Es gigantesco el peligro de establecer una condición como parte natural e inmutable de nuestros comportamientos. Hacerlo impide su cuestionamiento, rechazo y, dependiendo del escenario, también considerar sus límites y posibilidades. Es llevar ese momento a los terrenos de la pasión donde cualquier asomo de racionalidad tendrá que hacerse a un lado, porque en ella la fuerza de la entraña embiste por encima de cualquier intento de reflexión.

Junto con la humillación, la venganza se comporta como esas grandes pasiones que se han incorporado a la vida en una lucha primitiva por su legitimidad.

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Ilustración: Oldemar González

Pocas mentiras más fútiles como la de aquel que dice no sentir los mínimos deseos de venganza. A la novia de juventud o peor, a la que no fue novia. Al infeliz —es una pena, este adjetivo se usa muy poco contemplando la felicidad— que tiró la piedra, golpeó el auto o robó la cartera para después darse a la fuga. ¿Qué desata en nosotros saber de ese político ramplón que ha vaciado las arcas del Estado? ¿Qué desata ese Estado cuando, con o sin razón, lo despreciamos y aseguramos que nos ha hecho daño? Soy incapaz de imaginar los impulsos que se pueden guardar contra quien afecta la integridad de los cercanos, apenas de expresar las intenciones hacia algún enemigo que retuerza mis rencores.

Aquella venganza perdida en los honores de la literatura y presta a duelos, montecristos, ricardos terceros y príncipes daneses nada tiene que ver con el espíritu punitivo que sólo se satisface con el acto que produce la sonrisa acompañando a la superioridad del justiciero. Y retumban los aplausos. No. ¿Qué pasión es ésta? La venganza, de la que está hecha nuestra historia.

Su universalidad no le quita tintes propios ni locales a este sujeto cotidiano de la mexicanidad. Al ciudadano le gustaría vengarse de los delincuentes, de los políticos; y a los políticos de sus pares apolitizados. Hasta nuestra comida es vengativa con el foráneo que no tuvo el temple requerido y se manifiesta haciendo gala de lo más profundo de la identidad nacional. Como te traten, trata. Es consejo que se esgrime sin la mínima duda de que dicha tabla de equivalencias promete un espejo de supuesta justicia y con él, también sin notarlo, se llega a un perverso juego de imprudencias en el que el sinsentido presume de tener razón.

Su constante presencia en los relatos míticos de la historia hace suponer que el infechable origen de la venganza aleja las posibilidades de su finitud. Textos religiosos la marcan como facultad única de un dios. Fuera del paraíso, el gran castigo. Cuando los hombres decidieron vengarse por cuenta propia y los hermanos se mataron entre sí, de vuelta, se cuenta que la divinidad volvió a tomar cartas en el asunto.

¿Cuándo empezamos a vengarnos?

La venganza es la más evolucionada característica del menor desarrollo de la conciencia. Sin ella, sin la virtud del pensamiento y de la memoria, la venganza sería un arrebato de furia no planeada. Un molusco no recorre ni un centímetro para desquitarse de quien le comió una planta. Por más virtudes que le quiero dar a mi perro, no espero que un día me meta al auto para llevarme al médico tras una visita al veterinario. Para castigar hay que tener nociones de lo bueno y lo malo. Con ellas, dibujar un ideario de justicia y establecer el tiempo en que el mal caduca. La respuesta a lo que se estima hizo daño se pierde al convertirse en un hecho aislado. Para vengarse es imprescindible el conocimiento de una acción previa y una intencionalidad con saña. Supe de elefantes y algún felino rencoroso, que se lanzaron contra animales que les invadieron sus espacios o arrebataron la comida. Está bien documentada la planeación de castigos por parte de chimpancés ofendidos o lastimados.

Castigo, justicia y legitimidad son así conceptos indisociables a la venganza. Pero ese que la comete no necesariamente castiga, ni es justo y su acción puede distar de toda legitimidad.

En México veo preocupado la vocación al salvajismo que retratan ciertos actos. Robó y le cortaron las manos. Se opuso y lo lincharon. Espetó una injuria antes de merecer cadalso. ¿Quién establece el criterio de la ofensa? El asesino manda al paredón a su colega, y el ciudadano que se considera impoluto clama los peores destinos para el villano. Aquí nuestro mayor fracaso. Decía que hemos hecho de la venganza parte de la historia, pero también institución. Su permanencia es alegato de orgullo torpe y malsana bravuconería, sin embargo, qué frecuente ha sido saber de justicieros tomando la ley por su propia mano y esporádico, hace nada de escribir estas líneas, un imberbe legislador que encontró eco en la propuesta poco ilustrada de permitirle al ciudadano cualquiera portar armas. Venganza anticipada. Diente por diente a manera de educador. El cinismo popular copia ser como los malos e insiste en afirmar que cuando uno impone la condena, ésta siempre es correcta.

Existen ciertos discursos que parecen exacerbarse en algunos momentos. Es sensato revisar si realmente son más frecuentes o es que se les presta más atención dependiendo de los días. Ante episodios de abusos o injusticia, los ánimos de venganza se repiten y buscan establecerse como norma. De corrupción a derechos humanos, es decir la peor crisis que tiene este país por encima de cualquier hamponería relacionada con dinero, he visto alegorías a la venganza que nos transportan a lo más pueril de nuestra especie. ¿Con qué cara se exige un país que dé menos vergüenza mientras se vitorea la venganza?

