Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.

Historia de dos ciudades, Charles Dickens

 

A estas alturas ya todos somos pesimistas respecto a Trump, si bien algunos somos más pesimistas que otros. Las razones de este mayor pesimismo tienen que ver tanto con lo que sucede allá en Estados Unidos, como con lo que pasa aquí en México.

vecinos

Allá en Estados Unidos

A partir del 20 de enero un populista y demagogo amoral, sin ninguna experiencia de gobierno e incapaz de controlar su mal genio, se convertirá en el 45° presidente de Estados Unidos. El que una persona con estas características ocupe la Casa Blanca es un serio problema para Estados Unidos, sus aliados y el mundo entero, y en ese sentido, no representa un reto específico para México.

Pero si bien Trump el hombre no es un problema particular para nosotros como mexicanos, Trump el fenómeno sí lo es. Es decir, la razón por la cual su presidencia amenaza nuestros intereses de forma directa, tiene que ver más con qué fue lo que ganó el pasado 8 de noviembre y menos con quién fue el ganador. Lo que nos debe preocupar es la coalición que puso a Trump en la Casa Blanca y, por tanto, lo que el nuevo presidente, como buen demagogo, estará canalizando.

Tres de los grupos que integran su coalición son los más relevantes para México. Primero, un segmento del electorado que está enojado y le tiene miedo a “el otro”. Trump logró conectar con esta población presentándose como uno de ellos, si bien con un poquito más dinero. Un hombre blanco que piensa y habla como ellos, alguien que no es un inmigrante, ni tampoco musulmán, sino un típico estadunidense, con acta de nacimiento a la mano por si alguien se atreviera a dudar de su nacionalidad. La imagen que ofrece es la de un americano de hueso colorado, un patriota que quiere volver a hacer de Estados Unidos un gran país. El problema para nosotros es que buena parte de la irritación nativista que emana de esta población empoderada por Trump está dirigida en contra de México y los mexicanos.

Segundo, Trump logró conectar con un estrato social que está frustrado por razones de índole económica, como la concentración de riqueza, el estancamiento de los salarios reales y el hecho que la frágil recuperación a partir de la crisis de 2008 solo ha beneficiado a los más ricos. Esta población se siente vulnerable en el presente y le tema a su futuro. El problema específico para México es la variable que, según Trump, explica esta injusta situación económica: el libre comercio en general y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) en particular. Se trata, además, de una explicación que hoy comparten la mayoría de los estadounidenses, de ambos partidos, como resultado de la paulatina erosión del viejo consenso a favor del libre comercio. 

Tercero, Trump logró conectar con un cierto hartazgo dentro del electorado que rechaza a la partidocracia y élite gobernante en Washington. El desencanto de este segmento se debe a que no se sienten representados sino usados y manipulados por una clase política que, encerrada en sus privilegios, ha perdido contacto con la realidad. A estas personas que sentían que nadie las escuchaba y que su voto no contaba, Trump les ha dado voz y voto. Y el diagnóstico que les ofrece es que los políticos de siempre, en colusión con Wall Street y las élites de ambas costas, operan un sistema amañado que invariablemente sacrifica los intereses del 99% de la población. El problema para México es que una buena parte de nuestros aliados tradicionales se encuentra dentro de esta “mafia del poder” que incluye tanto Demócratas como Republicanos, a los Bush y los Clinton. Etiquetados como enemigos por el candidato ganador, están nerviosos y ciscados, menos capaces y dispuestos a ofrecernos su ayuda. Asimismo, tardarán en recuperarse y más en reencontrar un camino, y para cuando lo hagan bien puede ser demasiado tarde para nosotros. Al mismo tiempo, dado que la victoria de Trump ha transformado el panorama político estadunidense, México tendrá que hacer nuevos amigos entre aquellos que, en el pasado, señalamos como enemigos.

