1

1920. América. Colgado a 250 metros de altura, martillo en la mano, un albañil napolitano remacha los tornillos de un futuro rascacielos. Nueva York. Bajo él, piso sobre piso, escalón tras escalón, la isla de Manhattan alista su despegue. Single Tower. Chrysler Building. City Bank Hall. Catedrales del capitalismo moderno, en estilo Art Déco, suben hasta perforar el cielo con su punta de aguijón. Desde lo alto, asomándose por una ventana: The Fixer, The Brain, Mr. Big. Arnold Rothstein hace sombra en el amanecer de una nueva América. Amo del mundo de las drogas, el juego, la prostitución. Rothstein es el padre fundador de los primeros pliegues del crimen organizado. Genio que echa a andar un complejo sin el cual el siglo XX no cuadra a los historiadores. Bienvenido al monopolio ilegitimo de lo ilegal. Nido de la serpiente. La otra mitad.

2

La ilegalización del alcohol en 1921 cambia muchas cosas en el establishment político. De un plumazo, el estado abdica a regular un mercado que provee casi 15% de sus ingresos. El control sobre esa gigantesca hacienda pasa entonces a manos expeditas en la administración violenta de todo lo catalogado con el tecnicismo ilegal. Para atraer ese gigantesco negocio, nadie mejor posicionado que The Fixer, The Brain, Mr. Big. Durante los siguientes diez años, las enormes rentas generadas por la Prohibición convierten a amos de proxenetas y contrabandistas en piezas centrales del ajedrez político en América. Check, al financiamiento de carreras políticas en Washington. Check, a los millones de votos que controlan los sindicatos penetrados por la mafia. Check, al equilibrio de entradas y salidas de las que depende la cartera de los bancos de Wall Street.

El corazón de esta nueva América late en la barreada de los Five Points. Mulberry Street, Worth, Cross, Orange y Little Water. En los últimos 20 años, 2.3 millones de italianos, 1.2 millones de irlandeses y medio millón de judíos pagan pasaje para Nueva York. De bienvenida, una gran pancarta: “América para los americanos”. Luego las pedradas. Five Points ofrece a los recién llegados las peores condiciones de todo el hemisferio. Guetos hacinados entre los mataderos hediondos de Canal Street y los lagos de desechos humanos desaguados cada segundo en Collect Pond. Bajo la soberanía incontrovertible de The Fixer, el control del barrio bravo corre a cargo del migrante judío Meyer Lansky y el migrante siciliano Charles “Lucky” Luciano. La red que riega el germen del crimen organizado en América es una sociedad de migrantes compuesta casi enteramente por una mitad judía y una mitad italiana. Welcome to the Five Points. Zona-cero del llamado melting pot de esta nueva América.

guerra

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7 de marzo, 1934. Park Hotel. Cuando el reloj suena las diez de la mañana, la sesión de póker va para los tres días. Hombros sobre la mesa, sudor en la frente, Arnold Rothstein frunce el rostro cada vez que le reparten las cartas. Sus pérdidas: 350 mil dólares. La cantidad es gigante. El juego está arreglado. The Fixer se levanta de la mesa y le canta la trampa a su rival. En el piso tres de Park Hotel se escucha una serie de detonaciones. El charco de sangre sobre la alfombra pertenece al cuerpo de Mr. Big. La muerte de Rothstein es la oportunidad para la formación de un criatura criminal autóctona, Made in América, constituida bajo dos apadrinados: Meyer Lansky y Lucky Luciano. Brains and muscle. División del trabajo. A serpent´s egg.

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Matanzas, Cuba. Cargamentos de ron cubano zarpan a medianoche con rumbo a la Florida. A la mitad del océano, pasando Bahamas, los barriles de aguardiente pasan a nuevos barcos. Lanchas rápidas, a toda velocidad, atracan sin problema en puertos en Miami. El cargamento, seguro, descansa en las bodegas de Luciano y en Cuba ni siquiera sale el sol. El control sobre las rutas de licor cubano es la columna vertebral del asenso de Lucky Luciano. Beso en la mano, Padrino. Capo di tutti capi. Cabeza indiscutible del tribunal supremo de la mafia estadounidense, la Comisión.

Al norte, los bosques: la tierra del desaparecido pueblo Mohicano: Saratoga Springs, Nueva York. Una tras otra, casas de apuestas abren sus puertas para la finísima concurrencia que desde la Gran Manzana hace el viaje a Riley’s Lake House o The Piping Rock Club. El nombre del asunto se llama casinos; el pionero del negocio, Meyer Lansky. Gritos emocionados. Los dados, las faldas diminutas, las flautas de champagne. Clase política y crimen organizado son el blanco y el negro de la misma ruleta. La década de los veinte. La mejor fiesta. La peor resaca.

