Hoy es 8 de enero, y me siento frente a la máquina a pensar en los saqueos del gasolinazo. Representan algo nuevo en México. Leo algunos artículos. Anoto las siguientes preguntas: ¿Es lo mismo un tumulto orientado al saqueo de panaderías, camiones de gallinas o anaqueles de harina y pan —como ha sucedido en Venezuela durante 2016— a saqueos donde se hurtan electrodomésticos, ropa, enceres o juguetes? ¿Cuál es la diferencia entre saquear megatiendas y consorcios y saquear comercios vecinales? ¿Cuál es el efecto de la presencia policial durante y después de los saqueos? ¿Los saqueos tienen contenido político? ¿Qué importancia tienen las redes sociales y los liderazgos en la dinámica del saqueo? ¿Hay una crisis sistémica que explica la racha de saqueos que generó el gasolinazo?

No tengo respuestas a todo esto. Habrá que esperar algunos meses para que se realicen estudios confiables. Sin embargo, quizá haya desde ahora algunos elementos que sirvan al menos para comenzar a entenderlos.

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Ilustración: Patricio Betteo

Vale la pena comenzar por pensar los saqueos como fenómeno histórico. Existe una literatura de sociología histórica robusta sobre el tema. Los tumultos, como se les decía en la Nueva España —o food riots, en inglés— fueron un fenómeno frecuente en los albores de la edad moderna, sobre todo desde fines del siglo XVII hasta inicios del XIX. Se suele explicar su temporalidad con referencia a que los saqueos de almacenes y alhóndigas fueron siempre primordialmente un fenómeno urbano. El crecimiento de las ciudades permitió relaciones difusas entre los comerciantes, gobernantes y pueblo, cosa que hacía factible esta forma de manifestarse. En el campo usualmente hubo relaciones de control verticales más rígidas.

Por otra parte, el fenómeno de los tumultos se fue apagando para mediados del siglo XIX porque la consolidación de los mercados nacionales redujo la eficacia económica de las manifestaciones a nivel local; había que coordinar la lucha económica a nivel nacional. Por eso el papel de los tumultos fue sustituido por los sindicatos, y las huelgas surgieron como una forma efectiva de presión y negociación. Para fines del siglo XIX los tumultos parecían ser una forma de protesta social rebasada, útil sólo en circunstancias excepcionales como, por ejemplo, durante la guerra.

Sin embargo, en las últimas décadas ha habido una nueva racha de disturbios y saqueos; varios de ellos en América Latina —como el llamado caracazo de 1989, por ejemplo, o los saqueos argentinos en 2001—. Hay quien ha llamado la ola reciente de saqueos los IMF Riots (Disturbios del Fondo Monetario Internacional), porque han estado asociados a crisis generadas por ajustes estructurales.

Ha habido, además, disturbios y saqueos que no están asociados directamente a reformas neoliberales, sino a tensiones raciales, notablemente los disturbios en los barrios negros de Los Ángeles de 1965 (los Watts Riots), los disturbios de descendientes de magrebís en los suburbios franceses de 2005, y la violencia reciente en Ferguson, Missouri.

Algunos de estos disturbios explotaron por el alza de precios de insumos básicos —fue el caso del caracazo, y ahora de los saqueos en México—. En otros, la violencia inicia como respuesta a alguna acción de abuso policial. Como sea, y a diferencia de los tumultos del siglo XVIII, los saqueos de fines del siglo XX y XXI a veces no están orientados prioritariamente a robar y distribuir comida. El caso reciente de Venezuela, durante todo el año pasado, es una excepción en este sentido: allá vemos asaltos frecuentes a panaderías, farmacias o camiones que transportan comida. Durante el caracazo, en cambio, los saqueadores robaban de preferencia electrodomésticos y objetos de consumo, como sucedió ahora también en México, en los asaltos a tiendas como Elektra, Coppel, o Walmart. ¿Importa esta distinción?

En su estudio clásico (1971) sobre los tumultos en el siglo XVIII, E.P.Thompson alegaba que los saqueos eran reacciones a transgresiones a lo que él llamó la “economía moral”, compuesta de una serie de nociones que ligan el precio de los bienes básicos a una idea de justicia, de precio justo y de vida justa. Así, la idea de lo justo y lo injusto en la economía es también producto de una lucha histórica, y se refleja en las costumbres, en la moral.

Visto así, robar objetos de valor, como una TV, puede solventar un gasto considerado moralmente justo, aunque no resuelva un hambre en el sentido literal. Los saqueos venezolanos del año pasado indican la existencia esparcida del hambre, mientras que los saqueos del gasolinazo en México (o del caracazo de 1989) sugieren un levantamiento en contra de una transgresión a la economía moral.

Si éste resultara ser el caso, la retórica con que el gobierno ha hecho frente a los saqueos sería bien desatinada. El presidente ha hablado de “irritación” y “mal humor”, cuando en realidad los saqueos sugieren que se ha transgredido a la economía moral, a la que se responde con actos de mimesis: si el gobierno saquea, el pueblo también puede saquear. La transgresión de la economía moral genera un impulso que busca restitución, y no únicamente la protesta.

 

Claudio Lomnitz
Profesor de antropología de la Universidad de Columbia. Es autor de La nación desdibujada. México en trece ensayos y El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, entre otros libros.

 

Un comentario en “Preguntas acerca de los saqueos

  1. La perspectiva histórica e internacional es interesante, pero no habría que considerar las teorías conspirativas que apuntan a que los saqueos fueron organizados por grupos políticos para infundir miedo en la población?