa de nuestros desacuerdos y de la desgracia nacional”.12 Los carrancistas en efecto lo dejaron en paz, pero su propia gente le causaría la mayor decepción de su vida al negarse a seguirlo. En términos económicos, la ocupación extranjera había resultado muy beneficiosa para el pueblo de Namiquipa. Los estadunidenses pagaban en moneda fuerte por los productos y alimentos que compraban, y no con los billetes sin valor que tanto villistas como carrancistas utilizaban, si es que pagaban. Además armaron a una parte de la población y la organizaron en una fuerza de defensa local capaz de resistir a cualquier forastero. Pershing de hecho anticipaba la recomendación que se haría tres años después, en el plan de guerra de Estados Unidos para México, consistente en organizar una fuerza mexicana leal. Las tropas de Namiquipa resultaron tan fíeles que les entregaron a los estadunidenses un gran depósito de armas que Villa había dejado escondido cerca del pueblo y les informaron sobre la identidad de cada uno de los vecinos que habían participado en el ataque a Columbus. No todos los habitantes compartían el entusiasmo de José María Espinosa,13 hijo de un antiguo dirigente del alzamiento contra Madero y uno de los principales partidarios de los estadunidenses en el pueblo, pero muy pocos estaban dispuestos a luchar contra ellos. Muchos que habían seguido a Cervantes en su regreso desertaron y, como le escribió uno de ellos cuando su comandante lo llamó a reincorporarse,

Si es cuestión de combatir a los gringos, estoy dispuesto cuando usted me llame y cuando me necesite. Pero sólo si veo que podemos dar un golpe fuerte. De otro modo, no está en nuestro interés, porque como usted sabe, primero y ante todo, los pueblos no nos ayudarán y nadie dirá tengo la voluntad de ofrecer mis servicios como mexicano, nadie. Por el contrario, están siempre tratando de ayudar a los malditos gringos y por eso uno ve que no vale la pena tratar de hacerle ese bien al pueblo porque uno ve que ni siquiera quieren encubrirnos, menos aún ayudarnos.14

Más que por conflictos internos, otro destacamento villista quedó muy diezmado al enfrentarse directamente con los estadunidenses, como el de Cervantes. Lo comandaba Julio Acosta, que en los años del gobierno villista de Chihuahua había estado a cargo del distrito de Guerrero. Había aceptado la amnistía de los carrancistas en enero de 1916 y no había participado en el ataque a Columbus. No tenía nada que temer ni de los carrancistas ni de los estadunidenses, que le prometieron dejarlo tranquilo si no procedía contra ellos. Sin embargo, decidió reunirse con su antiguo jefe. En la batalla de Guerrero, participó con el resto de las tropas de Villa. Como Cervantes, llamó al pueblo a luchar contra el invasor. Una proclama dirigida “A la Soberana República Mexicana” y firmada conjuntamente por Acosta, Cruz Domínguez, otro general villista, y un coronel Antonio Angel, decía:

Tenemos el honor de informarles que circunstancias fatales aquejan a nuestra querida y amada patria debido a la intervención y entrada de estadunidenses en nuestro país. El gobierno de Carranza ha comprobado que es un traidor al acceder a permitir a esa nación en armas poner el pie en nuestro amado suelo [...] Recordemos. queridos hijos de México, a nuestros ancestros y a los venerables patriotas de Dolores, don Miguel Hidalgo y Costillos [sic], Allcade [sic] y Aldama, que entre otros héroes perecieron únicamente para damos patria y libertad, y hoy debemos seguir sus ejemplos para no vivir bajo la tiranía de otra nación.15

Acosta y sus hombres también esperaban que los carrancistas no estorbaran su lucha contra los estadunidenses, y así ocurrió cuando la guarnición del poblado de Ojos Azules se les rindió sin disparar un tiro. Pero antes de que procedieran a atacar a los estadunidenses, éstos los sorprendieron y les infligieron una espantosa derrota. Murieron cuarenta y un miembros del destacamento y muchos quedaron heridos. Fue la mayor victoria que lograría la Expedición Punitiva durante su estancia en México. Sin embargo, Acosta logró escapar; derrotado por los estadunidenses, se concentró a partir de entonces en el combate contra los carrancistas.

Aún más dolorosa para Villa que la pérdida y dispersión de sus soldados sería la muerte de gran número de sus oficiales, ya que éstos eran mucho más difíciles de reemplazar. Cruz Chávez, uno de los comandantes del ataque a Columbus, había muerto según ya dijimos como resultado de sus heridas. Ramón Tarango, otro de los que participaron en el ataque, pereció en la batalla de Ciudad Guerrero. Los generales Cruz Domínguez y Julián Granados cayeron prisioneros y fueron ejecutados por los carrancistas.16

Los tres hombres cuya pérdida fue más dura para Villa eran Manuel Baca, Candelario Cervantes y Pablo López.

Cabe dudar que mucha gente aparte de Villa llorara la muerte de Manuel Baca, compañero de sus tiempos de bandido que se había convertido en uno de sus más temidos verdugos. Después de que Villa cayó herido, Baca intentó parar cerca de su pueblo natal de Santo Tomás. El odio que allí se le tenía era tal que sus propios paisanos lo mataron.17

También Candelario Cervantes tuvo una muerte solitaria. Tras ser abandonado por la mayoría de sus hombres, intentó atacar a un contingente estadunidense. Cayó en combate y un soldado enemigo ató su cuerpo al caballo (uno de los observadores mexicanos cree que aún se encontraba vivo)18 y lo arrastró hasta el cuartel estadunidense para que lo identificaran. Pero tenía el rostro tan desfigurado que era imposible reconocerlo: uno de sus parientes logró saber que se trataba de él gracias a una pequeña herida en el dedo.19 Sólo una docena de personas acudió al funeral.20

Pablo López murió de muy diferente manera, y pudo sentir hasta el final que el pueblo estaba con él. Herido en Columbus. había buscado refugio en un solitario rancho de las colinas de Chihuahua. Alguien lo delató a los carrancistas. pero los vio acercarse y pudo huir a los montes. No pudiendo encontrarlo, recorrieron la región gritando: “General Pablo López, estás herido. No te martirices. Es inútil. ¡Te tenemos cercado! [...] Entrégate”. Después de soportar tres días sin comida y sin agua, completamente extenuado, López les respondió: “¡Si son mexicanos me entrego! ¡Si son americanos, moriré peleando!”.21

Los carrancistas lo condujeron a la ciudad de Chihuahua donde decidieron ejecutarlo públicamente, tal como habían exhibido el cadáver de José Rodríguez unos meses antes. Querían intimidar a los partidarios que le quedaban a Villa y mostrarle al pueblo que realmente estaban ganando la guerra contra él. También querían probar a los estadunidenses que su intención de combatir a los villistas era seria y que habían logrado una victoria importante con la captura del hombre al que ellos más odiaban después del caudillo. López no sólo había participado en el ataque a Columbus, sino que era responsable de la masacre de Santa Isabel.

El general estaba decidido a morir con dignidad, convencido hasta el fin de que sus acciones y las de Villa eran por el bien de México. Pocos días antes de morir, le dijo al reportero irlandés:

Yo soy sólo un pobre peón ignorante, señor. Mi única educación la obtuve arreando los bueyes y siguiendo el arado. Pero cuando el buen Francisco Madero se levantó en armas contra nuestros despóticos amos, con gusto respondí a su llamado. Todos conocíamos a Pancho Villa: ¿y quién no? Sus hazañas se cuentan junto al fuego en las noches. Era objeto de adoración para todos los que vivían aplastados bajo la bota del opresor.

Cuando llegó su llamado, yo fui el primero en unirme a él y he sido su fiel seguidor y su rendido esclavo desde entonces [...] Voy a ir a Santa Rosa [el lugar donde se fusilaba a la gente en Chihuahua] cuando pueda caminar. Mucho preferiría morir por mi patria en batalla, pero si han decidido matarme, moriré como Pancho Villa querría que lo hiciera: con la frente en alto y los ojos descubiertos, y la historia no podrá decir que Pablo López flaqueó a las puertas de la eternidad.22

Mantuvo su convicción hasta el fin. El día antes de su fusilamiento, escribió una carta de despedida a sus padres. “Dedico la presente con el fin de despedirme de mis hermanitos y de ustedes. Vivan orgullosos pues su hijo no muere por traidor, muere porque mis hermanos de patria así lo condenan lo que a los enemigos de mi patria se les concede, el que a mi presencia se borre de mi patria. Les encargo a mi inolvidable esposa y a mi hijo, a mis hermanos, que los espero en mi eterno descanso. Adiós padres míos”.23

A1 día siguiente. Pablo López murió tal como había prometido. Sonreía en su camino al paredón: una vez allí, se fumó un cigarro, platicó con sus guardias y. cuando le dijeron que pidiera su último deseo, exigió que echaran del lugar a cualquier estadunidense que hubiera venido a presenciar su muerte. Se negó a que le vendaran los ojos y él mismo dio al pelotón la orden de fuego.24 En sus últimos momentos, muchos de los chihuahuenses que contemplaban el fusilamiento le expresaron abiertamente su admiración y su simpatía e insultaron a los carrancistas llamándolos perros.25 Estas manifestaciones eran expresión de la creciente reacción nacionalista que se producía en Chihuahua y que preocupaba cada vez más a los militares y dirigentes políticos de Estados Unidos.          n

Friedrich Katz. Historiador. Profesor de la Universidad de Chicago. Es autor de un libro clásico: La guerra secreta en México. Europa. Estados Unidos y la Revolución Mexicana.

1 National Archives: Informe de operaciones del “general” Francisco Villa desde noviembre de 1915. Cuartel General de la Expedición Punitiva en el Campo (de aquí en adelante. Informe de operaciones), México, 31 de julio de 1916, pp. 6-7.

2 Calzadías Barrera: Hechos reales de la revolución. Patria, México, 1977, vol. 6, p. 54.

3 Informe de Operaciones, p. 38.

4 lbid., p. 38.

5 Ibid., p. 41.

6 Loc. cit.

7 Loc. cit.

8 Papeles de Woodrow Wilson (PWW), vol. 36, p. 586.

9 Calzadíaz Barrera: Op. cit., vol. 16, p. 71.

10 Píndaro Urióstegui Miranda: Testimonios del proceso revolucionario de México. Talleres de Argrin. México, 1970, p. 120.

11 Informe de operaciones, p. 52; ver proclama de Cervantes.

12 Ibid.

l3 Calzadiaz Barrera: Hechos reales…, vol. 6. p. 72; Nugent: Spent Cartridges of Revolution…. p. 83.

l4 Ana Maria Alonso: “US Military Intervention. Revolutionary

Mobilization, and Popular Ideology in the Chihuahuan Sierra, 1916-

1917″ en Nugent: Rural Revolt in Mexico and US Intervention. Center

for US-Mexican Studies, University of San Diego, San Diego. 1988, p. 217. Esta carta la encontraron en el cuerpo de Cervantes los estadunidenses que lo mataron.

15 Informe de operaciones, p. 61. Acosta obviamente quería decir “Hidalgo y Costilla” y “Allende”, pero ésta es la forma en que están escritos los nombres en la traducción que se encuentra en el Informe de operaciones. No está claro si el error fue de los estadunidenses o de Acosta.

l6 Calzadíaz Barrera: Villa contra todo y contra todos. Editores Mexicanos Unidos, México, 1965, vol. 1, pp. 95-96; Informe de operaciones, p. 216.

17 Informe de operaciones, p. 62.

18 Alonso: Op. cit., p. 216.

19 Calzadíaz Barrera: Op. cit.. vol. 6. p. 54: Alonso, loe. cit.

20Alonso: Op. cit.

21 Calzadíaz Barrera: Villa contra todo…. vol. 1. p. 92.

22 EI Paso Herald. 25 de mayo de 1916: Military Intelligence Department. Record group 395, E1210.

23 Archivo Privado de Rubén Osorio. Chihuahua. Carta de Pablo López.

24 Informe de operaciones, noticia de periódico anexa a la p. 59.

25 Calzadíaz Barrera: Op. cit., vol. 6, p. 72.

La sangre que heredamos

PUERTO LIBRE

LA SANGRE QUE HEREDAMOS

POR ANGELES MASTRETTA

Otra vez ha empezado a caer una tormenta de esas que al llegar estremecen el aire con el augurio de lo que serán y nos hacen correr a cerrar las ventanas.

—Ahí viene el agua —decía la gente hace tiempo. Ahora ya casi nadie dice así. pero el agua aún llega cuando el cielo la manda implacable y contumaz.

Ya casi olvidamos que este año julio nos encontró aún esperando las lluvias que debieron llegar en abril y que ahora nos ahogan y maldecimos. Una sequía de infierno incendió los bosques y el cielo estuvo rojo tanto tiempo que hubo quien aseguró que no llovería en todo el verano y que al costal de calamidades que carga nuestra tierra le caería encima el estiaje más largo del milenio. Ya no recordamos, porque el agua ha conseguido nuestro espanto, que los primeros días de agosto el aire de tormenta nos olía a paraíso y que una tarde de lluvia morosa se parecía a un milagro.

Oscurecía de golpe y un ruido sin orden azotaba los vidrios de las ventanas y las hojas de los árboles. Llovía por fin, como antes, como siempre, como pensamos que ya nunca sería.

—Porque si tú te pones a ver —dijo mi abuela hace treinta años en una tarde parecida a éstas— cualquier persona tiene una historia interesante.

—Cuéntame una —le pedí yo sabiendo que nada habría mejor para esa tarde de lluvia que una historia de las que ella discurría a las mil maravillas.

—Hubo una vez en el pueblo de Tierra caliente —dijo mi abuela que se había quedado paralítica cinco años atrás y que sobrellevaba la quietud de sus piernas moviendo la lengua y la memoria a una velocidad prodigiosa— una niña sentada en su mecedora de mimbre, con un vestido vaporoso y blanquísimo, viendo caer la lluvia como una hipnotizada. Era una niña con la piel brillante y los ojos oscuros, una niña vestida como una princesa, mirando como una diosa, muda como un oráculo incomprensible. Su madre la vestía con encaje de Bruselas y seda italiana. La había esperado durante años y no consiguió nunca sacarla de su vientre, por eso la adoptó sin preguntar de qué amores venía y la quiso sin darse una razón. Así es la gente cuando es buena.

—Y qué más —pedí yo.

—De la niña recuerdo que era linda como una aparición y que se le notaba lo bien querida por todos lados. Sólo cuando llovía se quedaba mirando caer el agua de un modo extraño. Como si algo recordara.

—¿Qué podía recordar? —pregunté.

—Recordar nada, hija, pero tal vez algo presentía.

—¿Qué habría de presentir? —urgió mi voz de adolescente.

—Tal vez que había llovido mucho la tarde en que su verdadera madre la envolvió en periódicos y fue a dejarla en un bote de basura.

—¿Eso pasó? —pregunté.

—Como pasa esta tarde hija —sentenció mi abuela, a la que llamábamos Mané como resultado de quién sabe qué abreviatura de su nombre, tan remota como su misma infancia. Luego se quedó callada, sabiendo que un intervalo de silencio acrecentaba la avidez de su oyente. No pregunté sino con los ojos. Y ella siguió.

—Vivía en Teziutlán un viudo con dos hijas jóvenes, casado en segundas nupcias con una señora de nombre Sensata Bernardi que nunca le hizo honor a su nombre. Con esa señora tuvo tres hijos que eran muchachos cuando pasó lo que te voy a contar.

Un atardecer, tras el aguacero más fuerte del verano, el único policía del pueblo encontró en el montón de basura que estaba frente a la cantina única del pueblo todo, a un bulto de periódicos del que salía el llanto desmesurado de un bebé. No tuvo que pensar mucho el doctor Federico Gómez, a cargo del único ministerio público del pueblo, para saber de quién era el bebé. Todos habíamos visto a Lupe Mayo, la hija del viudo Mayo casado con Sensata la insensata, pasear su enorme panza por la única calle del pueblo por la que podía pasearse. A cualquiera le habría resultado lógico suponer que quien puso a la niña en la basura fuera la única joven mujer sin marido del pueblo todo. Así que Federico Gómez, ministerio público consciente de su deber, se fue directo a casa del viudo Mayo con la niña en los brazos.

Doña Sensata abrió la puerta y lo miró de arriba abajo como si no lo conociera. Le preguntó qué se le ofrecía y cuando el doctor Gómez —quien vale decir que era alto y guapo y debe haberse visto aún mejor con aquella criatura ajena entre los brazos— soltó la historia de que la había encontrado en la basura y de cómo él había dado en suponer de quién era hija, la esposa del viudo Mayo se limitó a decir tajante:

—No imagine lo que no puede probar. Las hijas de mi marido salieron ayer rumbo a Puebla y en esta casa no hay lugar para ningún niño.

Así las cosas el doctor Gómez tuvo la feliz ocurrencia de llevarle la niña a la única mujer del pueblo que teniendo dinero no podía tener hijos. Se llamaba Mandita Barquet y estaba casada con Pepe Aldemur. Como se oye, dos buenos descendientes de libaneses, dueños de la única tienda de telas finas que había en el pueblo. Ellos se quedaron con la niña que creció fuerte y bella como nadie vio nunca que fuera su verdadera madre. Y esa era la niña de la mecedora que alguna vez se ponía melancólica en las tardes de lluvia, pero que fue tan dichosa y desdichada como sólo pueden serlo las hijas únicas y que al crecer se casó con un libanés a quien nadie le dijo jamás que la estirpe y la sangre de su mujer no tenían de árabe sino el aroma de la madre que la adoptó. Y no hubo nunca, y te puedo asegurar que no habrá nunca ninguna libanesa capaz de repetir la sofisticación y la magia de los postres libaneses que aprendió de su madre la niña a la que sus padres adoptivos llamaron Guardia Aldemur Barquet, y a quien quisieron con la misma pasión con que hubieran querido a la hija de sus entrañas. Guardia fue una mujer de ojos oscuros y piel blanquísima, de caminar pausado y labios gruesos, que supo hacer hijos como una perfecta libanesa: uno tras otro, bellos y ardientes, tenaces y viajeros. Porque la sangre que heredamos no es nada más la que traemos al llegar al mundo, la sangre que heredamos está hecha de las cosas que comimos de niños, de las palabras que nos cantaron en la cuna, de los brazos que nos cuidaron, la ropa que nos cobijó y las tormentas que otros remontaron para darnos vida. Pero sobre todo, la sangre se nos teje con las historias y los sueños de quien nos crece. Por eso Guardia Aldemur Barquet pareció siempre tan libanesa como sus padres y te puedo asegurar, porque se adivinaba en el gesto de su marido, que ni en las tardes de lluvia dejó de hacer el amor como un libanesa hecha y derecha.

—¿Y cómo hacen el amor las libanesas? —pregunté.

—Ya crecerás para saberlo, que algo de libanesa tiene la sangre que me heredas —dijo mi abuela más enigmática que nunca. Porque yo la había oído hablar de su sangre española trenzada con indios y de su sangre francesa recién teñida de italiana, pero jamás de su sangre libanesa. De esa sangre no supe sino entonces y tal vez ahora cuando despierto alguna noche, sintiéndome febril como si viviera en una punta de Asia, y Líbano fuera la tierra de miel y brevas en que me desvelo.

—¿Y mientras crezco? —pregunté.

—Mientras creces grábate en la conciencia que nada se hace en esta vida que no se pague en esta vida. Ninguno de los tres hijos de Sensata Bernardi de Mayo pudo lograrle nunca un nieto. Se murió seca y agria como había vivido. Porque si uno llega a viejo, y pídele a la vida que te conceda este don, llega tan feliz o infeliz como ha sabido hacer a otros. Ese fue el caso de Mandita Barquet, la que supo ser madre de Guardia y llegó a tener más de seis nietos entre los que morirse. Dicen que se llevó puesta la sonrisa con que pudo arrancarle a su niña la pena de ver llover alguna tarde.     n

Angeles Mastretta. Escritora. Su último libro es El mundo iluminado.

Al rescate del cine mexicano

AL RESCATE DEL CINE MEXICANO

POR JORGE SÁNCHEZ S.

En la antesala del debate en torno al proyecto de una nueva ley de cinematografía, y con el propósito de ir más allá de esta circunstancia, presentamos dos textos que manifiestan la ausencia de una política integral de apoyo al cine y que subrayan la necesidad de considerarlo de una vez por todas como una manifestación artística y cultural de alcances prioritarios.

Sobra mencionar la severa crisis que vive hoy el cine mexicano. Los factores que la ocasionan son múltiples y van desde la falta de visión de los productores cinematográficos que exprimieron al espectador nacional con un producto repetitivo apegado a “fórmulas de éxito convencional” hasta la crisis económica de los últimos años, pasando por la visión de los gobiernos en turno de que su función al respecto consistía en propiciar el cine de calidad y no el avocarse al rescate y apoyo de una industria estratégica para el desarrollo cultural y económico del país. Digo estratégica porque lo demuestran las acciones sustentadas por países de diversas áreas y condiciones económicas que posteriormente describiré en forma breve. Antes quisiera citar al director de cine español. Fernando Trueba (del cual hemos visto en México dos películas: Belle Epoque y Two Much), sobre el significado de una palabra que siembra, si no el pánico, por lo menos una mirada de incertidumbre entre los políticos e impulsores de la llamada globalización. Dice Trueba:

Protección. Hoy por hoy, el cine español, como la mayor parte del cine europeo y gran parte de las cinematografías del mundo entero, no podría subsistir sin la protección del Estado. Esto puede hacerse extensible a muchas otras industrias y a la mayoría de las especies animales, a la capa de ozono y al patrimonio artístico. Nada de todo esto subsistiría si lo abandonáramos en manos del dinero. Los enemigos del proteccionismo creen ver en él una de las mil cabezas de la cuestión nacionalista.

Jorge Sánchez S. Preside la Asociación Mexicana de Productores Independientes (AMPI). y la Federación Iberoamericana de Productores Cinematográficos y del Audiovisual (FIPCA).

Pero lo cierto es que nada es menos nacionalista que el cine. ¿Cómo puede amarse el cine sin amar su diversidad? El cine es la más fantástica torre de Babel que puede imaginarse y. gracias a él, los hombres y mujeres han viajado a países lejanos antes de que existieran los operadores turísticos y han escuchado lenguas distintas y observado razas y culturas lejanas, y se han enamorado de seres lo más diferentes que imaginarse pueda a los de su tribu. Si un fenómeno ha preparado el terreno a la globalización, ése ha sido el cine. Pero ahora aparece un nuevo peligro que es el de la uniformización, y en el cine eso significa la desaparición de todo lo que no sea el lenguaje de Hollywood, por cierto cada vez más pobre, descafeinado y estéril. La libertad de mercado se confunde con la libertad de media docena de compañías americano-japonesas para dominar el mercado cinematográfico mundial.

Trueba remata con una cita de Ortega y Gasset: “Una cultura se vacía entera por el más imperceptible agujero”. Y afirma: “Pienso que el agujero se ha hecho tan grande que apenas nos queda el sitio donde poner los pies. Los cineastas independientes y las cinematografías nacionales están hoy más a la intemperie que nunca”.

Me parecería extremadamente difícil para cualquier cineasta o cinéfilo mínimamente preocupado por el cine nacional, por la obra de un director, un guionista, un actor o actriz de cine, especies que se encuentran en vías de desaparición, no suscribir lo que afirma Fernando Trueba.

Veamos pues lo que acontece el día de hoy en otras industrias cinematográficas. Estados Unidos, por ejemplo, ha sabido fomentar su industria de cine, beneficiando con ello a los estudios y a la economía norteamericana en general. La industria de cine norteamericana es la mayor del mundo y forma parte de la industria del entretenimiento, es decir la que lleva consigo un copyright. Esta industria constituye la tercera mayor rama exportadora de los Estados Unidos. Se trata de un sector muy intensivo en mano de obra que utiliza una enorme infraestructura de servicios. Los gastos anuales de la industria de cine norteamericana exceden los 32,000 millones de dólares, de los cuales 25,000 millones se quedan en California.

Los Estados Unidos y varios de los estados que integran ese país han puesto en práctica todos o algunos de los siguientes incentivos:

• Ingresos no computables o pagos diferidos que permiten al contribuyente recibir ingresos sin pagar impuestos inmediatamente, por ejemplo, las provisiones de sociedades por las ventas en el extranjero.

• Desgravaciones fiscales que permiten al contribuyente reducir su deuda fiscal total por cada dólar gravable. por ejemplo, las provisiones sobre desgravaciones fiscales por inversión.

• Amortizaciones aceleradas que permiten al contribuyente reducir su nivel de ingreso en la cuantía de sus gastos, de manera anticipada.

• Exenciones fiscales que permiten al contribuyente eludir el pago de impuestos a los que estaría sujeto, por ejemplo, exenciones de impuestos directos de venta y de servicios impuestos en servicios hoteleros.

• Reducción de costos, por ejemplo, costos de financiamiento de una película, que son el resultado de incentivos fiscales para la inversión en producciones cinematográficas.

Estos ejemplos son producto de una comunicación oficial de Motion Pictures Association. que preside Jack Valenti y que agrupa a todas las empresas involucradas en el negocio cinematográfico en Estados Unidos.

¿Qué podemos tomar de esto? Lo primordial, considero, es acabar con el mito de que la industria cinematográfica norteamericana no recibe tratamiento especial alguno dentro de los Estados Unidos, ya que en varias ocasiones hemos escuchado sobre la imposibilidad de contar con medidas similares por ser nuestro país socio del Tratado de Libre Comercio.

Quisiera mencionar dos casos en Europa, que son Francia y España, ambos miembros de la Unión Europea, anotando que la misma en su versión de Comunidad Económica Europea inició en 1985 el programa MEDIA I, al que destinaron aproximadamente 500 millones de dólares para la protección y desarrollo de la industria audiovisual por un lapso de diez años. En 1996 emprendieron el programa MEDIA II, con un monto aproximado de 400 millones de dólares que se aplicaron prioritariamente a la difusión y comercialización de su producto audiovisual. Señalo también que estos fondos no afectan en lo más mínimo a los fondos que destina cada Estado a su propia industria audiovisual.

En el caso de Francia, el 42% del financiamiento de las películas producidas en la década de los ochenta provino del financiamiento obligatorio de las televisoras, fueran éstas públicas o privadas, al cine nacional. Valga decir que el 60% de las películas emitidas por los canales franceses deben ser europeas de acuerdo a lo establecido por la ley.

Los mecanismos para captar los recursos de manera directa son los siguientes:

• Impuesto adicional que representa el 11% de cada boleto vendido sobre todas y cada una de las películas exhibidas en territorio francés.

• Impuesto adicional que representa el 2% sobre la venta y renta de videos grabados.

• Impuesto a los canales de televisión que representa el 5.5% de sus ingresos.

Estos recursos se administran a través del Centro Nacional de Cinematografía, donde se encuentran representados todos los sectores de la industria cinematográfica y se destinan al fomento de la producción, distribución, exhibición y difusión nacional e internacional del cine francés.

En relación a España, podemos distinguir los siguientes mecanismos de financiamiento:

• El Banco Exterior de España estableció una línea de crédito para la producción cinematográfica.

• Las garantías necesarias para acceder a dicha línea de crédito son aportadas por el Instituto de Cinematografía y las Artes Audiovisuales a través de un fondo creado especialmente para dicho fin.

• Presupuesto anual del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales que se destina, entre otros fines, a:

• Ayuda general a la amortización de la producción de películas, otorgando el 15% automático sobre la recaudación en taquilla para todas las películas españolas exhibidas.

• Como ayuda complementaria: un 25% adicional sobre la recaudación en taquilla o 33% del presupuesto de películas ya producidas.

• Subvención anticipada a nuevos realizadores y a cortometrajes.

• Subvención de hasta el 50% del costo de copias y publicidad para el lanzamiento de películas españolas de calidad y valores artísticos destacados.

En varias ocasiones también hemos escuchado el argumento de que las situaciones arriba descritas son particulares de países desarrollados con economías fuertes y no es así, como veremos a continuación en los casos de Brasil y Argentina.

En el caso de Brasil, la relación del Gobierno con la actividad cinematográfica se daba de manera directa a través de EMBRA FILME, en un modelo similar al que se vivió en México en la década de los setenta. Dicho modelo se extinguió con la desaparición de esa entidad y tuvo como consecuencia que la producción descendiera de 80 películas por año a una película en 1991. La ley vigente (que se promulgó en 1993) tiene como base fomentar la producción cinematográfica a través del incentivo a inversionistas y productores sin tener el Estado ingerencia alguna en lo que se produce ni en cómo se produce. Dicha ley regula la inversión a voluntad de las personas físicas y morales que estén dispuestos a acogerse a ella, previa aprobación de los proyectos por los ministerios de Cultura y Hacienda, tomando en cuenta prioritariamente los contenidos nacionales, tanto en términos creativos como técnicos, idioma, etc. A continuación se colocan acciones del proyecto en el mercado de capitales y los contribuyentes interesados las adquieren con el derecho de deducirlas al 100% de su declaración anual del impuesto sobre la renta, con un límite del 5% de lo que represente el total de dicho pago. Otro mecanismo es el que permite a las empresas audiovisuales que remiten utilidades al exterior (las cuales son básicamente las mejores norteamericanas) invertir hasta el 70% del 15% del impuesto retenido de cada dólar en producción cinematográfica brasileña. En resumen, pueden deducir parte sustancial de un impuesto a pagar y convertirlo en inversión que se transformará en un activo. Cabe mencionar que las empresas de televisión no pueden participar como colocadoras en el mercado de capitales o para acogerse a los beneficios establecidos en la ley.

Como mencionaba anteriormente, la ley se expidió en 1993, empezando a funcionar verdaderamente en 1994. Para 1995 los resultados en captación de recursos para la producción, distribución, exhibición y creación de infraestructura cinematográfica fueron de 23 millones de dólares, y en 1996 el resultado fue de 71 millones de dólares, para finalizar 1997 con más de 50 películas producidas en dicho periodo.

Por último, el caso de Argentina, frecuentemente mencionada como un modelo de economía neoliberal. A través de la ley promulgada en 1994, se creó el Fondo de Fomento Cinematográfico y los mecanismos de captación de recursos que se describen a continuación:

• Impuesto adicional del 10% sobre cada boleto vendido de todas y cada una de las películas exhibidas en Argentina, lo cual representó la cifra de 14 millones de dólares en 1997.

•Impuesto adicional del 10% sobre el precio de venta o renta de todo tipo de video grabado destinado a su exhibición pública o privada, lo cual representó la cifra de 5 millones de dólares en 1997.

• 25% de las sumas percibidas por el Comité Federal de Radiodifusión por el uso del espacio nacional para la transmisión de ondas emitidas por estaciones de radio y televisión.

Cuando mencionamos las sumas percibidas por dicho Comité nos referimos al 6% de los ingresos por publicidad que perciben las estaciones de radio y televisión, calculándose que el 25% de dicho 6% ascendería en 1997 a 12 millones de dólares.

A estos recursos deben sumarse los que percibe el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales del Gobierno Federal, de acuerdo a sus previsiones presupuéstales anuales.

A partir de dichos recursos y los del Fondo de Fomento Cinematográfico describiremos algunos de los apoyos para la Industria Cinematográfica en Argentina.

• Devolución del 50% de los impuestos generados por los costos de producción de una película.

• Máximo de 70% del presupuesto de una película como crédito avalado por el Instituto a un plazo de tres años con seis meses de gracia a una tasa preferencial del 6% sobre un costo promedio establecido de 1,250,000 mil dólares.

• Subsidio por exhibición al productor a razón de uno a uno, es decir: porcada dólar bruto ingresado a taquilla por una película nacional. el Instituto otorga al productor un dólar: con lo cual, si genera en entradas 100,000 dólares, el productor se verá recompensado con 100.000 dólares.

• Subsidio electrónico al productor que consiste en un máximo del 50% del costo de producción reconocido por el Instituto para películas de interés especial por sus resultados artísticos, y el 30% para aquellas películas que se califican de interés simple. Este subsidio se obtiene de forma automática cuando la película es lanzada en video o emitida por televisión.

También existen políticas de fomento para apoyar la participación de las películas en festivales internacionales, para la promoción y difusión de películas nacionales y financiar la comercialización de las mismas en el exterior, préstamos especiales a laboratorios para su equipamiento y a compañías exhibidoras para mejorar las salas cinematográficas.

Como dato adicional, cabe mencionar que en 1996 se estrenaron 40 películas nacionales y que en el año de 1997 se recuperaron aproximadamente 10 millones de dólares por concepto de devolución de créditos otorgados en años anteriores, también que para 1998 se prevé recaudar, por el 10% de impuesto al espectador. 71 % más que en 1997, es decir, un total de 23 millones de dólares, debido al crecimiento acelerado del sector de exhibición y del incremento previsible en la asistencia.

Lo expuesto pone en claro el atraso de la vigente Ley Cinematográfica en México, así como la ausencia de mecanismos fiscales y de cualquier índole que incentiven el desarrollo de la actividad cinematográfica en nuestro país. También queda manifiesta la ausencia de una política integral sobre una industria estratégica, como la cinematográfica, que sin duda es columna vertebral de la industria audiovisual: no olvidemos que el cine conforma el 40% de la programación de las televisoras abiertas en el mundo, y sin duda un país existe y se reconoce a sí mismo por las imágenes que produce y consume.

No sobra repetir una vez más: somos lo que vemos, y cito a Fernando Trueba nuevamente:

Amparándose en la falacia de que es el público quien ha decidido que las cosas sean así. los que sólo se interesan por el público para administrar su monedero, necesitan que éste cada vez sea más embrutecido y desunido, sea más iletrado e insolidario, con menos capacidad de respuesta, que se limite a ser un mero deglutidor acrítico de productos sin alma.

No somos juristas, economistas o fiscalistas, somos profesionales del cine, que debemos reconocer la complejidad de las medidas que son necesarias para desarrollar la industria del cine nacional que, sin duda, si quiere permanecer con vida debe estar dispuesta a asumir profundos cambios. Así, en términos de la ley vigente considero que deben revisarse los contenidos siguientes:

1) El tiempo de pantalla para las producciones nacionales. El artículo transitorio tercero de la ley, establece la disminución gradual del 50% del tiempo de pantalla que la anterior ley reservaba como mínimo para las producciones mexicanas, hasta llegar al 10% en 1997. Si bien la disposición de garantizar un tiempo mínimo de pantalla al cine mexicano tuvo el propósito de protegerlo de la fuerte competencia extranjera, facilitó la producción de películas que dejaban mucho que desear tanto desde el punto de vista artístico como técnico. El resultado fue la pérdida de mercados y el alejamiento del público del cine mexicano. Con las nuevas disposiciones se pretende alentar la libre competencia y la calidad de las producciones. Por eso se hace indispensable organizar una producción de películas de calidad, en forma regular, que produzca estrenos sistemáticos y tenga nivel de competencia internacional. Así se tendría una presencia constante que aumentaría el prestigio del cine mexicano y se retroalimentaría con la asistencia del público a las salas cinematográficas y el interés de los exhibidores de programar el cine nacional.

Tal planteamiento parecería sumamente atractivo, pero en realidad más bien parece un galimatías: si es válido, ¿por qué no se cumple?

Al mismo tiempo se aduce: “no se cumple porque no hay producción suficiente”, y a la vez escuchamos: “cuando nos den el tiempo de pantalla produciremos lo suficiente”. También sabemos de los históricos amparos de los exhibidores, lo cual está a punto de sentar jurisprudencia. En resumen, estaría de acuerdo en un sistema de cuotas o tiempos de pantalla sustentado en el incentivo fiscal o de premio o subvención al exhibidor, y no en un sistema coercitivo que obligara al exhibidor a poner cine nacional en sus pantallas.

2) El doblaje. Existe un grupo entre los diferentes sectores del cine nacional que se opone decididamente al doblaje de películas extranjeras en cualquier forma o medio. Las razones son diversas, menciono las tres principales: la defensa del derecho de autor en cuanto a conservar la integridad intelectual de las obras; garantizar el derecho del público a conocer las películas en su versión original y la protección del cine nacional contra una competencia desigual con el cine extranjero. Esto último, porque con el doblaje desaparecería el público cautivo del cine en español, constituido por la población incapaz de seguir las películas extranjeras subtituladas. Considero pues, que debe permanecer la prohibición del doblaje para ser exhibido en salas cinematográficas, excepto en las películas clasificadas “AA”.

Por otra parte, existe otro grupo que favorece el doblaje al español de cualquier clase de película en cualquier medio o soporte. En mi opinión el doblaje para las salas cinematográficas deberá quedar restringido a las películas antes mencionadas, mientras que podría permanecer indiscriminado su uso para cualquier tipo de películas emitidas en televisión y comercializadas en video, siempre y cuando los empresarios de dichos medios cubran una cuota fija por la venta de los espacios comerciales durante la emisión de las películas dobladas para el caso de las televisoras, o bien por cada unidad de video vendida para el caso de las empresas distribuidoras de video.

• Debemos tomar en cuenta que la Ley debe impulsar una práctica comercial sana, por lo cual debe sancionar las prácticas monopólicas que no están ausentes de la actividad cinematográfica, especialmente en la distribución y exhibición.

• Debe establecerse protección a los laboratorios obligando a la elaboración de copias en territorio nacional cuando los lanzamientos requieran de un número a determinar de las mismas.

Además de los aspectos anteriores que deberán ser reformados ya que están incluidos bajo otra óptica en la ley vigente, se deben tomar en cuenta los siguientes puntos, bajo el entendido de que no tienen antecedentes dentro de la ley que actualmente regula la actividad cinematográfica.

Debe establecerse un Fondo de fomento que cuente con los siguientes instrumentos y funciones:

a) Un fondo de garantía para viabilizar la obtención de créditos, descuentos, etcétera, a los productores nacionales, así como a los distribuidores y exhibidores.

b) Financiamiento vía capital de riesgo a las actividades de producción, distribución, comercialización y exhibición del cine nacional.

c) Otorgamiento de ayudas y crédito selectivo a proyectos considerados de interés especial.

d) Ayudas especiales a las películas que logren un número determinado de ingresos en exhibición comercial.

e) Ayudas especiales a las películas que participen en festivales internacionales de categoría A.

f) Apoyo a la producción de películas dirigidas por nuevos realizadores.

g) Ayudas a los distribuidores de películas mexicanas bajo condiciones de estreno en un número mínimo de plazas, y condicionada a la obtención de un número mínimo de espectadores.

Por otra parte, es indispensable contar con opciones diversas para que este Fondo obtenga recursos:

• Aplicar un impuesto especial del 10% sobre cada boleto vendido con cargo al consumidor, para el apoyo al cine nacional, bajo la figura de impuesto especial o de un derecho, y que mediante un acuerdo entre todos los sectores de la industria se establezca en el marco de los convenios de coordinación fiscal celebrados entre la Federación y las entidades federativas.

• Que las empresas televisoras aporten una cuota fija o un porcentaje de los ingresos por la venta de los espacios comerciales, durante la emisión de películas de cualquier nacionalidad.

Por último, establecer junto con la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, las medidas de incentivos fiscales y fomento para productores, distribuidores y exhibidores de cine nacional, entre las que se contarían los siguientes:

• Autorizar a personas físicas y empresas privadas nacionales a destinar un porcentaje de sus utilidades para invertir en la producción de obras cinematográficas mexicanas otorgándoles sobre esos montos deducibilidad del impuesto sobre la renta.

• Otorgar a los productores de cine mexicano el 10% de deducibilidad sobre el costo total de producción de una película, ya que a menudo se efectúan erogaciones por bienes y servicios, en lugares en los que por su ubicación y características no siempre es posible obtener las facturas y recibos correspondientes con los requisitos fiscales establecidos.

•Deducibilidad de impuestos para aquellos exhibidores que cumplan un mínimo de días por año para el cine nacional.  n

Crítica de la razón Caribe

CABOS SUELTOS

CRÍTICA DE LA RAZÓN CARIBE

POR RICARDO BADA

Un libro involuntario de Kant

En Alemania acaba de aparecer un libro que reúne una gran cantidad de anotaciones manuscritas por Immanuel Kant en los márgenes de los libros que leyó. Esta nota las comenta y ofrece una brevísima selección de algunas de ellas.

La editorial Steidl en Gotinga, Alemania, es la editorial de Günter Grass. Pero sería un reduccionismo absurdo limitarla a Grass, con todo y ser él tan grande. En el catálogo de Steidl figuran también otros creadores que no desmerecen del padre espiritual de Oskar Matzerath. el del grito vitricida. Recuerdo, ¿cómo no hacerlo?, al épico Halldór Laxness, el Premio Nobel islandés, quien se nos ha muerto este año y ha dejado medio huérfanas a las literaturas islandesa, escandinava, europea y universal.

Pues bien, la editorial Steidl ha publicado por estas calendas una pequeña alhaja titulada Köche ohne Zunge (que podríamos traducir bastante aproximadamente como Cocineros sin paladar), y cuyo autor es un filósofo de gran calibre, un altísimo exponente del idealismo alemán: Immanuel Kant.

El joyero es Jens Kulenkampff, quien ha recogido con paciencia de hormiga laboriosa (perdóneseme el pleonasmo) una gran cantidad de anotaciones manuscritas del autor de la Crítica de la razón pura y de la Crítica de la razón práctica: aquellas que pergeñó en los márgenes y en las páginas en blanco de los libros que leía. Y les aseguro que la cosecha vale la pena.

Ojalá este libro encuentre pronto su camino en el mercado editorial en castellano, pero mientras tanto intentemos gozar ya de sus tesoros. Por puro placer, he traducido una selección personal de tales anotaciones y debo decir que emprendí la tarea con muy encontrados sentimientos: nunca hasta ese instante me había atrevido con un filósofo, y mucho menos con un autor de sintaxis tan enrevesada como el reloj viviente de Königsberg. Así y todo, creo que valió la pena.

Elijo de entre lo ya vertido al castellano una media docena de anotaciones que dan una idea de la variedad y la complejidad de los temas abordados por Kant. Y también de ciertos prejuicios suyos. Por ejemplo:

Un viajero sólo puede aprovechar alguna cosa para su instrucción de cuatro países en el mundo: Holanda. Inglaterra. Italia y Francia.

¡Eso, don Manuel, y a los demás que los parta un rayo!

Alguno que otro apunte del buen don Manuel (que así lo llamaba el vasquísimo Unamuno. “vasco por los dieciséis costados”, solía decir de sí), lo podría haber firmado el mismísimo Jorge Luis Borges. Este, sin ir más lejos:

¿Por qué algunos días discurren todas las fantasías como si fuese el día siguiente, o como si mañana fuese el día que será recién pasado mañana?

Y no deja de ser divertido pensar que también en el siglo XVIII era público y notorio que los escandinavos empinan el codo con harta frecuencia, según se desprende de esta pregunta todavía hoy sin respuesta, incluida entre las notas de Kant:

¿Por qué se embriagan tan a gusto, sobre todo, los pueblos nórdicos?

No faltan entre los pensamientos kantianos algunos que le habrían hecho fruncir el ceño con desconfianza a su más cercano déspota, por muy ilustrado y rey de Prusia que fuese. Tan sólo uno:

Los reyes, en su calidad de padres, maltratan a sus subditos como a niños por cuya subsistencia y felicidad quieren velar ellos solos. Los sacerdotes, en su calidad de pastores, como a ovejas y como a los queridos animalitos que nunca serán mayores de edad. Primero se incapacita a la gente para que no se pueda gobernar, y después de eso se disculpa el propio despotismo arguyendo que no se deja gobernar.

Y luego —temblad, exégetas— ese mismo Kant dejó anotado:

El tiempo expurga todas las escrituras.

Y el idioma alemán no garantiza en este caso la univocidad: lo mismo pueden ser “escrituras” que “Escrituras”. Si me inclino por traducir “escrituras” con minúscula es para que mi amigo Alvaro Mutis no me vuelva a tachar de comecuras.

Concluyamos nuestro apresurado safari por el riquísimo coto de caza que nos legó involuntariamente Immanuel Kant, con una reflexión que tiene tanto de juiciosa observación como de conocimientos prejuiciados:

Si supiéramos cómo, uno de los medios más poderosos para dotar de influencia a la razón y darle fuerza a los motivos de la conducta, sería potenciar de tal modo dentro de nosotros la previsión de nuestro futuro juicio sobre aquello que hacemos ahora, que resultase igual a lo que enjuiciamos en el momento presente. El caribe vende por la mañana su hamaca, y se lamenta por la tarde de que no tiene dónde echarse a dormir.

A este último pensamiento, recurriendo a la nomenclatura del propio Kant. ¿no es verdad que lo podríamos encuadrar dentro de una posible Crítica de la razón caribe?     n

Ricardo Bada. Escritor español. Conduce el programa De nuestro archivo para la Radio Deutsche Welle.

El viaje a la Luna de dos Federicos

EL VIAJE A LA LUNA DE DOS FEDERICOS

POR MIRIAM MABEL MARTÍNEZ

Viaje a la luna es el único guión de cine que escribió Federico García Lorca. Pues bien, el pintor Frederic Amat acaba de llevarlo al cine.

La imagen ofrece la oportunidad al hombre de escapar a las dimensiones contingentes de espacio y tiempo en que vive, desde las pinturas rupestres de Altamira hasta la instalación y el arte objeto. El juego de representar lo irrepresentable. aquello que no pertenece a ningún tiempo ni a ningún lugar, ha sido una de las obsesiones de la humanidad. Poco a poco las paredes de las cavernas y las piedras de las murallas y templos cedieron el monopolio al mármol, al cobre, al papel, al óleo, a los muros de edificios, al grabado, a las placas fotográficas, al cine… Las innovaciones técnicas explican el que las imágenes lograran —en un golpe de Estado— escapar de los salones, palacios, caballetes, vidrierías para instalarse en medios audiovisuales: la trampa de la representación difundida a través del arte.

A pesar de que no se ha profundizado en una topografía de la densidad de la imagen, que varía de un punto a otro del espacio-tiempo cotidiano, la cantidad de iconos que capta el ojo humano a cada instante podría evaluarse a partir del dato espectador por minuto o espectador por segundo: teoría del tiempo de ocupación perceptiva. Siglos atrás constituía un evento extraordinario, hoy existe una inflación de imágenes, el consumo de éstas disminuye su valor y la gestación genera más sorpresa.

Con motivo del centenario del nacimiento en Fuente Vaqueros, Granada, de Federico García Lorca, el gobierno español estableció un programa de actividades en el que participan diversos países del mundo. Mesas redondas, conferencias, escenificaciones teatrales, lecturas, ediciones especiales, exposiciones (Federico García Lorca, Imágenes y palabras, itinerante por Alemania. Brasil, Chile. Francia. Argentina. Estados Unidos, Cuba, Japón. Suiza. entre otros). La realización de la película Viaje a la luna —único guión de Lorca— por Fréderic Amat es. quizá, el mejor tributo.

Federico García Lorca escribió 72 escenas (en hojas de agenda) durante su estancia en Nueva York mientras sus amigos Salvador Dalí y Luis Buñuel rodaban El perro andaluz. La intención del poeta era que el pintor mexicano Emilio Amero lo llevara al cine: sin embargo. nunca se concretó este proyecto sino hasta 1998. cuando Fréderic Amat (Barcelona. 1952) se encargó de traducir aquellos apuntes en un film de 22 minutos, y dirigió y diseñó cada una de las 72 secuencias que componen el guión original.

Viaje a la Luna —producida por Ovideo TV— se estrenó en mayo en el Centro Cultural La General, en Granada. España: el 14 de septiembre se exhibió en la Cineteca Nacional de la Ciudad de México, en el marco de Fotoseptiembre.

Este mediometraje es una travesía por los sueños, un océano onírico en el que el inconsciente delata, abarca y ataca: snapshot de una memoria y de los fragmentos de un exterior percibido por un poeta, cortes del deseo, del temor, de la angustia que deambulan en la duermevela. Y como en un ejercicio, la poesía, lo surreal, las emociones, lo inerte, lo patente, lo abstracto, lo figurativo forman intersecciones y constituyen un conjunto extravagante dentro de un universo, en el que cabe el ser humano con sus posibilidades infinitas, incluyendo su mortalidad.

Cada una de las escenas de Viaje a la luna atraviesan la vista y provocan que el espectador sienta las texturas, que sea hormiga y número a la vez. que pierda la piel y las venas expongan su condición, que sea música y nota sostenida.

Más que una película muda es poesía en secuencias. Es verso y ojo. No hay necesidad de diálogo, el discurso narrativo se persigue a sí mismo, y los colores y las imágenes ruedan complacientes guiados por el ritmo impuesto por Lorca y sincronizados por la exquisitez de Amat. La música de Pascal Comelada es mar abierto en donde nadan los personajes.

En Viaje a la Luna Amat trabaja como un artista contemporáneo, utiliza los medios que su época impone, hace a la vez un recorrido por la historia del arte, y deja pistas y nombres (Man Ray). No es una película antigua, es actual porque el lenguaje visual así lo dicta, y el guión habla de aquello que no tiene fecha de caducidad: la condición humana. Es una cicatriz. Es la palabra de Lorca y la mirada de Amat. La lucidez de dos creadores, la aprehensión del mundo por los ojos. Dos visiones, dos estéticas, dos tiempos en un mismo espacio. Dos miradas en un segundo y el ojo avizor posado en el mismo momento. Dos realidades que confluyen en 22 minutos, que coinciden y que sin embargo se distinguen. Ninguna pertenece al monopolio de la “realidad”.

Y el espectador atraviesa galaxias para llegar a esa luna.    n

Miriam Mabel Martínez. Colabora en el semanario etcétera.

¿Por qué no tenemos un estado de derecho?

CUADERNO DE NEXOS

¿POR QUÉ NO TENEMOS UN ESTADO DE DERECHO?

POR LUIS SALAZAR

La resolución de la Suprema Corte de Justicia en torno al asunto del llamado anatocismo (el cobro de intereses sobre los intereses) suscitó una airada respuesta de algunos miembros de El Barzón que obligó a suspender la sesión pública del tribunal. Posteriormente, connotados dirigentes y legisladores del PRD (con la conspicua excepción de Muñoz Ledo) acusaron a los ministros de haberse dejado presionar por el poder ejecutivo e incluso de colusión con los banqueros. En los hechos, como puntualizara José Blanco en su artículo para La Jornada (12/X/ 98), la Corte no hizo sino establecer una interpretación sobre el marco jurídico vigente, sin lugar a dudas obsoleto e insuficiente, lo que en todo caso debería conducir a los indignados legisladores no a echarle lodo al poder judicial sino a preocuparse por lo que es su competencia esencial, es decir, por elaborar una nueva y menos injusta normatividad para regular las actividades financieras.

En el mismo sentido la cuestión acerca de los archivos oficiales sobre la masacre del dos de octubre en Tlatelolco ha despertado numerosos ataques y denuncias, así como extraños intentos oficialistas de eludir el problema remitiéndolo a decisiones del alto mando militar. Muchas han sido las conjeturas acerca de la resistencia corporativa a dar a conocer una información que a todas luces ya debiera ser pública, pero poca en cambio la preocupación por aclarar el estatuto jurídico del asunto. ¿Hay o no una legislación que obligue a la publicación de los archivos después de un determinado periodo? ¿Está convenientemente reglamentada? Lo curioso, nuevamente, es que los propios legisladores involucrados en el tema no se tomen la molestia de aclarar el punto, ni de promover iniciativas de ley que en todo caso colmen uno más de nuestros vacíos jurídicos.

El presidente Zedillo, respondiendo a un extendido malestar provocado por la inseguridad creciente, envía reformas al Código Penal que supuestamente servirán para contener la criminalidad en sus diversas variantes. Pero más allá de las consabidas fórmulas retóricas sobre la modernización y profesionalización de los cuerpos policiacos, nadie explica cómo se piensa convertir a dichos cuerpos en verdaderos protectores y garantizadores de la legalidad. Aunque se reconoce la existencia de “hermandades” siniestras en los mandos de la policía, aunque se acepta que hay innumerables complicidades y contubernios con el crimen organizado, todavía seguimos esperando las iniciativas que en verdad ataquen un problema que amenaza con transformarse en catástrofe social.

Para afrontar el conflicto chiapaneco se elaboró una ley de concordia y pacificación que. entre otras cosas, establecía la obligatoriedad del diálogo tanto para el gobierno como para el EZLN. No obstante, han pasado años enteros desde que los neozapatistas decidieron unilateralmente suspenderlo, y nadie parece querer acordarse del asunto. En lugar de en todo caso, actualizar esa legislación de emergencia, en lugar de discutir las reformas pertinentes para incorporar las justas demandas de los pueblos indios, nuevamente se ha preferido el claroscuro de la semilegalidad. el olvido de la letra y el espíritu de la legislación vigente, so pretexto de que no hay condiciones para reanudar el diálogo.

No dejemos de lado los problemas relativos a los crímenes políticos de 1994. También aquí han primado evidentemente intereses y presiones políticas por encima de cualquier consideración por el cumplimiento puntual y legal de las investigaciones policiacas. A pesar de que a estas alturas está claro que no se ha podido documentar ni las presuntas conspiraciones que llevaron al magnicidio de Colosio. ni las acusaciones contra Raúl Salinas de Gortari sobre su participación en el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu. todo indica que la presente administración preferirá mantener abiertos los casos antes que reconocer la verdad jurídica sobre los mismos.

Seguramente hay múltiples razones históricas, institucionales, educativas. religiosas, socioeconómicas y culturales que ayudan a explicar el desprecio que por la legalidad sienten no sólo los miembros de las élites políticas sino también gran parte de la población. La sola desigualdad inicua que padece nuestra sociedad, por mencionar una de estas razones, necesariamente genera la visión del derecho positivo como un sistema de amenazas para todos aquellos que apenas sobreviven en la pobreza y en la pobreza extrema. Lo mismo que promueve, indefectiblemente. la idea de que siempre es posible para los privilegiados negociar la aplicación de la ley. Si es obvio que no debe confundirse la igualdad ante la ley con la igualdad social, a nadie debiera escapar que inequidades económicas y culturales profundas convierten a las consignas de “ley y orden” y de “tolerancia cero” en declaraciones de guerra sucia contra los sectores más vulnerables.

Por otra parte, la mayor parte de nuestros códigos jurídicos fueron elaborados y modificados en la era del partido casi único, configurándose así, independientemente de las intenciones, como meros dispositivos para extorsionar y amenazar a los particulares. Mientras que la incipiente democracia electoral hasta ahora sólo se ha traducido en bloqueos legislativos, es decir, en unas cámaras que no atienden a otro interés que no sea el de las próximas elecciones, volviéndose incapaces por ende de cumplir su función constitucional. Hemos pasado así de un autoritarismo que utilizaba el derecho como mero instrumento de dominación vertical (lo que explica que los cuerpos policiacos y el propio poder judicial funcionaran siempre al servicio del poder y no de los ciudadanos), a un pluralismo en que cada fuerza política intenta sacar ventaja y privilegios de los ingentes huecos jurídicos existentes (lo que explica su renuncia a elaborar y pactar nuevas leyes).

Lo mismo puede decirse de importantes actores de la sociedad civil. La actitud de poderosos dueños de medios de comunicación ante la posibilidad de que se reglamente el derecho a la información es prueba contundente de su indisposición a ajustarse a una normatividad moderna, a unas reglas claras y relativamente fijas, y de su preferencia por la discrecionalidad de negociaciones oscuras y de contubernios puntuales. Con el apoyo, claro está, de ese nuevo personaje de nuestra picaresca política que es López Obrador.

Más allá de las razones diversas que explican esta situación, quizá lo primero que convendría reconocer —sobre todo en los ámbitos de las juristas y de los abogados— es que no contamos con un verdadero Estado de derecho, capaz de cumplir y hacer cumplir lo que dicta el derecho positivo. La cultura de la simulación, el pretender que porque se cubren las formas externas ya se tiene el imperio de la ley, es probablemente uno de los mayores obstáculos no digamos para resolver el problema, sino para reconocer siquiera su existencia y su gravedad.  n

Luis Salazar C. Filósofo. Profesor e investigador de la UNM.

El espectáculo Cocteau

RETRATOS CON  PAISAJE

POR JOSÉ JOAQUÍN BLANCO

El espectáculo Cocteau

A Jean Cocteau (1889-1963) se le consideró en vida lo que ahora llamaríamos un escritor light: ligero, frivolo, superficial y charlatán. Es probable que entre sus primeros y más persistentes enemigos se hayan contado André Gide y André Breton.

Era la época en que Gide buscaba una nueva seriedad para la literatura y se enfadaba por el travestismo, el exceso de duquesas y la dedicatoria al director de Le Figaro de Por el camino de Swann, de Proust. Gide siguió pensando, hasta su muerte, que Cocteau hacía puros números de music hall con el arte y la filosofía, meros espectáculos epilépticos y delirantes telones decorativos, agobiados por una egomanía y un narcisismo incontinentes.

Algo semejante pensaba Breton del Cocteau poeta: el surrealismo puesto en barata, transformado en pintoresquismo y diletantismo. Todos esos ángeles fatales de gimnasio, esos insomnes o sonámbulos, esos delirios de opio y cocaína, esas mescolanzas entre el catolicismo y los burdeles (Maritain protestó); esas coqueterías de una supuesta (y efectivamente iletrada: bric-à-brac de temas y tonos prestigiosos) metafísica hacia el box, el circo, el cine, el jazz, los oficios religiosos; la vanguardia artística como autopropaganda y sensacionalismo; esas nupcias verbosas entre el vivo y el muerto, el soñador y el soñado, etcétera.

Pero Cocteau siempre tuvo de su lado a una tropa de grandes apoyadores: Catulle Mendès, Proust, Colette, Satie, Picasso, Stravinsky, Milhaud, Auric, Poulenc, Radiguet, Villaurrutia, Auden, Genet, Truffaut.

Xavier Villaurrutia leyó un anticipado nocturno propio en Vocabulaire ( 1922) de Jean Cocteau:

Por supuesto, te acuestas como un ángel de nieve, más pesado que el bronce, más ligero que el corcho, sobre el amante cuyo espasmo finalmente le regocija; bajo tu fuego helado la carne se hace estatua, y a la larga, es preciso que, muerto, me acostumbre a recibirte en mi lecho. [Certes, vous vous couche: comme un ange de neige, I Plus que le bronze lourd, plus léger que le liège, / Sur l'amant dont le spasme enfin vous réjouit ; / Sous voire feu glacé le chair se fait statue, I Mais, à la longue, il faut, mort, que je m'habitue /A vous recevoir dans mon lit.]

Y escribió su famoso:

y mi voz que madura

y mi voz quemadura

y mi bosque madura

y mi voz quema dura,

después de leer juegos de palabras semejantes en Opéra (1927), sin duda el poemario más surrealista de Cocteau, explícitamente dedicado a los laberintos del lenguaje y la conciencia producidos por la “intoxicación” de la droga: “Voit les fenêtres sur la mer / Voile et feux naître sur la mer”. Dicen que tembló en México cuando el futuro autor de Nostalgia de la muerte representaba, como actor, Orfeo.

Cocteau sabía (Le Grand Ecart), y por supuesto también Villaurrutia, que semejantes juegos de palabras no provenían de Dadá ni de la cocaína, ni de los fumaderos de opio, sino de la minuciosa, deliberada, artesanía verbal. Victor Hugo, por ejemplo, villaurrutiaba: “Gall, amant de la reine, alla, tour magnanime I Galament, de l’arène à la Tour Magne, a Nîme”.

Aunque formó parte de los surrealistas del primer día, suele borrársele, como a Dalí, de ese exclusivista grupo pendenciero. Sus libros de poesía solían armar escándalo… antes de quedar olvidados. La poesía era cosa seria, aun la escritura automática, y no jugarretas snobs de exquisitos saltimbanquis. Mucha popularidad (y finalmente honores: la Academia Francesa, el doctorado honorario de Oxford); poco aprecio en medios letrados.

Sin embargo, muchos de sus libros siguen republicándose, treinta y cinco años después de su muerte, tanto o más que los de los surrealistas “puros”, seriesotes y ortodoxos. Y ya no se ven tan claras sus diferencias, en ciertos poemas precisos, con respecto a un Bretón o a un Eluard: naturalmente se adecuan al mismo racimo imaginativo y lúdico. Parece recobrar su lugar entre los mayores poetas de su generación (Opéra, Plain-Chant). La voz humana, poesía teatral para radio, es probablemente el monólogo más representado del siglo (1930; lo filmaron Rosselini en 1947, con Anna Magnani, y Jacques Demy, en 1957, como Le Bel lndifferent, con Edith Piaf. Francis Poulenc lo convirtió en ópera en 1959).

Algo semejante ocurre con sus novelas y sus obras de teatro. Como muchos narradores y sobre todo dramaturgos de su época (Gide, Claudel. Valéry, Giraudoux, Anouihl, Sartre, Camus), tomó mitos clásicos y culteranos —Edipo, Antígona. Orfeo. Ruy Blas, el Rey Arturo, Baco. la Bella y la Bestia— para aplicarlos al mundo moderno, o al menos para verlos desde una supuesta perspectiva contemporánea (lo onírico freudiano. las artes de vanguardia).

“Pero eso no es Orfeo ni Edipo: no hay conocimiento ni mensaje clásicos, sino frases y anécdotas tortuosas y snobs”, se clamaba”.

“¡Puro oportunismo cultural, diletantismo morboso y publicitario!”. “¿Tragedia en Cocteau? ¡Pero si Cocteau no sufre! ¡Simplemente se ofrece como espectáculo!”, exclamaba Gide. “¡Qué ángeles ni qué ángeles, son puros mayates o chulos de lupanar!”, se escandalizaría el puritano pontífice Bretón. Otro surrealista puritano. Paul Eluard. explotó ante La voz humana, el delirante monólogo telefónico dp una mujer abandonada: “¡Es obsceno! ¡Basta, basta! ¡Es a Desbordes [un amante de Cocteau] a quien estás telefoneando!”.

Efectivamente, suenan más a fábulas extravagantes que a metafísica o mitología serias, pero fábulas que siguen gustando, especialmente en sus versiones cinematográficas, y también en libro y en la escena. Proliferan estudios y monografías recientes sobre su obra y su exhibicionista biografía. Sus dibujos “de aficionado” son ya una marca esencial de la cultura francesa de entreguerras.

El mallarmeano Gide lo había llamado al orden desde un principio. Tenía excesivo talento, le dijo, para demasiadas cosas al mismo tiempo. Pintura, música, poesía, teatro, novelas, ensayos, periodismo y exhibicionismo. Pero era preciso elegir, depurar, profundizar. De otro modo desperdiciaba toda su pólvora en gesticulaciones, golpes teatrales, adaptación precipitada de obras y corrientes artísticas de moda… Cocteau no hizo caso: no eligió, no depuró, no profundizó.

Quiso serlo todo a la vez. a todo color y a todo volumen. Superficialmente, sobre las aguas (tiene por ahí un poema a nuestro vals “Sobre las olas”), en farsas que aspiraban a ser tragedias, te deums o epopeyas. ¿Y esa mescolanza oportunista de exquisiteces dispares. esa Belle Epoque en contubernio con el surrealismo, esos evangelios con pasos de cancán? ¿Tantos ángeles para una desvelada fiesta de locas? Escandalizaba a muchos lectores y espectadores de su tiempo.

“Moneda falsa, tics intelectualoides. esteticismo de boutique. espectacularidad de sexo y droga travestidos en ángeles, aleluyas y misereres”, se decía. Todo ello parece. ahora, perdonable. Produce una obra ciertamente extravagante pero también dotada de brillo, de energía, de imaginación instantánea, de perfiles únicos: juguetes artísticos. si se quiere, pero que siguen jugando  a la ruleta (la cual, nos recuerda de paso Cocteau fue inventada por el supremo filósofo Pascal.)

Todas estas contradicciones se concentran en su obra maestra: Los muchachos terribles 11929). Esta extraña novela arranca con una excelencia narrativa impresionante, que parece impulsarla a las alturas de Proust, de Gide. de Martin du Gard. de Mauriac: la soledad sentimental en la adolescencia. Los chicos de catorce años en el liceo, antes de descubrir su identidad sexual y de entrever sus destinos y personalidades. Sus pasiones bullentes e inmaduras se manifiestan de un modo arisco, y aun violento: las guerras de bolas de nieve a la salida de la escuela (bolas de nieve que suelen esconder una piedra). Y la apoteosis del valentón del grupo: Dargelos (quien devendrá uno de los ángeles tutelares de la obra de Cocteau: el valentón de barriada como un erótico “ángel de la muerte”).

