Despierta y lee

DESPIERTA Y LEE

Circula en librerías Despierta y lee de Fernando Savater (Alfaguara, 2000). Aunque propuesto como un libro de reseñas y apuntes ensayísticos, sus textos son mucho más que eso pues su voluntad rebasa con mucho la idea de una reseña; o mejor aún, en los artículos de Savater, la reseña vuelve a su infrecuente estado de comentario, ensayo y conversación. Presentamos al lector algunos subrayados.

•  No niego ni mucho menos la importancia de las empresas humanitarias en su asistencia a los hambrientos, heridos, enfermos y desterrados del mundo atroz en que vivimos. Pero creo que el mejor destino de este planeta no es convertirse solamente en hospital o asilo; debe llegar a ser ciudad de los hombres, la casa y la empresa de todos. Para este objetivo es imprescindible recuperar el aliento humanista, que lucha no sólo por proteger las vidas sino por instituir las libertades, por educar en valores universales, por administrar los asuntos humanos de una manera no tribal sino supranacional. (De “Actualidad del humanismo”.)

• James Boswell (1740-1795) fue algo así como el padre del periodismo cultural y desde luego el inventor de ese género literario tan apasionantemente superfluo e inexacto: la entrevista (…). Según señala con tino malicioso Lytton Strachey, la biografía de Boswell es un rotundo mentís a las pautas de moralismo barato: “Uno de los éxitos más notables de la historia de la civilización lo consiguió una persona que era un vago, un lascivo, un borracho y un esnob” (…). Boswell poseyó otros dos rasgos afortunados de carácter: la curiosidad y la impertinencia. Con tales mimbres se fabricó el primer reportero. (De “Boswell: El curioso impertinente”.)

• Si usted asume, como yo, que escritores que nunca ganarán el Premio Nobel ni merecerán estudios de Harold Bloom o George Steiner pueden también componer auténticas obras maestras, permítame darle la buena noticia de que acabo de leer una joya de arte menor en el rango de la fantasía científica (…); Parque Jurásico de Michael Crichton. (De “El caos y los dinosaurios”.)

• La intimidad es lo que quiere decirse o callarse a través del lenguaje, convirtiendo a éste en plenamente humano (así se distingue a la comunicación mecánica de la personal no por la ausencia de las razones, sino de intimidad). Y no excluye a los otros o a lo otro, sino que precisamente nos inclina hacia ellos, marcando los límites que perfilan nuestra vida y nos permiten saborearla con ciencia mortal. Tampoco es la intimidad equivalente a identidad, porque precisamente es la intimidad lo que nos impide ser idénticos y nos mantiene diferentes y a la vez vacantes. La sede de la libertad es lo íntimo, no la exterioridad de la Ley, tal como luego decreta la politización moderna de la conciencia ética. (De “Para rescatar la intimidad”.) n

Neurosis de Mundial

NEUROSIS DE MUNDIAL

Ha comenzado nuestra neurosis de Mundial. Se resume en la pregunta que los mexicanos nos hemos hecho cada cuatro años desde 1994 (es decir, los últimos Mundiales a los que México ha calificado): iremos y ¿qué haremos? Un “¿qué haremos?” cuyo retintín es más bien: “¿mejor no haber ido?”. El pobre desempeño del equipo nacional en la Copa de Oro —y la bestia negra: perder de nuevo en penaltis—, y un reciente partido de práctica contra Yugoslavia —”rival muy similar” a Croacia, primer rival de México en la Copa de Corea y Japón 2002—, donde los yugos nos liquidaron con dos goles en tres minutos, sin opción de regreso, son generadores de neurosis. Las preguntas neuróticas son, más o menos:

1.   ¿Por qué Javier Aguirre, entrenador nacional, sigue haciendo experimentos?

2.   ¿Por qué no tiene un cuadro base?

3.   ¿Por qué no repatrió a los “europeos” —Torrado, Blanco, Palencia, Márquez?

4.   No somos como los argentinos o los brasileños o los italianos, a quienes les basta citarse dos días previos al Mundial, verse en el aeropuerto, ahí cambiarse y también de ahí, casi casi, saltar al primer partido. Entonces, ¿por qué Aguirre cree que a él le bastará tan sólo un mes para preparar a un equipo que ni figuras tiene?

5.   ¿De dónde sacamos que: con Croacia, empate; con Ecuador, triunfo seguro (los conocemos); y con Italia empate a cero goles puesto que para entonces Italia ya estará calificado y le dará flojera ganarle a México?

La respuesta a tales preguntas neuróticas sólo puede darlas la experiencia, y la respuesta de la experiencia sólo indica esperar. Recordemos los meses previos al Mundial de Francia 98: el equipo de Lapuente era una calamidad, se temió lo peor, hasta Corea iba a pasar sobre México. Y a fin de cuentas, no estuvo tan mal. Esperemos. E intentemos algunos tranquilizantes igualmente neuróticos:

1.   Por lo menos, no nos toca un africano.

2.   Por lo menos, el fútbol moderno ha comprobado que, como ya hay muy pocos jugadores con talento —o como a los entrenadores de hoy no les interesan en general los jugadores de talento—, hoy con unos cuantos fruteros enjundiosos y a la defensiva uno le puede complicar el partido a cualquiera del Primer Mundo Futbolístico. (Para que se entienda: los únicos no fruteros de México son el Cabrito Arellano y Cuauhtémoc Blanco. O bien: Sigifredo Mercado, caso de llegar, no sólo es un gran frutero, el Super Frutero de México, sino también un gran repartidor con los pies de lechugas Adidas.)

3.   Por lo menos, en el primer juego, contra Croacia, no padeceremos tanto con el juego por lo alto, como por ejemplo contra Noruega en USA 94. Davor Sucker, la estrella de Croacia, no salta ni medio kilo de tortillas.

4.   Por lo menos, todo ocurrirá de noche para nosotros.

5.   Por lo menos, Aguirre es fresco y ocurrente a la hora de las derrotas.

—Johannes Burgos n

Victor Hugo: Pasiones robadas

VÍCTOR HUGO: PASIONES ROBADAS

A los veinticinco años, Víctor Hugo (1802-1885) se había procurado una reputación sólida de poeta romántico. Esa fama se la debía a Sainte-Beuve (1804-1869), quien publicó en Le Globe un largo ensayo sobre Odas y baladas. Así se hicieron amigos el poeta más descomunal de toda Francia y el crítico más ambicioso de París. Hugo llevaba cinco años de casado y había instalado su vida en la felicidad de Adéle y sus cinco hijos. Pero había otro prestigio que Victor Hugo se había agenciado y que lo seguiría con su cauda de pasiones resueltas en los amores prohibidos de las alcobas de cortesanas, actrices y modistas que habitaban su vida con el escándalo del secreto y los juramentos incumplidos. Pero había más secretos en la casa de los Hugo. Por las noches, cuando el poeta descansaba después de inventar algunos de  lo más de doscientos cincuenta mil versos que puso en extensos poemas, la señora Hugo se escapaba al bosque de Roches para encontrarse con el amor de su vida, Charles Augustine Sainte-Beuve. Así perdió Victor Hugo a Adéle, y así la ganó Sainte-Beuve.

En 1831, Hugo escribió Hojas de otoño, los poemas son mucho mejores si se leen bajo la sombra de ese episodio de amor desdichado. Por su parte, Sainte-Beuve escribió en 1839 la novela Volupté, un mosaico de la psicología moral de aquel tiempo y una trama en clave de sus amores con Adéle. Dos años antes, en 1837, Sainte-Beuve supo que no se hacen huesos viejos en la provincia de los amores robados y terminó para siempre con Adéle. En su Livre d’Amour escribió: “Laissez moi, tout a fui”. (“Déjenme, todo se ha ido”). Encontró a muchas suplentes de Adéle y, al uso de la época, como su viejo amigo Hugo, se refugio en el placer rápido de los amores pagados. “Amar, necesidad de amor y amistad, ese es el fondo de mi vida”.

Hay algo del duelo de Valjean con el oficial de policía Javert, los personajes de Los miserables, en las asechanzas de Victor Hugo y Sainte-Beuve. Hugo ingresó a la Academia Francesa en 1841; cuatro años más tarde Sainte- Beuve fue aceptado en la Academia, a Hugo le tocó recibirlo. En 1850 murió Balzac. Sainte-Beuve y Hugo llevaron las cintas del féretro. En el año de 1833, tres después de la pérdida y el robo. Hugo se curó en el incendio de la actriz Juliette Drouet. “en sus duros pechos bretones”, y de la rutina de un amor tranquilo con la pintora Auguste Biard. Sólo el destierro político fue capaz de apaciguar su furia amorosa. En la soledad de Guernsey escribió sus obras centrales: Los castigos. Las contemplaciones, El fin de Satán, Los miserables. Hugo se había convertido en una zona magnética de la cultura y la política francesas, el origen o el canon de todos los poetas simbolistas. José Joaquín Blanco ha escrito: “La abundancia, la desmesura, la oratoria, la ampulosidad, la exageración, la indiscriminada variedad de asuntos, el aliento cívico; las libertades, los prosaísmos y el desparpajo artísticos; la autopromoción del ego poderoso, la convocatoria a la popularidad, los escandalizaban. Pero siempre existieron puntos de unión”. (Pastory Ninfa, Cal y Arena, 1998).

Mientras tanto. Sainte-Beuve ya era el crítico francés más reputado de su tiempo. Más que el método biográfico con el que ha llegado hasta nosotros, Sainte-Beuve había descubierto la esencia del gusto de un crítico, una materia muchas veces contradictoria que incluye las lecturas sin fin, la sensibilidad y el temperamento. las rencillas culturales, los amores y los odios y, sobre todo, una forma expresiva para organizarías y devolvérselas al lector sin mezquindad. A fin de cuentas, el gusto literario es el gusto más impuro que se conoce, alberga en su corazón amores y odios desatinados. Ese era el gran desafío de los Retratos literarios (Robert Laffont, París. 1993). el sustrato de sus ensayos sobre Racine, Corneille, Moliere o La Bruyére. Theodor Zelding escribió de Sainte-Beuve: “Su vida ilustra la forma en que los románticos iban de credo en credo para forjar su individualidad. En su juventud fue discípulo de los Ideólogos, estudiante de medicina y adversario del romanticismo. Sin embargo, fue atraído por el encanto de Victor Hugo, quien fue su gran amigo”.

Pero nadie es perfecto, aquel constructor riguroso de biografías, cazador de caracteres y fisonomías escribió esto: “Conozco bien al señor Beyle (Stendhal), y no me va a hacer creer que ese bromista ha escrito una obra maestra”. Es probable que Sainte-Beuve pensara en La cartuja de Parma. Unos años antes de morir declaró en las páginas de Le Siécle, “evita la vanidad y hasta la sombra de cualquier charlatanería (…) y si no escribes la verdad, no escribas mentiras”. n

Las enfermedades de la salud

LAS ENFERMEDADES DE LA SALUD

POR CARLOS TELLO MACÍAS

El sistema de salud en México está aquejado por enfermedades múltiples. Una de ellas, quizá la que contiene a todas, es aquella que no propicia la justicia social y la distribución equitativa del bienestar. Carlos Tello Macías enlista los males, con el ánimo de profundizar en los cambios y enfilar hacia un rumbo donde la justicia no esté reñida con la eficiencia.

1 mal estado de la salud de la población de México entraña una enorme carga sobre la economía nacional, un verdadero obstáculo a sus posibilidades de progreso y un reto y desafío para las autoridades que tienen esta responsabilidad en el país.

El sector salud tiene en México muchas enfermedades. Vale la pena recordar algunas de ellas. No son nuevas, pero no por conocidas hay que dejar de insistir en ellas. Algunas han crecido recientemente.

Una de ellas es la insuficiente cobertura. Aún queda un importante porcentaje de la población que no disfruta de sus derechos constitucionales a la salud. Varios millones de mexicanos no tienen acceso efectivo a los servicios institucionales de salud y casi la mitad de la población no cuenta con el beneficio de la seguridad social.

Otra enfermedad es la insuficiencia del gasto en el área de salud. Mientras que en Argentina y Costa Rica destinan más de 9% del PIB al área de salud y, en promedio, los países miembros de la OECD el 7.5%, México tan sólo destina el 4% del PIB.

Una más es la marcada estratificación de los servicios de salud. De entrada la población más rica del país tiene acceso a los mejores servicios. De hecho hay una asociación entre la calidad y la variedad de los servicios de salud y el nivel de ingreso, la posición ocupacional, la capacidad de pago y el poder de negociación de los grupos (o personas) que los reciben. Así se enfrentan y encuentran dos pirámides: una, la de la población, que es muy amplia en su base (los pobres) y apenas notable en la cúspide (los ricos), y la otra, la de la oferta de servicios de salud (pero esta pirámide invertida frente a la primera), muy amplia en la base —los ricos disponen de una amplia y variada oferta—, que se va diluyendo hacia la cúspide, que corresponde a la base de la pirámide de la población.

Está también la calidad desigual de los servicios de salud proporcionados a la población —lo cual resulta absurdo, tratándose de un derecho consagrado en la Constitución—. Desde luego que, por lo general, el servicio privado tiene una mejor calidad que el público. Hay casos de excepción. Dentro del servicio público, hay diferencias importantes en la calidad del servicio que ofrecen las distintas instituciones a los empleados y trabajadores: PEMEX, banca pública, ISSSTE, SEDEÑA, IMSS, Secretaría de Salud y los servicios que ofrecen los distintos estados de la federación (el gasto en servicios de salud en PEMEX fue de alrededor de 17 veces más por persona cubierta en el año 2000 que el gasto por persona de las que atiende la Secretaría de Salud, o sea la población más pobre del país).

Otra enfermedad son las diferencias regionales. Por lo general, los estados más pobres, en donde las enfermedades agobian, cuentan con mucho menores recursos por habitante para atender los servicios de salud que los estados más ricos.

En Chiapas, en las zonas indígenas, hay un médico por cada 3,200 habitantes, mientras que en las zonas más ricas del estado hay un médico por cada 550 habitantes. Lo que sucede en Chiapas se presenta en el resto del país. En la Ciudad de México se tienen más de 225 camas de hospital por cada 100,000 personas; en Nuevo León y Baja California Sur se tienen poco más de 100, y Chiapas y Oaxaca apenas tienen 44 camas de hospital.

La cuestión del enfoque es otra. Toda (o casi) atención a la salud en México está orientada a la medicina curativa y no se ha otorgado el peso necesario a la medicina preventiva. Además de ser mucho más costosa la primera, el derecho constitucional a la salud se ha traducido, en el mejor de los casos, en el derecho a la atención médica.

El desperdicio de recursos destinados a la atención de la salud de la población es una más. Estos se elevan y multiplican por la estratificación de los servicios (hay personas y grupos que están cubiertos por dos o más servicios) y por el carácter casi exclusivamente curativo del servicio. No es tanto lo que se gasta, sino lo mucho que se desperdicia de lo poco que se gasta.

Otra enfermedad más tiene que ver con la pobreza, en realidad miseria, con que operan los servicios de salud, principalmente del sector público. La austeridad presupuestal y los recortes al gasto que de tiempo en tiempo se dan han golpeado seriamente a los servicios de salud. Desde luego a unos más que a otros. Pero en todos se nota la falta de gasto en reparación y mantenimiento de las instalaciones (hospitales, clínicas), la falta de medicinas (hay que comprarlas y llevarlas) y de otras cosas necesarias (gasa), y la actitud de los servidores públicos —nobles y comprometidos— que con frecuencia dicen ya, pero ya basta de la insuficiencia material y los bajos sueldos y salarios. Desde luego que la pobreza de las instalaciones es mucho mayor conforme uno se mueve de las zonas donde habita la población más rica a las zonas donde habita la población más pobre.

La baja productividad de lo que se tiene y se usa en el sector público y en el sector privado es una más: equipos obsoletos, escasez de personal para operar los equipos, falta de un sistema primario de atención a la salud, escasez de administradores calificados y personal (médicos, enfermeras) que trabaja sin motivación y alicientes, con salarios bajos y que se enfrenta a un sistema burocrático-administrativo que no premia la eficacia, la eficiencia, el mérito y la capacidad.

Hay otras enfermedades: insuficiente investigación, falta de atención a las cuestiones relacionadas con el medio ambiente y su impacto en la salud de las personas, la casi nula atención a las enfermedades psíquicas, etcétera.

En fin, hay muchas tareas que se tienen por delante para mejorar el sistema de atención a la salud en México. Lo que sí está claro es que el sistema actual y su funcionamiento no propicia la justicia social, ni una mejor y más equitativa distribución del bienestar en la sociedad. Más bien, profundiza la desigualdad en la sociedad. Lo que es necesario es comenzar a trabajar ya. Y trabajar en la dirección de la justicia que, por cierto, no está reñida con la eficiencia. n

Schulenburg y Rivera

SCHULENBURG Y RIVERA

POR DAVID BRADING

Pero cualquier ambición práctica que Schulenburg pudiera albergar terminó pronto, cuando, poco tiempo después de concluidas las celebraciones del centenario de la coronación de 1895, dio una entrevista a Ixtus, espíritu y cultura, una desconocida revista publicada en Cuernavaca, en la que declaraba rotundamente que, debido a la falta de Indicios históricos de su existencia, Juan Diego “es un símbolo, no una realidad”. Cuando en mayo de 1966, el diario Italiano 30 Giorni reprodujo el contenido de esta entrevista y acusó al abad de sostener que Juan Diego no era más que un fantasma, la prensa mexicana inició la feroz persecución del imprudente prelado.

En suma, lo que Schulenburg afirmaba era que “el milagro permanente de Guadalupe” era la devoción constante que evocaba entre el pueblo de México. Pero esta devoción se basaba en la fe a la Virgen María, la Madre de Dios, y no había sido inspirada por ninguna consideración sobre la realidad histórica de las apariciones. En todo caso, ¿qué era una aparición sino “un fenómeno interno que por una gracia especial de Dios hace que un hombre vea lo que nadie ve y oiga lo que nadie oye”. En Lourdes sólo Bernadette vio y oyó a la Virgen. En cuanto a la beatificación de Juan Diego, la Congregación de los Santos reconoció la existencia del culto, sin pronunciarse respecto de su existencia histórica. Aquí, anota Schulenburg, había un problema, puesto que en México nunca existió el culto a Juan Diego y todo el proceso había sido orquestado por el arzobispo y cuatro o cinco sacerdotes. SI el indígena llegaba a ser canonizado, la cuestión podía volverse más serla, puesto que entonces los teólogos tendrían que debatir las Implicaciones de que un papa Infalible hubiera canonizado a un hombre de cuya existencia no existía ninguna prueba histórica. En cuanto al Nican mopohua, nadie sabía quién había escrito “esta catequesis o representación teatral en cuatro actos” pero, si bien tenía cierto sabor Indígena, estaba Impregnado del carácter europeo de la catequesis.

En mayo de 1996 apareció un breve panfleto titulado ¿Existió Juan Diego?, en el que se reproducía el texto completo de la entrevista de Schulenburg, junto con una Introducción de José Luis Guerrero, profesor de la Universidad Pontificia de México. Publicado con el imprimátur del nuevo arzobispo de México, Norberto Rivera Carrera, el folleto revelaba que el abad había negado “la historicidad del Acontecimiento Guadalupano” persistentemente, e incluso había escrito a Roma oponiéndose a la beatificación de Juan Diego. Aunque su conciencia le daba el derecho de conducirse de este modo, puesto que no había duda de su devoción a la Virgen María, tal oposición era una incongruencia en un abad de la basílica. Después de todo, la mayoría de los mexicanos creía en “la verdad objetivamente histórica de su intervención en el nacimiento de nuestra patria mestiza, así como también de la existencia real del beato Juan Diego”.

El resultado de este Infortunado asunto fue que el arzobispo de México emitiera una vehemente carta pastoral, el 2 de julio de 1996, en la que lamentaba que los medios masivos afirmasen que “la Aparición de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe no fue real, que no es, por tanto, verdadera su peculiar presencia entre nosotros a través de la milagrosa Imagen que para dicha nuestra conservamos”. No era una cuestión de fe católica, puesto que los individuos tenían la libertad de conciencia para dudar de la verdad histórica de las apariciones. No obstante, al Igual que millones de mexicanos, aseguraba Rivera Carrera, se sentía lastimado en su sensibilidad “de hijo y de mexicano”. Con toda su autoridad como arzobispo primado de México, el trigésimo cuarto sucesor de Zumárraga proclamó que, en lo que respecta a la Virgen de Guadalupe, “creo, amo y profeso con todas las veras de mi alma que Ella es, en un sentido personal y especialísimo. Reina y Madre de nuestra Patria mestiza, que vino en persona a nuestro suelo de México, a pedirnos un templo” donde pudiera manifestarse como una Madre compasiva.

A manera de conclusión, el arzobispo citaba el Nican mopohua para identificarse a sí mismo como otro Juan Diego, describiéndose como “tu pobre macehual… cola y ala, mecapal y parihuela”. Dirigiéndose a la Virgen, le Informó que su pueblo estaba molesto porque habían surgido dudas acerca de la realidad de las apariciones, afirmando que “quizá no sea verdadera tu presencia milagrosa entre nosotros”. Después le suplicó a la Virgen:

Permite, pues, mi muchachita, mi Virgencita bien amada, que a través de mí boca resuene la voz de todo mi Pueblo, dándote mil gracias por ser todo lo que eres. Permite que me escuchen todos mis hermanos, que resuenen nuestras nieves y montañas, nuestras selvas y bosques, lagos y desiertos con el eco de mi palabra, proclamando que yo, tu pobre macehual pero también custodio de tu Imagen y por ello portavoz de tus hijos todos, creo, he creído desde que tu Amor me dio el ser a través de mis padres, y, con tu misericordia espero defender y creer hasta mi muerte en tus Apariciones en este monte bendito, tu Tepeyac, que ahora has querido poner bajo mí custodia espiritual; que, junto con mis hermanos, las creo, las amo y las proclamo tan reales y presentes como los peñascos de nuestros montes, como la vastedad de nuestros mares, más aún, mucho más que ellos, pues “ellos pasarán, pero tus palabras de Amor no pasarán jamás”.

Rivera Carrera tuvo la precaución de prologar su apasionada defensa de la fe mexicana explicando que no había considerado hacer referencia a ningún artículo de la fe católica, y que los católicos no estaban obligados a aceptar las verdades históricas de las apariciones. Pero justamente por esta distinción se hacía tan notable el contenido de su carta pastoral, y mostraba hasta dónde la Iglesia de México valoraba una tradición cristiana distintiva. Por lo demás, hay que señalar que al proclamarse guardián de la imagen, Rivera Carrera implícitamente reafirmaba la tesis de Sánchez en cuanto que la Guadalupana es el palio, la insignia espiritual de los arzobispos de México. Y para demostrarlo, procuró la abolición del cargo de abad y adoptó la basílica del Tepeyac como segunda sede episcopal, en especial porque en esos años la catedral capitalina amenazaba derrumbarse, n

Cultura y vida cotidiana

CULTURA Y VIDA COTIDIANA

El centenario de Álvarez Bravo

Manuel Álvarez Bravo nació en 1902. Este año ha cumplido cien años, su cámara fotográfica ha capturado prácticamente un siglo en una obra extraordinaria. A modo de homenaje. Nexos ha ilustrado este número con fotografías del gran artista mexicano. Los Cristos, las vírgenes, las cruces, las apariciones que ilustran estas páginas revelan que el realismo en la obra de Alvarez Bravo conforma una acción en reposo; o mejor aún, una quietud desaforada. (Un planeta llamado Álvarez Bravo. Ver p. 88; y Manuel Álvarez Bravo: Aura y ojo. Ver p. 97.)

El universo infinito

Apenas circula en librerías un estudio curioso y apasionante, publicado por la editorial Siglo XXI: Louis-Auguste Blanqui, La eternidad a través de los astros, un ensayo científico sobre el universo infinito, redactado en 1872. Blanqui nunca imaginó que su estudio influiría notablemente en la literatura, en la teoría de los universos paralelos de Bioy Casares y Borges, y en la obra de Walter Benjamín.

Consuelos filosÓficos para el 2002

En “El cierre ciclónico” de Nexos 25 (noviembre 2000) publicamos una tabla de Epicuro extraída del libro Tlje Consolations of Pbüosophy de Alain de Botton. Según De Botton. esto era lo que según Epicuro es y no es esencial para la felicidad: Natural y necesario: amigos, libertad, pensamiento (sobre las principales causas de angustia: muerte, enfermedad, pobreza, superstición). Natural pero innecesario: una gran casa, baños privados, banquetes, sirvientes, pescado, carne. Ni natural ni necesario: fama, poder. Recordamos esto porque ahora, con tino, la revista The Economista ha preguntado a De Botton qué preveé, en materia de consuelos filosóficos, para el 2002. {La angustia de estatus. Ver p. 89.)

El regreso de VIctor Hugo

El 26 de febrero se cumplió el bicentenario del nacimiento de Victor Hugo (1802-1885). La obra de Hugo cruzó los tiempos y se enquistó en la memoria popular. La posteridad huguiana logró que Los miserables y Notre-Dame de París llegaran innumerables veces al cine, se adaptaran al teatro, se convirtieran en cómic y en dibujos animados. Hugo mantuvo una intensa amistad con Saint-Beuve, el crítico literario francés; ambos fueron su propia sombra durante años. (Victor Hugo: Pasiones robadas. Ver p. 91.)

Un reconocimiento para JosÉ de la Colina

El Premio Mazatlán de Literatura le fue otorgado al escritor José de la Colina por su libro de ensayos Libertades imaginarias (Aldus, 2001). Un premio merecido. El cuento mexicano en la imaginación de José de la Colina logró uno de sus momentos superiores en dos libros: Ven. caballo gris (1959) y La lucha con la pantera (1962). De la Colina abonó en sus relatos la idea feliz de que hay en la realidad una carga fantástica sólo comparable a la cantidad de realidad que ofrece la fantasía pura, desbordada. (José de la Colina. Premio Mazatlán. Ver p. 93.)

Savater en México

El escritor Fernando Savater visitó México en el mes de febrero. Apareció en el programa Zona Abierta con Héctor Aguilar Camín. dialogó con Carlos Monsiváis a propósito de su libro El hipódromo… y conversó con Ignacio Solares en la UNAM. La inteligencia, la profundidad y la sencillez son la tercia de reyes que el escritor español ha aprendido a dominar con asombrosa naturalidad. (Despiertay lee. Subrayados. Ver p. 93 )

 Del ciberespacio al papel y la tinta

 Librusa es una agencia de noticias literarias que ha puesto su éxito y su casa en la Red (http://www.librusa.com). Su director, José Carvajal, presentó en México un libro: Vanidad aparte, un conjunto de entrevistas con diversos escritores latinoamericanos interrogados por distintos periodistas culturales. Carvajal ha iniciado una aventura infrecuente: convertir el mundo de los bites en papel y tinta pues todas las entrevistas del libro se publicaron primero en el ciberespacio.

 Variaciones sobre el martini

“Cuando bebo mi primer martini. me siento más grande, más sabio y más alto. Cuando bebo el segundo, me siento superlativo. Cuando me tomo alguno más, ya nada puede detenerme”, celebraba William Faulkner. (Remedios para la sed, por Gonzalo Soltero. Ver p. 92).

La campaÑa de Martin Amis “

Toda escritura es una campaña contra el cliché. Pero no contra el cliché de la pluma sino contra los clichés de la mente y los clichés del corazón”, dice Martin Amis a propósito de su nuevo libro, una recopilación de ensayos y revisiones escritos entre 1971 y 2000:

The War Against Cliché. (Bien dicho, Mart. Ver p. 94.)

Viene el Mundial Vivimos

ya un ambiente cercano al Mundial de fútbol Corea- Japón, ambiente que en el caso de México, como en los meses previos a los Mundiales de USA 94 y Francia 98, parece resumirse en la pregunta: iremos y ¿qué haremos? (Neurosis de Mundial, Johannes Burgos, p. 95.)

Delirios y ventura de los desventurados

DELIRIOS Y VENTURA DE LOS DESVENTURADOS

POR ÁNGELES MASTRETTA

Hay treguas, dice Ángeles Mastretta, que sólo uno conoce y sólo uno puede darse. Cuando llegan, la mente recala en las personas y en los sitios más inauditos. Así se manifiesta la ventura, por unos cuantos segundos, deforma estremecedora y de puntillas.

Hay quien ni se suicida, ni se deprime, ni se alborota de más ni se alegra en exceso, ni llora durante días, ni se cree los amores repentinos, ni muchísimo menos se los inventa para ayudarse a sobrevivir cuando la vida no es todo lo altanera y hermosa que debería. Hay el mundo de los seres sensatos, de quienes aman la prudencia y jamás comen lo que les hace daño. No pertenezco a él. le temo, creo que a pesar de su buena fama está aún más lleno de tentaciones y falsas promesas que el desprestigiado mundo de la avidez y los delirios.

Este mundo de los que le hacen espacio a la nostalgia y a veces extrañan sin remedio. ¿A quién? A tantos. A uno mismo. A la yo que fui un mes de marzo, a la música que ya no me estremece. al aire que respiraba un hombre al bajarse de un auto cerca del Duomo en el Milán de 1938. ¿A quién? A ella. A la hechicera que deseó ser un abril ya remoto, a sus pies calientes, a la húmeda sonrisa de su noche y sus días. ¿Extrañar qué? Tantas cosas: la Plaza de San Marcos, el café de Don Nassim. un par de guantes, los corales inasibles bajo el agua, la cara de una niña rascando el fondo de su alcancía para sacarle el último peso, la navidad de hace diez años y las de hace cuarenta. Porque uno pierde dos infancias: la suya y la de sus hijos.

Sin embargo, mil veces la vida diaria nos exige, igual que a tantos, acatar la cordura como una inexorable rutina a la que uno cede con tal de no perder para siempre lo que reconoce como las leyes de su destino desatinado. Por más reverencia que uno le tenga al desafuero, se pliega a ir al trabajo cuando no querría ni quitarse la piyama, se hace al ánimo de que sus hijos ya no la necesiten para ir al cine o entretenerse en el parque, pero sí para que haya comida en la casa aunque ellos no sepan si vendrán a comer o no. Por más que haya jurado ir de vacaciones, si los demás no van uno se queda en la Ciudad de México cuando querría irse al agua del Caribe, opta cuando está segura de que quien elige abandona, acepta que su hermana tenga la razón cuando le habla del inútil abismo de tristezas que puede uno crearse si se empeña en desear lo que otros no pueden darle.

Semejante obediencia no deja de propiciar desfalcos. Lo supongo cuando tras el meticuloso escrutinio de una panza que me duele como la mordida de una tintorera, la en apariencia casual sabiduría del doctor Goldberg pregunta como al pasar: ¿y has estado tranquila?

Yo sé que pregunta para cumplir con el protocolo profesional, pero él sabe, porque sabe, que yo no estoy, ni soy. ni anestesiada podría ser tranquila. Y mejor así, tal vez el colon sea sólo ese lugar del cuerpo al que muchos mandamos nuestro terror a la tranquilidad, nuestra constante ambición de crestas o nuestro inerme deseo de encontrar, alguna vez, tal cosa como una euforia mezclada de armonía. Un tono de vida que pudiera sentirse como suena el adagio del concierto para clarinete de Mozart.

Quién sabe, es un dolor tan caprichoso. Y si uno lo padece y lo comenta descubre que no sólo es caprichoso, sino que abunda. Yo he ido de la dimeticona al té de comino pasando por las últimas sofisticaciones de la ciencia gastrointestinal goldbergiana y lo único que puedo recomendar es buscarse una tregua. Una tregua de ésas que sólo uno conoce y sólo en uno está darse. Una tregua que se siente en el cuerpo como sé que el silencio puede sentirse en el aire tras un ciclón o en la tierra tras un terremoto. Una flexible y generosa tregua para dejar que la mente deambule sin más, para tirarse a oír “Soave sia el vento”. Y a otra cosa. A la vida como el enigma persuasivo que puede ser. A los otros, al elogio de quienes, como dijo Borges, prefieren que otro tenga la razón. A quienes conversan de la trivia crucial de su cada día, su pena y sus esperanzas, ayudados por el orden de una sopa, el solaz de un postre con chocolate, el punto de un pescado a la sal.

Me doy una tregua y recalo en la fascinación que provoca un clásico recién traducido por un hombre que quiso traerlo a nuestro siglo como quien trae a la mesa el mejor vino. Voy a un concierto con mi amiga de la infancia. Viva a pesar de lo que había dicho su destino que debía ser. Y en mitad de la música, la bendigo por haber superado la tarde en que creyó desear la muerte como sólo la vida se desea. Creyó cualquier barbaridad, pero sobrevivió para salvar con ella desde un atisbo del cielo que sólo sus ojos atestiguaron hasta la memoria de aquel dulce de almendra que hacía su abuela. Y tantas cosas.

Me doy una tregua y pregunto mientras lo invoco: ¿quién hornearía el pan negro con pasitas que tuve un día de luz sobre mi mesa?

¿Quién le dio a mi madre la receta del bacalao y quién la rigurosa armonía con que lo guisa?

¿Cómo agradecer con precisión a quienes le han dado a José Mas, ciego desde la infancia, poeta y escritor de tiempo completo, la posibilidad de recibir en su computadora la carta que oye leída por una voz cibernética y puede imprimir en sistema Braille si le interesa?

Tantos otros nos hacen felices.

Los que pusieron la enorme rueda de la fortuna que ilumina las noches en París.

El cocinero que abrió en Venecia un restorán para vender su memorable pasta negra con mariscos.

Los adolescentes que trajeron a su casa la segunda temporada de “Sex and the city” y amanecen, tras su propia noche de fiesta y ciudad, amorosos y despeinados como en la infancia.

El adulto que se duerme ruidosamente en mitad de una escena de lágrimas que me tiene en vilo como a una de treinta. ¡Increíble! Mister Big resulta capaz de comprometerse. Pero claro, de ninguna manera con Carne, sino con una dulzona espátula de veinte años, complaciente y aburrida. Entonces tres amigas le cuentan a una cuarta, de cómo lo mismo pasó en “The Way We Were” con Robert Redford. ¿Could it be that it was all 50 simple then? Cantan desentonadas. ¿O podrá ser que el tiempo lo reescribe todo? Canto yo en un inglés que no escribo para que no se le note la mala pronunciación.

El pianista Gonzalo Romeu, tocando cubano, mientras los cinco que cenamos bajo su música tejemos el futuro como Penélope sus esperanzas. ¿Cómo agradecer?

El perro saltando seis veces más de lo que mide para celebrar que lo llevemos a caminar.

La voz de las hadas pidiéndome que no tiemble.

Y cuando menos la esperamos, la inaprehensible ventura: omnipotente, quebradiza y a ratos tan fácil, tan insólita, en el milagro de una estrella naranja.

No hay más: sólo atisbarla unos segundos, creer en lo inaudito, estremecerse. ¿Quién pide más? n

Guia de perplejos. ¿Fracasó la democracia?

GUÍA DE PERPLEJOS

¿FRACASÓ LA DEMOCRACIA?

POR LEO ZUCKERMANN

¿Cuál es la probabilidad de que la democracia mexicana fracase?: 7.38%, siguiendo la lógica del estudio de un grupo de politólogos encabezados por Adam Przeworski de la universidad de Nueva York.

En su libro Democracy and development (2000), Przeworski y compañía examinan el desenlace de los distintos regímenes políticos en 135 países entre 1950 y 1990. cuáles democracias. por ejemplo, no lograron sostenerse y regresaron al autoritarismo. el vasto trabajo teórico y empírico contiene una serie de hallazgos muy relevantes para México.

En primer lugar, los autores comprueban empíricamente que la ausencia de un partido mayoritario en el poder legislativo tiene un fuerte impacto en la estabilidad de las democracias presidenciales. cuando un partido no controla la cámara baja, el régimen presidencialista se vuelve inestable.

La situación más inestable para una democracia presidencial es cuando el partido que tiene más representación en una cámara tiene entre un tercio y la mitad de los escaños, es precisamente lo que sucede en México: el PRI cuenta con 42% de las curules en la cámara de diputados y el PAN con 41%.

Bajo estas condiciones, dice el estudio, hay una probabilidad de que la democracia termine y se regrese al autoritarismo de 7.38%, la más alta de todos los arreglos institucionales tanto de regímenes presidencialistas como parlamentarios. en otras palabras, con el actual arreglo institucional se tiene la probabilidad más elevada de fracasar.

¿A qué se debe esto? se puede argumentar que la oposición puede lograr una coalición (por ejemplo, si se juntan el PRI y el PRD) para pasar una ley que luego el presidente puede vetar. para superar el voto presidencial, la legislatura debe tener dos terceras partes del voto, lo cual no se puede conseguir porque el partido del presidente (en este caso el pan) tiene más de un tercio de las curules. el resultado es la parálisis gubernamental o “bloqueo”: el gobierno se inmoviliza y prevalece el status quo.

Sin embargo, lo que sugiere el trabajo del grupo de Przeworski es que la inestabilidad de este tipo de régimen no se debe tanto al “bloqueo”, como a la dificultad de formar coaliciones legislativas al haber dos o tres partidos con similar fuerza. los autores, sin embargo, reconocen que hay poca literatura teórica y empírica al respecto. ciertamente, el caso mexicano podría ayudar a llenar este hueco académico.

Simplemente, el año pasado se atestiguó la dificultad de armar coaliciones estables en un poder legislativo tan fragmentado. hay que recordar cómo la desesperación del pan y del gobierno de Fox por sacar el presupuesto de egresos de la federación y una ley de ingresos que incrementara la recaudación fiscal los llevó a lo que parecía imposible o increíble: a aliarse con el PRD. este maridaje que combinó dos cosmogonías tan diferentes engendró inevitablemente un fruto malogrado.

El trabajo científico del grupo de Przeworski, combinado con los pobres resultados de la bisoña democracia mexicana, debería preocupar seriamente. México está en la situación de arreglos institucionales más endeble que puede existir. por ello es urgente que se revise la manera en que se estructuran las instituciones políticas. este es uno de los retos más importantes para consolidar la democracia e implicará, sin duda, reformar la constitución.

En primer lugar están los artículos 52, 53, 54 y 56 que imponen las reglas para conformar las cámaras de diputados y senadores. la primera tiene un total de 500 miembros, 300 de los cuales representan distritos y son elegidos por mayoría relativa y 200 que se eligen por representación proporcional en cinco circunscripciones. la segunda tiene 128 miembros, 64 que representan a las 32 entidades federativas y son elegidos por mayoría relativa, otros 32 que son de la primera minoría de cada entidad y 32 de representación proporcional de una sola circunscripción plurinominal.

Este sistema tan mezclado como complicado es producto de las largas negociaciones entre el pri y la oposición para ir democratizando al país. el resultado es un verdadero menjurje que conduce a la fragmentación del poder que mencionan Przeworski y compañía: dos o más partidos sin mayoría y con similar fuerza, lo cual obstaculiza la posibilidad de formar coaliciones gubernamentales estables.

En segundo lugar están los artículos 65 y 66 que definen los periodos ordinarios del congreso de la unión. son dos: del 1 de septiembre al 15 de diciembre (tres meses y medio) y del 15 de marzo al 30 de abril (mes y medio). es decir, en condiciones normales, los congresistas tienen cinco meses para diseñar, discutir, modificar y aprobar las leyes del país. la constitución establece que lo “ordinario” desde el punto de vista legislativo sea un trabajo correspondiente a 42% del año. por supuesto, esto nunca se cumple y se invoca a lo extraordinario, de acuerdo con lo contemplado en el artículo 67.

En las épocas del presidencialismo imperial, el ejecutivo convocaba a periodos extraordinarios a diestra y siniestra para aprobar las iniciativas que expeditamente eran aceptadas sin modificar una coma. hoy día, la realidad es que el legislativo cambia todo, hasta las comas, lo cual hace que se agote el tiempo y se recurra a las convocatorias extraordinarias. además, con la presión del tiempo encima, se forman coaliciones que engendran leyes defectuosas.

¿No sería hora de asumir que lo extraordinario ya es más bien ordinario e incrementar los periodos contenidos en el 65 y 66? esto ordenaría aunque sea un poco los trabajos del poder legislativo que comienzan a ser estúpidamente maratónicos. además, se daría más tiempo a la negociación política, lo cual podría elevar las posibilidades de formar coaliciones más lógicas que produjeran leyes menos esperpénticas.

Finalmente está el artículo 59 que prohíbe la reelección consecutiva de diputados y senadores federales. esta cláusula condena al legislativo a tener escasa experiencia y profesionalismo. más aún, como los legisladores no pueden reelegirse, saben que su siguiente chamba depende de alguien que tenga influencia para colocarlos en un siguiente puesto. de ahí que se sometan al punto de reverencia a los líderes partidistas (partidocracia), a los coordinadores de las fracciones (coordinocracia) o a los gobernadores de sus estados (provinciacracia). los legisladores no tienen incentivos para romper con sus distintos grupos parlamentarios y llegar a arreglos individuales en la formación de coaliciones ad doc. una vez más, se merma la posibilidad de formar una coalición gobernante estable.

Es hora de cambiar la constitución para ordenar al poder. no se puede dejar al garete un tema tan delicado como la representatividad y gobernabilidad del país. la celebración del 5 de febrero no puede ser nada más retórica como en el antiguo régimen. hoy obliga también a la reflexión de qué tanto está sirviendo una ley fundamental que ha sido tantas veces parchada. por lo pronto a reconocer que, con lo que actualmente se tiene, la democracia mexicana está en la situación donde la probabilidad de fracasar es mayor. (publicado en el universal, 6 de febrero de 2002.) n

Bien dicho, Mart

BIEN DICHO, MART

Hace unos meses, mientras el impacto de Experiencia, su autobiografía de altísimo nivel, aún continuaba electrizando a sus lectores, Martin Amis lanzó un nuevo libro: The War Against Cliché (La guerra contra el cliché). Se trata de una colección de ensayos y revisiones escritos entre 1971 y 2000, cuyo espíritu de reunión podría formularse de la siguiente manera: la crítica procede mediante la cita; de hecho, la cita es la única evidencia dura de la crítica; sin ella, la crítica no es sino un monólogo en la cola de un supermercado. El título, en efecto, sugiere más de un homenaje a Nabokov: ¿quién otro, quién más admirado por Martin Amis ha declarado con tanta vehemencia su repudio al lugar común?

A principios de los 1970′s Martin Amis obtuvo un trabajo editorial de jornada completa en el Times Literary Supplement. Escribía artículos y reseñas para él y para otras publicaciones. “El TLS era como una bliblioteca. las reuniones con los editores literarios eran como tutorías, y mis artículos eran como trabajos semanales de estudiante. Mi cuarto grande, sin alfombras. lleno de polvo de la casa de Earls Court, me hacía sentirme como un estudiante. Mi ropa, y en especial mi chaqueta tipo chaquetón de operario. me hacía sentir como un estudiante. Mis cenas solitarias, mis interminables cafés instantáneos, me hacían sentir como un estudiante”, leemos en Experiencia, cuando Amis confiesa que la sombra de su padre le sirvió de amparo durante aquellos años. De aquel entonces provienen los ensayos agrupados bajo el signo de “Literatura y sociedad”, a los que juzga “serios, altaneros y satisfechamente estúpidos”. Eran los días en que F. R. Leavis y C. I’ Snow sostuvieron su gran controversia acerca de las Dos Culturas (arte vs. ciencia) y en que el escritor Clive James formuló el argumento de que mientras la crítica literaria no es esencial para la literatura, una y otra son esenciales para la civilización.

Son textos por encargo, es cierto, pero están armados de autoridad y con la destreza de un veterano. El lector incluso se ve tentado a sorprenderse con la comodidad por la cual Martin Amis se pasea por los libros de J. G. Ballard, Iris Murdoch, John Updike, Gore Vidal o Philip Larkin, por la obra cinematográfica de David Cronenberg o hasta por algunos olimpos góticos de la cultura popular. Lo que no sorprende es la coherencia. Amis parece tener las cosas muy claras; es decir, su canon literario ha permanecido casi inalterable después de treinta años. El secreto de tal proeza la hallamos en sus propias palabras: “toda escritura es una campaña contra el cliché. Pero no contra los clichés de la pluma sino contra los clichés de la mente y los clichés del corazón”. n

David Ibarra: Los paradigmas perdidos

DAVID IBARRA: LOS PARADIGMAS PERDIDOS

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

David Ibarra vuelve con este volumen* a los temas centrales de la economía política, dándoles actualidad y ubicación política precisa para México y el conjunto de la región latinoamericana. Se trata de una colección de textos escritos y presentados durante los últimos diez años, década que también ha sido testigo de una intensa productividad intelectual y de un admirable compromiso personal del autor con el examen de los problemas contemporáneos de nuestro país y la búsqueda de soluciones para sus crisis y atolladeros recurrentes.

Ibarra se ha vuelto lectura obligada. cuando de discutir y reflexionar sobre el presente y el futuro de México se trata. Es, también, referencia imperiosa cuando de honestidad intelectual y consistencia política y personal se habla.

Tenemos con nosotros un volumen amplio (342 páginas) en cuyas tres grandes secciones se abordan las cuestiones centrales que nos plantean la globalización, el cambio del mundo, las mudanzas ideológicas, la economía política de la democracia y el gran reto distributivo que el cambio estructural le ha impuesto a México y al mundo en su conjunto. También, sobre todo en la primera sección del libro, David Ibarra aborda de manera puntual y aguda algunos de los asuntos cruciales del momento mexicano, adelantándose al reloj un tanto atrasado que marca las horas amargas de la política de la alternancia: las reformas energética y la fiscal; el caso de Pemex, la crisis bancaria, y el Fobaproa una y otra vez; la política social, la vivienda, la ciudad de México. En fin, la batería que reclama a diario los desvelos del autor y que se han vuelto esclarecedoras intervenciones críticas en periódicos y revistas y que ahora, por fortuna, se juntan en un libro útil y atractivo en el que, como siempre, el rigor se da la mano elegantemente con la pasión por México y la justicia que su autor nunca esconde ni somete a concesiones de estilo o consideraciones de momento.

El discurso parte, como en otros textos e intervenciones de Ibarra, de la crisis de los paradigmas que organizaron el pensamiento social a lo largo de la segunda postguerra. Se trata, insiste, de una mutación ideológica planetaria que ha traído consigo la sustitución de los objetivos universales de empleo, desarrollo y bienestar generalizado por las figuras espectrales del liberalismo económico más obtuso, convertido sin embargo en moda intelectual que se quiere de alcance universal y vigencia única y que, irónicamente, se volvió una obsesión dogmática de políticos conservadores y profetas de la Nueva Era.

En sus palabras: “los países y el mundo ensayan una transición paradigmática de orden fundamental. De la especificidad soberana de las políticas nacionales a la uniformidad de las reglas del cosmopolitismo económico… de la búsqueda incesante de los equilibrios sociales internos a la de satisfacer las exigencias del orden internacional globalizado; de la creencia en la ingeniería social a la creencia en las facultades autocorrectoras… de los mercados; de la diversidad tolerada de los sistemas políticos al predominio formal de la democracia liberal. En el umbral del nuevo siglo, el mundo padece más y más problemas en medio de logros tecnológicos deslumbradores: multiplicación de conflictos; rompimiento de los pactos sociales; desempleo, pobreza y desigualdad; vigencia imperfecta de los derechos humanos y de la democracia real; incapacidad de establecer un orden internacional más justo y menos inestable o combatir con eficacia las múltiples vertientes de la criminalidad” (p XI).

Junto con esto, nos advierte, en especial en los países emergentes o en desarrollo, se ha impuesto una especie de nociva cultura política de acumulación de problemas no resueltos, que se dejan una y otra vez para después en una fuga hacia adelante que al parecer sólo encuentra soluciones de continuidad en crisis catastróficas o embotellamientos de larga duración. “La acumulación de problemas socioeconómicos insolutos ya parece un rasgo característico de la cultura posmoderna, causa de frustración popular, como de una participación política declinante o de la erosión de la misma legitimidad democrática”. Podemos ubicar este relato en Argentina y llorar por ella, pero las campanas, como lo muestra Ibarra a todo lo largo de su libro, doblan también por nosotros.

Bien visto, se trata de un proyecto liberal de retorno histórico y pretensión planetaria, que poco o nada tiene que ver con las ideas y enseñanzas de John Stuart Mili o Adam Smith, en los que quienes lo postulan dicen inspirarse y querer reivindicar. Sí tiene, y mucho, de cercano con los disparates de un individualismo egoísta y posesivo, desprendido de y contrario a toda noción de nación o colectividad social, que se siente sostenido y avalado por los fulgurantes cambios técnicos y científicos que sin duda potencian la autonomía individual pero que, además, supuestamente avalan el fin de cualquier idea solidaria y vuelven obsoletas las preocupaciones clásicas con el sometimiento de la modernidad a un control racional y humano. Ibarra toma firme partido con esta última posición, y la convierte convincentemente en una agenda pertinente y obligada para nuestra economía política y para la democracia naciente y apenas balbuceante que, sin embargo, ya nos atribula con sus convulsiones imperfectas y su pluralidad desatada.

A estos desafíos, que podríamos resumir en la necesidad de construir y afirmar una democracia productiva, que se haga cargo de los grandes abismos sociales abiertos por el propio cambio, pero también heredados de la fase anterior del desarrollo nacional, dedica David Ibarra la última sección de su libro. Esta es, para mi gusto, la más enjundiosa y atractiva para los fines de una deliberación crítica y constructiva, como la que urge desplegar ya en todo México si queremos darle un curso creíble y promisorio al vuelco político hacia la sociedad abierta y democrática.

En medio del libro, se nos ofrecen interesantes comunicaciones sobre América Latina y el mundo: de la economía cubana a la experiencia del sur este asiático; de la suma o la resta que implican las relaciones entre mercados globalizados y la democracia, a los dilemas de la vieja y la nueva economía o los crueles desafíos de la desigualdad en medio de la globalización.

Ibarra insiste en mirar hacia adelante, pero también reitera la necesidad de trascender un esquema de paradigmas que más bien se ha vuelto juego de espejos. “Reconocer los logros pasados no equivale a volver a estrategias históricas rebasadas pero sí debiera conducir a moderar los extremos del debate en boga… El debate (debiera ser) el reflejo de un necesarísimo aprendizaje democrático en la contrastación de ideas e intereses. Sin embargo, es costoso comprometer el grueso de las energías políticas en dirimir controversias doctrinarias, en vez de encarar más decididamente la reconstrucción de políticas vertidas al futuro.

“Los países en desarrollo no suelen generar los paradigmas ideológicos que de época en época prevalecen en el mundo; su tarea es a la vez más sencilla y más compleja; más simple en cuanto a tomar, en vez de concebir los conceptos dominantes en el mundo externo; más difícil, porque se han de adoptar ideas y presiones de ese origen a las realidades nacionales, debiéndose suavizar las disonancias históricas inevitable

“La verdadera cuestión”, concluye en su ensayo sobre economía, instituciones y transición, “no reside en abrazar o rechazar la nueva ideología globalizadora del progreso, sino en discernir cómo podría hacerse operante, cómo podría moldearse su praxis instrumental con costos y pérdidas asimilables en términos de sacrificios sociales y cesión de soberanía” (pp. 53-54).

Cómo combinar globalización con agendas idiosincráticas, siempre permeadas por historias y estructuras culturales y políticas nacionales; cómo darle a la democracia sentido propio sin sacrificar sus códigos universales de ciudadanía y representatividad; cómo aliviar las tensiones y las disonancias entre la igualdad que ofrecen ciudadanía y democracia y la globalización que busca imponer el reino único del mercado y por lo pronto propicia o produce desigualdad, pobreza, corrosión del tejido social y del carácter mismo de las personas y las comunidades. Estos son los retos que Ibarra encara una y otra vez y que encuentran intensa condensación en sus ensayos finales.

Las tensiones están descritas y ubicadas en cuanto tendencias y encrucijadas; sin pretender que contamos ya con un diagnóstico definitivo de nuestro tiempo y nuestra circunstancia, los textos de David Ibarra cuentan con la solidez y la sensatez suficientes (vaya que es difícil esta combinación en tiempos de estridencias y ocurrencias banales) como para servir de plataforma para una deliberación reflexiva que se ha soslayado o pospuesto so pretexto de la emergencia o la llegada del Mesías (del mercado libre o de la alternancia, como se quiera).

Tenemos, y a eso me llevan por último los ensayos de la última sección. un problema endiablado que enfrentar y superar y que tiene que ver con la variable maldita de la economía política: el tiempo. Hoy, desde Cepal con José Antonio Ocampo, o desde los textos de Stiglitz o Dani Rodrik, se nos habla de la necesidad de gestar una nueva agenda del desarrollo, o de asumir de una vez por todas que los países que lograron saltar la cerca del subdesarrollo lo hicieron mediante estrategias nacionales de inversión y apoyados en instituciones de mediación de conflictos sin los cuales el cambio estructural y el salto hacia adelante y adentro de la economía mundial dinámica hubiese sido imposible.

La visión de unas reformas sucesivas e interminables, de primera, segunda, tercera, n generaciones, debiera ceder el lugar a la reforma de la reforma, asumiendo la experiencia y los saldos poco favorables de dos décadas de globalización a la americana. Pero el tiempo pasa y no pasa en balde y es aquí donde nuestro debate tiene, aunque suene paradójico, que hacer un alto.

¿Podemos, como lo sugiere David Ibarra, acompasar cambio mundial con reafirmación nacional en democracia? ¿Cuáles serían, en este caso, los costos a pagar y las instituciones a usar o inventar para evitar que la reforma se nos revirtiera como regresión política o como una nueva escalada de fugas de capital y talentos? Resignarse a una ruta que se presentó y se presenta como única e inapelable, por universal y racional, no es aceptable ni deseable. Entre otras cosas porque sus frutos siguen en un horizonte que se aleja sin remedio cada vez que creemos tenerlo cerca. Pero tendría a la vez que asumirse que el tiempo transcurrido ha sido también de acumulación de intereses y redefinición profunda de relaciones y circuitos de poder, cuando no de talantes y conductas a los que David Ibarra no sin sorna califica de posmodernos.

Es ante esta matriz sin coordenadas ni perfiles percibibles, que la razón crítica tiene que desplegarse, para conformar un nuevo entorno de exigencia y reclamo a los actores centrales del drama democrático que siguen sin sentirse aludidos cuando hablamos ya no de puestas en escena para la política moderna sino de tragedias viejas que gozan de cabal salud: la tragedia del estancamiento casi secular y de la explosión de la pobreza en medio de una concentración inicua. Las disonancias que tan bien ha disectado para nosotros David Ibarra, se vuelven aquí angustia y desazón. Sólo con esfuerzos intelectuales y morales como los emprendidos por David podemos aspirar a imaginar luz en el túnel. Y empezar a cruzarlo con alguna esperanza. Se trata, sin más, de un mensaje racional que produce valor y sentido, y convoca al compromiso. Nada menos podríamos esperar de un maestro admirado y querido. n

Dedico esta entrega a mi presentación del libro de David Ibarra, Testimonios críticos (Editorial Cántaro, 2001), hecha en el auditorio Narciso Bassols de la Facultad de Economía de la UNAM el pasado 7 de febrero. La lectura del libro puede servir como barómetro y termómetro del momento y la perspectiva, con todo y las estrellitas de Standard & Poors.

De la Cristiada a la Basílica

DE LA CRISTIADA A LA BASÍLICA

David Bradign

El 12 de abril de 1939, José de Jesús Manríquez y Zárate (1884-1951), primer obispo de Huejutla, emitió una carta pastoral en la que exhortaba a los prelados y teólogos de la Iglesia de México a promover la beatificación de Juan Diego. Reconoció que en todos los sermones y celebraciones dedicados a Nuestra Señora de Guadalupe apenas si se había mencionado al “indio venturoso”, agregando que “apenas se puede uno explicar el lamentable olvido en que hemos tenido a Juan durante más de cuatro siglos. Como si este hombre, por ser indio de raza pura, no fuese acreedor a nuestra atención”. Sin embargo, si se canonizaba a Juan Diego algún día, su elevación a los altares dignificaría “la raza indígena de México”, de modo que la Iglesia y “la gran familia mexicana” se fortalecerían inmensamente con “la entrada franca y amistosa de estos nuevos hijos” en la comunidad nacional. Tras renunciar a su obispado, en el otoño de 1939, Manríquez publicó un pequeño libro titulado ¿Quién fue Juan Diego?, en el que recurría a su formación en la Universidad Gregoriana para argumentar que las Informaciones de 1666 constituían “la prueba auténtica y jurídica de esa constante tradición” de las apariciones. Al presentar los testimonios junto con el Nican mopohua, publicado en 1649 por Lasso de la Vega pero escrito por Valeriano en 1544, se suministraban indicios testimoniales más que suficientes para ser causales de beatificación en la Congregación de los Santos en Roma. ¿Acaso no revelaban que Juan Diego era un “hombre predestinado”, elegido por María para “su misión providencial” de ser el “intercesor y medianero” entre la virgen y el pueblo de México? El escrutinio teológico de estos registros demostró que el indígena contaba con todas las virtudes requeridas para su beatificación, puesto que no sólo respondió fielmente a las peticiones de la Virgen, sino que además dedicó sus últimos diecisiete años de vida a la oración y a ayudar a todos los indígenas que venían en busca de consejo.

Manríquez sostiene que honrar a Juan Diego fortalecería a la Iglesia con la entrada de tres millones de indígenas, los cuales entonces abandonarían su persistente desconfianza frente al clero, nacida de siglos de explotación. Puesto que “el hecho guadalupano” era la base misma de “nuestra verdadera nacionalidad”, la canonización posterior de Juan Diego traería “la elevación y dignificación de toda una raza, el establecimiento de una nueva nacionalidad y la creación de una nueva patria”. Tanto en su carta pastoral como en su libro, Manríquez justifica la apertura del proceso en Roma citando el caso de Juana de Arco, que, tras cinco siglos de olvido, fue canonizada en 1920 a resultas de una investigación histórica de su reputación y vida.

La vigorosa intervención de Manríquez estaba destinada a transformar la tradición guadalupana, pues su carta pastoral era una respuesta profundamente meditada al trastorno social y al penoso conflicto entre la Iglesia y el Estado engendrado por la Revolución Mexicana de 1910 a 1929. Escribió su carta pastoral en San Antonio. Texas, donde probó “el amargo pan del exilio” nada menos que 17 años, precio que pagó por su osada resistencia a las políticas anticlericales de Plutarco Elias Calles (1924-1928) y sus sucesores. En el punto culminante del conflicto denunció al presidente públicamente, acusándolo de mentiroso y de ser un jacobino que buscaba destruir la libertad de la Iglesia. En una carta pastoral escrita en 1931. Lamenta que la Iglesia se hubiera “afeado, envilecido, subyugado a los hijos de las tinieblas”, padeciendo “un pleno cautiverio babilónico”, protegida sólo por la Virgen de Guadalupe, “nuestra libertadora y defensora de nuestra fe y de nuestra nacionalidad”. Manríquez, obispo devoto, merecedor del afecto de las comunidades indígenas gracias a la formación de catequistas indios y fundador de escuelas en los remotos valles de la Huasteca, logró que su intransigencia fuese respaldada por todos los sacerdotes y laicos que lucharon en la gran rebelión católica de 1926 a 1929, conocida como la Cristiada, la cruzada de Cristo Rey.

A la larga, la Cristiada logró sus objetivos. La disposición de tantos católicos a perder la vida por defender la libertad de culto fortaleció a la Iglesia y le permitió reconstruir y ampliar sus instituciones. En los años siguientes se crearon nuevas órdenes religiosas, se abrieron escuelas e incluso universidades, las diócesis se dividieron y se establecieron más parroquias. Con todo, buena parte de esta expansión se efectuó después de 1940, cuando el presidente Manuel Avila Camacho anunció que era “creyente” y optó por no aplicar los artículos anticlericales de la Constitución. Se garantizó la ordenación continua de sacerdotes con el establecimiento del seminario interdiocesano Moctezuma en Nuevo México de 1937 a 1972, financiado principalmente por obispos católicos de Estados Unidos y administrado por jesuítas mexicanos. Pero sin olvidar la experiencia de la Coronación de 1895, los obispos mexicanos volvieron a la Virgen de Guadalupe cuando buscaron restablecer la soberanía espiritual de la Iglesia en la nación. Ese fue el contexto en el que Manríquez lanzó su dramático llamado a la beatificación de Juan Diego.

