proximamente-en-esta-sala

Publicamos uno de los relatos incluidos en Próximamente en esta sala. Cuentos de cine (Cal y arena), libro compilado y prologado por Jorge A. Abascal Andrade. El volumen presenta el diálogo que han sostenido el cine y la literatura: relatos que nos hablan de imágenes caras a la memoria.


Allí se encuentra ella, Rose Mary, al pie de las escaleras que dan a la sala del cine. Tiene la mano derecha sobre la barbilla; la izquierda pasa bajo sus generosos senos. Lleva zapatos negros de tacón bajo con una correa que los detiene en la baja espinilla y un ligero abrigo largo, gris oscuro, que roza apenas sus tobillos pero que permite ver su piel blanca. Arriba de su cabello rubio y su cara hermosa, sobre todo por la nariz recta un tanto respingada, se encuentra una lámpara de tres farolas que alumbra con levedad la pared leonada y las semiabiertas cortinas púrpuras que llevan a las escaleras alfombradas de encarnado. Del brazo izquierdo de la mujer pende un pequeño bolso negro con una discreta cadena dorada.

No podemos adivinar qué piensa, pero es posible, por su postura, que se encuentra atrapada en medio de una indecisión, una encrucijada, o como queramos llamarla, evaluando si termina con el hombre que está dentro del cine, olvidado de ella, o aparentando que no le interesa la mujer.

Al fin se decide, mueve su cuerpo desentumiéndolo y camina hacia las escaleras con lentitud, sube por ellas con el mismo ritmo y entra en la oscuridad del cine. Le sorprende la opulencia de la sala; no existe el tiempo para ella ante las imágenes en blanco y negro que se proyectan en la pantalla y sabe que los que miran la película, no muchos, se encuentran atrapados en un momento de aislamiento de unos respecto de los otros. Le sorprende, sin embargo que, a pesar de la oscuridad, haya, en distintos sitios, luces ligeras casi color ladrillo.

Rose Mary localiza al fin la hilera donde se encuentra él y otras pocas gentes; se sienta a su lado y manifiesta, o actúa, con cierta sumisión. Abre su bolso, saca un pequeño revolver, quizá calibre 22; como el hombre está actuando como si ella no se hubiera sentado junto a él, la mujer acerca, con cuidado y lentitud, el arma a la sien del hombre y dispara dos veces. Un leve humo se esparce en torno de la cabeza del hombre; como la gente se encuentra absorta ante la película de título El halcón maltés, suponen que los disparos leves son parte de algún efecto del filme en esa escena donde el detective responde a los disparos de sus perseguidores.

La mujer rubia se levanta, guarda el revólver y ya no mira que el hombre tiene la cabeza ladeada, como dormido, y que para él se acabó el cine para siempre. Ella regresa por las mismas escaleras y con el mismo ritmo lento; sale del fastuoso cine, toma un taxi amarillo y se dirige hacia donde vive la amante del hombre. Habían estado casados poco más de siete años; siendo ya autoviuda nunca llegarían los ocho.

Sólo de pensar en el cabello oscuro de aquella mujer y ese porte de arrabalera que siempre ha tenido, la sangre le sube a las mejillas de por sí sonrojadas.

 

Guillermo Samperio
Escritor. Ha publicado: Maravillas malabaresLa guerra ocultaMarcos, el enmascarado de estambre (biografía no autorizada y novelada) y Gente de la ciudad, entre otros libros.

literal-cine

 

Un comentario en “El cine fastuoso