Para los habitantes del siglo XXI, la crisis política global, la falta de credibilidad en la gobernanza, la irritación económica son como una losa que deben sostener en medio de un pantano. En esas tierras movedizas tienen que echar mano de los estados de ánimo para poder participar de un mejor humor social

Fundamentos: Comienzos históricos, tragedia y ceguera

Somos arrojados a un mundo que no elegimos. Las costumbres, las tradiciones, las identidades, las relaciones familiares y un cuerpo con una compleja historia evolutiva conforman nuestras vidas de manera fundamental. Esta situacionalidad contingente es el comienzo histórico en el que tenemos que forjar nuestras vidas y emprender y conducir nuestra trayectoria personal. Los hábitos que hoy nos absorben, desde el gasto de tiempo en ver series de televisión hasta la moderación de los comentarios sobre nuestro perfil social, parecerían extraños y sin sentido a nuestros bisabuelos. En dos generaciones nuestros descendientes verán nuestras vidas con perplejidad similar.

Somos seres incompletos. Aunque somos conformados por nuestra situacionalidad contingente, nunca estamos totalmente definidos o determinados por ella. Permanecemos incompletos, siempre en un camino de búsqueda e interpretación de quiénes somos y qué representamos. Somos lanzadores lanzados: lanzados al mundo, generamos posibilidades, participando en la creación de la realidad en la que estamos inmersos. Somos herederos y transmisores de comienzos históricos.

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Ilustraciones: Estelí Meza

Nuestros mundos son esencialmente vulnerables, permeados de fragilidad y perturbados por contradicciones. Todo lo que damos por sentado eventualmente desaparecerá, como el búfalo o la frontera americana. La gente muere y los mundos también. Los conflictos irreductibles se desbordan. Los desastres golpean. Los modos de vida pierden sentido. Tal es nuestra vulnerabilidad ontológica. Los residuos de los mundos una vez vividos son reducidos a artefactos exhibidos en museos o a accesorios usados en representaciones históricas. Nuestra vulnerabilidad esencial significa que la vida humana siempre está ensombrecida por la tragedia.

El mundo trágico y vulnerable que heredamos y representamos está articulado por el lenguaje y los estados de ánimo.

A través del lenguaje somos dotados de la capacidad de coordinarnos con los otros, crear instituciones y articular los sentidos y las narrativas que hacen nuestras vidas dignas de ser vividas.

A través de los estados de ánimo recibimos una orientación afectiva, un sentido de lo que es digno de hacer que nos guía y nos desvía.

En medio de todo esto somos ciegos. Es mucho lo que no sabemos y que ignoramos no saber. Esta es una condición permanente de nuestras vidas, condición que ha socavado el sueño de la modernidad y de la Ilustración para superar toda ceguera y todo prejuicio mediante el progreso permanente del conocimiento científico y el control tecnológico. Pero el fracaso de la modernidad para vivir según su propia imagen no es la causa de nuestra desilusión. Los persistentes receptáculos de misterio en nuestras vidas estimulan las prácticas estéticas y las relaciones sociales que alojan la posibilidad de alimentar reconfiguraciones futuras de nuestros mundos. En efecto, estamos bien preparados para lidiar con nuestra incertidumbre y nuestra ceguera en la vida. Esto es lo que los estados anímicos hacen por nosotros.

Profundizar en los estados de ánimo

Los estados de ánimo impregnan nuestros mundos. Siempre estamos de algún ánimo. En nuestra interpretación, los estados de ánimo no son sólo sentimientos. Los estados de ánimo son nuestra “sintonía” afectiva con nuestra situación como un todo. Estar sintonizado afectivamente con nuestra situación significa que las cosas y las posibilidades nos resultan conspicuas bajo una cierta luz. Los estados de ánimo son como la coloración del mundo que nos rodea, lo que éste nos dice o cómo nos apela. De esta manera, los estados de ánimo nos predisponen a ciertas acciones. La manera en que la música o el clima dan un sentido general de cómo son las cosas y de lo que se siente correcto hacer son ejemplos principales de la manera en que los estados de ánimo nos sintonizan afectivamente con nuestra situación como un todo.

