Un puerto lleno de barcos con las luces encendidas, flotando en calma sobre las serenas aguas del Golfo de México, vigiladas por Stella Maris —la monumental escultura de la virgen del Carmen— tendría que ser una imagen romántica, digna de contemplar por horas desde el malecón, de no ser porque es la evidencia de una severa crisis: todas esas embarcaciones están varadas, esperando que la petrolera estatal Pemex les dé un contrato para volver a la acción.

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Ilustraciones: Adrián Pérez

Los habitantes de Ciudad del Carmen, Campeche, miran ese espectáculo con desconsuelo, pues esta inactividad no sólo perjudica a las empresas que prestan servicios a la petrolera; la parálisis está llevando a pique a toda la ciudad, igual que a otras del Golfo que llevaban tres décadas viviendo directa e indirectamente del petróleo: las veracruzanas Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica, así como Villahermosa, capital de Tabasco.

Hoteleros, restauranteros, taxistas, vendedores ambulantes y cientos de propietarios de inmuebles que alquilaban cuartos a los petroleros han sido aplastados por el subibaja de la oferta y la demanda: los trabajadores que —literalmente— derramaban dinero en Carmen ya no tienen empleo aquí, así que muchos se han ido. Ya casi no hay a quién venderle, a quién hospedar, a quién alimentar. Algunos de esos comerciantes decidieron abandonar también la isla, el resto vive con 30% del ingreso que solía tener pero gastando lo mismo, y Carmen es una ciudad muy cara. Muchos ya se vieron obligados a bajar sus precios a la mitad, o menos, pagando lo mismo por la luz, el agua, y ahora más por la gasolina.

Poza Rica es quizá la ciudad que más ha sufrido por la caída en los precios del petróleo, pues “Pemex la hizo y Pemex la deshizo”, según describe Miriam Grunstein, investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Sin embargo, Ciudad del Carmen es un icono mucho más representativo del declive, al tener en sus aguas la mina de oro negro: Cantarell.

Se trata del campo petrolero más importante de México y el segundo más grande del mundo, después del Ghawar, de Arabia Saudita. Descubierto en 1961 por el pescador Rudesindo Cantarell y explotado hasta 1979, arrastró hacia Campeche toda la producción petrolera y su fertilidad económica: la riqueza había llegado al estado. Con 190 pozos perforados, en su época dorada llegó a producir 2.5 millones de barriles diarios, más que toda la producción nacional actual —en 2016 tuvo un promedio de 2.4 millones, según Petróleos Mexicanos.

“Cantarell ha sido un gran descubrimiento y a la vez una gran tragedia para México”, sentencia Grunstein. La experta en energéticos explica que ese campo producía crudo ligero, fácil de refinar, de buena calidad y, por ello, fácil de comercializar. Pemex se dedicó de lleno a este “crudo fácil” y descuidó otras actividades, como la explotación de los campos terrestres en el sureste y la industria del gas. “Toda la actividad se mueve al Golfo por este hallazgo tan inmenso. Porque esta producción no sólo requiere plataformas: también carreteras, materiales, zonas habitacionales para los trabajadores, ellos comen así que hay industria de alimentos; tendido de ductos para la internación del crudo a las refinerías… Como la explotación requiere de muchas cosas, hay derrama en las regiones”.

Todos en Carmen recuerdan con nostalgia esa época que pareciera ser lejana, pero que fue vigente hasta 2014. Las plataformas y los patios de fabricación parecían hormigueros, los hoteles saturados, para comer en algún restaurante había que hacer fila y encontrar un cuarto para rentar en las casas particulares era casi imposible. El concepto “derrama” económica no podía ser más adecuado: los contratistas de Pemex llevaban trabajadores de otros estados —principalmente Veracruz y Tabasco— a las plataformas, donde se internaban 15 días para los trabajos de exploración y perforación; pero antes y después de “subir”, se hospedaban en la ciudad, comían, bebían, derrochaban su buen salario porque arriba de la plataforma no gastaban en nada, pues las plataformas cuentan con sus propios servicios de alimentación, dormitorios y hasta salones de recreación para cuidar la salud mental de cientos de hombres que pasan dos semanas en medio del mar, lejos de sus familias y de la libertad.