Lauro López Beltrán atestiguó el dramático efecto de ese mensaje, pues más tarde comentó que había leído la carta pastoral del obispo cuando asistía a un congreso parroquial de Cristo Rey en San Martín Chalchicusatla, situado en un rincón remoto y montañoso de la Huasteca, y que su efecto se había acrecentado por la coincidencia de que en algún lugar cercano una banda de músicos interpretaba una pieza desconocida llamada “Juan Diego”. El llamamiento del obispo a emprender la acción entusiasmó tanto a López Beltrán que a su regreso a Cuernavaca fundó una pequeña revista llamada Juan Diego que dirigió los 27 años siguientes. Además, cuando Manríquez finalmente volvió del exilio en 1944, lo invitó a presidir un ciclo de “solemnidades guadalupanas” en la catedral de Cuernavaca, donde el otrora obispo predicó un conmovedor sermón sobre “nuestro hermano inmortal, el gran Juan Diego”. En años postreros. López Beltrán saludó reiteradamente el papel de Manríquez como iniciador de la campaña para beatificar al   “vidente” indio y en 1974 publicó su biografía, en la que incorpora el estudio teológico de Manríquez sobre Juan Diego y lo elogia llamándolo “el gran Atanasio de la Iglesia Mexicana”.

En qué medida la campaña de beatificación se gestó en el sentimiento cristero queda de manifiesto en La persecución religiosa en México (1987), en el que López Beltrán presenta a los líderes cristeros en calidad de héroes y mártires que dieron su vida para evitar que Calles destruyera la Iglesia y la fe cristiana. También elogia a Manríquez, llamándolo “el caudillo, el mexicano por antonomasia, el de los mensajes apocalípticos”, que se enfrentó a Calles con aquellas palabras inmortales: “Miente el señor Presidente”. Tampoco duda en abrir viejas heridas al criticar a los arzobispos Ruiz y Flores y Pascual Díaz por rendirse ante Calles a instancias de Dwight Morrow sin haber obtenido garantías fehacientes de la seguridad de las fuerzas cristeras que, sostiene, estaban a punto de derrotar al ejército federal en 1929. De hecho, recoge una larga carta escrita a Pío XI en 1930 en la que los líderes de la Liga para la Defensa de la Libertad de Culto deploran con amargura el acuerdo alcanzado ese año y que perjudicó más a la fe católica que la suspensión de los servicios religiosos en 1926. López Beltrán concluye con el detallado relato, ilustrado con fotografías, de más de cincuenta sacerdotes martirizados durante la lucha, algunos en circunstancias atroces, corroborando con ello que el recuerdo de la épica lucha de los cristeros seguía atesorándose en muchos círculos de la Iglesia en México.

En diciembre de 1944, López Beltrán pronunció un discurso en la ciudad de León, Nicaragua, durante la inauguración de un monumento de la Virgen de Guadalupe con Juan Diego a la que asistió el presidente Anastasio Somoza. Inspirado en el célebre sermón de Agustín Rivera, subraya que la Madre de Dios decidió no visitar Roma ni Jerusalén, sino que vino a América para conversar con un pobre indio llamado Cuauhtatohuac, “el hombre que habla como águila”. Evoca la comparación de la Virgen con la mujer del Apocalipsis que había propuesto Sánchez, y declara que “lo que para San Juan Evangelista fue una visión, para Juan Diego fue una realidad”. Cuando María le habló al Aguila del Tepeyac, “estampó su taumaturga imagen en su glorioso ayate y es el único retrato que en el mundo se conserva de la Madre de Dios”.

Empeñado en exaltar la liberación traída por la aparición de la Virgen en México, condena a los aztecas por el holocausto anual de cincuenta mil víctimas y afirma que en un periodo de siete siglos setenta millones de mexicanos fueron sacrificados a Quetzalcóatl, dato bastante improbable. A manera de conclusión, elogia el monumento ya que “la Virgen de Guadalupe sin Juan Diego sería una madre sin hijo”, y agrega que el triunfo definitivo de la causa guadalupana lo señalará la canonización del “vidente, el ignoto Juan Diego” y a partir de ese momento ya nadie podría poner en duda “el poema divino del Tepeyac”.

Como se suponía que Juan Diego había nacido en 1474, surgió el riesgo de que hubiera participado en los ritos de sacrificios aztecas. En un discurso en Guadalajara. en octubre de 1946, Beltrán elogia la ciudad por ser la primera de México en erigir un monumento al vidente indio, en el atrio de su santuario de Guadalupe, llamándolo “el medianero, portavoz y cooperador” de la Virgen. Tras recordar que los aztecas sacrificaron a ochenta mil víctimas en la gran pirámide de Tenochtitlán en 1487. asegura que. a diferencia de ellos, los habitantes de Cuautitlán observaban una moralidad austera pues sólo tenían una esposa, adoraban únicamente al sol y la luna como padres divinos, y sacrificaban sólo animales y aves. En verdad, “los cuaulitecas, fieles cumplidores de la ley natural, por desconocer la sublime del Evangelio, se asemejaban, en cierta manera, a los hijos de Israel, que en medio de los países paganos e idólatras, conservaron la ley de Moisés”. Por un designio especial, Dios intervino para salvar a ese pueblo de la depravación de los aztecas y permitir que Juan Diego fuese educado de acuerdo con la virtud natural y por tanto digno de ser el fiel siervo de la Virgen. En qué documento o de qué fuente celestial López Beltrán obtuvo tal información es algo que prefirió no revelar.

En otros sermones y discursos López Beltrán demostró un conocimiento considerable de la literatura guadalupana. En La protohistoria guadalupana (1966), López Beltrán presenta sus argumentos en torno al fundamento histórico de la tradición y enfrenta a sus opositores.

López Beltrán, al proponer la beatificación, acepta las Informaciones de 1666 como fundamento del caso pues, en el debate de 1894 sobre la redacción del nuevo oficio para el día de fiesta de la Virgen, Roma había aceptado aquellos documentos como prueba jurídica de la existencia de una antigua y constante tradición de las apariciones. Por tal motivo, cuando surgió la disputa entre las parroquias de Cuautitlán y Tultepec en torno a cuál tendría la honra de haber acogido la morada de Juan Diego, favoreció a Cuautitlán, pese a su distancia de Tlatelolco. Además, citaba las recientes pruebas químicas que probaban que el lienzo de la imagen guadalupana era en efecto de hilo de maguey y no de palma de iczotl, y rechaza la versión de Cuevas que descarta los arabescos en la túnica de la Virgen al aducir que eran adiciones posteriores, ya que, en su opinión, esas líneas están dibujadas tan finamente en un lienzo tan tosco que se habrían desdibujado o borrado de no haber sido “de origen supernatural”.

En la década de los setenta del siglo XX, el contexto social e institucional en que ocurrían estos debates cambió radicalmente. La Iglesia de México no sólo era tolerada, sino incluso cortejada por los políticos. Muchos empresarios estaban dispuestos a ofrecer generosos donativos para la construcción de iglesias, escuelas y universidades. En el trasfondo de esta expansión se encontraba la explosión demográfica que había multiplicado la población de unos veinte millones en 1940 a más de ochenta en 1990. Símbolo de la transformación de México fue la construcción de la nueva basílica del Tepeyac. El antiguo santuario concluido en 1709 se había convertido en un multitudinario caos en 1970 debido a los miles de peregrinos que abarrotaban el edificio a diario. Por otra parte, las bóvedas se agrietaron de nuevo y la seguridad de los visitantes ya no podía garantizarse. Gracias a la visión e iniciativa del abad Guillermo Schulenburg Prado, en 1976 se dedicó una basílica moderna con lugar suficiente para diez mil personas; el costo estimado de trescientos millones de pesos fue cubierto con la emisión de “bonos guadalupanos” y un cuantioso subsidio del presidente Luis Echeverría. Diseñada por Pedro Ramírez Vázquez, el arquitecto que había proyectado el Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, la basílica se construyó en forma circular como una gran tienda de campaña, con un elevado ábside que ilumina con luz natural el altar mayor y la imagen. Gabriel Chávez de la Mora, un monje benedictino y arquitecto auxiliar en el proyecto, explicó que siempre se había identificado a María con el Arca de la Alianza del Nuevo Testamento y símbolo de la Iglesia peregrina. ¿Qué era una iglesia sino “un lugar de reunión para el pueblo de Dios”? De este modo, la nueva basílica responde a la renovación litúrgica inspirada en el Segundo Concilio Vaticano y su diseño está previsto para acoger a miles de peregrinos.

Como parte de la propagación del culto, se fundó el Centro de Estudios Guadalupanos en 1975, y en los años siguientes convocó a una serie de Encuentros Nacionales a fin de reunir a los académicos dedicados a estos asuntos. En la segunda conferencia, llevada a cabo en el Tepeyac en diciembre de 1977, Lauro López Beltrán presentó una ponencia sobre “La historicidad de Juan Diego” en la que repite el argumento del obispo Manríquez según el cual, si las Informaciones de 1666 ya habían sido aceptadas por Roma en 1894, entonces podían citarse como testimonio jurídico de la antigua tradición en torno a la santidad de Juan Diego. Estos documentos podían corroborarse mediante un sinnúmero de anales indígenas, el Nicam mopohua y las fuentes españolas. Tan convincentes fueron sus palabras que Ernesto Corripio Ahumada intervino durante la conferencia para asegurar que él haría todo lo que estuviera a su alcance para promover la beatificación del indio. En esa época seguía siendo arzobispo de Puebla, pero pronto sería cardenal y arzobispo de México. Por otro lado, el ascenso de un nuevo papa pronto produjo un cambio radical en las normas que regían la manera en que Roma disponía de las solicitudes de beatificación y canonización.

En 1979 Juan Pablo II visitó México y en la basílica del Tepeyac declaró: “Desde que el indio Juan Diego halló a la dulce señora del Tepeyac, tú, María de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo mexicano”. El pontífice, elegido recientemente, fue recibido con las extraordinarias manifestaciones de entusiasmo de millones de mexicanos, y tan vivificante resultó su presencia que colocó de nuevo a la Iglesia en el foro público al reiterar la intensidad y el alcance de su apoyo popular. Durante su visita, el papa comparó repetidas veces a México con su natal Polonia, añadiendo: “de mi patria se suele decir Polonia semperfidelis. Yo quiero poder decir también: México semperfidelis, México siempre fiel”. Aunque hizo hincapié en la necesidad de la plegaria y la fe, también subrayó que la Iglesia está obligada a defender los derechos humanos. En privado alentó a los obispos mexicanos a adoptar un perfil más público y a propugnar la reforma de los artículos anticlericales de la Constitución.

Dos años después, en 1981, el cardenal Corripio Ahumada celebró el 450 aniversario de las apariciones, y presidió un congreso convocado para debatir la tradición guadalupana y la beatificación de Juan Diego. Ya entonces había nombrado a monseñor Enrique Salazar “postulante” de la causa, encargado de reunir los documentos históricos y formular el caso teológico para someterlo a Roma.

La historia pormenorizada de cómo lograron los mexicanos convencer a la Congregación de los Santos en Roma de que autorizara la beatificación de Juan Diego está aún por contarse, sobre todo porque el abad del cabildo del Tepeyac, Guillermo Schulenburg Prado, se oponía a tal iniciativa arguyendo que no encontraba pruebas históricas de la existencia del vidente indio. Pero las autoridades del arzobispo primado y del episcopado mexicano resultaron superiores, por lo que en su segunda visita al Tepeyac, Juan Pablo II publicó un decreto papal fechado el 6 de mayo de 1990 en el que la Congregación de los Santos reconoce la santidad de la vida de Juan Diego y la devoción que inspira desde tiempos inmemoriales, razones suficientes para justificar su beatificación. El decreto cita el Nican mopohua y el nican motecpana como testimonios de la pronta obediencia del indígena al mandato de la Virgen y de sus años de servicio devoto en la primera capilla. Después de su muerte se le consideró un santo; como tal fue plasmado en muchos cuadros; y ha sido venerado por los fieles continuamente desde el momento de su muerte hasta la actualidad. A partir de entonces, en la arquidiócesis de México es obligatorio conmemorarlo el 9 de diciembre, y se otorga licencia a todas las demás diócesis de América Latina para hacer lo propio.

En la homilía pronunciada en la basílica el 6 de mayo, Juan Pablo II saluda a Juan Diego, no como vidente ni medianero, sino como “el confidente de la dulce Señora del Tepeyac”, quien ahora podía invocarse como “protector y abogado de los indígenas” de América. Su figura era inseparable del

“Hecho Guadalupano” y siempre se le relacionaría con María en México. Añadió:

una representación colectiva de todo el pueblo, podríamos decir que Juan Diego representa a todos los indígenas que acogieron el Evangelio de Jesús gracias a la ayuda maternal de María, inseparable siempre de la manifestación de su Hijo y de la implantación de la Iglesia, como fue su presencia entre los apóstoles el día de Pentecostés.

En su carta pastoral, Corripio Ahumada asevera que la beatificación de Juan Diego Cuauhtlatoatzin es “un acontecimiento sin precedente en la historia de México, porque señala el momento de un país en que sus habitantes incorporan definitivamente en un equilibrio perfecto las verdaderas raíces de su nacionalidad. Además declara que denota “una parte insustituible de nuestra realidad que es la indígena”. Al año siguiente se publicó una costosa edición facsimilar de las Informaciones de 1666, siguiendo el texto de 1734, acompañadas de un análisis esquemático de las virtudes de Juan Diego. En una carta a manera de prólogo, Corripio Ahumada felicita al editor por su contribución al estudio de “nuestra identidad histórica guadalupana y juandieguina”.

En años siguientes, los promotores de la causa de Juan Diego expresaron sus esperanzas de que pronto fuese canonizado, es decir, reconocido como santo para toda la Iglesia católica más que venerado en un país o diócesis específicos. Pero cuando Juan Pablo II volvió al Tepeyac en marzo de 1999, optó por extender el imperio espiritual de la Virgen mexicana con el nombramiento de Nuestra Señora de Guadalupe como patrona de América, boreal y austral, citando una declaración anterior en la que había señalado que “el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac” es ejemplo de “evangelización perfectamente inculturada”. Al conferirle a esta imagen una misión hemisférica, el papa lanzó un desafío público contra todas las corrientes de pensamiento, religiosas o seculares, que descartan por supersticiosa o pueril la veneración de tales representaciones. En la larga historia del papado, se unió al selecto grupo de Benedicto XIV, León XIII y Pío X, quienes otorgaron a la Virgen poderes cada vez mayores, por no mencionar a Pío XII que ya la había saludado como “Emperatriz de América. Reina de México”. En la Iglesia católica ninguna otra imagen mariana ha recibido honores tan universales.

Cuando Juan Pablo II visitó México por última vez, la situación de la Iglesia había cambiado, pues en 1992 el gobierno mexicano restableció relaciones con el Vaticano y reconoció la personalidad legal de todas las asociaciones religiosas registradas. En efecto, la Iglesia católica resurgió de entre las sombras de la anticonstitucionalidad y fue dotada por el Estado de derecho a poseer propiedades, administrar escuelas y universidades y organizar celebraciones religiosas en público. En términos simbólicos, es tentador interpretar esta transformación de la situación legal de la Iglesia como una ramificación política de la elevación de Juan Diego a los altares. A menos que se considere descabellado, hay que recordar que la causa de Juan Diego se gestó en el ámbito cristero y fue justificada como medio para que el campesinado indígena se incorporara finalmente a la Iglesia. Asimismo, el cardenal Corripio Ahumada acogió la beatificación como el reconocimiento público de las raíces indígenas de la nacionalidad mexicana. Más de un siglo antes, Ignacio Manuel Altamirano había declarado que “en cada mexicano existe siempre una dosis más o menos grande de Juan Diego”. Al conseguir la beatificación de este indígena, prototipo del pueblo de México, los obispos y el clero que promovieron su causa deseaban confirmar el carácter esencialmente católico de su país y nación, n

La angustia de estatus

En Nexos 275 incluimos una tabla de Epicuro extraída del libro The Consolations of Philosophy de Alain de Botton. Ahora este nombre suena en el mercado editorial de lengua española puesto que ya hay traducciones del libro mencionado y de otro anterior: Cómo Proust puede cambiar su vida. En una edición especial de febrero, “The World in 2002″, la revista The Economist le pidió con tino a De Botton que escribiera sobre los consuelos filosóficos previsibles este año. Siguen algunos extractos del texto de De Botton, titulado “La angustia de estatus”.


—• El 2002 será un año de caída, quizás un año de profunda recesión. En siglos anteriores, en las economías de lo que ahora se llama el mundo industrializado, esto habría significado la muerte en una importante escala. Para la mayoría de los lectores de estas líneas, la recesión no significará morirse de hambre, pero puede significar la irrupción de lo que los sociólogos han llamado burdamente “la angustia de estatus”.

— En los tiempos feudales, el nacimiento determinaba el estatus. Uno era noble o campesino porque su padre lo había sido. Había poca movilidad social, hacia arriba o hacia abajo. Las economías eran lentas. La riqueza estaba atada a la tierra, y las fortunas (si hacemos a un lado las guerras o los caprichos de algún monarca) se hacían con mucha lentitud y relativamente se perdían con mucha lentitud.

— El siglo XVIII cambió eso, con dos eventos en particular: la revolución americana y la revolución francesa. Detrás de ambas estaba una ideología de movimiento social. Las gentes, dicho por Rousseau y otros, nacían iguales. Para algunos pensadores utópicos esto significaba vivir también en igualdad. Pero, haciendo a un lado unos cuantos experimentos, por lo general se sostenía que las gentes empezaban en igualdad y luego encontraban un lugar en la jerarquía según sus propias virtudes (para hacer dinero).

— Asignar el estatus por los logros y no por el nacimiento ha liberado energías enormes y talentos. Pero, en periodos de recesión, cuando uno enfrenta el desempleo o tiempos difíciles, el método es también un enorme generador de angustia de estatus. Los pobres de antaño no eran responsables por su pobreza. Los pobres y los quebrados de hoy tienen que contender con un paisaje psicológico más áspero. Se les culpa, o al menos se siente que se les puede culpar, por su condición. No es coincidencia que en Estados Unidos, el país que ha abrazado con mayor firmeza la ideología meritocrática, los dos géneros editoriales más exitosos son los libros sobre cómo hacerse rico y los libros sobre cómo recuperar la autoestima. Es de esperarse que aumenten las ventas de estos últimos en el 2002. Cuando uno ha intentado hacerse rico y ha fracasado, la necesidad de sentirse mejor con uno mismo cobra una importancia suprema.

— ¿Qué hará la gente con su angustia de estatus? Podemos esperar el resurgimiento de dos maniobras mentales en el 2002. Primero, la gente desviará hacia afuera su estatus de angustia, y buscará una explicación para sus problemas que no se refiera sólo a los propios defectos. En vez de cargar con toda la culpa por el fracaso, será atribuido al “capitalismo global”, al “gobierno” o a los “mercados”. Las teorías paranoides prosperarán junto con críticas más agudas del orden económico.

— Es de esperarse una segunda maniobra mental para combatir la angustia de estatus. La gente intentará separar su sentido de valía de sus logros financieros. Rechazarán la idea de que lo más importante para saber quiénes son es el sitio que ocupan en la jerarquía financiera. Históricamente, en el mundo occidental, ha habido dos grandes intentos intelectuales para este tipo de separación, el estoicismo y el cristianismo, y en el 2002 prosperarán neo-versiones de ambos.

— Para el filósofo estoico Séneca (que escribió en los cuarentas d. C.) los sabios nunca debían juzgarse a sí mismos según la riqueza que tuvieran. Porque la riqueza es un regalo de la diosa de la Fortuna y ella es una crea- tura veleidosa e irracional. No debemos tomarla muy seriamente cuando somos ricos o cuando ella nos ha vuelto pobres.

— De modo similar, para San Agustín los verdaderos cristianos no se estiman más a sí mismos cuando están en el polo social más alto que en el bajo. La verdadera jerarquía del mérito entre la gente no tiene nada que ver con la jerarquía oficial mundana. Ambas ópticas parecerán especialmente confortantes en el 2002. n

El dinero para los partidos

EL DINERO PARA LOS PARTIDOS

POR JOSE WOLDENBERG

EL DINERO PARA LOS PARTIDOS ES:

·     necesario,

·         público, privado o ilícito,

·         prerrogativa,

·         catapulta,

·         condición para su reproducción,

·         público de manera preeminente, según nuestras leyes,

·         jabonoso,

·         tema discutible,

·         generador de diatribas,

·         público, para fomentar la transparencia,

·         público, para equilibrar la competencia,

·         público, para evitar tentaciones,

·         público, para darle la vuelta a la dependencia de las grandes corporaciones económicas,

·         privado, como complemento,privado, para tender redes entre partidos y donantes,

·         privado, para vitalizarlos,

·         ilícito, cuando no se tiene llenadera,

·         $2,303,658,823.97 para actividades

·         ordinarias en el 2002,

·         fiscable y fizcalizado,

·         espinoso,

·         asunto que se debate en todo el mundo,

·         herramienta para generar una nueva realidad,

·         recurso fácil para compararlo con el número de litros de leche que se podrían entregar a los niños, alimento difícil de digerir para la opinión pública,

·         elemento, que en lo fundamental, ha cumplido con sus objetivos, bolsa creciente que podría y debería ajustarse, savia pura,

·         tónico que hay que aplicar en dosis exactas (inexistentes, por cierto), la estructura que sostiene la casa, piedra recurrente de escándalos, prescindible sólo desde la ingenuidad,

·         46% de los recursos manejados por el IFE,

·         nube que empaña otros temas, vacuna contra la irrupción de entidades salvadoras distintas a los partidos,

·         imperativo de manejo responsable y transparente,

·         0.16% del presupuesto de egresos de la federación,

·         vocinglería cíclica,

·         imán para vivos,

·         lubricante de la política,

·         justificable por sus fines,

·         inversión para la democracia,

·         altar donde más de uno se hinca y  algún otro se hincha,

·         inescapable,

·         imprescindible. n

La cruzada por Juan Diego

LA CRUZADA POR JUAN DIEGO

La verdad no suele coincidir con la fe. Pero la fe no necesita de la verdad. Se propaga en los espíritus a pesar, a veces en contra, de los hechos. El culto guadalupano de México confirma esta lógica misteriosa. Ilustres historiadores han mostrado la falsedad documental del portento, al tiempo que su propagación indesafiable en las creencias del país.

La Virgen del Tepeyac ganó su lugar en el imaginario mexicano en una batalla de siglos. La cruzada por la canonización de Juan Diego es más reciente. Empieza al terminar la guerra cristera, en los años treinta del siglo anterior.

Ofrecemos en esta edición de Nexos una crónica a varias voces de La cruzada por Juan Diego, hecha con la mirada de la historia, no con los ojos de la fe.

David Brading. el más reciente gran historiador de la Guadalupana, entrega su visión en tres tiempos:

“El santo y la historia” resume su visión del problema.

“De la Cristiada a la Basílica” cuenta el inicio y el trayecto de la cruzada por Juan Diego.

En “Schulenburg y Rivera”, Brading reconstruye el pleito del abate de la Basílica, descreído de la historicidad de Juan Diego, con el arzobispo de México, radical creyente en ella.*

Manuel Olimón sostiene sus dudas sobre la existencia del medianero en “Juan Diego: ¿Personaje histórico?”.

Luis González de Alba ata viejos y nuevos cabos de la invención del santo y sus milagros en “El affaire Juan Diego”.

Antonio Annino desnuda la voluntad de afirmación global que recorre a la Iglesia católica en “El Tepeyac en el mundo global”.

Siguiendo la obra de Brading, la redacción de Nexos entrega una cronología de “La construcción guadalupana”.

Por último, en “Razón o fe”, con las cifras de una encuesta ciudadana, Leticia Juárez muestra que las creencias son más potentes que la realidad.

La fe tiene razones que la razón no entiende. La historia tiene argumentos que la fe no puede, ni quiere, ni necesita entender, n

*”De la Cristiada a la Basílica” y “Schulenburg y Rivera” son pasajes de la obra magna de Brading, La Virgen de Guadalupe. Imagen  tradición, que en estos días hace circular editorial Taurus, a quien agradecemos su generosa autorización para reproducir tales textos.

Numeralia

NUMERALIA

POR ROBERTO PLIEGO

585

Generales mexicanos en activo.1

329

Generales estadunidenses en activo.2 16,500 millones de dólares Gasto militar en América del Sur durante 1991.3 26,300 millones de dólares Gasto militar en América del Sur durante 2002.4 80 Porcentaje de exmiembros de la KGB que ocupan posiciones importantes en las principales instituciones financieras de Rusia.5

43

Porcentaje de niños en Francia que nacen fuera del matrimonio.11

2,000

Operadoras de agua potable en México.13

30

Porcentaje de la producción de agua potable en México que llega a cobrarse.14

10 pesos Costo de producción de un litro cúbico de agua potable en México.15 1.4 pesos Tarifa de consumo por un litro de agua potable en México.16

60

Porcentaje de las vacunas utilizadas en México que son importadas.17

3

Exorcismos que el papa Juan Pablo II ha practicado desde que está al frente del Vaticano.18

10,000,000 Mexicanos que padecen reumatismo.19 412

Reumatólogos en México.20

8

Veces al día que un francés piensa en hacer el amor.21 1.64 dólares Precio promedio por una taza de café en un restaurante de París.22 2.51 dólares Precio promedio por una taza de café en un restaurante de la Ciudad de México.23

300,000

Matrimonios que se celebran anualmente en Francia.12

2,000,000 Negocios en poder de hispanos en Estados Unidos.7

50

Porcentaje de esos negocios que pertenecen a mexicanos.8

113

Estaciones de televisión que pertenecen a personas de origen hispano en Estados Unidos.9

1,300

Publicaciones que pertenecen a personas de origen hispano en Estados Unidos.10

17,000

Toneladas de alimentos que diariamente se desperdician en México.6

Fuentes: 1-4. Proceso: 18 de febrero de 2002; 5. Reforma: 18 de febrero de 2002; 6. La Jomada: 1 de febrero de 2002; 7-10. Reforma: 11 de febrero de 2002; 11-12. El País: 12 de febrero de 2002; 13-16. El Financiero-, 13 de febrero de 2002; 17. La Jornada: 14 de febrero de 2002; 18. La Jornada: 19 de febrero de 2002; 19-20. La Jornada-, 1 de febrero de 2002; 21-23. Milenio: 14 de febrero de 2002.

Bin Laden, salud pública y el hoyo de ozono

BIN LADEN, SALUD PÚBLICA Y EL HOYO DE OZONO

POR CINNA LOMNITZ

Como el terrorismo, la enfermedad no depende del gasto social ni de la pobreza, su efecto contrario, la salud, depende de una democracia igualitaria, dice Cinna Lomnitz en estas páginas que, además, traen nuevas noticias sobre la capa de ozono.

 Contrariamente a lo que suponen los numerosos expertos que han opinado sobre el particular, los ataques terroristas del 11 de septiembre no fueron motivados por la pobreza ni por la desigualdad social. Mucho menos se deben al resentimiento histórico de un oriente fanático contra un occidente esclarecido. El ingeniero Osama bin Laden, un hombre educado, de excelente formación profesional y miembro de una élite social de reconocido poder económico, se rodeó de discípulos jóvenes de clase media alta. Los conocimientos científicos y tecnológicos eran bienvenidos, y de hecho son más apreciados en los movimientos extremistas de todas las facetas y tendencias que en las altas esferas de nuestro país.

Me permito dudar que el problema del terrorismo pueda controlarse con medidas de tipo burocrático, financiero o militar. Una mejor distribución mundial del ingreso es ciertamente deseable con o sin terrorismo; pero cuán poco sabemos, por ejemplo, acerca de los orígenes y objetivos de nuestra propia guerrilla zapatista. Si se tratara de un movimiento político de izquierda que pretendiera “inscribir a la sociedad mexicana en la globalidad… [por] el bienestar de las mayorías”, según lo ha definido Enrique Semo en las páginas de Nexos. la situación sería distinta. Pero en realidad no entendemos nada de lo que pasa.

Veamos el caso de la salud pública en México. Suele aceptarse como un dogma que la salud depende de las inversiones en hospitales, clínicas, vacunas y antibióticos, o por último de la investigación científica. La realidad es más complicada. Thomas McKeown ha demostrado que la mortalidad mundial por enfermedades infecciosas empezó a declinar mucho antes de que existieran los tratamientos modernos. En Inglaterra, la mortalidad por tuberculosis bajó a la mitad entre 1840 y 1880, antes de que Koch identificara el bacilo que causa la enfermedad. Cuando finalmente se introdujeron los antibióticos, la mortalidad ya había bajado en un 80%. Lo mismo está sucediendo con otros padecimientos. El incremento de la esperanza de vida, en las sociedades modernas, no se debe a los sistemas de salud sino al cambio socioeconómico: vivienda, agua potable, nutrición, limpieza, reducción de la tasa de natalidad, educación. leyes laborales, acceso de la mujer a las actividades productivas, tolerancia racial y, sobre todo, democracia e igualdad social.

Es un mito que la salud pública dependa del nivel de ingresos. Eso podrá ser verdad en la etapa de despegue de la economía: pero a partir de un ingreso medio per cápita superior a los 10,000 dólares anuales las desigualdades sociales pesan más que la riqueza.

Desigualdad y salud

Si todo fuera cuestión de dólares, Estados Unidos sería el país más saludable del planeta. La realidad es otra. Estados Unidos gasta 5% más en salud y Egipto 3% menos de lo que corresponde a sus respectivos ingresos per cápita. Sin embargo, el resultado es el mismo: cinco años de reducción en la expectativa de vida. ¿Por qué? Es que ambas sociedades son igual de desiguales. En cambio, China (una sociedad relativamente igualitaria) reporta un incremento de diez años en la expectativa de vida de su población a pesar de que gasta menos en salud, relativamente hablando, que países como Zambia o Ghana.

¿Podría suponerse que estos resultados se deben indirectamente al acceso desigual de los americanos o de los egipcios a los servicios de salud? Parece que esta interpretación no es la correcta. La desigualdad social es un factor primario que influye en la salud de los primates. Richard Wilkin- son lo ha observado recientemente en los monos rhesus, donde existen jerarquías sociales muy pronunciadas. Los monos de baja jerarquía viven menos, sin padecer de lacras socioeconómicas tales como cesantía, alcoholismo, tabaquismo, endeudamiento o conflictos intrafamiliares. El ser humano simplemente es social por naturaleza, y la desigualdad erosiona la cohesión social. Una sociedad injusta es también una sociedad hostil, conflictiva, violenta y tensa.

No tratemos de negarlo: se sabe todo eso, y sin embargo no se actúa. Los científicos hablan del gradiente psicosocial para describir la correlación del nivel de salud con el nivel socioeconómico. Por ejemplo, en México la clase media, en un ambiente de fuerte desigualdad social, padece de problemas de salud que no tendría una clase pobre en una sociedad igualitaria. Esto se observa para todas las enfermedades. Así, a principios del siglo XX existía un marcado efecto de gradiente para las enfermedades infecciosas: la mortalidad entre los pobres era invariablemente mucho más alta. Cuarenta años después, la mortalidad por estos padecimientos había casi desaparecido y surgieron las enfermedades crónicas, especialmente las cardiacas. En un principio estas enfermedades afectaban a todos por igual pero luego, hacia 1950, el efecto de gradiente vuelve a aparecer: en Inglaterra, por ejemplo, los pobres padecen del corazón más que los ricos. Lo mismo está sucediendo con el SIDA.

El gradiente psicosocial suele hacer estragos entre las regiones de un mismo país, tal como Estados Unidos. Un estudio médico internacional publicado hace un año muestra que la población de ingresos medios para abajo tiene el doble de mortalidad en el estado de Louisiana que en el de Minnesota. Existe una gran pendiente de desigualdad social entre estos dos estados. Louisiana pertenece a una sociedad vertical, jerarquizada originalmente en torno a una economía de grandes haciendas. En cambio, Minnesota surgió como una sociedad igualitaria de pequeños propietarios. La ventaja de Minnesota se traduce en un mayor nivel de confianza social, una alta seguridad mutua basada en redes sociales, una mayor inversión en educación y una mayor igualdad de la mujer.

Como era de suponer, los migrantes mexicanos a Estados Unidos también se han visto afectados por los problemas característicos de la pendiente psicosocial: epidemias de obesidad y adicción entre los adolescentes y una mayor incidencia de enfermedades crónicas en los adultos. Los problemas empiezan a notarse desde el recién nacido, y ciertamente no se deben a un menor acceso a los servicios de salud.

Lo más notable es que el gradiente psicosocial afecta especialmente a los estratos medios de ingresos comparables en los países desarrollados. La esperanza de vida de un suizo es de 78.6 años y la de un estadunidense es de 76.6 años. Parece poca la diferencia, pero resulta que la mortalidad de un americano de clase media, entre los 25 y los 64 años, es casi doble que la de un suizo.

Abundan los mitos acerca de que las naciones en desarrollo, debido a sus deficientes sistemas de salud pública, exportarían sus enfermedades a los países desarrollados. El contagio del SIDA se habría originado en Haití por sus contactos con África y sus rituales exóticos y sangrientos. Sin embargo, las investigaciones de Paul Far- mer de la Universidad de Harvard demuestran que no hubo contacto significativo entre África y Haití, pero sí una gran afluencia de “turismo sexual” desde Estados Unidos. El contagio del SIDA llegó a Haití de Estados Unidos y no al revés.

Conclusión: la enfermedad es como el terrorismo. No depende del gasto social ni de la riqueza. Arabia Saudita, un país de altos ingresos medios, posee una desigualdad social muy fuerte y es una incubadora de terrorismo y de enfermedades. La salud pública, en el sentido de la longevidad y de la ausencia de afecciones entre la ciudadanía, depende del fortalecimiento de una vida pública sana y de una democracia igualitaria. Es inseparable de la salud del cuerpo social.

LOS CFC Y EL HOYO DE OZONO

 Nuestro gobierno ha argumentado que el desarrollo de la ciencia en México se justifica solamente en términos de su utilidad social. Como si fuera tan fácil. Nadie negará, por ejemplo, que el mexicano Mario Molina mereció el Premio Nobel que le fuera otorgado en 1995 por sus investigaciones revolucionarias sobre los clorofluorocarbonos (CFC) y su impacto sobre la capa de ozono. El doctor Molina es un ejemplo para todos los científicos mexicanos.

Sin embargo, posteriormente se demostró que el “agujero de ozono” es causado por otras reacciones químicas que se producen con la luz solar visible en la superficie de los cristalitos de hielo formados en la estratosfera polar en presencia del ácido nítrico. Los mecanismos propuestos por Molina y por su colaborador Sher- wood Rowland implicaban reacciones gaseosas con luz ultravioleta. Predecían un efecto mucho mayor en las latitudes medias y bajas; en cambio, nunca pudieron imaginar ni predecir el tremendo agujero estacional que se formó en la capa de ozono sobre el continente antártico.

Cabe preguntarse si esto invalida o no la labor realizada por estos científicos, suponiendo que no sólo identificaron incorrectamente el proceso químico de la interacción de los CFC con el ozono atmosférico sino negaron que pudieran existir otros mecanismos, como el que efectivamente ocurre. La doctora Maureen Christie se plantea esta interrogante en un valioso libro (The Ozone Layer, Cambridge University Press, 2001). El problema posee trascendencia filosófica evidente pero repercute más allá, puesto que somos muchos quienes coincidimos en principio en que un resultado científico incorrecto no debería ser apoyado.

Afortunadamente, los colegas del doctor Molina concuerdan en opinar que su trabajo, aunque incompleto, fue esencial ya que contribuyó a que otros investigaran el impacto del CFC sobre la capa de ozono. Lo que pasa es que la utilidad social o económica de una investigación científica no puede legislarse por anticipado, y menos cuando se trata de posibles efectos sobre la salud o la seguridad nacional.

Así, cuando se supo que el accidente aéreo del 12 de noviembre sobre Nueva York se debió al desprendimiento de la cola del avión, se ordenó de inmediato una investigación tendiente a reforzar las uniones de la cola con el fuselaje en todos los aviones del mismo tipo. Sin embargo, el accidente pudo deberse a un error de maniobra del piloto. Lo que importaba en este caso no era tanto la verdad del asunto como la prevención de futuros accidentes. De la misma manera, el avance de la ciencia en México trae su propia dinámica y es por eso y no por otras consideraciones que debemos promoverla, especialmente desde la perspectiva de las carencias de nuestro país. Es de esperar que el Conacyt concuerde con esta apreciación. n

Juan Diego: ¿Personaje histórico?

JUAN DIEGO: ¿PERSONAJE HISTÓRICO?

POR MANUEL OLIMÓN NOLASCO

Manuel Olimón Nolasco, profesor de la Universidad Pontificia de México, ha escrito un texto que advierte del riesgo de canonizar a Juan Diego sin que su historicidad esté plenamente comprobada. En efecto, el “milagrismo” se ubica en el contexto de la tradición y no en el de la historia. Quienes, como Manuel Olimón Nolasco, han expresado dudas razonables, quienes intentan frenar la manipulación en torno a la imagen de Juan Diego, se han dado de frente con la intolerancia.

1. Una “filtracIÓn” periodística

Conforme corría el día 21 de enero de 2002, iba creciendo el rumor: Andrea Tornelli, poco discreto periodista italiano, había hecho públicos fragmentos de una carta escrita dentro del ámbito del secreto propio de los procesos en que se advertía del riesgo de canonizar a Juan Diego sin que estuviera probada plenamente su historicidad, como lo había solicitado la Congregación para las Causas de los Santos. Uno de los implicados era quien escribe estas líneas.

En los días siguientes, en los medios masivos se construyó una base de información que dejó percibir alto contenido de emociones y puso de relevancia el autoritarismo latente en ciertas áreas de la cultura mexicana y de manera especial en el ambiente “clerical” a pesar de la prístina lucidez del Concilio Vaticano II: “todos los hombres están obligados a buscar la verdad sobre todo en lo referente a Dios y a su Iglesia y, una vez conocida, a abrazarla y practicarla… Estos deberes tocan y ligan la conciencia de los hombres y la verdad no se impone de otra manera que por la fuerza de la verdad misma, que penetra suave y a la vez fuertemente en las almas”.1

Después —y qué bueno— vino el análisis: Bernardo Barranco reflexionó: “es claro que detrás de (una) falsa polémica no está la existencia de Juan Diego sino la apropiación de lo que el indio representa para la Iglesia (y) la sociedad. Hay intereses comerciales y políticos en los medios por la representación simbólica de Juan Diego… aquel que nace excluido… que nunca dice ‘no’ y siempre hablará en diminutivo… Del otro lado queda el indígena como sujeto de derechos y verdadero actor social, cuya dignidad comienza por el respeto a su identidad cultural y religiosa”.2 Y Carlos Martínez Assad: “El problema a dilucidar es… por qué la prisa para la canonización si para los creyentes es innecesario el procedimiento burocrático y en el imaginario la aparición se vincula indisolublemente a la Virgen que concede la gracia al indio mexicano. Quizá la reivindicación a los antiguos pueblos de México pase, según la Iglesia, por la causa de Juan Diego. Pero lo que no se explica es por qué, para lograrlo, Schulenburg debe ser señalado como si la Inquisición estuviese a punto de quemarlo en la hoguera”.3

2. Declaraciones clericales en contexto autoritario

Lo de la “Inquisición” y lo de “hoguera”, como elementos imaginarios que canalizan sentimientos desbordados, se hizo patente en las primeras declaraciones después de la “filtración” de Andrea Tornelli a II Giornale, que el periodista encuadró en su habitual preocupación ante el “racionalismo”: “El ambiente intelectual en el que nace su crítica (de monseñor Schulenburg) es el racionalista, que tiende a considerar como mitos las apariciones y milagros, llegando a dudar de aquellos descritos en el Evangelio”. En ese mismo contexto había entresacado frases de una larga entrevista que don Guillermo había dado a Javier Sicilia en 1996.1

Javier Lozano Barragán se refirió así a los firmantes de la carta filtrada: “La posición de ellos es completamente falsa. Porque su existencia (la de Juan Diego) está absolutamente comprobada: porque ya fue examinada con todo rigor científico. Estos señores siguen con lo mismo, aunque no tienen ninguna razón. Ya vinieron aquí a Roma y estuvieron en la Congregación de la Doctrina de la Fe y ahí se les dijo que presentaran sus argumentos en la Congregación de los Santos. No hicieron nada de esto, pero esta Congregación constituyó un equipo especial que estudió profundamente el caso y dio su dictamen… Si ellos siguen adelante, allá ellos, que hablan porque tienen boca, nada más. Por lo demás, ya no existe la Inquisición”.5

La trama de fondo, pues, se encuentra en que la Congregación para las Causas de los Santos necesitaba una comprobación plena de la historicidad de Juan Diego, hecha con la metodología normal de todo método histórico. Para Fidel González (y, desde luego, Eduardo Chávez y José Luis Guerrero), esto se logró con la publicación del libro de su autoría El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego* De lo declarado por José Luis Guerrero en multitud de entrevistas y de unas solitarias palabras de Eduardo Chávez.” parece quedar claro que no tiene por qué abrirse el asunto de la historicidad pues quedó cerrado.” Para Chávez. “(La carta filtrada fracasó en su intento por frenar el proceso) (sic) por no tener bases históricas documentales… Fue analizada por la (Congregación) para la Causa de los Santos (sic) ese mismo mes y se descartó… El entregar un escrito a la pontificia comisión (sic) no sólo consiste en presentarlo sino haberlo integrado con una metodología para tener bases firmes en lo que aseguran y. al parecer, la carta no contó con esos elementos”.”Pregunto: ¿quién dijo que una carta es un texto hecho con método histórico?

3. ¿DEUS EX MACHINA?

Guerrero fue más adelante. Suponiendo que el tema histórico quedó zanjado en el “poderoso volumen de más de 500 páginas”, agregó una argumentación teológica que es, por lo menos, extraña dentro del estatuto científico actual de la teología. ‘” En una entrevista con Joaquín López Dóriga en Radio Fórmula el 21 de enero dijo: “que si el ex-abad (sic) insiste en negar el dogma (sic) de Juan Diego podría ser excomulgado porque dudaría de Dios mismo”.(!)” Y de modo más amplio expuso: “el último testimonio, el definitivo, es nada menos que el de Dios. O sea… ya se examinó y se sobreexaminó el asunto desde el punto de vista humano. Se revisaron los dictámenes a favor y en contra. Se llegó a la conclusión de que estaban las cosas a favor. Sin embargo, la Iglesia aun así no decide con un sí rotundo sino que apela al testigo de más absoluta confianza que puede haber. Dios mismo, en forma de un milagro. Que a juicio de la Iglesia quede claramente demostrado que es sobrenatural y que esté hecho en favor de que se canonice a la persona que intercede por él. Eso ya está hecho. Se examinó durante años el asunto (¿del milagro’?). Ya no hay marcha atrás”.1J

Sin pretender un análisis completo a fin de verificar la profundidad conceptual de las palabras de tendencia teológica (“Dios” es, por desgracia, un vocablo manipulable, así como “Iglesia”), haré algunas consideraciones. Para los cristianos, Dios no es una realidad distante pues, desde su dinamismo interno, la Trinidad es ya entrega, comunión, palabra, testimonio y encuentro. Es una realidad que conocemos, aceptamos y amamos dada nuestra apertura relacional a su acercamiento. En la historia y en el presente su revelación, el don de su misterio que se expresa y plenifica el corazón humano, no actúa ex machina como lo describió el pensamiento helénico (bajaba de lo alto Artemisa, por ejemplo, a componer los imposibles humanos); no hace “milagros” automáticos, directos, de beneficio individual, como lo sostiene, entre otras, la corriente pentecostal contemporánea.

Dios, por tanto, se nos ha revelado en la Encarnación de su Hijo de tal manera que —dijo Jesús— “quién me ve a mí ve a mi Padre”. En virtud de la unción anunciada en el Jordán por la voz que dijo: “este es mi Hijo amado, escúchenlo”, Dios es “el Padre de Nuestro Señor Jesucristo”, y este “único Mediador entre Dios y los hombres” actúa sacramentalmente a través del “pueblo de Dios peregrino” que es la Iglesia. Entre ésta y las decisiones de la curia romana y las del mismo Papa, siguiendo la recta doctrina de San Pablo y los Concilios de Trento, Vaticano I y Vaticano II, no hay equivalencia automática, densidad sobrenatural directa, ni cancelación de todo argumento racional”.13

4. Asunto abierto

Me parece, después de apreciar la seguridad con que se afirma que el caso está cerrado en lo histórico y en lo teológico, que no pudo tenerse en cuenta un texto de 64 cuartillas que envié en una versión provisional a la Congregación para la Doctrina de la Fe en el primer semestre de 2001 y que en otra versión tengo lista para publicarse.” De igual modo que en Roma, se ha considerado como última palabra el largo artículo de Fidel González publicado en L Ossewatore Romano que tiene muchos aspectos discutibles en relación con las fuentes y no logra, aunque lo diga, probar la convergencia de ellas para establecer sin dudas la historicidad. Me ocuparé directamente de esa posición más adelante.15

Se ha anunciado que “Juan Pablo II” —devoto de la Virgen de Guadalupe— “se sumó al pedido del arzobispo de la ciudad de México, Norberto Rivera, y, si su salud se lo permite, viajará a la capital mexicana el 28 de julio para proclamar santo a Juan Diego”.16

Algo, sin embargo, no andará bien pues la pregunta, para muchos inútil, dado el contexto de “tradición” y no de historia en el que se enmarca el caso, queda abierta. Cito a Javier Sicilia: “el ex abad guadalupano tiene razón: la Iglesia católica (sic) cometió un error al querer llevar a los altares al indio Juan Diego jurídicamente, porque no hay pruebas científicas que acrediten que vivió; sólo sobrevive la palabra de los indios”.17 Sensatamente también escribió Modesto Suárez: “Se ha criticado a quienes, con espíritu analítico, han expresado dudas razonables y fundadas sobre la existencia histórica de Juan Diego, la mayoría de las veces sin responder a sus argumentos, creando así un clima de intolerancia. La Iglesia católica debería ser la primera interesada en canonizar a una persona cuya existencia histórica quedara acreditada fuera de toda duda, y debiera propiciar el diálogo entre religiosos y especialistas laicos. Estos debieran a su vez poder formular sus juicios y aportar sus conocimientos sin el temor de ser condenados.

“La canonización de Juan Diego debe ser motivo de orgullo para los mexicanos, siempre y cuando sea hecha con base en pruebas históricas. No hacerlo así debilitará la figura del nuevo santo y propiciará la manipulación de su imagen”.18 n

1 Declaración sobre la libertad religiosa, Dignitatis humánete. 7 de diciembre de 1965. n. 1.

2 El falso debate sobre la existencia de Juan Diego”, en La Jornada. 30 de enero de 2002. La segunda postura no es ajena a la tradición católica: Cf. Documento de Puebla. 1979, passim, ISEE, libro anual. 1981. sobre el mensaje guadalupano y en algunos textos la figura evocadora de Juan Diego. Y el contenido dinámico del mensaje del papa Paulo VI en el 75° aniversario de la coronación de la imagen guadalupana (12 de octubre de 1970), enraizado en el papel de María “en el misterio de Cristo y de la Iglesia” (Concilio Vaticano II: Constitución sobre la Iglesia, Lumen Gentium, cap. VIII): “Un cristiano no puede sentirse tranquilo mientras haya un hombre que sufre, que es tratado injustamente, que no tiene lo necesario para vivir… no puede quedarse insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones”. Así como las palabras del propio Paulo VI el día de la inauguración de la nueva basílica, el 12 de octubre de 1976: “no podríamos dejar de mencionar aquí, con especial énfasis y afecto, al más pobre, el campesino, que espera con justa impaciencia la realización de las promesas tantas veces hechas y a veces olvidadas. A él la Iglesia se siente particularmente cercana”.

3 Juan Diego y la intolerancia”, en El Universal. 29 de enero de 2002.

4 Texto de Notimex publicado en Meridiano (Tepic, Nayarit), 23 de enero de 2002.

Respecto al “racionalismo”, hay que tener en cuenta que fue rechazado en su versión extrema por el Concilio Vaticano I (1869-1870) en igualdad de circunstancias con el “fideísmo”, al que se acerca peligrosamente el “milagrismo” expuesto por algunos declarantes de estos días. Sobre el asunto de los “milagros”, sobre todo los narrados en los Evangelios, cf. el clásico, F-X Durwell: El milagro, signo de salvación. Herder, Barcelona, 1970 (hay otras ediciones). Para profundizar en el tema: A. Brambila: La paradoja de la creencia y la fe, Jus, México, 1975. M. D. Chenu: La fe en la inteligencia, Estela, Barcelona, 1966. W. Pan- nenberg: Teoría de la ciencia y teología, Europa, Madrid, 1981. “Acercamiento teológico a la acción de Jesús en su vida pública”: Profesores del área bíblica, Jesús: miradas y acercamientos, Universidad Pontificia de México, México, 1997. “Introducción a los ‘fundamentalismos’ culturales”: M. E. Marty/R. Scott Appleby: Fundamentalisms Observed, The University of Chicago Press, Chicago, 1991.

5 En México se publicaron al menos dos versiones; una, más corta y sin pulir, Novedades, 23 de enero de 2002, donde se titula “cardenal”, y otra más amplia y mejor editada en la que es “arzobispo”, El Universal, misma fecha, que aquí cito. Modifiqué la ortografía y la sintaxis de dos frases pues el texto manifestaba el estilo oral. Nótese el énfasis, reflejo de molestia emocional, y el exceso de adverbios: “absolutamente, completamente, profundamente”. De hecho, sólo quien firma este artículo fue a Roma a la Congregación citada. Ahí fui recibido el sábado 13 de octubre de 2001 a las 10 de la mañana, por los sacerdotes Manna y Curry, el primero en nombre del secretario, arzobispo Bertone. Lo dicho por Lozano no pudo ser conocido sin que se le haya revelado por escrito o de forma oral lo que conversé en el ámbito del secreto de los procesos que garantiza la libertad para acudir a la Santa Sede en los casos más graves (“Ya vinieron… y ahí se les dijo…”). De hecho, con quienes conversé sólo me sugirieron que hablara con el padre Gumpel de la Universidad Gregoriana y el padre Fidel González de la Universidad Ubaniana.

6″Porrúa, México, 1999. Este libro de XXXVI1I+564 páginas no distingue cuáles capítulos son de responsabilidad de cada uno de los autores. Tornelli habla de un extracto de González con los resultados de “una investigación rigurosísima desde el punto de vista de la metodología histórica publicada en un poderoso volumen de más de 500 páginas” y a que “(después) Roma dio vía libre a la continuación de la causa”. De hecho, el libro no es tan riguroso, no logra la necesaria convergencia de fuentes ni la separación entre la tradición guada- lupana, la iconografía, la narración central (Nican mo- pohua) y el culto de lo que debía ser la biografía y hagiografía del sujeto buscado. ¿De qué fuentes, además de las Informaciones de 1666, hechas a base de preguntas inducidas, proceden sus virtudes “en grado heroico”?

7 Entrevista de Eugenia Jiménez Cáliz, en Milenio, 22 de enero de 2002.

 8 A. Tornelli citando a Fidel González (L’Osseri’atore Romano. 20 de diciembre de 2001), en La Jornada. 22 de enero de 2002.

9 Milenio. 22 de enero de 2002.

10 Cf. B. Lonergan: Método en teología. Sigúeme, Salamanca. 1998. W. Pennenberg: Teoría de la ciencia y teología (cf. nota 4).

11 Versión escrita de Milenio. 22 ele enero de 2002.

12 Ramos y agencias, en Excélsior. 22 de enero de 2002 (ortografía modificada ligeramente.)

 13 Puede ampliarse el tema en M. Arias: El Dios de nuestra fe, CELAM/CEM, México, 1991. B. Forte: Trinidad como historia. Ensayo sobre el Dios cristiano, Sigúeme, Salamanca, 1988. B. Andrade: El camino histórico de salvación, UIA, México, 1989. M. Ramírez: El hombre y el mundo en el sistema de Dios, LtPM, México, 1994. E. Castillo: Tú eres el Cristo. Ensayo de síntesis cristológica, UPM, México, s.f. (1988). J. J. Hernández Alonso: La nueva creación. Teología de la Iglesia del Señor, Sigúeme, Salamanca, 1976. J. Ratzinger: La Iglesia, comunidad siempre en camino, Paulinas, Madrid, 1997. C. Díaz: El hombre: imagen de Dios, Pont. Com. “Justicia y Paz’VIMDOSOC, México, 2001. V. Girardi: Cristo: revelación del hombre, Id., México, 2001.

14 La búsqueda de Juan Diego. Ms., 5 de julio de 2001.

15 “La Vergine di Guadalupe del Messico e l’indio Juan Diego: mito, símbolo o storia”, en L Osservatore Romano, 20 de diciembre de 2001.

16 A. Tornelli citado según La Jornada, 22 de enero de 2002.

17 El Universal, 24 de enero de 2002.

18 “¿Verdaderamente existió?”, en Reforma, 30 de enero de 2002.

Remedios para la sed

REMEDIOS PARA LA SED

POR GONZALO SOLTERO

¿Por qué James Bond bebe vodka martinis? ¿Qué puede llevarlo a reemplazar con aguardiente ruso la ginebra que se produce “by appointment of Her Majesty the Queen”?. Probablemente sea el rencor a una ley según la cual las bebidas con más de 40 grados no pueden producirse para consumo británico, por lo que los 47.2 grados de la ginebra inglesa sólo se destilan para exportación. La historia de este licor se remonta a Holanda en el siglo XVII, donde fue creado por un químico llamado Francis de la Bóe, conocido como el doctor Sylvius. La llamó genévrier, enebro en francés, que es una especie de mora silvestre con cuyas bayas perfumó el alcohol de granos. Es posible que el nombre en español provenga de mezclar las palabras “gin” y “enebro”. Aunque de su antigua receta persiste la ginebra holandesa, un poco más tosca y dulzona, la London Dry Gin conquistó las barras del mundo.

Es uno de los licores que más se usan para coctelería, pero supera al resto en cuanto a graduación alcohólica: tiene la mitad que el etanol utilizado para la cauterización de heridas. No debe ser una coincidencia que el doctor Sylvius en realidad buscaba hallar en sus experimentos una pócima que limpiara la sangre y los riñones. Mientras que el gin & tonic fue una invención de los médicos británicos radicados en la India, que recomendaban su ingesta para paliar los síntomas de la malaria por la combinación con el agua quinada. Es recomendable, por lo tanto, sólo utilizarla para curar los casos de sed crónica, lo que se puede ilustrar con algunas historias clínicas de pacientes afectos al tratamiento.

Un ancestro de Thales Lima-Prado, personaje de Rubem Fonseca en la novela El gran arte, solía consumir cocaína diluida en ginebra, lo cual debe dejar al ajenjo bebido por los impresionistas al nivel de una limonada. Tal vez, la mención más conocida en ficción sobre este licor sea cuando Phillip Marlowe bebe un gimlet en El largo adiós. Mitad ginebra y mitad Roses Lime Juice, este coctel deja al martini chiquito, según quien se lo invita al detective de Raymond Chandler. Semejante apostasía debe ser un guiño del autor pues es impensable sustituir al martini, el acmé en el consumo de ginebra. “Cuando bebo mi primer martini, me siento más grande, más sabio y más alto. Cuando bebo el segundo, me siento superlativo. Cuando me tomo alguno más, ya nada puede detenerme”, celebraba William Faulkner.

La paternidad del martini es estadunidense, peleada de costa a costa por un pueblo llamado Martínez en California y dos bares neoyorquinos, el Knickerbocker y el Hoffman House. La primera receta data del siglo XIX. Incluía marrasquino y bitter de naranjas, posiblemente para disfrazar una mala ginebra. La fórmula evolucionó hasta indicar actualmente seis partes de este brebaje por una de vermouth seco, más la aceituna. Sin embargo, uno de sus atractivos principales es la ductibilidad alquímica de las proporciones. En el Harry’s Bar de Venecia, Ernest Hemingway acostumbraba 15 partes de ginebra por una de vermouth. 007 exige que su martini sea de coctelera y no agitado con revolvedor, lo cual lo reivindica ante los ojos de unos y lo termina de condenar ante otros, pues los bandos se dividen irreconciliables sobre cuál es el mejor método para enfriar la ginebra sin astillar ni diluir los hielos. Algo tan fundamental en este coctel al grado de esculpirle el talle a la copa, diseñada, al contrario que la de cognac, para alejar la bebida del calor de la mano. Por una caprichosa relación inversa, cuando en el interior de este cono invertido el vermouth se hace menos, se vuelve más poderoso, como el filtro mágico que transforma un trago de aguardiente casi sin diluir en un golpe de poesía etílica.

Luis Buñuel, además de asegurar que es un buen estímulo para la imaginación, en sus memorias menciona la siguiente receta: que un rayo de luna atraviese la botella de vermouth, de preferencia Noilly Pratt, antes de dar en la copa de ginebra. Método de tal pureza que ha sido comparado a la concepción de la Virgen pues, como opinaba Santo Tomás de Aquino, el poder generador del Espíritu Santo debió pasar a través de su himen “como un rayo de sol atraviesa un cristal, sin romperlo”.

Situaciones drásticas también pueden producir mezclas notables. Cuando Winston Churchill se veía obligado a despachar desde un sótano de Whitehall durante el bombardeo nazi, se cuenta que su bebida preferida para los momentos de tensión era el martini, seco, que preparaba de la siguiente manera: con el ceño que sólo Churchill podía fruncir masticando un puro mientras soportaba la lluvia de explosivos, vertía la ginebra, muy despacio, mientras miraba fijamente la botella de vermouth, ubicada en el extremo opuesto de la habitación. n

Subsidios, ¿para quién?

SUBSIDIOS, ¿PARA QUIÉN?

La suspensión del subsidio a la electricidad doméstica no generó críticas unánimes —la unanimidad vendrá cuando empiecen a llegar los recibos—. quienes sostienen las posturas más moderadas señalan que el paso es inevitable: el estado no puede seguir subsidiando a los usuarios a costillas de una industria eléctrica que no ha invertido ni se ha renovado en décadas. este rezago provoca altos costos de producción —tarifas reales muy por encima de los promedios de los países industrializados— que ponen en serio riesgo el abasto de energía y la viabilidad del sector en su conjunto.

Posturas menos comprensivas añaden que lo que se subsidia no es el precio final a los ciudadanos, sino la ineficiencia de las empresas del sector. si la electricidad se produjera con los costos de una empresa razonable, no habría problema: el precio final sería mucho más bajo de lo que es y hasta alcanzaría para subsidios selectivos.

Cuando se observan las condiciones en las que opera el sector eléctrico, es obvio que el verdadero subsidio gubernamental no es al ciudadano sino a: 1) los sindicatos del ramo, titulares de contratos colectivos desproporcionados; 2) un exceso de personal que infla hasta el dispendio los costos de la nómina; 3) la tolerancia al robo de electricidad, deporte nacional de ciudadanos individuales y grandes clientes que no pagan (municipios enteros que no pagan o pagan mal).

La decisión de cobrar debe venir junto con la decisión de corregir las empresas y de reformar el sector. la tormenta de las tarifas, que llegará con los recibos, hará más difícil esa reforma porque el gobierno ha empezado por arreglar el final del proceso, que es el cobro, y no por el principio, que es la producción eficiente de lo que vende. n

Manuel Álvarez Bravo: Aura y ojo

MANUEL ÁLVAREZ BRAVO:

AURA Y OJO

POR GERMAINE GÓMEZ HARO

El 4 de febrero pasado, Manuel Álvarez Bravo cumplió cien años de vida y ochenta de una intensa actividad artística. Ante nuestros ojos, este ensayo despliega sil formación visual, sus contactos determinantes con la pintura, sus influencias y lo esencial de sus fotografías, de una exquisita sencillez y de una elegancia más evocativa que realista.

