LA RESEÑA DE NEXOS

NOSTALGIA DE LA VIDA

POR JOSÉ CARLOS CASTAÑEDA

Ganadores del Premio Alfaguara de novela 1998, Sergio Ramírez y Eliseo Alberto expresan una nueva sensibilidad literaria. Son, después del boom, dos de los exponentes con más poder narrativo de la literatura en lengua española.

Durante muchos años se discutió sobre la inminente despedida de la novela. Se repetía que la tarea del novelista quedaba en manos del periodista. El espejo de la literatura se había transformado en el yacimiento de la comunicación inmediata. Los archivos de la trama se dilapidaban en el horario del noticiero. Nadie tendría que detenerse a leer un libro si había suficientes escenas en la pantalla esperando a su espectador. “La era de Gutenberg había terminado”. La antena de televisión comenzaría a reinar. La cultura del libro sería desplazada por el caos de la imagen, tal como fue sustituido el silencio de la aldea con el ruido de la metrópoli.

La emergencia de internet y los programas interactivos parecía confirmar ese destino funesto. Adiós a la lectura, la más antigua práctica interactiva, era momento de cambiar de software. Sin embargo, en una época donde la humanidad vive desbordada por el aluvión de imágenes prefabricadas, todavía podemos creer que “el poder de evocar imágenes en ausencia” tiene un sentido personal. El tiempo de la lectura entreabre una opción en la sociedad del entretenimiento. Puede ser una manera de disentir con esa nebulosa de imágenes precocidas. Es una forma de reflexión que se alimenta de la imaginación individual.

En sus Propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino imagina cinco rutas para una literatura en ciernes: levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad. Sus perspectivas son una refutación del abandono de la novela. Al inicio de la quinta propuesta, dedicada a la visibilidad, recuerda un verso de Dante en el Purgatorio, y concluye a partir de esa imagen poética, que “la fantasía es un lugar en el que llueve”. Su conferencia se pregunta por el porvenir de la imaginación individual en una civilización de la imagen. Creo que la novela sigue siendo ese puente donde la soledad y la imaginación se encuentran en un lugar donde llueve. La lectura de dos novelas recientes, Caracol Beach de Eliseo Alberto y Margarita, está linda la mar de Sergio Ramírez, fue como una invitación a merodear en ese paisaje lluvioso, donde a veces la vida se inclina hacia la nostalgia. Y la imaginación invade la realidad como instrumento de conocimiento y comunicación con el alma del mundo.

Los autores recibieron el primer premio internacional Alfaguara de novela 1998. La crónica de esta resolución doble no deja de ser insólita. El jurado estaba presidido por Carlos Fuentes. La secretaria, Rosas Regás, narró las dificultades que enfrentaron junto con Sealtiel Alatriste, Tomás Eloy Martínez, Juan Cruz, Marcela Serrano y Rafael Azcona, para tomar la decisión común de un premio en pareja. Varios días de controversia que siempre terminaban comparando las cualidades de ambos libros. Recuerdo un argumento de Tomás Eloy Martínez durante las horas intensas de la engañosa polémica (en el fondo había acuerdo, debían ser dos los premiados): “En la novela de Itaspes (seudónimo de Sergio Ramírez) Margarita, está linda la mar, hay una correlación entre el lenguaje casi modernista, con la materia de que está hecha la novela”. A esa afirmación responde Marcela Serrano con el espíritu que tiñe toda la discusión y las tribulaciones para elegir una sola obra: “Es cierto, es muy cierto. Ocurre lo mismo en Caracol Beach, donde se diría que de pronto las palabras se disparan como las armas de fuego del desertor y como ellas traquetean y matan”.

