Existen razones de peso para justificar la preocupación de la población sobre el riesgo en la salud por los contaminantes en el río Atoyac. En las últimas décadas se han presentado denuncias por parte de la ciudadanía y organizaciones no gubernamentales en relación a daños ambientales en la cuenca del Alto Atoyac y el deterioro en la salud de los residentes de Puebla y Tlaxcala.1, 2, 3 La denuncia más notoria se llevó a cabo en 2011 ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en la cual se plantea, entre otros asuntos, que los severos daños en la salud en poblaciones cercanas al río y la presencia de cuadros patológicos que incluyen irritación, lagrimeo y dolores de cabeza, así como casos de anemia, leucemia y púrpura trombocitopénica se encuentran asociados a la extrema contaminación del río Atoyac y Xochiac.4

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Ilustración: Kathia Recio

Aun cuando los estudios realizados por el gobierno sobre los riesgos sanitarios en torno a esta problemática ambiental son escasos, la información disponible a la fecha, emergida de investigaciones científicas, advierte la creciente amenaza de daños graves e irreversibles en la salud que ameritan la adopción de medidas urgentes.

La condición tóxica del río ha sido demostrada a través de diversas pruebas experimentales con bacterias, crustáceos y peces. En estos bioensayos se han evidenciado los efectos negativos tras la exposición de estos organismos a distintas concentraciones del agua del río. Las pruebas de toxicidad aguda con Daphnia magna (crustáceo) y Vibrio fischeri (bacteria) confirman la presencia de contaminantes químicos en el río que afectan de forma terminal a estos organismos acuáticos.1, 5, 6, 7 Los resultados indican que el agua del Atoyac es nociva en el tramo comprendido entre el estado de Tlaxcala (Villa Alta) hasta la presa Valsequillo (Puebla), caracterizándose por ser muy tóxica en zonas cercanas a la presa1, 5 a partir de donde se obtiene el agua para el riego de un área de más de 22 mil hectáreas, que incluye 17 municipios de la zona de Tecamachalco- Tehuacán (Distrito de Riego 030) y sembradíos ubicados en Ocoyucan, Atlixco e Izúcar de Matamoros.8, 9 El agua del río Atoyac también es utilizada para la irrigación de cultivos en localidades agrícolas de Tlaxcala.10

Adicional a las pruebas de toxicidad, se han realizado otros ensayos biológicos con el agua del río Atoyac para evaluar el potencial mutagénico (modificaciones genéticas) y los efectos teratogénicos (alteraciones en el desarrollo embrionario) de la mezcla del agua del río en organismos de prueba.5, 11 Los resultados de los estudios indicaron que las sustancias contenidas en la corriente del Atoyac generan efectos mutágenicos en bacterias Salmonella typhimurium, y alteraciones en el desarrollo embrionario de peces Danio rerio en los cuales que se registraron malformaciones, aun en medios con una baja dosis de estas aguas contaminadas.

En el río se han encontrado más de 50 contaminantes, entre los que figuran compuestos y elementos cancerígenos para el humano reconocidos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), tales como benceno, cloruro de vinilo, arsénico, tricloroetileno, níquel, cadmio, cromo total, hierro; otros compuestos y metales que se pueden anticipar razonablemente sean cancerígenos para el humano por los datos que existen, tales como nitrobenceno, plomo, cloroformo, cloruro de metileno,1, 2 diclorobenceno,1, 2 dicloroetano, tolueno, tetracloroetileno, dietilftalato, bromodiclorometano, nitratos, nitritos,1, 3 diclorobenceno, y un teratógeno muy potente como el mercurio.1, 10

Además de la presencia de sustancias nocivas provenientes de los vertidos de las industrias de tres corredores industriales (Quetzalcóatl, Ixtacuixtla y Huejotzingo), del Complejo Petroquímico Independencia y de más de 30 empresas de la maquila de mezclilla intraurbana,12 enormes cantidades de contaminantes biológicos ingresan al Atoyac por medio de las descargas municipales.1 Densidades de hasta 38 millones de bacterias en un volumen de 100 ml se han contabilizado en algunas zonas del río;5 esto es como decir que en una pequeña tacita de café están presentes 38 millones de bacterias de origen fecal, entre las cuales se pueden encontrar bacterias patógenas como Escherichia coli, Klebsiella y Salmonella, entre otras.

