Realidades y falacias en torno al aborto: salud y derechos humanos (El Colegio de México, IRD, México, 2016), de Lerner, Guillaume y Melgar ofrece muchas lecturas. Al recorrer el índice saltan incontables temas, tantos como la vida, tantos como las proteicas caras del aborto. No podría ser de otra forma: el aborto es problema universal, el aborto pertenece a la bioética y ésta es la filosofía del siglo XXI. Divido mi lectura a partir de dos miradas. La primera lee el libro desde afuera, desde la vida y la muerte; la segunda ofrece unas reflexiones sobre salud y derechos humanos.

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Ilustración: Kathia Recio

La mirada externa

Juego con tres ideas provenientes de la realidad, es decir, no de quienes consideran opción valida el aborto en contra de quienes siempre lo prohíben sin detenerse a escuchar los argumentos de la mujer. Apelando a la misma realidad —imposible no escribirlo—, la mayoría de los diálogos en torno al inicio de la vida, entre personas autónomas y religiosas están condenados al fracaso. Sin embargo, como decía Sartre en el prólogo de Los condenados de la Tierra de Franz Fanon, quienes cuentan con el privilegio de la Voz, tienen, tenemos, la obligación de usarla.

4 meses, 3 semanas, 2 días es una película rumana dirigida por Cristian Mungiu. La cinta está ambientada en los últimos años del comunismo en Rumania. La película, cruda, sin melodramas, narra los tropiezos de dos estudiantes que comparten un cuarto y se enfrentan al embarazo no deseado de una de ellas en una época en la cual el aborto estaba prohibido. El filme muestra el interminable agobio de dos amigas en busca de una persona que efectúe el procedimiento.

Durante la dictadura de los Ceausescu incrementar la natalidad era obsesión; abortar significaba traicionar a la patria. Debido a la crisis emocional de Gabita, la embarazada, Otilia, su amiga, se enfrenta a incontables obstáculos para conseguir quien practique el aborto clandestino. Opresión estatal, desamparo, sospecha, soledad, peligros para la salud son algunos mensajes de la película.

En Nicaragua, bajo la presidencia infinita del inefable Daniel Ortega, sandinista, entre otros diplomas, todas las modalidades del aborto, incluyendo las de violación, las de violación a menores de edad, las de malformaciones o aquellas donde peligra la salud de la madre, están prohibidas. Los médicos que practican abortos tienen penas de dos a ocho años de cárcel. La ley penaliza, además, “el daño físico o psicológico al no nacido”. Los alumbramientos de niñas entre 10 y 14 años se incrementan año tras año, y la opinión pública y la de organismos internacionales no es escuchada.

“Condenar, estigmatizar y criminalizar el aborto son estrategias crueles y fallidas. Ya es tiempo de un enfoque de salud pública que ponga énfasis en reducir el daño, y eso significa establecer leyes más liberales sobre el aborto”, escribe Richard Horton, editor de The Lancet, una de las revistas médicas más prestigiosas en el mundo. Estudios médicos han demostrado lo siguiente:

1. Los abortos inseguros son cada vez más frecuentes en países con leyes restrictivas.

2. La tasa de abortos inseguros se ha incrementado en el mundo. Se calcula que ha aumentado, en los últimos años, de 44% a 49%.

3. Un aborto inseguro es una de las causas principales de muertes maternas en el mundo.

4. 98% de los abortos en África y 95% en Latinoamérica son considerados inseguros.

5. En Norteamérica y Europa, excluyendo a Europa del Este, 99% de los abortos se realizan bajo procedimientos seguros.

6. En el mundo desarrollado la proporción de embarazos terminados motu proprio ha disminuido de 36% a 26%.

Las cifras previas son un abrebocas. No son maniqueas, son científicas. Los estudios médicos casi siempre son neutrales. Los datos exponen la realidad: quienes tienen posibilidades y lo consideran prudente abortan y continúan su camino; quienes no tienen capacidad económica y deciden que abortar es la única opción, arriesgan su vida. Aborto es muerte y es vida. Esa frontera explica la necesidad de Realidades y falacias en torno al aborto.

