Mónica Nepote. Escritora. Es autora del libro de poemas Trazos de noche herida.

A decir del poeta español José Angel Valente, no existe en la tradición literaria occidental una expresión más clara del deseo que la descrita por San Juan de la Cruz en la estrofa Xll de su Cántico espiritual: “Oh cristalina fuente, / si en esos tus semblantes plateados / formases de repente /los ojos deseados / que tengo en mis entrañas dibujados”.

El agua, la mirada y la entraña: tres coordenadas bien conocidas por el ser deseante. La entraña alude a la visceralidad de la emoción, esa fuerza interior que nace de la mirada y que espera la respuesta de otra mirada. El objeto del deseo es ya parte del deseante, lo ha marcado para siempre. En los labios del agua, Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México, 1951) define a esos seres marcados por la pasión como miembros pertenecientes a “la casta de los Sonámbulos”, para quienes el deseo es “la realidad más amplia, más tangible y más corporal”.

Dividida en dos partes: “El agua de los sonámbulos”, que a su vez se subdivide en nueve estancias, cada una perteneciente a los sueños escritos por Azis Al Gazali, así como a la propia historia del narrador; y “En los labios”, que cuenta con cuatro subdivisiones, la novela recorre los sinuosos caminos del deseo que marcan la experiencia vital de dos hombres: el calígrafo Azis Al Gazali y el narrador-personaje Juan Amado. Ambas historias se entretejen haciendo que la una sea espejo de la otra, y que a su vez el reflejo complete la búsqueda no consumada de la primera.

El protagonista, Juan Amado, es el crisol que reúne las fuerzas de la cultura árabe y la mexicana; su sino está salpicado de arena del desierto sonorense, que se prolonga hasta las dunas del Sahara. En ese transitar de una cultura a otra se suceden varios procesos: la conciliación de Juan Amado con su historia familiar, asumiendo las enseñanzas de un abuelo que le ha heredado no sólo el temperamento pasional sino las claves que describen la fuerza femenina: “El agua de las mujeres habla con más soltura que su boca. A ella hay que preguntarle. Si no quiere ni responde”. En la propia historia de Juan Amado se cumple la profecía imaginada por Azis Al Gazali, quien en sus nudos caligráficos entretejió el destino final de ambos hombres: la dolorosa búsqueda del deseo cristalizado en una mujer. Y en esta errancia por el agua y los sueños emerge el laberinto en el que dos hombres se crean y se narran como en las narraciones orientales. Al iniciar su relato, el narrador apunta: “Esta es la historia de un Sonámbulo, contada por otro. Es la aventura de un hombre, o más bien dos, que buscan regresar al Paraíso”.

Escribe Luis Cernuda en el texto emblemático de su poética titulado Palabras antes de una lectura: “Lo que hacía aún más agónico aquel deseo era el reconocimiento tácito de su imposible satisfacción”. Alberto Ruy Sánchez comparte este principio: tras el aparente gozo del personaje ante cada aventura amorosa se esconde el vacío profundo, la angustia de no encontrar la calma que oculte el temblor del deseo.

El sueño del encuentro con esa mujer mágica, elegida y predestinada, hace que la soledad de Juan Amado tenga una razón de ser, que la caligrafía de Azis Al Gazali colme la página.

Sin embargo, la realidad hace de esa ensoñación un imposible; la mujer sagrada puede ser una embaucadora, el destino un truco árabe y Juan Amado un turista abandonado a su suerte en un cuarto de hotel. Aun así la escritura es el sitio en que toma forma el paraíso, lugar en que la mujer amada se erige como una ciudad inaccesible, un fantasma acuático que se vislumbra en el vapor del sueño o de la muerte.

Alberto Ruy Sánchez hace de esta novela “una antología de imágenes visuales y táctiles”, como ya apuntara Héctor Perea en el prólogo a los Cuentos de Mogador: una estación más de la prosa de intensidades en la que florece el apasionamiento por el misterio de la escritura justo en el instante en que escribir es dibujar signos sonoros sobre la página.

La más reciente novela de Alberto Rey Sánchez comparte este principio: “tras el aparente gozo del personaje ante cada aventura amorosa se esconde el vacío profundo, la angustia de no encontrar la calma que oculte el temblor del deseo”.

Alberto Ruy Sánchez

En los labios del agua

Alfaguara

México, 1996

165 pp.