Esta historia tan prometedora, sin embargo, pronto se vuelve teatro artificioso: un cuarteto de personajes más simbólicos que reales, en escenarios extravagantes como un gran palacio de millonarios, donde se extravían en una danza de reflejos, a partir de la maldición del incesto, revelada a última hora.

El lector deja de creer que eso sea una novela hacia la página 70. Aparece un music hall de yo y el otro, el cuerpo y el fantasma, el rostro y la máscara, la vida y la muerte, tan inverosímiles como artificiales, entre biombos y traspapeladas cartas en “neumático” dirigidas a uno mismo. El narrador se olvida de la novela y extrae sin continencia todo tipo de conejitos artístico-metafísicos del sombrero. Fracasa la novela. pero triunfa un “espectáculo Cocteau”. En cierto sentido. Cocteau siempre hace Parade, su desfile carnavalesco.

Acaso más que exigirle géneros, límites, congruencias, profundidad intelectual, pureza artística, haya que aceptar la extravagante obra de este creador multiforme como un “espectáculo Cocteau”. Los poemas siempre de la mano con los dibujos: las novelas con los ballets, los ensayos con la locuacidad de un declamatorio, oportunista, narcisista orador de radio: todo ello, siempre sumergido en su densa atmósfera teatral y cinematográfica.

Arte impuro, indudablemente: pero cada vez menos. El público parece aceptar el “espectáculo Cocteau”. y pedirle eso siempre: su brillantez, su humor, su colorido, sus grandes recursos operáticos, su metafísica de utilería y salón de belleza. Sus ángeles son menos bíblicos que Top Models, quienes se hacen los interesantes con cierto vestuario mitológico o gangsteril, como para anunciar calzoncillos Calvin Klein. Y algo en el premeditado caos de sus dramas, películas y poemas avizora de los recientes videos de MTV. Caleidoscopios veloces de imágenes, sensaciones e ideas poco rigurosas, pero siempre espectaculares. El espectáculo por el espectáculo mismo. Los videos de Madonna o Michael Jackson como consecuencia lógica de El testamento de Orfeo.

Sigue en el favor del público, que parece respetarlo más ahora que durante su clamorosa vida. ¿De qué asombrarse? Acaso algunas veces ocurra que la pureza del arte es mera invención ulterior de los profesores y los críticos: que en su origen y en su momento muchas obras hayan sido impuras, gesticulatorias, music hall, prestidigitación para mantener boquiabierto y babeando al público: acumulación histérica de detalles prestigiosos, frases declamadas, perfiles eróticos, bricolage clásico en cabarets, yates y pistas de patinaje.

Tal vez el nimbo de pureza y trascendencia sea posterior a la creación de las obras, fruto del tiempo, que algunas llegan a conquistar gracias a la devoción y el respeto de generaciones ulteriores. Un don que el lector o el público les confieren. Algunas películas (La sangre del poeta. La Bella y la Bestia), poemas, crónicas (Portraits-Souvenir. El libro blanco), relatos, obras de teatro (Orfeo) de Cocteau lo están finalmente conquistando.  n

José Joaquín Blanco. Escritor. Su más reciente libro es Pastor y ninfa. Ensayos de literatura moderna (Cal y arena).

Fuentes: Jean Cocteau: Romans, Poésies. Oeuvres diverses. Ed. B. Benech. La Pochothèque. Le Livre de Poche. París. 1995. ( Las obras de Cocteau están dispersas en las editoriales Gallimard. Du Rocher. Grasset. Stock, etcétera.) Mauriac. Claude: Jean Cocdeau ou la Vérite du Mensonge. Paris. Odette Lieulier. 1945: Fraigneu. André: Cocteau par lui- méme. Paris. Seuil. 1963: Brown. Frederick: An Impersonation of Angels. Biography of Jean Cocteau. Nueva York. The Viking Press. 1968: Steegmuller. Francis: Cocteau. ,A Biography. Boston. Little. Brown & Co.. 1970: Crow son. Lydia The Esthetic of Jean Cocteau. Honover. V H.. The University Press of New England. 1978: Peters. Arthur King: Jean Cocteau and his World. Nueva York. Vendóme Press. 1987: Touzot. Jean: Jean Cocteau. La Manufacture. 1989

Entrevista con Roberto Mangabeira Unger

LA ALTERNATIVA AL NEOLIBERALISMO

UNA ENTREVISTA CON ROBERTO MANGABEIRA UNGER

POR ROLANDO CORDERA Y ADOLFO SÁNCHEZ REBOLLEDO

R.C. . Hablas de Una alternativa práctica al neoliberalismo, es un libro que lia empezado a circular en México, que va más allá de un diagnóstico de la situación; quiere ser una propuesta, una convocatoria. una llamada a la agitación.

¿Por qué hablar de alternativa al neoliberalismo? ¿Estás pensando en que hay otros caminos en el mundo global actual?

Después del colapso del comunismo quedó la idea de que hay un camino único en el mundo. La posición de los progresistas es comúnmente una posición débil. Ellos aceptan la idea del camino único y se proponen humanizarlo. Entonces, el programa de ellos es el programa del camino único con un descuento, es la humanización de lo inevitable. Nosotros decimos que es necesario sustituir lo inevitable y no humanizarlo.

A.S.R.: Eso es una revolución. En el sentido clásico, el cambio de estas condiciones implicaba una revolución. Pero la idea de revolución ha quedado cancelada.

En la historia del pensamiento social y político moderno, la idea de cambios estructurales está asociada a la idea de una gran mudanza sistémica y revolucionaria, como en el marxismo clásico. Y la idea de mudanzas fragmentarias, acumulativas, está asociada al rechazo de la idea de cambios estructurales. Nosotros queremos combinar el compromiso con el cambio estructural y la idea de una política gradual. una política que hace cambios fragmentarios acumulativos. Es, por tanto, un reformismo radical y busca un camino diferente al camino del neoliberalismo.

A.S.R.: ¿Sobre qué bases pueden sustentarse realmente estos desarrollos nacionales, sin convertirlos en una especie de coartada —digamos—, para no aceptar simplemente la ideología neoliberal pero hacer la política neoliberal?

La globalización es un pretexto para la abdicación de proyectos nacionales. Nosotros presentamos una propuesta con tres vertientes. La primera vertiente es la idea de crear un Estado fuerte, enriquecido, actuante. Ese Estado tiene que contar con una base tributaria fuerte, encima del 30% del producto interno bruto, también con una movilización de los recursos nacionales y, por tanto, con un alto aforo interno, organizado públicamente; un aforo privado obligatorio, proporcional a la renta de las personas; de construir entre el aforo en la producción, canales no fuera del sistema tradicional de los bancos privados y de las bolsas de valores. La segunda gran vertiente de nuestra propuesta es la idea de una economía política antidualista. La economía mundial está siendo reorganizada como una red internacional de vanguardias productivas. Entonces, en países como México hay una pequeña isla vanguardista, aislada del resto de la economía, volcada para afuera. Y la tarea del Estado en el proyecto neoliberal sería promover la integración de esa vanguardia a la economía mundial y pacificar socialmente a la mayoría excluida. Nosotros decimos que un desarrollo sostenible y un desarrollo democratizante sólo son posibles en el marco de un esfuerzo para superar ese dualismo, esas decisiones de vanguardia y retaguardia.

Hay, por tanto, tres grandes instrumentos para eso. El primer instrumento es desarrollar un paquete de derechos sociales, no para alcanzar la igualdad, que es un objetivo distante, sino para garantizar las capacidades básicas de las personas, con prioridad absoluta para los niños, para las madres, sobre todo las madres solteras, y el vínculo entre la familia y la escuela. El segundo instrumento es una forma de descentralización estratégica, de coordinación descentralizada, participativa y experimentalista entre el Estado y las pequeñas y medianas empresas de la retaguardia. No debemos escoger entre el modelo americano, un Estado que regula a la distancia las empresas, y el modelo asiático, de una política industrial formulada de manera centralista y burocrática por élites. Debemos cultivar un gran número de fondos sociales, de centros de asistencia descentralizados y competitivos, abocados para levantar y transformar la retaguardia. El tercer instrumento de este proyecto antidualista es la idea de que dentro de la economía privada de gran capital no debemos imponer el capitalismo a los capitalistas. Lo que nos enseñamos en América Latina es un pseudocapitalismo oligopólico, nepotista. dependiente de los favores ocultos del Estado. Dicen que quieren competencia. Vamos a darles competencia real.

La tercera vertiente de este proyecto es la idea de que todo eso debe establecerse en el clima de una política popular de alta energía. No puede ser el regalo de una tecnocracia autoritaria, iluminada, a un pueblo pasivo. Por eso, en primer lugar, proponemos reformar el régimen  presidencialista latinoamericano, para dotarle de mecanismos para resolver rápidamente los impases. Los regímenes presidenciales, como el brasileño o el mexicano, fueron diseñados para la parálisis. Cuando la Constitución sea un documento real, podremos crear los mecanismos del plebiscito y del referéndum de un lado, y de elecciones anticipadas de otro, para resolver los impases programáticos. Y estos deben ser, dentro de la democracia representativa, elementos de democracia directa. En segundo lugar, vamos a dotar de medidas que eleven el nivel de movilización política de la sociedad. Por ejemplo, por el financiamiento público de las campañas electorales, por el rompimiento de los oligopolios de televisión y por el acceso ampliado a los medios de comunicación de masas en favor de los partidos políticos y los movimientos sociales. Y tercero: vamos a asegurar a las personas instrumentos prácticos de asistencia judicial para poder conocer y reivindicar sus derechos. De eso se trata una política de alta energía.

Por lo tanto, nuestra propuesta es una propuesta simultáneamente de profundización de la democracia y democratización de la economía de mercado. Es un experimentalismo democrático por la vía de la innovación institucional.

R.C.: Pero esto lleva tiempo. No se logra simultáneamente. Sí. claro, no todo al mismo tiempo.

R.C.: En el tiempo, poner por delante el combate al dualismo, por ejemplo, puede abrir la puerta a que por la vía del contrabando se proponga una vuelta atrás, a la visión nacional popular o populista, o nacionalista incluso.

Si hay problemas afuera, aquí en el neoliberalismo hay la base para una oscilación constante entre ortodoxia económica y populismo económico. La masa excluida, esa masa que está fuera de la vanguardia, va a buscar la revancha por la política, y esa revancha va a arrebatar. Entonces, los demagogos populistas y el Fondo Monetario Internacional son socios, destruyen las bases de un desarrollo real.

A.S.R.: Hay una cuestión política que me parece de la mayor importancia. Todo este programa está sustentado, en términos por lo menos teóricos, en una alianza centro-izquierda. Me cuesta mucho trabajo identificar al centro con la clase media y a la izquierda con determinados sectores. ¿Cuáles son los sujetos de esta gran alianza de centro-izquierda y qué la define —digamos— en este contesto?

En muchos países latinoamericanos, el contenido más importante de las categorías de centro-izquierda no es político, es social. En cualquier centro que haya en América Latina, las personas procuran definirse en función de una situación histórica. Entonces, en muchos países se puede decir: la izquierda son los que presentan una genealogía histórica. Yo veo que la genealogía es el sustituto del proyecto. Y quién era el centro. El centro tú lo conoces: están los que no dicen nada. El centro son los que objetivamente pueden estar en la situación de outsiders. Lo que nos importa es una gran alianza popular y nacional, que incluya grandes sectores de la clase media. Y los agentes de esta alianza pueden venir de la izquierda tradicional y de otras áreas liberales o conservadoras. Lo que importa es la intención política, la audacia, la capacidad de armar la acción política con la imaginación institucional.         n

Roberto Mangabeira Unger. Profesor de Derecho en la Universidad de Harvard en Estados Unidos. Miembro de la Academia Americana de Artes y Ciencias y coautor con Ciro Gomes, un político brasileño muy destacado, del libro Una alternativa práctica al neoliberalismo (Océano). Adolfo Sánchez Rebolledo. Es coordinador general de Nexos TV.

Subrayados

SUBRAYADOS

Estos son los subrayados de la lectura que hizo José Carlos Castañeda del libro Pensamientos de Giacomo Leopardi. publicados por la editorial Pre-textos.

XXV

No hay nadie tan plenamente desengañado del mundo, ni nadie que lo conozca con tanta hondura ni que lo odie tanto que, al notarle un rasgo benévolo, no se reconcilie un poco con él: como no conocemos a nadie tan malvado que. al saludamos cortésmente, no nos parezca menos malvado que antes. Observaciones que valen para demostrar la debilidad del hombre, no para justificar ni a los malvados ni al mundo.

XXVII

No hay mayor muestra de poca filosofía y de poca sabiduría, que la pretensión de que la vida entera sea sabia y filosófica.

XXXIV

Los jóvenes muy comúnmente creen que parecen amables fingiéndose melancólicos. Y a lo mejor, cuando es fingida, la melancolía puede gustar durante breve tiempo, sobre todo a las mujeres. Pero cuando es genuina la rehuye todo el género humano; y a la larga sólo place y medra en el trato con los hombres la alegría: porque en última instancia, en contra de lo que piensan los jóvenes, al mundo, y no le falta razón, lo que le gusta no es llorar, sino reir.

XXXVII

No hay rasgo humano más intolerable en la vida corriente, ni efectivamente menos tolerado. que la intolerancia.

XLVIII

El tamaño del amor que la naturaleza nos ha infundido para con nuestros semejantes, puede comprenderse por lo que hace cualquier animal, y el niño inexperto, si llega casualmente a ver su imagen en un espejo: pues, creyéndola una criatura semejante a sí, se pone furioso y frenético, y trata por todos los medios de dañar a esa criatura y de matarla. Los pajarillos domésticos, mansos como son por naturaleza y por hábito, se lanzan contra el espejo rabiosamente, chillando, con las alas enarcadas y el pico abierto, y le dan golpes: y el mono, cuando puede, lo arroja al suelo y lo pisotea.

LVIII

Los tímidos no tienen menos amor propio que los arrogantes; incluso tienen más, o digamos que el suyo es más sensitivo; y por eso temen: y se guardan de provocar no porque tengan en mayor aprecio al prójimo que los insolentes y los osados, sino para evitar que los provoquen, dado el extremo dolor que experimentan ante cada provocación.

LXVII

Con poca propiedad se dice que el tedio es un mal común. Lo común es estar desocupado, o mejor dicho sin saber qué hacer; no aburrido. El tedio sólo es propio de aquellos en quienes el espíritu es algo. Cuanto más peso tiene el espíritu en uno, más frecuente, penoso y terrible es el tedio. Casi todos encuentran suficiente ocupación insulsa; y, estando del todo desocupados, no experimentan demasiado pesar. De ello se deriva que a los hombres de sentimiento se les comprenda tan poco en lo tocante al tedio, haciendo que el vulgo unas veces se maraville y otras sería cuando al hablar del mismo se duelen con esa gravedad de palabras con que se trata de los mayores y más inevitables males de la vida.

LXVIII

En cierto modo, el tedio es el más sublime de los sentimientos humanos. No ya porque yo crea que del examen de tal sentimiento se deriven esas consecuencias que muchos filósofos han supuesto, sino porque el no poder quedar satisfecho de ninguna cosa terrena, de. por decirlo así. la tierra entera; contemplar la amplitud incalculable del espacio, el número y la mole maravillosa de los mundos, y hallar que todo es poco y diminuto para la capacidad de la propia alma: imaginarse el número infinito de los mundos, y el universo infinito, y sentir que nuestra alma y nuestro deseo serían todavía más grandes que un universo así; acusar siempre a las cosas de insuficiencia y de nulidad, y sentir falta y vacío y además tedio, me parece a mí el mayor signo de grandeza y de nobleza que cabe ver en la naturaleza humana. De ahí que los hombres de ningún mérito apenas conozcan el tedio, y muy poco o nada los restantes animales.

LXXVI

No hay nada más inusual en el mundo que una persona habitualmente soportable.

LXXVIII

…Entre los hombres es inmenso y terrorífico el poder de la risa: frente al cual nadie en su fuero interno, se siente por completo inmune. Quien tiene el atrevimiento de reír es dueño del mundo, diferenciándose poco de quien está preparado para morir.

LXXIX

…La naturaleza, benévolamente, como acostumbra. ha dispuesto que el hombre aprenda a vivir conforme va desengañándose de las razones de vivir…

LXXXIX

Quien trata poco con los hombres rara vez es misántropo. Misántropos auténticos no hay en la soledad, sino en el mundo: porque del uso práctico de la vida, y no de la filosofía, se deriva el odio a los hombres. Y si alguien que lo es se retira de la sociedad, pierde en el retiro la misantropía.

XC

Yo conocí a un niño que cada vez que era contrariado por su madre de alguna manera, decía: “Sí, sí: mi mamá es mala”. Con no distinta lógica discurren sobre el prójimo casi todos los hombres, aunque no se expresen con la misma sencillez.               n

Globalización y neoliberalismo

GLOBALIZACIÓN Y NEOLIBERALISMO

UNA CONVERSACIÓN CON HÉCTOR AGUILAR CAMÍN, JORGE G. CASTAÑEDA Y ROLANDO CORDERA CAMPOS

Hay dos temas centrales para organizar nuestro debate político de fondo en México, en América Latina y en el mundo entero: la globalización y las alternativas al neoliberalismo. Sea que nos refiramos a la crisis bancaria y al Fobaproa, sea que nos preocupemos por la improductividad de Ia política democrática plural en México y en otras partes de América Latina, sea que pensemos una y otra vez en la pobreza extrema que cruza los continentes, al final llegamos a preguntas básicas. ¿Hacia dónde vamos en el mundo que convenimos todos en definir o describir como un mundo global y globalizado? ¿A dónde nos llevan las políticas que se han puesto en práctica a partir sobre todo de la gran crisis internacional de la deuda y que se resumen en el vocablo neoliberalismo? ¿Hay alternativas para ellas? Este es el debate al que México deberá entrar rumbo al año 2000 y al cambio de los poderes federales de ese año.

Rolando Cordera

Hasta el momento, globalización y neoliberalismo han sido presentados como un mismo binomio. ¿Tiene sentido entonces, asumiendo que se trate de un proceso histórico de cambio, de reorganización del mundo, plantearse una alternativa al neoliberalismo?

Jorge G. Castañeda

Creo que el enigma y la complicación reside justamente en esta relación de sinónimos que se ha establecido entre globalización y neoliberalismo. Lo que se ha querido plantear en este esquema del “pensamiento único”, de “consenso de Washington” o como se le quiera llamar, es que frente a la globalización. que es un proceso real, no hay más alternativa de política pública que el llamado neoliberalismo, siendo que en realidad uno puede perfectamente, y es lo que hace Mangabeira, escindir los dos términos, separarlos: es decir, por un lado, hay un proceso de globalización que es irreversible, inmodificable. es una realidad (hasta Fidel Castro lo acepta, que ya es mucho decir), y por el otro hay las políticas públicas nacionales, regionales, locales, municipales que se pueden seguir en este nuevo contexto. Ahí es donde Mangabeira, creo que Laídi y en todo caso yo también, discrepamos de este “consenso de Washington”, en el sentido de que hay varias maneras de insertarse en la globalización. varios esquemas de políticas públicas que existen y que llevan a rechazar la relación de sinónimos entre uno y otro.

Héctor Aguilar Camín

Efectivamente, la globalización es una realidad que no creo que esté sujeta a discusión, no hay alternativa a un mundo globalizado: es un proceso galopante de integración financiera, bursátil, comercial que es parte de la historia del mercado mundial. El mercado mundial es una cosa que ha existido siempre, pero al final del siglo XX ha dado como un salto extraordinario en el proceso de integración comercial y de globalización financiera. Ese es un dato de la realidad, no es algo que haya que discutir. Vivimos en un mundo globalizado. no hay manera, de sustraerse a esa globalización y los que están sustraídos están sustraídos para mal. En realidad, las oportunidades que trae la globalización sólo están a la mano para los que están dentro del juego. Los que están fuera del juego, como algunos países africanos, están verdaderamente fuera de las posibilidades del mundo moderno.

Rolando Cordera

¿Tú dirías que estas oportunidades son únicas —digamos—también en el sentido de tomar las oportunidades?

Héctor Aguilar Camín

Coincido con Jorge Castañeda en que hay distintas maneras de jugar este juego, y que hay quienes lo juegan con muchas ventajas y otros que lo jugamos con muchas desventajas. No es un juego parejo. No es verdad, como dicen, que las oportunidades estén ahí para todos; es evidente, por ejemplo, que para las finanzas norteamericanas el juego es muchísimo más ventajoso que para las finanzas mexicanas o para las finanzas francesas; están en el comando del juego. Eso tiene un riesgo también extraordinario, porque son ellos al final quienes tienen que hacerle frente a los agrandes agujeros que presenta la globalización.

¿Qué es lo que estamos viendo? Aparece el gran agujero asiático, ¿quién se hace cargo del agujero asiático? Bueno, el jefe del juego, que son las finanzas norteamericanas. Aparece el agujero ruso, y ¿quién se hace cargo? Probablemente se va a tener que hacer cargo la banca alemana, con graves implicaciones para la unidad europea, pero al final, detrás de la banca alemana, ¿quién se va a hacer cargo ? Probablemente las finanzas norteamericanas.

Entonces, el riesgo mayor de este juego es que Estados Unidos no aguante el comando del juego. Todo el mundo quiere venderle a Estados Unidos; las finanzas norteamericanas tienen que hacerse cargo de los huecos financieros y cuando Estados Unidos no pueda hacerse cargo de lo que le quieren vender ni de los agujeros financieros que está creando la globalización, ¿qué va a suceder? Estados Unidos puede no tener recursos suficientes para hacerle frente a los grandes agujeros financieros y comerciales de la globalización.

Jorge G. Castañeda

Eso es cierto; Estados Unidos puede sin duda librar, como se decía hace mucho tiempo en el Departamento de Defensa, dos guerras y media, o dos crisis financiero-económicas y media, simultáneamente, pero tres, cuatro o cinco quizá sea ya demasiado. Si vamos al problema asiático, que es ante todo el problema de Japón, y el problema ruso…

Rolando Cordera

Euroasiático.

Jorge G. Castañeda

Euroasiático. Si hubiera una devaluación del luan chino y hubiera problemas en Alemania, quién sabe si Estados Unidos tendrá capacidad para hacerse cargo de una siguiente crisis, por ejemplo la mexicana.

Rolando Cordera

Estos fenómenos de la globalización que están impactando e implicando a todo el mundo, ¿no le plantean al proceso pies de página —digámoslo así—? ¿No plantean la necesidad de revisar el proceso mismo?

Jorge G. Castañeda

Creo que hay un vacío de regulación internacional, que es un primer punto creo que muy claro. Se pasó del mundo de Bretton Woods al mundo del Fondo Monetario Internacional (sin esquema pero con fuerza suficiente para regular), a un mundo, hoy. sin regulación. Y de las partes más extrañas, de las fuerzas más insólitas se escuchan llamados, clamores ya casi, para que exista algún tipo de regulación internacional. Desde Soros hasta Joe Stiglitz. del consejo de asesores económicos de Clinton; desde los alemanes hasta los japoneses, desde Chile hasta Indonesia, se requiere, se exige algún tipo de regulación internacional de esta globalización. Porque en efecto, la regulación nacional o regional ya no es eficaz, ya no funciona, pero tampoco se puede aceptar que desaparezca por completo toda regulación en el mundo. Entonces hay un problema mundial de transición, de pasar de una época de cierto tipo de regulación de flujos financieros y comerciales a otra que no tiene regulación.

Estados Unidos debería estar a la cabeza de esto, pero como tienen una especie de sentimiento originario, de pecado original si se quiere. de antirregulacionismo y de ser además la principal potencia económica y financiera del mundo, piensa que les conviene más un mundo sin regulación que con regulación internacional: por lo tanto, los únicos que podrían estar a la cabeza de un movimiento de este tipo no lo están. Pero es inminente el principio de un proceso de regulación.

Rolando Cordera

Vamos a un nuevo Bretton Woods, dirías tú.

Jorge G. Castañeda

Bueno, es una metáfora…

Rolando Cordera

Incluso hay un comité internacional pensando en lo de Bretton Woods.

Jorge G. Castañeda

Hay un comité, exactamente, que empezó en el 50 aniversario de Bretton Woods, y que Mitterrand en algún momento también planteó. Creo que vamos hacia eso, y que es inevitable. Yo no conozco a nadie que pueda saber cuáles son los detalles, pero creo que hay un creciente consenso en el mundo, entre los grandes centros, de que se tiene que construir una forma de regulación internacional.

Rolando Cordera

La globalización dejada a sí misma —digámoslo así— nos trae sobresaltos financieros crecientes.

Héctor Aguilar Camín

Como el mercado dejado a sí mismo. Para que el mercado opere tiene que haber una regulación muy precisa, milimétrica, que garantice una competencia dentro de ciertas reglas del juego, que son absolutamente intencionadas y específicas. Si no hay regulación del mercado, el mercado sólo conduce a las crisis sistemáticas que previeron los grandes pensadores del siglo XIX, eso está clarísimo. Ahora, hay un vacío…

Rolando Cordera

Derivado de todo esto, en el otro lado hay una pobreza creciente, extrema. Incluso hay inequidad, que se suponía por lo menos superada o congelada a lo largo de la época de oro del capitalismo.

Héctor Aguilar Camín

No creo que haya muchas respuestas en las fórmulas de la globalización; no creo que haya muchas fórmulas que estén pensando en cómo resolver la pobreza. Este es uno de los grandes agujeros de todo el planteamiento de las nuevas condiciones del mercado mundial. Es verdad que esta globalización ofrece posibilidades de desarrollo, de capitalización, de igualación tecnológica que no había habido antes; y es verdad que hemos visto a los países que han jugado bien este juego pasar muy rápidamente de una situación de subdesarrollo a una situación de crecimiento y de prosperidad. Lo hemos visto en algunos países de América Latina como Chile, lo hemos visto en países del sureste asiático. Y quienes juegan bien este juego tienen grandes oportunidades de quemar etapas en el desarrollo.

Pero ni desde el mundo desarrollado ni desde las fórmulas en curso para lidiar con la globalización está planteado el problema, quizá crucial para nosotros, que es: ¿esta globalización va a arrastrar efectivamente a nuestro continente de pobreza? Yo no veo que esto se resuelva por sí mismo: esto tendrá que ser parte de políticas específicas de países que tienen estos problemas, como México o como Brasil, para resolverlo adicionalmente a la manera como resuelvan jugar el juego de la globalización. Se puede jugar el juego efectivamente o de una manera poco rigurosa, poco eficaz. Pero no basta jugar bien ese juego para resolver los temas de la pobreza. Eso implica políticas públicas específicas y una atención nacional de los Estados y de las sociedades para estar en condiciones de quemar etapas y resolver esos problemas.

Rolando Cordera

Globalización y neoliberalismo de la mano han supuesto, han implicado, desregulación, privatización, liberalización. el “consenso de Washington”. Y ustedes insisten más bien en que la globalización requiere regulación. ¿Qué podríamos precisar?

Jorge G. Castañeda

Regulación internacional, regional e incluso nacional. Pongamos un ejemplo en estas épocas de turbulencia financiera: hay países que tienen una serie de controles más o menos eficaces, más o menos sólidos, de los flujos de capital especulativo: en América Latina el mejor ejemplo es Chile. Hay países que no los tienen por distintas razones. Todo indica que los que tienen más controles, hasta ahora, resisten un poco mejor las turbulencias financieras internacionales que los que no los tienen. ¿Por qué? Porque dependen menos, entran menos los capitales y por lo tanto, cuando salen, salen menos y provocan menos turbulencias. Hay un costo también, sin duda. Decidir de antemano que uno no quiere aprovechar parte de los enormes flujos financieros que están en el mundo significa condenarse a no utilizar ciertos recursos disponibles. Pero como ya se conoce el costo de esos recursos, a lo mejor es preferible esa opción. Y hay opciones nacionales y regionales de esa regulación.

Ya no es una tesis heterodoxa, extremista, casi fanática, es una tesis que. entre otros, como dije, ha sido apoyada por gentes como el propio George Soros, el jefe de los especuladores, el que más quedaría perjudicado.

Rolando Cordera

Y que pide: “regúlenme, por favor”.

 Jorge G. Castañeda

El sabe cómo es la cuestión y dice: “contrólenme, regúlenme, limítenme”. ¿Por qué? Porque ven el costo de esta liberalización a ultranza de los flujos financieros. Entonces, yo creo que ahí es donde empezamos a ver la separación entre globalización y neoliberalismo. La globalización es un hecho, el neoliberalismo es una respuesta; quizás el neoliberalismo fue la primera respuesta: no es la única ni necesariamente la mejor.

Héctor Aguilar Camín

Este vacío institucional y de desregulación internacional, impone que los países se hagan cargo: los Estados nacionales deben jugar bien este juego, porque no hay nadie que vaya a sacarlos del agujero cuando entren en él. Característicamente, el Fondo Monetario Internacional llega después, cuando los países ya están hundidos, y llega con recetas de hace diez años; no hay un marco institucional preventivo. Entonces, las instituciones llegan después con recetas antiguas: recetas de ajuste, recetas de resolver las cosas apretando la economía.

Rolando Cordera

Recetas, incluso, intervencionistas, contrariamente a sus propias reglas, como lo enunció Feldstein, de todos los nombres imaginables, en el caso de Corea y el Fondo Monetario.

Héctor Aguilar Camín

Cada país tiene que hacerse cargo de lo realmente fundamental, y debe tener su casa en orden.

Rotando Cordera

¿Qué quiere decir tener la casa en orden?

Héctor Aguilar Camín

No tener déficit infinanciables, no tener deuda pública que vaya más allá de la capacidad efectiva de pago de la economía; no tener déficit ocultos, no gastar más, tener equilibrios macroeconómicos reales; no como tenemos en México o en Brasil, que son equilibrios técnicos, pero a la hora en que hay que gastar nuestros Estados están siempre sobregirados, asumiendo compromisos que no pueden ni rechazar ni financiar.

Y entonces, aparecen los grandes agujeros y es la misma historia del sureste asiático, de Japón y de Rusia. Han prestado más de lo que tienen, les han pagado menos de lo que esperaban recibir, han tenido más déficit internos que los que habían presupuestado y al final llegan los George Soros del mundo y van localizando los puntos débiles y golpean los puntos débiles con gran precisión, porque ahí están esos puntos débiles. ¿Qué es lo que hay que hacer como primera condición para jugar este juego? Tener tu casa en orden, no tener estos agujeros, no permitir que vengan los señores Soros a tomar tus debilidades y a generar corridas contra tu moneda porque la estás deteniendo de un modo artificial.

Ahora, estar en orden tampoco es una garantía de que no te vayan a golpear las cosas porque ¿qué es lo que sucede automáticamente? Están las inversiones, en lo fundamental del mundo desarrollado, sobre las economías emergentes, y de pronto hay una pequeña crisis, un Efecto Tequila o un Efecto Dragón o un Efecto Vodka y entonces los grandes fondos de pensiones, que son los grandes fondos que andan girando por el mundo, dicen: “bueno, mientras pasa la turbulencia mundial retirémonos de los mercados emergentes y volvamos a los bonos de la tesorería norteamericana”. Y los retiran, sin importar si tus economías están bien en sus fundamentos o están mal. De manera que eso tampoco es una garantía de que te va a ir bien, pero sí es una garantía de que te va a ir menos mal en la turbulencia internacional.

Jorge G. Castañeda

Hay que agregar un elemento. Se puede tener la casa en orden en distintos equilibrios. Yo comparto completamente el punto de vista de Aguilar Camín en cuanto a que es necesario respetar ciertos equilibrios macroeconómicos, pero se pueden respetar a distintos niveles. Una de las tesis más importantes de Roberto Mangabeira yace justamente en el punto de cuál es el nivel de equilibrio fiscal conveniente.

Con la excepción, un poco, o muy peculiar, de Brasil en América Latina, los equilibrios fiscales macroeconómicos se sitúan entre el 15 y 20% del producto interno bruto; es decir, el gasto público y la recaudación total es más o menos idéntica y más o menos se sitúa entre 15 y 20%: se trata de la mitad y la tercera parte de los niveles del mismo equilibrio en Estados Unidos o en Europa o en Asia del sureste, antes de la debacle. En los tres casos hay equilibrios. Perú tiene un equilibrio del 10%, Estados Unidos tiene un equilibrio del 30% del PIB y Suecia tiene un equilibrio del 50%. ¿Cuál es el mejor? Pues no se trata de mejor o peor, son opciones políticas sobre el tipo de sociedad que uno quiere.

   Rolando Cordera

Eso nos lleva al problema de ¿qué hacemos con el Estado? ¿Cuál es el papel atribuible al Estado en estas condiciones?

   Jorge G. Castañeda

Lo que sostiene sobre todo Mangabeira. y yo en todo caso estoy de acuerdo, es que no se pueden construir o conservar sociedades cohesionadas, solidarias, no demasiado desiguales (no digo igualitarias, digo no demasiado desiguales), sin tener un nivel de gasto público, de recaudación y de presencia del Estado menor a un 30 ó 35% del producto interno.

Rolando Cordera

¿Estás diciendo que el equilibrio actual latinoamericano y desde luego el nuestro, el mexicano, no es el bueno?

Jorge G. Castañeda

Radicalmente insuficiente.

Rolando Cordera Radicalmente insuficiente para nuestras propias condiciones.  

Jorge G. Castañeda

Sí, si queremos otro tipo de sociedad. Si estamos a gusto, contentos, satisfechos con la sociedad que tenemos, con los niveles de pobreza, de desigualdad, de violencia, de inseguridad, podemos perfectamente mantenemos en este equilibrio y tratar de resolver los problemas que se puedan a este nivel.

Si queremos otro tipo de sociedad, y no me refiero a una sociedad igualitaria, socialista, utópica, simplemente una sociedad más solidaria, a la europea, a la canadiense, a la japonesa, entonces sí tenemos que ir hacia otros niveles. Es una opción de sociedad.

Héctor Aguilar Camín

Yo plantearía las cosas de otro lado. Si queremos tener un Estado, una sociedad que esté en condiciones de resolver nuestro problema mayor, el nuestro y el brasileño, que es que la mitad de nuestra sociedad está fuera del mercado, fuera del desarrollo, fuera de las oportunidades, necesitamos un Estado fuerte, necesitamos un Estado que sea capaz de damos seguridad, que es la base del Estado, pero también de desarrollar la infraestructura, que es la base sobre la que se han desarrollado Estados Unidos y las otras potencias del mundo, y atender, hacerse cargo de la mejoría de lo que llaman el capital humano de las personas, es decir, la salud y la educación. Si no tenemos un Estado capaz de hacer eso, no vamos a tener más que la repetición de lo que hemos visto hasta ahora, sociedades duales con grandes conflictos internos.

¿Cuál es la condición para que tengamos un Estado capaz de hacer eso? Creo que la condición es que ese Estado tiene que recoger de la sociedad, el Estado mexicano en particular, mucho más dinero del que recoge. El Estado mexicano recoge el 14% del PIB de impuestos y si uno le quita el petróleo (es un saqueo el que hace el Estado mexicano de la empresa petrolera), entonces está recogiendo como el 11 o el 10%. Así uno no puede esperar que ese Estado haga nada serio en términos de consolidar la estructura sobre la cual tiene que darse cualquier tipo de desarrollo, de centro-izquierda, de centro-derecha o de centro-centro.

Rolando Cordera

El pluralismo político que vivimos ya en México, ¿es favorable o desfavorable a un proyecto de Estado como el que estás sugiriendo?

Héctor Aguilar Camín

El pluralismo político dificulta mucho llegar a ciertos consensos básicos. Sucede en México que no estamos siendo capaces de llegar a esos consensos porque la competencia política y electoral va primero.

Rolando Cordera

Pero el poco pluralismo político anterior tampoco nos llevó a ese equilibrio deseable.

Jorge G. Castañeda

Tampoco nos llevó. Había un consenso —por así decirlo— no unitario, sino autoritario y arbitrario.

Héctor Aguilar Camín

Entonces necesitamos ciertos consensos con base en esto, es decir: las fuerzas políticas tienen que llegar a un acuerdo para darle la mala noticia a la sociedad mexicana de que necesitan cobrarle más impuestos y de que tienen que pagar las cosas.

Jorge G. Castañeda

Y. por definición, esto sólo puede lograrse por consenso. Porque si no es así, los que estén fuera del acuerdo van a bombardear a los que están adentro: “usted señor, usted señora, mejor vote por mí porque yo no le voy a quitar dinero: ellos son los que le quieren quitar su dinero”.

Héctor Aguilar Camín

“Y yo no voy a subir los impuestos. Tampoco voy a arreglar nunca los problemas de esta sociedad, pero no voy a subir los impuestos”. Entonces, así es imposible y empieza la gran dificultad. Al final, lo que hay es una gran dificultad política de llegar a un acuerdo que movilice a la sociedad, de centro-izquierda, de centro-centro, de centro-derecha, hacia ese objetivo común. Si queremos tener un país serio, viable, capaz de remolcar a la mitad de su población del golfo de la pobreza, necesitamos pagar el desarrollo y necesitamos pagarlo sanamente, ni con deudas infinanciables ni con déficit infinanciables, sino con un Estado capaz de recoger el dinero que hace falta. Ahora, un Estado vigilado también por su sociedad, de manera que no nos suceda lo de antes, que teníamos un Estado autoritario y arbitrario no vigilado, y sus cuentas públicas eran un desastre.

Jorge G. Castañeda

Pero no debe ser un pretexto, porque eso es lo que nos está pasando en México. La indudable corrupción anterior, los derroches anteriores indudables, se están convirtiendo en un pretexto para seguir sin cambiar las cosas ahora que ya hay capacidad de evitar la corrupción y de evitar el derroche. “Igual se van a robar todo y mejor no pago impuestos”. No, ahora se puede evitar que roben, ahora sí se puede. Igual la gente no sólo no quiere pagar impuestos sino los partidos y sectores importantes de la sociedad siguen oponiéndose a una mayor recaudación, a una mayor tributación, utilizando el pretexto de la corrupción.

Rolando Cordera

Y en ese consenso raro del que hablaba Aguilar Camín, de centro-izquierda, centro-centro, centro-derecha, en todos lados se encontrarían cohortes para este consenso: no pagar impuestos, no gastar.

Jorge G. Castañeda

Yo creo en cambio que el consenso intelectual, conceptual o técnico que hay desde la izquierda hasta la derecha, en toda América Latina y en Estados Unidos, es de que la única manera es cobrando los impuestos, a diferencia de lo que dice el consenso político. Hay un consenso intelectual y hay un consenso político, los dos están totalmente reñidos.

Héctor Aguilar Camín

Ahora, el Estado mexicano cobra leoninamente impuestos: a la parte de la sociedad que le cobra, le cobra muchísimos impuestos, y a la parte de la sociedad que no le cobra, no le cobra nada. Hay que cobrarle a todos parejos, por una parte. Y luego, el Estado tiene que vender sus bienes al precio que los haga financiables y reproducibles. No se puede tener un Estado que por una parte a quienes compran gasolina se las vende mucho más caro que en el mercado mundial, y por otra parte a quienes compran agua no les cobra: hay un financiamiento. hay un subsidio tremendo para la electricidad doméstica y hay unas tarifas altísimas para la electricidad fabril.

Hay que ajustar todas las fuentes de ingreso del Estado para que el Estado pueda captar sanamente los recursos que debe invertir en sus tareas fundamentales de desarrollo físico, de desarrollo económico y de desarrollo social.

Jorge G. Castañeda

Lo que dice Aguilar Camín sin duda es cierto, pero hay que tomar en cuenta que no es lo mismo las sociedades europeas y Estados Unidos que las latinoamericanas. Allá se le puede gravar a una mayoría de la sociedad para tener suficientes recursos y con eso redistribuir. En nuestros países, por la exigüidad de la clase media y del sector más próspero de la sociedad, en efecto, ellos tienen que llevar una carga más elevada; de otro modo, no es redistributivo el mecanismo.

Se puede abandonar la ambición redistributiva, pero si se quiere redistribuir inevitablemente, aunque los políticos nunca se atrevan a decirlo, se le va a tener que quitar a los que tienen y no sólo a los ricos, porque no alcanzan los ricos, se les va a tener que quitar algo a los muy ricos pero algo también a los sectores medios no tan ricos, para esa mitad de la población de la que hablaba Aguilar Camín. Quien diga que se puede sin esto no está diciendo la verdad, aunque no esté necesariamente mintiendo.

Héctor Aguilar Camín

Hemos matado políticamente el impuesto más progresivo y más progresista que hay, que es el impuesto al consumo, que es el IVA, en donde el que consume más, paga más. Se ha vuelto un asunto tabú y un asunto de heroísmo parlamentario la derrota del IVA. Y acaba siendo una derrota nacional.

Rolando Cordera

El debate de globalización y neoliberalismo, lo tendremos en México a partir de estos meses y más allá del 2000. Pero vamos a conclusiones, aunque sean tentativas.

Héctor Aguilar Camín

Este juego de la globalización es un juego de muchas oportunidades y de amplios riesgos. Para jugarlo bien hay que tener la casa en orden, hay que tener equilibrios reales, no hay que tener déficit infinanciables, deudas públicas infinanciables; hay que tener realmente en orden las finanzas públicas.

Yo siento que en México, en el nivel del discurso, esta idea está más o menos aclimatada. Pero en la realidad seguimos teniendo un Estado sistemáticamente deficitario.

La convocatoria que no encuentro todavía en México hacia el futuro es cómo construir un Estado de nuevo tipo, un Estado no autoritario. un Estado no burocrático y no corrupto, pero un Estado fuerte, capaz de hacerse cargo de las tareas del desarrollo económico, de infraestructura y de desarrollo social del capital humano del país, en un país como México, que necesita políticas explícitas para poder pretender resolver, aspirar a resolver estos problemas.

Yo siento que no hay esta convocatoria, este consenso hacia la idea de ser un país serio que empiece por tener un Estado fuerte, democrático, capaz de recoger de su sociedad los recursos suficientes para devolvérselos a la sociedad en infraestructura y en desarrollo de su gente. Es una tarea pendiente y no la veo para nada en la agenda de las fuerzas políticas; creo que las fuerzas políticas la han matado, por razones políticas y electorales de corto plazo. Varios de los recursos que podrían emplearse en la construcción de este Estado que —repito—no es de izquierda ni de derecha ni de centro, tiene que ser un Estado que se haga cargo de las necesidades nacionales, no se emplean, y por lo tanto, no tenemos tal Estado.

Jorge G. Castañeda

Yo también creo que hay un vacío de discusión de fondo en el país. Los partidos políticos y las fuerzas políticas del país, por razones perfectamente comprensibles, se han dedicado desde hace muchos años a las discusiones de procedimiento de las elecciones, el financiamiento de las campañas, la ley y no la ley. la Constitución, etcétera, temas importantes indudablemente pero que les han permitido evitar las discusiones de fondo sobre, por ejemplo, estos temas que a final de cuentas son los temas donde se expresan las opciones de sociedad. Las sociedades no se dividen sobre cómo contar los votos: ese es un problema que hay que resolver pero que una vez resuelto, te permite entonces abordar los verdaderos problemas: qué tipo de sociedad queremos. Lo que no hay —creo yo— en el debate político en México, y no veo que nos acerquemos a ello hacia el 2000. es el debate, la discusión sobre qué tipo de sociedad queremos y cómo estamos dispuestos a construir el camino para llegar a esa sociedad que queremos. Creo que hay un gran sentimiento de insatisfacción con la sociedad que tenemos, pero no hay la discusión sobre hacia dónde queremos ir. Espero, creo que muchos esperamos. que el 2000 sea la ocasión para tener ese debate, pero hasta hoy no lo ha habido.

Rolando Cordera

Añadiría que si no hacemos eso. no sólo se tratará de una ocasión perdida más, sino que puede llevarnos a situaciones no deseables, no deseadas por nadie. La elaboración de alternativas de debate de fondo en México, en América Latina y en el mundo, no pasa por la negación de la realidad, no pasa por olvidamos de ella, y esta realidad es la globalización, pero tampoco pasa necesariamente por la aceptación unánime, resignada, de lo que se ha dado en llamar el pensamiento único y que se llamó en un tiempo el “consenso de Washington”. No por nada el propio Banco Mundial nos habla hoy de que hay que pensar más allá de ese consenso, y concentrarse en la importancia de las instituciones.  n

Héctor Aguilar Camín. Escritor. Doctor en Historia por El Colegio de México, su más reciente libro es Un soplo en el río.

Jorge G. Castañeda. Doctor en Historia por la Universidad de París. Profesor titular de tiempo completo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México y catedrático de Ciencias políticas y Estudios latinoamericanos en la Universidad de Nueva York. Su más reciente libro es La vida en rojo: una biografía deI Che Guevara.

Rolando Cordera. Es director de Nexos TV

Elecciones en Michoacán

ELECCIONES EN MICHOACÁN

POR TERESA GURZA

Este 8 de noviembre habrá en Michoacán elecciones para renovar 113 alcaldías y 30 diputaciones. El padrón es de 2,211,587 ciudadanos y se registraron 1,400 candidatos de 4 partidos.

En las tres elecciones más recientes aumentaron los votos del PRD y del PAN y disminuyeron los del PRI. Las últimas locales fueron en 1995; el PRI ganó entonces la gubernatura, 43 municipios y 16 diputados; el PRD 54 alcaldías y 7 diputados; el PAN 14 y 7, y los partidos del Trabajo y Verde Ecologista, un municipio cada uno. En las federales de 1997 el PRD obtuvo 10 de los 13 distritos electorales en disputa y el 40% de los votos; el PRI los 3 distritos restantes y el 35% de la votación y el PAN el 18%.

Extrapolando estos datos, el presidente estatal perredista Desiderio Camacho Garibo sostiene que ganará la mayoría de los distritos y presidencias, una opinión compartida por más de 2,000 precandidatos que en comicios internos de la magnitud numérica de los oficiales de Zacatecas, pelearon la posibilidad de acceder a cargos y chambas de tres años. Los presidentes del PRI y del PAN, Fernando Orihuela y José González Morfín, piensan que en los resultados de 1997 influyó la campaña de Cuauhtémoc Cárdenas para gobernador del DF y que ahora será otra cosa.

Sea como resulte, los 3 partidos consideran estas elecciones estratégicas para las de la presidencia en el 2000 y las de la gubernatura en el 2001, y por ello movilizaron a sus promotores del voto integrados en el Grupo de Estrategia Operativa Preparar para Ganar del PRI. las Brigadas del Sol del CEN del PRD. y el Vuelo del Ave Azul del PAN, y trajeron a sus principales figuras a apoyar pública o privadamente las campañas. Vinieron entre otros, y además de los respectivos dirigentes, Manuel Bartlett, Roberto Madrazo, Cuauhtémoc Cárdenas. Diego Fernández de Cevallos y Vicente Fox.

A falta de reforma electoral, gobierno y partidos firmaron el Acuerdo de Civilidad, Respeto y Equidad para el Fortalecimiento de la Democracia, que pese a recortes en diversas arcas del presupuesto estatal incrementó el del Instituto Electoral de Michoacán a 47 millones, 12 para partidos y 35 “para operatividad de órganos electorales”; y estableció un tope de gastos de 4.31 pesos por elector, el nombramiento consensado de la titular del Tribunal Estatal Electoral, y la no difusión de la obra gubernamental desde 30 días antes de los comicios. Removidos 131 funcionarios electorales, todos coinciden en que hay garantías para elecciones limpias

Hasta mediados de octubre, fecha de entrega de esta nota, había desacuerdo en dos puntos. 1. La instalación de casillas en la Nueva Jerusalén, comunidad religiosa del municipio de Turicato, regida por leyes del autodeclarado priista Papá Nabor, situación que en opinión de la oposición impide votos libres. La coyuntura política permitió detener al vidente sesentón Agapito Gómez, que aprovechaba que “hablaba” con la “virgen” para violar niñas. 2. Las acusaciones de parcialidad hacia el PRI que hacen PRD y PAN contra el gobernador Víctor Manuel Tinoco Rubí. Sostienen que le da recursos que cambiará por votos, y que para confundir al electorado sus candidatos adoptaron el slogan “Cuenta conmigo”, usado por Tinoco para promocionar obras públicas, “lo que nos lleva a luchar en desventaja contra toda la estructura de gobierno”.

Aspecto sobresaliente del proceso fue la resistencia de priístas y perredistas a imposiciones de enviados de las direcciones nacionales que pretendían “candidatos de unidad” y “candidatos externos” en los municipios principales. En el PRI se recordó 1995, cuando ganó la mayoría de los 24 ayuntamientos que no aceptaron designaciones, y perdió varios de los que se plegaron. Como no convencían al delegado del CEN, se los cambiaron.

Procesos pasados se caracterizaron por saltos de militantes del PRI al PAN, sobre todo. También los hubo ahora; pero fue más notable la cantidad de diputados y funcionarios que pidieron licencia para competir en las internas. Muchos derrotados alegaron los mismos fraudes, acarreos, entregas de despensas y presiones que sus partidos imputan al gobierno en las contiendas oficiales.

El debilitamiento de las corrientes de Cristóbal Arias y Roberto Robles Garnica. actual secretario estatal de salud, permitió reducir enconos en el PRD y el primer lugar de la lista plurinominal fue para la esposa de Arias, María Ortega. Aun así hubo fracturas en unos 20 municipios. En Lázaro Cárdenas, Zacapú, Pátzcuaro y Panindícuaro, se expulsó o sancionó a varios cientos; en Lázaro los vencidos tomaron la presidencia con el edil perredista dentro; fue liberado 35 horas después por un “comando” de funcionarios y policías. Ahí, y en Huaniqueo y Panindícuaro. el PT y el PAN pepenaron a los inconformes. Camacho Garibo dice que el voto duro les permitirá retener el puerto, “espero que los compañeros no olviden que el PT fue creado por Salinas para golpear al ingeniero”.

El PRD puede ganarle Apatzingán al PRI, y Sahuayo, Zamora y Los Reyes al PAN; pero podría despedirse de Venustiano Carranza y de algunos municipios del Oriente michoacano; tres que nunca había perdido, corren peligro por las fricciones.

Orihuela afirma que en el PRI superaron los conflictos con amarres y no hay focos rojos previene que “en todos lados habrá competencia”. Las noticias hablan de problemas en más de 30 municipios, agravados por la negativa a reconocer antiguas cuotas de poder a centrales obreras y campesinas y organizaciones de mujeres y jóvenes. En Apatzingán líderes sindicales dijeron que votarán por el PRD; en Huetamo los vencidos también amenazaron; en Zitácuaro, tierra del gobernador y sus principales colaboradores, no lograron acuerdos; en Morelia hubo que dar cargos de consolación a 4 precandidatos cuando se impuso al rector de la Nicolaíta, Salvador Galván.

Ayudado por perredistas y priistas desertores, el PAN tiene por primera vez candidatos a los 113 ayuntamientos; en 1995 sólo pudo en 91. González Morfín afirma que perdedores en las internas del PRD y del PRI pidieron registro al PAN, “pero aunque de los que aceptamos en 1995 ninguno se nos ha ido y permitieron extender nuestra influencia, preferimos gente nueva y muchos maestros”. Hace días inauguró en Churumuco la oficina panista número 113, con la que su partido llegó ya a lugares hasta hace algunos años imposibles, como la Tierra Caliente y la meseta purépecha, “en donde podemos dar sorpresas”.

De los 14 municipios que tiene ahora, el PAN podría perder por malos gobiernos los de Sahuayo, La Piedad, Uruapan y Zamora, entre otros. El de Los Reyes se lo quitará el PRD.

En lo que respecta a los gastos, PRI, PAN y PRD han asegurado que no llegarán a los topes legales. Sin embargo, partidos y organismos electorales derrochan como si no hubiera crisis o Michoacán fuera rico, y despilfarran millones de pesos en publicidad sin contenido político que inunda de plásticos ciudades y pueblos y atosiga desde emisoras atascadas de anuncios contratados por el IEM o comprados por cada quien. Sin duda la política es ahora sólo para partidos y candidatos millonarios.

El PRD informó que su presupuesto para 1998 es de 8 millones 309 mil pesos, 57% procede de prerrogativas federales y 41 de estatales; que las elecciones internas le costaron 400 mil pesos y a las de noviembre destinó 5 millones, repartidos según la importancia del municipio y la votación perredista y que sus candidatos conseguirán otros fondos. “Es que ya no es como antes, que los militantes iban por sus medios a los mítines, llevaban sus tortas y cooperaban; todo ha cambiado”, dice Camacho Garibo.

González Morfín precisó que el financiamiento público del PAN en Michoacán será de 3 y medio millones de pesos y recibirán ayuda del comité nacional. El PRI no quiso proporcionar cifras.

Los 6 obispos católicos de Michoacán y representantes de la iniciativa privada han recomendado votar fijándose en las propuestas de los candidatos. No será fácil hacerlo porque no las hay; lo que dicen no permite distinguir lo que quieren sus partidos. Estos son botones de muestra de la propaganda de PAN, PRD y PRI en Morelia: “Castelazo es un tipazo”; “Marín cuidará tus intereses, estará cerca de ti, y piensa como tú”; “Otros partidos aprueban el liberalismo que el mismo Papa rechaza por injusto e inhumano”; “Morelia hablará, Gaona legislará y el Sol brillará”; “Porque Morelia cuenta, cuenta, cuenta. Galván cuenta contigo”.

La gente coincide en el deseo de que las elecciones se desarrollen “en santa paz”. Si se le antoja venir, recuerde que la ley veda a los no michoacanos la observación electoral. En 1995 el presidente del IEM. Salvador Pérez Díaz, aún en el cargo, prohibió “observar sin permiso”. Luego corrigió “porque no les puedo impedir que observen lo que ven”.   n

Teresa Gurza. Reportera. Articulista de La Crónica de Hoy, Notimex y La Voz de Michoacán.

Rubén Darío: En el rincón de un quicio oscuro

RUBÉN DARÍO: EN EL RINCÓN DE UN QUICIO OSCURO

POR SERGIO RAMÍREZ

Sergio Ramírez, el escritor nicaragüense de Margarita, está linda la mar (Premio Alfaguara de Novela I998), apasionante relato de los últimos años de Rubén Darío y del asesinato del primer dictador Somoza,prosigue su inquisición dariana en este texto sobre el 1898 español, la independencia cubana, el renacimiento poético de la lengua española y el ideal civilizador del modernismo.

Una tarde de diciembre de 1896, en la casa de su hermana Ignacia, calle de las Vendederas en Huelva. Juan Ramón Jiménez leía, embargado por la novedad, unos poemas de Rubén Darío que habían aparecido en La Nueva Ilustración de Barcelona. Un reventar de cohetes, un repicar de campanas, gritos, y las notas de la marcha de Cádiz que tocaba una banda lo hicieron salir al balcón, y vio que las calles estaban llenas de gente porque pueblo y autoridades celebraban la muerte de José Antonio Maceo al grito entusiasta de ¡mueran los mambises!

Se quedó acongojado contemplando aquella celebración que presidían los curas y los militares, en la mano el número de la revista. Y. triste, como si el muerto fuera Darío y la celebración contra Darío, pensó en América, y en la Cuba de los cromos de las cajas de tabaco con sus paisajes románticos de palmas airosas. y superpuso en su mente el rostro de Maceo, que adornaba las cajas de chocolate, al de Darío que lo miraba desde la portada de la revista.

Por las calles y plazas en toda España se festejaba en grandes algaradas la caída de Maceo, que se tomaba como anuncio del triunfo inminente de la guerra en Cuba. El General Weyler, que había inventado desde entonces la reconcentración de campesinos en aldeas estratégicas, lo había cazado con su ardid de partir la isla en cuatro con fosos rellenos de dinamita y alambre de púas que los focos eléctricos iluminaban en las noches.

La guerra de Cuba era una guerra perdida desde muchos años atrás, y España no lo sabía, o pretendía ignorarlo, y todavía ignoraba mucho más a manos de quién iba a perderla. Los dos rostros, Maceo y Darío, el uno negro, el otro mestizo, representaban la imaginería exótica de un continente del que sólo Cuba y Puerto Rico quedaban ya como parte del viejo imperio: un rezago. Desde Céspedes. Cuba peleaba otra vez su guerra de independencia, la seguía peleando tras la caída de Martí en Dos Ríos, en mayo del año anterior, y no iba a dejar de pelearla tras la muerte de Maceo. Para España, era la última de sus guerras coloniales. Para Estados Unidos, sería la primera de la construcción de su imperio.

Ramiro de Maeztu, uno de los intelectuales de la generación del 98, sabía ya que la guerra en Cuba era una guerra encontra de los tiempos, como lo sabía Darío. Maeztu se había ganado la vida en Cuba —una colonia más rica que la propia península— recitando a Ibsen, a Marx y Schopenhauer a los cigarreros de una fábrica de tabaco, un oficio exótico, como aquellos rostros de cromos y portadas. También ya para entonces eran exóticos los indianos que regresaban ricos a España, y se segregaban en barrios nuevos, como recuerda Clarín en La Regenta. La idea de América misma, lejana a los ardides hispanistas de la restauración, era exótica.

Aquel sentimiento triunfal, que llegó a convertirse en delirio, ya no cesaría ni cuando Estados Unidos entró en la guerra menos de dos años después, y los acontecimientos fueron demasiado vertiginosos para que el público de los cafés y las corridas entendiera que se trataba, desde el principio, de una guerra perdida. Por diez céntimos los niños podían volar el Maine en una postal untada con una pequeña dotación de fósforo, y el ardor patriótico alcanzaba para atizar campañas en contra del consumo de la Emulsión de Scott, por ser producto yanki.

Un enemigo lejano y más bien risible, zaherido en las zarzuelas. “¿Cómo va a tener miedo de los marranos el país de las corridas de toros?” se decía en las crónicas taurinas. Y la imagen del yanki fue la del cerdo, rudo, vulgar y mantecoso. Una lucha ya inadvertidamente desigual entre el león rampante y el cerdo productor de montañas de tocino al que Darío, desde Buenos Aires, aborrecía como enemigo de la sangre latina. En mayo de 1898, cuando tras la batalla de Cavite, que significó la pérdida de Filipinas, era inminente la derrota en Cuba, escribía desde Buenos Aires:

Y los he visto a esos yankees. en sus abrumadoras ciudades de hierro y piedra… parecíame sentir la opresión de una montaña, sentía respirar en un país de cíclopes, comedores de carne cruda, herreros bestiales, habitadores de casas mastodontes. Colorados, pesados, groseros, van por sus calles empujándose y rozándose animadamente a la caza del dollar. El ideal de esos calibanes está circunscrito a la bolsa y la fábrica…

Esta era una visión del bárbaro que también se alentaba en España en esos días, en los periódicos, los sermones y los discursos, pero una visión que no trasladaba a la opinión pública la advertencia de que eran bárbaros ya poderosos, preparándose para iniciar su expansión en el mundo, dueños de los nuevos avances tecnológicos. Y la imagen contrapuesta del viejo y noble poderío español, arraigado en la propaganda de los regímenes de la resturación. iba a servir de muy poco. Darío, desde el otro lado del Atlántico, muy partidario de España, bien sentía, a la par que una fuga de americanos potros, el estertor postrero de un caduco león.

En las tres décadas finales del siglo XIX los Estados Unidos habían multiplicado sus índices de producción en hierro, carbón y acero, ya mayor que la de Inglaterra y Francia a la vez: tenían, además, las fuentes del petróleo en su propio territorio, y dos veces más kilómetros construidos de ferrocarril que toda Europa en su conjunto. Su producción de cereales era diez veces mayor que la de Alemania y Francia. No eran todavía la primera potencia naval, pero comenzarían a serlo después de

destrozar a la flota española en Filipinas y Santiago de Cuba. La era de las cañoneras, bajo McKinley, estaba por abrirse. Y pronto empezarían los sufrimientos del Caribe exótico, de donde Darío venía, que se vería ocupado militarmente a partir de entonces por la infantería de Marina, Haití, México, Honduras, Nicaragua. Y así como McKinley había ocupado Cuba y Puerto Rico bajo un nuevo régimen colonial. Roosevelt segregaría Panamá del territorio de Colombia para construir el canal interoceánico.

Darío siempre había tomado partido del lado de Cuba en su guerra de independencia, aunque hubiera lamentado como un sacrificio inútil la muerte de Martí: “¡Oh, maestro! ¿Qué has hecho?” le preguntaba en un artículo recogido en Los Raros. Martí, a quien había conocido en New York en 1893, invitado por él a un mitin patriótico en Hardman Hall, lo llamó entonces hijo. Y desde entonces, Darío sabía lo que aquellos “búfalos de dientes de plata” representaban para América: “Behemot es gigantesco pero no he de sacrificarme por mi propia voluntad bajo sus patas”.

Derrotada España, y sacrificada Cuba, Darío volvía por España, y volvía a España, donde sólo había estado una vez, con motivo de las fiestas del cuarto centenario del descubrimiento en 1892, como parte de la delegación de Nicaragua que sólo constaba de dos personas. Tenía veintidós años entonces, pero ya había publicado Azul, al que Valera dedicó una de sus Cartas Americanas; y en el salón de doña Emilia Pardo Bazán, y en otros cenáculos, pudo conocer entonces a toda la ancianidad intelectual de España, al propio Valera, a Núñez de Arce, a Zorrilla, a Campoamor, y a Menéndez y Pelayo que vivía en el Hotel de las Cuatro Naciones donde Darío se hospedaba; como preámbulo, ausente el anciano en Santander, un mozo le había abierto en secreto la puerta del apartamento para dejarlo husmear entre sus libros y papeles, y advirtió las sábanas manchadas de tinta. Nunca escapó a su percepción que aquella vieja generación intelectual moría ya, cada uno de sus proceres coronados por turnos en fiestas parnasianas, con lauros de utilería. La nueva generación estaba por venir, y vendría en la circunstancia de la derrota.

Un día de finales de noviembre de 1898, Rubén Darío se apareció en la redacción de La Nación en Buenos Aires, para averiguar si no había en ciernes la muerte de algún personaje célebre. Las notas fúnebres se las encargaban por adelantado —un croquetmort, como se llama él mismo— pero sólo se las pagaban cuando el deceso se consumaba, y ya algunos, como Mark Twain, le habían jugado la mala pasada de no morirse. Ese año, fructífero en necrologías, le había tocado escribir las de Mallarmé y Puvis de Chavanne.

Se encontró, en cambio, con que necesitaban de urgencia a alguien que fuera a España para informar sobre las consecuencias de la debacle, y él se ofreció voluntario. Iba a cumplir treintaidós años. Después de Azul ya había publicado Los raros en 1896, y Prosas profanas en 1897, y Juan Ramón Jiménez, el poeta adolescente que lo leía en un balcón en Huelva mientras abajo celebraban la muerte de Maceo, iría en su busca luego a Madrid, y formaría parte de la pléyade de los modernistas que nacería con Darío, y con el fin del imperio colonial: Valle Inclán. Azorín, Benavente, Baroja. Pérez de Ayala, Villaespesa, los Machado. “Esparcí entre la juventud los principios de libertad individual y personalismo estético que había sido la base de nuestra vida nueva en el pensamiento y el arte de escribir. Y la juventud vibrante me siguió”, diría él mismo.

De aquel viaje —y ya no volvería más a Buenos Aires, sino de paso— resultó España contemporánea, que contiene los despachos de más de un año para La Nación, y que vistos en su conjunto resultan una crónica lúcida —verdaderamente contemporánea hoy día— de la vida española del fin del siglo XIX, en momentos de pesimismo e incertidumbre. Una España “amputada, doliente, vencida”, abatida de decadencia, los ancianos poetas y oradores esperando turno de ser embalsamados, las exposiciones pictóricas aturdidas de color local, el teatro sin lustre que sólo saca chispas en los corrales, los periódicos de servidumbre política, las editoriales de catálogos pobres y las librerías lejos de las novedades europeas, y más lejos aún de las americanas.