La mirada interna

Realidades y falacias en torno al aborto tiene varios apellidos, destaco dos: salud y derechos humanos. El binomio salud y derechos humanos es el corazón del libro y razón fundamental del encuentro o del desencuentro de las sociedades, entre ellas mismas, y con el país donde habitan. La realidad es contundente: cuando se violan los derechos humanos merma la salud; quienes no tienen acceso a salud carecen de protección social. El libro diseca algunas aristas del binomio salud y derechos humanos y destaca su bidireccionalidad: en las personas sin protección social es frecuente la violación de los derechos humanos; en las personas cuyos derechos son atropellados, la protección social, y uno de sus bienes principales, la salud, son vulnerados. De ahí la multiplicidad de temas y las controversias que generará el libro.

Lerner, Guillaume y Melgar abrazan el binomio salud y derechos humanos desde múltiples rincones. La riqueza de las discusiones proviene de la amplia gama de las herramientas utilizadas para analizar el tema; demografía, ética, salud, sociología, justicia y derechos humanos son elementos fundamentales del andamiaje. Fundamental es también la búsqueda del balance, el intento de no ser maniqueo. Sobran ejemplos: Al subcapítulo, “Por la penalización: el aborto como problema de salud y salud pública”, le sigue “Contra la despenalización: el aborto no es un problema de salud pública”; al subcapítulo, “A favor de la despenalización: el derecho humano de las mujeres a la salud”, le sigue “Contra la despenalización: reinterpretaciones constitucionales”. Contraponer argumentos es uno de los méritos del libro. Hacerlo, buscando no polarizar, ofrece al lector aristas diversas sobre el tema. Ese esfuerzo requiere conocimiento y sensatez; ambos atributos recorren el texto.

Enumero algunas ideas sobre el aborto como problema de salud. Tejerlas invita:

1. “Entre los numerosos tratados e instrumentos internacionales relativos al derecho a la salud, no hay un solo documento internacional en que no se reconozca y enfatice que en el acceso a los servicios de salud y en la efectiva implementación del derecho a ésta, las mujeres han sido históricamente marginadas y discriminadas según su posición económica y social, su edad y su pertenencia a una etnia”.

2. “El riesgo combinado de muerte y de complicaciones no es naturalmente inherente al procedimiento de la in-terrupción de un embarazo: se debe a un marco legalmente restringido, a la falta de capacitación técnica de los profesionales de la salud, al deficiente acceso a los servicios por parte de las mujeres, quienes por el estigma social y legal que lo rodea, recurren a procedimientos inseguros”.

3. “Hace falta repetir lo que el mundo sabe: las mujeres que mueren o sufren daños irreparables en su salud por la práctica de abortos clandestinos, en condiciones de total inseguridad y riesgo, son las mujeres que no pueden pagar los servicios médicos para una intervención segura”.

4. “Destacar que lo que es un problema de salud pública es el aborto inseguro, remite a la interpretación de la salud pública como algo colectivo, que afecta a la sociedad y que ha de garantizarse para todos. Así se fundamenta que es obligación social y política actuar para prevenir esas muertes evitables”.

5. “A las mujeres que abortan se les trata como delincuentes. Se les practica una atención médica agresiva por parte del personal médico, en particular del masculino. Los proveedores de salud se erigen en jueces y verdugos”.

6. “La criminalización de mujeres que han abortado, espontánea o voluntariamente, es otro efecto de esos marcos restrictivos estatales”.

Las citas previas son un mínimo mosaico de urgencias éticas. Tejerlas invita a cavilar acerca de los derechos de la mujer para ejercer, como se postuló desde 1848 en la Declaración de Sentimientos de Seneca Falls, las razones por las cuales las mujeres no se sentían cómodas en un mundo dirigido por hombres. 168 años después, la mayoría de las veces, son hombres quienes deciden sobre el cuerpo y la voluntad de las mujeres.

La lectura del libro, en ocasiones densa, otras veces ágil, garantiza un recorrido intenso. Mucho hubiese ayudado un índice analítico; su ausencia complica la lectura y la relectura. Las gráficas, las citas, las referencias, la fragmentación de los capítulos en subcapítulos y los contrastes de opiniones acerca de las diversas caras del aborto ofrecen argumentos suficientes para opinar. Si el libro consigue tender un puente entre las posturas históricamente antagónicas habrá que felicitarse. 

Internarse en el tema es obligado: la mujer que aborta sufre, no es lejana, no es ajena; merece cobijo y respeto. Nadie aborta por placer. La bioética es la filosofía del siglo XXI y el aborto es uno de los temas cruciales de su agenda. 

