Los pacientes buscan a los médicos por diferentes razones. Muchas veces los motivos no son enfermedades sino problemas personales. Quien acude por causas no médicas busca ayuda. La suma de embrollos sociales y emocionales, aunados a dolencias físicas o problemas anímicos, hacen más difícil resolver las demandas del paciente. Además, lo he escrito en numerosas ocasiones, los enfermos difieren entre sí (“no hay enfermedades, hay enfermos”, reza un viejo dictum médico) y con el tiempo, la misma persona cambia.

Hace algunos años, desconozco la cita original, escuché una idea magnífica: “la medicina es el arte de tomar decisiones adecuadas basadas en evidencias inadecuadas, que es otra forma de decir que la medicina es una disciplina inexacta”. Aunque esa idea puede parecerle obsoleta a los jóvenes médicos, cuyo diagnóstico se basa cada vez más en modernos aparatos, la idea, cuando se trata de enfermos con problemas diversos no bien definidos, sigue vigente.

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Ilustración: Kathia Recio

En medicina interna, o medicina general, el diagnóstico más frecuente es “no enfermedad”. Los enfermos que acuden a consulta y se someten a exámenes de laboratorio y gabinete, cuyos resultados, igual que la exploración física, son normales, conforman el grupo “no enfermedad”. La mayoría de esas personas tampoco sufren enfermedades psiquiátricas; padecen ansiedad, baja autoestima, miedo, soledad, duelos no resueltos. A pesar de no ser catalogados como enfermos, el grupo “no enfermedad” requiere atención médica adecuada e inteligente. Los pacientes, a diferencia de quienes padecen y sufren por su “no enfermedad”, pero que también deben ser considerados pacientes, tienen ventajas: el mote enfermo genera empatía, compasión, atención y compañía, mientras que los “enfermos no enfermos” carecen de esos cuidados.

Muchos “enfermos no enfermos” van al doctor porque no encuentran en su entorno quien los escuche. Exclusión social, angustia, estrés emocional o eventos como viudez son motivos para consultar al médico. Dos ejemplos. Primero: en países anglosajones 30% de mujeres viudas acuden al doctor para ser escuchadas —no hay estudios sobre el sexo masculino—; la escucha puede ser suficiente para paliar el dolor y entender el duelo. Segundo: “enfermos no enfermos”, víctimas de soledad, suelen acudir a clínicas u hospitales ya que en ellas sienten cobijo y protección; hay quienes lo hacen por la necesidad de pertenecer a alguna institución. En ambos ejemplos, el de las viudas no enfermas y los “enfermos no enfermos”, o enfermos por soledad, las personas buscan consuelo y escucha.

La soledad predispone a depresión, baja autoestima y ansiedad; desde años se sabe que también incrementa enfermedades físicas. En 2006, un estudio demostró que mujeres enfermas de cáncer de mamá, sin cobijo familiar ni social, tenían cinco veces más posibilidades de fallecer que aquellas con marcos sociales adecuados.

Asimismo, los científicos han demostrado que durante el estrés por aislamiento se producen mayores dosis de cortisol, hormona asociada al estrés; en las personas sometidas a tensión la producción de cortisol aumenta, y ésta, a su vez, produce inflamación. La inflamación crónica se asocia a enfermedades cardiovasculares, cáncer y alteraciones inmunológicas.

Otras investigaciones científicas agregan información. Una de ellas se encargó de seguir a mil 600 personas mayores de 60 años durante seis años. Al final del estudio las personas que vivían o se sentían solas sufrieron 60% más deterioro en la salud y 45% más posibilidades de haber muerto. John T. Cacioppo, neurocientífico social, y Stephanie Cacioppo, doctora en psicología, abundan: “Un análisis reciente —de 70 estudios combinados con tres millones de participantes— demostró que la soledad incrementa la posibilidad de mortalidad en un 26%”.