El problema de la venganza es que su misma existencia contiene un dilema. La venganza sí es justicia, pero es su forma más primitiva.

Hace más de tres mil años en Mesopotamia, en esos lugares de los que normalmente escribo, el Código de Hammurabi institucionalizó lo que devino en la ley del Talión. Ojo por ojo, perro por perro. Espero que desde entonces hayamos avanzado un poco. El buen sentido de justicia no es parte de nuestro lado animal. En lo salvaje aceptamos lo necesario para sobrevivir, pero el avance de nuestra formación social ha dado resultados más sorprendentes que un pulgar levantado. Dejamos a un lado la barbarie porque podíamos hacerlo.

Spinoza retrató a la venganza como una de las pasiones tristes, hermana de la rabia: “El esfuerzo por inferir mal a quien odiamos se llama ira, y el esfuerzo por devolver el mal que nos han hecho se llama venganza”.

Preocupación del siglo XVII incorporada al XXI. Francis Bacon escribió en 1625 lo que México debería pensar en estos días: “La venganza es una especie de justicia salvaje que cuanto más crece en la naturaleza humana más debiera extirparla la ley, pero la venganza de ese daño coloca a la ley fuera de su función. En verdad que, al tomar venganza, un hombre se iguala con su enemigo, pero si la sobrepasa, es superior, pues es parte del príncipe perdonar; y estoy seguro que Salomón dice: ‘Es glorioso para un hombre excusar una ofensa’. Lo pasado se ha ido y es irrevocable; y los hombres prudentes tienen demasiado que hacer con las cosas presentes y venideras; por tanto no harían más que burlase de sí mismos ocupándose de asuntos pasados”.

La venganza es propia de sociedades que no intentan alejarse del estado de naturaleza. ¿Cuál es la responsabilidad de quien hace daño y cuál es la del dañado? ¿Cómo se asegura que a este último lo proteja la justicia sin que se cometan excesos ni arbitrariedades que remitan a lo arcaico? No hay otra manera que a través de la distancia que sólo puede ocupar un tercero, ajeno al hecho, el delito o la afección. Alguien que cobije con su objetividad las acciones para ejercer con ella y con la ley que busca la decencia, el mejor esfuerzo de equidad. El refinamiento del castigo es nuestro mayor símbolo de evolución. Convertimos las incipientes condenas primigenias en leyes que encerraban los límites de la barbarie.

Sería ingenuo de mi parte afirmar que ante la ausencia de condiciones adecuadas, mi voto de cordura se impondría sobre el aplauso al vengador. Sin duda es natural depositar en la certeza de nuestras convicciones más básicas, las mínimas seguridades que consideramos necesarias para sobrevivir en un mismo espacio. Ojalá entendamos que se trata de habitarlo. De eso hablaba Bacon y si no me he equivocado demasiado, tal vez también estas páginas; de confrontar esa naturaleza que lleva a darle peso a nuestros instintos sobre la calma, para pensar que debemos evitar el regreso en el tiempo. Hemos pulido las ideas lo suficiente para saber que la Tierra no es plana. Validar la venganza y no hacer lo imposible para que esa legitimidad se haga en la ley más prudente nos regresa unos cuatro mil años atrás.

 

Maruan Soto Antaki
Escritor. Ha publicado: Casa Damasco, La carta del verdugo, Reserva del vacío, Clandestino, Pensar Medio Oriente y El jardín del honor.
@_Maruan

 

7 comentarios en “Historia de la venganza

  1. Es una pena que cuando lo cotidiano dejamos de reflexionarlo, se vuelva trivial. Aparece en los periódicos la muerte todos los días, y el periodista se mofa de ella porque la ve todos los días. Debe existir un espacio en nuestra conciencia en el que lo cotidiano sea lo más importante en nuestras vidas.

  2. Interesante y reflexivo,pero de no hacer nada desde las altas cúpulas donde nace el manantial de la corrupción, el descaro y el cinismo,perdurará el camino más facil;el quehacer primitivo. Saludos Maruan.

  3. Excelente tema. Que por hoy, y ante la falta de una Politica Criminal, nuestras autoridades en prevenir, procurar y administrar Justicia han sido rebasadas por la delincuencia y ahora el delegar funciones que solo le competen al Estado. Resurge una reminiscencia de uno de los periodo de la evolucion de las ideas penales. La venganza, que ante la idea de Defensa provocado por un ataque injusto, y ante la falta de seguridad, el grupo humano se organiza y se protege haciendose justicia por si mismo. Obviamente no se justifica, pues solo tiene relevancia como equivalente de la pena. Un castigo duro, pero efectivo y ejemplar. Lo peligroso es caer en el exceso, porque se causan daños mucho mayores.

  4. Eres un excelente escritor, a tu madre se le extraña por otras razones y su legado es distinto al tuyo. Sigue to propia trayectoria

  5. Me gustó muchísimo. Son cosas que yo reflexiono constantemente y hacía tiempo necesitaba un texto así, bien documentado, tocando temas de fondo. De verdad no entiendo el comentario del ruido y las nueces que hizo otro lector. A mi me parece que este ensayo toca demasiadas cosas de fondo de lo que nos está pasando como sociedad.