Hay en el mundo actual (1935) una curiosa y significativa tendencia de los cirujanos hacia la especulación fisiológica y filosófica. No es un secreto para nadie, y menos para los lectores médicos, que el cirujano fue, durante largos siglos, un obrero menor en nuestra profesión. El cirujano aspiraba en vano a la categoría médica; y el médico, el internista, cerraba fatuamente la puerta de su torre de marfil cada vez que veía acercarse al físico con su clister bajo el sobaco y la lanceta de sangrar en la faltriquera. La injusta diferencia tenía su eco en la mente popular, aun después de que esas diferencias habían empezado, dentro de la profesión, a borrarse. Los mismos años en que nuestro extraordinario Daza ennoblecía el arte quirúrgico con su intuición de operador, con su sentido misericordioso de la vida humana, con su talento de escritor y con el prestigio de su protosituación en la Corte, precisamente en los mismos días, el más alto representante que jamás ha tenido el pensar del pueblo, Miguel de Cervantes, al que probablemente curó el propio Daza su brazo maltrecho en Lepanto, escribía, con el que le quedó sano, un entremés titulado El juez de los divorcios. Y en esa deliciosa pieza dramática vemos a una mujer que acude al tribunal donde, rigurosamente, se examinan los motivos de la pretendida ruptura del lazo conyugal, en aquellos años en que ese lazo ha dejado de ser dulce red de ilusión para convertirse en pesada cadena de galeote. El juez, atento a la trascendencia de su misión, aquilata agudamente cada pretensión de divorcio y casi invariablemente la da por no buena. Hasta que llega una mujer agitada, que exige le sea devuelta su libertad, ante la magnitud del engaño de que su esposo le ha hecho víctima. ¿Qué te ocurre?, le pregunta el magistrado. Y ella responde, trémula de rabia: Señor, mi marido me dijo que era médico y ha resultado cirujano. Ante cuya razón el juez estima que puede, sin la menor duda, divorciarse.

Fuente: Gregorio Marañón, Vocación ética y otros ensayos, Espasa Calpe, Madrid (1946; 5ª edición, 1966).

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