Hace cerca de dos decenios, en la época dorada en que uno era “joven creador” e iba a los encuentros del FONCA a hartarse de sol, risas e ideas, fui testigo de la forma, entre socrática y dionisiaca, con la que Eusebio Ruvalcaba transmitía a sus pupilos la reverencia por la literatura. Las sesiones de trabajo con sus discípulos no solo eran populares y atractivas porque se realizaban en cantinas, sino porque el tutor Ruvalcaba, con un fervor de adolescencia, revelaba autores, enseñaba secretos del oficio literario y corregía textos con generosidad y atingencia. De esos años nació una amistad perdurable con él y con algunos de sus más rutilantes becarios.

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La obra narrativa de Ruvalcaba tiene como una de sus principales virtudes la de la simpatía: gracias a un depurado oficio confesional, Ruvalcaba sabía convertir el pronombre “yo” en un nosotros más amplio y hospitalario. Con un estilo directo y vigoroso y con una enorme capacidad de observación y solidaridad, Ruvalcaba logra construir personajes tan frágiles y desamparados como carismáticos. En efecto, perteneciente a la estirpe de escritores desgarrados como Dostoievski o Revueltas, Ruvalcaba experimenta una hipersensibilidad hacia las miserias de la condición humana y una compasión extensiva hacia el sufrimiento de los demás. Ruvalcaba tiene la experiencia vital, la capacidad de identificación y la perspicacia psicológica para entender la verdad subterránea y el alma de los marginados. No es extraña su fijación en los personajes fracasados y frustrados, ni la proliferación, en su narrativa, de desarraigados, raterillos, burócratas de segunda, mendigos, prostitutas y toda suerte de intocables.

Además de su exploración en los márgenes sociales, Ruvalcaba también indagó en los meandros de la relación de pareja y el erotismo y sus novelas y relatos sensuales brindan auténticas y valiosas intuiciones en torno a la complejidad de las relaciones humanas. De ahí, por ejemplo, lo poco típico y lo enormemente variado de las situaciones eróticas que aborda Ruvalcaba en sus tramas desde el encuentro diríase terminal entre seres desgarrados por la vida hasta la indagación en la afición voyerista, desde la conmovedora remembranza de las correrías adolescentes en el burlesque hasta la escena de un crimen sexual.

Sin duda, en esta capacidad de extender la atención e intimidad emocional hacia todos los lectores, radica el secreto de la popularidad de un autor que, sin recurrir a las cortes literarias, ni las estrategias mediáticas, supo hacerse de una nómina muy amplia de lectores que, más que fans como suele denominarse a los seguidores de modas y luminarias, se consideraban sus amigos.

 

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Entre sus libros: Es el decir el que decide y Salvar al buitre.

 

2 comentarios en “Perfil de un maestro

  1. Su página de face book me parece sensacional. Siempre la busco por amena y cono temas de interés general. Gracias por sus articulos . Siempre se esmeran

  2. Buenisimo articulo siempre me ha parecido una personamuy inteligente y centrada. Recomiendo su lectura