El 28 de abril de 2017 será recordado como el día en que México se atrevió a resquebrajar el prohibicionismo y regular, por fin, el uso médico de la marihuana. En lo que fue una jornada tanto histórica como inesperada —pues prácticamente nadie tenía esperanzas de que la reforma saliera en este periodo de sesiones— la Cámara de Diputados aprobó el dictamen por el que se reforman diversas disposiciones de la Ley General de Salud y el Código Penal Federal y por el que se autoriza el uso medicinal del cannabis y su investigación científica.

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Ilustración: Víctor Solís

A grandes rasgos, el texto aprobado en San Lázaro ordena a la Secretaría de Salud a diseñar y ejecutar políticas públicas para regular los usos médicos y científicos, y mantiene a COFEPRIS como el órgano encargado de emitir autorizaciones para la importación y adquisición de productos medicinales debidamente recetados mientras se desarrolla la industria nacional. Los cambios introducidos reconocen también el valor terapéutico del tetrahidrocannabinol o THC (principal componente psicoactivo del cannabis) y lo reclasifican dentro del régimen de sustancias controladas asignándole regulaciones diferenciadas de acuerdo a su concentración —productos medicinales con menos de 1% de THC requerirán de receta médica estándar y productos con más de 1% de THC requerirán de receta especial canjeable en establecimientos autorizados.

Las nuevas disposiciones permitirán también la comercialización, exportación e importación de productos derivados del cannabis no psicoactivo para su uso industrial (es decir, con concentraciones de THC menores a 1%) e introducirán una salvedad de no castigo a la siembra, cultivo o cosecha de plantas de cannabis para fines médicos y científicos en las condiciones que autorice el Ejecutivo federal (ver tabla).

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Si bien la reforma aprobada dista mucho de lo que nuestro país requiere para tener una política de drogas funcional, humana y justa —pues deja fuera la despenalización y la regulación del uso personal— la conquista lograda es, por muchas razones, digna de celebrarse. Para empezar, la reforma rompe con la conocida tradición de nuestra elite política de debatir indefinidamente lo que no se quiere decidir. Lo hemos visto con otros temas y lo vimos en el caso de la marihuana. Simplemente no se quería legislar. Porque no era tema, porque no era prioridad, porque el presidente seguía indeciso, porque los electores estaban en contra, porque no había condiciones o porque el presidente lo propuso… el caso es que la legislación se hacía esperar. Hoy gracias a este primer paso se ha logrado romper el círculo vicioso y finalmente podemos decir que la evidencia le ganó al tabú.

Otro motivo para permanecer optimistas tiene que ver con que la reforma zanjó definitivamente el falso debate sobre si el cannabis tiene o no propiedades terapéuticas, y dejó claro que hoy ningún partido se opone a su utilización como una opción de tratamiento. La votación en ambas Cámaras, con claras mayorías pluripartidistas, así como el posicionamiento de los distintos grupos parlamentarios al momento de la discusión, son claros ejemplos de esto. Ni el PAN, que presentó reservas en San Lázaro oponiéndose a cosas tan básicas como la siembra de cannabis legal para la investigación, se atrevió a cuestionar las aplicaciones medicinales de la marihuana.

Anima también saber que el nuevo marco legal contribuye a la desestigmatización social de la marihuana y sus usuarios, abre una importante ventana de oportunidad para el desarrollo económico y el progreso científico —si las reglas para la creación de una industria nacional son las adecuadas—, y facilita la inclusión efectiva de las perspectivas de salud pública y derechos humanos en la política nacional de drogas al universalizar, por ejemplo, el ejercicio del derecho a la salud de aquellos pacientes que requieren estos tratamientos y ya no tendrán que recurrir al juicio de amparo para acceder a ellos.

Sin embargo, el cannabis medicinal que se logró no es la panacea y sin duda alguna se quedó corto en muchos frentes. De entrada, al limitar el tipo de productos que podrán utilizarse legalmente, la reforma privó a los pacientes de la posibilidad de elaborar preparaciones como aceites, pomadas y maceraciones de manera individual. Asimismo, les negó la oportunidad de cultivar sus propias plantas y acceder a fuentes de abastecimiento seguras como los dispensarios, una opción que en otras partes del mundo ha probado ser bastante funcional. Finalmente, la reforma perdió la oportunidad de sacar del catálogo de delitos la siembra, el cultivo y la cosecha de cannabis con fines médicos y científicos precisando únicamente el no ejercicio de la acción penal para quien cuente con las autorizaciones necesarias.

En suma, para nosotros que hemos dado la batalla por la humanización de las políticas de drogas aún queda mucho por hacer. Reconocemos el inicio del cambio pero reiteramos a la ciudadanía y a todas las fuerzas políticas que, pese al avance logrado, lo aprobado en el Senado y la Cámara de Diputados todavía no devuelve la constitucionalidad a la ley.

 

Lisa Sánchez
Maestra en gestión y gobernanza pública por la London School of Economics y directora del Programa de Drogas de México Unido contra la Delincuencia.

Víctor Gutiérrez
Licenciado en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México y oficial del Programa de Drogas de México Unido contra la Delincuencia.

 

4 comentarios en “Cannabis: sí pero no

  1. Felicidades por los logros esperando que pronto tengamos más avances por la salud

  2. Entonces los curanderos y herboristas que usan desde siempre la tintura de mariguana en alcohol están al margen de la ley, aun sabiendo todo mundo los beneficios de estas terapias?

  3. Definitivamente, es una Legislación a medias, Cannabis SI !, pero NÓ ! (Hecho en México )

  4. Ojalà deberas se legisle correctamente para el uso de la yerba, la mota, la marihuana, la canabis o como se le quiera llamar, por los laboratorios farmacèuticos, para bien de la salud del ser humano, porque de lo contrario, los traficantes de la salud, echaràn su cuaco a retozar, en perjuicio de la sociedad Vale.