Dichos servicios también son proporcionados por las contratistas, que también pagaban generosos honorarios a sus empleados, quienes a su vez gastaban su bien ganado dinero en la ciudad, ya sea temporal o permanentemente, en el caso de los carmelitas. La ciudad solía ser un efervescente flujo de tales cantidades de dinero, que muchos propietarios de casas y departamentos vivieron por años de rentar habitaciones o hasta pisos completos a “los petroleros”, quienes muchas veces preferían la privacidad de una casa a las reglas de un hotel. En ese tiempo de abundancia incluso los vendedores ambulantes ganaban bien: desde los que vendían en la playa a precios altos, hasta los que todos los días se trasladaban a los patios de fabricación de las prestadoras de servicios para llevar comida a los obreros que trabajaban al rayo del sol. La mina de oro negro emanaba una abundante cascada que parecía inagotable.

“Antes había oportunidad de venderte al mejor postor. Había un auge increíble porque todo mundo tenía trabajo, todas las empresas tenían proyectos. Había producción, y a partir de la reforma energética misteriosamente todo eso voló”, relata José Pastrana, capitán de un barco cementero. Cuenta que hasta hace dos años él y su equipo trabajaban para seis o hasta nueve plataformas en Ciudad del Carmen; actualmente para dos, cuando mucho. “Las embarcaciones a veces se encuentran paradas, ahí las tienen sin hacer nada. Es increíble pagar entre ocho mil y 60 mil dólares al día por una embarcación para tenerla sin hacer nada”, lamenta el marino mercante de 29 años, cuya familia ha trabajado para Pemex desde hace décadas.

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En 2015 el sueño terminó. Los precios del petróleo se desplomaron en 2014 y, para el siguiente enero, Pemex anunció un recorte de gastos por 21 mil 300 millones de pesos a efectuarse en cuatro años (2014-2018) en la contratación de servicios, bienes, arrendamiento y obra pública. El recorte incluiría una reducción de 21% en el número de contratos. Posteriormente se anunció un recorte de 62 mil millones de pesos en el presupuesto de la petrolera, que la orilló a sacrificar proyectos de refinación y renegociar los contratos que ya había firmado antes de que el precio del petróleo cayera a menos de 60 dólares por barril.

Como consecuencia llegaron los despidos: la paraestatal recortó 15 mil plazas en 2015, otras 10 mil previstas para 2016 y nueve mil más proyectadas para 2017. Las principales prestadoras de servicios hicieron lo propio: tan sólo en el primer trimestre de 2016 Schlumberger —la más importante proveedora de servicios a yacimientos en el mundo— eliminó ocho mil empleos en México, con lo que llegó a 40 mil recortes en todo el mundo, cumpliendo su meta de reducir un 30% su planta laboral total. Hace un año British Petroleum canceló cuatro mil plazas en todo el mundo y la estadunidense Halliburton otras seis mil. Cotemar —una de las empresas que dan servicios en las plataformas y de los principales proveedores de Pemex— recortó dos mil 300 durante 2016. 

Entonces vino el ocaso. Hoy los anuncios de “se renta” o “se vende” en cientos de viviendas y oficinas son una contundente y dolorosa estampa del vacío que ha dejado Pemex tras los recortes a plazas y contratos. Muchos arrendatarios —que antes podían vivir de las rentas sin preocuparse— han tenido que bajar más de 50% sus tarifas. Los hoteles en la avenida Juárez (rumbo al Centro pero aún cercana a la playa) ofrecen promociones de 450 o hasta 350 pesos la habitación, lo mismo si es sencilla o doble. El hotel Los Cuates, ubicado en esa vialidad, solía hospedar plantillas completas de las prestadoras de servicios. Con 30 años de existencia y 115 habitaciones —algunas con capacidad hasta para 10 personas— este colorido edificio llegó a ingresar hasta 100 personas en una sola transacción, cuando las empresas mandaban a sus empleados días antes de subir a las plataformas, cuando bajaban de ellas o mientras esperaban que mejorara el clima para subir. De un año para acá “ya no les dan hospedaje, ya vienen a buscarlos directo a su casa para subirlos. El 60% de los clientes eran trabajadores de las compañías, ahora ya no vienen”, asegura el recepcionista. Entre semana se ocupan cuatro o cinco habitaciones por día, un máximo de 15 el fin de semana. Sus ingresos levantan con algunos eventos anuales que llenan el inmueble, como los de Alcohólicos Anónimos y otro de motociclistas, pero como en todo Carmen los visitantes van con un fin específico, el turismo recreativo es muy bajo. Este icónico hotel bajó 25% sus tarifas por la crisis, pasando de 400 hace menos de un año a 300.

