Mientras las cenizas de Fidel recorren la isla a ritmo de duelo impuesto, el viento caribeño se lleva la última brizna del siglo XX. El fin de siglo se ha extendido hasta el límite elástico de las coordenadas de la Historia. La unánime presencia del comandante en la prensa mundial de esta semana quedará registrada como un hito. Es difícil no pensar en las marejadas de fascinación e indignación que azotan por igual la memoria de Cuba. Languidez del fracaso o épica de la redención, las gestas revolucionarias suelen dejar estas huellas divisorias en la piel de sus pueblos. Es curioso el encuentro de los nombres ahora que seguiremos discutiendo, sin fin, sobre la Fidelidad o inFidelidad de las posturas ideológicas.

Cuando visité la isla, en 2005, no pude evitar el contagio asombroso de un ánimo vital que llena de gente las calles ni el aplomo del sufrimiento que crea la violencia de cualquier poder. No era ya el periodo especial y, sin embargo, las guaguas aún son traileres desvencijados, el alumbrado público es escaso al igual que la canasta básica. Los turistas no escasean a pesar del peso convertible. Entusiasma leer ingenuamente, en las paredes de un viejo hotel, una frase del Che que disimula la crueldad militar tras una simple andanza quijotesca: “Queridos viejos: otra vez siento bajo mis talones el costillar de Rocinante, vuelvo al camino con mi adarga al brazo.” En este país no hay anuncios, ningún espectacular de la Coca-Cola o de la Ford, simplemente las pintas oficiales en los muros: “Seguiremos construyendo nuestros sueños” o “Cuba podrá demostrar que este mundo todavía puede salvarse”. Algunos flancos de La Habana seguían pareciendo una ciudad bombardeada: muros carcomidos, balcones a punto de caer, techos desmoronándose, puertas y ventanas deshechas. Y a su lado, la sorpresa para mí, que lo ignoraba, de casas y palacios coloniales levantados en piedra de arrecife, porosa y llena de restos fósiles. Esos rasgos prefiguran la escasez futura y la opresión velada de estar totalmente cercado por las aguas. A pesar de la riqueza aparente, toda isla parece condenada a la pobreza, a la hostilidad de su condición geográfica. El régimen nunca supo ni pudo franquearla. El comandante todavía no dejaba el poder. En terrazas y comedores, sus interminables discursos copaban las pantallas. La calle, abarrotada y bulliciosa, se llenaba ahora de un extraño silencio. De aquel entonces transcribo esta estrofa:

¡Ah calles de la Habana vieja!
Siempre inundadas de son y guaguancó,
cantos y claves en cada rincón.
La música todavía alimenta
Al pueblo desmembrado,
el alma en cautiverio,
sepultado el albedrío,
por un guardagujas senil.

El guardagujas ha muerto. Tarde, muy tarde, muy adentrados ya en otro tiempo o, en palabras de Philippe Lançon: “[Fidel] ha sido, una y otra vez, el porvenir, el instante y el pasado de una ilusión.”

 

Álvaro Ruíz Rodilla
Doctor en Letras Hispanoamericanas por la Universidad de Toulouse y la Universidad de Sevilla.

 

