La zonificación sísmica que contiene el Reglamento de Construcciones de la Ciudad de México es errónea, pues está disociada de la realidad. Los que elaboraron esta norma han ignorado las evidencias que la naturaleza ha ofrecido desde 1985, y que han sido recogidas en diversos trabajos de investigación (Fundación ICA, 1988 & 1989 e Iglesias, 1987 & 1989). Dicha zonificación es una derivación de modelos matemáticos sin el respaldo de la observación directa que, como se comprueba con este sismo, han sido insuficientes para proteger la vida y el patrimonio de los ciudadanos. Para justificar esta aseveración comparto las siguientes reflexiones, producto principalmente de las experiencias del sismo de 1985.

En 1985 solo hubo dos estaciones acelerográficas en la zona de terreno blando conocida como zona de lago, lo que impidió la identificación instrumental de la distribución de intensidades en la Ciudad de México y su zona metropolitana.

El trabajo que dirigí en la UAM, a partir de la evaluación de la capacidad resistente de 162 edificios dañados por el sismo en 1985, nos permitió identificar las zonas de mayor amplificación de la intensidad. Estas zonas de mayor riesgo estuvieron definidas por porciones de suelo blando atrapadas entre zonas de suelo firme, cercanas entre sí en la dirección de llegada del sismo, que en esa ocasión fue aproximadamente este-oeste. Así ocurrió entre el centro de la ciudad y Chapultepec; y entre el Cerro de la Estrella y Churubusco (Iglesias, 1987).

Con base en los resultados así obtenidos, en 1987 se presentó al subcomité de normas un mapa de zonificación sísmica de la ciudad de México que reconocía estas zonas y proponía elevar en ellas los requerimientos de resistencia respecto al resto de la zona del lago cuando menos en 50%. El organismo que elaboró el Reglamento de Construcciones de 1987 incorporó el mapa propuesto, pero sin elevar los requerimientos de resistencia en las zonas de alto riesgo identificadas (Figura 1).

Figura 1. Mapa de zonificación sísmica del Reglamento de Construcciones de 1987

Fuente: Iglesias, 1987.

En 1989 las estaciones acelerográficas ya instaladas entonces permitieron elaborar mapas de las intensidades de los sismos de febrero de 1988 y abril de 1989 (Fundación ICA, 1987 & 1989), con epicentros localizados al sureste y al sur de la ciudad respectivamente. En el primer caso, con una dirección semejante al sismo de 1985, se corroboró la observación ya hecha, pero en el segundo, los mecanismos de amplificación aparecieron esta vez entre los bordes de la zona del lago entre Xochimilco y Tláhuac, donde se activó la amplificación por interacción lateral en dirección norte-sur. Esto hizo evidente que las zonas de amplificación máxima en la zona del lago eran diferentes entre sismos con distintas ubicaciones del epicentro.

Como resultado de esta observación, durante el VIII Congreso Nacional de Ingeniería Sísmica de 1989 se propuso un nuevo mapa de zonificación que hacía hincapié en incorporar como zona de alto riesgo al menos la zona de lago alrededor de Tláhuac, nuevamente insistiendo en incrementar los requerimientos de resistencia en esas zonas (Iglesias, 1989). Esto tampoco fue atendido por los autores del Reglamento de Construcciones (Figura 2).

Figura 2. Mapa de zonificación sísmica propuesto en el VIII Congreso Nacional de Ingeniería Sísmica, 1989

Fuente: Iglesias, 1989.

En 2004, la última modificación al Reglamento de Construcciones, actualmente vigente (Figura 3), redefinió el mapa de zonificación sísmica eliminando las zonas de alto riesgo incorporadas en el mapa de 1987. En su lugar se introdujo una clasificación con varias zonas cuya definición depende esencialmente del espesor del estrato de subsuelo blando y desestima los efectos de interacción lateral que fueron identificados en 1985. Así, el mapa actual es un reflejo de la profundidad de los depósitos arcillosos, que no considera la dinámica tridimensional del fenómeno sísmico. Incluso, en algunas zonas de lago entre Xochimilco y Tláhuac, se disminuyeron en 25% los requerimientos de resistencia especificados en 1987.

Figura 3. Mapa de zonificación sísmica del Reglamento de Construcciones de 2004

Pero la naturaleza es necia y los datos acelerográficos del sismo que acaba de ocurrir señalan la aparición de aceleraciones extraordinarias precisamente entre el Cerro de la Estrella y Churubusco, que alcanzan hasta el doble de lo registrado en la colonia Roma, así como en la zona de lago sur, entre Xochimilco y Tláhuac, con aceleraciones entre 20% y 70% mayores que en la Roma. Esto coincide plenamente con las propuestas mencionadas y no con la zonificación actual del reglamento (Figura 4).