La mañana del 29 de octubre de 1929 comienza la Gran Depresión en América. Dentro de pocos meses: once millones de desempleados, bancarrota total de la economía de Estados Unidos. El gobierno quebrado de Roosevelt da por concluido el experimento suicida llamado Prohibición. De las manos de la criatura a las manos del estado. El fin de la Prohibición es un revés gigantesco para el poder político de la mafia. Legalización.

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Las cosas, entonces, se mueven rápido. Thomas Dewey, fiscal de Nueva York, capitaliza la coyuntura y declara la guerra a un Luciano con muchísima menos plata. En 1936, los diarios de Estados Unidos reportan el comienzo del que llaman “El juicio del siglo”. El capo di tutti capi es llevado por la fuerza a un tribunal. “Public Enemy Number One”.La fiscalía ve por donde atacar. Le basta con proxenetismo. Regenteo directo de más de 1200 prostitutas. Declaran 68 testigos. Estallan los focos de los flashes. Culpable. Treinta años en una celda en la cárcel de Sing Sing. Y de Sing Sing, los fuegos corren hacia Saratoga. Lansky ve lo que viene y se pone a hacer las maletas. El nuevo destino de la mafia promete sol y playa. Estado de la Naranja: Florida.

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Cinco años después. Un escuadrón aéreo conformado por 350 Nakajimas-115 se descuelga súbitamente del cielo en la bahía de Oahu, Hawaii. El grueso de la flota naval de Estados Unidos en el Pacifico, a partir de ese momento, descansa en el lecho marino. Estados Unidos declara la guerra a Japón. Alemania declara la guerra a Estados Unidos. De noche, submarinos con bandera nazi comienzan a asomar periscopio en aguas de Manhattan: cerca de muelles que, desde la cárcel, controla sin problemas Luciano, el Don. En la mansión de Lansky, en Miami Beach, un oficial de inteligencia naval se presenta en la puerta.

El evento que sigue es una reunión secreta. Reportándose por inteligencia naval (Office of Strategic Services – precursor de la CIA), el capitán Charles McFall. Reportándose en representación de Luciano, Meyer Lansky es todo oídos. La colaboración de la criatura es esencial para asegurar los puertos donde descansa una buena parte de la fuerza naval de Estados Unidos. Los favores de Luciano serán indispensables, también, para asegurar el apoyo de la Costa Nostra (que en ese momento persigue el dictador fascista Benito Mussolini) durante la invasión aliada en Sicilia. La oferta, la libertad: puertas abiertas de par en par. La reunión secreta termina con un apretón de manos. El apretón de manos nunca se deshace. Se convierte en un puño: el puño de la Guerra Fría.

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1945. Ciudad de la Habana. Fulgencio Batista. Grado: coronel. Antecedentes: contacto de Lansky para el tráfico de licor cubano durante la Prohibición. Hace ya mucho tiempo que Batista y Lansky se enriquecen en empresas conjuntas. El coronel Batista es dictador desde 1933: cortesía, por supuesto, de un golpe de estado. El hombre fuerte en Habana es también celoso guardián del imperio de United Fruit (dueña del 40% de los campos de caña del país); Freeport Sulphur Company (dueña del 90% de las minas), Exxon y compañía (dueños del 100% de la producción de petróleo). Pero el principal socio de Batista se llama Meyer Lansky. Rápidamente, Cuba se convierte en la capital mundial de las drogas, las putas y los casinos. La mafia, bigger than US Steel.

Luciano es deportado a Italia como parte del arreglo. Promete jamás regresar. Asoma la cara en Nápoles, Sicilia, Milán. Seis meses después, barco para Caracas. Avión de Caracas a Rio. Avión de Rio a Ciudad de México. En Ciudad de México, un doble toma el vuelo de regreso a Brasil mientras el avión del Padrino acuatiza sin problemas en la bahía de Camagüey. Olor a Cuba. Lansky abraza a su amigo en la nueva guarida. La criatura muestra visos de madurez.

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El Don establece en Cuba el hub hemisférico del producto que nutre al crimen organizado tras la legalización del alcohol. La protagonista de esta historia, a partir de este momento, se llama heroína. De Turquía, la goma de opio sale para laboratorios en Marsella y Sicilia. Transformada en heroína, la carga es despachada a almacenes en Cuba y Canadá. Con Luciano en Habana, Lansky sale para Suiza y compra el Exchange and Investment Bank of Geneva. La lavandería. En Cuba, por supuesto, la fiesta sigue bajo Batista. La fiesta es la ley. ”Mi mojito en la Bodeguita del Medio y después mi daiquirí en el Floridita”, escribe, jocoso, jaranero, después de terminar su último reporte para el Departamento de Estado sobre posibles comunistas en Cuba, el escritor Ernest Hemingway.

