Adrián de León Arias. Economista.

Recientemente, Rudiger Dornbush sugirió la adopción del dólar americano como el patrón monetario mexicano. No es la primera vez1 que se sugiere tal medida con el fin de propiciar un marco estable para el crecimiento del comercio y estabilidad macroeconómica. Por otro lado, sin embargo, es de considerar que se limita un instrumento de política económica necesario para absorber choques externos. En este artículo se evalúan sus beneficios en el marco del actual proceso de integración económica en Norteamérica y se discute la factibilidad de una unión monetaria en términos de la simetría frente a los shocks externos de los miembros de la unión que sería una condición necesaria para sustituir el tipo de cambio controlado por las autoridades monetarias nacionales por una moneda única, en este caso el dólar americano. 

Los modelos económicos diseñados para la evaluación de los impactos del TLC sobre las economías norteamericanas, y en particular sobre México, cubren una amplia variedad en base a los paradigmas teóricos, metodologías, supuestos utilizados e incluso dependiendo de qué políticas de liberalización comercial son incluidas (por ejemplo, si eliminación de tarifas, barreras no tarifarias e inversión extranjera son incorporadas). En general estos modelos tienden a encontrar pequeños pero favorables impactos del acuerdo comercial sobre las tres economías involucradas, México como la “economía pequeña” teniendo el mayor impacto. 

Algunos de estos modelos evaluativos nos pueden ayudar a comprender el papel del tipo de cambio bajo el TLC, en tanto exploran la relación entre balanza comercial, tipo de cambio y entradas de capital. Por ejemplo, Hufbauer y Scott2 predicen apreciación del tipo de cambio real debido a que ellos específicamente estiman que por cada incremento de 830 millones de dólares, habrá un incremento de 2% en el tipo de cambio real. Entonces su estimación de una entrada de capitales de 12 mil millones de dólares es traducida en un incremento de 29% en el tipo de cambio real en México, arriba de su “nivel normal” que habría sido alcanzado sin capital adicional.

Un conjunto de modelos presentados por Horacio Sobarzo3 muestran una más clara relación entre balanza comercial y tipo de cambio debido al TLC. El elaboró tres escenarios. El escenario 1 supone no variación en la balanza comercial y por lo tanto el tipo de cambio real se ajusta para acomodar cambios en precios domésticos y foráneos; esta situación resulta en una devaluación del 3% respecto a los valores iniciales o benchmark. Los escenarios 2 y 3 supusieron un tipo de cambio fijo que generó un incremento de 5.6 y 18.3 respectivamente en el déficit de la balanza comercial para mantener la demanda de importaciones que son requeridas para sostener el crecimiento económico, bajo distintas circunstancias e implícitamente suponiendo que México podría endeudarse sin restricción para financiar el resultante déficit comercial. 

Los resultados anteriores muestran que existe una estrecha relación entre tipo de cambio, balanza comercial y flujos de capital y donde el tipo de cambio juega un papel fundamental en el ajuste que permitiría determinar el impacto favorable de la integración económica. Sin embargo, ninguno de los autores da relevancia al otro rol del tipo de cambio que es el de la estabilidad macroeconómica. La determinación del tipo de cambio es afectada por dos conjuntos de eventos a veces dispares, la competitividad comercial con el exterior y la estabilidad macroeconómica. 

Las dificultades para identificar cómo los cambios en el tipo de cambio afectan la balanza comercial y la estabilidad macroeconómica son obviamente problemas teóricos, pero también objeto de debate en política económica. Los juicios y opiniones están divididos entre estabilidad en tipo de cambio real y nominal y entre el rol del tipo de cambio como instrumento de política para cambiar los patrones de producción mientras mantiene el equilibrio económico con el exterior. 

El argumento de que la estabilidad es requerida para un mejor desempeño económico bajo el TLC y cuáles son las posibilidades y costos de arreglos monetarios en la región norteamericana es recientemente desarrollada en Bayoumi y Eichengreen4 quienes analizan los beneficios y costos de un tipo de cambio fijo para el área. Primero, ellos apoyan el argumento de que para alcanzar los plenos beneficios de la liberalización comercial se requiere de tipos de cambio fijos debido a que la estabilidad macroeconómica promueve el comercio y la inversión, reduce la incertidumbre y especulación y además promueve el desarrollo de un mercado de capitales regional. 

Por otro lado, los costos de un tipo de cambio fijo en una área común están en función de la movilidad del trabajo y el capital, políticas de ajuste común y de que los shocks de oferta y demanda estén correlacionados entre los países o regiones del mercado común. Esto es, que los shocks externos afectan más o menos por igual a las regiones componentes del acuerdo comercial. 