El cauce del río también es contaminado por las aguas de escorrentía que contienen plaguicidas y fertilizantes provenientes de las amplias extensiones agrícolas de riego,12 así como por las descargas residuales de hospitales13 y otros servicios.

El tema de los vertidos residuales de origen hospitalario en la cuenca del Alto Atoyac ha sido pobremente abordado. La situación que se presenta es delicada pues estas aguas de desecho no presentan un procedimiento específico para su tratamiento previo a la descarga (salvo unas pocas excepciones), y se regulan por normas desarrolladas para el sector industrial y municipal en las que no se considera la presencia de contaminantes emergentes tal como fármacos, medios de contraste radiológico, sustancias hormonales; muchos de ellos son altamente peligrosos y pueden influir en el desequilibrio de las comunidades biológicas y generar un riesgo para la salud.13

En un estudio experimental realizado en 2016 con muestras de aguas residuales provenientes de un hospital de Puebla, las cuales se descargan al río Atoyac a través del alcantarillado, se evidenció que aun cuando estos efluentes reciben un tratamiento previo a la descarga y su calidad cumple sustancialmente con los estándares establecidos en la norma oficial correspondiente, dichas aguas residuales afectan negativamente la supervivencia de los organismos de ensayo (moscas Drosophila melanogaster) y producen malformaciones y cambios en la proporción sexual de la población. Los resultados de la investigación revelaron la presencia de sustancias tóxicas y genotóxicas (daños en el material genético), y la presencia de compuestos con actividad disruptora endócrina que afecta la expresión de los diferentes genes de las moscas, tal como el colesterol. Además de identificarse la presencia de colesterol y un derivado de éste, el colestanol (ambos excretados por las heces y orina), se detectó tetracloroetileno, el cual es liberado tras ser empleado en operaciones de desgrase (disolvente de limpieza), y es registrado por la EPA (Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos) como una sustancia tóxica para la atmósfera, y probablemente carcinogénico en seres humanos por cualquier ruta de exposición.13

Con base en la información presentada es racionalmente previsible la existencia de riesgos inminentes en la salud, tomando en cuenta que en las adyacencias del río se encuentran centros poblados los cuales están potencialmente expuestos a las sustancias tóxicas y organismos patógenos por diferentes vías.

De acuerdo al informe de Riesgo Sanitario realizado por la Conagua en 2008,14 más de dos millones de personas de Puebla y Tlaxcala tienen un alto potencial de exposición a través de la inhalación de vapores y partículas suspendidas en el aire, así como la ingestión de alimentos y agua contaminada por residir en un radio de dos kilómetros del río o de las descargas de aguas residuales.

Las poblaciones que habitan a unos metros del río y los canales abiertos son las más vulnerables a la inhalación de compuestos tóxicos volátiles, tales como el cloruro de metileno y el cloroformo.5, 10 La exposición a los tóxicos presentes en el agua de ríos y canales de riego, así como la contaminación del aire por vapores de los mismos, posiblemente sea crónica, pues los niveles de tóxicos con los que la población tiene contacto son bajos, comparados con los niveles que pueden alcanzar en un ambiente de trabajo, pero la exposición es prolongada y recurrente, es decir, todos los días con fluctuaciones a lo largo del día, que se agudizan en la noche, cuando ocurren las descargas, y los siete días de la semana durante todo el año.10

Daños genotóxicos, es decir, daños en el material genético debido al efecto de sustancias químicas tóxicas, fueron detectados en los habitantes de localidades aledañas a los ríos Atoyac y Xochiac, y canales de riego independientemente de su ocupación laboral y posible exposición de químicos a través de esta vía (agricultores, trabajadores de industrias, etcétera).10, 15 En dicho estudio realizado en 2006 por la UNAM se registró una mayor cantidad de daños genotóxicos en poblaciones cercanas al río (un kilómetro) en las cuales se han reportado casos de leucemia, púrpura trobocitopénica, asma, entre otras enfermedades, en comparación con aquellas que se encontraron a distancias mayores (> 4 Km).