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En 1945 tiene lugar en Cuba la gran conferencia de la mafia. La sede, El Nacional. Se presentan para besar la mano del Padrino los titulares y representantes de las Cinco Familias: los regímenes de Bonanno (Nueva Orleans), Colombo (Dallas), Gambino (Atlantic City), Genovese (Nevada) y Lucchese. Los jefes de la la mitad judía, por supuesto, desde Nueva Jersey.  Es la reunión más importante desde que la criatura rompió el cascarón. Formalidades aparte, el asunto sobre la mesa es la heroína. La conferencia se extiende siete días. Frank Sinatra las hace de flete y llega con 1.5 millones de dólares enviados por los caporegime en los que se divide Nueva York.  En Cuba, la criatura adquiere portes de gigante. En sus aposentos, Lansky pone muy claras las cosas para su mujer: “We are bigger than US Steel”.

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El último día de la conferencia en Habana, el vino se volvió vinagre. Vito Genovese, avalentonado, sugiere lo indecible. La presencia del Padrino en Habana se comienza a convertir en un problema para las familias en Nueva York. ¿Consideraría el prospecto de volverse para Italia? Luciano responde la sugerencia rompiéndole tres costillas que lo dejan una semana en el hospital. Pero la cosa revienta cuando Genovese, de regreso en Nueva York, filtra al FBI la ubicación del Padrino. La amenaza que representa Luciano es asunto de seguridad nacional. La presión para deportarlo crece y crece sobre Batista. Al cabo de unos meses, en el puerto de la Habana, apuntando para Génova, sale de nueva cuenta y para siempre, el primer Don.

Al poco tiempo las aguas se amansan, el reventón sigue. Los casinos que controla la mafia (El Comodoro, El Capri, El Montrematre, El Tropicana, etc.) son el verdadero asiento de un basto imperio. Comparado con Habana, Las Vegas en ese momento no es nada. Puntualmente, la gente de Batista se presenta cada noche en cada casino, burdel y antro para el cobro de su diez por ciento. Hasta el espectáculo del hombre más dotado en esa tierra, apodado Superman, descuenta sus deberes para el cleptócrata que gobierna Cuba. En el Malecón de la Habana, muy pronto empezará a construirse el hotel-casino más grande del hemisferio occidental: el Hotel Riviera. En su construcción, Lansky y Batista se van a mitades. ¡Que viva Cuba libre!

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1945. Berlín. Al final de la guerra, los servicios de inteligencia estadounidense, comandados por un hombre llamado Allen Dulles, comienzan a apuntar sus piezas contra la Unión Soviética. Operación Gladio. Dulles recluta a criminales de guerra nazi y cabezas del crimen organizado para articular una red clandestina de left-behinds ubicados por toda Europa. La red Gladio cuenta con cachés de armas destacados en Italia, Francia, Alemania, Bélgica, Grecia y Países Bajos. El blanco de la red clandestina de left-behinds serán gobiernos, sindicatos y políticos socialistas. En Italia y Francia, la CIA reclutará a la mafia de Palermo o Marsella para reventar sindicatos y atacar partidos socialistas. En Paris, lo mismo que en Boloña, la red de Gladio cometerá atentados terroristas con el único propósito de culpar a los comunistas. Una carnicería. The Past is Prologue. El pan y circo.

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La Habana. 31 de diciembre de 1958. Un grupo de mujeres vestidas con ropa de carnaval toma posiciones en el escenario del Tropicana. Los cequíes de sus vestidos, como candelabros en el techo, destellan las luces dirigidas hacia el enorme escenario. Las luces cambian de color. Trompetas. Maracas. Mambos. Fuentes de color, disparadas hacia el cielo. Sensualísima morena, lo llena todo con su impresionante voz. Cajón de rumba, raspa del guayo. ¡Salud! con acento americano. El cover para la mejor fiesta para recibir el año es $4.50. O entrada libre para el área de barra, pegadito a la orquesta, ahí donde la gente de Fidel Castro detonó una bomba exactamente tres años atrás. Desde arriba, el dueño del Tropicana, Santo Traficante, es el hombre fuerte de la criatura en Habana.

Cuenta regresiva para terminar el año. Listas las espantasuegras, las bengalas. Diez-nueve-ocho. Un grupo menos distinguido escucha en su arrabal un anuncio urgente de la radio. Ernesto Guevara ha tomado la ciudad de Santa Clara. Seis-cinco-cuatro. En Palacio de Gobierno, por el bien de Cuba, Batista anuncia su salida del país. Asalto a la tesorería, luego derechito al aeropuerto. Tres-dos-uno. La clase que encabeza el anti-estado que gobierna Cuba es un edificio en la cuenta regresiva para su demolición.

