Me disculpo. No encuentro la cita original de la idea siguiente. La comparto. Su mensaje, aunque en desuso, o más bien por eso, es necesario. Cito: Objetivos de la medicina:

   1. Preservar la salud.

   2. Evitar las muertes prematuras e innecesarias.

   3. Curar, o cuando no se pueda curar, aliviar y siempre acompañar y consolar al enfermo.

Limito las siguientes reflexiones al inciso tres. Acompañar. Inmensa palabra. Acción imprescindible en la vida y obligada en el ejercicio médico. Son muchas las omisiones, voluntarias o involuntarias, de la mayoría de las escuelas de medicina. Acompañar y no abandonar, sobre todo al enfermo al cual poca ayuda científica puede ofrecérsele, debería formar parte del currículo. Las omisiones, por supuesto, no son absolutas. Piedad, cuidado, altruismo, empatía y acompañar son, aunque poco se ejerzan, palabras frecuentes en el léxico de algunos médicos. Esas vivencias, piedras angulares de la profesión y características de cualquier ser humano preocupado por el otro son momentos efímeros en la mayoría de las facultades de medicina. No existe una materia centrada en ese tipo de cuestiones, donde el médico experimentado comparta sus experiencias con quienes inician sus estudios.

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Ilustración: Kathia Recio

La responsabilidad hacia la persona devastada por el imparable curso de la enfermedad debe ser asumida por el médico. Cuando los caminos terapéuticos se han agotado las virtudes de los doctores se ponen a prueba. A diferencia de los enfermos terminales, cuyo final suele ocurrir en seis meses, aquellos que sufren patologías crónicas requieren otro tipo de aproximación. En ambas circunstancias no abandonar al doliente es fundamental. En las próximas líneas me referiré a pacientes crónicos —artritis reumatoide avanzada, insuficiencia renal, enfisema pulmonar— cuya condición no abre las puertas de la eutanasia.

No abandonar al enfermo es una obligación ética fundamental de los médicos, obligación que debe repensarse en el contexto de la medicina moderna por al menos dos razones. La primera es la ya aludida cronicidad de las patologías; en los próximos años el número de enfermos víctimas de patologías crónicas se incrementará en número y su supervivencia será mayor por los avances científicos; la segunda se refiere a las nuevas reglas impuestas en el ambiente médico, como son la desagradable presencia de abogados, de compañías aseguradoras y de la biotecnología sin límites que tienden a romper la relación entre galenos y enfermos. Utilizo la palabra obligación con la intención de subrayar que los profesionistas deben ejercer el compromiso, no escrito, de responsabilizarse por sus enfermos cuando éstos lo demanden, independientemente de que sean mínimos los nichos terapéuticos para mejorar sus condiciones sin olvidar los lastres señalados: abogados, tecnología, escasez de recursos.

Esa noción, la de la obligación de acompañar a los enfermos, se ha difuminado en los últimos años. De hecho, en Estados Unidos las demandas más frecuentes contra los galenos no son, sorprendentemente, por negligencia, sino por no escuchar las peticiones de los pacientes. Esas peticiones suelen solicitar acompañamiento y escucha. Hace años un médico británico compartió una anécdota conmovedora; tiempo atrás, las mujeres que solían hacer la limpieza de las salas de hospitalización dedicaban, motu proprio, algunos minutos para hablar con los enfermos, escucha que suplía a la de los médicos y enfermeras ocupados y con poco tiempo. Desde hace tiempo se sabe que los efectos de cuidar y acompañar, es decir, de no abandonar, suelen ser más exitosos que los logros obtenidos por medio de placebos.

Cuando los pacientes tienen la oportunidad de escoger a sus médicos, situación lamentablemente (casi) imposible en las instituciones públicas de (casi) cualquier país, lo hacen bajo el supuesto de que juntos sembrarán una relación que perdurará indefinidamente. Esos vínculos, cultivados y fomentados con el tiempo, fortalecidos por medio del diálogo, y profundizados durante las enfermedades son la base de la relación médico-paciente y la antesala del compromiso de no abandonar al enfermo. De ese entramado nace una narrativa propia de la enfermedad que se nutre gracias a las vivencias de los implicados y que crece cuando el galeno tiene un verdadero interés por sus pacientes. Esa narrativa exige entender que la dependencia, y la vulnerabilidad, se incrementan cuando el mal atenaza y cuando son pocas las posibilidades de cura o mejoría.

La medicina moderna cada vez está más enferma. Sus derroteros tienden a que médicos, enfermeras y personal administrativo privilegien la tecnología y las intervenciones médicas y farmacológicas en lugar de las relaciones humanas. Esa óptica aleja a los galenos de los enfermos y deviene abandono.

