Los filibusteros admitieron la conveniencia de aceptar entre ellos ciertos principios de mutua seguridad y ayuda. En cuanto al reparto del botín tenían sus reglas para evitar riñas y desaveniencias. La leyenda del capitán pirata que a lo largo de sus correrías se queda con la fortuna, está lejos de la realidad.

Cuando todo estaba ya preparado en el barco, la tripulación se reunía en cubierta para discutir a qué sitio era conveniente enfilar la proa en busca de fortuna, según los datos de que disponían, bien fuera por la confesión arrancada por la fuerza a los prisioneros o por saberse la fecha en que los galeones pasaban por ciertos lugares. Discutían también algunos principios y disciplinas, a los cuales cada uno debía someterse, sea en el gobierno del barco o en el ataque. Una vez discutidos deberes y obligaciones, era común que escribiesen los acuerdos y que cada uno de los aventureros pusiera su firma o señal, para atestiguar que por su voluntad se adherían a lo asentado en el documento. La división del botín se hacía tomando en cuenta la importancia del cargo. El capitán apartaba para su hacienda cinco o seis veces más que la parte que le correspondía a un humilde marino. El segundo de a bordo recibía dos partes y los oficiales según la importancia del cargo. A los simples marinos les tocaba igual parte de las ganancias. Entre la tripulación figuraban también los grumetes o aprendices de pirata, que a la hora del reparto recibían media paga. Entre las obligaciones de éstos estaba la de prender fuego al barco en que se encontraban, en caso de que los filibusteros prefirieran seguir sus correrías en la nave capturada, por considerarla mejor que la suya.

Un aspecto merece especial interés: el de las indemnizaciones. No ignoraban los aventureros que durante el combate podían perder algunos de sus miembros o quedar inválidos por el resto de sus días, por lo cual previamente se especificaba la cantidad a que tenía derecho en caso de accidente. Como sigue.

Pérdida del brazo derecho: 500 duros o 5 esclavos.

Pérdida del brazo izquierdo: 400 duros o 4 esclavos.

Pérdida de la pierna derecha: 500 duros o 5 esclavos.

Pérdida de la pierna izquierda: 400 duros o 4 esclavos.

Pérdida de un ojo: 100 duros o un esclavo.

Pérdida de un dedo: 100 duros o un esclavo.

Conviene hacer notar que entre los filibusteros se admitía la posesión de esclavos. Sobra decir el trato que recibían los esclavos con tal clase de dueños.

 

Fuente: Francisco Santiago Cruz, Los piratas del Golfo de México, Editorial Jus, México, 1962.

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