Este año se cumple el centenario de Visión de Anáhuac, ensayo canónico de Alfonso Reyes. Como ha señalado Rafael Rojas, el texto tiene una cualidad epocal. En él las edades de la nación se ven reflejadas en el valle de México, cuna y destino de la civilización mexicana. Como artífice de la región más transparente, Reyes también es el fundador de un singular mito. Mi primer contacto con Visión de Anáhuac fue contencioso; en mis años universitarios, en los cuales practicaba la cetrería, un colega aficionado afirmaba con absoluta contundencia que los antiguos mexicanos eran cetreros consumados. Sin embargo, mis pesquisas históricas no habían encontrado ninguna prueba de tal cosa. La cetrería prehispánica parecía una ocurrencia. No lo era. Lo supe un día mientras hacía fila en la caja de un supermercado. En la sección de revistas estaba una edición popular de Visión de Anáhuac. Hojeándola di por casualidad con el pasaje en el cual Reyes describe el boato de la corte de Moctezuma. Ahí, Reyes afirma lo siguiente: “El emperador es aficionado a la caza; sus cetreros pueden tomar cualquier ave a ojeo, según es fama; en tumulto, sus monteros acosan a las fieras vivas. Más su pasatiempo favorito es la caza de altanería; de garzas, milanos, cuervos y picazas”.

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Ilustración: Belén García Monroy

¿De dónde había sacado Reyes la idea de que  Moctezuma tenía cetreros? Cortés había consignado en sus Cartas de relación la existencia de un zoológico provisto de aves de presa, pero no había ahí una palabra de cetrería. ¿Pura invención? Los egipcios la conocían, los chinos y los sumerios también; ¿por qué nos los aztecas? Pero Reyes era un portento de conocimiento enciclopédico para descartar el pasaje a la ligera. Así que volví a las crónicas de la Conquista. Y un día, después de muchas pesquisas, encontré lo que buscaba. La clave estaba en la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Ahí Bernal Díaz del Castillo narra un curioso episodio, ocurrido durante el cautiverio del emperador azteca: “y si hubiese de contar las cosas y condición que él tenía de gran Señor, y el acato y servicio que todos los señores de la Nueva España y de otras provincias le hacían, es para nunca acabar, porque cosa ninguna que mandaba que le trajesen, aunque fuese volando, que luego no le era traído; y esto dígalo porque un día estábamos tres de nuestros capitanes y ciertos  soldados con el gran Moctezuma, y acaso abatióse un gavilán en una sala como corredores por una codorniz… y como el gavilán se abatió y llevó presa, viéronlo nuestros capitanes, y dijo uno de ellos, que se decía Francisco de Acevedo, ‘el pulido’, que fue maestresala del Almirante de Castilla: ‘Oh, qué lindo gavilán, y que presa hizo, y tan buen vuelo tiene’. Y respondimos los demás soldados que era muy bueno, y que había en estas tierras  muchas buenas aves de caza de volatería; y el Moctezuma estuvo mirando en lo que hablábamos, y preguntó a su paje Orteguilla sobre la plática y le respondió que decíamos aquellos capitanes que el gavilán que entró a cazar era muy bueno, y que si tuviéramos otro como aquel que le mostrarían a venir a la mano, y que en el campo le echarían a cualquier ave aunque fuera grande, y la mataría. Entonces dijo el Moctezuma: ‘pues yo mandaré ahora que tomen ese mismo gavilán y veremos si lo amansan y cazan con él’. Todos nosotros los que allí nos hallábamos le quitamos las gorras de armas por la merced; y luego mandó llamar a sus cazadores de volatería y le trajesen el mismo gavilán; y tal maña se dieron en le tomar, que a horas del Ave María vienen con el mismo gavilán, y le dieron a Francisco de Saucedo, y le mostró el señuelo…”.

En realidad, el pasaje de Bernal es prueba de que Reyes estaba equivocado: Moctezuma no tenía cetreros, porque la cetrería —ese extraño arte de amansar y entrenar aves de presa para la caza— le era desconocida a los antiguos mexicanos. Tan estrambótica le pareció al  incrédulo Moctezuma la pretensión de entrenar rapaces que le ordenó a sus tramperos que capturasen al gavilán y se lo dieran a los españoles para que éstos probaran que tal cosa era posible. Cuando Reyes leyó a Bernal interpretó “cazadores de volatería” como cetreros. ¿Qué significaba “volatería” en el siglo XVI? En el Diccionario de Autoridades aparecen dos acepciones, una general y otra muy específica. El primer significado es “el conjunto de diversas aves” y el segundo, muy especializado en cetrería, es “la caza de aves que se hace con otras entrenadas a este efecto”. El ensayista eligió tomar “volatería” como cazar otras aves con halcones, cuando el contexto hace evidente que los españoles se referían simplemente al conjunto de aves en general. Por eso dicen los conquistadores, en voz de Bernal, que en América había “muchas buenas aves de caza (rapaces) de volatería (otras aves)”. Los cazadores de volatería de Moctezuma no eran cetreros, como creía Reyes, sino tramperos de aves en general. Tal vez en Anáhuac se parasen águilas en nopales, pero definitivamente no se entrenaban gavilanes.

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE. Autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.