A propósito de la enervada certidumbre de que todo irá cada vez peor, mi cabeza parafrasea el genio verbal de fray Servando Teresa de Mier: la situación es trágica, mi ánimo festivo.



Tan perfecto oxímoron, en dos frases, llegó en mi auxilio mientras me preguntaba: ¿qué podemos hacer por nuestro país cuando el señor que preside Estados Unidos lo desprecia, maltrata y discrimina? ¿Qué para negarnos al imperio de su insensatez y su crueldad? ¿Qué para oponernos a que siga haciendo con nuestra lírica idea de la soberanía un taco de nana dentro del cual pretenda mandar a su ejército?

En torno al asunto he leído, como tantos de ustedes, decenas de artículos documentados y teorías irrefutables. He oído la reflexión diaria de mentes que saben dar ideas como punzones y hacer profecías imprevistas sobre el estado que guardará la nación. He tratado de acompañar sus reflexiones con las mías y lo que siempre consigo es acompañar las suyas con esta certeza de que todo lo que yo puedo hacer es añadirle detalles a un sermón ya debidamente predicado.

01-jeroglificos

Ilustración: Gonzalo Tassier

Con la certidumbre de que poner una idea menos afortunada en ese coro de inteligencias puede desentonar la música que ya suena bien, quiero unirme desde otra parte a este disgusto social que a ratos consigue meterse en nosotros hasta que nos zumban los oídos como la última prueba irrefutable de que no hay renuencia capaz de sobrepasar lo evidente: mucho de lo que ahora sucede es una tragedia.

El país más poderoso del mundo lo gobierna un hombre que nos parece loco, pero cuya locura, cierto, tiene método y que sin duda es un tipo incapaz de la compasión. ¿Qué hacer con eso? De ningún modo hundirse en un estado de confusa melancolía. Mucho menos visitar a los recién nacidos —para ver en sus ojos unas gotas de luna—, mientras llevamos en el ceño la sombría preocupación que provoca imaginarlos creciendo en un mundo en el que el autoritarismo, el odio racial y la denuncia de los semejantes pueda imperar.

Durmiendo a quienes han de vivir muchos años después de nuestra muerte, no queda mejor remedio que voltear al pasado, para entender y para sobreponernos, para estar seguros de que nada puede ser tan arduo como para impedir que el futuro sea mejor. Porque sin duda no vivimos en un mundo más arbitrario que el padecido por el tantas veces perseguido Teresa de Mier.

Motivos de sobra tenía nuestro héroe para considerar que era trágico lo que le sucedía. Acusado de contradecir la tradición guadalupana, en una prédica del 12 de diciembre de 1794, recibió como pena diez años de destierro, más la pérdida de su honra, su cobijo y sus derechos religiosos. Todo por aventurar la idea de que la imagen de la virgen de Guadalupe podría no estar pintada en la tilma de Juan Diego sino en la capa de santo Tomás, y que había en ella varios jeroglíficos mexicanos que sólo pudieron dibujarse en los tiempos en que ese apóstol predicó el evangelio de Cristo, muchos años antes de que los españoles conquistaran América. En resumen, una fantasía para matizar otra.

Sorprende que las consecuencias de un sermón pudieran amenazar la vida de un hombre inteligente, erudito, con una capacidad de convicción y una destreza verbal excepcionales. Pero no debería sorprendernos, porque el tamaño de la envidia y el temor a la merma de poder del obispo Ruiz Haro lo llevaron a hacer un edicto denunciando al fraile que aventuró una fantasía con tintes nacionalistas para contradecir la versión tradicional. A saber: la fe cristiana había llegado a América sólo cuando llegaron los españoles.

En pocos días el obispo consiguió desprestigiar al dominico, perseguirlo, llevarlo a la prisión de San Juan de Ulúa y de ahí, con lo obtenido por la venta de su biblioteca y todas sus pertenencias, pagar el barco que lo sacaría del país. Y eso, se dijo, como un acto de misericordia, porque hubiera merecido la horca.

