Hay la vieja historia del agricultor ruso en tiempos del zar que un día de primavera oyó una voz interior que le decía: “¡Ivan Ivanovitch, siembra centeno!”. Sembró centeno cuando todos los otros campesinos estaban sembrando cebada y cogió la mejor cosecha de muchos kilómetros a la redonda. Al año siguiente todos plantaron centeno, pero su voz le advirtió: “¡Ivan Ivanovitch, siembra cebada!”. Entonces alquiló un pedazo de tierra sin cultivar y sembró cebada con tal éxito que, aunque todos los demás se arruinaron, él ganó lo suficiente como para emigrar con toda su familia. Cuando llegó a Nueva York, su voz le dio nuevas instrucciones: “¡Ivan Ivanovitch, compra chatarra!… Ivan Ivanovitch, compra sacos de yute… Ivan Ivanovitch, compra…”. Siempre vendía con un beneficio del cien por cien. Pronto se convirtió en un hombre acomodado. La voz le decía: “Ivan Ivanovitch, compra Aceros Bethlehem… Ivan Ivanovitch, compra tabacos cubanos…”.

Cuando ya tenía unos treinta mil dólares, se fue a Las Vegas y se sentó a las mesas de juego. La voz dijo: “¡Ivan Ivanovitch, juega rojo cinco veces seguidas, y dobla las apuestas cada vez!”. Apostando mil dólares la primera vez, pronto tuvo treinta y dos mil dólares más.

Entonces se acercó a la mesa de las grandes apuestas, donde la apuesta mínima era de diez mil dólares. La voz dijo: “¡Ivan Ivanovitch, pon todo tu dinero en el número 7!”. El siete salió, y ustedes mismos pueden calcular cuánto dinero tuvo entonces. Le entregaron enormes cantidades de billetes, en paquetes y bolsas. Entonces Ivan Ivanovitch se dijo en ruso: “Supongo que debería parar”. Pero la voz insistió: “¡Ponlo todo en el 23!”. Así lo hizo, sin darse cuenta de que esta vez la voz no se había dirigido a él como de costumbre, llamándole por su nombre. Y, en el mayor silencio que se recuerda en Las Vegas, la bola rodó dando vueltas por la ruleta, y se detuvo en el 24… “¡Mierda, Ivan Ivanovitch!”, dijo la voz que sí era.

 

Fuente: Robert Graves, La comida de los centauros y otros ensayos (traducción de Lucía Graves y Elena Lambea), Alianza Tres, Madrid, 1994.

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