* William Shawcross: Sideshow, Kissinger, Nixon and the Destruction of Cambodia; Simon and Schuter Nueva York, 1979.

* Norodom Sihanouk: My War with the CIA; Londres 1973.

* Frances Ponchaud: Fire in the Lake; Nueva York, 1973.

* Francois Ponchaud: Cambodge, Année Zéro; París, 1978.

* Pin Yatahy: L’Utopie Meurtriere; París, Hamburgo, 1977.

* Ariane Barth: Holocaust in Kambodscha; Hamburgo, 1980.

* Anke Rashatasuvan: Dokumentation Kambodscha; Hamburgo. 1980.

EL PUEBLO AMADO PERO INFELIZ

De ninguno de los pueblos del sudeste asiático sabemos tan poco como del pueblo de Kampuchea; sus orígenes se pierden en una leyenda, la del reino de Funan, que domina un siglo después de Cristo todo el delta del Mekong, una parte de Tailandia y el sur de Laos. Los habitantes de Funan eran los khmer, pueblo dedicado a la siembra del arroz, dueño de un sistema de riego y una flota comercial, cuyos barcos podían transportar por ese entonces unas mil toneladas. Los historiadores chinos han narrado varios capítulos de una dominación: los bramanes hindúes fueron conquistando a los khmer, los despojaron de su religión y los civilizaron a sangre y látigo. Funan era un Estado absolutista; los textos chinos cuentan de un monarca, Fan Man, cuya política tributaria fue sangrienta. Por ese tiempo existía al norte de la región otro reino khmer, Kambuja o Chenla, que conservó su autonomía ante el embate de la civilización bramánica, tuvo un comercio considerable con China y la India y resistió por decenios las agresiones de Funan. Según la leyenda, el bramanismo conquistó también el reino independiente de Kambuja gracias a un matrimonio, el del señor bramán de Kambu y la hija de un príncipe khmer, Naja. La palabra que siglos después impusieron los miembros del khmer rojo Kampuchea, será la transcripción fonética de la otra en sánscrito, Kambuja, que quiere decir: el pueblo amado pero infeliz. El nombre de Kampuchea no logró imponerse nunca entre la población, el significado seguía siendo un estigma, los habitantes de Camboya o Kampuchea prefieren llamarse Skor Khmer, los de la tierra del khmer. No se dio sin violencia la unión de los dos reinos, Funan y Kambuja; los historiadores chinos, única fuente confiable, narraron también una secuela de guerras fraternas, describieron ciudades que fueron destruidas veinte veces y dinastías desaparecidas en horas. La decadencia de Funan comenzó a mediados del siglo XIII, y el Estado no pudo controlar la furia de las aguas ni reparar el desastre ocasionado por las inundaciones; la población emigró rumbo a Kambuja, dejando atrás el delta del Mekong convertido en un enorme pantano. Kambuja fue el beneficiario de aquella catástrofe, se apoderó de las tradiciones de Funan y se fortaleció militarmente. De esa unión nació el pueblo de Camboya o Kampuchea.

Angkor: el misterio de la piedra.

La unidad se dio sólo siglos más tarde: sobre las ruinas de los dos reinos emergió Angkor una de las más extraordinarias civilizaciones hidráulicas que conocemos y cuyos soportes fueron la esclavitud, el culto fanático al rey -un Dios intolerante- y el estricto control de los canales. El rey Yasorvarman (870-910) edificó la capital de Angkor, otra leyenda hasta fines del siglo pasado, dominando el río Siem Reap y empleando a todos sus esclavos para levantar una asombrosa red de canales. Al cabo de un siglo, Angkor contaba con varios lagos artificiales (barays) y siete puertos, los barcos entraban remontando el Mekong tierra adentro y no existía entonces una sola aldea, por insignificante que fuese, que no estuviera unida a la red fluvial; el puerto de Tonle Sap fue el centro del comercio, las flotas llegaban hasta él para descargar sus mercancías cientos de barcazas las distribuían después en los lugares más lejanos. El sistema de riego alimentó regularmente a la tierra, el suelo más fértil de toda la región, los khmer levantaban tres o cuatro cosechas al año, un modo de producción asiático fue imponiéndose a través de dos siglos.

Pero también una de las formas más radicales del despotismo oriental. En realidad, ésta es la historia de un río: el Mekong ha sido el don y la desdicha de Kampuchea, su cauce es el de toda la historia del sudeste asiático. La suerte de Angkor dependía del agua, su estructura fluvial les facilitó la expansión, el territorio de su dominio llegó hasta Burma y Malasia. El agua les permitió construir también templos gigantescos, monumentos a la memoria de sus reyes. En el siglo doce tuvo lugar un cambio decisivo en su historia: Siam o Tailandia, el pueblo vecino les exportó una religión, el budismo theravada, que fue echando raíces en Angkor. A diferencia de las otras religiones, el budismo theravada no les fue impuesto a los khmer por decreto, sino por medio de una doctrina cuyos misioneros predicaban la humildad, la pobreza y el recato. La multitud vio en ellos a una casta de varones honestos que contrastaban con el despotismo de sus monarcas; los misioneros del budismo se fueron mezclando con el pueblo, sepultando en el lapso de ochenta años no sólo a la antigua religión, sino también a la monarquía bramánica. Así las cosas, el budismo theravada es desde entonces la fe nacional y el consuelo de los khmer.

LA COSECHA DE VESÍCULAS

Chau Tau Kahn, embajador del Kubla Kahn en la corte de Angkor, escribió un informe en torno al imperio durante el siglo XIII una crónica de los khmer bajo la dinastía del primer rey budista, Jayavarman VII periodo en el cual Angkor llega a su verdadera grandeza. La capital Angkor Thom, una ciudad amurallada tenía dimensiones insólitas para su época: setenta kilómetros cuadrados de lagos artificiales y monumentos; la tumba de Suyavarman II, el monumento más impresionante del sudeste asiático, medía mil seiscientos metros de largo por mil trescientos de ancho. Jayavarman VII dio en perfeccionar el sistema fluvial, construyó trescientos hospitales públicos y cubrió el país con una red de caminos. Al parecer, el dispendio de esa dinastía tuvo consecuencias desastrosas: el peso de los impuestos imperiales, verdadera asfixia de aquella economía; la interferencia del Estado en la vida privada; la flora parásita de noventa mil esclavos, siete mil sacerdotes y tres mil bailarinas en los templos. El Tha Prom, otro mausoleo a la memoria de la madre de Jayavarman devoró materialmente la economía dé cuatro mil pueblos. Chau Tau Kahn informaba de leyes y castigos la prohibición de la usura y la crueldad dé la justicia. Se enterraba vivos a los criminales, se mutilaba a los ladrones y se premiaba la denuncia de los adúlteros. Una de las costumbres más extrañas de la civilización de Angkor era la colección de vesículas humanas que se ofrecía al emperador todos los años como tributo supremo. La vesícula, lugar donde anidaba la valentía se mezclaba con vino y se bebía en un ritual religioso, se utilizaba también para lavar la cabeza de los elefantes del monarca. Debía ser extraída siempre del cuerpo de alguien vivo, nunca la de un muerto. Nadie se atrevía a salir de noche por las calles de Angkor Thom durante la cosecha de vesículas; una vez al año -dice Chau Tau Kahn- todos los khmer se convertían en asesinos. El abbé Bouillevaux, misionero francés del siglo pasado, escribía en sus cartas que comerse la vesícula del contrincante era en 1850 una costumbre corriente; cien años más tarde los soldados de Long Nol y los guerrilleros del khmer rojo siguen comiéndose el hígado de sus enemigos. Como con los mayas, nadie sabe qué sucedió en Angkor; pero en cosa de veinte años se esfumó el tráfico de las ciudades, los lagos artificiales se fueron secando y los arrozales se convirtieron otra vez en pantanos. Los khmer se sometieron al dominio de Tailandia, perdieron su identidad por varios siglos; Siam secuestro a su élite y quemó sus archivos y bibliotecas, les robaron la memoria y los tesoros de sus templos, saquearon y demolieron varias veces sus ciudades.

Angkor desapareció sin dejar huella. A principios del siglo diecinueve, al traducirse los textos chinos por primera vez nadie creía en su existencia. Henri Mouhot, un antropólogo francés, se abrió paso a través de la jungla, acudió a esa memoria que se desvanecía y sin previo aviso un día tuvo ante sí la ciudad de Angkor Wat, cubierta por la selva y sepultada entre los pantanos. Mouhot no entendió nunca el sentido de aquella civilización, nadie en Phom Penh podía explicárselo, algunos decían que era obra de gigantes, otros afirmaban que había sido edificada por un rey leproso y una minoría nacionalista alardeaba de que era creación de Pra-Wun, el rey de los ángeles.

