De Hans-Georg Gadamer he aprendido mucho. La calidad de sus textos, su trabajo incansable, incluso en sus últimos meses, son admirables. Gadamer fue centenario: murió cuando tenía 102 años; al escribir, desde la filosofía, sobre medicina, fue excelso. Gadamer no fue el único en mezclar ambos temas. Muerte y vida son temas de estudio comunes. Al lado del filósofo alemán militan, a partir de la medicina o de la filosofía, grandes pensadores. Maimónides, William Osler, Pedro Laín Entralgo, Karl Jaspers y Lewis Thomas son, entre una miríada, figuras destacadas cuyos textos han inyectado medicina a la filosofía y filosofía a la medicina.

No en balde algunas ideas se repiten. Las relecturas son mejores que el encuentro inicial, no sólo por el placer de regresar,  sino por los cambios que imprime el tiempo en quien lee. Al releer lo leído el mensaje se modifica: aunque uno siga siendo el mismo, es distinto al que fue. Escribí tiempo, escribí cambia y escribí escribo dos veces para confirmar que las ideas que se repiten son útiles. Leer a Gadamer estimula: leerlo exige releerlo.

Cobijado por esas ideas, regreso. En El estado oculto de la salud (Gedisa, Barcelona, 1996) Gadamer reflexiona, desde la filosofía y la hermenéutica, sobre la salud. Me detengo en el capítulo “Autoridad y libertad crítica”, tema ingente en la medicina actual. Sobresalen dos razones: dotar de autonomía al enfermo y fortalecer la ética médica. La libertad crítica milita contra el paternalismo médico y ofrece argumentos para restaurar lo que fue uno de los principales refugios médicos, la ética.

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Ilustración: Kathia Recio

Cuando se cavila en los vínculos que nacen, a partir de la enfermedad, entre paciente y médico, los conceptos autoridad y autoritario son fundamentales. Desde el momento en que el enfermo, muchas veces rodeado por miedos e incertidumbres, acude a pedir ayuda, sobre todo, cuando la patología amenaza la vida, la figura del galeno, investido de conocimiento y de poder, adquiere dimensiones críticas. Gadamer: “… sólo puede calificarse como autorizado a aquel que no necesita apelar a su propia autoridad. La palabra autorizado no se refiere al poder basado en la autoridad. Más bien, hace referencia a un mérito genuinamente reconocido y no a uno que se pretende alcanzar”. Aunque el erudito profesor no define autoridad, renglones adelante escribe, “… todo aquel que para adquirir autoridad adopta medidas, formula afirmaciones o realiza acciones, lo que busca es el poder y está encaminado a ejercer un poder autoritario. Quien necesita apelar a su autoridad, por ejemplo, el maestro en la clase o el padre en la familia, hace esto porque carece de ella”.

Las ideas de Gadamer ilustran muchas cuestiones vitales de la medicina y de la vida. La autoridad la otorga el enfermo o la comunidad al médico, al político, o al profesor, por sus logros, por su coherencia, por sus cualidades. La persona que tiene autoridad no la busca, no la pide, y no hace gala de ella. Es su trayectoria y sus posiciones ante la vida las que lo invisten de esa cualidad envidiable y poco frecuente. A diferencia de los individuos que tienen autoridad incuestionable, quien ejerce el poder autoritario lo hace apoyado por la fuerza que detenta; el poder autoritario es insano, se compra por incontables mecanismos y desdeña valores universales como ética, humanismo, solidaridad, o conocimiento “productivo”.

Los enfermos buscan autoridad. La autoridad cobija; quien la posee tiene la sabiduría suficiente para compartirla. Nunca es opresiva. Al contrario: permite, fomenta el diálogo y estimula el disenso. El médico que tiene autoridad y la comparte con enfermos y con colegas entiende que las discrepancias estimulan el crecimiento. Aun en contra de argumentos médicos o elementos científicos, permitirle al enfermo decidir es signo de una relación madura entre doctor y enfermo. Entre muchos casos recuerdo el de un enfermo cuya pierna gangrenada debía ser amputada para salvar la vida. A pesar de los ruegos de la familia y de los argumentos médicos, el enfermo optó por finalizar sus días sin permitir la amputación.

“Ten el coraje de servirte de tu propia razón”, recomendaba Kant. Gran receta. Difícil, en muchas ocasiones, cumplirla. El enfermo se escuchó. Cumplió con él. Los médicos lo acompañaron. Paliaron el dolor. El enfermo dejó una nota: “Gracias por permitirme morir dignamente. Gracias por entender que la autoridad es bidireccional”. Profundas son las palabras de Gadamer: “… el respeto al otro implica reconocer su libertad, y esto exige una auténtica libertad de parte de uno mismo: la de autolimitarse. Toda libertad auténtica supone una limitación y puede exigir, incluso, la limitación de la propia autoridad”.

Autoridad no es sinónimo ni de conocimiento ni de sabiduría infinita pero sí pariente cercano; quienes poseen esa cualidad son referencia obligada; además, muchos tienen la capacidad de ayudar. A las personas que tienen autoridad se les admira. Admirar es una bella cualidad humana. Al admirado se le cree; se busca ser como él o como ella. Conocimiento y rectitud ética dotan al médico de autoridad y le permite al enfermo ejercer su propia autoridad y su libertad crítica. Cierro con Gadamer: “Libertad crítica significa libertad para la crítica, y la crítica más difícil es, sin duda, la autocrítica. En ella se basa no sólo esa característica humana que consiste en reconocer los propios límites, sino también la auténtica autoridad”.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

2 comentarios en “Autoridad y poder autoritario

  1. Siempre me ha parecido que el pensamiento de Gadamer propicia la reflexion y autoreflexion, nos hace mirarnos a nosotros mismos y escudriñar aquellas situaciones que queremos envolver, para no descobijarnos frente a los otros, sin ver que cuanto mas trstamos de esconderlo, mas nis pronunciamos en nuestro descubrimiento.

  2. María Irene:
    Apenas subieron tu comentario, por eso el retraso. Gadamer ilustra muchos aspectos de la vida. En medicina, sus textos son muy valiosos. A partir de su sabiduría y conocimiento del lenguaje ofrece datos que ayudan a comprender mejor el concepto de salid, tecnología, lenguaje, Poder, etcétera. Lo admiro mucho,
    Gracias,
    Arnoldo