Pasaron varias cosas divertidas la noche después de que trascendieron los ya famosos correos electrónicos. La primera, el cómico Stephen Colbert le pidió perdón a Eric Trump, el hermano chico de Donald Junior. “Siempre dijimos”, confesó Colbert, “que Eric era el más lelo de los hermanos. Nos equivocamos”.

La imagen de un Donald Trump Junior alborozado y jubiloso, coordinando una reunión entre la cúpula de la campaña republicana y una abogada que traía filtraciones del gobierno ruso, para luego verse obligado a compartir los emails probatorios de un hecho que linda en la traición a la patria, lo ubica entre los grandes idiotas de la historia política contemporánea. Incluso los tiempos de la “confesión” de Donald Junior tuvieron su vis cómica, ya que siguieron inmediatamente después de la reunión de Trump con Putin, en Hamburgo, donde Trump le habría arrancado a Putin una aseveración muy sincera de que el gobierno ruso no había interferido en las elecciones estadunidenses que llevaron al poder al propio Trump. 

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Ilustración: Patricio Betteo

La segunda nota de entrenamiento vino porque, tras de su confesión, Donald Trump necesitaba un abogado. Hoy por hoy, no es seguro que Donald chico haya infringido una ley al aceptar reunirse con la abogada rusa para conspirar encontra de Hillary, pero no resulta imposible que haya una investigación criminal en su contra. Lo divertido fue que Donald Junior escogió al abogado Alan Futerfas para que lo defendiera.

El señor Futerfas es un abogado conocido porque entre sus clientes más ilustres hubo varios capos de la mafia, como Anthony Russo, por ejemplo, así como también algunos grandes hackers acusados de actividades criminales, como Nikita Kuzmin, que tuvo que pagar casi siete millones de dólares en compensación por crear un programa diseñado para vulnerar cuentas bancarias. Ahora el señor Futerfas defiende a Donald Trump Junior, que de hecho queda perfecto en la foto con sus demás clientes.

Ni lento ni perezozo, el comediante Conan O’Brien hizo el comentario de que “Donald Trump Junior está siendo defendido por un abogado de la mafia que ha litigado en pro de cuatro de las familias del crimen organizado neoyorquinas. Ahora el abogado ha abultado su currículum: hoy defiende a cinco familias del crimen neoyorquinas.”

 A propósito de esto mismo, el cómico Jimmy Kimmel comentó: “Ayer Donald Junior contrató un abogado que ha sido el representante de varios miembros de la mafia, cosa que tiene sentido, porque los Trump se parecen a la familia Corleone —claro, si en esa familia todos hubiesen sido como Fredo.” 

La imagen de Fredo Corleone, persiguiendo putas en Las Vegas, y acomplejado por no haber sido tomado en serio nunca, resuena mucho con la del hijo idiota, Donald Trump Junior, capitaneando un operativo para recibir filtraciones del gobierno ruso. Y es que además los “contactos” que alcahuetearon el encuentro secreto entre el trío Donald Junior-Jared Kushner-Paul Manafort con la bella, malévola y James-Bondesca abogada rusa Natalia Veselnitskaya, fueron dos promotores del concurso de belleza organizado por Trump en Moscú, el señor Rob Goldstone y el cantante ruso Emin Agalarov, hijo del multimillonario Aras Agalarov, magnate de bienes raíces, socio de Trump, y también organizador del concurso de belleza de Moscú en 2013.

Estamos entonces ante un enjuague de juniors, hijos de los dueños de un concurso de belleza, ligados a negocios multimillonarios en bienes raíces. Igualito que los Corleone en Las Vegas. Putas, casinos y bienes raíces. Conocemos bien, además, la actitud que ha caracterizado a Donald Trump padre respecto de actrices y concursantes —en eso, ni siquiera Trump padre es muy diferente de Fredo Corleone—. En la famosa grabación que trascendió durante la campaña, Trump le presumió a Billy Bush: “Las mujeres bellas me atraen automáticamente, nomás las veo y las empiezo a besar.  Es como si fueran un imán. Nomás a besar. Ni si quiera me espero. Y cuando eres una estrella, te dejan que lo hagas. Puedes hacer lo que sea… Agarrarlas de la vagina. Puedes hacer lo que sea”. Son líneas que perfectamente hubieran podido salir de la boca de Fredo.

Un concurso con decenas de mujeres bellísimas. El padre y jefe del clan Trump y del clan Agalarov han ojeado lascivamente, besuqueado o sobado a cuanta belleza se acerca, mientras sus hijos aprenden el negocio y se divierten. De ahí salieron los contactos utilizados por el gobierno ruso para filtrar información que quizá ayudaría a sepultar la campaña de su archienemiga, Hillary Clinton, que perdió la elección habiendo ganado por una diferencia de tres millones de votos.

Todavía montado en el jet Air Force One, Trump y su equipo se enfrascaron en discusiones, echándose la culpa unos a otros, y moviéndose para darle a sus bases lo que necesitan para seguirse quejando de la supuesta cacería de brujas que se ha montado en su contra. En un trance parecido, Michael Corleone se hizo condecorar por el Papa, pero no creo que los Trump lleguen a tanto. Como dijo Jimmy Kimmel, los Trump serían idénticos a los Corleone, si todos los Corleone hubiesen sido como Fredo.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

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