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Días después de la toma de Habana, Santo Traficante se sienta en la mesa con el nuevo mandamás. El hombre fuerte de la mafia en Cuba lleva meses girando efectivo lo mismo a Palacio de Gobierno que a Sierra Maestra. Traficante exige al comandante Castro mantenerse a raya de todos los negocios de la mafia en Cuba. Castro responde ordenando su detención. Fija una fortuna para su rescate. Para pagar la salida de Traficante, un mafioso de poca monta es enviado desde Dallas. Empapado en sudor, Jack Ruby se presenta ante las huestes de Castro para el pago del rescate. Cuatro años después, Ruby es captado por cámaras de televisión metiéndole dos tiros a un presunto asesino de apellido Harvey Oswald.

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1954. Operación PBSUCCESS. Un golpe militar en Guatemala organizado por la CIA derroca al gobierno nacionalista del presidente democráticamente electo Jacobo Arbenz. El golpe evita la nacionalización de una fracción de tierras de la empresa United Fruit. La compañía, en cuya mesa directiva tiene asiento el hermano del director de la CIA, el secretario de Estado John Foster Dulles, es dueña de la mayor parte de la tierra arable en Guatemala. Los ingresos de United Fruit en ese país duplican el presupuesto de su gobierno. Tras el golpe, la agencia coloca en el poder a un militar de confianza: Carlos Castillo Armas. Tres mil personas son aprendidas. Alrededor de mil campesinos en la región de Tiquisiate, controlada por United Fruit, son masacrados. Siguen treinta años de guerra civil.

1955. Operación Ajax. Un golpe militar organizado por la CIA derroca al gobierno nacionalista de Mossadegh en Irán. El primer ministro pretendía nacionalizar el petróleo: se equivocó. Tras el golpe de estado, la CIA instala al Sha, reyezuelo de una dinastía con dos generaciones de existir. Para las plataformas de Anglo Persian y Standard Oil, todo en orden, sin novedades. Diez años después, la reacción contra el Sha no será nacionalista sino islámica.

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1960. Operación Mongoose. Ha pasado un año desde la toma de La Habana. Eisenhower ordena a la CIA iniciar operaciones para derrocar al régimen de Fidel. La decisión se toma tras el decreto de nacionalización de petróleo, minas y tierras anunciado por el gobierno cubano. El puño, apretado. El director para operaciones encubiertas de la CIA, Richard Bissel, entrega 150 mil dólares a Santo Trafficante y Sam Giancana como pago adelantado por el asesinato de Castro. Howard Hunt, principal operador del golpe de la CIA en Guatemala, es el hombre al frente de las operaciones de regime-change que ejecutan, hombro con hombro, la CIA y la mafia. Cuando los atentados contra Castro fracasan, el espectro de maniobras encubiertas de Operación Mongoose se incrementa.

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Enero. Aviones de la CIA, piloteados por reclutas cubanos, dejan caer bombas de fósforo incendiario sobre distritos azucareros en Chapana. Febrero. 400 mil arrobas de caña son incendiadas en el distrito de Camagüey. Refinerías de petróleo en Matanzas y Villas, destruidas. Abril. Estaciones de radio de la CIA inundan desde Honduras el espectro radioeléctrico cubano: invitan al pueblo a hacer una nueva revolución. En Panamá, un grupo de 300 reclutas cubanos inician programas de adiestramiento militar bajo la CIA.  Al mes siguiente, el número de reclutas escala a 1200. Los campos de entrenamiento se trasladan a Guatemala. Noviembre. John F. Kennedy derrota a Richard Nixon en la elección presidencial mas apretada en casi un siglo. Enero. El presidente-electo discute con Eisenhower los avances de Operación Mongoose. Diciembre. La CIA instala dispositivos en plataformas de petróleo ubicadas a 50 kilómetros de Cuba para intervenir las comunicaciones de su gobierno. Las plataformas forman parte de la filial petrolera Zapata Oil, propiedad de un agente de la agencia que, diez años después, se convierte en su director: George H.W. Bush. Enero. Eisenhower se despide del país con un mensaje fuertemente críptico transmitido por televisión. Alerta sobre un complejo militar industrial cuya preponderancia económica le permite imponer sus necesidades en asignación presupuestaria y en política exterior. Para los barones de la industria armamentista, la guerra es simplemente una necesidad. Negocios. Nada personal.