Figura 4. Aceleraciones registradas por la Red Acelerográfica de la Ciudad de México el 19-09-17

Nota: Aceleraciones máximas registradas en las 19 estaciones acelerográficas que tuvieron registro de las 79 que conforman la Red Acelerográfica de la Ciudad de México.
Fuente: Centro de Instrumentación y Registro Sísmico, A. C., CIRES

Si se considera que la aceleración máxima registrada en 1985 en SCT fue de 168 cm/s2 (punto que sirvió de base para la elaboración del Reglamento en 1987), los registros obtenidos ponen de relieve que las aceleraciones en zonas como la colonia Roma fueron muy inferiores a las registradas en 1985 en SCT. En cambio fueron mucho mayores precisamente en las zonas de alta intensidad sísmica ya descritas.

En la Figura 5 se comparan los registros de la Red Acelerográfica de la Ciudad de México con la propuesta de 1989. En ella se aprecia que las mayores aceleraciones (puntos cafés) se producen entre el Cerro de la Estrella y Churubusco hasta con 225 cm/s2, y también en Tláhuac con 190 cm/s2. En ambos casos valores muy superiores a los 114 cm/s2 de la colonia Roma, lo cual subraya la necesidad de elevar los requerimientos de resistencia en estas zonas, de la misma manera que en 1985, con un sismo con ubicación epicentral distinta, se hizo evidente la necesidad de elevarlos también entre el centro de la ciudad y Chapultepec.

Figura 5. Superposición del mapa de aceleraciones registradas por la Red Acelerográfica de la Ciudad de México el 19-09-17 con la propuesta de zonificación sísmica de 1989


Fuente: Elaboración propia.

Para tomar en cuenta estas lecciones y mejorar la normatividad actual, es necesario que la determinación de la sismicidad de la CDMX se base principalmente en las observaciones de los efectos de los sismos sobre las construcciones y no solamente en modelos matemáticos imperfectos y limitados que no coinciden con ellas. La elaboración del Reglamento de Construcciones, en lo que concierne a la seguridad estructural ante sismos, no puede quedar solamente en manos de un grupo de académicos encerrados en sus computadoras sin contacto con la realidad, como en el viejo chiste de la Universidad de Berkeley sobre el científico que recibe el encargo de estudiar la salud de las vacas y lo primero que dijo fue: “empecemos por suponer una vaca esférica”.

En la definición de las normas de construcción deberían participar activamente los profesionales de la ingeniería y la arquitectura y no dejar en la ciencia de escritorio la decisión del nivel de seguridad que debe garantizarse a la población. La interacción entre la práctica y la abstracción es impostergable. Hoy es imprescindible salir a la calle para analizar los edificios dañados como se hizo en 1985 y obtener de ellos la información que permita calibrar a partir de los daños los parámetros de diseño del Reglamento de Construcciones y la zonificación sísmica de la ciudad. En este sentido también debe transparentarse quienes son los autores de las normas, que siempre han sido anónimas, para que ellos también asuman la responsabilidad que les corresponda ante la sociedad.

Finalmente, se debe subrayar la importancia de recuperar la memoria de estos últimos 32 años para incorporarla al Reglamento, y reconocer con humildad que la comprensión de la sismicidad de la Ciudad de México es un proceso acumulativo de observaciones que prácticamente se inició en 1985 y que debe mantenerse permanentemente en desarrollo. Si no lo hacemos así nos veremos condenados a la fatalidad de ver en el futuro como se repiten las tragedias del pasado.

 

Jesús Iglesias Jiménez
Maestro en ingeniería estructural por la Universidad Nacional Autónoma de México. Premio Nabor Carrillo a la Investigación del Colegio de Ingenieros Civiles de México.


Referencias:

1. Iglesias, J. (1987). "Zonificación sísmica de la Ciudad de México". VII Congreso Nacional de Ingeniería Sísmica, Querétaro, México.

2. Fundación ICA. (1988). “El sismo del 8 de febrero de 1988 en la Ciudad de México. Vol.2. Análisis de los acelerogramas registrados. Primera parte”. Fundación ICA 2, agosto 1988. México: ICA.

3 Fundación ICA. (1989). “El sismo del 25 de abril de 1989 en las costas de Guerrero. Mapas de distribución de aceleraciones máximas”. Fundación ICA 3-5, junio 1989. México: ICA.

4. Iglesias J., (1989). "Sismicidad de la Ciudad de México." Memorias del VIII Congreso Nacional de Ingeniería Sísmica y VII Congreso Nacional de Ingeniería Estructural, Acapulco, Gro.

 

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