El daño en el material genético de las células, generados por compuestos genotóxicos, puede traducirse en cambios en la información genética, alterando el funcionamiento celular, lo que lleva al desarrollo de tumores, a mal funcionamiento de tejidos por la alteración de la producción de proteínas o del funcionamiento enzimático y en el peor de los casos, a un incremento de mutaciones en células germinales masculinas o femeninas lo cual afectará a los descendientes de los individuos.10

Además de la inhalación, la exposición a la contaminación puede darse por la ingestión de alimentos, pues uno de los aprovechamientos del río Atoyac es el agua para la agricultura,1 por lo que el riesgo a enfermedades infecciosas es alto tomando en cuenta que en el agua además de químicos, se encuentran grandes cantidades de bacterias de origen fecal (coliformes fecales), particularmente en el tramo que recorre el Valle de Puebla, excediendo sustancialmente el límite máximo permisible según las normas oficiales correspondientes,1, 5, 6 lo cual representa un tremendo riesgo sanitario considerando que el agua del río Atoyac se utiliza para el riego de cultivos de consumo humano, y a diferencia de la contaminantes químicos donde el efecto puede manifestarse en períodos largos, la incubación de bacterias se dan en cuestión de horas-días y los efectos son inmediatos y peligrosos sobre todo para niños menores de cinco años.16

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No solamente en el agua contaminada del río Atoyac se pueden encontrar bacterias patógenas de humanos, sino también virus, protozoarios y nematodos (gusanos). Brotes de ciclosporiasis producidos en 2012, 2013 y 2014 en Estados Unidos se han asociado con la ingesta de cilantro contaminado, cultivado en Puebla, de acuerdo a las evidencias epidemiológicas y evaluaciones de rastreo realizadas por la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) y el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).17 La ciclosporiasis es una enfermedad infecciosa producida por el protozoario patógeno intestinal, Cyclospora cayetanensis, que afecta el tracto digestivo y provoca diarreas (de hasta un mes), pérdida del apetito, pérdida de peso, dolores musculares, vómito y fatiga, y se contagia al ingerir alimentos principalmente crudos o beber agua contaminados.18

La existencia de enfermedades diarreicas es un problema generalizado en la región del Alto Atoyac,2 de manera que es probable que muchas de estas enfermedades gastrointestinales sean causadas por el consumo de alimentos contaminados. En un estudio sobre los impactos de la contaminación en la región del Alto Atoyac,2 se estimaron un millón 48 mil 689 casos de diarrea en el año 2005, destacándose el incremento significativo en el número de eventos a medida que la población se ubicó en zonas más contaminadas o de mayor exposición (zona más baja de la región por donde pasa el río Atoyac y Alseseca finalizando en la presa de Valsequillo). En dicho estudio se menciona que las enfermedades de la piel se consideran también un problema importante en la cuenca del Alto Atoyac.

Además de la contaminación microbiológica de cultivos regados con el agua del Atoyac, la contaminación química de alimentos representa un riesgo a enfermedades crónicas no infecciosas en la población que consume dichos productos de manera recurrente. Los metales pesados presentes en las aguas residuales se pueden acumular (almacenar) en las especies cultivadas, y en los organismos que consumen estas plantas (humanos, herbívoros), así como estar incluidos en los productos que se obtienen a partir del ganado que se alimenta de estos vegetales (leche, quesos, etcétera), y pueden causar problemas de salud pública por sus efectos citotóxicos, cancerígenos y mutagénicos.20

Concentraciones de cadmio, mercurio, níquel se han encontrado superiores al límite máximo permisible para uso agrícola y protección de la vida acuática de acuerdo a la NOM-001-ECOL-1996 en algunas zonas del río, los cuales fueron ubicados por el IMTA en 2005 dentro de la lista de los analitos de mayor relevancia dada su carcinogenicidad y toxicidad sistémica en humanos y la concentración detectada en el río. Sin embargo, de acuerdo a los estándares de la OMS y la Guía de Calidad de Agua Canadiense, la concentración de otros elementos como el cromo, hierro, manganeso, plomo, mercurio y zinc medidos en varias zonas del río en dicho estudio, rebasaron los límites para uso agrícola y la protección de vida acuática.1

