Para despedir al Comandante, el Comité Central del Partido Comunista Cubano no tuvo mejor idea que componerle a Fidel una canción de despedida. Una pieza musical que es una joya, no solo por lo cursi, sino por lo que refleja la deidificación del dictador.

El video de la canción “Cabalgando con Fidel”, compuesta por Raúl Torres, fue liberado el 26 de noviembre pero seguramente producida desde muchos meses antes (no hay, pues, nada de espontáneo en el homenaje) es el comienzo de la hagiografía de Fidel, el hombre sin contradicciones, destinado desde siempre a la perfección, y desde hoy, a los altares .

La letra es espeluznante no solo por lo que dice sino por lo que refleja. No hay en todo el video una sola referencia a los ideales revolucionarios, a tan cacareados logros del Comandante eterno. Vale la pena la disección.

Comienza así: “Dicen que en la plaza en estos días / se les ha visto cabalgar /a Camilo y a Martí / y delante de la caravana / lentamente sin jinete, / un caballo para ti”. Los prohombres de la Patria, los dos que tienen monumento en esa plaza, vienen personalmente a recoger al líder que en automático asegura un lugar junto a ellos, al lado a los grandes. Siguen un par de estrofas digamos más o menos normales, que hablan del dolor del pueblo por la partida, pero cuando entra el coro comienza el delirio. “Hombre, los agradecidos te acompañan / cómo anhelaremos tus hazañas / ni la muerte cree que se apodero de ti. / Hombre, aprendimos a saberte eterno / casi como Olofin-Jesucristo / no hay un solo altar sin una luz por ti”.

Que ni la muerte crea que se apoderó de Fidel puede entenderse, pues realmente parecía que el Comandante era eterno, pero la hay un segundo plano en el que la interpretación es más drástica: incluso la muerte está sorprendida de haber derrotado al invencible. “Aprendimos a saberte eterno como Olofin-Jesucristo” es la sublimación total. En la religión Yoruba Olofín es, al igual que Jesucristo, el hijo del creador, un comparación digna de intervención psiquiátrica. Pero el “aprendimos a saberte” significa que alguien le enseñó al pueblo cubano la religión de Fidel. El retorno al opio, pero ahora auto administrado.

castro

Aún hay más. La estrofa más escalofriante habla de la mano del padre guía, que hace imposible no pensar en la similitud de esta canción con la que se entona en los templos católicos que y que reza “andando de tu mano el mundo es ideal”. Cito: “Hoy quiero gritarte padre mío / no te sueltes de mi mano / aun no sé andar bien sin ti”. Estos versos, sintetizan, tristemente, el fracaso de Castro en las últimas dos décadas. El Comandante se dedicó a salvarse a si mismo y se olvidó de Cuba. Resulta patético pensar que los cubanos se asuman como menores de edad. ¿De verdad Cuba necesita andar de la mano del dictador; el Padre Castro castró a su hijos y los convirtió en unos inútiles incapaces de tomar sus propias decisiones? De muy poco sirvieron de 50 años de educación socialista si al final no fue para que el pueblo tuviera el futuro, el eterno futuro prometido por la revolución, en sus manos. Me niego a pensar que los cubanos puedan sentirse representados en esta canción delirante que promueve el Estado, pero la falta de sociedad civil y de opinión púbica en la isla hará muy complicado cualquier proceso de democratización y reconstrucción. Es más fácil construir un santo, incluso un religión, que un país.

Dice el filósofo marxista Slavoj Zizek que la única salida de Cuba es olvidar lo más rápido posible a Fidel. “Claro que Castro era un personaje fascinante pero a nivel de sus ideas, de sus políticas prácticas, debe ser olvidado lo antes posible… pregúntate sinceramente: Cuba produjo algo nuevo en lo referente a prácticas sociales en economía, en política o en la democracia? (PanamPost, noviembre 29 de 2016). Debe olvidarlo Cuba, debe olvidarlo México y debe olvidarlo toda América Latina. La izquierda tiene que dejar atrás el paradigma de Fidel y los ideales de una revolucionarios del siglo XX para encontrar un discurso y una oferta programática para el siglo XXI. No es haciendo dioses como se conquista la justicia y se construye la igualdad.