Por ejemplo, si la situación es de una seriedad concentrada, las bromas no vendrán al caso o resultarán inapropiadas. Esto es, el estado anímico de la seriedad concentrada significa que la opción de bromear queda descartada. Alguien que esté triste no estará dispuesto a asistir a una fiesta, mientras que uno que esté aburrido no encontrará atractiva opción alguna.

Pero los estados de ánimo no son un fenómeno individual; siempre están sintonizados con el humor social de nuestro tiempo. El humor social es una evaluación de la manera en que van las cosas para la sociedad como un todo, de las posibilidades abiertas para la sociedad en conjunto.

Si un mal estado anímico predomina en la mayoría de los individuos es porque hay un mal estado anímico en la sociedad como un todo. El fenómeno Trump en Estados Unidos es expresión de humores sociales extendidos y compartidos: desconfianza y resentimiento. Hay un estado anímico de desconfianza en la gobernanza y en los gobiernos, especialmente en su capacidad para resolver problemas de relaciones globales. El resentimiento es un estado de ánimo en el que la gente que se percibe a sí misma como víctima (por ejemplo, víctima de una mala economía) culpa a otros (por ejemplo, a los inmigrantes o al poder económico de otros países) de su victimización, al tiempo que se atribuye una superioridad moral, diciéndose a sí misma: “De todos modos somos mejores que ellos, esos otros que nos han causado estos problemas”. Hay resentimiento en la derecha y en la izquierda.

Relacionada con estos estados anímicos de desconfianza y resentimiento, hay una creciente descomposición de la civilidad al hablar y escuchar. La conversación política ha degenerado en una cacofonía estridente de mutua falta de respeto. La calidad de la conversación que vemos en todas partes en internet —el principal medio de comunicación del mundo— es la gran exhibición de este escenario. El hecho de que haya surgido una nueva máxima —“¡Nunca leas la sección de comentarios!”— revela la degradada situación del hablar y el escuchar en nuestra época. Este es un rasgo del estado de ánimo de desconfianza prevaleciente.

Algunos podrían responder que estamos hablando de emociones, no de estados de ánimo. A esto contestamos que las emociones y los estados de ánimo están entrelazados, pero que los estados de ánimo son el fenómeno principal. Las emociones, en tanto excitaciones particulares del sistema nervioso, son derivaciones de los estados anímicos, los cuales son nuestra sintonía con la situación general de la que surgen las emociones en primer lugar.

Debido a que los estados de ánimo son tan envolventes, puede ser difícil capacitarnos para ser sensibles a ellos cuando los experimentamos. Normalmente no les prestamos atención sino a las situaciones que se nos manifiestan a la luz de ellos. Por esta razón podemos ser habitualmente dominados por el estado de ánimo en que nos encontremos pues, absortos en la situación que éstos proyectan, somos ciegos al estado de ánimo mismo y, lo que es más, somos ciegos ante esa ceguera.

De nuevo, los estados de ánimo son nuestra sintonía afectiva con nuestra situación. Esto significa que la dis-posición de ánimo y la situacionalidad están íntimamente relacionadas. Una tipología de nuestra situacionalidad nos ayudará a reflexionar sobre cómo los estados de ánimo influyen en nuestros mundos y cómo podemos modificarlos modificando los primeros.

La crisis política global, la falta de credibilidad en la gobernanza, la irritación y la desorientación en economía, el resentimiento latente a través del espectro político: todo esto tiene que ver con la manera en que los estados de ánimo emergen y circulan en nuestros mundos.

Situacionalidad y estado de ánimo

Hablar de estados de ánimo es hablar de nuestra sintonía con nuestras situaciones. Disposición de ánimo significa situacionalidad. Nuestras vidas se despliegan en una multiplicidad de situaciones entrelazadas, cada una de las cuales puede tener su propio estado dominante y estados característicos. Así, si queremos explorar cómo nuestros estados de ánimo modulan nuestras vidas, debemos explorar las diversas dimensiones de nuestra situacionalidad, nuestro ser involucrado en una multiplicidad de situaciones simultáneas y mutuamente interactivas.