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Tras su salida de Cuba, Batista encuentra eventualmente refugio en la España franquista. Luciano, tres años después, muere de cáncer de pulmón. Para Lansky, la perdida de su imperio en Habana es la ruina. La nacionalización de los hoteles y el cierre de casinos dejan al titiritero de la mafia en bancarrota y depresión. Al poco tiempo, naturalmente, le presentan cargos. Lansky se fuga a Israel. Ahí, Golda Meir, ministro de hierro en Tel Aviv, niega el permiso para que el mayor mafioso del mundo se naturalice bajo la Ley del Retorno. A Lansky se le acabaron las cartas (los políticos). En 1972 el gobierno de Israel lo entrega al FBI.

Cuando Kennedy gana la presidencia a Nixon con el menor margen electoral en casi un siglo, la lista de amarres y pasivos políticos que lo acompañan a la Casa Blanca es sumamente larga. Kennedy ha negociado el apoyo electoral de los sindicatos que controla la Mafia, ahora bajo la tutela de Sam Giancana. En Chicago, los votos que aporta para su campaña el sindicato transportista de Jimmy Hoffa es factor que decide la contienda. Nixon lo sabe. Por eso dirá a los cuatro vientos que los Kennedy le robaron la presidencia. Kennedy también sabe que los apoyos no se regalan.

Los pasivos de Kennedy incluyen deberes a la CIA. Los servicios de propaganda electoral que Kennedy ha recibido de Allen Dulles han menoscabado con éxito la reputación anti-comunista de la marca Richard Nixon. A cambio, Dulles espera del nuevo presidente carte blanche para los movimientos de enroques y derroques que durante años ha llevado a cabo su directorio de operaciones clandestinas. La CIA, a su vez, se convierte cada vez más en portavoz del sector industrial más importante y extendido de la economía de la posguerra: la industria armamentista. Larga, sumamente larga, la lista de deudas y expectativas que abren a Kennedy las puertas de Camelot.

18

Operación Mongoose. Un año.La CIA aun no es capaz de liquidar el régimen de Fidel Castro. El haz bajo la manga siguen siendo los mil 200 reclutas y mercenarios esperando con ansia su movilización en Guatemala. Ansiedad que urge canalizar, si se considera que su fuerza supera las capacidades militares del país recién-golpeado que los hospeda. En mayo, menos por convicción que por compromiso, la Casa Blanca da luz verde. Pero Kennedy advierte a la CIA que no consentirá ninguna acción que descubra la participación de su gobierno. La CIA y los guerreros del Pentágono hacen como que no escucharon. La invasión de Bahía Cochinos se pone en marcha. Operación Zapata.

El plan es muy sencillo. Uno. Un ataque aéreo comandando por la CIA neutralizará por completo la pequeña fuerza aérea de Cuba un día antes de la invasión. Dos. A la mañana siguiente, los 1200 reclutas serán trasladados de “Point Zulu” (60 kilómetros al sur de Cuba) a la bocana sureña conocida como Bahía Cochinos. Tres. La brigada asegura la playa. Sin aviones, el ejercito de Castro no podrá repeler en poco tiempo la invasión. Cuatro. La vanguardia, de ser posible, abrirá entonces un flanco en la defensa de Castro a fin de penetrar la isla y sumar apoyos rebeldes. Cinco. La brigada anunciará, de forma inmediata, la formación de un nuevo gobierno. Estados Unidos le extenderá su reconocimiento y ofrecerá asistencia militar a fin de salvaguardar su legitimidad. Plan sencillo. Calientito del manual. Un pastel.

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Abril 15, 1961. Ocho bombarderos B-22 provenientes de Nicaragua abren compuertas y dejan caer explosivos sobre aeropuertos y hangares militares en Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. Desde el cielo, la fuerza aérea en Cuba parece destruida. El reporte desde tierra llega dos horas después: el daño es extenso pero no es total. Sobreviven cuatro aviones de entrenamiento (ensamblados en 1944) y cuatro cazas de reliquia que recuerdan a los del Barón Rojo. Los planes para la invasión programada para el día siguiente penden, sin embargo, de la neutralización total del poder aéreo en Cuba. El general Curtis LeMay, jefe del estado mayor de la fuerza aérea, pide luz verde a la Casa Blanca para terminar el trabajo.

Ese mismo día, el representante de Estados Unidos niega enfáticamente en el consejo de seguridad de la ONU cualquier participación de su gobierno. Pero las huellas de la CIA están por todas partes. En Washington, Kennedy es presionado por el Pentágono y la CIA para autorizar una segunda incursión aérea. La petición del general Le May, a quien Kennedy no baja de sociópata (entre sus logros destaca la campaña incendiara que borró a Tokio del mapa al final de la Segunda Guerra Mundial) recibe respuesta negativa de la Casa Blanca. La sangre de los guerreros del Pentágono y la CIA se pone a hervir. Entre ráfagas que no paran, los mercenarios y reclutas cubanos se convierten en práctica de tiro para la fuerza aérea de reliquia que le queda a Castro. Kennedy asume la responsabilidad en mensaje de televisión. La distancia que lo separa del ala militarista y reaccionaria del establishment político, desde Bahía Cochinos, se convierte ya en un abismo.

