Muchas son las caras de la vulnerabilidad. Destacan la imposibilidad de acceder a una vida digna, a vivir un presente sin futuro, al dolor que conlleva la inseguridad y el fracaso para ofrecer vida digna, segura y armoniosa a la familia. La maquinaria humana es imparable; ignoro si proporcionalmente hay en la actualidad más seres humanos vulnerables y humillados que en el pasado —no hay estadísticas—, pero, en cambio, estoy seguro que los frutos del conocimiento y de la tecnología deberían haber disminuido el grupo de humanos sin voz, sin techo, sin futuro. No ha sido así. El número de seres humanos vulnerables y su desesperanza se reproduce ad nauseam.

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Ilustración: Kathia Recio

Vulnerabilidad es un tema ético. Las dos grandes metas de la ética son proveer justicia y felicidad. A pesar del fracaso, o más bien, debido al fracaso, se deben idear, desde la ética, los caminos para disminuir el inmenso contingente de seres humillados y vulnerables. En la mayoría de las sociedades, pienso, llegará un tiempo en donde el balance actual entre explotados y explotadores se rompa. ¿Tienen límites la humillación y la vulnerabilidad? Pensemos que sí —el simple hecho de pensarlo es un acto ético. 

En ética biomédica se considera que las personas susceptibles, ya sea por causas internas o externas, son víctimas de coerción, de daños, de pérdidas e indignidad. Causas internas se refiere a enfermedad; externas a pobreza, desventajas escolares, inseguridad social. En ambos escenarios las diferencias económicas son matriz.

Los enfermos, o sus familiares, suelen solicitar dinero prestado para atenderse, lo cual, con frecuencia, los endeuda el resto de la vida. Vivir endeudado y enfermo es sinónimo no escrito de vulnerabilidad. Pobreza es también sinónimo de vulnerabilidad. En The Life You Can Save (Random House Trade Paperback Edition, Estados Unidos, 2010) Peter Singer escribe: “La pobreza extrema no sólo representa una condición de necesidades materiales insatisfechas. A menudo se acompaña de denigración e impotencia… incluso en naciones ricas los pobres viven humillados y no tienen la posibilidad de protestar… se vive en una situación donde pena y fracaso dominan ante la imposibilidad de proveer las necesidades de los hijos. La pobreza te atrapa y uno pierde la esperanza de escapar algún día de una vida de trabajo; hacia el final, salvo el esfuerzo para sobrevivir, no queda nada”. Los niños pobres que crecen en esa realidad asimilan, desde edades tempranas, su cruda realidad; carecer de recursos para controlar sus propias vidas es una lección tan amarga como cierta. Su vulnerabilidad incrementa el número de enfermedades, y su impotencia, ante cualquier situación, es causa de conductas antisociales y motivo de la labilidad que los predispone para ser presa de grupos depredadores.

Las razones de la vulnerabilidad, producto de diversas situaciones, sobre todo por la creciente universalización de la pobreza, son, a menudo, problemas intratables por la fragilidad de las personas, fragilidad que a la vez perpetúa y alimenta el círculo vicioso. La carencia de recursos internos y externos, debido a la miseria, y la falta de apoyo comunitario y/o familiar, incrementa la vulnerabilidad física y mental de las personas, lo que a su vez profundiza el deterioro. Desde hace muchos años la epidemiología psiquiátrica ha demostrado que entre más baja sea la clase social, mayor la tasa y severidad de enfermeda-des mentales. La ecuación es conocida: quienes tienen menos reciben menos.

Mientras que las personas vulnerables por enfermedad no pueden cuidar sus intereses por debilidad y por la incapacidad de laborar debido a la patología, los seres humanos vulnerables por pobreza sufren intimidaciones, son explotados y manipulados. La ecuación es conocida (me autoplagio): quienes menos tienen menos reciben.

La vulnerabilidad es problema ético: las personas que la padecen pueden convertirse en víctimas con tal de suplir sus necesidades. Narcotráfico, trabajo sexual y migración forzada, ofertas cubiertas de dantescos engaños son algunos ejemplos. Las falsas ilusiones de quienes se venden perpetúan y agravan el estado de indefensión. La labilidad los convierte en presas fáciles. Uno de los binomios más siniestros y desesperanzadores de nuestros tiempos es el conformado por víctimas y perpetradores; imposible escapar: la pobreza alimenta a la violencia y ambas erosionan la capacidad de autoestima.

 Concluyo. La estigmatización forma parte del intríngulis vulnerabilidad- humillación. La estigmatización marca y hunde. Menguar los daños producidos por ella es tarea compleja —pocas veces se consigue—. Esa lacra, la imposibilidad de incorporarse a la sociedad, es también herencia de la vulnerabilidad. El reto ético, como en tantas ocasiones, radica en la palabra justicia, bien ajeno a la mayoría de los sistemas políticos, bien imprescindible para el ser humano.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

3 comentarios en “Vulnerabilidad

  1. Solo para mandarte un abrazo y un afectuoso saludo y decirte que me siento orgulloso de pertenecer a la misma generacion de la Residencia de MEDICINA INTERNA que cursamos juntos en el Instituto Nacional de Nutricion Salvador Zubiran.Te sigo en tus publicaciones desde hace mucho tiempo y coincido contigo en la mayoria de lo que escribes,aprendo y me siento representado con las ideas plasmadas con acierto y elegancia.Con gran envidia y reconocimiento te reitero mi felicitacion.

    • Mi querido Oscar:
      Me conmueve tu comentario. Me conmueve, me emociona y me motiva. Y te recuerdo: sabías siempre más que yo de ciencias sociales -marxismo- y siempre me ganabas en basket ball.
      Te mando el mejor de mis abrazos, emocionado y agradecido, como si fuésemos jóvenes, como en la huelga que iniciamos en Nutrición.
      Abrazote, hasta Mexicali,
      Arnoldo

  2. Dr Kraus: Estupensa reflexión ética. Sólo pensarla es un acto ético. Sí. Quizá conoczca los trabajos de ética del Dr. (en Filosofía) Rupert de Ventos, catalan. Tiene un trabajo en el cual la tesis es: Somos lo que somos capaces de hacer. Y de ahí propone identificarnos con quienes procamos (de una u otra manera) la violencia, la pobreza en concreto provocamos víctimas. Es decir, propone reconocernos en los victimarios como modo de caer en la cuenta de qué que somos capaces los humanos y desde ahí, tomemos decisión para modificar las acciones que producen víctimas hacia las que evitan la aparición de víctimas. En fin. Gracias por su ya largo y fructuoso trabajo sobre estos complejos temas, que usted hace sencillos de entender y asimilar.