Y pudo ver a realce los colores de la España honda, la vieja España negra tan de Goya y tan socorrida —ya había en su memoria otra Juana la Loca, la viuda de Cánovas del Castillo, que se había encerrado en vida después del asesinato de su marido—. la España de los supliciados de semana santa y la reina regenta, con fama de avara, lavando los pies de los mendigos en una ceremonia palaciega y los nobles sirviéndoles la comida, como en una toma negra de Buñuel; la España popular de los toreros, el Guerra. Algabeño y Machaquito, y el entierro de la sardina en la cuaresma de carnavales, ya la gente olvidándose de la derrota mientras Madrid iba llenándose de más mendigos inválidos de guerra, los repatriados de Cuba y Filipinas recibidos con charanga y alboroto mientras estallaban los motines reprimidos a tiros, toda la España siempre negra de los esperpentos de Valle Inclán que en Luces de Bohemia agregaría a otros dos —él mismo y Darío— de paseo, bastón en mano, entre las tumbas de un cementerio.

Lo que conmovía más a España, devastada por la derrota, tal como lo percibió Darío desde su arribo a Barcelona a finales de 1898, era el sentimiento, en el fin de siglo, del fin de todo un poderío gestado cuatro siglos atrás con el descubrimiento y que venía perdiendo impulso desde siempre, una piedra que había empezado a rodar ya desmoronándose, las semillas de su propia destrucción en su cauda incandescente desde la derrota de la Armada Invencible cuando Cervantes manco requisaba vituallas en las provincias, hasta el reinado de esperpentos de Carlos IV cuando Goya pintaba a Godoy cebado en los establos reales, un imperio que había terminado, realmente, con las guerras de independencia del primer cuarto de siglo en América, tras la invasión napoleónica. Cuba. Puerto Rico y las Filipinas no eran sino las últimas pertenencias del reino venido a menos. Una cauda ya macilenta que no se apagaba con la debacle de 1898. y que arrastraría todavía, por años, más allá del fin de siglo, el peso muerto de la restauración.

Darío regresaba a España con el encargo de ver a España como periodista, bajo la influencia de ideas que siendo contradictorias. son recurrentes, no sólo en España contemporánea, sino en otros escritos suyos, y aun en sus mejores poemas de esa época. y que la debacle contribuyó a aguzar. Recurrentes, pero no homógeneas. Darío no tenía ideas ni homógeneas ni invariables, más que las obsesivas de la vida y la muerte: y advertía que si en sus cantos había política, es porque la política era universal.

Y viendo ya de cerca a España en España, sentado entre los jóvenes que le rodeaban, se encontraba con visiones diversas, y también contradictorias; desde los desparpajos anarquistas de Valle Inclán. a las tesis regeneracionistas de Maeztu, a Baraja que creía en las viejas hidalguías castellanas, y a Unamuno que quería enterrarlas. Y en su visión de la España contemporánea Darío es precisamente atractivo por contradictorio, y porque, además, la realidad lo contradice, a su vez. muchas veces. En su selva plena de armonía los ruidos del mundo no siempre entraban tal como eran.

Traía a vender una Argentina donde al fin se había realizado el ideal expuesto por Sarmiento en Facundo, civilización triunfante contra barbarie. Tras seis años de vivir en Buenos Aires, primero como cónsul de Colombia, y después como redactor de La Nación, Darío habla como argentino, y su idea americana es argentina. Buenos Aires es la metrópoli universal, cosmopolita, el crisol de razas, contrapunto de New York. Madrid, siempre provinciano, no.

Argentina es el país de la aurora, abierto a las nutridas migraciones europeas —uno de los grandes ideales del positivismo copiado en América—. que atasca sus graneros, exporta barco tras barco de carne congelada, levanta enjambres de fábricas, y hace crecer una masa obrera pujante, un espejo que multiplica a Bilbao y Barcelona, nada más, pero que deja fuera de sus reflejos a la España feudal y rural de los caciques. Y Darío, con cifras en la mano, recomienda que España debería hacer otro tanto, modernizarse, transformar el regimen del campo, introducir la ganadería en Andalucía, abrirse al comercio internacional, desarrollar la industria.

Ser en fin de cuentas, como Argentina.

En el “Canto a la Argentina”, un largo poema escrito en 1910 con motivo de las fiestas del centenario de Buenos Aires. Darío canta las glorias de esa tierra de promisión y granero del orbe, sus montañas de simientes, sus hecatombes bovinas, y llama a los pueblos extraños a que vengan a comer el pan de su harina, un país abierto, tolerante, y en paz. según el guión de Sarmiento en Facundo. Ensalza puntualmente las corrientes migratorias, una estrofa para cada una —rusos, judíos, italianos. suizos, franceses, españoles— que han encontrado allá su tierra prometida, y propone crear la otra España, la moderna, en suelo de Argentina, con todos los inmigrantes andaluces, asturianos. vascos, castellanos, catalanes, levantinos que siguen llegando en los barcos:

…que heredasteis los inmortales fuegos de hogares latinos: iberos de la península que las huellas del paso de Hércules visteis en el suelo natal: ;he aquí la fragante campaña en donde crear otra España en la Argentina universal!

No dejaba de ser un espejismo el desarrollo interno y la prosperidad argentina, como lo fue bajo Perón, y como aún lo sigue siendo un siglo después. Argentina exportaba —en barcos británicos— carne congelada y cereales, pero el régimen de propiedad seguía siendo atrozmente feudal, de explotación inicua de los trabajadores campesinos; y. para colmo, la expansión del comercio exterior estaba en manos de Inglaterra, para entonces la mayor potencia colonial del mundo. Inglaterra, que además de los barcos, era dueña de los ferrocarriles, los frigoríficos, las fábricas de conservas, el gas, los tranvías, la banca y los seguros. y le vendía a Argentina las manufacturas.

El ingreso de Argentina en los mercados internacionales no significaba industrialización real, ni desarrollo hacia adentro. como el que impulsaban en Estados Unidos “los estupendos gorilas colorados”, lanzándose hacia el oeste con los ferrocarriles y abriendo a la agricultura mecanizada nuevos campos, sino una alianza entre el capital oligárquico y los capitales ingleses.

Argentina no era, realmente, el otro polo de desarrollo en el continente americano, como contaba, y cantaba, Darío, aunque lo parecía, y aunque tenía más pujanza que España empobrecida. Buenos Aires era. de verdad, una gran urbe. Precisamente, la política de los gobiernos liberales posteriores a la dictadura de Rosas —el de Bartolomé Mitre, propietario de La Nación el primero— había consistido en convertir a Buenos Aires en eje de atracción e impulso, y era ya la metrópoli macrocéfala, típica de la posterior configuración urbana de América Latina, tan engañosa para medir el desarrollo. La Nación, uno de los diarios más grandes del mundo, tenía lectores suficientes para enviar a Europa un corresponsal como Darío con tarjeta de presentación en cartulina de lino, un verdadero embajador. Ningún diario de Madrid, con tiradas mucho más modestas, podía pagarse entonces ese lujo.

Mitre puso desde el principio a su periódico del lado de España en la guerra contra los Estados Unidos. Electo en 1862. tras la caída de Rosas, había gobernado con el apoyo de la burguesía porteña más moderna. Para él, partidario de una Argentina unitaria y de cabeza fuerte como debía serlo Buenos Aires, seguía válido el ideal de civilización y progreso que Sarmiento —presidente en el periodo siguiente al suyo— había planteado en Facundo.

Facundo no era un mito. Juan Facundo Quiroga, caudillo sanguinario de La Rioja, había mandado a Sarmiento al exilio. La Argentina bárbara de los años posteriores a la independencia se encarnaba en su figura, con todo lo que representaba de brutalidad y atraso; ayudó a poner a Rosas en el poder, y Rosas había sido eficaz en su política de tierra arrasada entre los indios para asegurar el dominio de los latifundistas en las pampas. Rosas centralizó el poder en sí mismo, y unificó a la Argentina, bajo su puño, desarrollando el agro sin que la tierra se quitara de manos de los terratenientes, y amplió el comercio exterior. Era la modernidad arcaica del caudillo.

Pero el ideal civilizador propuesto en Facundo también era un mito americano, de inspiración europea. Sarmiento admiraba a John Fenimore Cooper en su visión de El último mohicano, donde, a fuerza, del choque de dos razas una debía resultar triunfante. Civilización, otra vez, contra barbarie. El progreso pasaba necesariamente por esta dilucidación; y la raza vencedora del salvaje era europea, ni siquiera mestiza. Lo que resultó fue que en Argentina, como en toda la América Latina bajo los gobiernos liberales, nuevos terratenientes —muchos de ellos mestizos disfrazados de europeos— pasaron a señorear la economía agraria, y la forma de dominio fue siempre feudal.

Darío comparte muchas veces este ideal de civilización americana, que llega a emparentarse con el darwinismo social, extremo del positivismo europeo, tan de moda en la época pero ya al fin de siglo sujeto a revisión, como estaba ocurriendo dentro de España entre los jóvenes de la generación del 98. El progreso ya no sería inevitable, ni sólo sobrevivirían los más fuertes. La razón se había vuelto diabólica. Es Unamuno el que señala la pérdida absoluta de fe en la razón humana, base del iluminismo, y la necesaria vuelta a la fe en el hombre, que es más que razón, como en tiempos del Renacimiento. Y Darío, el positivista americano, es el que más creía, a la vez, en su propuesta literaria, en la necesidad del regreso a los abismos de la psiquis individual, sensaciones más que razones.

La esencia del modernismo dariano es el artista capaz de mirarse a sí mismo: “¿tu corazón las voces ocultas interpreta?”, interroga Darío a Juan Ramón Jiménez, planteándole los requisitos para ser poeta. Libertad en el arte y personalismo estético. Y no pocos de los escritores que desde sus obras liquidaban cuentas con el positivismo en el final del siglo —Ibsen, Dostoyevski, Tolstoi— estaban entre sus raros de Los raros.

Pero más allá de estas dilucidaciones, el mundo se estaba repartiendo entre las potencias, a finales del siglo XIX, en base a un darwinismo aún más feroz, el darwinismo geopolítico, un reparto del que España había sido excluida por el dictum de quienes ahora dominaban la tecnología de punta, transporte, comunicaciones, armamentos. Lord Salisbury hablaba en mayo de 1898 de “naciones moribundas” que no debían estorbar la misión civilizadora de las grandes potencias en Africa, Asia y América.

Es a esa España moribunda desde hace siglos, que ha arrastrado en su cauda las semillas de su propia decadencia, a la que ahora hay que culpar, la raza “atrasada, imaginativa, y presuntuosa, perezosa e improvisadora, incapaz para todo” de que habla Joaquín Costa, y que según Maeztu sólo será regenerada si llega a ser un día vasca, o catalana. Es decir, que trabaje para ser moderna. Darío también está de acuerdo. Pero a la vez exalta a la otra España, la de Goya, la de Cervantes, la de Quevedo, que lo asalta con sus legiones de mendigos desde que baja en la estación ferroviaria, y que encuentra viva en sus chulos, en sus manolas, mozos de cordel, cocheros, carreteros y desocupados desde que se asoma a la Puerta del Sol donde por toda novedad moderna circula un tranvía eléctrico.

Con la derrota, Darío ampara todo un concepto de España de siempre, que tiene un vago arraigo lírico en la propuesta restauradora de contrarreforma y reconquista, pero en contrapunto a la advenediza pretensión imperial de Estados Unidos, bárbara y arrogante, y la extiende al concepto de América española —un eco también del hispanismo restaurador—. Reconstruir las glorias de España, en España y en todo ese universo descuadernado del viejo imperio americano, de panteras condecoradas y licenciados venales y presuntuosos, no es ya más sino un sueño necio. Y también lo sabe.

En Cantos de vida y esperanza, su libro más trascendental, están sus mejores poemas españoles, que son poemas de esperanza forzada, traspasados por la conmoción. En “Salutación del optimista” hay mil cachorros sueltos del león español, pero en “Los Cisnes” sólo se escucha el estertor postrero de ese león caduco. Ha llegado la era del cerdo que coloca en cada puerto del Caribe sus acorazados:

¿seremos entregados a los bárbaros fieros?

¿tantos millones de hombres hablaremos inglés?

¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?

¿Callaremos ahora para llorar después?

El cisne es el ave heráldica del modernismo. Es el ideal del arte, el de la poesía, la belleza, y a la vez el único símbolo que ahora puede oponerse a los bárbaros fieros que conquistan el mundo. Es en sus alas que Darío quiere dejar escrita su protesta, al menos.

Y pone su fe inútil en la nobleza antigua de los bravos caballeros. el primero de ellos Don Quijote. Un cuento suyo. “D.Q”, que si se publicó en Buenos Aires en el Almanaque Peuser de 1899, debió haber sido escrito en Madrid en 1898, revela la magnitud de esa fe: el abanderado de la tropa acantonada en Santiago de Cuba, un enjuto manchego ya maduro en edad y de poco hablar, al que apenas se conoce por sus iniciales D.Q.. se arroja al vacío cuando se recibe la orden de rendición ante los yankis; “y todavía, de lo negro del abismo, devolvieron las rocas un ruido metálico, como de una armadura”. Dejar constancia, por lo menos.

En las crónicas de la conquista, delante de los soldados españoles peleaba Santiago a caballo contra los indios, como había peleado contra los moros, matando él solo muchos cientos. Ahora, este otro caballero de armadura —rey de los hidalgos, señor de los tristes— no tiene ya otro recurso que despeñarse frente a la ignominia de la derrota.

Para quienes como Azorín y Baroja creían en la moral del hidalgo castellano. Don Quijote la encarnaba como ningún otro, aún en la derrota: para Unamuno, igual que para Maeztu. representaba más bien la decadencia, una rémora espiritual, y material, que seguía haciendo arcaica a España. El futuro, para Maeztu, estaba en algo muy parecido a la formidable maquinaria del progreso yanki. que había visto trepidar en Nueva York, como la había visto Darío, y no en el páramo manchego. Y como, de todos modos, creía Darío que debía ocurrir en España, si ya creía que estaba ocurriendo en Argentina. El progreso, para Maeztu. no estaba en los campos desolados de la España rural, sino en las ciudades iluminadas; las mismas ciudades feéricas que Darío adoraba —fulgor, velocidad—, iconos del modernismo.

Este país de obispos gordos, de generales tontos, de políticos usureros, enredadores y analfabetos, no quiere verse en esas yermas llanuras sin árboles, de suelo arenoso, en el que apenas si se destacan cabañas de barro, donde viven vida animal doce millones de gusanos, que doblan el cuerpo, al surcar la tierra con aquel arado, que importaron los árabes al conquistar Iberia dice Maeztu en Hacia otra España, y Darío le da la razón, y lo saluda entonces como “un vasco bravísimo y fuerte”.

Había también algo muy importante que dilucidar, y en lo que Darío y el modernismo fueron claves. El anquilosamiento de la lengua era una expresión de la rémora de transformación social que la restauración seguía imponiendo. Las rigideces de la vieja gramática y el purismo castizo eran la parálisis de la sociedad también, una expresión del ideal reaccionario de la vieja España hispanista, la España eterna que Darío añoraba, pero a la que ayudaría a enterrar con la revolución modernista en la lengua. Y en la aventura de cambiar la lengua, unos y otros, cualquiera que fuese su camino —Valle Inclán iconoclasta. Machado después republicano. Maeztu por último falangista— sí que estaban de acuerdo.

Y junto con la propuesta de modernidad de la literatura —que por una graciosa paradoja se le llamó a veces decadente— Darío traía entonces a España algo más importante que su visión positivista: unas señales de identidad compartida. A la hora de la debacle él devolvió a España, en la renovación de la lengua común, la prueba de que España era parte de la cultura americana, una cultura mestiza de pluma debajo del sombrero, capaz de crear un idioma nuevo que regresaba a la península con Darío. Aquel era, en momentos de crisis pero también de búsqueda, un viaje de regreso que encarnaba una gran ruptura y una gran invención después de la cual ya nada sería lo mismo en la lengua. Así lo había advertido Clarín: “el poeta nicaragüense ha de traer cola y dejar huella, para unos beneficiosa y para otros funesta”.

La piedra que venía rodando desde siglos no se había detenido en 1898 a la hora de la debacle. y el régimen sepulcral de la restauración sobrevivió todavía muchos años. Pero la corriente de cambio ya se había establecido. Darío, metido siempre dentro de su España contemporánea como periodista, como embajador de uniforme alquilado, como literato, estuvo siempre allí, en las tertulias de los cafés y las librerías, en las redacciones de los periódicos, en los cenáculos, en la inquerida bohemia, y en su propia soledad, en su pobreza y sus desamparos, hasta la cercanía misma de su muerte.

Juan Ramón Jiménez lo dejaba, con repugnancia y tristeza, cuando llegaba la hora en que empezaba a beber lo que en crudo eufemismo de dipsómano él llamaba su “veneno”, y sólo ya enterrado en Nicaragua recordaría Unamuno que había tratado tan injustamente a aquel a quien se le veía la pluma debajo del sombrero. Y él, quizás borracho, lloraría a Castelar que había muerto enseñándole latín a su loro.

Era la España contemporánea suya y seguiría siendo la España negra de Goya, Valle Inclán y Buñuel juntos, y otra vez la suya. Aún en la semana trágica de 1909, cuando la piedra aún no terminaba de rodar, un carbonero alzado en las barricadas en Barcelona sería fusilado por haber bailado con el cadáver de una monja, otro aguafuerte de la serie infinita en aquel año de turbulencias en que tuvo que cerrar la misión de Nicaragua en la calle de Serrano después de verse forzado a vender su piano, porque nadie en Managua se acordaba de pagarle sus sueldos de embajador y no tenía ni para el coche.

En Barcelona se embarcó para ya nunca más volver, un 25 de octubre de 1915, gracias a un pasaje que le había regalado el marqués de Comillas, ya cuando arreciaban los vientos de la Primera Guerra mundial. Pobre y enfermo, custodiado por malandrines, ya a bordo de su camarote del Antonio López se despedía llorando, una despedida de toda la noche, de su hijo de pocos años y de su mujer, la campesina de Navalsauz que había conocido en el parque de la Casa de Campo en 1899 mientras paseaba con Valle Inclán y ella le daba de comer a los cisnes del estanque —otro paseo entre cisnes, como aquel entre tumbas—. Francisca Sánchez, la princesa Paca criada entre cabras en la sierra de Gredos, la que olía a cebolla, no la princesa de Eboli de sus tardes de Aranjuez.

El último de sus poemas españoles será un poema negro, y de los más hondos suyos, ése que relata una peregrinación fantasmagórica a Compostela en compañía de Valle Inclán —el propio marqués de Bradomín—. todavía un paseo final. Y Valle Inclán. en Luces de Bohemia, hace que el personaje Rubén Darío recite, entre esperpentos, la última estrofa de ese poema desolado. un infinito juego de espejos oscuros entre los dos:

…la ruta tenía su fin y dividimos un pan duro en el rincón de un quicio oscuro con el Marqués de Bradomín.     n

Sergio Ramírez. Obtuvo recientemente el premio Laure Bataillon al mejor libro extranjero en Francia por su novela Baile de máscaras.

Barómetro

BARÓMETRO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

Sigue la tormenta inclemente del cambio mundial, que no deja ni por un instante en paz a un sistema financiero que se desbordó a sí mismo. Por un buen tiempo, la enorme movilidad del capital lograda gracias a la ruptura de las reglas de oro de Bretton Woods y la revolución informática que dio el gran salto a partir de los años setenta, fue festinada y celebrada por sus promesas de libertad global en materia financiera y de globalización casi instantánea no sólo de las finanzas sino del conjunto de las economías nacionales. Ninguna de éstas se ha cumplido a plenitud y quienes apostaron a su pronta realización, como nosotros, han pagado con creces su osadía. Más complejo que antes, así como más desigual, el mundo de la globalidad parece todavía dispuesto a darnos más de una sorpresa desagradable.

Sin acuerdo alguno concluyeron su esperada reunión anual conjunta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. No hizo mella en el ingenio de la “Alta Finanza” la convocatoria del presidente Clinton a actuar pronto y coordinadamente, para salir al paso de una recesión que todos a una. analistas y banqueros, anuncian ahora con una insistencia que pareciera celebración adelantada de tan desdichada eventualidad. “El único consenso alcanzado es que todo va mal”, informa Reforma del día 9 de octubre, mientras George Soros, verdugo de la libra esterlina y activista de la sociedad abierta, se lamenta de lo ocurrido: “los delegados”, dijo el financiero, “debieron haber sido encerrados en una sala de la que no se les debió dejar salir hasta que no hubiesen encontrado una solución, en lugar de regresar a sus países con el compromiso de estudiar la situación”.

Las rondas de expertos y ministros seguirán, pero de servir la historia para algo se puede esperar que cuando haya decisiones habrá sido tarde para atajar un ventarrón que no es el primero pero que sí parece ser el más feroz de esta fase de la mundialización asumida y hasta vuelta paradigma por muchos. Más que realidad total y constituida, la globalización es un proceso que atraviesa tiempos y espacios históricos, que es mediada una y otra vez por estructuras productivas, instituciones y formas de Estado, y que no puede verse sino como un desafío a la capacidad de las naciones y sus gobiernos para diseñar y poner en práctica políticas de alcance planetario, sin hacer tabla rasa de una pluralidad que no se rinde ante las profecías universales.

No hay duda sobre la necesidad de que el sistema financiero se reforme y propicie una absorción productiva del capital de corto plazo que inunda y ahoga países, bancos, entendimientos. Pero por ahora tal vez lo sensato sea pedir del Fondo y el Banco Mundial que “vuelvan a lo básico” y apoyen balanzas de pagos en problemas, en el caso del FMI. y entiendan que la “reconstrucción y el fomento”, en el caso del banco, es una y sólo una tarea que tiene que ver con el rescate social y la capacitación productiva de la mayoría mundial, sometida a la miseria pero como nunca enterada de cómo otros viven bien y hasta en la opulencia. Para ninguna de estas dos asignaturas tremendamente actuales. tal vez más que en el origen de las dos célebres instituciones de la segunda postguerra, hay recetas únicas e infalibles. No en balde se propone hoy. desde las capas pensantes del BM, ir más allá del Consenso de Washington. Las instituciones, repitámoslo, importan y con su ausencia no se juega.

Ayuda de memoria

Otra vuelta a la tuerca: las dos grandes reformas de este fin de siglo y ciclo mexicanos siguen en el desencuentro. Y lo malo es que en uno de estos remezones mundiales pueden incluso ponerse la una contra la otra y meternos en un tobogán por todos indeseado. La rauda reforma de la economía no se ha concretado en una expansión económica y un mejoramiento social aceptables, entre otras cosas porque lo que se impuso fue la ingenua y atropellada visión de que abierta la economía al mercado lo demás vendría por añadidura y rápido. No fue así y los grandes logros en el frente externo no se traducen en crecimiento del conjunto, mucho menos en mejores niveles de vida que puedan generalizarse. Lo malo es que esta miope visión sobre los usos del mercado, en realidad una no visión, parece haber contaminado a los políticos de la política democrática que se estrena.

Los actores principales, incluido el gobierno que impulsó la coronación de la reforma electoral, parecen esperar todo de la competencia, como si para producir dirigentes y construir visiones sobre el país, sus males y sus potencialidades, bastaran las elecciones y unos “jueces” de savia ciudadana incuestionable, algunos de los cuales no han dudado en reclamar su derecho al protagonismo aun a costa de su credibilidad como juzgadores. La competencia “neutra” y virtuosa no existe ni en la economía ni en la política y el que en esta última arena se le adopte e importe con tanta alegría no anuncia nada bueno, menos aún si en efecto, como de todos modos se dijo en Washington, el mundo debe entrar en una fase de reforma y reflexión similar a la de los años que siguieron a la Segunda Guerra. Revisar nuestras reformas y darles una perspectiva que emane por fin del reconocimiento explícito y detallado de nuestra problemática nacional, es la gran tarea de los años que le restan al milenio. Ni regaños ni pedagogías desde la cumbre del poder o del saber serán suficientes para esto.

Bajas pasiones: es esto sobre todo lo que impera en nuestros medios de información que se niegan a ser de la comunicación. No es la libertad de expresión la que está en juego o en riesgo, sino la posibilidad de que los mexicanos cuenten con un efectivo sistema de derechos en torno a la información que refuerce el empeño democrático de la política plural. Lo demás es linchamiento y abuso, cacería de brujas y renuencia absurda a revisar, desde los medios mismos, unas conductas y unas formas de trabajo que cada vez sirven menos a los fines de reforma y consolidación democrática en que está empeñado México. Mal dijo el diputado Luis M. Farías, cuando su legislatura no pudo encontrar la “cuadratura del círculo” y legislar sobre el derecho a la información consagrado en la Constitución. El mal dicho parece haberse vuelto maldición que sólo pueden festejar y usufructuar los habitantes del bajo mundo de la política.

Los libros sobre la mesa

¿Se puede aspirar a algo más en estos meses finales de 1998. que irse sobre todo Saramago? Si no se puede ahora, que sea en diciembre, pero que sea.   n

Rolando Cordera Campos. Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Es director de Nexos TV.

Armida de la Vara 1926-1998

ARMIDA DE LA VARA (1926-1998)

POR MIGUEL MANRÍQUEZ DURÁN

Hace no mucho tiempo reflexionábamos acerca de la importancia de reeditar obras literarias de aquellos autores sonorenses que son fundamentales para la región. Por alguna extraña paradoja. la literatura regional sigue permaneciendo prácticamente desconocida para los sonorenses, toda vez que resulta significativo el evidente olvido no sólo de las autoridades oficiales de cultura sino de las instituciones educativas responsables de difundir la cultura regional. En ese mismo sentido, su aportación llega a unas cuantas manos de especialistas, estudiosos y simples lectores apasionados que siguen de cerca el fenómeno de la literatura regional. Más allá de estos lectores y seguidores no hay más, si acaso una materia en los programas de estudio que remiten a libros que ya no existen o se agotaron hace muchos años.

Entre esos escritores se encuentra Armida de la Vara y Robles (1926-1998), nativa de Opodepe. quien murió el 16 de septiembre próximo pasado en San José de Gracia, Michoacán. Fue maestra normalista desde 1946 y activa colaboradora del grupo “Cultura” (1947). En ese mismo año, 1947. ganó el IV Concurso del Libro Sonorense, organizado por el gobierno del estado, con la obra Canto rodado (poesía). En 1949 inició sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Para 1972, la SEP le invitó a participar en la redacción de los libros de texto gratuito y tres años después publicó La creciente (1979). También publicó Sonora. Vientos prósperos sobre el desierto (1982), edición monográfica experimental de la SEP: El tornaviaje (1982), cuento publicado por Fonapas; Itinerario (1985), antología de su obra publicada por el gobierno del estado de Sonora; Coco coco tero (1986), Rita y el Caracol (1987).

Fue la autora de una de las novelas más representativas de la narrativa sonorense posterior a 1970: La creciente (Imprenta Madero, México, 1979). El argumento de esta novela con prosa fina y suave es la historia de su pueblo, Opodepe, y la espera de sus habitantes por la venida del río. La sequía y la incertidumbre de sus habitantes que, ansiosos, esperan las primeras lluvias que traerán como consecuencia natural el desbordamiento del río San Miguel que, a pesar de su destrucción, lleva consigo el limo fertilizante necesario para la próxima cosecha. Las historias contadas en ese libro están amalgamadas por ese común referente: la creciente.

En Opodepe y la sequía convergen historias de amor, crónicas poetizadas del nacimiento del pueblo y el cacicazgo como forma de dominio. La historia termina con la llegada de las lluvias y. por supuesto, la creciente del río. Esta novela rebasa la idea de un cuadro descriptivo y costumbrista para dejarnos la narración de contrastes en las vidas sin tiempo de los pobladores de un pueblo mágico. Si vemos más allá de su historia, encontramos un texto muy acabado en su estructura: voces polifónicas y múltiples que cuentan ocho historias que. a lo largo del libro, convergen y se entrecruzan, mostrando así la evidente influencia rulfiana y construida a base de diálogos que dan vida e historia al pueblo mismo. En un excelente e ignorado estudio de Rosa María Ruiz Murrieta (Relación entre literatura y sociedad. Un estudio de caso: La creciente de Armida de la Vara. 1989) sobre la novela y su aportación a las letras sonorenses deja en claro las cualidades estructurales  y de estilo que esa narración contiene, así como un detallado análisis de la dimensión simbólica de sus personajes y situaciones sociales. Junto con ello, Ruiz Murrieta aporta quizá lo más importante: una valoración estética y social de una de las mejores novelas sonorenses ubicadas en su justa dimensión.

Armida de la Vara formó parte de una generación de escritores sonorenses que, en los cincuenta, mostraron la consistencia y tono característico de los autores regionales. Junto con otras escritoras (Alicia Muñoz, Aída Lerma, Enriqueta de Parodi, entre otras) tienen como rasgo característico su compromiso entrañable con la tierra que les vio nacer y su afán de rescatar tanto el lenguaje como las costumbres sonorenses a partir de su trabajo en la educación. En otras palabras, comparten su convicción de que tanto su labor educativa y su literatura no se encuentran desligadas, ni mucho menos pueden imaginarse sin esas dos tareas ya que generacionalmente, asumen que el autor literario es un maestro y cronista de su entorno, su tiempo y su gente.

Quizá por ello, en el trato personal con Armida de la Vara se tenía la impresión de que, irremediablemente, el interlocutor terminaba por aprender algo: su real compromiso social y estético como escritora. En los pocos encuentros que sostuve con Armida de la Vara llamó mi atención su excelente memoria, su buen humor, su amor por Sonora, su mirada brillante, su notable imaginación y, sobre todo, su parsimonia y disposición para los demás ya que, provista de una modestia y discreción admirable, enseñaba a quien quería escucharla en esa voz suave, transparente e inolvidable.  n

Miguel Manríquez Durán es poeta, escritor e investigador de El Colegio de Sonora.

Los laberintos de la violencia

PARABÓLICA

LOS LABERINTOS DE LA VIOLENCIA

POR CARLOS CASTILLO PERAZA

El chofer de Sartre

Se llama Hans-Joachim Klein. Durante algún tiempo le manejó el coche al más aureolado de los filósofos franceses contemporáneos. El más polémico, más humano y políticamente más oscilante. El que compuso una pastorela religiosa para hacerle grata la Navidad a un jesuíta, compañero suyo en el campo de concentración nazi. El que discutió con todos y a todos los abrumó con calificativos terribles. El que un día condenaba la invasión soviética a Hungría o a Checoslovaquia, y al otro aseguraba que no había mejor camino para actuar por la justicia que el que transitaban los comunistas.

No fue menos su chofer. Hans- Joachim cambió la caballerosidad afable del conductor profesional —el que llevó a su patrón a visitar a los miembros de la banda de Baader, presos en Alemania después de una larga carrera criminal— por las ametralladoras y las bombas. Se convirtió así en una de las piezas clave de la organización sanguinaria que durante decenios encabezó aquel terrorista de origen venezolano conocido como “Carlos”. Como tal formó parte del comando que secuestró a los ministros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). reunidos en Viena allá en diciembre de 1975. Herido en ese trance, el hombre fue llevado a Argelia, donde recibió curaciones, tratamiento y recuperación. Luego abandonó los dédalos de la clandestinidad empistolada y, al parecer con la ayuda de Daniel Cohn-Bendit, el inolvidable “Dany el Rojo” del 68 parisiense, fue a dar de nuevo a Francia. En este país, con un vaso de vino en la mano, fue detenido casualmente por la policía a las puertas de un bar. Fue en el pueblecillo de Sainte-Honorine-la-Guillaume. Vivía en la casa rentada por un investigador, amigo de Cohn-Bendit, y otrora también cómplice de “Carlos”.

Filosofía, ciencia, terrorismo, alcohol y casualidad. La trama podría haber sido escrita por Sartre.

También los hay buenos

Un jurado internacional formado por seis jefes de policía de otros tantos países decidió nombrar a Rosso José Serrano “el mejor policía del mundo 1998″. Se trata del hombre que encabeza la Policía Nacional de Colombia, abuelo a los 56 años de edad, quien fue capaz de sacar de los rangos de aquélla a 8,000 uniformados corruptos, a partir de enero de 1995.

Rosso, según los que lo conocen, adora a sus nietos, practica el tenis y es fanático de la música de mariachi. Lo apodan “el Zorro” o “el Cazamafiosos”. Fue el responsable de la aprehensión de los hermanos Rodríguez Orejuela, conocidos y poderosísimos jefes del llamado “cartel de Cali”. El homenajeado policía no da un paso sin una escolta de 80 personas, jamás aparece en público desde hace diez años y, según dijo alguna vez. ha tenido que asistir a “mil velorios”. No ha habido hasta hoy nadie para acusarlo de nada. Se dice que sus hombres lo veneran en el mismo grado que los zares del tráfico de droga lo aborrecen.

¿Neomacartismo contra Clinton?

En un perspicaz artículo publicado por el semanario francés Le Point. Bernard- Henry Lévy, quien fuera hace algunos años calificado de “nuevo filósofo”, examina el acoso de que ha sido objeto Bill Clinton, en relación con sus presidenciales amoríos y domésticos manoseos con varias de sus connacionales. No resisto la tentación de reproducir algunos párrafos del texto:

La pregunta que surge es. evidentemente, la del estatuto democrático del imperativo de transparencia. Que tal imperativo [asegura el escritor] sea constituyente de la moral pública, que sea un buen antídoto para el imperio de la razón de Estado y del cinismo, que el culto al secreto sea el inicio de la arbitrariedad …no podría negarse… La democracia es la lucha contra el secreto. Pero, al mismo tiempo, es la preservación, en el corazón de la vida de cada quien, de una inalienable reserva de intimidad y de sombra… Un régimen que constriñera a sus gobernados o a sus gobernantes a vivir en la luz total, sería, literalmente, totalitario… Es cada uno de los ciudadanos norteamericanos quien, hoy, tiene derecho a sentirse concernido cuando se humilla a su presidente… Starr y Lieberman son los macartistas de este fin de siglo.

Contra el mito Lenin

Hélène Carrère d’Encausse, la experta en historia contemporánea de la Unión Soviética, una de las primeras en atreverse a demostrar con datos y cifras inobjetables el desastre científico, político y ético del régimen comunista, acaba de publicar otro libro demoledor. Se trata de Lénine, editado por Fayard. Minuciosamente, la escritora desmonta el mito tejido en torno al padre de la revolución bolchevique. Hoy, a diferencia de lo que sucedía antes del desmoronamiento del “socialismo real”, una obra así no genera reacciones viscerales de tono y lenguaje condenatorios. Un avance.

¿Lenin, una víctima que se vuelve revolucionario puro? De ningún modo, establece la autora. Se trata del hijo de un vástago de la aristocracia que no conoció la miseria. ¿Lenin preso en Siberia? Sí, pero en condiciones que no se pueden comparar con las terribles que luego impuso el régimen soviético a sus prisioneros políticos. ¿Lenin demócrata? En modo alguno: un casi fanático de los controles militares y policiacos, decidido partidario del terror como método de gobierno. ¿Lenin moral? Más bien un táctico habilísimo carente de cualquier escrúpulo, un tanto paranoico y dispuesto a cualquier cosa con tal de obtener y conservar el poder. ¿Lenin leal? No podría recibir tal calificativo quien aniquiló en Kronstadt a sus compañeros militares y obreros. Un libro que conviene leer.

Una locura coreana

En Le Nouvel Observateur. Delfeil de Ton comenta las aventuras espaciales de Corea del Norte, país que se gasta una fortuna en lanzar cohetes con satélites, mientras su pueblo muere de hambre. El trebejo puesto en órbita, explicaron las autoridades, tiene como propósito difundir cantos patrióticos a la gloria de los dos grandes soles: nuestro líder bienamado, el general Kim Jong-il, y nuestro líder eterno, su difunto padre, el general Kim Il-sung, fallecido hace cuatro años, y quien es para siempre el solo y único presidente de Corea del Norte.

Comenta el escritor: “Se inventan tribunales internacionales para juzgar a los dirigentes criminales contra la humanidad. Se inventan prisiones internacionales para encerrarlos. Habría que inventar también hospitales psiquiátricos internacionales”.      n

Carlos Castillo Peraza. Periodista. Es autor del libro Disiento.

El triunfo del pragmatismo

EL TRIUNFO DEL PRAGMATISMO

POR PEDRO AGUIRRE

En el breve lapso de una semana, dos políticos moderados de orientación socialdemócrata, Gerhard Schroeder y Fernando Henrique Cardoso, lograron sendos triunfos en las urnas, los cuales se suman a la corriente mundial que está beneficiando electoralmente a la centroizquierda. Pero, aún más importante, estas dos victorias confirman una tendencia contemporánea que se convierte en una regla casi cada vez que se celebran comicios en alguna nación democrática (o en vías de serlo) en el mundo: la desideologización de los programas de gobierno y la consiguiente personalización de la política. Las propuestas partidistas han pasado definitivamente a un segundo plano, mientras que la imagen personal de los candidatos, promocionada durante las campañas como si se tratase de un artículo de consumo, es la que se impone en la consideración de los electores.

Voluntad de poder no le falta a Schroeder, quien durante su carrera política ha sido capaz de dar todo tipo de virajes. Definido por sus adversarios como un trepador populista y un ambicioso sin escrúpulos, quien puso fin al casi sempiterno gobierno de Kohl nunca ha sido demasiado popular ni con la izquierda más tradicional ni con la vieja guardia del Partido Socialdemócrata. Esta animadversión quedó plasmada perfectamente en las memorias del exdirigente socialdemócrata Hans Jochen Vogel, quien escribió sobre el nuevo canciller germano: su ansia de poder es sin duda impresionante, pero se plantea cada vez más la cuestión de para qué piensa emplear ese poder por el que lucha y si su propia presencia en los medios de comunicación no es para él más importante que el interés global de la socialdemocracia, que nadie puede utilizar como trampolín para sus propios saltos. Tal como actúa Schroeder hasta ahora, no sólo ha dañado mucho al partido, sino también a él mismo.

Antipatías de los ortodoxos aparte, lo cierto es que Schroeder ha demostrado a lo largo de su carrera política ser un luchador nato dotado de un extraordinario talento político. Algunas coincidencias de su biografía política y personal con las de los otros dos portaestandartes de lo que se ha dado en llamar “nuevo centro” o “tercera vía” (whatever that means), Bill Clinton y Tony Blair, son asombrosas; una vida digna del neorrealismo italiano de la postguerra, llena de carencias y calamidades. A duras penas Schroeder consiguió el título en derecho para poder empezar a trabajar como abogado, al mismo tiempo que daba rienda suelta a su vocación política e ingresaba a las Juventudes Socialistas del Partido Socialdemócrata, que se han distinguido por mantener posturas radicalizadas. Medio feroz como pocos para hacer política el de las juventudes socialistas de los años setenta; fue aquí donde se curtió Schroeder. quien llegó a ser el máximo dirigente juvenil. En 1980 ingresó como diputado a la Cámara baja del parlamento alemán (Bundestag), precisamente cuando el pragmático canciller Helmut Schmidt logró la reelección para la coalición socialdemócrata liberal por última vez. Se le encontraba en esos tiempos a Schroeder en favor de todas las causas progresistas: contra la energía nuclear, contra el emplazamiento de los misiles de la OTAN, e incluso contribuyendo, como abogado, en la defensa de Horst Mahler, condenado por terrorismo y complicidad con el grupo Baader-Meinhof.

Tras el arribo de Helmut Kohl y los democristianos al poder, Schroeder decide probar suerte en el estado federado (Land) de Baja Sajonia. Con gran habilidad, no tarda en convertirse en el principal dirigente del Partido Socialdemócrata en escala local. En 1990 la socialdemocracia gana las elecciones, y es así como se convierte en gobernador (ministro presidente) de Baja Sajonia, formando coalición con los Verdes. Es en este momento cuando el exjoven radical se convierte, con la responsabilidad del poder a cuestas, en un político pragmático que, entre otras cosas, aprende a gobernar cerca de los empresarios, al grado que se gana a pulso el apodo de Genosse der Bosse, expresión que rima en alemán y significa “el camarada de los patrones”.

Su pragmatismo recién adquirido le hace perder popularidad en las filas socialdemócratas, pero su buena gestión como gobernador lo vuelve respetable ante la opinión pública en general. Su éxito al frente de Baja Sajonia y su proverbial ambición hacen que cometa un error de cálculo: en 1993 entra en la carrera para designar al nuevo líder de la socialdemocracia nacional, la cual se define, por primera y última vez en la historia del partido, por la vía de la elección primaria. De poco le valen sus buenos bonos frente al electorado alemán común y sus suspicaces correligionarios lo rechazan. Pero una nueva derrota socialdemócrata en los comicios federales de 1994, y el arrollador triunfo de Schroeder en las elecciones del pasado 1 de marzo en Baja Sajonia, con casi 48% de votos, literalmente obligaron al Partido Socialdemócrata a postular al gobernador de Baja Sajonia como única forma plausible de poner fin a dieciséis largos años de vegetar en la oposición.

Schroeder derrotó a Kohl presentándose más como alternancia que como alternativa y gracias a su inquebrantable voluntad de poder —la misma que le faltó al Partido Socialdemócrata desde que abandonó el gobierno— y, desde luego, a una campaña electoral que explotó al máximo su buena imagen y su linda historia de selfmade man. Como lo señaló Hermann Tertsch, lo que hizo ganar a Schroeder es el hecho de que “tiene hambre de hacer cosas, y la transmite. Esta desbordante vocación emprendedora ha marcado la diferencia y se ha ganado la confianza de los alemanes”. Sin embargo, la mayor parte de sus correligionarios, y la izquierda en general, siguen desconfiando de él. No conozco a un solo socialdemócrata que tenga verdadero entusiasmo por Schroeder.

Por su parte. Cardoso ha conocido también las estaciones que llevan de la ortodoxia al pragmatismo. El sociólogo filomarxista, autor de varios textos fundamentales para la izquierda latinoamericana muy influyentes en los años setenta, sobre la teoría del imperialismo y el problema de la dependencia, que aceptaban como válido el esquema básico de la visión leninista del imperialismo, fue uno de los fundadores del Partido de la Socialdemocracia Brasileña durante el periodo de democratización. Cardoso ocupó su primer cargo político como ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Itamar Franco. Siete meses después, en mayo de 1993, fue nombrado ministro de Hacienda, y en diez meses elaboró el Plan Real, que puso fin a la endémica hiperinflación de Brasil, que en junio de 1994 era de 5,164%, anual y hoy está en 3%. Presidente de Brasil desde 1994, Cardoso tiene en la estabilidad económica el resultado más espectacular de su mandato, conseguida, sin embargo, a base de recetas liberales tradicionales y en franca alianza con el sector empresarial.

Cardoso, que arribó al poder con un programa socialdemócrata que prometía atacar con firmeza la profunda desigualdad, fue ahora el candidato preferido de las clases empresariales y medias, y a pesar de los graves riesgos que su modelo enfrenta actualmente ante los embates de la crisis financiera internacional, el presidente logró fácilmente la reelección al ser percibido como la mejor garantía ante las presentes turbulencias.

Algunos le recuerdan su pasado y lo tachan de renegado. Treinta años después, el pensamiento de Cardoso ha evolucionado, favoreciendo lo que él llama “nuevo espíritu del capitalismo”, en el que ya no tiene cabida la formulación de una teoría antiimperialista. Pero Cardoso ha otorgado a Brasil un periodo de estabilidad y desarrollo desconocido desde la época de Juscelino Kubitschek. Además, en su mandato se ha venido abajo el mito de que un régimen presidencial es incompatible con un esquema multipartidista. A pesar de que en la Cámara de Diputados tienen presencia más de una docena de distintos partidos, y diez en la de Senadores, Cardoso ha logrado una administración exitosa a base de forjar consensos y establecer coaliciones eficaces. Una fórmula que casi podría constituirse en modelo para el resto de América Latina.

Schroeder y Cardoso son dos políticos que se dedican a desempeñar bien su oficio, lo cual no significa que carezcan por completo de principios. Simplemente entienden que la política sigue siendo “el arte de lo posible”, y que para tener éxito en ella sus reglas deben ser acatadas. Por hacerlo, muchos intelectuales consideran a Cardoso un traidor. pues esperaban que en la presidencia seguiría a pie juntillas la obsoleta teoría de la dependencia, y a Schroeder algunos lo llaman “trampita de estrategas publicitarios …que concentraron toda su atención en explotar su imagen para tocar al germano común, al de la panadería o del lavado en seco, que necesita héroes de telenovela”, como lo sentenció, implacable, alguna injusta crítica. Pero quienes así opinan tienen una visión miope y unilateral de las cosas.

El triunfo de Schroeder, si bien no marca cambios de fondo, da lugar a una oportunidad para que Alemania supere la parálisis a la que estuvo sometida durante la última administración de Kohl y permite que la nueva coalición efectúe las reformas que urgen a Alemania de cara al siglo XXI, notablemente en los renglones social, fiscal y laboral. En Brasil, un nuevo mandato de Cardoso da garantía al país de contar en la presidencia con un hombre probadamente responsable y eficaz en el armado de consensos, y que representa un intento de ajustar el desarrollo del país a las posibilidades reguladas en el plano internacional por la globalización. En ambos casos, queda claro que el fetichismo neoliberal está llegando a su fin y que se ha abierto un periodo en el que las prioridades del orden social no podrán ser marginadas.

Cambios más significativos no podrían darse de la noche a la mañana; mucho peor sería atarse a las posturas maximalistas y, con ello, condenarse a deambular eternamente en la oposición, eso sí, cargados de buenas intenciones.  n

Pedro Aguirre. Director de la revista Voz y Voto.

Libertad de expresión, elecciones y concesiones

LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ELECCIONES Y CONCESIONES

POR JORGE CARPIZO

1.     La libertad de expresión es un derecho humano de siempre y para siempre, ha jugado un aspecto crucial en el desarrollo del ser humano y de las sociedades y mucho más a partir de las últimas cinco décadas, y cada día más. debido a las nuevas técnicas de comunicación masiva.

•    La libertad de expresión es siempre manifestar la verdad.

•    La libertad de expresión es honestidad.

•    La libertad de expresión es información objetiva.

• La libertad de expresión es la divulgación de criterios y opiniones propios.

•    La libertad de expresión es el derecho de crítica.

•    La libertad de expresión es respeto a los otros derechos humanos.

• La libertad de expresión es actuar con responsabilidad personal y con sentido ético de la existencia.

•    La libertad de expresión es responsabilidad social.

• La libertad de expresión es contribuir a formar opinión sobre temas internacionales y nacionales.

• La libertad de expresión es contribuir a edificar la paz en las sociedades y en el mundo.

Por lo anterior, la defensa de la libertad de expresión es un deber de todo ser humano, porque los derechos y las libertades se defienden. Libertad de expresión: ¡sí! mil veces sí. Un millón de veces sí. Pero libertad de expresión con responsabilidad, ética y respeto a los otros derechos humanos.

En consecuencia

•    La libertad de expresión no es derecho a mentir.

• La libertad de expresión no es sinónimo de difamación y calumnia.

• La libertad de expresión no es derecho a desdibujar, alterar o maquillar la realidad.

• La libertad de expresión no es derecho a confundir a la audiencia.

• La libertad de expresión no es el avasallamiento de los otros derechos humanos.

• La libertad de expresión no es sustitución de los tribunales.

• La libertad de expresión no es el derecho a crear nuevas inquisiciones.

2. La existencia de los medios electrónicos de comunicación ha cambiado profundamente las campañas electorales. Actualmente es posible que un candidato se dirija a auditorios que hace sólo unas décadas se hubiera pensado imposible. Lo anterior otorga a esos medios una singular importancia y peso específico en las elecciones: el tiempo que dedican a cada candidato, las “tomas” y la forma en que son exhibidas, los comentarios sobre los propios candidatos y sus programas.

Los medios, pero especialmente los electrónicos, pueden hacer crecer o deshacer a un candidato: ellos en muchas ocasiones son los que realmente han otorgado el triunfo a un candidato o han contribuido a su derrota.

En México, elecciones y medios son uno de los temas más controvertidos en virtud de la notoria inequidad que en este aspecto ha existido en favor de un solo partido: el PRI. Esta situación comenzó a cambiar en las elecciones de 1994 especialmente en los últimos y último mes antes del 21 de agosto. Sin embargo, el 12 de septiembre de ese año declaré los aspectos que quedaban pendientes en la negociación electoral, en virtud de que sólo se contó con dos meses y medio para realizar la reforma electoral consensuada de 1994. y entre ellos mencioné: definiciones más precisas sobre el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la contienda electoral. En la reforma electoral de 1996 se dieron pasos hacia adelante en esta cuestión.

Pues bien, en julio del año 2000, México tendrá elecciones presidenciales. Cualquier elección presidencial es importante pero ésas serán cruciales porque cada vez son más competidas las elecciones en nuestro país, porque la acumulación de problemas de toda índole impulsará a que los partidos presenten como programa de campaña un proyecto de nación, porque habrá de decidirse si continúa en la presidencia de la República el partido que la ha ocupado por décadas o si ha llegado la hora de la alternancia en ese alto cargo.

En este contexto se van a presentar una y mil dificultades y problemas en el asunto: medios y elecciones. Varias e importantes concesiones de televisión y radio llegarán a su término precisamente en ese año de 2000. lo cual es inconveniente porque: a) los concesionarios tendrán sobre su cabeza la espada de Damocles, lo que les puede obligar a ver con especial simpatía al gobierno y al PRI ya que la renovación de la concesión es facultad discrecional del propio gobierno —artículos 9 y 19 de la Ley mencionada en el párrafo siguiente—. b) si las concesiones fueron renovadas antes de la elección, el sentimiento de gratitud puede menoscabar la imparcialidad del concesionario, c) la necesaria pluralidad de los medios puede sufrir un fuerte deterioro si se inclinan abiertamente por un partido político ya sea por temor o por gratitud.

Por lo anterior, propongo que se agregue un artículo transitorio a la Ley Federal de Radio y Televisión para que las concesiones de radio y televisión que finalizan en el año 2000 sean automáticamente prorrogadas por cuatro años a partir de enero de 1999. Mi idea es reforzar todo lo que México ha avanzado en estos aspectos —tanto en el legislativo como en la realidad— y que los medios electrónicos no vayan a deteriorar su imparcialidad y objetividad y que la equidad en este punto fortalezca a la equidad en todo el proceso electoral.

¿Y por qué cuatro años? Para que el nuevo gobierno y el nuevo congreso tengan tiempo de estudiar el tan debatido y llevado problema de una renovada y moderna legislación para los medios masivos de comunicación, en donde se pueda reglamentar el otorgamiento y la revocación de dichas concesiones; facultades que no pueden seguir siendo discrecionales del gobierno sino que debe crearse un consejo o comisión autónoma —como existen en diversos países— con una integración plural donde estén representantes de los propios medios, del gobierno, del poder legislativo, académicos y especialistas y una de sus facultades, entre muchas otras, sería el otorgamiento y la revocación de esas concesiones con criterios y procedimientos precisos y objetivos.            n

Jorge Carpizo. Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

La tragedia de los Noriega

LA TRAGEDIA DE LOS NORIEGA

POR CARLOS TELLO DÍAZ

Hay que resignarse a lo que Dios dispone.

Iñigo Noriega

Historias del olvido es el nuevo libro que Carlos Tello Díaz publicará este mes en la Editorial Cal y arena. Se trata de cuatro relatos que recuperan otras tantas historias de pasiones desdichadas que lo mismo transitan las guerras yucatecos que la casa chica del México desarrollista: Un mosaico de moralidad social que es un lujo de nuestra historia cultural.

En la mañana del 1 de febrero de 1913 los habitantes de la Ciudad de México leyeron en la prensa de la capital los pormenores de la tragedia de los Noriega. Los amigos más cercanos a la familia confirmaron así los rumores que. desde la víspera, circulaban alrededor de los sucesos acaecidos en el número 12 de la Calle de la Academia. Parecían mentira. Comprometían a uno de los hombres más ricos de México. Llenaban de luto su casa. La noticia mereció la primera plana de todos los periódicos.

UNA INMENSA DESVENTURA CUELGA CON NEGROS CRESPONES DE TRAGEDIA EL PALACIO DEL ACAUDALADO ESPAÑOL DON IÑIGO NORIEGA anunciaba El Diario.

EN UNA TRAGEDIA MISTERIOSA Y SOMBRÍA PIERDEN LA VIDA DOS HIJOS DE DON IÑIGO NORIEGA decía El Imparcial.

EL JOVEN IÑIGO NORIEGA DIO MUERTE A SU HERMANA EULALIA Y DESPUÉS SE PRIVO DE LA EXISTENCIA afirmaba Nueva Era. Algunos periódicos iban más lejos: sugerían las causas de la tragedia.

IÑIGO NORIEGA HIJO MATO A SU HERMANA DE ACUERDO CON ELLA Y SE SUICIDO. PREFIRIENDO ESTO AMBOS A SOPORTAR HUMILLACIONES Y ATROPELLOS declaraba El Intransigente.

UNA HIJA Y UN HIJO DE DON IÑIGO NORIEGA SE SUICIDARON ANOCHE: NUESTROS LECTORES BIEN SABEN CUAL ES LA CAUSA DE TAN EXECRABLES DETERMINACIONES insinuaba sin empacho La Nación.

Había sido la noche más larga del año de 1913. Todos en la familia la recordarían con horror por el resto de sus vidas. Teresa Ruiz fue la primera que vio los cuerpos en los altos de la casa de Academia. Vivía fuera de la ciudad, en una de las haciendas que pertenecían a la familia. Acababa de llegar por esos días a la capital para visitar a sus primos, los Noriega. Era muy amiga de Eulalia, en particular, con quien visitaba las propiedades que formaban el emporio de don Iñigo en el estado de México. Aquel viernes pensaba salir con ella por la noche, luego de merendar con unos invitados en la casa. Estaba ya lista para salir en el momento que sucedió la tragedia. “Cuenta la señorita Ruiz”. explicaría después la prensa, “que ella estaba en la planta baja del edificio cuando escuchó dos detonaciones, que subió inmediatamente al piso tercero a ver qué ocurría, y que como a la mitad de la escalera escuchó otros dos disparos”. Eran alrededor de las ocho de la noche. Al llegar a la recámara de su primo, extenuada por el esfuerzo, quedó por un instante sin habla, horrorizada con lo que veía. Iñigo yacía sobre la cama, con los ojos sin vida. Eulalia movía la cabeza, daba gemidos de dolor, apenas perceptibles, ahogados entre borbotones de sangre. Al ver así los cuerpos de sus primos, sin entender, comenzó a gritar por los corredores de la casa.

Los gritos fueron escuchados por uno de los empleados de don Iñigo, el señor Manuel Cándano. Por ser fin de mes. los empleados habían tenido que permanecer un poco más en sus oficinas, situadas en los bajos de la casa. Cándano terminaba de poner en orden sus papeles cuando escuchó los disparos. Produjeron, recordó, “un estruendo seco, idéntico al que produce la caída de un tablón de madera”. Subió las escaleras al instante, sin perder el aliento, guiado por los gritos de la señorita Teresa. Al entrar a la alcoba del crimen vio lo mismo que acababa de ver la prima de las víctimas. Había un aire de quietud en el ambiente. Sobre el lecho de la estancia. Eulalia yacía boca arriba, con su rostro lleno de sangre; Iñigo yacía a su lado, recargado sobre sus piernas, inmóvil, cubierto también de sangre. El cobertor estaba teñido de rojo, como todo lo demás en esa cama. “Quedé atónito”, recordaría Cándano. “Al reponerme un poco pude ver cómo la señorita aún tenía alientos de vida. Abría desmesuradamente sus ojos que se clavaron en mí, sin que dijera una sola palabra. Movió después la cabeza y finalmente la dejó caer sobre su brazo”. Atrás de Cándano subieron otros dos empleados de las oficinas. No sabían qué hacer. En la casa nada más estaban algunas de las hijas del señor Noriega.

Las muchachas, al conocer la tragedia, llamaron por teléfono al médico de la familia, el doctor Agustín Reza. Era muy urgente, le dijeron entre sollozos. El doctor Reza llegó de inmediato. Fue conducido por ellas a la alcoba del crimen, donde tomó el pulso de los cuerpos de Iñigo y de Eulalia. Estaban tibios aún pero ya sin vida. El doctor, impresionado, afirmó con desaliento que no había nada que hacer. La muchachas estaban histéricas. Sus gritos sonaban por toda la casa. En ese momento, los empleados de las oficinas, sin esperar más. dieron órdenes al chofer de preparar el automóvil. El chofer activó con el crank los pistones del motor: después prendió con un cerillo los faros de acetileno del vehículo. Era una operación bastante complicada. Hacia las ocho y media de la noche. Cándano salió con él para la Inspección General de Policía. Avanzó de prisa por las calles, apenas alumbradas con la luz de las aceras. La ciudad, en general, estaba siempre muy callada a esas horas de la noche. Al llegar a las oficinas, Cándano le notificó lo sucedido al inspector en persona, el mayor Emiliano López Figueroa. El inspector reaccionó de inmediato: él mismo dio vueltas a la manivela de su teléfono para llamar a la central, donde pidió que lo comunicaran con el 2316. el número de la familia Noriega. Nadie debía tocar los cuerpos, ordenó. Salió después en un automóvil con dos de sus agentes hacia la escena del crimen.

Los agentes de López Figueroa fueron los primeros en hacer las investigaciones alrededor del fratricidio de Academia 12. Revisaron ambos cuerpos en detalle. Eulalia tenía quemada la ropa a la altura del pecho y mostraba la huella del fogonazo en una de sus mejillas. Estaba acostada de espaldas sobre dos almohadones en la cama de su hermano. Iñigo, a su vez, permanecía caído hacia delante sobre los muslos de la muchacha, a quien sujetaba por la cintura con una de sus manos. Sus piernas, como de títere, colgaban en un costado de la cama. Eulalia tenía dos balazos: uno en el pecho, que entraba por el seno derecho y salía por la espalda, y otro en la cabeza, que entraba por el carrillo izquierdo y salía por la nuca. Iñigo tenía dos balazos también, muy similares: uno en la cabeza, que entraba por la sien derecha y salía por el cráneo, y otro en el pecho, que entraba por la tetilla izquierda, pasaba por el corazón y salía finalmente por la espalda. Había disparado dos veces contra su hermana, y después había disparado contra sí mismo primero en el corazón y luego en la cabeza, mientras caía muerto. Los cuatro balazos fueron mortales. El arma permanecía sobre la cama, al lado del fratricida. Era una pistola tipo escuadra, pavonada, marca Browning. Los agentes anotaron en sus libretas el resto de los datos: número de serie 85-443, calibre 32, cargador para siete proyectiles (cuatro de los cuales habían sido utilizados). La pistola conservaba, todavía. el olor a pólvora de los disparos.

La recámara de Iñigo estaba localizada en el tercer piso de la casa de Academia. Era muy austera, a pesar del lujo de los tapetes que cubrían el piso de madera. Tenía dos puertas, una que daba al corredor y otra que comunicaba con el resto de las habitaciones. A la derecha de la cama había un buró con cubierta de mármol: a la izquierda, más alejado, un ropero de nogal lleno de compartimentos. En uno de los rincones estaba la mesa del tocador con un sillón de felpa. Iñigo había estado bebiendo antes del crimen, como pudieron comprobar los agentes al analizar el cadáver. “Tanto las narices como la boca”, afirmaron, “tenían un pronunciado olor a alcohol”. En el buró guardaba sus botellas: unas de Jerez González y otras de Cerveza Soi. Alrededor de los cuerpos —era de notar— no había indicios de violencia. Todo daba la impresión de que. allí, en ese cuarto, había tenido lugar un pacto de suicidas. Las cuatro balas fueron localizadas por los agentes de la policía. La que golpeó a Eulalia en la cabeza estaba en uno de los almohadones; la que la hirió en el pecho apareció en el colchón; la que destrozó el corazón de Iñigo había ido a parar al suelo, junto a la mesa del tocador; la que le perforó la sien, en fin. luego de desportillar el borde del lavabo y de quebrar el marco del espejo del tocador, atravesó un ejemplar del periódico español Nuevo Mundo, que colgaba de la pared, para terminar incrustada en la superficie del muro. Estaba totalmente deformada.

Iñigo tenía en la faltriquera de su chaleco un reloj de oro marca Waltham con sus iniciales grabadas en el reverso: INC. El reloj estaba lleno de sangre, en parte coagulada por el efecto del tiempo. Había detenido su marcha —supusieron los agentes— a la hora de la tragedia: las ocho con dos minutos. Sobre la cama, a su lado, había un pañuelo de algodón empapado con vino de jerez. En una de las bolsas de su saco, el joven traía consigo un cargador de balas para su pistola, junto con monedas de 50.20.10 y 5 centavos. Era más o menos el dinero que llevaba siempre, para cubrir los gastos de la jornada. En los bolsillos de su pantalón, por último, aparecieron objetos muy disímbolos: un puñal, unas tijeras para las uñas, una mascada de seda con manchas. Allí también apareció lo más interesante de todo: un cuaderno de notas con la pasta decorada con repujado de plata. En ese cuaderno. Iñigo había dejado garabateada una frase que no supo cómo terminar. Era una especie de recordatorio. “Escríbele tarjeta al inspector de policía diciéndole…”. Nada más eso señalaba. La noche de la tragedia, el inspector en persona leyó con atención la nota de Noriega. ¿Qué cosa le había querido decir ese muchacho? ¿Acaso el secreto de la tragedia? Nunca lo sabría.

El inspector de policía descubrió también, en aquel cuarto, unas notas que resultaron importantes para las aclaraciones. Iñigo estaba a punto de salir de viaje la noche de la tragedia. Su tren, de hecho, partía esa madrugada rumbo a Nueva York, donde planeaba pasar unos días con su hermano Manuel, antes de continuar en un vapor hacia el Viejo Continente. Manuel era el más chico de los dos. Vivía en esa ciudad desde hacía unos años, a raíz de un malentendido que había tenido con su padre. Las maletas de viaje —dos nada más— estaban colocadas al pie de la cama de Iñigo. Ambas sostenían unos mensajes, escritos a mano por él minutos antes de morir. La valija más grande tenía uno que decía: “El contenido de esta maleta es para Manolo mi hermano —Iñigo”. La más pequeña, a su vez, tenía otro que decía: “El contenido de esta maletita y el rifle, parque y cargadores que tengo en Río Frío son para Manolo. Las navajas de afeitar, zapatos y útiles de tocador se repartirán entre los criados —Iñigo”. Las notas despejaron al menos una de las dudas que tenía la policía: el suicidio había sido premeditado —aunque nada demostraba que también había sido pactado. Sus causas, en efecto, permanecían en las tinieblas.

Don Iñigo Noriega. el padre de las víctimas, acababa de llegar a su casa en el momento en que los agentes de la policía comenzaban sus investigaciones. Eran cerca de las nueve de la noche. Noriega tenía la costumbre de visitar por esas horas a la familia que había procreado con otra mujer, la señora María Rivera, que vivía con sus hijos en el número 22 de la Calle de Revillagigedo. Don Iñigo, ya viudo, la frecuentaba desde hacía más de quince años, pero todavía no contraía matrimonio con ella. Aquella noche, luego de verla, regresaba sin prisas a su casa, como tantas otras veces en su vida. El doctor Agustín Reza lo recibió con los empleados al pie de la escalera del vestíbulo. Dos de sus hijos, le dijo, habían sufrido un accidente. Iñigo y Eulalia. Un accidente muy grave, añadió, con un arma de fuego. Noriega debió de notar en su expresión la magnitud de la tragedia.

—Pero ¿están muertos? —exclamó—. ¿Los dos?

El doctor Reza le respondió que sí.

—Doctor, !por Dios! —gritó fuera de sí don Iñigo—. ¡Devuélvame a mis hijos!

Noriega no podía creer lo que sucedía. “Su emoción fue tal”, recordaron los testigos, “que perdió el habla, y parece que perdió también toda noción de la realidad”. Casi en brazos lo subieron sus empleados hasta las habitaciones. El resto de la noche transcurrió como una pesadilla.

Al día siguiente. 1 de febrero, llegó a la casa de Academia el licenciado Jesús Rojas, a quien las autoridades consignaron el acta levantada la víspera en las oficinas de la Segunda Demarcación de Policía. El señor Rojas, un hombre ya grande, muy respetado, era juez tercero de instrucción. En el momento de entrar a la casa, uno de los reporteros de El Imparcial le preguntó sobre las diligencias que practicaba con sus hombres en el caso Noriega. Rojas se puso serio.