“Después de este pregón temerario no debo vuestra señoría esperar ningún paso legal”, escribió el desterrado doctor en teología a un colega español.

¿Cierto que tan vieja sentencia podría estar escrita por los migrantes mexicanos que ahora padecen a Trump?

Sobre su estancia de dos años en el convento de Las Caldas, un lugar en mitad del desierto, contó nuestro fraile: “Fui restringido y archivado en un depósito de ratas que me comieron el sombrero, y yo les escapé a fuer de un palo con que estaba armado día y noche”.

Esto escribió tras haber conseguido, luego de su primera fuga, que por compasión lo sacaran de la ratonera y lo mandaran a un lugar con mejor clima y menos desfalcos, en Burgos, de donde también escapó. Fray Servando desaparecía como un fantasma, dice Alfonso Reyes en un ensayo sobre el que es una delicia poner la mirada. Su entrar y salir de conventos y prisiones, de países y guerras lo convierte en un héroe de fábula. Leer su biografía puede alegrar la mañana más llena de malos presagios que hayamos podido tener en estos meses.

Los primeros dos años de su exilio los vivió entre monjes “mentecatos”, que lo consideraban hereje porque pretendía usar cubiertos. Su mayor pena: que le hubieran quitado papel y tinta con los que defenderse.

Yo nunca recibí en los años que pasé por varias escuelas, incluida la universidad, la invitación a leer las cartas y las memorias de este hombre extraordinario que, debo decir con algo de vergüenza y mucha humildad, acabo de descubrir, por completo, no sólo como un nombre en el Congreso y en la lista de personajes que acompañaron la Independencia, sino como uno de los primeros criollos que se quisieron mexicanos, que vieron en este lugar, en esta reunión de pueblos, cielos y jeroglíficos varios, una patria.

Por eso quiero acudir a su memoria para asegurar que por más que este país de ahora nos parezca opresivo y despiadado, desigual y corrupto, no estaba mejor antes. Ha servido el esfuerzo de los pasados doscientos años. Y si eso no es cura, tampoco puede no servir de algo.

Ahora tenemos otros problemas. Ahora la Iglesia, que es quien antes concedía castigo, perdón o amparo, es el gobierno y en la precisa condición de los migrantes en Estados Unidos es el gobierno de Trump. El gobierno mexicano es una versión del convento de Dominicos incapaz de defender a fray Servando. Y nosotros, las personas comunes y corrientes, tendríamos que ser quienes honran, con su decisiones y actitudes de hoy a los personajes que creyeron que esta tierra puede ser una patria.

Dijo Reyes de fray Servando:

Algo como una alegría mística le acompaña en sus infortunios, y aprovecha todas las ocasiones que encuentra para combatir. Es ligero y frágil como un pájaro, y ofrece esa fuerza de levitación que creen encontrar en el santo los historiadores de los milagros. Usa de la evasión, de la desaparición, con una maestría de fantasma, y algo de magia parece flotar por toda su historia.

Su ansia de independencia, por una de esas traslaciones de conceptos que son tan frecuentes en la génesis de las ideas nacionales, cuajó en un extraño símbolo teológico, que hoy puede parecernos risible; que tiene —léase atentamente su apología— toda la traza de una feliz ocurrencia aceptada a última hora para improvisar un discurso original.

Por diez años quiso desterrarle de México el arzobispo Núñez de Haro, y por más de veinte le desterró su fortuna. Su vuelta a México coincide casi con la consumación de la independencia. Mier representa entonces las primeras vacilaciones de la era constitucional. Él tan entusiasta, tan arrebatado, al parecer, da una nota de gravedad, de templanza: huye del error imperialista y también se aleja de los desenfrenos de la anarquía. A los que proponen desde luego la fórmula federal, les contesta con una claridad campesina: “…Háganse bajar cien hombres de las galerías, pregúnteseles qué casta de animal es la república federada, y doy mi pescuezo si no responden treinta mil desatinos”.