Un número elevado de los “enfermos no enfermos” acuden a consulta precisamente por soledad. Y un gran porcentaje, al no sentirse satisfecho tras la consulta, busca otra(s) opinión(es). “Doctor shoppers” (“compradores de doctores”) es el mote de este grupo. Quien visita varios profesionistas lo hace por insatisfacción y por necesidad. El brete es complejo: mientras no se resuelvan las causas subyacentes —soledad, baja autoestima, problemas económicos, duelos no resueltos— el padecimiento continuará, y si se tiene mala suerte y el paciente se topa en el camino con médicos mal preparados, charlatanes o no éticos, el “enfermo no enfermo”, indefenso por sus mermas, agobiado por no tener quien le escuche, puede ser víctima de maniobras inadecuadas y/o prescripciones equivocadas. Algunas personas “doctor shoppers” enferman durante su periplo.

El problema es complicado. La soledad en el mundo moderno se ha convertido en epidemia. La soledad y sus aliados incrementan la fragilidad de las personas. Cuando las desventuras sociales y/o personales son demasiadas la ayuda médica es pobre. Encontrar cómo ayudar es necesario. Acortar la brecha entre lo que solicita la persona y lo que ofrece el doctor exige investigar las razones no médicas de la consulta con el mismo ahínco como si se estuviesen estudiando los motivos de la pérdida de peso o de la fiebre. Eso es el arte de la medicina.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

9 comentarios en “Notas sobre el ejercicio médico

  1. Estimado doctor:
    Desde hace unos años frecuento este sitio y sus artículos me parecen llenos de calidez y calidad humana. Esta vez me sentí profundamente tocado por el tema. Soy un “enfermo no enfermo”, como muchísimos mexicanos y, como ellos, ansioso de ser escuchado.
    A mi necesidad de ser escuchado como individuo se agrega la necesidad de ser escuchado como ciudadano, necesidad más difícil –si cabe– de ser resuelta. Sin embargo, en cuanto a lo primero quisiera reseñar muy brevemente mi experiencia con el IMSS, que debiera llamarse IMIS (Instituto Mexicano de Inseguridad Social).
    Hace poco más de dos años acudí a este “servicio” de salud pública con la nebulosa idea de ser atendido, de ser posible, por el área de psicología. Luego de un año de espera, una psicóloga muy amablemente escuchó toda mi alocución de “no enfermo”; es decir, le expuse con toda conciencia que no estoy al borde del suicidio o del terrorismo; simplemente traigo atorados ciertos males existenciales que se comprimen en ese mal que usted magistralmente describe como “soledad”. Con total ingenuidad de mi parte solicité ser atendido durante un número razonable de sesiones, quizá con miras a un psicoanálisis exprés (perdón por el atrevimiento), consciente de que un tratamiento así es muy caro y de larga duración. La doctora se mostró muy amigable y dispuesta a tratarme. Salí, muy ilusionado de su consultorio y, al solicitar una nueva cita, me la anotaron para dos o tres meses después, alegando la gran cantidad de pacientes en espera…
    Esperé esos meses. En la segunda consulta, a la doctora le costó trabajo recordar mi caso y coincidimos en que era necesario buscar una mayor frecuencia en las consultas. Quedó, por cierto, muy formalmente, en intentar que éstas fueran una o dos veces por mes, al menos…
    La tercera consulta ocurrió otros dos o tres meses después y lo mismo las dos o tres siguientes…
    En la penúltima llegué a consulta para enterarme que la doctora se había sentido indispuesta y mi cita sería reprogramada.
    Y en la última cita –ocurrida hace un año–, me dijeron, al llegar a consulta, que los doctores de esa área habían tenido que ir a Culiacán –vivo en Mazatlán, Sinaloa– a tomar un curso de actualización.
    A partir de ese momento mi paciencia llegó a su límite. No volví al monstruoso elefante blanco que mantenemos con nuestros impuestos. A principios de este año inicié un tratamiento mediante consulta privada –300 pesos cada una, pagados con gran esfuerzo–, que me ha dejado ver lo que ya sabía; ser un “no enfermo” que padece soledad e incomunicación, un poco de baja autoestima y algo de tristeza social, pues mi trabajo de corrector de periódico me obliga a leer diariamente –y obligadamente– todas las miserias sociales y políticas que padecemos, además de los discursos políticos hipócritas y manipuladores que deben ser publicados –además– con una “excelente ortografía”. Ni para dónde hacerse, ¿verdad?
    Sin duda que hace falta “encontrar cómo ayudar”, como usted dice, pero líbrenos Dios de que lo que aquí expongo caiga en manos de un político que de esto se agarre para maquinar más demagogia hipócrita para “ayudar” a los no-enfermos, que somos muchos.
    Para finalizar –y pidiéndole por adelantado una disculpa por “ser tan fijado” en la ortografía–, le sugiero quitar el acento en la palabra “mamá”, a la mitad del quinto párrafo (que comienza “La soledad predispone a depresión…”). Aunque se trata de una errata mínima, resta calidad a su excelente artículo.
    Muchas gracias por su atención.