Pero Trump también fue electo gracias a un voto tradicional Republicano, un electorado que cree en el libre comercio y apoya el TLCAN. Se trata de un grupo con posturas económicas ortodoxas y que, conscientes de las tendencias demográficas, reconoce la necesidad de adoptar, tarde o temprano, un discurso pro-inmigrante si quieren seguir siendo competitivos a largo plazo. Por su perfil e importancia, uno podría pensar que este segmento obligará al nuevo presidente a matizar sus posturas más heterodoxas. El problema que enfrenta México, sin embargo, es que Trump mantendrá a este sector más que contento bajando impuestos, desregulando, nominando jueces conservadores a las Cortes, protegiendo su derecho a portar armas de alto calibre, etcétera. Este influyente grupo de Republicanos que controla el Congreso está más que dispuesto a apoyar a su Presidente en temas en los que no cree del todo, como la renegociación del TLCAN, a cambio de implementar buena parte de su propia agenda, sobre todo una profunda reforma tributaria. Además, es importante recordar que este voto duro Republicano no fue suficiente para ganara la elección presidencial ni en 2008 ni en 2012 y tampoco alcanzaba para ganar en 2016. Lo que le permitió al Partido Republicano capturar la Casa Blanca y mantener control de ambas cámaras del Congreso en esta ocasión fueron los elementos nativistas, nacionalistas y globalifóbicos añadidos por Trump a la coalición. Y el establishment Republicano lo sabe.

Al hablar del triunfo de Trump y su coalición, es importante no olvidar que todo esto ocurre en un sistema político en el que la forma de gobernar es a través de una coalición y la forma de mantener esa coalición unida y contenta es dando resultados. Por ello los presidentes estadounidenses suelen cumplir buena parte de lo que prometen.

Como resultado, México recibirá lo prometido en campaña por Trump: una renegociación del TLCAN que no nos será favorable; un enorme y bello muro que de alguna forma pagaremos; y más deportaciones, ahora acompañadas de una retórica xenófoba. Todos los nombramientos que a la fecha ha hecho Trump para integrar su gabinete y equipo de la Casa Blanca apuntan en esta dirección.

Hay un claro método político y económico en la locura de Trump. El hecho de que no tenga sentido para nosotros aquí en México no significa que no lo tenga para él y su coalición allá en Estados Unidos. A México le tocó bailar con lo más feo del electorado americano, su parte nativista, nacionalista, aislacionista y anti-sistémica, y peor aún, la parte del electorado a quién los Republicanos le deben su victoria. Aunque no somos una prioridad, sí somos una victoria fácil y rápida para Trump, y si se tropieza y fracasa en otros temas como China o Siria, también somos un chivo expiatorio que estará siempre a la mano.

Aquí en México

Todo lo anterior sería sumamente preocupante en el mejor de los tiempos, pero la victoria de Trump representa una dura bofetada en el peor momento posible para México.

Es sobre todo una bofetada a nuestro modelo de desarrollo, construido desde mediados de los ochenta y basado en tres apuestas claves. A mediados de los 1980s le apostamos a la globalización y al libre comercio. Después, en los noventa, le apostamos a la región de América del Norte. En ambos casos se trató de posturas ideológicas de largo plazo, adoptadas bajo el supuesto de que la visión que las sustentaba era compartida por nuestros socios regionales. Finalmente, en 2000 le apostamos a la democracia liberal, no sólo como el único modelo legítimo, sino también como el sistema político más apropiado para cosechar los beneficios económicos de las dos apuestas previas.

Sin embargo, la victoria de Trump el pasado 8 de noviembre hace más riesgosas estas apuestas, por lo menos en el mediano plazo, e incluso muchos cuestionarán la racionalidad de mantenerlas. Ello a su vez generará un ambiente propicio para la oferta de todo tipo de alternativas demagógicas.

Esta bofetada nos la dan, además, en una coyuntura en la que enfrentamos un serio problema de gobernabilidad y liderazgo. Por lo que toca a la gobernabilidad, el gasolinazo condensa las distintas dimensiones de este reto. Como resultado de una acumulación de crisis y escándalos durante los últimos dos años, nos encontramos ante una situación en la que cualquier gota derrama el vaso. Como resultado de falta de credibilidad y legitimidad, el gobierno no tiene margen de maniobra para reducir el nivel de agua en el vaso y evitar futuros derrames. Y como resultado del elevado nivel de hartazgo y descontento social, pareciera que cualquier gota puede ser aprovechada por quien quiere que el vaso se derrame.

