El estupor es general. Balacera en un centro escolar de Monterrey. En el mismo salón de clase un alumno disparó contra su maestra y contra sus compañeros de clase y a continuación se suicidó. Una patología que creíamos exclusiva de la sociedad estadounidense se presenta por primera vez en el escenario nacional.

¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por qué aquí? Las preguntas en torno a este hecho insólito se multiplican. Al buscar explicaciones hay quien culpa a la familia, otros a la escuela y otros más a la sociedad.

luto

No es fácil explicar el horror: la tragedia tuvo lugar en una escuela privada, su protagonista fue un adolescente de familia acomodada y el único antecedente disponible es que el estudiante tenía accesos depresivos.

Un experto afirma que el problema reside en la proliferación de armas. ¿Cómo explicar que este jovenzuelo haya tenido acceso a un arma letal? ¿México es realmente una sociedad negligente ante la diseminación de armas?

La multiplicación de conjeturas termina oscureciendo la única verdad: todos somos responsables de lo ocurrido. Todos hemos contribuido con nuestra indolencia cívica y nuestro egoísmo a edificar una sociedad dominada por la barbarie, la brutalidad, la intolerancia, el abuso y los atropellos.

Evidentemente, estamos ante una conducta patológica que desborda esquemas racionales, un acto de desesperación y de locura, pero uno no deja de formular conjeturas con sentido lógico: ¿por qué este joven escogió la violencia como salida a sus problemas? 

La respuesta principal está en la realidad que tenemos ante nosotros: la violencia social, el crimen organizado, las desapariciones, los asesinatos, la corrupción, la inoperancia de las policías, los linchamientos, la ineficacia del poder judicial, los programas de televisión que exaltan la violencia, los video juegos y otras endemias que están diariamente socavando los fundamentos de nuestra vida civilizada.

 

Gilberto Guevara Niebla
Profesor de tiempo completo del Colegio de Pedagogía de la UNAM y consejero de la Junta de Gobierno del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación.

 

4 comentarios en “Monterrey, la culpa es de todos

  1. Todas y cada una de las situaciones sociales descritas por usted son una realidad, la descomposición social en aumento, basta con recordar los saqueos con los que iniciamos el año, me gustaría pensar que esta indignación social que sentimos hoy, no se pierda entre la indiferencia y el olvido, ¿que estamos dispuestos hacer para que no se repita y rescatar a nuestra juventud?

  2. Si los escenarios sociales son escabrosos y no los han producido los jóvenes. Tampoco los jóvenes actuales produjeron el cambio de sensibilidad y de sentido en la sociedad contemporánea. El país se derrumba, los horizontes de transformación esperanzadora para los jóvenes se cierran, las generaciones anteriores, los medios masivos, el mercado y la clase política nos dicen todos los días que no vale la pena luchar por nada que no sea jugar, seguir consumiendo todo tipo de imágenes, dinero, sexo, y lo que sea con tal de encontrar sentido en algo. Y el sentido de vida de los chavos y las chavas actuales está en muchos lugares que tienen que ver con la fama, la celebridad, el momento intenso emocional que se vive hoy, ahorita, no mañana pues este quien sabe si exista… es ahora, el matar también es ahora, la sensación es ahora, la pertenencia al grupo también se gana ahora como de lugar y por lo que haya que pasar incluso borrando limites entre la vida y la muerte de otros. No son psicópatas, sería bueno que se leyera con mayor detenimiento al filosofo coreano alemán Byung Chul Han para saber de que estamos hablando. Dejemos de patologizar la sociedad mexicana globalizada, si se trata de entender hay que profundizar en la misma existencia mucho mas autónoma de los jóvenes de clases medias y altas y su relación con las tecnologías de la información, de donde los adultos se han autoexcluido. Mejor sugeriría rescatar a los adultos de su letargo y de su irresponsabilidad, de su falta de comunicación y de entendimiento de que los referentes con que ahora se construyen los jóvenes no son los de sus juventudes.

    • Un asunto de fondo que no puede tratarse de resolver solo con “reacciones”, como la llamada “operación mochila”, es un reflejo, lamentable, de la crisis de las estructuras sociales, que ya no cumplen con la función para las que fueron creadas, que sucumben ante la nueva realidad globalizada

  3. Hechos lamentables que hacen que pongamos un alto en el camino y se dirija la mirada hacia nuestras prioridades como personas, como familia y como sociedad. Dónde está la empatía, la misericordia y la cooperación social. Qué estamos favoreciendo en casa y en la escuela? Qué piensan nuestros hijos del prójimo? No podemos darnos el lujo de seguir en la comodidad, debemos cambiar rumbos, más allá de la indignación de los robos, de la corrupción y el enaltecimiento de la celebridad debemos hacer algo, pequeñas cosas que impactan, que lleguen a derrumbar un país que nos destruye. Ya no podemos cerrar los ojos o mirar a otro lado ante acciones que demuestran lo poco que valoramos la responsabilidad, honestidad y la ética en general. Empecemos con nosotros mismos, en casa.