03-sismo

El día que cambió la noche (Grijalbo, México, 2016), de José Luis Martínez, es una elegía a la vida nocturna, un homenaje a los maestros del oficio periodístico, una novela de formación y, sobre todo, una larga y gozosa parranda. Mediante un itinerario artístico, etílico y erótico, conducido con fina prosa y sentido dramático, el autor evoca los parajes de una vida nocturna desvanecida, primero por el terremoto de 1985 y, luego, por la inseguridad, la corrupción y el conservadurismo de izquierdas. La historia de este libro memorioso puede resumirse así: un joven aspirante a académico entra a trabajar, por motivos circunstanciales, a una revista para caballeros, Su otro yo, que tiene el objetivo de competir con las alternativas extranjeras y darle un toque lúdico e intelectual al periodismo de espectáculos. Ahí el joven descubre en su director, Vicente Ortega Colunga, a un mentor del oficio periodístico y de la vida y comienza su ejercicio todo-terreno en el tan escabroso como fascinante mundo de la farándula. El joven periodista se introduce en las más diversas manifestaciones de la cultura popular y, sobre todo, explora la noche, esa noche que se pretendía opulenta, liberal y hedonista, que comenzó a perfilarse con el desarrollo estabilizador y que llegó a su dramático declive con el sismo de 1985.

Desde la mitad del siglo pasado la mayor prosperidad económica, el afán de cosmopolitismo y la muy paulatina liberación de las costumbres dieron paso a una nueva geografía de hoteles de lujo, restaurantes, centros nocturnos, cabarets, cafés, cantinas o salones de baile que renovaban el rostro de la ciudad y generaban nuevas ofertas de esparcimiento para todos los niveles. El escritor rescata, en breves estampas, muy variados escenarios de esta urbe noctámbula y pujante. Las viñetas tienen interés humano, intensidad y fulgor narrativo; se leen con fruición porque poseen la fluidez del periodismo, pero también la hondura de la historia de vida, pues el autor devuelve sus nombres a los protagonistas de la noche, y recupera tanto a las celebridades enmohecidas como a los anónimos. Martínez evoca diversas dimensiones de la noche urbana desde aquellos espacios que buscaban emular la mundanidad más refinada, hasta los arrabales más peligrosos y malolientes. Así, el autor hace recorrer al lector desde el esplendor y el glamour un tanto impostado de los centros nocturnos de postín hasta la sordidez del burlesque y sus cofradías de menesterosos ardientes, o desde los alrededores de la plaza Garibaldi, donde un oficinista ebrio puede ser presa de los deliquios eróticos de un indigente, hasta los confines de la calle de Dolores, en la frontera del barrio chino, donde en el surrealista cabaret Las Catacumbas el espectáculo de adultos se conducía con marionetas y una parafernalia de terror, como una vuelta a la niñez escindida. El libro se demora en la noche de los años ochenta y, particularmente, en el ámbito de las vedettes, esas musas que, ya fuera con sus megaproducciones o su audacia personal (los fastuosos números y escenografía de Olga Breeskin; los baños de champaña de la Princesa Lea o las caderas descomunales y el desparpajo de Lyn May) marcaron una etapa de la imaginación sicalíptica. Por lo demás, si bien el autor exuda entusiasmo por la noche, no es ingenuo y advierte también de sus peligros, que iban desde la habitual estafa a los parroquianos borrachos hasta las enrarecidas relaciones entre sexo, dinero, política y espectáculo.

El 18 de septiembre de 1985, la víspera del sismo, el autor tuvo una jornada particularmente larga que terminó hasta la madrugada del 19: entrevistó muy temprano a los conductores de un programa de moda, fue a trabajar a la oficina, comió en una cantina y, por la noche, realizó otra serie frenética de entrevistas a cómicos, cantantes en decadencia y vedettes, fue a oír jazz y visitó varios centros nocturnos y cabarets, entre ellos el emblemático Capri, al interior del infortunado Hotel Regis. Después de esta sobresaturación de trabajo, música y paisajes, el fatigado navegante despertó en su casa, con los espasmos del terremoto. Acaso en este recorrido desbocado y premonitorio el autor buscaba incrustar poderosamente en su memoria los más diversos escenarios de la noche mexicana que tanto había amado, padecido y disfrutado, como si presintiera que el desastre se la arrebataría unas horas después.

 

Armando González Torres
Poeta y ensayista. Su más reciente libro es Salvar al buitre.