A partir de 1431 los khmer se habían convertido en vasallos de Siam: miles fueron llevados a Bangkok en cautiverio, los que permanecieron pagaban tributos imposibles. Mientras Siam iba consumando la anexión los ejércitos vietnamitas cruzaron la parte occidental, destruyeron todo lo que encontraban a su paso y ocuparon el delta del Mekong. Camboya fue reduciéndose a una estrecha franja entre dos enemigos, el pueblo desaparecía en alguna de las dos zonas, el desarraigo y el olvido hicieron lo demás. En 1780, Annam o Vietnam dominaba ya todo el territorio, esa región que los franceses llamaron Conchinchina. La geografía ha sido aquí una constante en sentido histórico, las nacionalidades un instrumento de cohesión social, tribus bíblicas con sus familias y sus sacerdotes, sus jueces y jefes militares. Algunos se quedan en el camino y van formando islotes o poblaciones khmer dentro de territorio enemigo; fueron pueblos rivales porque luchaban por un río. Al comenzar el siglo diecinueve es talla la guerra entre Siam y Annam, una de las más largas y crueles del sudeste asiático los vietnamitas ocuparon entonces Phom Penh, la nueva capital del reino de Camboya le cambiaron el nombre, Nam Viang impusieron su lengua y sus costumbres y vigilaron desde ahí al reino enemigo. Los khmer toleraron en la desgracia a los tailandeses, su religión y su cultura eran casi las mismas; en cambio, a los vietnamitas los odiaron desde siempre, en ellos cifraron la efigie del enemigo y el exterminio. A finales de 1840, los tailandeses recuperaron Phom Penh la destruyeron por enésima vez y expulsaron a los ejércitos de Annam. Los vietnamitas, en retirada, secuestraron al rey khmer y lo confinaron doce años bajo arresto domiciliario, las crónicas de ese tiempo describen hambrunas epidemias e inundaciones. El pueblo parecía condenado a desaparecer

LA QUIMERA DEL CAUCHO

Napoleón III, urgido por la necesidad de un equilibrio en Indochina rescató a los khmer del doble sometimiento. Mientras sus ejércitos preparaban la invasión a México, el mariscal Cherner notificaba a rey de los khmer, Norodom, que su gobierno había decidido permanecer en Indochina, y que la ayuda de Camboya sería indispensable. Tres años más tarde, en 1864, el reino de Camboya pasaba a ser, ante el asombro de Siam, un protectorado francés. Francia tenía entonces una clara estrategia colonial: imponer una zona tope entre Vietnam y Tailandia, detener el avance británico en la región y asegurar el delta del Mekong. El reino de Camboya, enorme territorio político, va siendo paulatinamente captado por el aprovechamiento económico de los frances, que luchan entre si para quedarse con las tierras recién descubiertas. De uno a otro punto del litoral se tienden poco a poco las líneas de colonización, y de Vietnam hacia el interior de Camboya avanzan los agrimensores de la frontera económica. El país de los khmer era entonces, popularmente hablando, tierra ignota; los ejércitos franceses se vieron sorprendidos por una resistencia nacional, miles de bandidos y guerrilleros salieron entonces de sus escondites, se jugaron todo en escaramuzas y emboscadas y no dieron respiro a sus enemigos. Así, muchos siglos después, el orgullo khmer renacía con una violencia insospechada. A tal grado que el gobernador general de la Conchinchina, el mariscal Ledeux, remontó el Mekong en barco, de Saigón a Phom Penh, para pacificar la revuelta, sus botes cañoneros abrieron fuego una mañana de junio de 1884 contra el palacio del rey Norodom, y lo obligaron a firmar un convenio que convertía a Camboya, de hecho, en una colonia. El protectorado había sido sólo caldo en el cultivo de la subversión.

Al cambiar el siglo Camboya era ya una colonia francesa. Sin embargo, los franceses no lograron nunca doblegarlos: establecieron la lengua francesa como idioma obligatorio; ordenaron que todo súbdito se hiciera de un apellido y dividieron la sociedad en tres clases: hombres libres, siervos y esclavos. Sólo los monjes budistas, los bramanes y los mandarines fueron una excepción. En enero de 1916, cincuenta mil campesinos llegan a Phom Penh protestando contra los impuestos coloniales; informes franceses narran que en el año de 1920 un campesino khmer pagaba tres veces más impuestos que un campesino vietnamita. El caucho, que aparece en el norte, atrae las energías colonialistas. Súbitamente levantaron plantíos en Battam Bang y Kampong Chang, llevaron trabajadores vietnamitas a los campos. La primera guerra mundial trae como de costumbre, una bonanza pasajera. Toda la producción se exportó a Europa, los khmer no recibieron ningún beneficio de la nueva explotación. El caucho nació en el corazón de Camboya, casi sin medios de comunicación, en las selvas de Pursat, donde miles de vietnamitas entraban dando tajos para recoger en los troncos el sudor de los árboles. En la misma medida en que el caucho plantado va minando al caucho silvestre, el desempleo se extiende como una plaga incontrolable. Holandeses y británicos irrumpen en el mercado con su nuevo artículo. Mientras tanto Francia se negaba a industrializar el país, no invirtió nunca en la infraestructura o la educación. Todas las comunicaciones tenían un punto clave, la ciudad de Saigon, Camboya no tuvo nunca en la colonia un puerto marino, algunas zonas eran sólo accesibles desde Vietnam.

CUENTO DEL PRÍNCIPE QUE QUISO SER TROMPETISTA

Cuando, en 1930, la fundación del Partido Comunista de Indochina, (Pracheachon) dio lugar a que Vietnam afirmara su dominio ideológico sobre los otros países del sudeste asiático, en Camboya reaparecen los brotes nacionalistas y Song Ngoc Thanh, un khmer de la zona del Mekong, publica por esos años el primer periódico en idioma khmer, Nagaravatta (Nuestra ciudad), reuniendo a los grupos más dispersos, monjes budistas y miembros de la burguesía compradora, que combatían a franceses y vietnamitas, a sus privilegios en la burocracia. Ngoc Thanh, director del instituto budista de Phom Penh, fue durante decenios el símbolo de la lucha nacional combatió por igual contra Tailandia y Vietnam, proyectando la república libre de Camboya. Más tarde, acrecido el movimiento nacionalista rotos los frenos del control colonial, surgieron los portavoces de la independencia, que recurrían a la herencia khmer como a un espacio nuevo y diferente. Mientras los japoneses ocupaban el sudeste asiático y la segunda guerra mundial iba debilitando al colonialismo, el gobierno francés de Vichy decidió, para evitar el desastre, cambiar a los monarcas de Camboya. Así, al morir en 1941 el rey Sisovath Monivong, Francia apoyaba por cuarta vez en esta historia, a la casa de los Norodom.

Angkor Vat: se los tragó la selva

A los diecinueve años de edad, el príncipe Norodom Sihanouk, contrariando todos los designios políticos, llegaba al trono de los khmer. Desde un principio, casi un adolescente, demostró ser el equilibrista perfecto; después, de tiempo en tiempo, el artífice de la cuerda floja. Conservó treinta años el poder (1941-1970). Fue rey y jefe de Estado, primer ministro y músico en una banda de jazz, director de un periódico y dueño de un casino de juego, lider del partido único y director de cine farsante y grillo supremo. Sihanouk llevaba todo con igual intuición y astucia, tenía fichados hasta a los sablistas que iban a pedirle dinero, conocía de memoria a los miembros de la oposición comunista y sabía al dedillo las historias íntimas de sus generales. Buscó reconciliar siempre los intereses más diversos y su actividad política tenía un solo fin: consolidar la autonomía de Camboya librarse del yugo francés. La mezcla de budismo y socialismo que predicaba era una táctica más, una medida para atraerse a los monjes budistas. Impaciente y vanidoso, represor y embustero, inteligente e intrigante, Sihanouk se agazapaba ante los franceses, rendía tributo al imperio nipón y castigaba cualquier acto de desobediencia. En octubre de 1945, las tropas francesas y británicas entran en Phom Penh, Ngok Thanh es enviado al exilio y la guerrilla nacionalista, el Khmer Issarak redobla sus ataques contra los ejércitos colonialistas. Un año después firmaba un tratado que establecía la entrada del reino en la unión francesa. La monarquía constitucional limitada fue la fórmula ad hoc: en el nombre del rey, la asamblea nacional actuaba de acuerdo a una constitución, los colonizados echaban mano de los instrumentos de sus amos. El Partido Democrático, apoyado en el sentimiento de la nacionalidad, arrasa en las primeras elecciones exaltando el patriotismo. En 1952, Sihanouk inicia” la cruzada real por la independencia”, recorrió el país de cabo a rabo dándose cuenta de su talón de Aquiles: la mayoría de la población lo rechazaba porque velan en él a un siervo de los franceses. Ni tardo ni perezoso, Sihanouk montó una obra de teatro con ayuda estadunidense: el 14 de junio de 1953 anuncia que parte al exilio: Tailandia, el enemigo de siempre, se lo había concedido bajo una condición: no participar en actividades políticas. El doloroso exilio duró una semana. El príncipe volvió a entrar a Camboya por la provincia de Battambang, donde no había tropas francesas y subrayó que sólo regresaría a Phom Penh si declaraba la independencia. En noviembre del mismo año, como consecuencia directa de la guerra anticolonialista en Vietnam, Sihanouk lograba la independencia de su país. Luego, en 1955, abdica en favor de su padre y se convierte en el político más influyente de Camboya.