Un comentario en “Fidel Castro o la muerte del guardagujas

  1. MURIÓ FIDEL CASTRO ¡QUÉ MÁS DA!

    Murió Fidel Castro, y muchos han salido a lanzar alabanzas al Mesías de la Izquierda Latinoamericana.
    Cabe la glorificación, porque tuvo muchos méritos; pero es insana si se hace con los ojos cerrados a la realidad que vive la nación cubana.
    Dudas no quedan de que, desde el triunfo de los bolcheviques y la integración de la ahora extinta URSS, se ha hecho del marxismo (comunismo, socialismo, materialismo histórico -o como gusten llamarle- una religión en la que, al igual que en otras religiones, no ven ni aceptan que haya taches ni reproches en las figuras idílicas, mesiánicas, redentoras, y/o guías de sus utopías o (auto)engaños o disimulos.
    Que el guerrillero y Estadista Fidel Castro es uno de los grandes personajes de la segunda mitad del siglo XX, no cabe duda. Que supo sobreponerse al imperialismo Yanqui, ¡qué bien!, ¡enhorabuena! Pero, ¿en qué más fincó su personificación?: en combatir, muy plausiblemente, una dictadura, para posteriormente él convertirse en el dictador más perverso y mesiánico de las Américas. (En perversidad El Comandante Fidel se da un mano a mano con El General Pinochet; en mesianismo de izquierda, sólo Hugo Chávez le hizo tantita competencia.)
    Que en Cuba se logró erradicar el analfabetismo. ¡Bien por el amigo Fidel! Pero no hay que soslayar que en gran medida se trata de un alfabetismo sesgado. Ejemplo: ¿Qué sentido tiene alfabetizar a niñas que en plena educación primaria dicen que de grandes quieren ellas ser jineteras? Al margen de opiniones moralistas, ¿Tienen idea, los adoradores de San Fidel Castro, de lo que significa que unas alfabetizadas niñas pretendan prostituirse como una de las pocas opciones de cumplir sus sueños de un mejor futuro? ¿Qué dato registran los camaradas en sus antologías y apologías de los logros de la Revolución Cubana cuando se enteran de que en Cuba se ofrece al mejor postor la virginidad de la hija o la hermana?
    Un ejemplo más: ¿Qué sentido tiene que haya excelentes médicos, pero que muchos de ellos tengan que trabajar de meseros o algún otro oficio para medio completar el gasto? Poca gracia es que haya tantos profesionistas muy competentes que buscan acercarse sigilosamente a los turistas en pos de una oportunidad de huir del paraíso cubano tan vitoreado por el bien merecido Nobel García Márquez, quien vivió su alto ideal socialista cobardemente y comodinamente inmerso en un realismo mágico no literario.
    El Mesiánico Castro Ruz aprovechó hábilmente el fanatismo de sus incondicionales para aparentar con más fuerza ser un fiel promotor y salvaguarda de ideales de libertad, igualdad, justicia y progreso; justamente lo que con creces prohibió a sus compatriotas cubanos.
    Tengamos cuidado con los fanáticos religiosos, que lo mismo defienden, a ultranza, a sacerdotes pederastas, a dictadores represores y asesinos, a califatos terroristas, a presidentes y demás funcionarios corruptos, etcétera. Bien lo dijo Marx: la religión es el opio de los pueblos. ¿Acaso Marx y Engels, hastiados de siempre los mismos opiáceos, pretendieron crear un crack de heroína con sus propuestas sociológicas? O, ¿de quién fue la idea de hacer de los postulados marxistas una religión que históricamente nunca se ha materializado?
    ¿Acaso no sería fabuloso que religiones como la marxista, la cristiana y otras corrientes emancipadoras y salvadoras unieran fuerzas para en serio intentar materializar sus ideales de fraternidad, igualdad, justicia y salvación?: unirse los obreros del mundo para evitar ser explotados; liberarse las mujeres del yugo machista; logar que la tierra sea de quien la trabaja; evitar que nos devore el consumismo, la vanidad, la lujuria, la gula, la idolatría y otros pecados que cometemos casi a diario los que formamos parte activa y pasiva del desarrollo no sustentable.
    Entiéndase: Abolir la propiedad privada no significa privar de propiedad a mis súbditos para yo poder pasear en mi yate de lujo en mi isla privada, en donde Yo Fidel, que me autodeclaro el elegido por los dioses, pueda brindar con los mejores vinos provenientes del mundo capitalista, y degustar libremente y a manos llenas los frutos que la madre naturaleza provee a mi islas e islotes, que son tierras de mi propiedad, porque ¡Yo, Fidel, derroqué al dictador Batista!
    ¿Acaso el trovador Rodríguez no sabe por qué no quieren hablar las flores que dejan los desaparecidos unicornios azules víctimas de guerrillas y dictaduras, ya sea en Cuba, Nicaragua, El Salvador, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile o México? Que diga que está dispuesto a bien pagar cualquier información, ya que sabe de antemano que en el Granma nada se publicará sobre miles y miles de desapariciones forzadas, encarcelamientos inhumanos y asesinatos legales o encubiertos ordenados por el binomio fratricida de los ilegítimos herederos de la Revolución Cubana. ¡Que los Rodríguez pongan en práctica lo que tanto pregonan!, gritan en silencio los ciudadanos cubanos.
    Algo deben tener claro quienes militan de manera ciega y supina en la izquierda mexicana (que no es el caso de todos, por fortuna para la izquierda y para el país mismo): La relación de Fidel Alejandro Castro Ruz con la izquierda mexicana fue prácticamente nula. El hermano Fidel mandó al orfanato a los partidos de izquierda, prefiriendo una relación muy amigable con los abanderados de la dictadura perfecta PRI-gobierno. El Estadista cubano no dijo ni pío cuando se cometió el fraude electoral en contra de Cuauhtémoc Cárdenas.
    El “Hermano Obama”, texto escrito por Castro, más que dirigido a Barak Obama, va dirigido a sus propios compinches: “No me giren mi Revolución, tan llena de gloria, libertades, respeto a los derechos, riqueza espiritual y gran desarrollo educativo, científico y cultural.” Algo hay de verdad en lo subrayado; pero la mayor verdad es que detrás de ello hay un dictador maquiavélico, tan de la talla de Hitler o Pinochet.
    Murió Fidel Castro. ¡Qué más da! Ojalá sea mayor el alboroto cuando fallezca un genuino representante de la izquierda como el señor José Mujica, que ojalá pueda ser nuevamente electo presidente de Uruguay. Ojalá haya muchos José Mujica que sí valiera la pena mantenerse y mantenerlos por décadas en el poder, para que a los del pueblo no se les robe gandallamente el poder ser, en aras de un engañoso deber ser soldados de la Revolución, como ocurrió a partir de un plan gestado en 1958, o antes, para un mal llamado líder moral apropiarse de la Hermana República de Cuba.
    Que el guerrillero de la Sierra será inmortal. Pues si hasta lo son Don Juan Tenorio, Calígula, Maradona o Aristóteles Onassis. (Léase: hijos aquí y allá, crueldad demencial, lujosa ropa deportiva, yates privados, y muchos etcéteras propios de los más ostentosos burgueses).
    Si hay quienes siguen adorando a Adolfo Hitler, ¿por qué no elevar a los altares de la religión marxista al dictador que se comió al guerrillero?

    (Rodrigo Ávila Rodríguez)