Después de estar en el ejército estadunidense y vivir en China, Atticus Lish publicó su primera novela, Preparation for the next life, que le mereció el Premio PEN/Faulkner de Ficción 2015. En una pizzería en una zona de Brooklyn llena de edificios por construirse, talleres de autos y restaurantes de todas las nacionalidades, Lish cuenta los detalles personales y dramáticos que acompañaron la elaboración de esta novela que Sexto Piso ha publicado en español. Se trata de la historia compartida e improbable de dos personajes que pueden parecer recurrentes en Estados Unidos: un veterano de guerra y una migrante del oeste chino que se encuentran en Queens, Nueva York. No hablan el mismo idioma, viven con el peso de un arma en la mochila y se enamoran (o tratan de sobrevivir juntos).

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Ilustraciones: Sergio Bordón

Ana Sofía Rodríguez: ¿Qué inspiró la historia que cuentas en Preparación para la próxima vida?

Atticus Lish: Siempre digo que fue el 11 de septiembre de 2001 y la guerra en Irak. Recuerdo que cuando Bush declaró la guerra me atacó un sentimiento de fatalidad; en términos personales, porque yo había estado en el ejército poco tiempo antes y estaba “en reserva”, un estado que permite que te llamen al frente de ser necesario, y yo no quería participar en una guerra en la que no creía.

Por otro lado, empecé a escuchar todas las historias de detenciones que me hacían pensar en escenarios de George Orwell. Leí un libro titulado Ghost plane, que contaba la historia del programa de la CIA conocido comúnmente como “extraordinary rendition” y en la radio escuchaba constantemente denuncias de tortura. Pensaba: “esto no suena a Estados Unidos”. Mi país estaba volviéndose un extraño para mí, y las personas que me rodeaban parecían estar bien con ello. En ese tiempo yo había regresado a la costa este para terminar la carrera. Estaba en Boston, que uno pensaría que es un lugar liberal, ahí trataba de juntar firmas para protestar por la guerra de Irak y me parecía que la gente no hablaba mi mismo idioma. Los medios de comunicación se sumaban a esta percepción, e incluso los políticos de izquierda matizaban sus opiniones al respecto. No había una oposición real.

Por supuesto, eso no era universal, pero nunca olvidaré ese sentimiento de extrañamiento. Sin lugar a dudas yo era muy inocente en ese tiempo, pues siempre esperaba sentirme en casa en mi país. Tenía alrededor de 30 años y no me sorprendería que lo que sentí en ese momento estuviera relacionado con una reacción psicológica de decepción frente a la autoridad; algo similar a la pérdida de inocencia a la que se enfrenta un niño cuando descubre que sus padres son humanos. En adelante espero no verme igualmente desilusionado, pues entendí que uno vive en la historia: somos como barcos en el océano y éste es imposible de controlar.

ASR: En el contexto actual, en el que la migración, el terrorismo y el lugar de Estados Unidos en el mundo son ampliamente discutidos, la lectura de tu novela se siente pertinente. ¿Quisiste darle a los lectores algún tipo de mensaje moral?

AL: La respuesta corta es no. Si bien tenía sentimientos morales, y un sentimiento de indignación moral fuera lo que me había llevado a escribir, una vez que empecé a escribir me di cuenta de que tenía que dejar de lado estos sentimientos y concentrarme en la historia. Decidí rechazar conscientemente todos los esfuerzos por dar un mensaje o expresar un argumento. Me convencí de que sería un error hacer eso, por lo que decidí dedicarme enteramente a ser un dramatista y crear una experiencia rica para el lector.

Cuando uno quiere contar una historia hay mucho allá afuera que hace querer contarla, pero creo que dejarse llevar por eso puede ser peligroso. Aunado a la primera pregunta, aun cuando los eventos políticos me inspiraron, la otra gran fuente de inspiración no tuvo nada que ver con eso: yo acababa de vivir en China durante un año con mi esposa, y fue una experiencia inolvidable. Eso me hizo querer escribir no por razones morales, sino porque realmente quería hablar de una aventura. En particular me inspiró ver el desierto en el este de China, de donde decidí hacer oriunda a mi personaje principal.

ASR: Has dicho en varias ocasiones que tus fuentes son cosas que conoces. ¿En dónde hiciste la investigación para crear a personajes tan complejos como Zou Lei y Skinner?

AL: Investigué durante mi tiempo en China, sin duda, pero también incorporé lo que veía en el barrio neoyorquino en el que sucede la historia. Tenía todos los materiales dispuestos ahí. Iba a Flushing, Queens todo el tiempo y cuando no podía iba a un barrio chino muy cerca de donde estamos ahorita en Brooklyn. Lo que no lograba encontrar en la investigación que hacía hablando con las personas directamente, trataba de hacerlo a través de mis lecturas. Leí muchos libros sobre la guerra de Irak, muchos testimonios de soldados, así como cosas sobre la migración y en particular sobre la vida de los migrantes chinos. Una fuente fundamental para mí fueron dos libros: The Snakehead, de Patrick Radden Keefe, y Dragon Fighter, un libro autobiográfico escrito por una disidente uigur llamada Rebiya Kadeer quien me parece una figura absolutamente heroica.

