El caso de Gregor von Rezzori es, posiblemente, único en la historia de los estudios filológicos de habla alemana. El de un autor que, aun habiendo demostrado con creces (con obra escrita y publicada) su talento, su medular visión del mundo y de la literatura, su maestría estilística y su dominio de la(s) forma(s), ha quedado silenciado del modo más vulgar y alevoso por motivos estrictamente extraliterarios.

05-americanismo

Ilustración: David Peón

El pasaje de Caín. El último manuscrito (Sexto Piso) que presentamos a continuación, además de su valor literario intrínseco, podría quizás ayudarnos a descifrar algunas de las claves de ese ostracismo al que se condenó a uno de los más grandes escritores de la lengua alemana, al punto de que sólo ahora podamos empezar a valorar su obra más moderna y, a mi juicio, también la más valiosa para el presente.

Cuando en 1953 Rezzori sacaba a la luz sus Historias de Magrebinia —una compilación de anécdotas jocosas sobre la convivencia de distintas culturas en su Czernovitz natal, un libro con el que por primera vez desde el fin de la guerra los alemanes pudieron reír con chistes sobre judíos— estaba dando a conocer lo que sería su mayor éxito editorial y, a la vez, firmando su sentencia de muerte como “autor serio” para los mundillos legitimadores de la cultura en Alemania.

Ni obras de tal maestría como la de Edipo en Stalingrado (1954) o Un armiño en Chernopol (1958) consiguieron borrar el malintencionado sambenito de “autor frívolo” o “de entrenamiento”. Todos los mecanismos de legitimación literaria en la Alemania de posguerra parecían guiarse únicamente por la apresurada y archiconocida sentencia de Adorno de que después de Auschwitz ya no había cabida para el lirismo, muchísimo menos para cualquier literatura con rasgos de humor o ironía sobre la nación alemana. 

Cuando uno lee la obra completa de Rezzori descubre que el autor capaz de hacer lo que se le antojara con la lengua alemana era un crítico furibundo de esa mentalidad (la de una Alemania prusiana, educada en el luteranismo). Por lo tanto, las bases de la creación de la República Federal de Alemania, después de la guerra, no se libraron de la crítica explícita de esta mente lúcida y, literariamente, sólo comparable a otro autor de la periferia de habla alemana: Robert Musil.

En la disección que hace Rezzori del instante en que se echa a andar una gramola en un bar de Hamburgo en los cincuenta, están contenidos, en una brillante amalgama caleidoscópica, todos los aspectos que fueron blanco de su crítica rabiosa: la orgía del consumo, el autoritarismo, la imitación de la vida norteamericana, la psicodelia mentalmente paralizante y acrítica de la vida (post)moderna, la pérdida de valores culturales a través de una mano que se va transformando en garra, sólo apta para actividades rudas o para el manoseo del dinero, la muerte de todo un espíritu europeo cuyo enterrador, en Alemania, fue para Rezzori el mediocre cabo Hitler, el que preparó los terrenos para el triunfo imparable de una clase media adocenada y adormecida, como los horlà que en La muerte de mi hermano Abel (el espléndido antecedente de esta nueva novela) devoran como cerdos comida prefabricada en un área de descanso de una carretera.

Dresde, 10 de octubre de 2016

 

José Aníbal Campos
Ha traducido, entre muchos otros autores de habla alemana e inglesa, a Uwe Timm, Hans Magnus Enzensberger, Peter Berling, Franz Schätzing, Pascal Mercier, Hans Sedlmayr, Philip Ball e Ingeborg Bachmann.