A. Situación local de involucramiento inmediato. Cada día que te levantas la primera cosa a la que tiendes son las preocupaciones inmediatas de tu situación local, en este caso bañarte y preparar el desayuno. Este es, por supuesto, un caso simple, pero el punto que queremos plantear se ramifica en otras situaciones más complejas de tu vida diaria, como ir al trabajo donde tienes una tarea específica que cumplir, tarea cuya ocupación define tu situación local de involucramiento inmediato, o si tomas el día para pasarlo con tu familia: el proyecto conjunto, ir a la playa, por decir, define tu situación local de involucramiento inmediato. Las situaciones locales tienen estados de ánimo típicos, como la seriedad en el trabajo o el ánimo alegre de un viaje a la playa.

B. Situación de compromiso diario. En la mesa del desayuno checas tu calendario para revisar los proyectos y los compromisos a atender en el día. En el curso de la realización de los proyectos y la atención de los compromisos que definen tu situación local te verás involucrado con otros, coordinándote con ellos. La coordinación con otros demanda un estilo particular de compromiso abierto, una cierta facilidad de lenguaje para hacer solicitudes, ofertas y evaluaciones. Estas situaciones sociales involucran estados de ánimo característicos, por ejemplo, un ánimo escéptico reflejará que no crees que las personas con las que estás involucrado cumplirán su parte, mientras que un ánimo optimista fortalece tu capacidad de adaptación ante fallas de coordinación.

Dentro de las situaciones locales y las de compromiso diario hay siempre otras situaciones que se gestan en los márgenes: pueden surgir posibilidades importantes no previstas. Proyectos inminentes en el horizonte, listos para ser emprendidos. Proyectos secundarios empezados que no están sobre la mesa también esperan en los márgenes.

C. Entrelazada con las situaciones arriba descritas está lo que llamamos situación existencial, tu posición sobre tu propia vida y tu identidad, incluyendo tus aspiraciones para la clase de vida que quieres vivir y tus manifestaciones de los estados de ánimo básicos que conformarán tu vida como un todo, por ejemplo gratitud, reverencia y admiración. Estos estados de ánimo básicos muestran que en la situación existencial incluimos tu respuesta al misterio global de la vida, tu sentido de tu lugar en el cosmos. Sin embargo, a menudo es el caso de que lo que llamamos estados de ánimo de compromiso diario que están entrelazados con estados de ánimo existenciales. Si alguien es atraído por estados de resignación, resentimiento o arrogancia (estados que ubicamos típicamente en la situación de compromiso diario), éstos se verán usualmente reflejados en su posición básica sobre su propia situación existencial. Mostrar a alguien dominado por estados de arrogancia o resignación la posibilidad de, por ejemplo, ser un principiante en el aprendizaje en una nueva habilidad, puede alterar dramáticamente su estilo básico de ser (su situación existencial).

D. Circundando ambas dimensiones de situacionalidad arriba descritas está la situación económica y política. En nuestro mundo globalizado la situación económica y política envuelve al mundo como un todo, sus relaciones de producción, intercambio y, sobre todo, de poder. En nuestro caso hipotético, en la mesa de desayuno, quizá antes de checar tu calendario, echas un ojo al periódico para ver si ha habido acontecimientos mundiales que puedan influir o alterar tus proyectos del día. Cuando las rutinas diarias empiezan de nuevo y reanudamos nuestro trabajo y relaciones, generalmente no prestamos atención a la situación política y económica que envuelve e influye en nuestras vidas. Pero en momentos de descomposición y convulsión, por ejemplo la crisis financiera de 2008, los elevados precios de los bienes raíces y del costo de la vida en el área de la bahía, o el ascenso de una figura como Donald Trump, la manera en que nuestras vidas diarias acontecen en el contexto de una situación política y económica más amplia se impone sobre nosotros.

E. Finalmente, envolviendo todo lo precedente está lo que llamamos situación epocal, la situación de nuestros tiempos como un todo. La situación epocal es lo que los pensadores de la Ilustración tuvieron en mente cuando llamaron “La Ilustración” a su propio tiempo y lo que algunos comentaristas de hoy tienen en mente cuando llaman “Antropoceno” al nuestro. Nuestra situación epocal está modulada por una red de factores que incluyen al cambio climático, la conectividad global, la desconfianza en los gobiernos, la incertidumbre de las finanzas globales y la perturbación relacionada con la tensión viviente entre las interpretaciones religiosas y seculares de la existencia humana.