Pocos artistas han logrado captar la esencia del México profundo como Manuel Álvarez Bravo. Pocos han conseguido fusionar la realidad y la surrealidad intrínsecas de nuestra cultura con la sutileza y vehemencia del lenguaje poético de nuestro más celebrado fotógrafo, quien este año cumple una centuria de vida y ocho décadas de intensa creación. Si bien en los últimos tiempos su quehacer fotográfico ha disminuido por la fragilidad de su salud, su notable lucidez y su incansable espíritu creativo lo mantienen activo en la organización de su archivo y en la selección de negativos inéditos que siguen sorprendiendo por su frescura y atemporalidad. Y es que una de las envidiables cualidades de Manuel Álvarez Bravo es precisamente esa infinita juventud que se descubre en su ser y en su obra, que constituye el bagaje de imágenes más significativas del México del siglo XX.

Álvarez Bravo se inicia como fotógrafo hacia los primeros años de la década de los veinte, en tina época marcada por la turbulencia de la Revolución Mexicana y el despliegue ele los nacionalismos exacerbados. Sin embargo, desde su génesis, el arte de Manuel Álvarez Bravo consiguió captar el más puro espíritu de la mexicanidad sin explotar el realismo que continuaba en boga entre sus contemporáneos. Un hecho que definió su formación visual fue su relación íntima y determinante con la pintura. Vale la pena recordar que, antes de decidirse por la fotografía, incursionó en la literatura y en la música, y estudió un tiempo en el taller del pintor Antonio Garduño. Su padre y su abuelo también habían explorado en su momento la creación pictórica. Hacia la segunda década del siglo pasado prevalecía en fotografía el estilo pictorialista, lenguaje de reminiscencia romántica que, mediante trucos técnicos, buscaba recrear las atmósferas lumínicas y las calidades difuminadas de la obra pictórica, especialmente del impresionismo. Una de las más tempranas influencias de Manuel Álvarez  Bravo fue precisamente el paisaje bucólico de Hugo Brehme (México pintoresco, 1923) en fotografías inmersas en el pictorialismo. Aunque esta etapa de su trabajo permanece prácticamente desconocida, existe una imagen posterior —A Monet, 1960— que nos da la idea de lo que probablemente fueron esas piezas, quizá demasiado apegadas a los cánones de la creación plástica. En esta obra, una de sus escasas imágenes a color, el fotógrafo rinde homenaje al pintor francés, al retratar un paisaje arquitectónico, reflejado en la superficie de un río cuyas aguas en movimiento restan definición a la imagen y propician la sensación de pequeñas pinceladas dinámicas a la manera de lo que fue el puntillismo o el rayonismo en la pintura. Es difícil precisar si Manuel Álvarez Bravo tuvo esta intención preconcebida, pero el resultado es muestra de una de las más logradas evocaciones a la pintura realizada desde la técnica fotográfica.

Otra de sus influencias proviene de la pintura vanguardista europea, especialmente del cubismo de Picasso. En una entrevista realizada por Adriana Malvido para La Jornada, el fotógrafo recuerda: “Ver la posibilidad de hacer algo en ese estilo mediante la fotografía, tanto me trastornó que dicha influencia iniciada en 1922 tal vez aún tenga fuerza”. Así, aparecen imágenes fascinantes, en las que se percibe claramente la incorporación de aspectos del cubismo en la composición de formas poéticas elaboradas con elementos tan sencillos como recortes de papel (Ondas de papel, 1926-27; Juegos de papel, 1927), o una torre de jícamas apiladas que conforman una sensual escultura orgánica (Jicamas desnudas, 1929). En esta misma tesitura realizó en 1931 La Tolteca para participar en un concurso organizado por la cementera de ese nombre. Resalta en esta imagen la limpieza de composición que privilegia el juego de líneas perpendiculares y una contraposición de texturas lisas y rugosas. Del modernismo de la época, Álvarez Bravo capta la síntesis formal de los pintores abstractos —pensemos en los constructivistas rusos, en Alexander Rodchenko— y fusiona su léxico con el del visionario Albert Renger Patzsch —célebre por sus imágenes captadas desde una insólita proximidad— al crear composiciones limpias y estructuradas que remiten al equilibrio y armonía del abstraccionismo geométrico (Instrumental, 1931). Esto coincide con el Nuevo Realismo, encabezado por Renger Patzsch quien, en su libro El mundo es hermoso (1928), escribió: “Dejemos la pintura en manos de los pintores e intentemos con los medios de la fotografía crear imágenes capaces de existir por sí solas, sin préstamos de la pintura”. El tiempo ha demostrado que la fotografía es un arte autónomo e independiente per se, pero sus flirteos y concomitancias con la pintura sin duda han dado lugar a creaciones de alta calidad poética.

En otra ocasión el maestro confesó a Elena Poniatowska “haber hecho imitaciones del grabado”, arte que también ha sido pasión que lo llevó a reunir una importantísima colección internacional, recientemente exhibida en el Museo Soumaya, a través de la cual se palpa el buen gusto y la exquisitez que han hecho de este gran fotógrafo un artista de extrema sofisticación.

En 1927, junto con su esposa Lola abre una pequeña galería de arte en Tacubaya donde exhiben obra de Diego Rivera, Tamayo, Orozco y Frida Kahlo, entre otros. Sus lazos con la pintura mexicana se intensifican cuando, en 1930, Tina Modotti es expulsada de México y, tras heredarle su cámara fotográfica, le deja su lugar en la revista Mexican Folkways, con el encargo de retratar los murales de Diego Rivera en la Secretaría de Salubridad Pública. En reiteradas ocasiones, el maestro ha expresado que las influencias de los muralistas y del cine de Eisenstein lo guiaron “al aspecto humano” que es lo más importante en su obra. Aun en imágenes en las que no aparece la figura humana, “algo” nos recuerda, en todo momento, que sus atmósferas están habitadas, y es quizás esa presencia de la ausencia lo que dota a sus fotografías de un aura que se aprehende solamente con el ojo del alma.

Álvarez Bravo ha sido comúnmente relacionado con el surrealismo, especialmente a partir de la admiración que le profesó André Bretón al encargarle la imagen para ilustrar la portada del catálogo de la famosa exposición surrealista en la Galería de Arte Mexicano en 1940. El resultado fue la emblemática imagen de La buena fama durmiendo (1938), una de las más conocidas del fotógrafo que, sin embargo, fue rechazada por la censura de la época, que prohibía la publicación de modelos desnudos que mostraran el vello púbico. En su lugar, se utilizó Sobre el invierno (1939-40), una composición que combina desolación, absurdo, nostalgia y sensualidad, es decir, ambigüedades de carácter plenamente surrealista. Desde entonces y hasta la fecha, Manuel Álvarez Bravo se ha mantenido renuente a ser considerado un artista surrealista, aunque la fantasía y la magia espontánea parezcan coincidir, a simple vista, con algunos de los recursos utilizados por los seguidores de esa corriente. Si bien el maestro ha recurrido al automatismo en su afán de captar la “revelación del instante” que vislumbró Octavio Paz en su trabajo, lo cierto es que. tomando en cuenta la ambigüedad de la realidad mexicana, sus imágenes están lejos de ser oníricas o de expresar meras ensoñaciones, como sucedió con los creadores surrealistas. Esto se debe a que la realidad cotidiana mexicana rebasa, en ocasiones, la surrealidad. Vivimos en un país marcado por eternas contradicciones y por la ambivalencia de distintas realidades superpuestas que, a la vez, se amalgaman y devienen extraña simbiosis del edén y el inframundo. La sensible y aguda mirada de Manuel Álvarez Bravo ha logrado captar, a lo largo de ocho décadas de búsqueda, imágenes azarosas del México urbano y rural, del México tangible e intangible, del México nuestro y ajeno, que son el ejemplo más fiel y certero de una realidad que rebasa los límites de la imaginación.

En su serie de fotografías de los extravagantes escaparates de negocios del centro de la ciudad en los años treinta, algunas cercanas al espíritu de Eugéne Atget y de Andró Kertész, se palpa la esencia de un lenguaje visual enteramente popular que los mexicanos entendemos como algo simple y cotidiano, en tanto que, para los extranjeros, son imágenes inconcebibles en el orden de la interpretación racional. Por eso, fotografías como Dos pares de piernas (1928), Parábola óptica (1931) o Vitrina de radiografías (1940) fueron interpretadas por Bretón y sus seguidores como metáforas poéticas inmersas en la surrealidad. Si observamos con profundidad escenas en primera instancia sencillas, y hasta cierto punto intrascendentes, como La casa del perro (1922) o Un poco alegre y graciosa (1942), queda claro que la serendipia juega un papel importante, por el hecho de propiciar asociaciones inauditas y analogías inesperadas, cualidad que Baudelaire consideró esencial en toda obra de arte. Imágenes como éstas, de una exquisita sencillez y una elegancia sublime, dan cuenta de que la intuición de Manuel Álvarez Bravo ha sido su principal herramienta para demostrar que ahí dónde aparentemente no pasa nada, pasa todo.

La serie de homenajes y publicaciones que tendrán lugar a lo largo de este año para conmemorar el centenario de nuestro más grande y joven fotógrafo, será ocasión inmejorable para revisitar su extensa creación, conformada por imágenes simbólicas abiertas a un sinfín de interpretaciones. Acaso una de las principales cualidades del arte de Manuel Álvarez Bravo sea su capacidad de transformar la realidad cotidiana en iconos eternos y atemporales que evocan, con invaluable sencillez, la más pura esencia de la mexicanidad en la que todos los mexicanos nos podemos reconocer. n

Sexo y chocolate

GRATIS

En una reciente investigación se hizo la siguiente pregunta:

¿QUE ES MEJOR, EL CHOCOLATE O EL SEXO?

Para sorpresa de los encuestadores la respuesta mayoritaria fue: ¡EL CHOCOLATE!Para tratar de entender lo que ocurría, se realizó una nueva encuesta donde se solicitó enumerar las razones de tal preferencia. Las principales respuestas fueron las siguientes:

1.   El chocolate es mejor, porque aunque no esté duro, satisface de la misma forma.

2.   Uno puede comer chocolate en el auto sin ser interrumpido por los policías.

3.   Usted puede comer chocolate delante de su mamá.

4.   Si usted muerde con fuerza, el chocolate no grita ni reclama.

5.   Dos personas del mismo sexo pueden comer chocolate juntas sin ser insultadas.

6.   El chocolate no reclama si usted se lo comió muy rápido.

7.   El chocolate no deja pelos en la boca.

8.   Usted no necesita mentirle al chocolate.

9.   Al chocolate no le importa si usted es virgen o no lo es.

10. Uno puede comer chocolate cualquier día de la semana.

11. Uno nunca es muy joven o muy viejo para comer chocolate.

12. Cuando usted come chocolate los vecinos no escuchan.

13. El tamaño del chocolate no importa, lo que importa es el placer que proporciona.

14. El chocolate siempre tiene buen olor.

15. No duele comer chocolate por primera vez.

16. El chocolate no transmite el SIDA.

17. No es necesario usar condón para comer chocolate.

18. Nadie termina un matrimonio por falta de chocolate.

19. No es necesario esperar casi una hora para comerse otro chocolate.

20. Después de comer el chocolate nadie necesita quedarse abrazado a su envoltorio.

Después de lo cual, saquen ustedes sus propias conclusiones. (Con un agradecimiento a Ricardo Bada.)

Los motivos de S & P

LOS MOTIVOS DE S&P

El boletín de Standard & Poors, justificando su absolución a la deuda mexicana, enlista los siguientes rasgos favorables de la economía mexicana:

• Buena política fiscal y monetaria que mantuvo la estabilidad macroeconómica en el año 2001, pese a la profunda caída en el crecimiento económico y la turbulencia en los mercados emergentes. esto permitió atraer grandes flujos de capital y una dramática caída de las tasas de interés (en términos nominales y reales) a los más bajos niveles históricos.

• Mejoría recaudatoria. pese al crecimiento negativo, la mejoría en materia fiscal y aduanera permitió cobros de impuestos al ingreso y al valor agregado muy superiores a lo esperado.

• Mayor transparencia. El gobierno de fox mejoró la transparencia de las cuentas públicas informando de los requerimientos de deuda del sector público (public-sector borrowing requirement: psbr), indicador clave para medir la situación fiscal porque incorpora las transacciones de deuda gubernamental que no son parte del presupuesto.

• Mejoría en las condiciones de la deuda pública. el perfil de la deuda externa de méxico fue reconfigurado en el 2001, aumentando los plazos promedio de pago a 17.5 años (ese promedio era de 9 años en el 2000).

• Mejoría en la liquidez. la abundancia de reservas comparada con el financiamiento externo requerido, muestra mayor solvencia del país para el servicio de su deuda.

• Mayor integración de la economía real y del sector financiero a los estados unidos mediante el TLC.

Las limitaciones de méxico, según s&p, son:

• Déficit público real de 4% del pib (el déficit presupuestal es sólo del 1%).

• Base fiscal estrecha, que permite anticipar un gasto público para el año 2002 del orden del 17% del producto interno bruto, gasto bajo para un país con las necesidades sociales y de infraestructura de méxico.

• Débiles prospectos de reforma estructural. la oposición del congreso a la reforma fiscal propuesta por Fox, y las divergencias en otros temas claves, parecen indicar que el gobierno no tendrá apoyo suficiente para llevar adelante las reformas en el sector eléctrico y el sector petrolero. Estas reformas ayudarían a méxico a lograr un crecimiento estable y sostenido, sin inflación, en el mediano plazo.

Dicho todo lo anterior, Standard & Poors concluye en letras mayúsculas su diagnóstico para el futuro inmediato de México: panorama: estable.

El Santo y la historia

EL SANTO Y LA HISTORIA

POR DAVID BRADING

En este ensayo concebido en exclusiva para nuestra edición de Nexos, David Brading, el brillante indagador del pasado mexicano, expone muy bien las razones que inducen a dudar de la realidad histórica de Juan Diego, cuya canonización inminente ha dejado al descubierto una larga serie de falsificaciones. Si algo queda claro, es que la Congregación para las Causas de los Santos de Roma se abstuvo de aplicar las reglas más elementales de evidencia histórica y se inclinó por el peso de la tradición en México. Enseguida, ofrecemos algunos pasajes del extraordinario estudio de David Brading, La Virgen de Guadalupe. Imagen y tradición (Taurus, 2002) que aparecerá en estos días, cuyas páginas memoriosas y memorables rastrean la génesis y el significado de la doctrina, la historia y las ceremonias guadalupanas.

Como forma de conocimiento, la historia difiere de la literatura y del arte, ya que depende de la evidencia que dan los registros escritos para sustanciar su retrato del pasado. Ahí donde los registros no existen, el historiador difiere del arqueólogo, del estudiante de arte y, a veces, del teólogo. Por ejemplo, ahora la mayor parte de los estudiosos de la Biblia reconocen que el Pentateuco, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, fue escrito varios siglos después de los hechos que describe y fue inspirado por afanes teológicos que iban más allá de lo que incumbe a la exactitud histórica. Al igual que Tucídides, los autores bíblicos dotaron a sus protagonistas de discursos apropiados a su personaje y situación. De manera parecida, en 1648 Miguel Sánchez publicó un muy elaborado tratado teológico, lleno de citas de la Escritura, los Padres de la Iglesia y teólogos posteriores, cuya intención era celebrar, definir y explicar el origen y el carácter milagroso de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Su objetivo primordial era demostrar que la Iglesia mexicana debía su fundación, no a las prédicas de los misioneros españoles, sino a la intervención directa de la Madre de Dios. En algunas partes su libro está escrito con una emoción palpable, como si lo hubiera inspirado el Espíritu Santo, y logró darle a su patria una parábola sublime, una historia de salvación, un evangelio mexicano. El Nican mopohua (1649) simplemente extractó, de la compleja prosa de Sánchez, una versión sencilla pero con mayor intensidad dramática de los eventos que Sánchez describe, adornada con los recursos retóricos del náhuatl eclesiástico.

Pero ¿a qué fuentes y antecedentes recurrió Sánchez? Hay que preguntarse esto porque él mismo confesó que no había podido encontrar ningún registro contemporáneo de los hechos que describía y que se había fiado de la tradición oral. De hecho, Sánchez recurrió a distintos registros de apariciones previas y a fuentes bíblicas. En México, Sánchez tenía a la mano la aparición de la Virgen a “don Juan”, un cacique indio, como lo describió Luis de Cisneros en 1621, al que María le reveló el paradero de su imagen de Los Remedios, que uno de los conquistadores trajo de España pero que se había perdido durante “la noche triste”. Estaba también la relación, publicada en 1616 por Diego Murillo, de la aparición de la Virgen a Santiago, en Zaragoza, donde ella se dirigió al apóstol fundador de la Iglesia española como “hijo Diego”, le dio la imagen de Pilar, enviada del cielo, y le ordenó construir una capilla donde ella pudiera ayudar a todos aquellos que vinieran en espera de alivio de sus “necesidades”. En tercer lugar, Sánchez recurrió a los coloquios de Moisés y el Señor como se relatan en los libros del Éxodo y el Deuteronomio.

Aunque a Sánchez lo movían afanes teológicos y patrióticos, ¿no es posible que haya recurrido también a la tradición oral relativa a Juan Diego? Un indio llamado Juan bien pudo haber vivido cerca del Tepeyac en algún momento del siglo XVI; bien pudo haber adquirido una reputación de santidad y hasta hablado con la Virgen. Pero no hay un solo documento que dé prueba de su existencia. Hay uno o dos documentos que mencionan a un indio Juan en relación con el Tepeyac, pero esas referencias se confunden claramente con el don Juan de Los Remedios, quien, nos informa Cisneros, habló con Nuestra Señora de Guadalupe cuando visitó su santuario en busca de una cura a sus padecimientos. Por lo que respecta a los testimonios orales recogidos por Francisco de Siles en Cuautitlán en 1666, estuvieron obviamente influidos por la relación previa de Sánchez y no tienen valor como evidencia histórica. Finalmente, en 1688 Francisco Floreia informó que el nieto de Juan Diego le había dado una pequeña reproducción en bronce de la Guadalupana, que había pertenecido a su antepasado, un jesuíta muy conocido. En todo caso, la existencia o no de un “Juan histórico” poco tiene que ver con la figura de Juan Diego, una diferencia expresada por Sánchez cuando explicó que “Diego” era el “sobrenombre” del indio; “sobrenombre” era un término que en ese tiempo con frecuencia designaba a un alias o a un epíteto, y que aquí se le aplicó al indio para indicar que él era el Santiago de México, aunque sugiriendo también a San Diego, el humilde hermano lego franciscano canonizado en 1588.

Que Juan Diego es fruto de la inspiración teológica de Miguel Sánchez se demuestra por el modo en que retoma escenas bíblicas. El Señor se le aparece a Moisés en un zarzal ardiente en el Moreb, María se le aparece a Juan Diego en el Tepeyac. Moisés bajó del Monte Sinaí cargando las Tablas de la Ley que luego fueron depositadas en el Arca de la Alianza; Juan Diego bajó del Monte Tepeyac cargando las flores que fueron transfiguradas en el retrato de la Virgen e inscritas sobre su tilma, que así se convirtió en el Arca de la Alianza mexicana. Más aún, cuando Sánchez definió a la Guadalupana como la copia milagrosa de la Mujer celestial descrita por San Juan en el capítulo doce del Apocalipsis, subrayó que los Padres de la Iglesia siempre habían definido a la Mujer como un símbolo tanto de María como de la Iglesia, de modo que la Guadalupana enviada del cielo significaba así la fundación de la Iglesia mexicana.

Cuando el Papa Juan Pablo II canonice a Juan Diego, habrá elevado a la santidad al héroe de un drama teológico. Será una declaración de que Miguel Sánchez, el autor del drama, estaba inspirado por el Espíritu Santo. En todo este asunto, la Congregación para las Causas de los Santos de Roma se abstuvo al parecer de aplicar las reglas normales de evidencia histórica, y en vez de eso se ha inclinado al peso de la tradición en México. Desde finales del siglo XVII, Juan Diego ha existido pictóricamente, ya que desde entonces en la mayoría de las reproducciones de la Guadalupana se volvió regla inscribir las escenas de las apariciones en las cuatro esquinas de la pintura. Como tal, la devoción por Nuestra Señora de Guadalupe ha traído siempre consigo un reconocimiento del papel de Juan Diego y, en ese sentido, Juan Diego de hecho ha llegado a poseer una realidad histórica. Pero parecería que los procedimientos en curso en el proceso de canonización en Roma han confundido las categorías teológicas y han quedado expuestos a la falsificación histórica. Si a la larga la Iglesia mexicana ganará o sufrirá por la próxima canonización de Juan Diego, sólo el tiempo habrá de decirlo. n

Nostradamus y otro charlatanes

NOSTRADAMUS Y OTROS CHARLATANES

POR ERICH EISENHAUER

NOTA Y TRADUCCIÓN DE JOSÉ MARÍA PÉREZ GAY

A partir del 11 de septiembre, Las Profecías de Nostradamus ha sido uno de los libros más vendido, en Estados Unidos y Alemania. La barbarie terrorista ha convocado más que nunca el miedo al futuro y, en  caso de Nostradamus, a los profetas del pasado. Es impresionante el interés de los lectores por las antiguas profecías, la necesidad de comprobar que alguien había previsto la tragedia. En algún lugar de sus textos—afirman sus nuevos comentaristas— está escrita la destrucción de las Torres Gemelas, los días de pánico e incertidumbre de New York y el futuro apocalipsis. Todo se mezcla: teología y ciencia, retórica y real asombro ante la catástrofe. Todo les da ocasión de aguzar preguntas. El universo es un vasto laberinto, dentro del cual violencia y muerte encuentran sus cifras verdaderas. Nada más cercano a este rompecabezas irracional que Nostradamus. En él profecía y temor se confunden. Vaticinar es saber y todo saber, como todo vaticinio, está referido al más allá. Dentro de esta tradición toda racionalidad es blasfemia o locura. De esta audaz negación parte toda su obra y buena parte de los apocalipsis particulares; sus profecías—y sus comentaristas— resumen todo lo oscuro y balbuciente, informe y destructivo que significa la simulación religiosa. Debemos la mejor y más clara descripción de la vida y obra de Nostradamus al escritor alemán Erich Eisenhauer. Su libro Charlatanes, de próxima aparición en Cal y Arena, es, quizá, el intento más serio de iluminar la crítica a los asaltos al futuro y, al mismo tiempo, el rescate de la razón y lo moderno.

El oficio de profeta es uno de los más redituables. El negocio de los videntes —la astrología, la magia, el vaticinio, la clarividencia, la transmisión del pensamiento y el oráculo— siempre tuvo una excelente situación dentro del mercado; los videntes siempre se ganaron la vida sin problemas —por lo menos en esas sociedades donde el respeto por lo sagrado, que son casi todas las que conocemos, los puso a salvo de pagar por sus errores.

Desde los más antiguos tiempos babilónicos se mantuvieron en las cortes de los reyes a quirománticos, astrólogos y videntes vagabundos, a quienes se les pagaba un sueldo por recorrer los pueblos, así como también a grupos de mujeres ancianas que vaticinaban el futuro de sus nietos. Ninguna cultura —por primitiva que haya sido— careció de chamanes que, por un salario mínimo y la garantía de no ser reclutados para el frente de batalla, estuviesen dispuestos a profetizar todo lo que traería beneficios. Ninguna cultura —por ilustrada que haya sido— careció de adivinadores y augures que alimentaran las supersticiones de los otros, sobre todo si el número de los servicios se mantenía dentro de predecibles: encontrar objetos olvidados, adivinar el final de una aventura amorosa, empresarial o militar. vaticinar enfermedades y muertes irremediables. Ante los errores de diagnóstico que se calculaban en toda revelación, un público agradecido se incluía siempre en el acto adivinatorio. Una alegría folklórica desquitaba la pérdida de los vaticinios vagos e inciertos. La gente se lanzaba entonces al aquelarre: todo el mundo se disfrazaba, se ponía las máscaras del delirio o la sabiduría, entraba en éxtasis gracias a músicas extrañas, brebajes mágicos, pócimas secretas o excesos gimnásticos y así, en esa bacanal de los sentidos, dejar que los espíritus hablasen. Se llevaban a escena inquisiciones rituales, majestuosas audiencias divinas, ceremonias milagrosas. Y como los individuos de todos los tiempos siempre pagaron muy bien cualquier cosa que los aliviara de sus existencias monótonas, tuvieron una suerte de generosa indiferencia ante el resultado más bien nulo de estos escenarios orgiásticos —el espectáculo mismo valía la pena.

Por cierto, las artes adivinatorias nunca ofrecieron utilidades prácticas en la vida cotidiana. Sabemos que es innumerable la cantidad de gente que confió en la capacidad profética y se hizo daño siguiendo los consejos de sus asesores astrológicos. Ninguno de los usurpadores —que fallecieron de muerte violenta— fue advertido a tiempo. porque los signos admonitorios, no importa por qué razones, se percibieron demasiado tarde, cuando el crimen se había perpetrado. Astrólogos y biógrafos se pusieron entonces de acuerdo con su clientela ávida de hechos sensacionales, adelantando fechas y deformando tramas, para darle a los signos admonitorios el valor y la dignidad necesarias. Esos vaticinios literarios ex eventu —que se convirtieron en un género del arte arabesco dentro de la historiografía— fascinan muchas veces por sus invenciones poéticas y su arrojo imaginativo, pero su fuerza profética sólo la encontrará quien la necesite por razones profesionales.

Bajo el claro cielo estrellado de Babilonia se registró la primera forma profesional de vaticinar el porvenir; aquí se inventaron aquellas metáforas astrológicas que se han venido repitiendo en las mitologías de otros pueblos: Shamash. el sol, el más esplendoroso de todos los astros; Sin, la luna que de modo enigmático se devora a sí misma y siempre renace; Ishtar, más tarde Venus, que plasma como lucero de la mañana y de la tarde el carácter andrógino de la mujer, su doble papel como dadora de vida y amante, como madre y ramera. El poderoso Marduk. Júpiter, que encarna al Dios de la creación; el débil Nabu, Mercurio, su escribiente divino. Nergal, el rojo sangre símbolo de la guerra y los desastres; Saturno, el sol de la noche que avanza lentamente, parece una estrella cansada y antigua, que nada bueno promete. A un lado de este amplio grupo de dioses planetarios poblaba el firmamento un grupo innumerable de demonios de segunda y tercera clase, bajo una complicada red de constelaciones, cuya verdadera interpretación astrológica hubiese requerido más años que la vida de un sacerdote.

Desde el principio de la contemplación sistemática del firmamento, se escribió en miles de tablas una colección de signos que, al paso de los siglos y gracias a su carácter cíclico, se proponía adueñarse del futuro. La ecuación era demasiado simple. Si una de las constelaciones regresaba con cierta regularidad en los cielos, ese mismo suceso debía ocurrir en la tierra. “Si el sol ocupa el lugar de la luna, en- tonces el rey de ese país se encuentra seguro en su trono. Si Júpiter está antes de la luna, un gran rey morirá”. Para los valientes astrólogos de las cortes, estas cargas y pruebas proféticas no pusieron en riesgo sus vidas porque, en realidad, se trataba sólo de advertencias que, gracias a generosos sacrificios optimistas, podían transformarse en signos de la dicha —el carácter pesimista de los videntes y los administradores de los templos representó siempre un sobresueldo importante.

El arte babilónico de la astrología reapareció tanto en China como en la India, en Egipto como en Grecia. En todas partes se encuentra —disfraces de más o de menos— la misma idea primordial: la correspondencia analógica de las manifestaciones celestes y terrenas que. por lo demás, siempre pueden interpretarse fisiológica y proféticamente. “Luna, Marte, Júpiter, Venus, Saturno, Mercurio y el Sol están siempre en nosotros, por esa razón nuestra parte del éter se transformó en llanto, risas y rabia, sentido, vida, sueño y deseo. Hay sueños, Saturno; vida. Júpiter; sentido, Mercurio; la rabia nos la manda Marte, el sueño Selene, y Venus el deseo, pero la risa viene del sol. Se ríe ante cualquier idea humana y el universo infinito”. La lectura del porvenir en las entrañas mismas de los animales, como la ejercieron primero los etruscos y, siglos más tarde, los romanos, demostró una falta de escrúpulos ante la vivisección. En las entrañas. más bien por su tamaño: en el hígado del animal sacrificado se encontraron las más significativas regiones celestes del horóscopo desde una perspectiva microcósmica, lo que en los campos de batalla facilitaba de modo increíble el trabajo profético, pues los oráculos construidos al fragor de la lucha no servían de gran cosa.

Los libros sibilinos que se conservaron en el Capitolio fueron más dignos, aunque en su vaguedad e inexactitud mucho menos prácticos para la vida diaria que los medios móviles de los augures. La princesa de los sibilinos le ofreció alguna vez al legendario rey Tarquinius Priscus. constructor de cloacas romanas, nueve libros del oráculo rimados en hexámetros, por un precio único que el padre de la ciudad, rey absoluto y pragmático de corazón, rechazó sin dudas.

La princesa profética quemó tres de los libros y exigió el mismo precio por los restantes. El rey, una persona difícil y obcecada, rechazó la compra otra vez. La princesa quemó otros tres libros y volvió a exigir el mismo precio por los restantes. Atemorizado por tanta férrea insistencia, Tarquinius Priscus buscó el consejo de sus augures, los que con prontitud solidaria le recomendaron negociar y comprar de inmediato. Protegidos con todo cuidado por sus propios sacerdotes, consultados en periodos regulares de tiempo, el rey leyó y cuidó los tres libros, hasta el día en que, durante el incendio del Capitolio. desaparecieron entre las llamas. El Senado de la República —que había aprendido a valorar las vagas interpretaciones del Oráculo— decidió publicarlos de nuevo; los eruditos y los escribas, de acuerdo a su propia sensibilidad poética, se lanzaron entonces a restablecer los textos.

Mientras la materia de los libros sibilinos iba perdiendo cada vez más interés en las manifestaciones populares —desde luego a causa de su poca seriedad filológica—, el número de astrólogos foráneos profesionales creció, en Roma, hasta alcanzar cifras increíbles. En interés de la seguridad pública. los magistrados Se toleraba a los caldeos —como se les llamaba en el idioma “sammel- surish” a los astrólogos— porque los círculos ilustrados estaban muy conscientes de la falsedad de sus vaticinios. Por ese entonces Esopo ya se había burlado de todos los videntes porque, como decía, mientras eran incapaces de solucionar sus asuntos propios o privados, fingían conocer y dominar los de los otros individuos. Muchos escépticos, siguiendo esa misma crítica, se burlaron lacónicamente de los astrólogos —subrayando su ignorancia matemática— cuando sostenían que eran capaces de distinguir, en un horóscopo, entre el hijo de un rey o un burro de carga. No obstante, la mayoría del pueblo se apartó de esos sofismas rebuscados y defendió con dignidad las supersticiones. La plebe de las calles, así como también la de los palacios, creía en el fatalismo astrológico; los invencibles horóscopos eran —hasta que César reformó el calendario— de una imprecisión tal, que la vaguedad astrológica le dio vida y espacio al libre albedrío.

Mientras más insegura se hizo la vida en Roma, y más absolutistas sus soberanos, en la época del imperio, tanto más grande fue el poder de los astrólogos. En los mejores círculos sociales se habían acostumbrado también a la falta de libertad. La aristocracia de nacimiento, así como también la del dinero, se fue plegando con una admirable indolencia estoica al destino que señalaban las estrellas, siempre y cuando no le representara demasiadas incomodidades. Aunque los Césares también se doblegaron al imperativo de sus astrólogos, nunca tomaron en serio las especulaciones públicas en torno a sus vidas y la duración de sus mandatos. Augusto prohibió la astrología de modo categórico, sus herederos renovaron siempre ese mandato en periodos regulares. El trabajo de los astrólogos de la corte no desapareció del todo, su deber más urgente era, como en el pasado, encontrar a esos competidores potenciales que demostraban una “ambiciosa ingenuidad imperial” —y llevarlos ante el verdugo.

Si el gremio de los videntes en los oráculos se desempeñó con un estupendo profesionalismo en Babilonia y en el mundo greco-romano, los profetas cristianos de la Edad Media regresaron a esa cólera intuitiva, una de las formas del Antiguo Testamento, que consistía más en las amenazas universales que en un diagnóstico serio y preciso. La trinidad profética —el mundo está mal; el fin, cercano; la redención, posible— se repitió con una intensa monotonía por lo menos para los que deseaban escucharla. La elección de los castigos que caía sobre los conversos era monótona: epidemias, hambre, guerra; también monótona la insólita anunciación escatológica del juicio final, que nunca estuvo tan a la mano como los pecadores deseaban: ¿Cuándo llegará el juicio final redentor y milagroso?… ¿Después de un tiempo, de dos tiempos y medio? El poder de Dios termina por destruir al pueblo elegido… Yo lo escuché, pero no lo entendí. Le pregunté: “¿Oh, Señor, cuándo tendrá lugar el final de las cosas?”. Y él me respondió: “Ve, Daniel, pues las palabras estarán cerradas y selladas hasta el final de los tiempos. Muchos serán elegidos, purificados e iluminados, pero los ateos actuarán sin fe. Ningún ateo lo entenderá, pero los sabios sabrán de qué hablo”.

Cada vez que en los círculos de videntes se mencionaba la incomprensión de los contemporáneos, muchos recordaron y agradecieron esa historia. Daniel equivocó por 1335 días —un pésimo cálculo— la llegada del Mesías y el comienzo de la redención universal, un retraso que no afectó su prestigio —en los tiempos bíblicos esos retrasos no afectaban la integridad de los profetas.

Los profetas cristianos de la Edad Media sufrieron durante mucho tiempo el permanente aplazamiento de la llegada del Señor, sobre todo porque era evidente que el género humano necesitaba cada vez con más urgencia el Juicio Final. Pero aun cuando la gente se horrorizaba ante cualquier manifestación del mal, como una etapa previa al fin del mundo, el apocalipsis no tuvo lugar. En cambio creció el número de fanáticos que, por cuenta propia, pensaban no sólo en redimir al mundo, sino en hacer de él un espacio místico. Cuando el trabajo profético así lo exigía era muy fácil, sin duda, recurrir a ilusiones visionarias de los sentidos, sobre todo gracias a su capacidad de introspección. Estos santos de los últimos días —impulsados por un furor quiliástico— estuvieron siempre fuera de sí, casi siempre enloquecieron y ninguno logró con tranquilidad dar informaciones veraces sobre el futuro. Muchos estaban tan convencidos de su vocación, que les daba igual las consideraciones ideológicas o comerciales de su trabajo; pero algo tenían en común tanto los entusiastas honestos como los simuladores profesionales: la reducida cuota de su éxito. En asuntos proféticos, los videntes tuvieron siempre mucho más perspectiva especulando con el azar, que confiando en las iluminaciones divinas.

Durante la decadencia del Sacro Imperio Romano Germánico, los astrólogos perdieron el espacio de su gestión espiritual. Los profetas que siempre estuvieron al servicio de la iglesia empezaron épocas de la emancipación de la burguesía— a ejercer la clarividencia como una profesión liberal, que aumentó el número de videntes sin aumentar los conocimientos iluminados. En los círculos astrológicos se recurría también a las más antiguas tradiciones para estudiar los textos con una pasión renovada; pero añadir algo nuevo en materia de conocimiento era algo imposible. Los profetas de esta época echaban mano de la propia intuición y del cimiento de visiones mágicas —que actualizaban de modo muy cuidadoso—, pues las ciencias modernas les imponían correcciones permanentes como, por ejemplo, el descubrimiento de nuevos planetas. Por esos años la astrología seguía existiendo —a pesar de su nuevo brillo científico— como un asunto de fe, que se apoyaba menos en la doctrina eclesiástica y mucho más en la esperanza de que, algún día no muy lejano, el verdadero profeta apareciera y con el roce gordiano de una pluma resolviera todos los enigmas del futuro.

Michel Nostradamus nació el año de 1503. en St-Remy-de-Provance. Según astrólogos contemporáneos, el horóscopo del día de su nacimiento coincidió exactamente con el de su vida adulta. Urano, Júpiter y Saturno estaban en una situación favorable y sugerían un gran futuro. La luna en el octavo campo de la muerte prometía una fama más allá de los siglos, la pésima oposición ante Neptuno indicaba la burla de los escépticos; el Sol y Mercurio prometían un talento matemático y un espíritu profético.

La vocación de vidente era de familia. Sus dos abuelos habían trabajado como médicos y astrólogos al servicio del duque de Calabria, así como también en la corte del conde de Pro- vance. Ambos se hicieron cargo de la educación de su nieto, le enseñaron astronomía, astrología y medicina, además de griego, latín y hebreo. El joven quería estudiar y su padre, un notario de gran prestigio, tenía los medios y la ambición suficientes. Jaques Nostradamus era judío; sus antepasados, que se dedicaron al vaticinio en la tribu de Isashar. habían escapado de España ante las crueldades de la Sagrada Inquisición y se refugiaron en Francia.

Jaques se convirtió al catolicismo y se bautizó en la iglesia de Notre Dame, de donde viene su nombre: Nostradamus. El hijo debía enriquecer el prestigio de su familia y, para ejecutar tal proyecto, se le envió a una de las más renombradas universidades de su época, la Universidad de Montpellier, para estudiar medicina. Apenas había aprobado su examen irrumpió una epidemia de peste. A pesar de todo su talento, Nostradamus no pudo derrotar a la enfermedad; pero a diferencia de muchos otros contemporáneos, ayudó a combatir el sufrimiento —y tuvo la suerte de sobrevivir—. Durante cuatro años recorrió el país aprendiendo y practicando la medicina. En 1529 regresó a Montpellier. pero dos años después volvió a los viajes. Se estableció en Agen, abrió un consultorio y contrajo matrimonio. El negocio florecía. su mujer tuvo dos hijos. Nostradamus se hizo amigo de Scaliger. un humanista reconocido y afamado. Sus pacientes le profesaban admiración y respeto. Por esos días irrumpió de nuevo la peste, su mujer y sus dos hijos murieron. Nostradamus se dedicó a viajar. En 1544 combatió la peste en Marsella; en 1546 en Aix-en-Provance, en 1547 en Salón. El horror reinaba en todas partes. Las ciudades se despoblaron; las iglesias, vacías; los cadáveres se pudrían en las calles.

En las diferentesos los expulsaban de vez en cuando del imperio.

A muerte negra atacó de manera tan radical a los habitantes de las grandes ciudades, que los padres ya no se preocupaban por sus hijos; en cuanto descubrían los síntomas de la enfermedad, los padres abandonaban a sus mujeres y a sus hijos; en su delirio y su locura, muchos se lanzaban por las ventanas o al fondo de los pozos. Las madres parieron a sus hijos antes de tiempo; los niños morían más rápido. Por esos días vi cómo sus cuerpos se cubrían de la viruela negra. Las personas se envenenaron con la peste a tal grado que si alguien no estaba contagiado bastaba con que observara a los enfermos para caer enfermo. No importaba cuántas riquezas, oro o plata, tuviese, la muerte era inevitable. Nadie le daba un vaso de agua a otro.

Nostradamus se estableció en Salón-de-Crau. Se casó por segunda vez, practicó la medicina, escribió libros sobre cosméticos, editó obras sobre confituras y se volvió un hombre rico —gracias a su profesión de vidente para la cual siempre encontró el ocio necesario—. Nostradamus fabricó horóscopos, predijo el futuro tanto privado como público y editó también pronósticos anuales. Su nombre se convirtió en un emblema de la clarividencia. Jean de Chavigny, que vivía en la misma casa, uno de sus apasionados seguidores y, años más tarde, su biógrafo de cabecera, contribuyó a su fama mediante un impecable trabajo de relaciones públicas. En 1554 nació su hijo César. Nostradamus depositó en él, como su nombre lo indicaba, tantas complacencias y esperanzas, que César resultó ser necesariamente una profunda desilusión. César Nostradamus se convirtió en un historiador erudito, cuya mayor hazaña fue una historia de la Provance, una obra seria y muy bien documentada. Su segundo hijo, cuyo nombre era el de su padre, Michel, fue un astrólogo. Sea como fuere, no se resignó ante sus profecías, que eran tan poco confiables como las de su padre. En 1574 profetizó el incendio de Le Pourzin, una ciudad en estado de sitio durante la guerra contra los hugonotes. El incendio no tuvo lugar; pero él le prendió fuego a Le Pourzin y, como una consecuencia inevitable, lo ejecutaron.

El año de 1555, Nostradamus publicó el primer tomo de sus profecías, los llamó Centurias y se los dedicó a su hijo César. Cada uno constaba de cien cuartetas. Su contenido era confuso, sus ciclos tan arbitrarios como su mismo origen. Según su propia presentación, Se trata de nocturnos cálculos proféticos (…) que han sido escritos más que de acuerdo a las reglas de la poesía, con el entusiasmo lírico y el instinto natural, según el cálculo astrológico y conforme a los años, meses y semanas de las regiones, países y de las grandes ciudades de Europa, África y algunas partes de Asia (…) Cualquiera podría argüir que más me valdría callar, pues la cantidad es demasiado fácil, aunque muy difícil de entender. La mayoría de mis cuartetas proféticas son escabrosas y desiguales. Uno no encuentra un camino en ellas, ni existe interpretación alguna. Pienso dejar por escrito los años, los lugares y las regiones en que las profecías tendrán lugar, comenzando con esta fecha, el 15 de marzo de 1547. Después seguirán otro tanto, siete mil (…) cuando los enemigos de Jesucristo y su Iglesia aumenten en número.

Desafortunadamente, Nostradamus nunca reveló esa clave geográfica, por temor, al parecer, a la Santa Inquisición: la borrasca de nuestros tiempos, muy gran invencible y muy clemente Rey, requiere que estos acontecimientos decisivos y ocultos se revelen en un lenguaje enigmático. Sin permitir que un sentido los traicione, esos mismos acontecimientos deben envolverse en la oscuridad, como lo han hecho los dos mil dos profetas desde el comienzo del género humano.

Pero esa calculada vaguedad no sirvió para distraer a la Santa Inquisición; al contrario, se convirtió en una parte esencial de las mismas profecías. Cuanto más imprecisas, tanto más improbable su refutación; cuanto más enigmáticas, tanto más entusiasta su interpretación. Los oráculos son por definición imprecisos: entre más impresionantes las perspectivas del futuro, tanto más real su posibilidad de verdad, por lo menos así lo presenta el sano sentido común.

Nostradamus especuló siempre con la curiosidad ocultista de sus lectores, los atrapó con frases crípticas, cambió sus textos del latín al francés, los hizo peor queriendo enmendarlos, los escribió en frases cortas y anagramas, en resumen: hizo todo lo posible para que esa imprecisión llevara a las ventas de sus ejemplares, tal como se esperaba de un libro de oráculos. Por lo que respecta a las profecías, no se abandonó sólo a su talento astrológico; pidió prestado donde le podían prestar, complicó todo lo que se parecía a una poética de la profecía: lo bíblico y lo cabalístico, la sabiduría de los calendarios con las sentencias del erudito. La más famosa de sus profecías —la que fundó su prestigio en vida y le dio a sus seguidores la confirmación de su infalibilidad— también era una cita. El renombrado astrólogo italiano, Lucas Gauricus, había profetizado que el de las estrellas. Paracelso medía 1.51 mts. de estatura y era un joven débil. Según reveló el análisis de su esqueleto, “tenía el cráneo curvo e hinchado, así como también los huesos de la cadera”. Su miembro viril era tan pequeño, que muchos contemporáneos llegaron a pensar que lo habían castrado.

Le había sucedido una enorme desgracia. Hacia 1497 o 1498, el niño de cuatro o cinco años fue mordido por un puerco en salva sea la parte. Su padre le curó la herida. No Importan las razones, Paracelso estudió apasionadamente y tuvo éxito. Con una admirable confianza en sí mismo, Paracelso confesaba más tarde que nunca fue un monigote en la universidad. En los días de su estudio resumió los escritos de las autoridades, conocía la galénica y los aforismos de Hipócrates; sabía recorrer las fuentes del conocimiento de su época, los libros de medicina de los humanistas. Aunque el entusiasmo filológico del humanismo era muy vasto, y grande el progreso del arte de los baños en la Edad Media, las aplicaciones prácticas de esa medicina académica eran muy reducidas. Paracelso echaba de menos las lecciones visuales y llenas de vida de su padre. En las universidades se leía y comentaba, pero no se experimentaba ni investigaba.

En 1516, Paracelso obtuvo el título de “doctor de las dos medicinas”, la del cuerpo y la de las heridas, vale decir; medicina interna y rey Enrique II moriría a causa de una herida en los ojos. Gauricus profetizaba siempre, pero sus profecías eran siempre demasiado pesimistas —esa fue su desgracia—. Cuando le predijo el exilio a un dictadorzuelo italiano, éste lo tomo prisionero y, como castigo por su fatalismo horoscópico, lo mandó torturar hasta que fuese imposible una recuperación.

Catarina de Medici tenía una bella figura, un rostro horrible y era profundamente supersticiosa. Cuando escuchó el vaticinio de Gauricus, su entusiasmo por la astrología había alcanzado ya límites increíbles. Mandó llamar a Nostradamus, y el vidente de Salón la remitió al verso 1-35 de sus Centurias-, El león joven al viejo vencerá En campo bélico por singular duelo, En jaula de oro los ojos le atravesará, De dos espejos, uno. Después tendrá una muerte cruel.

Catarina se dio por satisfecha. Hacia 1559, en ocasión del matrimonio de su hija, Enrique II participó en una justa de caballería desdeñando todas las advertencias astrológicas, y fue derrotado por un joven caballero. Un golpe de lanza le entró en un ojo y, unos diez días después, murió con grandes dolores. Catarina llevó el duelo un tiempo y después gobernó el país sola y su alma.

Según otra leyenda, la condesa de Savoya se acercó al vidente de Salón- de-Crau y le pidió información más precisa sobre el sexo y el destino de su futuro hijo. Nostradamus vaticinó que sería un joven fuerte y un gran guerrero, pero que iba a sufrir una herida profunda en una pierna y, como consecuencia, moriría cuando un nueve estuviera antes que el siete. Carlos de Savoya fue, en efecto, un gran guerrero: sin embargo, en su castigo llevó la penitencia; siempre se burló de las profecías. Un día de tantos, le cayó un armario de roble sobre un pie y murió —no como se esperaba en 97, sino un año antes de los 70, en 69—• En efecto, se dio un 9 antes del 7.

Por lo general, las informaciones del vidente de Salón-de-Crau fueron muy poco precisas; sus implicaciones políticas, muy limitadas. Todas tenían que ver con la historia de Francia. Según sus grandes comentaristas, Nostradamus profetizó la Revolución francesa; aunque siempre se limitó más a las anécdotas que a los hechos, previno el ascenso de Napoleón y, desde luego, la Primera y la Segunda Guerra mundial.

Por lo que respecta a los problemas globales del futuro, Nostradamus advirtió con toda vehemencia el peligro de la anulación del celibato, y la amenaza que surgía de una decisión de ese calibre en manos de los “pobres de espíritu que pueden volverse locos por la soberbia espiritual —ebrios de voluptuosidad— y convertirse en adúlteros corrompidos”. Nostradamus advertía también los excesos: “El populacho puede levantarse y perseguir a los representantes de la ley. Y será como si el gran Dios de Oriente hubiese puesto en libertad al mismo Satán de las ergástulas del infierno”. Y advertía también sobre la epidemia del SIDA:

Habrá una gran peste en tres partes del mundo, y dos desaparecerán. Y llegará el día en que nadie podrá reconocer a quién le pertenecen los campos y las casas, y los individuos se hundirán hasta las rodillas en la grasa que se irá acumulando en las avenidas de las grandes ciudades.

Nostradamus tuvo la visión de un futuro aterrador, pero profetizó al mismo tiempo —lleno de un entusiasmo europeo— la hegemonía universal de Francia junto con su vecino indeseable. Desde luego, en primer lugar los chinos y los árabes llegarían a destruir y ocupar Europa —con la excepción de Albania, que reconocería a tiempo el peligro y se uniría a los conquistadores—. Muchos expertos en la obra de Nostradamus fijaron la fecha de esa invasión en 1972 o 1982; pero las nuevas interpretaciones trasladaron la invasión a finales del siglo XX. Para ese entonces Francia —según Nostradamus— estaría islamizada, Inglaterra perdería la guerra contra la República Árabe Unida y guerrilleros o mercenarios rusos o árabes habrían destruido el Vaticano. No menos aterrador era la visión del planeta Tierra que se salía de su eje —con la lógica dislocación de los polos—: “La Tierra se abrirá en América. La mayor parte de las islas japonesas se hundirá en el océano. (…)

Un nuevo continente emergerá ante las costas del este de América”. Sin embargo, un hecho trascendental nos dará esperanza y regocijo: desde el 21 de enero de 1981, el redentor vivirá entre nosotros. Enrique, el dichoso — ese es su futuro nombre—, del linaje casi olvidado de los Borbones.

El 11 de agosto de 1999, Enrique vuelve a instaurar la monarquía en Francia, expulsa a los árabes de España, libera a Inglaterra, en Italia logra derrotar a los chinos gracias a una Blitzkrieg implacable, le devuelve al Papa su lugar en el Vaticano. Entre los años 2025 y 2030, Enrique detiene la invasión afroasiática en una última batalla decisiva, entra y ocupa Constantinopla, funda la ciudad de Enrique y en Roma lo eligen presidente de los Estados Unidos de Europa. En un ataque masivo, los ejércitos alemanes luchan sin pausa hasta liberar el Canal de Suez, Enrique derrota al rey de Babilonia, y desde entonces se le llama “El vencedor”. Bajo su dominio universal, el mundo vuelve a vivir en paz: 57 años de tranquilidad, en los que Enrique, el dichoso de Avignon, mantiene una época dorada bajo una estricta vigilancia militar.

La popularidad de Nostradamus creció gracias a esa confianza patriota en lo inconmensurable; pero su salud, por el contrario, iba desapareciendo. La vida se le convirtió en una carga; padecía de gota e insuficiencia renal. Por esos días aparecieron los primeros presentimientos de la muerte: “De regreso de su misión, encontró un lugar al lado del rey. Ahí supo que regresaría con Dios. Se le encontró en una cama, junto a un banco, rodeado de parientes cercanos y hermanos de sangre”. Y así sucedió. Michel Nostradamus murió el 2 de julio de 1566, como estaba previsto, de asma cardiaca.

Las profecías del vidente de Salón- de-Crau —así lo confiesan sus más fieles seguidores— sólo pueden descifrarse después de que ocurrieron —eso disminuye su eficacia práctica, pero no la poderosa atracción para el innumerable rebaño de sus comentaristas, que se ganaron y se siguen ganando la vida con los enigmáticos versos de su maestro—. Ninguna desdicha se evitó descifrando las Centurias, ninguna catástrofe de la naturaleza se detuvo.

Por el contrario, las consecuencias desfavorables iban aumentando en la misma medida en que aumentaban los seguidores quienes, gracias a sus versos, ya lo habían previsto todo. La pregunta que alguna vez se hicieron los escépticos: ¿por qué el futuro se les reveló precisamente a Nostradamus y sus discípulos?, perdió fuerza e interés ante la permanente investigación de las Centurias —así lo afirma uno de sus grandes especialistas: Alexander Centurio—. Alexander descifró las grandes profecías hasta el año 2030, seguro de que el vidente mantenía un contacto permanente con el “espíritu del mundo”.

Así como Cristóbal Colón descubrió una parte desconocida de la tierra gracias a sus conocimientos geográficos y náuticos —y con ello amplió el horizonte del hombre del XVI—, así Dios nos ha mandado al espíritu del mundo, este gran regente y director de la historia universal, que le mostró su proyecto a Nostradamus, y le permitió descubrir la tierra del futuro.

Y todo de acuerdo a un método muy sencillo.

Después de los primeros versos de las Centurias, Nostradamus sostenía una rama en la mano como si fuese una antena. Por ella recibía la corriente energética de la eternidad, que penetraba y llenaba su cuerpo, su alma y su espíritu; Nostradamus era el puente a través del cual fluía un nuevo conocimiento.

La entrada a ese puente era quizá la hipófisis, esa glándula cerebral del tamaño de una avellana, que a personas de gran talento les permitía la visión del futuro.

En los últimos siglos, la cantidad de individuos mediáticos ha aumentado de modo inflacionario. Ahora es más fácil profetizar, no sólo porque las simulaciones se castigan menos severamente, sino también, y sobre todo, porque es tal el número de acontecimientos vaticinables, que las posibilidades de éxito de los cálculos proféticos crecen de modo exorbitante. “Quien se dedica a investigar fenómenos más allá de la percepción sensible” —nos dice un bestseller de la astrología y consejero profético— “sabe que muchos acontecimientos van a ocurrir, tarde o temprano, en el futuro de la humanidad”. Sin duda. Y se podría decir que muchos acontecimientos interesantísimos tendrán lugar en el futuro, más precisamente: innumerables.

En estos días basta decir que cualquier año es decisivo para el futuro de la humanidad y, en ese mismo momento, los observadores escépticos tendrían dificultades para rebatir esa idea. Nadie que vaticine guerras y hambrunas debe temer equivocarse; con toda seguridad, mañana morirá un personaje de la vida pública, cuya pérdida es todavía incalculable. Un terremoto sacudirá la tierra y la erupción de un volcán costará muchas vidas. Habrá tormentas, huracanes, asesinatos, torturas, pero también momentos de dicha entre los seres humanos. Los precios aumentarán, los inviernos serán más cálidos, las faldas serán superminis.

Nostradamus ha tenido innumerables seguidores. Sin embargo, el hecho de que sus profecías se tomen todavía en serio es más milagroso que el contenido de las mismas. Justina Dar- gel, a quien de niña se le había aparecido la Virgen, adivinó a la edad de treinta años la decadencia y el hundimiento de Prusia Oriental —cincuenta años antes, un error de cálculo que encolerizó a todos los que. abandonando casa, vestido y sustento, emigraron con ella rumbo a Trieste—. Johannes Alphons Deglin. soltero y doctor milagroso, profetizó en 1915 que la Primera Guerra mundial sólo terminaría cuando una epidemia irrumpiera entre las mujeres, pues “ellas son las culpables de todo” —El Estado Mayor del ejército alemán no pudo agregar mucho más a sus comentarios.

“El siglo XX será ante todo” —profetizaba un contemporáneo de Lutero, uno de tantos sabios anónimos recluidos en un monasterio, cuyo manuscrito se descubrió hace poco. una época de terror y miseria. En este siglo, se hará realidad todo el mal y la crueldad que podamos imaginar. En muchos países, los príncipes se rebelarán contra sus padres, los ciudadanos contra las autoridades, los niños contra sus padres, los herejes contra Dios y pueblos enteros contra los representantes del orden establecido. Se desatará una guerra civil y caerán bombas del cielo. Y luego tendrá lugar una segunda guerra tan devastadora, que todo el universo se conmoverá. Muchos llorarán la pérdida de sus fortunas en catástrofes financieras y en la mina de sus propiedades. Los individuos serán implacables y no tendrán lástima de nadie. Nubes envenenadas y rayos mortíferos más ardientes que el sol ecuatorial, ejércitos de acero, naves voladoras llenas de bombas y flechas, estrellas mortales y fuego de azufre destruirán las grandes ciudades. Será el más aterrador de todos los siglos, pues los hombres se levantarán contra el cielo y se destruirán a sí mismos.

La gran vidente Anna Katharina Emmerich pronosticó el fin del mundo para el año 2000. Si acaso el fin del mundo no tenía lugar en esa fecha no habría problema: el ciclo se retrasaría mil años. En el tercer milenio, la época de Acuario, se esperarían algunas modificaciones geográficas. Los antiguos continentes se hundirán, los nuevos emergerán del océano. Una gran parte del género humano desaparecería, los hombres nuevos poblarían la tierra. El fanal de esta transformación cósmica sería —de acuerdo a una profecía del año 1959— el gran incendio de París en el año 1970, la caída de la reina Elizabeth II y la invasión mongólica. En primer lugar, la caída de la reina no es algo improbable; la invasión es un acontecimiento que siempre  está, y estará, presente en Europa. Las catástrofes más importantes para la mitad de los setenta y los ochenta no tuvieron lugar —así como tampoco la colisión de los cometas, la decadencia de Roma y la rusificación del Vaticano.

Por el contrario, algunas profecías más esperanzadoras llegaron a consumarse o, por lo menos, parecieron consumarse. En la ciencia se hicieron muchos descubrimientos que favorecieron a la salud de todos. Enfermedades aterradoras nacen y se reproducen, pero son dominadas gracias a las vacunas. Los océanos serán la reserva alimenticia del mañana; y gracias a todas las fuerzas magnéticas disponibles, pronto será muy fácil trasladarse de planeta a planeta. Acaso el celibato se vaya diluyendo y Cristo regrese, aunque no sea para siempre. Es muy probable que, en los próximos siglos, lleguen a la tierra tropas interestelares enemigas, así como también es muy probable la evacuación virtual de todos los que hayan logrado una dimensión superior de la conciencia.

Entre más implacables sean los editores, tanto más exactas serán las profecías de todos los monjes y monjas, santos y profetas anónimos que, después de las catástrofes, hicieron uso de la palabra. Y tanto más sorprendente es que hayan sido escuchados. Los creyentes cristianos tienen una necesidad insaciable de novedades apocalípticas. El advenimiento de Cristo nos vuelve sensibles a toda vaga insinuación del próximo fin del mundo. Una sensibilidad que, en el transcurso de los últimos siglos, a pesar de todos los esfuerzos de la Ilustración, no sólo no disminuyó, sino más bien se acrecentó.

Pocas generaciones después de la muerte de Nostradamus, la decadencia de la astrología era inevitable. La cruzada triunfal de las ciencias modernas, sobre todo la de la astronomía, fue destruyendo todos sus dogmas. Los horóscopos sobrevivieron, pero se prohibieron la clarividencia y la profecía; sus escritos se seleccionaron en las bibliotecas. Voltaire, que se burlaba de los locos proclives a la astrología —como Friedrich II, Diderot o Kant—, tenía buenas razones para estar muy indignado: le pronosticaron una muerte temprana. Aun cuando el aura mágica de la astrología parecía desvanecerse en la modernidad, nunca desapareció del todo. La superstición diaria sufrió muy poco ante el rigor de los científicos, los astrólogos abandonaron tiempo atrás la competencia con las ciencias. Aun cuando se dieron cuenta de que los fundamentos de su doctrina desaparecían, siempre encontraron para los grandes iniciados una explicación plausible. El descubrimiento de nuevos planetas los irritó muy poco, tampoco se indignaron demasiado cuando se descubrió que el sol no giraba alrededor de la tierra. Seguros de sí mismos, los videntes recurrieron a la iluminación instantánea, al carácter no científico, sino psicológico de su trabajo. Los astrólogos habían descubierto desde muy temprano el renovado placer de la irracionalidad, y monopolizaron la necesidad ocultista tanto de las masas como de los políticos poderosos.

A Guillermo I, rey de Alemania, le profetizaron el futuro; un futuro donde aparecieron también los sucesos misteriosos del año de la guerra, 1913 —pero el rey no abdicó—. La operación: aritmética mediante la cual le profetizaron datos de su futuro, así como también del Reich alemán, era muy sencilla. 1871, año de la fundación del Reich, + la suma de las cifras del número=1888. año de su muerte. + la suma de las cifras=1913, comienzo de la guerra. + suma de las cifras=1927, inauguración del monumento nacional de Tannenberg. + suma de las cifras=1946, Konrad Adenauer se convierte en el presidente del Partido Demócrata Cristiano + suma de las cifras=1966, Otto von Habsburg obtiene un pasaporte austríaco, + suma de las cifras=1988, Tony Mang (who is he?) renuncia. A Guillermo II le vaticinaron también un futuro poco promisorio en el campo de batalla; pero el Kaiser no hizo caso de las advertencias. Entre los videntes y augures no era ningún secreto que, mucho antes del comienzo de la Primera Guerra, el año de 1913 —como el año de 1813— sería un año sangriento. Los sucesos se retrasaron un poco, pero a cambio la guerra se alargó mucho más. Así como los soldados se marcharon al frente de buena fe, del mismo modo los profetas alimentaron un patriotismo lleno de esperanzas. En el otoño de 1914, se encontró un manuscrito en la ciudad de Alt Ótting, que alguien escribió el año de 1841, según el cual en la navidad tendría lugar la victoria y la paz. Bélgica sería borrada del mapa, Francia, Inglaterra y Rusia derrotadas y el alemán sería el idioma hegemónico y mundial. Después de la batalla del Mame, los pronósticos se hicieron más realistas; sin embargo, ningún vidente se atrevió a vaticinar el fin de la guerra ni, mucho menos, el número de las víctimas. El desencanto ante los sueños de Alemania como una potencia mundial no tuvo una larga vida. Muy pronto comenzaron de nuevo las profecías de un futuro mejor, más redituable y bélico.