Su neutralidad lo fue llevando poco a poco a un callejón sin salida, en cuyo final lo esperaban los Estados Unidos. John Foster Dulles, convencido de que Sihanouk debilitaba a la SEATO, el pacto de defensa del sudeste asiático, se dedicó a combatirlo; le molestaba su bravuconería, su permanente alegato en favor de la neutralidad. El principe, con igual cinismo, declaraba que, de no respetar el Vietminh su territorio, iba a bombardear sus bases. Comenzaba para él la época de la cuerda floja: en un extremo solicitaba ayuda militar a Washington; en el otro, buscaba firmar un pacto de no agresión con Pekin y Hanoi. Un informe confidencial del Consejo de Seguridad, fechado en septiembre de 1956, definía la política de Estados Unidos ante Camboya: “Hay que combatir a los grupos que pugnan por la neutralidad procomunista, ayudar y sostener a todos los que, en Camboya, se niegan a trabajar con los comunistas, darles facilidades para que extiendan su campo de acción”.

…TAN CERCA DE SUS OJOS, TAN LEJOS DEL PARTIDO

París, junio de 1951. Al margen de la guerra fría y el combate contra los franceses, un grupo de estudiantes camboyanos se constituían en una agrupación: Association des Etudiants Khmer. Eran la élite Joven de Camboya, estipendiados del gobierno francés y casi todos miembros del partido comunista de Francia, que se confesaba entonces estalinista, leng Sary jefe de organización estudiantil, recomendaba a sus compañeros que no se unieran con francesas, había que mantener la pureza khmer en el extranjero. La asociación se dividió en dos grupos enemigos: por un lado los ultras dirigidos por leng Sary, Saloth Sahr y Son Sen; por el otro, Khieu Samphan, Hu Nim. Montaron una oficina cerca de la Sorbona, organizaron la propaganda y se sentaron a discutir sus diferencias. Los moderados trabajaban en torno a una alianza popular con Sihanouk; antes que la revolución socialista -pensaban- era necesario un programa de reformas como condición del cambio. Leng Sary, vocero de los ultras, se aferraba a la creencia de que no era la casta intelectual, sino las masas, quien haría la revolución. Miraban a China como quien mira al futuro. Saloth Sahr, Sary y Son Sen encontraron a una delegación de khmer issarak, en 1951, durante el festival de la juventud en Berlín oriental. Discutieron varios días y Sahr argumentó en favor de la lucha guerrilera; en el fondo, sin embargo, despreciaba visceralmente el khmer issarak, a quien veía como un esclavo de Vietnam. Regresaron a París con documentos, fotografías y una bandera que tenía las tres torres doradas de Angkor sobre un fondo rojo. La bandera sería veinticinco años más tarde la de Kampuchea Democrática. Saloth Sahr, a quien le retiran la beca por agitación, volvió a Camboya. Es probable que haya entrado en el Partido Comunista Indochino (Pracheachon), y que eligiera la clandestinidad.

La imagen de Pol Pot yace frente a las fotografías de algunos de los verdugos que trabajan para él.

Saloth había nacido el 19 de mayo de 1928 en Kamping Thom, su padre era campesino y su madre de nacionalidad china. Fue educado en un monasterio budista, luego vivió con una tía, pariente del rey Sisovath Monivong. Alumno del politécnico y carpintero de profesión, obtuvo una beca para estudiar radioelectrónica en París. Reapareció al frente de los guerrilleros comunistas, a quienes Sihanouk bautizó con el nombre del khmer rojo. Para entonces se había cambiado el nombre y se le conocía por un apodo: Pol Pot. Khieu Samphan fue el único que terminó sus estudios en París; en mayo de 1959 presentó su tesis de doctorado: “La Economía de Camboya y los problemas de su industrialización”. Samphan fue un ejemplo radical de moral comunista en esos años parisinos; al decir de sus camaradas franceses, no le conocieron nunca una mujer, vivía entre la universidad y su cuarto de la rue de Saint-André-des-Arts, alimentando una obsesiva nostalgia por la patria y argumentando siempre con el manual de Politzer o Nikitin. Khieu fue ganándose a pulso la fama de santo militante. Al regresar a Phom Penh, publicó un periódico en francés, L’Observateur cuyos artículos radicales preocuparon tanto al ministro de seguridad que ordenó su detención. Samphan conoció entonces la humillación moral: lo desnudaron y fotografiaron en una calle del centro de Phom Penh. Profesor de economía política después en la facultad de leyes, el Partido Democrático presentó sorpresivamente -en septiembre de 1962- su candidatura como diputado; y seis meses más tarde, Khieu Samphan era el ministro de comercio de Norodom Sihanouk.

Los años sesenta se convierten para Sihanouk en un tobogán; la guerra de Vietnam lo va llevando a un despeñadero, su juego de corrupción y astucia si no puede contentar a la burguesía camboyana tampoco satisface a los Estados Unidos, puesto que representa un riesgo peligroso en el tablero de ajedrez del Pentágono. Sihanouk fue criando un cuervo, a quien creía haber domesticado: el general Lon Nol, su ministro de la Defensa, cuya simpatía por Estados Unidos era de todos conocida. Al nombrarlo primer ministro empieza a perder las riendas del gobierno. Lon Nol ensaya la represión asesinando a doscientos campesinos en la provincia de Samlaut. En abril de 1967, sus tropas se enfrentan a campesinos que protestaban contra el alza de los precios del arroz; Lon Nol era un acaparador profesional: controlaba la compra y la venta en casi todo el país. El príncipe respondió torpemente acusó a Khieu Samphan, Hou Yun y Son Sen de ser los instigadores de la revuelta. Entre tanto, los tres huyen a las selvas del norte y se unen a los ejércitos del khmer rojo.

LOS BURDELES DEL REINO QUE SERÍA UN FILM

A principios de 1959, Norodom Sihanouk acusó a la CIA de fraguar un golpe de Estado, así las cosas, sus relaciones con los Estados Unidos fueron deteriorándose vertiginosamente. Un informe del Pentágono fechado el mismo año: Psychological Operations: Cambodia, resumía la opinión de Washington en torno al reino: “Las mayorías del país no son más que campesinos y pescadores analfabetos. En opinión de chinos, franceses y vietnamitas, los khmer son un atajo de campesinos inútiles, obreros irresponsables y comerciantes incapaces. Los militares tampoco escapan a esta regla: no conocen la disciplina ni la capacidad de mando, no entienden nada de estrategia y su arrogancia los hace impopulares. La policía y el ejército son, quizá, los grupos más corruptos de la nación. En suma: los khmer son un pueblo pasivo e indolente”. La ayuda estadunidense representaba, en 1963, el treinta y cuatro por ciento del ingreso total de Camboya; y el cuarenta por ciento de su presupuesto militar. La llegada de los asesores militares estadunidenses, en 1962, benefició el área de servicios: Phom Penh se transforma en una ciudad de meseros y cantineros, mensajeros y choferes, sirvientas y prostitutas; los burdeles ofrecen la seguridad de ser un negocio respaldado por el gobierno, la trata de blancas obtiene prestigio internacional. Las clases medias de las ciudades se suben al tren de la fácil acumulación, la presencia de los asesores es el sinónimo del progreso, la industria de la construcción florece en ciertas zonas privilegiadas, se multiplican las residencias para los extranjeros y los dólares hacen su entrada triunfal. Sihanouk apadrinaba la penetración mientras fuera en su propio beneficio; sin embargo, poco tiempo después se da cuenta de que sus generales y funcionarios más conservadores se embolsaban la ayuda estadunidense. Seguro por un tiempo de que Hanoi ganaría la guerra, dio el viraje hacia la izquierda: nacionaliza la banca y el comercio, rechaza la ayuda militar y expulsa a los asesores. El príncipe justificó entonces esa medida diciendo que Washington financiaba a la guerrilla de Gnoc Thanh, el khmer serei, que operaba en Vietnam del Sur; además, los asesores y funcionarios le parecían un virus corruptor entre su población. En enero de 1964, el general en jefe de la Misión Militar estadunidense en Phom Penh Robert Taber, sostiene por última vez una larga conversación con el ministro de la defensa, Lon Nol, quien le asegura que Camboya no será nunca un país comunista, y que si fuera necesario Sihanouk podría ser relevado del mando. Taber notificó sus impresiones al Pentágono: Lon Nol era, por casta y convicción, el único sucesor del príncipe. En efecto, los acontecimientos posteriores le dieron la razón.