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¿Qué hacer?

Dado lo anterior, ¿qué prácticas podemos imaginar para influir en nuestros estados de ánimo? Aquí sólo podemos presentar un bosquejo preliminar.

En general, el estado de ánimo epocal ejerce una fuerte influencia sobre el estado de ánimo existencial individual. El sentido generalizado de desconfianza y desorientación impregna la atmósfera afectiva de todos nosotros, y a menos que desarrollemos sensibilidad y cultivemos resiliencia para ello, seremos presas fácilmente de esos estados anímicos en nuestras posturas individuales ante la vida. El ascenso de Donald Trump es un claro indicio de que los estados de ánimo negativos de nuestra época se han posesionado de los estados de ánimo existenciales de muchos en Estados Unidos, volviéndolos receptivos a las crudamente pueriles pero provocadoras proclamas de que él puede resolver los problemas de nuestro tiempo.

Como hemos dicho, un estado de ánimo es una sintonización con una situación y sus posibilidades atractivas o repulsivas. Esto significa que modificar nuestro estado de ánimo puede modificar las posibilidades que tenemos: cambiar los estados de ánimo puede cambiar directamente nuestros mundos. Conducir a una persona desde un estado de resignación, en el que no aparecen posibilidades de acción, a un estado de aspiración o resolución significa que ella puede ser sintonizada con posibilidades ante las que estaba ciego en su estado original. Cambiar la música en una fiesta puede cambiar una atmósfera de silenciosa formalidad en la que sólo son apropiadas las conversaciones serias y sosegadas, a un modo de celebración jovial en el que la risa y el baile emerjan como posibilidades principales, desplazando la conversación seria. ¿Puede la orquestación de estados de ánimo diferentes en las dimensiones de situacionalidad que hemos descrito arriba, como la situación política y económica, crear nuevas posibilidades para encararlas? Dicho más directamente, ¿podemos salir de los estados de desconfianza y resentimiento que actualmente dominan nuestra situacionalidad económica y política?

La crisis de la política a nivel global, la desconfianza en la gobernanza a nivel nacional, la rabia y la desorientación en economía: todo esto tiene que ver con la manera en que los estados de ánimo se manifiestan en el mundo actual, en particular en las dimensiones económico-políticas de nuestra situacionalidad.

Si siempre estamos embrollados en estados de ánimo envolventes, ¿cómo podemos cambiarlos en vez de dejarnos dominar por ellos? Estamos en modo de exploración. No hay fórmulas que aplicar o predicciones que podamos hacer. Pero para conversar no necesitamos fórmulas ni certezas predictivas.

A. El primer paso es capacitarnos para ser sensibles al hecho de que siempre estamos en algún u otro estado de ánimo, y que éstos influyen en el sentido de nuestras posibilidades. Los estados de ánimo son normalmente tan envolventes que no los reconocemos, pero al intensificar nuestra sensibilidad al hecho de que estamos dentro de ellos y que éstos revelan nuestra situación bajo una cierta luz, nos ponemos en posibilidad de modificarlos.

B. Sabemos que podemos ocuparnos de nuestros estados de ánimo mediante el cuidado de las conversaciones que seguimos en el mundo y esmerándonos en las que emprendemos. Los humores negativos se diseminan intensamente en internet y en los medios sociales: la gente desahoga fácilmente sus infundadas opiniones y apreciaciones y se confronta con chocante falta de civilidad, optando por los insultos baratos y las evasiones, así como por el confort de la consabida “cámara de eco” en la que uno sólo traba conversación con quienes está fundamentalmente de acuerdo, no con quienes cuya conversación abriga la posibilidad de desafiarlo y cambiarlo.

Es crucial no dejarnos ahogar en negatividad tan intensa y en el aislamiento conversacional autorreforzante; en vez de eso, es imperativo localizar, cultivar y orquestar los nichos de conversación donde se exploran posibilidades y se cultiva la escucha recíproca, no las opiniones infundadas y el intercambio de invectivas. La verdadera conversación requiere apertura y accesibilidad: disposición a escuchar al otro y capacidad para apreciar su propia disposición a escuchar; esto produce a su vez disposición para ver con frescura y superar nuestros propios prejuicios en un ambiente de compromiso y preocupación compartidos.

