En México, desafortunadamente, no existen constituciones para ciudades inteligentes (Smart City). Por otro lado, en Europa se ha demostrado la necesidad de desarrollar dichas iniciativas en forma alineada; es más, la Comisión Europea contempla una estrategia integral para los países miembros; Norteamérica opera diferente y sólo podría aspirar a la cooperación entre fronteras de esta región económica bajo un modelo que contemple nuevas estructuras de conocimiento, como la de los clústeres de innovación. Un clúster agrupa actores de la triple hélice (universidades, empresas y gobiernos) para impulsar un objetivo común en una especialización que resulte estratégica para una región. Por ejemplo, en Querétaro el sector aeroespacial está creciendo cada vez más con inversiones más fuertes y está generando todo un ecosistema a su alrededor en paralelo a otros sectores estratégicos y al patrimonio cultural. Esto representa oportunidades de espacios de innovación con temas específicos de una agenda de Smart City que confluyen para llegar a un modelo acordado por alianzas público-privadas para la innovación de la ciudad. Algo similar está sucediendo en Guadalajara y Puebla con sus propias características.

Las ciudades inteligentes no se hacen sólo con planes de gobierno, proyectos académicos o empresas de tecnología, es una confluencia de voluntades, un uso adecuado de las tecnologías de información, la innovación y la internet del futuro para mejorar la calidad de vida de los que habitan en ellas.

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Ilustración: Patricio Betteo

Este tipo de agendas conduce a iniciativas de innovación abierta estratégicas como en el caso de aplicaciones de la internet de las cosas (IoT) que nos llevan a líneas específicas de cambio e innovación. Hay una gran cantidad de ejemplos internacionales, uno de ellos es la ciudad de Santander, España; una ciudad de menos de 200 mil habitantes, con cerca de 15 mil sensores IoT. Algunos encontrados en los camiones de basura para ver hasta dónde llega la ruta al llenarse la caja, sensores de estacionamiento en zonas muy transitadas, sensores para humedad y temperatura para el riego de áreas públicas, etcétera. La evolución de la internet de las cosas es un movimiento trascendental como es el de “Industria 4.0” para el área automotriz, para dispositivos médicos, para el sector aeroespacial, etcétera —todo ello incide en beneficios para la ciudad.

¿Cómo podemos detectar los problemas de la Ciudad de México? No se necesita una “constitución Smart City” como tal para resolverlos, pero ésta debe apoyar la cocreación de la ciudad que queremos forjar en el futuro y no debe ser una barrera. Hay que cuidar que lo que se escriba en ella no sea limitativo para crear esta gran visión. Número uno, no hay Smart City que esté aislada del mundo y sería tonto no aprovechar las experiencias internacionales. Número dos, tenemos que empujar la alianza con los municipios conurbados, es muy importante tener la perspectiva general de dónde está la ciudad: los límites no son lo que indica la demarcación política de la entidad federativa y los problemas son comunes con municipios adyacentes. Y número tres, tenemos que impulsar iniciativas incluyentes con alianzas público-privadas que nos permitan trascender de gobierno a gobierno, contemplando una evolución constante y competitiva de un eje de emprendimiento e innovación como elemento central de una agenda congruente y evolutiva de largo plazo.

No hay ciudad inteligente que no contenga una masa de voluntad creativa para generar innovación y, en el caso de la Ciudad de México, tenemos mucho por hacer para enfrentar los retos y resolver los problemas de esta gran ciudad en beneficio de los que habitan en ella y quienes la visitan. La constitución debe garantizar ese objetivo.

 

Alfredo Sánchez
Profesor de tiempo completo del Departamento de Computación Electrónica y Mecatrónica de la UDLAP.

Este texto fue presentado en la Reunión General de la Academia Mexicana de Ciencias: Ciencia y Humanismo II.