    • Gustavo:me gustó mucho leerle.Tristemente,así son los atropellos en el IMSS y más para los “enfermos no enfermos”.Le recomiendo buscar ayuda en la web para su problema,que aunado a las terapias que esta recibiendo,le hará mucho bien.Le envió un saludo cordial.

      • Muchas gracias, Irene. Es muy reconfortante saber que alguien comparte con uno estos malestares. Reciba un gran abrazo

  2. Gustavo:
    Gracias por su coreo. Es lamentable lo que cuenta, y es más lamentable que no me sorprenda. Trabajé muchos años en el Sector Salud y las historias que ahí escuchaba (vivía) eran terribles. México es un país brutalmente injusto (si gusta lea mi artículo de ayer en “El Universal”) y los atropellos se manifiestan aún más cuando la pobreza se profundiza por enfermedades. He escrito muchas veces que uno de los peores binomios es el conformado por pobreza y enfermedad, y aunque, supuestamente quienes asisten el IMIS como usted lo llama no son los más pobres, la atención promedio es mediocre. El desabasto, lo sé por mis colegas es terrible. Y lo es porque no se puede robar a manos llenas y contar con dinero para ofrecer salud.
    Gracias por su extenso comentario, gracias por la corrección ortográfica y por su interés. Deseando que este mejor,
    Arnoldo Kraus

  3. Dr Arnoldo,

    Muchas gracias por todo esto que nos comparte. Su frase “La soledad y sus aliados incrementan la fragilidad de las personas”. En algún video hace tiempo donde chicas acuñaron la célebre frase que luego se hizo viral en internet “Mi barrio me respalda” tan simple y profunda a la vez, nos dice de la peligrosidad de vivir aislado y de cuán reconfortante es el respaldo de nuestro entorno. Saludos Dr. Un placer leerlo.

    • Mil gracias Esmeralda, no conocía la frase, “Mi barrio me respalda”, es bella, profunda. No dejemos que Mancera y asociados acaben con los barrios (lo hacen y lo siguen haciendo). Y gracias por su comentario.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo

  4. Estimado Arnoldo Kraus fascinante articulo sobre la atencion médica, es un tema que me agrada y lo seguire leyendo con gusto.

    Como atención al Sr. Gustavo Mota quisiera preguntarle acerca del grupo de amigos con que cuenta, quisiera recomendarle sin afan de molestarle que amplie su numero de amigos, Sé de la dificultad para lograrlo pero en la intención prodrá lograr mucho.
    Yo mismo le ofrezco “cartearnos” o mensajearnos. Considero que la conversacion logrará maravillas cuando son profundas y apasionadas.
    Tenemos como muestra que muchos famosos a la distancia tenian el gusto y alivio de compartir amor, exito, tristeza con seres cercanos.