Las enfermedades crónicas, el dolor y las pérdidas que éstas implican construyen al médico. Esa construcción florece cuando la lectura de la patología se combina acompañando al enfermo. Modificar la tendencia actual de la medicina es imposible. Hablar en contra de ella es obligatorio.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

7 comentarios en “Enfermedades crónicas: No abandonar

  1. Soñador o iluso, así podría usted etiquetarme, pero tengo plena convicción de que la problemática del actuar médico esta en su propia gestación. Dicho de otra forma, la.selección de estudiantes de medicina tiene claras deficiencias, y una muy grande es el no contemplar la “vocación “.
    No veo por qué, a mi como médico, me tengan que recordar que debo interesarme por darle confort y alivio a mi paciente, que debo tratarle con dignidad, con respeto, con amor. Los médicos no tendríamos que necesitar de esos recordatorios por que en realidad es la escencia de nuestra práctica médica y es el por que estamos aquí.
    Hemos formado médicos al vapor, sin espíritu de servicio por que no lo han tenido desde su ingreso a la Facultad. Los egresados están, en un vasto porcentaje, monetizados y ven su actividad profesional de la misma forma que un oficinista ve su trabajo. El glorioso cuerpo de enfermería ayudaba a cubrir nuestras deficiencias humanas, ya no mas; están olvidando su importante papel en el cuidado del paciente, se han sindicalizado, se han vuelto Obreras de la medicina sin disposición para dar el extra, llevadas por la inercia de este mundo cada vez más egoísta y menos humano.
    Debemos formar profesionales de la salud con un primer filtro…
    la vocación.

    • José Antonio:
      Gracias por su comentario. Concuerdo:
      1. Debería, pero no se hace, buscar un instrumento para valorar la tan mentada vocación. Su propuesta es magnífica.
      2. En cuanto al personal paramédico, enfermería, etcétera. Hace unos años leí un artículo en en el British Medical Journal donde decían que los enfermos que platicaban y establecían una buena relación con las afanadoras, les iba mejor. Sí creo que sea veraz esa información.
      De nuevo gracias.
      Arnoldo

  2. Dr. Arnoldo Kraus.
    Siempre que he leído sus artículos o sus libros, me dan alivio, porque en ellos todavía hay esperanza que algunos miembros de la salud compartan y hagn suyos sus reflexiones. También me ubican con la realidad que vivimos. Discursos sobre la solidaridad, el amor a los otros, pero que se pierden por la prisa por vivir rápidamente, porque empiezan a estorbar las personas mayores o enfermas, porque no hay tiempo, por la insensibilidad de los empleadores ante una situación grave. Pero esa esperanza sigue aunque sea pequeña y tal vez haya personas que realmente se preocupen por lo demás como usted lo hace. Gracias por hacernos reflexionar.

    • Gracias Martha, el problema, el problema ancestral, y lo digo desprovisto de toda religiosidad, es, aunque parezca exagerado, saber porque triunfa el Mal en vez del bien. Las enfermedades son sólo un ejemplo. El fundamental es la pobreza -sí, es un Mal-, y las razones de ésta. Las razones son el ser humano.
      Gracias,
      Arnoldo

  3. Apreciable Dr. Arnoldo Kraus, gracias por su reflexivo artículo, le comento que he observado que la vocación se perdió con las especialidades y sub especialidades, un indicador para acreditar las escuelas de medicina es el ingreso a la especialidad, socialmente tiene más prestigio un cirujano que amputa un pie que el médico general que evita la amputación. Las humanidades no forman parte de los programas de medicina…tiene más valor el rigor científico que enseñar cuidados paliativos.
    Nuevamente gracias pro su artículo

  4. Sí, María Elena, la vocación se perdió y los programas de estudio, tanto de las Facultades, como de las Residencias (entrenamiento hospitalario) se ha perdido, inadverditamente o con toda intención. Lo terrible, es que en estos tiempos, saturados de desasosiego y desolación, lo que más requieren los enfermos es compañía, eso, compañía y escucha.
    Gracias por su comentario, comparto su sensación,
    Arnoldo K

  5. Estimado Dr. Kraus

    Su artículo me ha hecho reflexionar bastante. Le comento, yo padezco dos enfermedades crónicas (diagnosticadas recientemente) y mi médico me ha dado un trato no solo amable sino humano.
    No solo me ha dado seguimiento en el tratamiento sino siento el acompañamiento cotidiano de ella. Puedo externarle mis dudas en cualquier momento y muestra un real interés en cada uno de sus pacientes.
    Es la primera experiencia tan positiva y esperanzadora que he tenido con un médico. Por cierto ella es una reumatóloga joven que trabaja tanto en un hospital público como en su práctica privada y, en ambos, su trato es igual.

    Saludos