Julio 15 de 1774. El año de 1767 se imprimieron en Génova dos disertaciones con este título: Sobre las ventajas que trae el uso del fierro en la medicina para curar muchas enfermedades, conservar la salud y retardar la vejez. Su autor Jacinto Gibelli, médico aprobado, etcétera.

En la obra se pondera, con bastante solidez y erudición, cuán saludable es a los hombres el uso del fierro en las enfermedades largas habituales de que se traten por ejemplo la inapetencia; hidropesía anasarca; agrios de estómago; palidez con extenuación; dolores de vientre y estómago, con indigestiones; diarreas inveteradas; flujos blancos y de sangre; fiebres intermitentes rebeldes; dolores gotosos y reumáticos; hipocondría, mal histérico, obstrucciones, escorbuto. Cita el autor personas de todas clases y existentes allí mismo en Génova (que pasaban ya de 450) felizmente curadas de aquellos males con sólo el uso del fierro.

Nota el médico genovés y concluye con bonísimas razones, que ninguna preparación del fierro, según se usa comúnmente en polvos, tinturas, limaduras, etcétera, es a propósito, ni tiene las necesarias condiciones para obrar con toda su virtud en el cuerpo humano. Pero, ponderando la gran dificultad de prepararlo como se debe, se reserva la invención de sus pastillas marciales como un secreto.

El doctor Bartolache, médico revalidado por el Real Protomedicato de esta Nueva España, catedrático regente de Prima de Medicina en la Real Universidad de México y asociado a la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País procurando ser útil al suyo, ha salido después de muchas tentativas con el intento de saber preparar (aún con ciertas ventajas) las pastillas marciales gibellinas o fierro sutil, de buen color, olor y sabor; el que pondrá a disposición de sus compañeros los médicos en la botica, esquina de Santa Inés y no en otra parte, para el 1º del próximo agosto.

Está llano y muy pronto a demostrar al ojo delante de toda la Facultad y Claustro de Medicina, en la Real  Universidad, o donde se quiera que sus pastillas no llevan otro principio activo que el puro fierro. Ya se sabe entre los facultativos que este metal sólo en las armas ofensivas, espadas, puñales, cañones y balas puede hacer daño. Y así se remite para lo demás a la sabia conducta y buena dirección de sus compañeros en cuanto a la cantidad, tiempo, modo y circunstancias para prescribir y administrar este medicamento a los enfermos; proponiéndose él observar ciertas reglas particulares con los que fueren de su encargo.

Y sin embargo de ser inocentísimo en sí mismo este famoso alterante, que ha sido siempre uno de los más recomendados por los médicos de todas las naciones, que no sea purgante, ni vomitivo, ni obre de algún modo sensible, con todo eso, será muy conveniente consultar siempre con algún médico (cada uno con el que fuere de su aceptación) para que regule y dirija la cura. Ello es cierto, que el facultativo menos hábil sabe de su Facultad mucho más, sin comparación, que el que no lo es, aunque por otra parte sea hombre de gran talento y entienda de otras cosas. La medicina es un arte y arte muy difícil; no sé, pues, por qué razón se ha de creer obra del instinto natural o del capricho para los agentes naturales.

A su tiempo se despachará con las pastillas una instrucción sucinta para que sirva de gobierno a quienes no pudieren consultar con médico; y la correspondiente se dará en idioma mexicano para los indios que no son ladinos.

 

Fuente: José Ignacio Bartolache (1739-1790; médico, astrónomo, matemático y químico), Mercurio volante (1772-1773), Introducción de Roberto Moreno, UNAM, 1979; 1ª reimpresión, 1983. [Respecto a la instrucción sucinta y sobre la última frase sobre los indios, dice Bartolache: “Su precio para españoles y gente que pueda indemnizar los costos: a peso la onza; para los pobres indios será menor”.]

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Un comentario en “Noticia plausible para sanos y enfermos

  1. Debiò haber sido muy interesante vivir en aquella època, desde luego sin menosprecio de la època que nos ha tocado vivir. Vale.