El abandono también es visible en las instalaciones de Pemex. Su hospital en el centro de Carmen, otrora un peregrinar constante de pacientes, personal médico y familiares que dormían en la banqueta, luce vacío. Muchos médicos se fueron desde los recortes en Pemex, pues son originarios de otras entidades y sólo estaban en Campeche por ese empleo. En la fachada de un edificio corporativo de la paraestatal, en la Calle 60, cuelga una enorme manta con aviso de renta, del edificio completo. “Pemex lo compró y ahora lo tiene ahí abandonado, nadie se los renta porque sale muy caro pero Pemex ya no lo usa”, da cuenta un ingeniero que trabaja para Binsmar, una de las empresas que conservan los contratos con la petrolera. Incluso, la tienda Comercial Mexicana que está frente a ese inmueble ha dejado de cobrar por el uso de su estacionamiento. Antes lo cobraba porque los petroleros se estacionaban allí y cruzaban a su oficina, ahora ya no es necesario porque ya es muy poca la gente que ingresa.

La crisis ha golpeado también a las grandes cadenas de hoteles. Una de las recepcionistas del City Express Playa Norte, Gabriela —quien solicitó reservar su nombre real—, cuenta que en los últimos dos años ha habido muchos despidos en toda la isla, “antes teníamos unas 10 empresas que hospedaban aquí a todos sus empleados, y ahora la mitad”. A un costado del hotel se encuentra el restaurante bar La Pigua, con vista a la playa, dos pisos para servicio y de un visible nivel económico alto. Uno de sus meseros, Pedro, agrega que desde 2015 todo se vino abajo, “antes estaba siempre lleno y ahora mire”, dice mientras señala las apenas cuatro mesas ocupadas del lugar a las dos de la tarde. En diciembre la situación mejoró un poco, pero no se acercó al bullicio de los —no tan— viejos tiempos. “Con la reforma de Peña Nieto todos salimos afectados, ya despidieron a mucha gente y muchos negocios han cerrado”, lamenta el trabajador de unos 50 años. “No hay casi nada de gente y los que tenían puestos ambulantes ya los tuvieron que quitar. El otro día fui a cortarme el cabello y le dije a la estilista ‘rotan mucho el personal, ¿no?’. Dijo que porque ya no le alcanza para pagar y se van. Ya sólo quedan dos ahí”.

Otro restaurante pero de la colonia Puntilla, muy cerca del malecón y de la autopista que conecta a Carmen con Villahermosa cruzando la Laguna de Términos, es el afamado Marañón. Para muchos carmelitas, la marisquería más prestigiada de la isla, donde los alimentos se preparan casi recién salidos del mar. El personal de este negocio refiere que durante el último año el flujo de comensales bajó entre 60% y 70%, “antes había que esperar mucho por una mesa, ahora casi siempre está semivacío”, dice una visitante. “Antes éramos siete meseros y ahora somos dos porque no se necesita más. En un día festivo o fin de semana llegábamos a tener entradas por 120 mil pesos, ahora no suben de 40 mil. Sí nos ha afectado mucho”, reconoce Damián, uno de los empleados.

También los taxistas han padecido indirectamente la crisis del petróleo. Francisco, conductor de un sitio ubicado en el aeropuerto, dice que en los tiempos de la gran producción petrolera llegaban de 30 a 40 personas a su servicio cada día; actualmente no pasan de 20. “Esto nos ha afectado a todos, un amigo mío es gerente de un Toks y me dijo que antes tenían entradas mensuales de dos millones y medio, y ahora apenas llegan a uno y medio”, relata. Los conductores de un sitio ubicado frente al Palacio Municipal cuentan historias similares, “un 60%-70% nos ha bajado la gente”, lamentan.