20

Las operaciones del gobierno de Estados Unidos contra Cuba no terminan en Cochinos. Al año siguiente, el jefe del estado mayor conjunto, el General Lyman Lemnitzer, envía para la firma de Kennedy un plan denominado Operation Northwoods. El militar con mayor jerarquía en las fuerzas armadas propone al presidente la ejecución de atentados terroristas contra civiles estadounidenses para atribuirlos a Castro. El documento se queda sin la firma del presidente. Lemnitzer es removido del cargo.

A ocho mil kilómetros de distancia, el secretario Nikita Khrushchev contempla el panorama desde el Kremlin. Tarde o temprano, la CIA va a derrocar a Castro. La respuesta del gobierno soviético, menos de un año después de la invasión, se llama Operación Anadyr. Desde Sebastopol, 50 mil soldados soviéticos son movilizados hacia el Atlántico. Los acompañan: dos divisiones de MIG-16, seis bombarderos, dos divisiones antiaéreas completas, cuatro batallones de tanques y ocho buques que transportan nadie sabe exactamente qué. La caravana rusa penetra el Golfo de México. En Cuba, soldados cubanos construyen plataformas de lanzamiento. Un avión de reconocimiento reporta a Washington el contenido de la carga soviética: seis bombas nucleares de largo alcance, doce ojivas nucleares, ochenta cabezas nucleares de alcance medio. Sobre los ingenios recién expropiados en Cuba, doblan las cañas de azúcar, vientos del Armagedón.

21

Las cartas del planeta se barajan en la Oficina Oval. El generalato que encabeza LeMay, una vez más, exige al presidente bombardear cada centímetro soviético destacado en Cuba. Grabadoras instaladas en los pasillos de la Casa Blanca captan conversaciones de un mando militar murmurando eufemísticamente el prospecto de un golpe de estado contra Kennedy. La espalda del presidente, de donde cuelga el mundo, parece que se revienta. Todos en Washington ignoran que el Kremlin ha ordenado al comando soviético en Cuba disparar automáticamente contra blancos preseleccionados en caso de cualquier agresión del ejercito estadounidense. El generalato que presiona Kennedy está dispuesto a pagar “el último sacrificio”: Dr. Strangelove. Kennedy evita la catástrofe prometiendo a Khrushchev que sacará permanentemente a la CIA de Cuba. Khrushchev le cree. Pero la que no se lo va a poder creer es, por supuesto, la CIA.

22 

1963, Washington. La paleta de colores de otoño cubre Tidal Bay. Las hojas de cerezos, que suspende el agua, tapizan como alfombra roja al rio Potomac. Entre el bosque, la fachada de los monumentos de mármol. El Memorial de Thomas Jefferson, el Obelisco, la Casa Blanca. En el pedimento de uno de ellos, la leyenda Study the Past. A dos mil kilómetros de distancia, Air Force One prepara el aterrizaje. En la ventanilla, la ciudad de Dallas.

Meses atrás, hubo una firma, casi nerviosa, sobre un documento. National Security Action Memorandum 263. Kennedy firma el retiro de los 15 mil soldados estacionados en calidad de “asesores” en el sur de Vietnam. Para la gigantesca industria de armas, cuyo destino depende, en ese momento, de la escalada militar que promete Indochina, la política de distensión que perfila el presidente le augura un desastre financiero. En Virginia, Allen Dulles recibe su carta de despedida en hoja membretada de la Casa Blanca. La guerra total. El fiscal general Robert Kennedy aprieta la tenaza y declara una cruzada contra la mafia. El número de convictos mafiosos se dispara 800%. Carlos Marcelo, jefe de Nueva Orleans, es deportado a Guatemala. Jimmy Hoffa, líder de los Teamsters, enviado a prisión. Guerra total en ambos flancos del Potomac; arriba, los cielos son como abajo, color de ocre.

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Agentes armados, apostados desde la mañana, observaron en en la pista del aeropuerto a Richard Nixon partir temprano en otro avión. Kennedy y su esposa, vestida de rosa, asoman cara por eso del mediodía. Una limosina espera al presidente para comenzar la caravana. La carrocería brilla tanto, parece de charol.  El convoy inicia el viaje rumbo a Dealey Plaza. Main Street. Houston Street. Elm Street. Silencio. En formato 8mm, la intensidad de los colores brilla tanto que deslumbra al espectador. El precio de esa intensidad de colores es la ausencia de sonidos. En 8mm, los gritos del terror se asfixian sin decir nada. Como las pesadillas. Como los guantes de la mafia.