Un “campo de exterminio” cerca de Phnom Penh. Algunos cráneos conservan el vendaje que cubrió sus ojos durante su ejecución.

La gota que derramó el vaso de agua fue, al parecer, un artículo de la revista Newsweek; el reportaje señalaba a Sihanouk como el dueño de los burdeles del reino, la embajada estadunidense en Phom Penh había colaborado en la información. Así, una semana después, el gobierno de Camboya rompía relaciones diplomáticas con Washington. En realidad la causa no fue el reportaje, sino un hecho que cambiaba el destino del sudeste asiático: las primeras tropas de la infantería estadunidense desembarcan en Danag, Lyndon B. Johnson iniciaba la escalada en Vietnam. Sihanouk percibió las conexiones históricas de la guerra: desconfiaba profundamente de Ho Chi Minh, el Vietnam unificado sería el mayor peligro para la neutralidad de su país. El callejón sin salida se iba agostando cada vez más: a finales de 1965, sin más remedio, el príncipe autoriza que las tropas del Vietcong crucen la frontera y establezcan sus bases, esos refugios que tanto dolor de cabeza le daban al general Westmoreland. El bloqueo de las costas de Vietnam fue obligando a buscar otras vías de acceso hacia el sur, el reabastecimiento del Vietcong estaba en peligro, Chou En Lai le pide personalmente que autorice también el embarco de armas desde el puerto de Sihanoukville. Sin alternativa el príncipe responde: “Dos partes para el Vietcong, una para mí. Por ese negocio soy capaz de venderme a mí mismo”. El reabastecimiento duró cinco años: no sólo eran armas de fabricación china, sino también medicinas y alimentos. Varios camiones de una compañía china, la Haklee, cruzaban todas las semanas la friendship highway, una carretera que construyeron los estadunidenses, se internaban rumbo a Phom Penh y seguían su camino hacia Sihanoukville. El reabastecimiento fue un espléndido negocio, los alimentos y las medicinas se vendían en el mercado de la capital y las armas alcanzaron precios leoninos; todos los miembros de la familia real y los más altos oficiales del ejército, Lon Nol entre ellos, hicieron por años su agosto. En Washington se dividieron las opiniones: por un lado la CIA argumentaba que los envíos desde Sihanoukville eran insignificantes; por el otro, los militares y la embajada en Saigón los juzgaron importantísimos. La nueva estrategia estadunidense en Vietnam fue transformando la frontera en zona minada; el general Westmoreland estaba convencido de que la única tarea de la infantería era buscar y destruir (search and destroy) los escondites guerrilleros, los bombardeos por lo tanto se multiplicaron a lo largo de la línea de demarcación. A partir de ese momento la frontera con Camboya fue hundiéndose en un vértigo de horror y violencia: no sólo el Vietcong cruzó la frontera sino también los llamados civilian irregular defence groups, los mercenarios de la CIA reclutados en Saigon y varios contingentes camboyanos, residuos del imperio de Kambuja en el delta del Mekong. Esos grupos se encontraban bajo el mando de un militar siniestro el coronel Jonathan Fred Ladd, que hizo del terror un objeto de adoración y exorcismo. Francis Ford Coppola se basaría en él para trazar el personaje del coronel Kurtz en el film Apocalypsis Now.

Convertidos en brazos del ejecutivo, los ministros camboyanos tenían como atribuciones cuidar el orden y la administración de las provincias y, de toda preferencia, la custodia de las fronteras; informar al príncipe de toda posible penetración, controlar la inversión de fondos municipales y seguir organizando el triunfo del partido único el Sangkum. Sin embargo, el control de la política interior fue desapareciendo: la corrupción de la esposa del príncipe, Monique, sus negocios con los burdeles y las medicinas se convierten en escándalos diarios, la corte en Phom Penh se desmoronaba. Siha nouk, ignorando la crisis, inaugura un casido de juego, toca la trompeta en una banda de jazz y sueña dirigir grandes films con la ayuda de John Houston y Louis Malle. Después de cerrar el grifo de la ayuda estadunidense, su ejército empieza a desmembrarse: de treinta mil efectivos, sólo once mil están listos para entrar en combate. La represión campesina de los años sesenta demanda un ejército ágil y bien entrenado los informes sobre los avances del khmer rojo preocupan a todo su gabinete. Como si sus giras por la costa azul hubieran traído hasta él la certeza de que efectivamente los Estados Unidos eran la única salvación, Sihanouk inicia un coqueteo que Washington corresponde: Jaqueline Kennedy anuncia que se muere por cumplir el sueño de su infancia, visitar las ruinas de Angkor Vat; Lon Nol permite de cuando en vez a las patrullas estadunidenses perseguir al Vietcong dentro de territorio camboyano, les pone guías para detectar sus refugios en las selvas de Svay Rieng. En diciembre de 1967, el embajador de Australia, Noel St. Clair Deschamps, representante de los intereses de los Estados Unidos en Phom Penh, presenta pruebas de la penetración, vietnamita en el reino de Camboya: sus puntos cruciales eran el Pico del Loro y la provincia de Mondolkiri, por donde atravesaba la ruta Ho Chi Minh. Pocas semanas después, Chester Bowles embajador estadunidense en la India llegaba a Phom Penh en misión oficial. En la entrevista, el príncipe criticó la presencia de los Estados Unidos en Vietnam, alegando que no entendía por qué se ensañaban con Hanoi; el verdadero enemigo era China o Moscú, el apoyo a la dictadura de Thieu le parecía absurdo, arrinconaban al, tío Ho y lo entregaban a China. El futuro del sudeste asiático es -le decía a Bowles- el socialismo y por esa razón debía mantener buenas relaciones con todos. Sin embargo, rogaba que le siguieran, informando sobre la penetración comunista pues esas pruebas no lo convencían. Al final de la entrevista, Bowles aseguró que los Estados Unidos no tenían la intención de expander la guerra hacia Camboya; Sihanouk, casi sin escucharlo, reclamaba a gritos el reconocimiento de sus fronteras, de acuerdo con los tratados de Ginebra (1954). La entrevista suscitó una controversia en el Departamento de Estado: Chester Bowles y Arthur Goldberg, embajador en las Naciones Unidas, insistieron sin éxito en el reconocimiento de las fronteras del reino.

BOMBARDEOS A LA CARTA

A mediados de 1968, en un rapto de cólera imperial, Norodom Sihanouk declara públicamente que ha asesinado a mil quinientos comunistas en el lapso de un año y agregaba: “No terminaré sino hasta exterminar a todo el partido comunista”. Para esas fecha el Vietcong se movía en territorio camboyano como pez en el agua mientras el khmer rojo, refugiándose en las montanas, acusaba a Hanoi de suspender la ayuda prometida. En el fondo, los dos partidos comunistas eran gemelos enemigos: Vietnam vetaba el proyecto de un partido independiente, ya que la revolución era una y el enemigo idéntico. Los del khmer rojo argumentaban que amistad y solidaridad eran, para Vietnam del Norte, palabras sin sentido. Por esa razón, nunca les revelaron sus escondites. Las diferencias ideológicas salieron a la luz sólo nueve años más tarde. Pocos historiadores han reparado en el hecho de que los aliados más importantes del khmer rojo fueron los khmer Loeu, las tribus de las montañas. Kampuchea es un país dividido desde siempre en dos grandes regiones: el valle alrededor del lago Tonle Siap, donde habitan los khmer kandal, individuos de piel clara y descendientes de la civilización de Angkor; en el otro extremo, las montanas del norte, el sur-oeste y el sureste donde viven los Loeu, vale decir: las tribus que nunca reconocieron el poder central de Phom Penh. Cazadores de piel oscura, los ciento cincuenta mil Loeu fueron los aliados naturales del khmer rojo, de entre ellos reclutaron a su mejor gente; los Loeu vieron en la guerrilla comunista a sus compañeros en la lucha contra los blancos de las ciudades. A principios de 1969 Sihanouk había perdido el control de las provincias Loeu el khmer rojo se reorganizaba: cuatro mil guerrilleros en combate y más de cincuenta mil en la reserva, el partido independiente era una poderosa realidad.

