De hecho, una convergencia ha comenzado. Las ciencias naturales, por su rápida expansión en sus áreas en las últimas décadas, están aproximándose a las ciencias sociales. Cuatro puentes a través de las divisiones están teniendo lugar…
—Edward O. Wilson, Consiliencia: la unidad del conocimiento.

Un subtítulo más adecuado y que, además, nos evitaría ser acusados de clickbait, es: “El comportamiento político estudiado por los biólogos”, pero entonces perderíamos la oportunidad de aludir a Max Weber para llevarle de entrada la contra a su visión antipositivista en las ciencias sociales y pasar enseguida al pleno convencimiento de E.O. Wilson (fundador de la sociobiología y auténtico Ant-Man: nunca tantas hormigas debieron tanto a alguien), quien en 1998 retomó el concepto de consiliencia, propuesto en 1840 por William Whewell.1 Wilson define la consiliencia como “un avance en el conocimiento al enlazar hechos y teorías basadas en hechos de distintas disciplinas para crear un terreno común de explicación”. La consiliencia resultante entre política y biología es conocida como biopolítica.

A pesar de que durante buena parte del siglo pasado aplicar teorías y métodos procedentes de la biología en terrenos de la política y otras ciencias sociales ha sido visto con recelo —nazismo, eugenesia y darwinismo social son, por supuesto, razones suficientes para desconfiar de extrapolaciones y justificaciones aberrantes, pero defendidas como “científicas”—, y no obstante que tradicionalmente la complejidad del comportamiento político ha sido explicada como resultado de una elección racional y consciente, en los primeros años del siglo XXI diversos artículos que estudiaban la influencia de numerosos factores biológicos, ajenos a nuestro control, comenzaron a llamar la atención de los medios y dieron lugar a polémicas, críticas y defensas, por parte de científicos y humanistas, de las asunciones y metodologías hechas por la biopolítica en revistas como American Political Science Review.

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Ilustración: Oldemar González

¿De qué hablamos cuando hablamos de biopolítica? Para responder a esto crucemos por cada uno de los cuatro puentes identificados por Wilson.

Neuropolítica: “El primero es la neurociencia cognitiva…”. En la neuropolítica se reúnen la ciencia política, la neurociencia y la psicología. Al experimentar con lo que ocurre en nuestra cabeza —de manera más concreta, al estudiar la anatomía y fisiología del cerebro y la actividad de las neuronas en diferentes áreas asociadas a distintos procesos mentales— la neuropolítica intenta explicar las ideas, percepciones y reacciones que conforman nuestro comportamiento político.

Algunos de los hallazgos en la materia (gris), al estilo “Cerebro Liberal, Cerebro Conservador”, entre quienes comulgan con alguna de estas ideologías es que los conservadores tienen un mayor volumen de materia gris en la amígdala derecha (la región responsable de la respuesta rápida e inconsciente ante alguna amenaza), en tanto que los liberales poseen un mayor volumen de ella en la corteza cingulada anterior (una zona relacionada con la toma de decisiones).2

Gracias a las modernas y muy variadas técnicas de visualización del cerebro (como la resonancia magnética funcional y la tomografía por emisión de positrones) los neuropolíticos han determinado que existe un sesgo conocido como efecto PAI (siglas de Prueba de Asociación Implícita) que hace que reaccionemos más rápida, emocional y estereotípicamente con mayor intensidad (medido en términos de la activación de su amígdala) cuando nos presentan una fotografía de algún político —digamos, el Jefe Diego, por qué no— junto con una palabra positiva (honesto) o negativa (mentiroso) que, dependiendo de nuestra filiación política, para nosotros sea congruente con la imagen.3 Así, para los panistas Jefe Diego/honesto y para los morenistas Jefe Diego/corrupto serán las asociaciones que produzcan un efecto PAI en sus cerebros.

No es indispensable contar con equipos tan costosos como un tomógrafo para diseñar estudios que permitan determinar si el cerebro de un liberal funciona de manera distinta al de un demócrata. Un sencillo experimento para confirmarlo involucra la siguiente figura:

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Los cuatro cuadros aparecen y cambian de color en la pantalla de una computadora. El cuadro de la parte superior sólo puede ser gris o verde. En la parte inferior siempre hay un cuadro blanco, uno verde y uno gris. Los colores cambian al azar cada medio minuto. Cada que cambian de color, la prueba para el liberal o el conservador frente a la computadora consiste en una de estas dos opciones: a) indicar la posición del cuadro blanco; o b) indicar la posición del cuadrado inferior que tenga el mismo color que el cuadrado superior. La opción b) es por mucho la usada por los conservadores, con lo que se confirma la hipótesis de los investigadores según la cual éstos tienen una menor flexibilidad cognitiva (o, en palabras llanas, una mentalidad más rígida) que, puestos a elegir entre varias opciones, hace que favorezcan la más sencilla.4 Esto no es intrínsecamente negativo, dado que tanto en este experimento como en varios casos de la vida diaria, permite que los conservadores sean los ganadores.