—En mi larga vida de funcionario de la administración de justicia. y como particular, no obstante que han pasado por mis manos innumerables procesos y he tomado conocimiento de sucesos sensacionales. jamás ninguno —subrayó— me había impresionado tan dolorosamente como éste.

Rojas permaneció tres horas en la casa. No consideró necesario practicar la autopsia a los cuerpos de las víctimas. Hacia la una de la tarde, antes de partir, dio su autorización para disponer el sepelio. El doctor Reza, entonces, inició con un ayudante la preparación de los cadáveres. Su trabajo fue muy doloroso, pues los rostros de los hermanos estaban desfigurados. Al terminar. Iñigo y Eulalia fueron colocados en una de las habitaciones inmediatas a la sala. Los amigos de la familia levantaron, allí, una capilla para rezar. El señor Noriega. pálido como la cera, estaba demasiado débil para poder atender esos asuntos. “En su anonadamiento”, dijo la prensa, “parecía desprovisto de toda sensibilidad. El dolor lo había absorbido por completo”. Eulalia yacía en un ataúd de madera de caoba, forrado de seda blanca, decorado con aplicaciones de pasamanería. Iñigo yacía en un ataúd muy parecido, aunque la seda que lo cubría, también abullonada, era negra. Ambos féretros tenían una placa de plata con la fecha de su muerte. Estaban rodeados de cirios y de coronas de flores. A las cuatro de la tarde, entre sollozos, fueron sacados en hombros por los amigos de la familia. En el exterior de la casa, unos crespones de luto colgaban sobre las ventanas. Las aceras y las calles estaban llenas de curiosos. Algunos esperaban allí desde la mañana. Iñigo y Eulalia, en efecto, habían sido lanzados por la prensa —como señaló después un reportero, no sin hipocresía— “a servir de pasto a la insaciable curiosidad pública”.

Las cajas fueron depositadas en una carroza muy elegante de la Compañía de Trenes Eléctricos. Atrás de la carroza, después de los familiares más cercanos, iban los carros de tren —ocho en total— que transportaban al resto de los dolientes. Hacia las cinco de la tarde llegaron al Panteón Español. Allí, alrededor de la tumba de la familia, grande y austera, escucharon las palabras del sacerdote, que tuvo que pasar por alto las circunstancias en las que habían muerto los hermanos. El entierro fue presidido, desde luego, por el señor Iñigo Noriega. A sus lados estaban Bernardo de Cólogan, ministro de España, y Ernesto Madero, secretario de Hacienda en el gobierno de su sobrino, don Francisco. Al final de la ceremonia, los ataúdes fueron depositados con lentitud en el interior de la cripta. Allí permanecerían, lado a lado, en los años por venir. A la salida del panteón, el padre de los muertos, vestido con levita de duelo, recibió, una vez más. las condolencias de la comitiva. Al anochecer, todos regresaron a la ciudad. Los amigos de la familia que no pudieron asistir al sepelio —por una razón u otra— mandaron su pésame a las oficinas de Noriega, en el Apartado 480. Uno de ellos era don Porfirio Díaz, quien pasaba su vejez en el exilio, lejos de México. Díaz envió un cable con sus condolencias desde El Cairo, ciudad a la que acababa de llegar con su mujer en uno de los vapores que remontaban el Nilo. Quién sabe qué pensamientos cruzaron por su mente cuando recibió la nota que le comunicaba la muerte de los hijos de su compadre.

Al día siguiente de los funerales, el 2 de febrero, uno de los criados de Noriega, mientras regaba las plantas del corredor de la casa, encontró de pronto, entre las macetas, una carta firmada por el joven Iñigo. La carta llegó después a manos de la policía. Era muy reveladora. “La clave del enigma”, dirían incluso los periódicos, “algo así como el relato incoherente de un loco, en que las ideas aisladas y los conceptos cortados sólo hacían presumir que la idea del suicidio se había arraigado en su espíritu; en que explicaba que se daba muerte para no ir a ese viaje a Europa, que reputaba como un destierro, dejando a su hermana, a quien tanto quería, sola y sin su amparo”. El texto de la carta no fue nunca divulgado por la policía, pero su contenido, sugerido por la prensa, fortaleció los rumores acerca de las relaciones que mantenían ambos hermanos. Esas relaciones —íntimas, según los rumores— eran sin duda la causa de la tragedia. Así lo sugerían también muchos de los diarios que circulaban en la capital, entre ellos algunos de los más serios. Todos sin excepción destacaban en sus titulares el caso de los Noriega. Lo cual era natural: el caso, oculto por el misterio, deformado por el escándalo, involucraba, por supuesto, a la familia de uno de los hombres más ricos de México.            n

Carlos Tello Díaz. Escritor. Es autor de El exilio: Un relato de familia y La rebelión de Las Cañadas.

Septiembre – el Acoso financiero y el IV informe

CUADERNO DE NEXOS

SEPTIEMBRE: EL ACOSO FINANCIERO Y EL IV INFORME

POR ANÍBAL GUTIÉRREZ

Los meses de agosto y septiembre de 1998 pasarán a la historia como una de las etapas de mayor inestabilidad financiera que haya padecido la economía mexicana. En el marco de la crisis financiera de las economías asiáticas y rusa, la caída de los precios internacionales de las materias primas y la ausencia de un liderazgo claro en las principales economías industrializadas, los efectos negativos de la globalización financiera sobre las economías emergentes se hicieron evidentes. La desconfianza en torno a su futuro y la necesidad de liquidez en los mercados propiciaron fuertes salidas de recursos de los mercados de valores causando estragos en los mercados de cambios y elevando las tasas de interés.

México no fue la excepción. El principal indicador de la Bolsa Mexicana de Valores, el índice de precios y cotizaciones, registraba al 10 de septiembre una caída de 44.2% con respecto al inicio del año. Asimismo, el tipo de cambio al mayoreo se ubicaba en 10.60 pesos por dólar, lo que representa una depreciación de 31.5% en el mismo lapso. Otro indicador, el relativo a las tasas de interés, da cuenta de un incremento de 97% en la tasa ofrecida por el Cete a 28 días al ubicarse en 36.9%, así como de un aumento de 149.8% en la tasa interbancaria de equilibrio. TIIE. al llegar a un nivel de 50.1%. Cabe destacar que el mayor deterioro se presentó en las últimas semanas de agosto y las primeras de septiembre.

Esta situación de continuas caídas en la Bolsa, mayor depreciación del peso e incremento en las tasas de interés se atribuye un día a lo que sucede en Japón, otro a la situación en Rusia, a veces a los deslices de Clinton y en otras ocasiones a la situación en Brasil. Argentina o Venezuela. Como sea el hecho real es que hay una extrema sensibilidad en el mercado financiero internacional ante lo cual no hay mecanismo de defensa alguno.

El mecanismo es el siguiente. Los grandes inversionistas institucionales administran cuantiosos recursos y tienen la capacidad de movilizar más capital que el dinero en circulación con el que cuentan diversos países. Así, pueden llegar a un mercado de valores cambiarse de dólares a la moneda local y con esos recursos adquirir acciones a buen precio. Luego, una vez que el valor de esos títulos llega a un nivel considerado como tope, puede dar inicio la salida, de modo que una acción que se compró barata se vende cara, después con el dinero de la transacción se compran dólares en la idea de que el primero que cambie obtiene un dólar barato y el último uno caro. Posteriormente, con un dólar caro y una acción de nueva cuenta barata, el inversionista institucional puede regresar, vender a un mejor precio sus dólares y comprar más barata la acción deseada. La regla es la movilidad del capital, la facilidad para entrar y salir de las economías y obtener una doble ganancia, la bursátil y la cambiaría.

Ahora bien, si se detecta que una economía en la que se ha invertido mucho tendrá problemas, la salida se precipita y si no se logra salir a tiempo, todavía se pueden vender títulos adquiridos en otros mercados. a efecto de obtener los suficientes dólares para cubrirse al invertir en economías fuertes en instrumentos más rentables y seguros. La idea es reducir el riesgo y minimizar los daños.

A estas decisiones están expuestas todas las economías y ello fue de algún modo reflejado en el mensaje presidencial del 1 de septiembre. pues además del tono mesurado no hubo referencias a las políticas monetarias y cambiaría, a la manera cómo están operando y cómo habrán de funcionar para modular los efectos de la inestabilidad externa, ni a la necesidad de reforzar los instrumentos de política económica. Más aún, no se mencionaron metas de inflación ni de saldos en la balanza comercial ni de pagos.

El mensaje presidencial reconoció más bien, un contexto internacional muy complicado por lo menos para los próximos dos años, con precios del petróleo deprimidos e inestabilidad financiera. En esta idea, se habló de posibilidades de crecimiento de 4% para 1999 y el 2000, pero no se mencionó la existencia de una fortaleza tal de la economía, que le vaya a permitir sortear con éxito y rápidamente las crisis financieras.

Esta situación de incertidumbre y desconfianza se refleja en la encuesta de opinión del Banco de México donde 21% de los analistas del sector privado entrevistados en el mes de julio, consideraban que el clima de negocios empeoraría; situación que cambia radicalmente en el mes de agosto cuando 83% opinó que la evolución económica del país no sería favorable, en tanto que 70% afirmó que era un mal momento para invertir.

En estas condiciones es evidente que el peso de la economía internacional sobre el rumbo de la economía mexicana determinará ritmos y rumbos del crecimiento económico futuro.

A la pregunta de qué hacer, no hay mucho que decir. En el contexto de los países más ricos del mundo, el Grupo de los Siete, la respuesta no va más allá de contemplar la posibilidad de desembolsar algunos miles de millones de dólares, para apoyar a las economías emergentes en problemas; en tanto que instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional, reportan ya el otorgamiento de 75,400 millones de dólares a países miembros, la mayor parte de ellos a consecuencia de la crisis financiera. Esta situación hace patente que no hay intenciones de revisar a fondo la capacidad de las instituciones monetarias internacionales para modular las acciones de los inversionistas internacionales.

Por otra parte, no está muy claro quién debería asumir el mayor costo de la estabilización de los mercados. En Asia la principal economía, Japón, se encuentra inmersa en una crisis que se expresa en los tres trimestres consecutivos con caídas en su nivel de producción, así como en su propio problema bancario que implica una cartera vencida de alrededor de 530 mil millones de dólares. 18% de su PIB. A ello se agrega la situación en Corea, Tailandia. Indonesia y demás.

En Europa, Alemania sigue asumiendo los costos de su reunificación y de la creación de la Unión Europea, al tiempo que uno de sus principales deudores, Rusia, con vencimientos de deuda para este semestre por 33 mil millones de dólares, enfrenta crisis políticas y financieras de gran magnitud. En este continente, en Estados Unidos da inicio una suerte de desaceleración, y el liderazgo del presidente Clinton se desvanece e incluso su permanencia en el poder se pone en duda.

A lo anterior hay que agregar que los precios de las materias primas en los mercados internacionales acumulan una caída promedio de 30%y que a la vez, se estima que los flujos de capital hacia las economías emergentes serán cuando mucho de una tercera parte de lo que habían sido en años pasados.

A consecuencia de lo anterior, la discusión sobre los controles, la regulación y supervisión financiera está latente. Para unos hay que defender el mercado y no estar con él solamente cuando las cosas mar bien; para otros hay que desarrollar mejores mecanismos de supervisión que tengan la capacidad de alertar y, en su caso, evitar los descalabros financieros.

Al respecto, llama la atención el mensaje presidencial, donde se hace referencia a la necesidad de reforzar la supervisión y la regulación bancaria, “aun contra la corriente de la globalización que exige un menor papel del Estado”. Este punto representa un cambio dramático en la percepción de la globalización y sus efectos, sobre todo cuando se viene de una posición en la que el mercado y la autorregulación eran vendidos como los mecanismos por excelencia para regular los mercados bancario y financiero. Por lo pronto no se vislumbran más mecanismos de regulación que las fluctuaciones en la tasa de interés y el tipo de cambio.

Sin embargo, aunque el factor externo cuenta y mucho, adentro hay una lista de pendientes que afectan el desenvolvimiento de la economía. Del mensaje presidencial se desprende que el principal problema es el bancario y que, en su conjunto, las iniciativas del paquete financiero, la reforma fiscal, la laboral, la ley de ingresos, el presupuesto de egresos, así como las que podrían generarse en sectores como el de la energía, conforman una agenda cargada de temas económicos delicados, que además irá acompañada de los pendientes políticos y de una rispida relación entre los partidos políticos y sus representantes, cuya atención ya está en las elecciones del año 2000.

Los resultados hablan de un crecimiento de 5.4% del PIB en el primer semestre del año; pese a ello, se estima que en este año se crecerá alrededor de 4.5%, es decir, 2.5 puntos por debajo de lo obtenido el año anterior, mientras que la inflación anual será de 17%, lo que rompe la tendencia a la baja al ser éste un porcentaje superior al alcanzado en 1997. Asimismo, se espera que la reducción de los flujos de capital determine un ingreso de inversión extranjera directa por 9 mil millones de dólares, 3 mil menos que en 1997, por lo que habrá un faltante de 5 mil millones de dólares para cubrir el desequilibrio en la cuenta corriente. Estas cifras son aceptables considerando las condiciones de inestabilidad, pero aún no se conocen a plenitud los efectos de la problemática financiera internacional y nacional.

Por lo pronto, se aprecia una economía que mantiene una dinámica de crecimiento, pero acosada por los desórdenes financieros internos y externos, así como por la indefinición en temas torales de la agenda nacional. El asunto Fobaproa. que de fondo tiene la reforma financiera, planteó serias dudas sobre la capacidad del ejecutivo federal para sacar adelante sus iniciativas y hace muy claro el riesgo de que el sistema bancario enfrente una crisis financiera que sería muy difícil y costoso superar. En lo que toca a la política monetaria, su funcionamiento fue boicoteado por la banca hasta que no se llegó a un acuerdo financiero con la autoridad, lo que puso en duda el margen de maniobra para responder con oportunidad a las contingencias del mercado.

Con un entorno financiero internacional ante el que parece no haber instrumentos para mitigar las crisis financieras y con indicios de que podría haber iniciado una profunda crisis internacional que marcaría el fin de siglo, y con una agenda interna inconclusa, el escenario de menor crecimiento, incertidumbre y dudas en torno a la capacidad de conducción de la política económica, refleja las presiones a las que se está viendo sometida la economía mexicana, así que no será extraño que en los meses por venir se vivan nuevos momentos de tensión que pongan en riesgo los avances logrados.           n

Aníbal Gutiérrez. Director de la revista Economía Informa y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Columnista del periódico La Crónica de Hoy.

Ninguna eternidad como la mía

La materia de este relato es tan poderosa y firme como la danza y el amor. Su escenario es la ciudad de México en la segunda década del siglo XX, cuando los volcanes y los gallos aún estaban al alcance de nuestros sentidos. La danza, el amor y la ciudad: con estos tres elementos Angeles Mastretta construye un amplio relato en cuyo curso la escritura baila sin parar.

Un año de ruegos diarios convenció a sus padres de que entre ellos y la contumacia de su Hija debía haber todo menos un abismo. Así que le buscaron lugar en la casa de huéspedes de una mujer con la que habían hecho amistad, cuando ella y su marido pasaron una temporada en el puerto. Se había quedado viuda y mantenía su casa frente al parque de Chapultepec dando albergue a quien su entraña le aconsejaba que merecía tal confianza.

Tuvo suerte. Despertó a la una y media recordando sólo el buen gusto del éxito y dispuesta a olvidarse del terror que éxito provocaba en el centro mismo de sus entrañas. Ella estaba enseñada a trabajar en silencio, a bailar porque si, por el placer de hacerlo. El asunto de los aplausos, sobre todo esta vez que Habían sido sólo para ella, le daba más desazón que dicha.

Yo, Isabel Arango Priede, me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de este me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contradecida. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. ‘Me comprometo a perdonar tos abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas, y nada abreviare que deba sucederme, ni la pena ni el éxtasis, para que cuando sea vieja tenga como deleite la detallada historia de mis días.

La música empezó a sonar como otra orden sobre los oídos de Isabel y ella la siguió urgida de una cura. Había perdido toda la hora de calentamiento y sin embargo podía levantar las piernas más alto que nunca y estirar la cintura como si los Hombros se los jalaran desde el cielo. Sus brazos alargados expresaban tristeza y toda ella parecía un ensueño de cristal ardiente, bailando como si no tuviera otro destino.

1.

Isabel Arango creció intensa y desatada como el olor del café. Había nacido un catorce de marzo, cerca de la estación de trenes de un puerto azul al que desembocaba el inmenso río Papaloapan. La mañana de ese día su madre sintió llegar, junto con los avisos del parto, la primera lluvia de unas nubes que trajeron a la zona el ciclón más fiero que pudo caber en la memoria de aquel pueblo. Llamado de urgencia, su padre caminó bajo el agua las tres calles que separaban su casa de la tienda de mercancías varias en la que se ganaba la vida.

Empapado y febril cruzó el patio y alcanzó la escalera para correr hasta al cuarto en que su mujer paría sin alardes a uno más de sus vástagos. Habían tenido cuatro varones durante los pasados cinco años, la niña llegó por fin haciendo más ruido que ninguno de sus hermanos.

Mientras abría los ojos al mundo de agua que todo lo rodeaba. en la estación del ferrocarril el viento arrancó los techos que cubrían a los viajeros en espera de un tren cuyos vagones quedaron volcados fuera de las vías. Un ruido de diablos caído del cielo estremeció el crepúsculo y no dejó de llover en tres semanas.

Todo aquel barullo no fue sino el inicio de la inquieta y jaranera niñez de Isabel Arango la quinta hija de un matrimonio de emigrantes asturianos que trabajando a la par había conseguido hacerse de la tienda más ecléctica de un puerto en el Atlántico. Lo misma vendían sardinas que libros de mecánica, novelas, jamón de jabugo queso manchego listones, harina, chiles, bacalao, y pan para judíos, cristianos y descreídos. Nunca una panadería había dado tantísima variedad de panes y jamás una tienda de comida se había atrevido con tal descaro y buen orden a dar albergue a un estante con libros, pero aquel era un puerto capaz de libertades y mezclas como no hubo en el país otro mejor.

Jugando como un niño y odiando la costura como una niña. Isabel aprendió lo esencial en una escuela del gobierno que cambió de ideas y reglamentos tantas veces como cambiaron los gobiernos entre 1908 y 1917 año éste último en el que se dio al país una nueva Constitución Política y a Isabel un certificado de enseñanza media. Lo que siguió fueron las mañanas ayudando a sus padres en la tienda y las tardes para leer y bailar.

Tenía Isabel un gusto por la danza muy raro en aquellas latitudes. Sin embargo, había dado con una exilada rusa que gastaba sus horas bailando y que en dos años le enseñó cuanto sabía y la ayudó a colocarse entre ceja y ceja la certidumbre de que nada haría mejor en la vida que ser bailarina. Así las cosas, no hubo nadie capaz de interponerse entre ella su afán de ir a estudiar a la ciudad de México. Un año de ruegos diarios convenció a sus padres de que entre ellos y la contumacia de su hija debía haber todo menos un abismo. Así que le buscaron lugar en la casa de huéspedes de una mujer con la que habían hecho amistad, cuando ella y su marido pasaron una temporada en el puerto. Se había quedado viuda y mantenía su casa frente al parque de Chapultepec dando albergue a quien su entraña le aconsejaba que merecía tal confianza. En cuanto supo que la hija de los Arango quería vivir en México, escribió una carta poniéndose a las órdenes de la familia y pidiendo que desde ya la niña y sus padres consideraran suya la casa en que ella tenía viviendo más de treinta años.

Desde que Isabel era niña, sus hermanos jugaban a bajarle el aroma desatado con un poco de leche y todavía su padre fue a la estación del tren cargando un vaso con algo de la ordeña matutina para intentar que ella la bebiera antes de irse, pero Isabel tuvo la precaución de no tocarlo, porque temía flaquear frente a los ojos de animal abandonado que su padre ocultaba mirando al frente como si algo se le hubiera perdido en el infinito.

—¿Qué se te pudo ir tan lejos? —le preguntó su madre—. ¿Por qué no te quedas a vivir y a tener hijos en paz?

—¿Para que luego me dejen como yo a ustedes? —le contestó Isabel.

Después la abrazó unos minutos largos y cuando la soltó cruzó los brazos esperando la bendición de todos los días. Su madre creía en el Dios de los cristianos con la misma fe con que hubiera creído en el de los chinos, si china hubiera sido y no asturiana. Así que le puso la mano en la frente y luego la bajó hasta su pecho para terminar de persignarla en silencio. Entonces ella volteó a ver a su padre y le guiñó un ojo.

—Siempre has hecho lo que se te ha pegado la gana, no veo por qué me sorprendo ahora —dijo él mientras la abrazaba como si quisiera acunarla igual que la primera noche de sus vidas bajo el ciclón—. Vete con paz. Te queremos, ya lo sabes.

Isabel subió al tren y sacó la cabeza por la ventanilla. Mientras el hermoso animal de fierro empezaba a girar sus ruedas alejándose despacio de la única tierra y el único mar de todos sus amores, ella se tragó las lágrimas moviendo los dos brazos como si bailara contra el aire.

—Cuídate el corazón —oyó decir a su padre.

—Te lo dejo —contestó ella. Luego metió el medio cuerpo que llevaba de fuera y se sentó a llorar con la cabeza entre las piernas. Tenía diecisiete años, era enero de 1921.

Se dejó acariciar por el aire cálido y salobre aún que la envolvía. En la ciudad de México haría frío, en dos semanas estarían por iniciarse los cursos en la única escuela de danza que su maestra rusa consideraba confiable. Una rara y pequeña institución creada por madame Alice Giron, una maestra francesa de la Pavlova que llegó a México en los arduos días de la guerra y se instaló a vivirlo como si reinara la paz. Por recomendación de su primera maestra, tan amiga de la francesa como aventureras podían ser ambas, a Isabel la había aceptado sin ponerla a prueba. Le dio tres meses para demostrar que tenía tamaños antes de recibirla en definitiva. El futuro parecía suyo, pero por primera vez lo miró sin desafiarlo. No conocía a un alma de entre las muchas que habitaban la ciudad de los palacios y los lagos, la ciudad de la que salían las guerras y las órdenes presidenciales, la ciudad que despierta a dos mil metros de altura bajo el augurio de dos volcanes.

Isabel viajó varios días antes de verlos la primera vez. Hasta que una tarde apareció en el horizonte la luz enigmática y embriagadora que los envuelve. El Popocatépetl y la Ixtazíhuatl, así supo desde niña que se llamaban. Su madre solía contar la historia de un pariente asturiano que enloqueció al mirarlos y se volvió sin pensarlo hasta Priesca, el pueblo verde y pobre del que había salido a buscar fortuna. Fue por recomendación suya que los Arango prefirieron quedarse en tierras bajas, a la vera del mar, y se lo agradecían. Habían sido felices frente a esas aguas, entre la gente salada y locuaz de aquella tierra. De todos modos se habían vuelto tan mexicanos como cualquiera de los que a diario se dejaban deslumhrar por el cielo cercano a los impasibles volcanes, bajo los cuales enconiraron los aztecas un lago con un nopal y encima el águila devorando una serpiente que se acomodó en el centro de la bandera cuando estas tierras pasaron a llamarse México.

Los volcanes aparecieron frente a los ojos de Isabel mientras el tren llegaba a la estación de Puebla, y desde entonces quiso reverenciarlos. No se atrevió siquiera a preguntarse las razones de su atracción por ellos. Le bastó su imponente belleza para considerarlos cosa sagrada, le bastó saber que ya estaban ahí millones de años antes de que la especie humana llegara al mundo. Impávidos y heroicos, insaciables y remotos. Ellos sí que mandaban en México, nadie que se pusiera bajo su amparo estaría solo en esas tierras. En su nueva vida, se prometió, todas sus pérdidas habrían de pasar por ellos y cuanta historia la conmoviera la sabrían sus abismos. Con semejante convicción perdió el poco miedo que aún rumiaba y se instaló a vivir en la casa de doña Prudencia Migoya, una mujer suave y trabajadora que le hacía honor a su nombre dejándola entrar y salir, comer y dormir a su aire.

—La ciudad todavía está peligrosa —le dijo tras el desayuno la primera mañana en que saldría al mundo—. Ayer estalló una bomba frente a la casa del arzobispo y otra en la tienda de alhajas “El Recuerdo”. Pero tú no vas a andar por esos rumbos. Cuida que no te quiten la bolsa y si te la quieren quitar deja que se la lleven. Baila bien que es lo que importa.

2.

Viéndola bailar a solas, sin imaginarse que la mirarían, una tarde cualquiera entre las altas paredes del salón que albergaba sus clases, madame Alice, la directora de la escuela, entendió que la índole de Isabel estaba cruzada por la fiebre de quienes viven el arte como una religión. Y no necesitó más para dejarla quedarse a trabajar en el intento de convertirse en profesional. No sería fácil, de cincuenta que ingresaban conseguían permanecer menos de siete. La danza es una disciplina de locos y de jóvenes, por eso Isabel parecía una promesa y cualquiera que la hubiera visto bailar aquella tarde hubiera estado de acuerdo con su maestra en que la vida valdrá la pena mientras haya en el mundo seres capaces de hacer magia cuando profesan una pasión.

No estaban los tiempos como para empeñarse en bailar, aún ardían en el país las brasas de lo que fue su ardiente revolución. sin embargo Isabel bailaba ocho horas diarias y comía una vez al día. Se puso delgada como sardina y ojerosa como un mapache, le brincaron los pómulos y le crecieron los ojos, tenía el vientre plano como un remanso de agua y los pechos firmes y pequeños como duraznos. El cuello se le estiró junto con las piernas y sólo le quedaban los labios gruesos de su abuela materna y la mirada oscura de los Arango como prueba irrefutable de que aún era ella.

Así pasaron casi tres años. La ciudad se dejaba vivir y para Isabel fue fácil llenarse de amigos. No sólo entre sus compañeros de clases, que los tenía de todos tipos: mujeres elocuentes y una minoría de hombres extraordinarios a los que en un país de pistolas les había dado por bailar, sino entre los amigos de esos amigos, casi siempre periodistas, poetas o pintores, pero también uno que otro político y una que otra piruja.

Había en su curso dos muchachos que hacían pareja, y se amaban o peleaban con la misma fruición que marido y mujer. Cuando la cosa se ponía muy difícil uno de ellos dejaba las lecciones con tal de no mirar al otro. Si estaban a punto de una ruptura no iba ninguno de los dos. Isabel se hizo amiga del más joven, un muchacho con la boca suave de una mujer y la hermosa espalda de un hombre. Un muchacho de pies pequeños y piernas largas que cuando en los ensayos la tomaba en sus brazos para alzarla al cielo inalcanzable de las bailarinas, le contaba cómo sufría su corazón en vilo o cuál era la triste incertidumbre de su finanzas. AI terminar los cursos normales seguían las pláticas en el tranvía que los llevaba hasta una clase de danza regional que no estaba en el programa de la escuela, pero que igual les parecía imprescindible. El muchacho se llamaba Pablo y era un lector desordenado que iba de Rubén Darío a Flaubert y al barón de Humboldt. Se reunía a tomar tragos con un grupo de hombres que le hubieran ganado la guerra de machos a Pancho Villa y que se emborrachaban con decisión y desafuero cuatro de cada siete días. Al principio porque sus ¡deas los obligaban a la tolerancia y después porque aprendieron a quererlo, ellos aceptaban a Pablito en su mesa y jamás hacían bromas sobre sus gustos de sexo y profesión. De vez en vez. hasta iban a verlo bailar cuando se presentaba en público.

En una de esas noches fue que Javier Corzas, poeta y telegrafista, descubrió la fiereza deslumbrante con que se movía Isabel Arango. Bailaba dentro de un grupo, pero él pensó que era ella quien perfumaba el aire por el que iban cruzando su precisa cintura, su espalda pequeña, sus brazos largos.

En la segunda mitad del programa. Isabel bailó una coreografía para ella sola que había dependido de su propia inventiva. Era un tristísimo cantar mexicano que cuenta los pesares de una mujer borracha que debe dejar su pueblo y su amor, para irse a la ciudad siguiendo el destino de su patrón. Isabel empezó el canto moviéndose con la finura un poco rígida que impone el ballet clásico, subida en unos zapatos de puntas romas sobre las cuales giraba como una muñeca de cuerda, presa de una incipiente borrachera. Luego, mientras seguía bailando se desató los lazos que ataban sus zapatos a sus piernas y terminó por tirarlos lejos mientras el juego de sus manos rompía la noche en dos y una luz le iluminaba el gesto haciéndola parecer un sortilegio. La borrachita desgarró su vestido y cayó al suelo donde su cuerpo se estremeció simulando la embriaguez más acongojada y armoniosa que hubieran visto los ojos de aquel público. Los últimos acordes la siguieron a perderse extendiendo los brazos desesperados hacia un horizonte de nada.

Javier Corzas se levantó antes que nadie y aplaudió arrebatado, seguro de que eso era lo más estremecedor y desafiante que alguien había bailado nunca. Tras él, quienes llenaban el teatro demostraron estar de acuerdo con aquello que bien podía llamarse un desafuero y lo aplaudieron hasta que Isabel se bajó del escenario y corrió a buscar refugio entre los brazos de doña Prudencia, su gorda y maternal casera. De ahí la separó el llamado de Pablo, a quien Corzas le había exigido que lo llevara junto a ella.

—¿De qué cielo caíste, mujer endiablada? —dijo el poeta—. Bailas como una diosa.

Isabel lo escuchó decir mientras le recorría el cuerpo con los ojos críticos que hasta entonces usaba para mirar a los hombres cuando la elogiaban.

—¿Eres periodista o político? —le preguntó.

—Soy poeta y trabajo en telégrafos. Pero desde hoy me dedico a mirarte.

Isabel sintió que hasta los volcanes estarían de acuerdo en que a ella le gustara aquel hombre. Tenía los ojos de desamparo y las manos largas y fuertes. Una sonrisa cínica y una voz de gitano. Semejante mezcla, lo presentía, era más peligrosa que pacífica, pero no quiso sino rendírsele.

—Te invito a cenar hoy o a comer mañana —dijo él como si ordenara.

—A comer mañana —contestó ella aplazando la fiesta para darse el tiempo de gozar esperándola.

Esa noche se fue a dormir con una borrachera de euforia tan irrefutable como la que había bailado. Era viernes. El sol del sábado la despertó hasta las once con el pelo revuelto y el espíritu reticente. Ya no le parecía tan buena la idea de irse a comer con un desconocido. Además, pensó, ese hombre en la cara lleva escrito el “yo gano siempre y cuando pierdo arrebato”.

—No seas miedosa. Siempre es mejor el riesgo que el tedio —le dijo doña Prudencia mientras la acompañaba a sorber su café.

—¿Me lo aconsejas con tu nombre en la lengua? —preguntó Isabel.

—Con todito mi nombre y mis presentimientos, que a veces valen más.

Isabel le dio un beso y volvió a meterse en la cama. No conocía otro modo de exorcizar el mal humor de la mañana, sino repetir el final de la noche y rogar porque el siguiente amanecer fuera con el pie derecho.

Tuvo suerte. Despertó a la una y media recordando sólo el buen gusto del éxito y dispuesta a olvidarse del terror que tal éxito provocaba en el centro mismo de sus entrañas. Ella estaba enseñada a trabajar en silencio, a bailar porque sí, por el placer de hacerlo. El asunto de los aplausos, sobre todo esta vez que habían sido sólo para ella, le daba más desazón que dicha.

Se metió en un clásico vestido de talle largo y falda corta, y buscó los zapatos con los que parecía andar de puntas. Doña Prudencia la revisó al cruzar la sala y silbó para sus adentros.

—Que la vida te guarde esa melena y esos hombros —le dijo. Luego la acompañó hasta a la puerta.

3.

Javier Corzas la vio salir con la luz del medio día entre los ojos y pensó que sería bueno abrazarla desde ya. Isabel extendió la mano fingiendo un aplomo que no sentía y lo saludó con un gesto de la cabeza.

—¿Cómo te amaneció, borrachita? —preguntó el poeta Corzas.

—Cruda —dijo Isabel con la sonrisa a medias.

—Ahorita te compongo con la mezcla infalible —prometió él tomándola del brazo.

Fueron hasta un lugar, sobre la calle de Correo Mayor, que era al mismo tiempo comedor y cantina. Se llamaba “La barca de oro” y tenía dos secciones. Una a la que sólo podían entrar los hombres que se nombraba “La barca”, y otra en la que se permitía la entrada con las mujeres, a quienes honraron llamando “El oro”.

Sin preguntarle a Isabel, Corzas pidió dos cervezas, dos tequilas con limón y dos vasos de ostiones.

—No quiero hacer esa mezcla —dijo Isabel.

—¿Qué otra cosa se podría esperar de una niña de su casa? —dijo el poeta—. Va por tu salud —agregó antes de beberse el tequila de un trago—. Así es como la gente se pierde la cosas buenas de la vida. Por puro prejuicio. ¿Qué. el tequila es de pobres, la cerveza de corrientes y los ostiones del mar? ¿Por eso ni los pruebas? Allá tú. Pero nada más imagina de lo que se pierde la gente que no come frijoles porque son negros. Pobre de ti, no vas a pasar de señorita de provincia.

—De señorita sí voy a pasar—dijo Isabel.

—Pues no sé cómo, porque con esos ascos a lo viscoso.

—Chinga a tu madre —dijo Isabel que al llegar a México había descubierto tan sonora respuesta y la usaba con un gusto que le embellecía la boca. Se la enseñó su amigo Pablito la primera tarde en que llegó furioso contra el novio, pero le recomendó que no la dijera más que si quería pleito o tenía mucha confianza.

—¿A chingadazos quieres que nos llevemos? —preguntó Corzas con la sonrisa como un aguinaldo.

—No —contestó Isabel—. Ni te odio ni te tengo tanta confianza.

—Pues qué lástima —dijo el poeta—. La confianza y el odio son dos de los tres vicios que genera el amor. Y eso sí que me gustaría provocarte.

—Cuál es el tercer vicio —preguntó Isabel fingiendo que no escuchaba la última frase.

—La terquedad —dijo Corzas—. La más dañina.

—Y a cambio de sus tres vicios, ¿le ves alguna virtud?

—Sí—contestó el poeta—. Emborracha.

—¡Qué horror! —dijo Isabel. Había bebido su tequila en dos tragos y lo sentía abrasándole la garganta.

—Ni digas, que tú de borracheras no sabes más que bailarlas.

—Mejor —rio Isabel.

—No seas rejega. Te hade tocar bailaren otra parte. Es ley bailar de amores, embriagarse, ir al cielo con zapatos y sin futuro. no tener miedo de morirse ni de estar vivo.

—¿Es ley? —preguntó Isabel.

—La única ley tangible que conozco —dijo Corzas—. Es ley que de puro enamorado se llegue a no sentir hambre, ni cansancio, a no tratar con el tiempo y sus desmanes, a ser dueño de la luz y de la noche. Salud, mi niña, por todos los amores que han de beber en ti. por la pena y la gloria que te esperan.

Isabel quiso correr de ese hablador que le pronosticaba desgracias y fortunas mientras decía intimidades como quien dice una estrofa del himno nacional. Pero no se movió de su asiento y levantó su nueva copa para bebería.

—Salud —dijo— porque la vida sea más sobria de lo que te parece.

—Y tan loca como quieres que sea —contestó él.

—¿Vamos a pedir comida o sólo de borrachos pasaremos la tarde? —preguntó Isabel.

—Aquí la comida llega con sólo pedir bebida —dijo Corzas señalando al mesero cargado de tres cazuelas que se acercaba a su mesa.

Durante las siguientes horas comieron, conversaron y bebieron hasta que la tarde los alcanzó creyendo que se conocían desde siempre. Entonces se echaron a caminar por el centro de la ciudad sin más tregua ni guía que su deseo de seguir juntos. La pálida luz del crepúsculo los encontró en el callejón de las tiendas de antigüedades. Ahí donde las joyas y los simples vejestorios convivían sin más diferencia que el gusto del cliente y el capricho del vendedor. Ahí donde las cosas nunca tienen el mismo valor que su precio, y donde entonces eran baratas porque la época despreciaba lo viejo imaginando que nada podía ser más promisorio que el futuro.

Isabel caminó por las tiendas entre objetos extraños, deleitándose con la extravagancia de cuanto la rodeaba. Hasta que al entrar a un salón diminuto su cabeza golpeó con las patas de una mecedora que estaba colgada del techo. Era una de esas piezas de encino que tienen el respaldo y los barrotes labrados. Le faltaba un barrote, pero en el cabezal tenía la cara de un viejo alegre, acorralado por su mostacho y sus barbas.

—Debe ser un buen consejero —dijo Isabel que había pedido que le mostraran la silla y se deleitaba contemplándola.

—¿Quién? —preguntó Corzas mientras pasaba un brazo por los hombros de Isabel.

—El viejo éste —contestó ella acariciando el respaldo.

—¿Y tú para qué quieres un consejero?

—Digamos que voy a querer un oyente —explicó Isabel—. Desde ahora, pero sobre todo cuando sea vieja. Más aún si voy a emborracharme tanto como predices y si emborracharse depende tan poco de uno y si cada borrachera me puede hundir en abismos y noches impredecibles.

—¿Yo dije eso? Ya no me acuerdo. Casi siempre se me olvidan mis discursos, no los tomes en cuenta —pidió él mientras metía sus dedos en la melena de Isabel como si la peinara.

—Me voy a comprar esta silla —dijo Isabel sacudiendo la cabeza como un potro inquieto.

—¿Ahora? —preguntó Corzas.

—Ahorita en este instante. Con el dinero que me pagaron ayer, con la ganancia de mi primer borrachera y el compromiso de sentarme a conversar en ella cada vez que esté cruda. Este viejo me va a oír —dijo acariciando el respaldo de la silla. Luego se puso a regatear con el dueño de la tienda. Un hombre menos guapo y más pestilente que el de la mecedora, buen conversador y mejor marchante que entre piropos y zalamerías aceptó el precio que Isabel quiso darle a su silla.

—Te agradecería que me concedieras el honor de pagar tu vejestorio —pidió Corzas.

—De ninguna manera. ¿No ves que me urge gastar el primer salario ? Lo que sí acepto es que funjas como padrino de mi encuentro con la silla que escuchará mis crudas —dijo Isabel. Luego sacó de su bolsa el dinero y tras entregarlo dijo—: Ahora falta el ensalmo.

—¿Cuál ensalmo? —preguntó Corzas.

—Uno que yo me sé —contestó Isabel dirigiéndose hacia la pequeña plaza que habían dejado dos calles atrás.

En el camino le contó a Corzas la historia de una bisabuela suya que habiéndose aburrido de más a lo largo de su vida, le heredó a su nieta, la madre de Isabel, la mecedora en que se había sentado a recordar durante sus últimos inviernos asturianos. Además de la silla le dejó un escrito que debía repetir antes de usarla por primera vez y le hizo prometer que lo enseñaría a sus hijas como quien les enseña la única oración necesaria de sus vidas.

Regida por la culpa de no haber cargado hasta México con la mecedora de su abuela, la madre de Isabel había memorizado el ensalmo y había hecho que lo memorizara su única hija.

—Y dice —comenzó Isabel detenida junto a la mecedora que Corzas puso sobre un prado—: Yo, Isabel Arango Priede me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de éste me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contradecida. Me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme, ni la pena ni el éxtasis, para que cuando sea vieja tenga como deleite la detallada historia de mis días.

4.

Tras la última palabra de su conjuro, Isabel dio una vuelta sobre sí misma y extendió una larga caravana frente a su mecedora.

Javier Corzas había oído su juramento como quien oye un desvarío y la quiso besar sin más preámbulo. Las mujeres encuentran asideros en todas partes, pensó, pero no dijo una palabra. Isabel se había enderezado y él la tomó de la cintura y se puso a besarla en mitad del parque oscureciendo. Ella tampoco dijo nada. Se limitó a iniciar el cumplimiento de sus compromisos con el ensalmo.

Esa noche volvió muy tarde a la casa de doña Prudencia. Cruzó de puntas el salón de la entrada y cuando empezaba a subir la escalera oyó su voz saliendo del comedor:

—¿Cómo te fue mi querido ángel de la noche?

—Me fue y me vino —respondió Isabel soltando la risa más permisiva de cuantas se habían soltado en esa casa.

—Diablo de criatura, ten cuidado con tu entrepierna.

—Justo siento como estrellas ahí en medio.

—Conozco ese síntoma y es más peligroso que los deseos de castidad —dijo doña Prudencia persignándose—. Te recuerdo que estás aquí para ser bailarina. No vayas a terminar con una panza como la de tu amiga Esther.

—Pobre Esther. no hizo más que enamorarse —dijo Isabel.

—Sin don, ni tino, ni cuidados —sentenció doña Prudencia—. Y en esto del amor hay que usar la cabeza tanto como la entrepierna. Ven aquí que te doy unos consejos —dijo, quitando del sillón la ropa que remendaba y abriendo un lugar para que la muchacha se acomodara junto a ella.

Hablaron hasta que la luz del amanecer encegueció sus ojos desvelados y luego se quedaron dormidas una contra la otra. El día las despertó dos horas después. Isabel brincó a bañarse y salió corriendo rumbo a su primera clase. Bailó toda la mañana, ensimismada y misteriosa, provocando la curiosidad de Pablito que en el descanso de la primera hora se atrevió por fin a pedirle que se lo contara todo por favor.

—Todavía no tengo mucho que contar.

—No inventes —pidió Pablito—. Te lo ruego, déjame vivir de prestado, cuéntame una historia de amor. ¿No ves que me está secando el abandono?

—Te puedo contar el preámbulo de una historia. No sé otra cosa.

—Claro que sabes. ¿Qué presientes?

—La gloria, pero sin paz —dijo Isabel.

—Mientras no te dejen —suspiró Pablito. Respiraba por la herida de un imprevisto viaje de su novio rumbo a Italia, dizque a estudiar, pero por todos sabido que siguiendo el derrotero de un niño rico que se lo llevó a ver museos para besarlo bajo la luz de otras lunas.

—Mejor que se haya ido ese cabrón mentiroso. Tan horrible que bailaba, tan feo aliento que tenía —le dijo Isabel para distraerlo.

—¿Te parece que tenía feo aliento? —preguntó Pablito a quien la falta de higiene lo horrorizaba como pocas cosas.

—Aliento de sapo —dijo Isabel, yendo hacia las barras porque iniciaba la siguiente clase.

—Díscola. No me contaste nada —se quejó Pablito.

—Cuando haya que contar te cuento —prometió Isabel.

Los meses que siguieron, la vida fue generosa para todos. Isabel dejó que Javier Corzas le tomara la existencia, y Pablito escuchó entre clase y clase toda suerte de milagros amorosos.

Al principio cada descanso estaba lleno de anécdotas en torno al color de la luz que había una tarde y lo frondoso de un ahuehuete en Chapultepec, hasta que el mundo de Isabel se iluminó como ningún otro y Pablo consiguió llegar cerca del penúltimo recoveco de sus emociones para enterarse de cómo iban creciendo y complicándose.

—¿De verdad te besa ahí?

—Y también aquí —decía ella señalando lugares más escondidos.

—Me das envidia.

—Yo también me doy envidia —decía ella abriendo una risa de cometa.

Unas vacaciones Isabel arrastró a Corzas hasta su puerto a conocer a los Arango y a su mar. Como las cartas de su hija llegaban cada día más llenas de Javier el poeta, cuando los Arango lo vieron aparecer con Isabel y la compañía de Prudencia Migoya en calidad de vigilante del recato, ellos lo recibieron con la calidez conversadora que alegraba sus días. Los hermanos de Isabel se habían casado como era debido y la casa frente a la estación del tren tenía recámaras de sobra para las visitas. Corzas y doña Prudencia quedaron cada uno en un cuarto. Isabel volvió al que nunca dejó de ser suyo. Ahí recibía todas las noches la visita clandestina y por lo mismo más desatada que nunca de Javier Corzas y sus manos, su quimera.

Durante el día. el mar lució sus mejores brillos y el cielo no dejó cruzar una nube por su impasible azul. En las mañanas. Prudencia Migoya se sentaba en la tienda a conversar con los Arango hasta la hora de la comida, mientras Corzas su borra- chita caminaban la playa para extenuarla, asoleándose como iguanas o perdidos entre olas con las que jugaban abrazados incluso cuando alguna los revolcaba.

—La próxima vez que veamos venir una muy alta, no me sueltes —le pidió Isabel.

—No seas loca. Nos ahoga. No se puede nadar uno sobre otro —dijo Corzas.

—Todo se puede uno con otro. Anda —pidió ella—. que nos maltrate lo que nos maltrate, pero que no logre separarnos.

—Nos va a lastimar —dijo él.

—Nada nos puede lastimar —contestó ella negándose a soltarlo cuando la ola llegó inmensa y los arrastró como si fueran caracolas, llevándolos hasta la orilla entre golpes y raspones.

Con una felicidad de pez. Isabel se rio del susto en los ojos de Corzas.

—Ven aquí que te lamo la sal de los rasguños —le dijo.

—Te puedes quedar sin piernas, borrachita —sermoneó Corzas acariciándole la cabeza llena de arena.

—Pero no sin las tuyas —dijo Isabel y se puso a lamerle un raspón en el hombro.

Volvieron a México tras una semana de amores en la sal. todavía más puestos uno en el otro que al principio. Y la ciudad los cobijó con sus largos días de verano lluvioso.

—La tarde está entrada en sexo —decía Corzas cuando iba por ella a la academia. Y como si no hubiera bailado toda la mañana. Isabel se desnudaba para una danza de prodigios y desvarios que duraba hasta muy entrada la noche.

Después caminaban desde la calle de Artes hasta la casa de Prudencia Migoya y la entretenían con la ostentación de sus mutuas devociones y con el recuento de sus varias esperanzas. Entre besos y mimos que a Prudencia le provocaban más hilaridad y remembranzas que pudor, le iban contando las últimas noticias mientras la acompañaban a beber su agua de tila. Javier Corzas escribió los únicos poemas alegres de su vida y un editor arriesgado quiso publicárselos. En la academia de danza había un revuelo porque madame Girón, que cada vez era más vieja y más sabia, decidió ir deshaciéndose de sus ahorros y gastaba en preparar una función de gala, condescendía con Pablito y dos muchachas que siempre le pagaban tarde y prometía un viaje para aquel de sus alumnos que demostrara ser el mejor.

—Tú lo vas a ganar —quiso intuir Prudencia Migoya cuando Isabel contó el asunto.

—Yo no voy ni a buscarlo. Estoy feliz aquí, tengo todo por aprender, todo por bailar y mucho que besar a mi alrededor —dijo acercando su boca a la sonrisa con que la escuchaba Javier Corzas.

—Isabel, niña, tú sigues teniendo avidez de virgen—opinó Prudencia Migoya—. Que la vida te la guarde. No hay como desear lo que se tiene a la mano.

—Y al revés —contestó Isabel—. No hay como tener a la mano lo que se desea. Oyelo bien. Corzas, “por ti contaría la arena del mar” —cantó abrazándolo como si acabara de encontrárselo.

5.

Agosto llegó como el agua, inolvidable y diáfano. Los volcanes tuvieron nieve a diario. Y a Isabel le parecieron más elocuentes que nunca. Una tarde subió con Corzas a la azotea de su casa para mirarlos como si le urgiera preguntarles algo antes de que la luz desvaneciéndose ciñera su estampa hasta desaparecerlos.

—Cómo te quiero, Corzas. Me doy miedo —dijo Isabel deteniéndose en él para tomarse un pie con la mano y levantarlo junto con la pierna toda a la altura de su cabeza. Luego giró sobre el otro pie hasta tenerlo enfrente y lo besó sin bajar la pierna ni temblar—. ¿Me haces el amor? —preguntó.

—Estoy a tus órdenes, niña —dijo Corzas.

Bajaron corriendo al cuarto de Corzas, que era el cuarto de todos sus anocheceres, a dar guerra, leer poesía y murmurarse juramentos indescifrables. Cuatro horas después, salieron a buscarse una cena con vino como dos camaradas agotados.

—Sabia virtud de conocer el tiempo —sentenció Corzas de repente. Habían terminado de cenar y bebían una última copa.

—¿Quién dice eso? —preguntó Isabel.

—Un amigo mío que fue capaz de hacer un soneto con la palabra tiempo.

—¿Qué más dice?

—A tiempo amar y desatarse a tiempo; como dice el refrán: dar tiempo al tiempo, que de amor y dolor alivia el tiempo.

—Ya no sigas, no me gusta tu tono —le pidió Isabel.

—Me voy a ir, borrachita —soltó Corzas.

—A dónde que más valgas y cuándo regresas —dijo Isabel jugueteando.

—A España. Me ofrecen un trabajo y la mejor comida del mundo. Calles que son como zarzuelas, toreros como milagros y mujeres que bailan como diosas. ¿Qué más puedo pedir?

Isabel lo escuchó como quien oye una tormenta. ¿Quién era ese hombre? ¿De dónde se sacaba esa crueldad de fuego? ¿En dónde estaba el otro, el de hacía una hora, el de la cama con locuras de apenas un rato antes?

—¿Y yo? —pudo decir—. ¿Me quieres explicar yo qué, de mí qué?

—Tú aquí te quedas a seguir bailando. Y luego te vas de viaje.

—Yo ni madres que me quedo aquí. Yo voy a donde tú vayas. Yo no quiero ser bailarina, ni diosa, ni viajar a ninguna parte. Yo quiero ser sólo tu mujer o tu sombra.

—No digas más, borrachita. Te oyes fatal. Tú eres una bailarina, una mujer que se basta a sí misma y una diosa aunque no quieras serlo. Pero yo no soy de amores largos, ni de quedarme quieto, ni menos de llevarte por el mundo como si fueras mi rabo. Mejor me voy ahora que nos queremos tanto, me voy antes de que le lleguen los vicios a esto que nos ha salido tan bien. Ya nos tenemos demasiada confianza, me voy a ir antes de que nos entren la terquedad o el odio.

Isabel se soltó a llorar con las lágrimas que tenía guardadas para días que no había imaginado. No le cabía en la cabeza, pero menos en la entraña que Javier Corzas inventara irse de su vera. Que de la misma boca, con la misma lengua que apenas le jugaba como un pez entre los dientes, le estuviera diciendo tantísima crueldad como quien dice un Padre Nuestro.

—Estas jugando, ¿verdad? —le preguntó.

—No, Isabel. Me estoy yendo. Ven, te acompaño a tu casa —dijo él levantándose.

Isabel se quedó quieta un instante, mirándolo como si quisiera

guardárselo. Luego se levantó en silencio y en silencio caminó hasta su casa.

—Hoy no entro —dijo Corzas cuando ella abrió la puerta. Y eso fue lo último que de él guardaron los oídos de ella.

Prudencia Migoya la vio entrar desbaratándose en llanto y fingió la misma tranquilidad que si la hubiera visto entrar cantando.

—¿Por qué llora mi ángel? —dijo a sabiendas de que esa mujer no lloraría así más que por el hombre que no había entrado tras ella como todas las noches.

—Se quiere ir —dijo Isabel.

—¿A dónde que más lo quieran? Apenas anoche te adoraba.

—Dice que a un trabajo en España.

—Por favor, ¿quién le va a dar trabajo en España a un telegrafista revuelto con poeta? De eso en España abunda.

—Pruden, ¿qué hice yo mal? ¿Qué le hace falta?

—Le sobras tú, niña —dijo Prudencia Migoya jalándola de una mano para sentarla junto a ella—. Cuando los hombres inventan irse de repente, cuando pasan sin aviso de la adoración al desapego, es cuando ven a su mujer más crecida de lo que soportan. A Corzas le pesa lo buena que eres en tu oficio, le sobra tu avidez, tu certidumbre de que no hay imposibles, tu terquedad y hasta su certeza de que podrías vivir sin él.

—Mentira, no puedo vivir sin él —dijo la niña Arango.

—Claro que puedes. Y a eso le tiene pavor este hombre, al día en que te canses y lo dejes. Prefiere irse él primero que quedarse a esperar cuándo te vas.

—¿Cómo sabes eso? Yo no me quiero ir a ningún lado —dijo Isabel recuperando las palabras.

—Una parte de ti no se quiere ir, la otra está yéndose hace rato. No bailas todo el día para quedarte a zurcir los calcetines de Corzas. Ven a la cama. Mañana tienes clases. Y no te preocupes, ellos nunca se van en el primer intento.

—Hablas como si hubieras tenido más de un hombre —dijo Isabel permitiéndose una lenta sonrisa.

—Niña, yo como Rubén Dario, cuando temo estar triste bendigo mi suerte y repito sin culpa: “Plural ha sido la celeste historia de mi corazón”. Anda, ven a tu cama. Mañana con el sol veremos hasta siempre.

Por primera vez en tres años, al día siguiente Isabel no tuvo ganas de ir a clases. No había dormido sino un rato y al despertar sintió que el hueco bajo las costillas con el que se fue a la cama había crecido durante la noche hasta volverse un abismo. Salió de su recámara en busca de las luces de Prudencia Migoya. La encontró en la cocina calentando un poco de leche.

—Bébela y corre si no quieres quedarte sin hombre y sin escuela —le ordenó extendiendo el vaso con leche. Isabel lo bebió de un tirón y miró a Prudencia como si fuera una hada madrina. Era gorda y firme, beligerante como un guerrero y cariñosa como un pastel. Usaba unos camisones llenos de encajes que hubieran parecido los de una abuelita común, si no fuera porque en lugar de blancos eran de un rojo desorbitado.

—A veces, de sólo mirarte me dan ganas de creer en Dios —le dijo Isabel dándole un beso. Luego corrió a sus clases.

6.

Acostumbrada a exigir puntualidad, después de dos retardos Madame Girón suspendía para siempre el derecho a tomar clases en su academia. De ahí que no entendiera la tardanza de Isabel.

—Algo terrible debió pasarle —dijo en su español gutural y cantariego.

—O prodigioso —sugirió Pablo entornando los ojos.

—Nada que la quite de aquí puede ser prodigioso —dijo la madame disgustada. Era lunes, llovía.

Isabel entró como una flecha al principio de la segunda clase. Madame Alice la miró con un reproche y no mostró compasión al notar sus ojos atribulados, su gesto huidizo, su cuerpo en congoja. De sobra conocía ella caras como ésa. Las había visto una y otra vez desbaratando la carrera de mujeres que hubieran sido grandes bailarinas y en cambio fueron medianas madres de familia. No les tenía piedad.

—Primer y último aviso, Isabel Arango. Este lugar es tu vida o te llevas tu vida a otra parte. Endereza los hombros y párate como si nada te doliera.

—Pero si todo me duele —dijo Isabel.

—Para bien. El arte necesita una dosis de dolor. No nos cuentes tu pena. Menos si es de amores. Vamos. Quinta posición. Misma rutina. Adelante.

La música empezó a sonar como otra orden sobre los oídos de Isabel y ella la siguió urgida de una cura. Había perdido toda la hora de calentamiento y sin embargo podía levantar las piernas más alto que nunca y estirar la cintura como si los hombros se los jalaran desde el cielo. Sus brazos alargados expresaban tristeza y toda ella parecía un ensueño de cristal ardiente, bailando como si no tuviera otro destino.

—¿Te enojaste con Corzas? —le preguntó Pablito una hora después durante el breve descanso.

—¿El te dijo algo? —preguntó Isabel.

—¿El, a qué horas? Me dices tú que estás bailando como nunca de bien, como si sólo esto tuvieras.

—Sólo esto tengo —dijo Isabel—. A Corzas lo invitaron a trabajar en España.

—Permíteme que lo dude —dijo Pablito—. Yo lo que oí es que en telégrafos lo trasladan al sureste y que andaba como perro sin dueño queriendo hacerse rico para quitarte del baile.

—Tú estás loco, a él le gusta que yo baile —dijo Isabel.

—Un rato, chula, nomás un rato. Luego todos quieren cama y cocina caliente.

—Corzas es distinto —dijo Isabel.

—Todos son distintos hasta que se vuelven iguales —dijo Pablito pasándole un brazo por la cintura a su desconsolada amiga.

La maestra se detuvo en el centro del salón y aplaudió interrumpiendo los corrillos.

—Retomamos. Isabel, concéntrate. Estás bailando muy bien como para distraerte —dijo Madame Girón haciendo el único elogio que alguna vez le habían escuchado sus alumnos durante una clase. Nunca elogiaba a la hora de enseñar, corregía siempre y cuando lograba que alguien interpretara su corrección haciendo las cosas como ella las quería, dejaba salir un lacónico y extragutural “correcto”. Por eso para Isabel aquello de “estás bailando muy bien”, fue como un bálsamo. La siguiente hora y media bailó aún mejor que la anterior.

—Poquito mejor que correcto —le dijo Madame Girón antes de abandonar el salón.

Habían terminado los ejercicios de ese día con una rutina en el suelo. Y ahí se quedaron Isabel y Pablito tomados de la mano, curándose los mutuos abandonos. Ahí los encontró cuchicheando Javier Corzas cuando apareció en busca de Isabel, como todas las tardes de los últimos seis meses.

Al verlo entrar ella rodó el cuerpo y quedó boca abajo, con la cara escondida entre los brazos.

—¿Tan rápido ya te quieres arrepentir de tus chingaderas? —le preguntó Pablo levantándose de un salto y enfrentándolo con la gallardía de un soldado.

—Tú no te metas, cabrón —le dijo Corzas empujándolo.

—Y tú no me empujes, machito de mierda. ¿Qué te crees? Que se puede jugar con la entraña de mi amiga como si yo no existiera. ¿Por qué le inventas que te vas a España? ¿No tienes corazón para ser humilde y aceptar que sólo vas aquí a la vuelta?

—¿Te quieres callar? —dijo Corzas—. Vamonos. Isabel.

—¿A España? —le preguntó Isabel sin moverse del suelo.

—A donde quieras —contestó él tirándose junto a ella y abrazándola como si nada hubiera dicho el día anterior.

—A mirar los volcanes —dijo Isabel.

Luego se levantó riendo, se puso la ropa encima de las mallas y sin quitarse los zapatos de puntas siguió a Corzas rumbo a la casa en la calle de Artes, como si la noche del día anterior hubiera sido una pesadilla olvidada.

—Adiós, débil. Que sea para bien —le gritó Pablo desde la puerta.

No subieron a ver los volcanes. En cambio pasaron la tarde yendo y viniendo por sus cuerpos desolados como si llevaran siglos extrañándose.

—No sé vivir sin ti —dijo Corzas, pasándole un dedo por la espalda—. Quiero que vengas conmigo a donde se me ocurra.

—Todo fuera como eso —dijo Isabel, metiendo su cabeza entre las piernas de Corzas.

Esa noche no volvió a dormir a la casa de Prudencia Migoya. Le avisó que había recuperado la fortuna y que no pensaba perderla. A la mañana siguiente faltó a clases y también a la siguiente. Por una semana nadie supo de ellos. Pasaron los días mirándose las risas y las noches caminando y bebiendo hasta la madrugada.

—¿A dónde te vas cuando bailas como si te perdieras? —le preguntó Corzas a las tres de la mañana del sábado.

—A la gloria —dijo Isabel evocadora.

—¿Y qué tienes conmigo?

—Todo.

—Qué terca eres. Isabel —dijo Corzas—. Déjame ir. Sálvate de mí.

—Métete aquí y no me molestes —dijo Isabel llamándolo a la cama. Habían bebido de más y de más también se quisieron esa noche. Cuando por fin el cansancio los adormeció a uno en el otro, un gallo de pueblo cantó en mitad de la ciudad y los pájaros empezaron su alboroto como si nada.

Isabel despertó por ahí de las doce con el sol picándole los ojos. Encontró vacío el otro lado de la cama. Se acurrucó diciéndose que Corzas había bajado a la calle por el periódico. Pero tras media hora de espera, un susto le picó el ceño. Se levantó de un salto y caminó hacia la mesa en que Corzas acostumbraba pasar horas leyendo. Le sorprendió un orden que no había el día anterior. No estaba el tiradero de libros y cuadernos de Corzas. En su lugar sólo había una caja de madera de Olinalá. Isabel la abrió con más curiosidad que aprensión. Dentro encontró el pañuelo de colores que le habían comprado a una gitana el día que les predijo largos años de amor felicidad. dos servilletas en las que Corzas le había escrito poemas, el programa del concierto en que estuvieron el viernes, un pedazo de pared desprendido del muro de una capilla colonial cuando se besaban recargándose en él. dos caramelos. Y una carta de Corzas pidiéndole perdón por irse sin ella.

Isabel la leyó sin llorar una lágrima. Luego, se lavó la cara. Peinó sus cabellos en desorden, cargó la caja y salió del cuarto como quien deja el cielo.

Llegó a la casa de Prudencia Migoya por ahí de las tres de la tarde y la encontró comiendo a solas en una mesa con platos y cubiertos para una persona más.

—¿Esperas a alguien? —le preguntó Isabel.

—A ti, mi diablo —dijo ella con una sonrisa grande como una casa de beneficencia pública.

—Podría yo suicidarme.

—Si ese final merece tu historia —contestó Prudencia Migoya.

—¿Y cuál otro? —preguntó Isabel, dejando que unas lágrimas gordas le cruzaran la cara.

—Yo diría que quien ha merecido la dicha puede soportar la desgracia, y que toda emoción santifica.

—Yo no quiero santificarme —dijo Isabel, derrotada.

—Pero quisiste el cielo. No hay cielo eterno. Ahora tienes que soportar el desfalco de perderlo. Pero la tierra también tiene sus encantos. Te voy a dar una probadita de alguno.

Prudencia Migoya se levantó a calentar una sopa de hongos y flores de calabaza. La puso frente al duelo de Isabel con una cesta de tortillas y una cazo con salsa verde.

—No llores y come un poco. No voy a dejar que te suicides de hambre. Te queda mucho por vivir.

—Tengo ganas de morirme —dijo Isabel empujando la sopa.

—Con que tengas ganas de algo —le contestó Prudencia acercándole la cuchara a los labios.

Isabel probó un poco de caldo y luego volvió a llorar durante los dos meses que siguieron a esa tarde. Lloraba camino a las clases y llorando bailaba todas las horas de su rutina diaria. Llorando comía uno que otro bocado de los muchos que Prudencia Migoya le acercó a la boca, llorando se iba a dormir y dormida soñó que lloraba.

—Mientras baile así. aunque llore así—dijo madame Girón, sin mostrar piedad.

Prudencia en cambio la consentía hasta llegar al extremo de cantarle en las noches para que se durmiera.

—No hay como un arcoiris cuando llueve —dijo una tarde abrazándola. Luego empezó a planear una excursión hasta el pueblo de Amecameca en las faldas de los volcanes.

Isabel fue con ella como iba a todas partes, sonámbula y hermosa, llorando.

—Parecen eternos —dijo tras una hora de contemplar los volcanes en silencio.

—Son lo más cercano a la eternidad que conocemos —dijo Prudencia—. Ni tus lágrimas van a durar tanto.

—Ni mis lágrimas —aceptó Isabel. Había dejado de llorar hacía una hora—. Espero que ningún desamor sea tan largo. Pero mi breve paso por el cielo, ese sí que duró tantísimo. Tengo a estos volcanes de testigos. Ninguna eternidad como la mía.     n

Angeles Mastretta. Escritora. Entre sus libros Arráncame la vida, Mal de amores. Muy pronto aparecerá El mundo iluminado bajo el sello de Cal y arena.

El azaroso rumbo de Rusia

EL AZAROSO RUMBO DE RUSIA

POR PEDRO AGUIRRE

Lo que más debe preocuparnos ahora es la debilidad de Rusia, no su fortaleza.

Anatol Lieven

La hecatombe financiera que azota a Rusia, con angustiosas repercusiones en escala global, ha vuelto a desplegar interrogantes sobre el futuro del país más grande del mundo: ¿verdaderamente avanza hacia el establecimiento de una democracia estable, o más bien, se acerca a la restauración de un régimen autoritario? ¿Podrá superar la profunda crisis que afecta a su economía y tener éxito en la construcción de un sistema eficaz de libre mercado, o volverán inexorablemente los comunistas al poder? ¿Qué augura para Rusia y para el mundo el resurgimiento del ultranacionalismo eslavófilo? ¿Tiene verdaderamente el debilitado Estado ruso control sobre su temible arsenal nuclear? Las respuestas a estas preguntas incumben a absolutamente todos los habitantes del planeta, considerando que hablamos de una potencia militar con capacidad para destruir varias veces al mundo.