Colofón

La humanidad se divide en dos. Quienes se consideran autónomos conforman un grupo; quienes dependen de alguna deidad constituyen el segundo. Los primeros rigen sus vidas de acuerdo a sus razones; idealmente sus acciones, cobijadas por la autonomía, no causan daño. Han seguido las enseñanzas de Kant y de Stuart Mill: las personas se gobiernan por normas que ellos mismos se imponen, sin coerción externa. Al gobernarse y decidir motu proprio, el ser humano se convierte siempre en fin, nunca en medio. Quienes rigen su vida de acuerdo a leyes divinas se atienen a dictados religiosos, actúan conforme a su fe. Los autónomos, no buscan imponer sus reglas. Los segundos, los que se depositan en alguna deidad, buscan imponer las reglas dictadas por su fe.

El abismo entre ambos es inmenso. La historia de Babel es la historia de ambos grupos: el desencuentro es infinito. Sin embargo, seguir al lado de Samuel Beckett es indispensable: “Siempre intentaste. Siempre fallaste. No importa. Intenta de nuevo. Falla de nuevo. Falla mejor”.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos (Debate) y de Recordar a los difuntos (Sexto Piso), entre otros libros.

 

21 comentarios en “Aborto: Una visión desde la academia

  1. El aborto no es cosa de mujeres. Un embarazo es de un hombre y una mujer. Si no se despenaliza al menos que se incluya al hombre en la condena . Mientras que el aborto tenga penas más duras que una violación no estaremos resolviendo nada.

    • Totalmente de acuerdo contigo Ana Cecilia Morales. Casi todos los violadores están libres, quizá encarcelan al 1% mientras que a las mujeres se les condena al contrario 99%. Es tan injusto, igual que la lactancia, ahora que se aprobó la ley y pueden ir a la cárcel hasta por cinco años por amamantar en la vía pública. Mientras que miles de pervertidos exhibicionistas, violadores y pederastas están en las calles sin ser juzgados. Y todavía se sienten agredidos por el feminismo y consideran que son privilegios los que exigímos y no derechos como los que ellos tienen . Saludos!

      • Yanni:
        Gracias por tu participación. Concuerdo con lo que dices. No conocía la noticia acerca de la prohibición de amamantar en la vía pública. La buscaré. Por supuesto atenta contra la libertad. Será un tema del cual deba escribirse.
        Saludos,
        Arnoldo K

    • Tienes mucha razón si en el aborto se penaliza a la futura madre, porque no penalizar tambien al futuro padre, al que propicio el embarazo no deseado, tomando este hecho como complicidad y coautoria.

      • Claro a menos que se pueda demostrar que en un inicio era un embarazo planificado, ambos deacuerdo, y que fue ella quien sin motivo justificable quito al hombre del placer de ser padre.

    • Ana Cecilia:
      Tienes razón: el problema es ¿qué hacer? Muy difícil, quizás imposible -perdona mi escepticismo-, buscar y responsabilizar al hombre del suceso. Menos en una sociedad misógina. Lo que se debe hacer es empoderar a las mujeres; el problema. otra vez complicado, es como hacerlo con las mujeres jóvenes en situación de pobreza.
      Saludos,
      Arnoldo

    • Totalmente de acuerdo!
      Pero tristemente solo a la mujer es vista como malhechora como que es la única responsable y no ven al hombre como parte causante de la situación!

    • Los hombres pueden ser sancionados en calidad de cómplices o autores intelectuales y no creo que exista un estado donde el aborto sea sancionado con mayor gravedad que una violación, salvo que nos ilustres con el dato concreto.

  2. Yanny: hasta donde sé es falso que se penalice a las mujeres por amamantar en la vía pública (por fortuna). Y otro aspecto a considerar en el aborto es la secuela emocional: dolorosa, profunda y con alto sentido de culpa que siempre carga sola la mujer.
    Saludos