Aunque todos los sectores productivos han sido impactados por el plan de austeridad y eficiencia de Pemex, los más golpeados son los trabajadores que se quedaron sin empleo. Los de Pemex eran —en su mayoría— originarios de otros estados así que se han ido, pero la mayor parte de los carmelitas que pertenecen a esa industria eran empleados de las empresas prestadoras de servicios, que los mantienen a la espera de un nuevo contrato para darles trabajo. Esta desolación se hace totalmente evidente en los patios de fabricación, donde todo está desierto menos la puerta de algunas empresas, como Cotemar: allí hay una fila de obreros haciendo presencia para ser los primeros que la empresa llame cuando haya alguna tarea por hacer. Igual que los barcos en el muelle, estos hombres en edad productiva permanecen inactivos por muchas horas que se convierten en días, semanas en que también deben seguir comiendo, pagando servicios, manteniendo familias. Sin embargo, no pueden retirarse a hacer otra cosa porque le dejarían el trabajo a otro que se haya quedado.

A su alrededor, en terrenos enormes llenos de materiales de construcción sobre la arena, se puede ver apenas a unos cuantos obreros trabajando. En toda esa zona del Puerto Industrial Pesquero hay patios de fabricación, un par de escuelas, algunas tiendas de autoservicio y amplias zonas residenciales de alto nivel económico. Algunas de estas zonas fueron construidas, de hecho, para los trabajadores de Pemex, para que pudieran vivir muy cerca de su sede de trabajo. Otras casas de lujo no fueron construidas con ese fin pero eran ocupadas principalmente por empleados de la petrolera y sus prestadoras de servicios, pero en esta zona también proliferan los anuncios de renta y venta. Las calles están desiertas, los pocos locales cerrados. Para quien conoce esta industria pasar por esta colonia hoy resulta deprimente. “Esto antes era un hervidero de gente, no podías pasar en tu carro por todos los que se atravesaban las calles todo el tiempo”, recuerda Julio Gutiérrez, gerente de proyectos de Binsmar. “Los patios estaban siempre llenos de trabajadores y de comerciantes que les traían comida. Ahora todo está vacío”.

Más adelante se encuentran los patios abandonados de Schlumberger y Oceanografía, esta última señalada por un presunto fraude en contra de Banamex y actualmente en quiebra. Otro signo más del desamparo que impera en esta zona es el buque Titán II, encallado en la playa Bahamita desde hace un año luego de que un frente frío lo arrastrara hacia la bahía.

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En sólo un año la economía local redujo entre 60% y 70% de sus ingresos según sus propios cálculos, pero los gastos no han bajado e incluso recientemente subieron, con el aumento al precio de la gasolina, que en Ciudad del Carmen quedó en 15.65 pesos por litro de Magna y 17.42 la Premium. Los carmelitas deben mantener el mismo nivel de vida ganando mucho menos. Los expertos anticipaban en 2016 que los despidos masivos en el sector podrían convertir a Carmen en una ciudad fantasma. Los vaticinios se cumplieron en menos de un año.

La asfixia económica de ganar menos y pagar más ha resultado fatal en un creciente número de casos: el estado de Campeche registró 86 suicidios en 2016, el segundo número más alto de los últimos 12 años, con sólo cuatro casos menos que 2014, reporta la prensa local. De esos trágicos sucesos, 71% ocurrió en sólo tres municipios: Campeche (la capital), El Carmen y Champotón. “Empresarios que tenían todo se quedaron en la calle. Tenemos un amigo que tuvo su empresa, tenía como 15 camionetas, un bar… Ahorita no tiene ni para el camión, nos pide ride a veces. Está totalmente en la ruina. Le embargaron sus cuentas de banco porque no podía pagarle a Hacienda. Si no se ha ahorcado ese muchacho es… quién sabe por qué. Pensó que nunca se iba a acabar, e invirtió todo en proyectos que no remuneraron. Tengo dos amigos que ya se mataron por esto, y uno ya desapareció. A la mamá de un amigo le dio un infarto de ver a su hijo que estaba muy deprimido porque había perdido todo su dinero”, narra Julio Gutiérrez en la cafetería Las Fuentes, del malecón, que sólo tiene ocupadas dos de unas 24 mesas.

Otro efecto inmediato de la crisis en la “capital petrolera” es un dramático aumento en la incidencia delictiva: en 2016 creció 73% el delito de robo —el más común en todas las estadísticas nacionales— respecto a 2015, pasando de 281 a 488 averiguaciones previas o carpetas de investigación, según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

“En una farmacia robaron por mil 500 pesos; a una empleada de un Oxxo la mataron por cinco mil. Ya no puedes ir a sacar al cajero porque si sacas tres mil pesos ya eres secuestrable”, advierten Gutiérrez y su compañero, quien solicitó reservar su nombre.