Difícilmente el panorama podría presentarse más lóbrego para un país en plena transición. Desde la desaparición de la Unión Soviética. Rusia ha perdido más de la mitad del PIB y visto hacerse añicos su capacidad industrial: ha reducido su producción de carne y lácteos en casi 73%; prácticamente tres cuartas partes de los rusos viven de forma precaria, con la esperanza de vida rondando los 57 años y con la reaparición de enfermedades que habían sido erradicadas; y la deuda pública se calcula en un monto cercano a los 200.000 millones de dólares, cerca de 50% del PIB y equivalente a cinco veces los ingresos fiscales anuales. Lo que está sucediendo, incluida la desintegración de los sectores productivos y tecnológicos, es una catástrofe económica sin precedentes para una nación en tiempos de paz.

Con todo, a pesar de que la economía rusa está en una situación límite, el problema fundamental de la Federación es su debilidad institucional.

A Rusia le urge encontrar una solución a sus ingentes dificultades políticas, ya que únicamente así podrá comenzar a reconstruir su economía. Pero ninguno de los escenarios que es posible vislumbrar en la intrincada situación rusa es lo suficientemente plausible, ni lo debidamente alentador.

Parece evidente que a estas alturas, hemos de descartar una tersa transición a la democracia para Rusia. En 1993 disuelto a sangre y fuego el parlamento herencia de la era soviética, parecía que los reformistas tenían la oportunidad de reanudar con renovados bríos las tareas de la democratización. La promulgación de una nueva Constitución en 1994 tenía dos objetivos fundamentales: reforzar la estructura federal del Estado y reorganizar las relaciones entre los poderes ejecutivo y legislativo. Se erradicó la confusión que existía en las relaciones entre el centro y la periferia estableciendo claramente cuáles son los alcances y límites de las zonas administrativas en las que está dividida la Federación (oblast, krais y repúblicas), y se instauró un sistema de gobierno “semipresidencial” en principio, inspirado en el régimen francés de la V República, con un presidente electo directamente por los ciudadanos que dispone, para el desempeño de su ejercicio, de amplias facultades gubernamentales, pero con la presencia de un primer ministro responsable ante el parlamento. Importante es subrayar que en el caso de Rusia el presidente cuenta con atribuciones aún más trascendentales que en Francia, sobre todo en lo concerniente al nombramiento del primer ministro y del gabinete.

Una de las ideas originales del régimen semipresidencial es que exista como salvaguarda del sistema político un presidente capaz de sacar adelante al país en situaciones de emergencia o de caos. En los años cincuenta, Francia enfrentó inestabilidad gubernamental, activismo de grupos extremistas y división nacional a causa del asunto de Argelia, pero fue el advenimiento de la V República y la presencia del general De Gaulle como presidente lo que salvó a las instituciones democráticas. En la Rusia actual se tenía la esperanza de que un presidente decidido tuviera pocas trabas legales en su tarea de sacar adelante el programa de reformas económicas y de reforzar el entramado institucional.

Pero si algo ha demostrado Yeltsin en los últimos tiempos es que ni de lejos se parece a De Gaulle. Muy pronto aparecieron indicios de que las credenciales democráticas de Yeltsin estaban en tela de juicio con la sangrienta guerra en Chechenia, la acelerada oligarquización de la vida económica y la falta de voluntad para fortalecer la vida institucional del país.

Rusia ha padecido una extraordinaria pérdida de liderazgo político provocada, en parte, por la precaria salud del presidente, en parte, por la asombrosa ausencia de voluntad de acción del gobierno. La principal consecuencia de esta “desidia democrática” demostrada por Yeltsin es la desilusión que manifiesta la mayor parte de los rusos por la democracia. Rusia hoy añora un líder providencial capaz de sacar al país de sus múltiples problemas. El mesianismo es, sin duda, uno de los principales síntomas de debilidad y apatía de la sociedad civil.

A pesar de los signos desalentadores que acabamos de enumerar, escenarios extremadamente pesimistas sobre el futuro de Rusia también parecen, por ahora, improbables. En efecto, muchos analistas políticos han destacado el alarmante parecido que presenta la actual situación rusa con la crisis que padeció Alemania a principios de los años treinta y que la llevó al fascismo. La etapa de la historia alemana conocido como la República de Weimar (1919-1933) fue caracterizada por muchos de los elementos que ahora encontramos en la Rusia postsoviética: intensa crisis económica, recurrencia hiperinflacionaria, desempleo crónico, desprestigio de las instituciones gubernamentales, violencia política, disputas fronterizas con las naciones vecinas y presencia de poderosos partidos extremistas.

¿Será la fatalidad de la incipiente democracia rusa ser vencida por un demagogo ultranacionalista como Vladimir Zhirinovski? Lo cierto es que, al contrario de lo que sucedió en la Alemania weimeriana, el chauvinismo pierde fuerza en cada elección que se celebra en el país. Muchos analistas descartan que un eventual Hitler ruso surja del caos para vengar la humillación de la alguna vez poderosa Rusia ante el mundo occidental. Sin embargo, lo que por desgracia no se descarta es que se produzca un letal tráfico de armas estratégicas. Para Occidente, el peligro esencial de la crisis rusa es que magnifique la amenaza que representan los llamados “misiles perdidos”. Como lo escribió hace poco el exsubsecretario de Defensa estadunidense. Graham Allison. en The Washington Post  muchas armas tácticas nucleares están en bases tan inseguras que “un coronel, con la ayuda de dos tenientes, podría llevar una docena de cabezas nucleares al mercado negro”.

Un tercer escenario para la coyuntura rusa sería un golpe militar, el cual se hace aún más factible en virtud del relativo prestigio que la institución armada conserva ante la población y por el gran protagonismo del ejército en la política rusa que se ha observado desde 1991. Aunque a primera vista parece probable que la situación política se deteriore hasta el grado de dar lugar a un golpe de Estado, sobre todo si reaparece la hiperinflación. parece poco verosímil que el ejército sea capaz de efectuarlo por sí mismo. Como en México, en Rusia las fuerzas armadas tienen una larga y sólida tradición de apego a la institucionalidad aunque en un momento dado cualquier cosa podría pasar.

El cuarto escenario parece cada vez más lejano. Plantea la posibilidad de que en caso de continuar agravándose la descomposición generalizada del panorama político ruso, el gobierno civil actual decida efectuar un golpe de Estado, suspendiendo indefinidamente la celebración de las elecciones y la vigencia de la Constitución con el pretexto de que el país debe enfrentar una “situación de emergencia”. De esta manera, se haría cargo del país un régimen semiautoritario (de supuesto carácter transitorio) encabezado por civiles y apoyado por militares, el cual utilizaría un lenguaje “nacional-populista” mientras la conducción económica permanecería en manos de la élite tecnocrática con la esperanza de alcanzar pronto elevadas tasas de crecimiento que ofrezcan bases de sustentación más sólidas para la consolidación, en el futuro, de un sistema democrático.

Desde luego, son muchos los interrogantes sobre cómo funcionaría este último modelo en la práctica. Además, el único que podría llevar adelante esta iniciativa —el presidente Yeltsin— aparece demasiado debilitado y confundido.

El último escenario consiste en una prolongación del actual estado de cosa. Con el nuevo primer ministro. Yevgueni Primakov. manteniendo a flote la situación desde la jefatura del gobierno hasta la celebración de las elecciones presidenciales del 2000 que se espera, arrojarán como triunfador a un presidente fuerte no identificado con el actual régimen ni con los reformistas radicales, pero tampoco con los ultranacionalistas ni con los comunistas. Bajo este esquema, un triunfo comunista estaría a priori descartado, en virtud de los enormes recelos que esta opción política despierta en la mayor parte de la población. De tal suerte, todos los ojos estarían puestos, sobre todo, en políticos como Alexander Lebed y Yuri Lutzkov líderes muy renombrados que manejan una retórica populista y personalista, y quienes de llegar al poder seguramente buscarían gobernar al país bajo la idea de “mano firme”. El muy probable triunfo en los próximos comicios presidenciales de un político con estas características confirma la precariedad del sistema político ruso que para decirlo en términos weberianos no ha rebasado aún la etapa carismática.

Estas son apenas algunas de las posibilidades que se auguran para el incierto destino de la Federación Rusa. Pero si algo caracteriza a Rusia en estos días es la impredecibilidad. Como decía Benjamin Disraeli: “En política, lo que anticipamos rara vez ocurre, lo que menos esperamos es por lo general, lo que sucede”.  n

Pedro Aguirre. Director de la revista Voz y voto.

Reconstruir el Estado. Una entrevista a Adam Przeworski

RECONSTRUIR EL ESTADO

UNA ENTREVISTA CON ADAM PRZEWORSKI

POR DIEGO ANTONI Y DAVID GÓMEZ ALVAREZ

En las democracias se sabe lo que es posible pero no lo que es probable. La incertidumbre, inherente a todo régimen democrático, no sólo se refiere a los resultados electorales, a la política, sino también al desempeño de la economía, asegura Przeworski. De origen polaco, autor de Democracia y mercado, Przeworski se considera a sí mismo, de alguna manera, un economista, por su perspectiva económica sobre el estudio de las transiciones a la democracia. En esta entrevista, el profesor de la Universidad de Nueva York habla de las implicaciones de la crisis económica mexicana en el cambio democrático.

Usted ha dicho que una economía próspera y estable propicia la llegada de la democracia. ¿Cómo explica que en una época de crisis económicas recurrentes, como la que ha vivido México desde finales de la década de los setenta, se haya dado una apertura democrática? ¿A partir de esta afirmación suya, no es paradójico el caso mexicano?

No es una paradoja. Yo creo que. en general, tanto las democracias como los regímenes autoritarios se debilitan en momentos de crisis económica. En los años ochenta, las alternativas militares o autoritarias sufrieron un gran desgaste en Latinoamérica, justamente por las crisis económicas. Aunque las crisis pueden ser más amenazantes para las democracias que no tienen un ingreso per cápita mínimo, donde la distribución del ingreso es muy inequitativa. Esto sucede hasta que las democracias llegan a tener un mejor ingreso.

¿Esto significa que los autoritarismos son económicamente más viables, es decir, que las democracias son más frágiles en términos económicos?

La economía no tiene un impacto claro en la caída de los regímenes autoritarios. En cambio, donde sí tiene una clara implicación es en la supervivencia de las democracias. La relación entre la economía y las instituciones políticas es doble: influye en la caída de regímenes autoritarios y en la supervivencia de las instituciones democráticas. Yo creo que no influye sobre lo primero y sí mucho sobre lo segundo. Los autoritarismos mueren por razones muy diversas. Por presiones de la comunidad internacional. por una crisis económica o sencillamente por la muerte del dictador.

La economía explica sólo la supervivencia de las democracias, no su emergencia. Al respecto existen datos extremadamente graves. Por ejemplo, la probabilidad de que una democracia muera en un país de extrema pobreza es de 12%. lo que significa que la esperanza de vida democrática para muchos países no rebasa los ocho años. En un país rico, la democracia. una vez implantada, sobrevive.

¿Podría pensarse que una fórmula para asegurar la supervivencia de la democracia mexicana serta elevando el ingreso per cápita.?

En México el camino ya está abierto. Están cambiando las instituciones políticas. Lo que está pasando en el Congreso, aunque parezca confuso, es el establecimiento de nuevas reglas. Reglas de manejo de conflictos en las cuales ya no hay un poder de monopolio. No quiero decir que con estas reglas se garantiza la democracia. En eso no hay certeza. Sin embargo, el hecho de que México sea un país con un inmenso sector moderno, con tecnología, un mercado interno de consumo de bienes, ciertamente ayuda.

Depende de qué México hablamos.

Lo que digo es que existe este México moderno. Aunque también existe el otro y su pobreza es obviamente un problema inmenso. Es difícil conocer el efecto de la distribución del ingreso sobre la supervivencia de regímenes democráticos. Lo que sí encuentro, es que la democracia es más estable en países que reducen la desigualdad. Este factor sí juega un papel.

Por eso espero que México reduzca la desigualdad. Desgraciadamente, el efecto de las reformas económicas neoliberales ha sido el de concentrar el ingreso hacia un estrato muy pequeño de la sociedad. No es que los pobres se hagan necesariamente más pobres, sino que las clases medias se empobrecen y los pocos ricos son cada vez más ricos.

¿Qué papel debe asumir el Estado mexicano frente a la realidad económica que ha azotado al país?

Yo creo que el error más grande del neo- liberalismo. de lo que señalaba el “consenso de Washington”, fue tratar de destruir el Estado. Es interesante ver cómo el último informe anual del Banco Mundial acerca del desarrollo trata justamente sobre el Estado. De hecho, el título original de este informe era “Reconstruyendo al Estado”. Después se lo cambiaron por uno más neutral, porque se dieron cuenta de que es imposible tener una economía de mercado sin un papel nuevo para el Estado. Lo paradójico es que la teoría económica neoclásica muestra, o por lo menos asevera, que una economía competitiva sin protagonismo del Estado sufre estancamientos, que es necesaria su intervención para sostener un cierto crecimiento. El papel del Estado debe ser el de promover algunas actividades industriales, como aquellas en las que la tasa de retorno es baja pero socialmente son rentables: corregir lo que los economistas llaman externalidades: cobrar los impuestos.

Hace algunos meses se planteó la posibilidad de bajar el impuesto al consumo en México. ¿Considera pertinente una medida así en un país donde se pagan pocos impuestos ?

Me parece que la decisión de bajar impuestos sería mala, orientada a metas electorales de corto plazo. La tasa impositiva en México es demasiado baja. El tamaño del Estado mexicano. en términos del monto del gasto, es demasiado chico. El gasto social del Estado mexicano es insuficiente. Además, aun en esos términos. según la teoría económica el IVA es un impuesto más eficiente que los impuestos directos. Los impuestos sobre el consumo no afectan la inversión, pero los impuestos sobre los ingresos, sí.

¿Y no podría pensarse que el lA es un impuesto regresivo, ya que tanto los mexicanos pobres como los ricos lo pagan por igual y por esa razón debiera bajar?

Este es un modo de pensar tradicional y equivocado porque la progresividad del sistema fiscal se debe analizar tomando en cuenta tanto los impuestos como los gastos. Un impuesto no se puede ver aisladamente como progresivo o regresivo. Se tiene que ver en conjunto. Hay que preguntarse más bien si el efecto neto de los gastos y los impuestos es progresivo o regresivo. En mi opinión, los impuestos deben ser analizados sobre el principio de eficiencia, y los gastos en relación con su impacto sobre la igualdad. Los impuestos hay que organizarIos de manera tal que no bajen la tasa del ahorro y del empleo, a la vez que promuevan el crecimiento. Los gastos deben servir para proteger a los más vulnerables. Y quizás en México hay que promover más inversión social, en la educación. en la salud y hasta en la alimentación.

Hacia el futuro, ¿qué puntos de la agenda de la reforma, o mejor dicho, de la reconstrucción del Estado considera usted como prioritarios?

Los pasos más importantes son tres. Primero, hay que sacar por completo a las elecciones del control del aparato del PRI: segundo, desmantelar la influencia del aparato del PRI sobre el gobierno: tercero, organizar las instituciones existentes para tener reglas explícitas del juego de conflicto y de compromiso. Por ejemplo, en este momento existe en México la oportunidad de desarrollar un conjunto de nuevas reglas de interacción entre la presidencia y el Congreso. El PRI ya no lo controla todo. Al menos no la Cámara de Diputados. Este podría ser un primer paso, si la Cámara de Diputados logra ejercer un control efectivo sobre el presupuesto. Entonces, en algún momento el PRI tendrá que perder, quizás ahora o quizá después. No hay democracia sin alternancia. La democracia se trata de que el partido en el poder puede perder. Y pierde.                 n

Diego Antoni. Editor de la Sección Internacional del diario Público de Guadalajara. David Gómez Alvarez. Analista político.

La mirada de tres biógrafos

LA MIRADA DE TRES BIÓGRAFOS

POR JAIME RAMÍREZ GARRIDO

Tres biografías publicadas recientemente en español invitan a renovar el interés que hay por la vida y la obra de Salvador Dalí, Lewis Carroll y Martin Heidegger. Además, revitalizan el estilo del género biográfico. Aunque, como recuerda Jaime Ramírez Garrido, siempre existe una zona de la vida que se resiste a ser contada.

Los seres humanos son demasiado importantes para ser tratados como simples síntomas del pasado. Tienen un valor que es independiente de todo proceso temporal: un valor es eterno y debe ser apreciado en sí mismo (…). Quizá sea tan difícil escribir una buena vida como vivirla.

Lytton Strachey

Jorge Luis Borges escribió sobre las posibilidades infinitas de una biografía, incluso de biografías de militares que no mencionaran sus batallas y hasta imaginó una biografía efe Miguel Angel que no mencionara ninguna de sus obras. Las biografías de creadores narran las vidas de los personajes como antecedentes y fundamento de las obras, pero también, en los mejores casos, la vida misma del biografiado es una obra que el biógrafo nos invita a atestiguar. Tres biografías publicadas recientemente en español nos invitan a triangular las posibilidades del género y citarnos en sus vértices y en sus medianías.

La vida desaforada de Salvador Dalí de Ian Gibson, Un maestro de Alemania de Rüdiger Safranski y Lewis Carroll de Morton N. Cohen renuevan el interés que existe por sus personajes y, al mismo tiempo, revitalizan el género biográfico.

Lytton Strachey. en su prólogo a Victorianos eminentes, se quejaba de las biografías que se presentaban como cortejos fúnebres: “se caracterizan por poseer el mismo aire de barbarie lento y funesto”. La biografía de un escritor. un pensador o un artista adquiere un carácter particular. Se corre el riesgo de olvidar a la persona tras de su obra o convertir sus creaciones en adornos de un desfile luctuoso. Lottman. al principio de su biografía de Albert Camus. nos invita a un banquete. El considera que toda biografía de un autor es un convite a su obra, un festín en el que el único ausente es precisamente el biografiado pero que tiene por objeto invitar a leer la obra. Una invitación a la obra, una reseña y crítica de la misma y, sobre todo, la vida del personaje como antecedente, fundamento y razón de esa obra es la condición de una buena biografía de un autor.

En su biografía de Camus, Oliver Todd atribuye desprecio a su biografiado y a George Orwell y desconfianza a los biógrafos. Otros personajes se han protegido del biógrafo estableciendo sus propias versiones. Entre ellos destaca Dalí como el forjador de un mito de sí mismo. Entre la coartada de la locura y la anticipación de la leyenda, sus escritos autobiográficos son un reto laberíntico para el biógrafo que Gibson acepta de buena gana.

Ian Gibson, biógrafo de Federico García Lorca, reincide en la época y en el país que adoptó como suyo para entregarnos una monumental biografía de Salvador Dalí. Parece olvidar el precepto de Lytton Strachey:

Preservar (…) una brevedad atractiva, una brevedad que excluya todo aquello que resulte redundante y nada de lo que sea significativo, es seguramente el primer deber del biógrafo.

Gibson encuentra significados por doquier. Los paisajes de los antepasados y la propia exploración en busca del origen del apellido Dalí; la descripción actual y de entonces de los paisajes que vio Dalí y hasta la descripción física de los libros que Dalí hojeó de niño.

El reto de Gibson es doble, pues se trata de desmontar las piezas del mito que se procuró Dalí y luego, aprovechando esas piezas, establecer una biografía veraz.

Como fuente de información sobre sí mismo [dice Gibson], Salvador Dalí no es nada fiable. Todavía adolescente, decidió dedicar todos sus esfuerzos a ser un mito. Lo conseguiría, pero ni entonces dejaría de seguir trabajando para acrecentar su fama.

Ian Gibson desafía a su biografiado al grado de intentar demostrar que sabe más que lo que nunca supo el personaje sobre sí mismo. Pendiente siempre de las fuentes que proporciona el pintor y enfrentándose siempre a sus versiones, Ian Gibson extrae y exprime significados de cada hierba pisada por Dalí. En algún momento el reconocimiento, la confesión definitiva del biógrafo aparece: “Ciertamente el delirio es grandioso: pero sombrío e intimida- torio también”.

Sin embargo. Gibson no encuentra la solución al enigma ni en los más mínimos y aparentemente insignificantes detalles ni en el conjunto de la obra. No halla el motivo de la embriaguez de Dalí, no encuentra al dios responsable por su entusiasmo.

En Poe el francés George Walter remonta la supuesta imposibilidad de biografiar, una vez más a Edgar Alian y demuestra que siempre hay algo más que contar. La gran novedad es el descubrimiento de un archivo en la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos que contiene los archivos del señor Allan, padrastro mezquino y meticuloso que clasificó y archivó toda la correspondencia y los documentos relativos a su hijastro en una carpeta titulada “El niño Poe”.

Así. Morton N. Cohén comenta los manuscritos que recientemente se han dado a conocer en su prefacio a Lewis Carroll:

Este nuevo material es fundamental para todos aquellos que han tratado de comprender a Lewis Carroll de una manera más completa y precisa de lo que había sido posible hasta ahora. Sin embargo. también ha suscitado nuevos interrogantes y ha planteado a los historiadores literarios nuevos enigmas, de los cuales no es el menor el que surgió al descubrir que alguien —no el propio autor— había usado una navaja de afeitar para suprimir ciertas páginas de lo que quedaba del diario de Carroll.

Así el hallazgo aporta tanto información como más misterios y propicia otros espacios para la leyenda, el mito, la especulación. Los diarios de Lewis Carroll permiten a Cohén establecer las circunstancias en las que Carroll imaginó y desarrolló su obra.

El biógrafo nos entretiene en el día en que todo comenzó. La valoración de los detalles según el diario de Charles, sus recuerdos posteriores y las versiones de Alice Liddell recordadas años después establecen una disfrutable génesis de las aventuras de Alicia, nacidas de uno de muchos cuentos que inventaba al ritmo del batir de remos sobre el río.

Eso fue hace muchos años, pero me acuerdo perfectamente mientras escribo esto cómo, en un intento desesperado por abrir un nuevo camino a la tradición mágica, empecé por meter a mi heroína en una madriguera de conejo, sin tener la menor idea de lo que iba a suceder después.

Otro paseo propicia otros pasajes de una narración que se va desencadenando: la boda del Príncipe de Gales es la fiesta propicia en la que la niña de once años acompañada por el matemático de treinta se pasea por los escenarios majestuosos, reales de la fantasía:

La boda real proporciona el escenario: las piezas de ajedrez que dominan la historia son retazos de los recuerdos de la propia Alice sobre aquella apasionante fiesta. De hecho la historia está sustentada por figuras reales y de nobles: dos reinas, un rey un caballero blanco, mensajeros reales y soldados. e incluso un león y un unicornio que se salen del emblema real y se convierten en adversarios en una pueril batalla por la corona, a la que el Rey se aterra resueltamente.

Un paseo propicia el primer libro de las aventuras de Alicia, un segundo paseo tras la boda real propicia A través del espeja. La vida académica, con sus ritos y rupturas de una tradición centenaria, rodean los jardines fantásticos del profesor y de la hija del rector. “Ya que él había proporcionado y presenciado los estímulos que entusiasmaron a las niñas, quería volver a despertar ese entusiasmo con sus historias”.

Una página cortada establece el enigma que lo separó de las niñas que se servían como prelectoras.

El espacio para la especulación abierto por una navaja de afeitar en el diario de Dogson conduce, cual la madriguera del conejo, a un mundo narrativo donde el biógrafo se encuentra a sus anchas como novelista, lo que le permite a Joyce Carol Oates. sin ningún pudor, afirmar que esta biografía de Lew is Carroll es una magnífica novela.

El biógrafo utiliza estos pasajes por la madriguera de la especulación literaria para solazarse en ensayos que rompen con la cronología y nos muestran cortes transversales en la disección del personaje disectado: la infancia, las creencias religiosas, por ejemplo, son referentes que. como el contexto de la vida académica y de la vida en la época vietoriana permiten conocer por completo al personaje.

“Es una larga historia la de Heidegger. la de su vida, la de su filosofía. En ella están las pasiones y las catástrofes de todo el siglo”, escribe Rüdiger Safranski al comienzo de Un maestro de Alemania. El hombre su obra son uno en la biografía de Safranski:

Ser y tiempo era un torso. Están planificadas dos partes. Pero ni siquiera la primera quedó concluida. por más que Heidegger. bajo la presión de los plazos, al final trabajara día y noche en la obra. Fue la única ocasión de su v ida en la que no se afeitó durante días. No obstante, poco a poco había reelaborado todos los temas de los capítulos anunciados en Ser y tiempo, pero no llevados a cabo.

Las campanas de pueblo natal de Heidegger con sus usos y sus sonidos peculiares para cada festividad nos introducen en el sincretismo que implica la definición de significados de cada sonido, de cada tono. Nos acerca a una intimidad compartida, a una unidad íntima de significado comunitario que vivió el biografiado.

Un maestro de Alemania es una historia de la filosofía, una historia del pensamiento occidental que coincide con la historia de la vida de Heidegger y que se recoge, se reproduce y se interpreta en su pensamiento. Los pasajes en los que el biógrafo se entretiene explicándonos teorías y libros de las lecturas de Heidegger se disfrutan como una aventura del pensamiento.

Heidegger se planteó un pregunta a la que sedujo, en la que bordeó y bordó todos sus argumentos: cómo el hombre moderno, el hombre contemporáneo, llegó a pensar como piensa y lo que piensa. Cómo un hombre llegó a pensar lo que pensó Heidegger es el motivo de la biografía de Safranski.

Los paisajes de Dalí, las situaciones de Carroll y las lecturas de Heidegger nos invitan a conocer su obra y a los hombres tras de ella, en ese espacio donde se confunden y se funden en ella. Pero quizá Paul Auster tiene razón:

Siempre hablamos de intentar meternos en un escritor para comprender mejor su obra. Pero cuando llegamos al fondo, no hay mucho que encontrar, por lo menos no mucho que sea diferente de lo que encontramos en cualquier otro [...]. Por muchos hechos que se cuenten, por muchos datos que se muestren, lo esencial se resiste a ser contado. n

Jaime Ramírez (¡arrido. Escritor. Es coordinador de Cultura del diario La Crónica. Prepara una biografía sobre Martín Luis Guzmán.

• Ian Gibson La vida desaforada de Salvador Dalí Traducción de Daniel Najmías revisada por el autor Anagrama Madrid. 1998 957 pp.

• Morton N. Cohén

Lewis Carroll Traducción de J. A. Molina Foix Anagrama Madrid, 1998 670 pp.

•     Rüdiger Safranski Un maestro de Alemania.

Martin Heidegger y su tiempo Traducción de Raúl Gabás Tusquets Barcelona, 1997 543 pp.

1968 De la Imaginación al Poder al Poder sin Imaginación

1968: DE “LA IMAGINACIÓN AL PODER” AL PODER SIN IMAGINACIÓN

POR LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

Luis González de Alba fue uno de los líderes más destacados del movimiento estudiantil mexicano de 1968. Testigo, desde el tercer piso del edificio Chihuahua, de la irrupción armada del Batallón Olimpia, estuvo preso en Lecumherri. donde escribió Los días y los años, un libro testimonial que ya es clásico. Más que regresar a 1968. este ensayo le exige cuentas a la generación que viene de ahí.

¿A dónde fueron a dar sus ideales? y. en consecuencia,¿de qué son responsables?.

El Festival Internacional de Biarritz, Francia, estuvo dedicado este año a los movimientos juveniles ocurridos en 1968. El 1 de octubre se dedicó a México. Fueron invitados a participar en la sesión de ese día Elena Poniatowska. como periodista; Enrique Krauze como autor del documental que abrirá la sesión en el Teatro Municipal de Biarritz. y el que esto escribe por su participación en la dirección de aquel movimiento estudiantil. Este es el texto que leí. Aunque pensado para una audiencia extranjera, he preferido no editarlo para el lector mexicano, ya que algunos aspectos, como el referente a los mayas, son ignorados por igual dentro y fuera de nuestro país. Hasta el tamaño de México, que podríamos obviar, será una sorpresa para no pocos (Luis González de Alba).

Explicar el movimiento estudiantil de México en 1968 es a la vez sencillo y difícil. Es sencillo porque los hechos lo son: un conflicto entre estudiantes que jugaban fútbol callejero produjo una represión feroz y desproporcionada. Los policías persiguieron a los jóvenes escandalosos hasta el interior de sus escuelas, donde golpearon a profesores y profesoras, así como a alumnos que tomaban clase. Nuestras primeras demandas fueron, en consecuencia, las mismas que se habrían presentado en Roma o en Tokio: castigo a los policías responsables, destitución de los jefes y pago de indemnización a las víctimas. Por tanto es difícil comprender la inaudita represión que tuvimos por respuesta y el alto número de muertos que hoy recordamos.

Con cualquier otro presidente de la República, anterior o posterior, el conflicto habría concluido con una breve negociación de esas dos o tres demandas elementales. Pero estábamos hacia finales del periodo de Gustavo Díaz Ordaz. cuyo personal autoritarismo se sumaba al tradicionalmente mostrado por el régimen.

La violenta respuesta del régimen a todas las demandas populares se debía a que. siendo producto de una revolución, la de 1910 a 1917, los diversos equipos de gobierno y el partido oficial, el PRI. Partido Revolucionario Institucional, estaban y siguen estando convencidos de representar al pueblo de México. Toda oposición la han identificado siempre, como en los desaparecidos países socialistas, con los sobrevivientes del ancien régime.

Nuestros revolucionarios, vueltos gobierno, tienen por divisa el lema de Fidel Castro: “con la revolución, todo; contra la revolución, nada”. Y como siempre ocurre, la revolución son ellos.

Pasaron los días y los ánimos se caldearon por ambas partes. Los estudiantes exigíamos respuesta. Pero el gobierno de Díaz Ordaz no permitía que le exigieran nada. A treinta años de distancia también debo admitir que los estudiantes elevamos la puntería: ya no planteábamos solamente aquellas dos demandas de fácil solución, ahora, añadíamos, también debía ser disuelto el cuerpo de policía que había cometido los atropellos. Los muy pocos que teníamos alguna militancia en grupos o partidos de izquierda creímos llegada la oportunidad de sacar de la cárcel a dirigentes sociales encarcelados años atrás: los dirigentes ferrocarrileros de la gran huelga de 1958: los médicos de las huelgas de 1965: los protoguerrilleros que habían puesto una bomba de humo en la embajada de Bolivia, país entonces gobernado por una junta militar, etcétera. Y claro, si habían sido encarcelados con base en un artículo del Código Penal mexicano, ese artículo debía eliminarse. Así conformamos los seis puntos de lo que llamamos el pliego petitorio. Su solución ya era mucho más compleja que el despido de algunos policías. El conflicto había sido acrecentado por ambas partes.

Este error en la negociación de un conflicto lo seguimos cometiendo los mexicanos una y otra vez. Como ejemplo reciente véase el constante escalamiento en las demandas de la guerrilla en Chiapas. Siempre hay algo más que se les había olvidado y que anteponen a la negociación previa. Así han roto, unilateralmente, las negociaciones una y otra vez. Parece, como dice el tango, que treinta años no es nada.

Para nuestro asombro, se unieron escuelas y facultades tradicionalmente enemigas de toda movilización. Los mismos que nos sacaban a pedradas unos meses antes cuando intentábamos hablarles de la guerra de Vietnam o de la Revolución Cubana, marchaban luego por las calles con nosotros. Se unieron las universidades de los estados: luego también las universidades privadas, caras, elitistas. Los jóvenes, ricos o pobres, de universidades estatales gratuitas o privadas, estábamos hartos de un gobierno cercano en muchos aspectos a los del socialismo real que se derrumbó hace nueve años: una vigilancia provinciana a cargo de censores de toda especie, una asfixia de toda novedad, un país parroquial que era como una cena con las tías ancianas en el pueblo.

El dos de octubre de 1968 citamos a un mitin en la plaza de Tlatelolco. En pocos días tendrían lugar los Juegos Olímpicos en la ciudad de México. El gobierno envió a un cuerpo especializado en prevención de terrorismo durante los Juegos, llamado por eso Batallón Olimpia, vestido en ropas civiles y encargado de aprehender a los dirigentes estudiantiles. El ejército regular rodeó la plaza para detener a los asistentes. Los disparos contra la multitud de estudiantes y simpatizantes los inició el Batallón Olimpia.

Dijeron después en sus declaraciones que habían disparado al aire para dispersar el mitin. El hecho fue que el ejército regular respondió al fuego.

En medio comenzaron a caer los primeros muertos. No hemos sabido cuántos. Durante los actos por los 25 años de aquellos hechos sangrientos se levantó una placa con poco más de treinta nombres.

Después; Dos caminos

Después de 1968, los militantes de aquel movimiento estudiantil tomamos dos caminos que no parecían contradictorios entonces, pero lo son y mucho: unos se propusieron derrocar al gobierno por la vía de las armas. En consecuencia, buscaron y obtuvieron entrenamiento guerrillero. Entre ellos se encontraban los que formaron las FLN. Fuerzas de Liberación Nacional, que en 1983 se instalarían en Chiapas con el nombre de Ejército Zapatista de Liberación Nacional. EZLN. y en 1994 dispararían las primeras balas contra un cuartel militar, el cuartel Moneada mexicano. Otros comenzamos el lento y en ocasiones aburrido trabajo de construir nuevos partidos, sindicatos, diarios, revistas, publicaciones, grupos políticos de todo tipo.

La corriente guerrillera derivada del 68 fue aplastada durante los años setenta. La línea de masas tampoco ha corrido con mucha suerte. De aquellas guerrillas sólo subsiste, en la actualidad, el conflicto más publicitado de México, el curioso levantamiento guerrillero de 1994 en Chiapas, con sus pocos días de combates y sus años de negociación. Allí vemos, en uno y otro bando, a participantes del 68. El EZLN y su Gran Timonel, Marcos, son polvos de aquellos lodos con una novedad que ha vuelto exitoso, al menos en los medios, al actual levantamiento, suerte que no tuvieron las guerrillas de los años setenta: su búsqueda de una cobertura india.

Aquí urge una aclaración indispensable: el conflicto indio en México no comenzó hace 500 años, con la conquista española, como se sostiene con ignorancia de la historia maya, sino hace poco más de mil años.

Gran paréntesis: Los mayas

Hacia el año 900 de nuestra era acabó la lenta agonía del gran imperio maya, que se extendía por parte de lo que hoy es Chiapas, y desapareció. Por entonces Europa entraba también en su Edad Media, que tomó ese nombre porque tuvo final feliz: el Renacimiento. Pero no hubo Renacimiento maya. Las selvas cubrieron templos y pirámides, transformándolos en poco tiempo en cerros donde no era perceptible la mano humana. Hubo otra notable diferencia entre el derrumbe maya y el romano: aun en plena Edad Media. Europa occidental se encontraba en contacto con el floreciente Imperio Bizantino, los restos helenizados de lo que había sido el Imperio Romano de Oriente. El obispo de Roma ganaba la primacía de la iglesia, peleada durante siglos a otros obispos, gracias a su transformación en rey con ejércitos y no sólo bulas de excomunión. La terrible geografía de lo que hoy es el sur de México impidió esa alimentación cultural, entre las nuevas culturas surgidas en la planicie y los dispersos jirones mayas.

El imperio maya desapareció, pero no toda su población. Muchos grupos humanos sobrevivieron en la selva; como sucedió con el latín clásico, el maya clásico dio origen a numerosos idiomas. Esos pueblos, como todos en cualquier parte del mundo, tuvieron guerras por aguas y por límites, por dioses y por mujeres. Seiscientos años después, los conquistadores españoles encontraron pueblos dispersos en los valles y montañas, con culturas distintas e idiomas incomprensibles entre sí. Algunos formando alianzas, otros en enemistad perpetua. Exactamente como el mundo mediterráneo.

Por entonces, los pobres del mundo no vivían de manera muy distinta. Para la multitud, la vida era horrible en Londres, en París o entre los indios de lo que hoy es Chiapas o la ciudad de México. Pero el Renacimiento italiano puso en Europa las bases de la ciencia moderna sobre las bases puestas por el mundo clásico. La ciencia dio tecnología. La revolución industrial surgió en Europa y no en el Amazonas ni en Chiapas ni en Australia. Así nacieron las comodidades modernas y así comenzó a abrirse la brecha entre los pueblos. Mientras la vida se transformaba en las grandes ciudades durante todo el siglo XIX y los inicios del XX, otras culturas continuaron siendo idénticas a sí mismas. Entre ellas las culturas indígenas de México y en general de toda América.

El “abandono”

Los pueblos que hoy llamamos primitivos, no se sintieron abandonados ni tuvieron ningún conflicto mientras no conocieron la cultura occidental, la que hoy domina todas las grandes ciudades del mundo. El rey de la tribu amazónica era rico porque tenía la choza más grande y la pila más alta de raíz de mandioca. Supo que iba desnudo y que era inmensamente pobre cuando los indigenistas lo llevaron a un congreso a Río de Janeiro y lo hospedaron en un hotel cinco estrellas de Copacabana. Entonces quiso tener todo eso: el agua que salía de una llave, la luz que se encendía con un botón, la televisión, el cine. Pero no se puede tener el modo de vida occidental sin perder la identidad indígena. Como tampoco se puede producir electricidad con una hermosa danza a los espíritus de la luz. Se inició así el conflicto entre dos concepciones del mundo. El indio se vio perdido desde el momento en que deseó las manufacturas producidas por otra cultura y no supo producirlas él mismo a partir de sus propios valores y medios.

Nace el indigenismo

Si un héroe de México con la talla de Gómez Farías. padre de la generación que hizo nuestra Reforma, deseaba un México en donde sólo hubiera mexicanos, y no indios, blancos y mestizos, la corriente conservacionista creó el indigenismo. Pretende que los indios no pierdan sus valores y al mismo tiempo tengan hospitales y electricidad. Es posible, siempre y cuando estos bienes sean proporcionados de manera externa a la cultura india. Así nació la idea de que a los indios les debemos dar proporcionar, regalar, todo aquello de que carecen y que “han estado esperando”.

Los indigenistas, todos ellos altos, blancos y barbados, decretaron que era urgente evitar la desaparición de las culturas regionales. Pero los indios quieren agua entubada, carreteras, escuelas y hospitales. No han leído a Foucault para que les explique cómo éstos son mecanismos de opresión. Incapaces de darse por sí mismos estos bienes de una cultura ajena, porque su propia cultura no descubrió cómo producir electricidad. comenzaron a emigrar hacia las grandes ciudades, donde hay lo que desean. Van a la ciudad porque se vive mejor en los barrios más pobres que en el poblado de la montaña o de la selva. Los indios de México aprendieron español para servir en las casas, en las fábricas y en los campos. Algunos se integraron a la población mestiza y blanca, de éstos unos son ricos, otros son pobres, uno fue presidente de la República. Otros han sido gobernadores, diputados. Esta migración se repite a escala nacional cuando vemos al joven blanco de Jalisco abandonar su pueblo miserable para acomodarse en un barrio pobre de Los Angeles, California. Con todo y todo, se vive mejor en el barrio mexicano de Los Angeles, que en el rancho triste de México.

Los protestantes

Así pues, los conflictos entre diversas etnias indígenas han tenido lugar a lo largo de estos mil años, desde la caída del imperio maya que los dividió en pueblos diversos. Pero a mediados de este siglo se añadió otro conflicto. Los indios practican un catolicismo lleno de resabios paganos que la Iglesia católica, una oportunista feroz en todo el mundo, ha sabido permitir para no perder clientela. Pero desde los años cincuenta, diversas iglesias protestantes comenzaron a trabajar en Chiapas. Por supuesto la Iglesia católica las ha acusado constantemente de dividir a los indios. Hasta la izquierda, atea, pero nacida católica, ha levantado la misma acusación. A los muertos por tierras y aguas se añadieron los mártires del protestantismo. Muchos indios protestantes han sido asesinados por los indios católicos con el silencio de la diócesis de San Cristóbal.

Luego los indios protestantes fueron echados de sus pueblos. La medida tuvo apariencia legal según los “usos y costumbres” de la comunidad, usos y costumbres hoy tan defendidos por los secuaces universitarios de la guerrilla neozapatista. Estos usos y costumbres indios establecen que todos los miembros de una comunidad deben participar. con dinero, con bienes y con trabajo, en organizar las festividades religiosas. A estas comunidades no ha llegado la separación entre la religión y el estado, decretada a mediados del siglo pasado por el presidente Benito Juárez. Como los protestantes se niegan a cooperar con las fiestas religiosas católicas, las autoridades indias tienen derecho, según los usos y costumbres indios, a arrojarlos del pueblo y expropiar sus posesiones.

Añadamos la explotación servil a que reducen los grandes terratenientes a los indios, la injusticia flagrante con que son tratados en todas las instancias públicas, desde oficinas de gobierno hasta tribunales. y tendremos así el complejo y milenario tejido social en donde se instalaron las Fuerzas de Liberación Nacional, organización guerrillera con base en el norte del país, que fundó como su brazo armado más sureño al Ejército Zapatista. el EZLN hoy dirigido por Marcos otro norteño.

El tamaño de México

Para darles una idea del lugar que ocupa la guerrilla en México, haré algunas comparaciones. Supongamos que colocamos a México sobre Europa. Pongamos a la capital del país, la ciudad de México, sobre la capital más sureña de Europa, sobre Atenas. Hecho esto, nuestra ciudad más norteña. Tijuana quedaría en Suecia sobre Estocolmo. y el estado de Chiapas quedaría sobre Egipto. El territorio de Chiapas constituye el 3.8 por ciento del país. La zona donde han ocurrido levantamientos guerrilleros es menos de una sexta parte del estado, y en tales zonas no toda la población india apoya a los zapatistas razón por la que los indios no zapatistas han debido huir o han sido abiertamente lanzados fuera de sus comunidades. Más de 30.000 indios no zapatistas han tenido que huir. Es que todavía no ha habido guerrilla en el mundo que no sea la sustitución de una tiranía por otra. El más triste ejemplo es Cuba.

Pero la guerrilla de Chiapas. en quien se miran representadas todas las viudas del Che Guevara, es una guerrilla muy chistosa: acusó en julio pasado al Ejército Mexicano de matar mexicanos, exactamente lo que ellos hacen, pues mexicanos fueron, y además pobres e indios, los soldados y policías que cayeron en los primeros combates con los que la guerrilla iba a tomar el poder en la ciudad de México, a 1.200 kilómetros, la distancia entre Biarritz junto a la frontera española, y Estrasburgo, en la frontera alemana. Parecen olvidar nuestros guerrilleros que comenzaron su levantamiento con una declaración de guerra y ahora exigen que no les disparen, que los aviones del Ejército no realicen vuelos de reconocimiento. No hubo ni una sola demanda proindia en el comunicado por el que declararon la guerra al gobierno mexicano. Pero un oportunismo rampante y la alianza con la izquierda universitaria las fue añadiendo. Nuestra vieja costumbre mexicana de escalar conflictos. Hoy las demandas proindias son ya las únicas. No han vuelto a hablar de avanzar sobre la ciudad de México ni de derrocar al gobierno.

Que nadie es más autoritario e injusto que una guerrilla triunfante, lo sabíamos hace mucho. Pero pensábamos que el alto precio en guillotina y juicios sumarios era indispensable para abrir la puerta del futuro. Ahora sabemos que la puerta da al abismo de las granjas correccionales cubanas, los juicios de Moscú y todos los gulags, las siberias y muros de Berlín. Y no es así por error de los hombres, error que podría ser evitado por mejores líderes, sino porque todos los salvadores de la Patria siguen el lema expresado mejor que nadie por Fidel Castro, lo repito: “Con la revolución todo, contra la revolución nada”. Y claro está, ellos son la revolución. Una vuelta de tuerca que cierra el círculo de la opresión. Con una agravante y es que si antes debía uno doblegarse ante un tirano, quedaba al menos el resquicio de la resistencia. Pero ante el Padre de la Patria debe uno doblegarse con gozo y cánticos en la Plaza de la Revolución. De ahí que tras pagar el precio del Terror y salvarse de la guillotina que no respetó ni a Robespierre. todavía deba uno formarse con la plebe para aplaudir el desfile por la coronación de Napoleón.

El rebazón por la izquierda

Entre lo más extraño que nos ha ocurrido a algunos sesentayocheror mexicanos en estos años transcurridos es que nos rebasó por la izquierda la antigua derecha travestida en neoizquierda. Buena parte del PRI. el partido oficial que combatimos entonces, es ahora el partido de izquierda, el Partido de la Revolución Democrática, que en cuanto tuvo poder al ganar las elecciones de la ciudad de México, le dio empleo a un antiguo miembro de aquel Batallón Olimpia que inició los disparos el 2 de octubre y a una docena de expolicías cuya corrupción ni el partido oficial había logrado disimular. La amante del presidente Díaz Ordaz, el que se responsabilizó del crimen cometido el 2 de octubre, la cantante de canciones rancheras Irma Serrano, es ahora senadora de la República, no por el partido oficial, el PRI, sino por el partido de la izquierda, el PRD. La senadora Serrano declaró a la revista Siempre! que admiraba a Adolfo Hitler, excepto por un detalle, y era éste que había dejado vivos a demasiados judíos. La senadora por el PRD, el partido más cercano a la guerrilla de Marcos, se presenta a las sesiones de la Cámara de Senadores con una suástica nazi de joyas colgada al cuello. Así se ha presentado también en televisión. Nadie en México ha levantado su voz. Ni siquiera los judíos. En el México que vivimos, donde todos los gatos son pardos, se puede pues ser admiradora del subcomandante Marcos y de la guerrilla neozapatista, el EZLN; miembro, como la senadora Serrano, del partido de la izquierda, el PRD un partido que dice rechazar la vía de las armas como método para llegar a la presidencia, y públicamente declarar su admiración por Hitler. No hay contradicción.

La otra vía

Si muchos jóvenes vieron en el crimen del 2 de octubre la prueba de que en México la vía democrática estaba cerrada, otros pensamos distinto ante el ejemplo terrible de otras guerrillas, como la guatemalteca, donde la limpieza ideológica había llevado a la muerte de un cantarada por otro.

Quienes al salir de la cárcel, en 1971, tuvimos la tentación de renunciar a la vía democrática y decretar que ya no había más camino que el de las balas, comenzamos un día a encontrar en la guerrilla salvadora una excesiva similitud con la mitología cristiana, similitud que otros se han encargado de alabar: primero, un hombre iluminado, como surgido de la nada, ya sea del desierto judío o de la selva chiapaneca; luego un grupo de seguidores, aquellos que han recibido la gracia; por último, un culto de la sangre derramada en cristianos y guerrilleros. Pero yo no soy cristiano, ni creo en la redención porque no creo en la gravedad de los pecados humanos. Creo que somos esencialmente buenos, no por Cristo ni por Rousseau ni menos por Lenin. sino porque la vida, esa enfermedad de la materia, como la llamó Thomas Mann, fue ajena a la ética hasta que los humanos inventamos la misericordia. comenzamos a apiadarnos por las focas, a bailar y a cantar. Somos la primera especie buena en la historia de la evolución, a pesar de Tlatelolco, a pesar de Auschwitz. a pesar del silencio de los mexicanos pensantes ante la declarada admiración por Hitler en el seno del partido de izquierda, que también admira a Marcos, el guerrillero de nuestro fin de siglo. A pesar de nuestras enormes contradicciones y de que a veces damos un paso adelante y dos atrás (Lenin dixit), somos en 3.000 millones de años la primera especie buena.

En cambio, la naturaleza, a la que pertenecemos y de la que huimos. no es buena, tampoco es mala a pesar de la cebra devorada viva por el león y sus adorables cachorros. La naturaleza es simplemente impasible. A esto llaman los torturados pueblos escandinavos “el silencio de Dios”.

La guerra contra Occidente

Por algún motivo, los hijos de Occidente están furiosos contra sus padres. El rechazo a la ciencia, las estrafalarias ideas que prosperan un día sí y otro también, están complementadas por la admiración acrítica por otras culturas. Todo lo indio está rodeado de un aura legitimadora: un jabón produce milagrosa recuperación del pelo porque es producto de una receta “secreta” de los aztecas, otro jabón adelgaza, una planta del Amazonas cura el cáncer, el sida y otras veinte enfermedades porque se funda en el conocimiento indio. ¿Para qué quieren entonces los indios nuestros horrendos hospitales?

Pero los anuncios de estos maravillosos productos nos llegan por televisión, con toda la alta tecnología producto de la ciencia moderna. Por telefonía celular se leen horóscopos, a través de satélites nos llega la señal donde nos aseguran que la ciencia es un mito.

¿Por qué hemos llegado a tales extremos de rechazo a la razón? Toda autoridad es sospechosa en esta enfermedad mundial del fin del siglo y del milenio. Y la ciencia y sus instituciones son autoridades, luego nos engañan. ¿Será esta obcecación producto de la educación que hemos dado a las dos últimas generaciones? ¿Qué hicimos para enfermarlas así?

Elaboro una frase escuchada apenas ayer a Raúl Alvarez Garín, uno de los líderes más influyentes del Movimiento del 68: la generación de los sesentaiocheros está ahora en todas partes y no se observa sino un gran deterioro social, un deterioro en los valores. Si no lo cito correctamente me disculpo con él y hago la frase totalmente mía. Así es: la “generación de la esperanza” no tuvo entonces el poder, pero lo tiene ahora. Desde Clinton, que estuvo contra la guerra de Vietnam y acepta que probó mota alguna vez, aunque no le dio el golpe, hasta Zedillo que estudiaba vocacional. Los jóvenes en 68 no sólo tienen el poder político: otros estamos en los medios, en la producción, en la economía. Y si en cocina la prueba del suflé es comerlo, la prueba de nuestras ideas es el mundo actual. Al parecer no hemos pasado la prueba. Quien lo dude lea las serviles demostraciones de lambisconería gobiernista hacia el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas y la dirección de su partido, el PRD.

Que ahora algunos nos estemos planteando esta crisis de valores sonará a muchos anticuado y risible. Pero hay valores. Sin duda los hay y son platónicos, eternos, inamovibles, sin distingo de culturas, religiones o épocas, diga lo que diga esa antropología relativista para la que un sistema de valores o los contrarios son igualmente válidos, dicen. Hipótesis: en ese punto está el conflicto que en México va de la policía convertida en hampa a la quiebra educativa de hoy y a la impresionante ausencia mundial de grandes figuras en el pensamiento político de cualquier color: si la izquierda es un desierto pragmático, la derecha ha quedado reducida a una letanía de prejuicios.

La oratoria del 68, abaratada, ha sido indispensable en el deterioro social de los últimos treinta años. Si el relativismo cultural predica que no hay culturas con valores malvados, si la condena de la antropofagia es signo de un caduco eurocentrismo e ignorancia de hombre blanco, ¿no serán también nuestros delincuentes personas que sólo poseen otros valores?

La prisión, el hospital y la escuela eran aparatos de dominación de una clase sobre las demás, sermoneamos a quien quiso oírnos. La osmosis social se encargó de llevar esta buena nueva a quienes ni saben de nosotros ni han leído a Foucault. Y así, nuestra comprensión para con todos colaboró con aquello que combatíamos: creció el hampa, el cinismo, se corrompieron los nuevos sindicatos: la realpolitik abanderó a partidos sin valores, verdaderas bolsas de trabajo clientelares, como nuestro fruto último, el PRD.

¿La imaginación al poder?

Un joven típico de los floridos años sesenta, William Clinton, que asistió a mítines contra la guerra de Vietnam y fumó mariguana, es hoy presidente de Estados Unidos y encabeza la torpe guerra contra la droga. guerra que ha construido el poderío del narcotráfico, y bombardea centros terroristas fuera del territorio estadunidense con justificaciones similares a las esgrimidas al inicio de la guerra de Vietnam. Ernesto Zedillo, un joven alumno de las escuelas más combativas en 1968, es presidente de México y no ha logrado, tampoco, resolver un conflicto, el de Chiapas, que, como en 68. comenzó focalizado y mínimo, y que de nuevo como en 68, se le ha venido soltando hasta volverse incontrolable; la izquierda, ahora en el poder en la ciudad de México, es tan acrítica y sumisa con el gobierno del PRD como los priistas lo fueron con el PRI; la nueva prensa que los sesentaiocheros ayudamos a crear, fue feroz con el poder mientras los amigos no se hicieron del poder. Hoy. con el cambio de signo en el gobierno de la ciudad de México, es más abyecta ante el poder de lo que nunca lo fue la prensa abyecta de antes. La guerrilla, una vieja receta de la vieja izquierda, receta comprobadamente fallida en el mundo entero, donde su triunfo no ha traído sino una nueva tiranía, es de nuevo la causa del mayor entusiasmo con la figura de Marcos, un guerrillero marxista del más tradicional tipo.

Y somos los que recetamos al mundo: “la imaginación al poder”. Nuestra generación, ahora en el poder, lo que menos ha mostrado es imaginación. Nuestra generación, tan de flores en el pelo y mota en los pulmones, pudo terminar con la ridicula guerra contra las drogas, emprendida por nuestros padres: pero sólo acertamos a vigorizarla y así conseguimos que los altos precios, producto de la prohibición, erigieran imperios ante los cuales ya no hay policía ni ejército inmune. No imaginaron los políticos de nuestra generación que acabarían creando un poder mundial, devorador de honradeces y de dignidades.

Probamos mil veces que la escuela era un mecanismo de opresión del Estado como representante de una clase. Predicamos este evangelio del pensamiento francés e italiano. Y hoy nos alarmamos ante el desastre educativo.

Dijimos a todo mundo que el trabajo era explotación e hicimos de cualquier figura de autoridad un enemigo a vencer. Así la ciencia cayó bajo sospecha. Todo trabajo de volvió ingrato y, sobre todo, indigno. Como en el refrán: tuvimos padre comerciante, fuimos caballeros y son nuestros hijos limosneros. O al menos limpian parabrisas a los coches en las esquinas. n

Luis González de Alba. Escritor. Su más reciente libro es Los derechos de los malos. Es columnista del diario La crónica.

Los gastos fijos del presupuesto

LOS GASTOS FIJOS DEL PRESUPUESTO

POR JORGE ORTEGA GONZÁLEZ

En cumplimiento a lo establecido en la fracción IV del artículo 74 constitucional, el ejecutivo federal presentará a la Cámara de Diputados. a más tardar el 15 de noviembre el proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación ( PEF) para el ejercicio fiscal 1999. De acuerdo con el artículo 66 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, el primer periodo de sesiones ordinarias del Congreso no podrá prolongarse sino hasta el 15 de diciembre, por consiguiente la Cámara de Diputados contará únicamente con un mes para analizar, discutir y aprobar el presupuesto, lo cual complica dicha tarea, dado que el tiempo es poco para analizar un documento tan complejo; cabe señalar que en otros países, el Congreso tiene 3 meses para debatir y aprobar el presupuesto, como en los casos de España. Nueva Zelanda. Suecia y Holanda, y hasta 4 meses en Alemania. Dinamarca y Finlandia. Así la Cámara de Diputados en cuatro semanas deberá definir las adecuaciones que propondrá al proyecto del ejecutivo, en este sentido, durante el debate del presupuesto, se debe tomar en cuenta que existen gastos fijos, los cuales reducen el margen de modificación por parte de la Cámara de Diputados, dado que dichos gastos se originan de leves y compromisos autorizados por el propio Congreso de la Unión.

En todos los países del mundo existen gastos fijos; el sistema norteamericano les llama entitlements o mandatory expenditures (70% del presupuesto), el sistema francés los conoce como “des prélèvements obligatoires” (35% del presupuesto), en el caso de México les llamaremos gastos fijos, los cuales tienen su fundamento en la propia Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en las leyes que de ella emanan. En este sentido me permito clasificar dichos gastos en cuatro tipos: gastos obligatorios por disposición legal gastos contractuales, gastos comprometidos para el funcionamiento  del Estado y gastos necesarios para la operación de las entidades paraestatales.

La propia Constitución en su artículo 123 y las leyes del Instituto Mexicano del Seguro Social, del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio del Estado y del Instituto de Seguridad Social para las Fuerzas Armadas, le dan fundamento a los gastos obligatorios por disposición jurídica en materia de seguridad social, ya que determinan porcentajes para las aportaciones del gobierno federal. Es así que en estos ordenamientos se establecen bases mínimas para garantizar los recursos que cubrirán accidentes y enfermedades profesionales, gastos de maternidad, jubilación, invalidez vejez y muerte.

Por otro lado, los artículos 127 y 75 constitucionales establecen la obligación de la Cámara de Diputados de señalar la retribución que corresponda a un empleo que esté establecido por lev. así como se señala que el Presidente de la República, los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación, los diputados y senadores, los representantes a la Asamblea del Distrito Federal y los demás servidores públicos recibirán una remuneración adecuada e irrenunciable por el desempeño de su función, empleo, cargo o comisión, que será determinada anualmente en el PEF y en el presupuesto del Distrito Federal, lo cual se considera también como gasto obligatorio por disposición jurídica. Asimismo, los artículos 4 y 5 de la Ley General de Deuda Pública establecen ciertas atribuciones para que el ejecutivo federal tome las medidas administrativas relativas al pago del principal, liquidación de intereses, comisiones o gastos financieros que se deriven de los empréstitos contratados. Dentro de este misma categoría, no se deben omitir las participaciones y aportaciones federales a Estados y municipios, previstas en la Ley de Coordinación Fiscal.

En una segunda categoría se contemplan los gastos contractuales, que derivan de compromisos del gobierno federal, donde a través de la manifestación de su voluntad en un contrato, adquirió obligaciones de pago en materia de adquisiciones, arrendamientos, prestación de servicios. Obras públicas y proyectos de inversión.

Los gastos comprometidos para el funcionamiento del Estado, como tercer categoría son disposiciones previstas en la Constitución y en las leyes, en las cuales no se prevén porcentajes determinados de aportaciones del gobierno, pero que son gastos indispensables para que el Estado pueda realizar las funciones que le han sido encomendadas, tales como educación, salud, vivienda, impartición de justicia, seguridad pública, alimentación y abasto, seguridad nacional y la protección del medio ambiente.

Finalmente, los artículos 25 y 28 constitucionales señalan como áreas estratégicas a los correos, telégrafos, petróleo, la petroquímica básica, minerales radioactivos, y la generación de energía nuclear y electricidad, funciones que se llevan a cabo por entidades paraestatales, las cuales por realizar actividades estratégicas no pueden parar su operación dando origen a la última categoría.

Con base en lo anterior, en el próximo debate del PEF las modificaciones que propongan los diputados al proyecto de Presupuesto del Ejecutivo, no deben ser tomadas a la ligera, dado que en cada movimiento existen implicaciones económicas y jurídicas. En este sentido, se espera que nuestros legisladores actúen dentro del margen de lo razonable, en el marco jurídico considerando que el PEF es un instrumento más de las finanzas públicas nacionales.      n

Jorge Ortega González. Maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Georgetown y Licenciado en Derecho por la UNAM.

El PRI las reglas y la tradición

EL PRI: LAS REGLAS Y LA TRADICIÓN

POR MIGUEL GONZÁLEZ COMPEÁN

PARA ALFREDO GARCÍA MUÑIZ

Hoy, la opinión pública está glotona. Los actores políticos se aprestan a ocupar espacios que la llamada transición deja abiertos. Las propuestas de ocupación parecen, sin embargo, insuficientes, mesiánicas, estridentistas, anárquicas, explosivistas, justicieras o. de vez en cuando razonables, pero mudas en medio del escándalo.

AI centro de la saturación, nadie se toma en serio porque faltan reglas y referentes o, en el mejor de los casos, los actores sienten sus personas o instituciones como los capaces para cubrir dichos espacios y como por arte de magia, resolver los problemas nacionales.

A fuerza de no haber producido, aunque sea de manera escenográfica, un momento fundacional para nuestra democracia, los actores públicos se aprovechan, los políticos se posicionan y las propuestas serias se las traga el voluntarismo, la nota roja, el espectáculo y las ganas de tener razón.

Ante la falta de una nueva cultura política (de qué otra manera podía ser si las ideas programáticas de la moda transicional le ganaron a la realidad) se privilegia el honroso ejercicio de quemarlo todo en hogueras públicas. El referente es la prisa y la vacuidad, la falta de diseño y de reacomodo racional e inteligente de la agenda… la nueva agenda: ¿cuál es la nueva agenda para el actor principal: el PRI?

Las reglas cambian ahora, pero mientras se hacen definitivas, cada quien se labra, y con ello el de todos, el futuro que permiten los discursos, las ideas y las modas.

Hace algún tiempo, no muy lejano por cierto, que un gobernador se pusiera a la cabeza de la sucesión presidencial era impensable. Menos aún que se hiciera en el cuarto año de gobierno. Y. aún menos, que todo esto se diera mientras el Presidente de la República estuviera comandando “personalmente” las acciones del DN-III.

Hoy los principales actores de la sucesión son gobernadores (o lo han sido), los demás actores políticos están jugando con la posibilidad de romperle la cara al sistema financiero del país y en el mejor de los casos, los pensantes están concentrados en dilucidar cómo se acomodan las nuevas prácticas y reglas de la política.

Y, en medio de todo ello, una necesidad que parece inaplazable e indispensable de cara a la sucesión presidencial para todas las fuerzas políticas y para el PRI en particular: darle reglas claras y consensuadas a los procesos de selección de candidatos y de coordinación y acción partidaria, en vez de cargarlo todo al costo electoral de seguir haciendo gobierno mientras llega el gran momento electoral.

Los problemas fundamentales: que no hay poder que quiera o pueda imponerlas, ni razón clara e ideas que logren su consenso. Necesitamos que las reglas sustituyan la opinión de los actores respecto de la coyuntura. Es indispensable que la democracia juegue en favor de la selección de candidatos y de dirigencias. Se necesita reconstruir el entramado de lealtades ideológicas, institucionales o partidarias.

Se necesita, sobre todo, que las precampañas en los estados o para la Presidencia de la República, no entorpezcan la operación y funcionamiento del gobierno. Adelantar o vivir estos procesos en el momento actual hace que el ejercicio de gobierno sea muy caro electoralmente. Si en esas vamos a estar, no habrá gobierno durante los próximos años y hasta la elección del ejecutivo. Urgen reglas, urge involucramiento y urge responsabilidad.

El asunto en el PRI tiene tintes, a veces, dramáticos. Se acabaron las reglas y el poder central que resolvían para evitar lo peor y verdaderamente trascendental: la perpetuación de cacicazgos locales, lacra histórica de nuestra vida política y económica desde el siglo XVII. Los intereses de gobierno o personales soslayan lo importante, en aras de una convicción: esto o “yo” somos lo mejor que puede pasarle al país.

II

Las elecciones “primarias” o consultas abiertas hechas a la población en sistemas presidenciales, intentan aminorar el peso de las burocracias de partido y hacer más cercana la relación entre votantes, necesidades específicas y candidatos.

Liberar a los candidatos de su vínculo partidista, y las reglas que eso conlleva, legitima frente a la opinión pública y el votante. La política, entonces, parece mucho mas vinculada a las necesidades cotidianas. La gestión adquiere nuevos vínculos y la permanencia ideológica y programática de un partido se fortalece: la alternancia se convierte, entonces. en alternativa verdadera.

Las elecciones internas ayudan a legitimar y derrotar las dudas de “La opinión” con pruebas de representación política. Por añadidura, en cada una de esas decisiones se evita la tentación de que se quiera jugar el desgaste hasta el punto de la rebelión o el transfugismo; lo que puede evidenciar, en el PRI, su incapacidad para resolver los conflictos hasta el punto de la autodestrucción.

Al centro, continúan las preguntas: ¿cómo transparentar las decisiones políticas que escogen a los mejores hombres con reglas y vigilancia en los procesos? ¿Cómo lograr y garantizar que el PRI tenga mecanismos sanos y apropiados para trabajar con la democracia a su favor? En otras palabras, ¿la democracia escoge a los mejores hombres o evidencia la pobreza de nuestra cultura y clase política?

Las elecciones internas modernizan, mejoran la imagen, resuelven conflictos pero también plantean nuevos problemas hacia adentro y hacia afuera. Los principales hacia adentro: se incorporan los reclamos democráticos y de transparencia electoral, que ha vivido la sociedad mexicana en los últimos lustros y se cambian las relaciones internas de lealtad y jerarquía partidista.