En cuanto a liderazgo, Trump llega en un momento en el que se encuentra en un estado anémico. El Presidente es débil como resultado de un desgaste natural después de cuatro años de gobierno, pero sobre todo por lo ocurrido durante los dos últimos años en los que diversas crisis y escándalos se fueron hilando de tal forma que el todo es mayor que la suma de las partes. Peña Nieto, además, se seguirá debilitando conforme se acerca la elección presidencial de 2018.

La oposición también es débil en la coyuntura. Los partidos se encuentran volcados hacia dentro, inmersos en el proceso de selección de su candidato presidencial para 2018 y este año sólo levantarán la vista para voltear a ver las elecciones locales que tendrán lugar en tres estados de la República. Asimismo, la amenaza que representa Trump es un tema poco afín a la oposición por ser un reto de política exterior, rubro que suele dejarse en manos del Ejecutivo. Finalmente, la clase política en su conjunto, dentro y fuera del gobierno, a nivel local y federal, es débil frente a un desafío del exterior, ya que si bien México a partir de mediados de los ochenta se ha vuelto un país cada vez más global y cosmopolita, nuestra clase política es cada vez más parroquial como resultado de la naturaleza de nuestra transición, una cierta dinámica electoral y al operar bajo el supuesto de que las grandes apuestas internacionales ya estaban hechas y no había nada que discutir al respecto.

¿Qué esperar?

No obstante lo anterior, Trump representa una oportunidad para Peña Nieto, si bien cargada de riesgos. No se trata, por supuesto, de pensar en renegociar una mejor versión del TLCAN, sino de una oportunidad política. Trump es la primera crisis en los últimos dos años que es discreta en el sentido que no se suma a las anteriores. Además, a diferencia de las otras —la Casa Blanca, Ayotzinapa, los escándalos de corrupción de ciertos gobernadores, el gasolinazo— ésta no involucra directamente al presidente, a su gobierno o a miembros de su partido. Por ambas razones Peña Nieto tiene más grados de libertad para ser creativo y audaz a la hora de enfrentar este reto.

Pero para poder aprovechar esta oportunidad, el gobierno tiene que tomar una serie de decisiones estratégicas nada fáciles. La primera gran decisión es si confrontar o apaciguar a Trump. Sin duda hay muchas formas de confrontar y apaciguar, y los detalles aquí importan. Asimismo, es posible confrontar en público y apaciguar en privado e incluso pactar esta estrategia con el nuevo gobierno estadunidense. No obstante estos matices, hay dos posturas básicas entre las cuales el Presidente, con el apoyo de su nuevo Canciller, tendrá que escoger: confrontar o apaciguar.

La segunda decisión estratégica es si negociar tema por tema, evitando que uno contamine al otro, o poner todo sobre la mesa y negociar la relación bilateral en su conjunto bajo el argumento de que se trata de un solo paquete que es necesario aceptar o rechazar en su compleja totalidad, por más que en el proceso se puedan hacer intercambios entre temas o ajustes menores dentro de cada uno de ellos. 

La tercera decisión es si negociar solos o con aliados, los que encontremos, Canadá o algún país Centroamericano. Relacionada con esta disyuntiva está la de si empezar pláticas con terceros que puedan estar interesados en una alianza estratégica para enfrentar juntos a Trump. Incluso, este plan B podría ser parte de la negociación con nuestro vecino del norte.

La cuarta decisión estratégica tiene que ver con lo que hagamos dentro de Estados Unidos, en particular la visibilidad de nuestro cabildeo y trabajo diplomático. ¿Qué tan vocales debemos de ser allá o más bien hay que ser discretos y operar tras bambalinas? ¿Quiénes son nuestros aliados hoy y qué nuevos amigos podemos hacer? ¿Debemos trabajar principalmente con los Demócratas o sobre todo con los Republicanos? ¿Deberíamos tratar de reactivar la vieja coalición proMéxico que, en su momento, facilitó la aprobación del TLCAN?

Independientemente de la postura adoptada en cada uno de estos temas, también es necesario tener claridad de cuáles son nuestras prioridades. ¿Qué es lo que más nos importa? ¿La parte comercial o la migratoria? ¿Qué temas no son negociables para México?