Las relaciones entre el movimiento astrológico y el nacionalsocialista eran antiguas —y más íntimas de lo que se pensaba—. Adam Alfred Rudolf Glauer, alias Rudolf Freiherr von Sebottendorff, astrólogo, esotérico, charlatán, aventurero de nacionalidad turca, nacido en Hoyerswerda, miembro de la Orden Alemana, de extrema derecha, fundador de la Sociedad Thule, antisemita y radical, se hizo cargo de la dirección general del periódico Münchener Beobachter, a finales de 1918. para transformar al diario en el órgano oficial del recién fundado Partido Obrero Nacional-socialista Alemán. Sebottendorff había abandonado Bavaria en julio de 1919, la policía inició su persecusión bajo los cargos de terrorismo; en agosto, el Münchener se convirtió en el Vólkischen Beobachter y en septiembre Adolf Hitler se hizo miembro del partido.

El horóscopo de Hitler llamó desde temprano la atención de los astrólogos. Según Elsbeth Ebertin, “la pitonisa alemana”, por su fecha de nacimiento, el 20 de abril de 1889 de 1923, una acción irreflexiva pondría la vida de Hitler en peligro fue muy comentada después del golpe de noviembre de 1924. La señora Ebertin argumentaba que Hitler era una persona que debían tomar en serio, pues muy pronto revelaría su capacidad de liderazgo en Alemania. El horóscopo del Führer fue siempre motivo de exaltación y efervescencia, sobre todo porque su buena suerte iba desapareciendo y las predicciones de su fracaso militar se hacían cada vez más fáciles. Los astrólogos tenían una buena razón cuando comenzaban a desearle el fracaso. Hitler, que siempre se manifestó un fervoroso creyente de los mitos, demostró tener muy poco interés en los adivinos de las estrellas; él sabía muy bien por propia experiencia qué poco había que confiar en los expedientes del destino. Un año después de ascender a la primera magistratura, le prohibió a los editores publicar escritos ocultistas y astrológicos. Por órdenes superiores, el jefe de la policía berlinesa proscribió cualquier asociación profesional de videntes; a lo largo del Reich, la Gestapo confiscó la literatura ocultista. Las publicaciones se fueron reduciendo, los congresos astrológicos tenían lugar en círculos muy pequeños. A pesar de que los astrólogos hicieron todo lo posible por presentar su profesión como una de las manifestaciones arias más antiguas y, con esa argumentación, salvar su doctrina sobre el tiempo; a pesar de que muchos se convirtieron en miembros del Partido Nacionalsocialista, de que cambiaron su sospechoso origen oriental por uno más nórdico, todos fueron perseguidos. La causa de ese asedio no se debía tanto a que tuvieran más enemigos que en otras profesiones, sino sobre todo al hecho de que nadie como ellos tenía la inconfesada certeza de que el futuro no traería nada bueno.

En los mejores círculos del Partido Nacionalsocialista, la astrología contaba con pocos partidarios. En cambio tenía enemigos poderosísimos. Rohm mantenía una nutrida correspondencia con el astrólogo Heimsoth, porque le había presentado estudios psicológicos sobre los horóscopos de homosexuales —en materia de interpretación del futuro Heimsoth era muy poco capaz, como lo demostró la temprana muerte de ambos.Hans Frank, una personalidad supersticiosa preocupada por su futuro, buscó la tranquilidad en los horóscopos y las cartas astrales; Rudolf Hess, más inseguro que Frank, se rodeó de una legión de consejeros astrólogos para asegurarse del destino del Tercer Reich y de su significado político. Por el contrario, Hitler se burlaba de la astrología; Rosenberg creía que era una invención de los judíos. Goebbels confiaba en la astrología como instrumento de propaganda. Hacia 1939, mandó llamar al astrólogo suizo, Ernest Kraft, para que pusiera al corriente las profecías de Nostradamus de un modo defensivo y esclarecedor. Ernest Kraft nació el 10 de mayo de 1900 en la ciudad de Basilea, Suiza. Su padre era un astuto comerciante. Kraft estaba más dotado para las matemáticas, no tenía sentido práctico de las cosas y, contra la voluntad de sus padres, decidió estudiar en una universidad. Una semana después de haberse inscrito en la universidad murió su hermana. Por un grave espejismo de la memoria, Kraft creyó que había previsto esa muerte en el sueño. A partir de entonces se ocupó del ocultismo, descubrió su talento telepático, hizo yoga y estudió astrología. Kraft era pequeño, el rostro pálido; la mirada, penetrante. Parecía amargado y de mal humor. Su orgullo y su perseverancia eran más grandes que su talento, tenía la indomable voluntad de hacer algo importante. Con una obsesión digna de Eróstrato, Kraft quiso demostrar estadísticamente la credibilidad de la astrología. Se hizo a la tarea de investigar una enorme cantidad de horóscopos; quería comprobar si existían lazos de parentesco entre los distintos signos zodiacales: llegó a coleccionar las fechas de nacimiento de 280 músicos, las sometió a un examen riguroso mediante métodos estadísticos que él mismo había inventado, y concluyó lo siguiente: en efecto, los astros tienen una influencia comprobable en el temperamento y el talento de los seres humanos. Y para corroborar la influencia fisiológica de las constelaciones interestelares en la conducta universal, Kraft pasó revista a miles de fechas y muertes —con el mismo resultado—. Una nueva ciencia había nacido: la cosmobiología. Pero el padre de Kraft estaba tan poco convencido de ese trabajo pionero como la misma universidad. Después de haber intentado sin éxito doctorarse en Londres, regresó a la casa de sus padres, se dedicó a revisar horóscopos, se sometió a una psicoterapia y, de vez en cuando, trabajó en una librería de esoterismo. Pero el material científico se acumulaba.

Por esos días, el padre de Kraft se dio cuenta de que era inútil insistir en que su hijo abandonara la casa. A principios de 1926, lo llevó a cenar con un amigo de trabajo, un editor. Y contra todo lo que se esperaba, Kraft tuvo un gran éxito. Después de un breve periodo de aprendizaje se convirtió en consejero psicológico responsable de los puestos de trabajo en empresas importantes, de la educación, a las 18:30 horas, había que esperar cosas interesantes. Su predicción de que, en julio para adultos y del incremento de la productividad de los trabajadores —lo que le ganó muy pocos amigos—. Por otro lado, ganaba buen dinero en otras empresas con dictámenes grafológicos, horóscopos y cartas astrales. Kraft se refería a sí mismo como caracterólogo y proyectó su propio sistema metafísico: la tiposcomía, una suerte de clave astrológica para todo fenómeno de este mundo, con la excepción de la bolsa de valores, porque en muy corto tiempo jugó a la bolsa y perdió no sólo sus ahorros, sino también la herencia familiar. Sin embargo, su curiosidad por establecer los nexos entre los ciclos cósmicos y los ciclos económicos le trajo no sólo un prestigio científico, sino también un pequeño capital. Entre 1800 y 1930, los precios del maíz en el Reich alemán, así como también las inversiones de las compañías de trenes americanas, se rigieron por el movimiento de los planetas; aunque sus especialistas no hayan tenido la valentía de reconocerlo. Dejando a un lado esa actividad, Kraft construyó ofuscado su propia carrera. Publicó rápido y mucho —entre 1927 y 1941 aparecieron más de cien artículos en las más conocidas revistas especializadas—. Ernest Kraft razonó siempre y profundamente sobre el “espíritu del lenguaje” que, como se lo comentaba al no menos estupefacto Cari Gustav Jung, encamaba en arquetipos semánticos, y se ocupó de la vida y la obra del único y auténtico astrólogo: Michel  Nostradamus. Los distantes suizos no mostraban tanto interés por esos trabajos, como algunos alemanes más sensibles y receptivos a las revelaciones órficas.

A principios de 1935, Kraft dictó una serie de conferencias en Mannheim, Stuttgart y Munich; escribió folletos de toda clase, opúsculos científicos y envió por correo sus informes astrológicos quincenales sobre la situación económica de la nación, a todos sus suscriptores y seguidores, entre ellos a Eduard Hofweber, un amigo muy cercano de Rudolf Hess. Hacia octubre de 1937, Kraft se trasladó a Alemania, se estableció cerca de St. Blasien. Hellhof en Urberg, quizá por la misma magia de este nombre.

En 1921, las profecías de Nostradamus habían sido traducidas y comentadas al alemán por C. Loog, un empleado postal. Los comentarios habrían pasado inadvertidos si, a propósito de la centuria 111-57, no se hablase de una crisis sangrienta en Inglaterra y Polonia. Nadie se hubiese inquietado mucho, pero H. H. Kritzinger, un autor de moda en esa época, la mencionó en su libro Misterios del sol y del alma, y la señora Goebbels, que guardaba cama en esos meses definitivos de agosto de 1939, la leyó con toda atención.

Unos meses después de la invasión de Polonia, Kritzinger se presentó en el Ministerio de Prensa y Propaganda. Goebbels lo había llamado porque, gracias al insomnio de su esposa, se dio cuenta de que las rimas y los oráculos de Nostradamus, un profeta muy conocido en toda Europa, le servían maravillosamente en la guerra psicológica, y necesitaba un intérprete especialista. Kritzinger recomendó al traductor Loog, pero el empleado postal argumentó que tenía mucho trabajo. Luego sugirió a Ernest Kraft, que aceptó en seguida. En enero de 1940, Kraft y su esposa se establecieron en Berlín y él se puso a trabajar en la nueva edición de las profecías de Nostradamus. Nadie de sus superiores en el Ministerio de Seguridad del Reich ni, mucho menos, en el Ministerio de Acción Popular, tomó en serio su trabajo, salvo en el aspecto de la guerra de propaganda. Bajo juramento nacional, Kraft se comprometió a no revelar a nadie los resultados de su trabajo.

La tarea estaba muy clara. Goebbels quería una interpretación nacionalsocialista de las Centurias. Por su lado. Kraft se sentía heredero auténtico de Nostradamus, no un instrumento de la propaganda. Su admiración por el vidente de Salón-de- Crau era demasiado grande como para deformar mezquinamente sus visiones por motivos políticos. Para ser justo, Kraft buscó esos versos cuyo carácter vago permitía cualquier interpretación. Mientras más trabajó para Goebbels, Kraft fue puliendo la ideología alemana de Nostradamus. Así, le resultó más fácil descifrar las partes más controvertidas:

La gran Germania ocupará Inglaterra Brabant&Flandres. Gand, Bruges & Boulogne: La traición santa: el gran duque de Armenia Ocupará Viena y Colonia.

Sin duda, se trataba de la gran Alemania de Hitler, que había ocupado Bélgica y Francia —¿pero quién era el gran duque de Armenia?—. El secretario de Kraft pensó que era Stalin. pero la consecuencia era inaceptable: el Ejército Rojo habría llegado entonces hasta Viena y Colonia. Debía tratarse de Arminius, o mejor dicho: de su nieto nacionalsocialista que —con el fin de que todo tuviera unidad— en 1936 ocupó el Rheinland y, dos años más tarde, se anexaría Austria. En diciembre de 1940, los alemanes publicaron la nueva edición de las profecías de Nostradamus, un facsímil de la edición de 1568. El comentario de Kraft —un ensayo de más de treinta páginas— había sido censurado rigurosamente. El Ministerio de Seguridad del Reich. cuyo ministro era Heinrich Himmler. costeó la edición de 299 ejemplares; el libro nunca se lanzó al mercado, ni Himmler ni Goebbels eran bibliófilos; se interesaron sólo en los efectos políticos de algunas estrofas —la edición del libro sirvió sólo para mantener el ánimo y la fuerza.

En mayo de 1940, los ejércitos alemanes ocuparon Bélgica. Por esos días llovieron sobre Francia miles de hojas volantes donde se advertía que Nostradamus había profetizado que el sudoeste del país quedaría a salvo de la guerra. Muchos siguieron su consejo y emigraron al sur, así el camino rumbo a París quedó libre de fugitivos. que habrían complicado la marcha de los ejércitos alemanes. Al parecer, Kraft no escribió esas citas; acaso sólo reunió los textos, como en el caso del folleto “El vidente de Salón-de- Crau”. El manuscrito que de una manera muy discreta insinuaba la victoria final de los alemanes tiró 83,000 ejemplares en distintos idiomas europeos y fue distribuido por las agencias e espionaje con el fin de destruir la moral del enemigo. Por ese entonces, los Aliados ya habían reconocido en Nostradamus un arsenal de armas de propaganda; el gobierno de Vichy prohibió cualquier edición patriótica de las Centurias, pues no quería provocar la rabia de las fuerzas alemanas de ocupación.

El Servicio Secreto británico, en cuanto renoció la importancia de la guerra astrológica, le encargó a un especialista, Louis de Wohl, un adversario de Kraft, la nueva edición de las profecías, entre otras cosas para demostrar que los astros no eran favorables a Alemania, y obtener así la simpatía de los estadunidenses. De Wohl escribió artículos para la revista Zenit, “la revista mensual para la Alemania pensante”, en la cual aparecieron entre, 1942 y 1943, pronósticos muy negativos sobre el Führer y el Tercer

Reich. De Wohl fue, quizás, el que reescribió 100 versos de las Centurias y las tradujo al alemán: “El príncipe (Hitler), que en su lucha bélica obtuvo más victorias de lo que le convenía, morirá asesinado por seis individuos en la noche, desnudo, sin armas”. Los 100 versos fueron escritos en hojas volantes y arrojados sobre las fronteras del Reich. En febrero de 1941, Kraft había publicado en Bruselas un pequeño libro con el título Cómo imaginó Nostradamus el futuro de Europa, en el que gracias a mañosas interpretaciones pronosticaba la derrota de Inglaterra.

El 10 de mayo de 1941, Rudolf Hess, ministro y representante personal del Führer, se hizo de un avión y voló a Escocia para hacer la paz con Gran Bretaña, porque el horóscopo de Hitler del año 1941 estaba lleno de desgracias —comenzando con la deserción de Hess—. Winston Churchill se quedó atónito; Adolf Hitler tuvo tal ataque de rabia, que ordenó detener a los culpables. La Gestapo los encontró entre los grupos de astrólogos y videntes que habían instigado a un demente como Hess a tomar esa decisión. “La acción Hess”, una razia masiva de magos sospechosos, detuvo a todos los videntes y astrólogos más conocidos de Alemania; muchos obtuvieron muy pronto su libertad, otros ingresaron en los campos de concentración.

Fuera de su trabajo en el Ministerio de Prensa y Propaganda, Kraft se dedicaba a dar conferencias sobre Nostradamus, descuidando su pacto con el Ministerio de Prensa y Propaganda. La Gestapo empezó a sospechar de sus actividades; se le puso vigilancia día y noche, se reunieron testigos de cargo, personas que demostraban su complicidad con Hess. Se interrogó a los astrólogos presos sobre su libro El espíritu del lenguaje, llegaron a sospechar que detrás de sus confusiones lingüísticas se encontraba un complicado sistema de códigos muy ingenioso. El 12 de junio de 1941. la Gestapo detuvo a Ernest Kraft. Los agentes policiacos le aseguraron a su mujer que regresaría esa misma noche a su casa. Sólo catorce días más tarde la señora Kraft pudo visitar a su marido en la cárcel.

Después de un año de prisión, la Gestapo puso a Kraft a las órdenes del Ministerio de Prensa y Propaganda —no querían prescindir de su fuerza de trabajo—. Bajo una estricta vigilancia, se le ordenó hacer los horóscopos de los estadistas y generales aliados de tal manera que de ellos se desprendiera la inevitable derrota de los enemigos de Hitler. Goebbels pensaba en la opinión pública estadunidense tan proclive al ocultismo, pues ante la falta de otros medios de propaganda la astrología representaba en esos momentos el arma más efectiva. Pero Kraft desilusionó a sus jefes: estaba tan convencido de su vocación, que se declaró incapaz de ejercer el engaño sistemático. En esos meses alimentaba todavía la esperanza de llegar a ser el consejero directo de Hitler. Cuando le dieron a entender con todo cinismo que su altanería no tenía sentido, porque su trabajo estaba a las órdenes de la propaganda, Kraft tuvo una crisis nerviosa. En un rapto de ira profetizó la destrucción del Ministerio de Prensa y Propaganda bajo el fuego de las bombas inglesas. Todos se burlaron de sus profecías, nadie las tomó en serio —de un modo muy irresponsable.

Ernest Kraft se hundió en un deliro de grandeza: escribió cartas a la embajada suiza en Berlín quejándose de Goebbels, al escultor Arnold Breker, para que interviniera ante Hans Frank. gobernador nazi de Polonia, y lo defendiera, a todos los que un día encontró en fiestas, reuniones privadas, consultas íntimas, terapias fugaces —pero su esposa, una mujer sabia, nunca las puso en el correo.

En febrero de 1943, se detuvo otra vez a Kraft, que vivía en el desempleo, y regresó a la cárcel. Ahí enfermó de tifoidea durante meses; apenas había recuperado la salud se le envió al campo de concentración de Oranienburg. A pesar de todos sus esfuerzos, su esposa no consiguió ponerlo en libertad. El 8 de enero de 1945, Ernst Kraft murió en el transporte que lo llevaba al campo de concentración de Buchenwald. n

El Tepeyac en el mundo global

EL TEPEYAC EN EL MUNDO GLOBAL

POR ANTONIO ANNINO

¿Qué sentido tiene la canonización de Juan Diego para la Iglesia católica? Como aquí establece Antonio Annino, se trata de revaluar el universalismo católico a partir de su fuerte arraigo en la pluralidad de las tradiciones locales. Desde esta perspectiva, la canonización de Juan Diego es no sólo un símbolo del nuevo espíritu evangelizado, sino una imagen de las relaciones ambiguas entre lo global y lo local. La globalización. como ya sabemos, alienta los más puros fenómenos de autodefinición.

La canonización de Juan Diego es un evento que va más allá de México y de la clásica disputa entre aparicionistas y antiaparicionistas. Lo que interesa a todo el mundo pensante, sea o no creyente, es el sentido general que el evento puede tener hoy para la Iglesia Católica. No hay duda de que canonizar a Juan Diego es reconocer, en lo teológico, el papel del indio americano en la historia del cristianismo, y así cerrar definitivamente el capítulo abierto tras la conquista por Bartolomé de las Casas y por los teólogos de la escuela de Salamanca. Sin embargo, hay algo más que tiene que ver con el futuro y no sólo con el pasado: la globalización y el multiculturalismo representan desafíos radicalmente nuevos para la Iglesia; la primera por la enorme carga secularizante que implica, el segundo por el relativismo cultural que teoriza. Frente a esta doble amenaza Juan Pablo II ha lanzado la idea de una nueva evangelización del Nuevo Mundo, una reconquista espiritual del continente donde más éxito tuvo el cristianismo en la época moderna. Juan Diego forma parte de esta nueva visión profética, ¿pero cómo? Un primer elemento para enfrentar una respuesta es la actitud cultural de Juan Pablo II frente a la santidad y a lo milagroso, una actitud muy parecida a la de la Iglesia tridentina del siglo XVII, cuando se promovieron en forma masiva milagros y santos a veces de difícil evaluación canónica, pero bien arraigados en las diferentes devociones populares del orbe católico. Hasta la mitad del siglo XVIII estas diferencias, a veces radicales, coexistieron en la Iglesia para luego ser echadas por la reacción jansenista, antijesuita, y por la influencia de la Ilustración en las altas jerarquías eclesiásticas. Lo que podríamos definir como el “tridentinismo” de Juan Pablo II estriba entonces en el intento de revaluar el universalismo católico a partir de su fuerte arraigo en la pluralidad de las tradiciones locales, cuya expresión colectiva (y solidaria) es el culto de los santos y, en general, de las manifestaciones milagrosas. El milagro guadalu- pano fue y es todavía el más excepcional de estos milagros “tridentinos”. no sólo por la figura de Juan Diego sino por la misma imagen que, como es bien sabido, “no fue pintada por mano humana”. El culto mariano se expresa en un sin número de iconos a lo largo y a lo ancho del mundo católico, pero cada una de ellos representa a la Virgen, no es la Virgen. El mismo Juan Pablo II es un ferviente devoto de la Virgen de Tschestocova, pero su imagen fue pintada por un artista desconocido, y su fuerza simbólica se funda en la tradición devocional que vinculó en forma especial aquel lugar de Polonia con la Madre de Dios. La imagen guadalupana no es un trámite entre el Tepeyac (y México) y el Cielo porque no hace falta, la Virgen está sencillamente en el Tepeyac y no necesita de ningún trámite simbólico, sólo necesitó para instalarse de un trámite humano, Juan Diego. Sabemos además que esta excepcionalidad guadalupana viene de la misma devoción indígena y que Miguel Sánchez la recogió y le dio una fuertísima carga argumentativa. El procedimiento fue típico del tridentinismo de la época: recoger las versiones populares de los eventos sobrenaturales para darle luego una forma canónicamente correcta. Lo que salió de lo normal fue aceptar y dar fuerza a la idea de que aquella imagen no era pintada por mano humana, una idea poco aceptable para la iglesia del siglo XVI, como testimonia el rechazo de Bernardino de Sahagún a la devoción guadalupana. Gracias a los estudios de David Brading, ahora sabemos que la predicación de los jesuítas novohispanos se fue hasta la heterodoxia al afirmar que la imagen de la Guadalupe mexicana reproducía el aspecto de la Virgen María tal y como era cuando vivía en Nazaret, y que la eterna impresión de su imagen en el ayate de Juan Diego era un milagro parecido al de la transustantación efectuado durante el sacramento de la eucaristía. No fue ésta la primera ni la última vez que la cultura novohispana, en su esfuerzo para construir una patria criolla, sobrepasó una frontera occidental, pero es cierto que lo de la Guadalupe fue una transgresión sin precedentes. Después de 1770 esta idea desapareció de la Iglesia oficial, y hoy no es reafirmada, pero cabe preguntarse hasta qué punto se quedó en la memoria de los fieles mexicanos, puesto que por un siglo fue predicada desde los pulpitos, puesto que su raíz viene de una imagen “no pintada en esta tierra”, y puesto que la memoria es un componente insustituible de las devociones populares. Es entonces posible que la canonización de Juan Diego, más allá del discurso oficial, aparezca como una canonización de todo el imaginario guadalupano producido y estratificado por la cultura devocional de los mexicanos a lo largo de los siglos, por ortodoxo o heteredoxo que sea. Aunque parezca una paradoja, este tridentinismo radical, es decir sin límites oficiales, de la devoción mexicana tiene una lógica algo parecida a la dialéctica que se está desarrollando actualmente dentro de la llamada globalización. Si este controvertido proceso es, como se dice, irreversible, lo es también la “localización”, es decir la valorización de las identidades locales, impulsada por los grupos, en contra o al margen de las instituciones políticas. Se puede discutir si este fenómeno tiene que ver con el multiculturalismo, pero su fuerza es evidente. No es cierto que lo local sea alternativo a lo global, más bien las relaciones entre los dos polos son ambivalentes y orgánicas, hasta el punto de que hay quien teoriza que el uno no puede subsistir sin el otro. Lo que es también cierto es el cambio que afectó la política, entendida en su sentido clásico, liberal y democrático, de mediación jurídica entre las instituciones del Estado, y de su consolidación frente a los demás estados. Hoy se piensa la política como expresión de los derechos de la persona. Lo “subjetivo” se considera la fuente principal del derecho, ya no lo “natural” de la tradición clásica occidental. El punto es que la globalización (guste o no) desencadena lo subjetivo e impulsa fenómenos de autodefinición a veces radicales y transgresivos de los patrones culturales del pasado. Es una lógica que sorpresivamente presenta no pocos elementos del barroco tridentino, y aún más del barroco mexicano que creó la transgresión guadalupana. El universalismo neotridentino de Juan Pablo II se propone como alternativo al globalismo materialista y secularizante, pero los dos se cruzan y compiten en los territorios cruciales de la subjetividad que desencadenan. Lo único de la imagen de Tepeyac se encuentra otra vez ubicado en el movimiento del mundo. n

El affaire Juan Diego

EL AFFAIRE JUAN DIEGO

POR LUIS GONZÁLEZ DE ALBA

No hace mucho, el albañil Juan José Barragán se arrojó desde diez metros de altura. Barragán sobrevivió, aunque sufrió una grave fractura de cráneo. El médico a cargo, un miembro del Centro de Estudios Guadalupanos. Sugirió a la madre de Barragán que acudiera a Juan Diego, el beato, en busca de un milagro. Luis González de Alba se adentra en los hechos hasta desmontar la lógica con que se fabricó el milagro de Juan Diego.

Comenzó mal la “causa” de Juan Diego y está terminando peor. Comenzó con acusaciones de intervención diabólica para volver a los indios a la idolatría, según afirmó en 1570 fray Bernardino de Sahagún, al considerar sospechosa de satanismo la afición que habían tomado los indios por la imagen de la virgen venerada en el Tepeyac, en el mismo sitio donde había estado el adoratorio de la diosa Tonantzin. Y está terminando esa misma “causa de canonización” con afirmaciones de que el milagro realizado por el beato, que salvó de morir por rotura de cráneo al albañil Juan José Barragán, ocurrió luego de que el ruego a Juan Diego fuera sugerido a la madre del albañil por su médico, un integrante del Centro de Estudios Guadalupanos.

“Más vale que lo encomiendes a Juan Diego”, pidió el doctor Homero Hernández a la señora Esperanza Silva de Barragán, madre del entonces joven de 21 años, que había atentado contra su vida arrojándose de diez metros de altura. Pero, como médico, el doctor Hernández sabía que se salva un 10% de quienes se fracturan el cráneo, con o sin milagro, según testimonio de un neurólogo con treinta años de experiencia. Así pues, el médico indujo el milagro que lleva a los altares a Juan Diego.

Un siglo para ser citado

El nombre de Juan Diego no se pronuncia en todo el siglo posterior a 1531. El legendario año de las apariciones, ni siquiera por boca de los jerarcas religiosos que condenaron el culto del Tepeyac ni por quienes lo defendieron. Lo condenó con gran vehemencia fray Francisco de Bustamante. provincial de los franciscanos, en su sermón del 8 de septiembre de 1556, día de Nuestra Señora, ante el virrey y la Real Audiencia. Entonces fray Francisco se limitó a decir que era dañino para la fe de los indios el permitirles creer que una imagen “pintada ayer por el indio llamado Marcos” hace milagros. Pero no se refirió a ningunas supuestas apariciones, prueba de que por entonces el mito aún no se construía.

Más significativo todavía es que tampoco el arzobispo Montúfar mencionara a ningún Juan Diego al sumarse, dos días antes y desde la Catedral, al rumor de los milagros realizados por la imagen, sermón pro guadalupano que causó la mencionada ira del provincial de la orden franciscana. De nuevo: el mito no podía formarse aún porque todos los actores estaban vivos y era fácil pedirles testimonio.

El culto en el Tepeyac a una imagen de la virgen María sin duda existió desde mediados del siglo XVI. porque las polémicas que en su contra se encendieron entre los eclesiásticos dan prueba del mismo. Pero no se encuentra en las muchas condenas y defensas del culto ni una sola mención a apariciones ni a rosas ni a indio alguno. Hay pues milagros de la imagen del Tepeyac, pero no apariciones porque vive todavía el pintor, Marcos Cipac de Aquino, autor de la bella imagen original a la que, con los siglos, diversas manos, piadosas pero ineptas, añadirían detalles a cual más de torpes, como el brocado que no sigue los pliegues de la tela, el ángel sin proporciones, la orla dorada que no siempre cubre la guía de carboncillo negro, las estrellas con picos salidos del manto, las manos recortadas bastamente para aindiadas, la luna que se transparenta bajo un pie y tantos otros detalles que alteraron la delicada factura de Marcos Cipac, un buen pintor según Bernal Díaz del Castillo.

La aparición de Juan Diego

Si la virgen de Guadalupe no se apareció, Juan Diego sí: en 1648 hace su debut en el libro de Miguel Sánchez que funda la “leyenda piadosa”, como la llamó fray Servando Teresa de Mier. Y llega para quedarse.

Miguel Sánchez se limitó a repetir, idéntica, la historia de las apariciones en la sierra de Guadalupe, España: hacia 1320, la virgen se aparece a un humilde (pastor en España,indio en México), pide una iglesia, los eclesiásticos no toman en serio el asunto, la aparición se repite, los eclesiásticos piden una prueba, la virgen la ofrece: una escultura morena en España, una pintura morena en México. Ambas morenitas, ambas hechas por Dios mismo. La de allá se llama “de Guadalupe” porque allí se apareció, la de aquí por razones que los aparicionistas no logran explicar por más saltos que dan entre náhuatl y latín. No aciertan a reconocer la explicación más sencilla: se llamó “de Guadalupe” y no “del Tepeyac” porque, si bien no es copia de la escultura española, sí lo es de la imagen localizada en el coro del santuario extremeño: misma posición, mismos rayos en torno al cuerpo, mismo rostro inclinado, manos en igual gesto.

El final

No pudo ser más tragicómico el final de lo que podría llamarse “el affaire Juan Diego”: la huida a Estados Unidos —escapando, según sus palabras, del acoso de las autoridades eclesiásticas y de la prensa— de Juan José Barragán, el hombre en quien ocurrió el milagro exigido para la santificación del beato y hoy día un tranquilo mesero en Anaheim, hasta donde lo llevó el hostigamiento de los piadosos aparicionistas y los nada piadosos y muy astutos medios de comunicación que no dejan ir nada vendible.

Sólo silencio ha seguido a las pruebas de que el doctor Homero Hernández, del Centro de Estudios Guadalupanos, tenía un 10% de probabilidades de embaucar a todo México con un milagro: el paciente podía sanar, con o sin intervención médica, con o sin intervención divina, porque sanan de manera espontánea 10 de cada 100 cráneos rotos. El médico apostó y ganó. Nada perdía: si el paciente hubiera muerto no habría sido prueba en contra de la existencia de Juan Diego; si el azar y la buena salud del muchacho lo sanaban, ya tenía el milagro para la canonización. Así es la lógica que fabrica los “milagros”.

El acoso de los medios se ha vertido, una vez más, contra el abad Guillermo Schulenburg. Ninguna televisora, ningún diario nos muestra las casas del arzobispo Norberto Rivera ni nos informa cuántos autos tiene. Nadie quiere recordar cuando hirió de un baculazo a un molesto reportero. Entre violencia y sexo en catarata, las televisoras se golpean el pecho, sacan imágenes de archivo con el Papa ante la virgen, y señalan al abad vitalicio de la basílica como el malo de sus telenovelas.

Vendrá la canonización “si Dios le presta vida al Papa”, como dicen. Y ese día resonarán en los oídos de los clérigos corruptos las palabras de monseñor Eduardo Sánchez Camacho, obispo de Tamaulipas, quien renunció a su diócesis en 1895, a raíz de las fiestas por la coronación de la virgen de Guadalupe. Asqueado, el obispo dejó su cargo por considerar que el culto guadalupano “constituye un abuso en perjuicio de un pueblo crédulo y en su mayoría ignorante”. Dijo y se fue. n

El caso Gallardo

EL CASO GALLARDO

El pasado 7 de febrero el gobierno federal autorizó la preliberación del ex general José Francisco Gallardo Rodríguez Gallardo dejó la cárcel ese mismo día, después de ocho años y dos meses de reclusión. el asunto provocó el beneplácito de diversos organismos nacionales e internacionales que desde hace años demandaban justicia para este miembro del ejército, al que consideraban un “prisionero de conciencia”.

Gallardo entró detenido al campo militar n° 1 el martes 9 de noviembre de 1993, un mes después de haber publicado en la revista forum un artículo proponiendo la creación de la figura del ombudsman militar, para vigilar el respeto a los derechos humanos en esa institución.

El entonces general fue acusado de enriquecimiento ilícito, malversación de fondos y destrucción de archivos del ejército. cinco años después de los cargos, en 1998, fue sentenciado por un consejo de guerra a catorce años de prisión. los cargos: vendió para su medro personal 300 toneladas de avena en paca y 8,000 pacas de avena en greña que estaban destinadas a 228 caballos que tenía bajo su custodia cuando dirigía la villa ecuestre del estado mayor en 1988, así como la quema de documentos que demostraban este hecho.

Posteriormente, otro consejo de guerra lo condenó por enriquecimiento ilícito, aplicando otra pena de catorce años, que no fueron acumulables a la primera sentencia gracias a un amparo a su favor concedido por el poder judicial federal. ambos fallos de la justicia militar ocurrieron cuando el hoy procurador general de la república, rafael macedo de la concha, se desempeñaba como procurador de justicia militar.

La protesta por gallardo se inició rápidamente. su familia acudió a instancias internacionales alegando inocencia y denunciando la violación de sus derechos humanos. diversas organizaciones impugnaron la sentencia de la justicia militar. el caso motivó mesas redondas, seminarios, exposiciones, marchas, desplegados. Gallardo

 Llegó a ser premiado mientras cumplía sentencia por diversas organizaciones internacionales, entre las que destacan la organización de escritores, PEN CLUB internacional. treinta y seis miembros de la cámara de representantes de estados unidos se unieron a amnistía internacional para pedir al gobierno mexicano su liberación.

El foro mayor que abogó por gallardo fue la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), organismo de la oea. en 1996, la cidh emitió una recomendación pidiendo al gobierno de méxico la liberación de gallardo. esta recomendación movió a la corte interamericana de derechos humanos, que consiguió el cambio de cárcel de gallardo para garantizar su seguridad. gallardo pasó de su prisión militar a un reclusorio civil.

El gobierno mexicano no acudió nunca a las audiencias de la CIDH, para informar del caso, pero en febrero del 2001 cambió su postura y fue por primera vez, se creó un grupo de trabajo con los familiares de Gallardo y funcionarios de la sre para analizar vías jurídicas de cumplir el mandato de la comisión.

Los artículos 176 y 871 del código de justicia militar sirvieron para ese fin, pues abren la posibilidad de que el ejecutivo reduzca la pena a un reo, cuando la sentencia rebase la pena mínima adjudicable a un delito, siempre y cuando las sentencias del reo se hayan impuesto en sentencias diversas y no sean acumulables, el ex general cumplía los requisitos: tenía dos sentencias no acumulables y había cumplido los ocho años que la ley señala como mínimo para los delitos por los que fue sentenciado.

Paradoja: Gallardo está libre a pesar de que dos juicios del ámbito militar lo encontraron culpable, está fuera de prisión pero aún es culpable de los delitos por los que fue sentenciado, los tribunales civiles tendrán que juzgar ahora el caso de gallardo, su sentencia dirá quién tiene razón: el veredicto judicial castrense o el veredicto de la presión internacional.

Si la justicia civil confirma la opinión internacional y encuentra inocente a gallardo, el gobierno habrá dado un paso hacia el estado de derecho al liberar a un preso sentenciado injustamente. pero la confiabilidad de la justicia militar quedará seriamente dañada. quedará también en evidencia el actual procurador general de la república, que en 1998, cuando gallardo fue sentenciado, fungía como procurador militar.

Si la justicia civil encuentra culpable a Gallardo, entonces será el gobierno federal el que quede en evidencia: vulnerable a la presión externa, sin decisión para defender el orden jurídico nacional.

Cualquiera que sea el desenlace del caso gallardo, las fuerzas armadas no saldrán indemnes. el caso se suma a la apertura de los archivos del movimiento estudiantil de 1968, y a la revisión de los casos de desaparecidos durante la llamada “guerra sucia” de los años setenta y ochenta. de todo esto no quedan sino dudas sobre la conducta de una institución que debe generar seguridad y confianza.

El mensaje de la suprema la suprema corte de justicia resolvió negativamente la acción de inconstitucionalidad promovida por el PAN y el PVEM, contra una ley sobre el aborto aprobada por la asamblea legislativa capitalina en septiembre del 2000. dicha ley introduce dos nuevos criterios para liberar de responsabilidades a quien practica el aborto: violación y alteraciones congénitas o genéticas del feto.

La discusión de los magistrados duró cuatro horas y la votación final quedó 6 a 5 contra la ley capitalina, votos adversos insuficientes para declararla inconstitucional, lo cual requiere una mayoría formada por 8 votos.

La reforma validada por la suprema corte establece en la fracción III del artículo 334 del código penal del DF que no habrá sanción al aborto cuando “a juicio de dos médicos especialistas exista razón suficiente para diagnosticar que el producto presenta alteraciones genéticas o congénitas que puedan dar como resultado daños físicos o mentales, al límite que puedan poner en riesgo la sobrevivencia del mismo, siempre que se tenga la autorización de la mujer embarazada”, igualmente quedó vigente la redacción del artículo 131 bis del código de procedimientos penales, que otorga al ministerio público la facultad de autorizar la interrupción del embarazo en caso de violación.

Con la ley refrendada por la suprema, la capital comienza a cubrir su rezago en esta materia. en muchos estados de la república la legislación al respecto es más avanzada. al agregarse el DF, el aborto por violación ha quedado permitido en casi toda la república. excepciones: Nayarit, Guerrero, Quintana Roo y Oaxaca.

En lo relativo a malformaciones genéticas o congénitas, el aborto se permite en Baja California Sur, Coahuila, Colima, Chiapas, Estado de México, Puebla, Veracruz y Yucatán, ahora, también en la Ciudad de México.

Sin duda el código penal más liberal en la materia es el de Yucatán, que permite el aborto en diversos casos: por violación, por peligro de muerte de la madre, por alteraciones congénitas y genéticas, y —es la única entidad que lo contempla— por causas económicas graves, siempre que la madre tenga ya, al menos, tres hijos.

El secretario de salud, Julio Frenk Mora, dijo que el gobierno federal considera el aborto como un problema “de salud pública”, por lo que, más allá de implicaciones éticas, económicas y sociales, su oficina respetará el resolutivo de la suprema corte. lo anterior implica que las instituciones de salud pública del df deberán, a petición de una interesada, en caso de proceder alguna de las exenciones ahora vigentes, realizar la interrupción.

La conferencia del episcopado mexicano manifestó su respeto a las instituciones del estado mexicano, pero hizo un llamado a la conciencia de los legisladores y de la población en general para que tomaran nota de que se estaba legalizando un asesinato.

En el marco de la canonización de Juan Diego y de las recientes declaraciones del Papa Juan Pablo II reprobando el divorcio y llamando a los abogados católicos a no aceptar casos de separación matrimonial, la decisión de la suprema corte de justicia es un mensaje claro en el sentido de separar los asuntos de la fe de los asuntos del estado. n

La cronstrucción Guadalupana. Una cronología

LA CONSTRUCCIÓN GUADALUPANA

UNA CRONOLOGÍA

Los datos de esta cronología han sido obtenidos, en su casi totalidad, del más reciente estudio de David Brading: La virgen de Guadalupe. Imagen y tradición. La cronología —más de quinientos cincuenta años de religiosidad— da cuenta de cómo se fundó la tradición guadalupana, del camino que siguió hasta arraigarse en la conciencia mexicana y de cómo se convirtió en una pieza clave de la identidad nacional.

Todo fiel cristiano mexicano sabe que. de los días 9 a 12 de diciembre de 1531. se apareció la Virgen María al indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac y le mandó dijese al obispo de México, don fray Juan de Zumárraga, que le erigiese un templo. Dudó el obispo y pidió una señal al indio mensajero, el cual, por orden de la Señora, cortó rosas y ¡lores del lugar y las llevó al prelado, admirándose los dos de que, al abrir la capa en que las llevaba envueltas, apareciese milagrosamente pintada una imagen que hoy México venera con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe.

Francisco de la Maza: El guadalupanismo mexicano (1953)

1547

El obispo fray Juan de Zumárraga escribe Regla cristiana. Ahí no sólo no menciona las apariciones, sino que rechaza en general las “maravillas y milagros”. Escribe: “Ya no quiere el Redentor del mundo que se hagan milagros, porque no son menester, pues está nuestra santa fe fundada por tantos millares de milagros como tenemos en el Testamento Viejo y Nuevo. Lo que pide o quiere es vidas milagrosas, cristianos humildes, pacientes, caritativos, porque la vida perfecta de un cristiano, un continuado milagro es en la tierra”.

Septiembre 1556

El provincial de los franciscanos, Francisco de Bustamante, censura al arzobispo de la ciudad de México, Alonso de Montúfar, por alentar en un sermón el culto a la imagen de la Virgen, la cual se venera en una capilla del Tepeyac que el propio Montúfar ayudó a erigir. Los indios, advierte Bustamante, pueden deificar la imagen y caer en idolatría. La afirmación de que aquella efigie, pintada por un indio, hace milagros, debería castigarse con cien azotes.

Después de las fiestas (1960) Para demostrar que el provincial franciscano había hablado con intemperancia y escándalo, Montúfar hace responder a varios testigos un “Interrogatorio” de trece preguntas. Uno de los testigos dice en efecto haber escuchado a Bustamante censurar en su sermón la devoción por aquella “pintura que había hecho Marcos, indio pintor”.

El “Interrogatorio” de Montúfar no sería publicado completo sino tres siglos después, en 1888, bajo el título Informaciones de 1556. Ni Montúfar ni Bustamante ni sus informantes hablaron de las apariciones de la Virgen.

c 1576

Fray Bernardino de Sahagún, el más célebre estudioso franciscano del idioma y la religión nahuas, denuncia el culto de Guadalupe como un subterfugio para la idolatría, ya que los fieles adoraban en el santuario del Tepeyac no a la madre del dios cristiano sino a la antigua diosa indígena Tonantzin, madre de los dioses mexicas.

1622

El arzobispo Juan Pérez de la Serna consagra un nuevo santuario de la Virgen de Guadalupe erigido con limosnas de los fieles. La nueva capilla está iluminada por setenta lámparas de plata que cuelgan de un techo de madera labrado. El altar mayor tiene un retablo lleno de pinturas y esculturas. El tabernáculo es de plata, obsequio del virrey Salvatierra, cuya mujer se ha hecho devota de la virgen.

1629

En medio de la inundación de la ciudad, el arzobispo Francisco Manso y Zúñiga hace trasladar en canoa a la Virgen de Guadalupe de su santuario en el Tepeyac a la catedral metropolitana, implorándole que contenga las aguas desbordadas.

1634

La virgen de Guadalupe es devuelta a su santuario del Tepeyac. Entre música y fuegos de artificio, el virrey y el arzobispo la llevan en andas por las calles alfombradas.

1648

Un predicador de la catedral, Miguel Sánchez, publica Imagen de la Virgen María. Madre de Dios de Guadalupe. Milagrosamente aparecida en la Ciudad de México. Celebrada en su historia con la profecía del capítulo doce del Apocalipsis. En este volumen de 192 páginas, bellamente impreso, se cuentan por primera vez en forma escrita las apariciones de la Virgen del Tepeyac al humilde indígena Juan Diego. En la tercera aparición, para vencer la incredulidad del obispo Zumárraga, Juan Diego pone flores en su tilma y al dejarlas caer frente al obispo aparece en su manta la efigie de la Guadalupana. El obispo Zumárraga no deja relación alguna de estos hechos.

1649

El licenciado Luis Lasso de la Vega, vicario de la capilla del Tepeyac, da a conocer un opúsculo de treinta y seis páginas escrito en náhuatl que narra las apariciones de la Virgen en el Tepeyac y sus milagros. El opúsculo se llama Huei tlamahuicoltica (Elgran acontecimiento). Consta en lo fundamental de tres partes:

1. Un prefacio de Lasso de la Vega justificando esta versión en “mexicano” de las apariciones pues era deseable que los indios aprendiesen lo que la Virgen había hecho por ellos ya que el recuerdo de aquellos sucesos “se había borrado por las circunstancias del tiempo”.

2. El texto conocido como Nican mopohua (Aquíse narra), una versión reducida del relato de las apariciones de Miguel Sánchez del año anterior.

3. El texto conocido como Nican moctepana, que detalla los catorce milagros realizados por la virgen del Tepeyac.

Lasso de la Vega asienta que Juan Diego es oriundo de Cuautitlán, y describe por primera vez su larga, casta y piadosa vida.

1660-62

Mateo de la Cruz, un jesuíta de Puebla, publica una versión depurada del relato aparicionista de Miguel Sánchez: Relación de la milagrosa aparición de la santa imagen de la Virgen de Guadalupe, sacado de la historia que compuso Miguel Sánchez. De la Cruz añade las fechas de las apariciones: el sábado 9 de diciembre de 1531 la primera y el 12 de diciembre la cuarta, en que la imagen es revelada a Zumárraga. El relato de De la Cruz se reimprime en Madrid y se difunde en Roma.

1661

El papa Alejandro VI se pronuncia a favor de la doctrina de la Inmaculada Concepción de María y autoriza su celebración litúrgica. En 1664 otorga a España el derecho a instituir la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre.

1663

El cabildo eclesiástico de México, la Compañía de Jesús de la Nueva España y otras órdenes religiosas piden al papa Alejandro VII que transfiera la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe del día 8 de diciembre, en que se conmemora el nacimiento de María, al 12 de diciembre, día de la revelación de la imagen guadalupana en la tilma de Juan Diego. La petición no tiene éxito pues la catedral no tiene en su archivo ningún registro contemporáneo del hecho. El cabildo eclesiástico encarga al canónigo Francisco de Siles y al doctor Antonio Gama reparar esa ausencia documental.

Enero-abril 1666

Francisco de Siles y Antonio Gama acuden al pueblo de Cuautitlán, supuesto lugar del nacimiento de Juan Diego. Con ayuda de intérpretes, consiguen a siete testigos indios y un mestizo que dicen recordar a Juan Diego. Las edades de los testigos fluctúan entre los 78 y los 112 años. Siles y Gama consiguen también el testimonio de diez religiosos y dos hidalgos españoles, un poco más jóvenes, de entre 55 y 85 años, ninguno de ellos contemporáneo de hechos supuestamente sucedidos 135 años atrás. Los testimonios reunidos por Siles y Gama son enviados a Roma por el ayuntamiento de la Ciudad de México solicitando al papa Alejandro VII “que esta aparición se canonice por milagrosa”. La petición no prospera. Los testimonios de Siles y Gama se conocen como las Informaciones de 1666.

1668-71

La Congregación de Ritos de Roma beatifica a Santa Rosa de Lima. Tres años después la canoniza y la reconoce Patrona de América.

1669

La Congregación de Ritos otorga el 8 de diciembre como día de fiesta a la Virgen de Loreto, en Italia.

1670

Francisco de Florencia, principal cronista jesuíta de su época, encuentra a la jerarquía romana reacia “a abrir la puerta a canonizar imágenes milagrosas, de que hay tanta copia en la cristiandad”. Para hacer triunfar una causa en Roma, hace falta “persona de por acá inteligente, que la trate con empeño y viveza. De ese modo consiguió Lima la canonización de Santa Rosa y la beatificación de su arzobispo don Toribio Mongrovejo”.

1675

Se publica postumamente Felicidad de México…, un alegato en favor de la veracidad de las apariciones guadalupanas de Luis Becerra Tanco, sacerdote seglar, párroco, profesor de astrología y matemáticas en la Universidad de México. Aquí se habla por primera vez de un relato náhuatl de las apariciones escrito en el siglo XVI. Ese manuscrito habría estado entre los papeles del cronista indígena Fernando de Alva Ixtlixóchitl, habría sido la fuente de inspiración de Miguel Sánchez y era el que dio a la prensa Lasso de la Vega conocido como Nican mopohua. Becerra Tanco añade que su tío, el párroco Gaspar de Praves, le dijo antes de morir que supo de la tradición guadalupana gracias a Antonio Valeriano (m. 1605), notable discípulo de los franciscanos en el Colegio de la Santa Cruz en el siglo XVI, maestro de los frailes en cuestiones mexicanas y del propio Alva Ixtlixóchitl (m. 1650). Felicidad de México… se reimprime en Sevilla en 1685, en México en 1780, y se incluye en la colección de dos volúmenes sobre la Guadalupana que aparecen en 1785 en Madrid. Con el tiempo la obra alcanza una jerarquía canónica.

1688

El cronista jesuíta Francisco de Florencia publica La estrella del norte con el propósito de establecer la tradición guadalupana sobre un sólido fundamento histórico. La veracidad del relato, concluye, depende en esencia “de la tradición inmemorial, constante y nunca interrumpida, comunicada de padres a hijos desde los principios de esta admirable aparición”.

Florencia añade a la construcción guadalupana la existencia de “una relación antiquísima de las apariciones” escrita de la mano de un Francisco Plácido, señor de Aztcapotzalco en el siglo XVI. Esta relación habría estado en posesión de Alva Ixtlixóchitl. que la habría traducido al español y estaba ahora en manos de don Carlos de Sigüenza y Góngora, su actual dueño. Florencia promete publicar esta relación pero no lo hace, dice, por haberse extendido de más en su libro y carecer de espacio para ello.

1689

Carlos de Sigüenza y Góngora, ardiente cultivador del culto guadalupano, publica Piedad heroica de don Fernando de Cortés. Afirma que el manuscrito de que habla Florencia pertenece en efecto a los papeles de “D. Fernando Alva, que tengo todos”. Sentencia: “el original en mexicano está de letra de D. Antonio Valeriano, indio, que es su verdadero autor”. El documento de que habla Sigüenza nunca se publica ni ha podido encontrarse, pero la declaración de Sigüenza valida en la construcción guadalupana la autoría de Valeriano del Nican mopohua. Ninguna de las pruebas documentales aducidas a este respecto por Becerra Tanco, Francisco de Florencia o Sigüenza y Góngora salió a la luz.

1695-1700

El culto guadalupano ha crecido enormemente. El arzobispo Francisco Aguiar y Ceijas accede a demoler el santuario erigido en el Tepeyac en 1622 para construir una nueva iglesia, un edificio majestuoso de tres naves, que se termina en 1709. El nuevo templo se financia con limosnas que el arzobispado recoge en las calles de la ciudad, un indicio más de la fuerza alcanzada por el culto.

1723

La Congregación de Ritos de Roma otorga el 12 de octubre como día de fiesta a Nuestra Señora del Pilar en Zaragoza.

1731

Se celebra el bicentenario de las apariciones de la Virgen a Juan Diego con festividades que culminan en una procesión al santuario del Tepeyac, encabezada por el virrey, la audiencia y el ayuntamiento.

1737

En medio de una epidemia de matlazáhuatl (fiebre tifoidea) que diezma la población de la ciudad de México, el ayuntamiento y el cabildo buscan un consuelo público a la agonía y proclaman patrona de la capital a Nuestra Señora de Guadalupe.

Los cabildos eclesiásticos de Puebla, Valladolid, Oaxaca, Guadalajara, Santiago de Guatemala, Guanajuato, Toluca y Querétaro inician ante Roma los trámites para proclamar a la Virgen de Guadalupe patrona de Nueva España. El reconocimiento del patronazgo tarda porque para convencer a Roma es necesario demostrar que las apariciones han ocurrido en realidad y no hay en los archivos eclesiásticos documentos que lo prueben.

1746

Aparece en Madrid Idea de una nueva historia general de la América Septentrional, de Lorenzo de Boturini, un hidalgo milanés consumido por la pasión de coleccionar códices y antigüedades mexicanas. Boturini sostiene haber visto un códice en el que aparecen dibujadas la capilla y la imagen de Guadalupe poco después de la conquista y una serie de anales indígenas que describen las apariciones. Sin mostrar ninguno de los documentos, Boturini concluye que el autor del texto en náhuatl del Nican mopohua publicado cien años antes por Lasso de la Vega, es obra de Antonio Valeriano, el célebre maestro de Torquemada y otros franciscanos en materias mexicanas.

1749

El pueblo de Guadalupe es transformado en Villa. Para llevar agua al santuario se ha construido un enorme acueducto.

1751

El jesuíta Juan Francisco López es designado por las autoridades eclesiásticas novohispanas para promover la causa de la Guadalupana en Madrid y Roma. López cuenta con el apoyo del jesuíta Rávago, confesor del rey de España. Lleva dos copias de la imagen pintadas por Miguel Cabrera, aduce como pruebas de la validez de su causa la obra de Becerra Tanco, Felicidad de México, y la construcción del nuevo templo de la Guadalupana, muestra patente de la devoción que suscita el culto.

1754

Benedicto XIV confirma a la Virgen del Tepeyac como patrona de México y la dota de una fiesta y misa propia, cada 12 de diciembre.

1755

Juan José Eguiara y Eguren (1696-1763), canónigo de la catedral y profesor en la universidad, publica Biblioteca mexicana, una ambiciosa bibliografía en elogio de la vida intelectual del reino de la Nueva España. Beristáin corona a Antonio Valeriano como el origen de todas las relaciones escritas en náhuatl sobre las apariciones de Guadalupe.

13 DE SEPTIEMBRE 1766

Se informa pública y formalmente a los habitantes de la Nueva España que el papa Benedicto XIV en su bula del 25 de mayo de 1754 sanciona a Nuestra Señora de Guadalupe como patrona del reino de Nueva España y establece como día oficial de su fiesta el día 12 de diciembre.

1794

El cosmógrafo de las Indias, Juan Bautista Muñoz, presenta a la Real Academia de Historia de Madrid un informe que se hace eco de la crítica de Sahagún al culto guadalupano y sostiene que la narración aparicionista carece de fundamento histórico confiable. El informe es publicado hasta 1817.

1795

El dominico criollo Fray Servando Teresa de Mier escandaliza a su grey al sostener en un sermón que Santo Tomás apóstol había predicado el evangelio en México bajo la forma de Quetzalcóatl y había dejado la imagen de Guadalupe impresa en su manto, de modo que ésta se había venerado siglos antes de la llegada de los españoles.

1810

El párroco de Dolores, Miguel Hidalgo, toma como estandarte de su rebelión una efigie de la Guadalupana y hace marchar a sus batallones insurgentes al grito de Viva Nuestra Señora de Guadalupe. La patrona de la Nueva España se vuelve así también el símbolo de la independencia.

1813

El Congreso de Chilpancingo promulga la declaración de Independencia. “María Santísima de Guadalupe” es aclamada por José María Morelos, cura insurgente, como “patrona de nuestra libertad”. Simón Bolívar comenta: “Felizmente los directores de la Independencia de México se han aprovechado del fanatismo con el mejor acierto, proclamando a la famosa Virgen de Guadalupe por reina de los patriotas, invocándola en todos los casos arduos y llevándola en sus banderas. Con esto el entusiasmo político ha formado una mezcla con la religión que ha producido un fervor vehemente por la sagrada causa de la libertad”.

Los curas insurgentes son derrotados poco después por el ejército realista, que habrá de rebelarse contra las medidas anticlericales de las cortes españolas de 1821. La revuelta terminará en la independencia de México bajo la conducción de Agustín de Iturbide.

Octubre 1821

En un sermón predicado en el santuario del Tepeyac por el doctor Julio García de Torres, se dan las gracias a la patraña de México por el venturoso suceso de la independencia de América del Norte. Están presentes todos los miembros de la regencia en compañía de su presidente Agustín de Iturbide, “Generalísimo de las armas del Imperio, Jefe y Promotor de la libertad americana”.

1822

Las cortes españolas se niegan a reconocer la independencia de México y a nombrar un príncipe Borbón para el trono americano. Iturbide se proclama emperador. Para dar legitimidad a su maniobra instituye b Imperial Orden de Guadalupe. de la cual es el Gran Maestro.

1831

Durante cuatro días se celebra el tercer centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en la Ciudad de México.

1854

El papa Pío IX define la doctrina de la Inmaculada Concepción de María como dogma de fe católica divinamente revelado. La Revolución de Ayuda contra el último gobierno de Antonio López de Santa Anna trae a los liberales al poder.

Noviembre 1855

La ley Juárez priva al clero de inmunidad.

JuNIo 1856

La ley Lerdo decreta la venta y desamortización de todos los bienes de la Iglesia.

Es desterrado el obispo de Puebla, don Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos.

1857

La constitución liberal de ese año separa a la Iglesia del Estado, decreta la libertad de educación, prohíbe a las corporaciones civiles o eclesiásticas adquirir o administrar bienes y otorga al Estado facultades de intervención sobre el culto religioso.

Un golpe de Estado del presidente Ignacio Comonfort dispara la guerra civil entre liberales y conservadores que terminará con el triunfo liberal en 1860.

1858

La virgen María se aparece en Lourdes a Bernardette Soubirous. Le dice: “Soy la Inmaculada Concepción”.

1862

Se celebra en Roma la canonización de los mártires de Nagasaki, entre los que figura Felipe de Jesús, primer santo mexicano.

Tras una indagación, el obispo de Lourdes reconoce la veracidad de las apariciones y autoriza la construcción de una capilla.

Da inicio la intervención francesa en México que instala al emperador Maximiliano de Habsburgo al frente de un Segundo Imperio.

1863

Desde su exilio en Roma, el arzobispo Labastida y Dávalos planea con Pío IX la renovación de la Iglesia mexicana mediante la creación de siete diócesis, el ascenso de Morelia y Guadalajara a la calidad de arzobispados, la fundación de escuelas y seminarios diocesanos, la formación de congregaciones de monjas dedicadas a la educación y las obras piadosas. En las tres décadas siguientes se establecerán obispados en Colima, Tamaulipas, Tabasco y Culiacán.

Durante treinta días, el arzobispo Labastida es regente en el gobierno imperial de Maximiliano de Habsburgo, cargo al que renuncia al no recibir del emperador la devolución de los bienes eclesiásticos confiscados por las leyes de reforma.

1867

Derrotado Maximiliano por los liberales, los obispos mexicanos son expulsados del país por su colaboración con el imperio (1863-67). Se refugian otra vez en Roma, bajo la protección de Pío IX y el liderato de Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos. En su nuevo exilio romano, los prelados mexicanos adquieren una visión internacional de la Iglesia católica y atestiguan el surgimiento de Lourdes en Francia como principal santuario mariano de la cristiandad.

1869

Se informa a la sociedad católica de la Ciudad de México que el santuario del Tepeyac no cuenta con fondos suficientes. De la liturgia sólo podrán encargarse uno o dos sacerdotes. La religión se halla mermada, los fieles no dan limosnas: “poco a poco ha ido cayendo en el olvido el culto de la Virgen de Guadalupe”.

1871

Regresa de su exilio el arzobispo Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos. Previene a los católicos de no recurrir a la violencia para resistir las políticas anticlericales del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada. Inicia una política de no confrontación con los gobiernos liberales triunfadores.

1876

Una antigua imagen de la Virgen de Lourdes es coronada como reina de Francia en una ceremonia a la que asisten 35 obispos, 3,000 sacerdotes y más de 100,000 laicos.

1877

Toma el poder Porfirio Díaz. Como parte de su política de paz y conciliación nacional, inicia una época de tolerancia hacia la Iglesia.

1880

Tirso Rafael Córdoba predica en el Tepeyac sobre “el cuadro desolador” de la indiferencia religiosa que se ha apoderado de México y la falta de recursos para la colegiatura.

1881

Joaquín García Icazbalceta, rico terrateniente, célebre historiador y fervoroso católico, publica una amplia obra sobre el obispo fray Juan de Zumárraga sin decir una palabra de las apariciones de la Virgen de Guadalupe o la figura de Juan Diego.

1884

En Paisajes y leyendas, Ignacio Altamirano, el escritor liberal, llama la atención sobre los silencios de García Icazbalceta, aunque admite: “Si hay una tradición verdaderamente antigua, nacional y universalmente aceptada en México es la que se refiere a la Virgen de Guadalupe”. Cada 12 de diciembre, dice Altamirano, miles de habitantes de la capital se apiñan en la ermita del Tepeyac. “Allí están todas las razas de la antigua colonia, todas la clases de la antigua república, todas las castas que viven en nuestra democracia, todos los trajes de nuestra civilización, todas las opiniones de nuestra política, todas las variedades del vicio y todas las máscaras de la virtud en México… Nadie se exceptúa y nadie se distingue: es la igualdad ante la virgen; es la idolatría nacional”.

1885

Se publican completas las Informaciones de 1556, en las que diversos testigos interrogados por el arzobispo Montúfar atribuyen la hechura de la efigie guadalupana a un pintor indio llamado Marcos.

1886

Inspirados en el ejemplo de Lourdes, los arzobispos de México, Guadalajara y Morelia emiten juntos una carta pastoral anunciando su deseo de solicitar a Roma el permiso para coronar a la Virgen de Guadalupe como reina de México.