ASR: ¿Y qué hay de inspiraciones literarias?

AL: Sin duda lo que realmente me hizo querer escribir en primer lugar fue Hemingway. Para mí él es una lección sobre cómo escribir, es una inspiración absoluta. El libro escrito por él que estaba leyendo al momento de empezar la historia era A farewell to arms, y mi libro es parecido en el sentido de que se trata también de un soldado retirado y está ambientado después de la guerra. Pero para escribir la novela también estudié mucho Madame Bovary de Flaubert, por la escritura, pero sobre todo para entender las cuestiones técnicas de cómo contar una historia en un largo periodo de tiempo. No sabía cómo contar una historia de amor que se desarrollara en el tiempo. Me preguntaba: “¿se cuenta todo?”. Entonces decidí ir a ver cómo lo hacía alguien más.

ASR: Algo que me pareció interesante de la novela fue el carácter físico de los personajes. No es sólo que caminen todo el tiempo, sino que están constantemente pensando en sus cuerpos. ¿Cuál dirías que es el papel de esto en la historia?

AL: No lo hice a propósito. Sólo sabía que estos personajes estarían involucrados en una historia de acción, por lo que tenían que ser personas capaces de verse en una situación con exigencias físicas. Sabía que el libro tendría un clímax muy físico.

ASR: Necesitaban ser fuertes…

AL: De algún modo sí. Imaginé el final del libro primero tras leer en el periódico un titular sobre un veterano que se suicida y me pregunté quién estaría involucrado en esta historia de crimen, ¿cómo acabaría alguien en esta situación? Así llegué a los personajes. Por supuesto hay otras razones psicológicas para explicar por qué mi personaje femenino es muy masculino, pero para que las averiguáramos tendrías que ponerme en un diván.

ASR: Pese a su preocupación corporal, tu veterano, Skinner, es sobre todo presa de su mente. ¿Dirías que en su caso la mente y el cuerpo están en antagonismo?

AL: Para mí Skinner es un síntoma de la guerra. En el ejército la misión siempre viene primero y la milicia después. Les importa tu vida, pero si te tienen que sacrificar o usarte hasta que te quiebres, lo van a hacer. Y esto incluye la mente, pues creo que no hay diferencia entre el cuerpo y la mente en tanto todos son tejidos. Por supuesto no todo mundo tiene las mismas reacciones frente al trauma y la literatura sobre veteranos da cuenta de ello. Después de un fuego cruzado, por ejemplo, una enorme variedad de respuestas se manifiestan entre los supervivientes: habrá el que se ría, el que llore y el que vomite. Lo que pasa con Skinner es que se adapta a la guerra: consume estimulantes para mantenerse despierto, fuma marihuana o bebe para tranquilizarse, saca su enojo de muchas maneras y seguramente está asustado una buena parte del tiempo. Investigué la psicología de alguien que ha estado en la guerra y los hábitos que adquiere y que se lleva a casa. En la guerra uno no sabe si vivirá los próximos cinco minutos por lo que duerme y come cuando puede, justo lo contrario a lo que es recomendado en nuestra vida cotidiana occidental. Ésta considera planes a largo plazo que Skinner simplemente no puede adoptar.

ASR: Así que, aun de vuelta a casa, no hay futuro para él.

AL: No. Imaginé la historia sabiendo que Skinner sería uno de esos casos que no lo logra. Sin embargo, no quiero sugerir que todos aquellos que van a la guerra sufran de estas consecuencias y se vuelvan bajas. No creo que el caso de Skinner se pueda generalizar y tampoco lo uso para hacer una aseveración en contra de la guerra. De hecho, no estoy en contra de la guerra, pues creo que vivimos en un mundo competitivo que la requiere. Sobre Irak en particular estoy convencido de que no era buena idea. Sin lugar a dudas el terror y la obscenidad de la guerra deben evitarse en la medida en que sea posible.

ASR: ¿Y qué te llevó a ti al ejército?

AL: Cuando estaba en mis veintes creía que mi vida no estaba yendo a ningún lugar. Estaba viviendo en un sótano en Queens —escenario que después nutrió el libro— y necesitaba organizarme y ponerme en forma. Me inscribí a los marines en ese contexto. Pude ver el lado positivo del ejército, pues éste hizo mucho por mí: me dio disciplina y orden. Hoy sigo haciendo los ejercicios que aprendí entonces.

ASR: Hablando de Queens y de cómo aparece en el libro, me parece que en éste retratas un Nueva York muy duro: el de las personas que no se entienden, que es agresivo, que tiene la cárcel de Rikers a la vuelta. ¿Es esta tu idea de las ciudades estadunidenses? ¿O de las ciudades en Occidente en general?