  3. Sr. Kraus, agradezco la reseña del libro. Por otro lado, como autónomo que soy tengo que decir que aun en este lado de la teología habemos quienes no consentimos del todo con el aborto. Si la bioética es la filosofía del XXI, está olvidando (me refiero solo a este artículo) un tema central de la vetusta filosofía: el valor de la vida. Entiendo el problema de salud pública que implica la penalización del aborto. Pero me gustaría conocer el debate en torno a la cuestión del aborto en sí mismo, ¿cómo se juzga ese fenómeno, bueno, malo, necesario, inmoral, amoral, justo, justificado, injustificado?
    Le recuerdo la frase de uno de sus escritores que usa como piedra de toque: “¿quién podría asegurar que un segundo de sufrimiento de un niño vale la pena a cambio de toda una eternidad de dicha de la humanidad?” (A. C., La peste). De eso se trata, ¿no, Sr. Kraus? ¿Esa pregunta, que para mí es la cúspide de la obra camusina, no es acaso la continuación de la que tanto repite usted? Si la realidad posee nueve o doce dimensiones es irrelevante.
    Al final me parece que, si su reseña es fiel al libro, el libro es tendencioso al olvidar esa cuestión que me parece primigenia en este tema.
    Un saludo, paz y espero ver su camusismo en acción.

    • Gracias Luis David por su comentario:
      Intento no ser maniqueo. Nunca lo logro. Hay quienes concuerdan conmigo, hay quienes difieren. Así es, así, como la vida. Mi lectura del libro, Perigrullo dixit, es personal: Las autoras intentaron hacer un balance y creo que su búsqueda fue honesta. Todos tenemos sesgos: las autoras, usted y yo. El lector -Usted, yo- leerá el libro con su propio sesgo -me gusta más la palabra en inglés, bias-. El aborto, para la madre que decide hacerlo, es, por ser una de las acciones más complejas de la vida, carece de sesgo. Es ella, toda ella, quien decide. No concuerdo con la frase que cita de Camus: no tolero el sufrimiento de los niños -las fotos de los niños asesinados en Siria me persiguen todo el tiempo-: sufrimiento y eternidad son conceptos que no se mezclan. Además, no croe en la eternidad.
      Gracias por su comentario, lo aprecio,
      Arnoldo

      • No olvidemos a niños del área rural de cualquier territorio donde no tienen maneras de alimentarse balanceadamente y muere mal nutridos y sin acceso a servicios de salud.

        • Ese es Elisa, el meollo del problema: la miseria. Y el meollo crítico es que en el gobierno no se han percatado de esa realidad.
          Saludos,
          Arnoldo

      • Dr. Kraus me gustó su respuesta, nadie puede olvidar que el intento de alejarnos de nuestros juicios/prejuicios es fundamental para buscar la objetividad en el análisis de un tema, como médico concuerdo con usted, respecto a Luis David, hay que considerar el colofón propuesto, el ser humano con un fin, el no intentar imponer una deidad y por lo tanto una ideología, preguntémonos si esos niños nacidos de embarazos no deseados en los grupos sociales marginados piensan igual en la dicha de la humanidad o más en los muchos segundos de sufrimientos impuestos por su realidad.

        • Norberto:
          Apenas publican tu comentario. Sí, entiendo, ahora yo como médico tu comentario: La ecuación es realidad vs sufrimiento. Creo que nadie entiende el sufrimiento de los niños y niñas en situación de la calle. Muchos, ¿todos?, preferirían no haber nacido.
          Gracias,
          Arnoldo

  4. Dr. podría decirnos de que estudios médicos saca los datos que presenta? Por favor, es para tener las referencias al respecto. Gracias y saludos

  5. Para lograr dar solución a un problema habría que empezar por reconocerlo, que una mujer tenga que optar o no por abortar y que pueda hacerlo en condiciones adecuadas o poniendo en riesgo su salud e integridad física debiera ser el menor de los problemas si los programas de prevención de embarazos no deseados fueran efectivos, tantos programas y políticas publicas llevados a cabo a través de más de 25 años desde las instituciones de salud y educativas y los índices de embarazos no deseados desde la adolescencia siguen en aumento al igual que las ETS, la premisa en medicina y salud pública es la Prevención, y es a eso a lo qué hay que enfocarse para no tener que verse en la dolorosa necesidad de decidir probar del derecho a la vida a ningún ser humano. Ejercicio pleno, seguro y responsable de la Sexualidad para hombres y mujeres debiera ser la meta .

    • De acuerdo y gracias por tu comentario. El problema Patricia es que la prevención no llega a donde debería, a las clases pobres, a los grupos cuya pobreza los hace vulnerables. Y lo que es peor: la palabra prevención para la mitad de nuestros connacionales pobres carece de sentido. Sus fuerzas las dedican a sobrevivir, a saltar el día. Mientras los político sigan robando a manos llenas (son muy pocos los que roban poco), no habrá prevención: no hay dinero para esos programas.
      Saludos y gracias,
      Arnoldo K