8 DE FEBRERO 1887

La Santa Sede otorga el permiso de coronación de la Guadalupana como reina de México. La coronación se pospone para dar tiempo a la renovación arquitectónica del santuario y porque los obispos solicitan a Roma un cambio en el oficio litúrgico. Quieren eliminar las expresiones “dicen” y “parece” en la descripción de la imagen y las apariciones. Mientras se renueva el santuario, la imagen de la Virgen es trasladada a la capilla capuchina donde permanecerá hasta su coronación en 1895.

1888

El obispo de Tamaulipas Eduardo Sánchez Camacho manifiesta su inconformidad con la coronación porque hacerlo sólo fomentará la superstición y la ignorancia en el pueblo. Los arzobispos responden con una resolución del Santo Oficio de la Inquisición romana condenando a Sánchez Camacho por su “modo de obrar y hablar contra el milagro o aparición de la Santísima Virgen de Guadalupe”. El obispo de Yucatán, Crescendo Carrillo y Ancona, resume el caso con el dicho: Roma locuta, causa finita (“Roma ha hablado, asunto terminado”).Se publica por primera vez el manuscrito completo de las Informaciones de 1556, en las que nadie habla de las apariciones y el jefe de los franciscanos, Francisco de Bustamante, critica la “devoción nueva” que induce a los indios a adorar “una pintura que había hecho Marcos, indio pintor”.

Vicente de Paul Andrade (1844-1915), canónigo del Tepeyac, arremete contra el culto aparicionista, tal como lo había hecho Bustamante tres siglos atrás y por semejantes razones. En su prefacio a las Investigaciones de 1556, Andrade se refiere a Juan Diego como el “gigante venturoso” ya que el lienzo de la efigie guadalupana mide más de un metro ochenta, demasiada altura para el cuerpo de un indio de estatura regular.

En una carta privada al arzobispo de México, Antonio Pelagio de Labastida y Dávalos, el historiador Joaquín García Icazbalceta expresa su conclusión sobre la falta de fundamento histórico del relato de las apariciones, publicado 116 años después del suceso, ante el “silencio universal” de los cronistas y testigos contemporáneos del hecho. Icazbalceta cuestiona la validez histórica de todos los argumentos y documentos aparicioncitas, antes de terminar: “Católico soy, aunque no bueno, Illmo. Señor, y devoto en cuanto puedo, de la Santísima Virgen; a nadie querría quitar esta devoción; la imagen de Guadalupe será siempre la más antigua, devota y respetada… En mi juventud creí, como todos los mexicanos, en la verdad del milagro; no recuerdo de dónde me vinieron las dudas y para quitármelas acudí a las apologías: éstas convirtieron mis dudas en certeza de la falsedad del hecho. Y no he sido el único”.

1889

Carmen Romero Rubio, la esposa de Porfirio Díaz, asiste a la ceremonia en la catedral para celebrar el medio siglo como sacerdote del arzobispo Labastida y Dávalos.

1890

Decidido a detener el proceso de la coronación, el canónigo del Tepeyac, Vicente de Paul Andrade, hace traducir al latín y publica la carta de García Icazbalceta bajo el título Esquisitio histórico, lo cual provoca una tormenta de prensa. El escándalo anticipa el que desatarán cien años más tarde las declaraciones del abate de la Basílica, Guillermo Schulenburg, negando la realidad histórica de Juan Diego.

El historiador Francisco del Paso y Troncoso publica “El indio Marcos y otros pintores del siglo XVI”. Concluye que Marcos es el pintor de la efigie que se venera en el Tepeyac. Sugiere: “Honorífico sería para nuestro país que. declarada maestra la obra, la gloria de haberla formado recayera sobre un indio de condición humilde”.

1891

La renovación de la iglesia sigue su curso. Se convierten en arzopispados Oaxaca, Durango y Monterrey. Se fundan nuevas diócesis en Chihuahua, Saltillo, Tepic, Tehuantepec y Cuernavaca.

Muere don Antonio Pelagio Labastida y Dávalos, obispo de Puebla de 1855 a 1863 y arzobispo de México de 1863 a 1891.

1892

El jesuíta italiano Esteban Anticoli publica El magisterio de la Iglesia y la Virgen del Tepeyac, una colección de las encíclicas y decretos de la tradición papal en que puede fundarse la condena a los católicos que pongan en entredicho la verdad histórica de las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Que Roma ungiera a la Virgen del Tepeyac como patrona de México, estableciendo su día de fiesta, confirmaba la realidad histórica de la aparición.

Marzo de 1894

La Congregación de Ritos de Roma aprueba el nuevo oficio litúrgico para la celebración del 12 de diciembre. Afirma que la Virgen María se apareció ante Juan Diego en 1531 “según tradición antigua y constante”.

Septiembre de 1895

La efigie de la guadalupana es devuelta a su santuario renovado en el Tepeyac. Los fieles notan que ha desaparecido de la imagen la corona dorada que ceñía su frente desde tiempo inmemorial. Los canónigos del Tepeyac, con Vicente de Paul Andrade a la cabeza, protestan por la supresión. Acusan al responsable de las fiestas, monseñor José Antonio Planearte y Labastida, sobrino del arzobispo Labastida y artífice de la causa guadalupana en México y en Roma, de haber comisionado a Salomé Piña, un reconocido pintor de la época, para que retirara la corona.

Planearte reúne a un grupo de testigos y los hace jurar solemnemente, ante notario público, que “no existía ninguna corona en ella ni había traza alguna de que la hubiere habido”. Diversos predicadores explican el prodigio señalando que es como si la Virgen dijera que no quería corona alguna salvo la que iba a recibir de sus fieles. Años más tarde, en su lecho de muerte, el discípulo de Salomé Piña, Rafael Aguirre, confiesa que Planearte había llevado al pintor para que borrara los últimos rastros de la corona, pues se estaba decolorando y aquello no podía suceder en una imagen de origen divino.

12 de Octubre 1895

Con la asistencia de veintidós obispos mexicanos, catorce de Estados Unidos y otros tres de Quebec, La Habana y Panamá. se lleva a cabo en la Ciudad de México la Coronación de la Virgen de Guadalupe como Reina y Madre de México. Se publica un Album conmemorativo de las celebraciones. Durante todo el mes de octubre se predican sermones en el Tepeyac. La Coronación de Guadalupe marca el renacimiento público de la Iglesia de México, luego de los adversos tiempos de la reforma liberal. Por primera vez en casi medio siglo, los obispos vuelven a hablar en nombre del pueblo de México

1896

Los obispos se reúnen a deliberar en el Quinto Concilio de la Iglesia de México. Deciden fomentar el culto guadalupano. Ordenan que en cada iglesia de la república haya un altar y una imagen de la “Patrona, Reina y Madre de México”. Cualquier duda sobre la realidad histórica de la tradición guadalupana se considera a partir de entonces impropia de católicos verdaderos.

24 de agosto 1910

 La jerarquía eclesiástica mexicana obtiene de Pío X la proclamación de la Virgen de Guadalupe como patrona de toda Latinoamérica.

Septiembre 1910

 Un estandarte de la Guadalupana, supuestamente el mismo de los insurgentes de Hidalgo, encabeza el desfile conmemorativo de los cien años de la Independencia. La crónica oficial del hecho, preparada por Genaro García, señala: “No hubo quien no inclinara la cabeza ante la imagen sagrada del primer estandarte de la Independencia. La religión de la libertad fusionaba todos los credos y amalgamaba todas las conciencias; el amor de la patria se erguía épicamente sobre todos los amores”.

Noviembre 1910

Estalla la Revolución mexicana.

FebrEro 1913

En el golpe de Estado a Madero, la Iglesia apoya al general golpista Victoriano Huerta.

1914

Tras la derrota de Huerta, el estandarte de la Guadalupe vuelve a recorrer las calles de la Ciudad de México en manos de los rebeldes zapatistas, campesinos del centro de México que acuden al santuario del Tepeyac a venerar a la Guadalupana como símbolo de su lucha por la justicia y la tierra.

1915-17

Los ejércitos constitucionalistas ganan la guerra civil, promulgan una constitución laica y hacen una política que repite los rasgos anticlericales de la tradición liberal del siglo anterior.

14 de noviembre 1921

Un miembro del secretariado presidencial coloca una bomba frente al altar mayor del santuario de la Virgen de Guadalupe. en el Tepeyac.

Enero 1923

Como respuesta a la afrenta se pone en León. Guanajuato. la primera piedra de una estatua monumental a Cristo Rey.

Verano de 1926

 El presidente Plutarco Elias Calles impone multas y castigos a quienes impartan educación religiosa y organicen sindicatos católicos. Los obispos responden suspendiendo los oficios religiosos en sus diócesis. Partidas de campesinos se rebelan, portando estandartes de la Virgen de Guadalupe con la inscripción “Viva Cristo Rey”. Ha empezado La Cristiada, una guerra civil que durará tres años (1926-1929) y renacerá en algunos estados en los años treinta.

1929

Luego de tres años de guerra y del asesinato del presidente reelecto Alvaro Obregón a manos de un católico, los obispos y el gobierno pactan una amnistía para los rebeldes y una tolerancia oficial al culto católico.

El nuevo arzobispo de México, Pascual Díaz Barreto (1929-1936), encarga la renovación del santuario del Tepeyac para celebrar las fiestas del cuarto centenario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe.

1931

Para celebrar el cuarto centenario de las apariciones del Tepeyac se organizan peregrinajes en toda la república que culminan con la gran ceremonia del 12 de diciembre de ese año, a la que asisten casi todos los obispos, miembros del cuerpo diplomático acreditado en México y numerosos indígenas con vestidos tradicionales.

1939

José de Jesús Manríquez y Zárate, primer obispo de Huejutla, exhorta a los prelados y teólogos de la iglesia a promover la beatificación de Juan Diego. Publica un pequeño libro titulado ¿Quién fue Juan Diego? argumentando que las Informaciones de 1666 son “prueba auténtica y jurídica de esa constante tradición” de las apariciones. El clérigo de Cuernavaca, Lauro López Beltrán, hace suya la causa. Funda una pequeña revista llamada Juan Diego dedicada a promover la beatificación del indígena. López Beltrán será a partir de entonces el vocero mayor de la causa de Juan Diego.

1940

El presidente Manuel Avila Camacho se declara “creyente”, como un signo de distensión entre el gobierno y la Iglesia católica.

Octubre 1945

El arzobispo de México Luis María Martínez (1936-1956) preside la ceremonia del cincuenta aniversario de la coronación de la Virgen como reina de México, hecha en 1895. Los actos culminan con la voz de Pío XII, transmitida en la basílica, recordando que medio siglo antes la Noble India Madre de Dios” había sido aclamada “Emperatriz de América y reina de México”.

1953

Francisco de la Maza publica El guadalupanismo mexicano, que establece como origen de la tradición aparicionista el relato de inspiración patriótica del clérigo criollo Miguel Sánchez.

1962-1965

El Concilio Vaticano Segundo dispara el surgimiento de la Teología de la Liberación y la “opción por los pobres” dentro de la Iglesia Católica. El movimiento encuentra en Juan Diego un símbolo de la preferencia de la providencia por los humildes.

1966

Lauro López Beltrán publica La protohistoria guadalupana. sobre los fundamentos históricos de la fe y las equivocaciones de los opositores.

1975

Lauro López Beltrán funda el Centro de Estudios Guadalupanos y convoca a una serie de Encuentros Nacionales de conocedores del asunto.

1976

Se consagra la nueva y espaciosa basílica de Guadalupe construida en el Tepeyac bajo los auspicios del gobierno.

1977

Durante la segunda conferencia de los Encuentros Nacionales convocados por el Centro de Estudios Guadalupanos, Lauro López Beltrán presenta una ponencia sobre la historicidad de Juan Diego. Tan convincentes son sus palabras que el entonces arzobispo de Puebla, Ernesto Corripio Ahumada, asegura que hará todo lo que esté de su parte para lograr la beatificación. Corripio sería pronto cardenal y arzobispo de México.

1979

El Papa Juan Pablo II visita México por primera vez. Declara en la Basílica del Tepeyac: “Desde que el indio Juan Diego halló a la dulce Señora del Tepeyac, tú, María de Guadalupe, entras de modo determinante en la vida cristiana del pueblo de México”.

1981

El cardenal Ernesto Corripio Ahumada celebra el 450 aniversario de las apariciones y preside un congreso convocado para debatir la tradición guadalupana y la beatificación de Juan Diego.

Lauro López Beltrán publica La historicidad de Juan Diego y su posible canonización. El libro está basado en las Informaciones de 1666 que habían sido aceptadas como válidas por Roma en 1894 y valían ya como testimonio de la antigua tradición del hecho.

Febrero de 1984

La jerarquía mexicana presenta a Roma su caso en favor de la beatificación de Juan Diego en un documento de 824 páginas conocida como Positio. Los asesores históricos de Roma deciden, por mayoría, que hay fundamentos históricos para la beatificación.

1986

Edmundo O’Gorman publica Destierro de sombras. Explica el trasfondo original de la disputa guadalupana entre Francisco de Bustamante y Alonso de Montúfar como un litigio entre el rechazo de los franciscanos, influidos por Erasmo, a las distorsiones de la religión popular y la pertenencia de Montúfar al espíritu de la Contrarreforma que renovaba la devoción medieval por las imágenes como un recurso para arraigar la fe en las mayorías. Esa doble visión encontrada de la religiosidad cruza toda la historia del guadalupanismo y explica las muchas disidencias dentro de la Iglesia contra las sucesivas consagraciones de la Virgen del Tepeyac.

3 de abril 1989

La Congregación de los Santos de Roma afirma que Juan Diego es “alguien enteramente real, una persona de carne y hueso, como nosotros”

6 MAYO 1990

La Congregación de los Santos reconoce la santidad de la vida de Juan Diego y la devoción que inspira desde tiempos inmemoriales.

En su homilía de esa misma fecha en la Basílica de Guadalupe, durante su tercera visita pastoral a México, el Papa Juan Pablo II saluda a Juan Diego como “confidente de la dulce señora del Tepeyac”, y como “protector y abogado de los indígenas” de América.

Se inicia el proceso de canonización de Juan Diego. A partir de entonces es obligatorio para la arquidiócesis conmemorarlo el 9 de diciembre.

1992

El gobierno de México restablece relaciones con el Vaticano y reconoce la personalidad jurídica de las iglesias.

1993

En Documentos guadalupanos… Xavier Noguez demuestra que toda la colección de códices indígenas, testamentos y anales citados por los biógrafos de Juan Diego se reducen a copias de los siglos XVIII y XIX o a documentos extraviados hacía mucho tiempo o desaparecidos en colecciones privadas inaccesibles.

1995

Se celebra el centenario de la coronación de la Virgen de Guadalupe como reina de México.

El abate de la Basílica, Guillermo Schulenburg, declara a la revista Ixtus que debido a la falta de indicios históricos de su existencia. Juan Diego debe considerarse “un símbolo, no una realidad”. El “milagro permanente” de la Virgen de Guadalupe era la devoción del pueblo de México y no estaba fundada en las apariciones. El culto de Juan Diego, añade Schulenburg. nunca ha existido en realidad en México, el proceso de canonización fue orquestado por el arzobispo. Si se canoniza a Juan Diego, los teólogos tendrían que debatir las implicaciones de que un papa infalible haya canonizado a un hombre de cuya existencia no hay ninguna prueba.

El investigador estadunidense Stafford Poole publica Our Lady of Guadalupe, una crítica rigurosa de la falta de fundamento histórico del argumento aparicionista y de los documentos de la Positio. Concluye: “Guadalupe sigue siendo el símbolo religioso y nacional más influyente de México. Este simbolismo, sin embargo, carece de fundamento histórico objetivo”.

Mayo 1996

Las declaraciones del abate Schulenburg son reproducidas por la revista italiana 30 Giorni. Producen gran escándalo y obligan a la renuncia de Schulenburg a su puesto en la Basílica que detentaba desde 1963.

2 de julio 1996

En una carta pastoral el arzobispo Norberto Rivera lamenta que los medios masivos afirmen que “la Aparición de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe no fue real, que no es, por tanto, verdadera su peculiar presencia entre nosotros a través de la milagrosa Imagen que para dicha nuestra conservamos”. El trigésimo cuarto sucesor de Zumárraga proclama: “Creo, amo y profeso con todas las veras de mi alma que ella es, en un sentido personal y especialísimo, Reina y Madre de nuestra Patria mestiza, que vino en persona a nuestro suelo de México, a pedirnos un templo”.

1998

Liza Souza, Stafford Poole y James Lockhard publican The Story of Guadalupe, que incluye una versión bilingüe náhuatl/inglés del Hueitlamahuicoltica de Lasso de la Vega. El volumen es una crítica del legado lingüístico y textual que fundamenta la tradición guadalupana. Su examen demuestra que el Nican mopohua proviene del relato escrito en español por Miguel Sánchez.

1999

Cuarta visita pastoral de Juan Pablo II a México. Proclama a la Virgen de Guadalupe patrona de todo el continente americano. Hasta ahora lo era sólo de América Latina.

2002

Se anuncia la inminente canonización de Juan Diego y la quinta visita pastoral de Juan Pablo II a México para celebrar el hecho. n

Premio Mazatlán

JOSÉ DE LA COLINA, PREMIO MAZATLÁN

México entraba a los años sesentas. Esta década trajo una nueva forma de entender el arte, la sexualidad, la política. El mundo cultural se amplió notablemente. Es el tiempo de las empresas culturales de Jaime García Terrés en la UNAM, de los proyectos periodísticos de Fernando Benítez en la prensa nacional, del cine europeo, de los nuevos autores latinoamericanos.

Mientras Luisa Josefina Hernández (1928) publicaba La plaza de Puerto Santo (1961), una nueva generación de jóvenes escritores nacía a la vida pública mexicana. Salvador Eli- zondo (1932), Juan García Ponce (1932), Julieta Campos (1932), Fernando Del Paso (1935), José de la Colina (1934), Juan Vicente Meló (1932), Sergio Pitol (1933). Promediaban treinta años de edad a principios de los sesentas y de sus primeros libros importantes. Lectores de James Joyce, Georges Bataille, Robert Musil, Hermann Broch, Marcel Proust, George Berna- nos, estos escritores encuentran al mundo y a sí mismos, encuentran a la literatura moderna y, al mismo tiempo, a sus pasiones temáticas, encuentran diversas formas narrativas y, a la vez, su propia identidad.

El cuento mexicano en la imaginación de José de la Colina logró uno de sus momentos superiores en dos libros: Ven, caballo gris (1959) y La lucha con la pantera (1962). De la Colina abonó en sus relatos la idea feliz de que hay en la realidad una carga fantástica sólo comparable a la cantidad de realidad que ofrece la fantasía pura, desaforada. Durante muchos años el silencio envolvió la obra de José de la Colina, pero el estruendo del periodismo la llevó por realizaciones felices. Después de sus libros de cuentos, De la Colina publicó Miradas al cine (1972, 1996), el libro de entrevistas con Luis Buñuel Prohibido asomarse al interior (1986, 1996), Viajes ñauados (1993), Tren de historias (1998). Libertades imaginarias es un punto de partida y llegada a la vez. De la Colina ha reunido toda su libertad, su experiencia literaria y su humor en un conjunto de ensayos de libertades no tan imaginarias, de magníficos chispazos desprendidos de su vasto conocimiento literario. Entre sus aforismos: “Sigmund Freud, vergonzante dramaturgo”. “Cómo sería el recital de aquel poeta que a la mitad de un poema se levantó uno del público a preguntarle la hora”. “Mal traducidos, los filósofos mejoran”. “Qué ganas de tener en casa todas la obras de Camilo José Cela para no leerlas”. “Para arruinar a su eterno plagiario, adrede comenzó a escribir mal”. “Bueno, de acuerdo: ni un día sin una línea. ¿Pero se valen los puntos suspensivos?… Ahí va la línea: ”  “. n

Un planeta llamado Álvarez Bravo

UN PLANETA LLAMADO ÁLVAREZ BRAVO

Las primeras imágenes que Manuel Álvarez Bravo fijó en el tiempo se alojaron en la oscuridad de una pequeña cámara Kodak que le prestó el hermano de Lola Álvarez Bravo. Una eminencia despeñada del mundo porfiriano, Femando Ferrari Pérez, le había enseñado cómo se hacía una foto y, más tarde, lo llevó a la calle 16 de septiembre a conocer a Hugo Brehme, el fotógrafo alemán que había retratado un país que desaparecía para siempre, el México de Porfirio Díaz. En el laboratorio de Brehme. Álvarez Bravo conoció la fotografía moderna, el revelado, la impresión en platino y la técnica de Brehme, quien lo invitó a sus excursiones fotográficas. Mientras el joven Álvarez Bravo disparaba su cámara portátil, se iniciaba una de las obras más extraordinarias de la fotografía.

Aunque su reino proviene de la luz más que de las sombras, la obra de Manuel Álvarez Bravo constituye una extraña fusión de los reinos vegetal y mineral; o mejor, el punto culminante de sus imágenes ocurre en la encrucijada de mundos opuestos. El follaje de un árbol proyectando su figura sobre la textura de un muro forma a la vez un nuevo objeto inexistente hasta entonces. El reflejo de un tronco en el parabrisas de un coche crea una imagen intermedia que existe sólo en la mirada del fotógrafo. El talento esencial de Álvarez Bravo se sostiene en el cuidadoso manejo del realismo. Puesto en dosis exactas, el realismo en la obra de Álvarez Bravo conforma una acción en reposo, o una quietud desaforada.

Un cuerpo vendado, apenas descubierto en una de sus partes, una visión fugitiva de la hierba en el campo, el acercamiento de un delantal colgado en un tendedero, son el punto central, y culminante, del ciclo que Álvarez Bravo ha ejercitado hasta la maestría: el aislamiento y la expansión. La vitalidad de la obra de Manuel Álvarez Bravo ha evolucionado a través de los años; mejor aún, el tiempo ha mejorado sus fotografías. Las figuras difuminadas de los años veinte y treinta se contrastaron con el tiempo, el detalle de los objetos se trasladó al desnudo femenino, los temas de su obra se ampliaron hasta el dominio de las formas.

Hay al menos tres personajes centrales que comparten con Manuel Álvarez Bravo una atmósfera cultural y una decidida pasión por las imágenes. Ellos son Lola Álvarez Bravo, Tina Modotti y Edward Weston. A finales del año de 1924, la Secretaría de Educación Pública presentó una exposición en el Palacio de Minería en la que participaron Weston y Modotti. De paso por la Ciudad de México, Manuel y Lola Alvarez Bravo estrenaron sus miradas veinteañeras en la exposición. El azar había puesto en el mismo lugar a cuatro grandes fotógrafos. Edward Weston se fue de México en el año de 1926. En 1930, Tina Modotti fue acusada de participar en una conspiración contra Pascual Ortiz Rubio y expulsada del país. Manuel y Lola Álvarez Bravo la acompañaron a la estación Buenavista de donde partiría a un viaje de doce años después de los cuales regresaría a México.

Así como las fotografías de Tina Modotti se confunden con las de Edward Weston, las de Lola Álvarez Bravo se reflejan en las de Manuel, su pareja de entonces. En 1932 los Álvarez Bravo se separan y Lola prosigue su trayectoria: fotógrafa de El maestro rural a pedido de Héctor Pérez Martínez, titular del taller de fotografía del Instituto Nacional de Bellas Artes, fotorreportera de Voz y Vea, ilustradora de libros y revistas. La obra de Manuel Álvarez Bravo se abrió camino a través del siglo XX, se mejoró a sí misma y terminó por formar una de las grandes colecciones de imágenes de México. La mirada de Álvarez Bravo ha evitado la antropología y la denuncia en sus fotografías. Alejándose de esos abismos, su obra alcanzó la dimensión artística de la creación personal y la interpretación libre de sus imágenes. Álvarez Bravo cumple cien años y el viaje de esa obra empieza otra vez. n

El monstruo moderno

EL MONSTRUO MODERNO

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

Nunca como hoy, escribe Alfredo Biyce Echenique, el hombre había conocido el miedo engendrado por las acciones humanas. Los monstruos venían del exterior; ahora son criaturas nuestras.

Se dice que el fenómeno de la “globalización” es el tercer gran salto de nuestra especie. Nuestra tercera gran revolución. La primera, antiquísima, fue la revolución del Neolítico, en virtud de la cual los humanos pasaron de la depredación (caza, pesca) a la producción (ganadería, agricultura). Es decir, de la economía parasitaria a la constructiva. La segunda tardó en llegar más de 9,000 años. Fue la llamada Revolución Industrial, que conllevó la fabricación en serie y la comercialización en gran escala, el despoblamiento del campo y la infinita expansión de las ciudades, la escolarización, el consumismo, la contaminación… La industrialización superó la economía de subsistencia y creó la cultura kleenex: fabricar, usar y botar.

La tercera revolución ha llegado en un abrir y cerrar de ojos. No ha tardado más de 250 años. A los que hemos sido educados en los patrones del viejo mundo, el globalismo nos ha cazado en pleno vuelo. Se trata de una sociedad cuyo poder lo detentan las difusas y enguantadas manos de los que poseen la información y las comunicaciones. La producción es todavía el motor de la economía, pero ya está siendo decisivamente determinada por los fabulosos capitales fluctuantes y por sus poderosos canales de circulación. A los poderes hasta ahora decisivos (capital, política, judicatura, milicia) hay que añadir uno que hasta no hace mucho ejercía de comparsa: los medios de comunicación. Omnipresentes, omniscientes, casi omnipotentes. El poder llamado mediático no está en manos de los periodistas, sino de colosales grupos que pueden influir decisivamente en todas nuestras cosas: en nuestros hábitos de consumo, en nuestras opiniones políticas, en nuestra moral sexual.

Muchas personas se sienten perplejas. No sólo el ciudadano corriente y moliente, ante el cual se abre un panorama de agobio y velocidades mareantes, sino también los poderosos que están perdiendo peso a gritos: aquellos cuya existencia se fundamentaba en la existencia de impermeables fronteras nacionales o los que temen por el futuro de su grupo nacional (no sólo los de perfil vasco o palestino, también los de perfil peruano, ecuatoriano, danés e, incluso, francés).

Están perplejos asimismo los demócratas: al comprobar que el nuevo poder económico no tiene rostro y, serpenteando, se escapa del control de la política. Una de las características de este momento es precisamente la invisibilidad del poder. La revolución globalista ha entronizado un poder sin rostro, cuyo símbolo es la Bolsa. Circula el dinero por el mundo: sin frenos, sin apellidos, convertido en una abstracción pura, asociándose para crecer y crecer, huyendo de donde hay malas perspectivas. Hunde las economías de países frágiles, levanta imperios, corre, vuela, nunca se detiene. Las fortunas no están seguras, puesto que el dinero parece haberse independizado incluso de aquellos que lo poseen en enormes cantidades. Tampoco están seguras las economías nacionales y continentales: están siempre amenazadas de infarto, incluso cuando parecen más prósperas.

La revolución globalista no ofrece un panorama muy amable. El riesgo y la incertidumbre han ampliado mucho su campo de acción. La sociedad industrial, hija en cierta medida de la Ilustración, inventó mitos muy poderosos que ahora están entrando en bancarrota: el concepto de salud pública, por ejemplo. O los de bienestar y seguridad. A principios del siglo XX, la confianza en el futuro era fenomenal, a pesar de la tremenda pobreza de las clases trabajadoras. A principios del XXI, en cambio, tenemos una percepción radicalmente contraria: tenemos miedo al futuro. El progreso cien años atrás encarnaba la esperanza. Ahora encarna sobrios interrogantes y construye pesadillas. Todo parece inestable y peligroso. Hoy, en la próspera Europa, el simple acto de comer un buen trozo de carne se ha convertido en sospechoso.

Cada día el periódico trae un nuevo temor. El confort que habíamos conseguido gracias al avance de la técnica enseña ahora un perfil inquietante. La misma idea de progreso aparece corroída por numerosas angustias. Inmigración, emigración, alimentación, precariedad laboral…

La crisis de las vacas locas, en Europa, y las alarmantes noticias sobre el cambio climático, en el mundo entero, resumen la permanente zozobra que se ha instalado en la opinión pública occidental. La cultura humana conoce el miedo desde los tiempos del fuego. Pero éste es un miedo insólito: los tenebrosos interrogantes que ante nosotros se abren son consecuencia de la acción humana. Nunca antes el hombre había tenido esta percepción. El miedo actual no teme al monstruo exterior. El monstruo moderno es hijo nuestro. n

El rechazo de los empresarios

 EL RECHAZO DE LOS EMPRESARIOS

La mayoría de las agrupaciones empresariales del país rechazaron la invitación del ejecutivo para suscribir el acuerdo político para el desarrollo nacional, firmado por los partidos políticos y el gobierno hace ya algunos meses.

Los miembros del consejo mexicano de hombres de negocios y del consejo coordinador empresarial —entre otros— dijeron que no suscribirán el acuerdo mientras no haya condiciones para ello. ¿cuáles condiciones? una sobre todo: el consenso entre legisladores, partidos políticos, sindicatos y otros actores para impulsar las reformas estructurales que están pendientes.

El disgusto empresarial tiene varias fuentes. en una reunión con el secretario de gobernación, santiago creel, se quejaron de la forma en que manejan las reformas estructurales, del paquete fiscal, del aumento a los salarios mínimos y de las alzas a las tarifas de electricidad para empresas. les preocupa particularmente la falta de acuerdos del gobierno con el congreso y la poca coordinación de los distintos niveles de gobierno para tomar decisiones.

Claudio X. González, el líder del consejo coordinador empresarial, dijo que no suscribirían el acuerdo en las actuales circunstancias y enlistó las prioridades del sector: “buscamos que el país crezca, que se generen empleos, que haya avances tangibles y medibles en seguridad —aunque no podemos esperar milagros— y que sigan las reformas estructurales. esos son los puntos en los que el gobierno debe focalizar su actuación”. hay, agregó Claudio X. González, “inquietud entre los empresarios ante el comportamiento del ejecutivo, que un día asume un compromiso con ellos, como el de no aumentar el precio de los productos y servicios públicos, y luego lo incumple”.

Con el rechazo a firmar el acuerdo político los empresarios envían al ejecutivo un mensaje de molestia que no debe ser desoído. no es la primera vez que evidencian su descontento con la administración foxista. es un tema preocupante ya que, si bien la legitimidad del gobierno radica en el mandato de las urnas, su autoridad se ratifica en la negociación permanente con los distintos sectores de la sociedad. Una de las debilidades del foxismo ha sido su dificultad para establecer negociaciones exitosas con los actores centrales de la vida pública, incluso con el propio pan.

En el caso de los empresarios, esta carencia es preocupante y sorpresiva. preocupante porque es riesgoso para el país que un grupo social con el peso de los empresarios se aleje de la administración foxista, apenas a un año de haber llegado al poder, sorpresivo, porque la administración foxista tuvo, desde el inicio, una “vocación empresarial” que incluso le fue criticada: buscó siempre la cercanía con los empresarios. muchos empresarios apoyaron la campaña foxista y aplaudieron su llegada al poder. la velocidad a la que esta relación se ha deteriorado debe ser una señal de alarma para el ejecutivo. n

Vida pública. Hechos y tendecias

VIDA PÚBLICA

 HECHOS Y TENDENCIAS

LA CRUZADA POR JUAN DIEGO

 La ruta hacia la canonización de Juan Diego parece irreversible, pero levanta polvaredas. el tema tiene implicaciones históricas y éticas. también políticas: la fe de los mexicanos, que debe mantenerse en el ámbito de lo privado, corre el riesgo de invadir la vida pública. la apasionante historia de la construcción guadalupana se desplaza del pulpito y los libros a la realidad. nexos ofrece en esta edición una visión panorámica del tema. (Juan Diego: invención y cruzada. ver p. 20.)

ADIÓS A LAS REVOLUCIONES

La cancillería mexicana intenta poner fin al “mito” de la revolución mexicana y de la revolución cubana como motores de la política exterior de ambos países. el asunto quedó planteado con motivo del viaje del presidente eox a cuba, a principios de febrero. méxico, dijo la cancillería, quiere dar a cuba el mismo trato que a otros países y mantener relaciones con la república de cuba, no con la revolución cubana. cuba es un país, no una canción de gesta, dijo el canciller mexicano.

TENDENCIAS O COINCIDENCIA.

Siguió adelante en toda forma el escándalo por una desviación de mil cien millones de pesos desde Pemex, a través del sindicato petrolero, hacia la campaña electoral de Francisco Labastida, en el año 2000. la pregunta de mediano plazo es si se trata de un episodio aislado o anuncia un cambio en la estrategia del gobierno hacia el PRI.

Durante todo el año 2001, el gobierno negoció con los priistas sin presionarlos. no tuvo éxito: el PRI no acompañó al gobierno en ninguno de sus proyectos centrales. el episodio de Pemex podría significar que el gobierno negociará ahora con el PRI con una macana en la mano: las acusaciones de corrupción en el tribunal de la opinión pública.

LIBERACIÓN (COM)PROMETEDORA

El ex general José Francisco Gallardo, reo de la justicia militar, considerado por diversos organismos de derechos humanos como “prisionero de conciencia”, fue liberado por el gobierno de México, mediante un resquicio legal, para que pueda demostrar su inocencia ante los tribunales civiles. riesgos: si el general demuestra su inocencia, quedará claro que la justicia militar funciona mal. si resulta culpable, quedará claro que funcionó mal el juicio político del ejecutivo. (el caso gallardo. ver p. 6.)

UN CANDADO PERFECTO

Revelador del tipo de candados legales que traban el funcionamiento de la democracia mexicana fue el pleito de la presidencia de la república con el jefe de gobierno del distrito federal a propósito de la salida y el nombramiento del secretario de seguridad pública de la capital del país. el jefe de gobierno anunció el fin en el cargo de Leonel Godoy y la llegada de francisco garduño. Según la ley vigente, sólo el presidente puede remover y nombrar al titular de ese cargo, por lo cual los cambios anunciados por el jefe de gobierno no tienen validez legal. al mismo tiempo, según la misma ley, el presidente no puede nombrar libremente al secretario de seguridad, sino que debe hacerlo a propuesta del jefe de gobierno. resultado: puja política y parálisis operativa. durante varios días la dependencia estuvo atrapada en el candado.

SUPREMA Y EL ABORTO

La suprema corte de justicia falló en favor de una ley que agrega dos excepciones a la práctica legal del aborto en el distrito federal. el hecho fue celebrado por distintos observadores como un triunfo contra la derecha. los obispos le recordaron a la población que se estaba legalizando una forma de asesinato. (el mensaje de la suprema. ver p. 7.)

COBRAR SIN CORREGIR

El gobierno anunció la reducción de los subsidios en la electricidad doméstica. es decir: aumentó tarifas para los usuarios. mantuvo, sin embargo, los subsidios a las compañías eléctricas, cuya baja eficiencia y altos precios no fueron sometidos a una revisión equivalente. en materia eléctrica, el gobierno se mostró dispuesto a hacer la mitad de su chamba: cobrar. la otra mitad, corregir sus ineficiencias, no apareció en el panorama. (subsidios, ¿para quién? ‘ver p. 8.)

RECHAZO EMPRESARIAL

Los empresarios de México rehusaron firmar el acuerdo político para el desarrollo nacional que les pidió suscribir el gobierno. sus razones: molestia por la reforma fiscal, molestia por los aumentos eléctricos, molestia por la falta de reformas de mercado, en particular por la falta de decisión del gobierno en la apertura del sector energético a la inversión privada. (el rechazo de los empresarios. ver p. 9 )

¿FINAL DEL TÚNEL?

Hay indicios de que la recuperación económica estadunidense puede adelantarse. Alan Greenspan, el jefe de la reserva federal americana, está optimista. parece reactivarse el consumo, el dólar se fortalece ante el yen y el euro. Por su parte, datos de la actividad de México muestran que quizá la recesión tocó piso en el último trimestre del año 2001. el crecimiento de ese año fue negativo, pero la actividad económica de noviembre fue mayor que la de octubre en 0.75%. en diciembre mejoraron las exportaciones y la producción industrial. mejoraron también las ventas al menudeo. la inflación general sigue a la baja. ¿empieza a verse el final del túnel?

ABSOLUCIÓN FINANCIERA

Standard & Poor’s (S&P) elevó la calificación de la deuda externa del gobierno mexicano, de bb+ a bbb. con ello las tres calificadoras internacionales más importantes (S&P, Moody’s y Fitch) coinciden en que invertir en deuda mexicana ya no debe ser considerado inversión especulativa sino “grado de inversión”. se premia así la política fiscal y monetaria mantenida por el país. (los motivos de S&P. ver p. 8.)

LEYES Y REALIDADES

El aniversario de la constitución de 1917 (5 de febrero) fue oportunidad para que el presidente recordara la necesidad de cambios fundamentales en ese código. tienden a delinearse en México dos tendencias en esta materia: la tradicional, que ve las leyes como un conjunto de aspiraciones nacionales, no siempre posibles de cumplir. y la tendencia que habría que llamar de “ingeniería constitucional”, que ve las leyes como simples reglas útiles para regular eficazmente la vida pública. la segunda mirada tiende a crecer en México sobre siglos de retórica constitucionalista. una muestra elocuente de esta nueva mirada apareció en la prensa mexicana bajo la firma de Leo Zuckermann. (guía de perplejos: Leo Zuckermann: ¿fracasó la democracia mexicana? ver p. 10.)

Razón o fe

RAZÓN O FE

POR LETICIA JUÁREZ

Esta encuesta, realizada el 2 de febrero de 2002, ilustra los sentimientos mexicanos hacia la canonización de Juan Diego. Las percepciones son claras: el milagro guadalupano goza de un amplio reconocimiento e importa muy poco que carezcamos de pruebas contundentes acerca de la existencia de Juan Diego.

En la polémica sobre la historicidad de Juan Diego,1 el abad Schulenburg se encuentra, frente a la mayoría de la opinión pública, totalmente fuera de lugar. A aquellos a quienes les importa el tema —y que son guadalupanos—. creen en los milagros y frecuentemente se encomiendan a Dios o algún santo en su vida cotidiana, además de pedirle favores a la virgen de su devoción. Obviamente, la necesaria historicidad del próximo santo es un asunto absolutamente irrelevante.

La canonización de Juan Diego genera expectativas que minimizan la importancia de la controversia que el asunto ha suscitado en torno a la existencia del personaje. El interés sobre el tema ha sido alto y constante. Ya en diciembre de 1999 la probabilidad de su canonización logró atraer el interés de 80% de la población con teléfono en su vivienda. Los recientes anuncios de la inminente canonización y el manejo que han dado los medios a la noticia refuerza el interés. Actualmente, casi toda la población dice estar enterada (92%).

Ante la posibilidad de la canonización, nada es más importante. ni la certeza de su existencia, ni la constatación de actos prodigiosos. El mito de la aparición de la Virgen María en su versión guadalupana se robustece ante la posibilidad de que quien fue supuesto testigo del milagro se convierta en santo. Así. para la población con teléfono en su vivienda el suceso resulta importante en lo personal y expresa amplio consenso con que Juan Diego debe ser santo, fundamentalmente, “porque a él se le apareció la Virgen de Guadalupe”.

El argumento asalta la razón, pero el dogma prevalece y elimina cualquier posibilidad de duda. La población mexicana, católica, “practicante” o no, pero profundamente religiosa, reconoce que con frecuencia solicita “protección” y “favores” a santos o a Dios y se reconoce devota de la Virgen de Guadalupe, todo en proporciones de una magnitud impresionante.

Así, frente a la controversia en torno a la falta de pruebas sobre la existencia de Juan Diego, espontáneamente la población manifiesta estar convencida de que sí existió (66%). Al informar en las preguntas del cuestionario que no existen evidencias de su existencia, a la mitad le parece relevante que se compruebe para declararlo santo. No obstante, prevalece casi inalterado el consenso por la canonización.

Constatar la capacidad milagrosa de Juan Diego como otro elemento para declararlo santo tampoco parece tener relevancia. Al respecto, sólo 47% de los entrevistados cree que Juan Diego tuvo influencia en la cura milagrosa del joven que se arrojó a la calle desde su departamento.

La controversia generada por el exabad de la Basílica de Guadalupe, Guillermo Schulenburg. y otros historiadores mexicanos no trasciende y sólo introduce dudas en un tercio de la población, insuficientes para cuestionar la existencia de Juan Diego. Así, 66% rechaza que el contenido de la controversia pueda poner en duda el milagro guadalupano y por consiguiente la canonización de un mito.

Destaca que, incluso entre la población con mayor propensión a mantenerse informada (Índice de Información Política)2 y en dos de cada ocho entrevistados que declararon tener otra religión o no tener ninguna (12% del total de la muestra), priva el consenso por la canonización.

Finalmente, no parece preocupar que la Iglesia y el gobierno del presidente Fox intenten obtener ventaja de este evento.

1Los datos que se presentan son resultado de una encuesta telefónica realizada el 2 de febrero del 2002, 400 entrevistas efectivas. La muestra nacional fue a población mayor de 18 años. Método de selección de la muestra: arranque aleatorio y selección sistemática de los números telefónicos residenciales mediante el sistema CATI (Computer Assisted Telephone Interview).

2El Índice de Información Política (IIP) se obtiene de las respuestas correctas a las preguntas: ¿cuántos años dura un diputado en su cargo?, ¿cuáles son las cámaras que tiene el Congreso de México? y ¿cuál es el nombre del gobernador actual de su estado? Este índice busca establece los parámetros sobre la disposición de la población a recibir información política: alto, medio, bajo y nulo. n

 

 

                                             

La ciencia de la guerra y los desastres

LA CIENCIA DE LA GUERRA Y LOS DESASTRES

POR CINNA LOMNITZ

Como siempre, Cinna Lomnitz ofrece una lectura informada y amena de la actualidad. Nada más a modo que una mirada a los riesgos actuales y a la mejor manera de prevenirlos.

Estábamos en Canadá, magníficamente atendidos por los entrañables amigos de Ottawa, cuando llegó la noticia del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Los canadienses, muy impresionados puesto que se sienten cercanos a los estadunidenses a pesar de naturales roces y rivalidades, decretaron un duelo nacional de una semana y formaron largas colas de ciudadanos ante el edificio del Parlamento para firmar el libro de condolencias.

La guerra contra Bin Laden ya había comenzado hace diez años; pero las cosas no iban bien y los americanos tuvieron que cambiar de táctica. La ciencia de la guerra (hablemos de ella puesto que es una ciencia como otras, y de las más antiguas en el mundo) tiene dos vertientes principales, la romana y la china. Al-Qaeda, a pesar de su nombre, no posee una base geográfica segura. Para ganar la guerra, necesita apoderarse de Arabia Saudita mediante una revuelta popular. Esa es su grave limitación; por eso trata de utilizar la desinformación y la publicidad.

El general japonés Kusunoki Masashige (siglo XIII) se decía capaz de derrotar a un enemigo a mil leguas de distancia desde su tienda de campaña. “No hacen falta buenos soldados tanto como buenas estrategias”, decía. Era un hombre de gran valor personal, pero deliberaba antes de actuar. Su táctica preferida consistía en confundir, exacerbar, cansar y engañar al enemigo: “Cuando te enfrentes a un enemigo poderoso, usa el engaño”. Estas ideas se remontan a los clásicos chinos, sobre todo a Sun Tze (siglo V a. C.):

Los antiguos capitanes se hacían invencibles y aguardaban la vulnerabilidad del enemigo:

Ser invencibles dependía de ellos, mas la vulnerabilidad del enemigo depende del enemigo.

Si bien los diestros en el arte de la guerra sabían hacerse invencibles, no podían obligar al enemigo a ser vulnerable

En conclusión, todos podemos decir que sabemos vencer, pero nadie puede asegurar la victoria.

El precepto central de la ciencia militar es “Conoce al enemigo y conócete a ti mismo” (Sun Tze). La debilidad principal de Estados Unidos reside en su escaso conocimiento del enemigo. En cambio, la debilidad principal de Al-Qaeda es la excesiva influencia de sus teóricos extremistas (llamados “bandidos locos” por los clásicos chinos).

Las Torres Gemelas

En los días felices de la Grande Époque, allá por 1890, los politólogos habían acuñado una fórmula perfecta para entender el acontecer internacional: cherchez la femme. La política se cimbraba entonces al sinuoso compás de las faldas. Existía el pecado, y los hombres públicos llevaban una doble vida. Tenían casas chicas y amantes secretas. Hoy tienen cajas chicas y cuentas secretas. El mundo ha cambiado, y el ingenio de los politólogos (si hubiera sobrevivido) tendría que decir cherchez le fric, buscad por dónde se menea el dinero.

Los americanos, siguiendo el ejemplo de los israelíes, habían dejado de aportar dinero a las arcas árabes. Eso no se perdona en Oriente Medio, cuna de antiguas culturas mercantiles. La moral, en esa región, es un árbol que da petróleo. Osama bin Laden pretende suceder, en la Arabia sunita, a la vacante que dejó el ayatolá Jomeini. Ayudado por la tecnología de la CIA, desarrolló un floreciente negocio de extorsión cuyas víctimas incluyen a la familia real de Arabia Saudita. El ataque a las Torres Gemelas se había pensado también como una advertencia a la dinastía saúd: paguen o aténganse a las consecuencias.

Las Torres Gemelas eran los edificios más altos de Nueva York y por eso representaban un objetivo lógico. La operación no fue fácil pero el resultado fue inesperado y espectacular. Cambió las perspectivas de los funda mentalismos, tanto en Israel como en Irlanda o en el País Vasco, y sobre todo en el mundo árabe.

Lo que Osama no sabía era la historia de las torres. Eran el monumento a otra mafia, la del gobierno de la ciudad de Nueva York. Nuestro PRD se queda chico ante los negocios que allá se manejan. Siendo propiedad de la ciudad, las Torres Gemelas debían ser gigantescas y dejar mucho dinero. Eso implicaba un diseño innovador, nunca antes intentado.

La solución, por cierto, fue ingeniosa. Se construyeron dos altísimos tubos de sección cuadrada, con su principal estructura resistente hacia fuera. Las trabes y columnas se encontraban en el perímetro exterior. El acero estructural era resistente a un calor de hasta 800 grados centígrados. Ambas torres resistieron el impacto de los aviones. También resistieron el incendio, durante una hora y más. De repente, sin aviso previo ni nada que hiciera suponer una catástrofe, se derrumbaron verticalmente, una tras otra. Se hicieron polvo. Este modo de falla fue imprevisto —ningún ingeniero o terrorista pensó que podía ocurrir.

Si se debió al pandeo por calentamiento de las columnas, como se ha sugerido, las torres debieron de ladearse porque el pandeo nunca puede afectar todo el perímetro por parejo. Lo vimos en el caso del colapso del Edificio Pino Suárez, en 1985. La causa debió ser otra, y los ingenieros americanos no la conocen. Yo pienso que a la turbosina volatilizada dentro del edificio pudo faltarle tiraje. Por eso producía un humo tan denso y negro al arder. El combustible sin quemar se mezcló gradualmente con el aire hasta alcanzar la proporción crítica. Finalmente se produjo el flamazo, con humo blanco y un efecto similar al de disparar una carabina. Un pulso de presión se propagó hacia arriba y hacia abajo. La torre se derrumbó en forma vertical.

Ahora bien, dentro del cártel Al- Qaeda también se ha acumulado una mezcla explosiva: la frustración con la tecnología. Jóvenes talentosos, de veinte años, son entrenados como pilotos suicidas. Nadie habla de ellos: nadie los compadece. Mal hecho: ellos son las primeras víctimas de este conflicto.

Los desastres

¿Qué es un desastre? No hay consenso científico al respecto. El riesgo sísmico no afecta a los animales del campo, ni a las aves. Sus nidos y madrigueras no se caen con los temblores, pues son el resultado de millones de años de evolución. El hombre, en cambio, al renunciar a los frutos de la selección natural, se torna vulnerable a su propia actividad tecnológica. Lo que mata son los edificios, no los temblores.

¿Es esto inevitable? No lo es, a condición de llegar a comprender las causas de nuestra vulnerabilidad. En el caso de las Torres Gemelas, un tiraje adecuado pudo prevenir la acumulación de combustible y las Torres estarían en pie. Hacerse invulnerable es la manera de evitar los desastres. Se dice pronto, pero no es fácil que un país como México se torne inmune a ellos. Sufrimos en promedio unos diez desastres al año, y acertamos a prevenir otros diez. Con ese marcador, no nos libraremos de una catástrofe nacional.

El sismo de 1985 estaba previsto. La Norma Sísmica del Distrito Federal, en su edición de 1976, preveía una aceleración espectral pico de 24% de la gravedad entre periodos de 1 a 3 segundos de la onda sísmica. Con eso los ingenieros suponían que no habría daños significativos; pero el movimiento real del suelo presentó un pico prominente a 2 segundos de periodo, con una aceleración espectral de 100% de la gravedad. Era más de cuatro veces la aceleración esperada. Se cayeron unos 400 edificios de 7 a 18 pisos de alto, todos situados en la Zona 111 de la ciudad, la zona baja que anteriormente estaba ocupada por la laguna.

Las normas no habían funcionado y eso se reconoció de inmediato. La sorpresa fue total. Pasaron dieciséis años y los expertos no logran ponerse de acuerdo acerca de la causa del desastre. La aceleración de diseño fue reajustada ligeramente, de 24% a 40% de la gravedad, pero las normas siguen suponiendo una aceleración pareja entre 1 a 3 segundos de periodo de la onda sísmica. No se está previendo la onda característica, de 2 segundos de periodo como rayo láser, que causó resonancia en los edificios en 1985.

Eso no es casualidad. El elemento sorpresa es la verdadera causa de los desastres, y debe atribuirse fundamentalmente a nuestra ignorancia de lo que acontece en la realidad. ¿Cómo explicar esto? Hacia 1980 los físicos descubrieron que el comportamiento de los objetos del mundo exterior puede dividirse en tres grandes categorías: lo grande (por ejemplo, las galaxias), lo pequeño (por ejemplo, el interior de un átomo) y lo complejo (por ejemplo, la tierra o la sociedad). En cada caso rigen leyes diferentes. Los sistemas complejos tienen un número muy elevado de grados de libertad y suelen llamarse auto-organizados. Dice el doctor Paul Davies, de la Universidad de Newcastle: “Uno de los milagros universales de la naturaleza consiste en el hecho de que unos enormes conjuntos de partículas, sujetos solamente a las fuerzas ciegas de la naturaleza, sean capaces de organizarse y de generar formas de actividad colectiva”. Y agrega el doctor Leo Kadanoff, de la Universidad de Chicago, que más vale esperar “sorpresas y grandes eventos” de esta clase de sistemas. Estas sorpresas pueden ser desagradables, y las conocemos como “desastres” (malos astros).

Todo esto nos puede servir, en México, para aprender a enfrentar el desastre educativo. Creo que la vulnerabilidad de nuestro sistema educativo no ha sido analizada a fondo, y que no sabemos dónde están las fallas. Esto es grave, y necesita remediarse. Nuestra tabla de salvación es la inteligencia.

La sociedad mexicana es un sistema complejo. Las malas calificaciones que logra nuestro sistema escolar suelen atribuirse a la baja calidad de la enseñanza. En la UNAM, los maestros son excelentes pero no son ellos quienes dictan las clases: son los ayudantes de cátedra. ¿Por qué? Valdría la pena averiguarlo, pero el resultado está a la vista.

He podido constatar, entre mis amigos intelectuales, un cierto placer sardónico (a propósito de los despropósitos de algunas figuras públicas) en constatar que “la cultura, después de todo, sirve para algo”. Son ingenuos: la cultura no sirve para nada. Lo que sirve es la inteligencia. Necesitamos cultivarla produciendo más y mejores científicos, ya que la ciencia no es otra cosa que inteligencia cristalizada al estado puro.

La tierra seguirá temblando bajo nuestros pies y se auto-organizará para producir unas ondas sísmicas coherentes y de una sola frecuencia. Los vapores de turbosina mezclados con el aire podrán dispararse solos. Las fallas de un sistema educativo obsoleto pueden continuar generando el subempleo y la pobreza; ese es el cuello de botella que nos impide avanzar hacia la creación de una nación capaz de enfrentar los riesgos de un mundo cada vez más complejo y peligroso. Es el desastre que hay que temer. n

Vida Pública. Hechos y tendencias

VIDA PÚBLICA

HECHOS Y TENDENCIAS

La rebeliÓn de la intimidad

Quien mire hacia los cambios profundos del siglo XX no los encontrará en las guerras y los movimientos políticos, sino en la ciencia, la técnica, los valores y las costumbres. Acaso el mayor salto civilizatorio de la última centuria sea el cambio dramático del lugar de la mujer en la sociedad, el amor y la familia.

En este número de Nexos hemos llamado La rebelión de la intimidad al conjunto de esos cambios —ostensibles en el mundo desarrollado, perceptible en países emergentes como México, inexistente aún en las sociedades tradicionales—. Es una rebelión en marcha: le quedan muchos territorios que conquistar. Es una rebelión igualitaria, profunda, inteligente y de frutos admirables, pese al mucho camino que le falta por recorrer. (La rebelión de la intimidad.

El Batidillo fiscal

El 2001 cerró en México con un patinillo fiscal que exhibió las debilidades estructurales de la nueva democracia mexicana. Los legisladores echaron abajo la propuesta de reforma fiscal del gobierno, que buscaba terminar las exenciones al pago del Impuesto al Valor Agregado (IVA). Acordaron en su lugar una miscelánea recaudatoria hecha sobre las rodillas en las horas finales del proceso legislativo. Resultado: molestia en todos los frentes. (Impuestos: Oportunidad perdida. FOX ANTE 2002)

El presidente Fox inició el año con una autocrítica, una corrección de fondo en la organización de su oficina y una ambiciosa agenda de reformas, luego del fiasco de la reforma fiscal.

La autocrÍtica

En su primera entrevista del año para el programa de televisión Zona abierta, el presidente Fox dijo haber perdido durante el 2001 la batalla mediática. Según el presidente, los medios presentaron al público un gobierno más errático de lo que fue en verdad.

El presidente aceptó también haberse equivocado al intentar encarnar una presidencia de imagen más informal, “ciudadana” (léase dicharachera y desenfadada). La gente quiere una presidencia seria, reconoció Fox, una presidencia formal. Es posible que esa presidencia empiece a perfilarse a partir de ahora. Lo cierto es que, una semana después de aquella autocrítica, el presidente volvió a los chascarrillos. Le preguntaron qué se sentía ser presidente. Respondió: “A veces, dan ñañaras”. Los medios multiplicaron su ocurrencia derrotando nuevamente su propósito de seriedad.

La reorganizaciÓn

Al empezar su gobierno, para corregir el defecto de una cadena de mando excesivamente larga sobre un gabinete excesivamente ramificado, el presidente Fox diseñó una oficina presidencial basada en comisionados que coordinaran a varios secretarios. Aquí señalamos hace unos meses la inope rancia de aquel diseño (“Presidencia: Nuevos cables cruzados”, Nexos 285, septiembre de 2001). El presidente parece haber llegado a la misma conclusión. Empezó el año desmantelando el dispositivo mediante el nombramiento de dos de los Comisionados más visibles a puestos de responsabilidad directa en la administración. (Reingeniería presidencial.

La prioridad y las reformas

En su entrevista de principios de año el presidente anunció que la prioridad del gobierno federal para el 2002 será la seguridad pública. Agregó, sin embargo, tres reformas claves para legislarse este año: la reforma eléctrica, la reforma laboral y la reforma del Estado. Demasiadas prioridades es falta de prioridad. El eje de la cruzada contra la inseguridad pública será un sistema de coordinación nacional para hacer convergentes los esfuerzos locales y los federales en la persecución de los delitos. A la fecha, caminan cada uno por su lado.

La reforma del Estado

En otra entrevista televisiva el secretario de Gobernación, Santiago Creel. refirió algunos de los rasgos de la reforma del Estado. Son los siguientes: 1. Ampliación del acceso a la información pública. 2. Ampliación de los tiempos de trabajo del Congreso. 3. Rediseño del calendario electoral que no deja respiro a los partidos para ponerse de acuerdo pues están siempre compitiendo. 4. Reelección inmediata de legisladores. 5. Descentralización fiscal en servicio de un nuevo federalismo. 6. Traslado al poder judicial de tribunales que hoy tiene el ejecutivo. 7. Revisión del sistema de partidos para evitar su proliferación innecesaria. 8. Revisión del sistema de representación proporcional en favor de la elección de mayoría directa. 9. Voto de mexicanos en el extranjero. Cada uno de esos temas podría ocupar el tiempo completo del año de legisladores cuya lógica política será, particularmente este año de anticipación de las elecciones de 2003, no ponerse de acuerdo.

Energía y trabajo

Respecto de las reformas energética y laboral, el secretario de Hacienda dijo que eran indispensables si se quería generar crecimiento económico. Se trata en lo fundamental de abrir el acceso a la inversión privada en el sector energético y de hacer más fácil la contratación y el despido de gente que trabaja. Puede adelantarse en las tres reformas una batalla larga, costosa, ruidosa y fallida. (Empate democrático, ¿inmovilidad nacional?

Las guerras partidarias

Mientras el gobierno se prepara para dar cauce a su prioridad y a sus reformas legislativas, los mayores partidos políticos del país se aprestan a la modesta guerra civil de elegir a sus dirigentes. El PAN, el PRI y el PRD tendrán nuevos dirigentes en marzo. Los partidos parecen tan divididos internamente, como sus posiciones públicas frente al gobierno. Las olas concéntricas de la competencia en esos centros de poder teñirán el escenario político mexicano con un aire de fronda y disputa, anticipa torio de las elecciones federales de 2003. (Partos partidarios. Ver p. 7.)

Dolores de postrebeliÓn

Así tituló The Economista su nota de principios de año sobre Chapas, en el octavo aniversario de la rebelión. “Pobre Chapas, tan lejos de la Ciudad de México”. ironizó la revista, aludiendo a “pobre México, tan lejos de Dios…”. La nota empieza así: “Solía decirse que las banquetas de San Cristóbal de las Casas eran para los ladinos blancos y las calles para los indios y los burros. Estos se confundían a menudo: los terratenientes ladinos usaban a ‘sus’ indios como animales de carga. Hoy, en el bello pueblo montañoso, los turistas blancos saltan fuera de las banquetas para dejar pasar a indias descalzas con sus bultos, y las calles están tapadas de coches. Pero en muchos aspectos, Chapas sigue siendo el estado más problemático y el más pobre de México”. La rebelión dio frutos magros.

Capitales muertos

El pensador peruano Hernando de Soto estuvo en México y presentó su libro El misterio del capital. Sostuvo entrevistas con medio gobierno y medio mundo empresarial. Traía bajo la manga los resultados de su estudio de la economía informal mexicana, con la metodología que le ha dado fama mundial: cerrar los libros y abrir los ojos, no preguntar a los expertos sino a los pobres. Ha descubierto en México, como en otras partes, que los pobres están sentados sobre una enorme riqueza que no pueden utilizar o que utilizan parcialmente: 315,000 millones de dólares. (Guía de perplejos: La riqueza de los pobres. Ver p. 9 )

Ver a mi pareja en Intimacy

VER A MI PAREJA EN INTIMACY

POR ALEXANDER LINKLATER

TRADUCCIÓN DE GABRIEL JIMÉNEZ

En la más reciente película del director francés Patrice Chéreaux, basada en una novela de Hanif Kureisbi, el sexo no aparece en su modalidad erótica o como recurso argumental, sino de forma real. Este texto narra la experiencia “incómoda” de la pareja de Kerry Fox, la actriz protagónica de Intimacy. Es una historia sobre los celos, una historia sobre la confianza mutua y sobre las rugosidades y la belleza del sexo.

Tuve mi primera probada seria de celos a los 18. Lo mismo que enamorarse, tener celos por primera vez hace que uno se sumerja hasta el fondo de sí mismo, y estos celos son más difíciles de comprender que cualquier experiencia sexual de las que vendrán después en la vida. Es algo irrepetible. Pero de todas las emociones animales, los celos son el más puro de los tormentos. Es el conocimiento de que uno casi posee lo que más desea sobre la tierra, y ver entonces que alguien más lo goza en vez de uno. Ver es importante, ya sea de modo real o imaginado, porque los celos fabrican sus mejores trucos con distorsiones visuales.

