La manifestación de este domingo contra las agresiones a México del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sacó a las calles a ciudadanos que nunca antes habían marchado

México reaccionó a las agresiones  del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Durante su campaña con abiertos insultos y ahora con políticas agresivas desde la Casa Blanca, Trump ha dejado clara su postura frente a su vecino del sur: cerrarle la “puerta” en las narices porque lo considera una cuna de delincuentes. Tres semanas después de iniciada la era Trump, miles de mexicanos salieron a las calles para exigir respeto a su país; incluso los que nunca marchan, este domingo 12 de febrero encontraron una buena razón: defender a México de ese extraño enemigo que profana con palabras su dignidad.

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En la Ciudad de México y algunas de las principales capitales del país –Guadalajara, Monterrey, Morelia, Villahermosa, entre otras- mexicanos de todas las edades sumaron sus reclamos en una sola protesta: contra las políticas migratorias de Trump, contra el presidente mexicano Enrique Peña, contra la corrupción, contra la violencia, por el respeto a México y por la unidad de un país fragmentado en cientos de pedazos por la crisis económica que vive desde los años 80 y por la crisis social que vive desde hace una década.

Las expectativas sobre esta marcha eran reducidas por el desacuerdo que se percibía entre la ciudadanía en los días previos: el movimiento fue convocado inicialmente por unas 90 organizaciones y grupos reunidos bajo el nombre de “Vibra México”, pero esta iniciativa fue desacreditada por voces que no estaban de acuerdo en que surgiera de “los ricos” o “la derecha”, ya que entre los convocantes hubo líderes de opinión tachados como tales. La división amenazaba el objetivo de unidad entre los mexicanos, algo que rara vez se ha presentado en este país. Más tarde surgió una marcha “alternativa” citada para el mismo día y hora pero con otro objetivo: la presidenta de la organización Alto al secuestro, Isabel Miranda de Wallace, llamó a apoyar al presidente Peña para que enfrente a Trump, lo que le ganó el repudio de miles pero evidenció una vez más la falta de unión. Solo hasta que la Universidad Nacional (UNAM) se adhirió al movimiento con el rector Enrique Graue al frente, el apoyo social se volvió incuestionable.

Durante la manifestación –que en Ciudad de México reunió a unas 20 mil personas, según el reporte oficial– fue notoria la disparidad de criterios: unos protestaban contra Trump, otros llamaban a enfocarse en los problemas internos del país antes que en la política exterior; sin embargo, había un hilo conductor que fue lo que motivó a quienes no creen en las marchas, a salir a caminar junto a sus paisanos: enfrentar a quien atente contra México. Donald Trump, Peña Nieto, la corrupción, los gobernadores prófugos, la reforma energética, la violencia del crimen organizado, la impunidad… todos esos ‘enemigos’ –extraños y propios– que cada día golpean al país.

“Yo no soy de marchas, pero para mí lo más importante es la patria, soy una persona muy patriota y me duele lo que le está pasando a México”, expresó una mujer de unos 60 años que incluso vistió de verde, blanco y rojo para asistir a la marcha y que pidió reservar su nombre. “Lo que me animó a venir esta vez fue el apoyar a mi patria, salir a decir que no importa la edad ni la condición social, a todos nos preocupa el bienestar de México”, dijo.

Aunque había muchas consignas enfocadas hacia distintos objetivos, las voces no chocaron. Aunque se esperaba poca asistencia por la antipatía de algunos sectores hacia los convocantes, los ríos de personas fluían sobre el Paseo de la Reforma, en un recorrido breve pero copioso: del Auditorio Nacional hasta el Ángel de la Independencia. Los gritos variaban entre “¡Fuera Trump!”, “¡Fuera Peña!” y “¡México!”, pero por momentos se volvían uno solo: al pasar por la Estela de Luz en Chapultepec –monumento icónico del gobierno de Felipe Calderón que causó el repudio social por los 1,304 millones de pesos gastados en él- el reclamo fue general, “¡Monumento a la corrupción!”; como unánime fue el canto del “Cielito Lindo” y fragmentos del Himno Nacional.

La Marcha por México fue ciertamente distinta a otras realizadas por sectores económicamente desfavorecidos –como los campesinos– pero no fue la “marcha de los ricos” que algunos señalaron en redes sociales: asistieron personas de distintos niveles económicos. Regina Hernández es un ama de casa de 69 años que acudió a protestar contra el gobierno que criminaliza a los migrantes y que ya le deportó a un hijo. “Vengo apoyando a nuestros compatriotas que se encuentran en los Estados Unidos, no es justo lo que este señor hace con ellos”, dijo con la voz entrecortada la mujer de larga trenza blanca y atuendo modesto.

