Ningún dictador contemporáneo ha administrado su salida del escenario como Fidel Castro. Por lo general, la partida de los autócratas es súbita, violenta, un acontecimiento que cimbra a sus sociedades. El tirano siempre teme por su vida; mira sobre su hombro todo el tiempo, temiendo que amigos y enemigos le disparen por la espalda. Castro no era una excepción. Las conspiraciones, reales e imaginarias, le quitaron el sueño durante mucho tiempo. Sin embargo, como Stalin, Fidel logró neutralizar las amenazas y murió tranquilamente en su cama. Pero no sólo administró eficazmente su deceso físico; también orquestó cuidadosamente su partida simbólica. Eso es lo realmente excepcional. Tal vez, Fidel intuyó las posibilidades del mausoleo parlante cuando se percató de que aún los visitantes extranjeros a La Habana que lo despreciaban querían tomarse una foto con él. Deseaban un registro de algo que reconocían como epocal. Castro logró hacerse historia viva, se metió a una vitrina desde donde siguió  pontificando durante una década, como una estatua de cera parlante. Logró sacar su naipe de la base de la pirámide autocrática sin que el edificio se colapsara; heredó exitosamente su poder absoluto a su hermano y acto seguido se transmutó en la estatua cívica de la Revolución: qué notable. Castro ganó en vida  la perspectiva de la historia. Cuando finalmente se marchó  fue como si el Patriarca hubiera desaparecido décadas atrás. La distancia con la que muchos analistas ven su partida no tiene nada que ver con la inmediatez de la desaparición súbita que es normalmente la muerte; lo que se rescata no es el sentimiento presente, punzante, de un acontecimiento que nos ciega por el dolor, o la pasión. Para hablar de un muerto con distancia, con perspectiva, normalmente requerimos tiempo; no con Fidel Castro. “Haya hecho lo que haya hecho, fue una gran figura del siglo XX”: la sentencia se repite una y otra vez por todo el mundo. Castro ha ganado así la impunidad de la cosa juzgada. Podemos sopesar el fenómeno histórico que fue Fidel Castro e ignorar al hombre, al fantasma que habitaba unos pants de Adidas. Que el dictador siguiera vivo era una anomalía del siglo XXI; nadie entendió mejor esa anomalía que Castro mismo. Fidel fue un hombre que se sobrevivió a sí mismo. Tiene razón Rafael Rojas cuando señala que murió la sombra de quién fuera Fidel Castro, la figura icónica del siglo XX. Parecería que extendemos un perdón histórico a quienes forjaron el convulso siglo XX; una absolución que sólo confiere la inclusión en el registro de tiempos venturosamente idos. Pero para miles de cubanos el legado de Castro no era un documental del History Channel sino una realidad punzante. La autocracia cubana no una efeméride. Cuba sigue siendo una dictadura  aunque Fidel haya colgado finalmente los pants. 

 

José Antonio Aguilar Rivera
Investigador del CIDE. Autor de La geometría y el mito. Un ensayo sobre la libertad y el liberalismo en México, 1821-1970 y Cartas mexicanas de Alexis de Tocqueville, entre otros títulos.

 

9 comentarios en “La muerte de un dictador

  1. Totalmente de acuerdo. Ese monumento auto eregido a sí mismo para perpetuarse en la memoria histórica fue trabajado por el mismo Fiden consciente de su lugar ganado como una de las figuras destacadas del siglo XX. La historia me absolverá, escribió. Desde el momento que entra triunfante a la Habana como lider indiscutible de aquel grupo sediento de cambios, sabe que llegó para quedarse a pesar de esa transición de lider y héroe a dictador. Los cubanos de hoy, los que están en la Isla, emitiran su voto. Cómo será recordado?

  2. Dos cosas; la primera es que Fidel no fue un dictador; la segunda y más importante, a pesar de que dice que se cuidaba las espaldas, creo que ha sido el único que le ha movido el tapete a los gringos y eso es lo menos, sin hablar de bahía de cochinos y de la actitud de rechazo de fox, pero no menos importante son las condiciones de vida del pueblo cubano, sin analfabetismo, con seguridad social, excelentes deportistas y artistas, para un pueblo gobernado por un dictador… Me quedan dudas de esa opinión…

    • MURIÓ FIDEL CASTRO ¡QUÉ MÁS DA!