Ciudad del Carmen sufre actualmente por el abrupto cierre de aquella llave de la fortuna, pero también porque nadie se preparó para los tiempos de austeridad. “Nos confiamos”, admiten dos trabajadores de las prestadoras de servicios. No ahorraron, gastaron todo lo que pudieron y algunos invirtieron en negocios que no prosperaron. Todos compraron varios coches y camionetas, grandes terrenos; los niños estudiaban en colegios privados de matrículas costosas, y lo peor: muchos petroleros derrocharon en diversión, prostitución y alcohol, aprovechando aquella abundancia que parecía infinita. “El charro paga”, era un dicho común entre los trabajadores de Pemex a principios de los ochenta para tranquilizar a sus amigos frente a las escandalosas cuentas que pagaban, según narra Javier, un ex trabajador de las plataformas. La frase aludía al logotipo de la paraestatal en ese entonces: un hombre de baja estatura vestido de charro.

Pero el principal error fue confiar en el petróleo al grado de volverse totalmente dependiente de él. “Ha sido muy mala idea tener nuestras expectativas en la industria petrolera, estás sentenciado a una muerte lenta y dolorosa, y eso es lo que nos está sucediendo. Es un problema de políticas de los estados, de gobernantes muy irresponsables, que no fomentaron el desarrollo de otras fuentes de ingreso que no fuera la actividad petrolera, cuando es supersabido que el petróleo es un recurso finito y no renovable ”, advierte Miriam Grunstein.

Esta situación no promete mejorar con la llegada de las empresas petroleras extranjeras al país, ya que éstas llegan con sus propias flotas completas y contratan a muy pocos mexicanos. “Antes traían a los especialistas extranjeros pero ahora también la mano de obra. Los chinos no dejan ni que la gente vaya a vender comida a los patios”, se queja Julio.

Aunque Grunstein responsabiliza de este caos también a las empresas prestadoras de servicios. Para la experta, fueron esas empresas las que agotaron los recursos de Pemex y, aunado a una mala administración de la paraestatal, acabaron con la “gallina de los huevos de oro”. “Ellos también son el problema. Era escandaloso lo que se le pagaba a esas empresas contra lo que aportaban a la industria petrolera nacional. Es triste la situación de las empresas mexicanas pero es más triste la situación del país, y creo que varias de ellas fomentaron que llegáramos a una crisis porque cobraban carísimo con una falta de productividad y eficiencia tremendas. Hemos tenido una política de contratación y de administración de negocios desastrosa para el país”, puntualiza la investigadora. Tanto Pemex como la Secretaría de Energía fueron consultados a este respecto pero no estuvieron disponibles para responder.

La balanza de la oferta y la demanda se inclinó de golpe sobre los carmelitas, que al no encontrar cómo resolver su situación se sientan a esperar en la plaza Zaragoza, conocida ahora como “parque de los lamentos”, junto al Palacio de Gobierno. Los trabajadores van a hacer tiempo y esperar entre el mediodía y las cuatro de la tarde, cuando se reanudan actividades y ellos pueden continuar buscando empleo. Con carpetas y teléfonos móviles en mano, su búsqueda consiste más en estar ahí que otra cosa: no hay oferta de empleo, pero tienen que estar presentes para cuando se necesite algo. Al preguntarles por su situación, ninguno quiere admitir que son empleados de “las compañías” y nadie quiere dar su nombre, pues temen ser boletinados y matar del todo sus posibilidades de ser reclutado.

“Hay unas 300-400 compañías que le trabajan a Pemex, pero están sin contrato. Hay unas que le dan trabajo a la gente y no le pagan. Están a expensas de lo que diga Pemex, las que ganan el contrato tienen chamba, las que no, tienen que esperar”, dice un trabajador cuando se anima a hablar. Otro de ellos, más reticente pero más elocuente, agrega: “Hay compañías en toda la isla, claro que la gente cuando va y le piden que regrese a las cuatro, no le aseguran nada pero le dicen que regrese a ver, entonces se vienen acá a hacer tiempo. Eso hacen todos los días. Aquí ya viene uno a llorar”.

 

Claudia Altamirano
Periodista.

