Sufrimiento es tema universal. Atañe a naciones, a sociedades, a personas. Filosofía, psicología, medicina, sociología y economía son, entre otras, disciplinas interesadas en la materia; aunque es parte esencial de las religiones, no me ocuparé en este escrito de sus vínculos. En La autoridad del sufrimiento, de F. Bárcena y otros autores (Anthropos, Barcelona, 2004), leo: “Se ha dicho que el dolor nos amenaza, al menos, desde tres puntos: desde el cuerpo, que parece condenado a la decadencia y la aniquilación; del lado del mundo exterior, ya que muchos de nuestros padecimientos provienen de fuerzas destructoras que no podemos controlar; y por último, del lado de las relaciones con los demás. Aunque conozcamos las causas de muchos de nuestros malestares y dolores, al final ‘el dolor se conoce por experiencia’, y nos recuerda nuestra propia finitud”. Cuerpo/mundo/sociedad: nadie escapa del dolor, nadie sortea una de sus consecuencias: sufrimiento.



Escribo en un cuaderno algunas notas relacionadas con el asunto del sufrimiento, no de la especie humana, sino de la persona que ve amenazada su cotidianeidad por el dolor o por alguna merma física. Mis apuntes sobre el sufrimiento, mis notas sobre otras notas, provienen de diálogos con alumnos, con compañeros, con lo que expresan algunos pacientes; provienen también de la academia y la literatura. Notas sobre otras notas, sobre la vida, la amistad, la enfermedad, es un ejercicio frecuente. La mayoría de las personas lo hace, algunas las escriben, otras no; hay quienes son conscientes de su necesidad, otras no; algunas las repasan para mirarse o para fundamentar nuevas notas: todos las utilizamos como fuente de experiencia y discusión.

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Ilustración: Kathia Recio

Dolor es el tema predominante cuando se reflexiona sobre el sufrimiento, y es la vivencia que se repite con más frecuencia al hablar sobre la muerte o las pérdidas. Es la palabra más común en la consulta médica y una de las más usadas en poesía. La razón es obvia: el dolor esconde una o muchas sabidurías. Una es la salud; otra, el lenguaje del cuerpo. Una más, el quebranto de la vida; siempre el miedo y el hastío. Cruciales son las causas de la enfermedad y las posibilidades de la medicina. Y una más, la fundamental, es la nueva relación entre el yo de antes —el sano—, el yo de ahora —el enfermo—, y el mundo, que aunque similar al de antes y parecido al que alberga al ser enfermo, ha cambiado en función del yo modificado por la enfermedad. Sufrir transforma: quienes sufren alteran su relación con ellos mismos, con el entorno, con el prójimo y con la sociedad. Dolor y sufrimiento exigen acomodarse lo mejor posible a la nueva realidad. La nota, el dolor esconde una o muchas sabidurías, se concatena con la siguiente.

Muchos enfermos, después de algún tiempo, asumen que el dolor es un suceso de la existencia. El lenguaje del dolor, diferente, nuevo, rico para quien sabe expresarlo, pobre para quien carece de elementos, confronta al enfermo con los cambios corporales. El cuerpo es silente cuando impera la salud, ruidoso e irregular cuando se instala la enfermedad. Quien lo vive debe reinterpretar la nueva realidad y su propia existencia con palabras desconocidas y con los gestos que le faciliten entender nuevas e innominadas vivencias. Hacerlo desde otro lugar es obligado: el dolor asesina el lenguaje; con frecuencia no bastan las palabras para nombrar las heridas.

Y sí: el dolor es un suceso de la existencia. La identidad requiere otros matices. El dolor erosiona vivencias, querencias, lugares y memorias. El dolor confronta: debe lidiarse con deseos que no se cumplirán y luchar contra la aparición de imposibilidades físicas. Ese suceso obliga al individuo a reescribir algunos fragmentos de su existencia; en ocasiones, el sufrimiento se convierte en razón de vida. En La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas (Taurus, México, 2003) Susan Sontag, enferma de cáncer, lo expresó con maestría: “La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar”.

La patología, como suceso de la existencia, cuestiona;  escribir, ayuda. Los enfermos se convierten en “otro dentro de uno mismo” y miran la vida por medio del prisma del dolor. De esa mirada nueva, de ese caleidoscopio, surgen muchos caminos, algunos devienen curación, otros suicidio, otros aceptación, no pocos literatura. El “otro dentro de uno mismo” observa de otra forma, palpa distinto, escucha por medio de otros tonos. Ese nuevo pasaporte le facilita al enfermo interactuar con los elementos de su nueva situación. Esa “identidad modificada” permite escribir acerca de, las pequeñas certezas de la suerte de vivir y obliga a mirarse, en ocasiones, gracias a palabras: “la oscuridad, aunque musita, nunca tiene voz”.

Todos guardamos algunas Notas sobre otras notas. Las que hablan sobre el dolor y el sufrimiento son magníficas. Gracias a ellas uno intuye, nunca sabe, las razones por las cuales siempre nos persigue nuestra propia sombra.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

4 comentarios en “Dolor y sufrimiento
Notas sobre otras notas

  1. Dr. Kraus, ¿cuál es su opinión respecto de la frase “el dolor es inevitable, el sufrimiento es una decisión”?

    • Pedro:
      Gran pregunta, pregunta que yo mismo me hago. El dolor proviene de alteraciones físicas, de daños corporales, de alteraciones en terminaciones nerviosas, óseas, etcétera. Es decir, el dolor tiene bases anatómicas, fisiológicas, neuroendócrinas. El sufrimiento se vincula con alteraciones anímicas, con mermas en el alma, con los contenidos del alma: amor, amistad, odio, decepción, religión. Quien sufre percibe su situación como una perdida que duele, que altera; para mí, el sustrato del sufrimiento radica en el alma.
      Quizás le interese leer dos libros míos, -pido perdón por auto referirme-: “Dolor de uno, dolor de todos” (Ed. Debate); “Decir adiós, decirse adiós” (Ed. Mondadori).
      Gracias por su buena pregunta,
      Arnoldo

  2. Estupendo artículo, muy interesante pues son rasgos que nos habitan en algún momento , Víctor Frankl lo integraba a la Tríada trágica

    • Gracias Bertha:
      De acuerdo con tu observación, siempre es buena idea, cuando se habla de dolor y sufrimiento, regresar a Frankl. La otra observación, la presencia constante de dolor y sufrimiento invitan a pensar en el tema cuando se es sano. Y si, la Tríada propuesta por Frankl enseña mucho.
      Saludos,
      Arnoldo