Muchos pensaron que el 8 de noviembre de 2016 sería recordado como el día en que la primera mujer fuera electa presidente del país más poderoso del mundo. No fue así. Donald Trump será el presidente número 45 de Estados Unidos, siguiendo un baluarte masculino de 240 años en ese puesto.

Visto desde un enfoque de la lucha por la igualdad de género, el triunfo de Trump adquiere especial importancia porque esta campaña electoral mostró de forma clara el doble discurso en materia de género que —en pleno 2016— sigue presente en la vida política, en particular, y profesional, en general. Especialmente por la manera en la que se juzgó a Clinton con estándares emanados de los prejuicios de género y que resultaron imposibles de satisfacer porque son también contradictorios.

igualdad

Se criticó a Hillary por no ser carismática, por parecer ambiciosa, calculadora y agresiva, y no conectar con la gente “de forma natural”. Es decir, por características que en políticos hombres se presentan con matices más positivos, pero que en una mujer no se perciben como “naturales”.

Se le acusó de ser corrupta y mentirosa por asuntos que van desde Benghazi,1 hasta su mal uso del servidor de correo electrónico. Pero la verdad es que, como señaló The New Yorker cuando endosó su candidatura, la desconfianza en Clinton tuvo poco que ver con sus propias decisiones, más allá de su elección de ser parte de la vida pública. La aversión por Hillary ha sido más personal que profesional.

Desde la perspectiva de género el triunfo de Trump resulta especialmente desilusionante porque el ganador y sus seguidores encarnaron durante toda la campaña prejuicios machistas contra los que se ha articulado la lucha por la igualdad de género durante más de un siglo.

La Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer incluyó el derecho de las mujeres al voto y su acceso a cargos públicos. Fue adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en la resolución 640 (VII), del 20 de diciembre de 1952 y entró en vigor el 7 de julio de 1954, basándose en el artículo 21 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sirimavo Bandaranaike de Sri Lanka fue la primera mujer en el mundo en asumir el cargo de primer ministro de un país, en 1960.

Hoy en día, de los 193 países representados en la Organización de las Naciones Unidas, solo 16 tienen mujeres como jefas de Estado o Gobierno.2 Apenas el 8%. Desde el enfoque de género, la derrota de Clinton -por lo tanto- es una batalla perdida de la lucha feminista, y no sólo por obtener espacios en el nivel más alto de la vida pública.

Una eventual victoria de Clinton hubiera podido mandar un mensaje positivo a las niñas y adolescentes que están formándose en un mundo diseñado por y para hombres. Hillary Clinton hizo campaña con un mensaje muy claro para las mujeres de todas las edades: "Sí, puedes ser cualquier cosa que quieras, incluso presidente". Una encuesta nacional en línea que realizó The New York Times en Estados Unidos mostró que una de cada cuatro niñas entre 14 y 17 años respondió que la candidatura de Clinton la hizo pensar en aspirar a una posición de liderazgo en el futuro.

En cambio, se encontró que el mensaje de la campaña presidencial de este año que causó un mayor efecto en las niñas adolescentes fue bastante negativo: casi la mitad de las niñas entrevistadas declaró que los comentarios del candidato republicano y futuro presidente de Estados Unidos sobre las mujeres afectaron la manera en que perciben sus cuerpos.

Precisamente Michelle Obama, una de las figuras públicas que más campaña hizo a favor de Clinton, denunció en un poderoso discurso este efecto negativo de la candidatura de Trump. Habló del dolor y la humillación que las mujeres han tenido que soportar por generaciones, enfatizando el daño que causa en todas las mujeres el sexismo y comportamientos de Trump como sus comentarios acerca de los cuerpos de las mujeres, la falta de respeto para sus ambiciones e intelecto, la creencia de que se le puede hacer lo que sea a una mujer.

La plataforma electoral de Clinton incluía igualdad de pago para las mujeres, licencias de maternidad pagadas, la protección de los derechos reproductivos, y elevar el salario mínimo, un tema inextricablemente ligado al género, ya que las mujeres constituyen dos tercios de los asalariados en Estados Unidos. Durante el tercer debate presidencial, Hillary defendió el derecho de una mujer a elegir sobre su cuerpo y su maternidad, uno de los temas más sensibles para el feminismo y en el que, pese a algunos avances, sigue habiendo un enorme atraso en la mentalidad y en leyes estadounidenses. En cambio, Donald Trump prometió que de ser electo presidente nominaría jueces “pro vida” para la Corte.

