A mediados de mayo hubo en el CIDE una ceremonia que reunió a destacados economistas para honrar el hemeritazgo del doctor Kurt Unger. Felizmente, los discursos fueron de contenido.

Uno de los temas que se trató fue que los avances galopantes de la robótica van a terminar por golpear fuertemente a la industria mexicana, cuya competitividad se ha basado en una mano de obra altamente calificada, que sin embargo es también susceptible de ser sustituida por robots. En algunos años, no demasiados, las industrias que tanto han florecido en México estarán despidiendo a sus trabajadores, y considerando si les conviene o no seguir en un país al que llegaron justamente por su mano de obra calificada y comparativamente barata.

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Ilustración: Patricio Betteo

Considerando los efectos de esta previsión, el doctor Enrique Cabrero, director del Conacyt, concluyó que México tiene una ventana breve para reconvertir su economía. Su mejor opción es invertir de manera decidida en la ciencia, la tecnología y la educación. México debe hacer hoy lo que ya hicieron Corea del Sur, Finlandia o Irlanda, o si no vivir un futuro ruinoso. El país tiene un plazo de apenas 20 años para convertirse en una sociedad de conocimiento, para con ello evitar la huida de su industria. Así.

Creo que es una conclusión seria y sólida que nos obliga a voltear al tema de las reformas en el plano educativo con otro nivel de compromiso colectivo que el que tienen actualmente. Transformar las condiciones de la educación, y de la producción tecnológica y científica ya no es un asunto simple de “competitividad”, sino que es una tarea de vida o muerte para el futuro de la colectividad. Suena muy exagerado, pero en realidad no lo es. La economía del campo, o la de la minería, no puede sustituir a la de la industria en México. Ni el narcotráfico ni la economía criminal podrán sustituir a la manufactura mexicana. Y sin educación —sin sociedad de conocimiento— tampoco podrá transformarse la economía de servicios. Por eso, en serio requerimos un cambio de actitud urgente respecto de la educación, ya que en materia de educación, igual que en aquel famoso tango, “veinte años no es nada”.

¿Qué hacer ante esta realidad? ¿Cómo encarar una tarea colectiva que es a la vez tan importante y urgente?

La sociedad de conocimiento necesita una revolución administrativa. Para que haya sociedad de conocimiento es indispensable reducir los costos de transacción, cosa que implica agilizar y reducir el número de trámites. Cada oficina privada y pública debe de hacer recuento de los trámites que le pide a sus empleados y público, y estudiar el modo de reducirlos a un mínimo indispensable. A nivel país, México necesita invertir en páginas web que se entiendan fácilmente y que funcionen a la perfección, por ejemplo. Necesita comprometerse con la meta de ganarle tiempo a su gente.

“Cuidar el tiempo de la gente” debe convertirse en un mantra nacional. En México el desdén se demuestra en primer lugar como menosprecio del tiempo del otro. La meta de cuidar el tiempo de la gente se manifestará también para las decisiones fiscales e inversiones en bienes públicos de los gobiernos locales. ¿Qué impuestos debo cobrar para poder reducir el tiempo de los viajes que hace diario la población de ciudades como México, Guadalajara o aun Cuernavaca? ¿Cómo mejorar el servicio y reducir los costos de comunicación en internet y telefonía? Son preguntas de genuina importancia ante el reto colectivo que enfrentamos.

Por otra parte, la agilización administrativa tendrá que ser llevada también al corazón del aparato educativo mismo. Los colegios y universidades mexicanos están ahogados en el miasma del papeleo innecesario. La burocratización de planes de estudio, el papeleo absurdo al que se somete a estudiantes y profesores por igual… todo eso hay que cambiarlo. Sólo que es necesario convencer a los sindicatos. Los acuerdos con los sindicatos son hoy una tarea ineludible, y en la que ya no se podrá fallar. Importa convencer a los sindicatos de maestros y a los de personal administrativo que el cambio educativo es una prioridad indispensable, para la que ellos son también indispensables.