AL: No quise hacer ninguna aseveración al respecto, sólo contar la historia en el lugar en donde pasaba. No inventé el escenario, sino que éste tiene mucho de realidad. Las cosas que cuento son las cosas que vi en Flushing cuando vivía ahí. Llegué a todo ello en una búsqueda dramática por establecer el final, pero está basado en la realidad.

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ASR: La aparición de Jimmy, el personaje de familia irlandesa que vive en Queens, sorprende en medio de una historia que es de dos. Casi parecería innecesario…

AL: No estoy de acuerdo. Desde un punto de vista dramático están dos personajes bajo tensión, con un problema latente. Cuando este tercer personaje aparece logra que todo estalle. Skinner es potencialmente violento y Zou Lei es un blanco potencial. Jimmy es necesario para completar un triángulo. Es el cerillo que detona un fuego cuando ya están dispuestos el material y el combustible.

ASR: Por lo que sé sobre tu vida y los múltiples y variados empleos que has tenido, a la hora de ver al personaje de Zou Lei, que es increíblemente trabajadora, me surge la pregunta de cómo entiendes el trabajo. ¿Es éste una manera de ser en el mundo?

AL: Como lo entiendo, el trabajo puede ser un infierno. Yo tengo muy claro que no podría estar nunca sentado en un cubículo, por ejemplo. Me parece que Zou Lei es una suerte de muestra de los tiempos, en los que tanta gente se ve obligada a tener múltiples empleos. El señor que trabaja en la tienda de abarrotes a unas cuadras de aquí me contó que todos sus empleados están contratados medio tiempo en otros lugares, pues con eso se evita darles las prestaciones que se requieren por ley. Al mismo tiempo Zou Lei es una optimista y tiene el deseo de encontrar el trabajo de sus sueños, que es ser una suerte de comerciante, que lleva con ella su mercancía a todos lados y puede ser móvil; un poco como sus antepasados en el este chino. Es su idea de cómo debe ser la vida. Por otro lado, pienso que el trabajo efectivamente puede ser muy satisfactorio, y que disfrutar lo que hace uno diariamente es una suerte.

ASR: ¿Y a ti te interesa ser más móvil? El escritor puede escribir desde donde sea…

AL: Me gusta mucho la idea de la movilidad. Incluso como público de un espectáculo, reconozco que disfruto ver cambiar las escenas. Me gusta el movimiento y la variedad. Me gusta cambiar entre los ambientes urbanos y los rurales, especialmente. Yo he tenido tendencias nómadas en mi vida, me he mudado con mi familia muchas veces. Pero como escritor la importancia de en dónde vivo ha empezado a ser cada vez menor. Mientras trabajo no abandono la cuadra en la que me encuentro. Me siento como un monje: con un ritual matutino y otro vespertino, en donde la contemplación es lo más importante. Encuentro inspirador el nomadismo, pero lo he tenido que dejar. Sin embargo, tengo muchas ganas de ir al bosque pronto y de conocer más los Estados Unidos.

ASR: Pensando en lo que decías de Zou Lei y sus ancestros y Skinner y la guerra, el pasado parece ser muy importante para tus personajes…

AL: Lo primero que pienso es que si Zou Lei se siente atraída a Skinner es porque le recuerda a su padre, que era un soldado también. Al mismo tiempo, la razón por la que Skinner es muy infeliz y está enojado es por su propio pasado en la guerra. Si he hecho bien mi trabajo, el pasado le demuestra al lector la lógica detrás de por qué los personajes se comportan como se comportan en el presente.

ASR: ¿Esto es cierto para todo el mundo?

AL: Sin duda es interesante pensar en qué lleva a la gente a ser como es, y entre las personas esto puede remontarse a memorias que ni siquiera sabían que tenían. Como escritor, sin embargo, una pregunta fundamental que hacerse a la hora de incluir el pasado de un personaje es cuánto pasado considerar.

ASR: Zou Lei no habla bien inglés, y Skinner no es un hombre de muchas palabras. ¿Cómo se comunican?

AL: Físicamente. Creo que buena parte de la comunicación no es verbal. Por otra parte, aun cuando alguien no habla en tu idioma, es muy impresionante todo lo que puede darte a entender.

ASR: ¿Te interesa seguir investigando alguno de estos temas más adelante en tu literatura?

AL: He emprendido el proyecto de escribir una nueva historia. Mi actitud con respecto a Preparación… fue cortar por completo y contar una historia absolutamente diferente y con personajes que no tengan nada que ver con Zou Lei, Skinner y Jimmy. Una vez que termine la segunda novela haré lo mismo. Mi método será salir a ver qué me emociona en el momento y escribir al respecto. Eso es lo que le recomendaría a cualquier escritor: escribir de aquello que le emocione.

 

Ana Sofía Rodríguez
Editora de nexos en línea.