Cinco pesos recibirá si gana el pleito. Ixmiquilpan. El día 14 del mes de febrero (1792) fue llamado Alonso Francisco, indio tributario del Real y minas del Cardonal, a responder de la demanda que de su virginidad le había puesto Juana María, india vecina de aquel Real. Se sorprendió con semejante novedad, porque a esta mujer jamás le ha hablado, y sabe de público y notorio que es de mal vivir y desarreglado porte, pues a todo aquel Real trae alborotado con sus escándalos y maldades. Y por lo propio le es muy sensible que se le haya condenado a que le satisfaga cinco pesos, porque si efectivamente, como lo es, no le debe su honor, ¿por qué causa se le ha de condenar a que lo reemplace en cuanto pueda con la referida cantidad?

Las lágrimas de cocodrilo de Alonso Francisco. Es un infeliz que para adquirir su sustento y demás gastos indispensables, le es preciso trabajar todo el año con el mayor empeño, y así se extraviaría del todo si solicita los cinco pesos para dárselos a la referida Juana María. No le hiciera fuerza esto si fuera cierto el tropiezo que se le imputa, pero como ni por el pensamiento le ha pasado el cometer tal delito, ni le ha hablado a esta mujer sobre el particular, le es muy doloroso disfrute ella el fruto de su sudor, la cosecha de sus fuerzas. Le es doloroso también que a esta mujer pública y de mal vivir se prefiera, para darle crédito, a un hombre que no ha dado qué decir.

La india reclama justicia. Por su parte compareció Juana María, manifestando que aquél intentó persuadir su inocencia, y que se hallaba inocente del reato o culpa que se le indica. Pero aquélla, con semblante nada turbado, reconvenía a Alonso, recordándole que el día primero de febrero como a las tres de la tarde, estando la india leñando en un cerrito a distancia como de media legua de su casa, llegó Alonso y comenzó a solicitarla torpemente, y que por no haber asentido, se valió de las fuerzas naturales de hombre y ejecutó su intento. Que concluido este acto, sacó el mismo Alonso un pañuelo o pañito y se lo arrojó a Juana diciéndole lo recibiera en prenda matrimonial, para compensar el agravio, lo que no admitió ésta, expresando al agresor que el hecho fue, por parte de ella, involuntario, que no necesitaba de prenda, y sí de ocurrir a la justicia.

Veredicto. Nada asegura de la conducta de Juana María, pero no se puede prescindir de manifestar su edad de diez y seis años, que serán los que más tendrá y desvanecer la objeción que se le imputa de mujer pública y de mal vivir. Sin embargo de lo cual, hasta tanto no se determine su auténtica condición no se compelerá al indio Alonso Francisco a la exhibición de los cinco pesos, en que equitativamente se condenó para compensar a Juana María su virginidad.

Fuente: Guía de forasteros. Estanquillo literario, volumen I. Editora responsable: Margo Glantz, INBA/SEP, México, 1984.