Desde que Lyndon Johnson jura como nuevo presidente en el pasillo de un avión, las cosas cambian rápidamente. En agosto, Estados Unidos declara la guerra a Vietnam del Norte. El motivo: un presunto ataque contra buques estadounidenses en el Mar de Tonkín. El incidente, se sabrá décadas después, es una fabricación completa de la CIA. En los siguientes cuatro años, el número de tropas estadunidenses en Vietnam pasa de 15 mil a más de medio millón. Estados Unidos arroja más bombas sobre Vietnam que el total de explosivos utilizados en la Segunda Guerra Mundial. La factura que pasará la industria armamentista será de 770 billones de dólares (actuales). Casi nada: la mitad del producto interno bruto del país. La formula es simple: siembra terror y cosecharás armas. La factura de Vietnam supera la de cualquier otra guerra, con la excepción de una: la futura deuda de 2 trillones de dólares que genera otra fabricación completa, llamada Irak.

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Vietnam. Una década antes, el avance imparable del ejercito nacionalista de Ho Chi Min hizo de la Indochina francesa un prospecto claramente inviable. La rebaja de apoyos desde Paris, poco a poco, condujo a la derecha francesa a encontrar nuevas fuentes de financiamiento para mantener su colonia. La respuesta del servicio de inteligencia francés se llamó entonces Operación X. La equis. El opio.

Al arrancar los cincuenta, elementos reaccionarios del servicio de inteligencia francesa encuentran en los campos de amapola la respuesta para sus problemas de financiamiento. Desde Saigón, cargamentos de opio controlados por inteligencia francesa hacen el viaje de 20 mil kilómetros hasta atracar en puertos en Sicilia y Marsella. El cargamento, convertido en heroína, sale para Estados Unidos. Los barcos, repletos de armas, emprenden el viaje de regreso a Saigón.  Ahí, en el palacio colonial de Foulhoux, con sus columnas adornadas con efigies de amapola, los espera el comandante de las fuerzas de la ocupación francesa: Raoul Salan. Diez años después, Salan será el líder del golpe de estado contra Charles De Gaulle. El grupo subversivo que encabeza, la Organisation Armée Secrète, colocara bombas  en estaciones en Paris y Boloña con el único fin de culpar a los comunistas. La carnicería, la CIA, el Cóndor.

Batalla de Dien Bien Phu. La derrota del ejercito francés sepulta las esperanzas coloniales de la derecha francesa. En Ginebra, los acuerdos de paz dividen a Vietnam en dos. Al norte del paralelo 17: el ejercito independentista de Ho Chi Min. Al sur: el reino del emperador Bao Da, quien opta por gobernar a su país desde la comodidad de su departamento en Paris. El arreglo firmado en Ginebra establece que los “dos Vietnam” serán reunidos en el marco de una elección presidencial programada para el año siguiente. A nadie cabe la menor duda que el popular Ho Chi Minh va a arrasar los comicios. Cuando la administración de Eisenhower se pone a trabajar, el prospecto de un Vietnam unificado se termina.

En Saigón, el gobierno que entrega Francia a sus viejos colaboradores -fiscal y militarmente hablando- es la paja y el aire. El mayor soporte del limitadísimo régimen en Saigón (con un jefe de estado domiciliado en Paris) es el control que hereda sobre el tráfico de opio. Ngo Dinh Nhu, jefe de la policía y hermano del primer ministro, es la estrella del mercado. En los años que siguen, la producción en el llamado “Triángulo Dorado”, controlada por los aliados de Estados Unidos, ya no para de crecer.

En consecuencia, el número de adictos en el mercado más lucrativo también se incrementa. Primero solo entre negros, luego soldados, luego todo el país. En Estados Unidos, el numero de adictos pasa de 60 mil en 1965 a 560 mil en 1971. Cosa de seis años. Una investigación del congreso en 1969 determina que uno de cada cinco soldados en Vietnam consumen heroína regularmente. El opio, por cierto, es transportado por una compañía llamada Air America. La aerolínea, por supuesto, es de la CIA. Los aviones transportan el grueso del opio cultivado en Burma (que controla otro aliado anticomunista de la CIA, el Kuomintang) a laboratorios en Saigón y Hong Kong. En 1975, cuando los americanos salgan por fin del país, la tráfico de heroína desaparecerá en esa región de Asia. Entonces, el grueso de la producción mundial aparecerá, como por generación espontánea, en el nuevo frente de la CIA: Afganistán.