Genopolítica: “El segundo es la genética del comportamiento humano…”. Para tranquilidad de quienes aborrecen la posibilidad de un determinismo genético, no existe un “gen de la política” que nos convierta desde la cuna en, digamos, pejezombies o peñabots, por usar términos nada científicos pero ampliamente populares en estos tiempos. Para la genopolítica la cuestión no es en realidad si el comportamiento político está influido por los genes, sino cómo es esa relación. Y uno de los mayores obstáculos a los que se enfrentan los genopolíticos estriba en distinguir entre la contribución de la herencia y la del ambiente, sobre todo si consideramos que el segundo controla también en buena medida a la primera, al afectar la actividad y funciones de los genes (lo que es la razón de ser de la epigenética). Para los genopolíticos el mejor regalo de la naturaleza llegó por duplicado: la existencia de gemelos verdaderos o idénticos (monocigóticos) y de gemelos falsos o mellizos (dicigóticos).

Los gemelos idénticos resultan al dividirse en dos un solo óvulo fecundado por un espermatozoide, por lo que comparten la misma información genética. Los mellizos provienen de dos óvulos diferentes fecundados, de manera simultánea, cada uno por un espermatozoide distinto, por lo que comparten la mitad de la información genética. Así, si dos gemelos idénticos se comportan de manera más similar que dos mellizos, los científicos culpan a los genes, al asumir que la influencia del ambiente (la crianza de los padres, la educación, la nutrición y otros factores externos) fue muy parecida para ambos gemelos, idénticos o mellizos.

Con base en un estudio de más de 40 mil gemelos estadunidenses y australianos, nacidos entre 1893 y 1971, los genopolíticos concluyeron que la ideología política está mucho más fuertemente influida por la herencia que por la socialización con los padres; según sus estimaciones, cuando se trata de conservadurismo político, los genes son responsables de alrededor de la mitad de la variabilidad, mientras que la influencia paterna lo es sólo de un 11%.5 No está de más enfatizar, al igual que los autores de este estudio, que genes no son destino y que la cifra asociada a factores hereditarios “aún deja enormes posibilidades para que el ambiente altere las actitudes y comportamientos” de un individuo.

Una alternativa a los estudios de gemelos son los estudios de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés), en los que se identifican genes candidatos (a pesar del nombre, su bautizo no tiene que ver con la genopolítica), que son genes que se relacionan con alguna enfermedad o, en este caso, con un comportamiento político. Esta última posibilidad ha sido intensamente discutida por científicos a favor y en contra, sobre todo cuando aparecen análisis, como uno de Fowler y Dawes, cuya conclusión es que hay una fuerte asociación entre variaciones en el gen 5HTT, transportador de serotonina,6 y tanto la participación electoral como la asistencia a la iglesia (esto último, curiosamente, no fue tan debatido tras la publicación de numerosos estudios previos al respecto).7

“El tercero […] es la biología evolutiva…”: ¿Evopolítica? En Todos dicen que te amo, el musical de Woody Allen, uno de los personajes es un joven y acérrimo republicano hasta el día en que desbloquean una arteria que no permitía la correcta oxigenación de su cerebro, a partir de entonces “Scott renunció al Club de Jóvenes Republicanos Conservadores y comenzó a abrazar la filosofía de izquierda, demócrata, liberal”. ¿Son en verdad más inteligentes los liberales? En su libro The Intelligence Paradox, Satoshi Kanazawa asegura que sí, de acuerdo con lo que podríamos llamar informalmente como evopolítica.

Pero antes de cruzar este puente mencionemos que, para un psicólogo evolutivo, la causa última de un comportamiento político radica en la ventaja que éste nos da en términos de supervivencia como especie, siendo así una estrategia regida por la evolución por selección natural. De acuerdo con los evopolíticos, preferimos votar por candidatos con un físico más formidable (usando el término del autor de uno de los estudios), voces más graves y caras más masculinas porque inconscientemente percibimos a éstos como poseedores de mayor fortaleza y competencia a la hora de proteger a nuestros bienes y a nosotros8 (¡lástima, Gabriel Quadri!).