Durante una década la literatura latinoamericana fue las novelas del boom. Los autores más leídos se llaman Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Mario Vargas Llosa, José Donoso, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Carlos Fuentes, José Bianco, Augusto Roa Bastos, Ernesto Sábato. Ellos, y algunos más, marcaron la hora con el reloj del mundo hispanoamericano, como dijo Fuentes: “no existe literatura de aquí o de allá, existe literatura escrita en lengua española, venimos de la Mancha, en su doble acepción: de manchega; y de manchada, es decir, de mestiza, de itinerante”. Eliseo Alberto y Sergio Ramírez pertenecen a esa nueva corriente literaria que se encuentra itinerante en el mundo literario. Precisamente, cuando la literatura española pasa por una temporada de renacimiento, con autores como Javier Marías, Enrique Vila-Matas, Juan José Millás y Antonio Muñoz Molina, nuevos escritores latinoamericanos animan con su imaginación narrativa el porvenir de la novela, aun en distintos registros. Sergio Ramírez se acerca a la novela histórica, sólo para ofrecer una vuelta de tuerca donde imagina una nostalgia del pasado. Eliseo Alberto fantasea con un viaje al corazón del delirio, sólo para rescatar los mínimos indicios de lucidez en medio de la violencia.

Hace apenas unos meses, Eliseo Alberto publicó su ensayo y testimonio personal acerca de su vida en Cuba: Informe contra mí mismo, una suerte de memorias de generación que están invadidas por la tenue disonancia de la desilusión. Caracol Beach surge como una búsqueda paralela. En ambos libros, el tema vital es el perdón. Saber pedir perdón y saber concederlo como la condición de la paz y un requisito para restaurar la armonía. No es casual, me parece, que uno de sus protagonistas sea cubano y el otro norteamericano. Porque, como sugirió en el Informe contra mí mismo, para ser capaces de comprenderse habrá que perdonar. La novela abre con una frase que será el nudo de la trama: “Clemencia es una palabra que se usa poco”. Eliseo Alberto reconoce que el perdón es una estrategia para escapar de la locura del recuerdo y poder reconstruir la memoria sin los espectros del temor.

La estructura temporal de Caracol Beach es muy precisa, lineal, se lee minuto a minuto, en contraste con la anterior, La eternidad por fin comienza un lunes, donde el tiempo desaparece lentamente en los pliegues de la eternidad. Mientras una transcurre a lo largo de un día recuperando el modelo evangélico, que busca relatar sólo un episodio, la otra tiene ambiciones bíblicas, propone un mundo desde su génesis hasta su apocalipsis, como explicó el autor. Otra distancia entre ambas narraciones consiste en el recurso de la fantasía. Caracol Beach es una novela de tonos realistas, aunque aparecen pinceladas de fantasía imprescindibles para crear la atmósfera del delirio. Los sueños y el desvarío del miedo son una pareja de componentes que permite introducir fantasías a cuentagotas en un relato descrito con un realismo amargo. Al contrario, La eternidad por fin comienza un lunes recurre a las líneas de fuga del realismo mágico latinoamericano.

El protagonista de Caracol Beach se une al desfile de personajes de circo descrito en La eternidad por fin comienza un lunes, incluso vive en un tráiler que alguna vez fue transporte de un circo. Comparte con ellos la estirpe de ser individuos desahuciados, abandonados. Tocados por la cadencia reincidente de la melancolía. La trama tiene un tinte trágico, como la describió Fuentes, “lo grandioso de la novela de Eliseo Alberto es que reproduce en sí misma el esquema de la tragedia griega, en sí misma lleva su germen, y como tal. el fin es inexorable porque contiene un conflicto humano in- soluble”. Tres planos se van confabulando a lo largo de la trama. Primero, un suicida fracasado, veterano cubano de las guerras de Africa que desertó años atrás, y vive en un balneario imaginario en la costa de Florida. Y esa noche, cuando la tragedia se anuncia en la alucinación de un tigre, abrumado por el peso de la culpa confundida con los recuerdos, el intrépido combatiente sale a buscar a alguien para que lo mate. Segunda pista, la historia de un militar convertido en comisario de policía que decide reconciliarse con su único hijo, el travesti. Tercer escenario, la desventura de tres adolescentes que en su fiesta de fin de año se cruzan en la vida de un hombre a punto de la derrota. La novela está construida siguiendo el modelo de Graham Greene. Como Eliseo Alberto reveló en una entrevista, “en esta novela, como en mis otros libros, tomé un modelo de escritor, lo que me hizo entender que mi estilo es parecido al del sinsonte cubano, que no tiene canto propio, sino que oye el canto de los otros pájaros y lo recrea. Eso es lo que yo hago, por lo que he desistido de tener un estilo propio”.