 

Diego Petersen Farah

 

Un comentario en “La deidificación de Fidel o el retorno al opio

  1. CASTRO FUE UN EMBAUCADOR QUE PROPICIÓ MAYOR PESO Y FORMALIDAD A UNA RELIGIÓN MÁS:

    MURIÓ FIDEL CASTRO ¡QUÉ MÁS DA!

    Murió Fidel Castro, y muchos han salido a lanzar alabanzas al Mesías de la Izquierda Latinoamericana.
    Cabe la glorificación, porque tuvo muchos méritos; pero es insana si se hace con los ojos cerrados a la realidad que vive la nación cubana.
    Dudas no quedan de que, desde el triunfo de los bolcheviques y la integración de la ahora extinta URSS, se ha hecho del marxismo (comunismo, socialismo, materialismo histórico -o como gusten llamarle- una religión en la que, al igual que en otras religiones, no ven ni aceptan que haya taches ni reproches en las figuras idílicas, mesiánicas, redentoras, y/o guías de sus utopías o (auto)engaños o disimulos.
    Innegable es que el guerrillero y Estadista Fidel Castro es uno de los grandes personajes de la segunda mitad del siglo XX. Que supo sobreponerse al imperialismo Yanqui, ¡qué bien!, ¡enhorabuena! Pero, ¿en qué más fincó su personificación?: en combatir, muy plausiblemente, una dictadura, para posteriormente él convertirse en el dictador más perverso y mesiánico de las Américas. (En perversidad El Comandante Fidel se da un mano a mano con El General Pinochet; en mesianismo de izquierda, sólo Hugo Chávez le hizo tantita competencia.)
    Que en Cuba se logró erradicar el analfabetismo. ¡Bien por el amigo Fidel! Pero no hay que soslayar que en gran medida se trata de un alfabetismo sesgado. Ejemplo: ¿Qué sentido tiene alfabetizar a niñas que en plena educación primaria dicen que de grandes quieren ellas ser jineteras? Al margen de opiniones moralistas, ¿Tienen idea, los adoradores de San Fidel Castro, de lo que significa que las alfabetizadas niñas cubanas aspiren a prostituirse como una de las pocas opciones de cumplir sus sueños de un mejor futuro? ¿Qué dato registran los camaradas en sus antologías y apologías de los logros de la Revolución Cubana cuando se enteran de que en Cuba se ofrece al mejor postor la virginidad de la hija o la hermana?
    Un ejemplo más: ¿Qué sentido tiene que haya excelentes médicos, pero que muchos de ellos tengan que trabajar de meseros o algún otro oficio para medio completar el gasto? Poca gracia es que haya tantos profesionistas muy competentes que buscan acercarse sigilosamente a los turistas en pos de una oportunidad de huir del paraíso cubano tan vitoreado por el bien merecido Nobel García Márquez, quien vivió su alto ideal socialista cobardemente y comodinamente inmerso en un realismo mágico no literario.
    El Mesiánico Castro Ruz aprovechó hábilmente el fanatismo de sus incondicionales para aparentar con más fuerza ser un fiel promotor y salvaguarda de ideales de libertad, igualdad, justicia y progreso; justamente lo que con creces prohibió a sus compatriotas cubanos.
    Tengamos cuidado con los fanáticos religiosos, que lo mismo defienden, a ultranza, a sacerdotes pederastas, a dictadores represores y asesinos, a califatos terroristas, a presidentes y demás funcionarios corruptos, etcétera. Bien lo dijo Marx: la religión es el opio de los pueblos. ¿Acaso Marx y Engels, hastiados de siempre los mismos opiáceos, pretendieron crear un crack de heroína con sus propuestas sociológicas? O, ¿de quién fue la idea de hacer de los postulados marxistas una religión que históricamente nunca se ha materializado?