Pero el destino se había cerrado ya para Camboya. A principios de 1969 Richard M. Nixon asume la presidencia de Estados Unidos: los nuevos ocupantes de la Casa Blanca se dieron a la tarea de rescatar a la nación del pantano de la guerra; en abril, quinientos cuarenta mil soldados estadunidenses se hallaban atrapados en Vietnam, trescientos cadáveres llegaban cada semana a los Estados Unidos y el movimiento de oposición se multiplicaba en todo el país. Las justificaciones en torno a la presencia de los Estados Unidos en Vietnam se fueron desgastando: a esa altura de la pelea, nadie creía en la posibilidad de una invasión china ni, mucho menos. en el combate por la democracia de Saigon. El Metternich de Harvard, Henry Kissinger se hizo entonces cargo de la situación. La guerra fue volviéndose, sin embargo, una locura cada vez más sangrienta y generalizada: en los tres primeros años del gobierno de Nixon cayeron quince mil soldados estadunidenses en los campos de batalla, el número de civiles muertos y heridos era el más alto registrado hasta entonces; dos años después de haberse iniciado en París las negociaciones de paz, (1970), la guerra de Vietnam se había convertido en la guerra de Indochina. Nixon, incapaz de resucitar el entusiasmo bélico recurre a una política llamada vietnamización: la lenta retirada de las tropas estadunidenses, la participación de las fuerzas vietnamitas y el bombardeo implacable del territorio enemigo. A escasos tres meses de haber tomado el poder la administración de Nixon, el nuevo general en jefe de los ejércitos norteamericanos en Vietnam, Creighton Abrams, sugiere al Pentágono el bombardeo directo de Camboya Obsesionado por encontrar el cuartel general del enemigo, sospechando que se encontraba en algún lugar del reino vecino. Abrams recomendaba entrar en Camboya y obligarlo a dar la cara. La sugerencia fue estudiada con cuidado: una semana después funcionarios del Pentágono y del Departamento de Estado discutían el proyecto; en un desayuno de trabajo se dieron cita Melvin Laird, el general Wheeler y el representante de Kissinger en el Consejo de Seguridad, el coronel Alexahder Haig. Como resultado de aquel desayuno, el 18 de marzo de 1969 da comienzo la operación Breakfast: bajo estrictas medidas de seguridad varios B-52 estacionados en las bases de Anderson y Guam se dirigieron sobre Camboya. Por primera vez un presidente de los Estados Unidos aprobaba el ataque directo a un país neutral. La operación Breakfast fue la primera etapa de otra operación más amplia, la Menú, que se prolongó hasta mayo de 1970: tres mil bombardeos a lo largo de la frontera, sobre un radio de veinticinco kilómetros cuadrados.

EL ÚLTIMO JAZZ (CON ENCORE)

La situación, pues, a principios de 1970 era insostenible. Sihanouk empieza a dar patadas de ahogado llegaba al final del callejón. Como si saliera huyendo de sí mismo, el príncipe se traslada a la costa azul y delega el poder a Cheng Heng, un político desconocido. Dos meses más tarde la soldadesca de Lon Nol asalta en Phom Penh las embajadas de Hanoi y del Vietcong, verdaderas jaurías populares se lanzan contra la minoría vietnamita en todo el País; diez mil personas perdieron la vida en esos progroms, el Mekong llevaba en los primeros días de marzo decenas de cadáveres flotando sobre sus aguas. Todos los vietnamitas asesinados en las revueltas eran los hijos o los nietos de aquellos trabajadores que los franceses habían llevado a los plantíos de caucho. Las primeras semanas de marzo fueron sangrientas para Camboya. Mientras veía crecer las revueltas desde un sanatorio de la costa azul, Sihanouk pedía ayuda a Pekín y Moscú. Lon Nol anuncia, entre tanto, que la minoría vietnamita planeaba la insurrección y que la invasión de Hanoi era cosa de días. Para el 18 de marzo, al año de haberse iniciado la operación Breakfast, el ejército ocupa por sopresa el Parlamento, detiene a dos ministros fieles al príncipe, cierra el aeropuerto y ordena la movilización general. El golpe de Estado era irreversible: Norodom Sihanouk es destituido por traidor y condenado a muerte. El príncipe recibió la noticia de su derrocamiento en Moscú más exactamente, caminando con Alexander Kosigin rumbo al avión que lo llevaría a Pekín. Los soviéticos, preocupados por la expansión de la guerra, veían en Sihanouk a un bribón torpe e indeciso. No sólo para el curioso de noticias, sino también para el experto en la historia de Camboya sigue siendo un enigma la reacción del principe, pues no parece haber calculado la importancia del golpe. Todo hace suponer que la CIA manipuló la información; sus agentes convencieron a la madre de Sihanouk de que la situación no era tan grave. Frank Sneep, analista de la CIA en Saigón admite que su labor consistió en confundir las noticias, dar la impresión de que las revueltas eran parte de un plan de Sihanouk.

1. El Príncipe Norodom Sihanouk, conservó la frágil naturalidad de su reíno durante los años cincuenta y sesenta. 

2-3. Los líderes del golpe de estado contra Sihanouk en marzo de 1970: El primer ministro Lon Nol y el principe Sirik Matak.

4. Alexei Kosygin le da la noticia a Sihanouk del golpe de estado contra él, justo antes de volar a Pekín.

Sirik Matak, un primo del príncipe, y el, general Lon Nol tomaron en realidad el poder. Ngoc Thanh había sido el puente cordial entre ellos y el cuartel general de los Estados Unidos en Saigón; a finales de 1969, sin que nadie se diera cuenta, mil quinientos hombres de su guerrilla, el khmer serei, desertaron para unirse a las tropas del príncipe: el caballo de Troya había funcionado perfectamente. El 29 de abril de 1970, tropas estadunidenses penetran en Camboya. El resultado de esa incursión fueron quince mil vietnamitas muertos, un botín con armas de fabricación china y soviética y toneladas de arroz. El cuartel general de los ejércitos de Hanoi, sin embargo, siguió siendo un espejismo. Las fuerzas de Ho Chi Minh se replegaron entonces hacia el norte de Camboya estableciendo una nueva ruta de abastecimiento a lo largo del Mekong tan indestructible como efectiva pues permitía brindar apoyo logístico al khmer rojo. Al año siguiente, en febrero de 1971, veinte mil efectivos de Vietnam del Sur violaron la zona desmilitarizada con la ayuda de aviones y helicópteros estadunidenses y penetraron en Laos. El fracaso de la movilización hacia Laos siguió siendo y cada vez más agudamente, el fracaso de la vietnamización, porque nunca llegaron a descubrir las rutas camufladas de los norvietnamitas ni a penetrar en las bases enemigas. Como Daniel Ellsberg había dicho, las operaciones militares en Laos y Camboya tenían un solo fin: demostrarle a Hanoi que los Estados Unidos defenderían a como diera lugar el gobierno de Thieu. El 24 de abril de 1971 tiene lugar una junta cumbre en las playas de Cantón, los movimientos revolucionarios de los países de Indochina: Laos, Vietnam y Kampuchea, declaran la lucha abierta “al imperialismo estadunidense y sus lacayos”. Sihanouk, refugiado en Pekín,reaparece pronunciando un discurso a nombre del FUNK (Front Unifié National de Kampuchea). En esa ocasión, el príncipe anunció su alianza con el khmer rojo, llamando a la guerra popular contra el régimen de Lon Nol. Miles de campesinos siguieron su llamado: a cuatro meses del golpe, el FUNK ocupaba ya la mitad del territorio. Además, el general Giap envió tres mil asesores militares a las zonas dominadas por el kmer rojo, sin contar a los cincuenta mil efectivos que tenía en Kampuchea. Chou En Lai se comprometió a financiar el FUNK, invirtiendo diez millones de dólares en el entrenamiento de sus cuadros y la guerra de liberación nacional renació en Kampuchea.