En el Winter’s Tale de Shakespeare, el rey, Leontes, ve cosas que no están ahí. Ve a su esposa hacer cosas que no está haciendo. Planea matar a su mejor amigo, alguien que, en efecto, no ha hecho nada malo con su esposa. Pero, como lo masculla Leontes, “¿Acaso los susurros no son nada? ¿Y el inclinarse mejilla con mejilla? ¿Y juntar las narices?”. Sigue una delirante letanía de traiciones que no han ocurrido. Para Leontes. sin embargo, las cosas irreales que ha visto lo son todo: “¿Esto no es nada? Pues entonces el mundo, y todo lo que en él está, son nada”.

Lo extraño es que la neurosis de figurarse un mundo entero saturado con humillación es exactamente la misma cuando la traición es real, y uno sí la ve. Ya tarde, una noche, hace catorce años, por las afueras de un pequeño pueblo de la costa este de Estados Unidos, me llevaban de regreso a los cuartos para huéspedes de un teatro llamado Shakespeare and Company, donde yo actuaba roles menores en, entre otras obras, As You Like It. Quien manejaba el carro era una bailarina de Manhattan, sexy, mundana, 24 años de edad y de quien yo me había enamorado abyectamente. Para el pasto tierno y corto de mi “yo” de 18 años, ella parecía incandescente; era una relación tentativa, pero yo estaba conmocionado con el enamoramiento. En la obra ella tenía el pequeño papel de Audrey, una muchacha del campo, novia de un devoto y simplón, William, y que es seducida por otro. El seductor, uno de los mejores personajes ingeniosos de Shakespeare, es el bufón Touchstone, cínico y fácil de palabra. Yo actuaba el papel menor de William. En la parte de atrás del carro estaba el neoyorquino calvo, guasón, de cuarenta años, que hacía el papel de Touchstone. Era un tipo divertido, y a mí me gustaba beber con él.

Pero esta era teatrilandia, y había un cliché que pedía a gritos su cumplimiento. Me bajé del carro y subí corriendo las escaleras hacia mi cuarto. Habíamos tenido ensayo muy temprano en la mañana, y todos nos habíamos visto entonces. Al llegar a mi cama, busqué mis cigarros. No estaban. Pensé que se me habían caído en la escalera. Volviendo sobre mis pasos miré por una ventana hacia la brillante luz de luna de la noche de Massachussetts y atisbé una imagen que golpeó mis propias luces y me hizo ver unas estrellas que no eran las que estaban en el cielo. Pegué mi cara contra el vidrio para ver mejor. El carro aún estaba ahí, y su asiento delantero estaba tendido hacia atrás. Touchstone, su visible carne azulosa, como la de un cadáver a la luz de la luna, tenía sexo con Audrey.

En el tiempo inmediato que siguió a esta entrada en un mundo de conspiración, vergüenza y celos mortales, algo especial le ocurrió a mi vista. Al subir al escenario, o al caminar sobre él, mi visión pasaba a ser en blanco y negro. Era como ver una película con algunas secciones filmadas de manera intermitente en negativo. Por un momento, la curiosidad de este engaño apartaba mi cabeza de lo que realmente estaba ocurriendo.

El recuerdo de ver a Touchstone y Audrey volvió a mí periódicamente cuando mi pareja, la actriz Kerry Fox, se preparaba para su papel en la última película de Patrice Chéreaux, Intimacy. Aunque no se estrenó sino hasta finales de julio de 2001 (en México se estrenará en febrero. N. del E.), desde tiempo antes Intimacy había atraído ya un tipo particular de atención de la prensa británica. Yo ya tenía una buena idea de que esto podía ocurrir desde un año y medio atrás, cuando leí el script que le habían enviado a Kerry para que lo considerara. Se basaba libremente en la conocida novela de Hanif Kureishi con el mismo nombre, sobre la ruptura de su propia relación. A partir del ejercicio de auto-destape de Kureishi, Chéreau había tomado un título y un tema general, el del hombre que se mueve a sus anchas, una vez libre de las obligaciones de la familia, para entrar en un egoísmo atormentado. De modo más específico, sin embargo, el eje de la trama de la película se había desarrollado a partir de un nítido e inquietante relato titulado “Luz de noche”. Aquí Kureishi describe un encuentro que tiene lugar todos los miércoles, entre dos personas que se reúnen para tener sexo pero que nunca se hablan entre sí.

El primer borrador de Intimacy que Kerry recibió contenía instrucciones en una prosa elaborada, en vez del idioma conciso y al uso de un guión de cine ya terminado. Lo habían escrito en francés Patrice Chéreau y su guionista, Anne Louise Trividic, y luego lo tradujeron al inglés. Cada episodio del “sexo de los miércoles” estaba descrito minuciosamente, y desarrollaba con habilidad una atmósfera y un sentido conforme la historia avanzaba. Pero las escenas de sexo ahora abarcaban largas tiras de texto, y tenían poco que ver con la narrativa original, escueta, de Kureishi; eran innovaciones del guión.

Kerry quería saber lo que yo pensaba. Yo realmente no sabía qué pensar. Estaba escrito con elegancia, lo cual ya era algo. Patrice Chéreaux es uno de los nombres más respetados en el teatro francés y una de sus películas, ese extravagante drama de época titulado La Reine Margot, sugería que él también podía hacer cine con aptitud. Kerry ha hecho una carrera forcejeando con materiales difíciles. Era improbable que Intimacy fuera tan intimidatoria como su primer papel importante, el de la traumatizada autora Janet Frame en la película neozelandesa An Angel at My Table (para la cual trabajó en algunas durísimas escenas de asilo y subió de peso más de doce kilos). Han habido escenas de sexo dispersas en las más o menos 15 películas que ella ha hecho desde entonces. Sobre el papel, éste parecía otro reto interesante. Sin embargo, el sexo en el script sonaba como algo significativamente distinto a cualquier otra cosa con la que Kerry se hubiera enfrentado. Una línea en particular nos llamó la atención a ambos: “Ella se lo chupa por un largo tiempo”.

Sin duda, esto era algo intrigante. No era más que una línea en una narración compleja, en la que el sexo venía a ser una parte integral pero no dominante. Aun así, nos dio risa. ¿Cómo haría Chéreaux cinematográficamente para que el público se lo creyera? ¿La cabeza de ella agitándose en el aire sobre el regazo de él? ¿Gran manejo de manos y boca fingidos sobre un órgano hechizo? La verdad brillaba, pero reconocerla nos costó algo de trabajo. No iba a haber ningún truco. De hecho, esta sola línea era un útil indicador de que, si Kerry aceptaba el papel, el sexo en Intimacy sería mucho más demandante que el interludio erótico normal y de trámite de la mayoría de las películas actuales. Hasta un grado indefinible, aquí el sexo sería real.

Mi primera respuesta fue sólo la de un rápido reflejo periodístico. A los periódicos les interesaría, pensé, y por motivos que poco tendrían que ver con la calidad, o lo opuesto, de la película (a la prensa francesa no le importaría: contraste cultural de estándares). De hacerse, la película podría resultar una cosa buena o una mala, pero Kerry y el principal actor masculino, Mark Rylance, seguro correrían el riesgo de que los ridiculizaran. De hecho el Comité Británico de Censores de Cine sólo hasta el año 2000 aflojó sus criterios sobre contenidos sexuales; así que en materia de timing todo salió bien, y hasta ahora en la Gran Bretaña no se han dado argumentos bobos sobre cuántos segundos de película deben cortarse. Con una o dos excepciones particularmente tontas, hasta ahora la cobertura no ha sido mala para los actores. Y se ha señalado, con buen tino, que Intimacy marca un cambio en el gusto del lenguaje cinematográfico inglés.

Luego siguió una reflexión personal. Olvidémonos de Kerry: esto no iba a ser fácil para mí. Desde entonces ella se ha vuelto la madre de mi hijo, pero en ese entonces también llevábamos sólo seis meses de conocernos. Yo estaba en el arranque pleno de la relación más importante de mi vida y no tenía dudas de que yo era también, en las palabras inmortales de John Lennon, un tipo celoso. Los celos, hasta donde puedo entender, son el modo en que la naturaleza le dice a uno que se disponga a obrar con violencia contra cualquiera que se entrometa con tu pareja (un crimen pasional no es sólo privativo de los franceses). Patrice Chéreaux, utilizando a Mark Rylance como su instrumento, se revolcaría sexualmente con Kerry, con la participación dispuesta de ella a un grado en que en cualquier situación comparable de la vida real, sería inaceptable para mí. Si la película se filmaba, yo tendría que esperar mientras ella iba a los ensayos a practicar sexo con Mark, y luego regresar a casa. Entonces, yo tendría que esperar mientras ella entraba al set, se desvestía con Mark, lo tomaba en sus brazos, lo ayudaba a lograr un estado de excitación sexual y regresaba a casa de nuevo. Y eventualmente yo tendría que mirar, junto con un público de tamaño considerable, en el magnífico y magnificado detalle de la gran pantalla cinematográfica, todo lo que ellos habían hecho juntos. O, después de la edición, no todo lo que habían hecho. ¿Qué es lo peor: no ver nada, ver algo, ver todo? Pensé en Touchstone y Audrey, y pareció que el mundo estaba en negativo.

Tuve otra respuesta, sin embargo, que se instaló gradualmente y se mantuvo conmigo durante la filmación y hasta el momento en que vi Intimacy por primera vez. No era la clásica fantasía de estar escondido mientras uno ve cómo su pareja tiene sexo con alguien más. Pero tampoco era algo totalmente desconectado de esa fantasía. Era un impulso de saber qué tan lejos podía extender los límites de mi posesión de Kerry, y aun así seguir sintiendo lo mismo por ella. Adelante esperaba un oscuro destino para el corazón. ¿Sería para mejor, o para peor? Si la experiencia no acababa con nosotros, ¿nos haría más fuertes? Francamente, ni yo ni (a pesar de su experiencia) Kerry teníamos la menor idea de cómo sería la cosa o qué efecto tendría sobre nosotros.

Sin importar el contenido del script, la influencia más importante y simple sobre la decisión de Kerry para trabajar en Intimacy era Patrice Chéreaux. Después de su primer encuentro. Kerry pensó que nunca más volvería a verlo. Su inglés no era nada bueno y al parecer la mayor parte del tiempo no hacía sino estarla viendo. Patrice es una presencia brillante en la vida cultural parisina, como actor y director, y con una reputación de haber sobrevivido a una vida salvaje. En persona es un hombre alegre de 56 años con la apariencia de haberse como encogido sobre sí mismo. Tiene un extraño magnetismo que hace que uno quiera impresionarlo y al tiempo confiar en él. Cuando Kerry, para su sorpresa, se encontró con él por segunda vez, hablaron sobre las escenas de sexo con exactitud y hasta el detalle. El miraba a Kerry cuidadosamente para ver cómo respondería. La respuesta de ella fue confiar en él. Vio a un director con un propósito serio y como alguien que podía conducir actores. Entonces aceptó el papel de Claire, la mujer de los miércoles.

Lo que siguió, en mi caso, fue que sentí una urgencia abrumadora de platicarlo. A cualquier amigo que me oyera lo sometía a una ráfaga de mis dilemas personales. La mayoría respondió haciendo a un lado el requerimiento de un intrincado comentario psicoanalítico; en vez de eso, nomás preguntaban: “¿O sea que, en fin, lo que ella va a hacer es de verdad!”. Yo no conservaba la ecuanimidad filosófica. En un restaurant en Glasgow una simpática pareja gay cometió el error de opinar, casi al unísono, “es sólo un poquito de sexo”. Me lancé en una tirada de media hora sobre cómo, aunque iba a ser una película que valdría la pena, y que yo no tenía ningún problema, uno no podría soltar así nomás respuestas viscerales. Siguió el sonido embarazoso del pudín rascado en los platos.

No obstante, conforme Kerry y yo lo hablamos, brotó un sentido de aventura. Desarrollamos una nueva solidaridad. Si los celos se tratan de ver —o imaginar que uno está viendo— una infidelidad, entonces el nuestro sería un experimento en control de celos. Me encontré con Mark Rylance y no tuve ni el más ligero asomo de resentimiento. Mark tiene una presencia ecuánime, casi de duende. Habla con el acento vagamente dislocado de un estadunidense que ha vivido la mayor parte de su vida en Inglaterra. Como actor, es único. En el año 2000, haciendo el papel de Hamlet en el teatro del London’s Globe, en un montaje dirigido también por él, dio el registro más poderoso de la relación de Hamlet con el fantasma de su padre que yo haya visto. Como el papel principal masculino en Intimacy, aparecería en el 90% de las escenas y tendría que trabajar casi todos los días del rodaje. Tendría que salir de otro trabajo para hacer esto, y luego de filmar regresarse directamente al teatro. Para él las escenas de sexo serían más duras y fisiológicamente más complejas que para Kerry.

La pregunta final era: ¿iba a haber penetración sexual? Con lógica o sin ella, esta era para mí la barrera impasable, y para Kerry también. De hacerlo, no sería la primera vez que esto ocurriera en una película para amplio público. Corren historias sobre actores que tienen sexo real en el acostumbrado interludio erótico, sin que el equipo de filmación se entere siquiera. Sin saberlo, uno quizás ha visto películas donde esto ha ocurrido. Pero decisivamente esto no es lo que ocurre en Intimacy. Hay sexo oral, y uno puede verlo, y hay la muy efectiva ilusión de dos personas comunes y corrientes haciendo el amor de manera desesperada, pero al fin sólo eso: una ilusión.

¿Entonces por qué, si es una ilusión, la necesidad de ir tan lejos como va la película? ¿Por qué la necesidad de mostrar realmente sexo oral, aunque sea brevemente? ¿Y por qué la necesidad de mostrar, con mayor frecuencia, a Mark con una erección? La respuesta es simple. Es para llevar la lógica interna de una obra de arte a su conclusión; esa es su integridad. En este caso, es para llevar una historia que tiene que ver con el sexo tan lejos como lo permitan los actores, sin comprometer sus vidas personales, y para extraer de ellos las actuaciones más poderosas de que sean capaces. Patrice Chéreaux no se revolcó en esto. Es el mejor ejemplo de gente de teatro convertida en director de cine. A gusto con las tecnicidades del cine, su concentración más intensa la dedica a los actores, y él sabe que un actor trabajando a todo lo que da opera con la médula de la propia vida de él o de ella.

Hoy vivimos en una muy confusa cultura del entretenimiento, que de un modo feroz exagera la importancia de las estrellas de cine y transforma todo suplemento semanal en un brazo de mercadotecnia de Hollywood. Por esta misma marca, sin embargo, el trabajo real que hacen esos actores es reducido a un mínimo que linda con la negligencia. Suena casi pretencioso hablar de actores “serios” de cine (como algo opuesto a las celebridades), pero en efecto existen. Y este es un ejemplo de lo que hacen, una vez preparados a correr el riesgo, con el material de la vida.

Hay otro motivo, y más sutil, por el que hay sexo oral en Intimacy. Aunque es breve, completa la ilusión para el público. Porque podemos ver que tal cosa está ocurriendo, nos permitimos sentir que todo está ocurriendo. Las referencias a eso en la prensa han sido divertidas por los labios fruncidos que, literalmente, ha desatado. “Fox se lleva el pene de Rylance a la boca”, berreó el Sydney Alorning Herald luego de que ella ganó el Oso de Plata como mejor actriz en el Festival de cine de Berlín del 2001. “Le da una mamada”, es la jerga demótica y facilona que despliegan los columnistas. Para mí, una mamada representa el movimiento mecánico, de subibaja, que uno obtiene en las películas pornográficas. Lo que Kerry hace en Intimacy no es tan formal como eso. Sus movimientos son suaves y humanos. No estamos acostumbrados a eso. No vemos mucho sexo en Gran Bretaña. De hecho, y extrañamente, vemos muy poco sexo realista. Vemos infinidad de imágenes publicitarias con carga sexual, una gran cantidad de representaciones semipornográficas en revistas, algunas cosas inconexas en televisión, pero casi ninguna imagen verdadera de sexo. Intimacy es irrelevante en lo que se refiere a los debates sobre la pornografía. No borra la línea entre la película de sala de arte y el video en la parte más alta del ropero. La hace más clara.

“Nueve de diez partes del atractivo de la pornografía se debe a los sentimientos indecentes que en relación con el sexo los moralistas inculcan en los jóvenes”, escribió Bertrand Russell en 1929. “La décima parte es fisiológica”. El sexo en Intimacy se ve como algo real; está logrado de manera hermosa; pero no es particularmente erótico. Es el avance a tientas de dos cuerpos que se desean. Cuando se vuelve sórdido, como ocurre en un miércoles “negro”, es amenazador sin recurrir siquiera a la violación explícita. No hará nada en absoluto para contribuir a lo que Julie Burchill, en pleno dominio de su desagradable lexicón, llamó hace poco “la cara de estar en el sanitario, la respiración entrecortada del masturbador público en su asiento”. Intimacy ni siquiera tiene la décima parte del atractivo fisiológico del que habla Russell. Es sobre lo que Norman Mailer llamó “el oscuro, animoso asunto del sexo”. Si a algunos los calentara la película, sería algo raro, aunque no aberrante. Pero si la complejidad emocional de una relación humana real, o transmitida realistamente, inspira los mismos sentimientos indecentes que ver el burlesque mete-y-saca de la pornografía hard-core, entonces lo que uno tiene es un problema que ningún grado de censura podrá resolver.

La película Boogie Nights de Paul Thomas Anderson, filmada en 1997, era sobre el boom de la industria del pomo en California en los setentas. No mostraba sexo alguno, y la lógica de la película sufrió por eso. Casi como una excusa, al final reveló la imagen del actor Mark Wahlberg usando un pene hechizo y largo hasta la hilaridad. Era como si la película estuviera confesando que se trataba de una historia para el gran público sobre la industria del sexo que no podía mostrar nada sustancial sobre lo que la industria del sexo hace realmente. Era como una película de guerra sin batallas. Boogie Nights te mostraba el armamento de la industria del sexo y te dejaba su uso a la imaginación. A veces, no mostrar las cosas en una película se vuelve un gran poder de sugerencia. En The Big Sleep, no hay modo de confundir el calor erótico en el diálogo entre Humphrey Bogart y Lauren Bacall (uno sabe que durmieron juntos, y el director, Howard Hawks, estiró las convenciones morales de su tiempo para crear una intensa atmósfera de innuendo: se benefició de que no le permitieran mostrar a los personajes haciéndolo). Pero, como un principio general, no mostrar algo va en contra del instinto del cine. No debía ser sorpresa que la violencia y el sexo son sus obsesiones continuas. Estos son eventos que, cuando ocurren en la vida, ocurren de una manera rápida, huidiza y borrosa. Si somos parte de ellos, no tenemos distancia visual; vemos imágenes confusas. Todo el propósito de una cámara de cine está en ser nuestro ojo voyerístico y, más allá de que aspire a la alta seriedad o a la baja frivolidad, en magnificar y dejarnos ver en arte lo que no podemos ver en la vida.

Cuando le pregunté a Kerry por qué quería probarse con el tipo de sexo que Patrice estaba retratando en Intimacy, me dijo, primero, “porque nunca antes he visto hacerlo”. Para mí, el razonamiento era en mucho el mismo. Habría un punto de no retorno, si Patrice les hubiera pedido a Kerry y a Mark que escenificaran con penetración sexual. Pero, quizá de un modo único, me fue ofrecido un laboratorio emocional a resguardo, con parámetros que yo entendía y en el cual yo iba a descubrir hasta dónde podría estirarse el resorte de mi confianza. Como una cámara de cine, los celos son un ojo voyerístico: desea averiguar cuánto se puede ver antes de que la imagen quede abatida por la desdicha. Yo sería el hombre pasivo, mirón, de Intimacy. Y sentí, profundamente, que la mujer activa en este escenario tenía la suficiente fuerza y sabiduría como para confiar en ella. “Se trata de mostrar el crecimiento de una relación”, dijo Kerry. “Es retratarla mediante cuadros. Y mostrar físicamente el crecimiento de una relación es de lo que se trata el cine”.

Cuando empezó el rodaje de Intimacy, las tensiones de Kerry se hicieron visibles. La historia toda de la película lleva a los personajes a una espiral de emociones en descenso, y el nadir para Claire, la mujer de los miércoles, ocurre cuando le confiesa a Betty, interpretada por Marianne Faithfull, que toda su vida no ha sido más que un “chapoteo sin talento en el lodo”. Pero es incuestionable que las escenas de sexo, concentradas en una sola semana de filmación, fueron las más demandantes. Ella lo describió como, de manera exhaustiva, “convertir la carga en trabajo escénico”. El piso estaba duro y la alfombra le causaba quemaduras. Regresaba a la casa exhausta y casi enferma. Patrice había acordado hacer las cosas más seguras que con sólo un set “cerrado”. Cuando una escena terminaba, el equipo de filmación no tenía permitido meterse a arreglar cosas. Kerry y Mark necesitaban tiempo para arrancarse a sí mismos de una experiencia castigadora.

Mucho de Intimacy está filmada con cámara en mano. Pero, durante el sexo, la cámara estaba fija. Los dos actores sabían qué partes de sus cuerpos se estaban viendo. Sin embargo, Kerry se dio cuenta de que a Mark le costó más trabajo aceptar su propia desnudez. Las actrices se han cultivado en la industria de desvestirse, y están mejor acostumbradas a eso. Kerry dijo que se sentía con ganas de “proteger” a Mark porque, entre él y Patrice, estaba la tensión de dos hombres empujándose el uno al otro a un extremo. Luego estaba el asunto de desplegar la excitación física delante de un camarógrafo. Para Mark, la escena más difícil fue la que Patrice llamó el miércoles “hermoso”, en el que Kerry se lo lleva a la boca. El momento más duro para Kerry se dio en el miércoles “negro” cuando Mark, así fuera ambiguamente, la viola.

Para mí, ya a estas alturas, la angustia imperante se había vuelto más simplista. ¿Justificaría la película el trabajo de Kerry? ¿Sería Intimacy una buena película? Por esos días se estrenaron en Inglaterra dos películas francesas gracias a que se relajaron un poco los lineamientos del Comité Británico de Censores de Cine. Nunca vi Baisemoi, pero el Romance de Catherine Breillat era quizá la película más fea, torpe, pretenciosa y repugnante que yo haya visto. Utilizaba a un estrella del porno italiano para penetrar a la actriz principal, que se veía patética, tan sólo para mostrar que se estaba filmando eso. Esta película fue una especie de alivio. Sabiendo un poco de Patrice, supe que Intimacy al menos sería mejor que Romance.

La primera vez que vi Intimacy fue con un público que consistía sólo en Patrice, Kerry, Mark, Hanif Kureishi y Timothy Spall, quien en la película interpretaba al marido cornudo de Kerry. Fue para mí un alivio rotundo e inspirador. En un principio se había conseguido que Intimacy recibiera fondos tanto británicos como franceses y contaría así con un mayor presupuesto. En el último momento el dinero británico no llegó. Aunque realizada con menos de lo que Patrice había esperado, la película estaba filmada de modo extraordinario. La película fluía con una intensidad que no te soltaba. Nunca, sentí, el Dirty London fue retratado con tanta honestidad y luminosidad como en esta ocasión. La película tenía una fealdad sublime. Como dijo Timothy Spall poco después, con una sonrisa resignada: “hasta New Cross se ve como algo hermoso”.

Esa, sin embargo, fue la proyección “hermosa”. Después, en un evento de prensa, tuve que enfrentarme con la proyección “negra”. En un pequeño cine del Soho me senté rodeado de críticos, mi propio editor, reporteros, y una neozelandesa mayor de edad: la madre de Kerry, Margaret. Nunca dejes que nadie te convenza de que una película es la misma película sin importar qué público la esté viendo. En esta atmósfera apretada, nerviosa, vi en la película fallas que no había visto antes. Una de las subtramas no me convenció. El tono no siempre estaba bien. Como mi director editorial, David, diría después: “era puro discurso francés puesto en boca de londinenses”. La película es un viaje total y sin ironía alguna a través de la angustia personal, sólo aligerada por dos buenas bromas. “Pues bueno, no había nada de qué preocuparse”, dijo Margaret después. Pero este era el tipo de material inteligente, deseoso, serio que puede aburrir a los públicos británicos. Por un momento, una náusea de celos se apoderó de mí. ¿Qué hace toda esa gente viendo a mi mujer? ¿Y qué tal si no piensan que las escenas de sexo son necesarias?

Yo sé de sólo dos películas con un contenido sexual equivalente al de Intimacy. Está el efecto extraordinario de la edición en Don ‘t Look Now, que revela a Donald Sutherland y Julie Christie haciendo el amor y poniéndose la ropa de manera intermitente. (Es una analogía inolvidable por las confusiones temporales en el resto de la película.) Ai No Corrida, el clásico erótico japonés, muestra a una pareja que tiene sexo desde el principio hasta el final. Tiene y se trata de una sorprendente y estilizada precisión, que de modo delicado distancia al público del deterioro de una obsesión sexual. De muchas maneras, sin embargo, El último Tango en París es el paralelo más cercano a Intimacy. Hay una fascinación impactante y similar con el anonimato. Del mismo modo en que Mark y Kerry apenas hablan durante los miércoles de Intimacy, así Marión Brando se niega a permitir que María Schneider le diga su nombre. “Es hermoso sin saber nada”, dice el personaje de Schneider. Pero, aunque la gente al parecer la recuerda como una película sexualmente explícita, uno se sorprende de lo poco que ve. El último tango en París fue una película de su tiempo. En su mayor parte lo que uno ve es a la mujer, María Schneider, desnuda. En Intimacy se iguala más o menos lo que enseñan ella y él. Creo que Patrice Chéreaux ha hecho una película extraña. Muestra a dos humanos del diario haciendo el amor; atrapa la rugosidad y la oscuridad, pero también la belleza que hay ahí.

De hecho, de una sola cosa estoy absolutamente seguro: en las escenas de sexo están algunos de los aspectos ejecutados con mayor brillantez en Intimacy. Si alguna, la pregunta no es si tales escenas están justificadas en la película, sino si el resto de la película está en el alto nivel de tales escenas. Incluso durante mi “proyección negra”, me conmoví. Yo conocía a la Kerry que estaba en la pantalla, y sin embargo ella era también alguien más. Para hacerlo, dice ella, tuvo que exprimir a discreción diferentes recuerdos que acudían a ella mientras actuaba. Viéndola, se me agolparon confusiones y abandonos pasados. “El drama está ahí para que tú sientas simpatía hacia otros”, explica Kerry. “La gente puede ver que no está sola en el mundo. Uno no tiene que preocuparse de ser el único”.

Cuando por fin vi la película —tanto en su versión “hermosa” como en la “negra”— desapareció la urgencia celosa de averiguar qué tanto Kerry y yo podíamos confiar el uno en el otro. Todo cambió. Ahora tenemos a un pequeño hijo, y eso habla por si mismo. Cuando yo trato de explicarme qué es lo que me gusta de Kerry, pienso en el raro talento que tiene. Neozelandesa, ha vivido en Londres sólo seis años. Y sin embargo se conoce la ciudad de arriba a abajo mejor que la mayoría de los nativos. Yo regresé a Londres de Escocia. Y es con el azoro del extranjero que me siento en el carro mientras ella, dueña de una misteriosa claridad mental, maneja a través de ésta, la más solitaria y laberíntica de las capitales. Los conductores de taxis no lo hacen mejor que ella. No estoy bromeando. Esta mujer tiene una especie de conocimiento oculto.

Hace algo más de catorce años, mientras ella manejaba ese carro con Touchstone en la parte trasera, Audrey me dio una dura lección. Es obvio que la aprendí muy bien. Ahora, aunque yo estuviera atravesando las fauces del infierno y estuviéramos en una hora pico de viernes por la tarde en Londres, tenía una conductora en la que confiaba para encontrar la autopista. El infierno ha cedido y los efectos especiales son deslumbrantes: esta es una película en absoluto technicolor, y cada uno de los 24 fotogramas por segundo brilla en positivo, n

©Alexander Linklater. Publicado en inglés por la revista Prospect.

Subrayados

SUBRAYADOS

Circula en librerías la más reciente novela de Julián Barnes: Amor, etcétera. (Anagrama, 2001). Ofrecemos aquí algunos subrayados de esta magnífica reconstrucción de la historia de un triángulo amoroso entre Olivier, Stuart y Gillian, secuela de otra novela de Barnes, Hablando del asunto. Como decía Lichtenberg: si usted tiene dos pantalones, venda unos y cómprese este libro. Mientras tanto presentamos algunos chispazos de la vida de estos tres cuarentones al borde del abismo emocional.

• Creo que la vida es trágica, si todavía es posible usar esta palabra. La vida es un proceso que inevitablemente pone al descubierto tus debilidades. Es también un proceso durante el cual eres castigado por tus acciones y por tus deseos.

•El amor y la amistad sirven para que la gente sea mejor, ¿no? Pero esa no ha sido mi experiencia. La confianza lleva a la traición. Hasta se puede decir que la confianza la propicia.

• Chou-en lai, mi héroe. Cuando alguien le preguntó que cuáles habían sido las consecuencias de la Revolución Francesa, este hombre sabio respondió: es demasiado pronto para saberlo.

• Rara vez se nos perdona que seamos generosos.

•¿Quién dijo que las cadenas del matrimonio son tan pesadas que a veces hacen falta tres personas para cargar con ellas?

•La vida no te suelta nunca, no puedes dejarla como dejas un libro.

•Tus padres han muerto, eres el siguiente en la lista de la muerte, te has quedado solo, aunque tengas a tu familia, a tus amigos. Se supone que ahora eres un adulto, un hombre maduro. Por fin eres libre. Eres responsable de ti mismo. Miras a tu ego, lo examinas íntimamente, por fin sin el temor de lo que tus padres puedan decir o pensar. ¿Y si no te gusta lo que ves? ¿Por qué no ibas a enloquecer un poco?

•¿Cómo traducir a un plan de negocios los impulsos incipientes de un temperamento artístico?

•Todo eso fue hace mucho, ocurrió en el reino de los sueños, cuando el mundo era joven y nosotros también lo éramos, cuando las pasiones eran intensas y el corazón bombeaba sangre como si no hubiera mañana.

• ¿Cómo le explicas a un niño que con el tiempo será normal que desee algo sin tener siquiera la oportunidad de conseguirlo? O al revés: conseguir algo para luego descubrir que no lo quieres, o que no es lo que pensabas que sería.

•¿Qué deseo? Bueno, como soy una anciana sólo tengo lo que Stuart llama buenos sentimientos. Quiero pequeños consuelos. Ya no quiero amor ni sexo. Prefiero un traje de buen corte y un lenguado sin espinas. Quiero un libro escrito con buen estilo que no tenga final feliz. Quiero cortesía y conversaciones cortas con amigos por quienes siento respeto. En general quiero cosas para los demás, para mi hija, para mis nietas. Quiero que el mundo no sea tan amenazante para ellas como lo fue para mí. Cada vez más quiero cada vez menos. Ya ves: sólo tengo buenos sentimientos.

•¿Qué deseo? Bueno, como soy una anciana deseo amargamente y sin tregua volver a ser joven. Detesto mi ancianidad más de lo que detesté nada en mi juventud. Deseo amor. Deseo que me amen. Deseo sexo. Deseo que me tomen en brazos y me acaricien. Deseo coger. Deseo no morir. También deseo morirme mientras duermo, no morirme como mi madre, chillando a causa del cáncer, ante los médicos impotentes para controlar el dolor, hasta que decidieron darle morfina para matarla, y entonces se calló. También deseo que mi marido, que me traicionó, sufra por ello. Quiero que arda en el infierno en el que no creo. Ya ves: también tengo rencores. Ustedes son muy ingenuos con nosotros los viejos, n

La excepción cultural francesa

LA EXCEPCIÓN CULTURAL FRANCESA

Mientras en México los autores se inconformaban con la ley, en Francia reaparecía un viejo debate: el de la excepción cultural de la industria cinematográfica francesa: ¿es útil o no un régimen de excepción? Resumida en dos o tres rasgos, la historia es así: en mayo de 1981, durante la campaña que llevó a Francois Miterrand a la presidencia de su país, Jack Lang, su ministro de Cultura, ideó un sistema corrector de la dinámica del mercado cultural. Angel Fernández-Santos, columnista de El País (14 de enero, 2002), lo explica así: “Lang introdujo en su norma la idea de una excepción capaz de garantizar diversidad en la oferta de productos de la imaginación. Inicialmente, en un decreto de julio de aquel año, esa idea se orientó hacia la defensa de la diversidad editorial, sustrayendo al libro de la ley de rentabilidad inmediata y acto seguido, tras duplicar el presupuesto del Ministerio de Cultura, a su más compleja aplicación en el mercado audiovisual del que tiraba, y sigue tirando, el cine”. Fernández Santos cuenta que Lang evocaba así el principio de esa aventura: “Partimos de que las obras del espíritu llevan dentro un componente de irreductibilidad y de originalidad que las hace frágiles, por lo que no se les debe aplicar el rasero de las mercancías fabricadas en serie y hay que regular su creación y su expansión con reglas especiales”.

Esas reglas que conforman la estrategia de la excepción cultural tuvieron un éxito rotundo en materia de cine. Al finalizar el año 2001, el cine francés controlaba ya el 40% del mercado interior y aumentaba en un 50% el número de espectadores respecto al año anterior; la frecuentación a las salas superó los 190 millones de entradas vendidas y 10 títulos franceses superaron los dos millones de entradas, algo que no sucedía desde el año de 1947. La excepción dio resultado. n

La intimidad como democracia

LA INTIMIDAD COMO DEMOCRACIA

POR ANTHONY GIDDENS

TRADUCCIÓN DE LUIS MIGUEL AGUILAR

Publicado en 1992, como capítulo final del libro The Transformation of Intimacy (Stanford University Press), este ensayo capta, con novedad e inteligencia, el espíritu cambiante de nuestros tiempos. Su argumento es a la vez fino y poderoso: mientras que la democratización de la vida pública fue una tarea básicamente masculina, la democratización de la vida íntima tiene a las mujeres como protagonistas. Sin esta última transformación, dice Giddens, muchas de las instituciones modernas serían impensables.

Una democratización de la esfera privada no sólo está hoy en la agenda, sino que es una cualidad implícita de toda vida personal que cae bajo la égida de la relación pura. Adoptar la democracia en el dominio público fue en un principio y en gran parte un proyecto masculino, en el cual las mujeres eventual mente, y la mayoría de las veces a fuerza de su propia lucha, llegaban a participar. La democratización de la vida personal es un proceso menos visible, en parte y precisamente porque no ocurre en la arena pública, pero sus implicaciones son igual de profundas. Es un proceso en el que las mujeres hasta ahora han jugado el papel principal, aunque al cabo los beneficios recibidos, igual que en la esfera pública, están abiertos a todos.

El significado de La democracia

Antes que nada valdría la pena ocuparse de lo que la democracia significa, o puede significar, en su sentido ortodoxo. Se debate mucho sobre lo específico de la representación democrática y sus alrededores, pero aquí no tocaré estos asuntos. Si se comparan las diversas aproximaciones a la política democrática, como lo ha mostrado David Held, la mayoría de ellas tienen elementos en común.1 A todas les interesa asegurar “las relaciones libres e iguales” entre individuos de modo tal que se promuevan ciertos resultados:

1. La creación de circunstancias en las que la gente pueda desarrollar sus potencialidades y expresar sus cualidades diversas. Un objetivo clave en esto es que cada individuo debe respetar las capacidades de otros lo mismo que sus habilidades para aprender y realzar sus aptitudes.

2.   Protección contra el uso arbitrario de la autoridad política y el poder coercitivo. Esto supone que de algún modo las decisiones pueden negociarlas aquellos a quienes afectan, aun si son tomadas por una minoría a favor de una mayoría.

3.   El involucramiento de los individuos para determinar las condiciones de su asociación. El supuesto en este caso es que los individuos aceptan el carácter auténtico y razonado de los juicios de otros.

4.   Expansión de la oportunidad económica para desarrollar recursos disponibles, y esto incluye asumir que cuando los individuos son liberados de la carga de las necesidades físicas quedan con mayor capacidad para lograr sus metas.

La idea de la autonomía vincula estos diversos anhelos. Autonomía significa la capacidad de los individuos para la auto-reflexión y la auto-determinación: “(para) deliberar, juzgar, elegir y actuar sobre diferentes y posibles rutas de acción”. En este sentido es claro que la autonomía no podía desarrollarse mientras los derechos políticos y las obligaciones tenían fuertes ataduras con la tradición y las prerrogativas fijas de propiedad. Cuando tales cosas se disolvieron, sin embargo, el camino a la autonomía se volvió algo posible y fue visto como necesario. En prácticamente todas las interpretaciones de la democracia moderna es, característico un interés abrumador en que los individuos puedan del mejor modo determinar y regular las condiciones de su asociación. Los anhelos que componen la tendencia hacia la autonomía pueden resumirse en un principio general, el “principio de autonomía”: los individuos deberían ser libres e iguales para determinar las condiciones de sus propias vidas; es decir, deberían disfrutar la igualdad de derechos (y. en concordancia, igualdad en las obligaciones) al especificarse el entramado que genera y limita las oportunidades disponibles para ellos. y en la medida en que ellos no socaven este esquema para negar los derechos de otros.3

De aquí que la democracia no implique sólo el derecho a un auto desarrollo libre e igual sino también la limitación constitucional del poder (distributivo). La “libertad de los fuertes” debe restringirse. pero esto no es un rechazo a toda autoridad —o sólo ocurre así en el caso del anarquismo—. La autoridad es justificable sólo hasta el grado en que reconozca el principio de la autonomía: en otras palabras, en la medida en que puedan darse razones defendibles sobre por qué el consentimiento apunta a la democracia, ya sea ahora o en el futuro. La autoridad constitucional puede entenderse como un contrato implícito que tiene la misma forma que las condiciones de asociación negociadas explícitamente entre iguales.

No es bueno proponer un principio de autonomía sin decir algo sobre las condiciones de su realización. ¿Cuáles son esas condiciones? Una es que debe haber igualdad al influir en la creación de decisiones —en la esfera política esto se busca por lo general con la regla de “una persona. un voto”—. Las preferencias que expresa cada individuo deben tener rango igual, sujetas en ciertas instancias a calificaciones necesarias por la existencia de la autoridad justificada. Debe haber también participación efectiva: los individuos deben contar con los medios para que sus voces sean oídas.

Debe darse un foro de debate abierto. La democracia significa discusión, la oportunidad para que “la fuerza del mejor argumento” tenga peso contra otros medios que determinan decisiones (entre los cuales los más importantes son las decisiones políticas). Un orden democrático provee arreglos institucionales para la mediación. la negociación y la toma de compromisos cuando sea necesario. La conducta en la discusión abierta es en sí misma un medio de educación democrática: la participación en el debate con otros puede llevar al surgimiento de una ciudadanía más ilustrada. En parte, tal consecuencia resulta de una ampliación de los horizontes cognitivos del individuo. Pero también deriva de un reconocimiento de la diversidad legítima —esto es, el pluralismo— y de la educación emocional. Un colaborador al diálogo educado políticamente puede canalizar sus emociones de un modo positivo: razonar desde la convicción en vez de enfrascarse en pensamientos inferiores mediante la polémica o las diatribas emocionales.

El rendir cuentas es otra característica básica de una política democrática. En cualquier sistema político, con frecuencia las decisiones deben tomarse en nombre de otros. En general, el debate público sólo es posible en relación a ciertos asuntos o en coyunturas particulares. Las decisiones tomadas, o las políticas puestas en marcha, sin embargo, deben abrirse al escrutinio público en caso necesario. La rendición de cuentas nunca puede ser continua y, por tanto, va en tándem con la confianza. La confianza, que viene de la rendición de cuentas y de la apertura, y que también las protege, es un hilo que corre por todo el orden político democrático. Es un componente crucial de la legitimidad política.

Institucionalizar el principio de autonomía significa especificar los derechos y las obligaciones, que deben ser sustantivos y no meramente formales. Los derechos especifican los privilegios que surgen de participar en la forma de gobierno pero también indican los deberes que los individuos tienen vis-á-vis uno con el otro y con el orden político mismo. Los derechos son en lo esencial formas de empoderamiento; son invenciones que capacitan. Los deberes especifican el precio que debe pagarse por los derechos acordados. En una forma de gobierno democrática, los derechos y los deberes se negocian y nunca pueden asumirse simplemente —en este respecto difieren de manera decisiva de, por ejemplo, el droit de seigneur medieval o de otros derechos establecidos simplemente por la virtud de la posición social de un individuo—. Así, los derechos y los deberes deben volverse el foco de una reflexión continua y atenta.

La democracia, debe subrayarse, no necesita la mismidad, como sus críticos han afirmado con frecuencia. No es la enemiga del pluralismo. Más bien, como se sugiere líneas atrás, el principio de autonomía alienta a la diferencia —aunque insiste en que la diferencia no debe ser penalizada—. La democracia es un enemigo del privilegio, ahí donde el privilegio se define como el control de derechos o posesiones a los cuales no hay acceso ni justo ni igual para todos los miembros de la comunidad. Un orden democrático no implica un proceso generalizado de “nivelar hacia abajo”, sino que es un proveedor para la elaboración de la individualidad.

Los ideales no son la realidad. Es algo problemático hasta dónde un orden político concreto puede desarrollar un entramado así. En este sentido, hay elementos utópicos en tales ideas. Por otra parte, también puede argumentarse que el tranco característico de las sociedades modernas es rumbo a su realización. La cualidad del atomismo, en otras palabras, está balanceado por un claro componente de realismo 4.

La democratización de la vida personal

La intimidad como algo posible significa la promesa de la democracia. La fuente estructural de esta promesa es el surgimiento de la relación pura, no sólo en el área de la sexualidad sino también en las relaciones entre padres e hijos, y en otras formas de cercanía y amistad. Podemos imaginar el desarrollo de un entramado ético para un orden democrático personal que conforme, en las relaciones sexuales y en otros dominios personales, un modelo de amor que sea con fluyente.

Como en la esfera pública, es considerable la distancia entre los ideales y la realidad. En la arena de las relaciones heterosexuales en particular hay profundas fuentes de tensión. Se interponen profundas diferencias psicológicas, y económicas, entre los sexos. No obstante, aquí el atomismo puede balancearse con prontitud por el realismo. Han avanzado mucho los cambios que han servido para transformar las atmósferas personales de acción, y su tendencia es hacia la realización de las cualidades democráticas.

En estos procesos, el principio de autonomía da el hilo conductor y el componente sustantivo de mayor importancia. En la arena de la vida personal, la autonomía significa la realización exitosa del proyecto reflexivo del yo —la condición de relacionarse con otros de una manera igualitaria—. El proyecto reflexivo del yo debe desarrollarse de tal modo que permita autonomía en relación con el pasado, y que esto a su vez facilite una colonización del futuro. Así concebida, la autonomía del yo permite ese respeto a las capacidades de otros que es intrínseco a un orden democrático. El individuo autónomo es capaz de tratar a otros como tales y reconocer que el desarrollo de sus potencialidades separadas no es una amenaza. La autonomía ayuda también a proveer los límites personales para el manejo exitoso de las relaciones. Tales límites son transgredidos cada vez que una persona usa a otra como un medio de fatigar viejas disposiciones psicológicas, o ahí donde, como en el caso de la codependencia, se construye una compulsividad recíproca.

La segunda y tercera de las condiciones democráticas en la esfera pública tienen que ver de modo muy directo con la democratización de la vida personal. Las relaciones de violencia y abuso son comunes en el terreno sexual y entre adultos y niños. Mucha de esa violencia viene de los hombres y se dirige contra seres más débiles que ellos. Como un ideal emancipa torio de la democracia, la prohibición de la violencia tiene una importancia básica. Las influencias coercitivas en las relaciones, sin embargo y de manera obvia, pueden tomar formas distintas a la violencia física. Por ejemplo, los individuos pueden ser propensos a enfrascarse entre ellos en abusos emocionales o verbales; el matrimonio, dice el dicho, es un pobre sustituto del respeto. Evitar el abuso emocional es quizás el aspecto más difícil para igualar el poder en una relación; pero el principio conductor viene a ser, claramente, el respeto por las opiniones independientes y los rasgos personales del otro. “Sin respeto”, como lo apunta una guía para la intimidad, “los oídos ensordecen, las actitudes se agrian, y eventual mente uno no puede imaginarse qué hace viviendo con alguien tan incompetente, estúpido, inconfiable, insensible, feo, maloliente, desabrochado… Uno se pregunta cómo escogió a una pareja así. Debí estar loco’ ” .5

“El involucramiento de los individuos para determinar las condiciones de su asociación”: esta frase ejemplifica los ideales de la relación pura. Expresa una diferencia de primera clase entre el matrimonio tradicional y el de hoy, y va al corazón de las posibilidades democráticas de la transformación de la intimidad. Se aplica, claro, no sólo al inicio de una relación, sino a la reflexibilidad propia de su continuidad —o su disolución—. Para tales criterios se necesita no sólo respeto al otro, sino una apertura hacia esa misma persona. Un individuo que esconde sus intenciones reales a una pareja no ofrece las cualidades necesarias para determinar de modo cooperativo las condiciones de la relación. Todos los textos terapéuticos sobre el tema de las relaciones demostrarán por qué el revelarse al otro —como medio de comunicación y no de rechazo emocional— es una aspiración inseparable de la interacción democráticamente ordenada.

Derechos y obligaciones: en parte ellos definen lo que es realmente la intimidad. La intimidad no debe entenderse como una descripción interaccional, sino como un racimo de prerrogativas y responsabilidades que definen las agendas de la actividad práctica. La importancia de los derechos como medio para el logro de la intimidad puede verse fácilmente en la lucha de las mujeres para lograr un estatus de igualdad en el matrimonio. Por caso. el derecho de las mujeres a iniciar un divorcio, lo cual parece sólo una sanción negativa, tiene en realidad un efecto de mayor equilibrio. Sus consecuencias equilibra doras hacen más que fortalecer la posibilidad de escapar a una relación opresiva, con toda la importancia que tiene esto. Esas consecuencias limitan la capacidad del esposo para imponer su dominio y por tanto contribuyen a trasladar el poder coercitivo hacia una comunicación igualitaria.

No hay derechos sin obligaciones: este precepto elemental de la democracia política se aplica también al campo de la relación pura. Los derechos ayudan a disolver el poder arbitrario sólo en la medida en que implican responsabilidades hacia el otro, responsabilidades que cortan los privilegios para instalar un equilibrio con obligaciones. En las relaciones, como en otras cosas, las obligaciones deben tratarse como algo a revisar a la luz de las negociaciones que ellas mismas llevan.

¿Y qué decir de la rendición de cuentas y su conexión con la autoridad? En las relaciones puras, tanto la rendición de cuentas como la autoridad —ahí donde esta última exista— tienen un nexo profundo con la confianza. Es probable que la confianza sin rendición de cuentas se vuelva unilateral, esto es, que se vuelva dependencia; la rendición de cuentas sin confianza es imposible porque significaría el escrutinio continuo de los motivos y las acciones del otro. Esto encierra la confiabilidad en el otro: un “crédito” acordado que no requiere auditoría continua, sino que periódicamente puede abrirse a la inspección si es necesario. Ser visto como alguien confiable por una pareja es un reconocimiento de la integridad personal, pero en un escenario de igualdad tal integridad significa también revelar por qué motivo se incurrió en cierta acción si a uno le piden que lo haga —o significa, de hecho, tener buenos motivos para haber emprendido cualquier acción que afecte la vida del otro.

En las relaciones puras entre adultos, la autoridad existe como “esencialización”: ahí donde una persona ha desarrollado especialmente capacidades de las que la otra persona carece. Aquí uno no puede hablar de autoridad sobre el otro en el mismo sentido que en una relación de padres- hijos, sobre todo cuando esto implica a niños pequeños. ¿Puede ser democrática la relación entre un padre y un niño pequeño? Puede ser. y debía ser. en el sentido mismo y exacto en que tal cosa es cierta en un orden político democrático.6 Es un derecho del niño, en otras palabras, ser tratado como un putativo igual del adulto. Las acciones que no pueden negociarse directamente con un niño, porque él o ella es muy joven para aprehender lo que está en juego, debían ser capaces de justificación contractual. La idea es que el acuerdo podría alcanzarse, y la confianza mantenerse, si el niño tuviera la suficiente autonomía como para desplegar argumentos sobre una base igual a la del adulto.

Mecanismos

En la esfera política la democracia encierra la creación de una constitución y, normalmente, un foro para el debate público de los asuntos políticos. ¿Cuáles son los mecanismos equivalentes en el contexto de la relación pura? En lo que respecta a las relaciones heterosexuales, el contrato matrimonial solía ser una carta de derechos, que en lo esencial formalizaba la naturaleza “separada pero desigual” del vínculo. El traslado del matrimonio a algo que significa compromiso, en vez de algo que lo determina, altera radicalmente esta situación. Todas las relaciones que se aproximan a la forma pura mantienen un implícito “contrato móvil” al cual puede apelar cualquier lado de la pareja cuando se sienta que alguna situación dada es opresiva o injusta. El contrato móvil es un diseño constitucional que fortalece —pero también deja abierta a la negociación— la discusión abierta de la pareja sobre la naturaleza de la relación.

Lo que cito a continuación es un “reglamento”, incluido en un manual de auto-ayuda que busca ayudar a las mujeres para que desarrollen relaciones heterosexuales más satisfactorias. La individua, sugiere el autor, debía antes que nada catalogar los problemas que se le han presentado en relaciones anteriores: los problemas causados principalmente por ella y los que perpetraron sus amantes previos. Ella deberá compartir el reglamento con su pareja, quien deberá desarrollar otro grupo convergente de reglas:

Regla 1: Cuando me descubra tratando de impresionar a un hombre que me gusta hablando demasiado sobre mí misma, tanto que ni siquiera le hago a él alguna pregunta, debo detenerme y enfocarme en si él es adecuado para mí.

Regla 2: Expresaré mis sentimientos negativos en cuanto sea consciente de ellos, en vez de esperar a que crezcan, aunque esto implique causarle una molestia a mi pareja.

Regla 3: Buscaré curar mi relación con mi ex esposo tratando de ver cómo yo me puse en la situación de ser lastimada, y no hablaré de él como si yo fuera la víctima y él el villano.

Regla 4: Cuando hieran mis sentimientos, le diré a mi pareja cómo me siento en vez de hacer pucheros, o de buscar venganza, o fingir que no me importa o actuar como una niña.

Regla 5: Cuando me vea llenando los espacios que faltan (las áreas “muertas” en la relación), me detendré para preguntarme si mi pareja, últimamente, me ha dado mucho. Si no es así. le pediré lo que necesito en vez de mejorar las cosas yo misma. Regla 6: Cuando me vea dando consejos no pedidos o dándole a mi pareja un trato de niño, me detendré, respiraré hondo y dejaré que él encuentre la solución por sí solo, a menos de que pida ayuda explícita.”

Tal lista no sólo parece ruborizante en principio, no sólo parece ingenua hasta la incomodidad; incluso parece algo que probablemente resultará muy contra productivo. Porque establecer las reglas como tales, como Wittgenstein nos ha enseñado, altera la naturaleza de esas mismas reglas. El hacer explícitas tales recetas, podría argumentarse, puede privarlas de toda posibilidad de tener un efecto positivo. ya que sólo si se dan por un hecho una relación puede avanzar armoniosamente. Y no obstante, tal óptica, creo, estaría lejos del blanco. Es probable que el poder diferencial, sedimentado en la vida social. no cambie si los individuos se niegan a examinar de modo reflexivo su propia conducta y sus justificaciones implícitas. Tales reglas, así de burdas como parecen, si se aplican con éxito ayudan a alejar al individuo y a sus actos de un juego de poder organizado de modo inconsciente. En principio, sirven para generar una autonomía en aumento al tiempo que exigen respeto del otro.

Un contrato móvil no trata con absolutos éticos. Este contrato deriva de una específica “lista de problemas en una relación” ahí donde previamente hubo “negativas”. La individua en cuestión sintió que se había abocado a impresionar hombres que le interesaban. que temía molestar a su pareja si le revelaba sus miedos y necesidades, que tendía a “ser su mamá” y así por el estilo, Una “constitución” de este tipo, claro, es sólo democrática si está integrada con los otros elementos que mencionamos arriba; debe reflejar el encuentro de personas autónomas e iguales.

El imperativo de la comunicación libre y abierta es el sine qua non de la relación pura; la relación es su propio foro. Aquí completamos el círculo. La autonomía del yo, la ruptura con la compulsividad, es la condición del diálogo abierto con el otro. Tal diálogo, a su vez. es el medio de la expresión de las necesidades individuales, lo mismo que el medio por el que la relación se organiza reflexivamente.

La democracia es aburrida, el sexo es excitante —aunque quizás algunos argumenten que es al revés—. ¿Cómo es que las normas democráticas inciden en la experiencia sexual misma? Esta es la esencia del asunto de la emancipación sexual. Esencialmente, tales normas apartan a la sexualidad del poder distributivo, sobre todo del poder del falo. La democratización implícita en la transformación de la intimidad incluye, pero también trasciende, el “pluralismo radical”. No se pone límite alguno a la actividad sexual, salvo aquellos límites vinculados con la generalización del principio de autonomía y con las normas negociadas de la relación pura. La emancipación sexual consiste en integrar la sexualidad plástica con el proyecto reflexivo del yo. Así, por ejemplo, ninguna prohibición recae necesariamente sobre la sexualidad episódica mientras todas las panes mantengan el principio de autonomía y otras normas democráticas asociadas. Por otro lado, ahí donde tal sexualidad se usa como una manera del dominio explotador, encubierta o como sea, o ahí donde expresa compulsión, queda lejos de cumplir el ideal emancipatorio.

La democracia política implica que los individuos tienen suficientes recursos como para participar de una manera autónoma en el proceso democrático. Lo mismo se aplica en el terreno de la relación pura aunque, como en el orden político, es importante evitar el reduccionista económico. Las aspiraciones democráticas no necesariamente significan igualdad de recursos, pero tienden con claridad hacia esa dirección. En efecto implican la inclusión de los recursos en la carta de derechos negociados reflexivamente como una parte definidora de la relación. Es muy clara la importancia de este precepto en las relaciones heterosexuales, por el desequilibrio en los recursos económicos disponibles para los hombres y las mujeres, y en las responsabilidades del cuidado de los niños y el trabajo doméstico. El modelo democrático supone la igualdad en estas áreas; el objetivo, sin embargo, no necesariamente sería la paridad completa sino un arreglo negociado según el principio de autonomía. Cierto equilibrio entre las tareas y las recompensas se negociaría de modo que fuera aceptable para los dos. Puede establecerse una división del trabajo, pero no una división simplemente heredada sobre la base de criterios preestablecidos o impuestos por recursos económicos desiguales llevados a la relación.

En la sociedad más amplia hay condiciones estructurales que atraviesan el corazón de las relaciones puras; inversamente, el modo en que estas relaciones se ordenan tiene consecuencias para el más amplio orden social. La democratización en el terreno público, no sólo en el nivel del Estado nación. provee condiciones esenciales para la democratización de las relaciones personales. Pero al revés es lo mismo. El avance de la autonomía del yo en el contexto de las relaciones puras es rico en sus implicaciones para la práctica democrática en la comunidad más grande.

Hay una simetría entre la democratización de la vida personal y las posibilidades democráticas en el orden político global en su nivel más vasto. Pensemos en la distinción entre el trueque de posturas y la negociación con principios que sobresale hoy en el análisis de las estrategias globales y los conflictos. En el trueque de posturas —que puede equipararse con una relación personal que carece de intimidad— cada parte se acerca a la negociación tomando una postura extrema. Mediante el choque y las amenazas mutuas, el desgaste acaba con una parte o con la otra y se llega así a un resultado —si no es que el proceso de negociación se rompió ya por completo—. Las relaciones globales ordenadas de una manera más democrática se encaminarían hacia la negociación con principios. Aquí la interacción de las partes empieza con un intento por descubrir las preocupaciones y los intereses fundamentales del otro, e identificar un rango de acciones posibles antes de limitarse a unas cuantas de ellas. El problema a resolver está separado del antagonismo hacia el otro, de modo que es posible ser firme sobre la esencia de la negociación al tiempo que se es tolerante y respetuoso hacia la otra parte. En suma, lo lo mismo que en la esfera personal, la diferencia puede volverse un medio de comunicación.

Sexualidad, emancipación, vida política

Nadie sabe si en el nivel global se desarrollará un entramado de instituciones democráticas, o si alternativamente la política del mundo caerá en una destructividad que pueda amenazar al planeta entero. Nadie sabe si las relaciones sexuales se volverán una tierra baldía de vínculos efímeros, marcados tanto por la antipatía emocional como por el amor, y surcados por la violencia. Hay bases sólidas para ser optimista en ambos casos, pero en una cultura que ha hecho a un lado el provincialismo. los futuros deben trabajarse contra un marco de riesgo admitido. La naturaleza abierta del proyecto global de modernidad tiene un correlato real con el resultado incierto de los experimentos sociales que se dan diariamente.

Lo que puede decirse con alguna certidumbre es que la democracia no es suficiente. La política emancipadora es una política de los sistemas de modernidad internamente referencia les; se orienta al control del poder distributivo y en su aspecto fecundo no puede enfrentarse al poder. Deja de lado varias preguntas planteadas por la privación de la experiencia. La sexualidad tiene una importancia tan enorme en la civilización moderna porque es un punto de contacto con todo lo que se ha perdido por la seguridad técnica que la vida ofrece día a día. Su asociación con la muerte se ha vuelto rara para nosotros y casi impensable, mientras que su conexión con la vida nos parece obvia. La sexualidad ha quedado presa en una búsqueda de auto- identidad a la que la misma actividad sexual sólo puede llenar momentáneamente. “Reposa, mi amor, tu adormecida. humana cabeza sobre mi brazo infiel”:* mucho de la sexualidad es amor frustrado, condenado sin fin a buscar la diferencia en la mismidad de la anatomía y de la respuesta física.

En la tirantez entre la privatización de la pasión y el hartazgo del terreno público por la sexualidad, lo mismo que en algunos de los conflictos que hoy dividen a hombres y mujeres, podemos ver nuevas agendas políticas. Sobre todo en lo referido a sus nexos con el género, la sexualidad dio surgimiento a la política de lo personal, una frase que se mal entiende si la dejamos unida sólo a la emancipación. El modo en que más bien debíamos hablar de la vida política8 sería en términos de una política de estilo de vida, operando en el contexto de la reflexividad institucional. Su incumbencia no es “politizar”, en el sentido estrecho del término. decisiones de estilo de vida, sino remoralizarlas: dicho con más exactitud, traer a la superficie aquellos asuntos morales y existencia les que son arrojados de la vida cotidiana por la privación de la experiencia. Son temas en los que se fusionan la filosofía abstracta. las ideas éticas e incumbencias muy prácticas.

El territorio de la vida política cubre un número de asuntos parcialmente distintos. Uno es el de la auto-identidad como tal. En la medida en que se enfoca en la extensión de la vida, considerada como un sistema de referencias internas, el proyecto reflexivo del yo sólo se orienta hacia el control. No tiene otra moralidad que la de ser auténtico. una versión moderna de la vieja máxima “Se fiel a ti mismo”. Hoy, sin embargo, dados los tropiezos de la tradición. la pregunta “¿Quién seré?” se encuentra unida de modo inextricable a “¿Cómo voy a vivir?”. Aquí se presentan por sí mismas una buena cantidad de preguntas, pero en cuanto a la sexualidad, la pregunta sobre la identidad sexual es la más obvia.

Uno pensaría que. mientras más grande sea el nivel de igualdad entre los sexos, sería más probable que un mayor número de formas preexistentes de masculinidad y feminidad convergieran en un modelo andrógino de algún tipo. Puede o no ser así. por el regreso en curso de la diferencia en la política sexual: pero en todo caso no tiene sentido a menos de que intentemos especificar el contenido de la andrógina. lo cual es un asunto de decidir sobre valores. Entonces surgen dilemas que estaban ocultos mientras la identidad sexual se estructuraba al parecer en términos de diferencia sexual. Un código binario de masculino y femenino, que prácticamente no admite instancias medias, ataba el género al sexo como si fueran lo mismo. Las atribuciones de género se hicieron entonces de la siguiente manera:

1.   Se asumía que todo individuo era macho o hembra. sin nadie “en medio”.

2.   Las características físicas y los rasgos de conducta en los individuos se interpretaban como masculino o femenino según un esquema de género dominante.