De vuelta con Kanazawa, la razón de que los liberales sean más inteligentes que los conservadores es que la inteligencia general —considerada por él como aquella que es medida por las pruebas de coeficiente de inteligencia (el C.I.)— es una adaptación de nuestra especie ante la necesidad de pensar cómo resolver diferentes “novedades evolutivas”, esto es, problemas no recurrentes y diversos, que no existían en nuestro ambiente ancestral. A medida que transformamos radicalmente nuestro ambiente en los últimos 10 mil años, la inteligencia general se volvió cada vez más importante que otros mecanismos psicológicos específicos para cada problema distinto. Así, todo aquello que constituya una novedad evolutiva estará directamente asociado con la inteligencia.

Como, de acuerdo con Kanazawa, la filosofía liberal es precisamente una novedad evolutiva dado que nuestra especie no está “diseñada” para buscar por instinto la igualdad de condiciones para todo un mundo de extraños, más allá de un círculo reducido de familiares, amigos y conocidos, ésta es la razón detrás de que los liberales sean más inteligentes y en su obra respalda esta afirmación con varios datos estadísticos.

“El cuarto son las ciencias ambientales…”: Medio ambiente y política. La influencia de aspectos medioambientales, como el tiempo y el clima, da un nuevo significado a frases como “la tropicalización de la política”. En verano los días soleados, por ejemplo, ocasionan un aumento en nuestros niveles de serotonina, que nos pone de un mejor humor a la hora de responder al encuestador que recolecta datos para la encuesta de aprobación presidencial, lo que a su vez se traduce en una mejor calificación del político en cuestión. Si hablamos de asistencia a las urnas, hay una relación inversa entre ésta y los soleados días veraniegos, posiblemente porque preferimos irnos a la playa que hacer fila para votar. Y el calor eleva los niveles de agresión, con lo que nuestros deseos de salir a ayudar a otros disminuyen y esto se traduce en mayor dificultad para hallar participantes voluntarios (y no acarreados) en mítines políticos.9

Los frutos de la biopolítica apenas están surgiendo. A pesar de que más de uno podría considerar o desear que algunos de los, ¿políticamente incorrectos?, resultados aquí ejemplificados sean sólo “política ficción”, lo más probable es que sea la consiliencia de E.O. Wilson la que nos permita profundizar en la complejidad del animal político por definición.

 

Luis Javier Plata Rosas
Doctor en oceanografía por la Universidad de Guadalajara. Es autor de Ciencia Pop, La física del Coyote y el Correcaminos, y más ciencia (y muchos más dibujos animados) y de El teorema del Patito Feo. Encuentros entre la ciencia y los cuentos de hadas.


1 A Whewell debemos también el, en el siglo XIX, neologismo “científico”, que terminó reemplazando por completo a “filósofo natural”. Fue uno de los pioneros de la historia y la filosofía de la ciencia.

2 Kanai, R., T. Feilden, C. Firth y G. Rees (2011), “Political Orientations are Correlated with Brain Structure in Young Adults”, Current Biology, 21(8), pp. 677-680.

3 Knutson, K.M., J.N. Wood, M.V. Spampinato y J. Grafman (2006), “Politics on the Brain: An fMRI Investigation”, Social Neuroscience, 1(1), pp. 25-40.

4 Bernabel, R. y A.J. Oliveira (2015), “Conservatism and Liberalism Predict Stimulus-Response Performance in Two Non-Ideological Cognitive Tasks”, 73rd Annual MPSA Conference, Chicago, Illinois, 26 pp.

5 Alford, J.R., C.L. Funk y J.R. Hibbing (2005), “Are Political Orientations Genetically Transmitted?”, American Political Science Review, 99(2), pp. 153-167.

6 Un neurotransmisor —esto es, una molécula que transmite información entre neuronas— que está relacionado con nuestros estados de ánimo. Niveles altos de serotonina nos produce una sensación de bienestar, mientras que niveles bajos de ella se traducen en ansiedad y depresión.

7 Fowler, J.H. y C.T. Dawes (2008), “Two Genes Predict Voter Turnout”, Journal of Politics, 70(3), pp. 579-594. Cinco años después replicaron el experimento y validaron que se trataba sólo de variaciones en el gen 5HTT: Fowler, J.H. y C.T. Dawes (2013), “In Defense of Genopolitics”, American Political Science Review, 107(2), pp. 362-374.

8 Ver, por ejemplo, Klofstad, C.A., R.C. Anderson y S. Nowicki (2015), “Perceptions of Competence, Strength, and Age Influence Voters to Select Leaders With Lower-Pitched Voices”, PLoS ONE, 10(8), e0133779.