Es probable que el gobierno adopte una estrategia básica de apaciguamiento frente a Trump y discreción dentro de Estados Unidos, a través de la cual busque negociar, sin aliados, tema por tema, poniendo el énfasis en la parte comercial.

El impulso apaciguador responde a las enormes y abrumadoras asimetrías políticas y económicas, estructurales y coyunturales, entre México y Estados Unidos. Estas asimetrías, simple y sencillamente, se pensarán demasiadas para optar por confrontar a Trump y enfrentarlo en múltiples frentes. Por lo que toca a la discreción, la idea probablemente sea que el nuevo presidente estadunidense pronto se olvidará de nosotros conforme se involucre y atore en temas más pantanosos como China y Siria. Pero si somos demasiado vocales, dada su personalidad, no se olvidará de México jamás. Además, la discreción pareciera ser la reacción por defecto de nuestro aparato de política exterior.

El probable énfasis en el TLCAN responde a varios factores. En primer lugar es el tema de mayor relevancia rumbo a las elecciones presidenciales de 2018. Si se incrementan las deportaciones, Peña Nieto no será el culpable. Pero si la situación económica empeora como resultado de la incertidumbre generada por la renegociación del TLCAN o por los malos resultados de esa negociación, sí lo culparán a él y a su partido. Segundo, porque dentro de la larga lista de temas en la agenda bilateral, es del que más sabe el nuevo Canciller y el que más le importa. Tercero, es el rubro en el que probablemente obtendremos mayor apoyo por parte de individuos y grupos estadunidenses, al estar mejor alineados nuestros intereses en este renglón que, por ejemplo, en el migratorio. Y cuarto, es un asunto en el que tenemos mucha experiencia y un sinnúmero de expertos en los que nos podemos apoyar.

Si bien esta estrategia suena lógica o incluso inevitable, es también la estrategia que le permitirá a Trump obtener lo que quiere y dar muy poco a cambio. Él negociará todo a la vez, de forma agresiva y donde no encuentre oposición avanzará todo lo que pueda, tomando decisiones unilaterales que nos las comunicará por Twitter. 

***

En suma, lo que explica un pesimismo extremo no es solo la cantidad de problemas que enfrentaremos con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, ni tampoco la cantidad de crisis internas que actualmente enfrentamos en México, sino la mezcla de lo que pasa aquí y allá. 

Pero el reto es aún mayor si reconocemos a Trump como lo que es, parte de un fenómeno que afecta a todo Occidente y no sólo una aberración estadunidense. Al tomar nota de Brexit y lo que está pasando en varios países de la Unión Europea, nos damos cuenta de que efectivamente se trata de algo más amplio y que se da, no en la periferia, sino en el corazón de Occidente, en Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, en los bastiones de la democracia liberal.

Se trata precisamente de un reto a la democracia liberal que nos obliga a repensar tanto su componente liberal como el democrático, así como el sistema internacional que lo acompaña desde 1945. Es un reto que abarca el espectro ideológico completo dentro de este modelo, desde la derecha neo-liberal y libertaria hasta la izquierda social-demócrata y comunitaria.

México, como parte de Occidente, será afectado y es probable que varios elementos del “fenómeno Trumpista” se vean reflejados a nivel local, si bien no queda claro cómo florecerán en tierras tropicales. Por suerte, en estos temas hay beneficios de no ser el primero, ya que se puede aprender de lo que se hizo mal en otras latitudes. Y una lección clave tanto de Brexit como de la elección presidencial estadunidense, es la importancia de entender e interpretar correctamente el enojo de una población, así como el costo de no hacerlo.

Estamos a poco más de un año del arranque de las campañas presidenciales aquí en México, un contexto ideal para analizar y debatir muchas de las cosas que el “fenómeno Trumpista” nos obliga a repensar y discutir. Pero las elecciones también son una excelente coyuntura para que prosperen muchas de las posturas y actitudes que explican el voto a favor de Brexit y la victoria de Trump. Son los riesgos de la incertidumbre extrema de una democracia liberal que enfrenta una situación también extrema. Ante esta situación, es importante defender sin arrogancia los principios básicos del modelo que siguen vigentes. Al mismo tiempo, es necesario ofrecer nuevas respuestas a un electorado que ya no acepta las viejas, ni las neoliberales, ni las socialdemócratas. En este esfuerzo no estaremos solos ya que el reto es para Occidente en su conjunto. El problema es que mientras llega el 2018 tendremos que enfrentar solitos, con un vaso completamente lleno, la tromba que se nos viene encima a partir del 20 de enero.