    ¿Acaso no sería fabuloso que religiones como la marxista, la cristiana y otras corrientes emancipadoras y salvadoras unieran fuerzas para en serio intentar materializar sus ideales de fraternidad, igualdad, justicia y salvación?: unirse los obreros del mundo para evitar ser explotados; liberarse las mujeres del yugo machista; logar que la tierra sea de quien la trabaja; evitar que nos devore el consumismo, la vanidad, la lujuria, la gula, la idolatría y otros pecados que cometemos casi a diario los que formamos parte activa y pasiva del desarrollo no sustentable.
    Entiéndase: Abolir la propiedad privada no significa privar de propiedad a mis súbditos para yo poder pasear en mi yate de lujo en mi isla privada, en donde Yo Fidel, que me autodeclaro el elegido por los dioses, pueda brindar con los mejores vinos provenientes del mundo capitalista, y degustar libremente y a manos llenas los frutos que la madre naturaleza provee a mi islas e islotes, que son tierras de mi propiedad, porque ¡Yo, Fidel, derroqué al dictador Batista!
    ¿Acaso el trovador Rodríguez no sabe por qué no quieren hablar las flores que dejan los desaparecidos unicornios azules víctimas de guerrillas y dictaduras, ya sea en Cuba, Nicaragua, El Salvador, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile o México? Que diga que está dispuesto a bien pagar cualquier información, ya que sabe de antemano que en el Granma nada se publicará sobre miles y miles de desapariciones forzadas, encarcelamientos inhumanos y asesinatos legales o encubiertos ordenados por el binomio fratricida de los ilegítimos herederos de la Revolución Cubana. ¡Que los Rodríguez pongan en práctica lo que tanto pregonan!, gritan en silencio los ciudadanos cubanos.
    Algo deben tener claro quienes militan de manera ciega y supina en la izquierda mexicana (que no es el caso de todos, por fortuna para la izquierda y para el país mismo): La relación de Fidel Alejandro Castro Ruz con la izquierda mexicana fue prácticamente nula. El hermano Fidel mandó al orfanato a los partidos de izquierda, prefiriendo una relación muy amigable con los abanderados de la dictadura perfecta PRI-gobierno. El Estadista cubano no dijo ni pío cuando se cometió el fraude electoral en contra de Cuauhtémoc Cárdenas.
    El “Hermano Obama”, texto escrito por Castro, más que dirigido a Barak Obama, va dirigido a sus propios compinches: “No me giren mi Revolución, tan llena de gloria, libertades, respeto a los derechos, riqueza espiritual y gran desarrollo educativo, científico y cultural.” Algo hay de cierto en estos alardes; pero la mayor verdad es que detrás de ello hubo un dictador maquiavélico, tan de la talla de Hitler o Pinochet.
    Murió Fidel Castro. ¡Qué más da! Ojalá sea mayor el alboroto cuando fallezca un genuino representante de la izquierda como el señor José Mujica, que ojalá pueda ser nuevamente electo presidente de Uruguay. Ojalá haya muchos José Mujica que sí valiera la pena mantenerse y mantenerlos por décadas en el poder, para que a los del pueblo no se les robe gandallamente el poder ser, en aras de un engañoso deber ser soldados de la Revolución, como ocurrió a partir de un plan gestado en 1958, o antes, para un mal llamado líder moral apropiarse de la Hermana República de Cuba.
    Que el guerrillero de la Sierra será inmortal. Pues si hasta lo son Don Juan Tenorio, Calígula, Maradona o Aristóteles Onassis. (Léase: hijos aquí y allá, crueldad demencial, lujosa ropa deportiva, yates privados, y muchos etcéteras propios de los más ostentosos burgueses).
    Si hay quienes siguen adorando a Adolfo Hitler, ¿por qué no elevar a los altares de la religión marxista al dictador que, en espectacular autofagia, se comió al guerrillero?

    (Rodrigo Ávila Rodríguez)