La mayor parte de las drogas recreativas, de la cocaína y la heroína a la nicotina y la cafeína, tienen efectos bien comprendidos en las moléculas receptoras de las células cerebrales. No ocurre así con el etanol, como se conoce entre los químicos al tipo de alcohol que emborracha a las personas. Los mecanismos moleculares que subyacen al etanol están muy mal comprendidos. Pero una cosa sabida es que a los cangrejos de río les afectan las mismas concentraciones de esa sustancia como las que afectan a los humanos. Como los cangrejos de río tienen también células nerviosas grandes y de fácil estudio que pueden examinarse como pistas respecto a los mecanismos moleculares del etanol, algunos científicos de la Universidad de Maryland están utilizándolos en el intento de ubicar esos mecanismos.

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Sus últimos experimentos involucraron a 102 de esos crustáceos que fueron transferidos a un tanque que contenía una solución de etanol en agua y los videograbaron durante tres horas para ver qué pasaba. Como era de esperarse, aquellos animales expuestos a la solución más concentrada, 5.8% en volumen, la fuerza de una cerveza potente, se pusieron bien borrachos. Primero empezaron a dar vueltas caminando de puntitas. Luego les dio por menear rápidamente la cola y darse de marometas. Finalmente, los más ebrios acabaron tirados de espaldas, dando patadas al aire —que diga: al agua

 

Fuente: The Economist, abril 21, 2017.