9 Cohen, A.H. (2011), “Climate, weather, and political behavior”, tesis doctoral, University of Iowa.

 

6 comentarios en “Biopolítica: El político por el científico

  1. Lo que los individuos piensan no está escrito en los genes ni es producto de relaciones neuronales inscritas en el cerebro. Todo cuanto los seres humanos piensan es el resultado de su conexión con el entorno social. Este joven Luis Javier puede ser considerado como un individuo de buena voluntad, pero eso no garantiza ningún resultado en el terreno científico. Las neurociencias, son precisamente disciplinas para las cuales todo lo que los individuos piensan, procede del interior del cerebro y lo sostienen a través de diversas explicaciones. Pero la manera de abordar la existencia, más allá de los genes y de las redes neuronales, no es producto de una identidad entre genes y tendencias políticas, dicho sea con todo respeto, eso es una falacia. Todo lo que los individuos piensan proviene del entorno social y cultural en que crecen. Solo como un ejemplo, de esto que afirmo, lo pueden visualizar en la película “El enigma de Gaspar Hauser”, dirigida por Werner Herzog, ahí se ve cual es el resultado de haber mantenido a un individuo, aislado de la vida social. Eso de relacionar los genes con la inteligencia y con la política, les repito es una falacia, dicho sea con respeto para el obviamente joven doctor. Yo entiendo que no se le puede recomendar el ir a la tienda de enfrente, pero puede documentar sus afirmaciones en dos textos de Roger Bartra: “Antropología del Cerebro” y “Cerebro y Libertad” . En lo personal yo no estoy de acuerdo con las afirmaciones del profesor Bartra acerca de la influencia de la identidad en el desempeño de los individuos, pues creo que no hay destinos irremisibles sobre nuestras conductas. Lo que es más viable como hipótesis acerca del comportamiento, es la construcción y perfeccionamiento de nuestra conciencia como individuos y como sociedad, acerca del entorno sociohistórico–incluida la política–en que nos desenvolvemos. Podemos modificar nuestro desempeño y nuestro entorno, el único determinante es nuestra conciencia de las condiciones de existencia, individuales y sociales.
    Lo que si le reivindico al Dr. es que el conocimiento de los individuos y la sociedad nunca estará completo si se siguen las líneas de explicación que separan a las ciencias del hombre y las de la sociedad, porque todo lo social necesariamente pasa por la cabeza de los individuos, pero no puede reducirse el conocimiento a lo psicológico o a lo neuronal. Existen nexos funcionales entre las construcción mentales y socioculturales de los individuos y lo que sucede dentro de su cabeza.

  2. Bueno; natura contra nurtura, esa es la cuestión. Yo sí veo un resquicio genético en lo biopolítico. Es decir, si contamos con los circuitos neuronales, que nos permitan la capacidad de ver, si nuestro entorno es conservador, evitarlo.
    Medio en serio, medio en broma, yo mismo tuve un tío panista, que padeció un accidente cerebral-vascular. Entonces el neurólogo que lo atendía comentó, que la actividad de su corteza por áreas era muy baja, a lo que le comenté, que no me extrañaba pues era militante de derechas.
    Un saludo
    Alfonso Enrique Islas Rodríguez
    Profesor Universitario.

  3. Me llama la atención el texto del Dr. Luis Javier Plata ya que es osado e interesante leer sobre diversos temas que intenten abordar lo biológico y social en una serie de experimentos y hallazgos, sin embargo se percibe el sesgo en muchos sentidos.

    Coincido con Luis Castañeda sobre lo que aborda en relación a que ” Lo que los individuos piensan no está escrito en los genes ni es producto de relaciones neuronales inscritas en el cerebro”, además el gen no es destino; Y si es interesante aquí conocer el trabajo de Roger Bartra desde su disciplina.

    Con relación a los frutos de la “biopolítica” me parece más pertinente abordarlo en un contexto de mayor comprensión si se omite ese concepto de “biopolítica” y se explica más bien la relación política que se comparte con la industria ( y que ha existido desde siempre) para decidir ellos qué es lo importante en los temas de frontera en la ciencia, sus productos, sus teorías e incluso lo que se excluye de manera oportuna y sin ocultarlo, es decir que ellos deciden la dirección oficial de la agenda científica (Richard Levins, una pierna adentro, una pierna afuera, texto gratuito y muy recomendable).y comprender bien como eso nos impacta en nuestra sociedad, -no está oculto el ritmo del desarrollo tecnológico y que nos sobrepasa en todos los aspectos – en sí el artículo es interesante, pero genera confusión y justo eso nos sobra a diario.

  4. Nuestros aldeanos, rústicos y precientificos politicastros desestimaran esto de la consilencia y biopolitica.
    Pobres conejillos de indias, siempre a la zaga de sus mentecillas!

  5. Dr Platas seria muy interesante poder escuchar sus reflexiones respecto a la biocorrupcion,
    y el porque del incremento de la h5HTT en los especimenes mexiquensis