 

10 comentarios en “Ciudad del Carmen despierta del sueño petrolero

  1. El problema fundamental de los paises bananeros?:
    Que no conocen el invierno y la nieve

  2. Es la explicación fácil; que la debacle ocurrió tras la Reforma Energética, que nos vendieron con mentiras de todo tipo, empezando con que bajarían los precios de gas y electricidad. Nunca escuché a un funcionario de gobierno decir, que también bajarían precios de gasolina.
    Sin embargo, no fue el motivo de la catástrofe económica en las ciudades petroleras del Golfo, sino la abrupta caída de los precios del hidrocarburo, que habían superado los $110 USD . En octubre de 2014, los diputados debieron ajustar a la baja la estimación en el presupuesto del precio del barril de petróleo. Inicialmente, lo estimaron sobre 80 USD y, cuando se revisaba la Ley de Ingresos de 2015, el precio ya rondaba los 70 y pico, y seguía bajando. Y siguió bajando, hasta llegar a menos de 20 USD en enero de 2016. Tremendo bajón.
    Nunca Pemex se preparó para un escenario así. Mucho menos, como Empresa Productiva del Estado (EPE). Obviamente, hizo los necesarios y dolorosos ajustes, que como EPE le eran necesarios hacer; mismos ajustes que TODAS las empresas en el mundo relacionadas con la industria tambien hicieron, con el consecuente impacto económico del entorno. Lamentablemente, en Carmen la dependencia económica a la actividad petrolera, es total.
    Por supuesto, aunque han habido notables avances en algunas áreas, aún le falta camino a Pemex para ser una real empresa productiva, empezando por combatir su alta corrupción.

  3. Desde que llegó el enano de peña nieto solo hemos visto caer en picada los empleos y la economía del trabajador.

  4. Definitivamente EPN y su pacto por México junto con toda esa bola de corruptos funcionarios de primer y segundo nivel, así como los legisladores que votaron todas las reformas del famoso pacto por EPN, son los culpables de esta desgracia en nuestro país.

    Ellos siguen viviendo como reyes, el gasto público NO lo han reducido al contrario las fuerzas armadas derrochan miles de millones de pesos y sus altos mandos junto con sus descendientes viven como millonarios al amparo de la inseguridad que el mismo gobierno fomenta.

    Nunca hubo un plan B. Al contrarío el objetivo era vender y saquear al país, México merece otra revolución y fusilar a EPN y toda esa bola de corruptos traidores vende patria.

  5. La Virgen de Guadalupe era petrolera.
    El petróleo (dulce, sin ácidos y ligero con alto porcentaje de “aprovechables”) contenido en los yacimientos mexicanos costa fuera del Golfo (especialmente Cantarell) estaba en aguas de poca profundidad (20-60 metros) y su extracción era relativamente económica y sencilla.
    Desafortunadísimamente la abundancia económica que esas circunstancias provocaron, fue dilapidada en “contratos de cuates”, adquisición de tecnología extranjera cara y muchas veces obsoleta y uso federal de esos recursos pecuniarios como “caja chica”.
    No se hizo lo que la Economía y el simple sentido común dictaban, por no hablar del patriotismo con que debieron ser usados los dineros obtenidos del petróleo:
    1.- Reducir al mínimo la venta de materia prima (petróleo crudo) privilegiando la producción y venta de derivados petrolíferos (combustibles, lubricantes y productos petroquímicos).
    2.- Invertir en infraestructura para generación de productos petroleros y petroquímicos con alto valor agregado
    3.- Enfocarse en la independencia tecnológica que permitiera a México decidir autónomamente que tecnologías adquirir, diseñar, optimizar o adecuar utilizando los recursos humanos y tecnológicos de PEMEX, Instituto Mexicano del Petróleo, UNAM e IPN.
    Al día de hoy, con Cantarell muy disminuido, bajos precios de venta, mala calidad de producto disponible y extracción cara y riesgosa en aguas profundas, México pierde el apoyo fabuloso que fue el petróleo y que desaprovechamos para crecer.
    La Virgen de Guadalupe ya no es petrolera.

  6. porque ya nadie habla del brutal y criminal saqueo qe el ing¨´ DIAZ SERRANO Y su patron LOPEZ PORTILLO Cometieron en los años 70s? ese feu el inicio de la desgracia nacional que se sufre en muchas partes del terrirorio nacional crimenes sin castigo…

  7. La palabra no es derrama, sino DERROCHE. Yo nací y crecí en Cd. del Carmen, fui testigo de esa economía petrolera. Era un constante, literal y vil derroche.