Regina tiene un hijo y nietos en territorio estadunidense, además de otros conocidos que trabajan en fábricas en ese país. Otro de sus hijos fue deportado hace dos años, pero es hasta ahora que se manifiesta porque Donald Trump despertó su hartazgo. “Esperemos que no, pero si los echan, pues ni modos”, puntualizó y siguió su paso junto a una mujer disfrazada de Frida Kahlo.  Mientras, toda la gente a su alrededor gritaba en coro “¡Hermanos migrantes, estamos con ustedes!”.

Otros, como la señora Rocío, pugnaban por resolver primero los problemas domésticos para luego atender los exteriores. “La mejor política externa es mejorar la política interna”, rezaba su pancarta, y ella explicó que el país tendrá que recibir de regreso a muchos migrantes, por lo que habrá que ocuparse del viejo y olvidado problema del campo. “Ahora lo tenemos que hacer, desgraciadamente es con esta crisis, pero tenemos que salir adelante, primero aquí, en casa”.

Mientras algunos grupos cantaban por separado el Himno Nacional, esperando que dieran las 14:00 horas para escuchar la pieza en los altavoces, como se había anunciado, un hombre amarraba los bordes de una bandera de México a la silla de ruedas de su esposa, cuya movilidad se ve limitada por la esclerosis que padece. “Venimos para que el vecino país se dé cuenta que no estamos conformes con la manera en que quiere tratar a nuestros paisanos, por el muro que quiere hacer, más que otras cosas internas que hay en nuestro país”, dijo Alberto Guzmán, de 48 años. También fue la primera vez en una marcha para esta pareja, que no solía sentirse motivada a manifestarse y los actos de vandalismo los ahuyentaban aún más, por la enfermedad de Nancy, de 46. “Hicimos este esfuerzo porque sabíamos que muchos mexicanos iban a estar aquí”, apuntó Alberto.

Otro ciudadano que nunca había marchado es Oscar Lastra, de 50 años. “Estoy aquí para levantar la voz para que se respete a México. Es algo que no habíamos visto en décadas, que un gobierno nos hubiera agarrado de pera de boxeo, pero México tiene que ser tratado con dignidad por todos los mexicanos aquí y en Estados Unidos”, enfatizó el profesionista. “Creo que nos tardamos en hacer esta marcha pero aquí estoy, después de 50 años que nunca había participado” debido a una falta de educación política, admitió, “creo que soy parte de eso pero nunca es tarde”.

Oscar advirtió las opiniones divididas que había antes y durante la marcha, por lo cual hizo un cambio de última hora: llevaba dos pancartas, una contra Trump y otra contra Peña, pero una vez en Reforma, decidió omitir la del presidente mexicano, que rezaba “Peña, combate la corrupción de gobernadores, no hacerlo te hace su cómplice”, porque consideró que este es un momento en que los mexicanos deben estar unidos porque la agresión viene de fuera.

“Lo importante es México, quiero quedarme al final porque se va a tocar el Himno, quiero ver si se da esa unidad nacional, creo que si se logra, valió la pena esto”, confió el señor Lastra minutos antes de las 2 de la tarde, cuando todos estaban ya detenidos esperando esa magna interpretación del Himno Nacional que a tantos inspiró para acudir al Monumento a la Independencia a cantarlo junto a otros mexicanos.

Pero ese momento no llegó. Hubo varias interpretaciones del Himno en grupos dispersos, de la canción típica Cielito Lindo y varios goyas de la comunidad universitaria, pero no fueron unánimes. El rector Graue no apareció para guiar todas esas voces –difícilmente se le pudo ver porque a su alrededor había un cerco de personas que lo volvía inaccesible– y ninguno de los convocantes (la activista María Elena Morera y la escritora Soledad Loaeza, entre otros) tomó un micrófono para evitar protagonismos, como previamente habían decidido. Esto ayudó a que la única voz que se escuchara fuera la ciudadana, pero decepcionó a quienes buscaban una guía. “Yo creo que le faltó motivación, esperábamos que los que congregaron pasaran al frente y organizaran para cantar el Himno Nacional, que estuviera más unificado porque se oía por pedazos”, dijo la señora Bertha Vidal, quien protestó por primera vez junto con su esposo René García, aunque él tuvo recientemente dos cirugías cerebrales por un tumor. “Bien lo dice nuestro Himno, ‘más si osare un extraño enemigo’, pues un soldado en cada hijo te dio”, subrayó la trabajadora de la Secretaría de Educación Pública.

René dijo que se manifestó en contra de Trump, “pero de paso que se vaya Peña Nieto”.

Con ellos asistió la señora Gloria Vázquez, quien argumentó que se manifiesta porque quiere un México digno para sus hijos y nietos, “sin corrupción, donde podamos ir con nuestros hijos de la mano sin miedo a que nos los roben, o que nos asalten y nos maten, sin tanta violencia, sin tanta ignorancia, sin tanto dolor”.

La marcha fue pacífica, no se reportaron incidentes ni actos vandálicos –acaso 12 personas atendidas por paramédicos debido a la insolación– y concluyó cuando los asistentes simplemente tomaron su rumbo.

 

Claudia Altamirano