Después de notar que las condiciones de movilidad son difíciles de encontrar en Norteamérica, ellos analizan la extensión en la que los shocks externos están simétricamente distribuidos entre las regiones. Con el fin de identificar empíricamente las similitudes en el comportamiento regional del producto y precios bajo shocks de demanda y oferta, ellos clasifican 8 regiones para Estados Unidos, 2 regiones para Canadá y una para México. En sus resultados empíricos, los datos para México muestran que los shocks de oferta no están correlacionados o negativamente correlacionados con los de la mayoría de las regiones. Los shocks de demanda no muestran significativa correlación con las regiones de Estados Unidos, excepto curiosamente con Canadá. En resumen, Boyoumi y Eichengreen afirman que “la negativa correlación de shocks de oferta con aquellos de las regiones industriales de los Estados Unidos, y la excepcionalmente mayor magnitud de los shocks de oferta en México, sugiere que México podría incurrir en mayores costos que la Europa del sur de un eslabonamiento rígido de monedas nacionales”. 

Estos autores argumentan que bajo el TLC una mayor especialización regional en diferentes lugares de Norteamérica podría promover que la correlación de shocks externos entre las regiones del área podría mantenerse e inclusive caer aunque, por otro lado, una progresivamente mayor flexibilidad salarial debido a una más amplia competencia, podría llevar a los sindicatos de cada uno de los países a aceptar mayor flexibilidad salarial. Y en el mismo sentido, la mayor variedad en los ámbitos sectoriales y regionales en la economía mexicana podría fortalecer el caso por tipo de cambio fijo debido a que los cambios en la paridad podrían tener diferentes impactos en la economía y por lo tanto el tipo de cambio será menos efectivo como política comercial. 

Pero mientras eso sucede, la existencia de acuerdos cambiarios y en particular de un área de moneda única es cuestionable. Se ha argumentado a su favor la estabilidad macroeconómica como en la entrevista reciente de Dornbush. Sin embargo, algunos economistas han expresado su preocupación de que mientras la estabilidad del tipo de cambio es congruente con los objetivos inflacionarios, podría no ser consistente con mayores tasas de crecimiento del producto. 

Michaely y otros, después de una extensiva investigación sobre liberalización comercial en 19 países, concluyeron que la experiencia demuestra una fuerte relación entre el comportamiento del tipo de cambio real y la sustentabilidad del proceso de liberalización comercial. En particular, un continuo incremento en el tipo de cambio real parece ser importante para el éxito en ese proceso debido a que un mayor tipo de cambio real debería promover todas las actividades comerciales con el exterior y algunos sectores sustitutivos de importaciones, y evitar presión sobre el balance comercial debido a un auge en la demanda de importaciones. Obviamente, no puede ser negado que, en cualquier caso, la devaluación nominal del tipo de cambio para ser traducida en una devaluación real debería ser acompañada por un conjunto de políticas macroeconómicas consistentes. 

En una revisión reciente de la estabilización argentina basada en el tipo de cambio, Schweickert5 concluyó que el tipo de cambio fijo como medida de estabilización es una estrategia de alto riego aun en el caso de fuertes esfuerzos de ajuste, y por lo tanto un tipo de cambio fijo no es un régimen cambiario óptimo para una economía pequeña y dependiente. 

Todos estos argumentos en general favorecen un tipo de cambio más flexible para permitir al tipo de cambio jugar un papel relevante en el proceso de reestructuración económica. 

En el debate acerca del régimen cambiario para México, si bien se reconoce la vinculación entre estabilidad macroeconómica y crecimiento económico, vía la liberalización comercial, la propuesta de Dornbush sobre la adopción del dólar como moneda única resulta insuficiente en tanto que no toma en cuenta la asimetría entre México y sus socios comerciales norteamericanos frente a shocks de oferta y demanda; la ausencia de perfecta movilidad laboral y de capital y de cualquier otro mecanismo de compensación regional frente a tales shocks; así como la necesidad de cierta flexibilidad necesaria en el tipo de cambio para ajustes durante el proceso de liberación económica. El debate sobre el tipo de cambio en México continúa.

1.- Ver Brailovsky, V. e Izquierdo, R.: “Un mecanismo cambiario norteamericano”, Nexos, junio 1994

2.- North America Free Trade: Issues and Recommendations, Institute for International Economics, 1992. 

3.- “A General Equilibrium Analysis of the Gains from Trade for Mexican Economy of a North America Free Trade Agreement”, en World Economy, 1992.

4.- “Monetary and Exchange Rate Arrangements for NAFTA”, en Journal of Development Economics, 1994.

5.- “Exchange Rate Based Stabilization: Lessons from a Radical Implementation in Argentina”, en World Economy, 1994.