El dominio total que ejercieron el khmer rojo y sus batallones sobre la vida y la economía de Kampuchea, su posesión de las zonas más estratégicas y el asedio permanente a las ciudades, no es nada excepcional en esta historia: el virulento nacionalismo de ANGKA (la organización), los estandartes con la imagen de Sihanouk en las aldeas, su alianza con cientos de monjes budistas y el alegato en favor de la colectivización, los convirtió pronto en la fuerza política más poderosa del país. Angka evitó desde siempre presentarse como un partido comunista, la emoción colectiva que envolvía tanto a los habitantes de las ciudades como a los campesinos era la magnificación del pasado, la promesa milenaria adherida a la evocación de Angkor, la vuelta al origen. Angka Pakdevoath significaba simplemente la organización revolucionaria, la que les devolvería el poder de los ríos y el dominio sobre la tierra. No es extraño, pues dados estos antecedentes, que los líderes del khmer rojo vieran en la civilización occidental la causa de toda desdicha. El modelo maoísta les ofreció un principio que ellos llevaron hasta sus últimas consecuencias: las comunas de trabajo como eslabones de la cohesión social y un mandamiento sagrado: atenerse sólo a sus propias fuerzas. Inspirados en el estalinismo más radical las órdenes de Angka eran el alfa y el omega. La vida diaria de los cuadros en sus campos de entrenamiento revelaba ya la increíble y vertiginosa historia del khmer rojo. Todo militante tenía que vigilar a sus compañeros, practicar dos veces por semana la autocrítica más severa y enseñarse a guardar sus secretos. Al entrar en el campo debían despojarse de sus nombres, elegir otros y no revelar nunca su identidad Era como si cancelaran de un golpe su pasado y renacieran intocados para la organización. Angka se apoderaba de sus nombres, controlaba las biografías y las utilizaba según sus intereses. Nadie podía ir de uno a otro campo ni, mucho menos, narrar su vida. Ieng Sary decía que el misterio era la clave de la victoria y los códigos ocultos su fuerza. En efecto, después del triunfo, los miembros del partido cambiaron de nombre, las instituciones y los lugares recibieron una clave secreta. Por ejemplo, el Comité Central del Partido pasó a ser M-870, el ministerio del comercio K-51 y la prisión de Toul Sleng S-21. Esa proclividad al misterio explica por qué sabemos tan poco sobre el Partido Comunista de Kampuchea, y por qué desconocemos también el destino de los militantes desaparecidos. Posiblemente están muertos o viven bajo otros nombres. El odio contra el pasado injusto los llevó a destruir el archivo general de la historia khmer y a poner en el edificio un establo de puercos. La memoria del sometimiento era uno de los factores de la inercia y por lo tanto había que destruirla. El proceso de colectivización de los pueblos en las zonas liberadas fue un duro desgarramiento para los campesinos: trasladaron pueblos de un lugar a otro, transformaron la historia de las familias y construyeron nuevas comunas. La coerción migratoria tuvo el efecto contrario: los campesinos se dieron a una resistencia pasiva y después huyeron a las ciudades. Phom Penh, una ciudad que contaba en 1968 con quinientas mil almas, tenía cuatro años después tres millones de habitantes. Los líderes del khmer rojo trabajaron también largo tiempo en torno a una idea, los niños y jóvenes eran el único grupo sobre el que valía la pena insistir, su educación sería la del hombre nuevo.

LÁGRIMAS QUE HAIG ENJUGÓ

Las duras condiciones de la paz en Vietnam, el incesante bombardeo estadunidense y la larga penetración del khmer rojo en todo el país, fueron minando el gobierno de Phom Penh. Lon Nol sabía que era inútil seguir combatiendo sin un ejército respaldado por los Estados Unidos. Reclutados en la leva y entrenados en un campo de golf sus ciento veinte mil hombres fueron diezmados sin piedad. Treinta días después del golpe, sin una estrategia determinada, desaparecieron doce batallones. Los primeros escarceos con las guerrillas costaron quince mil muertos. Aparte de los errores tácticos y la inexperiencia de sus tropas, el khmer rojo cerraba sus pinzas sobre Phom Penh. Washington decidió retirar sus efectivos, pues el Congreso vetaba la nueva aventura de Nixon. Alexander Haig entra entonces en acción. Su trayectoria política nació en Kampuchea, la primera misión importante como asistente de Kissinger. A sólo unos meses de la invasión, Haig se entrevistó con Lon Nol. Era sumamente problemático hacerle ver la necesidad de Nixon. Por lo pronto, seguirían contando con el apoyo aéreo, ya que se trataba de cortarle la salida al Vietcong. Haig buscaba dar coherencia a las decisiones de su gobierno sobre todo claro las globales viendo y tratando de resolver los principales problemas de Indochina en su conjunto, y no como casos locales, aislados, independientes unos de los otros. Lon Nol hizo un enorme esfuerzo por describir el carácter nacional de los khmer, explicando que los bombardeos lanzaban al grueso de la población hacia las filas comunistas. Haig respondió escuetamente. Dijo que Nixon, presionado por el Congreso, había decidido retirar sus tropas en unos meses; pero a cambio ofrecía un vasto programa económico y militar. Nol rompió en llanto repitiendo, desesperado, que estaba perdido sin los ejércitos estadunidenses. Desconsolado y fuera de sí, le dio la espalda sollozando. Haig que contaba con todo menos con esa reacción, le pasó un brazo por el hombro y se quedó ahí reconfortándolo un buen rato. Le prometió renegociar la decisión en Washington. Es verdad que en el Congreso se luchó por la no intervención en Camboya, pero el designio de continuar los bombardeos era la condición misma del éxito de la nueva política de paz. Pocas cosas, sin embargo, han desacreditado tanto al tratado de paz entre Hanoi y Washington como el no haber suspendido el bombardeo sobre Camboya. Al día siguiente de la firma del tratado, el poderío bélico de los Estados Unidos se descarga de pronto sobre el país de los khmer. Del 28 de enero al 15 de agosto de 1973, un bombardeo de saturación raras veces conocido en la historia arrasa el país. Cientos de B-52 lanzaron no sólo explosivos de tipo convencional, sino también bombas de percusión, napalm defoliadores químicos y gas paralizante. De las quinientas cuarenta mil toneladas de bombas arrojadas desde el comienzo de la operación Breakfast, doscientas cincuenta mil cayeron en esos últimos siete meses, vale decir: dos veces más que todas las que lanzaron sobre Japón durante la segunda guerra mundial. Según las cifras oficiales del Pentágono, dos millones de kampucheanos salieron huyendo de las zonas no controladas por Lon Nol. Hou Yun calculaba que ochocientas mil personas habían muerto bajo los bombardeos, entre ellas diecisiete mil combatientes del khmer rojo. Hacia el ocho de febrero, Henry Kissinger salió rumbo a Bangkok. Había citado a una conferencia de embajadores en el sudeste asiático. Los representantes de Washington en Laos, Vietnam del Sur y Camboya aguardaban instrucciones sobre la nueva táctica después de la firma del tratado de paz. Emory Swank, embajador en Phom Penh, recibió la orden de convertir a su embajada en un puesto de combate, pues la consolidación de la paz reclamaba el bombardeo implacable y extensivo. De allí en adelante Swank no seguiría pasando información estratégica a la Séptima Flota sino que le tocaba elegir aprobar y controlar las zonas de bombardeo. Coby Swank, orgulloso diplomático de carrera, no quiso mancharse las manos en la empresa. Delegó la responsabilidad diaria, el trabajo de alcantarillado, a su consejero, Thomas Ostrom Enders, el actual subsecretario parlamentario para asuntos de América Latina.

En octubre de 1970, Lon Nol abolió la monarquía y proclamó la república. El país ya estaban en guerra.

Los camboyanos en guerra. Tomaban muy pocos prisioneros.

ALONG COMES ENDERS

Thomas Ostrom Enders, dos metros seis centímetros de estatura, pertenece a una adinerada familia conservadora de Connecticut. Hizo estudios de economía en Yale y Harvard. En la universidad fue miembro de una exclusiva sociedad secreta Scroll and Key. Recibió el premio Henry Snow por haber sido el mejor alumno de su generación. All American Boy, mereció el razonado elogio de sus profesores y, como muy pocos estudiantes, obtuvo el nombramiento de S0cholar of the House. Esa distinción le permitió avocarse a un problema concreto: la Economía de Marruecos en la Edad Media. Más tarde estudió en la Sorbona y abandonó su tesis de doctorado para ingresar al servicio exterior. Antes que nada era hombre de resoluciones un ejecutor y un ejecutivo. Ese rasgo sobresaliente, pues, llegó a impresionar a sus jefes. No todos apreciaban su distante frialdad, pero nadie puso en duda su inteligencia. A más de su talento para las decisiones, no permitía que se difiriera nunca el tiempo de su aplicación. A pesar de su intolerable arrogancia. Enders encabezaba la lista de los diez funcionarios más jóvenes de la administración de Nixon. A los treinta y nueve años de edad, era el segundo diplomático de la embajada de los Estados Unidos en Yugoeslavia. Pero de pronto su estrella se vino abajo. Como sucede casi siempre en la brega diplomática, Enders y su embajador, William Leonhardt, terminaron casi a golpes. El Departamento de Estado requirió entonces su presencia en Washington y lo castigó severamente. Así, el congelamiento de su carrera era un hecho. Emory Swank le dio la oportunidad de romper el cerco y reconstruir su trayectoria profesional. A principios de 1972, Thomas Enders se encontraba otra vez en una embajada, la de Phom Penh. Swank manifestaba una sorda pero firme oposición a la guerra en Camboya, a la que juzgaba como “la más inútil de las guerras en Indochina”.