Javier Tello es analista político.

 

12 comentarios en “México y Estados Unidos, ¿De vecinos distantes a enemigos dedicados…?

  1. “El hombre ha sido hasta ahora el producto del ensayo y el error. ¡Cuánta ignorancia y cuánto error se han encarnado en nosotros!. No sólo se nos viene encima la razón milenaria sino también la locura de los siglos” F. Nietzsche

  2. Como siempre javier, excelente análisis bien pensado y sobre todo posible, lo
    Que lamento profundamente es que no sea Ud. El que pudiera negociar esto, pero cuál es la razón de que esto no sea posible, Ud no es gente de confianza de Peña Nieto, hay un viejo adagio que dice, para robar se requiere gente de confianza y Ud nos es ese que lastima

  3. Peña Nieto y Trump son dos títeres que el grupo de poder internacional -que controla el planeta entero – usa simplemente para que la turba tenga a alguien o algo para descargar su ira por todos los excesos, abusos y violaciones a los derechos humanos que este grupo de poder comete y seguirá cometiendo en México y en donde le plazca la gana. Todo esta acordado y planeado para seguir explotando y esclavizando a los mexicanos, aumentando precios e impuestos, aumentandolo todo menos los salarios, claro esta; y si se rebelan, no dudaran en convertir a México en otra Siria si es necesario. por eso es necesario el cuento de los gasolinazos y el muro de Trump. Que por otro lado, si toda esta farsa no existiera, le pediría al presidente de México que se aliara con Rusia y china para abrir un mercado nuevo de libre comercio en Asia y de paso, que ellos construyan el muro que tanto desea Trump, pero con bases militares y paraguas anti misiles. pagaría por ver la cara de Trump. ja..

    • ¿Tienes las pruebas y los documentos, o es solamente otro recuento de certezas morales de la “gran conspiración mundial”? No cabe duda, Papini tenía razón: el diablo es el primer interesado en hacernos creer que no existe. Je

  4. Mèxico siempre ha sido bilipendiado por los gringos, somos un paìs en estado de indefensiòn ante el Coloso del Norte, no podemos defendernos de nuestros propios gobernantes ¿algùn dìa, tendremos el valor, como naciòn, de enfrentarnos a Goliat?. Dùdolo. Vale.

  5. Dadas las condiciones en que se desarrollaran los contactos entre Mexico y E.U. para renegociar el TLCAN y el hecho de que Canada ya haya anticipado que negociara con E.U. de manera bilateral ese tratado. Todo ello anticipa que Trump pondra condiciones que Mexico no acepatara, para que se retire del TLCLAN y continuar con este tratado solo entre E.U y Canada.

  6. Negociar con el Tío Sam siempre será muy complicado. La historia nos enseña esto. Negociar hoy, en 2017, con Trump, no es en un tiempo propicio. Creo que jamás en la historia de México tuvimos un presidente con esta debilidad y con un gabinete de tan baja calidad para enfrentarnos al gigante con imaginación, creatividad y audacia. Un poco de suerte y la ayuda de la Virgen de Guadalupe serán necesarios para ver que tan maltratados salimos de estos primeros rounds con el gobierno yanqui.

  7. Trump y Macri en Argentina son los modelos del neoliberalismo para toda América. Hay que luchar contra esta agresión.

  8. A varios días de distancia, sigue vigente el análisis lamentablemente nuestras autoridades van muy lento, ya deberían saber que no se pueden desgastar por tuits, y distraerse al punto de enviar comunicados a la nación, solo buscan al salida rápida, para no verse afectados en la elección del Edo. Mex. y las del 2018, pensando q podrán con Trump, quedar como héroes y ganar el voto popular, no les cabe nada mas en la cabeza, solo es cuestión de tiempo para que nos explote un balde de agua fría, por querer pasarse de vivos.