Dice la escritora catalana Nuria Amat en su libro Viajar es muy difícil: “Las ciudades están hechas de personas. Las ciudades literarias están hechas de escritores. Qué mejor recuerdo del viajero para con el lector (viajero también él pero quieto) que el envío de una postal ofreciendo la imagen viva y coloreada de las mejores instantáneas de viaje. Qué mejor regalo para un lector que las vistas de distintos escritores moviéndose por la ciudad fantasma”. Esta columna intenta recuperar las postales que han dejado los escritores de lugares para ellos entrañables

11-marsella

Ilustración: Pablo García

Como hilos negros que se perfilan contra el cielo azul se tensan las jarcias de los veleros que esperan. El puerto nuevo es una ciudad de embarcaciones. Manchas de aceite flotan sobre el agua. No veo el mar, tantos son los mástiles. El puerto no huele a sal y a viento, sino a trementina, el aceite flota sobre la superficie del mar. Los botes, barcas, balsas y cubiertas están tan apretujados que uno podría pasar por el puerto sin mojarse los pies, si no fuese por el peligro de morir ahogado en vinagre, aceite y agua jabonosa. ¿Es éste el portal inconmensurable que se abre a los inconmensurables mares del mundo? Es más bien el almacén inconmensurable de los artículos de consumo del continente europeo. Hay barriles, cajas, vigas, ruedas, palancas, cubas, escaleras, tenazas, martillos, sacos, telas, carpas, coches, caballos, motores, automóviles, tubos de goma. Es el hedor cosmopolita y embriagador que se origina cuando mil hectolitros de trementina se almacenan al lado de mil quintales de arenques; cuando el petróleo, la pimienta, los tomates, el vinagre, las sardinas, el yute, la gutapercha, las cebollas, el salitre, el alcohol, los sacos, las suelas de las botas, las lonas, los tigres, las hienas, las cabras, los bueyes, los gatos de Angora y las alfombras de Esmirna exhalan sus cálidos vahos; y cuando el humo graso, pesado y pegajoso del carbón envuelve todo lo muerto y lo viviente, unifica todos los olores, impregna todos los poros, satura el aire, reviste las piedras y se vuelve, por último, tan intenso que es capaz de amortiguar todos los ruidos, como ha hecho hace un tiempo con la luz. Esperaba aquí la infinitud del horizonte, el azul azulísimo del mar, el sol y la sal. Pero el mar del puerto consiste en aguas residuales con unos ojos de grasa enormes de color verde gris. Subo a bordo de un trasatlántico y confío en captar una ligera fragancia de aquellas lejanías por las que navegó el barco. Pero huele como huele en casa antes de Semana Santa: a polvo y colchones aireados; a barniz para las puertas; a ropa lavada y a almidón; a comidas quemadas; a cerdos sacrificados; a escaleras estrechas recién fregadas; a papel de lija; a una pasta amarilla para el latón; a insecticidas; a naftalina; a cera para suelos; a conservas.

A esta hora hay más de setecientas embarcaciones en el puerto. Es una ciudad hecha de barcos. Las aceras consisten en botes, las calzadas en balsas. Los habitantes de la ciudad llevan monos azules, tienen rostros morenos y manos duras y grandes de un color entre negro y gris. Se encaraman a escaleras, pintan los cascos de los barcos con una laca fresca y de color marrón, cargan pesados cubos, hacen rodar toneles, separan sacos, lanzan ganchos de hierro y clavetean cajas, giran manivelas y levantan mercancías con poleas de hierro, pulen, cepillan, limpian y crean más basura. Quiero regresar al puerto viejo, donde atracan los románticos veleros y las ruidosas lanchas motoras y donde venden los mariscos frescos, aún llenos de agua de mar, a treinta céntimos la pieza. […]

Mientras escribo estas líneas, Marsella ya ha cambiado. Y lo que relato con mil palabras es una gotita en el mar de los hechos, una gotita que, imposible de detectar a simple vista, tiembla en la delicada punta de mi pluma.

Fuente: Joseph Roth, Las ciudades blancas (traducción de Adam Kovacsics), Editorial Minúscula, 2014.

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.