25

La amapola se convierte en la principal fuente de recursos locales para los grupos islamistas en guerra contra la Unión Soviética. El mujahideen. El cultivo de opio, hasta ese momento, es algo extraño en Afganistán. Eso cambia rápidamente. El mitad/narcotraficante – mitad/fundamentalista, Gulbdin Hekmatyar, principal aliado de la CIA, tapiza por primera vez a su país con la flor de amapola. La producción de opio pasa de 100 toneladas al comienzo de la guerra a 2 mil toneladas cuando termina. Diez años. Cuando la guerra concluya, el valor del opio pasará, de cero, a la mitad del producto interno bruto del país. Luego escalará todavía más. Kybher Pass. Del otro de la  frontera, en las zonas tribales de Pakistán, los laboratorios que transforman el opio en heroína son controlados por el Directorio General de Inteligencia Interna: la temible O.S.S. El número de adictos en Pakistán pasa de menos de 10 mil en 1980 a más de 1.5 millones cinco años después. Nada personal. Esquemas de financiamiento para la Guerra Fría.

Al otro lado del mundo, un cubano anticastrista de nombre Alberto Sicilia Falcón —viejo conocido de la CIA— viaja de Miami a México para explotar, en la serranía de una región llamada Sinaloa, la segunda versión de un “Triángulo Dorado”. Tras el arresto de Sicilia Falcón en 1976, la agencia de inteligencia en México, la Dirección Federal de Seguridad, asume el control del narcotráfico mexicano. Lo concentra en la ciudad de Guadalajara. La DFS, también, es el brazo del régimen mexicano para desaparecer, torturar o eliminar cualquier foco de disidencia armada, política y estudiantil. El director de la agencia se llama en ese momento Miguel Nassar Haro, our top agent in Mexico, de acuerdo con la propia CIA.

Un periodista llamado Manuel Buendía, del diario Excélsior, investiga de más. La CIA, descubre Buendía, entrena en Veracruz grupos paramilitares para la guerra civil en Nicaragua. Los ranchos son propiedad del Cartel de Guadalajara. Read the Past. The Past is Prologue. En la Zona Rosa de la Ciudad de México, una buena tarde, se escucha una sucesión de disparos. José Antonio Zorrilla Pérez, sucesor de Miguel Nassar Haro al frente de la DFS, será consignado años después por ordenar el asesinato del periodista.

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Avionetas de SETCO Airlines perfilan despegue en el aeropuerto de Tegucigalpa. Viaje de mil 500 kilómetros. Los paquetes forrados con cinta canela, por supuesto, rumbo a Florida. Luz verde desde un teléfono satelital. Ingreso de millones de dólares en el National Bank, filial Miami. Reenvío a Bank of Credit and Commerce International, filial Panamá. En 1979, la Reserva Federal reporta en Miami un excedente de 5 billones de dólares —más que el total de todas las filiales del país, juntas.

Desde los setenta, Rafael Noriega, dictador de Panamá, es “Nelson” en las nóminas de la CIA. Perfil completo: Escuela de las Américas, golpe militar, recluta de George HW Bush, etc. En Panamá, lo conocen con un nombre más salvaje: Cara de Piña. Mojándose los dedos, el dictador de un país que Estados Unidos separó militarmente de Colombia, rebaja su porcentaje de los ingresos del cargamento de coca. Luego la parte para Cali; luego la parte para Oliver North.

Noriega gobierna bajo la mirada del Teniente Coronel Oliver North, quien responde directamente a John Pointdexter —director del Consejo de Seguridad del presidente Ronald Reagan. El teniente coronel es, de acuerdo con documentos oficiales, el arquitecto secreto de una red financiera que lava los dineros de la coca para armar los llamados Death-Squads de la Contra en Centroamérica. Así lo informa la versión final del reporte del comité del Senado que encabeza, en ese momento, John Kerry. El escándalo de Irán-Contra. Las armas y la falopa. El pan y el circo. 

Whereof what’s past is prologue, what to come
In yours and my discharge

—William Shakespeare, Segundo Acto, La Tempestad

 

Alejandro Lerch-Huacuja es investigador doctoral en la Universidad de Cambridge. Maestro en estudios de seguridad por Sciences Po Paris.

 

4 comentarios en “El pan y el circo: crónicas de Guerra fría

  1. Los jinetes del apicalipsis van montados en la droga, en las armas, en el alcohol, en la prostitucion, en la mafia, en el poder politico y desde luego en el dinero, todo esto aportado desde siempre por el gobierno en EU.

  2. Un acontecimiento tan importante que se gesta después de terminada la guerra mundial, fue la llamada guerra fría aunque previo a dicho acontecimiento los gobiernos ya conspiraban enviando informantes a las distintas regiones que buscaban derrocar. Hay muchos otros acontecimientos de los cuales no se habla mucho como son grupos de artistas que llegaron a involucrarse llevando información en libros, puestas es escena etc. Sería interesante otra visión de la guerra fría.

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