Solo soy un mulato que ama la mar
Recibí una sólida educación colonial
Hay en mí del holandés,
del negro y del inglés
Y: o soy nadie o soy una nación

—Derek Walcott, “Goleta Flight”1

La muerte de Derek Walcott (1930-2017), el poeta antillano oriundo de la isla de Santa Lucía, ofrece la oportunidad de revisar una obra extensa y magnífica. Además de poesía, escribió obras de teatro y cuentos cortos más o menos conocidos en los países de lengua inglesa, y que forman la base narrativa por la cual le fue otorgado el Premio Nobel de Literatura en 1992. La fuerza poética de Walcott había llegado a las playas sentimentales del músico Paul Simon desde los años ochenta, y le inspiró para invitarlo a escribir un pequeño relato en torno a un hecho verídico ocurrido en Nueva York en 1959. Un joven puertorriqueño, habitante de los barrios bajos del Bronx, fue detenido por  policías acusado de asesinar a dos hombres blancos en una tormentosa noche de sábado. Los testigos le denominaron “The Capeman” (el hombre de la capa), pues ése era su aspecto aquella noche lluviosa, y le acompañaba otro individuo al que le llamaban “Umbrella Man” (“el hombre del paraguas”). Una vez identificado y detenido, Salvador Agrón (“The Capeman”) de sólo 16 años fue condenado a cadena perpetua, pero liberado en 1979, tras casi 20 años en prisión. Murió de neumonía en 1986.

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Esa historia de nota roja fue retomada por Simon y Walcott para escribir The Capeman, una obra de teatro producida por el propio Simon y estrenada en Broadway en 1998. Aunque les llevó más de siete años escribirla, el resultado fue un fracaso comercial rotundo. Sin embargo, la banda sonora de la obra fue grabada y aparece completa en el disco del mismo nombre, lanzada un año antes, en 1997, con el título Songs from The Capeman. Ahí aparecen diálogos y relatos que tienen en el centro al joven puertorriqueño, la truculenta y accidentada historia de su vida individual, social y familiar, el resentimiento acumulado por los ataques racistas y xenofóbicos hacia los latinos, sus constantes enfrentamientos con pandilleros del barrio, y las malas decisiones e impulsos que le llevaron a cometer un crimen absurdo un sábado por la noche, al confundir a dos blancos con miembros de una pandilla rival. La pluma fina de Walcott, esa que escribió Omeros, The Odyssey o What the Twilight Says, junto con el deslumbrante sentido rítmico de Simon, penetra en las 13 canciones del disco, a través de las voces de Marc Anthony, Rubén Blades, Ednita Nazario y del mismo Simon.

La reciente muerte del poeta antillano invita a volver a escuchar aquella pequeña obra maestra publicada hace 20 años, que combina magistralmente música y poesía caribeñas, en canciones como “Time is an Ocean”, “Born in Puerto Rico”, o “The Vampires”. Gobernados por la fuerza de sus impulsos creativos, el talento universal del poeta mulato y el oficio experimental del músico neoyorkino ofrecen en este disco una asombrosa mezcla impura de letras y sonidos, fruto luminoso de los inexplicables caminos que cruzan la realidad, la literatura y la imaginación.

 

Adrián Acosta Silva
Miembro del Instituto de Investigaciones en Políticas Públicas y Gobierno del CUCEA-Universidad de Guadalajara. Coordinador académico de la Unidad de Política Educativa en el Centro de Estudios Estratégicos para el Desarrollo de la U. de G.


1 La cita está tomada de la entrevista que David Huerta hizo a Walcott, fechada el 31 de octubre de 2000, publicada en la revista Letras Libres: http://bit.ly/2nadmt3

 

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