Hace unos meses salió publicado un estudio científico sobre la evaluación del riesgo en la salud de los niños debido al consumo de leche de vacas que se alimentan con forraje irrigado con aguas residuales, en zonas de Tlaxcala y Puebla, entre ellas Tecamachalco la cual depende del agua de la presa de Valsequillo para el riego de cultivos. Los resultados de las estimaciones indicaron que la salud de estos niños corre un grave riesgo por el consumo de leche producida en la región, señalando que el consumo de pequeñas cantidades de metales pesados (individual o combinados) y crónicamente, representa una alto riesgo de contraer enfermedades no cancerosas y cancerígenas. Se determinó a través de los índices calculados, alto riesgo en la salud de los niños por el consumo de arsénico (elemento cancerígeno) en leche de vaca, ya que éste puede actuar como un modulador del sistema de defensa inmune del cuerpo que podría inmunocomprometer al huésped, dejándolo predispuesto a condiciones no cancerosas en el corto plazo y crónicamente podría sufrir alguna forma de cáncer.20

Las estimaciones arrojaron que la población más vulnerables al riesgo fueron los niños de tres meses hasta la pubertad, en cuya etapa existe una mayor predisposición a la acumulación de metales en relación a la población adulta, por el consumo de una mayor cantidad de alimento por unidad de peso corporal. Los autores de la investigación señalan que existen coincidencias entre sus datos y los datos de la Secretaria de Salud en donde se reportan alta tasas de cáncer en niños a nivel nacional.

La inquietud sobre el tema de salubridad en torno al Atoyac se encuentra más que fundamentada, lo que reafirma la necesidad de actuar, pues las amenazas de daños graves e irreversibles en la salud son un hecho. E independientemente de que no se haya podido constatar que la contaminación del río sea causa de muerte en la región, los riesgos en la salud son inminentes y la falta de certidumbre total no debe usarse como razón para posponer la adopción de medidas.

Ya han pasado más de 10 años desde que se registraron daños genotóxicos en poblaciones cercanas al río, y en ese tiempo la contaminación se ha incrementado. En virtud del escenario descrito surge la inquietud: ¿cuál será el estado de salud actual de las personas a las que se les detectó en 2006 daño genotóxico, las cuales se encuentran más predispuestas a enfermedades cancerígenas? ¿Habrá aumentado el número de afectados dado el tiempo transcurrido y el incremento de la contaminación? ¿Qué alternativas tienen las personas que viven cerca del río para disminuir los riesgos en la salud por la contaminación ambiental?

Sin duda, nos encontramos ante una situación que amerita con urgencia la atención del gobierno y de la población en general, pues las amenazas a la salud se incrementan en correspondencia con la contaminación ambiental. Es preciso que se apliquen las medidas preventivas y se realicen estudios toxicológicos orientados a identificar los riesgos en la salud y daños generados por la contaminación ambiental, así como a identificar a la población que presenta signos de afectación a fin de ofrecerle la atención médica necesaria. Finalmente, es necesario realizar campañas informativas de salud de carácter preventivas y que se informe a la población sobre los riesgos a los que se encuentran expuestos en la medida se realicen los estudios respectivos.

Bibliografía

1. Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA), Estudio de clasificación del río Atoyac, Puebla-Tlaxcala. Informe final, 2005.

2. Rodríguez-Tapia, L., y Morales Novelo, J.A., Contaminación del Atoyac, daños ambientales y tecnologías de mitigación, primera edición, Universidad Autónoma Metropolitana, 2014.

3. Greenpeace México, Ríos tóxicos: Lerma y Atoyac, la historia de negligencia continua, 2014. http://bit.ly/2smZVh5

4. Comisión Nacional de Derechos Humanos, Recomendación por Contaminación del río Atoyac, núm. 10 /2017 http://bit.ly/2tqyt1r

5. Sandoval Villasana, A., Pulido-Flores, G., Monks, S., Gordillo Martínez, A.J., y Villegas Villarreal, E., “Evaluación fisicoquímica, microbiológica y toxicológica de la degradación ambiental del río Atoyac”, Interciencia, México, 2009, 34 (12), pp. 880-887.