III

Las elecciones internas redefinen una de las almas de la práctica política del PRI: la representación de intereses reales. En efecto, la política priista tenía como precondición dos elementos: un esquema de permeabilidad debido al ejercicio del trabajo político, pero también a un estatus o meritocracia partidista. La lealtad al ejecutivo o a la estructura partidaria tenía un precio que se convertía en saldo exigible de futuro. Hoy, sin embargo, el vínculo con intereses reales, a pie de tierra, como se dice, se ha convertido en la piedra de toque.

El asunto no parece nada malo pero presenta interrogantes interesantes que hay que responder con seriedad y cuidado: ¿Cómo reestablecer vínculos entre la dirigencia y el partido de la calle a través de candidatos ligados a la política del Comité Ejecutivo Nacional? ¿Será esto último necesario? ¿Cómo establecer premios y castigos que reordenen los mecanismos de lealtad y disciplina que permitan establecer políticas comunes y consecuentes con un ideario compartido no sólo en el trabajo partidista, sino en el de gobiernos locales y legislativos? ¿Cómo dar cohesión y disciplina al interior del partido, con poderes constituidos (notoriamente el ejecutivo local o federal) y entre candidatos que se sienten triunfadores de antemano y que por tanto, les parece que incluso están por encima de las estrategias y dictados del CEN o de los CDE de su partido? ¿Cómo resolver la institucionalidad sin que parezca servidumbre interesada, sino condición necesaria para la cohesión interna entre dirigencia, organizaciones y base política y social cruzadas por actores e intereses distintos y a veces divergentes? Hoy el discurso, el vínculo, la personalidad y la acción política parecen más importantes que el otorgamiento de la garantía partidaria. En medio de ello.

sin embargo, falta pegar, al calor de “la transición”, globalidad y justicia social.

El problema persiste: el símbolo tricolor está ligado a las decisiones del poder —usualmente al ejecutivo— lo que lo entrampa. Está ligado, también, a una concepción de la política que a fuerza de discurso justiciero y como solución a todos los problemas, acabó por convertir al PRI, aparentemente, en un partido sin carácter y capacidad de decisión propias. ¿Qué tanto puede modernizarse la política? ¿Qué tanto pueden cambiarse las formas de hacer, si el PRI no está en una situación equiparable en todo el país? ¿Cómo transparentar la relación con el poder y recuperar espacio y carácter propios sin enfrentamiento?

Por supuesto, ese discurso y esa necesidad en la búsqueda de espacios políticos que ya no responden a la estructura sino a intereses ligados a circunscripción o sociogeografía tendrá que encontrar su justa medida. En el fondo, el problema sigue siendo lo que la oposición siempre tiene puesto sobre la mesa: el Proyecto Nacional y no variaciones sobre decisiones que parecían superadas por nuestra historia. El verdadero resquebrajamiento del PRI sólo puede provenir de que en aras de satisfacer intereses electorales locales y/o sociogeográficos, el proyecto nacional del PRI quede en entredicho y la cohesión que otorgaba el derrotero ideológico, ahora balcanice a nuestro país en su concepción.

En un sentido, el PRI está atrapado: ni modo, los electores compraron el argumento fácil de la democracia simplona y el del federalismo a pesar de la unidad. ¿Cómo convencerlos y hacerlos partícipes responsables de los peligros que acechan desde nuestra precaria historia que tiende a la dispersión y a la separación?

Las reglas internas priistas definirán, también, el carácter de la política nacional. Entre la tradición y las reglas, la necesidad de darle nuevos espacios al conflicto político se hace indispensable. Seguidamente, el PRI tiene la necesidad de definir su carácter. ¿Qué representa? ¿para quién? y ¿frente a quién? No es que le falten ganas o que no sienta la necesidad de resolver. Sin embargo, el PRI insisto, está inmerso en una circunstancia particular. Por un lado, tiene que atender las necesidades de la modernidad económica interna y global. Lo que lo obliga a tener un discurso responsable que a veces, pareciera secuestrado por la economía y muy poco atractivo. Por el otro, tiene un problema en la concepción de lo que llama justicia social, que en algún momento estaba plenamente compartida con el poder; notoriamente con los proyectos sucesivos que los gobiernos revolucionarios encarnaron. Por ello, da la impresión de que el PRI lleva mucho rato peleándose con el ejecutivo y su concepción sobre el desarrollo y la incorporación de México a la globalidad, y con ella a la modernidad. Finalmente tiene un problema entre hacer prevalecer los ámbitos local o federal. ¿Quién tiene más peso e influencia y para qué?

Las reglas y personalidad definirán, aparentemente, cómo debe actuar y resolver en la coyuntura, pero deja fuera la solución de problemas. Antes, candidato era solución posible, hoy es mera posibilidad de triunfo para defender un proyecto ideológico que necesita refrendarse día a día. Antes, candidato era fuerza que modificaba realidad y clase política, era esperanza; hoy puede convertirse en la perpetuación. Reglas, sí; ¿para normar y dar cauce a la complejidad política? O para reducir costos, poder gobernar y garantizar, en la democracia, un proyecto político que necesita resolver la complejidad de ser una más de las posibles alternativas.  n

Miguel González Compeán. Abogado. Coordinador de Cultura Política de la Fundación Colosio A.C. del PRI.

Respuestas a Jorge Carpizo El voto extraterritorial

RESPUESTA A JORGE CARPIZO EL VOTO EXTRATERRITORIAL

POR JESÚS MARTÍNEZ SALDAÑA

Los argumentos de Jorge Carpizo (Nexos, julio de 1998), en contra de extender a ciudadanos mexicanos radicados en el exterior el derecho a votar en futuras elecciones presidenciales, reflejan un repulsivo desprecio hacia un importante y numeroso sector de la sociedad mexicana. También demuestran un aberrante desconocimiento de la relación entre la migración internacional y la historia nacional, del comportamiento político de los mexicanos que emigran temporal o permanentemente, así como de las diversas aportaciones que los emigrados han hecho y hacen a nuestro país. Lo más preocupante es que al recurrir a un deslucido discurso nacionalista que ya no convence ni a propios ni a extraños, el reconocido personaje opta por no enfrentar de manera directa un serio problema que México apenas empieza a abordar al considerar reformas de esta naturaleza: cómo construir una democracia incluyente, y con igualdad política, en una nación de emigrantes.

El derecho al voto para los ciudadanos fuera del territorio nacional ha sido una demanda popular desde hace muchos años. La han respaldado miles de ciudadanos por medio de actos públicos e innumerables peticiones que, en su momento, han sido presentadas en consulados o enviadas a las autoridades federales. Finalmente, el derecho fue acertadamente incluido en el paquete de reformas electorales aprobado por las distintas fuerzas representadas en el Congreso de la Unión en 1996. Fue integrado al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) en noviembre del mismo año y ahora tanto el Instituto Federal Electoral (IFE) como nuestros legisladores federales realizan estudios para decidir posibles modalidades del voto en la elección presidencial del año 2000.

Sin embargo, aún existe la posibilidad de que el derecho no se pueda ejercer porque, al aprobarse la reforma en 1996 se condicionó el voto de los emigrados a la existencia de un Registro Nacional de Ciudadanos y una Cédula de Identidad Ciudadana. Lamentablemente, ambas tareas fueron encomendadas a la Secretaría de Gobernación y sus autoridades han declarado que ninguna será terminada antes del 2000.1 ¿Falta de voluntad política del ejecutivo federal? Es muy probable.

El número de posibles afectados no es insignificante. Como ha comprobado la Comisión de Especialistas convocada por el IFE. el 99% de nuestros ciudadanos fuera del territorio nacional se encuentra en los Estados Unidos.2 Según el U.S. Census Bureau, en marzo de 1997 había en ese país 7.017 millones de personas nacidas en México, la gran mayoría (5.973 millones) de las cuales retenía su ciudadanía original.3 De acuerdo a las proyecciones de los especialistas convocados por el IFE, para el año 2000 el número de mexicanos residentes en el vecino país ascenderá a 8.6 millones y 7.1 millones (el 83%) contará con la edad legal para votar en la elección presidencial mexicana del mismo año. Para el 2006, las cifras correspondientes serán 10.8 y 8.9 millones de mexicanos.4

¿Puede realizarse en México una verdadera transición hacia la democracia si se continua excluyendo de los procesos electorales a la población migrante, la cual, como todos sabemos, ha salido principalmente para ganarse una vida digna y mejorar las condiciones en las que viven los millones más de familiares que permanecen en territorio nacional? ¿Acaso todos despreciamos a los migrantes de igual manera que el señor Carpizo, quien sólo quiere reservar ese derecho al sufragio extraterritorial para funcionarios y, nos imaginamos, otras personas distinguidas que alcanzan su criterio elitista? ¿Tiene más derecho a ejercer los derechos ciudadanos cualquiera de los muchos funcionarios ineptos y despreciables que frecuentemente envían a embajadas y consulados (Fernando del Villar, exdirector del CISEN, fue “mi” cónsul en San José. California) que la mujer u hombre de clase trabajadora que es expulsado del país por las políticas económicas de nuestros gobernantes neoliberales?

México ha sido una nación de emigrantes desde el siglo pasado, cuando una combinación de factores estructurales llevó a la incorporación de sectores de la fuerza laboral mexicana al mercado de trabajo estadunidense. La revolución de 1910, el reclutamiento activo de empresas estadunidenses, acuerdos bilaterales como el famoso Programa Bracero (el cual otorgó cerca de 4.5 millones de contratos de trabajo temporal a trabajadores mexicanos) y los efectos del Tratado de Libre Comercio de América del Norte han permitido que se perpetúen, institucionalicen y diversifiquen las tradiciones migratorias.

La migración internacional no es exclusiva de los mexicanos; también sucede en otras regiones del mundo. A principios de la actual década ya existían más de 100 millones de personas viviendo fuera de su país de origen, y todo parece indicar que en los próximos años continuará incrementándose el número de mujeres y hombres que cruzarán las fronteras internacionales.5

Los desafíos que debe enfrentar el Estado-nación ante esta realidad son considerables. La conciliación de los procesos de migración internacional con los procesos políticos nacionales es una de las difíciles tareas que países como México deben realizar. Decenas de gobiernos, desde Sudáfrica hasta los Estados Unidos, han reconocido al sufragio desde el exterior como una forma de llevar a cabo tal conciliación. Nuestro Congreso debe ser congruente con su decisión de 1996 y eliminar las trabas para que se pueda realizar el voto extraterritorial en el 2000.

Si a las fuerzas reaccionarias del país les ofende que los millones de mexicanos fuera del territorio nacional puedan votar en futuras elecciones presidenciales, les propongo una solución: encuentren la manera de hacer el éxodo innecesario, y luego hagan el favor de repatriar a los que ya fueron expulsados, para quienes el cruzar la frontera del norte ya es una tradición histórica y una necesidad económica.

Si quieren algo más fácil y razonable, recomiendo trabajar seriamente para sacar a los emigrados de la infraciudadanía a la que el gobierno mexicano los ha relegado por más de un siglo y, adicionalmente, dedicarnos a encontrar las formas de extender el proceso de democratización a las políticas migratorias mexicanas. n

Jesús Martínez Saldaña es Assistant Professor del Political Science Department. Santa Clara University. Miembro de la Coalición de Mexicanos en el Exterior. Nuestro Voto en el 2000.

1 José Gil Olmos y Víctor Ballinas: “Será hasta el 2002 cuando se tenga la cédula única de identidad: SG”, en La Jornada, 26 de mayo de 1998.

2 Instituto Federal Electoral: “Primer Informe de la Comisión de Especialistas que Estudia el Voto de los Mexicanos en el Extranjero”, en Boletín de Prensa no. 41, 21 de julio de 1998.

3 U. S. Census Bureau: Current Population Survey, marzo de 1997.

4 IFE, 1998.

5 Stephen Castles y Mark J. Miller, The Age of Migration: InternationaI Population Movements in the Modern World. The Guilford Press. New York. 1993, p. 4.

Humor científico y tedio político

HUMOR CIENTÍFICO Y TEDIO POLÍTICO

POR CINNA LOMNITZ

Del callejón sin salida que la política le ofrece a un científico apegado a su sentido del humor, y otras bromas.

El otro día me tocó participar en un programa radial, de esos que tienen línea abierta para que el público opine. Y sucedió lo que nunca me había sucedido: un señor, con la intención de cumplimentarme acerca de mi modesta destreza verbal, sugirió que me dedicara a la política. “¿Por qué no es usted quien nos gobierna?” preguntó. La idea me dio risa y no se me ocurrió una respuesta inteligente.

Merece una respuesta ese señor. Y una disculpa. Es notorio que muchos científicos poseen un sentido del humor muy extraño. No sé de dónde lo sacan, pero sospecho que se trata de una válvula de escape, o de algún mecanismo  subversivo que nos permite evadir momentáneamente la pesada disciplina de la vocación. El respetable profesor Richard Feynman, premio Nobel de física y uno de los científicos más importantes del siglo que pronto se nos va a acabar, confesó públicamente haber participado en las siguientes bromas:

1.   Abrió las cajas fuertes donde se guardaban los secretos atómicos durante la guerra, y dejó unas notas escritas en su interior para asustar y confundir al contraespionaje gringo. Era ocioso al grado que pasaba días y semanas aprendiendo trucos numéricos que le servían para abrir cualquier tipo de caja fuerte.

2.   Durante una estadía de un año en una universidad brasileña aprendió a tocar un instrumento casero llamado frigideira, y se disfrazó para participar en el desfile anual del Carnaval de Río.

3.   En Estados Unidos, siempre comenzaba sus clases con una batucada de cinco minutos de bongó.

4.   Fingía hablar idiomas que desconocía, como el chino y el italiano. Una vez recitó un largo poema en italiano inventado, en la asamblea anual de una escuela preparatoria, y dejó perplejos a los maestros acerca de cuál había sido el dialecto italiano que había empleado.

5.   Robó y escondió la puerta de una residencia estudiantil en la universidad. Al ser cuestionado admitió que había sido él, pero nadie le creyó.

6.   Proclamó que tenía un secreto infalible para acostarse con cualquiera de las hermosas chicas que atendían a los clientes en los casinos de Las Vegas. (El secreto consistía en preguntarles a las muchachas.)

7.   Hizo experimentos con hormigas para confundirlas y hacer que se equivocaran de camino si las quitaba de en medio de una columna de estos bichos y las encaminaba en la dirección opuesta.

8.   Inventó un método inédito para influir en lo que soñaba mientras dormía.

Podría seguir ad infinitum pero espero que estos ejemplos basten al lector para atisbar en la mente barroca y contorsionada de un científico. Todo esto lo tendríamos que sacrificar si nos dedicáramos a la política. Un presidente de la república no puede tocar una batucada antes de las conferencias de prensa. No puede pedir a Mónica Lewinsky que se haga ojo de hormiga. No puede hablar en italiano inventado, porque los italianos de verdad se enojarían.

Política y predicción

Lo políticos son tan monótonos: siempre afirman que resolverán todos los problemas y que la crisis ya ha pasado. Nunca se les ocurre decir la verdad: que no resolverán nada y que la crisis es para siempre. Por eso, cada vez que un científico decide dedicarse a la política su mente se torna tan aburrida como un disco rayado.

Una de las preguntas científicas que más se prestan a los juegos políticos tiene que ver con predecir el futuro. Por ejemplo, ¿qué nos puede decir usted, señor científico, sobre la predicción de los sismos?, ¿cuándo ocurrirá el próximo temblor en el Distrito Federal? Sería fácil responder: el futuro no existe. Todo ocurre como siempre ha sucedido, y nada ocurre exactamente igual de lo que antes ha sucedido.

Algo similar ocurre con el pasado. ¿Cómo saber exactamente lo que antes ha ocurrido? Ya no somos los mismos de ayer; nuestras células no son las mismas. Recordamos lo que otro yo presenció. Decía Wittgenstein: ¿qué habrá sido del presente que se convirtió en pasado y dónde está el pasado?

Mi amigo Bob Geller es un científico a quien le gusta la política. Al volverse persona non grata para la Agencia Geológica de Estados Unidos decidió emigrar al Japón, y allá obtuvo una plaza de profesor en la Universidad de Tokio, la más importante del país. Es uno de los contados profesores de origen extranjero que hay en esa nación y no porque los japoneses sean más xenófobos que nosotros. Simplemente su idioma es de muy difícil aprendizaje. El sismólogo Geller merece toda mi admiración, pues maneja el japonés escrito con gran soltura. Yo llego apenas al conocimiento de cincuenta ideogramas kanji, cuando hay que dominar unos 1.750 caracteres para graduarse de la preparatoria.

Entonces, ¿habla japonés el doctor Geller? Nadie lo sabe a ciencia cierta porque es tartamudo. Sabe expresar sus ideas por escrito con gran vigor, sin embargo. En 1991 envió una carta a la revista científica internacional Nature denunciando el programa japonés de predicción de sismos como un embuste. Desató una guerra de periodicazos. Desde entonces Geller afirma que la predicción de los sismos es científicamente imposible, ahora y para siempre. Y acusa a sus colegas japoneses de querer engañar al público con fines de lucro.

Japón poseía un vigoroso programa nacional de investigaciones sobre predicción de temblores, que se inició en 1964: Geller lo denunció, alegando que dicho programa era manipulado por ocho jerarcas universitarios que no admitían críticas externas y que constituían una mafia. Los sismólogos agredidos se defendieron como pudieron, pero al final prevaleció la oportunidad política de ahorrar unos cuantos millones de dólares. Así, el programa japonés de predicción de temblores fue abolido y unos quinientos sismólogos japoneses tuvieron que buscar chamba en otras ocupaciones más productivas, como la de oficinista.

En 1988 el físico Per Bak, de origen escandinavo, publicó un artículo muy sonado con el título de “Criticalidad auto-organizada”. Existen ciertos estados llamados críticos que inducen la autorganización. Sostenía el científico que muchos procesos naturales son el resultado de la capacidad de ciertos sistemas físicos muy complejos para organizarse solos. De esto hay muchos ejemplos conocidos: los huracanes, las corrientes de convección en una taza de café, el fenómeno del Niño, y la vida misma. Bak demostró que estos sistemas eran caóticos y que eso mismo favorece su auto-organización. La palabra caos significaba originalmente el vacío, el desorden y la confusión, pero hoy adquiere una definición científica muy precisa. Denota un cierto tipo de estructuras matemáticas aperiódicas que divergen con el tiempo, de tal modo que dos estados vecinos se alejan exponencialmente.

Por ejemplo, dos gotas de agua vecinas en una nube se van dispersando y acaban cayendo en lugares muy distantes, una como lluvia y la otra como nieve. Dos especies similares van evolucionando en direcciones diferentes: una se transforma en Homo sapiens y la otra se extingue. Este concepto del caos juega un papel cada vez más importante en la ciencia moderna.

Eso ¿qué tiene que ver con la predicción de los sismos? Muchísimo, porque el doctor Bak posteriormente usó los temblores como su ejemplo favorito de criticalidad auto-organizada, lo cual no pasó desapercibido para Robert Geller. Significaba, según Geller, que no será posible predecirlos jamás y que todo esfuerzo en este sentido resultaba pernicioso e inútil Geller aprovechó para extender su campaña anti-predicción al nivel internacional, y sus adeptos llegaron a afirmar que toda investigación en predicción de sismos es automáticamente anti-ciencia y que es inmoral afirmar lo contrario.

Tanto hizo Geller que algunos colegas empezaron a evitarlo como “portador de una agenda”, como denominamos a los colegas que viven obsesionados por algún objetivo político. Desde luego, sigo estimándolo como colega y como la inteligencia brillante que es, pero no puedo dejar de compadecerlo.

El pasado de la futurología

Es que los argumentos políticos pudren el cerebro. Por ejemplo, ¿dónde hay sistemas totalmente caóticos? No existen. La atmósfera es caótica y sin embargo existe la predicción del tiempo. ¿Los volcanes? Hay predicción de erupciones volcánicas. ¿La economía? ¿La sociedad? Son sistemas tremendamente caóticos y sin embargo existen los mercados, los bancos, los partidos políticos, los administradores, los candidatos, los funcionarios. Si fueran totalmente impredecibles no tendría sentido tratar de manipularlos.

Todo sistema complejo posee un tiempo de predicción. En el caso de la atmósfera este lapso de predicción es del orden de unos tres días: con un plazo más largo las predicciones se vuelven inciertas. Ningún sistema natural es total y absolutamente predecible ni impredecible.

¿Quién se acuerda del futurólogo Herman Kahn? En 1966 ese economista americano publicó un volumen tan grueso como él mismo intitulado El año 2000, donde se popularizaba el llamado método de los escenarios y la palabra prospectiva. Los escenarios de Kahn eran unas situaciones imaginarias que comportaban el manejo del futuro como extensión del presente: por ejemplo, en el año 2000 podría existir un bloque occidental más introvertido y una Unión Soviética más agresiva, o todo lo contrario. Kahn salpicaba estos escenarios de acontecimientos inverosímiles para darles sabor: por ejemplo, una guerra entre México y Estados Unidos. Gracias a su abundante fantasía. Kahn creó una lucrativa industria de servicios de asesoría llamados tinacos de pensadores (think tanks).

Por supuesto, sus fantasías resultaron ampliamente superadas por la realidad. Kahn jamás imaginó que la Unión Soviética pudiera derrumbarse antes de finalizar el milenio. En su lamentable capítulo sobre la tecnología del futuro no fue capaz de prever la informática ni la globalización. Vaticinó que en el año 2000 Colombia se convertiría en potencia económica mundial, y que “el siglo XXI será el siglo del Japón”.

Pero también tuvo sus aciertos. A base de una analogía con la historia del Imperio Romano predijo que la cultura política de Occidente evolucionaría en la dirección de una era centrada en el cultivo de los sentidos y de una creciente autoindulgencia, especialmente en el aspecto del erotismo.

Entonces, sí se pueden predecir algunos aspectos del futuro. Lo hubiera sabido Bill Clinton. Tan siquiera habría cambiado de abogado.  n

Cinna Lomnitz. Geofísico. Investigador de la UNAM.

Cristal hechizado

EL CRISTAL HECHIZADO

POR MAURICIO MONTIEL FIGUEIRAS

Este año se cumple el centenario de Otra vuelta de tuerca de Henry James. En este ensayo, Mauricio Montiel Figueiras propone una nueva lectura de esta novela clásica.

Difícil, diríase casi inútil, resulta hablar de una obra maestra cuando cumple sus primeros cien años de tenaz permanencia en las estanterías de la memoria cultural. Difícil porque, ya se sabe, el tiempo rodea a la buena literatura de un aura que se antoja intocable salvo para las manos del experto, esas “manos blancas y tranquilas” que reclamaba Flaubert al referirse al lujo que representa todo empeño artístico; inútil porque es precisamente el roce de tantos dedos hábiles anteriores a los nuestros —escucho, de pronto, el sabio y antiguo aleteo de un murciélago— lo que ha logrado penetrar la coraza centenaria para llegar al corazón del libro que intentamos, de nuevo, alumbrar con velas diminutas. ¿Qué decir a estas alturas de Madame Bovary, de Crimen y castigo. del Ulises, que no se haya dicho antes y mejor? ¿Por qué pasillo empezar a recorrer el dédalo que es toda obra maestra, cómo confiar en que nuestra flama llegará siquiera a captar un mínimo rasgo del Minotauro que acecha al centro de ese laberinto? Quizá la única esperanza sea que de la obra en cuestión emane una “profunda oscuridad” semejante a la que rodea al narrador sin nombre de Los papeles Je Aspera, una más de las joyas sombrías de Henry James, y éste por fortuna es el caso de The Tuni of the Screw. cumbre de la ambigüedad jamesiana bautizada como Otra vuelta de tuerca por José Bianco en su espléndida versión al español. “El título”, nos recuerda ese espejo pleno de brillos jamesianos apellidado Borges. “es, literalmente. La vuelta de tuerca. Bianco. fiel a la complejidad de su artífice, nos da Otra vuelta de tuerca”.

El título, hay que añadir, se desprende de las páginas iniciales del relato, durante una velada navideña en la que alguien expone la historia de un niño ante el que se manifiesta un espectro en una vieja mansión. Douglas, uno de los oyentes, el narrador que en el arranque suplanta a la verdadera narradora —el cuento dentro del cuento: clásica puesta en abismo de James—, apunta, un tanto a disgusto: “Reconozco, en lo que atañe al fantasma de Griffin. o sea lo que fuere, que el hecho de aparecerse primeramente a un niño, y a un niño de tan pocos años, le agrega una especial característica. Pero si el niño aumenta la emoción de la historia, da otra vuelta de tuerca al efecto, ¿qué dirían ustedes de dos niños?”. Continuemos: ¿qué dirían los asistentes a esa velada si supieran de antemano que el título —el mecanismo narrativo— que los reúne “alrededor del fuego” volverá a aparecer en las páginas finales del relato al que han sido confinados para siempre? Alucinada, poseída por los demonios de la escritura, la verdadera narradora, una institutriz sin nombre —la identidad de los personajes jamesianos se reduce a un carnet meramente literario: su voz narrativa—. reflexiona al sentir cerca el climax:

Sólo podía seguir adelante llamando a la “naturaleza” en mi socorro y confiando en ella, considerando mi monstruosa ordalía como un empellón en dirección inusitada, es cierto, y desagradable, pero que sólo exigía —para vencer en lucha leal— otra vuelta a la tuerca de la ordinaria virtud humana.

¿Cuál, entonces, podrían preguntarse los oyentes —nosotros mismos—, es en realidad esa insólita tuerca citada en dos distintos planos del relato al que hemos sido condenados?

Según anota el propio Henry James en sus Cuadernos, el tornillo lo empezó a apretar el obispo de Canterbury en 1895. tres años antes de que Otra vuelta de tuerca viera la luz. La aciaga historia que el escritor escucha de labios del clérigo —apenas un “esbozo muy vago, confuso, sin detalles”— a su vez le ha sido referida a éste por una mujer que peca de pobreza expresiva: dos niños huérfanos son puestos bajo la custodia de dos sirvientes que los corrompen y depravan en un viejo castillo en el campo: los criados mueren en circunstancias inciertas y sus fantasmas regresan para apoderarse de las almas infantiles. “Todo esto”, agrega James, “es oscuro e imperfecto pero en ello existe la sugestión de un efecto, un extraño temblor de espanto. La historia debe relatarla —con suficiente verosimilitud— un espectador, un observador desde afuera”. “Los niños están pervertidos pero también son inocentes”, abunda Maurice Blanchot en un texto de El libro que vendrá: “James extraerá de este motivo uno de sus efectos más crueles: la ambigüedad de esa inocencia, inocencia que es la pureza del mal”. La cabeza de la tuerca, así pues, comienza ya a sobresalir con lúgubre vigor: estamos en el reino giratorio del Mal. bajo cuya sombra —advierte Graham Greene— se gesta la escritura jamesiana. Se trata, conviene recordarlo, de un reino cuya corona descansa por esta vez en la mansión crepuscular de Bly: un espacio ante todo psíquico que comulga con la mejor herencia gótica, donde predomina esa suerte de luminosa oblicuidad que relega a la penumbra los rincones conquistados por murmullos, frases a medias, gestos segados por una repentina ráfaga de aire: un ámbito narrativo “indeciso”, dice Blanchot, un “más allá irreal donde todo se convierte en fantasma, todo se hace escurridizo, fugitivo, presente y ausente”. Un territorio. en suma, de orillas difuminadas, que permanece en perpetuo suspenso y al que la corrupción, como un otoño paulatino que invadiera ánimos y objetos, se ha filtrado gracias al conjuro de Miles y Flora, los huérfanos que han aprendido a articular el idioma del secreto, la pareja de malignos inocentes que lleva una relación de bordes incestuosos. A esta comarca regida por la presencia de Peter Quint y la señorita Jessel —los criados muertos en circunstancias inciertas—. irrumpe, arrastrando una mórbida estela que aúna el espíritu premonitorio y la sexualidad reprimida, la institutriz sin nombre, epítome del narrador jamesiano que sólo podrá relacionarse con el mundo exterior —léase la señora Grose, el ama de llaves— mediante “alusiones indirectas y oscuras”, mediante su sesgado punto de vista. He aquí. pues, al observador parcial, “desde afuera”, que exigía James para el relato del obispo de Canterbury.

Hablar de fantasmas es hablar de suplantación. de una fascinante especie de impostura: tanto por ellos (lo intangible usurpando el lugar de lo tangible) como por aquellos a quienes se manifiestan (lo tangible habitando fugazmente las tierras de lo intangible). Aunque esplendente también en Los papeles de Aspern y La figura de la alfombra, dos de las más ambiguas creaciones jamesianas. la imagen del narrador como impostor o intruso —el voyeur que busca apoderarse de toda la escena con tan sólo atisbar un fragmento a través de las cortinas entreabiertas del relato— brilla con especial fulgor en Otra vuelta de tuerca. Tres son los instantes en que. con mayor claridad, la narradora deviene trazo fantasmático. ente observado, merced a la suplantación. El primero ocurre luego de la segunda aparición de Peter Quint en el jardín de la casa, al pie del ventanal del comedor: la institutriz lo ve mirando hacia adentro y. trastornada, sale a enfrentarlo pero no lo encuentra:

Caminé hasta la ventana, con el oscuro sentimiento de que debía ponerme en su lugar. Apoyé mi rostro en el vidrio y. como él. observé la habitación a la que justo entonces ingresa el ama de llaves que al descubrir ante el cristal a la narradora sufre un trastorno idéntico al de ésta. El segundo llega con violencia soterrada:

Me dejé caer sobre el primer peldaño de la escalera. y entonces, reaccionando súbitamente, recordé que un mes antes [...] había visto —en ese mismo sitio— el espectro de la mujer más horrible del mundo.

El tercero consigue violar el último resquicio de intimidad. La señorita Jessel se aparece en los aposentos de la institutriz, sentada al escritorio:

[Ella] me había mirado lo bastante para darme a entender que su derecho de sentarse a mi mesa era tan álido como el mío de sentarme a la suya. Durante esos instantes me estremecí de angustia súbitamente invadida por el sentimiento de que yo era la intrusa en la casa.

¿No hay en estas tres oblicuas metamorfosis una toma de conciencia narrativa, un reconocimiento de la impostura que representa el acto mismo de narrar? ¿No es factible ver en la primera de ellas, cuando la narradora ocupa el lugar de Quint frente al cristal del comedor, al propio Henry James espiando el ámbito literario donde se mueven sus criaturas? A fin de cuentas, como señala Blanchot. ¿no es el tema de Otra vuelta de tuerca simplemente el arte jamesiano. ese modo de merodear siempre alrededor de un secreto que, en tantos de sus libros, pone a actuar la anécdota, y que no sólo es un verdadero secreto [...] sino que escapa a toda revelación, porque pertenece a una región que no es la de la luz?

“En el lado sombrío de todo el asunto”, acota la institutriz como si confesara al lector su incapacidad de acceder a esa región vedada a la luz escritural. “una pequeña mancha movediza y maligna me rozaba de vez en cuando las sienes como el ala de un murciélago”. Esta frase anuncia no sólo una postura literaria que asumirían futuros autores —recordemos que James fue uno de los primeros en abolir la visión del narrador omnisciente. arma canónica del siglo XIX. y en preconizar una narrativa parcial, sesgada, que ocurre en los bordes mismos del relato—. sino además una de las mayores revoluciones de la prosa: una conmoción llamada Jorge Luis Borges. En “El Sur”, una de sus esferas precisas, el argentino —acérrimo defensor de James— hace ascender a su alter ego. Juan Dahlmann. por la penumbra de una biblioteca:

Avido de examinar su hallazgo [un ejemplar de Las mil y una noches de Weil], no esperó que bajara el ascensor y subió con apuro las escaleras: algo en la oscuridad le rozó la frente, ¿un murciélago. un pájaro? En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre.

Dice la leyenda que este roce metafórico deja entrever el origen de la ceguera de Borges. pero ¿no funciona también como trasunto del ais narrativa jamesiano? “El Sur” está fechado en 1944, casi medio siglo después de Otra vuelta de tuerca, y no obstante el mismo murciélago —la misma posibilidad de un murciélago— sobrevuela ambos textos. ¿No hay en ese roce una alusión al arte literario, siempre inasible según anota James en sus Cuadernos? ¿No hay un augurio de la ceguera —o, mejor, de la percepción— borgeana en el ala fugaz que estremece a una institutriz decimonónica; no es esa “pequeña mancha movediza” el secreto que rehúye al narrador que intenta en vano desentrañarlo? Si, coincidiendo de nuevo con Blanchot, “James experimenta no el relato que debe escribir sino su reverso, el otro lado de la obra”, podemos aventurar que el murciélago es el heraldo puntual de ese reverso oscuro. ¿Y qué hay entonces al otro lado de Otra vuelta de tuerca: de dónde proviene el embrujo que suscitó tres adaptaciones fílmicas —Jack Clayton (1951, con guión de Truman Capote), Graeme Clifford (1989) y Rusty Lemorande (1992)— y hasta una ópera? En el climax de la novela, mientras la institutriz se finge absorta en su labor de costura, el pequeño Miles se acerca al ventanal de la sala:

El marco y los cristales de la gran ventana eran como una imagen, para él. de una especie de fracaso. Me pareció verlo, de todos modos, encerrado por dentro o por fuera [...] ¿No buscaba, a través del hechizado cristal, algo que no podía distinguir?

Agudo, visionario como pocos. Henry James halló en la literatura una casa encantada por cuyas ventanas es posible aprehender tan sólo un ambiguo trozo del mundo. Supo que para intentar descifrar los secretos más sombríos de la realidad, es necesario atisbar a través del cristal hechizado de la narración: allá, en ese otro lado de orillas difusas, quizás esté la respuesta que buscamos.  n

Mauricio Montiel Figueiras. Escritor. Entre sus libros, Insomnios del otro lado.

Barómetro

BARÓMETRO

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

Ciclones verdaderos. Termina septiembre con una nueva tragedia chiapaneca. Ahí como antes en Guerrero o Oaxaca, los ciclones no son metáfora. Se cuentan por miles los damnificados y por cientos los muertos y una vez más tenemos que preguntarnos por nuestros mecanismos de previsión y protección civil.

¿Hasta dónde y hasta cuándo? Se le pasarán las facturas del caso, rutinarias y mal intencionadas, al gobierno en turno, al local y al federal, pero lo que no se hará es un mínimo esfuerzo por pasarnos la cuenta a todos: no hay previsión ni protección que alcancen en medio de tanta pobreza material e institucional como la que hoy, por si hiciese falta, sale a la superficie chiapaneca.

Los efectos traumáticos del Paulina no fueron asimilados en toda su magnitud. La voluntad-voluntariosa del Presidente Zedillo se ha desplegado también en la costa de Chiapas, como lo hizo en Acapulco el año pasado, pero desde el punto de vista estratégico resultará, como resultó en 1997. Insuficiente. Las sombras de la sospecha no le concederán al Presidente ni un minuto de gracia.

De hecho, desde las primeras horas de la desgracia, los medios, en especial los radiofónicos de la capital de la República, empezaron a montar sus guillotinas, a hacer sus propias cuentas y a denunciar a diestra y siniestra, sin mayor respeto por la precisión, supuestas o reales fallas de las primeras acciones de rescate y alivio de los afectados. Los informes obligadamente parciales e impresionistas de los o las reporteras, son completados con la voz justiciera del o la locutora: “¡Qué barbaridad, qué vergüenza!”

Con un sistema de medios como el que predomina hoy en el país, no es posible plantearse en serio la conformación de una cultura robusta de solidaridad y protección civil. La denuncia es indispensable, pero cuando se convierte en rutina y, lo peor, en negocio, la denuncia ofusca y confunde pero no advierte ni aclara.

Hace años, el gran pensador económico Amartya Sen destacó el valor que una prensa libre puede tener para prevenir las hambrunas, así como los efectos perversos que pueden tener los métodos supercentralizados y jerarquizados de planeación. Sus ejemplos fueron India y China respectivamente. Nosotros parecemos encontrarnos en el peor de los puntos medios imaginables: sin planeación central, pero sin voces organizadas para volver eficiente el entorno descentralizado que está surgiendo al calor de la democracia y el reclamo federalista. Y los que pagan las fallas mayores son los que ya pagaron los hierros anteriores del presidencialismo económico: los viejos y nuevos pobres para los que no hay acomodo laboral o territorial y forman fatalmente las periferias móviles y precarias que no logran visibilidad ni oído oficial atento.

El mundo en peligro. No se trata esta vez de hormigas gigantes estimuladas por el átomo, sino de oleadas interminables de especulación que azotan los continentes como inclementes tifones. Pasó a la historia de las júnior leagues de los desastres financieros el “efecto tequila”. Hoy son el dragón y el oso ruso los que se adueñan de la imaginación y el temor mundiales.

De repente, casi sin previo aviso, hablar de recesión mundial se volvió deporte de moda. Las jeremiadas de la economía clásica o marxista son reconvertidas y se vuelven glamorosas en las páginas de Fortune, Business Week y hasta Tlie Economist. En el Foro Global de Morgan Stanley. Stephen Roach advierte que “la crisis en los mercados financieros mundiales ha llegado a un punto letal [y que], mientras tanto, la primera recesión global desde 1991 puede ya estar en camino”.

En la primera de esas revistas, Paul Krugman propone para Asia pasar del Plan A, el del FMI y del Tesoro, al Plan B. que consistiría en adoptar un control de cambios que permitiera superar la trampa letal de las altas tasas de interés y salir al paso a una recesión autodestructiva. Un plan en el que todos piensan pero del que nadie habla, nos dicen Krugman y hasta los propios editores de la célebre revista de los grandes negocios. El economista del MIT recuerda incluso la experiencia mexicana y nos advierte que probablemente, de no haberse recurrido al control del que nadie por acá quiere acordarse, el estancamiento de entonces hubiera sido peor.

Todos (o casi) a una claman por acuerdos internacionales prontos que reduzcan las tasas de interés que mandan en el mundo y salgan al paso de las profecías autocumplidas que hoy se inclinarían por una recesión auténticamente planetaria. La caída en un receso general no es una fatalidad y puede evitarse, como puede hacerse con el colapso financiero que ronda bolsas y bancos en todo el orbe. Todo es cuestión de tomar las decisiones necesarias y hacerlo pronto, en especial en Estados Unidos y Europa.

Es aquí donde empieza el pesimismo y la economía política vuelve por sus fueros como la “ciencia lúgubre”: si en algo se ha especializado la humanidad es en tomar las decisiones equivocadas en el momento preciso y más inoportuno. Bretton Woods sigue en calidad de Santo Grial. y sin demasiados Caballeros de la Mesa Redonda en su búsqueda. Cosas de una globalización que tomada como fatalidad, no puede sino matarnos de a poquito.

Ayuda de memoria. No sobra insistir, ahora no sólo para acompañar la transición política a buen puerto económico, sino para preparamos para capear el temporal mundial y aprovechar la oportunidad de ser socios de la potencia indiscutida y decisiva: urge tener un acuerdo económico en lo fundamental. Un concilio económico, que ponga a prueba nuestra capacidad instalada de reflexión global y nuestra habilidad para pensar el largo plazo, es el punto primero de toda orden del día que en efecto quiera no la gobernabilidad en abstracto o como pretexto para devaluar al gobierno actual, sino un México dispuesto a embarnecer como sociedad y estar a la altura de sus tan reiteradas como pospuestas promesas económicas. Estar por abajo del número veinte en tamaño económico, y por encima del número cuarenta en desarrollo humano, en el ranking mundial del desempeño económico y social, da cuenta de nuestras fundamentales desmesuras. Bajar del cuarenta y acercarse al diez: ¿el mapa para volvernos no una sociedad rica pero sí habitable?

Los libros sobre la mesa. Gracias a la generosidad de la Biblioteca de LGS empiezo a leer Resurrection, the Struggle for a New Russia, Vintage Books, 1998, de David Remnick el nuevo director de The New Yorker. Despues de La Tumba de Lenin, que le valió el Premio Pulitzer, esta portentosa crónica de la Rusia actual, la que sobrevive al fin del imperio pero no a la locura política de sus héroes que no acaban de fatigarse, nos acerca a los abismos infinitos de una transición que más bien parece hoyo negro. La debilidad y la banalidad, así como la enorme capacidad destructiva de la política postcomunista están aquí en todo su alucinante y aterrador esplendor. Gorbachev y Yeltsin. Gaidar y Zhirinovsky. Nacionalismo y comunismo, liberalismo a ultranza y democratismo endeble, todo ello dentro de un círculo de penuria interminable, de sufrimiento infinito. La vieja Madre Rusia en toda su profunda, insondable intensidad histórica, ¿metafísica?  n

13 de septiembre de 1998

Rolando Cordera Campos. Economista. Profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. Es director de Nexos TV

El último de los placeres – Lo sencillo

EL ÚLTIMO DE LOS PLACERES

-GASTRONOMÍA

LO SENCILLO

Algunas veces—no las suficientes, por cierto— me ha tocado comer en lo que se considera el mejor o más afamado restaurant de alguna ciudad. Agradezco la experiencia, pero me decepciono ante mi propio recuerdo: el placer de una mesa decorada con flores impecables y mantelería perfecta: la particular delicia de un maÎtre que atiende a los comensales con la mezcla exacta de respeto y distancia y un mesero que retira el plato en el momento preciso en que empieza a estorbar; el deleite de poder conversar sin necesidad de gritos, y de escuchar al mismo tiempo el murmullo festivo de otras risas y voces alegres a nuestro alrededor.

¿Pero, el menú? Sé que he comido maravillosamente bien, pero no sé qué es lo que he comido. El único recuerdo que conservo en el paladar todavía es el de un foie gras a la sartén con rebanadas de durazno caramelizado que me sirvieron en París hace quince años, y, en Roma, el de unas nieves de higo, nuez, melocotón y uva devuelta cada una a su frágil cáscara para llegar hasta nuestra mesa reencarnada en fruta entera, cantando ¡cómanme! Sólo eso queda de tanto fasto.

En cambio no olvidaré la primera docena de ostras que me tocó comer, también en París, pero en un restaurante de barrio. No llevaban más adorno que un poco de pimienta. pero relucían de frescas, y a la primera bocanada de mar puro sentí que me iba a desmayar. Ni se me borrará nunca el aroma y el sabor de las tortillas que. hace años, pasaba vendiendo al atardecer en Managua una mujer con un cesto en la cabeza. Tenían casi el grosor de una rebanada de pan y llevaban el maíz martajado con tanta soltura que en cada mordida se distinguía cada grano. Sabían a milpa y a hogar y eran mi cena de todas las noches, acompañadas de queso fresco y un café con leche.

No comeré nunca nada mejor que el spaguerti alle vongole que unos amigos y yo devoramos día tras día en los mercados de Sicilia, donde los marchantes despachan conchas y almejas tan frescas que todavía están haciendo buches de agua salada en sus palanganas. En las fondas vecinas los primos de los marchantes hablaban a gritos, se burlaban de la voz aflautada con la que pedíamos un inexistente menú y nos servían, por fin golpeando la mesa de madera rústica con el inmenso plato blanco, una porción pantagruélica de spaguetti al dente con un poco de ajo, aceite de oliva, perejil fragantísimo y una montaña de almejas. Días tras día. no dejábamos en el plato ni el fondito del caldo.

¿Para qué más? Despierte el alma y recuerde si hay otro alimento que la haya marcado para siempre que no sea el más sencillo y el más fresco. Avive el seso y. contemplando ese desfile interminable de pavos rellenos, tortas compuestas, pasteles onomásticos y daiquiris de fresa que han acompañado su vida, diga si no todo ha sido poco y, a la vez demasiado.

Claro y refulgente es siempre, en cambio, el recuerdo de lo sencillo. En la Costa Chica de Guerrero unos amigos que filmaban un documental me nombraron asistente de producción. Mi única tarea era aventurarme, desde la palapa donde contemplaba el mar mientras mis amigos trabajaban, hasta una palapa vecina, donde la mujer de un pescador recibía mis instrucciones: hoy queremos pargo. mañana dorada. Comíamos pescado recién salido del mar. asado a la leña y aderezado con sal. Hoy todavía me dan ganas de llorar cuando pienso que nunca repetiré ese instante.

Es cierto que no sabe peor un mole poblano, cuya preparación lleva más de un día —pero tampoco sabe mejor—. Y (es mi caso, por lo menos) no penetra tanto en el recuerdo el sabor de ese mole como sus circunstancias: la olla de barro, las banderitas de papel. la solemnidad con que comían los campesinos invitados al bautizo. ¿Será perversidad mía? ¿O será perversidad de nuestra especie la que nos hace buscarle siempre complicaciones a la felicidad —la que nos obliga, frente a la contundencia de un lechón al horno buscar la manera de transformarlo en ravioli de lechón con coulis de tres zapotes?

Por supuesto que sin esa inquieta manía 110 hubiéramos dado con el gran logro de la civilización que es el arte de la cocina. Pero ya dijo Freud que la civilización y el placer se contraponen, q.e.d.: sostengo que lo transcendental del alimento lo encontramos en la tortilla con sal y en el caviar que sin más intermediación que una cuchara, produce en nuestro paladar la explosión de mil estrellas negras. Y. en contraparte, que la misma existencia de los chiles en nogada, el koulibiak de saumon y el milhojas de chocolate con crema de castañas es prueba irrefutable de que el ser humano está condenado a la infelicidad.

—Alma Guillermoprieto

Isaiah Berlin: Darle vida a las ideas

En noviembre de 1997 falleció Isaiah Berlin. Pocos meses antes de su muerte se había publicado una selección de sus mejores ensayos bajo el título El estudio apropiado de la humanidad. La selección estuvo a cargo de Henry Hardy, el editor de siempre de Berlin, e incluyó esta presentación de Annan, que toca aspectos particularmente atractivos del pensamiento de uno de los grandes liberales de este siglo: el pluralismo, la importancia del lenguaje en el debate filosofico, los peligros de la libertad positiva, y los excesos del determinismo y del positivismo lógico.

Isaiah Berlin inició su carrera académica como filósofo en Oxford y se hizo famoso como historiador de las ideas. Para él la filosofía de Oxford es importante. Lo arraigó en la tradición lingüístico-analítica inglesa que desciende de Hume, Mills y Russell. Esto explica el que al escribir su ensayo sobre los dos conceptos de libertad fuera particularmente cuidadoso con lo que frecuentemente se denomina “libertad positiva”. Cuando lo escribió, en 1958, estaba de moda exponer las falacias de Mills en Sobre la libertad y alabar la concepción de libertad que T. H. Green, influido por Hegel y otros filósofos continentales, había popularizado. Green había sostenido que cuando el Estado interfería y aprobaba leyes prohibiendo la contaminación o limitando el uso de las máquinas en las fábricas con el fin de salvaguardar la vida de los obreros, no estaba limitando la libertad sino permitiendo que un mayor número de gente disfrutara de ella para hacer cosas que antes no podía hacer. La suma de libertad se incrementaría. “La libertad para un don de Oxford,” afirmaba Green, “es una cosa muy distinta a la libertad para un campesino egipcio”. Aceptar la libertad positiva era la marca de autenticidad del social-demócrata inteligente.

Berlin denunció esto como un barato artificio. Si la libertad positiva es un ideal válido, entonces ¿qué defensa puede haber en contra del argumento marxista según el cual el Estado tiene el derecho de imponer castigos terribles a quienes se oponen a su poder para obligar a los individuos a actuar en contra de su voluntad bajo el supuesto de que se está contribuyendo al bienestar de las masas? Para Berlin, la interpretación inglesa clásica de libertad es la correcta. Significa no ser coercionado, encarcelado o aterrorizado. Es cierto, el campesino egipcio necesita alimento y medicina, “pero el mínimo de libertad que necesita hoy y el mayor grado de libertad que puede necesitar mañana no es cierta especie de libertad propia, sino una libertad idéntica a la de los profesores, artistas y millonarios”. Es posible que tengamos que sacrificar libertad para prevenir la miseria, pero es un sacrificio, y declarar que en realidad soy más libre constituye una perversión de las palabras. Es posible que la sociedad sea más justa o más próspera y que todo tipo de gente pobre esté hoy en mejores condiciones de disfrutar de vacaciones en el extranjero o de un hogar decente. Son libres de gozar de estas cosas pero no tienen dinero. Es una perversión del lenguaje decir que ahora, por vez primera, son libres.

La perversión del lenguaje no es una moda de los filósofos. Es algo que importa. Importa si decimos que somos más libres cuando se aprueban leyes que nos obligan a utilizar cinturones de seguridad en los automóviles. Podemos estar más seguros y la ley puede ser admirable. pero somos menos libres. Supongamos que, siguiendo a Rousseau, argüimos que nadie en su sano juicio desearía ser esclavo de pasiones innobles. Supóngase que soy un alcohólico, un esclavo de la botella. ¿Acaso no recibiría con gusto el que se me librara de mi esclavitud? Por supuesto que a mi yo iluminado le gustaría renunciar a esa parte de mi libertad que me esclaviza a la botella. Pero muy pocos de nosotros somos santos. Los santos afirman: “en vuestro servicio está la libertad perfecta”, renuncia a los vicios terrenales y vive de acuerdo con las reglas del espíritu. Pero ¿qué vamos a hacer con la mayor parte de la humanidad que es incapaz de dominar sus pasiones pecaminosas? Aquí, dice Berlin, se desdobla el verdadero horror de las perspectivas puramente racionales. Ya que si se puede demostrar que hay una sola manera correcta de ver la vida, la gente que es incapaz de seguir esa vía debe ser forzada a hacerlo. La libertad positiva abre el camino de la servidumbre.

Pero hay otra manera de negar que los seres humanos son agentes libres. ¿Acaso no son juguetes del destino, atrapados irremediablemente por las fuerzas impersonales de la historia? Los procesos históricos son inevitables, y aunque los hombres de Estado creen que pueden controlar los eventos, la verdad es que los seres humanos no tienen el poder para hacerlo. El clima, la demografía, las excentricidades de la economía, la estructura de las clases y las fuerzas políticas los abruman. Es la misión de los historiadores, según esta escuela de pensamiento, desenmascarar estas fuerzas impersonales. La historia no es un arte, es un ciencia, “ni más ni menos”, afirmaba el historiador de Cambridge J. B. Bury. Uno de los más largos y densos artículos de Berlin fue escrito en contra de esta postura, y en la justa contra E.H. Carr, un apologista del régimen de Stalin, se dictaminó que había derribado del caballo a su oponente. Creer en el determinismo supondría estar dispuesto a sufrir pérdidas en conceptos con los cuales discutimos la moralidad —aprobación, culpa, pena, perdón, por ejemplo.

Arraigado como estaba en la tradición filosófica inglesa, rechazaba mucho de lo que le resultaba atractivo a sus contemporáneos. El pensaba que el positivismo lógico no era menos desastroso que el determinismo. La ciencias naturales no son el paradigma del conocimiento. Mucho de lo que conocemos y valoramos en la vida está excluido de esta forma de categorización del pensamiento. Lo que resulta admirable de su obra es que reconoce lo valioso, lo retador, lo original de las contribuciones de los filósofos alemanes de los siglos XVIII y XIX. Se trataba de hombres que se estaban revelando en contra de las ideas mecánicas y desalmadas de la Ilustración francesa. Berlin le suplicaba a sus contemporáneos que dejaran de verlos, a ellos y a sus contrapartes en Rusia o Italia —Vico, Herder. Hamann. Herzen y Moses Hess—, como oscuros románticos.

Los apreciaba por haber reconocido la pasión que los hombres y mujeres sienten por su lugar de origen, por su cultura, por su nación o su comunidad —un poblado minero, por ejemplo—. Era esto lo que les daba un cierto sentido de identidad. Marx lo ignoraba. Berlin sabía lo alienados que los judíos de Europa del Este se sintieron en la sociedad en la que vivían, y a través de esta comprensión reconoció la alienación de los alemanes del siglo XVIII en una Europa dominada por la cultura y la sofisticación francesas. Así también los países del Tercer Mundo se sienten hoy en día alienados por el sentido de superioridad de Occidente.

Berlin no estuvo de acuerdo con las voces más poderosas de la filosofía porque hizo algo que no era muy común entre los filósofos de antes y después de la Guerra. Leyó los escritos de los filósofos muertos mucho tiempo atrás, incluso los escritos de algunos pensadores que no hubiesen sido considerados filósofos en Oxford. No los acusó de error ni los contrastó con la verdad como se conoce en la actualidad.

Ni los dividió en aquellos que nos muestran el camino hacia tiempos más sanos y aquellos que los tiranos han utilizado para justificar su crueldad. Lo que hizo fue evocar su visión de la vida y la contrastó con otras visiones de la vida. Pero eso no fue todo. Él niega que exista alguna manera de probar que una visión es más válida o más justificable que cualquier otra. Uno podría considerar el análisis de la sociedad de Joseph de Maistre como odioso, pero haríamos mal en no reconocer que contiene algunas verdades terribles, aunque los liberales podrían estremecerse con sus conclusiones. Pensemos en Nietzsche. En sus trabajos se encuentran conclusiones que los nazis trataron de traducir a acciones políticas. Pero estaríamos amputando parte de nuestra sensibilidad si nos negáramos a aceptar la sorprendente comprensión de Nietzsche de un mundo que se resiste a aceptar las sanciones de la religión como válidas. O pensemos en Carlyle. Puesto junto a sus contemporáneos Marx y Tolstoi, parece una figura mal recortada. Pero se acercó mas a la verdad que ellos cuando nos recordó que las naciones y las sociedades necesitan líderes. No tenemos que estar de acuerdo con Carlyle cuando alaba a Federico el Grande y a Cromwell por su dureza y su falta de humanidad en sus decisiones. Marx y Tolstoi se equivocaron al afirmar que los hombres de Estado son tan insignificantes que no influyen en el curso de los eventos. Churchill, Roosevelt y Ben- Gurion tuvieron una influencia en el destino de sus países.

Esta manera de acercarse a la filosofía es lo que sostiene la creencia de Berlin en el pluralismo. El “pluralismo” es una palabra engañosa. La mayor parte de la gente acepta que hay muchos grupos e intereses en la sociedad, y una buena sociedad se las arregla para que esos grupos se toleren: de hecho, la institución más poderosa de la sociedad, el Estado, debe hacer un esfuerzo especial por darle a los intereses de las minorías un espacio tan amplio como sea posible. La mayoría de la gente piensa que el pluralismo constituye un compromiso pragmático. No nos obliga a abandonar nuestra creencia en el socialismo o en los beneficios de las desigualdades producidas por la economía de mercado o la idea de que hay reglas que deberíamos seguir y que gobiernan nuestras vidas. Pero Berlin se refiere a algo más inquietante. El asume la perspectiva menos de moda en el sentido de que los buenos fines están en pugna. La igualdad y la libertad frecuentemente entran en conflicto y para tener más de uno es necesario sacrificar parte del otro. Nadie puede dudar de la creencia de Berlin en la importancia de la libertad. Pero Hayek no le entusiasma demasiado. La libertad es sólo una de las buenas cosas de la vida y para él la igualdad es también un valor sagrado. De hecho no tiende a ver con buenos ojos a quienes rechazan la igualdad como un mal sueño. Está convencido de que si la libertad del poderoso e inteligente supone la explotación del débil y menos poderoso, entonces la libertad de aquel debe limitarse. Publicar un libro en Inglaterra en el que se dice algo ofensivo contra los musulmanes es una cosa. Pero vender el mismo libro en la antigua ciudad de Jerusalem con el máximo de publicidad y hacer llamados al desorden es otra. La necesidad de hacer distinciones de este tipo es la justificación del pluralismo.

O considérese la trama de Antígona. Sófocles pensaba que ella tenía el derecho de anteponer el respeto por los cuerpos de sus adorados hermanos a sus obligaciones frente a la ley (“Mi naturaleza es amar, no odiar”). Sartre opinaba lo contrario. O considérese la espontaneidad. Es una virtud, pero no esperemos encontrarla en su máxima expresión en el gabinete de un jefe de gobierno. De hecho uno podría argüir que la espontaneidad es la última de las cualidades que uno querría que exhibieran dichos funcionarios. Los valores colisionan y en ocasiones no es posible hacerlos correr en paralelo. Y no solo los valores, las propuestas también. La verdad no es una unidad.

Fue en este tema en el que Berlin se alejó de los filósofos analíticos ingleses. La cumbre de su ambición como joven había sido convencer al grupo que se organizó alrededor de Austin y Ayer de aceptar algo planteado por él como original o importante. Hacer eso hubiera significado establecer algo que era verdadero. Verdadero porque las discusiones del círculo —aunque la mayor parte de las discusiones giraban alrededor de distinciones insignificantes en lógica y percepción— se sustentaban en un gran supuesto: que todas las soluciones a los grandes problemas podrían encontrarse si se trabaja lo suficientemente duro. Los filósofos aceptaban como axiomático el hecho de que podría haber una sola respuesta a una pregunta: las demás eran errores. Aún más. todas las respuestas verdaderas deben ser compatibles con otras respuestas verdaderas. La verdad es una unidad. La buena vida debe conformarse a estas verdades que los filósofos descubrieron: de otra manera no sería buena. Al final nosotros o nuestros sucesores descubrirán estas verdades. Y entonces seremos capaces de reorganizar a la sociedad sobre líneas racionales, libres de superstición, dogmas y opresión. Berlín no estaba de acuerdo con esto y admiraba a Maquiavelo por haber sido el primer gran pensador en negarlo. Un político no puede operar de acuerdo con la moralidad estricta de la vida personal.

¿Es Berlin un relativista? ¿Está afirmando que no hay disputas sobre los gustos o que no podemos entender a otras culturas porque no podemos penetrar en ellas? Por supuesto que no. Por más diferentes que seamos de los polinesios o de los antiguos atenienses, el sólo hecho de que podamos imaginar lo que sería ser uno de ellos significa que las comparaciones entre culturas son posibles. Nuestra habilidad para reconocer valores virtualmente universales informa toda discusión sobre la naturaleza del hombre, sobre la cordura o sobre la razón. ¿Es entonces un antirracionalista? Imposible para cualquiera que haya sido educado en Oxford. El se opone a Oakeshott porque cree que la razón puede aplicarse a diversos problemas sociales y producir resultados. La razón puede disminuir los rispidos conflictos entre fines buenos. Los intercambios pacíficos son posibles, no siempre son embustes. La razón es necesaria para atenuar los conflictos de la justicia, la misericordia, la privación y la libertad personal. Es cierto que cada solución crea nuevos problemas, nuevas necesidades y demandas. Si los niños tienen más libertad porque sus padres pelearon por ella, estos mismos niños pueden hacer reclamos urgentes por una sociedad más justa al grado de poner en peligro la libertad por la cual lucharon sus padres. Las ideas que liberaron a una generación pueden constituirse en los grilletes de las siguientes. Al decirnos esto Berlin nos está recordando que los filósofos por sí solos no pueden explicar la naturaleza del ser: el historiador también nos puede iluminar. Lo necesitamos para recordarnos que la gente no es una masa indiferenciada que debe ser organizada tan eficientemente como sea posible. La eficiencia y la organización no deben ser vistas como los fines últimos de la vida. Son medios, medios limitados, que le permiten a los hombres y a las mujeres vivir vidas mejores y más felices.

Nadie le ha dado más vida a las ideas que Isaiah Berlin. Y no debe extrañarnos, porque él las personifica. Viven porque son la progenie de los seres humanos, y Berlin es un conocedor de los hombres y de las mujeres individuales. Nada le agrada más que enaltecer a hombres famosos como Churchill o Roosevelt, porque acrecentaron la vida y mostraron que las fuerzas impersonales de la historia o que las llamadas leyes que gobiernan a la sociedad pueden ser deificadas. Los hombres y mujeres de genio cambian el mundo. Incluso los oscuros académicos, que por supuesto no cambiarán al mundo, pueden agregar algo a la suma total de comedia, idiosincrasia o tal vez tragedia cuando su singularidad se revela. Berlin quiere que entendamos la inmensa variedad de emociones e ideales que existen en el mundo que habitamos.

Es por esto Berlin insiste, que es absurdo esperar que los hombres y mujeres, aún más. sus ideas, se conformen a una serie de principios. Le gusta jugar juegos para llevar esto a nuestros hogares. En uno de sus mejores ensayos, dedicado a Tolstoi, divide a los pensadores en erizos y zorros —el erizo, que “sabe sobre una gran cosa”, como Dostoievski o De Aquino, y los zorros, que “saben muchas cosas”, como Turgenev o Hume—. Tolstoi, siendo un zorro de nacimiento, trató de convertirse en erizo. Así también divide a los hombres de Estado en aquellos con un principio único y que tratan de forzar los eventos a voluntad, como Hitler, Trotsky y De Gaulle. y aquellos que sienten cómo se suceden los eventos y cómo los sienten sus conciudadanos, y que encuentran la manera de darle cauce a esos sentimientos, como Lincoln, Bismarck, Lloyd George y Roosevelt. Se regocija en la diferencia entre los seres humanos. Admira a los remotos y austeros académicos, pero también disfruta de los académicos ruidosos y efervescentes que prefieren la vehemencia a la reticencia, el placer a la autoridad, que desinflan a los ególatras y pomposos. Los altos espíritus tienen su lugar tanto en la universidad como en gravitas. No es ciego a los yerros humanos y le desagradan los inhumanos e insensibles. De hecho, algunos de los que pelean por el poder y las posiciones son malos y siniestros. Como Hamlet. se sorprende de la “clase de obra que es el ser humano” pero, a diferencia de Hamlet también se deleita.

Berlin es entonces hostil a las pretensiones de los tecnócratas y los revolucionarios. Los tecnócratas —que imponen sus planes en contra de cualquiera, sublimes en su indiferencia a la ignorante oposición de aquellos para los cuales, ellos están seguros, existe un futuro mejor— lo aterran por su falta de humildad. Los revolucionarios, desinteresados por el sufrimiento lo mismo. En ocasiones puede ser necesario ir a la guerra, asesinar a un tirano, desobedecer la ley o el orden. Pero existe la posibilidad de que todo esto no sirva para nada. Una de sus citas preferidas, que utiliza una y otra vez. proviene de Kant: “Con el tronco torcido de la humanidad nada derecho puede construirse”. El sabe que los jóvenes pueden ignorarlo. Con frecuencia se manifiestan dispuestos a pelear y sufrir con tal de crear una sociedad más noble. Pero incluso cuando lo comparo con los socialistas más dedicados y puros de mi tiempo, sigo pensando que escribió las interpretaciones de la vida más verdaderas y conmovedoras de mi generación.

 

Noel Annan

Filósofo.

Traducción de Octavio Gómez Dantés

Gobierno dividido en México. Una nueva manera de hacer política

GOBIERNO DIVIDIDO EN MÉXICO

UNA NUEVA MANERA DE HACER POLÍTICA

POR CARLOS CASILLAS

El tema principal de este ensayo se inclina por una de las consecuencias más importantes de las elecciones de julio de 1977: la inauguración de un gobierno con mayorías divididas y sus posibles implicaciones para los mexicanos. De igual manera, este trabajo incorpora las teorías sobre las coaliciones parlamentarias así como los escenarios de confrontación entre el poder ejecutivo y el legislativo. Según se lee. los caminos que se anuncian para la vida política mexicana ya no se someten a los criterios de la unanimidad.

En los últimos años, mucho se ha escrito sobre la naturaleza del poder presidencial, sobre sus bases político-institucionales y su papel como piedra angular del sistema político mexicano por más de seis décadas. Pese a las diferencias interpretativas y a las posturas ideológicas, existe un consenso en considerar que la figura ambivalente del presidente de la República —como jefe de Estado y líder de su partido— es la clave para comprender la estabilidad de nuestro excepcional régimen político.