A diferencia de Caracol Beach. Margarita, está linda la mar es una novela que atraviesa el tiempo histórico. Ocurre entre dos momentos críticos que se entrecruzan en la vida de Nicaragua. El retorno del poeta Rubén Darío a su patria en 1907. Y la conspiración y atentado contra el dictador Anastasio Somoza en 1956. El desenlace prosaico de un poeta y la caída de un tirano abyecto. Mientras en un café de la ciudad de León se reúne una tertulia entregada a la rigurosa tarea de rescatar la leyenda del poeta. Además, maduran el complot contra el dictador. Ese café de León y los contertulios de la mesa maldita tienden un puente con otra novela del escritor nicaragüense, me refiero a Castigo divino. Un personaje en particular es la clave de esa encrucijada entre dos obras, el capitán Prío. Según cuenta Ramírez, “la novela nació de una imagen obsesiva: dos personas peleándose el cerebro de Rubén Darío en las calles de León, como en efecto ocurrió: uno de negro, otro con la bata ensangrentada, se pelean la urna donde está el cerebro de Darío, que cae finalmente al suelo, se rompe, y el cerebro queda expuesto sobre el pavimento… Y Darío había soñado, pocos días antes, que le arrancaban la cabeza y que se la peleaban, que se la disputaban a bastonazos en la calle, como efectivamente sucedió”. La historia del cerebro de Darío unida a la intriga de una conjura contra el déspota recuerda el tono de las persecuciones del cadáver de Evita Perón en la novela de Tomás Eloy Martínez, Santa Evita.

Margarita, está linda la mar es una novela que desmitifica la historia de bronce. Más que recrear la verdad histórica, Sergio Ramírez explora en las minas del pasado. No escribe novela histórica o profética, excava en la nostalgia de su patria donde se confrontan la literatura y el despotismo. Propone cuestionar el poder del tirano desde la mirada de la ironía, tal como podría hacerse con la leyenda del poeta nacional. Busca encontrar el rostro humano de los personajes históricos, no para explicarlos, no pretende una didáctica del pasado, no aspira a ser el cronista oficial de la historia de Nicaragua. Sondea en la nostalgia en busca de un tiempo inconcluso, ése que todavía da forma al presente. Logra bajar al poeta de su pedestal y tocar la piel del tirano. Describe a un Darío hecho de hueso y entraña, preso en el aliento del alcohol, chantajeado por su cuñado; un dipsómano preparado para la indignidad moral a cambio de una embajada en España. Retrata al dictador como un hombre que “no puede defecar a gusto” porque “caga por la barriga” después de someterse a una colestectomía, “una supresión del tracto rectal y formación del ano artificial por el método de Charles Richet”. Pero también es un personaje sujeto a la frivolidad del baile y temeroso de caer bajo los disparos de sus enemigos, cargando permanentemente con un chaleco contra balas. La historia de Sergio Ramírez quiere encontrar en eso dos extremos de la existencia: el poeta y el tirano, la posibilidad de reunir la leyenda y la realidad, el mito y la verdad. No para descubrir secretos inconfesables, sino para movilizar al destacamento de la imaginación frente a un pasado que convive con la actualidad.       n

Eliseo Alberto Caracol Beach Alfaguara Madrid, 1998 365 pp.

Sergio Ramírez Margarita, está linda la mar Alfaguara Madrid, 1998 373 pp.

José Carlos Castañeda. Escritor. Colaborador del semanario etcétera.