Es decir, no ofrecía ninguna seguridad Thomas Enders era el hombre que Kissinger y Haig habían esperado en ese puesto. Pero le costó largos meses de forcejeo apoderarse de la jefatura. Al salir Swank de vacaciones, Enders asumió la dirección de la embajada y la transformó en un reducto de la doctrina Nixon. Su actitud ante sus compañeros resultó ser deplorable por todos conceptos. Sin gran espectacularidad, pero en forma sostenida, recomendaba respaldar a Lon Nol a cualquier precio. Como ahora con las elecciones en el Salvador, Enders saludaba la victoria de Lon Nol en los supuestos comicios como un paso significativo en la consolidación de la democracia camboyana. Acomodaticio y sagaz, Tom Enders se dedicaba, sin la autorización de Swank, a sabotear las investigaciones de los inspectores del Congreso estadunidense en Phom Penh. Sintiendo un profundo desprecio por la prensa, trabajó incansable hasta lograr la expulsión de Silvana Foa, un incómodo corresponsal de la UPI y el Newsweek. Finalmente encontró en el general John Cleland, jefe de las operaciones militares en Camboya, a un aliado eficaz. Cuando, en febrero de 1973, la embajada recibió la orden confidencial de dirigir el bombardeo, nuestro scholar se quitó los guantes blancos y se puso a trabajar. La mancuerna Enders-Cleland se entregó a la tarea de parcelar el mapa de Camboya hasta la última pulgada, seleccionando durante siete meses los objetivos más importantes. Aunque las sugerencias venían del cuartel general de las tropas de Lon Nol, el equipo de la embajada se reservó siempre la última decisión Mark Barent agregado militar de la misión ha dicho que ya en pleno vuelo nadie atendía al mapa “se dejaron ir contra todo”. Pero para septiembre, las tropas vietnamitas se habían retirado de Camboya y Phom Penh era una ciudad sitiada. Lon Nol resistió catorce meses más, irritado y enfurecido, aferrándose a la idea de que si Thieu sobrevivía, si Saigón se mantenía, él podía hacerlo también. Mientras tanto China obligaba a Sihanouk al diálogo con los Estados Unidos. La ofensiva del khmer rojo el año de 1974, fue abrumadora y sangrienta. Conquistaron los alrededor de Phom Penh, tomaron las ciudades más importantes y prepararon la ofensiva final. El primero de abril de 1975 Lon Nol salió rumbo a Honolulu y Washington aceptó en un telegrama, ceder el gobierno al príncipe Sihanouk y sus guerrilleros. El general había dejado de ser presidente de la república, lo cual daba un margen de maniobras más amplio y un tanto más flexible para negociar el próximo gobierno.

Abril de 1973, Sihanouk, el lider nominal de los comunistas, visita de a los guerrilleros, Aquí abraza a Khieu Samphan.

Lon Nol, Que sufrió un infarto en 1971. luego de un bombardeo comunista a Penh en febrero de 1974, fueron destruídas unas diez mil casas.

VISIÓN DE LOS HERIDOS Y EVACUACIÓN DE LAS CIUDADES

La nublada mañana del 17 de abril de 1975, los contingentes del khmer rojo entraron en la ciudad de Phom Penh. Vestidos de negro y con la pañoleta de los campesinos al cuello, desfilaron en silencio por el Boulevard Monivong. Lo que más llamaba la atención eran esos muchachos de doce y quince años con la metralleta AK-46 al hombro. Fueron colocándose en los cruces más estratégicos de la ciudad como si la conocieran de memoria. A los once de la mañana, varios comandos se presentaron en el hospital general el Preah Ket Melea, recorrieron los pasillos llenos de heridos y ordenaron que se pusieran de pie y abandonaran la ciudad. De todos los hospitales salieron miles de enfermos y heridos. Poco a poco fue formándose una caravana grotesca. En el candente calor de aquel verano, dio comienzo un éxodo inenarrable. Hombres sin piernas se arrastraban por las calles, niños y muchachos ciegos se ayudaban poniendo las manos sobre los hombros de los lisiados, una procesión de soldados paralíticos y mutilados caminaba a empellones. Decenas de personas traían a sus niños envueltos en bolsas de plástico y un grupo de camas improvisadas avanzaba lentamente dejando atrás una estela de sangre y sueros. Muchos heridos cargaban a sus muertos, pero los iban abandonando en el camino. Setenta mil enfermos y heridos abandonaron Phom Penh en un lapso de tres horas. Por los magnavoces la directiva de Angka ordenaba la total evacuación de la ciudad. Se recomendaba llevar sólo los alimentos necesarios, abandonar sus pertenencias y no protestar. Los extranjeros debían concentrarse en la Embajada francesa; los demás, hacerse al camino. Al caer la tarde del 17 de abril, las multitudes se había congregado en las vías de salida, apenas podían avanzar unos metros y miles de familias se desmembraron para siempre. El congestionamiento de ese tráfico humano era tan intenso que los vigilantes no se dieron abasto. En sólo cuatro días tres millones de personas abandonaron Phom Penh rumbo a las comunas de trabajo. El año cero comenzaba, la historia se había detenido. Los evacuados eran el pueblo de hombres nuevos, cuyo destino sufría una transformación de fondo. Hechizados por el vértigo de la purificación, los líderes del Khmer rojo pusieron en práctica su teoría. Las ciudades eran el centro de la corrupción capitalista y alentaban a las fuerzas contrarrevolucionarias. Un comisario político justificaba la evacuación diciendo claramente: “La ciudad es intrínsecamente perversa, pues en ella domina el dinero. Podemos transformar a los individuos, pero nunca a las ciudades. Nuestros hombres deben aprender a dominar la naturaleza, es decir: ponerse a cosechar y sembrar. Deben aprender también, y no olvidar jamás, que la ciudad los pervirtió. Las ciudades han sido sinónimos del capitalismo”. Dos meses antes de la victoria, el Partido Comunista de Kampuchea había celebrado su último congreso. Más que un congreso fue un enfrentamiento de facciones. Hou Yun se opuso a todas las medidas, sobre todo a la evacuación de las ciudades, argumentando que se trataba de una locura. Los guardaespaldas de Pol Pot, al parecer, lo asesinaron cuando regresaba a su casa. La primera fase del proceso de purgas internas y exterminio, empezaba con su muerte. Pol Pot, el hombre fuerte del khmer rojo había dividido en tres amplias categorías a la población de su república campesina: en primer lugar estaban los elegidos que recibían una ración completa de alimentos y podían ocupar puestos políticos dentro del partido. Es decir, los miembros del Partido Comunista y los campesinos más desposeídos; en segundo lugar venían los candidatos, quienes recibían media ración alimenticia y trabajaban en puestos administrativos; eran los revolucionarios urbanos y los campesinos medios; y por último los desarraigados, que apenas recibirían una ración y que encabezaban la lista de fusilamientos. Ese género de enemigos del pueblo lo constituían los habitantes de las ciudades, los intelectuales, los monjes budistas y los campesinos incorregibles al servicio del capital. Nadie había contado con que algún día lo llevaría a la práctica. Por otra parte, el temor paranoico de los jefes de Angka iba creciendo mientras más se consolidaban en el poder: a siete meses de la victoria el gobierno de Pekín les ofreció ochenta tanques. El khmer rojo careció de ellos siempre y los chinos ofrecieron también entrenar a sus pilotos. La directiva de Angka seleccionó a un grupo de niños entre los nueve y los once años. Los militares chinos se negaron a entrenarlos y resolvieron capacitar a varios soldados del khmer rojo. Al regresar a Phom Penh los nuevos pilotos fueron pasados por las armas.

El primero de abril, Lon Nol huyó.

Abril 17 de 1975. El victorioso klimer Rojo entró a Phnom Penh y de inmediato empezó a evacuar la ciudad por la fuerza. 