Desde 1929, con la creación del Partido Nacional Revolucionario y la consolidación de la institución presidencial en la década siguiente, se establecieron las características básicas del sistema presidencial mexicano. A partir de entonces y hasta 1988, los cimientos del presidencialismo mexicano fueron siempre los mismos: la existencia de una presidencia con amplias prerrogativas constitucionales en lo federal y local, la convivencia de un poder ejecutivo fuerte con un legislativo débil y —en los hechos— monopartidista, así como la existencia de poderes presidenciales de facto, provenientes de la tradición política. De los elementos anteriores, destacan aquellos ubicados más allá de las facultades constitucionales del ejecutivo: su liderazgo indiscutible sobre el Partido Revolucionario Institucional, la disciplina de los legisladores del PRI y la facultad de cada mandatario para designar candidatos a distintos puestos de elección popular, incluyendo al candidato a la presidencia de la república.1

Así las cosas, el poder presidencial en nuestro país, salvo contadas excepciones, conoció muy pocos límites, en su mayoría emanados de la prudencia del mandatario en turno, más que del control que otras instituciones hicieran, en particular el poder legislativo. Las iniciativas de ley, los presupuestos y las reformas constitucionales transitaron las más de las veces sin ningún obstáculo; como señala Luis Aguilar, la presidencia mantuvo el monopolio de la política y de las políticas.2

Como primer elemento significativo tenemos que, a través del PRI, el presidente mantenía su intervención en los procesos de selección de candidatos a diputados y senadores. La mayoría de los legisladores debían su asiento en las Cámaras al ejecutivo federal y no a los electores. Fue común que los candidatos seleccionados por el PRI tuvieran asegurado su escaño, una vez transcurridas las elecciones. Un segundo elemento fue la disciplina de partido. Los legisladores se hallaban disciplinados al presidente porque no tenían incentivos para actuar de manera contraria. La disciplina era la fórmula política que los diputados y senadores ejercitaron para dar continuidad a sus carreras políticas, puesto que se premiaba la disciplina y se castigaba la desobediencia.3

El esquema de control del ejecutivo hacia el legislativo se mantuvo firme la mayor parte de este siglo. Sin embargo, en 1988 los resultados de las elecciones comenzaron a modificar los patrones de conducta de los legisladores y el dominio legislativo del PRI perdió una primera batalla. En efecto, en aquella ocasión, casi la mitad de los escaños quedaron en manos de los partidos de oposición. El PRI tuvo que recurrir a una alianza legislativa para alcanzar las dos terceras partes de los votos, lo que implicó también la inauguración de la compra de votos parlamentarios como estrategia política.

Pero aquello que se creyó una situación pasajera en 1988 ha reaparecido luego de las elecciones federales de 1997 y los partidos se encuentran otra vez ante la necesidad de pactar y alcanzar acuerdos. El significado profundo de las elecciones es que. de un golpe, el presidente de la república perdió una de las bases históricas de su hegemonía sobre los otros actores políticos: la mayoría en la Cámara de diputados. Esta situación ha traído al tapete de discusión viejos y nuevos dilemas sobre la forma y el fondo de nuestro presidencialismo, sobre su viabilidad en un sistema político en transformación y sobre el papel que el poder legislativo tendrá en los próximos años.

Se trata en realidad de un asunto tan reciente que sólo hasta la década de los ochentas comenzó a revisarse con profundidad el problema de los gobiernos divididos. En efecto, la ciencia política norteamericana se había mantenido alejada de esta ruta teórica, a pesar de que en varias ocasiones los poderes federales en los Estados Unidos habían enfrentado esta situación. La razón fundamental de dicha ausencia se debe a que el fenómeno de los gobiernos divididos era un asunto casi común en las elecciones intermedias pero no en las presidenciales. Fue hacia el final de la década de los ochentas que los politólogos movieron los ojos hacia este tema, porque cada vez era más frecuente observar a un presidente acosado frente a un Congreso dominado por un partido diferente al suyo.4

Los gobiernos divididos son propios de sistemas presidenciales, pues en los sistemas parlamentarios se construyen gobiernos de coalición ante la falta de un partido mayoriiario. El concepto gobierno dividido se aplica cuando el poder legislativo —en una o dos de sus Cámaras— se encuentra dominado por un partido diferente al del titular del ejecutivo. De esta manera, pueden existir gobiernos divididos en sistemas de partido bipartidistas o pluripartidistas. En uno y en otro, la condición suficiente es que partidos diferentes controlen alguno de los poderes federales.5

Sin embargo, existe una mayor incidencia de los gobiernos divididos en sistemas de partido bipartidistas, puesto que si el partido en el gobierno pierde las elecciones legislativas, necesariamente el otro partido controlará dicho órgano. En cambio, los gobiernos divididos tienden a ser menos comunes en sistemas pluripartidistas. donde más de dos partidos están en posibilidades de alcanzar el dominio del ejecutivo o del legislativo.

En los sistemas pluripartidistas aparece entonces un subtipo de gobierno dividido, conocido como de mayorías divididas, o también como gobiernos de no mayoría. Se trata de gobiernos donde el partido que conquista la presidencia no alcanza la mayoría en las elecciones legislativas, pero donde tampoco ninguno de los otros partidos tiene los escaños suficientes para convertirse en mayoría legislativa por cuenta propia.6

Esta definición indica tres características básicas de los gobiernos de no mayoría: 1) Pueden ser producto de elecciones intermedias o de elecciones generales, si éstas últimas se realizan de manera simultánea. 2) El escenario de no mayoría indica que ningún partido político tiene claro mandato para controlar el gobierno, y así a la división de poderes se suma la división de partidos. 3) Una situación de no mayoría puede ocurrir en una o ambas Cámaras, acentuándose el nivel de conflicto en los sistemas unicamerales, que convierten la etapa de mayoría dividida en un juego de suma-cero, legislativo vs. presidente.

A la luz de estas teorías es claro que el fenómeno que vive México desde julio pasado es un escenario de mayoría dividida donde ninguno de los tres grandes partidos. Revolucionario Institucional, de la Revolución Democrática y Acción Nacional, alcanzaron de manera individual la mayoría en la Cámara de diputados, pero donde el PRI mantiene el liderazgo de la Cámara de senadores. Tenemos así un presidente que cuenta con el apoyo de la Cámara alta, pero que no tiene la mayoría en la Cámara de diputados para la aprobación de leyes y presupuestos: en sentido estricto, nuestro país no enfrenta en lo inmediato la situación de un gobierno dividido, pero la posibilidad de este escenario ha existido en términos legales y ahora también en términos políticos.

Los teóricos de los gobiernos divididos distinguen tres factores fundamentales en el origen de esta formación política. En primer lugar.

un razonamiento estrictamente electoral indica que la existencia de boletas diferentes para cada elección es la fuente principal del llamado ticket splitting (voto diferenciado).Sin embargo, este fenómeno sólo se aplica a los casos de elecciones generales, donde los ciudadanos acuden a las urnas a votar simultáneamente por presidente de la república y por legisladores, con boletas diferentes.8

Un segundo factor gravita en la naturaleza de los gobiernos divididos: el dominio de los temas locales en la agenda nacional. De acuerdo con esta postura, las elecciones intermedias y en ocasiones las generales están dominadas por una visión local de la agenda de gobierno; lo cual provoca en el elector un voto más atento hacia su representante que hacia el estado de la política nacional. Esto se aplica fundamentalmente a los casos donde la reelección consecutiva de los legisladores está permitida, y en consecuencia el grado de compromiso del legislador para con su elector (incumbency) es mayor que el grado de disciplina hacia su partido. Aquí el sentido del voto es que los ciudadanos prefieren una atención más estrecha por las causas de su estado o región que por las políticas federales.9

Finalmente, como tercer motivo está una suerte de depreciación del apoyo político hacia el presidente, que culmina con un voto de castigo en las elecciones legislativas intermedias. Aquí el denominado ciclo electoral aparece como la causa fundamental de la derrota electoral del partido del presidente. De acuerdo con este argumento, los presidentes arriban a sus cargos, la mayoría de las veces, con un claro mandato para hacer gobierno; sin embargo, los ciudadanos se muestran con frecuencia insatisfechos con los alcances de la política nacional y manifiestan con su voto el rechazo por las políticas del gobierno o por la modificación en grado o en especie de las mismas. Los gobiernos divididos son así mecanismos de balance que instrumentan los ciudadanos para flexibilizar las políticas de los presidentes.10

La pregunta es si estos elementos se hallan presentes en las pasadas elecciones legislativas en México o contribuyen a explicar lo sucedido. Por principio, la legislación electoral vigente permite el voto diferenciado; sin embargo, nuestro gobierno de no mayoría tuvo lugar en elecciones intermedias y no generales. Los ciudadanos acudieron a las urnas a elegir sólo diputados y senadores pero esto no impide que, en futuros comicios, esta modalidad de votación no genere otro gobierno de no mayoría si el partido que gana la presidencia no alcanza 42.2% de los votos, o de un gobierno dividido, porque los electores decidan entregar la presidencia a un partido y el control del Congreso a otro.

En contraposición con el argumento anterior, las características del liderazgo político en gran parte de los sistemas presidenciales latinoamericanos —incluyendo México— y la simultaneidad de las elecciones para presidente y para Congreso genera un efecto contrario al ticket splitting: el voto de arrastre, donde los candidatos presidenciales canalizan los apoyos hacia sus partidos y eso provoca que el elector sufrague por el mismo partido en todas sus boletas.11

La modificación del sistema de representación proporcional en 1996 es otro de los motivos que explican la naturaleza de nuestro gobierno dividido. Por vez primera, si el partido que tuviera más sufragios lo hacía con menos de 42.2% de la votación nacional no podría conformarse en mayoría de manera individual en la Cámara de diputados. En los hechos ocurrió así y con 39% de votación nacional el PRI no pudo conformarse en mayoría legislativa en San Lázaro. Los partidos de oposición tampoco alcanzaron de manera individual esa cifra, por lo cual elaboraron la estrategia de erigirse en frente opositor para tener así la mayoría necesaria para legislar.

A pesar de la larga tradición de los sistemas parlamentarios, la literatura sobre coaliciones, como en el caso de los gobiernos divididos, es relativamente reciente. La primera situación de un gobierno minoritario en Inglaterra, prototipo del parlamentarismo, se presentó en 1974, cuando los electores entregaron menos de 40% de los sufragios para los conservadores y para los laboristas, respectivamente, dejando el resto de los votos en tres partidos políticos que hasta entonces no habían tendido ninguna importancia para la marcha del gobierno. A partir de ese momento se volvió una preocupación común entender la lógica de las coaliciones parlamentarias y el alcance de sus capacidades políticas, pues estaba claro que no eran únicamente un accidente o defecto del los sistemas electorales.

En un primer sentido, las coaliciones funcionan para dar viabilidad a un gobierno con un mandato dividido, como en el caso de los presidencialismos de no mayoría. Si ningún partido alcanza la mayoría simple de escaños, deberá recurrirse a una coalición para constituir el gobierno; o si el partido en el poder resultaba superado en número de escaños por todos los partidos en su conjunto, y éstos integran una coalición, existirá un gobierno de minorías. Como muestra la tabla (en la página siguiente) podemos hablar de cinco tipos de gobierno en sistemas parlamentarios; en cuatro de ellos las coaliciones son necesarias.

Las explicaciones sobre los casos de minoría nos remiten a la integración del sistema de partidos y el grado de conflicto de la arena electoral. De tal suerte que los sistemas con pluralismo moderado (de tres a cinco partidos) aparecen como los más comunes para dar paso a coaliciones políticas, en tanto aquellos de pluralismo polarizado tienen un menor índice de coaliciones porque en una veintena de partidos los electores discriminan y otorgan el mandato a unos cuantos de ellos.

De acuerdo con los teóricos de las coaliciones, la estabilidad de cada una de ellas es diferente, porque se involucran factores de temporalidad y coherencia, así como restricciones institucionales que posibilitan la alianza y circunscriben su universo de acción. En los sistemas multipartidistas, las coaliciones tienden a durar poco tiempo, en unos cuantos meses las alianzas viven su auge y caída. El apoyo inicial con que emergen se desvanece con las negociaciones continuas. Es más común que cuando el tiempo de vida de la coalición se encuentra determinado por el éxito de las negociaciones y éstas duran mientras subsista el acuerdo, los partidos tengan incentivos para romper la alianza. Si, por el contrario, las alianzas se establecen por un periodo definido, los partidos no tiene incentivos para romper con el acuerdo ya que su compromiso esta fechado y desearán disfrutar de los beneficios de la coalición hasta el final.

A pesar de la importancia del elemento temporal para explicar la estabilidad de las coaliciones, otro de los factores cruciales que permite sobrevivir a las alianzas estriba en la coherencia. Más que la ideología, el concepto de coherencia remite a los programas políticos de los partidos y al nexo entre lo que se pretende hacer y lo que resulta políticamente conveniente. Es común que los partidos se empeñen en llevar adelante algunos principios programáticos que los identifican con sectores del electorado; el problema consiste en que las coaliciones multipartidistas deben encontrar demasiados puntos de acuerdo, sobre principios que en ocasiones no corresponden a sus postulados. En consecuencia, el rechazo de la opinión pública o de los propios legisladores a los acuerdos pone en riesgo constante la estabilidad de la coalición.

Finalmente están las restricciones que permiten o inhiben la formación de coaliciones, como elemento de estabilidad. Si las coaliciones existen en lo real pero no en lo formal, además del vacío institucional que puede generarse, los legisladores que no integran la coalición tendrán incentivos para descalificarla como facciosa. Se trata más bien de un recurso legal que otorgue legalidad a la integración de coaliciones sin que por ello se presuponga una atentado contra la democracia y el derecho de las minorías a oponerse.

A diferencia de los sistemas presidenciales, donde los gobiernos divididos son esencialmente un mecanismo de control del electorado sobre el ejecutivo, los gobiernos de coalición tienen el objetivo de integrar el gobierno, repartir las carteras y ocupar los puestos de la administración pública. Sin embargo, algunos desarrollos teóricos recientes sostienen que las coaliciones no deben ser vistas como una consigna para apropiarse del poder, sino como intentos para apoyar determinadas políticas y capitalizar apoyos electorales futuros. En ese sentido, las coaliciones son políticas y son también para hacer políticas.12

Puesto que no se trata únicamente de ocupar carteras, los gobiernos de coalición enfrentan las tareas de elaborar leyes y ejecutarlas al mismo tiempo, establecer programas comunes y encontrar solución a los asuntos cotidianos del ámbito público. Por estos motivos, los roces interpartidistas tienden a acentuarse. Los distintos temas de la agenda de gobierno polarizan las visiones de partido y se constituyen en causas de fragilidad o ruptura de la coalición.

En consecuencia, esta visión sostiene que las dimensiones de las políticas, en los gobiernos de coalición, son el mejor indicador de estabilidad y coherencia entre los partidos políticos. Por ejemplo, si la dimensión de política es exclusivamente en el terreno económico, las posiciones de izquierda y derecha —en un esquema tradicional de preferencias— encontrarán más posibilidades de polarizarse. A pesar de ello, cuanto mayor es el número de dimensiones de la política, la inestabilidad de la coalición se acentúa por la necesidad de encontrar muchos puntos de acuerdo para sacar adelante la agenda de gobierno.13

Con todas las diferencias existentes entre los sistemas parlamentarios y el caso mexicano, sin embargo podemos percibir algunas afinidades en el arreglo institucional de la coalición legislativa. En efecto, los resultados de la contienda electoral de julio pasado arrojaron una situación muy semejante a los casos de minoría, donde ninguno de los partidos políticos alcanzó por sí mismo la mayoría de escaños.

En este contexto existían tres posibilidades de arreglo legislativo, donde cada uno de los partidos políticos llevaría la batuta como generador de alianzas: 1) El PRI podía realizar una alianza con los partidos del Trabajo y Verde Ecologista de México, sumando sus votos legislativos para una coalición con el mínimo de escaños para alcanzar la mayoría, o podría optar por negociar con alguno de los grandes partidos opositores. 2) Por su parte, el PRD y el PAN podían hacer una alianza, e incorporar a cualquiera de los dos partidos con menos escaños (PT o PVEM): pero estaba presente la posibilidad de que el PRD o el PAN decidieran ir por cuenta propia y negociar directamente con el PRI. 3) Los cuatro partidos de oposición podían integrar una mayoría sumando todos sus escaños. De estas dos últimas situaciones, la coalición constituida sería del tipo mínimo o del resto de los partidos, respectivamente; ésta última resultaría más estable en comparación con aquélla que tiene únicamente el mínimo de escaños para hacer mayoría. De todas las coaliciones, independientemente de que puedan permutarse, existían diez casos posibles de alianza partidista, como se muestra arriba.

Más allá de las circunstancias políticas que rodearon la instalación de la Cámara de diputados y la integración de una mayoría podemos observar que las razones del triunfo de la coalición PRD-PAN- PVEM-PT se hallan también en la estructura de esta alianza.

El PRI tuvo la posibilidad de conformarse en mayoría por medio de una negociación con los partidos PT y PVEM; pero esta coalición se hallaba en franca desventaja, pues al ser del tipo mínimo corría el peligro de que el abandono de tres legisladores la habría fracturado. En tal sentido, los incentivos para esa coalición eran muy bajos, tanto para el PRI como para el presidente de la república. Una coalición de este tipo hubiera encarecido sustancialmente el precio de los votos legislativos; cada diputado, sabiéndose fundamental para la continuidad de la alianza, requeriría de muchos estímulos para mantenerse leal y disciplinado.

Está claro que la probabilidad tanto del PRD como del PAN para articular una alianza, superaba a las posibilidades del PRI. puesto que cada uno de ellos tenía ocho opciones de coalición en tanto el PRI sólo tenía siete. Ni el PRD ni el PAN podían tener éxito separados, a menos que la alianza fuera con el PRI. De las ocho posibilidades, tres incluían alianzas sin el PRI. mientras las restantes implicaban una negociación con el PRI y con el gobierno, lo que podría significar quizá la pérdida de espacios legislativos clave. Los tres tipos posibles de coalición opositora mostraban características diferentes, dos de ellas implicaban una ligera mayoría de 254 escaños, en tanto el caso restante con 261 votos daba margen a una eventual retirada de alguno de los partidos con menos diputados.

Esta cualidad de la alianza PRD-PAN-PVEM-PT dejaba en manos de los dos primeros partidos el poder de veto sobre la coalición. Ni el Partido Verde Ecologista ni el del Trabajo podían imponer una negativa sobre la coalición de manera individual; pero, sobre todo. los votos legislativos de cada uno eran más baratos que los de la coalición PRI-PVEM- PT. dado que si algunos legisladores abandonaban el bloque restaban todavía varios escaños sobre el margen mínimo de mayoría.

Los incentivos en este sentido estaban claros para todos los partidos. Los pequeños podrían alcanzar la presidencia de alguna comisión, mientras el PRD y el PAN podían apuntarse comisiones clave e influir en el diseño de los presupuestos y leyes que el ejecutivo enviara al Congreso. La propia asignación de las comisiones, que los partidos hicieron, no deja duda al respecto.

La pregunta que persiste y debemos hacemos es en otro sentido: ¿porqué los partidos Verde Ecologista y del Trabajo prefirieron la alianza con el PRD y el PAN. y rechazaron la alianza con el PRI? Mejor dicho.

¿por qué el PRI decidió no buscar una alianza con los partidos pequeños, con el PRD o el PAN y prefirió perder la mayoría legislativa que por tantos años sustentó?

Las respuestas no son del todo nítidas. La prensa nacional dio cuenta de los errores políticos y los fracasos del PRI en la búsqueda del consenso, de cómo los líderes Porfirio Muñoz Ledo del PRD y Carlos Medina Plascencia del PAN negociaron para llevar adelante la alianza opositora, tras las frustradas pláticas con el PRI. A pesar de esto, no está claro qué incentivos generaron el fracaso de la coalición priista y en ese sentido el triunfo del bloque opositor.

Un primer análisis indica que tanto el presidente de la república como el PRI estaban persuadidos de la fragilidad de una posible coalición con los partidos pequeños. Si bien la recompensa era que el PRI mantuviera el control de la Cámara baja, los riesgos de una ruptura eran muy altos. Con sólo cuatro votos de ventaja sobre el panismo y el perredismo, cualquier indisciplina haría peligrar a la coalición. En segundo lugar, la mayoría mínima para el control de la Cámara resultaría insuficiente cuando se necesitaran dos terceras partes de los votos para alguna modificación constitucional. En tal caso, el presidente y el PRI deberían negociar nuevamente con el PRD o el PAN. Pero más significativo aún es el hecho de que si el presidente promovía una alianza con el PVEM y el PT se desvanecería la legitimidad que los comicios otorgaron al nuevo sistema electoral y al liderazgo presidencial, ante la perspectiva de una vuelta a las formas de un PRI legislando en solitario de la mano de partidos satélites.

En términos políticos, perder la mayoría legislativa significaba para el PRI un duro revés, pero no tan grande como el resultado de las propias elecciones. A fin de cuentas, el bloque opositor era una consecuencia directa del resultado en las urnas. Si el PRI realizaba una coalición, debería compartir el riesgo por las decisiones legislativas adoptadas; si, por el contrario, las decisiones dependían de los partidos opositores, la culpabilidad de los eventuales fracasos recaería en ellos y no en los priistas. No debe olvidarse que los gobiernos divididos se caracterizan por una suerte de juego de acusaciones mutuas —entre legislativo y ejecutivo—. El enemigo está enfrente y es el causante de los fracasos.

No es descabellado pensar que el PRI apostó a la inviabilidad de las políticas del bloque opositor, a la incongruencia que éstas podrían adoptar dada la polarización de las fuerzas que lo constituían, y a una suerte de inestabilidad permanente de la coalición, que mostrara a sus integrantes como partidos enteramente pragmáticos sin identidad ideológica y dispuestos a vender su alma con tal de alcanzar espacios políticos. En este sentido, el PRI haría política sin hacer políticas. Los errores del bloque serían capitalizados hacia el futuro y la evaluación de los ciudadanos haría, muy probablemente, que se rechazara este nuevo tipo de gobierno y a los partidos de la coalición, en las elecciones del año 2000.

Hay algo más: si la coalición parlamentaria fracasaba o si los niveles de conflicto del legislativo con el ejecutivo se incrementan, se podrá pensar con facilidad en una nueva reforma electoral, a través de la cual, o bien se permita la reelección consecutiva de los legisladores, favoreciéndose a los partidos con estructuras organizativas nacionales, o bien se elimine el principio de representación proporcional, para privilegiar el peso de los grandes partidos y anular el efecto de los escaños de los partidos pequeños que pueden significar la diferencia entre minorías y mayorías.

Una de las críticas recurrentes a los gobiernos divididos y uno de los mayores temores de sus críticos ha sido la propensión a la inestabilidad y el conflicto que generan entre los poderes ejecutivo y legislativo. Los primeros trabajos sobre la materia acentuaron esta característica, culpando a los gobiernos no unificados como proclives a la parálisis gubernamental en Estados Unidos.

La gran preocupación apuntaba hacia los casos donde las iniciativas del presidente eran sistemáticamente bloqueadas por una Cámara de representantes opositora. Las tensión producía que algunas leyes aprobadas por la Cámara baja fueran rechazadas después por el Senado, cuando éste se hallaba bajo el control del partido del presidente. Detrás de las críticas gravitaba la idea de que a la división de poderes propia de los sistemas republicanos presidenciales debía sumarse la división de partidos, que terminaba por desquiciar los asuntos de Estado.14

El estudio sistemático de los gobiernos divididos en el caso norteamericano hizo variar las opiniones de los investigadores y académicos. Al inicio de la presente década se cuestionó seriamente la idea de la parálisis gubernamental. Los trabajos mostraron que no existía una diferencia significativa en el trabajo legislativo bajo circunstancias de gobierno unificado o dividido. En ambos casos, los mecanismos institucionales permitían a los poderes hallar un acuerdo y dar continuidad al trabajo legislativo.15

Para los especialistas hay una racionalidad en los actores involucrados en la elaboración del presupuesto, que en muchas ocasiones lleva a que los gobiernos gasten más e ingresen menos. Esta racionalidad está relacionada con las distintas recompensas involucradas en el diseño y asignación del presupuesto. En primer lugar, los partidos buscan capitalizar apoyos políticos específicos a través de determinados programas. Sus preferencias respecto de las distintas opciones tiene un sentido político. La lucha de recursos se convierte en una lucha política, una especie de campaña electoral permanente, donde el juego consiste en que el ejecutivo defienda sus programas y su estrategia económica, y el partido que controla la Cámara baja pugne por una reasignación de los fondos y una reducción en los impuestos.16

Los partidos que se hallan en minoría, pero que controlan la Cámara baja, buscarán capturar a franjas amplias del electorado pensando en la siguiente elección, impulsado una disminución en los impuestos y una ampliación del gasto. Los incentivos desde luego los representa el hecho de la doble responsabilidad o, mejor dicho, la responsabilidad diluida sobre las medidas, dado que el presidente y el poder legislativo comparten la obligación y la aprobación del presupuesto, y el elector no cuenta con la información suficiente que le ayude a distinguir en quién recae el peso de decisión. Si el resultado es positivo, los legisladores se apuntarán un éxito como los diseñadores de la política; y si la medida fracasa, se culpará al ejecutivo.

Los presidentes que enfrentan una Cámara baja opositora buscan negociar y difundir las negociaciones, deseando enterar al público de las medidas asumidas por todos, donde la responsabilidad se comparta de manera efectiva. Con todo, el problema del consenso permanece. Y las más de las veces, el temor a la parálisis gubernamental por la falta de recursos lleva a los ejecutivos a ceder en puntos claves. Esta es la razón de por qué los gobiernos divididos, surgidos tras elecciones intermedias, producen déficits públicos. El gobierno prefiere reducir el gasto en programas propios para apoyar los ajenos, los cuales tomarán algún tiempo en mostrar resultados, y los efectos no se presentarán sino hasta después de las siguientes elecciones presidenciales.

Los partidos que controlan el legislativo en elecciones intermedias tienen plena conciencia de que las medidas que apoyen sobre los distintos programas de gobierno no tendrán en lo inmediato un efecto visible. Este es el motivo de por qué se busca influir en el otro lado del presupuesto, a través de una reducción en los impuestos, a sabiendas de que será una medida de impacto inmediato en los bolsillos de los electores. En ambos casos, el pragmatismo domina sobre la ideología de los partidos. No es casual que suceda así, puesto que las elecciones presidenciales son el capital político en disputa.

En México, de acuerdo a la Constitución, los presupuestos de ingresos y egresos son aprobados por la Cámara de diputados. Aunque el senado tiene derecho de revisión en el caso de los ingresos, es decir de los impuestos, en los hechos el peso de la decisión recae en los diputados. Esta situación hace particularmente difícil para un presidente que no cuente con la mayoría legislativa llevar adelante su programa económico sustentado, en lo general, en la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para el año correspondiente. La nueva integración del Congreso ha puesto el dedo en el renglón. En la LVII Legislatura podríamos ver la posibilidad de que un presupuesto no fuera aprobado.17

Se dice que la Cámara baja, a pesar de sus facultades en materia hacendaría, no puede detener la marcha del gobierno, y que necesariamente tiene que aprobar el presupuesto. No existe la posibilidad de que sea sustituida su intervención, y en ese sentido puede modificar como le plazca la iniciativa presentada por el presidente de la república, aunque éste conserva el derecho de veto, y en el caso de esta ley, al vetarla se estaría autoinmovilizando.18

En este contexto no sorprende el hecho que tras la integración del bloque opositor los partidos que lo conforman apuntaran sus baterías hacia el tema del IVA y hacia la política económica del presidente en su conjunto. Puede pensarse que se trata de una estrategia sustentada por la plataforma política de los partidos de oposición y que cuando sucedió el incremento en la tasa impositiva fueron ellos los que estuvieron en desacuerdo; en consecuencia, buscar su reducción sería del todo legitimo y plausible.

El problema del incremento en el gasto público o la reorientación del mismo propuesto por la coalición opositora forman parte de la misma agenda. Los partidos de la Revolución Democrática y Acción Nacional han sostenido estas dos posiciones. El primero porque aspira a intensificar el gasto social. El segundo porque busca incrementar el monto de las participaciones federales a los gobiernos locales. La razón de estas posturas responde a la misma lógica: la búsqueda de la diferencia respecto de la propuesta del ejecutivo y su partido, además de responder a los compromisos de campaña hechos a la ciudadanía.

Un modelo teórico sobre el caso del presupuesto en la LVII legislatura nos indicaría las opciones de los distintos partidos, así como sus preferencias por políticas específicas.19

Por ejemplo:

• El PRI y el presidente preferirían permanecer en equilibrio presupuestal.

• El PRD preferiría un incremento del gasto público y una reducción en los impuestos.

• El PAN optaría por una reducción en los impuestos y estaría de acuerdo con que los gastos no se incrementaran demasiado.

•    Por su parte, el PVEM y el PT optarían por un ligero incremento en el gasto y una reducción en los impuestos.

De conformidad con este esquema de preferencias, la región deficitaria sería la opción para negociar, puesto que todos los partidos se inclinan hacia ese cuadrante. Sin embargo, el PRI actuaría como balanza, puesto que podría alcanzar un acuerdo con el PAN para que se reduzcan los impuestos, sin incrementar el gasto público. En cualquier caso, las estrategias deficitarias dominan a las superavitarias, lo que hace más probable que el ejecutivo flexibilice sus criterios, tratando de evitar un incremento desproporcionado del gasto o la parálisis de la administración pública por la falta de recursos.

Los escenarios revelan la falta de mecanismos institucionales para resolver la controversia entre poderes. Puede pensarse que el poder judicial sería el indicado para resolver este tipo de controversia constitucional, pero además de los vacíos legales al respecto está el problema de la legitimidad para que un poder no electo por los ciudadanos resuelva sobre las leyes que deben darse, función exclusiva del poder legislativo. Este tema será materia de un profundo análisis, en el Congreso en funciones. Las soluciones no parecen fáciles, pues conllevan que uno de los dos poderes ceda terreno en facultades en favor del otro.

Pero además del asunto del presupuesto, existen otros elementos para pensar que los partidos que ahora controlan la Cámara de diputados preferirán el acuerdo al enfrentamiento. La nueva mayoría legislativa ha manifestado su deseo de una reorganización de las relaciones entre el Congreso y el presidente. En especial, esta idea forma parte de la estrategia legislativa del PRD y del PAN. En esa línea de ideas, no será posible provocar ese cambio si no cuentan con el apoyo del PRI. puesto que todos esos cambios implican modificaciones a la Constitución. En otras palabras, si bien la coalición opositora posee capacidad de veto sobre el presupuesto y las demás leyes generales, el PRI tiene veto para los cambios a la Constitución.

Podrían vislumbrarse varios escenarios de conflicto o negociación en los próximos tres años:

1.   La nueva coalición opositora decide seguir adelante toda la legislatura y esta decisión implica un enfrentamiento permanente con el ejecutivo. El punto central sería la modificación en líneas generales de los programas que el presidente propusiera en algunos casos. El presidente y el PRI podrían obstaculizar el trabajo de la Cámara baja a través del senado y veríamos una suerte de parálisis gubernamental donde los actores involucrados y los ciudadanos en general perderían.

2.   Una segunda posibilidad es que la estrategia de la coalición sea cooperar con el ejecutivo, pero manteniéndose unida los tres años. En este caso, veríamos una serie de negociaciones con cada uno de los partidos de oposición, donde el ejecutivo cedería terreno en el asunto del presupuesto y en algunas modificaciones constitucionales. Con poder de veto compartido, la estrategia económica del presidente sufriría cambios, pero el PRI buscaría la manera de reconquistar posiciones perdidas a través de una reforma electoral.

3.   Un tercer escenario sería que la coalición opositora sufriera una ruptura. En este caso el presidente buscaría una negociación por separado con alguno de los dos principales actores del bloque opositor, el PRD o el PAN. Podría darse el caso incluso que se optara por negociar en bloque algunas medidas con uno y otras medidas con otro, como si se tratara de una doble alianza.

La posibilidad de confrontación permanente entre poderes aparece como la menos deseable para todos los actores. Pero, a pesar de las consecuencias de este escenario, una situación de no acuerdo puede ser la más común en los casos de gobiernos divididos primerizos, debido a la falta de experiencia para negociar con otros partidos sobre temas de políticas y alcanzar acuerdos.20

El segundo escenario posee mayores incentivos para su realización. Los partidos que controlan la Cámara baja podrían llevar adelante algunos de sus objetivos, el ejecutivo podría también mantener algunos de sus programas y el juego de acusaciones mutuas eventualmente daría dividendos para ambas partes. Con todo, este escenario requeriría de una estabilidad programática de la coalición opositora, que como se ha visto no tiene —al menos en el corto plazo— por lo que los desencuentros muy probablemente terminarían por derribarla.

En este caso, la distribución de preferencias de los tres grandes partidos y las estrategias políticas jugaría el papel más relevante. En términos programáticos, las diferencias entre el panismo y el perredismo son difíciles de superar, mientras una alianza del priísmo con el perredismo significaría un viraje hacia el centro-izquierda del espectro político y, en ese sentido, un distanciamiento de las posiciones del PAN. Por el contrario, una alianza del PRI con el PAN implicaría un movimiento hacia el centro-derecha, que llevaría a un distanciamiento con el PRD.

Dado que los elementos ideológicos y programáticos son insuficientes para dar lugar a una nueva coalición entre el PRI y los dos principales partidos de oposición, además de que el peso específico del PRD y del PAN en la Cámara es prácticamente el mismo (sus votos cuestan lo mismo), las estrategias políticas tendrían un papel relevante en la negociación. La experiencia de Acción Nacional en el sexenio pasado sería un arma de doble filo, para la cohesión o rechazo de una alianza individual con el PRI. El PAN tendría ventaja sobre el PRD. puesto que conoce mejor el intercambio de votos parlamentarios. Sin embargo, dado que la experiencia del sexenio anterior es percibida por muchos como desastrosa, sería un motivo para rechazarla.

En el caso del PRD la situación es aún más complicada. Antes de las elecciones, la amenaza de un crecimiento exponencial del panismo a nivel local hubiera sido el incentivo suficiente para aproximar las posiciones de los partidos que se disputan todavía el legado de la revolución mexicana. Ahora las cosas son diferentes. Los resultados de la contienda terminaron por confirmar la presencia del PRD como actor central de la vida política del país en igualdad de condiciones con el panismo. El tema es si ese repunte electoral coloca al partido del sol azteca en mejor posición para negociar con el PRI o si, por el contrario, como ocurrió tras la elección presidencial de 1988, el PRD vuelve a ser el enemigo a vencer.

La situación que vive México desde julio DE 1997 tiene nombre y apellido: los gobiernos divididos. A pesar de esta clasificación el futuro del gobierno de no mayoría es incierto. Dependerá en mucho de la forma que adopten las coaliciones políticas en las Cámaras y de la capacidad de liderazgo y negociación del presidente de la república.

La presidencia cambiará por un requisito de sobrevivencia y por una necesidad de encabezar la nueva etapa política de México. ¿No habrá más presidentes con control sobre las leyes y los presupuestos? El veredicto corresponde al elector. Sólo los electores generarán presidentes fuertes o débiles, en razón del peso legislativo que otorguen a los partidos políticos y de la habilidad de éstos para aglutinar a los contrarios, que no los enemigos, en la lucha parlamentaria cotidiana.

Si bien las coaliciones se integran por la búsqueda del poder, es más que el poder lo que las mantiene unidas. Cada tema de negociación, cada posible solución de acuerdo, se vuelve un punto de disputa y una oportunidad para capitalizar la posición de cada partido. No hay ninguna novedad en esto. Se trata del elemento inmanente de la política. El acontecimiento lo representa la inédita composición de Cámara de diputados y el juego de alianzas que cada actor presenta.

En consecuencia, ninguno del los tres partidos políticos con más representación l4 Lloyd N. Cutler: Op. cir. p. 489 parece destinado a extinguirse. Giovanni Sartori no se equivocaba cuando una tarde de 1996. en el anfiteatro de San Ildefonso, decía que los partidos políticos estaban destinados a permanecer, porque los hombres no habían encontrado todavía con qué sustituirlos. En la democracia son los partidos los que en realidad negocian, los que pierden o ganan batallas. Esto lo tiene muy consciente el elector mexicano y sólo un cambio que responsabilice al legislador con el ciudadano. que lo haga rendir cuentas para ser premiado o castigado con la reelección, podría modificar esta percepción. Con todo parece que los partidos no estarán muy dispuestos a que la disciplina se traslade al elector y no permanezca en el partido, más ahora que una indisciplina puede hacer que una ley naufrague. Los partidos no quieren ser rehenes de sus electores.  n

Noviembre de 1997

    

Carlos Casillas. Tiene una maestría en Administración y Políticas Públicas por el CIDE. Es asesor del subsecretario de Desarrollo Político de la Secretaría de Gobernación.

1María Amparo Casar: “Las Bases Político Institucionales del Poder Presidencial”, en Política y Gobierno. Vol. III-1. CIDE, División de Estudios Políticos. México, 1996.

2 Luis F. Aguilar Villanueva: “El presidencialismo y el sistema político mexicano: del presidencialismo a la presidencia democrática”, en Alicia Hernández (coord.): Presidencialismo y sistema político. México y los Estados Unidos. FCE. México, 1994.

3 Alonso Lujambio ha desarrollado ampliamente este argumento en Federalismo y Congreso en el Cambio Político de México. UNAM. México. 1996. pp. 174-183.

4Tres artículos, ya clásicos, fueron los pioneros en discutir el problema de los gobiernos divididos en los Estados Unidos. Lloyd N. Cutler: “To Form a Government”, en Foreing; Affairs. 1980. pp. 126-143. James L. Sundsquist: “Needed: A Political Theory for the New Era of Coalition Government in the United States”, en Political Science Quarterly. 103. 1988. pp. 613-635. Lloyd N. Cutler: ¨Some Reflections About Divided

Government”, en Presidetial Studies Quarterly. 17. 1988. pp. 485-492

5 Morris Fiorina. Divided Government. Allyn & Bacon. Boston. 1996. p. 112

6 Matthew Soberg Shugart: “The Electoral Cycle and Institutional Sources of Divided Presidential Government”, en American Political Science Review. Vol 89. No 2. 1995. pp. 327.

7 Un dato significativo es que en virtud de la reforma electoral de 1993 ningún presidente puede contar con un partido político que. por sí mismo. tenga los diputados suficientes para aprobar cambios a la Constitución. Con la reforma de 1996 se introdujo la cláusula que estableció, como mínimo, para obtener la mayoría en la Cámara de diputados. 42.2% del total de votos.

8 Gary C. Jacobson ha desarrollado una amplia explicación sobre la influencia de la legislación electoral y del comportamiento de los electores, como causas fundamentales de los gobiernos divididos. The Electoral Origins of Divided Government. Westview. Boulder. CO.. 1990.

9 Morris Fiorina: Op. Cit

10 Matthew Soberg Shugart: Op. cit. p. 334.

11 Dieter Nohlen: Presidencialismo versas Parlamentarismo en América. Nueva Sociedad. Caracas, 1991, p. 57

12 Ian Budge y Michael Laver. “Coalition Theory. Government Policy and Party Policy”, en Michael Laver y Ian Budge: Party Policy and Government Coalitions. St. Martin’s Press. London. 1992. p. 2.

13 Ibid. 3

14Lloyd N. Cutler: Op. cir. p. 489

15 David Mayhew. Divide We Govern: Party Control. Lawmaking and Investigations 1946-1990. Yale University Press, New Haven. 1991.

l6 Morris Fiorina: Op. cit. p. 92

l7 Elisur Arteaga Nava señala que durante el gobierno de Francisco I. Madero la oposición a su gobierno intentó bloquear la aprobación de un presupuesto y en 1988. por falta de quorum, hubo que suspender la sesión donde se votaba el presupuesto para 1989. “Facultades de los Poderes en Materia Hacendaría”, en Gilberto Rincón Gallardo (coord): El Control de las Finanzas Públicas, Centro de Estudios para la Reforma del Estado. México, 1996, p. 221

18 Ibidp. 216-221.

19 Michael Laver y Norman Schofield: Op. cit. p. 49.

20 M. Sthepen Weathertord. 1993. p. 21. De acuerdo con esta idea, cuando los gobiernos divididos se vuelven más comunes los gobiernos y los partidos ajustan sus estrategias de negociación.

Relección, ¿para qué?

REELECCIÓN, ¿PARA QUÉ?

POR JORGE BUENDÍA LAREDO

Probablemente uno de los elementos más importantes de lo que hoy se denomina la reforma del Estado sea la reelección de los legisladores. A diferencia de años anteriores, donde su simple mención daba lugar a rechazos inmediatos y un tanto irracionales, la reelección legislativa es ahora un tema que cada día tiene mayor apoyo, no sólo entre la comunidad académica sino también en las instancias decisivas: los poderes ejecutivo y legislativo así como en los partidos políticos. Lamentablemente, el apoyo a la reelección legislativa se ha dado, en un buen número de casos, sin hacer una evaluación de las condiciones necesarias que ésta exige para su buen funcionamiento así como de los costos inherentes a dichas condiciones. Como toda decisión política, la introducción de la reforma legislativa genera costos y beneficios por lo que es necesario estar al tanto de ellos.

En este pequeño ensayo concentraré mi discusión en dos de los beneficios que, en teoría, la reelección legislativa trae consigo: la profesionalización de las legislaturas y un mayor grado de rendición de cuentas de los diputados a su electorado.

La profesionalización de las legislaturas es uno de los criterios técnicos que con mayor frecuencia se esgrime en favor de la reelección. El argumento es muy simple: la reelección permite que los legisladores permanezcan en sus puestos por periodos prolongados y adquieran experiencia en la conducción de las tareas legislativas. De esta manera, al reducir las asimetrías de información, los legisladores se constituyen en un contrapeso más eficaz del poder ejecutivo fortaleciendo la di visión de poderes. Sin embargo, la reducción de las asimetrías de información también puede lograrse de otras formas: creación de organismos especializados al interior del Congreso; asesores permanentes en las comisiones legislativas que evalúen los proyectos de ley correspondientes o. incluso, asesores personales para cada uno de los diputados. El riesgo de lo anterior es que se tenga una legislatura de “amateurs” asesorada por expertos, donde tengan la última palabra subvirtiendo la estructura de representación democrática.

Quizá el aspecto más preocupante del argumento en favor de la reelección para impulsar la profesionalización de las legislaturas es que requiere que los diputados mantengan sus curules por varios periodos. Parece olvidarse el hecho de que las elecciones son entre otras cosas, un instrumento para remover a nuestros gobernantes y no sólo para refrendarles su posición. Lo anterior es relevante en la medida que la reelección misma genera ventajas para el diputado que busca conservar su puesto en detrimento de sus competidores. Es un hecho ya probado, al menos en el caso de los Estados Unidos, que los legisladores que buscan reelegirse (incumbents) tienen una serie de ventajas sobre sus competidores como es el hecho de ser más conocidos, tener más recursos a su disposición y generar una clientela electoral estable. Se estima que aproximadamente 10-11% de los votos de los incumbents proviene exclusivamente de las ventajas de detentar la diputación. En situaciones de alta competitividad como la que vivimos ahora en México esta ventaja electoral puede ser crucial para definir al ganador de una elección distrital.1 ¿Estamos dispuestos a sacrificar cierto grado de competitividad en nuestras elecciones por una mayor profesionalización de los legisladores?

Hasta ahora no hemos considerado los mecanismos que llevarían a los legisladores a buscar su profesionalización si existiera la reelección. Es un tanto mecanicista suponer que gracias a la reelección, los legisladores decidirán aumentar su preparación y niveles de conocimiento para deliberar ilustradamente. Deben existir incentivos para que esto ocurra. Uno de estos incentivos radica en la preocupación de los legisladores por atender los asuntos que son importantes para el electorado de su distrito. En teoría, diputados que representan distritos rurales deben estar más interesados en participar en las comisiones vinculadas con el sector agrícola y por ello tendrán incentivos para aumentar sus conocimientos sobre el tema. Este tipo de incentivos requiere la existencia de un vínculo personal entre el diputado y su electorado ya que de no representar adecuadamente los intereses distritales, el electorado castigará a su representante (el llamado voto personal). Es a través de este mecanismo que los intereses de los legisladores, su profesionalización, y una mayor rendición de cuentas se dan la mano.

¿La reelección posibilita la existencia de un vínculo personal entre los votantes y sus representantes? Sí, pero no es una condición suficiente. El caso de Estados Unidos es el mejor ejemplo al respecto. La reelección ha existido en ese país desde su fundación pero el voto personal es un fenómeno típico de la segunda mitad del siglo XX. Dicho de otra manera, la reelección requiere de otras condiciones o reformas para generar una relación estrecha entre representantes y gobernados. De entrada, exige que la relación no sea mediada por los partidos o por consideraciones partidistas. Si la organización partidista puede determinar quién será postulado en cada distrito, los candidatos potenciales prestarán más atención a la dirigencia que a su electorado. Igualmente, si los votantes basan su decisión electoral en la lealtad o identificación partidista no importa el trabajo individual que haga un diputado en su distrito. La personalización de la política electoral es entonces un requisito necesario para que la reelección legislativa genere una mayor rendición de cuentas. A nivel de elecciones de diputados esto no existe en México. Además, la existencia de la representación proporcional es un elemento que fortalece a los partidos y sus dirigencias en detrimento de los liderazgos individuales (aunque vale la pena evaluar las credenciales democráticas de introducir la reelección y mantener el sistema de representación proporcional. Los simpatizantes de un partido dado pueden estar dispuestos a votar por ese partido pero no por sus candidatos plurinominales. Sin embargo, no hay nada que puedan hacer al respecto. Las dirigencias partidistas pueden postular y mantener en la legislatura, prácticamente por tiempo indefinido, a quien les plazca).

Por otra parte, si la experiencia estadounidense sirve de referencia, dos elementos, por lo menos, son necesarios para facilitar la personalización de las elecciones legislativas: la introducción de elecciones primarias a nivel distrital y medios masivos de comunicación de cobertura local, principalmente la televisión.

Las elecciones primarias permiten que sea la ciudadanía, o al menos los militantes de cada partido, quienes decidan quiénes competirán en los comicios. De no ser así, serán las burocracias partidistas las que decidirán quiénes serán postulados. Las lealtades de los diputados (o candidatos a) están con quienes garantizan su postulación: en este caso el partido y no su electorado. Por otra parte, el uso de la televisión local en las campañas electorales permite a los votantes conocer quiénes son los candidatos. De esta manera, el voto se orienta más a las personas que a los partidos. Si los votantes se siguen guiando principalmente por filiaciones partidistas, los diputados tienen incentivos para seguir la línea del partido y no la de su distrito, ya que no importa lo que ellos hagan sino lo que haga el partido.

La introducción de elecciones primarias, como bien lo demuestra la experiencia estadounidense, lleva a un debilitamiento de la disciplina y organización partidista.2

¿Están los dirigentes partidistas conscientes de que la adquisición de uno de los frutos de la reelección, la cercanía con el electorado, requiere del debilitamiento de los partidos? Después de todo, la cercanía con el electorado puede obtenerse también a través de la estructura partidista y no del legislador y su equipo de colaboradores. Más aún al personalizar la política legislativa se corre el riesgo de que no haya una instancia colectiva que se responsabilice de los actos y omisiones de los órganos legislativos. Los partidos políticos son precisamente dichas instancias de responsabilidad colectiva.

En resumen, los beneficios de la reelección no son automáticos y requieren de factores adicionales para su consecución. Dada la dificultad real de introducir el conjunto de reformas necesarias para que la reelección produzca sus frutos (como elecciones primarias a nivel distrital) es probable que el impacto de la reelección en nuestra vida política sea limitado. En todo caso, podemos estar frente a una reforma que abrirá una ventana de oportunidades, hasta ahora cerrada, para que los legisladores desarrollen una carrera parlamentaria supeditada a las directrices de sus dirigencias nacionales.           n

Jorge Buendía Laredo. Investigador de la División de Estudios Políticos del Centro de Investigación y Docencia Económicas.

1 El caso estadunidense es el único donde se han estimado las ventajas electorales de la reelección, véase A. Gelman y G. King, “Estimating Incumbency Advantage without Bias”. American Journal of Political Science (noviembre 1990), pp. 1157-1158 y. de los mismos autores. “Systemic Consequences of Incumbency Advantage in Congressional Elections”. American Journal of Political Science (1991), pp. 110-138.

2 Aunque en México la existencia de la representación proporcional les daría a los partidos cierto margen de acción.

Águila, nopal y cruz

Este trabajo fue publicado por Berta Ares Queija y Serge Gruzinski en el libro Entre dos mundos. Fronteras culturales y agentes mediadores (Sevilla. CSIC. 1997) y a su vez constituye un avance del libro El Aguila y la Cruz. Orígenes criollos de la conciencia criolla, de próxima aparición. En su estado actual, intenta mostrar cómo el sector religioso de Nueva España, regulares primero y luego seculares, fue el primero en armar, a partir de símbolos netamente indígenas y de otros cristianos, matrices susceptibles de catalizar las nacientes aspiraciones a una entidad específica, la criolla.

Es bien sabido que el motivo que actualmente ocupa la parte central de la bandera mexicana tiene su origen en el pasado mexica. En efecto, las distintas versiones acerca de esta tribu náhuatl refieren que ésta salió de la cueva mítica de Chicomoztoc, en el oriente del país, guiada por el dios tutelar Huitzilopochtli, en busca de la tierra por él prometida. Los mexica debían reconocerla al descubrir precisamente un nopal encima del cual un águila sostendría una serpiente en su pico. Al llegar al valle de México, entonces ocupado por amplias lagunas y habitado por numerosos pueblos ribereños, los mexicas divisaron el ave anunciada en medio de uno de los lagos y al cabo de muchas vicisitudes lograron imponerse a sus antecesores y establecerse. Según la tradición, la visión se produjo en lo que hoy es la parte sureste de la plaza mayor de la ciudad de México, que luego fue parte del gran centro ceremonial de los advenedizos y, después de la Conquista, de los españoles.

Los distintos motivos que integran el conjunto aquí estudiado tenían, en la cosmovisión mexica, un significado preciso: el glifo, que significa “piedra”, emergía de las aguas y. encima de él, el nopal, considerado como árbol del sacrificio, estaba cubierto de tunas, o sea, de los corazones de los sacrificados. El águila, por su parte, estaba relacionada con el dios solar y tribal Huitzilopochtli y después de la evangelización un proceso sincrético lo convirtió en uno de los símbolos de la resurrección de Cristo y. desde luego, en el de San Juan Evangelista.1 La serpiente, en cambio, de tanta relevancia en las religiones mesoamericanas parece haber sido secundaria. Algunos códices en los que aparece el águila encaramada en el nopal en medio de la laguna prescinden de ella, mientras otros la sustituyen por un pájaro.”2

Treinta y cinco años después de la toma de Tenochtitlan y sin que sepamos a ciencia cierta lo que aconteció con este símbolo en los años que siguieron a la conquista, el nopal lleno de tunas se levantó nuevamente sobre el glifo de “piedra”, nada menos que en las armas del granadino Alonso de Montúfar segundo arzobispo de México. ¿Cómo explicar esta resurrección y, sobre todo, en semejante lugar?

El nombre de la ciudad (Tenochtitlan) está compuesto de la palabra “tetl”, que quiere decir “piedra”, de “nochtli”, o sea “tuna”, y del locativo “tlan”. Tenochtitlan significa por tanto “donde está el nopal silvestre” y alude al mito mexica de la fundación de la ciudad. Ahora bien, durante los primeros años de la conquista los documentos y cartas oficiales y privados solían estar fechados y referirse a “Tenustitlán” o “la gran Temixtitlán”, lo que atestigua el uso del término mexica por los españoles. Pronto se añadió el de “México”, quizá la traducción náhuatl del nombre otomí del lugar, (por ser los otomíes unos de los primitivos habitantes del valle), en la fórmula “México-Tenochtitlán/Temixtitlán/Tenustitlán”, que perduró hasta bien entrada la segunda mitad del siglo.3 Por otra parte, sabemos que las parcialidades indígenas de la ciudad y de sus contornos conservaron sus “insignias” y “estandartes”, que solían mostrar en las fiestas cívico-religiosas. Las insignias estaban ligadas a las jerarquías indígenas y llevaban dibujos y “jeroglíficos” que permitían identificar cada grupo y señorío. A nadie se le ocurrió tratar de suprimir estos usos indígenas, en la medida en que no eran desconocidos en la tradición europea medieval y renacentista, en que resultaban útiles para distinguir las parcialidades y pueblos y también porque los símbolos representados en los vistosos estandartes carecían de significado y por tanto de peligro, al menos ante las autoridades civiles y la mayoría de las religiosas.

Estas razones movieron a Alonso de Montúfar, arzobispo de México-Tenochtitlan, artífice de la iglesia novohispana a costa de los regulares y promotor del culto a Guadalupe del Tepeyac, a colocar en 1566 el glifo de “piedra” y el nopal cubierto de tunas bajo sus armas personales, en las Constituciones del Arzobispado y provincia de la muy insigne y muy leal ciudad de Tenuixtitlán México de la Nueva España. La decisión de Montúfar de añadir parte de los símbolos antiguos de la ciudad a sus propias armas corresponde a la realidad sociopolítica aquí mencionada y a una estrategia determinada en el marco de sus luchas y propósitos.

En la década siguiente, dos fechas marcan la reaparición o difusión del conjunto iconográfico. El Códice Osuna (1564) muestra a los ejércitos mexica enarbolando un estandarte con el águila y el nopal durante la campaña en la Florida (1559-1560) y los Anales de Juan Bautista refieren cómo el domingo 14 de abril de 1566, día de la Pascua de la Resurrección, se estrenó en el Tecpán de México un lienzo en el que podía verse a todos los señores que habían gobernado la ciudad desde su fundación: éstos llevaban como emblema el tenochtli, mientras las armas del emperador Carlos V ocupaban el primer término.”4 Aquí asistimos, como en las armas de Alonso de Montúfar en las Constituciones, a un interesante proceso donde los conjuntos simbólicos indígena y castellano no sólo coexisten en un mismo plano sino que tienden a formar uno nuevo.

Esta misma tendencia se refleja en las fiestas religiosas en las que los cantares prehispánicos volvieron a oírse, aunque ahora para honrar a los sobrenaturales cristianos. El cronista Juan Bautista de nuevo señala que para celebrar la fiesta de Reyes del 6 de enero de 1565, se cantó el famoso canto de los pescados y que al año siguiente, con ocasión del obsequio que hizo Alonso de Villaseca de una estatua en plata de la Virgen al santuario del Tepeyac, hubo danzas y “el canto de los pescados lo cantaron los mexicanos y los tlatilolcas el Canto de Guerra”.5 Algo semejante se produjo con la danza de los voladores, de clarísima procedencia idolátrica y por ende prohibida en los primeros tiempos, que sin embargo volvió a verificarse al menos a partir de 1566, al parecer durante fiestas de carácter cívico. Por lo tanto asistimos, a principios de la segunda mitad del siglo XVI, a una reaparición y recuperación oficial de símbolos y prácticas relacionadas con la antigua idolatría. Estos son deliberadamente integrados por autoridades civiles y sobre todo religiosas en marcos y estructuras cristianos, tales como fiestas, celebraciones, expediciones, armas arzobispales, etc.

La década siguiente señala una aceleración y profundización de este proceso. Aparte de los consabidos cambios que modificaron sensiblemente la situación política y administrativa del virreinato en las postrimerías del siglo, sólo recordaré los que interesan directamente al tema aquí tratado. Por lo que se refiere a la población de la Nueva España, el periodo corresponde a una baja dramática del sector indígena, diezmado por reiteradas y mortíferas epidemias mientras la población española, peninsular y criolla, y sobre todo la de los mestizos y mulatos, emprende un ascenso cada vez más acentuado. Las órdenes religiosas que habían llevado a cabo lo esencial de la evangelización en el altiplano y el sur del país y cuyo imperio había empezado a ser reducido por Alonso de Montúfar, se vieron paulatina aunque sistemáticamente sustituidas por los seculares. Este proceso coincidió, al menos para los franciscanos, con un desengaño claramente expresado, ante la superficialidad y fragilidad de la labor misionera hasta entonces desempeñada y el abandono sufrido por parte de la Corona, deseosa ahora de entregar los destinos de los dos grandes virreinatos americanos a una burocracia civil y eclesiástica estrechamente controlada. En este contexto (1572) llega la Compañía de Jesús a la Nueva España.

Unos pocos años le fueron suficientes para juzgar la situación, los retos que implicaba y concebir los mecanismos para enfrentarlos. Noviembre de 1578 es una fecha clave para el proceso aquí estudiado. La ocasión fue proporcionada por la recepción de una impresionante cantidad de reliquias enviadas por el Papa Gregorio XIII a la Compañía de Jesús establecida en México, que debía repartirlas entre los templos y conventos de todo el virreinato, con el fin de difundir una piedad de sello tridentino. El envío y la recepción resultaban lo que llamaríamos hoy en día una operación de prestigio para los jesuitas entonces en pleno auge, que manifestaba el apoyo otorgado por el Papado a sus nuevas empresas. El relato pormenorizado de estas fiestas, cuya celebración ocupó una semana entera, permite apreciar el papel fundamental desempeñado por estos religiosos en la recuperación de elementos culturales y religiosos indígenas y la formalización de conjuntos simbólicos dotados de un dinamismo trascendental, como lo demostró la historia.

La actitud de los jesuitas hacia la ciudad de México y la Nueva España en general no puede sino llamar la atención, porque ilustra la manera como recuperaron los símbolos indígenas. Pese a ser la última de las grandes órdenes llegadas a México con fines evangelizadores, los hijos de San Ignacio no dudaron en proclamarla suya: en la portería de su Colegio se levantó un arco dedicado al Papa Gregorio XIII, donador de las reliquias, adornado de esta manera:

A la mano siniestra de S.S.. estava la Ciudad de México con su laguna, cercada de montes, Bolcán y pueblos de Indios que yvan de una parte a otra y estavan con sus canoas pescando en la laguna: y a la mano siniestra estava V. P. de rodillas, con otros tres de la Compañía. Su Santitad con la mano derecha dava a Vuestra Paternidad un cofre y en ellas sanctas reliquias, diziendo con esta letra. De la festividad onite Arcam in Sanctuario. Y con la izquierda, señalaba a la Ciudad de México y Nueva España diciendo con letra In Novam Hispaniam… V. P. y los nuestros con assento de humildad y agradecimiento, puestos los ojos en Su Sanctitad. recebía con ambas manos el sagrado thesoro diziendo Ut in habitet gloria in tena nostra. Y mostrando los de aca excesiva alegría de tan grande merced y del mucho fructo que por medio de los Sanctos de allí adelante se avía de hazer en esta tierra, deziamos l am térra nostra dabit fructum suum… (el subrayado es mío).6

Como en los cronistas franciscanos, la valoración del país, expresada aquí por medio de la descripción complaciente de la capital en su entorno natural y humano, se acompaña de una apropiación del mismo a través de la obra evangelizadora, aunque ésta no sea aún más que un proyecto. Por tanto, el hecho de encontrar nuevamente el mismo mecanismo de apropiación-identificación-valorización (térra nostra) y de evidentes orígenes religiosos, muestra que éste fue uno de los factores más eficaces de la creación de una conciencia novohispana.

La ciudad de México estuvo también representada “con sus montes y sus llanos” en el tercer arco dedicado a los apóstoles y en un altar de San Hipólito, patrono de la Nueva España.7 En un coloquio representado días más tarde, México (existe aquí la ambigüedad: ¿se trata sólo de la ciudad o del país entero? En caso de que se tratara del país, el dato sería sumamente importante puesto que sería sin duda la primera vez que se daría al virreinato entero el nombre de la ciudad), apareció vestida “de español e indio (denotando la variedad y mezcla de gentes que en sí tiene).8 Se puntualiza que la “ropa de dentro” era española, mientras que el huipil era indígena (las comillas son mías). En fin, la ciudad —o el país— llevaba en sus manos sus propias armas, es decir, el tunal y el águil9

Este símbolo no podía faltar y de hecho la procesión había sido encabezada por un “paseo de los estudiantes y juventud mexicana”, que llevaba un cartel relativo a la justa literaria y certámenes en honor de las reliquias. Dicho cartel tenía: “tres varas de alto y dos de ancho, en el qual yvan las armas de la ciudad, que son una planta de Tuna campestre en medio de una laguna, y encima de ella una Aguila con una Culebra en el pico…10”

El tema del tunal primordial apareció nuevamente de manera significativa, si recordamos la relación simbólica de este cactus con el “árbol del sacrificio”, representando las tunas los corazones de los sacrificados. Ahora bien, el cronista jesuita describe, entre el sinnúmero de elementos didáctico- decorativos que se podían apreciar en los distintos arcos, una cruz en la cual:…. “estava un Tunal (que es un árbol de donde se coge la grana en esta tierra, de entre las espinas muy agudas que tiene) y a la otra parte, la Corona de espinas ensangrentadas, y abaxo esta letra

Destas espinas se coge
Grana tan fina y tan pura
Que tiñe la vestidura
De aquéllos que Dios escoge”11.

La reaparición del tema sacrificial del tunal y sus frutas, mediante las alusiones a las espinas y la sangre, dentro de un marco ahora cristiano, resulta revelador de la manera en que los jesuitas, confiados en que la vieja idolatría había sido del todo desterrada, no dudaron en adoptar los símbolos antiguos. En efecto, partiendo de su significado idolátrico, los articularon con un equivalente cristiano (la corona de espinas), valiéndose de las correspondencias simbólicas entre espinas y sangre grana, dentro de un marco a la vez sacrificial y elitista. De esta manera conservaron lo esencial del viejo mensaje idolátrico al que superpusieron un significado cristiano, confiriendo finalmente al conjunto la nueva legitimación que le permitiría desarrollarse más adelante.

Pero la orden de San Ignacio no limitó sus aspiraciones a la sola ciudad de México. En el tercer arco dedicado a los apóstoles y por tanto al tema de la evangelización, además de unos versos relativos a Goa, Japón y China, en donde la Compañía estaba presente por las mismas fechas, se podían observar las representaciones antropomórficas del Perú, de algunos de los principales ríos de México, de Campeche, Guatemala, con la presencia significativa de productos autóctonos como cacao, chocolate, achiote, un tecomate, etc, en un afán por ensalzar lo específicamente americano. La Nueva España se dejaba ver: “… en figura de una muy hermosa mujer con ropas rocagantes de prosperidad, los ojos muy modestos y en la mano derecha sus propias armas, que son una Tuna campestre y un Aguila…”12

Aparte de la alusión a la “prosperidad” del virreinato, tema recurrente desde los conquistadores y que se irá convirtiendo en una de las banderas criollas del siglo XVIII, observamos aquí el proceso particularmente interesante que subrayamos líneas arriba: hasta donde se sabe, es la primera vez que las armas propias de la ciudad de México se convierten en las de toda la Nueva España, adelantando y hasta preparando la situación que llevaría al México independiente a adoptarlas como símbolo del nuevo país.

El desafío fue bien entendido por los principales rivales de la Compañía los franciscanos, los primeros en desarrollar estrategias sincréticas en el altiplano y que se consideraban, con bastante razón, los artífices de la nueva cristiandad. Debilitados por los ataques concertados de las autoridades civiles y eclesiásticas que buscaban restringir el poderío y la enorme influencia de los mendicantes en el virreinato, irritados por la llegada de la dinámica Compañía de Jesús que venía de hecho a competir con ellos en lo que consideraban su feudo, percibieron la novedad e importancia de los métodos empleados por sus rivales y pronto trataron de competir con ellos en el mismo terreno. Así, en 1593, con ocasión de la fiesta de san Francisco el 4 de octubre, se estrenó el Aguila que pintaron los pintores y consistió en colocar este animal sobre un tunal de piedra, cargando a San Francisco sentado y puesto todo a los pies de una hermosa cruz. Esta pintura fue admirada de todos.13

Asistimos aquí a la recuperación por los frailes menores del complejo piedra/tunal/águila, tan brillantemente inaugurada por los jesuitas unos quince años antes. El imperialismo franciscano respondió al jesuita (térra nostra) al colocar a San Francisco en una posición intermedia entre el tunal, representando obviamente al mundo indígena prehispánico, y la cruz. En otras palabras, el mensaje que se desprendía de esta representación era el siguiente: los indios recibieron la fe cristiana por medio de San Francisco.

