En las cartas que Miguel Ángel escribió entre 1507 y 1547 abundan frases como estas: “Apenas tengo tiempo para comer… No tengo tiempo ni para comer… desde hace doce años la fatiga aniquila mi cuerpo, carezco de lo indispensable… No tengo ni un centavo, estoy desnudo, sufro penas innumerables… Vivo entre penas y miseria… lucho con la miseria”. Esta miseria era imaginaria. Miguel Ángel era rico, se hizo rico, muy rico. Se encontraron después de su muerte, en su casa de Roma, de 7 a 8, 000 ducados de oro con un valor de 400,000 a 500,000 francos de ahora (1907). Además, (Giorgio) Vasari (en Las vidas de los artistas, 1550) dice que Miguel Ángel ya había dado dos veces a su sobrino 7,000 escudos y 2,000 a su servidor Urbino. Tenía grandes sumas invertidas en Florencia. La Denunzia de’beni (declaración de bienes) de 1534 muestra que poseía entonces seis casas y siete terrenos en Florencia, Setignano, Rovezzano, Stradello, San Stefano de Pozzolatico, etc. Tenía pasión por la tierra, y compraba constantemente: en 1505, 1506, 1512, 1515, 1517, 1518, 1519, 1520, etc. Era en él una herencia de campesino. Por lo demás, si ahorraba no era para él; gastaba para los otros y se privaba de todo.

 

Fuente: Romain Rolland, Vidas ejemplares. Beethoven. Miguel Ángel. Tolstoi, UNAM-SEP, 1923; Editora Nacional, México, 1955.

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