    A mi 15 años trabaja en el negocio de un familiar, rentando películas, me compré un reloj, muy sencillo, no recuerdo el precio, pero esa misma noche me ofrecieron 4 veces su valor y lo vendí. Un ATP recién bajado, con mucho más dinero en la cartera de lo que podía gastar. Todo lo que necesitaba hacer para subir a bordo de una plataforma era formarse en las oficinas del STPRM, por el reloj de Tres Caras, muy cerca de la central de ADO (nota relevante: no de autobuses, del ADO), pagar su cuota sindical, pagar su ficha y forrarse en billetes por 15 días haciendo practicamente nada. Hubo un punto en que los Auxiliares de Trabajo de Perforación eran tantos que literalmente se la pasaban pescando en plataforma, ATP se convirtió en Hazte Pendejo.

    Cuando Opal y Roxana golpearon la isla en 1995 las secuelas fueron terribles. Para los que no teníamos “Nivel” en PEMEX. MIentras mis vecinos y compañeros de la escuela nos unimos a la Cruz Roja y a la Marina para evacuar gente durante la tormenta, y apoyar con la reconstrucción después de las mismas, en la Colonia Petrolera se organizaban carnes asadas para recabar fondos. El mejor escenario era la alberca del Club Petrolero. Y desde luego electricidad, teléfonos y el incipiente internet no eran inconveniente alguno para los ingenieros y sus familias. Especialmente porque no pagaban nada por ello.

    Yo vivía en una colonia pobre, tirando a marginal, pero en la preparatoria convivía con todas las clases dependientes de PEMEX. Ví crecer la UNACAR, en infraestructura, porque su nivel académico a nadie importaba. Entre los alumnos de la Universidad no faltaba quién estrenara carro, cada semana alguien llevaba carro nuevo a la escuela. Y es que a sus papás les daban vehículos, los necesitaran o no, así que lo más natural era dejarles el carro “viejo” (dos años de uso, una basura prácticamente) a sus retoños.

    Los taxistas eran una mafia. Había un famoso “Cometa”, sus antenas de radio eran tan potentes que bloqueaban todas las señales de la casa cuando pasaba cerca. No había autoridad alguna que pusiera orden en el servicio. No digamos las Combis, cuyo historial de muertes es de escándalo. O al menos debería serlo. Los taxistas en Carmen llegaban a tener mansiones, y su autoridad vial rebasó de manera permanente a los policías.

    En materia de transporte hay caso muy notorio para cualquiera que llegue al aeropuerto CME. A un costado de la terminal de aviones existen unos hangares, y un jardín enorme, dónde en un momento se ubicaban hasta 60 helicópteros de PEMEX. Tanto Bell como los Pumas. Esos helicópteros estaban reservados para los ingenieros con “nivel”. Los trabajadores debían volar en unidades rentadas a varias empresas. Mientras tanto el mantenimiento de la flota de PEMEX, salarios de pilotos, copilotos, mecánicos, etc, todo era cubierto debidamente. No así las facturas de las aeronaves rentadas. Era común escuchar las historias del Ingeniero A o el Ingeniero B que solicitaban (y se autorizaban) helicópteros de PEMEX para viajar a Villahermosa o Mérida de fin de semana, sea con su familia, o con sus amantes.

    No hay auditoria o poder humano que pueda revelar cuánto dinero público terminó en antros y tables. Facturas y notas de consumo por “alimentos” de cientos de miles autorizadas sin reparo. Boletos de avión, hospedajes en convenciones nacionales o internacionales, regalos para la familia, carros, mansiones en Mérida o Villahermosa, consumos en Sexshops. Lo que se imaginen, nuestro PEMEX lo ha pagado.

    Nada de esto me lo cuentan extraños, son mis amigos, familia, vecinos quienes vivieron, disfrutaron y ahora padecen esa falta de derroche. Podría hablar de los cotos de poder, la presencia del narco, historias de accidentes que evidencian los pobres protocolos de seguridad de PEMEX, pero esto es sólo un comentario.

    Sí, la economía mundial. Es totalmente cierto. Una leyenda regional dice que la isla se hundiría un día, recuerdo vagamente que estaba relacionado con la Virgen. Pero hace más de 18 años dejé la isla diciendo que estaba condenada a hundirse por su economía local. No me da gusto tener la razón.