A pesar de mi incredulidad —y la de muchos— Donald Trump se ha convertido en el 45º presidente de los Estados Unidos. Una derrota humillante para una candidata del calibre de Hillary Clinton. Pero más que eso, significa que ganó el discurso de la irracionalidad, de la xenofobia, de la polarización, del proteccionismo, del radicalismo y de la misoginia. Un discurso que gran parte de la población, casi la mitad, aprueba y desea verse transformado en realidad.1

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Por si fuera poco, tanto el Senado como la Cámara de Representantes obtuvieron una mayoría republicana. Ello, sumado a que la Suprema Corte muy probablemente sea mayoritariamente conservadora una vez que el nuevo presidente nomine —y el Senado apruebe— a un nuevo juez, implica que durante los próximos años el gobierno estadunidense no contará con un sistema de pesos y contrapesos. Un problema para acotar el poder presidencial y para la toma de decisiones en general, si se pretende que sean realmente democráticas.

A nivel interno, quedará un país, y un Partido Republicano, fragmentado y polarizado. Un Partido Demócrata demolido y desvanecido. Y lo peor de todo, es que no se sabe cómo actuará Trump en su papel como presidente, incluso, si tendrá la capacidad para asumir el liderazgo de un país como los Estados Unidos. El mundo ha quedado sumido en la incertidumbre, sin saber a ciencia cierta qué líder será un hombre sin credenciales ni experiencia política —tal vez considerado como una de sus mayores “virtudes” por muchos de sus seguidores—, el cual parece estar certero del nivel de ignorancia en el que vive.

Habrá que ver, entre muchas otras cosas, cómo reaccionan los mercados ante las acciones y los discursos de Trump; cómo lleva acabo la deportación de miles de personas; las acciones que decida realizar para enfrentar la crisis siria y la situación del Medio Oriente, así como los efectos que sus acciones desatan; si forma o no alianzas con Putin, a quien tanto admira; la postura que toma frente a China, país al que constantemente culpó durante los debates presidenciales del nivel de desempleo, la fuga de la industria local y la llegada “torrencial” de productos que han desplazado a los nacionales del mercado estadunidense; si continúa con los compromisos de alianzas políticas y de seguridad, así como el papel que toma Estados Unidos en la arena internacional.

Además, queda pendiente el tipo de relación que pretende establecer con América Latina y México. Para México implica, al menos, años de una relación bilateral conflictiva, enfocada en temas como la construcción y el pago del muro entre las fronteras de ambos países, así aspectos migratorios y económicos; la posible erosión del TLCAN a pesar que México y Canadá —junto con China— son los principales socios comerciales de los Estados Unidos; y las repercusiones en la bolsa y en el tipo cambiario que podrían ocasionar una crisis en el país, si no es que a nivel global. Además, para los connacionales que viven en los Estados Unidos, junto con las demás minorías, el cambio de gobierno también podría representar tiempos difíciles.

La decisión que tomaron los votantes estadunidenses tendrá serias repercusiones tanto al interior como al exterior de los Estados Unidos. Está por verse si quienes lo apoyaron no se arrepienten de haber emitido un voto irracional, motivado por el miedo, fundado en generalidades sin sustento y en flagrantes mentiras. Muy probablemente la situación económica y política de los Estados Unidos no mejore durante la siguiente administración, sino todo lo contrario. La victoria de Trump como presidente de los Estados Unidos abre un nuevo periodo de incertidumbre, no sólo respecto a las acciones que el nuevo gobierno realizará y las consecuencias que conllevarán, sino sobre la fortaleza y resistencia de las instituciones democráticas estadounidenses.

 

Greta Bucher
Licenciada en Relaciones Internacionales con Honores por la Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México y maestra en Estudios de Asia y África con especialidad en China por el Colegio de México.


1 De acuerdo con los resultados de la elección la diferencia en el voto popular, prácticamente mínima, fue favorable a Hillary Clinton. Hillary obtuvo el 47.7% del voto popular, mientras que Trump consiguió el 47.5% del mismo. Sin embargo, debido al sistema electoral estadounidense, Donald Trump consiguió una mayor cantidad de votos electorales (279 frente a los 228 que obtuvo Hillary), los cuales determinan la elección. Presidential Election Results: Donald J. Trump Wins, The New York Times. Consultado el 9 de noviembre de 2016.

 

4 comentarios en “Ganó el discurso de la irracionalidad

  1. Ciertamente una vez más la Irracionalidad Ganó! Y la Democracia demuestra sus defectos, pero la pregunta y el análisis debería centrarse en el Porque ? Y en lo que debemos de Aprender de ello.

  2. la irracionalidad,xenofobia,nostalgia y proteccionismo de las naciones desarolladas,esta creciendo a pasos agigantados anteponiendo su razon economica,de intercambio de productos y servicios entre naciones y la libertad del individuo como integrante de una aldea global.