En este punto importa también cuestionar las fórmulas con que los sindicatos educativos están acostumbrados a referirse al gobierno. Los profesores de escuelas o universidades públicas tienen que asumirse como funcionarios públicos, que es lo que son. Ha habido demasiada confusión en ese tema: los maestros públicos son también parte del Estado. Por eso mismo los gobiernos no tienen autoridad para hacerlos a un lado; son sus especialistas de primera línea en materia de educación. Por otra parte, los maestros no pueden pretender “darle en la madre” al Estado. Ellos son también Estado. En México ha campeado la idea de que el profesor es a la escuela lo que el obrero es a “la patronal”. Es una comparación falsa que ha resultado ser ya demasiado costosa para la sociedad y la niñez y se le debe poner fin.

Por último, junto al lema de cuidar el tiempo de la gente, se necesitará también comprometerse con operacionalizar la meta de “hambre cero”. Garantizar un piso mínimo de alimentación y salud para que los estudiantes puedan estudiar.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

2 comentarios en “Cuidar el tiempo de la gente

  1. Leí este artículo a principio del mes y me llamó mucho la atención. Hoy que lo releo me llama la atención que no haya habido comentarios, pues el tema me parece sumamente relevante. En primer lugar, comparto la idea de respetar el tiempo del prójimo, y es muy lamentable que en nuestro país haya tan poca gente que lo respete. Hace unos días leí algo en un blog de Gabriela Arroyo Couturier:
    (http://sobrevivirenmexico.blogspot.mx/2017/03/burocracia-decimononica.html)
    Esto me hace pensar en la motivación de un burócrata para menospreciar tan sádicamente el tiempo de los contribuyentes, en especial de aquellas personas medianamente instruidas que se acercan a las oficinas gubernamentales a realizar algún trámite. Parece como si gozaran intensamente hacer sufrir a quienes tuvieron el “privilegio” de tener una carrera y un empleo “importante” (aunque a veces sea igualmente burocrático, pero en otro nivel), o a empresarios que tuvieron la fortuna de ascender a posiciones sociales que, a la mirada de los burócratas reseñados, son envidiables. Quizá sienten que atenderlos es la oportunidad de desquitarse de sus frustraciones educativas…
    Por eso estoy totalmente de acuerdo con que requerimos un cambio de actitud urgente respecto de la educación…
    Y pienso también que ya es asunto de vida o muerte, pues la actitud del gobierno y de sus burócratas es francamente suicida; al matarnos se matan ellos…
    Algo más, uno de los avances impresionantes de la robótica en el terreno del idioma escrito, en especial los programas automatizados de corrección ortográfica y traducción, parece amenazar la existencia de correctores, traductores y editores humanos…
    Cada vez hay más gente –y profesionistas, por desgracia– que confía ciegamente a esos programas lo que escribe. Creen que una simple “pasadita” del programa de autocorrección los exime del deber de autocorregirse… están dejando a un robot una tarea que nos corresponde a los humanos, con todo y nuestras debilidades humanas, valga la rebuznancia…
    Cada vez son más los periódicos tradicionales que suprimen de sus nóminas correctores, redactores, reporteros, fotógrafos y jefes de redacción e información…
    Los “lectores” de periódicos y revistas (y páginas web) se fijan cada vez menos en el texto y más en la imagen…
    Si de verdad queremos convertirnos en una sociedad del conocimiento, debemos urgentemente revalorar el trabajo de estos humildes trabajadores del conocimiento.

  2. Jerarquizar el tiempo es un acto ético e inteligente en el andar singular, a nivel nacional y en impacto estructural como lo es educación y economía es la base para un funcionamiento eficiente y eficaz; si cada uno tomamos conciencia del verdadero e inexplicable valor del tiempo habrá un mayor impacto. Es recurrente ver qué ni siquiera nos tomamos el tiempo para identificar emociones, sentimientos, pensamientos, necesidades de la cotidianidad; difícil de pensar en el tiempo del otro. No es imposible para nada, es cuestionarnos de otra manera, me parece!