6. Dale la Cara al Atoyac http://bit.ly/2upOGRo

7. Bravo, L., Sánchez, J.J., Izurieta, J.L., Tomasini, A., Evaluación toxicológica del río Atoyac, Pue., y su relación con los parámetros fisicoquímicos. Segundo Congreso Nacional AMICA, 2015.

8. Conagua, Estadísticas agrícolas de los distritos de riego. Año agrícola 2012-2013, 2014.

9. Bonilla, M., Ayala, A., González, S., Santamaría, J., y Silva, S., “Calidad físico-química del agua del distrito de riego 030 ‘Valsequillo’ para riego agrícola”, Revista Iberoamericana de Producción Académica y Gestión Educativa, 2015.

10. Montero-Montoya, R., Estudios de identificación de factores de riesgo para la salud en localidades ribereñas de los ríos Atoyac y Xochiac, Informe técnico, primera parte, s/f. Segunda parte: Estudio de Genotoxicidad.

11. Arellano-Aguilar, O., Solís-Ángeles, S., Serrano- García, L., Morales-Sierra, E., Mendez-Serrano, A. y Montero-Montoya, R., Use of the Zebrafish Embryo Toxicity Test for Risk Assessment Purpose: Case Study, J FisheriesSciences.com 9(4), 2015 pp. 52-62

12. Navarro, I., Evaluación ambiental y epidemiológica para identificar factores de riesgo a la salud por contaminación del río Atoyac, México. Proyecto “Documentación y seguimiento de casos de leucemia y trombocitopenia por la contaminación del río Atoyac”. 2003. http://bit.ly/2upM9qv

13. Morales-Mejía, C., Tratamiento fotoquímico aplicado al agua residual de un hospital de la ciudad de Puebla, tesis de maestría en ciencias ambientales, BUAP, 2016.

14. Subdirección General Técnica. Gerencia de Saneamiento y Calidad de Agua, Subgerencia de Estudios de Calidad del Agua e Impacto Ambiental. Comisión Nacional de Agua, Evaluación del riesgo sanitario ambiental de las zonas aledañas al río Atoyac, 2008.

15. Montero, R., Serrano, L., Araujo, A., Dávila, V., Ponce, J., Camacho, R., Morales, E. y Méndez, A., “Increased cytogenetic damage in a zone in transition from agricultural to industrial use: comprehensive analysis of the micronucleus test in peripheral blood lymphocytes”, Mutagenesis, 21(5), 2006, pp. 335-342.

16. OMS, http://bit.ly/2upQ8mF

17. Alerta de importación #24-23 http://bit.ly/2snslHx

18. Centers for Disease Control and Prevention, http://bit.ly/2u520Lz

19. Castro González, N.P., Moreno-Rojas, R., Calderón Sánchez, F., Moreno Ortega, A., y Juárez Meneses, M., Assessment risk to children’s health due to consumption of cow’s milk in polluted areas in Puebla and Tlaxcala, Mexico. Food additives and Contaminants, parte B, pp. 2-7, 2017.

20. http://bit.ly/2ssQVSz

 

Gabriela Pérez-Castresana
Bióloga. Es miembro del doctorado en ciencias ambientales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

 

Un comentario en “Un río que enferma

  1. Bióloga Gabriela Pérez Castresana, es increible e insostenible que a pesar de que decenas o cientos de profesionales serios y competentes como usted, y aún funcionarios que tienen que ver con la salud y el Medio Ambiente que rodea al Río Atoyac y a todos los Ríos y Lagos de México, aún sabiendo desde hace décadas el grado de contaminantes, mutágenos ,disruptores endócrinos, genotóxicos, por mencionar solo a los que dañarán a futuras generaciones, nos hemos mantenido solo en el plano de la descripción, ni siquiera de la Denuncia Científica. Atoyac en especial tiene más de 3,600 Empresas o Industrias bien identificadas que vierten sus Aguas Residuales al río sin ningún tratamiento, igual que sucede con Ríos Santiago Lerma nombrando los más grandes; pero no estamos haciendo nada para corregir lo que la Comunidad Científica ha diagnosticado desde hace décadas. Mi correo es arthro.comercial@gmail.com, me gustaría sumarme a cualquier iniciativa para que ésto se revierta. Un saludo cordial. Dr. Humberto López Leal