LA CIUDAD FANTASMA EN EL PAÍS DE LOS NIÑOS

Según cálculos de los políticos chinos, a finales de 1975 habían muerto un millón de kampucheanos de la tercera categoría, entre ellos noventa mil monjes budistas aproximadamente, quienes encarnaban el poder de la tradición dentro del Estado. El khmer rojo se ensañó con ellos, pues los consideraba parásitos de la nueva sociedad: no sembraban arroz, lo recibían de los campesinos. Un principio enunciado por San Pablo, motor de la ética protestante y después artículo de la Constitución Soviética tomaba en Kampuchea el carácter de una amenaza de muerte: “El que no trabaja no come”. Además, campesino que diera comida a un monje, podía considerarse muerto. Khieu Samphan definía la nueva religión: “El único Buda importante es el pueblo. El pueblo lo puede todo, hasta lo imposible. Si le somos fieles, nada importa eliminar a un monje budista”. Al comenzar 1976, el khmer rojo proclama la Constitución de la República Democrática de Kampuchea. En ella se prometía trabajo a todos los khmer y se subrayaba: “En nuestra república no existe el desempleo. Todos los khmer pueden creer libremente cualquier cosa, pero las religiones reaccionarias están prohibidas… En Kampuchea deben regir en la misma medida la igualdad, la justicia, la armonía y la felicidad”. De esta utopía asesina -como la ha llamado Pin Yathay- quedaron sólo las comunas de trabajo, en donde vivían hacinados millares y millares de campesinos y gente de las ciudades que buscaba sobrevivir. La medida del Partido Comunista de reinstalar al príncipe Sihanouk en el poder fue de índole estrictamente política y se dirigió contra sus enemigos del exterior. Una circunstancia facilitaba sus propósitos: el estar ya en marcha el sistema de espionaje y aprovisionamiento ideado desde el principio. Pol Pot designó varios jefes subalternos: Ieng Sary, ministro de relaciones exteriores; Khieu Samphan, primer ministro; Hu Nim, Prensa y Propaganda; Son Sen, Ministro de la defensa. Los demás cuadros importantes cambiaron de nombre e identidad. Aunque parezca increíble, Kampuchea se cerró durante tres años (1975-1978). A finales del siglo XX, una nación cierra sus fronteras, congela todas sus relaciones diplomáticas rechaza cualquier ayuda económica, menos la de China, y expulsa a todos los extranjeros. La directiva de Angka autorizó un solo vuelo quincenal a Pekín. El dinero desapareció como transmisor de corrupción, los correos y los teléfonos se suspendieron para siempre, dinamitaron el edificio del banco central y quemaron todos los archivos, bibliotecas, expedientes, actas de nacimiento y defunción. Como si fuera un capítulo de la obra de Elías Canneti, Phom Penh era una ciudad fantasma y nadie, salvo algunos funcionarios, podía vivir en ella. Habían alejado sus temores y exterminaban la memoria del pasado. Un film yugoeslavo para la televisión mostraba por primera vez, en 1977, algunas imágenes. Ciudades desoladas, cientos de edificios vacíos, carrocerías de automóviles abandonadas, diplomáticos confinados a sus casas y algo tan extraño como incomprensible: los nombres de todas las calles habían sido borrados. Las únicas fuentes que corroboraron los sucesos en Kampuchea eran los testimonios de refugiados, las emisiones de Radio Phom Penh captadas en Tailandia y las narraciones hechas después por los sobrevivientes. Sihanouk, que había regresado a finales de 1975, fue recibido con todos los honores, destituido de sus cargos más tarde y puesto bajo arresto domiciliario. Doce años en la jungla y la guerrilla, perseguidos por los B-52, sin contacto con el exterior, temiendo ser anexados por Hanoi, fueron creando sin duda una actitud paranoica. Vivo aún el recuerdo del bombardeo estadunidense, los militantes del khmer rojo aseguraban que la invasión era inevitable. Soldados, desde luego, no escaseaban. Pero algo llamó la atención de un grupo de diplomáticos yugoeslavos y suecos. En su rápido recorrido por el país vieron más jóvenes que adultos. Los niños trabajaban en las fábricas y en los astilleros de Kompong Som, formaban grupos en los puertos y organizaban el comercio. Los campos de arroz que vieron al pasar estaban llenos de gente joven y era como si la mayoría de los adultos hubiera desaparecido. Los diplomáticos no hicieron conjeturas al respecto, pero uno de ellos declaró: “fue como un film absurdo, como una cruenta pesadilla. Es difícil creerlo, pero es verdad”.

CIFRANDO EL HOLOCAUSTO

La catástrofe se presentó en forma de hambrunas. Cientos de miles sucumbieron al hambre y las enfermedades. A finales de 1976, Pol Pot prohibió la medicina occidental; no existían medicamentos y las hierbas tradicionales no servían. El ochenta por ciento de la población sufría de paludismo. Contra su voluntad, tuvieron que importar quinina de Pekín. Radio Phom Penh llamaba a la siembra: “El arroz significa mañana acero y fábricas, energía y tractores”. La cosecha de 1976 fue escasa; pero al verano del año siguiente cada persona recibía novecientos gramos de arroz. Un descomunal esfuerzo colectivo debió haber mejorado la siembra; el khmer rojo se proponía transformar de raíz el sistema agrícola de la nación la civilización de Angkor les servía de ejemplo. Había controlado las aguas en un espacio donde las lluvias del Monsun eran torrenciales, pero breves; había construido canales y presas, impedido las inundaciones y aumentado la producción de arroz. No faltó entonces trabajo ni alimentos para todos. Khieu Samphan escribía en su disertación doctoral que en la civilización de Angkor la producción agrícola había hecho posible las ciudades; ahora se trataba de que hiciera posible la futura industrialización. Pero la ideología les ganó en todo momento. La creación del hombre nuevo era más importante que la economía. El viejo y corrupto individualismo occidental debía desaparecer en favor de la colectividad. Sin embargo, la instrucción y el adoctrinamiento impartido por adolescentes de quince años era tan absurda como ineficaz. El 27 de septiembre de 1976 Pol Pot renuncia a la presidencia y desaparece. Un año después dan comienzo las purgas dentro del partido. Un decreto de Pot ordenaba destruir y eliminar a los agentes de la CIA y a los de la KGB: “Aún cuando sacrifiquemos a un millón de militantes, nuestro partido debe limpiarse. Hay que destruir a los agentes vietnamitas infiltrados en nuestras filas, a los espías estadunidenses que sabotean nuestro proyecto”. Por agentes extranjeros Pol Pot entendía los jefes regionales, una suerte de caciques o jefes de las zonas militares más importantes del país, que ejercían un poder ilimitado sobre la organización del partido y las tropas. Desde la buscada clandestinidad, Pot fue eliminándolos uno a uno. Hu Nim, el último de los estudiantes moderados, fue detenido y llevado a la prisión de Toul Sleng. Allí le arrancaron la confesión. Se acusaba a si mismo y declaraba ser la cabeza de una conspiración masiva. El 23 de septiembre de 1977, Pol Pot regresó a Phom Penh y se autonombró primer ministro. después de treinta meses de hegemonía de Angka, dio a conocer la existencia del Partido Comunista de Kampuchea.

Kampuchea ha sido el gran pudridero de nuestra historia más reciente. Su crónica se inscribe en los anales del terror contemporáneo. Allí se dieron cita puntualmente los intereses más diversos. En diciembre de 1978, Pol Pot había exterminado al sesenta por ciento de su personal administrativo. Sin embargo, las cifras terminan por no decirnos nada. De los siete millones se habitantes que vivían el año de 1978 en la tierra de los khmer, sobrevivieron sólo tres millones. Ahora no hay en Kampuchea tradición o escrito que recuerden su pasado. La primera guerra entre países socialistas, el encuentro entre China y Vietnam, llevó a las tropas vietnamitas a liquidar el régimen de Pol Pot. El 7 de enero de 1979 los ejércitos de Hanoi ocuparon Phom Penh por enésima vez. El príncipe Sihanouk salió un día antes rumbo a Pekín. Khieu Samphan salvó la vida milagrosamente. El khmer rojo o lo que de ellos quedó, se refugió en la jungla. Una frase del ministro chino, Deng Xiaoping, resume nítidamente esta historia: “No importa el color ideológico de un gato, mientras pueda devorar a los ratones”.

P.D.

Esa estadística del terror encuentra su último dato en los descubrimientos del 10 de septiembre de 1982. En la provincia de Kandal se encontraron más de mil cuatrocientas fosas comunes. Se calcula que contienen los restos de unas cincuenta y cuatro mil personas. En Svay Rieng, cincuenta kilómetros al sudeste de Phom Penh, se hallaron también setecientas fosas comunes que guardan los restos de treinta y ocho mil individuos. Todas las víctimas fueron asesinadas, al parecer, con garrotes o heridas a cuchillo.