Los médicos le temen a la enfermedad y a la muerte tanto como cualquier persona. La diferencia radica en entender lo que producen las patologías, las intervenciones tecnológicas y farmacéuticas, y los mismos médicos. Saber conlleva múltiples incisos. Uno es temer. Saber y temer ha orillado a algunos a médicos a tatuar su cuerpo con inscripciones valientes: “No resucitar”; “No me sometan a vida artificial por ninguna razón; utilizar mis órganos útiles para trasplantes y cremar el resto”; “No entubar, no reanimar”; “No resucitar. Permitir muerte natural”.

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Ilustración: Kathia Recio

Ser médico y enfermo es complejo. El médico enfermo me recuerda el enigmático verso de Arquíloco (712 a.C. -664 d.C.): “La zorra sabe muchas cosas pero el erizo sabe una importante”. Aunque es difícil saber qué quiso decir exactamente el poeta griego, la interpretación, ofrecida por Isaiah Berlin es interesante: “pese a sus trucos y astucias, la zorra acabará dándose por vencida ante la única, pero obstinada defensa del erizo”.

El médico enfermo —pido disculpas a Arquíloco— combina las experiencias de la zorra, y cuando es menester actuar en su propio cuerpo, decide, siguiendo la astucia del erizo, someterse, o no, a tratamientos médicos según sus propias vivencias como galeno y paciente.

Conozco y he atendido a más de un colega que opta por la muerte en vez de someterse a los dictados y reglas de sus pares. Son zorras: saben las virtudes de la medicina y conocen sus flaquezas. Son erizos: han vivido crudos procesos con enfermos, cuyo leitmotiv, ayudar, terminó en viacrucis para el enfermo y la familia, y para él mismo.

 Ser médico experimentado y enfermo es complejo. Los años suman la sabiduría de los zorros y de los erizos: la vida y la medicina tienen límites. El sufrimiento innecesario y las maniobras fútiles también tienen límites. Antaño, en algunas escuelas europeas y estadunidenses, el currículo escolar incorporaba alguna materia donde se le pedía a los alumnos que escribiesen poesía o ensayo sobre enfermedades, e incluso que actuasen como si fuesen enfermos. Hay escuelas donde “actrices médicas” interpretan los síntomas de algunas enfermedades frente a estudiantes de medicina, quienes, por medio de preguntas, diagnostican el padecimiento de la “actriz médica”.

Los médicos enfermos o con historias de patologías, ¿son más empáticos?, ¿incorporan a su profesión ”dosis de humanismo”? Sí, quienes han sufrido suelen ser empáticos y en ocasiones resilientes. El galeno enfermo o ex enfermo escucha y pregunta desde otro lugar, el de la persona cuya vida semeja, o semejó, a la del paciente que acude en busca de ayuda, y lo inquiere con otra mirada: con humildad, con la certeza de conocer algunas cosas e ignorar otras tantas, y con la convicción de que el enfermo sabe y con frecuencia puede orientar al médico. Indagar y cuestionar a partir de la propia vulnerabilidad obliga a ir más allá: darle autoridad y Voz al enfermo.

Los galenos víctimas de enfermedades crecen, se humanizan, adquieren pequeñas dosis de humildad, inmensa escuela cuando se trata de atender y acompañar a personas enfermas. Aunque puede ser complejo reconocerlo, las patologías, sobre todo cuando uno las padece, brindan elementos empáticos para tratar a otras personas: enseñan e invitan a colocarse en la situación del otro. De eso debe tratarse la relación médico-paciente. De eso debe ocuparse la medicina.

La sempiterna frase, “confíe en mí, soy médico”, debe ir acompañada por “confíe en mí, soy un paciente”. Seguramente la solicitud médica parte de la desconfianza de los enfermos hacia los médicos. Desconfianza, in crescendo, por diversos motivos que ahora no discuto: impericia, deslealtad, connivencia con médicos, hospitales y compañías farmacéuticas, etcétera. Dentro de esos motivos sobresale un reclamo: la falta de escucha y apego. Los médicos enfermos, sobre todo cuando no son tratados por conocidos, padecen esas lacras: se convierten en expedientes, en casos, en números, en protocolos. Dejan de ser, como le sucede a los enfermos comunes lo que son: seres humanos.

Algunos doctores otrora enfermos saben, al igual que la zorra, muchas cosas: saben cuando no saben. En ese punto, saber cuando no se sabe, recuerdan su tránsito por la enfermedad y sus desencuentros con colegas y con las máquinas encargadas de ellos, incansablemente, de día y de noche. Espero, aunque seguramente estoy equivocado, que en el futuro la vasta parafernalia médica —máquinas de diálisis, soportes pulmonares— no hablen con el enfermo y sustituyan al doctor. Todo puede suceder.

No es necesario que los galenos enfermen para ejercer mejor su profesión. Sí es menester, como sucede con refugiados, supervivientes o mujeres violadas, escucharlos. Preguntar, acompañar, escuchar y no obviar nada es necesario, tanto para el médico como para el enfermo. El médico que vence alguna enfermedad lo sabe. Dolor es escuela. El dolor de uno puede ser el dolor de otros. La zorra y el erizo de Arquíloco lo entienden.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

6 comentarios en “El médico como paciente

  1. Sin duda cuando los médicos enfrentamos una enfermedad sería esta representa un reto mayor ya que al conocer la historia natural de la enfermedad, la evolución, el pronóstico, el tratamiento con sus efectos colaterales, la posibilidad de sufrimiento que pueden incluir mutilaciones, nos lleva a interpretar la experiencia de la enfermedad con más miedo e incluso terror cuando somos diagnosticados y durante el proceso posterior

    • Miguel:
      De acuerdo con tu comentario. Lo que sigue, es tratar a los pacientes como si fuesemos nosotros los enfermos: mismos, exámenes, mismos procedimientos, misma terapéutica. Se debe ser leal al enfermo como se es leal a uno mismo.
      Saludos,
      Arnoldo Kraus

  2. Buenísimo articulo. A nivel institucional. Seria primero tener médicos en toda la extensión de la palabra,no médicos de escribiendo Normas
    Será posible eso atendiendo a 30 pacientes en un turno???

    • Gonzalo:
      A tu pregunta, ¿sería eso posible atendiendo 30 pacientes en un turno? La respuesta, lo sabes, es no. Y la respuesta, lo sabes, tiene que ver con los malos gobiernos que han fallado desde siempre (y que seguirán fallando).
      Saludos y gracias,
      Arnoldo

  3. Ciertamente una sociología de la enfermedad debería ser -no sé si lo es- parte de los programas de estudio en medicina. Como paciente uno puede asumir que el médico sabe; el médico como paciente se hace cargo de sus propias limitaciones para el diagnóstico y cura.

    • Alicia:
      Tu comentario es certero: la medicina se ha alejado, lamentablemente, de las humanidades. Sociología, filosofía y literatura parecerían ser, cuando no lo son, materias muy alejadas de los intereses médicos. Como dice el refrán, “el médico que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”.
      Saludos,
      Arnoldo