Según Aristóteles la diferencia entre un historiador y un poeta radica en una cuestión de perspectiva temporal simple: el primero “debe contar lo que ha ocurrido”, es su obligación ser fiel a los hechos del pasado; el poeta, en cambio, tiene el deber de decir lo que “podría ser” a partir de lo que el hombre “es” en ese contexto; es decir, su materia es “la verdad moral”. Uno habla del pasado, y el otro del futuro. Aludo a esta precisión aristotélica porque la doctora Elsa Cross (DF, 1946), que es experta en filosofía y ha impartido clases más de la mitad de su vida, es fundamentalmente poeta, y ello no se deduce de los 25 libros que ha publicado, sino de versos enigmáticos que encontramos en ellos y, una vez asimilados, no es tan fácil quitárselos de encima. En “Pasaje del fuego”, por ejemplo, cuando habla del “verbo” dice: “Oh vórtice ciego de la noche/ perpetuando el lentísimo asombro del ser/ ante su nacimiento… sílaba ardiente/ semilla/ diamante/ grieta de luz/ Corona tocada por el rayo”. O en la inquietante diatriba descriptiva de “Jaguar” (1991) en la que se manifiesta el sujeto en la palabra, afirma al final: “Soy la oscuridad donde apareces”. ¿Acaso aquí se refiere al propio aliento, a los milenios que tuvieron que atravesar los otros hombres, mis hermanos, para que yo pueda ser lo que soy y saber lo que sé? ¿Acaso así como soy “oscuridad fecunda” puedo ser también un espejo de generaciones futuras?

La materia que ha impartido Elsa Cross en la Universidad Nacional Autónoma de México (su alma mater) es Filosofía de las religiones y, a pesar de que realizó estudios de hinduismo en India y en Estados Unidos, y de que una buena parte de su poesía recurre al imaginario de la mística budista, puede decirse que en fondo y forma, siempre será “clásica”. Su primer libro, Naxos (1964), el Cuadernos de Amorgós (por el que obtuvo el premio Xavier Virraurrutia, 2007) y los ditirambos de El vino de las cosas (2004) así lo demuestran por sus referencias a la tradición griega, pero sobre todo por la intención ontológica de su lírica.

El reciente Premio Nacional de Artes y Literatura (obtenido junto con la compositora Gabriela Ortiz Torres, el historiador Aurelio de los Reyes, y la artesana Manuela Lino) se suma a su catálogo de distinciones, entre las que se encuentran el Nacional de Poesía Aguscalientes, el Jaime Sabines a secas y el Jaime Sabines-Gatien Lepointe, el Roger Caillois y la medalla de Bellas Artes, entre otros.

“Para decirlo con simpleza –concluye Christopher Domínguez Michael–: fue Cross primero clásica y luego, con Bomarzo [un libro de 2009 sobre el Parque de los monstruos del castillo de Orsini en Viterbo, Italia], parece romántica. Es y ha sido siempre, estrictamente hablando, una poeta mística. No en balde, en una entrevista concedida a Daniel Saldaña París (Ingrima, agosto, 2008), admite Cross, no sin la dosis conveniente de falsa modestia, que en el misticismo se disuelven, según las necesidades, su formación intelectual, los dogmas de la religión y los problemas de la filosofía”.

slide-elsacross