      Murió Fidel Castro, y muchos han salido a rezar alabanzas al Mesías de la Izquierda Latinoamericana.
      No es vana ni insana la glorificación, porque tuvo muchos méritos. Pero dudas no quedan de que hay quienes hicieron y hacen del marxismo (comunismo, socialismo, materialismo histórico -o como gusten llamarle- una religión en la que, al igual que en otras religiones, no ven ni aceptan que haya taches ni reproches en las figuras idílicas, mesiánicas, redentoras, y/o guías de sus utopías, hipocresías o (auto)engaños.
      Que el guerrillero y Estadista Fidel Castro es uno de los grandes personajes de la segunda mitad del siglo XX, no cabe duda. Que supo sobreponerse al imperialismo Yanqui, ¡qué bien!, ¡enhorabuena! Pero, ¿en qué más fincó su personificación?: En combatir, muy plausiblemente, una dictadura, para posteriormente él convertirse en el dictador más perverso y mesiánico de las Américas. (En perversidad el comandante Fidel se da un mano a mano con Pinochet; en mesianismo, sólo Hugo Chávez le hizo tantita competencia.)
      Que El Camarada Fidel logró erradicar el analfabetismo en Cuba. ¡Enhorabuena! Pero hay que decir que en gran medida se trata de un alfabetismo sesgado: Ejemplo: ¿Qué sentido tiene alfabetizar a niñas que en plena educación primaria dicen que de grandes quiere ellas ser jineteras? Al margen de opiniones moralistas como las católicas o similares ¿Tienen idea, los adoradores de San Fidel Castro, de lo que significa que una alfabetizadas niñas aspiren a eso?
      Un ejemplo más: ¿Qué sentido tiene que haya muy excelentes médicos, pero que muchos de ellos tengan que trabajar de meseros o algún otro oficio para medio-completar el gasto? ¿Qué caso tiene que haya tantos profesionistas muy competentes que se acercan sigilosamente a los turistas para buscar una oportunidad de huir del calvario?
      El Mesiánico Dictador Castro supo aprovechar el fanatismo de sus religiosos seguidores para aparentar ser un fiel luchador de ideales de libertad, igualdad, justicia y progreso; justamente lo que no permitió en la Hermana República de Cuba.
      Tengamos cuidado con los fanáticos religiosos, que lo mismo defienden, a ultranza, a sacerdotes pederastas, a dictadores asesinos y represores, a califatos terroristas, a presidentes y funcionarios corruptos, etcétera. Bien lo dijo Marx: la religión es el opio de los pueblos. ¿Acaso Marx y Engels, cansados de siempre los mismos opiáceos, pretendieron crear un crack de heroína con sus teorías y propuestas? O, ¿de quién fue la idea de hacer del materialismo histórico una religión que históricamente nunca se ha materializado?
      ¿Acaso no sería fabuloso que religiones como la marxista, la cristiana y otras corrientes liberadoras unieran fuerzas para en serio intentar materializar sus ideologías de fraternidad, igualdad, justicia y salvación?: unirse los obreros del mundo para evitar ser explotados; liberarse las mujeres del yugo machista; logar que la tierra sea de quien la trabaja; evitar que nos devore el consumismo, la vanidad, la lujuria, la gula, la idolatría y otros pecados de los que formamos parte activa y pasiva del desarrollo no sustentable.
      Entiéndase: Abolir la propiedad privada no significa privar de propiedad a mis súbditos para yo poder pasear en mi yate de lujo en mi isla privada; brindar con los mejores vinos del mundo capitalista, y poder degustar libremente y a manos llenas, yo, que soy el elegido de los dioses, los frutos que la madre naturaleza provee a mi islas e islotes.
      Murió Fidel Castro. ¡Qué más da! Ojalá sea mayor el murmullo cuando fallezca un genuino representante de la izquierda como el señor José Mujica, que ojalá pueda ser nuevamente electo y reelecto presidente de Uruguay. Ojalá haya muchos José Mojica que sí valiera la pena mantenerse y mantenerlos por décadas en el poder, para que a los del pueblo no se les robe gandallamente el ser y el poder ser, como ocurrió a partir de un plan gestado en 1958, o antes, en la Hermana República de Cuba.

      (Rodrigo Ávila Rodríguez / Zitácuaro, Michoacán)

      • ¿Que hubiera sido de cuba sin el embargo norteamericano de 40 años? En irak, el embargo economico provocó la muerte de un millón de personas, la mitad de ellos niños. y todavia, madeleine albright se atreve a decir que “valió la pena”.

        • Lo que diga Madeleine o lo dijeron, hcieron o dejaron de hacer los rusos o incluso Hugao Chávez no es tanto el problema. El problema es que Castro fue un impostor que lo único que sabía de justicia y democracía era verborrear. Castro sólo permitió que floreciera su espíritu, de él, nunca del resto de los cubanos.

      • Me gusta mucho tu reflexion. Solo incongruencias que hacen sufrir a los verdaderos cristianos o marxistas.

  3. Lo que pasa es que Fidel Castro substituyo a in gobernante que huyo y dejo a los suyos y estas personas salieron sin nada de Cuba, oerdieron sus propiedades o se las expropio el gobierno y contaban cosas muy dolorosas de su partida. Tendriamos que haber vivido el dolor de esta gente, que tiene que salir al exilio y tambien la de la gente que se quedo y al parecer no les fue tan mal y se adaptaron. Al parecer las presiones sobre Cuba del exterior fueron muy Fuertes para Cuba.