3. Las cuestiones de género se pesaban y se fijaban, dentro de los limites de los moldes de conducta permisibles en materia de status de género.

4.   Las diferencias de género así constituidas y reconstituidas se aplicaban para concretar identidades sexuales, y se excluían elementos de “cruce de géneros”.

5. Los actores moni toreaban su propia apariencia y conducta en concordancia con la identidad sexual “dada naturalmente”.9

Estas influencias aún dejan sentir su fuerza en el hecho de que por lo común al travestimos masculino se le estigmatiza, aunque la literatura psiquiátrica ya no lo ve como una perversión. Más interesante, más ambiguo, es el caso de las mujeres que tienen o que cultivan la apariencia de la masculinidad. Al respecto, en las sociedades modernas, las normas en curso de apariencia, porte y vestido les permite a las mujeres una similaridad más cercana con los hombres de la que normalmente se tolera en el otro caso. Aun así la dualidad tiende a reforzarse: si una persona no es “realmente” un hombre entonces debe ser una mujer. Las mujeres que se niegan a verse “femeninas” son hostilizadas de modo constante:

No voy a usar vestidos ni maquillaje, ni cargaré una bolsa ni voy a comportarme de modo más femenino. Mi novio me dijo que por eso la gente me agrede, y yo sé que es así, pero me niego a hacer lo otro. No me sentiría cómoda con un vestido. No podría sentarme como estoy sentada ahora. Ni quiero que me obliguen a caminar de cierta manera. Y el maquillaje es una pinche lata. 10

Una combinación de poder de género desequilibrado y de recargadas disposiciones psicológicas dejan firmemente en su sitio a las divisiones balísticas de sexo; pero en principio las cosas podrían organizarse de modo muy diferente. Conforme la anatomía deja de ser destino, la identidad sexual se vuelve cada vez más un asunto de estilo de vida. Por lo menos hasta un futuro cercano las diferencias de sexo seguirán vinculadas a la mecánica de la reproducción de las especies; pero ya no hay una buena razón para que se resignen a una ruptura manifiesta entre conducta y actitudes. La identidad sexual puede llegar a formarse mediante diversas configuraciones de rasgos que conecten la apariencia, el porte y la conducta. El asunto de la andrógina se pondrá en términos de qué es lo que puede justificarse como una conducta deseable —y nada más.

El asunto de la identidad sexual es una cuestión de amplio debate. Es muy probable, sin embargo, que un elemento a contar es lo que John Stoltenberg ha llamado “negarse a ser un hombre”.11 Rechazar la masculinidad no es lo mismo que abrazar la feminidad. Es de nuevo una tarea de construcción ética que relaciona no sólo la identidad sexual sino la auto-identidad de manera más amplia, con la incumbencia moral por el cuidado de otros. El pene existe; el sexo masculino es sólo el falo, el centro de la yoicidad en lo masculino. La idea de que hay creencias y actos que están bien para un hombre y mal para una mujer, o viceversa, es probable que muera con el progresivo encogimiento del falo hasta volverse un pene.

Con el desarrollo de las sociedades modernas, el control del mundo social y el mundo natural —el dominio masculino— tuvo un enfoque mayor en términos de “razón”. La razón tuvo de guía a la investigación disciplinada para apartarse de lo tradicional y del dogma, pero también se apartó de la emoción. Esto supuso no tanto un proceso psicológico masivo de represión como una división institucional entre la razón y la emoción, una división que seguía muy de cerca a las fronteras del género. La identificación de la mujer con la sinrazón, ya fuera en su vena seria (la locura), o en su modalidad al parecer de menores consecuencias (las mujeres como criaturas caprichosas), las convirtió en las sub trabajadoras emocionales de la modernidad. Y en el camino, la emoción, y las formas de la relación social inspiradas por ella —el odio tanto como el amor— empezaron a verse como algo refractario a las consideraciones éticas. La razón se pasa de modo tajante al lado de la ética por la dificultad de encontrar argumentos empíricos para justificar convicciones morales; también procede así, sin embargo, porque los juicios morales y los sentimientos emotivos acaban por ser vistos como antitéticos. La locura y el capricho: no hace falta mucho esfuerzo para ver lo alejados que ambos están de los imperativos morales.

Freíd redescubrió la emoción —a través de sus interpretaciones de la psicología femenina— pero en su pensamiento la emoción siguió atada a los dictados de la razón, sin embargo se demostró que mucho conocimiento estaba gobernado por las fuerzas subterráneas del inconsciente. “Nada perturba a lo que sentimos… tanto como el pensamiento”: la emoción sigue siendo el otro lado de la razón, y con el aumento causal de su poder. Nada conecta a la emoción con la ética; incluso se las aparta más, puesto que el tema “ahí donde estuvo el ello ahora estará el ego sugiere que la esfera de lo racional puede expenderse  sustancial mente. Si los imperativos éticos existen, por tanto, son encontrables en el terreno público; pero ahí se ve que es difícil demostrar su validez y siguen siendo vulnerables al poder.

El amor apasionado fue en su origen una más entre otras pasiones, y la religión tendió a influir en el modo de interpretarlo. La mayoría de las inclinaciones emocionales pueden ser pasiones, pero en la sociedad moderna la pasión se ha reducido al reino del sexo y una vez ahí se expresa de un modo cada vez más callado. Hoy una pasión se admite sólo de mala gana o de modo vergonzante, incluso en lo que respecta a la conducta sexual misma, debido en parte a que la adición ha usurpado su lugar como una “fuerza incontenible”.

No hay sitio para la pasión en los escenarios de rutina que nos dan seguridad en la vida social moderna. Y sin embargo, ¿quién puede vivir sin pasión, vista como el poder motriz de la convicción? La emoción y la motivación tienen nexos propios. Hoy pensamos en la motivación como algo “racional” —la búsqueda directa de la ganancia de parte del empresario, por ejemplo— pero si la emoción se resiste del todo a la tasa racional y al juicio ético, los motivos sólo pueden valuarse como medios para obtener fines, o en términos de sus consecuencias. Es lo que vio Weber al interpretar los motivos de los primeros industrialistas como gente llena de energía por la convicción religiosa. Sin embargo, al plantearlo así Weber dio por hecho —incluso lo elevó al status de lo epistemológico— algo que es un problema distintivo de lo moderno: la imposibilidad de evaluar la emoción.

Visto como un asunto de la vida política, el problema de las emociones no tiene que ver con la pasión recuperada, sino con desarrollar líneas éticas para el aprecio o la justificación de las convicciones. Dice él terapista: “Ponte en contacto con tus sentimientos”. Aun así en este aspecto la terapia condesciende con la modernidad. El precepto que está más allá es “Evalúa tus sentimientos”, y tal exigencia no puede ser sólo una cosa de armonía psicológica. Las emociones no son juicios, pero sí lo es la conducta bien dispuesta y estimulada por respuestas emocionales; evaluar los sentimientos es preguntarse por los criterios a seguir, en términos de cuáles son los juicios que deben hacerse.

Con el desarrollo día-a-día de la modernidad, la emoción se vuelve de muchas maneras un asunto de vida política. En el terreno de la sexualidad, la emoción como manera de comunicarse, como un compromiso hacia —y una cooperación con— otros, tiene una importancia especial. El modelo del amor que confluye sugiere un entramado para adoptar una emoción no destructiva en el comportamiento de la vida individual y comunitaria. Da la posibilidad de re- vitalizar lo erótico —no como una habilidad especializada de las mujeres “impúdicas”, sino como una cualidad genérica de la sexualidad en las relaciones sociales, algo formado a través de lo mutuo y no del poder desigual—. El erotismo es el cultivo del sentimiento, expresado mediante las sensaciones corporales, en un contexto de comunicación; un arte de dar y recibir placer. Ya cercenado del poder diferencial, puede revivir aquellas cualidades estéticas de las que hablaba Mar cuse.

Definido así, lo erótico se opone a todas las formas de instrumentabilidad emocional en las relaciones sexuales. El erotismo es sexualidad reintegrada dentro de un rango más extenso de miras emocionales, entre las que destaca la comunicación. Desde el punto de vista del realismo utópico, el erotismo es rescatado de ese triunfo del deseo que, de Sade a Bataille, es al parecer su marca distintiva. Interpretado no como un diagnóstico sino como una critica, el universo saneado es una anti utopía que revela la posibilidad de su opuesto.

En el pasado, la sexualidad y la reproducción se estructuraban entre sí. Hasta que se socializó profundamente, la reproducción era ajena a la actividad social como un fenómeno biológico; la reproducción organizaba, y era organizada, por el parentesco, y conectaba a la vida del individuo con la sucesión de las generaciones. Cuando estaba conectada directamente con la reproducción, la sexualidad era un medio de trascendencia. La actividad sexual forjaba un lazo con la finid del individuo, y al tiempo contenía la promesa de su relevancia: vista en relación con un ciclo de generaciones, la vida individual era parte de un orden simbólico más abarcado. Para nosotros, la sexualidad aún lleva un eco de lo trascendente. Aun así, y si tal fuera el caso, su destino es estar rodeado por un aura de nostalgia y desencanto. Una civilización sexual mente adicta es una donde la muerte se ha vaciado de sentido; en este punto la política de vida implica una renovación de la espiritualidad. Visto así, la sexualidad no es la antítesis de una civilización dedicada al crecimiento económico y al control técnico, sino la encarnación de su fracaso. n

1 Sigo de cerca el pensamiento de Held en la primera parte de este texto. Véase David Held: Models of democracy, Cambridge, 1986.

2 Ibid., p. 270.

3 Ibid. p. 271

4 Anthony Giddens: The Consequences of Modernity. Cambridge, 1990. pp. 154-158.

5 C. Edward Crowther: Intimacy. Strategies for Succesful Relationships. Dell, Nueva York. 1988. p. 45.

6Allison James y Alian Prout: Constructing and Recons, tmcting Childhood. Basingstoke, Falmer. 1990. El “nuevo paradigma” que James y Prout sugieren para estudiar a la infancia tiene una relación muy cercana con las ideas que aquí se desarrollan.

7 Barbara De Angelis: Secrets About Men Every Woman Sbould Know. Thorsons, Londres. 1990, p. 274.

8 Anthony Giddens: Modernity and Self-Identity, Cambridge. 1991.*Son dos versos de W. H. Auden. (N. del T.)

9 Holly Devor: Gender Bending. Confronting the Limits of Duality. Indiana University Press, Bloomington, 1989, pp. 147-149.

10 Ibid„ p. 128.

11 John Stoltenberg: Refusing to Be a Man. Fontana, Londres, 1990.

La Copa y las copas

LA COPA Y LAS COPAS

POR JOHANNES BURGOS

Lo primero no es hablar sobre fútbol, sino sobre lo primero: plantearse dónde y cómo se van a ver los partidos de la Copa del mundo que tendrá lugar en Corea y Japón. Por primera vez el Mundial se juega en un continente distinto al americano o al europeo. Esto, en relación con mundiales previos, traerá grandes disturbios de horarios. Por ejemplo, en Inglaterra el gobierno y las empresas están aterrados porque el horario de transmisión de los juegos será a las 6:00 a.m. hora de Londres: los pubs abrirán a esa hora para servir a las fanáticos que saldrán de ahí, si es que, borrachos hacia sus trabajos. Imaginemos cuántos: se trata de 30.000 pubs en toda Inglaterra.¿Y en México? Sólo podemos hablar por lo cercano: lo ideal era apartar palco en algún table-dance e ingerir allí las copas de la Copa, además de contar con otros alicientes mundanos. Pero veamos los hechos: en la ciudad de México, por ejemplo, y en la colonia Condesa de esa ciudad, para mayor precisión, la delegada Dolores Padierna (Paddy Pains) no cesa de cerrar los table. Supongamos que deja abierto el más famoso de ellos, El Cío. Esto tampoco serviría, porque ahora este templo cultural cierra por nueva ley a las 2:00 a.m. y en ese momento apenas se estará jugando el segundo tiempo de México contra Croacia y, días después, México contra Ecuador, puesto que ambos partidos empezarán a las 00:30 a.m. hora de México. El siguiente partido, contra Italia, será a las 5:00 a.m. (en tal horario, imposible intentar algo en un bar nacional; y ni modo de empezar con la copa, en casa, a esa hora). Este Mundial será, así, histórico por las bajas ventas que los restaurantes y bares tendrán en México en comparación con otros mundiales. Y no se digan los fabricantes de frituras y las cerveceras, (¿o cierta cervecera lanzará la Sol Negra o la Negro Sol para apelar al consumo del producto en la medianoche?). Y a esto se suma la incertidumbre decisiva: las dos más importantes cadenas de televisión abierta en México no han llegado a un acuerdo monetario con la cadena poseedora de los derechos para transmitir el Mundial. La FIFA exige que los tres primeros juegos de cada uno de los equipos calificados pasen por televisión abierta en el país respectivo. ¿Y luego? ¿Y si califica México y le toca jugar un cuarto partido? Más aún: ¿y todos los otros partidos? Ni modo: este redactor ya contrató con la agencia de televisión restringida que transmitirá todos los juegos del Mundial. Porque sólo hay algo peor que una Copa sin copas (como, visto lo cual, lo será ésta): una Copa sin Copa. n

Cartografía del recuerdo: Una entrevista a Margaret Atwood

CARTOGRAFÍA DEL RECUERDO

UNA ENTREVISTA A MARGARET ATWOOD

POR SILVIA LEMUS

TRADUCCIÓN DE SALLY AVIGDOR

Margaret Atwood es una de las voces más poderosas de la literatura canadiense. Y lo es por su don para contar historias. Esta entrevista revela muchas de sus obsesiones, todas ellas provenientes de los sótanos de la memoria.

Margaret Atwood es la reina de la literatura canadiense y es una de las grandes novelistas mundiales. Desde su primera novela, La mujer comestible, hasta su gran éxito de hoy, El asesino ciego, ha publicado diez novelas, catorce libros de poesía, cuatro libros para niños y cuatro libros de ensayo, obras de la imaginación, de la disciplina y la gracia de una gran mujer. Margaret Atwood, ciertamente su carrera literaria ha sido muy prolífica.

En verdad muy prolífica tomando en cuenta la edad que tengo ahora, y la temprana edad en la que empecé a escribir. Empecé a los dieciséis años, publiqué poemas en suplementos culturales cuando tenía veinte y publiqué mi primera colección de poesía cuando tenía 26.

Sin duda son una extraordinaria cantidad y calidad de producción literaria. ¿Cuál es su método de trabajo?

Al reflexionar en ello, yo misma me interesé mucho en el tema. Lo que hice fue preguntarle a otros escritores cuál había sido su forma de adentrarse a una novela, y contestaban que era como meterse a una cueva, a un laberinto, a un túnel oscuro. La percepción general que tuve de todo lo que me decían es que cuando empiezas está oscuro, no sabes muy bien dónde estás, no sabes exactamente qué es lo que harás con el libro. Y parte de escribir un libro es adentrarte en él sabiendo que lo único que tienes es un hilo, el hilo narrativo.

¿Qué escribías cuando tenías cinco años?

Empecé con el libro como objeto. Como crecí en un ambiente de mucho aislamiento donde no había películas, ni televisión, ni teatro, ni radio, no había otras formas de diversión que no fueran los libros. O sea que leer, escribir, y también pintar y dibujar era lo que hacíamos para entretenernos. Empecé haciendo un libro, me refiero físicamente. Tomé unas hojas en blanco, las doblé, le puse una portada y las cocí con aguja e hilo. Lo primero fue la portada, lo que me hace pensar que ya pensaba en términos editoriales, sabiendo que la portada es de suma importancia. Después abrí el libro y en sus hojas escribí todos los poemas que recordaba, poemas infantiles que me enseñaban en la escuela. Cuando ya no pude acordarme de nada más, y me di cuenta que todavía quedaban algunas hojas en blanco, inventé algunos poemas hasta llegar al final del libro y ponerle “fin”. Así empecé a escribir.

Poco después, entre los cinco y los seis años, empecé una novela que no terminé. Los temas salían de lo que me era familiar; la profesión de mi padre tenía mucho que ver. Mi personaje era una hormiga hembra que emprendía un viaje; pero perdí el interés y no hice más con ello. Después escribí una obra de teatro. Eso hice cuando tenía cinco años.

Años más tarde, cuando tenía dieciséis, empecé a escribir otra vez. Estaba en la secundaria, imagínate una secundaria a mediados de 1950, la época del rock’n roll. Era 1956, y para una niña que venía de una familia de científicos, convertirme en escritora no era en definitiva algo que se esperaba de mí. Además, en esta época las profesiones “recomendables” para una mujer eran específicamente cinco (que estaban sugeridas en un libro de texto que nos daban en la escuela): secretaria, maestra, enfermera, sobrecargo o economista doméstica. Y a un lado de cada profesión aparecía el sueldo promedio al cual se podía aspirar. No quería seguir ninguna de esas carreras, pero la que más dinero ofrecía era la de economista doméstica, y eso fue lo que estudié.

Me gustaría empecer por su última novela. El asesino ciego, considerada como su mejor obra. Muchos autores consideran a sus libros como si fueran sus hijos; en este sentido, ¿podría decir que quiere a todos sus hijos por igual, o esta novela es su hijo predilecto?

Sabes que todos los padres mienten al respecto. Si son buenos padres siempre dicen que quieren a sus hijos por igual, pero eso no es lo que sienten sus hijos. Por lo general, cada uno de los hijos siente que no es el más querido, pero más allá de esto a mí no me gusta comparar mis libros con los hijos pues son dos cosas muy distintas. Los hijos son seres humanos, cambian, crecen, se van al mundo y regresan; mientras que un libro, una vez que lo terminas y lo públicas, se desprende de ti y no hay más.

En cuanto a El asesino ciego, es sorprendente la técnica que utiliza. Son como tres novelas en una, los recuerdos de Iris, la hermana mayor, Laura la menor, quien muere y tiene una aventura amorosa con Alex Thomas, un radical peligroso; y paralelamente la historia de ciencia ficción. Lograr la conjunción de todos estos elementos es en definitiva una tarea difícil. ¿Cómo lo llevaste a cabo?

Desde niña me gustaron los libros como La isla del tesoro, la búsqueda de documentos misteriosos escondidos en lugares remotos es algo que siempre llamó mi atención. Al inicio de este libro aparece un mapa, del cual se desprende más adelante toda la trama. Disfruto mucho este tipo de libros donde, tras abrir la portada, aparece de inmediato un mapa, algún tipo de acertijo que debe ser descifrado con nuestra lectura. Así, nos adentramos en el libro con la idea de la búsqueda. Este es precisamente el caso de El asesino ciego, a partir de un manuscrito se tiene que resolver un misterio. Lo que hice fue partir de dos personajes: el hombre le cuenta una historia a una mujer. Y, como todos sabemos, contar historias es una de las técnicas más usadas por los hombres para mantener la atención de una mujer. Así, la historia debe de ser muy interesante y bien narrada, para que la mujer no pierda el interés. Recordemos que cuando a Desdemona le preguntan por qué se casó con Otelo, ella contesta: “Porque contaba muy buenas historias”.

Eres, de forma natural una gran narradora, ¿de dónde viene esta facilidad?

Como dije antes, al hecho de haber crecido entre libros, con gente que me leía aun antes de que yo aprendiera a leer. También pertenezco a la generación que leía comics; yo disfrutaba mucho de esta lectura, y como éstos no me los podía leer nadie, tuve que aprender a hacerlo para gozar de ellos. Con todos estos elementos, crecí con la idea de las historias, de su poder y ambigüedad. Cuando hay una regla, la línea a seguir está trazada; pero cuando se trata de una historia, siempre hay muchas formas de interpretarla, significados diversos que nos llevan incluso a pensar por qué Jesús enseñaba a través de historias y no de reglas.

El asesino ciego es un libro que hace referencia a la familia, en el sentido de ser una novela generacional. ¿Cuál es tu visión de la familia canadiense?

Las novelas generacionales tienen mucho en común. Ahí están las novelas de Isabel Allende, aunque ella no fue la primera ni la única en hacerlo. En cuanto a la literatura inglesa, se dio el fenómeno de las sagas de cuatro puntos con John Goldsworthy, en la generación pasada, y después los que le siguieron. Es necesario ubicar mi novela en un lugar y un tiempo para poder profundizar en su personaje, y esto se logra a través de ubicar también a sus padres y abuelos, pero más como un contexto para saber quién es Iris. Y después está la hija y la nieta, que completan el marco del personaje. Pero en medio de todo esto está la trama central que es la relación de Iris con su hermana, lo que no tiene nada que ver con la novela generacional. La relación de ellas es el tema central, y las historias sobre los demás personajes dan sólo el marco contextual. De aquí que la novela no pueda definirse estrictamente como generacional, porque en tal caso la historia de todos los familiares tendría que ser narrada en toda su profundidad. Y en realidad a las únicas que llegamos a conocer de lleno son a Iris y a Laura, ya que en ellas se centra la narración.

Es cierto, sin embargo, al leer la novela permanecemos con la sensación de haber vivido una saga familiar.

Sí claro, una saga familiar pero centrada en la historia de dos hermanas. Las familias son universos inagotables para los novelistas por la diversidad de relaciones que afloran en ellas. Tenemos la relación de los padres con los hijos, entre hermanos, abuelos con nietos… es infinito. Y todos, aunque de maneras diferentes, venimos de una familia; aun quien se fue de casa a edad temprana o quien quedó huérfano tiene un vínculo importante con sus historias familiares. Tanto la presencia como la ausencia familiar determinan en gran medida la formación del individuo. Todos los seres humanos —les guste o no— tienen una madre, y ese es el principio de toda historia.

La política también juega un papel importante en el libro, ¿cómo logra integrar estos dos aspectos?

Muchos autores latinoamericanos lo han hecho con gran habilidad formal. Es muy usual encontrar en la obra de escritores mexicanos, argentinos o chilenos el tema de la política. Es más, me atrevo a decir que para ellos es muy difícil no escribir sobre política en sus novelas. La política es la relación que tiene la gente con el poder, no existe una sola persona que no haya sido tocada por alguna de las formas del poder. Si quieres que tu personaje sea de carne y hueso y viva en este mundo, entonces tendrá necesariamente que estar involucrado con la política de alguna u otra forma. Canadá es un país sin una actividad política agitada, pero durante los años treinta la situación era muy distinta. Existían dos grupos cuyos choques eran constantes; por un lado, los que tenían el poder, por el otro, los que querían el poder. De este conflicto surge Iris, mi personaje, pues en un principio su familia tiene dinero y, por lo tanto, poder, pero después lo pierden todo, y esta transición resulta muy difícil.

Considerando a Iris como la memoria, ¿cómo se unen memoria y ficción?

Sin memoria no puede haber ficción. Por esto, Memoria es la madre, sin ella no hay arte. En otras palabras, si cuentas una historia, la única forma que existe para que ésta tenga sentido es recordando el principio al llegar al final. De la misma manera, si escuchas una sinfonía habrá un leit motiv, que deberás recordar a lo largo de la melodía para poder comprenderla. Pienso que todos, seamos o no escritores, estructuramos y reestructuramos constantemente los eventos de la vida, para conformar así una historia. Pero también es cierto que un evento que nos sucedió a los dieciocho años —por ejemplo, cortar con una novia—, y que en ese momento fue traumático, veinte años después es algo que recordamos con una sonrisa; y más aun, otros veinte años después ya ni siquiera lo recordamos. Samuel Beckett. en una de sus obras más demoledoras. Krap’s Last Tape, describe muy bien el hecho de que toda la ficción depende de la memoria. En cuanto a escribir, por lo general yo lo hago de memoria. La gente piensa que para escribir esta obra hice una investigación exhaustiva, pero la realidad es que la hice en base a mis recuerdos. Lo único que me detenía era que los datos y las fechas que surgían de mi memoria fueran precisos.

¿Qué tan importante es la memoria para un escritor?

Muy importante. Es como un sótano enorme donde pones todo tipo de cosas, desde libros usados hasta joyas y vestidos. Cuando necesitas hacer uso de algo, lo buscas en tu cabeza, y ahí está, listo para salir, intacto, veinte años después de haberlo dejado. Este recurso me resulta frecuente cuando escribo.

Margaret Atwood, su novela Bodily Harm ha tenido una enorme influencia en liberar a las mujeres de sus problemas relacionados con el daño corporal. Pero me pregunto si eso la alerta o la sorprende sobre el efecto que un libro de ficción puede tener en la gente.

Hay muchas áreas de la vida que son tabú. No pueden publicarse. Cuando yo crecí había muchas de esas áreas de la vida, fuera de los límites de la ficción y también del periodismo. Por ejemplo, no podías informar en el periódico que una mujer había sido violada. Tenías que decir “interfirieron con”… Leías frases como “La mujer estaba muerta, pero no interfirieron con ella”. Pensabas: “¿Qué quieren decir?”. Hablar del cáncer fue uno de esos tabúes durante muchos años. Los novelistas y los escritores abren estas áreas de la vida que han estado fuera de los límites, cosas que todos sabían, o al menos los adultos sabían, pero no escribían de ello, o al menos no lo publicaban. En ese sentido creo que las historias pueden abrir cosas que antes se mantenían en secreto y bajo llave.

Bodily Harm fue un libro con muchos premios, ¿no es así?

No lo recuerdo. Handmaid’s Tale ha sido uno de los más premiados, pero el verdadero secreto está en que los escritores no escriben libros con el fin de ganar premios.

The Handmaid’s Tale narra la historia de una dictadura política contra el deseo humano. ¿Quién gana?

A la larga, el deseo humano ganará siempre. 1984, considerado muy pesimista porque termina con el Hermano Grande pisando el rostro humano, contiene un post-scríptum escrito en tiempo pasado que visualiza un futuro en el que ese totalitarismo llega a su fin.

¿Tiene miedo de que, como en The Handmaid’s Tale, el exorcismo se transforme en profecía?

Hay una cosa, y estoy segura de que usted la sabe: uno no puede imaginar, no puede escribir como ficción nada que no haya pasado ya en alguna parte. Y una de mis reglas para The Handmaid’s Tale es que no puse nada en él que la gente no hubiera hecho. No inventé nada.

¿Está satisfecha con la película basada en The Handmaid’s Tale?

Me sentí tan satisfecha como puede estar un escritor con una película basada en uno de sus libros, y usted sabe que los escritores suelen sentirse preocupados y descontentos. Hay ciertas cosas que yo no hubiera hecho o que hubiera hecho de otro modo, pero en general creo que fue bastante buena y fiel al libro. Las actuaciones de Faye Dunaway, Natasha Richardson, Elizabeth McGovern fueron estupendas considerando sobre todo lo horrendo de su vestuario.

¿Las víctimas pueden ser también cómplices de su propia victimización?

Pueden serlo, pero no necesariamente lo son. Desde luego, tenemos todos los rangos de conducta en cualquier clase de arreglo humano que se le ocurra. Y decir eso no es decir que todas las víctimas son cómplices, es sólo decir que algunas pueden serlo.

En su novela Ojo de gato la artista. la pintora, se siente inútil. ¿Cree que los artistas pueden tener ese sentimiento?

Es un tema muy amplio. Depende del tipo de sociedad en la que viven. Nadie viene de la nada y vive en la nada, y en algunas sociedades los artistas son más venerados que en otras. Y en ocasiones, en tiempos menos turbulentos, por ejemplo, tal vez te sientas más importante para el curso de los eventos. Creo que muy pocos artistas en el planeta piensan que su arte salvará el ambiente, acabará con la hambruna en el mundo, detendrá la propagación de nuevas enfermedades o pondrá un alto a la venta de armas. En estos aspectos nos sentimos relativamente impotentes. Pero algo que los artistas hacen y que siempre han hecho es dar cierto tipo de posibilidad y esperanza al espíritu humano individual. En otras palabras, si sabemos que todavía hay imaginación y creatividad, entonces las posibilidades permanecen abiertas; crear arte es siempre un acto de esperanza. No importa lo desolada y pesimista que la obra de arte pueda ser, porque al crearla el artista está diciendo que la posibilidad de comunicación aún está ahí. Y el artista también dice: “Yo voy a crear esto y alguien más lo verá o lo leerá”. ¿Tuvo un modelo para crear a Elaine, la protagonista?

Por supuesto. Tuve una hermana mucho menor, así que volví a ver niñas pequeñas. Enseñé en campamentos de verano y vi muchas otras niñas pequeñas. Después yo misma tuve una niña y pude echar otra amplia mirada a las niñas pequeñas. Así que tuve muchas oportunidades de observar esa sociedad de niñas entre los ocho y los doce años, que retrato en la primera parte de Ojo de gato y que trata de cómo las niñas no son siempre muy buenas unas con otras. Quienes hemos sido niñas lo sabemos. Los niños son mucho más claros en el modo en que arreglan sus jerarquías. Los niños basan su poder en quién es el mejor jugador de béisbol, quién es el más alto, quién corre más rápido o quién es el que tiene la mejor colección de estampas. Hay algo muy obvio y claro. Con las niñas, los cambios de poder se parecen más a la corte bizantina: nunca sabes quién caerá de la gracia o por qué. Hay conspiraciones y complots todo el tiempo, y ahora que tenemos teléfonos es mucho más fácil que estos complots se lleven a cabo. Una niña puede pensar que es muy popular un día mientras las otras conspiran por teléfono y deciden derrocarla de su posición como reina. Ella no sabrá lo que pasa o en qué está metida. Recibí muchas cartas después de que publiqué este libro. Algunas eran de niñas que decían: “A mí me pasaron cosas mucho peores”. Otras eran de hombres que decían: “Ahora finalmente entiendo a mi esposa o a mi hija” o “Finalmente entendí lo que pasaba en cuarto año”. Algunos hombres decían: “Esto fue lo que mis amigas me  hicieron cuando era chico”. Y algunas eran de gente que decía: “Eran tiempos maravillosos, nos divertíamos tanto”. Creo que a usted le gusta mucho su persona como mujer. ¿Envidia alguna cosa de los hombres?

No crecí en una sociedad muy femenina. Tenía un hermano mayor, mi madre era un marimacho, jamás le interesó la ropa, le gustaba pescar, remar, patinar, montar a caballo y todas esas cosas al aire libre. Nunca le dio por los sombreros y el maquillaje; eso tuve que aprenderlo sola. Por eso me causan tanta curiosidad, yo no crecí con eso. Así que siempre veo los zapatos bonitos de la gente. Yo tenía que usar lo que mi hermano me pasaba, sólo tenía dos vestidos. Pero nunca me sentí limitada siendo niña porque mi familia no hacía ese tipo de distinciones. Yo era la más pequeña, la más débil, pero no porque fuera niña sino porque era la más pequeña. Y, desde luego, no me decían “no puedes hacer esto, ni esto otro, tienes que vestirte de tal manera”. Muchos de mis amigos fueron y han sido hombres.

Pero escribe más de las niñas que de los niños, de las mujeres que de los hombres.

Sí, es más fácil hacerlo. Tengo algunos protagonistas masculinos, pero tengo que checarlos. Tengo que ir con algún hombre y decir: “¿Qué te parece éste? ¿Te convence?”. Los hombres se sienten celosos de los personajes masculinos en las novelas escritas por mujeres. A los hombres no les gusta Hitchciiff. no les gusta el señor Darcy. Se sienten en competencia con ellos, pero las mujeres tienden a sentir lo mismo sobre personajes femeninos muy voluptuosos en novelas de hombres. Piensan: “bueno, supongo que no se refiere a mí”.

En su novela The Robber Bride, Xinia les roba tres maridos a tres amigas. ¿Era una mujerzuela? ¿Una mujer fatal? ¿O una mujer de espíritu libre que no reconocía leyes?

Creo que era más como una mujer fatal. Era también una mujer que no reconocía leyes, pero eso va junto con ser una mujer fatal. Pero también es la parte oscura de cada una de las otras tres mujeres. Y se presenta a cada una de ellas, de tal manera que ellas le abren la puerta; porque representa la parte oscura de cada una de ellas. Así que, aunque ella causa un gran caos en sus vidas —como siempre lo hacen las figuras tramposas— y provoca un gran desorden, cuando finalmente se va casi se sienten tristes porque, pese a todo lo demás, ella anima las cosas. Cuando estaba trabajando con este libro en Inglaterra surgió la pregunta: ¿con cuál de estas mujeres te identificas? Muchas mujeres dijeron que se identificaban con Xinia. Yo me sentía horrorizada, preguntaba por qué y ellas me decían: “Nos identificamos con Xinia porque tiene poder”. Una mujer inglesa me dijo: “Las mujeres estamos cansadas de ser buenas todo el tiempo”.

¿Con quién se identifica usted?

Me identifico con Xinia porque es la mejor mentirosa. Inventa muchas historias. ¿Qué otra cosa hacen los novelistas?

Ponen una etiqueta enfrente que dice “ficción”, así que hay una advertencia, mientras que en las historias de Xinia no hay advertencia. Eso hace distintos a los escritores de los mentirosos.

¿Se puede o no se puede reescribir la historia? ¿En una novela pueden tomarse eventos históricos y modificarlos?

Depende de cómo llames a la novela. Si la llamas novela especulativa, por ejemplo, ¿qué habría pasado si Napoleón hubiera ganado la batalla de Waterloo? Pero no es correcto si tomamos gente y eventos verdaderos y no ponemos la señal de advertencia y los modificamos sin decirle al lector. Si hay un hecho conocido, tiene que perdurar.

En la parte de ciencia ficción de El asesino ciego, usted habla de la gente de la desolación, habla de palabras veladas que se mezclan con la gente de la alegría. ¿Qué nos puede decir de esto?

La gente de la desolación y la gente de la alegría son la misma. Pero, ¿cuál es la pregunta?

La pregunta es que si esas palabras veladas. acertijos, parábolas, intrigas, paradojas, se aplican sólo a un grupo de personas o no.

Desde luego que son comunes en el mundo mismo. Son comunes en el lenguaje mismo. Porque el lenguaje es algo muy escurridizo. Una palabra puede significar dos cosas al mismo tiempo, una historia también. Los abogados son como los escritores, pero a diferencia de ellos hacen contratos que significan sólo una cosa, mientras que un escritor se siente complacido si puede hacer una obra con varios significados al mismo tiempo, n

Hombres y mujeres: ¿En qué creen?

HOMBRES Y MUJERES: ¿EN QUÉ CREEN?

POR MARÍA DE LA PAZ LÓPEZ

Los papeles desempeñados por hombres y mujeres en la vida cotidiana han sufrido cambios severos en los últimos cien años. ¿Cómo se han manifestado tales cambios en México y en el mundo? Este texto da cuenta de ello e ilustra las percepciones de hombres y mujeres con respecto a sí mismos y sobre la vida familiar y en pareja.

LOS CAMBIOS EN LA VIDA ÍNTIMA Y FAMILIAR

De todos los cambios que ocurren en el mundo, ninguno supera en importancia a los que tienen lugar en nuestra vida privada —en la sexualidad, las relaciones, el matrimonio y la familia—.1 Esta aseveración está respaldada por un número significativo de investigaciones no sólo centradas en la organización y la estructuración de la vida cotidiana, sino también en la constitución de identidades sociales y territorios personales. Muchas de las reflexiones contemporáneas sobre la vida privada se centran en los cambios ocurridos en las relaciones de intimidad personal y sexual como consecuencia de la modernidad.

Las transformaciones sociales de los siglos XIX y XX han influido en la vida familiar e íntima con ritmos variables. La familia como unidad de producción, predominantemente anclada en las relaciones familiares, cedió paso a la separación y especialización de los espacios institucionales provocando que los lugares y ámbitos de trabajo fueran distintos a los de la vida hogareña. En este proceso, se modificaron los papeles desempeñados por hombres y mujeres en la vida cotidiana, así como su posición en el hogar; igual suerte corrieron algunas de las funciones más importantes desempeñadas por la familia: la educación (con una mayor especialización en la escuela), el proceso de aprendizaje laboral (hacia los centros de capacitación para el trabajo), el cuidado de enfermos (a hospitales y centros de salud), el cuidado de ancianos (casas-hogar). Muchas de estas funciones eran realizadas por mujeres, pero su traslado permitió un proceso de especialización de las funciones afectivas y reproductivas. Con ello, los límites de la vida pública y privada empezaron a dibujarse con nitidez.

El trabajo productivo y la familia se afianzaron en esferas de responsabilidad separadas para hombres y mujeres: el hombre, asumiendo el papel de proveedor exclusivo, y la mujer encargándose de la reproducción de la unidad doméstica, en su papel de madre/esposa/ama de casa. El ideal de ama de casa contribuyó al relativo confinamiento de las mujeres al espacio de la familia, a la exclusión de funciones público/comunitarias, así como a la limitación de sus trayectorias educativas. Pero estas formas de segregación estuvieron acompañadas, de forma paralela, de mecanismos de apertura hacia el exterior, de una “voluntad moderna” de remodelación de los comportamientos maternos y domésticos, con aspiraciones de cambio de actitudes y prácticas previas. Desde inicios del siglo pasado (pero sobre todo en el periodo entre las dos guerras), en muchos países se registraron acciones públicas y privadas orientadas a la valoración e idealización de la función de madre y ama de casa, por la vía de la “medicalización de los cuidados maternos”, a través de la proliferación de una cultura de la economía doméstica, y de patrones consumistas sobre la nueva imagen femenina, recreada en las revistas especializadas para mujeres. Baste recordar la proliferación de cursos de cocina, costura, higiene doméstica, etcétera, impartidos en escuelas públicas y privadas.2

Pero esta división extrema de los roles de los dos sexos iba a contrapelo de las ideas modernizadoras de igualdad y democracia. El malestar femenino, en sus inicios traducido en la reivindicación de los derechos políticos,3 fue asumido por los movimientos feministas que poco a poco incidieron en la opinión pública.

Uno de los aspectos más trascendentes en la emancipación que impacta directamente la vida cotidiana y las identidades de hombres y mujeres ha sido el reconocimiento social del trabajo femenino y la irrupción masiva de las mujeres en el mercado de trabajo.’ No sólo se ha acrecentado de manera notable la participación de las mujeres en la actividad económica remunerada en los últimos veinticinco años,5 también han surgido nuevos patrones en las formas de inserción de las mujeres al trabajo productivo. Las mujeres permanecen más tiempo en el mercado de trabajo, y la maternidad constituye, cada vez menos, un impedimento para el trabajo remunerado.

Este fenómeno no sólo ha trastocado la división social del trabajo sino que ha irrumpido en la vida íntima, en las relaciones de pareja; ha cambiado la percepción de la relación de las mujeres con la educación (prepararse para ser madres y amas de casa vs. estudiar para cristalizar proyectos laborales y convertirse en perceptoras de ingresos y, más aún, proveedoras del hogar).

El avance de las mujeres en la fuerza laboral ha sido atribuido a diversos factores: cambios en la estructura productiva, deterioro del poder adquisitivo de los salarios, estrategias de sobrevivencia de las familias, patrones de consumo, y mayores oportunidades educativas 6 para las mujeres y la disminución del tamaño de la prole.

La década de los setentas marca un hito en la historia del reacomodo femenino. En México, la disminución de la fecundidad inició desde mediados de los años sesentas, cuando en promedio registraba un nivel de alrededor de 7 hijos por mujer. Los logros alcanzados en la salud (disponibilidad de tecnología anticonceptiva moderna) y la educación de las mujeres contribuyeron a la caída acelerada de la fecundidad; con ello se dieron condiciones favorables para que participaran en actividades extradomésticas. Las mujeres mexicanas tienen hoy 2.4 hijos en promedio (2.2 hijos entre aquellas que cursaron por lo menos un año de educación secundaria).

Un rasgo importante en el cambio de las pautas reproductivas es la postergación del matrimonio y el nacimiento del primer hijo, así como el espaciamiento de la descendencia. Tales hechos han tenido fuertes repercusiones en la organización familiar. Por ejemplo, se estima que en 1970 las madres mexicanas dedicaban aproximadamente 25 años a las labores reproductivas y de cuidados maternos —desde que nacía el primer hijo hasta que el último cumplía seis años—. En la actualidad, gastan poco menos de 10 años, en promedio, en estas tareas. Esto permite inferir que las mujeres cuentan con más tiempo para realizar actividades en el ámbito extradoméstico.

La transición de la fecundidad tiene como telón de fondo la modificación de las preferencias e ideales reproductivos de las parejas mexicanas y, por supuesto, la difusión de la práctica anticonceptiva. Las mujeres de clase media y alta, residentes de áreas urbanas, han sido identificadas como pioneras en el uso de métodos anticonceptivos. En 1976, 30.2% de las mujeres mexicanas de 15 a 49 años unidas o casadas usaban algún método anticonceptivo; se estima que en el año 2001 la cifra fue cercana a 71% (11.6 millones de mujeres; lugar 33 en la lista de países con mayor porcentaje de uso de métodos anticonceptivos; en América Latina se encuentra en el cuarto sitio entre 21 países).

El uso cada vez más generalizado de métodos anticonceptivos

2 En México, durante los años sesentas proliferaron las Casas de la Asegurada, creadas por el IMSS, donde se impartían toda clase de cursos dirigidos a las mujeres y orientados a la economía doméstica. En 1907, la enseñanza de la economía doméstica resultó obligatoria en los colegios de jovencitas.3 Las mujeres mexicanas alcanzaron el estatuto de ciudadanas en todo el territorio nacional en 1953, cuando adquirieron el derecho a votar y ser elegidas. 4 Ciertamente, el trabajo productivo de las mujeres como el de otros miembros de la familia no es un fenómeno reciente. Este ha constituido una exigencia en el funcionamiento económico de la familia desde las sociedades preindustriales. Tanto en el campo como en la ciudad, las mujeres han contribuido a la reproducción hogareña con trabajo no remunerado, en calidad de aprendices, trabajadoras familiares, y en actividades remuneradas realizadas en el propio domicilio, ocupándose en el servicio doméstico, como obreras y empleadas.5 Entre 1970 y 1997 las tasas de participación económica de las mujeres crecieron en casi todas las regiones del mundo, excepto en Sudáfrica, en Asia Central y en Europa del Este, regiones en las que el descenso estuvo entre 1 y 5 puntos porcentuales. En México, la tasa de participación femenina en la actividad económica era de 17% en 1970, en 1999 era ya de 36% ONECI, Encuesta Nacional de Empleo).

6 En México, la brecha del analfabetismo de hombres y mujeres era de 8 puntos porcentuales en 1970, en 1995 ésta se redujo a 4.3 puntos. Las tasas de asistencia de las niñas de 6 a 14 años pasaron de 63.2% a 91.4% en el mismo periodo.ha modificado el ejercicio de la sexualidad, que en otro tiempo estaba irremediablemente vinculado con el embarazo. La separación entre sexualidad y reproducción permite a las parejas fincar, sobre otras bases, sus relaciones íntimas. El amor se potencia frente a esta posibilidad. No es gratuito que se reconozca cada vez más a la pareja como el centro de la vida familiar, al erosionarse el papel económico de la familia y al reubicarse el amor y el ejercicio de la sexualidad, de manera más plena y libre, en la vida íntima. 7

Ligada a las transformaciones de la vida en pareja y de ésta con la prole, se aprecia una relativa “fragilización” de los lazos conyugales que remite a una cierta erosión de los controles sociales promovidos por las religiones y el Estado (a través de normas y leyes) sobre la vida de los cónyuges.8 En este tenor se aprecia una creciente ruptura de uniones. La proporción de personas que está divorciada o separada se duplicó entre 1970 y 1997, tanto entre los hombres (1.8% a 3.6%) como entre las mujeres (4.1% a 8.2%).

Aunque la estabilidad de las primeras uniones en México sigue siendo alta —en comparación con países desarrollados y aun latinoamericanos—, los datos disponibles indican que entre las generaciones más jóvenes de mujeres una mayor proporción experimenta la disolución conyugal. Las separaciones y divorcios sólo pueden comprenderse a la luz de factores relacionados con cambios sociales más amplios. Uno de ellos tiene que ver con la existencia de actitudes sociales, familiares y personales más tolerantes y una mayor permisividad social frente a la ruptura conyugal.

Cómo se ven las mujeres y los hombres entre sí9

Durante muchos años, en gran parte del orbe se concibió a la pareja bajo pautas de comportamiento sustentadas, en gran medida, por estereotipos: las mujeres han sido consideradas seres pasivos, sumisos, dependientes y responsables exclusivas de las tareas del ámbito hogareño; a los hombres se les percibe como seres activos, con autoridad, independientes y responsables de proveer recursos materiales al grupo familiar. Socialmente, la elección de la pareja suele aceptarse en función de una determinada distancia de edad, y diferencia en el nivel educativo y económico generalmente mayor en el hombre. No obstante su arraigo social, en la última mitad del siglo XX se dieron cambios muy importantes en torno a estas concepciones.

Hombres y mujeres hacen asociaciones distintas en relación a lo que debe caracterizarlos. Las asociaciones más recurrente en el léxico de las mujeres se hacen con cualidades físicas: belleza para la palabra mujer y fuerza para hombre. Los hombres coinciden con ellas en el término mujer, es decir, también recurren más a la palabra belleza, pero a sí mismos se asocian con su rol de proveedores de la familia; por eso el trabajo aparece como su principal característica. Las tres menciones tienen una valoración altamente positiva entre la población mexicana. La belleza y el trabajo son considerados valores instrumentales en la movilidad social para las mujeres y los hombres, respectivamente.10 En el léxico de las mujeres también aparece el trabajo, asociado no sólo a las tareas domésticas, sino a las de tipo remunerado. 11  El amor y la ternura ocupan un lugar importante en la asociación que hacen unos y otras con el término mujer; asimismo, fuerza, responsabilidad y macho son parte del léxico femenino y masculino para describir al hombre.

La presencia de los términos inteligencia y trabajo entre las cinco menciones más importantes para describir a las mujeres denota un importante cambio en las representaciones de la sociedad. En 1984, entre las cualidades más mencionadas aparecían, en el siguiente orden: ser limpia, femenina, inteligente, hogareña, honesta, sencilla y trabajadora. Diez años después cambió el orden de los términos: trabajadora, fiel, hogareña, responsable e inteligente; desapareció del léxico la palabra “limpia”, interpretada en sus distintas connotaciones.12

El notable incremento de la jefatura femenina (tanto aquella asumida por mujeres sin cónyuge13 como por aquellas que, teniendo pareja, han asumido el papel de proveedoras de recursos en el hogar) es una evidencia empírica de transformaciones que influyen en las representaciones sociales sobre la familia nuclear típica (padre proveedor y madre responsable exclusiva de las tareas hogareñas). Uno de los cambios más destacados en torno a esta concepción se refiere al reconocimiento social del papel productivo y profesional de las mujeres. 14 En México se observa una opinión favorable a la actividad económica femenina: 73.5% de los hombres y 91.1% de las mujeres están “de acuerdo con el trabajo de las mujeres si éstas tienen ganas de hacerlo”. El trabajo de las mujeres parece dejar atrás la idea de actividad pasajera, marginal y complementaria al ingreso familiar. Frente a esta visión, la identidad de las mujeres construida a partir del rol exclusivo de ama de casa y madre se erosiona de manera contundente: 73% de las mujeres y 62% de los hombres está en desacuerdo con la frase “una mujer no está realizada si no se casa”; poco más de 8 de cada 10 personas opinan que “tener un trabajo bien pagado es tan importante para una mujer como para un hombre”.

14 ‘Lipovetsky destaca cómo la opinión pública está evolucionando masivamente en este sentido. Así. por ejemplo, señala que en Estados Unidos, en 1970, 80% de las mujeres blancas opinaba que era “mucho mejor” que la esposa se quedara en casa; en 1977, solo 50% seguía con esa opinión. En 1969. 46% de los franceses reconocían el ideal familiar en la división tajante del hombre proveedor y la mujer ama de casa. Hoy día, se estima que 77% de la población está de acuerdo con la idea de que “tanto el marido como la esposa deben contribuir a los recursos de la pareja” (Gilles Livovetsky: La tercera mujer. Anagrama, Barcelona, 1999.

A diferencia del pasado, el trabajo contribuye a construir la identidad social de las mujeres más allá de los roles de esposa, madre y ama de casa. En este sentido, la escuela se identifica como una pieza importante en la aceptación social de la legitimación del trabajo de las mujeres; conforme han avanzado en la escala educativa, su participación en el mercado de trabajo se ha incrementado. Detrás de este fenómeno hay hechos que han facilitado el cambio: la transformación en los sectores de la actividad económica y el auge de la sociedad de consumo. En México, como en otros países en desarrollo, las crisis recurrentes han orillado a las familias a desplegar estrategias para paliar su efecto, entre las que destaca la participación de las madres en la actividad económica, que ha motivado el surgimiento de una serie de valores, prácticas y actitudes con referentes específicos a cada sexo que favorece el trabajo femenino. Sin embargo, de este hecho no se desprende la eliminación de las desigualdades entre hombres y mujeres y, mucho menos, la indistinción de sus roles sociales. Alrededor de 75% de los hombres y 66% de las mujeres señalan que no estarían dispuestos o estarían dispuestos sólo en parte a “aceptar que en una pareja el hombre se dedique al cuidado de la casa y la mujer al trabajo extradoméstico”. Estas cifras disminuyen notablemente entre los jóvenes menores de 30 años: así opinan alrededor de 40% de las mujeres y 58.9% de los hombres. Tanto ellas como ellos perciben que, en las condiciones sociales actuales, “la relación de pareja es más difícil cuando los dos trabajan” (alrededor de 65% y 59%, respectivamente).

Las cifras muestran la continuidad de roles familiares y domésticos, sustentados en el sexo, pero también evidencian aspiraciones distintas. En efecto, vivimos en una sociedad que ofrece más opciones a las mujeres, y ello se traduce en orientaciones, preferencias y mayor apertura de oportunidades. El reacomodo de la mujer a partir de la disponibilidad de recursos propios, procedentes de su trabajo, permite incrementar su poder de negociación en la pareja y participar en las decisiones en terrenos antes vedados: la posibilidad de decidir cuántos hijos tener y cuándo, de romper con una relación de pareja insatisfactoria y de reconstruir una familia. n

1 Anthony Giddens: Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas. Taurus, 1999.

1Mujeres de 15 a 49 años; niños menores de 5 años.

2Dato referido a un año entre 1980-1984.

3Dato referido a un año entre 1985-1990.

4Ibid.

5 Ibid.

6 Dato referido a algún año entre 1985 y 1990.

Fuertes: United Nations, The World’s Women, 1995. Trends and Statistics. New York, United Nations Publication, 1995. United Nations: The World’s Women. 2000, Trends and Statistics. New York, United Nations Publication, 2000.

7 Anthony Giddens: Consecuencias de la modernidad Alianza Editorial Madrid, 1999.

8 Véase María de la Paz López, Vania Salles y Rodolfo Tuirán: “La vida familiar en México”, en José Gómez de León y Cecilia Rabell (coordinadores): La población mexicana en el siglo XX. En prensa, FCE, México.

9 Aun cuando en México no se dispone de información estadística de tipo histórico que permita documentar los cambios, es posible tener un acercamiento a las transformaciones ocurridas en distintas dimensiones de la vida cotidiana e íntima a partir de encuestas de opinión, que han sido levantadas, en años recientes, con este propósito. En este texto se utilizan los resultados de la Encuesta del Observatorio sobre la condición de la mujer en México (mimeo, febrero 2000) a cargo de María de la Paz López, J. Flores y V. Salles.

10 Los mexicanos de los noventa. Una encuesta nacional de actitudes y valores. México, IISUNAM. 1996.

11 La tasa de participación de las mujeres en la actividad económica era de 36% en el 2000.

12 J. Flores: La construcción social de la diferencia de los sexos: una visión desde la comunidad (Encuesta de léxico levantada para la preparación de la Encuesta del Observatorio).

13 En 2000, poco más de uno de cada cinco hogares sin cónyuge presente en la unidad doméstica es dirigido por una mujer.

 

La rebelión de la intimidad

LA REBELIÓN DE LA INTIMIDAD

Esta edición de Nexos está dedicada a la rebelión de la intimidad entendida como un proceso en marcha que ha transformado a la civilización occidental. El punto culminante en el ritmo interno de esa rebelión es el cambio rotundo de las mujeres en la sociedad, el amor y la familia. De esto tratan las páginas que siguen, de la esfera de lo privado y de cómo desatan sus poderes hacia la luz de lo público y sus transformaciones.

En un ensayo de notable intensidad reflexiva, Anthony Giddens investiga las posibilidades de la democratización de la vida personal, un proceso menos espectacular en la historia precisamente porque no ocurre en la vida pública, pero cuyas consecuencias son igualmente profundas: “la intimidad como algo posible significa la promesa de la democracia. La fuente estructural de esta promesa es el surgimiento de la relación pura, no sólo en el área de la sexualidad sino también en las relaciones entre padres e hijos, y en otras formas de cercanía y amistad”.

La intimidad es aquello que nos impide ser idénticos y nos mantiene diferentes, observó Fernando Savater. Durante muchos años, el feminismo evadió el tema de la diferencia adoptando la perspectiva de género. En su contribución “Volver a la diferencia sexual”, Marta Lamas esclarece este asunto: “al cuestionar la ‘explicación’ tradicional de que las diferencias biológicas entre los sexos originan a su vez todas las demás disparidades, el feminismo plantea en cambio que la simbolización de la diferencia sexual es lo determinante”.

El relato de Alexander Linklater que presentamos a los lectores es una fina parábola del sexo, de la intimidad y de la confianza. En el Winter’s Tale de Shakespeare, el rey Leontes ve cosas inexistentes. Ve a su esposa hacer cosas que no están ahí. Leontes vive torturado por los celos. Alexander Linklater evoca el gran tema shakespeareano de los celos a propósito de la nueva aventura cinematográfica de su pareja, la actriz Kerry Fox, en la película Intimacy, basada en una novela de Hanif Kureishi y dirigida por el director francés Patrice Chéreaux. Una línea del guión llamó la atención de la pareja: “Ella se lo chupa por un largo tiempo”. En Intimacy, ella tendría sexo real con el actor Mark Rylance.

La violencia contra las mujeres pone de manifiesto una de las grandes paradojas mexicanas: las libertades de la vida pública parecen ausentes de la vida íntima. Tal tema recibe la atención de Héctor Aguilar Camín, Gustavo Carvajal, Margarita Guillé, Cecilia Loria y Silvia Pinal. El resultado es un panorama desolador, marcado por la incomprensión y la ley del más fuerte.

Los últimos veinticinco años se desprenden en buena medida de una novedad en las relaciones sociales: el reconocimiento del trabajo femenino, la irrupción masiva de las mujeres en el mercado de trabajo. El estudio y la encuesta de María de la Paz López que ofrecemos al lector se adentran en las percepciones sobre la vida familiar y de pareja, en los indicadores sobre la condición femenina, la vida en el hogar y de cómo se ven las mujeres y los hombres entre sí.

Cinco grandes momentos literarios envuelven estas miradas a la intimidad: un hermoso texto autobiográfico de Angeles Mastretta, un ensayo magnífico de la escritora brasileña Nélida Piñón sobre la memoria femenina, un estudio de Susan Sontag acerca de la obra de Adam Sagajewski. una entrevista en donde la escritora canadiense Margaret Atwood desvela sus obsesiones, y un acercamiento de Alberto Fuguet a los libros de la escritora Isabel Allende. La intimidad está a la vuelta de la página. n

Partos partidarios

PARTOS PARTIDARIOS

PRI

Es difícil decir la diferencia de proyecto entre los contendientes priistas a dirigir el PRI: la diputada Beatriz Paredes y el ex candidato presidencial Roberto Madrazo. El debate se resume en quién ganará.

Las encuestas de los priistas dan gran ventaja a Roberto Madrazo en la preferencia de los militantes sobre Beatriz Paredes. Pero los priistas conocedores juzgan empatada la contienda porque la “estructura del partido” —la dirigencia, la burocracia, los dineros, los recursos institucionales— están a favor de Beatriz Paredes.

No obstante, una parte de la “estructura” que cuenta no parece  contenta con la victoria de Beatriz. La “estructura” del gobierno foxista probó en la negociación de la reforma fiscal que los dirigentes de la “estructura” priistas —los líderes de las cámaras, los dirigentes del partido, los antiguos partidarios del candidato presidencial derrotado Francisco Labastida Ochoa— no son negociadores confiables.

La “estructura” del gobierno foxista está molesta con el desempeño de lo que representa Beatriz Paredes. Peor aún: empezará a cobrarles su falta de compromiso con instrumentos de la vieja usanza. Circula ya la acusación, hecha por la Contraloría Oficial, de que Pemex transfirió mil millones de pesos a la campaña de Labastida. lo cual abre la puerta para un gran escándalo.

A la “estructura” foxista le preocupa también que el triunfo de Beatriz Paredes pudiera dar paso a una alianza en la oposición entre el PRI y el PRI). la que sería inmanejable para el gobierno. ¿Razón de la posible alianza? El jefe de gobierno perredista de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, tiene una larga e irreductible rivalidad tabasqueña con Roberto Madrazo. el adversario de Paredes.

PAN

La “estructura” del gobierno foxista parece tener también su carta escogida en la contienda interna de su propio partido, el PAN. entre el senador Carlos Medina Plascencia, gobernador panista de Guanajuato antes que Fox, y el actual presidente del partido, Luis Felipe Bravo Mena.

A principios del año se reunieron a cenar públicamente con Medina Plascencia en un lujoso hotel de la Ciudad de México algunos de los hombres y mujeres más importantes del foxismo. Brindaron por esa candidatura Rodolfo Elizondo, hoy coordinador de Comunicación Social de la Presidencia y. junto con Ernesto Ruffo, uno de los consejeros panistas que dio su firma para registrar la candidatura de Medina. Estuvieron también en el brindis el subsecretario de Gobernación, también ex gobernador de Guanajuato, Ramón Martín Huerta; el secretario de Comunicaciones y Transportes, Pedro Cerisola, coordinador de la campaña panista de Fox, que no ha podido ingresar al partido; el secretario de Agricultura, Javier Usabiaga; la secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota; el secretario de Economía. Luis Ernesto Derbez, y el titular de la Contraloría y ex gobernador de Chihuahua, Francisco Barrio.

Bajo la candidatura de Medina parece latir la idea de un PAN más cercano a la labor del gobierno de cara a las elecciones de 2003. Si en esos comicios no se logra cambiar el balance de poder actual, lo único que podrá hacer el foxismo en el resto del sexenio será administrar el gobierno, sin establecer una lógica de cambio que le permita avanzar en su proyecto de país. Los números electorales del partido son preocupantes: si se suman los comicios posteriores al 2 de julio de 2000, el PAN se encuentra 10 puntos abajo del PRI.

Con Luis Felipe Bravo Mena se alinean muchos de los líderes de mayor alcurnia en el panismo, como Diego Fernández de Cevallos, don Luis H. Alvarez y Felipe Calderón Hinojosa. Para ellos la colaboración con el gobierno no debe diluir la autonomía política del PAN, sobre todo cuando el gobierno está integrado por muchos políticos ajenos al partido.

PRD

La contienda del PRD entre Rosario Robles y Jesús Ortega parece esconder en su fondo una idea de modernidad ideológica y una pugna de definición dinástica. Robles representa la vigencia del cardenismo como corriente central del partido, encarnada en Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano y en su hijo Lázaro Cárdenas Batel, flamante gobernador de Michoacán, así como la vigencia de la ideología perredista conocida: todas las causas y todas las tribus de la izquierda, nacionalismo revolucionario, antineoliberalismo, globalifobia y populismo.

Jesús Ortega representa la alianza de las tribus anticardenistas del PRD y una idea vaga de modernidad ideológica y resistencia a las tentaciones y las realidades dinásticas del partido. La elección interna dependerá en gran parte de la actitud que asuma en la contienda el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Andrés Manuel López Obrador, que parece inclinado ya por la candidatura de Rosario Robles. El reto histórico para los tres partidos sigue siendo el mismo que un día después de las elecciones del 2 de julio. El PAN debe aprender a ser partido en el gobierno, el PRI debe aprender a ser partido de la oposición y el PRD debe ser la olla de cocción de un movimiento moderno de izquierda capaz de plantearse para México lo que la social democracia se planteó en los países europeos: desarrollo capitalista y equidad social. n

Los buenos, los malos, los Feos

LOS BUENOS, LOS MALOS, LOS FEOS

POR ROLANDO CORDERA CAMPOS

En su mensaje de año nuevo, el presidente Fox dijo que el gran desafío es convertir la marcha de la economía en ingreso aceptable para los mexicanos; es decir, que lo que falta es traducir la tan celebrada solidez macroeconómica en un mejoramiento general y sostenido del país. que debería empezar a medirse ya en montos de empleo y salario, así como en números claros y consistentes en materia de seguridad social, incluido aquí un real acceso a la salud. No ha sido de esta manera como hasta la fecha hemos medido el desempeño de la economía, y no hay indicios claros, salvo los buenos propósitos del presidente, de que el gobierno busque reorganizar sus acciones en esa dirección. Tampoco se sabe qué piensa hacer Fox para convencer a la población de que en verdad el desafío se enfrenta y de que, también de verdad, está en vías de superación. La mercadotecnia, por lo pronto, encontró sus obligados límites en las palabras del propio presidente, recogidas en la entrevista televisada con Héctor Aguilar Camín de inicios del año.