El año siguiente: el día sábado que es hoy a diez y nueve de marzo de 1594, día de San José, se estrenaron un lebrillo encarnado damasco en que se escribió y apuntó todos los caballeros que sucesivamente fueron gobernadores aquí en México y la descripción del águila en que está sentado nuestro padre San Francisco y se halla al pie de la cruz, teniendo en la mano este santo un papel en ademán de estar leyendo.14

Cabe notar que en una traducción ligeramente distinta que Miguel León Portilla hace de este mismo texto, el paño rojo de damasco que cubría la nueva bandeja estaba pintado con el símbolo del fuego.15 Este detalle no deja de ser revelador, ya que San José fue a menudo asimilado al dios del fuego, Huehueteotl, porque ambos personajes solían ser representados bajo la apariencia de ancianos. Tenemos aquí un ejemplo más de sincretismo guiado o por lo menos tolerado por los franciscanos, que nos remite a una antigua estrategia, en su momento adoptada por los jesuitas respecto del nopal / cruz de espinas.

El estreno de este conjunto tuvo lugar para festejar el día de San José, bajo cuya advocación se encontraba la primera iglesia fundada por Pedro de Gante para los indígenas. San José de los Naturales. La misma representación de San Francisco como mediador se enriquece aquí con la pintura de los señores gobernadores de la ciudad de México, manteniéndose los franciscanos dentro del ámbito estrictamente indígena que siempre había sido el suyo y que intentaron reservarse. Este punto traduce a la vez la fidelidad de los hijos de San Francisco, considerados desde el principio como ardientes indigenistas, pero revela asimismo su incapacidad por asimilar y aceptar la nueva realidad de un virreinato en vías de volverse mestizo, lo que sí captaron en seguida sus rivales jesuitas.

Hasta ahora, la mayor parte de las representaciones de los símbolos de México se había manifestado en construcciones efímeras, arcos de la procesión de las reliquias, armas que llevaban los personajes alegóricos que intervenían en obras teatrales. Las pinturas franciscanas realizadas por los pintores indígenas de la escuela abierta por Pedro de Gante inauguran una etapa en la que dichos símbolos tienden a adquirir un carácter duradero, aunque no perenne. Sabemos por ejemplo que el santuario de María de los Remedios, al noroeste de la ciudad de México, y cuya Virgen era objeto de un culto tan o más ferviente que la Guadalupe del Tepeyac a finales del siglo XVI, estaba adornado en 1595 con varias pinturas de Alonso de Villasana entre las cuales se podía distinguir el nopal y su inevitable águila.16 La presencia de este símbolo se imponía en semejante lugar puesto que la Virgen de los Remedios era la patrona del cabildo de la ciudad a la que protegía eficazmente en particular contra las sequías.

A principios del siglo siguiente, en 1610 para la doble ocasión de la inauguración de la Profesa y de la beatificación de San Ignacio, la Compañía de Jesús volvió a promover largas y suntuosas fiestas en las que los elementos indígenas tuvieron particular relieve. El cronista jesuita Andrés Pérez de Ribas refiere que: por remate de este día nono, al salir de la Misa Mayor, comenzó a entrar por una de las puertas de nuestra Iglesia un mitote de la nación mexicana (es baile que usaba en su gentilidad esta grande nación): en él, salieron mil trescientos indios muchos de ellos con tilmas de tafetán y damasco, rica y hermosa plumería que ellos estiman en mucho, grandes invenciones y figuras salvajinas, danzando todos con tanto orden y tan a compás, a son de sus teponaxtlis (que es un género de tambores sonoros de madera que usa esta gente), que con ser tanto el número de ella, guardaba un muy uniforme compás. Entre esta multitud de gente venían sus caciques y principales gobernadores: llegaban de dos en dos, abatiendo los estandartes que aula pueblo traía y eran más de treinta, hacían una profundísima reverencia al santo Patriarca (se trata de Ignacio de Loyola, nota mía), hasta tocar casi con las manos frentes en el suelo y salieron sin perder el orden que habían traído por la puerta contraria de la Iglesia y llegaron a la plaza mayor de esta ciudad, y desde ella a otra que llaman del Volador, donde desde un balcón de su Palacio los aguardaba el Virrey y el Presidente de Guadalajara y Visitador Don Juan de Villela, con otros personajes. En llegando a esta plaza el célebre mitote, habiendo puesto en medio de ella un estandarte grande de damasco azul, en que por ser de los mexicanos, estaba bordada el águila16 y el tunal, armas de México, comenzaron en un círculo grande a danzar a su antiguo uso cantando juntamente los más ancianos en su lengua y algunas canciones devotas, debajo del estandarte de damasco que estaba en medio del círculo y rueda que formaba el baile. Fue ésta una de las cosas que más admiró en esta fiesta, porque con haber pretendido otros Virreyes en ocasiones de grandes fiestas juntar este mitote con esta grandeza, nunca pudieron salir con el intento. Y así confesaban los indios viejos, que desde el tiempo del Marqués del Valle, que fue el que ganó esta tierra, no se había juntado tan numeroso y célebre gentío mexicano, ni se había visto cosa semejante.17

Esta larga cita exige algunos comentarios. En la medida en que los relatos y crónicas nos ilustran al respecto, parece ser una de las primeras veces que los estandartes distintivos de los pueblos indígenas aledaños, entre los cuales se distingue el de la nación mexicana con sus armas, penetró en el recinto de una iglesia, aquí, la de la Profesa, templo jesuita cuya dedicación se festejaba precisamente en agosto de 1610. (En 1558, para las honras fúnebres de Carlos V. también parecen haber penetrado los estandartes indígenas en la iglesia de San Francisco).

El abatimiento de estas insignias ante la figura de Ignacio de Loyola y la reverencia que le hicieron todos los indígenas equivale, en un plano simbólico, a las representaciones franciscanas de 1593: en efecto, el nopal / águila bordado en el estandarte mexicano se humilló a los pies de la imagen del fundador de la Compañía, como se halló a los pies de San Francisco, estableciéndose claramente la filiación y la jerarquía de los dos conjuntos iconográficos. Al mismo tiempo, el cronista jesuita contemporáneo encarece al grupo mexicano, refiriéndose a él como a una “grande nación”.

La segunda parte, aparentemente de carácter laico, de la fiesta multitudinaria no deja de ser interesante. Después del homenaje rendido en la Profesa, los indígenas se dirigieron a la plaza del Volador, contigua a la Plaza Mayor y a Palacio, desde cuyos balcones el mismo virrey y las principales autoridades presenciaron el espectáculo que consistió en una danza, o mitote, ejecutada alrededor del estandarte mexicano de damasco azul bordado con los consabidos águila y tunal. Varios puntos llaman la atención. En primer lugar, la gran muchedumbre que participó que, según los “indios viejos”, no se había visto en un mitote desde los tiempos de Hernán Cortés, a pesar del esfuerzo del mismo virrey para lograr reuniría anteriormente. Por otra parte, los cantares que acompañaron la danza fueron de dos tipos: unos que fueron cantados por los “más ancianos en su lengua”, y “algunas canciones devotas”, lo que permite deducir que los primeros fueron cantos antiguos no modificados por los religiosos.

Finalmente, el lugar escogido para llevar a cabo el gran mitote proporciona la llave de su importancia inusitada. Cada 52 años, cuando finalizaba y empezaba un nuevo siglo indígena, lo que era llamado “atadura de años”, aparte de las grandes fiestas del fuego nuevo celebradas en el cerro de la Estrella en Iztapalapa se bailaba la danza del volador, de connotación cósmica, en la plaza que llevó este nombre durante buena parte del periodo colonial. Ahora bien, resulta que el año de 1610 correspondió precisamente a una “atadura de años” y que el baile circular alrededor del estandarte azul (color del dios tutelar Huitzilopochtli) ejecutado por un número excepcional de danzantes y con cantares antiguos, guarda una semejanza simbólica evidente con el baile del volador, del que ignoramos por otra parte si se llevó a cabo o no en esta ocasión.18

Cuatro años más tarde —(1616)—, una manifestación religiosa, impulsada esta vez por el cabildo de la ciudad en la que participaron las instituciones eclesiásticas y la sociedad en su conjunto, permitió al tunal / águila aparecer de nuevo. Se trató de una de las “venidas” de la Virgen de los Remedios a la capital para poner fin a una gran sequía. La lucida procesión contó con numerosos elementos y adornos de carácter prehispánico (animales vivos como aves y conejos colgados de los arcos, etc.) y una canción fue escrita para tal circunstancia, en honor de la patrona de la ciudad, llevada en medio de un mar de luces:

…..La Ciudad Mexicana
al veros cielo hermoso
en luces con el Cielo compitiendo
púrpura os dio en la grana
de su tunal famoso,
a su divina Reyna conociendo,
su Aguila está rindiendo
su prudencia con el pico
con la corva serpiente19

Era por tanto lógico que la: Historia de el principio y origen, progressos, venidas a México, y milagros de la Santa Ymagen de nestra señora de los Remedios, extramuros de México…”, escrita por el mercedario criollo Fray Luis Luis de Cisneros en 1616 (y publicada en 1621), ostentara el escudo de la ciudad, aunque no fuese el que Carlos V le había otorgado en 1523. En él, si bien vemos los dos leones flanqueando una torre que se levanta en medio de la laguna, aparecen también unos tunales a los pies y al lado de los nobles felinos, mientras un águila que lleva una serpiente en el pico se alza encima de la torre. Es decir que los símbolos europeos y prehispánicos se combinan aquí, guardando sin embargo su identidad propia.

Las décadas siguientes marcan una progresión del conjunto simbólico en las distintas manifestaciones de la vida colonial. En 1642 el obispo y Virrey don Juan de Palafox se vio obligado a instar al Cabildo de la Ciudad de México a abandonar: el tunal, águila y culebra que usaba en su escudo de armas (y) adoptase la imagen de Nuestra Señora sobre las armas, o un serafín o ángel con una cruz o una imagen de la fe con hostia y cáliz y un mote. Fides o Fidelitas.20

Más aún, mandó destruir “el águila, tuna y culebra de la gentilidad, de la manera que se han ido derribando los ídolos”, en particular cierta águila que se encontraba en el ángulo del atrio de San Francisco.21 El afán del eclesiástico que fungía como virrey por estas fechas revela hasta qué punto el complejo iconográfico prehispánico perduraba y se había hecho familiar y doméstico, ya que la misma ciudad lo había integrado a sus propias armas.

Pero la tendencia era irreversible y el auge del culto a la Inmaculada Concepción, relacionada con la Mujer del Apocalipsis, reforzó aún la presencia del águila, según lo percibimos en fray Luis de Cisneros. Así como el tunal del sacrificio pagano se había convertido en el árbol de la cruz, el águila de Huitzilopochtli se iba paulatinamente transformando en el de María Inmaculada y el de San Juan Evangelista.

A partir de mediados del siglo XVII, los seculares fueron sustituyendo a los regulares —esencialmente franciscanos y luego jesuitas—, en la promoción e integración del conjunto prehispánico en estructuras cristianas, de acuerdo con el papel cada vez más relevante que desempeñaban en la Iglesia mexicana.22 Así es como culminó la explotación simbólica del tunal, iniciada por la Compañía de Jesús en 1578, en un sermón predicado el 5 de febrero de 1652 en la catedral de México por Jacinto de la Sema, (cura del Sagrario de Catedral y tres veces rector de la Universidad), ante todas las autoridades civiles y religiosas del virreinato, en honor al beato Felipe de Jesús, criollo de la ciudad de México y martirizado en Japón a finales del siglo anterior.

En este sermón típico de la oratoria barroca, se pronunció un encendido elogio de la ciudad, elogiando sus bellezas y riquezas, las virtudes y santidad de sus hijos, nombrándola Ierusalem Civitas Sancti, por ser cuna del protomártir Felipe de Jesús. Las fiestas prehispánicas fueron evocadas sin asomo de rechazo o siquiera de verdadera crítica, ensalzando al contrario la suntuosidad que las caracterizaba y recurriendo con notable complacencia a términos náhuatl como chalchihuites, cacles, etc. El águila y el nopal fueron constantemente mencionados pero, según el insigne eclesiástico, no se veneraba en ellos la “figura del demonio” (lo cual revela de paso que algunos eclesiásticos al menos conocían perfectamente el significado del complejo iconográfico prehispánico. aun a mediados del siglo XVII), sino a Felipe de Jesús “en su cruz, figurado en el Aguila y tunal”. La metáfora sobre el tunal se desarrolló en adelante con exuberancia:

Es un árbol hermoso, el tunal, es un calvario de Cruzes, y en cada rama, unas que suben hazia arriba y otras que atraviesan, esta formando cruzes…23

Las frutas del tunal simbolizaban los diversos estados de la Iglesia: las tunas blancas eran las vírgenes, las amarillas los confesores y las coloradas los mártires, porque: “… los dulzes frutos de la Cruz no se gozan sino espinándose las manos con las espinas y abrojos de la pasión de Cristo Nuestro Señor…”

La grana que produce el nopal representaba a los mártires muertos en la cruz y la tela blanca que recubría los gusanitos venía a ser la castidad de quienes derramaron su sangre para el verdadero Dios. Finalmente, Felipe de Jesús resultaba ser el “Aguila en el Tunal”, terminando el sermón con una ferviente invocación al “Valeroso Español Mexicano… ¡O glorioso Reyno de la Nueva España! ¡O dichosa Ciudad de México!”. El grabado que adorna la primera página del sermón muestra a Felipe crucificado, flanqueado de dos japoneses que lo están alanceando. Abajo a la derecha se encuentra el escudo franciscano mientras a la izquierda el águila con la serpiente en el pico se alza sobre el acostumbrado nopal.24

En esta notable pieza de oratoria sacra, el proceso iniciado por los jesuitas a finales del siglo XVI y que consistía en conservar el significado sacrificial del complejo mexica en un marco cristiano llegó a su culminación: ahora no sólo el nopal resultaba ser la cruz sino que el criollo de la ciudad de México, Felipe de Jesús, era la nueva águila. El símbolo que había empezado a cobrar legitimidad con los jesuitas en 1578, los franciscanos en 1593 y Cisneros y Sánchez en 1616 y 1648 respectivamente quedaba totalmente legitimado y recuperado. De ahora en adelante, y a pesar de las tentativas del perspicaz obispo y virrey don Juan de Palafox, quedaba a disposición de los criollos ansiosos de encontrar banderas y señuelos de identidad.

El sermón fue pronunciado en Catedral, ante las más altas autoridades virreinales. Esto constituye una promoción para el complejo iconográfico que nos ocupa, que hasta entonces sólo se había manifestado en espacios abiertos, en atrios y el recinto de iglesias como San Francisco y la Profesa. Sin embargo, si exceptuamos la pintura realizada por Alonso de Villasana y que adornaba allá por 1595 el santuario de los Remedios, el nopal y el águila aparecían en estandartes, arcos y construcciones efímeras, poemas, canciones. En esta perspectiva, la solemne dedicación de la catedral en 1667 representó sin lugar a dudas una etapa decisiva en la promoción del conjunto simbólico. Se elaboraron numerosas “fábricas” para tal evento y la hermandad de San Hipólito se encargó del altar dedicado a este santo, quien llevaba en la mano derecha: un estandarte con las armas de Castilla y León. En la última grada de su trono estaba, sobre un tunal, como rendida por su protección al Estandarte Real, el Aguila de México coronada con una cupile de finísimos diamantes (adorno capital que usaban en sus mayores júbilos los naturales deste Nuevo Mundo). Y en la grada inmediata, debajo del águila, se fingió la laguna Mexicana..25

Aunque en una posición que el cronista describe como “rendida” ante el estandarte real, el ave de Huitzilopochtli pero también de la Virgen María en sus advocaciones de Remedios y Guadalupe y del mártir Felipe de Jesús, logró finalmente posarse nada menos que en Catedral, sobre el nopal de todos los sacrificios.

La recuperación y recreación del conjunto simbólico mexica se produjo en un contexto histórico específico, marcado por el mestizaje biológico y cultural de una parte creciente de la población novohispana y por la rivalidad entre instancias civiles y religiosas, entre el clero regular y el secular y entre las principales órdenes religiosas.

Fundamentalmente, se trató de ofrecer a nuevos sectores de población, mestizos o criollos, no pocas veces letrados y que anhelaban inconscientemente encontrar y formular su identidad, los símbolos y las representaciones capaces de darle forma y rostro. Para ello, los franciscanos, jesuitas —y tal vez también agustinos— recurrieron a los conjuntos indígenas más arraigados y dinámicos, despojándolos en la medida de lo posible de sus contenidos idolátricos inaceptables. Sin embargo, para mantener su capacidad adaptativa, fue imprescindible conservar parte de su estructura y contenido, como sucedió en el caso del nopal, la grana y las tunas sacrificiales, con las consiguientes ambigüedades en cuanto se refiere a la recepción del mensaje visual por parte, al menos, de ciertos sectores de la población. Si bien la estructura de los nuevos conjuntos iconográficos ideados por los franciscanos sugiere una opción indigenista, es más probable que los jesuitas hayan apostado a la recuperación y enajenación de los símbolos prehispánicos: una vez sustituido su contenido idolátrico por otro cristiano —que tuviese afinidades conceptuales, estructurales y formales con los anteriores—, los propusieron como señuelos de identidad a quienes empezaban a sentirse a la vez distintos de los españoles peninsulares y de los indígenas. En este sentido, la Iglesia en Nueva España, a través de las órdenes religiosas primero y luego de los seculares, fue sin duda el primer foco de donde surgieron las formulaciones de una naciente identidad.  n

Solange Alberro. Profesora investigadora de El Colegio de México. Es autora de Inquisición y sociedad y Del gachupín al criollo.


1 Constantino Reyes-Valerio, “Las pictografías nahuas en el arte indocristiano” en 1 Coloquio de Documentos Pictográficos de tradición náhuatl. UNAM. México. 1989. pp. 73-74.

2 Joseph de Acosta, Historia natural y moral de las Indias. Fondo de Cultura Económica. Lib.VII, capítulo VII. p. 330: “y sus armas e insignias (de México-Tenochtitlán. nota mía) son hasta el día de hoy un águila sobre un nopal, con un pájaro en la una mano y con la otra, sentada en el tunal”. En el Códice Mendocino (1541-1542) el águila no lleva la serpiente, y en el Códice Ramírez, más tardío y que sirvió quizá de inspiración a Acosta, el águila sostiene un pájaro.

3 Sobre la traducción en náhuatl del nombre original otomí. cf. Enrique Florescano: “Mito e historia en la memoria nahua”. en Historia mexicana. vol. XXXIX. no 3. enero-marzo 1990. pp. 642-644. También Jacques Soustelle, La familia otomí-pame del México central. Fondo de Cultura Económica. México. 1993. p. 465.

4 Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro de Anda, “Información de 1556″, en Testimonios históricos guadalupanos. Fondo de Cultura Económica. México, 1982. p. 138.

5 Angel María Garibay, “Temas Guadalupanos”. en Abside IX. 2. México. 1945. p. 163: Arthur J. O. Anderson: “La Salmodia de Sahagún”. en Estudios de cultura náhuatl, 20. UNAM. México. 1990. pp. 17-38.

6 Carta del Padre Pedro de Morales, de la Compañía de Jesús… en que se da relación de la Festividad que en esta insigne Ciudad de México se hico este año de setenta y ocho, en la collocacion de las Sanctas Reliquias que nuestro muy S. Padre Gregorio XIII les embio. Antonio Ricardo. México, 1579.

7 Francisco de Florencia, Historia de la Provincia de la compañía de Jesús de Nueva España. Editorial Academia Literaria. México, 1955, Lib. VI, p. 342.

8 Carta de Pedro de Morales: Op. cit., f. 184 vo.

9 Ibidem. f 185.

10 Ibidem. f. 8 vo.

11 Ibidem, f. 83.

12 Ibidem, f. 57-60.

13 Anales Mexicanos. Vol. 273, pp. 521-522. Archivo histórico de la Biblioteca del Museo del INAH. colección Antigua. Analicé la actitud de los franciscanos respecto de la formulación de símbolos en “Los franciscanos y la emergencia de la conciencia criolla: Nueva España, siglo XVI”. en Jahrbuch fur Geschichte von Staat. Wirtschaft und Gesellschaft Lateinamerikas, 32. 1995. pp. 303-319. Cf. nota no 1.

14 Anales Mexicanos, p. 529.

15 Miguel León-Portilla, Los franciscanos vistos por el hombre náhuatl. UNAM. México. 1985. p. 60.

16 Luis de Cisneros, Historia de el principio y origen, progressos, venidas a México y milagros de la Santa Ymagen de Nuestra Señora de los Remedios. Imprenta de Juan Blanco de Alcazar. México, 1621. Lib I. cap. XIII. í. 62 vo.

17 Padre Andrés Pérez de Ribas, Crónica y Historia religiosa de la Provincia de la Compañía de Jhesus de México, en la Nueva España. Imprenta del Sagrado Corazón. México. 1896. Cap. IV. Lib.V. pp. 257- 258.

18 Los Anales antiguos, anteriormente citados, suelen indicar las fechas que corresponden a las “ataduras de siglos”. Por otra parte, es de recordar que los danzantes del juego del volador se vestían de águilas. Existen además otras posibles pistas para la identificación de esta fiesta a todas luces sincrética, como por ejemplo la referencia a la fiesta de panquetzalitztli, o sea “ensalzamiento de banderas”, dedicada a Huitzilopochtli, o la de pachtontli (cf. padre Durán). Sin embargo, la dificultad inherente a la polisemia de los conjuntos cultuales indígenas y de sus símbolos desalienta a cualquier investigador inexperto en este oficio, lo que es el caso aquí.

19 Luis de Cisneros: Op. cit., Lib II. p. 119.

20 Genaro García. Don Juan de Palafox y Mendoza. Obispo de Puebla y Osma. Visitador y Virrey de la Nueva España. Gobierno del Estado de Puebla. Secretaría de Cultura. Puebla, 1991, p. 112.

21 José Femando Ramírez, Fray Toribio de Motolinía y otros estudios. Porrúa, México, 1986, pp. 301-302.

22 Esto no significa, sin embargo, que las órdenes religiosas se diesen por vencidas en lo referente a lo que Serge Gruzinski llama “la guerra de las imágenes”, cuyo propósito final resultaba ser el control de los campos simbólicos emergentes. Los jesuítas permanecieron singularmente activos y creadores hasta el siglo XVIII. Para el periodo aquí considerado, cabe señalar el arco de triunfo erigido por ellos para el recibimiento del virrey de Villena en 1640, a la entrada de la catedral de México. En uno de sus tableros, “se vían las armas de México y en el pecho de su Aguila un Jesús representando la Compañía Mexicana” (el subrayado es mío). Cf. Cristóbal Gutiérrez de Medina, “Adición a los festejos que en la Ciudad de México se hizieron”, en Viage de ; por Mar. Imprenta de Juan Ruiz, México, 1640, s/f.

23 Jacinto de la Serna, Sermón predicado en la Santa Iglesia Cathedral de México… al el insigne Mexicano Felipe de Jhesus. Imprenta de la Viuda de Bernardo Calderón. México, 1652, s/f.

24 Es altamente significativo que Jacinto de la Serna, que juega aquí magistral y tal vez peligrosamente con los símbolos y representaciones prehispánicos y cristianos, sea al mismo tiempo uno de los perseguidores más lúcidos y perspicaces de los resabios idolátricos de su época. La complejidad de esta actitud, digna de ser analizada en sus múltiples implicaciones, rebasa obviamente los alcances del presente estudio.

25 Noticia Breve de la Solemne, deseada …dedicación del Templo Metropolitano de México …celebrada en 22 de diziembre de 1667 y Sermón que predicó el Dr. Ysidro Sariñana. Imprenta de Francisco Rodríguez Lupercio. México. 1668. f. 46.

Por qué a Clinton le gustan todas

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POR QUÉ A CLINTON LE GUSTAN TODAS

Este texto se publicó en el diario español ABC, el domingo 23 de agosto de 1998.

¿Por qué a Clinton le gustan todas las mujeres? Me temo que lo he averiguado. A Rafael Alberti le hubiera gustado ser Picasso: a Picasso, Modigliani, a Modigliani, gran aficionado al cine, Chaplin. En Chaplin se cierra el círculo de los sueños artísticos y literarios. Chaplin estaba encantado siendo Chaplin. En la política siempre existen espejos deseados. El de Clinton es John Fitzgerald Kennedy, su ídolo de la juventud. Kennedy fue también un gran hembrero braguetero rápido, célere salido, pero tenía buen gusto. Nació de una mujer guapa, vivió entre hermanas guapas, se casó con una guapa mujer y tuvo una hija guapa, aunque últimamente haya echado demasiado culo. Las hamburguesas no perdonan y Estados Unidos lleva camino de convertirse en un enorme y bamboleante culo celulítico. Ese contacto permanente con la belleza física hizo de Kennedy un seductor tan tórrido como selectivo. Se tiraba a lo mejorcito de aquella época y a Marylin Monroe le hizo un ocho. Sus hermanos también fueron altivos piruleros, aunque no alcanzaran cimas tan altas.

A Clinton, en cambio, le gustan todas. De la galería de mujeres supuestamente seducidas por el pitoloco de don Bill, muy pocas —acaso ninguna— superan el aprobado ramplón. Clinton no creció entre bellezas y su gusto es pésimo. La más monilla es la que le ha metido en el lío. Jamás hubiera reparado Kennedy en Monica Lewinsky, y menos en Paula Jones y el resto de las reivindicativas zorrillas clintonianas. Kennedy fue un desdichado presidente de Estados Unidos, pero tenía un atractivo personal indiscutible y disparaba mejor que John Wayne en las películas de Ford. O que Robert Mitchum, o que Gary Cooper, o que Gregory Peck. Esa, precisamente, era la constelación que frecuentaba en su vertiente femenina.

Clinton tiene dos mujeres en su vida Hillary, su mujer, que es inteligente, fría, intrigante, ambiciosa, válida y comprensiva —al menos mientras dure el mandato de su marido—, pero no deslumbrante en su apariencia. Y Chelsea, su hija, que es un adefesio. “Eres más fea que Chelsea Clinton”, se dice en los colegios y universidades como insulto más hiriente. Cuando un hombre se acostumbra a Chelsea, todo lo demás vale. Jimmy Cárter tenía una hija, Amy, aún más fea que Chelsea, pero Cárter no era ningún tigre. Era idiota, y como padre y esposo, ejemplar. Tan ejemplar y ciego —el amor lo es—, que su negocio particular era el del cacahuate. Lo más parecido a su hija Amy era un cacahuate, y ello es muestra de su coherencia vital. Pero a Cárter las mujeres le interesaban poco, y por eso se salvó.

Principiaba el artículo con esta pregunta: ¿por qué a Clinton le gustan todas las mujeres? La respuesta no es caritativa, pero aquí la caridad es menos que una anécdota. A Clinton le gustan todas las mujeres porque no ha encontrado todavía a una que sea más fea que Chelsea. Es Chelsea, pues, la culpable de los males que acosan a su padre. No pretendo con todo esto proponer que Chelsea comparezca ante el Gran Jurado para justificar los aspavientos paternos. Mi intención no aspira a tanto. Se resume en un ejercicio de comprensión humana y de sentido común. Clinton es bastante inocente —aquí la inocencia y la culpabilidad están sometidas a la relatividad.

Y Chelsea bastante culpable.

—Alfonso Ussía

Peccatum Extenuat Qui Celeriter Corrigit

PARABÓLICA

“PECCATUM EXTENUAT QUI CELERITER CORRIGIT”

POR CARLOS CASTILLO PERAZA

Antecedentes (escabrosos)

Leo el 23 de agosto, en Madrid, los diarios del día. En El País, un breve texto de Javier del Pino, corresponsal en Washington, me informa que, ante el Gran Jurado, la inefable Monica Lewinsky proporcionó “detalles íntimos de su relación con Bill Clinton”. La conversación del tribunal con la dama duró cinco horas durante las cuales los inquisidores capitaneados por el fiscal Kenneth Starr trataron de averiguar si la “relación impropia” de que se acusó públicamente al presidente del país más poderoso de la Tierra fue oral, o si fue manual, o si tal vez fue digital. Todavía no aparecía en periódico alguno la noticia acerca del curioso y lúbrico empleo que al parecer da a sus habanos el exgobernador de Arkansas.

Tantas precisiones son imprescindibles para quienes quieren establecer si alguna de esas modalidades del juego erótico cae bajo el rubro de “relación sexual” porque, si así lo fuese, el caballero que despacha en la Oficina Oval habría cometido perjurio cuando negó haber sostenido tal tipo de relaciones con otra figura de su mujeril elenco de visitantes o visitadas ocasionales, tanto nocharniegas cuanto diurnas.

Evocaciones (adolescentes)

En las febriles épocas de mi adolescencia católica, antes del Concilio Vaticano II, la confesión obligatoria tenía algo de temible, según fuese el sacerdote a cuyos oídos se hiciera. Fuimos educados en lo que un contemporáneo y colega llama ahora “la moral cibernética”, es decir, de modo tal que con cualquier acción u omisión le atináramos al pecado. Acudir a ciertos confesionarios era terrorífico. Ciertos confesores desplegaban un afán inquisitorial notable —espero que no morboso— preguntando acerca de los detalles más escabrosos de las faltas declaradas. Pensamientos, palabras, obras y omisiones pecaminosos tenían que ser pormenorizados: número de veces, lugares específicos, sitios anatómicos exactos, etc. El cuerpo, como un campo de futbol, tenía área grande y área chica o zona de penales.

Cuando comenzábamos a pensar que probablemente las iglesias de la Reforma tenían razón al criticar los excesos de la confesión detallada, llegó el Concilio y las cosas comenzaron a cambiar para bien.

Muchos años más tarde, un periodista de los pocos buenos y decentes que he conocido —Joel Curchod, suizo y protestante- —, me ayudó a comprender las ventajas de la confesión católica: a diferencia del sicoanálisis, es gratuita; es rarísimo en la historia el confesor que hubiese violado el secreto o sigilo sacramental; es virtualmente imposible vivir en equilibrio y paz interior (el veterano amigo recordaba la angustia de Kierkegaard) sin la oportunidad de reconocer ante un prójimo leal y comprensivo las propias fallas; hacer esto último fomenta la humildad, sin la cual hasta la comunidad más pequeña se vuelve un infierno. Me sorprendió la sencilla lucidez con que el viejo, inolvidable colega enlistó tales razones. Y el caso Clinton me ha servido para confirmar la sensatez de los asertos de Curchod. Veamos.

Acúsome, Washington Post

Suprimida la confesión católica, personal y privada, el puritanismo norteamericano parece haber optado por algo semejante, pero posiblemente mucho menos pudoroso y mucho más perverso: la confesión pública tan morbosamente detallista como la promovían los menos sensatos de los confesores preconciliares. Si la penitencia a la romana es reconciliación con Dios y con la comunidad, por medio del reconocimiento de los pecados ante un miembro peculiar de ésta, en los Estados Unidos y para sus personajes públicos se antojaría que es reconciliación con los electores por medio del reconocimiento enfermizamente especificado de los pecados ante los medios de información. Estos exigen al reo decir con qué mano, con qué dedo, a qué hora, en qué lugar, cuántas veces y en qué región corporal de su no menos relapsa contraparte perpetró su falta.

No me extrañaría que, si el pobre pecador que ha tenido que confesarse de tan escandalosa, universal y humillante manera —es decir, Bill Clinton— logra salvarse de la penitencia que aspira a recetarle el fiscal Starr —el impeachement o renuncia al cargo—, decida enviar al Congreso una iniciativa de ley, de reglamento o de enmienda para lograr que, en lo sucesivo, el presidente de los Estados Unidos quede obligado a la “confesión frecuente y reparadora según el rito de la Santa Madre Iglesia Católica”.

Si lo anterior se lograra, se vería restaurada en la excolonia la sana institución abolida por la exmadre patria desde los agitados tiempos de Enrique VIII: la del confesor de palacio. Bien podría entregarse el monopolio del cargo a los hijos de san Ignacio de Loyola pues, como se sabe, Clinton es egresado de la jesuítica universidad de Georgetown, y la célebre compañía tiene abundante experiencia histórica en el ejercicio de tal tarea. Jean Lacouture ha mostrado que, de las postrimerías del siglo XVI hasta la revolución de 1789, los confesores de todos los reyes de Francia fueron siempre jesuítas. Y, en México, ¿no se sospecha que fue también un jesuita quien oyó en postrera confesión nada menos que a don Plutarco Elias Calles? Si no hubiese sido un ignaciano, sino otro tipo de cura, el resultado sería el mismo.

Para lo que venga

Sin embargo, puede ser que las cosas sigan tan mal como van para el presidente de los Estados Unidos. Previendo que el actual y sus sucesores tengan que someterse al ritual profano y posmoderno de la confesión secularizada y teletransmitida, me permito enviarle a don Bill y a sus sucesores, desde esta parabólica, el instructivo —inspirado en el “Catecismo de San Pío V”— para la acusación de los pecados, enormemente útil independientemente de que hayan de reconocerse ante los micrófonos y cámaras de CNN, frente a las grabadoras del New York Times o los atribulados oídos de un discreto cura de pueblo. Como compete al estilo catequístico, el manual viene redactado en términos de preguntas y respuestas:

¿Qué pecados deben confesarse por obligación?

Todos los pecados mortales o graves, aunque es muy bueno confesar también los veniales o leves.

¿Qué condiciones deben acompañar a la acusación o confesión?

Debe ser humilde, entera, sincera, prudente y breve.

¿Qué quiere decir “entera”?

Que se deben manifestar con sus circunstancias y su número todos los pecados mortales cometidos desde la última confesión y de los cuales se tiene conciencia.

¿Qué circunstancias se han de manifestar para que la confesión sea “entera” ?

Las circunstancias que mudan la especie del pecado.

¿Cuáles circunstancias mudan la especie del pecado?

1) Aquellas por las que una acción pecaminosa de venial o leve se hace mortal o grave; 2) aquellas por las que una acción pecaminosa encierra la malicia de dos o más pecados mortales.

Si uno no está cierto de haber cometido un pecado, ¿debe confesarlo?

No está obligado a confesarlo, pero si quiere hacerlo ha de añadir que no está cierto de haberlo cometido.

¿Qué debe hacer quien no recuerda con exactitud el número de sus pecados?

Ha de acusarse del número aproximado.

¿Hizo buena confesión quien calló por olvido un pecado mortal o grave, o una circunstancia necesaria?

Sí la hizo, si empleó la debida diligencia para recordarlo.

Si un pecado mortal olvidado vuelve a la memoria, ¿estamos obligados a acusarnos de él en otra confesión?

Sin duda sí, en la confesión inmediata siguiente al recuerdo de tal pecado.

El instructivo añade que quien con plena conciencia y deliberación omite declarar un pecado mortal incurre en el pecado gravísimo de sacrilegio, y está obligado a repetir la confesión y a declarar en ésta, además de los pecados confesados en la precedente, el pecado de sacrilegio. Además, existe una indicación muy clara de Roma a los confesores cuyos penitentes declaran “faltas de orden sexual”, a las que considera de “condición especial” porque “sucede má fácilmente que no se les dé un consentimiento plenamente libre”, lo que invita a proceder “con cautela en todo juicio sobre el grado de responsabilidad de las mismas”. Las más que comprensivas autoridades eclesiásticas sugieren, por tanto, a los confesores recordar “las palabras de la Sagrada Escritura: El hombre mira las apariencias, pero Dios mira el corazón”.

Servido, mister Clinton. Y no eche nada de esto en saco roto.    n

Carlos Castillo Peraza. Periodista. Es autor del libro Disiento.

La traducción del título de esta entrega es “La falta disminuye si se repara con presteza”: Publilius Syrus

Intimidades

INTIMIDADES

POR DANIEL RODRÍGUEZ BARRÓN

El Museo Rufino Tamayo expone lo más reciente de la obra plástica de Ignacio Iturria bajo el nombre de El tiempo de las cosas, una muestra que ensaya formas, colores e imágenes que revelan escenas de la intimidad.

Renovar lo antiguo mediante su posesión era el objeto de la colección que se me amontonaba en los cajones.

Walter Benjamín: Armarios Ignacio Iturria nació en Montevideo. Uruguay, en 1949. Su obra ha sido exhibida en las principales capitales del mundo y actualmente el Museo Rufino Tamayo muestra lo más reciente de su trabajo, bajo el nombre de El tiempo de las cosas, donde se ensayan formas, colores e imágenes que invitan a la intimidad.

En el espacio de la intimidad, todo va hacia adentro, no hay ventanas que den hacia afuera. teléfonos o televisores que vayan hacia otro lado. Pintura de cámara, de colores terrosos y cálidos, mundo solitario que, para distraerse, transforma el sillón en elefante, crea figuritas de papel y las dispone escénicamente en una mesita acabada, sobre un cajón sin muebles; en los cuartos de Iturria, los objetos parecen flotar y ceden todas sus singularidades para mostrarse como formas que se intercalan: un mismo óvalo sirve de espejo, de plato, de tina. Iturria nos presenta el universo melancólico de la veneración de los objetos. Esos Platos de casa, ese lugar donde descansa el Pan de azúcar parecen más un altar que un mueble. Para entender los lugares. Iturria los condensa en forma, en estructuras premonitorias. Nada parece susceptible de ser entendido si no se conoce su topografía: encerrados en su propia recámara los personajes aprenden a escalar una silla, saben perderse en los cajones y acampar en un sillón.

Este cuarto, esta forma espacial que permite el recogimiento y la soledad no significa necesariamente un confinamiento, pues es precisamente el cubo lo que otorga a todas las escenas su aire de intimidad: el cubo inventa el lugar donde transcurren los personajes; este mismo cubo, a veces convertido en cuadro o en encuadre, no sólo es utilizado para jugar con la idea de la pintura dentro de la pintura —fragmentando el espacio—, también, como en Noche Feliz, es utilizado a la manera del cómic para narrar.

El cubo transformado en pozo —como en los cuadros donde vemos la escena desde arriba—, el cubo ascendente o descendente, profundo o apenas sugerido por un solo plano —un cuadrado—, es una metáfora axiomática: nada puede explicarla y lo explica todo. Sin embargo podría ser pertinente observar la oscilación de ese espacio entre el entusiasmo y la angustia. Dependiendo del punto de vista, los cuadros de Iturria ofrecen la impresión de caída o de elevación, unas veces traen a la memoria recuerdos felices y otras veces están a punto de asfixiar al espectador o al menos provocarle un vértigo a través del juego de perspectivas; sus figuras son a un tiempo planas y escultóricas, pues las plastas de óleo hacen las veces de volumen.

Este juego de dimensiones hacia dentro del propio cuadro —como en Proyección— convierte a la obra de Iturria en un espacio sin ninguna dimensión que se resuelve en la intimidad. Hay, asegura Bachelard, “una correspondencia entre el espacio de las dimensiones y el espacio íntimo (…) donde se borran las dimensiones y tocamos así esa materia no dimensional que nos da la impresión de una absoluta sublimación íntima”. Lo íntimo con frecuencia se confunde con lo privado. En los cuadros de Iturria no ocurre dicha confusión, en sus mesas con cuadros que narran historias individuales, las personas se encuentran, o mejor, se vinculan. En los largos páneles donde se exhiben retratos de distintas personas como en Cada uno con su cruz o Altar casero se narra la crónica de conquistas familiares o hechos individuales que forman el saber heredado que da personalidad a todo individuo.

Sus imágenes no pueden dejar de recordamos las imágenes sencillas de un exvoto; Montevideo parece una pared de iglesia donde los trazos puramente esquemáticos recuerdan cierta imaginación infantil, pero el extraño aislamiento de sus personajes —transmutado en conciencia de la muerte— otorga a las imágenes una inequívoca madurez. La “inocencia del ojo se ha convertido en una mentira”, escribió Benjamín, en cambio “la ambigüedad desliza la autenticidad a todas las cosas”. No podríamos decir, debido a la falta de detalles, dónde hemos visto esa mesa, ese sillón o ese espejo, aunque sin duda hemos estado allí. El objeto no es real, pero conduce a nuestra realidad, a aquella que corresponde a cada espectador.

El tiempo de los objetos es una invitación a pasear por ese bosque donde de niños jugábamos a perdernos y cualquier objeto encontrado era mágico, servía como herramienta, como juguete, como bola de cristal, y hoy no es más que otro utensilio en nuestra habitación.   n

Daniel Rodríguez Barrón. Escritor. Editor de la revista Viceversa.

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

1.   Vehículos privados por cada mil habitantes en Italia: 600

2.   Vehículos privados por cada mil habitantes en EU: 747

3.   Automóviles en la Ciudad de México en 1907: 85

4.   Médicos en Cuba por cada ciento setenta habitantes: 1

5.   Camas de hospital en Cuba: 62.000

6.   Personas que consultaron el informe del fiscal Kenneth Starr una hora después de que se hizo público en Internet: 62,000

7.   Veces que se menciona la palabra sexo en ese informe: 500

8.   Brasileñas de entre 15 y 49 años de edad que se someten a abortos clandestinos al año: 500,000

9.   Adolescentes brasileñas que presentan complicaciones después de someterse a un aborto clandestino: 241,000

10. Porcentaje de la población estadunidense que sufre de pobreza: 16.5

11. Millones de desempleados en los países ricos: 37

12. Bancos comerciales en Rusia: 2,500

13. Esperanza de vida para un ruso: 58 años

14. Esperanza de vida para una rusa: 73 años

15. Aumento porcentual de los suicidios en Rusia: 26

16. Aumento porcentual de los asesinatos en Rusia: 50

17. Aumento porcentual de las muertes debidas al alcoholismo en Rusia: 100

18. Transplantes de órganos al año en México: 1,500

19. Cirujanos especialistas en transplantes en México: 30

20. Coreanos del Norte que murieron de hambre en los últimos tres años: 2,400,000

21. Residencias que se venderán este año en EU: 890.000

Fuentes: 1-2. The Economisti septiembre 5-11 de 1998: 3. La Crónica Dominicali 13 de septiembre de 1998; 4-5. Newsweek: 16 de septiembre de 1998: 6-7. La Jornada: 13 de septiembre de 1998; 8-9. La Crónica: 13 de septiembre de 1998; 10-11. La Jomada: 10 de septiembre de 1998; 12-17: Etcétera: 10 de septiembre de 1998; 18-19. La Jornada: 13 de septiembre de 1998; 20. La Crónica: 2 de septiembre de 1998; 21. El Financiero: 1 de septiembre de 1998.

¿Qué son?

2, El sitio que ocupa México en América Latina como el país más endeudado.

5,000 El precio en dólares de un kilo de aceite de rosas.

150,000 Comerciales de televisión que un estadunidense ve durante su vida.

1 Los casinos en territorio palestino.

24.4 Los millones de esquizofrénicos que habrá para el año 2,000.

95 El porcentaje de homicidios cometidos por gente “normal”.

Roberto Pliego. Escritor. Es Jefe de edición de la revista nexos.

Paco de Lucía Filigranas de plata

PACO DE LUCÍA: FILIGRANAS DE PLATA

Paco de Lucía estará en México el próximo mes de noviembre. Recién apareció su nuevo disco titulado Luzía.

Artista impetuoso. Virtuoso absoluto de la ejecución guitarrística. Nada hay en el lugar común que no se haya dicho anteriormente para definir a Paco de Lucía.

En un planeta radial, en el que la abundancia de propuestas que le apuestan al empleo irrestricto de la tecnología electrónica para generar música, vuelve inaudible la programación,  el espíritu musical de Paco de Lucía aparece siempre como un espacio de agradecible reunión entre la creación fina y la estructura ágil y acompasada que puebla cada una de sus melodías.

Después del afortunado Siroco —aquella grabación flamenca y jubilosa que reiteraba en cada corte la genialidad del guitarrista—, aparece ahora su nuevo disco Luzía.

Es este el producto nacido de un momento melancólico en la vida de Paco de Lucía; durante la grabación de las maquetas para el compacto, la madre del músico falleció, y es en ese hecho en el que radica el catalizador que da cuerpo al disco: Luzia es una grabación íntima en la que la vertiginosa técnica de De Lucía se decanta en la producción de una delicada filigrana plagada de toques y puntos lentos que mucho tienen de atmósfera triste y evocadora.

Paco de Lucía es un artista que no sólo no pierde su aplastante capacidad para la improvisación sobre una estructura musical previamente trazada, sino que la hace crecer y la perfecciona con cada nueva grabación o concierto que realiza.

Su próximo concierto en México —a realizarse el 13 de noviembre— será el mejor momento para apreciar en su justa magnitud toda la fuerza escénica y la discreta intensidad de uno de los mayores guitarristas de la escena musical contemporánea.

Como todo músico de oficio añejo, Paco de Lucía reconoce en sus influencias el mejor camino para asumirse a sí mismo como la leyenda que ya es, sin desprenderse de su aura humana y falible.

Además de un disco triste y sentimental, Luzía es también un pequeño paquete de homenajes que el de España dedica a algunos de los músicos andaluces que lo han influido a lo largo de su extensa carrera. Tal es el caso del corte “Camarón”, dedicado a Ramón de Algeciras, músico amigo, además de encargado de las afinaciones instrumentales del disco.

Por último, ¿qué mejor y más flamenco homenaje que el que dedica De Lucía, desde el título mismo del disco, a la mujer que lo vio nacer? Ninguno, salvo ése en el que este hijo melancólico hace uso de su espacio en la vida para colocar sus manos mágicas sobre la guitarra, y ponerse a dibujar el perfil de nuestros sueños mientras toca.    N

—Eduardo Limón

Retratos con Paisaje

RETRATOS CON PAISAJE

POR JOSÉ JOAQUÍN BLANCO

El conversador y la prosa

Juan José Arreola celebra sus ochenta años con unas memorias extrañas en boca de su hijo: a ratos son la reconstrucción memoriosa de éste a partir de múltiples conversaciones con su padre; a ratos suenan a simples grabaciones poco editadas de la conocida locuacidad del escritor; a ratos reproducen, no sabemos qué tan cabalmente, diarios o cartas. Proliferan los chismes de intelectuales.

El último juglar no es un gran libro, aunque cuente con páginas interesantes; comete todos los errores que Arreóla criticó en sus mejores años, como la complacencia y la incontinencia: así, por ejemplo, se asesta al lector un material profuso y reiterativo sobre sus amores juveniles, casi de larga novela rosa, cuando bien sabemos que el gran narrador exigía la brevedad, la concentración y el pudor en las efusiones sentimentales.

Pero servirá sin duda como un documento fundamental sobre el autor y su época, y ayudará a recordar al otro Arreóla, no al escritor (cuya biografía es la propia obra), sino al conversador. Porque el maestro de las narraciones brevísimas podía soltarse hablando horas (incluso por televisión) sobre cualquier tema. Hombre de extremos: sucinto en la escritura, locuaz en la conversación. Diamante y viento.

En estas memorias se trasluce algo del gran libro que Arreola anunció en vano (como Rulfo respecto a La cordillera) durante décadas, Memoria y olvido, y que acaso no llegó a escribir de tanto desgastarlo oralmente. Escuché de sus labios, en el taller literario que tuvo en la Casa del Lago hacia 1967, partes enteras de estas memorias, que recuerdo casi idénticas a como las recupera su hijo Orso.

Dice Arreola que fue abandonando la escritura a partir de La feria (1963), para no bajar su nivel de calidad, para no escribir textos inferiores a los antiguos. Hizo mal. Pecó de soberbia: nadie tiene por qué ser Dante todo el tiempo ni toda la vida: a veces, a los afortunados, les ocurre serlo alguna vez, frente a “la zarza ardiente”, sin proponérselo con tal deliberación (se peca de hybris cuando se exige: “¡La Zarza Ardiente o nada!”); y de insensatez: los textos “perfectos” ya estaban a salvo, bien escritos y publicados: nada podía hacerles daño; había que pasar libremente, sin remordimientos, a otra cosa.

Ciertamente el estilo arreolino más conocido, el de la ultracorrección filológica y las grandes exigencias estilísticas, se aviene más con los textos raros de Confabulaño que con un relato veraz de la vida cotidiana. El “diamante” de De balística o de Bestiario, con sus aspiraciones intelectuales, su culteranismo, su erizada filología, exige invenciones inusitadas. El radical artificio del estilo en consonancia con ficciones radicalmente artificiosas.

Pero siempre estuvo ahí el Arreóla oral. Ojalá él mismo se hubiera encargado de editar esa prosa conversada —concentrarla, depurarla—, que no tenía por qué desmerecer frente a la otra. De hecho, ya había avanzado buenos pasos en experimentos coloquiales, desde sus primeros cuentos. Han aparecido varios libros de sus conversaciones dictadas a familiares, amigos y discípulos: ninguno de calidad sostenida: a veces incluso algo ligeros y charlatanes.

La feria parecía el principio y fue la culminación de este aliento oral (incluso dialectal: el habla ranchera), y nos deja sospechar lo magníficas que pudieron ser sus memorias, si las hubiera trabajado como hizo con esa novela. Pero solamente se dejó grabar.

Se queja de que fue etiquetado, a principios de los años cincuenta, como afrancesado y culterano, en oposición a la supuesta esencia nacionalista y popular de Rulfo. Tiene razón en su queja. Temas suyos tan frecuentes como las extravagancias de la modernidad, el matrimonio, el adulterio, los fulgores y las espinas del encuentro sexual o la moral católica pueblerina, poseen tanta mexicanidad como las balas y cuchilladas de nuestra historia violenta. Por otra parte. Luis Cardoza y Aragón encontró que la esencia rulfiana de la mexicanidad partía de Knut Hamsun, y habló de Pedro Paramo como de “ese libro noruego”…

Pero desde hace mucho tiempo se ha dejado de fastidiarlo con semejante etiqueta. Ha padecido otra, que él mismo fabricó: la del perfeccionista. Un extremista del estilo, un radical del arte de la prosa. El tuvo la culpa por sus incontinentes prédicas entusiastas al respecto, y el público por tomarlo tan en serio cuando, con toda evidencia, se manifestaba también el otro lado de la moneda: más que cualquier otro autor contemporáneo, ha sido precisamente Juan José Arreóla el gran ejemplo de la literatura improvisada, oral, conversada, algo teatral: “sobre el viento armada”. Ahí se permitía ser profuso y sentimental, declamador e ideólogo: todo lo que le prohibía al Texto con mayúscula.

Esta etiqueta de Arreola como medalla de la prosa perfecta ha hecho olvidar, por desgracia, que sus cuentos y poemas en prosa ofrecen algo más que un extremoso triunfo estilístico. Ofrecen una buena cantidad de bromas, de sátiras, de comedias, de farsas.

Es un autor jocundo, para morirse de risa. Un saltimbanqui de la imaginación y del lenguaje. Leer a Arreóla sólo para admirar su perfección prosística significa perderse demasiado: toda una visión satírica de la realidad mexicana asoma entre sus diamantes. Toda una fiesta de gozo en torno a los absurdos de la realidad más minuciosa, como durante un caballeroso trayecto en autobús o en su queja contra un mal zapatero.

“El guardagujas”, extremo kafkiano. también ofrece un exacto informe del destino verificable de los Ferrocarriles Nacionales de México; y todas sus burlas a la modernidad erótica, a la vida cotidiana en pueblos y ciudades, a las aspiraciones morales del cristianismo e incluso a los trances metafísicos de nuestras pobres mentes, que a menudo se creen demasiado angélicas, y claro: desvarían.

La vigencia de Arreola como humorista, en una literatura mexicana de monótona seriedad asnal, resulta tan asombrosa como la de su estilo escrito, tan elástico y eficiente en la lectura actual como hace medio siglo, cuando tomó por asalto nuestra narrativa con Varia invención.

Es una lástima, sin embargo, que no haya trabajado más ese estilo oral, coloquial, de sus conversaciones. Que haya delegado en otros, así sea su hijo, la recuperación de su habla. Nos había prometido durante décadas hacerlo por sí mismo: escribir Memoria y olvido. No logró finalmente las anunciadas bodas del texto y el habla, del diamante y del viento, de la prosa y la conversación. Tal vez esperó demasiado tiempo.

¿O sería que los celosos ángeles de sus severas teorías prosísticas mantuvieron a raya, con espadas flamígeras, a los traviesos duendes parlanchines de su invención oral?

¡Qué peligrosas y tiránicas resultan las sirenas de la perfección, las supersticiones e idolatrías del Texto con mayúscula!        n

José Joaquín Blanco. Escritor. Su más reciente libro es Pastor y ninfa.

Fuentes: Las obras de Juan José Arreola están en Mortiz. el FCE. Cátedra y Casa de las Américas: Orso Arreola: El último juglar. Memorias de Juan José Arreola. Diana, 1998.

Por una foto

POR UNA FOTO

POR LUDOLFO PARAMIO

En los últimos días de julio se había hecho pública la sentencia, y a comienzos de septiembre, tras la sagrada tregua de las vacaciones judiciales, el Tribunal Supremo ha enviado a la cárcel al exministro socialista del Interior. José Barrionuevo y al exsecretario de Estado de Seguridad. Rafael Vera. Ambos habían sido condenados en el juicio por el secuestro de Segundo Marey, un ciudadano francés de origen español al que los GAL confundieron en 1983 con un dirigente de ETA. La decisión de que entraran inmediatamente en la cárcel suponía rechazar su petición de permanecer en libertad hasta que se viera su recurso ante el Tribunal Constitucional, una petición que inicialmente se ha aceptado para los demás condenados por el hecho de que éstos han solicitado el indulto.

El diferente trato se apoya en una interpretación literal de la ley, pero sólo sirve para subrayar que se trataba de culminar una aspiración fundamental de José María Aznar desde su derrota electoral de 1993: la foto de un ministro de Felipe González, y del propio Felipe si era posible, entrando en la cárcel. El gobierno podría haber indultado ya de oficio a los dos condenados, y de hacerlo habría tenido el apoyo del nacionalismo catalán: Jordi Pujol no ha ocultado que esta situación le parece disparatada. Y el Tribunal Supremo podría haber subsanado un defecto de forma en la petición de indulto presentada por un grupo de socialistas leoneses, sin necesidad de forzar la letra de la ley. y aceptar que los condenados siguieran en libertad mientras se veía su recurso.

La estrategia del PP subraya los problemas que puede encontrar en su viaje mediático hacia el centrismo: la obsesión por meter en la cárcel al gobierno anterior no se suele considerar una muestra de talante liberal y democrático, y además despierta muy malos recuerdos en las personas mayores de este país. Pero además revela un error de cálculo. pues Aznar y los suyos parecían confiar en que los condenados irían a la cárcel con discreción, y que la nueva dirección socialista se limitaría a pedir perdón a los ciudadanos, como lo ha hecho con motivo de las sentencias en los casos de financiación ilegal o de corrupción personal. El problema es que esta vez había una diferencia fundamental: Barrionuevo y Vera se proclaman inocentes, y los socialistas les creen.

El caso Marey es el primero de los juicios instruidos contra las actuaciones de los GAL y la guerra sucia contra ETA en los años 1983-87, y el único en el que aparece como inculpado el exministro Barrionuevo. Y éste ha sido sentenciado sobre la base de dos criterios sumamente discutibles desde el punto de vista jurídico. El primero es que, si en la guerra sucia participaron funcionarios del Ministerio del Interior, no pudieron hacerlo sin instrucciones o encubrimiento del propio ministro. Se trata de un argumento que revela una visión muy poco realista del funcionamiento de cualquier Ministerio. y especialmente de uno tan endemoniado como el de Interior en 1983 el primer año de gobierno socialista tras una transición democrática que no había conseguido culminar esa transición dentro de las fuerzas de seguridad.

Pero se trata sobre todo de un argumento discriminatorio, pues la guerra sucia había comenzado con gobiernos anteriores, y nadie ha pretendido responsabilizar judicialmente a Manuel Fraga o a Rodolfo Martín Villa de los desmanes que se produjeron durante sus tiempos de ministros del Interior. El segundo argumento no es mejor: los acusados directos de los hechos se han autoinculpado y han alegado obediencia debida, afirmando que seguían órdenes del ministro. Pero, como se señalaba en algunos votos particulares recogidos en la sentencia, poco valor probatorio se puede dar a estos testimonios, gracias a los cuales los autoinculpados lograron la libertad provisional (que mantienen aún en el momento de redactar esta nota), y que constituían además su única estrategia posible de defensa ante las pruebas existentes en su contra. Se trataba en suma de una acusación contra sus superiores que les beneficiaba sin costarles precio alguno. Y no existen más pruebas.

Vera y Barrionuevo se han negado a solicitar el indulto porque creen que son víctimas de una sentencia equivocada, y que pedir el indulto supondría reconocer su culpabilidad. Y el PSOE no ha pedido perdón por la sencilla razón de que desde 1983 ha negado la participación del gobierno socialista en la guerra sucia y la ha condenado. (Por el contrario, entre quienes han abanderado la campaña para llevar a la cárcel al exministro socialista se cuentan muchos de los que en su momento justificaron o apoyaron veladamente la guerra sucia.)

El error de cálculo del gobierno se hizo evidente el jueves 10 de septiembre, cuando en la puerta de la cárcel de Guadalajara se reunieron varios miles de socialistas, con la ejecutiva y los dirigentes socialistas a la cabeza, para acompañar a Barrionuevo y Vera en el momento de su entrada en prisión. Mientras la multitud (unos siete mil, según El País) gritaba “inocentes, inocentes”, un Felipe González visiblemente emocionado les abrazó y declaró que la derecha ya tenía la foto que con tanto ahínco había buscado, y que él no quería faltar en ella.

La solidaridad de los socialistas con los condenados, y su vehemencia contra la condena, han sorprendido a Aznar y los suyos. Diversos representantes del PP han declarado que todo sería más sencillo si los condenados se acogieran a la clemencia del gobierno y solicitaran el indulto. Si los socialistas aceptaran su culpabilidad, en suma. Pero esta posición tiene serios costes para la derecha: el mantenimiento de la situación actual no sólo incomoda a sus aliados moderados, como Pujol, sino también a aquellos sectores de la derecha a los que el deseo de revancha contra los socialistas (por el insólito atrevimiento de haberlos tenido catorce años en la oposición) no ciega por completo. Que los condenados confesos de los GAL y muchos antiguos terroristas permanezcan en libertad mientras los en su momento máximos responsables de la lucha antiterrorista van a la cárcel, es algo, cuando menos, llamativo.

El cálculo de Aznar sobre una resignada aceptación de la sentencia por los socialistas descansaba sobre la misma idea que llevó al vicepresidente Álvarez Cascos a formular su curiosa tesis sobre la única sentencia posible en el juicio Marey: la opinión pública ya había emitido sentencia, y el Tribunal Supremo haría mal si se apartaba de ella. Esta doctrina Cascos, tan poco acorde con los principios del Estado de derecho, ha sido interiorizada por algunos creadores de opinión normalmente más considerados con los derechos civiles: si ellos consideran culpables a los acusados, los aspectos discutibles de la sentencia deben quedar obviados, y lo mejor que podrían hacer los socialistas es aceptarla en silencio. Que el ineludible acatamiento no haya venido acompañado de aceptación también les ha sorprendido a ellos.

Pedro José Ramírez, el ideólogo del aznarismo asilvestrado, ha resumido el razonamiento del gobierno al decir que si los socialistas siguen por esa línea van a una catástrofe, y llamando al candidato socialista. José Borrell. a tomar distancias. Pero no es en absoluto un buen razonamiento. En un país como España, la insistencia del gobierno en que los condenados soliciten el indulto recuerda demasiado el “son mis prisioneros” de Manuel Fraga, cuando como ministro del Interior del primer gobierno formado tras la muerte de Franco se negaba a poner en libertad a los demócratas detenidos en las manifestaciones contra el postfranquismo. La situación actual es poco sostenible para Aznar. y si quiere dar verosimilitud a su voluntad centrista deberá resolverla cuanto antes. Tuvo los cuarenta días del verano para hacerlo con un indulto de oficio, y su voluntad de sacar la foto le va a costar ahora un precio que los socialistas no le van a ahorrar.

La idea de que Borrell debería distanciarse de la protesta de los socialistas, por su parte, es bastante ingenua. La voluntad del candidato es hablar del futuro, del modelo de sociedad que quiere para España. pero sabe que para hacerlo es preciso doblarle la mano a una derecha que lleva cuatro años tratando de criminalizar los años socialistas y de llevar a la cárcel a miembros destacados de aquellos gobiernos. Los militantes socialistas, por lo demás, difícilmente podrían movilizarse o poner su confianza en un nuevo proyecto si aceptaran pasivamente esa criminalización del pasado reciente, de un tiempo que cualquier observador razonable describe como años de un prodigioso cambio en España.

En todos los sectores del Partido Socialista, como en la gente común de izquierda, está muy presente además que la sentencia contra Vera y Barrionuevo es la culminación de una larga conspiración en la que participaron activamente políticos, jueces y periodistas, y que financió cuando fue preciso el exbanquero Mario Conde. La entrada en prisión de los exaltos cargos socialistas coincidió con el anuncio de que éste disfrutaría de libertad en los fines de semana, pese a una decisión anterior en contra del juez de vigilancia penitenciaria. Todo esto es demasiado escandaloso, y es difícil que deje de ser el centro del debate político mientras Aznar se mantenga en la posición de que éstas son cuestiones puramente jurídicas. Dontancredismo. se llama esta actitud de una curiosa figura que en las fiestas de toros permanecía impetérrito en el ruedo como si los morlacos no fueran con él.

Lo peores que el dontancredismo parece haberse extendido a todo el gobierno. Rodrigo Rato, el ministro de Economía, se mantiene en sus trece de reducir el impuesto sobre la renta, en un momento en que las predicciones de crecimiento económico tienden a bajar, con la bolsa en caída espasmódica y crecientes incertidumbres financieras. Si la reforma corría antes el riesgo de espolear la inflación, ahora tiene todos los visos de poder disparar el déficit. Pero el gobierno nada dice al respecto, o bien dice cada día una cosa (que la crisis financiera no puede dejar de afectar a la economía española, que no hay ninguna posibilidad de que la afecte).

Mientras, los nacionalistas vascos se ponen de acuerdo con Herri Batasuna la coalición proetarra. para crear una plataforma conjunta y proponer una tregua a ETA. a cambio previsiblemente de una propuesta política que irá contra el marco constitucional y el estatuto de autonomía del País Vasco. Y el gobierno Aznar guarda un clamoroso silencio, diciendo que es todo muy prematuro, y que la hipotética evolución de HB (que ha puesto en marcha una nueva coalición. Euskal Herritarrok: nosotros, el pueblo vasco) es una pura operación de maquillaje. La ausencia de proyecto e iniciativa en materia autonómica del gobierno, su relación oportunista y bilateral con el PNV pasan finalmente factura. Y el olor a elecciones anticipadas se hace más intenso.   n

Ludolfo Paramio. Politólogo. Ha colaborado en nexos anteriores.

Casi Perfecto

CIUDAD DE LIBROS

CASI PERFECTO

Ingmar Bergman: Conversaciones íntimas Tusquets. Barcelona. 1998. 154 pp.

Dividido durante muchos años entre la pasión duradera del cine y la pasión efímera del teatro, desde 1983 Bergman ha incursionado en los géneros del testimonio personal y la novela. Por lo visto, muy pocas expresiones artísticas escapan a su dominio. Cuando se mete a algo lo hace de modo casi perfecto. El Bergman novelista —Conversaciones íntimas, una obra de cámara llena de referencias al mundo de Strindberg. es una prueba mayor— es tan bueno como el Bergman guionista y director. Eso es decir mucho.

Los límites del conocimiento

John Horgan: El fin de la ciencia Paidós. Barcelona, 1998. 351 pp.

En los últimos años, el ámbito de la divulgación científica se ha visto amenazado por toda clase de brujos y charlatanes. John Horgan no es miembro de ese club, a pesar del tinte escandaloso de su más reciente libro. Su trabajo es elegante, conciso, y se ocupa lo mismo de la física y la cosmología que de la filosofía y la paleontología. En términos accesibles para los no especialistas, apunta en dos direcciones: hacia la manera en que se crea conocimiento en nuestros días y hacia la posibilidad de que la ciencia pura esté llegando a su fin.

El tercer hermano Green

Roben Coover: Zarzarrosa Anagrama. Barcelona. 1998.100 pp.

Robert Coover no sólo es uno de los más destacados escritores estadunidenses de hoy sino un maestro universal de la crueldad. No en balde su última novela recrea la historia encantada de la Bella Durmiente, un homenaje a la paciencia amorosa en su forma original. Coover toma esta forma y la moldea con manos satíricas, hasta dar con una triada paradigmáticamente moderna: un príncipe atrapado en las zarzas, una princesa que sueña con todos los hombres y una bruja que conoce el cuento de los hermanos Green.

Isaac Martínez