En su artículo Los hombres que las feministas dejaron atrás, Jill Filipovic define el feminismo como “una obra en construcción”, hoy más que nunca esta definición representa la realidad. Hoy en día las mujeres ya forman parte de la fuerza de trabajo en cantidades récord, pero raras veces ascienden a los puestos más altos; la violencia sexual es tomada hoy con más seriedad que nunca, pero la mujer aún la padece en números indignantes; las mujeres son hoy más visibles en la vida pública y participan en la mayor parte de los medios de comunicación y el entretenimiento, pero solo representan el 19% del Congreso en EUA y el 33% de los papeles principales en las 100 películas de mayores ingresos, por ejemplo.

El triunfo de Donald Trump y el apoyo tan contundente que recibió de la población estadounidense dejaron en evidencia el largo camino que todavía falta por recorrer en materia de equidad de género. Las actitudes y visiones retrógradas sobre las mujeres que creíamos que estaban finalmente desapareciendo para siempre en la esfera pública, resurgieron y se perciben más actuales. Grupos de hombres –e incluso mujeres– blancos que se sienten ignorados, no respetados y desplazados, entre otras cosas, por los avances que las mujeres y las minorías –el “otro”– encontraron una voz en la retórica misógina y xenófoba de Trump y salieron de sus clósets. Las encuestas no supieron registrar este fenómeno del voto oculto.

Es ensombrecedor tener que admitir que el principio de equidad entre los sexos como una premisa básica de la vida en sociedad en el siglo XXI todavía representa un duro reto para ser asimilado. Los espacios y oportunidades ganados por y para las mujeres en este siglo de lucha feminista no son menores, pero para que se traduzcan realmente en plena igualdad de género se necesita sumar al cambio a todo el sector de la población que todavía prefiere cualquier cosa –literal– antes que votar por una mujer. No es tarea fácil, pero en su momento tampoco parecía serlo para el movimiento sufragista o para que una mujer fuera candidata a presidente por uno de los dos principales partidos del país más poderoso del mundo.

Se perdió una batalla, pero la lucha por la igualdad de género, por los derechos humanos, por las minorías, por las generaciones que vienen sigue y se hace más importante que nunca.

 

Bárbara Magaña


1 Durante su mandato como Secretaria de Estado, un atentado en la ciudad libia de Benghazi cobró la vida del Embajador estadounidense en Libia y otras personas.

2 Alemania, Bangladesh, Chile, Corea del Sur, Croacia, Islas Marshall, Liberia, Lituania,  Mauricio,  Malta, Namibia, Nepal, Noruega, Polonia, Reino Unido y Taiwán.

 

4 comentarios en “Hillary Clinton y la igualdad de género en construcción

  1. Excelente reflexion, felicidades!!!
    El proyecto de construccion es en efecto, es de gran calado pero parece interminable. Mujeres sin conciencia de genero; latinos egoistas que quieren cerrar la puerta detras de ellos, y machos, muchos machos hijos de las primeras, las mujeres sin principios ni valores de genero, serian algunos de los genotipos a buscar convencer, transformar o acotar.

  2. Usted en su artículo llama libertad de maternidad al aborto, lo mismo que hizo Hillary. Dígame usted entonces porque las mujeres dicen que convertirse en mamá ha sido lo mejor que les ha pasado?, quien de las actuales mujeres políticas dice que es mejor ser Presidenta que ser mamá?, tal vez ustedes las liberales han ignorado este aspecto en las mujeres y en su necedad quieren imponerlo en las nuevas generaciones a pesar del rotundo fracaso. Usted misma lo ha dicho, las mujeres representan la mayoría de los asalariados en EU. A eso le llama usted progreso? La mayoría decidió Provida, si no le parece no vida en paises democráticos (dónde decide la mayoría).

  3. No por ser mujer, Hillary Clinton, perdió por pésima candidata (igual o peor que Donald Trump), demagoga, abortista, anti-religiosa (especialmente contraria al catolicismo), e “ideóloga” de género. Las mujeres estadounidenses pudieron haber estado mejor representadas.