Estos nichos de conversación pueden ser foros o publicaciones específicas que rechacen el fomento del nivel de discurso incivil que es común, o espacios cuidados por nosotros mismos, como lo hacemos nosotros, por ejemplo, en nuestro Dwelling Program. En este programa mantenemos un espacio de conversación mediante la selección de gente y tópicos/materiales que realmente pueden albergar la posibilidad de la apertura a escuchar y la accesibilidad que hemos mencionado. Mediante el compromiso recurrente con otros en esta posición receptiva y en la conversación sobre determinados temas existencialmente centrales de nuestro tiempo (poder, historia, innovación, cambio climático, enigmas), podemos curarnos a nosotros mismos de los humores negativos que impregnan nuestro momento.

C. Además de seguir deliberadamente ciertos vectores de conversación y mantener nichos especiales, creemos que cierta modificación de la práctica budista tradicional de meditación puede ayudar a protegernos contra los humores negativos de desconfianza y abrirnos a modos positivos como la gratitud, el asombro y la esperanza radical de un nuevo futuro. Creemos que la interpretación budista de los deseos y emociones es demasiado psicológica, es decir, no considera que los deseos y las emociones humanas siempre surgen y se derivan de un espacio sociohistórico compartido en el que adquieren su sentido y potencia. Apreciamos el énfasis budista en la ineluctabilidad del cambio y la incertidumbre de la vida. Sin embargo, en una palabra, necesitamos reinterpretar su concepción del cambio, la incertidumbre, la mente y el yo, de manera que podamos “despsicologizarla”, haciéndola más adecuada para el tipo de seres históricos que somos. Las emociones no existen en sí mismas. Los deseos no son simples moradores de la mente individual. Emociones y deseos derivan del espacio anímico e histórico en el que nos encontramos. Escuchar a este espacio avivará nuestra capacidad de escuchar nuestras propias emociones y deseos; esto demanda un nuevo tipo de práctica meditativa.

D. Podemos trabajar para resistir y limpiarnos activamente de los ánimos superficiales y ciegos de la vida diaria, ánimos como el apetito de control, el resentimiento, la adicción al trabajo o el agobio. Cómo desarrollar los hábitos y sensibilidades para limpiarnos de esos estados de ánimo es un tema para otra ocasión.

 

Fernando Flores
Filósofo y empresario chileno.

B. Scot Rousse
Filósofo. Investigador del Departamento de Filosofía de la Universidad de California Berkeley.

Traducción de Ramón Cota Meza.

Este es un trabajo de investigación en desarrollo. Si usted tiene comentarios o retroalimentación sobre este texto, enviarlos a B. Scot Rousse: bsrousse@berkeley.edu

 

3 comentarios en “Estados de ánimo y cambio social

  1. los estados de animo que es la parte esencial de esta lectura que desde mi punto de vista es muy rica y profunda son en lo individual parte de lo cotidiano en todo ser humano pero en lo personal el quitarme cada vez mas esa ceguera por la preparación académica es un estado de animo positivo e concluyente y trato de compartirlo sobretodo con la familia pero también con aquello que continúan con esa ceguera que en algunos de los casos hasta pareciera que en lugar de quitarla quisieran inconscientemente mas ciegos y su estado de animo se ve obscuro y negativo.

  2. ese prurito de usar palabras complicadas como “situacionalidad” contingente. No es más fácil hablar de situaciones y ya. Nuestros intelectuales agreden el idioma creyendo que con el uso de esas palabrejas sus ensayos, artículos o monografías van a ser mejor recibidas. Craso error.

    • Habría que entender las particularidades que encierra situación y situacionalidad. Esa es la diferencia entre el lenguaje de sentido común y el lenguaje filosófico o sociológico, el problema que a la gente se le complica es el de entender lo que encierra cada lenguaje.
      Un cuerpo de conocimientos elaborado desde la academia es explicitado a través de un lenguaje especializado que permite a quienes participan de él entenderse como parte de una comunidad y sobre determinados temas.