Venimos de décadas de posposición continuada de ese reto. Por una u otra razón (la deuda externa o el déficit, la inflación desbocada o los equilibrios fundamentales, o las grandes promesas de la apertura comercial y el TLC), la cuestión social inmensa que define al México de fin de siglo ha sido puesta de lado una y otra vez, dejando para después no se diga su superación sino tan sólo su abordaje. Reconocimientos ha habido muchos, pero políticas congruentes y sostenidas no, mucho menos resultados significativos.

Con la aceleración del cambio democrático de los últimos seis años ocurrió lo mismo: mantener el ritmo de la democracia en ascenso supuso, en los hechos pero también en el discurso político de grupos dominantes y no, otra posposición. Implícitamente, pero a veces también de modo expreso, se prefirió poner entre paréntesis el estado de la existencia colectiva, a sabiendas de que éste no podía salir automáticamente del deterioro a que lo sometieron el ajuste, las crisis, el cambio estructural y la propia caída de este último en 1995. (Un recordatorio reciente de la gravedad de la situación nos lo ofrecen Miguel Székely y Rodolfo de la Torre en sus informes sobre desigualdad y pobreza en el número de enero de Nexos).

Esta larga cadena de olvidos y simulaciones, esta “dependencia de la senda” como ha escrito el filósofo argentino Garzón respecto de su sufrido país, nos trajo hasta aquí, a una circunstancia en la que ya nadie sabe bien a bien cuáles son las coordenadas básicas de la economía política de la sociedad del presente. Es por esta razón que las buenas ofertas del presidente tienen que chocar con el hecho terrible, y hostil a toda credibilidad política, de que “el bolsillo” de muchos mexicanos se ha vuelto una cruel metáfora, cuando no un brutal escarnio.

Puede afirmarse que la reforma o la super miscelánea de fin de año no se recarga en los más pobres. Pero esta afirmación significa poco social y políticamente si no se considera que los más pobres  vienen de lejos. Los más pobres, que suman millones y no se restan, simplemente no cuentan con los recursos monetarios mínimos que les permitan siquiera aspirar a ser sujetos fiscales. Este es, o debería ser, el punto de partida de una deliberación de fondo sobre la reforma fiscal necesaria y posible para México. Al soslayarlo, como se ha hecho repetidamente, se reduce el campo de la reflexión política y es por eso que, por encima de toda discusión técnica y, si se quiere, analítica, la propuesta original de aplicar el IVA en alimentos y medicinas no era digerible.

No era, ni es, sólo un litigio contable o económico. Este litigio, que sin duda existe y es importante y complejo, tendría que darse después, una vez que el Estado y en general el “espíritu público” que organizan a la democracia mexicana, asumieran la necesidad de tener un mínimo realismo social, y de ser posible también una mínima perspicacia política, de los que parecen carecer.

Los buenos propósitos para 2002 pueden todavía superar los malos modos de la política de fines de 2001 y hasta derrotar los feos augurios que la economía política genera apenas le dan espacio, pero el trecho sigue sin recorrerse. La idea de “globalizar” los ingresos para fines del impuesto sobre la renta, de prosperar en serio, sin demasiadas triquiñuelas y asegunes inventados sobre la marcha por los abogados de Hacienda o la empresa, puede poner la reforma en una ruta promisoria, pero el ruido y la furia desatados por los lamentables impuestos especiales “al lujo”, junto con el espectáculo grotesco de la votación de fin de año, han puesto de nuevo al Congreso contra la pared. Los legisladores tendrán que hacer trabajo fino para quitarse de encima el sambenito de irresponsables que alegremente les han asestado medios masivos y voceros empresariales.

No es verdad que se perdió la “oportunidad histórica”, pero bien le haría a la democracia mexicana tomar por los cuernos al toro fiscal en el que se resumen siempre las grandes contradicciones de la sociedad, el poder y el Estado. Trabajar en lo oscuro, sin una comunicación abierta y sistemática con la sociedad y hasta con el resto de los legisladores, sustraer del debate las implicaciones de cada opción o medida, dejar en manos de “expertos” en nada la cocina de las propuestas, casarse con dogmas o principios absolutos, como parece haber ocurrido a partir de abril de 2001, fue una pésima estrategia. Tendrán los partidos y sus diputados que retomar el camino, porque la cuestión no se resolvió y eso lo han empezado a aprender hasta los que creen que “nos salvaron” del IVA.

No es ni era el IVA el coco de la reforma, sino la inequidad, los hoyos negros de la evasión. la enorme maraña de posibilidades de elusión impositiva, lo que está entre este fisco tropical y el que necesita con urgencia la economía que se quiere como la mayor del mundo.

Qué bueno que el tema del nivel y de la calidad de la vida aparezca con claridad en el mensaje presidencial de año nuevo. Lo que tendría que dirimirse es la manera de volver los pesos ganados en flujos constantes de satis factores y seguridad. Pero para entrar en materia, habrá que volver sobre el también soslayado asunto de la estrategia o el modelo. No hay por qué llorar con Argentina para insistir en que la senda seguida y adoptada por tantos desde hace veinte años se puede volver otra vez un laberinto interminable.

Economía política de la impertinencia

Todavía está por verse qué se entiende en el discurso presidencial por una solidez económica susceptible de desplegarse en mejoramiento social, pero el compromiso está dicho, aunque no se haya visto acompañado por medidas tomadas o por tomar. De cualquier forma, lo que habría que hacer en el Congreso, la prensa, la empresa y la academia, es empezar a evaluar lo que ahora se tiene, en presupuesto y finanzas, ¡hasta en impuestos!, en producción y ocupación, con criterios que no por bíblicos y clásicos dejan de ser nuevos en nuestro medio: lo que importa de la economía es su reflejo en la vida de la gente, que no puede vivir indefinidamente en un sacrificio sin premios tangibles a la vista, en medio de posposiciones reiteradas con el pretexto de lograr una solidez que nunca aterriza en la existencia colectiva e individual de los más. Esta, repitamos, ha sido hasta la fecha la experiencia práctica y retórica de los últimos veinte años: fuga hacia adelante en política económica, fuga presente pero continua de los capitales, para acabar por reconocer que lo que se puso real y masivamente en tránsito hacia afuera del país ha sido lo mejor, más joven y más valiente de la población.

Quizá, sólo quizás, este compromiso de nuevo año nos permita llegar a la médula de la cuestión que parece irresoluble: no habrá reforma fiscal admisible y compartida, ni se entenderá como válida y legítima la solidez macroeconómica como meta central del Estado, mientras no se encare la inicua desigualdad social y económica que afecta al país y que ahora se combina y se expresa en pobreza masiva y profunda, de esa que no deja pensar, ni actuar, ni soñar. La pobreza que somete hoy a la ignominia a millones de mexicanos y nos impide, si hablamos en serio, decir que México es país habitable, no digamos importante en el mundo.

Reconocer la cuestión social como escenario y credo colectivo, como compromiso de Estado y de gobierno, tal vez nos permitiera identificar mejor las enormes tareas que tenemos enfrente y que, por desgracia, siguen bajo la alfombra, ni siquiera en la alacena de los buenos propósitos.

Ayuda de memoria

La economía política internacional ha requerido siempre de instituciones y relaciones que le ofrezcan orden y alguna certeza. Así ocurrió con el patrón oro y a partir de la segunda postguerra con las reglas y organismos de Bretton Woods y las Naciones Unidas. Las instituciones y las organizaciones recogen visiones y ambiciones, son operadas y dirigidas por técnicos, políticos, expertos, y dominadas por gobiernos y Estados con distinto poder y capacidad. Estos truísmos vienen a cuento porque, a la luz de la debacle argentina, en varios ámbitos se ha vuelto ha insistir en lo innecesario que es aludir al papel del FMI o de la caja de conversión con que se renunció a la política monetaria, para entender lo que ha ocurrido en el sufrido país sureño. La economía moderna no requiere de ángeles ni de demonios para ser entendida en sus convulsiones, pero las instituciones que le dan sentido o buscan dárselo no son almas puras. Ahora que está de moda el “rendir cuentas” habría que recordar que esos organismos y sus funcionarios no parecen sentirse obligados a darle cuentas a nadie.

los libros sobre la mesa

David Ibarra nos ofreció esta navidad un nuevo recuento editorial de sus agudas y sesudas intervenciones en el debate político y económico nacional e internacional. Testimonios críticos (Cántaro Editores, diciembre 2001) constituye otra vuelta a la tuerca dura de los paradigmas y sus cambios, los dogmas y las obsesiones, los intereses y la miopía histórica, que ha dominado la economía política nacional en estos tiempos de mudanza democrática y conmoción estructural. Como con sus textos anteriores, se trata de lectura obligada. n

El proyecto de la sabiduría

Leyendo al poeta polaco Adam Zagajewski, y en especial Otra belleza, un libro que convoca varios géneros, Susan Sontag obtiene una verdad que nos ilumina y conmueve: todavía es posible aspirar a lo noble y sublime en el arte.

adam-zagajewski

Este libro sabio e iridiscente del escritor polaco Adam Zagajewski (Otra belleza. Traducción de Clare Cavanagh. Farrar, Straus & Giroux) incursiona en muchos géneros y los alterna: una memoria de la mayoría de edad, un libro de lugares comunes, meditaciones aforísticas, viñetas y retratos, una defensa de la poesía es decir, una defensa de la idea de la grandeza literaria. Con seguridad hay algo equívoco en llamar a Zagajewski un escritor: un poeta que además escribe una prosa indispensable no abandona, por lo mismo, su distintivo principal.

Siendo la prosa esa abundancia de palabras que es, en Zagajewski ha llenado bastantes más páginas que sus poemas. Pero en el canon bipartidista del sistema literario la poesía siempre vence a la prosa. En literatura, la poesía se mantiene como lo más serio, lo más perfecto, lo más intenso, lo más deseado. “El autor y el lector sueñan siempre con un gran poema, escribirlo, leerlo, vivirlo”. Vivir el poema: ser elevado por él, profundizado y, por un momento, salvado.

De un gran escritor polaco esperamos intensidades eslavas. (El matiz polaco en particular puede requerir algo de aplicación.) La literatura como alimento del alma ha sido una especialidad eslava durante los últimos 150 años. Resulta apenas sorprendente que Zagajewski, con toda la serenidad y delicadeza de su voz poética, sostenga una idea de la poesía más afín a la de Shelley que a la de Ashbery. Sucede que la realidad de la trascendencia personal tiene aun menos credibilidad para los poetas polacos más jóvenes (como atestigua la edición actual de Chicago Revieu, dedicada a la nueva escritura polaca) que para aquellos que escriben en inglés. Y en Zagajewski, el traslado de los anhelos religiosos, vivir, mediante la poesía, en un “plano más elevado” nunca se expresa sin la gracia de una nota de suave humildad.

Su más reciente colección de poemas se tituló, con sobriedad encantadora, Mysticism for Beginners (Misticismo para principiantes). El mundo (de sentimiento lírico, de introspección extática) que la poesía vuelve accesible a los poetas y sus lectores, es aquel que la defectuosa naturaleza humana nos impide habitar, salvo de modo efímero. Los poemas “no perduran”, señala Zagajewski con un sesgo, “en especial los poemas líricos breves que prevalecen hoy en día”. Todo lo que son capaces de ofrecer es “un momento de experiencia intensa”. La prosa es más robusta, así sea sólo porque leerla requiere más tiempo.

Otra belleza es su tercer libro en prosa publicado en inglés. Los primeros dos constan de artículos, algunos ensayísticos, otros memoriosos, todos ellos con títulos. En contraste, el nuevo libro es un flujo sin títulos (y sin numeración) de tomas breves y no tan breves, tan breves como un enunciado, tan largas como varias páginas. Su mezcla de relatos, observaciones, retratos, meditaciones y reminiscencias confiere a Otra belleza una variación muy veloz de estados de ánimo y puntos de partida que asociamos más con un volumen de poemas, poemas líricos, en todo caso, que es una sucesión de intensidades discontinuas, en diferentes grados de interés.

¿Qué tipo de intensidades? (O sea, ¿qué tipo de prosa?) Reflexiva, precisa, rapsódica, desconsolada, amable, proclive al asombro. Entonces y ahora, aquí y allá: el libro entero oscila y vibra en los contrastes. (Esto es como esto, pero aquello es como aquello. O bien: esperábamos esto, pero obtuvimos aquello.) Y todo emana diferencia, gusto, mensaje, metáfora. Hasta el clima:

Las depresiones meteorológicas de París tienen un sentimiento oceánico; el Atlántico las envía con dirección al continente. El viento sopla, las nubes oscuras huyen a través de la ciudad como autos de carreras. La lluvia cae en un declive maligno. En ocasiones el rostro del cielo aparece; un pedazo de azul. Y luego otra vez la oscuridad, el Sena se convierte en un pavimento negro. Las tierras bajas de París hierven con energía oceánica, los rayos revientan como corchos de champaña. Mientras tanto, una depresión centroeuropea típica —situada en algún lugar sobre los Cárpatos sigue una conducta distinta por completo: sumisa y melancólica, uno podría decir que filosófica. Las nubes se mueven apenas. Sus formas son diferentes; como un enorme dirigible que se inclina sobre el antiguo mercado de Cracovia. La luz cambia de modo gradual, el resplandor violeta se desvanece y abre paso a luces amarillas. El sol se disimula en algún lugar más allá de las nubes sedosas, iluminando las más variadas capas de tierra y cielo. Algunas nubes semejan peces del mar profundo que han ascendido hasta la superficie y nadan con toda la boca abierta, como asombrados por el sabor del aire. Este tipo de clima puede durar varios días, el clima dócil de Europa Central. Y si al cabo de prolongadas deliberaciones cae una tormenta de rayos, se comporta como un tartamudeo. En vez de un golpe contundente y decisivo, emite una serie de sonidos dilatados, pa, pa, pa, pa, un eco en vez de un estallido. Rayos en abonos.

En la visión de Zagajewski, la naturaleza se descubre impregnada imaginativamente por el sentimentalismo de las historias nacionales, con el clima tonificante y pendenciero de París desdeñando la buena fortuna inagotable de Francia, y el fatigado, melancólico clima de Cracovia como la síntesis de innumerables derrotas y otras calamidades polacas. El poeta no puede escapar de la historia y sólo puede algunas veces, por motivos de descripción y desafío, transmutarla en una geografía mágica.

Ojalá vivas tiempos interesantes, dicta la antigua (o al menos proverbial) sentencia china. Actualizada para nuestra época hiper-interesante podría decir: ojalá vivas en un lugar interesante.

Lo que Czeslaw Milosz llama con mordacidad “el privilegio de venir de tierras extrañas, donde es difícil escapar de la historia”, pensemos en Polonia, Irlanda, Israel, Bosnia, punza y aguijonea, exalta y agota a un escritor como Zagajewski, cuyos modelos corresponden a la literatura mundial. La historia significa lucha. La historia significa un atolladero trágico y tus amigos en la cárcel o asesinados. La historia significa desafíos perpetuos al derecho mismo a existir de la nación. Por supuesto, Polonia resistió dos siglos de asfixia histórica, desde la Primera División en 1772 que en unos cuantos años liquidó un estado autónomo (sólo se restauró después de la Primera Guerra Mundial), hasta el colapso,en 1989, del régimen al estilo soviético.

Esos países, esas historias, hicieron difícil que alguna vez sus escritores se apartaran del todo de la angustia colectiva. He aquí el testimonio de otro gran escritor que vive en un país más incipiente y condenado a un horror interminable, A. B. Yehoshua (citado por Saúl Bellow en una entrevista):

Uno es convocado con insistencia a la solidaridad, convocado desde el interior de uno mismo, más que por una compulsión externa, porque uno vive de un nuevo episodio a otro y la convierte en una solidaridad que es técnica, automática desde el punto de vista de su reacción emocional, pues para entonces uno se ha desarrollado en plenitud para reaccionar de esa manera y vivir en tensión. Sus reacciones emocionales ante cualquier noticia sobre una desgracia en Israel, o un avión derribado, están determinadas de antemano. De ahí la falta de soledad, la incapacidad de estar solos en el sentido espiritual y de alcanzar una vida de creatividad intelectual.

Los términos de Yehoshua son idénticos a los de Zagajewski, cuyo primer libro en prosa traducido al inglés, una colección de seis artículos publicada a principios de los ochentas, se titula Solidaridad, soledad. La soledad erosiona la solidaridad; la solidaridad corrompe a la soledad.

La soledad de un escritor polaco se halla siempre modulada por una idea de comunidad constituida por la literatura misma. Milosz, en su propia y grandiosa defensa de la poesía, el discurso que pronunció en la Universidad Jagelonia en 1989, titulado “Con la poesía polaca contra el mundo”, rinde homenaje a la poesía polaca por haberlo protegido “de la desesperación estéril de la emigración”, recuerda que “en una soledad demasiado difícil y penosa para recomendarla a quien sea” siempre se mantuvo “la idea del deber hacia mis predecesores y sucesores”. Según Milosz, nacido en 1911, es posible que un escritor polaco no escape nunca de su responsabilidad hacia los otros. Con esta regla, el ejemplo contrario y superlativo de Witold Gombrowicz en su ficción, en la leyenda de su egocéntrico y truculento Diario, en su polémica afrentosa “Contra la poesía”, ofrece evidencia, evidencia convulsiva, de la autoridad del idealismo en la literatura polaca. La historia se halla presente aun si es por ausencia, señala Milosz en El ABC de Milosz, su más reciente libro en prosa; y el culto del altruismo y la nobleza florecen con perversidad en el rechazo de Gombrowicz a cualquier responsabilidad más allá del clamor anárquico individual, sus ingeniosos alegatos en favor de lo mezquino, lo inmaduro, lo ruin.

Bien condensada, cada vida puede concebirse como una encarnación de experiencias ejemplares y sucesos de trascendencia histórica. Ni siquiera Gombrowicz logró evadir la visión de su vida como ejemplar al convertir en algo didáctico, un reproche a sus orígenes, su infancia acomodada, su precoz notoriedad literaria, su ominosa, irrevocable emigración. Y un escritor cuyo amor por la literatura aún entrañaba, sin resentimientos, tal devoción hacia los viejos maestros, tal ansiedad por nutrirse de las magníficas tradiciones disponibles del pasado, apenas podía evitar la visión de su vida, o por lo menos de sus circunstancias originarias, como una especie de destino manifiesto.

Poco después del nacimiento de Zagajewski en octubre de 1945, en la ciudad medieval polaca de Lwów (hoy Lviv), su familia fue desterrada por los vastos desplazamientos (y rectificación de mapas) que sucedieron a los acuerdos de los Tres Ancianos en Yalta que pusieron a Lwow en manos de la Unión Soviética. El poeta creció en el pueblo de Gliwice, antes alemán, ahora polaco, a treinta millas de Auschwitz. En Dos ciudades, su segundo libro en prosa traducido al inglés, Zagajewski escribe: “Pasé mi infancia en una fea ciudad industrial; me llevaron ahí cuando apenas tenía cuatro meses de edad y luego, durante muchos años posteriores, me contaron sobre la ciudad de extraordinaria belleza que mi familia debió abandonar”. La mitología familiar de una expulsión del paraíso, afirma, pudo hacerlo sentir desamparado para siempre.

También parece, ante la evidencia de su escritura, haber convertido a Zagajewski en un amante experto de las ciudades, “hermosa, cautivadora Cracovia" antes que ninguna, por las cuales él abandonó la irremediable Gliwice para asistir a la universidad, y en las que permaneció hasta cumplir 37 años. En Otra belleza los datos son escasos y el acomodo de relatos de una vida no es cronológico. Pero siempre está, aun de manera implícita, un dónde con el cual dialogan el corazón y los sentidos del poeta. No es el viajero ni tampoco el emigrado, la mayoría de los grandes poetas polacos partieron hacia Occidente y Zagajewski no es una de las excepciones, quien se perfila aquí, sino el habitante citadino estimulado sin cesar.

En el libro de Zagajewski hay pocas salas, ninguna recámara y más que unas cuantas plazas públicas, bibliotecas y trenes. Una vez transcurridos sus años de estudiante, desaparece el ocasional “nosotros” y sólo queda un “yo”. En ocasiones él mencionará dónde está escribiendo: Zagajewski vive en París y es profesor durante un periodo de cada año en la Universidad de Houston. “Estoy vagando por París”, comienza uno de los pasajes. “Y en este preciso momento estoy escuchando la Séptima Sinfonía en Houston”, apunta en otro. Hay siempre dos ciudades: Lwów y Gliwice, Gliwice y Cracovia, París y Houston.

Este libro se halla instilado por oposiciones más punzantes: el ser y los otros, la juventud y la edad. Hay evocaciones vibrantes de familiares difíciles en edad avanzada y profesores excéntricos: este retrato del poeta como un hombre joven asombra por su ternura hacia los viejos. Y el recuento de los ardores pertinentes, literarios y políticos de sus años estudiantiles, hace a este libro muy disonante con los propósitos narcisistas y los contenidos de obvia indiscreción en la mayor parte de la escritura autobiográfica actual. Para Zagajewski la autobiografía es una oportunidad de purgarse a sí mismo de vanidad mientras avanza el proyecto de comprensión personal, digamos el proyecto de la sabiduría que jamás termina, por larga que sea la vida.

Describirse a sí mismo como joven es aceptar que uno ha dejado de ser joven. Y el reconocimiento medular de que las debilidades de la edad se acercan, con la muerte en su curso, es una de las muchas observaciones que acaban de improviso con un relato del pasado de Zagajewski. Narrar las historias en forma discontinua, como vislumbramientos, asegura varios resultados buenos. Mantiene a la prosa densa y ágil. Invita a narrar sólo aquellas historias que conducen a alguna especie de inteligencia o a la epifanía. Hay una lección más vasta en el estilo en sí de narrar, una lección de tinte moral: cómo hablar acerca de uno mismo sin complacencia. La vida, si no una escuela del descorazonamiento, es una enseñanza de la compasión. El conjunto de relatos nos recuerda que en una vida de cierta amplitud y seriedad espiritual, cambiar, no para empeorar, algunas veces es tan real en sí como la muerte.

Toda escritura es una especie de remembranza. Si hay algo triunfalista en Otra belleza es que en sus remembranzas no se advierte el esfuerzo. Imaginar, es decir, traer el pasado a la vida de la mente, está ahí, como es necesario; jamás flaquea; es, por definición, un éxito. Recuperar la memoria, desde luego, es una exigencia ética: la exigencia de persistir en el esfuerzo de comprender la verdad. Esto parece menos notorio en Estados Unidos, donde la función de la memoria se ha identificado de modo exuberante con la creación de ficciones útiles o terapéuticas, más que con un escritor procedente del rincón lacerado del mundo de Zagajewski.

Recuperar una memoria, asegurar una verdad, es una piedra de toque de valor supremo en este libro. “No fui testigo del exterminio de los judíos”, escribe Zagajewski,

Nací demasiado tarde. Fui testigo, sin embargo, del proceso gradual mediante el que Europa recobró su memoria. Esta memoria se movió con lentitud, más como un río perezoso de las tierras bajas que como un caudal de la montaña, pero en último término condenó sin ambigüedades el mal del Holocausto y los nazis. así como el mal de la civilización soviética (aunque en esto fue menos exitosa, como renuente a admitir que ambas monstruosidades pudieran existir al mismo tiempo).

El hecho de que las memorias sean recobradas, que las verdades ocultas vuelvan a surgir, es la base para cualquier esperanza que uno pueda tener en la justicia y una módica ración de sensatez en la vida diaria de las comunidades.

No obstante. una vez recobrada, incluso la verdad puede volverse complaciente y presuntuosa. Así, más que ofrecernos otra denuncia de la iniquidad y la opresión del régimen cancelado en 1989, Zagajewski opta por enfatizar los beneficios de la lucha contra el mal que influyó a los jóvenes idealistas. en el retrato de los comienzos fisurados de su vocación de “poeta político”, y sus actividades en círculos estudiantiles y literarios disidentes en la Cracovia de finales de los sesenta y los setenta. (En 1968, Zagajewski tenía 23 años de edad.) En aquellos días impetuosos, poesía y activismo rimaban. Una y otro se elevaban y aumentaban; el compromiso por una causa justa, como el servicio a la poesía, hacía que uno se sintiera más grande.

Que cada generación tema, comprenda mal a su sucesora y condescienda con ella, esto también es una función de la equivalencia entre historia y memoria (siendo la historia aquello sobre lo que hay un acuerdo colectivo para recordarlo). Cada generación tiene memorias singulares y el decurso del tiempo, que trae consigo una acumulación de pérdidas constante, confiere a esas memorias una calidad normativa que no puede ser venerada por los jóvenes, quienes están ocupados en reunir sus propias memorias, sus propios hitos. Uno de los retratos más conmovedores de gente de edad avanzada en Zagajewski es el de Stefan Szuman, elemento ilustre de la inteligencia polaca de la entreguerra (conoció a Stanislaw Witkiewicz y Bruno Schulz) y ahora un profesor retirado de la universidad que vive en el aislamiento y la penuria. El punto radica en la ejecución de Zagajewski, al recordar que él y sus amigos literarios pudieron parecer sólo como unos tontos y salvajes, “formados por una educación de posguerra, por escuelas nuevas, periódicos nuevos, radio nueva, televisión nueva”, frente a los derrotados, hogareños, amargados Szuman y su esposa. La regla parece ser que cada generación considera a la generación sucesora como bárbara.

Zagajewski, quien ha dejado de ser joven y es ahora un profesor de alumnos estadunidenses, se halla comprometido, a su vez, con no reproducir esa especie de desesperanza e incomprensión. Tampoco le satisface dar por perdida a una generación completa de intelectuales y artistas polacos que lo antecedieron, los “enemigos” de su generación —los creyentes verdaderos y aquellos que sólo se vendieron— por vileza y cobardía: no eran demonios, así como él y sus amigos tampoco eran ángeles. En cuanto a “los que comenzaron sirviendo a la civilización de Stalin” y después cambiaron, Zagajewski escribe: “No los condeno por su intoxicación temprana, juvenil. Me inclino más a maravillarme ante la generosidad de la naturaleza humana que ofrece una segunda oportunidad a la gente joven y talentosa, la oportunidad de un regreso moral”.

En la esencia de su valoración está la sabiduría del novelista, un profesional de la empatía, más que la de un poeta lírico. (Zagajewski ha escrito cuatro novelas, ninguna de ellas traducida aún al inglés.) En Dos ciudades, el monólogo dramático “Traición” comienza:

¿Por qué lo hice? ¿Por qué hice qué? ¿Por qué era yo quien era? ¿Y quién era yo? Ya comienzo a lamentar que acepté concederte esta entrevista. Durante años me negué; debiste habérmela pedido en un momento de debilidad o en un momento de ansiedad… ¿A qué se parecía ese mundo? Al que llegaste demasiado tarde para conocerlo. El mismo que éste. Completamente distinto.

Que todo es siempre distinto y lo mismo: una sabiduría de poeta. De hecho, una sabiduría tout court.

Por supuesto que la historia nunca debería pensarse con H mayúscula. La idea dominante de la función de la memoria en Zagajewski es su conciencia de haber vivido a través de diversos periodos históricos, en cuyo devenir las cosas, en última instancia, mejoraron. De manera modesta, imperfecta, no utópica, mejoraron. El joven Zagajewski y sus camaradas de disidencia asumieron que el comunismo perduraría otros cien o doscientos años, cuando de hecho le quedaban menos de dos décadas de permanencia. Lección: el mal no es inamovible. Lo cierto es que cada quien sobrevive a un ser anterior, con frecuencia más de uno, en el curso de una vida lo bastante larga.

El libro de Zagajewski es en pane una meditación para aliviar las tenazas de la historia: liberar al ser de “los caprichos y muecas de la historia”. Eso no debería ser tan difícil en la maligna y menos patente vida pública que se ha desarrollado en Polonia desde 1989. Pero las instituciones pueden ser liquidadas con más facilidad que un temperamento. El temperamento de Zagajewski (es decir, el diálogo que mantiene consigo mismo) se arraiga en una época en que el heroísmo era por lo menos una opción, y el rigor ético era todavía algo admirado y consagrado por el genio de varias literaturas nacionales. Cómo negociar un aterrizaje suave en la nueva tierra baja de expectativas morales disminuidas y modelos artísticos en harapos es el problema de todos los escritores centroeuropeos que forjaron su tenacidad en los viejos malos tiempos. La madurez que narra Zagajewski puede ser descrita como la relajación de su temperamento: el hallazgo de la sinceridad exacta, la calma exacta, la introspección exacta. (El afirma que sólo puede escribir cuando se siente feliz, tranquilo).

La exaltación, ¿y quién puede contradecir este juicio de un integrante de la generación de 1968?, es vista con ojo escéptico. La intensidad hiperenfática no sostiene su encanto. El final del espectro religioso en Zagajewski no incluye ninguna idea de lo sagrado, que figura de manera central en la obra tardía de Jerzy Grotowski y en el centro teatral de Gardzienice, conducido por Wlodzimierz Staniewski.

Mientras la tradición sagrada-extática sigue viva en el teatro polaco, aunque el teatro, y en especial esta clase de teatro, es obligadamente colectiva, en la literatura polaca contemporánea no ocupa ningún lugar. En Otra belleza, la humildad de un anhelo espiritual que cancela el frenesí se halla diseminada y no contempla grandes actos de sacrificio. Como Zagajewski anota: “La semana no se hace sólo con domingos”.

Algunas de sus páginas más sutiles son descripciones de la felicidad, la felicidad cotidiana de un conocedor de los deleites solitarios: pasear, leer, escuchar a Beethoven o Schumann. El “yo” de Otra belleza es escrupuloso, vulnerable, serio, sin pizca alguna de ironía o defensa propia. Y ni Zagajewski ni su lector lo desearían de otra forma. La ironía tendría como precio todo ese placer. “En el mundo del arte, es raro que el éxtasis y la ironía se encuentren”, observa Zagajewski. “Por lo común, cuando lo hacen es por motivos de sabotaje mutuo; luchan por disminuir su poder respectivo”. Y él se inclina de modo inconfundible del lado del éxtasis.

Estas descripciones son tributos a lo que produce felicidad, en vez de las celebraciones de un ser receptivo. Zagajewski puede describir con simpleza algo que ama o citar un poema favorito: el libro es un muestrario de valoraciones y compasiones. Hay bocetos penetrantes de amigos admirados como Adam Michnik, un faro de la resistencia a la dictadura (quien durante su estancia en la cárcel escribió sobre el poeta Zbigniew Herbert, entre otros, en un libro que tituló De la historia del honor en Polonia); hay un saludo reverente al antiguo decano de los emigrados polacos en París, el pintor, escritor y ex interno heroico de los campos de concentración soviéticos, Jozef Czapski. L` enfer, c`est les autres. (El infierno son los otros). No, los otros son quienes nos salvan, declara Zagajewski en el poema que da título al libro y sirve como su epitafio.

He aquí “Otra belleza”, en la nueva versión de la traductora del libro, Clare Cavanagh:

Sólo encontramos el alivio en otra belleza, en la música de otros, en la poesía de otros. La salvación se halla en los otros, aunque la soledad puede saber a opio. Los otros no son el infierno, si los vislumbras al amanecer, cuando tienen sus frentes limpias, lavadas por los sueños. Es por esto que me detengo: qué palabra usar, tú o él. Cada él traiciona a un cierto tú, aunque una conversación serena aguarda su oportunidad en los poemas de otros.

Y he aquí el poema tal como apareció en 1985 en Tremor. Poemas selectos, el primer poemario de Zagajewski en inglés, traducido por Renata Gorczynski, donde fue titulado “En la belleza creada por otros”:

Sólo en la belleza creada por otros hay consuelo, en la música y los poemas de otros. Sólo nos salvan los otros, aun si la soledad tiene el sabor del opio. Los otros no son el infierno si los ves temprano, con sus frentes puras, lavadas por los sueños. Es por eso que me pregunto cuál palabra debería ser usada, “él” o “tú”. Cada “él” es la traición a un cierto “tú”. pero en cambio, el poema de alguien más ofrece la fidelidad de un diálogo sensato.

Una defensa de la poesía y una defensa de la virtud o, con más precisión, de la bondad.

Nada podría llevar al lector en un sentido más opuesto al culto actual de los arrebatos individuales que seguir a Zagajewski cuando despliega su seductor elogio de la serenidad, la compasión, la paciencia en “la calma y el coraje de una vida ordinaria”. Declarar “¡Creo en la verdad!” y, en otro pasaje, “¡La bondad existe!” (¡esos signos de admiración!) parece, si no panglossiano, un reseñista en Estados Unidos detectó un toque de elevamiento panglossiano en el libro, al menos quijotesco. Esta cultura ofrece pocos modelos contemporáneos de la ternura masculina y aquellos con los que ya contamos en la literatura del pasado se asocian con la ingenuidad, la inocencia social de la infancia: Joe Gargery en Grandes esperanzas, Aliosha en Los hermanos Karamazov. La persona de Zagajewski en Otra belleza es todo menos inocente en ese sentido. Y él tiene un talento especial para conjurar estados de inocencia compleja, la inocencia del genio, como en su desolador poema-retrato “Franz Schubert, una conferencia de prensa”.

El título del libro puede prestarse a confusión. Otra belleza hace evidente en cada rasgo que, como adorador que es de la grandeza en la poesía y otras artes, Zagajewski no es un esteta. La poesía debe ser juzgada con modelos todavía más exigentes: “Desdichado el escritor que valora a la belleza por encima de la verdad”. La poesía debe estar protegida ante las tentaciones de arrogancia inherentes a sus propios estados de exaltación.

Desde luego, tanto la belleza como la verdad parecen señales frágiles que dejó un pasado más inocente. En la delicada negociación con el presente que Zagajewski conduce en favor de las verdades en peligro, la nostalgia sería como una deficiencia argumental. Pese a ello, aun en ausencia de las viejas certidumbres y licencia para perorar, él se empeña en defender la idea del logro “sublime” o “noble” en literatura asumiendo, como lo hace, que todavía necesitamos las cualidades artísticas celebradas por esas palabras que hoy son de hecho impronunciables. De ahí su conferencia, publicada en las páginas de The New Republic hace casi dos años, sobre “Lo harapiento y lo sublime”, donde Zagajewski planteaba la pregunta, al parecer ingenua: ¿es todavía posible la grandeza literaria?

Creer en la grandeza literaria implica que la capacidad de admiración aún sigue intacta. Cuando la admiración se corrompe, es decir, cuando se vuelve cínica, la pregunta sobre la posibilidad de la grandeza literaria sencillamente se desvanece. El nihilismo y la admiración compiten entre sí, se sabotean, luchan por disminuir su poder respectivo. (Como la ironía y el éxtasis.)

Descorazonado como puede estarlo por “la mutación en declive de la literatura europea”, Zagajewski se niega a especular sobre lo que ha dado la ventaja al subjetivismo y la revuelta contra la “grandeza”. Tal vez quienes crecieron con la feroz mediocridad bajo administración estatal encuentran difícil sentirse tan indignados como pueden estarlo respecto a la magnitud con que los valores mercantilistas (haciendo alarde, con frecuencia, de la máscara de los valores “democráticos” o populistas) han debilitado los cimientos de lo sublime. La civilización soviética, conocida también como el comunismo, fue una gran fuerza conservadora. Las políticas culturales de los regímenes comunistas embalsamaron las antiguas nociones jerárquicas de realización. buscando asignar un pedigrí de nobleza a banalidades propagandísticas. Por contraste, el capitalismo mantiene una relación genuina y radical con la cultura al desmantelar la idea misma de la grandeza en las artes, que se halla desdeñada en la actualidad, con todo éxito, por el filis- teísmo ecuménico, lo mismo por parte de los progresistas que de los reaccionarios culturales, como una insolencia “elitista”.

La protesta de Zagajewski contra el colapso de los modelos no contiene en sí nada analítico. No obstante, sin duda él entiende la insignificancia (y la indignidad) de una simple denuncia del colapso. Hay ocasiones en que las piedades huérfanas se calientan demasiado: “Sin poesía, apenas seríamos mejores que los mamíferos”. Y muchos pasajes establecen un desencanto familiar, en especial cuando él sucumbe a la tentación de ver en nuestra época una degradación sin par. ¿Qué, se pregunta con sentido retórico, habrían hecho “los grandes, inocentes artistas del pasado, Giotto o Van Eyck, Proust o Apollinaire, si algún demonio resentido los hubiera situado en nuestro mundo fisurado y vulgar”? No sé respecto a Giotto o Van Eyck, pero Proust (muerto en 1922) y Apollinaire (muerto en 1918), ¿inocentes? Yo habría pensado que la Europa en donde tuvo lugar esa matanza colosal e insensata llamada Primera Guerra mundial era, si alguna cosa, mucho peor que “fisurada y vulgar”.

La idea del arte como el vehículo de los valores espirituales acosados por una era secular no debería quedar sin examen. Aun así, la ausencia total de rencor y ánimo vindicativo en Zagajewski, su generosidad de espíritu. su conciencia de la vulgaridad de la queja incesante y la aceptación farisaica de la superioridad cultural propia, aparta su actitud de la tribu usual de deudos profesionales de la Muerte de la Alta Cultura, desde la banda del New Criterion hasta el siempre portentoso George Steiner. (De vez en cuando, Zagajewski cede a piedades simples en torno a la superioridad del pasado sobre el presente, pero inclusive así nunca es pomposo ni se exalta a sí mismo: digamos que un steinerismo de rostro humano).

Con una preceptiva incorregible, a veces sentenciosa, Zagajewski es demasiado sagaz, demasiado respetuoso ante la sabiduría común u ordinaria para no ver los límites de cada una de las posiciones que rodean y dan sentido a sus pasiones permanentes. Uno puede ser elevado, profundizado, mejorado por las obras de arte. Aunque la imaginación, advierte Zagajewski, puede convertirse en uno de sus propios enemigos “si pierde de vista el mundo sólido que no puede disolverse en el arte”.

Ya que este libro consta de apuntes yuxtapuestos, es posible para Zagajewski sostener valoraciones contradictorias por completo. Lo estimable es cuán dividido se encuentra Zagajewski, como él mismo lo reconoce. Los reflejos y relatos de Otra belleza nos muestran una mente sutil, valiosa, dividida entre el mundo público y los reclamos del arte; entre solidaridad y soledad; entre las “dos ciudades” originales, la Ciudad Humana y la Ciudad de Dios.

Dividido, no destruido. Hay angustia, pero enseguida la serenidad continúa su avance. Hay desolación y asimismo están los muchos placeres enriquecedores provistos por el genio de los otros. Hay menosprecio, hasta que la caritas interviene. Hay desesperanza pero está, también inexorable, el consuelo. n

Susan Sontag

Traducción de Roberto Diego Ortega

Guia de perplejos: La riqueza de los pobres

GUÍA DE PERPLEJOS: LA RIQUEZA DE LOS POBRES

¿Por qué los pobres no pueden hacerse ricos? ¿Por qué no pueden tener ni siquiera lo que tienen? ¿Por qué pagan más caro y deben hacer más trámites que los ricos?

Hernando de Soto, autor peruano de El otro sendero (1984) y El misterio del capital (2001), ha tratado de responder estas y otras preguntas fundamentales para una visión no asistencia lista, ni filantrópica, ni populista de la pobreza.

Su veredicto es: los pobres no son tan pobres como se piensa. De hecho, hay en la pobreza y en la economía informal asociada a ella una riqueza enorme, tanto en activos como en imaginación y energía económica.

El problema es que esa riqueza no puede utilizarse como capital que dispare el desarrollo de sus dueños. ¿Por qué? Porque lo que los pobres tienen son capitales muertos que no están debidamente acreditados como propiedad. No pueden servir como palanca del proceso económico: no tienen valor en los bancos, ni en las transacciones con otros agentes económicos, no pueden ser comerciados en su valor real porque están disminuidos por la sombra de la ilegalidad, la imperfección del título, o la falta de propiedad plena.

No sólo es un problema de los pobres, de hecho es un problema de todos los países donde el capitalismo no funciona como debería. El “misterio del capital”, dice Hernando de Soto, la razón por la que el capitalismo ha funcionado sólo en unos países de Occidente y en ninguna otra parte, es que sólo esos países han resuelto el problema de tener un sistema de propiedad único (válido para todos los tipos de propiedad) y universal (vigente en todas las propiedades).

La diferencia entre tener algo bien titulado y reconocido por todos y no tenerlo, es la diferencia entre tener o no capital, entre poder hacer valer lo que las cosas valen o tenerlas subvaloradas en las manos, como capital muerto.

Ejemplo al calce: la empresa telefónica peruana tenía un valor en bolsa de 53 millones de dólares. Al privatizarse, se limpiaron todas las irregularidades, confusiones, inexactitudes y traslapes legales que se habían acumulado en sus distintas áreas de propiedad y concesiones. Cuando la trama legal de la empresa quedó debidamente limpiada, de acuerdo con exigencias de propiedad internacional, la empresa pudo venderse en 2,000 millones de dólares.

¿Cuál es el diagnóstico de México según la metodología de de Soto? El capital muerto de México incluye 11 millones de viviendas urbanas, 137 millones de hectáreas rurales, más de 6 millones de negocios con un valor total de 315,000 millones de dólares.

Un resumen panorámico del problema puede verse en el cuadro adjunto: “La capitalización de los pobres y de las clases medias de México”. n

GUÍA DE PERPLEJOS

La capitalización de los pobres y de las clases medias de México

1. ¿Cuántos son los mexicanos cuyos activos son “capital muerto”? Es decir que sólo sirven como refugio o herramienta de trabajo pero no para garantizar préstamos, generar inversión y cumplir funciones adicionales que generen plusvalía.

El capital muerto incluye:

Propiedad Urbana: 11 millones de viviendas.

Inmueble Rural: 137 millones de hectáreas.

Propiedad Incluye más de 6 millones

Empresarial de micro negocios y negocios pequeños y medianos no registrados que:

•Producen alrededor de 35% del PIB

•Ocupan a 47% de la PEA

2. ¿Cuál es el valor del capital muerto de los pobres y de las clases medias? 315 mil millones de dólares equivalentes a:

•   62 veces el valor de las ventas anuales de PEMEX

•   31 veces la inversión directa extranjera

•   26 veces la inversión pública federal

•   10 veces el monto anual de operaciones del mercado de capitales

•   7 veces el valor de los activos de PEMEX

3. ¿Por qué la mayoría de mexicanos no puede convertir sus activos en capital vivo?

Muchos activos no están titulados. Además, donde hay títulos, certificados o autorizaciones, éstos sirven en el mejor de los casos para identificar al propietario pero no pueden ser convertidos en capital vivo Los mecanismos le gales y administrativos para crear capital vivo o no existen o sus costos exceden largamente la remuneración mensual del mexicano promedio.

La Violencia en Casa

LA VIOLENCIA EN CASA

POR HÉCTOR AGUILAR CAMÍN, GUSTAVO CARVAJAL, MARGARITA GUILLÉ, CECILIA LORIA, SILVIA PIÑAL

La violencia contra la mujer adopta casi siempre la forma de un crimen oculto. Las mujeres son golpeadas o maltratadas en el sitio donde deberían sentirse más seguras: el hogar, la recámara, el espacio familiar. Ofrecemos la versión editada de una sesión que el programa televisivo Zona abierta, conducido por Héctor Aguilar Camín, dedicó al tema. Lo que resalta es la disparidad fatal entre las libertades públicas que la democracia concede a todos y la opresión que muchas mujeres padecen entre cuatro paredes.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Margarita Guillé me informó que el 70% de las mujeres en México han sufrido algún tipo de violencia familiar, y yo me hice una reflexión personal: esto quiere decir que si yo tuviera 10 hijas, 7 estarían destinadas a que alguna vez fueran golpeadas por sus hermanos o maridos, pero si tuviera 10 hijos, 7 serían golpeadores de mujeres.

MARGARITA GUILLE: Las mujeres han asumido el papel de que deben soportar y tolerar ese tipo de violencia que tiene diversas manifestaciones: sexual, psicológica, física y hasta económica, pero los hombres han aprendido una forma equivocada de demostrar amor y de ser tolerantes ante las frustraciones de la vida. El problema es que no sabemos expresar nuestra frustración. Si a esto agregamos que muchas de las mujeres maltratadas son absolutamente dependientes y con poca ilustración, entonces tal cosa provoca que se reproduzca el patrón y que el hombre sea el agresor y la mujer una víctima perfecta.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Casi la mitad de los homicidios registrados de mujeres son consecuencia de una violencia doméstica progresiva.

CECILIA LORIA: Gran parte del problema es que las mujeres son asesinadas porque no tuvieron un lugar a donde ir. Tiene que ver con una cultura en la que las mujeres deben cumplir el papel de amas de casa, dependientes económicas, sin una opción ni proyecto de vida propios. En ese sentido están sujetas a una relación de pareja en la que son objetos para ser lastimados, objetos para ser deseados, objetos para vivir en una vida totalmente decidida por lo masculino. Es necesario dejar de asociar lo masculino con la violencia.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: La pelea es entre varones y en igualdad de condiciones, eso es lo masculino. En el código tradicional masculino pegarle a una mujer es un acto de cobardía. Doctor Gustavo Carvajal, ¿cuál es el rasgo que más le impresiona de su experiencia frente a estas mujeres?

GUSTAVO CARVAJAL: En el área operativa de atención, casi siempre en los servicios de urgencias, recibimos las consecuencias de la violencia contra las mujeres, casi siempre asociada al uso de bebidas embriagantes o de enervantes. Hay un problema de machismo y de sumisión derivado fundamentalmente de la educación.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Cómo pueden dar las mujeres ese salto de identidad y afirmación?

SILVIA PINAL: Tomando una decisión. Un día, una mujer se da cuenta de que no es necesario que la golpeen, que debe salir de eso, y agarra a sus hijos y una bolsita con sus cosas y se va a otro lado. Seguro saldrá adelante, porque las mujeres son muy trabajadoras y bien organizadas.

CECILIA LORIA: No en todas las mujeres ocurre el mismo proceso. El tiempo que cada mujer se lleva en tomar la decisión es muy diverso. Hay cuestiones psicológicas, económicas. El tema de los hijos cuenta mucho y algunas tienen la certeza de que serán asesinadas si se quedan. Lo demostrado es que las mujeres deben tener un lugar a donde ir para salvar la vida. Lo interesante es cómo algunas pueden hacerlo más rápidamente que otras.

MARGARITA GUILLE: Cada mujer tiene su momento. Siempre hay una razón distinta: la infidelidad, la agresión que llega hasta los hijos, el miedo a perder la vida. Toma la decisión cuando la violencia rebasa los límites. Es una decisión muy arriesgada, pues se trata de una mujer que ha sido co-dependiente en muchos sentidos. Es insegura de sí misma, no toma decisiones, y cuando las toma no son acertadas.

SILVIA PINAL: Es difícil que el hombre deje de hacer eso que le gusta y disfruta. Además es el rey, no hay quien le prohíba nada, no hay quien le diga no.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: En 1970, como el 8% de la población económicamente activa estaba formada por mujeres; en el año 2000 era el 51%. Ese es un cambio radical que se refleja en las relaciones de pareja y en el cambio de las actitudes amorosas, en muchas cosas. Pero la violencia sigue exactamente igual, a pesar de que las mujeres tienen oportunidades de trabajo.

SILVIA PINAL: El trabajo existe, lo que pasa es que ellas tienen que salir a buscarlo. Yo sé que es muy difícil teniendo hijos, pero siempre hay manera de hacerlo. En Aguascalientes se creó un programa de apoyo para promover el trabajo casero de los hombres. Les daban cierta cantidad pero se iban a tomar con los amigos. Retiraron el apoyo a los hombres y se lo dieron a las mujeres, y fue un éxito rotundo, porque las mujeres trabajaban en su casa, vendían lo que fabricaban y el dinero se iba a la familia.

CECILIA LORIA: Ha cambiado la vida estructuralmente de todos nosotros y la incorporación de las mujeres al mercado laboral ha aumentado en un 400%.

MARGARITA GUILLE: Lo primero es darle poder a la mujer porque es una mujer deshecha. No tiene su identidad integrada, está confundida con sus emociones, con su forma de dar amor. Le tiene miedo al mundo y a los propios hombres. Se aisla incluso de su familia y de sus amigos como víctima del maltrato. Debemos recordar que el maltrato hace que la mujer no sólo pierda la salud sino también el trabajo, pues una mujer golpeada no asiste a su trabajo con un moretón; es muy vergonzoso reconocer que quien te debe amar y respetar es la persona que te agrede.

GUSTAVO CARVAJAL: La etapa inicial es muy difícil porque la mujer pasa por un periodo de depresión muy importante. En lo único que ella piensa no es en las agresiones recibidas sino en el suicidio.

MARGARITA GUILLE: Se siente culpable y dice: “tengo la culpa porque no tuve la leche caliente, no callé al niño”. Acepta que ella se equivoca e intenta cambiar su actitud. Cuando lo ha hecho diez mil veces, se da cuenta de que la siguen golpeando y humillando. Entonces dice: “él es el culpable”, y comprende que debe salir de su casa, pero ya para entonces su identidad está hecha pedazos.

SILVIA PINAL: Recuerdo una anécdota de Arturo Ripstein. Estábamos juntos y le preguntaron: “tu mujer es católica y tú eres judío, ¿cómo te llevas?”. Y dijo: “en la casa yo cometo el pecado y ella carga con la culpa”. Pasa algo similar con la violencia hacia las mujeres: el hombre pega; sin embargo, ella carga con el pecado y la culpa.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Qué dice una mujer cuando llega con una lesión?

GUSTAVO CARVAJAL: Cuando llega a curación nunca dice la verdad; lo hace hasta que se investiga a través de segundas o terceras personas, familiares o no. De acuerdo con la ley, los médicos tenemos la obligación de avisar al ministerio público y seguir el caso.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Ustedes deben reportar todas las lesiones, aunque no estén tipificadas como delito. Muchas lesiones no han sido tipificadas porque tardan en sanar menos de quince días. Entonces de nada sirve informar al ministerio público pues éste no tiene materia que perseguir.

SILVIA PINAL: Cuando fui diputada se crearon muchos albergues para mujeres.

MARGARITA GUILLE: Se crearon unidades de atención a la violencia, pero en el Distrito Federal sólo hay un albergue.

CECILIA LORIA: Lo conozco, está en la delegación Alvaro Obregón. Las mujeres pueden quedarse meses con todo y familia. Cargan con los hijos porque de lo contrario los ponen en una situación de riesgo.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿Y quién sostiene los albergues?

CECILIA LORIA: En algunos estados operan con presupuesto del gobierno estatal, en otros los hacen con presupuesto federal. Trabajan mucho como organizaciones no gubernamentales, buscando el apoyo y la cooperación internacional, o la cooperación nacional filantrópica. Lo importante es que tal práctica se sistematice, pues hay mucha experiencia en México: hay metodología, herramientas, formas de diagnóstico.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Son esfuerzos aislados. ¿Cuántas mujeres han salido realmente del albergue con la decisión de liberarse?

MARGARITA GUILLE: Sólo un 30%. Las demás, después de estar hasta tres meses en un refugio para mujeres maltratadas, regresan con el agresor, pero con otra visión. Tienen más fortaleza psicológica, conocen sus derechos y entonces tratan de dimensionar de otra forma la agresión de su pareja. El problema es que algunas veces son económicamente dependientes o realmente aman a su pareja. Hay una codependencia sexual muy fuerte, son mujeres con una necesidad sexual. Las codependencias, el desafío al agresor y el juego de me callo y ahora me pide perdón y ahora me pide una oportunidad y me ruega, todo eso engancha a la mujer. No es fácil que salga sola, por eso son importantes los albergues, porque ahí te ayudan psicológicamente, ves a otras mujeres que también fueron maltratadas, ves que no eres la única, ves a otros hijos que fueron maltratados, y comienzas a tener claro que nada de lo anterior está bien.

CECILIA LORIA: Hay una definición que empieza en la infancia, relacionada con el género, que se impone a las mujeres como una cruz. Por eso a veces no se van. Existe la idea de que padecen un destino que les tocó vivir, algo asociado con la culpa. Creen que pueden cambiar al marido golpeador, sobre todo porque a él le viene una caída moral.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Este es un mensaje para las mujeres golpeadas: su golpeador no cambiará.

CECILIA LORIA: Hay un hábito que raramente cambia si no se ingresa a círculos que trabajan con hombres golpeadores. Esos círculos ayudan a elaborar la agresión y todo el lío interno. Si no es así, se cae en un círculo vicioso: él empieza, ella trata de defenderse, el otro responde; cuando todo pasa, él llora, ella llora también, se quieren mucho…

GUSTAVO CARVAJAL: Inicialmente vemos una lesión simple de la pirámide nasal, pero continúan los eventos y procesos de violencia contra la mujer y más adelante nos encontramos con lesiones de una magnitud muy importante: lesiones en el cráneo, lesiones que van a dejar secuelas funcionales en la mujer.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Muchas mujeres deberían abandonar su condición de mujeres golpeadas. Este año entró en vigor uno de los elementos que pueden ayudar a esto, necesita aún volverse un establecimiento institucional de gran espectro para que el problema pueda enfrentarse en la dimensión y en la amplitud que tiene. Este año, decía, entró en vigor una norma de salud que obliga a los doctores a reportar ante las autoridades de salud, y ante el ministerio público, todo lo que juzguen lesiones que son o pueden ser producto de la violencia intrafamiliar.

GUSTAVO CARVAJAL: A partir de marzo estamos obligados a denunciar al ministerio público todas las lesiones que encontremos en alguna o algún paciente que nosotros pensemos que fueron infringidas por agresión, y sobre todo cuando tienen una relación intrínseca con el hogar.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Cuando la lesión es muy fuerte, se tipifica como un delito en el Código Penal; entonces el ministerio público persigue el delito

GUSTAVO CARVAJAL: Así es, por ley.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Pero la gran mayoría de las lesiones que usted atiende no están tipificadas como delito en el Código Penal.

CECILIA LORIA: Hay estados que todavía no legislan. Recordemos que los códigos en México son estatales, no hay un código federal en esta cuestión, sino que cada estado tiene que legislar. Tenemos la norma, un gran avance, pero en el momento en que hay que bajarla a los procesos tenemos dificultades

A mi consultorio llegó una paciente que tuvo una crisis sicótica. Se sometió a varios años de tratamiento permanente porque ella era una mujer golpeada, varias veces fue golpeada brutalmente y una día se cansó y tomó valor y decidió que no quería seguir siendo golpeada, y después de una golpiza brutal que le puso el marido tomó el valor y fue al ministerio público a denunciarlo, y el agente del ministerio público, que estaba ahí, le dijo: “no señora, usted a lo mejor algo le dijo, algo le hizo, traigan al marido”. Entonces los judiciales trajeron al señor y el ministerio público dijo: “enciérrenlos en ese cuarto, que platiquen para que se contenten y así salgan muy contentos”. Ella se sicotizó después de eso.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: Ahí la autoridad judicial actúa discrecionalmente.

GUSTAVO CARVAJAL: No está legislado cómo deben de manejarse estos casos.

SILVIA PINAL: Desde hace 16 años recibo cartas donde me hablan de lo que pasa en el país, y yo me desespero porque los casos de violación, los casos de maltrato en la familia son los mismos… 16 años, estoy hablando de 16 años a la fecha.

HÉCTOR AGUILAR CAMÍN: ¿En 16 años usted no ha percibido algún cambio básico en el patrón femenino?

SILVIA PINAL: Las mayores cartas son de mujeres violadas, agredidas, o de niños violados. Las madres mandan esas cartas, los niños son incapaces de decirlo porque les dicen que van a matarlos, qué sé yo lo que les dicen pero los amenazan. ¿Cómo se puede prevenir algo así? Es cuestión de incluirlo en las escuelas, dentro de alguna materia, enseñar que a la mujer hay que protegerla, defenderla, ayudarla, y que al niño hay que quererlo y respetarlo. Hay que buscar formas alternas aparte de la ley; la ley es muy importante, pero muy pocas mujeres llegan hasta ella.

MARGARITA GUILLE: Hay una falta de aplicación de los códigos penales, de la capacitación de los propios ministerios públicos, de la propia seguridad pública. Los policías que ven huyendo a una mujer golpeada, a veces la revictimizan. No la atienden adecuadamente. Este problema debe atenderse desde el lado de la salud, desde el lado de la procuración de justicia, de la seguridad pública y de la educación.

CECILIA LORIA: Es un problema al que tiene que entrarle el Estado; debe convertirse en política pública. Pero es un tema tan oculto que ni siquiera aparece en los medios. Las mujeres necesitan tener confianza para denunciar; hay mecanismos distintos que las protegen ante la denuncia: los albergues, las organizaciones de mujeres.

GUSTAVO CARVAJAL: Hace falta cultura, educación, tener abiertos los canales de comunicación hacia la mujer, enfocados al apoyo, a que cuenta con gente, con servicio, con la orientación necesaria para que tenga el valor de denunciar a su agresor y que éste sea castigado.

SILVIA PINAL: Es muy complejo pero hay que apoyar a la mujer en todos los ámbitos, tiene que recibir apoyo: que ella salga golpeada con sus hijos, sin tener un pan que llevarles a la boca y que diga: toco esta puerta, y que le enseñen algo mejor, buscar un trabajo, meter a los niños en una guardería. Es demasiado grande pero puede lograrse. n

TLS: Un siglo de crítica

TLS: UN SIGLO DE CRÍTICA

La publicación de un libro, Critical Times, y una exposición de fotografías de algunos de los más destacados colaboradores en la National Portrait Gallery celebran los 100 años del Times Literary Supplement, cumplidos en enero de 2002. Durante los últimos diez años, Ferdinand Mount, actual director del TLS, ha ampliado las ambiciones editoriales incorporando a sus páginas las humanidades, las ciencias y los espectáculos. La idea de Mount ha sido convertir el TLS en “un foro de debate de los grandes temas de nuestro tiempo” (El País, 17 de enero, 2002). La influencia y el prestigio internacionales del TLS ha resonado en el mundo con un tiro de 36,000 ejemplares y un equipo de veinte redactores. El TLS nació en el año de 1902 como resultado del azar y de un accidente editorial. Una sección de libros del periódico The Times no se publicó y su lugar fue ocupado por una larga crónica parlamentaria; la sección apareció en un suplemento separado del cuerpo del diario.

En 1919, Valery Larbaud escribió en la Nouvelle Revue Frangaise sobre la fórmula del éxito del TLS: un extenso ensayo de un escritor. A este ensayo le seguían ensayos-reseñas sobre libros ingleses recientes y de otras lenguas; más adelante, notas críticas, amplia correspondencia sobre temas culturales y una bibliografía sobre los libros publicados esa semana. Durante setenta y cinco años, los escritores del suplemento aceptaron y defendieron el anonimato de sus reseñas. En esas páginas escribieron, entre muchos otros, T. S. Eliot, E. M. Forster, Virginia Woolf, George Orwell, Patricia Highsmith. Esta característica se mantuvo durante la dirección de Bruce Richmond, responsable de la publicación de 1903 a 1937, y de Stantley Morison, que resucitó y dirigió la publicación después de la guerra, de 1945 a 1948. Entre 1948 y 1959, Alan Pryce-Jones dirigió el TLS.

Según cuenta Hugo Estenssoro en su crónica de El País, en el año de 1972 el TLS, bajo la dirección de John Gross, anunció que terminaba el anonimato de los artículos. En la actualidad, sólo The Economist publica reseñas anónimas. En 1992, Ferdinand Mount se hizo cargo de la dirección del TLS. Mount ha escrito novela y ensayo, es historiador, fue asesor de Margaret Thatcher y se considera un conservador liberal. n