¡Qué inmenso caudal de alegría para conservar el gusto de escribir, tras el aburrimiento de las prisiones y los sobresaltos de la fuga! Pero es ley de nuestra lengua que la cárcel hace los buenos libros.

La vida de fray Servando aparece bajo una luz fantástica. Su muerte también. El 15 de Noviembre de 1827, seguro de su próxima muerte, convida personalmente a sus amigos para el Viático, que recibiría al día siguiente. El Viático le fue llevado entre honores militares, colegios y comunidades y multitudes de pueblo. Ofició el ministro de Justicia Ramos Arizpe, y Mier tuvo todavía tiempo de hacer un discurso en defensa de su vida. Estos hombres simbólicos, como Mier, como Blanco White, como Newman, en quienes —en una o en otra forma— se opera la crisis de las nuevas ideas, escriben siempre apologías de su vida, y mueren con la inaplacable angustia de no haber sido bien comprendidos.

Afortunados los que, como fray Servando, hallaron en la previsión de la patria una ley a cuya virtud sujetar las inarmonías y contradicciones de la suerte.

Cierro con el deseo y, para estar a la altura, con la plegaria, de que algo de esta fe en tal cosa como nuestra patria nos ilumine.

 

Ángeles Mastretta
Escritora. Autora de El viento de las horas, La emoción de las cosas, Maridos, Mal de amores, Mujeres de ojos grandes y Arráncame la vida, entre otros títulos.

 

9 comentarios en “Jeroglíficos mexicanos

  1. Qué increíble mujer es Ángeles Mastretta .Ella tiene el poder de la letra y nos da una agua cristalina, yo la aprovecho y retomo el espíritu del Fraile … gracias Ángeles!…

  2. ¿Cómo? Gracias a ti, Roberto. Siempre alegra saberse acompañada en este misterio de pensar al país y al pasado.

  3. Intenté escribir un comentario con tan poca destreza que lo borre yo misma (o quedo fragmentado en la nube?) Mejor te busco más tarde por teléfono. Ciao

  4. De vez en cuando aparece algún personaje inculto y desalmado como Tramp, como huracanes dispuestos a arrasarlo todo. México ya estaba ahí y lo seguirá estando cuando el energúmeno desaparezca. Y seguramente más fuerte y unido.
    Gracias querida Ángeles.

  5. Leí en la versión impresa el texto y corrí a consultarlo en la la versión digital para compartirlo con mis contactos en redes sociales, quiero compartir la enorme alegría que me produjo este magnífico texto de ANGELES Mastretta, en verdad quede conmovido y con ánimos renovados, gracias!

  6. Sra.Angeles Mastretta, su texto sobre Fray Servando Teresa de Mier, es impecable y me anima a leer más sobre este mexicano de excepción, mis respetuosos saludos a usted, a Don Héctor, a Catalina y el resto de su talentosa familia.

  7. Querida Ángeles:

    Uno viene aquí a encontrar luces de bengala que iluminan el alma. Poco sabemos de Fray Servando ya ni en secundaria se le hace justicia. Gracias por dejarnos leerte.

  8. Felicidades por la recuperación de un personaje como Servando Teresa de Mier en este momento de cuasi tragedia mexicana. Un hombre que no se amedrentó ante el vendaval de prejuicios e intereses que rodearon nuestra independencia. El espíritu festivo que le caracterizó se recrea espléndidamente en la obra de teatro: 1822, el año en que fuimos imperio.

  9. Felicidades por la recuperación de un personaje como Servando Teresa de Mier en este momento de cuasi tragedia mexicana. Un hombre que no se amedrentó ante el vendaval de prejuicios e intereses que rodearon nuestra independencia. El espíritu festivo que le caracterizó se recrea espléndidamente en la obra de teatro: 1822, el año en que fuimos imperio.